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Ideología y estructura. Panoramas propositivos sobre la función social y estructural de la ideología, desde una perspectiva semiológica.

Realizado por: Julián Andrés Angarita Suárez.

Ideología y estructura, temas recurrentes que nos convocan, antes de pensar en dominación, funcionalidad política y económica; en el sentido marxista de ambas palabras, a pensar cuál es la relación que hay entre hombre-ideología- estructura, o si tal vez es hombre-estructura-ideología o si tal vez es estructura- hombre-ideología. Esta relación tripartita tiene, como disquisición de fondo, la generación de sentidos y significados por parte de los seres humanos, facilitando, generativamente, los sistemas comunicativos como sistemas de transferencia de signos que permiten consolidar la estructura existente y especializarla en sus bifurcaciones a través de la asignación de códigos. Pero veamos primero como ha operado el concepto, cuáles han sido sus relacionamientos con hombre y estructura y cuáles son las contribuciones que, desde la semiótica, podrían realizarse.

Si pensamos la ideología en los términos que la planteó Marx, como una ‘falsa conciencia’ sobre la realidad, actuando como óbice para la consecución de un conocimiento, sin enmascaramientos, sobre el funcionamiento del sistema capitalista, o como la planteó Althusser, como una forma de dominación, a través de la recepción pasiva de los códigos valorativos que refuerzan, y reproducen, el funcionamiento del sistema económico, social y político capitalista, la primera acepción permitiría pensar en la posibilidad de una conciencia que permite capturar la esencia de los procesos estructurales en los que se constituye tal realidad del mundo; entendiendo por realidad, aquella dimensión fenoménica en el cual el hombre se relaciona con la naturaleza, con el hombre y con el objeto, y así poder transformar el mundo; la segunda acepción, en la cual Althusser sistematiza las premisas elaboradas por Marx, reconoce que la forma en surgen las significaciones, es decir, la diseminación de las valoraciones sociales estandarizadas sobre tal o cual acto a través de los escenarios sociales por los que transita el hombre, le permiten a éste otorgar sentido a sus prácticas. En el primer sentido, se puede reconocer un papel activo y reflexivo del hombre, pero en el segundo sentido, se puede reconocer un papel pasivo e irreflexivo del hombre; pues éste configura su ser desde lo que se le asigna y compendia en ese trasegar histórico-vital. En ésta primera etapa, podríamos reconocer la ideología, desde la perspectiva de ambos autores, como un envelamiento de la realidad, por parte de una clase, que produce, reproduce el sistema y refuerza la estructura del sistema capitalista; la cual es recepcionada, por los hombres, de forma irreflexiva y

pasiva 1 , ejerciendo una dominación simbólica.

Pero (I) ¿Qué tal que lo ideológico no solamente tenga esa función? Y (II) ¿Si los individuos son capaces de crear sus propios significados en su desenvolvimiento histórico-vital en el sistema capitalista que les permiten otorgar sentido a sus prácticas? (III) ¿Si los grupos sociales y clases son capaces de crear sus propios significados en su desenvolvimiento comunitario 2 ? (IV) ¿Si la construcción de los significados es una manifestación voluntaria de arraigamiento? (V) ¿Acaso detrás de los argumentos de Marx y de Althusser, no se encuentra subrepticiamente una voluntad de certeza, una voluntad de verdad, decir que la realidad es así, y el hombre opera así según sus prejuicios? (VI) ¿Qué tal si lo ideológico, comprendiéndose como sistema de signos cargados de sentido 3 , como un constructo social que es habitualizado en la relación social 4 , permite construir sistemas sociales?

Estas preguntas nos deberían impeler hacia un cuestionamiento del concepto de ideología generado desde la perspectiva de Marx y Althusser y reconocer los avances que, desde un enfoque semiológico, han realizado sobre el concepto, y el proceso, de ideología. Las preguntas reconocen una capacidad generadora de significados, códigos, signos, etc. por parte de los individuos y los grupos sociales que, cargados de sentido, permiten diferenciar, permiten generar identidad, permiten articular y cohesionar grupos sociales y por último permiten crear cultura 5 .

Definiendo la ideología y lo ideológico, si lo concebimos bajo una enmarcación simbólica; en la cual, por ejemplo, Santiago Castro, analizando el concepto y el proceso de ideología en Althusser, reconoce que la función de la ideología es otorgar sentido a la praxis social del hombre, a través de una relación simbólica con el mundo, el hombre; en la cual éste asume una forma de ser y hacer; pues, en palabras de Santiago Castro, “las ideologías suministran a los hombres un horizonte simbólico para comprender el mundo y una regla de conducta moral para guiar sus prácticas” y a través de éstos símbolos elaborados, “conquistar la hegemonía en el terreno de las representaciones simbólicas (la cultura)”. También Levi-Strauss, en su texto ‘la eficacia simbólica’, reconoce que lo simbólico, como constructos culturales sobre

1 . No añadiremos el papel activo que le atribuye Marx al hombre porque nos parece que es una situación contingente que se justifica a través del monismo de Marx del ‘hombre transformador’. 2 . Como lo piensa Ferdinand Tonnies, en su libro principios de sociología acápite relaciones de compañerismo. Ver pág 66.

. Eco, Umberto – Segno; pág. 20; editorial Labor, Barcelona; 1988. 4 . Berger, Peter y Luckman, Thomas – La construcción social de la realidad; pág. 54; Amorrortu editores; 2001. 5 . Entendiéndose la cultura como todo un sistema sígnico-simbólico que, como componente estructural, permite cohesionar, integrar, otorgar identidad a un sistema social y asignar sentidos a toda acción humana (Parsons, el concepto de sociedad: sus componentes y las relaciones reciprocas).

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acontecimientos u objetos, puede ser transferido a través de un relato mito- factual (Levi-Strauss lo define como mitología psico-fisiológica) el cual posee un valor-significado para la persona o la colectividad; éste valor-significado da vía libre para la potenciación del relato, pues la fe, la creencia en ese sistema de valores, permite una manipulación psicológica, en el caso de la parturienta, para dar a luz. Bajo éstas perspectivas, consonantes a las citadas en la parte inicial, no lograríamos dar respuesta a las preguntas que surgen por las deficiencias en las concepciones de Marx y Althusser.

En tal sentido, el lenguaje, cargado de signos y valores que compartimos, es el sistema que permite establecer esos procesos de interacción entre los seres humanos, pero en Castro y en Levi-Strauss no se clarifica el problema de la concepción del lenguaje como entidad ideológica, entidad simbólica o como el medio por el cual la ideología o la cultura puedan acontecer.

Este dilema sobre el lenguaje es resuelto por Maturana, quien concibe que el ser humano ‘acontece en el lenguaje’, siendo éste una entidad lenguajeante, lo que le permite realizar operaciones de referencia a un objeto, acontecimiento o idea cada vez que compartimos con un semejante en el proceso de comunicación. Pero, aún así, Maturana no reconoce la estructuración del lenguaje como si lo hará Umberto Eco.

Ésta condición, es de vital importancia para establecer una nueva perspectiva sobre lo ideológico basada en la semiosis; pues el ‘ontos’ del hombre deja de ser concebido como una entidad irreflexiva y pasa a ser ahora una entidad generativa, reflexiva, capaz de crear nuevos sentidos. Además, la relación comunicacional deja de ser estimulo-respuesta en función de un emisor de mensajes-señales y una máquina receptora de señales; al ser un hombre el emisor y al ser un hombre el receptor del mensaje, la relación cambia a mensaje-sentido, pues el hombre interpreta la señal de forma connotativa 6 .

En este giro del enfoque, el punto de partida antes del símbolo, antes del valor, del significado, pasan a ser los signos que referencian de forma ideal y generalista los objetos; estos signos están cargados de códigos 7 que actúan como elemento distintivo en su uso y que son los que cargan de sentido al signo. En ese sentido, los signos pueden dividirse en simples y complejos, los simples son los que utilizan un código para establecer la distinción de su operatividad; los complejos, son los que utilizan más de un código, es decir, son aquellos que utilizan códigos que derivan más códigos hasta el n-código, y consigo subsignos, creando una distinción superespecializada.

6 . Eco, Umberto – Tratado de semiótica general; editorial Lumen; 2000. 7 . Umberto Eco reconoce que el código es un artefacto distincional, lo que permite cualificar el signo ya que el código va cargado de reglas elementales de significación.

Cuando hablamos de distinción, y del código como artefacto distincional, es aquella cualidad y regla especial que permite reconocer que una cosa es esa cosa y no otra 8 ; es decir, la distinción es el aspecto fundamental del signo porque permite construir procesos referenciales a aspectos concretos.

Pero, surge la siguiente pregunta ¿De dónde provienen tales signos?

Soslayando la aquiescencia de Eco para con el uso que Marx le da al concepto de ideología, todo signo surge de un código ideológico; al ser el hombre el que vive, el que reflexiona, éste le asigna a los fenómenos que le acontecen y a objetos que lo rodean e ideas que le surgen, significados connotativos o códigos. Dichos significados connotativos, son una construcción de un sentido sobre algo a lo cual el hombre se dirige intencionalmente por lo que, en un primer momento, el sentido asignado es individual y extrasemiótico 9 . Cuando dichos códigos son admitidos para su uso social, por medio de una diseminación del uso y del significado, toman un carácter semiótico. Es decir, cuando el signo es estandarizado en la usanza social; dichos signos y sistemas de signos, son objetivaciones del signo al ser un constructo social ya externo a nosotros y son independientes, por lo que son, en la perspectiva de Berger y Luckman, facticidades objetivas 10 ; producto de la habituación 11 de la acción lenguajeante-comunicativa.

En ese sentido, cada vez que un ser humano nace, se integra inmediatamente 12 a un cosmos sígnico institucionalizado 13 independiente de su propia volición, que actuará primeramente como un hecho externo, coercitivo y coactivo; ya que, para integrarse a los sistemas sociales, debe instrumentalizar un lenguaje, aprehender unas valoraciones culturales, para poder ‘asumir el mundo que viven otros’ 14 y establecer procesos comunicacionales. Es decir, el ser humano desde que nace, siempre estará transitando en una galaxia de signos creados o recreados, que le permitirán representar aquella espacio- temporalidad que lo circunda.

El signo aquí ya es concebido como un artificio que transmite información, que se manifiesta en el ambiente social y cultural, por la asunción colectiva, como sistema al tener propiedades y funciones específicas, como entidades culturizántes por ser transmisores de valoraciones y, por último, están cargados de sentidos construidos social e históricamente.

8 . Esta es una propiedad diferenciante, atributo de los códigos. 9 . Es extrasemiótico porque sólo tiene un uso individual-concreto, sin haber sido admitido socialmente. 10 . Berger, Peter y Luckman, Thomas – La construcción social de la realidad; pág. 74; Amorrortu editores; 2001.

11 . Ibíd. Pág. 74. 12 . Lo usualmente reconocido como la socialización de un individuo.

13 . Ibíd. Pág. 80. 14 . Ibíd. Pág. 165.

Cuando éstos signos se manifiestan en valoraciones sociales estandarizadas, se concretizan a través de símbolos. El símbolo tiene como función la transmisión de esas valoraciones identitarias y distincionales entre grupos sociales y colectividades, conformando así lo que es la cultura, cultura como sistema de signos. Similar a la perspectiva esbozada por Baudrillard, la cultura es reconocida como un orden simbólico, en la cual el ser humano transita en una dimensión de la virtualidad 15 cultural.

Para concluir, el ser humano está en constante aprehensión, creación y re- creación de signos; lo que pone en ejercicio su actitud descodificadora y por tal motivo, no podría reconocerse como un ente irreflexivo. Además, la función social y estructural del signo es de vital importancia para una sociedad; pues es un componente, creado socialmente, que permite que los individuos puedan integrarse y poder construir sistemas sociales de diversos matices.

15 . Baudrillard, en su texto ‘crítica de la economía política del signo’, reconoce que la virtualidad es una dimensión en la cual se dan las generaciones de significados especializantes y diferenciadores; los cuales permiten complejizar los sectores de la estructura porque, cada sector, tiene sus signos distincionales.

Bibliografía:

- Althusser, Louis – Ideología y aparatos ideológicos de estado; editorial oveja negra.

- Eco, Umberto – Tratado de semiótica general; editorial Lumen; 2000.

- Berger, Peter y Luckman, Thomas – La construcción social de la realidad; Amorrortu editores; 2001.

- Tonnies, Ferdinand – Principios de sociología; editorial Fondo de cultura económica.

- Baudrillard, Jean – Crítica de la economía política del signo; editorial Siglo XXI editores, 1979.

- Castro, Santiago – Althusser, los estudios culturales y la ideología; versión online.

- Eco, Umberto – Tratado de semiótica general; editorial Lumen; 2000.

- Eco, Umberto – Signo; editorial Labor; 1988.

- Eco, Umberto – La estructura ausente; editorial Lumen; 1986.

- Maturana, Humberto – La objetividad, un argumento para obligar; Dolmen ediciones; 1977.

- Levi-Strauss, Claude – Antropología estructural; editorial Paidos; 1987.

- Parsons, Talcott - El concepto de sociedad: sus componentes y las relaciones reciprocas; versión pdf.