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Aepa Revista Cultural de Ancash N° 2

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Para incentivar el aprendizaje significativo en el niño y revalorar su identidad
como agente de cambio en la sociedad actual

María del Pilar Cárdenas Márquez 26
Chiquián

Con la experiencia que estoy adquiriendo, como estudiante de la
Especialidad de Educación Primaria del ISPCH., puedo sostener que el cuento y la
fábula, son el encanto y la sal de la vida en los primeros grados de formación de
cada niño, pues es reconfortante observar en sus rostros la atención, el regocijo y el
deseo de participación en el análisis de su contenido, y afianzar la importancia que
tienen los valores durante el proceso de su formación integral.
La fábula siempre ha formado parte de una clasificación entre los géneros
didácticos. Desde su remoto origen está vinculada a la enseñanza, aplicada con una
sentencia final: la moraleja, utilizada en la formación religiosa, en la orientación
moral y a modo de ilustración pedagógica en diferentes épocas y lugares del
mundo.

Se ha llegado a saber que durante mucho tiempo, la fábula formó parte de
los textos llamados “libros de lectura”, y que en la segunda mitad del siglo XX,
comenzó un declive como creación literaria y como contenido educativo; de ello se
desprende, que parte de la decadencia en valores se debe a la poca importancia que
se le confiere hoy en día; sin embargo, mantiene intacto su valor, tanto en su
dimensión artística literaria, como en su valor potencial en la pedagogía educativa
Sin lugar a dudas, la fábula es un manjar muy apetecible para los niños, no
sólo por su contenido, sino por sus características particulares que hacen que su
aprendizaje sea significativo desde el punto de vista del constructivismo, que
postula un ser humano, constructor de su propio conocimiento; teniendo como
soporte a la Psicología, ciencia que nos ayuda a comprender la conducta del niño y
su proceso de desarrollo evolutivo, sin olvidar que su educación empieza desde
antes que llegue a la escuela; y que en tal sentido, los padres y el maestro forman
parte fundamental en el proceso de enseñanza/ aprendizaje.
Cada niño es un mundo lleno de sorpresas, con gran capacidad de
comprensión e imaginación, que hacen mérito para que la fábula se convierta en un
instrumento ideal, para incentivar la lectura y su comprensión con resultados que
superan nuestras expectativas como educadores. Y en definitiva, se puede enseñar
con ellas deleitando a los niños, que desde muy pequeños desarrollan su
imaginación a través de una adecuada percepción del ambiente que los rodea, a
través de imágenes animadas y de brevísimos mensajes lingüísticos; por ello, la
fábula puede motivarlos de manera adecuada al placer de la lectura, con una

26 María del Pilar Cárdenas Márquez (Huaraz 1975) Realizó estudios de Turismo y Hotelería, Administración, Operadora
de centrales telefónicas. Actualmente, estudia Educación Primaria, en el ISP de Chiquián.

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capacidad de análisis crítico constructivo a lo largo del camino de su educación, y
aspirando un poco más… -hacia la producción de textos-.
El realizar este afianzamiento en la práctica de la lectura de fábulas en los
niños, hace que se logre desarrollar en ellos diferentes habilidades educativas, tales
como: hablar, leer, escribir, escuchar e integrar diversas áreas del conocimiento
entre sí, vivenciando cada una de las lecturas con el quehacer cotidiano, para que se
afiance el mensaje o la enseñanza en cada una de sus moralejas.
La fábula se ciñe de manera estricta a dos elementos principales que son:
su brevedad en la narración y su conclusión en una moraleja; con la inclusión de
personas, animales, plantas y otros seres animados o inanimados que cobran vida y
peculiaridad, como personajes que participan de manera alegórica en cada historia,
que marca la diferencia con otros géneros literarios como la poesía épica, la
leyenda, los mitos, las parábolas y cuentos que también tienen un marco de
doctrina cultural, moral y religiosa.
Es así como la fábula se suma como un instrumento fundamental en el
aprendizaje del niño, donde los valores universales son valederos en todos los
tiempos. Utilizar las fábulas de manera didáctica y moral es una práctica cotidiana
en la mayoría de las culturas de nuestro planeta, y que según estudios se cree que
los primeros cultores fueron los pueblos orientales, y siglos más tarde floreció en
Grecia y Roma, hasta llegar a universalizarse. Es por ello que no puedo dejar de
nombrar la importancia que tienen las fábulas de Esopo, las de La Fontaine, quien
elevó a las fábulas a un nivel artístico y Samaniego, quien se preocupó por pulir la
memoria literaria de sus contemporáneos con sus fábulas en el siglo XVIII.
Posteriormente, en el siglo XIX, la fábula fue uno de los géneros más
populares, pero empezaron a ampliarse sus temas y se realizaron colecciones
especializadas en los Estados Unidos, España y Gran Bretaña. A nivel de Latino-
américa, se va incorporando, desde su pasado milenario a través de la tradición
oral, y sin lugar a dudas surgieron grandes Esopos y Samaniegos, que sin saber leer
y escribir supieron calar de manera extraordinaria en la época Colonial y Republi-
cana, donde surgieron importantes compiladores, que supieron perennizar con la
escritura estos aportes a la educación y cultura que se transmitía en forma oral de
generación en generación, que pudo haber quedado olvidado en el tiempo y en el
espacio.

Es importante señalar, que algunas fábulas son prodigios de la imaginación
popular, por cuanto expresan sentimientos en base a las carencias y falta de
práctica de valores en nuestro medio, pero que logran conservar el ingenio y la
sabiduría popular.

Podemos estar convencidos de que la educación de los niños está en gran
medida garantizada, si tenemos en cuenta que esta manifestación literaria alimenta
adecuadamente el espíritu del niño, aprendiendo aquello que se encuentra en su
entorno, con personajes que le sean familiares de acuerdo a su realidad circun-
dante, donde la literatura de otros constituya un patrón de cultura general, sola-
mente; y ellos puedan valorar su propia manifestación cultural a través del folklore
de su pueblo; y así consolidar su identidad.
En la actualidad, en las fábulas en las que se plasman historias donde
existen personajes con vanidad y humildad, experiencia e inexperiencia, la lucha
entre el más fuerte y el más débil y otros temas más, hacen que se enriquezca el
acervo cultural de nuestro continente, para que sean incluidas en la formación de

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los niños, con el ingenio y la creatividad de aquellas personas que transforman la
palabra oral y escrita en magia y encanto para el público infantil.
Por lo expuesto, no sólo debe ser válido el uso de este género literario,
enriquecido de valor educativo para fines pedagógicos, sino también para el sano
esparcimiento de jóvenes y adultos que logren recrear su infancia y el valor de la
vida misma, a través del paso de los años, con un gran espíritu crítico, reflexivo y
constructivo para una sociedad que requiere de la práctica diaria de valores y ser
mejores personas que impulsen el desarrollo de sus pueblos y por ende de la
Nación en su conjunto.

La fábula también constituye una herramienta principal para la difusión de
una identidad cultural; por lo que se hace indispensable de que este género forme
parte de nuestra literatura peruana; siendo menester hacer un acto reflexivo como
padres, como educadores y autoridades para detenernos un momento y pregun-
tarnos, si realmente nuestros niños son auténticos o absorben cual esponjas todo
modelo extranjero, que lejos de instruirlos solo los aliena más y más, a través de los
medios de comunicación, como la televisión, la radio, los periódicos, Internet y
otros.

Existen fabulistas que recrean mitos, cuentos y leyendas; y que a su vez las
transforman en fábulas propiamente dichas, para darles un toque popular como
parte de su afición a la escritura y recurso para llegar de una mejor manera al
público infantil; sin embargo, debo demarcar, que en la creatividad del ser humano
también existe la inspiración innata hacia una vivencia o necesidad de cambio ante
una circunstancia dada en el momento, pero en ambos casos, existe un toque
personal y singular que los hace auténticos y valederos para la propuesta de tener
en la fábula un buen instrumento para incentivar el proceso de aprendizaje del
niño, que le dé un valor especial a su identidad y forme parte de un cambio
sustancial y favorable en la sociedad actual.
En tal sentido, comencé a crear un espacio en el cual se conjugue el verso,
la prosa y la poesía en la fábula, para un público infantil en general de habla
hispana; con los siguientes temas:
El viejo roble y el niño
Los misterios de una cabaña y la oveja encantada.
El cuidado de una rosa solitaria.
El amor de un gorrión y el consejo de una lechuza.
Las estaciones de la vida.
La tristeza de un pececito, y la esperanza devuelta por una gaviota blanca.
¿y quién dijo que la navidad es solo regalo, banquete y diversión?
Entre otros más, que han sido bien recibidos en la Página Web de la
Sociólogo Morella Jiménez Nouel, comprometida con la política de desarrollo de la
infancia y la adolescencia en Venezuela, con el nombre de “Las Moralejas de María
Del Pilar”; consolidándose de esta manera, el valor educativo en los que se

estrechan lazos de amistad y de confraternidad desde la ciudad de Chiquián, entre
dos países con un valor histórico en común; y como parte de un intercambio
cultural para incentivar a los niños de habla hispana el culto a los valores de la
familia, de la sociedad y en sus países para forjar un mundo mejor, donde reine la
paz, el amor y el progreso.

Obviamente, cada uno de estos temas pueden ser adaptados a nuestra
realidad circundante en la práctica pedagógica; en la que nuestros niños y niñas de
nuestra localidad y región se sientan familiarizados con cada unos de sus

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Luis Huerta
(Casma),
María del
Pilar
Cárdenas
(Chiquían)
y Víctor Hugo
Alvites
(Chimbote).

Gloria Margarita Dávila
Espinoza (Huánuco) y María
del Pilar Cárdenas
(Chiquián).

personajes; esa es la magia de la creatividad y el gusto por la escritura al servicio de
una calidad educativa, capaz de atender las necesidades y demandas de un pueblo
que quiere surgir y brillar con luz propia, gracias a los talentos con que cuenta.
Es un compromiso entusiasta de quienes nos encontramos inmersos en la
labor educativa, de la mano de nuestra población y de nuestras autoridades en
favor de la niñez.

En tal sentido, aunándome al marco del amor puro y justiciero que nos
acompaña en estos días, en la figura y personalidad del Sr. Luís Telmo Pardo Novoa
es que, me permito compartir con ustedes este mensaje con respecto a la Justicia:

“Justicia, es el pañuelo blanco que agitan sin cesar los que te aclaman.
Justicia, es la bandera que desean izar los que luchan por ti; y aún no te
alcanzan.
Justicia, es el canto débil de los más oprimidos.
Justicia, es la voz arraigada al corazón del hombre que tiene la esperanza de
abrazarte.
Justicia social, es la lucha en la que tú y yo nos encontramos inmersos.
Justicia, es la que Jesucristo proclamó y prometió a su pueblo para nunca
desfallecer en su lucha.
Por tanto, justicia no es solo aquella que del hombre debemos esperar; la

justicia es también divina y enteramente nuestra”.

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