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"El sufrimiento de un niño es el sufrimiento anestesiado de toda la humanidad" ¿Cómo fabricamos

"El sufrimiento de un niño es el sufrimiento anestesiado de toda la humanidad"

¿Cómo fabricamos el sufrimiento los seres humanos? ¿Qué responsabilidad tienen los sistemas formativos?

Dentro de cada ser hay una parte eterna, divina, infinita que es su Esencia y una parte no eterna, con una forma definida signada por límites y posibilidades concretas, que es su personalidad. La personalidad, construida con la guía del mundo externo, es el medio por el cual puede manifestarse el Ser esencial pero por las características del sistema educativo actual (institucional y familiar) lejos de ser una guía que posibilite construir una personalidad que facilite la manifestación, expresión y expansión del potencial esencial, a veces es una estructura que sofoca, tapa, reprime, limita y lastima.

Al alejarse cada vez más la personalidad de la Esencia se produce la gran enfermedad del hombre: el desconocimiento de sí y esta a su vez es la eterna fuente de inseguridad y falta de confianza. Cuanto mayor sea el desvío mayor es el grado de sufrimiento, ansiedad, vacío, depresión, violencia.

En los niños, este desvío, se puede observar en algunas reacciones, conductas, estados o comportamientos: rebeldía, apatía, aburrimiento, compulsión por cosas materiales, falta de pasión, desgano crónico, bloqueos intelectuales, físicos y emocionales, enojo o resentimiento expresado con gestos, tratos o palabras, desconexión de su mundo emocional, rechazo, desconfianza o indiferencia a las estructuras y roles de autoridad, falta de concentración e hiperactividad. Una personalidad que bloquee la manifestación del Ser esencial es la única y principal fuente de violencia, considerando como tal, todo estímulo interno o externo, situación, realidad que produzca daño. Y con esta realidad interna el hombre luego reproduce esta matriz en el mundo externo. De esta manera aparece la violencia estructural interna a la que se sumará luego la violencia estructural externa, manifestada en los sistemas creados para organizar la vida del hombre.

Cada vez, se hace más visible la necesidad de transformar la educación actual y esto es una tarea más que posible y el primer paso para hacerlo es ayudar a que las personas que la constituyen puedan recrear y transformar su propia personalidad opresiva de su Ser. Acompañar con amor, firmeza, conciencia y sensibilidad el proceso a través del cual cada maestro o padre se reencuentra con su Ser esencial. ESTA TRANSFORMACIÓN ES LA QUE TRANSFORMA EL SISTEMA. Sólo si podemos transformarnos el sistema se transformará por añadidura. Y todos contamos con el poder para hacerlo, todos somos responsables de este cambio porque cada uno es responsable de su propia transformación.

El sistema actual nos lastima, nos daña y nos lastima y nos daña a TODOS y cambiarlo es responsabilidad de cada uno de nosotros.

Se hace cada vez más imperiosa la necesidad de ampliar la conciencia para poder ver más allá de lo que a primera vista se ve e intentar así crear alternativas y propuestas educativas en las que la esencia encuentre un canal e instrumentos de expresión libre, responsable, constructivo y

genuino y de este modo la personalidad deje de ser un instrumento interno, destructivo y violento para convertirse en el mejor servidor para la manifestación del potencial interno.

Detrás de toda forma impuesta está la esencia que buscará siempre manifestarse y muchas de las reacciones que hoy vemos en los niños son modos de expresión de un sufrimiento interior que ha alcanzado grados de intensidad importante.

En cada caso lo que el niño necesita es ayuda para recrear o crear desde la temprana edad una

personalidad funcional al ser esencial, es decir una personalidad que le permita ir expresando lo más verdadero de sí mismo y de ese modo ir desplegando su potencia de un modo constructivo

y amoroso. Pero esto no es posible darlo si los adultos no han hecho esta tarea primero con ellos mismos.

El acto de Amor más profundo y valioso para con nuestros niños es EMPEZAR A TRANSFORMARNOS NOSOTROS LOS ADULTOS.

Miro y siento al sistema educativo desde que soy pequeña, mi actividad principal en la vida en los diferentes roles que he tenido fue la de sensibilizarme frente al dolor e intentar facilitar el encuentro con el ser esencial. Mi búsqueda se inicia dándome el permiso y la libertad absoluta para cuestionar y rechazar las formas educativas existentes, las recibidas, las utilizadas por mi y las de la sociedad, esto me posibilitó reconocer lo que estas posibilitan, sobre estimulan, bloquean, obstruyen y también aquello que aportan.

Lo más valioso, hermoso y potente del sistema educativo actual es la intuición, la humanidad y la sensibilidad de los maestros. Lo demás necesita ser TRANSFORMADO, RECREADO, ya no por nosotros, sino por los niños que lo piden desesperadamente y a gritos. Hace catorce años que trabajo en la creación de propuestas de trabajo concretas que posibiliten ofrecer algo de lo que está faltando.

Parte de mi camino queda sintetizado en lo que sentí llamar “La educación del Ser”. Es una propuesta para Todos los que quieran y sientan el deseo de reconectar su ser esencial y aprender

a darle el lugar que se merece.

Con el propósito de colaborar y servir en la tarea de restablecer el puente que nos une con lo más verdadero de cada uno nacen cada una de mis propuestas teniendo como eje principal AL NIÑO, mi gran Maestro y como actores complementarios a todas las personas que acompañan su proceso de crecimiento y expansión.

Si mis palabras te llegan al corazón y compartís y abrazás mi propuesta estás invitado a formar parte de esta gran revolución de Amor, La revolución del Ser esencial que todos tenemos dentro

y de compartir con todos los que puedan sentirse interesados, porque el cambio es de uno pero caminando juntos.