MINIFICCIONES QUIJOTESCAS

Ramón Fabián Vique*
Resumen El presente trabajo consta de dos partes. La segunda es una antología de minificciones cuyo tema es el clásico cervantino. La primera es un breve análisis de esos textos. Las minificciones quijotescas son obras intertextuales. El origen del género minificción es incierto, y, en todo caso, si nace en el siglo XX no lo hace de un repollo sino que tiene antecedentes. No obstante, ni el género minificcional ni esos posibles ancestros, se exhiben a todas luces en el Quijote, pero podemos extraer de él algún concepto sobre la narración brevísima y hasta algún fragmento "minificcionable". Inversamente, vemos que el género minificcional acude al texto cervantino con entusiasmo; lo cual se debe a dos razones: el gusto por la imitación de sus juegos metaliterarios y la sed minificcionista de jugar, reescribir o dinamitar los textos clásicos.

Abstract This article is divided in two parts. The second one presents a collection of short short-stories related to Cervantes’s classical novel; in the first one, the author of the article analyses these texts. Quixotical short short-stories are intertextual pieces of writing. The origin of the short short-story or micro-fiction genre is uncertain. However, if it appeared in the 20th century, we cannot say it did so spontaneously. On the contrary, it had some precedents. In the case of
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Fabián Vique nació en Buenos Aires, Argentina, en 1966. Es Profesor de Lengua y Literatura. Ha trabajado como docente durante más de diez años en Argentina. Actualmente vive en Serbia y Montenegro, donde se desempeña como lector y profesor de español. También realiza estudios de postgrado, su tema de investigación es la minificción (el género y algunos autores argentinos). Ha ganado el algunos premios literarios en Argentina y España (con minificciones, cuentos y poesía); entre otros: Revista Puro Cuento, Fundación Inca Seguros, Fundación Banco Patricios, Bienal de Arte Joven (Argentina), Universidad Autónoma de Madrid. Publicó dos colecciones de minificciones en libros de pequeño formato titulados "Minicuentos" (1997), y "Con las palabras contadas" (2003). El Cuento en Red Universidad Autónoma Metropolitana – Humboldt State University No. 9 Primavera 2004 http://cuentoenred.org

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Minificciones quijotescas Ramón Fabián Vique

Cervantes’s Don Quixote, neither the micro-fiction genre nor an ancestral form of it is clearly manifest, but we can draw from it a concept of short narrative or even find a fragment that could be “mini-fictionable”. Conversely, the micro-fiction genre visits Cervantes’s text with enthusiasm. There are two reasons for this: a tendency to imitate Don Quixote’s metaliterary plays and a micro-fictional necessity to play with, rewrite or dynamite classical texts.

Palabras clave Minificción, mininarración, minificción incluída, anécdota, género, quijotesco, clásico, concisión, elipsis, juego, metaliteratura, intertexto, prehistoria, moralizante, lectura, escritura.
LA VERDAD SOBRE SANCHO PANZA Con el correr del tiempo, Sancho Panza, que por otra parte, jamás se vanaglorió de ello, consiguió mediante la composición de una gran cantidad de cuentos de caballeros andantes y de bandoleros, escritos durante los atardeceres y las noches, separar a tal punto a don Quijote, que éste se lanzó inconteniblemente a las más locas aventuras; sin embargo, y por falta de un objeto preestablecido, que justamente hubiese debido ser Sancho Panza, hombre libre, siguió de manera imperturbable, tal vez en razón de un cierto sentido del compromiso, a don Quijote en sus andanzas, y obtuvo de ello un grande y útil solaz hasta la muerte. Franz Kafka, (hacia 1920)1 PARÁBOLA DE CERVANTES Y DE QUIJOTE Harto de su tierra de España, un viejo soldado del rey buscó solaz en las vastas geografías de Ariosto, en aquel valle de la luna donde está el tiempo que malgastan los sueños y en el ídolo de oro de Mahoma que robó Montalbán.

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Franz Kafka, 1987, 1335-6.

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En mansa burla de sí mismo, ideó un hombre crédulo que, perturbado por la lectura de maravillas, dio en buscar proezas y encantamientos en lugares prosaicos que se llamaban El Toboso o Montiel. Vencido por la realidad, por España, Don Quijote murió en su aldea natal hacia 1614. Poco tiempo lo sobrevivió Miguel de Cervantes. Para los dos, para el soñador y el soñado, toda esa trama fue la oposición de dos mundos: el mundo irreal de los libros de caballerías, el mundo cotidiano y común del siglo XVII. No sospecharon que los años acabarían por limar la discordia, no sospecharon que la Mancha y Montiel y la magra figura del caballero serían, para el porvenir, no menos poéticas que las estepas de Simbad o que las vastas geografías de Ariosto. Porque en el principio de la literatura está el mito, y así mismo en el fin. Jorge Luis Borges, 19552

TEORÍA DE DULCINEA En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a la mujer concreta. Prefirió el goce manual de la lectura, y se congratulaba eficazmente cada vez que un caballero andante embestía a fondo una de esos vagos fantasmas femeninos, hechos de virtudes y faldas superpuestas, que aguardan al héroe después de cuatrocientas páginas de patrañas, embustes y despropósitos. En el umbral de la vejez, una mujer de carne y hueso puso sitio al anacoreta en su cueva. Con cualquier pretexto entraba al aposento y lo invadía con un fuerte aroma de sudor y de lana, de joven mujer campesina recalentada por el sol. El caballero perdió la cabeza, pero lejos de atrapar a la que tenía enfrente, se echó en pos, a través de páginas y páginas, de un pomposo engendro de fantasía.

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J.L. Borges, 1989, 177.

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Caminó muchas leguas, alanceó corderos y molinos, desbarbó unas cuantas encinas y dio tres o cuatro zapatetas en el aire. Al volver de la búsqueda infructuosa, la muerte le aguardaba en la puerta de su casa. Sólo tuvo tiempo para dictar un testamento cavernoso, desde el fondo de su alma reseca. Pero un rostro polvoriento de pastora se lavó con lágrimas verdaderas, y tuvo un destello inútil ante la tumba del caballero demente. Juan José Arreola, 19583

UN PROBLEMA Imaginemos que en Toledo se descubre un papel con un texto arábigo y que los paleógrafos lo declaran de puño y letra de aquel Cide Hamete Benengeli de quien Cervantes derivó el Don Quijote. En el texto leemos que el héroe (que, como es fama, recorría los caminos de España, armado de espada y de lanza, y desafiaba por cualquier motivo a cualquiera) descubre, al cabo de uno de sus muchos combates, que ha dado muerte a un hombre. En este punto cesa el fragmento; el problema es adivinar, o conjeturar, cómo reacciona Don Quijote. Que yo sepa, hay tres contestaciones posibles. La primera es de índole negativa; nada especial ocurre, porque en el mundo alucinatorio de Don Quijote la muerte no es menos común que la magia y haber matado a un hombre no tiene por qué perturbar a quien se bate, o cree batirse, con endriagos y encantadores. La segunda es patética. Don Quijote no logró jamás olvidar que era una proyección de Alonso Quijano, lector de historias fabulosas; ver la muerte, comprender que un sueño lo ha llevado a la culpa de Caín, lo despierta de su consentida locura acaso para siempre. La tercera es quizá la más verosímil. Muerto aquel hombre, Don Quijote no puede admitir que el acto tremendo es obra de un delirio; la realidad del efecto le hace presuponer una pareja realidad de la causa y Don Quijote no saldrá nunca de su locura.

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J:J: Arreola, 1995.

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Queda otra conjetura, que es ajena al orbe español y aún al orbe del Occidente y requiere un ámbito más antiguo, más complejo y más fatigado. Don Quijote -que ya no es Don Quijote sino un rey de los ciclos del Indostán- intuye ante el cadáver del enemigo que matar y engendrar son actos divinos o mágicos que notoriamente trascienden la condición humana. Sabe que el muerto es ilusorio como lo son la espada sangrienta que le pesa en la mano y él mismo y toda su vida pretérita y los vastos dioses y el universo. Jorge Luis Borges, 19604

LA CUEVA DE MONTESINOS Soñó Don Quijote que llegaba a un transparente alcázar y Montesinos en persona blancas barbas, majestuoso continente- le abría las puertas. Sólo que cuando Montesinos fue a hablar Don Quijote despertó. Tres noches seguidas soñó lo mismo, y siempre despertaba antes de que Montesinos tuviera tiempo de dirigirle la palabra. Poco después, al descender Don Quijote por una cueva, el corazón le dio un vuelco de alegría: ahí estaba nada menos que el alcázar con el que había soñado. Abrió las puertas un venerable anciano al que reconoció inmediatamente: era Montesinos. - ¿Me dejarás pasar? -preguntó Don Quijote. - Yo sí, de mil amores -contestó Montesinos con aire dudoso-, pero como tienes el hábito de desvanecerte cada vez que voy a invitarte... Enrique Anderson Imbert, 19655

PROPOSICIÓN SOBRE LAS VERDADERAS CAUSAS DE LA LOCURA DE DON QUIJOTE Don Quijote, enamorado como un niño de Dulcinea del Toboso, iba a casarse con ella. Las vísperas de la boda, la novia le mostró su ajuar, en cada una de cuyas
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J.L. Borges, 1989, 272. E. A. Imbert, 1990.

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piezas había bordado su monograma. Cuando el caballero vio todas aquellas prendas íntimas marcadas con las tres iniciales atroces, perdió la razón. Marco Denevi, 19666

CERVANTES En sueños, su mano tullida escribía a Antiquijote. José de la Colina, 19837

DULCINEA DEL TOBOSO Vivía en El Toboso una moza llamada Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchuelo y de Francisca Nogales. Como hubiese leído novelas de caballería, porque era muy alfabeta, acabó perdiendo la razón. Se hacía llamar Dulcinea del Toboso, mandaba que en su presencia las gentes se arrodillasen y le besaran la mano, se creía joven y hermosa pero tenía treinta años y pozos de viruelas enla cara. Se inventó un galán a quien dio el nombre de don Quijote de la Mancha. Decía que don Quijote había partido hacia lejanos reinos en busca de lances y aventuras, al modo de Amadís de Gaula y de Tirante el Blanco, para hacer méritos antes de casarse con ella. Se pasaba todo el día asomada a la ventana aguardando el regreso de su enamorado. Un hidalgo de los alrededores, un tal Alonso Quijano, que a pesar de las viruelas estaba prendado de Aldonza, ideó hacerse pasar por don Quijote. Vistió una viera armadura, montó en su rocín y salió a los caminos a repetir las hazañas del imaginario don Quijote. Cuando, confiando en su ardid, fue al Toboso y se presentó delante de Dulcinea, Aldonza Lorenzo había muerto. Marco Denevi, 19848

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M. Denevi, 1966 J. De la Colina, 1983 8 M. Denevi, 1984, 126.

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REALISMO FEMENINO Teresa Panza, la mujer de Sancho Panza, estaba convencida de que su marido era un botarate porque abandonaba hogar y familia para correr locas aventuras en compañía de otro aún más chiflado que él. Pero cuando a Sancho lo hicieron (en broma, según después se supo) gobernador de Barataria, Teresa Panza infló el buche y exclamó: ¡Honor al mérito!9 Marco Denevi, 1984

LA MUJER IDEAL NO EXISTE Sancho Panza repitió, palabra por palabra, la descripción que el difunto don Quijote le había hecho de Dulcinea. Verde de envidia, Dulcinea masculló: - Conozco a todas las mujeres del Toboso. Y le puede asegurar que no hay ninguna que se parezca ni remotamente a esa que usted dice.10 Marco Denevi, 1984

CRUELDAD DE CERVANTES En el primer párrafo del Quijote dice Cervantes que el hidalgo vivía con un ama, una sobrina y un mozo de campo y plaza. A lo largo de toda la novela este mozo espera que Cervantes vuelva a hablar de él. Pero al cabo de dos partes, ciento veintiséis capítulos y más de mil páginas la novela concluye y del mozo de campo y plaza Cervantes no agrega una palabra más.11 Marco Denevi, 1984

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Ibid, 150. Ibid. 172 11 Ibid. 216
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EPIDEMIA DE DULCINEAS EN EL TOBOSO El peligro está en que, más tarde o más temprano, la noticia llegue al Toboso. Llegará convertida en la fantástica historia de un joven apuesto y rico que, perdidamente enamorado de una dama tobosina, ha tenido la ocurrencia (para algunos, la locura) de hacerse caballero andante. Las versiones, orales y disímiles, dirán que don Quijote se ha prendado de la dama sin haberla visto sino una sola vez y desde lejos. Y que, ignorando cómo se llama, le ha dado el nombre de Dulcinea. También dirán que en cualquier momento vendrá al Toboso a pedir la mano de Dulcinea. Entonces las mujeres del Toboso adoptan un aire lánguido, ademanes de princesa, expresiones soñadoras, posturas hieráticas. Se les da por leer poemas de un romanticismo exacerbado. Si llaman a la puerta sufren un soponcio. Andan todo el santo día vestidas de lo mejor. Bordan ajuares infinitos. Algunas aprenden a cantar o a tocar el piano. Y todas, hasta las más feas, se miran en el espejo y hacen caras. No quieren casarse. Rechazan ventajosas propuestas de matrimonio. Frunciendo la boca y mirando lejos, le dicen al candidato: "Disculpe, estoy comprometida con otro". Si sus padres les preguntan a qué se debe esa actitud, responden: "No pretenderán, que me case con un cualquiera". Y añaden: "Felizmente no todos los hombres son iguales". Cuando alguien narra en su presencia la última aventura de don Quijote, tienen crisis histéricas de hilaridad o de llanto. Ese día no comen y esa noche no duermen. Pero el tiempo pasa, don Quijote no aparece y las mujeres del Toboso han empezado a envejecer. Sin embargo, siguen bordando al extremo de leer el libro de Cervantes y juzgarlo un libelo difamatorio.12 Marco Denevi, 1984

LOS ARDIDES DE LA IMPOTENCIA

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Ibid., 268-9

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Quizá Dulcinea exista, pero don Quijote le hace creer a Sancho lo contrario porque es incapaz de amar a una mujer de carne y hueso.13 Marco Denevi, 1984

El Quijote y la minificción La palabra minificción es uno de los incontables neologismos del siglo XX. Alude a un tipo de narración que no sobrepasa la extensión de una página. Tiene heterónimos o subgéneros como relato hiperbreve, microtexto, microrrelato, minicuento, etcétera. Se pueden considerar algunos de estos otros nombres como tipos de minificciones14; no es propósito de este trabajo abordar esas diferencias; utilizaremos casi indistintamente esas denominaciones teniendo en cuenta que el término minificción es el más amplio. El hecho de que hablemos de minificciones a partir del siglo XX no quiere decir antes no las haya habido, ni tampoco lo contrario. A los ejemplos nos remitimos. Dos libros que, según nuestro criterio, son colecciones de minificciones: Cuentos Breves y Extraordinarios15 y El libro de la imaginación
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, incluyen textos muy

anteriores al siglo XX. ¿Se trata de extrapolaciones? ¿De creaciones esporádicas? A Borges, Bioy Casares y Valadés les gusta extraer fragmentos de, por ejemplo, novelas, colocarles un título y convertirlos en textos independientes. ¿Están recreándolos o simplemente haciendo evidente lo implícito? Dejamos en suspenso estas preguntas y abordamos otra cuestión. Pilar Tejero17 afirma que el género es antiguo. Tras declarar que la minificción se presenta como un ejercicio de comercio intelectual entre escritores y lectores, señala que no otra cosa se proponían los autores como Eliano o Herodoto al narrar anécdotas. El lector de esas narraciones buscaba la satisfacción de su curiosidad intelectual, el

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Ibid. 306. No hay un criterio unificador en la denominación de las narraciones hiperbreves. Ver Dolores Koch, 1996, 14-17. 15 A. Bioy Casares – J.L. Borges, 1957. 16 E. Valadés, 1984. 17 Pilar Tejero, 2002.

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contemporáneo pretende saciar una sed análoga: el chispazo de inteligencia, de mínima erudición. Más allá de estas especulaciones, nos remitiremos al texto con el cual se vinculan las minificciones de la antología. ¿Existe en el Quijote alguna alusión a algo análogo al tipo de texto que nos ocupa? No podemos responder afirmativamente, pero nos parece posible extraer de sus páginas un concepto sobre la narración hiperbreve. El primer fragmento corresponde al Capítulo IL de la Segunda parte; Sancho comenta:
"Por cierto, señores, que ésta ha sido una gran rapacería, y para contar esta necedad y atrevimiento no eran menester tantas largas ni tantas lágrimas y suspiros; que con decir: "Somos fulano y fulana, que nos salimos a espaciar de casa de nuestros padres con esta invención, sólo por curiosidad, sin otro designio alguno", se acababa el cuento, y no gemidos, y lloramicos, y darle."18

El escudero elogia la concisión frente al ornamento. Es cierto que en el género que nos ocupa hay bastante de concisión, pero el rasgo fundamental es la elipsis. Una minificción es tal no tanto por lo que dice como por lo que sugiere. Sancho afirma que los sucesos deben narrarse en la medida justa. De esta afirmación, sumada a la escasez de relatos mínimos que se puedan recortar, podemos inferir que en el mundo del Quijote, la narración hiperbreve puede tener el único mérito de narrar con justeza y sin exceso sucesos breves. El segundo fragmento es, creemos, la única micronarración que podríamos convertir en texto independiente19. Corresponde al Capítulo LXVI de la segunda parte y es un diálogo entre un labrador, Don Quijote y Sancho:
- Es pues, el caso -dijo el labrador-, señor bueno, que un vecino deste lugar, tan gordo, que pesa once arrobas, que un vecino desafió a correr a otro su vecino, que
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Miguel de Cervantes, 1985, 896. Las tres análogas son más extensas –exceden la página- y están encadenadas entre sí: son las resoluciones de Sancho Gobernador: el episodio del paño, el del báculo y el de la mujer burlada.

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no pesa más que cinco. Fue la condición que habían de correr una carrera de cien pasos con pesos iguales; y habiéndole preguntado al desafiador cómo se había de igualar el peso dijo que el desafiado, que pesa cinco arrobas, se pusiese seis de hierro a cuestas, y así se igualarían las once arrobas del flaco con las once del gordo. - Eso no -dijo a esta sazón Sancho, antes que don Quijote respondiese-. Y a mí, que ha pocos días que salí de ser gobernador, y juez, como todo el mundo sabe, toca averiguar estas dudas y dar parecer en todo pleito. - Responde en buena hora -dijo don Quijote-, Sancho amigo; que yo no estoy para dar migas a un gato, según traigo alborotado y trastornado el juicio. Con esta licencia, dijo Sancho a los labradores, que muchos alrededor dél, la boca abierta, esperando la sentencia de la suya: - Hermanos, lo que el gordo pide no lleva camino ni tiene sombra de justicia alguna; porque si es verdad lo que se dice, que el desafiado puede escoger las armas, no es bien que éste las escoja tales que impidan ni estorben el salir vencedor; y así, es mi parecer que el gordo desafiador se escamonde, molde, entresaque, pula y atilde, y saque seis arrobas de sus carnes, de aquí o de allí de su cuerpo, como mejor le pareciere y estuviere, y de esta manera, quedando en cinco arrobas de peso, se igualará y ajustará con las cinco de su contrario, y así podrán correr igualmente."20

Se trata de una anécdota que Cervantes extrae de "Floresta General", de Melchor de Santa Cruz. No es un dato menor recordar que este texto se incluye en los capítulos finales de la segunda parte, cuando la novela se encamina hacia el final, cuando los personajes dejaron a los duques y cuando, en el proceso de escritura, el autor se topó con el falso Quijote. Es decir, es un texto raro en el contexto de la novela, sin el peso de los episodios incluidos en la primera parte ni la perfecta amalgama de los de la segunda parte. Parece ser casi un descuido cervantino, una de las páginas que no llegó a revisar presionado por la publicación del Quijote de Avellaneda.

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Miguel de Cervantes, 1985.

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Las otras brevedades del Quijote no son minificciones: poemas breves, versos extraídos, y, por supuesto, refranes. En el uso de estos está quizás otra de las claves de la concepción cervantina de la brevedad. Don Quijote le reprocha reiteradamente a Sancho el hecho de que introduzca en su discurso innumerables refranes que no vienen al caso. Pero Sancho nunca deja de hacerlo, es decir, de usarlos no como tales sino como materia discursiva. El propio Don Quijote cae en la trampa:
No más refranes, Sancho -dijo Don Quijote-, pues cualquiera de los que has dicho basta para dar a entender tu pensamiento; y muchas veces te he aconsejado que no seas tan pródigo de refranes y que te vayas a la mano en decirlos; pero paréceme que es predicar en desierto, y "castígame mi madre, y yo trómpogelas"21

Se podría decir de los refranes lo mismo que de las novelas de caballerías: que el Quijote es una parodia del refranero. En conclusión, parodiando o simplemente incluyéndolos, Cervantes se vale de los géneros que tiene a mano en la construcción del Quijote. Lejos está de incorporar la minificción o los que podrían ser sus equivalentes o antecedentes históricos como la anécdota o el caso. La negación nos informa sobre el estado del género en aquel contexto.

Un clásico
"Clásico no es un libro (lo repito) que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad"22.

Antes de comentar las minificciones quijotescas es necesario reflexionar sobre el concepto de texto clásico en el contexto de su producción. Es evidente que, al menos en Occidente, en los últimos siglos el Quijote es un clásico. Ahora bien,

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Miguel de Cervantes, 1985, 1028. J. L. Borges, 1989, 151.

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como bien observa Borges, el calificativo de clásico no corresponde a características universales de un texto. En otros términos: El Quijote es un clásico tanto para Azorín como para Marco Denevi, pero lo es de muy distinta manera. Para el primero se trata del derrotero de un héroe romántico. Para Denevi será uno de los lados posibles del poliedro que tiene cada producto de la escritura. En los textos que hemos reunido en nuestra breve antología, el Quijote al que aluden bien podría ser el de Pierre Menard. Más que las andanzas y la psicología del personaje, el siglo XX coloca a la obra como un clásico por los juegos metatextuales, por la dupla Cervantes-Cide Hamete Benengeli, por la literatura dentro de la literatura, por la incursión del Bachiller Sansón Carrasco, por las cabezas cortadas de los títeres de Ginés de Pasamonte. Nuestra búsqueda de minificciones quijotescas no halló textos previos al de Kafka. Quizás ese nombre en primer lugar sea sólo el fruto de nuestras limitaciones detectivescas, pero si detrás de esas ausencias no hubiese error sino silencio, podríamos considerar todo un signo el hecho de que el autor que según dicen muchos inaugura la literatura contemporánea sea el que inicia también las minificciones quijotescas. Este tipo especial de microtexto dialoga con los clásicos de una manera singular: los refuta y los confirma, los invierte y los resignifica.

La minificción y el Quijote Dolores Koch23 señala que una de las características de la minificción es su

carácter metaliterario. Breve, ajustada, la minificción se dispara hacia la literatura preexistente. Es un tipo de obra elíptica, en el que la sugerencia es esencial. Y en el ámbito de referencias al que alude, la literatura ocupa un lugar preponderante. Los textos de ficción mínima suelen ser intertextos. Hacen guiños y giros, y sugieren reinterpretaciones. Es por eso que el Quijote, tal y como es considerado

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clásico en el siglo XX, ofrece elementos tentadores para el minificcionista: el propio Cervantes juega con la literatura dentro de la literatura, introduce el truco del lector que interviene en la narración (Sansón Carrasco, los Duques), la narración se ríe de sí misma (Sancho y la explicación de cómo le robaron el rucio), elabora un juego de espejos en el que los episodios anteriores se proyectan en los nuevos. Dijimos antes que el Quijote no incluye minificciones, pero tiene elementos que a la minificción le fascinan. Y además, hay otro aspecto fundamental para que el Quijote sea presa de la minificción. Es un Bronce de la literatura. Es "La" novela de la literatura universal. Y obra de largo aliento, dos tomos, más de mil páginas. La minificción, émula de Don Quijote en su temeridad, en su deseo de topársela con gigantes, va hacia ellos como Don Quijote hacia los molinos. Las obras consagradas, colocadas en el Panteón de la Literatura, constituyen un manjar tentador. Esta doble condición, entonces, hace que, en el libro metaliterario de Denevi, el Quijote sea la obra literaria más falsificada. Don Quijote, Sancho y Dulcinea son los personajes obligados de las minificciones quijotescas, y, por el juego con la intertextualidad, el cuarto personaje es el propio Cervantes.

Los juegos La prehistoria Uno de los juegos que presentan las minificciones de nuestra antología es el de crear una prehistoria que modifica radicalmente la aventura. Es lo que hace Kafka colocando a Sancho en el lugar de primer imaginador. Don Quijote sería producto de esa maquinación y Sancho el falseador. Desde esta perspectiva, por ejemplo, todo el episodio del gobierno de la ínsula se convertiría en un caso de burlador burlado, pues el duque, la duquesa y todo su séquito serían las víctimas de la burla de Sancho. El texto Dulcinea del Toboso de Denevi también juega con la
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Dolores Koch, 1981, 124.

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prehistoria. La locura original es la de Aldonza que crea a Dulcinea. Don Quijote actúa como el cura y el barbero, y como Sansón Carrasco: entrando en el código de su locura. La autoridad Max Aub editó en México un libro singular y disparatado, un hito en la breve historia de la minificción: Crímenes perfectos. Los textos mínimos rebosan de humor negro, y son, en su mayoría, justificaciones de asesinatos gratuitos. Aub cita el Quijote como autoridad que eleva el carácter del homicidio. El ensayo Obra polifacética, el Quijote propicia el trabajo crítico. Borges, maestro en el arte de urdir ficciones ensayísticas y ensayos ficcionales, aporta especulaciones que instan a propiciar nuevas lecturas desde otra perspectiva, como la de pensar a Don Quijote como un Rey oriental. También señala la paradoja de que en las relecturas que suceden en el tiempo, lo prosaico se torna mítico. El libro es recreado en la lectura, siempre es otro libro. El Quijote es una muestra más de la famosa sentencia de Heráclito. La corrección imposible Arreola e Imbert proponen recomponer el texto de Cervantes. El primero crea una Dulcinea que es una especie de doble imperfecto. Desde esa ambigüedad da una vuelta de tuerca al tema de la realidad y la ficción. El final refleja la imposibilidad del reconocimiento de lo real por parte del personaje, y los acontecimientos como una fatalidad. Imbert devuelve al Quijote a su relación con Montesinos, aunque ahora tiene la posibilidad de ver los verdaderos prodigios. Sin embargo, también fatalmente, Don Quijote no puede dejar de ser un fabulador y vuelve a soñar.

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El autor y la obra Denevi le recrimina a Cervantes el abandono del "mozo de campo y plaza", postulándose como agudo y exigente lector. José de la Colina lo torna personaje fantástico multiplicador de la obra. Lecturas moralizantes En Realismo femenino, Denevi recuerda la actitud de Teresa Panza, poniendo en su boca algo que no dijo pero que no contradice los acontecimientos de la novela, y subraya la debilidad humana. En Los ardides de la impotencia plantea la fabricación de un personaje imaginario como escudo contra la impotencia. En La mujer ideal no existe, pone en primer plano la envidia. La realidad y la ficción Denevi modifica el paisaje del Toboso a propósito de los rumores de la existencia de don Quijote en la minificción Epidemia. ¿Es el mismo procedimiento de Cervantes con sus lectores que intervienen? En alguna medida sí. En la segunda parte del Quijote la modificación que ejerció la lectura hace que surjan nuevas aventuras. En el microtexto de Denevi, el Toboso se modifica y no admite nuevas incursiones de la ficción.

Conclusión Sin tener una relación explícita con las narraciones hiperbreves, el Quijote se vincula, a partir de la explosión de la minificción en el siglo XX, de manera singular. Los elementos metaliterarios que llevan de la minificción a la novela son los que están en el texto cervantino especialmente en la segunda parte: los lectores que intervienen, las explicaciones sobre sucesos de la primera, las referencias al texto de Avellaneda. En tanto lectores atentos y activos, los autores de minificciones juegan con las herramientas de Cervantes, creando textos que

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dialogan con el Quijote y constituyen un modo de escritura y manifiestan una de las maneras de ejercer la lectura. Epílogo Nos permitimos aportar una minificción quijotesca para cerrar el presente trabajo; que si no nutritivo, espera haber sido lúdico.
LA TRABAJOSA PERDURABILIDAD DEL QUIJOTE Muerto Quijano, El Caballero de la Blanca Luna sale a la caza de Avellaneda y otros burladores, acompañado del fiel Sancho. Vencidos los impostores, dejan la quema de las imitaciones y blasfemias en manos del cura y el barbero. Entretanto, los Duques y Fernando invierten en loas, panegíricos, traducciones y reimpresiones. Montesinos crea en los lectores la ilusión del texto barroco. El canónigo lo torna legible entre los neoclásicos. Dulcinea lo vuelve romántico, y el cautivo, modernista. Cide Hamete Benengeli lo distribuye secretamente entre los vanguardistas. Ginés de Pasamonte lo representa como obra surrealista o neo realista. Altisidora dicta conferencias bajo el título "El Quijote, pastiche postmoderno". La sobrina, Teresa Panza, Cardenio y los demás, esperan su turno. Madrid, junio de 2003.

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Minificciones quijotescas Ramón Fabián Vique

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