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ACORTAR Reducción del periodo formativo y su efecto en la entidad profesional del arquitecto Jonás Figueroa Salas Fiel a nuestra

idiosincrasia, una vez más una iniciativa aplicada o por aplicar en el extranjero pesa sobre el ánimo y las decisiones de la clase política y personeros ministeriales de la educación superior de Chile, para justificar la reducción de años de la formación universitaria. Lo que es grave en la calidad de la enseñanza y en la excelencia educativa que recibe el estudiante, lo es más cuando se trata de carreras que como la arquitectura y la medicina entre otras, se desarrollan en un campo de alta sensibilidad social, científica y técnica, y en donde se espera que el profesional tenga las capacidades idóneas para afrontar las expectativas de la población y resolver los desafíos y oportunidades que se hacen presentes en un territorio altamente vulnerable con el desastre telúrico y climático. El conocimiento no es un almacigo que puede ser trasplantado de un lugar a otro sin experimentar cambios ni modificaciones; tampoco es una caja ciega sin que por ello altere su contenido en el flujo educativo. En los estudios de arquitectura, el conocimiento es una sustancia que surge por continuas aproximaciones que llevan a cabo los alumnos de modo práctico y en donde se ejercitan los contenidos pedagógicos y también disciplinares de la materia arquitectónica propiamente dicha y entendida y sus muchas derivaciones escalares hacia el urbanismo y el territorio, el diseño industrial y el mobiliario, la teoría y la investigación, la construcción y las estructuras, entre otras campos cada uno de ellos con una propia carga científica y técnica. Teniendo por ello, una contenido predominantemente centrado en el aprendizaje más que en la enseñanza, en la práctica más que en la teoría, deviene como un resultado de la aquilatación de información que sólo es posible hacer madurar en un tiempo preciso, sin un antes que involucre desmedros y parcialidades ni tampoco un después, que requiera de permanentes actualizaciones. En el cuadro de precisiones pedagógicas, los estudios de arquitectura apenas pueden transitar por generalidades, más que por las profundidades que requieren problemas emergentes que provienen de las complejidades incorporados por alteraciones climáticas, por los nuevos materiales y por las crecientes expectativas de la sociedad frente a las demandas largamente pendientes de solución. En tal sentido, las posibilidades de especialización brindadas por los programas de postgrado, son hoy más que nunca oportunidades académicas que resuelven en parte las faltas de profundidad y variedad temática que registran los currículos formativos por causas de un calendario académico ya de por si abreviado a los 10 semestres lectivos. Mal entonces, podríamos recibir los docentes de las escuelas de arquitectura esta iniciativa de acortar los tiempos de los programas formativos, más por motivaciones de rentabilidad y lucro económico que por sugerencias surgidas desde un propio análisis de los programas de estudios superiores de la arquitectura y del conocimiento en detalle de la calidad de la preparación de los profesionales que cada año ingresan a un mercado laboral exiguo y siempre de alta competitividad.

en cuanto garante de los temas relacionados con el desarrollo de la profesión. Jonás Figueroa Salas Arquitectura Usach Santiago. octubre 2012 . debiese asumir una actitud más activa en el tema y plantear a las autoridades pertinentes los efectos perversos en los que se puede caer al aplicar una propuesta más propia de sistemas educativos de países desarrollados.El Colegio de Arquitectos de Chile. pero de dudosa utilidad en nuestro país.