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Los sábados a la tarde se inventaron para pasear, para mirar películas y comer pochochos
Los sábados a la tarde se inventaron para pasear, para mirar películas y comer pochochos si
llueve. O para ver a River si estuviste en la B. Pero los sábados de sol se inventaron para compar-
tirlos y, si tenés hijos, sobrinos o primos; también se inventaron para hacer circo. Sí, CIRCO.
Hace ya más de 3 meses que funciona en nuestra ciudad un
Espacio Abierto de Circo. Actualmente se desarrolla en el salón
del Gimnasio Gnomos. Había leído la noticia de la primera escuela
de circo en la ciudad y me dio curiosidad, así fue como un sábado
de sol pleno llegué a ese inmenso salón.
Unos pasos antes de la puerta se oyen risas. Y cuando llego al
frente del gimnasio, veo que en el patio hay un grupo de niñas con
materiales de varios colores entrenando. Se destaca una chica
más grande que está al frente del grupo dando indicaciones de
cómo mover las manos, a qué movimientos prestarles atención y
resaltando: “No sufran, sean felices”.
Me acerco a esa voz optimista y me presento, le manifiesto mis
ganas de observarlas y de charlar un rato después del encuentro.
Lo que viene a continuación son sentimientos llenos de color y
alegría, sensaciones que se dan en este Espacio Abierto de Circo.
Es un gimnasio enorme, en cada rincón hay color. La pared de
la derecha es todo espejo… en el fondo se ve una tela que cuelga,
giran las pelotitas en el aire y sus malabaristas, hay quienes hacen
swing, las esclavas vuelan y se caen; pero siempre se vuelve a
empezar. Eugenia llama al grupo que se había quedado en el
patio e invita a todos a hacer la entrada en calor. Hay sólo dos
muchachos entre tantas mujeres. La idea es relajar la cabeza y
calentar el cuerpo. Entre ejercicios y orientaciones, todos se aco-
modan para ser guiados.
Y después, cada uno, como en la vida, es libre. Un grupo se pone
a hacer ejercicios de clown, otras se van corriendo a desatar la
tela y entre todos comparten lo que saben. Cuando hablo con
Eugenia Arístegui me comenta que este espacio “está pensado
para gente de todas las edades, desde 3 años en adelante; la idea
es poner la semillita y que esto crezca”.
El espacio funciona todos los sábados desde las 15 a las 16.30,
por ahora en el gimnasio Gnomos, aunque la idea es trasladarse
al parque para disfrutar del aire libre. Eugenia se dedica al pro-
fesorado de Circo con los chicos de las Callejeadas que se llevan
adelante desde el Municipio. Ella es “Rebecca”, la payasa, y
hace teatro. “No es una Escuela de Circo porque no funciona
como una estructura formal”, explica al hacer referencia del
por qué de Espacio Abierto de Circo. “El proyecto nació de la
iniciativa de un grupo de chicos que teníamos ganas de juntar-
nos, aprender y compartir lo que sabemos”, por eso el Espacio
se sustenta “a la gorra”.
Esta “abertura del espacio” brinda la posibilidad de hacer y
aprender tela, capoeira, malabares (con pelotas y con aros),
swing, acrobacia, zancos, a manejar el diábolo y pequeños ejerci-
cios de clown. Cada uno suma lo que sabe y se comparte, no hay
profesores formales ni clases uniformes, el lema es “divertirse,
aprender y compartir”.
Llega el final, la música invita a bajar los decibeles y a la
elongación, el contacto con el otro es todo el tiempo y se siente la
energía del grupo. “Los Profes” orientan el momento de relaja-
ción, mientras se habla sobre qué se disfrutó, qué les gustaría
hacer en el próximo encuentro, se les recuerda que la práctica es
necesaria y se los invita para la próxima.
Los sábados de sol pronto serán una constante, es el momento
de salir al aire libre a mover el cuerpo y dejarse fluir. “La vida tiene
que ser diversión”, y así se cierra este espacio, por hoy.
No te quedes en tu casa, volvamos a conectar con nuestro cuer-
po y sumémoslo a este circo que, en definitiva, es abierto y nos
espera a todos… y todas.
Romina Reser
A Flavia Salto le encanta el rock y siempre vio a los payasos como estrellas
A Flavia Salto le encanta el rock y siempre vio a los payasos como
estrellas de rock. Allá por 2001, después de estudiar teatro en Buenos
Aires con Raúl Serrano, decidió viajar a Barcelona, donde tenía algunos
amigos, y conoció a Luis “El loco” Brusca, “un artista reconocido” con el
que tuvo el placer de formarse y trabajar. También allí se topó con una
payasa “de oficio” de la que aprendió muchísimo y con la que trabajó
durante un tiempo, hasta en República Checa. La cultura de “la gorra”
en Barcelona tiene otra relevancia que en nuestra ciudad. “La gente
está acostumbrada a ver espectáculos callejeros y los valora”, enfatiza.
Al regresar a nuestro país, Flavio se decidió a seguir esa pasión que la
invade completamente. Se puso a estudiar de payasa y completó sus
inquietudes con talleres y cursos de improvisación, melodrama, trage-
dia, bufón, entre otros. Y destaca especialmente los estudios que reali-
zó con Walter Velázquez (Docente/Actor /Director/ Coach Actoral, que
dicta talleres y seminarios en Argentina y España, co-fundador
del Teatro Absurdo Palermo en Buenos Aires).
Usualmente asociamos a los payasos con las risas y el color, aunque
Flavia resalta que “el clown es bastante duro al principio, es encontrarte
con la mirada del otro, es la exposición pura de uno mismo”. Si tratára-
mos de encontrar una definición de lo que es ser payaso descubriríamos
que implica un gran entrenamiento, “es ponerse en riesgo constante-
mente, es un estado, es sentir la necesidad de jugar siempre”, dice con
una gran sonrisa, y se le notan esas ganas de jugar todo el tiempo.
Los cursos que se dictan en la Escuela Municipal de Teatro de Olavarría
tienen un cupo máximo de 12 inscriptos por cuatrimestre, y siempre que-
da gente con ganas de participar. En cuánto a su método, Flavio subraya
que “es necesario un grupo reducido para poder focalizar”. Desde ahí es
que, por ejemplo, no le permite a sus estudiantes tutearla, se posiciona
desde un lugar de jerarquía en función a la dinámica del payaso.
Al ser un trabajo, merece respeto del espacio y del tiempo que se le
dedica. Desde un principio se deja en claro que nada es personal, es por
esto que en un momento del taller uno deja de ser llamado por su nom-
bre y adquiere un nombre de payaso, y se hace un rito en la entrega de
la nariz tan característica.
El taller de Clown brinda la posibilidad de explorar infinidad de emocio-
nes: “al principio es todo risas, pero después se va poniendo más estre-
cho porque para el payaso también está bueno experimentar la soledad
y sentir todas las emociones, para poder tener así un registro de ellas, se
las pueda surfear, dejarlas ir para que después venga otra… todo el
tiempo es así”. Las emociones no son malas cuando nos permitimos
sentirlas y dejarlas pasar.
Actualmente el payaso entró en otros terrenos, está en las calles y en
circos, pero llegó al teatro, se puso una lupa sobre él y se lo reconoce:
“Yo vivo de esto, es un trabajo día a día, pero hay que impulsarse”.
Flavio creó junto a su marido “La Vaca Voladora Producciones”, con la
que brindan propuestas para distintos tipos de eventos y realizan un
festival infantil por mes. Le encanta dictar cursos intensivos y explica
que “la idea es que cada uno se lleve su trabajo y lo haga girar donde
quiera, en bares, librerías, la calle”.
El brillo de sus ojos y la manera de contarme su pasión, invitan a parti-
cipar de esos talleres. “La importancia del payaso reside en registrar
qué le está diciendo tu cuerpo al mundo y a diferencia del teatro, el
payaso tiene que hacer el personaje de uno mismo. Es hacerse cargo de
tus propias emociones y compartirlas”, me explica. Ardua tarea si nos
ponemos a pensar cómo vamos por la vida tratando todo el tiempo de
ocultarnos. Pongámonos nuestra nariz de payaso y compartamos nues-
tra locura día a día para hacer de éste un mundo más feliz.
Romina Reser
¿Qué se esconde detrás del plato que or- denamos en un restaurante? De visita por
¿Qué se esconde detrás del plato que or-
denamos en un restaurante? De visita por
uno con larga data en la ciudad y desde
dos miradas complementarias, explicare-
mos lo que implica satisfacer a los clientes
para que se vayan con la panza llena y el
corazón contento. Una mirada que habla
desde la carrera contra el tiempo que se
corre diariamente dentro de la cocina y
otra que se enfoca en lo administrativo y
E stoy delante de
un “abadejo a la me-
diterránea” que hue-
le delicioso. Comien-
zo a degustarlo y me
pregunto cómo sería
prepararlo yo misma
que, vale la pena
aclarar, no soy muy
amiga de la cocina
que digamos. Me
nuevas recetas.
imagino una lucha sin
pausa entre ollas,
sartenes, cuchillos y
todo tipo de utensi-
lios que no sé cómo se
llaman, pero les inven-
to una utilidad. Una bata-
lla perdida, sin duda. En ese mismo instante me doy cuenta de
que el plato no llegó mágicamente hasta mi mesa y me dispon-
go a develar su secreto para llegar al fondo de la cuestión.
Muchos nos imaginamos la cocina de un restaurante como la
de los Supersónicos, donde se pulsan botones ordenando la co-
mida que queremos y automáticamente aparece lista para ser
despachada ¡Cómo me gustaría tener una de esas máquinas!
Pero en la realidad no es así.
Todo comienza en la cabeza del chef ejecutivo, quien idea una
receta y la adapta a su restaurante. Luego se realiza una prueba
en base a la receta y, si la prueba no es lo suficientemente bue-
na, se buscan soluciones hasta que finalmente queda perfecta
para ser llevada a la práctica. El siguiente paso consiste en ense-
ñarle al chef principal la elaboración de esa receta para que,
posteriormente, se lo transmita a los chefs que se encarguen del
sector al que pertenece el plato. Se preguntarán “¿Qué es un
sector?”. Paciencia, la respuesta viene más adelante.
A continuación, la materia prima necesaria para la elaboración
de cada plato es “porcionada” (según la jerga culinaria) de acuer-
do al peso para que cada pedido tenga exactamente la misma
cantidad de ingredientes. Por eso, si solemos ordenar un plato
de sorrentinos, los contamos y nos encontramos con 2 menos
que la vez anterior. ¡A no desesperar! Tal vez tienen más relleno
y por eso, en vez de ser 9 son 7, pero el peso es el mismo. Una vez
que la nueva receta fue incorporada a la cocina, se agrega a la
carta como sugerencia, pero no todavía como plato fijo. Un caso
excepcional es aquel en el que se observa una gran aceptación
por parte del público de lo que en un principio fue sólo una nueva
propuesta y se procede a la incorporación al listado estable.
Quienes saben, afirman que son tres las claves para que un
plato sea exitoso y el público sea receptivo. Primero, la materia
prima debe ser de primera calidad. No es lo mismo usar mostaza
dijón (un preparado donde se mezclan granos de mostaza gris y
negra, vinagre, vino blanco y agregado de especias)
en un plato que lo requiere, que la mostaza
regular que se pone en un pancho, por ejem-
plo, ya que el color y el sabor son diferen-
tes y, sin duda, influyen en el plato. Se-
gundo, el plato debe ser novedoso, por-
que si no, es más de lo mismo y no va a
tener en el público la aceptación desea-
da. Finalmente, y no menos importante, debe ser vistoso. Sea-
mos sinceros: ¡Todos comemos con los ojos! Es por eso que si
vemos que el plato de la mesa de al lado está lleno de colores y es
“lindo”, seguramente lo vamos a pedir, aunque no sepamos qué
es lo que tiene y después nos demos cuenta que la mitad de los
ingredientes no nos gustan y los dejemos a un costado del plato
¡Pero ya es tarde! Y nos convencemos pensando: “¡Era lindo!”.
Ahora bien, ¿cuál es el camino que recorre un abadejo que
nada feliz en el agua hasta el momento en que nos encontra-
mos frente a frente con él listos para clavarle el tenedor? Si
hasta aquí el proceso pareció largo, lo que sigue tiene la misma
cantidad de pasos pero se realiza en un tiempo mucho menor.
La receta ya está lista, el plato es pedido por el cliente y… aquí
es donde comienza la magia.
Dentro de la cocina, además de contar con todo el equipamiento
y la materia prima necesaria para llevar adelante cada pedido, son
6 las personas que trabajan en el despacho. Cada uno de ellos ocupa
un sector (y aquí se devela la incógnita del principio): pizzería, pas-
tas, parrilla (elaboración de carnes y pescados) o fritura. Esta divi-
sión se utiliza para optimizar el tiempo, ya que cada uno se encarga
de alimentos y procedimientos específicos. Mientras tanto, los dos
cocineros restantes actúan de “comodines”, quienes colaboran con
los sectores que más demanda tienen: pizzería y parrilla. Aunque es
necesario que todos sepan hacer todo.
Una vez que el mozo toma los pedidos de una mesa, son divididos
por sectores por una computadora, que envía los pedidos corres-
pondientes a cada uno. El despacho de los platos ordenados por
una misma mesa debe ser simultáneo y en el menor tiempo posi-
ble, lo cual conlleva un gran desafío contra el tiempo, ya que los
alimentos tienen distinto tiempo de cocción. Es aquí donde resulta
imprescindible la comunicación entre los diferentes integrantes
del espacio, así como tener todos los ingredientes necesarios para
cocinar preparados de antemano. Decir “no tengo” es lo peor que
le puede pasar a un chef, y ni hablar del cliente.
No soy la única que llega famélica a la casa de comidas y preten-
de que el plato llegue instantáneamente. Pero claro, no alcanzo a
entender que se trata de un abadejo a la mediterránea y no fideos
con manteca, como los que hago en mi casa. Pretenden distraer-
me con pancitos y alguna salsa para acompañar mientras llega mi
pescado, pero la ansiedad y el hambre no me dan tregua.
Luego de lo que para mí fue una eternidad, para los cocineros
sólo un instante (con cientos de corridas y gritos de por medio) y 15
minutos para el reloj, llega él: ¡mi tan ansiado almuerzooo! El cual,
creo yo, me saciará por 3 días. ¡Está exquisito! Al terminar el plato
prometo no volver a comer de esa manera nunca más en mi vida.
Mientras tanto, en la cocina no hay tiempo para descansos ni
respiros, entre verduras, carnes, pastas e incontables pedidos que
llegan al mismo tiempo. El don de la buena cocina no lo tenemos
todos, por eso:
Algunos de los modelos de chef que podemos en-
contrar en las cercanías:
• La Doña: por ser mujer cree que se las sabe todas,
pero no le sale ni una.
• Wilson: perdido como Tom Hanks en “Náufrago”.
• Superviviente: no le encuentra la gracia a pasar dos
horas cocinando para que todo termine en 20 minu-
tos. Por eso prefiere dedicarse a preparar panchos y
tiene al delivery en números frecuentes.
¡Gracias héroes!
• Enciclopedista: tiene TODOS los libros de
Paula Siracusa
cocina habidos y por haber, se compra todos
los fascículos del kiosco que salen y sueña
con hacer todas las recetas que ve en tele-
visión, porque está convencid@ de que es
su “territorio conquistado”. Pero, en rea-
lidad, su especialidad son las milanesas.
• Mucho ruido (y pocas nueces): lo suyo
es el asado. No porque no sepa hacer
otra cosa, por supuesto, sino porque “el
asado es cosa de hombres”. Pero siem-
pre termina haciendo la carne al horno
porque no puede prender el fuego ni
con alcohol.
• Imposibles: todo lo que
cocina es exquisito.
Están muy de moda los restaurantes llamados “gourmet”. Mu-
chos los eligen por la calidad de sus platos, mientras que otros los
descartan de su lista porque “te volvés a tu casa con hambre”. Lo
que distingue a la “cocina de autor” de las demás casas de comidas
es la composición de sus platos: porciones conformadas por pe-
queñas cantidades y una alta dosis de decoración. Nada más. Mien-
tras que la mayoría del público protesta por la poca comida que
ofrecen, los chef afirman que las cantidades que se sirven en un
llamado “plato gourmet” deberían ser las medidas estándar.
Cuando la gente va a comer a un restaurant “común” quiere que,
si pide un plato de pastas, la salsa le desborde el plato. Sin embar-
go, las porciones pequeñas son ideales debido a que se pre-
tende que un comensal disfrute de una entrada, un plato
principal, un postre y hasta un café. Por el contrario, ante
el deseo de los clientes de satisfacer su apetito con un
solo plato, descartan la entrada y al momento de llegar
el postre, algunos no logran terminarlo.
Si hablamos de precios, las diferencias no son
muy grandes entre un plato de porciones pe-
queñas y otro abundante. De todos modos,
cada uno puede elegir entre la obligación de
pedir tres platos u ordenar uno solo con el
cual terminar repleto.
muchos ha que en el último año secundaria vengan S i les cuento que cuando
muchos
ha
que
en
el
último
año
secundaria
vengan
S i les cuento que cuando hice mi curso de orientación vocacional
nuestros
y
nos
pregunten:
“¿Qué
vas
Noso-
a hijo?”.
tros
respondemos
con
a un
simple
“no
sé”
“tengo
y
ahí
es
cuando
a de nos paciencia estudiar la
la
de
nuestros
viejos
se
o termina padres
casi
los
gritos
nos
dicen:
“listo,
vas
hacer
un
cur-
A de
so
orientación
y vocacional”. pasado dudas”,
Bue-
no, perfecto, pero… ¿Qué es eso?
el resultado fue en un 90% vinculado a la Ingeniería, ustedes, ¿qué
creerían? ¿Qué esa era mi vocación? Pues no, estoy en tercer año de
la carrera de Comunicación Social con orientación mediática en la
Facultad de Ciencias Sociales y quiero hacer de la comunicación y los
medios mi vocación.
Ahora bien, ¿a qué se debió este cambio tan drástico de pasar de las
ciencias duras a las sociales? ¿Acaso hubo un error en el curso de orien-
tación vocacional que realicé? No, para nada, solamente se trata de
procesos de elección que se dan en la mente de cada uno y para esto
sirve la orientación vocacional. Ésta se da incluso luego de iniciada una
carrera que puede ser, o no, la indicada para cada uno de nosotros.
Los profesionales que realizan los cursos recomiendan que este
gran proceso de orientación vocacional comience a mediados de
marzo o abril del último año de la secundaria para poder trabajarlos
con tiempo, ya que ahí los jóvenes deben optar por dos caminos: por
un lado el del estudio, por otro el del trabajo, o también un tercero
que nuclea a las dos anteriores. Generalmente, motivados por sus
padres, los estudiantes comienzan de forma privada o gratuita, cur-
sos que dictan psicólogas y psicopedagogas y también en la Facultad
de Ingeniería de Olavarría, con el grupo orientador encabezado por
la trabajadora social María Inés Berrino.
La psicopedagoga Noelia Castro define a la orientación vocacional como
un proceso que realiza la persona ayudada por un orientador, para poder
encontrar su vocación y elegir una profesión. Este proceso lleva varios
pasos, generalmente entre 8 y 10 encuentros en los cuales se investigan
varias ramas: la primera es la personalidad, luego los intereses y capaci-
dades y, por último, el conocimiento de la oferta educativa.
La gran mayoría de los jóvenes que están por egresar del secundario
y comienzan un curso de orientación vocacional afirman estar absolu-
tamente desorientados en cuanto a la carrera que van a elegir, dónde
estudiar y en qué ciudad hacerlo; pero en un 90% de los casos, según
los datos aportados por el Departamento de Orientación y Bienestar
de la Facultad de Ingeniería, están seguros que quieren seguir estu-
diando. Esta cifra motiva a los orientadores a llevar adelante un buen
proceso para que luego no fracasen en sus estudios. Esa desorienta-
ción no es tan grande. “Cuando uno empieza a indagar se ven clara-
Desde el Departamento de Orien-
tación y Bienestar de la Facultad de
Ingeniería se puso en marcha una
nueva modalidad de cursos de
orientación vocacional. El año pa-
sado se implementó la Ley Nº
26.206 que establece que la secun-
daria se comprenda en seis años:
tres de educación básica y tres de
educación orientada. Además,
esta ley establece la obligatorie-
dad de los cursos vocacionales en
la escuela secundaria. En las 20 es-
cuelas tradicionales de Olavarría,
la zona serrana y rural, los alum-
nos de sexto año tienen la posibili-
dad de realizar cursos de orienta-
ción vocacional en las propias ins-
tituciones y de forma gratuita.
“Generalmente son escuelas que
recién este año tienen sus primeros
egresados de la secundaria y no es-
tán acostumbrados a concurrir a
una Universidad, es por eso que
desde el Departamento nos acerca-
mos a las escuelas para que los
alumnos puedan tener su curso de
orientación”, afirma la trabajadora
social María Inés Berrino.
Estos cursos tienen similares carac-
terísticas a los que se realizan en la
Facultad, pero son más acotados. Se
dictan en horario de clases y cons-
tan de dos encuentros en la escuela
y uno en la Facultad, que también se
realiza en el horario escolar.
LA FOTO QUE HABLA
mente los gustos y las preferencias hacia algún tipo de carrera”, afir- ma la licenciada
mente los gustos y las preferencias hacia algún tipo de carrera”, afir-
ma la licenciada en Psicología, Natalia Gómez.
Luego de varios encuentros con el orientador, y cuando la persona
ya tiene cierta inclinación hacia un tipo de área del conocimiento
seguramente vinculada a distintas carreras, comienza la parte de
las entrevistas a profesionales. Éstas tienen el objetivo de que el
orientado vea cómo son en la práctica las carreras que se le sugieren
y elija una para estudiar al año siguiente.
Cuando está medianamente definida cuál va a ser la carrera, los
orientadores realizan una devolución. El resultado lo encuentra la
persona que realiza la orientación. El informe final es cualitativo, no
arroja resultados numéricos. La devolución, por ende, también. El
informe final consta de un rastreo del proceso subjetivo individual en
el cual la conclusión está compuesta por cuestiones numéricas, vincu-
ladas a los tests y no numéricas, vinculadas a la personalidad. Los
profesionales solo recomiendan una carrera que esté vinculada a las
elecciones manifestadas por el orientado. Para la Lic. Gómez, “la elec-
ción la realiza el sujeto y nosotras solamente la escribimos”.
Todos conocemos, seguramente, algún caso de chicos que inician
una carrera y al poco tiempo la abandonan, pese a haber realizado
un proceso vocacional. Si mi propio ejemplo no fuera suficiente, ve-
mos el caso de Valentina, que realizó su curso de orientación y los
Al final del proceso, los padres están involucrados en la devolución,
ya que son quienes van a mantener y sostener a sus hijos en una
carrera y en otra ciudad. Mantener y sostener económicamente
pero sobre todo espiritualmente, ya que es un proceso duro el irse a
estudiar a otro lado y lejos de la familia.
Hoy en día me resulta difícil verme estudiando ingeniería o, peor
aún, como ingeniero, rodeado de cálculos y de números. Considero
que, a pesar del tiempo perdido (que luego uno se da cuenta que en
realidad fue tiempo ganado), el curso de orientación vocacional sirvió
para poder conocerme a mí mismo y explorar gustos y conocimientos
que antes no se habían manifestado. Por esto es que las profesionales
que los realizan y también los docentes del último año de secundaria,
recomiendan a los jóvenes pasar por un proceso de orientación voca-
cional para que puedan elegir su vocación, indagar sobre la amplia
variedad de carreras terciarias y universitarias y también conocer to-
dos los aspectos de la vida universitaria.
O, de última, hagan como yo: arranquen a estudiar Ingeniería, a lo
mejor allí se dan cuenta que están para otra cosa.
Juan I. Cachero
resultados se inclinaron hacia las Ciencias Económicas, por lo que
comenzó a estudiar Contador Público. Meses más tarde dejó sus
estudios y hoy estudia Comunicación Social. ¿Por qué sucede esto?
La vocación es algo que se descubre constantemente, inclusive cuan-
do uno está haciendo una carrera, coinciden las tres especialistas en-
trevistadas para esta nota. Frecuentemente se da, ya que puede ha-
ber algún cambio en la personalidad, que durante el transcurso de esa
carrera se le manifieste y lo motive a hacer un cambio. Otra razón es
que la carrera le genere algún tipo de resistencia puntual y ante la
inquietud se abandona y se comienza otra. Otras veces puede ser que
esté relacionado a procesos de cambio que hacen que la persona
modifique sus intereses o inclinaciones y pasan a gustarle otras cosas
que en un principio no estaban consideradas.
En este contexto, el rol que los padres deberían cumplir es el de
sostén. Se les recomienda acompañar a sus
hijos en su proyecto de futuro pero sin in-
tervenir en él directamente. Esto es de
suma importancia, ya que al momento de
cierre de una etapa e inicio de otra, necesi-
ta de apoyo afectivo y contención.
Durante el proceso de orientación, está
estipulado un encuentro con los
orientadores y se les explica lo anterior-
mente mencionado. Además se hace hin-
capié muy fuertemente en que sus hijos
son personas totalmente diferentes a
ellos, por lo que con esto se intenta derri-
bar el mito de los “mandatos familiares” o
también las “frustraciones de los padres”
que quieren que sus hijos estudien lo que
ellos no pudieron hacer.
Para responder a esta pregunta, primero te-
nemos que aclarar que hay dos tipos de cur-
sos: los públicos, que se realizan en la Facul-
tad de Ingeniería, y los privados, llevados
adelante por un psicólogo o psicopedagogo.
Los que se llevan a cabo en el Departamen-
to de Orientación y Bienestar de la Facultad
de Ingeniería son gratuitos, ya que son parte
del derecho gratuito a la educación.
Los privados, en cambio, dependen de los
honorarios de cada profesional. Varían entre
los $70 por consulta y se extienden hasta los
$150. Pero, generalmente, las obras sociales
reconocen la necesidad social y cultural de
cubrir estos procesos, algo sumamente im-
portante, para que todos los adolescentes
puedan pasar por los cursos de orientación
vocacional.
¿Alguna vez te diste cuenta que en el baño se construye otro mundo… que es
¿Alguna vez te diste cuenta que en el baño se construye otro
mundo… que es un espacio donde generalmente los movimientos
que se hacen dentro de él son mecánicos y que esos “tiempos
muertos” no son tan muertos en la cabeza? Bueno… a mí me
sorprenden planteos extraños entre el cepillo de dientes, la pie-
drita pómez y el jabón.
No sé cómo, pero en determinado momento me encontré pen-
sando en el dibujo que forman claramente los azulejos de la
pared, ni te cuento cuando me pregunté si mi mamá había disfru-
tado de bañeras, o sí le gustaría tener una. Todas esas cuestiones
se me despiertan en el baño… y muchas más en la bañera.
Es que es un lugar tan íntimo, tan personal, y con espejos (casi
siempre), que nos enfrenta con nuestros agujeros más profun-
dos. Hasta se podría decir que en él se da una de las sensaciones
más amadas por los humanos. El cuarto de baño es Un Mundo
señores y señoras, créanlo.
¡Ojo! Vale la aclaración: no es lo mismo darse una ducha que
sumergirse en una bañera, hasta diría que es casi mimarnos
como bebés. El agua es ultrapoderosa. Además de todas las ca-
racterísticas popularmente reconocidas, el agua da vida, genera
paz, purifica, nutre, calma y hasta algunos la llaman “bendita”.
¿Nunca pensaste en lo lindo que sería vivir bajo el agua? No es
casualidad que salgas de la ducha cuando se te termina el agua
caliente… ¡inventemos agua caliente eterna!
De esto tratarán los “Pensamientos de la Bañera”. Del mundo
que nace entre el vapor y la piel arrugada.
Muchas cosas han sucedido desde que comenzó el
2012: se repite la vuelta de los muertos vivos con La
Sole, Axel y El Puma como jurados (?) de un reality, y
Pergolini disfruta de la adquisición del teatro/ra-
dio/estudio de grabación Vorterix, su nuevo chiche,
entre otras. Pero la tendencia a la que me voy a refe-
rir hoy está entre nosotros desde el año pasado y no
deja de incrementarse notoriamente día a día.
La portabilidad musical, acompañada del auge
de los smartphones y el precio cada vez más bajo
de los mp3/mp4, propició entre nosotros la posibilidad de escuchar músi-
ca donde querramos, en el momento que elijamos, individual o colectiva-
mente. Y es justamente en esto último donde me quiero detener.
Actualmente, la variedad de modelos, colores, tamaños y calidad de sonido
en auriculares ha aumentado de una forma tremenda. Cada día son más las
personas que acompañan sus quehaceres diarios de un par e auriculares.
Sin embargo, todavía quedan muchas que prefieren exteriorizar sus gustos
musicales y disfrutar de sus temas favoritos junto a los transeúntes que los
sobrepasan y sus compañeros de transporte público. No discuto que puede
ser tranquilamente una actividad grupal, porque, de hecho, lo hago entre
amigos. Pero no me parece justo que otros tengan que sentir sus oídos inva-
didos por un “Love is strong” de los Stones cuando no sé si comparten la
misma devoción que yo por estos hitos del rock.
De todos modos, considerando que la música es un factor que da pistas
acerca de las personalidades individuales, esta colectivización tiene sus
ventajas. Gracias a los potentes parlantes que últimamente dotan a los
aparatos electrónicos, logramos conocer aunque sea una porción del uni-
verso que envuelve a este momentáneo DJ urbano.
Paula Siracusa
Romina Reser
STAFF
Producción Periodística: Juan Cachero, Paula Siracusa y Romina Reser.
Edición: Lic. Victoria Ennis y Lic. Jorge Arabito. Director periodístico: Lic.
Pablo Zamora. Diseño Gráfico: Natalia Schumacher. Director de El Popu-
lar Medios: Jorge Botta. Los contenidos de El Umbral son producidos por
estudiantes de la carrera de Comunicación Social de la Facultad de Ciencias
Sociales de Olavarría, a través de un convenio con Diario EL POPULAR.
www.facsoproducciones.com
Mi primera columna sobre preguntas sin respuesta en El Umbral está
relacionada a la nota que se publica en estas páginas, y qué mejor que
ambas estén relacionadas…
Como les conté, comencé a estudiar Comunicación Social luego de un fugaz
paso por la Facultad de Ingeniería producto de hacerle caso a mi curso de
orientación vocacional ¡Bendito curso! Para mi sorpresa, en Sociales me
encontré con varios compañeros de ingeniería que también creyeron en el
test vocacional. A Valentina también le sucedió, y como a nosotros, a varios
jóvenes les ha pasado que realmente la carrera recomendada en el curso no
les guste y la tengan que abandonar para comenzar con una nueva.
Otros, ya decididos con la carrera que van a estudiar, dicen: “no, yo ni loco
hago un curso de orientación vocacional, ya estoy decidido y tengo miedo de
que me confundan”. También algunos comentan: “yo hago el curso para estar
seguro de lo que voy a estudiar y no arrepentirme”.
Todo bien, cada cual puede opinar de diferentes maneras sobre una misma
cosa, pero… ¿existe alguien que me diga si los cursos de orientación vocacio-
nal son realmente efectivos? Creo que nadie se animaría a responder esta
pregunta sin respuesta que desde El Umbral formulamos. Por eso la dejamos
a criterio de los lectores.
Juan Cachero