VALOR DE LAS PALABRAS 1 FILOSOFIA Y EDUCACION.

EL PENSAMIENTO DE HOY

EL VALOR DE LA PALABRA1 FILOSOFIA, EDUCACION, LITERATURA
PROF. JORGE EDUARDO NORO norojor@cablenet.com.ar

La palabra dice lo que dice y además más, y otra cosa, …ayúdame a escribir palabras en esta noche en este mundo. ALEJANDRA PIZARNIK

01. El

hombre puede definirse como un animal simbólico (CASSIRER) y eso significa que sus respuestas a sus necesidades están mediadas o intervenidas por construcciones simbólicas que le ponen el sello humano a la vida y a las acciones del hombre. Eso significa que todo lo que el hombre es o hace está vinculado con lo simbólico, una creación humana que no está directamente relacionada con las necesidades esenciales. El arte, la religión, la ciencia, las costumbres, los rituales son actos simbólicos que el hombre incorpora a su vida.

02. El lenguaje es uno de los símbolos más elaborado que atraviesa todo lo el hombre es y hace: en
cada uno de los actos humanos, el hombre pone en juego el lenguaje, la palabra.

03. Los mundos

tiene la extensión de nuestras palabras. Las palabras son las que construyen el mundo en que vivimos, porque cada objeto del mundo debe ser designado para ser identificado, tener un nombre para tener entidad (saber qué es). Por eso el mundo exterior y el mundo interior tienen la dimensión y el territorio que construyen nuestras palabras. Si el lenguaje es generoso, el mundo es ancho y abierto a todas las aventuras; si no lo es el mundo de angosta y se empequeñece.

04. Nuestro

mundo interior goza y padece, sufre y disfruta, tiene una geografía que requiere palabras para designar, recorrer, reconocer, acompañar, descubrir, cuidar. Un interior que no tenga palabras para expresarse se quiebra, se pudre, se muere sin poder emerger y mostrarse. El mundo interior rico y generoso es el resultado de un lenguaje que interactúa con él, de manera versátil.

05. Las

palabras son las que permiten armar el pensamiento: sólo pensamos con palabras, expresamos en el lenguaje nuestras ideas, porque las palabras permiten relacionar los procesos, encapsularlos y darlos a conocer. Un pensamiento sin palabras es una estructura que no tiene continente, no hay ´posibilidad de comunicación; y las palabras sin pensamiento vacías, confusas, cambiantes. La riqueza demostrativa, argumentativa o creativa del pensamiento depende de las
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VER además textos y reflexiones en el material /documento nº 52= LA PALABRA, LAS PALABRAS en http://es.scribd.com/doc/81622815/52-LA-PALABRA

VALOR DE LAS PALABRAS 2 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY palabras que se manejan, de las palabras que se tienen disponibles para el uso. Los límites del lenguaje coinciden con los límites del pensamiento: todo lo que se puede pensar se puede decir, todo lo que se puede decir se puede pensar (WITTGENSTEIN)

06. Las palabras siempre están allí, disponibles, atractivas, llenas de vida, pero no tienen existencia
propia o dinamismo, sino que nos esperan para salirnos al encuentro, pero necesitan que nosotros las busquemos. Hay una riqueza infinita que solamente se activa cuando nosotros nos apropiamos de las palabras, las hacemos nuestras: sabemos qué designan, como se pronuncian o se escriben y las utilizamos.

07. Es

verdad que nacemos con LAS ESTRUCTURAS DEL LENGUAJE pero no con las palabras articuladas, llenando esas estructuras. Sabemos cómo las podemos combinar, pero necesitamos cargar esas formas que nos permiten pensar, hablar, escribir.

08. Hay un primer acceso a las palabras: ENTENDER, DE-CODIFICAR, SABER DE QUE SE HABLA O A
QUE SE REFIEREN, DUDAR, PREGUNTAR: ese primer movimiento de apropiación guarda los significados que podemos usar al escuchar una exposición o al leer. Se trata de una inquietud intelectual que sabe distinguir lo conocido de lo desconocido, lo sabido de lo novedoso, para inquietarnos, interrogar, tomar como propio, atesorar. Un buen lector va guardando en su memoria un creciente número de palabras que le permite asegurar su competencia comunicativa: es alguien a quien se le puede hablar, escribir, mandar un mensaje porque sabe perfectamente de qué se está hablando.

09. Hay un segundo acceso – complementario del primero y dependiente de él – que consiste en
apropiarnos de las palabras para UTILIZARLAS, para construir los propios mensajes, al hablar, al escribir, al crear. Aquí aparecen los vocablos mas ajustados y pertinentes, los que responden con precisión (y no con ambigüedad) a lo que queremos expresar… y también los vocablos que nos permitan expresarnos con belleza y buen gusto. En buen hablante (el bien hablado) saca de su archivo las palabras adecuadas para cada conversación. El que desea escribir busca en su repertorio (formado pacientemente por los vocablos que vamos acumulando) las palabras que necesita para armar un mensaje escrito (una evaluación, un discurso, una carta, un mail, un mensaje de texto, el chat). No es bueno que no nos salgan las palabras para hablar o escribir: lo ideal es que haya un desborde de palabras que se atropellan para ser elegidas y utilizadas, de tal manera que el hablante o el escritor puede si seleccionando y entretejiendo las mas apropiadas para cada contexto o interlocutor. “Si tengo que definir la poesía y no las tengo todas conmigo; si no me siento demasiado seguro digo algo como: poesía es la expresión de la belleza por medio de palabras artísticamente entretejidas”. BORGES

10. Es

necesario LEER mucho para seleccionar las lecturas y quedarnos con lo que NOS GUSTA (porque aprovecharemos más esa lectura). Debemos DISFRUTAR de la lectura para poder necesitar de las palabras (¿cómo lo bueno decir? ¿cómo se lo puedo expresar? ¿de qué manera me va a entender o lo puedo convencer?) . Debemos PRODUCIR mensajes para poder compartirlos con los demás… Y es necesario que las lecturas, la memorización, el uso nos vayan “amueblando nuestra memoria” de buenas palabras, de bellas palabras, de giros, de frases, de oraciones, de buen comienzo o excelente final de una poesía o una novela…

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11. En estos tiempos de frases de hechas (como si fueran grafitis callejeros) que se repiten y se
comparte, de repeticiones vacías (nada, viste, todo bien, no sé), el reino de las palabras es un territorio generoso por el que podemos caminar sin temor y disfrutando.

HEIDEGGER Y LA PALABRA
El lenguaje no es aquí primariamente un instrumento sino que es el lugar del des-velamiento o, en palabras de Heidegger: "la casa del ser", el lugar por tanto donde el ser (pensado como verbo) se dice. Las palabras no son etiquetas que les ponemos a las cosas, sino que surgen de la percepción significativa y mundanal de las cosas. Desde dicha red de relaciones es el lenguaje el que nos habla y nosotros los que co-respondemos. En esta co-respondencia, el proceso de des-velamiento hace que el lenguaje tienda a oscurecerse. “Decir el ser, la verdad, el bien, el absoluto, el mundo” no es tarea sencilla, a veces raya la imposibilidad Cuando este oscurecimiento es un intento de co-respondencia con lo velado decimos que el lenguaje es poético. Así como una de las características del velamiento es su inagotabilidad, que nos pone siempre de nuevo en cuestionamiento descentrándonos, así también todo auténtico lenguaje poético está siempre por des-cubrirse, nos lleva siempre por delante. Es por eso que para Heidegger son los poetas quienes están a la escucha del lenguaje. Es por eso que la medida del ser humano es el habitar poéticamente sobre esta tierra.

¿DE QUE PALABRAS HABLAMOS?
 Palabra pronunciada, pensada, murmurada, susurrada, escrita, borroneada, modulada, vociferada, cantada.  Dicha al oído, en la cara, a muchos, a pocos, a ninguno, a uno mismo.  Palabras al viento. para el pasado, para los que estan, para el futuro.  Palabras poeticas, chabacanas, espontaneas, gota a gota pensadas, palabras con que te disparo al pecho.  Palabras que surgen de la boca, de los labios, de los dedos, de las manos en papeles, tablas, computadoras, celulares, pantallan, luces, reflelos. palabras escritas en el aire y agitadas por el viento, palabras tatuadas, talladas en madera, guardadas en un secreto rincón, vociferando desde las paredes, los carteles, las pancartas.  Palabra para ser, para recordar, para remediar, para acallar, para despertar, para concientizar, para tranquilizar, para encontrar la verdad, para ocultar la verdad, para dar vida, para matar,para resucitar. Una palabra, muchas palabras…  Una palabra en medio de la noche, de la tristeza, de la mayor alegria, las ultimas palabras, las primeras palabras, las buenas palabras, las malas palabras. Primeras palabras y las últimas palabras, quedarnos con la última palabra, dar la palabra, negar la palabra.  Palabras dóciles y obedientes, las palabras que se nos escapan y se nos rebelan, las palabras que siempre repetimos, las que nunca olvidamos, las que ya no recordamos, las que nunca olvidaremos, las que son solo nuestras, las que compartimos solo con alguien  Somos las palabras, somos palabras.

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LA PALABRA Y LAS PALABRAS: ESCRITORES Y POETAS

BENEDETTI: LA PALABRA (2006) La palabra pregunta y se contesta tiene alas o se mete en los túneles se desprende de la boca que habla y se desliza en la oreja hasta el tímpano la palabra es tan libre que da pánico divulga los secretos sin aviso e inventa la oración de los ateos es el poder y no es el poder del alma y el hueso de los himnos que hacen patria la palabra es un callejón de suertes y el registro de ausencias no queridas puede sobrevivir al horizonte y al que la armó cuando era pensamiento puede ser como un perro o como un niño y embadurnar de rojo la memoria puede salir de caza en silencio y regresar con el moral vacío la palabra es correo del amor pero también es arrabal del odio golpea en las ventanas si diluvia y el corazón le abre los postigos y ya que la palabra besa y muerde mejor la devolvemos al futuro

ROBERTO JUARROZ: DETENER LA PALABRA...
Detener la palabra un segundo antes del labio, un segundo antes de la voracidad compartida,

VALOR DE LAS PALABRAS 5 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY un segundo antes del corazón del otro, para que haya por lo menos un pájaro que puede prescindir de todo nido. El destino es de aire. Las brújulas señalan uno solo de sus hilos, pero la ausencia necesita otros para que las cosas sean su destino de aire. La palabra es el único pájaro que puede ser igual a su ausencia.

PABLO NERUDA: LA POESIA AL ENCUENTRO DE LAS PALABRAS
Y fue a esa edad... Llegó la poesía a buscarme. No sé, no sé de dónde salió, de invierno o río. No sé cómo ni cuándo, no, no eran voces, no eran palabras, ni silencio, pero desde una calle me llamaba, desde las ramas de la noche, de pronto entre los otros, entre fuegos violentos o regresando solo, allí estaba sin rostro y me tocaba. Yo no sabía qué decir, mi boca no sabía nombrar, mis ojos eran ciegos, y algo golpeaba en mi alma, fiebre o alas perdidas, y me fui haciendo solo, descifrando aquella quemadura, y escribí la primera línea vaga, vaga, sin cuerpo, pura tontería, pura sabiduría del que no sabe nada, y vi de pronto el cielo desgranado y abierto, planetas, plantaciones palpitantes, la sombra perforada,

VALOR DE LAS PALABRAS 6 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY acribillada por flechas, fuego y flores, la noche arrolladora, el universo. Y yo, mínimo ser, ebrio del gran vacío constelado, a semejanza, a imagen del misterio, me sentí parte pura del abismo, rodé con las estrellas, mi corazón se desató en el viento.

OCTAVIO PAZ: PALABRA
Palabra, voz exacta y sin embargo equívoca; oscura y luminosa; herida y fuente: espejo; espejo y resplandor; resplandor y puñal, vivo puñal amado, ya no puñal, sí mano suave: fruto. Llama que me provoca; cruel pupila quieta en la cima del vértigo; invisible luz fría cavando en mis abismos, llenándome de nada, de palabras, cristales fugitivos que a su prisa someten mi destino. Palabra ya sin mí, pero de mí, como el hueso postrero, anónimo y esbelto, de mi cuerpo; sabrosa sal, diamante congelado de mi lágrima oscura. Palabra, una palabra, abandonada, riente y pura, libre, como la nube, el agua, como el aire y la luz, como el ojo vagando por la tierra, como yo, si me olvido. Palabra, una palabra, la última y primera, la que callamos siempre,

VALOR DE LAS PALABRAS 7 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY la que siempre decimos, sacramento y ceniza. Palabra, tu palabra, la indecible, hermosura furiosa, espada azul, eléctrica, que me toca en el pecho y me aniquila.

CORTAZAR = CUENTO SIN MORALEJAS EL VENDEDOR DE GRITOS Y PALABRAS
Un hombre vendía gritos y palabras, y le iba bien, aunque encontraba mucha gente que discutía los precios y solicitaba descuentos. El hombre accedía casi siempre, y así pudo vender muchos gritos de vendedores callejeros, algunos suspiros que le compraban señoras rentistas, y palabras para consignas, eslóganes, membretes y falsas ocurrencias. Por fin el hombre supo que había llegado la hora y pidió audiencia al tiranuelo del país, que se parecía a todos sus colegas y lo recibió rodeado de generales, secretarios y tazas de café. -Vengo a venderle sus últimas palabras -dijo el hombre-. Son muy importantes porque a usted nunca le van a salir bien en el momento, y en cambio le conviene decirlas en el duro trance para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. -Traducí lo que dice- mando el tiranuelo a su interprete. -Habla en argentino, Excelencia. -¿En argentino? ¿Y por qué no entiendo nada? -Usted ha entendido muy bien -dijo el hombre-. Repito que vengo a venderle sus últimas palabras. El tiranuelo se puso en pie como es de práctica en estas circunstancias, y reprimiendo un temblor, mandó que arrestaran al hombre y lo metieran en los calabozos especiales que siempre existen en esos ambientes gubernativos. -Es lástima- dijo el hombre mientras se lo llevaban-. En realidad usted querrá decir sus últimas palabras cuando llegue el momento, y necesitará decirlas para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. Lo que yo iba a venderle es lo que usted querrá decir, de modo que no hay engaño. Pero como no acepta el negocio, como no va a aprender por adelantado esas palabras, cuando llegue el momento en que quieran brotas por primera vez y naturalmente, usted no podrá decirlas. -¿Por qué no podré decirlas, si son las que he de querer decir? -pregunto el tiranuelo ya frente a otra taza de café. -Porque el miedo no lo dejará -dijo tristemente el hombre-. Como estará con una soga al cuello, en camisa y temblando de frío, los dientes se le entrechocaran y no podrá articular palabra. El verdugo y los asistentes, entre los cuales habrá alguno de estos señores, esperarán por decoro un par de minutos, pero cuando de su boca brote solamente un gemido entrecortado por hipos y súplicas de perdón (porque eso si lo articulará sin esfuerzo) se impacientarán y lo ahorcarán.

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Muy indignados, los asistentes y en especial los generales, rodearon al tiranuelo para pedirle que hiciera fusilar inmediatamente al hombre. Pero el tiranuelo, que estaba-pálido-como-la-muerte, los echó a empellones y se encerró con el hombre, para comprar sus últimas palabras. Entretanto, los generales y secretarios, humilladísimos por el trato recibido, prepararon un levantamiento y a la mañana siguiente prendieron al tiranuelo mientras comía uvas en su glorieta preferida. Para que no pudiera decir sus últimas palabras lo mataron en el acto pegándole un tiro. Después se pusieron a buscar al hombre, que había desaparecido de la casa de gobierno, y no tardaron en encontrarlo, pues se paseaba por el mercado vendiendo pregones a los saltimbanquis. Metiéndolo en un coche celular, lo llevaron a la fortaleza, y lo torturaron para que revelase cuales hubieran podido ser las últimas palabras del tiranuelo. Como no pudieron arrancarle la confesión, lo mataron a puntapiés. Los vendedores callejeros que le habían comprado gritos siguieron gritándolos en las esquinas, y uno de esos gritos sirvió más adelante como santo y seña de la contrarrevolución que acabó con los generales y los secretarios. Algunos, antes de morir, pensaron confusamente que todo aquello había sido una torpe cadena de confusiones y que las palabras y los gritos eran cosa que en rigor pueden venderse pero no comprarse, aunque parezca absurdo. Y se fueron pudriendo todos, el tiranuelo, el hombre y los generales y secretarios, pero los gritos resonaban de cuando en cuando en las esquinas.

EDUARDO GALEANO DEFENSA DE LA PALABRA
"Yo soy un caminante, caminado, yo voy por caminos, caminando y, dentro mío, las palabras me caminan a mí".

1.
Uno escribe a partir de una necesidad de comunicación y de comunión con los demás, para denunciar lo que duele y compartir lo que da alegría. Uno escribe contra la propia soledad y la soledad de los otros. Uno supone que la literatura transmite conocimiento y actúa sobre el lenguaje y la conducta de quien la recibe; que nos ayuda a conocernos mejor para salvarnos juntos. Pero “los demás” y “los otros” son términos demasiado vagos; y en tiempos de crisis, tiempos de definición, la ambigüedad puede parecerse demasiado a la mentira. Uno escribe, en realidad, para la gente con cuya suerte, o mala suerte, uno se siente identificado, los malcomidos, los maldormidos, los rebeldes y los humillados de esta tierra, y la mayoría de ellos no sabe leer. Entre la minoría que sabe, ¿cuántos disponen de dinero para comprar libros? ¿Se resuelve esta contradicción proclamando que uno escribe para esa cómoda abstracción llamada “masa”?

4.
Uno escribe para despistar a la muerte y estrangular los fantasmas que por dentro lo acosan; pero lo que uno escribe puede ser históricamente útil sólo cuando de alguna manera coincide con la necesidad colectiva de conquista de la identidad. Esto, creo, quisiera uno: que al decir: “Así soy” y ofrecerse, el escritor pudiera ayudar a muchos a tomar conciencia de lo que son. Como medio de revelación de la identidad colectiva, el arte debería ser considerado un artículo de primera necesidad y no un lujo. Pero en América Latina el acceso a los productos de arte y cultura está vedado a la inmensa mayoría.

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6. Encender conciencias, revelar la realidad: ¿Puede la literatura reivindicar mejor función en estos
tiempos y estas tierras nuestras? La cultura del sistema, cultura de los sucedáneos de la vida, enmascara la realidad y anestesia la conciencia. Pero, ¿qué puede un escritor, por mucho que arda su fueguito, contra el engranaje ideológico de la mentira y el conformismo? Si la sociedad tiende a organizarse de tal modo que nadie se encuentra con nadie, y a reducir las relaciones humanas al juego siniestro de la competencia y el consumo – hombres solos usándose entre sí y aplastándose los unos a los otros -¿qué papel puede cumplir una literatura del vínculo fraternal y la participación solidaria? Hemos llegado a un punto en el que nombrar las cosas implica denunciarlas: ¿ante quiénes, para quiénes?

13.Creo en mi oficio; creo en mi instrumento. Nunca pude entender por qué escriben los escritores
que mientras tanto declaran, tan campantes, que escribir no tiene sentido en un mundo donde la gente muere de hambre. Tampoco pude nunca entender a los que convierten a la palabra en blanco de furias o en objeto de fetichismo. La palabra es un arma, y puede ser usada para bien o para mal: la culpa del crimen nunca es del cuchillo. Creo que una función primordial de la literatura latinoamericana actual consiste en rescatar la palabra, usada y abusada con impunidad y frecuencia para impedir o traicionar la comunicación. “Libertad” es, en mi país, el nombre de una cárcel para presos políticos y “Democracia” se llaman varios regímenes de terror; la palabra “amor” define la relación del hombre con su automóvil y por “revolución” se entiende lo que un nuevo detergente puede hacer en su cocina; la “gloria” es algo que produce un jabón suave de determinada marca y la “felicidad” una sensación que da comer salchichas. “País en paz” significa, en muchos lugares de América Latina, “cementerio en orden”, y donde dice “hombre sano” habría que leer a veces “hombre impotente”. Escribiendo es posible ofrecer, a pesar de la persecución y la censura, el testimonio de nuestro tiempo y nuestra gente – para ahora y después -. Se puede escribir como diciendo, en cierto modo: “Estamos aquí, aquí estuvimos; somos así, así fuimos”. Lentamente va cobrando fuerza y forma, en América Latina, una literatura que no ayuda a los demás a dormir, sino que les quita el sueño; que no se propone enterrar a nuestros muertos, sino perpetuarlos; que se niega a barrer las cenizas y procura, en cambio, encender el fuego. Esa literatura continúa y enriquece una formidable tradición de palabras peleadoras. Si es mejor, como creemos, la esperanza que la nostalgia, quizás esa literatura naciente pueda llegar a merecer la belleza de las fuerzas sociales que tarde o temprano, por las buenas o por las malas, cambiarán radicalmente el curso de nuestra historia. Y quizás ayude a guardar para los jóvenes.

ANEXO I
JULIO CORTÁZAR (MADRID 1981) LAS PALABRAS
Si algo sabemos los escritores es que las palabras pueden llegar a cansarse y a enfermarse, como se cansan y se enferman los hombres o los caballos. Hay palabras que a fuerza de ser repetidas, y muchas veces mal empleadas, terminan por agotarse, por perder poco a poco su vitalidad. En vez de brotar de las bocas o de la escritura como lo que fueron alguna vez, flechas de la comunicación, pájaros del pensamiento y de la sensibilidad, las vemos o las oímos caer corno piedras opacas, empezamos a no recibir de lleno su mensaje, o a percibir solamente una faceta de su contenido, a sentirlas corno monedas gastadas, a perderlas cada vez más como signos vivos y a servirnos de ellas como pañuelos de bolsillo, como zapatos usados. Los que asistimos a reuniones como ésta sabemos que hay palabras-clave, palabras-cumbre que condensan nuestras ideas, nuestras esperanzas y nuestras decisiones, y que deberían brillar como estrellas mentales cada vez que se las pronuncia.

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Sabemos muy bien cuáles son esas palabras en las que se centran tantas obligaciones y tantos deseos: libertad, dignidad, derechos humanos, pueblo, justicia social, democracia, entre muchas otras. Y ahí están otra vez esta noche, aquí las estamos diciendo porque debemos decirlas, porque ellas aglutinan una inmensa carga positiva sin la cual nuestra vida tal como la entendemos no tendría el menor sentido, ni como individuos ni como pueblos. Aquí están otra vez esas palabras, las estamos diciendo, las estamos escuchando Pero en algunos de nosotros, acaso porque tenemos un contacto más obligado con el idioma que es nuestra herramienta estética de trabajo, se abre paso un sentimiento de inquietud, un temor que sería más fácil callar en el entusiasmo y la fe del momento, pero que no debe ser callado cuando se lo siente con fuerza y con la angustia con que a mí me ocurre sentirlo. Una vez más, como en tantas reuniones, coloquios, mesas redondas, tribunales y comisiones, surgen entre nosotros palabras cuya necesaria repetición es prueba de su importancia; pero a la vez se diría que esa reiteración las está como limando, desgastando, apagando. Digo: "libertad" digo: "democracia", y de pronto siento que he dicho esas palabras sin haberme planteado una vez más su sentido más hondo, su mensaje más agudo, y siento también que muchos de los que las escuchan las están recibiendo a su vez como algo que amenaza convertirse en un estereotipo, en un clisé sobre el cual todo el mundo está de acuerdo porque ésa es la naturaleza misma del clisé y del estereotipo: anteponer un lugar común a una vivencia, una convención a una reflexión, una piedra opaca a un pájaro vivo. ¿Con qué derecho digo aquí estas cosas? Con el simple derecho de alguien que ve en el habla el punto más alto que haya escalado el hombre buscando saciar su sed de conocimiento y de comunicación, es decir, de avanzar positivamente en la historia como ente social, y de ahondar como individuo en el contacto con sus semejantes. Sin la palabra no habría historia y tampoco habría amor; seriamos, como el resto de los animales, mera sexualidad. El habla nos une como parejas, como sociedades, como pueblos. Hablamos porque somos, pero somos porque hablamos. Y es entonces que en las encrucijadas críticas, en los enfrentamientos de la luz contra la tiniebla, de la razón contra la brutalidad, de la democracia contra el fascismo, el habla asume un valor supremo del que no siempre nos damos plena cuenta. Ese valor, que debería ser nuestra fuerza diurna frente a las acometidas de la fuerza nocturna, ese valor que nos mostraría con una máxima claridad el camino frente a los laberintos y las trampas que nos tiende el enemigo, ese valor del habla lo manejamos a veces como quien pone en marcha su automóvil o sube la escalera de su casa, mecánicamente, casi sin pensar, dándolo por sentado y por valido, descontando que la libertad es la libertad y la justicia es la justicia, así tal cual y sin más, como el cigarrillo que ofrecemos o que nos ofrecen. Hoy, en que tanto en España como en muchos países del mundo se juega una vez más el destino de los pueblos frente al resurgimiento de las pulsiones más negativas de la especie, yo siento que no siempre hacemos el esfuerzo necesario para definirnos inequívocamente en el plano de la comunicación verbal, para sentirnos seguros de las bases profundas de nuestras convicciones y de nuestras conductas sociales y políticas. Y eso puede llevarnos en muchos casos sin conocer a fondo el terreno donde se libra la batalla y donde debemos ganarla. Seguimos dejando que esas palabras que transmiten nuestras consignas, nuestras opciones y nuestras conductas, se desgasten y se fatiguen a fuerza de repetirse dentro de moldes avejentados, de retóricas que inflaman la pasión y la buena voluntad pero que no incitan a la reflexión creadora, al avance en profundidad de la inteligencia, a las tomas de posición que signifiquen un verdadero paso adelante en la búsqueda de nuestro futuro. Todo esto sería acaso menos grave si frente a nosotros no estuvieran aquellos que, tanto en el plano del idioma como en el de los hechos, intentan todo lo posible para imponernos una concepción de vida, del estado, de la sociedad y del individuo basado en el desprecio elitista, en la discriminación por razones raciales y económicas, en la conquista de un poder omnímodo por todos los medios a su alcance, desde la destrucción física de pueblos enteros hasta el sojuzgamiento de aquellos grupos

VALOR DE LAS PALABRAS 11 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY humanos que ellos destinan a la explotación económica y a la alienación individual. Si algo distingue al fascismo y al imperialismo como técnicas de infiltración es precisamente su empleo tendencioso del lenguaje, su manejo de servirse de los mismo conceptos que estamos utilizando aquí esta noche para alterar y viciar su sentido más profundo y proponerlos como consignas de su ideología. Palabras como patria, libertad y civilización saltan como conejos en todos sus discursos, en todos sus artículos periodísticos. Pero para ellos la patria es una plaza fuerte destinada por definición a menospreciar y a amenazar a cualquier otra patria que no esté dispuesta a marchar de su lado en el desfile de los pasos de ganso. Para ellos la libertad es su libertad, la de una minoría entronizada y todopoderosa, sostenida ciegamente por masas altamente masificadas. Para ellos la civilización es el estancamiento en un conformismo permanente, en una obediencia incondicional. Y es entonces que nuestra excesiva confianza en el valor positivo que para nosotros tienen esos términos puede colocarnos en desventaja frente a ese uso diabólico del lenguaje. Por la muy simple razón de que nuestros enemigos han mostrado sus capacidad de insinuar, de introducir paso a paso un vocabulario que se presta como ninguno al engaño, y si por nuestra parte no damos al habla su sentido más auténtico y verdadero, puede llegar el momento en que ya no se vea con la suficiente claridad la diferencia esencial entre nuestros valores políticos y sociales y los de aquellos que presentan sus doctrinas vestidas con prendas parecidas; puede llegar el día en que el uso reiterado de las mismas palabras por unos y por otros no deje ver ya la diferencia esencial de sentido que hay en términos tales como individuo, como justicia social, corno derechos humanos, según que sean dichos por nosotros o por cualquier demagogo del imperialismo o del fascismo. Hubo un tiempo, sin embargo, en que las cosas no fueron así. Basta mirar hacia atrás en la historia para asistir al nacimiento de esas palabras en su forma más pura, para asentir su temblor matinal en los labios de tantos visionarios, de tantos filósofos, de tantos poetas. Y eso, que era expresión de utopía o de ideal en sus bocas y en sus escritos, habría de llenarse de ardiente vida cuando una primera y fabulosa convulsión popular las volvió realidad en el estallido de la Revolución Francesa. Hablar de libertad, de igualdad y de fraternidad dejó entonces de ser una abstracción del deseo para entrar de lleno en la dialéctica cotidiana de la historia vivida. Y a pesar de las contrarrevoluciones, de las traiciones profundas que habrían de encarnarse en figuras como la de Napoleón Bonaparte y de las de tantos otros, esas palabras conservaron su sabor más humano, su mensaje más acuciante que despertó a otros pueblos, que acompañó el nacimiento de las democracias y la liberación de tantos países oprimidos a lo largo del siglo XIX y la primera mitad del nuestro. Esas palabras no estaban ni enfermas ni cansadas, a pesar de que poco a poco los intereses de una burguesía egoísta y despiadada empezaba a recuperarlas para sus propios fines, que eran y son el engaño, el lavado de cerebros ingenuos o ignorantes, el espejismo de las falsas democracias como lo estamos viendo en la mayoría de los países industrializados que continúan decididos a imponer su ley y sus métodos a la totalidad del planeta. Poco a poco esas palabras se viciaron, se enfermaron a fuerza de ser viciadas por las peores demagogias del lenguaje dominante. Y nosotros, que las amamos porque en ellas alienta nuestra verdad, nuestra esperanza y nuestra lucha, seguimos diciéndolas porque las necesitamos, porque son las que deben expresar y transmitir nuestros valores positivos, nuestras normas de vida y nuestras consignas de combate. Las decimos, si, y es necesario y hermoso que así sea; pero ¿hemos sido capaces de mirarlas de frente, de ahondar en su significado, de despojarlas de la adherencias, de falsedad, de distorsión y de superficialidad con que nos han llegado después de un itinerario histórico que muchas veces las ha entregado y las entrega a los peores usos de la propaganda y la mentira? Un ejemplo entre muchos puede mostrar la cínica deformación del lenguaje por parte de los opresores de los pueblos. A lo largo de la segunda guerra mundial, yo escuchaba desde mi país, la

VALOR DE LAS PALABRAS 12 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY Argentina, las transmisiones radiales por ondas cortas de los aliados y de los nazis. Recuerdo, con asco que el tiempo no ha hecho más que multiplicar, que las noticias difundidas por la radio de Hitler comenzaban cada vez con esta frase: Aquí Alemania, defensora de la cultura». Si, ustedes me han oído bien, sobre todo ustedes los mas jóvenes para quienes esa época es ya apenas una página en el manual de historia. Cada noche la voz repetía la misma frase: .Alemania, defensora de la cultura». La repetía mientras millones de judíos eran exterminados en los campos de concentración, la repetía mientras los teóricos hitleristas proclamaban sus teorías sobre la primacía de los arios puros y su desprecio por todo el resto de la humanidad considerada como inferior. La palabra cultura, que concentra en su infinito contenido la definición más alta del ser humano, era presentada como un valor que el hitlerismo pretendía defender con sus divisiones blindadas, quemando libros en inmensas piras, condenando las formas más audaces y hermosas del arte moderno, masificando el pensamiento y la sensibilidad de enormes multitudes. Eso sucedía en los años cuarenta, pero la distorsión del lenguaje es todavía peor en nuestros filas, cuando la sofisticación de los medios de comunicación la vuelve aún más eficaz y peligrosa puesto que ahora ataca los últimos umbrales de la vida individual, y debido a los canales de la televisión o las ondas radiales puede invadir y fascinar a quienes no siempre son capaces de reconocer sus verdaderas intenciones. Mi propio país, la Argentina, proporciona hoy otro ejemplo de esta colonización de la inteligencia por deformación de las palabras. En momentos en que diversas comisiones internacionales investigaban las denuncias sobre los::miles y miles de desaparecidos en el país, y daban a.. conocer informes aplastantes donde todas las formas de violación de derechos humanas aparecían probadas y documentadas; la junta militar organizó una propaganda basada en el siguiente slogan: «Los argentinos somos derechos y humanos». Así, esos dos términos indisolublemente ligados desde la Revolución Francesa y en nuestros días por la Declaración de las Naciones Unidas, fueron insidiosamente separados, y la noción de derecho pasó a tomar un sentido totalmente disociado de su significación ética, jurídica y política para convertirse en el elogio demagógico de una supuesta manera de ser de los argentinos. Véase como el mecanismo de ese sofisma se vales de las mismas palabras: como somos derechos y humanos, nadie puede pretender que hemos violado los derechos humanos. Y todo el mundo puede irse a la cama en paz. Pero acaso no haya en estos momentos una utilización mas insidiosa del habla que la utilizada por el imperialismo norteamericano para convencer a su propio pueblo y a los de sus aliados europeos de que es necesario sofocar de cualquier manera la lucha revolucionaria en El Salvador. Para empezar se escamotea el término «revolución«, a fin de negar el sentido esencial de la larga y dura lucha del pueblo salvadoreño por su libertad -otro término que es cuidadosamente eliminado-; todo se reduce así a lo que se califica de enfrentamientos entre grupos de ultraderecha y de ultraizquierda (estos últimos denominados siempre como «marxistas«), en medio de los cuales la junta de gobierno aparece como agente de moderación y de estabilidad que es necesario proteger a toda costa. La consecuencia de este enfoque verbal totalmente falseado tiene por objeto convencer a la población norteamericana de que frente a toda situación política inesperada como inestable en los países vecinos, el deber de los Estados Unidos es defender la democracia dentro y fuera de sus fronteras, con lo cual ya tenemos bien instalada la palabra «democracia en un contexto con el que naturalmente no tiene nada que ver. Y así podíamos seguir pasando revista al doble juego de escamoteos y de tergiversaciones verbales que como se puede comprobar cien veces, golpea a las puertas de nuestro propio discurso político con las armas de la televisión, de la prensa y del cine, para ir generando una confusión mental progresiva, un desgaste de valores, una lenta enfermedad del habla, una fatiga contra la que no siempre luchamos como deberíamos hacerlo. ¿Pero en qué consiste ese deber? Detrás de cada palabra está presente el hombre como historia y como conciencia, y es en la naturaleza del hombre donde se hace necesario ahondar a la hora de asumir, de exponer y de defender nuestra concepción de la democracia y de la justicia social. Ese

VALOR DE LAS PALABRAS 13 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY hombre que pronuncia tales palabras, ¿está bien seguro de que cuando habla de democracia abarca el conjunto de sus semejantes sin la menor restricción de tipo étnico, religioso o idiomático? Ese hombre que habla de libertad, ¿está seguro de que en su vida privada, en el terreno del matrimonio, de la sexualidad, de la paternidad o la maternidad, está dispuesto a vivir sin privilegios atávicos, sin autoridad despótica, sin machismo y sin feminismo entendidos como recíproca sumisión de los sexos? Ese hombre que habla de derechos humanos, ¿está seguro de que sus derechos no benefician cómodamente de una cierta situación social o económica frente a otros hombres que carecen de los medios o la educación necesarios para tener conciencia de ellos y hacerlos valer? Es tiempo de decirlo: las hermosas palabras de nuestra lucha ideológica y política no se enferman y se fatigan por sí mismas, sino por el mal uso que les dan nuestros enemigos y que en muchas circunstancias les damos nosotros. Una crítica profunda de nuestra naturaleza, de nuestra manera de pensar, de sentir y de vivir, es la única posibilidad que tenemos de devolverle al habla su sentido más alto, limpiar esas palabras que tanto usamos sin acaso vivirlas desde adentro, sin practicarlas auténticamente desde adentro, sin ser responsables de cada una de ellas desde lo más hondo de nuestro ser. Sólo así esos términos alcanzarán la fuerza que exigimos en ellos, sólo así serán nuestros y solamente nuestros. La tecnología le ha dado al hombre máquinas que lavan las ropas y la vajilla, que le devuelven el brillo y la pureza para su mejor uso. Es hora de pensar que cada uno de nosotros tiene una máquina mental de lavar, y que esa máquina es su inteligencia y su conciencia; con ella podemos y debemos lavar nuestro lenguaje político de tantas adherencias que lo debilitan. Sólo así lograremos que el futuro responda a nuestra esperanza y a nuestra acción, porque la historia es el hombre y se hace a su imagen y a su palabra.

CARLOS FUENTES: PONENCIA EN EL CONGRESO DE LA LENGUA (ROSARIO)
Mírenlos. Están aquí. Siempre estuvieron aquí. Llegaron antes que nadie. Nadie les pidió pasaportes, visas, tarjetas verdes, señas de identidad. No había guardias fronterizas en los Estrechos de Behring cuando los primeros hombres, mujeres y niños cruzaron desde Siberia a Alaska hace quince, once y cuatro mil años. No había nadie aquí. Todos llegamos de otra parte. Y nadie llegó con las manos vacías. Las primeras migraciones de Asia a América trajeron la caza, la pesca, el fuego, la fabricación del adobe, la formación de las familias, la semilla del maíz, la fundación de los pueblos, las canciones y los bailes al ritmo de la luna y del sol, para que la tierra no se detuviese nunca. Óiganlos. Los indios fueron los primeros poetas, cantaban con las palmas de las manos para enumerar las metáforas del mundo. Todo ello elevado al gran canto poético de la brevedad de la vida. No hemos venido a vivir. Hemos venido a morir Hemos venido a soñar Pero anclado en la eternidad de la palabra: Pero yo soy un poeta Y al cabo comprendí: Escucho una canción, miro una flor, ¡Ay, que ellas jamás perezcan! La palabra como principio del mundo. Pues como atestigua el Popol Vuh, "La palabra dio origen al mundo". Nos instalamos en el mundo, nos recuerda Emilio Lledó. Pero el mundo también se instala en nosotros. La lengua es nuestra manera de modificar al mundo a fin de ser personas, y nunca cosas, sujetos y no sólo objetos del mundo. La lengua nos permite ocupar un lugar en la comunidad y transmitir los resultados de nuestra experiencia. Nadie, tampoco, les pidió visas o tarjetas verdes a los descubridores, exploradores y conquistadores que llegaron a las Costas de Cuba y Borinquen, Venezuela la pequeña Venecia y la Villa Rica de la Veracruz empujados por el gran huracán de una historia indómita, en barcos cargados, a su vez, de palabras, de pasado, de memoria. La América Indígena se contagió del inmenso legado hispánico. Las costas del Caribe y del Golfo de México recibieron una marea que venía de muy lejos, del Bósforo, de las hermanadas tierras semitas de Israel y Palestina, de la palabra griega que nos enseñó a dialogar, de la letra romana que nos enseñó

VALOR DE LAS PALABRAS 14 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY a legislar y, al cabo de la más multicultural de las tierras de Europa, España celta e ibera, fenicia, griega, romana, judía, árabe y cristiana. Hoy que se propone la falaz teoría del choque de civilizaciones seguida del peligro hispánico para la integridad blanca, protestante y angloparlante de los EE. UU. de América, conviene disipar dos mitos. El primero, que Norteamérica no es una región monolingüe o monocultural, sino un verdadero tejido de razas y lenguas: esquimo-aleutiana y nadené en los orígenes, en seguida español de San Agustín en la Florida a San Francisco en California, francesa de Nueva Orleáns en la Luisiana a De-trúa (hoy Detroit) de los Illinois y luego, en sucesivas olas migratorias, alemán e italiano, polaco y ruso y en irónico reverso, el español sefaradí junto con el yiddish y, en la frontera del otro mar descubierto por Balboa, la migración de lengua japonesa, coreana, china y vietnamita: avenidas enteras de Los Ángeles anuncian su comercio y su trabajo en lenguas asiáticas, convirtiendo a otra ciudad hispánica –Nuestra Señora de los Ángeles de Porciúncula– en el Bizancio lingüístico y cultural del Océano Pacífico. Pues también los puritanos ingleses llegaron a las costas de Massachussets en 1621 sin pasaportes o permisos de trabajo. También ellos llegaron de otra parte. El contagio, asimilación y consiguientes vivificación de las lenguas del mundo es inevitable y es parte inexorable del proceso de globalización. Que la lengua española ocupe el segundo lugar entre las del Occidente, da crédito no de una amenaza, sino de una oportunidad. No de una maldición, sino de una bendición: el español ofrece al mundo globalizado el espejo de hospitalidades lingüísticas creativas, jamás excluyentes, abarcantes, nunca desdeñosas. Lengua española igual a lengua receptiva, habla hospitalaria. La predominancia del castellano desde Alaska –Puerto Valdés– hasta Patagonia –Puerto Santa Cruz– no determinó el exterminio de las lenguas amerindias. Del navajo en Arizona al guaraní en Paraguay, el lenguaje amerindio de enigmas, figuras y alegorías –como lo llama el Libro de las Pruebas de Yucatán– sobrevivió hablado hasta el día de hoy por más de veinte millones de seres humanos. Sólo que un purépecha de Michoacán no puede entenderse con un pehuencha de Chile si ambos no hablan la lingua franca de la América indohispana, el castellano. El castellano nos comunica, nos recuerda, nos rememora, nos obliga a transmitir los desafíos que el aislamiento sofocaría: en su lengua maya o quechua, el indio de hoy puede guardar la intimidad de su ser y la colectividad de su intimidad, pero necesitará la lengua española para combatir la injusticia, humanizar las leyes y compartir la esperanza con el mundo mestizo y criollo. Y todos nuestros mundos americanos –indígenas, criollos, mestizos– son desde siempre portadores de una riqueza multicultural mediterránea que sólo podemos desdeñar por intolerable voluntad de empobrecimiento. Indoamérica también es Hispanoamérica gracias a las tradiciones hebreas y árabes de España. Somos lo que somos y hablamos lo que hablamos porque los sabios judíos de la Corte de Alfonso el Sabio impusieron el castellano, lengua del pueblo, en vez del latín, lengua de la clerecía, a la redacción de la historia y las leyes de Castilla. Con cuánta emoción, Majestades, señoras y señores, asistimos en 1990 a la entrega de los Premios Príncipe de Asturias en Oviedo cuando el príncipe Felipe le abrió los brazos a las comunidades judías de la vieja España para recibirlas, dijo don Felipe, "con una gran emoción y el espíritu de concordia de la España de hoy". Pero también llegó a nuestra América la España árabe. Siete siglos de convivencia nos dieron la tercera parte de nuestro vocabulario, nos legaron el rumor del agua, la frescura de los patios, la palabra visible y el rostro invisible de Dios y el rescate de nuestra más vieja tradición mediterránea, la de Grecia, conservada por Islam y transmitida a la Europa medieval a través de la arábiga Escuela de Traductores de Toledo. Hispano-árabes son el Don Julián de Juan Goytisolo y colombiano-hispano-árabes son los Cien años de soledad de García Márquez: libros paridos por la unión de Cherezada y Cervantes, libros fieles al testamento del Rey San Fernando en su sepulcro de la catedral de Sevilla, con los costados de la tumba escritos uno en castellano, otro en latín, el tercero en hebreo y el cuarto en árabe: rey de las tres religiones y de las cuatro lenguas. Seamos, en este gran Congreso, guardianes fieles de nuestras tradiciones vivas, capaces de iluminar caminos de paz mediante el reconocimiento de letras y espíritus compartidos.

VALOR DE LAS PALABRAS 15 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY

Escuchémoslas. Melancólicas lenguas de vida pasajera y muerte celebrada en la América indígena. Conflictivas lenguas de pasiones místicas y carnales en la España medieval y renacentista. ¿Qué las une? ¿Qué sucede con una y otra tradición cuando la energía sobrante de la España de la Reconquista cruza los mares y conquista, ahora, las tierras de otra civilización, a sangre y fuego pero también a palabra y cruz? Las une la lengua. En muy poco tiempo, el castellano de América adquiere un tono propio, indoespañol. Las une la épica, pero no sólo la que Simone Weil, leyendo la Ilíada, describe como "un poema del Poder" sino una épica dolorosa, la de Beral Díaz del Castillo maravillado por la visión de Anáhuac y obligado, en seguida, a destruir lo que ha aprendido a amar. O como dice el gran crítico Francisco Rico, "singular convivencia de naturalidad y pasmo". De este drama del deseo –anhelo pertinaz, jamás cumplido– nace una segunda épica mestiza, la del Inca Garcilaso de la Vega, y una lírica mestiza, la de Sor Juana Inés de la Cruz. Ambos quieren ser indoamericanos que hablan y escriben en español. Pero hay algo más. Poseemos una tradición que le dio a la lengua castellana un relieve distinto, nacido de la necesidad de esclavos privados de sus lenguas nativas y obligados a aprender las lenguas coloniales para entenderse entre sí –para amarse y procrearse, para armarse y rebelarse– adoptando y cambiando el habla castellana con creatividad rítmica: Casimba yeré Casimbangó Yo salí de mi casa Casimbangó Yo vengo a buscá Dame sombra ceibita Dame sombra palo Yabá Dame sombra palo Wakinbagó Dame sombra palo Tengué que anuncia la velocidad que corre desnuda un día, enmascarada al siguiente, para amplificar el castellano popular de las Américas, felizmente incorporado –honor a Víctor García de la Concha– al diccionario de la Real Academia. Lo evoqué en su mexicanidad en Valladolid. Le hago eco en su argentinidad en Rosario: el covoliche no es una macana ni un jabón, es un tarro que encubre matufias, nos hace más cancheros de la lengua, más hinchas de las letras, jamar mejor las escrituras, jotrabar chorede el alfabeto, y viva quien me proteja, sobre todo si es un Cortázar que arma su propio lunfardo en Rayuela. Formamos parte de una civilización inmensamente rica, plural, "cósmica" como diría José Vasconcelos. Las pruebas están en todas partes y el edificio no ofrece fisura alguna. La continuidad es asombrosa, el origen enriquece al presente, el presente alimenta al porvenir y cada una de nuestras raíces antiguas tiene sus manifestaciones modernas. Pero no todo es celebración. La continuidad cultural de Iberoamérica aún no encuentra continuidad política y económica comparable. Tenemos corona de laureles pero andamos con los pies descalzos. El hambre, el desempleo, la ignorancia, la inseguridad, la corrupción, la violencia, la discriminación, son todavía desiertos ásperos y pantanos peligrosos de la vida iberoamericana. La lengua y la imaginación literarias son valores individuales del escritor pero también valores compartidos de la comunidad. No en balde, lo primero que hace un régimen dictatorial es expulsar, encarcelar o asesinar a sus escritores. ¿Por qué? Porque el escritor ofrece un lenguaje y una imaginación contrarios a los del poder autoritario: un lenguaje y una imaginación desautorizados. La lengua nos permite pensar y actuar fuera de los espacios cerrados de las ideologías políticas o de los gobiernos despóticos. La palabra actual del mundo hispano es democrática o no es. Sin lenguaje no hay progreso, progreso en un sentido profundo, el progreso socializante del quehacer humano, el progreso solidario del simple hecho de estar en el mundo y de saber que no estamos solos, sino acompañados. El lenguaje, nos recordó Francisco Romero, es un acervo patrimonial donde nada se pierde: constantemente, la palabra vence la ausencia de nuestro pasado para crear la presencia de nuestra historia. Esa historia nuestra nacida de la ilusión de una nueva edad de oro, subyugada por la pérdida de la utopía pero renacida –nuestra historia– como vitalidad de la palabra que asume el pasado de nuestros pueblos, transmite los hechos históricos horizontalmente, entre los de hoy, pero también los transmite verticalmente entre los de ayer, entre las generaciones.

VALOR DE LAS PALABRAS 16 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY La lengua no es biología: se aprende, es educación. Nunca olvidemos, al pensar, al hablar, al escribir nuestra lengua maravillosa, que nada se pierde. Pues negar la tradición no nos aseguraría una libertad mayor. Todo lo contrario. La tradición nos obliga a enriquecerla con nueva creación. Y la tradición nos invita a ser escépticos pero exigentes. No siempre lo hemos sido. A veces, queremos creer en el Paraíso para no darle la cara a la Caída. Pero la caída es la oportunidad de la siguiente creación. Posiblemente el inglés sea más práctico que el castellano. El alemán, más profundo. El francés, más elegante. El italiano, más gracioso. Y el ruso, más angustioso. Pero yo creo profundamente que es la lengua española la que con mayor elocuencia y belleza nos da el repertorio más amplio del alma humana, de la personalidad individual y de su proyección social. No hay lengua más constante y más vocal: escribimos como decimos y decimos como escribimos. ¿Y qué decimos? ¿Qué hablamos? ¿Qué escribimos? Nada menos que el diccionario universal de las pasiones, las dudas, las aspiraciones que nos comunica con nosotros mismos, con los otros hombres y mujeres, con nuestras comunidades, con el mundo. La tierra existiría sin nosotros, porque es realidad física. El mundo, no, porque es creación verbal. Y el mundo no sería mundo sin palabras. Porque cuanto veamos y toquemos objetivamente en el mundo requiere, para seguir siendo, la correspondencia verbal de otro mundo al lado del mundo, que lo corrija y modifique y enriquezca verbalmente. Nuestra literatura, la que celebramos en este gran Congreso argentino, proclama que la libertad no puede ser ajena a la creación de un mundo lingüístico. Todo lenguaje ilumina otro lenguaje y le da accesibilidad, permanencia y actualidad. Actual es el lenguaje de Sor Juana Inés de la Cruz reclamando los derechos de la condición femenina "Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis…" Actual es el lenguaje de Luis Cernuda en defensa de la preferencia sexual "porque el deseo –escribe– es una pregunta cuya respuesta nadie sabe" y actual la generosidad amorosa espléndidamente abarcante de Garcilaso: "Yo no nací sino para quereros… Por vos nací, por vos tengo la vida Por vos he de morir y por vos muero…" Voz de la personalidad propia, inalienable, maravillosamente descrita por Jorge Guillén: "A ciegas acumulo Destino: quiero ser" Palabra metafísica del mayor poema mexicano del siglo XX, la Muerte sin fin de José Gorostiza: "Lleno de mí, sitiado en mi epidermis, por un Dios inasible que me ahoga" Pero, ¿no es tan física esta palabra del alma como la del cuerpo natal de Martín Fierro? "Cantando me he de morir, cantando me han de enterrar… Desde el vientre de mi madre vine a este mundo a cantar…" ¿Y hay pregunta más lúcida que la Rubén Darío a la vida y a la palabra de la vida que el saber no sabiendo de su poema Lo fatal? Popol Vuh, Martín Fierro, Rubén Darío. Ah, es cierto. Conocemos estos poemas de memoria. Pero no les hacemos justicia si no los leemos o decimos siempre por primera vez, como si los acabásemos de descubrir, convencidos de que nadie, nadie ha dicho antes, ni siquiera Pablo Neruda: Yo la quise y a veces ella también me quiso. Nadie antes de nosotros, hoy, en este momento, en el presente que es el único lugar de cita del pasado —la memoria— y el porvenir —el deseo—. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. ¡Qué extrañamiento, qué novedad cada vez que lo digo o lo leo! ¡Qué certeza de que el lector conoce algo que el escritor, ni siquiera Pablo Neruda, jamás conocerá: el futuro! El mundo, dice Mallarmé, nos da voces y el escritor las devuelve a fin de otorgarle mayor pureza a las palabras de la tribu. No lo creo. En español, le devolvemos las palabras a la tribu manchadas, manchegas, mestizadas, a fin de unir dos tradiciones que se subsumen en una sola, al filo del Cuarto Centenario del Quijote y es, una, la de nuestra capacidad hispanoparlante para oponer al dogma la incertidumbre —¿son molinos o son gigantes?— y la otra, el poder de llenar los vacíos de la realidad con la realidad de la imaginación —sí, los molinos son gigantes—. Majestades, Señor Presidente, Señoras y señores: Estamos aquí, en Rosario, en un terreno común donde la historia que nosotros mismos hacemos y la literatura que nosotros mismos escribimos, pueden unirse. Es el espacio compartido pero siempre inacotado en el que nos ocupamos de lo

VALOR DE LAS PALABRAS 17 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY interminable —la historia— a través de lo amenazado —la palabra—. Historia interminable, pues una sociedad está enferma o engañada cuando cree que la historia está completa y todas las palabras dichas. Pero la desdicha del decir es ser dicho de una vez por todas y su posible dicha, ser siempre palabra por decir, aún no dicha, des-dichada. Quienes proclaman el fin de la historia sólo quieren vendernos, dice Carmen Iglesias, otra historia: la suya, no la nuestra. Esa es la otra falacia —el fin de la historia— que quiero rechazar. Nosotros, aquí, en este gran Congreso, sabemos que la historia no ha terminado, ni han terminado las palabras que manifiestan felicidad e inconformidad, escepticismo y confianza, amor y cólera benditos, dichos en lengua española. El hispano parlante de ayer le da el verbo al hispano parlante de hoy y éste al de mañana. Descendemos del gran flujo del habla castellana creada en las dos orillas por mestizos, mulatos, indios, negros, europeos. Estas voces se oyen en América, se oyen en España, se oyen en el mundo y se oyen en castellano. Gracias.

ANEXO II
CARLOS FUENTES: PONENCIA EN EL CONGRESO DE LA LENGUA (ROSARIO)
Mírenlos. Están aquí. Siempre estuvieron aquí. Llegaron antes que nadie. Nadie les pidió pasaportes, visas, tarjetas verdes, señas de identidad. No había guardias fronterizas en los Estrechos de Behring cuando los primeros hombres, mujeres y niños cruzaron desde Siberia a Alaska hace quince, once y cuatro mil años. No había nadie aquí. Todos llegamos de otra parte. Y nadie llegó con las manos vacías. Las primeras migraciones de Asia a América trajeron la caza, la pesca, el fuego, la fabricación del adobe, la formación de las familias, la semilla del maíz, la fundación de los pueblos, las canciones y los bailes al ritmo de la luna y del sol, para que la tierra no se detuviese nunca. Óiganlos. Los indios fueron los primeros poetas, cantaban con las palmas de las manos para enumerar las metáforas del mundo. Todo ello elevado al gran canto poético de la brevedad de la vida. No hemos venido a vivir. Hemos venido a morir Hemos venido a soñar Pero anclado en la eternidad de la palabra: Pero yo soy un poeta Y al cabo comprendí: Escucho una canción, miro una flor, ¡Ay, que ellas jamás perezcan! La palabra como principio del mundo. Pues como atestigua el Popol Vuh, "La palabra dio origen al mundo". Nos instalamos en el mundo, nos recuerda Emilio Lledó. Pero el mundo también se instala en nosotros. La lengua es nuestra manera de modificar al mundo a fin de ser personas, y nunca cosas, sujetos y no sólo objetos del mundo. La lengua nos permite ocupar un lugar en la comunidad y transmitir los resultados de nuestra experiencia. Nadie, tampoco, les pidió visas o tarjetas verdes a los descubridores, exploradores y conquistadores que llegaron a las Costas de Cuba y Borinquen, Venezuela la pequeña Venecia y la Villa Rica de la Veracruz empujados por el gran huracán de una historia indómita, en barcos cargados, a su vez, de palabras, de pasado, de memoria. La América Indígena se contagió del inmenso legado hispánico. Las costas del Caribe y del Golfo de México recibieron una marea que venía de muy lejos, del Bósforo, de las hermanadas tierras semitas de Israel y Palestina, de la palabra griega que nos enseñó a dialogar, de la letra romana que nos enseñó a legislar y, al cabo de la más multicultural de las tierras de Europa, España celta e ibera, fenicia, griega, romana, judía, árabe y cristiana. Hoy que se propone la falaz teoría del choque de civilizaciones seguida del peligro hispánico para la integridad blanca, protestante y angloparlante de los EE. UU. de América, conviene disipar dos mitos. El primero, que Norteamérica no es una región monolingüe o monocultural, sino un verdadero tejido de razas y lenguas: esquimo-aleutiana y nadené en los orígenes, en seguida español de San Agustín en la Florida a San Francisco en California, francesa de Nueva Orleáns en la Luisiana a De-trúa (hoy Detroit) de los Illinois y luego, en sucesivas olas migratorias, alemán e italiano, polaco y ruso y en irónico reverso, el español sefaradí junto con el yiddish y, en la frontera del otro mar descubierto por Balboa, la migración de lengua japonesa,

VALOR DE LAS PALABRAS 18 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY coreana, china y vietnamita: avenidas enteras de Los Ángeles anuncian su comercio y su trabajo en lenguas asiáticas, convirtiendo a otra ciudad hispánica –Nuestra Señora de los Ángeles de Porciúncula– en el Bizancio lingüístico y cultural del Océano Pacífico. Pues también los puritanos ingleses llegaron a las costas de Massachussets en 1621 sin pasaportes o permisos de trabajo. También ellos llegaron de otra parte. El contagio, asimilación y consiguientes vivificación de las lenguas del mundo es inevitable y es parte inexorable del proceso de globalización. Que la lengua española ocupe el segundo lugar entre las del Occidente, da crédito no de una amenaza, sino de una oportunidad. No de una maldición, sino de una bendición: el español ofrece al mundo globalizado el espejo de hospitalidades lingüísticas creativas, jamás excluyentes, abarcantes, nunca desdeñosas. Lengua española igual a lengua receptiva, habla hospitalaria. La predominancia del castellano desde Alaska –Puerto Valdés– hasta Patagonia –Puerto Santa Cruz– no determinó el exterminio de las lenguas amerindias. Del navajo en Arizona al guaraní en Paraguay, el lenguaje amerindio de enigmas, figuras y alegorías –como lo llama el Libro de las Pruebas de Yucatán– sobrevivió hablado hasta el día de hoy por más de veinte millones de seres humanos. Sólo que un purépecha de Michoacán no puede entenderse con un pehuencha de Chile si ambos no hablan la lingua franca de la América indohispana, el castellano. El castellano nos comunica, nos recuerda, nos rememora, nos obliga a transmitir los desafíos que el aislamiento sofocaría: en su lengua maya o quechua, el indio de hoy puede guardar la intimidad de su ser y la colectividad de su intimidad, pero necesitará la lengua española para combatir la injusticia, humanizar las leyes y compartir la esperanza con el mundo mestizo y criollo. Y todos nuestros mundos americanos –indígenas, criollos, mestizos– son desde siempre portadores de una riqueza multicultural mediterránea que sólo podemos desdeñar por intolerable voluntad de empobrecimiento. Indoamérica también es Hispanoamérica gracias a las tradiciones hebreas y árabes de España. Somos lo que somos y hablamos lo que hablamos porque los sabios judíos de la Corte de Alfonso el Sabio impusieron el castellano, lengua del pueblo, en vez del latín, lengua de la clerecía, a la redacción de la historia y las leyes de Castilla. Con cuánta emoción, Majestades, señoras y señores, asistimos en 1990 a la entrega de los Premios Príncipe de Asturias en Oviedo cuando el príncipe Felipe le abrió los brazos a las comunidades judías de la vieja España para recibirlas, dijo don Felipe, "con una gran emoción y el espíritu de concordia de la España de hoy". Pero también llegó a nuestra América la España árabe. Siete siglos de convivencia nos dieron la tercera parte de nuestro vocabulario, nos legaron el rumor del agua, la frescura de los patios, la palabra visible y el rostro invisible de Dios y el rescate de nuestra más vieja tradición mediterránea, la de Grecia, conservada por Islam y transmitida a la Europa medieval a través de la arábiga Escuela de Traductores de Toledo. Hispano-árabes son el Don Julián de Juan Goytisolo y colombiano-hispano-árabes son los Cien años de soledad de García Márquez: libros paridos por la unión de Cherezada y Cervantes, libros fieles al testamento del Rey San Fernando en su sepulcro de la catedral de Sevilla, con los costados de la tumba escritos uno en castellano, otro en latín, el tercero en hebreo y el cuarto en árabe: rey de las tres religiones y de las cuatro lenguas. Seamos, en este gran Congreso, guardianes fieles de nuestras tradiciones vivas, capaces de iluminar caminos de paz mediante el reconocimiento de letras y espíritus compartidos. Escuchémoslas. Melancólicas lenguas de vida pasajera y muerte celebrada en la América indígena. Conflictivas lenguas de pasiones místicas y carnales en la España medieval y renacentista. ¿Qué las une? ¿Qué sucede con una y otra tradición cuando la energía sobrante de la España de la Reconquista cruza los mares y conquista, ahora, las tierras de otra civilización, a sangre y fuego pero también a palabra y cruz? Las une la lengua. En muy poco tiempo, el castellano de América adquiere un tono propio, indoespañol. Las une la épica, pero no sólo la que Simone Weil, leyendo la Ilíada, describe como "un poema del Poder" sino una épica dolorosa, la de Beral Díaz del Castillo maravillado por la visión de Anáhuac y obligado, en seguida, a destruir lo que ha aprendido a amar. O

VALOR DE LAS PALABRAS 19 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY como dice el gran crítico Francisco Rico, "singular convivencia de naturalidad y pasmo". De este drama del deseo –anhelo pertinaz, jamás cumplido– nace una segunda épica mestiza, la del Inca Garcilaso de la Vega, y una lírica mestiza, la de Sor Juana Inés de la Cruz. Ambos quieren ser indoamericanos que hablan y escriben en español. Pero hay algo más. Poseemos una tradición que le dio a la lengua castellana un relieve distinto, nacido de la necesidad de esclavos privados de sus lenguas nativas y obligados a aprender las lenguas coloniales para entenderse entre sí –para amarse y procrearse, para armarse y rebelarse– adoptando y cambiando el habla castellana con creatividad rítmica: Casimba yeré Casimbangó Yo salí de mi casa Casimbangó Yo vengo a buscá Dame sombra ceibita Dame sombra palo Yabá Dame sombra palo Wakinbagó Dame sombra palo Tengué que anuncia la velocidad que corre desnuda un día, enmascarada al siguiente, para amplificar el castellano popular de las Américas, felizmente incorporado –honor a Víctor García de la Concha– al diccionario de la Real Academia. Lo evoqué en su mexicanidad en Valladolid. Le hago eco en su argentinidad en Rosario: el covoliche no es una macana ni un jabón, es un tarro que encubre matufias, nos hace más cancheros de la lengua, más hinchas de las letras, jamar mejor las escrituras, jotrabar chorede el alfabeto, y viva quien me proteja, sobre todo si es un Cortázar que arma su propio lunfardo en Rayuela. Formamos parte de una civilización inmensamente rica, plural, "cósmica" como diría José Vasconcelos. Las pruebas están en todas partes y el edificio no ofrece fisura alguna. La continuidad es asombrosa, el origen enriquece al presente, el presente alimenta al porvenir y cada una de nuestras raíces antiguas tiene sus manifestaciones modernas. Pero no todo es celebración. La continuidad cultural de Iberoamérica aún no encuentra continuidad política y económica comparable. Tenemos corona de laureles pero andamos con los pies descalzos. El hambre, el desempleo, la ignorancia, la inseguridad, la corrupción, la violencia, la discriminación, son todavía desiertos ásperos y pantanos peligrosos de la vida iberoamericana. La lengua y la imaginación literarias son valores individuales del escritor pero también valores compartidos de la comunidad. No en balde, lo primero que hace un régimen dictatorial es expulsar, encarcelar o asesinar a sus escritores. ¿Por qué? Porque el escritor ofrece un lenguaje y una imaginación contrarios a los del poder autoritario: un lenguaje y una imaginación desautorizados. La lengua nos permite pensar y actuar fuera de los espacios cerrados de las ideologías políticas o de los gobiernos despóticos. La palabra actual del mundo hispano es democrática o no es. Sin lenguaje no hay progreso, progreso en un sentido profundo, el progreso socializante del quehacer humano, el progreso solidario del simple hecho de estar en el mundo y de saber que no estamos solos, sino acompañados. El lenguaje, nos recordó Francisco Romero, es un acervo patrimonial donde nada se pierde: constantemente, la palabra vence la ausencia de nuestro pasado para crear la presencia de nuestra historia. Esa historia nuestra nacida de la ilusión de una nueva edad de oro, subyugada por la pérdida de la utopía pero renacida –nuestra historia– como vitalidad de la palabra que asume el pasado de nuestros pueblos, transmite los hechos históricos horizontalmente, entre los de hoy, pero también los transmite verticalmente entre los de ayer, entre las generaciones. La lengua no es biología: se aprende, es educación. Nunca olvidemos, al pensar, al hablar, al escribir nuestra lengua maravillosa, que nada se pierde. Pues negar la tradición no nos aseguraría una libertad mayor. Todo lo contrario. La tradición nos obliga a enriquecerla con nueva creación. Y la tradición nos invita a ser escépticos pero exigentes. No siempre lo hemos sido. A veces, queremos creer en el Paraíso para no darle la cara a la Caída. Pero la caída es la oportunidad de la siguiente creación. Posiblemente el inglés sea más práctico que el castellano. El alemán, más profundo. El francés, más elegante. El italiano, más gracioso. Y el ruso, más angustioso. Pero yo creo profundamente que es la lengua española la que con mayor elocuencia y belleza nos da el repertorio más amplio del alma humana, de la personalidad individual y de su proyección social.

VALOR DE LAS PALABRAS 20 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY No hay lengua más constante y más vocal: escribimos como decimos y decimos como escribimos. ¿Y qué decimos? ¿Qué hablamos? ¿Qué escribimos? Nada menos que el diccionario universal de las pasiones, las dudas, las aspiraciones que nos comunica con nosotros mismos, con los otros hombres y mujeres, con nuestras comunidades, con el mundo. La tierra existiría sin nosotros, porque es realidad física. El mundo, no, porque es creación verbal. Y el mundo no sería mundo sin palabras. Porque cuanto veamos y toquemos objetivamente en el mundo requiere, para seguir siendo, la correspondencia verbal de otro mundo al lado del mundo, que lo corrija y modifique y enriquezca verbalmente. Nuestra literatura, la que celebramos en este gran Congreso argentino, proclama que la libertad no puede ser ajena a la creación de un mundo lingüístico. Todo lenguaje ilumina otro lenguaje y le da accesibilidad, permanencia y actualidad. Actual es el lenguaje de Sor Juana Inés de la Cruz reclamando los derechos de la condición femenina "Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis…" Actual es el lenguaje de Luis Cernuda en defensa de la preferencia sexual "porque el deseo –escribe– es una pregunta cuya respuesta nadie sabe" y actual la generosidad amorosa espléndidamente abarcante de Garcilaso: "Yo no nací sino para quereros… Por vos nací, por vos tengo la vida Por vos he de morir y por vos muero…" Voz de la personalidad propia, inalienable, maravillosamente descrita por Jorge Guillén: "A ciegas acumulo Destino: quiero ser" Palabra metafísica del mayor poema mexicano del siglo XX, la Muerte sin fin de José Gorostiza: "Lleno de mí, sitiado en mi epidermis, por un Dios inasible que me ahoga" Pero, ¿no es tan física esta palabra del alma como la del cuerpo natal de Martín Fierro? "Cantando me he de morir, cantando me han de enterrar… Desde el vientre de mi madre vine a este mundo a cantar…" ¿Y hay pregunta más lúcida que la Rubén Darío a la vida y a la palabra de la vida que el saber no sabiendo de su poema Lo fatal? Popol Vuh, Martín Fierro, Rubén Darío. Ah, es cierto. Conocemos estos poemas de memoria. Pero no les hacemos justicia si no los leemos o decimos siempre por primera vez, como si los acabásemos de descubrir, convencidos de que nadie, nadie ha dicho antes, ni siquiera Pablo Neruda: Yo la quise y a veces ella también me quiso. Nadie antes de nosotros, hoy, en este momento, en el presente que es el único lugar de cita del pasado —la memoria— y el porvenir —el deseo—. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. ¡Qué extrañamiento, qué novedad cada vez que lo digo o lo leo! ¡Qué certeza de que el lector conoce algo que el escritor, ni siquiera Pablo Neruda, jamás conocerá: el futuro! El mundo, dice Mallarmé, nos da voces y el escritor las devuelve a fin de otorgarle mayor pureza a las palabras de la tribu. No lo creo. En español, le devolvemos las palabras a la tribu manchadas, manchegas, mestizadas, a fin de unir dos tradiciones que se subsumen en una sola, al filo del Cuarto Centenario del Quijote y es, una, la de nuestra capacidad hispanoparlante para oponer al dogma la incertidumbre —¿son molinos o son gigantes?— y la otra, el poder de llenar los vacíos de la realidad con la realidad de la imaginación —sí, los molinos son gigantes—. Majestades, Señor Presidente, Señoras y señores: Estamos aquí, en Rosario, en un terreno común donde la historia que nosotros mismos hacemos y la literatura que nosotros mismos escribimos, pueden unirse. Es el espacio compartido pero siempre inacotado en el que nos ocupamos de lo interminable —la historia— a través de lo amenazado —la palabra—. Historia interminable, pues una sociedad está enferma o engañada cuando cree que la historia está completa y todas las palabras dichas. Pero la desdicha del decir es ser dicho de una vez por todas y su posible dicha, ser siempre palabra por decir, aún no dicha, des-dichada. Quienes proclaman el fin de la historia sólo quieren vendernos, dice Carmen Iglesias, otra historia: la suya, no la nuestra. Esa es la otra falacia —el fin de la historia— que quiero rechazar. Nosotros, aquí, en este gran Congreso, sabemos que la historia no ha terminado, ni han terminado las palabras que manifiestan felicidad e inconformidad, escepticismo y confianza, amor y cólera benditos, dichos en lengua española. El hispano parlante de ayer le da el verbo al hispano parlante de hoy y éste al de mañana. Descendemos del gran flujo del habla

VALOR DE LAS PALABRAS 21 FILOSOFIA Y EDUCACION. EL PENSAMIENTO DE HOY castellana creada en las dos orillas por mestizos, mulatos, indios, negros, europeos. Estas voces se oyen en América, se oyen en España, se oyen en el mundo y se oyen en castellano. Gracias.