UN PUEBLO DORMIDO NUNCA SERÁ LIBRE

Ahora que todos parecen animados a señalar con el dedo a CPDS sobre lo mal que hace las cosas, sin hacer propuesta alguna pese a las insistencias de este partido en pedir sugerencias e ideas, conviene que abramos una serie de debates sobre la política guineana, no ese debate de insultos y descalificaciones que no beneficia más que a la dictadura. Quiero empezar con el papel del pueblo, de los ciudadanos. Uno de los factores que impiden la consolidación de un marco amplio de fuerzas en la lucha por la democracia en Guinea Ecuatorial es, precisamente, la ausencia del Pueblo. Pueblo con mayúsculas como el conjunto de la ciudadanía, concienciada, que se implique directamente en la reivindicación activa de sus derechos y libertades. Este pueblo no existe en Guinea. Está dormido y sin su implicación en la lucha democrática, difícilmente vamos a salir de la situación en que estamos. ¿Qué pasa en Guinea Ecuatorial? Lo que pasa hoy en nuestro país es la herencia que nos dejaron los españoles. Suena a tópico, pero es mi opinión. En una ocasión ya hablé de esta cuestión, y no viene de más redundar un poco en ella. Nuestro país fue colonizado por España, un país que sufrió varios periodos de turbulencias y cambios políticos desde mediados del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX, pero sin llegar a conocer lo que es una estabilidad democrática como la que se vivía en los países de su entorno geográfico. La caída de la Monarquía y el establecimiento de la II República, en 1931, dio lugar a un brevísimo periodo de libertades que tuvo la mala suerte de coincidir con el auge del fascismo en Europa. El gobierno democrático establecido por el Frente Popular en febrero de 1931, fue derrocado por un golpe de Estado encabezado por el general Franco. El golpe dio lugar al establecimiento de una dictadura militar tras una guerra civil de casi cuatro años. Guinea Ecuatorial accedió a la independencia en 1968, siete años antes de la muerte de Franco. Con eso quiero hacer ver que nuestro país fue colonizado por un Estado gobernado por dictaduras, y cuando se asomó la democracia al final de la II República (de febrero a julio de 1936), volvió la dictadura con los militares. Mientras tanto, los demás países africanos eran colonizados por Francia, Reino Unido o Bélgica. Esas potencias colonizadoras trataron de reproducir en sus colonias africanas algunas de las instituciones democráticas de la metrópoli, como los partidos políticos (por ejemplo, el Partido Socialista Francés apoyó la creación del Partido Socialista de Senegal), los sindicatos, cooperativas y asociaciones profesionales y estudiantiles. Por ejemplo, el primer sindicato de Nigeria, de los funcionarios públicos, fue fundado en el año 1912; en Camerún se fundó la USCC en 1944, el mismo año de la creación del primer sindicato gabonés. Es decir, hace un siglo que los ciudadanos nigerianos saben lo que es reivindicar y defender sus derechos laborales, y los camerunés y gabonés, casi 70 años. Y aquellos colonizadores europeos no se limitaron a inculcar el espíritu asociativo que acabaría dando lugar a una sociedad civil digna de tal nombre, sino que crearon universidades, verdadera cuna de la intelectualidad de muchos de esos países. De hecho, los primeros luchadores por las independencias africanas, Senghor y Cheikh Anta Diop (Senegal), Modibo Keita (Malí) o Jomo Keniata (Kenia), así como el resto de panafricanistas, salían de las universidades metropolitanas, y contribuían al desarrollo de la enseñanza universitaria de sus respectivos países. Es más, cuando llegaron a sus

países e iniciaron la lucha de liberación, tenían diseñado un proyecto de Estado con las correspondientes instituciones políticas y económicas. Por otra parte, muchos de esos países consiguieron su liberación tras feroces enfrentamientos armados con las fuerzas de ocupación colonial. Cuando alcanzan la soberanía nacional, es decir, el momento de gobernarse a sí mismos como Estados independientes, son conscientes de lo que han conseguido, lo que les ha costado y qué hacer a partir de entonces. Lo que es más importante aún, ya tienen poblaciones que se han implicado activamente en los procesos, y han conocido y participado en todo tipo de asociaciones, adquiriendo, de esta manera, conciencia de lucha por, y en defensa de, sus derechos. Ya tienen una sociedad civil. Mientras tanto, en Guinea Ecuatorial, al ser colonizado por un país sin tradición democrática (en España solo existía el sindicalismo vertical, mientras los sindicatos reales y partidos políticos estaban proscritos), no se sabe lo que es un sindicato ni una asociación profesional. El único colegio profesional creado por los españoles, fue el de Abogados, que sobrevive hasta nuestros días, sometido a la voluntad y órdenes del Gobierno de turno. Aquel Colegio de Abogados también fue creado por los propios letrados españoles, que necesitaban asociarse para defender los intereses comerciales y profesionales de sus compatriotas. No hay universidades, pues el nivel de formación académica más alto al que puede aspirar un indígena es la llamada “Escuela Superior”, cuyo verdadero nivel era el del Bachillerato Elemental. Es verdad que los colonizadores españoles construyeron muchas escuelas en el país, pero al contrario de lo que se dice, el nivel de formación no era alto, pues solo se nos formaba como ejecutores de órdenes en las empresas y en la Administración, y jamás como ejecutivos ni, mucho menos, como hombres capacitados para gestionar un Estado. Cuando se inicia la lucha de liberación nacional, los guineanos crean partidos políticos —casi por imitación, como la misma lucha política en sí—, y ninguno de estos ha elaborado un proyecto claro y sólido del Estado que se quiere crear. Así llegamos a la Independencia, conseguida, además, con menos sufrimiento que en el resto de países africanos independizados. Los ciudadanos del nuevo Estado siguen siendo “menores” de edad con respecto a los del resto del continente libre. Solo saben que un partido político sirve para llegar al poder a fin de permanecer en él, pero solamente pocos saben lo que es la alternancia en el poder. Al no tener espíritu asociativo, no saben lo que es luchar por un interés común, ni por sus derechos y libertades. Nadie les ha explicado lo que es un sindicato (Francisco Ela Abeme habla, en su libro, de una incipiente Unión General de Trabajadores), por lo que tampoco los trabajadores encuentran la razón de disponer de una organización encargada de la defensa de sus derechos e intereses. Así éramos cuando, a partir de 1968, nos sometió Macías, y así seguimos siendo bajo la dictadura de Obiang. Mientras Macías mataba tranquilamente a los guineanos, en otros países africanos, como Gabón, Nigeria o Camerún, también con dictaduras, los estudiantes hacían huelgas y se manifestaban en las calles de Libreville, Lagos o Yaundé, y los trabajadores hacían huelgas y asistían a las protestas convocadas por sus sindicatos. 44 años después de nuestra independencia, seguimos siendo un pueblo dormido como hace siglos, hecho al que han contribuido, concienzudamente, las dos dictaduras.

Y así, también, hemos llegado al proceso de democratización que dura ya casi cinco lustros. Mientras en otros países africanos los ciudadanos secundaban a los partidos políticos y la sociedad civil ayudaba a concienciar y movilizar a la ciudadanía (desde Malabo oíamos hablar de las huelgas y movilizaciones en Gabón, así como las famosas “villes mortes” en Douala y Yaundé), en Guinea la población esperaba, con las manos cruzadas, a que los partidos políticos actuaran, como si éstos fueran fuerzas especiales de la naturaleza, llegadas del cosmos. Hay que reconocer que a esta pasividad de la población, contribuyeron dos factores, entre otros: la creencia de que la “comunidad internacional” jugaría el papel determinante en nuestra transición, y la constante actitud de los propios partidos políticos, que ante cualquier atropello contra la población (por ejemplo, los hechos de Annobón y el asesinato de Pedro Motú Mamiaga, ambos sucesos acaecidos en el verano de 1993), se limitaban a pedir “calma” a la población mediante comunicados. La oposición nunca trató de movilizar al pueblo, quizás consciente del escaso éxito que obtendría. Y, una vez más, así seguimos. Desde mi punto de vista, y vaya a modo de autocrítica, es el principal error que ha cometido la oposición en Guinea Ecuatorial. La dictadura está haciendo su trabajo, lo que una dictadura suele hacer para mantenerse eternamente, y a cualquier precio, en el poder: reprimir, someter, empobrecer, intimidar, desinformar e idiotizar a la población. Los politólogos hablan de algo que se llama “cultura política”, entendida, según la definición de Inglehart, como “un sistema de actitudes, valores y conocimientos ampliamente compartidos en el seno de una sociedad, transmitidos de generación en generación”. Este conjunto engloba también principios e ideales que determinan el comportamiento político de un país. Ello quiere decir que la cultura política no es la misma en todos los países, por lo cual, en un país dado, como Guinea Ecuatorial, los ciudadanos toleran comportamientos políticos (como la corrupción, el nepotismo o el fraude electoral abierto), que en otros países difícilmente podrían aceptar los ciudadanos. Y ello se debe a sus diferentes “culturas políticas”. En Guinea nos falta cultura política, o la que tenemos es escasa. Basta con escuchar a Obiang preguntándose por qué la oposición no reparte el dinero de la campaña electoral a la población, o ver que en las redes sociales y foros en internet, aparezcan ciudadanos preguntando por qué los partidos políticos no construyen universidades en Guinea, o ver los congresos de un partido convertidos en fiestas populares, o contemplar cómo los funcionarios no pueden quejarse de sus bajos salarios, o ver cómo en un día Primero de Mayo, las “manifestaciones” son de apoyo a un régimen, pero sin ninguna reivindicación social ni económica. Ante esta falta de cultura política, que los guineanos siguen sin adquirir, ¿qué tiene que hacer la oposición? Pues lo que no ha hecho hasta ahora, es decir, concienciar y preparar al pueblo para manifestarse y reivindicar sus derechos y libertades. Visto los resultados, no ha calado el trabajo de formación política realizada por CPDS desde hace más de 20 años a través de su revista LA VERDAD y los folletos sobre derechos y libertades. La dictadura jamás inculcará esos valores para que se vuelvan contra ella misma. Por otra parte, es un craso error hacer creer o pensar en la existencia de un “redentor” o “mesías” que vendrá desde no se sabe dónde para salvar a los hombres y mujeres de Guinea Ecuatorial. No existen esos líderes, como tampoco debemos esperar fuerzas especiales de no sé qué país o continente, que vengan a echar a los

opresores del pueblo. El propio pueblo debe tomar conciencia de eso si quiere liberarse a sí mismo. Cuando es un Gran Líder-Carismático-Salvador, o una Fuerza Sobrenatural, quien venga a salvar al pueblo, lo más probable es que dicho pueblo no sea libre a largo plazo, porque el Gran Líder- Salvador siempre se comportará como otro dictador, pues se creerá el dueño absoluto del pueblo, y pensará que el pueblo le debe la libertad y todas las demás bondades. Sobran ejemplos al respecto. Cuando es el propio pueblo el protagonista de su liberación, también será el principal guardián de su libertad. Ahí están los casos de Túnez y Egipto.

ANDRÉS ESONO ONDO Secretario de Comunicación y Relaciones Institucionales de CPDS

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