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CUENTO DE UNA AMETRALLADORA. Voy a tener la osadía de hablar. Posiblemente les cause risa leer sobre una ametralladora parlante; pero al hablar no lo hago con el fin de hacerlos reír, sino hacerlos sentir lo que yo siento cuando ustedes me disparan. Van entonces estas palabras, para ese hálito de bondad que todavía queda en lo recóndito de eso que ustedes llaman corazón. Amén. Mi nombre es, “Ametralladora Browning”. Soy descendiente de los abuelos fusiles Sprinfield y Mosquetes. Llevo el apellido de Browning, por mi padre el norte americano John M Browning. Fui diseñada cuidadosamente por mi padre con el fin de proteger los bienes de sus congéneres. He custodiado junto a los hombres, casas presidenciales, embajadas y, un sin fin de mansiones de ricos señores; también he luchado en muchas guerras, desgraciadamente, esto último lo heredé de mis abuelos, quienes lucharon con orgullo en la primera guerra mundial. Ahora, yo ya estoy cansada de luchar y, no resisto más, ¡Óiganme bien!, no resisto más. Ustedes se han degenerado, han cruzado los límites de la guerra y ya ni siquiera piensan en el mal que causan a sus hermanos, no digamos el daño que me causan a mí. Pero, oigan bien, si continúan así, un día se destruirán y se aniquilarán entre ustedes mismos; y ese será el día en que tal vez yo podré curarme de esta maldita gastritis nerviosa que me han ocasionado de tanto dispararme. ¿Creen que es poco resistir el ruido que hace mi estómago a causa de tanta pólvora que me introducen? ¿Creen que es poco el rat-ta-ta-tata-rat-ta-ta-ta ... que hace mi estómago? ¿Creen que es fácil arrojar setecientas balas por minuto? Y para rematar mis nervios, descargan en mí, una furia endemoniada que se posesiona de Danilo Vásquez | Edición 1983 ustedes cuando me disparan. No señores, no es justo lo que hacen, terminen ya de guerrear, que esto de las guerras es harto monótono en el mundo y, la civilización, dicen ustedes, ha progresado; dejen cosas viejas y cámbienlas por nuevas; sustituyan la guerra por la paz, para que todos podamos vivir en un mundo mejor. Yo estoy segura, que ustedes, “Hombres”, pueden lograr la tan ansiada paz; si no lo hacen es porque no quieren y, si yo soy un obstáculo en la persecución de ese fin, no vacilen en destruirme: “Destrúyanme. Danilo Vásquez | Edición 1983