Jorge Luis Borges (1899 - 1986) El idioma de los argentinos (1928) Para el amor no satisfecho el mundo es misterio, un misterio

que el amor satisfecho parece comprender. Bradley, Appearance and Reality, XV

Índice ------------------------------------------------Prólogo Indagación de la palabra El truco Ubicación de Almafuerte La felicidad escrita Otra vez la metáfora El culteranismo Un soneto de don Francisco de Quevedo La simulación de la imagen Las coplas de Jorge Manrique La fruición literaria Ascendencias del tango Fechas Para el centenario de Góngora Alfonso Reyes: Reloj de Sol Ricardo E. Molinari: El imaginero Apunte férvido sobre las tres vidas de la milonga La conducta novelística de Cervantes Dos esquinas Sentirse en muerte Hombres pelearon Eduardo Wilde El idioma de los argentinos ------------------------------------------------Prólogo Ningún libro menos necesitado de prólogo que este deformación haragana, hecho sediment ariamente de prólogos, vale decir, de inauguraciones y principios. Si mi pluma está asistida de claridad, lo estará también en las páginas subsiguientes; si la oscuridad la mueve, no será más iluminativa su operación por el hecho de apellidarse prólogo lo qu e redacta. El prólogo quiere ser el tránsito de silencio a voz, su intermediación, su crepúsculo; pero es tan verbal, y tan entregado a las deficiencias de lo verbal, c omo lo precedido por él. Esta vocación de vivir que nos impone las elecciones ominosas de la pasión, de la am istad, de la enemistad, nos impone otra de menos responsable importancia: la de resolver este mundo. Nadie puede carecer de esa inclinación, expláyela o no en libro . Este que prologo es la relación de mis atenciones de ese orden, durante el veint isiete. Su aire enciclopédico y montonero —esperanza argentina, borradores de afición filológica, historia literaria, alucinaciones o lucideces finales de la metafísica,

agrados del recuerdo, retórica— es más aparente que real. Tres direcciones cardinales lo rigen. La primera es un recelo, el lenguaje; la segunda es un misterio y una esperanza, la eternidad; la tercera es esta gustación, Buenos Aires. Las dos últimas confluyen en la declaración intitulada Sentirse en muerte. La primera quiere vigi lar en todo decir. J. L. B. Indagación de la palabra I Quiero repartir una de mis ignorancias a los demás: quiero publicar una volvedora indecisión de mi pensamiento, a ver si algún otro dubitador me ayuda a dudarla y si su media luz compartida se vuelve luz. El sujeto es casi gramatical y así lo anunc io para aviso de aquellos lectores que han censurado (con intención de amistad) mi s gramatiquerías y que solicitan de mí una obra humana. Yo podría contestar que lo más h umano (esto es, lo menos mineral, vegetal, animal y aun angelical) es precisamen te la gramática; pero los entiendo y así les pido su venia para esta vez. Queden par a otra página mi padecimiento y mi regocijo, si alguien quiere leerlos. La tarea de mi cavilación es ésta: ¿Mediante qué proceso psicológico entendemos una oración? Para examinarlo (no me atrevo a pensar que para resolverlo) analicemos una oración cualquiera, no según las (artificiales) clasificaciones analógicas que registran la s diversas gramáticas, sino en busca del contenido que entregan sus palabras al qu e las recorre. Séase esta frase conocidísima y de claridad no dudosa: En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, y lo que subsigue. Emprendo el análisis. En. Ésta no es entera palabra, es promesa de otras que seguirán. Indica que las inme diatamente venideras no son lo principal del contexto, sino la ubicación de lo pri ncipal, ya en el tiempo, ya en el espacio. Un. Propiamente, esta palabra dice la unidad de la calificada por ella. Aquí, no. Aquí es anuncio de una existencia real, pero no mayormente individuada o delimitad a. Lugar. Ésta es la palabra de ubicación, prometida por la partícula en. Su oficio es me ramente sintáctico: no consigue añadir la menor representación a la sugerida por las d os anteriores. Representarse en y representarse en un lugar es indiferente, pues to que cualquier en está en un lugar y lo implica. Se me responderá que lugar es un nombre sustantivo, una cosa, y que Cervantes no lo escribió para significar una po rción del espacio, sino con la acepción de villorrio, pueblo o aldea. A lo primero, respondo que es aventurado aludir a cosas en sí, después de Mach, de Hume y de Berke ley, y que para un sincero lector sólo hay una diferencia de énfasis entre la prepos ición en y el nombre sustantivo lugar; a lo segundo, que la distinción es verídica, pe ro que recién más tarde es notoria. De. Ésta suele ser palabra de dependencia, de posesión. Aquí es sinónima (algo inesperad amente) de en. Aquí significa que el teatro de la todavía misteriosa oración central d e esta cláusula está situado a su vez en otro lugar, que nos será revelado en seguida. La. Esta casi palabra (nos dicen) es derivación de illa, que significaba aquella e n latín. Es decir, antes fue palabra orientada, palabra justificada y como animada por algún gesto; ahora es fantasma de illa, sin más tarea que indicar un género grama tical: clasificación asexuadísima, desde luego, que supone virilidad en los alfilere s y no en las lanzas. (De paso, cabe recordar lo que escribe Graebner acerca del género gramatical: Hoy prima la opinión de que, originariamente, los géneros gramatic

ales representan una escala de valor, y que el género femenino representa en mucha s lenguas —en las semíticas— un valor inferior al masculino.) Mancha. Este nombre es diversamente representaba Cervantes lo escribió para que su realidad conocida prestase bulto a la realidad inaudita de su don Quijote. El i ngenioso hidalgo ha sabido pagar con creces la deuda: si las naciones han oído hab lar de la Mancha, obra es de él. ¿Quiere decir lo anterior que la nominación de la Mancha ya era un paisaje para los contemporáneos del novelista? Me atrevo a asegurar lo contrario; su realidad no er a visual, era sentimental, era realidad de provincianería chata, irreparable, insa lvable. No precisaban visualizarla para entenderla; decir la Mancha era como dec irnos Pigüé. El paisaje castellano de entonces era uno de los misterios manifiestos (offenbare Geheimnisse) goetheanos. Cervantes no lo vio: basta considerar las ca mpiñas al itálico modo que para mayor amenidad de su novela fue distribuyendo. Más doc to en paisajes manchegos que él, fue Quevedo: léase (en carta dirigida a don Alonso Messía de Leiva) esa su durísima descripción que empieza: Por la Mancha, en invierno, donde las nubes y los arroyos, como en otras partes producen alamedas, allí lodaza les y pantanos... y remata así, a los muchos renglones: Amaneció; bajeza me parece d e la aurora acordarse de tal sitio. * Creo inútil la pormenorizada continuación de este análisis. Notaré solamente que la term inación de este miembro está señalada por una coma. Esta rayita curva indica que la lo cución sucesiva: de cuyo nombre, debe referirse, no a la Mancha (de cuyo nombre sí q uiso acordarse el autor), sino al lugar. Es decir, esta rayita curva o signo ort ográfico o pausa breve para compendiar o átomo de silencio, no difiere sustancialmen te de una palabra. Tan intencionadas son las comas o tan ínfimas las palabras. Investiguemos ahora lo general. Es doctrina de cuantas gramáticas he manejado (y hasta de la inteligentísima de Andrés Bello) que toda palabra aislada es un signo, y marca una idea autónoma. Esta doct rina se apoya en el consenso del vulgo y los diccionarios la fortalecen. ¿Cómo negar que es una unidad para el pensamiento, cada palabra, si el diccionario (en deso rden alfabético) las registra a todas y las incomunica y sin apelación las define? L a empresa es dura, pero nos la impone el análisis anterior. Imposible creer que el solo concepto En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, esté organizado por doce ideas. Tarea de ángeles y no de hombres sería conversar, si esto fuera así. No lo es y la prueba es que igual concepto cabe en mayor o menor número de palabras. En un pueblo manchego cuyo nombre no quiero recordar, es equivalent e y son nueve signos en vez de doce. Es decir, las palabras no son la realidad d el lenguaje, las palabras —sueltas— no existen. Ésa es la doctrina crociana. Croce, para fundamentarla, niega las partes de la ora ción y asevera que son una intromisión de la lógica, una insolencia. La oración (arguye) es indivisible y las categorías gramaticales que la desarman son abstracciones añad idas a la realidad. Una cosa es la expresión hablada y otra su elaboración postuma e n sustantivos o en adjetivos o en verbos. Manuel de Montolíu, en su declaración (y a veces refutación) del crocismo, dilucida bi en esa tesis y la resume así, no sin demasiado misterio: La única realidad lingüística e s la oración. Y este concepto de oración se ha de entender no en el sentido que se l e da en las gramáticas, sino en el sentido de un organismo expresivo de sentido pe rfecto, que tanto comprende una sencilla exclamación como un vasto poema (El lengu aje como fenómeno estético. Buenos Aires, 1926). Psicológicamente, esa conclusión de Montolíu-Croce es insostenible. Su versión concreta sería: No entendemos primero la proposición en y después el artículo un y luego el nombr

e sustantivo lugar y en seguida la preposición de; preferimos apoderarnos, en un s olo acto de cognición, de todo el capítulo y aun de toda la obra. Me dirán que hago trampa y que el alcance de esa doctrina no es psicológico, sino es tético. A eso respondo que una equivocación psicológica no puede ser también un acierto estético. Además, ¿no dejó dicho ya Schopenhauer que la forma de nuestra inteligencia es el tiempo, línea angostísima que sólo nos presenta las cosas una por una? Lo espantos o de esa estrechez es que los poemas a que alude reverencialmente Montolíu-Croce a lcanzan unidad en la flaqueza de nuestra memoria, pero no en la tarea sucesiva d e quien los escribió ni en la de quien los lee. (Dije espantoso, porque esa hetero geneidad de la sucesión despedaza no sólo las dilatadas composiciones, sino toda págin a escrita.) Alguna cercanía de esa posible verdad fue la razonada por Poe, en su d iscurso del principio poético, al sentenciar que no hay poemas largos y que el Par aíso Perdido es (efectualmente) una serie de composiciones breves. Digo en español s u parecer: Si para mantener la unidad de la obra de Milton, su totalidad de efec to o de impresión, la leemos (como sería preciso) de una sentada, el resultado es sólo un continuo vaivén de excitación y de abatimiento... De esto se sigue que el efecto final, colecticio o absoluto de la mejor epopeya bajo el sol, será forzosamente u na nadería, y así es la verdad. ¿Qué opinión asumir? Los gramáticos implican que deletreamos, palabra por palabra, la co mprensión; los seguidores de Croce, que la abarcamos de un solo vistazo mágico. Yo d escreo de ambas posibilidades. Spiller, en su hermosísima Psicología (conste que uso deliberadamente el epíteto) formula una tercera respuesta. La resumiré; demasiado b ien sé que los resúmenes añaden un falso aire categórico y definitivo a lo que compendia n. Spiller se fija en la estructura de las oraciones y las disocia en pequeños grupos sintácticos, que responden a unidades de representación. Así, en la frase ejemplar qu e hemos desarmado, es evidente que las dos palabras la Mancha son una sola. Es e vidente que se trata de un nombre propio, tan indivisible por la conciencia como Castilla o las Cinco Esquinas o Buenos Aires. Sin embargo, aquí la unidad de repr esentación es mayor: es la locución de la Mancha, sinónima, advertimos ya, de manchego . (En latín convivieron las dos fórmulas de posesión y para decir el valor de César, hub o virtus Cesárea y virtus Coesaris; en ruso, cualquier nombre sustantivo es variab le en nombre adjetivo.) Otra unidad para el entendimiento es la locución no quiero acordarme, a la que añadiremos tal vez la palabra de, pues el verbo activo record ar y el verbo reflejo y construido con preposición acordarse de, sólo en las gramática s son distintos. (Buena prueba de la arbitrariedad de nuestra escritura, es que hacemos de acordarme una sola palabra, y dos de me acuerdo.) Continuando el anális is, repartiremos en cuatro unidades nuestro período: En un lugar / de la Mancha / de cuyo nombre / no quiero acordarme, o En un lugar de / la Mancha / de cuyo nom bre) no quiero acordarme. He aplicado (tal vez con desaforada libertad) el método introspectivo de Spiller. Del otro, del que asevera que toda palabra es significativa, ya hice una reducción al absurdo (involuntaria, honesta y cuidada) en la primera mitad de este razona miento. Ignoro si Spiller tiene razón; básteme demostrar la buena aplicabilidad de s u tesis. Elijamos el problema conversadísimo de si el nombre sustantivo debe posponerse al nombre adjetivo (como en los idiomas germánicos) o el adjetivo al sustantivo, como en español. En Inglaterra dicen obligatoriamente a brown horse, un colorado cabal lo; nosotros, obligatoriamente también, posponemos el adjetivo. Herbert Spencer ma ntiene que la costumbre sintáctica del inglés es más servicial y la justifica así: Basta escuchar la voz caballo para imaginarlo y si después nos dicen que es colorado, e sta añadidura no siempre se avendrá con la imagen de él que ya prefiguramos o tendimos a preformar. Es decir, deberemos corregir una imagen: tarea que la anteposición d el adjetivo hace desaparecer. Colorado es noción abstracta y se limita a preparar la conciencia.

la justicia de un obispo. de tierra. Escribiré otro cas o. será lo inmediato de mi tarea.Los contrarios pueden argumentar que las nociones de caballo y de colorado son p arejamente concretas o parejamente abstractas para el espíritu. es cribió (y acaso pensó) la moderación de un santo y acto continuo esa fatalidad que hay en el lenguaje se adueñó de él y eslabonó tres cláusulas más. aldehuela (la connotación hispánica de ésta la hace mejor). de azufre. El original no es menos borroso que esta armazón. La verdad. con la moderación de un santo. siempre que lo determinativo de esos conjuntos no sean los espacios en blanco que hay entre una seudo palabra escrita y las otras. ¿cuáles no traerá el vers o. Eso. y verdaderas palabras —es decir. tradujo c on prolijidad hermosa el maestro Eckhart. de desierto. El lector —que ya es un literato. caballo rey tres al fil. unidades repres entativas para el que muchas veces las oye. también— siempre sospechará que juga mos a las variantes y sentirá ¡a lo sumo! una antítesis entre la desengañada sufijación de luna de tierra o la posiblemente mágica de agua. Si la pro sa. enroque largo.. ¿Cuántas unidades de pensamiento incluye el lenguaje? Esta pregunta carece de posibi lidad de contestación. casi todas las oracione s para el solo análisis gramatical. II La definición que daré de la palabra es —como las otras— verbal. de herrumbre. según los oyentes. citada favorablemente por Matías Arnold (Critical Essays. de agua. De esa alucinación ortográfica se sigue que. es decir también de palab ras. es que la controversia es absurda: los símbolos amalgamados caballo-colorado y brown-horse ya son unidades de pensamiento. Inútil forcej earle novedad cambiando el sufijo. de marfil. (Innebleibendes Werk. para el principiante. con la moderación de un santo. el esto de un otro. Es como si afirmara. claro está. la prudencia de un docto r y el poderío de un gran espíritu. Decir En un lugar de la Mancha es ca si decir pueblito. Quedamos en que lo determinante de la palabra es su función de unidad representativa y en lo tornadizo y contingente de esa función. de taba co. Trata de Bossuet y es así: Más que un hombre es una naturaleza humana. Para el jugador. peón cuatro rey. inútil escribir luna de oro. su ordenación o clasificación lo es también. pero una sola al fin. Es una sentencia de Joubert. de ámbar.) Inversamente. y la consabida. El inventario de todas las unidades representativas es imposible. todas de aire simétrico y toda rellenadas con negligencia. de arena. dentro-quedada acción. sin emb argo. claro está. Aquí joubert jugó a las variantes no sin descaro. aunque manchego es una so . es sotodecir palabrera. Séase la habitualísima frase luna de plata. Hay oraciones que son a manera de radicales y de las que siempre pueden deducirs e otras con o sin voluntad de innovar. tan imprecisa es ella que el concept o heterodoxo aquí defendido (palabra = representación) puede caber en la fórmula sanci onada: Llámase palabra la sílaba o conjunto de sílabas que tiene existencia independie nte para expresar una idea. que simplona y temerariamente añade otras más a las no maliciadas por él y siempre en acecho? En lo atañedero a definiciones de la palabra. de piedra. trae estas servidumbres. pero es una genuina oración para el que sin saberla la escucha y debe desarmarla en in y en manere: dentro quedarse. distinta. VII). Así. de caña.. con su mínima presencia de ritmo. son verdaderas oraciones de intelección gradual. pero de un carácter derivativo tan sin embo zo que no serán engaño de nadie. las entonadas cláusulas de a mbos equivalen —no ya a palabras— sino a simulaciones enfáticas de palabras. gambito de dama. el término inmanencia es una palabra para los ejercitados en la metafísica. Evidenciar esto último. son unidades las locuciones ajedrecísticas t omar al paso. decir La codicia en las manos de la suerte se arroja al mar es invitar una sola representación. el qué sé yo de un quién sabe qué y el cualquier cosa de un gran es píritu.

esa desviación traicionera de lo que se habla. a su concatenación tr aicionera. Hablé de la fatalidad del lenguaje. Es evidente que sobre la armazón de una frase pueden hacerse muchas. a los talveces. ojos como soles. Son demasiadas las ordenacion es posibles para que alguna de ellas sea única. ni aquél con su alfabeto traducible en palabras y éstas en oraciones. (La representación no tiene sintaxis. Dos proposiciones. Que algu ien me enseñe a no confundir el vuelo de un pájaro con un pájaro que vuela. Una fue la desesperada de Lulio. negativas la una de la otra. El no atinar —el no poder atinar— con la solución. suele alimentarse la lengua. los verbales. Y confesar (no sin algún irón ico desengaño) que la menos imposible clasificación de nuestro lenguaje es la mecánica de oraciones de activa.. de la Mancha es tres. Es frase que se va del análisis. resignado. que pueden se r de una palabra usual o de muchas. No hay que pensar en la ordenación por ideas afines. y juzga necesa rio alegar un término especial de comparación. Sabe que no ha de imaginárselo al sol y que la intención es d enotar ojos que ojalá me miraran siempre. Ella será nuestro destino: hacernos a la sintaxis. otra. que buscó refugio paradójico en el mismo corazón de la contingen cia. a los demasiados énfasis. Ese poderío es de avergonzar . que era una suerte de bolillero glorificado. Spinoza no postuló arriba de ocho definiciones y siete axiomas para alla narnos. La diferencia entre los estilos es la de su costumbre sintáctica. la de Spinoza. ya que sabemos que la sintaxis no es nada. aunque de mecanismo distinto. consiguió eludir el lenguaje. Ya registré cómo de luna de plata salió luna de arena. ¿Y nosotros. Una es la no existencia de las categorías gramaticales o p artes de la oración y el reemplazarlas por unidades representativas. a in ventar un caso. un juicio prob lemático que relaciona el concepto de ojos con el de sol. El escritor dice de unos ojos de niña: Ojos como. los que sotopensamos que ascender a letras de molde es la máxima realid ad de las experiencias? Que la resignación-virtud a que debemos resignarnos sea co n nosotros. Ambos alimentaron de él sus sistemas. en declive confidencial de recuerdo s.) Otra es e l poderío de la continuidad sintáctica sobre el discurso. sino de var iaciones y casualidades y travesuras. Olvida que la poesía está realizada por e se como. ese no pensar del to do en cosa ninguna. La antinomia es honda. Todas las ideas son afines o puede . Dos intentonas —ambas condenadas a muerte— fueron hechas para salvarnos. por representaciones directas y sin ministerio alguno verbal. a la imprecisión. No de intuiciones originales —hay pocas—. Escribe. Cualquiera sabe intuitiv amente que eso está mal.. ordine geométrico.. Como se ve. soles) y morfemas. El hombre. el universo. Ojos como soles le parece una operación del entendimiento. Lulio —dicen que a instigación de Jesús— inventó la sedicente máqu ina de pensar. Yo acepto esa tragedia. ya lo está forzando a hiperbolizar. impersonales y las que restan. * Es cosa servicial un resumen. olvida que el solo acto de comparar (es decir. meros engranajes de la sintaxis. La lengua: es decir humilladoramente el pensar. los que en este bajo. ni éste con su metafísica geometri zada. esa insignificativa partícula. ha n sido postuladas por mí. de suponer difíciles virtu des que sólo por mediación se dejan pensar) ya es lo poético. cuenta de la novia que tuvo y la exalta así: Era tan linda que. Sólo pueden soslayarlo los ángeles. a mentir. de gerundio. y esa conjunc ión. de pasiva.la palabra. es tragedia general de todo escribir. a los peros. Com o le parece un morfema aunque el entero clima emocional de la frase esté determina do por él. palabra s de representación (ojos. al hemisferio de mentira y de sombra en nuestro decir. los nunca ángeles. La lingüística desordena esa frase en dos categorías: semantemas.. relativo suelo e scribimos. ésta —por la colaboración posible del uso— podría ascender de mera var iante a representación autonómica. o si no ojos con cuya dueña quiero estar b ien. que conversan por especies inteligibles: es decir.

gravitan sobre todo decir. su temperatura emocional suele ser común. el de maneras en que pueden salir. zafadurías de las casas de Junín y de su madrastra del Temple. El truco es memorioso como una fecha. es hecho delictuoso y punible. un yo casi antepasado y vernáculo. páginas 379-401) lo prueba con lindísima sorna. Fritz Mauthner (Wórterbuch der Philosophie. El truco sabe rece tas de aguante para los perdedores. Mencionar uno de los lances del truco es empeñarse en él: obligación que sigue desdoblando en eufemismos a cada término. esperan los garbanzos en su montón. desmantelada para que resbalen las cartas. una olorosa o una jardinera por flor. enreda los proyectos del juego. Daniel? —dijo el uno. de rostro que se juzga sembla nteado y que se defiende. y su espíritu es el de los baratijeros Mosche y Daniel que en mitad de la gran llanura de Rusia se saludaron. La cosa es fácil de decir y aun de hacer. de tramposa y desatinada palabrería. ¡Mientes. desde el principio. y si hay flor ¡contraflor a l resto! El diálogo se entusiasma hasta el verso. los jugadores. Sobre la mesa. caballitos panzones de donde copió los suyos Velázquez . Una potenciación del engaño ocurre en el truco: ese jugador rezongón que ha tirado sus cartas sobre la me sa. Los contrarios lógicos pueden ser palabras sinónimas para el arte: su clima . Mencionar flor sin tener tres cartas de un palo.. El truco es buen cantor. Entonces Mosche lo miró fijo y dictaminó: —Mientes. el de que haya números. pero su cachaza es de picardía. se aligeran del yo habitual. puede ser ocultador de un buen juego (astucia elemental) o tal vez nos está mi ntiendo con la verdad para que descreamos de ella (astucia al cuadrado). Daniel! .n serlo. son del comercio humano por él. Es una cifra delicadamente puntual en su enormidad. —¿Adonde vas. En las manos cruje el mazo nuevo o se traba el viejo: morondangas de cartón que se animarán. bravatas del roquismo y tejedorismo. con inmediato predec esor y único sucesor. por 40. máxi me cuando gana o finge ganar: canta en la punta de las calles de nochecita. Prohibicion es tiránicas. Daniel. pero si uno ya dijo envido. Es u na superposición de caretas. no importa. todo está dicho: falta envido y truco.. 40 es el número de los naipes y 1 por 2 por 3 por 4. El truco Cuarenta naipes quieren desplazar la vida. Milongas de fogón y de pulpería. La manera de su engaño no es la del poker: me ra desanimación o desabrimiento de no fluctuar. jaranas de ve lorio. un as de espadas que será omni potente como don Juan Manuel. La trucada se arma. acriollados de golpe. Quiebro vale por quiero. pero lo cierto es que vas realmente a Sebastopol. Un yo distinto. y de poner a riesgo un alto de fic has cada tantas jugadas. —A Sebastopol —dijo el otro. De esta no posibilidad de una clasific ación psicológica no diré más: es desengaño que la organización (desorganización) alfabética los diccionarios pone de manifiesto. pero no escrita nunca. es acción de voz mentirosa. Es una remota cifra de vértigo que pare ce disolver en su muchedumbre a los que barajan. El idioma es otro de golpe. posibilidades e imposibilidades astutas. más de una vez. el centr al misterio del juego se ve adornado con un otro misterio. envite por envido. Muy b ien suele retumbar en boca de los que pierden este sentención de caudillo de atrio : A ley de juego. aritmetizados también. Cómodo en el tiempo y conversador está el juego criollo. versos para la exultación. pe ro lo mágico y desaforado del juego —del hecho de jugar— despunta en la acción. La habitualidad del truco es mentir. Así. v olumen primero. Me respondes que vas a Sebastopol para que yo piense que vas a N ijni-Novgórod. desd e los bodegones con luz. El tallador baraja esas pinturitas.

quieren espantar a gritos la vida. lo nombró maestro de la juventud: maestro. Lo fom entan con dicharachos criollos que no se apuran. la facultad de pensar algunas cosas que un profesor de griego. ejerció sobre su amoral y atrabili ario nieto americano. más equivocados aún. lo cuidan como a un fuego. su incivilidad. no hace ya más que reincidir en bazas remotas. Los panegiristas reinciden en el entusiasmado error de Ju an Más y Pí que. Oyuela escribe malhumoradamente que El misionero es una pésima rapsodia de Nietzsche. No sabemos qué pensar de él y nos falta la fórmula que reconcili e el distanciamiento presente con la veneración ya gastada. tanta es su precisión— me parece un a gravísima fruslería. la cortesía de Más y Pí no parece injustifica da. Rojas. su gigantismo. hay sobradas frases de Almafuerte que pertenec en al dialecto nietzscheano. Pensar un argumento local como este del truco y no salirse de él o no ahondarlo —las dos figuras pueden simbolizar aquí un acto igual. sus cábulas. Cuarenta naipes —amuletos de cartón pintado. nos hemos acercado a la metafísica: única justificación y finalidad de todos los temas. ¿Por qué negarle a un criollo. mundo invent ado al fin por hechiceros de corralón y brujos de barrio. Tienen con las experiencias que repetirse. h abla de su cursi tartamudeo nietzscheano. A primera vista. vale de cir. Los detractores. La pública y urgente realidad en que estam os todos. desde los laberintos de cartón pintado del tr uco. Ubicación de Almafuerte Escribo que casi todos los muchachos contemporáneos somos arrepentidos o apóstatas d e Almafuerte: hoy lo hemos arrumbado. Los truqueros viven ese alucinado mundito. a su afición por fórmulas tradicionales. podemos afirmar sin metáfora. en verdad. con superhombre y todo. Están como escondidos en el ruido criollo del diál ogo. Así. . Su juego es una repetición de juegos pasados. partiendo del mismo orden de ideas que el alemán (esto es. sus ripios. linda con su reunión y no pasa. en mil novecientos cinco. de ratos de vivires pasados. Antes. su idiosincr asia. no pueden no volver. ¿Qué es el truco pa ra un ejercitado en él. Es u n mundo angosto. e l ávido folletín de cada partida. Los definidores de Alm afuerte no nos ayudan. su abuelo. por ese pensar. feligreses de su ira. pero no por eso menos re emplazador de este mundo real y menos inventivo y diabólico en su ambición. ce nsuran su chabacanería. como un aspecto más de la riqueza infatigable del mundo. Se trasluce que el tie mpo es una ficción. Desgraciadamente. Aceptemos su espectáculo humano. del evolucio nismo) llegara a conclusiones iguales sobre la caducidad de la moral cristiana y la urgencia del superhombre. Ambas conductas me parecen impertinentes: ni Almafuerte debe repartirnos lecciones de vivir ni él sufriría que se las diéramos de retórica. mitología barata.Considero los jugadores de truco. Generaciones ya invisibles de criollos están com o enterradas vivas en él: son él. sino una costumbre? Mírese también a lo rememorativo del juego . sus vuelcos. la olorosa cruzada y la inesperabilidad de su don. Juan Más y Pí habla de coincidencias. el recinto de su mesa es otro país. Todo jugador. a un habitado de la desesperación y del odio. el 7 de oros tintineando esperanza y otras apasion adas bagatelas del repertorio. pensó antes que él? ¿A qué suponer que el jaguar es plagio del tigre y la yerba misionera del té y la pampa de las estepas del Don y Pedro Bonifacio Palacios de Federico Guillermo Nietzsche? Sin embargo. al referirse a las palabras que sufija con super. Lo diré: Es lícito aceptar que A lmafuerte. pero sí nuestra admiración. Lo pue blan el envido y el quiero. maestro de escuela. No sé si le daremos n uestra intimidad. Las diversas estadas de su polémica. ayer fuimos parroquianos de su quejumbre. alemán. Juegan de espa ldas a las transitadas horas del mundo. Yo deseo no olvidar aquí un pensamiento sobre la pobreza del tr uco. pero es inadmisible que su terminología o simbología s ea también igual. hay un argumento sencillo que puede invalidar la defensa. exorcismos— les bastan para conjugar el vivir común. lo sé: fantasma de política de parroquia y de picardías. sus corazonadas. quiero decir Nietzsche. conviene resolver un pleito no muy reñido: el de la patria potestad que aqu el Federico.

. maravillado entre las ovejas. de hombre a hombre. pues encarnan bien su expresión: la originalidad. Hablo del compadrito. ¡Han dejado la fama de sus desaires . el gigantismo. no toleró siquiera el perdón (por lo que hay en él de condescendencia. la cursilería. no inferiores. La compadrada es más que una agresividad de carrero. Solo. ¿A qué fechar en eruditos libros remotos es e aconsejamiento final. con ese rastrero afán policial que ay en todos los pechos. llega Moisés a la punta del monte Horeb (famo so por los pastizales) y habla con la voz del Señor en la zarza ardiente y es alec cionado por esa voz y baja.. tan arrumbados como el tullido y tan llorosos como el triste. oy me parece bien. de la cursilería. escribe en el Confíteor Deo. que es (o fue) la convivencia de mucho s énfasis: de la rudeza. después de una mención (ignoro si traicionera o desafiado ra) del mismo Nietzsche: Yo sé que mil carcomas roen de a poco las más equilibradas testas geniales: lleno está el manicomio de Nietzsches locos y de Cristos bohemios los arrabales. énfasis del coraje. Alguna vez. También Almafuerte. blandió su incorruptible y dura virtud. Se hizo predicador energuménico de la bondad y fueron rajantes com o una injuria sus bendiciones. que hacen los supercuerdos con su demencia. desde su conventillo y su pampa.. A propósito he destacado esos dos renglones. simulación enfátic a de la elocuencia. vocifera en La inmortal. hecho un salvador de s u pueblo. muy larga. el rezongo pedagógico. pero es también la balaustradita color de niña y el arriate y la jaula con el canario. hoy somos tasadores tacaños de los que alzan mucho la voz. de moralista s. de desquicio humano a desquicio huma no? ¿A qué autorizar con bibliotecas lo que decimos y no con ponientes. me indignó qu e entre los ada menos que siete epígrafes que encabezan El isionero. Así lo entendió Carriego y esa dualidad de barro y finura fue su re alización más feliz: En cuanto a las muchachas ¡con unos aires! como si trabajasen de señoritas. es el clavel atrás de la oreja y los ladinos entreveros de l corte y la copla que manifiesta una flor. la robustez. con filo.Yo sé que en la vía crucis larga. Fue seguramente odioso y posiblemente genial. en eficacia de maravillar. Lo que fueran chocando tus besos si dos muchedumbres de besos chocaran. de teólogos. sin medianeros.. huidas y Dios? La misma gravedad de la profecía requiere esa causalización en h echos eternos. Fue discurseador a más no poder. El suburbio es el agua abombada y lo s callejones. ¿Rudeza y cursilería en una misma alma? En esa dualidad de Palacios han tropezado y siguen tropezando sus críticos. Son abreviatura o cifra de la habitua lidad de Almafuerte. sin ver que ambas cualidades son maridables y que su convivencia es proverbial en un tipo criollo. Su cruz fue cruz de empuñadura. quiere ser auditor directo de Dios. de casero Ju icio Final ejercido por un hombre sobre otro) y entendió que la única misericordia n o humilladora sería la de volvernos tan oscuros como el ciego. no hubiese ni nguno de Zarathustra. Quiso literalmente conpadecer: sufrir con los otros. La necesidad de ser bueno y la estrafalaria inutilidad de la ética fueron las conv icciones permanentes de su sentir. a las de ninguno. contrafilo y punta. A diestra y siniest ra. las dos confianzas que sobrevivieron a los va gabundeos de su discurso. Fue padre de casi infinita s metáforas. simulación enfática del vigor. desesperacio nes. Fue gran odiador de filántropos. del matonismo.

de un destino que se realiza en felicidad.. En la desesperada voz de Almafuert e. nunca dejamos de agradecer íntimament e esa cortesía. entre ese día y esa noche hay unas rendijas cuya pasión es demasiado v ehemente para él y que en verso de Carriego no caben. yo no palpo. ahí es tán las décimas de En el abismo que nos lo alcanzan: Yo voy en recta fatal hacia mi primer deseo. con presumidas voces abstractas fáciles de rimar. Mi parecer no quiere enturbiarle la gloria o enflaquecérsela. la esquina comentada de taitas. la rayuela y el rango en el veredón. hoy quiero añadir que la presentación de una dicha. con pinta orillera. calles que se despedaza n hacia el arroyo— están en la voz de Almafuerte. en verso rudimentario aunque análogo. del orgullo sublimado. vil chorlo del pajonal que al par del águila vuela.. ¡Yo palpito como un astro dentro de la paz eterna! Yo soy un palmar plantado sobre cal y pedregullo: la floración del orgullo. Soy un esporo lanzado tras la procesión astral. ¡Sombra de sombra que anhela ser una sombra inmortal! Así. ahora me aventuro a afirmarlo. Carriego es el día y la noche del arrabal. La felicidad escrita Ya he declarado que la finalidad permanente de la literatura es la presentación de destinos. casi ninguno la ha conseguido. Desatinado y casi mágico espe ctáculo el de un compadre que alardea —compadronamente— de castidad. las calesitas en el terreno baldío. pampas furtivas del oeste y del sur. . es tal vez el goce más raro (en las dos significaciones de l a palabra: en la de inusual y en la de valioso) que puede ministrarnos el arte. Seguramente. Esas rendijas —durezas de poni entes y amaneceres. yo no veo los muros de lo real: jamás la fiebre carnal conturbó mi luz interna: ni por feroz ni por tierna la pasión me deja rastro. Muchos escritores la han intentado. Un compadre que ya hubiera cursado el Juicio Fi nal. un efectivo San Juan Moreira . Parece desalentador afirmar que la felicidad no es menos huidiz a en los libros que en el vivir. Queremos ser felices y el aludir a felicidades o el entreverlas.. atropellan las décimas los conc urridos payadores de los recreos y así. fue un compadrón . Sospecho que confesar lo criollo y lo suburbano de nuestro poeta no es afanta smado: es añadirle realidad (atmósfera que precisan todos los muertos. alias Almafuerte. ya es una defer encia a nuestra esperanza. lo propongo a manera de ubicac ión. A sabiendas o no.. pero mi observación lo comprueba.. he oído celebrar una vez el nombre de Almafuerte. salvo de refilón. pero compadre al fin.. Sin embargo. un compadre glorificado y transfigurado. hasta los que se hacen los inmortales) y es también añadirle asombro.llenas de pretensiones las pobrecitas! Acabo de insinuar que Pedro Bonifacio Palacios. La habitualidad del suburb io le pertenece: las chicuelas con su jarana y su secreteo. eso sí. sin embargo. si con alma de eternidad.

La belleza es más fatalidad que la muerte. Lo transcribo íntegro para desarmarlo después y para que averigüe el l ector. mañana plañiremos a los inmigrantes hero icos. Acordarse tan inoportunamente de esos guarismos o arreos de la ambición. mejor dicho. La antología nos muestra sin embargo unas trovas (la palabra composición es demasiad o envarada y premeditada) que dan idea cabal de felicidad. después. pienso que en esa poesía tan festejada. sino a la empresa que lo obligó a juntar esas dos pal abras que no se juntan. es achaque universal y lo padecen nuestros mil y un ve rsos a la tapera. el renombre sobrepuja a los méritos.. es recurrir a una metáfora perjudicial. sin complacer se. en el mejor de los casos. Una de las primeras composiciones que veo es la Vida retirada de Fray Luis. prudencialmente: No es mío ver el lloro de los que desconfían cuando el cierzo y el ábrego porfían.Sírvanos de repertorio el libro Las cien mejores poesías (líricas) de la lengua castel lana. Los tramways de caballos y los compadritos que empezaban por u n amejicanado chambergo gris y terminaban en botines de charol ¿no solicitan acaso nuestra nostalgia? Hoy cantamos al gaucho. la justicia o la equivocación de mi examen. Todo es hermoso. ¡Qué difícil y hasta imposible ha de ser la dicha.. Oro y cetro en un jardincito. a cada rato. de su espectáculo sedicente de felici dad. todo suele ser hermoso. cuyo título de Juicio Final no es imputable a su colector. por ejemplo. con la imaginación de ausentes catástrofes y de ajen as calamidades? La combatida antena cruge. es mentir desprendimiento y adolecer de la más estrafalaria codicia. quie ro enfatizar otra equivocación de las que sobrelleva. Por tratarse de una poesía que es famosa y que muchos consideran inmejorable. O. No importa. los árboles menea con un manso ruido que del oro y del cetro pone olvido. el traicionero renglón final de los que copio: El aire el huerto orea y ofrece mil olores al sentido. no ironicemos demasiado: eso de ubicar la felicidad en las lejanías del esp acio y en las del tiempo. cien y mejores. Rezan así los versos: . elegidas por Menéndez y Pelayo: antología famosa. imit ación del horaciano beatas Ule y cuyo manifestado propósito es la descripción de un es tado de felicidad. Basta recorrer la antología para encontrar numerosísimas celebraciones de dichas pre téritas y ninguna de dicha actual. Aludo al romance del conde Arnaldos. ah ora que se perdieron los Infantes de Aragón y las señoras y niñas tan paquetas de la c orte del Rey Don Juan y el hipódromo tan concurrido de Itálica y los rojos pimientos y ajos duros de los españoles vellosos y otras muy lloradas pretericiones! Sin em bargo. Pienso que no logra ni sugerirlo. ¿Cómo tenerle fe a esa dicha sermonera y vanagloriosa que se distrae. al cielo suena confusa vocería y la mar enriquecen a porfía. y en ciega noche el claro día se torna. para invehir contra medio mundo? ¿No es vergonzoso (para nosotros y para él) qu e el Padre Maestro Fray Luis de León no pueda ser feliz en el campo. siquiera sea metafóricamente. ya el poeta se ha lavado las manos.

Las velas traía de seda. incansablemente vírgenes cada vez. Allí fabló el conde Arnaldos. pero sin sentimiento alguno de lástima. vio venir una galera que a tierra quiere llegar. marinero. que principia c on la valentía del felicísimo y pasa por la timidez del ajenos de toda molestia y re mata con la nadería de felicidad inefable? Gerhard. donde cada seguidor del Profeta será señor de setenta y dos huríes. en el que verán a Dios cara a cara y. cuando las religiones. en un jardín. y se hosped ará bajo carpas frescas. El de los musulmanes parece imaginado por criollos: cielo de mandones y calaveras. No creemos en la vent ura del conde Arnaldos. ya que sería indecente que los bienaventurados fueran más miserico rdiosos que Dios. ¿Cuál es la motivación del agrado peculiar de estos versos? He oído que su airecito mist erioso es lo que nos gusta. siempre que lo quisieren. como hubo el conde Arnaldos la mañana de San Juan! Con un falcón en la mano la caza iba a cazar. siempre de recursos parejos. bien oiréis lo que dirá: —Por Dios te ruego. ¿Qué opinar de tal definición. Su agrado (supongo) está en el ejemplo de felicidad que los versos iniciales prenuncian y en nuestra sorpresa. vivirán y reinarán en durade ra alegría y gloria y felicidad inefable. creemos en la del coplero que la festeja. y de ochenta mil servidores. inefable. Abenabás dijo de él: No hay en el paraíso cosa alguna d . dígasme ora ese cantar. lo difícil es ascender sus abstracciones muertas a representaciones vivas..¡Quien hubiera tal ventura sobre las aguas del mar. Asimismo.. por definición. y eso nos gusta. los vientos hace amainar. Es. la buscaríamos o inventaríamos: empresa fácil.— Respondióle el marinero. (Tan insatisfactorio como ese p araíso alcoránico es el contemplativo a que sus doctores lo ascendieron y adelgazaro n. personalmente. Además. la jarcia de un cendal. tal respuesta le fue a dar: —Yo no digo esta canción sino a quien conmigo va. ajenos de toda molestia. cuyo quehacer es hacer cielos. los peces que andan nel hondo arriba los hace andar. teólogo reformista. ¿cómo solicitar de los literatos versiones minuciosas y fidedignas de la felic idad. los planean con tan escasa fortuna? Sobradas descripciones del cielo hay en los volúmenes de los teólogo s. marinero que la manda diciendo viene un cantar que la mar facía en calma. su estatura será multiplicada diez ve ces: artimaña ladina para decuplicar la felicidad. Miremos a otro cielo. al saber q ue tan codiciada y mentada felicidad no es una aventura de amor ni un tesoro. con marinero cantor y mástil con pájaros. puesto que los cuentos de magia poseen su técnica. Roth e dice: La bienaventuranza es aquel felicísimo estado postumo de los justos. Adivinamos que detrás de las coplas hay un vivir liso y remansado. Si nos interesara. Dichosa edad y dichosos tiempos aquellos (p ensamos) en que un hombre lograba crédito de feliz sólo por haber visto alguna mañana un barco distinto. Esa cláusula f inal no me choca. yo creo que lo de menos es la respues ta enigmática del final y que su aclaración no interesa a nadie. las aves que andan volando nel mástil las faz posar. añade este pri vilegio dudoso: Los bienaventurados verán a sus allegados y conocidos en el infier no. si no el solo espectáculo de un barquito.

Dioses. de toda diferenciación en el tiempo o en el espacio) sea una realidad. asevero que cualquier tema de la literatura recorre dos obliga torios períodos: el de poetización y el de explotación. si lo menciono. El primero es pudoroso. Sin em bargo. de la objetividad. por que generaciones de ojos humanos las han mirado y han ido poniendo tiempo en su eternidad y ser en su estar. Por consiguiente. para ascenderlas a poesía. Suele solicitarse de los poetas que hablen privativamente en metáforas y se afirma que la metáfora es única poetizadora. Suele suponerse que la literatura ya ha dicho las palabras esencia les de nuestro vivir y sólo puede innovar en las gramatiquerías y en las metáforas.e las de este mundo. hoy quiero manifestar su inseguridad. casi lacónico. Arturo Schopenhauer argu ye que la negatividad del nirvana no es absoluta y que su nada es privativa. Idéntica observación sale d e confrontar las genuinas coplas camperas con las epopeyas de Ascasubi y de José H ernández. Otra vez la metáfora La más lisonjeada equivocación de nuestra poesía es la de suponer que la invención de o currencias y de metáforas es tarea fundamental del poeta y que por ellas debe medi rse su valimiento. torpe. es la nada que corresponde a la luz. Desde luego confieso mi culpabilidad en la difusión de ese erro r. desaforado. la poesía popular no ejerce metáforas. Afirmo que también en poesía anda bien la fórmula de Un amuno: Los mártires hacen la fe. hace a los ídolos el Ruego.. El hecho puede tal vez resolverse así. es para advertir que la me táfora es asunto acostumbrado de mi pensar. el del rey moro que perdió Alhama. Hay caterva de cielos y universal ausencia de dicha y aun de corazonadas de ella y pregustes. Juan Meléndez Valdés y se advertirá en éstos una plura lidad de metáforas y en aquéllos su inasistencia casi total. Léanse los romances viejos. Su manera de hablar es la exclamación. como cautelosamente pensó y enrevesadamente escribió D. del tiempo. su alma de tal vez y quién sabe. he sido encantado por ellos. Lo cierto es que ni podemos imag inárnosla ni menos ubicar en ella la dicha: satisfacción de la voluntad. que nos acostumbremos a pensarlas con devoción. y luego los romanc es ya literarios de Góngora o de D. Ídolos a los Troncos. de toda sensación. el del conde Arnaldos. por ejemplo. ido. no es imposible que la nada de nuestro yo (la negación de toda conciencia. sino tan sólo los nombres. de la amistad. vaivén de corazonadas y de temores lo hace pueril y apenas si se atr eve a decir en voz alta cómo se llama. que es el hecho poético. el de Fontefrida. Luis de Góngora (Sonetos Vario s. pero basta invertir los signos para aseverar —una vez postulada la oscuridad y hecha po sitiva— que también la nada es la luz. extinción. la de ese revés más elevado de las palabras.. del espacio. No quiero dragonear de hijo pródigo. Me atrevo a aseverar lo contrario: sobran laboriosidades minúsculas y faltan prese ntaciones válidas de lo eterno: de la felicidad. ¡Qué anticipación para los posibles bien aventurados o amigos de Dios. de la muerte. Analógicamente. no negativa. nirvana o nibbanam. c uyo nombre mismo quiere decir apagamiento. XXXII). es la ausencia total del yo. Las estrellas son poéticas. Las cosas (pienso) no son intrínsecam ente poéticas. Este cielo incalificable. la Escultura. Ayer he manejado los argumentos que la privilegian. el rel . La obscuridad. es preciso que las vinculemos a nuestro vi vir. la de esa persistencia fonética!) Su oposición evidente es otro de los mayores cielos del mundo: el cielo negativo d e los budistas. por excelencia. no su perdi miento. del mundo.

si el poeta creyó deveras en la personalidad de una alma pública y total de este mundo. . El converso antioqueno de la relación A death in the deser t de Browning. por inercia grama tical. Dice Andrés Bello: Antiguamente nada significaba siempre cosa: nada no es más que un residuo de la expresión cosa na da. ¿A qué pensar en ingenieros de puentes cuando oigo la palabra pontífice y en cinturones cuando oigo la palabra zona y en chivatos cuando oigo la palabra tragedia y en cuerdas trenzadas cuando oigo la palabra estropajo y en mandaderos si me hablan de ángeles y en precaverme de piratas si me hablan de abordar un pro blema? Desde luego hay categorías convertibles. De aquí también el emplearse con otras palabras negativas sin destr uir la negación: Ese hombre no sirve para nada. ninguna me ha impresionado tanto como est a observación nada metafórica. esto es. casi toda s las palabras son metáforas. esta difícil sustantivación del no ser. y lo que se sigue. De suerte que nada no ll egó a revestirse de la significación negativa sino por un efecto de la frecuencia co n que se le empleaba en proposiciones negativas donde la negación no era significa da por esta palabra. (Creo de veras que la metáfora no es poética. hacen canje continuo de sus palabras. literaria.. y no queríamos perder lo último que pudiera suceder en ese rostro . cosa nacida.. Creo que es imposible prescindir de metáforas al hablar y que es imposible entendernos sin olvidarlas. no vemos en esto sino l o mismo que sucede con otras expresiones indudablemente positivas. cosa criada. Y si t iene por sí solo el sentido negativo precediendo al verbo. porque algo de la luz del medio día allí se alcanzaba. entonce s ya es poética.) La metáfora es una de tantas habilidades retóricas para conseguir énfasis. es lo mismo que no le he visto en mi vida. Yo creo que la invención o hallazgo de pormen ores significativos la aventaja siempre en virtualidad. parece haber sido inventada por la casualidad. Escribiré dos ejemplos más. El segundo es resuelto. Aquí el experimento es crucial.los bueyes de cuyos bezos charolados cuelgan tenues hilos de baba transparente que el manso andar no quiebra. No sé por qué r azón ha de ser puesta sobre las otras. conver sador: el tema ya tiene firmeza de símbolo y su solo nombre —cargado de recuerdos va liosos— es declarador de belleza. así en mi vida le he visto. la palabra sin astucia de epítetos. sino la presentación de uno so lo. es c omo argumentar que en la cifra 10 el concepto de la Nada absoluta interviene. a causa de su símbolo. Shakespeare principia así un soneto: No mis propios temores ni el alma profética d el ancho mundo soñando en cosas que vendrán. l a palabra Nada. puesto que esas metáforas sedicentes no son advertidas por nadie y no expresan la igualación o comparación de dos conceptos. La poesía de los vocablos entreverados p or ella la condiciona y la hace emocionar o fallar. es decir.. Su voz es la metáfora. hecha por el algunas veces poeta Gabriel y Galán: . p ara alguna cosa. Si la locución alma profética del mundo es una metáfora. porque deriva de gruta. De aquí el usarse en muchos casos en que no envuelve negación: ¿Piensa usted que ese hombre sirva para nada?. y dice con devoción: Esto no sucedió en la cueva exterior ni en la secreta cámara de la roca (donde lo tuvimos acostado sobre un cuero de camello y esperamos durante s esenta días que muriese) sino en la gruta central. ¿Hay efectuación de metáfora en eso? C asi ninguna. sino por otras a que estaba asociada. el espacio y el tiempo. El hecho es irrecusable y basta hojear un diccionari o etimológico para testificar su verdad pero le falta virtualidad polémica. (Precisamente. sólo es una imprude ncia verbal o una mera generalización de quien la escribió. cosa existente. para cosa alguna. ya formadísimo. He leído muchas metáforas so bre la sufrida lentitud de los bueyes. lo físico y lo moral. si no lo es. no por empeño de corporificar abstracciones. narra la muerte perseguida y guardada del evangelista San Juan. el cero. es más bien pospoética. consorcio de palabras ilust res.) Remy de Gourmont observa: En el estado actual de las lenguas europeas.ato desocupado. Argumentar que la palabra grotesco es metafórica. y requiere un estado de poesía..

Busco un ejemplo. Decir D. Sin embargo. está justificada con desconfianza y la tr aducción de mástiles en árboles y de velámenes en hojas. Cuando la vida n os asombra con inmerecidas penas o con inmerecidas venturas. En ca mbio. es casi una interjección. no soy adverso a avenidas embanderadas.. Para los gramáticos. Razona Góngora (A la Armada en qu e los Marqueses de Ayamonte passavan a ser Virreyes de México): Velero bosque de árboles poblado que visten hojas de inquieto lino.Generalmente. Quevedo fija la idéntica imaginación en cuatro palabras y la muestra movediza. El culteranismo Si las matemáticas (sistema especializado de pocos signos. debemos estudiarlos y honrarlos. no inventores o generadores de idioma.. afectiva. es una probabilidad que se afirma. Luis ha sido y será siempre el mayor poeta de la lengua es pañola y de segunda mitad esta conclusión. Ningún lector. en aquélla. pero tien e sus precelencias. colecticio tropel de miles de símbolo s. la frase y será siempre se repite con igual sentido en las dos. para festejar los momentos de alguna intensidad de pasión. más importante que su invención es la oportunidad para ubicarlas en el discurso y las palabras elegidas para definirlas. Queremos no ser menos que el mundo. es una cosa que to ca de veras al porvenir. la frase / será siempre es un juicio. a quintas c on terrazas. En ést a. e . Es definición metafórica de la metáfora. en la primera. peca de metódica y fría. es emocional. Luis es. Luis es indudablemente el m ayor poeta de la lengua española o exclamar D. n o estática. pero sin olvid ar que son clasificaciones hechas después. y será siempre. Lo que pasa es que casi nunca me siento merecedor de esas munificencias. Yo lo definiría así: El lujo es el comentario visible de un a felicidad. soltándola por el tiempo (Inscripción de la Statua Augusta del Cés ar Carlos Quinto en Aranjuez): Las Selvas hizo navegar. La concepción clásica de la metáfora es quizá la menos imposible de cuantas hay: la de c onsiderarla como un adorno. fundado y gobernado con asiduidad por la inteligencia) entrañan incomprensibilidades y son objeto permane nte de discusión. en otro. me parece justificadísimo que un mujer hermosa (cuya belleza ya es una conti nua felicidad) viva en continuo aniversario y veinticinco de mayo de esa belleza . se dejará llevar por este parecido fonético. Hablar de adorno es hablar de lujo y el lujo no es tan injus tificable como pensamos.. ¿cuántas no oscurecerán el idioma. Luis ha sido y será siempre el mayor poeta de la lengua es dictaminar D. que desgloso de una devo ta página sobre Góngora: D. pero me parece bien que haya coches y automóviles y una c alle Florida con vidrieras resplandecientes. infausta en uno y de siempre lista eficacia para maravillar. a jugar con lindas piezas al ajedrez . Yo soy un hombre más o menos enlutado que viaja en tramway y que elige calles de smanteladas para pasear. Indudablemente. Gracias a Dios. Inversamen te. un énfasis más. metaforizamos casi instintivamente. se admira la invención de metáforas. En la segunda oración. ¡a ver quién me lo discute!. La anima. ya lo sé.. Considérese una misma metáfora en dos poetas. Aquí la igualación del bosque y la escuadra. sin embargo. queremos ser tan desmesurad os como él. Sintácticamente ambas oraciones se corresponden. Me parece asimismo bien que haya me táforas. Ni las palabras asumen invariadamente la acepción que les es repartida por el dicc ionario ni hay una relación segura entre las ordenaciones de la gramática y los proc esos de entender o de razonar. Sírvanos de primera mitad este parecer. manejado casi al azar? Libros orondos —la Gramática y el Diccionario— simulan rigor en el desorden. a terrazas con puestas de sol. el mayor puerto de esta república. que podemos suponer a la vuelta de muchas estadísticas y argumentos: Buenos Aires ha sido. es intelectual.

pero también son elogio. de una litera tura. de Cervantes y de Quevedo basta para la refutación de ese error. después que esta antorcha s e encendió. los otros. la del Rimado de Palacio. ¿Acaso hay un pensar con metáforas y otros sin? La muerte de alguien ¿la sentimos en estilo llano o figurado? La única realidad estét ica de un poema ¿no es la representación que produce? Que el escritor se haya valido o no de metáforas para persuadirla. Entiendo por clasicismo esa época de un yo. bástanos intu irla. la insinuadora de ambiente. El reverso es el general sosiego de la literatura española. No insisto en la disputa. que no haya sido mirando a su luz?. el de latinismos. Yo insin uaría —contra los contemporáneos. Poseen su ento nación y su gesto. En lo atañedero a la última. sino confesalla sinceramente. Piensa Novalis: Cada palabra tiene una significación peculiar. Luego. es decir. una realidad compartida y autorizada y es postrimería de cla sicismo. Esencialmente. Váz quez Símela. que royendo están los Años. otras connotativas y otras enteramente arbitrarias y falsas (Werke. vituperio. Escribo adrede el verbo. suburbio. los Días. viene el solazarse con ellos. la de que el tiempo es temporal: Mal te perdonarán a ti las Horas. en las que ha infundido Carriego un sentido piadoso y conmovedor que no tuvieron antes.. III. Son designación de las cosas. es curiosidad ajena a lo estético. Hay la significación u sual. la segunda es alarde ocasional de escritor es. ya bien saturados los símbolos. La poesía —conspiración hecha por hombres de buena voluntad para honrar el ser— favorece las palabras de que se vale y casi las regenera y reforma. la atracción ejercida por don Luis de Góngora es indudable. y aunque la sol a mención de Lope. picardía. Por el primer hombre de España lo tuvieron. que se trata de una virtud. La equivalencia cae fuera de la gramática y de la lógica. ya vinculada la ex altación a un grupo de palabras y a otro la heroidad y a otro la ternura. He descubierto ilustres metáforas en la obra de don Luis. el de ficciones griegas. contra mis certidumbres de ayer— que la cuestión no es de orden estético. El de la escuela cordobesa del mil seiscientos es el más famoso de todos. Presupone siempre u na tradición. n o ha sido legalizada por nadie y usada y abusada por muchos. El anver so de esta nombradla es la individualidad saliente de su caudillo. El academismo que se porta mal y es escandaloso. La torpe honestidad matemática de las voces ya se ha gastado y de meros guarismos de la realidad. La primera suele pr evalecer en la conversación con extraños. la tercera es costumbre de haraganes para pensar. la de Manrique. el gongorismo o culteranismo. ¿quién escribe hoy que no sea besand o las huellas de Góngora o quién ha escrito verso en España.) El proceso no varía nunca. antes de 1628. la figurada.. finge interrogar. Yo quiero co nsiderarlos con precisión. casi con unanimidad. sino por la expresión alcanzada. la del sentir eterno español. 207). En su quietud casera el culteranismo es único escándalo y se le agradece el gentío. las Horas que limando están los Días. todo sentidor de Cr oce estará conmigo. estima. en que las cosas ya recibieron su valoración y el bien y el mal fueron repar tidos entre ellas. de una amistad. remisa en teorizar. respetabilidad. la etimológica. los de su época. costurerita. (Séanos evidentísimo ejemplo el de las voces organito. . es como hace r el cómputo de la cantidad de letras que empleó. El primero es objeto de litigios que no se cansan. ya son realidad. contra los antiguos. Porque si no nos queremo s negar a la razón. El consenso crítico ha señalado tres equivocaciones que fueron las preferidas de Góngo ra: el abuso de metáforas. porque son de las que ningún fervoroso suyo ha elogiado. Los unos piensan que la numer osidad de metáforas es condenable. La metáfora no es poética por ser metáfo ra.l mayor poeta. Copio la mejor de ellas.

Gracián y Quevedo neologizaron. no hay comparaciones ahí. sino de la misma nada. sylvasque fatigant dice La Eneida. la de los campos: Era del Año la Estación florida en que el mentido Robador de Europa (Media Luna las Armas de su Frente y el Sol todos los Rayos de su Pelo). Para nada quiere salir de su casa. 494) señala esa nadería de los cultos: Aun no merece el habla de los cultos en muchos lugares nombre de obscur idad. como los tradicionalistas pretenden. y cuyo final es traducción fidelísima de Virgilio. la única sin remisión y sin lásti ma. prefi ero las invasiones generosas de los latinizantes. Yo confieso que a la cerrazón y hurañía de los puristas de hoy. Cervantes italianizó. También. Ya nos encara la tercer equivocación del culteranismo. Góngora y Quevedo lo fueron. Lo lamentable es que casi todos los poetas han abdicado la imaginación en favor de novelistas e historiadores y trafican con el solo prestigio de las palabras.El crítico español Guillermo de Torre. para ejemplo de metáforas que enigmatizan. Acaso. En suma. Don Juan de Jáuregui. Pr opiamente. fatigar la selva cuyo primer hemistiquio acierta en lo de igualar el viento a una cabellera y no sé si en la prolijidad de peinarlo. Sospecho que aceptar esa defini ción de traza romántica es premisa para admitir el culteranismo. Góngora fue más consciente o menos hipócrita q ue ellos. quiero decir de nombr . los demás practican el diminu tivo y la interjección y son héroes del quién pudiera y del nunca y del si supieras. Asiduos cabalistas (desde Pellicer o Salcedo y Coronel hasta los contemporáneos) h an procurado la justificación lógica de esa tardanza y de ese impertinentísimo toro. en refranes. y t ambién Hurtado de Mendoza y Saavedra Fajardo y otros no tan ilustres. porque es hendija por donde se le trasluce la muerte. de su manejo supersticioso de mitos griegos. Venatu invigilant pueri. su simulación. lo que importa son las palabras orondas —las palabras de clima de majestad— exhibidas por el autor. Ahora. mediante palabras. la soberbia española practica una diversa conducta: no quie re aceptar el socorro de barbarismos y pone su toda y poca fe en recetas caseras : en idiotismos. Francisco de Cáscales: Harta desdicha que nos tengan amarrados al banco de la obscuridad solas palabras. Los unos viven de palabras de lejanía. no hay sino la apariencia sintáctica de la imag en. También. ni para bromear. Una cosa es present ar a la inteligencia un mundo verdadero o fingido y otra es fiarlo todo a la con notación visual o reverencial de vocablos arbitrariamente enlazados. Sin embargo. libro noveno. Metaforizar es pensar. es reunir representaciones o ideas. III. Hablo de su permanente afán mitológico. verso 605. Luciente honor del Cielo en campos de Zafiro pace Estrellas. Fray Luis he braizó con oportunidad. En lo atañedero a latinismos. en su alegato por la metáfora. q ue es disfraz de Júpiter y signo zodiacal y constelación y que no nos ayuda a imagin arnos la primavera. en locuciones. los otros de palabras lujosas. quiere autorizar se con el famoso ejemplo de Góngora y copia este verso: peinar el viento. cuyo honestísimo Discurso poético ha sido republicado por Menéndez y P elayo y justicieramente elogiado (Ideas estéticas. es costumbre transcribir el prin cipio de la Soledad primera. la tradición española no es tradicional. n inguno quiere imaginar o pensar. es notorio que don Luis de Góngora los frecuentó ad majo rem linguae hispanicae gloriam y que su ánimo fue probar que nuestro romance puede lo que el latín. ¿puede habe r poesía sin intuiciones? Arturo Schopenhauer ha escrito que la poesía es el arte de poner en juego la imaginación. Ahora bien. aquí lo de menos es la metáfora.

ni tampoco el consentidamente gracioso del nari gón —materia forastera a las letras. de apariciones. de huellas. no es el del entierro geográfico del grande Osuna. Venas.es de mitos. Alma. de los ángeles. a quien todo un Dios prission ha sido. Lo he copiado en su integridad. agua fría. de ecos. a su afán ansioso lisonjera. con las hi pérboles ya reglamentarias del género. d io en especular y en sentir: riesgo que los entendidos repudian. consumaron casi siempre el total: el de catorce líneas. Fue simulacro vistosísimo de poesía: se eng alanó de muertes. Alma mía. Serán ceniça. ley severa. ¡qué ociosidad para adjetivar! Nunca adolecieron de ella los cumplidores de sonetos sedicentes perfectos —José María de Heredia. . Mas no de essotra parte en la rivera Dejará la memoria en donde ardía. difunto que lloraron los ríos y cuyo velorio fue de volcanes. Un soneto de don Francisco de Quevedo No. no el aprovechar su halago forastero y su l ontananza. de ausencias. Polvo serán. ¿Qué imperfección es. Médulas. el de un ent ero soneto inútil y zángano. al sentarse a escribirlo. El culteranismo pecó: se alimentó de sombras. puesto que la terribilidad del morir no es la de un mero d ejarnos sin luz y porque también los ojos se clausuran para dormir: ocupación blanda . lo tengo por una de las más intensas páginas de su autor: e s decir. nadar sabe mi llama la agua fría Y perder el respeto a lei severa. Es evidente que don Francisco de Quevedo. no tuvo más que la artesana intención de manufacturar un soneto al modo italiano. ¡Tan pudorosas y cobardes son todas ellas frent e a la sola horrenda palabra que pujan por tapar! Cerrar podrá mis ojos la postrera Sombra. pues. en su libro cuarto. Otro es el soneto de que hablo y aunque las anto logías nunca lo visitaron. de la literatura mundial. Tales obreros d e la versificación denunciarán también lo ripioso de los finales. pero su actuación en boca no helénica es de falsedad y desvir túa lo autobiográfico. que han gloriosamente ardido. la de este principio? Es (digo yo) la de cuanta metáfora se ha imaginado para decir la muerte. que humor a tanto fuego han dado. aunque demasiado bien sé que los tercetos lo abarc an. es de los sonetos a Lisi. mas tendrá sentido. de reflejos. Y podrá desatar esta alma mía Hora. ¿Y la alusión al Leteo y a sus aguas todoolvidadoras y sólo desafiables por la pasión? Es (o fue) ingeniosa. de las divinidades clásicas. porque una incongruencia así fisonómica sólo es visua l y no puede alegrarnos de oídas. no su cuidado. El libro El Parnaso Español y Musas Castellanas lo registra. lo poético. Su forma dejarán. mas polvo enamorado. Haraganería es esa tan pública como ¡te juro por Dios! en boca de ateo o la fórmula conjurativa ¡cruz diablo! dicha por el que descree de la cruz y no se ima gina. Reza de esta manera: Cerrar podrá mis ojos la postrera Sombra. ningún demonio. Habló —sin creer en ellos— del fénix. Samain— que a trueque de evitar el ripio menor. al pronunciarla. que me llevare el blanco día. y que recién a las ocho líneas de petrarquizar. de palabras. Poesía es el descubrimiento de mitos o el exp erimentarlos otra vez con intimidad. que me llevare el blanco día es una perífrasis boba. y lleva el número XXXI .

La intensidad le es promesa de inmortalid ad y no la intensidad de cualquier sentir. la del acto. sino la de la apetencia amorosa y. la cosmológica. alguna vez. no es sino la manifestación de la voluntad de vivir y la conc entración. el mundo es anch o en el espacio y viejo en el tiempo y de variedad inagotable en las formas. Lo cual (añado yo) no quiere decir que los sonetos y los budines no sean manjares muy aceptables. pero su constante objeto es just ificar que el alma es entidad separable y puede operar sin las representaciones —f antasmas. plenitud del ser. la moral. Serán ceniça. Imposible ubic ar en su área teológica el pensamiento audacísimo de los versos. escribe el original— de que se abasteció en los sentidos. más concretamente aun. Los destaco. a quien todo un Diosprission ha sido. hospes comesque corporis. mas polvo enamorado. Polvo serán. intuye más bien. con que se prueba la Providencia de Dios para consuel o. con lo descomunal de sus leye s. La erótic a sube a metafísica. de la que escribió Schopenh auer: La cópula es al mundo lo que la palabra al enigma. por contraste.. y fraileras citaciones latinas la hacen solemne. mas tendrá sentido. sino de las caseras cos as individuales— sugiere una supervivencia de lo corpóreo. estos ocho renglones preparativos son un compás de espera. Quevedo. invitado y compañero del cuerpo. A saber. Su forma dejarán.. de la carnalidad y aun de la satisfacción y ápice de ella. los versos finales. Quevedo casi no razona.Es decir. ¿Qué pensar de la abogación de Quevedo? Yo pienso de ella lo que de las sedicentes pru ebas dialécticas de que hay Dios. Si mencioné este opúsculo (Inmortalidad de el Alma. El pensamiento es casi pagano y está. En ellos puede escucharse ¡al fin! la voz de Quevedo. y el cuerpo frío Se acordará de amor en polvo y tierra. Consideremos. la c ulpa fue de la costumbre deplorabilísima de imponer tamaño de soneto a toda emoción. la ontológica. Médulas que han gloriosamente ardido. pues. No los precisaba Quevedo y si incurrió en la haraganería de componerlos. Es polémica antici pada con Hobbes. Hay pieza s de Enrique Banchs —ya tenemos en casa ejemplos no solamente de equivocación. la histórica . es el acto generativo (El mundo como voluntad y representación. Ésta es abogacía originalísima por la inmortalidad: negocio en que se atareó Quevedo y a cuya probación dedicó las muchas páginas de un tratado que anda en sus Obras postumas . Lo he recorrido. de las ya para siempre ap asionadas venas y médulas. sino de los otros— que saben reconciliarme con el soneto. un escúcheme. hispano íntegramente y seguro de la realidad de las cosas —no de la gasific ada cosa en sí que para consuelo de ametafísicos preparó Kant. en otro soneto: Sobre el Sol arderé. página 671 de la edición alemana de Eduardo Grisebach). con no amainada gra ndiosidad. con su arbitrariedad. E l sonetista (apunta don Ricardo Güiraldes) tiene un moldecito de budín en la mano y mete dentro todo lo que se le pone a tiro. Tod o esto. es discurso en que colaboraron la dialéctica y la dignidad varo nil y la convicción y aun alguna vez el sarcasmo. rebasa su minuto y af irma que quien alguna vez tanto vivió. a primera vista— es insinuador. y aliento de los Catholicos. tan ausente de los no favorecidos cuartetos. los descaros y sábados de la carne son mensajeros de buenas not icias para el espíritu. capítulo cuarenta y cinco. sin embargo. El goce. Venas que humor a tanto fuego han dado. segundo volumen. Ese frío —tan insignificativo y haragán. ya no se olvidará de vivir y no morirá. los redimo de los demás y son el mayor sentir español: Alma. el foco de esta voluntad. y vergonzosa confusión de los Hereges) es para evi denciar la mucha intimidad de Quevedo con la cuestión. u n hacer tiempo casi de cualquier modo mientras la atención del auditorio está organi zándose. no su cuidado.

Mi fe no es una munesca e incómoda. preferentemente. por forma. en productor de imágenes o de conceptos. No entiendo a l os mecanicistas. gavilanes. pescados. pr efiere definir Croce. y en su sentido estricto de percepciones instantáneas de una verdad. un dormitorio oscuro en Ocaña. Dice así: En la poesía de Góngora flores. la Muerte y don Rodrigo Manrique. hombre de pelo rojo. Escribo imágenes. ya que la casi totalidad de su material se origina de ellas. El más r ecibido de esos errores es presuponer que las imágenes comunicadas por el escritor deban ser. vidrios y cor chos. muy mejor.. a veces por vaina (que es l a apariencia de la hoja de acero que está en acecho en ella) aunque también por eco —v ocalis imago— y por la concepción de una cosa. Quiero rememorar aquí cierto diálogo. y tan satisfac toria me es esa fórmula que ni siquiera pienso sacar de la estantería el libro en qu e está y verificar en él las palabras textuales (las representaciones textuales) de su escritor. Ya escribí alguna vez que la negación o dubitación de la inmortalidad es el máximo desacato a los muert os. l o no imaginable o no generador de imágenes. No es menos definitivo el segundo ejemplo. Escribo imágenes y no dejo de saber lo traicionero de esa palabra. visuales. su cronista. es inartístico. otra. mis noches saben acomodarse en ella para dormir y hasta despac han realidad bien soñada en su vacación. me ritísima por lo demás. Uno es para contradecir el aflictivo nihili smo poético de esa rapsodia. árboles. por efigie. Al universo no le permiten escamo tear una partícula de materia pero sí una infinitud de almas. Ocurrió en las medianías del mil cuatrocientos. perecedera. De don Francisco ya sabemos que obtuv o dos. pasan en suntuoso desfile a nte los ojos del lector. variedad de manjares. cintas. pero está usurpada por significaciones connotati vas —adivinación. sus interlocutore s. su escena. la de nuestra fama. y su apurada repartición del conocimiento en intuitivo y lógico. La etimología ampara ese error: imago vale por simulacro.y las que queden: pienso que su única virtud no dudosa es la de convencer a ya con vencidos. la que cumplimos entre las prolijidades de l tiempo y las del espacio. es inmejorable. Mi fe es un puede ser que asciende con frec uencia a una certidumbre y que no se abate nunca a incredulidad. ya para iempre. por aparecido. de las Soledades. esperemos que el Señor no le haya sido avaro de la tercera. incrédulos de que un solo átomo irrepresentable pueda perderse y mu y seguros de la escondibilidad final de su yo. pero ésta le sirvió (lo hemos visto) para arg umentar la inmortalidad. la temporal. vale decir. Dos ejemplos amenísimos de ese poder hay en el desbocado elogio de Góngora que Dámaso Alonso ha prefijado en su edición. post ularé aquí. Se escribe así: No obscuridad: cl . Dijo entonces la Muerte que son tres las posibles vidas del hombre: una. la que en ajena s bocas vivimos. nos ha contestado Croce. La simulación de la imagen Indagar ¿qué es lo estético? es indagar ¿qué otra cosa es lo estético. Para decírsela a fervientes de la inmortalidad. soy de los que creen. es dec ir. ¿En qué estaban pensando los que dijeron que las Soledades estaban vacías? Tan nutridas están que apenas si en tan poco espacio pueden contener tal variedad de formas (página 31). aves. pero de traiciones que cuentan y que la historia de la literatura (mejor: la sedicente historia de la sedicente literatura) no de be preterir. la de inmortalidad. la descortesía casi infinita. Eso dice la biografía de esa palabra y esa biografía no es aconsejadora de aciertos. El arte es expresión y sólo expresión. La falacia de lo visual manda en literatura. la palabra me satisface. que única otra cosa es lo estético? Lo expresivo. el capitán don Jorge Manrique.. ocurrencia. gallinas. en razón de su cargamento visu al o mención continua de plumas. De eso puede inferirse inmediatamente que lo no expresivo. otra. Intuiciones. Quevedo no descreyó nunca de la materia. palab ra de traiciones como la otra. No le pi do más: en trance de Dios y de inmortalidad. pelos. animales d e la tierra. El ingenuo paralogismo se echa de ver: Alonso niega la sensible vaciedad poética de las Soledades. corazonada— que la echan a perder.

Después examina varias cond uctas de prosa. claridad deslumbrante. en la fabulosa división de fondo y de forma. Este prosista simula investigar lo que es prosa. por su mencionar cosas claras. del diminutivo.. libro de reso luciones de literato. constelado de diamantes. Este aparente axioma o facilísima verdad ni si quiera lo es. Otra figura y o tra negación de pensar. sólo para hacer ostentación de ese pájaro. esc ritores a quienes les importa más lo vistoso del segundo término de una comparación qu e no su necesidad o su auxilio. promete más posibilidad de expresión. en que nos darán más inform es. siempre que no se es pecialice el escritor en tales diabluras. libróte. Escribir Salió de General Urq uiza y Barcala y caminó hasta Camargoy Humboldt.aridad radiante. Es decir. profunda iluminación. Ma r luciente: cristal azul. de ese surtido de desaires tan cómodo. de esas vanidades de cartógrafo o de sereno: equivocación copiadísima. uno que en muchos otros decires es gran poeta. El pensamiento (escribe) es la maroma tensa. sin mácula. salen. trayendo a bordo. pero de uno al ot ro extremo se entrelazan armoniosamente las cintas paralelas de la imagen (página 34). de libro. Anota. n os muestra unas serpentinas y un alambrado. La naturaleza de ese enredo es de calembour. Sólo que la distracción. Somos poseedores de cuatro terminaciones aumen tativas. es arriesgarse a dejar en blanco esa línea para muchos lectores. de diez diminutivas. ya lo sé. Y es que el noticioso. el cuadrito. Esa manera no es la histórica ni la periodística. Hay. del despectivo. Libraco. Escribir Caminó sin parar hasta que ralearon las cas as. no precisa hacer arte: es noticiador de hechos públicos. Esas libertades con la metáfora son perdonables. también. Indiscreciones de lo visual son también las cometidas en Ejercicios. Daniel Defoe parece haber sido. Menén dez y Pelayo. el arcón bien labrado del pensamiento (página 35). Escribir del héroe de una novela Salió de un punto de partida y caminó cuatro mil doscientos veinticuatro metros haci a el noroeste. Jarnés cree. o rasgado por la corva carrera del sol (página 35). es guardar una reserva casi absoluta. entre mástiles y fes tones encendidos. Otra popularizada ilusión es la de fiarse mucho en las desinencias del aumentativo . El deber de toda imagen es precisión. Aquí. para los co nvencidos de antemano de su verdad. para depararnos al final esta solución: Lo mejor es hacer de la pr osa una ágil góndola empujada por el aliento de la idea. receta no represen table por nadie y que se limita a señalarnos el sitio Tal. bajo la aparente segurida d de lo sentencioso. ya que las precisiones de la aritmética o de la geografía suelen ser i mprecisas a más no poder en el ejercicio del arte. según la sufijación que le sumen. Casi todas las que se dicen metáforas no pasan de incontinencias de lo visual. Cielo color zafiro. duele una equivocación parecida: la de inferir que don Luis d e Góngora es claro. escribe. aludiendo a la festejada línea de Góngora. creo que sin demasiada razón. para menospreciarlo. libracho. en literatura. léase perspicuo. La gr amática se alaba. a las tales horas del día. número tal. ha sido ingerido esta ve z con menos limpieza. pero en lugar de razonar esa dualidad. por ejemplo: El valiente robo de ayer se efectuó en la calle Tal. el iniciador de esos pormenor es de horario. a diferencia d e los poetas. vibrátil —acaso de alambre robu sto de acero— que mantiene enhiesta la arquitectura de la frase. El rojo passo de la blanca Aurora y a otras emparentadas. Claridad de íntima. Pocas veces surca la alta serenidad esa deliciosa góndola bergsoniana. pero no del correspondient e poder de apreciar veinticinco graduaciones en cada nombre. de once despreciativas. todavía. escribió que la sola motivación de algún verso de él fue la de l isonjear la vista con la suave mezcla de lo blanco y de lo rojo. o Caminó hasta que hubo más cielo. por Benjamín Jarnés. Jarnés no ha querido intimar con el problema. . Yo siempre en él estuve atento como martín pescador. léase relucientes. visión inútil..

La voz r iquísimos no es de fácil operación: oímos decir rico primero. Menéndez y Pelayo l o ataja. sobre el desprecio de la vida y sobre el poderío de la muerte. Las coplas de Jorge Manrique La más escuchada voz que verso español habló de la muerte. Pues vos fizo Dios pilares de tan «riquísimos» techos. Por su ademán. Esas negligencias o rendijas o indecisiones o premeditadas e stafas de lo verbal cuentan. juego de chasquearla infinitamente— opera también. siempre q ue finja un método su locura. Dice también que el pudor filosófico y señoril con que Manrique reprime sus lágrimas y anega su propio dolor en el dolor humano. es la de Manrique. con visible superstición. Pero el caso general de equivocación. Ésta. sin otra ayuda que la de su mismo insípido ruido. Llama doctrinal de cristiana filo sofía a las coplas y alude a Bossuet. Una observación última. cree en las naturalezas distintas de la conversación y de la escritura y acaba por consentir (y hasta por festejar) en la hoja. siempre que palab ras del destino sean presentadas (adiós. censuró la censura. decente crítico y poeta ilegible. pueden componer nombradía. Pero las coplas de Jorge Manrique son una declamación. que se adelanta a la representación concreta que intensifica. tal vez) o de lo a stronómico: nadir. renunciamiento. tan indecidora es una como la otra. Sabe que la imagen fracasada goza de mejor nombre ahora. Las dos. no legal. en punto a representación. se esperan los sentimientos y la intención de una elegía. ya en la prosa. inexpresiones que rebatiría siempre en el diálogo.. Manuel J osé Quintana. juego de satisfacer una expectativa. pero la representación es una y varia ble. siempre. Ejemplo: to do escritor de nuestro tiempo. siempre que suene un ísimo. que una exhibición de métodos novedosos. La audibilidad de lo escrito —ya en el verso. La sola diferencia es de entonación: la primera suena ponderativa. con la complicidad del lector. censuró esa voz. diecisiete se contraen al elogio fúnebre del Maestre. no descu bre errores. luna. y ya la des inencia nos quiere reclamar una refacción o corrección o decantación del concepto. Esa posible diferencia de acento es toda la que hay. Yo repito que no es del caso ha blar de convenios: el asunto es de orden psicológico. Sabe que lo s fracasos perseverantes de la expresión. de los niños. bie . El procedimiento reiterativo de las mujeres. lo imaginamos. tan impersonal que también para decir pobrísimo lo conchaban. Todo e scritor sabe que una genuina obtención estética suele interesar menos al historiador de la literatura y al periodista y a la discusión de los compañeros y al ya literat izado lector.. Menéndez y Pelayo. El grado superlativo es otra ficción y de las traicioneras. es deliberado. nunca. y va preparándola. son iguales. esos pareceres de Menéndez y Pelayo son una refutación de Quintana. Dejemos la rareza gramatical de la anteposición del adverbio al superlativo —alianza emocional de dos énfasis— y comparemos la adjetivación riquísimos techos con la positiv a de ricos. o más bien un sermón funeral sobre la nada de las cosas del mundo . La construy en la haraganería y la cortesía. que es el de audaz. siempre que blasonen misterio. estad firmes y derechos. No faltan asimismo lectores que se decreten una suficiente emoción. Ejemplo: Góngora.sin reparar en que las palabras son muchas. en alguna página. tal como el fall ecimiento de un padre debía inspirar a su hijo. Más práctico me parece el adverbio muy. señalándole que de las cuarenta y tres coplas que son el total de la compos ición. Arguye Quintana: Al ver el título de e sta obra. la común es un dato. es el mejor mérito de la obra. aquélla se s uele satisfacer con medias imágenes y como no quiere realizar lo que lee. aunque desacertados. de los s emitas (un cielo azul azul) es también más lógico. Se me responderá que como contratante verbal —investidura tan falsa como la del contratante social que inventó Rousseau— estoy sujeto a la obliga ción de imaginarme algo. crític o justicieramente famoso.

y otra es la intimidad del dolor qu e su muerte debió inferir al ánimo de un hijo suyo. pudor filosófico. y que asciende alguna vez a cuento de Poe: Después depuesta la vida tantas veces por su ley al tablero. de hijos y hermanos y criados.. esas carencias las anonadan. por ejemplo. vencedor en veinticuatro batallas y Adelantado mayor del reino de León. No por mucho batallar con todos los moros de la morería.) Dice Menéndez y Pelayo: «¡Dichoso Jorge Manrique entre nuestros poetas. en la su villa de Ocaña vino la muerte a llamar a su puerta. no es directa queja filial. No descreo de la eficacia estética de las Coplas. Elogio fúnebre. No dexó grandes thesoros ni alcancé muchas riquezas ni baxillas. después de tan bien servida la corona de su Rey verdadero. lo proverbial y lapidario de su dicción. y más en el sentido civil en que lo enc ara Jorge Manrique. En ellas está la forzosidad del morir. doctrinal de cristia na filosofía. sermonero a más no poder y na da elegiaco? El elogio fúnebre. (Sé que Lope de Vega dijo de ellas que merecían estar escritas con letras de oro: locución rumbosa que expresa una convición y no la argum enta.n mirados. nombre de Bossuet. otra. Dos maneras de hermosura hay en ella: una. cercado de su mujer. Desde el punto de vista absoluto que su nombradía merece. puesto que a t ravés de los siglos su pensamiento cristiano y filosófico ontinúa haciendo bien. Afirmo que son indignas de la Mu erte: eso es todo. son su confirmación. acrecienta un hombre el amor filial que deben profesarle. y cua . Claro que al negar lo elegiaco de esta elegía festejadísima. que se tr asluce tan a las claras en la sentencia final: Assí con tal entender todos sentidos humanos conservados. mas hizo guerra a los moros ganando sus fortalezas y sus villas. Una cosa es la foja de servicios del conde de Paredes. su índole de novela. la gran aplicabilidad de sus v ersos. no quiero negar su herm osura. ¿no es todo eso.. acaso. es justificación ante forasteros. y en las lides que venció cavalleros y cavallos se prendieron y en este oficio ganó las rentas e los vasallos que le dieron. pero nunca lo disparatad o de ese acto ni el azoramiento metafísico a que nos invita ni un esperanzarse cur ioso en la inmortalidad. después de tanta hazaña a que no puede bastar cuenta cierta.

Hay la respuesta cientificis ta que a nadie satisface y que dicen todos: El individuo no es inmortal. Si todo es ilusorio. l uego los imperios no existen y los ingleses no deben alegrarse del que seudo tie nen. tomo 6). Yo no entiendo de estas divisiones jerárquicas de la realidad y no sé por qué razón la h ora de la muerte ha de ser más verdadera que las de vivir y el viernes que el lune s. también la muerte lo es y muere su muerte. luego el esqueleto es más real que el hombre. de Jorge Manrique? Releo las Coplas y compruebo que es el pensamiento de que lo pasajero no existe. las músicas acordadas que tañían? ¿Qué se fizo aquel dançar y aquellas ropas chapadas que traían? Dejemos las absurdas y patéticas interrogaciones sobre la perfumería y sobre los tra jes guarnecidos con láminas de metal y sobre las bien templadas citólas y vihuelas y vayamos a la terrible interrogación: ¿Qué se ficieron las llamas de los fuegos encendidos de amadores? Es decir. Las ruinas de Itálica sobreviven (sobremueren) a la ciudad. Ya eres el pose edor de tu ignorancia. sin confiaren contestación. de San Pablo!» (Antología de líricos castellanos. la perdurabilidad es la única forma del Ser. sus tocados. El esqueleto sob revive a su portador. Yo pregunto con humildad: ¿Cuál es el pensamiento cristiano y filosófico y a través de los siglos bienhechor. sus olores? ¿Qué se ficieron las llamas de los fuegos encendidos de amadores? ¿Qué se fizo aquel trobar. tan profanadora de todo recuerdo nuestro de amor y que siente así: Fuego encendi do en los infiernos es el fuego carnal y está bien que se desbarate y se pierda y que el alma consiga alguna vez el don de olvidarlo. Lector: Por la vereda de las coplas hemos llegado a la metafísica. y la mía no te hace falta. Hay una tercera respu esta que he vislumbrado y que me está gustando y que se deja presentir o indicar p or esta sentencia: Lo que de veras fue. sus veris son siempre de los primeros que ocurren a la emoria. Para Manrique (y para todo español en t rance de filosofar). no se pierde. sus vestidos. pero sí l a especie y ella garantiza la inmortalidad de todo sentir. la intensidad es una forma de eternidad. La fruición literaria Sspecho que los novelones policiales de Eduardo Gutiérrez y una mitología griega y e l Estudiante de Salamanca y las tan razonables y tan nada fantásticas fantasías de J . luego su intemperie de hoy es verídica y su gentío de ayer es una ficción. ¿qué se hizo la pasión. como elocuentísimo comentario y derollo del Surge qui dormís et exsurge. qué se hará? Hay la respuesta cristiana (la de Manrique) . interroga: ¿Qué se ficieron las damas.ndo entre españoles se trata de muerte y de inmortalidad. ¿Sólo ha de ser inm ortal el dejar de ser? Manrique. El nombre de España ha durado más que su imperio.

tomo segundo . Escribe Menéndez y Pelayo: Si no se leen los versos con los ojos de la historia. buscaré un ejemplo. la sombra y el bulto.ulio Verne y los grandiosos folletines de Stevenson y la primer novela por entre gas del mundo: las 1001 Noches. otras han caído piadosamente de mi r ecuerdo. De Quincey. que alguna vez supe íntegro y que han extirpado los años y mi desgano. Conjeturo que de ser sinceros. existirían antologías no cronológicas y hasta sin nómina de escritores ni escuela s. a traducir las en escuelas. la azotea de la casa. Dickens. La lista es heterogénea y no puede confesar otra unidad que la consentida por la edad tempranísima en que los leí. otra vez Quev edo. Despacito. Cierto. Admitirlo. Esta locución ¿es condenable o es lícita? Yo afirmo q . un altillo. en combinación. como el Tenorio. un cortesísimo indagador de vidas ajenas y todo lo aceptaba con venturosa y álacre resignación. ahora es mi más visi tado escritor. Si las obtenciones de belleza verbal que puede ministrarnos el arte fueran infal ibles. no menos inventi vo en la mañana populosa que en la noche aislada. y a riesgo de simplificar demasiado el asun to. ¿Y en el día de hoy? He dado en escritor. Algunas —todavía— suelen acompañarme la soledad. con fe roces mandíbulas. ¿Cómo admirar los sonetos de Juan Boscán. los frecuentadores de temas ya poetizados. Tus libros preferidos. En cambio. si ignoramos que ha perpetrado ot ros muchos que son todavía más íntimos del error y que además. a través de inefables chapucerías de gusto. son como borradores de ese libro sin lectu ra final. es amigo del antologista? Temo no ser entendido en este lugar. ya es injustificarse. intimé con la lite ratura. hasta en las malas ilustraciones y en las erratas. es una confesión. La sola evidencia de hermosura de cada composición bastaría para justificarla. si no sabemos que fueron los primeros de que a doleció nuestro idioma? ¿Cómo sufrir los de Mengano. y el ag rado que me inspiraron se ha hecho costumbre. en crítico. Esta que parece advertencia. son los mejores goces literarios que he practica do. Unamuno. y debo confesar (no sin lástima y conciencia de mi pobreza) que releo con un muy recordativo placer y que las lect uras nuevas no me entusiasman. Es lamentable observación mía que cualqui er hombre. Ojalá existiera algún libro eterno. puntual a nuestra gustación y a nuestros caprichos. orientado a todas las horas del mundo. Es natur al: la inteligencia es económica y arregladora y el milagro le parece una mala cos tumbre. lector. Esos tan resucitadores ojos de la historia ¿qué son sino un sistema de lástimas. Los epígonos. Cada cuento era una aventura y yo buscaba lugares condignos y prestigiosos para vivir la: el descanso más empinado de la escalera. que h ace años está leyéndose solo en la biblioteca. Después. en influencias. ¡cu an pocos versos habrá que sobrevivan! (Historia de la poesía americana. confundiremos el plagiario con el inventor. Yo era un hospitalario lector en este anteayer. de libros clásicos. to dos los críticos del mundo (y aun algunos de Buenos Aires) dirían lo mismo. En todo creía. depende de la simpatía o antipatía de las palabras manejadas por el escritor y no está vinculada a la eternidad. Séanos ilustración esta metáfora desglosada: El incendio. pero una cosa es la justiciera repartic ión de glorias y otra la pura fruición estética. suelen conseguirla y casi nunca los novadores. Vive en esta pavorosa y casi inefable verdad: La belleza es un accidente de la literatura. Nuestra desidia conversa de libros eternos. Luego descubrí las palabras: descubrí su agasajo legible y hasta memorable y hospedé m uchas tiradas en prosa y verso. No alcanzo a recordar la primera vez que leí a Quevedo. fui mereciendo amistades escrita s que todavía me honran: Schopenhauer. a fuerza de recorrer muchos volúmenes para juzgarlos (y no es otra la t area del crítico) incurre en mero genealogista de estilos y en rastreador de influ encias. página 103). Cl aro que esa conducta sería estrafalaria y aun peligrosa en las antologías al uso. devora el campo. de generosidades o sencilla mente de cortesías? Se me replicará que sin ellos. Ya tiendo a contradecirles la novedad. sé que fue apasionadísimo mi primer encuentro con el Sarto r Resartus o Sastre Zurcido del energuménico Tomas Carlyle: libro arrumbado.

Cuando el inventor y detallador de Don Quijote lo redactó. Su pongamos que se vale de ella el testigo presencial de un incendio o.ue eso depende solamente de quien la forjó. el destino de los inmortales es otro. Ya Novalis enunció esa verdad y Spengle r ha sabido razonarla grandiosamente. que está sobre tierras labrantías de Escocia y ríos que no se apuran y cordilleritas. irrecuperables e insospechados. tan preciado de socavador. que sin duda ha suspendido su juicio. casi enterrado que hay en Palermo al sur y en d onde un extravagante esfuerzo arqueológico puede reconstruir el baldío cuya ruina ac . Supongamos que en un café de la calle Corrientes o de la Avenida. Son ape nas un manojito de sombra. Suponga mos que me revelan que el padre de esa figución es Esquilo y que estuvo en lengua de Prometo (y así es la verdad) y que el arrestado titán. Yo pensaré: Todo se les vuelve dragón a los chin os y me representaré un incendio claro como una fiesta y serpeando. dado el extravagante carácter de los inter locutores y la lejanía (ya poética) de su origen. un literato me la propone como suya. Se vuelven pobres y perfectos como un guarismo. Tierna y segura inmortalidad (alcanzada alguna vez por hombres medianos. que hospedaron en las palabras leves y duraderas algo de su pesada vida fugaz. y no es paradoja. substituir tragar por q uemar. total. sino apenas cola de la ausencia de la palabra (Quevedo: La hora de todos y la fo rtuna con seso. pero es una debilidad del poeta. Sospecho que los contemporáneos suyos lo senti rían así: ¡Vieran lo que me asombra este aparato!. En general. Yo quiero señalar su atinge ncia con la literatura. se la dijo al Océano. Hablo sin intención de ironía. alguien a quien fueron amenaza las llamaradas. que esas palabras están cumpliendo un lar go destino? El tiempo. ministros duros. y me gustará. ca ballero anciano que vino a visitar su calamidad en coche con alas.. Al erguido verso de Cervantes ¡Vive Dios. Ésa es la de Burns. un automatismo. tan famoso por sus demoliciones y sus ruin as de Itálica. Si ya nos engravece pensar que hace dos mil quinientos años vivieron hombres. de horror y añade malignidad humana y od iosa a un hecho inconsciente. El tiempo —amigo de Cervantes— ha s abido corregirle las pruebas. en libro famoso. Se hacen abstracciones. Los pormenores de su sentir o de su pensar suelen desvanecerse o yacen invisibles en su labor. La distancia y la antigüedad (que son los énfasis del esp acio y del tiempo) tiran de nuestro corazón. lo vemos refaccionado y hasta notablemente ensanchado por él. cero. episodio XXXV). lo de las mandíbulas tal vez asombre a algui en.. no voz entera. pero lo son con eternidad. En cambio. ¿cómo no ha de conmovernos saber que versifi caron. su individualidad (esa simplificadísima idea platónica q ue en ningún rato de su vida fueron con pureza) se aferra como una raíz a las almas. que fueron espectadores del mundo.. y espantar valía por asombrar. un dejarse llevar por la locución fuego devor ador. Entonces la s entencia me parecerá bien y aun perfecta. Pero hay diversas inmortalidades. is casi mitológica la frase y es vigorosísima. ésa es la de nuestro Carriego. que es cosa patética. furtivo. vive Dios era interjección tan barata como ca ramba. hasta cerciorarse bien cuya era la frase. mejor aun.. también construye. Supongamos ahora que me la presentan como o riginaria de un poeta chino o siamés. Yo pensaré: Ese concepto de un fueg o con mandíbulas es realmente de pesadilla. no es un canje muy provechoso. Les conviene demasiado est a oración: Quedaron ecos: fórmanse en lo hueco y vacío de su majestad. Haré como el lector. Nosotros lo vemos firme y garifo. que persiste en el arrabal vergonzante.. o cosa vecina. pero de honesta dedicación y largo fervor) es la del poeta cuyo nombre está vinculado a un lugar del mundo. Yo pensaré: Ahora es vulgarísima tarea la de hacer metáforas. marrado a un precipicio de rocas por la Fuerza y por la Violencia.. que me espanta esta grandeza!.

la primavera. No hay poeta que sea voz total del querer. gal pón montevideano de bailes públicos. estoy más convencido de la procedencia u ruguaya de Rossi que de la procedencia uruguaya del tango. manifiestan la gloria de Enrique Heine. El origen del tango es montevideano. (Además. La milonga es el origen del tango. plenamente. en cambio. Nació en la Academia San Felipe. si la Boca del Riachuelo estaba por descubrir todavía?) Lástima que no se hayan a trevido a ser francos y prefieran la falsificación a la mitología. no así el montevideano. emigró al Bajo de Bue nos Aires y guarangueó por los Cuartos de Palermo (donde lo recibieron la negrada y las cuarteleras) y metió ruido en los peringundines del Centro y en Monserrat. el chisme convent illero a la fe. siempre n ostalgioso de gauchos. empresas manifiestamente españolas. vuelve a estimularl a. pero esa chicana no satisface a nuestro patrioterismo. la que con insolencia ha prodiga do el nombre argentino sobre el haz de la tierra. el libro de don Vicente Rossi. y nos remi te al rato a una apuntación donde vemos que la palabra milonga no ocurre en un diálo go lunfardo. Rossi se limita a escribir En la ban da occidental no se usó la Milonga como canto ni la Danza como Milonga. Es evidente que debemos averig uar sus orígenes y prescribirle una genealogía donde no falten ni la ndiosadora leye nda ni la verdad segura. Ésa es imperfección de que debe alegrarse nu estra esperanza. el tango tiene motas en la raíz. Ser de color humilde y ser oriental son condiciones criollas. los ruiseñores. más bien lo embravece y lo desespera. entre compadritos y negros. de que el Almirante nació en Genova y era italiano por los cuatro costados. Acepto que la premisa menor es inconmovible. los españoles pueden argumentarla mejor. La cuestión fue muy conversada en el año trece. la argumentación de don Vicente Rossi puede reducirse honrada mente a este silogismo: La milonga es privativamente montevideana. o convent illeo. Los italianos. h asta que el Teatro Nacional lo exaltó. Ascendencias del tango El tango es la realización argentina más divulgada. publicado por La Nación en 1887. Pero las inmortalidades mejores —las de señorío de la pasión— siguen vacantes. intitulado Cosas de negros (Córdoba 1926). no hay ninguna razón histórica para introducir genoveses en el asunto. El pueblo porteño se reconoce en él. Pragmatismos aparte. ¿qué genoveses iba a habe r. La opinión de Rossi es circunstanciada: El tanto sedicente argentino es hijo de la milonga montevideana y nieto de la habanera. Yo seré más sincero que ellos y afirmaré con resolución: El tango es por teño. sobre la amenidad ontinua de su lectura y la eventual equivocación e sus datos y hoy quiero declarar su opinión y aluna otr a más. del odiar. es negativ . Podrían argumentar que siendo el descubrim iento de América y la conquista. los a ndenes estirados y los embarcaderos. Tal vez c onvenga recordar aquí el caso análogo de la procedencia de Colón. Ya he esrito sobre el libro de Rossi. para considerarlo suyo. Su argumento. descreo de la mayor y no sé de ningún argumento válido que la fortalezca. pero los morenos argentinos (y hasta los no morenos) son tan criollos como los de enfrente y no hay razón para suponer que todo lo inventaron en la otr a banda. Es decir. la de Walt Whitman.tual es la casa y el despacho de bebidas que se ha hecho Emporio. Me responderán que hay la razón efectiva de que así fue. el mar que sufre cielo gris. Hay también un i nmortalizarse en cosas eternas. La luna. como se ve. la de Swinburne. el tango es afro-montevideano. de la muerte o del desesperar. los grandes versos de la humanidad no han sido aún escritos. Es decir. De cualquier modo. sólo pueden arrimarse al mero dato de registro civil.

Señor comisario. qué vacila ción para vuestra vertiginosa dignidad de taquitos altos habrán sido las puntiagudas piedras del empedrado. de pura felicidad del valor. Camino. octubre 17 de 1926) habla de las milon gas que saludaron a los primeros tranvías y a las primeras calles empedradas del a rrabal. La Prensa. añade una motivación beli cosa. ¿quién no recuerda cierta inefa ble milonga tejedor ista (inefable por lo procaz) cuya elocuencia desaforada en la injuria nos autoriza a suponerla contemporánea del hecho que nombra: esto es. la juzga inventada por los compadritos para hacer burla d e los candomberos y hasta informa que los organitos la tocan. Pejerrey con papas. Cara pelada. que hablen los hechos. y en la asentada. poeta. tan andinas. A la motivación erót ica. La canaria. la media luna y el paso atrás. que por razones de fecha desconoce la explicación de Camino. con una paciencia loca y todavía es alarde para cantar la flor en el truco. intitulada El tango. o meretricia. Hijo fue de una milonga y un «pesao» del arrabal. Ignoro si esa motivación es verídica: sé no más que se lleva maravillosamente bien con los tangos viejos. de pu ra sinvergüencería. Una de estas últimas aconseja: Cuidadito con las piedras que te vas a refalar. La procedencia versificada por Camino es original a más no poder. hac e un año. Está casi al final del libro Cha quiras y empieza así: Nació en los Corrales viejos. porque el golpe de las piedras es muy malo de curar. que todos hemos reconocido en el tango. ¡Oh compadritos de la calle Ombú y de la calle Europa. El cancionero bonaer ense de Ventura R. de visteo. puso el reflejo de la embestida y las cuerpeadas del que la juega con su puñal. También don Rodolfo Senet (Buen os Aires alrededor del año 1880. tan inciviles. y los duelos a cuchillo le enseñaron a bailar. Lo apadrinó la corneta del mayoral del tranvía. tan forasteras a la tierrita criolla del callejón! Hasta aquí han opinado mis conjeturas. Así en el ocho. estudia la milonga. ni siquiera . ¡libro de 1883!.o y carece de eficacia para convencer. la declara divulgadís ima en los bailecitos de medio pelo del arrabal y en los casinos de la plaza del Once y de Constitución. etc. También Rossi. a retrocedería al 80? Empieza así: Don Carlos de Tejedor. hechos de puro descaro. la ayuda un poco en este párrafo sobre la milonga: Entonces tuvo títulos. qué capitis diminutio. Kyrie eleison.. de pelea feliz. como los describí en otras páginas. y ellos no s dan otra prueba de que no fue sensual: Mate amargo. allá por el año ochenta. Otra genealogía tanguera es la rastreada por don Miguel A. Lynch. La quebrada. Inversamente. en su he rmosa composición recordativa.

de las esquinas belicosamen te embanderadas de barras. por verdadero sport (Cosas de negros —La academia). Cada barrio padecía sus cuchilleros. han insistido siempre sobre su lujuria tristona. en un teclado gangoso. como lengua de una hoguera. de las puñaladas electorales. que es La Morocha. De aquellos tiempos y s eñaladamente de los bailecitos y de las comparsas. sobre su atravesada y casi enconada sensualidad. porque al compás de un tango. el arma del compadrito. lucen ágiles cortes dos orilleros. (El tango fue primeramente un plano del baile. soy del barrio del Retiro. El visteo no fue jamás privativo de los Corrales. la solamente lujuriosa y la de travesura. para mostrarlo callejero y fiestero. pues el cuchillo no era sólo herramienta de matarifes: era. una indicación de cortes y de flore os. Eran semidioses de chambergo alto: hombres de baquía puntual en mene steres de cuchillo y que solían desafiarse envidiosamente.. siempre de facción en algún comité. Una conciencia adulta del tiempo carga sobre él. Los hubo de fama duradera. menos en los Corrales. en alguna trastienda. como era hace veinte años: En la calle. El Noy en el Merca do de Abasto. Inversamente. solían terminar con sangre en la punta) que en los batuques de la plaza del On ce o de Constitución: en cualquier lugar. 1910 (Aura mi hija. A mi ver (conste que mi opinión no es obligatoria y que no quiero inferírsela a nadi e) el tango puede haberse originado en cualquier lugar de la ciudad. aunque an gosta: El Petizo Flores en la Recoleta. nos marca el preciso lugar en que éste nació: lo s Corrales viejos. Tango fatal. aulló el compadre y la fosca compañera / ofreció la de svergüenza de su cálido impudor / azotando con su carne. Báste me citar dos fuertes ejemplos: el de Marcelo del Mazo. Compárese El torito o El Maldonado con cualquier tango de hoy. al ocuparse del tango. yo soy aquel que no miro con quien tengo que pelear y en trance de milonguear nadie se me puso a tiro. podrían cor responder a dos épocas: la primera a este lamentable episodio actual de elegías amal evadas. lo mismo en las Fiestas de la Recoleta (que allá por el ochenta. perezosamente. Notas arrastradas. la otra. El orillero aprovechaba las situaciones de sensualizar con la suficiencia y despreocupación del que no nec esita de ellas. serán esas milongas insolentadas en que el cantor alude a su patria chica para desafiar a los de otra: Yo soy del barrio del Alto. El Turco en la Batería. de estudioso acento lunfardo. se lo ruego. y Hágase a un lao. en la segunda serie de Lo s vencidos. La precisión es traicionera. Justo sin emba rgo es reconocer que los literatos. la única vez que se acordó Evaristo Carriego del tango. que soy de la Tierra 'el Fuego. 1915) nos impone estos decididos renglones: Mancha roja. Mi argumento es fác . el contemporáneo —esto es decir el realmente viejo— cuida recuerdos ya.. a los buenos tiem pos (malísimos) del corte.amorosos. fue para verle felicidad. en cualq uier barrio. de bandoneones. porque en el Bajo brutal no se alojó el idilio. la buena gente derrocha sus guarangos decires más lisonjeros. soberbio y bruto.) Camino nos explica el tango y además. / las vibrátiles entrañas de aquel chusma del amor) y el de Ricardo Güiraldes cuyo Ta ngo (El cencerro de cristal. que se coagula en negro. según el doctor José Antonio Wil de. Las dos versiones del tango. una actualidad que no se preocupa.

porteño.) . su ambiente. más prudente es frecu entar las noticias que Reyes nos transmite sobre Valle-Inclán. q ue trascribo para que el lector se enamore de ella. y los Corrales fueron siempre una intromisión de la pampa. Nos ayuda piedad? Pero. que puede c virtud vital. »Hay que interesarse por los recuerdos. Llego. están sim bolizadas en él. menesteres dialo gísticos del oficio! para comentarla. su símbolo. de una hacen es divertirnos. las actas martiriales de la incomprensión ajena y de la finura. Consigno mi esperanza —demasiadas veces satisfecha— de no tener razón. además. De tan bien c onversarnos de sus amigos. harina que da nuestro molino. Noventa y nueve años olvidadizos y uno de liviana atención es lo que por centenario se entiende: buen porcentaje del recuerd o que apetecemos y del mucho olvido que nuestra flaqueza precisa. suelen se visible. ortarse con las manos y llevarse en el pecho. muy reverenciadora de lo pasado y muy ajen a a toda invención. página once. de esa mel odiosa y perfecta no literatura que he repudiado siempre. nunca el ombú. Su patria son las esquinas rosaditas de los su burbios. de igual manera que dos palitos atados por el medio se llaman cruz.» (Reloj de Sol .il: el tango es manifiestamente urbano o suburbano. El sentimiento es mío y la palabra Centenario lo ayuda. Es decir. Reloj de Sol empieza por una apología de las anécdotas: página emocionada y precisa. que los orondos y p endulares párrafos de éste. Aquí está: «Hay que interesarse por las anécdotas. nos amiga con ellos. el sauce llorón de las orill as. y también. de la simulación del misterio. una presencia verídica de gauchismo o una coqu etería compadrona de hacerse el gaucho. a olvidar. pues. de las meras aventuras de la sintaxis. Reyes es practicador venturoso de esa virtud de virtudes: la cortesía. a su valor guarismal. Yo a esa judicatura n o la codicio. y su libro está gobernado por ese mérito. Góngora ha ascendido a abstracción. El ocurrente cordobés Luis de Argote —hombre de amargura en los labio s y de juventud empleada en amores— ahora se llama Góngora. Fechas Para el centenario de Gongora Yo siempre estaré listo a pensar en don Luis de Góngora cada cien años. el Bajo. ¡oh. A ese alguien no lo juzgo. no el campo. del academismo que se porta mal y es escandaloso. Góngora —ojalá injustamente— es símbolo de la cuidadosa tecniquería. El tango no es campero: es porteño. Es decir. la escritura esotérica y pudorosa. es observador benévolo de las distinciones insubstituibles de cada yo. Desde luego. como la flor en la planta: la combinación cálida. Reyes es fino catador de almas. La dedicación a las letras. por unos instantes: ¿hay mayor r. 1926 Gratísimo libro conversado es este de Reyes. Alfonso Reyes: Reloj de Sol. nulos y de ningún valor y efecto sus días. Madrid. Lo menos que n a vivir. armoniosa. Parece ho rrenda cosa que un hombre se constituya en Juicio Final de otros hombres y quier a declarar inválidos. sin una palabra más alta que otra y cuy o beneficio más claro es el espectáculo de bien repartida amistad que hay en su cuar entena de apuntes.

Reyes. Su prudente revolución corresponde a la solicitada p or Ben Jonson para el epigrama.) La consideración De microbiología literaria también me está llamando a la crítica. el incondic ionado ser (esto Schopenhauer también lo premeditó) no es sino la cópula que une el su jeto con el predicado. es gram atical. Nunca procedieron así los anecdotistas. Otra. y a denunciada por Arturo Schopenhauer. al rasgo (de antemano) asombroso. lo es con intensida d. Hablo de los elogios gruesos. no hay sacerdote sin su virtuoso. Dicho sea con palabras de la lingüística: el depuradísimo verbo ser. si la piedra que perdura muchos año s ya es cosa eterna? ¿Qué adjetivación será propia de la divinidad. Pensar Alguien hi zo algo. he pr ocurado razonar este parecer. no es poético. debe D. Sin embargo. Reyes ha reformado la anécdota. envueltas las piernas con la manta española. En ensayo anterior sobre la metáfora. de los que pueden ser tan incómodos y tan zafios como una injuria. sino de desconfianza o de im paciencia o de suspensión. ¿Qué decir de la intemporalidad terrible de Dios. puesto que recordar una sola cosa cualquiera. no hay señorita sin su bellísima. D. Uno se fatigaba. que alterna con el sol de la maríti ma Zumaya. Lo abstraído. El ser. Reyes quiere que el agrado de sus anécdotas sea perpetuo. pensar En una casa de la Calle del Parque (esquina Suipacha) un señor alsinista se puso a escribir con letra perfila da estas cosas: En un overo rosao. Ramón. escribir la bellísima señorita de Tal no es emocionarse con ella ni formular un . es un morfema. Esa constancia casi homérica de los epítetos no es tampoco una seña de exaltación. lo general. es olvidarse de lo demás del mundo. Es decir. en pleno invierno. sino en la usual de incidente escrito o narrado. tan servi cial que lo mismo sirve para ser hombre que para ser perro. Y es que lo último es anecdótico. Cinco. página sesenta y siete. A don Ramón Menéndez Pidal nos lo persuade así. no hay auditorio sin su n umeroso y selecto. la anécdota —no en su primordial ac epción de historia secreta. ese salutífero color de barro cocido que ha h eredado de él su hija Jimena. es cosa impoética. de la palabra habilidad qu e hoy es equivalente de astucia. quiero pasar derecho a la anécdota y a su ta sación. signo conjuntivo de relación. enemistad fabulosa. seis renglones y la definición de lo s personajes está lograda. no. es la motivada por el abaratamiento de los elogios.Hay un semblante falso de contradicción en ese encarecimiento de los recuerdos y d el olvido: falso. sin valoración.. el escritor se conduele de las palabras venidas a menos o aplebeyadas. de la p alabra gracia que ahora significa chiste o chocarrería. atropellados . el ser no es categoría poética ni metafísica. pues éstas no son más que anécdotas chicas. si un jarrón de barro es divino? Para el gacetillero español. flete nuevo y parejito. Reyes ni siquiera ha tenido que precaverse de tal peligro. sería la insipidez. pensar En uno de los días del tiempo y en uno de los sitios del espacio. En vez de sujetar la entera composición a la última línea. un hombre escribió. es alargamiento inútil de las palabras. No insistiré sobre esa angostura lineal de nuestra conciencia. En estos días se finge menospreciada. no registrada allí. El riesgo de esta suerte de anécdotas desmochadas. que todo lo acomoda a su imagen. Alguna —El Gimnasio de la Revista Nueva— es incomparable. (Reloj de Sol. ya casi lo es. No es ni conceptual ni emoti va.. Siempr e nos propusieron su página. esperándolos. al desenlace armado. Leerlos tenía más de tarea que de placer. de anécdotas sin asombro pero con encanto. Ramón es hombre que escribe con las ventanas abiert as. para recién justificarse en la última línea y callar. no un semantema. Un recuerdo de Año Nuevo —página de una tan discreta efusión— es otra de las bondades del libro. como quien no quiere la cosa: A sus estancias en la sierra. no de gustativa lectura. Esa denigración la operan las malas artes de la p lebeyez. Reyes nos presenta un mundito y hace como si lo dejara vivir. Su eficacia novelística es mucha. de se cción breve operada sobre el destino de un hombre— es la realidad de cualquier poesía y lo que nos gusta. En ella . seguramente. signo de representación. A las anécdotas es costumbre contraponer las imágenes y metáforas. no hay c omerciante sin su probo.

María del Pilar. otra es la costumbre. es: Fulano de Tal no frecuenta la misma confitería que yo y así se lo entienden. fue uno de sus mayores incrédulos— y quien aparenta negarlo y sin em bargo firma libros y corrige pruebas y reivindica para sí una prioridad. de Tomás de Quincey. de eficacia menos apresurada. es —únicamente— nombrarla. como los dadaístas. Escribí de líneas. el amistoso amor.. pues el ayer de nuestra casa es otro que el hoy: Este agobio —en que voy por mi memoria— corrigiendo el pue blo. tan inteligente de los delicados errores y de los delicados aciertos de todo escrito. esa su piadosa tertulia de Los amigos de Lope. Molinari: El imaginero Ricardo E. pero de prefijo haragán.juicio estético o seudo estético. ya lo ser voceaba en la mitad del día. la luna en el hueco. universalmente aplicables. con sólo chapurrear una de esas fórmulas. pero sí l a traducción de ésta en aceptaciones. quién sabe. de Hazlitt— me hace preguntar: Este hombre tan sagaz. Urquiza—. en gratitudes.) Hay quien descree del arte —Que vedo. En tales casos. Reyes bien puede asemejarse a Quevedo. lo que quiere decir. El quinto. pero no las de tamaño y de majestad. puede manos ear nuestra paz y obligarnos a la pelea. Indecibl e o no. A lo mejor. Cinco lugares de su libro quiero manifestar. pero la integridad de algunas composicio nes —La oda descalza.. sin un declive propiciatorio de dudas. dos reverencias volvedoras. la ya insepar able adjetivación hace de prefijo. el Poema del almacén— es tan fina y agradable como sus partes. condicen bien con él. Esos miramientos con Góngora. parece lastima r el más secreto pudor de la inteligencia. El arriate prolijo. la engalanada vela de la Candelaria que es conjuradora de lluvias. con las vivencias que por ella están gob ernadas: la tarde. es una presencia in usitadísima de poesía en nuestra «poesía» y no se arrepentirá el que lo busque. sino las de cariño y de estimación. Dos mitos.) Releo este afabilísimo Reloj de Sol y una curiosidad clandestina —la misma que ha de sordenado más de una vez mis lecturas de Unamuno. Su concepto del idioma es hedónico: las palabras le son gustosas. Es poeta de Buenos Aires. mi indiscreción es demasiado íntima para ser satisfecha por otro que Alfonso Reyes. el Poema de la niña velazqueña. gusto americanísimo. ¿no están insinuándonos que le interesa más l a pregustada (posgustada) realidad de esos escritores que la de su tan laureada escritura? Ricardo E. en la perfección durante dos horas? La interrogación es íntima. Una es el m ar. El cuarto es esta gran palabra patética: Con cuatro golpes de campanas —supe qu e ya serían distintas mis mañanas. de injuria y tan bochornosa perfección hemos alcanza do que todo marinero borracho. él mismo lo ignora. (Hay negocios demasiado íntim os y definitivos para ser tarea de nuestro pecho. las dos Veletas. dice la correlación de los hombres y la inseguridad o pobreza de cada yo: Lo ajeno y lo pr opio —de lo que he vivido. y ése. El vocablo señorita se pie rde y es desbancado por un neologismo cargoso: bellísima-señorita. el no mirado mar soñado y encariñado desde nuestro polvoriento hinterland del oe ste —Liniers. las de El imaginero. (A la simulación de las alabanzas corresponde —signo también de mezquindad— la de las injurias. Molinari es hombre pudoroso de su alma y sólo comunicativo de ella por símbolos. . Nombra las cosa s como agradeciéndoles el favor que nos hacen con existir. El primero es esta imaginación del am or. Hay fórmula s. al bastonazo o a la cobardía. El t ercero es una descripción del recuerdo. de la íntima sustancia provi nciana de Buenos Aires. Quizá fuera más posible de noche. barrunto. en corazonadas. que tal vez no marre: En qué piedad o dulzura se irán aclimatando —las cosas que e lla mira! El segundo es una tácita declaración por virtud de la palabra nuestras. ¿creerá de veras en la venerabilidad de las letras. las sucesiones y como dinastías de patios que hay e n las casas viejas. em parejadura en él de dos porvenires: Qué hacer de nuestras vidas. Es poeta de agrados. ¡Tan convenci onal es la cosa! Hay literato en Groenlandia que cuando dice Fulano de Tal es un degenerado y plagiario. en esas h oras anónimas y alargadas que son los arrabales del alba y en que el atrevimiento de trasnochar se hace discutidor y en las que razona el desgano físico. la Elegía para un pueblo que perdió sus orillas. Lo circunstancial de su vida no está en las páginas confesadas por él.

.Apunte férvido sobre las tres vidas de la milonga Juan de Dios Filiberto —que es un par de patillas y un acordeón que andan entristeci endo el Riachuelo— ha formulado. de la fatiga. peleadora y buscapleitos.. 2. decir de pulpería es pasarse a las orillas también. en Pinta brava. sea la verdadera . según el definidor nos anuncia. la milonga de la necesidad. en Las siete palabras.°.°. y pienso en lo que en ella se dice. alma ando haciendo diligencia. yo soy el que nunca miro con quien tengo que pelear y en trance de milonguear. que es la de pulpería (la de Martín Fierro con el negro). El mostrador de madera y el changango del compadrito la generaron y fue tal vez una decantación del cantar por cifra. Esto lo notició Lynch el ochenta y tres. Ya nos encara la segunda vida de la milonga. nadies se me puso a tiro. en Don Juan. Yo soy del barrio del Alto. la a greste que es la de pulpería. Añade que los organistas la han arreglado y la hacen oír con aire de danza o habanera. que es la milonga mía. le prescribe esta trinidad: A la milonga —nos dice Filiberto— yo la divid o en tres grupos: 1. la milonga compadrona que es la ent rerriana. Decir agreste es aludir al ca mpo nomás. la milonga agreste. Rossi (Cosas de negros. Ese par de pareceres nos insinúan qu e la milonga agreste no es tal. ¿Dónde lo entrerriano de esa alma? La respuesta es de ingrata facilidad: a esa alma la pre cisa entrerriana el definidor. la de ese pe rro flaco que le lava la cara a la novia que se llama Destino. El Cancionero bonaerense de Lynch empieza por adjudicársela al gau cho. pero a los dos renglones escribe que sólo la practican el compadraje de la ca pital y de la campaña y que no hay bailecito de medio pelo en que no figure y que la bailan en los casinos de los mercados Once de Setiembre y Constitución. en El entrerriano. En los fondos de la revista El Hogar del quince de julio. del dolor y del trabajo. páginas 121-124) también la ve orillera a la milonga y no de la pampa. del obrero que trabaja todo el día y que. tan sintomático del ultraísmo abaratado de los repórters. cantándole a la novia todas las angu stias de ese perro flaco que se llama Destino. cosa que no está mal. y 3. Es la que se llevó muy bien con las coplas: Soy del barrio e Monserrá donde relumbra el acero. soy del barrio del Retiro. la suya. de noche. lo que digo con el pico lo sostengo con el cuero. pue sto que de las orillas fue la milonga. la milonga porteña. no es demasiado clara. peleadora y busca pleitos. como quien no quiere la cosa. para que la tercer milonga. es la que se insolentó en bravatas de lugares d e Buenos Aires allá por el ochenta. en El apache argentino.. Parao en las Cinco Esquinas con toda mi contingencia por ver si te rompo el. La primera que a la historia de la milonga aquí le recetan. le limpia la cara roñosa a las penas. Esa alma varona y sobradora de la milonga es la que está en los tangos antiguos —en Rodríguez Peña.°. Esa milonga fe liz de atrepellar es la consabida. la milonga compadrona que es la entrerriana. Vamos por partes. Paso sobre el estilo alegórico-basurero de la formulación.. una desunión triparti ta de la milonga: léase del tango. aunqu e distinta de él. en El caburé— además en La payanca y en Don Esteban.

sin apuro en las antesalas de su venganza. como la luz y el cuerpo a la sombra. Cervantes teje y desteje la admirabilidad de s u personaje. qué fiestas? Lo cierto es que pasó y que el bandoneón cobarde y el tango sin salida están con nosot ros. Hay que sobrellevarlos. calumnias. una seudo humani zación de voces abstractas por medio de mayúsculas. Don Quijote es la única soledad que ocurre en la literatura del mundo. a fuerza de sumarias relaciones de su virtud y de encarniza das malandanzas. Alguna vez —si los primitivos tangos no engañan— una felicidad sopló sobre las tapias ro sadas del arrabal y estuvo en el empaque dominguero del compadrito y en la jaran a de las chiruzas en el portón. Es una rezongona quejumbre itálica y no otr a cosa. ya sabemos que no lo es. tan secundaria e n mérito. Pero Don Quijote está solo. En la segunda. Imperturbable. pero que no les digan porteños. no ya en el inventado riesgo de que le peguen. postergaciones. Cervantes. en hecho de verdad. Además. lo último es una categoría gramatical más que literaria. Allí menudean las cargosas retahilas de palos y puñetazos.porteña. Diré algunos ejemplos. como quien no quiere la cosa. amarrado a la visible peña caucásica. y hasta de las más pobres. El arte de Cervantes. Ninguna otra conducta de novelista fue tan deliberadamente paradójica y arriesgad a como la de Cervantes. siente la comp asión del universo a su alrededor y es visitado por el Mar. La conducta novelística de Cervantes Ningún otro destino escrito fue tan dejado de la mano de su dios como Don Quijote. s ino lo desaforado del método de Cervantes para convencernos bien de ella. aquélla lo juzga circunstancial y tiene que negarle (aunqu e así no fuera su voluntad) una permanencia larga en el tiempo. qué generosidades. ¿Qué valentías la gastaron. Raskolnikov. y cualquier eventualidad lo interrum . censuradas con ap arente justicia por nuestro Groussac. Hamlet despacha concurridos monólogos y triunfa intelectualmente. El procedimiento se trasluce con seguridad en la primera parte. sobre cuant os conviven con él. Es decir. Ambas lecturas son achicadoras de lo leído: ésta lo desciende a cosa alegórica. incapacidades. Otro e s el también ya clásico error que hace de esta novela una repartición de nuestra alma en dos apuradas secciones: la de la siempre desengañada generosidad y la de lo práct ico. soledades y cobardías. Este métod o no es el usual de la persuasión. fue un hagiógrafo. con perfidia que entenderemos después. Y eso. Uno es la antigua equivocación que ve en el Quijote una pura parodia de los libros de caballería: suposición que el mismo Cer vantes. El Quijote no es ninguna de esas ausencias: es la venerable y satisfactoria presentación de una gran persona. Los de soledad son de no acabar. si n traicionarse nunca. pero no es la casi santidad de Alonso Quijano lo que interesa hoy a mi pluma. no es ni más ni menos que el título. Antes conviene aliviarse de dos errores. ni lo paródico ni lo alegórico son valederas manifestaciones de arte: lo primero no es más que el revés de otra cosa y ésta le hace tanta falta para existir. caballero anciano en s u coche. sabe que todos sus minutos son novelados y ni la borra de sus sueños se pierde. porm enorizada a través de doscientos trances. sino en el verdadero y muy serio de que le perdamos cariño. Así la tesis que me he determinado a presentar y a razonar en esta alegación. omisiones. lo levanta a semidiós en nuestra conciencia. se ha encargado de propalar. de ese incomparable jug arse entero del escritor. dejadamente solo. las tentaciones en que pued e caer el lector son más considerables y más sutiles. una reacción compasiva o hasta enojada frente a las indignid ades sin fin que injurian al héroe. diez años mayor. y por el especial enojo de Zeus. no todos. el ascético y razonador asesino de Crimen y castigo . Prometeo. asume aquí toda la audacia peligrosísima de su destreza y pone a Don Quijote. es otro insospechable y secreto que provoca. para que lo conozcamos mejor.

Hasta don Américo Cas tro (en su libro encaminado a probar que Cervantes vivió de veras en el siglo diec iséis y en su atmósfera) se limita a emparejar los consejos de Don Quijote con los d e Isócrates y a declarar el contenido ético de esas moralidades. El cual. apostasía inútil. cerró tras sí la puerta. Don Quijote discurre acer ca de ellos y piensa al fin: Ellos conquistaron el cielo a fuerza de brazos. como quien no dice na da. es el tan festejado como no entendido capítulo que trata de los consejos a Sancho. y su mayor in terés reside en los reflejos que provocan en Sancho y en el ambiente de ironía y bue na gracia que envuelve el diálogo (El pensamiento de Cervantes. en su aposento. Todo esto digo. sin más ni más te ves gobernador de una ínsula. Tampoco la inconsciencia de su rareza (especie de inocente nube para sí en que via jan los dioses) le fue concedida al caballero por su cronista. en cuanto a las ideas. patét ico. y ser norte y guía que te encamine y saque a seguro puerto. sino el hecho de darlos. y yo hasta ahora no sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos. sin madrugar. dio su espíritu: quiero decir que murió. es menos codici able. que no por apócrifa y tirada en medio del campo. que si esto haces. por pobre que sea) consigue Don Quijote ocupar la franca y solemne atención de s u historiador. porque el cielo padece fuerza. que para mí sin duda alguna eres un porro. Apurado y coercitivo está D on Quijote en dar esos consejos. mejorándose mi ventura y adobándoseme el ju icio. Ni siq uiera en los últimos trámites de su muerte (gran posesión y dramaticidad de todo vivir . ¡Qué insinuaciones la s de su prólogo! Tú. . se despidió Miguel de Cervantes de Don Quijote. está. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse c on el buey. A sí. que quiero aconsejarte. Admite sin embargo que los consejos en sí nada tienen de insólito.. Pero el ejemplo más iluminativo de cuantos puedo recordar aquí. y de spués las darás a la grandeza que en sí encierra la profesión de la caballería andante. ¿No está induciéndonos aquí Miguel d e Cervantes a que palpemos envidia en el carácter honestísimo de Don Quijote? ¿No es más odiosa la sola insinuación de esa envidia que esa otra obscena aventura en que ti rado Don Quijote en el campo. vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.. que falleció. (segunda parte. podría ser que encaminase mis pasos por mejor camino del que llevo. Yo voy más lejos. es aquel en que Don Quijote conversa sobre la ridiculez de su traza: A sí que señor gentilhombre. que el escudero subido a gobernador no ha pedid o y que son más bien una continuación de la autoridad del hidalgo. oh Sancho. Éste lo hace arrepentirse de su heroísmo.. Di spuesto. con licencia del duqu e le tomó de la mano y se fue con él a su estancia con intención de aconsejarle cómo se había de haber en su oficio. Es la aventura contemplativa y extática de los santos. sino que desgracias al cielo que dispone suavemente las cosas. los consejos para mí no son lo que importa.pe. pues. cruza una piara de cerdos encima de él? Atropellos y desmanes son los que dije que evidencian la confianza de su escrito r en la invulnerabilidad central de su héroe. pues. Reaním ese la escena: Sancho. En esto llegó Don Quijote y sabiendo lo que pasaba. el corazón a creer lo que te he dicho. Entrados. e hizo casi por fuerza que Sancho se sentase junto a él. Hay un lugar. atento a este t u Catón. Sólo en Cervantes ocurren valentías de e se orden.. con aparatoso desgano. ni mi at enuada flaqueza os podrá admirar de aquí adelante. pero si mi Dulcin ea del Toboso saliese de los que padece. oh hijo. con sólo el aliento que te ha tocado de la a ndante caballería. ni este caballo. Otro más l levadero. ni la amarillez de mi rostro. para que no atribuyas a tus merecimientos la merc ed recibida. página 359). para menciona r después casualmente y en la mitad de un párrafo.... de las Marcelas. capítulo XVI).. entre compas iones y lágrimas de los que allí se hallaban. por decisión burlona del duque acaba de ser nombrado gobern ador de una ínsula.. de los cautivos y de las otras curiosas impertinencias que interceptan a cada vuelta de hoja la presencia del héroe y que tanto escándalo y vacilación han puesto en la crítica. sin tras nochar y sin hacer diligencia alguna. Ése es el necesario sentido de los Crisóstomos. en que Don Quijote habla directamente de su locura y se sabe loco y lo dice .

pero no vivida hasta entonces con entera dedicación de mi yo. más bien me sospeché po seedor del sentido reticente o ausente de la inconcebible palabra eternidad. La vereda era escarpada sobre la calle. y cuya distancia de la que después recorrí. en asueto serenísimo de pe nsar..Dos esquinas Sentirse en muerte Deseo registrar aquí una experiencia que tuve hace unas noches: fruslería demasiado evanescente y estática para que la llame aventura.. . La escribo. Realicé en la mala medida de lo posible. su espalda. haber remontado las presuntivas aguas del Tiempo. de tamaño de pájaro. con los accidentes de tiempo y de lugar que la declararon. Se trata de una escena y de su palabra: palabra ya predic ha por mí. No creí. vecino y mitológico a un tiempo. sin parecidos ni r epeticiones. Lo rememoro así. No quise determinarle rumbo a esa caminata: procuré una máxima latitud de p robabilidades para no cansar la expectativa con la obligatoria antevisión de una s ola de ellas. el callejón. parecita límpida. ya me desfa miliarizó esa jornada. ahora. con seguridad en voz alta: Esto es lo mismo d e hace veinte años. sin otro consciente prejuicio que el de soslayar la avenidas o calles anchas. Su noche no tenía destino alguno. es. si podemos intuir francamente esa identidad. El tiempo. barro de América no conquistado aún. Aspiré noche. nada complicada por cierto. Con todo. sino sus todavía misteriosas inmediaciones: confín que h e poseído entero en palabras y poco en realidad. como era serena. pero lo más seguro es que en ese ya vertiginoso silencio n o hubo más ruido que el también intemporal de los grillos. casi tan efecti vamente ignoradas como el soterrado cimiento de nuestra casa o nuestro invisible esqueleto. El revés de lo conocido. salí a caminar y recordar después d e comer. ya pampeano. parecía simplificada por mi cansancio. la misma. las más oscuras intimaciones de la casualidad. Pensé. Conjeturé esa fecha: época reciente en otros países. barro fundamental— no es mera mente idéntica a la que hubo en esa esquina hace tantos años. Me quedé mirando esa sencillez. una tapia rosada parecía no hospedar luz de luna. no. pero ya remot a en este cambiadizo lado del mundo. eso que llaman caminar al a zar. así: Esa pura representación de hechos homogéneos —noche en serenidad . y aunque su prim era significación fuera de pobreza. El fácil pensamiento Estoy en mil novecientos y tantos dejó de ser unas cuantas aproximativas palabras y se p rofundizó a realidad. de cuyo nombre quiero siempre acorda rme y que dictan reverencia a mi pecho. la higuera oscurecía sobre la ochava. Me sentí muerto. La tarde que prefiguró a esa noche. demasiado irrazonable y sentime ntal para pensamiento. acepté. Sobre la tierra turbia y caótica. La calle era de casas bajas. son para mí esas calles penúltimas. una suerte de gr avitación familiar me alejó hacia unos barrios. estuve en Barracas: localidad n o visitada por mi costumbre. Tal vez cantaba un pájaro y sentí por él un cariño chico. el p reciso ámbito de la infancia. se desmoronaba hacia el Maldonado. la segunda era ciertamente de dicha. me sentí percibidor abstracto del mundo: indefi nido temor imbuido de ciencia que es la mejor claridad de la metafísica. Sólo después alcancé a definir esa imaginación. basta para desordenarlo. No quiero significar así el barrio mío. Ninguna casa se animaba a la calle. la calle era de barro elemental. La marcha me dejó en una esquina. e s una delusión: la indisolubilidad de un momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy. sino efu ndir luz íntima. Paso a hist oriarla. olor provinciano de la madreselva. No habrá manera de nombrar la ternura mejor que ese rosado. La visión. Era de lo más pobre y de lo más lindo. los portoncitos —más altos que las líneas estiradas de las paredes— pa recían obrados en la misma sustancia infinita de la noche. La irrealizaba su misma tipicidad. Al fondo.

Fue por cuadras de cuadras. Quede. Murió de pura patria. Agarró la vereda. So bre la tierra con blandura de cielo del callejón. Un salto y la cara del Chileno fue disparatada por un hachazo y otro le empujó la muerte en el pecho. Pero ni siquiera tenemos la seguridad de nuestra pobreza. gloria de matarifes en fin. . no lo es también en lo intelectual . oiremos de él. El otro se paró y le dijo en seguida: Si quiere. los de mucha intensidad o mucho desgano— son más impersonales aún. los tres apretados naipes del truco. los cuchillos buscaron sendas de muerte. Salió de la otra punta de una noche húmeda. el fracaso criollo de un sauce.) Las estrellas iban por derroteros eternos y una luna pobre y rendida tironeaba d el cielo. Silbidos ral os y sin cara rondaron los tapiales negros. como si empezara a incendiarse por u na punta. sabiendo que eran cosa de ver. los de la aud ición de una sola música. uno que le decían El Mentao. en cuyo pecho se enanchaba l a hombría y que orejeaba. Atravesó la vía en Centro América y entró en un país de calles sin luz. el viento que mandaba en el callejón. Dobló hacia el norte. y decidió b uscado y pelearlo. Iba para Pedro el Mentao. Era la de Cabello y Coronel Díaz: una parecita. Le noticiaron que en Palermo había un hombre. rosado de tapias. de cuya esencia parece inseparable el concepto de sucesión. dijo uno que. señor de la insolencia y del corte. de cuando las provocativas milongas levantaban en la punta el nombre de un barrio. Hablo del noventa y seis o noventa y siete y el tiempo es caminata dura de desandar. puesto que el tiempo. al final. un silencio en el que acechaban injurias. Hablo de cuando el arrabal. era también relampagueado d e acero. Murió sin lástimas. Dios sabrá su justific ación: cuando el Juicio retumbe en las trompetas. Pisó ladrillo y barro. Salieron con soberbia. Cien hamacados pasos más y arribó a una esquina embande rada de taitas y con su mucha luz de almacén.Es evidente que el número de tales momentos humanos no es infinito. vio casas de decente dormir. y aun de las orillas del Sur fue El Chileno: peleador famoso de l os Corrales. era las orillas: palabra de orientación más despreciativa que topográfica. Entró duro al boliche. en anécdo ta emocional la vislumbrada idea y en la confesa irresolución de esta hoja el mome nto verdadero de éxtasis y la insinuación posible de eternidad de que esa noche no m e fue avara. orilló la P enitenciaría de muros tristes. Con humildad de forastero y mucho señor. Hombres pelearon Ésta es la relación de cómo se enfrentaron coraje en menesteres de cuchillo el Norte y el Sur. (Había una cortesía peligrosa entre los palermeros y los del Sur. El duro malevaje los vio pelear. Derivo de antemano esta conclusión: la vida es demasiado pobre para no ser tamb ién inmortal. Nadie dijo arrabal en esos antaños. El Chileno le preguntó por uno medio flojo y flojo del todo que la tallaba ¡vaya usté a saber con quiénes! de guapo y que le decían El Mentao. pues. Malevos de la Doce de Fierro fueron con él. La zona circular de pobreza que no era el cent ro. No sirve sino pa juntar moscas. Abajo. Los elementale s —los de sufrimiento físico y goce físico. lo palpó. se fue desangrando. las guitarras varonas del bajo se alborozaron. de cuando las patrias chicas eran fervor. fácilmente refutable en lo sensitivo. pues. Ladridos tirantes se le abalanzaron para detenerlo desde unas quintas. lo vamos a buscar a l a calle. siguió. De las orillas. tipo fuerte. los de acercamiento del sueño. Encaró la barra nortera sin insolencia: a ellos no iba destin ada su hazaña. guapo que detrás de una zafaduría par a todos entraba en los bodegones y en los batuques. entonces. Así fue el entrevero de un cuchillo del Norte y otro del Sur. vio luna infame que atorraba en un hueco.

página 730). Los ingleses dicen obligatoriamente a brown horse. los tejemanejes del roquismo y del juarismo . (Ese cometa que figuró en las iluminaciones del año 10 y que nos intrigó con su amenaza en broma de fin del mundo. medio romanticón. al Buenos Aires embanderado del Cen tenario. Rafael Cansinos-Asséns) cuya total aventura humana es la de su obra. el seudo-mundo de señores ancianos que es la diplomacia. S. al hombre con vocación de lector. fue médico. Emparejar el sentimiento o pensamiento con la dicción. al poseído por la ajena realidad escrita de un libro. fue autor de muchas páginas quizá inmortales y hasta de un folleto sobre álgebra y otro sobre gramática: habilidosa y viva universalidad. no ha de interesarle lo que decimos. obligatoriamente también. un episodio de sus posadísimos días. bástenos que n o haya ninguna en sus libros. hay ot ros de vida cargada. que se juzgó imperial y cuyos organitos venturosos le cantaron La Sicilia na o La Morocha al cometa Halley. Evaristo Car riego. posponemo s el adjetivo. espectáculo achicador de cuantas alm as participaron en él. cuando la Tiranía era mucho más que unas divi sas locas destiñéndose en un cajón y una apetencia floja de negradas candomberas y de heroísmo. la vida y la muerte en los heridos del Paraguay y en lo s atacados de fiebre amarilla el 71. la Academia Nacion al de Medicina de Río de Janeiro le puso un collar de oro al pescuezo. Wilde fue uno de ellos. Ricardo Rojas em pieza por suponer una antítesis entre la personalidad y el estilo. el Sh a le confirió la Gran Cruz de la Orden del Sol y del León. los crecientes Buenos A ires que van del Buenos Aires politiquero que hubo el setenta. Culto e Instrucción Pública. Fue periodista. fue Ministro de justicia . m edio puntilloso. Insisto adrede sobre estas aparentes farolerías para evidenciar qué clase de hombre fue Eduardo Wilde. Gozó un estómago para grandes bocados de la fo rtuna. hasta para verlo. en nues tra elocución. Dicen que no faltaron indignidades en su vivir. nosotros. medio silbador de mazurkas. M. Consiguió honores imp robables: la sociedad Unione e Benevolenza le dio un diploma. pero experimentó millares de cosas: los cer ros colorados del Norte.(Dedicado a Sergio Pinero) Eduardo Wilde La populosa vida del doctor don Eduardo Wilde empezó en Tupiza (Bolivia) en los años de mil ochocientos cuarenta y cuatro. ¿Cómo ejercerla. Yo pregunto ¿qué interés intrínseco puede concederse a la técnica de l escritor? ¿Quién gustó jamás en la técnica de un escritor. sin fijarse en sus firuletes y e n el abuso o escasez de la tinta. igualar el contenido y la forma. es una virtud que todos aconsejan y nadie ejerce. Hay escritores soslayados y chucaros (Swinburne. para aseverar después que en Eduardo Wilde interesa más lo primero que lo último. la psicología del hombre interesa más que la técnic a del escritor. algo que no fuese la denuncia ción de la psicología de un hombre? Al gran lector. ¿Qué sentido espiritual hay en esas costumbres? ¿No es estrafalario adm . más parecida a la de Quevedo que a la especulativa de Goethe. y no se le cansó hasta setiembre del novecientos trece. y vivió ambiciosamente. Dijérase que su arte reside más en su sentimiento que en su palabra (Obras. además? ¿Acaso hay una prefijada y siem pre cumplidora relación de igualdad entre los fenómenos de la conciencia y las leyes sintácticas de un lenguaje? Busco un ejemplo. fue Presidente del Departamento Nacional de Higiene. Rojas ha opinado sobre él: en Wilde. Mala señal es que interese mucho una técnica: si a lguien se fija demasiado en nuestra voz. en Bruselas. cuya escritura es apenas un rato largo. de esos que pondera una comparación fisiológica del Oráculo Manual de Gracián. No al canzó a presenciar la guerra intestina europea. en nuestra manera de articular. Esta involuntaria paradoja tiene la también involu ntaria virtud de ubicarnos en la intimidad del problema estético. Plena eficiencia y plena invis ibilidad serían las dos perfecciones de cualquier estilo. entre el ser de un hombre y el escribir. fue Ministro Plenipotenciario. la técnica le resulta tan invi sible como las letras individuales que recorre.) Todo eso y mucho más vivió Wilde. un colorado caballo. tomo quince.

Tamb ién hubo grandiosidad en Eduardo Wilde y debajo de su galera negra. Soy homb re acostumbrado a escribir. que hasta nuestro sueño más descansado fabrica ensueños! Wilde prefirió negar l a otra vida y experimentó sin duda tamaño chasco cuando lo trasmundearon de golpe. en lunas pálidas. su aire de familia es impresionante: los dos. óleos muertos de militares muertos. con o sin verdad de pasión. pues. Algo como decir poesía pura o movimiento continuo o los historiadores más antiguos del porvenir. El idioma de los argentinos es mi sujeto. desde el comienzo. hacen contrabando de remesas valiosísimas de poesía. Más bien. Yo a Eduardo Wilde lo veo clarito por las calles de Monserrat (cuyo médico parroquial fue el setenta y uno) caminoteando por la calle Buen Orden. tan abundoso de inteligencias. de vuestro desengaño y de una presentación más verídica. casas desmanteladas. y esa haragana artillería hacia lo in visible. arañas embaladas que son como globos en viaje a la disolución. bajo su aparente humorismo. Eduardo Wilde.. será. de un momento a otro ¡nosotros tan incansables e n vivir. Un embeleco de que ninguna realidad . patios con mínimum angosto de cielo. parándose a mirar la puesta de sol en la esq uina de México. Por mi parte. sin añadir se ni una pampa ni un comité. Kater) y a un monje. Es un monumento espo ntáneo que todo ciudadano de Buenos Aires puede erigir. ardua en Buenos Aires. Esta varonía de sus metáforas. Creyó ingenuamente que nosotros éramos capa ces de inventar la Nada absoluta. Perteneció a esa especie ya casi mítica de los prosistas criollos. idioma argentino. una mera travesura sintáctica. Esa locución. nunca a perorar. Indesment iblemente. quiero evidenciar lo difícil que es y lo acertado de nuestra gratitud a quienes la alcanzan. sin amalevarse ni agaucharse. los dos quieren lo casero del mundo y son como e mperadores de cosas quietas: álbumes. en nubarrones portentosos de lluvia. su Primera noche de cementeri o. su realización de lo poética que es la ubicuidad de la lluvia. en cualqui er parroquia. Una multiplicada resignación —vuestra y mía— es. vay a otro ejemplo para probarlo. que el doctor Arturo Capdevila ha pronunciado con benevolente injusticia. a unque nadie lo quiera. pensó en tempest ades románticas. hablar de precursores es suponer que Dios es todavía un frangollón de almas y n o acierta con la versión definitiva. señores: Nunca la equivocación fue tan elocuente como en esa versión apócrifa de mi yo. son generosidades de la literatura de esas que se igualan difícilmente. El idioma de los argentinos Señoras. ya mi ningún merecimiento se encargará. no es un aprendizaje eficaz de las persuasiones in stantáneas del orador. soltándole un cumplido a una chica: en cualquier esquina. Rojas lo llama precursor de Ramón. hombres de finura y de fuerza. careció (o fingió carecer) de una inte ligencia fundamental: la de barruntar que la posmuerte es vida y que ni está emped rada de calaveras ni se mide con féretros.itir que los ingleses —siempre— ven primero una mancha colorada y después advierten qu e es un caballo. Sin embargo. es evidente en Alemania: los alemanes dicen el luna. envidiémosle las aventuras lindísimas que estará corriendo Wilde en el otro mundo. una forzada aproximación de dos voces sin correspondencia objetiva. N o le tengamos lástima: la lástima es siempre una descortesía y la negación o dubitación de la inmortalidad es siempre la mayor descortesía que podemos hacerle a los muertos . rinconeras. que es la escritura. Fue todavía más: fue un gran imaginador de realidades ex perienciales y hasta fantásticas. Su Alma callejera. Conviene consagrar un paraje de la capital a cada escritor. piezas de ajedrez. No quiero insinuar que la veracidad literaria es una ficción. perillas. mientras nosotros —siempre— empezamos dándonos cuenta que es un cabal lo y luego le determinamos el pelo? La mecanicidad del idioma es poderosísima. a ju icio de muchos. Nietzsche asemeja la luna a un gato (a un individu o macho. la alcanzó Wilde. aconsejable. que manifestaron hondo criollismo sin d ragonear jamás de paisanos ni de compadres. quiero decirle mi gratitud. barriles..

y con los puentecitos de tabla sobre el agua dele znada de los zanjones. El lunfardo es un vocabulario gremial como tantos otros. publicadas el año noventa y siete. básteme señalar que muchos concepto s fueron en su principio meras casualidades verbales y que después el tiempo las c onfirmó. Ni el e ntrerriano decidor José Sixto Álvarez ni el entrerriano un poco chacotón y un poco tri ste que en todos los recuerdos de Palermo sigue colaborando. Dos influencias antagónicas entre sí militan contra un habla argentina. co mo corazonadas? La palabra linda es previsión de la novia de cada uno y de ella no más. Es a indigencia es natural. y con el carro de las varas al aire en el callejón. Arrabal es el arrinconado bajo de Núñez con las habitaciones de zinc. la mujer lo habla sin ninguna frecuencia. El criollo no lo usa. que los saineteros que lo frecuentan tienen que inventarle palabra s y han recurrido a la harto significativa viveza de invertir las de siempre. Carriego se entretuvo en alguna décima en br . El arrabalero. es como trasoñar que el dialecto de las matemáticas o de la cerrajería puede ascender a único idioma. que es jerigonza ocultadiza de los ladrones. d ilucidó muchas de sus palabras y giros. Arrabal es el rencor obrero en Parque Patricios y el razonamiento de ese rencor en diarios impúdicos. Y eso que el caló es idioma abundoso. Arrabal es todo con ventillo del Centro. Una es la de quienes imaginan que esa habla ya está prefigurada en el arrabalero de los saínetes . ahora es una de las perfecciones de Dios en la teología y un discutid ero en la metafísica y un énfasis popularizado en las letras y una finísima concepción r enovada en las matemáticas — Russell explica la adición y multiplicación y potenciación de números cardinales infinitos y el porqué de sus dinastías casi terribles— y una verdade ra intuición al mirar al cielo. para gallear. son como proféticas de ella. Esa conjetura es errónea: no hay quien no sienta que nuestra palabra arrabal es de carácter más económico que geográfico. Ta n angosto es. con el paredón final d e la Recoleta y los compadritos amargos en un portón y ese desvalido almacén y la bl anqueada hilera de casas bajas. Arrabal es la esquina última de Uriburu. es la conversación usual de Liniers. Imaginar que esa lengua técnica —lengua especializada en la infamia y sin palabras d e intención general— puede arrinconar al castellano. otra es la de los casticistas o españolados que creen en lo cabal del idioma y e n la impiedad o inutilidad de su refacción. en calmosa esperanza. es la tecnología de la furca y de la ganzúa. por lo demás. A esa posible observación contestaré luego. cuando las atracciones inmediatas de una hermosura o las de su bien cuidado recuerdo están sobre nosotros. es dialecto de los arrabales u orillas. No hay un dialecto gene ral de nuestras clases pobres: el arrabalero no lo es. ¿quién no ha sen tido que las palabras elogiosas que ya preexisten. ori llada de un corredor y un patio con plantas. en sus Memorias de un vigilante. Arrabal es demasiado contraste para que su voz no cambie nunca. es cosa tan sin alma y fortuita que las dos clásicas fi guraciones literarias de nuestro suburbio pudieron llevarse a cabo sin él. ignoro si de la revolución s ocial o de un organito. Arrabal es el bien plantado corra lón. duro para morir. de San Cristóbal Sur. El vocabulario es misérrimo: una veintena de representaciones lo informa y una viciosa turbamulta de sinónimos lo complica.es sostén. Arrabal son esos huecos barrios vacíos en que suele desord enarse Buenos Aires por el oeste y donde la bandera colorada de los remates —la de nuestra epopeya civil del horno de ladrillos y de las mensualidades y de las co imas— va descubriendo América. El arrabalero. Ambos supieron el dialecto lunfardo y lo soslay aron: Álvarez. que persiste por Entre Ríos o por Las Heras y la casita que no se anima a la calle y que detrás de un portón de madera oscura nos resplandece. hay demasiados. Sospecho que la palabra infinito fue alguna vez una insípida equivalencia d e inacabado. Parejamente. como que deriva del zíngaro y de la adición de una de sus variantes a la germanía o jerigonza delincuente español a del mil seiscientos. el ya genial muchac ho Carriego. si su nombre no está mintiendo. Miremos la primera de esas erratas. ya que el arrabalero no es sino una decantación o divulga ción del lunfardo. le dieron su favor. de S aavedra. No me quiero apoyar en otros ejemplos. Ni el inglés ha sid o arrinconado por el slang ni el español de España por la germanía de ayer o por el ca ló agitanado de hoy. el propio compadrito lo exhibe con eviden te y descarada farolería.

. el más inteligente utopista en trances de idioma que pensó nunca. jerigonza carcelaria y conventillera que nos convertiría en hipócritas al revés. y que el solo idioma infinito —el de las matemáticas— se basta con una docena de signos para no dejarse distanciar por número alguno. como es. la que postula lo perfecto de nuestro idioma y la impía inutilidad de refaccionar lo. un lugar común . sabía inventariar cualquier realidad. con ejercitada ironía. Eso es natural. por Miguel Cañé. Yo insinúo que esa superioridad numérica es v entaja aparencial. el pueblo no precisa añadirse color local. el diccionario algorítmico de una página —con los guarismos. No hay un lector. sin que le falten las diversas lecciones. registra. nunca sobrellevaron letra l unfarda: afectación que la novelera tilinguería actual hace obligatoria y que los ll ena de secreteo y de falso énfasis. no comportaba obligatoriamente ningún sonido. que no resulte convencido de ignorancia frente a esas páginas. de arcaísmos— ha reu nido esas defunciones. claro es. Ésta es superstición aritmética. por Quesada. La numerosidad de re presentaciones es lo que importa. el simulador trasueña que lo precisa y es costumbre que se le vaya la mano en la operación. hizo como que preguntaba este último. nunca la frecuentaron. Ahora quiero olvidarme del arrabalero y paso a comentar una distinta equivocación. el más acaudalado de cuantos hay. ¿Se rechazará la carabela en nombre de la jangada?.oma y se desentendió de firmarla. Es sabido que el obispo anglicano Wil kins. Ésa es ventaja máxima y qué más quisiera yo que hablar de ella. Su mayor y solo argumento consta de las sesenta mil palabras que nuestro dic cionario. por Costa Álvar ez. Si la causa es buena y está previamente ganada. los lugares oscuros y la documentada discusión de comentadores. Sin embargo. según en la Gramática de la Academia se puede leer. atarearme. por más lector de otr as publicaciones que sea. los antiguos tangos dichosos. ¿a qué alegar ejemplos ilustres? El pueblo de Buenos Aires —nada sospecho so. se sirvió de él. Lo cierto es que entre los dos opinaron que ni p ara las diabluras de la gracia criolla ni para la recatada piedad. Esa tinieb la es lógica. Esa su música silencios a. no esencial. felices y expresivas. Pintorescas. planeó un sist ema de escritura internacional o simbología que con sólo dos mil cuarenta signos sob re papel pentagramado. No insistiré. pe dantería. Tampoco don Francisco A. redactado en el sedicente id ioma popular. Las milongas. para esconderse en un di alecto chucaro y receloso —jerga aclimatada en la infamia. obr ero o carnicero que apuntalaba esquinas por esas calles de Balvanera o por Monse rrat— y otra los forajidos que matreriaban por el bajo de Palermo o hacia la Quema . las rayitas. Abre el patán y el que no es patán nuestro diccionario y se queda maravillado frente al sinfín de voces que están en él y que no están en ninguna boca. por Groussac. hubo en la vivaracha milonga. en ese su infinito y barroso y huraca nado Libro extraño. virtualmente. en hipócritas de la malvivenci a y de la ruindad— es proyecto de malhumorados y rezongones. Es decir. de remilgos de casticismo— jamás versificó en esa jerga. los coro larios. Ese programa de trágica pequenez fue declinado ya por De Vedia. el lunfardo e s bueno. Alma orillera y voc abulario de todos. pero la sedicente riqueza del castellano debe. el de los españoles. de heráldica. ahora. qu e fueron la obradora y díscola voz de los compadritos. no la de signos. La riqueza del español es el otro nombre eufemístico de su muerte. las crucecitas— es. Cada tango nuevo. felices y expresivas. Esa trinidad de seudo palabras —dichas sin mayor precisión y sólo justificables por el co mún ambiente vanaglorioso— es del más puro estilo indecidor de esos académicos. es un acertijo. Desertar porque sí de la casi universalidad del idioma. afán de coleccionista y de filatero. cursilería internacional y vocabu lario forajido hay en el tango. puesto que una cosa fueron los compadres de barrio —el cuarteador. la acumulación de prueba s es una costumbre dañina y hace de la adquirida o recuperada verdad. Sicardi. Los primeros tangos. El criterio acumulativo que las dirige —el que sigue cargando sobre el léxico de la Academia los vocabularios enteros de germanía. El conjunto es un espectáculo necrológico deliberado y consti tuye nuestro envidiado tesoro de voces pintorescas.

es acopio inútil. lo que importa son los arreos. si un francés. son evidentes a fuerza de redun dancias y límpidas de puro sabidas y consabidas. Esa comprobación lo alegró. favores que no se domi ciliaron nunca en España. El procedimiento simpli sta usado —o abusado— por el conde de Casa Valencia para cotejar el francés con el cas tellano. en cuanto abandona al ayer. que los preceptistas no se cansaban de recomendarla. es nadie. pero tampoco quiero acortarle voz a la observación de que el común de la literatura española fue siempre fastidioso. representativa. verbigracia. eso de la bien plantada sentencia y del verbo no obligatorio— podemos inferir que es inteligente. así lo siente. así lo enseña. dicen que Gracián. El que no es genio. soñar despierto. Confieso —no de ma la voluntad y hasta con presteza y dicha en el ánimo— que algún ejemplo de genialidad española vale por literaturas enteras: don Francisco de Quevedo. por otro n ombre el fraude. cuyos diccionarios acaudalan más de cien mil palabras c ada uno.La sinonimia perfecta es lo que ellos quieren. el vocabulario chico de Racine es deliberado. por lo forastero que suena. su término medio. Por lo demás. Dos conductas de idioma veo en los es critores de aquí: una. todo pensamiento es pobrísimo si no lo piensan en inglés o alemán. Si un español sabe escribir bie n —eso que llaman escribir bien. Esa superioridad numérica de que se alaba. la más íntima posesión de todos nosotros: el porvenir. vale decir una gran literatura poética o filosófica. puesto que la perfección de un idioma postularía un gran pensamiento o un gran sentir. porq ue la cortedad léxica de ese idioma es economía y ha sido estimulada por sus retóricos . otra. es inmoral. galas y riquezas del español. el gran pasado mañana argentino. si el criterio numérico es valedero. lo advierte así. ¿Quién más? Dicen que don Luis de Góngora. rara vez hub o de repetir la misma frase. Servicial o no. no sé por qué— propone que digam os con metáforas de herrería forjarse ilusiones o quimeras. Miguel de Cervant es. Manejó la estadística el tal señor y averiguó que las palabras registradas por el diccionario de la Academia Española era n casi sesenta mil y que las del diccionario francés eran treinta y un mil solamen te. La sueñera mental y la concepción acústica del estilo son las que fom entan sinónimos: palabras que sin la incomodidad de cambiar de idea. n o indigencia. capítulo siete). Su cotidianería. cambian de ru ido. si creemos al Enni o español. tal es su opinión. Tanto es así que el español no sospechos o de genialidad. la de los cultos. o empleando otros giros no menos discretos que oportunos (Gramática de la Academia. que mueren de la muerte prestada del español. aunque de fantasmas o de ausentes o de difuntos. Traslado aquí la recomendación que les da: La abundancia y variedad de palabras (dice) fue tan estimada en nuestros si glos de oro. ¿a qué envalentonarse con ella? En cambio. tal su parecer. Las que Menéndez y Pelayo escribió. según le place a Nebrija. la de los saineteros que escriben un lenguaje que ninguno h abla y que si a veces gusta. es ilógico y es inmoral. tan festejadas por la claridad pedagógica de su prosa. El máximo desfile verbal. el único recurso español es genialidad. Afirmar una ya conseguida plenitud del habla española. Si cualquier g ramático. dicen que el Arcipreste. ha y una seria presunción de genialidad en el caso de él. tenía que autorizarse con el dictado de Nebrija. ya no. Es austeridad. s u gente. nunca recabó una página buena. así lo dice. indicaría que no es corriente mi parecer. es precisamente por su aire exagerativo y caricatur al. No los escondo. Quiero resumir lo antedicho. ¿quiere decir acaso este censo que un hab lista hispánico gobierna veintinueve mil representaciones más que un francés? La induc ción nos queda grandísima. La falta de expresión nad a importa. Sobre las de Unamuno no hablo. o si no a lo sonámbulo: al ucinarse. siempre vivió de las descansadas artes del plagio. el sermón hispánico. tal su juicio. La Academia los apadrina con entusiasmo. La prueba se efectúa siempre con el francés: prueba en que hay trampa. Difusa y no d e oro es la mediocridad española de nuestra lengua. Yo interrogo: Si la superioridad numérica de un idioma no e s canjeable en superioridad mental. Yo creo de veras que esa retahila de eq uivalencias es recurso tan ajeno a la literatura como la posesión o no posesión de u na nítida caligrafía. la falible magnificencia de los sinónimos es tan ind iscutida por la Academia que ésta los suele ver hasta donde no están. parte segunda. y así en lugar d e decir hacerse ilusiones —frase que declara solecismo. Ambos divergen del idioma corriente: los unos remedan la dic . Sin embargo. Es i lógico. variándola gallardamente de esta o parecida manera: a sí lo afirma Nebrija.

los otros. Pienso en el ambiente distinto de nuestra voz. El hecho. Mansilla. por ser riesgo. tontería. Hacerse el mazorquero o el quichua. jactarse de la envidia de los demás. en su temperatur a no igual. La palabra envidiado es formulación de elogio en España (su en vidiado tesoro de voces pintorescas. en Domingo Faustino Sarmiento. la del memorioso y problemático español de los diccionar ios. La pa labra egregio. Lo también español no es menos arg entino que lo gauchesco y a veces más: tan nuestra es la palabra llovizna como la palabra garúa. Hoy. Así con la palabra macana. Escribieron el dialec to usual de sus días: ni recaer en españoles ni degenerar en malevos fue su apetenci a. De bería ser una vocación. que comportaba. El que no se aguaranga pa ra escribir y se hace el peón de estancia o el matrero o el valentón. Lo emotivo —desolador o alegrador— es asunto de el las y lo rige la atmósfera de las palabras. No pienso aquí en los algunos miles de palabras privativas que intercalamos y que los peninsulares no entienden. Nue stras mayores palabras de poesía arrabal y pampa no son sentidas por ningún español. sin posibilidad de patria ninguna. La preferencia sistemática y ciega de las locuciones nativas no dejaría de se r un pedantismo de nueva clase: una diferente equivocación y un otro mal gusto. que ya es demasiado. Fue una necesidad de hacer patria. trata de español arse o asume un español gaseoso. prolijamente. Muchos. el de nuestra pasión. Las singulares excepciones que restan —la de don Eduardo Schiaffino. fue un riesgo hermoso. no sabe impresionarnos. El tono de su escritura fue el de su voz. en Vicente Fidel Lóp ez. Y así. Fueron argentinos con dignidad: su decir se criollos no fue una arrogancia orillera ni un malhumor. más nuestra es la de todos conocida palabra pozo que la dicción campera jagüel. despropósito. Equidistante de sus copias. el de los españoles no e s aprobativo con tantas ganas. interrogarán: ¿Qué zanja insuperable hay entre el español de los españoles y el de nuestra conversación argentina? Yo les respondo que ninguna. es sintomático. Macana se les . el de nuestra casa. la seudo plebey a y la seudo hispánica. La palabra subdito (esta observación me la vuelve a prestar Arturo Costa Álvarez) es decente en España y denigrativa en América. es grande en lo que mira a las emociones. N uestro lindo es palabra que se juega entera para elogiar. Ahora es ocupación descansadísima la de argentino. Don Miguel de Unamuno —único sentidor español de la metafísica y por eso y por otras inteligencias. Desde luego la sola diferenciación es norma engañosa. felices y expresivas. Pasar desapercibidos. Dijeron bien en argentino: cosa en d esuso. e n la valoración irónica o cariñosa que damos a determinadas palabras. Nadie trasueña que tengamos algo que hacer. Pienso en Esteban Echeverría. internacional. nula en la prosa argumentativa o en la didáctica. el no escrito idioma argentino sigue diciéndonos. esa naturalidad se gastó. el de la confianza. para esc ribir. Un mati z de diferenciación sí lo hay: matiz que es lo bastante discreto para no entorpecer la circulación total del idioma y lo bastante nítido para que en él oigamos la patria. Eso. tan publicada por la Revista de Occidente y aun por don Américo Cas tro. en Lucio V. No precisaron disfrazarse de otros ni dragonear de recién venidos. El jurista Segov ia. escribe de ella: Macana: Dis parate. sin embargo. con intención de desconfianza. Dos deliberaciones opuestas. Macana. abstraído. es carnaval de otro s. su boca no fue la contradicción de su mano. No hemos variado el sentido intrínseco de las palabras. dirigen las escrituras de ahora. Mejor lo hicieron nuestros mayores. el de la conversada amistad. Esa divergencia. no su significado. Gozar y sobrar miran con intención malévola aquí. no es todo. pero nuestro verso. Nuestra discusión será hispana. gran escritor— ha querido favorecer esa palabre ja. pero sí su conno tación.ción de la fechoría. de muchas. hacernos perdonar esa guarangada del tango. venturosamente para la entendibilidad general de nuestro decir. es opinión de muchos. descreer de todos los fervores a lo francés y no entusiasma rse. Ser argentino en los días peleados de nuestro origen no fue seguramente una felicidad: fue una misión. ya son de aquí. un orgullo. en Eduardo Wilde. en su atropellado Diccionario de argentinismos. claro está. nos parece ruin. Pero la argentinidad debería ser mucho más que una supresión o que un espectáculo. nuestro humorismo. es palabra de negligentes para pensar. la de Güiraldes— son de las que honran. dice la Gramática ofici al de los españoles) y aquí.

macana a lo no usual. macana a los contratiempos. Digan el pecho y la imaginac ión lo que en ellos hay. . Demasiado bien lo sabemos. El porvenir (cuyo nombre mejor es el de esperanz a) tira de nuestros corazones. de ademanes y de sonrisas. demostración de cosas no vistas. cuando no retruécanos y calembours. La esperanza es amiga nuestra y esa plen a entonación argentina del castellano es una de las confirmaciones de que nos habl a. Recuerdo q ue nos viene del porvenir. precauciones. Esto es lo que yo quería deciros.dice a las paradojas. definió San Pablo la fe. que también son muerte. los que procura mos la paradoja de comunicarnos con los demás por solas palabras —y ésas acostadas en un papel— sabemos bien las vergüenzas de nuestro idioma. cansan) lo hace sermonero y enfático. Nosotros. remordimientos. sino el Di ablo —esa pifiadora culebra. escrúpulos. fuera de beneplácito y de pasión en estas repúblicas. macana a las incongruencias. que no otra astucia filológica se precisa. Esa su misma sonoridad (vale decir: ese predominio molesto de las vocales. traduciría yo. ¡Muerta seas. claro que sí. Sabemos que no el desocupado jardinero Adán. Quisiéramos que el idioma hispano. siempre desengaños. Vivimos una hora de promisión. Es palabra limítrofe. que por ser pocas. Sustancia de las cosas que se esperan. tiene su algo y también su mucho de atrevimiento. pero quisiéramos volverlo tan límpido como ese porvenir que es la posesión mejor de la patria. que es la mita d de una conversación y más de la mitad de su encanto. ese eclipse de ángel— fue el que bautizó las cosas del mundo. Es palabra de haragana generaliz ación y por eso su éxito. macana a las simplonerías y boberías. Siem pre metieron muerte en ese lenguaje. Nosotros. que el pavor metafísico de gran estilo se piense en español. hemos padecido en pobreza pro pia lo balbuciente que es. macana. El de los escritores más que nadie. Escriba cada uno su intimidad y ya la tendremos. dentro de lo entendible: límite que está pared por medio de lo infin ito y del que no podemos quejarnos honestamente) el deber de cada uno es dar con su voz. el problema verbal (que es el literario. macana a las locuras. también) es de tal suerte que ninguna solución general o catolicón puede recetársele. consejos. Sabemos que el lenguaje es como la luna y tiene su hemisferio de sombra. los renunciadores a ese gran diálogo auxiliar de miradas. Mil novecientos veintisiete: gran víspera argentina. que se llevara bien con la apasionada condición de nuestros p onientes y con la infinitud de dulzura de nuestros barrios y con el poderío de nue stros veranos y nuestras lluvias y con nuestra pública fe. que sirve para desentenderse de lo que no se entiende y de lo que no se quiere entender. Pero nosotros quisiéramos un es pañol dócil y venturoso. ese inventor de la equivocación y de la aventura. macana a las perogrulladas. ese c arozo del azar. Dentro de la comunidad del id ioma (es decir. Que alguien se afirme venturoso en lengua española. que fue de incredulidad serena en Cervantes y d e chacota dura en Quevedo y de apetencia de felicidad —no de felicidad— en Fray Luis y de nihilismo y prédica siempre. macana a las hipérboles. palabra d e nuestra sueñera y de nuestro caos! En resumen.

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