II Jornadas Espectros de Althusser - 2011

Mesa: Lo social y lo subjetivo LA CAUSA NO PRESCRIBE PORQUE ES ETERNA: REVISIÓN DEL PROCESO SIN SUJETO NI FIN(ES)

Fernando De Leonardis

I

Prado salió de Buenos Aires rumbo al desierto y llegó al río Colorado. Cuando salió de Buenos Aires rumbo al desierto no era Comandante. Cuando escribió el libro era Comandante. Se lamenta el Comandante Prado. Un quejido corto acompañado de lágrimas secas: recuerda a sus compañeros muertos y vivos pero mutilados o fatigados: lo dieron todo en la gesta patriótica contra la barbarie: no recibieron nada. Y apesadumbrado, rememorando los sucesos de 1879, sentencia: Ahora los poderosos se reparten la tierra de a trozos grandes.

II El Che Guevara salió de Buenos Aires para hacer turismo aventura. En algún momento de su vagabundeo de niño rico venido a menos el turista se inyectó adrenalina al unirse a la guerrilla liderada por Fidel Castro quien lo nombró Comandante. El Comandante Guevara era un analfabeto no sólo militar sino también político: hasta la revolución cubana no había tenido participación política ni había leído literatura marxista. Un chanta. ¿Pero acaso Fidel Castro no lo era? En 1959 el burgués Castro no había podido terminar de leer el tomo 1 de El Capital porque le resultó difícil de entender.
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Diez años antes el chino Mao aún no había leído ningún texto marxista (el primer libro de Marx que leyó fue el Manifiesto comunista –un texto no teórico y polémico, propagandístico y no científico, dirigido al proletariado– y nunca leyó El Capital). Guevara, Castro, Mao: tres representantes de la barbarie política a quienes el Comandante Prado hubiese fusilado sin miramientos junto a los indios precapitalistas.

III Los odonianos llegaron a la luna desde Urras. Eyectados de la lucha de clases, se establecieron en tierras inhóspitas con la intención de crear un mundo feliz. Cristian Racovsky estaba en el infeliz mundo de Astrakán cuando intentó explicar por qué surgió la burocracia soviética: la diferenciación al interior de la clase productora (los funcionarios que ejercen la dictadura del proletariado) comenzó siendo funcional para convertirse en social. Surgió así una capa privilegiada. Es lo que ocurría en Anarres: aunque no haya explotación (esfera económica), hay opresión (esfera política). Y esa opresión se legitima gracias a la ideología, a través de las citas de autoridad (los escritos de Odo), primando en última instancia la voluntad general sobre la individual. La tensión individuo/comunidad es permanente en Los desposeídos. Es una tensión común al pensamiento de ciertas izquierdas que encontraría su síntesis en la sociedad comunista, cuando se haya superado el reino de la necesidad y alcanzado el de la libertad: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. La supervivencia en Anarres aún depende del trabajo impuesto por la necesidad. Es verdad que allí ya no se oponen el trabajo intelectual y el manual. Así, la sociedad odoniana, políticamente, parecería ser anarquista; pero económicamente no lo es: se socializó la miseria. No hay excedente. Hay hambrunas. La sociedad depende de la naturaleza. Algo similar ocurrió bajo el llamado comunismo de guerra tras la caída de los zares en la Rusia soviética: aunque no crecieran las fuerzas productivas, Bujarin estaba extasiado pues ya no había dinero ni burgueses. En Rusia, ese período fue corto y excepcional; en Anarres se consolidó y fue la norma. Hay una idea-matriz que estimula al protagonista de Los desposeídos y lo distingue de la masa: la noción de agente. Shevek experimenta cotidianamente que la sociedad
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odoniana frustra su voluntad. Entiende que la sociedad deba dar seguridad y estabilidad a todos y que para lograr ese bienestar se le exija a cada individuo una cuota de esfuerzo para mantener esa homeostasis. Pero también entiende que la capacidad de cambio está en cada una de las personas. Y concluye, paradójico: no hay fines, sólo procesos. Shevek es un sujeto deseante.

IV Procesos, agentes y fines: Marx en el prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política sintetiza magistralmente esos tres elementos: cuando las fuerzas productivas que no crecen y las relaciones de producción que encorsetan el crecimiento de esas fuerzas productivas chocan, se abre la época revolucionaria (procesos); y el resultado de ese choque (fines) se define por el resultado de otro choque, el de la lucha de clases (agentes). Lenin, menos afecto a la poesía que Marx, dirá que los cambios objetivos (procesos) deben ir acompañados de cambios subjetivos, esto es, de la habilidad de la clase revolucionaria para destruir a la clase antagónica (agentes) y así instaurar nuevas relaciones de propiedad (fines). Para el anarquista Shevek no hay fines pero sí procesos (un proceso sin fin). Althusser, que no se reclamaba anarquista, da a entender que la historia es un proceso sin sujeto ni fin(es), provocando controversias entre quienes se reclaman comunistas. ¿No dijo el poeta Marx que el comunismo es el movimiento real de la clase obrera? ¿No escribió junto con Engels en el Manifiesto Comunista que el comunismo forma parte del movimiento proletario y que ese movimiento es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa, pero como ese movimiento no tiene conciencia de sí los comunistas aspiran a dotar de conciencia al proletariado para así derrocar al régimen social de la burguesía y llevar al proletariado al poder e instaurar su propia dictadura revolucionaria? En este sentido, el esbozo althusseriano sobre la historia parecería no ser compartido por los comunistas Marx y Engels del Manifiesto Comunista, ya que para ellos hay proceso con sujeto (el proletariado) y fines (suplantar la dictadura capitalista por la obrera). Pero cuando Marx dos años después de la publicación del Manifiesto Comunista hace circular la revolución permanente en la Circular a la liga de los comunistas, no queda tan claro que el proceso tenga sujeto(s) y fines, ya que llama a los proletarios a seguir con la revolución hasta que todas las clases poseedoras y dominantes sean desprovistas de su poder y, una vez en el poder el proletariado, hasta que la competencia al interior de esta clase cese. De esto se desprende que cuando las
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clases dejen su antagonismo (esto es, cuando sólo quede el proletariado) seguirá habiendo luchas de poder. El poder refiere a la opresión y la explotación a las clases. La opresión no es exclusivamente económica mientras que la explotación sí lo es. Con las clases, entonces, se extingue la explotación, y con ella la lucha. Pero la lucha política, ya no de clases, continúa. Entonces no habrá explotación pero seguirá habiendo opresión. Y esto quizá sea una historia sin fin. El sujeto de clase será un sujeto otro.

V En su concepción de la historia, Marx dice también que no hay sujeto. ¿No está formulado esto en su manuscrito sobre las Formas que preceden a la producción capitalista? Allí está planteado el contenido de la historia: al margen de la voluntad se llega a la meta. Los burgueses, como individuos, no querían destruir las relaciones de producción feudales, pero se vieron obligados, como clase, a enfrentarse a los señores feudales, quienes debían su existencia como individuos y como clase al hecho de formar parte de las relaciones de producción feudales. Así, el proceso es objetivo. La historia como estructura estructurante. La historia entendida como procesos estructurales donde el sujeto está sujetado, y esa misma sujeción también es estructural y condicionante. Sujeto sujetado a la estructura estructurante. Las ideas comunistas de Marx no podrían haber nacido en otro modo de producción que no fuese el capitalista. De ahí que en el Manifiesto Comunista haya expresado que las propuestas comunistas no fueron descubiertas por ningún redentor de la humanidad sino que nacieron de las condiciones materiales, del movimiento histórico que se estaba desarrollando en ese momento. En el Marx de las Formen (Formas que preceden a la producción capitalista) la historia es progreso: avanza a pesar de la voluntad, ya sea de un individuo, de asociaciones de hombres o de clases sociales. Ese progreso es objetivo. El hombre, un fragmento de destino.

VI ¿Entonces es verdad que para Marx la historia no tiene sujeto ni fin(es)? Pareciera que sí. Sin embargo, cual viejo topo, el astuto sofista dice que esa historia es, apenas, la prehistoria de la humanidad. Es la historia de las sociedades de clase; la prehistoria de la sociedad humana. La meta, dado el proceso objetivo, es el comunismo. Pero para que se llegue al comunismo debe haber un sujeto deseante. Ese sujeto deseante debe ser, dada su posición estructural, el proletariado, que no tiene nada que perder y sí todo por ganar,
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pues como clase sólo es dueña de su fuerza de trabajo y es uno de los componentes de la fundamental relación dialéctica del amo y el esclavo en el capitalismo, habida cuenta de que las otras clases son resabios de otros modos de producción, anteriores al capitalista. Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista (entre la prehistoria y la historia) media un período de transformación revolucionaria de la primera en la segunda, dice Marx, período al que corresponde también un período político de transición que no es otro que el de la dictadura revolucionaria del proletariado. El adjetivo “revolucionario” refiere a una combinación consciente de tareas tendientes a destruir las relaciones burguesas de producción (de explotación) y de propiedad (de opresión), es decir, expulsar a la burguesía de las fábricas (donde se ejerce la explotación) y del Estado (que guarda, defiende y alienta la reproducción de las condiciones de reproducción de las relaciones de producción y de propiedad, es decir, de explotación y de opresión). El desarrollo de la libre individualidad en el comunismo (donde ya no habrá clases sino individuos, hombres singulares y no portadores genéricos de intereses de alguna clase en particular) sería así una consecuencia objetiva del desarrollo histórico. El comunismo como etapa triunfal de la subjetividad.

VII El proletariado revolucionario debe ser plenamente consciente para llevar a buen puerto el barco que porta sus intenciones y así disfrutar de las fuerzas productivas en el marco de unas nuevas relaciones sociales no explotadoras en el comunismo. Esas fuerzas productivas que la burguesía desató del corpiño de las relaciones feudales de producción crecen sin cesar en el capitalismo. El desarrollo de las fuerzas productivas es la medida de progreso de las sociedades, fuerzas productivas que, como estructura, progresan al margen de la voluntad de los sujetos. En el capitalismo, desatadas, las fuerzas productivas hacen a las relaciones de producción y, dentro de éstas, la burguesía existe por y para las fuerzas productivas, fuerzas que no puede ni desea controlar, ya que supondría su fin como clase. Llegamos así a lo que Marx y muchos marxistas y marxianos dijeron, dicen y seguirán diciendo: “socialismo o barbarie”. Si las fuerzas productivas que no puede dominar la burguesía siguen desarrollándose, sobrevendrá la hecatombe, a menos que el proletariado revolucionario tome sus tetas, se mame con ellas y las cuide. El proletariado ya no encorsetaría a las gigantes y nutritivas tetas que crecieron bajo el capitalismo sino que las usaría al mismo tiempo que las cuida. Las fuerzas productivas mamarían a y de las relaciones de producción comunistas. Pero si
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esto no llegara a ocurrir, es decir, si no viniese el comunismo, los humanos y sus tetas, junto con el planeta, marcharán inequívocamente a la barbarie. La prehistoria se convertiría así en historia, la única historia vivida por la humanidad. Una historia sin sujetos ni fines, salvo que la historia persiga fines destructivos y así la historia tenga un fin, que sería al mismo tiempo un fin sin sujeto. El fin de una historia sin sujeto. El advenimiento del fin de los sujetos, de las mercancías y de los objetos. La devastación del imaginario ciberpunk.

VIII Aceptar que la historia no tiene sujeto(s) ni fin(es) significa reconocer que los procesos son objetivos. Se puede inferir del Marx de las Formen y de El Capital que ese contenido de la historia se dio hasta el advenimiento y consolidación del capitalismo. En las formaciones económico-sociales precapitalistas las fuerzas productivas tendían a estancarse y de ese estancamiento surgían nuevas relaciones de producción que permitían hacer avanzar a las fuerzas productivas. En el capitalismo, la superación de las constantes y sucesivas crisis de producción supone también un creciente y nuevamente constante desarrollo de las fuerzas productivas. Es decir, cada vez que se supera la crisis capitalista de producción, las condiciones objetivas de realización del comunismo mejoran. Las innovaciones tecnológicas indican el grado de avance de las fuerzas productivas. En este sentido, Levitt y Dubner parecen marxistas al dar algunos ejemplos que relacionan el avance de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. En Superfreakonomics cuentan que el principal medio de transporte de comienzos del siglo XX era vital para la economía capitalista de entonces, ya que no sólo llevaba y traía a las personas sino a las mercancías; era de utilidad para hacer funcionar las máquinas que producían muebles, ropa y comestibles, y era de gran ayuda para todo el tejido social, ya que se lo usaba para apagar incendios o para llevar accidentados al hospital. Pero al mismo tiempo, ese medio de transporte generaba complicaciones urbanas y era un foco infeccioso que atentaba contra la salud de las personas y del medio ambiente. Levitt y Dubner se refieren al caballo, una fuerza productiva fundamental para el desarrollo del capitalismo que por entonces se estaba consolidando. Los caballos expulsaban sus excrementos, que se acumulaban en las calles de las ciudades. Si bien una parte de los excrementos volvía al proceso económico como abono para las tierras productivas, otra gran parte se convertía en desecho no sólo improductivo sino también contaminante. Así, el hedor por sí solo era
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contaminante, pero se convertía en un problema sanitario cuando la bosta acumulada en las aceras atraía moscas, mosquitos y ratas que a su vez podían contagiar enfermedades a los humanos. Además, el caballo era uno de los principales responsables de generar calentamiento global, ya que el estiércol emite metano, un poderoso gas de efecto invernadero. La solución llegó y no gracias a la superestructura capitalista (“no fueron la acción del gobierno ni la intervención divina las que hicieron el milagro”, dicen Levitt y Dubner) sino al desarrollo de las fuerzas productivas. El automóvil no sólo salvó el medio ambiente porque las emisiones de carbono son mucho más limpias que las de metano sino que también ayudó a estabilizar y perfeccionar las relaciones de producción. “El problema lo resolvió la innovación tecnológica, las ciudades pudieron respirar hondo y reanudar la marcha hacia el progreso”, comentan marxistamente Levitt y Dubner. Y concluyen: “Cuando la solución a un problema no está justo delante de nuestros ojos, es fácil asumir que no existe solución. Pero la historia ha demostrado una y otra vez que esas suposiciones son erróneas. Esto no quiere decir que el mundo sea perfecto. Ni que todo progreso sea siempre bueno. Hasta las cosas que más benefician a la sociedad en general perjudican inevitablemente a algunas personas. Por eso el economista Joseph Schumpeter decía que el capitalismo es ‘destrucción creativa’”. Vemos de paso cómo Levitt y Dubner toman partido en varios nudos conceptuales hasta aquí desarrollados y que dividen a los marxistas y marxianos: la historia es un proceso sin sujeto ni fin(es); el desarrollo de las fuerzas productivas motoriza la historia, haciéndola progresar; el avance de las fuerzas productivas hace progresar al sistema capitalista pero los beneficios en particular quedan para la clase dominante; las crisis de sobreproducción constituyen el mecanismo a través del cual se desarrollan las fuerzas productivas bajo el capitalismo (“destrucción creativa”). Las fuerzas productivas existen objetivamente, pero su uso social depende de las relaciones de producción. Así, los bolcheviques no dudaron en implementar el método taylorista en los procesos de trabajo. Esta innovación tecnológica, como fuerza productiva, fue funcional y muy provechosa para las relaciones de producción capitalistas tanto de Estados Unidos y Europa como de la Unión Soviética. Pero en el caso soviético permitió no sólo reorganizar el proceso productivo, por entonces inactivo y en acelerado retroceso, sino también y al mismo tiempo articular nuevas relaciones de producción y el avance de las fuerzas productivas, de ahí que para un amplio sector del bolcheviquismo ruso la suma de la electrificación más los soviets daba por resultado el socialismo. Cuando Marx da a entender que el desarrollo de las fuerzas productivas supone una tierra fértil sobre la que
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se erigirá la sociedad comunista, el sentido de esa proposición “científica” se juzga mejor si evaluamos las consecuencias que tuvo la introducción del taylorismo para el desenvolvimiento del capitalismo de Estado soviético. El caso soviético parece confirmar que la historia es un proceso sin sujeto ni fin(es): contra la voluntad de los conscientes proletarios bolcheviques, la revolución rusa no hizo otra cosa que generar un “Estado burgués sin burguesía”, como lo expresó cínicamente Lenin.

IX El maníaco sexual Marx dice que cuando las tetas están por reventar el corset, varias manos entran en acción. En esa lucha, los hombres y niños heterosexuales y homosexuales conservadores dirigirán sus manos para evitar la ruptura del corpiño mientras que los revolucionarios hombres y niños, heterosexuales y homosexuales, junto con las mujeres –algunas madres, otras lesbianas– y bebés y lactantes, intentarán desatarlo para que las tetas se muevan libremente y todos puedan disfrutar de sus frutos de acuerdo con sus necesidades y capacidades. En ese reality porno apto para todo público, por primera vez las manos y la cabeza, es decir, la emoción y la razón, no deberán separarse. El instinto de clase debe convertirse en razón práctica. Si los viriles proletarios al frente de los explotados y oprimidos liberan las tetonas fuerzas productivas, podrán disfrutarlas a gusto cuantos quieran, donde quieran y cuando quieran. ¡Por fin el placer será plenamente placentero en el reino de la felicidad comunista! Y colorín colorado, el cuentito utópico ha terminado.

X ¿Y si el relato no fuese eutópico? ¿Por qué asumir que el proletariado se deshará de la sujeción amo-esclavo si hasta ahora nunca se deshizo? No fueron los esclavos ni los ciudadanos pobres los que terminaron con el modo de producción antiguo sino los bárbaros guerreros invasores expansionistas portadores del modo de producción germano fusionados creativamente con los ruralizados esclavistas hacendados de la periferia del imperio romano. No fueron los siervos de la gleba quienes acabaron con los señores feudales sino la burguesía, esa advenediza y ajena clase surgida en las postrimerías de la formación económico-social feudal. En ningún modo de producción el esclavo se hizo redentor; siempre surgió un tercer actor,
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inesperado. Si nunca pudo deshacerse la sujeción amo-esclavo de cada modo de producción, ¿por qué el proletariado lo lograría? “El proletariado por sí mismo no lo hará, la acción consciente será asumida por las vanguardias”, braman algunos que se reclaman revolucionarios. He aquí algunos resultados: las andanzas de Guevara no crearon un hombre nuevo; la revolución cultural china engendró una fuerte y disciplinada cultura del trabajo aún más explotadora que la del capitalismo europeo; los bolcheviques iniciaron el camino más largo y complicado para volver al capitalismo. ¿Acaso podía crearse un hombre nuevo de la mano del homofóbico y paternalista Guevara? ¿Podía forjarse una nueva cultura si quien la fogoneaba era el analfabeto y mugriento campesino Mao que se divertía contagiándoles sífilis a las jovencitas chinas? ¿El movimiento real del comunismo incluía ahogar en sangre al proletariado ruso?

XI Mussolini y Bordiga se hicieron fuertes en la altamente industrializada Milán, fermento revolucionario del proletariado. En 1910, Bordiga y Mussolini militan en el partido socialista italiano e integran su ala izquierda. Antiparlamentarista decidido, Mussolini no les daba tregua a los reformistas y derechistas del partido y su determinación militante hizo que Lenin y otros revolucionarios lo impulsaran a ser director del periódico Avanti! Bordiga, junto con Mussolini, batalla contra los reformistas, los parlamentaristas y los socialpatriotas. Sin embargo, repentinamente, Mussolini pasa de defender la “neutralidad absoluta” y “ninguna tregua a la burguesía italiana” en la inminente guerra interimperialista de 1914 a una “neutralidad relativa” en octubre del mismo año, promoviendo así la intervención de los obreros en la contienda interburguesa mundial, para terminar, luego de ser expulsado del partido en noviembre y de fundar el movimiento fascista, defendiendo la intervención en la guerra para “regenerar” Italia. En menos de un año, Mussolini mudó de la ultraizquierda a la ultraderecha. ¿Habrá entendido Mussolini que la historia es un proceso sin sujeto ni fin(es)?
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XII En enero de 1921, los militantes en torno a Bordiga rompen con el partido socialista y fundan el partido comunista, sección italiana de la III Internacional Comunista. ¿Qué hizo hasta entonces Antonio Gramsci? En octubre de 1914 escribió el artículo “Neutralidad activa y operante”, en el que defendía la posición de Benito Mussolini contra Amadeo Bordiga. También asumía las posiciones del sindicalista nacionalista Antonio Labriola, quien en 1907, antes de abandonar el partido socialista italiano, privilegiaba los sindicatos al partido, es decir, la lucha económica a la lucha política, y en 1912 apoyaba la anexión de Libia a Italia. Asimismo, admiraba al filósofo idealista Benedetto Croce. Curioso: las primeras armas en la militancia “comunista” las hizo defendiendo posiciones de derecha: de Mussolini en el universo de la “gran política”, de Labriola en el empedrado campo de la “lucha de clases” y de Croce en las sofisticadas alturas de la “filosofía”. Más curioso aún: estos tres ídolos juveniles de Gramsci posteriormente fueron filofascistas. Así, Gramsci se inicia en la militancia comunista como antimarxista y protoanarquista, es decir, como reformista burgués. Faltaría poco para que abrazara la causa estalinista…

XIII Aprovechando que en 1923 Bordiga es detenido por la burguesía fascista, Gramsci se alía con otros comunistas para derrocar a la izquierda de la dirección del partido. A fines de 1925, Gramsci, feliz por la derrota de la fracción bordiguista, reivindica la campaña de difamación montada contra Bordiga y sus aliados como herramienta efectiva para no debatir posiciones políticas en el precongreso del partido comunista italiano. Ahora Gramsci tenía un nuevo papá putativo que reemplazaba a Mussolini: Stalin. Pero Stalin y Mussolini, como buenos esbirros de la burguesía, le soltaron la mano cuando dejó de ser un idiota útil, y así fue que en 1926 Gramsci quedó detenido por el fascismo y el estalinista partido comunista italiano lo abandonó a su suerte hasta que murió en 1937. Bordiga siguió siendo ultraizquierdista hasta su muerte en 1970.

XIV ¿Por qué Bordiga se salvó del escarnio de Mussolini y Gramsci no?
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¿Mussolini recordaría con nostalgia y cariño los días izquierdistas compartidos con Bordiga? ¿Le habrá asqueado a Mussolini la actitud così é così del débil e influenciable Gramsci? Si la historia es un proceso sin sujeto(s) ni fin(es), estas preguntas pierden relevancia. A esa amarga conclusión llegó el Comandante Prado. Y también Bordiga, cuando se negó a volver a militar activamente. El comunismo es un bello ideal. Y la revolución permanente su sueño eterno.

Post scríptum

Cierta noche estaba terminando de leer (en algunos casos de releer) cinco libros que venía leyendo en simultáneo: Los desposeídos de Ursula K. Le Guin, La guerra al malón de Comandante Prado, El canalla. La verdadera historia del Che de Nicolás Márquez, Superfreakonomics de Steven Levitt y Stephen Dubner y La izquierda comunista de Italia (1919-1999) de Philippe Bourrinet. Me propuse entonces hacer una lectura de esos textos en relación con otros; en ese tejido, la concepción filosófica de la historia en Karl Marx sería problematizada. El resultado fue La causa no prescribe porque es eterna: revisión del proceso sin sujeto ni fin(es).

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