II Jornadas Espectros de Althusser -2011

ALTHUSSER EN LA COYUNTURA

Roberto Follari

¿Ahora, Althusser? Alguien podría razonablemente preguntarse por la pertinencia de la apelación. Tanto tiempo pasado desde la dominancia del marxismo en la academia francesa, allá por los años sesentas y comienzos de los setentas. Entonces parecía plausible ubicar al marxismo en un espacio de Ciencia que se escribía con mayúsculas; todo el resto de lo que habitualmente se tomaba por ciencia social quedaba archivado en el espacio de la ideología. Ideología que –bachelardianamente, en ese nexo indisputable del filósofo marxista con el epistemólogo espiritualista1- era pensada como “flujo de la conciencia”, como “sentido común” instalado en ella. Ideología que indudablemente aparecía como “lo otro” del conocimiento, como su opuesto opaco y resistente que sólo la abstracción científica podía atravesar. A años luz estamos de aquellas aparentes seguridades. Sin dudas que hoy el marxismo, para quienes creemos que está lejos de haber agotado su capacidad de explicación crítica sobre el capitalismo, no basta para una interpretación suficiente de todos los fenómenos sociales, sobre todo los surgidos en las últimas décadas. Aquel descubrimiento -un tanto tautológico- del último Althusser sobre la finitud del marxismo se nos impone hoy más que nunca. No se puede pensar prescindiendo del marxismo, pero no puede pensarse la realidad actual sólo con él. Una evidencia para nada asumida en la hipostasía del marxismo como “ciencia de la historia” plasmada en los tiempos de oro de la producción althusseriana.
La relación de Althusser con la obra de Bachelard da para mucho analizar. Por un lado es muy marcada, y hace al rechazo de Althusser hacia Hegel, con el privilegio de la discontinuidad. Por otro, los seguidores de Althusser han reconocido poco este legado, que permitiría comprender mejor algunas posiciones del autor (singularmente su sobrevaloración de la ciencia, y su concepción sobre la ideología). Es destacable que el autor marxista contribuyó en gran medida a la fama post mortem de Bachelard; y lo hizo, paradojalmente, desde el análisis de lo social y desde el marxismo, espacios ambos ajenos al autor de Poética del espacio. Lo cierto es que esa “exportación” de Bachelard al campo de lo social no se hizo sin problemas: así, la asimilación de la idea de que la teoría no copia lo real, al concepto marxista de “producción” (de modo que Bachelard fuera interpretado como inconcientemente “materialista” por plantear que la teoría se produce) llevó a equívocos notables, en los que recayó en alguna época D.Lecourt, por entonces discípulo de Althusser (Ver D.Lecourt, Para una crítica de la epistemología, Cuad. Anagrama, Barcelona); respondió razonablemente M.Vadeé con su libro Bachelard o el nuevo idealismo epistemológico, Pre-textos, Valencia, 1977.1
1

II Jornadas Espectros de Althusser -2011

Pero, sin embargo, la pregunta abierta por la referencia a Althusser para pensar el hoy, no deja de resultar pertinente e inquietante. Inquietante, porque nos despierta de esas presunciones asumidas con el sedimento de los tiempos; de la quietud en que hemos distraído muchos a la obra y los conceptos del autor francés. Hay que remover ahora la biblioteca personal, las nociones a veces olvidadas. Pertinente porque muchos de sus aportes aún hoy muestran productividad y capacidad heurística, al margen de que por cierto sean dignos siempre de discusión y de un esclarecimiento imprescindible. Pensemos en algunas de las categorías que nuestro filósofo introdujera. Determinación en última instancia es una de las que alcanzó mucha llegada entre los académicos de izquierda. Y lo es porque permite pensar la relación con lo económico de una manera no esquemática; hay determinación por lo económico de las otras instancia sociales –como por entonces las llamaba Althusser-, pero ella se da sólo “en última instancia”. Hoy diríamos, con otra conocida categoría del filósofo francés nacido en Argelia, que cualquier instancia social está sobredeterminada; está en parte determinada por lo económico, pero en parte por determinaciones propias, también por otras instancias de lo social, incluso por el efecto del “todo social” sobre cada una de sus partes componentes. Este modo de entender la “inversión” que Marx hizo de Hegel –al margen aquí del antihistoricismo a veces problemático de Althusser- permitía superar las lecturas mecanicistas que Moscú había impuesto por vía del marxismo soviético en los Partidos comunistas de casi todo el orbe, así como se oponía al humanismo que ponía en el espacio de lo subjetivo la totalidad de la impronta de la lucha social. En verdad podemos entender que en Marx nunca existió algo así como “lo económico” en tanto una especie de entidad fantasmáticamente independiente, sino la conjunción de fuerzas productivas con relaciones de producción, lo cual podría leerse siempre como “relaciones sociales respecto de lo económico”. En esta singular condición (que Althusser no atendió por temor a quedar fuera de los espacios de cientificidad objetiva que atribuía al marxismo), podemos reinscribir el aporte del autor de Para leer El Capital. Es decir: esas relaciones sociales entabladas para plasmar lo económico y que se dan también como efecto de ese proceso (proceso que es producción, distribución, circulación y consumo) son la base del conjunto de las otras instancias sociales (lo político, lo educativo, lo cultural, etc.), pero no determinan a estas últimas in toto. Es importante dejar claro que la determinación por la organización social de lo económico no es mecánica pero existe, con lo cual Althusser se oponía a cualquier
2

II Jornadas Espectros de Althusser -2011

idealismo, lo cual resultó especialmente pertinente como posición en el momento de la propuesta del “hombre nuevo” por el Che y de la asunción inicial de la teología de la liberación; corrientes éstas sumamente ricas para motivar hacia la militancia y forjar valores nuevos, pero desprovistas a menudo del contrapeso de una suficiente advertencia del factor objetivo en las posibilidades efectivas de modificación de la historia. Las falencias de ese peso desmedido del componente subjetivo, sin dudas que están presentes en el drama que se vivió en la Argentina con la existencia de la lucha armada y su posterior represión ilegal por parte de la dictadura presidida por Videla2 Otra noción althusseriana de interés fue aquella de todo con dominante, la cual quedaba asociada a la distinción entre lo dominante y lo determinante. Asumida la determinación en última instancia por lo económico tal cual ya señalamos, sin embargo el factor dominante en cada momento puede variar; de modo que en algún momento –alguna coyuntura- puede ser lo cultural (momentos de lucha ideológica por encima de la lucha propiamente política), en otras lo político (momentos de ofensiva o defensiva inmediatas e irrenunciables), en otras lo jurídico (lucha en torno de imposición de determinadas leyes o de cumplimiento de las mismas), y así siguiendo. Se advertirá la pertinencia de esta distinción –previamente inexistente-, en tanto permitía salir de una especie de metafísica de la presencia por la cual lo económico sería siempre monótonamente el aspecto principal de la historia. Y sin negar su determinación, se pudo advertir (y en esto se nota la huella de Mao con la cuestión de contradicción principal y contradicciones secundarias) que hay que pensar la especificidad de los diferentes momentos, y adecuar a los mismos la conceptualización precisa. Otra categoría althusseriana –trabajada largamente en Lenin y la filosofía3- es la de la filosofía como “lucha de clases en la teoría”. Aquí queda muy en evidencia la tensión que establecía Althusser al poner el acento en el momento teórico. Por una parte, podía entenderse –y así lo hizo Oscar del Barco en un artículo que fue muy comentado en el
La guerrilla pasó en Argentina de gozar cuando su inicio de un gran apoyo de masas, a ser rechazada por un amplio sector de la población. Contra la dictadura militar de Onganía-Levingston-Lanusse las organizaciones armadas aparecieron claramente como presión para lograr la democracia, en convergencia con la gran mayoría de la sociedad; varias agrupaciones se identificaron con el peronismo y el líder de este movimiento las consideró parte integrante del mismo (“formaciones especiales”). Pero al romper con Perón y con el posterior gobierno de su esposa “Isabel” perdieron apoyo y se aislaron, antes de ser brutalmente diezmadas por la dictadura criminal iniciada en 1976. Cabe señalar que la conformación de estas organizaciones armadas era muy mayoritariamente hegemonizada por sectores medios, especialmente por profesionales y estudiantes. Ello se relaciona con la impaciencia histórica y el “ofensivismo” que contribuyó a la derrota estratégica de su lucha. 3 Althusser, L.: Lenin y la filosofía, ed. Era, México, 1978 3
2

II Jornadas Espectros de Althusser -2011

exilio de los años setentas4- que Althusser autonomizaba del todo el espacio teórico y, consecuentemente, lo reificaba poniendo a la producción de teoría por fuera de las condiciones político-globales en que ella se inscribe. Parecía que podía haber una lucha de clases inmanente a la teoría, y a la vez indiferente a lo que ocurriera fuera de ella. Este tipo de lectura llevó a la acusación realizada a Althusser de “teoricismo”, tal cual la formulara, por ej., el marxista español radicado en México Alfonso Sánchez Vázquez5. Pero también cabía leer la formulación como manifestación en el campo de la teoría de lo que sucede en la lucha de clases; esta segunda versión sería más válida en cuanto a mostrar que la teoría social no es inmanente a sí, que depende de condiciones que le son extrínsecas. Sin embargo, también esta concepción podría fallar si se supone a su través que la teoría viene a ser una especie de “expresión simple” de lo que ocurre fuera de ella, y que carece de márgenes de determinación propia a la hora de su constitución. De modo que si bien es cierto que para el marxismo el pensamiento deviene de condiciones materiales que lo trascienden6, ello no impide pensar condiciones específicas por las cuales la teoría puede configurarse. De tal manera la idea lukacsiana de que el marxismo es “la conciencia teórica de la práctica del proletariado”7 no sería – al menos a nuestro juicio, diferente aquí al de Althusser- falsa; pero sí estaría incompleta. Porque no se trata aquí de “conciencia inmediata” sino de cristalización teórica de dicha conciencia, y tal cristalización requiere de armas propiamente conceptuales para su realización (aquello de la existencia de una materia prima teórica que solía mentar Althusser, quien agregaba que está puesta a consideración bajo categorías teóricas que la irían depurando/modificando). De tal manera, el señalamiento de Althusser sobre el rol de la filosofía –que podría adscribirse también casi a cualquier teoría sobre lo social- no necesariamente ha de leerse en clave teoricista; puede también ser el modo de librarnos de una lectura que

Del Barco, O.: “Althusser en su encrucijada”, artículo publicado en rev. Dialéctica núm. 2, Univ. Autónoma de Puebla, México, 1977 5 La categoría de “teoricismo” la desarrolló Adolfo Sánchez Vázquez, teórico marxista de origen español radicado en México, en su libro Ciencia y revolución: el marxismo de Althusser. Este filósofo de larga obra recientemente fallecido, puede ser conocido a través de una entrevista recientemente publicada en la Rev. Crítica y emancipación núm. 6 (“Estética y marxismo: entrevista a A.Sánchez Vázquez”, por Sara Guardia), CLACSO, Buenos Aires, segundo sem. 2011 6 Sohn Rethel, A.: Trabajo manual y trabajo intelectual, ed. del Viejo Topo, Bogotá, 1980; ver comentarios en Del Barco, O.: “Concepto y realidad en Marx” (tres notas) en Dialéctica núm. 7, Univ. Autónoma de Puebla, México, 1979; y en Follari, R.: “Los rostros de Sohn Rethel”, en Herramienta núm. 44, Bs.Aires, 2010 7 Esto acorde al primer G.Lukács en Historia y conciencia de clase, Grijalbo, México, 1969 4

4

II Jornadas Espectros de Althusser -2011

achate la especificidad del momento teórico en aras de mostrar sólo la determinación social que existe sobre el mismo. Esto hace también a la postura que Althusser sostuvo en contra de la idea lukacsiana de totalidad. Cierto es que nunca Lukács sostuvo que la totalidad era internamente homogénea, o que estaba sometida a un principio único de determinación; pero lo es también que poco contribuyó a esclarecer en ese sentido. De modo que la lectura vulgarizada fue que el todo social depende de las condiciones de lo económico (entendidas a menudo en un craso sentido cuantitativista), y se entendió de ese modo que la diversidad de lo social podía ser reducida a una especie de esencia única. La posición de Althusser pudo, es cierto, autonomizar en exceso a las partes en relación con el todo social, y principalmente con las condiciones estructurantes de la lucha de clases; pero también con ello ayudó a asumir que no sólo se trata de entender que la totalidad existe y que sus componentes están dentro de la misma, sino también de preguntarse de qué específico modo están dentro de ella en cada caso, y diferencialmente en cada momento histórico. De tal modo Althusser significó la posibilidad de superar reduccionismos y homogeneizaciones, si bien al precio de que en muchos casos la politicidad constituyente de lo social como un todo quedara opacada por la insistencia analítica en la singularidad de sus instancias constituyentes. En este sentido puede leerse la noción de “relativa autonomía” de las componentes sociales en relación con lo económico, el otro modo de referir a su determinación sólo en última instancia. Si se lo toma como ausencia de peso de la determinación socioeconómica sobre los diversos espacios sociales, se está yendo por fuera del materialismo hacia una versión espiritualista de la cultura y del mundo simbólico en general; pero si se lo entiende como que la determinación por el todo no explica por completo las determinaciones específicas de cada una de las partes componentes, se está haciendo un importante aporte al pensamiento de lo social, pues en el marxismo fue muy común la reducción simple de factores superestructurales a las condiciones económicas a que se asociaban. También en la misma tesitura puede leerse la noción tan discutida por entonces de “práctica teórica”. Si por ella se entendiera que la producción o lectura de teoría son por sí mismos reemplazantes de la práctica-práctica (ya sea productiva o política), estamos en el grave problema de un reemplazo de la materialidad dura por la asunción de una especie de independencia platónica en que radicara el campo del sentido y de las
5

II Jornadas Espectros de Althusser -2011

significaciones. Pero podemos entender de otra manera la cuestión, pues en efecto la producción de teoría es algo que se realiza prácticamente; la teoría no viene del cielo sino de los hombres, y de las condiciones prácticas en que los mismos producen y reproducen sus vidas. Siendo así, si bien no puede pensarse la actividad en relación a la teoría como reemplazante de otro tipo de prácticas, tampoco puede pensarse correctamente sin enraizamiento en el conjunto de las mismas. Las otras prácticas establecen “condiciones de visibilidad histórica”, horizontes de sentido desde los cuales la teoría puede establecerse. A su vez, la teoría exige condiciones prácticas para realizarse. Se requiere universidades, libros, libertad de pensamiento, computadoras o –en los tiempos heroicos de los años setentas- máquinas de escribir. En tanto lo conceptual no es simplemente reductible a alguna exterioridad que “reflejara”, es que hay que considerar que implica una materialidad (la del signo, además de las ligadas a lo económico y político) a partir de la cual se hace posible. De tal manera, la noción de “práctica teórica” es cierto que pudo leerse de manera ambivalente, pero también lo es que implicó un importante aporte para sacar el campo de las significaciones del sempiterno espiritualismo dentro del cual se había comprendido (o, en sus antípodas, se trataba de salir del materialismo vulgar en que recaía el marxismo soviético, que llegó alguna vez a considerar al pensamiento como “una secreción del cerebro”).

Presente sin brújulas El último Althusser, aquel del materialismo aleatorio, ése que resuena en filosofías actualmente vigentes como la de Badiou (compañero de Althusser desde sus primeros tiempos de producción)8, nos lleva a pensar en ciertas imposibilidades del socialismo. El reemplazo de lo procesual-histórico por el culto al acontecimiento –ése que es también foucaltiano y derrideano- implica una fuerte apuesta al posestructuralismo y a la intensidad del instante, asumida, según mi interpretación, más que como promoción de “nuevas formas de la política”, como reemplazo de la misma a partir del desencanto que ella promueve.

Recordar el texto inicial de A.Badiou y L.Althusser Materialismo histórico y materialismo dialéctico, publicado en los años sesentas; allí se definía singularmente al materialismo dialéctico como “ciencia de la cientificidad de las ciencias”. 6

8

II Jornadas Espectros de Althusser -2011

El socialismo se volvió imposible en el capitalismo avanzado. No sólo su realización; con el tiempo lo fue su misma enunciación. Los pocos gobiernos de izquierda –en tiempos neoliberales- no tuvieron más opción que realizar los programas de la derecha. La caída de D¨alema y luego de Prodi en Italia, el viraje de Felipe González al centro y luego de Zapatero al mero ajuste privatista en España, los viejos fracasos de Mitterand en Francia, la vergonzosa subordinación a Bush de Tony Blair en Inglaterra, nos han mostrado sobradamente que la socialdemocracia ya no tiene posibilidad de sostener el Estado de bienestar, y queda sujeta a la lógica monopólica del capital. Esto no se veía claro, pero ya se avizoraba en tiempos de Althusser: no en vano el Partido Comunista Francés lo había amonestado en su momento porque el filósofo advirtió propagandas “autoperjudiciales” producidas por el aparato, el cual prefería perder elecciones que ganarlas por pocos votos; pero no podía decirlo a sus militantes. Se veía venir el eclipse de la izquierda europea. El eurocomunismo había desaparecido como opción renovadora, tras el asesinato de Aldo Moro; y el bienestar cada vez más sustentable, más marcado y sedimentado a largo plazo dentro del capitalismo, hacía a la clase obrera totalmente ajena a aquella expresión de Marx según la cual los proletarios tenían sólo “sus cadenas para perder”. Es este el punto en que se encontraba Althusser; momento en el cual la confianza en “la ciencia” marxista ya no aventaba fantasmas, no bastaba ante los nuevos problemas, y llevaba a interrogantes fuertes y desgarradores. En el capitalismo central esa tendencia se cristalizó y profundizó; a pesar de la actual enorme crisis económica, no se visualiza todavía un previsible avance de la izquierda que se daría a mediano o largo plazo. Pero las posibilidades de rupturas fuertes parecen escasas, tras décadas de bienestar generalizado, dedicación de cada uno a su vida privada, al aumento de su patrimonio, al abandono de la política y –por cierto- de toda noción teórica o políticamente transformadora. Hoy la situación es peor que eso. Ya no sólo es que el socialismo se ha hecho imposible en el capitalismo avanzado. Nos ha llegado la hora en el Sur, y la revolución se ha hecho improbable también en nuestros países. Por el terror sembrado por las dictaduras, por la asunción de nuevo tipo de derechos y aparición de nuevos actores, por la cultura posmodernizada de la fragmentación, por la mediatización de la experiencia entre otros factores, lo cierto es que hoy muy pocos están dispuestos a los aires de las épocas revolucionarias. A despecho de las organizaciones minoritarias de izquierda que se sostienen en esa clave, las grandes
7

II Jornadas Espectros de Althusser -2011

mayorías sociales les han dado la espalda. Hoy la posibilidad de revoluciones armadas, como las hubo en los años setentas y hasta los ochentas (caso de El Salvador), está prácticamente clausurada. No hay espacio cultural para plantear en términos de revolución armada las contradicciones entre el capital y el trabajo, o las nuevas que se han visualizado, como la existente entre capital y ambiente9. Pero si bien desde el marxismo a veces no queremos aceptar con suficiente crudeza los retos de la realidad, hoy debemos admitir que está en crisis el modelo teórico desde el cual juzgamos y entendemos la realidad social. Si somos materialistas deberíamos sumar a la capacidad de crítica respecto del capitalismo –aspecto en el cual el marxismo está aún intacto y en plena vigencia, según entiendo-, la asunción irrestricta de condiciones materiales desde las cuales fundar nuestros puntos de vista. El marxismo como negación del capitalismo está vivo, pero como afirmación de cuál es el nuevo tipo de sociedad que pudiera reemplazarlo, se encuentra sin nociones precisables. Hay que asumir esta carencia en toda su densidad: no sólo es casi imposible que hoy alguien quiera hacer la revolución socialista. Más gravemente, la revolución socialista ha fracasado en los sitios en que se ha producido. Y esto debemos tomarlo con seriedad, a fin de reformular el modelo de sociedad deseable; pero a la vez con la finalidad de modificar nuestros criterios de análisis, los cuales están presos de la ilusión de validez de la idea del socialismo tal cual se la ha conocido a partir de la experiencia soviética y las que le siguieron. Es decir, debemos asumir la ruptura epistemológica (retomando a Bachelard) con nuestras pre-nociones establecidas en la creencia del socialismo estatalista como momento necesario y superior de la lucha anticapitalista. Lo cual tiene serias consecuencias para pensar el presente político, pues muchas experiencias son pensadas inconcientemente en comparación con ese “modelo ideal” – hoy materialmente inexistente- que es el “socialismo real”10. Ello debiera a su vez llevar a pensar de otra manera las políticas redistribucionistas hacia lo popular, que si bien operadas dentro del capitalismo, son lo que hoy predomina en la región latinoamericana. La reacción contra los desastres del neoliberalismo ha

En este sentido son destacables las obras del mexicano Enrique Leff, quien enfatiza la oposición entre la lógica depredadora del capitalismo y el cuidado del ambiente 10 No cabe analizar en detalle las posiciones de agrupaciones trotskystas, las cuales por principio no toman ningún socialismo realmente existente como válido (menos aún experiencias populares no socialistas), pero a la vez reivindican modelos organizativos muy cercanos a los del estatalismo que critican. Su incidencia política hace a tareas de resistencia, pero carece de toda capacidad de masificarse y convertirse en alternativa de poder. 8

9

II Jornadas Espectros de Althusser -2011

llevado las elecciones de autoridades en esta dirección política, que –con las limitaciones que sin duda puede asignársele- es la más definida que ponga límites al capitalismo salvaje a nivel mundial en el actual momento. Es que a partir de lo antedicho, estos gobiernos sudamericanos que son visiblemente limitados en su modo de acotar al capitalismo –no pretenden abolirlo-, puede entenderse que de ningún modo resultan “poco radicales”. Y se hace importante detenernos en este punto. Por cierto que atenidos a los esquemas conocidos, aquellos que desde la teoría nos señalan que el modelo es el socialismo y que estamos lejos del mismo aún en estos países sudamericanos, tienen –en abstracto- la razón. Lo que dicen es técnicamente cierto. Pero también lo es que son gobiernos que no han surgido de revoluciones, que por ello luchan en condiciones de fuerza y de institucionalidad desfavorables, a los que no puede pedirse que hagan expropiaciones importantes, por ej., pues carecen de condiciones de poder suficientemente asentadas como para sostenerlas. De más está decir que los “críticos de izquierda” a estos gobiernos –críticos a menudo celebrados muy claramente por las derechas- no sólo carecen de fuerza para instrumentar una política más radicalizada que la de estos gobiernos, sino que no la tienen siquiera para sostener remotamente algunas de las políticas que estos gobiernos sí le han impuesto a los conglomerados empresariales en sus respectivos países (piénsese en las misiones de salud y educación en Venezuela, en la ley de medios argentina, en la salud gratuita de los hospitales ecuatorianos). Es destacable esta falta de visión por parte de una izquierda que cree que las tradicionales afirmaciones de los libros pueden llevarse a la realidad –y más aún a la actual realidad- sin mediación. Ignoran a la política como arte de lo posible, y como relación de fuerzas; viven en la metafísica del sujeto que propone la propia intencionalidad como variable independiente del decurso histórico, sin advertir los límites que nos ponen los demás actores sociales. Como dijo algún gran líder político argentino “hay que hacer la política de la fuerza que se tiene, o buscar la fuerza para hacer la política que se quiere”. Si hay quien hace la política que quiere sin la fuerza para sostenerla, caerá. Simplemente. Basta pensar en la guerra como “política por otros medios” para que se advierta que no podemos desafiar a nadie más allá de la fuerza con que contemos. Y que si lo hacemos erróneamente, corremos el riesgo del aniquilamiento.

9

II Jornadas Espectros de Althusser -2011

De tal modo, resulta que en este tiempo los que buscan lograr “todo”, en realidad obtienen “nada”. La lucha por el poder es siempre constante, inacabada y variada en sus manifestaciones. Quienes creen que pueden llegar a obtener la suma del poder y desde allí organizar la sociedad a su antojo (al “de las masas”, según ellos, pero sólo mientras éstas respondan al modelo conceptual elegido por la “vanguardia” que se somete al viejo esquema teórico dándolo impensadamente como acertado), se encontrarán siempre con que la realidad es más compleja e imprevisible que cualquiera de sus vaticinios. Y se encontrarán, también –tal cual ya señalamos- con el hecho nada menor de que hoy las revoluciones consumadas han fracasado como modelos de socialismo. ¿Desde qué materialismo se habla cuando se enarbola un modelo ideal que en los hechos no ha funcionado? Por supuesto que podemos pensar que aparecerá en el futuro un socialismo diferente, pero al menos debiera reconocerse que por ahora se desconoce sus características. Por ello, ninguna afirmación fuerte puede realizarse a partir de allí, menos aún afirmaciones terminantes y apodícticas como las que solemos encontrar en cierta izquierda libresca. Lo que queremos destacar es que no sólo los procesos “reformistas” se han mostrado impotentes para hacer desaparecer al capitalismo, cuestión largamente afirmada y repetida; por cierto que los modelos revolucionarios también. ¿O la China surgida de la larga guerra revolucionaria de Mao está hoy fuera del capitalismo? ¿O Argelia, Vietnam, Corea, son modelos de la sociedad socialista que quisiéramos? ¿O no es cierto que Cuba tiene hoy que dejar medio millón de trabajadores estatales fuera del Estado, al margen de los logros de la revolución en salud, o en educación y ciencia? Ojalá se entienda aquello a que apuntamos: no sólo en Nicaragua la revolución armada precedió a la restauración capitalista. Es lo que ha ocurrido casi en todas partes y donde no (recordar el socialismo bárbaro de Pol Pot en Camboya) la sociedad a que se dio origen pudo tener aún más lacras que la capitalista, y disminuyéndose a veces la explotación se aumentó enormemente la dominación. De tal modo, lo que está en cuestión hoy es el “modelo ideal” desde el cual un sector importante de la izquierda piensa la política, y quizá el que todos hemos incorporado alguna vez en la crítica al capitalismo. No puede analizarse las experiencias concretas exclusivamente a la luz del criterio de “cuánto capitalismo eliminaron”, pues el momentáneo grado cero del capitalismo no ha sido el grado pleno de realización del socialismo; ni siquiera algo que se parezca al ideal socialista, en realidad.

10

II Jornadas Espectros de Althusser -2011

Todo lo argumentado obliga a revalorizar lo que hoy se hace en nuestros países latinoamericanos. Limitado, contradictorio, problemático. Pero más acorde a la lógica epistémica de la época que no cree en el blanco y negro tradicional. Estos procesos de limitación al capitalismo son hoy lo más avanzado de la época a nivel planetario, y en los casos de gobiernos neopopulistas implica la consolidación de liderazgos y voluntades políticas colectivas realmente dignos de mucha consideración11. Esto permite esperar los próximos años con optimismo de la voluntad y pesimismo de la inteligencia en nuestro subcontinente. Sabiendo que los latinoamericanos estamos en procesos constructivos que requieren profundizarse, perfeccionarse, continuar. Pero que han sentado las bases de esas construcciones, que conllevan ya consolidación importante. No debiéramos renunciar a la crítica ni a la exigencia, pero dentro de estos procesos, no en esa vereda de enfrente en que los grandes medios y las derechas regionales se han establecido. Pues ellas juegan a la liquidación de estos gobiernos, y a la re-imposición del liberalismo más burdo. Lejos estamos ya en nuestro texto de Althusser y de sus tiempos en Francia, pero quizá no tanto como parece. La decisión de renovación del marxista francés buscó acabar con dogmatismos de la época; pudo parecer exceso de acento en la necesidad de teoría, pero en todo caso abrió a nociones nuevas antes impensadas. Ojalá desde el marxismo actual estemos a la altura de la exigencia de estos tiempos renovados. Reelaborando la constitución de sujeto político en Europa, para ofrecer una alternativa desde el campo contrahegemónico a la crisis planteada por los excesos del capital financiero. Y situándonos desde Latinoamérica en un lugar que sea efectivamente materialista, quitándonos modelos ideales que nada nos dicen del presente, y que a menudo nos ponen lejos y en contra de procesos políticos que –en el barro de la historia- desde su impureza desafían hoy tanto a los conceptos preestablecidos como a los poderes que pretenden no simplemente sostener el capitalismo, sino sostener el capitalismo salvaje, el privatismo absoluto, ese auge neoliberal que en Sudamérica hoy se les está yendo de las manos.-

Sobre la cuestión del populismo (gobiernos como los de Chávez, Correa, Fdez. de Kirchner, Evo Morales) ver Laclau. E.: La razón populista, Fondo de Cult. Económica, Bs.Aires, 2005; Follari, R.: La alternativa neopopulista (el reto latinoamericano al republicanismo liberal), Homo Sapiens, Rosario, 2010.11

11

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful