II Jornadas Espectros de Althusser - 2011

Mesa: La cuestión del sujeto LA CONDICIÓN MILITANTE. OBSERVACIONES PRELIMINARES PARA PENSAR LA DISTANCIA ENTRE SUJETO Y ACTIVISMO

Gonzalo Barciela

Era como si volviesen, no al propio hogar, sino al del acontecer. Ese lugar era, para ellos, la casa del mundo. Si algo podía existir, no podía hacerlo fuera de él. En realidad, afirmar que ese lugar era la casa del mundo es, de mi parte, un error, porque ese lugar y el mundo eran, para ellos, una y la misma cosa. Dondequiera que fuesen, lo llevaban adentro. Juan José Saer. El Entenado

I El sujeto, sea como noción o concepto, ha sido presentado, las más de las veces, como aquella “lucidez” a través de la cual una época filtra o, aún más, concentra, su vocación política. El conocido expediente de la autoconciencia y el pathos de la totalidad que lo acompaña, sitúa las coordenadas de ubicación o localización del sujeto en las vicisitudes fenomenológicas que homologan al mismo a una conciencia cuyo suelo primigenio es la historia. Sujeto, historia e idea, se presentan como términos cuya suerte está signada por la posibilidad de ensayar conexiones, transitar proximidades y evaluar trayectos de encuentro. La pregunta por el texto, no es el interrogante suscitado por la búsqueda de la intención manifiesta, abdicación psicologista de la teoría, sino el esfuerzo intelectual que localiza un sujeto que pronuncia, el del decir efectuado de modo intersticial en lo dicho. No se trata de denunciar los intentos de manipulación, frente a un canon presupuesto, sino de pensar el uso que toda lectura inaugura, la serie de intervenciones que autoriza o habilita. En este entendimiento, la pregunta por quién produce un texto, nos remite directamente al qué, del campo intersubjetivo, como palabra del Otro, que sella su suerte1. Como observa Homi Bhabha:

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Ese Otro (Autre), al que hacemos referencia, no es otro que el depositario del tesoro de los significantes. 434

II Jornadas Espectros de Althusser - 2011 ¿A qué fin tiende la serie de hechos si el autor del resultado no es inequívocamente el autor de la causa? ¿No sugiere eso que la agencia surge en el retorno del sujeto, de la interrupción de la serie de hechos como una clase de interrogación y reinscripción de antes y después (…) ¿no hay tensión cinética entre lo contingente como contiguo y lo indeterminado? (Bhabha, 1994, 190)

Como sugiere el pensador poscolonial de origen indio, el quién no se perfecciona en su inmediatez. Su carácter de hors la phrase, lo arroja a las vicisitudes de la temporalidad, en la brecha que se abre entre el hecho y su eventualidad. De este modo, el sujeto no puede homologarse, sin más, a la causa, colocando al agente en el punto de resultado de la palabra pronunciada. Pero antes de arribar a una conclusión apresurada, se nos permitirá remitirnos a la relación que presenta Badiou entre sujeto y acontecimiento. En la Meditación 35 de L’être et l’événement leemos:

El nombre propio designa que el sujeto, en tanto configuración situada y local, no es ni la intervención ni el operador de fidelidad, sino el advenimiento de su Dos, sustraída al sentido, es mostrada por la in-significancia del nombre propio. Pero queda claro que esta in-significancia recuerda también que lo que fue convocado por la nominación de intervención es el vacío, que es el nombre propio del Ser. La subjetivación es el nombre propio en situación de ese nombre propio general. Es una circunstancia del vacío (…) lo que constituye al sujeto es encontrar su materia (los términos de la indagación) sin que nada en su forma (el nombre del acontecimiento y el operador de fidelidad) ordene esa materia. Si el sujeto no tiene otro ser-en-situación que los términos múltiples que encuentra y evalúa, su esencia, por tener que incluir el azar en esos encuentros, es más bien el trayecto que los vincula. Ahora bien, ese trayecto, incalculable, no cae bajo ningún determinante de la enciclopedia (Badiou, 1988: 433-436)

A partir de la orientación estrictamente ontológica que el autor francés le acuerda a su pensamiento, el sujeto emerge bajo condición, léase, suspendido del acaecer contingente del acontecimiento. La insignificancia del nombre propio a la que alude Badiou, nos muestra cómo el S1, el Significante Amo, soporta la significación, es decir, la forma en que cómo habilita las indagaciones del sujeto sobre los múltiples de la situación. La emergencia del sujeto, la posibilidad misma de su localización, está signada por la posibilidad de pensar la distancia entre identificación y subjetivación. Si la certeza desde la que parte la redacción de este texto, se prueba correcta, el sujeto sólo es pensable a partir de una operación y, por lo tanto, de una tópica, es decir, de un emplazamiento que permite inteligir las multiplicidades sobre las que trabaja. De allí que el sujeto debe pensarse a partir del desfaje ya mencionado, entre el quién y el qué, pero sin dejar de atender a que no puede reducirse a una correspondencia o identificación con el punto de falla de la estructura, es decir, el sujet barré lacaniano,
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como figura de lo eclipzado. Ni tampoco su reenvío al subjetivismo militante de la invención. En este entendimiento comparto, parcialmente, la conclusión a la que arriba Roque Farrán: “el sujeto es más bien el punto distópico de tensión y resolución parcial entre estructura (ley) y suplemento azaroso (lo real), por eso no es uno sino múltiple y requiere de diversos operadores conceptuales para circunscribirlo en cada situación” (Farrán, 2010: 74). La condición de distópico, claramente, nos advierte sobre la imposibilidad de reducir al sujeto a un locus, a aquello que hace las veces de instancia, pero el hecho de dar cuenta de su insistencia, de su recurrencia, no nos absuelve de pensar los modos singulares a partir de los cuales adquiere consistencia, es decir, eficacia histórica y política. Para ello debemos ensayar una tópica como un emplazamiento dividido, precisamente porque la idea de pensar al sujeto como punto, supone reducirlo a una entidad que posee una localización pero que carece de extensión. Dicha división reconduce a las observaciones formuladas por Jacques Rancière sobre el vocablo griego arkhè. Si el referido vocablo reúne por igual, el origen o principio, estructurado como ley de transmisión comunitaria, y el comando o poder de mando, en tanto fuerza vinculante, la subjetivación comenzará a pensarse como la operación que desidentifica al sujeto de la naturalidad del emplazamiento y la identidad que le es correlativa, en tanto asignado a un grupo social determinado, como parte, es decir, incluido. De esta manera, el otrora discípulo de Louis Althusser, afirma un principio de orden general:

Un sujeto político en general es operador de división del arjé, puesto que es un operador de desidentificación. Su nombre no es la manifestación de su identidad, es un nombre singular que vuelve a dividir al arjé mediante un nuevo modo de recuento de los no contados. Un sujeto político es un modo de subjetivación que mantiene una brecha entre dos identidades: entre un sujeto de una disposición de enunciación (el “nosotros” de la declaración política) y el nombre de un universal singularizado. (Rancière, 2009: 48)

Esta forma de asunción impropia por el nombre, nuevamente nos muestra la distancia o brecha entre el quién de la enunciación y el referido nombre de un universal singularizado (Proletariado, Pueblo, o Montoneros en nuestro caso), cuya nominación está dirigida a la revisión y reinscripción de una agencia, en el universo de la ficción simbólica, es decir, la trama intersubjetiva mediada por el Otro. Hasta aquí, suponemos que el sujeto se precipita como emergencia en el orden de la trama significante, no cómo aquello que causa el acontecimiento, sino bajo condición del mismo, es decir, que el ser del acontecimiento se decide en la posibilidad lógica de inducir un sujeto, o en la
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variante jurídica de prescribir uno. Entendemos, entonces, que la sola condición es necesaria pero no suficiente, se requiere de la subjetivación como gesto de incorporación/asunción, tal como afirma Badiou (2010). La subjetivación nos coloca en la doble condición que asume un sujeto, soportando el acaecer del acontecimiento, portando sus consecuencias pero, a la vez, requiriendo la incorporación “lúcida” que reclama la decisión como gesto que muestra, una vez más, que el acontecimiento no puede autofundarse, sino que requiere de una figura subjetiva para dotarse de consistencia2. Emerge nuevamente la doble valencia latina del vocablo sujeto, como subjectus y subjectum, expuesta de modo suscinto y provocador por Homi Bhabha:

Lo que queda por ser pensado es el deseo repetitivo de reconocernos doblemente, como, a la vez, descentrados en los procesos solidarios del grupo político, y aún así, nosotros mismos como un agente conscientemente comprometido, incluso individuado: el portador de una creencia. ¿Qué es esta presión ética por “dar cuenta de nosotros mismos”, pero sólo parcialmente, dentro de un teatro político de combate, ofuscación burocrática, violencia y violación? Este deseo político de identificación parcial es un intento bellamente humano, y hasta patético, de renegar la constatación de que, entre lo uno y lo otro y además de los majestuosos sueños del pensamiento político existe un reconocimiento, en algún punto entre el hecho y la fantasía, de que las técnicas y tecnologías de la política no necesitan ser humanizantes en absoluto, ni avalar de ningún modo lo que entendemos como la dificultad humana (¿humanista?). Podemos tener que forzar los límites de lo social tal como lo conocemos para redescubrir un sentido de la agencia política y personal a través de lo no pensado dentro de los terrenos cívico y psíquico. Lo cual puede no ser un punto de llegada, sino un punto de inicio. (Bhabha, 1994: 65)

II Al adentrarnos en el texto “Hablan los Montoneros”, publicado en la revista Cristianismo y Revolución, explorando su genealogía podemos observar en qué forma el sujeto no puede preexistir a su pregnancia al significante. Si la reunión de un sujeto y un significante se realiza en la forma de un encuentro es, precisamente, porque no está vedado pensar una consistencia y existencia previa a la referida reunión. Al inicio del texto se afirma:

Desde nuestro primer comunicado nos hemos identificado como peronistas y montoneros, no creemos que las luchas populares comiencen con nosotros, sino que nos
En este sentido Badiou se acerca a la crítica que Carl Schmitt ensayara con relación al positivismo jurídico, en tanto el primero supone la condición autofundada de la norma (su reenvío al infinito hacia la Grundnorm), frente al gesto de personalización de la soberanía, como condición de la eficacia y fuerza vinculante de lo jurídico. De la misma manera, la función enunciativa foucaultiana, se encuentra clivada entre un lugar relativamente determinado, pero vacío, y un individuo determinado, siendo el sujeto la condición de posibilidad que permite llevar el signo al sentido. 437
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II Jornadas Espectros de Althusser - 2011 sentimos parte de la última síntesis de un proceso histórico que arranca ciento sesenta años atrás, y que con sus avances y retrocesos da un salto definitivo hacia adelante a partir del 17 de octubre de 1945. A lo largo de este proceso histórico se desarrollaron en el país dos grandes corrientes políticas. Por un lado la de la oligarquía liberal, claramente antinacional y vendepatria; por el otro, la del pueblo, identificada con la defensa de sus intereses que son los intereses de la Nación contra los embates imperialistas de cada circunstancia histórica. (“Hablan los Montoneros”, CyR, n° 26 Noviembre-Diciembre 1970)

Partiremos de una conclusión a la que arriba la ensayista argentina Beatriz Sarlo, en la lectura que la misma propone del documento citado precedentemente, y producido por la organización armada peronista:

Nacimiento y asunción de la herencia, en primer lugar. Montoneros nace en una familia política que no es todo el peronismo, sino el peronismo popular y combativo. Montoneros nace para expresar una tendencia histórica (poco después la organización será conocida, en sus manifestaciones de superficie como la “Tendencia”). Al asumir una herencia, lógicamente, esos jóvenes quedan incluidos en un cuadro de amigos y enemigos. Se hereda una distribución concreta del terreno político (…) Los jóvenes aceptan una caracterización que los precede (Sarlo, 2003: 146).

Como se puede observar, la disyunción entre nacimiento y herencia, se reúne en la problemática asunción de una heredad, “sin beneficio de inventario”. Nuevamente emerge el gesto de conversión que habilita la inclusión en un universo identitario y las fronteras que lo subsumen y sabe trazar. Pero entonces, no es tanto la ausencia de inventario como la flexión de un balance la que introduce Montoneros, habilitando la periodización que tanto inquieta a Sarlo3. Aquella que supone un violento agrupamiento sintagmático (Pueblo-Oligarquía), y que supone un singular ejercicio dirigido a

localizar el locus Montoneros, no es sólo su efectuación errante, sino que la misma se habilita ab initio en un universo político determinado, el del peronismo. Ahora bien, el interrogante es el siguiente: ¿qué desplazamientos provoca o induce la referida asunción? La primera, y principal a nuestro juicio, es la relación de contigüidad entre peronismo y Montoneros, no tanto Perón, sino el peronismo en tanto experiencia del Pueblo. Entiéndase, la relación de contigüidad, su proximidad sintagmática, induce a pensar no tan sólo en su sola efectuación sincrónica, sino en la posibilidad de su permanencia, en la de su ingreso en la trama histórica y, por lo tanto, en la posibilidad de su sedimentación, es decir, que la proximidad en el plano sintagmático devenga
“Esta versión de la historia tiene una cualidad integral: todos los acontecimientos son explicados a partir de variaciones del mismo principio y en escenarios donde se repiten los mismos actores (pueblo, oligarquía, imperialismo, los intelectuales de las izquierdas extranjerizantes e insensibles a la cultura nacional)” (Sarlo, 2003: 175). 438
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indistinta en el plano paradigmático, de la sustitución metáforica. Lo que es decir que peronismo y Montoneros se confundan, en la forma de la “última síntesis de un proceso histórico que arranca ciento sesenta años atrás”4. Montoneros repite el gesto de inclusión, o incorporación, prendidos al lazo imaginario que soporta al peronismo. Es por ello que la unidad del nombre Montoneros, no ex-iste más allá del lazo de representación, perfeccionándose la mentada repetición como una suerte de reflexión determinante hegeliana. Es también por ello que no resulta suficiente la ubicación retroactiva de la organización en sus condiciones externas (“la experiencia del pueblo” de la cual los Montoneros se presentan como síntesis), sino que presuponiéndose en su exterioridad, debe encontrarse ya-presente en dichas condiciones. El retorno a las condiciones externas coincide con el retorno a lo fundacional o a la cosa misma: el “descubrir la verdadera naturaleza de su identidad”. De esta manera la relación externa de la presuposición (el fundamento presupone las condiciones y viceversa) resulta superada por un gesto puramente formal y vacío, gesto tautológico que no agrega contenido nuevo alguno, sino que afirma la presencia de la “cosa” (las organizaciones armadas) en sus condiciones, que aquella no es más que la totalidad de sus condiciones. En el acto mismo de “retorno” a sus condiciones (la identificación con la experiencia del pueblo), los Montoneros retornan a sí mismos, circunstancia que es experimentada, nuevamente, como el retorno a las verdaderas raíces (de su identidad). Este gesto formal, vacío, y por ello enteramente simbólico, posibilita el acceso de la organización armada al universo discursivo peronista. La de Sarlo es una reflexión que evacúa todo residuo de historicidad, para mostrar el “escándalo” de la asunción sintagmática, de su incorporación extraña o extranjera, hóstil, para retomar la valencia latina. No se trata tan sólo de resaltar la operación por la cual la parte se instituye, en el mismo acto de asumirse, como todo. A nuestro juicio este es el problema que presenta la representación de los espacios políticos ensayada por Ernesto Laclau en su teoría de la hegemonía y prolongada en su reflexión más reciente sobre el populismo5. Es sabido que, para el teórico político argentino, el horizonte de inteligibilidad de lo social, se estructura sobre el suelo de la política, ordenado menos sobre una disposición topográfica, que a partir del juego de dos lógicas, la de la

“Hablan los Montoneros” en CyR, número 26. De más está decir que Ernesto Laclau reflexiona sobre el populismo, al menos en términos académicos, desde por lo menos 1977 con su texto inaugural “Towards a theory of populism”.
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equivalencia y la diferencia. Laclau captura, o encierra, las posibilidades de lo político en su captación por un único registro, el simbólico. Entendiendo a éste como la estructura de asignación de lugares. El juego de la diferencia, y el carácter oposicional y diacrítico, elude la problemática central, a nuestro juicio, de lo que Badiou denomina mettre en consistence, es decir, el modo en que una figura subjetiva adquiere eficacia y permanencia histórica. Laclau propone el juego de vaciamiento y flotación para introducir un modo de captura de los desplazamientos en su estructura fallida. Allí lo Real se presenta en los modos de su efectuación indómita, evanescente, librada a señalar la distancia entre elemento y lugar, propia de todo estructuralismo, pero imposibilitada de pensar como lo real, adquiere o se dota de consistencia. Esto nos obliga a desplazarnos del plano puramente significante, hacia la problemática del nudo borromeo. Es a partir del nudo que podemos arribar a lecturas más sugerentes sobre la relación entre peronismo y Montoneros. Ello porque el nudo muestra de modo claro la interdependencia de registros (R-S-I) y, a la vez, su irreductibilidad de uno a otro. Al propósito J.C Milner nos recuerda que:

Nada se sustrae a esta necesidad borromea que el nudo representa, y tampoco el nudo mismo que, como se ve, es igualmente real (puesto que hay un imposible marcando el desanudamiento), simbólico (puesto que los redondeles se distinguen por letras R, S e I), imaginario (puesto que unos redondeles de cuerda pueden hacer de él una realidad manipulable). Más aún, cada redondel, R, S o I es, en sí, real (puesto que es irreductible), simbólico (puesto que es uno), imaginario (puesto que es redondel). De modo que el nudo tiene, en cada uno de sus elementos, las propiedades que como conjunto él enuncia; pero, recíprocamente, cada uno de sus elementos nombra una propiedad que afecta al conjunto considerado colectivamente y a cada uno de los otros elementos considerados distributivamente (Milner, 1983: 13)

En este entendimiento el peronismo no puede ser pensado bajo la lógica agregativa de la equivalencia y la diferencia la cual, sólo supone la determinación en última instancia por el significante tendencialmente vacío (el S1) y la flotación como lógica de desplazamientos. Confinar el análisis a este único registro tiene como consecuencia reducir la política a una disputa por un locus de enunciación, y a la particular distribución de los títulos que asigna o incluye, es decir, un ejercicio de cuenta-por-uno. Sostendremos que como toda realidad, es decir aquella que deviene inteligible a partir de los registros mencionados, el peronismo posee una estructura borromea6. Ahora bien, ¿dónde encontramos una forma de ilustrar este punto? A los efectos nos valdremos de la
Advierto que entre el nudo y la estructura existe una clara diferencia, pero la apelación al término es sólo a los efectos descriptivos. 440
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observación realizada por el Profesor Emilio de Ípola, sobre el discurso brindado por Juan Domingo Perón desde los balcones de la Casa de Gobierno, en ocasión de la movilización del 17 de Octubre de 1945:

Se trata de lo siguiente: en la frase en la que, ‘por esta única vez’, se exhorta a cumplir el día de huelga, Perón, con admirable sutileza, señala de un modo indirecto pero claro el nuevo lugar institucional que otorga a esa exhortación su autoridad y legitimidad. Ese lugar no es ya, y no podría nunca haber sido, el correspondiente a un puesto gubernamental –para el caso, la Secretaría de Trabajo y Previsión. Es un lugar rigurosamente nuevo, cuya positividad ha supuesto y sancionado una ruptura del espacio político hasta entonces vigente y el comienzo de su reestructuración con arreglo a otras coordenadas. Reestructuración inducida por la emergencia masiva y abrupta, en el interior de la sociedad y de la escena política argentina, de dos nuevos personajes (Perón, los trabajadores) y de una coyuntura literalmente inclasificable en los términos de la política tradicional (de Ípola, 1982: 183)

En la cita precedente podemos observar como el peronismo se constituye en torno a los tres registros. La dimensión simbólica alude tanto a la emergencia de un locus de enunciación como también, la forma primera de discernimiento, hay Uno, es decir, hay nombres, donde “Perón” y los “trabajadores” emergen como tales. En el mismo acto se nos muestra la súbita irrupción de dos actores, los cuales resultan irreductibles, e imposibles de ser reenviados a los términos de la enciclopedia del saber precedente, al decir de Badiou. Pero también la constitución de un lazo, que autoriza al agrupamiento “trabajadores” a soportarse agrupados, de donde surge un desdoblamiento constitutivo entre el Perón simbólico del Nombre, y como gesto de incorporación comunitaria plena, y el Perón especular de la identidad entre gobernantes y gobernados que sanciona su palabra proferida en la Plaza7, en tanto primus inter pares, el “Primer Trabajador” que destacará una de las estrofas de la marcha partidaria. Montoneros se sitúa ab initio en el recorrido del nudo. Ello porque su propia emergencia es contemporánea a la del peronismo mismo. Como nos propone Julián Melo, el problema de la emergencia supone pensar cómo ésta expande la inscripción de vivencias subjetivas particulares8. Como mostramos precedentemente, la agencia Montonera surge, y se perfecciona como tal, en el retorno de Montoneros como sujeto, en la interrupción de la serie de hechos como una reinscripción de antes y después, pero ese corte no se satisface ontológicamente, en la sola temporalidad lógico-matemática,
El discurso hace lazo, en la medida que sólo se satisface de lo imaginario, de allí que no hay más discurso que del semblante. En el mismo sentido lo imaginario es el sito de la representación, de la díada gobernante-gobernado. 8 Véase Melo, 2009. En particular hacemos referencia a la nota séptima obrante en la página 7. 441
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sino que requiere una eventalización del nudo, vía la inscripción de la cesura. El peronismo no cesa de efectuar retroacciones diferidas, y sobre esa huella se efectúa la palabra montonera. ¿Qué hay en el nombre entonces? La lectura de la crítica antidescriptivista que propone Slavoj Zizek, y retoma Laclau en La razón populista, exalta la condición performativa de la palabra en orden al objeto, léase, la productividad de la nominación. Émile Benveniste nos recuerda que el singular carácter que asume el performativo, el acto ilocucionario de Austin, se debe a su autorreferencialidad, es decir, que éste se tome a sí mismo como referente, adquiriendo por su sola enunciación la eficacia de un acto. Pero, como resalta Agamben (2000), la relación primera entre palabras y mundo, supone que la performatividad del enunciado requiere de la suspensión de la condición denotativa del lenguaje, requiriéndose la forma ritual del dictum, como aquello que inaugura la relación entre palabra y mundo a través del hecho de “jurar sobre las cosas”. Es esta forma juramentada la que autoriza a la multiplicidad a soportarse agrupada, pero no se trata tan sólo de satisfacer la condición mínima del agrupamiento, como acuerdo sobre la función de la Mâitre-Mot, sino también el hecho mismo que el tránsito de lo múltiple a lo Uno, hace que el grupo adquiera consistencia decible. Montoneros participa de aquello que Jean-Claude Milner dio en llamar la “visión política del mundo”. Es ella la que se sostiene de un único axioma: la no existencia de un “más allá” del agrupamiento, ello porque los sujetos pueden ser reunidos por un solo “jirón de la lengua” (Milner, 1983: 81). De allí que no haya más política que para los seres hablantes9.

III

Tesis inaugurada por Aristóteles en su Política, donde leemos: “Sólo el hombre, entre todos los animales, posee la palabra (lógos). La voz (phoné) es, sin duda, el medio de indicar el dolor y el placer. Por ello es dada a los otros animales. Su naturaleza llega únicamente hasta allí: poseen el sentimiento del dolor y del placer y pueden señalárselo unos a otros. Pero la palabra está presente para manifestar lo útil y lo nocivo y, en consecuencia, lo justo y lo injusto. Esto es lo propio de los hombres con respecto a los animales: el hombre es el único que posee el sentimiento del bien y del mal, de lo justo y lo injusto. Ahora bien, es la comunidad de estas cosas la que hace la familia y la ciudad” (Aristóteles, Política, I, 1253 a 9-18). Esta tesis por la cual la humanidad accede a su condición atravesada por el lógos, del cual es hija la ciudad al decir de J.P Vernant, habilita las producciones teóricas tanto de Hannah Arendt como de Jacques Rancière, para mencionar sólo algunos autores que animan el debate contemporáneo. Frente a este postulado tético, se alza el esfuerzo erudito de Fabián Ludueña Romandini quien ensaya una arqueología de las antropotecnias, como tecnologías de poder dirigidas a lidiar con el sustrato de animalidad que habita la condición humana. Sin perjuicio de que dicha tesis escapa a los fines de este trabajo, remitimos al lector a su indispensable: La comunidad de los espectros I. Antropotecnia. Miño y Dávila: Buenos Aires, 2010. 442

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El deslizamiento intersticial del sujeto por la cadena significante, nos muestra una imagen las más de las veces maleable o plástica de su efectuación evanescente. Nuestro problema será, no tan sólo señalar la dimensión événementielle del sujeto, sino establecer ciertas coordenadas que permitan pensar cómo éste adquiere consistencia, dónde reside su eficacia. Partiremos de una cita que extraemos, una vez más, del texto de Bhabha, para ingresar en el singular gesto de subjetivación que sostiene la trayectoria de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

Es a partir de estas tensiones –tanto psíquicas como políticas- que surge una estrategia de subversión. Es un modo de negación que no busca descubrir (unveil) la plenitud (fullness) del Hombre, sino manipular su representación. Se trata de una forma de poder que se ejerce en los límites mismos de la identidad y la autoridad, en el espíritu burlón de la máscara y la imagen, es una lección que ensaya la mujer con velo argelina, en el curso de la revolución argelina, mientras cruzaba las líneas maniqueas para reclamar su libertad. En el ensayo de Fanon ‘Argelia sin velo’ el intento del colonizador de remover el velo (unveil), no lo convierte simplemente en un símbolo de resistencia; se convierte en una técnica de camuflaje, un medio de lucha, el velo oculta las bombas. El velo que alguna vez aseguraba la frontera doméstica, los límites de la mujer, ahora enmascara a la mujer en su actividad revolucionaria, vinculando la ciudad árabe y el barrio francés, transgrediendo el límite familiar y colonial. En tanto el velo es liberado en la esfera pública, circulando entre y más allá de las normas y espacios sociales, se convierte en el objeto de la vigilancia e interrogación paranoica. Toda mujer con velo, escribe Fanon, deviene sospechosa. Y cuando el velo es retirado para penetrar profundamente en el barrio europeo, la policía colonial lo ve todo y nada. Una mujer argelina es, después de todo, una mujer. Pero la fidai argelina es un arsenal, y en su bolso lleva granadas de mano (Bhabha, 1994: 62-63)

Como puede observarse a partir de la cita precedente, el sujeto desplaza una tópica, su propio emplazamiento como operación de cuenta-por-uno, en un lenguaje que reúne al Badiou de Théorie du sujet y L’être et l’événement, porque, precisamente, él mismo se constituye como un efecto dislocado de una causa errante. La fidai argenlina se introduce en el teatro mismo de las investiduras sociales, sólo para quebrar allí la relación especular, su imagen, en tanto significante, desliza un significado huidizo, que la invisibiliza, de allí que destituye la mirada del Otro colonial. Se nos presenta, entonces, la trayectoria de un elemento que, puesto en circulación, rompe la compartimentación espacial, la frontera doméstica, a partir de un gesto de subjetivación, el recorrido del velo es un proceso subjetivo. Por lo que, tal como afirma Badiou en su Théorie du sujet, el sujeto no se agota en su forma algebraica, sostenido de su falta en ser, de la Spaltung, como división primigenia, sino que, siendo el vacío asubjetivo (el nombre propio del ser), todo sujeto se sostiene de un proceso subjetivo, la subjetivación, lejos de agotarse en el señalamiento melancólico de la brecha irreductible
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que distancia identidad e identificación, inaugura un modo de dotar de consistencia a la falta misma, sometiéndose a la historicidad. Como la fidai, las Madres colocan en circulación un elemento que proviene del ámbito doméstico, el pañuelo que simboliza el pañal de sus hijos e hijas, en el centro de la esfera pública, circulación que son ellas, en tanto sostienen en ronda cotidiana frente a la Casa de Gobierno. La subjetivación tiene lugar, entonces, en el intervalo entre lugares, en el tránsito que sobrepasa la frontera o límite y establece una indistinción entre ambos y se confunde con la sobredeterminación, en tanto, si, como afirma Badiou: “El sujeto es estructura, absolutamente, pero lo subjetivo, es más que una estructura. Es una figura (o un sistema de figuras) que “dice” siempre más que las combinaciones que lo soportan” (2006: 67), entonces, ese “decir más” se identifica con la trayectoria del proceso subjetivo que inaugura la subjetivación, la reflexibidad mínima sobre el lugar, o fuerza en el Badiou más maoísta. Pero la subjetivación no se agota allí, requiere de un acto de conversión por el cual ellas ya se encuentran presupuestas en sus propias condiciones de emergencia, al reclamar “ser paridas por sus hijos”, gesto formal y de asunción crítica de su heredad pero que supone, a la vez, el borramiento del nombre propio, su acto no es el de la restitución de un vínculo filial, ni un cuerpo biológico, sino la de la apuesta política que sostiene el cuerpo militante, de allí que la socialización de la maternidad, como gesto de violencia simbólica, restituya el cuerpo de la decisión. No se trata de prenderse al nombre propio, sino de sostenerse de la interrogación sobre las consecuencias en presente de la apuesta. Concluyendo podríamos afirmar provocativamente l’activisme ne fait pas sujet, en la estela del célebre apotegma acuñado por Alain Badiou en su Théorie du sujet, la rebelión no hace sujeto. El tránsito del activismo subjetivo hacia el trabajo del sujeto marca un derrotero, signado no tan sólo por el acaecer contingente, sino por el paciente y trabajoso trasvasamiento de fronteras, por la ligazón que hace indistinguibles los límites.

Bibliografía. Agamben, G. (2000). El tiempo que resta. Comentario a la Carta a los Romanos. Madrid: Trotta, 2006. Badiou, A. (1982). Teoría del sujeto. Buenos Aires: Prometeo Libros, 2009. -------------- (1988). El ser y el acontecimiento. Buenos Aires: Manantial, 1999.
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-------------- (2010). “La idea de comunismo”. En: Hounie, A. (comp.) Sobre la idea de comunismo (pp. 17-31). Buenos Aires: Paidós. Bhabha, H. (1994). The location of culture. Londres: Routledge. de Ípola, E. (1982). Ideología y discurso populista. Buenos Aires: Folios Ediciones. Farrán, R. (2010). “La filosofía de Alain Badiou, un nudo de temporalidades heterogéneas”. En: A.A.V.V. Badiou fuera de sus límites. Buenos Aires: Imago Mundi. Milner, J. (1983). Los nombres indistintos. Buenos Aires: Manantial, 1999. Rancière, J. (2009). “La división del arjé”. En: Momentos políticos (pp. 43-51). Buenos Aires: Capital Intelectual.

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