RAFAEL ROJO LIBANÉS

(obras mestizas)

VÍCTOR MANUEL GUÍU AGUILAR poemario

RAFAEL ROJO LIBANÉS
(obras mestizas)

RAFAEL ROJO LIBANÉS
(obras mestizas)

Víctor Manuel Guíu Aguilar (poemario)

Primera Edición. Mayo de 2006 © de los textos, Víctor Manuel Guíu Aguilar Edita: Centro de Estudios Bajo Martín, Calle Abadía nº 2 Híjar (Teruel) 44530 cehijaranos@yahoo.es Imprime: Perruca Industria Gráfica ISBN: 84-61 205-0 1-1 Depósito Legal: TE-97-2006

INDICE

PRÓLOGO, Domingo Saturio
pág. 9

POZALES DE AGUARDIENTE (actos sacros)
pág. 1 3

MEZCLIZAJE
pág. 27

CENIZAS (calibos se sangre)
pág. 35

PASIÓN Y MUERTE
pág. 51

SILENCIOS
pág. 55

Sólo, una, melodía
pág. 61

MAESTRAZGOS
pág. 65

PRÓLOGO

Domingo Saturio (José Manuel Soriano)
“Hay una letra más con la que sólo se escribe poesía” Angel Crespo

La primera vez que vi al Mestizo tenía la piel de papel y la mirada de un loco que tiene miedo a conocerse. Desde sus vísceras acechaba los renglones de las columnas de un periódico semanal a golpe de palabras con cachirulo, y con su lápiz afilado de ironía y el sarcasmo de aquel que se siente herido, no dejaba lugar a la indiferencia del lector. Tiempo después conocí a Víctor Guíu. El color negro de sus prendas era un acicate para su verborrea, como si se ocultaran en una sombra todos los silencios que llevaba dentro. No dejaba de hablar. Le escuché azotando el tedio de una tarde otoñal, entre barras de bar y sueños de letras, entre los huecos de un par de versos que los sorbos de una copa dejaron. Entre patilla y patilla no podría haber más ideas, ideas que se mordían así mismas, como un dance caníbal acelerado. La utopía abanderaba lo que no tardando mucho fue tomando forma. La cultura se hace desde el secarral, hubiera dicho, y así, comenzamos una amistad a cuatro bandas: Víctor Guiu, El Mestizo, Domingo Saturio y yo.

9

Compartimos folios en honor a Dadá, arreglamos nuestra tierra hasta dejarla como está, cercamos el mar en la Estanca y comenzamos aquel Diario de guerra que día a día fue haciéndose hasta que las tropas de Bush entraron en Bagdag. Conocimos a otros, que como nosotros dejaban escapar el tiempo en endecasílabos abstractos formando “Másquepapel”. Víctor nunca será aquel que afila un cuchillo de madera para cortar las cañas del río. En sus versos de botella rota, una voz rebelde agita los sentimientos y los desgarra violentamente, como quien vence a la rabia hasta deslizarla en palabras, en unas palabras afiladas con el atrevimiento de un joven que no puede callar. Rima y métrica son dos instantes bajo la sombra de un olivo, un ribazo a la ladera de un río seco. La vida es la conversación de dos abuelos sentados en un banco de un pueblo justificando los años en los recuerdos, diría él. Su poesía se aleja del estereotipo. Su atrevimiento se bañaría en el de los poetas puros con un estilo que sin casar con las diferentes vertientes actuales, hacen aflorar una voz propia, una voz que lanza al desespero su primer grito directamente del corazón al papel. Es un halago para un servidor de esta tierra ocre poder escribir éstas humildes palabras que prologan la obra de un autor que no va a pasar desapercibida.

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RAFAEL ROJO LIBANES; Nacido en la razón supone imaginación. Versos del corazón y de la muerte, versos de siempre. No existe, pues, civilización eterna, ni pasos olvidados, ni aprendidos. Repeticiones simbólicas y empíreo solar de vastas culturas, precedentes, venideras. Poesía no ha muerto.... Vivió en ti durante largo tiempo, pero no se fue, y volvió...

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POZALES DE AGUARDIENTE (ACTOS SACROS)

ACTO 1
I
el río transcurría sereno, la noche clara, y un pájaro cantaba... mezquino.

II
la muerte

Voz desgarrada que ruge al grito en sólo un momento ... de esperanza. Voz desgarrada que ruge al grito en fatídico suspiro ... de perdón. Asoma el aire a un destello de filo verde, que escapa, y hiere.

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III
el camposanto Tordos cantores del camposanto; bullicio de vivos. Cipreses blasfemos que horadan el cielo. Tarde clara, disuasoria; tarde oscura. Mundo perdido. Guitarras que suenan, que yacen mudas en mundo de reyes muertos.

15

ACTO II
Valiente y frío. Con gabán oscuro. Suspiraba. Roídos sus pantalones. Se rascó dulce las patillas. Más dulce el anís de su copa, y fuerte el tabaco de su pitillera...

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I
no soy el tiempo ni el momento. somos duda Acuso la belleza en un frente imaginario, sistemático y conceptual. Aun cuando nunca la he tenido sé que poseo el secreto. El secreto no es la juventud eterna, sino la vejez extrema, la indiferencia a un tiempo que no transcurre sereno ni ideal. La virtud. ¡Amigo!, la virtud no existe. La vida. ¡Ingenuo!. Sólo un sueño. El amor. ¡Ignorante!. Ignorado. Recorres la línea vertiginosa sin saber, lo verdaderamente apropiado. Línea popular cuando todos lo aprendamos. Óptimamente irreverente. Genialidades sin nombre; ni fecha. Ni tiempo (¿qué es el tiempo?). Mágica irradiante camina vestido desnudo. Sudoraciones me produce el despropósito de la situación idílica. Un polvo blanco parece que corroe mi pituitaria amarilla, antes rosada o verdosa. La muerte. No existe, sólo un sueño. Uno piensa; triste y solitario. La actualidad me embriaga y es un pedazo, de tiempo. Que no transcurre sereno ni ideal. Un vocablo que nunca ofrece dudas por ser duda, remota y continua. Pienso en negro, un negro mas oscuro que la duda; la duda, de un tiempo, que no transcurre, sereno, ni ideal.

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ACTO III
“El juego sólo es válido cuando se obedece escrupulosamente la regla, desde el mismo instante en que ésta se impone. El elemento apasionante del juego no es, por otra parte, el resultado, la performance, sino el juego en sí mismo, movimiento constante de peones, circulación de cartas, todo lo que hace que un juego – al contrario de una obra de arte- no esté nunca figé.” Michel leiris: A propos d’une oeuvre de Marcel Duchamp.

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I
cadáver exquisito Metal sucio corroído por lo corrosivo de su semblante Muda torpeza mía como diente incisivo en tu marmóreo sagrario Llenos de luz, puerco de color y una longaniza clavada en la pared Sangrante susurro rugoso socava valiente teniente tesoro rocío ortiga ganaste ternura Tu madre (ni la de él) nunca fue puta; ni la erguida coliflor antes que monje. Hostias recibe el destino por y atrevido a manejarme. ¡más fuerte soy yo!.

II
A DON LEOPOLDO MARIA PANERO Tu, nos miras desde la Vasconia encogida, cautivo eres de la cárcel de tu locura, sin azúcar tu bebida y rubio tu tabaco, intrépido habitante en habitación oscura. De aficiones etílicas, y vocablos soeces, con tres vigilantes hasta el excusado, y onanista, quién sabe cuantas veces, sólo. (“ínclitas razas ubérrimas sangre de España fecunda”) Loca es tu pluma, no tú. La mente tu carcelero. El papel tu colchón frío, y tu lavabo: el tintero. La chispa. Desilusión. Háblame. Que me hable el loco. ¿El loco? El loco de Mondragón.
19

III
Dadá y Garrincha Rogelio Allepuz Para usted De invicto en su campo Postigo Tenía mas de 500 Burham Ozbilici Situaciones críticas La cirugía de los trasplantes Bar el rocío- san viator. 5-1 Es un triunfo importante Romaredasanagustín Protege y asiste a los refugiados Chemerkin domina No sería el mismo equipo Del cielo baja Dios y San Jodese patrón de los perdedores.

20

IV
la mano del artista es la mente del pesimista nervios nervioso nerviosa inutilidad suprema nerviosismo impureza no son indicaciones

consedel princicuentepiante; mente picante extrasoaz viada en dulces. compases siniestros y simpáticos.

tranquilidad

y entonces todo fue tierno

Y el amor y la vida se confundieron Sólo se sabiéndolo todo
No querrán las sangrantes varas quebrar su torcedura enhiesta mientras las cariátides blancas bajan sus falanges al son del pulso.

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ACTO IV
“ ... la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de loas acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.” Examen de la obra de Herbert Quain, de Jorge Luis Borges.

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I
Parece imposible que te extrañe. No derramaré ni una sola gota del café, pero sí las lágrimas...

II
jueves trance. medianoche, el sonido de la hora... Llanto rápido. El ruido te confunde. Vuela golondrina, negra, no ocultes el plácido amargor del ruido. Vuelca en rabia la desdicha ajena, ¡suena!. Oh plegaria altisonante. Ciénaga de humus que desvaría, ¡cae!. Late el despertar hemofílico la sangre, no coagula en el baño impune de angustia, ¡late! Días grises, nubes grises, agua gris, ¡sangre!, ¡sangre!. Puño estúpido que roza, salpica, el turbante de una villa de terciopelo que duerme con savia, tibia, que cae de los árboles dormidos también por procesionaria vellosa y urticante. Destruye al silencio la catástrofe.
23

Vino agridulce en la amarga pasión. No hay muerte, sólo, ¡sangre!. Que cae, que hiere. Oh pupilas desgarradoras del viento frío, de la noche entera, del vientre cálido de una madre uterina, del camino; gólgotas anónimos. Oh plegaria, sarnosa de ruido, extravagante, atroz, benévola, tocad, malditos, ¡danzad!, las guerras, mundos aparte. Llora el madero y el sudor se muestra, luminosamente tenue. Rancios despertares, aies, aies, ¡aies! ¡!!aies!!! estallan, caen , las estrellas. Prodigio inmutable, siglos negros. Respirar la asfixia, tocad, malditos, todo es sangre. Reíd la impertérrita risa galopante entre las huestes cristianas, perdones, perdones, mientras derramas tus gotas sonido, ¡compases!. Gracias eternas mientras la luna también cae, ¡cae!. Encima del pasional estruendo, ¡cae!. La mañana no se corta. La piel espanta el fantasma, los sudores se alargan, en la clara madrugada, los truenos piden favores, tocad, malditos, tocad, pedid en la noche, abominable.
24

¿Queréis perdón?, ¿queréis amor?, ¡NO!, ¡queréis sangre!, ¡tocad!. La espuma arde en las bocas, serias, meditabundas, soaces. ¡Tocad!. Cristo en tierra pide clemencia, angustia de pecadores. Rancios ayunos de terceroles, ¡tocad! ¡sangre!. Volved el vuelo, el viento aún sopla, más fuerte. El odio se repite, repicotea con ganas, de ganar: ¡pierdes!. La madera vibra. Son extremidades. ¿El cuerpo?, se desvanece, efervescente, en el agua de la tormenta. ¡Tocad!, ¡malditos!, hervir la sangre, los atriles, las flores, la madre. Hervir el compás, malditos, !tocad!. Que mañana el mundo nace, chirriante, orgullosamente irracional, malditos, ¡tocad!, que es la noche, media, y no quiere despertar.

25

III
Amanece, el gallo canta, ágiles al ramal, se suben, pajarillos que pían. Pían, que del pío de piar pió, pió piando con el pío. ¡Pío!, ¡pío!, pió, mañanero el pájaro pillo. Y tardana, la urraca (o el cuervo), ¡cruaj!. Pió piando. Graznido lo llaman, Pío de la urraca que pió.

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MEZCLIZAJE

Ojeé el periódico por la mañana, el cielo se despertó temprano, en mi reloj, despertador...

27

I

La curiosidad, madre de la ciencia, engaña al curioso, y pone nervioso, al poderoso.

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II

Caro verso: Deseo tu suave, tu entraña o tu visceral, efecto, sueño, o vida dormida que medita. No puedo, ni debo, dejar de pensar en ti. La fama, el prestigio lisonjero, no son tus demonios enfermos. Somos tus musas de incorrecto, tus leyes del infierno. Tus Judas compañeros, los que te matamos. No pido perdón, sólo hambre, de volver a verte, y amarte.

29

III

Encontrar lunas; buscar el sol de medianoche; abrir páramos. Descubrir soledades. Perder caminos. Rescribir angustias. Soñar madrugadas despierto. Vigilar altivo el llanto. Querer dormido. Acémilas cansadas de mis ancestros. Psicología barata de encuentros encerrados. Necesito un báculo pétreo. Una vil escudilla de hambre. Solitario viajo cargado de deseos. Y los deseos son fechas. Las fechas pasan, queda lo etéreo, que arrastra pasajes del firmamento, aunque encuentre horizontes, donde escribirlos.

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IV

la virgen del terror Caí en sueño: golpe seco del corazón. La mano amiga se soltó y los ojos neblinosos evadiéronse con el haz de luz y música tenebrosa, cuando entre arcos bajaba el misterio, el terror, con un amago y griterío de sombras, que volaban escojonadas de risa tibia, argentina y clara. Terror vidrioso y blanco marfil bajo de su torre encarnada y de oro, faz de desdichas mutada, con arroz, polvo de y, envidias, avaricia del lloro que carcomía la blancura, tornándose rosada. Unos ojos malévolos en mi vera, junto a la cama, asomados, de niña; sonrisa apagada de mi vida.

31

V

gorrión peregrino, ¡ven!, ¡pósate!, aquí, bien, a mi lado, a mi vera. ¡Ven!, y pósate un rato.

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VI

“quizás la botella, estuviera vacía” primero Marchitó la noche al tiempo y el tiempo al humo. Mientras, el fuego se erguía ondulante donde la leña húmeda ardía. Nunca. No encontró la leña prendida en suave energía. “De nuevo fue la noche la que atizó con fuerza el frío. De nuevo, pues, primó la insolencia a la asfixia.” (dijo la alcoba al hogar inexistente). Segundo Dominó la noche al tiempo y el tiempo a la copa perdida. Dirigió su mirada la botella, dos paisajes, dos. Dos enjambres de esparto reseco dieron asiento al vaso, vacío, sucio, impoluto de agua clara. Dos paisajes, dos, dos botellas, dos vasos; un gaznate reseco. Tercero Se orinó la noche encima y aún así, confusa, rindió tributo a la madrugada, casi sin querer. Con ardor caliente calentó cálidamente la lúgubre lubricación limpia leñosa, enhiesta, cantó, canciones destiladas donde la cabeza perdió, con rasmia, la inocencia del sobrio.

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CENIZAS (calibos de sangre)

“Las cenizas son los restos. Son etéreos resquicios de lo que fue. Así son los poemas que parten del vacío. Son instantes atroces. Son vivencias que consumen como el fuego la esperanza. La ceniza supone en sí el poema. Ese desgarro que lo llena todo en un momento, y que muere irremediablemente hasta el próximo desgarro, que consumirá otro retazo de ilusión. Las cenizas reclaman también su existencia como rescoldo. En una sociedad donde todo son restos de hipócritas y de falsedad, la poesía reclama un espacio, un halo de aire, aunque insano, aire al fin y al cabo. La ceniza es la poesía que sale de dentro. No del corazón, ni de la cabeza, sale del nudo que a muchos se nos forma en el estómago sólo por seguir viviendo sin derrotero claro, bandeando como el barco sin rumbo. Quiero compartir mis cenizas. Que huyan mis pensamientos por chamineras espaldadas. Aunque sea tan sólo el abismo de lo inmediato. Evocar un nudo en el estómago del lector. Quiero ser boca de la desesperanza, inquietud suprema del viajero iluso, que no encuentra sino curvas sin destino, sino bosques en llamas, que se apagan y vuelven al hilo fino de la perdición, en la cual andamos sin lunas oscuras que nos guíen.”

35

I

En la noche dibujo una mirada, evoco una voluta, descubro un paraíso, en la palabra, resisto en el sueño, muero en la mañana.

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II

Comenzar, no es, simplemente, algo a medias. El hecho en sí, no quiere suponer, supone, y existe por las razones, simples, del descrédito erradicado. Como un simple verso, mente a medias, que quiere, y supone, y siente, y hiere, la mandíbula de las letras.

37

III

Se escuchan gritos de libertad. Deben de traerlos por el aire. Mejor, o abruma el tiempo, del reposo en una fresca noche del Mayo caluroso. Que renace. Quiero, ¡oh espíritu de la vegetación!, ¡oh, dioses del cereal antiguo! que nos da la vida, a la historia del llano pueblo y supersticioso, el ágora de la traición. Quiero verte. Que no te traiga el aire. Que no. Que no te traiga. Que así te llevará. Porqué, nos preguntamos en tierra de ruidos; compases y viril imperio. Porqué, o mejor, ¿dónde te fuiste?. Tendremos que unir las voces. Asesinar a Dios de Nemi el bosque. Son ruidos de grandeza, son de globalización.
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¿Tú que dices Dios de Mayo? ¿Y los gritos seguirán?. No es mejor gritar, quizás lo más sano, lo más puro, debería de ser escucharte. Pero, ¡no te vas? no quiero hablar, sin escucharte. Si me voy... Si no vuelvo... Sólo el Mayo y la primavera lo saben.

39

IV

No preguntes cuando despierto, pregunta cuando duermo.

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V

Es la rebelión del pobre. ¿Qué difícil comprensión?. Cuando uno es pobre, de espíritu, es pobre, de sentimiento. No existe, la rebelión, del pobre. Únicamente hay rebelión, de hambrientos, que son los que no comen, mejor dicho, los que no pueden comer. Y los que no comen, cito a Perogrullo: ¡pasan hambre!. En algún lugar del mundo, ahora, habrá quien diga, proclame incluso, que cree en la humanidad. La humanidad, estúpidos, murió, con rosas marchitas, trenes abarrotados de ideas, y pantanales putrefactos, de escoria humana; sufijo de hipocresía, de llanto irreconciliable, y polución de gentes, todas, hambrientas... de más hambre.
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VI

Quien piense que escribe, que piense antes, o que se compre un revolver del calibre 45

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VII

Tenía un amigo solitario. Vivía en una gran ciudad. Se sentaba las mañanas de invierno. Vegetaba en primavera. Tenía alergia, opinaba, del amor que la sangre altera. En verano bebía cerveza, sencillo, refresca. Como refrescan, los refrescos. Tenía en su perro un buen compañero, aunque murió a los meses. Y al mes siguiente llegó el otoño. Y guardó cama como la hoja caduca, que cae en bosques infectos. Tenía un amigo solitario. Paseaba como las ánimas, en sueños de carnaval. Tenía también, una pluma; se estropeó y no pinta. Tenía pincel, ¿pintura?, no, no usaba. Gustaba de la emoción de un paquete de chester. Compraba a la medianoche, cuando las tierras andan cerradas. Tenía una pipa que heredó de su abuelo. Y un libro, que mangó de galerías. Decía que estaba en blanco. Bien mirado, era un cuaderno. Estaba en blanco. Escribía con su pluma, inexistente.
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En él pintaba imágenes con su pincel sin pintura. Escuchaba discos de un cantautor, famoso, que nunca grabó un disco, aunque cantaba, eso sí, los días que van, entre los pares y los impares. Tenía un amigo solitario. Comía y empapaba el unto de; la sombra. Pensaba en abstracto, diluido en café con leche. Agonizaba en sus penurias. Encogido estaba en catre apolíneo. Odiaba la sangre, por ser curso, camino impertérrito, de la segunda declinación, latina, en la cual las rosas, no hayan lugar. Vivía mi amigo, sólo, con su ambiguo mundo, de porcelana. cabe la posibilidad, de encontrárselo, encerrado. Consultaré su agenda. Preguntaré al vecino. Sonreiré a su madre muerta. Entraré al iluso ámbito, de su actuación postrera. Quiero buscarlo. Más pequeño es el mundo, y lo meten en un pañuelo

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VIII

Desde un pueblo pequeño. Observo el mundo. Lo refleja la luna nueva. Un suspiro y arde el infinito. Una lágrima, y engrana la maquinaria sangrante. Posiblemente, o quizás nunca, la luna se convierta en la telonera de mis sueños.

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IX

Jesús es solo Dionisios, pero sin tanto vino. Hipócritas descreídos. Ninguna religión existe; existen todas, y todas son las mismas. La sangre, el vino. el cereal, el cuerpo. Todo es invento de los antiguos. Incluso el miedo, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Y las empresas del terror. Escuchad pues al nuevo Dios, pues este renace siempre, en primavera. Escuchadle bien, y, sobre todo, que no se le olvide, pediros el número de cuenta. AMEN

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X

oficio de tinieblas Sabe a madrugada. Un sabat fatídico. ¡Matemos al Dios rey! En oficio de tinieblas. Vierte el cáliz incorrupto, al suelo sucio que pisas. Unge el óleo, desespera, resucita la muerte muerta. ¡Matemos al Dios rey! ¡Que reviva la carne yerma! Morir sólo es paso, a la comunión eterna. ¡Esperad! ¡Quietos! ¡Redactad necrológicas! ¡Redimid el huerto del olivo! ¡Esperad! ¡Quietos! ¡Matemos al Dios rey! Sabe a madrugada, de tinieblas.

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XI

ESTIMADO AMIGO Escribo cartas al infinito. Te cuento triste mi viaje por estepas, por ríos crecidos de matorral seco. Echo de menos el camino que recorro, aunque lo aprendí de memoria. Viviendo en la noche me encontré con la Aurora. Supe que viajaba cansina y la espera, me contó sus peripecias con el sol dorado, y, cómo no, con el ardiente deseo. Aunque tenía prisa, descansó sus pies en el polvo del sendero. Proseguir supone estar parado; observar siendo visto sin serlo. Enlazo discursos de trashumantes vuelos. ¿Cómo no regresas? Así descubriríamos juntos el pasado; reharíamos el futuro que tan mal nos fue. A pesar de todo te comprendo. no pienses que en mi retiro evoco la derrota, mientras la sal endulce la parada es más sincera. Pero no entiendo el retraso de tu bola de cristal. Lo transparente, lo ingenuo, lo incrédulo. Lo pulido de tu verso. Más sabrá dadá. Y su urinario nefrítico. Viles armas retornan en la vigilia, que cercana al sueño, reside en vidrios epicúreos.

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Platón anda desairado. Ahora, dicen, debe llevar al Demiurgo con correa, y han chapado su caverna. ¿Quizás por drogas?. No se; circulan rumores. Aristóteles, comentan en el bar, vive amancebado. Ya no es como antes. ¿De qué te extrañas? Grecia cayó en manos de romanos. Especulan con pan, vino, aceite, y aire. Además de hamburguesas y whisky añejo. No está en mi mano borrar las huellas, sí, recordarlas. ¿Sabes? En los pisos bajos hay inquilinos. Todo ha cambiado. Todo discurre plácidamente, corriendo. Sueño en los bisaltos mágicos, y en judías pintas, que me permitan subir, charlar con el gigante, comer juntos, fumarnos un canuto, ver un partido, recordar, sin más. Sobre boiras esponjosas.

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Quiero mirar la luz antes de dormir. Seguiré esperando otro día, durmiendo. Si es posible. Se despide, afectuosamente, la val profunda.

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PASIÓN Y MUERTE

I
Lo que vino de Oriente Cristo. Dios con nosotros. Dios de la muerte y la vida. Dios del ciclo natural y humano. Adonis su sangre derramada. Dionisio su vino sangrante. Osiriaca su turbia mirada. Mitraica, madre y sol.

II
Matemos a Dios. Comamos a Dios Desparramas gotas, jugosos granos, sonido susurrante de muerte, convertido en grito terrible, de salvación. Y la granada nos abre, su fértil vientre eucarístico.

III
Llueven las palmas Llueven las palmas. Llueve el estío. Llueve el campo sus tributos. Que llueva y la palma proteja, con la Santa del Cabezo del molino, y sus tormentas.
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IV
Cenizas Las cenizas son los restos. Son etéreos resquicios de lo que fue. Así son los poemas que parten del vacío. Son instantes atroces. Son vivencias que consumen como el fuego la esperanza. La ceniza supone en sí resurrección y vida. Ese desgarro que lo llena todo en un momento. Ese desgarro que muere irremediablemente hasta el próximo desgarro. Ese desgarro que consumirá otro retazo de ilusión.

V
(El temblor de la carracla) La luz de la vida se apaga. El sonido vibra en negra madrugada. El capuz oculta la razón. Las mantetas ocultan la magia celeste. El ruido se adueña del corazón.

VI
Tamborinada Las palabras son ríos, y los ríos, pasión, ruta, que muere al final. son tamborinada cuando desbocan la vida, son ruido, estrépito y éxtasis al corazón dolorido, al corazón, del Dios caído.

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VII
(La sangre hiriente del heridor sonido) El redoble preciso hirió la tierra. La tierra convirtió en parche el dolor. El grito, estremecido, tornó en músicas mágicas. El bronco bombo suavizó la letra del poema, que rezaba sanguinario el tamborinero.

VIII
Y tembló la madre ovípara, esperando el hijo resucitado. Y tembló la tierra al canto, desesperado. y al alba apareció. Y la profecía fue dicha. y el día trajo una noche, para amanecer ... al día siguiente.

IX
(Los chamanes ebrios) Dulcificada ambrosía de vino y rosas, de anís y clavel, de sangre y vida. El ruido no confunde al que profesa, la religión del tambor. El chaman de los batientes palillos, recorre la imagen de Dios con su sexto sentido.
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SILENCIOS

25 de marzo de 2003 no mires la metralla, no la mires, mira la tierra reseca, no la mires, mira la inocencia de la lágrima, no la mires, mira el hipócrita señor de la cnn, no lo mires, mira el boquete desnudo, no lo mires, mira la noche con relámpago, no la mires, mira la estupidez del sordo, no la mires, mira la metralla inútil, mírala de cerca en tu tv corrompida.. mira tu brutal asedio, tu importancia absurda, mira la metralla inútil, mírala de cerca desde tu sillón, con tu asquerosa hamburguesa, con tu asquerosa prole de estrellas sobre fondo sangre, mírala cabrón estúpido, mírala porque nunca, nunca, nunca, nunca te salpicará tu cara de asesino. no no no no mires la metralla mires la metralla mires la.. mires...

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Marzo 2003 no me verás nunca, ni siquiera comprendo, ni siquiera entiendo, ni siquiera se que corriste, por los campos de Kansas mi padre está arriba, mi madre llora en el portal derruido, no pude leerme el Corán, ni oír al señor del bigote, que tantas veces sale por la tele, del vecino, yo no tengo. el suelo se calló, el suelo cayó, y mi padre está arriba. no oí llegar el zumbido, ni los truenos de la noche, mi padre está arriba, mi madre llora en el portal derruido. quise soñar con un arco iris, pero hace tiempo que dejó de llover, tengo la viga aprisionándome, mi padre está arriba, mi madre llora en el portal derruido tengo la vida encima, y la muerte llama compasiva, mi padre está arriba, mi madre llora en el portal derruido. voy a ser número colateral, yo soy el enemigo.... le dijo el niño, … al marine
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Marzo?? 2003 las guerras, por extrañas circunstancias, digo, las guerras, son de un indefinido color verde. el rojo de la sangre, del fuego, del trueno, del estrépito, del tropel de aullidos, de la tez sonrosada, el rojo, digo, se olvidó de la guerra. imagino a la trinidad de las azores, donde antes venían anticiclones, digo, imagino la podredumbre verde, indefinido, en sus caras, fumando puros, traicionando en nombre de un Dios que murió. las guerras, indefinido color verde, digo, son juegos de game-boy. las teles, digo, indefinido color basura, muestran en verde, la inocencia del nacido.

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26 de Marzo 2003 el señor colateral alcanzó al vecino, comprando compra en el mercado asesinado. el señor colateral alcanzó al vecino, que a pedazos se desparrama sangriento, el señor colateral alcanzó al vecino, su hijo recoge los trozos que quedan de su padre, el señor colateral alcanzó al vecino, y una fruta madura rueda por el suelo.

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Mi poema es el silencio en la tierra olvidada, mi poema es la noche cuando su esfera apaga, mi poema es umbría, óleo sacro de empeltres carcomidos, mi poema es la gente que con libertad habla, mi poema es el cierzo que azota las ventanas, mi poema no es la puerta cerrada, mi poema es la muerte cuando clava su espada... Mi poema rezuma sagradas algaradas, mi poema sugiere, mi poema se encanta, mi poema es el ruido sin guerras ni amenazas, mi poema sois gente y amores que delatan, mi poema es la paz, que los yankees amenazan... Mi poema se agranda cuando la tierra se apiada, mi poema son rudos, suaves, tiernas caras blancas... Mi poema es tronada contra los actos fantasma, mi poema es la pena, de un mundo que se acaba, mi poema es pancarta en el corazón que se alza... Mi poema son dulces melodías de oriente, mi poema es espada, de tinta que se estremece, mi poema son mágicas utopías varadas, mi poema se enciende, con lamineras proclamas... Mi poema si siente la injusta bomba que mata, mi poema es absurdo, si no quieres ver matanza, mi poema es la falsa, del pobre niño escondido, mi poema es bodega, y sangre derramada... Mi poema no es sombra, pues la luz es tu mirada, mi poema no es luz, si el resplandor absorbe el alma Mi poema es la voz de las tristes amenazas, mi poema es el tuyo, si lo aceptas, encogido el corazón, por la pax inventada

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Sólo, una, melodía

Sólo, una, melodía
Canción melódica en clave de Sol (Al Creador, si es que escucha) a aquellos que desandaron la juerga en noches cerradas y curvas abiertas ¿Quién inventó el caucho? no se, quedo pegado en líneas paralelas. Amanecía el sol, más bien callaba, y dormía la luna, su singular omisión. Cruzaba pues tangente el caucho la sinuosa sierpe aglomerada. Toda la noche canto en semifusas. Todo el camino, en semifusa andado. Y la solfa sintió, sin estruendo, la sirga acelerada. El pentagrama sólo es papel en esta historia. Y la historia es onda, como el aire y el perdón. Se escucha, no se lee. El pentagrama lo inventó un sordo. Pentagramo pasaba coca en el bar de la esquina.

.......................................

La muerte es paralela y se apaga. Pero el sol intangible acapara, enciende el círculo,
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asoma el habla. A ver quién sonríe si el claxon llama. Que baje el Creador, le escupiré a la cara. O mejor le espero, ¡qué se yo!. Pero que venga, le escupiré a la cara, lo juro, no es broma, le escupiré a la cara.

......................................

La extremadura es silencio atroz que no habla. Me cobije en olivar sombrío, pardo, goloso y frío. Y entonces, ¿Quién habla? ¿Cómo siendo muerto? O sólo el llanto acompaña la melodía eterna. Pero la música, sin embargo, siguió. Buscas la vertiente moribunda, y viviendo encuentras la muerte esperada. No quiero pensarte Creador. Quiero que escuches Creador, en la barra, la melodía en sol, orgulloso, encima de la niebla escarchada

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MAESTRAZGOS (desde la atalaya)

“El viento tarda… llegará, y sencilla la caduca, hoja, ojeará en su balanceo, las páginas del calendario.”

“Cómo una cabra fibrosa, escalante por cumbres, que amenazan tormentas o frío que llegara. Segundón soy de tu cumbre altanera, me quedó y vuelvo … porque nunca marché.”

“Anda despacio, que el cielo, plomizo… cae cansino, por la vaguada…”

“Los calibos de San Antón crepitan, y el aleteo solemne de Helios en su carro, (la niebla queda, espesa, allí donde la sierra se hace gente) esperando ansiosos mantener calor en frío Enero”

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“Se cubrió, como algodón, La nube fue horizonte durante días…”

“Desde mi atalaya espero, primaveras, venidas a menos. El susurro sólo es aire fresco…”

“La sombra que recoge, umbrías pardas, enhiestas cumbres, morrones que mecen su pétrea mirada, al compás de la brisa que emerge. El tiempo quiere ser sombra, umbría parda, solana austera, suspiro canto Marzo ambiguo que quiere, y trae primavera, austero macho que encabrita la cumbre…”

“Contemplo el vuelo fugaz del horizonte, la eterna y brisa aurora, y el malva atardecer de florido ardor, y la pausa consejera que anuncia el esparvero inmóvil vigilante.”
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“Yo sólo marqué en el sendero, las tantas y tantas horas regaladas, regalándome atardeceres, suspiros, olores descriptivos de sapiencia, Yo sólo marqué el sendero y alejándome, traicionero, desperté a la aurora. Y quise girarme, no quise marchar sin verte, pero en la escarpada oquedad, encontré tus versos escritos en el cielo.”

“Cuando llora la nube pasajera, sonría el paisaje duradero, sonría el árbol caduco o la flor perenne, sonría al raso el animal breve, sonría sabia la barquichuela indómita y ría el río, risueños y roncos rebollares, de ríos que rían, risas querrían, radiantes de raudos rápidos, resueltos mares, de cielos, que rojizos suaves rocían al río, mañana, temprano.”

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“Plúmbeo azul, soliloquio pétreo, verde cima... Abrazadas tierras de esos míos lugares, enmarcadas gentes que remeran y quedan, rasgos ocres... y paradas bellas. Encuentros, acontecidos, quijotescas figuras y Sanchos grotescos, de báculos trasnochados. Ínsulas de olvidos ...y esperanzas de noveladas aventuras de futuro.”

“Allí quedó buscando tardes de invierno dicharacheras. Soñando espectros de encuentros, al calor del rescoldo de algún hogar. Perduró como la sombra de un cigarro, en el suelo del carasol. Siempre que alguien... siga, viva... y recuerde.”

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Este libro se terminó de imprimir el día 22 de mayo festividad de Santa Rita, en los talleres de Perruca Industria Gráfica de Teruel

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