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El Tungsteno

El Tungsteno

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Publicado porJohn Gil
edición de cultura universitaria, F. de C.P., Lima, 1963
edición de cultura universitaria, F. de C.P., Lima, 1963

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UNIVERSITY OF

TORONTO

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Professor Kurt Levy

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EL TUNGSTENO .

.

lima . P.perú . cultura universitaria de C.César Vallejo EL TUNGSTENO (Novela) y edición de F.

Emilio Althaus 470 . A. Distribuidores Exclusivos: DISTRIBUiDORA INCA. S.Dí-C ^ "íQpc.Lince - Lima-Perú .

le encontramos poniendo en una novela el mismo didactismo ahora al servicio de la causa social y política que le atrae. lecciones de física en de maestro joven. poniendo en forma más sabrosa que la de un texto de economía politica socialista los puntos básicos que en él pudieran hallarse". de convicciones revolucionarias."Vallejo. había puesto poemaB pedagógicos pa- ra los niños de su escuela. Litis Monguió . hombre maduro.

.

desde lejanas aldeas y poblaciones rurales. Cambiaban de dueños . de las minas de tungsteno de Quivilca. la mano de obra necesaria. personas a justando compras y operaciones económicas. El dinero empezó a correr aceleradamente y en abundancia nunca vista en Coica. en las bodegas y mercados.Dueña. ni en quince leguas a la redonda. Las transacciones comerciales adquirieron proporciones inauditas. destinada al trabajo de las minas. la empresa norteamericana "Mining Society". La circunstancia de no encontrar en los alrededores y comarcas vecinas de los yacimientos. con rumbo a las minas. obligaba a la empresa a llevar. Una avalancha de peones y empleados salió de Coica y de los lugares del tránsito. Se observaba por todas partes. capital de las la provincia en que se hallaban situadas minas. A esa avalancha siguió otra y otra. la gerencia de Nueva York dispuso dar comienzo inmediatamente a la extracción del mineral. en el departamento del Cuzco. todas contratadas para la colonización y labores de minería. por fin. una vasta indiada. en las calles y plazas.

andar. y bullían constantes ajetreos en las notarías públicas y en los juzgados. el cajero de la empresa. se hizo rápido e impaciente. Las mozas de los arrabales salían a verlos pasar y una dulce zozobra las estremecía. antes tan apacible. el comisario del asiento minero. en primer lugar. En la primera avanzada de peones y mine- ros marcharon a Quivilca los gerentes.: 10 gran número de fincas urbanas y rurales. Sonreían y se ponían coloradas. Mañana muy temprano. Javier Machuca. gerente y subgerente de la "Mining Society". místers Taik y Weiss. directores y altos empleados de la empresa. que había tomado la exclusiva del bazar y de la contrata de peones para la "Mining Society". y el agrimensor Leónidas Benites. sellos fiscales. Iban allí. toneladas. un movimiento inu- sitado. el ingeniero peruano Baldomero Rubio. herramientas. el comerciante José Marino. hablando con voz que también había cambiado de timbre. polainas y pantalón de montar. pensando en los lejanos mineralas atraía de modo les. antes lento y dejativo. documentos. minutas. cancelaciones. - preguntando ¿Se va usted a Quivilca? Sí. vestidos de caqui. Este traía a su mujer y dos . ayudante de Rubio. que habrían de ir luego a anidar en las bóvedas som- — — — I brías de las vetas fabulosas. Transitaban los hombres. Baldazari. Quién como los que se van! ¡A hacerse ricos en las minas! Así venían los idilios y los amores. sobre dólares. modo de Hasta el Todos mostraban aire de viaje. cheques. Los dólares de la "Mining Society" habían comunicado a la vida provinciana. cuyo exótico encanto irresistible.

Se contentaban con vivir . que mira a la región de los bosques. unida a la de ser ése el punto que. los soras. que en más de una ocasión habría fracasado para siempre la empresa. en los comienzos. artefactos y servicios personales. sometida bruscamente a la acción de un clima glacial e implacable. Los demás iban sin fates milia. Varias veces se suspendió el trabajo por falta de herramientas y no pocas por hambre e intemperie de la gente. los soras cedían sus granos. sin tasa ni reserva. La ausencia de vías de comunicación con los pueblos civilizados. sin remuneración alguna. debía servir de centro de acción de la empresa. a quien le pegaba a menudo. hizo que las bases de la población minera fuesen echadas en torno a la cabana de los soras. Los soras. una dificultad casi invencible. constituyó. a los que aquel paraje se hallaba apenas unido por una abrupta ruta para llamas. sus ganados. Esta circunstancia. que les permitiría servirse de los indios como guías en la región solitaria y desconocida. jugaron allí un rol cuya importancia llegó a adguirir tan vastas proporciones. según la topografía del lugar. Marino no llevaba más parienque un sobrino de unos diez años. y. Allí encontraron. por todo signo de vida humana. en quienes los mineros hallaron todo género de apoyo y una candorosa y alegre mansedumbre. sin su oportuna intervención. El paraje donde se establecieron era una despoblada falda de la vertiente oriental de los Andes. Azarosos y grandes esfuerzos hubo de desplegarse para poder establecer definitiva y normalmente la vida en aquellas punas y el trabajo en las minas.11 hijos pequeños. lo que es más. una pequeña cabana de indígenas. Cuando se acababan los víveres y no venían otros de Coica.

por cuyas sienes corría el sudor: —^¿Ya tienes dinero? ¿Qué es dinero? El obrero respondió paternalmente.12 en armoniosa y desinteresada amistad con los mineros. haciendo sonar los bolsillos de su blusa: Esto es dinero. al comienzo. ¿Llegaría ese día? Por el instante. sin motivo. Por su parte. de la mano de obra que podían prestarles los soras en los trabajos de las minas. . tentado de ver en qué paraba esa maniobra de aceitar grúas. . en un forcejeo sistemático de aparatos fantásticos y misteriosos. —¿Por qué haces siempre así? — tó le un sora a un obrero que tenía la el oficio pregunde aceitar grúas. el sora volvió a preguntar al obrero. tranquilos a los soras. a los que los soras miraban con cierta curiosidad infantil. Esto es dinero. La "Mining Society" dejó. agitarse día y noche. a este respecto. Fíjate. la "Mining Society" no necesitó. en razón de haber traído de Coica y de los lugares del tránsito una peonada numerosa y suficiente. —¿Y qué vas a hacer con metal? —¿A no gusta tener dinero? ¡Qué indio la la libre el ti te tan bruto! El sora vio sonreír al obrero y él también sonrió maquinalmente. ¿Lo oyes? — . Y otro día. —¿Y para qué levantas cangalla? — Para limpiar veta y dejar metal. —Es para levantar cangalla. los soras seguían viviendo fuera de las labores de las minas. . Le siguió observando todo el día y durante muchos días más. hasta el día en que las minas reclamasen más fuerzas y más hombres.

—Te van a pagar. como una criatura que no acaba de entender una cosa: ¿Y qué haces con dinero? Se compra lo que se quiere. cholito? ¿Quieres traba—¿De qué — Yo quiero hacer —No. — — — ¿por qué te vas? —No —dijo sora— Ya no me gusta. hombre. Al quinto. cuando se empezó a cargar el mineral de la bocamina a la oficina de ensayos. Después se ofreció a llevar la punta de un cordel en los socavones. Sigue no más trabajando. jar conmigo? Sí. ^No. Oye le observaron Sigue trabajando. difícil. El sora se alejó saltando y silbando. muchacho! Volvió el obrero a reírse. . Más tarde. En otra ocasión. Esto es muy así. El sora las vio. El herrero le dijo: te ríes. se puso a reír con alegría clara y retozona. Al fin. donde lavaba trigo una muchacha. A los pocos días. otro de los soras. Tú no sabes. el mismo sora . al mediodía. Pero el sora se empecinó en trabajar en la forja. el . le consintieron y trabajó allí cuatro días seguidos. ¡Qué bruto Dijo el — — eres. que contemplaba absortamente y como hechizado a un obrero que martillaba en el yunque de la forja. llegando a prestar efectiva ayuda a los mecánicos. el sora puso repentinamente a un lado los lingotes y se fue. vieron al mismo sora echan- do agua con un mate a una batea. Te van a pagar por tu trabajo. — Ya no quiero.13 monedas de obrero esto y sacó a enseñarle varias níquel.

Algunas veces les daban por la llama una o dos monedas. acezando. empleados y peones fueron prestando atención a la necesidad de rodearse de los elementos de vida que. en la caza de vicuñas y guanacos salvajes. tensas las venas y erecto el músculo en la acción. en la siembra. una llama para charqui. Desconocían la operación de compra-venta. El comerciante Marino contratista de peones. muy bien. Sólo quería agitarse y obrar y entretenerse. venían. y nada más. Iban. o trepando las rocas y precipicios. le dijo un día: Ya veo que tú también estás trabajando. cholito. Sólo que había que . en el aporque. Demostraban tal confianza en los otros. alegres.14 estuvo llevando las parihuelas. parecían vivir la vida como un juego expansivo y generoso. Porque no podían los soras estarse quietos. sin que se diese y ni siquiera fuese reclamado su valor. * * —^Véndeme Apenas instalada en la comarca la población minera. granos alimenticios y otros. en los pastoreos. podía ofrecerles el lugar. que ellos recibían para volverlas a entregar al primer venido y a la menor solicitud. llamas para carne. Sin cálculo ni preocupación sobre sea cual fuese el resultado económico de sus actos. De aquí que se veían escenas divertidas al res- — pecto. diríase. en un trabajo incesante y. Carecían en absoluto del sentido de la utilidad. Entregado era el animal. ¿Quieres que te "socorra"? ¿Cuánto quieres? El sora no entendía este lenguaje de "socorro" ni de "cuánto quieres". Muy bien. aparte de los que venían de fuera. desinteresado. tales como animales de trabajo. que en ocasiones inspiraban lástima.

Marino tomó a su cargo la gerencia de esta sociedad. José Marino puso el ojo. el comerciante Marino salió ganando en esta justa. En cambio. débil y mojigato. El primero en operar sobre las tierras. en los terrenos. de carácter socarrón y muy avaro. En cuanto á Leónidas Benites. que le daba un asombroso parecido de cóndor en acecho de un cordero. el comerciante sabía envolver en sus negocios a las gentes. Baldomero Rubio era un manso. raras para sus mentes burdas y salvajes. no pasaba de un asustadizo estudiante de la Escuela de Ingenieros de Lima. botellas pintorescas. Además Marino poseía un sentido económico extraordinario. que también empezaron a despojar de sus bienes a los soras. que veían en el bazar: franelas en colores. Dos armas le sirvieron para el caso: el bazar y su cinismo excepcional. José Marino. dado que él. con miras no sólo de obtener productos para su propia subsistencia. pese a su talle alto y un poco encorvado en los hombros. cara- . Aunque tuvo que vérselas en apretada competencia con Machuca. formó una sociedad secreta con el ingeniero Rubio y el agrimensor Benites. fósforos. ya sembrados. paquetes polícromos. sino de enriquecerse a base de la cría y del cultivo. fue el dueño del bazar y contratista exclusivo de peones de Quivilca. cualidades completamente nulas y hasta contraproducentes en materia comercial. podía manejar el negocio con facilidades y ventajas especiales. de los soras y resolvió hacerse de ellos. AI efecto. desde el primer momento. desde el bazar. como el zorro a las gallinas. Baldazari y otros.15 llevar a cabo un paciente trabajo de exploración y desmonte en las tierras incultas para convertirlas en predios labrantíos y fecundos. Los soras andaban seducidos por las cosas. Gordo y pequeño.

a su vez. únicamente porque la garrafa le gustó a él. — — ternalmente Marino. quedó hecho. para no quebrarla. José Marino le dio al sora una pequeña garrafa azul. etc.16 melos. Después le enseñó cómo debía llevar la garrafa el sora. paso a a paso. José Marino hizo ei resto con su malicia de usurero. La otra parte de la operación el recibo la imaginaba el sora como sede la garrafa parada e independiente de la primera. La gente salía a verlos y se moría de risa. baldes brillantes. El indio. La taita. ¡Cuidado que la quiebres! le dijo pa- venta. Y en esta misma forma siguió el comerciante apropiándose de los sembríos de los soras. transparentes vasos. con mucho tiento. como una custodia sagrada. Recorrieron la distancia que era de un kilómetro en dos horas y media. El sora no se había dado cuenta de si esa operación de cambiar su terreno de ocas con una garrafa. ¿Qué dices. Sabía en sustancia que Marino quería su terreno y se lo concedió. rodeado de otros dos soras. al sora. como ciertos insectos a la luz. que ellos seguían. Al sora le había gustado ese objeto y creía que Marino se lo había cedido. aprovechando de la fascinación en que estaban sumidos lo soras ante las cosas del bazar. Véndeme tu chacra del lado de tu choza les dijo un día en el bazar. o. — — — — —Bueno. era justa o injusta. el cambio. En pago del valor del terreno de ocas. taita? Que me des tu chacra de ocas y yo te doy lo que quieras de mi tienda. llevó la vasija lentamente a su choza. Los soras se sentían atraídos al bazar. mejor dicho. cediendo a cambio — — — — . con flores rojas.

Los soras. por natuotro lado. La ciencia económica de los soras era muy simple: mientras pudiesen trabajar y tuviesen cómo y dónde trabajar. ante la invasión. censuraban estos robos a los soras. bien. sólo entonces abrirían acaso los ojos y opondrían a sus explotadores una resistencia seguramente encarnizada. Baldazari y otros altos empleados de la "Mining Society". no cesaban. si . bien. ¡Qué temeridad! ¡Quitarles sus sembríos y cruces echándose hasta su barraca! ¡Y botarlos de lo que les per- — — — . infligirles el más remoto perjuicio. asaltando en las punas y en los oasis en la espesura y en los acantilados. ¿Llegaría ese día? Por el momento. el resto no les importaba. Antes para ser más expansivos y les ofrecía ocasión ya que su ingénita movilidad halla- conasí más jubiloso y efectivo empleo. Solamente el día en que les faltase dónde y cómo trabajar para subsistir. exclamaban los peones.17 de pequeños objetos pintprescos del bazaj y con niños que la mayor inocencia imaginable. Los peones. sería entonces a vida o dinámicos. astuta e irresistible de Marino y compañía. Machuca. mientras por una parte se deshacían de sus posesiones y ganados en favor de Marino. Su lucha con los mineros. Si les dan el precio. tenece! ¡Qué pillería! —Pero Son unos Alguno de si los obreros observaba: los mismos soras tienen la culpa. zonzos. como ignoran lo que hacen. para obtener lo justo y necesario para vivir. por su parte. nuevos que surcar y nuevos animales para amansar y El despojo de sus intereses no parecía criar. con lástima y piedad. ba muerte. los soras vivían en una especie de permanente retirada. de bregar con la vasta y virgen bajíos. raleza.

por los que. Les había comprado una cosecha de zapallos ya recolectados. la mujer de un picapedrero derramó lágrimas. y viese que todavía podía apartar de los cuatro reales algo más para sí. ¡Oye. se se la regalan en el acto. — nedas ¿ —Toma Quieres —Bueno. : cuatro reales. de verles tan desprendidos y desarmados de cálculo y malicia. . Si les piden sus chacras. . Pero como la mujer necesitase dinero para remedios de su marido. Luego la asaltó un repentino remordimiento. por toda respuesta. ? mama —dijo el sora. . diciendo: Pero si yo no te digo para que me des nada. tomó a uno de los soras por la chaqueta. que la vieja rechazó. fue a traerle un montón de ollucos. . . también. El sora. les había dicho a última hora. animal! ¿Por qué regalas tus cosas? ¿No te cuestan tu trabajo? ¿Y ya te vas a reir ? ¿ No ves ? Ya te vas a reir. refunfuñando muy en cólera:. Llévate tus ollucos. cuya mano fue volada con un dinamitazo en las vetas. poniéndose en el caso de que fuesen aceptados por ella los ollucos. y puso en el sora una mirada llena de ternura y de piedad. suplicante: —Toma mejor tres reales solamente. En otra ocasión. No tengo más. y por poco no le da un tirón de orejas. Una vieja. la madre de un carbonero. ¡Unos estúpidos! ¡Y más pagados de su suerte! ¡Que se frieguen! Los peones veían a los soras como si estuviesen locos o fuera de la realidad. . La señora se puso colorada de ira. El otro lo necesito. — . le volvió a decir. en vez de darles el valor prometido.18 dan. poniendo en la mano del sora unas moles no ríen como una gracia y . Son unos animales. .

no al real más. y. de bondad inoojos. mama — i. « írv. enternecida por el gesto Apretó en la mano los dos reacente del sora. u Fue entonces que aquella mujer bajo • - i^» los En el bazar de José Marino solían reunirse. que acababa Leónidas la escuela. Zachuca. pero no bebía prano. revólver y una crápula bestial. el cajero MaTaik y Weiss. mama. +« te i« lo daré otro día. im- pasible. diciendole. Al principio de la tertulia. Después. Por fin se departía sobre lo chismes de las minas.19 —Bueno. el comisario Baldazari y el preceptor de llegar a hacerse cargo de vala. había borrachera. se hablaba de cosas de Coica y de Lima. —Toma Le abrió la maque podía apartar un sora y le sacó otra moneda. A veces. el sora. después de las horas de trabajo. para el remedio del les que habrían de servir estremeció una desconocida y enmarido y la toda la trañable emoción. Allí se jugaba también a los dados. acudía también casi y solía irse muy temBenites. disparos de si era domingo. ya — . sobre la guerra europea. volvió a contestar. la las domésticas murmuraciones vinculadas a . a charlar beber coñac —todos trajeados y forrados de misters gruesas telas y cueros contra el frío el ingeniero Rubio. —Bueno. cuya cotizaciones aumentaban diariamente. que la hizo llorar tarde. Luego se pasaba a tópicos relativos a la empresa y a la exportación de tungsteno. La pobre mujer cayó aun en la cuenta de vacilante y temerosa: mejor dos reales. j Lo demás t 4.

Raza endeble. le salía al encuentro: vida — i ! no crea usted. Los inmuy bien lo que hacen. lices. esa una disputa y un continuo combate entre los hombres. Y todo. sólo por lanzarse de nuevo en busca de otros ganaasí viven contentos y fedos y otras chozas. el zinc del mostrador. humilde hasta lo increíble. —Pero — El ingeniero Rubio. según su costumbre. Son incapaces de decir no. Al llegar al caso de los soras. que ya estaba en sus copas. para que otro salga ganando. Esa es su costumbre y su manera de ser. Además. argumentaba con su voz tartamuda y lejana: No. ir tras de los animales salvajes. natural! dios saben es la vida: . . abrir brechas en las tierras vírgenes. No crea usted. Ignoran lo que es el derecho de la pro- Y piedad y creen que todos pueden agarrar indis- . con aire de filósofo y en tono redentor y dolorido: Pobres soras Son unos cobardes y unos estúpidos. .20 privada. Pero los contertulios sorprendían el detalle. Todo lo hacen porque no tienen coraje para defender sus intereses. por la manía de socarronear y acallar a los demás. Uno sale perdiendo. Mi amigo: uj^ted. sin poder replicar a un hombre fanfarrón. además. menos que nadie Estas últimas palabras eran dichas con marcado retintín. estaba borracho. La ley de la selección. el trabajo. ¡Me dan pena y me dan rabia! Marino. señor. rayando con la uña. servil. que era rasgo dominante en el carácter de Marino. Leónidas Benites decía. y que. Se deshacen de sus cosas. gritando a una voz y con burla: ¡Ah! ¡Claro! ¡Natural. Benites comprendía la alusión y se turbaba visiblemente. A mí me parece que a estos — indios les gusta la vida activa.

ése es el valiente. Se dejan por pura de- exasperó: usted débiles a quienes se enfrentan a los bosques y jaleas. lo que les pertenece. amigo mío. ¿Recuerdan ustedes lo de puerta? interro¿Lo de la puerta de la oficina? gó el cajero. su . Son la — — . — — divertidos. . ha sido creada para invertirla en echar abajo a otro hombre? ¡Magnífico! mí me parecía que el valor de un in- —¿Así A un hombre. Valor es luchar de hombre a hombre. "A mi cabana". Cuando le preguntaron a dónde llevaba la puerta. se la quitaron. Exactamente. ni ninguno de los que estamos aquí! —¿Llama Rubio se Eso no es valor. . entre animales feroces y toda clase de peligros. el ojo y echando toda barriga: —Se A hacen ¡Son unas balas! cuyo concepto se opuso Benites. tosiendo.21 tintamente las cosas. el que echa abajo al otro. Creía que cualquiera podía apropiarse de la puerta. ¿Y qué hicieron con él? Es divertido. señor! Son unos — despojar de bilidad. de buenas a primeras. Una carcajada resonó en el bazar. si necesitaba de ella. — Lo demás es cosa muy es que usted cree que la fuerza de valor. . echó la puerta al hombro y se la llevó a colocar en su corral. una cara de asco y piedad: ¡Nada. a buscarse la vida? ¡A que no lo hace usted. El sora. guiñando los tontos. con el mismo desenfado y seguridad del que toma una cosa que es suya. . . Marino la dijo. distinta. contestó sonriendo con un candor cómico e infantil. Naturalmente. poniendo débiles.

no para dejarme quitar lo que yo gane. sino para reunir dineros que me faltan. no digo nada. y no para usarlo como arma ofensiva contra los demás... Tosió durante algún tiempo. por ejemplo. — Le volvió —Yo sé decir que .22 dividuo debe servirle para trabajar y hacer la riqueza colectiva. No podía continuar. . He visto el otro día a uno de ellos sus- — . yo no quito a nadie nada... insensibles al dolor ajeno y que no se dan cuenta de nada. el comerciante dijo. ¡Benites! ¡Benites! Acuérdese de que en boca cerrada no entran moscas El cajero Machuca tuvo un acceso de tos. se bebe? ¿Quién manda? tran moscas ¡Vamos! ¡Déjense de zonceras! El agrimensor no le hizo caso: Aquí. y al fin. . Pero yo me creo obligado a defender mi vida e intereses. he venido a trabajar. congestionadas por el esfuerzo las mantecas de su cuello: Yo sé decir . Yo soy una persona incapaz de hacer daño a nadie. . nada. —Ni más ni Marino . Marino se cansaba de preguntar quién pedía las copas. ¡Su teoría es maravillosa! menos. . —Yo — terció: hacerle callar: —Yo no .. Por lo demás. En boca cerrada no en¿Qué. ni quiero echar a tierra a ningún hijo de vecino. si se me ataca y me despojan de ellos. pasado el cual dijo. embebecido como estaba en la discusión. . para . pudo desahogarse: Los soras son unos indios duros. su socio en lo de la cría y los cultivos. Todos me conocen. y como Benites. no le hiciese caso. con una risa de cortante ironía. ¡Benites! .. digo . la tos.

¡Maldito sea! Sirva usted no más Leónidas Benites no hacía más que expresar por medio de palabras lo que practicaba en la realidad de su conducta cotidiana. Vendrían días mejores. que estoy hablando . arrollada a la cintura. .. con un celo edificante. Unos fríos de corazón. Déjeme. sin embargo. . cuando se haya hecho un capitalito y se pueda salir de Quivilca. para emprender un negocio independiente en otra parte. las mejores virtudes son el trabajo y el ahorro. Debía usted resumir la doctrina cristiana en esos dos apotegmas supremos. había que trabajar y ahorrar. que producen la corrupción y la ruina de personas y sociedades. y que. que sujetaba por el otro extremo un muchacho. Por ahora. ¡Bravo! ¡Bien dicho! ¿Pide usted las copas? dijo Marino.23 penderse a una cuerda. sin ataques a lo ajeno. El sora. Benites no ignoraba que en este mundo. Benites era la economía personificada y defendía el más pequeño centavo.. Son unos crueles y despiadados. poniendo morada la cara y echando la lengua. sintetizan la mo- — — — — — . m^aestro de escuela: Debía usted enseñar a los niños dos únicas cosas: trabajo y ahorro. — . que no tenía cómo deshacerse y pataleaba de dolor. en consecuencia.. sin otro punto de vista que el porvenir. Pero pide usted . templó la soga y la ajustó de tal manera. Leónidas Benites solía decir a Julio Zavala. el que tiene dinero es el más feliz. con el peso de su cuerpo.. que iba a cortarle la cintura al otro. y. que procuran una existencia tranquila y justa. que en mi concepto. seguía en su maroma riéndose como un idiota. El sora le veía. sin vituperables manejos de codicia y despecho y otras bajas inclinaciones. Les falta ser cristianos y practicar las virtudes de la Iglesia.

amigo . * * * . la verdad y la mentira. añadía: A mí me crió una mujer y vivo agradecido a ella. que todos debían imitar. no es posible tranquilidad de conciencia. y luego parecía reflexionar hondamente en las ideas de Benites. por ejemplo. El preceptor daba señal de que le comprendía. Y su crónica mueca de angustia se desembarazaba. en general. El agrimensor tenía. . justicia. Peroraba entonces extensamente sobre el bien y el mal. Por eso puedo manejarme de la manera — que todos conocen: trabajando día y noche y esforzándome en hacerme una posición económica. . laborioso. nada. íntima y sólida convicción de que era un joven de bien. explicaba a Julio Zavala: Una cosa es el ahorro Y no crea usted y otra cosa es la avaricia. la sinceridad y el tartufismo y otros temas importantes. Usted ya me comprende. Le brillaban los ojos.24 ral de todos los tiempos. pronunciadas con dignidad apostólica y ejemplar. señalándose como un paradigma de vida. hay esa distancia: de la avaricia al ahorro. De Marino a mí. Como si se acordase de algo. ¡Lo demás son pamplinas! Después. emocionándose y dando una in- flexión de sinceridad a sus palabras. pero libre y honrada. ordenado. mi querido — . Siempre estaba aludiendo a su persona. Esto último no lo expresaba claramente. pero fluía de sus propias palabras. por haberme dado la educación que teng-o. Sin trabajo y sin ahorro. en ocasiones en que se perfilaban problemas de moral y de destino entre sus amistades. honorable y de gran porvenir. Esa es la experiencia de la historia. caridad. bien humilde por cierto. . .

con su paciente meticulosidad de anciano desconfiado. mismo ocurría con el uso de las medias. para ejercitarse más sacaba sus niveles. . sombrero. abría todas las puertas y ventanas de par en par y no quería cerrarlas. estando Benites en la oficina del cajero. jamás sufrió quebranto alg^uno su salud. valiéndose de una serie de actos que nadie sino él. no dejando nada que tachársela. — nunca! Leónidas Benites. no salía de su cuarto por nada. antes de salir a su trabajo. reglas y cuerdas. anque no tuviese nada que hacer con ellos. que en Quivilca se ya no levanta las echaba de médico empírico — . a fin de que no entrase de golpe el ventisquero. Por la mañana. Así es como un día. Andaba siempre buscando el bienestar físico. Otras veces. a ponerse otra camiseta o calzoncillo. Pero si había sol. y si alguien venía abría con sigilo y lentamente la puerta. podía realizar. Se le veía otras veces agitarse y saltar y correr como un loco. sino que. el muchacho a quien dejó cuidando la puerta abierta de . chompa y aun con los guantes y su cartera de trabajo. hasta ya no poder. . ante estas palabras sombrías cuidaba aún más de su conservación. La hig-iene de su cuarto y de su persona era de una pulcritud esmerada. trípodes y teodolitos. ¡Pero el día en que se enferme usted! vociferaba José Marino. no escaseando ocasiones en que volvía de mitad del camino. calzado. Si caía nieve. distintas ropas interiores. ensayaba.25 — Debido a la vida ordenada que llevaba Leónidas Benites. no solo cargaba con el mayor número de papeles. porque había mucho frío o porque Lo los que llevó le daban un abrigo excesivo. para ver cuál se conformaba mejor al tiempo reinante y al estado de su salud.

meditando. en que la cocinera le acababa de traer de regalo un plato de humitas calientes. Esta circunstancia aparecía como un defecto de los peores a los ojos de José Marino. con quien frecuentemente disputaba por esta causa. su socio.26 SU cuarto se distrajo y entraron a robarle el anafe y el azúcar. Mas no era esto todo. su voz se había apalas nieves de la cordillera. Cuando se veía obligado a hacerlo. a consecuencia de — . De nadie recibía así no más un bocado o bebida. comiendo o leyendo Ayúdate. y luego permanecía preocupado. durmiendo. En los días feriados de la Iglesia. hasta que podía ir a lavarse con dos clases de jabón desinfectante.mañana. que nunca le faltaba. que consideraba la mejor obra moderna. su pulcritud era mayor. — correr del tiempo. y él mismo. El cajero vino a verle un domingo en la. con una mueca de asco. ¡No se haga usted! ¡No se haga usted! le decía Marino. librito fileteado de oro. ni una más ni una menos. Benites. sino exorcisándola previamente y echando sobre las cosas cinco cruces. Poco afecto a tender la mano era. Tratándose de medidas previsoras contra el contagio de los males. de Smiles. estaba siempre en su lugar trabajando. Olvidó la cuenta de las cruces y este fue el motivo por el cual ya no se atrevió a probar del regalo y se lo dio al perro. Todo en su habitación estaba siempre en su lugar. en tono socarrón y en preel Con gado mucho. Entró el cajero en el preciso momento en que Leónidas Benites echaba la tercera cruz sobre las humitas. hojeaba el Evangelio según San Mateo. que su madre le enseñó a amar y a comprender en todo lo que él vale para los verdaderos cristianos. tocaba apenas con la punta de los dedos la mano del otro.

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Hable sencia de los parroquianos del bazar usted fuerte, como hombre! ¡Déjese de humildades y santurronerías! Ya está usted viejo, para hacerse el tonto. Beba bien, coma bien, enamore y ya verá usted cómo se le aclara la voz Algo respondía Leónidas Benites, que en medio de Las risas provocadas por las frases picantes de Marino, no se podía oír. Su socio, entonces, le gritaba con mofa: ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué dice? ¿Qué cosa?
.
i . . .

Pero si no se le oye nada Las risas redoblaban. Leónidas Benites, herido en lo profundó por la burla y el escarnio de los otros, se ponía más colorado y acababa por
¡
!
.

.

.

irse.

En general, Leónidas Benites no era muy querido en Quivilca. ¿Por qué? ¿Por su género de vida? ¿Por su manía moralista? ¿Por su debilidad física ? ¿ Por su retraimiento y desconfianza de los otros? La única persona que seguía de cerca y con afecto la vida del agrimensor era una señora, madre de un tornero, medio sorda y ya entrada en años, que tenía fama de beata y, i>or ende, de amiga de las buenas costumbres y de la vida austera y ejemplar. En ninguna parte se complacía de estar Leónidas Benites, descontando el rancho de la beata, con quien sostenía extensas tertulias, jugando a las cartas, comentando la vida de Quivilca, y, muy a menudo, echando alguna plática sobre graves asuntos de moral. Una tarde vinieron a decirle a la señora que Benites estaba enfermo, en cama. La señora fue al punto a verle, hallándole, en efecto, atacado de una fiebre elevada, que le hacía delirar y debatirse de angustia en el lecho. Le preparó una infusión de eucalipto, bien cargada, con dos copas de alcohol y dispuso lo conveniente para darle un baño de mostaza. Se produciría así una

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copiosa transpiración, signo segnro de haber cedido el mal, que no parecía consistir sino en un fuerte resfrío. Pero, efectuados los dos remedios, y aun cuando el enfermo empezó a sudar, la fiebre persistía y hasta crecía por momentos. La noche había llegado y empezó a nevar. La habitación de Benites tenía la puerta de entrada y la ventanilla herméticamente cerradas. La señora tapó las rendijas con trapos, para evitar las rachas de aire. Una vela de esperma ardía y ponía toques tristes y amarillos en los ángulos de los objetos y en la cama del paciente. Según éste se moviese o cambiase de postura, movido por la fiebre, las sombras palpitaban ya breves, largas, truncas o encontradas, en los planos de su rostro cejijunto y entre las almohadas y las sábanas. Acezaba Benites y daba voces confusas de pesadilla. La señora, abatida por la gravedad creciente del enfermo, se puso a rezar, arrodillada ante un cuadro del Corazón de Jesús, que había a la cabecera de la cama. Dobló la cabeza pálida e inexpresiva, como la mascarilla de yeso de un cadáver, y se puso a orar y gemir. Después se levantó reanimada. Dijo, junto al lecho: ¿ Benites ? Se oía ahora mr/; baja y pausada su respiración. La señora se acercó de puntillas, inclinóse sobre la cama y observó largo rato. Habiendo meditado un momento, volvió a llamar, aparentando tranquilidad:

—¿Benites?

El enfermo lanzó un quejido oscuro y cargado de orfandad, que vino a darle en todas sus entrañas de mujer. ¿Benites? ¿Cómo se siente usted? ¿Le haré otro remedio? Benites hizo un movimiento brusco y pesa-

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do, agitó ambas manos en el aire, como si apartase invisibles insectos, y abrió los ojos que estaban enrojecidos y parecían inundados de sangre. Su mirada era vaga y, sin embargo, amenazadora. Hizo chasquear los labios amoratados y secos, murmurando sin sentido:

¡Nada! ¡Aquella curva es más grande! ¡Déjeme! Yo sé lo que hago! ¡Déjeme! Y se volvió de un tirón hacia la pared, doblando las rodillas y metiendo los brazos en el
.

.

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lecho.

En Quivilca no había médico. Lo habían reclamado a la empresa, sin resultado. Se combatía las enfermedades cada uno según su entendimiento, salvo en el caso de neumonía, en cuyo
tratamiento se había especializado José Marino, el empírico del bazar. La señora que asistía a Benites no sabía si acudir al comerciante, por si fuese neumonía, o procurarse otra receta por cuenta propia, sin pérdida de tiempo. Daba mil vueltas por el cuarto, desesperada. De cuando en cuando, observaba al paciente o ponía oído a la puerta, atenta a la caída de la nieve. Podría ser que su hijo acertase a acudir en su busca o que cualquiera otro pasase, para pedirle consejo o ayuda. A veces, el enfermo se sumía en un silencio absoluto, del que la señora no se apercibía por su sordera, pero, en g-eneral, la noche avanzaba poblándose de los gritos dolorosos y palabras del delirio. Contiguo había, por toda vecindad, un extenso depósito de mineral. El resto de los ranchos quedaba lejos, en plena falda del cerro, y había que llamar a gritos para hacerse escuchar. La señora decidió hacerle otro remedio. Entre las cosas útiles que por precaución guardaba Benites en su mesita, encontró un poco de glicerina, sustancia que le sugirió de golpe la nueva

en medio de las visiones de la fiebre. yendo a amontonarse y enfriarse en un solo punto de la palmatoria. Acomodó la vela. La vela estaba para acabarse y se había chorreado de una manera extraña. había mirado a menudo el cuadro del Corazón de Jesús. practicando un portillo hondo y ancho. y como notase que Benites no había cambiado de postura y que seguía durmiendo. Leónidas Benites. . y se percató de que dormía. que pendía en su cabecera. con el índice alzado hacia la llama. que hacía rato permanecía en calma.. Dio algunos pasos y se sentó en un banco. se dijo. postergando el remedio para más tarde y para el caso de que la fiebre continuase. se inclinó a verle el rostro. — — — . Allí se quedó adormecida. en forma de un puño cerrado. exclamó la seño¡Dios es muy grande! ra. no despertarle. Después se levantó y llegóse de nuevo a la cama del enfermo. con vehemencia dolorosa y durante mucho tiempo. "Duerme". levan¡Ay. protégenos en este valle de lágrimas! No pudo contener su emoción y se puso a llorar. divino Corazón de Jesús! tando los ojos a la efigie y juntando las manos. 30 Encendió otra vez el anafe. ¡Tú lo puedes henchida de inefable frenesí todo! ¡Vela por tu criatura! ¡Ampárale y no le abandones! ¡Por tu santísima llaga! ¡Padre mío. Habiéndose luego acercado de puntillas a la cama. largas oraciones mezcladas de suspiros y sollozos. Fue a arrodillarse ante el lienzo sagrado y masculló. La divina imagen se mezclaba a las imágenes del . Decidió entonces dejarle reposar. Despertó de súbito. y resolvió receta. Benites continuaba tranquilo. enternecida y con voz apenas perceptible añadió. . examinó al paciente. enjugándose las lágrimas con un canto de su blusa de percal.' por el que corría la esperma derretida. — — .

En el delirio vio que el comerciante Marino se quedaba con su dinero y le amenazaba pegarle. Entontes. Míster Taik ordenó a dos criados que le sacasen de la oficina.31 envuelta en el blanco arrebol de la caliche del muro. El susto le hacía entonces dar un salto. El Corazón de Jesús entraba inmediatamente en el conflicto y espantaba con su sola presencia a los agresores y ladrones. dejándole desamparado. el Corazón de Jesús acudía con tal oportunidad. se daba con otra parte de sus enemigos. ayudado por todos los pobladores de Quivilca. zamarro! Benites le rogaba-. impulsado delirio. le decía a Benites: ¡Fuera de aquí! ¡La "Mining Society" le cancela el nombramiento. arrastrándole y le propinaban un empellón brutal. tales como el desempeño de su puesto en las minas. Le cogían por los brazos. persiguiéndole. cruzando las manos lastimeramente. Venían dos soras sonriendo. su negocio en sociedad con Marino y Rubio y el deseo de un capital suficiente para ir a Lima a terminar lo más pronto sus estudios de ingeniero y emprender luego un negocio por su cuenta y relacionado con su profesión. en razón> de su pésima conducta! ¡Fuera de aquí. para luego desaparecer súbitamente. El Señor se esfumaba después en un relámpago. Benites protestaba enérgicamente. sorprendía a un sora robándole un fajo de billetes de su caja. como si escarneciesen su desgracia. que todo volvía a quedar arreglado. Caía en la fuga por escarpadas rocas. muy enojado. Las alucinaciones se relacionaban con lo que más preocupaba a Benites en el mundo tangible. pero tenía que batirse en retirada. y. — . en razón del inmenso número de sus atacantes. al doblar de golpe un recodo del terreno fragoso. Se lanzaba sobre el bribón. en el preciso momento en que míster Taik. poco después. Benites.

en primer lugar. se insinuaba alguno. y ya iba a penetrar en la corriente. dándose cuenta. sobre todos. cuyo mérito se denunciaba a la distancia. Ni un solo recuerdo roedor. hasta los más re- motos confines. Jesús. los relativos a procederes de bondad más o menos discutible o insignificante. cuando se sintió de pronto entorpecido y privado de todo movimiento voluntario. montado sobre el lomo de un caimán. A veces. que bien examinado. aureolado esta vez de un halo fulgurante. y ún aire de tremenda encrucijada llenó el horizonte. de modo oscuro. en el fondo. Benites llegó a la misma orilla del río. por riguroso orden de importancia: abajo. acababa por desvanecerse en las neutras comisuras de la clasificación de valores. El río se dilató de golpe. atenta a sus designios. de que asishora del juicio final. abrazando todo el espacio visible. en medio de un gran río. reemplazado éste. a la luz de la razón. Recordó. sino por el tinte contrario: tal recuerdo resultaba ser. los relativos a grandes rasgos de virtud. Trató de recordar sus buenas y malas acciones de la tierra.32 no tanto por la suma que le llevaba. sus buenos actos. cuanto por la cínica risa con que el indio se burlaba de Benites. Una inmensa multitud rodeaba al Señor. tía a la . no ya sólo por otro indefinible. o mejor sopesado aún. y su memoria no le dio ninguno. apareció ante Benites. Luego pidió a su memoria los recuerdos amargos. Benites intentó entonces hacer un examen de conciencia. a la mano. que le permitiera entrever cuál sería el lugar de su eterno destino. A Benites le poseyó un pavor repentino. tímido y borroso. llegaba a despojarse del todo de su tinte culpable. sin dejar duda de su antenticidad y trascendencia. pero cierto. y arriba. Los recogió ávidamente y los colocó en sitio preferente y visible de su pensamiento.

ruido de almas en pena. que diga lo que desea. según lo intuía. una noche. Como se repitiesen después los ruidos nocturnos. el ansia de oro tentó. Empezaron en la oscuridad a empujar la puerta. amó también. Muy poco le faltaba a Benites. y quizás con exceso. Una voz gangosa. para presentarse ante el Salvador.33 de una acción meritoria. Benites. y a quien la madre del agrimensor solía comprarle hierba para sus cuyes. Benites volvió a preguntar. cuando fueron a empujar la puerta sumida en tinieblas. no faltando quien le asegurase que en aquella casa penaban las almas a menudo. a veces. Y una media noche. interrogó. Benites era inteligente y había cultivado con esmero su facultad discursiva y crítica. De allí vino a sacarle un alfarero de Accoya. Por rápida asociación de ideas. No contestaron. el agrimensor invocó a las penas. Recordó que en Coica. y dándose diente con diente de miedo. había oído en una vasta estancia desolada. a causa de un entierro de oro que dejó allí un español. Al razonarlo. recordó que él mismo. encomendero de la Colonia. Siguieron empujando. refirió a los vecinos lo acontecido. Felizmente. respondió con lastimero acento: el cía — — — . un gran miedo le hizo arrebujarse en su propio pensamiento. Rememoraba que al otro día. echándole maldiciones por su codicia y avaricia. incorporándose ¿Quién es? en la cama. que Benites reconoentonces con verdadera fruición paternal. anheloso y sudando frío: ¿Quién es? Si es una alma en pena. al que no veía muchos años. con la cual podía ahora profundizar las cosas y darles su sentido verdadero y exacto. donde dormía a solas. al fin. Benites tuvo miedo y guardó silencio. el dinero. que parecía venir de otro mundo. a Benites.

gruñó. nunca! Al siguiente día. quizás no fue. suya no había sido la culpa. Benites abandonó la posada. que sus palabras injuriosas para el alma en pena fueron dictadas por ün estado anormal de espíritu y sin intención malévola. A Benites no se le ocultaba. dicho sea de paso. pero como éste. . . sino más bien del párroco. No olvidaba que. . en materia de moral. y de haberse oficiado la misa. agarrando un palo contra el alma en pena: He visto muertos sinvergüenzas. sabedores de sus cuitas en pos del supuesto tesoro. Recordando ahora todo esto. ya lejos de la vida terrenal. estimó tras de largas reflexiones. Benites sabía que era malo correr de las penas. para mi salvación cinco centavos. en realidad. Sin embargo. la broma habría tenido una repercusión de burla y de impiedad. una alma en pena. Indignado Benites por el sesgo inesperado y oneroso que tomaba la aventura. . y argumentó al punto: le —Soy lo —¿Qué pasa? ¿Por qué pena? replicaron llorando: A que — En rincón de cocina dejé enterrados le casi el la No me puedo salvar a causa de Agrega noventa y cinco centavos más de tu parte y paga con eso una misa al cura. — . . las acciones tienen la fisonomía que les dé la intención y sólo la intención. juzgó pecaminosa su conducta y digna de castigo. Respecto a que no pagase la misa solicitada por el alma en pena. que la enfermedad del sacerdote no era mayor que alcanzase a sustraerle del todo del cumplimiento de sus sagrados deberes.34 un alma en pena. sino una broma pesada de alguno de sus amigos. . en un análisis más juicioso y serio. Por último. ellos. a quien una fuerte dispepsia impedía por aquellos días ir al templo. Puesto en este caso.

había. en consecuencia. al sentirse apartado del Señor y condenado a errar al acaso. defendiendo subconscientemente los fueros de seriedad de la Iglesia. como si mascase amargos vellones de tinieblas. Un chispazo de sabiduría le envolvió. Su personalidad. fraccionaria y sintética. aparejar mérito suficiente para un premio del Señor. le llenó el alma hasta la boca. por una gris e incierta inmensidad. y. que le poseyó la visión entera de cuanto fue. nocturna y solar. y que le nacía del fondo mismo de su ser. pensar. Y fue entonces que nada pudo hacer. movido de una dialéctica singxilar e inextricable. de su rol permanente en los destinos de Dios. es y será. En su ser se había posado una nota orquestal del infinito. sin poderlas siquiera ni pasar. ahogándose. como uno de sus promotores. zafado de la armonía universal. no pudo sustraerse al corte cordial y solidario de sus flancos. par e impar. la imagen plena y una de las cosas. hecho bien en proceder como procedió. Su torménocaso. querer ni sentir por sí mismo ni en sí mismo exclusivamente. a causa del paso de Jesús y su divina oriflama por la antena mayor de su corazón. Después. y su conducta podía. como yo de egoísmo. abstracta y material. sin alba ni un dolor indescriptible y jamás experimentado. . dándole servida en una sola plana. exactamente en medio. Benites puso este recuerdo en medio. le anunció de pronto que se hallaba en presencia de Jesús. Indudablemente. volvió en sí. el sentido eterno y esencial de las lindes. de todos sus recuerdos. la conciencia integral del tiempo y del espacio. pues.35 con Benites de por medio. Un sentimiento de algo jamás registrado en su sensibilidad. la noción sentimental y sensitiva. Tuvo entonces tal cantidad de luz en su pensamiento. como número disperso.

garra a — — ! ¡ garra. guija a guija. al llegar ante sus pies. — — — ¡Señor! Apaga la lámpara de tu tristeza. ¡Oh. por diámetros y alturas. 36 to interior.. que me falta corazón para reflejarla! ¿Qué he hecho de mi sangre? ¿Dónde está mi sangre? ¡Ay. sin saber cómo. . . sin noche y sin segundo día tuvo en mis manos embridar y sujetar los rumores edénicos para toda eternidad y salvar lo Absoluto en lo Cambiante! ¡Cuando estuvo en mis manos realizar mis fronteras homogéneamente. . la dejé coagulada en los abismos de la vida. manzana a manzana! ¡Cuando estuvo en mis manos desga- jar los senderos a lo largo y al través. un dolor incurable murmuró Benites suplicante ¡Señor! ¡Al menos. qué mortal tristeza la suya. la funesta desventura de su espíritu. que un poco de ella pase a mi corazón! ¡Al menos. pico a pico. sino a causa de la expresión de tristeza infinita que vio o sintió dibujarse en la divina faz del Nazareno. Benites sufría orillas. avaro de ella y pobre de ella! Benites lloró hasta la muerte. ¡Señor! ¡Yo fui el pecador y tu pobre oveja descarriada! ¡Cuando estuvo en mis manos ser el Adán sin tiempo. como en los cuerpos simples. sin Cuando estarde. a ver si así salía yo al encuentro de la Verdad! Empezó a callar el silencio por el lado de la nada. Señor! ¡Tú me la diste y he aquí que yo. sin mediodía. no era a causa del perdido paraíso. . y cómo no la pudo contener ni el vaso de dos bocas del Enigma! Por aquella gran y sin tristeza. que no sea tanta tu tristeza! ¡Al menos. que las piedrecillas vengan a ayudarme a reflejar tu gran tristeza! El silencio imperó en la extensión trascendental.

aunque duerman. que luego de apagado. tomando sus precauciones de costumbre: medias. eternizarme en los capullos. sentado en su cama. dejó al silencio mudo para siempre. ! — — Benites. — ¡Señor! . el ritmo latente e inmanente: Dios! Estalló Benites en un grito de desolación infinita. tuvo un calofrío Bueno. Junto a la cama de Benites. y en las vísperas! ¡Felices los capullos. . Benites dio un salto: ¿Usted a Coica? ¿Hoy se va usted a Coica? Marino se paseaba a lo largo de la pieza. y todavía en cama! ¡Vamos vamos! ¡Levántese! Me voy esta tarde a Coica. ¿Fiebre. porque ellos son las joyas natas de los paraísos. estambres escabrosos vísperas. hombre! ¡Levántese! ¡Vamos a arreglamos de cuentas! Ya Rubio nos espera en el . al menos.: 37 ¡Yo fui el delincuente y tu ingragusano sin perdón! ¡Cuando hasta pude no haber nacido! ¡Cuando pude. exclamaba Ma¡Qué buena vida. * * * mañana inundaba Benites despertó bruscamente. — ¡Sí bazar . — — apurado. . la nebulosa. pero no importa. Tengo to- ¡ ! . La luz de la la habitación. Me levanto en seguida. to ! ¡ . usted? ¡No friegue. hombre! ¡Levántese Levántese Lo espero en el bazar. porque ellas no han llegado y no han de llegar jamás a la hora de los días definibles! ¡Yo pude ser solamente el óvulo. davía un poco de fiebre. Marino salió y Benites empezó a vestirse. estaba José Marino. en sus selladas Felices las entrañas. socio! rino cruzándose los brazos ¡Las once del día — — — .

Ni mucho abrigo ni poca ropa. la trajo de Coica como querida un apuntador de las minas. atraídas por el misterio de la vida en las minas. Dentro del bazar se discutía a grandes voces y entre carcajadas. a las preguntas repetidas de Machuca. Machuca. Sus padres unos viejos campesinos miserables las — — — tiempo. una seducción extraña e irresistible. José Marino la hizo suya. Lo sujetaba por una soga el sobrino del comerciante. A Las copas menudeaban. camisa. haciendo y vendiendo chicha. Marino. Las tres vinieron a Quivilca huidas de su casa. todo debía adaptarse y servir al momento particular por el que atravesaba su salud. hermoso tipo de mujer serrana. Sus hermanas Teresa y Albina. A las pocas semanas. preguntaba zumbonamente a Marino: ¿Y con quién deja usted a la Rosada? La Rosada era una de las queridas de Marino. Arregladas las cuentas entre Marino. respondió con desparpajo: . camiseta. En cuanto a Albina y a Teresa. las muchachas se pusieron a trabajar. la siguieron. la una de la tarde. el caballo en que debía montar José Marino esperaba ensillado a la puerta del bazar. obligándolas este oficio a beber y embriagarse frecuentemente con los consumidores. El apuntador se disgustó pronto de este género de trabajo de la Graciela y la dejó. ojos grandes y negros y empurpuradas mejillas candorosas. Muchacha de dieciocho años. ya un tanto bebido. corrían en Quivilca muchos lloraron mucho rumores. Baldazari y misters Taik y Weiss. que ejercía sobre los aldeanos. el comisario. el cajero Machuca. el profesor Zavala. sus dos socios. En Quivilca. Rubio y Benites daban la despedida al comerciante.38 calzoncillo. ingenuos y alucinados.

diciéndole: champaña. tes.: 39 al cachito. cuatro! ¡Usted manda! Fue Leónidas Benites a quien tocó jugar el primero. . comisario! ¡Tiene unas ancas así! El cajero. —Pero ¿qué jugamos? — preguntaba Benicacho en mano. y preguntó a Machuca: . abrió en círculo los brazos e hizo una mueca golosa y repugnante. y se jugó la partida. estaban borraMarino agitaba el cacho ruidosamente. a pesar de su borrachera ¡No. si usted quiere. gritando Juguémosla es! —¡Eso — ¿Quién manda? Tiró los dados y contó. injurias y zumbas ahogaron los tímidos escrúpulos de Leónidas Benites. Todos.. Los ojos del comisario también chispearon. — Pero ¿dónde vive ahora? la veo. guémosla entre todos! En torno al mostrador se formó un círculo. chos. — ¡Tire no más! —decía Baldazari — ¿No . ¡Bravo! ¡Que pague una copa! ¡El remojo de la sucesión! El comisario Baldazari se ganó al cacho a — — : la Rosada y mandó servir se le acercó. Hace tiempo que no . dos. y hasta el mismo Benites. está usted oyendo que vamos a jugar a la Ro- sada? Benites respondió turbado. ¡Al cacho! ¡Al cacho! ¡Pero juargumento Baldazan. tres. Machuca —¡Qué buena chola se va usted a comer. . hombre! ¡Jugar al cacho a una mujer! ¡Eso no se hace! ¡Juguemos una copa! Unánimes reproches. diciendo esto. recordando a la Rosada. señalando con el dedo y sucesivamente a todos los contertulios: -^¡Uno.

no. Amárralo a la pata del mostrador. Cucho anda a la casa de las Rosadas y dile a la Graciela que venga aquí.. sí. José Marino y el comisario Baldazari salieron a la puerta. completamente solo. al bazar. 40 —Por Poza. ¡Anda! ¡Pero volando! ¡Ya estás de vuelta! . Unos minutos más tarde. solo. porque ya me voy. Ha sido una broma. usted es el comisario y usted manda! ¡Qué vainas! ¡Lo demás son cojudeces! ¡Ande. Mándela traer ahora mismo — ¡No. Si te pregunta con quién estoy. Dile que estoy solo. con sus hermanas. . Baldazari se quedó pensando y moviendo su foete. Es de La genpuede vemos. te ni los cree que Marino va a soltar a la chola? Si se fuera para no volver. que la estoy esperando. ¡Hágase usted el cojudo! ¡Es una hembra queda el opio! ¡A mí me gusta que es una barbaridad! ¡Mándela traer! ¡Además. dijo Marino a su sobrino Anda. hombre! Ahora. Deja caballo. Pero sólo se va a Coica por unos días ¿Y eso qué importa? Lo ganado es ganado. indios — ¡Qué gente gente! ¡Todos están trabajando! ¡Mándela traer! ¡Ande! —Además.! . que son también estupendas. . ¿Usted la i no. — — ¡Pero es claro! —¿Con quién vive? —Sola.. ¿Me has oído? — — — — ¡Cuidado con que te olvides! Dile que estoy el —Sí. comisario! ¿Y cree usted que va a venir? — . no le digas quiénes están aquí. día. que no hay nadie más en el bazar. Cucho amarró la punta de la soga del caballo a una pata del mostrador y partió a hacer el mandado. . tío.

con la mujer. Asimismo. podía serle útil. el comerciante iba a ausentarse y le había pedido al comisario el favor de supervigilar la marcha del bazar. Cuando Marino no podía con un peón. a aceptar un salario muy bajo o a trabajar a ciertas horas de la noche o de un día feriado. . . Su servilismo al comisario no tenía límites. De otro lado. que estaba de vacaciones. Las tres de la tarde y ya José Marino había vendido muchas botellas de champaña. la hermana o la madre de un jornalero. ¿Por qué las adulaciones del comerciante al comisario? Las causas eran múltiples. en punto a la peonada y en punto a los gerentes de la "Mining Society". Marino le servía hasta en sus aventuras amorosas. mir. Baldazari. de cinzano. que se negaba a reconocerle una cuenta. con la "barra" (suplicio original de las cárceles peruanas) o a foetazos. de coñac y de whisky Pero todas éstas no eran sino razones del momento. cuando Marino no podía obtener . Otras eran las de siempre y las más serias. el comisario le estaba consumiendo ahora en gran escala en el bazar. a su bazar.41 — ¡Volando. Baldazari se quedaba a dordarme. en alguna choza o vivienda de peones. y éste hacía ceder al peón con un carcelazo. igualmente solo. y muy nimias. al propio tiempo que entrenaba a los otros a hacer lo mismo. que quedaba a cargo del profesor Zavala. volando! — le decían Marino y José Marino adulaba a todo el que. acompañados de un genA veces. de madrugada. Por el momento. . y Marino. Marino acudía al comisario. El gendarme volvía entonces sólo a la Comisaría. Salían de noche a recorrer los campamentos obreros y los trabajos en las minas. El comisario Baldazari era el brazo derecho del contratista José Marino. de una u otra manera.

Marino acudía a Baidazari y éste intervenía. otros acariciándola por el mentón. Es la despedida. Cayó nieve. cualquier favor o granjeria. desternillándose de risa: Siéntate. .42 Y ¿qué tomas? Cerraron a medias la puerta y Cucho jaló de afuera la soga del caballo. facilidades. o en general. . Los del bazar se escondieron. ipso fado y en público. Una repentina carcajada estalló en el bazar. unos estrechándole la mano. y todos los contertulios aparecieron de golpe ante Graciela. la Graciela aparecía en la esquina. La Graciela decía tímidamente: Yo creía que se iba usted a ir así no más. obteniendo de los patrones todo cuanto quería José Marino. La rodearon. Una india de aire doloroso y apurada. sin decirme ni siquiera hasta luego. acompañada de Cucho. tratando de disimular su embriaguez. dio un traspiés contra el muro. . con la influencia y ascendiente de su autoridad. Colorada. estupefacta. cio a esperar. —¿Ahí está tu tío? — le preguntó jadeante a Cucho. ¡Qué quieres! ¡Los amigos! ¡Nuestros patrones! ¡Nuestro grande y querido comisario! ¡Siénta- — — — . Nada. sentándose en el quite! . Marino le decía. pues. Solamente José Marino apareció a la puerta. Al poco rato. Pasa. de extraño que el comerciante estuviese ahora dispuesto a entregar a su querida al comisario. Siéntate. Te he hecho llamar porque ya me voy. compras en el llegó corriendo. Pasa dijo afectuosamente Marino a la Graciela Ya me voy. directamente de misters Taik y Weiss tales o cuales ventajas. — — Varias veces vino gente a hacer bazar y se iban sin atreverse a entrar.

. desesperada y sin atreverse a entrar al bazar. . ahí — Para que me venda láudano. vaciló y se quedó a la puerta. está. si si quiere . — Pase usted. las armas de la patria. . tío la va. lo tío le . el profesor. . —¿La Rosada? — Mi ha mandado llamar. — Por qué llora usted — preguntó Cucho. Están bien borrachos.— —Quién sabe se va a enojar ? le . . Aguaitaba lo que adentro sucedía. los — —La Graciela. Cucho aguaitó hacia adentro y llamó tímidamente : . sin soltar la soga del caballo. La mujer iba y venía. Están tomando champaña. se ponía a escuchar y volvía a pasearse. el ingeniero. —Ya se muere mi mama y don José está con gente — Si quiere usted. . llamaré a mi para que venda . . espe- angustia creciente se pintaba en su cara. Una — — —¿Quién más? —El cajero. . Pero entre usted. se entretenía en dibujar con el cabo de un lápiz rojo. porque ya se muere mi mama. y en un pedazo de su cuaderno de la escuela. Sí. La mujer rando. La mujer empezó a gemir. ¡Pero oigo una mujer! gringos . porque ya se — ¡Ay.43 ¿Para qué? —Sí. . Le preguntaba a Cucho: ¿Quién está ahí? El comisario. . Cucho. Estoy muy apurada. . quiere. . qué hora se irán? ¿ . Dios mío! ¿A qué hora se irán? ¿A . —¿Pero quién sabe está con gente? —Está con muchos señores.

si quiere ! ¡ — Pegúeme a mí.44 —¡TÍO Pepe! salía . mi querido Marino? le dijo. . . De la tienda un vocerío confuso. ¿Qué quieres. mezclado de risas y gritos y un tufo nauseante. Cucho. dán¡Carajo! dole de puntapiés ¡Cojudo! Me estás jodiendo siempre! Algunos transeúntes se acercaron a defender a Cucho. Cucho llamó varias veces. La mujer se hizo también a un lado. comisario! respondía Marino. — — ró Cucho. . ¡Sólo por eso! ¡Y a mí también. José Marino. ¡No le pegue usted. . ciego de ira y de alcohol. Cucho yacía sobre la nieve. le dijo. le pega. . siguió golpeando al azar. taita! Si lo ha hecho por mí. . La orgía estaba en su colmo. Algunas patadas cayeron sobre la mujer. humildemente ¡Le pido mil perdones! Ambos penetraron al bazar. sollozaba dolorosamente: Sólo porque lo llama. irritado. al verle borracho y colérico. ¡Pegúeme a mí. sólo porque vengo por un remedio! — — — — . lanzándose furibundo sobre su sobrino. La india. — . La mujer del láudano le rogaba a Marino. de pie. salió José Marino. sujetándole por las solapas. Porque yo le dije. durante unos segundos. vociferaba el comerciante. . de lejos. — ni la puta que te parió! rugió José Marino. Le dio un bofetón brutal en la cabeza y le derribó. Al fin. amedrentado. arrodillada: —Para que venda — ¡Qué láudano usted láudano — murmu- — — — . carajo? a su sobrino. llorando y ensangrentado. dio un salto atrás. hasta que salió el comisario y lo contuvo. si quiere ! . junto a Cucho. ¿Qué es esto. ¡Perdone.

Yo Rubio es un enfermo. . sí. Ella de la mujer de Rubio) no lo quiere. Se agachó y aguaitó a hurtadillas. y de nuevo a la puerta del bazar. que continuaba entreabierta. sí. ¿Qué sucedía ahora en ílosé el bazar? Marino conversaba tras de la puerta. seguida del indio y llorando. — — — — gracias. Sabía muy bien que. se muere por usted. pero eso es peligro-' replicaba muy colorado y sonriendo el so — — — gerente. míster Taik. el gerente de la "Mining Society". con mis propios ojos. con míster Taik. correr. en secreto y copa en m^no. ya veremos. decídase no más. Míster Taik. con el animal. Cucho. se sentó le. cuando le amenazaba azotarsolía decir su tío. Marino bebió su copa y añadió. El caballo de José Marino. (hablaban Además. . la . sé por qué le digo. .. felizmente. la india del láudano. lo fue a buscar. Yo le aseguro que no lo sabrá.. se echó a . secándose las lágrimas y la sangre. señor Marino. puede saberlo Rubio. Usted es muy amable . lo he visto .45 Apareció un indio mocetón llorando y a carrera: . xr ¡Chana! ¡Chana! ¡Ya muño mama! ¡Ven! ¡Ven! ¡Ya murió! Y Chana. Muchas Sí. Usted es muy amable. Volvió. decidido: ¿Quiere usted que yo me lleve a Rubio un día fuera de Quivilca. Ya veremos. míster Taik: yo mismo. "las nalgas ya no serían suyas". había huido. Yo se lo aseguro con mi cuello. de irse como el caballo. Le decía en tono insinuante y adulador: Pero. Yo la he visto. . . espantado. . El gerente sonreía siempre: Pero. para que usted aproveche ? Bueno.

preparado por é! en secreto. míster Weiss. míster Taik. su amante. del otro extremo del bazar. la había dado a beber un licor extraño y misterioso. . Entretanto. ya sabe que yo no reparo en nada. sin duda. decía. ¡No digo un "tabacazo"! ¡No digo una mujer! ¡Por usted. . embriagado. quién sabe. pero amigo de veras y dispuesto a servirle hasta con mi vida. y nada — ¡ ! ¡ más . Su pobre servidor míster Taik. Por usted todo. jactancioso y eso que no le he puesto mucho de lo verde. Soy su amigo. a Baldazari. De otro modo. el último. en ios espasmos producidos por el "tabacazo". Todos hacían palmas. añadiendo: se lo merece todo. — —Usted Abrazaba con una copa en la mano. llama al comerciante: ¡Señor Marino! ¡Otra tanda de champaña! José Marino voló a servir las copas. Se paraba de pronto y bailaba sola. ¡Su pobre amigo! Marino se inclinó largamente. bamboleándose y sin pañolón: Yo soy una pobre desgraciada Don José ¡Venga usted! ¿Quién es usted para mí? ¡Hágame el favor! Yo sólo soy una pobre. El comisario le decía en voz baja y aparte a Marino: ¡Formidable! ¡Formidable! Es usted un portento. la Graciela estaba ya borracha.!. muy humilde y muy pobre.. — En ese momento.. . ya habría doblado el pico hace rato . Ya está más para la otra que para — . Una sola copa de este licor la había — . . 46 Tratándose de usted. . ésta —Y . La Graciela. . La Graciela. comisario. cantaba y lloraba sin causa. eso —respondía Marino. mi vida! Créalo. muy modesto. entre risas y requiebros. José Marino.

más grande personaje de la auQuivilca. El cajero Machuca soltó una risotada. hacía muecas de burla y añadía: Obedécele como a mí mismo. toridad. agarrándose del mostrador para no caer. . El comisario se limitaba a reír y a beber. Graciela? La Graciela respondía. a beber otra copa. . la voz arrastrada y — — . A los pocos instantes. Baldazari se encontraba completamente borracho.: . por toda respuesta. ¿Me entiendes? El verá por ti. comisario! — . le dijo entonces a la Graciela. . diciendo esto. . . . Sí. . Los demás. Sí. los ojos velados por la embriaguez. en coro. José Marino le hizo señas de callarse y guiñó el ojo a Baldazari. . . . . . . después de nuestros patrones. Sí Bueno. como a una ciega. . — . significándole que la melaza estaba en punto. El hará mis veces en todo y para todo Marino. casi cerrando los ojos: Muy bien Muy bien Sí Después vaciló su cuerpo y estuvo a punto de caer. Lo veo. ¿Me oyes? ¿Me oyes. . . con nosotros? La Graciela. le decían a media voz a Baldazari: — . José Marino. . Pues el señor comisario va a encargarse de ti mientras dure mi ausencia. del brazo del comisario. llamando a grandes voces: ¡Don José! ¡Venga usted a mi lado! ¡Venga usted! José Marino insinuó de nuevo a Baldazari que se acercara a la Rosada. Graciela. fue a sentarse. místers Taik y Weiss. El señor comisario. — ¡Ya. Hizo servir varias veces cham. y ante todos los contertulios —¿Ves? el Aquí está el señor comisario. . 47 Las risas y los gritos aumentaban. ¡Entre nomás! Éntrele!. ¿Lo ves aquí. trataba de ver al comisario. Baldazari volvió.

Los demás estaban. pero éste se escabulló suavemente. irritado. Al venir la la el puerta y noche. los patrones místers Taik y Weiss. cerraron herméticamente bazar quedó sumido en las tinie- Todos los contertulios menos Benites. José Marino y el comisario Baldazari rodeaban siempre a la Graciela. y. que se había quedado dormido conocieron entonces. ¡No! respondió Graciela enérgicamente y como despertando. Rubio hablaba de política internacional a gritos con míster Taik. la Rosada abrazó a Marino. naturalmente. poniendo en su lugar a Baldazari en los brazos de Graciela. galantería o refinamiento. Los otros personajes entraron luego a escena. y al te Graciela le lo te el se fue a preparar otro "tabacazo". habían brindado a la muchacha a sus amigos. generosamente. uno por uno. don José! —¿No besas? ¿No cumples que yo ordeno? ¡Espérate! — gruñó comerciante. de otro lado. el profesor Zavala. La muchacha se dio cuenta y apartó bruscamente al comisario: Besa al señor comisario le ordenó entonces Marino. por orden de jerarquía social y económica: el comisario Baldazari. ebrios. Lo hizo en medio de una batablas.! 48 paña. José Marino primero. el cajero Machuca. — Besa — ¡No! ¡Eso. ¡Déjela! dijo Baldazari a Marino. el ingeniero Rubio y el profesor Zavala. Un momento. asimismo. fue el último. por modestia. e insistió: i señor comisario he dicho. — — . se abrazaban en grupo. y en una inconsciencia absoluta. Leónidas Benites y míster Weiss. Pero el contratista de peones estaba ya co- — — — ¡ ! — — — lérico. nunca! ¡Nunca. José Marino. el cuerpo de Graciela. Los primeros en gustar de la presa fueron. y Baldazari después.

en el suelo . restregándo- ¿Ya se — — — — — .. — . sí serio ¡Hay que despertarla. Ya es de noche. José Marino lanzó. fumando . probar mis hombres! dijo Baldaguardando su revólver Pero veo que todos han temblado. fue? Míster Taik. piezas de tejido deshechas al azar. — — . que era quien había tirado. al fin. sí sí! — decía el gerente. zari. interjecciones y gritos de una abyección y un vicio espeluznantes. ¿No le parece. champaña derramado por el suelo. usted. macilentas y sudorosas. míster Taik? se los ojos . — ¡Para —¿Y la — . . era la única seña de vida de Graciela.49 hola demoníaca. para lavarse las manos. Marino trajo agua en un lavador. Mientras se estaban lavando. Un diálogo espantoso.. . su pipa. dijo: Señor Baldazari: hay que despertarla. sí. . Marino. que es siempre el hombre! ¡Ah! exclamó el comerciante Eso va a ser difícil. — Graciela? —interrogó. limpiando sus lentes. — — — — . sordo y ahogado. Pero. sonó un tiro de revólver. volando el lavador por el techo. Me parece que debejrse ya a su rancho. ¡Oh. poniéndose Sí. . Marino pronunciaba en la oscuridad palabras. Una carcajada partió de la boca del comisario. y las caras. Contra el "tabacazo" no hay otro remedio sino el sueño. todos en círculo. . dijo el comisario. Una que otra mancha de sangre negreaba en los puños y cuellos de las camisas. vióse botellas y vasos rotos sobre el mostrador. una carcajada viscosa y macabra Y. de todos modos argumentó Rubio no es posible dejarla botada así. Leónidas Benites despertó. cuando encendieron luz en el bazar. Un ronquido.

acompañado de Zavala. Y. levan¡Carajo! ¡Está muerta! tándose preguntaron todos. mañana. estupefac¿Muerta? . el .: 50 — — — — — tos — ¡No diga usted disparates! ¡Imposible! —Sí —repuso en tono despreocupado amante de Graciela— Está muerta. de Machuca y de Benites. En conciencia. una palabra! Ahora hay que Hay que decir a sus hermanas que le ha dado un ataque y que la dejen reposar y dormir. El agrimensor era el único de los del bazar. inmóvil. . Seguía siempre inmóvil. cuando la hallen muerta. La llamaron. Y. divertido. Todos los del bazar volvieron del cementerio tranquilos y conversando indiferentemente. A las diez de la noche. Leónidas Benites se acercó a Graciela. y así se hizo. el sobrino del amante de la muerta. en quien la muerte de Graciela dejó cierto pesar y hasta cierto remordimiento. Volvieron a llamarla y a moverla. agitándola fuertemente y no dio señales de despertar. Trajeron una vela. . se enterró a Graciela. con las polleras en desorden y aun medio remangadas. Nos hemos . de Rubio. todo estará arreglado . Los demás asintieron. M]íster Taik dijo entonces en voz baja y severa — Bueno. De lejos. En primera fila del cortejo fúnebre iba el comisario de Quivilca. La Rosada yacía en el suelo. José Marino montó a caballo y partió a Coica.. Nada. al día subsiguiente. Que nadie diga esta boca es mía. seguido de los demás.. seguía el cortejo Cucho. sabía Benites que la Rosada no había fallecido ¿Me h?in oído? ¡Ni llevarla a su casa. José Marino puso la oreja sobre el pecho de la moza y los otros esperaron en silencio. desgreñada. . exclamó el comerciante. Sólo Leónidas Benites estaba muy pensativo.

arrepentido de la escena del bazar. Después. le repugnaba. aunque sólo fuese de modo oscuro y dudoso. y se tendió en su cama a meditar. Nos dicen que es porque la emborracharon en el bazar. se presentaron de pronto en el escritorio del gerente de la "Mining Society". patroncito. . fueron introducidas ante el yanqui. míster Weiss. se quedó dormido. las acompañaban. Benites. las dos hermanas de la muerta. y. que maten así a una pobre mujer y que todo se quede así nomás El llanto no la dejó continuar. el subgerente. de regreso del entierro. Y que usted. Cómo ha de ser. Teresa y Albina. . señor. como las Rosadas. . a quien acompañaba a la sazón su compatriota. míster Taik. en principio. chicheras también. Venían llorando. enojado. tras de una breve espera. pues. Por la tarde de ese mismo día. Aquí. todos ¿Han ido ustedes a quejarse al comisario? —Sí. por haberse quedado profundamente dormido. Por eso. se encerró en su cuarto. Albina y Teresa pidieron audiencia al patrón. .51 de muerte natural. Verdad es que él no vio nada de lo que ocurrió con Graciela en la oscuridad. y que no es cierto. debe hacernos justicia. patrón. cosa a la que no estaba acostumbrado y que. patrón dijo Teresa llorando venimos porque todos dicen en Quivilca que a la Graciela la han matado y que no se ha muerto ella. . Pero él nos dice que son habladurías y nada más. — — — . . pero lo sospechaba todo. Míster Taik se apresuró a contestar. ¿Qué se les ofrece? preguntó secamente míster Taik. ¿Pero quién dice eso? Todos. — — — — — . Ambos chupaban sus pipas. Otras dos indias.

52

¿Erítonices? Si asf les ha contestado el señor comisario, ¿a qué vienen ustedes aquí ^' por qué signen creyendo tonterías y chismes imbéciles? Déjense de zonceras y vayanse a su casa tranquilas. La muerte es la muerte y el resto son ¡Vayanse! necedades y lloriqueos inútiles ¡Vayanse! añadió paternalmente míster Taik, disponiéndose él también a salir. ¡Vayanse! repitió, también en tono protector, míster Wiss, chupando su pipa y paseándose No hagan caso de tonterías. Vayanse. No estamos para cantaletas y majaderías. Hagan el favor ... Los dos patrones, llenos de dignidad y despotismo, indicaron la puerta a las Rosadas, pero Teresa y Albina, cesando de llorar, exclamaron, a la vez, airadas: Por eso hacen Sólo porque son patrones lo que quieren y nos botan así, sólo porque venimos a quejarnos! ¡Han matado a mi Graciela! ¡La han matado! ¡La han matado! ... Vino un sirviente y las hizo salir de un empellón. Las dos muchachas se alejaron protestando y llorando, seguidas de las otras chicheras, que también protestaban y lloraban.

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II

José Marino fue a Coica por urgentes neEn Coica tenía otro bazar, que corría de ordinario a cargo de su hermano menor, Mateo. Los hermanos Marino tenían además, en Coica, la agencia de enganche de peones para los trabajos de las minas de Quivilca. En suma, la firma "Marino Hermanos" consistía, de una parte, en los bazares de Coica y de Quivilca, y, de otra, en el enganche de peones para la "Mining
gocios.

Society".

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La "Mining Society" celebró un contrato con "Marino Hermanos", cuyas estipulaciones principales eran las siguientes: "Marino Hermanos" tomaban la exclusiva de proporcionar a la empresa yanqui toda la mano de obra necesaria la explotación minera de Quivilca, y, en segundo lugar, tomaban, asimismo, la exclusiva del abastecimiento y venta de víveres y mercaderías a la población minera de Quivilca, como medio de facilitar el enganche y reenganche de la peonada. "Marino Hermanos", de este modo, se constituían en intermediarios, de un lado, como verdaderos patrones de los obreros, y, de otro lado, como agentes o instrumentos al servicio de la empresa norteamericana. Este contrato con la "Mining Society" estaba enriaueciendo a los hermanos Marino con una rapidez pasmosa. De simples comerciantes en pequeño, que eran de Coica, antes de descubrirse las minas de Quivilca, se habían convertido en grandes hombres de finanza, cuyo nombre empezaba a ser conocido en todo el centro del Perú. El solo movimiento de mercaderías de sus bazares de Coica y Quivilca, representaba respetables capitales. En el momento en que José Marino venía a Coica, después de la jarana y la muerte de Graciela, en el bazar de Quivilca, "Marino Hermanos" iban a decidir de la compra de unos yacimientos auríferos en una hoya del Huataca. Tal era el principal motivo del viaje de José Marino a Coica. Pero, el mismo día de su llegada, por la noche, después de comer, la atención de los hermanos Marino, en el curso de una larga conferencia, fue de pronto y preferentemente atraída hacia diversa^ cuestiones relativas al enganche de peones para Quivilca. Antes de su partida de Quivilca, José Marino había tenido acerca de

para

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este asunto una extensa conversación con míster Taik. La oficina de la "Mining- Society" en Nueva York exigía un aumento en la extracción del tungsteno de todas sus explotaciones del Perú y Bolivia. El sindicato minero hacía notar la inminencia en que se encontraban los Estados Unidos, de entrar en la guerra europea y la necesidad consigruiente para la empresa, de acumular en el día un fuerte stock de metal, listo para ser transportado, a una orden teleg"ráfica de Nueva York, a los astilleros y fábricas de armas

de los Estados Unidos. Míster Taik le había dicho secamente a José Marino: Usted me pone, antes de un mes, cien peones más en las minas ... Haré, míster Taik, lo que yo pueda respondió Marino. Ah, no No me diga usted eso. Usted tiene que hacerlo. Para los hombres de negocio, no hay nada imposible Pero, míster Taik, fíjese que ahora es muy difícil traer peones desde Coica. Los indios ya no quieren venir. Dicen que es muy lejos. Quieren mejores salarios. Quieren venirse con sus familias. El entusiasmo de los primeros tiempos ha pasado. Míster Taik, sentado rígidamente ante su escritorio, y después de chupar su pipa, puso fin a los alegatos de José Marino diciendo con implacable decisión: Bueno. Bueno. Cien peones más dentro de un mes. Sin falta. Y míster Taik salió solemnemente de su oficina. José Marino, caviloso y vencido, lo siguió a pocos pasos. Pero un diálogo tal —dicho sea de paso lejos de enfriar la amistad si amistad era eso entre ambos hombres, la afianzó más. José Marino volvió al bazar, y en lo primero que pensó fue en hacer venir por medio

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¿Entonces? volvió a preguntarse con angustia Mateo ¿Qué se puede hacer? ¿Qué podemos hacer? — — — — — — ¡ . por no saber andar entre las máquinas. — a su hermano en Coica — — . no será posible encontrar indios salvajes. hombre. — difícil. querido cajero. Vaya usted nomás. y que él tenía que cumplir las órdenes del sindicato. en orden al tungsteno destinado a los Estados Unidos y a la guerra mundial. . . Además. lo que. . Entonces José Marino se deshizo en reverencias y atenciones para míster Taik. naturalmente. no modificó en nada las exigencias de la "Mining Society". Pero. por estúpidos. Va a ser imposible. Hágacomo cosa suya. hombre. a míster Taik. entonces argumentaba Mateo ¿qué vamos a hacer ahora? En Quivilca mismo. yo se lo he dicho. a la reunión de despedida al comerciante. Están los gringos trabajando. lo Vaya usted a traerlos. el cajero Machuca. Tráigame a míster Taik y a míster Weiss. . Una vez en el bazar refería José Marino — . 85 de un amigo. Machuca fue y logró hacer venir a los dos yanquis. ya va a ser hora de almuerzo. burlándose Hace tiempo que metimos a los soras a las minas y hace tiempo también que desaparecieron. volví a hablarle al gringo sobre el asunto y volvió a decirme que no eran cosas suyas. Usted sabe que sólo vienen al bazar en la tarde. y que no se den cuenta que — —Va a ser —No. No. Indios brutos y salvajes! Todos ellos han muerto en los socavones. Ande.. — — — . ¿Y los soras? ¡Los soras! dijo José. o en los alrededores. muy a su pesar. Dígales que sólo van a estar unos minutos.

calzados de botas amarillas. al viejo Grados y al cholo — Laurencio. Luego. ¡Claro! ¡Claro! exclamaba José. Bueno. no. 56 —¿Cuántos — — — peones hay socorridos? — pre- guntó. antes del 20. hojeando los libros y los talonarios de los contratos. para ir por los cholos inmediatamente. Entonces.. no. Claro que se les puede ver. Naturalmente. dijo: Al Cruz. que debían haber partido a Quivilca este mes. en tono — — decidido. ¿Está aquí el subprefecto? Sí. los nombres de los peones contratados y sus domicilios. que pedirle dos soldados mañana mismo. hace quince días. ¿Los has hecho llamar? ¿Qué dicen? He visto a algunos. Los herma- . más o menos. a su vez. A los gendarmes les damos su sol a cada uno... recitando. aunque sea de — noche o a la madrugada . — aquí —Bueno.. Mateo. De Chocada se puede pasar a Conra y después a Cunguay. un enorme pañuelo de seda al cuello y vestidos de "diablo-fuerte". al Pío.. a nueve de ellos.. de un solo tiro . decía: Hay 23. y me prometieron salir para Quivilca a fines de la semana pasada. uno por uno. su coca y sus cigarros. Sí.. a los nueve que tú dices.. José replicó de prisa: No.. no hay más está.. Si no lo han hecho habría que ir a verlos de nuevo y obligarles a salir. José. ¿Dónde viven? Mira en el talonario — Mateo hojeó de nuevo el talonario de los contratos. su buen cañazo. y ya está . — precisamente. Hay que verlos a todos mañana mismo. Ambos se paseaban en el cuarto. se les puede ir a ver mañana juntos.

coloreado y casi geométrico. a la vez. una disputa. fideos. a causa de esto. ¿Cómo y cuándo pasaron de la conducta o contextura moral de proletarios. de vergüenza de sentirse en medio de aristócratas. los antiguos obreros de Moliendo? Los hermanos Marino saltaron de clase social una noche de junio de 1909. jabón. Lo de- — — . Sus pulmones proletarios no soportarían un aire semejante. velas. kerosene. que los Marino. donde ambos vivían y vendían unos cuantos artículos de primera necesidad: azúcar. en verdad. chocolate y ron. a la de comeruna vez ciantes o burgueses? ¿Siguieron acaso siendo de propietarios de la tienda de Coica en los basamentos sociales de su espíritu. Se decía solamente que en Moliendo trabajaron como cargadores en la estación del ferrocarril y que allí reunieron cuatrocientos soles.57 nos Marino eran originarios de Moliendo. empezando a trabajar en Coica. en una tienducha. lo sabía a ciencia cierta. José le decía a Mateo ^ue fuese él a la fiesta. Era el santo del alcalde de Coica y los Marino fueron invitados. situada en la calle del Comercio. fósforos. que fue todo el capital que llevaron a la sierra. Porque era el caso que ni uno ni otro tenía el valor de hacer frente a tamaña empresa. entre otros personajes. a semejanza de ciertos números de fondo de los circos. en el primer momento. Ni José ni Mateo querían ir al banquete. arroz. y viceversa. sal. ¿ Con qué dinero empezaron a trabajar? Nadie. La metamorfosis fue patética. Y tuvieron. Hacía unos doce años que fueron a estaMecerse a la sierra. . El brinco de la historia fue cruento. ají. reían en un éxtasis medio animal y dramático. chancaca. La invitación les cayó tan de lo alto y en forma tan inesperada. a comer con el alcalde. té. Era la primera vez que se veían solicitados para alternar con la buena sociedad de Coica.

camisa con cuello y puños de celuloide.. Iba cojeando. conseguiremos todo. Casi de un salto de dolor... Ya se hacía tarde y se acercaba la hora del banquete. el médico y hasta el diputado. nos van a invitar siempre. afrontó el heroísmo de ir a la fiesta. Mateo susi ... a todas partes. José le rogó: ¡Pero fíjate que es el alcalde! ¡Fíjate el honor que vas a tener de comer con su familia y el subprefecto. Y vas a ver. Todo está en entrar en la sociedad. el juez. No puedo ca- — — dar paso . sentándose y con una terrible mueca de dolor: Yo no voy. Hasta cuándo vamos a ser obreros y mal considerados? . Mateo Marino transformó entonces y sin . Y seremos nosotros también considerados después como personas decentes de Coica. fría lo indecible. Mateo se sintió elegante y aún estuvo a punto de sentirse ya burgués.. de no empezar a ajustarle y dolerle mucho los zapatos. Con buenas relaciones.. y el resto ya vendrá: la fortuna. Primera vez que se los ponía y no tenía otro par. entre la multitud de curiosos del pueblo. con algo tropezó el pie que más le apretaba y le dolía. sin poderlo evitar. sobreponiéndose al dolor de sus zapatos. corbata y zapatos nuevos de charol. Tras de muchos ruegos de José. Al entrar a los salones ^el alcalde. Mateo fue a la comida del alcalde. Me duelen mucho. los honores. su sombrero de paño. digno de aquella noche. en el preciso instante en que la mujer del alcalde aparecía a recibirle a la puerta. Se puso su vestido de casimir. Mateo. Mateo dijo entonces. cuando venga. De esta noche depende todo.58 cidieron por medio de la suerte en un centavo: cruz o cara. los doctores y lo mejor de Coica! ¡Anda! ¡No seas zonzo! Ya verás que si vas al banquete.

improvisada e irreprochanuflexión corrección: ble.. con paso firme. Mateo vivía ahora en una gran casa. Con frecuencia.. hermano. Allí. Nos vamos de juerga al campamento de peones. días después.. ambos de propiedad de la firma "Marino cimiento— Hermanos". el arco había sido salvado. En fin . estaban ahora conferenciando acerca de sus negocios y proyectos. La mujer del clase y clase. Mister Taik.. desenvuelto y casi entre flexible. ¡Qué hombre! Me tiene hasta las orejas..- 59 gedarse cuenta cómo.— Hasta de alcahuete les — — — — — — — ¡ ! ¡ — ! — . sobre todo. su salto de dolor. En Coica no tenían los Marino más familia que Cucho. así .. valiéndome de Machuca. ¿Y cómo dejas los asuntos en Quivilca? preguntó más tarde Mateo a su hermano. en una mundana. los meto con mujeres. Estrechó la mano de la alcaldesa y fue a tomar asiento. Vienen. sirvo — ¡Eso — es! ¡Así hay que hacerlo! . Los dos gringos son unos pendejos. Se bebe. de Baldazari. El puente de la historia.— repitió José con Agarrarlo Agarrarlo ¿Tú piensas que yo no sorna y escepticismo he ensayado ya mil formas de agarrarlo? . los invito a comer. tanto honor! . que cocasa y establemunicaba con el bazar. hijo de Mateo y de una chichera que huyó a la costa con otro amante.. no se casa ni con su abuela. de Rubio. Casi todos los días los hago venir a los dos al bazar. Yo les invito casi siempre. en una de las habitaciones de esa casa. Mateo saludó con perfecta ¡Señora. a su marido: —¡Pero resulta que Marino es un encanto? Hay que invitarle siempre. Muchas veces. Pero.. hay que saber agarrarlo . alcalde le decía.. Así. Los gringos son terribles.

Con Baldazari Total. seducida y raptada. la —¿Sabes míster Taik? — que le le dijo riendo — . Si el gringo se hubiera entusiasmado. una india rosada y fresca. Despué^ quise emborracharlo y tampoco se ablandó. la .. le la saqué ésa sólo por halagarlo y por ver qué resultaba. ¡Ahí voy. para que se ablandara y retirase su exigencia de los cien peones para este mes . hacía dos años. ta.... mujer . en verdad. ¿Y qué resultó? El gringo sólo se reía como un idio- Más a más. bajada de la puna a los ocho años y vendida por su padre. Laura desempeñaba en casa de "Marino Hermanos" el múl. porque como acababa de joderme con la cuestión de los peones. ¡Laura! gritó. Tú conoces ya lo que es Rubio: con tal de sacar algo. por Mateo Marino. al cura de Coica.. fue traspasada. hombre! Yo se él. — Nada. casi me oye y se da cuenta Rubio. por el párroco a una vieja hacendada de Sonta. señor! respondió Laura desde la cocina.. nada! enamorada de —¿Pero. a su vez. un mísero aparcero. estás rendido y mañana tenemos mucho que hacer . la mujer de Rubio y Rubio mismo se habrían hecho de la vista gorda. Se lo he dicho el día de mi viaje. rrarlo. le he dicho que la mujer de Rubio se muere por él.60 he metido en la cabeza a Como yo sé que es un mujerero endemoniado. parándose en la puerta del cuarto. Por último. Laura. yo quise engatusarlo así. vende hasta a su dijo Mateo Hay que dormir ya. y luego. Bueno — — — — Tú — — .. está mujer de Rubio sacaste ésa? o tú — ¡Qué va a estar enamorada. la manera de tocarle el punto a lo diPero tampoco hubo manera de agase hacía el cojudo.. llamé a Baldazari y le dije que viese simulado.

Bueno. en "Marino Hermanos" avivó la fraternidad. Mientras Laura sirvió la comida.. — Buenas noches. con apetito. Lo que en otros habría encendido celos. a escondidas de Mateo. lo había sospechado y. lavandera. Pero ahora. Ahora. sin embargo. señor respondió Laura. Pero el juego de Laura no parecía incomodar a "Marino Hermanos". Cuando José venía de Quivilca. un tanto receloso. señores — y bien. Al contrario. absorbidos como estaban por los negocios. ¿Has dado de comer al caballo? Sí. Le he echado un tercio de alfalfa. Ya. al cuarto donde estaban Marino.61 tiple rol de cocinera. que venía el sueño. Laura solía acostarse también con él.. Laura hizo un gesto de sumisión. nueve de la Porque tengo que ir a la cha- — Muy señor. señor. a lo más. de la sospecha. últimamente. a las muía negra. ¿No necesitan otra cosa? — No. cuando se enfríe más. mañana. éstos la observaron de reojo y largamente: José. pasó a la certidumbre. Laura despertó de pronto una viva atención en "Marino Hermanos". y Mateo. sirvienta de mano y querida de Mateo. más aún. y se acercaba el instante de la cama. más tarde. anda donde el tuerto iJucas y dile que vaya a traerme la Dile que esté aquí. Bueno. Sin cra falta. ¿Ya está lista la cama de José? le preguntó Mateo. los brazos de la criada parecían unirlos y estrecharlos más hondamente. ama de llaves. Puedes a acostarte. Este. por pocos días a Coica. — — bien. le quitas la montura y le echas otro tercio. de mañana. Cuando Laura entró los — — — — — — Muy — Y bien . salió in- clinada. señor.. . los dos hermanos no la habían hecho caso. ir dijo.

Por su patrón sentía más bien odio. la cintura cadenciosa y ceñida. por haber vivido. se compuso el pecho. la vida de provincia. También se compró un día una sortija de cobre y unos zapatos de taco. que estaba ahora haciendo su cama en la cocina. se había afinado un poco. Laura? ¿En ir a desensillar el caballo y echarle el otro tercio? No. dorado o amordazado por un sentimiento de vanidad de aparecer como la querida del señor Mateo Marino. Ni uno ni otro tenían sueño. ¿En qué pensaba. tomando muchos hábitos y preocupaciones de señorita aldeana. que se alejaba a paso tímido. Cavilaban en Laura. Laura. Una vez los dos acostados y apagada la vela. el pelo negro y en trenzas lacias. el . al ser desdoblado. se compraba secretamente aretes y vinchas. Uno que otro domingo iba a misa. poniéndose a remendar un zapato. pañuelos blancos y medias de algodón. Después. se había impregnado de un erotismo vago y soñador. reinó en toda la casa un silencio completo. Pero. desde su niñez. ¿Quiso alguna vez a un hombre? Nunca. Las camas de José y Mateo estaban en un cuarto. por su parte. Con lo poco que le daba Mateo. los polleras granates cubriéndole hasta los tobillos. los hombros altos. Laura pensaba en "Marino Hermanos". el porte seductor. sobre todo.62 Los hermanos Marino miraron largamente el esbelto y robusto cuerpo de Laura. Pero habría deseado querer. mismo Laura. ¿Cavilaban en los negocios? No. Y Laura. aunque este odio anduviese disfrazado. Sabía leer y escribir. Se oyó de pronto míos pasos de la muchacha. antes que se levantase su patrón y amante. un leve ruido del colchón de paja. Tenía veinte años. bien temprano. Luego. pero los dos fingieron quedar dormidos. uno de los más altos personajes de Coica.

por su parte. mujer. contrariamente a lo que hacía Mateo que nunca prometió a Laura nada le prometía siempre darle dinero. Laura experimentaba repugnancia por su patrón. en todo caso. lo que hizo con la madre de Cucho: someterla a la miseria. Mateo ostentaba un desprecio encarnizado e insultante por Laura. y examinando las cosas en conjunto. la amaba mucho y la haría su "querida de asiento" el día en que Mateo la abandonase. obligándola a escaparse con el primer venido. con "Marino Hermanos". al fin a sosy de otra parte. sucio. que él. Como José no podía poseerla por la fuerza y a la descubierta. Pero. en el fondo. halagándola y mostrándose apasionado. Intimamente. si. En ello había también en Laura mucho de venganza a los desprecios de Mateo. Ella no sabía. medio legañoso. \Y esto le dolía profundamente a Laura. grosero. — — . de otro lado. aunque nunca. José sabía engañarla. Le dijo. José. en realidad. a no ser seco y brutal como su hermano. la venció y la retenía con la astucia y el engaño. de una parte. le detestaba tanto como a su hermano. de otro lado. Con todo. sentía que lo que había entre . José. Con José. cuarentón colorado. le dio nada. que no la quería y que haría con ella. otras eran sus relaciones. cosa ésta que Laura no advirtió nunca en Mateo. tampoco sentía el menor afecto por su cocinera. José la hizo entender que Mateo era un tonto. a la larga. redrojo. En resumen.63 odio existía. tan avaro como su hermano y que. El propio género de relaciones culpables que los unía. tampoco amaba Laura a José Marino. azuzaba. en cambio. ni mucho menos. Cuando había gente en casa de "Marino Hermanos". a Laura tener y prolongar indefinidamente este juego — — . a José. puesto que su hermano estaba con ella. Además. a fin de que nadie creyese lo que todo el mundo creía: que era su querida.

ansiosamente. las suposiciones de José no correspondían del todo a la realidad del pensamiento y la voluntad de Mateo. Oyéndola. casi aterciopelado y voluptuoso. difuso. Los volvió a la cocina y cerró de golpe la hermanos Marino se estremecieron. José espera- ba que Mateo se quedase dormido. José. en En pato. esta noche. Le vino entonces ganas de tragar saliva y no lo pudo evitar. Mateo sentía una especie de celos vagos e imprecisos. Mateo. el deseo se avivó en José. Laura puerta. de que le Los hermanos Marino. el uno. odiaba — Laura. oyendo la deglución salival de su hermano. meditaban. Sin embargo. insípido. Este quería ir a la cocina. Aun cuando estaba convencido de que Mateo lo sabía todo. estaba también ahora convencido de que Mateo se haría el desentendido y de que tendría que quedarse. en sus camas. Mateo no quería que José pudiera ir a la cocina. ¿Por qué? ¿Por qué esta noche tales reparos y no las otras veces? . Muchas veces. 64 ella y José era algo muy inconsistente. El ruido de &us pasos era blando. en Laura. Estos oyeron luego que Laura salía a desensillar el caballo y a echarle el otro tercio de alfalfa. tarde o temprano. Pasó largo rato. A Mateo. se aseguró entonces de que éste desvelaba y sus resquemores se avivaron. si más lo pensaba. remendando su zaesto meditaba fin. pues Laura llevaba zapatos llanos.. pensándolo. le dolía que José fuese a la cocina. . las cosas así en la cabeza de Laura y en la doble cabeza de "Marino Hermanos". Por primera vez. frágil. dormido. llegaba a apercibirse. con cierto malestar... y el otro. Mateo. en Laura y en José. en verdad. Laura se daba cuenta que no sentía nada por esta hombre. Y..

Se dio una vuelta violenta en la cama. de espaldas uno al otro. La rabia le hacía a José castañetear los dientes. El deseo poseyó entonLos lechos se ces por igual a ambos hombres. rasguño en el que Laura reconoció a su amante de todos los días. al oírle. habló y triunfó en la cocinera el sentimiento de esclavitud al patrón de "asiento". Hasta el propio Mateo dudó de si Laura le recibiría. Mateo. un instante. de significarle a él. de pie y pegada la oreja a la puerta del dormitorio fraternal. por el contrario.. Cuando ya Laura empezó a deslizarse lentamente del colchón de paja. con aquel portazo. cuando el joven cuerpo de la cocinera cayó y se alargó sobre él. su decisión resuelta e inalterable de guardarle fidelidad. la cabeza. Mateo. Mateo dudaba entre esto que se decía José y la idea de que. ¿Abriría Laura? Esta misma vaciló un instante en abrir.65 ¿Qué quería la decir esta manera brusca de cerrar puerta? José se dijo que se trataba de un signo tácito. el dueño oficial de esa mujer. José oyó luego que Mateo rasguñaba la puerta de la cocina. Mas. pero él era. Mateo tiró suavemente la puerta y salió descalzo al corredor. y el deseo le tenía trastornado. de puntillas y en la oscuridad.. a quien la de- . al fin y al cabo. sintió que le subía la sangre de golpe a . Las sábanas se atravesaban caprichosamente. Mateo saltó de repente de su cama. Después se oyó el ruido del colchón de paja. Mateo sabía que su hermano lo estaba oyendo todo. y José. Pero José ya no podía contener sus instintos. al fin. Laura trataba. ¿Dónde iba Mateo? Un celo violento de animal poseyó a José. sin saberlo. hacían llamas. con el cual Laura quería indicarle que pensaba en él y que la noche era propicia a los idilios. La atmósfera del cuarto se llenó de imágenes — José y Mateo Marino se hallaron.

José se había apercibido de toda esta escena en sus menores detalles y tornó a su cama. por las amplias espaldas de José descendió un sudor caliente y casi cáustila paciencia. la tomó la mano. Mateo se puso de pie y. y. ¿In- . salió y volvió a cerrarla despacio. según su costumbre. Al comienzo. le hacían retorcerse angustiosamente entre las sábanas y le arrancaban ahogados rugidos de bestia envenenada. llorando. acariciándola y lamiendo la sangre. Se paró al borde del corredor y orinó largo rato.66 mora de Laura enardecía hasta hacerle perder rasguñar la puerta. esta vez ruidosamente. Al entrar Mateo al cuarto. El dolor de su carne sedienta y la idea que se hacía de lo que pasaba en esos momentos entre Laura y su hermano. entró. temblando de ansiedad. Laura quedó tendida en el suelo. Gemía en silencio y la muñeca le sangraba. Pero nada pudo embridar los instintos de Mateo. Mateo sintió frío. Laura acababa de caer junto al batán y se luxó la muñeca de una mano. Un momento después. Probó de levantarse y no pudo. Laura tropezó. un hombro y una cadera. con sumo tiento. Lo que sucedió en la cocina fue en el suelo. La cadera le dolía como quebrada. lanzó unos bufidos de animal ahito. volvió a co. Después se abrió la puerta y Mateo. José sintió que una ola de bochorno recorría sus miembros. jaló las frazadas y se tapó hasta la cabeza. ganó la puerta. Una vez en su cama. y aunque José daba señas de dormir. por la prisa. apai'tó brutalmente la muñeca herida de Laura. Según sus cálculos. en el batán de la cocina. estaba Mateo cierto de que no dormía. Ni Laura ni Mateo habían pronunciado palabra en esta escena. y se oyó un porrazo en el suelo.

lo que es más importante. Laura cesó de llorar y su cuerpo cimbróse. era un otro contacto que no fuese el conocido y estúpido del patrón cotidiano. empezó a invadirle y. Al tanteo. para reaccionar así. Y si este nuevo contacto venía. que no fuese Mateo. Al entrar José en los brazos de la cocinera. la quitó el aliento. José empujó violentamente la puerta de la cocina y entró. Lo que bastaba a Laura. ¿Qué olor era ese mitad de mujer y otra mitad desconocí- — . José abrió a su turno y de golpe la puerta y salía. apasionado. a la callosa boca encrespada de José. Imaginando a José en brazos de Laura. Su mano. Pero Mateo ya no sentía ahora celos de su hermano*. ¿y precisamente a José? No. Laura se incorporó vivamente. Mateo no lo oyó. fundamente.67 José en ir a la cocina? Era muy probaJosé quería siempre ir a la cocina. la hemos dicho ya había adquirido muchos modos de conducta de señorita aldeana. Cualquier otro hombre. ya no Un sopor espeso e irresistible se incomodaba. envuelto en las sombras de lo prohibido. Laura deseaba. cayendo como una araña gorda en los senos medio desnudos de la cocinera. del cuerpo de ésta salió una brusca y turbadora emanación. y entre éstos. a José. pues. cuando unos minutos más tarde. mimoso y. a pesar de sus dolores. el gusto del pecado. la buscó José en la oscuridad. pues roncaba prosistiría ble. se explica aún mejor por qué Laura acogía a José Marino de una manera Mateo Marino. Sí. Un beso apretado y largo unió los labios humedecidos aún de lágrimas de Laura. además. distinta que a campesina — lo — . habría provocado en ella idéntica reacción. La tocó al fin. templándose. Laura. José sintió una extraña impresión y permaneció inmóvil un momento. ávida y sudorosa.

Mateo acababa de patoso dole? — . desconcertán- ¿De dónde salía? — — sar por allí. siguió su camino. Mas eso duró un segundo. Yo sé que estoy preñada. unos minutos más tarde. las sé. oiga usted. diciéndole desdeñosamente y en voz baja: Y para esto he esperado horas enteras . Si no olvidamos que José no hacía más que engañar a Laura y que la caricia y la promesa terminaban una vez saciados sus instintos. incomodándose y sin acercarse a la co- — — ¡ — ! — .— Pero. de Laura. don José le decía LauNo se aleje usted. —¿Y desde cuándo crees que estás preñada? —Yo no Pero estoy segura. desatentado y ciego. — don José.68 da ¿Era el olor de Laura? ¿Y solamente de Laura? José pensó inmediatamente en su hermano. le le le has dicho? Laura guardó silencio. José volvió a decirle: . malhumorado— ¡Eso es una vaina! ¿Y qué dice Mateo? —Yo no he dicho nada. Un calofrío de pudor de un pudor profundamente humano y tormenle sobrecogió. sí. —¿Y cómo sabes? —Porque tengo vómitos todas mañanas. se comprenderá fácilmente por qué José se alejase. casi . Sí. cinera.— —¿Preñada? ¡No friegues. — ¡Ah! —gruñó José Marino. suplicante decirle una cosa. que voy a ra. El animal caído volvió a pararse y. como retrocede o resbala un potro desbocado. respondió: —¿Qué cosa? —Yo creo que estoy preñada . que le daba así en el olfato. —¿No has dicho nada? ¿Y por qué no risa lo Sí. Sus instintos viriles retrocedieron. al borde de un precipicio. hombre! —dijo José con una de burla. José.

69 y sonó y se irguió como una pared divisoria entre dos lechos... sintió algo que la incomodaba.. sí! Porque yo no estoy preñada de su hermano. sollozo la ahogó. sí.. Sí! ¡Sí. por eso. ¿Por qué no entrehas dichoLaura José se lo Este él — — ¡ ! — — — usted! i —Pero yo no he estado contigo última Fue — tima vez — ¡Pero tú no puedes saber nada! si Un ¡Yo lo sé! ¡Yo lo sé! ¡Yo lo sé! . muchas veces. sino José. José rió en la oscuridad. en una misma noche. Laura y José conocían muy bien el contenido de esa palabra. en ese momento. ¿Cómo iba a saber cuál de los dos Marino era el padre de su hijo? Ahora mismo. ¿Cómo diferenciarlas? . ¡Sí.. la vez... has dormido conmigo y con Mateo? .. José argumentaba: hace ya . Y la cocinera volvió.. poniéndose Laura trató de retenerlo con un gemido: ¡Sí... en ese momento. y José decía él por Mateo. sí... sino de usted—. inmensa. Laura... más de un mes .. sí! . a guardar silencio. tenebrosa. don José! ¡Yo estoy preñada de a él? — Responde. ...Instantáneamente cruzó por el corazón de Laura una duda compacta. Este él era el padre presunto... cuando.. confundidas e indistintas. mientras que Laura pensaba que él no era precisamente Mateo. ¿Era el sudor? ¿Era la posición en que estaba su cuerpo? ¿Eran sus luxaciones? Cambió de posición y algo resbaló por el surco más profundo de su carne . En efecto.. La úl- ¿Cómo vas a saberlo. repitió José disEso va a ser una vaina a partir. mofándose: ¿De mí? ¿Preñada de mí? ¿Quieres echarme a mí la pelota de mi hermano? .. ella sentía oscuramente gravitar y agitarse en sus entrañas de mujer las dos sangres de esos hombres.

José salió y cerró la puerta silenciosamente. el pisco. añadiendo alborozado: Adivinen ustedes de dónde viene . Sacó de la otra pieza una botella y unas copas. por el asunto de los peones. ¿Del chino Chank? No. sirviendo é! lo la José tomó la primera copa y dijo... Al otro día.. en tono campechano van a probar ustedes manos Marino fueron — — — — — — — mismo —¿De vieja Ménica? —Tampoco. señor exclamaba Luna. Laura iba a responder un disparate.! 70 —¿Pero cómo vas a saberlo? —repetía José imperiosamente. a las diez de la mañana. saboreándose: ¿ Del cura Velarde ? — — ¡Eso es! — ¡Pero es estupendo! — Formidable — ¡Cojonudo! ¡ A la tercera copa. pero se contuvo. Cuando llegaron a la subprefectura. La cocinera.. lanzó un sollozo entrañable y desgarrador. El hijo no podía ser de los dos herhijo tiene siempre un solo sintiéndose en el colmo de su terrible incertidumbre. Luna acababa 'de afeitarse. Un padre. : Mateo le dijo al subpre- fecto . los her- a ver al subprefecto Luna. que es rico .. —¿De casa del juez? — Menos. manos Marino. No. Antes que nada dijo el viejo subprefecto..

Yo también. faltan para tomar a mis conscriptos. . se resisten a cumplir sus contratos y a salir para Quivilca El subprefecto se puso serio. ¿Salieron los gendarmes por los conscriptos — Anticona! — ¡Su señoría! — ¡ . argumentando: Pero es el caso que yo no dispongo ahora de gendarmes.71 Necesitamos. — . volviéndole a la puerta de su despacho. dos gendarmes. La oficina de Nueva York exige más tungsteno. el viejo Luna van a echar bala? José alegó: Es para ir a ver a unos peones prófugos. —¿Cuántos han salido? —El sargento y tres soldados. que daba sobre la — plaza. su señoría. — lo menos cinco conscriptos. . . y llamando en voz alta: respondió un gendarme. . La "Mining Society" nos ¡Qué quiere usted! obliga a poner en las minas cien peones de aquí a un mes. —¿A qué hora? —A una de mañana. dijo. . estoy en apuros.. El prefecto me obliga a enviarle para el primero del mes próximo. Precisamente . apareciendo al instante.. ? Sí. cuartel? —Dos. Y los cholos que tenemos "socorridos". su —¿Y cuántos gendarmes hay en señoría. . Los pocos que tengo. — — — — .. respondió en ¿Para qué. No tengo sino dos en la cárcel.. hombre? ¿A quién broma y ya algo chispo. . querido subprefecto. . la la el el . ¡Y los cholos se han vuelto humo! . . cuadrándose y saludando militai-mente desde la puerta. — — su señoría. su señoría. —¿Ya ven ustedes? — dijo subprefecto. . como ustedes saben.

El ordenanza Anticona volvió a saludar y se retiró con la venia del subprefecto. Tengo los volviéndose a "Marino Hermanos" justos para el servicio. valiéndose de la Policía. muy preocupados. su coca. y "Marino Hermanos" estaban de pie. — . ¿A qué hora volverán los gendarmes con preguntó José a la autoridad. Son unos borrachos. los conscriptos? Supongo que en la tarde. ¡Látigo o sable. . sus cigarros y. a los obreros les hacen cumplir los patrones sus contratos civiles. nos será completamente imposible cumplir con la empresa. Porque como se han levantado tan temprano. Nada más que los justos. Con tal de que me traigan los conscriptos. — — — — — — — — . Este se paseaba. . como si se tratara de un delito. . les he autorizado a que hagan lo que quieran con los indios. No quieren secundarme. 72 Entonces los gendarmes puede ir con nosotros por los peones. cinco. Porque en el Perú. Unos haraganes. y les he dado su pisco. y particularmente en la sierra. La deuda del obrero es coercible por la fuerza armada. en fin. los gendarmes van a querer descansar esta noche. pensativo y ceñudo. sin pararse en mientes ni en contemplaciones. ¡Esto es una broma! Porque los mismos gendarmes se hacen los rengos. Luna tomó una expresión de crueldad calofriante. . a eso de las cua. ¿Entonces? dijo José contrariado Porque la "Mining Society" nos exige. — — tro o — Bueno. en la noche. no me importa! A mí lo que me importa es que me traigan gente.. entre ocho y nueve por ejemplo. si no se De otra manera agregó Mateo nos proporciona los gendarmes que necesitamos. Allí veremos. les he prometido ascenderlos y premiarlos.

Es. . decir. Iglesias.: . comprometiéndose a darlo en una fecha más o menos fija a las empresas industriales. El primero en llegar fue el alcalde Parga. originario de Lima. es cuando vende su trabajo. Militar. al instante. Después llegaron juntos el juez de primera instancia. doctor Riaño. precisamente. y el vecino notable de Coica. y no llega a darlo en la fecha estipulada. repuso el subprefecto. Había tenido una querida. nacionales o extranjeras. e^ perseguido por las autoridades como un criminal. El subprefecto sacó su reloj exclamó A ¡Las once menos cuarto! las once tenemos sesión de la Junta Conscriptora — — — . Perfectamente. Los hermanos Marino. Ya veremos. refunfuñaron a una voz: Muy bien. Domitila. a Más todavía. . El doctor Ortega sufría de una furunculosis permanente y. por la fuerza. . en tono En fin conciliador Ya veremos el modo de arreglarnos y conciliar intereses. se le obliga. y sin oír defensa alguna de su parte. doctor Ortega. el más rico propietario de la provincia. astuto y ladrón empedernido. pocas semanas después del en- . el sistema de los trabajos forzados. — — . a quien parece llegó a querer con frenesí. Una vez capturado. . — — . palabras. empezaron a llegar al despacho subprefectural los miembros de la Junta. despechados. Y. el médico provincial. 73 Cuando un obrero se "socorre". Tenemos tiempo. Una historia macabra se contaba de él. en pocas prestar los servicios prometidos. La gente refería que el doctor Ortega no podía olvidar a Domitila y que una noche. llevaba ya en Coica unos diez años de juez. Pero Domitila murió hacía un año. un antiguo montonero de Cáceres muy viejo y encorvado.

de familia decente de lea. vestía con elegancia y tenía una palabra fácil y florida. Se declaraba con frecuencia un idealista. un malestar sutil e insoportable. asimismo. al menos presumible? El juez. Salía poco a la calle. pero del que todos hablaban el doctor Ortega practicara con el cuerpo de la muerta. ¿Qué complejo freudiano y qué morbosa realidad se ocultaban en la vida de este hombre? Barbudo. fue el juez en secreto. que vivía ahora con Genoveva. un patriota ardiente. una vez sacado el cadáver. no podía esconder un arribismo exacerbado. que Se refería también que el acto solitario que nadie vio.74 tierro. Joven de unos treinta años. misterioso y. Eran éstos dos litigantes de un grave proceso criminal. Mas. el juez ordenó a los dos hombres que se alejasen. al cementerio y exhumó el cadáver. al verle. En cuanto al viejo Iglesias. emponchado y recogido. más aún. cuando pasaba por la calle o asistía a un acto oficial. ¿ Era esto cierto? ¿Era. una hermana menor de Domitila. El médico Riaño era nuevo en Coica. . y según se decía. La gente experimentaba. ¿para qué hizo el doctor Ortega semejante exhumación? Se refería que.i le acompañaron en este acto dos hombres de toda confianza. tenía locas por él a las muchachas del lugar. miraba vagamente a través de sus anteojos. su biografía era muy simple: las cuatro quintas partes de las — — . y se quedó a solas con Domitila. Se decía. extraño e inquietante. aunque. Soltero y bailarín. a partir de la muerte de Domitila. Algunos se tapaban las narices. Al doctor Orteg. era una cosa horrible. y disfrazado. espantosa. en el fondo. tomó un aire taciturno. . . a favor de los cuales falló después el juez. en pago a sus servicios de esa noche. medio cojo. con un algodón o venda siempre en el cuello.

. a causa de su crueldad y falta de tino. poseía. a ciencia cierta. . eran de su exclusiva pertenencia. . Una de éstas rezaba así: • Ahora sí que te conozco que eres dueño de Tobal con el sudor de los pobres que les quitaste su pan con el sudor de los pobres que les quitaste su pan . comisario. además. . "Tobal". mayor de guardias. Tenía. Nunca. que él mismo ignoraba lo que. mayor. en razón ' de sus intrigas. ¿Cómo adquirió Iglesias tamaña fortuna? Con la usura y a expensas de los pobres. motines y sucesos sangrientos que en todas partes provocaba. Una sola cosa daba unidad a su vida administrativa: los disturbios. Sin embargo. no duraba en los puestos. estaba terminando sus estudios para médico en Lima. le faltó puesto público. intemperancias y vicios. . que llegaron a ser temas de yaravíes. ministros. Es así como había re* corrido casi toda la república de subprefecto. familia rodeaba al gamonal. Capitán de gendarmes retirado. cuya extensión era tan grande. etc.75 fincas urbanas de Coica. etc. marineras y danzas populares. su población de siervos tan numerosa y sus ganados tan inmensos. vincia. jefe militar. una rica hacienda de cereales y cría. seductor y jugador. Con todos los diputados... Sus ^obos fueron tan ignominiosos. disponía de un ingenio para la intriga extraordinario. prefectos y senadores. El subprefecto Luna poseía una ejecutoria administrativa larga y borrascosa. desde hacía diez años. y ya se anunciaba su candidatura a la diputación de la proel Una numerosa Uno de sus hijos. . estuvo siempre bien.

a dos indios jóvenes los conscriptos que avanzaban a pie. Nadie formuló observación aleruna al acta. ronco. en su mayoría. Tras de cada conscripto. de buena letra y muy enamorado. La Junta Conscriptora suspendió la sesión y todos sus miembros se asomaron a la puerta.. la sesión de la Junta Cons- criptora Militar quedó abierta. Coica. que dice así: "Subprefecto. . un joven lleno de barros en la cara. — — las cabalgaduras de los gendarmes montados. Observaban a cierta distancia y con ojos absortos. El sargento se detuvo ante la puerta de la subprefectura.: 76 de Una vez que los hermanos Marino salieron la subprefectura. venía su familia llorando. Luna dijo luego a su secretario —Dé — usted lectura al despacho. Requiérole contingente sangre fin mes indefectiblemente. a leer Boado abrió varios pliegos y empezó en voz alta: Un telegrama del señor prefecto del Departamento. se cuadró ante la Junta Conscriptora y saludó mili- tarmente : . mujeres y niños. (Firmado). En ese caballería. El subprefecto interrumpió a su cretario vivamente: los la — ¡Espérese! Allí vienen conscriptos. momento llenó la plaza un ruido de acompañado de un murmullo de muse- chedumbre. Eran. Una gran muchedumbre venía con los gendarnies y los conscriptos. Leyó el acta anterior el secretario del subprefecto. amarrados por la cintura al pescuezo de riosos. los . — Son conscriptos —dijo— Pero Sí.. bajó de su caballo.. vie- ne con ellos mucha gente .. El secretario se asomó a puerta. cuhombres. Boado. Prefecto Ledesma".

se abrió camino entre la multitud y llegó hasta el subprefecto. su señoría! — dijo en voz subprefecto. A los pocos instantes había ante la Subprefectura numeroso pueblo. y tres mujeres descalzas. Bajó de su cabalgadura uno de los gendarmes. la lidia prendida al pecho con una espina de penca. —No. dijo juntando las ¡Suéltalo a mi Brau- — ¡Suéltalo! ¡Yo te lo pido.! . Un viejo muy flaco. taita! Otros dos indios cincuentones. El subprefecto levantó más la voz. : 77 — ¡Traemos dos. su — — se- ñoría. Los otros dos ir^ dios padre y tío de Isidoro Yépez volvieron hacia éste y le pusieron su sombrero. que nadie oyó a causa del vocerío de la mutitud. muy severo. y besó — la — . Los otros dos selladas. al Isidoro! Patrqncitos ¡Suéltalo! ¡Suéltalo! — ¡ ! Suéltalo Las tres indias de Isidoro Yépez j —abuela. doblado el poncho al hombro. vinieron a arrodillarse bruscamente ante los miembros de la Junta Conscriptora ¡Por qué. pues. emponchados y llorosos. taitas! ¡Por qué. uno de los llanques en la mano. Los dos son "enrolados". madre y hermana — gemían y suplicaban arrodi- El padre de Braulio Conchucos se acercó mano al subprefecto. la chaqueta y el pantalón en harapos. golpeándola imperiosamente ¿Quiénes son? ¿Cómo se llaman? Isidoro Yépez y Braulio Conchucos. — ¡Patroncito! ¡Taita! manos lastimosamente lio! — . y dirigiéndose —¿Son conscriptos? — preguntó Luna. alta al Algo volvió a preguntar el subprefecto. su señoría. pues. cubierto hasta las orejas con un enorme sombrero de junco.

de gobierno. recibir trompadas en las narices y patadas en los ríñones. muy ricos y muy crueles. humedecida de un poco de cañazo Y luego. Ambos eran yanaconas de Guacapongo. Isidoro Yépez. descender a las minas. tener siempre hambre y sed. ¿Qué sabían estos dos yanaconas de servicio militar obligatorio^ ¿Qué sabían de patria. llevar al" hombro literas de personajes extraños. unos dieciocho. amarrados a un brazadero. Su sola relación con ésta y con aquél se reducía a unos cuantos servicios o trabajos forzados que los yanaconas prestaban de ordinario a entidades o personas invisibles para ellos: abrir acequias de regadío. de orden público ni de seguridad y garantía na. lados". vivían. andar casi desnudos. ser conscriptos o "enroo de chicha. es decir. para prestar su servicio militar obligatorio. cuidar noches enteras una toma de agua. desmontar terrenos salvajes. ensillar y desensillar bestias. para el placer y la cama de los mandones. Ahora era la primera vez que venían a Coica. pastear enormes porcadas. por así decirlo. trenzar sogas o pelar montones de papas. segar alfalfa y alcacel. arrear recuas de burros o de muías con fardos y cajones de contenido misterioso.78 guían montados. caballadas o boyadas. ser arrebatados de sus mujeres. piedras o árboles con destino ignorado. cargar a las espaldas sacos de granos. entrar a la cárcel. . ser traídos a la fuerza a Coica. Braulio Conchucos tendría unos veintitrés años. . conducir las yuntas en los barbechos y las cuadrigas de las trillas en parvas piramidales y abundantes. y junto a ellos estaban de pie los dos "enrolados". cada uno atado a la muía de cada soldado. Analfabetos y desconectados totalmente del fenómeno civil. y mascar una bola de coca. económico y político de Coica. fuera del Estado peruano y fuera de la vida nacional.

¿Y hasta cuándo se ios llevavan? Ningún indio conscripto o "enrolado" volvió ya nunca a su tierra. Dos hermanos mayores también murieron de tifoidea. siguiendo al "enrolado". de cuando en cuando solían pasar por las jaleas y las chozas los gendarmes. amarraban a los indios más jóvenes a la baticola de sus muías y se los llevaban. les decía: ¡Vayanse onde la Bárbara! ¡Vayanse onde Bárbara! ¡Que les den de aljhorzar ahí! ¡Vayanse! ¡No se queden aquí! ¡Vayanse! ¡Yo vueila — . una mujercita de diez y un varón de ocho. epidemia que arrasó mucha gente hacía cuatro o cinco años en Cannas y sus alrededores. quién sabe. no sabían sino que. de males desconocidos? ¿Los mataban. Era muy difícil ser felices. al partir. que se iban para no volver. muy enojados. eran seguramente desgraciados. o "enrolados". Los jóvenes conscriptos o "enrolados". ¿Morían en países lejanos. hija de unos vecinos vaqueros de Guacapongo. otros gendarmes o sargentos misteriosos? ¿Se perdían tal vez por el mundo. Braulio Conchucos. pegándoles y arrastrándoles al trote. Los yanaconas no podían nunca ser felices. El padre. Su madre murió de tifoidea. y a quien pensaba hacerla su mujer. los chicos se asustaron y se echaron a llorar. por toda familia. Y en cuanto a ser conscriptos. a las cinco de la mañana. tenía su padre viejo y hermanos pequeños. quién sabe.79 clónales? ¡Garantías nacionales! ¿Qué era eso? ¿Quiénes debían prestarlas y quiénes podían disfrutarlas? Lo único que sabían los indígenas era que eran desgraciados. y todavía oscuro. Pero el Braulio quería a la Bárbara. abandonados en unos caminos solitarios? ¿Eran. Cuando cayeron los soldados en la choza de Braulio. felices ? No. ¿Adonde se los llevaban así? Nadie lo sabía tampoco.

y. que cayeron al suelo. éste. . seguían las familias de los "enrolados". un tercer gendarme fumando su cigarro. Y luego. Un jalón repentino y brutal tiró de la cintura a Braulio. y Braulio empezó a correr al paso acelerado de las muías. El padre los apartaba. tendida. viejo cojudo! ¡Camina y no nos jodas más! La comitiva arrancó. taita! ¡No te vayas! ¡No nos dejes! ¡No te vayas! Uno de los gendarmes los tomó por los brazos y los apartó de un tirón. a reta- — . Cerraba la comitiva. El chico volvió a levantarse. llorando desesperadamente e impidiéndolos moverse. un gendarme.80 vo pronto! ¡Vuelvo con el Braulio! ¡Vuelvo! ¡Vuelvo! Los chicos se agarraron fuertemente a las piernas de Braulio y del viejo. Pero. dio el primer paso atropellando a sus hermanos. otro gendarme. a pie y atado a su muía. ya a caballo. los chicos se precipitaron de nuevo hacia el viejo y hacia Braulio. medio ciego y . . al soltarlos para ir a montar. Esta permaneció sin resuello unos segundos. Isidoro Yépez. vociferó con cólera: ¡Arza. tirado por sus amarras. cara jo. . junto a él. que habría caído al suelo de no ir amarrado estrechamente al pescuezo de la bestia. El sargento. Braulio pisó sobre el vientre de la mujercita. Luego. no. . guardia. Detrás. consolándolos: ¡Bueno! ¡Bueno! ¡Ya está! ¡Ya está! Cállense! ¡Vayanse! ¡Vayanse onde la Bárbara! Braulio habría querido abrazarlos. Tomo la delantera el sargento al trote. también a pie y atado a su cabalgadura. con el otro conscripto. llorando: ¡No. — — . pero le habían amarrado los brazos a la espalda. Braulio Conchucos. En el momento de ponerse en camino la mula del gendarme que llevaba a Braulio.

empezó a llorar. El tumulto se alejó rápidamente. y siguió un trecho a Braulio y a su padre. pegándole al viejo y al Braulio y amarrándolo a éste. hincándose en las pecas y en las zarzamoras. Los dos subieron a la barbacoa. Luego sopló el viento unos segundos en los guirnales plantados junto al pozo. en las piedras del angosto camino. Tienen cabezas redondas y picudas. . sin que yo le haga nada. tragando sus i lágrimas. el chico.81 tonteado. ¿Quiénes eran esos monstruos vestidos con tantos botones brillantes y que lie» vaban escopetas? ¿De dónde vinieron? ¿A qué hora cayeron en la choza? ¿Y por qué venían por el Braulio y por el taita? ¡Y les habían pegado! ¡Les habían dado muchos golpes y patadas! ¿Por qué? ¿Serían hombres también como los demás? Juan lo dudaba. El chico se detuvo y cesó de llorar. La chica volvió a gemir. para oír. le dijo: ¡Cállate! ¡Ya no llores. Son como Como Braulio. se taparon con unas jergas y se pusieron a llorar. volvió corriendo a la choza. taita y como el Sus brazos también. . porque van a volver otra vez a llevarnos Cállate Son los diablos! Tienen en la cintura unas monturas. Uno me tiró las orejas. — le decía: todos. un poco sofocado y nervioso. Un silencio absoluto imperó en torno de la choza. entre gritos y vociferaciones. ¡ ! ¡ . que van a volver! . Yo les vi sus caras. y también sus manos. al volver en sí. La chica. y Juan. Las siluetas de los gendarmes. Tropezó varias veces. a causa de la oscuridad. llamando a gritos: —¡Taita! ¡Taita! ¡Taita! ¡Taita! ¡Braulio! Juan! Entonces Juan. — ! . . estaban fijas en la retina de Juan y de su hermana. Sí. pero su hermana. ¡Vas a ver.

Están vestidos como el burro mojino. ¡Van a volver! ¡Vas a ver! ¡Han salido de la cueva! ¡Así decía mama' ¡Que salen de la cueva con espuelas y con látigos y en muías relinchando y con patas con candelas! Mientes Mama no decía así. ¡Vas a ver! ¡Antes que amanezca! Ahí adentro tienen su palacio con unos diablos de reyes. ¿ Adonde se los llevaban? ¿Los volverán a soltar? ¿Cuándo los soltarán? ¿Qué les harán? . Andan muy fuerte.! ! 82 Hablan como todos. . Y hacen sus fiestas. Juan siguió pensando mucho rato en los . Seguían preguntándose a sí mismos por qué se llevaban al Braulio y al taita. los echan a las candelas para achicharrarlos vivos. Vas a ver que a todos los van a meter en la cueva. Uno salió una vez y contó a su familia todo La hermana de Juan se había quedado dormida. ¿Has visto por onde se fueron? Se fueron por la cueva.. Unos se escapan. Y la mujercita dijo. como nosotros! ¡Vas a ver que mañana volverán otra vez y los verás que son crisAhí verás tianos Ahí verás Juan y su hermana guardaron silencio. . Dijeron: "¡Garaje! ¡No te escaparás!" "¡Viejo e mierda!" "¡Camina!" "¡ Jijoputa!". Mandan por gente para que sirvan a los reyes y vivan allí siempre. tranquilizándose: ¿Y los otros? ¿Y los hombres y las mujeres que iban con ellos? ¿No ves? ¡Son cristianos Yo sé lo que te digo Son cristianos argumentaba en tono siempre Los otros los otros sí son crisfebril y temeroso Juan tianos. a la carrera. pero casi todos mueren adentro. . Estos son cristianos. . Pero no son sus compañeros. Cuando están ya viejos.. — — — ¡ ! ¡ ! ¡ ! ¡ — i i — ! — ¡ — . . Los habrán sacado de sus chozas como al taita y al Braulio.

desde Guacapongo hasta Coica. con frecuencia. cuando asomaba el día. furibundo. Dos ríos. Les faltaba fuerzas para avanzar parejo con las bestias. I. Guacapongo estaba lejos de Coica. al trote. mas esta vez la prueba fue excesiva. La primavera venía parca en aguas. Eran diestros y resistentes para correr los yanacones. atravesaron sin puente. pedregoso. a los pocos kilómetros recorridos. empezaron a flaquear. destapándose en ajos y cebollas. Las familias de los "enrolados" se quedaban a menudo rezagadas. de anchura y de curso. Pero los dos "enrolados". tuvieron que andar rápido. se encabritaron muchas veces. contrapunto sus muías. era angosto. Sacaba de su alforja de c^i^ . resistiéndose a salvar un precipicio. El camino. Se desmontaba. para poder llegar a Coica a las once del día. Un metido de velocidad tremendo tuvo lu^-ar entre las bestias y los "enrolados". iban al paso de las bestias. en agudos meandros. mientras fue de noche.a¿ gendarmes. el Patarati y el Huayal. El sargento. en esa un volumen encajonado y siempre difícil y arriesgado de pasar. enterraba entonces sus espuelas hasta los talones en los i jares de su caballo y lo cruzaba de riendazos por las orejas y en las ancas. en zig-zags. un riachuelo. cambiaba a menudo de terreno. pese a la tortuosidad y abruptos accidentes de la ruta. en general.-os gendarmes. y. empezó a tener frío y se durmió. Los gendarmes picaban sus espuelas sin cesar y azotaban a parte. Las bestias. un lodazal. o una valla. y. cuestas a pico y barrancos imprevistos. en su mayor parte. cercado de pencas y de rocas y. El galope fue continuo. Luego. cerradas curvas. pero. quieran o no quieran. Al principio caminaron con cierta facilidad. pero las del Huayal arrastraban todo el año.

hundidos hasta el al otro lado del camino. bordeando como cabras las cejas de las hondonadas o atravesando un río a saltos de I)edrón en pedrón o a prueba de equilibrio sobre pecho. los "enrolados" no ofrecían la menor resistencia. volvían a salir los los — — ¡ ! — un árbol caído. y como iban a pie. animal le contestó el gendarme. Pasó tras una tenaz resistencia de su caballo. ¿Y "enrolados"? ¿Cómo salvaban éstos los mapasos? Como las bestias.84 ro una botella de pisco. taita! ¡Nos vamos a rodar! Calla. el sargento. porque a las once tenía una partida de dados en el cuartel con unos amigos. desaparecían por momentos de la comitiva. Los gendarmes pronto se emborracharon. Braulio Conchucos estuvo a punto de encontrar la muerte. abandonaban el camino real para salir más pronto por otro lado. Tras de un pataleo angustioso en el lodazal. Un poco de sangre le salió a Isidoro Yépez. La primera vez que estuvieron ante las gradas de un acantilado a pico y en el que. las bestias eran empujadas. Al cruzar el Huayal. Las indias y los indios que seguían a Yépez y a Conchucos. A partir dé ese momento. porque conocedores del terreno. cortando la vía o a campo traviesa. Sólo que. ya de día. los dos "enrolados" se sumieron en un silencio completo. rodando las lajas. El sargento quería llegar a Coica cuanto antes. Al fin. Luego llamaba a los deudos de los "enrolados" y les obligaba a empujar al animal. Isidoro Yépez osó decir al gendarme que le llevaba: ¡Cuidado. bebía un gran trago y ordenaba a los otros gendarmes que hicieran lo propio. Pasó después el gendarme que condu- . Lo hacían arañando los peñascos. a diferencia de ellas. no había la menor traza de camino. dándole un bofetón en las narices.

85 Yépez. Azuzaba al animal. eran todo y lo podían todo. La angustia de éste fue inmensa. Sólo éste. Estaba hundida hasta la mitad de la barriga. Conchucos. serenos. empezó a sangrar. A del peligro. impasible y tranquilo ante el peligro. de golpe. El "enrolado". todo interés y todo sentimiento de la vida. con el gendarme y con el "enrolado". al otro lado del Huayal. se mostró por su parte. Ellos no podían nada ni eran nada por sí mismos. sólo atinó a abofetear a Braulio ferozmente. carajo! le decía. ¡Sal. inalterables. de noche: ser por ellos golpeado y amarrado y sentirse perdido para siempre. pero no hizo nada por salir del peligro ni pronunció palabra alguna de protesta. Las piernas del gendarme no se veían. Braulio Conchucos perdió aquella mañana. Ver llegar a su choza a los soldados. ¡No te dejes arrastrar! una y otra orilla. sus miembros vacilaron y fue arrastrada un trecho por las agitas. poseído de horror. A Isidoro Yépez le habían dado de trompadas sólo por haber'los advertido contra un riesgo de la ruta. todo . Por lo demás. permanecían mudos. en medio za! . . amarrado. el gendarme! ¡Párate bien! ¡Avanza! ¡Sal del agua! ¡Tira a la muía! ¡Tira! ¡Avanza! ¡Avancía a Isidoro — — . en el colmo de su terror y fuera de sí. El guardia de Conchucos. y. en cambio. sumergido hasta medio pecho en el río. ¿Para qué entonces hablar ni hacer nada? Los yanaconas comprendían muy bien su situación y su destino. e Isidoro Yépez. Los gendarmes. cuando la muía del segundo g-endarme se vio en medio de la corriente. los otros gendarmes lanzaban gritos de espanto y corrían enloquecidos. . viendo cómo la corriente empezaba a derribar a la muía y a llevársela río abajo. gritándole y azotándole.

cualquiera que fuese su condición de simples instrumentos o ejecutores de una voluntad que ellos desconocían y no alcanzaban a figurarse. y para no soltarlos nunca. algo suyo ponían los gendarmes en su crueldad y alevosía. ¿Qué más daba entonces perecer ahogado o de cualquier otra suerte? Además. se la llevaba el agua? Sintió luego un chicotazo que le cruzó varias veces la cara y ya no vio más. aunque sin detenerse. los animales. en buena hora! ¿No estaba ya viendo Braulio que la sangre que corría de su boca.86 no fue sino uno. Braulio Conchucos e Isidoro Yépez concibieron bruscamente por los gendarmes un rencor sordo y tempestuoso. siguió azotando con todas sus fuerzas al animal y al yanacón. Lln postrero esfuerzo de la bestia y ésta alcanzó a ganar el otro borde del Huayal. con su doble carga del gendarme y de Conchucos. . una satisfacción recóndita. De modo oscuro se daban cuenta que. Pero el sargento picó más espuelas y blandió más su látigo. Le llevarían no se sabe dónde. y junto a ellos. Paso a paso subían. los dos "enrolados". Durante un instante la muía y el "enrolado" temblaron como arrancados tallos. indio e mierda! me ¡Anda! ¡Anda! — — — . Pero el gendarme. a merced d& la corriente. ¡Y si el agua se los habría llevado. el camino se paró en una cuesta larga. El sol empezó a quemar. como a otros yanaconas mozos. Reanudóse la marcha. Entonces vaciló todo su cuerpo. Un ojo se le tapó. . loco de espanto y por todo esfuerzo. Una . . para escapar de la muerte. Los chicotazos llovieron sobre las cabezas de Braulio y la muía. interminable. Pasado el Huayal. vociferaba aterrado el gendar¡Carajo! ¡Muía! ¡Muía! ¡Anda. Braulio Conchucos experimentaba ante el miedo del gendarme.

qué? ¿Eran las muías que ya no podían? ¿Eran ¿Eran muías los yanaconas. perdieron pafuerzas y se dejaban arrastrar inertes. bajo el sol abralos brasador. La cabeza braban arqueándose y echando las del animal se alargaba entonces. inmovilizados un instante. articulaciolos músculos laxos. por la cmzos atados hacia atrás. con un cava--. exánimes. ¿Cayendo y levantando? ¡No podían sus cuerni siquiera caer! Al final de la cuesta. los nervios sin motor. sin sombrero. Pero el cansancio era mayor en Yépez y en Concotom chucos. todas las pos. demolidas las amodorrado por el calor y el nes y el corazón esfuerzo de cuatro horas seguidas de carrera. . La voluntad da por la inmensa fatiga. Los "enrolados" y las bestias sudaban y jadeaban. los encallecidos pies en el suelo. agotados.? orejas atrás. Los cascos delanteros resbalaban cimen las lajas o. hasta resecas. gendarmes a los yanaconas cían los te cuelcarajo! ¡Anda nomás! ¡Avanza y no ¡Anda o te muelo a riengues de la muía! ¿Por — — . narices se abrían desmesuradas.87 que otra vez solamente se paró la comitiva. como vencilos o piedras. El pelambre de las muías se encrespo. dazos! . Lampiños ambos. Por el pecho y por los i jares corría el sudor y goteaba. la camisa de negra de mugre. arrojando abundante espuma. ensangrentados —Conchudos. ojo hinchado y varias ronchas en la "enrolados" subían la cuesta cayendo y lelos vantando. rozar los belfos el suelo. La. rojas. Mascaban el freno las bestias. . que ya no podían? que ya no podían? y "enrolados" de¡Te haces el cojudo por no cammar! ¡Anda. arremolinándose en mil rizos y flechas. . amarrados las tura con un lazo de cuero al pescuezo de muías. se doblándose. por las muías.

. también se reían y se alejaban al punto. más muertos (111 «"oVaHos V arrastrados casi en peso <'í'. Un sudor frío los bañaba. metiéndoles la cabeza largo tiempo en el agua fría. Yépez.-o<? y al azar. Por sus tobillos descendía una sustancia líquida y amarilla. Un revuelo tempestuoso se produjo inmediatamente entre la multitud.! 88 Braulio Conchucos e Isidoro Yépez no eran más que dos retazos de carne humana. — ¡Se el gendarme que le Los gendarmes más está cagando este carajo! vociferó llevaba. . pero las contusiones y la hinchazón del ojo resaltaron más. y se tapó las narices se echaron a reír y picaron espuelas. ante la Cuando — ¡Les han pegado gendarme^! —gritaba muchedumbre — ¡Véanlos cómo tienen los . Algunas mujeres del pueblo se indignaron y murmuraban palabras de protesta. antes de entrar a Coica. Yépez empezó a despedir un olor nauseabundo y pestilente. sacando sus pañuelos. De sus bocas abiertas salían espumarajos y sangre mezclados. También los soldados reanimaron a los "enrolados". se quedaban viendo largamente su lipstro doloroso y desfigurado. Así pudieron Yépez y Conchucos despertar de su coma y penetrar al pueblo andando. las ¡Están ensangrentados! ¡Están ensangrentados Están ensangrentados Qué lisura ¡Bandidos! ¡Criminales! ¡Asesinos! caras! ! ¡ ! ¡ . los curiosos se la — acercaron a Isidoro Subprefectura de Coica. . Los gendarmes le habían lavado la cara a Conchucos en una ^cequia. Relajadas por la mortal fatiga y en desgobierno todas sus funciones. estaba defecando y orinándose el cons-> cripto. Pero cuando se acercaron a Braulio Conchucos.

tras de los "enrolados". al verlos cárde- nos. que estaba frente a él. pero los gendarmes se lo impi. ¡Asesinos! gruñían hombres y mujeres ¡Ahí van casi muertos! ¡Bandidos! ¡Asesinos! Las familias de los yanaconas quisieron entrar al despacho del subprefecto. Siempre amarrados los brazos atrás y sujetos por la cintura con el lazo de cuero. ¡No haga usted caso. . Luna se irguió todo lo que pudo al borde de la acera y dijo al sargento. . en quien las copas de pisco apuradas con "Marino Hermanos" habían producido una embriaguez furiosa. Los "enrolados" fueron desatados de los pescuezos de las muías e introducidos al despacho de la Junta Conscriptora Militar. silenciosos. El subprefecto Luna. . — . las cabezas caídas.! : . lanzó un grito colérico sobre la multitud ¡Silencio! ¿Qué quieren? ¿Qué dicen? ¿Por — — — — qué alegan? Se le acercó el alcalde Parga. . señor subprefecto! ¡Venga usted! le dijo. casi agónicos. La ola de indignación colectiva llegó hasta los pies de la Junta Conscriptora Militar. y transmitió la orden a los gendarmes. . tomándolo del brazo ¡Venga usted con nosotros! gruñó violentamente el sub¡No. su señoría respondió ef sargento. La muchedumbre. — — ¡ ! — sus guardias. . — . esperando sus órdenes: ¡Tráigame a los "enrolados"! ¡Hágalos entrar Muy bien. se agitó en un solo movimiento de protesta. empujados y sacudidos por . — — — dieron. np! prefecto. dando un paso hacia la vereda. Una piedad unánime cundió en el pueblo. Yépez y Conchucos avanzaron penosamente. los cuerpos desfallecientes. 89 Muchos vecinos de Coica se mostraban quemados de cólera.

furibundo: ¡Bueno. porque se me da la gana!. Algunas amenazas. improperios e insultos dirigieron los gen- — — darmes ¡No saben ustedes lo que dicen! ¡Ni lo que hacen! ¡Imbéciles! Todos ¡Qué saben ustedes no son sino unas muías! nada de nada! ¡Serranos sucios! ¡Ignorantes! La mayoría de los gendarmes eran costeños. — bala!. . . Porque nos atacaron a piedras de sus chozas. . entonces. cerraron la entrada a todo el mundo.90 gritó con sorda ira el sargento. Los de la costa del Perú sienten un desprecio tremendo e insultante por los de la sierra y la montaña. . . ¿Por qué les pegan así? ¿Por qué? Porque quisieron escaparse. . ¡Indios salvajes! ¡Criminales! —¡No. Un diálogo Huracanado se produjo entre la fuerza armada y el pueblo. — ¡Animales! al pueblo. . . y detenida por los rifles de los gendarmes. ¡Atrás! desenvainando amenazadoramente su espada. Agolpada a la puertu de la Subprefectura. exacerbado. odio subterráneo. ¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Ladrones!. . De aquí que se expresasen así de los serranos. rifle en mano. un cordón de gendarmes. ¡Asesinos! ¿Por qué los traen presos? ¡Porque me da la gana! — — . . bullía en creciente indignación la multitud. y éstos devuelven el desprecio con un . no! ¡Mienten! ¡Pues.. Una vez que Yépez y Conchucos penetraron. carajo! ¡Silencio! ¡O les meto . Un gendarme lanzó un grito. — — — — ¡Qué conscriptos ni conscriptos! ¡Cuando después se los llevan a trabajar a las haciendas y a las minas y les sacan su platita y les quitan sus terrenitos y sus animalitos!. ¡Bestias! ..

el alcalde Parga. el médico. el juez. . abalanzándose sobre el alcalde Parga. la cual respondió a la amenaza con un clamor inmenso. — . . El hombre del pueblo penetró al depacho subprefectural. ¡ ! — — ¡ ! chos ciudadanos. .. pero con energía ¡Señor alcalde! ¡Señor alcalde! El pueblo quiere ver en qué queda todo esto. el cura. ¡El pueblo.: 91 — — tud — ticia ! Levantó su rifle e hizo ademán de apuntar azar sobre la muchedumbre. Ni vindicta pública ni control social se practicaba nunca en Coica respecto de esos funcionarios. ¿Quién es usted? se agachó a preguntar — audaz que así le habló Pase usted Pase usted al despacho Entre usted y ya hablaremos. ¡Señores! dijo con un respeto protocolar. . el alcalde. . ¿Qué pasa? ¿Qué que escondía sus temores sucede? ¡Calma! ¡Calma! ¡Serenidad. señores!. Pero el viejo y astuto alcalde de Coica ordenó que le dejasen hablar. El subprefecto. . . pide que se haga jusal — — — . Un hombre del pueblo emergió entonces de entre la muchedumbre y. Apareció a la puerta del despacho subprefectural.. . los gendarmes. ¡Sí!. ¡Sí!. Pero para hacer valer los dereal . le dijo muy emocionado. señor. ¿quién era este hombre de audacia extraordinaria? La acción popular ante las autoridades no era fenómeno frecuente en Coica. —coreó la multi- ¡Justicia! ¡Justicia contra los que les han pegado! ¡Justicia contra los asesinos! El alcalde palideció. ¡Sí!. El más abominable y escandaloso abu- . . Más todavía. gozaban de una libertad sin límites en el ejercicio de sus funciones. y pide Los gendarmes lo agarraron por los brazos y le taparon la boca para impedirle que continuase hablando.

encendieron en él un dolor y una cólera crecientes contra la injusticia de . para ganarse la vida. El caso de Yépez y Conchucos sacudió violentamente a la masa popular. el herrero. no despertaba en el pueblo sino un oscuro. Era un tipo de indio puro: salientes pómulos. vivía en Coica desde hacía unos dos años solamente. Los demás habían tenido miedo de intervenir contra ese abuso. hubo pasado. a las orillas del Marañón. Fue el primero asimismo que gritó a favor de estos últimos ante la Subprefectura. Otras veces ya. fue testigo y actor de parecidas jornadas del pueblo contra los crímenes de los mandones. como obrero. Fue uno de los primeros entre los curiosos que habían rodeado a los gendarmes y a los yanacones. se encerraba todo el tiempo en torno a su forja. pelo lacio y negro. Nacido en las montañas del Norte. talla mediana y una expresión recogida y casi taciturna. Solitario más bien. La impunidad era en la historia de los delitos administrativos y comunales cosa tradicional y corriente en la provincia.92 SO de la autoridad. Una singular existencia llevaba. trabajando como mecánicQ. Tenía unos treinta años. cuando vivió en el valle azucarero de Chicama. pues. pidiendo justicia y desafiando la ira y la venganza de las autoridades. Servando Huanca los alentó. Pero he aquí que ahora ocurría algo nuevo y jamás visto. hundidos y brillantes. ojos pequeños. Estos antecedentes y una dura experiencia que. ese hombre? Era Servando Huanca. había recogido en los diversos centros industriales por los que. vago y difuso malestar sentimental. ¿Quién era. Ni diversiones ni muchos amigos. haciéndose él guía y animador del movimiento. y un hombre salido de ésta se atrevía a levantar la voz. cocinándose él mismo. cobrizo. Ni mujer ni parientes.

y rabiaba. introducido por el alcalde Parga. Por último. por humanidad. Huanca sentía que en ese dolor y en esa cólera no entraban sus intereses personales sino en poca medida. en pequeñas asociaciones o sindicatos rudimentarios. En cambio. y allí le dieron periódicos y folletos en que leyó tópicos y cuestiones relacionadas con esa injusticia que él conocía y con los modos que deben emplear los que la sufren. dondequiera que ésta se manifieste. fueron inauditos e innumerables. pues. contra los mandones autoridades o patrones que por causa propia o personal. Servando Huanca se dolía. rumiaba día y noche estas ideas y esta voluntad de rebelión. ¿Poseía ya Servando Huanca una conciencia clasista? ¿Se daba cuenta de ello? Su sola táctica de lucha se reducía a dos cosas muy simples: unión de los que sufren las injusticias sociales y acción práctica de masas. Desde entonces. al verle entrar a su despacho. para luchar contra ella y hacerla desaparecer del mundo. Servando Huanca llegó a unirse algunas veces con sus compañeros de trabajo y de dolor. él. reconcentrado y herido. su espíritu. por haberla descubierto también en los otros trabajadores cuando se trataban de abusos y delitos perpetrados en la persona de los demás. había sufrido muy raras veces los abusos de los de arriba. — — — — . También se dio cuenta de esta esencia solidaria y colectiva de su dolor contra la injusticia.93 los hombres. Huanca. más por solidaridad^ o. si se quiere. Personalmente. Era un convencido de que había que protestar siempre y con energía contra la injusticia. los que él vio cometerse diariamente contra otros trabajadores y otros indios miserables. ¿Quién es usted? le preguntó enfadado el subprefecto Luna a Huanca.

. Yo tenaro que hacer. . Huanca: deje! ¡Quiere ver lo que tienen los conscriptos! ¡Que los vea! ¡Ahí están! ¡Que los vea! añadió con ser^» ¡Sí. un del despacho. ¡Señor subprefecto! Yo creo volviéndose a Luna en tono protocolar que este hombre puede seguir aquí. Es el herrero Huanca ¡Déjelo! ¡Déjelo calmando al subprefecto ¡No importa! Quiere ver a los conscriptos. el pueblo lo pide. tocado en su liberalismo. luego. y. dirigiéndose. señor subprefecto! —volvió alcalde — ¡Déjelo! ¡Le i-uego a interceder el .: I 94 respondió Parga. . Luna do. exasperani — ¡Qué abuso abuso. La sesión de la Junta Conscriptora puede. . ganando tiempo. escoltados por dos gendarla cintura por un lazo. me parece dijo el alcalde señor subprefecto. — — — . Vamos a examinar el caso de estos "enrola- que le — — — . . miserable! ¡Cholo bruto! ¡Fuera de aquí! — ¡No importa. — — . No nos incomoda de ninguna manera. . continúa. — — . —Así . —Bueno —dijo— Cada cual . El subprefecto meditó un instante y volvió a mirar al juez y al gamonal Iglesias. intervino dijo a Huanca ceremoniosaMuy bien Está usted en su derecho. dos" Vamos. a mi juicio. estaban Isidoro Yépez y A mes y sujetos siempre de Braulio Conchucos. continuar. . La sesión de la Junta Conscriptora Militar. asintió. . y que es un abuso — — — . El médico Riaño. señor subprefecto! ¡El pueblo lo pide! Yo vennidad el herrero go enviado por la gente que está afuera. extremo volvió a ocupar su puesto. . a le interrumpió. que dice que están muertos. desde que mente dijo.

abuela. — que cueste! ¡Yo se lo autorizo!. conmovido. respondió a la multitud con una tempestad de insultos y amenazas. . a fin de declararlos expeditos para marchar a la capí- — . la fuerza acaba de traer a dos "enrolados" de Guacapongo. Miraban con ojos lejanos y con una indiferencia calofriante y vecina de la muerte. Eran las tres indias. . pero fir- me y tranquilo. cuanto sucedía en torno de ellos. los miembros de la Junta Conscriptora Militar. cerío ensordecedor. La cabeza se le doblaba como la de un moribundo. a examinar el caso de estos hombres. largo sollozo estalló a la puerta. con las manos juntas. madre y hermana de Isidoro Yépez. ¡Atrás! ¡Carajo! aullaba de rabia ¡Atrás! ¡Atrás! El subprefecto Luna ordenó en un gruñido: ¡Sargento! ¡Imponga el orden. Un El subprefecto Luna. el sombrero en la mano. Respiraba con dificultad. Junto a los yanaconas pasó Servando Huanca. que pedían de rodillas. Y bien señores. Los gendarmes las rechazaban con los pies y las culatas de sus rifles. pues. que presidía dijo: la sesión. se las dejase entrar.95 Los dos conscriptos mostraban una lividez mortal. El sargento saltó a la vereda y esgrimió su espada con todas sus fuerzas sobre las primeras filas de la muchedumbre. Braulio Conchucos estaba muy agotado. Sus miembros le temblaban. y habría caído. llegó de la plaza un voEl cordón de gendarmes. conforme a la ley. Como ustedes ven. a proceder. Por momentos se desplomaba. cueste lo Al sentarse todos — — — . apostado a la puerta. Vamos. de no estar sostenido casi en peso por el guardia.

el — — — . señor secretario. lo que dice la Ley de Servicio Militar Obligatorio. . —"Título Cuarto. serán considerados como "enrolados".". — Sí —asintió subprefecto— A —añadió. y respondió con voz débil y amedrentada: Me llamo Isidoro Yépez. la Junta la conocen perfectamenseñor secretario abra el registro mia fin de ver si allí figuran los nombres al de estos hombres. acordadas a los conscriptos en general y contenidas en el artículo 9. . Pido litar. en primer lugar? Isidoro Yépez pareció volver de un sueño. ver.96 tal del departamento. doctor Ortega argumentó alcalde Parga Convendrá saber antes la edad de los "enrolados". interrumpió con énfasis el juez Basta Ortega Yo opino que es inútil la lectura del resto de la Ley. ¿Cuántos años tienes? — — . Artículo 46: Los peruanos comprendidos entre la edad de diecinueve y veintidós años. excepciones o circunstancias atenuantes. título . . tienes. taita. En primer lugar. . Un momento. miembros de te. te llamas. lea usted. Artículo 47: Los "enrolados" serán perseguidos y obligados por la fuerza a prestar su servicio militar. y que no cumplieran el deber de inscribirse en el registro del Servicio Militar Obligatorio de la zona respectiva. Artículo 48: segundo de esta Ley. . acerca de los — "enrolados". en el próximo contingen- te de sangre de la provincia. dirigiéndose paternalmente a Isidoro Yépez — ¿Cuántos años tú? ¿Cómo el . El secretario Boado leyó en un folleto verde: De los "enrolados". puesto que todos los señores — — — — — — . inmediatamente de ser capturados y sin que puedan interponer o hacer valer ninguno de los derechos.

inconsciente. taita. ¿Cómo. dirigiéndose a Bueno ¿Estás inscrito en el Registro Militar? Yépez El yanacón abrió más los ojos. y respon. se le va a tomar como "enrolado". Un desdolo. ni sabe lo que es registro ni servicio militar obligatorio. — — — dió — Escriptu. Ignora si está o no inscrito en el Registro Militar. El subprefecto renovó su pregunta. taita. ¡Silencio! interrumpiendo a Huanca y poniéndose de pie ¡Basta de tolerancias! violentamente En ese momento. tratando de comprender lo que le decía Luna. graciado. Ustedes están viénEs un analfabeto. ni Estado. pues. cuando nadie le ha dicho nunca que debía inscribirse. . quién sabe. ni patria. taita. . Veinte o veinticuatro. Braulio Conchucos estiró el cuerpo y tras de unas convulsiones y de un breve colapso súbitamente se quedó inmóvil en los brazos del gendarme. pues. . Entonces Servando Huanca intervino: dijo el herrero con calma y ¡Señores! Este hombre (se refería a Yépez) es energía un pobre indígena ignorante. — — — — — . ¿No entiendes lo que te digo? Dime estás inscrito en el Registro Militar. . todo. golpean- do — ¡Animal! — — .97 Yo no sé. la voz: si maquinalmente: pues. ¿Cómo "no sé"? ¿Qué es eso de "no sé"? ¡Vamos! ¿Di. ni Gobierno? gritó colérico el juez Ortega. Ignora todo. ni tiene noticia de nada. continuó Luna. — . señor subprefecto. El doctor Riaño acu- — — — . en tus escritus. cuántos años tienes? ¡Habla! ¡Di la verdad! dijo con piedad No lo sabe ni él mismo Son unos ignoy asqueado el doctor Riaño rantes. No insista usted. Ignora cuántos años tiene.

que ordenaba a los ¡Sargento! ¡Fuego! ¡Fuego! fusilería sobre el pueblo fue cerrada. la plaza quedó abandonada y como un desierto. . los gendarmes quedaron dueños de la ciudad. echando siempre bala al azar. El cierre de las puertas fue instantáneo. desarmado y sorprendido. el espanto y la refriega fueron instantáneos. Un choque inmenso se produjo entre el pueblo y la gendarmería. Braulio Conchucos cayó lentamente al suelo. Al fin de la borrasca. Se oyó claramente la voz del subprefecto. El pueblo. encarnizada. larga. lanzando gritos salvajes. — ¡Fuego! gendarmes: La descarga de cayeron muchos muertos y heridos. y luego. sobre la multitud: ¡Un muerto! ¡Un muerto! ¡Un muerto! ¡Lo han matado los soldados! ¡Abajo el subprefecto! ¡Abajo las autoridades! ¡Viva el pueblo! ¡Viva el pueblo! Un espasmo de unánime ira atravesó de goldio. Aparte de ellos. más espaciadas. Recorrían enfurecidos la plaza. Aquí y allí . despavorida. muerto! ¡Un muerto! La confusión. roncos de ira. . contestó y se defendió a pedradas e invadió el despacho de la Subprefectura. Todo no duró sino unos cuantos segundos. ¡Abajo los asesinos! ¡Mueran los criminales aullaba el pueblo ¡Un muerto! ¡Un — — — . le — — pe a la muchedumbre.98 animó ligeramente y dijo con un gran desparpajo profesional: Está muerto. Servando Huanca dio entonces un salto a la calle entre los gendarmes. Sólo la sembraban de trecho en trecho los heridos y los cadáveres. Está muerto. Bajo el radiante y . La mayoría huyó. Una gran polvareda se produjo. Luego la descarga se hizo rala.

José Marino buscaba a su hermano angustiosamente. el sargento. los tres. diáfano y azul. Luna. Las puertas de las casas y las tiendas. Un instante después. volvieron a abrirse. seguían disparando sus rifles.99 alegre sol de mediodía. de la pequeña burgue- — Pero alguien ha empujado — replicaban otros — La plebe es estúpida. El subprefecto dispuso que se recogiese a los muertos y a los heridos y que se formase inme- . Ortega y Parga surgían entre la multitud. se saturó de sangre y de tragedia. dando voces y gritos vengativos. nunca por sí sola. Otros indagaban por la suerte de distintas personas. En torno a cada herido y a cada cadáver se formó un tumulto. de Coica. llenaba la plaza. los gendarmes y. Aunque e\ choque había ya terminado. artesanos. linos gallinazos revolotearon sobre el techo de la iglesia. funel viejo Iglesias a la cionarios y gamonales cabeza de éstos y se dirigían al subprefecto y demás autoridades. por el juez y por el alcalde. protestando en voz alta contra el levantamiento del populacho y ofreciéndoles una adhesión y un apoyo decididos e incondicionales para restablecer el orden pú- — — blico. —Han sido puro salvajes sía —exclamaba los los indios de puro brutos. señaladamente. el aire de Coica. Un murmullo doloroso. se destacaban algunos comerciantes. Autoridades y soldados se mostraban poseídos de una ira desenfrenada y furiosa. Se preguntó con ansiedad por el subprefecto. El médico Riaño y el gamonal Iglesias salieron de una bodega de licores. Poco a poco fue poblándose de nuevo la plaza de curiosos. De entre la multitud. y no se mueve . pequeños propietarios.

De esta manera. Así fue. Una represión feroz e implacable se inició contra las clases populares. Se desfondaba de un culatazo una puerLos ta. sindicado en el levantamiento pudo escapar al castigo. buscaban y perseguían entonces revólver en mano. muertos o vivos. Las autoridades y la pequeña burguesía hacían responsable de lo sucedido al bajo pueblo. de grado o la fuerza. ningún indio sus revólveres. hasta media noche. apresaban a quienes se suponía haber participado. en general. en tal o cual forma. al fin. . cuyos habitantes huían despavoridos. es decir. el párroco Velarde. los hermanos Marino. el juez Ortega. los jueces de paz. el se- cretario subprefectural Boado. todos los acompañantes del subprefecto. a los indios. Además de los gendarmes.100 diatamente una guardia urbana nacional de todos los ciudadanos conscientes de sus deberes cívicos. por los techos. en los terrados. se armó de rifles y carabinas un considerable sector de ciudadanos y. Los más encarnizados en la represión fueron el juez Ortega y el cura Velarde. con razón o sin ella. se siguió disparando sobre el pueblo sin cesar. el médico Riaño. llevaban. según los casos. bajo los albañales. en el levantamiento. bajo las barbacoas y cuyeros. En esta incursión por todas las calles y arrabales de Coica. la gendarmería realizó numerosos prisioneros de hombres y mujeres del pueblo. el preceptor. A la cabeza de este doble ejército iban el subprefecto Luna. el hacendado Iglesias. los concejales. Los alcanzaban. El subprefecto y su comitiva penetraban en las viviendas populares. el alcalde Parga. en que se produjo el tiroteo. Desde la una de la tarde. a fin de recorrer la población en compañía de la fuerza armada y restablecer las garantías ciudadanas. y. el gobernador y el sargento de la gen- darmería.

el Estado Mayor de la guardia urbana. Gendarmería restableció orden respetando vida intereses ciudadanos. interuretando los senti- — : — — .101 rezongaba renseñor subprefecto aquí no cabe sino el párroco mano de hierro. Cuzco. Investigo causas y fines asonada. Pormenores correo. a la cabeza de él el subprefecto Luna. la indiada puede volver a reunirse esta noche y apoderarse de Coica. Doce muertos y dieciocho heridos y dos gendarmes con lesiones graves. Después. tando. y. fue asaltada bala y piedras Subprefectura por populacho amotinado y armado. ma- —Aquí. . lamento los desgraciados acontecimientos de esta tarde y felicito al señor subprefecto de la provincia por la corrección. corosamente — — . las doce de la noche. pueblo entero. sión Junta Conscriptora Militar provincia. el alcalde Parga ofreció una copa de coñac a los circunstantes. . durante se"Prefecto. Después de un cambio de ideas entre los principales personajes allí reunidos. robando. pronunciando un breve discurso. Acompáñanme todas clases sociales. autoridades. — . (Firmado. saqueando. Asimismo. Si usted no lo hace así. El comunicado fue así concebido y redactado Hoy una tarde. se acordó comunicar por telégrafo lo sucedido a la Prefectura del Departamento.) Subprefecto Luna". Tranquilidad completa. justicia y energía con que ha devuelto a Coica el orden. ¡Señores!' dijo. estaba concentrado en los salo- A nes del Concejo Municipal. con su copa en la mano En nombre del Concejo Municipal. que tengo el honor de presidir. Comunicaré resultado investigaciones proceso judicial sanción y castigo responsables triste acontecimiento. la libertad y las garantías ciudadanas.

:

102

de todos los señores presentes representantes del comercio, la agripido al señor cultura y administración pública Luna reprima con toda severidad a los autores y responsables del levantamiento, seguro de que así le seremos más agradecidos y de que lo acompaña lo mejor de la sociedad de Coica, Señores: por nuestro libertador, el subprefecto señor Luna, salud! Una salva de aplausos premió el discurso del viejo Parga y se apuró el coñac. El subprefecto contestó en estos términos:

—dignos

mientos

e ideas

,

i

Señor alcalde: Muy emocionado por los inmerecidos elogios que me habéis brindado, yo no tengo sino que agradeceros. Verdaderamente, yo no he hecho sino cumplir con mi deber. He salvado a la provincia de los desmanes y crímenes del populacho enfurecido, ignorante e inconsciente. Eso es todo lo que he hecho por vosotros. Nada más, señores. Yo también lamento lo sucedido.. Pero estoy resuelto a castigar sin miramientos y sin compasión a los culpables. Lo que ha hecho la gendarmería no es nada. Yo les haré comprender a estos indios brutos y salvajes que así nomás no se falta a las autoridades.

Yo

os prometo castigarlos, hasta el últi-

mo. ¡Salud!

Lo ovación a Luna fue resonante y viril, como su propio discurso. Muchos abrazaron al
alcalde y al subprefecto, felicitándolos emocionados. Se sirvió otra copa. Pronunciaron otros discursos el juez Ortega, el cura Velarde y el doctor Riaño, todos condenando al bajo pueblo y reclamando contra él un castigo ejemplar.

Los hermanos Marino y el hacendado Iglesias, expresándose mitad en discurso y mitad en diálogo, pedían con insistencia una represión sin
piedad contra vengativo
la indiada. Iglesias

dijo en tono

103

— Hay que agarrar
listo,

y

el

huido.

al herrero, que era el más que empujó a los otros. Debe de haber Pero hay que perseguirlo y darle una
.

gran paliza al hijo de puta. José Marino argumentaba: ¡Qué paliza ni paliza! ¡Hay que meterle un plomo en la barriga! ¡Es un cangrejo! ¡Un loco de mierda! Yo creo que lia caído muerto en la plaza apunto tímidamente el secretario Boado. El Subprefecto rectificó: No. Fue el primero en escapar, al primeallamó Sargento tiro. Pero hay que agarrarlo. en alta voz. El sargento acudió y saludó, cuadrándose: ¡Su señoría! ¡Hay que buscar al herrero Huanca sin descanso Hay que encontrarlo a cualquier precio. Dondequiera que se halle hay que "comérselo". ¡Un tiro en las tripas y arreglado! ¡Sí! ¡Haga usted lo posible por traerme su cadáver! ¡Yo ya le he dicho que su ascenso a alférez es un hecho! Muy bifen, su señoría respondió con enYo cumpliré sus órdenes. tusiasmo el sargento
.

¡

!

— —

!

.

¡Pierda usted cuidado! De cuando en cuando se oía a lo lejos y en el silencio de la noche, disparos de revólver y de carabinas, hechos por los grupos de la guardia urbana que rondaba la ciudad. En los salones municipales, las copas de coñac se repetían, y el cura Velarde, el subprefecto Luna y José Marino empezaron a dar signos de embriaguez. Una espesa humareda de cigarros llenaba la atmósfera. La reunión se hacía cada vez más alegre. Al tema del tiroteo, sucedieron muy pronto otros rientes y picarescos. En un grupo formado por el sargento, un gendarme y un juez

.

104

de paz, éste exclamaba un poco borracho ya y

muy

— ¡Pero qué indios tan idiotas! El sargento decía jactancioso: — ¡Ah! ¡Pero yo he jodido! Apenas
los

colorado:

vi al

herrero saltar a la plaza gritando: "¡Un muerto!" "¡Un muerto!", le di a un viejo que estaba a mi lado un soberbio culatazo en la frente y lo dejé tieso. Después me retiré un poco atrás y empecé a disparar mi rifle sobre la indiada, como una ametralladora: ¡ran!, ¡ran!, ¡ran! ¡Carajo! Yo no sé cuántos cayeron con mis tiros. Pero lo que yo sé es que no vi sino una polvareda de los diablos y vacié toda mi canana. ¡Ah! ¡Carajo! ¡Yo me he "comido", solamente, lo menos siete, sin contar los heridos! exclamó con orgullo el gendar¡Y yo! me ¡Y yo! ¡Carajo! Yo no les dejé a los indios ni siquiera menearse. Antes que tirasen ni una sola piedra yo me había "comido" ya dos. a boca de jarro, ahí nomás, junto a mí. Uno de ellos fue una india que desde hacía rato me estaba jodiendo con que "¡patroncito, patron•cito!" De un culatazo en la panza, la dejé seca. El otro se me arrodilló a pedirme perdón y a llorar, pero le quebré las costillas de un solo
, .

— —
.

.

.

.

.

culatazo.

.

.

El juez de paz les oía que no podía ocultar. Sin siasmado a los soldados: ¡Bien hecho! ¡Bien tos! ¡Animales! ¡Lo que

poseído de un horror embargo, decía entu-

hecho! ¡Indios brudebía haber hecho es "tirarse" al cholo Huanca! ¡Qué lástima de hasargento, moviendo las ¡Ya verán ustedes! ¡Ya verán ustedes cómo me lo "como"! ¡Déjenlo a mi cargo! El subprefecto me ha dicho que si
el
.

— ¡Ah! —juraba manos — ¡Ah! ¿Ese?

berlo dejado vivo!

¡Caramba!

Hay más todavía. vilca sobre usted. mí me consta que están muy contentos con usted. Muchas veces. amigo de siempre. Ya lo sabía. . dijo José Marino en voz ¡Mire usted! Yo. . — — — .: 105 yo le traigo el cadáver del herrero. naturalmente. aludiendo con un gesto a los personajes allí reunidos le han escrito a míster Taik repetidas veces contra usted. soy baja al subprefecto su verdadero amigo. — — —Le . Míster Taik — . — — . ¡Muy con- A A tentos! Algunos de aquí dijo. dijo Mateo Marino sirvió tres copas y los tres hombres se fueron a un rincón copa en mano. Mi simpatía por usted ha sido siempre grande y sincera. ¡ — — — . sin que usted lo sepa a mí no me gusta decir muchas veces a nadie lo que yo hago por él he conversado con místers Taik y Weiss en Qui. Ellos le tienen mucho aprecio. querido subprefepto! Quiero tomar una copa con usted. dijo sonriendo con suficiencia ¡Sí! ¡Sí! Ya me lo han dicho. José Marino añadió. — . José Marino había llamado aparte a Luna. . que cuente con mi ascenso a oficial. ¡Ah! ¡Sí! mí me consta. han El subprefecto sonreía con despecho y con rabia. lo he defendido a usted a capa y espada. Luna — — escrito chismeándolo y poniéndolo mal y diciéndole que usted no es más que un agente del diputado doctor Urteaga y que aquí no hace usted más que servir a Urteaga en contra de la "Mining Society". Pero una conversación más importante aún se desatk'ollaba en ese momento entre los hermanos Marino y el subprefecto Luna. tomándole afectuosamente por un brazo: le Permítame. . . . ya lo sabe usted. irguiéndose y en tono protector Yo. Yo se lo he probado varias veces.

Así me dijo el gringo. —Yo sé —dijo le . . .106 estaba ya creyendo esos chismes y un día me hizo llamar a su escritorio y me dijo: "Señor Marino: Lo he hecho llamar a mi escritorio para hablar con usted sobre un asunto ftuy grave y muy secreto. que. me escriben de Coica tantas cosas contra Luna. Estaba muy enojado. que se emborracha con quien quiere. Usted lo sabe muy bien. completamente nuestro. para hacerlo destituir en el día. mediatamente a nuestro escritorio de Lima. . . Mateo Marino — . Yo le dije entonces que usted se portaba correctamente con nosotros y que no teníamos nada de qué quejarsi Luna no nos. Pero yo le contesté que esos chismes no eraíi ciertos y que usted era nuestro. El resto es de menor importancia: que Luna está siempre con los correligionarios políticos de Urteaga. ¿Cómo se porta con ustedes en Coica el subprefecto Luna? Hágame el favor Porque de contestarme con entera franqueza. Usted comprende que nuestra empresa representa intereses muy serios en el Perú y no estamos dispuestos a ponerlos a merced de nadie. diga sinceramente cómo se conduce Luna con ustedes. eso no significa nada"." Así me dijo el gringo. ¿Les presta toda clase de facilidades para el enganche de peones? ¿Los apoya y está con ustedes? Porque la "Mining Society" hizo nombrar a Luna subprefecto con el único fin de tener la gendarmería a nuestro servicio para lo que toca a la peonada. francamente no sé lo que hay en todo Por eso quiero que usted me esto de cierto. . "Porque me dijo el gringo se porta bien con ustedes. Siéntese y contésteme lo que voy a preguntarle. yo sé quié- nes escriben eso a los yanquis. yo comunico esto in- — — .

y míster Taik me dijo: "Bueno. exclamó Mateo ¡Muy bien! ¡Muy bien! . decidido a hacer por ustedes todo lo que pueda. . — Luna — — ¡Bueno! ¡Bueno! añadió vivamente José Marino Pero. señor Marino: su respuesta. por usted! brindó José Marino.¡ 107 Ustedes. ¡ ! ¡ — — . más que nadie. que yo la creo franca. respondió a José Marino: Yo le agradezco muy de veras. — . siempre aparte y en secreto: ¿Cuántos indios han caído hoy presos? Alrededor de unos cuarenta. . El subprefecto Luna. precisamente. lo que hay es que los yanquis ya tienen la pulga en la oreja y hay que tener mucho cuidado. mi querido don José. Díganme solamente lo que quieren y yo lo haré en eí acto. son testigos de mi lealtad absoluta y de mi devoción incondicional a míster Taik. emocionado. En el acto Como usteSí des lo oyen! Muy bien Pero muy bien volvió a decir Mateo Marino ¡Y. por eso. — — ¡ — . En una de éstas. — ¡ ! ¡ ! ¡ — ¡ ! ¡ — ! — . bebamos esta copa! ¡Sí. José Marino le preguntó al subprefecto Luna. señor subprefecto. — . lo defendí a usted en toda la línea. ¡Naturalmente! decía José Marino. — . — — — . echando la barriga triunfalmente Por eso. ¡Pero si todo eso es mentira! exclamaba — — — . me basta". dirigiéndose a Luna ¡Por nuestra grande y noble amistad! Salud ¡Por eso! ¡Por "Marino Hermanos"! decía el subprefecto Salud Y por místers Taik y Wiess! ¡Y por la "Mining Society"! ¡Y por los Estados Unidos! ¡Salud! Varias copas más tomaron los tres hombres. en resumen. Y ya sabe usted que soy su amigo sincero. — — Marino.

Además. nuestro grande subprefecto. . pro- por el pongo que se nombre una Comisión que se encargue de organizar un homenaje al señor Luna. Y yo propongo firmar aquí mismo todos los presentes un memorial al Ministro de Gobierno. ¡Espere usted! ¡Espere usted!. . pero se conAl fin. obsequio de los hijos de Coica. plice —No : hablemos más. — — — . Pero hay una cosa: yo creo que podríamos hacer una cosa. habló así a Luna: ¿Recuerda usted lo que le dijimos esta mañana sobre los peones? para las Sí. Mire usted: como usted no tiene aún gendarmes suficientes para perseguir en el día a nuestros peones prófugos. . Porque. . . que acaba de salvarnos de la indiada. Se lo pro- meto. — ¡Señores! —exclamó copa en mano y en alta voz José Marino. y como usted no va a saber qué hacer con todos esos indios que están ahora presos en la cárcel. puedo asegurarles que el Gobierno sabrá premiar lo que ha hecho hoy el señor Luna en favor de Coica. Yo. dirigiéndose a todos los concurrentes — Yo invito a beber una copa . 108 José Marino iba a añadir algo. . expresándole la gratitud de la provincia al señor Luna. — — . para enviarlos a Quivilca inmediatamente? exclamó el subprefecto ¡Ah! ¡Eso!. . . les señor Roberto Luna. ¿por qué no nos da usted unos cuantos.. Exactamente. Luna se agarró el mentón. . pensativo. con un gran banquete y con una medalla de oro. Usted comprende. — . Entendido. Mateo Marino corrió y trajo tres copas. La cosa es un poco difícil. Que necesitan cien peones minas. . . y terminó diciendo a José Marino en voz baja y cómtuvo. señores.

los salones municipales esLa taban convertidos en un local de fiestas. hip. Y la música co- A la madrugada. . Los más dados a la marinera eran el cura Velarde y el juez Ortega. — — ¡Pero es claro! ¿Por qué no? —Porque como ha habido muertos hoy. Después propuso ir a casa de una familia de chicheras en la que el cura y el doctor Riaño tenían pretensiones escabrosa"^ respecto de dos indias buenas mozas. el gendarme fue a traer rriendo. la banda de músicos. El médico Riaño opuso un escrúpulo: ¡Doctor Ortega! ¿Cree que debe traer la El juez. banda de músicos tocaban valses y marineras entusiastas. Bailaban entre hombres. — — . . pero los se una quincena de personas que quedaron encontraban completamente ebrios. rracho llamó a uno Vaya usted a traer hip! ¡Hurra!. Bailaba y cantaba en medio de todos y a voz en cuello. ya muy bode los gendarmes y le dijo: . Muchos se habían retirado ya a dormir. Pero alguien aseguró que no se podía ir. los salones mudoctor Ortega. el cura. el juez.. 109 —¡Bravo! ¡Bravo! ¡Hip. Despiértelos a los cholos cueste lo que cueste y dígales que el subprefecto. el alcalde. música? rrencia! ¡Vaya usted. El cura se quitó la sotana y se hizo el protagonista de la fiesta. y que vengan inmediatamente. porque el padre de las indias había caído herido en la plaza. y una jarana delirante se produjo. Hubo un revuelo intenso en nicipales. el médico y todo lo mejor de Cannas. vaya decir el juez al gendarme. gente va a ¡Qué ocu—¿Pero qué gente? ¿Los indios? —volvió a nomás! la decir. está aquí.

minas de oro y plata en el Centro y en el Sur Por todas partes! ¡Míster Weiss me decía en Quivilca lo que es la "Mining Society"! ¡Qué enorme empresa! ¡Oh! ¡Sólo les digo que los socios de la "Mining" son los más grandes millonarios de ! ¡ . . — — mas internacionales. El alcalde balbuceaba bambolos Tomados del Luna y brazo. El subprefecto Luna. señores! ¡Los Estados Unidos es el pueblo más grande de la tierra! ¡Qué progreso formidable! ¡Qué riqueza! ¡Qué grandes hombres. . explicaba entusiastamente a sus amigos: ¡Ah. mientras no entren en ella los Estados Unidos! ¡Acuérdense de lo que les digo! ¡Pero es claro! ¡Ese Wilson es cojonudo! ¡Qué talento! ¡Qué discursos que pronuncia! ¡El otro día leí uno!. hombre versado en te. señores!. — ¡Pero. las explotaciones caucheras y azucareras.. la "Mining Society"! ¡Es el más grande Sindicato minero en el Perú! ¡Tiene minas de cobre en el Norte.: lio prefecto hermanos Marino discutían acaloradamente. el sub- leándose de borracho ¡Yo soy todo de los yanquis! ¡Yo se lo debo todo! ¡La alcaldía! ¡Todo! ¡Son mis patrones! ¡Son los hombres de Coica! ¡No sólo de Coica argumentaba Mateo — — Marino sino del Departamento! ¡Ellos mandan! ¡Qué cara jo! ¡Viva míster Taik. José Marino adujo enérgicamente: ras. todo se está haciendo con dólares de Nueva York! ¡Ah! ¡Eso es una cosa formidable! ¡Y van a ver ustedes que la guerra europea no terminará.. el alcalde Parga. . sobre todo. los yanquis! ¡Fíjense que casi toda la América del Sur está en manos de las finanzas — norteamericanas! ¡Las mejores empresas minelos ferrocarriles. . ¡Carajo! ¡No hay que dudarlo!.

sonaron varios tiros de relos indios! . ¡ ! — — . En medio . Un vocerío confuso y ensordecedor se produjo en los salones. . monseñor tuvo que agachársele! Mateo Marino ordenó a los músicos en alta voz: —¡Un "ataque"! ¡Un "ataque"! ¡Un "ata- — . . de automóviles. dijo. Todos tenían una copa en la mano y todos hablaban a gritos y a la vez: ¡Vivan los Estados Unidos! ¡Viva la "Mining Society"! Vivan los norteamericanos! ¡Viva Wilson! ¡Viva míster Taik! ¡Viva míster Weiss! ¡Viva Quivilca! ¡Viva. — — — . acercándose el Bueno. que" Los músicos. — — — . . de la bulla. . tocaron un "ataque" fogoso. señores. ¡ . claro. de petróleo! jMísters Taik y Weiss solamente disponen de fortunas colosales!. señores ¿De cura Velarde del brazo del juez Ortega qué se trata? respondió con orgullo Mateo Ma¡Aquí aquí hablando de los yanquis! rino ¡Los gringos exclamó el cura ¡Ah! son los hombres! Bebamos una copa por los norteamericanos.111 los Estados Unidos! ¡Muchos de ellos son banqueros y son socios de otros mil Sindicatos de minas. Ellos son los que mandan! ¡Qué caracoles! Yo he visto al mismo obispo agacharse ante míster Taik la vez pasada que fui al El obispo quería cambiar al cura de Cuzco. que estaban en el corredor e ignoraban de lo que se hablaba dentro de los salones. de azúcar. y míster Taik se opuso y. y entre las notas entusiastas del "ataque". rítmico y algo monótono. Canta. el subprefectp de la provincia! ¡Viva el alcalde! ¡Viva el juez de primera instancia! ¡Viva el señor Iglesias! ¡Viva "Marino Hermanos"! ¡Abajó ! — ! ¡Abajo!.

Súbitamente. el doctor Riaño hizo la autopsia de los cadáveres. con una sonrisa de satisfacción. Al día siguiente. recibió entre su correo matinal la respuesta telegráfica del prefecto. contento y son- A —Muy los : riente —¿Qué tal? ¿El sueño. José Marino entraba al dormitorio del subprefecto. Luna empezó luego a leer sus cartas y periódicos. El telegrama decía así: Deplorando suce"Subprefecto Luna. —^Vaya usted a llamar le Dígale que al señor José Marino. Tres de los heridos habían muerto a la madrugada. Algunos de los cadáveres fueron enterrados por la tarde.: 112 volver. al verlos. Los demás rodearon al cura y al juez. y todavía en su cama. (Firmado. sin solución de continuidad. llamó a su ordenanza — Anticona — Su señoría. bien. estoy esperando y que venga in- mediatamente. Coica. pasaron a tocar. a eso de la una del día. El juez Ortega y el cura Velarde sacaron sus pañuelos y se pusieron a bailar. pocos momentos. ha sido bueno? . haciendo palmas y dando gritos estridentes y frenéticos. la fuga de una marinera irresistible.) Prefecto Ledesma". su señoría. El subprefecto Luna. El día empezó a rayar tras de los los cerros ne- vados y lejanos de Andes. sos felicitólo actitud ante atentado indiada y restablecimiento orden público. Los músicos.

Sí? periódico. cibir telegrama del prefecto! ¡Mire usted!. Siéntese. y no lo muevan a —¡Eso es! ¡Eso es! ¡Bueno! ¡Bueno¡ Esto a los indios lo dejo al cuidado suyo. para ser embarcado a Nueva York. un gran lote de tungsteno. El subprefecto le tendió el telegrama y José Marino leyó mentalmente. lo he llamado. — — . sí. ¡Esexclamaba Marino ¡Estupendo! ¡Ya ve usted. ¡Acabo de re- _Sí —dijo Luna usted. ¿No es posible tomar de ahí unos veinte? Por mi parte yo lo haría con mucho gusto. justamente. . en vista del apuro de peones en qus está la "Mining Society". me tomar unos quince para las minas. disponga usted. Taik yo voy a escribirle en seguida a míster pasado y diciéndole que lo contándole lo que ha recomiende a usted inmediatamente al Cuzco lo de ayer y a Lima. — — — — . . para decirle que. si lo quiere. los Estados preguntó José Marino alborotado. míster Taik saberlo a estas horas y habrá redoblado los trabajos de las minas. En cuanto parece que usted puede que están presos. mi querido Marino. a fin de que se apruebe usted de Cannas. ya se lo decía yo ayer! tupendo! ¡Naturalmente! El prefecto y el Mmistro tienen que aprobar lo que usted ha hecho. no! ¡Yo he dormido como un chancho! Bueno. Por eso. . ¡Qué quiere ¡Yo. Ahí tamde bién acabo de leer en el periódico la entrada Unidos a la guerra europea. Tiene que enviar inmediatamente a Moliendo. La vejez. ¡Sí. Ademas. sí! Acabo de leerlo en el ya debe también —Entonces. hoy mismo.113 con gesto de fatiga—. de quince indios de los que tengo ahora en la cárcel. Pase Las copas a mí me hacen siemusted! pre mucho daño.

Pero ya les he dicho ayer que yo necesito también lo menos cinco "conscriptos" antes de fin de mes. además. ¿Y las familias de los indios? ¿Y si van a Quivilca? Muy bien. con el prefecto. — ¡No. puede indisponerme con el Gobierno. si se llega a saber que algunos de ellos están en las minas. Sí.114 sabe usted que yo estoy aquí para servirles y eso es lo único que me interesa. pero si usted se lo impide. a todo el mundo hay que decirle que se les ha puesto en libertad y que los indios han huido después de miedo. que . como siempre está escribiéndose con Urteaga. no se moverán ni harán nada. le viejo Iglesias no tiene por qué saberlo. pero siempre es bueno estar bien con — diputado. Pero si tenemos a míster Taik con no- — sotros. él va a querer también otros tantos para su hacienda. ni dónde están ni qué es lo que hacen. Póngase usted en mi lugar. Hay que desconfiar de a ustedes. tengo que tomar también tres que me faltan para compleYo no puedo quedar mal tar mi contingente. de miedo al juicio por los sucesos de ayer. sí . se puede decir que ellos mismos se habían ido a Quivilca. Si el viejo Iglesias llega a saber que yo les he dado a ustedes veinte indios para Quivilca. . . y. no! Yo aseguro. De los indios que hay en la cárcel. Yo sé que mientras míster Taik esté contento y satisfecho de mí. Además. no conviene ir muy lejos en esto de los indios para Quivilca. Quivilca está lejos. no. ni nada. no teng-o nada que temer. el — — . Haciéndolo así. el . Una vez que los indios estén en las minas. nadie sabrá de ellos nada. . Además. . Ya Riaño y del viejo Iglesias. . .

Nadie dijo a estos indios nada. y previa una selección de los más humildes e ignorantes. para evitar encuentros azarosos en la ruta. en la madrugada. Ellos obedecieron sin proferir palabra. Ni adonde se les llevaba ni por cuánto tiempo ni en qué condiciones. fueron sacados. Los veinte indios iban amarrados los brazos a la espalda y todos ligados entre sí por un sólido cable. y a las cuatro de la mañana fue la partida para las minas de tungsteno. la cabeza baja y sumidos en un silencio trágico. un gendarme y cuatro hombres de confianza pagados por los hermanos Marino. de carabinas y de abundante munición. de uno en fondo. Custodiaban el desfile. La ciudad estaba sumida en un silencio absoluto. La marcha de estos forzados. sobre el camino a Quivilca. a caballo. ¿por qué iban con ellos los Marino y . para comparecer ante los jueces por los muertos de Coica Pero si ellos no habían hecho nada Pe! ¡ ! ¡ ro quién sabe! ¡Quién sabe! O tal vez los estaban llevando a ser conscriptos. se hizo en gran parte por pequeños senderos apartados. formando una fila en cadena. Las calles estaban desiertas. ¿Adonde se les estaba llevando? Quién sabe al Cuzco. bala en boca y conducidos a las afueras de Coica. veinte indios de la cárcel. Allí se formó el grupo completo de los veinte indios prometidos por Luna a "Marino Hermanos". En la noche de ese mismo día. sin comprender nada. y avanzaban a pie. entonces. Los siete guardias de los indios iban armados de revólveres.115 Así quedó acordado entre José Marino y el subprefecto Líuna. de tres en tres. Los indios iban acompañados de dos gendarmes. José y Mateo Marino. lentamente. Se miraban entre sí. ¿Pero también los viejos podían ser conscriptos? ¡Quién sabe! Y.

a la hora de los tiros? ¿Pero dónde estaría ese sitio y por qué esa idea de castigarlos botándolos así. cerca ya de las quebradas de "Sal si puedes". tan flacuchita la pobre y tan buena! ¡Y los rocotos amarillos. . pero muy a las afueras de Quivilca. Pero ni siquiera un poquito de chicha! ¡Ni un poco de cañazo! ¡Ni un poco de agua! ¿Y las familias? ¡La pobre Paula. donde el apuntador vivía solo. Por todo mueble. embarazada! ¡El Santos. Estaban en el rancho del apuntador situado en el campamento obrero. ¿Hasta cuándo? ¡Quién sabe! ¡Quién sabe! ¡ ! . que se quedó almorzando en el corral! ¡La mama Dolores. . verde! ¡Y el gallo cenizo. un burdo banco de palo y dos troncos de alcanfor para sentarse. para llevarlo ¡Ya todo iba quedando lejos!.116 otros hombres particulares. En el único cuarto del rancho miserable. in Pocas semanas después. . había . a Chuca!. en algún sitio espantoso por haberlos agarrado en la plaza. Era de noche. junto a la cama. todavía tan chiquito! ¡El taita Nico. tan lejos? ¡Quién sabe! ¡Quién sabe! ¡Quién sabe! ¡Pero ni un poco de cancha! ¡Ni un puñado de trigo o de harina de cebada! ¡Y ni siquiera una bola de coca! Cuando ya fue de mañana y el sol empezó a quemar. grandes ya ¡El tingo de maíz. empapelados de periódicos. sin vestido militar? ¿Serían que estaban ayudando al subprefecto? ¿O acaso se los estaban llevando a botarlos lejos. el herrero Huanca conversaba en Quivilca con Leónidas Benites y el apuntador y ex-amante de la finada Graciela. En los muros de cercha. verde. un candil de kerosene. muchos de ellos tuvieron sed.

de Lima. en la China. Con frecuencia. después de los sucesos sangrientos de Coica? ¿Estamos. en África. ni en Alemania. hasta Servando Huanca. entonces. al punto de agitarlo y arrastrarlo hasta el humilde apuntador y. en Rusia. Benites parecía vacilar. vamos a ver. en tono de plena convicción respondía: — ¡Ya lo creo! ¡Yo estoy completamente con- vencido! Servando Huanca volvió a la carga sobre Benites. los . ni en Francia. . Lo mismo. de acuerdo? preguntó vivamente Huanca a Benites y al apun- — — tador. exactamente lo mismo sucede en todas las minas y en todos los países del mundo: en el Perú. Estados Unidos. de otra parte. 117 pegadas con goma unas fotografías arrancadas de Variedades. en la India. Pero. — —¿Entonces? —Pero no en — . Los tres hombres hablaban misteriosamente y en voz baja. pero el apuntador. señor Benites. ni en Inglaterra. porque allí los obreros y la gente pobre está muy bien. callaban y aguaitaban con cautela entre los magueyes de la puerta. hacia la rúa desierta y hundida en el silencio de la puna. ¿Usted no está convencido de que los gringos y los Marino son unos ladrones y unos criminales.. y que viven y se enriquecen a costa de la vida y la sangi'e de los indios? Completamente convencido dijo Be- — nites. lo que era más extraño. ¿Qué insólito motivo había podido juntar en un ambiente semejante a estos hombres tan distintos unos de otros? ¿Qué inaudito acontecimiento había sacudido a Benites. había ido a parar Huanca a Quivilca. el herrero rebelde y taciturno? ¿Y cómo. .

¡Sí. y bre. No contra los patrones y ricos hacendados. de Alemania y de los Estados Unidos no son tan malos ni explotan tanto a sus compatriotas como hacen con los indígenas de bien. . Y la revolución. lo que busca es echar abajo a todos los gringos y explotadores del mundo. son más ladrones y criminales con los peones de la India. Ese. Rusia se han levantado los peones y campesinos? Se han levantado contra los patrones. de Rusia. pero son también muy ladrones y asesinos con los peones de las patrias de ellos. . . Los patrones y milloyanquis. en todas. no puede entonces estar bien. y los ricos. Hay — — — . . un gran orador y muy patriota. pero en todas. porque hay siempre patrones y millonarios. del Perú. . hay unos que son patronos y otros que son peones. alemanes. deSí. para liberar a los indios y trabajadores de todas partes. y los han botado. Y ése dicen que es muy inteligente. ése. bierno. pero ya van a ver ustedes!. — — ¡Claro! —dijo Benites entusiasmándose— . 118 — "¿La — gente pobre está muy bien"? ¿Qué es eso de que "la gente pobre está muy bien"? Si es pobre. Sí. — — . y los grandes hacendados. Es decir que los patrones de Francia. . Kerensky. Sí he leído en El Comercio cía Benites Pero se han levantado sólo contra el zar. y contra el Gobierno. . . . . de la China. y ahora hay otro Golos otros países bien. En todas partes. .. ¿Han leído ustedes en los periódicos lo que dicen que ep. unos que son ricos y otros pobres. ingleses. en el nuevo Gobierno de Rusia un gran homque se llama Que se llama ¡Kerensky! dijo Huanca. — Muy . de Bolivia. muy narios franceses. . Sólo han botado al zar. — . . . de Inglaterra.

cuando trabajaba en los solo homros de Lima. Servando Huanca se echo a con zumba reír. lo a levantar las masas contra ese Kerensky y poner en el Gobierno a los obreva a botar y va a misros y a los pobres. que sólo hay ahora un que se llama Lenm.. ¿Qué va a hacer. para botar a los gringos y patrones y . ricos y no se acuerdan mas ellos trabajadores. si lo persiguen para fusilarle? —¡Ya verán ustedes! ¡Ya verán! Ahí tengo. Allí también dicen que lo todas partes: aquí en el mo hay que hacer en Perú. patriota. y a los i. Yo he los necesitados y de los valles azucareleído. otro zar. y . en el extranjero.: 119 que va a hacer justicia a pobres. esconun periódico que me han enviado de Lima. en todos los países. solo y no están con los obreros y con . Los que son intehgentes hacen nada los pobres. Ahí dicen que Lenín va a ir a Rusia y va dido. los obreros . ¡Ese sí que es un gran que los patrones van a ver! Dicen que es ruso y pintado y de todas partes no le pueden ver ni para tuhan hecho que los gobiernos lo persigan silarlo.- . en Chile. saben subir y sentarse en el Gobierno y de también.' porque es muy inteligente y honrado a^ nada mas! —dijo enérnunca gicamente el herrero— Los inteligentes de bueno. y que bre en todo el mundo que está siempre con ése es el único inteligente que trabaja para halos obreros y los pobres y los patrones y hacendados cerles justicia contra hombre! ¡Y criminales.•• hacerse.. repitiendo . j —¡Qué y ^ va a hacer justicia! ¡Que va a hacer / _Sí. muy —¡Será . . El agrimensor decía incrédulo: —No hará tampoco nada. .

porque los obreros sólo ponen su trabajo. Los indios y los peones no pueden ser Gobierno. tienen que ceder siempre los primeros puestos a los que ponen el capital. —Muy el favor! Déjeme hablar. . . De acuerdo. no. ingenieros. y no pyodrán nunca! Segundo. eso dijo Benites muy preocupado Eso es muy difícil. señor! ¡Sí! decido. señor! ¡No. así entuviesen preparados para gobernar. ¡Sí! ¡Sí¡ ¡Usted mismo — — — — — . señor!. no podrán. . Estamos acordes en que — — . que los obreros. . bien. profesores drán. Benites protestó: ¡No. médicos. señor Benites! ¡Ya les he dicho que Sí. Gobierno! los obreros y los pobres. abogados y demás. son unos ladrones y esquilman a los indios añadió y los pobres. un instante! ¡Há- game peón. en cambio. profesores. ¡Pero entendámonos. Vamos por orden: dice usted que los obreros no pueden hacer nada sin los abogados. El apuntador. No saben ni leer. . médicos. . Son aún ig- — — — . Bueno. norantes. Además hay dos cosas que no hay que olvidar: primero. que los obreros sin los intelecabogados. — . Pero lo que pasa es que los curas. oía con profunda unción al herrero. en Benites sonreía con escepticismo. no! ¡Espéreme los . decía también con ímpe¡Sí! ¡Sí! ¡Si! Los médicos. los ingenieros y tu el apuntador todos esos que se las dan de señoritos inteligentes. deben gobernar sólo — ¡No. sacerdotes. profesores. ingenieros. . son los primeros ladrones y explotadores del indio y del — que. sacerdotuales no pueden hacer nada y no potes.120 el ponernos nosotros. decía el herrero enar¡Sí.

— ¡Basta! . — . — — le dijo afectuo- londramientos! El revolucionario debe ser tranquilo. que sólo . sus animales y sus granos a los soras robándoles y metiéndoles después en las minas. para hacerlos morir entre las máquinas y la dinamita como perros. Hay que ser serenos. dirigiéndose a boca de usted mismo y el profejarro al agrimensor sor Zavala y el ingeniero Rubio tomaron parte en la muerte de la Graciela en el bazar!. supliles . y nada más. usted será el primero en traicionarnos y decir a los patrones lo que estamos haciendo y lo que estamos diciendo aquí. Usted y Rubio fueron los primeros con el coche Marino. interponiéndose entre éste y 'Leónidas Benites ¡Ya está! ¡Ya está! No se gana nada con ponerse así. porque le han quitado el puesto y porque le han robado sus socios. Usted quiere ahora engañarnos y decir que quiere ponerse con nosotros. . ¡Sí! ¡Sí! ¡Así son los ingenieros y todos los profesores. señor! ¡Está usted equivocado! argumentaba en tono amedrentado Benites. — ¡Además — decía Benites. — — . al agrimensor — — Usted es un hipócrita. . decía el apuntador. cuando no es cierto. apenas le vuelvan a llamar y a dar un puesto. y doctores.. pálido y cante— yo no he hecho nada de eso! Yo . en quitarles sus chacras. . Usted se irá con los gringos y con los Marino. desafiando ¡Sí! ¡Sí! irritado — . !Nada de alborotos ni de ato. Y entonces. todos! ¡No hay que creerles a ustedes nada! ¡Nada! ¡Ladrones! ¡Criminales! ¡Traidores! ¡Hipócritas! ¡Sinvergüenzas!. ¡No. y curas. 121 el apuntador. y todos. vino a ver a Huanca para vengarse de los gringos y de Marino. : ¡Basta! ¡Calle! samente Huanca al apuntador.

dijo serenamente Ruan¡Bueno. bueno! Dejemos eso ya! ¡Vamos al grano! Yo ca añadió dirigiéndose a Benile decía a usted que los curas y los doctores también son tes enemigos de los indios y los trabajadores. Leónidas Benites oía a Huanca. Eso lo había aprendido en el colegio y en la Universidad y lo seguía leyendo en libros.122 juro por mi madre que yo no me metí en nada para la muerte de la Rosada. . Benites acogía esta noche la opinión en contrario de Servando Huanca. en el fondo. según la cual son los intelectuales los que deben dirigir y gobernar a los indios y a los obreros. Sin embargo. con respeto y hasta con simpatía. — ! — . García?. se paseaba nerviosamente en el rancho. nacionales y extranjeros. Una aguda incertidumbre suscitaban en su espíritu los alegatos del herrero. cabizbajo y como presa de hondas luchas interiores. y persiguiendo a ba¿Y el profesor lazos a los indios inocentes?. y los soldados dieron muerte a más de quince pobres indios! ¡El tuerto Ortega fue el más malo y el más cruel! ¿Y el cura Velarde? ¿No estuvo con todos ellos recorriendo el pueblo. Benites. con la cara encendida por el rencor. y el gamonal Iglesias. a los patrones yanquis tanto como a los patrones peruanos encarnados estos — — — . con extraña atención. Verdad es que Benites odiaba ahora. revistas y periódicos. el médico. El apuntador. — . revólver en mano. ¿Por qué? Verdad es que místers Taik y Weiss le habían arrojado de su puesto de agrimensor y que José Marino rompió también con él la sociedad de cultivo y cría. el alcalde y el sargento. el juez de primera instancia. . . a causa de estos daños. tenía fe absoluta en la doctrina. ¿Qué es lo que pasó aquella vez en Coica? ¡Entre el subprefecto.

ingenieros. . disminución de las horas de trabajo. un catedrático o un sabio. había. dignificación moral de los indios. poderosos y desvalidos!. el libre ejercicio de sus derechos y. a éste en manos de los obreros y campesinos. como los abogados. para patrones y jornaleros. — — y económico reinante. . ¿qué podrán hacer los pobres campesinos y jornaleros el día en que se pusieran a la cabeza del Gobierno*' . buenos ranchos. escuelas para los hijos de los obreros. un gran abismo! . asistencia médica y farmacéutica. Pongamos por caso que muchos intelectuales fuesen picaros y explotadores del pueblo. médicos. descanso por las noches y los domingos. . para Benites.. Pero. hombres de ciencia y sacerdotes!. pidiendo audiencia a aquél y guardándole antesala. para mover a los lo que peones contra la "Mining Society" y para provocar así nomás un leera más grave vantamiento de las masas contra el orden social — — . ¡Ah. para ponerlo. la justicia igual para grandes y pequeños. . ¡Servando Huanca osaba ir hasta hablar de revolución y de botar a los millonarios y grandes caciques que están en el Gobierno. Mas eso no era todo. remuneración por accidentes del trabajo. pasando por sobre las cabezas de la gente culta e ilustrada. de aquí a pose decía en conciencia Pero nerse en tratos con Huanca. ¡Y si las pretensiones del herrero no fuesen más que ésas! ¡Si el herrero quisiese únicaanente el aumento de salarios a la peonada. juzgando las cosas en el terreno estrictamente científico y técnico. la idea y los hombres de ideas constituyen la base y el punto de partida del progreso. en realidad. No podía el agrimensor concebir a un herrero de ministro y a un obispo.123 Últimos en las personas de "Marino Hermanos". por último. no! Eso pasaba todo límite y toda seriedad..

ni de ingenieros. será Ud. un hombre chiflado y ante quien él. El apuntador le respondió violentamente: Pero yo le apuesto que si mañana le vuelven a dar su puesto los gringos. los intelectuales. Leónidas Benites se sintió profundamente herido por estas palabras del herrero. — — — — . . . aparecía nada menos que como enemigo y explotador de la clase obrera y campesina. Todo lo contrario: yo. humillado y hasta triste. una misteriosa e irrefrenable simpatía sentía crecer en su espíritu. . . los in. telectuales. Y justamente. sin conciencia de nada! ¡Reventarían! De esto estaba completamente convencido Leónidas Benites. soy el primero en venir a hablar con ustedes espontáneamente y sin que nadie me obligue y hasta con peligro de que lo sepan los gringos y me boten de Quivilca. por la causa en globo de los pobres jornaleros de las minas. Los obreros estamos solos ni menos de curas. Huanca — le argumentó Benites — no diga usted diáparates. usted no vuelve más a buscarnos y. Aunque rechazaba la mayor parte de las ideas de Huanca. —Pero. . Nosotros. estamos lejos de ser enemigos de la clase obrera. sin noción de nada. por estarlo no podía explicarse el agrimensor por qué seguía oyendo y discutiéndole a Huanca. y contra el Gobierno. y contra los comerciantes. si hay una huelga. contra los millonarios y gamonales del país. por ejemplo.. 124 ¡Sin ideas. Herido. crímenes e ignominias practicados contra los indios por los yan- . contra los yanquis. Ni de doctores. el primero en echarles bala a los peones Los dijo Servando Huanca ¡Sí! ¡Sí! obreros no debemos confiarnos de nadie porque nos traicionan. . robos. Benites. y contra todos ustedes. Benites había también visto muchos atropellos.

hijo del propietario de ese fundo. a causa del sofocante calor. Sí. las autoridades y los grandes hacendados del Cuzco.125 quis. solía levantarse de madrugada para vigilar y sorprender en falta a los obreros. de Accoya. Los cuerpos de los obreros estaban. en una hacienda de azúcar de los valles de Lima. de Lima y de Arequipa. in- vitado por un colega universitario. con un pequeño taparrabo por toda vestimenta. a los obreros. . de Coica. Leónidas Benites se hallaba de paseo. sin ser vistos. se detuvieron a observar. agitarse febrilmente y en diversas direcciones delante de enormes cilindros que despedían estampidos isócronos y ensordecedores. — ¿Y cuántas horas seguidas trabajan estos hombres ^ —De de tarde a de mañana. El patrón y sus acompañantes se deslizaron con gran sigilo junto al trapiche y a las turbinas. acompañaron su hijo y Leónidas Benites. y sus ojos y sus caras tenían una expresión angustiosa y lívida de pesadilla. En un ángulo del local. Una vez. el ? de hombres totalmente desnudos. Benites vio entonces una multitud le — — —Unos 48 a 50 grados — dijo patrón. dieron la vuelta por las máquinas wrae y descendieron por una angosta escalera a la sección de las centrífugas. ¿Qué temperatura hace aquí? preguntó seis la seis la Pero ganan una prima. bañados de sudor. Ahora los recordaba Benites. Benites. senador de la República éste y profesor de la Facultad de Derecho en la Universidad Nacional. Este hombre. En una de sus incursiones nocturnas a la fábrica. célebre en la región por su despotismo sanguinario con los trabajadores. La fábrica estaba en plena molienda y eran las dos de la mañana.

haciendo ¡Ladrón! . pero sin que éstos pudiesen verlo: Un momento. esto . los intelectuales. . Espéreme aquí. en un tem. .blor largo y convulsivo. un poco lejos. el tiempo!. — ¡Animal! —vociferó patrón. Vuelto en sí. Dormía.126 El patrón dijo esto y añadió. Algunos de los otros obreros advirtieron al patrón y. Benites recordó esta escena. increíble. en el borde del rectángulo de acero. . desnudos y sudorosos estaba sentado. mientras Servando Huanca le decía a él y al apuntador: Hay una sola manera de que ustedes. Lo único que pueden hacer ustedes por ¡Robándome — . como de ordinario. cabeza. sino nuestros compañeros. ¡A trabajar!. El cuerpo del obrero dio un salto y se contrajo luego por el suelo. como en un relámpago. si es que quieren. temblaron de miedo. diabólica. El patrón avanzó a paso rápido. y aún atontado un poco reanudó su trabajo. lanzando una mirada larga. Después se incorporó de golpe. ¿Qué iba a hacer ese hombre? Uno de los obreros. agarró un balde que encontró en su camino y lo llenó de agua fría en una bomba. — ¡Haragán! ¡Sinvergüenza! el . Acodado en sus rodillas. hagan algo por los pobres peones. El patrón se acercó en puntillas al obrero dormido y le vació de golpe el balde de agua fría en la . Un mo- — mento. Y fue entonces que Leónidas Benites vio con sus propios ojos estupefactos una escena salvaje. Aquella misma madrugada murió el obrero. fija y sanguinolenta en el vacío. probafc*nos que no son ya nuestros enemigos. en verdad. alejándose en puntillas en dirección a los obreros desnudos. como un pollo en agonía. apoyaba en sus manos la cabeza inundada de sudor.

con místers Taik y Weiss? Tipo clásico del pequeño burgués criollo y del estudiante peruano. . por los campamentos obreros y por los roquedales de Quivilca. No se daba cuenta Benites. ¿Cómo no tuvo antes lástima de los obreros y yanaconas. de que si ahora estaba con esos dos obreros en el rancho. ésta es la única manera como podemos entendernos. Hoy por hoy. esperando su respuesta. agrimensor seguía meditabundo y agachado. El herrero y el apuntador miraban fijaEl mente a Benites. . . Su infortunio era tan completo.127 nosotros es hacer lo que nosotros les digamos y oírnos y ponerse a nuestras órdenes y al servicio de nuestros intereses. o no quería darse cuenta. Benitas!. era sólo porque había caído en desgracia con los yanquis y con "Marino Hermanos". . Leónidas Benites. Más tarde ya veremos. cuando era agrimensor de la "Mining Society" y alternaba. en calidad de amigo. Ya no podía. . no podía dor- . más tarde. El peso de los argumentos de Huanca le estaban trayendo por tierra. por mucho que no alcanzaba a explicarse esa su testaruda inclinación de ahora hacia la causa de los indios y peones. cayó en el abatimiento moral inmenso. que se sentía el más pequeño y desgraciado de los hombres. dispuesto a todas las complacencias con los grandes y potentados y a todos los arribismos y cobardías de su clase. Nada más. Por las noches. juntos y en armonía. ¡Escoja usted!. Un silencio profundo guardaron los tres hombres. como ¡Escoja usted señor verdaderos hermanos. . al perder su puesto en las minas y verse arrojado de los pies de sus patrones y cómplices. Vagaba ahora sólo y como un sonámbulo cada día más escuálido y timorato. Allí trabajaremos. Ya se sentía casi vencido.

— . tuvo el agrimensor un súbito sacudimiento moral. pesaron en el ánimo y la táctica de Huanca. Perdidos o desplazados estos dos polos fundamentales de su vida la caída fue automática. Para Benites. la vida sin un puesto y sin una situación social. Hasta que. Cuando tuvo noticias de quién era Huanca y de su llegada oculta a Quiv. Sin embargo. sus reflexiones fueron muchas y desgarradoras. y se puso en inteligencia con el agrimensor. lloraba en su cama. le vinieron muy negros pensamientos y. patrones y altos empleados de la "Mining Society" y le había hablado muy mal de Leónidas Benites. casi mortal. una confidencia. Vaciló varios días entre suplicar y esperar de los yanquis la piedad. Alguna vez. su temperatura religiosa. en fin. al comienzo.ilca. la idea del suicidio. la insistencia dramática y angustiosa del agrimensor por ponerse al lado de los peones y. con frecuencia.128 mir y. Su temple moral. sorprendida y agarrada a los manejos íntimos de la empresa y de sus directores. Servando Huanca no quiso. El apuntador había ya puesto a Huanca al corriente de toda la situación de los obreros. entre éstos. Antes de buscar a Huanca. Quizás éste pensaba para sí el herrero le traía un secreto. su desesperación fue tan grande que ya no pudo más y fue a buscar al herrero. un documento o cualquiera otra arma estratégica de combate. descubrirle sus secretos propósitos. tremenda. — Por su parte. Una gran crisis nerviosa le devoraba. todo su instinto vital cabía a las justas entre un sueldo y un apretón de manos de un magnate. o ir a ver a Huanca. en particular la circunstancia de haber sido Benites despedido de la empresa. no valía la pena de ser vivida. una noche.

— . No había entonces tiempo que perder. . desde el —¿Pero en qué puede — — . y de aquí su campaña tenaz y ardiente por ganarlo totalmente a la causa de los peones. . el herrero tenía prisa en ver claro y orientarse cuanto antes en lo tocante a los lados flacos de la "Mining Society" y de los gringos. para llevárselos al extranjero! ¿Entonces?. Ya por impulso propio. . esta . diré otro día!. Además. para iniciar inmediatamente sus trabajos de propaganda y agitación entre las masas. con un calor creciente: — ¡Escoja usted! ¡Y escoja usted con since- ridad. agrimensor ¡Ya se lo en mis manos una cosa formidable!. los obreros empezaban a dar signos prácticos de descontento y de protesta. por qué lo han botado de su puesto? ¿Por qué? ¿Usted cumplía con su deber? ¿Usted trabajaba? ¿ Entonces ? ¡Porque Taik se deja llevar de los chismes de Marino' respondió en una queja infinita Benites ¡Por eso! ¡Porque Marino me detesta! ¡Sólo por eso! ¡Pero yo sabré vengarme! ¡Por esta luz que nos alumbra! ¡Yo me venlos mismo — — . Servando Huanca aguardaba con ansiedad revelación del agrimensor. garé!. — le pri- mer momento. — i . . . en buena cuenta la "Mining Society" no hace más que venir al Perú a sacar nuestros metales..129 usted ayudarnos? había preguntado Huanca a Benites. Huanca volvió a decir ahora al agrimensor. . con franqueza y sin engañarse a usted mismo! ¡Abra bien los ojos! ¡Piénselo! ¡Usted mismo me dice que le dan asco y pena y rabia crímenes y robos de los "Marino"! ¡Usted está convencido de que. .¿Ya usted mismo. había respondido gravemente el ¡Ah! Yo tengo Ya le diré después.

¡La carta de míster Taik está — . Esc es! dijo después Huanca a Beni'^ tes ¡Hay que vengarse! ¡Hay que venirarse de» las injusticias de los ricos! ¡Pero que esto no se quede en simples palabras! ¡Hay que hacerlo! El apuntador dijo. reinó en el rancho. . Lo que importa es que usted esté decidido a ponerse a nuestro lado y a luchar con- Muy —dijo a Benites el herrero — . . ¡Yo tengo cómo fregar a la "Mining SoMíster Taik no les dijo en voz baja ciety"! Es alemán Yo tengo las pruebas es yanqui. escrita de Hannóver! Se le cayó del bolsillo una noche en el bazar. 130 Huanca y el apuntador impresionados por el juramento rencoroso de Benites. jLas huelgas. con rabia. i — — . . . — ¡Muy . Una atmósfera dramática. . claras y sencillas. a disposición de ustedes! . yo quisiera saber si usted puede o no ayudarme a mover a los peones. ¡Y yo!. cargado de una gran tensión nerviosa. volvió a los otros. Hay mil maneras de joderlos !. una carta de su padre. por ejemplo! Ya que usted quiere ¡ ayudarnos y usted mismo me ha buscado para hablar sobre estas cosas. . . . éstas!. del herrero dijo enérgicamente: ¡Bueno! ¡Yo estoy con los peones! ¡Cuenten conmigo!. Leónidas Benites se acercó a la puerta.. . estan- — — — . por su parte. A mí me han de pagar lo que hicieron con la Graciela! ¡Ah! ¡Por ¡Gringos. bien! bien. tra los gringos. hijos de puta!. Los tres hombres estaban caldeados. ¡ ! ¡ : do borracho. . se lo quedaron mirando. Benites. miró afuera por las rendijas y se — — . ¡Y yo!. Tras de un largo silencio de los tres. sombría y de conspiración.. abrumado por las verdades. . . .

tomando idénticas precauciones. y otras. y se alejó. . "obreros". a paso lento y tranquilo. "industria" "productos". No podía dormir. "jornada". Y creo que mañana seremos seis. "patrones". el apuntador se echó a llorar. salió. . por "Sal si puedes". Sesgó a la derecha. "Marx". La había querido mucho. cuidando de no ser visto. "Estados Unidos". Hoy empezamos ya entre tres. el apuntador trancó su puerta. "conciencia de clase". La mataron los gringos. "capital". "explotación". Unos instantes después. "política". Servando Huanca. ¡Buen número!. en la noche. "revolución". sobre "trabajo". anunciando tem- — — — — — . "reivindicaciones". la difunta. perdiéndose ladera abajo. 131 dijo con firmeza Ruanca ¡Muy bien! Entonces. Sus pisadas se apagaron de golpe a la distancia. salió del rancho Leónidas Benites. al mecánico Usted Sánchez y al siniente de los gringos. "máquinas"'. Entre los pensamientos y las imágenes que guardaba de las admoniciones del herrero. . pestad. hay que traer con engaños aquí al arriero García. usted me añadió. "salario". El viento soplaba afuera. Dentro del rancho. No acostumbraba desvestirse. mañana. Minutos más tarde. cruzaba esta noche por su mente el recuerdo de Graciela. "justicia". dirigiéndose a Benites ti'ae también mañana la carta de míster Taik. José Marino y el comisario. Recordándola ahora. apagó el candil y se acostó. "pequeña burguesía".. a causa del frío y de la miseria del camastro.

m .

dirigida por el profesor Julio E. Uno de aquellos hechos constituye. ambos progenitores de ascendencia española e india. en la Revista Escolar "Cultura Infantil". dados por el autor.133 VISION PANORÁMICA DE LA OBRA DE VALLEJO de los pueblos. Pero una vez ya matriculado en el Colegio Nacional "San Nicolás". Allá por el año de 1892. Primeramente. el advenimiento de nuestro más gremde poeta de todos los tiempos: César Vallejo. insurge a la vida el mestizo que. durante los años del 11 al 17. paseara lleno de gloria— el nombre del Perú por múltiples rincones del Mundo. el brillo de su capacidad empieza a destacarse. años más tarde. Pues. Marucci. Más tarde. incuestionablemente. quedó asentado el nacimiento del hijo "shulca" de don Francisco de Paulo Vallejo Benítez y de doña María de los Santos Mendoza y Gurreonero. sus primeros trabajos poéticos. Asimismo. no sólo sobresale como estudiante. la admiración y pleitesía de las generaciones posteriores. inserta varios poemas didácticos. profesor y poeta románla vida En claman imperativamente — el más alto calificativo al sustentar sobre "El Romanticismo en la Poesía Castellana". Los biógrafos de tan insigne valor inmortal han aceptado como fecha de nacimiento la consignada en la partida que aún corre en los libros de la curia santiaguina. al igual que Garcilaso. posteriormente po. para graduarse como Bachiller en Letras. sino que logra una tesis . Evidentemente Vallejo ya en la Universidad de Trujillo. fueron publicados en Trujillo en diferentes órganos de prensa. cuando tuvo que referirse a estos hechos de su vida. expresó escuetamente lo siguiente: "Santiago me dio la materia en bruto Huamachuco la forjó". de Huamachuco. entre ellos uno tico. con el número 72 y con fecha 16 de marzo de 1892. respectivamente. bajo el tocho de una vieja casona de Santiago de Chuco. como maestro y durante los años 1913 al 1914. Los años juveniles del poeta discurren sin mayor importancia. regístrense hechos que reel recuerdo.

la lluvia lenta baja Contri bueión al conocimiento de Vallejo. pág. particularizan y estrechan a la vez el corazón. cómo nuestra Patria puede enorgullecerse de dentro de la tabla d« valores universales. con un poeta. "Balnearios de Lima". quedara convertida en grito universal de protesta y de Es asi contal". Durante los años 13 al 17. La sencillez prístina do su poesía rompe a cada paso con la carga-7Ón endémica del simplismo verbalista de los retóricos del intelecto pequeño burgués. y cuya voz.. 38 — "AULA VALLEJO"). . vislumbrando las trayectorias de continuidad en la dimensión integral de la naturaleza. vitalizados con un máximo rol de humanismo que equivale a un supremo rol de expresión estética. ( el tren la estéril puna la noche amortaja. 134 titulado "Fusión". cuya linfa dariana es muy notable: "¡Excelsa juventud! ¡Jardín de Oro! ¡Palpitación de amor! ¡Gloria de Oriente! ¡Del ritmo celestial eco sonoro! ¡Tú que llevas un sol en la frente! ¡Oh juventud. Sus poemas. dolor Vallejo es el más grande poeta del Perú y de nuestro Continente. publican varias poesías primerizas de Vallejo. pero que para ilustración de los estudiosos se han considerado en los trabajos de Coyné y "Aula Vallejo". "La Industria". cuando cruzó por primera vez los Andes en el ferrocarril más alto del mundo: "Cruza que ya y con tristísimo rumor''. periodista y combatiente que supo desgajar aureolas de gloria para ceñirlas al nombre del Perú que tanto amó. "La Reforma". Su palabra estuvo siempre colmada de un profundo dolor de humanidad. que viene a ser en sí un relato de su viaje a Huánuco. escritor. deten por un momento tu plácida legión en tu carrera: el cielo azul del pensamiento ante el Altar azul de Primavera!" Comulga Además de estos poemas existen otros que el autor no recogió para incluirlos en sus obras inmortales. por la magia de su poesía.

Vallejo ingresa formalmente en la historia literaria del país (2) Pues.. Vallejo: Vida y Obra. expresa el poema luminar consta. con los "Heraldos Negros". "Quiero escribir pero me sale espuma. en cada uno do ellos el segundo y cuarto 'erso riman. a todos aquellos que na. De ahí que el joven poeta provinciano de un salto haya llevado su grito hasta el último confín del Universo. que afanosamente luchó por encontrar su dimensión de humanidad que cubra. . quiero decir muchisimo y me atollo. La primera estrofa consta de dos alejandrinos y dos endecasílabos. cieron "un día en que Dios estuvo enfermo". en su estructura. no hay cifra hablada que no sea suma. nacido en aquel apartado rincón del Perú. (1) El año 1919. una poesía de compromiso entre la tradición y la libertad. 135 Vallejo fue el gran "buceador de la vida". Las otras tres estrofas son todas de verso de catorce sílabas. deviene en máxima expresión del mestizo que insurge para cumplir un designio impuesto por palpitantes manifestaciones de verdad. en armonía universal. en donde la dominación española había casi liquidado a su estirpe. más un verso final. Vallejo: Vida y obra". atada a la disciplina silábica frente al versolibrismo" (1) (2) Aulo Vallejo Monguió — — Simposium — Córdoba. "arquitectónicamente". La idicmiática expresión de aquel genio de la poesía. cantando el dolor de todos los hombres en "la hora de la verdad" y sin freno de ningún género y con "un supremo esfuerzo de sinceridad". Ese pues esta pieza. conlleva en su profundidad. nuestro primer poeta rompe perfume y de vidriera. que no se detuvo ante la sintcixis y rompió la tapadera armónica que cubre las palabras. de rima parcial. sueltos el segundo y el tercero. ternura y reverencia. en "C. penetrando hasta el fondo para arrancarles su máxima expresión y proyectarlas al compás de su amor y su dolor hacia todos sus hermanos de la tierra. pues. el encanto do los vates de que Luis Monguió. rimando el primero y el cuarto verso. . El cholo. ni hay pirámide escrita sin cogollo". considerado por la crítica como el poema luminar. el primero y el tercero son sueltos. "diecisiete versos distribuidos en cuatro estrofas de a cuatro versos.

antes de ingrede 1949. . ¡Yo no ante sé! si ellos. André Coyné. Lima sar definitivamente a la vigencia literaria. Radicado en Lima. N^ 8 consigna que el poeta. algo así como "el pabellón que cubre el resto del libro". . y todo lo vi\ido se empoza. está anunciado todo el sentimiento de nuestro gran poeta. González Prada a quien le — . tan fuertes. . no es esta la voz desgarrada y desgarradora de "Poemas Humímos". como hombro nos llama una palmada. en la mirada. Estos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. Golpes como del odio de Dios. en cuyo señorial ambiente el poeta había rasgado las primeras páginas del tiempo. ¡Yo no sé!" Naturalmente.vuelve los ojos locos. como la resaca . o los heraldos negros que nos manda la muerte. en de bárbaros Atilas. Parra del Riego. "Obstaban nombres alegóricos y bautizaban en igual forma a las muchachas de sus amoríos. pero son. . Hay golpes en la vida. ¡Yo no sé! Son pocos. adonde había retomado por segunda vez. perteneció a un grupo de intelectuales donde imperaba el modernismo. Constituye. .. I . 136 "Hay golpes en la vida. ¡ Pobre hombre el cuando por sobre vuelve los ojos. Son las caídas hondas de los Cristos del alma. Pero. tan fuertes. editados posterior a su muerte. en sus "Apuntes Biográficos de César Diciembre Vallejo". . que no sólo sirvió de nombre a uno de sus cuentos en "Escalas Melografiadas". el poeta se vincula con lo más graneado de la intelectualidad literaria. fiero y el rostro Serán tal vez los potros más Abren zanjas oscuras en el lomo más fuerte. Y el hombre . publicado por "Mar del Sur". de alguna fe adorable que el Destino blasfema. . . dentro de la frondosa obra de Vallejo. . como charco de culpa. Conoce a don José María Eguren. . . de todo el lo sufrido se empozara en alma. La del poeta era "Mirtho". . en ella. sino que también lo inspiró en algunos de los poemas de "Los Heraldos — — Negros" Todos estos pasajes de la vida de Vallejo corresponden a la época moza de Trujillo.

el hijo engreído de Don Ricardo. a raíz del envío de su poema intitulado "El Poeta a su Amada". nos legara como incomparable herencia universal. egolátrico. escrito por Vallejo el 2 de setiembre de 1917: "El trabajo recibido es un adefesio literario. En aquel año. Incomprendido y mancillado por sus propios paisanos. Mas. César Vallejo rompe con el futurismo en el cual inclusive había devenido el joven Hidalgo y el mensaje altruista de Guillen. encerrado en una inmunda cárcel y tratado de "burro" por los críticos encasillados de la burguesía. el Y durmiente en El vecindarío le echaría lazo y lo amarraría en calidad de la línea del ferrocarril a Malabrigo". paralelamente aparecían en el país diferentes círculos literarios. Pues. de . Vallejo logra sobreponerse frente a la vida marchando. hacia el éxito triunfal que. ei tradicionista. Palma agregó que: "eran burradas más o menos infectas y que hasta el momento de largar al canasto su mamarracho no tenemos de usted otra idea sino la de deshonra de la colectividad trujillana. Clemente Palma. sin saborearlo. de acá no es precisamente de donde parte la gloria del inmortal seuitiaguino. — — . dijo del poeta lo siguiente. en su oficio de "crítico literarío" de la Revista Varíedades. 22/9/17. definitiva. el 8/9/17: poema que a continuación expondré en su versión por "La Reforma". ya había sido publicado Trujillo. con su infortunio bajo el brazo. mente vendría a eclipsar su gloria Juan Luis Velásquez y a José Carlos Mariátegxii.137 Abraham Valdedicara el poema "Los Dados Eternos" delomar. el que dijera de Vallejo que era "un poeta en la más noble acepción de la palabra" y a quien posteriora Juan José Lora. Resultaría mejor que el autor se dedique al acordeón o la ocarina más que a la poesía". como "El Norte" de Trujillo. y que si descubrieran su nombre. sin siquiera morderse la lengua en su insolencia. quedaron opacadas en su afán predicante y . las audacias poéticas de los dos arequipeños (Hidalgo y Guillen) por más desconcertantes que parecieran y por más sonoras cajas de resonancia por la influencia de la corriente poética mundial en los años de la piñmera guerra. inspirados en Walt Whitman. el grupo de Alberto Hidalgo en Arequipa y el grupo "Colónida" de Lima. en su sección "Correo Franco".

En aquellos momentos la expectativa crítica recoge el mensaje de Vallejo y le brinda favorables comentarios. Hombre y Poeta Libre". Es conveniente anotar que no solamente esta gente como Palma criticó duramente a Vallejo. Y en una sepultura los dos dorniireinos. 138 EL POETA A SU AMADA ¡En esta noche tú te has crucificado sobre los dos maderos curvados de mi beso! ¡y tu pena rae ha dicho que Jesús ha llorado. como Luis Alberto Sánchez. según expresas comprobaciones de Monguió. quien posteriormente surge como "admirador del poeta". publicadas en las Actcis del Simposium celebrado sobre el poeta en la Universidad de Córdoba ) . como dos hermanitos. En esta noche de setiembre se ha oficiado mi segunda calda y el más humano beso. y cuando la gloria del poeta era innegable. como asevera Luis Alberto Sánchez (Monguió. Naturalmente. al ixjco tiempo de aparecer "Trilce". Las investigaciones concluyentes al respecto demuestrain que tal referencia es una falsedad. "fue isla incógnita y repudiada" y que. Muerte ha «síado alegre y ha cantado en su hueso.. página 56. moriremos Y ya no habrán reproches en tus ojos benditos. Amada. y que hay un viemesanto más dulce que ese beso! AMADA: En la esta noche rara que tanto me has mirado. según Vallejo. Pues año 1922. publicado por Cuadernos N' 30 del año 1958. "había nacido en el mayor vacío". ni volveré a ofenderte. acomodarse en el carro de la crítica elogiosa con su trabajo: "Vallejo. y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos. sino que también otros personajes. (Por razones de espacio señalado para este trabajo me privo de anotar las comprobaciones en contrario. la obra publicada por Vallejo insurge como una clara y promisora esperanza de la nueel va expresión poética. No es verdad. Sánchez arremete calificando de incomprensibles y desconcertantes los poemas publicados y se pregunta entonces: ¿Qué ha pasado con Vallejo? Para. los dos juntos. se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura. en los momentos donde veníase debatiendo con la muerte el romanticismo y modernismo como cánones de la poesía. pues. posteriormente. cita 74) que "Trilce".

Los asuntos que trata son de diferente temática. recogido del viejo mundo. en prosa: "Escalas Melografiadas" y "Fabla salvaje". acaso más hinchada y odiosa en los poetas posteriores. después de la publicación de "Trilcc" año 1922. la situación económica y la ambición del poeta lo empujem a buscar nuevos horizontes. de vida. "Variedades". hecho de verdad. Así como en el romanticismo. reaparece y continúa. por lo que calificó a su generación en la siguiente forma: "La actual generación de América no anda menos extraviada que las anteriores. Sus crónicas venían cargadas de profunda pasión y dominio del tema que tocaba. América presta y adopta . en fin. entre ellos a "El Comercio". "Mundial" y "Amauta". a raíz de aquella influencia del llamado "espíritu nuevo". "Estoy seguro de que estos muchachos de ahora no hacen sino cambiar de rótulo y nombres a las mentiras y convenciones de los hombres que nos precedieron. En una crónica publicada en "Variedades" el 7 de Mayo de 1927. Envia variadas colaboraciones a diarios y reel vistas de nuestra capital. En la "Ciudad Luz" la vida del poeta es abatida por todo género de calamidades. el poeta expresaba. Valle jo edita dos libros más. miseria y angustia. desocupación. Es entonces que para subsistir tiene que trabajar intensamente. La retórica de Chocano. "a sembrar papas a la huancaína". Levanto mi voz y acuso a mi generación de impotente para crear o realizar un espíritu propio. Presiento desde hoy un balance desastroso de mi generación. y es precisamente en esta época donde se puede apreciar a Vallejo en su dimensión de escritor y periodista.13Í* Sin embargo. para estar con la propia expresión del poeta al momento de partir. Decide entonces partir del Perú. también. por ejemplo. Angustia por la patria lejana y por los nuevos dramas de su vida y de la sociedad a cuyo seno llegara y en la que murió una tarde en la cual tenia "ya el recuerdo". En el curso del mismo año y posterior a la publicación de "Trilcc". Su alma de artista se daba en pleno. como las anteriores generaciones de las que ella reniega. mas sus artículos no son generalmente publicados en la prensa capitalista. desde el aspecto económico hasta el político y sentimental. de aquí a unos quince o veinte años. de sana y auténtica inspiración humana. en esta otra gran virtud del genio creador de indiscutible valor universal en las letras y en la poesía. La actual generación de América es tan retórica y falta de honestidad espiritual. Llega a París y se enfrenta con una dura y amarga realidad: hambre.

y su palidez es la de un hambriento o de un enfermo. que más tarde vienen editándose bajo el título de "Rusia en 1931" o "Reflexiones al pie del Kremlin" y "Rusia ante el 11 Plan Quinquenal". La estési así puede llamarse esa grotesca pesadilla sitica carece allá. Austria. de Ribemont o de Reverdy. Pormenorizadamente explica cada uno de los detalles que en la solución posrevolucionaria acontecen en la nueva Rusia. En los de ahora. Europa Oriental y la Unión Soviética. lanzando miradas de loco y devorando a grandes bocados lo que encontró en la mesa. conio ayer. las migajas y desperdicios de la mesa. en la pág. Publicados en diferentes idiomas sus trabajos recorren Europa y nuestra América. la camisa europea del llamado "espíritu nue- movida de incurable descastamiento histórico. hoy miesca de los escritores de América tal vez más que nunca. Algunos huesos se echa al bolsillo y vuelve a salir. Ella le respondió: "Son — — . por ejemplo. Un verso de Neruda. "¡Espantoso!. se sorprende al encontrar todavía. Vallejo concibe sus grandes crónicas para describir sus impresiones sobre la cuna del socialismo. y después de recorrer todo el territorio ruso. Los alemanes (que habían estado comiendo en el restaurant) se lev^antan y se van. en la cual se había operado una profunda transformación socio-económica. después de 13 años de instaurado el nuevo régimen. a la altura del pecho. de Borges o de Maples Arce. problemas de mendicidad alármente como el que constata al ingresar a un restaurant particular. Así. Entonces el haraposo penetra de un salto y recoge. "Delante de la puerta de entrada expresa Vallejo. En ellas Vallejo relata con lujo de detalles cuanto significa un cambio sustancial en las estructuras socio-económicas de un pueblo que logró su liberación definitiva. le dijo a la komsomolka. que les va trágicamente mal. Inglaterra. hubo el barato americanismo de los temas y nombres. es decir a la joven que lo acompañaba como intérprete y que pertenecía a la juventud comunisia. ni eso". Es así como tales trabajos pasan a la posteridad como las mejores e insuperadas crónicas de un gran acontecimiento histórico. Hoy.140 actualmente vo". por lo menos. no se diferencia en nada de uno de Tzara. como un animal famélico. de fisonomía pr(H>ia. En la patria de Lenin. Italia. — — Su inquietud social lo condujo por Alemania. los escritores de América practican una literatura prestada. 156 de su relato hay un haraposo que pasa y repasa mirando ávidamente el interior. En Chocano. Lleva una mano metida dentro de la americana.

Poco a poco estos ma mendigos van desapareciendo". una cosa horrorosa! "Pienso en los desocupados. como un perro. respeto y una misericordia infinita. Nunca he visto ojos tan extraños en mi vida. por . creciente y sin salida. Advierto que no despega los ojos de la mesa donde estamos nosotros Yeva no ha terminado su pastel. Suprímase la plus-valía y todo el mundo tendrá trabajo. Hay en la cara de este pobre una avidez agresiva. son superficiales. Hoy es un fenómeno simultáneo y universal. ¿quién suprime la plus-valia? Suprimir el provecho del patrón equivandría — — . en la concurrencia y. en la dialéctica de la producción. ella vendrá. en suma. hacer la revolución proletaria. . (Es del caso referirnos que sobre este reportaje de Vallejo.la técnica de trabajo. ya que esta supresión no vendrá jamás por ac- un suicidio del capitalismo. vanos. Inspira miedo.valia! He aquí el origen de los desocupados. inútiles. Se ve que nos odia con todas sus entrañéis de hambriento. es decir. sin duda. tarde o temprano. "Mas. Se ve que tiene cólera. en la sed insaciable de provecho de los patronos. ha habido en otras épocas paros forzosos. triturando ruidosamente un hueso. a destruir el sistema capitalista. ¡Quince millones de obreros parados y sus familias! ¿Qué va a ser de este ejército de pobres sin precedentes en la historia? (Vallejo se refiere a la debacle econórhica que sufrió el capitalismo) Ciertamente. Las miradas del hambriento sobre el pastel son febriles y casi rabiosEis. demoníaca. ¡El apetito es. "El hambriento está junto a la puerta. Los remedios y paliativos que se ensayan. furiosa. Pienso en los cuarenta millones de hambrientos que el capitalismo ha arrojado de sus fábricas y de sus campos. causas y caracteres semejantes. Antes. por acción violenta de esos cuarenta millones de hambrientos y víctimas de los patronos". esta misescena se veia con frecuencia. toda la critica conviene en aceptar que es uno to espontáneo. ¿Cómo me explica usted semejante plaga en una sociedad como el Soviet? Esto es realmente incomprensible. se me han acercaagrega Vallejo "Sin embargo do muchos a pedirme en los pocos días que llevo en Rusia. El mal reside en la estructura misma del sistema capitalista. pero nunca el mal ofreció proporciones. Este está casi entero. ¡La plus. Pero. A veces tengo la impresión que va a saltar sobre nosotros y nos va a eu-rancar de un zarpazo un trozo de nuestras propias carnes.141 los sobrevivientes del régimen zarista. El mal reside en los progresos inevitables de.

de ensayo y de vulgarización") La publicación de su obra "Rusia en 1931". El sistema capitalista con todos sus gobiernos en todos loií países.. Su miseria era tremenda. Pues. y de otros lugares aledaños. Este es el drama que recoge Vallejo y cuyo mensaje continúa tocando los pechos libérrimos de la juventud. su perspectiva histórica. le deparó al ix)eta situaciones personales de carácter político. a la vez. Mi propósito es dar en él una imagen del proceso soviético intepretado objetiva y racionalmente y desde cierto plano técnico. En estas páginas crepitantes de rebeldía el autor no esconde su intención social y la define ideológicamente en el personaje inmortalizado de Servando Huanca marchando a organizar a la clase obrera. Se vincula con la intelectualidad revolucionaria. cadáveres y sangre regados en los socabones oscuros y lagrimeantes. Se hasa en la cruel e inicua explotación imperialista de la Northen and the Smelthing Company contra las grandes masas CEunpesinas de la provincia de Santiago de Chuco.142 de los más completos relatos sobre el desarrollo histórico de la revolución rusa. . Mi esfuerzo es. como un sólido organismo de poder para enfrentarse y parar el abuso y la indolencia de los "gringos hijos de puta" de la Northen and . en Quiruvilca y Shorey. En esas circunstancias la vida de nuestro gran poeta se tornaba cada día más dura y complicada. Callacuyán y Samne. Trato de exponer los hechos tal como los he visto y comprobado durante mis permanencias en Rusia. conocimiento científico sin el cual nadie se explica nada claramente. El gobierno de Tardien lo persigue intensamente por sus campañas constantes a favor de la causa de los trabajadores y en contra del sistema capitalista mundial. en lo posible. por tanto vida sepultada en el cardenillo verdoso de sus rocas pétreas. Editorial Cénit. pero su espíritu revolucionario se había convertido en oriflama para la combatividad a favor de los más pobres y de los más humildes. Logra pulicar su famosa novela "TUNGSTENO". principia a cerrarle el paso y acosarlo permanentemente. su tierra natal. El propio autor en una nota preliminar a la edición española expresa lo siguiente: ". aquel consorcio extranjero se había establecido para succionar la riqueza cuprifera del país. Es entonces que viaja a EspEiña. bajo el sello "La novela proletaria". y trato también de descubrirles.. iniciando a los lectores en el conocimiento más o menos científico de aquéllos. especialmente en Francia. dejando en cambio.

como bien claro lo expresa Monguió. allende el año de 1932. Vallejo dedicó de puño y letra uno de los ejemplares de su primer libro: "El Romanticismo en la Poesía". Describe a la vez. No otra es la razón para que el inmortal santiaguino enfocara con temta precisión la problemática de un fenómeno social que bien pudo desorrollarse en el . A este último personaje. Su nombre perenniza también los días en que la lucha por la vida empujara al joven estudiante santiaguino a trabajar en las agrestes punas de "Pasto Bueno" y "Tamboras". en la cual eu autor se muestra plenamente convencido. después de su larga trayectoria de incondicional servidor de la Northern y fervoroso creyente de Ja doctrina según la cual son los intelectuales los que deben dirigir y gobernar a los indios y a los obreros. termina poniéndose al lado de la causa de los trabajadores. un año después de la publicación del libro que hoy nos apasiona. al intelectual dubitativo de la pequeña burguesía y perenniza para el recuerdo de los santiaguinos y de los huamachucos al "agrimensor" Leónidas Benites. La crítica sobre "EL TUNGSTENO". en la dura y peligrosa tarea del minero que perfora la roca endurecida que custodia el tungsteno y cuya explotación venían operando dos viejos amigos y enemigos de un trato: Fermín Málaga Santolalla y Wenceslao Calvez. De ahí que en las páginas quemantes de esta obra sólo debería buscarse el trasunto de un mensaje doctrinario sobre un sólido basamento marxista en el cual Vallejo se significó claramente. quien. solamente cumple cometido constructivo cuando penetra en la concepción de la literatura con disciplina filosófica determinada.143 thc Smelthing Co. para ponerlo a éste en manos de los obreros y de los campesinos". en su feliz trabajo sobre la "Vida y Obra de Vallejo". tras la gesta armada de los obreros y los campesinos del pueblo de TYujillo. es decir. convencidos de que las frases de Servando Huanca tenían vigencia irrefutable: "había que hacer la revolución y botar a los millonarios y grandes caciques que están en el Gobierno. tomándose en precursora estela de un movimiento insurreccional en el cual los peones de Quiruvilca capturaron el poder por breves días. Su mensaje anti-imperialista se desliza emocionado en cada una de sus páginas amenas y rotundas por su clarividencia histórica. "EL TUNGSTENO" es una de las preclaras obras de la literatura revolucionaria de Vallejo en el género prosaico. conducidos por "Búfalo" Barreto. de una sola pincelada literaria.

144

Perú, motivando caudalosos ríos de insurgencia y rebelfrente a la brutal explotación imperialista, bajo la que aún Ccimina prisionera nuestra patria. Por otro lado, Vallejo incide abiertamente en la praxis revolucionaria del movimiento obrero y campesino, pintando con elegancia y a la vez con crudeza novelística los fracasos de las luchas desorganizadas, aún frente a la pequeña burguesía pueblerina. No cabe duda, pues, que "EL TUNGSTENO" es una gran novela proletaria cuya dimensión ha roto las barreras de nuestro Continente en la medida del tiempo y del espacio y ha penetrado en la conciencia de todos los que anhelan verdaderamente la justicia social. Frente a esta realidad carece de importancia el sentido folklórico y nativista que algunos críticos han pretendido endosar a la obra como basamento fundamental. Lo esencial y permanente está por sobre esos argumentos, que si bien es cierto le sirvieron de inspiración al añorar la patria chica en los momentos de su concepción, no constituyen el fondo de la obra que deviene plenamente en la temática social. La inmortalidad de Vallejo, empieza en la legendaria tierra de La Libertad y va creciendo como la sombra cuando el Sol declina, ya p>or los caminos de la vieja Europa, muriendo de España, una tarde de la cual tenía ya el recuerdo.
día,

ROGGER MERCADO

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