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Horizonte Historico de La Quimica

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QUIMICA

HORIZONTE HISTORICO DE LA QUIMICA
PRIMER ENSAYO

NOMBRE DEL ALUMNO: FRANCISCO MOCTEZUMA SANDOVAL

PREFESOR: ING. JULIO ALMENDAREZ GOMEZ

GRUPO: 1 A

ESCUELA: UNIVERSIDAD TANGAMANGA

HORIZONTE HISTORICO DE LA QUIMICA
INTRODUCCION
En la actualidad, un gran interés despierta el conocimiento y la comprensión del proceso socio histórico que ha conducido al desarrollo de la ciencia. Las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la sociedad se ha convertido en un amplio campo de estudio. Paradójicamente, en medio de los avances que supone vivir los tiempos de "la sociedad de la información", una gran confusión se advierte cuando se pretende juzgar la responsabilidad de la ciencia en los peligros y desafíos que caracterizan nuestra época histórica y se vinculan los grandes descubrimientos científicos casi exclusivamente con el genio de determinadas personalidades. En esta presentación pretendemos aproximarnos, desde la perspectiva sociológica del enfoque histórico - cultural, al complejo panorama del desarrollo de una ciencia que ha tenido un impacto notable en los progresos de diversas ramas del quehacer humano, la Química. Linus Pauling (1901-1994), laureado dos veces con el Premio Nobel, ha propuesto la siguiente definición: "La Química es la ciencia que estudia las sustancias, su estructura, sus propiedades y las reacciones que las transforman en otras sustancias". El complejo problema de la clasificación de la ciencia ha sido pragmáticamente resuelto con la frecuente afirmación aparecida en los textos: "...tradicionalmente la Química se ha subdividido en varias ramas que facilitan su estudio". De tal modo se olvida que no está precisamente en manos de la tradición lo que constituye reflejo de la lógica interna de la ciencia y del de cursar histórico de su proceso de construcción. En primer lugar, las particularidades estructurales de las sustancias químicas exigieron su estudio en dos grandes campos: el mundo de las sustancias inorgánicas relacionado originalmente con los minerales y que engloba todas las combinaciones posibles en las que no interviene el carbono, y el mundo orgánico asociado a las sustancias que se presentan en los tejidos vivos y que incluye, por la singularidad estructural del carbono, a los hidrocarburos y sus derivados. Para ver el grafico seleccione la opción "Descargar" del menú superior Linus Pauling mereció el Premio Nobel en dos oportunidades, el primero en 1954 por sus aportaciones en el campo de la Química y en 1962 por su relevante labor a favor de la paz. Los países del "sur" han tenido que afrontar también la "fuga de cerebros" que constituye un obstáculo más en su desarrollo. La determinación de la composición y estructura de las sustancias se erige en problema gnoseológico que configura los contenidos de la Química Analítica, sea en su expresión cualitativa o cuantitativa; mientras el campo de acción delimitado por las rutas que conducen a la producción de las sustancias, define la Síntesis Química. La combinación de las herramientas del análisis y la síntesis cobró fuerzas en la última década del siglo XIX y ya en el siglo XX quedó demostrado el infinito poder de este sector del conocimiento cuando ante las demandas de la época se edificaron estructuras que superan por sus propiedades a aquellas que se han producido por los procesos naturales. Numerosos autores han resaltado la posición central que ocupa la Química en el desarrollo del conocimiento científico y cómo en el marco de su proceso de construcción surge paralelamente una integración dialéctica con otras ciencias naturales que da pie a la aparición de los ámbitos de la Física-Química, la Bioquímica, y más recientemente la Química Ambiental. La Física-Química se ocupa principalmente de las leyes y teorías que explican los cambios energéticos involucrados en las reacciones químicas, surgiendo tres áreas específicas: la Termodinámica Química, la Electroquímica y la Cinética Química. La Bioquímica dirige su objetivo a la explicación de los procesos vivos al nivel molecular. La Química Ambiental cuyos contornos se prefiguran aparece relacionada con la influencia de los agentes químicos, naturales o artificiales, en la biosfera. Surgen nuevas zonas periféricas en torno al polo de la Bioquímica que delinean nuevos ámbitos como la Biología Molecular y la Ingeniería Genética; y en la frontera con el otro polo de la Física-Química se desarrollan las Ciencias de los Materiales, los Procesos de Ingeniería y la Electrónica. El dominio de las transformaciones de las sustancias químicas ha producido un notable impacto sobre cinco áreas vitales para la sociedad contemporánea: energía, producción de alimentos, salud, transporte y comunicaciones. También es cierto que en un mundo irracionalmente establecido, los progresos en esta ciencia han servido para el desarrollo de las mortíferas armas químicas, y han contribuido al despliegue de los problemas de contaminación ambientales, uno de los mayores desafíos que enfrenta la humanidad.

Una batalla en el campo de las ideas reclama esta época, en ella la educación (y la lectura que se haga de la historia), jugará un rol tal vez decisivo para salvaguardar los logros de la humanidad. La Química podrá ser usada para el bien o para el mal. F. Leloir, premio Nobel de Química (1970), es un ejemplo de científico comprometido con su origen. Rechazó numerosas ofertas de ricas instituciones, que suponían ventajas materiales de todo tipo, para seguir investigando en su país, Argentina. Fritz Haber, Premio Nobel en 1919 por la síntesis del amoníaco, contribuyó como director del Instituto Kaiser Wilhelm, durante la primera Guerra Mundial, al desarrollo de armas químicas. En vísperas de la primera utilización del gas contra las tropas aliadas en 1915, su esposa atormentada por la horrorosa contribución de su marido a la guerra se suicidó. Irónicamente, con el arribo de los nazis al poder, por el origen judío de Haber, fue desplazado de la universidad y se refugió en Inglaterra. Murió poco tiempo después, en la miseria. Para ver el grafico seleccione la opción "Descargar" del menú superior

TRANSFORMACIONES ORIGINARIAS Y PRIMEROS APRENDIZAJES
La Tierra hace 4 600 millones de años necesariamente tuvo que ser un gigantesco reactor químico. Los primeros océanos albergaron bacterias y algas que durante millones de años aportaron de oxígeno a los mares y a la atmósfera primitiva posibilitando la aparición y desarrollo, unos 570 millones de años atrás, de formas marinas de vida que obtuvieran energía mediante la respiración. Más de 170 millones de años debieron pasar aún para que se formara una capa de ozono estratosférica que absorbiera la radiación ultravioleta dura de los rayos solares. Gracias a esta capa protectora y al establecimiento en el planeta de condiciones climáticas favorables aparecieron en tierra firme las primeras arañas y ácaros y luego, unas decenas de años más tarde los anfibios invadirían la tierra. Recientemente para la escala de los tiempos geológicos, hace un par de millones de años se inaugura la era del género homo que en su evolución da lugar, unos miles de años atrás, a la especie humana (homo sapiens). Durante estos dos millones de años, los antecesores directos del hombre moderno, en un proceso repleto de obstáculos, debieron transformar como primer material la piedra, de manera que le sirviera como herramientas y utensilios. La selección de la piedra para estos fines tuvo que basarse en la comparación de las propiedades de los materiales disponibles: madera, hueso, pieles. Pero no sólo la piedra debió ser trabajada, si bien la naturaleza pétrea del utillaje lítico permite que llegue a nuestros días, en yacimientos fechados entre 2 y 1,5 millones de años se han encontrado también huesos de animales con marcas grabadas, y varias investigaciones sugieren que muchos de las herramientas de piedra fueron precisamente empleadas para trabajar materiales orgánicos como la madera. Paralelamente con la práctica impulsada por la necesidad de transformar ventajosamente las formas de los materiales, estos antepasados del hombre debieron reparar en las numerosas transformaciones que alteran la naturaleza de los materiales en su entorno: los volcanes producen lava y gases que afectan lo vivo y transforman el panorama natural, los rayos desatan incendios forestales, la carne cazada y los cadáveres se descomponen, los jugos de frutas se agrian o eventualmente se convierten en bebidas extrañamente estimulantes. Con la conquista del fuego, su conservación y posterior producción, asistimos tal vez a la primera transformación química resultante de la actividad humana. La producción del fuego implicaba siempre la transformación de un material vegetal seco en cenizas y la liberación de humos. Existen las evidencias de que el fuego fue empleado por el hombre de Pekín (un Homo Erectus) hace 1,5 millones de años. El fuego representó fuente de calor y luz, y medio de protección frente a los depredadores. Su utilización posterior para cocer los alimentos les produjo importantes transformaciones anatómicas – fisiológicas que aumentaran la capacidad del cerebro y contribuyeran al desarrollo de los órganos del lenguaje. Así, a través de una práctica condicionada por la amalgama de casualidad y necesidad, el hombre primitivo aprendió que al calentar con ayuda del fuego ciertos materiales estos se transformaban en otros que exhibían nuevas y atractivas propiedades. Mucho tiempo después, hace unos 40 000 años, en tiempo que se clasifica como el paleolítico superior, el fuego se utiliza para calentar la piedra a fin de facilitar su trabajo, y para alterar el color de los pigmentos naturales que eran luego utilizados para pintar las paredes de las cuevas. Se inicia así un matrimonio de las transformaciones químicas con el arte que llega hasta nuestros días. Pero las obras del arte rupestre demuestran dos cosas más:

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La búsqueda de los ocres minerales, el óxido de hierro (III) y los óxidos del manganeso constituyó la primera actividad minera. La penetración en lo profundo de las cavernas y el trabajo en su interior exigen de una iluminación artificial. Unos cuantos candiles de piedra encontrados, en cuyo interior ardieron grasas animales así lo atestiguan.

Con seguridad, el uso y mantenimiento del fuego significó un catalizador importante en el fin del nomadismo y en el desarrollo de los primeros asentamientos humanos estables. No es extraño que la adoración del fuego sea un denominador común de mitologías aparecidas en diferentes culturas y distantes escenarios geográficos. La combustión, esa bendita reacción que a la vez mantiene vivo el infierno, fue pues fuente de progreso y de conocimiento para el hombre desde los primeros tiempos. En la próxima sección veremos como el fuego propició el dominio de extraordinarios avances. La capa de ozono estratosférica funciona como un filtro natural de las radiaciones solares dañinas y casi 400 millones de años después de su formación la actividad irracional del hombre en el planeta ha puesto su existencia en peligro. Para ver el grafico seleccione la opción "Descargar" del menú superior La era de la piedra abarca la mayor parte de la existencia humana. Y aún hoy de numerosas rocas el hombre fabrica importantes materiales Para ver el grafico seleccione la opción "Descargar" del menú superior El hombre al conquistar el fuego gobernó la primera transformación química y toda su vida posterior resultó transformada. Para ver el grafico seleccione la opción "Descargar" del menú superior La alteración de los colores de los ocres minerales fue condición necesaria para el desarrollo del arte parietal del hombre de las cavernas.

AVANCES EN EL MUNDO ANTIGUO
La inauguración hace unos diez mil años de la cultura de la cerámica, supuso el dominio de la arcilla, mineral complejo formado por un silicato de aluminio que posee una cierta naturaleza plástica y al secar o ser sometido a calentamiento endurece. Al aprender el hombre a trabajar el barro, se inicia la producción de ladrillos y el desarrollo del arte alfarero, que coincide en ciertas civilizaciones con el desarrollo de la agricultura y la edificación de los primeros asentamientos humanos. La ciudad antigua de Jericó, una de las primeras comunidades agrícolas, muestra, en su segundo nivel de ocupación que data del milenio VIII a.C., un gran número de casas redondas de ladrillo de adobe. Las técnicas involucradas en el reconocimiento de los minerales, el proceso de reducción a metales y su fundición, la forja y el templado de los metales han tenido tal repercusión en el progreso social que los historiadores han periodizado etapas de desarrollo como Edad del Cobre, del Bronce y del Hierro. El dominio de los metales se inicia por el cobre, elemento 25 en abundancia relativa en la corteza terrestre, pero que puede encontrarse en esta donativo y se reduce de sus óxidos con relativa facilidad. Precisamente la génesis de la metalurgia se presenta cuando los hombres aprendieron que un calentamiento enérgico de una mena azulada con fuego de leña, producía un nuevo material rojizo, resistente y que poseía una propiedad no exhibida por la piedra, su carácter maleable. Este material permitía la fabricación de instrumentos más efectivos y duraderos. Asistimos al inicio de la Edad del Cobre en dos regiones tan distantes como el Medio Oriente y la actual Serbia, unos 4 000 años a.C. Uruk (la Erech bíblica) una de las primeras ciudades mesopotámicas levantadas en el milenio III a. C., presenta templos de adobe decorados con fina metalurgia y una ornamentación de ladrillos vidriados. Sorprende que descubrimientos arqueológicos demuestren la entrada en escena de un nuevo material más duro que el cobre, unos 500 años antes del inicio de la Edad del Cobre. En el sudeste asiático, en la tierra de los Thai, debieron practicar la reducción de una mezcla de minerales que diera origen a la primera aleación trabajada por el hombre: el bronce. El bronce, una aleación constituida por cobre y estaño (y en menor proporción otros metales), es más duro y resistente que cualquier otra aleación común, excepto el acero, y presenta un punto de fusión relativamente bajo. El desarrollo desigual que experimentaron las civilizaciones antiguas, erigidas en distintos escenarios naturales, hace que el dominio de un material y el arte o técnica de elaboración de objetos con él aparezca en fechas bien distintas. Un milenio más tarde, según lo demuestran hallazgos en la tumba del faraón Itetis, los egipcios fabricaban el bronce. Existen los testimonios sobre la existencia de instrumentos de un nuevo material ya por el año 1 500 a. C. Los hititas, pueblo que se instala en el AsiaMenor durante siglos, debieron vencer las dificultades prácticas que supone aislar el hierro de sus óxidos minerales. Se necesita ahora el fuego del carbón vegetal y una buena ventilación. Estos obstáculos debieron ser superados porque el dominio del hierro suponía herramientas y armas más fuertes y duraderas y además porque el hierro aventajaba al cobre en algo muy importante: los yacimientos de sus minerales eran más abundantes.

De cualquier forma, la tecnología del hierro no se implanta en Europa hasta el siglo VII a.C., en China se inicia un siglo después, y en el África subsahariana hacia el 500 - 400 a. C. El avance de la civilización no sólo exigió trabajar la piedra, la arcilla y los metales. Otros desarrollos fueron indispensables para el alcance de un bienestar deseado por las clases dominantes de una colectividad que ya había conocido la división social del trabajo. Paradójicamente, ciertos ritos y creencias sobrenaturales, reflejos de diversas enajenaciones terrenales, impulsaron el desarrollo del conocimiento en áreas como la elaboración de medicinas, perfumes y cosméticos, tintes y colorantes. Durante la civilización babilónica (siglo XVIII - VI a.C.), que tuvo como herencia el desarrollo técnico alcanzado por los sumerios, se lograron avances en los procesos de blanqueo y tinte, y en la preparación de pinturas, pigmentos, cosméticos y perfumes. Una tablilla sumeria escrita algunos siglos antes del reinado de Amuraba, siglo XVIII a.C. revela el desarrollo de la farmacopea. Los egipcios no sólo conocieron y trabajaron los metales más importantes de la época: el oro, la plata, el cobre, el hierro, el plomo y otros, sino que aprendieron a preparar pigmentos naturales, jugos e infusiones vegetales. Aunque el término perfume tiene su origen en el latín "per fumo" (por el humo) se reconoce que los egipcios saturaban la atmósfera de tumbas y templos sagrados con fragancias agradables procedentes de preparados perfumados. También se sabe que tanto sus hombres como mujeres se aplicaban ciertos aceites aromatizados sobre la cara para aminorar el efecto deshidratante del clima cálido y seco que debían soportar; y que gustaban decorarse los párpados con un pigmento verde y otro oscuro preparado con antimonio y hollín. En otra dirección, los egipcios desarrollaron métodos de conservación de cadáveres cuyos resultados sorprendieron milenios después al mundo occidental. Para ello debieron estudiar las sustancias con propiedades balsamáticas, los antisépticos y algunos elementos de la farmacopea como el conocido empleo que le dieron al ácido tánico en el tratamiento de las quemaduras. Este cúmulo de conocimientos que se fue acopiando y transmitiendo sobre las propiedades y las transformaciones de las sustancias químicas constituyó el núcleo de lo que llamaron la khemeia egipcia. Estos conocimientos técnicos por lo visto eran recibidos y transmitidos por artesanos y técnicos mediante la tradición, pero ignoramos las reflexiones que acompañaban a sus prácticas de instrucción. Esto significa que si entendemos la ciencia no sólo como el saber hacer (arte y técnica), sino además como el conocer y poder explicar las razones por las cuales se hace así y no de otra manera, debemos admitir que ella comienza cuando ya la técnica en la cual se apoya y a la cual soporta, hace mucho tiempo ha sido establecida. El momento histórico en que puede considerarse se inicia la evolución de un pensamiento teórico precientifíco data del siglo VI a.C. y tiene como escenario la sociedad esclavista de la Grecia Antigua. La definición de este momento se avala por ser entonces cuando se inicia una reflexión teórica, metódica y productiva sobre la naturaleza. De esto trataremos en la sección que sigue... Imhotep constructor de la primera pirámide egipcia, unos 2700 años a.C., se considera también pionero en la medicina y precursor de la khemeia egipcia. Para ver el grafico seleccione la opción "Descargar" del menú superior La máscara de Agamenón, perteneciente a la civilización egea, representa una joya de la cultura del bronce, 1500 años a.C. Entre el desarrollo del conocimiento químico y el de las artes plásticas ha existido un feliz matrimonio desde tiempos inmemoriales. Para ver el grafico seleccione la opción "Descargar" del menú superior La cerámica vidriada comenzó a fabricarse 1500 años a.C. La puerta de Istar en Babilonia (575 a.C.) está construida por ladrillos vidriados. Para ver el grafico seleccione la opción "Descargar" del menú superior La khemeia egipcia llegó a acopiar conocimientos prácticos relevantes sobre las propiedades y transformaciones de las sustancias no sólo del mundo inorgánico sino también de los compuestos naturales orgánicos.

LOS CONOCIMIENTOS PREQUÍMICOS DE GRECIA A ROMA
Los filósofos griegos ofrecieron las primeras hipótesis sobre la diversidad del mundo material a partir del reconocimiento de una o varias sustancias fundamentales y sus transformaciones. A la concepción materialista del mundo, nueva por principio, se opondría, casi desde su inicio la visión idealista que se hacia heredera de elementos de la tradición religiosa. En Mileto (Asia Menor), comienza la filosofía. La gente rica optaba por relegar el trabajo físico a esclavos o asalariados, quedándoles tiempo libre para pensar. En este contexto, Tales (625 – 546 AC) elabora la tesis de que la diversidad de las cosas encuentran la unidad en un elemento primario. En términos de interrogante su indagación puede resumirse de la siguiente forma: ¿Puede cualquier sustancia transformarse en otra de tal manera que todas las sustancias no serían sino diferentes aspectos de una materia básica?

La respuesta de Tales a esta cuestión es afirmativa, e implica la introducción de un orden en el universo y una simplicidad básica. Quedaba por decidir cuál era esa materia básica o "elemento". Tales propuso que este elemento primigenio era el agua. El postulado de Tales no parece original si recordamos que en la épica de los babilonios y en los salmos hebreos se refrenda la idea de que el mar era el principio: Marduk o Yahvé extendieron las tierras sobre las aguas. Sin embargo, allí donde babilónicos y judíos apelan a la intervención de un creador, el filósofo griego no reclama la intervención de una entidad sobrenatural. Al formular una explicación racional de la multiplicidad de las cosas, sobre la base de la unicidad material del mundo Tales abrió una nueva perspectiva que fuera seguida por otros filósofos que le sucedieron Allí donde Tales creyó ver en el agua el origen de todas las cosas Anaximandro (611 – 547AC) apela a un ente conceptual de máxima generalización: el apeirón para definir lo indeterminado o infinito que puede asumir la forma de cualquiera de los elementos vitales para el hombre, sea el fuego, el aire, el agua, la tierra. Para Anaxímenes (570- 500 AC) el elemento básico era la Niebla. Las transformaciones de la niebla posibilita cambios cuantitativos que se traducen en lo cualitativo: si la niebla se rarifica da lugar al fuego; si por el contrario se condensa, dará lugar progresivamente a las nubes, el agua, la tierra y las rocas. En resumen, la llamada Escuela de Mileto no solo implica el trascendental paso de la descripción mitológica a la explicación racional del mundo sino que combina una aguda observación de los fenómenos naturales con una rica reflexión imaginativa. La orientación epistemológica de Heráclito de Efeso (540 – 475 AC) difiere de sus predecesores cuando adopta la posición de ver en el cambio la principal característica del Universo y, de acuerdo con esta visión, proponer al fuego como elemento primario, dinámico en los procesos de cambio. En el centro de su línea de pensamiento nos encontrarnos la dialéctica: la estabilidad de las cosas es temporal y refleja la armonía de los contrarios, el cambio eterno viene dado por la ruptura de esta armonía. Con Pitágoras (582 – 500 AC) y sus seguidores se aprecia una vuelta a la tradición religiosa. La Escuela de Pitágoras realiza valiosas contribuciones al desarrollo de la Geometría y la Astronomía, al tiempo que propone una imagen del universo presidida por concepciones matemáticas que se relacionan con una visión mística del ser. De entonces parte el debate acerca del método conducente al conocimiento verdadero. Mientras la ciencia jónica se asentaba sobre la observación de la naturaleza (y la razón que la explica), los pitagóricos desdeñan el papel de los sentidos en el conocimiento y declaran el imperio de la razón. Zenón de Elea (485 - ? AC) representa un momento de máximo esplendor en el desarrollo de la argumentación lógica planteada originalmente por Parménides (515 – 440 AC). Entre el pensamiento eleático y la escuela de los atomistas aparece una figura, Empédocles (493 – 433 AC), que expresa una tendencia a la recuperación en la confianza de los sentidos. Este filósofo acepta la idea de que la realidad es eterna y se compone de cuatro sustancias primarias: fuego, aire, tierra y agua. Leucipo (450 – 370 AC) y su discípulo Demócrito (460 – 370 AC) constituyen los más altos representantes de La Escuela Atomista. La hipótesis sobre la naturaleza atómica de la sustancia, y la noción que de ella se deriva acerca de la composición de las sustancias como mezclas de diferentes átomos que se diferencian entre sí por sus tamaños y formas, resulta una integración en la polémica entre la razón y los sentidos. Adviértase que los átomos son el resultado de una abstracción generalizadora que se convierte en concepto clave para explicar la diversidad observada en las propiedades de las sustancias. Con Platón (428 -347AC) se funda la Academia y la filosofía griega gira hacia la tradición pitagórica. Platón niega el uso de la observación y la experiencia sensible como método de investigación de la realidad. Su retórica se hace incomprensible al admitir que todo conocimiento es mero recuerdo (anamnesis). El más influyente de los filósofos griegos Aristóteles (384 – 322 AC) rompe con el universo ideal platónico y admite la cognoscibilidad del mundo sobre la base de la experiencia y de la razón. Maestro en la Academia y luego en el Liceo, cultiva en los discípulos no solo la observación, sino también la colección de materiales para apoyar el método inductivo que desarrollaban en sus investigaciones. Su obra incluye las siguientes áreas del saber: Lógica, Ética y Política, Física y Biología. La visión aristotélica sobre la tendencia en la naturaleza hacia la perfección tendrá más tarde una lectura que vendrá a justificar la búsqueda de la piedra filosofal en el movimiento alquimista. Sobre la base de este supuesto, parece razonable concebir que el oro, el metal más perfecto, puede ser obtenido por transmutación de otro si el artesano pone suficiente empeño e inteligencia en su labor de laboratorio. Se puede advertir que en la cultura de la Grecia antigua no se desarrollan ni siquiera las primeras tentativas de estudio experimental de las transformaciones químicas. El laboratorio de los sabios griegos era fundamentalmente la mente humana. No obstante, obtienen resultados sobresalientes en las Matemáticas y la Astronomía que exigieron mediciones y comprobaciones experimentales de las hipótesis formuladas. Con el debilitamiento del Imperio Griego y el florecimiento de lo que se llamó los "reinos helenísticos" surgió el gran desarrollo de Alejandría, ciudad fundada en Egipto por Alejandro Magno (356 – 323 AC). Bajo los reinados de Ptolomeo I (305 – 285 AC) y Ptolomeo II (285 – 246 AC) nació y se desarrolló el "Museo" (considerado como una relevante universidad), adjunto al cual se creó la más importante biblioteca de estos tiempos. Es en este momento que aparece un escenario histórico propicio para un contacto y posible fusión de la maestría egipcia en la experimentación (khemeia) con la teoría griega pero tal posibilidad no se convirtió en realidad. Al parecer

el vínculo estrecho del arte de la khemeia con la religiónactuó como muralla impenetrable para el necesario intercambio. Muchas vueltas daría la Historia para que se diera una integración fructífera de ambos conocimientos teóricos y prácticos. No obstante, aparece como un exponente de la khemeia griega, a inicios del siglo III a.C., un egipcio helenizado, Bolos de Mende. A su pluma se atribuye el primer libro, Physica et Mystica que aborda como objetivo los estudios experimentales para lograr la transmutación de un metal en otro, particularmente de plomo o hierro en oro. Semejante propósito, que alienta tentativas posteriores a lo largo de más de un milenio, encuentra fundamento en la doctrina aristotélica de que todo tiende a la perfección. Puesto que el oro se consideraba el metal perfecto era razonable suponer que otros metales menos ‘perfectos’ podrían ser convertidos en oro mediante la habilidad y diligencia de un artesano en un taller. Y este supuesto, junto al interés económico que concita, soporta el campo de acción principal de los antecesores de la química que se sucedieron en diferentes momentos y culturas hasta el siglo XVII. Con la desaparición del gran imperio consolidado por Alejandro, y el posterior sometimiento de los pueblos greco – parlantes al poder de los romanos (Grecia es convertida en provincia romana en el 146 AC), quedó seriamente comprometido el avance del saber científico. El aletargamiento de las ciencias en este período se ha relacionado con la falta de interés de la cultura romana por los saberes científicos – filosóficos. No obstante, se afirma que el emperador tiránico romano Calígula (del 37- 41) apoyó experimentos para producir oro a partir del oropimente, un sulfuro de arsénico. Se ha reportado también que Zósimo de Tebas (hacia el 250-300) estudió la acción disolvente del ácido sulfúrico sobre los metales. Este descubrimiento podría haber resultado la más sobresaliente aportación de los romanos pero fue ignorado por los que tiempos después continuaron el estudio de las transformaciones de las sustancias. Zósimo además apreció la liberación de un gas al calentar el óxido rojo de mercurio. Más de diez siglos pasaron para que esta misma reacción fuera estudiada e identificado el gas, el dioxígeno. Hacia el año 300 el emperador Diocleciano (283 – 305) ordenó quemar todos los trabajos egipcios relacionados con el arte de la khemeia. Su decisión respondía a dos factores: por una parte, temía que la khemeia permitiera fabricar oro barato y con ello hundir la tambaleante economía del Imperio y, por otra se hacía sospechoso el pensamiento pagano asociado a la práctica de la khemeia vinculada estrechamente con la religión del antiguo Egipto. Este mismo emperador trató de eliminar el cristianismo, pero fracasó; el emperador Teodosio I el Grande (en el período de 379 395) terminó por fundar un imperio cristiano. A pesar de esta prohibición se conoce que Hypatia (370? - 415) sobresaliente filósofa y matemática alejandrina, realizó estudios experimentales en el campo de la khemia y desarrolló, entre otros instrumentos, un equipo de destilación de agua, que debió ser uno de los primeros útiles del stock alquimista. Durante casi dos siglos, desde Nerón hasta Diocleciano, los cristianos debieron enfrentar una cruel persecución. Ahora, una de las primeras mujeres de ciencia resultaría mártir de la intolerancia religiosa practicada por los cristianos. Se inauguraba así toda una época de estancamiento en el mapa europeo. Más de 20 siglos antes que Dalton, Demócrito propuso la naturaleza atómica de las sustancias. Para ver el grafico seleccione la opción "Descargar" del menú superior La diversidad de las cosas venía dada por las diferencias en "los ladrillos indivisibles" que las constituían, he aquí su brillante abstracción.

MEDIOEVO Y ALQUIMIA
La inestabilidad política en el mundo romano condujo a que en el año 395 se produjera su división en una región occidental y otra oriental. Este proceso de desintegración se corona casi un siglo más tarde con la ascensión al poder de Odoacro (476), bárbaro romanizado, que disuelve el imperio occidental dando paso al imperio medieval de los Papas y Patriarcas cristianos. La influencia del cristianismo sobre el lento desarrollo del conocimiento científico en todo este período se explica atendiendo a los nuevos esquemas de pensamiento que esta religión portaba y a los intereses que defendía la nueva estructura del poder eclesiástico. Las principales preguntas y cuestionamientos que se hicieron los pensadores anteriores quedarían encadenadas por un dogma: sólo hay conocimiento en Dios y genuina vida en la fe. Se pretendió que el hombre cristiano se preocupara más por su alma eterna que por sus relaciones con los fenómenos naturales y la posible penetración en la esencia de los mismos mediante el estudio y el razonamiento. Agustín (354 – 430) es uno de los principales exponentes de esta corriente filosófica. Hasta el cierre definitivo de la Academia en el siglo VI por el emperador Justiniano la pálida producción del conocimiento filosófico de la época se asocia a la traducción de clásicos y al replanteamiento de las ideas contenidas en los sistemas de Platón y Aristóteles. Boecio (47? – 525) aborda un problema con el cual se cierra un estadio en el desarrollo del pensamiento occidental que se reabriría al debate con el renacimiento de la cultura: se trata de examinar el grado de realidad o significación atribuible a "los géneros y las especies", a los conceptos más generales. Tal cuestionamiento apunta hacia la prefiguración de dos corrientes epistemológicas: el realismo y el nominalismo.

De cualquier modo, paralela a la noche medieval europea, resplandeció la cultura árabe, y en el Oriente tuvieron lugar desarrollos notables. En el propio contexto europeo tuvieron lugar determinados avances y en la segunda etapa de este período, Europa occidental comenzó a recuperar el liderazgo científico. A la altura del siglo VII, los ejércitos árabes conquistaron extensos territorios del oeste de Asia y norte de África. La cultura árabe pudo nutrirse en Persia y Egipto con restos de la herencia cultural griega. Se afirma que obtuvieron de la secta de los nestorianos refugiados en Persia numerosas obras de los griegos, incluyendo bibliografía sobre la khemeia. En árabe la khemia adoptó el nombre de al-Kimia y así el desarrollo de la alquimia greco-egipcia estuvo en manos y mentes árabes durante cinco siglos. Sus contactos con el Asia, le impusieron de los avances en el conocimiento chino de diferentes ramas. En particular de los desarrollos que lograban con el propósito de obtener el oro para elaborar un elíxir de "larga vida". Vuelve a ser el oro fuente impulsora del conocimiento prequímico pero ahora en una otra dirección: la búsqueda de un elíxir de la eterna juventud. También los árabes conocieron del descubrimiento chino de los materiales pirotécnicos y la pólvora, razón por la cual llamaron a las luces de bengala "flechas chinas". Lo cierto es que de la asimilación multilateral que logran integrar los árabes, florece en Arabia a partir del 750 y hasta mediados del siglo XIII una Escuela de Farmacia. El primer trabajo de este período, universalmente reconocido como un resumen de los conocimientos alquímicos acopiados en la época, es la obra de Abu Musa Jabir al-Sufi, llamado Geber en Occidente (760 – 815). A través de él conocemos que los alquimistas árabes trabajaron fundamentalmente con los metales oro y mercurio, con los elementos no metálicos arsénico y azufre, y con los compuestos formados por sales y ácidos. Ellos concebían los metales y en general la diversidad de la sustancias como el resultado de la combinación de dos principios representados por el azufre (sólido, combustible y amarillo) y el mercurio (líquido, metálico, y volátil). Confiaban en la transmutación de las sustancias y aunque sus hipótesis de partida fueran falsas iban desarrollando procedimientos experimentales para el tratamiento de las sustancias y descubrían nuevos productos, entre los que cabe mencionar el cloruro de amonio y el carbonato de plomo así como la destilación del vinagre para obtener el ácido acético concentrado, el ácido más empleado a partir de entonces en las recetas y digestiones alquimistas. Abu Bakr Muhammed Ibn Zakariya Al-Rhazi (Rhazes, 850 – 925) escribió una verdadera enciclopedia médica. Es el primero que inicia las aplicaciones de las sustancias químicas en la medicina despojado de todo sentido místico al emplear el yeso, de acuerdo con sus propiedades, en la inmovilización de los huesos fracturados. Se le atribuye además el descubrimiento del antimonio metálico. Abu Ali Al-Hussaín Ibn Sena (Avicena, 979 – 1037), es considerado por muchos como el médico más importante en el período que media entre el Imperio y los orígenes de la ciencia moderna. En su famosa obra Kitab ash-Shifa (El libro de las Curaciones) proclama como el principal objetivo de la alquimia la preparación de sustancias para combatir las enfermedades y declara estéril el estudio de la transmutación de los metales en oro. Después de Avicena vendría el ocaso del mundo árabe, como resultado de las invasiones de turcos y mongoles. A finales del siglo VIII el emperador Carlo Magno (742 – 814), ordena la creación de escuelas destinadas a enseñar rudimentos de lectura, aritmética y gramática. Se abren escuelas anexas a las catedrales e iglesias de las poblaciones más importantes, gestándose para la época una verdadera revolución educativa. Sin embargo hasta bien entrado el siglo XI no existía una educación que pudiera salir de un nivel elemental. En el siglo XII comenzó un reencuentro con el saber antiguo. Se advierte una reactivación de los viajes y el florecimiento de relaciones comerciales estrechas entre el occidente y el oriente. La naturaleza de los contactos con el Oriente tiene otra expresión en las Cruzadas que se iniciaran con la proclama lanzada por el papa Urbano II en 1095 y en la reconquista que llevan a cabo los cristianos españoles de los territorios perdidos ante el Islam. Gerardo de Cremona (1114 – 87), instalado en Toledo durante buena parte de su vida, contribuyó con su obra a la traducción de más de noventa tratados árabes. Es en este marco histórico que se fundan las primeras universidades europeas con el propósito de servir de instrumento para la expansión de los nuevos conocimientos y transmitir la herencia cultural a las nuevas generaciones. En el trividium de teología, derecho y medicina que dominara el currículo universitario, la medicina se erigía como la disciplina que demandaba el desarrollo de estudios experimentales. Pronto, célebres Doctores serían los impulsores de la alquimia europea. Alberto Magno (1200 – 1280) es considerado el primer alquimista europeo. A sus trabajos se debe el descubrimiento del arsénico en forma casi pura y algunos le atribuyen, de forma compartida, los estudios sobre la mezcla explosiva de nitrato de potasio, carbón vegetal y azufre (pólvora). Se le reconoce a Alberto Magno, ser uno de los artífices de la doctrina de "la doble verdad". La solución al debate entre la razón y la fe debió pasar por el filtro ideológico que admitiera al hombre la posibilidad y capacidad de estudiar el escenario natural creado por Dios, abriendo un espacio a la "filosofía de la naturaleza". De cualquier manera, no cesaría la censura del poder eclesiástico que obstaculizó el desarrollo y en ocasiones condujo a sanciones de prisión y horrendos crímenes.

Roger Bacon (1212 - 1294), fue como Alberto sacerdote, y como a él se le atribuyó también resultados con mezclas explosivas del tipo de la pólvora. Poco después, apenas iniciado el siglo XIV otro monje, Berthold Schwarz, describió el método de utilizar la pólvora para impulsar un proyectil con lo cual se inicia su negra aplicación en la guerra. Pero Bacon no corrió igual suerte que su contemporáneo. En 1278 el que fuera más tarde Papa Nicolás IV prohibió la lectura de sus libros y ordenó su encarcelamiento que se extendió durante 10 años. Su obra mayor Opus Malus se editó y publicó en el siglo XVIII. El más importante de los alquimistas europeos que firmaba sus documentos como Geber (el famoso alquimista árabe que viviera dos siglos antes) fue el primero en describir, hacia el año 1300, la forma de preparar dos ácidos fuertes minerales: el ácido sulfúrico y el ácido nítrico. Poco tiempo después de Geber el estudio de la alquimia, por segunda vez en la historia, sería prohibido. En esta ocasión corresponde al Papa Juan XXII (Papa de 1316 al 1334) declararlo anatema. Sobrevendrían largos años de silencio o acaso de clandestinidad de la alquimia que de tal suerte no pudiera llegar hasta nosotros. Los tres procesos más importantes de los siglos XV y XVI fueron:

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El Renacimiento que representó un redescubrimiento del saber griego y alentó un espíritu de confrontación con las viejas ideas. El descubrimiento de nuevas rutas marítimas que lograron la expansión de un comercio creciente condicionado por el surgimiento de la economía capitalista, y la conquista de "un nuevo mundo". El desarrollo de los intereses nacionales que diera origen al nacimiento de los estados. Estos intereses económicos se reflejaron en el movimiento de las reformas religiosas (siglo XVI) que condujo a una flexibilización del control de la Iglesia sobre el proceso de construcción del conocimiento. Además, fueron acontecimientos importantes:

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La toma de Constantinopla por los turcos (1453) que significa la caída del último reducto de la herencia cultural grecorromana y el éxodo de los eruditos que trasladan consigo hacia Europa numerosas fuentes del antiguo saber griego. La inauguración de la primera imprenta práctica por Johan Gutenberg (1397 – 1468) con lo cual se alcanza una reproducción y difusión del conocimiento escrito no imaginado en épocas anteriores. En este telón de fondo social, corresponde al siglo XVI la consolidación como campo de acción de la alquimia la búsqueda de sustancias para fines medicinales. Los médicos continuaron siendo en esta época los aliados del desarrollo de la alquimia. Los más sobresalientes representantes de este nuevo movimiento europeo, que tiene sus antecedentes en la Farmacia árabe, fueron el alemán, G. Bauer (conocido como Georgius Agrícola, 1494 – 1555) y el suizo, T. Bombastus (Paracelso, 1493 – 1541) . Agrícola escribió un tratado, "De Re Metallica" que recoge los principales aportes de los alquimistas en el estudio de las transformaciones de los minerales y constituye un compendio de la alquimia aplicada en el campo de la mineralogía. Supo lidiar el trabajo investigativo con la política y al morir era alcalde de su ciudad, Chemnitz. Paracelso, funda una escuela que pretende estudiar los métodos de preparación de minerales con fines medicinales y niega la posibilidad de la transmutación de los metales. La piedra filosofal es re conceptualizada como el elíxir de la vida. Utilizó el azufre y el mercurio en la elaboración de preparados para combatir la sífilis y el bocio. Una aportación concreta de Paracelso al desarrollo de la alquimia viene dado por su descubrimiento del zinc metálico. Andreas Libavius (1540? – 1616) cierra el siglo XVI con la publicación de su libro "Alchemia" que resume los logros de la alquimia medieval en un lenguaje claro y limpio de todo misticismo. Fue el primero en describir la forma de preparar el tercer ácido fuerte mineral, el ácido clorhídrico y la mezcla que atacaría al oro y recibiría el nombre de agua regia. Libavius compartía el criterio de Paracelso sobre la función principal de la alquimia, pero reconocía la posibilidad de la transmutación de los metales. Mientras la alquimia agoniza para dar paso a una ciencia experimental, la física había profundizado en la modelación del movimiento mecánico de los cuerpos y se preparaba el camino para cristalizar la obra de Newton en el siglo XVII "Philosophiae Naturalis Principia Mathematica". Toda la Ciencia posterior iba a recibir su impacto... Aristóteles, el más influyente de los filósofos griegos, legó una doctrina que sirvió de aliento durante siglos al movimiento alquimista. La tendencia a la perfección debería permitir que, en el laboratorio de los alquimistas, los metales comunes se transformaran en el metal que simboliza la perfección: el oro. Para ver el grafico seleccione la opción "Descargar" del menú superior La creación de una escuela en torno a la cual se agrupara una comunidad de "sabios" con sus discípulos para alimentar el debate y propiciar la transmisión y enriquecimiento de los conocimientos, nació en Atenas con instituciones como la Academia que sobrevive durante siglos hasta la primera etapa del Medioevo, cuando el emperador Justiniano ordena en el siglo VI su definitivo cierre. Hypatia, filósofa de Alejandría en el período de decadencia del Imperio romano, fue víctima de un horrible crimen de extremistas cristianos un siglo después que los paganos asesinaran a Catalina, una erudita alejandrina cristiana. La

intolerancia religiosa de uno y otro bando ha perseguido el camino del hombre y cobrado víctimas sin reconocer privilegio de género.

TEORIAS ATOMICAS
La teoría atómica de Dalton.
John Dalton (1766-1844). Químico y físico británico. Creó una importante teoría atómica de la materia. En 1803 formuló la ley que lleva su nombre y que resume las leyes cuantitativas de la química (ley de la conservación de la masa, realizada por Lavoisier; ley de las proporciones definidas, realizada por Louis Proust; ley de las proporciones múltiples, realizada por él mismo). Su teoría se puede resumir en: 1.- Los elementos químicos están formados por partículas muy pequeñas e indivisibles llamadas átomos. 2.- Todos los átomos de un elemento químico dado son idénticos en su masa y demás propiedades. 3.- Los átomos de diferentes elementos químicos son distintos, en particular sus masas son diferentes. 4.- Los átomos son indestructibles y retienen su identidad en los cambios químicos. 5.- Los compuestos se forman cuando átomos de diferentes elementos se combinan entre sí, en una relación de números enteros sencilla, formando entidades definidas (hoy llamadas moléculas). Representación de distintos átomos según Dalton: ¡Oxígeno ¤ Hidrógeno Å Azufre Para Dalton los átomos eran esferas macizas. ã Cobre l Carbono Representación de un cambio químico, según Dalton: Esto quería decir que un átomo de oxígeno más un átomo de hidrógeno daba un átomo o molécula de agua. La formación de agua a partir de oxígeno e hidrógeno supone la combinación de átomos de estos elementos para formar "moléculas" de agua. Dalton, equivocadamente, supuso que la molécula de agua contenía un átomo de oxígeno y otro de hidrógeno. Dalton, además de esta teoría creó la ley de las proporciones múltiples. Cuando los elementos se combinan en más de una proporción, y aunque los resultados de estas combinaciones son compuestos diferentes, existe una relación entre esas proporciones. Cuando dos elementos se combinan para formar más de un compuesto, las cantidades de uno de ellos que se combina con una cantidad fija del otro están relacionadas entre sí por números enteros sencillos. A mediados del siglo XIX, unos años después de que Dalton enunciara se teoría, se desencadenó una serie de acontecimientos que fueron introduciendo modificaciones al modelo atómico inicial. De hecho, el mundo atómico es tan infinitamente pequeño para nosotros que resulta muy difícil su conocimiento. Nos hallamos frente a él como si estuviésemos delante de una caja cerrada que no se pudiese abrir. Para conocer su contenido solamente podríamos proceder a manipular la caja (moverla en distintas direcciones, escuchar el ruido, pesarla...) y formular un modelo de acuerdo con nuestra experiencia. Este modelo sería válido hasta que nuevas experiencias nos indujeran a cambiarlo por otro. De la misma manera se ha ido construyendo el modelo atómico actual; de Dalton hasta nuestros días se han ido sucediendo diferentes experiencias que han llevado a la formulación de una serie de modelos invalidados sucesivamente a la luz de nuevos acontecimientos.

El modelo atómico de Thomsom.
Thomson, sir Joseph john (1856-1940). Físico británico. Según el modelo de Thomson el átomo consistía en una esfera uniforme de materia cargada positivamente en la que se hallaban incrustados los electrones de un modo parecido a como lo están las semillas en una sandía. Este sencillo modelo explicaba el hecho de que la materia fuese eléctricamente neutra, pues en los átomos de Thomson la carga positiva era neutralizada por la negativa. Además los electrones podrían ser arrancados de la esfera si la energía en juego era suficientemente importante como sucedía en los tubos de descarga. J. J. Thomson demostró en 1897 que estos rayos se desviaban también en un campo eléctrico y eran atraídos por el polo positivo, lo que probaba que eran cargas eléctricas negativas. Calculó también la relación entre la carga y la masa de estas partículas.

Para este cálculo realizó un experimento: hizo pasar un haz de rayos catódicos por un campo eléctrico y uno magnético. Cada uno de estos campos, actuando aisladamente, desviaba el haz de rayos en sentidos opuestos. Si se dejaba fijo el campo eléctrico, el campo magnético podía variarse hasta conseguir que el haz de rayos siguiera la trayectoria horizontal original; en este momento las fuerzas eléctricas y magnéticas eran iguales y, por ser de sentido contrario se anulaban. El segundo paso consistía en eliminar el campo magnético y medir la desviación sufrida por el haz debido al campo eléctrico. Resulta que los rayos catódicos tienen una relación carga a masa más de 1.000 veces superior a la de cualquier ion. Esta constatación llevó a Thomson a suponer que las partículas que forman los rayos catódicos no eran átomos cargados sino fragmentos de átomos, es decir, partículas subatómicas a las que llamó electrones. Las placas se colocan dentro de un tubo de vidrio cerrado, al que se le extrae el aire, y se introduce un gas a presión reducida.

El modelo de Rutherford.
Sir Ernest Rutherford (1871-1937), famoso hombre de ciencia inglés que obtuvo el premio Nobel de química en 1919, realizó en 1911 una experiencia que supuso en paso adelante muy importante en el conocimiento del átomo. La experiencia de Rutherford consistió en bombardear con partículas alfa una finísima lámina de oro. Las partículas alfa atravesaban la lámina de oro y eran recogidas sobre una pantalla de sulfuro de cinc. La importancia del experimento estuvo en que mientras la mayoría de partículas atravesaban la lámina sin desviarse o siendo desviadas solamente en pequeños ángulos, unas cuantas partículas eran dispersadas a ángulos grandes hasta 180º. El hecho de que sólo unas pocas radiaciones sufriesen desviaciones hizo suponer que las cargas positivas que las desviaban estaban concentradas dentro de los átomos ocupando un espacio muy pequeño en comparación a todo el tamaño atómico; esta parte del átomo con electricidad positiva fue llamado núcleo. Rutherford poseía información sobre el tamaño, masa y carga del núcleo, pero no tenía información alguna acerca de la distribución o posición de los electrones. En el modelo de Rutherford, los electrones se movían alrededor del núcleo como los planetas alrededor del sol. Los electrones no caían en el núcleo, ya que la fuerza de atracción electrostática era contrarrestada por la tendencia del electrón a continuar moviéndose en línea recta. Este modelo fue satisfactorio hasta que se observó que estaba en contradicción con una información ya conocida en aquel momento: de acuerdo con las leyes delelectromagnetismo, un electrón o todo objeto eléctricamente cargado que es acelerado o cuya dirección lineal es modificada, emite o absorbe radiación. El electrón del átomo de Rurherford modificaba su dirección lineal continuamente, ya que seguía una trayectoria circular. Por lo tanto, debería emitir radiación electromagnética y esta radiación causaría la disminución de la energía del electrón, que en consecuencia debería describir una trayectoria en espiral hasta caer en el núcleo. El modelo de Rutherford fue sustituido por el de Bohr unos años más tarde.

El modelo atómico de Bhor.
Niels Bohr (1885-1962 fue un físico danés que aplicó por primera vez la hipótesis cuántica a la estructura atómica, a la vez que buscó una explicación a los espectros discontinuos de la luz emitida por los elementos gaseosos. Todo ello llevó a formular un nuevo modelo de la estructura electrónica de los átomos que superaba las dificultades del átomo de Rutherford. Este modelo implicaba los siguientes postulados: 1.- El electrón tenía ciertos estados definidos estacionarios de movimiento (niveles de energía) que le eran permitidos; cada uno de estos estados estacionarios tenía una energía fija y definida. 2.- Cuando un electrón estaba en uno de estos estados no irradiaba pero cuando cambiaba de estado absorbía o desprendía energía. 3.- En cualquiera de estos estados, el electrón se movía siguiendo una órbita circular alrededor del núcleo. 4.- Los estados de movimiento electrónico permitidos eran aquellos en los cuales el momento angular del electrón (m · v · r ) era un múltiplo entero de h/2 · 3.14. Vemos pues que Bohr aplicaba la hipótesis cuántica por Planck en 1900. La teoría ondulatoria electromagnética de la luz era satisfactoria en cuanto explicaba algunos fenómenos ópticos tales como la difracción o la dispersión, pero no explicaba otros fenómenos tales como la irradicación de un cuerpo sólido caliente. Planck resolvió el problema suponiendo que unsistema mecánico no podía tener cualquier valor de la energía, sino solamente ciertos valores.

Así, en un cuerpo sólido caliente que irradia energía, Planck consideró que una onda electromagnética de frecuencia era emitida por un grupo de átomos que circulaba con la misma frecuencia. Aplicando esta hipótesis a la estructura electrónica de los átomos se resolvía la dificultad que presentaba el átomo de Rutherford. El electrón, al girar alrededor del núcleo, no iba perdiendo la energía, sino que se situaba en unos estados estacionarios de movimiento que tenían una energía fija. Un electrón sólo perdía o ganaba energía cuando saltaba de un estado (nivel) a otro. Por otro lado, el modelo de Bohr suponía una explicación de los espectros discontinuos de los gases, en particular del más sencillo de todos, el hidrógeno. Una raya de un espectro correspondía a una radiación de una determinada frecuencia. ¿Por qué un elemento emite solamente cierta frecuencia? Veamos la respuesta: En condiciones normales los electrones de un átomo o ion se sitúan en los niveles de más baja energía. Cuando un átomo recibe suficiente energía, es posible que un electrón salte a un nivel superior a aquel en que se halla. Este proceso se llama excitación. Un electrón excitado se halla en un estado inestable y desciende a un nivel inferior, emitiendo una radiación cuya energía será igual a la diferencia de la que tienen los dos niveles. La energía del electrón en el átomo es negativa porque es menor que la energía del electrón libre. Al aplicar la formula de Bohr a otros átomos se obtuvieron resultados satisfactorios, al coincidir el pronóstico con el resultado experimental de los espectros de estos átomos.

ESTRUCTURA ATOMICAEN GENERAL
La química es probablemente la única rama de las ciencias experimentales cuyo objeto de estudio está en permanente expansión, dado que el número de nuevas moléculas, sintetizadas por el hombre crece día a día. El mundo actual y nuestra vida cotidiana están marcados por un sinnúmero de productos de síntesis, desde los materiales más diversos en forma de fibras, plásticos o colorantes, hasta los medicamentos, los plaguicidas o los fertilizantes. Gran parte de la "cultura del bienestar" se fundamenta en la puesta a disposición del hombre de estos productos que son fruto, entre otras cosas, de un profundo conocimiento de la estructura atómica y molecular. Los entes objeto de estudio por parte de la Química, las moléculas, son átomos enlazados entre sí para formar un edificio más complejo y con propiedades completamente distintas de las de sus constituyentes. Parece lógico que una de las primeras inquietudes de los científicos fuera conocer las características de esos constituyentes, en un primer intento para entender cómo se unen entre sí para formar nuevos sistemas que van desde la simplicidad de una molécula de hidrógeno a la complejidad de una proteína. Por otra parte, de nada serviría el esfuerzo de sintetizar nuevas moléculas si no fuésemos capaces de entender y explicar sus estructuras y propiedades y por ende predecir su posible comportamiento y aplicaciones. Átomo es la porción más pequeña de la materia. El primero en utilizar este término fue Demócrito (filósofo griego, del año 500 a.de C.), porque creía que todos los elementos estaban formados por pequeñas partículas INDIVISIBLES. Átomo, en griego, significa INDIVISIBLE. Es la porción más pequeña de la materia. Los átomos son la unidad básica estructural de todos los materiales de ingeniería. En la actualidad no cabe pensar en el átomo como partícula indivisible, en él existen una serie de partículas subatómicas de las que protones neutrones y electrones son las más importantes. Los átomos están formados por un núcleo, de tamaño reducido y cargado positivamente, rodeado por una nube de electrones, que se encuentran en la corteza. Es una partícula elemental con carga eléctrica negativa igual a 1,602 · 10-19 Coulomb y masa igual a 9,1093 · 10-28 g, que se encuentra formando parte de los átomos de todos los elementos. Es una partícula elemental eléctricamente neutra y masa ligeramente superior a la del protón (neutrón=1.675 · 10-24 g), que se encuentra formando parte de los átomos de todos los elementos. Es una partícula elemental con carga eléctrica positiva igual a 1,602 · 10-19 Coulomb y cuya masa es 1837 veces mayor que la del electrón (protón=1.673 · 10-24 g). La misma se encuentra formando parte de los átomos de todos los elementos.

ELECTRÓN

NEUTRÓN

PROTÓN

La nube de carga electrónica constituye de este modo casi todo el volumen del átomo, pero, sólo representa una pequeña parte de su masa. Los electrones, particularmente la masa externa determinan la mayoría de las propiedades mecánicas, eléctrica, químicas, etc., de los átomos, y así, un conocimiento básico de estructura atómica es importante en el estudio básico de los materiales de ingeniería.

El nacimiento de la química
En el periodo que se extiende desde el siglo XVII al XIX se produce el tránsito del absolutismo real, como forma de gobierno en el mundo occidental, al sistema capitalista y a la reconfiguración de la estructura social en su composición de clases. Esta sociedad capitalista emergente alentó cambios en las tecnologías que dieron lugar a la Primera Revolución Industrial representativa de la conquista de la energía del vapor y del desarrollo de la industria metalúrgica y los textiles. Por otra parte, en el terreno de la superestructura de la sociedad, la Ilustración gana terreno y la difusión de las ideas liberales que exigen reformas como señal del progreso social tuvo su impacto en las constituciones de los estados emergentes. Las demandas de progreso material y el clima en el campo de las ideas auspiciaban pues un creciente desarrollo de las investigaciones en diferentes terrenos de la actividad humana. En el campo de la Química el siglo XVII marca el inicio de la introducción de la balanza para estudiar las transformaciones químicas y un cambio en el centro de interés del tipo de sustancias objeto de estudio desde los minerales y metales hacia los vapores o espíritus¨. Pionero de estos virajes es el médico flamenco J.B. Van Helmont (1577 –1644). Si un alquimista al observar la deposición de una capa de cobre sobre un clavo introducido en una solución de azul de vitriolo, creía ver la transmutación del hierro en cobre, Van Helmont estudia la disolución de los metales en los tres ácidos minerales fuertes y la recuperación de los metales de estas disoluciones. Se enfrasca también Van Helmont en la penosa tarea de atrapar las sustancias escurridizas que se escapan en numerosas transformaciones a las cuales bautizó con el término de gases, derivado del griego "chaos". Así aísla el gas liberado en la fermentación del vino que identifica con el gas desprendido en la reacción entre el carbonato de calcio y el ácido acético, al cual llama gas silvestre. Pero fueron los trabajos del primer químico, el irlandés Robert Boyle (1627 – 1691), los que marcaron una nueva

pauta. En 1622 descubre, al estudiar el comportamiento que experimenta el volumen de los gases con las variaciones de la presión, la ley que llega a nuestros días como ley de Boyle. En su libro "El químico escéptico" se suprime el prefijo de la vieja alquimia pero la verdadera ruptura que propone con el pasado no se reduce a un cambio ortográfico. A partir de él, los elementos no resultan deducidos del razonamiento especulativo, sino del criterio experimental de carácter primario en el sentido de no admitir una ulterior descomposición. El término elemento, en este contexto, tiene un significado derivado de la práctica y un sentido de provisionalidad que no sería superado hasta el siglo XX cuando se descubriera la naturaleza íntima de los elementos químicos. Aunque la actividad en este siglo está pautada por la reestructuración hacia el estudio de los gases y el enfoque experimental despojado de conjeturas y falsas expectativas, el mérito por el descubrimiento de un tercer no-metal, el fósforo, corresponde al último alquimista, Henning Brand (¿ – 169? ) al encontrarse buscando la piedra filosofal, entre otros medios, en la orina.

Se ha repetido que Newton (1642 - 1727) dedicó ingentes esfuerzos a ensayos de transmutación alquimista, justamente cuando tales ideas estaban en pleno decaimiento a fines del siglo XVII. Pero en rigor histórico publicó un ensayo en 1700 "On the nature of acids" y dejó incompleta una teoría "de la fuerza Química" que vino a conocerse un siglo después de su muerte, ambos despojado del tinte alquimista y en plena correspondencia con su regla de oro para el razonamiento filosófico: "No se deben admitir otras causas que las necesarias para explicar los fenómenos". El próximo siglo tendría en cuenta sus directrices. El siglo XVIII marca el inicio de la Química como ciencia experimental con los trabajos de la Escuela francesa encabezada por el eminente químico Lois Antoine Lavoisier (1743-1794) que logran asentar el estudio de las

reacciones químicas sobre bases cuantitativas despojando definitivamente la investigación en este campo de las nociones místicas de los alquimistas. En otro polo del trabajo científico europeo, en Suecia, el desarrollo de la minería y la mineralogía condicionó el surgimiento de una escuela de químicos que a lo largo de este siglo realizara numerosos aportes en el análisis de minerales, en la comprensión y gobierno de los procesos de su reducción, enterrando definitivamente el ideal alquimista de transformar metales nobles en oro. Entre 1730 y 1782 se reportan los descubrimientos del cobalto, níquel, manganeso, manganeso, wolframio, titanio y molibdeno. En poco más de cincuenta años se superaría el número de metales descubiertos por más de seis siglos de infructuosa búsqueda alquimista. Con el paso del tiempo, estos metales se emplearían en la fabricación de materiales estratégicos para el avance tecnológico. Dada la importancia práctica de los procesos de combustión es comprensible que las primeras propuestas teóricas estuvieran enfiladas a explicar lo que acontecía durante la quema de los combustibles. Resulta sorprendente sin embargo que fueran tempranamente emparentados las reacciones de combustión y el enmohecimiento que sufrían los metales. Corre la primera década del siglo XVIII cuando surge la teoría del flogisto defendida por G.E. Stahl (1660-1734). Según Stahl el flogisto podía considerarse como un elemento que se liberaba rápidamente por los combustibles al arder o lentamente durante el enmohecimiento de los metales. La tercera transformación química, de máxima importancia en la época, la liberación de los metales por reducción de los minerales bajo la acción del carbón vegetal y el calor, era interpretada como una transferencia del flogisto desde el carbón hacia el mineral con lo cual el metal resultante se hacía rico en flogisto. La aplicación de estas concepciones a la interpretación de los resultados experimentales obtenidos al estudiar reacciones en que participaban los gases condujo a no pocos errores y desviaciones del camino conducente a la explicación objetiva de los hechos. Así Henry Cavendish (1731-1810) al investigar con particular atención las propiedades sobresalientes del gas liberado durante la reacción del ácido clorhídrico con algunos metales especuló sobre la posibilidad del aislamiento del propio flogisto. Al lanzar esta hipótesis se basó en dos de sus propiedades: era el gas más ligero de los conocidos y presentaba una alta inflamabilidad. El químico escocés J. Black (1728-1799) estudiaba la descomposición térmica de la piedra caliza, advirtiendo que se formaba cal y se liberaba un gas. Llamó su atención que la cal producida en esta reacción, expuesta al aire regeneraba la caliza. Era la primera vez que se tenía una clara evidencia acerca de la reversibilidad de un proceso químico y por otra parte se ponía de manifiesto que el aire debía contener al gas que luego se fijaba a la cal para "devolver" la caliza. Pero la concepción del aire como elemento inerte impedía penetrar en la esencia del proceso. Nuevos resultados de Black al abordar la combustión de una vela en un recipiente cerrado serían otra vez malinterpretados. Fue comprobado que se liberaba el mismo gas que en la descomposición de la caliza y que si este gas era colectado en un recipiente, en la atmósfera resultante tampoco se lograba reiniciar el proceso de combustión de la vela. En términos de la teoría del flogisto se empañaba la lectura de los resultados, y se hacía ver que era obtenido un aire "saturado de flogisto" que impedía la combustión en su seno. Su discípulo Daniel Rutherford (1749-1819) llevó más lejos estos experimentos demostrando que en un aire "saturado de flogisto" tampoco lograba sobrevivir un ratón. Es la primera vez que se obtiene un nexo entre la combustión de una sustancia y la respiración de un animal. Aclarar esta relación exigía romper con la noción de que el aire era un elemento inerte en el cual se portaba o transportaba el flogisto. Nuevas y relevantes aportaciones sería realizadas en la década de 1770 – 1779, por el químico inglés J.Priestley (1738 – 1804). Formado para ser Ministro de una Iglesia se convierte en un brillante investigador de los gases. Constituye un ejemplo hombre de ciencia comprometido con un ideal político, así por su apoyo declarado a la Revolución Francesa una turba enardecida en 1791 le quemó la casa y sus pertenencias. Prietsley comprobó que en una atmósfera compuesta por el gas liberado en la combustión de una vela (saturado de flogisto, donde moría un ratoncillo) podía vivir una planta. Y algo más sorprendente aún, el aire residual, que quedaba después de largas horas de permanencia de una planta en su seno resultaba vivificante, pues en él un ratón se mostraba especialmente activo y juguetón. Al mismo tiempo demostró que en este aire inicialmente "saturado de flogisto", y luego modificado por la acción de las plantas, los materiales ardían con más facilidad. Por segunda ocasión en pocos años los experimentos demostraban que un vínculo profundo existía entre combustión y respiración. Desde otro ángulo, los resultados de Priestley resultaron los primeros indicios de que plantas y animales formaban un equilibrio químico que hacía respirable la atmósfera de la tierra. La enorme significación de este equilibrio ha sido lentamente comprendida por la humanidad. Pero en el siglo XVIII de nuevo la teoría del flogisto impuso una línea de pensamiento que hacía ver la obtención de un aire desflogisticado, la antítesis del aire aislado por Rutherford. Si Black obtuvo las evidencias de que la reacción de descomposición de la caliza era reversible, Prietsley demostraría que el sólido formado durante la reacción del aire con el mercurio, al calentarse regeneraba el mercurio y se liberaba un gas que podía colectarse por desplazamiento del agua y que mostraba las cualidades correspondientes al conocido aire vivificante ("un aire desflogisticado"). Los experimentos de Cavendish, Black y Priestley tienen un denominador común, pretenden penetrar en la comprensión cualitativa de los fenómenos que estudian, y por supuesto que al hacerlo despliegan una enorme imaginación y creatividad. Lavoisier por estos años investiga también los fenómenos químicos pero al hacerlo se auxilia de las mediciones cuantitativas de las masas de las sustancias que participan en las reacciones. Cuando en 1774 Priestsley viaja a París y transmite a Lavoisier su descubrimiento del aire desflogisticado, al investigador francés se le hace claro que el aire no es un elemento inerte que recibe o entrega el principio sustancial conocido como flogisto, sino que el supuesto aire desflogisticado constituye un elemento. Intentemos resumir sus interpretaciones a los hechos experimentales conocidos en la época: cuando metales

como estaño y plomo se calientan en un recipiente cerrado conteniendo aire se observa el aumento del peso del calcinado y la constancia del peso del sistema total, al tiempo que se crea un vacío parcial en el interior del recipiente y solo aproximadamente una quinta parte del volumen del aire se consume. La interpretación de estos hechos es bien distinta a la de sus colegas británicos. Los metales no liberan flogisto al calcinarse sino que se combinan con un elemento componente del aire que se corresponde con el aire vivificante desflogisticado y de ahí su incremento en peso. A partir de entonces nombra este nuevo elemento gaseoso como oxígeno. Al componente gaseoso residual de la combustión correspondiente a las cuatro quintas partes en volumen del aire, caracterizado por su relativa inercia química (el aire flogisticado de Black) lo denomina nitrógeno. Y por último, al enigmático gas inflamable de Cavendish que es capaz (según comprobó experimentalmente en 1783) de arder produciendo vapores que condensan en forma de gotas de agua, lo llama hidrógeno. Quedaba resuelto así, en términos del reconocimiento de sustancias elementales determinadas, lo que Sthal pretendió identificar con el flogisto.

En 1789 Lavoisier publicó su "Tratado Elemental de Química" en el que expone su método cuantitativo para interpretar las reacciones químicas y propone el primer sistema de nomenclatura para los compuestos químicos del que aún perdura su carácter binomial. Desdichadamente, cuatro años más tarde Lavoisier es ejecutado en la guillotina al ser acusado de verse relacionado con un grupo de recaudadores de impuestos que los revolucionarios franceses consideraron un instrumento de corrupción de la odiada monarquía. Su amigo el célebre matemático M. Lagrange diría: "un segundo bastó para separar su cabeza del cuerpo, pasarán siglos para que una cabeza como aquélla vuelva a ser llevada sobre los hombros de un hombre de ciencias". El siglo no cerraría sus puertas sin que un representante de la Escuela francesa Joseph L. Proust (1754 –1826) demostrara experimentalmente que las sustancias se combinan para formar un compuesto en proporciones fijas de masas, la llamada ley de las proporciones definidas. Una vez que fueran experimentalmente demostradas por los trabajos de Lavoisier las leyes ponderales que se verifican en las reacciones químicas, se exigía de una teoría que explicara el comportamiento experimental observado.

3. Leyes y teorías primarias
Hacia el último tercio del siglo XIX, teniendo como escenario las sociedades de Norteamérica y en mayor o menor grado de los países europeos, se experimenta lo que algunos consideran una Segunda Revolución Industrial identificada desde el punto de vista tecnológico por el dominio de la electricidad, el petróleo, y la naciente industria química. A diferencia de momentos anteriores, en los que la práctica, el saber hacer, precedía significativamente a la teoría, ahora la fuerza de los saberes de las nacientes ciencias impulsan y establecen un complejo tejido de interacción con la tecnología. La aplicación de los inventos de Volta permiten el descubrimiento y aislamiento de un número significativo de elementos químicos; la aparición de los primeros productos sintéticos (colorantes y otros) condiciona el desarrollo de una nueva industria que persigue superar las cualidades de los productos naturales conocidos hasta el presente. En esta compleja dialéctica al filo de la necesidad y la casualidad, siendo portadores de los progresos determinadas personalidades históricas que fueron creando comunidades (Sociedades Científicas), en las naciones que encabezan el desarrollo monopolista de la época, se desarrollan las primeras leyes y teorías de esta ciencia.

Una vez que en el siglo XVIII fueran experimentalmente establecidas las leyes ponderales de las reacciones químicas, se exigía una teoría que explicara el comportamiento observado. El inicio de este siglo vería aparecer la obra Nuevo sistema de filosofía química, en la que el químico inglés John Dalton (1766 – 1844) expondría su teoría atómica. Al postular la existencia de los átomos como partículas indivisibles en las reacciones químicas parece que se retorna a las ideas de los atomistas griegos, más de dos mil años atrás pero la mecánica de Newton se refleja también en la primera teoría moderna de la Química, al atribuir como propiedad distintiva de los átomos su masa. A partir de este momento, las diferencias observadas en las propiedades de los elementos se pretenden relacionar con el peso atómico. Esta teoría era capaz de explicar la ley de las proporciones definidas en que se combinan las sustancias, en términos de la combinación de un número determinado de átomos o átomos compuestos (moléculas diríamos hoy según la propuesta de Avogadro) en una reacción dada. Por otro lado la capacidad predictiva de esta teoría se manifiesta en la ley de las proporciones múltiples: como quiera que la reacción entre A y B para dar diferentes compuestos implica la combinación de átomos de A y B en una relación necesariamente entera y particular en cada caso, se puede derivar que "los pesos de una sustancia A que se combina con un peso dado de B para dar diferentes sustancias se han de encontrar en una relación de números enteros sencillos". El propio Dalton se encarga de comprobar experimentalmente la validez de esta predicción. Al tiempo que los postulados de la teoría daltoniana demostraron su capacidad explicativa y predictiva definieron los principales problemas que señalan el derrotero de las investigaciones de los químicos en este siglo: ¿Cómo determinar los pesos atómicos de los elementos químicos? ¿Cómo descubrir nuevos elementos, desarrollar métodos para su aislamiento y preparación? ¿Cómo determinar las fórmulas de las sustancias y cuál sistema de símbolos proponer para reflejar simplificada mente el enlazamiento entre los átomos? La determinación de los pesos atómicos fue basada en los resultados de los métodos físicos más avanzados de estos tiempos, adoptando una escala relativa con respecto al átomo de oxígeno (elemento que se combina con la mayoría de los elementos conocidos para dar lugar a las combinaciones binarias). Un cambio de paradigma en el estudio sistemático de las propiedades de los elementos químicos fue dado por el descubrimiento de la Ley Periódica de los elementos químicos. En 1869, el químico ruso D. Mendeleev (1834 – 1907) defendió la tesis de que una variación regular en las propiedades de los elementos químicos se podía observar si estos se ordenaban en un orden creciente de los pesos atómicos. La edificación de la tabla periódica de Mendeleev no solo dio lugar a la clasificación de los elementos químicos en familias o grupos sino que posibilitó la predicción de la existencia de elementos químicos aún no descubiertos y de las propiedades que estos debían exhibir.

La sorprendente correspondencia entre estas predicciones y los descubrimientos de nuevos elementos que se producirían en los años subsiguientes demostró la validez de la ley periódica y constituyó un estímulo para la realización de estudios de nuevas correlaciones en la tabla propuesta. Su fama por estas realizaciones del intelecto no han dejado espacio para el conocimiento del hombre que a los 56 años de edad renuncia a su cátedra universitaria en rechazo a la dictadura zarista. Una segunda dirección observada en la investigación se relaciona con el descubrimiento de nuevos elementos químicos, toda vez que tales sustancias constituían los bloques unitarios a partir de los cuales se formaba la amplia variedad de los compuestos químicos. Si en la Antigüedad fueron conocidos siete elementos metálicos (oro, plata, hierro, cobre, estaño, plomo y mercurio) y dos no metales (carbono y azufre); el esfuerzo de la alquimia medieval sumó el conocimiento de otros cinco (arsénico, antimonio, bismuto, zinc y fósforo); y el siglo XVIII, con el estudio de los gases, dejó como fruto el descubrimiento de cuatro nuevos elementos (hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y cloro) mientras el análisis de minerales aportaba la identificación de nueve metales (cobalto, platino, níquel, manganeso, tungsteno, molibdeno, uranio, titanio y plomo); en total a las puertas del siglo XIX eran conocidos 27 elementos químicos. Hacia 1830, se conocían cincuenta y cinco elementos, es decir se había duplicado en treinta años la cifra de elementos descubiertos en más seis milenios de práctica humana. Dos factores contribuyeron de forma decisiva a este vertiginoso crecimiento: la aplicación del invento de Volta, la pila de corriente eléctrica, para conducir la descomposición de las sustancias; y la introducción de las técnicas espectrales al análisis de muestras de minerales convenientemente tratadas. El principal problema que quedaba pendiente de ser resuelto consistía en aclarar la forma en que se enlazan los átomos en la estructura particular de la sustancia y edificar un sistema de símbolos y notaciones que permitieran una comunicación universal. El sistema jeroglífico de representación de los elementos químicos heredado de la alquimia fue sustituido por un sistema más racional de notación simplificada que se asocia a la representación de una o dos letras iniciales (con

frecuencia derivada de los nombres en latín, plata = argentum, Ag). Este sistema de notación fue propuesto por el químico sueco Jöns J. Berzelius (1779 – 1844), considerado uno de los fundadores de la Química, quien descubriera tres elementos químicos (selenio, cerio y torio) y aplicara los métodos más refinados de determinación de pesos atómicos en la época. En el mundo de las sustancias orgánicas este período inicial representa el predominio del análisis sobre la síntesis. En tanto los estudios analíticos responden a una línea de pensamiento debidamente formulada, los resultados sintéticos aparecen con frecuencia atravesados por la casualidad. La complejidad de los compuestos orgánicos hacía más difícil la búsqueda de regularidades que permitieran un principio de clasificación. Dos hechos que resultaban especialmente significativos se asocian al descubrimiento de los isómeros estructurales, sustancias que respondiendo a la misma fórmula de composición difieren en sus propiedades, y de los isómeros ópticos, sustancias que sólo se distinguen en el sentido que hacen girar el plano de polarización de la luz polarizada, por L. Pasteur (1822 – 1895). Para los investigadores de la época tales diferencias debían encontrar respuestas en el diferente ordenamiento de los átomos en la estructura molecular.

Correspondió al químico alemán F.A. Kekulé (1829 – 1896) edificar los principios en que se basaron la primera teoría sobre la estructura molecular de los compuestos orgánicos. Kekulé se graduó de arquitecto en la Universidad pero se sintió fascinado por la determinación de la arquitectura molecular de las sustancias orgánicas y pasó a la historia por el establecimiento de la estructura del benceno, una verdadera pesadilla para los químicos del siglo XIX. Aún desconociendo la naturaleza del enlace químico propuso un ordenamiento según la valencia de los átomos en la estructura molecular de las sustancias. En lo esencial esta forma de representación en el plano de las fórmulas estructurales de las moléculas llega hasta nuestros días y permitió la estructuración de las familias orgánicas de acuerdo con la presencia de determinados grupos funcionales. El problema de la explicación estructural de los isómeros ópticos debió esperar por la comprensión de la orientación espacial de los átomos en la estructura de las moléculas y un primer paso en esta dirección fue dado por el químico holandés Jacobus H. Van’t Hoff (1852 – 1911) al proponer la orientación tetraédrica de las valencias en el átomo de carbono, que da nacimiento a la estereoquímica como rama que se ocupa de definir la geometría molecular de las sustancias. Tanto en el estudio de las sustancias del mundo inorgánico (según la clasificación propuesta por Berzelius en este siglo) como en las investigaciones de las sustancias orgánicas se advierte, como un imperativo de la lógica interna de esta ciencia, el predominio en un primer momento del método analítico. Las investigaciones en el campo de los compuestos orgánicos debieron en lo fundamental constreñirse al aislamiento y posterior caracterización de determinadas sustancias provenientes de materiales vegetales o animales. Así, en 1817 se logra aislar la clorofila; el tratamiento hidrolítico de la gelatina conducido en 1820 evidencia que esta proteína está constituida por un pequeño aminoácido, la glicina; y en 1834 se reporta la separación de la celulosa de la madera quedando demostrado que la hidrólisis enérgica de este material produce unidades de azucares simples. Berzelius, ante la complejidad observada por las sustancias orgánicas desarrolla la teoría del vitalismo, según la cual los tejidos vivos debían disponer de una fuerza vital para la producción de las sustancias orgánicas. La extensión de estas nociones en el mundo académico de la época desalentó por un tiempo la investigación en el campo de la síntesis. Pero ya en 1828 el pedagogo y químico alemán Friedrich Wöhler (1800 – 1882), sin proponérselo, descubre que el calentamiento de una sal (cianato amónico) producía la urea (un producto de excreción del metabolismo animal ya conocido por entonces), con lo cual el vitalismo recibe su primer golpe. No fue casual su aportación menos reconocida pero que aún hoy se aplica, al desarrollar el método de producir el acetileno a partir del carburo de calcio. Debieron pasar varias décadas para que, primero A. W. Kolbe (1818 – 1884), discípulo de Wöhler, y luego Pierre E. M. Berthelot (1827 – 1907), lograran la síntesis de moléculas orgánicas simples (como el metanol, etanol y otras) a partir de las propias sustancias elementales de naturaleza inorgánica que los constituyen.

Un golpe de muerte definitivo recibiría el vitalismo cuando el propio Berthelot, aprovechando los resultados del estudio hidrolítico de las grasas (no casualmente la familia con la más simple estructura de la gran tríada grasas, carbohidratos y proteínas), se propuso la síntesis de una grasa a partir de un solo tipo de ácido carboxílico (graso) y la glicerina obteniendo una grasa "sintética" con propiedades similares a la grasa natural estearina. Berthelot encarna el necesario personaje que debe combinar el trabajo científico al más alto nivel, con responsabilidades públicas. En particular ocupa cargos durante más de una década en el panorama educativo francés hasta llegar a Ministro de Instrucción Pública. Además sustituyó a Pasteur como secretario vitalicio de la Academia Francesa de la Ciencia. Quedó demostrado la metodología a seguir en el proceso de aprehensión del conocimiento de las sustancias orgánicas complejas: primero dilucidar, mediante el análisis, la estructura y luego probar las rutas de su síntesis. El terreno quedaba fertilizado para empeños mayores. Pero hacia la mitad del siglo Pasteur, con razón presentado como químico y biólogo, funda en la Universidad de Lille la Facultad de Ciencias que se había creado, en parte, como medio para aplicar la ciencia a los problemas de la fabricación de bebidas alcohólicas. Para la Francia de entonces la acidificación del vino y la cerveza constituía un grave problema económico. Los resultados de su investigación dan respuesta a los problemas planteados y representan las bases de una nueva ciencia, la microbiología. Los problemas socioeconómicos de un contexto, el desarrollo de la época, y el talento de Pasteur constituyeron fuerzas motrices para desatar un complejo proceso de integración y diferenciación que inicia el desarrollo de laBioquímica. La tercera tendencia que se advierte corresponde a la configuración de las disciplinas que abarcan las relaciones entre las reacciones químicas y las diferentes formas de energía: esto es, se gestan las leyes de la Termodinámica Química, la Electroquímica y la Cinética Química. El dominio del fuego constituyó desde siempre una necesidad de la civilización humana. En el siglo XVIII allí donde se inicia la química como ciencia experimental, los estudios más sobresalientes se relacionan con estudios sobre las reacciones de combustión. Pero lo que hoy llamamos el estudio de las relaciones entre el acto químico y el calor involucrado data del siglo XIX. El nacimiento de la Termoquímica está marcado por los trabajos de G.H. Hess (1802 – 1850) que demuestran que el calor implicado en una transformación química sólo depende del estado inicial y final del sistema y no de las etapas por las que este proceso pueda ser efectuado. Constituye la ley de Hess publicada en 1840 expresión del principio más universal de transformación y conservación de la energía. En 1876 corresponde a Josiah Gibbs (1839 – 1910) el mérito de relacionar en un cuerpo teórico coherente, las tres magnitudes que caracterizan en términos termodinámicos un proceso químico: la variación de energía libre, la variación de entalpía y la variación de entropía. A partir de entonces la Termodinámica se convierte en una disciplina de capacidad predictiva para evaluar la tendencia de una reacción a verificarse en una dirección dada. En otras palabras, la reversibilidad del fenómeno químico a partir de entonces comienza a tratarse en términos cuantitativos. Con el nacimiento del siglo A.G. Volta (1745 – 1827), sin comprender aún la naturaleza de su invención, demuestra la posibilidad de generar corriente eléctrica a partir de un sistema químico. Poco tiempo después la corriente eléctrica es empleada por W. Nicholson (1753 – 1815) para provocar el proceso opuesto: la descomposición electroquímica del agua acidulada. Y ya en 1832, M. Faraday (1791 – 1877) deduce, apoyado en resultados experimentales, las leyes cuantitativas de la electrólisis de las disoluciones acuosas. En la otra vertiente, la producción de energía eléctrica a partir del fenómeno químico, se dan importantes avances. En 1836 se inventa la pila de Daniell y hacia mediados de la centuria se idean primero el acumulador eléctrico y luego la pila seca.

Sin embargo una comprensión de los complejos fenómenos electrolíticos exigió el desarrollo de la teoría de la disociación electrolítica, formulada por un joven en la defensa de su tesis doctoral. Esta tesis recibiría la mínima calificación del Tribunal y la máxima de la Historia de la Ciencia. El joven sueco Svante A. Arrhenius (1859 -1927) recibió el premio Nóbel de Química en 1903, y su teoría apoyó el despegue de una nueva rama del saber químico: la electroquímica. Un momento estelar en la aplicación de la electroquímica a la tecnología viene representado por la producción del aluminio a partir de técnicas electrolíticas (1886). Hasta este momento el aluminio constituía un metal de escaso uso por las dificultades presentadas en la reducción de su óxido, a partir de entonces por su ligereza y la inercia química de la fina capa de óxido que lo recubre se convierte en un material ideal para las conquistas técnicas que se vienen gestando. Otra esencia de las reacciones químicas que comienza a ser investigada en el ocaso del siglo XIX es el problema de la rapidez con que estas se manifiestan. Comprender los factores que inciden sobre la rapidez a la que se verifica una transformación química presupone la capacidad de gobernarla convenientemente. La experiencia demostraba que, por

ejemplo, la hidrólisis del almidón se aceleraba por la presencia de ácidos, y un efecto semejante era producido también por un producto aislado de las levaduras, la diastasa. El primer peldaño en la edificación de la teoría de la cinética química fue puesto por el propio Arrhenius quién en 1889 estudia la correlación existente entre la rapidez con que se efectúa una reacción química y la temperatura. Los resultados experimentales le permiten deducir una nueva magnitud, la energía de activación. Este concepto conduce a la elaboración de la teoría de las colisiones efectivas como forma de interpretación de las reacciones químicas a partir de las nociones de la teoría atómico – molecular de la constitución de las sustancias. Por último podemos apreciar que el siglo cierra sus puertas con la que fuera una de sus iniciales tendencias, los descubrimientos de nuevos elementos químicos. Pero esta vez, Sir William Ramsay (1852-1916), premio Nóbel en 1904, debió enfrentarse al difícil problema de aislar de la atmósfera aquellos gases caracterizados por su extraordinaria inercia química comenzando por el que está en mayor abundancia relativa, el argón (del griego Argos, noble). Y trabajando en el otro extremo de la cuerda, el químico francés Henri Moissan (1852-1907), premio Nóbel de Química en 1906, consigue aislar el elemento más electronegativo y por tanto de reactividad extraordinaria, el fluor.

En 1898, a punto de finalizar la centuria los esposos Curie descubren dos radioelementos: el radio y el polonio. Así en el grupo de notables investigadores que abrían paso a la comprensión y aplicación de fenómenos totalmente nuevos y peligrosos, una mujer se destaca por descifrar los secretos contenidos en determinadas sustancias emisoras de radiaciones hasta entonces desconocidas, la polaca María Curie. El laboratorio que dirige constituye el núcleo de toda una red que enlazaba problemas de la industria, la medicina e incluso la política. Asistimos al momento en que queda atrás la investigación en solitario de los pioneros; los nuevos laboratorios encierran el quehacer de colectivos que deben abordar no sólo la producción de los nuevos conocimientos sino su aplicación en la práctica con su carga de implicación social. El siglo XIX se despide con una hecatombe, el átomo no constituye una partícula indivisible. Nuevos resultados experimentales exigirían de nuevas teorías. Pero lo más trascendente para la humanidad no era el cambio de paradigma que se avecinaba. A partir de ahora la civilización humana debía aprender a enfrentarse a una nueva época: la era atómica. El asalto de la inagotable estructura atómica, la conquista de las más complejas moléculas orgánicas incluyendo aquellas relacionadas íntimamente con la vida, y la batalla por la preservación de un ambiente irracionalmente agotado, serán las principales tareas asumidas por esta y otras ciencias en el siglo XX.

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