II Jornadas Espectros de Althusser - 2011

Mesa: Sujeto, interpelación y discurso LA TEMPORALIDAD EN LA CONSTITUCIÓN SUBJETIVA. UN ABORDAJE DESDE EL PSICOANÁLISIS A LAS TEORÍAS DE J.BUTLER Y L.ALTHUSSER

Carolina Ré

Althusser en Freud y Lacan destaca que el psicoanálisis en tanto que ciencia, mantiene como su objeto de estudio al abordaje de la “absoluta cuestión previa” en la constitución del sujeto; el “nacer o no ser”1. El pasaje de una instancia mítica en donde el sujeto no es sujeto más que como mero “retoño de hombre” hacia la conformación de un sujeto humano, un sujeto social, es el punto de partida para pensar no sólo las consecuencias de este proceso a nivel individual – campo de la clínica psicoanalítica – sino también a nivel social. En este sentido, es que la pregunta por la temporalidad en la constitución subjetiva nos resulta un pasaje importante a la hora de abordar cómo opera este espacio opaco de “la cuestión previa” en relación a lo ideológico y a la performatividad de los actos subjetivos. Este acontecimiento que opera en la constitución del sujeto como humano y por el cual el sujeto se inserta en la red simbólica y comienza a operar bajo las leyes y normas sociales establecidas, señala un espacio temporal del sujeto que emerge en una temporalidad social, como matriz imaginaria y simbólica, y que a la vez se diferencia de la temporalidad del inconsciente. Esta diferencia que ya Freud establecía como el tiempo del inconsciente y el tiempo de la biografía. Butler afirma por su parte que el proceso de constitución subjetiva está signado por la figura tropológica de “darse la vuelta”, en donde no sólo opera el mandato interpelatorio sino que también se pone en juego el deseo y los vínculos apasionados. En un primer acercamiento a la problemática planteada, este trabajo intentará dar cuenta de las relaciones entre este proceso constitutivo y la instauración de un espacio temporal del sujeto que se ve escindido y que se funda a partir de una temporalidad otra, una temporalidad no temporal que a la vez establece los límites para la emergencia de una temporalidad del sujeto

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Althusser, L., Freud y Lacan, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 2003, p. 83.

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anclada en representaciones de un tiempo continuo y lineal, pero por sobre todo anclada en la fantasía de un origen fundacional. La identidad, para Butler, se conforma en la repetición de actos performativos que estabilizan estilos en una unidad, podríamos decir imaginaria, que conforma al yo. Estos actos, si bien se emplazan en una temporalidad social, instauran la temporalidad del sujeto mismo y constituyen por tanto, al sujeto como tal. Nuestro segundo acercamiento, se basará entonces, en establecer posibles líneas de contacto y derivaciones de la articulación entre el concepto de acontecimiento, tal como lo retoma Miller y Lacan, y los actos performativos desde una lectura butleriana.

El tiempo del sujeto Abordar el proceso de constitución subjetiva como el movimiento de un “retoño de hombre” a un “sujeto humano” implica en sí mismo pensar una dimensión temporal que está operando en este movimiento. Pero tanto desde Althusser como desde Lacan, este movimiento por el cual se constituye un sujeto social o se conforma el sujeto (en tanto sujeto del inconsciente pero también en tanto yo) implica una paradoja en donde efectivamente no hay posibilidad de pensar un “sujeto no sujeto”, un “antes de la subjetivación”. Es a partir de la misma subjetivación que se puede pensar retrospectivamente el proceso de constitución, ese “nacer o no ser” dirá Althusser.

El psicoanálisis se ocupa, en sus únicos supervivientes, de otra lucha, de la única guerra sin memorias ni registros de que la humanidad finge no haber librado jamás, la que cree haber ganado siempre por anticipado, simplemente porque para ser tal la humanidad debe haber sobrevivido a esa guerra, y vivir y darse a luz como cultura en la cultura humana2

Este pasaje en donde el sujeto es interpelado como tal desde Althusser, o en donde el sujeto se inserta en la red de relaciones imaginarias y simbólicas a través del estadio del espejo y de la superación del complejo de Edipo desde Lacan, constituye al sujeto mismo en tanto que constituye su inconsciente. La única forma de acceso a este “espacio/tiempo previo” de la constitución es a través de las secuelas que se manifiestan en el sujeto como las manifestaciones del inconsciente. El inconsciente opera como una estructura, “como un
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Althusser, L., Freud y Lacan, p. 82.

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lenguaje”, el cual produce efectos significantes, y entre ellos, al yo. En este sentido, y volviendo a retomar la problemática de la paradoja fundacional, no hay forma de acceder de manera directa a la “cuestión previa” sino es navegando por los efectos del inconsciente en un sujeto siempre ya conformado. Se produce entonces un desdoblamiento del sujeto, un sujeto escindido que funciona de manera excéntrica, un sujeto del inconsciente que si bien estructura al yo, se oculta en éste mismo y crea la ilusión por la cual el yo domina sus prácticas y pensamientos. Articula la relación entre el yo y la consciencia. En este punto Althusser establece la relación entre la ideología y el inconsciente. La ideología precisamente funciona articulada a estructuras inconscientes creando las condiciones de reconocimiento por las cuales los sujetos viven en un mundo de sentido, las condiciones mismas por las cuales el sujeto puede decir “yo” y poseer la absoluta certeza de que “yo soy yo”, aún en la infinidad de “yoes” idénticos a este “yo” particular y singular que le corresponde. Para Lacan el sujeto es precisamente el sujeto del inconsciente. El sujeto es allí donde no puede ser nombrado y allí donde se estructura a partir de Otro (el orden simbólico). La articulación del sujeto en un significante –yo- es una ilusión que opera a partir de identificaciones imaginarias y simbólicas que no tienen que ver con un sujeto (del inconsciente). Lacan plantea al yo en función de dos mecanismos constitutivos: el despliegue de la relación del yo con otro (orden imaginario) y del despliegue de la relación del yo con el Otro (orden simbólico), que implica la entrada en el lenguaje, la caída de la fascinación dual con la imagen materna. Desde esta perspectiva, el sujeto se encuentra descentrado con respecto al yo. El yo funciona como la estructura imaginaria que aglutina las identificaciones en una unidad ilusoria. “Yo es otro” resonará Rimbaud en Lacan para afirmar que “el sujeto está descentrado con respecto al individuo. Yo es otro quiere decir eso”3 El sujeto se conforma no sólo descentrado con respecto al yo, que se erige además asumiendo el lugar del sujeto del inconsciente como portador de la verdad del sujeto, sino también descentrado en tanto que su unidad imaginaria se constituye en función de una experiencia especular con el otro. Esta experiencia, dirá Lacan,
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Lacan, J., El seminario de Jaques Lacan. Libro 2. “El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica”, Paidós, Bs. As., 1997, p. 20.

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Nos aparta de concebir el yo como centrado sobre el sistema de percepción conciencia, como organizado por el “principio de realidad” en que se formula el prejuicio cientificista más opuesto a la dialéctica del conocimiento para indicarnos que partamos de la función de desconocimiento4

El yo se conforma a partir de la identificación con la imago que le devuelve el espejo u otro ejemplar de la misma especie. La imagen del otro que rebota en el infans se asume como totalidad del cuerpo en oposición a la realidad de fragmentación corporal e impotencia motriz en la cual se encuentra un bebé alrededor de los seis meses de vida. A partir de esta primera identificación imaginaria, que como forma Lacan la llamará yoideal, es la base sobre la cual se entroncarán las identificaciones secundarias ya en el yo (je) social. El estadio del espejo como proceso, por el cual se constituye el sujeto mediante el asumir una completitud - todavía ausente en el infans -, es la anticipación que permite la posterior emergencia del yo a través de la entrada en el orden simbólico. La anticipación que se produce al asumir una imagen, como Gestalt, dirá Lacan, prefigura la alienación en el lenguaje, la entrada al orden simbólico y las distintas identificaciones simbólicas que constituyen al yo.

Pero el punto importante es que esta forma sitúa la instancia del yo, aún desde antes de su determinación social, en una línea de ficción, irreductible para siempre por el individuo solo: o más bien, que sólo asintóticamente tocará el devenir del sujeto, cualquiera sea el éxito de las síntesis dialécticas por medio de las cuales tiene que resolver en cuanto yo (je) su discordancia con respecto a su propia realidad5

La emergencia del sujeto está signada por una exterioridad constitutiva. El yo (moi), en tanto imaginario, funda la ficción en la cual discurrirá el sujeto en su existencia. Pero no solamente la identificación imaginaria constituye al sujeto sino que determina la relación del sujeto con el mundo, su experiencia cotidiana. Establece la relación -imaginaria- del individuo con su realidad.

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Lacan, J., Escritos 1, “El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, Siglo XXI, Bs. As., 1988, p. 92. 5 Lacan, J., Escritos 1, “El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, p. 87.

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El individuo parte de aprehender una imagen exterior que se asume como propia en unidad y sella al sujeto en una “forma ortopédica”, como “armadura por fin asumida de una identidad enajenante, que va a marcar con su estructura rígida todo su desarrollo mental”.6 En los escritos posteriores al Estadio del espejo… Lacan vuelve sobre su conceptualización para integrar en la conformación del sujeto humano (social) al orden simbólico. En El seminario. Libro 1. Los escritos técnicos de Freud, Lacan afirma que la conformación de las identificaciones imaginarias se encuentra soportada por el orden simbólico. El yo ideal se rige en función de las mediaciones simbólicas que le son ofrecidas por el ideal del yo como estructura simbólica que funciona regulando la imagen plausible de ser amada que se erige en la identificación imaginaria con un otro. El surgimiento del sujeto en la excentricidad radical de sí mismo. “No puede ser comprendido sino en un grado segundo de otredad, que lo sitúa ya a él mismo en posición de mediación con relación a su propio desdoblamiento con respecto a sí mismo así como con respecto a un semejante”.7 El orden simbólico opera en la constitución de la identidad del sujeto como las normas y leyes establecidas que demarcan la inserción del sujeto en el lenguaje, y por lo tanto, en el orden de la cultura también atravesada por el orden simbólico. La característica que resalta Lacan como específica de la especie humana es precisamente, el lenguaje. Pero el lenguaje, lejos de ser considerado como mero producto de la actividad humana, es la estructura en la cual se aliena el sujeto. Lo pre-existe y lo anida en su seno desde antes del nacimiento del individuo humano. Ahora bien, es en este mismo proceso de constitución que también se produce un desdoblamiento del tiempo. El tiempo, podríamos decir, del cual emerge este sujeto-no sujeto, es un tiempo inaprehensible, es un tiempo no-tiempo que opera como una estructura lógica estableciendo las condiciones para la emergencia tanto de un tiempo del sujeto (del inconsciente) como un tiempo del yo, que ya Freud denominó el tiempo de la biografía. Para Lacan, el tiempo mismo implica un desdoblamiento entre un tiempo lógico y un tiempo psicológico, un tiempo subjetivo. El tiempo lógico es también un tiempo no-tiempo del inconsciente, un tiempo atemporal que opera como efecto de la estructura significante. Pero esta estructura lejos de conformarse en relaciones estables y determinadas, es una
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Idem, p. 90. Lacan, J., Escritos 1, “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”, Siglo XXI, Bs. As., 1988, p. 504.

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estructura que fija la emergencia de la contingencia a causa de una falta constitutiva. El tiempo lógico es el “tiempo del Otro”, del Otro barrado, que se ofrece y ofrece la indeterminación subjetiva. “La indeterminación se opone a la determinación superyoica de la repetición, es lo que inscribe esta ruptura de la causalidad donde reconocemos al sujeto”8 El tiempo psicológico es el tiempo del yo. Es el tiempo por el cual se tiene “consciencia” de la sucesión temporal y ésta se estructura en una concatenación cronológica. Lo que impera en esta sucesión es una linealidad, más bien una sensación de linealidad según Miller, en donde lo que la percepción del tiempo opera bajo la lógica de “uno después de otro” y en donde se erige un origen identificable de los actos. Hacíamos hincapié en que la linealidad es la sensación de ésta misma, en tanto el tiempo psicológico es para Lacan, abordado desde Miller, es el tiempo vivido, el tiempo sentido. Desde una posible mirada althusseriana podríamos decir que este tiempo subjetivo, psicológico, es en sí mismo un tiempo ideológico en tanto que opera como una matriz imaginaria que determina las representaciones del sujeto con respecto al tiempo, cómo el sujeto vive el tiempo. Un tiempo biográfico que se erige en función de una historia causal y con un origen desde el cual se estable la sucesión de actos. Miller agrega que en este tiempo lo que motoriza la construcción de una temporalidad lineal y aprehensible es la noción de cambio y la identificación de unidades del tiempo, intervalos de tiempo que permiten su individualización y por lo tanto la sensación de cambio entre un intervalo temporal y otro. El punto es que esta construcción imaginaria del tiempo del yo opera sobre una estructura inconsciente, un tiempo lógico, que traza las marcas sobre las cuales se constituyen las representaciones. Instituye las referencias temporales que signan la percepción temporal misma. “El tiempo lógico es lo contrario del tiempo psicológico. No es la modificación que afecta a un sujeto en su relación con el tiempo, deja de lado el tiempo de la espera, el de la urgencia, el del aburrimiento, por cuanto serían modalidades afectivas del sujeto”9

Pensar el acontecimiento como acto performativo

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Miller, A., Los usos del lapso, Paidós, Bs. As., 2004, p. 225. Miller, A., Los usos del lapso, p. 236.

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El acontecimiento es el advenimiento del vacío, es la emergencia de una escansión que rompe la cadena significante y detiene la construcción de representaciones. El acontecimiento irrumpe en el tiempo, constituyendo el propio tiempo en el cual se inscribe. Aquí nos topamos con la paradoja del tiempo que a su vez, desde Butler y después volveremos sobre este punto, signa también al sujeto. La paradoja del tiempo según Miller es precisamente este desdoblamiento que plantea Lacan en un tiempo lógico y un tiempo subjetivo (psicológico- del yo). Un desdoblamiento en donde opera la pregunta por el tiempo en sí, o mejor dicho, la pregunta por el ser del tiempo. El acontecimiento como ruptura encarna en sí mismo esta paradoja. El acontecimiento irrumpe en el tiempo y a su vez instaura el tiempo en el cual emerge. Pero es posible de pensar solamente si a la matriz imaginaria que construye una sucesión temporal, le superponemos el funcionamiento de una estructura significante en donde el sentido del tiempo y del acontecimiento se establecen de manera retrospectiva.

Este esquema supone que el acontecimiento alcanza la totalidad, es decir que el acontecimiento tiene una capacidad de reconfiguración de todo eso que con anterioridad era virtual. El acontecimiento se produce en un contexto pero, al mismo tiempo, lo trasciende y produce un sentido irreductible a ese contexto10

Otro de los puntos por los que el acontecimiento encarna en sí mismo la paradoja del desdoblamiento del tiempo, la alteridad del tiempo del Otro y la linealidad sucesiva del tiempo del yo, es precisamente la reconfiguración de las coordenadas temporales que operan en el tiempo subjetivo. Lo “anterior” y lo “posterior” se resignifican a partir del advenimiento del acontecimiento en tanto que éste opera de manera retrospectiva el punto del advenimiento que en un primera instancia es lo primero, “lo anterior”, se reconfigura hacia el pasado desde una línea temporal sucesiva que lo posiciona a su vez como “lo posterior”. Miller cita el grafo de Lacan para trazar las coordenadas del acontecimiento:
Acontecimiento 1 2

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Miller, A., Los usos del lapso, p. 235.

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Resulta claro que este esquema de retroacción comporta una reelección de las relaciones de lo anterior y lo posterior. Este esquema se inscribe en sí mismo en falso contra la nominación unívoca de la sucesión. Aquello que aparece como anterior y posterior en el primer vector, encuentra un orden inverso en el segundo11

Esta resignificación a partir del acontecimiento de lo “anterior” y lo “posterior”

lo

podemos observar en Butler en la descripción del proceso mismo de constitución subjetiva y específicamente en la figura de “darse la vuelta”. Para Butler es a partir de la internalización de las representaciones sociales, de la norma, que el sujeto se constituye en un dilema tropológico por el cual nos vemos obligados a referirnos a un sujeto que internaliza normas cuando de hecho es esta misma internalización la que lo constituye. Opera en el proceso una paradoja constitutiva que obliga a hacer referencia a algo que todavía no existe. La figura del tropo para Butler explica la conformación del sujeto en tanto que el deseo y el poder se dan la vuelta contra sí mismos en el proceso de constitución. El poder externo se repliega y se transforma a sí mismo en el proceso mismo de la internalización, así como también se vuelven contra sí el deseo y la pulsión. A partir de la lectura de Freud y Nietzsche, Butler retoma a la prohibición a la vez como algo productivo y negativo. “La prohibición de la acción o la expresión vuelve a la pulsión sobre sí misma, fabricando un ámbito interno, el cual es la condición de la introspección y reflexividad”12 La pulsión de muerte es explotada en la conformación del sujeto en tanto que éste se constituye en una subyugación fundante, pero es esta misma subyugación la que permite su existencia, por lo que el deseo de supervivencia opera necesariamente, y en última instancia, en el deseo por la sumisión que garantiza la emergencia misma del sujeto. “La vuelta del deseo sobre sus pasos que culmina en la reflexividad produce, sin embargo, otro tipo de deseo: el deseo por ese mismo circuito, por la reflexividad y, en última instancia, el sometimiento”13 El sujeto se ve obligado a “darse vuelta contra sí mismo”, en el sentido en que persigue constantemente el deseo de su propia disolución, y es en la frustración de este deseo que el
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Idem, p. 252. Aclaración: La flecha que indica el lugar del acontecimiento es nuestra. Butler Butler, J., Mecanismos psíquicos del poder. Teorías sobre la sujeción, Madrid, Ediciones Cátedra, 1997, p. 33. 13 Idem, p. 34.

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sujeto se constituye. Un deseo de supervivencia que se vuelve contra sí mismo porque se transforma en un deseo que persigue su propia disolución. Pero precisamente este deseo como pulsión de muerte se ve obstaculizado por la emergencia del mismo sujeto. Es en esta búsqueda constante por ser que el sujeto lucha contra la pulsión de muerte, y en la cual también se basa el sometimiento – si se quiere el poder que desborda al sujeto -para operar. Podríamos agregar entonces, que es en la constitución excéntrica del sujeto, es decir, por fuera de un centro propio, en donde los mecanismos de poder funcionan tanto ofreciéndose como objeto-causa de deseo, como constituyendo al sujeto en-el-deseo. Nos encontramos con una ambivalencia necesaria en la constitución del sujeto; la internalización del poder (externo) en y por el sujeto implica la transformación de este poder -como condición de sometimiento- en un poder propio del sujeto que signa su potencia de acción/ transformación. Es el poder que somete al sujeto desde el exterior, el que resulta a su vez, constitutivo del sujeto mismo. Ahora bien, si pensamos la problemática desde la constitución de la identidad del sujeto, desde Butler ésta es definida como la ilusión que estructura ese yo estable y transparente a sí mismo. Las distintas identificaciones son las que para Butler signan al cuerpo con la materialización de las condiciones históricas y sociales e instituyen al sujeto como un proyecto cultural sostenido y repetido. Es en lo que Butler define como actos performativos que el proceso de internalización se materializa, en las prácticas que lejos de estar orientadas por el propio sujeto, son las que lo constituyen. Actos que performan, dan forma a las distintas identificaciones que repetidas en el tiempo instituyen una ilusión de identidad dada y discernible. Estas “performances sociales sostenidas” no sólo permiten la reproducción de las relaciones de poder sino que en su iterabilidad otorgan la posibilidad de su transformación. El proceso de internalización de la norma en el sujeto (y por el sujeto) permite la temporalización de las relaciones de poder, el poder adquiere carácter presente y temporaliza, circunscribe, las condiciones de subordinación. El sujeto es el lugar de la reiteración/transformación de las relaciones de poder. “La reiteración del poder no sólo temporaliza las condiciones de la subordinación, sino que muestra que éstas no son estructuras estáticas sino temporalizadas, es decir, activas y productivas”14
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Butler, J., Mecanismos psíquicos del poder, p. 27.

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Las distintas significaciones sociales culturales se internalizan mediante actos performativos que lejos de prácticas racionales a cargo del sujeto, lo actúan y lo constituyen. Las relaciones de poder internalizadas demarcan las condiciones sobre las cuales se constituye el sujeto, y es en su reiteración que se temporalizan y mantienen vigentes. Pero en este mismo proceso de reactualización constante de la norma, es que se traza la posibilidad de la diferencia. En este sentido es que podemos pensar a los actos performativos como acontecimientos. El sujeto que performa no es el mismo que después del advenimiento de la performance. Un sujeto otro emerge en la repetición de los actos instaurando un nuevo tiempo psicológico, una nueva significación en cada intervalo temporal. Este cambio en la dimensión temporal Miller lo destaca como una de las características del acontecimiento:

Al pensar a partir de la palabra, el tiempo tiene una dirección, sólo que Lacan agregó a ella una dirección retrógrada, la dirección retrógrada del efecto de significación, apta para inscribir, asimismo, el efecto de sentido y el efecto de verdad, que comporta que el acontecimiento es susceptible de cambiar todo a nivel semántico15

En la constitución de una identidad estable, de un estilo generalizado, operan la repetición de actos en una matriz social temporal que se ve rasgada por la emergencia del acto que performa y que a la vez posibilita la transformación de esta unidad estable y generalizada. El acto performativo en este sentido, también opera retroactivamente re-definiendo las identificaciones imaginarias y simbólicas que constituyen al yo. En este sentido, es que para la autora no hay un sujeto completamente constituido sino que siempre se ve inserto en un proceso de constitución.

Palabras finales Pensar a la temporalidad en la constitución subjetiva implica pensar entonces en las mismas características que signan al proceso de la constitución del sujeto: desdoblamiento, excentricidad, retrospección y resignificación. El sujeto se constituye sobre una estructura significante que lo excede y que genera un efecto de sentido que no sólo oculta el proceso mismo de constitución sino que instaura al
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Miller, A., Los usos del lapso, p. 234

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yo como unidad coherente y referencial de la identidad. El sujeto se desdobla entre una estructura inconsciente y una construcción imaginaria y simbólica que estructura la realidad misma del hombre humano. En este entramado de representaciones es en donde opera la instancia ideológica, asentada también sobre la estructura inconsciente. En el tiempo constitutivo del sujeto también opera un desdoblamiento. Un tiempo que como estructura permite la emergencia del acontecimiento, que irrumpe e instaura una nueva significación, y da lugar al tiempo subjetivo. Un tiempo estructural que no sólo permite sino que determina la emergencia de la contingencia, del acontecimiento. Y este acontecimiento incide y construye la identidad del sujeto retrospectivamente. El sujeto que como tal, se constituye en la iterabilidad de esta estructura significante, instituye un tiempo propio, en un entramado significativo de representaciones que a la vez es plausible de ser modificado con cada acto performativo.

Bibliografía

Althusser, L., Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Nueva visión, Bs. As., 1970. ---------------- “Tres notas sobre la teoría de los discursos” en Escritos sobre psicoanálisis. Freud y Lacan, Siglo XXI, México, 1996. ---------------- Freud y Lacan, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 2003. Butler, J., Mecanismos psíquicos del poder. Teorías sobre la sujeción, Madrid, Ediciones Cátedra, 1997. ------------ “Actos preformativos y constitución del género; un ensayo sobre fenomenología y teoría feminista”, Theatre Journal Nº3, 1988. Freud, S., Obras Completas, Tomo 1, “Psicología de los procesos oníricos”, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 1973. Lacan, J., Escritos 1, “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”; “El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, Siglo XXI, Bs. As., 1988.

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------------- El seminario de Jaques Lacan. Libro 2. “El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica”, Paidós, Bs. As., 1997. Miller, A., Los usos del lapso, Paidós, Bs. As., 2004.

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