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FICHA DE LECTURA

PÉREZ REVERTE, Arturo: Alatriste. Limpieza de sangre.

1. Sitúa la acción de la novela en un país y una época concreta. Describe la situación


de Europa en los aspectos político, social y económico.

2. Describe a los principales personajes explicando su oficio, ocupación o cargo y


relacionándolos con su clase social.
- Diego Alatriste
- Caridad “la lebrijana”
- Álvaro de Lamarca, Conde de Guadalmedina
- Martín Saldaña
- Vicente de la Cruz
- Angélica de Alquézar
- Iñigo Balboa
3. En las últimas páginas del primer capitulo se hace una descripción clara de la
situación general de España. Resúmela y que causas la motivaron.

4. Explica como presenta el autor la fe de la época en el capitulo “El cuello y la soga”.


¿Crees que tenía alguna relación con la estructura social de la nobleza y la figura del
mayorazgo?

5. También, al final de este capítulo se habla de la “limpieza de sangre” en que


consistía y quién publicó el decreto que lo establecía? Hasta Quevedo se caracterizó
por hacer escritos contra los judíos y falsos conversos (judaizantes). Busca su
poema titulado “A una nariz”, dedicado a su acérrimo enemigo literario Luis de
Góngora. Infórmate sobre la importancia de la obra literaria de Francisco de
Quevedo.

6. ¿Cómo se refleja el Tribunal del Santo Oficio en el capítulo “En el nombre de


Dios”? Explica cuando surgió y por qué. ¿Cómo se desarrollaba el proceso?

7. Al final de este capítulo se explican las razones de la política de Olivares.


Resúmelas según lo expuesto en este libro.

8. A comienzos del capitulo “El pasadizo de San Ginés” se habla del “asilo de
iglesia”. Explícalo y comenta que otras jurisdicciones existían en la época.

9. En “Gentes de un solo libro”, hace referencia a la intolerancia. ¿de quién y hacia


quienes? Al final de este capítulo, Alatriste y Quevedo opinan de Olivares. ¿en que
términos?

10. Los autos de fe eran públicos y auténticas fiestas populares. Describe y resume el
protocolo que se seguía sintetizándolo en 12 pasos. ¿Qué opinión tienen Quevedo y
Alatriste sobre todo esto?
11. ¿Qué información se nos da en el último capítulo sobre los complicados
expedientes de limpieza de sangre y como se “lavaba”?
12. En las ultimas páginas aparece separado en 4 fragmentos uno de los sonetos de amor
más conocidos de la lengua española. Recomponlo y disfrútalo.

NOTA: Si te gusta el estilo directo, crítico y como se cuentan las verdades a la cara, el escritor y
periodista Arturo Pérez Reverte tiene una columna en el suplemento “XL Semanal” que viene los fines
de semana con algunos diarios. Puedes ver una recopilación de sus artículos en Patente de Corso. En el
siguiente enlace encontrarás todo sobre su obra literaria y periodística:
http://www.capitanalatriste.com/escritor.html?s=patentecorso
Patente de corso, por Arturo Pérez-Reverte

Nuestros nuevos amos

A los españoles nos destrozaron la vida reyes, aristócratas, curas y generales. Bajo su dominio
discurrimos dando bandazos, de miseria en miseria y de navajazo en navajazo, a causa de la incultura y
la brutalidad que impusieron unos y otros. Para ellos sólo fuimos carne de cañón, rebaño listo para el
matadero o el paredón según las necesidades de cada momento. Situación a la que en absoluto fuimos
ajenos, pues aquí nunca hubo inocentes. Nuestros reyes, nuestros curas y nuestros generales eran de la
misma madre que nos parió. Españoles, a fin de cuentas, con corona, sotana o espada. Y todos, incluso
los peores, murieron en la cama. Cada pueblo merece la historia y los gobernantes que tiene.

Ciertas cosas no han cambiado. Pasó el tiempo en que los reyes nos esquilmaban, los curas regían la
vida familiar y social, y los generales nos hacían marcar el paso. Ahora vivimos en democracia. Pero
sigue siendo el nuestro un esperpento fiel a las tradiciones. Contaminada de nosotros mismos, la
democracia española es incompleta y sectaria. Ignora el respeto por el adversario; y la incultura, la
ruindad insolidaria, la demagogia y la estupidez envenenan cuanto de noble hay en la vieja palabra.
Seguimos siendo tan fieles a lo que somos, que a falta de reyes que nos desgobiernen, de curas que nos
quemen o rijan nuestra vida, de generales que prohíban libros y nos fusilen al amanecer, hemos sabido
dotarnos de una nueva casta que, acomodándola al tiempo en que vivimos, mantiene viva la vieja
costumbre de chuparnos la sangre. Nos muerden los mismos perros infames, aunque con distintos
nombres y collares. Si antes eran otros quienes fabricaban a su medida una España donde medrar y
gobernar, hoy es la clase política la que ha ido organizándose el cortijo, transformándolo a su imagen y
semejanza, según sus necesidades, sus ambiciones, sus bellacos pasteleos. Ésa es la nueva
aristocracia española, encantada, además, de haberse conocido. No hay más que verlos con sus
corbatas fosforito y su sonriente desvergüenza a mano derecha, con su inane gravedad de tontos
solemnes a mano izquierda, con su ruin y bajuno descaro los nacionalistas, con su alelado vaivén
mercenario los demás, siempre a ver cómo ponen la mano y lo que cae. Sin rubor y sin tasa.

En España, la de político debe de ser una de las escasas profesiones para la que no hace falta tener el
bachillerato. Se pone de manifiesto en el continuo rizar el rizo, legislatura tras legislatura, de la mala
educación, la ausencia de maneras y el desconocimiento de los principios elementales de la gramática, la
sintaxis, los ciudadanos y ciudadanas, el lenguaje sexista o no sexista, la memoria histórica, la economía,
el derecho, la ciencia, la diplomacia. Y encima de cantamañas, chulos. Osan pedir cuentas a la Justicia, a
la Real Academia Española o a la de la Historia, a cualquier institución sabia, respetable y necesaria, por
no plegarse a sus oportunismos, enjuagues y demagogias. Vivimos en pleno disparate. Cualquier paleto
mierdecilla, cualquier leguleyo marrullero, son capaces de llevárselo todo por delante por un voto o una
legislatura. Saben que nadie pide cuentas. Se atreven a todo porque todo lo ignoran, y porque le han
cogido el tranquillo a la impunidad en este país miserable, cobarde, que nada exige a sus políticos pues
nada se exige a sí mismo.
Nos han tomado perfectas las medidas, porque la incultura, la cobardía y la estupidez no están
reñidas con la astucia. Hay imbéciles analfabetos con disposición natural a medrar y a sobrevivir, para
quienes esta torpe y acomplejada España es el paraíso. Y así, tras la añada de políticos admirables que
tanta esperanza nos dieron, ha tomado el relevo esta generación de trileros profesionales que no vivieron
el franquismo, la clandestinidad ni la Transición, mediocres funcionarios de partido que tampoco han
trabajado en su vida, ni tienen intención de hacerlo. Gente sin el menor vínculo con el mundo real que
hay más allá de las siglas que los cobijan, autistas profesionales que sólo frecuentan a compadres y
cómplices, nutriéndose de ellos y entre ellos. Salvo algunas escasas y dignísimas excepciones, la
democracia española está infestada de una gentuza que en otros países o circunstancias jamás habría
puesto sus sucias manos en el manejo de presupuestos o en la redacción de un estatuto. Pero ahí están
ellos: oportunistas aupados por el negocio del pelotazo autonómico, poceros de la política. Los nuevos
amos de España.
PATENTE DE CORSO
Permitidme tutearos, imbéciles
ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSemanal | 23 de Diciembre de 2007

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la


derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del
otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos
autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y
Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es
deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras
manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis
posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De
vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la
Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el
mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que
España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión
lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza,
y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad,
vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie
asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe
Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de
Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–,
pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo
Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación,
destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo
electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos
distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto
al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una
consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno
ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de
cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz
de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan
de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien»
y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad»,
entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez
que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo
que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque
tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo
rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después
de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por
Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por
fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres
felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu
género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo
escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos
de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de
tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente
planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal,
Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo
el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio
Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros
analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un
malvado.