II Jornadas Espectros de Althusser - 2011

Mesa: Escenas de la política contemporánea: desafíos para la teoría PARA LEER PRENSA OBRERA. APUNTES SOBRE UN RETORNO A MARX

Martín Sabre

La irrupción de la problemática de la discursividad, donde las categorías de dispersión y contingencia parecen disolver toda certeza en la aprehensión de los objetos, hace emerger un dilema que horada ciertas bases epistemológicas que se creían seguras. Como consecuencia de esta inflexión, aparece una interrogante que ordena un nuevo campo de reflexión: la liquidación del sujeto en el abismo del discurso ¿arrastra consigo una clausura de lo político –tomado como intervención transformadora- o conduce a su apertura radical, proyectándolo hacia una dimensión práctica que no había sido contemplada? “Para Leer Prensa Obrera. Apuntes sobre un retorno a Marx” aborda algunas de las múltiples alternativas de esta encrucijada, a través del discurso de un actor político concreto, el Partido Obrero (PO), utilizando como referencia teórica nodal los desarrollos de Louis Althusser. Para esta presentación, seleccionamos un fragmento de la investigación que lleva el mismo título, en el que desplegamos el análisis a partir del concepto clave de “ideología”. Althusser llevó adelante durante varias décadas un debate teórico-político, plasmado en su obra, con aquellos interlocutores que se adjudicaban alguna forma de filiación marxista, ya se tratara de Estados, partidos o autores. Nuestro trabajo replica algunos puntos fundamentales entre los que transcurrieron aquellas discusiones, cuya vigencia consideramos intacta: la entidad de lo ideológico, su relativa autonomía, su vínculo con la conciencia, su relación con el concepto de clase, la falsa dicotomía entre realidad y discurso, la sobredeterminación, las diversas formas de esencialismo y el sentido del materialismo. “Para Leer Prensa Obrera…” aborda un corpus compuesto por las editoriales y notas de tapa publicadas en Prensa Obrera durante el primer semestre de 2011. Sus hipótesis señalan, por un lado, cierta regularidad –parcial- para pensar una identidad del Partido Obrero, y a su vez afirman la instancia política como momento creador y transformador –aunque también reproductor- de lo social.

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El Partido Obrero nace en Argentina en la década de 1960, bajo el nombre de Política Obrera, con el objeto de llevar adelante una política socialista mediante un programa trotskista, que priorice el trabajo desde las bases proletarias -a diferencia de la estrategia foquista que había llevado adelante la revolución cubana y encontraba eco entonces en varios países de Latinoamérica-. Desde el primer momento, el espacio asume la necesidad de contar con un órgano de difusión, cuya primera edición sale a la calle en 1964. El Partido se define a sí mismo como marxista-trotskista. Esta premisa elemental nos permite someter su producción discursiva a ciertos análisis que habilita el desarrollo de Althusser. Karl Marx, Louis Althusser y Michel Foucault coinciden en que la filosofía idealista que pretenden superar adquiere con Hegel su mayor grado de desarrollo, pero también acuerdan en que buena parte de los intentos por revocarla han resultado infructuosos.1 En El marxismo como teoría 'finita'2, Althusser afirma que la teoría marxista dice muy poco respecto del Estado, la ideología y la política. Este vacío no puede plantearse por fuera de las limitaciones para liquidar aquello que alcanzaba su apoteosis en Fenomenología del Espíritu3. A lo largo de su obra, Althusser pretende dar cuenta de esa zona que considera vacante. La pregunta por la política es entonces uno de los móviles más hondos de su producción teórica, en tanto lo que se interroga es su propia condición de existencia frente al derrumbe gradual del sujeto trascendental -en sus variantes de ego cogito, homo œconomicus o Idea- y su igualmente pertinaz supervivencia.

Marx indica en La ideología alemana que los neohegelianos compartían con los viejos hegelianos la fe en el imperio de los conceptos y planteaban su lucha contra las “ilusiones de la conciencia” (Cfr., Marx, Karl y Engels, F. La ideología alemana. Ed. Pueblos Unidos, Montevideo, 1958.) Althusser, por su parte, señala en Marxismo y Humanismo los límites del joven Marx –y, por extensión, de algunas tradiciones marxistas que recuperan los primeros textos del filósofo germano- para romper con la dialéctica hegeliana, quiebre que recién se produce a partir de su período de “madurez” teórica. (Cfr., Althusser, Louis. “Marxismo y Humanismo”. En La revolución teórica de Marx, Siglo XXI, Bs. As., 1967.) Por último, Foucault escribe en El orden del discurso, que nuestra época, “bien sea por la lógica o por la epistemología, bien sea por Marx o por Nietzsche, intenta escapar a Hegel”. Sin embargo, “escapar realmente a Hegel supone apreciar exactamente lo que cuesta separarse de él, (…) y medir hasta qué punto nuestro recurso contra él es quizá todavía una astucia que nos opone y al término de la cual nos espera, inmóvil y en otra parte.” (Foucault, M., El orden del discurso, Tusquets, Barcelona, 1973, pp 5859) 2 Cfr., Althusser, Louis. El Marxismo como teoría 'finita', en Discutir el Estado. Posiciones frente a una tesis de Louis Althusser. Folios Ediciones, México, 1982. 3 Hegel, G. W. F., Fenomenología del Espíritu, Fondo de Cultura Económica, México, 1966. 302

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Nuestro trabajo retoma la periodización trazada en Marxismo y Humanismo4que sirve como indicio para analizar la manera en que el Partido Obrero se apropia de los textos marxistas, y permite dar cuenta de los efectos que el abordaje diferencial de aquel cuerpo teórico tienen en su discurso. Teniendo en cuenta estas perspectivas, sostenemos, a propósito del discurso del Partido Obrero, que: -Las concepciones materialistas tienen una presencia discontinua, dado que conviven con representaciones residuales de carácter idealista respecto de la ideología y el devenir histórico; -Aunque se manifiesta cierta desconfianza por la capacidad poiética del logos, existe también un señalamiento y valoración del papel activo de la ideología en la reproducción/transformación de las condiciones de producción, que hace hincapié en el rol de los aparatos sindicales y en las “organizaciones sociales”. Los vastos dominios ideológicos Entre los tópicos más extendidos que representan una mirada desconfiada por la interpretación sociológica, podríamos mencionar aquella idea de que lo cultural tendría su existencia e importancia, pero ante un terremoto nos asalta inexorablemente el “grado cero” de la ideología. Este razonamiento se erige sobre un planteo con antecedentes milenarios, que la antropología identifica como la oposición naturalezacultura.5 Desde el terreno de la producción teórica, diversos desarrollos se pronunciaron contra esta forma de aprehensión del mundo. Claude Lévi-Strauss concluye en Las estructuras elementales del parentesco6, a partir de la omnipresencia de la ley de prohibición del incesto, que la mutua exclusión entre lo universal y lo cultural se derrumba ante la evidencia etnológica de un tercer tipo, que reúne las características de ambos órdenes. Otro desarrollo que nos interesa reponer precede en poco más de un siglo a Las estructuras elementales del parentesco, y no surge de la observación de la vida tribal sino del análisis del modo de producción capitalista. En La ideología alemana, Marx y Engels señalan a propósito de la dicotomía naturaleza-cultura:
Cfr., Althusser, L., Marxismo y Humanismo, ed. cit. Jaques Derrida se refiere a la oposición naturaleza-cultura en los siguientes términos: “Pese a todas sus renovaciones y sus disfraces, esa oposición es congénita de la filosofía. Es incluso más antigua que Platón. Tiene por lo menos la edad de la sofística.” (Derrida, Jaques. “La estructura, el signo y el juego en el discurso de las ciencias humanas”, traducción de Patricio Peñalver en La escritura y la diferencia. Anthropos, Barcelona, 1989. Edición digital en http://www.jacquesderrida.com.ar [última consulta: 10 de agosto 2011]). 6 Cfr., Lévi-Strauss, Claude, Las estructuras elementales del parentesco, Paidós, Barcelona, 1981.
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Hasta los objetos de la ‘certeza sensorial’ más simple le vienen dados solamente por el desarrollo social, la industria y el intercambio comercial. Así es sabido que el cerezo, como casi todos los árboles frutales, fue transplantado a nuestra zona hace pocos siglos por obra del comercio y, tan solo por medio de esta acción de una determinada sociedad y de una determinada época, fue entregado a la ‘certeza sensorial’7

Luego, los autores concluyen:

El importante problema de las relaciones entre el hombre y la naturaleza (o, incluso (…) la ‘antítesis de naturaleza e historia’, como si se tratase de dos ‘cosas’ distintas y el hombre no tuviera siempre ante sí una naturaleza histórica y una historia natural), del que han brotado todas la ‘obras inescrutablemente altas’ sobre la ‘substancia’ y la ‘autoconciencia’, desaparece por sí mismo ante la convicción de que la famosísima ‘unidad del hombre con la naturaleza’ ha consistido siempre en la industria8

Tanto para Marx como para Lévi-Strauss no existen fenómenos pensables por fuera de su existencia social e histórica. El Partido Obrero retoma esta premisa para abordar una noticia sobre la violenta irrupción de una “catástrofe natural”. Analicemos cómo Prensa Obrera lleva adelante esta operación y qué efectos de sentido la atraviesan. Ante el tsunami ocurrido en Japón en marzo del 2011 y la amenaza nuclear que le sobrevino, Prensa Obrera publica en su tapa una nota titulada en letras mayúsculas: “ANTE LA BARBARIE NUCLEAR”, donde establece una relación de causalidad entre el peligro de los reactores instalados en una zona sísmica y “El ‘modelo' de explotación capitalista de la naturaleza”. A este razonamiento, que se encuentra argumentado en el artículo, se agrega un pasaje significativo en términos de la problemática de la ideología: “Mientras se desenvuelve esta tragedia, la preocupación de los gobiernos transita por otro lado: esconder la verdad a los pueblos”.9 Este fragmento sugiere al menos tres supuestos que no están igualmente sostenidos en el texto: en primer lugar que hay una verdad en poder de los gobiernos, en segunda instancia que los gobiernos están en posición de ocultarla a los pueblos, y por último que hay quienes –como el PO- pueden revelarla.

Marx, Karl y Engels, F. La ideología alemana, ed. cit. p. 47. Idem. 9 El destacado en negrita es nuestro, igual que a lo largo de todo el trabajo. Por otra parte, las transcripciones de Prensa Obrera serán realizadas sin excepción en tipografía itálica.
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De estos supuestos se desprenden una serie de problemas teóricos. Observamos que el enunciado entra en contradicción con la explicación de la ideología que da Althusser en Marxismo y Humanismo, donde sostiene: “la clase dominante no mantiene con la ideología dominante, que es su ideología, una relación exterior y lúcida de utilidad. (…) En realidad, la burguesía debe creer en su mito antes de convencer a los otros”10. La visión del PO podría ubicarse, en cuanto a sus antecedentes teóricos dentro del marxismo, como anterior a La Ideología Alemana11, el texto de Marx que para Althusser marca una ruptura dentro de su obra12. Siguiendo la hermenéutica de Althusser planteada en Ideología y aparatos ideológicos del Estado, podríamos afirmar que la concepción ideológica inscripta en “esconder la verdad a los pueblos” responde a las primeras posiciones respecto de la ideología aparecidas en el siglo XVIII. Según las mismas, los hombres necesitarían “esta transposición imaginaria de sus condiciones reales de existencia (…) culpa de los Curas o de los Déspotas que “forjaron” las “Bellas mentiras” para que los hombres, creyendo obedecer a Dios, obedezcan en realidad a los Curas o a los Déspotas”13. En consonancia con esta visión, observamos que la intervención del PO concibe la ideología de una manera negativa, como un obstáculo entre la “vida real” y la conciencia. Siguiendo a este Marx de 1845, la ideología desaparecería -o al menos cambiaría radicalmente su identidad teórica- con la abolición de las clases, ya que, partiendo de una sociedad donde “los actos propios del hombre se erigen ante él en un poder ajeno y hostil, que lo sojuzga”14, la subordinación se transforma “gracias a la revolución comunista, en el control y la dominación consciente sobre estos poderes”15.

Límites de ‘La ideología alemana’ En línea con la argumentación de Paul Ricoeur, consideramos que La ideología alemana es un texto de transición, más que de ruptura, donde algunas definiciones no están completamente acabadas. El autor adhiere a la idea althusseriana de que se trata ya

Althusser, Louis. “Marxismo y Humanismo”, ed. cit., p. 194. Marx, Karl y Engels, F. La ideología alemana, ed. cit. 12 “La ideología alemana es el primer texto que marca la ruptura consciente y definitiva con la filosofía y la influencia de Feuerbach.” (Althusser, L. “Los manifiestos filosóficos de Feuerbach”. En La revolución teórica…, ed. cit.p 35) 13 Althusser, Louis. Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Nueva Visión, Buenos Aires, 1970, p. 54.) 14 Marx, Karl y Engels, F. La ideología alemana, ed. cit., p. 34. 15 Ibid, p. 39.
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un texto marxista y no “premarxista”, aunque señala algunas alternativas para esta distinción. Si retomamos la periodización que propone Althusser en Marxismo y Humanismo16, algunos elementos de La Ideología alemana corresponderían más bien a una segunda etapa humanista de la obra de Marx, que conserva una marcada impronta feuerbachiana, con una fuerte presencia desplazada (en el sentido freudiano) del concepto de alienación. En este texto de mediados de siglo XIX la relación de la clase dominante con las ideas dominantes presenta algunas ambigüedades. Por momentos se da a entender que la clase dominante está exenta de la “inversión” ideológica, dado que:

Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes (…) Los individuos que forman la clase dominante tienen también, entre otras cosas, la conciencia de ello, y piensan a tono con ello; por eso, en cuanto dominan como clase y en cuanto determinan todo el ámbito de una época histórica, se comprende de suyo que lo hagan en toda su extensión y, por tanto, entre otras cosas, también como pensadores17

Para este razonamiento, la enajenación ideológica sería un atributo propio de la clase dominada. No obstante, en otros pasajes Marx perecería alejarse de una concepción instrumentalista de la relación entre clase e ideología dominante:

Si nos limitamos a afirmar que en una época han dominado tales o cuales ideas, sin preocuparnos ni en lo más mínimo de las condiciones de producción ni de los productores de estas ideas; si, por tanto, damos de lado a los individuos y a las situaciones universales que sirven de base a las ideas, podemos afirmar, por ejemplo, que en la época en la que dominó la aristocracia imperaron las ideas del honor (…) Así se imagina las cosas, por regla general, la propia clase dominante18

Esta línea argumental es la que sigue el texto posterior de Engels, Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana:

En los políticos profesionales, en los teóricos del Derecho Público y en los juristas que cultivan el Derecho privado, la conciencia de la relación con los hechos económicos desaparece totalmente. (…) Estos hombres ignoran forzosamente que las condiciones materiales de la vida del hombre, en cuya cabeza se desarrolla este proceso ideológico,

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Althusser, Louis. “Marxismo y Humanismo”, ed cit. Marx, Karl y Engels, F. La ideología alemana, ed. cit., pp. 50-51. 18 Ibid., p. 52. 306

II Jornadas Espectros de Althusser - 2011 son las que determinan, en última instancia, la marcha de tal proceso, pues si no lo ignorasen, se habría acabado toda la ideología19

Estas intervenciones, que aparecen todavía opacas a la luz de los desarrollos posteriores respecto de la ideología, introducen sin embargo la posibilidad de pensar la dimensión ideológica como un “funcionamiento” relativamente autónomo, “objetivo” en el sentido de que no depende de una subjetividad individual. La noción de funcionamiento es producto de la reflexión estructuralista sobre el lenguaje, tal como explica Michel Pêcheux:

El desplazamiento conceptual introducido por F. de Saussure consiste precisamente en romper esta homogeneidad cómplice entre la práctica y la teoría del lenguaje: desde el momento en que la lengua debe ser considerada como un sistema, deja de ser concebida como encargada de la función de expresar sentido; se convierte en un objeto cuyo funcionamiento puede ser descrito por una ciencia20

En el enunciado del PO, sin embargo, se concluye que los gobiernos no son presa de su propia ideología de clase, ni tienen un acceso distorsionado a la realidad, sino que tienen conciencia de la verdad y la ocultan voluntariamente al pueblo. Planteada en estos términos, que implican una noción instrumental de “la verdad” y una concepción idealista de la ideología, la manera en que el PO entiende el desenvolvimiento de los gobiernos frente al riesgo nuclear se encuentra más cerca de un abordaje moral, de denuncia de una impostura, que del materialismo histórico, si así denominamos a la totalidad compleja, de movimiento progresivo pero también disgresivo, que es la obra iniciada por Marx.

La falsa dicotomía entre realidad y discurso En la edición del 9/6/2011, Prensa Obrera aborda una temática común en sus notas de tapa y editorial, a partir de la noticia de los presuntos delitos cometidos por Sergio Schoklender desde la Fundación Madres de Plaza de Mayo. En ambos artículos aparece una serie de definiciones tocantes a la cuestión de la ideología. En este número se establece un triángulo que liga los fenómenos de corrupción aludidos con la política de estatización de las organizaciones sociales y culmina en la tarea sostenedora del status quo por los intelectuales.
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Engels, F., “Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”, En Obras escogidas, Edit. Progreso, Moscú, s/f., ed. Or. 1886, pp. 649-650. 20 Pêcheux, Michel, Hacia un análisis automático del discurso, Gredos, Madrid, 1978, p. 20. 307

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En su crítica del rol de la intelectualidad cercana al Gobierno Nacional, el PO se vale de algunas definiciones que sientan posición respecto de, entre otras cosas, el orden del discurso, el status ontológico de la realidad y de la sociedad. La editorial del 9/6/11 dice:

La ‘batalla cultural’ -o la llamada ‘lucha por la hegemonía cultural’- es un argumento perfecto para justificar los menesteres del intelectualismo de Estado. Pero es, por sobre todo, un subterfugio para sustituir la lucha real que se libra en la sociedad, la lucha de clases, por la lucha del lenguaje

Según este razonamiento existen dos órdenes diferentes, con una relación jerárquica, constituidos por el lenguaje y lo real. Esta diferenciación, en principio, es producto de una interpretación de la concepción marxista de la totalidad social, identificada por Althusser como la metáfora del edificio, según la cual:

La estructura de toda sociedad está constituida por ‘niveles’ o ‘instancias’ articuladas por una determinación específica: la infraestructura o base económica (‘unidad’ de fuerzas productivas y relaciones de producción), y la superestructura que comprende dos ‘niveles’ o ‘instancias’: la jurídico-política (el derecho y el Estado) y la ideológica (las distintas ideologías, religiosa, moral, jurídica, política, etcétera)21

Althusser explica que esta tópica tiene como objeto la representación de la determinación en última instancia por la base económica. A lo largo de su obra el autor tensiona este mecanismo a través de lo que denomina la “autonomía relativa” de la superestructura respecto de la base. Esto lo lleva a distanciarse –al menos por momentos- de la noción de determinación, para introducir un proceso distinto y más complejo, de naturaleza simbólica, al que denomina sobredeterminación. Althusser toma esta noción de la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud, como la manera de explicar la articulación entre dos o más discursos. El autor de La interpretación de los sueños explica allí que el contenido del sueño aparece como una transferencia de los pensamientos del sueño a otro modo de expresión, cuyas leyes de articulación deben discernirse mediante la comparación del original y su traducción, de donde surge la idea del sueño como una pictografía. “Cada uno de los elementos del

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Althusser, Louis. Ideología y aparatos…, ed. cit., p. 17. 308

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contenido del sueño aparece como sobredeterminado, como siendo el subrogado de múltiples pensamientos oníricos”22. Freud señala más adelante la particularidad de este desfasaje entre contenido y pensamientos oníricos: “en el trabajo onírico se exterioriza un poder psíquico que por una parte despoja de su intensidad a los elementos de alto valor psíquico, y por la otra procura a los de valor ínfimo nuevas valencias por vía de la sobredeterminación”23. En Althusser, la sobredeterminación sirve como una gramática para explicar las relaciones entre las instancias sociales de una manera que elimine los restos idealistas de la dialéctica hegeliana, todavía presentes la obra del “primer Marx”. Volviendo al enunciado del Prensa Obrera, el mismo parecería prescindir de la tesis althusseriana de la sobredeterminación. En cambio, el artículo sostiene una división tajante entre el lenguaje y lo real, según la cual el primero sería un epifenómeno; de ahí que “para ganar una batalla cultural primero hay que transformar las relaciones sociales”, tal como afirma el PO. Este diagnóstico se halla en consonancia con las críticas del Marx de La ideología alemana a los neohegelianos (como Feuerbach), quienes “al combatir solamente las frases de este mundo, no combaten en modo alguno el mundo real existente”24.

El principio de complejidad de lo social Althusser explica en Contradicción y sobredeterminación que no basta invertir los términos de la dialéctica hegeliana y colocar la base material en el lugar de la Idea para que la dialéctica marxista despliegue su potencial; esto sería equivalente a afirmar la realización lineal de la determinación en última instancia por la economía, es decir un esencialismo invertido sobre el que se ciernen numerosas excepciones históricas: “una revolución en la estructura no modifica ipso facto en un relámpago (lo que se produciría, sin embargo, si la determinación económica fuera la única determinación) las superestructuras existentes y, en particular las ideologías”25. Las superestructuras, dice Althusser, “tienen como tales una consistencia para sobrevivir fuera del contexto inmediato de su vida”26.

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Freud, S., “La interpretación de los sueños”, en Obras completas, Buenos Aires, Amorrutu editores, 2001, p. 291. 23 Ibid., p. 313. 24 Marx, Karl y Engels, F. La ideología alemana, ed. cit., p. 18. 25 Althusser, Louis. “Contradicción y sobredeterminación”, ed., cit., p. 95. 26 Idem. 309

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Dicho esto, es pertinente retomar la crítica de Ernesto Laclau respecto de la dicotomía idealismo-materialismo. El autor argentino señala que la diferencia entre estas dos concepciones consiste en la “afirmación o negación de la reductibilidad en última instancia de lo real al concepto”27. Laclau sugiere que:

En cierto sentido, Marx permanece dentro del campo idealista –es decir, dentro de la afirmación final de la racionalidad de lo real (…) Porque lo que es idealista no es la afirmación de que la ley de movimiento de la historia sea una en lugar de la otra, sino la misma idea de que hay una ley final de movimiento que puede ser conceptualmente aprehendida. Afirmar la transparencia de lo real al concepto es equivalente a afirmar que lo real es ‘forma’28

Si tomamos al pié de la letra la fórmula lacaniana, no hay argumento más contundente contra aquel reduccionismo formalista que: “lo real es lo imposible de simbolizar”29. Sin embargo, el real de La ideología alemana30 señala una entidad distinta del real lacaniano, en todo caso la equivalencia psicoanalítica de este “real marxista” es el orden simbólico de Lacan. Aún así, el enunciado del PO que opone batalla cultural y lucha real recurre nuevamente a las zonas más idealistas –y menos materialistas- de la obra de Marx, al adscribir a una versión determinista de la concepción social, que le depara un lugar subordinado al lenguaje. Por eso asegura que “la lucha de ideas políticas no tiene un fin en sí mismo, sino que es el laboratorio que procesa y orienta la lucha de clases”. Contra este tipo de visiones se manifiesta Laclau en el prefacio a la segunda edición de Hegemonía y estrategia socialista, cuando propone la consigna de volver a la lucha hegemónica. Según el autor, la izquierda no debe “abandonar la lucha ‘cultural’ para volver a la política ‘real’ –sino- crear una cadena de equivalencias entre las varias luchas democráticas y en contra de las diferentes formas de subordinación”31. Aquí es preciso plantear qué lugar le cabe al lenguaje dentro de una teoría materialista de la sociedad y la historia, sabiendo que –si seguimos la tesis lacaniana- no estamos en presencia de una herramienta de comunicación sino ante aquello que posibilita el proceso de subjetivación.
Laclau, E. “Postmarxismo sin pedido de disculpas”, en Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Nueva Visión, Buenos Aires, 1993, p. 121. 28 Ibid., p. 122. 29 Cfr., Shejtman, F., “Introducción a los tres registros”, en MAZZUCA, R., ET. AL. Psicoanálisis y psiquiatría: encuentros y desencuentros, Bregase 19, Buenos Aires 2002. 30 Marx, Karl y Engels, F. La ideología alemana, ed. cit. 31 Laclau, Ernesto y Mouffe, Chantal, “Prefacio a la segunda edición” en Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, FCE, Buenos Aires 2004, p. 19. 310
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Antes de avanzar en esa dirección es oportuno agregar otro enunciado del PO, presente en el mismo artículo, que refuerza el vínculo con sus condiciones de producción. El mismo es una versión apenas alterada de un conocido pasaje de La ideología alemana. Dice Prensa Obrera: “Bajo ropajes diferentes, las ideas dominantes son siempre, en última instancia, las ideas de la clase dominante”. Y agrega más adelante: “La ‘ideología' K es una ideología de la clase dominante.” Aquí el PO afirma el atributo clasista de las ideas dominantes. El enunciado que Prensa Obrera reactiva ilustra la transición que se produce entre los conceptos idealistas del “joven Marx” y las categorías que corresponden a su período materialista, ya que por primera vez lo ideológico se vincula con una variable “dura” como la clase. De esta forma, el PO habilita el siguiente razonamiento, que señala la superficialidad de las contiendas intra-clasistas donde se enfrentan los adversarios partidarios: “Esos negociados no hubieran sido posibles sin la participación de Planeamiento y de De Vido, así como de los institutos de viviendas provinciales e incluso del macrismo. ¡Macri encubridor de Madres! -esto pone fin al ‘discurso' K.” La fórmula clasista se repite a lo largo de varias temáticas que Prensa Obrera pone en juego. Es así que, por ejemplo, respecto de las elecciones de 2011, afirma: “Son endebles las fronteras sociales y políticas que separan a los bloques capitalistas que pretenden dirimir las presidenciales. (…) Aunque las elecciones de 2011 se presentan como una pelea por la sucesión, ello sólo corresponde a la superficie de los hechos.” En consecuencia con este punto de vista, la salida que visualiza el PO es “derrocar a la clase dominante y transformar las condiciones sociales que han hecho posible su dominio”.

Materialidad de la ideología Hasta aquí el PO se desenvuelve entre un paradigma determinista de la transformación y reproducción social y una concepción idealista de lo ideológico que funciona como su reverso. Sin embargo, llegado a este punto, es necesario exponer cómo se introducen paralelamente nuevos elementos, que escapan a las esquematizaciones anteriores y le dan una riqueza singular al discurso del Partido Obrero, el cual se recuesta por momentos sobre un materialismo distinto, depurado de su sello idealista:

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II Jornadas Espectros de Althusser - 2011 Schoklender es el equivalente a los Pedraza o Cavallieri en el movimiento obrero (…) Los militantes de derechos humanos asisten atónitos a lo que los trabajadores conocen desde hace muchísimo tiempo: la desnaturalización de sus organizaciones como consecuencia de su integración al Estado capitalista

En su nota editorial del 9 de junio, Prensa Obrera define:

Schoklender es el producto ‘cultural' K por antonomasia y así había sido reivindicado hasta ahora por el kirchnerismo. La estatización de las organizaciones populares es el punto de partida de la degeneración de la ONG Madres, y esta estatización es la única ‘ideología' y la única ‘cultura' del kirchnerismo

Para interpretar este pasaje resulta iluminador el aporte de Althusser respecto de la materialidad de la ideología. En Ideología y aparatos ideológicos del Estado el autor explica que toda práctica existe por y bajo una ideología. “Mediante el dispositivo “conceptual” perfectamente ideológico así puesto en juego (el sujeto dotado de una conciencia en la que forma o reconoce libremente las ideas en que cree), el comportamiento (material) de dicho sujeto deriva de él naturalmente”32. Pero Althusser da un paso más en el análisis de la “identificación” ideológica y va en busca de la contraparte especular de esta interpelación, dando así con los aparatos ideológicos del Estado (AIE): “la existencia de las ideas de su creencia es material, en tanto esas ideas son actos materiales insertos en prácticas materiales, reguladas por rituales materiales definidos, a su vez, por el aparato ideológico material del que proceden las ideas de ese sujeto”33. Desde este punto de vista, hay en el enunciado del PO un salto cualitativo en la cuestión de la ideología: Schoklender no representa a un ideólogo en el sentido más coloquial (o más precisamente idealista) del término, no tiene presencia significante en los discursos que La ideología alemana34, por ejemplo, juzgaría ideológicos (como la religión, la estética, la filosofía), su existencia discursiva se reduce en todo caso a la cantidad de dinero que presuntamente malversó, y sin embargo a ese hecho concreto Prensa Obrera lo coloca en el lugar de la objetivación de la “cultura K”. En este desplazamiento, Prensa Obrera expone cómo las prácticas concretas son en sí mismas materialidad ideológica y no superficies inocuas donde se imprime lo ideológico como una exterioridad. Así pues, el PO explica:

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Althusser, Louis. Ideología y aparatos ideológicos de Estado, ed. cit., p. 59. Ibid., p. 62. 34 Marx, Karl y Engels, F. La ideología alemana, ed. cit. 312

II Jornadas Espectros de Althusser - 2011 La Asociación de las Madres fue convertida en una ONG, una Fundación: una figura típica de la política de desmantelamiento (privatización) de la protección social por parte del Estado (…) Es la etapa final y la consecuencia natural de su cooptación política, o sea de su borocotización. El kirchnerismo es precisamente un aparato de borocotización de organizaciones sociales, piqueteras, sindicales, culturales

Este proceso ideológico es constitutivo de la realidad y desencadena reacciones empíricas, algo que es perfectamente coherente con la tesis althusseriana de la sobredeterminación. Es así que: “Hay un hilo de unión entre el crecimiento de la criminalidad policial contra el pueblo y la neutralización de las organizaciones de derechos humanos mediante la borocotización kirchnerista.”

Aparatos ideológicos del Estado Argentino Si nos detenemos en otro de los enunciados en los que Prensa Obrera sostiene su argumentación, encontramos más zonas donde Althusser puede funcionar como mapa interpretativo: “El asunto Schoklender no solamente puso al desnudo a un gobierno corrupto, sino especialmente su efecto corruptor sobre las organizaciones populares”. Esta afirmación se alinea con la tesis althusseriana de la reproducción y transformación de las condiciones de producción, donde juega un papel fundamental su teoría del Estado y los aparatos represivos e ideológicos que lo componen. Respecto de los segundos (AIE), estos constituyen instituciones, pertenecientes tanto al ámbito privado como al público, que funcionan masivamente con la ideología como forma predominante, aunque recurren secundariamente a un uso atenuado de la fuerza represiva35. Sin embargo su rasgo distintivo es el hecho de que están unificados, más allá su diversidad, por la ideología dominante, que es la ideología de la clase que generalmente posee el poder de Estado y debe ejercer su hegemonía en estos aparatos si desea perpetuarse en esa posición. Lo novedoso de esta concepción es que liga de una manera funcional a células que no tienen un vínculo orgánico con el Estado desde el punto de vista jurídico, pero a través de la ideología pueden desempeñarse como una prolongación del mismo. El “‘affaire' Schoklender”, como lo denomina Prensa Obrera, señala el funcionamiento concreto de estos mecanismos en la sociedad argentina, que comprometen también a “organizaciones sociales, piqueteras, sindicales, culturales”.

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Cfr., Althusser, Louis. Ideología y aparatos ideológicos de Estado, ed. cit. 313

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Este proceso, sin embargo, no tiene un funcionamiento aleatorio, sino que asegura “la reproducción de las relaciones de producción (…), en gran parte, por el ejercicio del poder de Estado en los aparatos de Estado”36. En los mismos términos Prensa Obrera contempla el rol de los intelectuales y los medios masivos en la economía simbólica nacional. La nota de tapa del 26/5/2011 menciona, por ejemplo, a Horacio Verbitsky como “el Rasputín de la Rosada”, es decir que asigna al periodista insignia de Página/12 (diario de distribución nacional) el papel de operador encubierto con llegada al núcleo del poder político. En el caso de “Madres”, se trata de una institución con una intensa presencia social que incluye la edificación de viviendas, infraestructura universitaria propia y una fuerte imagen de alcance internacional vinculada a la condena del terrorismo de Estado y la defensa de los derechos humanos. La teoría del Estado de Althusser contribuye a analizar de qué manera un poder dominante opera en unidades que le son jurídicamente indiferentes. Es interesante observar, por ejemplo, cómo el crecimiento de la relevancia política y social de este tipo de figuras que plantea Prensa Obrera, las ONG o Fundaciones, coincide con la creciente injerencia de un AIE de enorme peso internacional: el Banco Mundial y su modelo de “social accountability”, a través del cual opera subliminalmente determinada interpelación ideológica.

Lucha de clases en los AIE Los AIE no son, sin embargo, un canal de transmisión de la ideología dominante sino que constituyen lugar y objeto de la lucha de clases, ámbitos donde también pueden desarrollarse prácticas de resistencia de la clase dominada, como deja ver Althusser. Por momentos el PO parece entenderlo así, respecto de, por ejemplo, las paritarias. Las mismas constituyen una institución con reconocimiento legal, que consagra la negociación del salario y las condiciones de trabajo entre representantes de las empresas y los trabajadores, y su autoridad de aplicación en Argentina es el Ministerio de Trabajo de la Nación. Sin embargo, Prensa Obrera les asigna un valor que desborda su particularidad:

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Ibid., p 35. 314

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“Hay que reforzar la denuncia de la incapacidad del régimen capitalista, (…) para desarrollar una lucha de clases socialista. Las paritarias son un escenario de esta lucha”. Como puede observarse, las mismas se representan como un escenario de disputa:

Antes de que las paritarias se pongan en marcha, las patronales más poderosas del país le arrancaron su "aumento" al gobierno. Y a costa del salario. Para que paguemos la factura del naftazo y de otros aumentos, el gobierno y la burocracia sindical preparan paritarias con "candado"

A propósito de la reflexión sobre la sustancia de la dominación, es oportuno reponer las apreciaciones de Michel Foucault que contribuyen a pensar el poder en detrimento de una visión centralista:

Entre cada punto del cuerpo social, entre un hombre y una mujer, en una familia, entre un maestro y su alumno, entre el que sabe y el que no sabe, pasan relaciones de poder que no son la proyección pura y simple del gran poder del soberano sobre los individuos; son más bien (…) las condiciones de posibilidad de su funcionamiento37

El autor desconfía de la idea de “representación” para analizar el Poder, es decir, de aquellas concepciones que plantean que el dueño de fábrica, el maestro o el marido representan un poder de Estado, que a su vez responde a intereses de clase. Sin embargo, agrega: “Esto no quiere decir que el poder es independiente, y que se podría descifrar sin tener en cuenta el proceso económico y las relaciones de producción”38. Slavoj Žižek plantea que Althusser le lleva cierta ventaja a Foucault en la aprehensión de la cuestión del Poder “concreto”, por el abandono foucaultiano de la problemática de la ideología –lo que en el lenguaje de Althusser equivaldría nada menos que al abandono de la dimensión simbólica-39. Más allá de esta valoración, ambas tesis tienen elementos articulables, sin descuido de las posiciones encontradas respecto de la relación entre poder y clase, por ejemplo. Žižek apunta en El sublime objeto de la ideología40 que el punto débil de la teoría de Althusser es la precisión del vínculo entre los AIE y la interpelación ideológica. Esta

Foucault, M., Microfísica del poder, La Piqueta, Madrid, 1979, p. 157. Ibid., p. 158. 39 Cfr., Žižek, S., “Introducción. El espectro de la Ideología”. En Ideología. Un mapa de la cuestión, FCE, Buenos Aires, 2003. 40 Žižek, Slavoj., El sublime objeto de la ideología, Siglo XXI, México, 1992.
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zona pantanosa en la obra de Althusser es la que Foucault puede ayudar no tanto a surcar pero sí a explorar. Por último, encontramos más indicios en Prensa Obrera que subrayan la materialidad de lo discursivo, y ponen en juego la discusión sobre continuidad y ruptura política en el ejercicio del gobierno. El PO representa la imagen que el Gobierno Nacional tiene de sí mismo en los siguientes términos: -“La Presidenta acaba de reconocer que el 35% de los trabajadores son precarios. Según el gobierno, se trata de una ‘herencia del pasado”; -“gobierno que vocifera contra la renta sojera”; -“el kirchnerismo (…) deja como herederos a la cofradía de gobernadores pejotistas, que supuestamente había venido a superar”; -“’campaña contra la derecha’”; -“’proyecto nacional’”; -“’modelo productivo y nacional’”. En el discurso del PO, el Gobierno se representa a sí mismo como enemigo de la renta sojera y la precarización laboral, superador de los gobernadores pejotistas, adversario de la derecha, y se dice agente de un modelo productivo y un proyecto nacional. Ahora bien, esas representaciones no tienen una existencia separada de los rituales materiales que las regulan, tal como explica Althusser en Ideología y aparatos ideológicos del Estado41. La mención de las leyes “proscriptivas”, la política cambiaria supuestamente filomonopólica, las subas tarifarias y la financiación de la deuda pública, por ejemplo, no necesariamente deben leerse en Prensa Obrera como cuestiones estructurales (materiales en un sentido “idealista”) que niegan un determinado régimen de verdad que soportaría el Gobierno, sino en carácter de acontecimientos materiales que sobredeterminan el valor de los “pilares” oficiales: -“El aumento de las naftas se trasladará a los alimentos, al transporte, a todo el consumo popular. Antes de que las paritarias se pongan en marcha, las patronales más poderosas del país le arrancaron su ‘aumento’ al gobierno. Y a costa del salario.” -“La reforma de la ley de quiebras (…) obliga a los trabajadores a asumir las deudas de las empresas vaciadas para no quedar despedidos”.

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Althusser, Louis. Ideología y aparatos de Estado, ed. cit. 316

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-“Boudou no ha desmentido aún su compromiso con los bancos de no tocar el tipo de cambio, lo que equivale a una estafa económica porque otorga a los especuladores un seguro de cambio gratuito a cargo del Estado.” -“El mismo parasitismo se manifiesta en los subsidios a las empresas con precios regulados, que se llevan 60 mil millones de pesos, o las reducciones y exenciones impositivas, de 35 mil millones de pesos. En contraste, la meneada asignación por hijo es de 4 mil millones de pesos al año. Una gestión económica que ha elevado la deuda pública de 120 mil a 160 mil millones de dólares, luego de pagar en forma serial la deuda vencida, no puede ser sino caracterizada como parasitaria.” Es así que Prensa Obrera cuestiona la validez de los mismos a través de la reposición de una serie de superficies discursivas que sobredeterminan el alcance del “proyecto nacional”, y lo ubican dentro de una formación discursiva que, entre otras cosas, incluye a quienes representan para el oficialismo a su arquetipo antitético:

-“Cristina Kirchner reivindicó su ley de movilidad jubilatoria. La misma que -como en tiempos de Cavallo- relaciona a las jubilaciones con la recaudación de impuestos”; -“la Presidenta (…), después de reglamentar la ley de prepagas -que consagra la privatización de la salud por parte de Menem-, renovó el manejo por parte de la burocracia sindical del fondo de prestaciones especiales que administra -y malversa- el Estado desde los tiempos del riojano.” Parafraseando al Laclau de Misticismo, retórica y política42, así como la discusión en torno a lo ideológico no debe abandonarse como resultado de su propio éxito imperialista (dado que todo lo material es ideológico), las premisas “materialistas” tampoco pueden sucumbir a causa del reverso del mismo razonamiento (“todo lo ideológico es material”). Es decir, aunque toda práctica ideológica tenga su peso propio, esto no significa que todas las prácticas tengan la misma capacidad de impacto ni posean una valencia fija en el entramado discursivo. Para hacer un balance provisorio entre las dos concepciones en tensión en el discurso del PO respecto de la ideología (idealista y materialista), podríamos decir que hay una inclinación, respecto de la diferencia de las modalidades de la materialidad, que iría en desmedro de lo lingüístico. En consecuencia, en la edición del 30/6/11 se reclama el ingreso a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires “a los luchadores sociales y políticos de la Ciudad, en la teoría y en los hechos”.

Laclau, E., “Muerte y resurrección de la teoría de la ideología”, en Misticismo, retórica y política, FCE, Bs. As., 2002. 317

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Problemas de una dialéctica evolucionista Por momentos, en cambio, el PO vuelve a sucumbir a algunas tentaciones reduccionistas respecto de, por ejemplo, “enfrentar al poder del capital”, al sugerir relaciones de necesariedad entre algunos fenómenos a partir de ciertos usos del concepto de “condiciones”43. Es así que en reiteradas oportunidades anuncia la inminencia del “derrumbe capitalista” –si entendemos por derrumbe una etapa ulterior- por el “estallido más generalizado de las contradicciones capitalistas en los últimos ochenta años”. La “ulterioridad” es un concepto de matriz teleológica, cuyo uso tuvo hitos importantes en parte de la historiografía marxista, sobre todo a partir de las tesis con que Lenin interpretó las causas de la Primera Guerra Mundial, quien postuló que el imperialismo constituía el epílogo del modo de producción capitalista44. Desde el punto de vista que sostiene el presente trabajo, se trata de un concepto que se mueve dentro de los límites de la metafísica idealista, dado que refiere “al carácter necesario de una transición apriorísticamente fijada”45. Varios pasajes de Prensa Obrera rehabilitan este método al anunciar, por ejemplo, la “crisis definitiva del peronismo”, o “el cuadro de descomposición de la representación política burguesa -la punta del témpano de la avanzada descomposición del capitalismo”. Este tipo de diagnósticos, a diez años de la crisis de 2001 en Argentina, se asemejan en más de un punto al que repone Althusser en Contradicción y sobredeterminación, según el cual los socialdemócratas alemanes de fines del siglo XIX auguraban un triunfo socialista en su país.

Olvidaban que todo ello ocurría en una Alemania armada de un poderoso aparato de Estado y que contaban con una burguesía que, desde hacía mucho tiempo, se había tragado ‘su’ revolución política a cambio de la protección policíaca burocrática y militar (…) a cambio de los beneficios gigantescos de la explotación capitalista y colonialista, rodeada de un pequeña burguesía chauvinista y reaccionaria46

Por ejemplo, en el enunciado: “desarrollar metódicamente -o sea por medio de la propaganda, agitación y organización- las condiciones para una victoria de los trabajadores”. 44 Cfr., Braillard, Philippe y De Senarclens, Pierre. El imperialismo, Fondo de Cultura Económica, Ediciones Nuevo País, 1989. 45 Laclau, Ernesto y Mouffe, Chantal. Hegemonía y estrategia socialista, ed. cit., p. 132. 46 Althusser, Louis. “Contradicción y sobredeterminación”, en La revolución teórica de Marx, ed., cit., p. 79. 318

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Aunque el argumento de Althusser va en contra de la pasividad política, no es menos inmovilista consentir simplemente que la crisis es inherente al capitalismo. En su abordaje del síntoma social, Žižek explica que el capitalismo se caracteriza por que la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción está sostenida en su concepto:

El estado ‘normal’ del capitalismo es la revolución permanente de sus propias condiciones de existencia (…) Lejos de ser constrictivo, su límite es, así pues, el ímpetu mismo de su desarrollo. En eso reside la paradoja propia del capitalismo, su último recurso: el capitalismo es capaz de transformar su límite, su impotencia misma, en el origen de su poder47

De esta manera, Žižek retoma una tesis de Lacan, para quien Marx inventó la noción de síntoma a partir de su análisis de la mercancía: la pregunta que intenta develar su “secreto” no es tanto por la determinación de su valor en horas de trabajo, sino la razón de que el trabajo pueda “afirmar su carácter social solo en la forma mercancía de su producto”48. Sin embargo, Žižek señala que “en la formulación crucial en el prefacio a la Crítica de la economía política, Marx procede como si no lo supiera, describiendo el pasaje del capitalismo al socialismo en función de la dialéctica evolucionista”49. Lo mismo podemos decir de algunos análisis de PO, por ejemplo: “El capital es una circunstancia histórica, que será superada por la lucha revolucionaria de los trabajadores” o “Los choques sociales que emergen de esta crisis no necesitan ser pronosticados”. Observamos en estos enunciados cierta confianza depositada en aquellos principios de los que habla Engels cuando dice que “el curso de la historia se rige por leyes generales de carácter interno”50. No obstante, estos conviven con otros diagnósticos que relativizan el carácter necesario de la transformación:

La campaña electoral de 2011 no comienza signada por los resultados contradictorios de algunas provincias, sino por el desarrollo de una tendencia fuerte a la fractura del aparato oficial. El ritmo y vaivenes de este proceso dependerá de la marcha de la crisis económica (inflación, tendencia a la fuga de capitales) y de las luchas sociales y políticas correspondientes
47 48

Žižek, Slavoj., El sublime objeto de la ideología, Siglo XXI, México, (1992), p., 84. Ibid., p. 36. 49 Ibid., p. 85. 50 Engels, F., “Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”. En Obras escogidas, Edit. Progreso, Moscú, s/f., ed. Or. 1886, p. 664. 319

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De esta manera, Prensa Obrera pone en juego una sobredeterminación de factores que contradicen la progresividad ilimitada de algunos procesos y pueden desencadenar una transformación social de rumbo indeterminado:

Es cierto que el oficialismo goza del boom de consumo, igual que Bush antes del derrumbe hipotecario norteamericano; pero con boom incluido, la situación social de las masas es mucho más precaria que la que existía en las vísperas del derrumbe del alfonsinismo o de la convertibilidad menemo-kirchnerista. La extrema dependencia de cuatro rubros de exportación y de dos países -Brasil y China- podría convertirse en un bumerán -en especial con una inflación interna del 30 por ciento en dólares. En cualquier caso, el escenario económico pos-electoral ya pinta ahora como explosivo. Oficialistas y opositores ignoran a su costo el alcance de la bancarrota capitalista internacional, a pesar de los terremotos políticos que ya ha provocado en buena parte del mundo

Recapitulación El título de nuestro trabajo contiene una doble referencia a la obra althusseriana. Retomamos por un lado aquello de “Para leer El capital” –como fue traducido al español Lire le Capital- en el sentido de la necesidad de un abordaje crítico de todo discurso, sobre todo aquel que pretende reivindicarse. Y este cometido se lleva a cabo mediante la consigna de Althusser de “volver a Marx” mediante una interpretación racional sin concesiones cultuales, de la misma forma que Lacan planteó su “retorno a Freud”. Elegimos la preposición “sobre” en lugar de “para” un retorno a Marx, porque preferimos no dar por hecho que la intervención althusseriana constituye una interpretación “genuina” del marxismo ni que el propio Marx sea la clausura del movimiento al que dio origen. Nuestro “sobre”, en todo caso, despliega algunas derivaciones concretas de las tesis de Althusser que, consideramos, componen un prolífico complejo teórico, firmemente trenzado, que resulta, al menos, difícil de rebatir. Las hipótesis que surgen de nuestro análisis hacen referencia a las fisuras del materialismo en el discurso del PO, que se manifiestan en ciertas reposiciones de algunas ideas presentes en La ideología alemana51. En aquel texto de mediados del siglo XIX y en determinadas representaciones del PO subsiste la ambigüedad de pensar lo representacional como inversión del proceso de vida real o como un ocultamiento voluntario perpetrado por la clase dominante. Desde estas categorías, el PO analiza el

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Marx, Karl y Engels, F. La ideología alemana, ed. cit. 320

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drama de la catástrofe nuclear como la consecuencia, velada por los gobiernos, de la forma de explotación capitalista de la naturaleza y de la humanidad. El mismo esquema se impone para desacreditar los alcances de la “batalla cultural” del kirchnerismo, representada por el PO como un subterfugio para sustituir la lucha de clases. Prensa Obrera despliega este argumento a través de la exposición de casos en que, quienes dicen ser adversarios políticos, conspiran en bloque contra la clase trabajadora: “¡Macri encubridor de Madres! -esto pone fin al ‘discurso' K”. Sin embargo, la visión epifenoménica del lenguaje, producto de una interpretación lineal de la “metáfora del edificio marxista” (que Althusser señala como una forma invertida- de continuidad de la dialéctica hegeliana), no se impone completamente en el discurso del PO. Aparecen elementos distintos que enfatizan la materialidad de lo ideológico: el affaire Schoklender es presentado como la objetivación del discurso de la clase dominante, donde los aparatos ideológicos del Estado –como Madres de Plaza de Mayo, pero también los sindicatos, los medios y los espacios culturales- cumplen un rol fundamental. Por otra parte, los AIE no son concebidos como lugares de mera reproducción de la dominación sino ámbitos de lucha: es así que el PO libra su batalla política en instituciones como los gremios, la universidad, el parlamento, las elecciones y las negociaciones paritarias. Más allá de cómo representa el PO su propia visión de la totalidad social (que suele volver sobre cierto reduccionismo economicista) se puede realizar una segunda lectura de sus intervenciones (que no dejan de subrayar cierta indiscutibilidad de los “hechos” económicos) en tanto elementos discursivos de una fuerte valencia material que sobredeterminan, por ejemplo, la auto-representación del discurso oficial. La reivindicación de lo simbólico que demanda una dialéctica marxista, tal como la interpreta Althusser, no significa ubicar lo representacional en el lugar privilegiado de una dialéctica simple, sino entenderlo como el registro en que se desarrollan fenómenos materiales de sobredeterminación. Althusser explica que toda práctica se da por y en una ideología. De este “no poder estar fuera de la ideología”, Laclau expone cómo el análisis ideológico pudo sucumbir por su éxito imperialista, y sin embargo se vuelve imprescindible. Podríamos completar el razonamiento entonces con la igualmente necesaria reivindicación del materialismo, ya no por sobre lo representacional sino anudado de manera primaria a lo discursivo.

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Cierto desapego por lo cultural, la idea de un orden “desnaturalizado” por el capitalismo, la dialéctica evolucionista contenida en la “inminencia” del derrumbe del sistema, así como la invocación del “mandato” de clase, son algunas de las zonas donde el discurso del PO recae en tópicos esencialistas. Sin embargo, si señalamos la presencia de un materialismo discontinuo es porque también tienen lugar elementos materialistas en un sentido radical, independientemente de cómo se organicen en el relato manifiesto de Prensa Obrera. Las contradicciones del Gobierno Nacional, el caso Schoklender, ciertas medidas micro y macro económicas, por ejemplo, no son abordadas como distorsiones de un modelo que, de no mediar la corrupción, sería una garantía de progreso, sino que marcan los límites estructurales del paradigma populista, en contra de una idea naturalizada de “perfectibilidad”.

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