TEORÍAS DEL TEATRO ION – Platón Obra de juventud (Como en muchos de los otros diálogos de juventud, Platón se ocupa

más del placer de contradecir y ridiculizar las opiniones de sus adversarios que de ofrecer alternativas convincentes.) 394-391 a.C. Diálogo Sófocles – Ión (rapsoda, primer actor en Occidente). Según Platón, el rapsoda no posee la ciencia (a diferencia de un médico). Quien la posea sabrá distinguir entre muchas personas que hablan sobre lo mismo, el que dice bien y mal, puesto que si lo hiciera debería ser experto en los buenos y en los malos. El rapsoda no está capacitado para hablar (de Homero) gracias a una técnica y ciencia; de lo contrario sería capaz de hacerlo sobre otros poetas. Ión insiste en que al hablar de Homero se siente “despierto y con sus cinco sentidos en ello”, no así con otros poetas. Sófocles le dice que no hay una técnica en él al hablar bien de Homero sino que es una fuerza divina lo que lo mueve. Da el ejemplo de los anillos: esta fuerza divina es como la piedra magnética (Eurípides): atrae anillos y éstos a otros, formando una cadena en la que penden unos de otros. A todos les viene la fuerza que los sustenta de aquella piedra. Así también la musa crea inspirados y por medio de ellos empiezan a encadenarse otros en este entusiasmo. El espectador es el último de esos anillos, el rapsoda el anillo intermedio y el poeta el primero. La divinidad por medio de todos estos arrastra el alma del hombre adonde quiere, enganchándolos en esta fuerza a unos con otros. Cada poeta depende de su Musa respectiva. Los poetas épicos hablan bien porque están endiosados y posesas, no porque posean una técnica (“no están en sus cabales”). El poeta es “una cosa leve, alada y sagrada”. Hay una predisposición divina que los lleva a hacer lo suyo bien, y son dirigidos por la Musa; puesto que si supieran hacerlo en virtud de una técnica, sabrían hablar bien de todas las cosas. Ión pertenece a los que están poseídos por Homero, habla gracias a un don divino, no porque sea un experto. No son los rapsodas los que dicen cosas tan excelentes, sino la divinidad misma quien las dice y quien, a través de ellos, habla. Los poemas no son creación humana, sino divinos y creados por los dioses. Los poetas son intérpretes, poseídos por aquel que los domine. El rapsoda es entonces intérprete de intérpretes, pues interpretan las obras que interpretan los poetas de los dioses. Según Ion, sólo la recitación sería resultado de la inspiración divina, no la interpretación. Ion, si bien admirado, no se confiesa más que convencido a medias. Reconoce que el recitar poemas podría ser el resultado de una inspiración divina, porque siente con una extraordinaria intensidad todas las cosas que cuenta, llegando a reír o a llorar según el pasaje que recite. Pero, al interpretar los poemas de Homero, afirma que se trata de un verdadero arte que requiere un largo aprendizaje, como cualquier otra ciencia. Al contrario, según Sócrates, el rapsoda no es jamás el más sabio para juzgar y comentar un texto. Así le demuestra que no hay un solo pasaje donde el cochero, el médico, el carpintero o el adivino no sean más competentes que el rapsoda para decidir si Homero dice o no la verdad. Si, a pesar de la ignorancia de todas estas ciencias, Ion alcanza sin embargo a comentar a este gran poeta con tanto talento, es porque extrae su inspiración de los dioses. La última objeción de Ion: el rapsoda y el general comparten el mismo arte. Dice que el rapsoda no es tal vez el mejor ubicado para juzgar todos esos pasajes, pero sabrá apreciar “el lenguaje que conviene tanto a un hombre como a una mujer, al esclavo como al hombre libre, al subalterno como al jefe”.

a quien los atenienses han escogido por general pese a ser extranjero? Ya exhausto Ion. Pero. pregunta Sócrates con una seriedad perfecta. ¿no conoce acaso Ion a Apolodoro de Cícico. o bien es un hombre divino. siendo originario de la ciudad de Éfeso. que no le debe su elogio de Homero al arte sino a la inspiración divina. Al elegir Ion la segunda opción. responde Sócrates. dominada por los atenienses. responde Ion. difícilmente lo nombrarían general. ¿Por qué. el rapsoda o el general. los atenienses no han ido hace tiempo a buscar a Ion para ponerlo a la cabeza del ejército? Ión explica que porque. en ese dominio. no cumple su promesa.Sócrates pregunta ¿quién. Sócrates le concede irónicamente el título de hombre divino. Sócrates le plantea un dilema: o bien Ion es injusto. es también el mejor general. es tan competente como el general. y el diálogo finaliza. porque conociendo tan bien a Homero y habiéndole prometido demostrárselo. Así concluye en que el arte del rapsoda y el arte de la guerra son un solo y mismo arte. siendo él el mejor rapsoda de Grecia. y que. puede hablarle mejor a los soldados? El rapsoda. . entonces.

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