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Sociedad Civil y educación pública en las cárceles. Aportes para pensar.

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Publicado en “CEREJA DISCUTE: EDUCAÇÃO EM PRISÕES”, organizado por el Centro de Referencia en Educación de Jóvenes y Adultos - CEREJA, de San Pablo, Brasil. http://www.cereja.org.br/site/noticias.asp 2009

…¿Teatro? Jamás había visto. Lo único que quería era salir del pabellón. Comenzó a interesarse y a engancharse haciendo ejercicios teatrales. Cóctel molotov de Stanislavsky, Grotowsky, Living Theatre y Actor`s Studio incendiaron su cabeza y corazón, mucho más de lo que ya lo habían hecho las drogas… Ricardo Bizarra. “Poemas Infames”

¿Cómo debo hacer para cambiar esta verdad? Pensar. Expresar. Hacer. Ángel Arévalo “Marcas en el tiempo” “¿Y que hará con esa educación?

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“…vivirá una vida más rica y más plena”

Diálogo de la película “Leyendas de Pasión”

. Resumen El presente trabajo tiene como objetivo promover la reflexión acerca de la importancia de la relación entre sociedad civil y la garantía del ejercicio pleno del derecho a la educación en contextos de privación de la libertad. Desde este punto de vista se busca problematizar cuestiones ‘invisibilizadas’2 que bajo el “paradigma de la inseguridad”3 resultan ser, de alguna manera, el sustento político e ideológico que encuadra el debate público actual acerca de todo lo relativo al mundo carcelario desde un nuevo paradigma que se rige desde el modelo de sociedad neoliberal. Por otro lado reivindicamos la educación desde una perspectiva de derechos, porque constituye un valor en sí misma y en tanto conjunto de herramientas, capacidades y disposiciones que amplían las posibilidades de generar proyectos genuinos de inserción/inclusión social, cultural y económica y , es decir, que posibilitan estar en mejores condiciones para el ejercicio de la ciudadanía. En este sentido, sostenemos que es responsabilidad indiscutible del Estado como garante permanente del ejercicio pleno del derecho a la educación pero intentamos

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Autores: Lic. Francisco Scarfó, Lic. Florencia Breglia y Prof. Valeria Frejtman. GRUPO DE ESTUDIOS SOBRE EDUCACIÓN EN CÁRCELES (GESEC) La Plata, Argentina. http://www.gesec.com.ar 2 Tomamos esta expresión de Daroqui, Alcira quien la utiliza en relación a las muertes de los delincuentes ocurridas en enfrentamientos armados con la policía.

N° 3, 2001.

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problematizar el rol de la sociedad civil en tanto se la considera sustento clave para la existencia real de dichas garantías, a través de sus prácticas de promoción, control y fortalecimiento. De esta manera la igualdad declarativa presente en la Normativa vigente se convierte en igualdad sustantiva para todos/as los detenidos/as.
No podemos encarcelar a una persona durante muchos años sin ofrecerle posibilidades de cambio y al mismo tiempo esperar que cuando vuelva a encontrarse entre nosotros haya cambiado. En efecto, se habrá producido un cambio, pero ciertamente no el que se esperaba. Pues habremos creado a un individuo envidioso, frustrado, delirante, reprimido, iracundo y deshumanizado que sin lugar a dudas tratará de vengarse4.

Objetivos y propósitos El objetivo de este trabajo es debatir acerca de la relación de la sociedad civil en pos de las garantías fundamentales del ejercicio pleno del derecho humano a la educación (principalmente de la escolar) de todos los hombres y mujeres que se encuentran en situación de privación de su libertad. Para esto tomaremos un análisis inicial de esta relación con base en la provincia de Buenos Aires en Argentina en el tiempo actual, esperando que sea un aporte a la comunidad regional e internacional, a fin de intercambiar experiencias y así enriquecer las prácticas de los países. Además, cuanto mejor se comprenda la coyuntura, mayores serán las posibilidades del éxito de las acciones que sobre ella se propongan.

Contexto El debate acerca del valor de la educación en la cárcel se plantea ante todo como un intento de ‘visibilizar’ y poner en tensión el “paradigma de la inseguridad”, que hegemoniza actualmente el modo en que se construye la mirada sobre las cárceles y otras instituciones de castigo y formas de control social, así como sobre los/as detenidos/as en estas instituciones. Dentro de esta lógica paradigmática, el correspondiente “estado de inseguridad” se presenta como un “estado de emergencia” constante, dando lugar a prácticas sociales,

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Vernor Muñoz, Promoción y Protección de todos los Derechos Humanos, Civiles, Políticos, económicos, Sociales y Culturales, incluido el derecho al Desarrollo: El derecho a la educación de las personas privadas de libertad. Informe del Relator Especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la educación, s/l, abril de 2009.

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pero también y sobretodo judiciales, policiales, carcelarias, que se presentan como excepcionales, atendiendo a la necesidad de dar respuestas por fuera de lo estrictamente legal, generando de esta manera, constantes ‘resultados inevitables’ en relación a dichas prácticas, (Daroqui, 2009). Esta lógica de carácter punitivo se orienta específicamente hacia determinados sectores de la sociedad que han sido objeto o “chivo expiatorio” de las políticas de “seguridad”, ante la ausencia de verdaderas políticas de seguridad social. Y es de esta manera como lo aprehende y por lo tanto lo legitima el conjunto social sobre todo a través de la construcción de imaginario social que producen los medios masivos de comunicación en relación a estos temas. Porque cuando se discute acerca de la violencia o la inseguridad, debates que lideran la problemática social actual, se refieren fundamentalmente a una parte de dicha problemática, que tiene que ver con las preocupaciones de los sectores cuyas voces son más escuchadas . Como muchos otros temas, no se discute acerca de la violencia institucional carcelaria, entre otras cuestiones que hacen a las condiciones de vida digna, tampoco se cuestiona el modo en que se restringe el acceso y ejercicio a la educación junto con otros derechos humanos, a las personas allí alojadas cuyo único ‘castigo’ debería radicar en la privación de su libertad ambulatoria. Por otro lado, no podemos dejar de mencionar, que sobre esto los medios de comunicación tienen una fuerte incidencia en tanto sustento clave legitimador de dicho paradigma5; en este contexto particular es entonces que se percibe la existencia de un cierto sentido común, es decir, ideas y prácticas sociales a partir de y sobre las cuales a la vez se van construyendo otras ideas y generando otras prácticas que van dando forma y sentido a una sociedad. Lo que decimos es que se van generando ciertas representaciones sociales como ‘producto’ de esta praxis social. Y es en función de esta idea que proponemos el debate. Porque, como lo veremos más adelante, en principio y como sociedad tenemos la responsabilidad de poner en escena la discusión, contribuir a que tanto el debate como la intervención sean de interés público. Por lo tanto y dado nuestro objetivo, comenzamos preguntándonos acerca de las nociones de educación, cárcel, quiénes las habitan y sus prácticas escolares intramuros como marco del debate propuesto.
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Este tema merece un análisis exhaustivo del que podemos darle teniendo en cuenta los alcances del presente trabajo.

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De esta manera la discusión tiene como eje central a los/as sujetos de la situación educativa en la cárcel, (o los/as sujetos con derecho a la educación en la cárcel, tanto aquellos/as que acceden a este derecho - 30% de la población penal-, como aquellos a quienes se vulnera en el ejercicio de este derecho) la cual presenta un entorno con características específicas que la diferencian y particularizan en relación a cualquier otra ocurrida en contextos más estandarizados. Comprender que se trata del análisis de prácticas educativas en el contexto de encierro no es un dato menor ya que la consideración de los/las detenidos/as como sujetos de derechos y no como sujetos bajo tratamiento carcelario, supone una tensión que se juega en las prácticas cotidianas entre dos lógicas y campos normativos contrapuestos. Esto último, pone en evidencia que la educación en la cárcel, es más que un dispositivo de tratamiento, es más que una acción terapéutica. Se constituye como un derecho humano que por su potencialidad tiene un impacto favorable en el mejoramiento de la calidad de vida de los/as detenidos/as mientras dure su encierro, como también en su vuelta a la sociedad y el ejercicio de mayores y mejores derechos. Sostenemos, por otro lado, que la mayor parte de las personas privadas de su libertad constituyen un grupo social marginado y víctima de la violación sistemática del derecho humano a la educación, desde antes de ingresar a la cárcel. Proponer este debate nos lleva a problematizar el rol de la sociedad civil (tanto organizada como población en general) en relación a estas prácticas carcelarias. Se trata de discutir cuál es el límite de tolerancia de esa sociedad civil que de alguna manera habilita, legitima y encubre la violación de un derecho humano (el derecho a la educación) sobre ese grupo social. En este sentido, el caso argentino se constituye en un analizador potente como veremos más adelante, ya que establece normativamente la responsabilidad del Estado de garantizar el ejercicio efectivo del derecho a la educación, estableciendo un responsabilidad del “Estado civil” en contraposición o tensión con el mismo “Estado punitivo”. Se trata también de problematizar una de las formas de relación entre Estado y sociedad que es lo que constituye en definitiva cierto orden social dando origen a determinadas ideas y prácticas. Y como afirmamos en el párrafo anterior, comprender la responsabilidad, potencialidad y límites que la “escuela en contextos de encierro” como política pública del Estado, constituye en tanto Estado, y en tanto sociedad civil.

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Porque dado el carácter público y político de la educación, la sociedad civil tiene un deber social (deberíamos decir “deuda social” en lo que atañe a la educación en cárceles) de participar en los procesos de construcción y seguimiento (y también de fortalecimiento) de políticas públicas educativas. En este sentido, preguntarnos sobre lo más evidente a veces puede ser un buen comienzo; entonces ¿Por qué brindar educación escolar en la cárcel? Aunque se reconozca que a menudo la privación de libertad es en sí cuestionable como medio de control social, el desafío ante nosotros es crear un ambiente para los reclusos que haga posible el cambio positivo y fomente la capacidad humana. La educación accesible, disponible, adaptable y aceptable es un elemento esencial de ese ambiente.6

El valor de la educación pública en la cárcel Entendemos que es fundamental dentro de las prácticas carcelarias, prestar especial atención a la educación escolar, es decir a la oferta educativa oficial en tanto constituye un rasgo esencial en el tratamiento integral de las personas desde la perspectiva de los derechos humanos.7 Decimos ante todo que la educación opera para los/as detenidos/as como un derecho ‘llave’, esto significa que permite el conocimiento de otros derechos, y por lo tanto el reconocimiento de sí mismos como sujetos de derechos. (Scarfó, 2008) Por otro lado amplía las posibilidades genuinas de armar un proyecto de vida propio de tal manera que la inserción económica, social y cultural a la salida se constituya en una opción real con mayores opciones de viabilidad. Finalmente porque la educación es un valor en sí mismo. Desde este punto de vista su disfrute forma parte constitutiva de la dignidad humana, elemento fundamental de los derechos humanos y debe estar garantizado para todas las personas estén o no encarceladas.

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Vernor Muñoz, Promoción y Protección de todos los Derechos Humanos, Civiles, Políticos, económicos, Sociales y Culturales, incluido el derecho al Desarrollo: El derecho a la educación de las personas privadas de libertad. Informe del Relator Especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la educación, s/l, abril de 2009. 7 Nos anticipamos y decimos, como desarrollaremos más adelante, que no se trata sólo de la educación formal sino que la oferta informal resulta también una herramienta indispensable para el ejercicio pleno del derecho a la educación en cárceles.

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Desde la perspectiva legalista/jurídica, el derecho a la educación es reconocido como un derecho humano por la normativa internacional, pactos, convenciones y declaraciones de las Naciones Unidas (NNUU) y la Organización de Estados Americanos (OEA)8. Por otro lado, la educación de las personas en privación de su libertad posee un tratamiento normativo específico: las Reglas Mínimas para el Tratamiento del delincuente (1955), Los Principios Básicos para el Tratamiento del Convicto de NNUU (1990)9. Según las Reglas arriba mencionadas, se destaca que:
Regla 57: la prisión y las demás medidas cuyo efecto es separar a un delincuente del mundo exterior son aflictivas por el hecho mismo de que despojan al individuo de su derecho de disponer de su vida personal al privarle de su libertad. Por lo tanto, a reservar de las medidas de separación justificadas o del mantenimiento de la disciplina, el sistema penitenciario no debe agravar los sufrimientos inherentes a tal situación. Regla 58: el fin y la justificación de las penas y medidas preventivas de libertad son, en definitiva, proteger a la sociedad contra el crimen. Solo se alcanzará este fin, si se aprovecha el período de privación de la libertad para lograr; en lo posible, que el delincuente una vez liberado no solamente quiera respetar la ley y proveer sus necesidades, sino también que sea capaz de hacerlo. Regla 60: el régimen del establecimiento debe tratar de reducir las diferencias que puedan existir entre la vida en prisión y la vida en libertad. Regla 65: el tratamiento de los condenados a una pena o medida preventiva de libertad debe tener por objeto , en tanto que la duración e la pena lo permita, inculcarles la voluntad de vivir conforme a la ley, mantenerse con el producto de su trabajo, y crear en ellos la aptitud para hacerlo. Dicho tratamiento estará encaminado a fomentar en ellos el respeto de sí mismos y desarrollar el sentido de responsabilidad. Reglas 66: (1) para lograr este fin , se deberá recurrir, en particular, a la asistencia religiosa, en los países en que eso sea posible, a la instrucción, a la orientación y la formación profesional, a los métodos de asistencia social individual, al asesoramiento relativo al empleo, al desarrollo físico y a la educación del carácter moral, en conformidad con las necesidades individuales de cada recluso Se deberá tener en cuenta su pasado social y criminal, su capacidad y
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A su vez en el contexto particular de la Argentina se encuentra establecido en la Constitución Nacional y Provincial, en la Ley Federal de Educación y en la Ley Provincial de Educación. 9 En nuestro país esta especificidad está enmarcada legalmente en la Constitución Nacional y provincial y la Ley de Ejecución Penal de la Nación (ley Nº 24660) y de la provincia de Buenos Aires (ley Nº 12256).

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aptitudes físicas y mentales, sus condiciones personales, la duración de su condena y las perspectivas después de su liberación. Regla 77: (1) se tomarán disposiciones para mejorar la instrucción de todos los reclusos capaces de aprovecharla, incluso la instrucción religiosa en los países en que esto sea posible. La instrucción de los analfabetos y la de los reclusos jóvenes será obligatoria y la administración deberá prestarle particular atención. (2) la instrucción de los reclusos deberá coordinarse, en cuanto sea posible, con el sistema de instrucción pública a fin de que al ser puestos en libertad puedan continuar sin dificultad su preparación.

En los Principios Básicos, también nombrados más arriba, se reconoce el mismo tipo de postulados al respecto, por lo tanto destacamos;
Principio 6: todos los reclusos tendrán derecho a participar en actividades culturales y educativas encaminadas a desarrollar plenamente la personalidad humana. Principio 10: con la participación y ayuda de la comunidad y de instituciones sociales, y con el debido respeto de los intereses de las víctimas, se creará, condiciones favorables para la reincorporación del ex recluso a la sociedad en las mejores condiciones posibles.

Ahora bien, además del ejercicio real del derecho a la educación en cárceles, es importante reflexionar acerca de la calidad de la misma. Para ello mencionamos cuatro características fundamentales que se constituyen de alguna manera en criterios de calidad a la hora de hacer un análisis valorativo10: La accesibilidad: acceder al derecho sin restricción alguna, es decir la obligación del estado de eliminar todas las exclusiones basados en los criterios discriminatorios de cualquier índole y la obligación de identificar los obstáculos-de cualquier índole- que impidan el derecho a la educación, buscando superar la exclusión. La asequibilidad: que haya diversidad en la oferta educativa, es decir, obligación del estado de asegurar educación gratuita y obligatoria

disponible para todas las personas que no la hayan gozado y/o concluido. La adaptabilidad: que la educación sea de acuerdo a la persona que la recibe y al contexto que lo rodea, es decir, obligación estatal de suministrar una educación ‘extraescolar’ a quien tiene obligación de gozar de este
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Las mismas fueron propuestas por la exrelatora del derecho a la educación de NNUU, Katerina Tomasesky, bajo la formula de las “4 A” hacia el año 2003.

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derecho y esté impedido de presenciarlo o gozarlo de manera deliberada – el caso de las personas encarceladas -; obligación estatal de ajustar la educación al interés de cada persona, teniendo la diversidad como principio rector del modelo educativo, y por último, fortalecer, obligación de fortalecer los DDHH a través de la educación aplicando el principio de indivisibilidad de los Derechos Humanos. La aceptabilidad: que los contenidos y métodos desarrollados sean aceptablemente éticos. Esto implica el desarrollo de una Educación en derechos Humanos, es decir, obligación estatal de proporcionar una educación con determinadas calidades consecuentes con los derechos Humanos y, por supuesto, una obligación estatal de asegurar que los procesos de enseñanza y aprendizaje estén conformes con los derechos Humanos, garantizando una observación y vigilancia de los procesos de enseñanza y aprendizaje desde la perspectiva de los DDHH y ofreciendo el derecho a recursos efectivos de garantía a todos/as los/as docentes y alumnos/as.11 (Scarfó, 2008) A su vez, a la normativa internacional se suma y potencia para el caso Argentino “un hito fundante en la garantía del derecho a la educación de las personas alojadas en contextos de privación de libertad que es el capítulo 12 de la Ley Nacional de Educación -N° 26.206- sancionada en diciembre del 2006. Un capítulo objeto de disputas, de tensiones y acuerdos intersectoriales, que ante todo logra iluminar una de los sectores mas invisibilizados y olvidados del sistema educativo formal” (Frejtman, 2008). En este capitulo no solo se alude a la responsabilidad general del Estado en la garantía y efectivización del derecho a la educación para todos y todas las personas privadas de la libertad, sino que constituyen un programa operativo de acciones específicas tendientes a garantizar el ejercicio y el disfrute efectivo de este derecho. Para esto explicita en su primer artículo: ARTÍCULO 55.- La Educación en Contextos de Privación de Libertad es la modalidad del sistema educativo destinada a garantizar el derecho a la educación de todas las personas privadas de libertad, para promover su

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Scarfó, Francisco José, Los fines de la educación básica en cárceles en la provincia de Buenos Aires: el derecho humano a la educación, Editorial Universitaria de La Plata, La Plata, 2008

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formación integral y desarrollo pleno. El ejercicio de este derecho no admite limitación ni discriminación alguna vinculada a la situación de encierro, y será puesto en conocimiento de todas las personas privadas de libertad, en forma fehaciente, desde el momento de su ingreso a la institución.

Por último nos parece relevante reflexionar acerca del entorno de la situación educativa que estamos analizando dado sus particulares características como fue mencionado más arriba. Dicha especificidad se reconoce en el contexto, en los sujetos, en la institución educativa y en el lugar (la infraestructura): el encierro, las rejas, los controles, la pérdida de códigos socialmente aceptables en el ‘afuera’ y a la vez la existencia de códigos propios carcelarios. Por otro lado la condición de alta vulnerabilidad de los sujetos de la acción educativa, su condición de excluidos/as sociales. Esto parece ser una obviedad pero pensemos en la contradicción que se presenta al ser la escuela la que debe brindar herramientas para la vida en sociedad extramuros pero su realización se da en el contexto de la cárcel con todas estas características que estamos señalando. Mencionamos por otro lado el rol de los/as docentes y su situación personal ante dicha contradicción también como un dato relevante pero sin espacio suficiente para darle lugar al análisis que ello merece. La escuela como institución educativa además está operando a al vez dentro de otra institución; la cárcel, a la cual siguiendo la definición de Irving Goffman en su texto clásico “Los internados”, podemos caracterizarla como una Institución Total, cuya lógica se organiza en función de criterios racionales y vigilancia estricta. Una Institución Total puede definirse como un lugar de residencia y trabajo, donde un gran número de individuos, en igual situación, aislados de la sociedad, por un período de tiempo, comparten su encierro en una rutina diaria, administrada formalmente. De esta manera la cárcel opera como una institución absorbente y totalizante con su lógica propia de encierro cuya función es la de castigo y vigilancia, por lo tanto los sujetos que la habitan lo hacen según esa lógica carcelaria. Esto plantea, en definitiva, la diferencia que existe con otras situaciones educativas que se presentan en contextos más estandarizados y por lo tanto creemos necesario comprender y destacar esta particularidad basada en el contexto donde se desarrolla la

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enseñanza (la cárcel, el encierro) y el sujeto de la acción educativa (un sujeto jovenadulto privado de la libertad ambulatoria). En definitiva brindar educación en contextos de encierro constituye ampliar las posibilidades de generar un proyecto genuino de inserción social y económica a la salida de la misma pero también como ‘resignificación’ del tiempo transcurrido en prisión, decimos que las posibilidades que brinda la educación van más allá de las opciones reales de inserción social y económicas que genere, es un valor en sí mismo, por ello es un derecho humano, por ello debe estar garantizado para toda la población, porque como tal todos estamos en condiciones de gozar de una educación de calidad que nos de la posibilidad de adquirir diferentes habilidades o destrezas sociales para la vida. La elevación del nivel educativo y cultural de los alumnos, les brinda elementos para lograr el autosustento al momento de la liberación del penal, así como la posibilidad de desarrollar formas pacíficas de relacionarse con otros y modos no violentos para la resolución de conflictos.12

Rol de la sociedad civil Entendemos que la responsabilidad de la sociedad civil incluye tanto a las propias escuelas en contextos carcelarios, como a las organizaciones no gubernamentales (ONGs) así como también a la población civil en general, porque es en función de sus prácticas y sus ideas que se abre el juego al debate social. Hasta aquí hemos analizado más en profundidad la educación pública en contextos de encierro, que en la Argentina tiene la caracteristica de que es el propio sistema educativo común el que ingresa de manera sistemática y constante dentro de las instituciones de encierro. Aquí la escuela en tanto Estado y en tanto sociedad civil nos permitiría pensar que contamos con una estructura bastante importante para fortalecer los procesos de ampliación de ejercicios de derechos, a partir de lo cual “la sociedad civil” representada por las organizaciones no gubernamentales, y la población en general puedan arraigar y fortalecer sus propios compromisos y responsabilidades con

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Giacchino de Ribet, María Isabel, La educación en los establecimientos penitenciarios en “La escuela en contextos de exclusión”, Novedades Educativas N° 172 – 2005, Pág. 36 y ss.

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esta problemática produciendo un “círculo virtuoso” en el mejoramiento de la calidad de vida intramuros y la construcción de derechos. Aclaramos, por otro lado, que la relación que existe entre el Estado y la sociedad civil presenta sus particularidades en cada región, por lo tanto es importante prestar atención a la relación existente previamente a la hora de plantear determinada práctica o acción. Ahora bien, como se enfatizó en el apartado anterior, a través del ejercicio pleno del derecho a la educación en cárceles se trata, por un lado, de ampliar las posibilidad de generar proyectos de vida genuinos cuya garantía debe estar respaldada por el Estado, pero además promover el desarrollo integral de la persona en tanto sujetos de derechos y no como sujetos bajo tratamiento carcelario. En este sentido el rol de la sociedad civil resulta fundamental en tanto contribuye a reforzar la acción del Estado, de alguna manera a garantizar el ejercicio pleno del derecho. Es decir que, tanto Estado como sociedad se encuentran comprometidos socialmente con el disfrute de la educación en cárceles, pero sus dinámicas son distintas: el Estado debe brindar una garantía permanente, mientras que la sociedad civil interviene de manera temporal y, como veremos, por esto decimos que una de sus acciones fundamentales es la de fortalecimiento. Según lo desarrollado en el apartado anterior, vimos que la educación es un derecho humano inherente a cada individuo y como tal se encuentra avalado por la Normativa Internacional y Nacional en pos de la igualdad social, sin embargo esto se presenta como una igualdad declarativa y creemos que la sociedad civil tiene un papel clave para que se constituya en una igualdad sustantiva. Para trasladarla al plano de lo real se deben atender ciertas necesidades que hacen al disfrute del derecho en discusión. Estas necesidades tienen que ver, entre otras cosas, con cuestiones administrativas, traslados de cárcel a cárcel sin tener en cuenta la continuidad del proceso educativo, procedimientos internos de acceso al espacio escolar, la burocracia en torno a la documentación solicitada, los criterios de seguridad carcelaria, la situación económica de los sujetos de la accion educativa que por lo general no disponen de recursos materiales y porque además, en ocasiones deben elegir entre la escuela y el trabajo (que les brinda un salario), la infraestructura, muchas veces los espacios destinados a las escuelas no son apropiados para el desarrollo de la misma, la superposición de las ofertas educativas. Asimismo es importante prestar atención a la formación de los/as 11

docentes de escuela en cárceles, como también a sus condiciones de trabajo, es decir a todo aquello que atañe al rol docente. Todo esto que estamos mencionando genera un entorno con características que van en contra de o debilitan la realización del ejercicio del derecho (en función de aquellos criterios: 4 “A”), por lo tanto la sociedad civil interviene ante todo como sustento de la decisión política que pueda modificar las condiciones negativas y así establecer la perspectiva pedagógica adecuada para la realización de un derecho y no una acción terapéutica carcelaria.
El aprendizaje en prisión por medio de programas educativos se considera por lo general una herramienta para el cambio y su valor se juzga a la luz de su repercusión en la reincidencia, la reintegración y, más concretamente, en las oportunidades de empleo tras la puesta en libertad. Sin embargo, la educación es mucho más que una herramienta para el cambio. Es un imperativo en sí. Con todo, la educación presenta desafíos considerables para los reclusos debido a toda una gama de factores ambientales, sociales, institucionales e individuales. Estos factores y los desafíos que presentan no son insalvables.13

Promoción, Control y Fortalecimiento Ante todo como fue mencionado anteriormente, la sociedad civil ejerce una acción de promoción al poner en escena el debate público acerca del ejercicio del derecho a la educación de quienes se encuentran privados/as de su libertad. Por otro lado, las acciones de promoción hacen al fortalecimiento de la educación pública en cárceles, en este punto recordamos que dicha educación debe estar garantizada por el Estado a través de la oferta oficial, sin embargo la sociedad civil puede intervenir con propuestas no formales que deben presentarse como complementarias y no de manera competitiva con la escuela pública (por ejemplo: talleres de arte, de música, de cine, de radio, literarios, de pintura, etc.). Porque, como mencionamos, las opciones no formales ofrecen herramientas por fuera de la lógica escolar contribuyendo a mejorar las posibilidades de cambio y apropiación provechosa de los/as detenidos/as de dichas herramientas. En este sentido es fundamental recuperar las múltiples experiencias que existen actualmente en las cárceles argentinas que incluyen la promoción de actividades
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Vernor Muñoz, Promoción y Protección de todos los Derechos Humanos, Civiles, Políticos, económicos, Sociales y Culturales, incluido el derecho al Desarrollo: El derecho a la educación de las personas privadas de libertad. Informe del Relator Especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la educación, s/l, abril de 2009.

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artístico-culturales y realizar un esfuerzo de sistematización de las mismas, dado que constituyen un ejercicio de participación ciudadana y promoción de derechos que es vital en un contexto en el cual nos encontramos antes políticas de criminalización de la pobreza y la juventud. Al mismo tiempo estas experiencias tienen un valor central en tanto constituyen fuertes dispositivos de disminución de los efectos de prisionización. Los contextos de privación de libertad, en tanto instituciones totales reguladas y regulantes de las conductas producen efectos altamente nocivos en las personas allí detenidas. Jesús Valverde Molina hace un estudio detallada en “las consecuencias de la cárcel” explicitando como el encierro produce efectos somáticos, psicosomáticos, de lenguaje, vinculares, etc. En este sentido es vital la instalación de espacios que fisuren la lógica del encierro “generando y sosteniendo espacios y tiempos diferentes a los habituales dentro de la cárcel, configurando recorridos poco explorados y visibilizados de las cárceles: el del encuentro, la palabra, el intercambio y la producción compartida”14 ( Frejtman, 2009). Los resultados en estos espacios son múltiples, y de una riqueza inimaginable, así podemos encontrarnos obras de teatro, revistas autogestionadas, murales, espacios de radio, poesías, cuentos que circulan y agrietan la lógica del encierro. Al mismo tiempo estos espacios constituyen una oportunidad para quienes se encuentran privados/as de libertad de encontrarse con nuevos modos de conocimiento, con nuevos saberes y experiencias que no formaban parte de sus itinerarios de vida habituales conformando nuevas oportunidades e imaginarios de vida impensados que constituyen una huella indeleble en la vida de los presos y presas al recuperar su libertad y en muchos casos una posible reconfirguración o sobreescritura de proyecto de vida si se dan los canales de articulación necesarios para que estas experiencias se continúen en el afuera. Existe, por otro lado, en relación al control y monitoreo, un espacio concreto de participación de la sociedad civil en el marco del Protocolo Facultativo Contra la Tortura de NNUU (mecanismo complementario a la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, de NNUU, adoptado en el año 2002). En este sentido es muy importante que se puedan realizar relevamientos de la situación educativa en las cárceles, recordemos lo planteado acerca de las necesidades que esto conlleva.

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Frejtman, Valeria, Haciendo Sutura. Publicación del Proyecto Abrir Puertas, Talleres de periodismo y literatura en cárceles,2008-09 Laboratorio de Políticas PúblicasBuenos Aires. www.lppbuenosaires.net/documentacionpedagogica

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Así las organizaciones de la sociedad civil, pueden convertirse en veedores del desarrollo y realización del derecho a la educación en cárceles, indicando y señalando ante el Estado situaciones que hagan a su debilitamiento como así también tener la posibilidad de llegar a la judicialización de este derecho a la hora de su violación principalmente en lo que se refiere a su acceso/disfrute.

De esta manera de una u otra forma la sociedad civil interviene comprometiéndose con el acceso y la calidad de la educación en las prisiones. En relación a las acciones concretas con las que interviene la sociedad civil, el informe de NNUU antes citado, se expresa de la siguiente manera: La educación debería estar orientada al desarrollo integral de la persona e incluir, entre otras cosas, el acceso de los reclusos a la educación formal e informal, programas de alfabetización, educación básica, formación profesional, actividades creadoras, religiosas y culturales, educación física y deportes, educación social, educación superior y servicios de bibliotecas.

Y sigue: Sin la participación activa de particulares, instituciones académicas, ONG y organizaciones intergubernamentales competentes en la materia, la educación de los reclusos sería mucho más precaria de lo que es actualmente y en algunas instituciones ni siquiera existiría.

De lo que se trata en definitiva es de fortalecer la práctica propia del Estado que si bien sabemos debería actuar por sí mismo y ser capaz de satisfacer todos los requerimientos sociales, ello no siempre ocurre, por lo tanto mientras discutimos acerca de la calidad institucional del Estado, es válido y necesario involucrarse en esos vacíos.

A modo de conclusión Partiendo del objetivo que se propone, el de ampliar el debate acerca de la educación pública en las cárceles y desde la perspectiva de los Derechos Humanos, reforzamos las ideas planteadas sobre prestar particular atención a la construcción histórica de ciertas nociones que resultan claves para comprender determinadas formas de ser, pensar, actuar de la sociedad civil.

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Sobre este modo de ser se intenta problematizar la importancia del acceso a una educación de calidad garantizada para todas las personas en condiciones de privación de su libertad. Porque la educación constituye la manera más genuina de ampliar las posibilidades reales de inserción social, económica y cultural. Pero además porque promueve el desarrollo de la integridad de las personas en base al reconocimiento del derecho humano a la educación como tal. El Estado, por su parte, es el encargado de ofrecer las garantías permanentes a través de su Normativa vigente. Sin embargo, creemos que la sociedad civil posee un rol clave en la garantía del ejercicio pleno del derecho porque a través de sus acciones de promoción, control y fortalecimiento se intenta conformar un modo de ser que en definitiva opere como sustento de una decisión política basada en un pensamiento crítico acerca de la realidad y sus consecuencias. Por otro lado, como dijimos, porque las propuestas concretas de intervención a través de la educación informal brindan herramientas que se traducen en habilidades para la vida que la escuela con su propia lógica escolarizante no las ofrece. Mencionamos finalmente que se trata de una situación educativa con un entorno que presenta una especificidad que no puede dejar de atenderse si la intención es garantizar el derecho humano a la educación. Porque, la garantía del derecho a la educación pública en cárceles y una educación en Derechos Humanos, seguramente favorecerá a la búsqueda incansable de tener cárceles más humanas, más democráticas, más públicas, como también a ser la oportunidad de dar ‘voz’ a aquellos que no la tienen.15

La Plata, Argentina, Agosto de 2009.

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Scarfó, Francisco José, Los fines de la educación básica en cárceles en la provincia de Buenos Aires: el derecho humano a la educación, Editorial Universitaria de La Plata, La Plata, 2008

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Bibliografía - Bizzarra, Ricardo, Poemosa Infames: historias tumberas, La Plata, Ed. Al Margen, 2009. - Brocca, Magdalena y Gonzalez Alejo (comp.), Mrcas en el tiempo: la filosofía como ejercicio de la autonomía, Córdoba, Narvaja Editor, 2007. - Daroqui, Alcira (comp.), Muertes silenciadas: la eliminación de los “delincuentes”. Una mirada sobre las prácticas y los discursos de los medios de comunicación, la policía y la justicia, Buenos Aires, Ediciones del CCC Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, 2009.
- Frejtman,

Valeria. Entre la cárcel y la escuela. Elementos para pensar, en Dossier De

Freire a nosotros y de nosotros a Freire, Experiencias de la praxis y pedagogías críticas. Novedades Educativas, Mayo 2008, Argentina. - Goffman, Irving, Internados, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1985. - Scarfó, Francisco José, Los fines de la educación básica en cárceles en la provincia de Buenos Aires: el derecho humano a la educación, Editorial Universitaria de La Plata, La Plata, Argentina, 2008 - Vernor Muñoz, Promoción y Protección de todos los Derechos Humanos, Civiles, Políticos, económicos, Sociales y Culturales, incluido el derecho al Desarrollo: El derecho a la educación de las personas privadas de libertad. Informe del Relator Especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la educación, s/l, abril de 2009.

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