La identidad de los ruricanchos San Juan de Lurigancho.

El 13 de enero de 1967 el arquitecto Fernando Belaúnde Terry creó este distrito al este de la ciudad. Habitado en gran medida por migrantes de diversas regiones del país, este territorio --el más poblado de Lima-- tiene un pasado precolombino y colonial, desconocido para gran parte de sus actuales pobladores, que puede ser la base para crear una sólida identidad en la comunidad y desarrollar un circuito turístico. Jorge Paredes (Polìgrafo) San Juan de Lurigancho se levanta sobre una inmensa quebrada al este de la ciudad. Rodeada por una cadena de cerros, esta parte de Lima, contra lo que usualmente se cree, ha estado poblada desde tiempos muy remotos. Sin embargo, la explosión urbana producida a mitad del siglo XX --y acentuada en los años ochenta-- ha borrado innumerables vestigios arqueológicos y ha convertido verdaderas ciudadelas y palacios prehispánicos en restos de adobes que hoy sobreviven cercados por invasiones y urbanizaciones y amenazados por la indiferencia, el descuido y el vandalismo de continuas excavaciones clandestinas y de quienes arrojan basura y desperdicios en su interior. Por la avenida El Santuario se llega a Mangomarca. Tan cerca y tan lejos de Lima, esta ciudadela prehispánica aparece escondida entre un callejón de cerros en forma de U. De su época de esplendor no queda casi nada, solo resisten algunos restos: una pirámide trunca de adobe, construida como una prolongación del cerro, con una rampa curva que ha llamado la atención de arqueólogos e historiadores, y que permite acceder con facilidad hasta su cima. Aquí también se pueden observar murallas de adobe de más de tres metros de alto y otros recintos cuadrangulares que hacen suponer la existencia de un centro urbano de gran importancia. Se estima que Mangomarca --palabra quechua que significa "pueblo de los señores" o "pueblo real"-- empezó a poblarse desde el año 300 d.C., pero su etapa de apogeo se sitúa en el llamado horizonte tardío, entre los años 1000 y 1450 d.C. Según el historiador Juan Fernández del Valle, quien se ha dedicado a reconstruir el pasado precolombino del distrito, durante este tiempo prosperaron los ruricanchos, un grupo cultural que provenía de la sierra sur, probablemente del Altiplano, y que se asentó en este lugar formando una red de curacazgos. Los del interior La palabra ruricancho proviene del quechua y significa "los canchos del interior". Cancho o kanchu designaba, por su parte, a un ave de gran plumaje y se cree que los jefes de esta comunidad llevaban este apelativo porque adornaban sus cuerpos con estas plumas.

"Los ruricanchos tenían un alto nivel de desarrollo y Mangomarca era su capital administrativa y religiosa. A diferencia de otros curacazgos costeños no adoraban a Pachacamac sino a Pariacaca, el mítico santuario en las alturas de Huarochirí", dice Juan Fernández Valle. Esta comunidad se consolidó hasta la llegada de los incas a la costa (1470 aproximadamente) y con el tiempo --sostiene Fernández-- se cambió la 'r' por la 'l' a causa de una probable influencia lingüística altiplánica. Ruricancho devino entonces en Lurigancho y fue el nombre que los españoles recogieron en el lugar en 1535. La encomienda de Lurigancho pasó por varios propietarios, tal vez el más notable de todos fue el arzobispo de Lima Gerónimo de Loayza, y funcionó hasta alrededor de 1571 cuando por orden del virrey Toledo se crearon las reducciones o doctrinas de indios. Estos asentamientos, en los que se aglutinaron poblaciones indígenas diversas, se levantaron en varias zonas de Lima. De esta manera nació la reducción San Juan Bautista de Lurigancho, un pueblito que se ubica hoy cerca de la avenida Próceres de la Independencia, y cuyo nombre heredaría el distrito cuatro siglos después. El cerro colorado Entre las lomas que rodean la inmensa quebrada de Canto Grande, la de mayor altitud es el cerro Colorado (2.200 m.s.n.m.). Una verdadera cumbre que ahora es desértica y seca, pero que esconde importantes vestigios arqueológicos. "Hemos recorrido toda la quebrada --unos 131 kilómetros cuadrados-- y en el 2002 tuvimos la suerte de encontrar en el sector norte del cerro Colorado evidencias de primeros pobladores cazadores recolectores, objetos líticos de 9.000 a 7.000 años de antigüedad", dice el arqueólogo Julio Abanto Llaque, director del Instituto Cultural Ruricancho. "Estamos hablando de grupos que vinieron desde la sierra en busca de recursos que en esa época eran abundantes: puquiales, lomas, humedales". Según Abanto existen en el distrito unos cien elementos arqueológicos, a pesar de que el INC solo reconoce seis, entre petroglifos de época Chavín, restos del precerámico tardío (3.000 a.C.) y geoglifos (líneas 2.000 años más antiguas que las de Nasca). Al respecto, se mencionan los estudios del investigador Lorenzo Rosselló, quien contabilizó más de 65 figuras en las pampas de Canto Grande, que fueron destruidas cuando esta zona se urbanizó en los años setenta. Actualmente quedan algunos geoglifos (construidos por alineamiento de rocas) al interior de la quebrada, en la cumbre del cerro Colorado. "Lo más probable es que estén vinculados a un calendario astronómico", explica el arqueólogo. "La mayoría son plazoletas, es decir trapecios alargados. Solo hemos encontrado uno figurativo, que es una serpiente". Otro de los monumentos perdidos es una estructura ceremonial que, de acuerdo a

Abanto, existió hace 30 años en el actual pueblo joven 15 de Enero, y que por sus características estaba relacionada con sitios como Caral (en el valle de Supe). Se trata de innumerables vestigios que convierten la quebrada Canto Grande en una verdadera reserva, cuya puesta en valor y estudio es todavía una tarea pendiente. Los esfuerzos por ahora vienen de jóvenes profesionales residentes o nacidos en San Juan de Lurigancho que han creado redes de estudio y de conservación, así como publicaciones con importantes aportes para el conocimiento de esta zona de Lima. Tanto Juan Fernández como Julio Abanto coinciden en afirmar que sustancialmente se trata de crear una identidad en un distrito hecho por el impulso de cientos de miles de migrantes.

Fuente: Suplemento El Dominical (El Comercio). 11/01/09 Recomendado: http://clioperu.blogspot.com/2007/11/el-san-juan-de-lurigancho-prehispnico.html

Tierra de migrantes San Juan de Lurigancho con más de un millón de habitantes es el distrito más poblado del país, superando a departamentos enteros como Ayacucho o Huancavelica. El libro Los ruricancho (Fondo Editorial del Congreso, 224 pp. Lima, 2007), del historiador Juan Fernández Valle aborda un aspecto inédito de la historia de este populoso distrito: la época en que estuvo dominado por una red de curacazgos. Por Jorge Paredes Es cierto que la gran ola migratoria que cambió la faz de la Lima contemporánea se inició alrededor de los años cincuenta del siglo pasado. Sin embargo, esta no fue la única ni mucho menos la primera movilización social que afectó este territorio. Diversos investigadores -Max Uhle, María Rostworowski, Ducio Bonavia, Luis Lumbreras, entre otros- se han ocupado en diferentes trabajos de los señoríos y cacicazgos que ocuparon Lima entre los siglos XII y XV en un período de gran movilización social, provocado sobre todo por la desarticulación del imperio wari que produjo un éxodo de diversos pueblos andinos hacia los valles de la costa central. En este tiempo -conocido como el intermedio tardío- transcurre este libro del joven historiador Juan Fernández Valle, quien rastrea el origen y destino de los ruricancho, una comunidad procedente de la sierra sur peruana, de probable origen altiplánico, que se asentó en la zona este de Lima, en el mismo lugar en que ocho siglos más tarde otros migrantes, también mayormente andinos, darían vida a los distritos de San Juan de Lurigancho y Lurigancho-Chosica. LOS RURICANCHO El estado wari (700 D.C a 1100 D.C) fue uno de los primeros grandes imperios sudamericanos. En su etapa de esplendor dominó no solo la sierra central y sur, sino gran parte de la costa central y norte del Perú hasta Lambayeque y Cajamarca. Grandes guerreros, urbanistas y constructores de caminos, los wari formaron centros urbanos a lo largo de todo este territorio, que producían y tributaban para la elite ayacuchana. Es por eso que su colapso, por motivos todavía no esclarecidos (las hipótesis van del agotamiento del sistema político hasta una serie de desastres naturales), produjo en palabras de Juan Fernández Valle un cataclismo en los andes. Muchos pueblos sojuzgados de la sierra central y sur migraron hacia la cabecera de los valles de los ríos Rímac y Lurín, buscando nuevas tierras cultivables y la mejora de su calidad de vida. Entre estos grupos estaban los ruricancho.

Fernandez Valle cita a María Rostworowski y dice que la toma de los valles bajos de los yungas se produjo en diversas etapas, de acuerdo a un probable plan establecido, en el que primero se enviaba "espías" para analizar la situación social y luego, aprovechando las temporadas de huaycos y avalanchas, se tomaba las tierras ante la indefensión de sus habitantes originales. Pero utilizar el término cacicazgo -opina Fernández- puede ser muy arriesgado, por eso él prefiere decir que los ruricancho fueron una comunidad, cuya organización social estaba basaba en una red de jefes o curacas, sujetos unos a otros, y encargados de números determinados de familias. "Era un grupo homogéneo por su origen común, y porque a diferencia de otros grupos costeños y de otros que llegaron en la misma época no adoraba al dios Pachacámac, sino a Pariacaca (montaña roja), un adoratorio de difícil acceso en las alturas de la provincia de Yauyos. Hasta ahí acudían los ruricancho cada cierto tiempo llevando pan mojado con sangre e incluso realizando sacrificios humanos. Durante la Colonia este camino será conocido como la ruta de la nieve". Pariacaca es un personaje que figura en múltiples mitos y leyendas de Huarochirí, los cuales en el siglo XVII fueron recogidos por el padre Francisco de Ávila. Según estos relatos se trataba de un gran guerrero que en tiempos remotos había conquistado la sierra de Lima y que a su muerte había sido elevado a divinidad representando las lluvias torrenciales, los huaycos y el rayo. También se refiere que su hijo Tutayquire, otro gran guerrero y conquistador, dominó las vertientes de los ríos Lurín y Rímac en un ataque sorpresivo contra el pueblo yunga. "Por eso, los ruricancho se consideraban herederos de estos dioses", dice Fernández Valle, "y específicamente dominaron los territorios que hoy conforman San Juan de Lurigancho, Lurigancho-Chosica, Santa María de Huachipa, Santa Eulalia y Ricardo Palma, en la sierra de Lima".

http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2007-0812/imecdominical0768246.html

COMPLEJO ARQUEOLOGICO DE MANGOMARCA

Cerca a la avenida Gran Chimú, doblando a la izquierda y luego encaminándonos por la Av. El Santuario, encontramos hacia el flanco derecho un enorme complejo arqueológico el cual fue denominado Complejo Mangomarca (cuyo nombre deriva de Manku Marca o “Pueblo del señor”), que guarda en sí una belleza majestuosa a pesar de encontrarse afectada por la falta de mantenimiento y conservación por parte de las entidades respectivas. Cerca de este complejo ubicamos estribaciones andinas costeñas, las cuales se llenan de verdor y belleza durante la llegada de la estación invernal (de junio a septiembre). La loma de Mangomarca aún preserva ese equilibrio natural, en donde antiguamente se recolectaban diversas especies vegetales, además de especies animales como cérvidos, pequeños animales, aves y caracoles terrestres. En el año 600 d. C. las culturas en el Perú realizan intercambios culturales entre sí, este intercambio produjo influencias que se perciben, sobre todo en la cerámica, así surge un estilo llamado Nievería (Cerámica bella, fina y de color naranja). En San Juan de Lurigancho se encontró este estilo de cerámica en los entierros de Potrero Tenorio y en Mangomarca. Cuando decae la presencia de la Cultura Lima, surge un poderoso señorío llamado Ychma que ocupaba los valles del Rímac y Lurín y tenía como capital a Pachacamac, ubicado en el Periodo Intermedio Tardío del 900 d. C. al 1470 de. C. El Señorío Ychma agrupaba a varios curacazgos entre ellos el de Malanga (Maranga), Lati (Ate), Sulco (Surco), Limac (Cercado de Lima), Amancae (Rímac), Lurigancho (San Juan de Lurigancho), etc. Los Lurigancho o Ruricancho, mal llamados por algunos Hurin Huanchos, formaron parte del señorío Ychma y ocuparon varios asentamientos o pueblos entre ellos Canto Chico, Campoy y Mangomarca, Alrededor de los 900 d.C. Mangomarca se constituye como uno de los centros políticos más importantes de la margen derecha del valle bajo del Rímac, convirtiéndose en la capital del Curacazgo Lurigancho, lugar de residencia de los señores que gobernaron este territorio. Durante el 1200 d. C. los Ychmas y sus vecinos los Colleq (Señorío que ocupaba la parte baja del valle del Chillón) iniciaron grandes batallas por tierras con pueblos belicosos de las zonas andinas entre ellos los yauyos y chacllas pudiendo contrarrestarlos, pero en el año 1470 se produce la llegada del principe Inca Túpac Yupanqui, quien logra anexar a los Ychma al Tahuantinsuyo en 1470 d. C. En la zona del complejo arqueológico encontramos una serie de restos arquitectónicos importantes. Una presenta una estructura piramidal escalonada, levantada sobre un mamelón rocoso y su arquitectura es una mezcla de barro con pequeñas piedras, denominada tapia; se ha especificado que allí funcionó un conjunto residencial del periodo tardío. También en esta huaca destacan grandes muros masivos de contención; además de un complejo sistema de recintos y pasadizos, rodeado por un muro de circunvalación de tapia. Estas características, según los investigadores, dejan muchas incertidumbres sobre la posibilidad de uso como una Huaca-Templo o una Huaca-Palacio, debido además sobre la presencia de grandes acumulaciones de basura doméstica de la época en la Planta superior de la Huaca, la cual señala que su carácter no fue exclusivamente

ceremonial. Por otra parte, se destacan dos grandes cementerios con tumbas constituidas por cámaras rectangulares, revestidos interiormente con piedra rústicas asentada con barro. La cerámica recuperada en el sitio incluye vasijas de fines de Horizonte Medio o Inca Pachacutec. La importancia del Complejo Mangomarca conlleva a seguir en la investigación del lugar y sobretodo a su protección. Lamentablemente, la huaca Mangomarca, ya ha perdido el 70% de la estructura original, (denuncia dada en el diario El Comercio del día 08 de Abril del 2006) debido a que se encuentra en un estado de abandono total, donde se ha comprobado la existencia de basura acumulada por parte de inescrupulosos; además de ser el escondite de gavilla de delincuentes y drogadictos que radican en la huaca. Lamentable es afirmar que en el Presupuesto Participativo de la Municipalidad de San Juan de Lurigancho, en el Item N°8 existía una partida de puesta en valor de la Huaca Mangomarca especificada en S/ 250,000 nuevos soles con un alto puntaje de urgencia, la cual nunca fue realizada con lo cual se comprueba la negligencia por parte de las autoridades para conservar lo que fue en un momento el más importante centro político y económico de los Ruricancho. Existen entidades sin fines de lucro que ha actuado a favor de la protección de dichas ruinas como el Instituto Ruricancho el cual ha avanzado en la elaboración de un inventario de sus zonas arqueológicas, pero se está a la espera de que sea acogido por el concejo del distrito, a fin de que estas sean puestas en valor y recuperadas. Lucy Palacios Ramos es otra de las profesionales que trabajó en el rescate de la zona de Mangomarca, conllevando dificultades de coordinación con gestiones administrativas deficientes y de entidades como el INC que no han realizado ningún acto de protección de la zona afectada, lo cual demuestra la ineptitud de las entidades estatales del país en cuanto a preservación y protección a los bienes arqueológicos; el debate ya está abierto y solo se espera que nosotros como futuros profesionales de Arqueología desde ahora conllevemos a tomar las pautas necesarias para poder iniciar una concientización de la protección de nuestro patrimonio arqueológico; no permitamos que mas Mangomarcas u otros lugares de importancia cultural de nuestro pasado sigan siendo afectados y maltratados por simplemente el desinterés negligente conllevado por parte de las autoridades del Estado.

LOS PETROGLIFOS FORMATIVOS DE CERRO CANTERÍA: Un adoratorio temprano entre la cuenca alta de quebrada Canto Grande y quebrada El Progreso, Lima. Por: Lic. Julio Abato Ll.* Martín García-Godos**

.....porque es cosa cierta y averiguada que estas figuras y piedras son imágenes y representación de algunos cerros, de montes y arroyos o de sus progenitores y antepasados y que los invocan y adoran como sus hacedores y de quien esperan todo su bien y felicidad., digo la temporal y visible....... Pablo Joseph de Arriaga 1621

Introducción: El proyecto de investigación arqueológica “Prospección en la Parte Alta de la Quebrada Canto Grande–Valle del Rímac”, desde su ejecución ha mostrado como resultado una diversidad de evidencias arqueológicas de importante valor científico e histórico. Además de geoglifos, templos y campamentos prehispánicos evidencia el hallazgo de un conjunto de Petroglifos. Los petroglifos de Cerro Cantería son una serie de diseños impresos sobre roca de superficie rojiza únicos en esta zona del valle bajo del Rímac. Los petroglifos han sido ejecutados “cincelando” la roca para luego pulir el surco, logrando resaltar la figura. En su

conjunto cubren una superficie de una hectárea, hasta el momento se han descubierto diez “paneles” que exponen figuras de carácter geométrico como círculos con punto concéntrico, imágenes abstractas, “ojos”, representaciones zoomorfas de ave y mamífero y un rostro con atributos de felino. Nuestra investigación parte de la hipótesis que las representaciones iconográficas se encuentran asociadas a estructuras tipo plataforma y una plaza de posible carácter religioso y que se relacionan a eventos rituales cuya esencia gira en torno al culto del cerro tutelar o santuario mayor. Ubicación. El área de estudio se localiza hacia la margen derecha del valle bajo del Rímac y corresponde a la parte alta de la quebrada de Canto Grande. El grupo de petroglifos se sitúa hacia la cumbre de Cerro Cantería, a una altura de 1020 m.s.n.m, ésta importante cadena de cerros es la divisoria entre quebrada Canto Grande (Anexo 22 de la Comunidad Campesina de Jicamarca) y Quebrada El Progreso (Comas). Se logra llegar al sitio siguiendo angostos caminos prehispánicos trazados por los antiguos peregrinos que llegaron al lugar para venerar a sus Apus (cerros tutelares). En toda la cresta existe una serie de estancias y evidencias alfareras correspondientes a diversos estilos (Lamina 1). La quebrada de Canto Grande se ubica en dirección noreste del centro de Lima. Actualmente en toda su amplia vertiente se asienta el distrito de San Juan de Lurigancho y su parte alta es ocupada por el Anexo 22 de la Comunidad Campesina de Jicamarca. El acceso es rápido, siguiendo la Av. Próceres de la Independencia que es la principal artería vial del distrito de San Juan de Lurigancho, continuando en la prolongación denominada Av. Pachacutec que es el tramo final de ésta avenida dentro del Anexo 22, de aquí una serie de carreteras afirmadas nos conducen al sector denominado el valle, que es donde se inicia el asenso a cerro Cantería La flora y fauna es típica de un ecosistema desértico subtropical de clima seco, con un promedia de 30 mm. de precipitación anual, en épocas de abundante lluvia, la superficie suele cubrirse de una diversidad de plantas arbustivas y herbáceas, predominando en cualquier estación las bromeliáceas conocidas como achupallas (Tillandsia) y cactáceas, al interior de algunas quebradas se ha podido encontrar relictos de gigantones (Neoraimondia macrostibas). Entre la fauna típica de la región figuran: zorros (Dusicyon), lagartijas, culebras, aguiluchos (Buteo polyosoma), lechuzas y de forma esporádica venados (Hippocamelus bisulcus) y vizcachas (Lagidium viscaccia). Por cualquier parte destacan entre las rocas los restos de los caracoles de lomas (Scutalus sp.), que son comunes en periodos de abundante vegetación. La superficie del área de estudio es irregular, presenta suelos de textura variable con predominio de arena gruesa y grava, se subdivide en otras dos quebradas denominadas Canto Grande ubicada en el extremo noroeste y quebrada Media Luna, que ocupa el flanco noreste, en todo el piso de la quebrada se observan huellas de grandes

aluviones. La zona comprende las cotas 600 a 2200 m.s.n.m. El punto más alto lo constituye cerro Colorado, que es el vértice para ambas quebradas. La topografía no es compleja, siendo en su mayoría accesible y habitable, esta delimitada por las cadenas de cerros que conectan con cerro Colorado y conforman diversas quebradas que luego se unen conformando todo el espacio sobre el cual se asienta la zona urbana. Éstos suelos están formados por el material acarreado por las aguas que drenan desde las cumbres, integradas por un lado por los cerros: Pirámide, Cantería, Media Luna, Colorado, Babilonia y la cadena de cerros de Santa María.

Metodología de trabajo: Habiendo elaborado un inventario general de los sitios y evidencias culturales en la cuenca alta de Canto Grande. Los petroglifos forman un conjunto nuevo de evidencias que por ahora sólo han sido registrados en Cerro Cantería. Para obtener un registro detallado, decidimos elaborar un levantamiento del lugar, realizar una prospección minuciosa de la zona y luego ubicar dentro de nuestro plano cada petroglifo hallado. Se elaboraron fichas descriptivas y los calcos se realizaron colocando sobre la superficie de la roca laminas de papel celofán y sobre ella definir con plumones indelebles la figura. La fotografía digital y su sobre exposición a negativo, ultravioleta y balance nos permitieron observar detalles que a simple luz no se dejan ver. En ningún momento se realizó sobre la superficie de la figura retoque con el fin de resaltarlos. Se ejecutó registro gráfico de cada figura a determinadas horas del día, tanto al amanecer, a medio día y durante el crepúsculo, los efectos de luz ayudan a percibir surcos “blandos”.

Antecedentes de Investigación: La parte alta de la quebrada Canto Grande es conocida por los estudios en torno a los Geoglifos de Canto Grande, que entre la década del setenta y ochenta desarrollara Lorenzo Rosselló (1978, 1997); (Rosselló et, al: 1985).

Información sobre la existencia de petroglifos para la parte baja del valle del Rímac se cuenta con muy poca información, y sólo se ha registrado un sólo sitio en los cerros de la urbanización Santa Felicia, en el distrito de La Molina (Núñez 1986). Quizás el grupo más conocido es el de Checta (valle medio del Chillón), debido a la diversidad de dibujos que expone en 450 bloque grabados (Guffroy, 1999:83); sin embargo, los hallados en Cerro Cantería no guardan ninguna semejanza estilística con ellos. La mayor parte de los diseños observados se relacionan a los grabados encontrados en sitios Tempranos como en Alto de las Guitarras (La Libertad), Palamenco (Ancash) e incluso tienen semejanza con algunos rasgos de los frisos expuestos en el sitio de Garagay (Lima), todos ellos asociados al período Horizonte Temprano (900 a 200 a. C).

El año de 1992, Julio Abanto y Guido Casaverde registran un sitio con pictografías llamado Las Lomas, en quebrada Mangomarca. Las figuras de trazo sencillo y simbólico son un conjunto de elementos circulares y lineales en color rojo (Lamina 3), pintados al interior de una cámara producida por una fuerte erosión al interior de una roca. El conjunto se encuentra asociado a grupos de terrazas. En la parte baja de dicha quebrada se ha ubicado material alfarero Formativo y fragmentos de alfarería Inca.

En Lima existen asentamientos que estilísticamente están vinculados a la tradición Chavín; en sitios como Ancón, Garagay, Huachipa, etc. En San Juan de Lurigancho se ha señalado a Cerro Lurigancho (Chamorro,1998); Cerro Gramal (Chamorro y Abanto, 2000), Corrales El Sauce (Ravines, 1985), Azcarrunz (Abanto y Eyzaguirre, 1996) como asentamientos relacionados al periodo Formativo Temprano y Medio.

Descripción de los hallazgos El proyecto contempló en su conjunto la revisión de una superficie de 72 Km²., habiéndose hecho el inventario de 91 sitios, de los cuales 41 corresponden a geoglifos (Foto 2), 4 estructuras ceremoniales de tamaño mediano, un grupo de campamentos y estancias, talleres líticos, campos barridos, canchas, etc. Los sitios se distribuyen desde el piso de la quebrada hasta la cumbre misma.

En toda la cresta que corresponde a Cerro Cantería se han ubicado una serie de estancias o abrigos levantados de manera rusticas con pirca seca, caminos o trochas de peregrinación, estructuras compuestas por muros bajos a manera de anillos concéntricos y plataformas escalonadas que es la que expone hacia su costado occidental los petroglifos. Cabe mencionar que los caminos para llegar al lugar se ubican tanto en quebrada Canto Grande como aquella que ascienden desde quebrada El Progreso (Chillón).

Para no alterar los códigos utilizados para el registro de sitios en el proyecto, expondremos su nomenclatura bajo esa reseña. Entre las evidencias de este conjunto podemos detallar las siguientes:

D. III. 9: Santuario Señal Cantería.- (286, 368 m. E y 8’ 686,926 m. N a 1259 m.s.n.m). La estructura se localiza en la parte superior de Cerro Señal Cantería Norte, levantada con el uso de piedras del lugar, las cuales se han seleccionado, observándose sus partes planas al interior del recinto de la plataforma superior, mientras que en las plataforma baja las caras planas se encuentran hacia el lado exterior del muro. El pequeño edificio presenta una planta rectangular aterrazada, cuyas dimensiones son de 16 metros de largo, por 8 metros de ancho y una altura promedio de 1.50 metros. La estructura se constituye mediante la superposición de tres pequeños niveles que se aprecian mejor en el lado este. Hacia el frontis norte se ubican dos plataformas separadas a dos y tres metros del edificio, a modo de escalones. D. III. 10 a: Plaza Señal Cantería.- (286, 338 m . E y 8’ 686, 990 m. N a 1245 m.s.n.m). Se ubica hacia el lado norte del Santuario, en un nivel más bajo. Se trata de un espacio barrido, de planta casi cuadrangular de 25 metros por lado y circundado por un muro bajo perimetral, en cuyo interior se ubican algunas estructuras menores, las mismas que pueden corresponder a una segunda ocupación del espacio. Aparentemente una primera fase corresponde a una hilera de piedras debidamente seleccionada y dispuesta en el lado sur. debajo de una estructura pequeña de planta circular un huaqueo muestra zonas de quema hacia el lado este. D. III. 10 b: Petroglifos de Cerro Cantería.- (286, 320 m. E y 8’ 686, 960 m. N y 1223 m.s.n.m). Mas adelante detallamos una descripción de los mismos.

D. III. 10 c: Huanca Cerro Cantería.- Hacia el norte y a unos 25 metros de la plaza, en un nivel más bajo se sitúa una pequeña estructura de planta cuadrangular sobre ella un grupo de rocas, una de las cuales se encuentra hincada a manera de huanca .

Otros elementos asociados: subiendo desde la zona de Canto Grande se encuentra una plazoleta de 70 metros de longitud la que se orienta y señala hacia la cumbre principal de cerro Cantería, en su mayoría los geoglifos en Canto Grande orientan su eje hacia el lado este o noreste, señalando los lugares por donde se asciende a cerro Colorado, esta curiosa orientación de la plazoleta descrita le otorga cierto rango sagrado al cerro, es probable que en quebrada El Progreso existan o hallan existido geoglifos como también los hay en quebrada Torre Blanca (Rodríguez: 1999) y Carnero (Abanto: 1993). A medio del camino a la cumbre del cerro se encuentra una explana con una especie de apacheta y alineamientos de pequeñas rocas que parecieran señalar el sendero por donde se sube a la cumbre.

Si bien es cierto la alfarería es escasa y bastante homogénea, existen los suficientes elementos diagnósticos que nos ayudan a determinar su comparación con otros estilos locales. Un huaqueo efectuado en una de las estructuras circulares de la plaza, exponen bajo el suelo actual un grueso estrato compuesto de ceniza y restos de moluscos, bajo este segundo estrato el suelo natural y roca madre. De la segunda capa se recuperó el fragmento de una vasija abierta de superficies pulidas, semejante a las recuperad en la zona. Entre los fragmentos destacan botellas con incisiones representando bocas dentadas y otros decorados con pintura roja (bícromos), otros fragmentos son bordes de tazas o cuencos y platos con un pulido fino como acabado (Lamina 5).

Descripción de los diseños A fines del mes de agosto del año 2002, los compañeros de trabajo William Condo y José Prado Salcedo mientras visitan la zona para fotografiar algunos sitios registrados durante el verano encontraron colindante a una estructura ceremonial una serie de grabados que fueron expuestos gracias a una fuerte lluvia que se sucedió en los meses anteriores.

Los dibujos están distribuidos hacia el lado oeste de la cresta de Cerro Cantería y se sitúan entre una plataforma rectangular que domina la cima del cerro y una pequeña “plaza” que se emplaza al lado norte donde también existe un montículo que sostiene una huanca o piedra parada (Lamina 2).

Los dibujos que se exponen se han logrado causando una fina impresión mediante la percusión y abrasión de una roca ígnea intrusiva posiblemente granodiorito o diorita, de superficie rojiza, dejando exponer un interior casi amarillento. El surco dejado muestra una hendidura suave casi pulida. En algunos casos de un ancho considerable. Por lo general se ha procurado realizar el diseño sobre la superficie plana de grandes rocas a las que denominamos paneles. Los dibujos impresos difieren en su estilo a los que se muestran en lugares que se describen cerca de Lima, como en el caso de Checta (valle del Chillón) y Santa Patricia (valle del Rímac), cuyos diseños muestran una relativa sencillez de las representaciones de hombres y animales, así como el predominio de diseños geométricos y no figurativos (Guffroy, 1999:74). No cabe duda que la diferencia en las representaciones se debe a que corresponde a dos tradiciones culturales temporalmente distintas, siendo Cerro Cantería las de mayor antigüedad. Aquí denominaremos “Panel” a la roca matriz sobre la cual se elabora uno o más glifos, por lo general los paneles no se encuentran saturados de imágenes, en su mayoría cada panel expone un solo elemento.

Comentarios y Conclusiones

La parte alta de la Quebrada Canto Grande conserva una importante muestra de la expresión cultista de los pueblos que se asentaron en la parte baja del valle del Rímac y el Chillón. Asimismo, se expone una variedad de elementos arqueológicos que otorgan a este espacio un carácter sagrado. La presencia de material alfarero ha permitido asociar dichos eventos con una serie de tradiciones culturales que van desde los inicios del período Formativo hasta la época Inca. La arquitectura es un elemento adicional que se suma al conjunto de manifestaciones materiales existentes en el lugar, donde destacan estructuras de carácter ceremonial, en Cerro Cantería se conserva un edificio aterrazado de planta rectangular y en la periferia, conforme se llega hasta el lugar, una serie de rústicos recintos que parecen corresponder a estancias o edificaciones de carácter temporal de diversa cronología, que debieron servir de refugio a los peregrinos.

La ubicación del edificio lo vincula a ceremonias con relación a las estribaciones más altas, desde aquí se observa el imponente Cerro Colorado, hacia adelante del edificio un espacio barrido que pareciera cumplir la función de una plaza, así mismo hacia el lado occidental se disponen un grupo de piedras de caras planas que conserva los diseños de los cuales líneas arriba hacemos referencia.

Destaca en este grupo de petroglifos su escaso numero, su presencia en torno a elementos arquitectónicos o espacios sagrados, llama la atención el hecho de que los diseños se expresen únicos en cada panel, como si cada uno pudiera expresar algo capaz de entenderse (Campana, 1993:118), en ellos se representan diversos temas, repetitivos sólo en el caso de los círculos, aunque su individualidad se determina por el numero de impresiones que existe en ellos. Algunas características resaltantes son las siguientes:

1. Los petroglifos se encuentran distribuidos desde la zona del santuario o estructura ceremonial hasta la plaza. 2. Los petroglifos se disponen hacia el lado oeste de la cresta del cerro, asociados a una pequeña trocha.

3. Los paneles muestran en la mayoría de los casos motivos individuales, las rocas no se encuentran saturadas de elementos gráficos y sólo en el caso del panel 1 el diseño ocupa casi toda la cara, en los otros rocas, que en su mayoría son de superiores dimensiones al diseño, la figura no ocupan más de 40%, incluso un 10% para el caso del zorro y el círculo con apéndice. 4. Los temas comunes en este caso son la representación de “ojos”, diferenciado cada uno por ciertos atributos. Otra figura repetitiva es el círculo con punto céntrico. 5. Los otros elementos son estilizaciones de seres zoomorfos, no se han ubicado figuras antropomorfas. Es posible que el Panel 9 con rasgos naturalistas que representa al zorro corresponda a periodos posteriores. 6. Los petroglifos de Cerro Cantería guardan semejanzas y pueden ser comparadas con algunos diseños de sitios como Alto de las Guitarras (La Libertad), Palamenco (Ancash), etc. 7. Podemos clasificarlos en tres tipos: Naturalista: Zorro Sobrenatural: Rostro Mítico, Serpiente, Ojos. Simbólico-geométrico: Círculos y figuras en U.

Comparativamente los diseños son semejantes a la iconografía existente en el arte del período Formativo denominado por Guffroy como “Grupo A”, caracterizados por un gran formalismo y la reproducción bastante fiel de imágenes plasmadas en otros materiales (Guffroy 1999:73), en el caso de Cantería predominan los diseños de carácter sobrenatural, destacando aquellos con rasgos zoomorfos. Podríamos adjudicarle una tentativa cronología y emparentarlos con la tradición Chavín, una forma relativa y comparativa para este propósito es sin duda la alfarería, la recuperada en el lugar es bastante diagnostica, al igual que la iconografía de los paneles nos proporciona elementos con los que podemos asociar el asentamiento al Formativo Medio u Horizonte Temprano, coincidiendo con la denominada expansión Chavín. Algunos elementos presentes en los paneles; como los círculos, la figuras en “U”, la serpiente, los ojos con pupila excéntrica, son semejantes a los que se han ubicado en sitio Alto de las Guitarras y la alfarería sin duda corresponde a estos periodos

El rostro del panel 1 se compone de dos perfiles con rasgos propios y que al mirarse de modo individual son semejantes a las imágenes presentes en los frisos de Garagay, se aprecia una boca sonriente, del cual sobresalen dos colmillos, sobre el labio superior emana hacia fuera el típico apéndice.

Finalmente y sobre estos puntos cabe desarrollar algunas preguntas: ¿qué relación existe entre las impresiones y las estructuras presentes?, ¿Cuál es el significado de cada icono dentro de la hipótesis del culto de la montaña?. Para responder la primera pregunta tenemos en la arquitectura presente su vínculo con actividades de culto, la inexistencia de elementos de uso doméstico le otorgar un carácter sacro a los elementos del lugar, el edificio como parte intrínseca de eventos manejados por un grupo de culto, una plaza destinada a la actividad publica, una huanca cuya finalidad puede ser diversa. No existe duda para nosotros que el escenario paisajístico que le otorga la imponente montaña forma parte del destino final de los eventos rituales ya que en ella hemos registrado material emparentado con cerro Cantería. Los sectores de quema en la plaza, ofrendas de pequeños cantos rodados y moluscos central el culto a los elementos aguamontaña. Los elementos iconográficos merecen un minucioso juicio para determinar su probable significado dentro de la cosmovisión de las personas que llegaron hasta este punto del valle. Para la tradición andina figuras como la serpiente, se vinculan al culto del agua, lo mismo se podría decir de los círculos y los ojos que pueden ser simbolismos del panteón Chavín. El wamani o halcón como divinidad vinculada a los cerros, acompañaría al peregrino hasta las cumbre misma de Cerro Colorado santuario. Sin embargo no podemos hacer paralelos semióticos en distancias temporales considerables sobre los conceptos religiosos que pudieron variar según la tradición de cada pueblo, aunque “investigaciones como las de Ana María Marriscotti de Gorlitz (1978), sobre el culto de la Madre Tierra, las de Alejandro Ortiz Rescaniere (1980) sobre mitología, las de Gary Urton (1981) sobre astronomía y cosmología, de Jhon Reinhard (1983) sobre el culto de las montañas, y de Michael J. Sallnow (1987) sobre los rituales de peregrinaje a los santuarios y lugares sagrados en general, demuestran con claridad que el modo de ser, de pensar, de relacionarse con los demás y con el ambiente, del hombre andino contemporáneo es , a pesar de casi cinco siglos de aculturación y etnocidio europeo en la región, el mismo de la era precolombina (Curatola, 1991209)”. Como comentario final, en la actualidad la población que ha empezado a poblar el llano de la quebrada alta mantiene su creencia en el cerro, reflejo de ello son las zonas de “pago” u ofrendas que hemos identificado cerca de algunos geoglifos y laderas, los pagos suelen ser de manera muy personal y escondida de la vista común, se ofrenda coca, cigarrillos inka, flores y licor, nos llamó la atención como la gente migrante supo reconocer a cerro Colorado como un “apu” al cual creímos olvidado.

El SITIO ARQUEOLOGICO DE CANTO CHICO: Huella del pasado Inca en San Juan de Lurigancho Aproximadamente en 1470, el poderoso ejercito cuzqueño al mando del heredero al trono Inca, Tupac Cussi Yupanqui, luego de arremeter y sojuzgar al extenso reino Chimú; tiene como misión incorporar, a su naciente imperio, el territorio de uno de los oráculos mas respetados de los andes centrales: Pachacamac, cuya residencia se sitúa en el valle bajo de Lurín, siendo el referido asentamiento la capital del Señorio Ychsma cuyos dominios se extiende desde ese valle hasta el Rímac. No cabe duda que la anexión de la nación Ychsma fue pacífica, a diferencia del alto costo humano y de destierro que sufrieron, sus vecinos, “los collis” al presentar resistencia a sus conquistadores. Desde entonces el imperio amoldaría sus patrones culturales, religiosos y políticos a cada pedazo de tierra que es ahora suyo. La presencia de la cultura Inca, en nuestro distrito, se manifiesta en la alfarería que se enriquece con las formas y diseños imperiales; en los santuarios que hemos descubiertos al interior de Canto Grande, como evidencia de un fortalecimientos en su creencias; pero sobre todo en los centros poblados que aparecen como un ejemplo de su reforma urbana y administración de recursos para esta parte valle. En el siguiente texto nos vamos a referir al sitio arqueológico de Canto Chico, que a pesar del tiempo, las invasiones, los montones de basura y algunos mal intencionados que utilizan sus viejos recintos para sumirse en un profundo éxtasis ultraterrenal; guarda testimonios de la presencia Inca y de las actividades económicas, artesanales, productivas y de culto que realizaron quienes la habitaron.

Canto Chico es un importante asentamiento arqueológico que se encuentra en las faldas orientales del imponente cerro San Jerónimo, y entre los pueblos de Canto Chico, Sagrado Madero y Arriba Perú. Se puede visitar la huaca siguiendo la antigua carretera a Canto Grande. Su nombre no cabe dura es reciente, con el tiempo ha perdido su original, libros como los de Villar Córdova y el diccionario de García Rossell se refieren al monumento como Lurigancho; un mapa antiguo de Carlos Romero (1933), lo señala como Hurinhuanchos. Canto Chico corresponde al poblado que ocupó su terreno desde inicios de 1970, aunque, para la década del 40 ya existían algunas pequeñas propiedades, su nombre hace referencia en diminutivo a la pampa de Cantogrande, estilo que luego permitiría denominar a otras urbes (Canto Bello, Canto Sol, Canto Rey, etc). Con el nombre actual se registra en el inventario de monumentos arqueológicos del Valle del Rímac y Santa Eulalia, elaborado por Milla Villena (1976), posterior a ello por el inventario

de monumentos arqueológicos de Lima Metropolitana elaborado por el Dr. Roger Ravines (1985). Y finalmente por la Misión UNI FORD (1994). En el lugar se aprecia un gran montículo central que se levanta mediante el uso de gruesos tapiales, en algunas secciones se observan macizos adobes rectangulares y en su conjunto los elementos murarios aflorantes encierran una serie de espacios de planta rectilínea que en su parte céntrica se elevan en forma escalonada, los rellenos internos, que le permiten ganar altura, están compuesto de basura arqueológica, y donde la erosión no ha afectado su conservación, las paredes presentan un buen enlucido o acabado. Para levantar gruesas paredes ha sido necesario cimentarlos con enormes rocas, del mismo modo existen murallas cuyo lado interno se rellenan para nivelar el terreno sobre el cual se elevan otras estructuras circundantes al montículo principal. Originalmente su extensión era mucho mayor, y en todo su extremo sur se disponían una serie de grandes estructuras y un conjunto residencial conformado por viviendas aglomeradas dispuestas sin ningún tipo de ordenamiento urbano, no cabe duda, que este sector correspondía a las viviendas de su población común, incluso se ubicaban grandes corrales que se emplazaban en las laderas de los cerros. Gracias a las investigaciones efectuadas por el Dr. Rogger Ravines (1996 – 2000), sabemos que el sitio corresponde a las fases finales del período Intermedio Tardío (1300 d. C) y logra su desarrollo durante el Horizonte Tardío (1470 a 1535 d. C), es decir, la mayor parte de la arquitectura visible data de la época Inca, según los hallazgos efectuado, se sabe que su población estuvo vinculada a la producción agrícola y ganadera, además de diversos oficios como la cerámica, textilería y metalurgia. Es lamentable que a lo largo de los años el sitio arqueológico vea disminuida su extensión. Según la fotografía aérea del año de 1944, sólo se estaría conservando menos del 10%. En la actualidad son menos de cuatro hectáreas la zona que se señala como protegida, es preciso señalar que desde 1990 la Asociación de Vivienda Kawachi, tomó posesión de una parte de la zona considerada como intangible, afortunadamente la misma población inició, de manera conjunta, con el Instituto Nacional de Cultura un plan piloto de recuperación y puesta en valor del monumento, sin embargo la poca atención y desinterés ha convertido el lugar en un espacio poco atractivo para ser visitado. Es una pena que nuestra “huaca”, que es el reflejó de la presencia de una gran cultura en nuestro distrito, siga perdiéndose por la escasa visión y afecto de nosotros mismo, cuándo aprenderemos que nuestro patrimonio no es una “ruina”, que es un recurso de inconmensurable valor para la ciencia, la educación y la dinámica cultural de nuestra localidad. Seguir olvidando nuestro compromiso que tenemos con nuestra herencia, es sencillamente permitir que otra invasión logre borrar su imagen para siempre y nos prive de esa alegría que nos motiva el contemplar con admiración objetos milenarios dentro de la vitrina de un esperado museo.

Puede Consultar la siguiente Bibliografía: RAVINES, Rogger 1985 Inventario de Monumentos Arqueológicos del Perú: Lima Metropolitana. Lima: Instituto Nacional de Cultura y Municipalidad de Lima Metropolitana. 2003 Canto Chico. Asentamiento prehispánico del valle del Rímac. Boletín de Lima. 119122:93-290. CÓRDOVA H. Martín. 2005 El Sauce un cementerio del Horizonte Tardío en San Juan de Lurigancho, Lima. En: Corrientes Arqueológicas. Lima. Facultad de Humanidades de la Universidad Federico Villarreal. Claudio C. Olaya y Marina Romero B. Ed. Nº 1. pp. 199 –221. 2007 Investigaciones arqueológicas en el sauce, San Juan de Lurigancho.

Por fin un Centro Cultural en San Juan de Lurigancho Julio Abanto Llaque.Quienes conocen nuestra labor saben que durante 15 años hemos batallado para que en nuestro milenario y pluricultural distrito exista un museo distrital. Hoy 24 de febrero del año 2012, exactamente al medio día, la alcaldesa de Lima Susana Villaran colocó la primera piedra para que dicha obra sea una realidad. Y claro, no se trata de cualquier piedra, se trata de una muy especial que fue traída muy temprano por nuestros amigos de “Valle Sagrado”, espacio situado al interior de la quebrada donde nace imponente nuestro apu tutelar “Cerro Colorado”. El granito es el inicio de un proyecto que concluye y el renacer de una realidad. El centro cultural del parque Huiracocha, no sólo tiene un diseño especial, está acompañado de una propuesta cultural novedosa, participativa, donde se encuentra en esencia el sueño de cada artista y gestor cultural local. El Centro Cultural tendrá una capacidad de 300 personas contará con un anfiteatro; biblioteca-mediateca, un salón de usos múltiples, ludoteca, sala de exposición temporal y una sala permanente; todo ello con una inversión que supera los dos millones de soles. No se trata de un simple y forzado edificio, ni de una colosal obra que se muestra sólo en un engañoso panel, se trata de un hermoso monumento, real, vivo, enclavado en el mejor suelo de nuestra Lima, dentro de un parque que es para todos. Hoy siento que gran parte de esa lucha por revalorar nuestro pasado y mostrar lo mejor que produce un alma inspirada encuentra su mejor espacio. Hoy recuerdo que, hace ocho meses iniciamos esta loca idea, el concepto de un centro cultural en el parque fue escuchado e inspiró para que otros parques también lo presenten. Hoy se demostró que la verdadera cultura está en los compromisos asumidos, en las verdaderas intensiones por hacer obras sostenible, solidarias y de contenido humano. Hoy entendí que la demagogia de brutos y corruptos político se va al carajo y que por fin nuestro distrito tiene lo que se merece: un verdadero palacio a la memoria y abnegada vida de un millón de peruanos llamados luriganchinos.

Abajo dejo la trascripción del hermoso y progresista manifiesto del movimiento de artistas del parque Huiracocha. Manifiesto cuyo autor Luís Enrique Amaya plasma un real y sentido compromiso con el arte: Manifiesto de la Movimiento de Artistas C.C. Parque Huiracocha El arte en esencia es imagen, símbolos. Es una feliz metáfora poética que sea justo en este reducto del verdor, donde los artistas estemos inaugurando un tiempo que trae consigo un mejor color. Que sea justamente desde los jardines de la república, que empezaremos a sembrar una mejor ciudadanía, que empezaremos a generar un aire mas respirable para todos, que empezaremos a pintar juntos un tiempo en el que todo lo verde renacerá. Otra alegre metáfora, es el echo de que este centro cultural tenga el nombre Huiracocha, nombre que para nuestros primeros abuelos significaba principio de todo, origen, creación; y es precisamente desde este parque que se dará la clarinada de comienzo, de inicio, de esa gran marcha de la cultura solidaria en los parques zonales y metropolitanos de Lima. Decía el Artista Plástico Víctor Delfín, que él sólo era un hombre que se había dedicado a perseguir a la belleza durante toda su vida; nuestro Poeta Nacional Juan Gonzalo Rosse, sostenía que el escribía porque necesitaba comunicarse con sus semejantes y quería dejar algo bello en su paso por la vida; el Guitarrista Carlos Santana explicaba sencillamente que el tocaba la guitarra porque le gustaba tentar corazones; un creador anónimo argumentaba que hacer arte es la mejor garantía para morir vivos. Perseguidores de belleza, necesidad de comunicarnos, dejar algo para las generaciones porvenir, intensificar la vida, enamorar; esa es una de las cosas fantásticas del Arte, el echo que nos permita a cada uno de nosotros poder agregarle un nuevo significado, un nuevo trazo, a ese poderoso lienzo, por suerte siempre incompleto, que es la creación artística del hombre. Poetas, Danzantes, Músicos, Pintores, Actores, Artistas del extremo este de ésta ciudad, que hemos aguardado durante 45 años para encontrar un lugar en donde poder habitar nuestros mejores sueños; hoy frente a esta solemne piedra que tiene consigo el rumor de los caminos empezados por hombres hace tiempo; queremos decirle también a San Juan de Lurigancho del porqué hacemos arte. Hacemos arte porqué creemos que ningún hombre puede ser malo frente a la belleza. Hacemos arte porqué consideramos que el arte puede y debe ser un puente hacia lo espiritual, hacia lo mejor de nosotros mismos como individuos y como sociedad. Entendiendo espiritualidad como la reunión de lo mas sensible y sublime en la conciencia y corazón de los hombres. Hacemos arte porqué somos cultura en movimiento, somos el pulso del corazón de la cultura viva, somos el acto y voz genial que reclamaba el poeta, no somos la propuesta cultural para el pueblo, somos la propuesta cultural venida desde el pueblo.

Hoy queremos ser las manos férreas en este obraje que llamamos país. Brazo con brazo con los que madrugan y hacen el pan, con los que conducen los camiones, o templan los aceros, queremos trabajar para cumplir con la noble tarea que se nos ha encomendado: recordarle a éste distrito que la belleza es imprescindible para vivir, que una casa, un sueldo, el acumular posesiones, a la larga sólo nos significan la subsistencia; porque el hombre solamente alcanza eso que denominamos vida cuando se atreve a soñar en plena libertad, cuando descubre su propio fuego y tiene la valentía de llevarlo hasta el final; cuando recuerda lo divino que aún nos habita. Queda manifiesto nuestro compromiso con el tiempo y el espacio que nos ha tocado vivir, queda manifiesto nuestro compromiso con nuestros orígenes milenarios, así como con nuestro presente emprendedor; queda manifiesto nuestro compromiso de tener a la calidad como medida para cada una de nuestros actos; y sobremanera que quede manifiesta nuestra voluntad de hacer de este centro, una casa en donde la belleza y los buenos sueños sean inacabables, porque sólo soñando tercamente hasta el final, lograremos no escapar de la realidad, sino crear otra realidad para todos.

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