II Jornadas Espectros de Althusser - 2011

Mesa: Materialismo, filosofía, polìtica LA RELACIÓN (POLÍTICA) NO EXISTE. LO TEÓRICO Y LO POLÍTICO EN EL MATERIALISMO DE LOUIS ALTHUSSER

Natalia Romé

Introducción: una ‘problemática’ althusseriana Este artículo se encuadra en un esfuerzo de horizonte más amplio, tendiente a identificar las coordenadas generales de la “problemática” althusseriana. No es nuestro objetivo aquí someter a discusión si acaso corresponde nombrar de ese modo al conjunto de premisas articuladas en la producción teórica de Louis Althusser, sus discípulos y lectores; ni desplegar las diversas aristas de una tal constelación.1 Avanzaremos únicamente en aquellas ideas que resulten imprescindibles para nuestra exposición y en este sentido, ubicaremos sintéticamente el núcleo de esa coyuntura teórica que entendemos por “problemática althusseriana”. Tomando como punto de apoyo algunos hallazgos hechos por F. Matheron en los manuscritos de Althusser, sostenemos que sólo puede hablarse de problemática althusseriana si esta es entendida como un anudamiento de dos conjuntos de problemas que podemos situar como problemas de la coyuntura y problemas de la conjunción. Así registan las notas de 1966:

1. Teoría del encuentro o conjunción –conjonction-- (= génesis…) cf. Epicure, clinamen, Cournot), (…) 2. Teoría de la coyuntura –conjoncture—(=estructura).2

A partir de este pequeño hallazgo sugiere Matheron que las “ideas sobre la coyuntura desarrolladas en los años sesenta tenían, de modo manifiesto, como trasfondo, el

Por nuestra parte entendemos que sí resulta pertinente la noción de “problemática” para dar cuenta del pensamiento althusseriano. Si bien dejamos en suspenso aquí la argumentación que requiere una afirmación de esta naturaleza, esperamos, sin embargo, que algunas de las ideas desarrolladas en este artículo ofrezcan elementos para abonar esta hipótesis de lectura. Hemos desplegado estos argumentos extensamente en un trabajo de próxima publicación. Cfr. Romé, N. La posición materialista. Práctica teórica y práctica política en la filosofía de Louis Althusser. La Plata, EDULP. (en prensa). 2 Matheron, F. Présentation, En, Écrits philosophiques et politiques. Tome 1. París. Stock-IMEC. 1994. p.20. Traducción nuestra. 682

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proyecto de una teoría de la conjunción -conjonction- finalmente inacabado.”3 Podríamos agregar que la apuesta que liga uno y otro conjuntos de problemas es el de reemplazar esos términos que aparecen entre paréntesis, “estructura” y “génesis”, por formulaciones materialistas. Pero esto sólo es posible disolviendo la dicotomía que los organiza. Y es por esto que insistimos en que el proceso de producción teórica que comprende los escritos de Althusser y se extiende hacia hoy, puede recuperarse cuando se reestablece el arco que dibuja la convivencia de estas dos constelaciones de problemas, hilando preocupaciones y fórmulas de un modo complejo pero no por ello inabordable o caprichoso. Encontrar los vínculos entre estas dos zonas teóricas resulta imprescindible para evitar la solución tranquilizadora, pero inadecuada, de la periodización de la obra y por lo tanto, constituye una tarea central en el esfuerzo de identificar la singularidad de la problemática althusseriana.4 Leer a Althusser es, desde esta consideración, perseguir la lógica en la que se inscriben e imbrican dos genealogías de interrogantes: los que apuntan al dispositivo de un orden estructural y los que conducen al momento de dislocación política. Es solamente cuando logramos retener estos dos espacios en su mutua irreductibilidad y en su imposible coexistencia, que podemos capturar -aunque más no sea un instante- la densidad filosófica de la apuesta althusseriana y fundamentalmente, su potencia actual. Cabe retomar, a este propósito, esa justa caracterización de Etienne Balibar:
…ser al mismo tiempo totalmente filósofo y totalmente comunista, sin sacrificar ninguno de los dos términos al otro, en esto consiste la singularidad intelectual de Althusser5

La problemática althusseriana toma consistencia en un tejido atravesado por una tensión paradojal y a la vez medular, entre interrogantes que son en último término, esfuerzos por pensar de un modo radicalmente materialista los vínculos entre lo teórico y lo político. Los diversos senderos tomados por Althusser, sus “rodeos” por Spinoza, Lacan, Maquiavelo, incluso por Marx, constituyen espacios abiertos en lo teórico a lo político. Y en este sentido encontramos toda una teoría de la lectura. Pero eso no es todo. El
Matheron, F. op cit., p.19. Traducción nuestra. El ordenamiento de los textos producidos por Althusser en “etapas” o períodos de juventud o madurez, responde a una lectura inadecuada de esas expresiones en el propio Althusser con respecto a la obra de Marx, en la medida en que una disposición cronológica de la “obra” ligada a la biografía resulta incompatible tanto con la concepción althusseriana de la producción teórica –por ejemplo su noción de problemática- como con su concepción no lineal del tiempo. 5 Balibar, E. Escritos por Althusser. Bs.As. Nueva Visión, 2004., p. 99.
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juego entre lo teórico y lo político en la problemática althusseriana se encuentra también en el tenaz esfuerzo de tomar de frente esa paradoja inevitable de “pensar lo político” y, en consecuencia, de producir un pensamiento en tensión, puesto contra sus propios límites. Un “pensamiento de los límites” que insiste en ser, no obstante, un pensamiento. En ese arco que va trazándose, de lo teórico a lo político y de este a aquel, toma forma la problemática althusseriana como una malla de afirmaciones paradojales. En ella, el pensamiento avanza a fuerza de batallas contra sí mismo, abriendo preguntas como espacios de libertad.6 Sintetizamos. Este artículo invita a una coreografía en tres pasos que quieren ser un recorrido posible, un modo entre muchos otros de transitar esta problemática que hace del aporte althusseriano una pieza única en la historia del pensamiento crítico:

1- La identificación de una premisa materialista central sobre lo teórico: su apertura a los procesos concretos; a la singularidad de los casos –en su resistencia a toda regularización. Pensar lo teórico desde una posición materialista es antes que nada perseguir una necesidad fallida y sostener ese fracaso como una herramienta productiva de la teoría. 2- Por otro lado y simultáneamente, se trata de asumir la paradoja de “pensar-lo político”, toda vez que éste es en gran medida un borde, el lugar de los límites del pensamiento. Se trata de asumir que pensar lo político en su singularidad excesiva, nos exige cada vez, pensar lo teórico en sus límites. 3- Un último giro, para ubicar en este juego el lugar imposible del sujeto-político, como una tensión o aporía que resiste a toda solución dicotómica de los vínculos entre lo teórico y lo político.

Lo ‘teórico’ dentro de sus límites. Si resulta difícil de sostener la existencia de una “obra” althusseriana, esto no nos impide, sin embargo, interrogar el proceso de producción teórica y recuperar en él lo que a nuestro juicio constituye su línea vertebral, el eje que sostiene su unidad
“No lo comprendí hasta mucho después, elaborando mi pequeña ‘teoría’ personal de la filosofía como actividad de afirmación de tesis con las que demarcarse de tesis existentes. Yo decía que la verdad de una filosofía residía totalmente en sus efectos, que en realidad sólo actúa a distancia de los objetos reales, en el espacio de libertad que abría a la investigación y la acción…” Althusser, L.”La única tradición materialista (1985)” En, Youkali., vol 4. 2007. p.143 684
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sistemática. Este debe caracterizarse, como hemos anticipado, en relación con ese horizonte de transformación que sugiere Balibar, es decir, a partir de una pregunta por la “posición” materialista en filosofía. Bien vale aclarar que si esta procura de la posición materialista en filosofía no produce un edificio teórico no es por deficiencia o minusvalía, sino porque una de sus premisas principales es justamente la consideración de la filosofía como práctica, es decir, como actividad de transformación. El gesto de poner al materialismo en el campo filosófico coincide con el impulso de desarticulación de la cifra hegemónica de la tradición filosófica idealista en el occidente moderno, orientada por la omnipotencia del pensamiento.7 La posición materialista consiste en una práctica de intervención, el emplazamiento de un espacio de dislocación en el territorio siempre-ya-ocupado por la filosofía idealista. Si Althusser habla de “vacío” es para señalar que el materialismo no debe ser pensado como una nueva fórmula fundacional. No se trata de poner a la “materia” en el origen, ni siquiera a la “praxis”, sino de concebir al materialismo como el señalamiento en el propio territorio idealista de sus “vacíos”; es decir, de sus inconsistencias, sus fallas. El idealismo justamente se caracteriza por su ambición de plenitud; es decir, por no poder sobrepasar su propio discurso, que es la presencia misma de la Verdad como Logos.8 El materialismo no debe ser su “contratara”, no puede encontrar su legar en ese tablero ya trazado por la hegemonía idealista en la historia de la filosofía “en tanto que tal”. El materialismo es la posición de un límite, el emplazamiento de un signo de pregunta en el pleno (ideológico) de un territorio ya tomado. Sólo así, deviene un pensamiento verdaderamente político, en la medida en que hace “vacilar los fantasmas de la negación en que la filosofía se cuenta a sí misma (…) que está por encima de la política.”9 La posición materialista exhibe de esta manera, su inherente paradoja: desplegándose en torsión entre lo teórico y lo político, asume el riesgo de afrontar la carencia sistemáticamente negada en la historia de la Filosofía,

…que la filosofía tiene ‘un exterior’, es decir, que la filosofía no existe más que por ese ‘exterior’ y para ‘el. Este exterior (que la filosofía quiere hacerse la ilusión de someter a la Verdad) es la práctica …10

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Althusser, L. Filosofía y marxismo. México, Siglo XXI. 1988., p. 53. Althusser, L y Balibar, E.. Para leer El Capital. México. Siglo XXI. 1969. 9 Althusser, L. Lenin y la filosofía. Bs.As. CEPE. 1972., p.70 10 Althusser,L. (2005) op cit., p.56. 685

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La problemática althusseriana, incluso cuando se pregunta por la ciencia y se precipita en una definición restrictiva de la filosofía como cientificidad, produce un pensamiento político de esta naturaleza. La encrucijada entre teoría y política adquiere la forma de una tensión entre el discurso y su límite.11 Althusser propone sus nociones de “problemática teórica” y “lectura sintomal” en el marco de un rechazo de las tesis filosóficas que, identificando verdad con discurso, formulan el “problema del conocimiento” como un problema de la “garantía”. La consideración del problema del conocer bajo la forma de una pregunta por la “garantía” del conocimiento verdadero es, en la problemática althusseriana, el compromiso de la filosofía (idealista) en la estructura especular de la fantasía.12 Contra esta ecuación, Althusser propone sus tesis sobre la “lectura sintomal”. Las reflexiones en torno a la lectura no son reflexiones literarias sino tesis profundamente políticas, ligadas a un modo de concebir el proceso de conocimiento. La lectura supone un ejercicio que se basa en la consideración de un discurso teórico en sus “puntos ciegos”, es decir, en aquellas zonas en las que fórmulas imaginarias se entretejen inevitablemente en su textura, procurando investir los espacios de impasse.13 Esos espacios aludidos por la presencia de elementos ideológicos en la propia trama discursiva no son “defectos” sino que resultan inherentes a toda malla teórica; constituyen los límites del discurso y por ello mismo, indican sus puntos de mayor vitalidad. La vida de una teoría reside paradójicamente en su condición inconclusa y de allí la necesidad de leer una teoría persiguiendo esos espacios en los que su condición no-total se vuelve operativa. Ahora bien, en la medida en que estos espacios no se presentan a la lectura como silencios sino investidos en fórmulas ideológicas, tiene lugar la insistencia de Althusser en reconocerle a la ideología su capacidad de aludir a problemas reales. Y si se trata de problemas reales es porque allí donde una coyuntura teórica se teje con elementos ideológicos, encontramos la marca y la presencia de lo no-teórico en la teoría. Dicho de otro modo, encontramos el punto en que las prácticas teóricas se inscriben en relaciones sobredeterminadas con otras prácticas (para el caso, ideológicas, pero entonces también potencialmente políticas). Cobra, entonces, un sentido profundo la fórmula de Pierre
Esta idea es desplegada con claridad por Gisela Catanzaro en “¿Por qué la historia y no más bien la nada? Notas sobre le problema del tiempo y la causalidad.” En, Catanzaro, G. e Ipar, I. Las aventuras del marxismo. Bs.As. Gorla. 2003., pp.17-104 12 Badiou, A. “El (re)comienzo del materialismo dialéctico” En, Althusser, L. y Badiou, A. Materialismo histórico y materialismo dialéctico. Córdoba. Pasado y presente. 1969., p.19. 13 Althusser, L. (1969) op cit., p.99. 686
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Macherey que Althusser retoma para subrayar el movimiento paradojal que propone como matriz de la teoría: “la ciencia es ciencia de la ideología.”14 La posibilidad de la ciencia descansa en un ejercicio de lectura capaz de identificar en todo discurso teórico esos puntos en los que los elementos ideológicos indican el lugar en el que lo teórico se encuentra limitado y por ello mismo abierto. Abierto a lo extrateórico y por lo tanto capaz de articularse con lo político. Se trata en definitiva, de pensar la teoría en lo concreto de la historia y no por sobre ella. La disposición descentrada es la cláusula que protege a la teoría contra la pretensión de totalidad. Pero, claro está, la asunción de su incompletud es también el precio de su potencia política. Estas premisas se deducen mejor cuando se aprecia e núcleo del rechazo althusseriano de la totalidad expresiva hegeliana. Lo teórico hegeliano carece
…de esta condición absoluta que permite que una complejidad real sea una unidad y que sea realmente el objeto de una práctica, que se propone transformar esa estructura: la práctica política. No se debe al azar que la teoría hegeliana de la totalidad social no haya fundado jamás una política, que no exista ni pueda existir una política hegeliana.15

Althusser insiste en esta condición de apertura como una condición sine qua non de una concepción materialista de lo teórico.16 Pero esta apertura no debe pensarse como una simple discontinuidad,17 Althusser nos acerca en cambio la figura de la paradoja:
La paradoja del campo teórico consiste así en ser (…) un espacio infinito porque es definido, o sea sin límites, sin fronteras exteriores que lo separen de nada, justamente, porque está definido y limitado dentro de sí al llevar en sí la finitud de su definición, la cual excluyendo lo que él no es, hace de él lo que es…18

Con la noción de “problemática” Althusser hace de esta condición paradojal la concepción materialista de lo teórico. Lo teórico, se organiza en “coyunturas” porque es para Althusser, por definición, no-todo. “Coyuntura” es el nombre de una combinación o articulación de elementos y esto supone pensarla, a la vez, como “mecanismo” de transformación y como un “resultado” singular cuya apodicticidad no constituye una

Idem, p.52 Althusser, L. La revolución teórica de Marx. México. Siglo XXI. 1968., p.169 16 Cfr. Althusser, L. (1969) op cit. , pp. 18-77 17 Para una argumentación respecto de la inconveniencia de la idea estructuralista de discontinuidad para pensar la figura de la “ruptura” en Althusser, puede leerse Balibar, E. “El concepto de ‘corte epistemológico’ de Gaston Bachelard a Louis Althusser. En, (2004) op cit. pp.9-48 18 Althusser, L. (1969) op cit., p.32.
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regla jurídica de la cientificidad “en general”, sino una racionalidad inmanente a las prácticas teóricas concretas. Por este camino es que se vuelven pensables los hilos de una urdimbre en la que las “prácticas teóricas” se encuentran entretejidas con otras prácticas. Una coyuntura es una combinación de elementos heterogéneos. Y esta no-homogeneidad es otra forma de la incompletud. Arribados a este punto comprendemos el sentido contra-epistemológico del “rodeo” de Althusser por el psicoanálisis lacaniano. Es en principio, la capacidad del psicoanálisis de pensar los vínculos de compromiso entre lo simbólico y lo imaginario la que empuja a Althusser a acercarse a Lacan, en el trayecto de elaboración de una pregunta sobre los vínculos entre lo teórico y lo extra-teórico. Althusser percibe e indica esa homología profunda entre marxismo y psicoanálisis que consiste en una cierta forma de lidiar con los problemas de una teoría que sabe que no puede totalizar el campo de la experiencia; sabe que no puede y además, no quiere hacerlo, porque justamente allí radica su potencia de intervención en lo real. Es Yannis Stavrakakis quien ha logrado cartografiar con claridad esta condición de lo teórico incompleto en el campo lacaniano, al señalar que el psicoanálisis, entendido a la vez como discurso y como práctica, “constituye uno de los terrenos privilegiados desde los cuales es posible reflexionar sobre esta tensión constitutiva entre saber y experiencia”19 La potencia del psicoanálisis lacaniano radica en asumir la fuerza de un juego entre teoría y fracaso teórico. En tanto tal –sugiere Stavrakakis- constituye un “terreno privilegiado” para interrogar los vínculos entre lo teórico y lo político. Es esta cualidad la que Althusser descubre y persigue, porque el marxismo es, qué duda cabe, un terreno de las mismas características. Como hemos ya señalado, esta condición “limitada” hace de la teoría marxista una teoría radicalmente no-hegeliana. Lejos de toda garantía teleológica o panlogicista, la potencia teórica marxista radica en su apertura al exceso de la historia. La clave de la teoría marxista es la de saberse siempre des-bordada por la historia:

… Sólo una teoría ‘finita’ puede ser realmente ‘abierta’ a (…) su porvenir aleatorio, a las impredecibles ‘sorpresas’ que no han cesado de marcar la historia del movimiento obrero; abierta y por lo tanto, atenta, capaz de tomar en serio y asumir a tiempo la incorregible imaginación de la historia.20
Stavrakakis, Y. La izquierda lacaniana. Psicoanálisis, teoría, política. Bs..As. FCE. 2010., p. 28. Althusser, L. “El marxismo como teoría ‘finita” En, AAVV. Discutir el Estado. Posiciones frente a una tesis de Louis Althusser. México: Folio. 1982, p. 12
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Se trata, como indica Stavrakakis a propósito del psicoanálisis, de ubicar su singular potencia en el vínculo paradójico que se entabla entre lo teórico y su límite, como el fracaso inherente a toda empresa que se propone no representar un estado de “realidad” sino “captar lo real”.21 No dejamos de subrayar que esta búsqueda es una búsqueda de las posibilidades de lo teórico y en absoluto su abandono, su banalización o su reemplazo por otras formas discursivas. Sin embargo, este planteo problemático resulta incompleto si no se vuelve sobre él, desde otro conjunto de preguntas que podemos ubicar ahora en torno del problema de lo político. Lo político, resistiendo a su simbolización, desborda a la teoría y empuja la filosofía hacia una nueva forma de necesidad. La irrupción de lo político en el campo teórico, es en sí misma, una transformación en la filosofía. De allí que no pueda agotarse el planteo althusseriano en la cuestión de la demarcación entre ciencia e ideología. Y de allí también nuestra insistencia en pensar los vínculos entre las dos genealogías, porque es la propia posición materialista de lo teórico la que reclama un desarrollo materialista de lo político. Esto no hace de ella una forma de claudicación en la empresa de precisar una forma de necesidad, sino que le exige el esfuerzo de indicar el compromiso de esa necesidad con la complejidad real, con las condiciones de existencia. En otras palabras su principio de sobredeterminación.

En el barro de la historia El recurso a la noción freudiana de sobredeterminación permite a Althusser colocar las bases de la pregunta materialista por la historia una vez rechazada la “Filosofía de la Historia” hegeliana. Esta noción baliza el camino de búsqueda de una necesidad no clausurante que sostenga, en lugar de anular, la tensión entre inteligibilidad y acontecimiento imprevisto. La fórmula de la sobredeterminación es el modo de mantener a la vez esta doble pregunta por lo teórico en su apodicticidad y lo histórico concreto, en su temporalidad compleja y siempre desmesurada.
Si es verdad, como la práctica y la reflexión leninista lo prueban, que la situación revolucionaria en Rusia se debía al carácter de intensa sobredeterminación de la contradicción fundamental, de clase, es necesario interrogarse, tal vez, sobre lo
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En lugar de reprimir el reconocimiento de sus límites, de su fracaso definitivo en el intento de captar lo real (…) podemos comenzar por incluir ese elemento desestabilizador en nuestras teorías. Probablemente nos iría mejor si admitiéramos esta relación paradójica…” Stavrakakis, Y. op cit., p. 29 689

II Jornadas Espectros de Althusser - 2011 excepcional de esta ‘situación excepcional’ y si, como toda excepción, ésta no aclara la regla, sino que es, a espaldas de la regla, la regla misma22

La solución se precipita en la fórmula de la sobredeterminación porque, al designar “la reflexión en la contradicción misma, de sus condiciones de existencia”, esta permite cercar el desafío de una teoría que quiere pensarse en la historia. Al rechazar la organización del vínculo entre historia y concepto conforme a un principio interno simple, la contradicción sobredeterminada resiste a la subordinación de la vida histórica concreta por la forma abstracta, concéntrica e imaginaria de una conciencia. En esta fórmula de raigambre freudiana encuentra Althusser los medios para situar la clave materialista en “el concepto de la eficacia de una estructura sobre sus elementos”: eficacia de la disposición descentrada (la reflexión misma de sus condiciones de existencia) sobre la contradicción.23 Se trata de una pregunta de doble talante, decimos, y esto queda evidenciado en la propuesta althusseriana de perseguir la racionalidad filosófica inmanente a la teoría marxista, no sólo en el discurso teórico de Marx, sino en las prácticas de lucha del movimiento obrero, en su experiencia concreta. Esa zona que es la de lo político, contamina la necesidad teórica: hace de la “situación excepcional”, la “regla misma”. La sobredeterminación constituye un principio de racionalidad, pero se cifra recurriendo al “desvío” para pensar su compromiso en la existencia. Es por eso que Althusser busca este principio no sólo en la teoría de Marx, sino en la estrategia política de Lenin, en el campo mismo de su experiencia de lucha:

…en el análisis de la estructura de una coyuntura, en el desplazamiento y las condensaciones de sus contradicciones, en su unidad paradójica que constituyen la existencia misma de ese “momento actual” que la acción política va a transformar, en el sentido fuerte del término, de un febrero a un octubre 17…24

Lenin tiene por función encarnar un pensamiento en lo político, que no es el pensamiento de un teórico sobre la política, “sobre el hecho consumado de la necesidad”; sino un pensamiento que se desarrolla en la materia política, “del hecho por consumar”.25

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Althusser, L. (1968) op cit., pp. 84-85. Idem, p. 34. 24 Idem, p.147 25 Idem, p.148. 690

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La solución althusseriana se concentra en ese espacio del “exceso” y de la “actualidad” en el que se ubica lo político como lo otro de la teoría. La sobredeterminación hace pasar el problema de la necesidad –y por lo tanto, de lo teórico- por el campo incierto de la práctica (política), haciendo lugar a la irrupción de lo imprevisto y lo singular. De esta forma, la pregunta por la práctica política dibuja un espacio problemático que se instala “más allá de la estructura”, más allá de la necesidad relativa de sus elementos: se trata del problema filosófico del advenimiento o conjonction. Un problema que es “filosófico”, siempre que la propia filosofía sea capaz de asumir el riesgo de pensar lo político dislocado respecto del concepto; es decir, pagando el precio de desplazarse de sí misma y proponerse pensar su compromiso con la política además de sus vínculos con la ciencia.26 Esto nos permite comprender por qué Althusser prefiere hablar de coyuntura; es porque una “coyuntura” puede interrogarse en los términos de una clave estructural, pero su talante ontológico no es el de una “estructura.” La noción de estructura tiene valor teórico pero deviene un problema para práctica de la filosofía si acaso se la piensa como un nuevo enclave fundacional.27 La sobredeterminación althusseriana no sólo apunta a la figura del “vacío” como “causalidad estructural”. Si la problemática estructuralista, como con claridad ha argumentado Emilio de Ipola siguiendo las pistas dejadas Alain Badiou y Jacques-Alain Miller, tiene el mérito de cercar la causa ausente de todo orden estructural; decimos que hay una problemática específicamente “althusseriana” que no se subsume a aquella.28 Porque ésta, en lugar de expulsar al acontecimiento del registro de lo pensable, consiste justamente en la aventura de colocar en el centro de la reflexión filosófica la relación entre acontecimiento y proceso. Podría decirse, que la filosofía althusseriana es ese gesto de dislocar el propio marco estructural, haciendo posible la emergencia “desde

Podemos inscribir en esta idea el reemplazo que efectúa Althusser de una definición más bien restringida de filosofía como “Teoría de la práctica teórica” hacia otra de “Lucha de clases en la teoría”. Sobre este tránsito puede leerse Althusser, L. Lenin y la filosofía. Op cit. 27 Erigido en perspectiva ontológica el estructuralismo es una operación ideológica que “toma a las Técnicas como si fueran Ciencias (….) y ofrece esa impostura (o esa esperanza) como si fuera la Filosofía Moderna misma.” Con este argumento, denuncia a los filósofos que “como Levi-Strauss (no hablo de sus análisis concretos admirables, hablo de la filosofía que le agrega) han encontrado el medio, sueño de todo aficionado al bricolage, de contener en la ontología de la binariedad (…) una Filosofía-Ficción que no es más que el pundonor filosófico del Pensamiento Tecnocrático ” Althusser, L. . “Filosofía y ciencias humanas[1963]”. En, Althusser, L. La soledad de Maquiavelo. Madrid. Akal. 2008, pp.60-61 28 Cfr. De Ipola, E. Althusser, el infinito adiós. Bs.As. Siglo XXI. 2007. 691

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adentro” del fuero del pensamiento conceptual, esa dimensión heterogénea que no estaba, sin embargo, contenida en el origen.29 La noción de sobredeterminación se inscribe en este movimiento que apunta a una totalidad como una formación coyuntural, es decir, como el resultado de una articulación y a la vez, entonces, sugiere que el acontecimiento es también proceso. La “ruptura althusseriana” dice Balibar tiene la forma paradojal de un corte que continua.30 Podríamos decir, parafraseando a Derrida, que se trata de una apuesta, la de sostener la preeminencia del juego sobre la estructura.31 Y es en este se’ntido que identificamos, como corazón de la problemática althusseriana, el anudamiento dialéctico que produce el vínculo agonal de conjoncture y conjonction en la “unidad de su disyunción”.32 La especificidad de lo teórico no puede pensarse sino en el marco más amplio de una problemática que se construye como una ligadura paradójica de dos prácticas radicalmente heterogéneas: la práctica teórica y la práctica política.
Distinguir estas dos prácticas, he aquí el fondo de la cuestión que nos preocupa33

‘Lo político, entre la coyuntura y la conjunción

Se trata, ahora, de avanzar en la dimensión de lo político. En ese proceso que va enhebrando la problemática althusseriana, lo político es visitada de dos modos: uno que apunta al problema más clásico de la articulación entre política y estado. Se trata de un conjunto de problemas que se encuadran en el orden de una coyuntura: una formación social concreta y determinada (la sociedad burguesa) y su modo específico de funcionamiento.34 Este eje podría denominarse “pensamiento de la política” o teoría

De Ipola, de hecho, habla de un movimiento por el cual la producción teórica althusseriana produce una suerte de “implosión” de la matriz estructural. 30 Balibar, E. (2004) op cit., p.28 31 Cfr. Derrida, J. “La estructura, el signo y el juego en el discurso del as ciencias humanas” En, La escritura y la diferencia. Barcelona, Anthropos. 1989., p. 383-401 32 La expresión entrecomillada corresponde a Marx y es retomada por Althusser. Cfr. Althusser, L. (1969) op cit., p.72. 33 Althusser, L. (1968) op cit., p. 148 34 Tal como es desplegado con solidez en el célebre artículo “Ideología y aparatos ideológicos de estado”. Cfr. Althusser, L. Ideología y aparatos ideológicos de estado. Freud y Lacan. Bs.As. Nueva Visión. 1980. 692

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sobre la política y es el que apunta a discernir la racionalidad inmanente a ese orden existente, sus leyes específicas, su “mecanismo” estructural. El segundo modo de pensar lo político se contornea alrededor de la idea de práctica política. Se trata de un eje peculiar porque la “práctica política” es definida por Althusser como aquella que señala el límite del funcionamiento estructural –de las relaciones simbólicas establecidas. En tanto práctica, produce transformaciones que – según dice el autor- “no son conocimientos sino una revolución en las relaciones sociales.”35 En Althusser, la noción de práctica política inscripta en el seno siempre descentrado de la contradicción sobredeterminada, coincide con el espacio de lo político, en los bordes de lo social. Su temporalidad, en el filo del presente, apunta al instante siempre fugaz en el que zozobra la clausura (ideológica) de toda formación social. Podríamos sintetizar esta duplicidad de lo político como siendo. por un lado, un lugar en el dispositivo estructural y por otro, una práctica transformadora. Esta duplicidad puede indicarse a partir de lo que algunos teóricos han señalado como la diferencia entre la política y lo político:
…en cuanto diferencia esta no presenta sino una escisión paradigmática en la idea tradicional de la política, donde es preciso introducir un nuevo término (lo político) a fin de señalar la dimensión ‘ontológica’ de la sociedad, la dimensión de la institución de la sociedad.36

Sostenemos que el tratamiento ofrecido por Althusser sobre el problema de lo político en tanto práctica se despliega como problema en la lectura de Maquiavelo, pero encuentra su interrogación ontológica en las tesis del materialismo aleatorio.37 La riqueza de esta teorización no reside en el señalamiento del “vacío” en el fundamento (podríamos decir que a su modo, esto ya estaba presente en la herencia estrucutralista) sino justamente más allá –o mejor, más acá- de ese problema: en el esfuerzo de pensar las articulaciones entre vacío, mundo y comienzo. De allí que resulte sospechoso todo intento de despachar rápidamente la cuestión del vínculo entre este materialismo aleatorio y las formulaciones sobre el materialismo dialéctico organizado en torno de la noción de sobredeterminación, con el recurso a un pretendido “giro” filosófico en la
Althusser, L. (1968) op cit., p.136 Marchart, O. El pensamiento político post-fundacional.La diferencia política en Nancy, Lefort, Badiou y Laclau.. Bs.As. FCE. 2009, p.19 37 Las tesis centrales de esta apuesta filosófica se encuentran planteadas en Althusser, L. “La corriente subterránea del materialismo del encuentro”, En, Para un materialismo aleatorio. Madrid. Arena Libros. 2002., pp.31-72
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producción althusseriana. Entendemos en cambio que los vínculos, articulaciones y parentescos entre estas diversas búsquedas en torno al materialismo, merecen ser indagados con cuidado. En este sentido, si se logra trascender la inicial perplejidad que genera encontrar en Althusser fórmulas destinadas a pensar la contingencia, el “vacío” o la “nada” explicitadas fundamentalmente en textos tardíos y póstumos, se apreciará que la dirección general de su apuesta sigue inscripta en aquella búsqueda que situábamos páginas atrás, a propósito de la sobredeterminación: el esfuerzo de precisar, de cercar, ese lugar en el que toda norma no es sino “norma de la excepción”. Se trata, apenas de no olvidar que esta ecuación tiene lugar en el marco de una pregunta por la naturaleza materialista de la contradicción marxista. Aventuramos, entonces, que las nuevas fórmulas acerca de la necesidad de la contingencia38 pueden en todo caso ser inscriptas en la misma pregunta –luego, claro está, de infinitos rodeos. ¿Pero qué otra cosa es la filosofía que la producción de estos rodeos? Si la queremos lectura y posición en un campo de lucha, la filosofía es apertura de nuevos campos de interrogantes en espacios no nuevos. Volvemos con esta conjetura sobre la letra del “materialismo del encuentro” y subrayamos algunas ideas. Cuando, una vez “tomados”, los átomos ingresan en el reino del Ser, se perfila en ellos –nos dice Althusser- una organización y se les asigna su lugar, su sentido. Los “átomos” consisten, “toman forma” como elementos de ese mundo advenido, ingresan en el orden estructural; esto confiere a ese mundo y a la estructura de sus relaciones un orden (siempre) segundo.39 Esta necesidad de segundo orden, retroactiva, es solidaria de esa ontología del “encuentro” aleatorio. La pregunta por la conjunción no se acaba con la referencia al “vacío” y es por eso que hablamos de la problemática althusseriana en los términos de un “juego” que se entabla no entre la “estructura” y su “vacío” constitutivo, sino entre una “coyuntura” y su “conjunción”. La “nada” de origen permite pensar el carácter segundo del orden advenido, pero esto no deviene ni una cláusula de irracionalidad de ese orden, ni se zanja bajo pretexto de la inanidad de ese momento del “encuentro”. Muy por el contrario, Althusser nos invita, nos conmina a volver insistentemente sobre las

“…en lugar de pensar la contingencia como modalidad o excepción de la necesidad, hay que pensar la necesidad como devenir-necesario del encuentro de contingentes.” Althusser, L. (2002) op cit., p.60 39 Idem, pp. 58-9. 694

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conexiones entre estas dimensiones para precisar en qué sentidos son heterogéneas las preguntas que apuntan a una u otra y en qué sentidos deben ser pensadas en el marco de una misma problemática, de una misma racionalidad. La singularidad de este modo de abordar la cuestión se pone de manifiesto al señalar que desde el punto de vista del clinamen, la consolidación de un orden, su estructura y su legalidad dependen de la “duración” del encuentro. Así, por ejemplo, dice Althusser:

Marx nos explica que el modo de producción capitalista ha nacido del ‘encuentro’ entre el ‘hombre de los escudos’ y el proletariado desprovisto de todo excepto de su fuerza de trabajo. Sucede que este encuentro ha tenido lugar y ha tomado consistencia (…) ha perdurado (…) provocando relaciones estables y una necesidad cuyo estudio proporciona ‘leyes’. (…) el carácter aleatorio de la ‘toma de consistencia’ de este encuentro (…) da lugar al hecho consumado del cual pueden derivarse leyes.40

Una torsión describe el vínculo entre ese instante del “encuentro” y la legalidad de las relaciones estables que constituyen retroactivamente la inteligibilidad desde la que inevitablemente se lee ese mundo advenido. Si la noción de lo teórico es desarrollada por Althusser como una necesidad inmanente a las prácticas concretas, es justamente porque la legalidad de esa necesidad no tiene otro “origen” que la condición aleatoria del desvío y del encuentro; su carácter verdadero no puede entonces formularse en la clave de la “garantía” de esa legalidad, sino justamente lo contrario; es decir, como señalamiento de su precariedad, de sus puntos de no identidad. Y de allí la insistencia de Althusser en seguir la fórmula spinoziana según la cual lo verdadero se indica a sí mismo, en el marco de una causalidad inmanente. 41 Ahora bien, desde el marco de problemas de la “conjunción”, el “encuentro” sitúa el problema del momento instituyente en un sentido a la vez filosófico y político, como lo que Lefort ha denominado el “momento maquiaveliano de lo político.”42 Pero entonces, pensar lo político es situarse en ese borde paradójico, en el que toda inteligibilidad se muestra coyuntural y por lo tanto, vacila. Althusser indica la eficacia política de la precariedad del orden en esa referencia al “momento actual” de la

práctica de lucha, en el que el presente es (puede ser) el “eslabón más débil”.

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Althusser, L. (2002) op cit., p 65 Althusser, L. Elementos de autocrítica. Barcelona. Laia.1975 42 Marchart; O. (2009) op. cit., p. 22. 695

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Así inscripto en la dinámica de la sobredeterminación, el lugar de lo político, no se agota en la idea de un agujero que conecta con un fondo de “nada”, ni en la conexión con un sustrato magmático. Y se relaciona no sólo la cuestión de la destrucción de un orden existente sino con el problema de la institución de nuevas formas políticas que toman consistencia –o puede hacerlo. Lo político es, paradójicamente (pero no absurdamente), a la vez el problema de lo mismo y lo nuevo: un clinamen que dura, un corte continuado. Un espacio privilegiado para indagar esta cuestión aporética es la lectura que Althusser produce del pensamiento de Maquiavelo. Éste –dice Althusser- es el teórico de las condiciones políticas de la constitución de un Estado; el teórico de la fundación de un Estado nuevo. Se trata –y este es el punto que nos interesa destacar- de condiciones “extraordinarias, dado que son las condiciones de la ausencia de toda forma política susceptible de producir ese resultado.”43 El desafío de la institución de nuevas formas políticas radica en que no se dispone de un marco de sentido capaz de pensarlas.
…si el pensamiento teórico de Maquiavelo es desconcertante es porque distribuye los elementos teóricos que analiza sobre un dispositivo totalmente diferente al simple enunciado de las relaciones constantes entre las cosas (…) un dispositivo constantemente acechado no únicamente por las condiciones variables de la práctica política y por su carácter aleatorio, sino también por su posición en los conflictos políticos y por la necesidad (…) de reinscribir este discurso teórico en el campo político del que habla.44

El pensamiento político es así un pensamiento aporético, un pensamiento en los límites del pensamiento. En esto consiste lo que, siguiendo a Gramsci, Althusser subraya en la escritura maquiaveliana: su condición de “manifiesto”, verdaderamente político, materialista y realista. Pero esto, no sólo porque enmarca y sitúa la teoría que enuncia en el espacio social en el que interviene y en el que piensa. El pensamiento de Maquiavelo no es un pensamiento que toma por “objeto” a la política, sino un pensamiento político en un sentido profundamente filosófico, es decir, capaz de trabajar en ese espacio del descentramiento de lo teórico. Se trata de un pensamiento que consiste en la puesta en acto de una asunción imprescindible: que no son los intelectuales los que hacen la historia. La insistencia de Althusser en que se trata de un pensamiento que por ser político es filosófico nos conduce a esa encrucijada en la que la filosofía (materialista) viene a
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Althusser, L. Maquiavelo y nosotros. Madrid, Akal. 2008., p.339 Idem, p. 345 696

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plantear al pensamiento la cuestión de sus propios límites, de su exterior o mejor, de su revés.45 Si el espacio problemático de la coyuntura y su política es el espacio del “mundo” que supone siempre, decíamos, relaciones de segundo orden; la posición materialista consiste en el esfuerzo de hacer pensable el vínculo entre este orden y su “revés”. Allí encontramos la condición política de ese horizonte de transformación de la filosofía. “Ruptura” y “encuentro” constituyen formas de decir, de indicar, ese movimiento en el que la transformación de las relaciones sociales alcanza al orden de su propia intelección. Se trata allí, no de pensar los vínculos de lo teórico con la política en cuanto región de la vida social, sino con lo político en cuanto dimensión ontológica, si puede así llamarse al problema de la configuración de un orden nuevo de relaciones que “toman forma” en el espacio “vacío” de una semiosis quebrada.46

La relación (‘política’) no existe

Esto nos conduce a otro aspecto de la cuestión: la relación entre la teoría y “la política” -en sentido óntico como “relación política”, en cuanto dimensión coyuntural- nos obliga inevitablemente a plantear la cuestión de lo ideológico. La ontología del comienzo aleatorio nos permite volver sobre el lugar de la noción de ideología en la problemática althusseriana, para descubrirle un nuevo espesor, porque el “orden segundo” de las relaciones del “mundo” indica el carácter ideológico imaginario de la objetividad de ese mundo-ya-advenido.47 En este nivel -de la coyuntura advenida y vivida como “mundo”, pensar la política requiere hacer avanzar la teoría más allá de Marx, pero siguiendo a Marx, por el camino de la “posición materialista” de la crítica de la economía. La crítica toma aquí su lugar porque la política, en su aspecto coyuntural no aparece sino articulada con la ideología.

“Tener un espacio exterior y tener un trasero puede decirse que es lo mismo Pero tener un ‘detrás’ es tener un exterior inesperado. Y a la filosofía le ocurre eso.” Althusser, L. Filosofía y marxismo. México. Siglo XXI. 1988., pp. 56-57 46 Seguimos aquí a Marchart para ubicar esa doble dimensión de la política y lo político, a los fines de indicar el problema de la duplicidad de lo teórico (científico y filosófico). Cabe, no obstante advertir que las fórmulas de herencia hedeggeriana propuestas por éste no pueden extrapolarse sin reparos a la problemática althusseriana. 47 Como señala Althusser: “la ideología concierne (…) a la relación vivida de los hombres con su mundo. (…) una relación de relaciones, una relación de segundo grado.” Althusser, L. (1968) op cit., p. 193 697

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La política es siempre aquella de esta coyuntura, y como tal, sólo puede ser interrogada teóricamente, dice Althusser, por una “crítica de la política tal como es impuesta por la ideología y la práctica burguesas”.48 La política es burguesa y no puede ser teorizada sino a condición de ubicar su relación estructural con la coyuntura en la que se encuentra inscripta. En este sentido, advierte Althusser que la organización intelectual en torno a la división entre “sociedad política” (la política) y “sociedad civil” (lo social):
…es constitutiva de su ideología y de su lucha de clase, y a través de ésta es impuesta como una evidencia a través del aparato ideológico político de estado (la voluntad general como resultante de las voluntades individuales, expresada por el sufragio universal y representada por el parlamento).49

Este modo de pensar la política –como burguesa, por definición- nos permite vislumbrar el vínculo entre la pregunta althusseriana por el Estado y su concepción como dispositivo eminentemente –aunque no exclusivamente- ideológico, tal como se presenta en la teoría de los aparatos ideológicos de estado. En esa articulación entre Estado, Sujeto e ideología que se subtiende en la malla teórica de la política (burguesa) logramos vislumbrar esa condición política de la filosofía materialista que Althusser reclama. La política en su relación con el Estado no concierne al “momento político” en el sentido maquiaveliano; no se trata del comienzo del Estado, o en términos más clásicos, de la fundación de la ciudad, sino de la política en cuanto dimensión de la vida social; en su solidaridad estructural con un orden ya-advenido –en este caso, la formación social capitalista. Pero una vez ubicado este campo en su relación con la ontología del “encuentro”, ya no puede pensarse la política sino como la política de este mundo. El problema de la política (concreta, esto es, el dispositivo jurídico-burgués) es, en algún sentido, el problema de la articulación (imposible) entre lo político y la ideología. Para decirlo de otro modo, no existe para Althusser estrictamente hablando, relación política, sino lo político entrampado-vivido en las relaciones imaginarias de la política (burguesa, por definición). La “relación” política no concierne al problema de la institución de un estado (problema ontológico del comienzo) sino que apunta al problema de la duración de un estado y en tal sentido, resulta “siempre-ya” impresa en la materia ideológica del “lazo social”. El
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Althusser, L. (1982) op cit., p.14 Idem. 698

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“encuentro”, en su aspecto instituyente solo habrá existido si es capaz de durar. Allí lo ideológico es requerido por lo político. Lo ideológico es el lugar del sujeto en su compromiso con el Estado y con su régimen semiótico. Al respecto, dice Badiou:
…la ideología, cuya materialidad está dada por aparatos, es una noción estatal y no una noción política. El sujeto, en el sentido de Althusser, es una función del Estado. No habrá pues, sujeto político, porque la política revolucionaria no puede ser una función del Estado. Todo el problema consiste entonces en lo siguiente: ¿cómo designar el espacio singular de la política …?50

El problema del “sujeto-político”, decimos nosotros a la vez en disenso y sintonía con Badiou, deberá pensarse en ese juego paradojal del corte-continuado o dicho de otro modo, en la estrecha tensión entre lo político y lo ideológico.51

Lo político en busca de un sujeto…ideológico La duración de un Estado se dibuja como problema sobre la tesis misma del encuentro aleatorio entre elementos sin sentido preexistente. Sólo resulta visible en tanto “problema”, si se acepta el carácter ontológicamente in-fundado de todo orden social. La duración del Estado resulta entonces, también, el problema de la identidad porque supone que ésta no preexiste al encuentro. El orden significante que entrelaza sujetos y objetos es el devenir necesario de la contingencia y la “evidencia” (el carácter inmutable de la necesidad, la convicción de que el mundo fue siempre “así”) resulta la clave de su perduración, su función ideológica.52 La ideología entonces, es la trama en la que Estado y orden Simbólico resultan coextensivos en una suerte de dispositivo productor de identidad. Es la precariedad (ontológica) de toda coyuntura, la que confiere a la ideología su eficacia histórica específica: proporcionar la evidencia de identificación entre ser y sujeto produciendo las coordenadas de adecuación de los seres a este mundo: “el del hombre que se cree centro del mundo (…) dueño del sentido del mundo (el cogito)…”53

Badiou, A. Compendio de metapolítica. Bs.As. Prometeo. 2009., p55 En disenso y sintonía porque nuestra búsqueda no es aquí la de realizar la exégesis de Althusser sino la de indicar los mojones de la problemática althusseriana. En ella, se inscribe incluso a nuestro entender el propio vinculo de filiación y distanciamiento de Badiou. Y no sólo el suyo. 52 Para un acercamiento al vínculo entre ideología y “evidencia” del sentido en la problemática althusseriana, puede leerse Pecheux, M. “El mecanismo del reconocimiento ideológico”. En, Zizek, S. Ideología. Un mapa de la cuestión. Bs.As. FCE. 2003., pp.157-168 53 Althusser, L. (2007) op cit., p.135
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Althusser encuentra en Maquiavelo la figura aporética que permite pensar la relación imposible entre sujeto y fuerza instituyente:
La fundación de un Estado, o la reforma total que es también un (re)comienzo absoluto en el curso de la historia (…) requiere la soledad absoluta del reformador o del fundador. (…) Para hacer de nada un Estado, el fundador debe estar solo, es decir, ser todo: todopoderoso. Todopoderoso ante el vacío de la coyuntura y de su porvenir aleatorio.54

La imagen de la omnipotencia funciona, si es leída en términos del “mecanismo” coyuntural de la política, como un mito de origen; como una mónada primordial. Es el límite de lo existente, su “absoluta cuestión previa”.55 En otros términos, lo que Stavrakakis ha denominado, en relación con el psicoanálisis, como el “antes de la representación”.56 Ahora bien, en términos del problema ontológico de la conjunción –es decir; más allá del orden simbólico, en el espacio no-simbolizable de lo político- encontramos que ese “límite de lo existente” es el lugar de la potencia instituyente. Para Althusser el “hombre solo” –arrancado de toda relación significante- es todopoderoso. La figura del “hombre solo” u “hombre de nada” nos conduce a sostener que Ciudad y Fundador “consisten” en un clinamen, toman forma en un movimiento mutuamente solidario de institución de una nueva coyuntura. No hay allí sujeto fundacional, el Príncipe es él mismo efecto del encuentro.
…apuntar más allá de lo que existe (…) por encima de todos los Principados existentes, más allá de sus límites (…) el proceso de devenir Príncipe y el proceso de devenir Principado son un solo y mismo proceso: el del devenir nuevo, el del comienzo. El Príncipe no existe antes del Principado Nuevo (…) ambos deben comenzar conjuntamente…57

El Príncipe es “definido pura y exclusivamente por la función que debe llevar a cabo, es decir, por el vacío histórico que debe llenar, es una forma vacía, un puro posibleimposible aleatorio.”58 Una “forma vacía”, es decir, un “vacío de forma”. El momento de conjunción coincide con el movimiento de “toma de forma” en el que, de un “encuentro” nace un mundo, sus seres, sus relaciones, sus leyes….
Althusser, L. .(2008) op cit., p. 96 La expresión viene, en realidad, de la lectura althusseriana de Lacan. La “absoluta cuestión previa” constituye un problema de la temporalidad psicoanalítica y aquello que la distingue de la psicología. Althusser, L. (1970) op cit. 56 Stavrakakis, Y. op cit. 57 Althusser, L. (2008) op cit., p. 104. 58 Idem, p.63
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El encuentro es la condición de la toma de forma y la consistencia del Príncipe como principio semiótico (Sujeto, con mayúscula, función interpeladora).59 Pero en tanto “sujeto político”, el Príncipe es ya carnadura concreta, con-formación. Allí, su problema no es solamente el problema del “encuentro” sino ya, principalmente, el de la “duración”. La práctica política suscribe, a la vez, las figuras del acontecimiento y el proceso: institución de un individuo (singularidad histórica) y desplazamiento subjetivo (transformación procesual). Si el momento instituyente es reunión de partes sin-sentido que, sin embargo, perseveran en la unión; podría decirse que el “sujeto político” es la aporía de un clinamen que “dura”. La pregunta por el sujeto político, este sintagma imposible para Althusser, no debe sin embargo abandonarse. Porque en la estela de la problemática althusseriana, la insistencia de esta imposibilidad es altamente productiva, toda vez que nos permite resistir a la tentación de subsumir la relación entre lo teórico y lo político en una nueva fórmula dicotómica. El sujeto político sólo puede tener, en la problemática althusseriana, la estructura del encuentro (encuentro entre orden y sentido, consistencia de un orden semiótico y formas políticas) sólo si logra durar. Habrá sido un “comienzo” sólo cuando sea siempre-ya comenzado. Esto significa que puede describirse como un comienzo pero no es tal si no logra durar e instaura en su propia toma de forma, las claves de intelección en las que se inscribe la racionalidad de sus actos, la legalidad de su mundo, el sentido de sus acciones. Esta condición a la vez contingente y entramada en un orden simbólico necesaria y desviada- constituye el carácter paradojal de los sujetos políticos. No se trata de una irrupción momentánea en un orden teórico, se trata antes bien de un tábano aporético, de un hecho maldito de la teoría.

Bibliografía
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Para un desarrollo de los vínculos entre Sujeto y sujeto, en el dispositivo ideológico de la interpelación, cfr. Althusser, L. (1980) op cit. 701

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II Jornadas Espectros de Althusser - 2011 Althusser, L. Ideología y aparatos ideológicos de estado. Freud y Lacan. Bs.As. Nueva Visión. 1980. Althusser, L. La revolución teórica de Marx. México. Siglo XXI. 1968. Althusser, L. La soledad de Maquiavelo. Madrid. Akal. 2008. Althusser, L.”La única tradición materialista (1985)” En, Youkali., vol 4. 2007. Althusser, L. Lenin y la filosofía. Bs.As. CEPE. 1972. Althusser, L. Maquiavelo y nosotros. Madrid, Akal. 2008. Althusser, L. Para un materialismo aleatorio. Madrid. Arena Libros. 2002. Althusser, L. y Badiou,A. Materialismo histórico y materialismo dialéctico. Córdoba. Pasado y presente. 1969. Althusser, L y Balibar, E.. Para leer El Capital. México. Siglo XXI. 1969. AAVV. Discutir el Estado. Posiciones frente a una tesis de Louis Althusser. México: Folio. 1982 Badiou, A. Compendio de metapolítica. Bs.As. Prometeo. 2009. Balibar, E. Escritos por Althusser. Bs.As. Nueva Visión, 2004. Catanzaro, G. e Ipar, I. Las aventuras del marxismo. Bs.As. Gorla. 2003. De Ipola, E. Althusser, el infinito adiós. Bs.As. Siglo XXI. 2007. Derrida, J. La escritura y la diferencia. Barcelona, Anthropos. 1989. Marchart, O. El pensamiento político post-fundacional.La diferencia política en Nancy, Lefort, Badiou y Laclau.. Bs.As. FCE. 2009. Stavrakakis, Y. La izquierda lacaniana. Psicoanálisis, teoría, política. Bs..As. FCE. 2010. Žižek, S. Ideología. Un mapa de la cuestión. Bs.As. FCE. 2003.

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