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Leyendo Operación Masacre por Daniel Link

“Es que vos”, me dijeron una vez los chicos del centro de estudiantes de Filosofía y Letras, “hacés una lectura posmoderna de Rodolfo Walsh”. Que me dijeran eso a mí, que he escrito menos páginas sobre Borges que sobre Rodolfo Walsh (lo que significa que mi cabeza ha estado, durante más tiempo, ocupada por éste y no por aquél) me resultó injusto. Como se trataba de una discusión de pasillo, nada serio, contesté la chicana con otra: “Uno hace lo que puede. Yo, por lo menos, hago una lectura”. Si me detengo en este pormenor autobiográfico no es por vanidad, sino porque me parece necesario aclarar el esfuerzo que significa para nosotros leer a Rodolfo Walsh (de este o aquel modo, eso no importa tanto) como un “autor canónico” de nuestras letras. Parece mentira, pero todavía seguimos preguntándonos, por ejemplo, en qué sentido Operación masacre es singular en el contexto de la literatura argentina, como si no nos bastara constatar que es precisamente el eterno retorno de esa pregunta lo que constituye la razón de existencia de un texto que se resiste a darnos una versión tranquilizadora sobre sí, sobre la literatura, sobre nosotros mismos. El modo en que se resiste a toda clasificación (es decir, a toda normalización) es lo más característico de Operación masacre y de quienes insistimos en su participación respecto de las grandes líneas de debate que atraviesan la literatura contemporánea. LeerOperación masacre como literatura es violentar las ideas que hemos heredado de la antigua cultura burguesa (y que la prensa cotidiana reproduce todavía hoy con un cinismo apabullante) sobre el ejercicio con pretensiones artísticas de la escritura. En nuestra perspectiva, Operación masacre representa ese momento (necesario para la existencia de algo así como “la literatura”) en que lo literario se vuelve en su contra, incluyendo lo que al mismo tiempo excluye. Dicho de otro modo: Operación masacre demuestra, como pocos otros textos, que la literatura sobrevive solamente en un instante de peligro, es ese instante de peligro en el que todas las certezas se deshacen.

el que vuelve a hacer en el sesenta lo que Borges hizo en el treinta: Si en esa línea modernizadora. ha sido singularizado por un proceso de investimiento de sentido. y eso tal vez porque leía la literatura de Borges de acuerdo con un horizonte de tensiones que no son las que hoy nosotros le reconocemos o porque se pensaba a sí mismo de una forma diferente a como lo hacemos hoy. que rescata para una cultura oficial materiales de bajo origen. incluso. es con Operación masacre que se propone un "género" que ni Menard ni Bustos Domecq imaginaron: una novela sin ficción o.Operación masacre es un acontecimiento: Walsh ha explicado en los sucesivos prólogos cómo los hechos que constituyen la materia del libro lo sacaron de un lugar confortable para ponerlo en otra parte. Walsh pone en el centro de su obra la imposibilidad (histórica. Ese texto es monumental por varias razones: . El heredero de Borges no puede ser sino Walsh: es en Operación masacre donde se define el pasaje del Orbis Tertius borgeano alTercer Mundo walshiano. Si hoy podemos acordar con la sentencia de Rama. Y porque no hay novela es que esta obra existe y permanece como una piedra difícil de tallar. El modo en que el escritor Walsh afirma la singularidad de su obra no es el mismo en que la crítica lo hace. debiera buscarse un descendiente de Borges en las letras argentinas. Ángel Rama. (. Uno de los lectores más agudos de la obra de Walsh... Walsh escribe Operación masacre como un texto monumental. No hay novela.) habría que pensar en Rodolfo Walsh[1]. pero también lógica) de la novela. lo novelesco sin la novela. nos ha persuadido de que Walsh es el heredero de Borges. El acontecimiento sigue sucediendo para siempre en el libro y por el libro: una y otra vez sucede algo singular que afecta tanto al que lo escribió como al que lo lee. De modo que Operación masacre es un texto singular y. al mismo tiempo. lo que llamamos lectura. también hay que decir que Walsh nunca se imaginó en el lugar de Borges.

que después deOperación masacre ese lugar ya no existe. No sospechará sino hasta muchos años más tarde (lo leemos en su Diario). e incorpora hasta el presente (Lezama Lima. por el contrario. en rigor. Walsh escribe el libro un poco a tientas. se olvida. Se olvida de sí. como ensayos módicos de una rebelión más profunda y generalizada. intentando encontrar un lugar que consideraba ya perdido o intentando encontrar un lugar diferente de aquel en el que estaba. antes que Walsh. Casi simultáneamente. Bien mirados. para el cual no existía en aquel entonces ley adecuada en el Estado de las letras argentinas. Operación masacre. un aroma vago. de la escritura como escándalo de la razón y de la ley. había desarrollado una teoría del escándalo pequeño como motor de la literatura.por ejemplo. diez años al non-fiction que tantos réditos daría a Truman Capote y a Norman Mailer. el sistema de lecturas y referencias culturales que introduce no son sino la contracara del impulso modernizador e internacionalista de los años sesenta. lo que se considera "elevado" en un orden clasificatorio: la gran forma. Si lo novelesco está en Operación masacre como un polvillo que pone nervioso al narrador. es otra cosa y reclama una posición que nadie puede darle. Cortázar no puede olvidarse de nada. de la literatura que hasta entonces ha venido haciendo. El libro. Cortázar. de lo literario como dispersión o como suplemento[2]. las genealogías prestigiosas. . porque habla de ese no lugar de la literatura. de la literatura institucionalizada y de su modo de operar. la monumentalidad de la literatura. lo que se considera legítimo mecanismo de consagración. más que eso: un suplemento tranquilizador. Operación masacre es un monumento. Pero el “efecto Walsh” obliga a leer las rebeldías cortazarianas como cosa del pasado. Pizarnik) en el museo de la literatura. Walsh. fuera de lugar y del tiempo: un muerto vivo. es porque lo novelesco no puede ser. para Walsh. los desplazamientos que Cortázar desarrolla. también. porque se anticipa en seis. Reclama un reconocimiento. ocho. la separación entre géneros.

En ese exceso de lo literario.dormitaba en su cuna. La ínfima Julia Renée –cuarenta días apenas. Y entonces era ella quien iba a su encuenro. Le sonrió con mezcla de pena y alegría. excesivo como dispositivo de denuncia o como testimonio. Walsh escribe: Nicolás Carranza no era un hombre feliz. precisamente. la ausencia definitiva (la imposibilidad) de la novela. Al amparo de las sombras acababa de entrar en su casa. dejando los chicos a alguna vecina. y es posible que algo lo mordiera por dentro. de zozobra. Berta Figueroa. alzó los ojos de la máquina de coser. podría considerarse con derecho a un saber semejante. y en la tumba de Nicolás Carranza ya está reseca la tierra. Nunca lo sabremos del todo. Seis hijos tenía Nicolás Carranza. Siempre llegaba así su hombre: huido. A veces se quedaba una noche. y pasaba con él unas oras transidas de temor. después desaparecía las semanas. habrá puesto la cabeza al alcance de la mano del padre. Por ahí le hacía llegar un mensaje: estaba en casa de tal amigo. al mismo . sin embargo. el capítulo primero de la primera parte. nocturno. pudo olvidar sus preocupaciones. Desde el comienzo mismo. Elena. Muchos pensamientos duros el hombre se lleva a la tumba. al mismo tiempo.Leo la primera página de Operación masacre. que presenta a “Las personas”. Tras el azorado silencio inicial. según la lógica de lo novelesco balzaciano) en un texto que marca. esa noche del 9 de junio de 1956. piensa su existencia respecto de una comunidad de voces) y. fugaz. Su compañera. Siempre era igual. un coro de voces chillonas se alzó para recibirlo. Walsh deja leer un impulso y. de la amagura de tener que dejarlo y esperar el lento paso del tiempo sin noticias suyas. Por un momento. La mayor. Los más pequeños se habrán prendido a sus rodillas. ¿Cómo puede saber el narrador que Nicolás Carranza no era un hombre feliz? Sólo el Dios de la novela burguesa. el narrador omnisciente. Walsh escribe según la lógica de lo novelesco (y aún. Operación masacre se revela reticente como mecanismo novelesco (el narrador se resiste a cosificar a los personajes y los llama “personas”: prescinde de su artístico capricho.

que la literatura es cosa de todos. esta vez en el sentido contrario: del testigo al narrador. fugaz”). quebrando todos los protocolos de escritura. pero hay literatura. Del lirismo más alto y el tono grave de las sentencias (“muchos pensamientos duros el hombre se lleva a la tumba”) a los restos de un coloquialismo de clase. nocturno. en esa frase ejemplar. saltando de un registro al otro con la mayor violencia (disimulada apenas por la elegancia inverosímil de la prosa de Walsh). también. ¿Pero. estrategias narrativas. mercado y circulación de los textos). que es la voz del pueblo aquélla con la que debe el narrador mezclar la suya. Lo que hay que entender es ese pasaje: entre el Premio Municipal de Literatura por Variaciones en rojo a la marginalidad durante la investigación de Operación masacre. y allí están esos fragmentos de oralidad (de la sintaxis de la lengua hablada) para cortar en dos la homogeneidad de una prosa que se quiere fuera de todas las clasificaciones: “Seis hijos tenía Nicolás Carranza”. En la frase siguiente. Poco después. un umbral de transformación de todas las cosas: no habrá novela. esa "novela policial para pobres". fugaz”. nocturno. y los predicados que ha agregado esa persona son retóricamente tan inverosímiles en boca de esa testigo (“huido. so pena de perderse en los . que se revelan como un operador que vuelve a enganchar dos voces. En ese desplazamiento lo que se ha desmoronado es la institución literaria (lógica de los géneros. ideologías estéticas.tiempo. de una manera de encarar la escritura como un “tesoro” de guardar. ¿No quiere decir Walsh. El texto continúa en esa línea. “Al amparo de las sombras” es un octosílabo inquietante (con acentos principales en tercera y séptima sílaba) que repite a Virgilio (ibant oscuri sola sub nocte per umbras). que sostiene en su saber y sólo en su saber la eficacia de una prosa infectada de octosílabos (rítmicamente tan complejos como “la ínfima Julia Renée” o “cuarenta días apenas”). a la inscripción en la propia prosa de la misma violencia que constituye el tema del libro. “y es posíble que álgo // lo mordiéra por déntro” es un alejandrino de una simetria impresionante. La primera parte de la cláusula engancha la voz del narrador con la del testigo (Berta Figueroa): si aquél sabe que Carranza llegaba siempre así es porque la otra persona se lo ha dicho. se nota el uso sutil y totalmente tendenciosodel estilo indirecto: “Siempre llegaba así su hombre: huido. por ejemplo. Pero pasaje. cómo? ¿Acaso Operación masacre es un texto clasicista? No exactamente. que la literatura es la colectivización de la voz propia.

[1] En "Rodolfo Walsh: la narrativa en el conflicto de las culturas". 1969: ¿Quién mató a Rosendo?. 1957: Operación masacre (primera edición). 1953: Variaciones en rojo(Premio Municipal de Literatura). [2] He reflexionado sobre lo literario como suplemento en Operación masacre en Cómo se lee y otras interveciones críticas. 271 y siguientes. 1965: La granada y La batalla (teatro). 1964: Operación masacre (segunda edición). Norma. 2003. sino precisamente para subrayar el modo radical en queOperación masacre viene a poner en cuestión la frontera entre lo literario y lo no literario. 1987:Cuento para tahúres y otros relatos policiales. ordenadas cronológicamente. 1981: Obra literaria completa. 1967: Un kilo de oro. al mismo tiempo. 1965: Los oficios terrestres. 1996: Ese hombre y otros papeles personales. Las ediciones utilizadas figuran en las notas al pie. [3] Se indican a continuación las obras de Walsh que se han considerado en la formulación de estas hipótesis. que la voz del pueblo es el contrapunto necesario de la voz del arte? ¿No afirma el devenir todos y ninguno del escritor. México. págs.vientos cruzados de la historia? ¿No dice. enLiteratura y clase social. Obra periodística 1953-1977. fundido en una voz anónima que frase tras frase hace que su origen se pierda y se confunda? Si me he detenido a leer lo que hay de literario en una Operación masacre que se resiste a integrarse a la literatura no ha sido para defender la “belleza” de aquello que por otra parte se declara muerto. 1973: Un oscuro día de justicia. Se consignan las diversas ediciones de Operación masacre porque cada una de ellas tiene variantes. 1995: El violento oficio de escribir. 1983. . Buenos Aires. Esa estela. Recopilaciones póstumas. nos arrastra[3]. lo ficcional y lo literario son categorías que no necesariamente convergen. Folios. A partir de Walsh.) 1972: Operación masacre (cuarta edición). 1969: Operación masacre (tercera edición). 1973: Caso Satanowsky. todavía y por fortuna.

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