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MATERIAL DIDÁCTICO DE LA UNIDAD CURRICULAR SOCIOLOGÍA DEL DELITO

Ubicación: tramo V Eje de formación: profesional Modalidad: presencial Duración: 80 horas. Versión: 1

Caracas, Marzo de 2012

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CRÉDITOS

Experto (s) en contenido: Dianela Bravo Juan Bautista Borrelli

Vice-rectorado de Desarrollo Académico Aimara Aguilar Director Nacional de Desarrollo Curricular Ruzay Rangel

Validador (es) externo: Coordinación Nacional del PNF Policial José Cardoso Equipo de Diseño Curricular Marcos Vásquez Migdalys Marcano Yesenia Bermúdez

3 ÍNDICE CRÉDITOS .............................................................................................................. 2 PRESENTACIÓN .....................................................Error! Bookmark not defined. INTRODUCCIÓN .................................................................................................... 4 PROPÓSITO DE LA UNIDAD CURRICULAR....................................................... 12 ORIENTACIONES GENERALES .......................................................................... 12 ESTRUCTURA DEL MATERIAL DIDÁCTICO ...................................................... 14 ENCUENTRO DIDÁCTICO ......................................Error! Bookmark not defined. ENCUENTRO 1: ENFOQUE SOCIOLÓGICO Y FACTORES EXPLICATIVOS DEL DELITO ................................................................................................................. 77 Propósito del Encuentro didáctico ...................................................................... 16 Actividad 1. El delincuente como objeto del conocimiento científico. ................. 17 Actividad 2. Lectura: Introducción a la sociología del delito. .............................. 19 Actividad 3. Factores que contribuyen a la criminalidad en mi entorno social ... 40 Actividad Final .................................................................................................... 41 ENCUENTRO 2: PERSPECTIVA SOCIOLÓGICA ................................................ 42 Propósito ............................................................................................................ 42 Actividad 1. El etiquetamiento como forma de discriminación ........................... 43 Actividad 2. Lectura: Perspectiva sociológica del delito. .................................... 44 Actividad Final .................................................................................................... 63 ENCUENTRO 3: FORMAS DE CRIMINALIDAD ................................................... 65 Propósito ............................................................................................................ 65 Actividad 1. Lectura: La sociología del conflicto ................................................. 66 Actividad 2. Reflejando las formas de criminalidad ............................................ 73 Actividad 3. Aportando propuestas para disminuir la criminalidad en mi comunidad ......................................................................................................... 74 Actividad Final .................................................................................................... 74 REFERENCIAS ..................................................................................................... 76

4 PRESENTACIÓN La historia contemporánea de Venezuela registra diversas prácticas policiales inadecuadas que han dejado en evidencia una profunda carencia de valores, de principios morales, y un fuerte desapego al respeto de los derechos humanos por parte del funcionariado policial. Dichos modos operandi se derivaron, en parte, del modelo de formación policial con enfoque militarista impartido a los integrantes de los cuerpos policiales. Entre ellos, destacan: el uso indebido o excesivo de la fuerza, la aplicación de técnicas y procedimientos sin diferenciar los casos en los que se producían daños y perjuicios a la población, y un alto grado de corrupción policial. Con la intención de corregir tales desviaciones, y en concordancia con el modelo de sociedad democrática, participativa, protagónica y corresponsable – expresado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela– el

gobierno del presidente Hugo Chávez Frías creó la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES). La finalidad de esta institución académica especializada es, pues, encargarse de la profesionalización y del desarrollo integral de las funcionarias y los funcionarios de la seguridad ciudadana venezolana; por ello, se ha propuesto como una de sus principales tareas formar el nuevo modelo policial, en el que las y los oficiales desarrollen habilidades y destrezas para aproximarse a sus semejantes. Dado que los problemas policiales ya mencionados, han contribuido directamente con la descomposición social por la que atraviesa Venezuela actualmente, se justifica la implementación del Programa Nacional de Formación Policial. Los propósitos y objetivos de este programa se orientan al acercamiento y ejercicio político legítimo de valores fundamentales como la ética, la justicia y la solidaridad que son, en sí mismos, la misión humanista de la revolución bolivariana. Así, la tarea de la UNES, vista en los múltiples ámbitos de la cotidianidad comunitaria e individual, apoyará la transformación que requieren los procesos de

5 formación en los ambientes de aprendizaje para contribuir con la

profesionalización de las funcionarias y los funcionarios policiales; esto, a su vez, permitirá la cancelación de la vieja deuda social y política que se tiene con los cuerpos policiales. Sin embargo, el concepto de seguridad ciudadana abarca, de acuerdo al Texto Constitucional de 1999, el derecho de protección que tiene el pueblo venezolano frente a todas las situaciones de amenaza, vulnerabilidad y riesgo, tanto de su integridad física como de sus propiedades; también, incluye el disfrute de las garantías y los derechos constitucionales. Por ello, se ha erigido como una de las principales responsabilidades y competencias del Estado venezolano. A fin de brindar confianza y certidumbre a la ciudadanía en general, el gobierno bolivariano ha diseñado e implementado políticas y planes que permitan, en primer lugar, mantener y restablecer el orden público ─esto es, prevenir o represar el delito y la violencia─; en segundo lugar, pero no menos importante, dar respuestas efectivas frente a diversas emergencias y desastres. Por ello, es menester que la estructura del gobierno responsable de esta política pública cuente con funcionarias y funcionarios técnico-políticos formados en las distintas profesiones relacionadas con la seguridad ciudadana, quienes deben estar debidamente capacitados para:   

Acudir al llamado que se les haga ante situaciones peligrosas para la

colectividad. Precisar y decidir sobre las áreas relacionadas con la seguridad

ciudadana. Realizar un control político eficaz sobre las medidas que se

implementen para la protección de la integridad física y propiedades de las personas o grupos que integran la sociedad venezolana.  Habilitar y facilitar el funcionamiento de mecanismos de participación

de las comunidades que hagan efectivas las acciones de control para favorecer la transparencia y rendición de cuentas por parte de los

6 responsables de las instituciones a cargo de la política pública de seguridad ciudadana. Dentro de este marco de ideas, la UNES ─en cumplimiento con lo establecido en el artículo 332 de la Constitución de la República Bolivariana y el artículo 37 de la Ley Orgánica del Servicio de Policía y del Cuerpo de Policía Nacional─ además del PNF Policial, se ha planteado como prioridad el diseño y la implementación de los siguientes Programas Nacionales de Formación:     Protección Civil y Administración de Desastres Bomberil Investigación Penal Penitenciaria

Del mismo modo, se ha trazado la profesionalización de las y los oficiales de los órganos de seguridad estadales y municipales para elevar su nivel de formación, instrucción y técnica; en virtud de lo cual, esta universidad orientará y asistirá técnicamente a las academias estadales y municipales para que asuman los nuevos planes de estudio. Para lograrlo, la UNES rompe con los paradigmas de la educación tradicional bancaria. Basándose en el enfoque de la Teoría Crítica, aborda la formación desde la perspectiva de la emancipación, cuyo fin último es la aprehensión de la realidad para originar cambios profundos que permitan, individual y

colectivamente, la construcción de la historia cotidiana por parte de sujetos con conciencia ciudadana crítica, capacidad de inventiva y discernimiento. Se trata de una educación en la que las y los discentes son considerados sujetos políticos de acción, que deben y pueden generar la transformación personal y social. Es decir, se trata de una educación para el ejercicio del poder ciudadano, que demande la garantía de sus derechos, denuncie la barbarie y proponga nuevas formas de organización institucional; desde una comunidad de

7 sujetos políticos, este poder ciudadano permite participar en la construcción de políticas, levantar la voz y la mano para aprobar o rechazar, proponer o criticar, las decisiones a tomar. Desde esa óptica, en la UNES las acciones formativas se conducen desde la educación popular (como modelo de educación integral que asume el proceso educación-acción-transformadora a modo de pilar para la refundación de la institucionalidad de seguridad ciudadana en general, en concordancia, por supuesto, con los cambios socio-históricos y políticos registrados en la Venezuela actual). Los principios de la educación popular permiten a mujeres y hombres adquirir nuevas categorías para enfrentarse a su realidad, superar las alienaciones a las que están sometidos y autoafirmarse como co-creadores de su futuro histórico, conscientes de que solo las reflexiones y la práctica de un conjunto de acciones les permite la confrontación continua, progresiva y permanente. Uno de los elementos característicos de la educación popular es la dialogicidad, como estrategia eminentemente ética y epistemológica,

cognoscitiva y política; como un proceso de rigor, en el que existe la posibilidad real de construir el conocimiento, de aceptar al otro y asumir la radicalidad en el acto de amar. El diálogo es más que un método, es una postura frente al proceso de aprender-enseñar: “unos enseñan, y al hacerlo aprenden, y otros aprenden, y al hacerlo enseñan” (Freire 1993: 106). Esta manera de entender el diálogo rompe el modelo tradicional del docente como agente poseedor de los conocimientos y del alumno como el depositario de los mismos. Por el contrario, los Programas Nacionales de Formación impartidos en el marco de la UNES desechan la idea del alumno como ser sin luz depositario de los conocimientos estáticos del docente. En este modelo de educación democrática y participativa, el alumnado pasa a ser discentes; por su parte, el cuerpo docente se convierte en educadoras y educadores, quienes con su mayéutica incentivan la reflexión y construcción social. En resumen, los actores educativos se convierten en verdaderos protagonistas del proceso enseñanzaaprendizaje, en el que ambos enseñan y ambos aprenden, a través de un

8 intercambio permanente de saberes intermediados por el diálogo crítico y reflexivo. Por otro lado, la participación en el ámbito académico, socio-político y cultural, en términos de producción cultural y simbólica, permitirá construir a partir de la sistematización de experiencias comunitarias. El objetivo es que este contexto de acción permee el diseño curricular para que responda a las necesidades de transformación social: disminución de la exclusión, reversión de los procesos delictivos, fortalecimiento de la ecología social (desde el mejoramiento del hábitat), y equilibrio entre lo femenino y lo masculino. Como estas condiciones se complementan en el complejo entramado de las relaciones humanas, permiten establecer una visión integrada de los procesos individuales, comunitarios e institucionales en los que intervienen. Del mismo modo, los procesos formativos de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad se acogen al enfoque de género, que posibilita la comprensión de las diferencias, por tanto, de la diversidad, específicamente este enfoque lucha por erradicar las prácticas sociales cotidianas, tanto el sexismo lingüístico como el sexismo social de los cuales son víctimas las mujeres en general. Un tema que también distingue la formación UNES es el enfoque del ecosocialismo. Este hace énfasis en el cuidado del entorno ecológico donde se habita; en la producción de mercancías sin deterioro del ambiente, lo que se traduce en una apreciación de los valores de uso en detrimento de los valores de cambio, que se funda en la actividad económica propia de empresas de producción socialista, lo que genera una transformación de las necesidades y un cambio profundo hacia la dimensión cualitativa del ser humano. Otra importante característica de los procesos de formación de esta Universidad es la glocalidad. Esta refiere una forma de resistencia social ante la globalización de corte neoliberal que se nos ha intentado imponer con fuerza. Es una invitación a vernos en la dialéctica de lo cercano (local) y lo lejano (global), sin que esa

9 tensión degenere en minusvaloración de uno u otro componente de la relación. En términos educativos, implica compaginar la búsqueda de soluciones a los problemas que afectan la seguridad ciudadana de la población y la posibilidad de enriquecimiento que brinda el intercambio de saberes con actores que debaten y construyen, en sintonía, sobre los mismos problemas y necesidades. En esta misma línea destaca que el modelo de educación integral asumido por la UNES se caracteriza por el humanismo, por fomentar el desarrollo de una ética profesional respetuosa de los derechos humanos. Como se sabe, estos representan el conjunto de libertades, facultades y reivindicaciones que garantizan una vida digna a toda persona. Son independientes de factores particulares como estatus, sexo, orientación sexual, etnia o nacionalidad; tampoco dependen exclusivamente del ordenamiento jurídico vigente. Desde un punto de vista más relacional, los derechos humanos se han definido como las condiciones que permiten crear una relación integrada entre la persona y la sociedad, que le permita ser persona, identificándose con sí mismo y con los otros. Por esta razón, desde la perspectiva institucional, se constituyen en la base del modelo constitucional y están plenamente reconocidos como objetivos y fines de la educación. En la UNES los derechos humanos se privilegian; por ello, transversalizan los objetivos de sus cinco PNF, así como las diferentes actividades previstas para las interacciones didácticas-formativas. En líneas generales, se asumen como un conjunto de necesidades, valores y principios esenciales para el disfrute y desarrollo de la dignidad humana. Estos temas son, pues, el pilar axiológico de los proyectos educativos UNES en aras de ofrecer a la Venezuela que se está construyendo, un nuevo modelo de servidora y servidor público que refleje en sus prácticas y en su discurso cotidiano: mística, sentido de dignidad de la función encomendada y valor altruista del servicio al pueblo. En resumen, nuevos servidores cuya imagen, discurso y acciones sean cónsonos con la nueva visión de la seguridad ciudadana preventiva y de proximidad, inscrita en el paradigma socialista del siglo XXI.

10 En líneas generales, la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad pretende afianzar en sus discentes la formación básica, la capacitación permanente, la investigación, el estudio y la divulgación de todas aquellas materias relacionadas con la seguridad ciudadana, de acuerdo a los campos de estudio específicos. Así, se propone garantizar al estudiantado un proceso de formación de elevada calidad, cuyo corolario será la expresión de sus fortalezas, potencialidades y conocimientos producto de sus prácticas.

Soraya Beatriz El Achkar Rectora

11 Introducción La unidad curricular Sociología del Delito busca explicar la conducta delictiva mediante el estudio del hecho social criminal y los factores del mismo, buscando dar respuesta a los problemas de seguridad ciudadana en la cual está inmerso nuestro país. Asimismo, se quiere brindar a las y los discentes herramientas que le permitan interpretar aquellos mecanismos de reacción social e institucional frente al delito. Esta persigue estudiar el delito desde un punto de vista sociológico y socio-crítico con el fin de encontrar una explicación del mismo, lo cual le permita al futuro y funcionario y funcionaria vincularse con la comunidad y actuar de forma apropiada para la prevención del delito. En esta se abordará el delito como un hecho social y no individual ni de índole patológico, lo mismo ocurre con la desviación; por ello, el objeto de estudio se mueve del delincuente a las instancias de índole social que de una u otra forma lo controla. Esta unidad curricular nace para unirse al esfuerzo de la lucha que pretende minimizar el auge y avance de la criminalidad en nuestro país, lo cual exige que cada vez más el servidor policial se involucre con técnicas y conocimientos que puedan generar una serie de destrezas que permitan lograr una efectiva comprensión y diagnóstico de situaciones delictivas a fin de prevenir el delito. La gran importancia que se desprende de la sociología del delito tiene que ver con el reconocimiento de que la delincuencia no es sólo un acto individual sino que es, además, un producto social. El conocimiento de la sociología del delito va a ser un factor determinante que permita inmiscuirnos en la política criminal como paso efectivo o decisivo para reducir el delito. El ámbito social es un factor ampliamente desencadenante de situaciones delictivas, en tal sentido el funcionario policial cada día debe compenetrarse y acercarse más a la realidad social, a fin de transformarla, teniendo como bandera el contacto directo con las comunidades para que se materialice la organización social, el control y la prevención del delito.

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De igual manera, la unidad curricular brinda a las y los discentes herramientas que no sólo le permiten prevenir el delito sino también, realizar diagnosis de situaciones delictivas para contribuir en la formulación e implementación de una real y efectiva política criminal que logre disminuir el delito en lo más posible. Los saberes que se abordan son los siguientes: introducción a la sociología del delito, factores explicativos del delito, perspectiva sociológica, formas de criminalidad.

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Encuentro didáctico 1: Enfoque sociológico y factores explicativos del delito. Encuentro didáctico 2: Perspectiva sociológica. Encuentro didáctico 3: Formas de criminalidad.

PROPÓSITO DE LA UNIDAD CURRICULAR La unidad curricular sociología del delito orienta a las y los estudiantes en la reflexión sobre las perspectivas sociológicas que desencadenan la conducta criminal para que las y los estudiantes conozcan el proceso de diagnosis de situaciones delictivas a fin de contribuir en la formulación e implementación de una real y efectiva política criminal que logre disminuir el delito a un mínimo soportable.

Para el estudio de esta unidad curricular se presenta la siguiente estructura: Tres (3) encuentros didácticos donde se desarrollan contenidos con el fin de construir saberes sobre los mismos, estos son: ORIENTACIONES Y RECOMENDACIONES Estimado y estimada estudiante, valorando la importancia que tienes para nuestra Institución, hacemos llegar a tus manos el presente material didáctico, que contiene una serie de actividades a realizar durante el desarrollo de la unidad

13 curricular Sociología del Delito, coadyuvando al empoderamiento de los saberes en cada uno de los encuentros didácticos. Por esta razón, se ha establecido que cada encuentro se desarrolle de manera orientada, creativa y enriquecida con tus aportes vinculados a las experiencias previas del ejercicio de tu función en el servicio de policía, y que para un mayor aprendizaje colaborativo podrás realizar en equipo. En este sentido, te invitamos a:  Leer en detalle la introducción de cada encuentro, pues allí se describen las actividades que desarrollarás durante el proceso de aprendizaje previsto en esta acción formativa.      Ser consciente de tu proceso de formación, reflexionando e investigando sobre cada una de las actividades propuestas. Consultar con tu educador o educadora, el cual siempre estará a tu disposición. Realizar todas las lecturas del material y consultar otras fuentes relacionadas con los saberes abordados en el encuentro. Realizar todas las actividades propuestas de manera progresiva, iniciando con el encuentro didáctico uno y así sucesivamente. No perdamos la oportunidad de vivir la experiencia de compartir nuestras habilidades, fortalezas, dudas, saberes, conocimientos y estrategias de aprendizajes con nuestros compañeros y compañeras.   Mantengamos siempre una actitud responsable y protagónica. Aprovechemos los recursos existentes (biblioteca virtual, laboratorios de informática, material didáctico, libros vivientes, entre otros) para enriquecer nuestro aprendizaje.  Investiguemos sobre los saberes abordados en cada encuentro didáctico, ello permitirá profundizar y tener una visión holística de los mismos al vincularlo con el ejercicio de nuestras funciones.  Por último, mantengamos una actitud favorable para realizar todas las actividades; recordemos que ello implica tener una buena disposición y buen estado de ánimo para emprenderlas.

14 ESTRUCTURA DEL MATERIAL DIDÁCTICO Introducción: En esta parte, se contextualiza cada encuentro, explicando su finalidad y alcance a través de los aspectos a abordar, las relaciones con los demás encuentros e incluso algún antecedente importante que se deba resaltar, para finalmente, expresar el propósito que tiene dicho encuentro en la organización del Material Didáctico. Orientaciones: Cada encuentro tiene las orientaciones específicas que indicarán la manera de abordar las actividades propuestas, en ellas están descritos los pasos a seguir que ayudarán a alcanzar las metas. Actividades: Para efectos de los logros que esta unidad curricular pretende, se establecen actividades que le dan coherencia a los encuentros didácticos, ellos son: Ejercicios teóricos y casos prácticos, lecturas e investigación. Todos se encuentran intercalados en el desarrollo de cada encuentro y, en algunos casos, la actividad final estará acompañada de las respuestas correctas. La finalidad de este apartado es contribuir con la comprensión y facilitar el manejo de las situaciones propuestas. Encuentro Didáctico: En la UNES los encuentros didácticos reflejan las políticas, los principios, fundamentos y bases que le dan sustento al modelo

educativo que rige nuestra institución (Educación Popular), por tanto expresan las orientaciones teórico-metodológicas de la acción educativa, que tienen un propósito claro, vinculado con el saber a desarrollar, que facilitan, orientan e informan de manera secuencial los contenidos de modo que activen los saberes mediante la puesta en práctica de actividades, a fin de provocar la evocación de saberes, la investigación y el análisis crítico reflexivo en las interacciones de aprendizaje. Dorrego y García (2001) y Feo (2009) definen encuentro didáctico como el acercamiento de las y los estudiantes con las estrategias instruccionales inmersas en el material didáctico, trascendiendo así, a los procesos de educativos de ambientes de aprendizaje convencionales a necesidades de aprendizaje donde la interacción presencial continua de las y los educadores (as) y estudiantes no es indispensable para lograr las metas comunes de aprendizaje.

15 Encuentro Presencial: caracterizado en la Política de Administración del PNF Policial como el acompañamiento permanente de las estudiantes y los estudiantes, educadores y educadoras y la comunidad, en diferentes ambientes de aprendizaje. Por ello, la asistencia a los encuentros presenciales es de carácter obligatorio, a fin de cumplir con las actividades de capacitación y mejoramiento profesional. En este sentido, el recorrido de las actividades didácticas que tendremos en los encuentros presenciales, permitirán aclarar dudas, intercambiar y fortalecer los saberes, compartir reflexiones y valorar nuestro proceso de aprendizaje. Evaluación: Se propone asegurar la calidad del proceso de formación que se desarrolla en la UNES, estableciendo la evaluación formativa durante el desarrollo de los encuentros didácticos y la evaluación sumativa en los encuentros presenciales; entendiendo que el proceso de evaluación busca potenciar las habilidades y capacidades desarrolladas por las y los estudiantes en relación con los planteamientos descritos en el encuentro didáctico, con el fin de regular o modificar las acciones pedagógicas propias de la universidad.

16 ENCUENTRO 1: ENFOQUE SOCIOLÓGICO Y FACTORES EXPLICATIVOS DEL DELITO Propósito del encuentro didáctico Que las y los estudiantes reflexionen críticamente sobre los factores que contribuyen a la criminalidad en su comunidad, a fin de generar acciones para disminuir la misma. Estimados y estimadas estudiantes, en este primer encuentro didáctico nos apropiaremos del enfoque sociológico y de los factores explicativos del delito para estudiar los siguientes saberes: factores explicativos del delito, factores que contribuyen a la criminalidad (alcoholismo, estupefacientes, droga) e influencia de la familia en la criminalidad. Para desarrollar los saberes mencionados anteriormente te ofrecemos unas actividades que consisten en lo siguiente: Unas preguntas generadoras de conocimiento, a partir de las cuales, activarás tus saberes previos con respecto a la temática que se va a desarrollar, con el fin de partir de tu realidad, condición histórica y de la toma de conciencia crítica en torno a la misma. Se presentarán varios planteamientos para que evoquemos experiencias y saberes sobre la actuación del delincuente, que nos permita disentir al respecto; seguidamente, se realizará una lectura para reflexionar sobre las perspectivas sociológicas que desencadenan la conducta criminal; y, esto

último ayudará a contrastar las diferentes teorías o perspectivas explicativas del delito, las cuales caracterizan el comportamiento delictivo desde un enfoque sociológico. Al final del encuentro nos encontraremos con una actividad de reflexión escrita en la que deberás aplicar todo lo aprendido durante el encuentro, ésta consta de preguntas con planteamientos sobre los saberes abordados.

17 Actividad 1. El delincuente como objeto del conocimiento científico.

Estimadas y estimados estudiantes, en este primer encuentro abordaremos saberes sobre el comportamiento del y la delincuente, que nos permitirán

contextualizar y dar nuestros puntos de vista acerca de los factores que inciden en determinadas conductas delictivas. Desde la antigüedad, a determinadas conductas se les ha atribuido el término delito, lo que refleja una evolución en el concepto de delito. Lo que sí es obvio es que la tipificación de una conducta como delito, ha servido a la sociedad para controlar dichos delitos. Así, se puede delimitar, describir y reprimir formas de conducta criminal. Los destinatarios de estos tipos de conductas han sido las estratos más bajos de la sociedad. La noción tradicional de delito ha sido un concepto usado lograr la disciplina de esas clases. La personalidad del delincuente siempre ha sido objeto de investigación. Son los factores de la personalidad los aspectos fundamentales en la génesis del delito, lo que hace que la psicología cobre importancia en el estudio de dicho fenómeno social. La Criminología reconoce al delincuente y dice cómo se le debe combatir. Todos los estudios se han centrado en la figura del delincuente; se ha tratado siempre de buscar la justificación de la delincuencia en caracteres patológicos; se ha buscado algo que distinga al criminal de quien no lo es. En base a estas líneas y con los conocimientos que tenemos como funcionarios y funcionarias policiales respondamos las siguientes interrogantes:

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1. ¿La delincuencia es un fenómeno social? Explique __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ _________________________________________________________________ 2. ¿Cómo influye la delincuencia en las comunidades? __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ _________________________________________________________________

3. ¿Según tu experiencia cuáles factores de las comunidades contribuyen al fenómeno delictivo? __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ _________________________________________________________________

19 Actividad 2. Lectura: Introducción a la sociología del delito. ¡Leamos con atención!

La sociología criminal. Según Enrico Ferri, la Sociología Criminal es una ciencia de observación positiva que, fundándose en la Antropología, la Psicología y la Estadística Criminal, así como en el Derecho Penal y los Estudios Penitenciarios, estudia sintéticamente los delitos y las penas. La Sociología Criminal estudia la relación entre el autor del delito, como sujeto activo, y la sociedad. Esta ciencia estudia el acto delictuoso como un acto puramente objetivo. La Sociología Criminal se diferencia de la Sociología General en que, mientras la primera se ocupa únicamente del fenómeno de la criminalidad, la segunda estudia, en términos generales, todos los fenómenos que influyen y modifican el desarrollo y progreso evolutivo de la sociedad. Además, la Sociología Criminal se auxilia de: la Antropología Criminal, Etnografía, Psicología Criminal, Psiquiatría, Neurología y de la Estadística Criminal, base ordinaria y eficaz de todas las observaciones sociológicas. 1 Factores explicativos del delito. Antecedentes
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Zambrano, F. (2010). Criminología. Editorial Atenea. Caracas: Venezuela. Pág. 77-78.

20 El nacimiento de la criminología como disciplina de una relativa autonomía debe vincularse necesariamente al espacio histórico-cultural en el que nace y se desenvuelve el positivismo. Por un lado, esa vinculación debe hacerse con la llamada Filosofía Positivista y, más propiamente, con la Sociología, como se conoció a la physique sociale que creó Auguste Comte (1798-1857). El desarrollo ulterior de los estudios e investigaciones socio-criminales hasta llegar al estadio actual, en el que se ha conformado una clara posición de revisión y crítica de la Sociología Criminal Académica de cuño estructural-funcionalista, constituye un proceso que es necesario referir, si lo que se pretende es la comprensión racional de semejante crítica. La complejidad de los problemas sociales hizo que la Sociología fuese perdiendo el dominio global que ejercía sobre los fenómenos particulares. Estos, en consecuencia, asumieron dimensiones propias, originando las diversas disciplinas sociológicas cuyas autonomías quedaron en evidencia una vez que lograron la independencia del análisis de sus problemas particulares y la definición de los métodos para sus respectivos tratamientos. Nace así cada una de las ciencias sociales. Sin embargo, queda en pie la cuestión relacionante que proviene de la misma evolución de las disciplinas particulares, cuestión que se define en términos epistemológicos y que corresponde, en lo fundamental, a la antigua demanda por las bases, instituciones y organismos de la sociedad. Con Enrico Ferri (1856-1929), la denominación de Sociología Criminal adquiere vida propia. El merito principal de Ferri fue trasladar la ciencia del Derecho Penal de una consideración del delito como fenómeno particular en sí mismo, a la del delito como expresión de un aspecto necesario en su negatividad. No más Derecho, no más Antropología, no más Psicología, sólo Sociología Criminal; es decir, no más el delito en relación con determinados fenómenos más o menos complejos de la vida social, sino el delito en relación con toda la vida y toda la realidad, en la cual se buscan, precisamente, las raíces profundas e infinitamente múltiples de la acción humana en general y de la acción delictiva en particular.

21 Los criterios fundamentales de los que parte Ferri en sus investigaciones son los correspondientes a la Antropología Criminal y la Estadística. Mediante la primera, se demostraría la “anormalidad” del delincuente, que proviene de factores orgánicos y psíquicos, hereditarios y adquiridos. A través de la segunda, se demostraría que el aumento o la disminución de los delitos –así como su aparición o desaparición- dependen de razones diversas o más profundas que las penas de los códigos. Por medio de estas dos series de criterios se pudiera identificar todos los “factores” del delito, que Ferri simplifica en tres clases fundamentales: factores “antropológicos”, “físicos” y “sociales”.2 Factores que contribuyen a la criminalidad. Los estudios de Criminología demuestran que la criminalidad resulta favorecida por diversas causas, entre las cuales se pueden mencionar: la pobreza, la familia, la prostitución, la impunidad, el alcoholismo, las drogas, las toxicomanías, entre otras. Tales causas de la criminalidad serán objetos de análisis a continuación. El alcoholismo. La Organización Mundial de la Salud (OMS), define el alcoholismo como un trastorno conductual crónico manifestado por repetidas ingestas alcohólicas excesivas, respecto a las normas dietéticas y sociales de la comunidad, y que acaban interfiriendo en la salud o las funciones económicas y sociales del bebedor. La enfermedad se caracteriza por la necesidad patológica de ingerir alcohol; ausencias o pérdidas del conocimiento durante la intoxicación; dependencia psíquica y física muy acentuada, sobre todo después de la ingesta; y, la imposibilidad de abstenerse ante el deseo de control después del inicio. 3 El alcoholismo como causa de la criminalidad

2

Bergalli, R, Bustos Ramírez, J y Miralles, T. (1983). El pensamiento criminológico. Editorial Temis. Bogotá: Colombia. 3 Zambrano, F. (2010). Criminología. Editorial Atenea. Caracas: Venezuela. Pág. 80-81.

22 La bebida es un factor que incide sobre la criminalidad, dado que en muchos casos de alcoholismo agudo, se cometen delitos que en circunstancias normales jamás se habrían producido. Por otra parte, el alcoholismo crónico es un factor que contribuye a la criminalidad, y, al mismo tiempo, es un desencadenante de enfermedades mentales graves. El grado de atracción que el alcohol ejerce en los individuos es variable; mientras que, en algunos pocos casos, produce aversión o repugnancia, en otros ejerce una poderosa atracción que conduce a la dependencia. En cuanto a la tolerancia o resistencia a caer en estado de embriaguez, es de destacar que existen personas con un gran nivel de tolerancia frente al alcohol, en el sentido de que pueden ingerir grandes cantidades sin sufrir grandes alteraciones corporales o psíquicas, mientras que existen otros con muy baja tolerancia, quienes se embriagan tomándose una o dos copas. Otro aspecto a considerar, además de la cantidad, es la calidad de la bebida ingerida. Existen algunas bebidas que embriagan más rápidamente que otras, como es el caso de las bebidas destiladas; mientras que en relación a otras, como el vino y la cerveza, que son de bajo contenido alcohólico, el proceso de embriaguez es mucho más lento. El individuo debe ingerir grandes cantidades de cerveza para emborracharse, en tanto que con unas pocas copas de vodka o de aguardiente puede alcanzar el mismo nivel. Alcoholismo y criminalidad. El alcohol por sí solo no ha de considerarse como una única causa de la ejecución del delito, sobre todo si éste es grave. Existen siempre otras concausas que inciden en el delito, en el cual la ingesta alcohólica no es más que uno de los factores que contribuyen a su producción. Esto es así porque en ciertos individuos existe una predisposición individual a cometer delitos y la ingesta alcohólica en ellos no es más que un factor causal. Es preciso tener en cuenta que no siempre la ingesta alcohólica lleva al individuo a cometer el delito. Ahora bien, en los delitos culposos, la ingesta alcohólica sí tiene un peso determinante, al punto de

23 que en materia de tránsito terrestre se presume la culpabilidad del conductor que en el momento del accidente se hallaba bajo los efectos de bebidas alcohólicas o de sustancias estupefacientes. Esto debido a que la ingesta alcohólica afecta los niveles de atención, coordinación y memoria del conductor, haciéndolo propenso a sufrir accidentes. El alcoholismo se puede definir, como un trastorno psíquico temporal de carácter tóxico que altera los procesos cognoscitivos y disminuye el control voluntario de los actos. Desde el punto de vista penal, la embriaguez puede ser considerada como circunstancia atenuante o agravante, según las circunstancias. En referencia a esto, el artículo 64 del Código Penal, establece: “Si el estado de perturbación mental del encausado en el momento del delito proviniere de embriaguez, se seguirán las reglas siguientes: 1. Si se probare que, con el fin de facilitarse la perturbación del delito, o preparar una excusa, el acusado había hecho uso del licor, se aumentará la pena que debiera aplicársele de un quinto a un tercio, con tal que la totalidad no exceda del máximum fijado por la ley a este género de pena. Si la pena que debiere imponérsele fuere la de presidio, se mantendrá esta. 2. Si resultare probado que el procesado sabía y era notorio entre sus relaciones que la embriaguez le hacía provocador y pendenciero, se le aplicarán sin atenuación las penas que para el delito cometido establece este código. 3. Si no probada ninguna de las dos circunstancias de los dos

numerales anteriores, resultare demostrada la perturbación mental por causa de la embriaguez, las penas se reducirán a los dos tercios, sustituyéndose la prisión al presidio. 4. Si la embriaguez fuere habitual, la pena corporal que deba sufrirse podrá mandarse a cumplir en un establecimiento especial de corrección. 5. Si la embriaguez fuere enteramente casual o excepcional, que no tenga precedente, las penas en que haya incurrido el encausado se

24 reducirán de la mitad a un cuarto, en su duración, sustituyéndose la pena de presidio con la de prisión. Estupefacientes. El consumo frecuente de estupefacientes produce en el individuo lo que se conoce como una toxicomanía. El término “toxicomanía” proviene del griego “toxicon”, que significa “veneno”, y del latín “manía”, que denota un estado de locura caracterizado por delirio y agitación. Es decir, etimológicamente, la toxicomanía sería una alteración mental que induce al individuo al consumo de una sustancia tóxica. El comité de Expertos de la Sociedad de las Naciones, en 1957, afirmó que la toxicomanía es un estado de intoxicación periódica o crónica, provocada por el empleo reiterado de ciertas sustancias tóxicas. La Organización Mundial de la Salud sugiere substituir el término toxicomanía por dependencia, que resulta mucho más apropiado. Dicha organización establece siete tipos de dependencia, que son las siguientes:  Dependencia morfínica;  Dependencia cocaínica;  Dependencia cannábica;  Dependencia anfetamínica;  Dependencia alucinógena;  Dependencia alcohólica. Un narcótico o estupefaciente es una sustancia medicinal que, por definición, provoca sueño o estupor; y, en la mayoría de los casos, inhibe la transmisión de señales nerviosas asociadas al dolor. El grupo de los narcóticos comprende gran variedad de drogas con efectos psicoactivos, aunque terapéuticamente no se usan para promover cambios en el humor, como analgesia, anestesia, efectos antitusivos, antidiarreicos, entre otros. No obstante, estas drogas son, a menudo, desviadas del circuito legal, y usadas como euforizantes. Algunos narcóticos son

25 anestésicos como el éter, cloroformo y ciclo-propano; pero, estos, en su mayoría, son agentes de la clase de los opioides. Otros narcóticos son la marihuana o cáñamo, el clorhidrato de cocaína y la dietilamida de ácido lisérgico. 4 Delitos relacionados con drogas. Los delitos relacionados con las “drogas” pueden clasificarse en: 1) los que se responden a la “necesidad” de conseguirla, condicionada por la sujeción del individuo a la droga, es decir, por la dependencia; y 2) los delitos de tráfico ilícito previstos en la Ley Orgánica contra el Tráfico y Consumo de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas. Delitos bajo la influencia de la droga. Las características de las modalidades de los delitos asociados a las drogas guardan, generalmente, relación con el efecto que la acción tóxica de la droga produce en el sujeto. Serán actos violentos, cargados de agresividad, cuando se esté bajo la influencia de una droga estimulante, que se traducirán en homicidios, lesiones, violaciones, robos, entre otros. Bajo la acción de los depresores, es poco probable la comisión de delitos violentos, habida cuenta del efecto de tales drogas sobre el individuo. Las personas se encuentran generalmente aletargadas, evadidas de la realidad, y en ese estado de ensoñación, nada que sea ajeno al submundo en el que están inmersos, les importa. Sin embargo, los adictos a los opiáceos son muy peligrosos en estados de abstinencia. Los barbitúricos, en su cuadro de intoxicación aguda, pueden generar automatismos que llevan por este mecanismo a la comisión de delitos, y, también a la propia muerte, al seguir ingiriendo la droga automática e inconscientemente hasta llegar a la dosis letal no deseada voluntariamente (falsos suicidas). Las perturbaciones perceptivas producidas por los alucinógenos, ya sea por sí mismas o generadoras de delirios de distinto contenido son frecuentes causas de
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Zambrano, F. (2010). Criminología. Editorial atenea. Caracas: Venezuela. Pág. 82-89.

26 delito: desde el conductor alucinado quien provoca un accidente fatal hasta la persona quien mata ante visiones terroríficas y amenazantes.. Los estados delirantes motivados por las drogas intervienen en la psicogénesis delictiva de la misma manera cómo ocurre cuando dichos estados responden a otra etiología. Cabe observar que resulta frecuente los casos de autoagresión, la cual conduce al individuo al suicidio. En estos casos, la agresividad es dirigida hacia el mismo adicto, quien regularmente se muestra, en el trance, embargado por una gran ansiedad. Mientras que un cocainómano, por ejemplo, preso de una alucinación visual enfrenta el “peligro” y no duda en atacarlo. Otros “drogados” se fugan aterrorizados frente a la amenaza y pueden arrojarse por la ventana (psicosis alucinógena). Existen casos donde la muerte aparenta un suicidio. Algunas individuos al sentirse omnipotentes por el efecto de la droga, no vacilan en colocarse en situaciones inequívocamente suicidas. Tal el caso de una adolescente quien se detuvo en el medio de una avenida muy transitada con sus brazos en alto con la intención de detener el tráfico que circulaba en ambas direcciones. Delitos por omisión también pueden ser originados por las drogas, ya sea por el efecto propio de las depresoras, o el paradójico de los estimulantes. La asociación de drogas con el alcohol potencia el efecto criminógeno, pudiendo llegarse a niveles de extremada peligrosidad en psicópatas, epilépticos, postraumatizados cráneo-encefálicos, entre otros. Es de comentar que en un estudio elaborado por las profesoras Teresa Salazar y Elizabeth Torres, de la Universidad de Los Andes, titulado Droga y homicidio, elaborado en 2001, el 64% del total de entrevistados manifestaron que al cometer el delito se encontraban bajo la influencia del alcohol, 12% se encontraban bajo la influencia de otras drogas, y 24% no respondieron, lo que es indicativo que en

27 Venezuela, la comisión de delitos bajo el efecto del alcohol es mucho mayor que bajo el efecto de las drogas en general. Merecen especial atención, por la importancia médico-legal y psiquiátricoforense que tienen, los delitos que pueden ser cometidos durante el efecto flash back, o sea, la reaparición de los síntomas psíquicos propios de la intoxicación aguda sin participación de la droga, hasta varios meses después del último consumo. Se produce así una reviviscencia de la situación ocurrida tiempo atrás, con las mismas posibilidades en el campo criminólogo abocado al estudio de la génesis delictiva. Sabemos que el organismo sufre las modificaciones específicas que la acción de las drogas le genera; y, en tal sentido, se producen sus efectos, pero éstos pueden ser paradójicos y contrarios a los esperados, eventualidad que siempre se debe considerar para efectuar la correcta valoración de los hechos. Si una persona, por ejemplo, toma anfetaminas próximamente a la iniciación de un viaje, lo hará con el objeto de disminuir la sensación de fatiga y evitar dormirse en la ruta; sin embargo, podrá generar un accidente al perder el control del vehículo, como consecuencia de un resultado contrario al deseado. En los accidentes de tránsito es necesario investigar la incidencia etiológica de las drogas. En muchos casos, las modalidades de los accidentes y las actitudes incongruentes de los conductores inducen a pensar en la participación tóxica, ratificación que se obtiene mediante las peritaciones pertinentes, debiendo procederse de igual manera con las víctimas, que pudieron serlo por la misma causa. Delitos relacionados con la obtención de droga. El hábito, o sea, la adaptación del organismo a la droga y a la etapa subsiguiente de dependencia, es decir, cuando ya se está sujeto a ella, psíquica o psicofísicamente, hacen que el adicto trate de conseguirla a cualquier precio, sin medir las consecuencias. Cuando es presa del síndrome de abstinencia y padece la dramática sintomatología de la carencia, que puede ser suprimida sólo con la

28 administración de una nueva dosis, el hambre de droga –la necesidad de consumirla- lo enfrenta con una dramática situación que debe resolver sin demora, y el delito violento, caracterizado por su impulsividad y agresividad, puede ser la única alternativa para obtenerla. Son frecuentes los robos, hurtos, fraudes, estafas, asaltos, falsificación de récipes médicos, malversaciones, calumnias, chantajes, entre otros, para obtener la droga. Generalmente, los adictos a las drogas intentan no ejercer violencia contra las personas, pero cuando la situación supera esa posibilidad, llegan a cometer lesiones y homicidios. En un estudio de la profesora Teresa Salazar (2009), de la Universidad de Los Andes, se asevera lo siguiente: Se puede inferir que debido a la dependencia física y psíquica y/o el síndrome de abstinencia que le ocasiona el uso de sustancias altamente adictivas como la cocaína, heroína, marihuana y alcohol, los drogadependientes se introducen en “el negocio de las drogas” para mantener su consumo. Llama la atención que la mayoría de los entrevistados niegan el delito, y manifiestan que la droga incautada “era de su pareja, amigos, familia”; “se la sembraron” o que “no cometió ningún delito”. En relación a lo expuesto anteriormente, contrarios son los resultados obtenidos en un censo realizado a la población femenina del Centro Penitenciario Región los Andes, en el que se halló que la necesidad económica era el principal motivo para cometer un delito. Además, dicho censo arrojó que algunos de los sujetos en estudio, una vez descubierto sus delitos y con la finalidad de evitar las sanciones penales, se muestran como víctimas, negando su participación en el mismo y culpando a los organismos del Estado. Para la mayoría de las personas que usan indebidamente sustancias tóxicas, además de presentar un problema individual y familiar, éste trasciende hacia lo social, debido a su repercusión en la producción y

29 venta ilícita de drogas. Un aumento en la comisión de delitos cometidos, a fin de conseguir el dinero necesario para adquirir las drogas, se observa en el 94,9% de los casos. Esto indica que la mayoría de las personas evaluadas, no presenta trastornos para el momento de la evaluación que los hagan inimputables. En sus conclusiones, Salazar (2009) expresa lo siguiente: La muestra total de los 50 sujetos (hombre y mujeres) se caracterizó porque la mayoría son hombres solteros. Se observa que los organismos competentes solicitaron con mayor frecuencia peritajes psiquiátricos a sujetos varones jóvenes. De alguna manera la falta de culminación exitosa de la escolaridad es un factor de riesgo en este grupo estudiado. Se sabe que la educación es un vehículo de ascenso social y no todos lo logran. La mayoría no presentó síntomas conductuales, funcionales tampoco cognitivos, afectivos, ni sensoperceptivos para el momento de la evaluación.5 En estas circunstancias, la delincuencia puede ser individual o asociada, siendo frecuente que se organicen grupos e integren bandas entre jóvenes adictos para conseguir la droga, ya sea robándola, directamente, en farmacias y droguerías; u, obteniendo, mediante el delito, dinero para adquirirla de los traficantes, soliendo ser los familiares y amigos las primeras víctimas de tales sustracciones. El adicto, inmerso en una degradación física, psíquica y moral, participa en cualquier proyecto para procurarse la droga, que llega a ser su principal y única preocupación, resultando así víctima de delitos. Comete actos que resultan perjudiciales a sí mismo, transformándose en presa fácil y codiciada de traficantes y usureros. En oportunidades la sugestión y la abulia que caracteriza a los consumidores de drogas, son aprovechadas por delincuentes habituales, quienes instigan a los
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Salazar. (2009). Experticia psiquiátrica en delincuentes por drogas. MedULA 18: 56-64

30 a los primeros a participar en delitos, mientras los últimos se mantienen al margen del hecho, a la espera del botín. Es frecuente que se les emplee como mulas para introducir la droga en otros países.6 Influencia de la familia en la criminalidad Para Zambrano7 (2010, p. 128), la familia juega un papel directo en la etiología de la delincuencia juvenil, según apunta Jean Pinatel. Frecuentemente, la reacción delictiva surge a partir de una situación familiar conflictiva, pero, independientemente de ese papel directo, la familia de origen interviene en la formación de la personalidad del individuo. Esta perspectiva debe ser estudiada considerando su nivel socioeconómico, su estructura, composición, dimensión y valor, aunque a menudo sea difícil distinguir, en los datos acumulados, los aspectos que se refieren a la etiología de la delincuencia juvenil y aquellos que conciernen a la formación de la personalidad del delincuente. Como resultado de tales investigaciones en adolescentes, Pinatel llega a las dos conclusiones principales: En lo que atañe al nivel socioeconómico de los padres, mientras más bajo es el peldaño, mayor es la frecuencia de delitos primarios y de reincidencia en menores. Este predicado es válido, tanto en adolescentes como en adultos transgresores; En los países desarrollados, mientras los hijos de industriales, banqueros y grandes comerciantes, tienen una incidencia delictiva por debajo del 1%; los hijos de los profesionales liberales, altos funcionarios privados y públicos, el porcentaje es ligeramente mayor, aproximándose a 2%; mientras que en los hijos de obreros (calificados, especializados y braceros), el índice se eleva al 69%. Según Crespo y Birkbeck, citado por Zambrano (2010), en un estudio de la Universidad del Zulia, a partir de la década de los años setenta, en el ámbito familiar, se demostró una creciente crisis institucional, expresada por la
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Zambrano, F. (2010). Criminología. Editorial Atenea. Caracas: Venezuela. Pág. 109-115. Idem.

31 disminución de la credibilidad de los patrones tradicionales de la familia, que se manifestó, porque las personas comenzaron a abandonar los canales culturales y legales regulares, seguidos hasta entonces, para formar una familia. La mayoría de los individuos recurrían a medios pocos aptos para constituir sus familias y asegurar la vigilancia de la prole. El modelo familiar tradicional de padre y madre, en el que el primero era el sostén del hogar y la segunda, el ama de casa encargada de la vigilancia y control de los hijos, fue sustituido por aquel en el que la madre hace el papel de padre y madre al mismo tiempo, porque trabaja y mantiene a sus hijos sin contar con el apoyo del padre; o, por un matrimonio en el que la mujer no actúa únicamente como el ama de casa, sino que comparte con el marido la responsabilidad de proveer con su trabajo lo necesario para el sustento del hogar, relegando, ambos padres, la responsabilidad de asegurar la disciplina en el hogar a un familiar o empleado doméstico encargado de supervisar las tareas escolares y vigilar a los niños. Ambas maneras de convivencia familiar son inadecuadas para la vigilancia y control de los miembros del grupo familiar, según apuntan los autores antes citados. La estructura familiar tiene gran influencia en el individuo delincuente. Según Zambrano (2010, p.130), Pinatel refiere que Lombroso se impresionó por el elevado número de delincuentes quienes eran hijos ilegítimos, huérfanos o quienes venían de una familia disfuncional. Es natural –decía Lombroso- que la mala educación, más que el abandono, ejerza una deplorable influencia sobre el delito. Estos datos revelados por Lombroso, resultan comprobados por los estudios estadísticos de Estados Unidos y Francia. En este sentido, Pinatel, citado por Zambrano (2010), señala el estudio Shaw y McKay, quienes compararon niños delincuentes con escolares americanos de la misma edad, provenientes de hogares bien constituidos, y encontraron que 42,5% provenían de familias disfuncionales y 32% de familias de padres divorciados, por lo que concluyeron que en la delincuencia tiene mucho que ver la estructura hogareña. Iguales

32 resultados se obtuvieron en Francia, donde el 45% de los delincuentes proviene de familias de origen disociadas. Otro factor a considerar es la movilidad del medio a consecuencia de la estructura inadaptada de la familia de origen. Se observa que la mitad de los menores incursos en delitos primarios o reincidentes han estado sometidos a cambios continuos de ambiente. La composición de la familia, con relación al individuo, también tiene incidencia en la delincuencia. Así, por ejemplo, el hijo único está más expuesto a ser miedoso, ansioso o egoísta. El hijo único varón entre las hembras, es susceptible de hacerse demasiado afeminado o proclive a exagerar sus características masculinas. De igual manera, la hija única hembra entre varios varones, tiende a hacerse marimacho o exageradamente femenina. Los valores morales de la familia inciden sobre los menores y adultos delincuentes. Se miden factores tales como el valor afectivo de la familia: la ternura, la antipatía, la situación de inferioridad, entre otros. El valor educativo es también de bastante peso, cuando la educación es activamente mala, cuando existe amoralidad y delincuencia de parte de los padres. El hábitat y el vecindario también ejercen una notable influencia sobre el individuo, lo cual depende obviamente del nivel socioeconómico de los padres, y se concluye señalando que tanto la delincuencia como la inadaptación juvenil en general se localizan en los bloques insalubres y en los barrios obreros. 8 Factores criminógenos de origen familiar El hogar desecho Para cumplir su función socializadora, el hogar debe contar con un padre y una madre. El primero, a quien como mínimo le corresponde proveer lo necesario para el sustento familiar, además de asumir el papel disciplinario en la formación de los hijos en el ambiente hogareño, ofreciéndoles el cariño y la comprensión. Si alguno
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Zambrano, F. (2010). Criminología. Editorial Atenea. Caracas: Venezuela. Pág. 128-131

33 de los padres falta, la capacidad educativa del hogar queda determinada. Pueden darse tres situaciones distintas según la razón que llevó al rompimiento. Muerte de uno o de ambos padres Esta situación se traduce en falta de cariño y de disciplinas familiares, desequilibrio emocional y aun biológico, crisis económica, entre otros. Abandono o deserción El hecho puede ser voluntario, como cuando resulta de la falta de comprensión entre los padres y la vida familiar se torna intolerable; pero, también, puede darse por causas ajenas a la vida familiar, como es la enfermedad o incapacidad de uno de ellos. El divorcio Otra de las razones para que se rompa la estabilidad del hogar, es el divorcio o ruptura legal del vínculo matrimonial. Generalmente, el divorcio conlleva a la separación del padre del hogar común, quedando los niños al cuidado únicamente de la madre. Dicha separación afecta gravemente la formación de los hijos, quienes, a menudo, se sienten deprimidos por la ausencia del padre; y, tienden a atribuirse la culpa de dicha separación. Ese desajuste familiar tiene una gran incidencia en las conductas desviadas de algunos adolescentes, las cuales, en medio de su rebeldía, los lleva a incurrir en transgresiones de muy variado orden. Hogares no bien integrados Para cumplir su función socializadora, el hogar debe estar material y espiritualmente integrado. De allí que cuando existen conflictos culturales que dificultan la comprensión entre los miembros de la familia, en la cual puede darse el caso de hijos con mayor cultura que la de los padres, a quienes desprecian o desobedecen por ese motivo, surgen profundas discrepancias que se verán reflejadas en el comportamiento de los adolescentes. El hogar criminal

34 Como hemos venido señalando, el hogar ejerce una gran influencia sobre los hijos, sobre todo en el proceso de socialización; es decir, en su integración a la sociedad, proceso en el cual la escuela, también, tiene gran participación como institución formadora de los niños. De allí que cuando en la familia existe un ambiente delictivo o alguno de sus miembros es un delincuente declarado, tal comportamiento se pudiera reflejar en los niños, quienes, en algunos casos, imitan esa conducta desviada de los padres, tíos o hermanos mayores, y terminan incursionado tempranamente en el mundo del delito. En estos casos, es indispensable la intervención del Estado, con el objeto de proteger la integridad del menor y corregir a tiempo esas conductas desviadas, a través de algunos de los mecanismos previstos en la LOPNA. Indisciplina familiar La disciplina familiar es un factor que tiene incidencia en el comportamiento delictivo de los hijos, quienes, en algunos casos, son víctimas de exceso de disciplina de los padres, inclusive de maltratos desproporcionados; y, en otros, de la falta absoluta de normas de disciplina en el hogar, afectando en ambos casos el proceso de integración del individuo en la sociedad. Ambos modelos paternos son indeseables. Tanto la sobreprotección como el abandono afectivo de los padres o la falta absoluta de dirección y disciplina, tienen influencia en los patrones delictivos de ciertos individuos. Burt encontró que en el 25% de los dementes juveniles ingleses, estudiados por él, existía el antecedente de disciplina hogareña laxa; y en el 10%, de disciplina demasiada estricta.9 ¿Es la pobreza una causa de la criminalidad? Otro elemento con una notable incidencia sobre la criminalidad, es la pobreza. Sin embargo, no faltan quienes sostengan que esas conclusiones no son del todo válidas, porque los pobres, que en general se inclinan por cometer delitos violentos, resultan más fáciles de descubrir y probar que los delitos de cuello blanco (fraudes), que son los que más comúnmente cometen los integrantes de las clases acomodadas. También, existen diferencias notables generadas por los
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Zambrano, F. (2010). Criminología. Editorial Atenea. Caracas: Venezuela. Pág. 146-148

35 recursos económicos poseídos por unos y otros, dado que los delincuentes de las clases acomodadas pueden servirse de abogados muy hábiles que logren evadir la acción de la justicia o servirse de influencias sobre las autoridades para librarse airosamente de los asuntos. Por eso, es que se dice por allí que las cárceles están llenas de pobres. En las sociedades industrializadas, la delincuencia se da frecuentemente en lo que podría llamarse pobreza relativa o sea la insuficiencia de los medios para satisfacer necesidades y ambiciones. Así, es frecuente que ocurran delitos que obedecen al ansia de figuración, al lujo desmedido, más que a la pobreza, tal como concebida. La pobreza relativa se da en quienes tienen lo suficiente para vivir, pero se sienten que hay un abismo entre lo que tienen y lo que aspiran poseer. La codicia se convierte, en estos casos, en el impulso principal que los anima a cometer delitos. Esta situación es particularmente notoria hoy en día, en una sociedad consumista, en la cual la propaganda sensibiliza al individuo y despierta en él deseos de gastar, de vivir como los ricos, de darse toda clase de gustos, de poseer riquezas que están fuera de su alcance, pero que le servirían para aparentar ser más que los demás. Esta pobreza relativa o de inconformidad con el estatus social y económico al afán de riqueza, se da también en las sociedades ricas, en las que los pobres constituyen, a veces, una minoría muy pequeña. La pobreza opera a través de la mala calidad de vida con todas sus consecuencias dependientes, como son la desnutrición, disgregación de la vida familiar, carencia de descansos adecuados, pocas posibilidades de progreso cultural, enfermedades que no son bien combatidas. Prosperidad y delito Se ha comprobado que tanto la pobreza como la prosperidad social e individual provocan el incremento de cierto tipo de delitos. Ya, Lombroso hacía notar que el buen salario elevaba el consumo alcohólico entre los obreros; y, a que cometieran, por tal razón, mayor cantidad de delitos

36 violentos. También, este autor observó que la riqueza posee su criminalidad peculiar, pues ofrece determinadas oportunidades y especiales incentivos entre los cuales no deben descuidarse las mayores probabilidades de impunidad. Las estafas, las defraudaciones, los fraudes, en general, son más frecuentes entre personas de mayores recursos, porque en el mundo oneroso existen más oportunidades para cometerlos. Por otra parte, es en las clases económicamente más poderosas, en las que tienen lugar las conductas que atentan contra el ejercicio de la libre competencia, que impiden u obstaculizan la entrada o permanencia de empresas, productos o servicios en todo o en parte del mercado; la manipulación de los factores de producción, distribución, desarrollo tecnológico o inversiones en perjuicio de la libre competencia; convenios inter-empresariales para restringir la libre competencia, como es, por ejemplo, la creación de carteles, en los cuales un número limitado de grandes empresas controlan la totalidad del mercado, entre otras situaciones.

De igual modo, es frecuente la comisión de delitos en perjuicio de los usuarios y consumidores, como es el caso del acaparamiento, la especulación, el boicot, la alteración fraudulenta de precios, la alteración fraudulenta de condiciones de oferta y demanda, y, el contrabando de extracción, que consiste en desviar los bienes declarados de primera necesidad de su destino original autorizado por el órgano o ente competente, así como extraer del territorio nacional dichos bienes cuando su comercialización esté circunscrita al territorio nacional. En ese mismo género de ilícitos se distinguen la usura genérica, que consiste en obtener en una

37 negociación una ventaja desproporcionada por la prestación de bienes nocivos para la salud, la alteración de la cantidad, peso o medida de bienes o servicios. Todos estos delitos reseñados son sancionados por la Ley para la Defensa de las Personas al Acceso a los Bienes y Servicios o Ley del INDEPABIS, como

también se le conoce. Está comprobado, igualmente, que en las etapas de auge económico es cuando florecen las pandillas de delincuentes. Este fenómeno se puede explicar señalando que durante esos períodos de bonanza económica existen más oportunidades de dinero fácil y menos desconfianza de parte de las personas de altos ingresos. Confianza que se pierde durante los períodos de recesión económica, en los cuales las personas se sienten menos seguras de lo que tienen, y, por lo tanto, disminuye la tranquilidad. Algunos autores consideran que el hecho de que el delito descienda durante épocas de prosperidad y ocurra en menos proporción en las clases acomodadas y ricas puede corresponder a una tendencia general de la realidad; pero, también, se debe, en buena parte, a fallas estadísticas (subregistro) y a que la policía y jueces son menos estrictos en épocas de prosperidad, y sobre todo a la hora de castigar a los ricos y poderosos.10 Factores situacionales del delito Los factores que impulsan el delito se dividen entre los que actúan a escala social, en general, y los que actúan a escala personal o individual. Entre los factores situacionales de orden general, está en primer término el medio ambiente, que según Seeling, tiene influencia considerable en el desencadenamiento del acto porque actúa, sea obstaculizándolo, sea

estimulándolo. Sin embargo, para que la instigación del medio sea eficaz, éste debe causar en el sujeto una disposición para llevar adelante la acción, la cual tendrá, desde luego, el sello personal del sujeto activo, teniendo el destino y el

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Zambrano, F. (2010). Criminología. Editorial Atenea. Caracas: Venezuela. Pág. 151-154

38 azar frecuentemente un papel decisivo en el encuentro entre el hombre y la instigación del ambiente. Entre esos factores predisponentes del medio ambiente se destacan los factores económicos, a saber: la miseria, el desempleo, el fácil acceso a los bienes, por ejemplo, el cajero deshonesto quien decide sustraer dinero del depósito en efectivo hecho por un cliente, siendo favorecida la acción delictiva por la función que ocupa en la empresa donde trabaja; los conflictos amorosos, que pueden dar lugar a una reacción agresiva de parte del cónyuge quien se entera de la infidelidad de su pareja o quien alentado por los celos decida quitarle la vida o suicidarse; las tentaciones sexuales, que se ven facilitadas, por el hecho de convivir el violador y la víctima en una misma casa; la provocación de la víctima, situación que ocurre, por ejemplo, cuando una persona arremete contra otra a los puños y resulta gravemente herido con la golpiza que le propina su contrincante. En ese último caso, ha sido la propia víctima quien ha provocado la riña, obteniendo la peor parte. Igualmente, son factores predisponentes del medio ambiente, el alcohol, cuyo consumo aumenta los fines de semana, especialmente en los barrios populares y en el campo, lugares en los que los trabajadores se reúnen u organizan reuniones familiares y se generan peleas y agresiones con muertos y lesionados provocadas por la ingesta alcohólica que predispone en ciertos individuos a la violencia; las alteraciones en el ánimo que genera el consumo de drogas, por ejemplo, el éxtasis, cuyos efectos son parecidos a los de las mentafetaminas, y que en ciertos individuos pueden potenciar el deseo sexual. Según explica Pinatel, los factores situacionales deben ser identificados respondiendo a las siete siguientes preguntas: ¿Quién?, ¿Cuándo?, ¿Qué?, ¿Dónde?, ¿Con qué?, ¿Por qué?, ¿Cómo? y, ¿Cuándo? El quién viene referido a la víctima, cuyos aspectos serán estudiados separadamente.

39 El qué viene referido al objeto del delito. Ciertos objetos son más fáciles de apropiar que otros, en razón de su tamaño (joyas), exposición (mostrador), concentración (por hallarse, por ejemplo, en un depósito o almacén), por el interés económico (alimentos durante los períodos de escasez), dinero en efectivo, en períodos de estabilidad monetaria, entre otros. El dónde se refiere al lugar donde ocurre el hecho. Los sitios aislados, poco iluminados y de difícil acceso, facilitan la perpetración y el ocultamiento de los delitos. De la misma manera, los lugares muy concurridos favorecen la acción de los carteristas. El con qué se refiere al instrumento del delito. Las facilidades para acceder a las armas de fuego facilita la comisión de los delitos violentos, como son el asesinato, el crimen por encargo, el robo, entre otros. El por qué se relaciona con el motivo que genera la conducta delictiva, los móviles que lo llevan a ejecutar la acción. Los motivos pueden estar relacionados con la conducta amorosa del delincuente, la codicia, los celos, la ira, la embriaguez, entre otros elementos. El cómo tiene que ver con las modalidades de ejecución del delito, en lo cual tienen que ver las circunstancias en que se encuentra el delincuente. Por ejemplo, la facilidad del empleado doméstico de apoderarse de una joya que guarda la dueña de la casa en un joyero; el descuido de un cajero que le entrega por error al cliente del banco una cantidad mayor de la que le corresponde y éste recibe la totalidad del dinero; el hijo que destruye el testamento dejado por el padre que instituye como legatario de un bien de gran valor a otra persona, para apropiarse de la totalidad de los bienes que conforman la herencia. Estas circunstancias favorecen la comisión del delito y hacen extremadamente fácil la ejecución sin ser descubierta.

40 El cuándo o momento del delito depende de las circunstancias que lo generan o favorecen.11

Actividad 3. Factores que contribuyen a la criminalidad en mi entorno social Estimadas y estimados estudiantes: Basándonos en las lecturas anteriores los invitamos a generar una reflexión de un máximo de dos cuartillas, que permitan expresarse sobre las ideas y planteamientos reflejados anteriormente. Las siguientes preguntas nos servirán de guía para iniciar nuestras ideas:

¿Cuáles factores del delito abordados anteriormente se presentan con mayor frecuencia en las comunidades donde te desenvuelves? _________________________________________________________________ _________________________________________________________________ ________________________________________________________________ ¿Cómo puedes contribuir en la disminución de estos factores con los saberes aprendidos en tu formación policial? _________________________________________________________________ _________________________________________________________________ _________________________________________________________________

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Zambrano, F. (2010). Criminología. Editorial Atenea. Caracas: Venezuela. Pág. 625 - 628

41 Actividad Final Estimadas y estimados estudiantes para finalizar este primer encuentro se nos proponen una serie de preguntas que nos permitirán reflexionar sobre la criminalidad. Lee detalladamente, y, luego responde. 1. ¿Cuáles son las causas de la criminalidad? Mencione al menos 4 causas. __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ 2. ¿Influye la pobreza en la criminalidad? Argumente su respuesta. __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________

3. ¿Cómo la familia influye en la criminalidad? __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________

4. ¿Cuáles acciones emprenderías como funcionario y funcionaria policial para disminuir la criminalidad en tu sector o comunidad? __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________

42 ENCUENTRO 2: PERSPECTIVA SOCIOLÓGICA Propósito Que las y los discentes conozcan las diversas perspectivas o teorías sociológicas que explican la conducta delictiva. Estimados y estimadas discentes, ya inmersos en nuestra unidad curricular sobre Sociología del Delito, nos estaremos adentrando en este segundo encuentro denominado “Perspectivas Sociológicas”, en el que diversas actividades nos guiarán sobre el conocer y construir la formación que tanto requerimos. En este encuentro abordaremos los siguientes saberes: la anomia, el estructural-funcionalismo, interaccionismo simbólico, la teoría del etiquetamiento, las teorías sobre el control y la reacción social, sociología del conflicto y la interpretación marxista del conflicto. Para desarrollar los saberes mencionados anteriormente te ofrecemos unas actividades que consisten en: Responder a una serie de preguntas generadoras, con base en las cuales, activarás tus saberes previos con respecto a la temática que se va a desarrollar, con el fin de partir de tu realidad, condición histórica, y de la toma de conciencia crítica en torno a ella. Posteriormente, se te sugiere realizar una lectura sobre la “Perspectiva sociológica del Delito” para conocer las diversas perspectivas o teorías sociológicas que buscan explicar la conducta delictiva. Luego, se te invita a realizar un resumen de los aspectos más importantes mediante un mapa mental. Al final del curso nos encontraremos con una autoevaluación en la que se plantean preguntas generadoras relacionadas con todo lo aprendido durante este encuentro.

43 Actividad 1. El etiquetamiento como forma de discriminación Bienvenidas y bienvenidos a esta actividad, la cual nos permitirá expresar nuestros saberes y pensamientos en torno a varias preguntas generadoras. Leamos las siguientes líneas: “Una forma paradigmática de hablar acerca de los agentes represores es centrarnos en el torturador. Los estudios realizados en distintas épocas y sociedades demuestran que se trata de seres normales, algunos muy bien adaptados, con una gran capacidad de subordinación, dependientes,

rechazadores de cualquier cuestionamiento. Se han estudiado sus rasgos de personalidad. Sin embargo, su proceso de aprendizaje es más importante que su predisposición psicológica. La deshumanización del enemigo, es decir, de todas las personas quienes no son sus condicionales; la habituación a la crueldad, primordialmente, a través de la desensibilización progresiva, el condicionamiento operante, la obediencia

automática y absoluta; la oferta de impunidad para sus actos y la oferta de poder en todas sus acepciones constituyen los pilares de su entrenamiento. Siendo personas normales (instrumentadas), el ejercicio de las funciones de torturar, maltratar, asesinar, lleva a las y los funcionarios a un desgaste psíquico progresivo. La disociación entre su trabajo y su vida familiar es brutal. El abuso de drogas u alcohol relatados por algunos ex-agentes o por los propios prisioneros es una constante. El miedo a ser víctima de sus enemigos, es decir de cualquiera, se transforma en una pesadilla. El destino del torturador, como lo describe magistralmente el poeta uruguayo Benedetti es la locura. Reflexionando sobre lo anterior y nuestras propias vivencias, dejemos fluir nuestras ideas. Las siguientes preguntas nos servirán como mecanismo activador:

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1. ¿Qué es, para ti, etiquetar a una persona? ¿Cómo influye el etiquetamiento? __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________

2. ¿Cuáles consecuencias crees que causa el etiquetamiento? Menciona, al menos, cuatro (4) posibles consecuencias. __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________

Actividad 2. Lectura: Perspectiva sociológica del delito. Sutherland y la asociación diferencial Una figura de gran interés para seguir la evolución de las ideas sociológicas procedentes de Estados Unidos, en América Latina, es la de Edwin Sutherland (1883-1950), cuyas investigaciones ocupan un lugar destacado en la sociología estadounidense. En su país, presidió la Sociedad Norteamericana de Sociólogos y también se destacó por sus trabajos investigativos. Curiosamente, pese a su trayectoria, obtuvo una consagración tardía, ya que su obra clave, en la que nos

45 concentraremos, El delito de cuello blanco, fue publicada en 1949, poco antes de su muerte12. Este libro de Sutherland compila y actualiza material ya publicado en diversos artículos y debates, pero sistematizados de forma tal que la obra en conjunto se transformó en un verdadero clásico. El trabajo, que es un desarrollo empírico de la teoría de la asociación diferencial (una teoría eminentemente sociológica)13, busca la corroboración en ciertos procesos sociales. Ello condujo a Sutherland a investigar qué pasaba con los delitos cometidos por las setentas mayores corporaciones de Estados Unidos en los cincuenta años precedentes. Este es el núcleo temático de la obra y punto de partida de las teorías sociológicas posteriores, de naturaleza crítica, que generaron la crisis epistemológica de la criminología, aspecto previamente referido. Posteriormente, la teorización de Sutherland sufrió ampliaciones, correcciones, recortes, entre otras modificaciones; e, incluso, en el momento de su gestación, tenía evidencias apoyadas en investigaciones de otros campos científicos, que trataban de la formación y evolución de la conducta, y que partieron de la teoría de los reflejos condicionados de Pavlov, que luego evolucionaron en corrientes como el conductismo de Skinner. Importantes sociólogos como Mead, Cressey y Glazer trabajaron juntos con Sutherland, y los dos últimos fueron, más adelante, autores de propuestas teóricas elaboradas a partir de la asociación diferencial. Debe recordarse el grado de desarrollo de la sociedad norteamericana de la posguerra, al momento de la aparición de la obra de Sutherland. Estados Unidos había salido favorecido tras la segunda guerra mundial, y se transformó en la primera potencia mundial; contaba con una clase media en plena expansión, cuyos valores tendían a generalizarse a toda la sociedad. Sutherland era un

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La traducción al castellano fue realizada por Rosa del Olmo y publicada por Ediciones de la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1960. 13 Sobre la asociación diferencial, pueden consultarse también Pavarini, M. (1983). Control y dominación. México. Siglo XXI Editores. Págs. 120 y ss; y, Fucito, F. (1993). Sociología del derecho. Editorial Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires: Argentina. Págs. 377 y ss.

46 científico de clase media, preocupado por la evolución social de su país en algunos aspectos que “no andaban bien todavía”. La obra es objetable metodológicamente, porque, como sucede con muchas investigaciones sociológicas del Norte, se basó en un material empírico pobre, con aportes muy subjetivos y conclusiones poco generalizables, dada su directa relación con una realidad específicamente local. Sin embargo, la teoría posee gran eficacia, pues se vale del simple recurso documental de analizar los registros de la justicia para ver la suerte corrida con los procesos a los que llamó “de cuello blanco”. Las comprobaciones resultaron sorprendentes: casi todas las grandes empresas incurrían en actividades delictivas, eran reincidentes en ello, pero registraban bajo índice de sentencias condenatorias, específicamente, criminales por conductas como evasión impositiva, transgresiones a las leyes de patentes, actividades monopolistas, entre otras. La razón era simple: o tales conductas no tenían sanción penal, o las penas eran exclusivamente pecuniarias o administrativas, y resueltas mediante procesos que, al igual que las

reglamentaciones, parecían estructurados sólo para favorecer a estos infractores. Según la definición de Sutherland14 (1949, p. 9), el delito de cuello blanco es “El delito cometido por una persona de respetabilidad y status social alto, en el curso de su ocupación”. En el decenio pasado, en el seno de la criminología crítica, se discutió mucho acerca de esta definición, y se imaginaron las variaciones que la misma pudiera sufrir, fuese sustrayéndole o agregándole elementos. Lo cierto es que, hasta ese momento, la sociología norteamericana venía insistiendo en la explicación simplista de que el delito se generaba o predisponía si el medio tenía un problema social negativo. Los pobres, con menos recursos y chances sociales, debían estar, según esa visión generalizada, más expuestos a delinquir que los “integrados”. Esta hipótesis terminó agotando su poder demostrativo, porque se percibían con facilidad numerosos fenómenos que no eran explicables mediante tal esquema. Por ejemplo, las mujeres tenían escasa representatividad delictiva en
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Sutherland, E. (1949). White Collar Crime. New York: Dryden Press.

47 las estadísticas, independientemente de que fuesen de clase media o alta. Si la falta de oportunidades era determinante para las conductas delictivas, ello debía reflejarse también en el aspecto familiar y aparecer en las estadísticas de criminalidad juvenil, lo que, verdaderamente, no ocurría. También, se advertía que los sociólogos quienes habían hecho estudios explicativos del crimen valiéndose de la miseria, ignorancia y privaciones de ciertos sectores sociales, habían utilizado siempre grupos específicos de la sociedad, generalmente, marginales o no integrados al modelo hegemónico, como por ejemplo: los negros o inmigrantes rusos, italianos, polacos, o comunidades muy exóticas, pero establecidas, como los chinos de San Francisco. Era notorio que, contraponiendo sus estadísticas, no se obtenía la misma respuesta en todos y cada uno de estos sectores. Así, los chinos, en contraste con los italianos o polacos, reflejaban una tasa de delincuencia casi nula. También, se observó que existían conglomerados muy pobres ubicados en zonas fronterizas con tasas de criminalidad nula, lo que demostraba que la situación de comunidades pequeñas y alejadas de las grandes urbes tenía distintos patrones de obediencia a la ley. Sutherland no fue indiferente al escepticismo que despertaban estos resultados, y a la necesidad de encontrar una explicación teórica más generalizable y eficaz. Por ello se preguntó lo obvio: ”¿Qué pasa con los ricos?” En busca de respuestas, se concentró en un segmento muy poderoso, representado por los ejecutivos con poder de decisión en las grandes empresas norteamericanas, los grandes consorcios, para aquel entonces, mundialmente hegemónicos, y,

mayoritariamente, de capital nacional. Cuando los juristas lean a Sutherland, deben hacerlo con una serie de reservas que hagan más comprensible su pensamiento. En primer lugar, este autor norteamericano no razonaba como abogado, sino como sociólogo; y, por ende, no se valía de una noción dogmática y legal de conducta delictiva, sino que, lisa y llanamente, construyó un concepto para su investigación, prescindiendo del hecho de que las conductas elegidas estuviesen tipificadas o no en algún código penal. Las peculiaridades del sistema legal estadounidense alejan todavía más su percepción de la que tendría un penalista de nuestras latitudes; de aquí que,

48 Sutherland concibe el delito como una conducta que reúne determinados lineamientos de carácter lesivo socialmente, por lo que los grandes negociados, las estafas en la calidad de los productos, la violación de las leyes antimonopólicas, la evasión impositiva, las falsedades contables, los acuerdos de mercado tendentes a subir o bajar artificialmente los precios, la falsa propaganda, la competencia desleal, la tenencia monopólica de empresas, entre otros, pese a que son conductas que no siempre coinciden con algún tipo penal rígido, son delictivas por su daño social, porque tienden a perjudicar a otros para lograr el propio beneficio. Los delitos de cuello blanco eran conductas de gran magnitud económica y afectaban a una cantidad indeterminada de personas, potencialmente significativa, pese a lo cual no salían a la luz pública, ni parecían causar conmoción social. Por el contrario, su tratamiento tenía lugar en fueros y con procedimientos especiales, que permitían resolver conflictos sin juicio, mediante acuerdos con los fiscales, quienes no dejaban antecedentes registrados; en suma, una serie de particularidades que no se podían encontrar en los procesos ordinarios por delitos menores. En estos procesos, los acusados no debían enfrentarse con los jueces, sino que apelaban a arreglos entre los abogados de la empresa y los fiscales. La responsabilidad de los grandes grupos, cuando era atribuida, tenía carácter administrativo o pecuniario y carecía de publicidad estigmatizadora. No causaban consecuencias sociales desfavorables, porque los desvíos se podían resolver despidiendo o trasladando a los funcionarios ejecutores de la irregularidad. Sutherland comprobó, sin embargo, que los responsables reales de muchas maniobras delictivas eran, ciertamente, los directivos de las empresas, pero que ellos no consideraban condenables sus actividades, sino, más bien, una especie de astucia comercial o habilidad empresarial imprescindible para lograr los objetivos comerciales. En un país, como Estados Unidos, en el que, desde su organización política hasta las empresas privadas eran fundamentales para el progreso nacional, era fácil afirmar que, a estas últimas, no debían ponérseles obstáculos, porque eran el motor de la economía. En conclusión, las triquiñuelas empresariales redundarían, de cualquier forma, en el beneficio común.

49 La comisión de delitos de cuello blanco era considerada, entonces, más bien un mérito que una mácula en el entorno cultural empresarial, y conformaba una concepción subcultural de poderosos. De allí que Sutherland deduce que el

comportamiento y los valores se aprenden en el curso de la vida social y se expresan en sistemas de trabajo, ideas y modos de relación comunes. El objetivo de Sutherland apuntaba más a lo psicosocial que a lo político o económico; no ponía en duda la legitimidad de la sociedad capitalista ni tampoco a los grandes consorcios, ni se molestaba por las consecuencias sociales producidas por su competitividad. Este estudioso del delito de cuello blanco se contentaba con dar por aprobada la asociación diferencial, que es una “asociación de diferentes”; en este caso, de personas quienes están más alejadas del cumplimiento de la norma, y que tienden a identificarse valorando positivamente su incumplimiento. Esta asociación predispone a los individuos participantes a violar la ley, porque constituye un alejamiento de quienes ven la violación como disfuncional y una aproximación a aquellos que la ven como positiva; de este modo, se produce la generalización de ciertas conductas poco éticas en ese sector. En consecuencia, la operación ilícita de las actividades económicas se aprende; no sólo porque es enseñada y porque se estimula su imitación, sino también porque es requisito para poder obtener trabajo en ciertos puestos u organizaciones. Es evidente que estas ideas ponen en descubierto las aporías (dificultades lógicas) del paradigma etimológico y su visión limitada al haberse concentrado en el delito y el delincuente como categorías dadas. En primer lugar, empieza a advertirse que no existen sociedades de pensamiento y valores uniformes, sino que en cada sociedad hay grupos distintos, incluso en oposición, cuya referencia al delito es general, y no privativa de grupúsculos marginales y refractarios a los valores. La ley, ciertamente, no era igual para todos, y la posición de poder de los grupos sociales era decisiva para que progresaran, lo que se reflejaba también en el modo en que eran sancionados. Por primera vez, una teoría explicativa del fenómeno criminal no es de origen etiológico. Sutherland proporciona, con la

asociación diferencial, una explicación de valor omnicomprensivo, macrosocial, del

50 fenómeno delictivo. Se desmorona, como consecuencia, el concepto del delito factorial por pobreza o ignorancia o condicionamientos biológicos, que tanta aceptación había alcanzado con el positivismo. Las ideas de Sutherland venían madurando en el seno de la prolífica sociología criminal estadounidense, pero tuvieron efectos tardíos, a escala internacional, por circunstancias como la segunda guerra mundial y el desinterés de la sociología norteamericana por el paradigma etiológico dominante en el resto de Occidente. Lo cierto es que El delito de cuello blanco abrió compuertas mucho más vastas de lo que imaginó su propio autor. También, puede percibirse que este trabajo deja esbozada una idea acerca de lo que hoy conocemos como intereses difusos, es decir, los intereses legítimos afectados por hechos que perjudican a la humanidad o a la comunidad indiscriminadamente, por la importancia de los bienes en juego, la cantidad de perjudicados, su anonimato, la magnitud económica y, muchas veces, lo irreparable del mal. A partir de esta obra, las bases de la criminología establecida comenzaron a cambiar inconteniblemente. Se habían desmitificado pilares esenciales de Derecho Penal y la Criminología Tradicional: quedaba acreditado que la sociedad no funcionaba consensual ni igualitariamente, porque la ley no alcanzaba a todos los sectores de manera idéntica; que el problema básico de la conducta delincuente no radicaba en la enfermedad ni en la autodeterminación, sino en la forma de estructurar y actuar el derecho; que los bienes jurídicos tutelados no eran necesariamente los más importantes; que el Derecho Penal perdía su carácter moral social igualitario; que el bien y el mal eran más ubicuos de lo imaginado; tampoco, las reacciones penales funcionaban de igual modo para todos, ni podían explicarse por propósitos resocializadores, entre otros aspectos. Y como corolario notable, se retiraba la explicación del fenómeno criminal de las manos de penalistas, alienistas, biólogos y psicólogos, para depositarlas en las de los sociólogos, quienes se lanzaron a sumar teorizaciones que corrieron,

completamente, el telón y quienes demostraron poseer un alcance explicativo que además de vasto era fundado y convincente.

51 La irrupción sociológica hizo blanco en el punto más sensitivo de toda explicación criminológica anterior, al desnudar cómo daba por presupuesta la legitimidad y justicia del derecho penal vigente y omitía analizar sus estructuras y funcionamiento real. De pronto, el Derecho Penal fue reducido al carácter de mera herramienta de control en manos no indiferentes ni neutras a intereses y valores egoístas. Aquello que la Criminología venía considerando su objeto de estudio, esto es, el delito y el delincuente, pasaba a ser definiciones y definidos. Saltaba a la vista que el Derecho Penal (disciplina normativa) estaba fijándole el objeto a otra disciplina que no lo era, o por lo menos no debía serlo. En consecuencia, el espejismo de una ciencia autónoma, con un objeto propio, entró en crisis, y abrió espacios a nuevos modelos explicativos. La sociología norteamericana se caracteriza por ser una cultura de origen. Por un acendrado pragmatismo, que a los juristas formados en la tradición penal romano-germánica nos cuesta cierto esfuerzo asimilar. La dogmática penal establece, consciente o inconscientemente, una sacralización de textos e interpretaciones de los que resulta difícil salir, para no perder la lógica sistemática de análisis. La mentalidad de los sociólogos y el pueblo norteamericano opera, por el contrario, con la practicidad anglosajona de aprovechar cualquier hallazgo si es útil, sin mayores consideraciones. La libertad y hasta la ingenuidad con que los sociólogos del Norte formulan sus teorizaciones simples y lineales son llamativas. Sutherland demuestra indiferencia por la vía de acceso jurídica al fenómeno investigado, casi expresando que es superfluo investigar el crimen a partir de la persona, quien fue definida como criminal, para saber que lo es. El crimen, en tal sentido, está en todas las relaciones de la sociedad, y no en la letra de la ley o su aplicación. Este estudioso norteamericano formula con sencillez elemental un enfoque de la realidad que para los positivistas habría resultado revulsivo. También, Sutherland expresa las peculiaridades científicas anglosajonas, cuando afirma que, a pesar de algunos errores, el déficit empírico y lo provisorio de muchos de sus hallazgos, no tiene duda que ha formulado una argumentación nueva, apta para confirmar su tesis de la asociación diferencial como explicación de algunas conductas desde el plano sociológico; también, este investigador

52 asevera que dicha teoría era la más efectiva y disponible en ese momento para explicar el fenómeno delictivo. Las teorías subculturales Dijimos, anteriormente, que cuando se revisa la evolución de la sociología norteamericana es inevitable remitirse a la obra de la Escuela de Chicago, famosa por haber generado los enfoques llamados funcionalistas, o teorías socioestructurales del comportamiento desviado. Los numerosos sociólogos – todos ellos muy relevantes– quienes colaboraron con el desarrollo de tal Escuela, tenían experiencia práctica en el campo social y procuraban, con sus teorizaciones, obtener respuestas a diversos problemas sociales concretos, tales como: los de la delincuencia juvenil, las bandas y los grupos de inmigrantes. Sobre la base de investigaciones de comunidades, Robe Park y Ernest Burgess desarrollaron una sociología de los grandes centros urbanos, conocida también como “sociología urbana”, “ecología social” o “Escuela Ecológica de Chicago”. Se trataba, en todos los casos, de teorías ambientalistas o de la organización urbana. De dichas teorías partió, también, Sutherland, y de allí se derivaron, además, numerosos trabajos teóricos de alcance más limitado en comparación al estudio de la asociación diferencial, como las teorías subculturales. En estas teorías, la subcultura es entendida como un sistema social con valores propios, que se expresa con normas y símbolos originales. En general, las subculturas están en una posición de enfrentamiento con la cultura predominante, pero también pueden tener amplias coincidencias con ella. Cohen es el representante más notorio de esta explicación, y sostenía que los valores de la clase media eran siempre los dominantes. Este investigador estudió diversas bandas de delincuentes juveniles, y creyó advertir que sus integrantes se cohesionaban en torno a valores y creencias propios, que se generaban con el trato entre jóvenes situados en circunstancias similares. La diferencia entre criminales y quienes no lo eran radicaba en el grado de exposición a una subcultura criminal. La subcultura solucionaba, afirmaba, problemas de adaptación que no resolvía la cultura dominante. La noción ha sido muy empleada, permitiendo romper con la idea de la sociedad monolítica y la homogeneidad de los valores en la coexistencia social.

53 Los subculturalistas se introdujeron en los grupos sociales que estudiaron, realizaron prolijas observaciones y negaron que los marginales actuaran por anomia. Los subculturalistas afirman que los marginales no carecen de normas, sino que poseen normas propias, por lo que debe interpretárselos con criterios normativos diferentes a los del resto de la sociedad. Algunos jóvenes se asocian con quienes estén más cerca de la violación de las normas, y se alejan de aquellos propensos a su cumplimiento; y ello, como se ha visto, también acontece con el delito de cuello blanco. El concepto de subcultura ha tenido mucha aplicación en los estudios penitenciarios, ya que, en las cárceles, las subculturas representan una opción entre la vida o la muerte, por los complejos mecanismos de coexistencia entre presos y carceleros (sumisión, delaciones, deberes de complicidad, silencio, venganza entre otros elementos). Hoy sabemos que la vida en prisión es incomprensible si no se la interpreta tomando en cuenta los valores propios de sus distintos actores, sectores y secciones, salvo que nos conformemos con la versión explicativa oficial. Vamos a ver ahora, esquemáticamente, distintas teorías sociológicas cuya exposición por separado es meramente didáctica ya que, además de haber sido muchas veces coetáneas, tienen un alto grado de entrecruzamiento e influencia recíproca. Para dar una idea de alcance que tiene tal imbricación, es interesante transcribir ese párrafo de Lamnek (1987), quien es un analista de las teorías sociológicas de la criminalidad: La conexión entre el interaccionismo simbólico y el labelling approach, por un lado, y la del labelling approach y la posición teórico-científica de la fenomenología por el otro lado, se refleja en una combinación de interaccionismo simbólico y fenomenología, que entró en la literatura como etnometodología, en la forma de un concepto metódico15. La anomia

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Lamnek, S. (1987). Teorías de la criminalidad. Siglo XXI Editores. Méjico. Pág. 86.

54 Esta teoría tiene su origen en el sociólogo francés Emile Durkheim (18581917), quien entendía que la división del trabajo, que se verificaba en las sociedades industrializadas, de fin del siglo XIX no permitía buenas relaciones entre los miembros de la sociedad, ni buenas regulaciones de esos contactos. Este teórico concibió, entonces, la “anomia” como un “estado de desintegración”, originado en los obstáculos de la división del trabajo, que dificultaba la comunicación directa entre miembros de un proyecto social común. Para Durkheim era indispensable asegurar la cohesión social frente a las amenazas anómicas. La anomia – decía Durkheim – obstaculizaba la “solidaridad orgánica”, que predomina en la sociedad moderna, mientras que en la tradicional, predominaba la “solidaridad mecánica”, es decir, los vínculos primarios. Desarrolló totalmente el de anomia en su libro El suicidio, de 1897, retomado luego por Sorokin (1925) y también por Parsons (1937), hasta que Robert Merton publicó, en 1938, un ensayo titulado Estructura social y anomia, en el que intentó desarrollar una teoría general del comportamiento desviado y confrontó valores y normas con los “medios institucionalizados” de que disponían los individuos para alcanzar sus metas sociales. La sociedad actúa obstaculizando o fomentando las expectativas de esos individuos, y si las estructuras culturales y sociales están mal integradas, se produce una tendencia al derrumbe de las normas, a la carencia de ellas, por lo que muchas personas pueden tener la tendencia a buscar las metas por fuera de lo establecido. La anomia es el quiebre de la estructura cultural, que se produce por la asimetría entre las normas y objetivos culturales y las capacidades de las personas para actuar de acuerdo con aquellas y alcanzar sus propósitos. En esa ruptura está, para Merton (1938), las causas de las conductas desviadas. Los sujetos se adaptan como pueden a las situaciones de anomia, mediante ciertos mecanismos tales como: conformidad, innovación, ritualismo, retraimiento y rebelión. Posteriormente, el mismo Merton modificó sus postulados, luego criticados y nuevamente modificados por Cloward y Ohlin (1960). Lo cierto es que la noción de anomia ha sido aprovechada por muchas disciplinas, como la Filosofía o el Derecho, y ha originado extensos debates en el

55 seno de la Sociología. Es un concepto clásico, como podría serlo el de “inconsciente” en Psicología o el de “tipicidad” en Derecho Penal.

El Estructural-Funcionalismo Se denomina así un conjunto de teorías sociológicas que, en realidad, no tienen unidad teórica o coherencia interna recíproca. Fucito (Indicar año: No. de página) las explica de este modo: “El amplio campo de teorías sociológicas llamadas funcionales, parten del supuesto de que la sociedad es un conjunto de partes ajustadas y mutuamente dependientes y aceptan esta idea como un postulado. A partir de allí tratan de determinar cuáles son las partes o subsistemas que cumplen funciones dentro de la sociedad, es decir, que aportan para el mantenimiento de un supuesto equilibrio. La idea genérica implica una tendencia conservadora, en cuanto presupone el sistema y postula un regreso al equilibro, si ha sido perturbado por conflictos o disfunciones,

56 tendencia que se expresa en la mayor parte de las consideraciones (si no en todas) que hacen los autores enrolados en ella, respecto del derecho”16. Talcott Parsons (1902-1979), sin duda, fue el más importante teórico del funcionalismo, y su obra es considerada uno de los grandes aportes teóricos de la Sociología. Cabe aclarar que Merton, con su concepción de la “anomia”, es un precursor de la producción parsoniana. Parsons tenía como preocupación central el problema del mantenimiento del orden social, y sus teorías son esencialmente conservadoras. Este teórico desacraliza al Derecho, relacionando el orden jurídico con la vida social y la ética. Parsons es quien generalizó las nociones de “control social” y “conducta desviada”. Las teorías estructural-funcionalistas se ocupan, entonces, explicar las funciones de los elementos estructurales en los sistemas sociales. No es inevitable que cada análisis de estructuras sea funcionalista, ni que todas las unidades de esos análisis sean denominadas elementos estructurales que lleguen a ser unidades del análisis, y la comprobación de estructuras es parte de la explicación de los sistemas sociales, por lo que necesita, inevitablemente, el complemento del análisis funcionalista. En los remotos precursores (por ejemplo, Spencer), en Parsons y los funcionalistas quienes le sucedieron, resalta un esfuerzo por demostrar que los motivos del comportamiento humano no son sólo psíquicos, sino que también están socialmente condicionados o influidos. Las críticas más importantes que se le han dirigido a estas teorías son reproches a su abstracción, ahistoricidad y su apoyatura en recortes de una realidad mucho más compleja. También se señala que con estas construcciones es imposible concebir la existencia de cambios sociales, porque se concentran sólo en los factores que producen estabilidad, mientras que las sociedades encierran contradicciones, desestabilizaciones,

16

Op. Cit., pág. 265. (REFERENCIA DE FUCITO)

57 conflictos y relaciones de poder que, para las teorías del conflicto, por ejemplo, son característicos de las sociedades capitalistas17. El interaccionismo simbólico Con origen en una obra de comienzos de siglo, de Georg Mead, esta teoría concibe al individuo como activo frente al ambiente, al que contribuye a moldear mediante diversos recursos. La comunicación es uno de ellos, y resulta fundamental para la interacción humana. Para interpretarla, se vale de símbolos y signos como el lenguaje. El interaccionismo es, entonces, una teoría de la significación conforme a la cual los seres humanos buscan cosas según el significado que tienen para ellos, en medio de la constante interacción social. El interaccionismo simbólico plantea una idea de orden y progreso basada en el consenso que implica la comunicación (idea retomada luego por Habermas, como teoría de la acción comunicativa) para el autocontrol de la persona18. A diferencia del positivismo y el resto del funcionalismo, esta corriente cuestiona la objetividad del conocimiento, aun cuando sigue valiéndose del mismo modelo de una sociedad armónica y absoluta. Tiende a desconocer la existencia de clases y grupos sociales, de poder, entre otros aspectos. En realidad, la gran trascendencia criminológica de esta teoría se alcanza mediante otras que parten de ella: las del etiquetamiento y de la reacción social. Otros aportes de importancia para el desarrollo de este enfoque fueron los de Blumer, Kuhn Goffman, Cooley y Thomas, según las variaciones o enfoques alternativos que fueron surgiendo del tronco común19. La teoría del etiquetamiento Los principales referentes del enfoque “Etiquetamiento” (“Labelling”) son Lemert y Becker. Este enfoque sostiene que la desviación no es la cualidad del acto ejecutado por una persona, sino consecuencia de la aplicación de normas y
17

Véase, al final del capítulo, el cuadro sinóptico sobre la Escuela de Chicago y las teorías socioestructurales. 18 Habermas, J. (1987-1988). Teoría de la acción comunicativa. Editorial Taurus. Madrid: España. 19 El tema puede ampliarse en diversos textos: vid. Bustos, J. (1983). El pensamiento criminológico. , Editorial Península.: España. Pág. 39; y, García, A. (1996). Criminología (una introducción a sus fundamentos teóricos para juristas). Editorial Tirant lo Blanch. Valencia: España. Cap. III. Pág. 182.

58 sanciones que otros le hacen a un llamado “delincuente” (el desviado es una persona a quien el etiquetamiento le ha sido aplicado con éxito, por lo que su comportamiento desviado se etiqueta como tal). Becker analizó los mecanismos sociales de estigmatización, que consolidan los estatus y determinan “carreras” criminales (recuérdese lo expuesto en el capítulo primero sobre los mecanismos sociales estigmatizantes, los estereotipos, el chivo expiatorio, entre otros elementos). Como dice Rûther, en relación a este enfoque: “No hay criminalidad como existe un trozo de hierro, pues éste se presenta como un objeto físico independiente de la valoración y descripción que los humanos le pueden dar. Como tal, ese hierro no se transforma, aun cuando se altera su misma valoración y descripción. La criminalidad, en cambio, existe preponderantemente en los presupuestos normativos y valorativos de los miembros de la sociedad (...) La criminalidad, que realmente existe en una sociedad, es aquella cuya imagen puede ser transportada a la realidad en virtud de una fijación concreta (establecimiento) y aplicación (imposición) de normas”20. Esta teoría dirige su interés a la gestación de normas, por ser el primer paso en los procesos de etiquetamiento: establecer una definición (ley vigente) que estipule las condiciones que debe reunir una conducta para ser delito. Luego, sigue el proceso de aplicación, que es la atribución a un sujeto del carácter de delincuente. Complementando el juego de los dos procesos anteriores, también intervienen agentes que interactúan con el sujeto y lo etiquetan como criminal, incluso antes que una sentencia le imponga una definición oficial. Si se recuerda lo dicho sobre el delito de cuello blanco, puede reiterarse que las normas son resultado de los conflictos y relaciones de poder que se desarrollan en la sociedad; y, que, en consecuencia, los grupos con mayor poder establecen normas que le favorecen y perjudican más a otros, que, aun siendo mayoritarios, tienen menos o ningún poder social. Por tanto, la existencia de una criminalidad es necesaria para el mantenimiento de las relaciones de poder establecidas.
20

Ruther, W. (1978).La criminalidad (o “el delincuente”) a través de las definiciones sociales (o etiquetamiento), en Doctrina penal, Edic. Depalma. Buenos Aires: Argentina. Pág. 749.

59 Cabe recordar que Durkheim causó gran conmoción cuando afirmó que el delito era un fenómeno típico de una sociedad sana, que necesitaba de una cierta proporción de delito para legitimarse, siempre que esa cantidad permaneciera constante en ciertos límites; lo enfermo sería, en consecuencia, una sociedad sin delito21. En cuanto al proceso de transformación de un individuo en delincuente, los teóricos más relevantes son Becker y Lemert, quienes explicaron las características del interaccionismo simbólico, según las cuales, como ya se dijo, los sujetos en interacción se valen de símbolos para relacionarse recíprocamente. De este modo, “producen iguales definiciones” de cada situación que van experimentando. Ese caudal cultural de definiciones es adquirido por aprendizaje a lo largo de la vida, durante la cual todos formamos nuestras personalidades bajo la influencia educativa de los padres, la escuela, la familia, entre otros factores. Esto implica que las personas son entrenadas en la atribución de funciones a los demás, y se acostumbran a relacionarse valiéndose de los roles atribuidos. Es en estas circunstancias, tal como comentamos previamente, que surgen los prejuicios y los estereotipos. La atribución de condiciones negativas conduce, finalmente, a la estigmatización (la cual se puede ilustrar con estos proverbios: “Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe”; ”Dime con quién andas y te diré quién eres”; ” El que mal anda, mal acaba”, “Los ojos son el espejo del alma” entre otros). El sociólogo William L. Thomas (1923) elaboró su famoso “Teorema de Thomas”, según el cual, “si se definen ciertas situaciones como reales, serán reales en sus consecuencias. Es el fenómeno que se verifica con las llamadas “corridas cambiarias” o en el “síndrome del viernes negro”, cuando todos los ahorristas, por temor y sin acuerdo previo, retiran repentinamente sus ahorros de las entidades de crédito y hacen quebrar, realmente, a la banca. De modo parecido, un niño con malos antecedentes escolares, que luego es internado en un reformatorio y finalmente detenido por un delito, habría caído en
21

Durkheim, E. (1986). Las reglas del método sociológico. Madrid, Edit. Hyspamérica. Madrid: España.Cap. III, punto III.

60 esa situación como consecuencia del proceso del etiquetamiento que le predisponía y conducía a alcanzar el papel delictivo que le será asignado fatalmente. Si el sujeto asume la calidad atribuida (“el delincuente”) puede llegar a hacer del cometer delitos un ejercicio habitual, con lo que habrá iniciado una carrera criminal. También, Merton publicó, en 1957, un libro que llevaba por título The selffulfilling-prophecy (La profecía que se autorrealiza), en el que desarrolla un principio parecido al del Teorema de Thomas. Este autor sostiene que la previsión de un hecho hace que todos condicionen sus comportamientos a la eventualidad de que ocurra y se produzca el efecto sin que exista la causa. Estos mecanismos predisponen expectativas condicionantes de la valoración del comportamiento futuro de ciertos sujetos (algo parecido a lo que en el positivismo era el pronóstico de peligrosidad). Llegar a ser estigmatizado como delincuente implica recibir un estado social negativo que condiciona y limita las posibilidades futuras de desempeño de la persona y la resistencia, muchas veces, a aceptar el papel, a conformarse e incluso a enorgullecerse de él y a asumir la personalidad que se le asignó e iniciar una carrera criminal. Como vemos, se trata de una teoría social de la criminalidad según la cual el sujeto es afectado, pero no afecta. El poder de definir parece todopoderoso y fatal, como rmostraron algunas de las críticas que se le hicieron. Además, se señala que en todas las sociedades hay definiciones que gozan de consensos muy altos, o todo lo contrario; que hay comportamientos criminales sin que intervengan las instancias del control; que la desigualdad está presente en todos los aspectos de la sociedad, entre otras observaciones. La última objeción encierra, en gran medida, el eje crítico de los sociólogos de izquierda, responsables de la recepción europea de este enfoque, que le complementaron después con teorías sociales que originaron la aparición de la criminología crítica. Ese aspecto de la evolución teórica posterior el etiquetamiento, lo veremos en el capítulo siguiente.

61 Las teorías sobre el control y la reacción social El control social es una noción de suma importancia en la historia de la Sociología y en sus desarrollos actuales. Se le atribuye la creación del concepto al sociólogo norteamericano Ross en 1890, y se reconoce que, hasta hoy, es materia controversial. En todo caso, se pretendió que el concepto transitara, en tonalidades diversas (la idea de dominación ascendente o influencia de la sociedad sobre el individuo), para que se adaptara o asimilara al sistema de valores dominantes. El sociólogo alemán Kurt Wolff clasificó siete aplicaciones distintas del concepto por diferentes teóricos y corrientes de la Sociología. También aportó su propia definición, según la cual el “Control social es la denominación de los procesos y mecanismos, incluyendo la socialización del niño, a través de los cuales la sociedad ejercita su dominación sobre el conjunto de los individuos, logrando que sus normas produzcan efecto”22 Los objetivos del control se logran por multitud de canales en la vida social, en el curso de los procesos de socialización de los individuos, y el sociólogo George, C. Homans distinguió, en doctrina, el control formal del informal. El primero sería externo al individuo, no ejercido por él, mientras que el segundo tipo de control alude al control internalizado, o interior, que el sujeto ejerce sobre sí mismo. Posteriormente, se incluyeron, como control informal, las respuestas más o menos espontáneas de los grupos que generan entre sus miembros actitudes de aprobación, y se las diferenció de las formales, que quedan a cargo de instituciones oficiales, dotadas de reglas y normas específicas. La representación máxima del control formal está dada por el Derecho Penal, el mecanismo social más riguroso y estructurado. El Derecho Penal apunta a controlar los efectos desorganizadores que causa el delito en la vida social, y para ello se vale de un conjunto de reacciones formalizadas (sanciones, penas, medidas) e instituciones que las ponen en práctica: tribunales, policía, cárceles, entre otras. Puede hablarse, entonces, de reacción social tanto en su carácter de

22

Diccionario de Sociología, Stuttgart, Enke Verlag, 1969, págs. 965 y ss (traducción del autor).

62 respuesta a conductas indeseables o “desviadas”, como de reacción formal jurídico-penal, cuando la respuesta se dirige a conductas consideradas delictivas. Más adelante, serán expuestas teorías formuladas por algunos autores sobre el concepto del control o de la reacción social, pues allí se centra el objeto de su interés científico, opuesto al del modelo positivista. Como se verá, se trata de enfoques macrosociales, esto es, aquellos enfoques en los que se investiga los grandes mecanismos de toda la sociedad y que buscan interpretar, desde lo general, el funcionamiento de los mecanismos de control formal punitivo. El objeto se desplaza, entonces, del sujeto delincuente a las instancias que lo controlan y manipulan. La Teoría sistémica La corriente sistémica tiene particular interés por la importancia que adquirió dentro del campo del derecho penal, como fundamento sociológico del ilícito, la pena, los bienes jurídicos y otros temas. Esta teoría que es conocida dentro del derecho como funcionalismo sistémico, tiene su principal referente en el sociólogo alemán Niklas Luhmann, quien entiende el orden jurídico como una estructura del sistema social que sirve para la generalización de expectativas de

comportamiento. Es una teoría de sistemas que resalta la positividad del derecho, dentro del que las normas son comportamientos esperados por su aptitud para estabilizar al sistema mismo. Por supuesto que, al igual que en el pensamiento del precursor de Parsons el consenso social se expresa en la existencia material de una institucionalidad, y se afirma mediante ella. El Derecho Penal es una herramienta esencial de estabilidad social y, por ende, debe ser también fortalecido. Luhmann publicó, en 1974, el libro Sistema jurídico y dogmática jurídica, obra en la que estableció sus puntos de vista, notoriamente adoptados en el derecho penal alemán por Günther Jacobs23.

23

En castellano puede consultarse también s/a. (1973). Ilustración sociológica. Ed. Sur. Buenos Aires: Argentina. En cuanto a las ideas de Jacobs, han sido minuciosamente analizadas en Sancinetti, M. (1995). Fundamentación subjetiva del ilícito y desistimiento de la tentativa. Edit Temis. Bogotá: Colombia.

63 Habermas ha criticado la teoría de los sistemas sociales como manifestación tecnocrática que permite reducir aspectos fundamentales de la sociedad a cuestiones prácticas o técnicas y sustrayéndolas al debate social. El funcionalismo sería, para Habermas, una teoría que se establece en las sociedades capitalistas más modernas y constituye una interpretación tecnocrática de la sociedad que permite un programa de estabilización política y económica orientado a la solución de sus cuestiones específicas. También, Baratta dirigió fuertes ataques a estos enfoques, desde la criminología crítica 24. En el campo de la filosofía jurídica, puede consultarse la posición de Ferrajoli25, igualmente adversa al funcionalismo.26 Actividad final En esta actividad, te invitamos a poner a volar la imaginación y la creatividad durante el desarrollo de esta actividad. Recuerda cuidar la ortografía y utilizar de forma correcta los enlaces, llaves, globos y demás componentes del mapa conceptual.

24

Baratta, A. (1987). Integración-prevención: una nueva fundamentación de la pena dentro de la teoría sistémica, en revista Capítulo Criminológico, num. 1., Maracaibo, reproducido en “Criminología y sistema penal” (compilación in memoriam) núm. 1 de la colección “Memoria Criminológica”, (2004). Editorial B. Montevideo. 25 FERRAJOLI, op. Cit., págs. 274 y ss.
26

Elbert, C. (2005). Manual básico de criminología. Bogotá- Colombia: TEMIS pag. 139-156

64 Consideras que la Anomia es un quiebre con la estructura cultural. Razona tu respuesta. __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ 2. Realice un cuadro comparativo con las teorías sociológicas del delito, identificando sus características.

3. Menciona, al menos, 2 ejemplos en los que se evidencia la estigmatización de una persona. Reflexionemos sobre los ejemplos planteados. __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________

65 4. ¿Cómo inciden las conductas en la generación de conflictos? __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________

ENCUENTRO 3: FORMAS DE CRIMINALIDAD Propósito Que las y los discentes conozcan las formas de criminalidad que se pueden presentar en Venezuela durante el ejercicio de sus funciones. Estimados y estimadas estudiantes, en este tercer encuentro didáctico denominado “Formas de Criminalidad” lo abordaremos a través de los siguientes saberes: modalidades de la criminalidad, la criminalidad según los resultados del manejo oficial, la criminalidad por su ámbito Para desarrollar los saberes mencionados anteriormente te ofrecemos unas actividades que consisten en: Al inicio, realizaremos una lectura denominada “La sociología del delito”. La intención de esta actividad es que conozcamos las formas de criminalidad que se pueden presentar durante el ejercicio de sus funciones. Seguidamente, encontraremos la actividad “Reflejando las formas de criminalidad” que nos

permitirá construir uno o varios casos o evocar las vivencias en las que se reflejen los diversos tipos de criminalidad Finalmente, realizaremos un escrito para generar propuestas que permitan reducir la criminalidad o algunos aspectos de la misma, basándonos en la lecturas realizadas y otros materiales complementarios. Al final del curso, nos encontraremos con una autoevaluación que consta de una serie de preguntas generadoras de saberes y cuadros comparativos entre otras actividades en las que deberás aplicar todo lo aprendido durante el

66 encuentro, consta de ejercicios con distintos niveles de conocimiento. Por último, se te ofrece una clave de respuestas que te permitirá evaluar tus avances.

Actividad 1. Lectura: La sociología del conflicto ¡Leamos con atención!

Es una característica central del funcionalismo que sus representantes de mayor renombre –casi todos estadounidenses- tuvieron una visión optimista de la sociedad, centrada en la idea de consenso (Tal visión se puede hallar en la constitución y las leyes). La sociedad requiere –sostenían- equilibrio para funcionar, y los estudios sociológicos deben orientarse a interpretar las perturbaciones y posibilitar la recuperación de la armonía alterada o perdida. Lo funcional y lo integrador es la meta buscada para los comportamientos sociales que representen desviación, oposición o desorden frente a valores sociales establecidos. La idea del contrato social, la noción consensual, ha sido dominante en el Derecho y la Sociología, pues expresa el Estado liberal y democrático. En esta visión, el Estado sería neutral y se orientaría por la búsqueda del bien común. Demás está decir que la conducta criminal significa, en este contexto, un atentado directo contra dicha visión social contractual y consensuada. Por oposición a la idea armónica del positivismo y el funcionalismo, se elaboraron en Sociología teorías que intentaban explicar la sociedad como un campo de oposiciones, inestabilidad y conflictos. Estas teorías se fueron

67 estructurando conforme a los factores que consideraron determinantes en la generación de las tensiones sociales internas. Hubo teóricos que pusieron el acento en lo cultural, lo social, o como en el caso del marxismo, en el modelo productivo y la lucha de clases. En el auge de las teorías culturales del conflicto suele destacarse la obra de Georg Simmel (1858-1918), el precursor más remoto de las ideas conflictivas. Este autor se había ocupado de la estrecha relación existente entre las tendencias de asociación y conflicto en la vida social, considerándolas inseparables y coexistentes permanentemente. Su obra tuvo gran influencia sobre los trabajos de Coser. Robert Park, discípulo de Simmel, fundó La famosa Escuela de Chicago y proyectó la idea de la competencia como el mecanismo esencial de las relaciones sociales, pero su debilidad fue haberse apoyado demasiado en las ideas ecologistas y organicistas. Taft y Selin, fueron otros dos autores importantes en la evolución de este enfoque, porque para ellos, la criminalidad tenía su origen en los procesos de cambio social y las contradicciones generadas a partir de esa confrontación. Lewis Coser, teórico funcionalista, es un referente importante de las teorías del conflicto, quien influyó en los autores quienes, sucesivamente, adoptaron este enfoque. Coser afirmó que el delito podía ser funcional a la sociedad, porque era capaz de promover mayor cohesión social y ética en su seno. Este teórico sostuvo que el conflicto era útil porque, además, canalizaba las frustraciones y conflictos reprimidos y estimulaba los cambios normativos. La oposición mantenía la conformación de los grupos opuestos, y evitaba que su repentina disolución le creara problemas al sistema social. En suma, el conflicto se convierte así en una norma de funcionalidad para mantener en armonía los roles sociales y un sistema normativo compartido. Los cuatro últimos autores mencionados y sus teorías tuvieron carácter esencialmente sociológico, sin alcanzar proyección relevante en la criminología. Las teorías sociales del conflicto se desarrollaron en el decenio del sesenta y del setenta, y se apoyan en investigaciones que profundizaron hallazgos

68 sociológicos sobre la desigualdad, en particular en el tratamiento jurídico de los hechos dañosos, como había probado la “asociación diferencial” de Sutherland. Cabe señalar que, en este tema, las influencias recíprocas explícitas e implícitas entre estos enfoques son muy frecuentes, por lo que no resulta aconsejable extendernos aquí sobre el entramado de esas interrelaciones teóricas, propio de análisis sociológicos más extensos. La difusión y atracción que había predispuesto y generado la “teoría del etiquetamiento” permitió, a su vez, la difusión de la obra de autores como Quinney, Turk y Chambliss, quienes realizaron importantes investigaciones sobre las desigualdades en la sociedad estadounidense. En el decenio del sesenta, la guerra de Vietnam y otros acontecimientos agudizaron los movimientos juveniles y estudiantiles de oposición, cuyo máximo exponente fue el “Mayo Francés” de 1968. Esos sucesos evidenciaron las contradicciones que emergían en las sociedades opulentas y aparentemente satisfechas; y, aumentaron, sin duda, la atracción hacia el estudio de estas reacciones de desafío al poder establecido. Un aporte central a las teorías conflictuales fue el de Ralf Dahrendorf, quien afirmó que los procesos de cambio y transformación eran normales en toda sociedad y, más aún, esenciales para su progreso; lo normal era la existencia de conflictos sociales y, lo anormal la ausencia absoluta. Dahrendorf, políticamente liberal, opuesto a la noción de conflicto de clases propiciado por el marxismo y partidario de la visión tradicionalmente consensual del funcionalismo, se orienta por una noción de “desigual distribución de poder” que opera en cualquier tipo de organización o sistema social, y que puede ser útil para el progreso del conjunto. Las clases sociales que toma como ejemplo este teórico (las de los países más desarrollados) ya no expresarían la noción del proletariado marxista, sino que encierran, en su interior, sectores muy heterogéneos diferenciados y hasta en oposición. George Vold, basándose en las ideas de Dahrendorf, elaboró una teoría criminológica del conflicto orientada sólo a explicar los delitos como resultado de luchas concretas de interés, como los económicos o los pasionales. Por ello, para

69 Vold, la realidad del crimen es inescindible de la realidad social y sus oposiciones, y en ese marco debe explicarse esta clase de conductas, sin generalizar toda clase de delitos, porque hay otros que requieren explicaciones diferentes. La interpretación marxista del conflicto. Las teorías que se unifican bajo este rótulo de “críticas o radicales” no tuvieron homogeneidad ni respondieron a un patrón unitario o consensuado teóricamente; por el contrario, representan un mosaico al que muchos denominaron en plural. Pero lo cierto es que tuvieron en común la referencia al marxismo, en forma plena o con fuertes influencias de esa fuente, tomada como herramienta interpretativa de la sociedad. Hay importantes diferencias entre las teorías del conflicto ya vistas y las de raíz marxista que se expondrán aquí, porque en aquellas el conflicto es funcional, útil o necesario a la evolución de la sociedad (obviamente, si tomamos como modelo las sociedades capitalistas desarrolladas en sus diversos momentos históricos), mientras que el análisis marxista, particularmente el ortodoxo, considera al crimen como patología social o un producto propio de la ideología capitalista. El orden social capitalista es, para los marxistas, un aparato de poder mediante el cual las clases poderosas subyugan a las débiles y conforman herramientas de control – especialmente las leyes- a la medida de sus intereses, idea de mucha importancia en los modelos críticos explicativos del delito. El conflicto tiene, esencialmente, una raíz de clase, propia de los grupos que disputan la obtención del poder, que, a su vez, diagrama y representa la jerarquía de los factores de producción. El orden de los factores productivos cambia el esquema y las jerarquías sociales, por lo que existen una infraestructura productiva y una superestructura en las que se desenvuelven los fenómenos culturales. Mientras el cambio no modifique la base, esto es, el dominio de las fuerzas productivas, la reformulación de lo cultural no representa cambios reales, sino retoques reformistas a una estructura que permanece sustancialmente idéntica. Ahora bien, este esquema explicativo es comparable, en su versión más rígida, a las ideas criminológicas oficiales de la desaparecida Unión Soviética y a la de sus países alineados, como la también

70 desaparecida República Democrática Alemana. En tal sentido, las teorizaciones criminológicas marxistas ortodoxas eran formulaciones oficiales, casi estatales, de fuerte contenido positivista y etiológico, que cargaban las tintas de las desviaciones sociales a la influencia capitalista previa o posterior al socialismo. En estas formulaciones, el delincuente debe ser tratado para que vuelva a ser “útil” a la sociedad y no constituya un obstáculo para ésta, sino que logre el máximo desarrollo de las fuerzas creadoras del hombre. Un precedente destacado de interpretación marxista de la criminalidad había sido el de la Escuela de Utrecht, dirigida por Willem Adriaan Bonger, y con concepciones muy deterministas, conforme a las cuales el egoísmo que engendraba el capitalismo producía el delito. Formas y modalidades de la criminalidad según su conocimiento oficial. Desde el punto de vista de su conocimiento oficial, la criminalidad puede ser clasificada en real, aparente y oculta. Criminalidad real es la totalidad de delitos y contravenciones que real y efectivamente se han materializado en un tiempo y espacio determinados,

independientemente de que hayan sido o no investigados, o siquiera conocidos, por parte de la autoridad. Y, siempre que en ese dato global se incluye también la criminalidad que no llegó a conocimiento oficial, resultará siempre una cifra incierta, pues en la cifra global, deben incluirse tanto los delitos cometidos de cuya comisión se tiene conocimiento, como de aquellos de cuya comisión no se ha tenido conocimiento oficial. Criminalidad aparente es aquel tipo de criminalidad constituida por delitos y contravenciones que llegan a conocimiento de la autoridad, representada en los cuerpos de policía, inspectores, jueces o fiscales, en virtud de denuncias formuladas, o por conocimiento directo de tales funcionarios, o por informaciones confidenciales o mediante cualquier otro medio de comunicación o percepción.

71 Criminalidad oculta, finalmente, es el número de infracciones cometidas que no llega al conocimiento de las autoridades o que, habiendo llegado a conocimiento de las mismas no es por ellas investigadas. Este componente estadístico se conoce también bajo la denominación de cifra negra o cifra oculta de la criminalidad: Estadísticamente es la diferencia aritmética que media entre la criminalidad real y la aparente, vale decir, entre el número de hechos punibles realmente cometidos, y el número de los mismos que efectivamente llega a conocimiento de las autoridades y que es por éstas investigado, de lo cual es fácil deducir que la cifra negra u oculta de la criminalidad será más o menos amplia, dependiendo del hecho de que la autoridad tenga o no la información de un número más o menos cercano a la totalidad de infracciones que efectivamente se cometieron. En este orden de ideas, se tendría que la proposición algebraica en relación con la criminalidad, podría establecerse de la siguiente manera:

En donde C.R. quiere decir criminalidad real; C.A. significa criminalidad aparente y C.O. se refiere a criminalidad oculta. Según los resultados del manejo oficial Según los resultados del manejo oficial, la doctrina distingue la criminalidad legal, la judicial y la impune. Cuanto a lo primero, partiendo de la premisa trazada por López Rey27, según la cual se trata de una expresión que no puede justificarse gramatical ni criminológicamente, diremos que Criminalidad legal es aquélla que ha sido realmente investigada por la autoridad competente, y en relación con la cual se ha producido una decisión judicial más o menos provisional, esto es, la conformada por aquella cantidad de pronunciamientos judiciales que implican una decisión de

27

López, R. (s/a). Criminología. Pág. 196.

72 la instrucción o una cesación de procedimiento, una resolución de acusación, entre otras. Se denomina Criminalidad judicial a aquella parte de la criminalidad legal que culmina en sentencias condenatorias y que, desde el punto de vista estrictamente jurídico se erige en la única forma de delincuencia reconocida en un Estado de Derecho que parte del supuesto de que una persona es inocente mientras no se pruebe lo contrario, al tiempo que se profiera en su contra un sentencia condenatoria irrevocable. Finalmente, llámese Criminalidad impune a aquella parte de la criminalidad que media entre la aparente y a la judicial, esto es, a aquel número de infracciones que habiendo sido conocidas por parte de las autoridades –hayan llegado o no a conformar la criminalidad legal- no culminaron en sentencia condenatoria. La criminalidad por su ámbito En razón de su ámbito especial de ocurrencia, la criminalidad se clasifica en local, nacional, internacional y transnacional. El primer tipo de criminalidad comprende el total de infracciones que en un tiempo determinado se registra en un ámbito territorial que forma parte de un contexto sociológico más amplio, como acontece en una ciudad o región; el segundo tipo de criminalidad, está representado por aquella criminalidad que sucede en un lapso definido dentro de un espacio geográfico delimitado por las fronteras naturales o políticas que definen una Nación o Estado; en cuanto al tercer tipo de criminalidad, es aquélla que infringe conscientemente el contenido de un convenio firmado por varios países y que, en estricto sentido, tal como lo predica López Rey, vulnera las leyes de cada Estado, habida cuenta que el pacto rige en la medida en que sea recogido por una norma jurídica estatal; y, finalmente, respecto a la cuarta categoría de criminalidad, es aquélla que supera los estrictos marcos estatales así como el de sus anquilosados ordenamientos jurídicos particulares, y aún, el de sus eventuales convenios bilaterales, pues, como su nombre lo dice comporta la comisión de delitos más allá de las fronteras

73 nacionales, lo que por antonomasia evoca las actividades ilícitas desplegadas por las multinacionales, si bien habrá de reconocerse con López Rey, que sería equivocado identificar la criminalidad transnacional con la cometida exclusivamente por las empresas multinacionales.28 Actividad 2. Reflejando las formas de criminalidad La criminalidad es muy diversa y plantear las razones por las cuales esta sucede no es un trabajo sencillo. Han sido diversos los investigadores que han buscado una explicación a la misma sin conseguir resultados 100% viables. La criminalidad tiene diversas formas, y estas formas responden a un contexto social en el cual se manifiestan. Se hace necesario estudiar estas formas de criminalidad para comprender mejor el hecho delictivo; y, así, poder plantearse acciones que permitan reducirlo. Es por ello, que te invitamos a realizar la siguiente actividad, en la cual debemos reflejar nuestros saberes, experiencias y vivencias para construir uno o varios casos que muestren las distintas formas de criminalidad (según su conocimiento oficial, el manejo oficial y su ámbito). Un ejemplo de cómo representar algunas de estas formas de criminalidad puede ser con el siguiente caso: En un bulevar de nuestra ciudad se encuentra una señora observando una tienda, en ese instante se le acerca rápidamente un hombre quien le arranca su cadena y escapa a toda velocidad. La señora muy nerviosa prefiere irse a su casa en vez de poner la denuncia en el organismo competente, pues considera que su denuncia no será procesada. ¿En el caso planteado se puede evidenciar una muestra de la criminalidad oculta? ____________________________________________________________ ____________________________________________________________
28

Molina, C. (1998). Introducción a la criminología. Editorial Leyer. Bogotá: Colombia.

74 ____________________________________________________________ ____________________________________________________________ ____________________________________________________________ Actividad 3. Aportando propuestas para disminuir la criminalidad en mi comunidad Durante estos tres encuentros hemos abordado la criminalidad desde un punto de vista sociológico, paseándonos por diversas teorías y formas de la criminalidad que tratan de describir este fenómeno, todo esto con la finalidad de generar acciones que permitan prevenirla. La prevención del delito no es competencia única de los organismos de seguridad, todas y todos podemos aportar un granito de arena desde nuestro entorno, nuestras comunidades o nuestros hogares.

Es por ello que te invitamos a realizar la siguiente actividad. Desarrolla un escrito, coherente y cuidando la ortografía, en el elaboremos una propuesta desde nuestras comunidades que permitan reducir la criminalidad en las mismas. Esta propuesta no tiene que ser a corto plazo, pero en ella debes participar como uno de sus protagonistas. Utiliza todos los saberes aprendidos durante estos encuentros para analizar las situaciones de seguridad que afectan a tu comunidad, elaborando un diagnóstico de esta situación que refleje dos problemáticas y así plantear una propuesta para las mismas. Para realizar el diagnóstico puedes utilizar encuestas o datos públicos sobre las situaciones de criminalidad en la comunidad.

Actividad Final Estimadas y estimados estudiantes para finalizar este tercer encuentro se nos proponen una serie de preguntas que nos permitirán reflexionar sobre la criminalidad. Leamos detalladamente y demos respuesta:

75

1. ¿Según tu experiencia policial, por qué consideras tú que ocurre mayormente la criminalidad oculta? __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________

2. Escribe dos casos en los cuales se evidencie: a. Criminalidad legal: __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ ____________________________________________________________ b. Criminalidad judicial: __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ ____________________________________________________________

76 REFERENCIAS

Elbert, C. (2005). Manual básico de criminología. Editorial Temis, S.A. Bogotá: Colombia. Garrido, V., Redondo, S. y Stangeland, P. (2001). Principios de criminología. Segunda edición. Editorial Tirant Lo Blanch. Valencia: España. Zambrano, F. (2010). Criminología. Editorial Atenea. Caracas: Venezuela. Molina, C. (1998). Introducción a la criminología. Editorial Leyer. Bogotá: Colombia. Bergalli, R, Bustos, R y Miralles, T. (1983). El pensamiento criminológico. Editorial Temis. Bogotá - Colombia. Pérez, A. (1991). Curso de criminología. Editorial Tenis. Bógota: Colombia. Sosachacin, J. (1986). El Hombre y el crimen. Publicaciones de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Caracas: Venezuela. Gomez, E. (1979). Introducción a la criminología. Caracas: Venezuela Tieghi, O. (1996). Tratado de criminología. Publicaciones de la Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires: Argentina.

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