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La ardilla amaestrada

Uno de esos extraños días de cooperación y extranjería me desperté solo, completamente solitario, sin nadie más en la casa; por primera vez sentí la vivienda deshabitada, cuando en lo habitual son muchas personas alrededor y a todas horas atendiendo los requerimientos más insólitos. Despacio, despacio fui abriendo los ojos a la pequeña habitación, sin ruido alguno entre pasillos, habitaciones, baño, escaleras y planta baja; hasta el paisaje exterior bostezaba de manera diferente. De buenas a primeras la mañana se anunció con besos de luz por las ventanas; el nuevo día estaba en pie y los trabajos domésticos no me permitían sentimientos de soledad, desánimo o tristeza: toda una jornada solitaria y afanosa por delante. Pero… … A eso de las ocho y media sonaron unos fuertes golpes sobre la puerta principal de la residencia, práctica muy habitual entre los residentes del poblado. Como estaba a punto mi desayunando, dejé que el eco se fuera apagando entre las maderas del edificio; pero la puerta sonó por segunda vez, más fuerte que la primera; luego vino una tercera andanada de golpes, una cuarta después, y… ¡diantre!, mi paciencia se transformó en impaciencia. Virgen todavía la leche angelical…, la dejé sin mancillarla y un rato molesto caminé hacia la entrada principal aporreada por todas las impaciencias del mundo. Con tantos y tan impacientes golpes, debía estar esperándome algún asunto a vida o muerte. Al abrir la puerta una pareja de indígenas, muy serios ellos y desconocidos ambos, me contemplaban desde la lejanía de su raza, pero con el interés de cualquier pretensión; a un lado, dos pequeños con pinta de hambrientos y desastrados, también ponían sus ojos en este extraño personaje; al otro lado, recostado en la hierba, un perrillo flaco y despellejado me contemplaba con supina desconfianza. - ¡Buenos días! –dije algo para calmar mi malestar interior. - ¡Ñantoro dego! –Era la voz de la mujer, ¡qué extraño!, la mujer en vez del hombre. - ¡Ñantoro moe! –recurriendo a mis escasas expresiones de su vocabulario. - Usted, ardilla vender nosotros –la voz cantante de la esposa y madre en su desastrado español. - Y… ¿eso es una ardilla? –haciéndome el tonto, mientras me recreaba en tan madrugador cuadro doméstico.

¿Usted compro ardilla? –La fémina en directo a su plan mañanero-. .. Muy pequeña nosotros vive casa. ¿y qué piden o quieren por ella? –rozando mis dedos pulgar e índice para que me entendiera.. autoridad primera en las familias ngobe-.. con su mal pelaje y toda el hambre del mundo deambulando entre sus pequeños huesecillos.Comer ardilla todo: pan. .¿Ardilla compra. comida poca y familia hambre –las palabras de la interlocutora sonaban al aire de un improvisado teatro. Diez balboas. flaca y hambrienta ardilla? –no entendía mis adjetivos.Ardilla para usted aquí casa… ¿Compra ardilla? –Esa mujer mandaba en su familia y quería mandar en mí también. .¡Ya. intentaba roer el vestido de su patrona. esclavos o domesticados dejan de ser lo que son y pierden toda su personalidad genética o primitiva. pero sabía el sentido de mi pregunta y la respuesta que tenía que dar… ..Pobres nosotros. semillas….. ¿ve?.Diez balboas –extrañado con esa mujer habladora en presencia de su pareja masculina..Pero ¿qué come? –y le hacía gestos con mis dedos unidos hacia la boca.¿Cuánto vale esa pequeña. . ya…! –la ardilla me contemplaba a veces entre curiosa y nerviosa. .Ardilla mansita. ¡!. todo bueno ardilla. –ni idea de esas expresiones. . muchísimo dinero por aquel insignificante animal. Nosotros bueno siempre ella.Bueno. además no me interesaba para nada cohabitar con una ardilla en casa ajena: ni ardilla ni otra criatura cualquiera de la selva. . vegetales. hambrienta la pobre.Y ¿por qué desean venderla si ya es de la familia y no da problemas? –Un interrogatorio en toda regla de mi parte. como es costumbre en todas las ardillas.¿Está amaestrado ese bicho?.. . eh? –la matrona dueña del negocio familiar. . Siempre he pensado lo mismo: esos animales están hechos para vivir a su aire. ¿compra ardilla? Me pareció mucho. en plena libertad. . Esa mañana me sentía como un verdadero negociante a la puerta de mi casa.

/…/ Cuando la tuve entre mis manos se me revolvió un tanto incómoda. en el Krikamola Medio. luego un trocito de pan y unas gotas de agua para aligerar tanto alimento. entonces se puso revoltosa hasta la necedad. más largo de cola que de cuerpo. Y entré en la vivienda parroquial en busca de mis pequeños ahorros para esa feria animal: la primera transacción de una ardilla salvaje pero amaestrada desde mi asentamiento cooperante y misionero en esta región ngobe de Ño Cribo. sintiéndose la ardilla en plenitud de energías y un largo cordel para corretear a sus anchas. Se la compro –entre resignado y caritativo.. si no la compraba yo otro se la agenciaría por cuatro centavos. antes de la gozosa despedida: ¡diez dólares por una bichita muerta de hambre!. sólo para terminar en la paila con arroz ese montoncito de piel. Aún regalé unos confites a los dos pequeños y al perrito. se puso las botas de comer. de arriba del piso escaleras abajo en plan suicida. de abajo del suelo arriba de los muebles.Estamos de acuerdo. del agua a la comida y de la comida a todos los rincones del recinto. Cerré la puerta a mis espaldas con la ardilla revolviéndose desconfiada entre las manos. en el comedor se calmó de una vez con un trozo de galleta: la sujetaba con sus patas delanteras como si fueran dos manos humanas y era un gusto verla roer y tragarse a la carrera el pequeño dulce.. Esperen un momento. Allí. su hambre atrasada en la anterior vida doméstica. .. y adentro y afuera y… . cuando hubo saciado del todo su apetito. Extrañaba el cuerpo amigo aunque le hubiera hecho pasar hambre de muerte a esa ardilla prisionera y esquelética. En fin. beber y otear su nuevo escenario. haciéndose uno y muchos revoltijos con la soguita. pero no agresiva. y hasta me habría rebajado a cuatro dólares. no hablo de su la alegría con dos o tres cacahuetes triturado por sus afilados incisivos. Todo fue diferente para ese bichalejo colilargo. a ver qué puedo conseguirles.Ahora bien. Seguro. sujeta por la cuerda a la pata de una banqueta. pero me dio pena el hambre de todos ellos. cola y huesos. sobre todo el de los niños y el de ese raquítico animalejo.. me senté a contemplarla en ese nervioso ir y venir de la comida al agua. esa curiosa mujer me la hubiera vendido por ocho o seis. Parecía impulsada por un azogue: de un lado a otro. ella se gozaba en su magnífico negocio sobre el extranjero inocente-. un trozo de pan seco. En perfecto equilibrio sobre mi hombro izquierdo subió hasta la pequeña sala en el piso segundo de la vivienda.

Necesitaba realizar los trabajos de mi rutina diaria. se había orinado en cinco lugares diferentes y las migas del pan estaban regadas por toda la sala. Puesto en orden el caótico escenario. enchufe por enchufe. Un animal más. comportamiento de una niña caprichosa. la ataban muy corto en la planta baja. pero domesticado en cuerda corta y en hambre larga. gatos y perros a su aire. alocada y consentida… mi ardilla domesticada camino de robarme la paciencia y la concentración. ¿qué hacían sus moradores para que no molestara tanto y tan de seguido? Posiblemente. continuó con sus desenfrenados y nerviosos movimientos sin un momento de pausa. Una auténtica saltimbanqui de circo jugando con la áspera cabuya: corría como una gacela en la pradera. me dio por colocar hojas de periódico sobre el piso para evitar manchas sobre las maderas nobles. . ella. Ni siquiera había transcurrido una hora de mutua y civilizada convivencia casera y yo me hallaba al borde de un ataque de nervios. Ni media hora había transcurrido el negocio del pequeño roedor y aquello parecía un paisaje después de la batalla: suciedad por todos lados. ¡Increíble! Tan adentro se introdujo. con prisa por un lado y con cuidado por el otro para liberarla de la trampa mortal a donde se había refugiado. me dirigí hacia la susodicha saeta. tan enredada se encontraba que corría peligro de asfixia. Tuve que desconectar cable por cable. En menos de quince minutos había volteado dos veces el cuenco del agua. pero a la vez no podía dejar sola mi nueva adquisición animal: corría peligro de autoahorcamiento. gallinas picoteadoras.Cada tres minutos debía cesar en mis ocupaciones para desenredar el revoltijo de la cuerda porque amenazaba ahogarla sin remedio. una avispa en el pajar parecía la nueva adquisición zoológica. Decidido a limpiar el lugar antes que llegaran mis compañeros. sobre piso de tierra. el animalejo correteando sus patitas hasta rincones inverosímiles y yo más nervioso e inquieto que ante un examen de matemáticas. Quise imaginarme cómo sobrevivió ese pobre animalillo en la vivienda anterior. mi ardilla domesticada. Era todo un espectáculo cercano a la histeria para un hombre necesitado de tranquilidad y sosiego. parece se asustó con mis intenciones y rápida como el rayo se introdujo entre los cables de varios aparatos electrónicos. entre niños juguetones.

los animales del bosque sólo sirven como rancho familiar. Atravesando las calles del poblado indígena la gente me contemplaba entre curiosa y admirada: . Ascendí cuestas sudorosas. Tomé la dirección de la trocha del P. y a cada paso que daba en medio del bosque entre mis manos notaba cada vez más inquieto al pequeño roedor colilargo: olía los aromas ancestrales de su casa sin puertas ni ventanas.. tomé a mi ardilla domesticada. con mis ojos en dirección a Odobate. Por fin llegamos a orillas de una caudalosa quebrada.¡Adiós mis diez balboas!. ¿Adónde llevará ardilla estas horas? ¡Qué difícil explicarles mi operación! No la entenderían: para los indígenas. ¿en dónde?. Pero ¿cómo?. mi querida y traviesa ardilla colilarga… .¡Este es el lugar ideal para su reinserción salvaje y natural! Vamos a ello. sin paredes ni cuerdas. como trofeos vivos. espesa vegetación a las dos orillas y árboles muy altos y sombríos: mis preferidos para la defensa segura y el sustento abundante de mi ardilla domesticada. Entonces me puse a desarrollar en una doble argumentación: a) Si no quiero volverme loco. ¿cómo debo actuar? Ante esos dos planteamientos debía tomar una decisión rápida y contundente: . Ella. Sin dudarlo dos veces me enfundé ropa de monte. pero necesito liberar a esta pobre ratona domesticada de su cuerda esclavizante. frente a lo animales de vida salvaje: los sometemos a cautiverio inhumanos sólo por darnos gusto de tenerlos cerca. comiendo de sus frutos naturales y bebiendo agua limpia de las quebradas o arroyuelos. ¿qué debo hacer?.. A ver…. y yo más ansioso cada vez con tan delicada carga entre mis manos.De esa manera entendí un poco más el comportamiento incongruente de nosotros. Corpus. distraída con su media galleta.Padre camina con ardilla –se decían unos a otros-. lo humanos. y salí de la casa rumbo a la montaña poblada de árboles centenarios. Casi gritando exclamé: . hasta dejó de comer su trocito de dulce: olisqueaba la brisa que llegaba del interior del bosque. b) si tanto amo la libertad de los animales que han nacido libres y no domesticados como esa ardilla. descendí pendientes resbaladizas. Esa esquelética roedora de bosques inmemoriales para ser ardilla y ser feliz debía corretear en su ambiente natural: entre los árboles de la selva. cada vez más inquieta. botas de goma y un palo pa’ por si acaso. ni encontrar sucia la casa a todas horas o recibir un severo reproche de cualquiera de mis compañeros. a ver… ¡Ah! Ya lo sé: en medio de la selva.

a su aire. frente a sus enemigos naturales. sólo levantaba su hocico oteando olores en todas las direcciones. en su ambiente. libre para buscar a los de su comunidad. ¿Qué puedo hacer? Entonces me acordé de las tijeras de escuela en el bolsillo de mi pantalón: santa solución para la mejor ejecutoria de esa jornada. a su aire. Libre para subir y bajar los trancos milenarios. libre para vigilar y luchar con su instinto de ardilla contra adversarios poderosos. en medio de la senda.. sólo sujeta por la cuerda de esclavitud. mi ardilla por media mañana! Que nadie nunca más vuelva a domesticarte. Cuando fui a desatarla no encontré uñas ni paciencia suficiente para soltar el nudo de la soguilla. Por entre la vegetación desapareció de mi vista.2012-11-03 Río Abajo / Panamá El día de la Patria… A los 31 meses de la muerte de nuestra amatxo… libre ya como mi ardilla amaestrada… xabierpatxigoikoetxeavillanueva . frente a la inmensa selva. el primer gesto de incredulidad. la domesticación de la cuerda alrededor de su cuello. Despacio me fui agachando hasta tocar mis manos la tierra del camino y sus pies la casa de sus ancestros. para amar y ser amada por otras ardillas como ella. ¡Libre para siempre!. en su casa. o para beber el agua eterna de sus fuentes o quebradas. y sin pensárselo dos veces su instinto la acercó a la maleza de la orilla.¡Buen viaje. para siempre se fue camino de su libertad recuperada. con los suyos. Me observó un momento.. la patria de sus mayores. Corté sus ligaduras domésticas y la dejé sola. libre para comer de su semillas abundantes. y con su nueva libertad yo mismo me sentí un poco mas liberado en la silueta de ese pequeño roedor colilargo hundiéndose en la espesura del bosque… . 20 – urria -2012 / Kankintú / Larunbata / Versión a mano… 3 – iraila .Le di una vuelta completa para que tuviera visión del conjunto: como un pequeño trofeo por una causa grande. retiré mis dedos de sus escuálidos costillares. libre para… ¡Estaba libre!. Al principio no se movió. pero respetaba mi autoridad.

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