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Editorial
¡Bienvenidos al cuarto número de la Palabras! Esperamos que disfruten la lectura de la revista este mes, pues hemos tenido el placer de contar con muchos escritores que aportaron relatos y poemas con temática primaveral. Además, contamos con una nueva entrega de la novela «Por si mañana no estoy» y se suma a las historias por entrega «Para siempre…» Recomendaciones literarias, reseñas, efemérides y nuestro especial del mes, dedicado a una poetisa uruguaya que admiramos y respetamos mucho, son otras de las cosas que encontrarás en nuestras páginas. Una vez más, agradecemos el constante apoyo que recibimos a diario, a quienes colaboran, quienes leen y quienes difunden la revista, y esperamos que nos sigan acompañando, pues las ideas siguen llegando, el amor por la creación literaria y la lectura no nos abandona y además… bueno, se viene Halloween, o Día de los Difuntos, por lo que estaremos esperando sus textos relativos a la fecha. Recuerden visitar nuestra web para conocer las bases para presentar sus textos.

¡Nos leemos en octubre!

Índice
Entrevista a Paty C. Marín…………………………………………………………………….. pag. 4 Pequeños sacrificios, por Paty C. Marín……………………………………………………. pag. 9 Reseña de la novela Pétalos de Papel, por Patricia Olivera…………………………. pag. 14 Por si mañana no estoy, por Susan Valecillo…………………………………………….. pag. 17 Muerta en primavera, por Yami………………………………………………………………. pag. 22 El Circo, por Pilar Lepe…………………………………………………………………………… pag. 24 No es fácil comprar la primavera, por Tyess……………………………………………. pag. 26 Recomendaciones Literarias para todos los gustos………………………………….. pag. 28 Entrevista a Galena Sanz………………………………………………………………………. pag. 32 Casada con el monstruo de debajo de mi cama, por Galena Sanz………………. pag. 39 Un camino, por Catapzia………………………………………………………………………… pag. 43 Para siempre…, por Patricia Olivera……………………………………………………….. pag. 44 El amor del collar de perlas, por Lyd Cantos……………………………………………. pag. 46 Las lágrimas del cerezo, por PukitChan…………………………………………………… pag. 47 Entrevista a Athena Rodríguez………………………………………………………………. pag. 50 Último amanecer, por D. C. López………………………………………………………….. pag. 55 Especial del mes: Marosa di Giorgio………………………………………………………. pag.58 Nocturno, por Eugenia Sánchez……………………………………………………………… pag. 62 Bad to the Bone, por Elora M. Harris………………………………………………………. pag. 63 Efemérides de setiembre………………………………………………………………………… pag.68

Entrevistamos a Paty C. Marín.
Paty fue la ganadora del Certamen de relatos Musas de la Noche. Quisimos conocer un poco más de esta autora de relatos eróticos y compartir con ustedes el relato que presentó al certamen. Disfruten la entrevista y recuerden pasar por su web a leer sus escritos.

R.P.: Escribir, ¿para qué? P.C.M.: Para contar las historias que a mí me gustaría leer.

R.P.: Cuéntanos algo sobre ti. P.C.M.: Pff no se, además de la literatura, me gustan los videojuegos, me gusta jugar al rol, me gusta jugar a juegos de tablero. Soy una chica muy alta y llevo gafas... Soy Ingeniera de Telecomunicaciones y no me gusta la programación informática.

R.P.: ¿Cuándo comenzaste a escribir? P.C.M.: En el instituto, sobre los 14 años, para presentarme a unos certámenes de relatos. No fue hasta los dieciséis que empecé a escribir cosas sueltas sin tomarlo muy en serio, solo para mi y mis amigos. A los dieciocho, cuando comencé la carrera, empecé a escribir un montón y hasta ahora.

R.P.: ¿Qué género prefieres? P.C.M.: Erótico. Bueno, romántico erótico. He leído un poco de género puramente erótico y suele terminar mal y eso no me gusta mucho. Me gusta escribir erótica porque como he dicho, escribo para contar lo que me gustaría leer a mí.

R.P.: ¿Nombre real o seudónimo? P.C.M.: Paty C. Marín (la C es por mi segundo nombre)

R.P.: ¿Qué buscas en un libro? P.C.M.: Emociones fuertes, que me hagan reir o llorar. Especialmente quiero que me hagan llorar de emoción.

R.P.: ¿Qué es lo mejor que has leído recientemente? P.C.M.: Hum... Cuernos, de Joe Hill; El aliento de los dioses, de Brandon Sanderson; Promesas que cautivan y Promesas que perduran, de Sarah McCarty; El Templo del caído, de M.D. Nika; Choque de Reyes y Tormenta de Espadas, de G.R.R.Martin... Algo más, pero eso es lo que más me ha gustado. R.P.: ¿Cuáles son los escritores que más han influido en tu escritura? P.C.M.: Shayla Black y... no, creo que ella, porque el género erótico es lo que más he cultivado.

P.C.M.: Al menos una hora por la noche antes de dormir. A veces más, si la lectura es interesante. R.P.: ¿Por qué publicar en internet? P.C.M.: Para llegar a más gente. R.P.: Cuéntanos de tu espacio virtual. P.C.M.: Empezó siendo un blog para subir todos los relatos que había escrito durante mucho tiempo, la verdad es que esta idea no fue mía, se me ocurrió cuando encontré casualmente un espacio dónde se publicaban relatos y cuentos y decidí que eso era lo que yo quería hacer y lo que tendría que haber hecho hace mucho tiempo (ya tenía un blog, pero era personal y lo cerré). Ahora es un blog de relatos, series y cuentos eróticos. Desde hace poco publico reseñas de novelas eróticas y románticas y organizo retos para fomentar la literatura erótica.

R.P.: ¿Las musas llegan solas o hay que salir en su búsqueda? P.C.M.: Llegan cuando llegan. No las puedo encontrar si las busco.

R.P.: ¿Cuánto tiempo estimado dedicas a la escritura en la semana? P.C.M.: Depende mucho de la semana. Parece que le dedico como tres horas limpias a diario, pero nunca son seguidas.

R.P.: Las buenas críticas son… P.C.M.: Buenas.

R.P.: ¿Y las negativas? R.P.:¿Y a la lectura?

P.C.M.: Malas. Pero ayudan a ver por dónde flojeas.

R.P.: ¿Qué opinas de la autopublicación? ¿Está dentro de tus planes? P.C.M.: Me es indiferente. Quiero decir, me parece bien que haya gente que encuentre la forma de publicarse, no me importan si lo hacen bajo editorial o de forma independiente. ¿Dentro de mis planes? Es que no tengo planes todavía, jajajaja. Supongo que sí. R.P.: ¿Publicas en otros medios o sitios virtuales? P.C.M.: Sólo en el blog. Y en unos foros, pero esas publicaciones son privadas y pertenecen a partidas roleadas. R.P.: Escribir hoy por hoy es… Una forma de expresión. R.P.: En tu opinión un escritor ¿se es o se hace? P.C.M.: Es como el artista, necesita talento y se necesita cultivar. Puede hacerse con mucha técnica, pero es mejor si se nace con esa vena artística, ese gusanillo de querer sacar lo que llevas dentro. Escribir sin ninguna motivación personal, como la de sentirse realizado y orgulloso de una obra propia, creo que es un poco triste.

R.P.: ¿Qué es lo mejor y lo peor que te han dicho de tus escritos? P.C.M.: Lo mejor... pues me han comparado con Anne Rice y Pauline Réage, incluso con Henry Miller. Supongo que eso tiene que ser bueno... Lo peor que me han dicho... veamos, desde que escribo cosas que son pecado (me han llamado hasta hereje), que escribo pornografía, en esa línea. También me han dicho que a veces aburro a las piedras y soy un tostón. R.P.: ¿Quién/es te motivan a seguir escribiendo? P.C.M.: Las que siguen mi blog y me comentan. Especialmente aquellas que me maldicen cuando provoco finales de capítulos demasiado abruptos.

R.P.: A la hora de escribir, ¿preparas el escenario? P.C.M.: Me gusta crear ambiente, poner en antecedentes, preparar la situación. Pienso mucho en el antes y en el después y luego escribo.

R.P.: ¿Hablas de la creación literaria con otros escritores?

P.C.M.: Hablo con otros escritores sobre historias, libros y formas de escribir.

P.C.M.: Emocionante y entretenida. R.P.: Para finalizar, ¿por qué leer a Paty C. Marín? P.C.M.: Porque creo que la literatura erótica es profunda y despierta emociones en los lectores. Cuando escribo, quiero que el que lea se sienta identificado con lo que lee, que responda a los estímulos planteados y que se le quede grabado en la mente.

R.P.: Si tuvieras que definir tu escritura en pocas palabras serían… P.C.M.: ¿Erótica? Quiero pensar que mi escritura es emocionante y que despierta sentidos. No sé si lo consigo.

R.P.: Y si tuvieras que definir la escritura en general…

R.P.: Desde Palabras queremos felicitarte una vez más por tu merecido premio en el certamen Musas de la Noche, y agradecer tu tiempo. Esperamos seguir contando con tus letras. P.C.M.: Gracias :) Ahora ando un poco ocupada, pero espero seguir colaborando con la revista :) Besos :D

Una de las series más leídas de su web:

Reincidencia Lady Kirbridge es una dama de la alta sociedad que tuvo un breve encuentro con uno de los hombres más atractivos y peligrosos de su círculo social: el infame Lord Brian Crawford. Y es que el señor Crawford es hombre de gustos excesivos, escandalosos y demasiado oscuros. Aunque lady Kirbridge no desea sucumbir de nuevo a los encantos de lord Crawford, lo que él tiene preparado para el reencuentro será algo mucho más tenebroso de lo que lady Kirbridge creía en un principio. Fetiches, dominación y sumisión. ¿Se resistirá lady Kirbridge al poder dominante de Lord Crawford?

Puedes leer a Paty C. Marín en los siguientes sitios: Cuentos Íntimos: http://cuentosin.blogspot.com/ Wattpad: http://www.wattpad.com/user/PatyCMarin

Pequeños sacificios
Por Paty C. Marín

Chicago, 1920. Isabella había terminado de prepararlo todo y sólo faltaba una cosa para que todo estuviera perfecto, una cosa muy importante para cuando Brandon llegara de trabajar esa tarde. Hoy se cumplía un año desde que se fugaran juntos y se casaran, y para Isabella era un acontecimiento importante, porque amaba a Brandon con tanta intensidad como el primer día, porque quería lo mejor para él y porque habían luchado mucho por que su amor siguiera adelante; quería hacerle un regalo especial que le demostrara lo mucho que lo amaba y que no le importaba estar viviendo en una casa con vistas al cielo gris de las fábricas y la oscura dársena del puerto. Brandon y ella se habían amado desde los diez años, y cuando se hicieron adultos y sus familias quisieron separarlos, resolvieron abandonar Nueva York y viajar tan lejos como pudieran. Aunque el amor sustentase su felicidad, no les daba de comer ni les ofrecía cobijo en noches de lluvia y la determinación del comienzo flaqueó cuando llegaron a Chicago, dónde decidieron asentarse. Brandon se arrepintió de haber arrastrado a Isabella en su locura juvenil, pero Isabella estaba muy feliz de estar con Brandon y no le importaba en absoluto pasar algo de hambre siempre que estuvieran juntos. Brandon había estudiado en la Universidad y eso le ayudó a encontrar un trabajo. No era gran cosa, pero con el dinero consiguieron una pequeña casa, la planta baja de un edificio de viviendas con un salón, una cocina, un baño y una habitación cuya ventana ofrecía vistas a un puerto gris plomizo, un cielo gris y unos barcos grises. Había logrado convertir el anodino salón de su casa en un rincón acogedor, con sus manteles rojos, sus cortinas bordadas, muebles barnizados y unos cuadros con motivos florales que ella misma había dibujado. Isabella permanecía ociosa durante la jornada laboral de Brandon y eso era mucho tiempo libre. Pasaba el tiempo de tienda en tienda, caminando durante horas para comprar las cosas más baratas, pero de buena calidad. Había aprendido a encontrar pequeñas cosas a precios pequeños que nadie quería por el simple hecho de que estaban pasadas de moda o ya no tenían valor por tener pequeños defectos; incluso había recogido una mesa de té de la calle que había quedado perfecta tras un par de arreglos. Por supuesto, nunca le dijo nada de esto a Brandon, porque eso podría hacerle sentir culpable. Brandon ya tenía bastantes preocupaciones con su trabajo y con la idea de no tener dinero como para encimar herir su orgullo. Era su pequeño secreto, su pequeño sacrificio; Isabella estaba dispuesta a todo porque Brandon fuese también feliz. Él se esforzaba mucho por hacer que todo saliera adelante. Ahora estaba angustiada, porque había llegado ese momento en el cual el dinero no era suficiente. Había sacado la caja dónde guardaba los ahorros y, después de contarlo

varias veces, el número de monedas seguía siendo el mismo: disponía de dos dólares y tres centavos. No era mucho, pero tal vez pudiera encontrar en el mercado algo bonito para Brandon. O eso esperaba ella. Cogió la capa, su bolsa para el dinero que se ató a la muñeca y con los dos dólares y tres centavos salió a la calle. Isabella suspiró, hoy parecía que el día no acompañaría, las nubes amenazaban tormenta. Un gato escuálido y despeluchado se la quedó mirando sobre el cubo de basura; tenía una cicatriz muy fea en su cara gatuna y se le veían los colmillos incluso con la boca cerrada, lo que le daba el aspecto de estar riéndose burlonamente. Isabella odiaba aquel gato con toda su alma, porque por las noches maullaba y montaba jaleo entre la basura peleándose con otros gatos, arañaba sus cortinas y a veces se le colaba en la casa para comerse la poca comida que tenían. Pensó que era mala señal, pero lo ignoró y se lanzó a la búsqueda de un regalo para Brandon. Tres horas después, no encontró nada que costase dos dólares que mereciera la pena comprar. Había visto algo muy bonito, una cadena de oro para el reloj de bolsillo que tenía Brandon; pero costaba más de quince dólares, dieciocho dólares y sólo tenía dos, le seguían faltando dieciséis y eso era imposible de conseguir en tan poco tiempo. Tendría que esperar un mes para poder comprarle aquello. Sentada en un banco en medio del puerto el cielo pareció empatizar con su estado de ánimo, porque las nubes se oscurecieron y empezó a llover. Isabella tuvo ganas de llorar y se le empañaron los ojos ante la decepción de no haber encontrado un regalo digno para su amado Brandon. Quería regalarle algo especial, pero no tenía dinero para comprárselo. Siempre la misma historia: no tendría que haber comprado tantos caprichos, la pintura para los cuadros no era importante, ni tampoco lo eran las cortinas, ni los jabones para su pelo… Su pelo. Isabella se aproximó a un escaparate y se miró en el reflejo, tocándose el pelo. Había dos cosas que Brandon apreciaba especialmente, tres si se contaba a ella misma. Una era su reloj de oro, una joya familiar que había pertenecido a su tatarabuelo, después a su abuelo, luego a su padre y por último a él; ese reloj era lo único que había conservado de su familia cuando se fugaron y le tenía mucho cariño, siempre decía que se lo regalaría a su primer hijo o hija. Una vez quiso venderlo, pero Isabella logró convencerlo para que no lo hiciera, porque era un símbolo de distinción y él era un hombre distinguido. Lo segundo que apreciaba Brandon era el cabello de Isabella, una hermosa melena castaña que lo tenía fascinado y a veces, cuando estaba intranquilo, le cepillaba el pelo porque aquello lo sosegaba y lo ponía de buen humor. Brandon siempre le decía lo guapa que estaba cuando por las mañanas se levantaba con la cabeza enmarañada y cuando hacían el amor le enredaba los dedos entre los mechones. Por eso Isabella cuidaba mucho su cabello, porque era lo que más le gustaba a Brandon. Pero estaba decidida y tenía que tomar una decisión. Resuelta, se dirigió a la barbería que había al comienzo de la calle y entró apresuradamente. ─Disculpe, tengo una pregunta, ¿es cierto lo que dice el cartel de la puerta, que compran cabello? ¿Cuánto pagan?

─Antes tengo que verlo ─le dijo el barbero. Isabella se quitó apresuradamente las horquillas del pelo y se soltó la melena. Una enorme mata ondulada de cabello castaño cayó en cascada por su espalda hasta rozarle la cintura. Estaba limpio y brillante, porque lo cuidaba muy bien y el barbero no lo dudó cuando le dijo el precio─. Veinte dólares. ─¡Rápido! Corte todo lo que necesite. Una hora más tarde, Isabella regresaba a casa feliz, con frío en las orejas y una cadena dorada entre las manos para el reloj de Brandon. Al mirarse en el espejito de la habitación observó su cabello. Su aspecto no era tan distinto al que tenía cuando se cogía un moño, pero ya no podía enredar los dedos en su pelo como antes y sintió una punzada en el corazón. Volvería a crecer, se decía. Sólo era cuestión de tiempo que volviera a lucir su perfecta melena salvaje. Isabella escuchó la puerta de la entrada, Brandon había llegado. De pronto le empezaron a temblar las manos y el corazón se le aceleró. ¿Qué reacción tendría Brandon cuando viera que se había cortado el pelo? Aquel había sido su pequeño sacrificio por él. ─Hola. Entró en el salón, con las manos entrelazadas y miedo en sus ojos de ciervo. Brandon dejó el sombrero en la percha de la puerta, se quitó el abrigo, dejando escurrir el agua antes de volverse hacia Isabella. Al principio no lo notó, pero tras un segundo, cuando se acercó a ella para darle un beso, se fijó en su cabello y se quedó paralizado. Isabella aguantó la respiración. ─Tu pelo. ─Sí, lo he cortado ─dijo tocándose la nuca despejada, las orejas y el escaso flequillo que ahora tenía. ─¿Por qué? ─preguntó. Había mudado su expresión, ponía esa cara desprovista de emociones cuando estaba enfadado o afligido, un gesto impenetrable. Isabella tuvo ganas de llorar, lo último que quería era que se pusiera triste o se enfureciera. ─¡Volverá a crecer! ─defendió. De pronto no pudo dejar de hablar y se mareó por culpa de un ataque de ansiedad. ─Tenía que hacerlo, lo siento mucho, pero es que no tenía dinero para comprarte un regalo y he visto que en la tienda compraban cabello y he ido y me lo he cortado para poder conseguir dinero y… Por favor, dime algo, no te quedes callado, te quiero… ─sollozó con un hilo de voz─. Lo he hecho porque te quiero… No me digas que ya no te gusto porque me he cortado el pelo… Isabella sabía por experiencia familiar que cosas así habían ocurrido. Brandon reaccionó por fin a sus palabras y lanzó una risa breve y fresca, no con burla sino con diversión. Isabella se quedó aturdida, sin saber qué estaba pasando, muerta de miedo, preocupada, insegura. Brandon se acercó a ella y la abrazó, besándola con ternura y el terror desapareció.

─¿Cómo podría dejar de quererte por que te hayas cortado el pelo? ─le dijo sin perder la sonrisa, acariciándole la cabeza. Le limpió las lágrimas y del bolsillo de su chaqueta sacó un pequeño paquete envuelto en papel─. Te amo con todo mi corazón, mi amor, no me importa tu pelo; había comprado esto para ti, feliz aniversario. Isabella abrió el paquete y lanzó una exclamación de sorpresa antes de que las lágrimas volvieran a rodar copiosamente por sus mejillas. Entre las manos tenía el regalo de Brandon, dos pequeños broches dorados y ornamentados con piedras preciosas. Unos hermosos adornos para su hermoso pelo. Dos hermosos pasadores que debían haberle costado una fortuna. ─Volverá a crecer ─gimió ella─. Volverá a crecerme el pelo y entonces me los pondré, te lo prometo. ─Estoy desando que vuelva crecer para verlos puestos ─le aseguró él, acariciándole los cortos mechones, besándola con amor. Ella lo abrazó, feliz. ─¡Tu reloj! ─chilló Isabella de pronto─. Dame tu reloj, rápido, tengo tu regalo aquí mismo ─se apartó de él y le mostró la cadena dorada─. Vamos, sácalo. Ahora parecerás un hombre más respetable que antes. Pero él no hizo nada, solo mirarla con una sonrisa entrañable en el rostro. ─No tengo el reloj ─le confesó. Ella no entendió lo que quería decir. ─¿Cómo que no tienes el reloj? ¿Te lo han robado? ─exclamó horrorizada. Pero él negó con la cabeza y siguió mirándola con aquel brillo amoroso en los ojos. ─No, mi amor, no me lo han robado. Lo he vendido. ─¿Vendido? Pero, ¿por qué has hecho eso? Es tu reloj, es importante para ti, ¡no tendrías que haberlo vendido! ─se horrorizó ella. Brandon rodeó a Isabella entre sus brazos y la besó con ternura. Sobre sus labios, habló. ─He vendido el reloj para poder comparte tu regalo… A ella se le llenaron los ojos con renovadas lágrimas de alegría. ─Te amo ─sollozó. ─Pero yo más ─respondió él.

Reseña de…
Pétalos de Papel, de Iria G. Parente y Selene M. Pascual
Sobre las autoras:

Iria G. Parente Iria G. Parente nace en 1993. Madrileña de nacimiento y gallega de corazón, desde pequeña muestra interés por la lectura, devorando escritores clásicos y contemporáneos indiscriminadamente. En 2008 queda finalista en su primer concurso literario, momento en el que decide convertir su afición en algo profesional. Desde entonces incluso su vida académica estará dirigida al mundo de las letras: cursa bachillerato de humanidades y actualmente es estudiante de la facultad de filología de la Universidad Complutense de Madrid. En el tiempo libre que le dejan sus estudios colabora como articulista en la revista Imaginarios, de la que además forma parte del equipo de corrección, y se vuelca en su faceta de escritora.

Selene M. Pascual Selene M. Pascual nace en Vigo en 1989. En esta ciudad crece y descubre su pasión por los cuentos de hadas y la magia de las letras. Actualmente estudia en la Universidad de Vigo su último año de Licenciatura en Filología Inglesa, donde se ha decantado por el estudio de la literatura. “Pétalos de papel es la novela que hemos escrito Selene y yo conjuntamente y por la cual hemos llamado así a nuestro humilde espacio. Bajo ese título, bajo esas letras, hemos visto la alianza definitiva tras muchos años de amistad y sueños compartidos. […]‖ De esta manera, por medio de estos extractos tomados del blog que lleva el mismo nombre de la novela, se puede saber de puño de sus propias autoras cómo empezó la aventura de darle vida y palabras a los personajes de esta historia de amor que atrapa desde el primer momento; y que parece ser el sueño hecho realidad de todo aquél que fantasea, perdido en las páginas de un buen libro. Sin más, los dejo con la sinopsis que ellas mismas nos facilitan.

Sinopsis: “Aquel libro me arrastró dentro de sus páginas antes de que yo pudiera siquiera imaginar su secreto. La realidad cayó y se deshizo a mi alrededor. Al otro lado me esperaba él. Marcus Abberlain. Ni la distancia de mil mundos pudo evitar que le encontrara”. "Vino en las alas de la primavera. Llegó de improviso, como las flores y los deseos. Se hizo un hueco en el corazón como sólo saben hacerlo los sueños que sobreviven al invierno. No fue el libro quien trajo a Ilyria Blackwood hasta aquí. Fue el destino". Amyas, capital de Albion. Dicen que todos los días llega al reino al menos un nuevo visitante… Todo tiene un orden impuesto en ese país inalcanzable: los nobles dictaminan sus normas escondidos tras sonrisas fingidas y bailes a medianoche. Los extranjeros, personajes alejados de las páginas de sus libros, están condenados a servirles. La sociedad ahoga y esclaviza sin que nadie se rebele contra ella. Alterar el orden siempre es peligroso. Enamorarse sólo es el principio.

Reseña ¿A quién no le gustaría sentir en carne propia la historia que lo atrapa dentro de un libro? ¿Cuántas veces no deseamos se atraídos por esas hojas que estamos leyendo ensimismados, dejar que sus letras, palabras y estrofas nos atrapen y nos sumerjan verdaderamente en la historia que nos tiene hipnotizados? Eso le sucede a Ilyria Blackwood en la pequeña librería que le ha heredado su abuelo, una tarde en que leyendo un libro sin tapas ni referencia de autor, tan solo por evadirse de los problemas que la abrumaban en ese momento, se vio transportada sin previo aviso y sin ella quererlo, a Amyas. Un mundo que tiene todas las cualidades de un cuento más pero que es desconocido y misterioso para ella, incluso peligroso; un mundo donde solo habrá una persona que podrá protegerla contra esos peligros y con quien mantendrá una relación inicial de mutuo rechazo: el Conde Marcus Abberlain. En definitiva, un mundo al que no pidió llegar y del que solo querrá escapar de una vez por todas. Sin embargo, una vez que lo logra, deberá dejar decidir a su corazón dónde realmente quiere estar, a qué lugar realmente pertenece. La historia narrada desde la perspectiva de los dos personajes principales, donde se van intercalando los capítulos dedicados a las impresiones de cada uno acerca del otro, en una prosa muy poética y mágica, nos revela la historia de un amor que nace de una

manera imprevista, que se va gestando día a día en medio de la búsqueda de un libro especifico; el libro por medio del cual Ilyria llegó y que es el único medio por el que podrá marcharse. La trama es fluida, te atrapa y te mantiene expectante. Los personajes están muy bien definidos, totalmente creíbles y queribles, con defectos y virtudes. Las descripciones son muy claras y precisas, los diálogos están bien llevados y es fácil seguirles el ritmo en la narración. Su forma de expresarse en muy sutil y delicada, hay momentos que más que contar dan a entender en una forma muy poética, utilizan muy bien los recursos de metáforas y metonimias. Se distinguen fácilmente a los personajes principales: Ilyria Blackwood, una joven de dieciocho años de la época moderna, muy independiente, que vive sola y trabaja en la librería que heredó de su abuelo; y el Conde Marcus Abberlain, un noble del mundo mágico, de cabello cobrizo y ojos morados, que tiene una hija adoptiva y cuyas costumbres difieren totalmente de las de Ilyria. También hay personajes principales importantes como Lottie, la hija adoptada del Conde y que le toma gran cariño a Ilyria; así como el genio que sirve en la casa y el ángel que enseña a la niña. Todos los cuales conforman la familia del conde. No faltan los personajes secundarios malos, como el hermano de este ó la supuesta amiga de la niñez. El final es impensable, te deja con un vacío que no se puede describir. Obviamente anuncia una continuación en la que sus autoras ya están trabajando.

Conclusión: Una historia que creo que todos quisiéramos vivir en carne propia; leer un libro que nos atrape como este y de repente aparecer del otro lado. Me atrapó, aunque tuve que leerlo en forma interrumpida por diversas obligaciones, en el último tramo ya no lo pude soltar. Me transportó, me hizo sentir las emociones y vivencias de sus protagonistas. Me dejó con ganas de más. Un muy buen trabajo que recomiendo sin ninguna duda.

Pueden visitar el blog de Pétalos de Papel aquí: http://ispetalosdepapel.blogspot.com/

También pueden descargar la novela aquí: http://ispetalosdepapel.blogspot.com/p/descargas_20.html

Por si mañana no estoy
Por Susana Valecillo
Capítulo 2 Seré inmortal, Porque vivo en tu destino. De forma garabateada tenía escrito “El más vergonzoso día de mi vida, y el mejor de todos hasta ahora”. Viviana ahogo una carcajada inevitable, en la foto que estaba junto al título se podía ver a dos niños, sentados en la arena a la orilla de la playa, ambos sonrojados. La niña sonreía abiertamente, triunfadora, mientras que en los ojos del pequeño se notaba la vergüenza, tanto que apenas alzaba la cabeza. El flashback fue instantáneo. Era verano y su familia había dejado Londres para ir a Brighton, una ciudad histórica pero que poseía unas increíbles playas y estaba a tan solo una hora de viaje. Habían alquilado una casa de verano a orillas de la playa en un conjunto residencial, Viviana apenas tenía seis años y estaba muy emocionada ya que, las anteriores veces que había visitado el lugar era demasiado pequeña para recordarlo lo suficientemente bien. Al día siguiente de haber llegado salieron por la mañana a la playa, solo tuvieron que caminar unos cuantos metros para llegar a los toldos amarillos que solían colocar siempre en las orillas. Viviana iba cargada de cubos y paletas, pelotas y todos los juguetes que pudiera utilizar en la playa, sería un día bastante agitado y emocionante. La playa estaba ligeramente llena de gente, a medida que pasaban las horas más se llenaba, el sol que brillaba era confortable puesto que Londres era una ciudad bastante fría y sentir el sol sobre la piel era reconfortante. —¿Quieres hacer un castillo, Viv? —le preguntó su mamá a la pequeña y como era de esperarse Viviana respondió alegremente que sí. Junto al toldo de los Mcfly, la familia de Viviana, estaba uno desocupado. Cuando Viviana y Rose, su mamá, habían empezado a apilar los cubos lleno de arena una familia se instaló en el toldo vecino; eran dos niños, uno de cabello pelirrojo era más grande que el de cabello castaño, al menos se le calculaba dos años mayor, iban acompañados de sus padres.

Rápidamente se acercaron a saludar a la familia Mcfly cortésmente y los chicos comenzaron a hacer un castillo de arena junto al de Viv. Viviana recelosa de que fueran a copiarse de su castillo les dio la espalda tapándoles la visibilidad a los niños y con la paleta había empezado a dibujar los detalles como las ventanas y a cavar lo que sería el lago alrededor del castillo. Al cabo de hora y media Viviana ya había terminado su castillo con la ayuda de su madre, pero los niños también lo habían hecho. El de ellos era más grande, tanto que el de la niña parecía realmente pequeño, ellos habían recibido ayuda de ambos padre mientras que Viviana solo de Rose porque Joseph, su padre, estaba muy ocupado con la parrillada. Repentinamente le dio mucho coraje que el de ellos fuera de un tamaño más grande que él de ella y más bonito. —Es más grande que el mío —se quejó con Rose. —Pero el tuyo está precioso, amor —respondió Rose con tono maternal. —Lo dices solo porque eres mi mamá —refutó negándose a perder la batalla. —¡Oye! ¿Quién te enseñó esa frase? Mira que si fue tu tío Matt ¡Lo mato! — exclamó Rose con las manos en la cintura en forma de jarra, sorprendida por las palabras de la pequeña—. Mejor ve y busca una concha para que se la pongamos como puerta y estará listo. A regañadientes le hizo caso a su mamá, y fue por la orilla sin alejarse mucho recolectando en una cubeta las que le parecían más bonitas. Habían pasado unos minutos cuando notó que alguien la seguía. Se volteó rápidamente para ver al niño de cabello castaño recogiendo conchas igual que ella, las que Viviana no podía ver porque estaban muy escondidas o porque a simple vista parecían solo piedras él las recolectaba y las echaba al balde rojo. Viviana lo ignoró completamente y siguió con su tarea de recolección. De cierta manera le incomodaba un poco saber que él podía conseguir la mejor y así aplastarla definitivamente con su gigantesco castillo, le causaba cólera y ya el día en la playa no le parecía tan divertido y emocionante. Trastabilló un poco cuando sintió algo incrustarse en su pequeño pie, seguido de eso, levantó su extremidad para ver qué era, se sorprendió tanto que quedo estática… Había encontrado la más hermosa concha que en sus cortos años de vida había visto, tan blanca y resplandeciente… Como si la hubieran cepillado con crema dental así como hacían en las propagandas de Colgate. Entonces, una mano tomo la concha. Y otros pares de ojos que no eran los de ella, empezaron a examinarla para después soltar un suspiro que se ligaba con un “Wow” distorsionado. —¿Pero tú qué haces? —dijo enfurecida Viviana al niño de cabello castaño que estaba a solo dos pasos de ella, que sin descaro alguno se había inclinado y tomado lo que a ella le pertenecía por haberla encontrado primero.

—Es hermosa —respondió él, no haciendo caso a la pregunta de la niña; estaba asombrado. —Sip —dijo Viviana recalcando la “p”—. Y es mía —Le arrancó la concha brutalmente de la mano al niño. —¿Y si me la regalas? —preguntó sonriente el niño inocentemente. —¿Y si te vas tú con tu inmenso y feo castillo a otra parte? —respondió astutamente la nena empezando a recorrer de vuelta el camino justo por donde sus pisadas se habían grabado en la arena. Estaba furiosa. El niño ese, aparte de tener un mejor castillo que el de ella, ¿quería que le diese la concha? ¿Acaso le patinaba el coco? Apresuraba el paso para mostrarle su gran tesoro a su mamá cuando chocó con alguien más grande que ella. Levantó la vista para mirarlo y vio al pelirrojo hermano del niño al que creía haber dejado atrás, pero se equivocaba porque el castaño le había dado alcance en menos de un minuto. —¿Permiso? —preguntó la niña al ver que el pelirrojo no se movía. —Uhm —El niño miró lo que Viviana llevaba en las manos, y luego se volteó para ver que su hermano no traía nada especial con él—. ¿Tú que llevas ahí? —Ay —suspiró Viviana dramáticamente— Pero es que… ¿Ustedes dos son tan bobitos? —Sacudió la cabeza en un gesto de que los niños no tenían remedio, si, su Tío Matt era una muy buena influencia aunque su mami le dijera que no. —No te molestes, Nate… No va a dárnosla —dijo resignadamente el menor de los hermanos. —Y tú, Alec… ¿vas a dejar que una nena se la quede? —le retó Nate. Los ojos verdes de Alec resplandecieron… El no quería quitársela, sería injusto porque ella la encontró primero y porque nunca en la vida sería capaz de hacer llorar a una niña. Alec ignoró los intentos de su hermano por ponerlo en contra de la niña que en ese momento los miraba entre asustada y aun más furiosa si era posible. Le pareció realmente dulce per sus mejillas sonrojadas. —Ella la encontró primero, además acá tengo otras bien lindas —Señaló la cubeta que llevaba en la mano. Nate hizo una mueca, él quería la que la nena llevaba. —Pues no me importa… Yo quiero esa —Cuando el mayor de los niños hizo ademán de quitarle la costra a Viviana, ella soltó la cubeta que llevaba guindada del antebrazo y echó a correr hacia el toldo de sus padres gritando “Mamá, mamá”

—¡Bobo, Nate, bobo, tú! —le gritó Alec a su hermano empezando a correr para alcanzar a Viviana. La respiración de Viviana estaba agitada cuando llego hasta donde su mamá quien se asustó al ver la aceleración de la niña y escuchar sus gritos. —¿Qué pasó, Viv? —preguntó preocupada agachándose hasta quedar a la altura de su hija. —El pelirrojo de allá atrás me quiere quita esto —le señaló su reliquia y miró a su mamá asustada. Rose miró sobre los hombros de Viviana y sólo vio al niño más pequeño de cabello liso y ojos verdes tras ella. Entonces recordó que eran los nenes de la familia que se había instalado en el toldo vecino. —Tranquila, Viv, no iban a hacerte nada, amor —la tranquilizó su mamá, pero Viviana no se fiaba. Desconfiadamente arrulló contra su pecho la costra y se dio la vuelta, apretó las manos contra su pecho aún más. Alec estaba frente a ella con una mirada de disculpa reflejada en sus ojos y sus rasgos infantiles parecían perturbados. Estaba parado entre su inmenso castillo y el pequeño castillo de Viviana y lo que siguió después no se lo esperaban ninguno de los dos niños, ni sus padres. Nate desde atrás le echó tremendo empujón a su hermano haciendo que este cayera sobre su castillo y lo derrumbara completamente. Alec notó algo más que el impacto: su traje de baño se había llenado de arena y Viviana lo miraba entre sorprendida y divertida. El más vergonzoso día. Desde ese momento pensó que jamás iba poder ver a la cara a la niña de linda sonrisa… Y el culpable, era su hermano. Completamente culpable, ese bobo. El flashback terminó, llevándose con él la momentánea felicidad que había sentido al recordarlo todo, porque después de salir de la ensoñación se encontró de nuevo en la habitación 20 del hospital, junto a un Alec inconsciente y una pequeña libreta azul en su regazo. Siguió el rastro de la foto y leyó en voz bajita la nota de Alec adjuntada en la misma página: “Que triunfante te veías en esa foto, ¿verdad? Tu castillo fue el único que sobrevivió y de paso, con la puerta más bonita. ¿Y yo? ¡A mí que me tragara la tierra en ese momento! Te juro que nunca antes me había avergonzado tanto del comportamiento del neanderthal de mi hermano (Por cierto, si alguna vez intenta quitarte algo y molestarte… Pártele un cepillo en la cabeza por mí, ¿si?) Y luego viene

el muy idiota y hace que mis calzones se llenen de arena… Que se llevó el galardón de la estupidez esa vez… Pero sin embargo, a pesar de todo… Fue el mejor día de mi vida… Porque lo mejor que pudo haberme pasado fue conocerte. Y porque desde ese momento ya tu sonrisa (y tu feroz genio) habían sido grabada a fuego en mi mente”. Y un poquito más debajo de la nota tenía garabateada la frase de una canción “I was enchanted to meet you"1. Con un nudo en la garganta, empezando las lágrimas a deslizarse por su mejilla de nuevo cerró de golpe la libreta, al mismo tiempo que la puerta de la habitación se abría apuradamente. Hablando del Rey de Roma… Su hermano Nate que se asoma.

Web de la autora:

http://secretosysentimientos.blogspot.com.es/

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Estaba encantado de conocerte. Taylor Swift - Enchanted.

Muerta en Primavera
Por Yami
Te propongo que cubras mi piel de rosas, Y a que me traigas un clavel y un jazmín, Quiero escuchar el canto de las mariposas Mientras camino un rumbo sin fin.

Mi alma y la lluvia descansan, La primavera y la tierra se abrazan, Es que mi corazón ha olvidado su latir, Ahora los pájaros serán los que canten A los húmedos ojos que me ven partir.

Hoy me vestí de seda, Para la treintena de primaveras Que Llenas de llanto se quedan Bajo este estúpido sol color a muerte: Que no me dejará ver mi jardín reluciente. Pues me he quedado dormida, Esperando del invierno su huída.

Sobre una cama de madera. Permaneceré oculta bajo tierra Pero me llevaré en mi partida El recuerdo del olor a la pradera Floreciendo en este tormentoso día,

Para que cuando me convierta en flor Y abra por fin mis pétalos en otra vida Pueda reencontrarme con mi amor Que reconoceré por culpa de este olor.

El Circo
Por Pilar Lepe
Lucía estaba con su madre en el almacén de don Lalo, cuando escuchó la musiquita que avanzaba por la calle, anunciando la llegada del circo. Ella, una muchacha, que no era niña y no era adulta aún, a los quince años, todavía se entusiasmaba con la llegada de estos espectáculos. Siempre en primavera hacían su aparición por la calle principal, rodeando la plaza, anunciándose con altavoces. La gente de los alrededores se acercaba a la calzada para verlos pasar y, Lucía, no sería la excepción. ─¡Lucía! ─gritó su madre─ ¿a dónde vas? ─¡El circo, mamá! ─contestó la muchacha exaltada─ ¡Voy a verlos! ─¡No corras, espérame! Lucía, que ya había salido a la carrera del almacén, se devolvió para ayudar a su madre con las bolsas. Ambas caminaron hasta la esquina de la plaza, en dirección al sonido de la música. ─Mamá, debo ir al circo ─le pidió a su madre con cara de súplica, mientras miraban pasar los camiones que llevaban, pintado a los costados, un gran logo que decía «Gran Circo Magnífico». ─Pero, mamá ─protestó la muchacha─, mañana es sábado. No tengo clases. ─Mañana veremos, Lucía, no seas ansiosa ─repuso la madre dando por terminada la conversación. Lucía volvió a su casa feliz, porque sentía seguridad en poder convencer al padre. Él no le negaba casi nada. Lucía era la única hija de unos padres amorosos pero a la vez aprensivos. No le negaban nada, pero estaban siempre al pendiente de lo que hacía, casi nunca salía sin compañía. Al día siguiente estaba sentada en primera fila con su padre. Era la función de la tarde, y había muchos niños. Ese sábado se había levantado temprano y había ayudado a su madre con los quehaceres de la casa, después de hacer sus tareas escolares. Sus méritos, se habían visto recompensados con las entradas para el circo.

La carpa era muy grande y de vistosos colores, tenían también unos caballos y un tigre. La banda empezó a tocar una música introductoria, típica de los espectáculos circenses y luego el Señor Corales hizo su aparición en la pista. ─Como es costumbre, el Gran Circo Magnífico, se complace en presentar su gran espectáculo de primavera. Más de cincuenta artistas venidos de todas partes del mundo para entretener a grandes y chicos. Damas y caballeros, niños y niñas, ¡sean ustedes bienvenidos al Gran Circo Magnífico! La muchacha estaba maravillada con el espectáculo, parecía una niña pequeña. Su padre reía con ella de las payasadas de los cómicos, y ambos contenían la respiración cuando el domador le tomaba la pata al tigre. Las hermosas amazonas que montaban los caballos tenían con la boca abierta a los señores, y los niños, no podían creer que las contorsionistas pudieran doblarse tanto. Pero lo que más llamó la atención de Lucía fueron los trapecistas. Jóvenes fuertes, volando, y haciendo piruetas por los aires. Se le escapaba un grito, cada vez que pensó que se podían caer. Pero nada sucedió, los artistas, expertos en el arte, terminaron el número sin dificultad. Esa noche Lucía soñó que vestía un traje brillante y se lanzaba de un trapecio decorado con flores, para caer en las manos de un joven que la catapultaba de vuelta al trapecio de flores. El público aplaudía a rabiar y ella hacía una reverencia desde lo alto.

No es fácil comprar la primavera
Por Tyess
Este año me gané la lotería. Fue una coincidencia rara, porque me encontré el boleto un día que estaba muy triste; y se me ocurrió que quizá, se suponía que me hiciera feliz. Sin embargo, tan pronto como obtuve el dinero, recordé que no compra la felicidad. Mi hermanastra, llevaba un tiempo en el negocio de la compra-venta de alegrías y desencantos, así que se tomó un momento para buscar conmigo el objeto que podía hacerme sentir mejor. Vimos muebles, libros, televisores y botellas. Visitamos restaurantes, zoológicos y salas de billar. Cuando volvíamos a casa, derrotadas, pasamos por el invernadero. Todas esas plantas en su mejor momento me llevaron a ese sitio feliz de mi tranquila infancia. Poner nombre a las aves, y cantarle a las flores. Correr de vuelta a casa después de oír la llamada de mi mamá. Las lecturas tendida en la grama y correr a esconderme para no hacer mis deberes. Yo quería tener la primavera. Tenía espacio en mi balcón y un premio de la lotería. Parecía un intercambio justo. —Hola, señoritas. Soy Eduardo —se presentó el vendedor que nos miró primero—, un placer atenderlas. ¿Qué necesitan? —Quiero llenar mi balcón de flores —resumí. Eduardo nos dio muchos consejos, maceteras, plantas y un descuento. Me sorprendió la gran cantidad de productos que había en el mercado para hacer que una planta prosperara. Me intimidó escuchar todas las razones por las que podían enfermar, decaer o morir. Como aún quedaba más que suficiente de mi premio, pagué para que las trasplantaran y me fui con el recibo en que decía lo que me entregarían al día siguiente. La entrega fue realizada por un par de muchachos que me comentaron que estaban interesados en una de las plantas. Por lo general no hay tiempo para conversar con desconocidos, pero ellos estaban ubicando las plantas y yo debía estar cerca, así que ¿por qué no? Cuando acabaron, el tema estaba en su mejor momento, así que continuamos charlando. El más joven me dio el teléfono de su prima que tenía, según él, «el mejor

jardín del país y un vínculo emocional con las plantitas». Luego se fueron. Y yo me quedé, feliz, con mi trocito de primavera. Pero, nada dura por siempre, sobre todo no la felicidad. No había tiempo para mimar a mis nuevas inquilinas, y se lo debieron tomar muy mal porque en cuestión de días todas estaban muertas. Mi dinero había desaparecido dejando sólo unas ramas secas y macetas con tierra. Ni fotos les tomé. Mi hermana, que es una persona un poco exagerada, fue a reclamar al invernadero. Eduardo se disculpó, y según ella demostró estar un poco triste con la noticia. Pero no había nada que pudiera hacer. O al menos eso dijo. Pero a la mañana siguiente, llamó desde el invernadero para recomendarme que hablara con la prima del repartidor. Quizá las plantas tenían algún remedio, pese a todo. No tenía tiempo, pero llamé. Lo hice porque quería. Porque me sentía triste por las plantas y quería intentar salvarlas si realmente era posible. La amante de las plantas, conocida por todos como Lizzie, no sólo intentó aconsejarme: acabó por visitarme y ver en persona los que resultaron ser cadáveres de plantas. Las revisó una por una, contándome que señales de vida buscaba, y escuchó mi historia sobre la primavera y la felicidad. Cuando ella ser marchó, yo me senté a lamentarme. Mi porción de primavera no existía más. Esa noche pasó ante mis ojos vidriosos de insomnio. Los días posteriores trajeron tanto trabajo de oficina que apenas tuve tiempo de hablar con la hija de los vecinos para que se deshiciera de los restos de las plantas a cambio de conservar las maceteras. El fin de semana me visitó Lizzie. Había llegado con poco tiempo, sólo para entregarme una pequeña planta sembrada en una lata de sardinas. —¿Me traes una planta? —dije, tratando de tomar con humor mi mala suerte con las plantas— ¿No sientes pena por ella? —Para nada. Es una sola y encontrarás tiempo para ella. Déjala donde puedas verla. Y recuerda siempre que la felicidad no se compra, se cultiva. Y ahora aquí estoy. Contando mi historia por escrito, mientras la nieve se derrite fuera y en la esquina de este escritorio una planta llamada Felicidad, me hace sentir en plena primavera.

Recomendaciones Literarias para todos los gustos
Malas Intenciones, de Anna Karine Género: Ficción Histórica-Romántica Sinopsis Es el año 1916. La guerra en Londres termina con las inversiones financieras de los Spencer, quienes deciden emigrar a Buenos Aires con el fin de casar a su hija con su primo Noah Bacon. El único que se opone a la llegada de los parientes ingleses es Justin, el hijo adoptivo de la familia que años atrás había arribado a la Argentina en busca del progreso prometido en tierras americanas. Justin y Harriet se encuentran y viven un apasionado romance. El único problema es que se ocultan sus identidades, y cuando la verdad salta a la luz, esta tuerce el destino de todos. La guerra se avecina en la familia. Ambos hermanos pretenden a la misma mujer. Presionada por su madre, Harriet se debate entre sus sentimientos y la obediencia mientras Justin oscila entre el amor que siente por su Princesa y el odio que le despiertan sus malas intenciones. ¿Podrá el amor superar las barreras del mandato y el resentimiento? Una novela de personajes fuertes, con el aire vanguardista de la Buenos Aires de principios del siglo XX, que con su final nos recuerda las grandes películas de amor. Primer capítulo: http://es.scribd.com/doc/104112344/Malas-Intenciones-PrimerCapitulo http://annakarine.blogspot.com/

La hija de la bruja, de Katlen Kent Género: Ficción Histórica Sinopsis En los tristemente famosos juicios de Salem contra 200 acusados de practicar ritos de brujería había muchos niños y jóvenes inocentes. Sarah era apenas una muchacha cuando fue encarcelada junto con sus hermanos pequeños y obligada

a vivir en condiciones infrahumanas. Su único delito era ser hija de una mujer que fue ahorcada por bruja, acusación que negó hasta el último momento.

Jugando con fuego, de Cristina Caviades Género: Narrativa Sinopsis David Miranda no ha nacido en una familia marginal, no tiene problemas económicos ni un hogar desestructurado... pero David ha encontrado el modo de dejar a un lado sus escrúpulos para traficar y embarcarse en una aventura que le puede costar muy cara. El dinero fácil y unos amigos nada recomendables le sumergirán en un mundo dónde sólo le queda jugar con fuego y rezar para salir victorioso de un lugar dónde muy pocos logran escapar bien parados. Sólo una persona permanecerá a su lado a lo largo de los años, Claudia, quién mantendrá su fe en él a pesar del dolor y las dificultades de amar a alguien como David. http://caviedescristina.blogspot.com.es/p/jugando-con-fuego.html

Entre los muros de Crickley Hall, de James-Herbert (The Secret Of CrickleyHall) Género: Terror, Horror Sinopsis Una tragedia familiar se entrelaza con lo que podría haber ocurrido en la casa de Crickley Hall hace muchos años …Para dejar atrás la devastadora desgracia que han sufrido, Gabe, Eve y sus dos hijas dejan Londres y se instalan en Crickley Hall, una casona encaramada en un barranco, a merced del viento y la lluvia...Durante la primera noche todos oyen crujidos y pisadas que provienen de la buhardilla vacía, y ven misteriosas figuras que se recortan contra la escasa luz que se filtra por las ventanas. Pero Gabe cree que todo se debe a la fragilidad emocional en que está sumida su familia. Sobre todo Eve, incapaz de superar el sentimiento de culpa por haber perdido de vista a su hijo Cam en el parque. Fueron apenas cinco minutos, pero desde entonces nadie ha vuelto a

saber nada de él...Al día siguiente, cuando se acercan al pueblo y hablan con la gente, se enteran de que Crickley Hall también está marcada por la tragedia. Por un suceso terrible que se remonta a los años de la Segunda Guerra Mundial, cuando la casa albergaba a un grupo de refugiados huérfanos que huían de las bombas. Durante una terrible noche de tormenta, esos críos perecieron ahogados en el sótano por la crecida de las aguas. Cuando Gabe percibe que la inquietante atmósfera que se respira entre los muros de la casa ha empezado a afectar a sus hijas, decide que ha llegado el momento de mudarse. Pero Eve sigue aferrada a la idea de que Cam está vivo y no puede evitar relacionar su desaparición con el espantoso destino de esos niños abandonados en el sótano...Eve está convencida de que para enterrar el presente debe desenterrar el pasado, hablar con los testigos, interrogar a los supervivientes y enfrentarse cueste lo que cueste a la perversidad y al terror que permanecen adheridos a los muros de Crickley Hall? No podrás dejarlo, pero no debes leerlo de noche. http://www.james-herbert.co.uk/

El expediente Glasser, de Violeta Balian Género: Thriller psicológico, fantástico, ci-fi, terror SINOPSIS 1971. Buenos Aires. En el marco de un país convulsionado por la política y la decadencia económica, Clara Glasser, de profesión enfermera particular, atiende a una de sus pacientes, se involucra en un crimen perfecto y conoce a un par de seres carismáticos y extraordinarios, visitantes de otros tiempos y orbes. Cuando de la mano de éstos se interna en una aventura fantástica y secreta, inicia un viaje personal y sin retorno hacia un mundo autónomo, no identificable. Una vez allí, descubre su propia condición de personaje secundario dentro de una siniestra conspiración de alcance internacional y exoterrenal. Por consiguiente, su destino y el de sus hijos quedarán subordinados a una final y correcta decisión. http://elexpedienteglasser.blogspot.com

Agua sucia, de Antonio Rodríguez del Castillo Género: Novela Negra Sinopsis Antoine Sartre muere atropellado en la estación de metro de Denfert Rochereau en París. La policía francesa concluye de forma apresurado que ha sido un suicidio. Lejos están de imaginar que este hecho luctuoso está relacionado de forma directa con la colisión del Alejandría y el Mesana en aguas del estrecho de Gibraltar unos meses atrás. Jacinto Reyes, perito especializado en accidentes marítimos, cincuentón, bebedor, recién divorciado y un tanto escéptico con lo que le pueda deparar la vida, es enviado para tasar los desperfectos producidos en el Mesana. Lo que parecía a priori una investigación rutinaria se complica de manera espectacular por la aparición de una red mafiosa que intentará ocultar un secreto que atesora uno de los barcos implicados. Sin embargo no va ser éste su mayor reto porque en ese viaje, en el que regresa a la ciudad en la que pasó su juventud, tendrá que enfrentarse a una mujer a la que conoce demasiado bien, Alicia.

http://novelistaingenuo.blogspot.com/

Entrevistamos a Galena Sanz
Galena Sanz fue seleccionada en segundo lugar en el Certamen Musas de la Noche por su relato romántico «Casada con el monstruo de debajo de mi cama». Con esta entrevista tuvimos ocasión de conocerla un poco mejor, y te invitamos a conocer su espacio literario y a leer sus historias.

R.P.: Escribir, ¿para qué? G.S.: Para nada. Un hombre sabio me dijo una vez que las cosas que no sirven para nada, son las mejores. No escribo con una finalidad definida, me gustaría publicar y me gusta que me lean, pero de momento lo de publicar no es viable y aunque no tuviera gente dispuesta a leerme seguiría escribiendo, a pesar de no tener una finalidad. Supongo que de tener alguna sería… no sé. Dicen que para desahogarse, pero mis novelas no me ayudan a eso, solo a plasmar las historias que creo en mi cabeza. Tal vez escriba por eso.

hice. Luego relatos y finalmente me lancé a escribir novelas.

R.P.: ¿Nombre real o seudónimo? G.S.: Yo utilizo un pseudónimo, me lo puse porque no estoy muy contenta con mi nombre (algo que quizá le pase a muchas más personas). El nombre ―Galena‖ lo encontré en la Teogonía de Hesíodo, y pertenece a una nereida, una ninfa marina. El nombre significa ―calma‖ y cuando lo leí me gustó lo suficiente como para utilizarlo.

R.P.: Cuéntanos algo sobre ti. R.P.: ¿Cuándo comenzaste a escribir? G.S.: No tengo un recuerdo muy definido. Un día, cuando estaba en la secundaria una amiga tuvo la idea de escribir una historia basada en Harry Potter, era sobre un colegio de magia y no sé qué más. Me gustó y empecé a escribir yo también una. Era horrible, pero supongo que fue lo primero que G.S.: Nunca sé que contar en estas cosas. Tengo diecinueve años, estudio Filología Hispánica y me gusta escribir, leer, escuchar música… lo que se dice siempre. Mi sueño es ver mis novelas publicadas y por supuesto, que me toque la lotería para pasarme la vida viajando, comiendo y durmiendo. Algo simple.

R.P.: ¿Qué género prefieres? G.S.: A la hora de leer, creo que soy bastante variada. Me gustan las novelas de romance, sobre todo las históricas, aunque tuve mi época paranormal. Pero también me gusta la Literatura Universal, la fantástica, la policíaca, la negra… no tengo problema en probar un poco de todo. Aunque la novela histórica me gusta mucho cuando voy a leer, no tengo los conocimientos necesarios para escribir sobre ello, así que por el momento me he quedado en la época actual y le he añadido algo paranormal, por eso las novelas que publico en mi blog son sobre vampiros y hombres lobo. Es un tema que puedo conocer mejor y que siempre se puede adaptar a los deseos de uno. También tiendo a hacer novelas con un tinte juvenil, creo que la gente que las lee las ve así, pero en ellas se incluyen palabras mal sonantes y escenas no muy juveniles. Supongo que es un punto intermedio.

R.P.: ¿Qué es lo mejor que has leído recientemente? G.S.: Hmm, lo mejor, supongo que Jane Eyre, de Charlotte Brontë, ya que me lo estoy releyendo. Las hermanas Brontë, todas ellas, son un buen lugar al que acudir para leer algo que merezca la pena, las recomiendo sin dudar. R.P.: ¿Cuáles son los escritores que más han influido en tu escritura? G.S.: Yo no siento que me haya influenciado ninguno, al menos conscientemente. Quizá un poco Emily Brontë en algunas cosas, pero creo que en las novelas que publico no tengo ninguna influencia.

R.P.: ¿Las musas llegan solas o hay que salir en su búsqueda? G.S.: A veces llegan solas y otras tengo que buscarlas. Si me obligo a escribir, aunque no tenga ganas, puedo escribir algo bueno, pero cuando te llega la inspiración la cosa fluye. Siempre escribes algo mejor, con más ánimo, solo que las musas son caprichosas y vienen cuando ellas quieren.

R.P.: ¿Qué buscas en un libro? G.S.: Depende del momento, pero suelo buscar humor. La verdad es que me cuesta encontrar libros así, tal vez por eso yo en los míos añado humor. Soy bastante empática, así que no me gusta leer un libro que me deje con una mala sensación, por eso evito los que tratan sobre guerras, aunque una vez sí me leí uno sobre el Holocausto, que me pareció muy bueno, pero duro, como no pueden evitar ser los libros que tratan un tema así.

R.P.: ¿Cuánto tiempo estimado dedicas a la escritura en la semana? G.S.: No soy muy regular, varia cada semana. Depende de mi estado de ánimo, de lo atareada que esté, de que me visiten las musas… Sin embargo, trato de escribir un poco cada tarde, a veces lo consigo y otras no, pero todas las semanas escribo algo.

R.P.: ¿Y a la lectura? G.S.: A la lectura le dedico más, un poco por las mañanas y a veces por las tardes, pero sobre todo no puede faltar la lectura antes de dormir. No sé, leeré durante una o dos horas por las noches y una por las mañanas. Si estoy muy enganchada a un libro, lo haré también por la tarde hasta terminarlo.

que por el momento la publicación está suspendida porque me estoy centrando en la otra novela que escribo, Solo lobos. Esta segunda novela también sigue en la temática paranormal, pero se centra en los hombres lobo. Tiene más humor que la primera, más vida, por decirlo de algún modo y aunque las dos me han dado muchas alegrías y tienen muy buena acogida, Solo lobos es más leída, creo que por el humor que tiene.

R.P.: ¿Por qué publicar en Internet? G.S.: Empecé a publicar en Internet porque quería saber lo que la gente pensaba de mis escritos, gente desconocida que no estuviera condicionada por factores como la amistad, así que cree dos historias para publicar en un blog. Hasta ahora me ha ido muy bien, aunque al principio fue difícil porque no conocía a nadie y poca gente me leía, pero la paciencia tiene su recompensa.

R.P.: Las buenas críticas son… G.S.: Maravillosas. ¿Qué otra cosa puedo decir? Son las que me animan a escribir cuando no tengo muchas ganas, las que me dan confianza para añadir nuevas ideas y las que premian el esfuerzo de todo escritor.

R.P.: ¿Y las negativas? G.S.: Críticas negativas no he tenido nunca, siempre que la gente me dice lo que opina de las novelas, me dicen que les gusta y si acaso añaden algo que según ellos podría mejorarlas, lo que es una crítica constructiva. Yo siempre pido este tipo de críticas porque son las que me ayudan a mejorar y no me puedo quejar porque hablo con algunas lectoras vía e-mail que me ayudan en este sentido. En general, estoy muy contenta con la opinión de los lectores.

R.P.: Cuéntanos de tu espacio virtual G.S.: Mi blog se llama R.I.P. y se lo puse porque era el título de la novela que empecé a publicar en él. No es un título muy bueno ni que tenga que ver mucho en el blog, la verdad, pero ahora que ya se lo puse no puedo estar cambiándolo, así que se quedó así. En el blog publico la novela homónima, Requiescat In Pace, que es una novela de romance paranormal sobre vampiros, que tiene su parte de humor negro, misterio, suspense… solo

R.P.: ¿Qué es lo mejor y lo peor que te han dicho de tus escritos?

G.S.: Uff… Bueno, me han dicho muchas cosas buenas, la verdad. Que les gusta el humor que tienen, el misterio, mi manera de redactar… pero creo que me quedo cuando una chica que no conocía de nada me mandó un e-mail diciendo que se enamoró de una de las novelas. Incluso que se ponía nerviosa cada vez que iba a publicar, hasta se declaró mi fan. Ahora somos amigas y todo el ánimo y el apoyo que me ofrece es muy importante para mí. Hay muchas cosas que me han dicho que podría mencionar, porque para mí es increíble que alguien piense así de lo que escribo. Lo peor que me han dicho… es que creo que nunca me han dicho algo ―malo‖, supongo que lo recordaría. Nada más que críticas constructivas. Tal vez que los capítulos son demasiado cortos al principio.

un nivel determinado de luz, aunque mis preferencias son un día soleado y música de fondo.

R.P.: ¿Qué opinas de la autopublicación? ¿Está dentro de tus planes? G.S.: La verdad es que no. No tengo ninguna novela terminada, así que todavía no he pensado bien lo que haré, pero no creo que yo sirva para hacerme cargo de todo lo que hay que hacer al autopublicar.

R.P.: ¿Publicas en otros medios o sitios virtuales? G.S.: Publiqué las novelas en una página de fics durante un tiempo, pero como no podía protegerlas con un sistema anticopia, las retiré. Sin embargo me sirvió para tener nuevos lectores que ahora me siguen en el blog. Fue una buena experiencia.

R.P.: ¿Quién/es te motivan a seguir escribiendo? G.S.: No soy una persona que comparta mucho lo que escribe con las personas que me rodean, así que los que más me motivan a seguir escribiendo son los lectores de mi blog, algunos ya mis amigos. Y son todos una gran motivación.

R.P.: Escribir hoy por hoy es… G.S.: Universal. Hoy todo el mundo puede escribir, te abres un blog y ¡pum! ya puedes escribir y conseguir lectores. Creo que por eso es tan difícil hacerse hueco. Hay muchos escritores, poco espacio para todos, no demasiados lectores… La clave de tener o no éxito no es ser un buen escritor (aunque ayuda, por supuesto) es estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Pienso que todo está muy condicionado por la suerte, por como te llames, etc. Solo queda seguir luchando por conseguir tu lugar.

R.P.: A la hora de escribir, ¿preparas el escenario? G.S.: Si con el escenario te refieres al lugar donde escribo, no. Escribo en mi cuarto y siempre a ordenador, porque necesito repasar lo que escribí con anterioridad y no lo tengo en papel, pero no me hace falta estar en silencio, o con

R.P.: En tu opinión un escritor ¿se es o se hace? G.S.: Es una pregunta difícil. Yo siempre pensé que cuando se nace no se es nada, se está vacío esperando a que la vida te llene. Después, cada persona se inclina por una cosa u otra, dependiendo de lo que se le de bien, de su entorno familiar, de lo que le guste… si te gusta leer, es muy posible que sueñes con escribir, porque admiras a quien lo hace y quieres ser como él o ella. Para mí escribir nunca fue difícil, siempre redacté bien y para mi la clave está en leer. Si lees aprendes a escribir, pero hay gente a la que este método no le funciona, entonces vuelvo a dudar ¿se es o se hace?

G.S.: La verdad es que no tuve la oportunidad de hablar sobre escritura con otros escritores. Sí hablo con escritores de otras blog novelas, pero siempre sobre el resultado, dando mi opinión, nunca sobre el proceso. R.P.: Si tuvieras que definir tu escritura en pocas palabras serían… G.S.: Sencilla, divertida, con un toque de misterio y creo que original en algunos aspectos.

R.P.: Para finalizar, ¿por qué leer a Galena Sanz? G.S.: Porque seguro que se te va a escapar una sonrisa y pasas un buen rato.

R.P.: ¿Hablas de la creación literaria con otros escritores?

R.P.: Desde Palabras queremos felicitarte por tu premio en el certamen Musas de la Noche, y agradecerte que contestaras a nuestras preguntas y participaras de nuestro cuarto número. Esperamos seguir contando con tus letras. G.S.: Gracias a vosotros por la oportunidad.

Sólo Lobos, por Galena Sanz ¿Qué harías si un chico entra por la ventana de tu cuarto cuando estás sola en casa? ¿Chillar, saltar de alegría, llamar a la policía? ¿Qué pasa si tiene una bala incrustada en el abdomen y te pide ayuda? Bueno, yo opté por ayudarle y sin darme cuenta acabé lamiendo su sangre. ¿Qué por qué? Buena pregunta. ¿Y qué crees que harías si te dice que es un hombre lobo? Yo opté por mandarlo a la mierda y terminé rodeada por siete hombres que se creían licántropos. ¿Qué por qué? Pues también es otra buena pregunta. Damien Baldwin es un joven hombre lobo perteneciente a la manada de Langlade, donde los miembros que la integran han sido despreciados por las demás sociedades de lobos. Siendo una joven manada forman un blanco fácil para todo aquel que desee exterminar a los de su especie y una vez que Damien es atacado la amenaza está clara. Después de pensarlo mucho la manada llega a la conclusión de que es necesario conocer al enemigo y para ello necesitan la ayuda de un humano. Pronto se dan cuenta de que la única que puede ayudarlos es Noa Mathenson, la chica que le salvó la vida a Damien. Cuando le piden que los ayude ella no se lo toma muy bien y la insistencia de Damien no la convence, pero hay algo que sí la hace cambiar de opinión. Una historia que nos introduce en un mundo de hombres lobos, de vidas difíciles, sentimientos dolorosos y alguna que otra dosis de humor y plata.

Requiescat In Pace, por Galena Sanz Me llamo Claire Dawson y hace tres meses que soy un vampiro. No sé quien me convirtió, solo sé que fue una vampira y tampoco sé porqué lo hizo. Desde que la sangre me es necesaria para vivir, he optado por hacerlo sola, lejos de mi familia y ahora trabajo en una humilde librería que cubre mis gastos. Jamás he hablado con otro vampiro, hasta hace poco, cuando un día cualquiera intentando deshacerme de un cadáver, conocí a Edmond, un vampiro mayor que yo y que me prestó su ayuda. Él me ha contado todo lo que sabe sobre los vampiros

y su mundo y me ha enseñado como usar mis poderes. Así estaba la situación cuando llegó Melissa, la vampira que me convirtió. Todo vampiro que crea a otro vampiro lo hace por una razón; porque necesita un servicio de este. Ahora yo tengo que realizar las órdenes de Melissa, aunque eso signifique ir en contra de mis deseos. «Yo soy la vampira que te creo, la que te dio la inmortalidad. Si yo te digo calla, tú callas. Si te digo ataca, tú atacas y si te digo mata, tú matas. A partir de este momento dejas de tener voluntad propia, tú misión es complacerme y así lo harás, sean cuales sean mis deseos». Melissa

Puedes leer a Galena en su web

R.I.P. http://littera-recondita.blogspot.com/

Casada con el monstruo de debajo de mi cama
Por Galena Sanz
Subí la cremallera lateral de mi increíble vestido rojo. Era ajustado y de tirantes, sencillo y atrevido. Mostraba la parte superior de mis pechos, lo suficiente como para verse coqueto pero sin hacerme parecer una prostituta. Mis piernas se descubrían hasta por encima de las rodillas y los tacones rojos estilizaban aún más mi figura. Mi pelo estaba suelto y liso, con todo su esplendor castaño libre y mi piel pálida contrastaba con mis labios llenos y perfectamente pintados de carmín carmesí. Me miré en el espejo y asentí satisfecha. Estaba perfecta para celebrar mi despedida de soltera y despertar la envidia de los demás. —Megan Mayan, ha llegado tu hora —dije triunfante. Con decisión, salí a las nocturnas calles urbanitas. *** Bebí un poco de mi caipirinha y observé mi alrededor. Había entrado en un pub donde se reunía un poco de gente de mi edad, un poco de gente más joven y otro poco más mayor. También había gente un poco más borracha. Yo estaba sentada en la barra, intentando que mis oídos no explotaran con el alto ruido de la música. Los cuerpos se movían en la pista unos pegados a otros, sudorosos, calientes y sin sentido alguno. Muchos hombres se pegaban a sus compañeras de baile de manera obscena y les besaban el cuello. Yo pensé en ese hecho como algo apetecible y me pregunté si mi futuro marido me brindaría tales atenciones. Brian era un hombre atractivo y fogoso, lo que me llevaba a suponer que sí. Con una sonrisa me dispuse a pagar mi bebida y descubrí que alguien me había invitado; salí del local con una sonrisa, dejando atrás las invitaciones de varios caballeros sin caballo. El exterior me recibió fresco pero no lamenté el no haber llevado abrigo. Quería que todo el mundo pudiese contemplar mi vestido rojo, no, carmesí. Era un vestido carmesí y hacía que toda mi piel fuese mucho más apetecible. Tan apetecible como demostraban los hombres que posaban sus miradas sobre mis piernas. Sonreí satisfecha y cuando una gitana harapienta tomó mi mano me contuve de alejarla con malas palabras. En unas horas estaría casada con un hombre envidiable, deseado por

cualquier mujer y lo haría vestida con un precioso y suave vestido blanco, envidiado por la piel de los bebés. Era un día feliz. La gitana fingió concentrarse en mi mano y arrugó el ceño. Era pequeña y vieja, además de vestir con trapos sucios y rotos. Su piel estaba curtida por el sol y podía ver la suciedad acumularse en las arrugas de su rostro. Con asco, me aparté. Era imposible tocar a Brian sabiendo que la suciedad de la anciana lo mancillaría, de esa forma no sería él el perfecto novio ni yo la perfecta novia, todo si iría al garete, mis planes terminaría, nuestro trato no tendría sentido y… ¡todo por culpa de esa indigente! —Señorita, veo que algo oscuro la ronda. ¡Huya! ¡Huya lejos y apártese de él! — ¿Pero de qué estás hablando, vieja estúpida? No hay nada oscuro en mi vida ¡mi vida es perfecta! —le grité para asombro de los viandantes. —Él te atrapará y no volverá a soltarte. ¡Apártate de él! No consentí soportar más las turbaciones de esa pequeña arpía y después de empujarla a un lado me fui. Caminé enfadada y perturbada hasta llegar a mi apartamento. Esa mujer no sabía nada de mí. Claro que él me llevaría, ese era el trato, pero también formaba parte del matrimonio y yo estaba conforme. Así como él me llevaba a mí yo me lo llevaba a él, que era apuesto, fuerte, inteligente… todo un hombre. Alguien que jamás se dejaría avasallar. Y sería mío en solo unas horas. Mi perfecto Brian. *** El sacerdote era viejo, pequeño y andaba encorvado: era perfecto. Su voz era baja y pausada, lo suficiente alta como para que yo y mi futuro marido lo escuchásemos pero demasiado débil como para que llegara a los asientos de los invitados. De cualquier modo, eso no importaba, lo importante era que todos tuviesen sus ojos puestos en la pareja que se casaba. La iglesia se había llenado, no sabía cómo, pero se había llenado. Brian había cumplido su palabra y había traído a un buen público, bien vestido y numeroso. No tenía queja. La ceremonia terminó y Brian se volvió hacia mí con una sonrisa. Era el mismo ángel caído y en ese momento tenía la prueba. Su belleza era paralizante. Su rostro mostraba un recién afeitado cuidadoso y unos dientes impecablemente blancos y bien formados custodiados por unos deliciosos labios que probaría de un momento a otro. Su cabello castaño brillaba fresco y sus manos fuertes sostenían las mías con suavidad. Al fin, llegó el momento y juntó nuestros labios. Fue un beso casto, más casto de lo que me hubiera gustado, pero no protesté para no estropear el momento. Mostrando nuestras sonrisas de alegría, desfilamos hasta salir de la iglesia, amparados por las deliciosas miradas de envidia de los invitados, que desde luego, deseaban ser nosotros. Esa perfecta y feliz pareja que se dirigía al paraíso. ***

El hotel era magnífico, lujoso y magnífico ¡mil veces magnífico! Sonreí y observé con devoción a mi marido, un sonriente Brian. Todavía con mi vestido de novia subimos a la suite nupcial y me paseé por la estancia mientras Brian se deshacía de la corbata y desabotonaba el cuello de su camisa después de quitarse la chaqueta. Me acerqué a él, que me sonrió a modo de bienvenida. —Espero que todo esté a tu gusto, princesa —me dijo con su voz ronca. —Absolutamente todo. Es perfecto —exclamé feliz. —Tal como prometí. —Tal como prometiste —convine. Cerró sus manos alrededor de mi cintura y me atrajo hacía él. Nuestros cuerpos colisionaron suavemente, mezclaron sus esencias y sus temperaturas, todo eso antes de que mi marido se inclinara y me besara. Yo llevaba una vez más los labios pintados de carmín carmesí y disfruté pecaminosamente del ataque que la boca de Brian había emprendido contra ellos. Enseguida estuve jadeando, deseando más. Brian apartó su boca de la mía y me observó fijamente, sus ojos marrones me parecieron profundos y cálidos, llenos de deseo, ese deseo que tanto sentían los hombres por mí. Con su pulgar acarició mi labio inferior, que colgaba ruborizado, esperando otro encuentro con los suyos. —Tú ya has recibido tu parte del trato, es hora de que yo reciba la mía —susurró. —Debemos consumar el matrimonio —añadí rápidamente. De pronto, me sentí asustada. Él sonrió provocadoramente. —Oh, lo consumaremos, pero dime ¿por qué tanto interés? Creo recordar que esa parte no estaba apuntada en nuestro contrato, ¿qué sentido tiene, si nadie nos ve? —Tendré todo lo que debe tener una esposa —repuse furiosa. Brian rió ante mi gesto. —Mi pequeña vanidosa ¿hasta dónde llegarías por tener todo lo que quieres? —Hasta donde sea necesario —me aparté de él y caminé hasta la cama. Me senté y muy indignada me dispuse a quitarme los pendientes. —Eso ya lo sé —comentó pausadamente—. Si no, no estarías aquí. No muchos se atreverían a pactar conmigo y debo admitir que lo que tú has pedido me ha descolocado. »La vanidad es un sentimiento común en los humanos, pero la tuya está dirigida a un campo que me es desconocido —continuó mientras se paseaba por la habitación. Yo estaba sentada en un lateral de la cama y no podía observar sus movimientos. Él había herido mi orgullo y lo pagaría. Nadie se metía con Megan Mayan.

—Desde luego, creo que logras impresionar a quien quieras cuando te lo propones. No reparas en gastos, por así decirlo. Y hablando de gastos… es hora de pagar el mío — exigió. —Me parece que no. —Y a mí me parece que sí —replicó con cierto tono irritado en la voz. —Hago lo que quiero, y ahora digo que no quiero ir contigo. —El trato dice claramente… —No me importa lo que diga el trato —lo interrumpí. —Nadie incumple el contrato —su voz sonó ligeramente distorsionada, pero mi orgullo me protegió. Yo era una Mayan y ese cretino se enteraría, por muy marido mío que fuese. Él debería sentir el amor que yo sentía por él. Puse los pendientes sobre la mesilla y estaba dispuesta a explicarle en qué consistía honrar a una esposa cuando dos fuertes manos me tomaron de los tobillos y tiraron de mí, arrastrándome debajo de la cama con un gran golpe que me hizo gritar. Brian estaba cambiado, seguía siendo hermoso, pero esta vez no de una forma tan clásica, sino más bien diabólica. La camisa estaba abierta, descubriendo su fuerte pecho y su sonrisa era cruel cuando puso su cuerpo encima del mío para inmovilizarme. Luché contra él, pero era inútil. —Querida esposa mía, ha llegado la hora de que te lleve a tu nuevo hogar —me dijo al oído. —¡No! ¡He cambiado de opinión! —grité entre sacudidas que no lograban liberarme. —No hay vuelta atrás. ¡Tu alma me pertenece! Es hora de reclamar mis derechos maritales —gritó a su vez fuera de sí. Sentí como algo me arrastraba hacia abajo, caía en un pozo sin fondo, oscuro y frío. Los dedos estranguladores del diablo se aferraban a mis tobillos y me instaban a seguir cayendo. Mi orgullo había sido tocado, el trato se cumpliría tanto si quería como si no, pero al menos tenía la certeza de que muerte como la mía, no la tendría nadie.

«La vanidad es tan fantástica, que hasta nos induce a preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez estemos muertos y enterrados.» Ernesto Sábato (1911-2011); escritor argentino.

Un camino
Por Catapzia
Los viajes en metro, a diario suelen ser mi momento de reflexión, ese espacio del día donde me relajo y sueño despierta, pero hoy fue diferente. Me senté en el único puesto que quedaba desocupado y dejé volar mi imaginación. Estaba iniciando mentalmente mis próximas vacaciones, casi llegando a destino, pensando en todas las cosas que tenía planeado hacer, pero algo frente a mí llamó mi atención. Una simple fotografía, el retrato en blanco y negro de alguien que ya había vivido su vida, la imagen perdida de alguien que ya no podía volver atrás. No fue difícil para mí imaginar su vida hace cincuenta años, una vida mucho menos complicada que la que vivimos hoy. Imaginé la primavera de su vida, pude verlo caminar por una plaza de un pueblo pequeño, camino a encontrarse con la joven a quien cortejaba, previo permiso de la familia de ella. Lo vi cargando un ramo de flores y sacarse el sombrero para saludar a su futura novia y una respetuosa inclinación de cabeza para el chaperón que los acompañaría en ese paseo. Pude escuchar sus risas al caminar bajo el suave sol de septiembre, con el paisaje de fondo adornado con las primeras flores de la estación. La imagine a ella en un vestido sencillo inclinándose a recoger los pétalos de una rosa. Sentí sus nervios al preguntarle, con una rodilla en el suelo, si aceptaría casarse con él, vi las lágrimas en los ojos de su amada al aceptar la petición y enfrenté con ellos al padre de ella, cuando fue oficialmente a pedir su mano. Vi transcurrir su vida, el primer hijo, su orgullo, y después una niña que alegrara su día. Lo vi hacerse mayor, vivir su vida, llorar sus penas y sostener las flores que despedían a su esposa una tarde de septiembre como en la que iniciaron su viaje. Sentí su camino al mirarlo, el camino que recorrió para llegar al punto donde está ahora, en dirección a la estación de buses para ir a ver a su hija y su nieta, sentado frente a una extraña que vivió su vida mediante una simple fotografía.

Para siempre…
Por Patricia Olivera
Otra vez se había dormido por culpa de ese despertador que funcionaba cuando quería. «Eva debe estar furiosa al ver que no llego», pensó Érica. Rápidamente se puso sus jeans gastados y una blusa floreada, se calzó las sandalias, tomó el bolso y salió a la carrera. Ya en el ascensor intentó domar esa cabellera rebelde de bucles color café que se le desparramaban por la espalda. No era propensa a maquillarse, ni así lograría ocultar las ojeras que ensombrecían sus lindas facciones. Ayer se había quedado estudiando hasta tarde y cuando pareció que el sueño llegaba se le dio por pensar en él y al diablo con las horas de sueño que le quedaban. Justo hoy había quedado en ocuparse de los gemelos de su hermana, cuando no tenía ni ganas de que alguien la molestara. Esperaba que al menos el mal humor se le quitara camino a lo de Eva. ―Ya era hora. ¿Será posible que no pueda contar contigo nunca? ―fue el saludo de buenos días de aquella, apenas traspasó la puerta. No le respondió y se mantuvo callada hasta que su hermana se marchó hacía el trabajo aún enfadada. Ella era así, si no le cumplían al instante se ponía hecha una furia, como si fuera el ombligo del mundo. Con lentitud se encaminó a despertar a sus sobrinos que dormían plácidamente y se negaban a abandonar los brazos de Morfeo. Cuando al fin estos dieron señales de vida, y comenzaron a moverse como autómatas para ponerse el uniforme del colegio, ella bajó a preparles el desayuno. Se topó con David, su cuñado, que ya estaba listo para irse a la oficina. ―Hola ―lo saludó indiferente mientras hacía lo suyo. ―Hola, ¿cómo estás? ¿Los chicos ya se levantaron?―preguntó éste, mientras se tomaba una taza de café en forma apresurada y revisaba los papeles que iba metiendo en el portafolios. ―Sí, están en eso ―respondió ella con desgana, sin mirarlo. Pronto los niños estuvieron listos, esperando el bus escolar que pasaría por ellos. Cuando al fin quedó sola, y luego de recoger todo el desorden que había quedado en la cocina, se dispuso a estudiar para el último examen que tenía al día siguiente y con el que obtendría su doctorado en Economía.

Se había recostado en el sillón para estar más cómoda y se quedó dormida. Así la encontró David unos minutos después, cuando volvió por unos papeles que había olvidado. Ella dormía plácidamente mientras el voluminoso libro descansaba en el piso, tenía la camisa entreabierta y se podía ver el nacimiento de sus senos. La miró, era linda; a pesar de hacer muchos años que la conocía, desde que comenzó el noviazgo con Eva, nunca la había visto con otros ojos más que con los de un amigo ó un hermano. Sin embargo, tenía que reconocer que el tiempo había sido benevolente con ella y la había hecho todo una mujer; le extrañaba que aún no hubiera presentado algún pretendiente a la familia. Recordó el motivo por el que había regresado, se ocupó de recoger lo necesario y salió, ella seguía dormida. Al medio día, Érica le preparó el almuerzo a los chicos y luego llevó a cada uno a sus actividades extracurriculares. Sabía que su hermana estaba en los días de cierre de campaña de la empresa de belleza para la cual trabajaba, y en la que era vendedora ejecutiva, así que hoy vendría muy tarde en la noche. También su cuñado llegaría tarde; era día viernes, cuando él aprovechaba a salir con sus amigos y también llegaba más tarde de lo habitual. Lo bueno era que, debido el ajetreo de la semana, los chicos se marchaban a la cama temprano; pues, aunque hacían planes para pasar la noche en vela mirando películas que no podían ver cuando estaban sus padres, les era imposible aguantar los efectos del cansancio y del sueño. Luego de que al fin se retiraron a descansar el sueño del guerrero, y de ordenar una vez más el desorden dejado por estos a su paso, se dispuso a concentrarse con más ímpetu en el estudio. Colocó un cd de música celta para poder relajarse y lograr más concentración, se puso su pijama compuesto de un pantaloncito corto y una musculosa blanca algo ceñidos al cuerpo, bajó un poco la luz y se tiró en el sillón a retomar el hilo del libro que había tenido al mediodía entre las manos.

Continuará…

El amor del collar de perlas
Por Lyd Cantos
Todo empezó un día de finales de Junio. El curso ya había acabado y estaba tomando el sol en la piscina de mi casa leyendo un libro fascinante. Al cabo de un rato, me llamó mi madre para comer y me fui sin el libro. Más tarde me acordé de que me había dejado el libro abajo por lo que bajé y al cogerlo cayó una cadena con una perla. ¿De dónde había salido y quién la había dejado en mi libro? Todo esto era muy misterioso. Por el momento decidí no hacer nada y seguir con mi vida. Así fueron pasando los días hasta que llegó el mes de Julio. Mis padres se habían ido con mi hermana a la playa, y una mañana, al ir a desayunar a la terraza encontré dos perlas colgando de la puerta con una nota, la cual decía: «Por cada día que te vea, una perla tú verás». Todo esto me volvía loca de la curiosidad, por lo que decidí investigar. Una semana más tarde seguían apareciendo notitas con perlas, pero yo no sabía quién era el autor de ellas. Bajé a la piscina y me estuve bañando y tomando el sol, tranquila y relajada. Cuando abrí los ojos me fijé que había un chico muy mono que me estaba mirando; le sonreí pero él desvió la vista. Cuando vino mi vecina le pregunté sobre el chico nuevo y me dijo que era muy callado y que no tenía amigos, se acababa de mudar, ella se marchó al rato y me acerqué a hablar con él. Cada vez que averiguaba algo todo me indicaba que era un vecino mío, pero no sabía cual, había uno o dos de mi edad, pero nunca hablaba con ellos, todo esto me estaba desconcertando. Al poco tiempo conseguí que dejara de ser tan callado y nos hicimos muy amigos, al mes de conocerlo se acabaron las perlas y me di cuenta de que ¡había formado un collar de perlas precioso! en ese momento llamaron a la puerta y en el suelo había una carta y una rosa, la leí y no salía de mi asombro, ¡era una carta de amor! En ella el chico misterioso me daba pistas para saber quién era él. Me di cuenta de que me daba igual quien fuera, porque yo me había enamorado de Tommy, el chico callado, mi amigo. Fui corriendo a decírselo y nos besamos, después de eso me confesó que él era el chico de las perlas y que le gustaba como me quedaba el collar. Fue un verano maravilloso, uno muy especial en el cual conocí a mi primer amor, lástima que después del verano la magia se acabara, pero conservo su amistad.

Las lágrimas del cerezo
Por PukitChan
Tal vez si aquella tarde no hubiera llovido, posiblemente ellos jamás se habrían conocido mientras caminaban bajo la suave brisa del agua vespertina. Ella con un paraguas en mano, admirando el flanqueado camino de árboles de cerezo en su máximo esplendor de tono rosado y él, andando en silencio sin más protección que un suéter mojado que no lograba cubrirlo de la lluvia, pese a que lo traía sobre su cuerpo. No recordaban una tarde más melancólica que aquella. Ella no lo miró: estaba demasiado ocupada observando con atención los charcos de agua en el suelo, en los que danzaban, juguetones, los pétalos de los cerezos. Era su visión favorita y si se encontraba paseando en lugar de refugiarse, como la mayoría de las personas lo hacían en ese momento, era porque amaba las tardes de lluvia de la primavera. Nunca se percató de que él la miró fijamente, sonriendo con una ternura que nadie jamás había visto en sus labios, pues era la que únicamente dedicaba a las muchachas que había escogido para él. Y mientras más la observaba, más sabía entonces que ella era la adecuada. No había visto tal belleza no estereotipada, una hermosura que sólo podía ser claramente apreciada en tardes dolorosas como ésas, destacando sobre todo que la soledad parecía incrementar el brillo de sus ojos claros, dibujando así una sonrisa cuya preciosidad no lograba borrar la tristeza que la embargaba. Sí, esa joven mujer tenía que ser la adecuada, la que calmara su creciente pena que le hacía temblar de rabia y desconsuelo. Porque él era un hombre silencioso que sólo podía admirarla e imaginarla teniéndola en sus brazos. Él no era el tipo de personas que atraían, sino más bien asustaban, sobre todo con esa ira reflejada en una mirada demasiado fuerte como para ser soportada. Y mientras se mordía los húmedos labios en los que corrían las gotas de lluvia, no dejó de observarla ni de fantasear sobre qué haría con ella si la tenía entre sus manos. Sí, por supuesto, sus manos realmente palparían esa fría piel que parecía maltratada sutilmente por el paso del tiempo. Entonces, ella se sintió observada. Un escalofrío recorrió su nuca cuando se percató de que aquel hombre la veía sin remordimientos. Apretó el mango de su paraguas, fingiendo que no era a ella a quien él veía, que no se había dado cuenta de que esa mirada penetrante parecía estarla desnudado. ―Ayla…

No había escuchado antes ese nombre, pero sabía que era él quien lo había pronunciado cuando el viento le trajo, murmurante, extractos de su ronca y perturbadora voz. Ella levantó una vez más su mirada, encontrándose con un hombre joven de facciones atractivas apenas visibles bajo esa apariencia descuidada. Tembló y cuando una ráfaga de lluvia golpeó su rostro, arrojándole descarada pétalos de cerezo, supo que no quería seguir estando de pie ahí. ―Ayla… ―repitió esa voz. Él no sabía en qué momento había comenzando a hablar en alta voz ni tampoco cómo comenzó a caminar tras de esa mujer. Sencillamente lo hacía como si fuera lo más normal, una pelea de pareja cualquiera, donde él se esforzaba por explicarle que había obrado mal pero que estaba dispuesto a solucionar las cosas, que por favor se detuviera y no siguiera huyendo de él. Pero ellos no eran nada; ni esa mujer que comenzaba correr desesperada por huir de él, salpicando con sus botas toda agua que pisaba, no era a quien buscaba: ella no era Ayla. ―¡Déjame en paz! ―gritó desesperada, arrojando el paraguas al hombre que estaba detrás de ella, con la frágil esperanza de librarse de su presencia―. ¡Aléjate de mí de una maldita vez! ¡No! Ésa no era su Ayla, pese a que en su cabellera castaña cayera el agua de la misma esplendorosa manera. Ayla sonreía mientras corría alejándose de él, animada por las tardes de lluvia, donde decía que a gusto podía enfermarse de gripa sin ninguna clase de remordimiento. Ayla, Ayla, Ayla… ―¡Auxilio! ―gritó ella, sollozando cuando sintió que la mano de aquel hombre la alcanzaba y la sujetaba por los cabellos, atrayéndola hacía él con brusquedad. Sus lágrimas no eran visibles debajo de toda esa lluvia, sólo sabía que nunca debió salir de su casa aquella tarde a caminar. Trataba de luchar contra su captor, pero éste sólo la miraba con rabia, jalándole el cabello hasta el punto de parecer desear arrancárselo. ―¡Ayla! ―agonizó él―. ¡No debiste correr tan aprisa! ¡No debiste haber muerto en aquel accidente bajo la lluvia que tanto amabas! Es posible que si aquella tarde el agua no hubiera arreciado, ella podría haber encontrado la escapatoria a un hombre cegado por el dolor de haber perdido al amor de su vida. No sabía que al salir vestida de negro, con su cabello largo cayendo por los hombros, sería el vivo recuerdo de una muchacha llamada Ayla, quien tuvo a quien la amase hasta después de la muerte. ―Déjame… ―suplicó, llorando― yo… yo no me llamo Ayla. Quizás si ella nunca hubiera roto la fantasía de aquel hombre, donde su amada había regresado una vez más a su lado, a correr bajo la lluvia de primavera, nada de eso hubiese ocurrido.

Él tembló furioso, con un calor torrencial recorriendo cada parte de su cuerpo. Miró a la joven que sostenía de rodillas en suelo, con el rostro levantado al jalarle cruelmente su cabello. Ella, esa preciosa muchacha, no era su Ayla, pero estaba invadiendo sus recuerdos, ese lugar que era sólo de ellos, en el que no se le estaba permitido entrar a alguien que pudiera alterar sus momentos. Ahí, en el parque donde él y Ayla se habían encontrado y perdido.

La muchacha nunca supo qué fue lo que en realidad ocurrió. Sólo sintió una cálida mano rodear su cuello, apretándolo hasta asfixiarla, dejándola sumida en la inconsciencia. Nunca supo que él arrojó su cuerpo a la carretera justo en el momento en el que un camión pasó para que la destrozara. Porque él no quería ver a nadie que se parecía a su Ayla, porque su amada era la única que tenía el derecho de caminar y jugar en el parque de cerezos.

Cuando él fue hallado, acusado de siete asesinatos, todos pensaron que estaba loco cuando una sonrisa se dibujó en sus labios justo en el momento en el que una bala atravesándole el pecho, acababa con su vida. Pero él no estaba arrepentido, ni estaba triste: era asquerosamente feliz. Siempre había sido demasiado cobarde para intentar suicidarse y ahora alguien, un policía cualquiera, le había hecho el favor de acortarle la vida, para por fin estar más cerca de Ayla. …para volver a aquel momento en el que se conocieron, diez años atrás en la primavera, bajo una lluvia inesperada de aquel parque de árboles en cerezo.

Entrevistamos a Athena Rodríguez
Athena Rodríguez es una escritora que también difunde su trabajo en internet. Además, diseña portadas y fue la ganadora en esa categoría del Certamen Musas de la Noche. En la presente entrevista podremos conocerla un poco más y acercarnos a su trabajo.

R.P.: Escribir, ¿para qué? A.R.: Escribir para ser y no ser. Para ser y no ser yo; para ser personajes fugaces e inmortales, y para no ser lo que menos quiero.

R.P:¿Nombre real o seudónimo? A.R.: No tengo preferencia por ninguno. Mi seudónimo se desprende de mi nombre y mi nombre es mi vida. Mi nombre real es Diana Rodríguez, pero mis primeros escritos han sido presentados como Athena, en un claro reflejo de mi ambición por la sabiduría que simboliza la diosa griega Palas Atenea.

R.P.: ¿Cuándo comenzaste a escribir? A.R.: Cuando tuve la necesidad de que mi mente descansara con un vaciado de ideas, situaciones y personajes insistentes. Tenía cerca de 15 años, pero con la efusividad de ahora, comencé a escribir como a los 17.

R.P: Cuéntanos algo sobre ti. A.R.: Soy egresada de Pedagogía y una esquizofrénica natural de 21 años: intimista, extremista, impulsiva, compulsiva e indisciplinada; pero siempre persistente. Humana ante todo y mujer por convicción.

R.P.: ¿Y a diseñar? A.R.: Básicamente vino con el hecho de escribir, y, puesto que soy muy visual, primero acompañaba de alguna ilustración (fotografía o dibujo) todo escrito; ya después comencé con la edición y posteriormente con un diseño más ―elaborado‖.

R.P.: ¿Qué género prefieres? A.R.: Adoro escribir romántica, incluso mi primera novela, Una semana para olvidarte, es de ese corte. En cuanto a leer, la novela fantástica me resulta grandiosa y aunque mi blognovela Toma mi sangre es más de ese

tipo (aunque un tanto más inclinada a Urban fantasy), lo admito, no se me da muy bien escribir en dicho género. ¿Mis novelas favoritas? Serían Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, Los amores imprudentes de Gustavo Martín Garzo, Flores en el ático de V.C. Andrews, El temor de un hombre sabio de Patrick Rothfuss y toda la saga de Harry Potter de J.K. Rowling.

A.R. : Pienso que se da de ambas formas. Por una parte las ideas pueden presentarse en el más insólito de los momentos, y aunque ciertamente no creo en la generación espontánea, el pensamiento es una de las herramientas básicas más significativas para el escritor; no obstante, el trabajo intenso y constante definen el rumbo de sus letras.

R.P.: ¿Qué buscas en un libro? A.R.: Que me haga sentir (y pensar) cosas completamente distintas al anterior libro leído.

R.P.: ¿Cuánto tiempo estimado dedicas a la escritura en la semana? A.R.: Actualmente dedico unas 12 horas para escritura de proyectos académicos y unas 10 para re-escritura (en cuestión literaria). Los proyectos futuros -una vez más- los tengo aplazados, pero es que debo ordenar primero toda esta revolución interna, antes de continuar escribiendo ―a placer‖.

R.P.: ¿Qué es lo mejor que has leído recientemente? A.R.: La chica mecánica de Paolo Bacigalupi y con Cuentos de Eva Luna de Isabel Allende me está yendo bastante bien; pero no puedo dictaminar nada hasta no terminarlo.

R.P.: ¿Y a la lectura? A.R.: ¡Como unas 30! Y creo que es poco, pues si por mí fuera, leería hasta que se me cayeran los ojos; pero al ser parte del sistema de este mundo chiflado, es evidente que algunos deseos hay que distribuirlos y/o complementarlos. Para mí el equilibrio está en las horas destinadas al trabajo, al descanso y a la recreación.

R.P.: ¿Cuáles son los escritores que más han influido en tu escritura? A.R.: Sin lugar a dudas José Emilio Pacheco, V.C. Andrews, Gustavo Martín Garzo, Neil Gaiman y Banana Yoshimoto. Creo que a partir de ellos soy un mosaico melancólico y también un pequeño rompecabezas.

R.P.: ¿Las musas llegan solas o hay que salir en su búsqueda?

R.P.: ¿Por internet?

qué

publicar

en

A.R.: Porque la red es una plataforma que puede llevarte, de

manera directa, hacia los lectores; aunado a que facilita la retroalimentación de cada escrito y tu construcción como autor.

R.P.: Cuéntanos de tu espacio virtual. A.R.: Es triste, pero estoy en pausa con mi blog Reflexiones sin terminar, sin embargo, sigo publicando en Club Fantasy, que va sobre reseñas de libros y películas románticas y fantásticas. ¡Visítenlo!

R.P.: Las buenas críticas son… A.R.: Podrían ser… aquellas que contribuyen al crecimiento personal y profesional del escritor, que no sólo endulzan sus ojos u oídos, sino que ponen de manifiesto sus aciertos y sus errores a la hora de escribir.

A.R.: Creo que relacionado con las respuestas anteriores, me han dicho muchas cosas ―positivas‖, sin embargo, no con todas he estado de acuerdo, en primera instancia porque soy la crítica más implacable de mi trabajo y después, porque igual y algunos piensen ciertas cosas de verdad, pero uno puede darse cuenta perfectamente de lo que es el reconocimiento, lo que es un halago y lo que es un ―no quiero ningún problema contigo‖. Así que todo lo que pido es sinceridad, me encanta que comenten mis escritos y sobre todo que muestren mis errores. Soy de esas personas que siempre esperan lo peor; una fatalista y, por consiguiente, siempre estoy sorprendida ante la reacción de los demás. Y eso me gusta.

R.P.: ¿Quién/es te motivan a seguir escribiendo? A.R.: Algunos lectores, mis amigos, en cierto modo mi familia, una profesora de la universidad y ante todo, yo misma.

R.P.: ¿Y las negativas? A.R.: Bueno, es que habría que esclarecer que lo ―bueno‖, ―malo‖, ―benéfico‖ y ―negativo‖, son atributos que cambian de persona en persona y, al menos para mí, las críticas negativas son las que reflejan cierta superioridad por parte del que expide dicha opinión, en un afán de hacerle llegar al escritor su decepción por la obra leída. Así que las críticas admisibles, en mi caso, mas que ser buenas o malas, se dividen en si son o no constructivas. R.P.: A la hora de escribir, ¿preparas el escenario? A.R.: No siempre, también me gusta dejarme llevar por los caprichos de la mente (y claro, de los personajes en juego).

R.P.: ¿Qué opinas de la autopublicación? ¿Está dentro de tus planes? A.R.: Que es una alternativa para que la letras fluyan y para hacer realidad los sueños propios. ¿Está dentro de mis

R.P.: ¿Qué es lo mejor y lo peor que te han dicho de tus escritos?

planes? Sólo mi madre lo sabía, pero sí, sobre todo porque creo que un escrito es para compartir y si es en papel, pues aún mejor.

R.P.: Si tuvieras que definir tu escritura en pocas palabras serían… A.R.: Mi escritura, ante todo, es apasionada; además de encarnizada, desnuda y sin pretensiones.

R.P.: ¿Publicas en otros medios o sitios virtuales? A.R.: Pues estoy muy ansiosa porque se concreten algunos proyectos y todo apunta a que por fin daré el salto al papel.

R.P.: Y si tuvieras que definir la escritura en general… A.R.: Locura y amor en todas sus expresiones posibles.

R.P.: Escribir hoy por hoy es… A.R.: Formar, edificar, traspasar límites, liberarse y liberar.

R.P.: Para finalizar, ¿por qué leer a Athena Rodríguez? A.R.: Utilizaré el viejo truco de regresar la pregunta (o re-formularla) ¿Por qué no leerla? Me gustaría que me leyeran, principalmente, porque podrían descubrir lo que me asusta y los mayores temores de sí mismos, mis virtudes y defectos, y cómo superarse ante ello; además de que la opinión de los demás sobre mi trabajo es decisivo para mi presente y mi futuro artístico. ¡Y espero que sean parte de ese proceso!

R.P.: En tu opinión un escritor ¿se es o se hace? A.R.: Ambos, pues para mí no hay como cumplir con esos dos aspectos.

R.P.: ¿Hablas de la creación literaria con otros escritores? A.R.: ¡Por supuesto! Es un tema bastante emocionante; constantemente me deconstruyo mediante ellos y disfruto indagar sobre el proceso creativo de los autores que admiro y los que acabo de conocer y me han cautivado de alguna forma.

R.P.: Desde Palabras queremos felicitarte una vez más por la hermosa portada que diseñaste para el certamen Musas de la Noche, y agradecerte que contestaras a nuestras preguntas y participaras de nuestro cuarto número. Esperamos seguir contando con tus letras.

A.R.: Gracias a ustedes. Ha sido todo un gusto responder preguntas tan profundas y puntuales, espero haber podido estar a la altura de la(s) mente(s) privilegiada(s) que las crearon. ¡Un fuerte abrazo desde México!

Puedes a leer a Athena en sus blogs:

Club Fantasy http://fantasy-love-passion.blogspot.com/

Reflexiones sin terminar http://reflexiones-sin-terminar.blogspot.com/

Último amanecer
Por D. C. López
Realmente adoraba sentir cómo los rayos del sol calentaban su piel, su rostro, sus cabellos, toda ella en conjunto. Era una delicia y una gran tentación el dejarse acariciar por el brillante astro que en esos momentos reinaba en el cielo azul. En esas fechas, hacía muy buena temperatura, lo justo para pasar un rato agradable. No hacía ni frío, ni excesivo calor, simplemente era perfecto. A Julia le encantaba la primavera, era su estación del año preferida. Por eso, todas las tardes salía al jardín a regodearse de bellas y perfumadas flores de todos los colores y tamaños. Cada vez que el reloj marcaba las seis de la tarde, Julia salía a reunirse con la madre naturaleza y así pasaba lo que quedaba de día; con su delicado y enfermizo cuerpo tumbado sobre la hierba. Nada más sentir el fresco césped bajo sus espaldas, Julia cerraba los ojos y alzaba la barbilla para absorver todo cuanto pudiera tomar del astro rey. A veces se llevaba consigo el mp3 y escuchaba música relajante, y otras veces se llevaba algún libro interesante. Se quedaba leyéndolo hasta que caía la noche y comenzaba a refrescar. Y ahora más que nunca tenía la urgente necesidad de aprovechar al máximo los rayos del sol, porque su tiempo se agotaba y ya nunca más volvería a ver la luz del día. La joven muchacha hizo un ligero movimiento de cabeza, intentando apartar esos pensamientos de su mente, no quería recordar los motivos que la llevaron a tomar esa drástica decisión... Pero no había otra, tendría que conformarse con lo que el destino había preparado para ella. Suspiró con cansancio, agotada y exhausta por el simple hecho de vivir. Incluso respirar era un gran esfuerzo para ella. En las últimas semanas su salud había decaído en picada y los médicos no le daban mucho más tiempo de vida, a lo sumo otras pocas semanas más. Su padre había intentado ayudarla con todo lo que tenía a su alcance para poder ponerle remedio a su mal, pero no era suficiente. Ya había ocurrido lo mismo pocos

años atrás, cuando el cáncer de sangre se llevó la vida de su madre. Y ahora la Leucemia venia a por ella. Hacía un par de semanas que había solicitado en el hospital el alta voluntaria, Julia estaba cansada de tantos médicos y pruebas. Y la quimioterapia apenas le había ayudado en algo. Pero ya estaba harta de todo eso, de permanecer encerrada entre esas grises paredes, lo que ella realmente quería era salir al exterior y disfrutar de la primavera. Y ahora ella se encontraba en el jardín de su casa, acompañada tan sólo de un viejo libro de poemas. Pero los párpados estaban obstinados en mantenerse cerrados, le costaba horrores que eso no sucediera. Así que, con resignación, decidió que ya era hora de volver a casa y descansar un rato. Se despidió del sol y de la luz del día. Hoy iba a ser la última vez que disfrutaría de su cálido toque. Así que, sin demora alguna, obligó a sus débiles piernas a que se pusieran en funcionamiento y se dirigieran hacía la vivienda. Diez larguísimos minutos después estaba en su habitación, tumbada en su lecho. Mientras estaba recostada en la cómoda cama de su dormitorio, Julia rememoró en su mente el momento exacto en el que se encontró con Daniel. El apuesto y simpático celador que trabajaba en el turno nocturno. El muchacho, que no aparentaba más de diecinueve años, era de constitución delgada y alto. A ella le sacaba por lo menos un par de palmos. Y no era porque Daniel fuera demasiado alto, no, más bien la razón era porque ella era menuda. Apenas superaba el metro y medio de estatura. La gente le echaba menos edad de la que verdaderamente tenía, debido a su cara angelical y facciones juveniles. Aparentaba unos dieciséis años, debido a su extrema delgadez —consecuencia de su mortal enfermedad—, pero realmente era mayor de edad desde hacía un mes aproximadamente. Julia se acomodó mejor entre todo aquél amasijo de sábanas y volvió a concentrarse en Daniel. El chico quedó impresionado por su forma de ser, tan abierta y alegre aun estando a las puertas de la muerte. Desde que se tropezaron en el pasillo del hospital conectaron a la primera y, desde entonces, se hicieron muy amigos. Casi todos los días sólo pensaba en salir de aquél triste lugar y regresar a su casa de campo, rodeada por la naturaleza. Daniel era lo único que la retenía allí, estaba enamorada de él, pero ni así aquella agonía era soportable. Y una noche, en la que Julia estaba muy mal anímicamente porque su salud se estaba deteriorando demasiado rápido y ya no tenía ganas de vivir, Daniel le confesó que la amaba y también le contó su secreto. Ella al principio no le creyó pero después de la demostración que el hombre le hizo, supo que decía la verdad. Esa misma noche ató varios cabos sueltos en su cabecita y

entendió muchas cosas que antes le parecían extrañas, pero que hasta entonces no le había dado mayor importancia. Ahora que sabía la verdad, lo entendía todo. Y el momento del reencuentro estaba cerca, esa misma madrugada él vendría a por ella. Con esos pensamientos, Julia cayó rendida en los brazos de Morfeo. El sonido de una ventana abriéndose la sacó de su intranquilo sueño. No se alteró, no se asustó, sabía quién había venido a verla. Con ojos soñolientos miró cómo Daniel avanzaba hacia ella, con una gran y amplia sonrisa en los labios. —Cielo, ha llegado la hora —le susurró, mientras acariciaba su rostro pajizo con ternura—. ¿Estás segura que es esto lo que quieres?. Ella estaba muy débil como para responderle, pero aun así, lo hizo con un hilo de voz, apenas audible. —Es la única solución que tengo, si no quiero morir. —Cierto, pero una vez que se haga, no se podrá revertir —le avisó, a la vez que se sentaba en el borde de la cama—. Será para siempre. —Ya lo decidí en su día y lo sigo manteniendo —afirmó con firmeza—; ya nada me hará cambiar de opinión, así que, ¡hazlo por favor! Él simplemente asintió con un movimiento de su rubia cabeza y luego, sin más miramientos, se agachó hacía su elegante cuello. Abrió la boca y clavó sus largos y afilados colmillos en su garganta, como si su piel fuera mantequilla. Julia suspiró y se dejo llevar. Sabía que esta era la única manera de ganarle a la muerte, siendo una criatura nocturna que viviría eternamente una larga existencia acompañada de su salvador... de su amado vampiro.

Marosa di Giorgio
Los hongos nacen en silencio; algunos nacen en silencio; otros, con un breve alarido, un leve trueno. Unos son blancos, otros rosados, ése es gris y parece una paloma, la estatua de una paloma; otros son dorados o morados. Cada uno trae ─y eso es lo terrible─ la inicial del muerto de donde procede. Yo no me atrevo a devorarlos; esa carne levísima es pariente nuestra. Pero, aparece en la tarde el comprador de hongos y empieza la siega. Mi madre da permiso. El elige como un águila. Ese blanco como el azúcar, uno rosado, uno gris. Mamá no se da cuenta de que vende a su raza. De «La Flor de Lis», 2005

La esencia de Marosa di Giorgio, poetisa uruguaya nacida en Salto en 1932, está latente en esa poesía. La belleza, el horror, lo fantástico y lo cotidiano en los escenarios de su vida, y sobre todo, de sus recuerdos. Porque Marosa siempre rememora su infancia y la casa familiar donde creció, el jardín. Es recurrente la mención a su madre, incluso «Diamelas a Clementina Medici», publicado en el año 2000 e incorporado luego a «Los papeles salvajes», está inspirado en la muerte de su madre. También el erotismo y la naturaleza se unen en la poesía de Marosa para crear un ambiente único, perturbador y, paradójicamente, hermoso a la vez. Es imposible pasar por sus letras sin sentir que se está ante un cuadro maravilloso que se graba, palabra a palabra, en nuestra mente. Igual de increíble es escuchar a Marosa leer sus propios poemas, pues varias de sus lecturas han sido recogidas en audio. La cadencia de su voz completa el hechizo, y logra lo que pocos autores cuando leen sus propios textos: transporta y da cuerpo a ese mundo mágico que nos obsequia. Creo que no me equivoco si digo que la obra de Marosa contiene un espíritu propio, y que es fácil sentirlo cobrar vida entre las páginas de sus libros. Por eso, y aunque ella nos dejó el 17 de agosto de 2004, su alma vive entre nosotros, y enaltece cada vez más a la poesía.

Me estaba reservado lo que a nadie. Voy a ver brillar los bichos de noche, azules y rosados, color caramelo clavelina. Iban despacio, cambiándose señales. Otros muy grandes de capa negra y lunares blancos o blancas y lunares negros. Y al chocar en algo firme se deshacían con un rumor de seda y de papeles. Me daba cansancio y temor. Y así volvía a la silla única pero en el techo, estaban boca abajo matas que yo con peligro yo había plantado, tomates y azucenas. Las conejas de adentro de la casa miraban hacia eso con afección. Y la divinidad, peluda y brillante, descendía por la pared. Eternamente. De «La Flor de Lis», 2005 *** Cuando fui de visita al altar, usé vestido de organdí celeste, más largo que yo, por donde a ratos, sobresalía un pie de oro, tan labrado y repujado desde el seno mismo de mi madre. Mi pelo también era de organza celeste, más largo que el vestido, pero podía pasar al rosa y aún al pálido topacio. Desde que llegué, las habitantes se pusieron a rezar y así empezó la novena… la novena empezó así. Los picaflores, colibríes atravesaban las oraciones, entraban a ellas y salían. Su fugaz presencia producía primero desasosiego para dar después otra destreza e intensidad a la sagrada murmuración. Algunos seres estuvieron de visita afuera y por un segundo. Vino la vaca de cara triste, el conejo, la nieve y una mosca. Mientras estuve, las habitantes rezaron apasionadamente mirando sin cesar mi velo, mi pelo, que en pocos segundos iba del azul al rosa y aún al rubí pálido, con absoluta naturalidad. Del recital «Diadema» *** Anoche, volvió, otra vez, La Sombra; aunque ya habían pasado cien años, bien la reconocimos. Pasó el jardín violetas, el dormitorio, la cocina; rodeó las dulceras, los platos blancos como huesos, las dulceras con olor a rosa. Tomó al dormitorio, interrumpió el amor, los abrazos; los que que estaban despiertos, quedaron con los ojos fijos; soñaban, igual la vieron. El espejo donde se miró o no se miró, cayó trizado. Parecía

que quería matar a alguno. Pero, salió al jardín. Giraba, cavaba, en el mismo sitio, como si debajo estuviese enterrado un muerto. La pobre vaca, que pastaba cerca de la violetas, se enloqueció, gemía como una mujer o como un lobo. Pero, La Sombra se fue volando, se fue hacia el sur. Volverá dentro de un siglo. De «Los Papeles Salvajes», 1971.

Bibliografía:

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Poemas (1954) Humo (1955) Druida (1959) Historial de las violetas (1965) Magnolia (1968) La guerra de los huertos (1971) Está en llamas el jardín natal (1975) Clavel y tenebrario (1979) La liebre de marzo (1981) Mesa de esmeralda (1985) Los papeles Salvajes (recopilación de sus poemas), Primer tomo (1989) La falena (1989) Membrillo de Lusana (1989) Los papeles Salvajes (recopilación de sus poemas), Segundo tomo (1991) Misales (1993), relatos eróticos Camino de las pedrerías (1997), relatos eróticos Reina Amelia (1999), B. Aires, Adriana Hidalgo, novela Diamelas a Clementina Médici (2000), poema-río Rosa mística (2003) poemas El gran ratón dorado, el gran ratón de lilas, B. Aires, El cuenco de plata; relatos eróticos completos.

Enlaces de interés: Sitio oficial: http://marosadigiorgio.com.uy/ Poemas en audio: http://palabravirtual.com/ Blog de poemas: http://lospoemasdemarosa.blogspot.com/ Biografía y poemas: http://amediavoz.com/digiorgio.htm

José Cziffery, Marosa Di Giorgio. Pastel.

Nocturno
Por Eugenia Sánchez
Salgo a la noche a perseguir mi sombra lenta bajo la luz de la luna. Las horas se extienden en el firmamento, se estiran y se encojen mientras no sopla la brisa. Un canto único detiene mis sentidos: han vuelto las ranas a reclamar la lluvia. Sabe Dios donde se ocultan entre estas décadas silenciosas, pero ahora alzan sus cantos, danzan, seguramente, implorando la bendición del agua. Al oírlas todo cambia, y de repente puedo ser todas las que he sido, recorrer las primaveras que he vivido en todos los mundos que he transitado. Si soy la niña de ojos abiertos a la madrugada, o si soy la joven de lágrimas nuevas, o si soy esta, mujer niña, mujer árbol, mujer muda. Todas nosotras nos detenemos ante la ventana, miramos los dibujos que revelan las sombras, percibimos la vida invisible que nos rodea. Callamos. Y la oscuridad se aquieta en mi pecho. Y las palabras surgen sin prisa. Una paz nueva me embarga.

Bad to the Bone
Por Elora M. Harris
¿Qué hace que una chica se enamore hasta los huesos del chico más odioso que haya caminado sobre la Tierra? Preguntarlo no tiene mucho sentido, pero me veo obligada a hacerme esa pregunta al menos una vez por semana. Es decir, Marcos es guapísimo, negarlo es perder el tiempo. Más de una vez he desesperado al ver como otras chicas sin importar sus edades, voltean a verlo, le hacen ojitos o ríen tontamente por llamar su atención. Y más de una vez me he querido dar de cachetes a mi misma al descubrirme mirándolo embobecida, al punto de tener una apariencia similar a un pez fuera del agua que ve la luz divina en apariencia de mares hermosos e infinitos… Y si alguien va a salirme con que la apariencia no es tan importante, entonces está el tema de su voz. Dios, su voz es mejor que el chocolate, y creo que todas nos entendemos si digo eso… ¡Cuantas mariposas y demás seres alados he sentido revolotear en mi estómago al escucharlo! ¡Cuántos dedos he sentido correr por mi columna vertebral! ¡Cuántas brisas acariciar mi nuca cuando habla a mi espalda! Su voz es perfecta, diga lo que diga. Incluso una vez lo escuché cantar «Bad to the bone» con esa sonrisita malvada brillándole en los ojos, y he pensado… bueno, qué no he pensado. Pero bueno, no quiero distraerme. He dicho que Marcos es el tipo más odioso del planeta y no he querido ser exagerada ni en lo más mínimo. No se trata de que haya matado a alguien alguna vez. En realidad, Marcos no va por la vida pellizcándoles los cachetes a los nenes ni buscando problemas por ahí. Sólo he sabido de una vez que se peleara con alguien. Fue en la secundaria, cuando Peter Smith dijo algo bastante desagradable sobre la chica con la que salía Marcos entonces. Nunca supe qué motivó a Marcos a golpear a aquel grandulón, pero sospecho que el insulto influía mucho en sus motivos para salir con aquella rubia, de todos modos… No, no. Marcos es malo, es cruel y desagradable solo conmigo. Desde el día que nos conocimos se comportó como un cretino. Y entonces apenas tenía cinco años. Pensar que ya entonces me pareció un niño tan guapo… Con sus ojos azules y el pelo tan negro y desordenado, haciendo contraste en aquella piel blanca y cubierta de pecas… Es que las mujeres cuando estamos destinadas a ser tontas lo demostramos desde el principio. Porque si aquel día alguien me hubiera dicho que aquel niño que a mí me parecía un ángel encantador, era en realidad una especie de Puck con pecas, yo me hubiera ahorrado años de amor no correspondido.

Su primera prueba de maldad irremediable, comenzó cuando se plantó ante mí en el atestado salón de preescolar. Era el primer día, y, como se haría costumbre, me estaba costando encajar. Me había quedado junto a la puerta, desde donde se despidiera mi madre, y observaba el escándalo de niños y niñas que corrían, lloraban y jugaban con una expresión similar al horror. Marcos, como también haría costumbre, estaba en su elemento, yendo de un lado a otro y hablando con aquellos que demostraban aptitud para convertirse en sus amigos. ¡Vale, vale! Quizás no fuera tan así, pero es la impresión que conservo de aquel niño y su campera de cuero negra que se detuvo ante mí y me dijo: ─¡Te apuesto a que te pones a llorar! Yo no sabía de apuestas, pero aquel chico parecía saberlo todo. Lo miré con unos ojos muy grandes y le respondí: ─¿Qué vas a saber tú? ─expresión que usara comúnmente mi madre para cortarme el rollo. ─¡Ya ves como sí lloras! ─aseguró, y sus ojos, lo juro, brillaban de pura maldad. De acuerdo, voy a decirlo aunque no me sienta orgullosa de ello, pero la verdad es que en vez de contestarle con palabras… pues le saqué la lengua como he hecho pocas veces en mi vida. Y Marcos me miró con algo muy similar al odio y se dispuso a demostrar que sí lloraría después de todo. Se acercó a mí y con mucha fuerza jaló mi pelo, desarmando una de las colitas altas que me había hecho mamá y dejándome en un estado más que desalineado. Y sí, lloré con pasión y con dolor. Y lo vi marcharse pavoneándose sin que la maestra supiera muy bien los motivos del llanto de la niña de pelo naranja parada muy firme junto a la puerta. Esa fue la primera vez que me rompió el corazón. A través de los años hubo enfrentamientos verbales, pullas, insultos, incluso una vez me vengué de su agresión física dándole una buena patada en sus partes después de que me llamara Tallarín a la bolognesa en una vuelta a clase y al poco tiempo de haber dado mi primer estirón. Qué no me llamó después, y yo casi siempre demasiado ocupada por no dejarle ver cuánto me dolía, cuánto me gustaba a pesar de todo y cuánto me molestaba que las palabras lindas se las dijera a esas chicas con más curvas que yo, a las que llevaba a pasear cada fin de semana y que tenían todo el derecho de babear ante él cada vez que lo veían. Los años pasaron. Del preescolar, nos convertimos en compañeros de asiento en la primaria, por culpa de nuestros apellidos correlativos, en competidores en la clase de gimnasia, en sacar la

mejor nota en los exámenes y hasta en cantar mejor en la clase de música mientras cursábamos secundaria. Nos vimos menos durante los estudios terciarios, pero vivimos en una ciudad demasiado pequeña para los dos, y nuestras familias se conocían desde siempre, así que fue imposible no enterarme con quién estaba, con cuántos honores se recibía, quién le hacía su primera propuesta laboral y cuántos corazones rompió el día que se mudó a Francia para cumplir su pasantía estudiantil. También yo salí con algunos chicos durante ese tiempo, y no puedo negar que algún corazón también rompí. Terminé mi carrera en la universidad de Bellas Artes y me hice un nombre entre los pintores de la zona, y un poco más. Tengo la suerte de vender tres o cuatro cuadros al año en cifras hasta escandalosas, y puedo vivir holgadamente, aunque no me pueda permitir abandonar las clases de Historia del arte que imparto en la secundaria. No puedo decir que la vida sea cruel… aunque a veces me sienta sola y un poco achacosa. Me gusta pensar que lo mejor está por venir y que mañana o pasado algo extraordinario cambiará mi vida… Pero parece que no, que lo extraordinario aún se demorará un poco más. Al menos eso es lo que deja ver el sms que acabo de recibir de mi amiga Betty y que dice “M. vuelve mañana. Cena en casa a las 20 para recibirlo”. «M» es Marcos. Betty es su gemela. Me esperan en su casa para cenar después de seis años sin verlo. Y a lo que iba, que me gustaría resolver apenas el corazón me vuelva a latir: ¿qué hace que una chica se enamore hasta los huesos del chico más odioso que haya caminado sobre la Tierra? ***** Me detuve ante la puerta, haciendo equilibrio con mi bolso súper cargado, al que había agregado una botella de vino para la cena. Estaba nerviosa, me sudaban las palmas de las manos como una adolescente en su primera cita, y eso me ponía de muy mal humor. Sin querer pensar en Marcos y sus ojos azules, presioné el timbre y después de una espera interminable… los mismos ojos en los que intentaba no pensar estaban frente a mí. Es curioso cómo pasa el tiempo. En esos seis años me había cortado el pelo a la altura de los hombros, hecho un nuevo tatuaje en el tobillo, perdido dos kilos… bueno, bueno, quizás adquirido dos kilos estaría más cerca de la verdad. Pero en la misma cantidad de tiempo a Marcos no le había salido una cana, ni una arruga, ni se veía fofo, o le salían pelos por la nariz o las orejas. No, comenzaba a sospechar que Marcos era otro de esos George Clooney difíciles de encontrar, que se ven cada vez mejor con el paso del tiempo. Lo estudiaba atentamente, demasiado consciente de que «fofo» es un adjetivo que no se le ocurriría a nadie asociar jamás con Marcos. Siempre alto y eternamente bronceado, con el pelo tan oscuro y brillante haciendo resaltar los benditos ojos azules,

el mentón cuadrado, los hombros anchos, el estómago plano y marcado por los abdominales… y las piernas y brazos musculosos, cruzándose lentamente mientras apoyaba un hombro contra el marco de la puerta y me observaba del mismo modo en que yo a él, casi groseramente al demorarse en mis piernas largas, mi busto algo lejano de los 90 cm., y mi pelo más naranja que nunca al sol primaveral e igualmente despeinado. No ha habido jamás silencio más difícil de romper. Pero dicen que el vino es un buen deshinibidor y por cierto que su mirada tuvo poco de tímida al fijarse en el cuello de la botella sobresaliendo de mi bolso. Entonces hizo acto de presencia su voz… y bueno, hubo una pelirroja formando un charco tembloroso en el porche de la casa familiar. Patético, lo sé. E inevitable. ─No quiero pensar que has traído vino para emborracharme y abusar de mí en el sofá, mientras mis padres están en la cocina. ─Por favor, no vayas a hacer el esfuerzo de pensar, no hay necesidad de que te agotes tan temprano ─y esa voz ¿era la mía? Tan indiferente y sarcástica, como si otra yo hablara desde alguna parte misteriosa. Una incapaz de resistir una pulla, demasiado ocupada poniéndolo en su lugar como para estremecerse violentamente al escucharlo hablar. Increíble. ─Ay, pelirroja, tú siempre rompiéndome el corazón… ─Dios mío, ¿estaba ronroneándome a mí? Para dejar de preocuparme por la posibilidad de que mis rodillas se quebraran allí mismo, miré a ambos lados y pregunté con insospechado sarcasmo: ─Entonces, ¿cenaremos afuera? Marcos sonrió y juro que vi como en cámara lenta como mis palabras activaban un peligroso mecanismo en su mente que terminaba expresándose en una sonrisa gatuna. Y creo que si entonces hubiera podido mantener mi corazón alejado de una posible arritmia, me hubiera preocupado de ser el blanco de esa mirada. ─Pasarás, pasarás… ─canturreó Marcos─ pero una prenda pagarás. ─¿Eh? ─vaya locuacidad la mía. ─Si quieres entrar deberás pagar una prenda. Y sonrió de nuevo. Agradecí en el alma que esa desconocida dentro de mí volviera a tomar el control cuando la escuché decir: ─Mira, o te quitas o te quito… Su risa vibró en el espacio que había entre ambos, y mientras más risueño lo veía más se oscurecía mi ceño.

Ese tipo me desquiciaba en todos los sentidos. ─Es que tú tienes miedo, por más que intentes disimular ─dijo, de pronto, y por más que capté la pulla al vuelo, no pude evitar replicar: ─¿Miedo? ─¡Vaya que sí!─ ¿De ti? ─Ya lo creo. ─Así es. Si fuera de otra manera, ya habrías pagado la prenda y estarías adentro y podríamos comer el delicioso pastel que preparó mi madre. ─¿Y qué te parece si mejor te doy un buen golpe…? ─¿Y qué te parece si mejor me das un pequeño beso y terminamos con esto? ─Y al escuchar como mis pulmones se vaciaban de aire y ver que mis ojos amenazaban con acabar junto a sus pies, agregó como al pasar ─: Ya sabes, un beso de bienvenida, algo muy civilizado. Si de algo he estado convencida en mi vida, es que besar a Marcos no tendría nada de civilizado. Así que allí estábamos, él ofreciéndome un beso y yo enfrentada al dilema de dárselo y fingir que no había significado nada durante el resto de la noche, o dárselo y permitir que mi corazón se las ingeniara para salirse de mi pecho de una vez. No besarlo, sencillamente, no era una opción. Y creo que él lo supo desde antes de atreverme a hacerlo realmente. Creo que vio algún brillo decidido, alguna convicción en mi rostro que le hizo mirarme con sorpresa y mucha aprobación. Así que no lo sorprendí demasiado al acercarme a él. Deslicé una mano por su mandíbula y mirándolo a los ojos uní mis labios a los suyos… y el tiempo se detuvo, el aire se evaporó, el suelo desapareció bajo mis pies y era como estar flotando sin temer caer de repente al suelo. Como Marcos me miraba a su vez, vi como su mirada sonriente se volvía más y más estupefacta y sus labios se unían más a los míos, mientras pasaba una mano por mi cintura. Creo que podríamos haber estado allí toda la noche, quizás avanzando lentamente hacia algo que siempre esperé y que evidentemente Marcos no había imaginado antes. Pero entonces escuchamos un sonido estridente y nos encontramos empapados en vino cuando la botella se deslizó de mi bolso para estrellarse entre los dos. Nos separamos con expresión culpable y perpleja, sin dejar de mirarnos, pese a que el piso estaba lleno de vidrios y desde la casa me pareció escuchar pasos apresurándose en nuestra dirección. Una parte de mí estaba exultante. La otra había dado con la respuesta a mi pregunta inicial y estaba dispuesta a justificar su existencia en base a ella: el primer amor es… inevitable.

Efemérides
Edgar Rice Burroughs nació en Chicago el 1 de septiembre de 1875 fue un escritor de género fantástico célebre por sus series de historias de Barsoom (ambientadas en Marte), de Pellucidar (que tienen lugar en el centro de la Tierra) y, en especial, por la creación del mundialmente famoso personaje de Tarzán. La obra de Edgar Rice Burroughs es bastante larga por lo que se considera uno de los autores estadounidenses más prolíficos del siglo XX. Su obra comprende numerosos volúmenes dedicados a la ciencia ficción, novelas acerca del viejo oeste y relatos históricos. Falleció en Encino, California, el 19 de marzo de 1950.

Joseph Roth nació en Brody, Imperio austrohúngaro, el 2 de septiembre de 1894; fue un novelista y periodista austríaco de origen judío. Escribió con técnicas narrativas tradicionales varias novelas de calidad como Fuga sin fin, La leyenda del santo bebedor o La rebelión. Su obra más conocida es La marcha Radetzky, que describe a una familia durante el ocaso del Imperio austrohúngaro. Está considerado, junto con Hermann Broch y Robert Musil, uno de los mayores escritores centroeuropeos del siglo XX. Formó parte de la literatura del exilio provocado por el nazismo. Su obra fue reconocida póstumamente. Falleció en París, el 27 de mayo de 1939.

Eduardo German Hughes Galeano nació en Montevideo, Uruguay, el 3 de setiembre de 1940. Conocido como Eduardo Galeano, es un periodista y escritor uruguayo, ganador del premio Stig Dagerman. Está considerado como uno de los más destacados escritores de la literatura latinoamericana. Sus libros más conocidos, Memoria del fuego (1986) y Las venas abiertas de América Latina (1971), han sido traducidos a veinte idiomas. Sus trabajos trascienden

géneros ortodoxos, combinando documental, ficción, periodismo, análisis político e historia. Niega ser un historiador: "Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable".

Nicanor Segundo Parra Sandoval nació en San Fabián, Provincia de Ñuble, Chile, el 5 de septiembre de 1914. Es un poeta, matemático y físico chileno cuya obra ha tenido una profunda influencia en la literatura hispanoamericana. Considerado el creador de la antipoesía, Parra es, en palabras de Harold Bloom, «incuestionablemente, uno de los mejores poetas de Occidente». El mayor de la Familia Parra —cantera de connotados artistas y músicos de la cultura chilena—, ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura1969 y con el Cervantes 2011, entre otros.

Carmen Laforet Díaz, escritora española. Carmen Laforet Díaz nació en Barcelona el 6 de septiembre de 1921, si bien con dos años de edad se trasladó con su familia a las islas Canarias. En 1944 publicó Nada, que ganó la primera edición del premio Nadal de la editorial Destino. Esta novela fue un éxito de crítica y de público y la catapultó muy joven a la fama literaria. En 1950 publicó La isla y los demonios, novela situada en Canarias, donde se había criado y, en 1955, La mujer nueva, una obra marcada por las experiencias religiosas de la autora. Siguió La insolación (1963, primer volumen de la trilogía Tres pasos fuera del tiempo), y después un largo periodo en el que estuvo trabajando en los otros dos tomos de la trilogía, pero sin llegar a publicarlos. Viajó a Estados Unidos invitada en 1965, y sobre su experiencia en aquel país publicó el ensayo Mi primer viaje a USA (1981); allí conoció además al novelista Ramón J. Sender, con el que intercambió una interesante relación epistolar. Entre sus libros de cuentos destacan La llamada (1954) y La niña y otros relatos (1970). Casi toda la obra de esta autora gira en torno a un mismo tema central: el del enfrentamiento entre el idealismo juvenil y la mediocridad del entorno. Carmen Laforet también escribió novelas cortas, libros de cuentos y narraciones de viaje.

Falleció en Majadahonda (Madrid), el 29 de febrero de 2004.

Cesare Pavese nacido en Santo Stefano Belbo (Cuneo) el 9 de septiembre de 1908, fue un escritor italiano, uno de los más importantes del siglo XX. Este gran poeta y novelista italiano estudió filología inglesa en la universidad de Turín y, tras su licenciatura, se dedicó por completo a traducir a numerosos escritores norteamericanos, como Sherwood Anderson, Gertrude Stein, John Steinbeck y Ernest Hemingway, entre otros, así como a escribir crítica literaria que hoy se considera clásica. Al unirse con Giulio Einaudi y su amigo Leone Ginzburg, cofundadores de la editorial Einaudi en 1933, fue uno de los cimientos de esta famosa empresa cultural italiana desde 1937, en la que permaneció como editor decisivo hasta su muerte y en la que trabajó con un rigor reconocido hoy por todos (pues Leone murió torturado por los alemanes en 1944). Cesare Pavese falleció en Turín el 27 de agosto de 1950

Georges Bataille nació en Billom, un 10 de septiembre de 1897, fue un escritor, antropólogo y pensador francés, que rechazaba el calificativo de filósofo. También es conocido bajo los seudónimos Pierre Angélique, Lord Auch y Louis Trent. Bataille quería ser sacerdote en sus inicios y asistió a un seminario católico, pero abandonó la fe cristiana en 1922. Frecuentemente se refiere a los burdeles de París como sus auténticas iglesias, una afirmación sorprendente pero acorde con sus planteamientos teóricos. Después trabajó como bibliotecario, lo que le dio cierta libertad para no tratar sus ideas como trabajo. Fundador de numerosas publicaciones y grupos de escritores, Bataille es autor de una obra abundante y diversa: lecturas, poemas, ensayos sobre numerosos temas (sobre el misticismo de la economía, poesía, filosofía, las artes, el erotismo). Algunas veces publicó con pseudónimos, y algunas de sus publicaciones fueron censuradas. Fue relativamente ignorado en su época, y desdeñado por contemporáneos suyos como Jean-Paul Sartre por su apoyo al misticismo, pero después de su muerte ha influido a filósofos post estructuralistas como Michel Foucault y Jacques Derrida, así como escritores como Philippe Sollers, todos ellos

afiliados a la publicación Tel Quel. Más recientemente se observa su influencia en el trabajo de filósofos anglosajones notables como Crispin Sartwell. Falleció en París, el 9 de julio de 1962.

D. H. Lawrence nació el 11 de septiembre de 1885. Fue un escritor inglés, autor de novelas, cuentos, poemas, obras de teatro, ensayos, libros de viaje, pinturas, traducciones y crítica literaria. Su literatura expone una extensa reflexión acerca de los efectos deshumanizadores de la modernidad y la industrialización, y abordó cuestiones relacionadas con la salud emocional, la vitalidad, la espontaneidad, la sexualidad humana y el instinto. Las opiniones de Lawrence sobre todos estos asuntos le causaron múltiples problemas personales: además de una orden de persecución oficial, su obra fue objeto en varias ocasiones de censura; por otra parte, la interpretación sesgada de aquella a lo largo de la segunda mitad de su vida fue una constante. Como consecuencia de ello, hubo de pasar la mayor parte de su vida en un exilio voluntario, que él mismo llamó "peregrinación salvaje". Aunque en el momento de su muerte su imagen ante la opinión pública era la de un pornógrafo que había desperdiciado su considerable talento, E. M. Forster, en un obituario, defendió su reputación al describirlo como "el novelista imaginativo más grande de nuestra generación". Más adelante, F. R. Leavis, un crítico de Cambridge de notoria influencia, resaltó tanto su integridad artística como su seriedad moral, lo que situó a buena parte de su ficción dentro de la "gran tradición" canónica de la novela en Inglaterra. Con el tiempo, la imagen de Lawrence se ha afianzado en la de un pensador visionario y un gran representante del modernismo en el marco de la literatura inglesa, pese a que algunas críticas feministas deploran su actitud hacia las mujeres, así como la visión de la sexualidad que se percibe en sus obras. Falleció el 2 de marzo de 1930, en Vence, Francia.

Roal Dahl nació en Llandaff, Gales el 13 de septiembre de 1916. Fue un novelista y autor de cuentos británico de ascendencia noruega, famoso como escritor para niños y adultos. Entre sus libros más populares están Charlie y la fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante, Matilda, Las brujas y Relatos de lo inesperado. Impulsado por Cecil Scott Forester, Dahl escribió su primer trabajo publicado, Pan comido, que fue comprado por

el Saturday Evening Post por mil dólares e impulsó su carrera como escritor. Su primer libro para niños fue Los Gremlins, que trataba de unas pequeñas criaturas malvadas que formaban parte del folclore de la RAF, fue publicado en 1943. El libro había sido encargado por Walt Disney para una película que se tituló Gremlins. Dahl continuó creando algunas de las historias para niños más amadas del siglo XX. Paralelamente, tuvo una exitosa carrera como escritor de macabros cuentos para adultos, usualmente apelando al humor negro y a los finales sorpresivos. Muchos de ellos fueron originalmente escritos para revistas estadounidenses, tales como Ladies Home Journal, Harper's, Playboy y The New Yorker, y luego recogidos en antologías, ganando la aclamación mundial para el autor. Dahl escribió más de sesenta cuentos y han aparecido en numerosas colecciones, algunas sólo publicadas en forma de libro después de su muerte, acaecida el 23 de noviembre de 1990.

Agatha Christie nació enTorquay, 15 de septiembre de 1890, bajo el nombre Agatha Mary Clarissa Miller. Fue una escritora inglesa especializada en los géneros policial y romántico, por cuyo trabajo recibió reconocimiento a nivel internacional. Si bien redactó también cuentos y obras de teatro, sus 79 novelas y decenas de historias breves fueron traducidas a casi todos los idiomas, y varias adaptadas para cine y teatro. Sus clásicos personajes Hércules Poirot y Miss Marple fueron muy populares. Sus cuatro mil millones de novelas vendidas conforman una cifra solamente equiparable con la de William Shakespeare, habiendo sido traducidas a aproximadamente 103 idiomas. Hasta su muerte, recibió múltiples reconocimientos y honores que incluyen un premio Edgar, el Grand Master Award de la Asociación de Escritores de Misterio, diversos doctorados honoris causa y la designación como Comendadora de la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II. Falleció en Wallingford, 12 de enero de 1976.

Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires, Argentina, el 15 de septiembre de 1914; fue un escritor argentino que frecuentó las literaturas fantástica, policial y de ciencia ficción, y que debe parte de su reconocimiento a su gran amistad con Jorge Luis Borges, con quien colaboró literariamente en varias ocasiones. Esto no quiere decir, en absoluto, que su obra propia carezca de

interés; su amigo lo consideró incluso uno de los más notables escritores argentinos. La crítica profesional también ha compartido la opinión: Bioy Casares recibió, en 1990, el Premio Miguel de Cervantes. En 1932, Victoria Ocampo le presentó a Jorge Luis Borges, quien en adelante sería su gran amigo y con quien escribiría en colaboración varios relatos policiales bajo diversos seudónimos, el más conocido de los cuales fue el de Honorio Bustos Domecq. Bioy Casares se casó con la hermana menor de Victoria, Silvina Ocampo, también escritora y pintora. Entre sus premios y distinciones destacan la membresía a la Legión de Honor francesa en 1981, su nombramiento como Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 1986, el Premio Cervantes y el Premio Internacional Alfonso Reyes en 1990 y el Premio Konex de Brillante en 1994. Murió el 8 de marzo de 1999 en Buenos Aires; sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta.

Sir William Gerard Golding nació en Newquay, Cornualles, Reino Unido, 19 de septiembre de 1911; fue un novelista y poeta británico, Premio Nobel de literatura. En 1952 comienza a trabajar en una novela titulada “Strangers from Within” (Extraños desde el interior), que después de ser rechazada por varios editores, es publicada en 1954 por Faber and Faber con el título “Lord of the Flies” (El señor de las moscas), su obra más emblemática y conocida. Esta obra trata de lo que puede llegar a hacer el ser humano en situaciones tan dramáticas como el estar perdidos en una isla. Cultivó también el teatro, con la obra The Brass Butterfly, estrenada en 1958 y basada en su relato anterior Envoy Extraordinary y la crítica literaria, escribiendo para The Bookman y The Listener. Tras una experiencia de ―sequía creativa‖ desde 1968 a 1970, publica de nuevo su relato Envoy Extraordinary, junto a otros dos relatos en The Scorpion God (El dios escorpión, 1971) y comienza a escribir un Diario en el que cuenta tanto experiencias personales como sus dificultades creativas. En 1980 comienza su trilogía To the Ends of the Earth, donde deja entrever su pasión por el mar y la navegación a través del periplo mundial de su protagonista, Edmund Talbot, y que finalizará entre 1989 y 1991. En diciembre de 1992 tiene que ser intervenido de un melanoma maligno en la cara, del que es operado satisfactoriamente. Comienza a escribir una nueva novela, The Double Tongue (La lengua oculta, ambientada en Delfos durante el Imperio romano),

que deja inacabada al morir de un infarto el 19 de junio de 1993 y se publica postmortem en 1996. Está enterrado en el cementerio de Bowerchalke, Reino Unido.

George Raymond Richard Martin nació el 20 de setiembre de 1948, en Bayonne, Nueva Jersey. El mayor de tres hermanos creció en el seno de una familia trabajadora, donde su padre era un estibador de ascendencia italo-germana y su madre era de ascendencia irlandesa. Fue un ávido lector desde pequeño y empezó a escribir pequeños relatos en su infancia. Se graduó como periodista en la Northwestern University de Evanston (Illinois) en 1971 y empezó a dirigir torneos de ajedrez y a ejercer como profesor de Periodismo en el instituto Clarke de Dubuque (Iowa) entre 1976 y 1978. Precisamente, durante los años 70, ganó varios premios Hugo y premios Nébula por sus relatos de ficción y, al final de la década, publicó sus primeras novelas: la primera, Muerte de la luz (1977). Dicho éxito le permitió dedicarse a la literatura, donde mezcla los géneros de ciencia ficción, fantasía y terror. Tras un breve matrimonio y el poco éxito de su cuarta novela, El rag de Armagedón (1983), Martin decide compaginar su trabajo como escritor con el de guionista de Hollywood. A modo de ejemplo, fue guionista de series como Dimensión desconocida y La bella y la bestia. Fue también editor de Wild Cards, la serie de antologías de historia alternativa sobre la Segunda Guerra Mundial. En 1987 publicó Los viajes de Tuf, una colección de relatos de ciencia ficción, considerada una de las obras más destacadas de su primera etapa. Pero, su vida cambió cuando decidió dejar Hollywood y retirarse a Santa Fe (Nuevo México). Era 1996 cuando publicó Juego de Tronos, la primera de las siete novelas que conformarán la saga Canción de hielo y fuego, recientemente adaptada a la pequeña pantalla por HBO.

Javier Marias nace el 20 de septiembre de 1951 en Madrid, en el antiguo número 16 de la calle Covarrubias, del barrio de Chamberí. Es el cuarto hijo de los cinco varones que tuvo el matrimonio formado por Dolores Franco Manera, profesora, y Julián Marías Aguilera, filósofo. No conoce a sus abuelos paternos, ni a su hermano mayor Julianín que había fallecido en 1949, a la edad de tres años. Recibe una sólida educación liberal en el Colegio Estudio, heredero de la Institución Libre de Enseñanza, y en su casa,

donde sus padres daban clases a estudiantes extranjeros y recibían a intelectuales. Aquí conoce a Rosa Chacel, con la que se carteará hasta el fallecimiento de ésta. Lee a Richmal Crompton (Guillermo Brown), Enid Blyton, Dumas, Salgari, Corbert, Paul Féval, Verne y los tebeos de Tintín. A los once años empieza a escribir para "seguir leyendo lo que le gusta", según él mismo ha contado. Pasa los veranos con su familia en Soria. Durante uno de ellos, en casa de Heliodoro Carpintero y sus hermanas Mercedes y Carmen, escribe con quince años su primera novela, La víspera, que nunca ha llegado a publicar. En 1970 escribió Los dominios del lobo, que sería publicada al año siguiente. Entre la escritura de la obra y su publicación, conoció a Juan Benet, al que le uniría a partir de entonces una gran amistad y que fue una figura clave en su vida personal y literaria. En 1972 publicó Travesía del horizonte, y en 1978 El monarca del tiempo. Ese mismo año apareció su traducción de la novela de Laurence Sterne La vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, por la que le fue concedido al año siguiente el Premio de traducción Fray Luis de León. En 1983 publicó su cuarta novela, El siglo. Entre 1983 y 1985 impartió clases de Literatura Española y Teoría de la Traducción en la Universidad de Oxford. En 1984 lo haría en el Wellesley College y entre 1987 y 1992 en la Complutense de Madrid. En 1986 aparece El hombre sentimental y, en 1988, Todas las almas. Esta última, aunque obra de ficción, narra la historia de un profesor español que imparte clases en Oxford, lo que dio lugar a algún equívoco al ser identificado de forma errónea el narrador con el autor. Los protagonistas de sus novelas escritas desde 1986 son intérpretes o traductores. De éstos, Marías ha escrito: "Son personas que han renunciado a sus propias voces". En 1990 salió su primera recopilación de relatos breves, Mientras ellas duermen y en 1991, la primera de artículos periodísticos, Pasiones pasadas. En años sucesivos aparecieron nuevos volúmenes recopilando su obra publicada en prensa y revistas. Corazón tan blanco (1992), en la que se mezclan novela y ensayo, tuvo un gran éxito tanto de público como de crítica convirtiéndose en uno de los puntos de referencia del denominado Hibridismo Genérico, y supuso su consagración como escritor. Fue traducida a decenas de lenguas, y el crítico alemán Marcel Reich-Ranicki mencionó a Marías como uno de los más importantes autores vivos de todo el mundo. Su siguiente novela, publicada en 1994, Mañana en la batalla piensa en mí (título tomado de un verso de Shakespeare, al igual que Corazón tan blanco), recibió numerosos premios en Europa y América. En 1998 apareció Negra espalda del tiempo, novela en la que Javier Marías detalla los cruces entre ficción y vida real producidos por la falsa interpretación de Todas las almas como un roman à clef. Es también en esta obra donde se cuenta la historia del "legendario, real y ficticio" Reino de Redonda, del que Marías se acababa de convertir en soberano, con el nombre de Xavier I, tras la abdicación de Jon Wynne-Tyson. Con

evidente tono lúdico, Marías (pese a su republicanismo confeso) aceptó el título con el objeto de defender el legado literario del Reino, nombró una corte formada por personajes de la cultura nacional e internacional y convocó un premio anual. En el año 2000 creó la editorial Reino de Redonda. En 2002 comenzó a publicar la que podría calificarse como su novela más ambiciosa, Tu rostro mañana. Aunque de lectura independiente, continúa con algunos de los personajes (en particular, el narrador) de Todas las almas. Debido a su extensión, más de 1500 páginas, el autor decidió publicarla en 3 tomos (Fiebre y lanza, 2002, Baile y sueño, 2004 yVeneno y sombra y adiós, 2007). En 2011 publicó Los enamoramientos., novela con una trama en parte detectivesca, pero que plantea problemas filosóficos, éticos. La historia está relatada en primera persona por María, la protagonista que trabaja en una editorial, y es la primera vez en que Marías utiliza una narradora. Salida en abril, a octubre de 2011 la novela había sido traducida ya a 18 idiomas y la edición de Alfaguara había vendido más de 100.000 ejemplares. Sus obras han sido traducidas a 40 idiomas y publicadas en 50 países.

Herbert George Wells más conocido como H. G. Wells, nació el 21 de septiembre de 1866 en Bromley, Kent, fue un escritor, novelista, historiador y filósofo británico. Es famoso por sus novelas de ciencia ficción y es considerado junto a Julio Verne uno de los precursores de este género. Por sus escritos relacionados con ciencia, en 1970 se decidió en su honor llamarle H. G. Wells a un astroblema lunar ubicado en el lado oscuro de la Luna. Toda la obra de H.G. Wells está influida por sus profundas convicciones. En La máquina del tiempo (1895) abordó el tema de la lucha de clases; en La isla del doctor Moreau (1896) y en El hombre invisible (1897), los límites éticos de la ciencia y la obligación del científico de actuar de forma ética más allá del poder que le otorgan sus descubrimientos; en La guerra de los mundos (1898), la crítica de los usos y costumbres de la época victoriana y las prácticas imperialistas británicas. Esto en lo que respecta a sus primeras novelas, que lo han convertido en uno de los más grandes escritores de ciencia ficción. A partir de 1900 comenzó a escribir novelas que describían la vida de las gentes humildes, entre las que se encuentra Ana Verónica (1909), en la que aborda el tema de la liberación de la mujer.

Además de sus novelas, escribió ensayos de carácter enciclopédico como El perfil de la historia (1919) o La conspiración abierta (1922) y, si bien jamás desistió en su intento de crear un mundo más justo y solidario, sus últimos escritos El destino del homo sapiens (1939) y La mente a la orilla del abismo (1945) están marcados por un pesimismo fruto de contemplar una humanidad que, por ambición y odio, se destruye a sí misma. El estilo literario de Wells, sin embargo, no está a la altura de los temas que trata, y es a estos últimos que debe su fama como escritor. Según él, lo que cuenta es lo que se escribe, no cómo se escribe. Como él mismo dijo: «Yo hago honradamente lo que puedo por evitar repeticiones en mi prosa y cosas así pero, quitando un pasaje de altura, no veo el interés de escribir por la belleza del lenguaje sin más.» Poseyó también vocación de historiador, público dos obras : Breve historia del mundo y Esquema de la historia universal, ambos comienzan en la creación de la Tierra, extendiéndose el primero hasta la formación de la Sociedad de Naciones y la segunda hasta la caída de la Alemania nazi. En 1997 fue incluido en el Salón de la Fama de la ciencia ficción con carácter póstumo en reconocimiento a su obra pionera en el género. Falleció el 13 de agosto de 1946 en Londres.

Stephen Edwin King nacido en Portland, Maine, Estados Unidos, el 21 de septiembre de 1947. Es un escritor estadounidense conocido por sus novelas de terror. Los libros de King han estado muy a menudo en las listas de superventas. En 2003 recibió el National Book Award por su trayectoria y contribución a las letras estadounidenses, el cual fue otorgado por la National Book Foundation. King, además, ha escrito obras que no corresponden al género de terror, incluyendo las novelas Different Seasons, El pasillo de la muerte, Los ojos del dragón, Corazones en Atlántida, 11/22/63 y su autodenominada "magnum opus", La Torre Oscura. Durante un periodo utilizó los seudónimos Richard Bachman y John Swithen. Padre del escritor Joe Hill y esposo de la escritora y activista Tabitha King. En el libro, On Writing: A Memoir of the Craft ("Mientras escribo"), King describe su estilo de escritura de gran longitud y

profundidad. Cree que para las buenas historias es mejor crear una pequeña "semilla" y dejar que la historia crezca y se desenvuelva desde ahí. Generalmente empieza sus historias sin saber cómo terminarán. Es conocido por su calidad de detalles, continuidad, y referencias internas; muchas de sus historias se ven ligadas por personajes secundarios, pueblos ficticios, o eventos de libros pasados, muy al estilo de Lovecraft. Sus libros contienen referencias a la historia y cultura de los Estados Unidos, particularmente a la más oscura y escalofriante parte de ésta. Las referencias están plasmadas en historias de los personajes, en las cuales se explican sus temores. Algunas referencias incluyen el crimen, guerras (especialmente la guerra de Vietnam), y el racismo. King utiliza un estilo de narración bastante informal, refiriéndose a sus fans como "lectores constantes" o "amigos y vecinos". Este estilo contrasta con los oscuros temas de sus historias. Stephen King tiene una sencilla fórmula para poder escribir bien: «Lee cuatro horas al día y escribe cuatro horas al día. Si no encuentras el tiempo para hacerlo no podrás convertirte en un buen escritor».

Francis Scott Fitzgerald nació en Saint Paul, Minnesota, el 24 de septiembre de 1896; fue un novelista estadounidense de la época del jazz. Su obra es el reflejo, desde una elevada óptica literaria, de los problemas de la juventud de su país en los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial. En sus novelas expresa el desencanto de los privilegiados jóvenes de su generación que arrastraban su lasitud entre el jazz y la ginebra (A este lado del paraíso, 1920), en Europa en la Costa Azul (Suave es la noche, 1934), o en el fascinante decorado de las ciudades estadounidenses (El gran Gatsby, 1925). Su extraordinaria Suave es la noche, narra el ascenso y caída de Dick Diver, un joven psicoanalista, condicionado por Nicole, su mujer y su paciente. El eco doloroso de la hospitalización de su propia mujer, Zelda, diagnosticada esquizofrénica en 1932, es manifiesto. Este libro define el tono más denso y sombrío de su obra, perceptible en muchos escritos autobiográficos finales.

Se le considera uno de los más importantes escritores estadounidenses del siglo XX. Fue portavoz de la «Generación Perdida», aquellos estadounidenses nacidos en la última década del siglo XIX que les tocó madurar durante la Primera Guerra Mundial. Escribió cinco novelas y docenas de historias breves que abordan temas como «la juventud» o «la desesperación» con una extraordinaria honestidad, al plasmar sus emociones cambiantes. Sus héroes, atractivos, confiados y condenados, resplandecen brillantemente antes de explotar («Muéstrame un héroe», dijo Fitzgerald en una ocasión, «y te escribiré una tragedia»), y sus heroínas son bellas y de personalidad compleja. En el siglo XXI han reverdecido sus ediciones. Y su reconocimiento es unánime. Falleció en Hollywood, California, el 21 de diciembre de 1940.

Truman Streckfus Persons, más conocido como Truman Capote, nació en Nueva Orleans, el 30 de septiembre de 1924. Fue un periodista y escritor estadounidense, principalmente conocido por Desayuno en Tiffany's (1958) y su noveladocumento A sangre fría (1966). Estudió en el Trinity School y en la St. John's Academy de Nueva York. A los 17 años consiguió un trabajo para la revista The New Yorker consistente, según él, en «seleccionar tiras cómicas y recortar periódicos». Con 21 años abandona la revista y publica un relato –Miriam- en la revista Mademoiselle, que le hace acreedor al Premio O’Henry. La crítica lo aplaude sin reservas y lo considera un discípulo de Poe. En 1948, a los 23 años, publica su primera novela, Otras voces, otros ámbitos, una de las primeras en las que se plantea de forma abierta el tema de la homosexualidad. Otras novelas suyas serían: El arpa de hierba (1951) y Se oyen las musas (1956), además de la famosaDesayuno en Tiffany's (1958), que también sería adaptada al cine por Blake Edwards, con Audrey Hepburn en el papel de Holly Golightly. En 1966 escribe A sangre fría que será su trabajo más celebrado. Con ella acuñaría el término non-fiction-novel, creando un referente para lo que luego sería el nuevo periodismo estadounidense. La novela, publicada tras 5 años de intensa investigación, cuenta el suceso real del asesinato de la familia Clutter, y es llevada al cine en 1967 por Richard Brooks. Del libro se venderían más de trescientos mil ejemplares, permaneciendo en la lista de los libros más vendidos del New York Times durante treinta y siete semanas.

Sus relaciones con el cine se extendieron además a la escritura de guiones, entre los que destaca el de ¡Suspense!, de Jack Clayton (1961). Incluso interpretó un papel en Un cadáver a los postres (Robert Moore, 1976). En la década de 1950 reanudó su actividad periodística, realizando entrevistas para la revista Playboy. Uno de los más excéntricos personajes de Truman Capote fue él mismo. Su éxito literario fue acompañado de un gran éxito social, lo que le permitió tratar con intimidad a buena parte de la aristocracia neoyorquina de su época. Sus relaciones con la alta sociedad se rompieron definitivamente cuando publicó algunos capítulos de su novela inconclusa Plegarias atendidas, en la que aireaba vivencias íntimas de algunos de sus amigos más famosos apenas disfrazados de personajes de ficción. Él hablaba de esta novela como de su gran obra, para la que había tomado como modelo al libro En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. En el desgarrador autorretrato del autor y su imaginario gemelo, de su libro Música para camaleones, decía de sí mismo: «Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio.», frase que desde entonces se asocia con él. Este libro, último de su bibliografía, es una colección de entrevistas, con un relato central, Handcarved Coffins, una clara representación del espíritu periodístico del autor. Es también conocido por la semblanza que realiza de Marilyn Monroe en la entrevista titulada Una adorable criatura. También escribió, entre otros, la colección de cuentos Un árbol de noche y otros cuentos (1949), el libro de viajes Color local, el cuento Una Navidad y la colección de entrevistas El duque en sus dominios. Su depresión lo llevó a un proceso de autodestrucción, dependiendo cada vez más de los psicofármacos que, combinados con el alcohol, deterioraron su salud y sus relaciones con todos sus amigos, hasta morir por sobredosis el 25 de agosto de 1984. Sus restos se encuentran en el Cementerio Westwood Village Memorial Park de Los Ángeles, California.

Fuentes:

Google Imágenes: http://google.com Wikipedia: http://www.wikipedia.org/ Biografías y Vidas: http://www.biografiasyvidas.com/

Nº 4 Setiembre, 2012

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