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Recabarren, La Familia, La Mujer y El Socialismo.

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I.- A MANERA DE INTRODUCCIÓN:


TRES MUJERES EN LA VIDA DE RECABARREN

Luis Emilio Recabarren Serrano había nacido en Valparaíso el 6 de julio de 1876.
Al trasladarse su familia a Santiago, comenzó a trabajar en una imprenta cuando tenía 14 años de edad, siendo cruelmente explotado.
I.- A MANERA DE INTRODUCCIÓN:


TRES MUJERES EN LA VIDA DE RECABARREN

Luis Emilio Recabarren Serrano había nacido en Valparaíso el 6 de julio de 1876.
Al trasladarse su familia a Santiago, comenzó a trabajar en una imprenta cuando tenía 14 años de edad, siendo cruelmente explotado.

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RECABARREN

,
LA FAMILIA, LA MUJER Y EL SOCIALISMO

Iván Ljubetic Vargas

www.elboletinrojo.blogspot.com 1

I.- A MANERA DE INTRODUCCIÓN: TRES MUJERES EN LA VIDA DE RECABARREN Luis Emilio Recabarren Serrano había nacido en Valparaíso el 6 de julio de 1876. Al trasladarse su familia a Santiago, comenzó a trabajar en una imprenta cuando tenía 14 años de edad, siendo cruelmente explotado. AMELIA Hacia 1892, Luis Emilio tenía 16 años, trabajaba 10 horas diarias. Llegaba tarde y cansado a su hogar. Su única alegría era pasear y pensar en Amelia, la hermosa muchacha a quien le escribía versos, que nunca entregó. Vivía una crisis. Estaba taciturno, encerrado en sí mismo. Su oscura vida sólo la iluminaba Amelia, su amiga de juegos. De pronto esa amistad maduró en los besos de aquella niña rubia y de ojos claros. Pero esa luz en su existencia se apagó inesperadamente. Una noche, Amelia se quejó de malestar al estómago. Nadie, en un comienzo, le dio importancia. Pero como el dolor se hizo intenso, le dieron un calmante a media noche. Al poco rato la niña lanzó un terrible grito. Corrieron a su pieza. La encontraron retorciéndose en violentas contorsiones. Luego de una furiosa agonía, murió envenenada. Fue un golpe terrible para Luis Emilio. Estaba desconsolado. Cayó en una severa depresión. En ese momento, su hermana Mercedes y él recibieron una invitación para pasar unos días en casa de unas primas en Los Andes. Viajaron a comienzos de diciembre de 1993. GUADALUPE En ese pueblo, Luis Emilio se reencontró con una prima, varios años mayor que él. Se llamaba Guadalupe del Canto. Los primos se sintieron atraídos. Cultivaron un afecto, que fue transformando en algo cada vez más profundo. El muchacho se confió en ella. Le relató su difícil vida en Santiago. Habló de su despertar político, de Amelia, emocionado hasta las lágrimas. Guadalupe lo compadeció, sintiendo una gran ternura. También le escribió versos que esta vez no rompió y se los dio a conocer: “¿Te acuerdas? Yo era muy niño y apenas si conservo en mi mente muy frágiles recuerdos de aquella época, para mí tan feliz y tan dichosa. Entonces, tiernamente, con toda la inocencia que se tiene en la infancia, yo te adoraba, cuando al graciosos arrullo de tu acento, me hacías dormir sobre tus brazos. Y lleno de contento me dormía... era feliz, te amaba...”

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Al terminar las vacaciones, el amor había nacido entre ellos. De Santiago a Los Andes, y viceversa, volaban los correos. Luis Emilio, muy enamorado de Guadalupe le escribía: “Siempre que yo en mis sueños miro el porvenir sólo veo un paraíso de esperanzas. Antes de amar, mi espíritu vagaba errante por el mundo y hubo momentos en que me creí perdido. Entonces clamé al cielo y no en vano, porque compadecido de mí, te puso en mi camino. Fuiste mi salvación, con tu amor volvía a vivir”. Eran los primeros meses 1894. Luis Emilio, que tenía 17 años de edad, intentó postergar el matrimonio, pues era él, el único sustento de su familia. Pero Guadalupe fue inflexible. Lo “convenció” que debía ir ahorrando para el casamiento. Por entonces, ganaba 21 pesos a la semana de los cuáles, 13 eran para su madre y el resto lo depositaba en la Caja de Ahorros. El joven tipógrafo le pidió postergar, a lo menos, la ceremonia religiosa pues no tenía la vestimenta adecuada. Tratando de ser convincente, argumentó: “El matrimonio civil vale tanto como el eclesiástico y, sobre todo, Dios, desde el momento que nos amamos, nos ha bendecido y él desde el cielo ve nuestra necesidad, nos perdonará”. La respuesta de Guadalupe fue tajante: “Es imposible... qué dirían mis parientes que yo fuera a darle primero la carne al diablo y luego los huesos a Dios”. Luis Emilio cedió una vez más. Días antes de la ceremonia se atrevió a pedir una postergación de cinco meses. Le fue denegada. Se casaron el 28 de febrero de 1895, el día de Santa Guadalupe. En 1896 nació el primer hijo, Luis Hermenegildo. Al año siguiente, el segundo, Armando. Los primos no se llevaban bien. En 1897 murió su hijo Armando. Hacia 1901, Recabarren tenía 23 años y se debatía en la miseria. Debió trasladarse a Valparaíso, donde por fin encontró trabajo. Cuando juntó algo de dinero le pidió a Guadalupe que viajara a reunirse con él. En un comienzo se negó. Pero finalmente lo hizo. El 22 de septiembre 1903, Recabarren se embarcó rumbo a Tocopilla, acompañado de su familia, con la misión de crear un periódico. Pronto fue dirigente de la Mancomunal de Obreros de Tocopilla. Como resultado de un monstruoso proceso, estuvo siete meses en la cárcel de ese puerto nortino. Abandonó la prisión el 7 de octubre de 1904. El 4 de marzo de 1906 fue elegido diputado por Antofagasta. Era el primer diputado obrero en América. Lo despojaron de ese cargo el 26 de octubre de 1906. Al mismo tiempo, supo que había sido condenado a 541 días de cárcel. Viajó a Los Andes, donde estaba su familia. A fines de 1906 salió clandestinamente a Argentina, para eludir la injusta condena. En Buenos Aires trabajó en una imprenta. Cuando reunió el dinero necesario, Guadalupe y su hijo se fueron a reunir con él. En Buenos Aires, Guadalupe le exigió que renunciara a sus actividades revolucionarias y regresaran a Chile. No lo logró. Entonces lo abandonó, retornando con su hijo a la patria, en 1907. Hubo intercambio de cartas entre Recabarren y su esposa. Fue el último contacto entre ellos. 3

TERESA Después de realizar un viaje a Europa y, a pesar de sus deseos de permanecer en Argentina, Recabarren, al saber que su madre estaba muy enferma, regresó a Chile en noviembre de 1908. Detenido a causa del juicio que lo había condenado a 541 días de prisión, pasó cuatro meses en la cárcel de Santiago y otros cuatro, en la de Los Andes, pueblo que jugó importante papel en su vida. Llegó a ese centro penitenciario un obrero de Iquique a visitar a otro preso. Venía acompañado de hija, Teresa. Se conocieron casualmente y Surgió entre ellos el amor. Julieta Campusano, refiriéndose a Luis Emilio Recabarren, escribió: “Durante su juventud, la muerte le había arrebatado sin sentido su más preciada ambición: Amelia, la muchacha con quien caminaba abrazado, tejiendo las más risueñas esperanzas. Fue un golpe que lo derribó y del que le costó mucho rehacerse. Pasa el tiempo, otro amor prende en su corazón; pero ese matrimonio no le procura la felicidad buscada ni logra ningún instante de paz y armonía en la dura vida que se había señalado. Posteriormente, hasta Luis Emilio, tranquila, risueña, dispuesta a endulzar su dura vida, llega Teresa Flores...” (Julieta Campusano: “Luis Emilio Recabarren ilumina nuestro camino revolucionario”. Revista Principios Nº 140, agosto-septiembre 1971, páginas 106 a 108) Teresa Flores había nacido en Iquique en 1891, en el seno de una familia obrera. Recabarren le escribió desde la prisión, con fecha 20 de mayo de 1909, una hermosa carta (que sólo fue hecha pública el 30 de abril de 1912). En parte de ella le dice: “Vago, por el mundo, errante, sin encontrar una mano amiga que me acompañe en la soledad de la vida. Yo necesito una compañera que comparta conmigo los pensamientos y los sentimientos... No es que sienta miedo de ir solo. Es que dos almas fundidas producirán doble cantidad de enseñanzas y dobles serán los efectos de su acción. ¡Qué dulces son tus palabras! ¡Cómo llegan hasta mí! Tu compañía me fortalecerá. Tengo la convicción de que tu persona me dará más bríos para luchar. Tú me inspirarás y harás que mis pensamientos sean cada vez más hermosos, y a medida que esto se produzca tu irás bebiendo en mis labios el amor que yo beba en tu alma. ¡Cantarle al amor y a la vida! Hacer del amor la vida y hacer de la vida el amor. He ahí todo. El gran trabajo. El gran pensamiento. Unamos a nuestra dicha la dicha de todos. Así nuestra felicidad será tan inmensa como inmensa sea la felicidad de todos”. (“El Despertar de los Trabajadores”, Iquique, 30 de abril de 1912) Por entonces, Recabarren tenía 32 años de edad; Teresa, bella muchacha proletaria, 19. Elías Lafertte relata que, hacia fines de 1911, “en esta casa, situada en Barros Arana 9, casi esquina Sotomayor, se instaló la imprenta, y en una de las piezas vivía Recabarren con 4

Teresa Flores, su compañera. La casa estaba junto a una escuela de niñas y frente al local de la Masonería. Hacia el norte, la calle Barros Arana estaba cerrada por unas instalaciones del ferrocarril. El segundo piso era una azotea que servía de teatro. Allí fue donde comenzó a imprimirse el nuevo diario obrero, que iba a tener largos años de vida y a convertirse en una fecunda contribución al movimiento de los trabajadores. El 16 de enero de 1912 salía a la calle el número uno de “El Despertar de los Trabajadores”. (Elías Lafertte: “Vida de un comunista”, página 76). Más adelante afirma Lafertte: “Teresa Flores, era por aquellos días la verdadera mujer de un líder proletario, que no sólo lo acompañaba como tal, sino también en las actividades políticas”. (Ibidem. página 82) Teresa estuvo al lado de su compañero en los momentos difíciles. Recabarren, que al parecer sufría de depresión endógena, tuvo un bajón muy grande hacia 1912. Por entonces escribió una carta a Buenos Aires, donde decía: “ Hay momentos en que quisiera huir de aquí, abrasado por la debilidad de los amigos y por la infamia de los enemigos, unido a un clima atroz, donde no se ve sino pampas desiertas o pueblos sin árboles. Pero después pienso en que sin abnegación el ideal ni surgiría en todo el mundo”. Como sostiene Fernando Alegría, “Teresa Flores borró las dudas e iluminó una vez más su vida con el ardor de su propia adolescencia”. (Fernando Alegría: “Como un árbol rojo”. Santiago, 1968, página 129) El 4 de junio de 1912, en la misma casona de calle Barros Arana 9, se reunieron unos treinta trabajadores, encabezados por Luis Emilio Recabarren. Por unanimidad resolvieron fundar el partido revolucionario de la clase obrera, al cual llamaron Partido Obrero Socialista, porque todos los partidos revolucionarios del mundo en ese entonces se bautizaban socialdemócrata o socialista. En el acta de esa sesión del 4 de junio de 1912, se mencionan los nombres de 27 fundadores, agregándose “y varios otros amigos”. Entre los presentes, estaban Luis Emilio Recabarren, Néstor Recabarren, Elías Lafertte y Teresa Flores, que tenía 21 años de edad, la única mujer que participó en la fundación del Partido Comunista de Chile. En un Informe, enviado por Luis Emilio Recabarren sobre la “labor obrera en Tarapacá” a la Segunda Internacional, con fecha 10 de febrero de 1913, se señalaba: “Entre los oradores de que dispone la organización obrera se cuenta una niña de 14 años Rebeca Barnes, y una joven de 22 Teresa Flores, que prestan utilísimos servicios a la propaganda emancipadora, aparte de que constituyen una novedad atractiva”. (“El Despertar de los Trabajadores”, Iquique, 18 de febrero de 1913) “El Despertar de los Trabajadores” en su edición del 10 de abril de 1913, publicó una carta al director que decía: “Permítame que desde las columnas de nuestro periódico haga saber a las lectoras de Iquique que en el vecino puerto de Antofagasta se ha organizado el viernes último un centro de mujeres libre-pensadoras, que tomó por nombre Belén de Sárraga, en recuerdo y homenaje a la valiente mujer que, por predicar la liberación de la conciencia, ha recibido el grosero ataque del clero... Invito a mis amigas y compañeras de ideas a 5

organizar aquí en Iquique un centro análogo al de Antofagasta... Agradeciendo la cooperación que El Despertar nos preste, saluda a usted, Teresa Flores”. En abril de 1913 se creó el Centro Femenino “Belén de Sárraga” de Iquique, una de las primeras organizaciones de mujeres en Chile con una orientación revolucionaria. Teresa Flores escribió en ‘El Despertar de los Trabajadores’, con fecha 21 de abril de 1914, refiriéndose a Belén de Sárraga, conferencista socialista y anticlerical española: “Ella ha dado al socialismo de Tarapacá un contingente femenino que habría tardado en despertar, si no hubiera vibrado aquí, con clarinada de bronce.” Según Cecilia Salinas, “la acción de Teresa Flores y los Centros ‘Belén de Sárraga’ se inscriben en el marco de la acción político-social; pensaba ésta como una posibilidad de emancipación femenina, con el respaldo de la cooperación y apoyo de ambos sexos”. (Cecilia Salinas: “La Mujer Proletaria. Una historia por contar”. Ediciones LAR, concepción, 1987, páginas 88 a 107) Los comunistas desarrollaron en Iquique gran actividad artística a través de tres entidades: el Círculo dramático ‘Arte y Revolución’, la estudiantina ‘Germinal’ y el ‘Coro Obrero’. Las tres girando en torno al diario ‘El Despertar de los Trabajadores’. ‘Arte y Revolución’ realizaba veladas semanales y quienes participaban en ellas eran: Luis Emilio Recabarren, Elías Lafertte, Teresa Flores, Luis Víctor Cruz, Jenaro Latorre, Ilia Gaete, Ida Osorio y otros. En la obra ‘En guerra’ actuaron Elías Lafertte, Luis Víctor Cruz, R. Jil, H. Oviedo y Teresa Flores. El 16 de mayo de 1914, puso en escena ‘La Coyunda’, en la que tomaron parte Lafertte, Cruz, Latorre, L. Reyes y Teresa Flores. El 5 de enero de 1915, los comunistas iniciaron la primera Conferencia Pública ‘para contribuir al mayor progreso de la educación social de la clase obrera’ Entre los conferencistas estaban Recabarren, Cruz, Luis A. Salazar y Teresa Flores. En ese mes de enero se dieron sesenta conferencias en distintos puntos de la ciudad de Iquique, entre otros, la Plaza Condell y la Plaza Prat. En la edición del 21 de abril de 1915 de “El Despertar de los Trabajadores”, de Iquique, apareció una nota con el título ‘¡Salud!’, firmada por Luis Emilio Recabarren y Teresa Flores, donde se decía: “Una vez más nos alejamos de esta región, donde cuatro años de actividad han dado para el socialismo motivos de justos regocijos. El mandato del Partido, a quien nos debemos, nos lleva, o nos empuja a cumplir primero con la obligación de cooperar a la unidad del Partido, y después de sembrar por los campos nuestros amados y bellísimos ideales”. Ambos participaron en el Primer Congreso Nacional del Partido Comunista, realizado en Santiago, el 1 y 2 de mayo de 1915. Este evento ratificó el Programa y Estatutos publicados en 1912; condenó la guerra mundial como imperialista y repudió la actitud de los dirigentes de la Segunda Internacional.

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Eligió la primera dirección central del Partido, que se denominaba entonces Comité Ejecutivo Nacional (CEN), que encabezó Luis A. González, obrero ferroviario de Valparaíso. Ello afianzó la unidad del Partido. Recabarren y Teresa Flores permanecieron en el centro del país cerca de dos años. En 1916 iniciaron una gira al sur del país, que culminaron en Punta Arenas. De allí emprendieron viaje a Buenos Aires. En esa capital argentina –según escribe Frenando Alegría- Recabarren “se había alojado con Teresa en un pequeño departamento. Arrendó materiales de imprenta e inició la publicación de una serie de folletos, algunos de propaganda política, otros anti-religiosos como ‘Materia eterna’. Desde su llegada a Argentina se incorporó a los trabajos del Partido Socialista y cunde la discusión teórica sobre la significación de la Guerra Europea dividió a ese partido en bandos irreconciliables, Recabarren definió sin vacilaciones su posición y desempeñó un papel dirigente en la reagrupación de fuerzas políticas que se produjo más tarde...” (Fernando Alegría: “Como un árbol rojo”, Santiago, 1968, página 155) Regresaron a Chile. Se establecieron en Antofagasta en abril de 1916. En 1921, Recabarren y Teresa se trasladaron a Santiago. Entre el 22 de noviembre de 1922 y el 23 de enero de 1923, Recabarren visitó la Rusia soviética. A su regreso, lo esperaban ansiosas las multitudes para conocer sus impresiones. Les explicará el líder obrero: “Fui a ver si la clase trabajadora había abolido ya definitivamente todo el estado de explotación capitalista y de tiranía... Y pude ver con alegría que los trabajadores de Rusia tenían efectivamente en sus manos toda la fuerza del poder político y económico...” También lo esperaba su compañera. En la Quinta Convención Nacional de la Federación Obrera de Chile, FOCH, efectuada en Chillán en diciembre de 1923, se analizó la realidad económica y social del campo chileno y a partir de ese momento el problema agrario se transformó en preocupación permanente del movimiento obrero chileno. En ese evento, Teresa Flores fue elegida consejera nacional, siendo la primera mujer que ocupó un cargo de dirigente sindical a nivel nacional en Chile. 1924 fue año muy complicado para Recabarren. Enorme actividad a causa del golpe del 11 de septiembre, recrudecen los ataques en su contra una fracción antipartido, se agudizan los severos dolores de cabeza. No fue extraño que cayera en una aguda depresión. El sábado 30 de agosto escribió una dramática carta. La concluyó y tomó la pistola adquirida en Berlín para terminar con su valiosa existencia. En ese momento, entró casualmente Teresa a la pieza, le arrebató el arma. Y logró hacer cambiar de opinión a ese ser humano aplastado por la terrible depresión. Teresa no se quedó en ello, informó al Partido de lo ocurrido y les entregó la carta. Además escondió la máuser. Recabarren volvió con renovados bríos a su acción revolucionaria. Una de sus actividades fue una exitosa gira al sur realizada entre el 14 y el 29 de noviembre. En el informe presentado a la Junta Ejecutiva de la FOCH, con fecha 1 de diciembre, señala el viaje “me 7

deja la sensación de que existe un verdadero y notable resurgimiento en las actividades proletarias... En las diez ciudades visitadas la agitación obrera es más activa que antes de septiembre. Es como una primavera floreciente que hace rebrotar de nuevo los bríos revolucionarios de nuestra organización y nos hace prever un porvenir preñado de fuerzas revolucionarias vivas y palpitantes cuya acción habrá de dar excelentes frutos al proletariado de Chile”. (Citado por Hernán Ramírez Necochea: “Origen y Formación del Partido Comunista de Chile”. Editorial Progreso, Moscú, página 324) Recabarren participó en el Primer Congreso de Empleados de Chile. Al clausurarse, el 9 de diciembre, el maestro expresó: “O yo me siento con cincuenta años menos de vida física o es que la clase asalariada chilena ha dado un salto de cincuenta años adelante con el éxito brillante de este Congreso...” (Ibidem, página 346) Escribió a los compañeros de Antofagasta anunciándole viaje para diciembre. Todo parecía normal. Pero Teresa vivía llena de temores. En su último viaje al sur, Recabarren trajo consigo a una hermana menor de Teresa, diciéndole “He traído a tu hermanita para que no lo pases tan sola...” Teresa vigilaba sus actos. Observaba su retraimiento silencioso. Descubrió, con terror, que había desaparecido la pistola donde la había escondido. Los temores de Teresa fueron dolorosamente confirmados. Luis Emilio Recabarren se suicidó el 19 de diciembre de 1924. II.- RECABARREN Y LA FAMILIA Las breves reseñas que hemos entregado en la Introducción nos permiten sacar algunas conclusiones. Una primera es, que la verdadera compañera de Recabarren, por tanto su familia, la tuvo en Teresa Flores, pues no le creaba una contradicción entre su vida personal y sus ideales de contribuir a forjar una sociedad mejor. Una segunda, es que para Recabarren familia no era sinónimo de matrimonio. Una tercera, es que Recabarren concebía la familia, no como una isla, sino como parte integrante de la sociedad. En “El Socialista”, de Antofagasta, escribió el 1º de Mayo de 1921: “Hacer de nuestra vida un idilio permanente, trabajar con ardor para ver en todos los hogares otros idilios iguales o parecidos, ver crecer nuestros hijos y todos los hijos de las demás parejas del mundo entero, sin que nunca, ni siquiera en la historia pudieran encontrar las huellas del dolor y del odio”. Recabarren, además, consideraba que era indispensable un hogar con las condiciones adecuadas para la existencia de la familia. En “Pobres y Ricos” señaló “Yo opino que la patria es el hogar satisfecho y completo, y la libertad sólo existe cuando existe este hogar. La enorme muchedumbre que puebla campos y ciudades ¿Tiene acaso hogar? ¡No tiene hogar! ¡Y el que no tiene hogar no tiene libertad!”

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En esa misma obra criticaba la carestía de las viviendas: “Tenemos que la habitación vale hoy el 200 por ciento más caro que antes, mientras el salario sólo habría subido para algunos gremios unos 20 o 30 por ciento”. También desnudaba las pésimas condiciones de las viviendas. Para confirmar esta denuncia, citaba a “El Mercurio”: “La cuarta parte de la población de Santiago vive en habitaciones insalubres e impropias para la vida humana”. (Hacia 1909, había en Santiago 1.251 conventillos). Criticaba también la promiscuidad existente en las viviendas: “Cien mil personas que viven en término medio, de 4 por pieza en 25 mil habitaciones, contándose a veces hasta ocho individuos en cada una”. Siempre en “Pobres y Ricos”, Recabarren denunciaba: “El conventillo y los suburbios son la escuela primaria obligada del vicio y del crimen...El conventillo y los suburbios son la antesala del prostíbulo y de la taberna... Sintamos pesar por los niños que allí crecen, rodeados de malos ejemplos, empujados al camino de la desgracia”. En otra parte de su trabajo anotaba: “La mortalidad infantil ha sido desesperante y si ha sido doloroso ver cegarse en flor tanto futuro productor, en cambio ha sido un consuelo, ha sido una atenuación a la enorme miseria que se hubiera desarrollado con la vida de tanta criatura tronchada por las epidemias, por el hambre y por los vicios”. Recabarren dio gran importancia a la educación. Comprendió que la educación política forjaba la conciencia de clase en los trabajadores. Es, como se sabe, el más grande educador de masas de la historia de Chile. Pero también asignaba gran influencia a la educación en el seno de la familia, en donde la mujer debía jugar el rol principal. En un artículo aparecido en “El Despertar de los Trabajadores”, de Iquique, con fecha 21 de abril de 1914, decía Recabarren: “Nosotros sufrimos los efectos de la falta de educación e ilustración de nuestras madres... todos los sufrimientos humanos han tenido su cuna en la ignorancia y son alimentados por ella. Si madres instruidas hubiera tenido el proletariado, no hubiéramos presenciado el triste espectáculo que acabamos de presenciar en estos momentos viendo a una parte del proletariado pretender aplastar la obra que a ellos los va a emancipar”. En “La Reforma”, de Santiago del 30 de septiembre de 1906, Recabarren escribió sobre los lazos solidarios existentes en la familia: “La madre o el padre sufren horriblemente cuando el hijo sufre dolores que lo atormentan y su desgracia la estiman inmensa si muere. Esta es una virtud moral. En el matrimonio, si el hombre está enfermo, si sufre dolores morales o físicos, o cualquier desgracia que perturbe su tranquilidad, la mujer-compañera suerte de igual suerte y a veces más al considerarse impotente para aliviar el dolor del esposo. Esta es una virtud moral. Si la esposa amada está enferma, si sus dolencias no tienen lenitivo eficaz, si le vemos sufrir, el hombre-esposo sufre, se desespera, siente en sí el mismo dolor. Esta es una virtud moral. Si un miembro de la familia, sea hermano, tío, abuelo, primo o en cualquier grado de consaguinidad y aún de afinidad, sufre por dolencias morales o físicas, los demás de la

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familia siente el mismo pesar y a veces más que el mismo paciente. Esta es una virtud moral”. III.- RECABARREN Y LA MUJER Si bien es cierto, que Recabarren consideraba que la mujer jugaba el papel determinante en el seno de la familia, no la excluía de la lucha social. No fue casualidad el gigantesco aporte de Teresa Flores a la acción revolucionaria. Ella contó siempre con la orientación, el estímulo y la ayuda de su compañero. El 4 de septiembre de 1915, Recabarren escribió en “El Socialista”, de Valparaíso, un artículo que llevaba por título “Las mujeres deben luchar”, donde señalaba que “Siempre se trabaja por evitar que las mujeres tomen participación empeñosa en la lucha por el mejoramiento obrero. Pero hoy la mujer debe convencerse que luchar tan activamente como el hombre para conquistar el bienestar... Tiene a la vista sobrados motivos que la empujan a compartir con el hombre, los sitios de combate en la obra mejoradora de nuestro vivir en que los socialistas y las organizaciones obreras estamos empeñados”. Con fecha 10 de julio de 1920, el periódico “El Socialista”, de Antofagasta, publicó un artículo de Recabarren titulado “La noble misión de la mujer en la Federación”, en el que afirmaba: “Muy poco se ha escrito, en nuestros periódicos sobre la noble y hermosa misión que la mujer proletaria puede desarrollar en el seno de la Federación. Es posible que la mayor parte de las mujeres piensan que su programa de acción en la Federación puede reducirse a lo que han hecho hasta la fecha: a la protección mutua entre las asociadas en los casos de enfermedad y a cooperar al éxito de las huelgas, sacando del trabajo a los cobardes o reacios y dando bríos a todos con sus ejemplos y entusiasmos. Por cierto que entusiasta, briosa y decidida pujanza de las mujeres para cooperar al éxito de las huelgas es uno de los papeles más importantes que se juegan, lo mismo que su resolución para impedir que la fuerza armada actúe contra los huelguistas. Aparte de la importancia, de esta simpática actuación, la mujer tiene dentro de la Federación todavía una misión tan importante como aquella, acerca de la cual diremos algo. El interés por la educación y progreso de la cultura e inteligencia de la clase trabajadora. El interés por la buena administración de todos los intereses de la Federación. El interés porque la crítica se desarrolle, no degenere nunca en pelambre; toda esta actividad, en estos sentidos debe formar parte de la misión femenina en el seno de la Federación, sobre todo y especialmente a lo que se refiere al progreso de la cultura y educación de todos y con mayor cuidado de la juventud de ambos sexos... Desarrollar la mayor circulación de la prensa y folletos obreros y socialistas será cambiar capacidad. Preocuparse de que todos paguen puntualmente sus cuotas y no falten a reuniones y conferencias será robustecer la potencia de la Federación capaz de triunfar a cada momento. Cooperar a la belleza de todos los actos que desarrollasen”. Al leer estas palabras, queda de manifiesto el importante rol que le asignaba Recabarren a la mujer en el movimiento sindical. Pero, para el padre del movimiento obrero chileno la mujer jugará un rol importante en forjar el socialismo y sólo éste la redimirá. En un artículo titulado “Femeninas” y

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aparecido en “El Despertar de los Trabajadores”, de Iquique, con fecha 30 de abril de 1914, escribía: “Mujer: Sin ti no hay humanidad ni vida posible. La vida no vale nada si no esta impregnada de amor. Se vive para amar... “¿Qué es el Hoy? Es el período álgido de la discusión de todos esos problemas. El hombre se disputa predominio, privilegio, relegando a la mujer que ya no quiere ser esclava de nadie. Y los seres se debaten en una lucha intelectual preciosa de la cual surgirá el porvenir. ¿Qué será el Mañana? La mujer redimida, madre de la Humanidad también redimida. La mujer intelectualmente hermosa, objeto de las caricias humanas, para que con su misma sangre dé a sus hijos la perfección desde las entrañas. El mañana es de la mujer. Porque ella es la que mecerá en su seno los seres componentes de la Humanidad Futura, cuyo esplendor ya divisamos y nos satisface siquiera concebirla. Madre-mujer tu frente será el sol futuro. Tus labios hablarán tierno cantando la Paz de los Hombres. Tu regazo será el lecho perfumado del Hombre creador de la nueva vida. ¡Nace pronto, pues! El socialismo es tu cuna”. En “El Socialista”, de Antofagasta, del 3 de octubre de 1920, Recabarren escribió un artículo que tituló “Misión de luz y de amor es la misión de la mujer”, en donde expresaba: “Convenzámonos que la hermosura más grande, que los encantos más atrayentes en la mujer desde el Alba hasta el Crepúsculo de su vida, son y serán: su saber, su inteligencia, su capacidad científica, artística y amorosa de la vida”. IV.- RECABARREN Y EL SOCIALISMO Recabarren redactó el primer Programa del Partido Comunista, publicado en forma de folletín por “El Despertar de los Trabajadores”, en los meses de octubre y noviembre de 1912. En él escribió: “El Partido Obrero Socialista (nombre que tuvo el PC durante sus primeros diez años de historia) expone que el fin de sus aspiraciones es la emancipación total de la Humanidad, aboliendo las diferencias de clases y convirtiendo a todos en una sola clase de trabajadores, dueños del fruto de su trabajo, libres, iguales, honrados e inteligentes, y la implantación de un régimen de producción sea factor común y común también el goce de los productos” Más adelante, explicaba: “Se entiende por propiedad colectiva y común , la abolición de la propiedad individual o privada, de manera que la tierra, los edificios, las maquinarias, herramientas y todo cuanto existe producido por el trabajo del hombre sea utilizado por todos y para todos, repartido en la justa proporción que cada cual necesita según sus gustos. “La transformación de la propiedad privada en colectiva, no significa en ningún caso un despojo de los bienes necesarios al individuo en beneficio de la colectividad. No se piense que con esta transformación los ricos de hoy vayan a ser los pobres de mañana. Eso no sería socialismo, sería solamente cambio de posesión de la riqueza. “La existencia de la propiedad privada y su consagración presente es la causa matriz de todos los males existentes. Por eso es que el socialismo ha nacido como remedio ineludible para ese mal social. Si el socialismo es la abolición de los imaginarios derechos sobre la propiedad privada, el socialismo se presenta entonces como una doctrina de la más perfecta justicia, de verdadero amor, y de progresivo perfeccionamiento individual y moral. El 11

socialismo es, pues, desde el punto de vista científico una doctrina económica que tiene por objeto aumentar los goces humanos. El socialismo es, pues, desde el punto de vista social, una doctrina de sentimientos de justicia y de moral, que tiene por objeto suprimir todas las desgracias ocasionadas por la mala organización, para que la vida sea vivida en medio de goces perpetuos”. Con fecha 11 de diciembre de 1913, Recabarren escribió en “El Despertar de los Trabajadores” un artículo que tituló “Afirmando”, en él señaló: “El poder política que la burguesía creó para engañar al pueblo y entretenerlo con la esperanza de una legislación que pudiera favorecerlo, pero más realmente para hacer de ese poder político el arma más formidable de defensa de los privilegios burgueses sostenidos en perjuicio del pueblo, ese poder político debe pasar a manos del pueblo, en virtud de la misma ley, para que este poder político le sirva para evitar que la burguesía lo esgrima en contra del pueblo. Cuando el pueblo tenga en sus manos el poder político, la fuerza de opresión industrial y comercial degenerará y entonces el proletariado la extinguirá con el sindicato y la cooperativa”. En “La Aurora”, de Taltal, escribió Recabarren el 20 de octubre de 1916, bajo el título de “¿Qué es el socialismo?”, lo siguiente: “El socialismo es la realización de todo progreso, tanto en el individuo con en la sociedad. Donde no haya progreso no habrá socialismo... Socialismo es abolir la miseria, la ignorancia, la explotación, la tiranía, el vicio y todos los defectos humanos que el buen sentimiento y la educación pueden suprimir. Abolir todos estos defectos es progreso y eso es socialismo.” En “La Federación Obrera”, de Santiago, del 18 de junio de 1922, Recabarren anotó: “La revolución social, finalidad de nuestras aspiraciones para llegar a establecer un sistema de justicia, donde haya desaparecido por completo la explotación y la esclavitud, esta revolución social no puede culminar, no puede llegar a su acción final por la propia acción de la Federación Obrera de Chile; esta revolución social destinada a organizar la sociedad sobre bases de justicia, tiene que ser la obra y la acción de las masas trabajadoras de las ciudades y de los campos... Quienes quieran, conscientemente, apresurar el desaparecimiento de este régimen desgraciado; quienes quieran llegar más pronto a un régimen comunista deben desarrollar desde ya la labor semanal de la educación revolucionaria”. En ese mismo periódico, con fecha 7 de abril de 1922, había escrito: “El Partido Comunista tiene por objeto inmediato capacitar, orientar y disciplinar científicamente a sus adherentes, para que constituyan la vanguardia revolucionaria del pueblo y desparramados sus miembros en todos los sindicatos, ayuden a dirigir la marcha del proletariado hacia el triunfo final de nuestras aspiraciones de abolir el sistema capitalista con todas sus injusticias y miserias”.

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