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Inmigración Es La Entrada a Un País de Personas Que Nacieron o Proceden de Otro Lugar

Inmigración Es La Entrada a Un País de Personas Que Nacieron o Proceden de Otro Lugar

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09/14/2012

Inmigración es la entrada a un país de personas que nacieron o proceden de otro lugar.

Representa una de las dos opciones o alternativas del término migración, que se aplica a los movimientos de personas de un lugar a otro y estos desplazamientos conllevan un cambio de residencia bien sea temporal o definitivo. Las dos opciones de los movimientos migratorios son: emigración, que es la salida de personas de un país, región o lugar determinados para dirigirse a otro distinto e inmigración, que es la entrada en un país, región o lugar determinados procedentes de otras partes. De manera que una emigración lleva como contrapartida posterior una inmigración en el país o lugar de llegada. Así pues, resulta válido estudiar la inmigración desde el punto de vista del país de acogida o más bien de entrada, ya que la situación es muy diferente e incluso a menudo opuesta a la del país o lugar de emigración. Una enorme gama de situaciones políticas y problemas se plantea por la casi siempre inevitable diferenciación cultural, económica y social existente entre las poblaciones inmigrantes y las del país de recepción, e incluso entre los mismos inmigrantes cuando proceden de países y hasta de continentes distintos.

Mapa con la distribución territorial del español en los Estados Unidos (según el censo de 2000).

Contenido
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1 Causas 2 Las migraciones en el pasado y en la actualidad
○ ○

2.1 Migraciones en la actualidad 2.2 Migraciones recientes 3.1 América 3.2 Europa 3.3 Oceanía 3.4 Asia

3 La inmigración en los diferentes continentes
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4 Problemática

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5 Posturas sobre la inmigración 6 Véase también 7 Referencias 8 Enlaces externos

Causas [editar]
Los procesos migratorios son inherentes a la especie humana y a muchas otras especies. Nacen del instinto de conservación de la especie más que del individuo, y se deben siempre a una evaluación comparativa del entorno donde se vive en cuanto a los recursos y posibilidades con que se cuenta, y de un entorno diferente, en el que existe una percepción de que esos recursos y posibilidades pueden ser mayores y mejores. Existen varias causas para la inmigración que van desde la escala global hasta motivos personales. Probablemente una de las más comunes es la migración por motivos económicos, ya que muchas personas emigran buscando en otro país mayores ingresos o un mejor nivel de vida. En la actualidad este tipo de migración típicamente ocurre desde países menos desarrollados a países más desarrollados y en muchos casos estos inmigrantes ingresan o se mantienen de forma ilegal en el país de destino. Otro motivo importante para la inmigración es qué le puede estar pasando a uno en el país de origen. Uno puede querer emigrar por la persecución política, étnica o religiosa o para escaparse de guerras o de situaciones políticas inestables. En algunos casos la inmigración está asociada a profesiones o empleos, como por ejemplo los misioneros religiosos, empleados de corporaciones transnacionales, empleados de organizaciones no gubernamentales internacionales o empleados del servicio diplomático. En el caso de los científicos, es, en algunos casos, esperable, o incluso requerido, que como parte de su carrera estudien o trabajen en países distintos al país de origen.

Las migraciones en el pasado y en la actualidad [editar]
Lo mismo puede decirse de la tradición islámica (la Hégira), la judía (el Éxodo o Huida de Egipto, los 40 años de la vida en el desierto del Sinaí, el establecimiento en Canaán, etc.)

Migraciones en la actualidad [editar]
Las migraciones han sido una necesidad para la humanidad desde la más remota antigüedad, cuando el ser humano se desplazaba de un lugar a otro en busca de medios de subsistencia o para eludir a enemigos humanos o naturales, recorriendo de esta forma el planeta. Históricamente, las migraciones han cambiado totalmente el aspecto de los países, influyendo en su composición racial, lingüística y cultural, así como otros cambios importantes de gran repercusión. Hace mil quinientos años, en lo que actualmente conocemos como Moscú, no había un sólo ruso, en Hungría no había un sólo húngaro, en Turquía no había turcos, España empezaba a ser visigoda, en América sólo vivían indígenas, en Australia sólo polinesios y melanesios, en la región de Kosovo vivían en forma minoritaria los albaneses, lo que hace todavía más complejo el término.

Migraciones recientes [editar]

Emigrantes europeos desembarcando en Ellis Island en Nueva York (EE. UU.), en 1902. En el pasado, grandes flujos de inmigrantes hicieron que países americanos se convirtieran en prósperos y activos. Los Estados Unidos son los que tradicionalmente recibieron (y siguen recibiendo) a inmigrantes de todas partes del mundo. Sólo cuatro países promueven actualmente la inmigración (Australia, Canadá, Israel y Nueva Zelanda), en el caso de Israel a cualquier judío que esté en la diáspora, en los otros limitándose a aquellos interesados que demuestren su 'empleabilidad' potencial y un nivel adecuado de adaptación a las culturas locales. Otros países le permiten en circunstancias especiales, por ejemplo para cubrir puestos donde la oferta local es escasa, para inversionistas, en caso de matrimonio, o asilo político, o bajo acuerdos multilaterales como en la Unión Europea. Las diferenciales salariales pueden ser tan importantes que la inmigración ilegal puede volverse una importante "industria". Otras razones que impulsan la inmigración incluyen la persecución política y la reagrupación familiar. Muchos negocios (legítimos) se han desarrollado como respuesta a la presencia de las comunidades inmigrantes: envío de dinero, locutorios, restaurantes típicos y especialidades propias de la cocina del país lejano. Algunos economistas afirman que un mercado laboral libre a nivel mundial, sin restricciones a la inmigración, contribuiría a largo plazo, a impulsar la prosperidad general, teniendo un efecto más beneficioso que la libre circulación de bienes y capitales. Otros están en desacuerdo, señalando que esa situación afectaría negativamente a los salarios y a la sindicalización de los trabajadores, y dispararía la población a niveles insostenibles. En pro de esta última idea se encuentra el hecho de que el desarrollo tecnológico está dejando sin empleo a millones de personas cada año, tanto en los países desarrollados como subdesarrollados. Y otra idea que hay que tener en cuenta es la del fantasma de la superproducción, tanto de productos agrícolas como industriales, a pesar de que cada vez existen más millones de personas fuera de los niveles mínimos de consumo. Además de los países que alientan la inmigración, probablemente países típicos de inmigrantes son Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos de América, Francia, Reino Unido, España entre otros; siendo en ellos donde podemos estudiar el fenómeno de los extranjeros que van para trabajar. Asimismo los típicos países que ahora, tienen un alto porcentaje de emigración serían Albania, Argentina, Bulgaria, Colombia, China, Cuba, India, Marruecos, México, Turquía, Ecuador, Perú, Uruguay y Rumania entre otros países del orbe. Constituyéndose así, como regiones expulsoras o protagonistas de grandes movimientos inmigratorios, siendo así la América Latina, Europa Oriental, Asia

y África, las principales regiones expulsoras de inmigrantes hacia el mundo altamente desarrollado. Existen algunas naciones, como es el caso de naciones latinoamericanas que por su situación geográfica, su relativo bienestar y crecimiento, en comparación con otras naciones de la región, padecen de un constante movimimiento migratorio, emigración e inmigración, siendo el caso de Argentina, Brasil, Chile y México. Al día de hoy, los países americanos donde en la gran mayoría de su población se observa la presencia o la mezcla con el elementos migratorios europeos, o de otros continentes son: Estados Unidos, Canadá, Argentina, Brasil, Chile, Cuba, Costa Rica, Puerto Rico y Uruguay. En el caso de muchas regiones del globo, el fenómeno migratorio no solo constituye emigración o inmigración; específicamente en América Latina se observa que algunos a lo largo de cientos de años, muchos países de la región, dada su situación geográfica, su crecimiento económico pujante, determinado nivel de bienestar adecuado y relativo en comparación con otros países de la región, han ocasionado que determinadas naciones sean escenario de un constante flujo emigratorio e inmigratorio. En el caso de Argentina, que como muchas naciones de América, ésta fue receptora masiva de inmigración, especialmente europea debido a fuertes crisis económicas, la represión y desequilibrio interno que generaron los regímenes militares, aunado a esa inestabilidad política, económica y social. Esto ocasionó que desde el último tercio del siglo XX hasta la actualidad, numerosos argentinos emigraran a otros países, principalmente de Latinoamérica y la Europa Occidental. Lejos de la persecución política y las crisis económicas de este periodo, la mayoría de los argentinos emigraron a países como Brasil, Chile,España, Francia, Italia, México, siendo este último el país huésped de la mayor comunidad argentina en el exterior, siendo una población significativa dentro de la sociedad mexicana, además que la presencia de su trabajo y su participación en la economía nacional se hacen patentes en el sector terciario, así como en otros rubros, como la educación y el entretenimiento. La argentina constituye la segunda comunidad extranjera de México, después de la española.

La inmigración en los diferentes continentes [editar]
América [editar]
Luego de que los europeos llegaran a América, una parte de los indígenas originarios fueron desplazados o exterminados por los europeos y otra gran parte terminó también mezclándose con ellos, dando origen al mestizaje, que forma en Hispanoamérica principalmente, la mayor parte de la población actual, en especial en países o regiones como México o Colombia. Entre los pueblos europeos que participaron activamente en estas emigraciones masivas hacia América, además de los españoles, podemos citar a los ingleses, portugueses, franceses, alemanes, italianos y holandeses. Debido a la escasez de mano de obra, sobre todo en el trabajo de las llamadas plantaciones, se importaron esclavos africanos de raza negra, en especial de los países del Golfo de Guinea, lo que cambió nuevamente la composición de la población y nuevas mezclas raciales: mulatos, zambos, y otras denominaciones que ya no suelen emplearse. Los descendientes, cada vez más mezclados con los otros grupos raciales, predominaron en las regiones de clima cálido próximas a la costa, donde constituían la mano de obra de las principales haciendas o plantaciones de caña de azúcar, cacao y algodón, entre otros cultivos.

En las islas del Caribe, donde el impacto de la Conquista diezmó a la población indígena muy pronto, los europeos sustituyeron el trabajo de los indígenas con el de los esclavos, por lo cual, el impacto africano en el poblamiento fue, en algunas regiones costeras, más importante que el indígena: podríamos decir que, mientras que los Andes siempre han sido indoamericanos, las Antillas se convirtieron en afroamericanas. También el sureste de los Estados Unidos recibió una gran cantidad de esclavos como mano de obra para trabajar en las plantaciones de algodón. Las costas del Golfo de México y del Caribe (por ejemplo, en México y Nicaragua) también recibieron una importante inmigración de esclavos de origen africano y en este último país, se establecieron en la llamada Costa de los Mosquitos un nombre impropiamente derivado de los indios Misquitos que poblaban la zona. Y en el siglo XIX, muchos campesinos de Jamaica, huyendo de la esclavitud, escaparon de dicha isla para establecerse en esta región costera de los Mosquitos como lo recuerda la existencia de poblaciones con nombre anglosajón, como es el caso de Bluefields, la ciudad y puerto más importante de la zona. Y también fue muy importante el poblamiento con esclavos africanos en las regiones costeras del Brasil para el trabajo en las plantaciones.

Europa [editar]
Además de las citadas con anterioridad, Europa ha sufrido importantes cambios de población en el siglo XX, cuando millones de alemanes fueron expulsados de Prusia Oriental después de la Segunda Guerra Mundial y transferidos a la Alemania del territorio en que fue reducida después de la guerra. Así, la antigua Königsberg, paso a llamarse Kaliningrado y esta ciudad solo está habitada por rusos, cuando antes vivían alemanes. Los polacos fueron empujados a la Pomerania y todo el antiguo territorio oriental dejado por los alemanes, y la zona cedida por Polonia a la Unión Soviética, a su vez fue poblada por rusos (principalmente, rusos blancos) y ucranianos. En Estonia, Letonia y Lituania hubo una fuerte inmigración de rusos. Los turcos fueron expulsados de Bulgaria y otros países de los Balcanes. Los alemanes que poblaban otros países europeos fueron expulsados, como en Checoslovaquia a Alemania y muchos otros fueron llevados por la fuerza a Kazajistán y otras repúblicas de Asia Central. Más recientemente muchos sudamericanos, africanos y asiáticos, así como europeos orientales, emigran a Europa Occidental. En España, hay una fuerte inmigración de sudamericanos, en especial, de ecuatorianos y colombianos, y de europeos orientales.
Véase también: Migración en la Unión Europea e Inmigración en España

Oceanía [editar]
En Australia y Nueva Zelanda los aborígenes (que siempre fueron escasos) fueron desplazados por blancos de origen europeo (véase: Australia Blanca).

Asia [editar]
Países asiáticos pequeños como Singapur prácticamente fueron creados por los ingleses, por inmigración de población humana de diferentes orígenes, pocos siglos atrás la isla estaba despoblada, ahora supera los 4 millones de personas principalmente por una inmigración controlada por el Estado. En China, durante la década de los 60, muchas personas han emigrado de un sitio a otro dentro y fuera del país por el hambre y la superpoblación, producido por catástrofes naturales o sociales que afectaron a decenas de millones de personas, debido a la envergadura poblacional del país. En lo que hoy es Israel, millones de palestinos emigraron a los países vecinos en el contexto de las guerras árabe-israelíes. A su vez millones de judíos de la diáspora inmigraron al país.

La explotación del petróleo en los países del golfo Pérsico atrajo centenares de miles de personas de muchas nacionalidades (y hasta millones) de todo el mundo. El motivo se debió a que la mayoría de países petroleros se encontraban en regiones desérticas que tenían una población muy escasa.

Problemática [editar]
La emigración tiene problemas diferentes: los que se van tienen un efecto similar al de la disminución de la natalidad, lo que para los países de natalidad alta será un alivio. Los que vienen tienen que integrarse en el nuevo país, primero laboralmente con una legalidad en permisos, identificación, seguridad social y educación; al mismo tiempo culturalmente, por el idioma nuevo, cuando es diferente del suyo, en cualquier caso deben asumir las nuevas costumbres y formas de vida. Los valores serán de diferente intensidad, por ejemplo el concepto de amistad, de servicio comunitario, de tiempo libre, de horarios, de comidas, de familia, de folclore, de gustos artísticos; estos nuevos o modificados valores se deberán atemperar con los suyos de origen para evitar problemas inútiles, pero la diversidad cultural y la diversidad de idiomas, de religiones, puede ser enriquecedora a veces, y creadora de conflictos graves en otros casos. De todas formas no serán estas cuestiones los principales problemas, salvo que haya una fuerte discriminación por los nacionales o por otros grupos de emigrantes. Los problemas más graves y de diferente intensidad según países son documentos de identidad legales/permiso de trabajo legal. Para sobrevivir los adultos y sus familias necesitan trabajar, salvo que sean jubilados y vengan por reagrupación familiar. El Estado debe proveerles de identidad, moral y psicológicamente si es preciso. Como los mismos emigrantes reclaman: 'sólo venimos a trabajar en labores que los nacionales no quieren hacer'. Los hechos demuestran que no es tan fácil la cuestión, pero si se superan discriminaciones y se pone buena voluntad —diálogo— por ambas partes de seguro que se va por el buen camino. Cual es el balance final, la actitud de unos y otros, es buena, ciertamente la diversidad enriquece y el nacimiento de prácticamente todos los países ha sido por movimientos migratorios. Piénsese también en la actitud de los que llegan con un alto grado de ilusión, de descubrimiento, de amistad cooperante, de amor a su nueva nación y de cómo perciben la nueva realidad: en muchos casos con sorprendente admiración. En la mayor parte de los casos por diversas razones que iban desde el hambre y la miseria al sueño de una tierra propia que labrar y a las aspiraciones de ascenso social. En la actualidad, con la realidad de nuestro país, las cosas se han revertido, son nuestros jóvenes los que parten hacia esos países con la ilusión de ver realizado sus sueños.

Posturas sobre la inmigración [editar]
La inmigración es uno de los fenómenos mundiales más controvertidos. Todas las naciones desarrolladas (y buena parte de las subdesarrolladas) restringen fuertemente el flujo migratorio, justificándolo económicamente en la competencia desleal que representaría para los ciudadanos una mano de obra a bajos costes y la carga que representarían los inmigrantes a los servicios sociales de carácter público. La razón de fondo puede ser muchas veces el temor de que la cultura nacional se vea ahogada por una oleada de inmigrantes, especialmente cuando los inmigrantes son de otra raza, religión o idioma. El aumento de la inmigración en Europa se ha combinado con la xenofobia tradicional. A pesar de las razones aducidas, la política de cierre de fronteras plantea serios problemas de respeto a los derechos humanos. Especialmente, cuando un país pide a otro que no permita la libre salida de sus ciudadanos. En este caso, se

produce una clara violación del artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que reza así: 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país. Sin embargo, es justo reconocer que los Derechos Humanos a escala internacional no pueden ir (en la práctica), en contra o por encima de los derechos humanos de la población de los países de inmigración. Pensar lo contrario sería inconcebible, sobre todo porque los países receptores de inmigrantes no podrían resolver el problema de la superpoblación del sureste asiático, para citar un ejemplo. Más bien es al revés: la inmigración en los países desarrollados, suele tener partidarios (sobre todo entre las clases más poderosas económicamente) para cubrir las necesidades de dichos países especialmente en lo que se refiere a disponer de mano de obra barata y mantener los salarios relativamente bajos, aún a costa del perjuicio social que se pueda cometer con la población obrera autóctona. Y en el país de emigración tampoco suele ser una solución por el hecho de que los que han emigrado son, precisamente, los que tienen mayor afán de superación e incluso mayor nivel de preparación. Las remesas de los inmigrantes a sus países de origen suele compensar los aspectos tan negativos de la emigración, aunque también ello crea un problema en el país donde viven esos emigrantes. Otras posturas contrarias a la inmigración argumentan razones de inseguridad ciudadana.1 La inmigración en México ha estado marcada por las migraciones indígenas en Mesoamérica, antes de la llegada de los europeos en el siglo XVI, y tras este acontecimiento por la conquista y colonización española hasta comienzos del siglo XIX. Sin embargo; la Constitución política de Los Estados Unidos Mexicanos hace mensión de que Mexicano o Mexicana es todo aquel individio nacido dentro del territorio nacional (espacio terrestre, marino o aéreo), hijo de padres maxicanos o de padre o madre naturalizado (a) mexicano(a). La Historia de la nación se basa en la cultura de sus pueblos originarios como dicta el artículo segundo en dicha constitución 2.

Descripción [editar]

La Malinche traduce la lengua de los mexicanos a Hernán Cortés.

"Pintura de Castas": De negro e india, sale zambo o Lobo

En 1859, el ofrecimiento a Maximiliano de Habsburgo de la Corona Mexicana.

Puerta de la Aduana de Veracruz en 1880, lugar donde ingresó la inmigración europea durante el siglo XIX.

Familias italianas establecidas en la ciudad de Monterrey (1905). Durante el período colonial también se dieron fenómenos de inmigración, con numerosas personas secuestradas en el África subsahariana y llevados a México para trabajar como esclavos. Desde mediados del siglo XIX y hasta 1930, México fue uno de los receptores de la gran ola emigratoria europea, principalmente de españoles. Una de las características de la inmigración mexicana durante el siglo XX fue la apertura del país para recibir a refugiados políticos de todo el mundo, haciendo efectiva la tradición latinoamericana de reconocer el derecho de asilo, principalmente de las dictaduras latinoamericanas y del franquismo español. A partir de 1990, y en el marco de la globalización y el TLCAN, la inmigración ha crecido notablemente en México, proveniente principalmente de los países de América Central y Estados Unidos. Muchos de estos inmigrantes utilizan México como país de tránsito para dirigirse a los Estados Unidos (transmigración), la mayoría de las veces de manera irregular.

Historia [editar]
Los primeros europeos que llegaron a la Nueva España (hoy México) fueron soldados y navegantes de Extremadura, Andalucía y La Mancha. Dentro de los soldados que enviaba la corona española para el cuidado del territorio colonial se contaban musulmanes cordobeses y granadinos, y africanos de marroquíes, argelinos, ceutíes, tunecinos conversos al catolicismo para no ser perseguidos por el santo oficio. México también fue destino para la huida de de judíos sefarditas que cruzaron el Atlántico hacia la Nueva España. Más tarde llegaron religiosos valencianos, catalanes, madrileños, leoneses, aragoneses, portugueses, franceses, italianos y flamencos. La composición social de dicha inmigración de finales del siglo XVI incluía tanto gente común analfabeta como aristócratas con títulos de condes y marqueses; todos ellos se disgregaron rápidamente por el territorio. La población negra ha estado presente desde el periodo colonial de la Nueva España. Los españoles llevaron forzadamente personas de las etnia mandinga y yoruba, que compraban en los mercados de esclavos y que posteriormente se mezclaron con los indígenas del sur como el caso de los afromixtecos; en el sistema de castas creado por los españoles, sobre la teoría pre-racista denominada ideología de la pureza de la sangre, se creó una casta especial para disminuir los derechos de los descendientes de relaciones sexuales entre indígenas y africanos subsaharianos, a los que se denominó zambos. Los negros que lograron escapar de la esclavitud se refugiaron en las altas montañas y en las costas del sur. Cuando la corona española conquistó a los filipinos, se estableció una corriente de transporte y comercio entre las Filipinas y Nueva España, a través de los puertos de Acapulco y Manzanillo, a través de la nao de China. Llegaron entonces a México los primeros asiáticos de origen chino, filipino, indonesio y malayo.

tabla No se han editado conteos oficiales del INEGI o CONAPO que hablen de los residentes en México después del año 2000, aunque es muy probable que se haya producido un incremento de las comunidades extranjeras en el periodo preliminar de Enero-Febrero (2004) según el Instituto Nacional de Migración de México (INM), debido a las crisis económicas de otros países y presencia internacional que México tuvo en los dos últimos sexenios con los nuevos tratados de comercio en Norteamérica con Estados Unidos y Canadá a través de la NAFTA, en Europa con Noruega, Suiza, España, Alemania y con otros países de la Unión Europea. En América Latina con Cuba, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Argentina, Colombia, Brasil y

Chile. 14
Los inmigrantes enriquecen la cultura estadounidense
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por Daniel T. Griswold Daniel T. Griswold es Director del Centro de Estudios de Política Comercial del Cato Institute. La inmigración siempre ha sido controversial en Estados Unidos. Hace más de dos siglos Benjamín Franklin se preocupaba de que muchos inmigrantes alemanes abrumarían la cultura predominantemente británica de Estados Unidos. A mediados del siglo XIX los inmigrantes irlandeses eran despreciados como borrachos y perezosos, sin mencionar a otros grupos católicos. A principios del siglo XX se creía que una

ola de "nuevos inmigrantes"-polacos, italianos, rusos judíos-eran muy diferentes como para alguna vez ser asimilados en la vida norteamericana. Hoy en día, los mismos temores son esgrimidos contra los inmigrantes de Latinoamérica y Asia, pero los actuales críticos están equivocados, tal y como lo estuvieron sus contrapartes en épocas anteriores. La inmigración no está acabando con el experimento estadounidense, sino que es una parte integral de éste. Estados Unidos es una nación de inmigrantes. Olas exitosas de inmigrantes han mantenido a este país demográficamente joven, han enriquecido nuestra cultura y han contribuido a la capacidad productiva de la nación, aumentando nuestra influencia en el mundo. La inmigración pone a Estados Unidos en la avanzada de la economía mundial. Los inmigrantes traen a la economía estadounidense ideas innovadoras y espíritu empresarial. Proveen de contactos comerciales con otros mercados, aumentan la habilidad norteamericana para comerciar e invertir lucrativamente en la economía global. Los inmigrantes mantienen flexible a nuestra economía, permitiéndole a los productores locales el mantener bajos precios y responder a las demandas cambiantes de los consumidores. Un estudio comprensivo de 1997 de la Academia Nacional de Ciencias (ANC) concluyó que la inmigración brindaba una "ganancia positiva significativa" para la economía estadounidense. En testimonio ante el Congreso norteamericano el año pasado, el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan dijo, "Siempre he sostenido que este país se ha beneficiado inmensamente del hecho que recibimos gente de todas partes del mundo." Contrario al mito popular, los inmigrantes no le quitan el trabajo a los estadounidenses. Los primeros tienden a ocupar puestos que los segundos no pueden o no quieren tomar, especialmente en las partes alta y baja del espectro de la mano de obra calificada. Los inmigrantes están representados desproporcionalmente en áreas sumamente calificadas como la medicina, la física, la ciencia de las computadoras, pero también en sectores poco calificados como la hotelería y restaurantes, los servicios domésticos, la construcción y la manufactura ligera. Los inmigrantes también aumentan la oferta y demanda de bienes. Durante el período de bonanza de los noventa, y especialmente en la segunda mitad de la década, la tasa de desempleo nacional cayó por debajo del 4% y los salarios reales aumentaron en todos los niveles de ingreso en tiempos de una inmigración relativamente alta. En ningún campo es la contribución de los inmigrantes más visible que en la alta tecnología y otros sectores del conocimiento. Silicon Valley y otras áreas de alta tecnología dejarían de operar si Estados Unidos tomara la torpe decisión de cerrarle las fronteras a los inmigrantes educados y calificados. Estos inmigrantes representan capital humano que puede hacer más productiva a nuestra economía. Los inmigrantes han desarrollado nuevos productos, tales como el lenguaje de computador Java, que han creado oportunidades de empleo para millones de estadounidenses. Los inmigrantes tampoco drenan las finanzas gubernamentales. El estudio de ANC encontró que el típico inmigrante y su descendencia pagarán $80.000 netos en impuestos durante su vida, contribuyendo más en tributos de lo que reciben por servicios estatales. Para los inmigrantes con grados universitarios, el retorno fiscal neto es de $198.000. Es cierto que los inmigrantes poco calificados y los refugiados tienden a utilizar más la asistencia social que los estadounidenses "nativos", pero la Ley de Reforma a la Beneficencia Pública de 1996 dificultó en mucho a los recién llegados el acceso a los fondos de

asistencia. Como resultado, el número de inmigrantes utilizando beneficencia pública ha disminuido en años recientes. A pesar de las afirmaciones de los oponentes de la inmigración, el flujo actual no está fuera de proporción con los niveles históricos. La inmigración en la última década ha promediado un millón por año, alto en números absolutos, pero la media de 4 inmigrantes anuales por cada 1.000 residentes estadounidenses es menos de la mitad de la tasa que hubo durante la Gran Migración de 1890-1914. Hoy en día, cerca del 10% de los residentes estadounidenses han nacido en el extranjero, mayor que el 4.7% de 1970, pero aún así mucho menor del 14.7% de 1910. Tampoco se puede culpar a los inmigrantes por causar "sobrepoblación." El crecimiento poblacional del 1% de Estados Unidos se encuentra por debajo de la tasa promedio de crecimiento mundial del siglo pasado. De hecho, sin la inmigración, la fuerza laboral norteamericana empezaría a encogerse dentro de dos décadas. De acuerdo al censo del 2000, el 22% de los condados estadounidenses perdieron población entre 1990 y el 2000. Los inmigrantes podrían ayudar a revitalizar áreas demográficas deprimidas del país, tal y como lo hicieron con la ciudad de Nueva York y otros centros urbanos que anteriormente estaban en declive. Reducir drásticamente el número de extranjeros que ingresan a Estados Unidos cada año solo ayudaría a magnificar el daño económico causado por los atentados del 11 de septiembre, mientras que no aumentaría en nada la seguridad del país. La industria turística, ya de por sí en recesión, perdería millones de visitantes foráneos, y las universidades norteamericanas dejarían de recibir a cientos de miles de estudiantes extranjeros si las fronteras fueran cerradas. Obviamente el gobierno estadounidense debe "controlar sus fronteras" con el fin de mantener alejados a cualquiera que intente cometer actos terroristas. El problema no radica en que se esté dejando pasar a mucha gente sino en que el Estado ha fallado en evitar que la gente equivocada entre. Podemos mantener alejados a los terroristas sin tener que cerrar las fronteras o reducir el número de inmigrantes trabajadores y pacíficos que aquí se establecen. Se debe hacer lo necesario para detener a gente potencialmente peligrosa en las fronteras. Las agencias de cumplimiento de la ley y de inteligencia deben trabajar de cerca con el Departamento de Estado, el Servicio de Inmigración y Naturalización (SIN), y la Agencia de Aduanas para compartir información sobre potenciales terroristas. Los sistemas de cómputo deben ser actualizados y se deben adoptar nuevas tecnologías para rastrear a los chicos malos sin causar muchas demoras en los puntos fronterizos. Se necesita destacar más agentes en los puertos de entrada para monitorear a viajeros de alto riesgo. Se debe aumentar la cooperación con Canadá y México para asegurarse que los terroristas no se deslicen a lo largo de la frontera terrestre. En las postrimerías de los ataques del 11 de septiembre, los eternos críticos de la inmigración han tratado de explotar las preocupaciones legítimas sobre seguridad para hacer llamados a que se lleven a cado cortes drásticos en la inmigración. Sin embargo, la seguridad fronteriza y la inmigración son dos cosas separadas. Los inmigrantes son solo una pequeña fracción del total de extranjeros que ingresan a Estados Unidos cada año. Únicamente uno de cada 25 foráneos que entran al país es inmigrante. El resto son turistas, gente de negocios, estudiantes y mexicanos y canadienses que cruzan la frontera durante un fin de semana para hacer compras o visitar a familiares para luego regresar a casa sin la intención de establecerse permanentemente en Estados Unidos.

Los 19 terroristas que atacaron al país el 11 de septiembre no solicitaron al SIN para inmigrar o para obtener la ciudadanía estadounidense. Como la mayoría de los extranjeros que ingresan a Estados Unidos, ellos tenían visas temporales de turista o de estudiante. Podríamos reducir el número de inmigrantes a cero y aún así no podríamos evitar que los terroristas entren a nuestro país con visas de no inmigrante. Para defendernos mejor contra el terrorismo, el sistema de control de fronteras requiere de una misión de reorientación. Durante las últimas dos décadas, la política inmigratoria de Estados Unidos ha estado obsesionada con capturar principalmente trabajadores mexicanos cuyo único "crimen" es su deseo de ganarse una paga honesta. Estos trabajadores no representan una amenaza a la seguridad nacional. La frontera estadounidense con México tiene la mitad del largo de la de Canadá, y aún así antes del 11 de septiembre era patrullada por una cantidad de agentes fronterizos 10 veces mayor. En promedio se estaba destacando un oficial cada 5 millas a lo largo de la frontera con Canadá de 3.987 millas y uno cada cuarto de milla con la de México de 2.000 millas. En la frontera del norte se registraban 120.000 entradas por agente, comparada con las 40.000 entradas en la frontera sur. Esto está fuera de proporción de cualquier temor legítimo sobre la seguridad nacional. De hecho, los terroristas parecen preferir la frontera del norte. Recordemos que fue un puesto fronterizo en el estado de Washington en donde en diciembre de 1999 se detuvo a un terrorista con explosivos que iban a ser usados para hacer volar el aeropuerto internacional de Los Ángeles durante las celebraciones del milenio. En una audiencia en febrero del 2000, el antiguo senador Slade Gorton advirtió que "la poca cantidad de personal en la frontera del norte está poniendo en juego la seguridad de nuestra nación, sin mencionar a los empleados fronterizos, mientras que en algunos sectores de la frontera del sur hay tantos agentes que no hay suficiente trabajo para mantenerlos ocupados a todos." Debemos dejar de desperdiciar recursos escasos en la misión autodestructiva de trabajadores de construcción mexicanos y allanar restaurantes y plantas procesadoras de pollo, y en su lugar invertir dichos recursos en perseguir a potenciales terroristas y a desmantelar sus células antes de que hagan explotar más edificios y maten a más estadounidenses. Por todas estas razones, la iniciativa del presidente George W. Bush de legalizar y regular el movimiento de trabajadores a lo largo de la frontera estadounidense-mexicana tiene sentido en términos de seguridad nacional así como económicos. También es políticamente astuto. En su último libro "La Muerte de Occidente", Pat Buchanan afirma que el oponerse a la inmigración será una fórmula ganadora para los Republicanos conservadores. Su propio declive político parece minar su argumento. Tal y como el ex gobernador Republicano socialdemócrata de California, Pete Wilson, Buchanan ha intentado ganar votos al culpar a la inmigración de los problemas de Estados Unidos. Sin embargo los votantes sabiamente rechazaron las tesis de Buchanan. A pesar de gastar $12 millones provenientes de los contribuyentes en su campaña, y de la ayuda de la papeleta "mariposa" de Florida, Buchanan obtuvo menos del 0.5% del voto presidencial en el 2000. Por su parte Bush, al apoyar la inmigración, aumentó el porcentaje del voto hispano que recibió el partido Republicano a un 35% del 21% que recibió Bob Dole en 1996. Si los conservadores deciden adoptar el mensaje anti-inmigración se arriesgan a seguir a Buchanan y a Wilson en su irrelevancia política.

Sería una vergüenza nacional que, en nombre de la seguridad, cerráramos las fronteras a los inmigrantes que vienen aquí a trabajar, ahorrar y a construir una mejor vida para sí mismos y sus familias. Los inmigrantes vienen a vivir el sueño americano; los terroristas a destruirlo. No debemos permitir que la tradición estadounidense de darle la bienvenida a los inmigrantes se convierta en otra víctima del 11 de septiembre. Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.

La Comisión de Derechos Humanos, Considerando que la Declaración Universal de Derechos Humanos proclama que todos los seres nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y que toda persona tiene derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja la Declaración y contra toda provocación a tal discriminación, Teniendo presentes las obligaciones contraídas por cada uno de los Estados Partes en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y otros instrumentos internacionales de derechos humanos, Teniendo presentes también las conclusiones relativas a la cuestión de los migrantes y sus familias aprobadas en los documentos finales de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social y otras conferencias y cumbres internacionales y sus procesos de seguimiento organizados bajo los auspicios de las Naciones Unidas, Tomando nota de la Declaración y Programa de Acción de Durban, aprobados por la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia (A/CONF.189/12, cap. I), celebrada en Durban (Sudáfrica) en septiembre de 2001, y de sus recomendaciones relativas a los derechos humanos de los migrantes y de sus familias, Recordando la resolución 40/144 de la Asamblea General, de 13 de diciembre de 1985, en la que la Asamblea aprobó la Declaración sobre los derechos humanos de los individuos que no son nacionales del país en que viven, y la resolución 45/158 de la Asamblea, de 18 de diciembre de 1990, en la que la Asamblea aprobó y abrió a la firma, ratificación y adhesión la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares, Tomando nota con profunda preocupación de los persistentes obstáculos que impiden que muchos migrantes y sus familias puedan disfrutar plenamente de sus derechos humanos, y teniendo presente que los migrantes suelen ser víctimas de malos tratos y de actos de discriminación, racismo y xenofobia, Recordando la aprobación por la Asamblea General, en su resolución 55/25 de 15 de noviembre de 2000, de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, del Protocolo contra el tráfico ilícito de migrantes por tierra, mar y aire y del Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementan la Convención, Haciendo hincapié en la responsabilidad que incumbe a todos los Estados, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas, de establecer y alentar el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de sexo, idioma o religión,

Teniendo presente la importancia de la participación de todos los países en que hay migraciones en las iniciativas internacionales que tienen por objeto proteger los derechos humanos de los migrantes y sus familias, y la función esencial que cumple la cooperación internacional y regional en lo que respecta a tratar en forma integral las distintas cuestiones relacionadas con la migración, Reafirmando el derecho soberano de todos los Estados a formular y aplicar sus propios marcos jurídicos y políticas en relación con la migración y que estas políticas deben ser consecuentes con los instrumentos y normas aplicables en materia de derechos humanos, 1. Exhorta a los Estados a que faciliten la reunificación de las familias de modo expedito y eficiente, tomando debidamente en consideración la legislación aplicable, dado que dicha reunificación tiene un efecto positivo en la integración de los migrantes; 2. Alienta a los Estados de origen a que promuevan y protejan los derechos humanos de las familias de los trabajadores migrantes que permanecen en sus países de origen y prestando especial atención a los niños y adolescentes cuyos padres hayan emigrado, y alienta a las organizaciones internacionales a que consideren la posibilidad de prestar apoyo a los Estados a ese respecto; 3. Alienta a todos los gobiernos a que eliminen los obstáculos ilegales que puedan impedir la transferencia rápida, sin restricciones y en condiciones de seguridad de los ingresos, los bienes y las pensiones de los migrantes a sus países de origen o a cualquier otro país, de conformidad con la legislación aplicable, y a que consideren, según el caso, medidas para resolver los demás problemas que puedan impedir esas transferencias; 4. Insta a los Estados a que, al concebir y aplicar la legislación y las políticas destinadas a brindar más protección a los derechos de los trabajadores, consideren la posibilidad de prestar una atención especial a la grave situación de falta de protección, y en algunos casos de explotación, de las personas objeto de trata, los migrantes clandestinos y los trabajadores domésticos objeto de tráfico ilícito; 5. Pide a todos los Estados que, de conformidad con su legislación nacional, sometan a juicio todos los casos de violación de las leyes laborales con respecto a las condiciones de trabajo de los trabajadores migrantes, en particular las relativas a su remuneración y a las condiciones de higiene y seguridad en el trabajo; 6. Insta a los Estados a que cuando se registren actos xenófobos o intolerantes o manifestaciones o expresiones contra los migrantes, apliquen la legislación vigente a fin de acabar con la impunidad de quienes cometen actos xenófobos y racistas; 7. Pide a los gobiernos que adopten medidas concretas para impedir la violación de los derechos humanos de los migrantes mientras se encuentren en tránsito, incluso en puertos y aeropuertos y en las fronteras y los puntos de control de las migraciones; que capaciten a los funcionarios públicos que trabajan en esos servicios y en las zonas fronterizas a fin de que traten a los migrantes y sus familias con respeto y de conformidad con la ley, y que procesen, de conformidad con la legislación aplicable, toda violación de los derechos humanos de los migrantes y sus familias —entre otras cosas, las detenciones arbitrarias, la tortura y las violaciones del derecho a la vida, comprendidas las ejecuciones extrajudiciales— durante su tránsito desde su país de origen al país de destino y viceversa, incluso el tránsito a través de fronteras nacionales; 8. Alienta a los Estados de origen y de destino de los migrantes a que consideren la adopción de estrategias bilaterales o regionales para proteger los derechos humanos de los migrantes y sus familias, con carácter prioritario y de conformidad con la legislación apropiada, a que luchen eficazmente contra la trata y el tráfico internacional de migrantes y a que protejan a los migrantes y sus familias de la explotación e

intimidación de los traficantes y las organizaciones delictivas y exhorta a los Estados a que consideren la posibilidad de firmar y ratificar la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional y los dos Protocolos que la complementan; 9. Alienta a los Estados a que, en cooperación con organizaciones no gubernamentales, emprendan campañas de información con el fin de explicar las oportunidades, limitaciones y derechos que van asociados a la migración para que estas personas, en particular las mujeres, puedan decidir con conocimiento de causa y para impedir que se transformen en víctimas de la trata y que utilicen medios de acceso que pongan en peligro su vida y su integridad física; 10. Exhorta a todos los Estados a que consideren la posibilidad de firmar y ratificar, con carácter prioritario, la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares, y de adherirse a ella; 11. Invita a la Relatora Especial sobre los derechos humanos de los migrantes a que incluya información sobre la aplicación de la presente resolución en su próximo informe anual a la Comisión; 12. Conviene en estudiar en su 59.º período de sesiones la posibilidad de fusionar la resolución sobre la protección de los migrantes y de sus familias con la resolución sobre los derechos humanos de los migrantes con el fin de contar con una sola resolución que abarque todos los aspectos de los derechos y la protección de los migrantes.

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