香製 港造

Rakel Rodríguez

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m a d e p o e m a s

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k o n g t a b u r e t e

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Rakel Rodríguez Ilustraciones Santos Beltrán

ISBN · 978-84-614-4478-6 ediciones RaRo · Jaén · 2010 edicionesraro@hotmail.com Este libro no tiene copyright Diseño gráfico · Thomas Donner, Stuttgart/Alemania Impresión · Gráficas La Paz, Torredonjimeno/Jaén España

De este libro se han hecho 200 ejemplares. Este es el número

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d o y

n a d a

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m u j e r e s

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g r i t a n

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d e n t r o

Dentro de mí había un vete gritándome. Tirando de mis extremidades en diferentes direcciones. Partiéndome. Dividiéndome. Dudándome. La ruleta dejó de girar sobre un nombre: Hong Kong. Yo pensaba que Hong Kong debía ser un lugar feo, tirando a horrible. Pensaba que no me iba a gustar, que iba a asfixiarme entre tanta gente y tanta altura. Pero no fue así. Hong Kong me fue cautivando poco a poco, me dejé llevar por sus callejones y callejuelas, por sus mercados de olores intensos y poderosos. Me enamoré incluso de ese idioma endiablado, el cantonés, que se habla con ocho tonos diferentes. Allí me di cuenta (otra vez) de la importancia de no dar nada por seguro. Disfrutar de la sensación de ponerlo todo en duda, de abrir los ojos y los oídos y estar dispuesto tanto a la sorpresa como a la incertidumbre… Para los chinos el rojo y el dorado son los colores que llaman a la buena suerte y a la fortuna.

l o s

c u a d e r n o s

i m p e r f e c t o s

Escribo en cuadernos imperfectos, [ con mi letra imperfecta. Escribo para que no me falte el aire, [ para que no me tiemblen las manos. Escribo para no olvidarme. Escribo porque no estoy sola, para hablarte, para escucharme. Mientras fumo un cigarro que clavo [ en los pulmones y expulso el humo y no olvidarme, escribo.

l o s

c u a d e r n o s

i n ú t i l e s

m i s

c u a d e r n o s

Será la tendencia a lo inútil lo que me hace llevar encima bolsos gigantes donde caben un mapa con callejero, un libro, un diccionario, un paquete de tabaco terminado, otro sin empezar, sobres para escribir cartas, una cartera con no más de 200 dólares y un puñado de sellos. Y tres cuadernos. Tres. Todos ellos empezados. Los cuadernos inútiles son tan importantes para mí como los cuadernos imprescindibles. Sobre todo, porque soy incapaz de distinguirlos.

Mis cuadernos son mis muros en los bares. En ellos me refugio. Si me ves escribiendo en uno de ellos ni intentes acercarte…

l o s

f a d o s

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e s c u c h o

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s i g n i f i q u e s

Amalia Rodrigues se hace eco [ de mis pensamientos mientras la escucho [ en una tasca portuguesa, en Ship Street, y me habla, me canta de la saudade que me abre por dentro. Y yo, pequeña masoquista echo sal a mi tristeza y la alegro con una porción de vodka y unos granos de pimienta negra.

Intenta pasar desapercibida. No llames la atención, trata de ser normal. Escuchaba en mi adolescencia. No te signifiques… Entonces, aquellas frases me llegaban directamente a la altura de las ingles y sentía una punzada [ hirviendo en mis caderas descosiéndome. Llenándome de interrogaciones.

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l l a m a r

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a t e n c i ó n

Al fin lo he conseguido. Mi presencia exterior no muestra ni por asomo el peligro que llevo dentro.

a r r á s c a m e

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e s p a l d a

(aunque sea un vulgarismo)

Hasta el bambú más suave, [ tiene sus esquinas. Todo visto de cerca, [ es mucho más anguloso. Con aristas. Puede dañar. Dolerte. Si no quieres arriesgarte, mejor mirarlo en la distancia. Quédate al otro lado. No te acerques.

l o s

a l r e d e d o r e s

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m o o n

s t r e e t

Las fotos que no hago por pudor se graban en mi retina, mientras camino a lo largo de Queen´s Road La mujer anciana con los cartones que cada día coloca uno a uno [ a las seis y media de la madrugada, en cuclillas, poniéndolos [ sobre su carrito con ruedas. La chica completamente quemada [ y de ojos rojos y de una dulzura espectacular. [ Entre su piel cicatrizada resalta el vello de sus piernas, largo y suave, [ como el de un animal. La llevo conmigo todavía. Ese hombre, sin brazos ni piernas, que se arrastra en los alrededores del IFC, [ en Central golpeando una lata, vacía, [ con los pocos dientes que le quedan.

El hombre desdentado, [ apoyado en una columna en Johnston Road, junto al Pawn, [ siempre bajo la misma columna con su cuenco, donde nunca hay [ demasiadas monedas. Pocas veces levanta la mirada, [ su rostro tiene la expresión de los vencidos, de los que no van [ a volver a levantarse. Y piensas, ojalá no, ojalá no. También me quedo con la imagen [ de los taxistas comiendo en un bar junto a mi casa, en Moon Street [ mientras sus coches rojos, esperan aparcados en la calle uno tras otro. Los miro, comiendo en grupo, [ sorbiendo sopa, tragando dumplings, hablándose [ mientras soplan el té verde caliente. Me gusta verles comer, a hurtadillas, [ como una ladrona de imágenes. Y mientras tomo una cerveza, [ una cucaracha rubia camina por entre las patas del taburete…

l a s

p r o s t i t u t a s

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l o c k h a r t

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m a d e

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h o n g

k o n g

Ellas te sonríen vestidas de colegialas, con los calcetines blancos o negros hasta las rodillas. Ponen su mirada más traviesa, y juguetean con sus coletas mientras te preguntan “bum-bum, darling?” chupando una piruleta. Puedes hacer bum-bum con ellas con la más guapa del bar, la de los ojos más rasgados y los labios en forma de corazón. Sólo por unos pocos cientos de dólares hasta el más patán de los patanes se creerá Casanova por una noche en Lockhart Road.

Qué hago aquí. Me preguntan. Exactamente lo mismo que en cualquier otro lugar. Simplemente, caminar, tomar café, comprar a diario en el mercado de Wanchai (en casa es imposible almacenar) beber unas cervezas de vez en cuando en lugares ya conocidos: el Amoy, el Slim, el Pawn… Sentir esos lugares como míos, mezclarme en ellos, día a día. Escribir en las paredes, mirar por la ventana, pasar horas leyendo pensando, soñando, imaginando y a veces… parar para contarlo.

d e s d e

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t e r r a z a

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f r i n g e

a s t u r i a s

p a t r i a

q u e r i d a

Tengo un pasado que no conoces. Al que suelo volver de vez en cuando. [ Aunque ese pasado, ya no existe. No existen los lugares [ donde empecé a amar ni los mismos bares, ni siquiera las calles [ son ya las mismas. Y sin embargo en mi recuerdo [ están exactamente igual. Y cuando me busca la soledad [ camino por ellas. Saco la cámara, aquella Yashica [ que aún conservo y saco fotos de aquellos momentos. De lugares que sólo existen [ en mi memoria… Y que rememoro en este mismo instante, desde la terraza del Fringe.

Bebo sidra en un vaso de cava y me sabe tan buena [ que me teletransporto a Asturias al primer trago. A la tercera copa ya me he traído Asturias al sudeste asiático.

p a c i f i c

p l a c e

t u

o j o

Creo que no hay lugar más impersonal [ en Hong Kong que este inmenso centro comercial. Feo porque intenta ser de lujo [ en tiempos en que el lujo está en pura decadencia. Impersonal porque trata de aparentar una clase [ que no tiene y que posiblemente nunca tuvo. [ Y se pierde en el intento. Desagradable porque todos [ y cada uno de los negocios que allí tratan de funcionar, son atendidos por multitud de jóvenes dispuestos a dejarse allí sus mejores años, por dueños [ que son grandes compañías o grandes imbéciles [ que sólo piensan en cómo sacar diez mil dólares más sin pagar horas extra [ a sus trabajadores.

Cada vez que me miras como si no me vieras me dan ganas de tomar carretera y manta y volver a las andadas…

c h u n g k i n g

m a n s i ó n

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p e l o

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m u j e r

p a n t e r a

En Kowloon tienes la casa de tus sueños. Cama barata en habitación compartida cuanto más compartida, más barata. Comida hindú en la planta baja y sastres que te harán un traje a medida en menos de 24 horas. Si vienes a esta parte del mundo tienes el alojamiento garantizado en Chungking Mansión por menos de 10 euros la noche. Espero que te guste el olor del curry… compañía no te va a faltar.

Me gusta soltarme el pelo [ en días melancólicos. Me gusta imaginar poemas [ que no escribo, que sólo me recito a mí misma y olvido inmediatamente. Si pudieras enviarme una sonrisa, me la guardaría en el bolsillo, y la llevaría conmigo a todas partes. Y en los días grises, como hoy saldré con mi pelo suelto sin rumbo, sin norte…

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p e r d e r

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t i e m p o

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c u a n t o

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r a b i a

No entiendo los excesos de confianza. Saber evitarlos es una manera de malgastar menos el tiempo

Si me preguntas si estoy menos rabiosa te contesto sin dudarlo. No. Y no sólo lo estoy tanto [ o más que antes. Ahora tengo más razones pero he aprendido a expresarlas [ de otro modo. Trato de desgastarme algo menos [ en el intento. Procuro no perder mis energías [ en gilipolleces no cansarme antes de tiempo y guardar todas mis fuerzas para el momento adecuado…

l a s

c o s a s

q u e

n o

d i j i s t e

a m é n

Tuviste la oportunidad De tenerme en tus brazos De abrirme entera De entrar y salir de mí A tu antojo. No lo aprovechaste. No me jodas ahora Con nostalgias.

Si me miras una vez más de esa forma Precisamente Luego no digas que fue por mi culpa…

n o

d a r

n a d a

p o r

s e n t a d o

t h e

u p p e r

h o u s e

Ni mucho menos. Te lo tienes que ganar cada día. Faltaría más…

Algunas mujeres se sientan en una silla mientras beben una copa de vino [ o de champán como si sentaran en el retrete. Sin ganas. A esperar a que se termine la botella. Sin más.

e s c r i b i r

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l o s

b a r e s

v i c t o r i a

p a r k

Es una costumbre como cualquier otra. Unos se levantan con el pie derecho, o se peinan de derecha a izquierda, otros cruzan los pasos de peatones [ contando números pares o impares. Yo escribo en los bares. Hay unos cuantos más por ahí. A veces puedo verlos.

Siempre que camino hacia el Oeste en domingo observo los grupos de chicas indonesias que pasean juntas, de la mano, que se compran bisutería y se hacen fotos. En Victoria Park, [ las chicas están preparándose para compartir la comida, montones de noodles y pollo tandori, y verduras fritas y currys varios y cantan y se cuentan. Las indonesias llevan sus velos de colores y se pintan los labios suavemente [ y sus pieles brillan de juventud y de vida. Para que la primera clase siga su ritmo hay que buscar en países pobres mano de obra joven y barata. Muy joven y muy barata.

l i t t l e

m a n i l a

c o r t o

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v i s t a

Los domingos en el Este de Hong Kong puedes encontrarte con Little Manila. Miles de chicas filipinas se reúnen en parques, aceras, plazas, pasos elevados o subterráneos para celebrar su único día libre. Se rodean de cajas de cartón para conseguir una intimidad propicia y se pintan las uñas se hacen trenzas en el pelo se dan masajes en los pies, hablan, ríen, comen. Ellas tienen la vitalidad, el brillo en los ojos, la cintura elástica y un sueldo que no les alcanza para paliar el dolor de pies. Esos domingos, viéndolas, uno siente que Manila está aquí mismo, bien cerca. Pequeña, bonita y triste Little Manila.

Si no estuviera tan lejos ten por seguro que no me verías tan bien. He tenido que alejarme para ser más visible. Es lo que tiene la miopía.

e l e c t r i c

s t r e e t

c o n t i g o

La próxima vez que me veas dime algo bonito. Para variar.

Hay una cosa que me gusta más que beber sola. Es beber contigo. Cualquier cosa contigo.

l o s

o t r o s

p i a n i s t a s

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s o l e d a d

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e s t o

Algunas manos. Las miro, las comprendo, las duelo. Sé que esas manos, algunas manos nunca tendrán oportunidad de tocar un piano….

Estar al otro lado del mundo sin poder hablar con nadie ¿o era sin querer? Estar afuera cuando todo el mundo está dentro. Respirar el aire cuando los demás llevan mascarillas para evitarlo. Evitar de todas las formas posibles la seguridad, cuando gran parte del primer mundo la busca a conciencia. Buscar las esquinas y los recovecos, caminar por el camino más largo [ para llegar al mismo sitio que por el corto, perder el tiempo en los ojos de la gente. Y que me guste.

m e

d a i s

r i s a

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d e

l a s

u ñ a s

v e r d e s

Me río de todos los que creéis que podéis ir a más en la vida. Me río. ¿A más qué? ¿hacia dónde? ¿a costa de qué? ¿y de quién?

El otro día me pinté las uñas de verde. Algo insólito en mi, la primera vez [ en mis casi 40 años que lo hago. Lo curioso, es que [ desde que tengo las uñas verdes, [ mis manos parecen de otra persona. Las miro y me parecen más grandes [ que nunca. Como si fueran unas manos de hombre [ pintadas. De verde puerta. Me acaricio mirando ese verde [ en mi piel blanca, blanquísima… La sensación es extraña y agradable. [ Como si otra persona me tocase. Como si ese esmalte verde [ hubiera producido un cambio [ en el movimiento de mis manos Y en el interior de mi persona, [ creando dudas. No sé si pintarme los labios…

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l u g a r e s

c o m u n e s

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d e m á s

El momento adecuado está lleno de tachones. El momento en que surge la posibilidad de una palabra que arrastre a las demás, es muy corto y es inconfundible…

La brecha entre lo que ves tú y lo que ven los demás es un precipicio en el que naufrago de vez en cuando

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l e n g u a

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s o n r i s a s

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w a n c h a i

Enredada en mi boca quitándome todas las palabras que guardaba justo en la punta de la mía…

Sin el poder de mi lengua en un lugar donde los gestos valen más que mil sílabas. Sin palabras. Me defiendo a la fuerza y con ternura. Sin palabras. Me comunico con ojos y sonrisas. Me alimento de miradas y sonidos. Aprendo desaprendiendo y me sujeto, aguanto todas las tormentas sin lengua pero con toda mi boca como bote salvavidas.

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s t r e e t

Apareció en la noche, en Mid Levels y de un solo vistazo ví la luz que desprendía. Hay mujeres para las que te faltan ojos para admirarlas y mala intención para abordarlas…

Es en estas noches en que la humedad se trenza a tu cuerpo impidiéndote conciliar el sueño, revelándote el tanto por ciento exacto de agua que hay en tu cuerpo. Es, en estas noches, cuando me deshago, en mi casa de Sun Street, cuando tengo la certeza de que estos momentos no los olvidaré jamás…

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s u i c i d a s

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h o n g

k o n g

i s l a n d

Mi casa linda entre Moon y Star street, callejuelas estrechas donde puedo gritar mis secretos en mi idioma, con todas mis ganas y la voz sube hacia el cielo golpeando entre la luna y las estrellas.

Cuántas veces puedes levantarte y creer que todo va a salir bien. Cuéntalas…

p a r e c e

s e n c i l l o

r e s p i r a r

El día que Sandra Ho dejó su trabajo en la planta 55 de un edificio de oficinas, todos sus compañeros trataron de hacerla entrar en razón “piénsalo Ho, aquí tienes todo, un coche de empresa, un despacho compartido con tres personas y no con 50, un buen sueldo… piénsalo bien”. Sandra sonrió tímidamente y dijo con una voz fiera “iros a la mierda. Fuck off.” Nadie había oído a Sandra hablar de esa manera. Se quedaron petrificados viendo a la mujer asiática, delgada y pequeña, coger el ascensor para llegar a la planta baja. Sin dejar de sonreír. En el ascensor se quitó el sujetador. Tenía una habilidad sorprendente para hacerlo en cualquier situación sin que nadie se percatara. Lo hacía rápidamente, desabrochándoselo con un simple movimiento de sus dedos, primero un brazo e inmediatamente después lo sacaba por el

otro, introduciéndolo tan rápido en su bolso que apenas daba tiempo a saber qué había pasado. Luego se soltó la trenza que caía por su espalda y dejó al aire su pelo negro brillante y fino, ligeramente trenzado. Se hacía trenzas con ese propósito, para que su pelo se viera con más volumen. No le gustaba su pelo tan lacio. Al salir del edificio, con aire acondicionado a 20 grados, el viento caliente removió su pelo y su camisa morada. Se acabó. No más business en oficinas congeladas. Caminó hasta el muelle para coger el ferry. Vivía en una isla apartada del tremendo ruido de Hong Kong, en Cheung Chau. El ferry estaba allí. Se sentó junto a una ventanilla y pasó los 35 minutos de trayecto mirando las aguas sucias. Vivía en un segundo piso, en la ladera más alta de Cheung Chau, desde donde podía ver

el mar. Un lujo que no estaba al alcance de todo el mundo y lo sabía. Era martes, la isla estaba tranquila. Fue a casa a cambiarse de ropa, quitarse ese estúpido traje de oficinista, que la hacía impersonal, que conseguía que todas las mujeres y todos los hombres en esas oficinas se parecieran. Se puso unos vaqueros cortos y unas chanclas y salió a sentarse a la orilla de la playa. Antes había parado a comprar tabaco. Hacía dos años que había dejado de fumar. En aquél edificio todo lo que significara el mas mínimo placer, estaba prohibido. Y tener que salir a fumar fuera, era algo que nunca le gustó, el trayecto era tan largo que no le merecía ni la pena. Pero hoy en ese preciso momento le apetecía un cigarro como nunca. Se descalzó. El mar estaba tranquilo, la humedad caía lentamente. Sandra Ho se sentía feliz.

Está edición se acabó de imprimir en noviembre 2010 en los talleres de Gráficas La Paz, Torredonjimeno

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