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LA DOCTRINA DE LA DEPRAVACIÓN TOTAL DEL HOMBRE

LA DOCTRINA DE LA DEPRAVACIÓN TOTAL DEL HOMBRE

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La Doctrina de la Depravacion Total del Hombre, un pequeño ensayo
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LA DOCTRINA DE LA DEPRAVACIÓN TOTAL DEL HOMBRE

La Soberanía de Dios "demanda" la Responsabilidad del Hombre. Es decir, porque Dios es Soberano, Él tiene todo derecho de "demandar" la Responsabilidad del Hombre á Él simplemente en la base de que Él es su Creador; y como tal Él puede ordenar lo que hacer y lo que no hacer. Sé que para algunas personas, incluyendo cristianos, esto quizás suene demasiado duro; no obstante, somos recordados que "tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás” (Génesis 2:15-17). Luego más adelante somos recordados que “el fin de todo el discurso oído es este: Teme á Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 1:20); y que somos "inexcusables" por nuestra desobediencia (Romanos 1:20). Pero debido a la Caída del Hombre en el Huerto de Edén, él ha llegado a ser totalmente incapaz de obedecer a Dios y mantener Sus mandamientos; así que aunque Dios sea todavía Soberano y el Hombre es todavía Responsable á Dios, mas porque el hombre esta ahora espiritualmente muerto en el pecado, el hombre no puede, y no tiene deseo á, obedecer a Dios, para servirle, para vivir para El, para amarle, y de hacer nada para agradarle. Toda facultad, y la constitución entera, del Hombre esta ahora bajo el poder del pecado de modo que su naturaleza es sólo pecaminoso hasta al punto que “la intención de la carne (la naturaleza pecaminosa) es enemistad contra Dios; porque no se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede. Así que, los que están en la carne (la naturaleza pecaminosa) no pueden agradar á Dios" (Romanos 8:7, 8). El hombre es depravado totalmente en su ser entero, de modo que no hay absolutamente nada en el todo del hombre que es exento del pecado. Esto veremos al progresar por este estudio. Ahora, ¿qué queremos significar por la Depravación Total de Hombre? Bueno, simplemente esto como indicado antes: Toda facultad, y la constitución entera, del Hombre, esta ahora bajo el poder del pecado de modo que su naturaleza es sólo pecaminosa de modo que todo lo él puede hacer es el pecado, por mucho que sea moral o religioso. Pero entiende esto, que aunque el hombre sea depravado totalmente en su naturaleza, 1) esto no significa que él es incapaz de hacer aquello lo que es moralmente bueno en el nivel horizontal, es decir, en una relación de hombre a hombre. Pero en una relación de hombre a Dios "no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno" (Romanos 3:12). También, 2) no significa que el hombre es tan malvado como el diablo o como cualquiera de los demonios (aunque parezca que hay ésos que parecen ser tal); no obstante, el hombre puede ser muy malo y malvado hasta cierto punto, mientras algunos pueden ser peores que los otros. Pero cuando Dios mira la humanidad se dice que “Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, Por ver si había algún entendido, Que buscara á Dios. Todos declinaron, juntamente se han corrompido: No hay quien haga bien, no hay ni siquiera uno" (Salmo 14:2, 3). Además,3) no significa que el hombre no puede llegar a ser religioso, profesar aún la cristiandad. De hecho, podemos decir que hay muchos en las iglesias que están todavía en su naturaleza totalmente depravada que se pueda decir de ellos que tienen una "apariencia de piedad (es decir, de la cristiandad), mas habiendo negado la eficacia (de la vida de Cristo Jesús) de ella” (2 Timoteo 3:5) y " profésense conocer á Dios; mas con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados para toda buena obra" (Tito 1:16). Por supuesto, podríamos decir más con respecto al significado de la Depravación Total del Hombre, pero permitimos que sea suficiente para ahora. Vamos a considerar algunas Escrituras que demuestran claramente la Depravación Total del Hombre: Primero, miraremos a Génesis 6:5 – " Y vio Jehová que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal". Note lo que Dios vio en la humanidad que era la razón por la abundancia de la "maldad" y la "depravación" en la tierra; y era " que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal". Literalmente, significa "que cada, cualquiera, todo, lo entero de todas las concepciones, o los propósitos de las artimañas, es decir las intenciones y los

planes del corazón eran meramente malos o perversos el día entero, es decir, cada, cualquiera, y todo el día". Eso, amado, es verdad de cada individuo que nace en este mundo, con la excepción del Señor Jesucristo. El hombre no tiene que ser enseñado a cómo pecar: Ellos pecarán a causa de lo que ellos son desde la concepción. David dice: "He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre" (Salmo 51:5). Por eso Dios puede decir del hombre: "Enajenáronse los impíos desde la matriz; Descarriáronse desde el vientre, hablando mentira” (58:3); y en Isaías Él dice:"Porque sabía que desleal habías de desobedecer, por tanto te llamé rebelde desde el vientre" (48:8). Entonces porque "engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso" (Jeremías 17:9), lo siguiente saldrá de él como el Señor Jesús mismo nos dice: "Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:21-23). No hay ninguna exención cualesquiera de esta depravación terrible y total del hombre, sino como notado antes que sólo el Señor Jesucristo como Hombre no nació con una naturaleza pecadora; pero por el otro lado, cada uno de nosotros somos acusados de una maldad total que si no era por la Gracia Libre y Soberana de Dios, absolutamente no hubiera esperanza para cualquiera de nosotros, ¡no importa qué religioso o moral pretendemos de ser! El apóstol Pablo nos dice en capítulo 3 de Romanos: "Porque ya hemos acusado á Judíos y á Gentiles, que todos están debajo de pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque á Dios; Todos se apartaron, á una fueron hechos inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno: Sepulcro abierto es su garganta; Con sus lenguas tratan engañosamente; Veneno de áspides está debajo de sus labios; Cuya boca está llena de maledicencia y de amargura; Sus pies son ligeros á derramar sangre; Quebrantamiento y desventura hay en sus caminos; Y camino de paz no conocieron: No hay temor de Dios delante de sus ojos" (vv.9-18). No hay manera de escapar esta verdad humilladora y marchitadora de la soberbia que "todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento" (Isaías 64:6). De hecho, según este mismo profeta él nos dice que Dios dice de nosotros: "Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa ilesa, sino herida, hinchazón y podrida llaga: no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite" (1:6). Tenemos que gritar con los leprosos, "¡Inmundo! ¡Inmundo!" (Levíticos 13:5). Quizás algún lector se ofenderá con lo anterior, reclamando que esto no es tal con ellos; especialmente si se comparan a sí mismos con otros. Es verdad, quizás seas capaz de decir con el Fariseo, quien en pie“oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo" (Lucas 18:11, 12). Otros quizás te vean como una persona muy "buena" y moral; y quizás "un cristiano muy bueno"; pero, no estamos estudiando acercas de lo que el hombre dice qué somos, pero lo que Dios dice lo qué somos; y eso es que somos pecadores totalmente depravados delante de Él; y ¿saben qué? No le podemos engañar; porque, “¿No demandaría Dios esto? Porque él conoce los secretos del corazón" (Salmo 44:21). Por el otro lado, cuando Dios nos muestra lo que somos ante Él, eso nos llevará a una urgencia de buscar el perdón de Dios por nuestra maldad, que es ejemplificado por el publicano: "Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propició á mí pecador" (Lucas 18:13). Son solos aquellos que buscan una operación de corazón de Dios, que pueden ser librados de su Depravación Total y de las consecuencias de ello. Por eso es de la importancia suprema que sabemos lo que somos ante Dios porque es aquel con la lepra incurable del pecado que vendrá para ser limpiado: "He aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo á Jesús, postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Entonces, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fué de él" (Lucas 5:12, 13). Por eso es por qué la Muerte Expíadora y la Resurrección del Señor Jesucristo es LA UNICA ESPERANZA para un pecador Totalmente Depravado.

**************************************************************** A continuar, es muy importante que tenemos presente que tratamos con el estado y la condición espirituales del hombre; y la razón que debemos hacer eso es porque somos tan propensos a tratar de racionalizar lo qué el hombre es como pecador.

<>Hay una tendencia, aunque creemos y confesamos que el hombre es un pecador, mas porque
el hombre puede ser una persona muy moral, e incluso religioso, como se ha indicado antes, para reclamar que hay algún "bien" en el hombre, y así que es capaz de hacer alguna "rectitud" que lo justificará ante Dios. Que esto es verdad es probado por lo que muchas religiones y por algunos en la cristiandad creen y enseñan con respecto a esto. Es decir, ellos reclaman que a pesar de ser pecadores, el hombre no ha caído hasta el punto que ellos son totalmente incapaces de hacer algo para su eterno bien; y así que ellos insistirán que el hombre pecador pueda trabajar, y debe de trabajar para su salvación. Por lo tanto, ellos dicen, la prueba de esto son las "buenas obras" que cualquiera hace, incluso si ellos no sean un cristiano. Pero, ¿qué ha dicho Dios acerca del hombre en cuanto a Él? <> Previamente hemos mirado a varias Escrituras que prueban la Depravación Total del Hombre; y por supuesto, por la Depravación Total del Hombre significamos que cada facultad y la constitución entera del Hombre está bajo el poder del pecado de modo que su naturaleza es totalmente pecaminosa de manera que "todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento" (Isaías 64:6) y toda nuestra vida consiste en añadir "pecado á pecado" (30:1). Sé que habrá ésos que se opondrán vehementemente á esta verdad porque o ellos creen que el Hombre nace sin una naturaleza pecadora, o el Hombre nace con un "libre albedrío" que los permite a escoger entre pecar y no pecar. Eso, por supuesto, es negar lo obvio; porque si el Hombre es tal como ellos fingen que el Hombre es, ¿por qué peca el Hombre? ¿Por qué, entonces, no se queda el Hombre "impecable" si ellos nacen sin una naturaleza pecadora; o por qué no "escogen" de parar el pecar para su bien? La respuesta es muy clara: Hay un poder en el Hombre que no sólo lo previene de no pecar, pero también lo hace pecar; y ese poder es ningún otro que el PECADO que ha corrompido totalmente su naturaleza. <> Ahora, habiendo dicho eso, vamos hacer algunas declaraciones con respecto a esta doctrina; y en hacer esto, que seamos capacitados a ver no sólo nuestro estado desesperado, pero también nuestra incapacidad total para hacer algo acerca de ello, si no por la Gracia Libre y Soberana de Dios que nos es dada en Su Hijo precioso, el Señor Jesucristo. También, que le agrade al "Dios de toda gracia" (1 Pedro 5:10) mostrarnos que toda nuestra esperanza de salvación reposa y depende absolutamente SOLO en Él para que nuestra “fe y esperanza sea en Dios" (1:21). Es sólo como nos vemos por la luz de la Palabra Santa de Dios que podemos ver nuestra necesidad desesperada, no sólo de la Gracia de Dios, pero también de Alguien quien verdaderamente nos puede salvar. La doctrina de la Depravación Total del Hombre nos mostrará, entonces, que si deberemos ser librados del Amor del Pecado, de la Pena del Pecado, del Poder del Pecado, y finalmente de la Presencia del Pecado, tenemos que apartar la mirada de nosotros mismos y ponerla en Aquél quien es "grande para salvar" (Isaías 63,1). <> La primera declaración que hacemos de esta doctrina es que no es simplemente que el Hombre ha caído a un cierto punto y todavía esta colgando de un hilo de la destrucción total. No, el Hombre ha caído totalmente en el pecado; y debido a esto, TODO del Hombre es caído que absolutamente no hay alguna cosa del Hombre que es exento de la Depravación Total. Cada uno y cualquiera de nosotros nace en esta condición, no sólo porque hemos sido concebidos en el pecado (Salmos 51:5), pero también "por la desobediencia de un hombre (es decir, Adán) los muchos (de la raza humana) fueron constituidos pecadores"(Romanos 5:19). En otras palabras, a causa del pecado de Adán toda la raza humana se colocó permanentemente en lugar, o designado, como pecadores. Toda la moralidad, la religión, la educación, o las filosofías no nos pueden levantar de

nuestro estado caído una jota. En nuestro estado natural como nacido en este mundo todos nosotros estamos en el fondo en el hoyo de la corrupción, de modo que cuando Dios mira hacia abajo sobre la raza humana Él ve que “todos declinaron, juntamente se han corrompido: No hay quien haga bien, no hay ni siquiera uno” (Salmos 14:3). <> En el segundo lugar, declaramos que la Depravación Total del Hombre muestra que el Hombre está espiritualmente muerto, es decir, no tiene vida espiritual de todo porque él esta “ajeno de la vida de Dios" (Efesios 4:18). Es decir, el Hombre ya no más participa de la Vida de Dios y está enajenado de ella a causa del pecado. Por eso se dice del hombre natural al nacer en este mundo como estando "muerto en delitos y pecados" (Efesios 2:1,5). Como tales, todos nosotros somos "abortos" espiritualmente de la matriz porque el espíritu de la vida que fue dada a Adán se perdió cuando él pecó, y de eso al momento de la concepción nosotros estamos muertos en el pecado. Entonces, eso quiere decir que estando espiritualmente muerto, todo lo que sale de nosotros es nauseabundo y ofensivo a Dios; porque, "¿Quién hará limpio de inmundo? Nadie" (Job 14:4). Sí, se puede decir de nosotros como el Señor Jesús dijo a las personas religiosas en Su día: "Sois semejantes á sepulcros blanqueados, que de fuera, á la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad" (Mateo 23:27). ¡Eso es lo que significa estar espiritualmente muerto! <> En la tercera declaración que hacemos de la Depravación Total del Hombre es que el Hombre odia a Dios y no quiere nada que ver con Él. Ahora, es verdad que el Hombre en su estado natural quizás sea religioso, como eso es muy obvio, y reclamar que él ama a su "dios", pero la Palabra de Dios nos dice diferente; porque Romanos 1:30 dice que el Hombre por su naturaleza pecadora es "aborrecedor de Dios"(Romanos 1:30), y "dicen pues á Dios: Apártate de nosotros, Que no queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos á él?”(Job 21:14,15). Es imposible para el Hombre en su estado natural, el cual es depravado totalmente, "amar…al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas" (Marcos 12:30). Debido a nuestra naturaleza pecadora, no hay amor para Dios en nosotros para amarle; y por supuesto, no hay un deseo en nosotros para servirle y para vivir para El. Si puedo ser bravo en decir esto: Somos como "el necio" que "dijo…en su corazón: No hay Dios" (Salmos 14:1); o como ésos en Salmos 10:4 – "El malo, por la altivez de su rostro, no busca á Dios: No hay Dios en todos sus pensamientos". <> Pero luego en la cuarta declaración que hacemos es que el Hombre en su Depravación Total está en la esclavitud del pecado; porque “todo aquel que hace pecado, es siervo (esclavo) de pecado" (Juan 8:34). Compare Romanos 6:20. Es decir, el Hombre es un esclavo del pecado, y el Pecado es su amo. Esto significa que el TODO del Hombre está bajo su poder; por lo tanto, no hay una parte del Hombre que pueda reclamar de ser libre de sus cadenas, y como tal no es "libre" para hacer cualquier otra cosa que pecar. ¡Qué expresión horrible de nuestra condición es la de Isaías 64:6,7 donde leemos que "todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Y nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para tenerte…”! ¡Pero lo que es peor es que no podemos librarnos no nosotros mismos de esta esclavitud! ¡Así como un esclavo es totalmente atado a su amo, así somos nosotros como pecadores totalmente atados á pecar! <> En el quinto lugar, declaramos que la Depravación Total del Hombre nos hace "del mundo" (compare Juan 17:6); y a causa de eso amamos "al mundo," y "las cosas que están en el mundo" (1 Juan 2:15) y andamos"conforme á la condición de este mundo" (Efesios 2:2). Ahora, el "mundo" aquí no significa en el sentido físico perteneciendo como al globo terrestre y todos sus habitantes, inclusive la raza humana como tal, si no a ese "sistema" que es opuesto a Dios y en contraste directo al cielo. Cuándo nosotros nacemos en este mundo, no sólo somos en el sentido físico, pero también nosotros lo entramos como enemigos de Dios; porque como dice Santiago 4:2

que "la amistad del mundo es enemistad con Dios". Ya ven, en nuestro estado natural NO somos ciudadanos del Reino de Dios y del cielo. Nuestra ciudadanía es de este mundo, y nuestra lealtad y los deseos son para él. Nosotros lo defenderemos con toda nuestra alma y estaremos dispuestos a perderlo para ganar el mundo. Compare Mateo 16:26. ¡El TODO del Hombre es engranado a esa meta, inclusive su voluntad!

Depravación Total Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados. Efesios 2.1 I.- Exposición De La Doctrina Juan Calvino dice “Casi toda la suma de nuestra sabiduría, que de veras se deba tener por verdadera y sólida sabiduría, consiste en dos puntos: a saber, en el conocimiento que el hombre debe tener de Dios, y en el conocimiento que debe tener de sí mismo… reconocemos que en ninguna otra parte, sino en Dios, hay verdadera sabiduría… Es cosa evidente que el hombre nunca jamás llega al conocimiento de sí mismo, si primero no contempla el rostro de Dios y, después de haberlo contemplado, desciende a considerarse a sí mismo[1]“ Desprendemos de la lectura del párrafo anterior que el hombre no puede conocerse a sí mismo si no es por medio de las expresiones que Dios hace acerca de él. Como Dios es la única fuente de verdad todo lo que él dice acerca del hombre es lo correcto. Nuestra sociedad tiene una visión del hombre que está basada en lo que el hombre dice de sí mismo. En cuanto a la moral se dice que el hombre nace neutral, es decir, que no es bueno ni malo. Su moral en la adultez va a depender del ambiente en el cual viva. Si vemos cualquier teoría psicológica nos daremos cuenta que la causa de todo lo que el hombre hace está en su exterior y no en el hombre mismo. A pesar de la visión que el hombre tiene, la Palabra de Dios nos habla de cómo concebido en pecado, necio, idólatra, muerto, injusto, menospreciadores, limpios en nuestra propia opinión, etc. La doctrina de la Depravación Total, también llamada Inhabilidad Total, dice que “el hombre natural [el que no ha sido regenerado por el Espíritu Santo] nunca puede hacer ningún bien que sea fundamentalmente agradable a Dios, y, de hecho, hace siempre el mal[2]“. La Confesión de Fe de Westminster nos habla de esta doctrina, dice “El hombre, mediante su caída en el estado de pecado, ha perdido totalmente toda capacidad para querer algún bien espiritual que acompañe a la salvación; de tal manera que, un hombre natural, siendo completamente opuesto a aquel bien, y estando muerto en pecado, es incapaz de convertirse, o prepararse para ello, por su propia fuerza[3]“. II.- La Causa De Esta Depravación

El relato de la creación dice que Dios creó al hombre en el sexto día. Génesis 1:31 dice “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.” Es en esta condición (bueno) que Dios hace un pacto con el hombre, un pacto que es probatorio para el hombre. Adán es el hombre que representó a toda la humanidad, todos nosotros hubiéramos hecho lo mismo que Adán si hubiésemos estado en su situación. Este pacto se relaciona, en general, con las responsabilidades más amplias del hombre para con su Creador como el descansar el sábado, cumplir con la ordenación del matrimonio y del matrimonio. Pero también hay una responsabilidad más específica del hombre al momento de prueba o test instituido por Dios y esta puede ser leída en Génesis 2.16-17[4]. La prueba a la que fueron sometidos Adán y Eva demandaba obediencia total, la no observancia de esta regla llevaba un castigo: La muerte espiritual. Como todos sabemos nuestros padres no pudieron cumplir con lo exigido por Dios y su caída trajo consecuencias para toda la humanidad. Pablo expone en Romanos 5:18-19 “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.” Por la caída de Adán toda la humanidad fue constituida pecadora y está “destituida de la gloria de Dios[5]“. Romanos 6:23 nos enseña que “la paga del pecado es muerte”, esta muerte incluye todas las malas consecuencias que han sobrevenido al hombre después de la caída. III.- El Alcance Y Los Efectos De La Caída Además de la imputación del pecado original en nosotros la caída hizo que el hombre, en todas sus partes, sufriera sus efectos. Su físico, voluntad, inteligencia, etc. están corrompidos por causa de la caída de Adán. Esto no significa que el hombre, aunque quiera, no puede acercase a Dios sino que el hombre nunca quiere hacer la voluntad de Dios ya que no está en su voluntad hacerlo. Dios nunca hace que hombre haga lo que él no quiera hacer. Su voluntad está inclinada contra Dios de forma permanente, y de manera instintiva y voluntaria se torna hacia el mal. Nace enajenado de Dios y peca por elección. Su inhabilidad no consiste en la inhabilidad de ejercer su voluntad libremente sino a la inhabilidad de querer ejercer voliciones santas[6]. En este sentido podemos decir que el hombre perdió el libre albedrío en Adán. Ahora él ya no puede elegir seguir el camino de Dios, no puede

amar a Dios ni hacer nada agradable a Él debido a su naturaleza pecaminosa. El hombre no perdió su libertad sino que perdió su capacidad de hacer lo bueno. En cuanto al intelecto del ser humano Pablo nos dice que los hombres se hicieron necios, aunque la palabra original se traduce mejor como tontos o estúpidos, nos dice que sus razonamientos se envanecieron. Esto niega totalmente una salvación que pueda llegar por medio de las capacidades o decisiones del hombre por sí mismo. IV.- Las Buenas Obras Del Hombre Impío Debido a esta depravación humana y a la incapacidad del hombre de desear hacer lo bueno es necesario hablar de las buenas acciones que pueden realizar los hombres impíos. La doctrina de la Depravación no dice que el hombre haga lo más malo posible si así fuera el mundo no habría pasado más de un día después de la caída. Aparte de la gracia especial, que produce salvación, también Dios obra una gracia común que permite que los impíos puedan ser buenos ciudadanos, que no sean delincuentes, asesinos, etc., que puedan hacer donaciones a instituciones de caridad sin embargo ninguna de estas obras son agradables a Dios ya que no nacen de un corazón que quiera agradarle. Como tampoco le agradan las acciones de quienes intentan agradarle por medio de cosas que Él no ha ordenado. V.- Pasajes Que Nos Hablan De La Depravación Total

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1 Corintios 2:14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. Génesis 2:17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. Romanos 5:12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. 2 Corintios 1:9 Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; Efesios 2:1-3 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

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Efesios 2:12 En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Jeremías 13:23 ¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal? Salmos 51:5 He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre. Juan 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Romanos 3:10-12 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;11 No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. 12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Job 14:4 ¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie.

VI.- Conclusión En esta exposición hemos hablado acerca de lo Dios nos dice acerca de nosotros. Hemos hablado de la causa de esta situación y de los efectos y alcances de la caída. Cuando los cristianos nos damos cuenta de nuestra situación podemos sacar tres lecciones: 1.- Humillarnos delante de un Dios Santo. Cuando reconocemos la gran diferencia que hay entre Dios y nosotros, sus criaturas caídas, no podemos decir que hay algo bueno en nosotros por el que nos merezcamos sus bendiciones sino que reconocer que somos pecadores y ver el gran amor que Dios tuvo de nosotros al hacernos venir a Él por pura gracia. 2.- Reconocer que si podemos pedir a Dios que nos limpie es sólo porque Él ha puesto en nosotros el querer y el hacer (Fil. 2.13). Nuestro amor por Dios es posible sólo porque Él nos amo primero y cambió nuestro corazón de piedra por un corazón blando que fuera receptivo a su Palabra.

Uno de los tantos temas inquietantes para la teología cristiana lo constituye el tema de la depravación total de la humanidad. Adókimon es el término griego empleado en Romanos 1:28, cuando se habla de la humanidad que no tuvo en cuenta a Dios, la cual ha sido entregada a una mente reprobada. El significado de esa palabra es desaprobado, descalificado, que no resiste la prueba, proviene de un prefijo negativo a seguido del verbo dokimo, cuya forma denota estar aprobado, aceptado. Adókimos presupone no estar aprobado. Entonces, la

humanidad entera está reprobada, descalificada, fracasada en cualquier intento por agradar a Dios. En otros términos, el hombre carece de méritos para estar ante la presencia de su Creador. El parámetro de medición de la depravación humana se hace en base a la santidad de Dios. Nadie podrá hacer méritos suficientes para la salvación a los ojos de Dios. La muerte espiritual es la pena por el pecado heredado. Por eso dice la carta a los Efesios, capítulo 2: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. El pecado nos separa de la relación con Dios, pues cada uno ha recibido la carga desde Adán. No puede hablarse de personas con más o con menos capacidad para el pecado, pues la consecuencia es la misma: una ruptura espiritual que nos aleja de la presencia del Creador. No se podría decir que alguien necesita menos de Jesucristo que otro, por el hecho de que uno peca menos que el otro. La proposición como remedio es la redención del hombre, sojuzgando así la naturaleza pecaminosa, sin que tengamos por obligación que servir al pecado pues los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos…y libertados del pecado vinisteis a ser siervos de la justicia…Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu (Gálatas 5:24; romanos6:18; 8). En desprecio de este y de muchos otros textos que sostienen la incapacidad humana para estar en pie y luchar por su recuperación espiritual, algunas personas han luchado contra la doctrina de la depravación total. Quizás el primero en hacer huella histórica fue Pelagio. Este fue un monje británico que vivió alrededor del año 400 de nuestra era. Este teólogo predicador suponía que el hombre podía vivir una vida libre de pecado, ya que Dios había ordenado la santidad para la humanidad. De esta presunción falsa se deriva que el hombre haya sido creado en forma neutra: ni santo ni pecaminoso, con la voluntad y capacidad de escoger entre el pecar o el hacer bien. Pareciera que Jean Jacques Rousseau, célebre escritor y filósofo francés del siglo XVIII- el

siglo de las luces- se hubiese inspirado en Pelagio, pues sostuvo que el hombre nace bueno por naturaleza, es la sociedad quien lo corrompe. Esta antibíblica idea pelagiana fue rechazada por la Iglesia del momento. Le tocó a Agustín el turno para perfeccionarse en la doctrina de la gracia soberana. Pero una reacción de la herejía naciente se hizo presente en un grupo denominado los semipelagianos, los cuales muy astutamente intentaban presentar un justo medio entre la gracia soberana y la libertad humana. Según ellos el hombre coopera permitiendo que la gracia divina intervenga y sea eficaz para la salvación. La iglesia católica se adhiere a la doctrina del pecado de los semipelagianos. Posteriormente, ya en el siglo XVI apareció un teólogo llamado Socino, cuyas enseñanzas niegan la predestinación de Dios y el pecado original, la incapacidad total humana y la sustitución penal que hiciera Cristo en la cruz. Sin embargo, con la aparición del Protestantismo en este siglo XVI, los reformadores redescubrieron de la Biblia misma la doctrina de la gracia. La Biblia había estado escondida por siglos, encadenada a ciertos púlpitos de importantes regiones, leída en Latín por los frailes que sabían leer, pero su interpretación era acrisolada por la iglesia de Roma. El texto que Lutero encontró cuando llegó a una iglesia en una visita oficial como Monje Agustino fue aquel de el justo por la fe vivirá, originario del profeta Habacuc, recogido por Pablo en la carta a los Romanos. Ese texto abrió las compuertas para que el gran reformador iniciara la comprensión de la gran estafa que representaba la venta de las Bulas Papales (el perdón otorgado por el Papa, que además era vendido). Una vez desarrollada la Reforma, Roma fijó posición en el Concilio de Trento respecto a muchos aspectos teológicos contra la Reforma. Uno de los puntos precisos fue el de la soberanía de Dios, pues apoyaba abiertamente la tesis semipelagiana del libre albedrío humano. Llegando a otorgar maldiciones a quienes creyeran la doctrina de la Sola Gratia, inició rápida persecución a muchos niveles contra los reformadores. Habiéndose creado ya la Compañía de Jesús -el gobierno de los Jesuitasestos señores introdujeron solapadamente a una figura clave de la tesis romanista dentro de la iglesia protestante. Esta persona se llamó Arminio. Su teología nos muestra que Adán fue creado en inocencia, y no en santidad; que se hereda la corrupción de Adán pero no la culpabilidad; que el hombre no es totalmente depravado; que la voluntad humana es una de las causas de la regeneración, pues coopera con la gracia.

Hubo un arzobispo de Canterbury, llamado Laud, cuyos escritos fueron examinados después de su muerte, entre lo cuales se encontró una carta endosada con la propia mano del prelado, que es reveladora del origen nefasto del teólogo ´protestante´ holandés llamado Arminio. En esa carta se puede leer lo siguiente: “Marzo, 1628. Una carta de un Jesuita, enviada al Rector de Bruselas, sobre el subsiguiente Parlamento…Padre Rector, no permitáis que la humedad del asombro capture su alma ardiente y celosa, deteniendo el llamado no esperado y vaporoso de un Parlamento. Ahora tenemos muchas cintas en nuestro lazo. Hemos plantado esa droga soberana del Arminianismo, la cual esperamos purgue a los Protestantes de sus herejías; y floreció y lleva fruto a su debido tiempo. Para la mejor prevención de los Puritanos, los Arminianos ya han cerrado con llave los oídos del Duque (de Buckingham); y tenemos aquellos de nuestra propia religión, que se encuentran continuamente en la cámara del Duque, para ver quién entra y quién sale: no podemos ser demasiado prudentes y cuidadosos en este respecto. Estoy, en este momento, transportado por el gozo, de ver cómo felizmente todos los instrumentos y medios, tanto grandes como menores, cooperan para nuestros propósitos. Pero, para regresar a nuestro punto principal – nuestro fundamento es el Arminianismo. Los Arminianos y los planificadores, como aparece en las premisas, producen mutaciones los unos en los otros. Esto secundamos y hacemos cumplir por argumentos probables.” (Cf.Escritos Ocultos de la Oscuridad, p. 89-90. Citado por Augustus Toplady-1740-1778). Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo… Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios (Romanos7:18;8:5-8). También otros textos apoyan la tesis de la depravación total, como el que dice el alma que pecare, esa morirá; en pecado he sido formado, y en pecado me concibió mi madre; por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. Se podría seguir colocando textos similares, pero eso llenaría muchas páginas, por lo que mejor es referirse a la Biblia entera, pues en ella se habla de este tema en abundancia. Sin embargo, citaré este otro, que si fuere el único sería más que suficiente: Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron (Romanos 5:12). De esta forma la

muerte reinó desde Adán y por su transgresión murieron los muchos. La consecuencia inevitable es que la condenación pasó a todos los hombres. Estamos en presencia de un sistema representativo en el cual Adán es el embajador o representante de toda la raza humana. La Biblia señala que Cristo nos dio vida cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados…cuando estábamos conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia (Efesios 2:1-3). De esta forma entendemos que Adán cayó lo suficiente para no poderse levantar, que el castigo anunciado se cumple a cabalidad: el día que de él comiereis (del árbol prohibido) ciertamente moriréis. La muerte anunciada se ha cumplido plenamente, no fue una muerte física inmediata, sino posterior, pero la muerte espiritual sí fue de inmediato, por lo que Adán no fue capaz de transmitir vida espiritual. Su cuerpo fue capaz de seguir procreando, como lo hacemos sus herederos, pero su espíritu murió ese mismo día en el Edén al caer en la trampa de la serpiente antigua: Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal (Génesis 3). Un muerto no puede cooperar en la aceptación de la gracia, pues la gracia misma es la que da vida. Os es necesario nacer de nuevo, le dijo Cristo a Nicodemo. Luego le explicó que ese nacimiento no era por voluntad humana, de carne o de sangre, sino por voluntad de Dios. Continuó diciéndole que así como el viento, de donde quiere sopla, y no sabemos hacia dónde se dirige, así es todo aquel nacido del Espíritu. Con estas enseñanzas de Jesús queda nuevamente explicado el carácter mortal del pecado, el carácter providencial de la gracia, y el carácter soberano de Dios, pues de donde quiere y como quiere produce el nuevo nacimiento. Que no lo hace en todos los mortales es una realidad, pues muchos son los que perecen en la oscura eternidad. Judás mismo fue uno de ellos; muchos son los llamados y pocos los escogidos. Ancho es el camino que lleva a la perdición, espaciosa su puerta, y multitudes por ella entran. Al contrario, quiso Jesús salvar a la manada pequeña, por los cuales rogó antes de su muerte (Juan 17), no quiso rogar por el mundo, sino por su manada. No sólo por los conocidos de ese entonces, sino por las ovejas que habrían de creer por la palabra de ellos. De esta forma, una vez más, no hay justo medio entre la gracia soberana y el supuesto libre albedrío humano. El veneno del Arminianismo ha sido bien sembrado, está dando su fruto: multitudes de cabras y cizaña por doquier, frutos malos, personas que dicen amar a Dios pero no lo hacen conforme a ciencia. Muchos son los que hierran, y aunque se alegue que

están equivocados, solamente están sinceramente equivocados. Sinceramente envenenados, sinceramente muertos. Cristo dijo: las ovejas oyen mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. El molinismo (por el teólogo español católico Luis Molina, siglo XVI y XVII) es el intento de Roma para enfrentar la tesis de Tomás de Aquino sobre la soberanía absoluta de Dios. Al mismo tiempo sirvió para defender al papado de la influencia del calvinismo naciente. Supuestamente Molina tuvo una idea original, pero realmente no era nada novedosa, pues ya había sido anunciada por Pelagio y por los semipelagianos en el naciente cristianismo hereje. Este teólogo español habló de ciencia media o media scientia, con lo cual se proponía que Dios es siempre libre de hacer lo que Él quiera, y con su conocimiento de las relaciones de causa y efecto, quiso mantener un área de conocimiento medio provisto para el hombre, en la cual se le garantiza que puede hacer lo que quiera, escoger lo que quiera, sin la necesidad de que haya habido predeterminación de ningún tipo. Pero para llegar a deducir esta tesis, Molina llegó a afirmar que Dios no conoce lo contingente porque lo haya previsto o pre-ordenado, sino que lo conoce por su omnisciencia. En otras palabras, niega o limita la soberanía absoluta de Dios. De esta forma él mismo se atrapa, pues ¿cómo podría explicar el cumplimiento exacto de sus profecías, si lo contingente no le estuviera sujeto, sino que Él lo va conociendo por su omnisciencia? ¿Cómo quedaría el hecho de que Dios escogiera a Jacob antes de que hiciera bien o mal, esto es, sin sus contingencias? Y lo mismo vale para Esaú. De igual forma, el acto y los actos de la muerte de Cristo en la cruz fueron predichos por Dios, pero si no pudo programar esas contingencias, de nuevo ¿cómo se cumplieron de forma tan precisa en tiempo, lugar y modo? ¿Acaso fue la crucifixión absoluta voluntad humana que el Padre previó por su Omnisciencia desde los siglos y se aventuró a profetizar, como un psíquico que dice ver cosas para el futuro? De ser esto cierto, entonces la crucifixión misma fue un acto soberanamente humano, diseñado por los humanos, pero aprovechado por Dios para beneficio nuestro. Esos absurdos argumentativos se deducen de este simple argumento molinista, que no sólo son obscuros sino alejados de cualquier patrón bíblico. Concluimos que Adán cayó mucho más allá de su capacidad de arrepentimiento por iniciativa propia. Aquí aparecen los caminos que se bifurcan, por un lado el de Roma, con Arminio como punta de lanza en una proposición de una tesis que no le era suya, sino de Molina, pero que tampoco le era originaria, pues le pertenecía a Pelagio y a los semipelagianos, que por tantos dueños podemos señalar como un camino

corporativo. Por el otro, la tesis de la Reforma, que no es más que el descubrimiento de la palabra bíblica, secuestrada durante muchos siglos por la Iglesia Católica de Roma. En el primer camino encontramos la tesis de que Dios detuvo la caída de Adán para que no perdiera su capacidad de generar fe y arrepentimiento. En el segundo camino está la tesis bíblica que expone que el hombre cayó hasta su propia muerte espiritual. Adán quiso independizarse del gobierno de Dios, por eso no hizo caso al mandato divino. Asimismo, Lucifer quiso independizarse del gobierno del Creador y en la aspiración de su independencia se llevó consigo a una tercera parte de los ángeles del cielo, que no fueron preservados por la gracia divina, ni elegidos para permanecer eternamente ante su presencia, sino que fueron creados bajo condición de obediencia que no pudieron mantener. La gran diferencia acá es el grupo de humanos caídos en y desde Adán. De esta humanidad quiso Dios en su misericordia acordar gracia salvadora para sus elegidos. Sin embargo, de los ángeles caídos, así como de su príncipe, no quiso Dios manifestar misericordia alguna y no les generó gracia para arrepentimiento y fe en Jesucristo. Por el contrario, Lucifer conoce a Jesucristo, ha hablado con Él, y solamente quiso destruirlo. En su rebeldía por excelencia le propuso a cambio de los reinos delmundo que le adorara, que le reconociera como a Dios.
El querer independizarse de Dios e igualarse a Él fueron los dos grandes errores de Lucifer. El querer independizarse de su Creador ha sido el gran error del hombre, seguido de la adoración a ese otro dios fabricado en paralelo al Dios de la Biblia. Por eso se nos advierte tanto a guardarnos de los ídolos. El Cristo de los Arminianos es un Cristo diferente al que enseña la Biblia. El llamado sigue siendo el mismo: No tendrás dioses ajenos delante de mí. El que adora a un ídolo sirve y sacrifica a un demonio, y allí cumple el propósito de Satanás de querer ser adorado como se adora a Dios. Si el dios de Arminio es distinto del Dios de la Biblia, quienes le sirven sacrifican a un ídolo, a un demonio, que no es nada pero que representa el cumplimiento de la voluntad satánica: rebelión e independencia del gobierno del Dios de la Biblia. Y eso no es más que otra prueba de la depravación total.

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