II Jornadas Espectros de Althusser - 2011

Mesa: Lo social y lo subjetivo LA SOBREDETERMINACIÓN, LA REVANCHA DE LO SOCIAL. APUNTES PARA UN ANÁLISIS DE LA CONTINGENCIA Y LA HISTORIA EN LA OBRA DE ALTHUSSER

Fernando Manuel Iglesario Leandro Porcellini

Introducción Más allá de los diferentes objetos de análisis, tales como estructuraciones discursivas o identidades políticas, la moderna teoría política se esfuerza por comprender distintos procesos de significación. Si bien estas contribuciones han ganado precisión conceptual y especificidad explicativa, en contrapartida han perdido de vista la necesariedad de pensar en lógicas más generales, marcos más amplios, que permitan la elucidación de lo social como articulación de diferentes prácticas que resultan de procesos que desplazan y modifican lo significativo. Para ello es oportuno pensar en la categoría de sobredeterminación como medio para dar cuenta de la influencia de lógicas que generan sentido pero que son diferentes y anteriores a toda clasificación. De esta manera la sobredeterminación puede dar cuenta de ciertos límites a los procesos de significación señalando la posibilidad social de la creación de sentidos evidenciando los lugares estructurales donde se alojan determinadas prácticas. Lo social, como construcción momentánea donde el sujeto se objetiva, se establece a partir de la experiencia en la cual el individuo se reconoce mediado por lo otro. Esta imagen especular como imagen del otro se constituye en función del desconocimiento y, a pesar de delimitarse como un espacio cerrado, crea el lugar de existencia para la multiplicidad de la significación, para la abundancia del significante. Por todo ello el espacio social pensado por Althusser en la revisión de sus escritos, se presenta como una relación significativa con condiciones reales de existencia independientes del carácter de las interpelaciones subjetivas. Se reconoce, a partir de la figura de la contingencia radical, que hay una realidad privada de sentido, exterior a nuestro deseo y sin dirección alguna. Este pensamiento materialista bloquea cualquier dardo que se dirija en una dirección prefigurada para centrarse en la indagación que, rechazando la imposición del Sentido, retome la intención de la explicación de lo social.
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Partimos del reconocimiento de que con frecuencia la temprana aspiración althusseriana de ofrecer un análisis integrado de la ideología, del funcionamiento de los aparatos ideológicos del estado y los procesos de interpelación de los discursos que sujetan a los individuos a la reproducción de las relaciones sociales y del modo de producción capitalista tendió a ser redireccionada. Diversos autores influidos por su obra y en diálogo con ella han dirigido sus análisis hacia la política, los procesos de significación y de identificación considerablemente al margen de los estudios referidos a otros niveles de la realidad social como el desarrollo de la economía y las crisis capitalistas. Cabe mencionar que desde hace ya varios años se produce un rescate del olvido de la obra del filósofo francés que, a diferencia de las miradas anteriores, recupera varios aspectos de su trabajo que se presenta así como anticipatorio e incluso en diálogo con la producción de la escuela posestructuralista y posmarxista. Este examen es válido no sólo para esos textos tardíos que contienen la enunciación del materialismo aleatorio sino también para sus trabajos clásicos en los que rastreamos problemáticas no cerradas y retomadas en su obra posterior. Por nuestra parte pretendemos ayudar modestamente en esta labor de rescate y de relectura, mostrando ciertas potencialidades olvidadas de su obra a partir de la reutilización actualizada de algunas categorías como la de sobredeterminación para pensar la efectividad de la actividad humana, pero sin dejar de reconocer siempre el hiato existente entre nuestra producción teórica, como representación de la relación entre el sujeto y sus condiciones de existencia, y el espacio de la práctica. En este trabajo abordamos algunos conceptos y rasgos de la obra althusseriana que nos resultan pertinentes para pensar la actualidad de la reflexión teórica sobre la sociedad y la política contemporáneas.

Tensiones La aparición de “Contradicción y sobredeterminación”, luego incluido en el volumen titulado (en su versión castellana) La revolución teórica de Marx1, marcó un nuevo horizonte dentro de la teoría marxista de los años 60 del siglo pasado. La búsqueda de enriquecer el análisis apartándose de los esquemas mecanicistas y voluntaristas difundidos en su época ubicó a la obra de Althusser en el primer plano de los debates. Por el impacto de su recepción, debido en parte a su condición de militante del
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Althusser, L. La revolución teórica de Marx, México, Siglo XXI. 1975. 525

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comunismo francés y por lo que él mismo consideró años más tarde una intervención producida en el extremo2, las miradas puestas en su obra fueron punzantes como un bisturí. La elocuencia en la presentación de su obra y el esfuerzo por colocarla dentro de la perspectiva cientificista defendida hicieron que no fuera una fácil tarea emprender su crítica. Pero las discrepancias comenzaron a florecer a la brevedad y rápidamente se diseminaron las intervenciones de los que veían la presencia de ambigüedades y puntos ciegos en la obra de Althusser. La novedosa conceptualización expuesta en el artículo mencionado constituyó un marco para pensar el proceso histórico jalonado a través de unidades de ruptura con esquemas que incorporaban los elementos que establecían los rasgos de excepcionalidad del mismo. En un gesto muy propio del Althusser clásico, postulaba una serie de criterios para evitar caer en las redes de la explicación economicista o voluntarista, en armónica continuidad con los puntos de vista de los autores más representativos de la tradición teórica y política. En ese texto temprano y otros del mismo período, se observa una tensión destinada a perdurar en la obra althusseriana posterior. En la operación que planteaba la existencia de una contradicción sobredeterminada ya aparecía el esfuerzo por reconciliar la tesis del marxismo clásico que asignaba a la articulación de las relaciones de producción y las fuerzas productivas el carácter determinante en última instancia con la búsqueda de establecer índices de eficacia y determinación de otras instancias de la vida social. En alguna medida, se puede constatar la intención por observar la continuidad de las relaciones capitalistas de producción y su centralidad en la sociedades occidentales modernas al tiempo que se intenta escapar de las explicaciones que remiten al mero criterio económico empobreciendo el análisis, descartando los márgenes de autonomía de otros elementos tanto como la propia interacción y la superposición entre los distintos tipos de instancias. Indudablemente, la búsqueda que permanece en su obra es la de ofrecer una explicación que lejos del conformismo frente a los discursos que pretenden dar cuenta de lo real, se someta a la crítica y trate de ofrecer marcos más apropiados para acercarse al “discurso de la realidad”.
En 1975, respecto al contexto y al carácter de las posiciones sostenidas en aquellos años, Althusser recordaba: "Por mi parte, un tanto instruido sobre la relación que he indicado entre filosofía y política, recordaba a Maquiavelo, cuya regla del método raramente enunciada pero siempre practicada, es que es preciso pensar en los extremos, esto es, una posición en la que se enuncian tesis límite, en la que para hacer el hacer el pensamiento posible se ocupa el lugar de lo imposible." Althusser, L. La soledad de Maquiavelo. Marx, Maquiavelo, Spinoza, Lenin. "Defensa de la Tesis de la Universidad de Amiens". Pág. 217. 526
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En el plano de la teoría althusseriana de la ideología encontramos una tensión similar a la descripta. Su versión temprana fuertemente concebida a partir de la reflexión sobre la reproducción de las relaciones capitalistas de producción deja muy poco espacio para la aparición de matices. A través de mecanismos inconcientes, la ideología ofrece a los miembros de una sociedad sistemas para representar el mundo que habitan. Al mismo tiempo, a partir de ella se reconocen como individuos que ocupan un lugar en las relaciones sociales de producción al que permanecen sujetados garantizando los medios para la reproducción del modo de producción. Esta explicación con fuertes rasgos funcionalistas centrados en los aspectos continuistas de las representaciones y estructuras sociales, fueron pronto revisados por Althusser, quien se orientó hacia fórmulas que concedían mayor importancia a la lucha de clases3 y a la identificación con ideas provenientes de sectores dominantes o dominados en el marco de los conflictos sociales y políticos propios de la sociedad capitalista. De un modo similar podemos acercarnos a las distintas propuestas filosóficas del autor. De la denuncia de la influencia hegeliana dentro del marxismo extrajo la conclusión de la necesidad de formular una filosofía marxista (presente en estado práctico en la obra de Marx) capaz de reponer una teoría a la altura de las exigencias científicas del momento, ofreciendo un método de conocimiento en condiciones de dar cuenta de la realidad por fuera de las construcciones teleológicas de la filosofía hegeliana. Ese temprano vuelco materialista que reclamaba para el marxismo, se profundizaría al punto de denunciar todo sistema filosófico y volverse radical. La sencilla fórmula materialista de “no contarse historias” lo conduciría a la enunciación de una propuesta para acercarse al conocimiento que tendría que ser por definición ex post. En su concepción, partiendo de elementos contemplados separadamente, tendría lugar una toma de consistencia que permitiría ver la nueva configuración producida en el marco de un proceso de ruptura que bien podría haber arrojado cualquier otra configuración (o no haberse producido nunca). Es por eso que el materialismo del encuentro no puede conocer sino a partir de los resultados. No hay posibilidad de un conocimiento anterior al clinamen y al encuentro de átomos o elementos. Tampoco hay posibilidad de explicar lo que sucederá cuando esa toma de consistencia siempre precaria libere sus elementos

Tal como señala Natalia Romé, “Althusser recupera la cuestión del individuo para inscribirla en el terreno general del que él nunca ha salido, el de la filosofía política y la preocupación por la intervención en la historia”. Romé, N. “Algunas notas sobre la articulación entre historia, ideología y politica en la obra de Louis Althusser” en XII Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación. Rosario. 2008. 527

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para dar lugar a una nueva configuración4. En el plano de las tensiones marcadas de la reflexión althusseriana, podemos destacar que el giro radical de su materialismo que aplaza la tarea inicial de fundar una dialéctica materialista y una filosofía marxista no inhibe su indagación filosófica. Al contrario, su denuncia de todo discurso que pretenda hallar una ontología o bien otorgarle un sentido a la historia, no detiene si no que impulsa su reflexión sobre el origen y el destino de las cosas, tanto como los mecanismos para conocerlas. En numerosas ocasiones la polémica y los encendidos debates que aparejaron la lectura de la obra de Althusser dieron lugar al abordaje de las tensiones de su obra como prólogo para optar por alguna de las consideraciones contrapuestas. En este apartado se intentó resaltar el vigor de la reflexión que les dio vida y la continuidad de los impulsos que orientaron esas búsquedas. En toda la obra, encontramos además de categorías que nos permiten reflexionar sobre el conocimiento que tenemos de distintos planos de la realidad social, un esfuerzo renovado en cada recomienzo por encontrar explicaciones, por reconocer vectores que aporten sentido a las interpretaciones ofrecidas sin olvidar la necesaria complejización constante de los análisis y la crítica de los conceptos construidos.

La aparición de la sobredeterminación En su obra madura Marx se había ocupado de investigar en profundidad la lógica propia de la economía en el modo de producción capitalista, dando lugar a múltiples y sesgadas interpretaciones. Tal como se indicó anteriormente, la intención de Althusser era criticar las posturas marxistas que desconocían, al darle un exceso de importancia a la instancia económica, que la ideología y la política tenían sus propias lógicas de funcionamiento y que no prestaban atención a otras estructuras que podían determinar a la economía. El origen de estas insuficiencias provenían, para Althusser, de un resabio de la dialéctica hegeliana que permanecía enquistado en el cuerpo de la teoría marxista que, bien hay que decirlo, contaba incluso con referencias en la obra misma de Marx5.

“Solo una teoría finita puede ser realmente abierta a las tendencias contradictorias que descubre en la sociedad capitalista, y abierta también a su porvenir aleatorio, a las impredecibles sorpresas que no han cesado de marcar la historia del movimiento obrero…” Althusser, L. et al. Discutir el Estado. Posiciones frente a una tesis de Louis Althusser. Folio Ediciones. México. 1982 (pag, 12). 5 Como el mismo Althusser supo ver en su momento. Althusser, L. Para un materialismo aleatorio, Madrid, Arena. 2002. 528

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Althusser se propuso mostrar como la dialéctica hegeliana estaba comandada por un principio de contradicción simple que operaba en una totalidad originaria y expresiva que se reflejaba en “un principio interno único”6. Esta categorización era inseparable de una filosofía especulativa en tanto que, “la simplicidad de la contradicción hegeliana nunca es más que la reflexión de la simplicidad de ese principio interno de un pueblo, es decir, no de su realidad material, sino de su ideología mas abstracta”7. De este modo se obtenía una concepción de la historia donde todos los elementos de lo social eran manifestaciones necesarias de su esencia8. Para Hegel la sociedad está constituida por una infinidad de determinaciones concretas pero ninguna de esas determinaciones es externa a las demás ya que en conjunto conforman una unidad orgánica producida por un principio interno único, lógico, que se constituye como Verdad. En el caso del marxismo economicista el principio esencial se constituía con la contradicción, de tipo simple, entre capital y trabajo, dando lugar a un principio constitutivo y determinante de la conciencia. De esta forma, todas las manifestaciones sociales podían explicarse como despliegue mediado de aquella contradicción. Se concebían los antagonismos sociales fundados en mecanismo inmanente que veía la conciencia de los agentes meramente derivada de la

contradicción principal. Cualquier otra construcción discursiva corrida de aquella que se tomara como adecuada a esa unidad simple sería condenada como resultado de una operación de distorsión. La tarea teórica política se entendía como necesidad de descubrir la esencia social para, así, correr los velos que se interponían entre los sujetos y lo social. Para superar este marco estéril de pensamiento que se proponía la imposición de un principio lógico antes que la elucidación de una realidad ya dada, Althusser propuso una nueva lectura de la dialéctica marxista fundada en una posición filosófica opuesta a Hegel. Como herramienta conceptual Althusser tomo prestada del psicoanálisis la
Desde la infinitud de la razón el conocimiento no puede ser pensado como mero conocimiento ya que se transforma en la vida profunda en la que la realidad logra coincidir consigo misma. Como ha señalado Fernandez Liria en un ensayo que rescata la faz más cientificista de Althusser, el Concepto para Hegel ya no es solo el conocimiento de lo que conforma una formación histórica sino que es lo plenamente verdadero: la vida interna que anima y mueve el desarrollo histórico, su “espíritu”. La ciencia, de este modo, aparece en una continuidad real con la ideología como su momento más profundo o critico, como lo verdaderamente buscado por la historia. Toda la labor del tiempo se condensa en un despliegue lógico que seria su Verdad. La historia es, de esta manera, una aventura lógica que comienza con Dios y continua a través del devenir natural e histórico para concluir de nuevo en el elemento lógico. Eso que Hegel llama “realidad efectiva” es la impresionante mediación de un retorno lógico. Ver Fernández Liria, C. El materialismo. Síntesis. Madrid. 1998 (p 100 y 101). 7 Althusser, L. La revolución teórica de Marx, México, Siglo XXI. 1975. 8 Para Althusser, toda la filosofía de Hegel está dominada por el concepto leibniziano de “expresión”. 529
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categoría de sobredeterminación. En su versión althusseriana y en su aplicación a la teoría marxista esta categoría tuvo como objetivo ayudar a formular una teoría materialista de la historia. Aparecía así una visión de una contradicción compleja, una teoría de diversas instancias interrelacionadas y no homogéneas que permitía evitar la dimensión especulativa del marxismo hegeliano. Althusser advirtió que la instancia económica de un modo de producción estaba integrada por dos elementos (la fuerza de trabajo y los medios de producción) pero que a su vez eran el resultado de la combinación de otros factores usualmente ubicados en el ámbito de otras instancias tales como el Estado, la lucha de clases, la geografía, lo biológico, que, de esta manera los determinaban y constituían. Cada categoría simple indica la existencia de una totalidad estructurada en un determinado estado de desarrollo social9. Sin embargo, y siguiendo las formulaciones del marxismo clásico, el filósofo francés, en su obra de los años 60, mantuvo la preeminencia del factor económico en su jerarquía conceptual con el recurso engelsiano de la determinación en última instancia. Althusser no demostró filosóficamente la universalidad de la contradicción principal, porque la economía es la determinación en última instancia, ni porqué la sobredeterminación opera sobre una contradicción principal. La sobredeterminación10 como categoría permitía enriquecer la comprensión de una situación histórica, pero no
Althusser comparte con el estructuralismo maduro la concepción de que la estructura no es un metal al que hay que separar de la ganga de lo real sino que es un constructo. Si no fuera así el camino hacia la estructura sería una operación de limpieza: la abstracción seria una extracción. Para las relaciones entre Althusser y el estructuralismo ver Cuesta, M. “En el campo de batalla: Louis Althusser y el estructuralismo” en Rodríguez, F. y Vallejo, M. El estructuralismo en sus margenes. Ediciones del signo, Buenos Aires. 2011. 10 Como era de esperarse, la cuestión de la sobredeterminación despertó en diversos autores influidos por la reflexión althusseriana diferentes reflexiones. Pueden encontrarse dos grandes tipos de abordaje. El primero podemos verlo como una continuidad de los planteos marxistas más tradicionales, presentes incluso en el Althusser clásico, que piensa a la categoría en estrecho vínculo con la contradicción principal que actuaría como determinante en última instancia. Aquí, la sobredeterminación tal como se explicó anteriormente estaría marcando la determinación aportada a lo social e incluso a la determinación económica desde el marco de otras instancias de la estructura de la sociedad. Es un planteo que no goza con el beneficio de la moda, pero que en diversas variantes poco informadas teóricamente se conserva tenaz en el territorio de la ortodoxia. Frente a esta mirada, podemos encontrar la conceptualización de autores que desechado el marco de la última instancia contemplan la categoría como un recurso para incorporar al análisis el registro de lo simbólico en lo social. Para Laclau10 el concepto de sobredeterminación se constituye únicamente en el campo de lo discursivo y pierde toda significación fuera de él. Por ello el potencial de este concepto va de la mano de la afirmación de que lo social se constituye como orden simbólico. Para el autor argentino la posibilidad de elaborar un nuevo concepto de articulación se funda en el carácter sobredeterminado de lo social. Pero esta posibilidad, a su juicio, fue obstruida en el discurso althusseriano por el recurso a la categoría de la determinación en última instancia por la economía. Si la determinación última es válida para todo momento significa que la determinación no procede a través de una articulación histórica contingente sino que es una necesidad apriorística. 530
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afirmar la necesariedad ontológica de una contradicción entre relaciones de producción y fuerzas productivas. Para Althusser el recurso de la última instancia y la existencia de una contradicción principal implicaba una diferenciación que consistía en la propia complejidad del todo social, siendo la dominación la característica sustancial11. Las contradicciones secundarias del todo estructurado no son fenómenos o manifestaciones de la contradicción principal o esencia en sentido hegeliano, sino que, en palabras del mismo Althusser, son necesarias a la existencia misma de la contradicción principal. Forman sus condiciones de posibilidad o existencia. La determinación en última instancia es la condición que permite que las instancias se relacionen en ciertos grados de desigualdad. Permite mostrar el desplazamiento de la instancia dominante en un momento histórico y su índice de eficacia. La contradicción principal cierra la totalidad y se constituye en principio explicativo. Articula las instancias construidas teóricamente y permite un específico tipo de conocimiento.

La explicación como efecto Como indicamos, Althusser intenta resolver lo que parece inexplicable desde el marco del materialismo histórico clásico: la contradicción principal no se presenta de manera directa para producir efectos inequívocos discernibles. Su tarea autoimpuesta es, entonces, mostrar como una “poderosa acumulación de circunstancias”, que son efecto de diversas contradicciones, constituyen un momento histórico definido. En sus planteos del período clásico echa mano al concepto de sobredeterminación para abordar la articulación de los elementos que componen las distintas instancias que componen lo social y las relaciones que se dan entre sí. De este modo, intenta evitar el obstáculo que representaba la contradicción capital y trabajo entendida como contradicción simple, ya que se revelaba como una abstracción que no contemplaba la eficacia de las otras instancias sociales. En su reclamo materialista, Althusser establece una invitación a partir del vacío para pensar las formas presentadas históricamente que no pueden deducirse de esencias

“La dominación no es un simple hecho indiferente, es un hecho esencial a la complejidad misma. A ello se debe que la complejidad implique como esencial a si misma: está inscrita en su estructura.” en Althusser, L. y Balibar, É. Para leer el capital, México, Siglo XXI. 2000 (pag. 167). 531

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trascendentes y ahistóricas12. Las relaciones e identidades no son universales sino que se dan de modos concretos que hay que determinar. Por ello el conocimiento no se obtiene de una vez como revelación sino que se produce como parte de estructuras concretas. Como efecto de éstas13, es inmanente a la complejidad del sistema social, en una totalidad estructurada, desigualmente articulada. Es esta articulación desigual la que permite intentar una explicación y no sólo una mera descripción. La unidad compleja althusseriana se asemeja así a la teoría de la symploké de Demócrito. Ambos comparten la idea de que la relación de las cosas da lugar a una estructura que no puede anticiparse ya que su existencia no está inscripta en ellas, dado que la entidad de una cosa no tiene consistencia propia separable de la combinación de sus elementos. En Althusser la radicalización del concepto de contingencia como postura no se dirige a descartar las “condiciones materiales de existencia” sino, por el contrario, busca eludir el misticismo de cualquier ontología, para así definir lo real como el núcleo traumático que fisura cualquier identidad: lo contingente se nos presenta como identidad rasgada. La contingencia necesaria no tiene nada que ver con el relativismo ni con la inexistencia de determinaciones reales ni con la imposibilidad del conocimiento sino con el desplazamiento de un real que se resiste a ser detenido, que se resiste a mostrar su Verdad. Nos enfoca a la ausencia de certezas últimas y permite pensar en oposición a lo que el filósofo señala como los rasgos centrales del idealismo. Contra el mecanicismo, pero desde dentro del marxismo, Althusser desechó el par conceptual esencia – fenómeno y lo sustituyó por un fundamento en sentido débil donde las condiciones de existencia son heterogéneas. Una vez establecida la ruptura con esta tradición, cuando ya no había nada que perder, la última instancia desapareció como concepto operativo.

La sobredeterminación a la luz de una querella teórica Señalamos que el gran esfuerzo teórico de Althusser fue intentar escapar a la idea de que era posible recomponer un proceso histórico a partir de una causalidad única. De aquí se desprende la paradoja del enfrentamiento que protagonizó con E. P. Thompson.
Para Althusser los modos de producción son enteramente diferentes por lo que su conocimiento tiene que construirse separadamente. 13 Al respecto, y volviendo a la mirada de Laclau, puede postularse como hipótesis que las nuevas ontologías políticas son marcos de análisis resultantes de una nueva disposición de las prácticas en el capitalismo tardío. 532
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En su obra más reconocida14, el historiador británico se opuso a explicar la constitución del proletariado a partir de la aparición de las fábricas. Para evitar la causalidad unilineal Thompson recompuso, con un aparato categorial muy diferente al del Althusser, una complejidad que muestra los caminos alternativos que tomó la formación de la clase obrera inglesa. Hoy en día, que la polémica se ha diluido con el paso de los años, parece increíble que aún desde una postura muy diferente Thompson no pudiera ver que el objetivo que perseguía Althusser incluía mostrar la complejidad social, el carácter significativo de toda relación y una lucha sin cuartel contra el esencialismo idealista15. A la distancia y en toda su radicalidad, ambas conceptualizaciones deberían combinar sus capacidades heurísticas para abordar la explicación de lo social. Esta referencia a las posibilidades de la construcción del discurso historiográfico nos lleva a pensar en el uso de categorías fértiles y a distinguir la dificultad filosófica de trascender la causalidad múltiple o la pluralidad epistemológica. En este sentido queremos rescatar la categoría de sobredeterminación. Es cierto que, como sostiene De Ipola, la pluricausalidad o la figura del paralelogramo de fuerzas es una manera de concebir la sobredeterminación que cuenta con indicios en la propia obra de Althusser (recuérdese la mención de “poderosa acumulación de circunstancias”), pero también existe otra posibilidad de concebir la sobredeterminación, que es la de considerar elementos que se organizan en secuencias significativas diferentes las cuales en cierto nivel poseen coherencia propia. Por este camino, podemos pensar el conocimiento y la explicación como efecto estructural no mecánico ni transitivo para evitar caer en una ontología que absolutiza algún tipo de práctica en detrimento de otra y, de esta manera concebir el conocimiento, la teoría, al igual que el carácter simbólico de lo social como resultado inmanente de un conjunto de prácticas sociales. Es posible, por ende, entender que la explicación y el conocimiento, aún como sutura del todo social nunca deja de ser parcial, al igual que cualquier cadena de significación16. Las ideas no reflejan una realidad previamente construida, como tampoco la crean espontáneamente. Contribuyen a circunscribir elementos reales de cada situación,
Thompson, E. P. “La formación de la clase obrera en Inglaterra”. Barcelona, Crítica, 1989. Claro que existía una gran diferencia que ya ha sido remarcada en numerosas ocasiones. Para Althusser no se podía pensar desde la noción de sujeto. Para Thompson no se podía pensar sin ella. 16 Se pretende así evitar la fractura típicamente filosófica entre el ser y el pensar para permitir la articulación entre ambos considerando la explicación como práctica, como materialidad, como intervención política.
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consistencias e inconsistencias en un proceso de construcción que determina la realidad pero que también la cuestiona. Más que pararse en el problema de la adecuación del pensamiento a la realidad, lo cual remite en última instancia a una mirada especular entre el conocimiento y lo existente se trata de tomar la explicación como herramienta para circunscribir lo que queda por fuera del marco simbólico que así se desplaza.

Consideraciones finales Si Marx y Althusser siguen siendo autores de nuestro tiempo es porque las crisis capitalistas posteriores al supuesto fin de la Historia permiten recuperar partes de su conceptualización17. Con su análisis de la ruptura epistemológica marxista y del carácter de la ideología, Althusser pudo establecer que el carácter del proceso de conocimiento no se establece como operación que muestra la realidad del objeto desestimando las falsas concepciones sobre el mismo, sino que la operación se establece a partir de lo que la mirada ideológica no puede aprehender a pesar de categorizarlo. Con este apreciación, Althusser no sólo mostró la dualidad entre realidad y pensamiento, también acercó al análisis de lo social la naturaleza escindida del sujeto (sujeto barrado) que postula el psicoanálisis en contrapartida al sujeto cartesiano o sartreano. Pero aún más: estableció una realidad irreductible que se presenta como el sustrato de toda conceptualización, de toda subjetivación y que muestra cada vez que es necesario los límites y posibilidades de la acción y el conocimiento. Al contrario del pensamiento metafísico, el materialismo propuesto por Althusser indica que lo aleatorio prima sobre toda forma, sobre todo ser. El discurso sobre el mundo y sobre el ser son siempre segundos; todo discurso primero es imposible. “Para hablar del mundo es necesario que el mundo sea” señala Althusser negando toda teleología y con ello, y a pesar de sus puntos ciegos y aporías, nos invita a reflexionar por fuera del apriorismo tomando el “tren en marcha sin saber de donde viene ni adonde va.” De allí que aún siendo imposible elaborar un discurso que dé cuenta del todo social18 sea necesario contemplar las instancias que determinan la elaboración de los

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En un aspecto este regreso en forma repetitiva reproduce la estructura psicoanalítica del síntoma. Estas previsiones no permiten eludir la dificultad de asignar el carácter de validez a un discurso, aun cuando éste se pretenda científico y se sitúe históricamente, pero nos anima a la búsqueda del conocimiento a pesar de que éste no será alcanzado nunca por completo. Son estos problemas, que acompañan el decurso de la historia, los que periódicamente hacen volver la mirada a preguntas referidas al “hombre”, la “esencia”, la “historia”, que Marx había rechazado en su desplazamiento teórico, en la 534

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discursos e identidades, para incorporarlos a las prácticas y estructuras sociales que estos mismos constituyen. La sobredeterminación puede ser una herramienta para pensar en tal sentido. La emancipación de la política del terreno científico y su recuperación para el plano ético no reclama el abandono de un análisis que ponderé los mecanismos y la dinámica de la identificación política tanto como los problemas originados en torno de la acumulación capitalista19. Restablecer la fragmentación de lo social resulta tan inoportuno como no observar la necesidad de actualizar constantemente a través del debate el conocimiento de los resortes que articulan el presente de la política y la sociedad.

Queremos cerrar retomando el circuito althusseriano y de esta manera recuperar ciertas categorías y las ambiciones explicativas del primer Althusser junto con los límites y prevenciones del último. Valorar ese dispositivo teórico donde el pensamiento nunca termina de sentirse seguro de sí mismo porque a cada explicación, a cada nueva ontología, las interpela con el tipo de preguntas que las priva de sentido, de origen y de fin.

Bibliografía

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esperanza, nunca del todo justificada, de encontrar fórmulas permanentes que resuelvan las contradicciones y los problemas del hombre real o que arrojen “métodos” de análisis que aseguren la aprehensión de lo social. En el propio marxismo este recurso ha sido usado con más frecuencia de la deseada, ya sea para encontrar “la genial concepción de la historia”, “el germen de una nueva visión del mundo”, etc., para sortear promesas de libertad incumplidas, o para atenuar la distancia con los actores sociales reales. Ese “retorno” a la filosofía, magistralmente señalado por Perry Anderson, permite lanzar la pregunta sobre la posibilidad del conocimiento y la transformación social, con la ambición de que la respuesta sea del tipo de la ensayada por Karl Marx hace más de 150 años, pero que tenga como escenario nuestra propia sociedad y nuestro mundo. 19 No todas las relaciones sociales son reducibles al lenguaje aunque como poseen un contenido de significación pueden ser aprehendidas por una versión modificada del modelo lingüístico. Toda sociedad humana puede ser comprendida como conjunto de prácticas semióticas pero estas prácticas semióticas interconectadas se encuentran situadas dentro de “ambientes construidos”, entramados materiales, física y socialmente localizados que perduran o se transforman por la acción de las practicas semióticas. 535

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