P. 1
Anuario_CELA_2007 - Estudios Latinoamericanos

Anuario_CELA_2007 - Estudios Latinoamericanos

|Views: 98|Likes:
Publicado porJorge Carlos Ruiz

More info:

Published by: Jorge Carlos Ruiz on Jun 23, 2012
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

05/13/2013

pdf

text

original

AnuArio del Colegio de

estudios lAtinoAmeriCAnos
2007
anuario del
colegio de estudios
latinoamericanos
2007
jorge ruedas de la serna
coordinador
fACultAd de filosofíA y letrAs
universidAd nACionAl AutónomA de méxiCo
AnuArio del Colegio de estudios lAtinoAmeriCAnos, 2007
Consejo editoriAl
Editor
Jorge ruedas de la serna
Coordinadores de Área
Historia
Ana Carolina ibarra
mario miranda Pacheco (†)
Literatura
valquiria Wey
Horacio Crespo
Ciencias Sociales
rené Aguilar Piña
José luis Ávila martínez
Filosofía
Carlos Ham Juárez
José Antonio matesanz
Con la colaboración de
maría del Carmen Jiménez Hoyos
oscar luna tolentino
gabriel Armando nagore Cárdenas
Secretaría de Extensión Académica
Carlos mapes
Coordinadora de Publicaciones
laura talavera
Diseño de la cubierta
ocelote/ yolanda Pérez sandoval
dr © 2008, universidAd nACionAl
AutónomA de méxiCo
Ciudad universitaria, delegación Coyoacán,
C.P. 04510 méxico, distrito federal.
issn en trámite
“Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio
sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.”
impreso y hecho en méxico
5
Contenido
PresentACión, Ambrosio velasco gómez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
PrefACio, José luis Ávila martínez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
introduCCión, Jorge ruedas de la serna 15
HistoriA: ConfigurACiones del PAsAdo
Blanca rodríguez, Augurios de la independencia de méxico
en un cuento fantástico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
Horacio Crespo, La Guerra del Paraguay como problema historiográfco.
la interpretación de ramón J. Cárcano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27
José Antonio mAtesAnz, notas y variaciones sobre la naturaleza humana
y la realidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45
literAturA: el lenguAJe literArio y sus AlCAnCes
françoise perus, ¿todavía tiene sentido la historiografía literaria? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
Hermenegildo BAstos, formación y representación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67
ignacio díAz ruiz, la modernidad en José martí (una lectura
de el poeta Walt Whitman) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75
davi ArriguCCi jr., drummond meditativo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83
Hernán g.H. tABoAdA, José enrique rodó: el oriental y la Hélade . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 89
CienCiAs soCiAles: soCiedAd y eConomíA de Ayer y Hoy
rené AguilAr piñA, el libre comercio español en la conformación
del mercado mundial en el Caribe (indicios de la segunda mitad siglo xviii) . . . . . . . . . . . . 99
José luis BAlCárCel ordóñez, Concreciones diferenciadas iniciales
de la conciencia de clase obrera y de la celebración del primer
día del trabajo en guatemala . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111
6 £ Contenido
lucio fernando oliver CostillA, la interdisciplinariedad en los estudios
latinoamericanos: evolución, conceptos y experiencias en la unAm 129
CulturA, PolítiCA y AntroPologíA
ricardo melgAr BAo, recepción y ritual positivista franco-brasileño
de un icono femenino mexicano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 143
mario mirAndA pACheCo, las etnias hablan por la nación

(Bolivia: a propósito
de los sucesos de octubre 2003) 151
Andrés Kozel, Barroco americano y crítica de la modernidad burguesa . . . . . . . . . . . . . . . 163
filosofíA: reflexión sin término
mauricio BeuChot, La flosofía en México en el siglo xix 181
Carlos hAm juárez, Reconocimiento y conquista: una refexión a partir
de Paul ricoeur . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 191
Bolívar eCheverríA, tulipanes en suelo de nopales. el modernismo literario
y el primer japonismo de José Juan tablada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205
efemérides
Hermenegildo BAstos, Cosas: inferno, alpargata: trabajo y alienación
en Vidas Secas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 213
reseñAs BiBliogrÁfiCAs
Araceli tinAjero, El lector de tabaquería: historia de una tradición cubana
(Carlos Alberto gonzález sánChez) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 223
Jezreel sAlAzAr, La ciudad como texto. La crónica urbana de Carlos Monsiváis
(enrique AguilAr r.) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 225
Jorge ruedAs de lA sernA, Arcadia. Tradición y mudanza
(germán viveros mAldonAdo) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 227
CArdoso ruiz, rené Patricio y maría del Carmen gives fernández, Cubanía
y cubanidad. Debate en torno a la identidad cubana. El caso de los cubanos
en el sur de La Florida (verónica hernández lAndA vAlenCiA) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 228
Antonio CAndido, Literatura y sociedad. Estudios de teoría e historia literaria
(laura QuintAnA Crelis) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 230
miguel Ángel urrego ArdilA y Javier torres pArés (eds.), La nación en América
Latina. De su invención a la globalización neoliberal (Javier gámez Chávez) . . . . . . . . . . 232
Contenido £ 7
Carlos m. tur donAtti, La utopía del regreso: la cultura del nacionalismo
hispanista en América Latina (Hernán tABoAdA) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 236
norma de los ríos méndez e irene sánChez rAmos (coordinadoras),
América Latina: Historia, realidades y desafíos (Claudia marcela zuletA vArgAs) . . . . . . 240
marcos CuevA perus, Los archipiélagos: espacios, tiempos y mentalidades
en América Latina (renata lópez nájerA) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 242
teresa Aguirre y sergio de la Peña, De la Revolución a la industrialización
(marcos r. lópez miguel) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 245
tesis e informes ACAdémiCos PresentAdos PArA oBtener
el grAdo de liCenCiAturA en el Colegio de estudios
lAtinoAmeriCAnos (2006-2007) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 251
9
PresentACión
Ambrosio velAsCo gómez
A la memoria del dr. mario miranda Pacheco
es realmente un honor y un gran gusto escribir la presentación para este segundo Anuario
del Colegio de estudios latinoamericanos, correspondiente al año de 2007. en primer lugar,
porque es fruto del entusiasmo y compromiso de los profesores de este Colegio por publicar
durante dos años consecutivos los resultados de sus investigaciones.
Asimismo, es motivo de amplio reconocimiento el hecho de que converjan en el Anuario
trabajos de distintos ámbitos disciplinarios (historia, literatura, sociología, economía, ciencia
política, antropología y flosofía) en el estudio crítico de diferentes problemas de América
Latina. Con ello, se confrma el carácter multi e interdisciplinario de los Estudios Latinoame-
ricanos, en general y de nuestra licenciatura en especial.
Además como lo destaca el dr. Jorge ruedas de la serna, coordinador de este segundo
número del Anuario, concurren profesores de diferentes generaciones, desde los fundadores
del Colegio hasta los jóvenes académicos. de esta manera, se renueva la tradición de estudios
latinoamericanos en nuestra facultad. en total suman 17 artículos de profesores de carrera y
asignatura que expresan con claridad la profundidad y amplitud de horizontes del trabajo de
investigación que se realiza en nuestro Colegio de estudios latinoamericanos.
entre los artículos, todos ellos excelentes y rigurosamente arbitrados, quiero destacar el
del dr. mario miranda Pacheco: “las etnias hablan por la nación (Bolivia: a propósito de los
sucesos de octubre de 2003)”. Me refero en especial a este trabajo, no sólo por ser uno de
los últimos que escribiera nuestro querido y admirado profesor, que falleció en mayo de 2008,
sino también porque es un ejemplo paradigmático de la investigación que se desarrolla en el
Colegio de estudios latinoamericanos de la facultad de filosofía y letras. en primer lugar,
el artículo de don Mario refeja un riguroso enfoque interdisciplinario que integra saberes
flosófcos, históricos, políticos y antropológicos en conceptos claves como nación, Estado,
identidad, democracia. de igual importancia es la cuestión que analiza, un problema de ac-
tualidad y trascendencia: la disputa por un proyecto etnocrático y otro multiculturalista de
nación. Además, el tema es de enorme pertinencia, a propósito de la conmemoración de los
bicentenarios de las independencias latinoamericanas. El trabajo de don Mario refexiona
sobre el estado nación boliviano que se formó en el siglo xix y que se consolidó durante el
xx. Al respecto dice mario miranda:
terminada la guerra de independencia (1809-1825) se institucionalizó el proceso de in-
vención de la nación boliviana. el territorio ancestral del Kollasuyu —conocido como
10 £ PresentACión
Alto Perú o real Audiencia de Charcas en la época colonial— cambió de nombre. en
1825, con la proclamación de la república, dicho territorio se denominó Bolivia. A partir
de ese año, los criollos y un sector creciente de mestizos —protagonistas de la guerra de
independencia— se apropiaron del gentilicio “bolivianos”, sin que los pueblos origi-
narios e indígenas se sintieran afectados por el nuevo sello de adscripción política, no
obstante, el apoyo que brindaron a la movilización popular y a la misma guerra de in-
dependencia.

Pero no sólo los pueblos indígenas originarios fueron excluidos de la naciente nación
boliviana, también fueron marginados de las políticas estatales de desarrollo social y de la
representación política.
el estado nacional independiente fue el principal mecanismo de exclusión, marginación y
explotación de los pueblos originarios:
En términos generales, el proceso en que se confguró la actual nación boliviana repre-
senta un ejemplo claro de la forma en que las funciones institucionalizadas del estado
fueron instrumentadas como fuerzas y normas estructurantes de la autodenominada “na-
ción boliviana”. Para decirlo de otro modo, el estado representó las posibilidades y el
poder real de las clases dominantes mismas que utilizaron este poder como instrumento
“legal” de su dominación social, económica, política y cultural sobre la población ori-
ginaria” (p. 155).
esta interpretación crítica y sólidamente argumentada que nos presenta mario miranda
sobre la institucionalización de la independencia de Bolivia y la formación de un estado na-
cional, es aplicable a la mayoría de los países latinoamericanos, y de manera destacada a mé-
xico, cuyo estado nación también se ha caracterizado por excluir, explotar y marginar a los
pueblos originarios.
Pero lo más importante del artículo de don mario es que utiliza esta aguda forma de in-
terpretación histórica del estado nación boliviano para ubicar y comprender la trascendencia
del movimiento de diversos pueblos indígenas en 2003, para derrocar al estado etnocrático,
redefnir la nación, de homogénea a plural y constituir una nueva democracia que verdade-
ramente represente la pluralidad cultural y social de Bolivia. Así en las conclusiones de su
trabajo señala:
las naciones y pueblos originarios de Bolivia, a través del tiempo, tuvieron una presencia
histórica y cultural indiscutible, oscurecida en dos sucesivas dominaciones, la colonial y
la republicana. La nación ofcial boliviana —inventada como fueron otras naciones que
tienen pueblos originarios y mayorías indígenas— exhibe su artifciosidad moderna desde
el momento que es representada por el estado burocrático centralizado, herencia del siglo
xx... Esta artifciosidad —léase pseudoidentidad— es la que impugnaron las etnias de
Bolivia con voz propia, irradiando su discurso desde la ciudad de el Alto. (p. 161)
Ante la fehaciente confrontación del estado nación etnocéntrico y el proyecto de una
nueva nación incluyente, don mario miranda demuestra su profundo humanismo que lo ca-
racterizó como intelectual, como político y sobre todo como hombre íntegro y comprometido
con las causas más justas y las utopías más bellas:
AmBrosio velAsCo gómez £ 11
en suma, la confrontación entre una nación inventada para perpetuar la marginación y
opresión de considerables formaciones étnicas y sociales y otra nación que puede forjar-
se sobre la base de vínculos naturales y estables, ya se ha dado en Bolivia. y las étnicas
hablaron por esta última nación de los sucesos de el Alto. A mi juicio, esos sucesos, por
su trascendencia, representan un nuevo punto de partida para que los bolivianos constru-
yan su verdadera nación. (p. 162).
A la construcción de esa verdadera nación, don mario miranda dedicó buena parte de su
vida, tanto como dirigente político en Bolivia, como en su larga y fructífera labor intelectual
como profesor del Colegio de estudios latinoamericanos de la facultad de filosofía y letras
de nuestra universidad. Como los grandes maestros del exilio, don mario, también exiliado,
supo conjugar el rigor académico con la fdelidad a los principios del humanismo emancipa-
dor que constituye lo mejor del pensamiento iberoamericano.
el Colegio de estudios latinoamericanos de nuestra facultad tiene la enorme responsabi-
lidad de cultivar y enriquecer esta trascendente tradición humanista y, ciertamente, el presente
Anuario es muestra de que el Colegio está cumpliendo este compromiso.
Por ello, felicito y agradezco al doctor Jorge ruedas de la serna, coordinador de este
excelente Anuario, así como a todos y cada uno de los autores de artículos y también de la
efemérides y de las reseñas bibliográfcas que complementan este Anuario. también expreso
mi gratitud y reconocimiento al lic. José luis Ávila martínez, coordinador del Colegio de
estudios latinoamericanos y a su Comité Académico por todo el entusiasmo y responsabili-
dad que han puesto para que por segundo año consecutivo se publique el Anuario del Colegio.
estoy seguro que don mario miranda, coordinador del primer Anuario, estaría muy contento
al constatar que su Colegio continúa renovando y enriqueciendo el pensamiento latinoameri-
cano, del cual él fue uno de sus exponentes más lúcidos y comprometidos.
13
PrefACio
José luis ávilA mArtínez*
la publicación del segundo Anuario del Colegio de estudios latinoamericanos es fruto de
un esfuerzo colectivo encabezado por el dr. Jorge ruedas de la serna, editor designado por
nuestro Comité Académico, quien contó con el apoyo de un consejo editorial integrado por el
propio Comité con dos docentes de las áreas del conocimiento de historia, flosofía, literatura,
cultura y ciencias sociales. de acuerdo a los lineamientos editoriales del Anuario, se invitó a
participar a profesores del Colegio y algunos colegas de otras instituciones, con artículos que
fueron debidamente arbitrados, así como a elaborar recensiones de libros que en 2007 publi-
caron profesores del Colegio. este Anuario incluye dos secciones nuevas; una, denominada
“efemérides”, celebra los 70 años de la publicación de Vidas Secas, de graciliano ramos.
la otra sección contiene los títulos de las tesis, tesinas e informes académicos defendidos en
examen profesional por nuestros estudiantes para obtener el grado de licenciado en estudios
latinoamericanos.
durante la elaboración de este segundo número del Anuario se produjo la lamentable pér-
dida del dr. mario miranda Pacheco, querido profesor de nuestro Colegio, editor de nuestro
primer número del Anuario y miembro de su Consejo editorial. don mario fue un entrañable
amigo, un colega de inapreciable generosidad y un intelectual comprometido con las me-
jores causas de los pueblos de América latina y el Caribe. el golpe de estado perpetrado
por Hugo Bánzer suárez lo obligó a abandonar su natal Bolivia y exiliarse en méxico en
1971. en nuestra facultad de filosofía y letras encontró un ambiente académico idóneo
para continuar desarrollando sus investigaciones, que plasmó en numerosos libros y artículos
científcos, así como para practicar la docencia en la licenciatura y el posgrado, actividad que
le llenó de gozo y prodigó amistades perdurables. no obstante que sufría una larga y penosa
enfermedad, este infatigable hombre de ideas y acción se dio tiempo para elaborar y entregar
su colaboración a este número del Anuario, cuyas aportaciones destaca atinadamente en su
“Presentación” el dr. Ambrosio velasco gómez, director de nuestra facultad. don mario fue
reconocido en Bolivia y méxico por sus aportes a la construcción de una Bolivia incluyente
y democrática, así como por sus contribuciones académicas. en 2006 la unAm le confrió la
distinción Premio universidad nacional Autónoma de méxico. Área docencia en Ciencias
sociales 2007. descanse en paz nuestro querido amigo.
* Coordinador del Colegio de estudios latinoamericanos.
15
introduCCión
Jorge ruedAs de lA sernA
el Anuario del Colegio de estudios latinoamericanos correspondiente al año 2007 se pro-
puso ser una muestra representativa del quehacer académico de sus profesores. Así, el lector
conocerá las áreas temáticas básicas desde las cuales se aborda y se profundiza su objeto de
estudio: la historia, la literatura, la flosofía y la sociedad de América Latina. En otras pala-
bras, el hombre latinoamericano y su circunstancia histórica, política, económica, social y
cultural. Pero, además, el patrimonio simbólico que este hombre ha ido construyendo a través
de la historia y de sus luchas sociales y políticas, y en el cual cifra su identidad.
de la misma manera se hace patente la pluralidad de enfoques teóricos y la amplitud de
criterios de método. Ciertamente conviven perspectivas críticas diversas que resultan enri-
quecedoras en su conjunto, desde la tradicional historia de las ideas hasta la hermenéutica
moderna.
el Anuario refeja igualmente la convergencia de, al menos, tres generaciones de profeso­
res en la productividad académica del colegio: profesores pioneros en la institución, profe-
sores ya con una obra consolidada y jóvenes profesores en pleno desarrollo. Aunado al ante-
rior, este segundo número del Anuario es prueba de la permanente investigación que realizan
nuestros profesores, tanto de carrera como de asignatura.
vale la pena detenerse también en la originalidad de las contribuciones y en la actualidad
de los temas tratados: la emancipación y el pensamiento que la hizo posible; la expresión
política de las etnias; la creciente mercantilización de los bienes culturales; la dimensión in-
terdisciplinaria de los estudios de posgrado; la representación como efecto de la conciencia
social y la exportación y apropiación foránea de los símbolos nacionales, entre otros temas.
Al igual que en el Anuario 2006, publicamos aquí un ensayo en lengua portuguesa de un
eminente crítico brasileño, el doctor davi Arrigucci Jr., en el cual no solamente muestra su
dominio sobre la obra de dos de los mayores poetas brasileños del siglo xx, sino también la
belleza de su prosa. el doctor Arrigucci, además, ha ocupado en dos ocasiones la Cátedra
extraordinaria João guimarães rosa, de la facultad de filosofía y letras y la embajada de
Brasil, la última ocasión en 2007.
Particular importancia iremos dando a las recensiones bibliográfcas que se referen a pu-
blicaciones de los profesores del colegio o, en menor número, a obras de otros especialistas
que pueden resultar de especial interés para nuestros estudios.
en el grato trabajo de coordinar este número del Anuario conté con el apoyo permanente
del maestro José luis Ávila martínez, coordinador del colegio, y del comité editorial, muy
particularmente de los doctores rené Aguilar Piña y Carlos Ham Juárez, a quienes les expreso
mi reconocimiento. Para la digitalización, lectura y corrección de los textos me auxiliaron
diligentemente mis becarios maría del Carmen Jiménez Hoyos, José óscar luna tolentino y
gabriel Armando nagore Cárdenas, a quienes, igualmente, doy las gracias.
16 £ introduCCión
HistoriA:
ConfiguraCiones del pasado
19
augurios de la independencia de México en un cuento fantástico
Blanca rodríguez*
ya vees, sancho hermano,
el largo viaje que nos espera.
durante las últimas décadas, la búsqueda y recuperación de la literatura mexicana del siglo
xix se fortaleció gracias a un extenso rescate, fruto de investigaciones que se volcaron en
obras de divulgación y crítica, lo que ha permitido que ya ocupe un sitio primordial en los
programas de docencia, estudio e investigación en diversas universidades de nuestro país.
Para esta ocasión, abordaré un pequeño texto literario que pertenece a los inicios de ese siglo,
con objeto de valorar su novedad y cualidades literarias, de señalar sus puntos de contacto con
lo fantástico e intentar relacionarlo con los acontecimientos histórico-políticos de 1810.
El diario de México, primera época, 1805-1812
A fnales del siglo xviii, el virreinato de la nueva españa se encontraba en un parteaguas ideo-
lógico y político en que se habían manifestado nuevas formas de pensamiento, infuenciadas
por el proceso intelectual derivado de la ilustración, la independencia de estados unidos y la
revolución francesa. “Cuento”, el texto en cuestión, apareció en el Diario de México (DM),
fundado en 1805 por Carlos maría de Bustamante y el oidor Jacobo de villaurrutia,
1
con la
prohibición del virrey iturrigaray de que aparecieran artículos políticos, lo que cambió en
1808 cuando napoleón invadió españa. el formato del DM era un folleto de cuatro hojas in
quarto (20 cm x 14.5 cm), mitad periódico y mitad revista literaria por su estilo (Wold, 13-
15). sus suscriptores, distribuidos por el extenso territorio del virreinato, fueron funcionarios
del gobierno, clero, nobles, militares, universitarios, artistas notables y músicos. Aunque em-
pezó con casi 700 personas, decreció en 1808 a 386 y a 249 en julio de 1810, para concluir su
primera época, en 1812, con la décima parte, ya que el virrey venegas, irritado por las noticias
y las piezas literarias difundidas, en diciembre de ese año prohibió la libertad de imprenta, a
* doctora en letras por la facultad de filosofía y letras de la unAm. Profesora de asignatura en el Colegio
de letras Hispánicas y el Colegio de estudios latinoamericanos de la facultad de filosofía y letras de la
unAm. investigadora nacional nivel i, sistema nacional de investigadores del Conacyt.
1
Bustamante (n. oaxaca, 1774-1848) fue discípulo y amigo de fray servando teresa de mier, ideólogo
de la independencia. Jacobo de villaurrutia (n. santo domingo 1757-1833), fue hijo del oidor novohispano
Antonio de villaurrutia.
20 £ Augurios de lA indePendenCiA de méxiCo en un Cuento fAntÁstiCo
dos meses de haber sido publicado el bando respectivo que decretaron las Cortes de Cádiz.
el DM se interesaba por los usos y costumbres, el teatro, la historia, el arte y las ciencias.
no obstante, los artículos también versaban sobre descubrimientos y últimos inventos; se di-
fundían estadísticas, vacunas, sucesos sociales y delitos inusitados. en los anuncios de libros
se revela un interés general por la literatura, asunto no gratuito, pues en lo tocante a sus
características literarias, el DM se distinguió por difundir la poesía neoclásica, ejercida por
eclesiásticos y seglares que, en nuestra historia literaria, se conocen como la Arcadia mexica-
na. En cuanto a libros científcos, para 1788 en el virreinato ya había interés por la astronomía,
minería, medicina y matemáticas (delgado, 21), además de que se integró una extensa lista
de suscriptores para la adquisición de la traducida Enciclopedia francesa. entre las obras de
entrada subrepticia al país, se han detectado: novela inglesa, obras de diderot, Chateaubriand
y rétif de la Bretonne, testigo de la revolución francesa. estos datos resumen en forma es-
cueta la primera época del DM, durante la cual estallaría el movimiento de independencia en
septiembre de 1810.
Un cuento imaginativo escrito en 1810
“Cuento” tiene una extensión de sólo dos cuartillas y lo frmó “El Observador”, seudónimo
de Francisco de la Llave, identifcado por el investigador Miguel Capistrán
2
(ruiz Castañeda,
451). A favor de esa identidad, está el hecho de que el puerto de veracruz fue sitio privile-
giado de entrada de los galeones y barcos españoles desde el siglo xvi, lo que benefció a
sus habitantes al disponer de noticias frescas, mercancías de todo tipo y, especialmente, el
tránsito de las ideas, en lo particular a través del contrabando de libros censurados por el
gobierno virreinal por disposición del tribunal del Santo Ofcio (o Inquisición). Sin embargo,
en la lectura de diversos números del DM en que aparecieron otros escritos frmados con este
seudónimo, me parece que el tono de escritura difere, por lo que aventuraría si se trató de un
seudónimo que fue utilizado para distintos autores, si el propio “observador” habría cedido
su espacio en particular a quien escribió “Cuento”, o si disimuló mediante otros escritos la
viveza imaginativa que muestra la obra en cuestión.
lo primero que resalta en la obra es la sencillez del título, “Cuento”, que de inmediato de-
termina una invención que puede coincidir con “relación o noticia de alguna cosa sucedida”,
real o fcticia (Diccionario, 682). La acepción más antigua declara: “Vale extremo y fn, varita
con dos puntas: comienzo y fn”, en que aprecio la coincidencia con el rigor que demanda este
género desde su inicio hasta su desenlace (Diccionario, 682). Anuncia, entonces, un espacio
en que la imaginación conduce la pluma, y si nos apegamos a las convenciones literarias, el
título encauza su lectura, aunque al mismo tiempo intuimos que la precaución era necesaria,
porque otro más específco exponía al autor y a los editores ante la Inquisición. Contras-
ta, además, con los géneros preferidos del momento: el sermón, el proyecto, el diálogo, la
biografía ejemplar y la sátira, que se modelaban bajo formas de la comunicación oral como
2
“llave, francisco de la. Observador, El [seud.]. en el Diario de México (dato de miguel Capistrán). en
nuestro Catálogo de seudónimos (1986) por error registramos este alias como posible seudónimo de Pablo de
la llave [(1773-1833), botánico, sacerdote y político, nacido en Córdoba, veracruz].”
BlAnCA rodríguez £ 21
el diálogo, la polémica y la homilía (franco, 4-5). otra cualidad insólita de “Cuento” es su
carácter autónomo: no procede de la crónica, como el cuento virreinal; se equipara, entonces,
con el rango y el carácter que tuvo la poesía arcádica en el DM, ya que se publicó en “primera
plana”. “Cuento” se aleja tanto de la fábula —género socorrido en el DM— como de las for-
mas dialogadas, pues se dirige a un lector con mayor experiencia, ya que muestra otra forma
de prosa. de acuerdo con el espacio reservado a la literatura, la pieza se publicó en dos partes
sin advertir sobre su posible continuación. el narrador inicia dirigiéndose al destinatario en
primera persona, sugiere una reciente enfermedad, origen de la imprecisión en sus recuerdos,
que se relatarán en tercera persona, por lo que el narrador es testigo de lo ocurrido en el relato
y se comprende que es fruto de la fantasía, sea por delirio: “señor diarista: Con la debilidad
que he quedado, después de tres semanas bien contadas que he estado en la cama, no me
puedo acordar si acaso leí u oí decir...” (157) o, como declara al concluir “Cuento”: “[...]
pero no da más la imaginación del ‘observador’” (218). la bipartición del texto no afectó
su contenido porque el enlace de sus partes es coherente; en lo personal, aprecio que la obra
fuera escrita en forma íntegra, pero su extensión obligaba a parcelarlo por la dimensión usual
del DM y, como buen cuento, no soltó el gato antes de tiempo. la parte primera concluye con
gracia porque entra en diálogo con el editor y, por extensión, con su lector: “¡Qué tal! ¿voy
bien, amigo? ¿sigo? no, porque saldrá usted con su notita diciendo que lleven a san Hipólito
a ‘el observador’”, que era el hospital para dementes de la ciudad de méxico que, dato aparte,
tenía la facultad de paliar su aislamiento permitiéndoles pasear por la ciudad a ciertas horas.
la parte de inicio contiene, además, dos párrafos en tercera persona en que “los moradores
del globo de Júpiter [...] tuvieron el valor para viajar por los aires y llegaron al globo de la
luna, de donde sacaron inmensa cantidad de plata”, y señala la posterior disputa de esa rique-
za por los habitantes de saturno, que sumió a los de Júpiter en la pobreza. en la segunda parte,
publicada quince días más tarde, el narrador entra directamente en materia y el ámbito fan-
tástico del viaje sideral se adensa en sus cuatro párrafos con la incorporación de un personaje
denominado “un aparecido príncipe”, denigrado a “el tal ministro”, y otras situaciones cuyas
características retóricas se concretan en forma primordial en la hipérbole y la metáfora, que
encubren el trasfondo del relato porque, a la par de la fantasía, se revela un conficto de índole
política del que, a dos siglos de distancia, podemos descifrar sus razones. veamos, entonces,
cómo a través del viaje fantástico se escenifca la explotación y saqueo de la riqueza minera
de la nueva españa, ya que, en un mero ejercicio de síntesis, considero que la intriga se resu-
me en: “mediante engaños, saturno [españa] trueca su estaño por la plata que los de Júpiter
[nueva españa] extraen de la luna [de plata]. un príncipe [rey o virrey] envía a mercurio
[lepra] para contagiar a los de Júpiter, donde se gesta una revolución; los sobrevivientes retor-
naron guiados por la luz de un cometa y pronto se hallarán libres”, que reducida a la mínima
expresión, propondría: “el saqueo de riquezas provoca la revolución”.
Adelantada la estructura general del relato, me referiré a otras relaciones con móviles
signifcativos. Entre la primera y la segunda partes se ha generado una elipsis narrativa, pues
el lector, aunque sabe que los de Júpiter “empezaban a practicar tan bellas reformas”, ignora
cuál era su naturaleza, pero se intuye que se trata de un movimiento libertario, dado que en
los párrafos subsecuentes se referirá a “gobierno”, “revolución”, “frmeza”, “[ser] libres”, sin
mayor contexto, lo cual encubre otras intenciones, ya que en la segunda parte habrá de mag-
nifcarse la situación confictiva de “Cuento” por la densidad de sus motivos estéticos. Esta
sucesión de implicaciones políticas cierra con una clave de intenciones que hoy podríamos
22 £ Augurios de lA indePendenCiA de méxiCo en un Cuento fAntÁstiCo
reconocer como históricas, según la cita que presento renglones adelante. A la par, la imagi-
nación del autor prosigue en cuanto al motivo fantástico más palpable: el viaje sideral, pues se
refere tanto a los distintos planetas, como al “valor para viajar por los aires”; a la presencia de
un terrible cometa, a un satélite que guía a los de Júpiter en su retorno a su planeta, aspectos
que muestran su entusiasmo por el conocimiento científco. La situación entra, incluso, en el
terreno de lo delirante cuando se transfere el inicial tema de la enfermedad individual, a lo
colectivo:
... en breve tiempo contagiaron innumerables ciudades: ya no se hablaba de reformas:
innumerables hospitales eran los que se disponían para curarse; pero siempre empeora-
ban [...] de aquí nació una revolución, pues los de Júpiter trataban no sólo de separar los
buenos y sanos de los enfermos [... y] si los moradores de Júpiter siguen con frmeza el
plan que se han propuesto, y empezado, pronto se hallarán libres y sanos (“el observa-
dor”, 218).
el concepto de enfermedad trabajado en el cuento se relaciona, en este caso, con el de
“cuerpo político” (villarroel, 50, 30),
3
que debió circular en ciertos estratos pensantes
de aquella sociedad. un súbdito español “semiilustrado” (villarroel, 34) escribió entre 1785
y 1787 sobre el tema: Hipólito villarroel, quien, tras haber residido en nueva españa más de
veinticinco años, retornaría a su patria en 1789, legando su manuscrito a un amigo. sólo hasta
1831 hubo alguna noticia de su obra, ya que “el inquieto y revoltoso” (villarroel, 15) Carlos
maría de Bustamante publicó varios capítulos en uno de los tantos periódicos que dirigió.
es pertinente señalar cómo el autor ha enlazado lo individual de aquella posible enferme-
dad del narrador en el inicio de la obra con el sufrimiento colectivo de la epidemia de lepra. Al
respecto, un acierto poderoso en la pieza se halla en la creación de dicho personaje colectivo,
como son “los moradores”, “los habitantes”, “los que vivían en...”, en contraste con la indi-
vidualidad del narrador y la del “aparecido príncipe”; esto es, se muestra un mismo espíritu
comunitario dentro de la rivalidad entre unos y otros frente a la ridícula fgura del “ministro”.
la colectividad, además, revela cierto espíritu religioso tanto de la población aborigen como
de los criollos y peninsulares en “sus peregrinaciones”, y un aire carnavalesco cuando alude
al contagio de la lepra, enfermedad temida desde la lectura de las escrituras —cuando se igno-
raba su particular incubación—, y que en la historia de nuestro pueblo es equiparable con las
epidemias de viruela, transmitida por el conquistador. su denominador común es la piel, junto
con las pústulas y las cicatrices o mutilaciones que causan dichas enfermedades. Por otra
parte, debe recordarse que la refnación más productiva de la plata en bruto se obtuvo cuando
se aplicaron los procedimientos químicos basados en el mercurio, metal que se transportaba
desde españa y cuyas emanaciones mortíferas aún son temidas por los mineros
4
y considero
que su malefcio está metaforizado con efcacia en el texto.
3
resalto la valiosa investigación documental de la doctora Beatriz ruiz gaytán, profesora de la unAm,
fallecida en julio de 2007, que permitió el rescate fdedigno de la vida y obra de Villarroel. Las citas entreco-
milladas pertenecen a su estudio introductorio sobre dicho autor.
4
Al respecto, exponen argumentos incontrovertibles: enrique florescano, “la época de las reformas bor-
bónicas y el crecimiento económico 1750-1808”, en Historia general de México, vol. 2, méxico, el Colegio de
méxico, 1980, pp. 183-301; y Carlos marichal, La bancarrota del virreinato: Nueva España y las fnanzas del
imperio español, 1780-1810, méxico, el Colegio de méxico-fCe, 1999.
BlAnCA rodríguez £ 23
Intertextualidad y fantasía en “Cuento”
Ahora bien, aunque se hayan descifrado ciertos contactos con la realidad extraliteraria, ello
no es indicativo de que exista sólo una lectura posible. A dos siglos de distancia, la lectura
de lo que ahora conocemos a través de otras disciplinas sobre un suceso histórico capital, la
independencia política, está culturalmente insertada en una conciencia colectiva. un ejemplo
paralelo lo hallaríamos en el caso de la lectura de un cuento de Hoffmann, “der sandmann”
[“el hombre de la arena”], que le sirve a freud para elaborar un ensayo de corte psicoanalí-
tico, convertido hoy en un corpus teórico de esa disciplina. si, hasta este momento, hemos
descifrado tales contactos con la realidad, el autor de “Cuento” cuidó que éste fuera leído
como creación literaria y, que si alguien se extralimitara, valdría la pena contenerlo, pues en
el último párrafo de “Cuento” escribió lo siguiente: “me bajo ya del Clavileño, señor diarista,
que bastante tiempo he andado por el aire: en otra ocasión diré a usted lo que me contó san-
cho, cuando pasamos por junto de las siete cabrillas; bien que llevará las mismas anomalías
que éste, pero no da más la imaginación del ‘observador’” (“el observador”, 218).
en suma, el escritor se aseguró que su creación fuera artística y para ello recurrió a la obra
por excelencia de las letras españolas, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, para que
—en un inicio de siglo en que, sin duda, prevalecía la razón del xviii— alguien no afrmara que lo
escrito no era posible, él protegió su obra creativa mutando su percepción y aun la nuestra, pues
desde la primera parte había anticipado: “pero una mutación muy extraña corrió el velo a este
tan bonitico engaño”, que nosotros extendemos a todo receptor de la obra. A semejanza de don
Quijote, al “observador” le atrae ser un personaje de imaginación desbordada. en forma paradó-
jica la ciencia le trastorna y elige el espacio celeste para su relato, tal procedimiento hiperbólico
resulta atractivo en grado sumo: el desplazamiento celeste de las masas de diversos personajes
planetarios se transforma en un juego divertido por lo siniestro: una enfermedad como la lepra no
causa epidemias, pero el sentido imaginativo de la piel en celestes desprendimientos atrae por la
conjunción de lo imposible con lo siniestro que, no obstante —como imaginación de la letra—,
atrapa al lector. sucede igual con la ocurrencia, llamémosla así en forma provisional, de dar
aviso que el narrador también ha viajado en la fantasía sideral, semejante a lo que don Quijote
supuso, lo que confere a esta pieza su calidad de escritura en gracia y se legitima con la inter-
textualidad de la obra por excelencia de las letras hispánicas. el narrador nos engaña igual que
los duques lo hicieron con don Quijote, ordenando que le vendaran los ojos y él supone que ha
viajado “por los aires” (Cervantes, 344­355), por tanto, el narrador confrma su estado anómalo,
con que empieza y termina la primera parte de “Cuento”. Ahora nos hallamos frente a una razón
“dorada”, aquella que justifca la invención que deriva de una obra previa; en otras palabras, el
“observador” protege su postura estética con la estrategia literaria que también se conoce como
“alusión” y que hoy, con mayor claridad, denominamos “intertextualidad”. este recurso impide
que se piense en el texto del “observador” como una obra en que, cualquiera que fuera la identi-
dad de su autor, haya sido la casualidad la que le dio nacimiento, sino que estamos en presencia
de un escritor que sopesó cada palabra, así existieran evidencias de otra índole de sucesos.
el capítulo 41 de la segunda parte de El ingenioso hidalgo..., “de la venida de Clavileño,
con el fn de esta dilatada aventura” (344­355), que tiene lugar en la casa de los duques, sirve
de pivote a nuestro escritor para relatar su historia, ya que, para zanjar una situación incómo-
da para las damas de la duquesa, don Quijote y sancho deberán montar el caballo Clavileño,
que mediante una clavija que se aprieta, “los llevará por los aires”, a condición de que estén
24 £ Augurios de lA indePendenCiA de méxiCo en un Cuento fAntÁstiCo
vendados sus ojos hasta que el caballo relinche. el capítulo refrenda con humor los sucesos
del viaje y, en especial, atiende la imaginación de don Quijote, que describe cada región que
remontan, de donde el “observador” ha aprovechado lo conducente, igual que el relato en
que Sancho refere su versión del viaje sideral, como el recuerdo de su “paso por las siete
cabrillas”. un capítulo de tan divertido engaño e imaginación quijotesca se presta, entonces, a
neutralizar cualquier sospecha sobre “Cuento”: con ello su autor refrendó el poder de la ima-
ginación literaria y nada más. Por último, escuetamente aludo a otra obra clásica cuyo espíritu
estaría presente en “Cuento”, que sería Los sueños de francisco de Quevedo, en particular el
“Sueño del Inferno”, por ciertos resabios satíricos y aun carnavalescos en nuestro autor.
Características fantásticas del texto
Como punto de partida he considerado a “Cuento” como un relato fantástico dadas las con-
diciones culturales de su momento de publicación. tomando en cuenta el contexto literario,
cultural e histórico que expuse a lo largo del trabajo, se comprende que en nueva españa
había restricciones ideológicas muy severas para que una creación fantástica se expresara
en la forma como ocurrió en otras literaturas europeas (Alemania, francia, inglaterra) de la
segunda mitad del siglo xviii; vamos, ni siquiera españa podía aventurarse en ello si no es
por algunos textos que cuidaron en forma extrema el terreno en que escribieron, v.g. Benito
feijoo, diego de torres villarroel y José Cadalso, por lo que nuestra primera década del xix
se encontraba inscrita en el siglo anterior, si se me permite tal optimismo.
si me apego a ciertas consideraciones que Jorge luis Borges externó en diversas con-
ferencias sobre el tema, “Cuento” estaría comprendido en el asunto de la “confusión de lo
onírico con lo real” (morales, 26), o “contaminación de la realidad por el sueño” (rodríguez
monegal, 186), o “tema de los sueños y la realidad” (Borges, 1), tomando como realidad
la que plantea en su texto el propio “observador”; y si recurro a Jean Bellemin-noël (55), la
irrupción de algo inadmisible en un mundo perfectamente ordenado, en unión de los testigos
de la infracción de las leyes de lo real, se debe dudar de que algo impensable haya sucedido
realmente. sin embargo, este breve texto podría estar relacionado con otra antigua literatura,
cuya traducción al francés por galland apareció entre 1704 y 1717; se trata, pues, de Las mil
y una noches, en que el viaje por los aires atrae de inmediato al lector, aunque, a la par, habría
que recordar que Cervantes fue prisionero de los moros y en Argel debió escuchar historias
similares, de las cuales habría indicios en su obra. en plena ilustración, el viaje se convirtió
en un tema donde podían compaginarse la imaginación, la aventura y el conocimiento: la li-
teratura y la ciencia han registrado a diversos autores y viajeros. en cuanto al tratamiento del
tiempo en la pequeña obra, si bien el autor, eso sí, precisó las “tres semanas bien contadas que
he estado en la cama”, no pudo recordar otras cuestiones temporales, ya que su califcación
se distingue por la vaguedad: “estuvieron mucho tiempo...”, “breve tiempo”, “duró poco”,
“pronto libres y sanos”, etcétera, lo cual contribuye a desrealizar su contexto. en cambio, el
espacio estuvo defnido por la extensión del mundo sideral recorrido, al haber descrito distin-
tos planetas y cuerpos celestes que ya abordé.
A lo largo de este trabajo, procuré fundamentar algunos argumentos de acuerdo con las
siguientes refexiones de Rosalba Campra:
BlAnCA rodríguez £ 25
El texto fantástico, sin embargo, que es intrínsecamente débil por lo que se refere a la
realidad representada, tiene la necesidad de probarla y de probarse. el género fantástico,
pues, se ve, más que cualquier otro género, sujeto a las leyes de la verosimilitud. Que
son, naturalmente, las de la verosimilitud fantástica. [ésta, derivada del juicio de Chris-
tian metz, es la] que está de acuerdo con la opinión pública y [...] con las leyes de un gé-
nero. en ambos casos se trata de una convención, es decir, de un hecho cultural, histórico
y retórico. [...] La defnición de verosímil no es inmutable: en los géneros, la convención
deriva del corpus preexistente, es un resultado de las posibilidades ya realizadas en este
género. no responde, por lo tanto, a lo real de la vida sino a lo real de los textos: es un
hecho del discurso de fcción (Campra, 174).
El rescate inicial de “Cuento”
la pieza literaria a que nos hemos dedicado fue rescatada inicialmente en 1984 por el ins-
tituto nacional de Bellas Artes en el periódico quincenal Guía de Forasteros. Estanquillo
Literario, dedicado a difundir literatura y con un tiraje de cinco mil ejemplares, como “na-
rración interplanetaria. Un relato de ciencia­fcción de principios del siglo xix”. A pesar de
que la fnalidad de la Guía... era el rescate de materiales en fuentes de primera mano, el texto
original, sin embargo, sufrió algunas modifcaciones en su vocabulario y se excluyeron las
partes en que intervenía el autor en primera persona, lo cual desvirtuó el enorme peso literario
que tenía la obra de Cervantes en nuestro casi desconocido autor. de cualquier manera, no
dejó de valorársele, pues se presentó con esta introducción anónima: “este extraordina-
rio cuento apareció en el Diario de México en julio de 1810. su autor anónimo, siguiendo
el estilo del legendario Cyrano de Bergerac, describe las complicadas relaciones entre los
moradores de distintos planetas” (“el observador”. “narración...”, 1).
en la misma edición atrajo el siguiente comentario: “A medio camino entre la fábula, la
sátira política y la especulación científca, este curioso relato se podría contar como una de las
primeras fcciones de su tipo escritas en nuestro país” (Molina, 7).
Breve conclusión
el ascenso imaginativo que esta obra mostró fue el augurio de cuanto podía ser escrito en el
orden literario, sobre todo por su distanciamiento respecto de las formas neoclásicas que se
cultivaban en la época. lo fue, también, en lo político, que rondaba en torno a la independen-
cia de méxico. siete meses más tarde tendría lugar la proclamación del movimiento insurgen-
te, el 15 de septiembre de 1810, del cual el Diario de México daría noticia semanas más tarde,
en términos que, lógicamente, no podían anticipar la magnitud de cómo quedaría registrado
posteriormente en la historia nacional. nuestro siglo xix iba a afrontar ideas y acciones suma-
mente complejas hasta la “restauración de la república” en 1867. en lo literario, “Cuento”
mostró una capacidad imaginativa que la literatura mexicana debió esperar hasta las últimas
décadas del siglo xix para reencontrar ese tono en el cuento y la novela corta.
26 £ Augurios de lA indePendenCiA de méxiCo en un Cuento fAntÁstiCo
Obras citadas
Bellemin-Noël, Jean, “Lo fantástico y el inconsciente”, Quimera, julio 2002, núm. 218-219,
pp. 51-56.
Borges, Jorge Luis, [“Conferencia sobre literatura fantástica”, Götteborgs Universitet, 3 no-
viembre 1964. Grabación]. “Notas” de B. Rodríguez, 1-2, 28 junio 2007.
Campra, Rosalba, “Lo fantástico: una isotopía de la transgresión”, en David Roas, Teorías de
lo fantástico, Madrid, Argos, 2001, pp. 153-191.
Cervantes, Miguel de, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Madrid, Castalia,
1991.
Delgado Carranco, Susana María, “Las primeras discusiones en torno a la libertad de impren-
ta: el Diario de México (1811-1815)”, en Empresa y cultura en tinta y papel (1800-1860),
México, Instituto Mora-UNAM, 2001, pp. 475-488.
Diccionario de Autoridades, Madrid, Gredos, vol. 1, 1979.
“El Observador” [Llave, Francisco de la], “Cuento”, Diario de México, vol. 12, núm. 1592, 9
febrero 1810, pp. 157-158, vol. 12, núm. 1607, 24 febrero 1810, pp. 217-218.
“El Observador” [Llave, Francisco de la], “Narración interplanetaria”, Guía de Forasteros.
Estanquillo literario para el año de 1810, México, SEP-INBA-Dirección de Literatura, año
1, vol. 2, núm. 2 (18), 15 octubre 1984, pp. 1-8.
Franco, Jean, “La heterogeneidad peligrosa: Escritura y control social en vísperas de la inde-
pendencia mexicana”, Hispamérica, año 12, núm. 34-35, abril-agosto, 1983, pp. 3-34.
Martínez Luna, Esther, Estudio e índice onomástico del Diario de México, primera época
(1805-1812), México, UNAM, 2002.
Molina, Mauricio, “Editorial. La revuelta: 1810”, Guía de forasteros. Estanquillo literario
para el año de 1810, México, SEP-INBA-Dirección de Literatura, año 1, vol. 2, 2 (18), 15
octubre 1984, p. 7.
Morales, Ana María, “Teoría y práctica de lo fantástico”, Escritos (Puebla) 21, ene-jun, 2000,
pp. 23-36.
Rodríguez Monegal, Emir, “Borges: una teoría de la literatura fantástica”, Revista Iberoame-
ricana 42.95, 1976, pp. 177-189.
Ruiz Castañeda, María del Carmen, y Sergio Márquez, Diccionario de seudónimos, anagra-
mas y otros alias [...], México, UNAM-IIB, 2000, pp. 451, 571.
Ruedas de la Serna, Jorge, “Periodismo y literatura en los albores del siglo XIX”, en Empresa y
cultura en tinta y papel (1800-1860), México, Instituto Mora-UNAM, 2001, pp. 591-598.
Villarroel, Hipólito, Enfermedades políticas que padece la capital de esta Nueva España [...],
estudio introductorio de Beatriz Ruiz Gaytán [11-43], México, CNCA, 1996.
Wold, Ruth, El Diario de México, primer cotidiano de Nueva España, Madrid, Gredos,
1970.
27
la guerra del paraguay como problema historiográfco.
la interpretación de ramón J. Cárcano*
Horacio Crespo**
este trabajo se inscribe en dos preocupaciones. la primera es la de investigar la obra indivi-
dual de historiadores latinoamericanos signifcativos, en este caso la de Ramón J. Cárcano.
1

la segunda es el abordaje de un tema histórico fundamental para la América del sur del
siglo xix. desde la perspectiva de la historiografía, la guerra del Paraguay —que enfrentó
a la Triple Alianza (también se designa el conficto con ese nombre) de Brasil, Argentina y
uruguay con el Paraguay de francisco solano lópez entre 1864 y 1870 y terminó con el
aniquilamiento de los derrotados— originó investigaciones apreciables y duras polémicas,
y ha sido un punto nodal de fuertes controversias ideológicas y políticas. es un terreno fértil
para que una revisión crítica de esa producción historiográfca permita aclarar puntos histó-
ricos de fricción y también fundamentos de percepciones de largo plazo diferentes desde las
distintas perspectivas nacionales, cuyo análisis y recuperación fuese de signifcación para el
actual marco de integración regional en el mercosur. la escasa capacidad de producir pro-
yectos conjuntos en el terreno cultural, librados a la iniciativa más o menos espontánea de
actores académicos o artísticos, ha sido señalada como uno de los fancos más vulnerables
de ese proceso multinacional. En el campo historiográfco, la disposición de hallar terre-
nos de indagación común y de crecimiento de estudios comparativos puede encontrar en la
llamada “cuestión del Plata”, junto con la secular historia jesuítica, auténticos espacios de
acciones posibles.
desde la perspectiva argentina, la guerra del Paraguay ocupa un lugar revelador porque
ese tema fue central —sólo superado por la apreciación de la dictadura de Juan manuel de
rosas (1835-1852)— en la confrontación polémica entre la escuela histórica liberal o “mitris-
ta” y las distintas corrientes del revisionismo histórico de común cuño nacionalista. incluso
provocó una signifcativa fsura entre los historiadores afliados al movimiento revisionista,
ya que un autor acreditado entre ellos —Juan Pablo oliver (1906-1985)— se ha manifestado
* Agradezco a los integrantes del seminario sobre relaciones interamericanas de el Colegio de méxico
que dirige el doctor guillermo Palacios los valiosos comentarios y sugerencias que efectuaron a una versión
preliminar de este trabajo.
** doctor en estudios latinoamericanos por la facultad de filosofía y letras de la unAm. Profesor de
asignatura en el Colegio de estudios latinoamericanos en la facultad de filosofía y letras de la unAm. Pro-
fesor-investigador titular “B” en el departamento de Historia, facultad de Humanidades de la universidad
Autónoma del estado de morelos.
1
Cf. la biografía de Cárcano en el Apéndice.
28 £ lA guerrA del PArAguAy Como ProBlemA HistoriogrÁfiCo
a favor de la interpretación mitrista en lo específco de ese tema.
2
la construcción de un ima-
ginario nacionalista en Argentina tuvo en la guerra del Paraguay un campo muy amplio de
desarrollo, refexión y polémica, tanto en su vertiente aristocratizante como en la “nacional­
popular”. lo mismo ocurrió en uruguay a través de la obra del dirigente blanco y amigo de
Hipólito irigoyen, luis Alberto de Herrera (1873-1959), quien elaboró una temprana y fuerte
crítica a la interpretación liberal desde una posición tradicionalista, nacionalista y opuesta
tanto a Argentina como a Brasil, “solidaria” con Paraguay.
3

Muchos de los enfoques historiográfcos uruguayos y paraguayos coinciden en destacar
en su explicación de las causas directas de la guerra de la triple Alianza las actitudes inter-
vencionistas del gobierno de mitre y del imperio brasileño en los inicios de la década de 1860
respecto de la actualizada guerra civil uruguaya —de larga data— entre blancos y colorados.
dicha injerencia podía alterar el inestable equilibrio de poder en el Plata y en consecuencia
preocupaba al muy susceptible régimen de lópez, que se pensaba permanentemente amena-
zado (en lo que no le faltaba razón). otro factor explicativo considerable en los escritos de
historiadores paraguayos y orientales es el supuesto carácter violento y poco inclinado a la
negociación del joven presidente paraguayo. en los casos de las historiografías paraguaya y
brasileña se pondera una variable sumamente interesante para completar la complejidad de
las relaciones rioplatenses: el papel desempeñado por los agentes blancos y colorados para
arrastrar a francisco solano lópez a una guerra contra Pedro ii y el gobierno de mitre. A la
inversa cabe destacar también la infuencia política en los círculos de Buenos Aires de la co-
munidad de exiliados paraguayos, fervientes enemigos de lópez, quienes luego conformarían
la legión Paraguaya que participó en la guerra en el bando vencedor.
La Guerra del Paraguay fue el conficto internacional más sangriento y extenso del siglo
xix en América del sur después de las contiendas de la emancipación. ocupa un lugar central
en el ordenamiento estratégico defnitivo del Cono Sur de América, cerrando el largo ciclo
posterior a la independencia. también constituye un momento decisivo en la construcción
de Argentina como estado-nación —esta es la línea fundamental de interpretación de tulio
2
Juan Pablo oliver, “rosismo, comunismo y lopismo”, Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas
Juan Manuel de Rosas, 2ª época, año ii, 4, pp. 23-60; 6, pp. 24-33, Buenos Aires, 1969; Juan Pablo oliver,
El verdadero Alberdi, génesis del liberalismo económico argentino, Biblioteca dictio, vol. 3, Buenos Aires,
1977; una temprana posición crítica a oliver desde otro lugar del revisionismo histórico en rodolfo ortega
Peña y eduardo l. duhalde, “la guerra de la triple Alianza y el revisionismo mitrista”, Boletín del Instituto de
Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, 2ª época, año ii, 5, pp. 22-27, Buenos Aires, 1969. un libro
apreciable y relativamente reciente acerca del revisionismo histórico se centra en el tema de rosas, pero no trata
el de la guerra del Paraguay, que está pendiente de una consideración más integral, ya que además pone en juego
la confrontación por la fgura política de José Hernández y la interpretación de Martín Fierro. Cf. Quatrocchi-
Wasson, Los males de la memoria. Historia y política en la Argentina, emecé editores, Buenos Aires, 1995.
3
José maría rosa, La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, Peña y lillo, Buenos Aires, 1964;
José maría rosa, “el coronel felipe varela y Paraguay”, en abc-Color, 10/2, 17/2, 3/3 y 10/3/1974, Asunción;
león Pomer, La Guerra del Paraguay, gran negocio, Caldén, Buenos Aires, 1968; Pedro de Paoli y manuel
g. mercado, Proceso a los montoneros y Guerra del Paraguay, eudeBA, Buenos Aires, 1973; luis Alberto de
Herrera, La diplomacia oriental en el Paraguay, Barreiro y ramos, montevideo, tomo i, 1908, tomo ii, 1911;
otros títulos de Herrera en relación con la guerra: Buenos Aires, Urquiza y el Uruguay (1919); La clausura
de los ríos (1920); El drama del 65: la culpa mitrista (1926); Antes y después de la Triple Alianza (1951); cf.
laura reali, “entre historia y memoria: la producción de luis A. de Herrera en los orígenes de un relato revi-
sionista sobre la guerra del Paraguay”, Diálogos, vol. 10, 2, montevideo, 2006, pp. 113-125.
HorACio CresPo £ 29
Halperín donghi—
4
garantizando la hegemonía de Buenos Aires sobre las provincias inte-
riores y la subordinación del litoral. la ambigua defección del general urquiza (sempiterno
gobernador de entre ríos, vencedor de rosas en 1852, organizador del régimen constitu-
cional en 1853 y presidente de la Confederación Argentina entre 1854 y 1860) del partido
federal a partir de 1861 y su apoyo al mitrismo en la guerra con Paraguay, que fnalmente le
costara la vida en 1870 a manos de ricardo lópez Jordán,
5
fue la señal más signifcativa de
este proceso, cuyo aspecto decisivo fue la paulatina institucionalización de un modelo liberal
tanto en Argentina como en uruguay que regiría la incorporación de la región a las nuevas
dinámicas del comercio internacional y la articulación con la dominante economía de gran
Bretaña. Este orden subsistiría con algunas modifcaciones y alteraciones importantes hasta la
segunda guerra mundial. A la vez, el imperio brasileño construyó en torno a la guerra contra
lópez el momento más decisivo de su larga presencia en busca de la hegemonía en el Plata,
periodo que transcurre entre 1850 y 1875, y a la vez “constituyó el punto de infexión que dio
comienzo a la marcha descendente de la monarquía brasileña”.
6
la guerra del Paraguay ha concitado la atención reciente de tres libros: de un académico
argentino de fliación claramente mitrista;
7
de un autor brasileño, basada en una investigación
de archivo novedosa y en una copiosa revisión de memorias, así como de la tradición oral en
Paraguay, que aporta elementos interesantes de la política exterior del imperio, su presencia
en el Plata y su actuación directa en la guerra de la triple Alianza desde una perspectiva li-
beral y exageradamente antilopista;
8
y también la contribución en una extensa obra colectiva
acerca de la historia de la política internacional argentina que dedica buena parte de un amplio
tomo a la génesis, desarrollo y consecuencias de la triple Alianza, con una ponderada mirada
acerca de las distintas posiciones historiográfcas.
9
este renovado interés es un estímulo para la concreción de un proyecto que examine la
signifcación política de la confrontación historiográfca en torno a la guerra, tal como se
4
tulio Halperín donghi, “una nación para el desierto argentino”, en Proyecto y construcción de una
nación (Argentina 1846-1880), selección prólogo y cronología de thd., Biblioteca Ayacucho, 68, Caracas,
1980, pp. liv-ss.
5
respecto a la guerra del Paraguay, en la que urquiza apoyó a mitre, lópez Jordán contestó al gobernador
entrerriano: “usted nos llama para combatir al Paraguay. nunca, general, ese pueblo es nuestro amigo. lláme-
nos para pelear a porteños y brasileños. estamos prontos. éstos son nuestros enemigos”.
6
francisco doratioto, Maldita guerra. Nueva historia de la guerra del Paraguay, emecé, Buenos Aires,
2004, p. 463.
7
miguel Ángel de marco, La Guerra del Paraguay, emecé, Buenos Aires, 2007. el autor es el biógrafo
(hagiógrafo) más reciente de Bartolomé mitre y actual presidente de la Academia nacional de la Historia,
institución fundada por el mismo historiador y prócer liberal porteño en 1893 y celosa guardiana de la tradición
historiográfca fundada en su obra.
8
francisco doratioto, op. cit. la primera edición brasileña: Maldita guerra: Nova história da Guerra do
Paraguai, Companhia das letras, são Paulo, 2002, 656 pp. el autor exonera, además, de cualquier participa-
ción a inglaterra. una fuerte crítica: mário maestri, “guerra contra o Paraguai: da instauração à restauração
Historiográfca”, en Revista Espaço Academico, Ano ii,20, Janeiro/2003, http://www.espacoacademico.com.
br/020/20hmaestri.htm, consulta 28/10/2007.
9
Alejandro Corbacho, francisco Corigliano, leonor machinandiarena de devoto y Constanza gonzález
navarro, en Andrés Cisneros y Carlos escudé (directores), Historia general de las relaciones exteriores de la
República Argentina, Parte i, Las relaciones exteriores de la Argentina embrionaria, tomo vi, Desde la in-
corporación de Buenos Aires a la Unión hasta el tratado de límites con Chile, grupo editor latinoamericano,
Buenos Aires, 1998, capítulos 29-32.
30 £ lA guerrA del PArAguAy Como ProBlemA HistoriogrÁfiCo
desarrolló prácticamente a partir de su fnalización. El herrerismo uruguayo, como vimos,
heredero directo de los blancos de oribe, el yrigoyenismo argentino que sostuvo vínculos
históricos con esa corriente política, y el peronismo (Perón mismo devolvió al Paraguay los
trofeos de guerra conservados en Buenos Aires), fueron muy críticos de la acción de mitre,
el imperio y los colorados uruguayos en la guerra. en lo que respecta a Paraguay, desde la
década de 1930 la historiografía se autonomizó de las infuencias de los países vencedores y
se construyó sobre una creciente vía patriótica y nacionalista opuesta al liberalismo —alenta-
da por los febreristas de la revolución de 1936 y al fnal, y sólo en parte, por la dictadura de
Stroessner—, que revisó la valoración historiográfca del ciclo Francia (1811­1840) —Carlos
Antonio lópez (1840-1862)— francisco solano lópez (1862-1870) y las visiones respecto
al balance y las consecuencias de la guerra.
10
el nuevo nacionalismo giraba en torno a un símbolo: el mariscal francisco solano ló-
pez […] durante la era liberal todos los libros de texto que se usaban en las escuelas
califcaban a Solano López de déspota brutal cuya megalomanía había llevado al país
al desastre. Ahondando más, los liberales argüían que semejante poder sin freno alguno
era el resultado inevitable del socialismo de estado del régimen de solano lópez y que
los antídotos apropiados eran el individualismo y la libre empresa. franco [el nuevo
presidente elegido por los revolucionarios de febrero de 1936] cambió todo eso. “el
mariscal” fue ahora proclamado patriota, y se envió una comisión al escenario de su
última batalla con el encargo de localizar su tumba, donde no había ninguna indicación.
sus restos fueron exhumados y trasladados a Asunción, donde fueron depositados en
una capilla reconvertida y bautizada con el nombre de “Panteón de los Héroes”, junto
con el cadáver de su padre, Carlos Antonio lópez, y recuerdos del doctor José gaspar
rodríguez de francia, el primer dictador de Paraguay. el nacionalismo popular tenía
ahora su santuario.
11
la extensa producción brasileña en torno a la diplomacia imperial y la guerra del Para-
guay también debería ser analizada con base en este tamiz crítico que permita visualizar las
posiciones diversas como contribuciones a la construcción del imaginario histórico de pro-
yectos políticos diversos tanto en el fnal del Imperio, como en la República Velha y el siglo
xx, y como forma de analizar y relacionar la vida política del imperio con la marcha de su
política exterior.
12
esta es una perspectiva poco frecuentada en las historiografías de los otros
países involucrados, aunque fuera sostenida en forma coherente por el historiador revisionista
argentino José maría rosa, quien siempre consideró relevante estudiar y dar cuenta proli-
10
Cecilio Báez, Resumen de la historia del Paraguay desde la época de la conquista hasta el año 1880,
Asunción, H. Kraus, 1910, todavía representa la tendencia anterior, liberal, que culpabilizó a lópez por la
guerra. la reivindicación de lópez comenzó con la obra de su hijo enrique solano lópez en torno a 1900, y
fue continuada por Juan emiliano o’leary (1879-1969) y Juan natalicio gonzález (1897-1966). Cf. efraím
Cardozo, El Imperio del Brasil y el Río de la Plata. Antecedentes y estallido de la Guerra del Paraguay, li-
brería del Plata, Buenos Aires, 1961.
11
Paul H. lewis, “Paraguay, 1930-c. 1990”, en leslie Bethell (ed.), Historia de América Latina, 15, El
Cono sur desde 1930, Cambridge university Press / Crítica, Barcelona, 2002, p. 190 [1ª ed. inglesa, 1991].
12
un importante libro revisionista brasileño: Júlio José Chiavenato, Genocidio Americano: a Guerra do
Paraguay, ed. Brasiliense, são Paulo, 1979, traducido en Paraguay: Julio José Chiavenato, Genocidio Ameri-
cano. La guerra del Paraguay, Carlos schauman editor, Asunción, 1989, traducción de Justo Pastor Benítez.
HorACio CresPo £ 31
ja de los intereses brasileños en su propio contexto, siendo de mano maestra su interpreta-
ción de la participación de Brasil en la coalición que derrocó a rosas en 1851-1852 e inaugu-
ró el periodo de mayor poderío brasileño en el Plata, y que se cerró después de la guerra del
Paraguay con el declinar del imperio.
13
En la medida en que el conficto envolvió a los cuatro países socios del Mercosur, y fue
la coronación de un prolongado proceso histórico, arranque de ordenamientos nacionales
consolidados y nuevas correlaciones de fuerzas y, a la vez, testimonio de persistencias po-
líticas notables, una revisión de este tipo podría resultar interesante como contribución a
un nuevo marco de entendimientos más sólido que el que hoy existe, huérfano todavía de
una cultura plural común a la que las visiones del pasado en su diversidad nacional y en su
multiplicidad política-ideológica podrían ser uno de los sustentos positivos. un lugar no para
fáciles consensos —sobre la posibilidad de los cuales declaro mi escepticismo, y en el que
el renacimiento de una historiografía liberal, con una apología aggiornada del imperio de
los Braganza y del mitrismo no es el obstáculo menor— sino para superar la barrera todavía
existente del casi completo desconocimiento, y consolidar un diálogo difícil pero con frutos
entre tradiciones historiográfcas y culturales todavía muy enconadas y susceptibles.
La obra de Cárcano sobre la guerra
en su libro Cuestiones y juicios publicado en 1910, Cárcano anunciaba una Historia diplo-
mática de la Triple Alianza que nunca apareció pero que resulta el antecedente más lejano
de sus preocupaciones historiográfcas acerca del tema, que fnalmente plasmó en el libro
que nos ocupa más directamente, Guerra del Paraguay. Orígenes y causas, aparecido casi
tres décadas después, en 1939, continuado en los dos volúmenes de Guerra del Paraguay.
Acción y reacción de la Triple Alianza.
14
en conjunto constituyen una referencia clásica de
la historiografía argentina acerca del tema. Anteriormente, Cárcano publicó algunos trabajos
más breves relacionados con el asunto, obviamente vinculados a su proyectada “historia di-
plomática” anticipada en 1910 y que incorporaría luego a su más ambicioso texto de 1939: La
misión de Mitre en el Brasil (1913), Los tratados de Lamas (1917), Los tratados de Paraná.
Derqui y Paranhos (1918). su contribución respecto de la guerra del Paraguay surgió de una
larga meditación acerca del problema, madurada en el marco de lo que sería su mayor aporta-
ción a la historiografía argentina, las obras vinculadas al proceso de la llamada “organización
nacional” a partir de Caseros y hasta la batalla de Cepeda en 1859, publicadas entre 1918 y
1921.
15

13
José maría rosa, La caída de Rosas, instituto de estudios Políticos, madrid, 1958, 628 pp., que originó
en los años sesenta una áspera polémica con el historiador brasileño José Antonio soares de souza.
14
ramón J. Cárcano, Guerra del Paraguay. Orígenes y causas, domingo viau, Buenos Aires, 1939, 503
pp. las citas corresponden a esta edición, en adelante: Cárcano, Guerra; ramón J. Cárcano, Guerra del Para-
guay. Acción y reacción de la Triple Alianza, domingo viau, Buenos Aires, 1941, 852 pp., 2 volúmenes.
15
ramón J. Cárcano, De Caseros al 11 de Septiembre, mendesky editor, Buenos Aires, 1918; ramón J.
Cárcano, Del sitio de Buenos Aires al Campo de Cepeda, Casa editora Coni, Buenos Aires, 1921. la contribu-
ción de Cárcano a la monumental Historia de la Nación Argentina (desde los orígenes hasta la organización
defnitiva en 1862), dirigida por ricardo levene y editada por la Academia nacional de la Historia (1936-
1950) y coronación de la llamada historiografía mitrista estuvo relacionada con ese tema central y también con
32 £ lA guerrA del PArAguAy Como ProBlemA HistoriogrÁfiCo
en Guerra del Paraguay. Orígenes y causas, la gran importancia concedida al texto acerca
del periodo entre esta batalla y la de Pavón en 1861 —aparentemente de una extensión inusi-
tada, pero profundamente articulado con el asunto principal del trabajo— y su refexión gene-
ral acerca de la incorporación de Buenos Aires a la Confederación, su ponderado juicio acerca
del crucial papel histórico de urquiza, autorizan a considerar este libro como una prolonga-
ción de esa cuestión central de su historiografía.
16
se anticipa allí notablemente a la opinión
de tulio Halperín donghi en cuanto a que para Cárcano la guerra del Paraguay se entrelaza
inextricablemente con los problemas de la organización nacional argentina expresada a través
de la lucha facciosa, especialmente en ambas orillas del Plata. y sin duda, también expresa
la idea de que el desarrollo del periodo temprano de la historia de la república oriental del
uruguay es parte sustantiva de esa historia constitutiva de la Argentina.
A la vez, el Paraguay no podía quedar fuera de las tensiones de la evolución interna ar-
gentina, mucho más numerosas luego de que con Carlos Antonio López comenzara a afojar
el férreo aislacionismo impuesto por gaspar rodríguez de francia hasta la década de 1840,
y que su hijo Francisco Solano decidiera participar activamente en ese juego a fnales de la
década de 1850. recordemos su mediación luego de Cepeda, en 1859, que condujo al pacto
de san José de flores entre la Confederación y el estado de Buenos Aires, que mereció el
siguiente párrafo por parte de Cárcano:
El general López redobla sus empeños. Debido a su tacto y efcacia admirables, la gran-
de y complicada cuestión de la secesión, que amenaza dividir a la república, se debate
directamente entre los mismos combatientes, con la mediación de una nación vecina y
noblemente inspirada, sin propósitos de anarquizar, mutilar o absorber […] Con pleno
conocimiento del medio, contribuye a terminar la guerra civil más larga y ruinosa de
Sudamérica. Es un esfuerzo magnífco de penetración psicológica y sentido político; un
ejemplo de buen negociador y sabia negociación.
17

este juicio dista mucho del monstruo construido por la propaganda de guerra y la escuela
de mitre, recientemente actualizado por doratioto, quien llega a comparar a lópez con Hi-
tler.
18
es en este marco que Cárcano ubica las ambiciones del imperio y los intereses de las
potencias europeas (gran Bretaña y francia) y en menor medida estados unidos, vinculadas
fundamentalmente a la crucial cuestión de la libre navegación de los ríos interiores, el Paraná,
el uruguay y el Paraguay.
en “relaciones internacionales”, primer artículo de Cuestiones y juicios, su libro de 1910,
el autor realiza una evaluación histórica de las grandes orientaciones seguidas por Argentina
en sus relaciones exteriores que es importante subrayar, ya que estará presente en toda la
composición de su trabajo acerca de la guerra del Paraguay, y refeja también una auto­re-
la “historia diplomática” del periodo: en el volumen 8 redactó el capítulo inicial: “la organización del poder
después de Caseros” y “la política internacional en el Plata durante el gobierno de la Confederación. tratados
y alianzas, 1858-1859”.
16
Cárcano, Guerra, capítulos xxxiii a xlv, pp. 315-462, casi un tercio de la obra.
17
Ibidem, pp. 300-301.
18
doratioto cita aprobatoriamente a guido rodríguez Alcalá, “uno de los más importantes intelectuales pa-
raguayos contemporáneos”, según el autor brasileño, quien utiliza el desacreditado paradigma del totalitarismo
para sostener el ridículo símil. Cf. f doratioto, op. cit., pp. 433-434
HorACio CresPo £ 33
presentación de la diplomacia argentina y un elemento ideológico nada despreciable en las
percepciones que de sí mismos se hicieron durante un prolongado periodo tanto el personal
diplomático como la corriente principal de la elite dirigente argentina, a la que Cárcano perte-
neció en grado prominente, aunque políticamente un tanto sesgada —al menos en la primera
parte de su larga carrera— por su temprana adscripción al “juarismo”.
Quien reparó en esas refexiones tempranas, vinculadas al estilo “balance” propio del cen-
tenario de 1910 y cercanas al entonces reciente periodo de demarcación casi defnitiva de
los límites del país y a una sostenida práctica arbitral nada favorable para Argentina en sus
contenciosos de deslinde con los vecinos, fue enrique de gandía, en el primer trabajo extenso
dedicado a la labor historiográfca de Cárcano.
19
Según De Gandía, en la afrmación medular de
principios Cárcano afrma que “La república ha defendido con inquebrantable frmeza sus de-
rechos, pero nunca ha creado un hecho nuevo capaz de constituir un nuevo peligro internacio-
nal”. de esta sentencia desprende que Argentina ha seguido una línea inalterable de conducta,
la justicia y el derecho han sido siempre sus guías. la Argentina nunca dominó por la
fuerza, ni pretendió apropiarse de terrenos que no le correspondían, ni presionó de nin-
guna forma a las naciones limítrofes. […] ningún argentino pensó agregar por la fuerza
otra nación o provincia extranjera. nuestro país siempre se ha regido por principios de
derecho y de justicia y si en alguna oportunidad usó la fuerza fue para defender y man-
tener esos principios.
20

Pone como ejemplos la independencia de Bolivia y de uruguay. obviamente, esta declara-
ción tenía como principal destinatario implícito a Brasil, cuya política exterior habría sido la
opuesta según la percepción argentina, y subsidiariamente también a Chile, país con el que
la tensión había llegado al borde de la guerra en dos oportunidades, y se repetiría en 1978. las
opiniones de Cárcano en 1910 no parecen haber variado durante los siguientes treinta años,
ya que fguran en forma medular en el libro que comentamos, aunque seguramente fueron
enriquecidas y matizadas especialmente después de la experiencia del autor como embaja-
dor del presidente conservador Agustín Pedro Justo en el Brasil de getulio vargas, entre 1933
y 1938. estos años fueron clave en la concreción de la obra acerca de la guerra del Para-
guay y de la coagulación de una marcada ambivalencia del autor, de la que el libro es buen
testimonio: necesidad del acuerdo y temor al gran vecino.
sin embargo —a manera de observación general para el trabajo de Cárcano y también para
la mayor parte de la bibliografía pertinente—, el autor resalta el contraste entre la exhaustiva
y penetrante descripción de la evolución de la coyuntura política en los países del Plata y,
aunque en menor medida, Paraguay, y la casi nula referencia a la política interior brasileña,
si exceptuamos la mención de la sublevación separatista de río grande entre 1835 y 1844,
seguida con mucha atención por rosas, por una parte, y alentada por el general rivera. una
notable excepción es, como dijimos, el trabajo del historiador revisionista José maría rosa.
21

19
enrique de gandía, Los estudios históricos en la Argentina. La obra histórica de Lucas Ayarragaray y
Ramón J. Cárcano, el Ateneo, Buenos Aires, 1942, pp. [67]-170.
20
Citado en ibidem, pp. 97-98.
21
Cárcano, Guerra, capítulo x, pp. 121-128; José maría rosa, “rosas y la república independiente de
río grande”, en Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, 17, Buenos Aires,
1958.
34 £ lA guerrA del PArAguAy Como ProBlemA HistoriogrÁfiCo
recientemente, como ya señalamos, doratioto incorpora las consecuencias de la guerra de
la triple Alianza a la dinámica general del imperio brasileño en el largo plazo, lo cual resulta
un aporte importante. en general, ésta debería ser una tarea inmediata: establecer una historia
más comprensiva de los motivos y las percepciones de todos los actores, y no solamente de
aquellos de la región del Plata, ya que el imperio aparece equivocadamente como una fuerza
homogénea y distante, coherente y ajena a contradicciones, frente a las formas facciosas y
ajenas a toda idea inclusiva y nacional de la política rioplatense, la característica reiterada-
mente subrayada por Halperín. y, por cierto, un análisis más pormenorizado de la presencia
británica, francesa y estadounidense, siguiendo el camino trazado por irazusta en su célebre
biografía política de rosas.
22
Para Cárcano existen causas lejanas e intereses inmediatos que se conjugaron para oca-
sionar la guerra.
23
el desencadenante estratégico central habría sido que Paraguay buscaba
la salida oceánica, y ni Brasil ni Argentina sospechaban, y mucho menos aprobaban, ese
proyecto. la cuestión de las vías de navegación, el control de los grandes ríos y el acceso a
los circuitos marítimos estuvo en el centro de todas las grandes disputas de la “cuestión del
Plata” en el siglo xix, al menos hasta la consolidación del estado nacional argentino en 1880
con la solución de la llamada “cuestión capital” mediante la nacionalización de Buenos Aires,
aunque los problemas se prolongaron hasta la década de 1970 en la llamada cuestión de la
“cuenca del Plata”, en particular la construcción de las grandes represas sobre el Paraná por
parte de Brasil, e inclusive hasta hoy en el contencioso ecológico entre uruguay y Argentina
por la contaminación del río uruguay por las papeleras construidas en la ribera oriental de
ese curso fuvial.
24

Cárcano organiza las causas de la confagración en originarias, lejanas, intermedias y
próximas. logra así ordenar una visión de larga duración, en el marco de las tendencias del
periodo posterior a la independencia y, fnalmente, en el diseño de la coyuntura inmediata.
el origen más lejano del proceso en el que se inserta la guerra es situado por el autor —y en
esto radica uno de los mayores aciertos de su interpretación— en la disputa entre españa y
Portugal por descubrimientos y conquistas desde el viaje mismo de Colón;
las luchas y rivalidades de Portugal y españa, se concentran en América en la región
del río de la Plata. Persisten en todas las etapas del tiempo secular: el descubrimiento,
la conquista, la colonia, el reino, el imperio, la república, la dictadura, hasta terminar por
la sentencia respetada del arbitraje. la evolución del ambiente concluye por fundar en
derecho la concordia defnitiva.
25
en este párrafo Cárcano consigue diseñar una idea política decisiva en su pensamiento:
la concordia entre Brasil y Argentina es esencial para un desarrollo armonioso de América
del sur. Aún más: sostiene que el entendimiento entre Brasil y Argentina es la base “del
22
Julio irazusta, Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia, editorial Albatros,
Buenos Aires, 1941­1961, 6 vols. Edición defnitiva, 1970, 8 volúmenes.
23
Cárcano, Guerra, p. 17.
24
Clifton B. Kroeber, La navegación de los ríos en la historia argentina, Paidós, Buenos Aires, 1967.
25
Cárcano, Guerra, p. 18.
HorACio CresPo £ 35
equilibrio político de todo el continente americano”,
26
en una clara referencia a un posible
contrapeso a Estados Unidos, lo que tiene su importancia por la fecha —fnales de la década
de 1930— de este planteamiento, coincidente con los intereses británicos ya en retirada pero
todavía considerables en el Cono sur, y sustentado por la cancillería argentina hasta entrada
la década de 1940.
esto se verá aún más concretado en su idea de que son las naciones más pequeñas las que
en realidad han sembrado la discordia entre los dos gigantes regionales, que necesariamente
deben entenderse y normar la marcha de los asuntos y las relaciones entre todos los países
del área. Es una clara continuidad de la idea central de Mitre y su canciller Rufno de Eli-
zalde respecto del acuerdo a toda costa con Brasil, no bien recibida por sus contemporáneos
autonomistas porteños, y que reconoce un antecedente en la política de Andrés lamas en
uruguay inmediatamente después de la caída de rosas.
27
Algunos reconocen en esta posición
el antecedente más lejano de la política argentina hacia el mercosur. Cárcano no está exen-
to de contradicción al respecto: acepta la idea, pero permanentemente cuestiona la actitud
expansionista y solapada de Brasil, lo que plantea algunas similitudes con los acuerdos y
resistencias que en Argentina genera la actual estructura de las relaciones con su vecino
y socio más importante.
Más allá de resultados concretos y de momentos específcos de las controversias, Cárcano
señala que en el secular conficto hispano­portugués corporizaron dos estilos de encarar las
cuestiones políticas internacionales: “lealtad caballeresca y generosidad paternal” por parte
de España; “conducta inquieta y persistente, de propósito decidido y fjo, engañosa y utilita-
ria” la de Portugal.
28
Con esto quiere trazar también una genealogía para conductas distintivas
entre la diplomacia argentina y la brasileña, al menos la del imperio, que habrían sido hereda-
das de las respectivas madres patrias. este es un hilo conductor de todo el libro, consonante
con las ya señaladas supuestas convicciones de desinterés e idealismo que habrían inspirado
las decisiones de Buenos Aires. en algún momento, como dijimos, señala explícitamente que
Brasil continúa la falaz política de Portugal, que aceptaba determinadas condiciones bajo pre-
sión o aplicación de la fuerza, pero continuaba bregando por sus intereses fjados de manera
inalterable, en operaciones de muy largo plazo.
29

la versión del historiador argentino se basa en algunos puntos fundamentales que a con-
tinuación señalo:
1. los países que se independizaron de españa y Portugal heredaron las tensiones prove-
nientes de las disputas portuguesas y castellanas a partir del viaje colombino. estas dispu-
tas recrudecieron fuertemente en el siglo xviii, con una nueva fase del conficto a partir del
asentamiento portugués de la Colonia del sacramento, que implicaba el control de la margen
oriental del Plata, la guerra por los pueblos jesuíticos afectados por el tratado de 1750, la
creación del virreinato del río de la Plata en 1776 y el fortalecimiento de Buenos Aires como
base militar en el momento inicial, junto con el despegue comercial al abrirse este puerto al
comercio legal a partir de ese mismo año. Cabe señalar que aunque Cárcano no lo plantea,
esta última decisión afectó todo el esquema anterior establecido desde el último tercio del
26
Ibidem, p. 139.
27
Ibidem, pp. 168-178.
28
Ibidem, p. 28.
29
Ibidem, p. 59.
36 £ lA guerrA del PArAguAy Como ProBlemA HistoriogrÁfiCo
siglo xvi. el centro de gravedad del imperio español en sudamérica se deslizó desde lima
a Buenos Aires, siendo uno de los resultados más trascendentes de las reformas borbónicas.
El Atlántico sur pasó de ser el ámbito de la artifcial obturación de la salida natural de la
producción minera de Potosí y el espacio del contrabando, a convertirse en el escenario del
gran comercio generado por la plata y un punto nodal de los intentos de renovación de todo
el circuito comercial del imperio.
2. A partir de su estado de guerra con españa, desde 1806 inglaterra estableció una pre-
sencia naval continua en el Plata y, fracasados los intentos de apoderarse de Buenos Aires
ese año y el siguiente, con el asentamiento de la corte de los Braganza en Brasil en 1808,
el embajador inglés en Río de Janeiro se convirtió en una fgura clave en la política de la
región, sacudida por los movimientos de independencia. el factor británico es central en todo
el desarrollo posterior de la escena del Plata. A partir de la década de 1830 y hasta 1848 esta
presencia se hace más compleja por la participación de francia en la disputa por el control de
la zona y su abierta alineación con los acérrimos enemigos de rosas, organizados en el exilio
de montevideo.
las causas lejanas de la guerra del Paraguay son ubicadas por el autor en el periodo que
transcurre entre 1800 y 1828, o sea la coyuntura europea de las guerras napoleónicas, la crisis
dinástica de 1808, el carlotismo impulsado desde río de Janeiro por el monarca lusitano y la
invasión portuguesa de 1812 a la Banda oriental, hasta la guerra argentino-brasileña de 1827-
1828, el tratado de paz y el surgimiento de uruguay como estado independiente. el motivo
es la presencia y presión constante que hace Portugal y luego Pedro i, ya como emperador de
Brasil, sobre la Banda oriental, prosiguiendo claramente la anterior política lusitana en torno
a las misiones orientales y la Colonia del sacramento.
las causas intermedias planteadas por Cárcano se extienden en el transcurso del primer
decenio de la vida independiente de uruguay, 1828-1838. traza una visión sarmientina del
panorama oriental desde el paradigma “civilización y barbarie”, fundada en la constatación
de la vigencia ininterrumpida del caudillismo. el nuevo estado es visto por el autor cordobés
como el resultado del enfrentamiento entre Argentina y Brasil —a la vez herencia colonial—
y de la actividad británica. sigue, sin decirlo, la tradición mitrista completamente hostil a
Artigas y al autonomismo uruguayo de cuño federal, proclive a alianzas con los colorados por
razones facciosas. también reconoce una corriente de políticos orientales que buscaron cons-
cientemente la intervención del imperio a favor de su facción en las luchas civiles, el caso de
Andrés lamas el más notorio. uruguay, a la postre, es un resultado de la política inglesa.
Cárcano hace un puntual análisis de la política uruguaya desde 1828 en adelante, lo que
constituye, junto con el relato de la evolución argentina de Cepeda a Pavón, el otro gran eje
de su libro. la constitución de la república el 21 de septiembre de 1829 es fundamental,
ya que fue aprobada por los comisionados argentinos y brasileños en río de Janeiro el 18
de julio de 1830, instaurándose en garantes del nuevo estado, obligación que en la práctica
signifcó una vía libre a la intervención permanente tanto por Buenos Aires como por la corte
imperial.
30
Rondeau, vehículo de infuencia argentina, fue electo primer presidente. En su
periodo, Fructuoso Rivera resistió al Buenos Aires ya bajo infuencia de Rosas y se apoyó en
los brasileños, mientras lavalle ostentaba la protección federal porteña. en marzo de 1835
30
Ibidem, p. 69.
HorACio CresPo £ 37
Oribe sucedió a Rivera, con lo que la infuencia de Rosas quedó triunfante. En 1836 Rivera
se sublevó, secundado por los unitarios argentinos desterrados (algunos en montevideo desde
1829, luego de la caída de lavalle) y por los revolucionarios republicanos de río grande,
gran preocupación del imperio. el 5 de octubre de 1838 la batalla de Palmar impuso la renun-
cia de oribe, luego desconocida por rosas, y el triunfo de rivera. referido a uruguay, es el
tiempo de la “república anárquica”.
31
montevideo, a su vez, fue constituyéndose en base de asilo de los emigrados argentinos
antirrosistas a partir de mediados de la década de 1830, lo que determinó la enemistad perma-
nente de rosas respecto del gobierno colorado de rivera y su alineamiento con los blancos.
oribe, el partido blanco y rosas serán vencidos por una coalición poderosa que se integraba
con el partido colorado, los revolucionarios de río grande, los emigrados argentinos y un
nuevo y activo participante, la escuadra francesa de la estación naval de montevideo. rosas
se niega a toda discusión de las exigencias e intimidaciones francesas. el almirante le Blanc
declara el bloqueo de Buenos Aires, el cónsul roger envía un ultimátum a rosas y se efectúa
la toma de martín garcía el 11 de octubre de 1838. rosas solicita el arbitraje británico, y
los franceses lo rechazan, al igual que el comodoro estadounidense nicholson. la política
francesa, a diferencia de la británica, se muestra en un marcado tono de arrogancia y sobreac-
tuación. francia ejerce una activa presión sobre rosas, bajo el acicate de los emigrados y
rivera, y organiza también en buena medida el ejército que al mando de lavalle incursionará
en el litoral y amenazará Buenos Aires en 1840, para ser fnalmente derrotado y aniquilado
en 1841 por la fuerzas de rosas al mando de oribe, quien se había colocado al servicio “in-
condicional” del dictador de Buenos Aires, convirtiéndose en su general más importante en la
destrucción de la gran coalición mencionada.
síntesis de la opinión de Cárcano acerca de la intervención extranjera: “las potencias
mediadoras respetan en toda su integridad la independencia y soberanía de las repúblicas
del Plata. desean únicamente asegurar la libertad de comercio y navegación de los ríos, sin
exigencias territoriales ni concesiones de excepción”.
32
La mediación a la que se refere es un eufemismo para designar en realidad una abierta
solicitud de intervención a inglaterra y francia, efectuada por el ministro de relaciones
exteriores del régimen de rivera luego de que éste fuera derrotado en india y muerto el 2
de diciembre de 1842 por Oribe; a su vez signifcó evitar la caída de Montevideo en ma­
nos de oribe.
Cárcano se pregunta por qué inglaterra y francia, las naciones más poderosas de europa,
“resultan inefcaces para suprimir la guerra, pacifcar la región y abrir sus puertas y sus ríos
al comercio universal”; la respuesta es la falta de unidad de la coalición: inglaterra, francia,
Brasil, montevideo y los emigrados. rosas construyó en su partido esa unidad, y agrega:
“aunque el país continúa languideciendo”.
33
La intervención anglo­francesa [intermitente, de fnales de la década de 1830 hasta
1849] sirve oportuna y noblemente a la causa de las libertades en el río de la Plata.
evita la caída de la nueva troya [el apelativo en clave épica que sirvió para designar
31
Ibidem, p. 70.
32
Ibidem, p. 92.
33
Ibidem, p. 97.
38 £ lA guerrA del PArAguAy Como ProBlemA HistoriogrÁfiCo
por los antirrosistas al montevideo sitiado entre 1842 y 1851, hC] y, por eso, aproxima
la hora de Caseros.
34
A la vez, Cárcano señala: “rosas interviene en los negocios internos del uruguay violando
su independencia”, con lo que evidencia las dos varas con las que mide las acciones de los
actores enfrentados.
35

francia e inglaterra no ejercitan un derecho de intervención. Producen un caso político
a instancias y en defensa de la autonomía de un estado, en amparo de sus súbditos y de
las libertades de la civilización. los hechos son, en todo momento, la comprobación
de las declaraciones de sus cancilleres. no aparece en ellos la mentira criolla, ni el enga-
ño gauchesco [Contextualmente, esto es atribuido a rosas, hC]. Verifcados los tratados
de paz, salvan la independencia oriental y las garantías individuales, sin indemnizacio-
nes ni compensaciones, sin privilegios ni reservas; todo generoso, alto y humano.
36
el párrafo resulta muy revelador de las convicciones de Cárcano y del tipo de argumenta-
ción de la escuela liberal. Coincidente con esto, absuelve completamente de cualquier acusa-
ción dirigida a los emigrados unitarios y liberales de montevideo de traición por colusión con
los extranjeros, elemento clave en la historiografía nacionalista contemporánea de Cárcano.
son defensores de la civilización, frente a la barbarie.
Hay un elemento muy importante en el análisis de Cárcano en esta etapa de su narrativa
histórica. No puede evitar un juicio admirativo respecto a la frmeza de Rosas frente a la
intimidación francesa: “Admira la entereza y resistencia imperturbable de rosas creando
fuerzas, arrollando enemigos, venciendo enormes difcultades internas y externas. Permanece
frme y soberbio, sostenido por su pueblo, irreductible en el aislamiento y el desamparo. Pare-
ce como un islote azotado por el tiempo tormentoso, insensible a los vientos y las olas”.
sorprendido por su audacia, rápidamente corrige sus palabras y regresa a la tradición mi-
trista de abominar al tirano: “él no sabe servir a la patria, pero sabe servir a sus pasiones”.
37

debemos agregar que este juicio sobre rosas lo efectúa cuando arrecia el embate del revisio-
nismo histórico rosista.
las causas próximas de la guerra del Paraguay derivan para Cárcano de las luchas contra
Rosas, el papel de Montevideo en ese conficto, la intervención anglo­francesa, la Guerra Gran-
de (1842-1851) y las constantes intrigas imperiales para tener presencia en el Plata. A diferen-
cia de Brasil y de Paraguay, los estados ribereños del Plata —Argentina y uruguay— no se
encontraban consolidados, y es difícil entender sus relaciones como “internacionales”. en este
sentido resultan decisivas las elaboraciones de José Carlos Chiaramonte acerca de la difcultad
de entender la existencia de una nación argentina en los periodos tempranos posteriores a las
guerras de independencia, y las diversas posibilidades de constitución de estados que subsistie-
ron precisamente hasta la década de 1860, e incluso hasta el fnal de la Guerra del Paraguay. Es
necesario eludir el patente anacronismo presente en la retroproyección de realidades institucio-
nales e identitarias construidas muy lentamente en el transcurrir del siglo xix e, incluso, del xx.
34
Ibidem, p. 118.
35
Ibidem, p. 115.
36
Ibidem, p. 115.
37
Ibidem, p. 77.
HorACio CresPo £ 39
Por ejemplo, Cárcano subraya adecuadas las simpatías claras del autonomismo alsinista y del
mitrismo nacionalista por el partido colorado, posición animada en buena medida por Rufno
de elizalde, amigo y canciller de mitre y muy importante hombre en el diseño de la intriga a
favor de Venancio Flores y ese partido a partir de 1860, que condujo fnalmente a la guerra.
Pelham Horton Box subrayó, en un libro muy infuyente, el entrelazamiento de las luchas
facciosas entre ambos lados unitarios del Plata, sus continuadores liberales porteños aliados
al partido colorado y el federalismo rosista, así como su herencia confederal (con el papel
ambiguo de Urquiza, clarifcado después de Pavón en 1861) vinculado al partido blanco.
38
A
la vez, señaló la infuencia de los blancos sobre Francisco Solano López para que interviniese
en la crisis oriental y se desencadenase así la guerra. nuevamente, hay que mencionar a ur-
quiza; su acuerdo con mitre en 1861, lentamente comprendido por los federales argentinos
y por francisco solano lópez, fue un factor que también condujo a la guerra, ya que el pre-
sidente paraguayo contaba con una acción de urquiza en contra de mitre como resultado de
su invasión a Corrientes en 1864, motivo directo del desencadenamiento de la guerra. el mal
cálculo fue evidente: urquiza siguió en su pasividad, haciendo negocios millonarios de venta
de caballos con los brasileños y suscribiendo acciones del ferrocarril Central Argentino.
39

Cárcano celebra la posición de urquiza después de Pavón como la culminación de su obra: la
Constitución y la organización defnitiva de la República, nueva manifestación de credo mi-
trista por parte del historiador cordobés, que en tono laudatorio resuelve uno de los enigmas
y actos más trascendentes de la historia argentina, que diseñó un camino que necesariamente
pasaba por el conficto con el Paraguay de López.
40

Política británica en el Plata
el resumen esencial de la política británica en la región:
los estadistas ingleses estudiaron, desde la época colonial, la cuestión política y comer-
cial del río de la Plata, en lo íntimo de los misterios e intrigas de la corte de los Bragan-
za. Arraigaron la opinión de que no convenía a la libertad de comercio el que algunas de
las dos naciones más fuertes de América quedara de árbitro de la navegación del río
de la Plata o dueño de sus dos riberas. […]. no procede [inglaterra] como árbitro de la
paz, sino como potencia interesada en eliminar poderes exclusivos sobre las grandes vías
del comercio marítimo.
41
Cárcano analiza la política de Lord Ponsonby como mediador al fnal de la guerra argen-
tino-brasileña de 1828, y utiliza mucho la frase del diplomático inglés: “Hemos puesto un
algodón entre dos cristales”, referido a la creación del uruguay como estado independiente.
Afrma: “Mal psicólogo y también pobre estadista Lord Ponsonby”. La historia demuestra,
38
Pelham Horton Box, The Origins of the Paraguayan War, the university of illinois Press, urbana, 1929;
traducción de Pablo m. ynsfrán: Los orígenes de la Guerra de la Triple Alianza, la Colmena, Asunción, 1936;
reimpresión: niza, Buenos Aires, Asunción, 1958.
39
Alejandro Corbacho et al., op. cit., pp. 86-89.
40
Cárcano, Guerra, pp. 425-428.
41
Ibidem, p. 55.
40 £ lA guerrA del PArAguAy Como ProBlemA HistoriogrÁfiCo
según nuestro autor, que en realidad inglaterra fomentó el resentimiento regional, el nacio-
nalismo de los estados menores, que es la causa de una cauda de guerras: uruguay, Paraguay
y la más reciente del Chaco (1932-1935).
42
su diagnóstico asoma claramente: los estados
menores involucrados —Bolivia, Paraguay y uruguay— atizan las disputas de las grandes
potencias regionales, cuyas relaciones deberían haber sido “tranquilas y cordiales” si hubie-
ran gravitado sólo las fuerzas propias de cada una de ellas.
Para el autor, de todos modos y a pesar de la maniobra de lord Ponsonby, con la inde-
pendencia de uruguay quedó pendiente, en situación precaria, la libre navegación de los ríos
interiores, cuestión verdaderamente crucial y detonante de la guerra de Paraguay.
los intereses se conjuntan:
Para el imperio el acceso al alto Paraguay —única vía a la provincia de matto grosso,
todavía incomunicada por tierra con san Pablo—, lo que se lograría mucho después de la
guerra con el ferrocarril de Corumbá.
Para inglaterra, la libre circulación comercial. en su momento, estados unidos también
presiona por esto. francia tiene un interés más limitado y una política permanente menos cla-
ra, y su intervención se refere siempre a asuntos puntuales de defensa de súbditos franceses
en Buenos Aires, hostigados por rosas. en buena medida aparece más como una cuestión de
puro prestigio y de fscalización de la acción británica, que de verdaderas grandes ambiciones
comerciales en la región.
Cárcano, acorde con su actuación como representante diplomático en Brasil del gobierno
conservador argentino que frmó el acuerdo Roca­Runciman en 1933 (ingreso de Argentina
al sistema de preferencias imperiales a cambio de grandes concesiones a las importaciones
y empresas inglesas) y funcionario del servicio exterior de un canciller pro-británico como
Saavedra Lamas (premio Nobel de la Paz por su actuación en el fnal de la Guerra del Chaco),
expresa opiniones muy específcas favorables a Inglaterra. En relación con el tratado entre
inglaterra y uruguay del 15 de julio de 1842 —con el gobierno de fructuoso rivera, lo que
signifcaba una muy clara toma de posición en la contienda civil en curso— afrma: “El
famoso sentido práctico de la nación británica no consiste en extorsionar ni aprovechar la
desesperación de un pueblo débil, sino en dictar bases dignas de convivencia, de paz y de
justicia. en esta conducta encuentra el mejor medio de satisfacer los intereses y elevar los
sentimientos, sin despertar los recelos y críticas de los demás países”.
43

La política exterior argentina
Resulta obvia la difcultad de Cárcano en defnir la política exterior argentina a largo plazo en
el transcurrir del siglo xix hasta 1880 porque, a diferencia del imperio, tal política no existió.
Cada una de las facciones actuantes en las guerras y confictos internos sostuvo una línea de
acción exterior diferente, centrada en alcanzar el triunfo sobre el otro partido. esta realidad si-
guió presente a partir de que el diseño liberal mitrista del Estado argentino y la confguración
de las representaciones simbólicas dominantes se hicieron después de Pavón sobre la base de
42
Ibidem, p. 57.
43
Ibidem, p. 88.
HorACio CresPo £ 41
la exclusión y criminalización del otro partido. el Cárcano maduro sucumbe con facilidad a
analizar la política facciosa sumándose a uno de los bandos en pugna, o sea, tiene una inter-
pretación ideologizada sesgadamente liberal-mitrista, a pesar de su militancia política juvenil,
que lo opuso a Mitre en 1890. Por lo tanto, resulta muy difícil para él identifcar intereses
argentinos permanentes, más allá de las opciones partidistas muy involucradas en el conficto
oriental previo a la guerra del Paraguay.
su punto de partida es reconocer que la revolución de mayo fracasó en mantener la uni-
dad del virreinato del Plata, aunque fue la política inicial de Buenos Aires. este fracaso fue
temprano: 1811 en Paraguay, 1811-1815 en la Banda oriental, y 1815 en el Alto Perú. sin
embargo, y esta percepción resulta importante, la idea de unidad persiste en el espíritu de mu-
chos de sus hombres de estado. Cárcano practica el realismo cuando acepta estos hechos, y
nuevamente se sitúa en el orden propuesto por mitre. Por carriles ideológicos muy distintos, la
izquierda que se construyó sobre temas “nacional-populares” desarrolló esa misma nostalgia
por la unidad y el rechazo a la balcanización del virreinato como expresión de la política im-
perialista, particularmente la británica, tras la idea-consigna de “la Patria grande”. la actitud
del imperio fue siempre leída por esta corriente con referencia a intereses británicos, lo que
con acierto no es parte de la concepción de Cárcano, para quien el imperio brasileño sostuvo
una política propia y ajena al interés británico, tal como lo plantea actualmente doratioto.
Cárcano polemiza con el revisionismo rosista, que se alza sobre una concepción de per-
manencia y largo plazo de la política exterior de rosas, siendo su expresión más acabada la
obra de Julio irazusta.
la reconstrucción del virreinato, como pensamiento de la política argentina, nunca se
tradujo en actos de gobierno. la proposición de rosas es un accidente circunstancial, sin
plan deliberado y continuo. resulta simplemente una expresión individual y un recurso
transitorio.
44
[…]

sus apologistas [de rosas] le atribuyen el pensamiento trascendental
de reconstituir el antiguo virreinato del Plata. los hombres del Brasil lo acusan del mis-
mo propósito. nunca, sin embargo, abriga lealmente esta idea, que hubiera explicado en
un movimiento de alta ambición, sus extravíos en las relaciones internacionales.
45
Política brasileña
el libro de Cárcano se articula en torno de un estribillo que se repite incesantemente: ¿Cuál es
la actitud de Brasil? ¿dónde está Brasil?, lo que resulta altamente revelador del contexto en el
que está escribiendo: la indiscutida supremacía argentina desde 1880 en adelante está siendo
puesta en cuestión en la década de 1930, la insistente pregunta es síntoma de ansiedades de
larga data, cada vez más acuciantes,
46
no expresadas abiertamente pero que de manera sutil
tejen la trama en la que se dibuja la narración.
44
Ibidem, p. 65.
45
Ibidem, p. 110.
46
Halperín señaló las inseguridades de la elite argentina en un revelador artículo ya para la década de 1900-
1910: tulio Halperín donghi, “Canción de otoño en primavera: previsiones sobre la crisis de la agricultura
cerealera argentina (1894-1930)”, en Desarrollo Económico, vol. 21, núm. 95, Buenos Aires, 1984.
42 £ lA guerrA del PArAguAy Como ProBlemA HistoriogrÁfiCo
Para Cárcano el núcleo de la política de Brasil es el anexionismo respecto a la Banda
oriental, y si no es anexionismo puro y simple, será el protectorado. el punto más subrayado
por Cárcano son las instrucciones de Pedro i a su embajador ante las cortes europeas, el mar-
qués de Abrantes, luego marqués de santo Amaro:
no se equivoca el imperio en la oportunidad ni en los procedimientos. su diplomacia
no descansa. Su fota y sus ejércitos desarrollan sus movimientos en estas tres zonas de
interés: suscitar la rivalidad entre las repúblicas limítrofes; fomentar la anarquía interior;
evitar la expansión territorial. en la corte de río se piensa siempre que la Argentina
mantiene militante el anhelo de reconstruir el virreinato.
47
una percepción errónea, esta última, una “fantasía”, de acuerdo con el análisis de Cárca-
no, como señalamos arriba.
la política de Brasil entre 1828 y 1848 es planteada de la siguiente manera: “el imperio
limítase a mantener una neutralidad aparente, incompleta y vacilante, a veces contradictoria,
sin pensamiento continuo y actitud decidida”.
48

enfrenta la situación de minoría de Pedro ii y la rebelión de río grande, que plantea la
amenaza republicana. la política es, insiste Cárcano, detallándola:
[…] cuidar y sostener la independencia de uruguay y del Paraguay; procurar establecer
el protectorado, siendo ya imposible la anexión; y en todo caso, conservar una interven-
ción preponderante en los dos países. Debilitar la infuencia argentina, por la presión de
la fuerza y la penetración simpática de la amistad y los intereses. Pensar siempre en las
fronteras naturales y la desintegración defnitiva del viejo virreinato.
49

Para nuestro autor, la percepción de Brasil es que con la guerra grande (1842-1851) Ar-
gentina no renuncia a incorporar a Paraguay y la Banda oriental, y que logrado esto iría a la
guerra con el imperio para consolidar la reconquista.
50
insiste: “la convicción tradicional [de
Brasil] de que la desmembración del antiguo virreinato es una necesidad vital para conservar
en sudamérica la seguridad y la hegemonía del imperio”.
51

Apéndice: Noticia biográfca
52
ramón José Cárcano nació en Córdoba el 18 de abril de 1860. descendiente de una tradicio-
nal familia lombarda, su padre, inocente B. Cárcano, nacido en maslianico en 1828 y lucha-
dor liberal, emigró a la Argentina por razones políticas en 1849. después de una corta estadía
47
Cárcano, Guerra, pp. 65-66.
48
Ibidem, p. 121.
49
Ibidem.
50
Ibidem, p. 122.
51
Ibidem, p. 138.
52
se cuenta con una biografía importante: ricardo sáenz Hayes, Ramón J. Cárcano, en las letras, el go-
bierno y la diplomacia (1860-1946), Academia Argentina de letras, Buenos Aires, 1960. otras referencias:
José m. Bustillo, Homenaje al Dr. Ramón J. Cárcano, Academia nacional de Agronomía y veterinaria, Buenos
HorACio CresPo £ 43
en Buenos Aires pasó a Córdoba, donde fue contratado como profesor de latín y música en
el Colegio monserrat. Posteriormente fue nombrado cónsul de italia. su madre fue Honoria
César, perteneciente a una arraigada familia cordobesa.
ramón J. Cárcano cursó sus estudios secundarios en el Colegio nacional de monserrat
y los de derecho en la universidad de Córdoba, graduándose como abogado en 1879. su
tesis doctoral De los hijos naturales, adulterinos, incestuosos y sacrílegos, presentada en
1881 y apadrinada por miguel Juárez Celman, defendía la igualdad entre los hijos legítimos
y naturales todavía no reconocida en el Código Civil (lo fue recién en el primer gobierno de
Perón), y provocó un debate público y los ataques del obispo de Córdoba. fue considerada
un manifesto modernizador muy contundente y juzgado como anticlerical. Después, el con-
ficto se agravó y llevó a la ruptura del gobierno del general Julio A. Roca con el Vaticano.
Comenzó su carrera política como secretario privado de los gobernadores cordobeses del
viso y Juárez Celman, como integrante de la corriente política juarista, el grupo liberal di-
rigente en la provincia de Córdoba que en alianza con el general roca promovió a éste a la
presidencia en 1880, y que alcanzó la primera magistratura nacional a través de miguel Juárez
Celman en 1886. fue profesor de derecho comercial en la universidad de Córdoba en 1882,
cargo que dejó cuando en 1884 fue elegido diputado nacional por su provincia. su diploma
fue cuestionado infructuosamente por los elementos conservadores y católicos en la Cámara
por no llenar los requisitos constitucionales de edad mínima —veinticinco años— para ser
elegido. en 1886 fue designado ministro de Justicia, Culto e instrucción Pública de Córdoba
por el gobernador olmos. el presidente miguel Juárez Celman lo nombró director general de
Correos y telégrafos de la nación (1887-1890), y era considerado claramente como el delfín
presidencial para la elección de 1892. el distanciamiento del presidente con el general roca,
verdadero pilar del régimen, su progresivo aislamiento y la formidable crisis económica de
1890 ocasionaron un movimiento cívico y una sublevación militar conocida como revolu-
ción del Parque o revolución del 90, que tuvo grandes consecuencias políticas. ocasionó la
caída de Juárez Celman y la construcción de una oposición de vastos alcances a partir de
la unión Cívica, que articuló el movimiento, integrando a viejos autonomistas, federales,
mitristas e, incluso, las simpatías o al menos la aquiescencia del roquismo. en 1891, la dis-
crepancia con el acuerdo entre el ala mitrista de esa agrupación con el roquismo y el presi-
dente Pellegrini generó la creación de la unión Cívica radical, que en las siguientes décadas
tendría una gran importancia en la política argentina y en la erosión del régimen oligárquico.
Cárcano vio truncada su carrera política nacional por este episodio revolucionario, siendo
desplazado por Pellegrini, roca y mitre.
Con la caída de Juárez Celman en 1890 se retiró de la vida política, realizando al año
siguiente un largo viaje por europa donde, entre otros, asistió a un curso sobre tuberculosis
bovina dictado por el profesor vallée en la conocida escuela de Alford, y se interiorizó de
los diversos modelos de la educación universitaria. Al regresar al país se dedicó en pleno a
su estancia Ana maría, a orillas del río tercero, en Córdoba, en la localidad hoy llamada con
su nombre: “yo mismo conduzco los bueyes, abro el surco inicial y doy el primer golpe de
Aires, 1957, 16 pp.; Quién es quién en Argentina; biografías contemporáneas, guillermo Kraft, Buenos Aires,
1939, pp. 91-ss.; rodolfo g. frank, Ramón J. Cárcano, Portal de la Academia nacional de Agronomía y vete-
rinaria, miembros de número fallecidos, http://www.anav.org.ar, última consulta 27/10/2007.
44 £ lA guerrA del PArAguAy Como ProBlemA HistoriogrÁfiCo
pala para cavar los cimientos de la nueva vivienda”, recordó en sus memorias.
53
introdujo allí
notables adelantos técnicos: una vacuna contra el carbunclo para el ganado bovino preparada
especialmente en el instituto Pasteur de París, importación de un arado a vapor fowler e in-
troducción de vacunos de raza Polled durham; junto con un grupo de ganaderos gestionó la
visita al país del eminente veterinario profesor lignières.
volvió a la actividad pública en 1907 como presidente de la Comisión Asesora de ense-
ñanza Agrícola. Al incorporarse el instituto superior de Agronomía y veterinaria a la uni-
versidad de Buenos Aires como nueva facultad en 1909, Cárcano fue designado vicedecano
de la misma, cargo que ocupó hasta el retiro del doctor Arata como decano en 1911. Junto
con los restantes miembros del Consejo directivo fue designado académico de número de
la Academia nacional de Agronomía y veterinaria al ser fundada en 1909 por el ingeniero
agrónomo rodolfo g. frank. en 1910 fue elegido nuevamente diputado nacional. Presidente
de la Convención Constituyente de la provincia de Córdoba en 1912 e interventor nacional en
la provincia de san Juan en 1913, fue electo ese año gobernador de la provincia de Córdoba,
hasta 1916. su gobierno se destacó por su acción progresista, especialmente por la política
agropecuaria y las mejoras en los sistemas viales de la provincia. en 1921 fue elegido decano
de la facultad de Agronomía y veterinaria de la universidad de Buenos Aires. Al concluir
su decanato fue miembro del Consejo superior de la uBA en 1924 como representante de la
facultad. en 1925 fue elegido nuevamente gobernador de Córdoba, mandato que ejerció hasta
1928. en 1932 fue nombrado presidente del Consejo nacional de educación. entre 1933 y
1938 fue embajador argentino en río de Janeiro.
Cárcano fue autor de numerosas obras de carácter jurídico e histórico: El general Quiroga
y la expedición al desierto (1882), Perfles contemporáneos (1885), La Universidad de Cór-
doba (1892), Historia de los medios de comunicación y transporte en la Argentina (1893),
Estudios coloniales (1895), La reforma universitaria (1901), La raza Polled Durham Shor-
thorn (1903), La misión Mitre en el Brasil (1913), De Caseros al 11 de Septiembre (1919),
Del sitio de Buenos Aires al Campo de Cepeda (1921), Juan Facundo Quiroga (1931), La
Guerra del Paraguay, sus orígenes y sus causas, entre otras. también sus memorias Mis
primeros 80 años, publicadas en 1943. fue miembro de número elegido en 1901, todavía en
vida de mitre, de la Junta de Historia y numismática Americana —desde 1938 Academia
nacional de la Historia—, siendo su presidente en dos periodos: de 1919 a 1923 y de 1931 a
1934. Casado con Ana sáenz de zumarán tuvo tres hijos, entre los cuales se destacó miguel
Ángel, quien fue canciller del presidente Arturo frondizi e historiador. ramón J. Cárcano
murió en Córdoba el 2 de junio de 1946 a los 86 años de edad.
53
ramón J. Cárcano, Mis primeros ochenta años, Pampa y Cielo, Buenos Aires, 1965, p. 123.
45
notas y variaciones sobre la naturaleza humana y la realidad
José Antonio mAtesAnz∗
en las páginas que siguen me propongo plantear de modo muy somero algunas ideas sobre
la naturaleza humana, preparando así el camino para refexionar posteriormente con mayor
detalle sobre la naturaleza del historiador y de la realidad histórica. no trato aquí de hacer
una historia de lo que se ha pensado sobre el tema de qué o quién es el hombre, que ha sido
mucho y muy sustancioso sobre todo en nuestra lengua —consideremos, por ejemplo, los
textos de francisco romero, José gaos y eduardo nicol—,
1
sino proponer algunos cami-
nos novedosos que pueden abrir perspectivas diferentes a las que estamos acostumbrados en
nuestro ambiente académico.
una de las características del ser humano que propongo tengamos en cuenta porque puede
ser de interés para el historiador, proviene de la sabiduría hindú tradicional, la cual afrma que
el hombre es de origen divino. Tal afrmación no es exclusiva de esa cultura; se da en muchas
otras. Sin ir muy lejos, en la Biblia se afrma que el hombre está hecho a imagen y semejanza
de dios, y en múltiples escrituras sagradas de todo el mundo se postula que dentro del ser
humano hay una chispa que proviene de la divinidad.
Por lo que pueda tener de signifcado para el historiador, creo conveniente ponderar aquí
una escritura hindú
2
que habla precisamente de las características de dios, y que puede pres-
tarnos su estructura para conducirnos por estos caminos, para correlacionarlas con las del ser
humano, y para ver, a fn de cuentas, o por principio, en qué pueden relacionarse, e iluminar-
nos sobre la realidad del historiador y de la historia misma.
en la literatura sánscrita se suele hacer un gran énfasis en que el universo ha sido creado por
la divinidad por medio del sonido, y en que ese sonido se manifesta fundamentalmente en for-
ma de palabras. la palabra misma se concibe como una enorme fuerza creadora. en la literatura
sánscrita, y por consiguiente en la cultura hindú, se ha destacado específcamente cuál es la pa-
labra con la que la divinidad crea el universo. es ya bien conocido que esa palabra es Aum.
3
* Doctor en historia por El Colegio de México. Profesor de tiempo completo Titular “C” defnitivo (PRIDE
“C”), en los Colegios de Historia y estudios latinoamericanos de la unAm. miembro del sistema nacional de
investigadores (sni) del Conacyt, como investigador nacional nivel i.
1
francisco romero, Teoría del hombre, Buenos Aires, losada, 1965. José gaos, Del hombre, méxico, fCe-
unAm, 1970. eduardo nicol, Ideas de vario linaje, méxico, facultad de filosofía y letras-unAm, 1990.
2
Citada en The aphorismas of Shiva. The Shiva Sutra with Bhaskara’s Commentary, the Varttika, nueva
york state university of new york Press, 1992, p. 190.
3
Podemos encontrar una muy amplia exposición sobre los signifcados de AUM en Georg Feuerstein, The
Yoga Tradition. Its History, Literature, Philosophy and Practice (foreword by Ken Wilber). Prescott, Hohm
Press, 1998.
46 £ notAs y vAriACiones soBre lA nAturAlezA HumAnA y lA reAlidAd
los mitos actúan como metáforas del mundo. en uno de los mitos hindús se cuenta que
cuando la divinidad se despierta de su sueño intemporal, advierte sobresaltada que está sola,
completamente sola. no existe nada más que ella misma; no hay ni siquiera un mundo donde
estar; no existen ni el tiempo ni el espacio. decide entonces crearse su propio espacio, su
propio tiempo y su propia compañía: decide crear mundos y seres.
Ahora bien, ¿qué va a utilizar para esa creación? no existe ningún material fuera de sí
misma; no hay ladrillos, cemento, arena, piedra, telas, colores, palabras, ideas, materiales, en
fn, nada de lo que el artista humano se vale para realizar sus creaciones. No hay nada más
que ella misma. entonces tiene que actuar como las arañas que construyen su tela a partir de
su propia sustancia. ellas mismas la segregan de sí mismas. el mito postula entonces que la
divinidad crea el mundo a partir de su propia sustancia. la divinidad se proyecta, creando,
y esa creación la tiene que situar en sí misma, pues no hay un espacio ni un tiempo fuera de
ella. y crea por medio de una palabra, un sonido, la célebre partícula Aum, dentro de la cual
se afrma que existen todos los sonidos posibles. La divinidad crea múltiples universos, los
elimina, los reabsorbe y se esconde dentro de ellos.
también en la cultura judeocristiana encontramos esta idea. el evangelio de san Juan
principia con la célebre afrmación:
en el principio existía la Palabra
y la Palabra estaba con dios,
y la Palabra era dios.
ella estaba en el principio con dios.
todo se hizo por ella
y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.
en ella estaba la vida
y la vida era la luz de los hombres,
y la luz brilla en las tinieblas
y las tinieblas no la vencieron.
4
en la cultura hindú la palabra que está en el principio, y con la cual se crea el universo es
Aum. en la cristiana, la Palabra se convierte en Cristo.
Podemos hacer correlaciones entre la física cuántica y el conocimiento esotérico antiguo,
lo cual ha abierto muchos nuevos caminos para explicar lo que todavía no sabemos. Hay
físicos que aseguran que en el universo está resonando esa partícula, creándolo de continuo.
se han hecho muchos experimentos con esa partícula exactamente. en uno de ellos se utiliza
un aparato que consiste en una tela sobre la cual se pone arena, y a la cual se le proyecta esa
palabra, esa partícula de Aum, y la forma que ha producido es precisamente el maha yantra,
una fgura que dentro de la tradición hindú representa el universo creado.
Ciertos sonidos producen ciertas formas, por eso es posible poetizar afrmando que todas
y cada una de las formas que existen en el universo provienen de sus propias canciones, que
las confguran, que las hacen, que les dan forma. Resulta muy atractivo pensar que mi exis-
tencia misma pende de una canción, que me es propia y exclusiva, concebir que la inagotable
variedad de los seres que pueblan el mundo tienen su propia tonada.
4
Biblia de Jerusalén, Bilbao, desclée de Brouwer, 1992, p. 2431.
José Antonio mAtesAnz £ 47
Ahora bien, regresando a las características de la divinidad —ya hemos postulado que
pueden ser las que distinguen a los seres humanos—, de acuerdo con la tradición escritural
hindú en cuestión, que gusta mucho de los análisis semánticos, están derivadas de la propia
raíz del nombre: deva, devi, deva = dios, devi = diosa. la raíz de la palabra es “div”, que
tiene seis signifcados, a cual más interesantes y signifcativos.
Espero que resulte instructivo analizarlos para ver si podemos identifcarnos con ellos, y
ver si en efecto las características divinas son también humanas, y si son, por tanto, también
por lo menos algunas de las características del historiador, a quien nadie, espero, podrá ne-
garle que es ser humano.
En primer lugar signifca juego. la estructura misma del juego tiene mucho que decirnos
sobre las formas en que actúa la divinidad, y también sobre la naturaleza humana, la natura-
leza del historiador, y sobre la estructura de la acción del historiador mismo y de la historia.
los principios mismos del juego permiten establecer que en todos los juegos —sean de mesa
o tablero, deportivos, de inteligencia, socializantes, etcétera— hay un espacio y un tiempo
arbitrarios, convenidos, que han sido abstraídos del espacio y el tiempo comunes y corrientes,
y que en cierto sentido han adquirido la categoría de sagrados, sacralizados, es decir relacio-
nados con el sacrifcio. Además, se ha convenido en ciertas “reglas del juego”, que los dotan
de estructuras dentro de las cuales se pueden mover los jugadores con gran libertad y creativi-
dad, en principio inagotables, pero con los límites establecidos por las reglas convenidas.
una de las críticas que suelen hacerse al ejercicio de la política o de las relaciones huma-
nas en ciertos entornos es precisamente “que las reglas del juego no están claras”, o que no se
obedecen. todo juego tiene sus “faules”.
observando en profundidad el objetivo mismo de todo juego, además de propiciar el ejer-
cicio de nuestras potencialidades al máximo (a los jugadores que se han esforzado al máxi-
mo se les perdona que pierdan), está el de acceder al gozo total, al éxtasis mismo, durante el
juego y al término de éste. Lo ejemplifca con claridad el grito de la muchedumbre cuando
su equipo, con el que juega vicariamente —el público es un jugador extra—, anota un gol;
o la profunda satisfacción que sobrecoge al jugador de ajedrez que ha podido darle mate al
rey contrario, o incluso cuando se deja llevar por la profunda emoción de estar perdiendo.
sobre esto último, la profunda emoción del perdedor, stefan zweig ha escrito espléndidos
cuentos.
la divinidad juega. Juega en ciertas formas muy peculiares. Juega libre del deseo de
ganar y del miedo de perder, juega por el puro gusto de jugar. Juega al juego de verterse a
sí misma, “hacia afuera”, hacia la manifestación del cosmos entero, inspirada por su propia
naturaleza, que es un éxtasis creador ininterrumpido e inagotable. Juega a las escondidas,
pues se esconde de sí misma y de los seres humanos. la naturaleza misma de deva, de dios
—o de la Diosa—, es el éxtasis continuo; experimentarlo es el propósito específco y con-
creto del juego, sea o no consciente. Jugamos para gozar, sea con el fútbol, con la guerra o
con el amor.
entre las características de div, en segundo lugar está el deseo de prevalecer, el deseo de
salirse con la suya. en este sentido no iría muy descaminado si le adjudico a la divinidad una
naturaleza fundamentalmente femenina. Para ejemplifcar esto recurro a un cuento clásico en
el que se narra que en cierta ocasión el rey Arturo, de mítica memoria, fue retado a luchar por
un caballero vestido de negro, con el rostro cubierto por la celada de su yelmo. el rey Arturo,
orgullosamente, apostó su reino, y el caballero de negro el suyo.
48 £ notAs y vAriACiones soBre lA nAturAlezA HumAnA y lA reAlidAd
el rey perdió. el caballero desconocido le dijo entonces:
—te regreso tu palabra si me contestas una sola pregunta, una sola.
—¿Cuál es?, preguntó ansiosamente Arturo.
—Quiero que me digas qué es lo que quiere una mujer. tienes de plazo hasta mañana.
trotando hacia Camelot, ensimismado y preguntándose cuál podría ser la respuesta,
de pronto se le atravesó en el camino una vieja: la dama ragnell. era horrible, estaba
jorobada, era tuerta, coja, desdentada, iba cubierta de harapos. detuvo el caballo del rey
por la brida y le dijo:
—rey Arturo, yo tengo la respuesta para la pregunta que te inquieta. te la voy a dar,
pero tiene un precio.
—¿Qué es lo que quieres?
—Quiero casarme con sir gawain.
sir gawain era el caballero más apuesto y cotizado de la corte, pero al rey le pareció que
el precio de su reino bien podía ser la mano de uno de sus más feles caballeros. Estaba
seguro de que el caballero le obedecería, fuera cual fuera la orden, y por lo pronto quiso
jugar con la vieja.
—está bien —dijo—. Aceptado. ¿Qué es lo que quiere una mujer?
—lo que quiere una mujer es salirse con la suya.
—te estás burlando de mí —replicó irritado el rey.
—Hablo en serio. ve y corrobóralo.
el rey se apresuró a regresar con el caballero desconocido, quien, efectivamente, aceptó
que ésa era la respuesta correcta.
regresaba feliz el rey hacia su castillo, olvidado de su promesa, cuando la vieja se le
atravesó de nuevo.
—es hora de que me pagues —dijo.
no tuvo más remedio que llevársela a Camelot, y ahí le informó a sir gawain de su
promesa, palabra de rey.
las lágrimas y los lamentos de las damas de la corte que se habían hecho ilusiones sobre
el hermoso caballero no ablandaron a la vieja, que especifcó sus deseos: boda en regla,
vestido de lujo, cardenal para ofciar la ceremonia, catedral, fores, damas de honor,
banquete, músicas y todo lo demás.
la ceremonia se llevó a cabo. todo mundo desorbitaba los ojos, viendo aquel caballero
tan joven, tan elegante, tan guapo, que por fdelidad a las órdenes de su rey se casaba con
aquella bruja horrenda, vestida de sedas, cubierta de perlas y diamantes. A la hora en que
terminó la festa Sir Gawain se quiso escurrir y se despidió galantemente de su esposa,
pero ella lo tomó de la mano y le advirtió:
—nada de eso, sir gawain. esposo y esposa pasan juntos la noche.
ya solos en la alcoba nupcial, la vieja se le acercó, amorosa.
—dame un beso —le dijo, y sir gawain, que ya se había acostumbrado a obedecer, se
lo dio.
¡y, oh maravilla! Aquella vieja de pronto se convirtió en una hermosísima doncella, tan
hermosa como quiera la imaginación. sir gawain pasó feliz la noche con ella.
en la mañana la doncella le dijo: “fíjate que ese beso de amor que me diste rompió el
conjuro que me impuso una bruja enemiga, pero ese beso nada más me libró de la mitad.
Ahora tú tienes que escoger: yo puedo pasar solamente medio día, así como me ves,
joven y guapa; el otro medio día regreso a ser vieja y fea. ¿Qué preferes? ¿La noche o la
mañana? ¿doce horas durante el día o doce horas por la noche?
entonces, sir gawain dijo: —elige tú.
José Antonio mAtesAnz £ 49
la mujer sonrió triunfante: —Acabas de librarme de la segunda parte de mi maldición
al permitirme elegir.
5
¿Podemos tener alguna duda de que, efectivamente, lo que una mujer quiere es salirse con
la suya? Cualquiera que sea esa “suya”, lo que la mujer quiere es prevalecer, triunfar en lo que
se propone; y no estará de más agregar que ese deseo, consciente o inconsciente, es también
el del hombre.
la intención de la devi, del deva, es ser superior a todos, prevalecer, y en eso consiste su
propia libertad, salirse con la suya, esa es su libertad divina. ¿Hay alguien, ser divino o ser
humano que no tenga deseos de prevalecer y de triunfar, y que no valore la posibilidad de
elegir el triunfo o el fracaso, condición específcamente humana?
en tercer lugar, otra de las características de la divinidad es comportarse en formas muy
variadas. la divinidad no está atada a una forma de comportamiento concreta, y a veces
pueden ser formas que de acuerdo con nuestra ética y moralidad humanas nos pueden parecer
feroces. la divina naturaleza, por ejemplo, da muestras de ferocidad; sin embargo, no le po-
demos adscribir ni buenas ni malas acciones; la “ferocidad” es un juicio de valor humano. no
podemos decir que las tormentas que se han abatido sobre las costas del mundo sean “malas”
o “buenas”. sencillamente son. Que los animales busquen en primer lugar su supervivencia,
y que para ello maten, tampoco es ni bueno ni malo, es sencillamente una condición misma
de la naturaleza.
también una de las características del ser humano, como del ser divino, es que nos com-
portamos en formas muy variadas. es nuestra naturaleza, es nuestra libertad, es nuestra ca-
pacidad de elegir. Se manifesta fundamentalmente en el discurso del pensamiento. Basta
con observar nuestra propia mente, que es capaz de crearlo todo. Por supuesto, cosa muy
distinta es llevar ese todo a la práctica, concretarlo, materializarlo, pero en la mente podemos
imaginarlo todo. la diferencia con dios es que él-ella sí puede llevarlo a la práctica. ¿sin
esfuerzo?
¿inmediatamente? no, no es cierto eso de que dios dijo “Hágase la luz” y la luz se hizo,
o “Háganse los animales” y los animales se hicieron, inmediatamente y en aquel instante.
También Él­Ella, o Ella­Él, si se prefere, tiene sus tiempos, también la creación se toma sus
millones de años, como nos lo muestra la evolución. también ella hace ensayos, como nos lo
muestra la historia de los dinosaurios.
una cuarta es el brillo, la iluminación, el hecho de que fundamentalmente la divinidad es
luz. Él brilla, Ella brilla, y por eso manifesta todas las cosas. Lo ilumina todo y se ilumina a
sí misma, como el sol. no podemos imaginar un mundo sin luz. no sería posible. no podría-
mos ver lo que hay. la luz está aquí y en todas partes. está sobre todas las cosas y todos los
seres, y por eso nos podemos ver, y por eso mismo podemos ser e iluminar aquello en que nos
enfocamos, nuestros “objetos”.
en quinto lugar él-ella también es alabado, porque todas las cosas se inclinan hacia él
o ella. ella-él es la creadora de todo lo que existe. no hay nada en el mundo que no surja
directamente de la divinidad. si hubiese algo más, podríamos preguntar ¿quién lo hizo? ¿de
5
He tomado el cuento del libro de swami durgananda, The Heart of Meditation. Pathways to a deeper
experience, south fallsburg, sydA foundation, 2002, pp. 120-122.
50 £ notAs y vAriACiones soBre lA nAturAlezA HumAnA y lA reAlidAd
dónde salió? todo está hecho de su propia sustancia, y por eso merece alabanza. también la
merece el ser humano por su capacidad creadora.
y en sexto lugar es movimiento. todas y cada una de estas características se conectan
unas con otras. la divinidad se mueve continuamente, como continuamente se mueve el ser
humano, el tiempo y el espacio, y por supuesto la historia. sus cualidades son por una parte
el conocimiento, y por la otra la acción, es omnisciente y todopoderosa, no tiene límites, todo
está bajo su control y en movimiento constante. En el evangelio se afrma también algo que
a primera vista puede sonar un tanto sorprendente —el evangelio está lleno de afrmaciones
sorprendentes—; en algún momento dice: “no caerá a tierra ni uno solo de tus cabellos sin
que el señor lo permita, y no caerá a tierra ni una sola de las hojas de un solo árbol sin que el
señor lo permita”. ¿entonces la divinidad está atenta a las hojas de los árboles y a los cabellos
de mi cabeza? ¿todo lo controla? según señala esta característica, todo movimiento es su
propio movimiento, y haciendo la extensión del caso, sus movimientos, de alguna manera,
son los nuestros. Por lo que concierne a la capacidad mental humana, ella es también capaz
de concebirlo todo.
naturaleza divina, naturaleza humana, por tanto naturaleza del historiador, que incide di-
rectamente con la actividad misma del historiador, de aquello de que se ocupa, de sus objetos,
de la realidad histórica. ¿Qué es la realidad histórica, qué es la realidad misma? se suele
acudir en muchas ocasiones al término “la realidad”, sobre todo cuando se quiere acusar a
alguien de que no la tiene en cuenta. en muchas diatribas podemos leer la acusación “fulano
de tal no tiene en cuenta la realidad”. y ante esta acusación lo primero que viene a la mente
es ¿la realidad según quién? ¿Acaso la realidad, cualquier cosa que ella sea, se nos da tal cual,
directamente?
En su signifcado propio y común, tomado de algún diccionario de flosofía, “la realidad”
designa el modo de ser de las cosas, en cuanto existen fuera de la mente humana, e indepen-
dientemente de ella. ¿es posible esto? ¿Hay algo que exista fuera de la mente humana? es
evidente que sí. Pero lo que ya no es tan evidente es que yo me pueda apropiar de esa realidad,
la que sea, sin recurrir a mi mente, sin recurrir a mis sentidos, sin recurrir a alguna mediación.
toda realidad se capta a través de mediaciones. el historiador tiene muchas.
la más común de esas mediaciones es la que nos proporciona la vista. y aunque el instru-
mento directo de nuestra vista son los ojos, la operación de ver es también, y sobre todo, men-
tal. el ojo capta luces, sombras y colores, pero inmediatamente, en una fracción de segundo,
revisamos lo que vemos según el archivo guardado en la memoria, y reconocemos aquello que
vemos comparándolo con lo que hemos visto anteriormente. de aquí el movimiento de sorpre-
sa y de desconcierto al ver algo totalmente nuevo. Para ver algo hemos de categorizarlo. y sea
nuevo o familiar, del archivo subconsciente de la memoria pasamos a la siguiente operación
del ver, que es utilizar el intelecto para nombrarlo. Por medio de la potencia del intelecto es que
verdaderamente vemos al nombrar. el intelecto juzga, discierne, categoriza, nombra; en otras
palabras, crea. la operación de ver no termina ahí, pues a la vez que funciona el intelecto, fun-
ciona también la capacidad de apropiación, el ego: “soy yo el que ve, esto o aquello”. entonces
la defnición de realidad como “aquello que existe en cuanto está fuera de la mente humana”,
funciona en cuanto no nos estamos apropiando de ella, pues al momento de hacerla nuestra no
tenemos más remedio que usar las potencias del aparato psíquico, es decir, de la mente.
No será ocioso plantear a continuación un problema de cierto interés flosófco: la realidad,
¿es una sola, o son muchas realidades? una rápida respuesta puede ser que la realidad posi-
José Antonio mAtesAnz £ 51
blemente sea una, pero lo que es evidente de inmediato es que hay muchas formas de captarla.
la realidad exige muchas mediaciones.
El hombre se caracteriza por su capacidad de extender sus sentidos a fn de captar la
realidad que lo rodea, y la suya propia. un par de anteojos es un extensión de mis ojos, una
pluma o un desarmador son extensiones de mis manos, un coche de mis pies y un avión
una extensión de mis alas, o de mis deseos de volar. Por medio del espejo puedo verme, aun-
que mi izquierda esté a mi derecha. los libros son extensiones de nosotros mismos.
Para ver que efectivamente la realidad es una, podemos utilizar extensiones que pone a
nuestro alcance la tecnología contemporánea.
Hace varios años, en la estación del metro la raza colocaron fotos tomadas del libro
Powers of ten: about the relative size of things in the universe (Poderes de diez: sobre el
tamaño relativo de las cosas en el universo).
6
A manera de introducción, en el libro se hace una explicación sobre el tipo de mediciones
que va a hacer, utilizando “poderes” de diez, es decir, se van a tomar fotografías cada diez
“pasos”; entonces de un metro se pasa a diez metros, a cien metros, a mil, a diez mil, cien mil,
etcétera. y al revés, es decir a cantidades cada vez más pequeñas, pero siempre con un múl-
tiplo de diez.
las fotografías están tomadas directamente de la realidad que podemos ver a primera vis-
ta. la foto que inicia la secuela es de una pareja que está acostada en un parque en Chicago,
celebrando un picnic, con su canasta de comida. después la cámara se enfoca en la mano del
hombre, que es la dimensión a que estamos acostumbrados. es la dimensión que tiene, por
ejemplo, una silla, un borrego, un sembrado de trigo, una rueda, un leopardo, un pavo real,
es la dimensión común y corriente. Pero luego la cámara empieza a introducirse en la mano
del caballero, es decir empieza a tomar fotos de distintos niveles y distintas dimensiones. si
la primera foto está tomada a un metro, la siguiente es a diez centímetros. tenemos entonces
la dimensión de un reloj, una mano, una rana, un camarón, un ratón, una for. La siguiente va
más hacia adentro de la piel, a un centímetro, y la piel se magnifca. La dimensión es entonces
la de un teclado, unos pequeños botones de plata, un champiñón, un insecto, una huella digi-
tal, la forma que tiene la espuma del jabón. luego la cámara entra más en la piel, y está a un
milímetro, el tamaño de una semilla, la textura de un tejido que parece un campo sembrado,
un organismo acuático, la sal de mesa, la cabeza del tornillo de un reloj, circuitos electrónicos
que parecen una ciudad vista desde arriba. la siguiente es de 10,100 micrones, y es la dimen-
sión de un tejido, de los surcos de un disco de 33 revoluciones, un protozoario, unas criaturas
marinas. Luego puede verse un vaso sanguíneo, y un linfocito, un glóbulo blanco, que fnge
ser una especie de for. Aquí la cámara ya va a los 10 micrones, en el nivel 10 a la ­5, y va pro-
fundizando cada vez más. sigue el nivel de un micro metro, en el que podemos ver bacterias,
muchos organismos marinos, células, las más pequeñas células del cuerpo humano.
En el libro se afrma que en un cuerpo humano, por ejemplo, hay cien veces más células
que las estrellas que hay en la galaxia, es decir, hay cien veces más posibilidades de clonación
del ser humano que el número de estrellas. luego en el 10 a la menos 7 son mil Armstrongs, y
aquí ya la fotografía toma las espirales del dnA, del Ácido desoxirribonucleico, que es donde
6
Por Philip y Phycis Morrison y The Offce of Charles and Ray Eames, Nueva York, Scientifc American
library, 1999.
52 £ notAs y vAriACiones soBre lA nAturAlezA HumAnA y lA reAlidAd
están colocados los genes, los cromosomas. Ahí está el centro mismo de la vida, de lo que
somos, y de lo que somos cada uno de nosotros individualmente. se muestra un hilo de dnA de
unos cuántos centímetros, donde está almacenado cada uno de los 46 cromosomas del núcleo
de toda célula humana; ahí está lo que somos: el color de los ojos, el color del pelo y de la piel;
nuestras peculiaridades, si somos muy enérgicos o muy lentos. según el psicoanalista José
rubio sólo hay dos temperamentos, nada más que dos, rápido y lento. Con el temperamento
se nace y se muere; no cambia. lo que sí cambia es el carácter, pues éste se adquiere por
medio de reacciones ante los estímulos externos.
en el 10 a la menos 8, 100 armstrongs, está la escalera molecular, una doble “ese”: “la
individualidad del organismo está en la secuencia continua de los diferentes peldaños”. ya
con la delimitación del genoma se ha visto que toda esta complejidad se da con cuatro letras
nada más, cuatro posibilidades que se combinan de una forma prácticamente infnita. Se trata
de un alfabeto que implica mensajes químicos, deletreados molecularmente. todo lo que es
vida tiene ese alfabeto. La historia que se cuenta en cada célula del cuerpo difere de indi-
viduo a individuo; somos seres individuales, parecidos, análogos, no iguales. los rieles de
la escalera se dividen durante la duplicación de la célula; cada uno actúa como una plantilla
para una nueva copia completa de la escalera de peldaños. las células se dividen, al princi-
pio exactamente iguales, pero después, dentro de los estudios evolutivos se muestra que hay
distintas variaciones que en un momento determinado son muy importantes, pues explican la
individualidad.
después de ver las hélices del Adn, la fotografía va más hondo y se llega hasta la dimen-
sión 10 a la 6° potencia, en que se puede ver el átomo de carbono, parecido también a una for.
la cámara va penetrando cada vez más hondo, se mete en el núcleo, ¿y qué es lo que hay al
fnal? Al fnal lo que hay son dos ¿cosas, entes, elementos?, que han retratado: por una parte
hay quarks, puntos de luz. Todavía más, dentro de los quarks hay branes, que tienen la fgura
de clips. se ha postulado que estos clips se pueden colocar prácticamente en una cantidad
infnita de posiciones, y que son ellas las que determinan cuál va a ser la forma en que los
quarks se van a “coagular”, en alguna de las materias que existen.
los quarks son luz que vibra, y al vibrar, al cantar, crean las formas. tienen razón las escri-
turas tradicionales: estamos hechos de luz. Poetizando podríamos preguntar, ¿con qué vibran,
qué es lo que las mueve? las mueve el amor de la forma. los quarks, enamorados del plástico
acabaron, por ejemplo, en botellas, en tela, en los múltiples objetos hechos de su materia. los
quarks enamorados del agua acabaron en los ríos, el mar, los arroyos; y los que se enamoraron
de la carne, en los volúmenes de todos los seres hechos de carne que poblamos el mundo.
todo está hecho de luz. nosotros, la madera, el papel, el plástico, el vidrio, igual que el
hígado, los riñones, el corazón y todo lo demás que en el mundo existe está hecho de luz que
vibra, y que cuaja en formas. los físicos todavía no se ponen de acuerdo del todo sobre cómo
se mueve la luz. ¿se difunde por medio de partículas o se difunde por medio de ondas? se
ha optado por concluir que se difunde de las dos formas, unas veces por medio de partículas,
otras veces por medio de ondas, lo que determina ciertos fenómenos diferenciados de la luz,
que en cierta forma dependen del espectador que las contempla.
no nos metamos en mayores complicaciones hablando de las partículas subatómicas: pro-
tones, electrones, neutrones, neutrinos, y quién sabe qué más; se postulan ya 36 o 38, aunque
las últimas no las han podido fotografar, lo único que han podido hacer es calcular que ahí
están porque tienen alguna infuencia sobre las demás.
José Antonio mAtesAnz £ 53
Ahora bien, estos quarks tienen a veces peculiaridades sorprendentes, porque a veces es-
tán y no están, y son responsables de que estemos en comunicación continua con el cosmos.
estamos, a la vez, donde estamos, y expandidos hasta el último rincón del universo. trató de
explicarlo Itzhak Bentov, científco, inventor de aparatos de laboratorio científco, quien en
su libro Stalking the Wild Pendulum. On the Mechanics of Consciousness
7
(Observando el
péndulo salvaje. Sobre la mecánica de la conciencia), postula que somos como péndulos y
obedecemos al principio de indeterminación de Heisenberg.
el gran físico Heisenberg desarrolló la idea de que el momento, es decir el lugar en que se
encuentra un cuerpo determinado, es igual a su masa multiplicada por su velocidad. momen-
to = masa por velocidad. Ahora bien, todo cuerpo, tenga la masa que tenga, se comporta como
si fuera un péndulo, y a la pregunta, ¿en dónde está el péndulo cuando su velocidad es cero?
¿está en perfecto reposo, y su momento es cero?, Bentov responde que está en todas partes y
en ninguna. es decir que en ese momento, por así decirlo, el cuerpo se expande hasta abarcar
el tamaño del universo entero, como si fuera un globo, y se contrae instantáneamente, cae
hacia la encarnación cuando renueva su movimiento. el cuerpo que vibra como péndulo está
conectándose con el universo entero; nosotros también, según esta imagen, porque nuestros
cuerpos también se comportan como péndulos. Por supuesto, no tenemos conciencia de ello,
afortunadamente.
los arquetipos que están empezando a usarse son los de la física cuántica, ya no los de la
física newtoniana, que sólo funciona para ciertos niveles de la realidad y del conocimiento. ya
no se puede decir con newton que el mundo es como una maquinaria de relojería; ahora se está
planteando como un organismo de naturaleza todavía misteriosa. Hoy se plantea, por ejemplo,
que nuestra madre tierra gea es un solo organismo, que reacciona defendiéndose ante la
depredación humana. los polos se están derritiendo, hay gaviotas donde no solía haberlas, los
osos polares se están extinguiendo, el nivel del mar va subiendo, y pronto nueva york, lon-
dres, tuxpan, veracruz y muchas ciudades más van a quedar debajo de las aguas, si no es que
han sido destruidas por los ciclones de nivel cinco que ahora proliferan en el mundo.
Ahora bien, regresando a la utilización de las extensiones humanas, y a la realidad, en
Poderes de diez no se utilizan los lentes nada más para ir hacia adentro, sino también hacia
arriba. en esta serie de fotografías no sólo se usa el microscopio, sino también el telescopio.
y van hacia arriba, dando brincos de diez: diez, cien, mil, diez mil, etcétera. Al principio es un
hombre y una mujer acostados en un parque de Chicago. luego podemos ver todo el parque,
con su muelle, y todo un enorme barrio, seguido por los grandes lagos, el norte de estados
unidos y méxico, con su forma tan característica. y luego se ve la tierra, preciosa: parece
una perla azul y blanca, con manchas de café. se puede determinar dónde está méxico por su
forma de cuerno de la abundancia y de la península de Baja California.
la fotografía se lanza luego hacia el cosmos, hacia el sistema solar, los planetas que cono-
cemos, y más arriba. y podemos entonces ver estrellas, y galaxias y galaxias, y en un momen-
to dado podemos corroborar que tienen razón los esotéricos, que así como es abajo es arriba, y
si en un momento dado, al entrar en la realidad material humana podemos ver que los quarks
parecen polvo de estrellas, en la galaxia al fnal lo que hay es polvo de estrellas.
7
itzhak Bentov, Stalking the Wild Pendulum. On the Mechanics of Consciousness, nueva york, e.P. du-
tton, 1977.
54 £ notAs y vAriACiones soBre lA nAturAlezA HumAnA y lA reAlidAd
Podemos entonces empezar a creer en la unidad del universo. mundos paralelos, no equi-
valentes, por supuesto, porque el tamaño de la galaxia es algo inconmensurable, maneja
cantidades infnitamente grandes, mientras que el cuerpo humano las maneja infnitamente
pequeñas. la vía láctea, dentro de la cual nuestro sistema solar no es más que una motita
de polvo, es una entre billones de galaxias, y los físicos están postulando que este universo
se va expandiendo, se va expandiendo, y creando nuevos mundos. en los hoyos negros la
materia se va concentrando y concentrando, hasta que todo desaparece, sorbido en su propio
centro. del otro lado ¿qué hay?, se postula que hay un hoyo blanco. de un lado la materia
va desapareciendo, parece que todo se destruye, y se funde en una densidad tan grande que
desaparece, pero por el otro lado es posible que lo que esté sucediendo es que se crean otros
mundos. la mayor cantidad de lo que hay es espacio, no es materia, es espacio. y hay una
materia negativa, para la cual todavía no se ha encontrado explicación. la física cuántica está
llena de sorpresas, y diciendo mucho sobre la estructura y la naturaleza del universo.
Pero no son los niveles infnitamente grandes o infnitamente pequeños los que interesan
al historiador. resulta muy instructivo saber que todos los seres estamos conformados por el
sonido y la luz, pero cómo logran danzar juntos para darle forma a las inagotables formas que
pueblan el mundo ya no es cuestión que nos competa. la realidad que sí compete al historia-
dor es la que se inicia con los seres humanos.
Averiguar cómo llegamos aquí compete más bien al biólogo que estudia la evolución y
que puede entonces plantearse el problema de la intervención de dios. me animo a utilizar la
palabra dios, pues no tengo pleito casado ni con la palabra ni con él-ella mismo o misma.
Pero como historiadores tenemos que dejar el problema de lado. recuerdo una escena
tomada de una película, Monsieur Verdoux, de Chaplin. es una metáfora muy bella que puede
aplicarse a esto. Chaplin hace el papel de un asesino serial que se dedica a casarse con mu-
jeres solas, ricas y las asesina, y según eso les está haciendo un favor, porque solas… mejor
mandarlas al otro mundo. Chaplin aprovecha para hacer una comparación con los productores
de armamento que van a ser factor muy importante para la guerra, que ya está ahí. A fn de
cuentas, en comparación, es un poquitero. y claro, él se quedaba con el dinero para ayudar a
su familia, a su mujer, que estaba paralítica, a sus hijos. lo agarran y lo condenan a la guillo-
tina. en la escena que encuentro llena de simbolismo para el historiador él está esperando en
su celda la hora de la ejecución. en ese momento entra un sacerdote alto, solemne, vestido de
negra sotana, y monsieur verdoux se levanta graciosamente y le dice: “¿Qué puedo hacer por
usted padre?”. el padre queda un tanto sorprendido y responde: “Hijo mío, vengo a ayudarte
a que te reconcilies con dios”. “entonces su presencia aquí no es necesaria —responde mon-
sieur verdoux—, porque mi pleito no es con dios, es con los hombres”. Chaplin manda por
un tubo al curita, y va tranquilo hacia la guillotina.
efectivamente, el pleito del historiador es con los hombres. ¿interviene dios en la Histo-
ria? Pues si interviene, seguramente lo hace actuando como azar, y defnitivamente a través
nuestro. somos los hombres los responsables, y si hay pleito, si acaso hay pleito, es con los
hombres. A dios lo dejamos aparte.
Calculo que no queremos caer en el fundamentalismo, que yo creo es la cosa más abomi-
nable del universo. el fundamentalismo es una vertiente de la locura. “yo tengo la verdad, yo
estoy del lado de dios, y dios me ha dado la verdad a mí, y sólo a mí”.
Ahora bien, si dios interviene a través de nosotros, entonces nosotros qué papel desem-
peñamos, ¿cómo es que nosotros intervenimos? esto sí ya es cuestión del historiador. ¿Hará
José Antonio mAtesAnz £ 55
su historia a partir de las características de la divinidad que reseñé anteriormente? ¿el his-
toriador juega, quiere salirse con la suya, se comporta en formas variadas, brilla e ilumina,
gusta de ser alabado, está en continuo movimiento? ¿Qué relaciones tiene todo esto con la
ponderación de la realidad histórica y de las formas en que podemos crearla?
materia todo ello de futuras disquisiciones.
literAturA:
el lenguAJe literArio y sus AlCAnCes
59
¿Todavía tiene sentido la historiografía literaria?∗
françoise perus**
la pregunta con la que intento abrir aquí el debate en torno a la historiografía literaria es sin
duda provocadora, aunque no del todo fuera de lugar: parte de las transformaciones que, des-
de unas pocas décadas, se pueden observar en las formas de existencia social y cultural de la
literatura, y de las manifestaciones artísticas en general. de manera extremadamente sintéti-
ca, dichas transformaciones consisten en una marcada tendencia —más o menos generalizada
a escala continental, e incluso más allá de ella— a la mercantilización de la cultura en su con-
junto, tanto de la letrada como de la popular; vale decir, en la conversión de las obras literarias
en “objetos” de “consumo” para un público masivo con escasa —o mermada— formación
propiamente artística. no es mi propósito examinar ahora los factores que intervienen en esta
mercantilización, en el desplazamiento de los recursos de capital —nacionales o no— hacia
la “cultura”, y en las políticas que, con base en la asociación de las instituciones estatales y el
sector privado, coadyuvan en el reforzamiento de dicha tendencia. tampoco pretendo poner
en cuestión las capacidades de este público masivo para “gozar” de lo que “consume”.
Al hablar de la formación de los lectores realmente existentes, me refero muy concreta-
mente a las modalidades de su relación con los libros —con los de literatura en particular—,
hoy cada vez más desvinculadas de las enseñanzas del sistema escolar universitario, y cada
vez más absorbidas por las instituciones encargadas de la promoción mercantil del libro y
los llamados “bienes culturales”. en este nuevo marco —caracterizado por la multiplica-
ción de ferias y festivales sumamente costosos, y por la multiplicación de actividades anexas
destinadas a fomentar una relación “lúdica” (emotiva antes que refexiva) con los últimos
“productos” promovidos por la mercadotecnia y ensalzados por la publicidad mediática— la
actividad lectora tiende, al menos en primera instancia, a confundirse con el espectáculo y
con la “comunión” en actos colectivos. en éstos, los individuos participan sin duda de manera
“libre” e “imaginativa”, aunque no sin seguir al propio tiempo las instrucciones predetermi-
nadas por los intereses mercantiles en juego, respecto del uso de los espacios, los tiempos y
los “productos”. ejemplos recientes de esta nueva modalidad: las “lecturas en voz alta” —de
El Quijote o de Cien años de soledad—, o la “fridomanía”, en la que la literatura tiene sin
duda un papel secundario (“Cada quien su frida”), pero que participa del mismo fenómeno
global.
* este trabajo fue presentado en el marco de la Cátedra guimarães rosa, dirigida por la maestra valquiria
Wey, el 28 de agosto de 2007 en la facultad de filosofía y letras de la unAm.
** maestra en letras hispánicas por la universidad Paul valéry de montpellier, francia. investigadora
titular “C” de tiempo completo defnitiva en el Instituto de Investigaciones Sociales de la unAm. Profesora del
Posgrado en estudios latinoamericanos. miembro del sistema nacional de investigadores, nivel iii.
60 £ ¿todAvíA tiene sentido lA HistoriogrAfíA literAriA?
Con estos breves apuntes —que merecerían sin duda análisis más detenidos— no se trata
obviamente de poner en duda la relevancia de El Quijote o de Cien años de soledad, ni la de
la obra pictórica de frida Kahlo. tampoco se pretende desconocer los efectos colaterales
de estos “acercamientos del público a los libros”, o la “desacralización” del arte —literario o
no— que traen consigo estas políticas, en las que algunos quisieran ver un proceso de “demo-
cratización de la cultura”, hasta hace poco supuestamente reservada a unas “elites” más o me-
nos privilegiadas. Con todo, respecto tanto de la mencionada “democratización” como de la
supuesta “desacralización”, conviene recordar en primer lugar que la relevancia de las obras,
de las antes citadas como de otras muchas, se halla en relación directa con la labor de análi-
sis, de sistematización y de re-creación de tradiciones literarias muy diversas por parte de la
crítica y la historiografía literaria especializadas, afncadas en el sistema educativo tradicional
y republicano, en principio abierto por igual a todos. la relevancia de una obra literaria no
es un dato natural, ni mucho menos una esencia siempre igual a sí misma, de los que tan sólo
se va echando mano para promover actividades que lindan entre el turismo y la cultura. esta
relevancia es el resultado de una paciente y siempre renovada labor de creación y re-creación
de un legado de fronteras y confguraciones inestables, que concepciones republicanas de la
vida social y cultural habían logrado, mal que bien, convertir en un bien público, como tal
sujeto a múltiples interpretaciones y debates de todo orden. en términos económicos —pues-
to que son los que rigen ahora nuestro mundo, cultural o no—, puede considerarse que, en
aquellas formas de usufructo del legado material y espiritual de las diversas tradiciones, opera
una subrepticia transferencia de “valor” de la esfera pública hacia esferas e intereses priva-
dos —unos transnacionales y otros no—, que lucran con la mercantilización de estos bienes
públicos. y, en cuanto a la supuesta “desacralización” del arte y la literatura, no deja de ser
relativa: si bien las “industrias culturales” acercan, teóricamente al menos, estos “bienes” al
“público en general”, también crean sus propios rituales y sus propias formas de comunión en
torno al último producto ofrecido al consumo de quienes disponen del tiempo y los recursos
necesarios para participar en ellos. Lejos de ser sosegado y refexivo, basado en el discerni-
miento, la deliberación y el juicio personales e íntimos, este “consumo” se orienta hacia las
últimas promociones, a las que acompañan la saturación mediática de las interpretaciones
posibles del “producto”. en otras palabras, induce formas particulares de “lectura”, menos li-
bres e imaginativas de lo que se suele pregonar. Cabe subrayar además el carácter efímero de
estos rituales y estas comuniones, que duran tan sólo el tiempo de agotar el producto, pronto
sustituido por otro. mientras la forma de la relación se mantiene como patrón de conducta, los
objetos de consumo se suceden unos a otros, y caen por turno en el olvido, a la espera de un
nuevo “boca a boca”, que vuelva a ponerlos en circulación e insufarles un instante de “vida”.
A falta de productos nuevos lo bastante normalizados como para arriesgar cuantiosas inver-
siones, el prestigio “histórico” —que no es lo mismo que la historia o la memoria histórica
y cultural— también suele servir de acicate para seguir manteniendo la confusión entre dos
formas distintas de valor: la forma mercantil y la estética, literaria y cultural.
luego de este esbozo de contextualización —sin duda esquemático, y que tan sólo apunta
a destacar tendencias y procesos de fondo—, vuelvo a la pregunta inicial acerca de la perti-
nencia de seguir manteniendo o no formas de historiografía literaria. Hasta no hace mucho,
éstas venían cumpliendo con el papel de organizar y transmitir el legado de las tradiciones,
nacionales o no. De hecho, estas empresas historiográfcas surgieron en Europa —en Fran-
cia, en particular—, ligadas a la generalización republicana de los sistemas de enseñanza, y
frAnçoise Perus £ 61
con el fn de poner al alcance de las nuevas mayorías escolarizadas lo que había sido hasta
entonces el privilegio de una aristocracia ociosa pero culta, gracias a la labor de clérigos e
intelectuales dedicados, entre otras cosas, a proveerla de los medios para afnar su sensibili-
dad, su inteligencia y su gusto con la frecuentación de las llamadas Bellas letras. salvando
los trabajos pioneros de roger Chartier y robert escarpit, poco se han estudiado las mo-
difcaciones profundas de las relaciones de los lectores con los libros, aparejadas no sólo
con el desmantelamiento del ámbito de las “Bellas letras” sino también con las modernas
transformaciones de las formas de socialidad en cuyo marco se ejerce la lectura, se forman
las mentes de los lectores y sus relaciones con lo que leen. Digamos, para simplifcar, el
tránsito —no lineal desde luego— de los claustros a los salones y los cenáculos, y de éstos
a la escuela, sin contar con aquellas formas populares de lectura en voz alta en talleres ar-
tesanales o en clubes gremiales, o ligadas a aquellos mercaderes ambulantes que recorrían
países enteros ofreciendo entre otras mercancías toda clase de “literatura” destinada a di-
versas personas industriosas, que se congregaban en torno de ella para escuchar y comentar.
en europa, estas transformaciones se produjeron a todo lo largo del siglo xix, y encontraron
en la escuela republicana su principal forma de reorganización social y cultural. Al lado de
aquella, el reagrupamiento de los sectores letrados en torno de instituciones paraestatales, y
las pugnas entre cenáculos por el acceso a los benefcios de dichas instituciones —de los que
hablan los trabajos de Pierre Bourdieu— no representan sino la dimensión más visible de esta
reorganización de fondo. Al margen del proceso de conjunto, la supuesta “autonomización”
del campo literario, y de la “literatura” como actividad específca y desligada de los avata­
res del mundo, es una fcción carente de sustento socio­cultural, aunque no desprovista de
efectos ideológicos de largo plazo. A raíz de la descomposición del todo orgánico de las
Bellas letras, que tuvo en la ilustración su momento culminante, la aparición de la moderna
noción de literatura, la redefnición de su lugar y papel en la cultura, y las transformaciones de
las diversas concepciones que acompañan esta (re)defnición, son el resultado de un proceso
tan zigzagueante y complejo como el del surgimiento y el desenvolvimiento de disciplinas
como la historia, la flosofía o las ciencias exactas.
Se suele afrmar —también en América Latina— que las empresas de historiografía lite-
raria responden, en su ámbito propio, a proyectos de consolidación del estado-nación. se-
gún esta concepción, se trataría de la organización y sistematización del propio legado de
la tradición letrada con el objeto de contribuir a la cimentación de una “conciencia” o una
“identidad” nacionales. también se admite que las modalidades de organización y transmi-
sión de este legado toman por modelo la historiografía positivista francesa —Hypolite taine
y Gustave Lanson— de fnales del xix, ligada como acabamos de ver a la generalización de la
enseñanza en aquel contexto. sin embargo, más allá del traslado de este modelo historiográ-
fco clasifcatorio, en buena medida calcado sobre el modelo de las ciencias naturales, para
América latina estas aseveraciones plantean al menos dos problemas. el primero atañe al
carácter sumamente problemático de los estados surgidos de las guerras de independencia, y a
su pronta consolidación liberal­oligárquica hacia fnales del xix: salvo excepción, dichos esta-
dos no llegaron a plantearse, y menos a llevar a cabo un proyecto generalizado y propiamente
republicano de escolarización y enseñanza. Aun hoy, y pese a los reiterados esfuerzos por am-
pliar y consolidar esta función del estado-nación por parte de algunos gobiernos hoy tachados
de “populistas”, la generalización de la enseñanza básica en el ámbito latinoamericano sigue
siendo bastante limitada y defciente, cuando no se halla en franco retroceso. De tal suerte que
62 £ ¿todAvíA tiene sentido lA HistoriogrAfíA literAriA?
las formas de socialidad implicadas en la relación con el libro y la tradición letrada —lo que
es preciso leer y cómo leer— no pueden generalizarse al conjunto de la población latinoame-
ricana: la literatura no ha tenido, ni tiene en estas latitudes el papel de primer orden que ha
tenido en otras latitudes en la formación de las individualidades subjetivas, y sigue habiendo
una profunda escisión entre los sectores “letrados” y los que no lo son.
sin embargo, sería un error deducir de esta escisión que los sectores “iletrados” no han
tenido ni tienen contacto alguno con la tradición culta, o al menos con varios de sus elemen-
tos. Al igual que las crónicas del descubrimiento y la Conquista, la narrativa latinoamericana
del siglo xx —y en algunos casos también la lírica, aunque en forma más limitada— ponen
de manifesto múltiples formas de sedimentación “oral” de muchos elementos provenien­
tes de las tradiciones greco-latinas o europeas. no todo el imaginario popular es, o ha sido,
de procedencia prehispánica, ni siquiera de procedencia colonial y religiosa: las amalgamas,
o las huellas en él, de espacios-tiempos históricos y culturales muy disímiles y lejanos son de
hecho la regla, y sabido es el partido que la “poética de lo real maravilloso americano” (en los
términos de Alejo Carpentier), o el “nuevo regionalismo” (en los términos de la “transcultura-
ción” elaborados por Ángel rama) han buscado sacar de ello, en el afán por “universalizar” la
“originalidad” latinoamericana. más allá de la literatura, nociones como las de “sincretismo”
(religioso), de “mestizaje” (étnico y/o cultural), de “hibridación” o de “heterogeneidad cultu-
ral”, y más recientemente la de “multiculturalismo”, son nociones que expresan, cada una a
su manera y con sus implicaciones analíticas propias, un problema de fondo. todas ellas dan
cuenta de los muy diversos orígenes y la heterogeneidad de los materiales que concurren en la
confguración de los mundos fcticios, y de la capacidad de estos materiales para migrar de un
espacio­tiempo a otro, lo que en rigor no debería convertirse en un rasgo defnitorio de la na-
rrativa del subcontinente: ¿acaso no abundan en otras latitudes las obras que traen a su propio
tiempo y espacio de enunciación los elementos más diversos en cuanto a sus orígenes?
más allá de sus divergencias conceptuales, el problema planteado por aquellas nociones
es en realidad otro, y consiste en las formas de socialidad y de relación con el lenguaje, sin
duda muy disímiles, en las tradiciones populares y letradas (a lo que habría que añadir hoy las
formas de relación con el lenguaje mediático). en otras palabras, el problema no radica tanto
en la “heterogeneidad” de los materiales, cuanto en las modalidades de la enunciación y las
convenciones socio-culturales que intervienen en ellas. no basta por lo tanto mantenerse en
el solo estudio de temas y estilos, ni tampoco en una concepción formalista de la organización
del mundo narrado. El asunto medular es de forma, en el sentido de la fguración concreta del
narrador (o los narradores) y de las relaciones, relativamente inestables, que éste entabla con
los materiales y mantiene con los diversos aspectos del mundo que viene narrando, puesto
que de ahí se desprenden las orientaciones cognitivas y valorativas que busca despertar en
su lector. y no se trata tan sólo de “procedimientos” formales, por cuanto en la credibilidad
de este narrador intervienen las formas culturales concretas de la relación social-verbal con
el lenguaje y con la imagen del interlocutor —auditor o lector— potencial implicado en la
forma de la enunciación. este problema de credibilidad de la voz narrativa resulta tanto más
relevante cuanto que ésta se halla generalmente atrapada entre mundos sumamente disímiles,
social y culturalmente separados y en contienda, sobre cuyos abismos busca tender puentes.
Por ello, hablo de credibilidad antes que de verosimilitud: con esta distinción pretendo hacer
énfasis en la capacidad de la voz narrativa para involucrar a los lectores potenciales en el
mundo de la fcción, para dialogar con ellos, para inquietarlos y devolverlos a los interro-
frAnçoise Perus £ 63
gantes de su propio mundo, lo que convenciones sociales y culturales muy dispares vuelve
particularmente problemático.
en esta perspectiva de análisis cobran particular relevancia los obstáculos que presen-
ta, para los narradores hispanoamericanos, la forma de la narración histórica y en tercera
persona; esa misma que las nomenclaturas llaman omnisciente y que supone lo uno de la
Lengua y la Cultura —y la identifcación entre ambas—, y la estabilidad del punto de vista.
en efecto, son notorias las tendencias de estos narradores a mezclar lenguajes y formas, la
marcada inestabilidad y la asombrosa versatilidad de las voces narrativas, sin contar con
la marcada propensión de dichas voces a traspasar una y otra vez las fronteras reales e ima-
ginarias que acogen o construyen, y a revertir o entrecruzar los puntos de vista dentro de una
misma narración concreta. el problema no es nuevo y se remonta de hecho a las crónicas
del descubrimiento y la Conquista. de modo que si como piensan algunos toda literatura
se desenvuelve en múltiples direcciones y de modo no lineal, a partir de las virtualidades
de un género fundador, en el caso latinoamericano, éste bien podría ser las crónicas del xvi.
la exploración consecuente de las diversas orientaciones, los entrecruzamientos, quiebres
y reconfguraciones de estas “geologías” particularmente inestables —que, antes que a la
construcción de un “sistema” o de una supuesta “originalidad” latinoamericana, habría de
conducir a la elaboración histórico-comprensiva, hoy más necesaria que nunca, de un espacio
de experiencias literaria y cultural— bien podría abrir paso a nuevas formas de historiografía
literaria, al menos para el subcontinente americano. Podría, asimismo, contribuir a la recupe-
ración, hoy más necesaria que nunca, de un espacio de experiencias que diera su justo lugar
a la historiografía y a la crítica literaria latinoamericanas en las orientaciones y los debates
atingentes a nuestras disciplinas.
Lo planteado hasta aquí atañe a la confguración y la transmisión del legado de las diversas
tradiciones literarias: nuevamente ¿qué leer y cómo leer?, y ¿cómo tejer lazos necesarios y
vivos con los textos y las obras? lazos todos éstos que son precisamente los que la lógi-
ca mercantil destruye junto con el valor y la relevancia cultural de las obras. ningún texto
signifca por sí solo, o signifca poco y mal si no deviene obra —forma­sentido concreta y
viva— al entablar un diálogo siempre renovado entre sus presentes —los de la enunciación
y de la lectura— y sus pasados; esos mismos pasados que la enunciación conjuga para traer-
los a los presentes de la enunciación y de la lectura. No creo equivocarme al afrmar que, en
nuestra labor docente, todos hemos experimentado los límites y los inconvenientes de las
nomenclaturas de la historiografía decimonónica y los de la lógica temporal que le subyace,
ajenas en buena medida a las temporalidades propias de las formas artísticas y a sus modos
de existencia social. estas modalidades de historiografía han sido abandonadas desde media-
dos del siglo pasado, pero aún no hemos encontrado la manera de reemplazarlas y ofrecer a
quienes buscan resistir las actuales compulsiones mercantiles, los medios más idóneos para
orientarse en el laberinto de eso que llaman hoy “cultura” o “literatura”. esta orientación
contempla la necesidad de proveer de instrumentos histórico-conceptuales de análisis y va-
loración, que contribuyan al discernimiento entre las prácticas artísticas y las que no lo son,
y al restablecimiento de los nexos vivos —y por ende problemáticos— entre las formas y los
lenguajes artísticos, por un lado, y los demás lenguajes, institucionalizados o no, que orientan
nuestro sentir y nuestras acciones cotidianas por el otro. Con ello quiero decir que, en cuanto
a la forma y al lenguaje propiamente artísticos, la literatura no es una manifestación “cultural”
entre otras, en el sentido laxo e indeterminado que se da actualmente al término “cultura”.
64 £ ¿todAvíA tiene sentido lA HistoriogrAfíA literAriA?
desde su forma y su lenguaje propios, los textos artísticos entablan con este conjunto hetero-
géneo y escurridizo al que se llama hoy indiscriminadamente “imaginario” o “cultura”, mo-
dalidades específcas de diálogo y cuestionamiento de los lenguajes establecidos, incluidas
las percepciones, las representaciones, o las ideas asociadas con ellos. desde esta perspecti-
va, las prácticas artísticas cumplen conjuntamente con un doble papel de de-multiplicación de
los legados de la cultura y de formación sensible y refexiva de las subjetividades individuales
y sociales. doble papel que, desde luego, no reemplaza ningún manual para “tener éxito”,
para “ser un amante perfecto”, o para “tratar con personas difíciles”.
¿Cómo construir entonces conjuntos comprensivos, que sin dejar de tomar en cuenta la
irreversibilidad de los procesos histórico-literarios, ofrezcan al mismo tiempo formas de orga-
nización y de lectura que no coarten la relación del lector y su mundo con el mundo de la obra,
y que contribuyan al mismo tiempo a profundizar y enriquecer esta “experiencia” de lectura?
la problemática así formulada no carece de antecedentes en la teoría y la historiografía litera-
rias, mismos a los que aludía al principio de esta exposición al destacar el carácter provocador
de su encabezado. Me refero desde luego a los planteamientos de Hans Robert Jauss y a la
teoría de la recepción alemana, situados en las encrucijadas entre la teoría y la crítica estruc-
turalistas, por un lado, y la hermenéutica, por el otro. Basada en la puesta entre paréntesis del
sujeto y la referencia, y en la proyección de los conceptos y las reglas destinados a la descrip-
ción del signifcante sobre el plano de los signifcados, las primeras abrieron la puerta para
la conversión de los textos en pre-textos (artefactos abstractos) para la coronación del lector,
promovido a rango de co-creador, cuando no de verdadero creador de la obra, puesto que ésta
sigue estando “muerta” mientras el lector no le otorga vida. el recurso a la hermenéutica, en
cambio, puede considerarse como una de las vías encontradas para contrarrestar los excesos
del formalismo estructuralista, para buscar salidas a sus muchas aporías, y para devolver a los
textos y a las obras literarias parte de su función histórica, social y cultural, sin descuidar el
papel activo del lector. las nociones básicas de comprensión y explicación, y la de fusión de
horizontes del autor y el lector, constituyen indudablemente caminos abiertos para volver a
pensar, no tanto la historia de la literatura a la usanza tradicional, cuanto la de la “experiencia
literaria”, vale decir la de sus “efectos” y sus diferentes “recepciones”.
no puedo extenderme aquí sobre los caminos abiertos o cerrados en el entrecruzamiento
de estos dos universos teórico­conceptuales. A riesgo de simplifcar —una vez más—, quisie-
ra con todo dejar planteadas por lo menos dos interrogantes. la primera atañe a la impronta
predominantemente flosófca de la hermenéutica y su concepción del lenguaje, que presu-
pone lo Uno de la lengua y la cultura. Por la vía del sentido y la signifcación, propicia el
reencuentro con otras nociones previas —las de “cosmovisión” o de “visión del mundo”—,
que conducen, o bien a cuestiones flosófcas, o bien a cuestiones ideológicas, en el sentido
estricto de la palabra, con o sin “teoría del refejo” de por medio. La cuestión central sigue
siendo la concepción de la forma artística, la del “acabamiento” de la forma del texto y del
“inacabamiento semántico” de la obra artística, o si se quiere lo que Lotman defnió en La
estructura del texto artístico como “la imagen fnita de un mundo infnito”. En culturas como
las nuestras, nacidas de una conquista, prolongada por varios siglos de coloniaje y neo-colo-
niaje, y marcadas por la escisión de mundos y culturas, por la acentuada heterogeneidad de
los materiales y por la no interiorización de la propia “centralidad” —esa misma que autoriza
la universalidad (abstracta) de la enunciación bajo la forma del llamado narrador “histórico”
u “omnisciente”, tan problemática en la narrativa latinoamericana—, las nomenclaturas pro-
frAnçoise Perus £ 65
puestas por una y otra corrientes conceptuales resultan hasta cierto punto inadecuadas. en
efecto, al postular lo uno de la lengua y la cultura, derivan los problemas de la forma hacia
la unidad del texto, entendida ante todo como estructura del enunciado. Con ello, tienden a
pasar por alto —al considerarlos tan sólo como una de las funciones del enunciado— los
problemas relativos a la enunciación y sus implicaciones concretas para el diálogo ceñido
que toda obra busca entablar con sus lectores potenciales. en particular, las variaciones del
ritmo y las entonaciones valorativas por donde pasan tanto las modulaciones de la misma voz
narrativa y sus relaciones concretas con los lenguajes y las formas en las que se apoya y de
las que se deslinda, como la ubicación perceptiva, valorativa y cognitiva del lector implicado,
tan inestable como la de quien asume la narración. Al confundir la forma con la estructura
formal —y abstracta— del enunciado, dejan al lector la “libertad” de completarla o rellenarla,
obviando la cuestión central de las condiciones inscritas en la forma artística y compositiva
del texto, de un auténtico diálogo con la obra.
Aunque muy sucintamente formulada aquí, esta restitución de la forma como algo vivo
y concreto, acaso podría contribuir a restablecer los nexos vivifcantes entre las diferentes
tradiciones artísticas y los lenguajes y las formas por los que todos transitamos en nuestro
diario vivir, a desacralizar la literatura sin banalizarla, y a devolverle algo de su papel activo,
creador y recreador de cultura, en el sentido estricto de la palabra. Asimismo, y por cuanto
abre la puerta al cuestionamiento de las concepciones aristotélicas de la representación, esta
reconsideración de los problemas de forma acaso podrían abrir paso a otras modalidades
de confguración y reconfguración del legado de las tradiciones, que no tendrían por qué
verse convertidas en “letra muerta”, a la espera de una dudosa epifanía. y, tal vez, podrían
contribuir también en deshacer no pocos lugares ideológicos de la historiografía y la crítica
literarias latinoamericanas, demasiado tributarias de nomenclaturas y sistemas conceptuales
que responden a procesos culturales y literarios distintos. en efecto, el hecho de colocar el
problema de la enunciación y su relación con lenguajes y formas provenientes de tradiciones
muy diversas —letradas o no, nacionales o no— en el corazón de la forma artística conduce
necesariamente a asumir la centralidad propia (que es preciso no confundir con una “univer-
salidad” eminentemente metafísica) dentro de un “diálogo de culturas” —sin duda difícil y a
menudo extremadamente confictivo— que, lo queramos o no, se instauró aquí y desde aquí
con la conquista de América. Antes que ir desgranando “diferencias” que devuelven a cada
uno a su propia trinchera, importa hoy más que nunca la exploración de las posibilidades e
imposibilidades de este diálogo —la de sus muchas vías, azarosas o no, logradas o no—, y la
recuperación de este “espacio de experiencias” para la comprensión de este presente histórico
nuestro, por demás incierto.
67
formación y representación
Hermenegildo BAstos*
¿Cuáles son las formas de representación específcas de una literatura, como la nuestra, ergui-
da sobre la confrontación entre la imitación dislocada de las literaturas matrices y la materia
local que se obstinaba en escapar al modelo de representación transplantado; de una literatura
dedicada mucho más, cuando menos hasta antes del sistema literario consolidado, a imitar
los modelos extranjeros y que, así, se escapaba de conocer el país? Aunque la literatura se
escapase de conocer el país, éste se inmiscuía en la obra terminando por modifcar los mode-
los. la representación se hace dentro de modelos construidos históricamente, construcción
que, siendo literaria, es también política. el proceso de construcción del modelo brasileño
de representación es el mismo proceso de formación del sistema literario y de la tentativa de
construcción del país. Parto de un caso específco, el de Vidas secas.
Un comentario a Candido sobre Graciliano
Antonio Candido observa que graciliano “...trabajó como una especie de procurador del per-
sonaje, que está legalmente presente, pero al mismo tiempo ausente. el narrador en él quiere
identifcarse con el personaje, y por eso hay en su voz una cierta objetividad de relator. Mas
quiere hacer las veces del personaje, de modo que, sin perder la propia identidad, sugiere la
de él”.
1
la relación escritor-narrador/personaje en Vidas secas es una representación del poder
de representación, lo que nos lleva a la noción de mimesis como aparece en Auerbach. más
que representar en el sentido de reproducir algo preexistente, mimesis es el acto (actividad)
de hacerse presente.
graciliano, al asumir el privilegio que lo diferencia del personaje, lo hace a modo de pre-
sentarlo y analizarlo. Vidas secas, como parte de una tradición local, radicaliza una cuestión
básica de la fcción brasileña —la de la relación narrador (letrado) / personaje (iletrado). En
otras palabras: ¿cómo negociar la inclusión en la obra del excluido social?
∗ doctor en teoría y literatura comparada por la universidad de são Paulo, Brasil. Profesor de tiempo
integral de la universidad de Brasilia. en 2005-2006 realizó una estadía de investigación en el Centro de inves-
tigaciones sobre América latina y el Caribe, e impartió un seminario sobre literatura brasileña en la facultad
de filosofía y letras de la unAm.

1
Antonio Candido, “50 anos de Vidas Secas”, en Ficção e confssão. Ensaios sobre Graciliano Ramos, 3ª
ed. revista pelo autor. rio de Janeiro, ouro sobre Azul, 2006.
68 £ formACión y rePresentACión
en Brasil, donde la representación democrática era una imitación del modelo extranjero,
una “idea fuera de lugar”, para usar la expresión de roberto schwarz, los impases en la repre-
sentación se reduplican porque indician la impropiedad local, pero apuntan también hacia el
embuste de la democracia en el sistema capitalista como un todo.
en la política, representación es la relación entre aquel que habla y aquellos que le delegan
el derecho y el poder de hacerlo. los que delegan permanecen al mismo tiempo presentes y
ausentes en el gesto de representación.
Antes de colocar la cuestión de la obra como representación de la historia, se coloca la
cuestión del escritor como representante de clase o grupo social. la condición de personaje
cuyo destino es más o menos negociado con el escritor-narrador es manifestación de eso.
la representación política en la literatura se da de dos maneras: 1) en el modo como ella es
ejercida en la vida social, en las instituciones, etcétera; 2) en la relación entre los personajes, o
entre éstos y el narrador (y el escritor), y por lo tanto, en la representación política internaliza-
da en la obra. De la efcacia estético­literaria dependerá el valor de la representación política.
Como método de análisis, cabe partir de la representación literaria, sobre todo porque ella
contiene mucho más política de lo que a primera vista se ve. el grupo, comunidad, país, nación,
precisarán refnar sus modos de representación estética para que ella tenga sentido político.
en El dieciocho brumario marx señala que los pequeños campesinos no podían auto-re-
presentarse, por eso debían ser representados. la razón de eso radica en el hecho de que los
campesinos eran una clase. eran una clase en el sentido de que tenían intereses diferentes de
las otras clases sociales de la francia de entonces; mas no lo eran porque entre ellas hubiese
“sólo una ligación local y en que la similitud de sus intereses no crea entre ellas comunidad
alguna, ligación nacional alguna, sin organización política...”
2

de esas palabras debemos entender que representación es, en el mundo moderno, antes
que nada, un fenómeno político de clase.
en Vidas secas la representación es de las contradicciones vividas por el autor y su na-
rrador en el trato con la vida social brasileña. en el capítulo “el mundo cubierto de penas”,
acompañamos el esfuerzo de fabiano (y también del escritor) por entender las palabras de
sinha Vitória. ¿Cómo entender que las pequeñas aves mataban el ganado? fabiano inicia un
razonamiento complejo que poco después se torna simple. no se trataba apenas de entender
las palabras de sinha Vitória, sino de analizar todo el proceso de la explotación capitalista.
Jalando ese hilo, nos deparamos con algo que es como si la propia narrativa pensase:
—fabiano, mi hijo, ten coraje. ten vergüenza, fabiano. mata al soldado amarillo. los
soldados amarillos son unos desgraciados que precisan morir. mata al soldado amarillo
y a los que mandan en él.
3

este razonamiento es al mismo tiempo del narrador y del personaje, pero entre ellos hay un
desfase. A rigor no es del personaje ni del narrador, es la propia narrativa que se comenta y re-
feja, dejando ver un instante de saturación del cuestionamiento y, así, instalando el desfase.
el personaje desmonta la metáfora de sinha Vitória yendo hasta la comprensión de la
cuestión social y lo hace más o menos según los modelos de la izquierda brasileña de
2
Karl marx, O Dezoito Brumário, são Paulo, Abril Cultural, 1974, p. 403 (Colec. “los Pensadores”).
3
graciliano ramos, Vidas secas, 58ª ed., rio de Janeiro, record, 1986, p. 111.
Hermenegildo BAstos £ 69
la época, que se empeñaba en acciones que resultasen en la concientización del trabajador del
campo. Podríamos pensar que el narrador asume este papel de agente de la concientización,
aunque, bien observado, graciliano se distancia de esa perspectiva. la ironía contenida en la
narrativa nos remite a otra perspectiva: no es sólo el personaje que aprende, sino también el
narrador. tampoco el narrador (el intelectual) detenta ahí el conocimiento de los caminos que
deberían ser recorridos en las condiciones sociales concretas de aquel momento.
uno de los índices de esa ironía está en el uso del condicional. en principio, se puede
pensar que el condicional expresa una hipótesis —“las sabandijas excomulgadas eran la
causa de la sequía. si pudiese matarlas, la sequía se extinguiría” (p. 113)—, pero más que una
hipótesis, me parece un distanciamiento del narrador: de pensarse así, se llegará a ese punto,
pero ¿y si no ocurre así? la evolución del razonamiento no se completa. Alguna cosa no se
acomoda, queda fuera.
una lectura menos cuidadosa vería ahí el paternalismo de siempre del intelectual brasile-
ño. Pero no es eso lo que ocurre. la verdad es que somos todos aprendices, y el intelectual
tiene que aprender con ése que es aparentemente el sertanejo bronco.
la obra representa los impases de la revolución brasileña y ahí sobresale el impase del
intelectual (el autor y su narrador) en su relación con el pueblo (el personaje). Vidas secas está
lejos del paternalismo de clase. si falta a fabiano el poder de representar, ¿para qué inventar
una obra en que él representase? Ahí tendríamos otro tipo de representación, aquella a la cual
escaparía el país real, o que se construiría como una forma de lo literariamente correcto.
mas si fabiano no representa, con todo invade el discurso del narrador, imponiéndole con-
diciones de procuración. la identidad entre forma y materia en el estilo de graciliano resulta
de una negociación con el personaje fabiano.
Notas sobre las gravitaciones del realismo en Roberto Schwarz
La afrmación de que, por los criterios convencionales, sería mejor considerar a Machado de
Assis un escritor anti-realista
4
puede ser tomada como un indicio de la difcultad en defnir
realismo. dice schwarz que machado trabajó con esquemas aparentemente anti-realistas, pero
que, si pensáramos en el espíritu distintivo del realismo como la ambición de capturar la socie-
dad contemporánea en movimiento, él es un gran realista. Que hay dos acepciones de realismo
(una más restricta, datada en el siglo xix, y otra, más amplia, que traduce una concepción del
arte y de su relación necesaria, en lo casual, con la historia). ése no es el único problema aquí.
Podemos preguntar si las dos acepciones se condicionan mutuamente, y ¿cómo el realismo del
siglo xix requirió una crítica que formulase una concepción realista de la historia de la litera-
tura restringida a ese mismo siglo, proyectando la visión de la Historia subyacente a la idea
amplia de realismo? Además, cabe preguntar si, y en qué términos, se puede hablar de realismo
a propósito de la literatura modernista, y de la literatura que se practica hoy.
las cuestiones del realismo en roberto schwarz comienzan por la discusión de cómo la
literatura brasileña procuró apropiarse de los modelos realistas europeos y por la búsqueda
4
roberto schwarz, “A Brazilian Breakthrough”, en New Left Review 36, noviembre-diciembre, 2005.
disponible en www.newleftreview.net
70 £ formACión y rePresentACión
de entendimiento de la diferencia entre los signifcados que las formas literarias tienen en el
centro y en la periferia.
en la dialéctica localismo/cosmopolitismo, pensada por Antonio Candido como uno de
los elementos de la lógica de funcionamiento de la literatura y de la cultura en países como
el nuestro, se encuentra el camino para el ecuacionamiento del problema. los modelos cos-
mopolitas tienen que adaptarse a las condiciones locales. las formas literarias importadas
deben, para tener algún rendimiento expresivo, procesar la materia local. ¿Cómo entender el
signifcado de obras como Senhora de Alencar que no llegaron al realismo —y eso porque fal-
taban al país las condiciones de vida burguesa del individuo en crisis y en confrontación con
la sociedad, materia del realismo del siglo xix europeo—, mas, de modo opuesto, no dejaron
tampoco de evidenciar (¿sin querer?) su propia falla? Al crítico, a su vez, cabe confar “en el
valor de conocimiento del arte”.
5
“...la literatura brasileña no es la repetición de formas creadas en europa, es algo nuevo”,
afrma Schwarz
6
en un ensayo seminal sobre otro ensayo seminal —la “dialética da malan-
dragem” de Antonio Candido. las Memórias de un sargento de milícias, consideradas por un
buen tiempo como precursoras del realismo, fueron inicialmente desbancadas por Antonio
Candido de ese lugar y, en seguida, alzadas otra vez a la altura de las obras realistas, aunque
por otra razón. Candido demuestra que falta al libro el valor de documento, no siendo, por
tanto, ése el sentido de su realismo. el realismo está antes en el hecho de que la obra permite
ver el funcionamiento de la sociedad brasileña, la forma social brasileña. en otras palabras:
Memórias de un sargento de milícias capta la sociedad en movimiento, realiza una “crítica
basada en el sondeo del mundo contemporáneo”.
el realismo en cuestión no es espejista. la forma social objetiva precede a la forma ar-
tística y, en ese proceso, el trabajo del escritor es la formalización de lo no-literario. “una
composición sólo es imitación si lo es de algo organizado...”, observa schwarz y añade: ésa
es una “teoría enfática del realismo literario y de la realidad social en tanto que formada”.
7
en
las Memórias tenemos la “imitación de una estructura histórica por una estructura literaria”.
Así, la originalidad nacional de la obra está, antes, en la realidad representada. La refexión
que ellas emprenden, y que depende de la forma estética (más allá de la crónica documental),
es sobre el país verdadero y éste no es el país pintoresco y del corazón, es el de las clases
sociales.
Cabe encontrar el país real en la forma literaria, ésta es el “punto de partida de la refexión”
crítica. en el caso de las Memórias la dialéctica del orden y del desorden es “la propia forma
de la novela, la ley de su intriga”.
8
el crítico llegará así a “una estructura de estructuras, o
mejor, a una estructura compuesta de otras dos: la forma de la obra, articulada al proceso
social...”
9

Así como la literatura brasileña no es mera repetición de la literatura europea, la crítica
literaria brasileña encuentra su originalidad en descubrir y analizar procesos sociales y litera-
5
roberto schwarz, “Pressupostos, salvo engano, da ‘dialética da malandragem’”, en Qué horas são?
Ensaios, são Paulo, Companhia das letras, 1989, p. 141.
6
Ibidem, p. 134.
7
schwarz, ibidem, p. 141.
8
Ibidem, p. 138.
9
Ibidem, p. 140.
Hermenegildo BAstos £ 71
rios nuevos. A partir de eso, schwarz se hizo, para él y para la crítica brasileña e internacional,
la siguiente pregunta: ¿cómo fue posible que en un país periférico, hacia el fn del siglo xix,
en un momento en que las relaciones sociales esclavistas ya estaban enterradas en los países
centrales, en un país sin vida cultural moderna organizada y cuya literatura aún se esforzaba
por encontrar el tono propio y, al mismo tiempo, el tono que la colocase en el medio de las
otras literaturas, surgiese un escritor de primera calidad?
Con Memórias póstumas de Brás Cubas machado inventó un estratagema estética que
hizo de él un autor de obras de valor estético universal, que, exactamente por eso, son capaces
de captar la historia en movimiento, o sea, son realistas. valor estético y conocimiento de la
realidad histórica son interdependientes.
la innovación machadiana funcionó como una solución estética a problemas objetivos de
la cultura brasileña. tales problemas ya se hacían presentes en su obra anterior y en la novela
brasileña de la época. Con relación a la literatura de su tiempo, realista, él se distanció mucho,
aproximándose, por lo contrario, a la retórica cómica de los escritores ingleses y franceses
del siglo xviii. la prosa realista discreta y dirigida directamente al asunto no estaba ahí con-
templada. Por otro lado, su sentido no convencional del motivo estuvo más allá de su tiempo.
Sobrepasó al realismo y al naturalismo, anticipando a Freud y a la flosofía del inconsciente.
esto es una paradoja que schwarz cuestiona de la siguiente manera, a propósito de ma-
chado:
esta paradoja —el desacuerdo entre el conjunto de esquemas estéticos y la materia de la
vida que ellos representan— levanta la cuestión de lo que ocurre con el realismo en un
país periférico donde las secuencias de la historia social y literaria europea rigurosamen-
te no se dan, perdiendo, así, su necesidad interna, o hasta la cuestión de cómo las formas
modernas suceden en regiones que no exhiben las condiciones sociales en que ellas se
originaron y que en cierto sentido presumen.
10
en el Brasil la representación realista fue el resultado de la acumulación literaria que
emergió de los árcades a machado, en un movimiento ascendente de conocimiento del país
real. en el proceso de formación del sistema literario y del país se construyó la representación
literaria (realista).
el vínculo entre formación y representación, subrayado por Paulo Arantes, es el que da la
estructura a la Formação da literatura brasileira. en lugar de un libro de historia de la literatura
brasileña, tenemos la narrativa del proceso de construcción de la capacidad de representar.
11
la formación del sistema literario brasileño fue un elemento de descolonización. la ima-
ginación literaria brasileña se hizo capaz de auto-referencia, tornándonos capaces de repre-
sentarnos a nosotros mismos. ¿sólo así somos realistas? Pero el derecho a la representación
que conquistamos, como dirá schwarz en otro lugar,
12
es un derecho de las elites, no es una
conquista de clase. la dialéctica universal/local dio condición a la minoría culta de participar
de la civilización occidental.
10
schwarz, “A Brazilian Breakthrough”, op. cit. traducción libre.
11
Paulo eduardo Arantes, “Providências de un crítico literario en la periferia del capitalismo,” en otília
Arantes, Sentido da formação, rio de Janeiro, Paz e terra, 1997, p. 22.
12
roberto schwarz, “nacional por subtração”, en Que horas são? Ensaios, op. cit.
72 £ formACión y rePresentACión
¿Cómo fue posible, entonces, el realismo en esas condiciones? el realismo fue antes que
todo una moda europea. ¿sería, entonces, más una idea fuera de lugar? sí, pero al mismo tiem-
po su impulso era el de tornarse una forma de crítica a la sociedad moderna. los dos aspectos
diferen en importancia: para funcionar como una señal de modernidad y actualización, preci-
saría negarse a sí mismo, una vez que el movimiento de actualización/modernización era un ar-
did y “aparentaba indiferencia a la situación real”, contradiciendo la idea misma de realismo.
Alencar fue el primer escritor brasileño en hacer una tentativa seria de realismo, con Sen-
hora. La refexión de Schwarz se concentra en la confrontación entre la vida de los personajes
principales —que Alencar aprovecha, juntamente con los modelos de intriga y conficto, de
Balzac—, y los personajes secundarios que salen de las crónicas románticas de la vida de la
ciudad.
la intriga en que se mueven los personajes principales es un problema moderno: amor ver-
sus casamiento por interés. ese problema viene de Balzac y depende de la sociedad moderna
individualista. de la manera como es vivido por los personajes principales en Alencar se torna
un problema abstracto porque en él encuentra correspondencia en la sociedad brasileña.
los personajes secundarios, sacados de la naturaleza o adaptados de la prensa del momen-
to, parecen vivir en otro mundo, el de las relaciones patriarcales. Aunque más representativos
de la sociedad brasileña, no participan del conficto central. Cabría a ellos atribuir un ele-
mento local al libro y comunicar la tendencia general de la sociedad. Pero con eso uno de los
principales efectos de la fcción de Balzac —la unidad sustancial entre el conficto principal
y las anécdotas secundarias— está ausente.
¿Cómo entender su falla, esto es, el desacuerdo entre el conficto moderno a lo Balzac y
los personajes que representan la materia local? la respuesta no puede ser encontrada apenas
en la literatura, es preciso interpretar la historia. en un país como Brasil en que se preservaron
las formas y prácticas sociales más retrógradas, el conficto moderno del individualismo no
podría tener lugar.
en Senhora el mundo de los personajes secundarios, gracias a su poder representativo, es
lo sufcientemente fuerte para evidenciar como abstracto el individualismo de los personajes
principales.
ése es un realismo fallo porque en él se puede captar la sociedad real en movimiento. Para
el crítico realista, sin embargo, la falla tiene valor de revelación. la imitación mal hecha del
modelo balzaquiano hace parte de la línea que terminó por generar la acumulación y nuestra
originalidad: sin las fallas de los que le precedieron, machado no sería lo que es.
en la novela de machado se invierten las relaciones: el mundo patriarcal en ella es secun-
dario, está en el primer plano, y el tema del individualismo queda reducido a un mero signo
convencional de la modernidad.
la invención de machado dependió de la mudanza del punto de vista narrativo hacia la
posición de la clase alta; no más el punto de vista de los pobres, ahora tenemos un punto de
vista de un narrador “que no apenas se identifca con la injusticia social y sus benefciarios,
sino descaradamente hace parte de ellos”.
13
la calidad de “novela representativa”, en palabras de Antonio Candido, de las Memórias
de un sargento de milícias está directamente ligada a la formación de la literatura y de la
13
schwarz, “A Brazilian Breakthrough”, op. cit. traducción libre.
Hermenegildo BAstos £ 73
nación brasileña. Con eso se debe preguntar: ¿cuál es el presente y el futuro de la formación
hoy? si el proyecto de completar la sociedad brasileña, a pesar de no estar extinto, está en
suspenso,
14
¿cómo queda la formación? Schwarz afrma que “el sistema literario nacional
parece un repositorio de fuerzas en desagregación”.
15
Como tal, su sobrevivencia está en que
él es algo “real y constructivo” porque a partir de su punto de vista “podemos sentir lo que
se está descomponiendo”. Identifcar la barbarie no deja de ser un acto de civilización. Y si
naufragó el proyecto de construcción de una sociedad independiente, libre y soberana (que es
el proyecto de la literatura empeñada), ese naufragio no es sólo brasileño sino mundial.
la sobrevivencia del realismo está ligada a la sobrevivencia del proceso formativo. repre-
sentar literariamente no es un acto trivial. Para representarnos a nosotros mismos es preciso
que tengamos existencia política. Así, formación y representación, entre nosotros, son inter-
dependientes.
traducción por Jorge ruedas de la serna
14
roberto schwarz, “os sete fôlegos de um livro”, en Seqüências brasileiras, são Paulo, Companhia das
letras, 1999, p. 56.
15
Ibidem, p. 58.
75
la modernidad en José Martí.
(una lectura de “el poeta Walt Whitman”)
ignacio díAz ruiz*
¿Por qué nos han de ser fruta casi vedada las literaturas extranjeras,
tan sobradas hoy de ese ambiente natural, fuerza sincera y espíritu ac-
tual que falta en la moderna literatura española?
(martí, “oscar Wilde”)
De acuerdo con las referencias biográfcas con que se cuenta, José Martí vivió década y media
—los últimos años de su existencia— en estados unidos; estancia que le permitió, entre otros
múltiples logros, consolidar una sensible y excepcional experiencia sobre aquella parte del
continente y expresarla en certeras crónicas y cartas:
martí fue el cronista hispanoamericano mejor informado sobre la vida y la cultura de
los estados unidos de los últimos decenios del siglo xix. […] entre 1880 y 1895 vivió y
trabajó en la ciudad de nueva york; viajó a otras ciudades de la costa este del país, sobre
todo a las de la florida; leía y escribía inglés; y en los quince años de su residencia norte-
americana adquirió un conocimiento envidiable de las costumbres, la idiosincrasia, la po-
lítica, la tecnología, las artes plásticas, la música y la literatura de los estados unidos.
1
en efecto, las “Crónicas” o “escenas norteamericanas” y “Cartas de nueva york” consti-
tuyen un valioso documento y un excepcional balance elaborado por este intelectual cubano,
exiliado político, identifcado fuertemente con su patria y toda la comunidad hispanoameri-
cana. la experiencia de José martí, forjada durante sus cuarenta y dos años de vida, recoge,
además de vivencias en nueva york, sus varias andanzas por el continente, que “le permiten
tener un conocimiento de primera mano de las realidades inmediatas entre las cuales se mue-
ve el país […] en las varias repúblicas latinoamericanas que visita, se abre a la comprensión
de una unidad mayor, que él llamará “nuestra América”, dentro de la cual aparece articulada
Cuba”.
2
* doctor en estudios latinoamericanos por la facultad de filosofía y letras de la unAm. Profesor titular
“C” de tiempo completo en el Colegio de estudios latinoamericanos en la facultad de filosofía y letras de
la unAm.
1
ivan A. schulman, El proyecto inconcluso: la vigencia del modernismo, méxico, siglo xxi-unAm, 2002,
p. 53.
2
roberto fernández retamar, “martí en su (tercer) mundo”, José martí, Páginas escogidas, selección y
prólogo de roberto fernández retamar, vol. i, la Habana, instituto Cubano del libro, 1972, p. 11.
76 £ lA modernidAd en José mArtí
Ciertamente esa fructífera estadía le permite compulsar una civilización, un país y una
ciudad indiscutiblemente modernos; además de contrastarlos y, en cierta forma, oponerlos
a veces directa, velada o sutilmente, a Cuba —su propio referente nacional— y también a
la región de América latina. en rigor, su labor como cronista cumple con acierto una doble
intención: informar sobre estados unidos y, al mismo tiempo, sobre las regiones propias y
semejantes en cultura e historia: “Las escenas norteamericanas de martí […] ese voluminoso
conjunto de crónicas confgura una notable refexión, no sólo sobre múltiples aspectos de la
cotidianeidad capitalista avanzada, sino también sobre el lugar del que escribe —el intelec-
tual latinoamericano— ante la modernidad”.
3
en esos contextos sociales y culturales, resultado de esa doble experiencia, se forjan y
decantan los juicios, las ideas y las ponderaciones de José martí como intelectual, escritor
y artista frente a esa otra realidad social. Así, en sus ensayos o discursos como “nuestra
América” o “madre América” formula algunos de esos contrastes o comparaciones. Ahí es-
tablece el contrapunto y las diferencias entre sociedades distintas en diversos órdenes: “del
arado nació la América del norte, y la española, del perro de presa”;
4
“lo que quede de aldea
en América ha de despertar”.
5
dos Américas, dos orígenes, dos culturas, dos sociedades que, en
excepcional y arduo encuentro, confuyen y conviven en su propia experiencia, en los cono-
cimientos martianos.
Por otro lado, de manera peculiar y no menos signifcativa, la prolongada y tardía depen-
dencia de Cuba constituye también una fuerte impronta en la formación intelectual de este
singular escritor de fnales del siglo xix: “y si martí estuvo más próximo a la generación
anterior (y también a las posteriores, de este siglo) se debió a su peculiar enclave: su campo
operacional, la colonia cubana todavía en la órbita del descalabrado y anacrónico imperio
español, se corresponde con su concepción de la función del poeta, en quien ve al apóstol de
una causa civil”.
6
Su ensayo “El poeta Walt Whitman” (que puede clasifcarse como artículo, refexión, apre-
ciación, exégesis o crítica literaria) debe ser comentado precisamente desde la perspectiva
de un escritor cubano, independentista, de un ensayista de aspiraciones e inspiraciones lati-
noamericanistas, en cuya escritura aparecen ciertas infexiones, énfasis y observaciones que
responden al criterio de un intelectual hispanoamericano del siglo xix, en armónica síntesis
del poeta cívico, de las luchas libertarias e independentistas y el modernista ávido de nuevos
y amplios registros. en este trabajo se comentarán en forma particular sus aproximaciones y
valoraciones sobre Whitman, poeta de su tiempo, uno de sus contemporáneos, y algunas ob-
servaciones del propio martí sobre la modernidad artística y cultural.
en principio, la tarea fundamental de martí como periodista se orienta a establecer un
puente, a construir un nexo de mera información entre los aconteceres de la cultura moderna
y el mundo hispanoamericano. Así, entre otros renombrados intelectuales norteamericanos,
Walt Whitman (1819-1892), uno de los grandes escritores de la época, le llama poderosamente
la atención y se convierte en motivo para darlo a conocer en nuestras latitudes: “el poeta Walt
3
Julio ramos, Desencuentros de la modernidad en América Latina: literatura y política en el siglo xix,
méxico, fCe, 1989, p. 15.
4
José martí, “madre América”, Páginas escogidas, op. cit., p. 189.
5
José martí, op. cit., p. 157.
6
Ángel rama, Rubén Darío y el modernismo, Caracas, Alfadil, 1985, p. 46.
ignACio díAz ruiz £ 77
Whitman” (fechado en nueva york el 19 de abril de 1887), publicado en El Partido Liberal,
méxico, el 17 de mayo de 1887; y en La Nación, Buenos Aires, el 26 de junio del mismo año.
Al respecto, la temprana divulgación del poeta estadounidense en el ámbito hispanoameri-
cano se debe a Martí: “Entre nosotros —comenta Octavio Paz refriéndose a Whitman— su
aparición es temprana: José martí lo presentó al público en un artículo de 1887”.
7
una primera consideración, de carácter general y panorámico, surge de la ubicación cul-
tural, económica y social desde el lugar donde escribe el cronista cubano; una ciudad donde
con toda evidencia se constatan las características de una pujante modernidad y un enorme
progreso en varios aspectos: el científco, el industrial y el fnanciero. Nueva York, al igual
que varias ciudades europeas, es en efecto un espacio ejemplar y altamente capitalista, de-
sarrollado, avanzado, donde la productividad, la economía, el mercado, la acumulación de
bienes materiales, de capitales bursátiles y la utilidad confguran y defnen estructuralmente a
la sociedad; aspectos no sólo específcos de Estados Unidos, sino en general de la modernidad
burguesa.
A partir de este contexto inicial, y en respuesta a ello, en este artículo martí hace una de-
fensa, apología o elogio de la poesía; justamente para enmarcar, situar e iluminar, con mayor
agudeza y precisión, la función del quehacer artístico, poético, del artista y la de este poeta en
estados unidos particularmente; y, al mismo tiempo, enunciar sus propias inquietudes, ideas y
malestares, sus circunstancias y vocación, en el corazón mismo de aquella poderosa nación:
¿Quién es el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los pueblos?
Hay gentes de tan corta vista mental, que creen que toda la fruta se acaba en la cáscara.
La poesía, que congrega o disgrega, que fortifca o angustia, que apuntala o derriba las
almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que
la industria misma, pues ésta les proporciona el modo de subsistir, mientras que aquélla
les da el deseo y la fuerza de la vida. ¿Adónde irá un pueblo de hombres que hayan per-
dido el hábito de pensar con fe en la signifcación y alcance de sus actos?
8
A partir de esas interrogantes, martí establece con precisión las oposiciones y contradic-
ciones que le tocan vivir en aquel país; por un lado, las industrias, la producción, la utilidad,
la acumulación, los bienes materiales; y por el otro, los bienes intangibles, inmateriales, los
valores internos y espirituales, los relacionados con el alma, identifcados con el arte, la lite-
ratura y la poesía.
en esa lógica, en una sociedad moderna, burguesa, un ser que no produce objetos mate-
riales, bienes económicos y concretos, es menospreciado y es visto como un ser marginal; el
poeta, sin ofcio ni benefcio, pasa a formar parte sin más del grupo bohemio, asocial, mar-
ginal, ocioso; se convierte en un intelectual sin una función ni un lugar precisos en el campo
laboral, en el mercado, en la producción, en la oferta y la demanda; es un individuo cuyas
tareas ya no tienen reconocimiento, y mucho menos un sentido práctico, de servicio, útil y
material. de ahí, en parte, la necesidad de otorgar a Whitman, y en cierto sentido a todos los
poetas y a sí mismo, una justifcación y una valoración social; en esa “nueva” sociedad, el
7
octavio Paz, Los hijos del limo, Del romanticismo a la vanguardia, Barcelona, seix Barral, 1974, p.
162.
8
José martí, “el poeta Walt Whitman”, op. cit., p. 171; en adelante, las referencias a este ensayo se indica-
rán únicamente con la página correspondiente a esta edición.
78 £ lA modernidAd en José mArtí
escritor, el intelectual, el poeta —actividades que defnen a Whitman y al propio Martí y los
identifca— aparecen disminuidos y en las orillas de ese mundo moderno donde imperan la
industria y el comercio.
Al elegir el tópico de la poesía, el cubano busca determinar y precisar el lugar de lo es-
tético, lo artístico y lo espiritual; establece y contrasta esa oposición entre la vida práctica y
productiva, clave de la edad moderna, frente a la existencia contemplativa, creativa e imagi-
nativa identifcada de algún modo con experiencias del creador o poeta, sujeto relacionado
con el pasado histórico, frente al hombre moderno, determinado en esencia por su capacidad
productiva y generadora de bienes materiales. en este sentido no sólo sale en defensa de la
poesía, sino también en busca de la integridad del ser humano, de su respectiva totalidad, de
su plenitud y armonía.
En consecuencia, hace una manifesta denuncia, una acerba crítica a las instituciones
y a las normas de la nueva sociedad moderna que, en la mirada de martí, limitan y defor-
man; a aquello que podríamos denominar en forma anacrónica “el sistema”; en su diatriba
escribe: “las universidades y los latines han puesto a los hombres de manera que ya no se co-
nocen; en vez de echarse unos en brazos de otros atraídos por lo esencial y eterno, se apartan,
piropéandose como placeras, por diferencias de mero accidente” (p. 165).
sin duda, los cuestionamientos al estudio, a las escuelas, a las instituciones educativas, al
tipo de conocimiento impuestos por la sociedad y la época modernas, son objeto de una frme
refexión y de severas críticas; denuncia además la ausencia de lo fundamental, lo sustancial y
lo perenne, aspectos identifcados ciertamente con la poesía y con una idea de la cultura huma-
nística, invocados con el “libro natural” de Whitman; en preciso contraste con lo inmediato, lo
efímero, lo tangible, y el “mero accidente”, relacionados con la vida práctica y material.
de nueva cuenta, la referencia a principios y valores, a la recuperación de ideas éticas y
flosófcas, a una circunstancia acorde con la inmanencia y perdurabilidad aparecen en el en-
sayo para iluminar y caracterizar a Whitman como icono, encarnación del poeta moderno.
Así, con la elección de este creador, y junto a él, aparece una bien formulada meditación
sobre aquella nación, los malestares de la época moderna, de los tiempos que le toca vivir y
los efectos de las ideas y las instituciones sobre el individuo:
Como el budín sobre la budinera, el hombre queda amoldado sobre el libro o maestro
enérgico con que le puso en contacto el azar o la moda de su tiempo; las escuelas flosó-
fcas, religiosas o literarias, encogullan a los hombres, como al lacayo la librea; los hom-
bres se dejan marcar, como los caballos y como los toros y van por el mundo ostentando
su hierro (pp. 165-166).
Con la misma preocupación de explicar el porqué y el para qué de la poesía —de la
cultura—, en su artículo “oscar Wilde”, otro de sus grandes elegidos, otro de sus espíritus
tutelares, formula una glosa para justipreciar, de nueva cuenta, al poeta y a la poesía, y dice:
“[…] cómo le parecen abominables los pueblos que, por el culto de su bienestar material,
olvidan el bienestar del alma, que aligera tanto los hombros humanos de la pesadumbre de
la vida y predispone gratamente al esfuerzo y al trabajo. Embellecer la vida es darle objeto”
[el subrayado es mío].
9
9
José martí, “oscar Wilde”, Páginas escogidas, vol. ii, p. 124.
ignACio díAz ruiz £ 79
Otra confrontación, ahora entre la ciencia y el alma, sin duda de gran signifcación y senti-
do, es retomada directamente de la voz de Whitman.
10
esas ideas, en cierto sentido paralelas,
de Whitman y martí, sirven para destacar e imponer sobre la ciencia las cuestiones del alma;
sobre el materialismo, el idealismo; sobre lo científco, lo espiritual; sobre lo objetivo, lo
subjetivo. en éstas, como en muchas otras expresiones, el proceso de integración y fusión de
discursos es evidente. las coincidencias entre ambos son notables: “ni las dudas ni la ciencia
le mortifcan. ‘Vosotros sois los primeros, dice a los científcos; pero la ciencia no es más que
un departamento de mi morada, ¡qué pobres parecen las argucias ante un hecho heroico! A la
ciencia, salve, y salve al alma, que está por sobre toda la ciencia’” (p. 177).
Palabras semejantes, consideraciones de esta misma índole, fueron expuestas también por
martí en un artículo sobre darwin.
Con esos señalamientos de orden social, donde se da cuenta, indirectamente, de un ceñido
perfl de una sociedad burguesa moderna, de una nación mercantilista y utilitaria, el escritor
cubano hace surgir y sitúa a su elegido protagonista; al poeta profeta, al sacerdote que encarna
al arquetipo del poeta. Para ello, además de sus propias inquietudes como escritor, recurre
a una forma muy específca para su crónica. Elige, a su vez, una nota periodística sobre la
que vuelve a escribir. Comunica sobre lo ya informado. realiza un ejercicio de reescritura:
“al ‘informar’ sobre-escribe: escribe sobre el periódico, que continuamente lee, en un acto
de palimpsesto, digamos, que a la vez proyecta un trabajo verbal sumamente enfático, que la
noticia —el objeto leído— no tenía”.
11
de esta manera, el artículo sobre Whitman, como muchos otros, se inicia precisamente
con la mención de una nota de periódico:“‘Parecía un dios anoche, sentado en su sillón de
terciopelo rojo, todo el cabello blanco, la barba sobre el pecho, las cejas como un bosque, la
mano en un cayado’, esto dice el diario de hoy del poeta […]” (p. 165).
Con estas líneas iniciales, martí marca el preludio a su ensayo. Por otro lado, se debe
subrayar la cuidadosa selección de la referencia periodística, sugerente y evocadora, para
orientar todo el sentido de la reescritura posterior.
Con una elaboración verbal muy vigilada y meditada, además de recurrir a expresiones
como “libros sagrados”, “profético lenguaje”, “grandiosos y sacerdotales apotegmas” para
defnir la poesía de Whitman, José Martí construye una excepcional imagen física y simbólica
del poeta, a todas luces resultado de su admiración por el escritor y el riguroso conocimiento
de sus poemas:
Cuando se ven delante del hombre desnudo, virginal, amoroso, sincero, potente —del
hombre que camina, que ama, que pelea, que rema—, del hombre que, sin dejarse cegar
por la desdicha, lee la promesa de fnal ventura en el equilibrio y la gracia del mundo;
cuando se ven frente al hombre padre, nervudo y angélico de Walt Whitman, huyen
como de su propia conciencia y se resisten a reconocer en esa humanidad fragante y
superior el tipo verdadero de su especie, descolorida, encasacada, amuñecada (p. 166).
10
“...escritores como Whitman, longfellow y emerson con quienes el nexo del cronista es tan estrecho
que con difcultad distinguimos entre el discurso de uno y de otro.” Ivan A. Schulman, El proyecto inconcluso,
p. 64.
11
Julio ramos, Desencuentros de la modernidad, pp. 110-111.
80 £ lA modernidAd en José mArtí
Con Whitman, martí propone la recuperación del hombre en sus aspectos más simples, di-
rectos y elementales: el hombre en su desnudez, en su esencialidad, en su identidad plena; con
una serie de características y atributos que evocan al hombre natural, que remiten al individuo
originario e invocan a un ser capaz de entender e interpretar la armonía y la belleza del mundo
natural y el universo. martí, con el escritor estadounidense, busca en una imagen primigenia
y primordial al hombre esencial; y al poeta “(quien) lee la promesa de fnal ventura”. Martí y
Whitman se asimilan y hermanan así en un discurso peculiar, singular, alternativo; discurso
diferente al que suscribe y plantea la sociedad de aquel momento.
en otro de sus ensayos, “el poema del niágara”, martí expone su idea sobre el sentido y
la evolución del hombre: “Como en lo humano todo el progreso consiste acaso en volver al
punto que se partió, se está volviendo al Cristo, al Cristo crucifcado, al Cristo perdonador, al
de los pies desnudos y los brazos abiertos”.
12
Como se puede deducir, su idea y refexión sobre el progreso es peculiar, paradójica;
aparece identifcada con un retorno al pretérito, al pasado esencial, como un regreso; sustenta
el mejoramiento y adelanto del hombre en la recuperación de valores de la antigüedad y del
pasado, simbolizado en Cristo; discurso que, para aquella actualidad práctica y dinámica,
resulta en verdad un anacronismo; se refere en fn a construir la nueva etapa con cimientos
esenciales, primitivos y naturales; una nueva época que recupere y acuda a la historia.
en este mismo sentido, expone en La Edad de Oro
13
varias de sus consideraciones sobre
lo ancestral, lo antiguo, lo primitivo, la historia universal e hispanoamericana; “tres héroes”,
“la ilíada, de Homero”, “un juego nuevo y otros viejos”, “la historia del hombre contada
por sus casas”, “las ruinas indias”, entre otros textos del mencionado periódico, contribuyen
puntualmente a formular la importancia de cimentar la evolución de la humanidad en el co-
nocimiento de la historia, la vuelta al pasado y su respectiva valoración.
Junto a su culto por la historia y su retorno a principios identifcados con la antigüedad,
Martí encuentra en la poesía y en la propia fgura de Walt Whitman una serie de aspectos
éticos, nociones y valores asociados con una recreación y ponderación del hombre libre,
íntegro, acorde con la naturaleza; el escritor cubano se plantea desiderativamente éstos para
el hombre nuevo, para el mejoramiento de la humanidad de su tiempo; de esta manera, las
discordancias entre el mundo activo, productivo, material y utilitario —el espacio real y ob-
jetivo que habitan Whitman y martí—, y las ideas expuestas en la crónica-ensayo sobre el
poeta estadounidense son notables:
La vida libre y decorosa del hombre en un continente nuevo ha creado una flosofía
sana y robusta que está saliendo en epodos atléticos. A la mayor suma de hombres libres
y trabajadores que vio jamás la tierra, corresponde una poesía de conjunto y de fe,
tranquilizadora y solemne, que se levanta como el sol del mar, incendiando las nubes;
bordeando de fuego las crestas de las olas (pp. 168-169).
La libertad humana, identifcada como un emblema de Nueva York y su simbólica estatua,
de estados unidos y como un proyecto ideal para América latina, aparece como motivo
constante en la poesía de Whitman; ese concepto de libertad, tan fuertemente impulsado por
12
José martí, “el poema del niágara”, Páginas escogidas, op. cit., p. 204.
13
Cfr. José martí, La Edad de Oro, edición crítica de roberto fernández retamar, méxico, fCe, 1992.
ignACio díAz ruiz £ 81
francia, constituye también una continuidad ética de la civilización y la cultura europeas y
universales que resurge en la interpretación de martí sobre Whitman.
Por otro lado, el principio de libertad, tan íntimamente relacionado con los anhelos y
esfuerzos independentistas del cubano y sus aproximaciones al héroe y la poesía civil, en-
cuentra un campo propicio en la elocuente e idealista vocación democrática del estadouni-
dense. en la vasta meditación sobre el poeta, esa facultad o derecho para actuar y decidir
aparece como motivo excepcionalmente medular, cuya presencia merece reconocimiento y
elogio:
la libertad debe ser, fuera de otras razones, bendecida, porque su goce inspira al hombre
moderno —privado a su aparición de la calma, estímulo y poesía de la existencia—,
aquella paz suprema y bienestar religioso que produce el orden del mundo en los que
viven en él con la arrogancia y serenidad de su albedrío. ved sobre los montes, poetas
que regáis con lágrimas pueriles los altares desiertos.
Creíais la religión perdida, porque estaba mudando de forma sobre vuestras cabezas.
Levantaos, porque vosotros sois los sacerdotes. La libertad es la religión defnitiva. Y la
poesía de la libertad el culto nuevo. ella aquieta y hermosea lo presente, deduce e ilumi-
na lo futuro, y explica el propósito inefable y seductora bondad del universo (p. 171).
en su lectura, martí realiza una sugerente elaboración donde expone, en singular síntesis,
una original concepción de la poesía; al mismo tiempo que, desde su perspectiva, la convierte
en clave para la formulación y construcción del hombre nuevo y futuro. esa libertad de con-
ciencia, de pensamiento, de opinión, esa actitud de naturalidad y espontaneidad, sin cortapi-
sas, tan valiosa para Whitman, defne en parte el apego de Martí a este poeta.
martí, no hay duda, constituye una de las más agudas y sensibles miradas latinoamerica-
nas sobre Estados Unidos a fnales del xix; sus crónicas, irreductibles a una sola tonalidad, a
una única orientación, ofrecen una variedad de sentidos que demandan un largo y detenido
estudio. sin embargo, un motivo constante estructura su pensamiento: la elección de escri-
tores anglosajones, con quienes establece una entrañable identifcación, y cuya esencia está
relacionada con la inconformidad, la disidencia y la extrema novedad y originalidad; perso-
nalidades que, como Whitman, representan grandes rupturas e innovaciones culturales; y que,
hasta cierto punto, son opuestas, marginales, críticas, disidentes, distintas a los principios y
criterios predominantes en aquella época y sociedad.
Martí busca y encuentra en estas fguras extranjeras y universales un modelo de moder-
nidad que, en rigor, constituye una opción distinta, la idea de una modernidad literaria; al
respecto, para referirse a este tipo de innovación, Octavio Paz la defne como una “Moderni-
dad antimoderna”;
14
y también añade: “la literatura moderna es una apasionada negación de
la era moderna”;
15
en relación específca con el autor de Hojas de hierba, acota: “Whitman
exalta a la democracia, el progreso y el futuro. en apariencia, su poesía se inscribe en una tra-
dición contraria a la de la poesía moderna […]”.
16
la poesía de Walt Whitman constituye, en
cierto sentido, un discurso discordante, inarmónico, frente al utilitarismo y la visión práctica
14
octavio Paz, Los hijos del limo, p. 130.
15
Ibidem, p. 153.
16
Ibidem, p. 161.
82 £ lA modernidAd en José mArtí
de estados unidos, una expresión poética que contiene en esencia una formulación ética y
espiritual sustentada —como en la poesía de martí— en el amor, la solidaridad, la amistad
y la libertad.
el discurso martiano sobre Whitman, en efecto, lleva a cabo una ponderación de valores e
ideales humanísticos, de principios de concordia, armonía y conocimiento entre los hombres,
y una recuperación de esencias éticas del pretérito para los nuevos tiempos, así como fe y
confanza en la vida democrática, el mejoramiento y avance humano, y el porvenir.
Contradictorio y heterogéneo, pues también reconoce la modernidad burguesa, martí en-
cuentra en este tipo de intelectual un icono de su modernidad literaria ideal; una modernidad
estética y artística que justamente puede ser interpretada como una crítica y liberación a
aquella actualidad productiva, utilitaria y deshumanizada; en su aspiración ideal y utópica de
la nación moderna, de estados unidos como modelo parcial para América latina, el cubano
encuentra en un poeta como Whitman al individuo noble, al “hombre natural” que encarna
una forma de ser libre y espontánea, distanciado y lejano de factores económicos y materia-
les: “el que no dice estas poesías por un peso”(p. 166). ivan A. schulman, por su parte, de la
presencia del poeta en martí dice: “[…] el que más elogio abierto le mereció fue Whitman
‘rebelde y pujante’, el hombre que narra la experiencia de la nación moderna, el individuo que
signifcativamente batalla en pro del humilde, en defensa de la libertad, y en contra de muchas
prácticas de la modernidad burguesa que limitaba al ser”.
17
“¿Qué es ser moderno?”, inquiere Paz al perflar al modernismo hispanoamericano frente
a otras expresiones fniseculares, a lo cual responde: “Es salir de su casa, su patria, su lengua
en busca de algo indefnible e inalcanzable pues se confunde con el cambio”.
18
en efecto, en
busca de ser moderno, martí cumple puntualmente con esos exilios; al salir de su lengua, se
incorpora a otra, y con ello conoce distintas culturas —otras casas, otras patrias, otros paí-
ses— que le permiten construir con distintos materiales, ajenos, heterogéneos, extranjeros y
extraños, como con la lectura del poeta Whitman, una concepción de modernidad estética; es
decir, traduce e interpreta a Walt Whitman como un modelo de esa idea de modernidad para
sí mismo y para el escritor de Hispanoamérica.
17
ivan A.schulman, El proyecto inconcluso, p. 61.
18
octavio Paz, Los hijos del limo, p. 129.
83
drummond meditativo
davi ArriguCCi jr.*
Para todos nós, Carlos Drummond de Andrade é a fgura emblemática da poesia moderna no
Brasil. não creio que manuel Bandeira seja, como muitos crêem, um poeta menor e inferior
a drummond, mas Bandeira é o grande poeta da passagem para a modernidade, enquanto que
drummond é o poeta central da experiência moderna brasileira. Ao considerar este fato, dei
com o seguinte ponto que me pareceu fundamental: tudo na obra desse poeta não acontece
senão por confito.
Realmente, tudo é confitivo em Drummond. E confitivo desde o começo de sua carrei-
ra. Ele experimentou contradições e difculdades desde o início para forjar o denso lirismo
meditativo que o caracteriza. Quando consideramos seus grandes poemas, logo nos damos
conta do atrito dos elementos contraditórios e da densidade refexiva de sua lírica. Até a f-
gura humana do poeta, sua atitude característica, parece estar associada a essa densidade da
refexão: o ser e o dizer ensimesmado. É raro que uma foto sua escape ao ar pensativo com
que nos habituamos a vê-lo.
e desde o princípio, estamos diante desse traço decisivo do estilo ou do modo de ser da
obra: a exigência de uma mediação refexiva para se chegar à poesia. Um caminho atraves-
sado por difculdades. Se compararmos com Manuel Bandeira, de imediato se notará a dife-
rença: Bandeira dá a impressão da mais fuente naturalidade. O próprio Drummond chamou
nossa atenção, porém, para a “fábrica altamente engenhosa” de Bandeira, como está dito em
seus Passeios na ilha, percebendo com precisão o quanto havia de cuidadosa construção
naquela aparente espontaneidade.
A primeira impressão que nos dá Bandeira é a do poeta “ingênuo”, na acepção que frie-
drich Schiller empregou o termo no seu ensaio dos fns do século xviii: Poesia ingênua e
sentimental. “ingênuo” seria o poeta que procede instintivamente, conforme a natureza, en-
quanto que “sentimental” —este seria o caso de Drummond— seria o poeta refexivo, ou
antes, o poeta que tendo se perdido da natureza busca, por meio da refexão, restabelecer a
sensibilidade “ingênua”.
* doctor en teoría literaria y literatura comparada por la universidad de são Paulo, Brasil. Profesor titular
de teoría literaria en la misma universidad. ensayista y crítico literario, en 1973 publicó un estudio pionero
sobre Julio Cortázar, O escorpião encalacrado, recientemente traducido al español por el fondo de Cultura
económica. es autor, entre otras publicaciones, de Achados e perdidos (1979), Enigma e Comentário (1987),
Humildade, Paixão e Morte. A Poesia de Manuel Bandeira (1990) y O cacto e as ruínas (1997). Actualmente
es editor de la obra completa de Jorge luis Borges en Brasil. Ha ocupado en dos ocasiones la cátedra extraor-
dinaria João guimarães rosa, de la facultad de filosofía y letras de la unAm.
84 £ drummond meditAtivo
Com efeito, para drummond a naturalidade parece constituir um problema, e a poesia, o
objeto de uma procura difcultosa. Assim, a questão fundamental é esta poesia travada pela
difculdade que parece ser a sina drummondiana. “Procura da poesia” é não apenas um dos
melhores poemas de A rosa do povo, mas o traçado do esforço que caracteriza sua aproxi-
mação ao poético. e basta lembrar outros poemas na mesma direção, como “Consideração
do poema”, “Ofcina irritada” ou “O lutador”, para sentir o peso dessa difculdade e quanto a
mediação do esforço refexivo é uma exigência íntima para o poeta. Se dermos alguma folga
aos conceitos de schiller, drummond será nosso poeta moderno e “sentimental”.
no caso de Bandeira, a criação poética se mostra como natureza prolongada e a crença na
inspiração, na súbita manifestação do poético que constitui para ele o alumbramento, confr-
ma o modo de ser “ingênuo”. no entanto, sabemos que o alumbramento bandeiriano —essa
linda palavra parece trazer consigo, pela trama dos sons, ecos simbolistas, entremeando luz à
sombra e levando a “iluminação”, a confundir-se com o mistério— é uma noção complexa.
exige do poeta uma atitude de “apaixonada escuta” e só se dá quando ela poesia quer, mas
tampouco basta para concretizar em palavras a inspiração, uma vez que esta depende também
dos “pequeninos nadas” da linguagem, que podem estropiar um verso ou uma imagem. um
poema pode ser, então, o resultado de um esforço construtivo de anos a fo: Bandeira gostava
de lembrar a história de sua sofrida estatuazinha de gesso, renitente ao lacre verbal com que
buscava encerrá-la num verso. e assim o Itinerário de Pasárgada é o caminho difícil da apro-
ximação à poesia e a história da aprendizagem do ofício de poeta enquanto artista da palavra.
Bandeira que acreditava na importância da inspiração até para atravessar uma rua, não tinha,
porém, nada de ingênuo.
o caso de drummond, porém, é mais complicado. sua concepção do poético exige a
refexão como mediação necessária para o encontro da poesia. Ora, essa modalidade de pen-
samento que é a refexão tem uma origem romântica. Os pré­românticos alemães é que de-
senvolveram esse tipo de pensamento refexivo que nasce como uma fantasia do Eu sobre o
Eu, como uma forma de pensar sobre o pensar. É um pensar sem fm que lembra o sonho,
mediante o qual fundaram suas principais concepções.
o dobrar-se do eu sobre si mesmo, tal como o leitor se depara na obra drummondiana pa-
rece evocar, então, a meditação romântica centrada sobre si mesma, sobre o próprio coração
onde se acha o inalcançável da refexão. A fórmula “O meu coração é maior que o mundo”
exprime essa tendência do pensamento para o infnito e o que não se pode alcançar, a vastidão
impreenchível do coração em que se perde o pensamento.
Na verdade, a refexão se torna, para Drummond, a condição para chegar à poesia e, a uma
só vez, a difculdade que o impede de alcançá­la. Este é o paradoxo central de que parte sua
obra, a contradição que está na raiz de seu percurso poético e que ele vive dramaticamente
desde o princípio e não apenas, como se poderia supor, no tempo da madureza e dos densos
poemas meditativos, à maneira dos “versos à boca da noite”, um dos mais belos poemas
que escreveu. neste e em tantos outros, podemos sentir a presença viva da tradição da lírica
meditativa do romantismo que, nos países de língua inglesa deu a linhagem que de shelley,
Keats e swinburne, vem até yeats e alguns dos modernos, como o norte-americano Wallace
stevens.
em drummond sentimos a força do pensamento como em nenhum outro poeta nosso; e
desde o começo, ele experimenta dramaticamente as contradições que enfrenta: seu lirismo
nunca é puro, mas, sem prejuízo de sua alta qualidade, sempre mesclado de drama e pen-
dAvi ArriguCCi Jr. £ 85
samento. Alguns dos melhores críticos do poeta, como Antonio Candido, autor do notável
ensaio “inquietudes na poesia de drummond”, acham que a obra inicial, marcada pelo humor
modernista, em linguagem anticonvencional e irreverente, se organiza em torno do fato. no
meu modo de entender, porém, nunca se trata propriamente do fato direto, mas do fato en-
volvido pela refexão; há sempre mediação do pensamento, e o fato surge interiorizado: é a
repercussão do mundo na interioridade do Eu, no movimento característico da refexão, do
pensar sobre o pensar, mesmo nos poemas-piada.
Esse pensar sobre o pensar não tende apenas a criar uma infnitude da progressão no
tempo; ele é também um infnito da conexão. Benjamin, que estudou detidamente a refexão
dos românticos em suas relações com o pensamento de fichte, chamou a atenção para esse
aspecto da questão, tal como aparece em Novalis, para quem pensar é conectar infnitamen-
te... o chiste, o Witz dos pré-românticos alemães, é uma forma de conexão, de articulação de
elementos díspares ou contraditórios. e a essa tradição pode ser conectado também o poema-
piada modernista de drummond.
no caso de nosso poeta, trata-se do diálogo com a herança romântica baseado numa ati-
tude profundamente anti­romântica. Drummond é o primeiro a desconfar de qualquer senti-
mento; é o primeiro a criticar e ironizar todo sentimentalismo, no sentido vulgar e lacrimoso
do termo. em “sentimental”, famoso poemeto de Alguma poesia —trata-se da anedota do
namorado que tenta escrever o nome da amada com letras de macarrão e é impedido pela voz
da família mineira: “—Está sonhando? Olhe que a sopa esfria!— nota-se como os fatos se
articulam com a refexão nas complicadas dobras em que se envolve o sentimento na busca
de expressão. O poema objetiva na cena fgurada pelo Eu a situação exemplar de um idílio
constrangido que serve, por sua vez, de mediação refexiva para a difculdade de exprimir o
próprio sentimento, a confssão amorosa pura e simples. Vê­se como o poeta se perdeu da
naturalidade, e a busca do natural deve ser mediada pela refexão. Os fatos servem ao pensa-
mento e só por meio deste se exprime o sentimento, transformado em sentimento refetido.
o “poema-piada”, designação ao que parece criada por sérgio milliet, facilita a compreen-
são do sentido humorístico reinante entre os modernistas, mas é muito diferente em cada um
dos poetas, como se observa em oswald de Andrade, manuel Bandeira ou murilo mendes.
nas mãos de drummond está realmente perto do espírito do chiste pelo casamento de comi-
cidade com seriedade, de graça acintosa com severa gravidade, envolvendo a ambigüidade de
tom própria da conexão dos elementos opostos. raramente se observa a redução de seus po-
emetos do início ao mero anedótico: a articulação de elementos divergentes ou contrastantes
conduz à ressonância dos fatos na alma, sem se esgotar na pura piada. Assim, por exemplo,
num poema mínimo como “Cota zero” (“Stop./ A vida parou/ ou foi o automóvel?”), a atitude
de avaliação implicada no título e o tom interrogativo com que ela se desenvolve, no qual
constrastam perspectivas diversas sobre coisas muito diferentes, põem em movimento refe-
xivo os ritmos opostos da província e da cidade grande, da existência arrastada e da máquina,
do atraso e do moderno, mas também da cota de vida e de morte que um ícone da vida moder-
na como o automóvel introduz na avaliação da própria existência. mínimo, mas complexo.
o chiste drummondiano é uma espécie de engenho poético associativo, que dá lugar à
ironia porque permite uma avaliação refetida das coisas discrepantes que nele se juntam e se
chocam, como num relâmpago iluminador. embora o termo chiste não seja o ideal —ele não
recobre exatamente o campo semântico do Witz alemão, ou do wit dos ingleses nem do mot
d’esprit dos franceses— parece melhor, no entanto, do que o poema-piada. em drummond,
86 £ drummond meditAtivo
ele constitui também um meio de articulação, ou seja, uma forma de sintaxe, através da qual a
refexão conecta a multiplicidade na unidade. É o que se pode constatar pela leitura analítica
do “Poema de sete faces”, que abre seu universo lírico, sob o espírito do chiste.
Como vários dos grandes poemas de drummond, este já foi muito citado e se incorporou
à experiência banal do leitor, de modo que perdeu muito do poder de surpresa. é preciso
restituir­lhe a força originária, pela leitura renovada. W. H. Auden afrmou certa vez: “[…]
every poem is rooted in imaginative awe”. e, de fato, essa raiz que o poema tem na surpresa,
sua capacidade de despertar nossa imaginação pelo assombro, é preciso escavá-la pela lei-
tura, deixando-a à mostra. no caso do “Poema de sete faces”, trata-se de resgatar até a sua
difculdade: a complexidade das múltiplas faces que nele se articulam, mas que começam por
nos levar à perplexidade. A cada uma das sete estrofes, temos uma face nova e surpreendente,
sem que se perceba de imediato a coerência do conjunto. Há uma lógica interna, no entanto,
que é preciso desentranhar.
As sete estrofes são irregulares, assim como os versos, mas a irregularidade não é a do
verso livre modernista, em que o poeta escapa aleatoriamente da contagem das sílabas, mas
quase sempre para ajustá-lo, com base na entoação e nas pausas sintáticas, ao movimento
do sentido, adequando o corte da linha à sentença. Aqui a discrepância não é muita e parece
guardar ainda um senso da medida, com variações pequenas em torno das sete sílabas da
redondilha maior. irregulares, sem serem polimétricos ou completamente livres, mascaram a
desordem, acompanhando as variações do assunto. os mais discrepantes chamam a atenção,
como este: Para que tanta perna, meu Deus, pergunta meu coração. Parece a combinação de
um de nove sílabas com outro de sete, e nele se introduz o motivo fundamental do coração,
ponto recorrente da interrogação refexiva de onde se pode compreender as variações múlti-
plas e aparentemente aleatórias do assunto.
Basta parafrasear um pouco para se ter uma idéia da descontinuidade ostensiva da maté-
ria, mas o princípio é a retomada de um lugar-comum da tradição. Com efeito, na primeira
estrofe, temos a cena do nascimento maldito do poeta, um tópico rodeado de ecos bíblicos
e modernos, até o célebre: Vai, Carlos, ser gauche na vida, uma visão paródica, rebaixada e
irônica dessa verdadeira expulsão do paraíso. o termo gauche, galicismo corrente ao tempo
do modernismo, evoca a visão baudelairiana do poeta, no famoso “L’albatros”: “Ce voyageur
ailé, comme il est gauche et veule!”. A fgura desajeitada e fraca —uma estrofe inteira desen-
volverá aqui o motivo da fraqueza e do abandono de deus— resultante desse destronamento
paródico, ressurge submetida à errância do desterro transcendental.
ocorre, pois, uma inversão realista de expectativas romanescas ou sublimes em torno
da fgura do poeta, enquanto ser bafejado pela inspiração divina, obrigado agora ao destino
errante e dessacralizado na cidade moderna. na segunda e na terceira estrofes se monta um
cenário de cinema mudo, como numa comédia de mack sennett ou Carlitos, onde reinam os
desejos frenéticos e desencontrados, às voltas com a idéia fxa das pernas. O motivo erótico
rege a desordem urbana, tornando impossível toda harmonia: A tarde talvez fosse azul, /não
houvesse tantos desejos. A intromissão de uma frase de elegância culta em meio à estripulia
enumerativa das pernas demonstra como a mistura de níveis de estilo se tornou essencial à
visão modernista de drummond, certamente muito chocada pela novidade da cidade gran-
de em contraste e confronto com as expectativas que deveria trazer seu olhar da província.
Compacta nessa passagem, estará de fato contida toda a história de uma experiência pessoal
e histórica, em seu trânsito de itabira do mato dentro para Belo Horizonte e depois, o rio de
dAvi ArriguCCi Jr. £ 87
Janeiro: a mudança da província para a cidade grande, que longe de ser a Paris de Baudelaire,
é apenas a metrópole brasileira em que o bonde tem ainda cara de novidade. mas a mudança
é grande para quem sai do interior e vem para a cidade desconhecida, pois para quem cumpre
o percurso, o mundo é vasto e complexo. o tratamento realista e um tanto grotesco se ajusta
a essa mistura discrepante da matéria, marcada pela fxação sexual, correpondendo concre-
tamente a uma expansão da visão do mundo, de repente mudada pela chegada dos tempos
modernos.
o que aqui se dá é a abertura ao sentimento do mundo que se expandiu após a Primeira
grande guerra. é essa a experiência histórica básica que a poesia inaugural de drummond
traz consigo como uma descoberta pessoal, como algo intensa e dramaticamente experimen-
tado até as camadas profundas de sua subjetividade, tocada pelas mudanças do mundo vivido.
A poesia dessa descoberta, a principio grotescamente materialista, parece aumentar aos olhos
de hoje, recoberta por uma pátina de pureza lírica então inesperada, como o próprio poeta
soube captar mais tarde, recordando os flmes de Carlitos que viu mocinho, no “Canto ao
homem do povo Charlie Chaplin”.
o motivo das pernas contrasta com o tema meditativo do coração, introduzido pelo verso
longo da terceira estrofe. esse coração interrogativo pergunta pelo que não tem resposta. o
homem sério que de repente aparece em meio à bagunça dos desejos, lembra a cara parada de
outro cômico, Buster Keaton. Atrás de tudo, na defensiva, ele é uma espécie de raisonneur
da comédia clássica, personagem que se interroga sobre o sentido das coisas e faz as vezes
do autor, constituindo um notável contraponto à desabalada corrida atrás das pernas. ele
corresponde ao coração interrogativo, como uma outra face do eu; por meio dele, percebe-se
como o poema vai se armando como a imagem projetiva do sujeito, como a cena urbana em
que pululam os desejos em desacordo é, como em “Sentimental”, um meio para a refexão
do eu sobre o seu próprio sentimento de estar no mundo. o “Poema de sete faces” encarna o
drama da expressão deste sentimento, cujo centro, o coração, fornece o caminho da refexão e
o princípio de coerência estrutural: por essa via, as múltiplas faces se articulam na unidade.
As duas estrofes que restam, tão famosas, recolocam o motivo do coração, centro irra-
diador do poema. Para nossa surpresa, agora vemos que o coração não é apenas o lugar da
interrogação meditativa em contraste com a errância exterior do desejo, mas também o lugar
da vastidão, do desejo ilimitado. Chegamos ao ponto do ensimesmamento e da descoberta
de uma vastidão interior maior que a exterior. este último aspecto se torna perceptível pela
medida do coração quando relacionado com o vasto mundo: mais vasto é meu coração.
esse sentimento da vastidão tem sido lido pela crítica como um sentimento egotista de
onipotência do sujeito, arrebatado por uma ilusão juvenil de poder diante do mundo. nesse
sentido, creio, foi lido por Antonio Candido, no referido ensaio, em que formula as diversas
equações entre o coração e o mundo ao longo da trajetória do poeta. Contudo, a coerência
quanto à posição do sujeito, tal como apresentada desde o início do poema —o ser rebaixado,
desajeitado e fraco que é o poeta, abandonado em seu exílio terreno— exige, ao contrário, que
se considere a vastidão —lugar da falta que ama— a imagem do sentimento de não-poder do
eu, da impotência que é a base de sua visão irônica. o coração é o lugar do desejo impreen-
chível, do ilimitado, de que a vastidão é um símbolo.
o lugar da unidade, o coração, é também o lugar da multiplicidade, da máxima dispersão,
o lugar onde, refetido, o sentimento de estar no mundo é também sentimento de não­poder.
Por isso, também é aí que se aguça o senso de insufciência da linguagem na qual não se
88 £ drummond meditAtivo
encontra a consonância adequada à expressão desse ilimitado que não se pode dizer: aquilo
a que falta nome. Essa insufciência é ironizada na referência à rima; ao explicitar um proce-
dimento construtivo como esse, o poeta dá curso ao tratamento cômico, de paródia e farsa,
que adota em passagens anteriores, buscando por meio do chiste a conexão da matéria discor-
dante. Sabemos que a rima, para que seja efcaz, deve confgurar não apenas uma harmonia
entre sons de palavras correlatas, mas corresponder àquela unidade entre som e sentido, cuja
aliança secreta faz a força da linguagem da poesia, como notou valéry. no caso, o que se ex-
plicita é a inadequação do procedimento, a desarmonia profunda que a rima não pode vencer,
pois que será sempre aleatória e gratuita diante do que deveria exprimir, mas não pode. A in-
sufciência da linguagem, a luta por vezes vã com as palavras se formula como um problema
já neste início da poesia de drummond. A poesia, para este poeta “sentimental”, se torna o
produto de um esforço, de um trabalho difícil, mediado pela refexão
essa impossibilidade de exprimir o que é necessário é dramatizada, no extremo, na última
estrofe, e de novo ironicamente, como a cena de um idílio constrangido, análogo ao de “sen-
timental”. Essa confdência difícil, tratada num quadro de conversa de botequim, mostra de
uma vez por todas que o desajeitamento, a gaucherie do poeta, é a expressão condizente da
naturalidade impossível: a natureza que se busca, porque já não se tem, é também uma proble-
ma para a linguagem. O fazer difcultoso ou problemático é uma exigência do que se procura
exprimir. desde o começo, portanto, dizer o que vai no coração é um caminho aporético, no
qual se enfrenta o risco da não passagem, o infnito que desafa o dizer ensimesmado do poeta,
debruçado sobre o próprio coração.
visto assim, o “Poema de sete faces”, mediante o chiste, linguagem de articulação, dá
forma unitária às discórdias do coração, que é preciso de algum modo exprimir: as faces
tumultuadas que pululam no mundo mas se organizam como sentimento refetido na forma
do poema. No princípio, o chiste é já meditação, e sua forma refexiva prepara os grandes e
longos poemas que virão depois e nos darão, por fm, o perfl fno e preciso de um Drummond
meditativo.
89
José enrique rodó: el oriental y la Hélade
Hernán g.H. tABoAdA*
en la segunda mitad del siglo xix la intelectualidad europea propuso nuevas valoraciones de
la herencia griega: ernest renan (1823-1892) evocaba la armonía antigua como contrapeso
de las amenazas plebeyas del presente, mientras otros exploraban la moralidad alternativa de
un mundo dionisiaco. no dejaron los latinoamericanos de aplaudir esta segunda exploración:
la misma motivó una traducción mexicana de Walter Pater y la narrativa de Pierre louys fue
imitada en algunos bocetos de José Antonio ramos-sucre o en la novela Dionysos (1912) de
Pedro César dominici, muchos se llenaron la boca con la grecia de nietzsche y los poetas
cantaron los goces de la Hélade pagana, revelando uno de ellos burlonamente su fuente de
inspiración:
Amo más que la grecia de los griegos
la grecia de la francia, porque en francia
al eco de las risas y los juegos
su más dulce licor venus escancia.
1
todo esto respondía al “momento dionisiaco” que vivía América latina, tal como lo ex-
presó en su oportunidad el brasileño sousa Bandeira, en momentos en que su coterráneo
Jackson de figueiredo confesaba en carta a mário de Alencar en 1915: “dionisos fue quizás
el ideal único de mi adolescencia”.
2
traducido a nuestros términos, ese momento revelaba
una nueva sensibilidad hacia el erotismo, la exploración del deseo femenino, el tratamiento
del tema homosexual, novedades de las últimas décadas del siglo xix, que fueron también
de combate al positivismo y de una nueva preocupación por la identidad, en lo cual ocupó
posiciones también el retorno a grecia.
A largo plazo, sólo en determinados sectores prosperó la exégesis neopagana, y nuestras
arcaicas sociedades prefrieron la manera de Renan, muy leído por América Latina: en Co-
* doctor en estudios latinoamericanos por la facultad de filosofía y letras de la unAm. maestro en estu-
dios de Asia y África, especialidad en medio oriente por el Colegio de méxico. Profesor e investigador en el
Centro de investigaciones sobre América latina. miembro del sistema nacional de investigadores, nivel i.
1
rubén darío, “divagación”, 1894, en Prosas profanas (Poesía, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1977,
p. 184).
2
sousa Bandeira y figueiredo son citados en thomas e. skidmore, Black into white: race and nationality
in Brazilian thought, con prefacio y bibliografía para la edición de 1993, durham y londres, duke university
Press, 1993, p. 99; Cruz Costa, Esbozo de una historia de las ideas en el Brasil, méxico-Buenos Aires, fCe,
1957, p. 151.
90 £ José enriQue rodó: el orientAl y lA HélAde
lombia miguel Antonio Caro (1843-1909) basó su régimen conservador no sólo en la mano
dura de su policía sino también en el estricto conocimiento de la gramática y las lenguas
clásicas; con un aparato de vasta ciencia leopoldo lugones evocó el heroismo homérico y lo
colocó en el origen del gaucho argentino; en Brasil, los entusiastas de la eugenesia esperaban
que barriera con la confusa mezcla de indios y mulatos para dar origen a un nuevo helenis-
mo; en méxico los miembros del Ateneo de la Juventud leían a Platón hasta altas horas de
la noche y se llamaban entre sí con nombres helénicos mientras sonreían a Porfrio Díaz; el
dictador dominicano rafael l. trujillo fue el creador, para sus apologistas, de la “era griega
de la historia dominicana”.
en el comienzo de estas manifestaciones hallamos el programa restaurador que con abun-
dante oratoria esbozó José enrique rodó (1871-1917) remitiéndolo a la “grecia de la fran-
cia”, específcamente la de Renan. Este autor había hecho una aparición escandalosa en la
república oriental del uruguay unas décadas antes, cuando el francés Adolfo vaillant, ahí re-
sidente, comentó su obra en la prensa.
3
el consiguiente entrevero de sotanas jesuitas y levitas
masónicas se enmarcaba en el contexto de cambios intelectuales de la sociedad rioplatense,
que podía encontrar combustible también en cierto panfeto del italiano Emilio Bossi sobre la
inexistencia de Jesucristo, cuya traducción local fue muy popular al parecer en montevideo.
4

Pero más infuencia que el mensaje del italiano —por las referencias que he encontrado me
parece bastante burdo— alcanzó la obra de renan.
De acuerdo con Arturo Ardao, en su primera irrupción uruguaya, Renan fguró principal-
mente como orientalista: Adolfo vaillant divulgó textos difíciles como la Historia comparada
de las lenguas semíticas, traduciendo incluso (al parecer por primera vez en castellano) la
impía Vida de Jesús (1863), y enfatizó en su presentación la idea de las “razas semíticas”
como portadoras de concepciones que tendían a debilitarse ante la victoriosa irrupción de
los pueblos arios.
5
de tal modo, cuando José enrique rodó inició su carrera, renan lo estaba
esperando, con el prestigio de ser francés y de poseer, para ese ambiente provinciano, fama de
sabiduría insondable. Pero las refexiones de Renan ya vagaban por otros ámbitos: siguiendo
a Arturo Ardao, señalemos que en Uruguay su infuencia repitió los dos momentos que en
francia había vivido, y ahora, más que el despojador de la divinidad de Jesucristo que la
iglesia aborrecía, se estaba imponiendo como el conservador profeta de un modelo helénico
de sociedad al que aludieron mis primeras líneas. A partir de entonces este pensamiento sería
consustancial con rodó y sus seguidores: son muchas las menciones expresas del vate bretón
en los escritos del montevideano, a lo cual hay que añadir las alusiones a sus ideas y el voca-
bulario mismo que empleó.
muchos estadios, por cierto, mediaban entre el habitante, a su pesar, de un oscuro puerto
suratlántico rodeado de vacas y quien gozaba de la centralidad parisina, pero no faltaban
afnidades, por lo menos en sus defectos: ambos fueron reprimidos y un tanto hipócritas en
su erotismo, misóginos pero dependientes del trabajo secretarial de las mujeres de su familia,
ególatras y conservadores. la Hélade de ambos carecía de rasgos eróticos, por no hablar
3
Arturo Ardao, “Orígenes de la infuencia de Renan en el Uruguay” (1959), en Etapas de la inteligencia
uruguaya, montevideo, universidad de la república, 1968, pp. 65-91.
4
Así asegura el mismo rodó, Obras completas, editadas con introducción, prólogos y notas de emir ro-
dríguez monegal, segunda edición, madrid, Aguilar, p. 278n.
5
Arturo Ardao, “Orígenes de la infuencia de Renan en el Uruguay”.
HernÁn g. H. tABoAdA £ 91
de los homoeróticos que asoman en la obra de Walter Pater, otro maestro de rodó, y entre
nosotros en el errabundo vate Porfrio Barba Jacob, que en su “Balada de la loca alegría”
(1921) mezclaba a Heliogábalo, efebos, bacantes y marinos rodios con mozuelos de Cuba y
de Honduras. la grecia imaginada por renan fue el fundamento de un proyecto básicamente
antipopular; dicho sesgo está más oculto en rodó, que no deja de hablar de democracia y que
gozó horas de favor entre la izquierda debido a su posición antiestadounidense, aunque en su
momento se opuso a medidas de protección al obrero y se unió al coro de quienes elevaron
gritos al cielo por las nuevas tendencias homosexuales en la literatura.
6

desde su atalaya, rodó estaba decidido a reformular los valores tradicionales que con-
sideraba originarios de grecia (y que, ignorante del griego, conocía de segunda o tercera
mano) y veía amenazados por movimientos sociales, espirituales y estéticos de nuevo cuño o
por la vocación materialista de la sociedad americana del norte. enfatizó incesantemente las
supuestas semejanzas entre la Hélade y América latina y predicó una vuelta a las fuentes. la
poca originalidad de las propuestas rodonianas fue inmediatamente señalada por miguel de
unamuno, quien conocía mejor que él la producción francesa (y la grecia de los griegos) y
podía leer cotidianamente en el Mercure de France llamados al retorno a los clásicos como
antídoto del materialismo anglosajón: en su agradecimiento al uruguayo por el envío del Ariel
no dejó de escribir un par de palabras en griego, excusándose por la “pequeña pedantería”, y
en carta a leopoldo Alas expresó más ampliamente su desacuerdo.
7

la Hélade espiritual y la Angloamérica materialista: la presentación de antinomias fue
un rasgo bastante típico de la escritura de Rodó, y la que refejan estos dos términos se ha
constituido, por varias razones, en el centro de toda glosa, favorable o no, al uruguayo. menos
visible, y mucho menos comentada, ha sido otra contracara de la armonía helénica: el oriente
inarmónico que recogió el montevideano de muchos predecesores. Es decir, que la infuencia
del renan orientalista, el que vaillant había vulgarizado en su momento, si bien había sido
desplazada por la de renan cantor de la Hélade, no había desaparecido. en la exposición en
la prensa uruguaya, vaillant había destacado el racialismo, que a veces cae en racismo, de
renan, para el cual la historia y el presente son vistos como un choque entre razas, donde la
victoria pertenece a los arios debido a su intelecto y moralidad superiores, frente a los semitas
contaminados por graves taras.
8

eran concepciones difundidas y las reencontramos en rodó. sin expresarlas de forma tan
contundente, tampoco él quería mucho a los semitas ni al oriente. A veces éste coincidía con
el materialismo moderno. Repetidamente Rodó califca a éste como “fenicio”, adjetivo muy
socorrido en la época y que el mismo José martí había usado en su variante “cartaginés” y
que había llegado a ser un tópico para referirse a los países anglosajones. Pero el oriente era
menos prestigioso que el materialismo anglosajón y podía constituirse en otro antónimo de
grecia: “la inmensidad de Babilonia y nínive no representa en la memoria de la Humanidad
6
martin nesvig, “the complicated terrain of latin American homosexuality”, Hispanic American Histori-
cal Review, 81, 2001, pp. 689-729, p. 719.
7
véase la muy comentada carta de unamuno a rodó y fragmentos de la dirigida a leopoldo Alas en rodó,
Obras completas, pp. 1375-1397. Por cierto, las dos palabras griegas (συμπα
´
θεια y σωφροσυ
´
νη) están mal
transcritas en la edición de rodríguez monegal.
8
Arturo Ardao, “Orígenes de la infuencia de Renan en el Uruguay”.
92 £ José enriQue rodó: el orientAl y lA HélAde
el hueco de una mano si se la compara con el espacio que va desde la Acrópolis al Pireo”.
9

Con ello seguía derivando, y en mayor grado, de imágenes elaboradas en europa que hoy
solemos englobar en la acepción que edward said dio al tradicional término orientalismo,
interpretándolo como espejo que al refejar vicios ajenos quiere fundamentar las excelencias
de occidente. nada extraordinario habría en esta dependencia y opacidad: fue la norma en
nuestros autores y ya ottmar ette hizo notar cómo rodó resulta tan eurocéntrico que debe
copiar hasta el otro de sus maestros, el oriental.
10
especialmente el de renan: si éste en su
biografía de mahoma trató con simpatía al Profeta, después de viajar a siria en compañía de
su hermana (1860-1861) desarrolló el más furibundo antiislamismo
11
y consideraba que los
asiáticos únicamente se destacaban como arduos trabajadores.
Pero al menos renan conocía la tela que cortaba. no así su discípulo, aunque hay “orien-
tales” en su escritura de omni re scibili: el amor de Cadija hacia mahoma, “el gran razi, lum-
brera del saber arábigo”, una anécdota sobre el poeta persa Anvari,
12
y acá y allá zoroastro,
sakiamuni y Confucio, entre algunos Aladinos y menciones de enésima mano, como “las
lánguidas zizis, nardinas y delises del harén”, que montalvo había imaginado en el perdido
pueblo de Ambato.
13
entre los múltiples elogios que recibió, algunos tenían una connotación
oriental: como “simbad literario” fue aclamado —y el marino de Basra había sido antaño su
héroe, según confesaba a bordo del barco que lo llevaba a europa;
14
en una semblanza, Alfon-
so reyes se preguntaba “¿qué árabe le enseñó el secreto de la gracia insinuante?”.
15
sobra notar que este oriente de rodó acumula lugares comunes: la infancia beduina de
la humanidad, una época heroica y decadente, un repositorio de sabiduría, la China aislada, la
india contemplativa… imágenes truncas y contradictorias, y por ello poco estimulantes, que
le iban sugiriendo sus enciclopedias —a veces malentendidas, como cuando cree que Bab es
nombre propio a la par que Buda o mahoma.
16
gran aburrimiento, se nos dice, originó en su
breve paso por la universidad uruguaya el programa de historia de la literatura que rodó había
hecho comenzar con el oriente, hasta el siglo iv.
17
no sólo sería el desconocimiento y la depen-
dencia de fuentes europeas, porque muy poco se podía saber entonces en el pastoral uruguay
de aquellos temas, sino también la poca simpatía que por ellos sentía el autor del Ariel.
9
rodó, Obras completas, p. 244.
10
Ottmar Ette, “Así habló Próspero: Nietzsche, Rodó y la modernidad flosófca de Ariel”, Cuadernos
Hispanoamericanos, 528, 1994, pp. 48-62.
11
Con ideas que le valieron su colocación en el índice elaborado por edward said, Orientalismo (1978),
Madrid: Libertarias/Prodhuf, 1990, pp. 175­206.
12
rodó, Obras completas, pp. 365 y 974; la grafía de Jadiŷa revela una fuente francesa. noticias sobre el
poeta Jorasaní Anvari (m. ca. 1190) y alguna traducción de su obra ya se encontraban en europa en el siglo
xix, véase edward Browne, A literary history of Persia (1906), Cambridge university Press, 1969, vol. 2, pp.
367­368, donde fgura la misma anécdota que cuenta Rodó. El “sobreentendido pedante” de este último se hace
notar especialmente en torno a estos personajes, que seguramente muy pocos conocían en su medio.
13
“montalvo”, 1913, incluido en El mirador de Próspero, Obras completas, p. 615.
14
“Cielo y agua”, 1916, Obras completas, p. 1245.
15
Alfonso reyes, “rodó (una página a mis amigos cubanos)” (1917), en Obras completas de Alfonso Re-
yes, méxico, fCe, 1956, vol. 3, pp. 134-137.
16
rodó, Liberalismo y jacobinismo (1906), Obras completas, p. 282. el Bab (la “Puerta”) fue el epíteto del
profeta iraní Ali muhammad (1819-1850), fundador del babismo.
17
Pablo rocca, “la lección de Próspero: rodó, la enseñanza de la literatura y los apuntes inéditos”, Cuyo, vol.
17, 2000, pp. 51-74.
HernÁn g. H. tABoAdA £ 93
si tratamos de ir más allá de estas magras conclusiones, debemos apuntar un par de obser-
vaciones de rodó sobre las corrientes literarias latinoamericanas, a las que acusa de varios
extravíos. La primera se refere al romanticismo, que se había demorado en pintar las cruza-
das y en leyendas orientales.
18
él no estuvo exento de una demora semejante, según hemos
visto, pero su observación no se refería al uso esporádico de temáticas, y hay que leerla junto
con su evocación reprobatoria, en “el que vendrá” (1896), de las andanzas de sus contempo-
ráneos por “las rutas sombrías que conducen a oriente”.
19
un oriente que los lectores de rodó reconocían fácilmente porque había ingresado al ám-
bito latinoamericano, como trasunto igualmente de experiencias extranjeras, del mismo modo
que las grecias. es así que Japón y China, la india o los países del islam fueron objeto de
algunas visitas, y sus letras comentadas y hasta imitadas en la latinoamérica de entresiglos:
de sus latitudes pidió sabiduría la muy difundida teosofía, junto a inspiración estética y hasta
ética alternativa a los modelos eurocentrados que hasta entonces habían regido.
20
muy cerca
de rodó, en la misma montevideo, el poeta Julio Herrera y reissig arrastró una vida tan
materialmente precaria como el autotitulado maestro de la juventud; pero con otro rumbo: se
murmuraba que había experimentado no sólo los placeres de la galleta y el mate amargo, sino
también los de la morfna; y su poesía rebosa de harenes, huríes, sultanes.
no era la dirección que podía agradar a rodó: sus adicciones conocidas no iban más allá
del vino, y asentó su empresa de refundación moral y magisterio estético sobre materiales
“occidentales”: con ello estoy retomando su vocabulario porque, en la estela de multitudes,
rodó consideraba que existía una entidad llamada “occidente” o “civilización cristiana” y,
con infnito conformismo, afrmaba que la misma hundía sus raíces en Grecia, Roma, el cris-
tianismo, el Renacimiento, foreciendo en la Europa de su tiempo, portadora de “la enseña
capitana del mundo”. en torno a todos ellos repitió y repitió, y les opuso un oriente que era
igualmente copia del orientalismo europeo. la más clara exposición de sus concepciones
fgura en el polémico Liberalismo y jacobinismo (1906): más que el antisemitismo que en
este texto encontrara dardo Cuneo —expresión de una época menos preocupada que la nues-
tra por la corrección política— es de subrayar que su argumentación a favor de la primacía
cristiana del concepto de caridad se refuerza con disertaciones sobre la india enervante y
la cerrazón del pueblo chino, “por millares de años en inviolada soledad, tan ajeno a los
desenvolvimientos convergentes y progresivos de la historia humana como lo estaría la raza
habitadora de un planeta distinto”.
21
de tal oriente llegaban contagios dañinos; ellos explican la decadencia de Bizancio, según
un muy remanido juicio de la historiografía desde el siglo xviii. Sólo que las escuelas fnise-
culares que a sí mismas se llamaban decadentes habían encontrado una delectación morbosa
en aquel mundo que consideraban hermano. el aristócrata des esseintes, en la famosa novela
de Joris-Karl Huysmans À rebours (1884), abomina de Cicerón, al que llama, aludiendo a la
etimología del nombre, el Garbanzo, y exalta la literatura de la baja latinidad y el helenismo
tardío. Autor muy leído y citado, sus juicios tuvieron discipulado en América latina: algunos
18
“una nueva antología americana”, 1907, en El mirador de Próspero, Obras completas, p. 636.
19
Obras completas, p. 152.
20
ivan A. schulman, “sobre los orientalismos del modernismo hispanoamericano”, Casa de las Américas,
núm. 223, 2001, pp. 33-43.
21
Obras completas, pp. 255 y ss.
94 £ José enriQue rodó: el orientAl y lA HélAde
bocetos de Antonio ramos sucre, junto a la continua apología de Bizancio en la obra de José
vasconcelos. no comulgaba rodó con semejante exaltación; se escandalizaba tomando en se-
rio lo que Rubén Darío decía de Halagabal y lo prefriera a Washington, y con razón criticaba
la artifcialidad de la Grecia dionisiaca que adoraba el nicaragüense (porque creía que la suya
sí era real);
22
América ya había sufrido en la época colonial una “Bizancio limeña”, ciudad
“de refnamientos bizantinos y pequeñeces lugareñas”, y una de sus quejas era que “vivimos
literariamente en una época de bizantinos”.
23
este sistema de referencias iba más allá del adorno retórico y nos traduce preocupaciones
muy entrañables de rodó. él mismo, por una vez, se baja de su estilo omnisciente tras sus
parrafadas sobre la cerrazón china: “convengamos en que esta piadosa evocación de la geta
mogola de Confucio no pasa de ser un exceso de dilettantismo chinesco”.
24
y más todavía en
un apólogo bastante conocido: “era un rey patriarcal, en el oriente indeterminado e ingenuo
donde gusta hacer nido alegre la alegre bandada de los cuentos. vivía su reino la candorosa
infancia de las tiendas de ismael y los palacios de Pilos”.
25
nos sorprende que rodó creye-
ra que Pilos, la patria del homérico néstor, se hallaba en el oriente, como comprobar más
adelante que su palacio, frecuentado por mercaderes de Ofr y buhoneros de Damasco, tiene
cariátides. Quizá las noticias del desentierro de la grecia micénica por obra de Heinrich
schliemann inspiraron la mención, pero también es posible que quiera introducir un matiz de
ironía en su presentación de un oriente reducido a su mínima expresión: beduinos que viven
en tiendas y reyes que viven en palacios.
Ahora bien, esta dicotomía se parece mucho a la que gordon Brotherston
26
ha encontrado
en la visión rodoniana de los indígenas americanos: el estereotipo de pueblos salvajes o masas
sometidas a un despotismo. Por ello me parece que Ottmar Ette no ha llevado hasta el fnal su
observación sobre el oriente de rodó: es cierto que el uruguayo copió de los europeos esta
imagen de la otredad, pero por un camino que no fue directo ni inocente. Cuando evocaba a la
grecia cívica de la mesura y de las “verdaderas aristocracias”, obviamente pensaba en el pa-
pel que a él le correspondería como su miembro pleno, conductor de efebos criollos y especie
de Platón colorado aconsejando a un dionisio montevideano, el sueño eterno de los intelec-
tuales, especialmente de los nuestros. Paralelamente, si recordaba al oriente, su inspiración
no sólo remontaba a los consabidos modelos, sino también a una subterránea pero coherente
opinión que igualaba el oriente con las masas indígenas y mestizas de América.
esta igualación era ya tradicional y tenía cierta prosapia: en las crónicas de la conquista,
en la confusión museística de los europeos ya aparece de alguna forma revuelta la América
con el oriente.
27
la mezcla reemerge con la primera escritura moderna de nuestra región, la
22
“rubén darío”, 1899, Obras completas, p. 171.
23
Obras completas, pp. 582, 770 y 865, 987, cf. p. 994.
24
Liberalismo y jacobinismo, Obras completas, p. 265. Así fgura en la edición que cito: ¿habría que corre-
gir “gesta mongola”, o “jeta mongola”?
25
Ariel, Obras completas, p. 215.
26
gordon Brotherston, “la América de José enrique rodó: sus bordes y sus silencios”, en ottmar ette y
titus Heydenreich (eds.), José Enrique Rodó y su tiempo, frankfurt, iberoamericana-vervuert, 2000, pp. 59-
71; “rodó views his continent”, en gustavo san román (ed.), This America we dream of: Rodó and Ariel one
hundred years on, londres, institute of latin American studies, 2001, pp. 35-49.
27
Hernán g.H. taboada, “latin American orientalism: from margin to margin”, en silvia nagy-zekmi
(ed.), Paradoxical citizenship: Edward Said, lanham, etc., lexington Books, 2006, pp. 121-128.
HernÁn g. H. tABoAdA £ 95
de Alexander von Humboldt;
28
este autor fgura entre las fuentes de Rodó, aunque mucho
más importante para su interpretación fue domingo faustino sarmiento, quien en el Facundo
(1845) mostraba ya plenamente formada la imagen de una América nomádica muy similar a
las llanuras bárbaras de Asia.
29
la asimilación de América con el oriente fue otro lugar común incorporado por rodó a
su ya larga lista: por eso afrma que la población rural de época de la independencia habitaba
un “desierto” y “en semibarbarie pastoril no muy diferentemente del árabe beduino o del he-
breo de tiempos de Abrahán o Jacob”.
30
el otro de rodó es americano al mismo tiempo que
oriental, porque en el fondo los dos derivan de la misma esencia. de la cual había que abjurar
para acercarse lo más posible a los boulevards que durante largos años conoció solamente de
oídas.
28
oliver lubrich, “‘egipcios por doquier’: Alejandro de Humboldt y su visión ‘orientalista’ de América”,
Revista de Occidente, núm. 260 (enero 2003), pp. 75-101; “A la manera de los beduinos: Alejandro de Hum-
boldt ‘orientaliza’ a América”, Casa de las Américas, núm. 232, 2003, pp. 11-29 (los dos artículos son más o
menos lo mismo con distinto título).
29
Carlos Altamirano, “el orientalismo y la idea del despotismo en el Facundo”, en Carlos Altamirano y
Beatriz sarlo, Ensayos argentinos: de Sarmiento a la vanguardia, Buenos Aires, espasa-Calpe Argentina/
Ariel, 1997, pp. 83-102; isabel de sena, “Beduinos en la pampa: el espejo oriental de sarmiento”. Palimps-
zeszt, http://magyar-irodalom.elte.hu/palimpszeszt/23_szam/04.html
30
“Bolívar”, 1912, en El mirador de Próspero, Obras completas, p. 551.
CienCiAs soCiAles:
soCiedAd y eConomíA de Ayer y Hoy
99
el “libre comercio” español en la conformación del mercado mundial
en el Caribe (indicios de la segunda mitad siglo xviii)
rené AguilAr piñA*
La variación geopolítica antillana
los diferentes rumbos que tomaron las posesiones hispánicas en América y el Caribe —des-
pués de los primeros veinte años del siglo xix— se debieron, entre otros factores, a su distinta
distribución geográfca y a la estructura alcanzada por las vías de comunicación, a disposición
de las rutas comerciales trazadas por la corona, para los diversos efectos con las colonias de
la región.
Años antes (durante la segunda mitad del siglo xviii), el dominio español sobre el Caribe pre-
sentó una serie de variantes sumamente interesantes. de hecho, se puede decir que el Caribe de
esa época se había convertido en una zona de intensa actividad de intercambio, a pesar, incluso,
de las restricciones que los imperios que dominaban la región imponían a sus posesiones.
Para estos años, Jamaica estaba ya bajo el dominio inglés (1670, tratado de madrid), así como
la española había sido fraccionada en dos (1697, Paz de ryswick): la parte de saint domingue
(hoy Haití) se convirtió, formalmente, en territorio de francia (1777, tratado de Aranjuez) y
santo domingo (hoy república dominicana) quedó bajo dominio español. de igual manera, se
podía identifcar el área de las Antillas Holandesas y el resto de las posesiones españolas.
Como puede verse, era, mínimamente, una región obligada a la diversidad y cercana en
distancias que hacía del comercio —cuando menos en términos “prácticos”— una actividad
que ocurría determinada, sobre todo por la conveniencia de sus propios pobladores, antes que
por los intereses de los imperios a los que pertenecían.
1
otra cosa muy diferente ocurría con la respectiva correlación de las colonias bajo distintos
dominios (territorios distantes, lejanos y, en algunos casos, no obstante su relativa importan-
cia militar, marginales a otro tipo de intereses metropolitanos).
Tomando un caso específco, como el de la isla de Puerto Rico, por ejemplo, se trató de
defnir sus vínculos políticos con la península; primero, en términos militares, y su abas-
tecimiento corría, sobre todo, por cuenta de los situados novohispanos que eran recursos
* doctor en economía y maestro en estudios latinoamericanos por la unAm. Profesor de asignatura en el
Colegio de estudios latinoamericanos.

1
la intensa actividad del comercio de esclavos imponía, a la zona, un rasgo singular debido a que la po-
blación africana, traída a América para tal efecto, comenzó a integrarse y desarrollar sus propios vínculos, tanto
locales como regionales. De modo que puede suponerse que, antes que sentirse identifcados con sus amos, los
esclavos cultivaron una identidad “sincrética” que abarcaba la posibilidad de distanciarse de los intereses de
sus dueños territoriales.
100 £ el “liBre ComerCio” esPAñol en lA ConformACión del merCAdo mundiAl...
fnancieros frescos y llegaban a la isla por medio de la distribución directa que hacía Cuba
de los mismos (servían, más que nada, para pagar las obras de fortifcación y salarios de las
autoridades gobernantes y militares, así como para saldar deudas contraídas, por concepto
de materias primas, para la construcción de los pasos aduanales marítimos de la corona en la
isla); después, en términos comerciales, para la época que aquí retomamos, se había destinado
una compañía comercial peninsular con el fn de realizar intercambios comerciales específ-
cos con dicho territorio isleño.
2

Un propósito inmediato en esta refexión consiste en describir algunos elementos que,
mediante el ejemplo antillano, pueden expresar, en el ámbito de la política comercial de la
corona española, acaso las difcultades o despropósitos en que incurrían las apreciaciones
reales sobre la intervención simultánea y contradictoria en esa zona. esto último, al pretender
impulsar su integración al conjunto de los mercados hispanos en el Caribe, sin que dejara de
ejecutar sus funciones principales como fortaleza defensiva del reino en las Antillas, por don-
de atravesaban los circuitos comerciales del dinero americano y los productos de la península
que, debido a sus altos precios y poca variedad, la convirtieron en una zona habilitada de la
piratería inglesa y francesa.
El condicionamiento político sobre la defnición económica de las Antillas
la norma principal del “libre comercio” español, sobre todo a partir de los años comprendidos
entre 1762 y 1765, se estableció en torno del proyecto de elaborar los métodos más adecuados
para concentrar la mayor cantidad de recursos monetarios para los distintos compromisos f-
nancieros y necesidades de rango de la monarquía peninsular.
3
A ello obedeció la elaboración
de las distintas leyes comerciales y tributarias, así como industriales, que se formularon para
articular el engranaje del proyecto reformador con que la corona esperaba obtener resultados,
absolutamente positivos, para hacer frente a la competencia inglesa y a la francesa, además
de vencerlas, en forma militar, de manera defnitiva.
esto indica, a su vez, que fue la dinámica de la guerra naval lo que imprimió una gran
estimulación de la actividad comercial y del ritmo violento de la competencia económica en
el espacio americano y del Caribe. lo cual ocurrió al propio tiempo que, en efecto, forzaba
a los distintos actores dirigentes de todos los frentes a motivar sus acciones en función del
dominio político de los mercados, en cuya conformación se fundaba toda la estrategia de la
forma capitalista en gestación.
en este contexto, se integró al Caribe dentro de la propia modalidad estratégica española en
dos sentidos: por un lado, como fortaleza militar frente a los desplazamientos armados y co-
merciales de los enemigos del reino; y, por otro, como nuevas plazas para el comercio, funcio-
nales a la instauración de nuevas compañías comerciales en distintos puertos de la península.
2
Antes que considerar a ésta como una iniciativa de la corona para promover el desarrollo económico de la
isla, se trataba de una estrategia que intentaba garantizar el estímulo manufacturero de la península, ya que se
promovían iniciativas que retomaban el precepto fsiócrata de la productividad de la tierra y el aseguramiento
de los mercados para tales intenciones.
3
Antonio-miguel Bernal, La fnanciación de la Carrera de Indias (1492-1824). Dinero y crédito en el
comercio colonial español con América, p. 297.
rené AguilAr PiñA £ 101
en un primer momento, se extendió el monopolio de Cádiz
4
al convertirlo en parte de uno
metropolitano español para el comercio con sus distintas colonias americanas.
5
esto exigió
de la corona una serie de iniciativas que extendían los mecanismos de recaudación sobre los
aranceles comerciales que, por su ampliación, el monopolio español tendría que asegurarse
de concentrar para el estado.
los resultados pronto estuvieron a la vista y la estrategia pareció tener un impacto inme-
diato en los incrementos de los ingresos ordinarios
6
de la corona entre 1763 y 1797. lo cual se
refejó en la tendencia al alza que durante ese intervalo de años se registró en la participación
de las colonias americanas hacia la metrópoli por este concepto (gráfca I); aunque, como
puede constatarse, en 1797 inició su descenso sostenido hasta el comienzo de la segunda
década del siglo xix.
* se ha hecho el cálculo para los reales vellón en proporción de 20 reales = 1 peso de plata.
fuentes: José Patricio merino, Las cuentas de la Administración central española; José Canga Argüelles,
Diccionario de Hacienda y Carlos marichal, La bancarrota del virreinato. Nueva España y las fnanzas del
Imperio Español, 1780-1810, pp. 304-305.
4
Con toda seguridad, la idea de “romper el monopolio de Cádiz” se articulaba en relación con otras ciuda-
des portuarias que se encontraban más cerca de resolver los problemas de desplazamiento de mercancías que
de verse obligadas a someter a sus productores a las distintas imposiciones tributarias por concepto de traslado
desde sus lugares de origen hasta el puerto de la ciudad de Cádiz, que harían ver afectadas sus ganancias. en
ese sentido, se puede defnir el acondicionamiento de nuevos puertos peninsulares para el comercio fuera de la
metrópoli como una ampliación de dicho monopolio que, de todos modos, la corona siguió ejerciendo —y ya
no sólo desde Cádiz— sobre sus posesiones americanas.
5
Cuestión que, incluso, puede verse sustentada en la característica de que, aunque se trataba de un proceso
reformador, se podía constatar que había “continuidad y uniformismo en los aspectos funcionales y operativos
del tráfco: métodos e instrumentos de contratación, la reglamentación e intervensionismo en las cuestiones de
fetes, seguros y fnanciación del comercio así como en la articulación de extranjeros, monopolistas aduanales
y criollos”. Cfr. Antonio-miguel Bernal, op. cit., p. 298.
6
Carlos marichal, La bancarrota del virreinato. Nueva España y las fnanzas del Imperio Español, 1780-
1810, p. 73.
Gráfica I
Participación de la América española hacia la metrópoli en sus ingresos ordinarios
(en miles de reales vellón)*
0
200,000
400,000
600,000
800,000
1,000,000
1,200,000
1
7
6
3
-
1
7
6
7
1
7
6
8
-
1
7
7
2
1
7
7
3
-
1
7
7
7
1
7
7
8
-
1
7
8
2
1
7
8
3
-
1
7
8
7
1
7
8
8
-
1
7
9
2
1
7
9
3
-
1
7
9
7
1
7
9
8
-
1
8
0
2
1
8
0
3
-
1
8
0
7
1
8
0
8
-
1
8
1
1
Periodos
I
n
g
r
e
s
o
s
102 £ el “liBre ComerCio” esPAñol en lA ConformACión del merCAdo mundiAl...
Estos ingresos sirvieron para dar una impresión equivocada sobre su signifcado a largo
plazo, pues se trataba de un crecimiento fnanciero de la metrópoli con un efecto depresivo
para las colonias que las llevó a un colapso económico. esto último debido a que concentra-
ban su actividad económica en saldar compromisos de deuda por concepto de transacciones
comerciales, así como sus obligaciones tributarias que, en su conjunto, llenaban las arcas de
la metrópoli de recursos fnancieros y vaciaban a las colonias de los mismos.
no obstante, otras consideraciones permiten asegurar que, sin duda, fueron datos que in-
fuyeron en el ánimo de los monarcas españoles para plantearse la viabilidad de la apertu-
ra comercial de las colonias americanas con las monarquías enemigas; además de terminar
cediendo a las presiones militares de inglaterra, a favor de quien terminó decidiéndose la
reyerta por las plazas comerciales en la guerra por abrir o mantener limitados los accesos a
los mercados hispanoamericanos.
Sin embargo, el efecto de la presión económica resultante en ese proceso accidentado, de def-
nición de la composición comercial del mundo, recayó sobre las colonias hispanas de forma hete-
rogénea. Aun cuando no cabe duda de que espacios como la nueva españa tuvieran que absorber
la densidad del compromiso en el contexto de las reformas borbónicas, aquél no tuvo para la
corona la misma premura sobre posesiones más periféricas y marginales como la isla de san Juan
Bautista de Puerto Rico. Aunque sin duda tuvo sus efectos signifcativos y obligó a la población
a ciertas modifcaciones que marcaron su idiosincrasia y comportamiento habitual, el impacto de
aquéllas tendía a disolverse en el esponjoso entramado de los códigos sociales de la isla.
Diversifcación comercial metropolitana en el “libre comercio” antillano
si bien, efectivamente, desde 1755 se funda la Compañía de Barcelona
7
que incorpora al sis-
tema comercial español y, con ello, a su regulación por la real Hacienda, a santo domingo,
margarita y Puerto rico, no es sino con el decreto del 16 de octubre de 1765 que se conceden
los permisos conducentes para que ocurra el comercio directo de Barlovento.
8
en efecto, se
trataba de una serie de iniciativas que introducían la legalización del intercambio entre las
posesiones españolas en todo el continente americano y el Caribe, que se coronó con los
decretos
9
de 1778, los cuales promulgaron el reglamento y Aranceles para el comercio libre
de españa y las indias.
En el sentido positivo que, para la corona, le signifcaron estas reformas comerciales y que
apuntaba más arriba, posteriormente pudo resultarle sugerente la ampliación de las barreras
comerciales hacia los intercambios con los territorios extranjeros; en la medida en que el
sistema arancelario español se volvió sumamente efcaz y, con ello, se abría la posibilidad de
que la corona lograra recaudar importantes remesas fnancieras si, además, abría sus puertos
al comercio foráneo.
en todo caso, dichas reformas, aplicadas al interior del reino y sus posesiones, tuvieron,
simultáneamente, otro tipo de efectos en los precios de las mercancías españolas en las colo-
7
Antonio-miguel Bernal, op. cit., pp. 298-299.
8
Ibidem, p. 300.
9
Idem.
rené AguilAr PiñA £ 103
nias, pues mientras los monopolios de los mercados internos obligaban a una pauta inducida
de los precios, casi siempre al alza, según los intereses de los consulados o de los gobernado-
res americanos, la medida introdujo un comportamiento elástico de los mismos que permitía
una dinámica más fuida del circulante y su correspondiente distribución entre los poderes
locales y los metropolitanos.
Desde el punto de vista de la historiografía española, los resultados cuantifcables de la
apertura comercial con las posesiones americanas son inciertos e, incluso, imprecisos. sin
embargo, cuando menos en materia fscal, la historiografía americana deduce un importante
crecimiento en la recaudación de recursos, en virtud de un mejoramiento de los mecanismos
aplicados para ejecutar esta prerrogativa del estado monárquico español.
10
En todo caso, los datos ofciales de una de las Sociedades Económicas de Amigos del País
(la de madrid) indicaban que, bajo el rubro de “efectos” y de “frutos”, el pago de derechos
por tonelada de los que participó el comercio peninsular con destino a Puerto rico —junto
con santo domingo y Cumaná— hacia el año de 1776, sumaron 1.087.403 reales totales,
11

cifra que, entre otras, le permitían afrmar que los resultados de la liberación comercial no
pudieron ser más benefciosos.
Por otro lado, desde la perspectiva de las colonias, en lo que al aprovisionamiento de
recursos fnancieros en el Gran Caribe se refere, el recurso de los sistemas de Situados,
mediante los que fueron cubiertos los compromisos de la zona y que provenían de la nueva
España, indica periodos (gráfca II) en los que se describía una tendencia a lograr inducir un
crecimiento de sus activos monetarios hasta casi 100% en la zona, respecto de la primera
mitad del siglo xviii.
fuente: tepaske y Klein, Ingresos y Egresos de la Real Hacienda de Nueva España, vol. 2.
10
es el caso de uno de los principales textos aquí referidos del autor Antonio-miguel Bernal, así como en
lo que concierne a las ideas contrastantes expuestas por Carlos marichal.
11
Antonio-miguel Bernal, op. cit., p. 301.
104 £ el “liBre ComerCio” esPAñol en lA ConformACión del merCAdo mundiAl...
Funcionalidad antillana en el fujo monetario metropolitano
En su conjunto, los datos de aprovisionamiento de plata mexicana, por un lado, y la intensif-
cación del comercio español en el Caribe, por el otro, esclarecen el incremento general de la
actividad económica en el área.
sin embargo, hablando comparativamente, frente a los logros de la estrategia comercial en
la región por parte de francia e inglaterra, españa se vería superada debido a su poca variedad
de mercancías manufacturadas y a la concentración del consumo de los mercados externos
hacia productos específcos elaborados en el Caribe. En ese sentido, Francia pudo importar
hasta 36 veces más que España en lo que se refere a azúcar, tabaco y algodón (productos que
dominaba inglaterra).
12
De ello, se puede deducir que España propició una estrategia que permitió intensifcar
el fujo de mercancías e incrementar la abundancia del mercado monetario en el Caribe y
que debido a estos aspectos —señalados arriba— convirtió esas fortifcaciones en plazas
comerciales, sumamente atractivas para los mercados externos, propios del dominio imperial
inglés.
Para el Caribe, la competencia debía centrarse entre Cuba, santo domingo, Puerto rico,
margarita y trinidad que debían, a su vez, coparticipar del comercio proveniente de los puer-
tos metropolitanos de Cádiz, sevilla, málaga, Cartagena, Alicante, Coruña, gijón, Barcelona
y santander.
13
A esta especie de circuito comercial debemos añadir que un buen número de compañías
comerciales inglesas y francesas se ocuparon de realizar operaciones desde Cádiz para co-
participar del retorno metálico desde América. Sin embargo, es difícil cuantifcar la relación
directa, aunque se puede ensayar un cuadro comparativo (gráfca III) entre los 60 millones
de pesos en metales preciosos que las colonias americanas inyectaron a la economía euro-
pea entre 1701 y 1705, y los 157 millones de pesos que, según los datos manejados por m.
morineau, constituyeron los ingresos de la metrópoli por concepto de su comercio con las
Américas entre 1791 y 1795. Aunque de los datos ofrecidos por garcía Baquero se establece
que, entre 1715 y 1789, los retornos metálicos ascendieron a 55.5 millones de pesos; de los
cuales surgieron los benefcios que, para 1761, le reportaron a los ingleses 1,250,000 libras
esterlinas y 1,090,000 a los franceses. Además de las más de 8,000,000 de libras que, entre
1784 y 1785 se adjudicaron los británicos como ingresos de plata americana para conformar,
con ella, un tercio del valor total de su comercio y hacerse con un quinto de la producción
americana de metales para sus mercados.
Ampliación de las garantías comerciales en el Caribe
Tal vez lo más singular del carácter de las reformas citadas fue la sofsticación que alcanzaron
los préstamos por actividades comerciales en función de la relevante difusión del crédito para
las operaciones de este tipo con América.
12
Antonio-miguel Bernal, op. cit., p. 314.
13
Ibidem, p. 300.
rené AguilAr PiñA £ 105
fuente: Antonio-miguel Bernal, La Financiación de la Carrera de indias (1492-1824). Dinero y Crédito en el
comercio colonial español con América, p. 316.
la hipoteca naval fue uno de los instrumentos más difundidos para el intercambio inter-
continental del comercio español y, en ella, se disponía de las naves como garantía en los
viajes marítimos que, una vez cumplida su larga jornada, tendrían que ofrecer rendimientos
garantizados a quienes se aventuraban a invertir en dichas empresas.
En el caso específco de la isla de Puerto Rico, se tienen registros (gráfca IV) que indican
su participación, desde el Puerto de Cádiz, en dichas operaciones durante el siglo xviii, con
alrededor de 18 barcos que amparaban créditos a la gruesa aventura, 77 escrituras de riesgo
suscritas, así como 215,392 pesos invertidos por ese sistema en la expedición. tomando en
cuenta, adicionalmente, su intervención regulada en el comercio circuncaribe.
lo que en términos de valores monetarios, precisamente, en esa misma correlación, se
puede observar (gráfca V) es que mientras las cotizaciones sobre los barcos se encontra-
ban consistentemente estables, la especulación sobre los valores escriturales de los mis-
mos permitía generar una expectativa mucho más lucrativa. de igual modo, no obstante
las ventajas de tales negocios, lo cierto es que la gráfca también muestra un comporta-
miento a la baja, derivado de la declinación del ciclo fnanciero que llegaba a su fn con
el siglo xviii.
mientras que para los primeros 20 años del xix Puerto rico mantuvo un contacto —más
o menos— constante que continuó a la baja por el número de operaciones de este tipo de
106 £ el “liBre ComerCio” esPAñol en lA ConformACión del merCAdo mundiAl...
fuente: Antonio-miguel Bernal, La Financiación de la Carrera de Indias (1492-1824). Dinero y Crédito en el
comercio colonial español con América (extracto), p. 391.
fuente: Antonio-miguel Bernal, La Financiación de la Carrera de Indias (1492-1824). Dinero y Crédito en el
comercio colonial español con América (extracto), p. 391.
rené AguilAr PiñA £ 107
comercio de las escrituras de riesgo. lo cual se deduce de los datos
14
de 1803 con 11 barcos,
1819 con cinco y 1820 con dos.
en su conjunto, la aplicación de todas y cada una de estas medidas obedeció a la exigencia
de aplicar una serie de regulaciones para determinadas actividades que, de todas formas, ya
ocurrían con anterioridad, tanto en esta isla en particular como, de manera común, para toda
el área del Caribe.
15

Primeros apuntes conclusivos
Aun cuando, en efecto, la habilitación de las plazas comerciales que diversifcaron los fu-
jos de intercambio en la región pudo ofrecer atractivos benefcios a la corona española y a
la población privilegiada local, lo cierto es que esas mismas medidas indujeron una mayor
participación —incuantifcable hasta ahora— del comercio al margen de esos intereses do-
minantes y circunscritos a la legalidad de la época. Por ello, paradójicamente, es imposible
hacerse una idea precisa de la signifcativa ambivalencia que tuvieron los circuitos de inter-
cambio “ilícito” en la conformación y ampliación de los trayectos comerciales que sirvieron
para incorporar a la dinámica del comercio internacional y, con ello, en el funcionamiento del
mercado mundial, a la región del circuncaribe.
de ese modo, al mismo tiempo que se fortalecía la adhesión de las islas a la dinámica del
comercio imperial del reino, la tensión de los mercados internos, ejercida por la intervención
sistemática del “comercio enemigo”, convirtió a la región en un bastión empírico del “comer-
cio libre”; más allá de la versión española, pues incluyó siempre la participación activa del
comercio galo y sajón e incluso del holandés, a pesar de las restricciones formuladas por el
rey español. Incluso las prohibiciones ofciales en las islas no estancaron las costumbres re-
gionales de disposición y apertura de los insulares al intercambio con los barcos mercantes de
contrabando, además de que tampoco sirvieron para proteger, efcazmente, a todas las plazas
del continuo asedio de la piratería.
Este fenómeno infuyó de manera diferenciada en la población del Caribe a propósito de
los sentimientos anti­españoles que se comenzaron a generalizar, y que se nutrieron del fujo
de las ideas políticas que saturaron la modalidad de la naciente modernidad de la vida so-
cial de las islas; las cuales experimentaron un efecto que no implicó, necesariamente, proce-
sos posteriores de insurrección armada contra la corona. en realidad, entre la población de la
región se registraron adaptaciones diferenciadas que van de los movimientos independentis-
tas a principios del siglo xix, hasta aquellos que, por el contrario, se enfrascaron en una
militancia a favor de profundizar y elevar sus vínculos políticos y sociales con la corona, sin
conseguir nunca un reconocimiento equitativo por parte de ésta.
igualmente, el gobierno monárquico metropolitano dejó sentir un enfriamiento de las
relaciones con América (no sólo con aquellos territorios que dejaban de ser sus colonias,
14
Ibidem, p. 423.
15
sin duda, en el proceso de aplicación de la versión americana de las reformas administrativas de los Bor-
bones, estas iniciativas de regulación comercial fueron, al principio, medidas que tenían la fnalidad de tapar el
paso de la piratería o el contrabando; aunque, después, se convirtieron en la estrategia que buscaba normar esas
mismas actividades económicas a favor de la real Hacienda de la corona española.
108 £ el “liBre ComerCio” esPAñol en lA ConformACión del merCAdo mundiAl...
sino incluso con aquellas posesiones que permanecieron bajo su dominio hasta el fnal del
siglo xix también). todo ello sin descuidar, y más bien profundizando, el trato de segundo
orden que desde su apreciación política se les asignó, por ejemplo, tanto a Puerto rico como
a Cuba.
en su conjunto, la paulatina contracción que fue mostrando el comercio peninsular hacia
sus destinos americanos al acercarse el inicio del siglo xix, de todos modos dejó condiciones
de operación, por mínimas que fueran, que los emplazamientos locales estimularon e incorpo-
raron al mercado mundial, en el sentido en que éste se orientaba en las naciones metropolita-
nas (convirtiendo de continuo el fujo de la riqueza bajo el dominio de la acumulación en for-
ma de capital). Cuestión que, por otro lado, infuiría en la subsecuente diferenciación de las
sociedades de la época moderna, en rangos de progreso y atraso (que omitían engañosamente
la capacidad de distinguir la conformación de maneras híbridas, andróginas, antediluvianas o
divergentes de las dominantes), pero que desembocaron en la geopolítica del mundo global
en que cada una de sus fases se cristalizó en la moderna evolución del comercio mundial y en
la que, necesariamente, debió incrustarse el Caribe.
Bibliografía
Anes Álvarez, Gonzalo, Economía e Ilustración en la España del siglo xviii, 3ª ed. revisada.
Barcelona, Ariel, 1981 [1ª ed. 1969].
Antúnez y Acevedo, R., Memorias históricas sobre legislación y gobierno del comercio de
los españoles con sus colonias en las indias occidentales, Madrid, 1797, ed. de A. García
Baquero, Instituto de Estudios Fiscales, Madrid, 1981.
Aracil, Rafael, y M. García Bonafé (eds.), Lecturas de historia económica de España [Siglos
xviii-xx], 2 vols., Vilassar de Mar, Oikos-Tau, 1976-1977.
Arciniegas, Germán, Bibliografía del Caribe, México, Diana, 1947.
Bernal, Antonio-Miguel, La Financiación de la Carrera de indias (1492-1824). Dinero y
Crédito en el comercio colonial español con América, Edit. Fundación El Monte, Sevilla,
1992.
Bernal, Antonio, y Antonio García Baquero, Tres siglos de comercio sevillano (1598-1868).
Cuestiones y problemas, Cámara Ofcial de Comercio, Industria y Navegación de Sevilla,
Sevilla, 1973.
Bernard, Gildas, Le secrètariat d’Etat et le conseil espagnol des Indes (1700-1808), Genève-
París, 1972.
Charpentier, Genevieve, Les relations économiques entre Bordeaux et les Antilles au xviii
e

siécle, 1937.
Chemin Dupontes, P., Les Petites Antilles, París, Désormeaux L’Harmattan, 1979.
Defourneaux, Marcelin, La contrabande roussillonaise et les accords comerciaux francs-
espagnoles après le Pacte de Famille [1761-1786], 94 Congrès National de Societés Sa-
vantes, Paris, 1971.
Dembicz, Andrzej, “Defnición geográfca de la región del Caribe”, en Theudis Iraeta, Pre-
misas geográfcas de la integración socioeconómica del Caribe, La Habana, Instituto de
Geografía de la Academia de Ciencias de Cuba, 1979.
rené AguilAr PiñA £ 109
Fernández Méndez, Eugenio, Crónicas del Puerto Rico. Desde la conquista hasta nuestros
días (1493-1955), Ed. “EL CEMI”, San Juan de Puerto Rico, 1995.
Marichal, Carlos, La bancarrota del virreinato. Nueva España y las fnanzas del Imperio
Español, 1780-1810, México, El Colegio de México/Fondo de Cultura Económica, 1999.
111
Concreciones diferenciadas iniciales de la conciencia de clase obrera
y de la celebración del primer día del Trabajo en guatemala
José luis BAlCárCel ordóñez*
Se trata aquí de procurar restablecer el enfoque flosófco de la dialéctica de las formacio-
nes iniciales, de carácter histórico-social, de la conciencia de clase obrera en guatemala, y
su concreción que condujera a manifestarse en hacer posible celebrar el primer primero de
mayo, como día internacional del trabajo.
Según las fuentes hemerográfcas de Guatemala, la primera vez que se llevó a cabo en el
país la celebración del 1 de mayo como día del trabajo, correspondió a un jueves de 1924. Así
lo consignan de manera expresa dos periódicos. Ambos en primera plana.
el Diario de Centro América, de la fecha y del día siguiente, le dedicó comentarios en tono
retórico y solemne y reseñó el desarrollo de los festejos, respectivamente. El Imparcial, del
2 de mayo, además de informar de los actos realizados en diferentes partes de la república,
destacó una nota declamatoria alusiva a la conmemoración, la cual, sin duda, estaba prepa-
rada para aparecer el día anterior, en que por razones técnicas no circuló el diario y conservó
al pie la fecha 1 de mayo como signo de homenaje. su título: “¡loor al trabajo y honor a sus
sacerdotes, los obreros!”, seguramente escrita por el director del periódico, Alejandro Córdo-
va, quien antes había sido telegrafsta. El mismo diario informó el 29 de abril acerca de los
preparativos y programas del acontecimiento.
en cambio, la versión de un viejo dirigente obrero, perseguido y preso por años, nos
proporciona datos e información que resultan diferentes, no sólo con respecto del año en que
empezó a celebrarse en el país el día del trabajo, sino en cuanto a lo que concierne al signi-
fcado que adquirió desde un principio, distinto del convencional de efemérides que trató de
asignársele, tal como se refeja en las notas y comentarios de prensa. En sus breves “Apuntes
para la historia del movimiento obrero en guatemala”,
1
Antonio obando sánchez señala el
1 de mayo de 1922 como la primera celebración del día del trabajo, en la cual, por lo demás,
él mismo participó. Y afrma que, durante diez años, los obreros lograron que se celebrara,
hasta que la dictadura terminó por cancelarla mediante la represión. Aquello constituyó una
muestra de la actitud combativa, de protesta y de planteamiento de demandas, de exigencia
de prestaciones por parte de los obreros guatemaltecos.
* Filósofo. Guatemalteco. Profesor de tiempo completo titular “A” defnitivo, por oposición, con 45 años
de antigüedad académica en la facultad de filosofía y letras de la unAm, en los Colegios de filosofía y de
estudios latinoamericanos.
1
Antonio obando sánchez, “Apuntes para la historia del movimiento obrero en guatemala”, antigua Alero,
núm. 30, tercera época, mayo-junio, guatemala, 1978, pp. 76-82.
112 £ ConCreCiones diferenCiAdAs iniCiAles de lA ConCienCiA de ClAse oBrerA...
En otra parte se afrma que en 1921 se llevó a cabo la primera celebración: “En medio
de un gran entusiasmo se celebró por primera vez en guatemala el día internacional de los
Trabajadores, el Primero de Mayo de 1921. Junto a sus demandas específcas y la bandera
nacional se alzó su voz solidaria con todos los trabajadores de la tierra”.
2
Sin embargo, adentrado más en la averiguación hemerográfca y documental directas al
respecto, durante una estancia semestral sabática que, con apoyo de la dirección general del
Personal Académico (dgApA) de nuestra universidad nacional Autónoma de méxico, me per-
mitió cumplir una invitación del Centro de estudios urbanos y regionales de la universidad
de san Carlos de guatemala, entonces bajo la dirección del doctor óscar guillermo Peláez
Almengor, para investigar la gestación de las ideas y el pensamiento marxistas en el país, y
su relación con méxico,
3
pude hallar y corroborar informaciones que con claridad y precisión
confrman lo siguiente:
Por un lado, haber sido, en realidad, el año de 1921 el de la primera celebración en guate-
mala del día del trabajo, el 1 de mayo. Por el otro, que durante años, al menos los últimos de
la dictadura de “el señor presidente”, manuel estrada Cabrera, entre grupos de trabajadores,
con todo e imperar en el país un sistema productivo que todavía daba lugar de manera pre-
dominante a la integración suya en torno a gremios y mutualidades, por ofcio o dedicación,
en su seno orgánico —en sus albores si se quiere— venían propagándose niveles y grados de
concientización entre los trabajadores, por elementales que todavía se mostraran, tendientes
a reclamar para sí, colectivamente: reconocimiento, impulsar luchas por el logro de reivindi-
caciones y exigir prestaciones, por mínimas que fueran. entre ellas la exigencia por reducir
el tiempo de la jornada de trabajo a 8 horas. Todo lo cual se pondría de manifesto a la caída
de la dictadura, a la que contribuyeron en lucha armada decisiva los trabajadores, artesanos
combatientes, y la instalación del gobierno de los conservadores, contrarios a los liberales, el
cual se promovía con oferta y cariz democratizadores.
esa primera celebración del día del trabajo, o fiesta del trabajo como también se le
denominó por parte de alguno de los grupos que la conmemoraron, contó con diversas activi-
2
Jorge del valle matheu y moisés Castro morales, Correspondencia Latinoamericana, números 20 y 21,
Buenos Aires, marzo, 1927. Alfonso Bauer Paiz, Catalogación de leyes e instituciones del trabajo en Guate-
mala del periodo 1872-1930, instituto de investigaciones económicas y sociales, universidad de san Carlos
de guatemala, guatemala, 1965, p. 79. Cfr. Bernardo Alvarado monzón, “la penetración imperialista, la
lucha de clases y las primeras organizaciones marxistas en guatemala”, Experiencias, números 6, 7 y 8, gua-
temala, diciembre, 1961, enero-febrero, 1962. también Huberto Alvarado Arellano, Apuntes para la historia
del Partido Guatemalteco del Trabajo, ediciones del pgt, guatemala, 1975, pp. 5-6.
3
el título del protocolo de la investigación correspondiente, actualmente en desarrollo, presentado a dgApA,
es el siguiente: “Proyección de las ideas y el pensamiento marxistas en guatemala a través de méxico. su in-
cidencia ideológica en los movimientos obrero, político, cultural e intelectual”. Protocolo presentado en el año
2002, que tiene antecedente de investigación de mi parte en la publicación “el movimiento obrero en la historia
de guatemala”, incluido en el tomo 2 de la Historia del movimiento obrero en América Latina, coordinado por
el doctor Pablo gonzález Casanova (instituto de investigaciones sociales, unAm-siglo xxi, 1985). investiga-
ción citada en la obra debida a varios autores: Más de 100 años del movimiento obrero urbano en Guatemala.
tomo i: Artesanos y obreros en el período liberal 1887-1944, Asociación de investigación y estudios sociales,
editorial Piedra santa, guatemala, 1991. la investigación citada, incluida en la obra coordinada por el doctor
gonzález Casanova, a su vez tiene como referente una mía anterior, publicada en Cuadernos Americanos
(méxico, mayo-junio, año xxxix, vol. CCxxx, núm. 3, 1980), bajo el título de “la primera celebración del
día del trabajo y las formaciones iniciales de la conciencia de clase obrera en guatemala”.
José luis BAlCÁrCel ordóñez £ 113
dades promovidas a través de “actos literarios”, según el sector y posición ideológica que la
sustentara hasta con manifestaciones —o desfles, como tendió a llamárselos en guatemala
aún en tiempo de la revolución de octubre (1944-1954)— y concentraciones. lo señalamos
en plural porque no sucedió que se llevara a cabo entonces una sola manifestación y concen-
tración, sino alrededor de tres, cinco o seis, por separado, conforme a distintas tendencias
sustentadas, las que entre manifestaciones o marchas, concentraciones y actos diversos esce-
nifcaron esa primigenia conmemoración.
Indudablemente, todo ello ponía de manifesto un modo de culminación de las modif-
caciones que demostraban operarse en distintas formaciones de conciencia social entre los
trabajadores, como indicador de lo que apuntaba a tornarse movimiento obrero propiamente.
incluso en el medio laboral comenzaban a sonar voces aspirantes a la conversión posible
de arribo al sindicalismo, por incipiente que consiguiera llegar a plasmarse su concreción,
aprovechando la coyuntura emergente planteada. Baste anotar que ya en 1920, en plena dic-
tadura de estrada Cabrera, se habían producido varias huelgas y protestas: las de panaderos,
telegrafstas, trabajadores cerveceros, barberos, en contra de las cuales el gobierno actuó con
medidas de represión extrema.
más tarde se presentarían planteamientos sobre la necesidad de cambiar modos de orga-
nización de los trabajadores que rompieran con la corporativización que venía imponiendo la
dictadura para controlar su actividad y utilizarla como supuesta arma de respaldo al régimen,
de pretendida adhesión y apoyo al cumplimiento de sus propósitos y designios. tal sería el
caso del llamamiento lanzado por el artesano tipógrafo nicolás reyes, ya en 1920, aunque
un año antes de aquel primer Primero de mayo (quien, por cierto —ironías del destino—,
en tiempos de la dictadura de ubico se convertiría por nombramiento de éste en director de
la tipografía nacional), para que las organizaciones de trabajadores se deslindaran de aquel
control impuesto y actuaran con independencia, valiéndose por su cuenta. Hablando, mejor
dicho, escribiendo de sindicalismo. importantísimo criterio que trascendió en texto suyo y
en información a la prensa.
4
la que arriba llamamos ironía del destino, tiene explicación,
sin embargo, dado que ubico tomó en cuenta la ruptura de reyes con los conservadores (el
Partido Unionista, que entró en conficto con los trabajadores, en el fondo por cuestiones de
origen clasista), y se hizo a las flas del Partido Liberal.
Por cierto, El Demócrata, periódico que se presentaba como diario independiente, órga-
no del Partido democrático, defensor de los principios liberales, tratándose de una fracción
escindida del Partido liberal con motivo de la lucha y caída de estrada Cabrera, misma que
había intervenido en tratar de acelerar dicha caída, publicaba el sábado 30 de abril de 1972
en primera página, en pequeño recuadro de la parte inferior de la misma, de su número de
circulación 252, ya en su año ii:
la fiesta del trabajo. mañana, primero de mayo, a iniciativa de la sociedad “federa-
ción obrera para la Protección legal del trabajo”, celebrarán los obreros de la Capital
“la fiesta del trabajo”, según programa que está circulando y que por falta de espacio
nos privamos del gusto de publicar. la cultura y el entusiasmo serán las notas predomi-
nantes en este festival, digno por todos conceptos de la más franca ponderación.
4
Diario de Centro América, guatemala, 10 de junio de 1920, p. 2.
Por su lado, desde posiciones ideológicas diferentes, en torno a la fecha conmemorativa
inicial del día del trabajo, se dio a la publicidad una convocatoria que a la letra decía:
Con el fn de festejar debidamente la toma de posesión de la nueva Junta Directiva de la
sociedad federada “gremial de Albañiles” tenemos el honor de invitar a ud. y aprecia-
ble familia para que, con su presencia, dé mayor realce al Acto literario que tendrá lugar
el día 1º de mayo, en la casa número 34 de la 6ª Avenida sur a las 7 p.m., con la cual
tomamos parte en la “fiestA del trABAjo”, que se inaugura en esta fecha, por acuerdo
de la federación obrera de guatemala, y cuya celebración anual tendrá lugar en Centro
América.
logramos esta oportunidad para suscribirnos de ud. sus Altos y ss.ss.
manuel francisco leche, Presidente. Pedro garcía manzo, secretario.
progrAmA. 1º. Discurso ofcial, por don Arturo Centeno. 2º. Lectura del Acta de fun-
dación por el socio toribio gómez. 3º. Cambio de la Junta directiva. 4º. lectura de la
memoria de los trabajos llevados a cabo durante el año de 1920 al 1º de mayo de 1921,
por el Secretario saliente. 5º. Disertación científca por el Doctor Eduardo Aguirre Velás-
quez. 6º. Frases fnales por el Br. Emilio García Narváez.
5
después de celebrado el acto literario conmemorativo señalado, Excélsior (guatemala,
2/5/1921) recogería el desarrollo del mismo con los siguientes titulares de primera plana: “el
proletAriAdo de guAtemAlA iniCiA un movimiento soCiAlistA”; “el horror A los polítiCos pro-
fesionAles Como medio de defensA de lAs ClAses trABAjAdorAs ContrA el CApitAlismo”; “dis-
curso pronunciado por el doctor Aguirre velásquez en la ‘gremial de Albañiles’, anoche”.
volviendo en fechas al aviso de la celebración del primer primero de mayo conmemora-
tivo, el mismo Excélsior de fecha 30 de abril de 1921, en su página 6, titulaba una nota “la
fiesta del trabajo”, con el siguiente contenido:
la celebración de esta fecha obrera, decretada por la “federación obrera de guatemala”
y que celebran también instituciones de igual índole de muchas naciones, se verifcará
principalmente en el Hipódromo. en el Parque de minerva dará por la tarde un concierto
la Banda marcial. Punto del programa de celebración es también la manifestación que se
organizará en la plazuela del templo de san sebastián.
La celebración culta de esta festa, contribuirá a dar solidez al buen nombre de que
gozan las instituciones obreras de guatemala.
Conviene traer a cuento que el lugar de la celebración al que se refere la nota anterior como
Parque minerva, era ni más ni menos que el mismo que “el señor presidente” manuel estra-
da Cabrera había mandado construir, con réplicas en las más importantes ciudades del país,
para celebrar frente a sus templos (“templos de minerva” se les denominaron) las fiestas de
minerva, dedicadas a la cultura, el arte y la educación. tales templos tuvieron por modelo ima-
ginario el Partenón griego, en chiquito. A dichas festas asistían importantes personalidades
invitadas, para ofrendarle, junto a las multitudes escolares presentes, cálidos ditirambos al ti-
rano. rubén darío, José santos Chocano y enrique gómez Carrillo, fueron algunas de ellas.
5
Excélsior, guatemala, sábado 30 de abril de 1921, primera plana.
114 £ ConCreCiones diferenCiAdAs iniCiAles de lA ConCienCiA de ClAse oBrerA...
sobre los diversos festejos realizados, de nuevo Excélsior volvería a informar en su página
4 del 2 de mayo de 1921. en ella, con el título de “el día de los obreros”, daba cuenta de lo
llevado a cabo:
la celebración de la fiesta del trabajo fue, como lo habíamos predicho, una serie de ac-
tos cultos del obrerismo, que tiende a elevarse conforme a las modernas orientaciones.
esta tendencia fue la base de las alocuciones pronunciadas en los puntos marcados
por el programa: en la plaza de san sebastián, por el obrero silverio valenzuela; en la
Plaza del Centro, por el ciudadano virgilio narváez, a nombre del Consejo federal; en
el teatro Colón, por el ciudadano vicente Arriola; y por último, en “la Concordia” por
el Br. César izaguirre; base sólida que, bien comprendida e interpretada, tiene que hacer
la felicidad de los pueblos.
Por la noche la sociedad federada gremial de Albañiles celebró solemne extraordi-
naria sesión, en la cual tomó posesión la nueva Junta directiva.
en el Hipódromo y Parque de minerva la Banda marcial y dos marinos contribuye-
ron a dar el domingo el aspecto de un día de fiesta del trabajo.
Por lo que tiene que ver con la concentración o mitin en el parque “la Concordia”, a par-
tir de la revolución de octubre “Parque enrique gómez Carrillo”, debemos hacer ver que
se trataba de la conmemoración de los comunistas. en realidad, aquélla no fue otra que la
concentración que llevara a culminar la manifestación o marcha que los comunistas habían
hecho arrancar desde la Plaza de la estación (de los ferrocarriles). Además, cierto era que
“la Concordia” había funcionado como punto de reunión para concentrar otros encuentros
o manifestaciones, como la concentración que se llevaría a efecto el 2 de abril del mismo
1921, para de allí partir al Cementerio general, en donde tendría lugar un acto en homenaje
a Justo Rufno Barrios, frente a su tumba.
6
sin embargo, parecería que para la fecha de con-
centración comunista por el primero de mayo se disponía de más amplios espacios para la
concentración, puesto que se había efectuado importante tala de árboles, según noticia de
la Gaceta de la Policía Nacional.
7
resulta importante saber que en la concentración celebra-
da en “La Concordia” se enarboló la bandera roja con la hoz y el martillo, plena identifcación
de la tendencia ideológica que llevara a cabo la conmemoración alusiva al evento.
8

importa señalar que el marxismo, y por lo tanto el movimiento comunista al que arriba
aludo por su participación en la primera efeméride del día del trabajo, no constituía enton-
ces ninguna improvisación. indudablemente de modo clandestino se estudiaba e impulsaba
el marxismo. Como puede concluirse, por ejemplo, del texto que por entregas presentara al
Excélsior de 13 y 14 de abril del mismo 1921 José luis Barrientos, en relación con una con-
ferencia que sobre el socialismo científco había pronunciado en días anteriores para “Unif-
cación Obrera” en el edifcio de la Asociación de Estudiantes Universitarios (Aeu).
6
Excélsior, Guatemala, 1 de abril de 1921, primera plana. Justo Rufno Barrios, máximo dirigente de la
revolución de reforma de 1871, que hizo imperar el liberalismo en el país, en su segunda fase.
7
Gaceta de la Policía Nacional, año i, del 19 de junio de 1921, p. 22.
8
información obtenida gracias al testimonio de don Carlos Cáceres Ávila, militante de aquel primer partido
comunista que, a la sazón, funcionara en guatemala. dicha información me fue comunicada, en decenios ante-
riores, por mi compañero y amigo, el doctor Carlos navarrete Cáceres, investigador del instituto de investiga-
ciones Antropológicas de la unAm, y nieto de aquel participante en el acto de celebración del 1 de mayo.
José luis BAlCÁrCel ordóñez £ 115
José luis Barrientos estudiaba a la sazón derecho y actuaba como representante en la Aeu,
junto a otro compañero también estudiante de derecho, miguel Ángel Asturias, muchísimo
tiempo después Premio nobel de literatura. Juntos actuaron en varias luchas populares y
entablaron solidaria relación con organizaciones comunistas mexicanas, sobre todo con mo-
tivo del conficto provocado por Estados Unidos que contrapuso a Panamá con Costa Rica.
Vale la pena recordar acerca de dicho conficto que con el patrocinio de la Aeu se integró la
Junta Patriótica de estudiantes universitarios del estado de guatemala, de la que igualmente
formaron parte miguel Ángel Asturias y José luis Barrientos; asimismo, es importante re-
memorar que los distintos documentos que se redactaron y distribuyeron con aquel motivo,
concluían con la glosa fnal: “sAlud y renovACión soCiAl”.
9
debe descartarse la posibilidad de cualquier celebración anterior en guatemala, porque
no se tiene ningún indicio de que la haya habido. no sólo porque la prensa de gran tirada no
haya recogido la información. Por lo visto, tampoco lo hizo en 1921, 1922 y 1923. de las
del 21 y 22 no puede inculparse de omisión a El Imparcial, puesto que éste se fundó el 16 de
junio de 1922.
nada registran tampoco a este respecto los periódicos de trabajadores o de partidos políti-
cos que se oponían al régimen de estrada Cabrera (8-ii-98 a 8-iv-20). es el caso de El Obrero
Libre, que empezó a editarse el 15 de febrero de 1920, bajo la dirección de silverio ortiz, au-
tor, a la vez, de unas extraordinarias memorias que recoge rafael Arévalo martínez en ¡Ecce
Pericles!,
10
en las que nada se dice en ese sentido. e, igualmente, ninguna referencia hay en
el Unionista, que sale a circulación en la misma fecha que aquél y que, a diferencia suya
—ser el órgano de la fracción obrera del Partido unionista—, expresaba al partido orgánica y
políticamente a nivel nacional. no se alude a la fecha o a la conmemoración ni en el número
78 de su primer año, correspondiente al sábado 1 de mayo de 1920, ni en números anteriores
o posteriores. es más, en la edición de ese día ni siquiera aparece mención alguna relacionada
con problemas de los obreros, a diferencia de ediciones de otras fechas, como sucede en los
números 12, 13, 23, 29 y 53, para citar sólo algunos ejemplos.
en la década anterior al 20, por lo que puede establecerse, en Centroamérica no existía,
ni remotamente, la idea del día del trabajo. Así se desprende del Primer Congreso Centro-
americano de obreros, celebrado en san salvador, cuyas resoluciones rezan (“Centenario del
Primer grito de independencia de Centro América”, en evidente manifestación de homena-
je): “[…] i Base… art. 5º. recomendar a los jefes de talleres que no suspendan los trabajos
por motivo de festas civiles o religiosas innecesarias, exceptuando únicamente el día 15 de
septiembre”.
11
lo anterior llama la atención porque, de no obedecer a intereses manipuladores tendientes
a evitar la celebración del 1 de mayo, ante repercusiones inmediatas —demasiado inmedia-
tas— previsibles por lo que en este sentido venía preparándose en méxico, tiene que admi-
tirse que al atraso del movimiento obrero de Centroamérica se sumaba el aislamiento de los
trabajadores del movimiento internacional, así como del gobierno, porque de haberlo sabido,
el gobierno probablemente hubiera manipulado la fecha, tal como lo hacía con otros aspectos
de la actividad obrera, sobre todo durante las campañas reelectorales del “señor presidente”.
9
véase, por ejemplo, Excélsior de guatemala, del 7 de marzo de 1921, p. 3.
10
rafael Arévalo martínez. ¡Ecce Pericles!, tipografía nacional, guatemala, 1945.
11
El Nuevo Tiempo, tegucigalpa, Honduras, 24 de enero de 1912, p. 966.
116 £ ConCreCiones diferenCiAdAs iniCiAles de lA ConCienCiA de ClAse oBrerA...
el primer supuesto debe desecharse por completo, pues resultaría incompatible con el
conjunto resolutivo del mencionado congreso obrero, que planteó entre otras demandas: que
los gobiernos centroamericanos
graven con impuestos a las manufactureras extranjeras que de igual clase se elaboren
en todos o algunos de los estados […] formación de un Comité en cada estado, que se
ocupará en la creación y administración de un fondo especial dedicado a la construcción
de casas higiénicas y baratas para obreros pobres […] Para reglamentar las horas de tra-
bajo… conforme a las necesidades de la región, recomendando especialmente sostener
como máximo ocho horas diarias para los obreros que trabajan por día, destinando dos
horas al almuerzo […] Creación de centros de recreo, casas de salud y asilos para obre-
ros […] …sistema de cédulas personales para los obreros que se trasladen de un estado a
otro o de una población a otras, dentro de un mismo estado; en las cuales se hará constar
que el portador es miembro activo de alguna de las sociedades confederadas, la cual dará
en ella la identifcación de las cualidades personales y competencia profesional, y de
haber cumplido sus obligaciones de socio.
en todo caso, cabe recordar que aparte de que en estados unidos, desde mucho tiempo
atrás se había determinado la festividad de una fecha conmemorativa del día del trabajo, la
segunda internacional socialista, marxista, acordó en 1889, en París, la celebración del día
internacional del trabajo para que comenzara a celebrarse en 1890; en 1892 insistieron en la
necesidad de la conmemoración los sindicatos franceses en Bruselas y en 1893 se estableció
su confrmación en Zurich; siempre en el contexto de reivindicaciones como la jornada de
ocho horas, la supresión o reglamentación de la jornada nocturna y del trabajo de mujeres
y niños. en países de latinoamérica, como es el caso de Chile, el día del trabajo comenzó
a celebrarse en 1898, en su primera conmemoración pública, con el antecedente del primer
manifesto de saludo a la fecha, en 1893.
12
en méxico, el día del trabajo se celebró en 1912
y, sobre todo, en 1913, en forma masiva, teniendo como antecedente la conmemoración en
Chihuahua, que se inició en la década de 1890.
la primera mención que se hace en guatemala del 1 de mayo como fecha conmemorativa
laboral, es la que cita el artículo 40 de la llamada Constitución obrera Centroamericana,
13

y que debió ser el instrumento constitutivo de la Confederación obrera Centro Americana
(CoCA), que se fundó en guatemala en 1921, a instancias de los jefes de estado de los cinco
países, resultado del Congreso obrero Centro Americano que se reunió el 15 de septiem-
bre, con motivo del Centenario de la independencia, convocado por la federación obrera de
guatemala (“Queda facultado el Consejo federal para pactar con las demás agrupaciones
de la América Central la Confederación Obrera Centroamericana”): “Se reconoce día de fes-
ta obligatoria: 1 de mayo, fiesta del trabajo, y el 15 de septiembre, aniversario de nuestra
emancipación política”. sin embargo, no obstante su fundación en 1919, la CoCA, cuya sede
sería rotativa por año en cada uno de los países centroamericanos, comenzó a funcionar en
guatemala, precisamente hasta 1924.
12
Alejandro Witker, Chile: sociedad y política, Antología, lecturas universitarias, núm. 30, unAm, méxico,
1978, pp. 699-700.
13
El Imparcial, 29 de abril de 1924.
José luis BAlCÁrCel ordóñez £ 117
la cuestión que aquí se plantea tenía como contexto un medio social de relaciones produc-
tivas en donde las actividades laborales se hallaban —predominantemente— aún en la fase
artesanal, cuando apenas comenzaban a darse las diferenciaciones de los talleres a las fábri-
cas, y en el que de éstas sólo muy pocas surgieron propiamente como tales; mientras en el
campo imperaban rasgos de servidumbre y sólo principiaban a generarse las correspondientes
a la explotación capitalista.
De todos modos, hay que tener en cuenta la afrmación de Obando Sánchez: “Antes de la
caída de manuel estrada Cabrera no hubo sindicalismo propiamente dicho; hubo sociedades
mutualistas”.
14
el planteamiento del autor alude a los linderos que marcan el inicio de la
década de los 20. y si aquí nos interesa establecer la cuenta, el tiempo es sólo para efec-
tos de situar la fecha de la primera celebración del día del trabajo en guatemala dentro de
condiciones bien determinadas. lo que resulta necesario de tomarse en consideración es lo
que tiene que ver con las condiciones de un desarrollo económico y social respecto del cual
se producen las posibilidades de desarrollos de clase, ideológicos y, por supuesto, políticos,
no sólo en lo que concierne a las organizaciones laborales, y lo que en ello participa y deter-
mina el proceso de la conciencia de clase, sino, a nivel nacional, en las interrelaciones con
otras clases sociales.
En este sentido, las “Memorias” de Silverio Ortiz son un magnífco y valioso escrito —de
grata lectura, además, por su sencillo bien decir—, fundamental para conocer la actividad gre-
mial y política de los trabajadores guatemaltecos en una época en que eran todavía, más que
todo, artesanos transitando hacia el obrerismo. este documento, que ha resultado muy utiliza-
do por algunos autores, quienes al mencionarlo lo repiten de manera textual, y, sin entrecomi-
llarlo, ha dado lugar a interpretaciones forzadas que llevan a adjudicarle al momento y a las
condiciones a las que se refere, características que corresponderían a una etapa de desarrollo
obrero, proletario, ya completamente defnido como tal. Pretendiendo desconocer las mani-
pulaciones y la mediatización a que la burguesía sometió a los trabajadores, denominados,
aun por ellos mismos, obreros, desde tiempo atrás, muchas veces a través de los dueños de los
talleres. Asumir posiciones políticas y de lucha contra la dictadura no forzosamente implicaba
decir haberse desarrollado como obrero ni alcanzado la conciencia respectiva. la lucha por el
control del gobierno fue entre fracciones de la burguesía, secundada por artesanos y obreros
en ciernes, quienes también estuvieron en primera línea de la lucha, o por delante de la bur-
guesía, combatiendo para ella.
sería absurdo pretender, en cambio, que el tiempo, tan breve, que va del 20 al 21, 22 o 24,
y que pasó entre el derrocamiento de la dictadura y la fecha en que se haya celebrado el 1 de
mayo, constituyera el elemento transformador de la conciencia social de los trabajadores gua-
temaltecos y que, automáticamente, se produjo con ello el cambio de las sociedades mutualis-
tas a los sindicatos. lo que no puede desconocerse es que la lucha misma contra la dictadura
actuó como coadyuvante que de alguna manera incidió en cambios de actitudes, en modifca-
ciones de convivencia, en transformaciones ideológicas dentro de un contexto nacional que
tuvo variantes, pasando por un breve y atenuado democratismo hacia la dictadura otra vez,
aunque con las diferentes peculiaridades que le asignó la continuada y creciente penetración
imperialista norteamericana. Tampoco podría pretenderse que los cambios, modifcaciones y
14
Op. cit., “Apuntes para la historia del movimiento obrero en guatemala”.
118 £ ConCreCiones diferenCiAdAs iniCiAles de lA ConCienCiA de ClAse oBrerA...
transformaciones aludidas fueran homogéneas y en igual sentido. fue un hecho concreto que
entre el 21 y el 22 “surgieron los primeros sindicatos: zapateros, panifcadores, albañiles y
carpinteros”, recuerda obando sánchez en el mismo lugar. otro hecho, no menos concreto,
fue que los obreros se integraron en organizaciones que, por sus principios y postulados, mu-
chas veces resultaron divergentes. Algunas, proclives a entrar en juego con los intereses de
la burguesía y su estado, en la mediatización que produce tranquilizantes con poco o nada, y
otras, por el contrario, adversas y combatientes contra tales intereses.
de ahí que la diferencia que anotamos desde el principio no se reduzca a la discusión
simple sobre escuetos datos de carácter temporal, consignados en años, y a la credibilidad
que pueda otorgarse a las respectivas referencias, en donde la historicidad se establecería a
partir del dato público, puesto que así lo asevera la prensa de la época, sino porque así debió
ser, cuanto más si con anterioridad la misma nada refere al respecto. Y de ahí surgiría la duda
sobre si el protagonista consultado pudo equivocar las fechas, máxime si no alude a 1921,
pues al cabo ha pasado mucho tiempo desde entonces. el asunto no se limita a fechas, sino
la distinción de las mismas queda inserta en la diversidad de concepciones, de tendencias, de
actitudes y posiciones en relación con las condiciones existentes, que se llegaron a producir
con el desarrollo del movimiento obrero de guatemala. la diferencia, pues, no radica en que
se asiente, por una parte, que aquello se realizó por primera vez en 1924 o que, por otra, se
afrme que se produjo en 1921 o 1922, sino en la determinación del contenido de ambas cele-
braciones, ya que su signifcado indicará de qué se trataba en cada caso. Así pueden despren-
derse, para el estudio del movimiento obrero de guatemala, las razones que fundamentaron
la celebración de 1924 y los factores que produjeron la de 1922. lo cual deja al descubierto
los elementos que privaron para que la prensa nada hubiera dicho a propósito de las del 21 y
22 y dedicara, en cambio, las primeras planas a la del 24.
la celebración de la que informó la prensa, la de 1924, repetimos, por las peculiaridades
que revistió, no pudo haber tenido otro carácter que el de ofcial, consistente en un conjunto
de actos, organizados a instancias o con el acuerdo de una fracción de la burguesía, por el
gobierno pro imperialista y explícitamente anticomunista del general José maría orellana (5
de diciembre de 1921-26 de septiembre de 1926), dictadura que surgió del golpe de estado
al régimen democratizante del terrateniente azucarero Carlos Herrera (8 de abril de 1920-
5 de diciembre de 1921), el que, a su vez, se estableció tras el derrocamiento de la dictadura
de 22 años de manuel estrada Cabrera, con la cual, al iniciarse el siglo, se constituyó plena-
mente la intervención monopólica norteamericana en el país. el de orellana fue un gobierno
que para contar con el reconocimiento norteamericano debió renegociar los contratos de la
electric Bond and share, matriz de la empresa eléctrica de guatemala, otorgándole mayores
concesiones. y legalizar las facilidades que demandaba la internacional railways of Central
America, subsidiaria de la united fruit Company y matriz de ferrocarriles internacionales
de Centroamérica (irCA), para construir el tramo de vía férrea que uniría a guatemala y el
salvador.
15
y para no dejar lugar a dudas en cuanto a su posición, con base en el acuerdo gubernativo
del 23 de junio de 1922, el gobierno de orellana erogó $22,422.00, moneda nacional, para
15
Alfonso Bauer Paiz, Cómo opera el capital yanqui en Centroamérica (El caso de Guatemala), editora
ibero-mexicana, méxico, 1956, pp. 55-56.
José luis BAlCÁrCel ordóñez £ 119
cubrir el valor de 100 quintales de frijol, destinados a los que consideraba hambrientos de
rusia, tras el triunfo del bolchevismo.
16
de no haber sido directamente el gobierno el organizador del la celebración del 1 de mayo,
sino auspiciador de la iniciativa de una corriente de trabajadores, canalizada por algunos de
sus dirigentes, o se hubiera tratado de una idea surgida al nivel de los dirigentes, en todo caso
el gobierno contó con una central de trabajadores para llevar a cabo la “fiesta del trabajo”,
central que respondía a posiciones conciliadoras. las características que asumieron los festejos
laborales, por lo que dice la prensa, el tono mismo de ésta para informar y comentar al respecto
—al hablar de tono no nos referimos a la cuestión formal estilística, que alguien podría califcar
de decimonónica, sino a la expresión y a la función del lenguaje, que trasluce posiciones ideo-
lógicas de clase—, que el Diario de Centro América, periódico ofcial del gobierno, manifes-
tara su solidaridad con la conmemoración y con sus participantes, y que entre éstos estuvieran
algunos empresarios, no pueden ser más que evidencias de un interés manifesto de contrarres-
tar al movimiento obrero en su desarrollo, de desvirtuar su proceso y mediatizar sus efectos.
de salirle al paso a los alcances derivados de la transformación que comenzaba a producirse
en la actitud de núcleos de trabajadores guatemaltecos con la formación de una conciencia que
se iba constituyendo, resultado de la asimilación crítica que principiaba a darse colectivamente
al atisbar las consecuencias que surgían de las contradicciones que iba engendrando la acumu-
lación capitalista, la concentración del capital y las relaciones de explotación.
las celebraciones del 21 y del 22 respondían a otros intereses. Constituyeron la expresión
del desarrollo de la clase obrera en su proceso de manifestarse activamente de modo comba-
tivo. y oportunidad para exponer de manera pública una situación determinada, denunciando
inconformidad en ella y con ella; planteamiento de la necesidad de cambio y, mientras tanto,
exigencia de reivindicaciones. fueron esas celebraciones una manera de externar las mani-
festaciones iniciales del cambio del en sí al para sí de la constitución de la clase. de ahí la
posición de independencia respecto de la que se va distanciando al irse convirtiendo en an-
tagónica, en la formación de un sistema económico determinado que entraña salir a la calle
dejando constancia de oposición a ese sistema que se está forjando. Por eso, su solidaridad con
otros de otras partes, que son ellos mismos: la clase; la clase obrera guatemalteca comenzaba
a existir como tal. no por hacerse presente en la celebración del día del trabajo, sino porque
está adquiriendo existencia y cobrando conciencia de ella, organiza la celebración que la ex-
prese públicamente, en actitud de protesta. más que de demanda, de exigencia, por necesidad
(social que históricamente se iba determinando), se trataba de celebrar las manifestaciones
de concreción de la clase, que ya se venía expresando como tal en luchas y batallas concretas
relacionadas con intereses concretos de su clase, en el proceso de adquirir su realidad como
clase obrera. los dirigentes y lo que expresaban fueron otros y distintos de los que encarnando
aún posiciones de artesanos y propietarios de talleres que participaron, mediatizados por frac-
ciones de la burguesía, en el derrocamiento del dictador, y otros y distintos de los que, también
mediatizados por fracciones de la burguesía, celebraría el día del trabajo de 1924.
El Imparcial del 29 de abril publicó comentarios alusivos y dio a conocer el programa de
actividades de la que sería primera celebración ofcial del primero de mayo, las cuales, por
cierto, se extendían a varios días:
16
Op. cit., Alfonso Bauer Paiz, Catalogación..., p. 33.
120 £ ConCreCiones diferenCiAdAs iniCiAles de lA ConCienCiA de ClAse oBrerA...
día primero […] 6 a.m. alborada en la Concordia [hoy parque enrique gómez Carrillo;
sabemos que en la celebración de los años posteriores la alborada se realizaba en diferen-
tes barrios de la capital]; 9 a.m. sesión pública en el edifcio de la exposición. Sgts. actos:
a) Himno al trabajo […] b) saludo a las sociedades obreras […] c) lectura del artículo
40 [ya citado] […] banda [sabemos que se entonaba la marsellesa] […] e) Conferencia
[…] f) Himno nacional […] Clausura del acto. 2 p.m. reunión de todas las sociedades
obreras y el obrerismo en general en La Concordia, de donde desflará la gran manifes-
tación hacia el monumento al trabajo [sabemos que se habilitó como tal a la estatua de
fulton, y que a la cabeza de dicha marcha, amenizándola, participó la Banda marcial del
Hospicio nacional de guatemala
17
], organizándose de la manera siguiente: A) discursos
pronunciados por los obreros guillermo letona y v. mérida C. B) Para la manifestación
se observará el orden que sigue: Consejo federal, Comité ejecutivo, sociedades, sindi-
catos obreros y obrerismo en general. C) en el Parque Central, frente al Palacio, con el
propósito de llevar las peticiones a los poderes del estado, en provecho del obrerismo,
llevará la palabra el Presidente del Comité ejecutivo. d) en el Parque morazán hablará
el obrero Concepción estrada ruyama. e) en el monumento al trabajo, hablarán los
obreros damián Caniz [el mismo dirigente de artesanos y obreros en la campaña contra
la dictadura de estrada Cabrera] y perfecto lara. f) tribuna libre. g) marimba. H) 8
p.m. Concierto.
el 11 de junio se llevaría a cabo un concurso infantil de escuelas de la capital (sin que se
anote el tema), lo mismo que un encuentro de fútbol entre equipos de obreros en el Hipódromo
del norte. el 1 de junio se realizaría una sesión pública en el teatro Abril para entregar premios
entre los participantes de la exposición de la industria nacional, y entre concursantes niños y
obreros. una nota anuncia que del 1 al 18 de mayo, por la noche, se leerían conferencias a
cargo de obreros, en presencia de la directiva de la federación obrera. y a continuación una
advertencia: “las personas que hagan uso de la palabra en el trayecto de la manifestación, serán
lAs úniCAs responsABles de las opiniones que emitan”. ningún indicio mejor para señalar el
temor de los imponderables. lo que a su vez quería decir que otros, y desde antes, se venían
pronunciando públicamente respecto de la problemática de los asuntos laborales y, con seguri-
dad, de manera distinta a como lo había planeado la federación obrera de guatemala para la
Protección legal del trabajo. de tal manera las cosas, era de preverse que obreros en desacuer-
do con la manipulación pudieran presentarse ahí mismo a manifestar sus posiciones. en efecto,
obando sánchez
18
se refere a las interferencias que los sindicalistas llevaban a cabo entre los
mutualistas, agitando en sentido opuesto al de desvirtuar el signifcado de la conmemoración y
el proceso del movimiento obrero, propósito manifesto de los organizadores.
la central que tuvo a su cargo la celebración de 1924, y que en los años subsiguientes
seguiría actuando en términos de mediatizar el movimiento obrero, según su propia identif-
cación a través de la prensa, y por lo que señalan autores como obando sánchez fue, pues,
la federación obrera de guatemala para la Protección legal del trabajo, que para organizar
los festejos se apoyaba en el Comité Pro día del trabajo. dicha central —señala obando
sánchez—, era en guatemala, como sus homólogas en los demás países centroamericanos,
17
información proporcionada al autor en decenios atrás por el licenciado óscar Benítez Bone, suegro suyo
y quien formara parte en aquel momento de la citada banda marcial.
18
Op. cit., obando sánchez, Apuntes..., p. 79.
José luis BAlCÁrCel ordóñez £ 121
la organización que tenía personería jurídica […] su composición era de sociedades mu-
tualistas, algunas uniones obreras todas de artesanos […] jamás dio su apoyo y asesoría
en los confictos e intervenía en ellos para venderlos a la patronal y al gobierno. Era una
federación oportunista y traidora que en los años de 1923-24 perteneció a la federación
Americana del trabajo (American federation of labor), dirigida entonces por William
green.
19
y para precisar mejor posiciones ideológicas y de acción, no está demás recordar que uno
de los oradores de aquel 1 de mayo, expresión por lo tanto de esta tendencia del movimiento
obrero guatemalteco, damián Caniz, fue uno de los dirigentes del bloque obrero, represen-
tante más bien de los artesanos y dueños de talleres del partido unionista, de la fracción de
la burguesía, cabeza de la lucha que derrocó a la dictadura de estrada Cabrera. de los que
confaban en una fracción de la burguesía como salvadora de la patria frente a otra fracción
de la misma burguesía. Al respecto decía Caniz, comparándolos con un ejemplo que atribuía
a Jesucristo:
¿Por qué no vamos nosotros a amar a estos señores que vienen hacia nosotros aban-
donando sus intereses y familias, sin necesidad alguna? estos hombres poseen un solo
interés: salvarnos de la esclavitud […]
no dudo que existan hombres avaros que explotan el trabajo del obrero; pero no son
todos. fíjense, los dedos de la mano no son iguales; y lo mismo pasa a los hombres.
estos dos que hemos visitado tienen gran patriotismo; podemos llamarlos “liberales de
verdad”, porque darán su vida, si es necesario, para salvar a la patria del despotismo en
que vivimos.
20
en el mismo diario, El Imparcial del 29 de abril, se da a conocer el pronunciamiento
de la federación obrera guatemalteca para la Protección legal del trabajo, dirigida “a los
patrones y los obreros”. no queremos exagerar en la búsqueda de posiciones ideológicas,
propósitos y actitudes que pudieran oscilar entre lo implícito y lo explícito en los textos, pero
sí llama la atención el orden de colocar o de situar a quienes buscan llegar a la federación en
su mensaje. el documento está precedido del dato informativo que anuncia como actividad
“Pro día del trabajo” una exposición industrial que sería inaugurada el mismo día 1 de mayo,
en la que se exhibirían artículos enviados por los industriales [sic], haciendo saber que dicha
exposición tendría “lugar en una hermosa casa situada en la 6ª Avenida norte, frente al tem-
plo de san sebastián” —y, no obstante la indicación de que al día siguiente se darían todos
los pormenores de dicha exposición industrial, parece que el periódico no recibió información
al respecto; nada dijo el periódico de lo que se exhibiría—. la exposición, “acto al que con-
currirán las diferentes asociaciones obreras de la capital”, se hizo en una casa que pudo haber
sido el magnífco inmueble, muestra de art nouveau guatemalteco, propiedad de los señores
Paiz, empresarios e incipientes industriales.
entre sus consideraciones, el pronunciamiento expone: “el 1º de mayo ha sido consagrado
universalmente como día del trabajo. Así lo reconoce, también, la Constitución de la Confe-
19
Ibidem, pp. 77-78.
20
silverio ortiz, “memorias”, en rafael Arévalo martínez, ¡Ecce Pericles!, p. 357.
122 £ ConCreCiones diferenCiAdAs iniCiAles de lA ConCienCiA de ClAse oBrerA...
deración obrera”. los obreros no tenían un día especial para su socialidad y esparcimiento,
en el que con todo el derecho que les asiste, se reunirán en una sola alma, para rendir pleite
[sic] homenaje al trabajo y en el que a la vez, demostrarán su fuerza moral y numérica.
sólo sabía de continuas festividades en las que se cierran los talleres dejándole sin el
sustento propio y de los suyos, lo que desde luego representa una ingratitud.
en vista de ello, las organizaciones obreras de todos los países del mundo han acorda-
do que el 1 de mayo se consagre exclusivamente al trabajo y por tal motivo, las fábricas
y los talleres se cierran y los obreros todos, en compactas masas, invaden las calles
entonando himnos, agitando sus banderas rojas y pronunciando discursos que, al mismo
tiempo que signifcan el grado progresivo de cultura, son una enérgica protesta contra las
diarias ingratitudes de sus explotadores.
ningún otro día como éste tan a propósito para ejercer los derechos ciudadanos,
derechos que ninguna fuerza puede cohibir sin llegar a la arbitrariedad; y es por eso
que los obreros guatemaltecos no deben ver con indiferencia el Primero de Mayo, ya que
él signifca la consagración de la Humanidad Proletaria, al trABAjo que redime y dig-
nifca.
desde este año la “federación obrera de guatemala para la Protección legal del
trabajo” y el “Comité Pro día del trabajo y exposición obrera de Artes e industrias”,
atendiendo al Art. 40 de la Constitución obrera Centroamericana (ya citada y que apa-
rece transcrito a pie de página en la edición periodística), hace un atento llamamiento
a los dueños de fábricas y talleres y constructores de obras para que concedan asueto a
sus trabajadores, sin que sus salarios sufran mengua, e invitan al obrerismo en general
para que asista a los actos que se desarrollarán ese día y en los sucesivos, a fn de que
revistan mayor esplendidez y trascendencia. guatemala, abril de 1924. Por la federación
obrera, José félix Quintanam, presidente; Bartolomé Avendaño, vicepresidente; manuel
leyva n., secretario del interior; J. víctor Palacios, secretario de relaciones exteriores;
Bonifacio tánches, tesorero. Por el comité ejecutivo, Jorge A. garcía B., presidente;
felipe e. molina, vicepresidente; Javier s. soberanis, prosecretario; diego Amenábar,
prosecretario; francisco leyva n., tesorero.
debe recordarse que la federación obrera de guatemala para la Protección del trabajo y
la Confederación Obrera Centroamericana, de la que aquélla y las federaciones ofciales de
cada país centroamericano formaban parte, recibieron subvenciones, muchas de ellas bastante
considerables, desde el año de 1922, tanto para operación y funcionamiento como para la
adquisición y construcción de inmuebles de sus sedes y ayudas a sus delegados y represen-
tantes. Otras organizaciones mutualistas también las obtuvieron. Lo signifcativo es que las
organizaciones sindicales fueron ajenas a esas prebendas.
21
la nota de fondo que publica El Imparcial el 2 de mayo, clamaba:
Hacemos mal en dejar que por las calles urbanas desflen solamente los gremios de las
artes mecánicas y manuales. debieran incorporarse a esa procesión santa [sic], los es-
critores que ilustran al pueblo, los oradores que señalan rutas de bienandanza, los poetas
que presagian mejores días y todos los que operan con su cerebro en el que han recogido
las conquistas del pasado y en el que se incuban los embriones del porvenir.
21
véase Alfonso Bauer Paiz, Catalogación..., op. cit., pp. 53-55.
José luis BAlCÁrCel ordóñez £ 123
obreros son todos los que trabajan en alguna suerte de ocupación que resulte de
utilidad colectiva. Y de los más nobles, si clasifcación cupiera, son aquellos que consu-
men su fósforo encefálico por dar luz a los otros; luz de chispa o luz de sol, el esfuerzo
es siempre meritorio. el mecánico que transforma las fuerzas; el físico que de un imán
sacó raudales de energía eléctrica; el químico que de la retorta en la hornilla produce
sustancias de alimentación y medicina, dando al mundo cuerpos raros, tal como si creara
materia nueva, ellos son los paladines del actual torneo, los matadores de la tradición
homicida, los heraldos de una dicha futura, tan extendida y fácil, que el anhelo de con-
quistarlo constituya hoy la aspiración más alta de los buenos y los libres.
En términos semejantes habla de telegrafstas, de dactilógrafos y de linotipistas, de artesa-
nos en general y de flósofos. De tal manera que se hace pertinente que
[…] estimulemos, pues, a nuestros con-nacionales, los magos de la herramienta. Confor-
temos su fe en la salvación de clase y su esperanza en el bienestar a que tienen derecho,
mediante una labor perseverante y noble de buenas costumbres […]
el obrero actual ya no es el cataléptico a quien hay que gritar: ¡levántate y anda!, sino
el triunfador a cuyo paso, la civilización clama: ¡asciende siempre!
Pero, si bien las proclamas o pronunciamientos, los comentarios, programas y notas de
fondo a que hemos aludido se referen al obrero y al trabajo en abstracto, eludiendo todo lo
que pudiera tener relación con los planteamientos que dieron lugar al establecimiento de la
celebración; esto es, con todo lo que en concreto tiene que ver con las reivindicaciones como
exigencia de la clase obrera, conviene recoger lo que el periódico ofcial, Diario de Centro
América, dijo el propio día de la efemérides y la información del día siguiente.
En cuanto a la edición de la fecha queda de manifesto cómo no sólo se mantiene al nivel
de coadyuvar a la mediatización del movimiento obrero, sino que tiene el claro propósito de
manipular en el desarrollo de los actos al fjar los lineamientos y el comportamiento que de-
bían observarse por parte de las organizaciones y de los trabajadores participantes para satis-
facer completamente los intereses y objetivos de la burguesía y su gobierno representativo.
Por lo que se refere al número que da cuenta de la celebración ya realizada, hay que ad-
vertir cómo se consumó la maniobra.
[Jueves 1º de mayo de 1924:] el díA del trABAjo. Cómo lo celebran nuestros obreros. Por
primera vez celebran hoy nuestros obreros el día del trabajo. y lo hacen en una forma
progresista y culta, digna de los más sinceros aplausos.
en esta fecha del obrerismo internacional, los hombres de nuestras fábricas y talleres
dan una demostración pacífca de lo que hacen y pueden hacer en un Certamen que,
puede afrmarse, ha de constituir un positivo triunfo.
Sin estridencias ni oratorias de mitin, ni confictos que no tienen razón de ser porque
no somos un país industrial, nuestros obreros celebran el día del trabajo de una manera
verdaderamente apropiada y digna: exponiendo sus productos en un noble torneo de
estímulo, de cooperación y de entusiasmo.
ya daremos cuenta de la exposición obrera que se inauguró hoy. entre tanto, nos
contentamos con felicitar cordialmente al obrerismo nacional por esta gallarda prueba
de progreso y solidaridad.
124 £ ConCreCiones diferenCiAdAs iniCiAles de lA ConCienCiA de ClAse oBrerA...
Aparte de que lo que se desprende de su redacción, de la hora del desfle y de la circulación
del periódico, es que esta nota fue escrita con anterioridad a la celebración —de ahí su carácter
normativo—, es reveladora la manera de confundir deliberadamente la actividad del trabaja-
dor, su papel en el proceso productivo, los resultados de la producción y los productos propia-
mente; y confundir también al obrero con el empresario. Por lo demás, se pone en evidencia
que se han producido manifestaciones combativas que conviene modifcar, según lo plantea.
[viernes 2 de mayo de 1924:] el presidente orellAnA y los oBreros. nota Altamen-
te democrática de la manifestación de Ayer tarde. la manifestación se detuvo frente a
la Casa de gobierno (8ª calle poniente). en uno de los balcones estaba el Primer ma-
gistrado.
el tipógrafo Jorge B. garcía pidió su venia para hacerle peticiones, a lo que el man-
datario accedió gustoso. indicó garcía: “la conveniencia de que se suprimiera la renta
de licores para que cesara el espectáculo de un estado que se sostiene en parte con la
degeneración de sus ciudadanos”.
soy de la misma opinión, fue la respuesta; y ojalá se pudiera encontrar una renta que
la sustituyera, pues entonces no sólo la suprimiría, sino que establecería el imperio de la
ley seca, en bien de guatemala.
A otra demanda contestó: “nadie cohíbe el derecho de locomoción y asociación. el
hecho mismo de este acto en que se dirigen a mí con toda libertad es prueba de que no se
les prohíben sus manifestaciones lícitas. yo soy un amigo sincero del obrerismo”.
la petición de libertad del obro señor del Pinal que según entendemos está sujeto
a proceso por aparecer responsable de una imprenta clandestina cuya captura comentó
ampliamente la prensa, obtuvo la siguiente respuesta:
“diríjanse ustedes al Poder Judicial para que lo sentencie, y si fuera condenado a
alguna pena, yo lo indultaré”.
Algunos tópicos más se trataron en ese animado diálogo entre un obrero y el Presi-
dente de la república. satisfechos los manifestantes de su cortés cordialidad se retiraron
gritando vivas entusiastas y espontáneamente al general orellana.
En fn, parecería como si todo hubiera sido coexistencia y cordialidad entre los obreros y
el gobierno que además de poner énfasis en lo que entendía por “manifestaciones lícitas”, en
octubre de 1923 prohibió el derecho de huelga en los servicios públicos y el mismo año acusó
a la liga obrera unionista de grupo obrero con tendencias comunistas, de estar supuestamen-
te comprometida en un golpe de estado.
22
el evento laboral resultó tan meritorio que el gobierno dispuso crear, el 23 de mayo de
aquel año, la Distinción Honorífca Nacional a la Clase Obrera para premiar a quienes re-
sultaran ganadores de un concurso entre los que exhibieran productos en la exposición que
se instituyó con motivo de la “fiesta del día del trabajo”, la cual ha dado muestras de la
“aptitud y competencia de la clase obrera”. se trataba de medallas con la hoz y el martillo
suspendidas por un listón con los colores de la bandera nacional. las medallas ostentaban
esta leyenda: “en la virtud y el trabajo hallaréis la felicidad” (decreto legislativo 1326).
indudablemente que si con ellos se lograba dar la imagen que se deseaba, bien valía la pena
mistifcar y mitifcar en aras de la mediatización en toda su inmediatez.
22
Ibidem, pp. 34 y 37.
José luis BAlCÁrCel ordóñez £ 125
lo que no podemos establecer es si fue por oportunismo de los dirigentes de ese 1
de mayo, por presiones de los sectores progresistas del movimiento obrero, o por interés de
confundir, que se solicitó ese día al presidente la libertad de Alberto del Pinal, miembro del
Partido Comunista.
las celebraciones del 21 y del 22 tuvieron distintas raíces y respondieron a diferentes ob-
jetivos. fueron organizadas por los trabajadores que constituían otra tendencia del movimien-
to obrero. mejor aún, por quienes comenzaban a integrar el movimiento obrero de guatemala.
eran ellos, en la propia actividad concreta del trabajo, los que venían adquiriendo una actitud
crítica de las relaciones en las que se producía su actividad. se trataba de quienes alcanzaban
un grado de desarrollo en el conocimiento de las condiciones en las que se producía su exis-
tencia misma y el contenido social de ésta. del papel que desempeñaban en tales condiciones,
y del que les correspondía necesariamente como suyo.
eran los obreros que tuvieron sus predecesores en aquellos que denunciaron la explotación,
formularon exigencias salariales y plantearon como necesaria la organización para la lucha a
favor de sus reivindicaciones en la época de la dictadura de manuel estrada Cabrera, a dife-
rencia de los artesanos mutualistas que siguieron viendo en la burguesía —y en la propia dic-
tadura— la solución que los liberaría de la esclavitud, tal como quedó dicho antes. Artesanos
mutualistas que lo siguieron siendo durante otras dictaduras y que accedieron a sus manipula-
ciones en la creencia de que los festejos, las promesas y las ayudas resolverían sus problemas.
los trabajadores de las celebraciones del 21 y el 22 comenzaron a expresar la conciencia
de clase obrera en el país. Con ellos se concretaban las manifestaciones iniciales, ya defni­
das, de la determinación del para sí en el proceso de la formación de la clase obrera en
guatemala. las celebraciones que llevaron a cabo las reuniones del 1 de mayo de 1921 y
1922 y que las siguieron realizando hasta 1932, deben tenerse, por ende, como muestras de
exteriorización pública, de las posibilidades —llevadas a su concreción— de impulsar y desa-
rrollar la lucha por sus reivindicaciones, dirigida contra la burguesía, como clase opuesta, que
implicaba forzosamente al gobierno.
dentro de esta tendencia del movimiento obrero se fue gestando la lucha por la obtención
de reivindicaciones. A ella se debe la conquista de la jornada de ocho horas que comenzó a
aplicarse en 1922 para los albañiles, precepto que se había establecido constitucionalmente a
nivel centroamericano un año antes (artículo 163 de la Constitución Política de la república
de Centroamérica, decretada el 9 de septiembre de 1921: “la jornada máxima obligatoria de
trabajo asalariado será de ocho horas diarias. Por cada seis días de trabajo habrá uno de des-
canso”), aunque sólo había sido letra muerta, razón por la cual esa tendencia de trabajadores
siguió demandando —durante años— su implantación a nivel nacional.
Con manifestación orgánica de esa tendencia se constituyó Unifcación Obrera, converti-
da poco después, “con miras políticas de expresión”, en Unifcación Obrera Socialista. Los
sábados y domingos se reunían sus miembros y simpatizantes en los cines para discutir sus
problemas económicos y sociales. Con esa actividad se estimuló el desarrollo de dirigentes
obreros y de la membresía de las organizaciones obreras, lo cual terminó por crear confictos
con el propio gobierno democratizante que se organizó a la caída de la dictadura de estrada
Cabrera, el de Carlos Herrera.
23
23
Op. cit., obando sánchez, Apuntes..., p. 77.
126 £ ConCreCiones diferenCiAdAs iniCiAles de lA ConCienCiA de ClAse oBrerA...
“[El] ala izquierdista de Unifcación obrera socialista se reagrupó consecuentemente, fun-
dando el partido de la clase obrera, partido independiente, creado por primera vez en 1922, lo
que se denominó Partido Comunista de Centroamérica, sección de guatemala; que desde su
nacimiento hasta 1932, mantuvo la dirección obrera y sindical de guatemala […].”
24
en 1922 se publicó El Comunista, primer periódico de ese partido, muy pronto clausurado
por el gobierno. en 1925 se publicó otro, Vanguardia Proletaria, con un tiraje de mil ejem-
plares, considerable en aquel momento.
25
Pronto, la organización del partido comunista se extendió de la capital hacia diferentes
partes del interior de la república, a Quetzaltenango, Jutiapa y otros lugares.
en contraposición a la federación obrera de guatemala para la Protección legal del tra-
bajo, con el surgimiento de varios sindicatos en 1923, de panifcadores, de tipógrafos, se
constituyó la federación regional del trabajo.
la agudización de las contradicciones fue haciéndose mayor a partir de 1921, y a la par que
se integraban los sindicatos se formulaban distintas demandas, sobre todo salariales y en pro
de la jornada de ocho horas. muchas huelgas se fueron produciendo y ya entre el 24 y el 26
se suscitaron varias que causaron gran impacto: la de los muelleros, la de los ferrocarrileros,
la de los zapateros; la primera de trabajadoras, en el ramo del café; luego, la de costureras, de
carpinteros, de trabajadores de curtimbre, de trabajadores en velas y jabón, y muchas más.
26
Ante el auge de las luchas obreras, en 1926 el gobierno de orellana restringió el derecho
de huelga.
A esa orientación del movimiento obrero correspondieron las celebraciones del 1 de mayo
de 1921 y de 1922 y, por lo tanto, la que debió realizarse el 23. es muy importante destacar
que la de 1922 se llevó a cabo con el apoyo de varias organizaciones. Según don Rufno
guerra Cortave,
27
22 organizaciones obreras nombraron delegados para integrar el comité
organizador. el desarrollo alcanzado por esta tendencia de trabajadores hizo que después de
1924 actuaran conjuntamente con las organizaciones mutualistas, mediatizadas, modifcando
el contenido de la conmemoración. los sindicatos llevaban banderas rojas, diferentes a las
amarillas que usaban los mutualistas.
otro rasgo característico fue que para comprometer y legalizar toda acción de calle, llegá-
bamos a la Federación del Trabajo a invitarla para los desfles y que ella sacara los permisos.
obtenido el permiso les arrebatábamos toda iniciativa y tomábamos en el camino la dirección
del desfle. Como ellos no nos daban participación en la tribuna, por ser nosotros “radicales
y comunistas”, elegíamos de antemano, o en el camino, a oradores que apostados en parques y
lugares propios, disertaban, agitaban y denunciaban sin piedad a los “amarillos”. de ese
modo, las masas nos seguían y ganábamos las calles con acciones directas.
el desarrollo alcanzado por la tendencia comunista en el movimiento obrero guatemal-
teco llegó a ser tal que aquélla terminó por dirigirlo, con lo cual la celebración del 1 de
mayo se siguió realizando de manera combativa como demostración de la actitud de lucha
24
Ibidem.
25
Huberto Alvarado, Apuntes…, op. cit., 1975, p. 7.
26
véanse obando sánchez, Alvarado monzón, Huberto Alvarado, op. cit.
27
información vertida a elisa Benítez Porta, mi esposa y compañera, historiadora formada en la facultad
de filosofía y letras de la unAm, a quien debo muchos de los datos aquí utilizados, mismos que ella recopiló
en guatemala.
José luis BAlCÁrCel ordóñez £ 127
de los obreros guatemaltecos hasta que ubico la canceló, reprimiendo la marcha y provocan-
do una masacre en 1932. una de las celebraciones más combativas fue la de 1927, entre cuyas
consignas destaca aquella que exigía respetar las vidas de sacco y vanzzeti. igualmente, en
esos últimos años, las que se solidarizaban con la lucha de César Augusto sandino contra la
intervención imperialista norteamericana en nicaragua. Hasta que se produjo la iniciación del
movimiento democrático, nacionalista y popular, volvió a celebrarse en guatemala el primero
de mayo, en 1945, mediante una iniciativa de ley presentada al Congreso revolucionario de
la república por el diputado y escritor luis Cardoza y Aragón.*
* Agradecimientos: el autor debe reconocer y manifestarle su agradecimiento a quienes le prestaron diver-
sa ayuda, facilitándole acceso informático posible relacionado con la temática concerniente al inicio y desarro-
llo de las ideas y el pensamiento marxistas en guatemala a través de méxico, su incidencia ideológica en los
movimientos obrero, político, cultural e intelectual, de la que este texto forma parte parcial. de la Hemeroteca
nacional “Clemente marroquín rojas” de guatemala, a su directora, la periodista maría eugenia gordillo y a
su equipo de trabajo, así como al infatigable y dedicado lector de información sobre los problemas sociales de
la época referida, compañero edmundo urrutia; del Archivo Histórico de Centroamérica, a los historiadores
Julio galicia díaz, entonces su director, y al investigador Carlos Haeussler; del Centro de investigaciones
regionales de mesoamérica (CirmA), en Antigua guatemala, a la directora de su Archivo Histórico, la histo-
riadora thelma Porres morfín y a su equipo de trabajo. del Centro de estudios urbanos y regionales de la
universidad de san Carlos de guatemala, al doctor óscar gullermo Peláez Almengor, entonces su director, y
al investigador de dicho centro, enrique gordillo Castillo, por sus valiosos comentarios y observaciones a los
planteamientos al desenvolvimiento inicial de la investigación de la que el presente texto forma parte parcial.
del Colegio de estudios latinoamericanos de la facultad de filosofía y letras de la unAm, al doctor Jorge
ruedas de la serna, editor del Anuario 2007, por su interés en que este material se diera a conocer aquí. y al
estudiante de maestría en estudios latinoamericanos, gabriel nagore Cárdenas, quien tuvo a su cargo la digita-
lización del presente material para su publicación.
128 £ ConCreCiones diferenCiAdAs iniCiAles de lA ConCienCiA de ClAse oBrerA...
129
la interdisciplinariedad en los estudios latinoamericanos:
evolución, conceptos y experiencias en la unam
lucio fernando oliver CostillA*
Lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determi-
naciones.
Karl marx, Introducción de 1857.
Introducción: propósitos del trabajo
en este escrito expongo mis consideraciones sobre el estado actual de la interdisciplinariedad
en la universidad a la luz de la cada vez más honda crisis contemporánea de las disciplinas
clásicas de las ciencias sociales y las humanidades —que no su inutilidad— como ramas
exclusivas, aisladas y cerradas del conocimiento social.
esto es, el presente texto argumenta sobre la interdisciplina como opción abierta y pro-
blemática al conocimiento académico universitario tradicional y de cómo y de qué forma la
interdisciplinariedad en los estudios latinoamericanos del posgrado de la unAm ha avanzado a
través de fenómenos concomitantes: 1) la recuperación de la herencia del pensamiento social
latinoamericano en el espacio del posgrado; 2) la interrelación entre las tendencias de la rea-
lidad social latinoamericana, el programa de estudios y los nuevos campos de conocimiento
temáticos y problemáticos. los campos de conocimiento del programa procesan las tenden-
cias, problemas y alternativas de la realidad y exigen el trabajo conjunto, articulado, riguroso,
de “encuentro teórico metodológico y analítico”, entre diversas disciplinas.
Un paso sólido en el trabajo interdisciplinario: la recuperación
de la teoría social latinoamericana
Asociada a las grandes mudanzas mundiales de la contemporaneidad y al declive de la infuen-
cia del pensamiento neoliberal único, empirista y altamente ideologizado (que por lo mismo
se aleja cada vez más de las contradicciones y confictos de las sociedades latinoamericanas) se
* Coordinador del Posgrado en estudios latinoamericanos, de la universidad nacional Autónoma de
méxico. Profesor del Colegio de estudios latinoamericanos en la facultad de Ciencias Políticas y sociales
de la unAm.
está llevando a cabo en múltiples universidades de América latina
1
una recuperación general
de la herencia de un pensamiento social crítico latinoamericano cuya característica central es
el enfoque interdisciplinario para analizar los problemas y las tendencias de la región. este
enfoque se inicia con el ensayismo de fnales del siglo xix e inicios del xx; en los años treinta
y cuarenta de este último siglo coincide y se propone un desarrollo similar al de las grandes
disciplinas del pensamiento europeo occidental sin abandonar la interdisciplinariedad como
enfoque propiamente latinoamericano; en las décadas de los ochenta y noventa polemiza con-
tra el pensamiento occidental estadounidense, y hoy se afrma como pensamiento dominante
en los movimientos sociales y en los espacios académicos de refexión crítica.
Podemos decir que desde la mitad del siglo pasado hasta ahora América latina ha produ-
cido una teoría social y un pensamiento humanista cuyo eje es la interdisciplina, entendida
como una construcción teórica, una refexión y un análisis en los cuales confuyen varias dis-
ciplinas, se desvanecen las fronteras precisas y cerradas del conocimiento y se crean nuevos
aportes teóricos conceptuales que pertenecen a/y propician un conocimiento más abierto en
sus parámetros de construcción del conocimiento concreto y en su observación de la realidad.
el conocimiento interdisciplinario se ha acentuado con las grandes transformaciones del
mundo que expresan la reciente reestructuración global del capitalismo, la nueva división inter-
nacional del trabajo y la ampliación de la acumulación del capital a nuevas ramas de la produc-
ción, los servicios, el comercio y las fnanzas. Ello se aunó a transformaciones en otros ámbitos
sociales: en los campos de la ciencia y la cultura, en los cuales se ha abierto paso la revolución
científco­técnica basada en la electrónica y las biotecnologías, se ha producido la afrmación
del pluralismo y la diversidad como formas de existencia social y de forma cultural y artística.
También se han desplegado nuevos perfles del campo político: las reformas conservadoras y
desregulatorias del estado, las consecuentes crisis políticas que generaron y las nuevas propues-
tas de vida social y de institucionalidad política que están procurando los nuevos movimientos
sociales y políticos con perfles identitarios y territoriales, con nuevas aproximaciones a la par-
ticipación, la democracia colectiva, la ciudadanía integral y lo público como derecho social.
todo lo anterior, es decir, las mudanzas sociales, productivas, culturales y políticas de la
globalización, exigen sin duda un conocimiento complejo que desborda el horizonte del co-
nocimiento disciplinario establecido sobre la base del perfl del mundo semicerrado del siglo
xix, perfl desde el que incluso ya las mentes más lúcidas de su tiempo habían cuestionado por
ser en general un conocimiento ahistórico, que desconocía las determinaciones sociales de la
existencia individual y que parcelaba el conocimiento en esferas separadas olvidando que
la sociedad es un todo orgánico.
2

no obstante las limitaciones mencionadas del conocimiento disciplinario clásico, por vía
del manejo profundo y de la experimentación con esas disciplinas sociales y humanísticas
desarrolladas en América latina en los ámbitos universitarios, en el siglo xx latinoamericano
se produjo una profundización y una sistematización teórico metodológica sorprendente.
3

Se afrmaron como ramas del conocimiento latinoamericano la economía, la sociología, la
1
Como he podido constatar en las universidades que forman parte del espacio latinoamericano de la red
iberoamericana de Posgrado, que incluye a 11 posgrados de estudios latinoamericanos de méxico, Brasil,
Argentina, Chile, Bolivia, Panamá, Cuba y españa.
2
Agudas observaciones de marx en 1857 en su introducción a la Crítica de la Economía Política.
3
lucio oliver (1998 y 2005).
130 £ lA interdisCiPlinAriedAd en los estudios lAtinoAmeriCAnos...
ciencia política en la teoría social, y la literatura, la historia y la flosofía en la ciencia huma-
nista. nadie en su sano juicio osaría rechazar esta herencia universal proveniente de europa
y desarrollada con sus propios matices en el continente americano, conocimiento acumulado
que hoy en América latina se abre a la veta de recoger también otra tradición: la herencia de
un saber y una epistemología asociada a las viejas culturas milenarias de la región, tal como lo
han enfatizado recurrentemente Boaventura sousa santos, luis villoro, Carlos lenkersdorf
y otros muchos.
El pensamiento latinoamericanista del siglo anterior buscó la afrmación de una teoría
social y un imaginario propios de la región, abiertos a los vectores de nuestras propias so-
ciedades. generó un acervo riquísimo de conocimiento propio: horizontes de conocimiento,
teorías, conceptos, imaginarios artísticos y literarios, interpretaciones historiográfcas y una
flosofía para conocernos en nuestras debilidades, fortalezas y apetencias. Ese pensamiento
social sorprendentemente no se guió por la diferenciación disciplinaria, sino que, partiendo
del ensayismo, por ejemplo, el de mariano otero, Justo sierra, martí o mariátegui y de mu-
chos otros, se volcó a entroncarse con el preciosismo disciplinario europeo a mediados de los
años treinta, pero siempre modifcándolo para consolidar una perspectiva interdisciplinaria
asociada al nuevo conocimiento universal creado en América Latina y que foreció a lo largo
del siglo xx americano. en las ciencias sociales, por ejemplo, pensadores trascendentales
nuestros como gino germani, silvio frondizi, José revueltas, florestán fernández, y más
actualmente, como gonzález Casanova (leopoldo zea, rodolfo stavenhagen, roger Bartra,
enrique semo y muchos más) de méxico, como rené zavaleta de Bolivia, como José Aricó
y sergio Bagú de Argentina, como Carlos Quijano y lucía salas de uruguay, como euclides
da Cunha, teotonio dos santos o ruy mauro marini de Brasil, Aníbal Quijano de Perú o
Agustín Cueva, de ecuador, etcétera, son una herencia radicalmente interdisciplinaria en las
ciencias sociales. Lo mismo podrán decir los estudiosos de la flosofía, la literatura y la histo-
ria de América latina, ramas del conocimiento que se trabajan en la universidad.
A partir de lo anterior y sobre la base del convencimiento de que crear un campo de co-
nocimiento específco global sobre el pensamiento latinoamericano debilitaba y aislaba la
recuperación de los aportes interdisciplinarios de los pensadores latinoamericanistas en los
distintos campos de conocimiento del programa, el posgrado ha instituido un espacio para la
recuperación discutida y coherente de la herencia de pensamiento latinoamericano en cada
uno de ellos. de esta forma se da lugar a una recuperación a profundidad de los autores de
cada campo.
se trata de un avance inicial en lo relativo a la recuperación de la interdisciplina, realizada
en el trabajo con los autores clásicos de América latina, en la medida en que aquélla, como
articulación rigurosa entre distintas disciplinas para abordar el estudio de una problemática
dada, conlleva un debate epistémico y un trabajo conjunto de y entre investigadores, que
abarca las ciencias sociales y las humanidades en su especifcidad y en su conjunto. La inter-
disciplina no es entendida como desvanecimiento de las herramientas teórico metodológicas
y del acervo de conocimientos de cada disciplina, sino como el esfuerzo para borrar las fron-
teras cerradas de las disciplinas y para aproximarlas en una visión más amplia, más abierta a
la investigación y observación de distintos aspectos de la realidad, más interesada en las re-
laciones que el conocimiento puede establecer sobre aspectos que son abordados por campos
disciplinarios distintos. Así, los instrumentos elaborados por la sociología no son borrados
para abordar la realidad a partir de la literatura, sino que son incorporados como parte de los
luCio fernAndo oliver CostillA £ 131
estudios literarios. Eso signifca una apertura a la colaboración de investigadores de estas
disciplinas y a la construcción de enfoques, y conceptos que no existían.
no obstante, es un primer paso y constituye terreno fértil a partir del cual se podrá avan-
zar en la interdisciplina en cada uno de los cinco campos de conocimiento del programa, a
saber:
1) Historia, historiografía y sociedad;
2) formación estructural, desarrollo e integración;
3) estado y sociedad: instituciones, procesos políticos y movimientos sociales;
4) Cultura, arte y literatura, y
5) filosofía, historia de las ideas e ideologías.
se trata de un conocimiento abundante y variado y ocurre incluyendo y desbordando la
revisión a profundidad de las matrices disciplinarias de los distintos campos: historia, eco-
nomía, sociología política, flosofía en los tres primeros; sociología de la cultura, literatura,
flosofía e historia en los dos últimos. La búsqueda es poner en el centro el análisis temático
y problemático de América latina y no las teorías y los conceptos en sí mismos. Problemas
como el del desarrollo, por ejemplo, si bien son parte de las categorías de la economía, la
sociología, la política, la flosofía, en América Latina, sin embargo, se presentan como pro-
blemáticas particulares que no son aprehendidas adecuadamente con el uso diferenciado de
dichas disciplinas, pues en la actualidad de América Latina el desarrollo está confgurado
como una problemática multilateral y con distintas vertientes, que incluyen obligatoriamente
consideraciones culturales, históricas, etcétera. siendo, por ejemplo, la región una verdadera
potencia cultural e intelectual en el mundo, el atraso de la región exige explicaciones nuevas,
concretas, distintas a las clásicas. exige un abordaje interdisciplinario para explicarlo, enfo-
que que ha sido propio de autores como Bagú, zavaleta, salazar Bondy, leopoldo zea, pero
también de Benedetti, Juan rulfo y de Antonio Candido.
en la recuperación interdisciplinaria en los campos, tal como se mencionó, ya se recogen
desde las grandes ideas integradoras del siglo xix —Bolívar, sierra, martí— hasta la produc-
ción latinoamericanista del siglo xx y la que se está produciendo en estos inicios del siglo
actual. En su amplitud incluye tanto a los lúcidos ensayistas —con extraordinarias fguras,
entre otras José Carlos mariátegui, José vasconcelos, víctor raúl Haya de la torre, José in-
genieros, Julio Antonio mella, ricardo flores magón, y otros— como los aportes de los años
cuarenta a sesenta, que se basaron en la exigencia de criterios defnidos de cientifcidad, entre
ellos gino germani, silvio frondizi y sergio Bagú de Argentina.
en los distintos campos de conocimiento del posgrado se estudian los aportes de pensa-
dores clásicos propios de cada uno de ellos, algunos de los cuales están vinculados más a
unas disciplinas o a corrientes teórico ideológicas que a otras: la flosofía, la economía, la
historia, la sociología, la literatura o a corrientes ideológico teóricas como el positivismo, el
estructural funcionalismo, el marxismo crítico, la perspectiva racionalista de la acción social,
la perspectiva de una historia de ciclos largos, las expresiones renovadoras en el arte y la cul-
tura de los años 30 a 70, los grandes literatos y poetas latinoamericanos, etcétera. todos esos
aportes permitieron en los estudios latinoamericanos la inclusión, apropiación y el desarrollo
de disciplinas científcas occidentales, en un contexto regional latinoamericano de constitu-
ción de escuelas y asociaciones de pensamiento disciplinario e interdisciplinario, todo lo cual
refejó los logros y las limitaciones de la industrialización dependiente y de consolidación de
los estados nacionales.
132 £ lA interdisCiPlinAriedAd en los estudios lAtinoAmeriCAnos...
A la par que comprometidos con la perspectiva interdisciplinaria y al mismo tiempo com-
prometidos con un proceso de profundización disciplinaria de mediados del siglo xx se gesta-
ron —o se dieron a conocer— en méxico estudios brillantes dentro de las diversas disciplinas
abiertas a otros ámbitos de conocimiento: sociología —florestán fernández, Pablo gonzález
Casanova—, de economía —raúl Prebisch, víctor urquidi—, de ciencia política —gino
germani, octavio ianni—, de historia —silvio frondizi, José luis romero, Alpering dong-
hi—, de crítica literaria —Octavio Paz, Carlos Fuentes, José María Arguedas— y de flosofía
—Antonio Caso, José ingenieros, leopoldo zea, Augusto salazar Bondy—, autores traba-
jados intensivamente en méxico pero de connotación continental, mismos que con muchos
otros pusieron los cimientos de nuestra ciencia social y de nuestras humanidades latinoameri-
canistas. en ese periodo de peso disciplinario y de enfoque interdisciplinario, el desarrollo de
los estudios latinoamericanos en méxico y en América latina se expandió hacia fuera hasta
construir una tendencia transdisciplinar que vigorizó las ciencias sociales y las humanidades
en su conjunto, y se expresó también fuera de las instituciones académicas: en las institucio-
nes estatales, los organismos internacionales, los movimientos sociales y políticos, los cuales
impulsaron en las sociedades del subcontinente un pensamiento propio a la vez disciplinar,
transdisciplinar e interdisciplinario de singular importancia, tal como lo muestra la produc-
ción de los intelectuales vinculados a las grandes universidades de la región, a la CepAl, a las
direcciones de partidos políticos de diversa orientación, e irradió incluso la producción de al-
gunos encuentros sindicales analíticos, como el que produjo las famosas “tesis de Pulacayo”
en Bolivia un poco antes de la revolución de 1952 en ese país.
En el terreno de las humanidades surge la búsqueda de una flosofía latinoamericana y
de una producción literaria que fuese la expresión de nuestras ideosincrasias, necesidades
y problemáticas, alcanzando la cima intelectuales como samuel ramos, enrique José varona,
francisco romero, José ingenieros, Antonio Caso, José vasconcelos, raimundo de farias
Brito, risieri frondizi, miguel reale, gabriel garcía márquez, Jorge luis Borges, Julio Cor-
tázar, José maría Arguedas, Carlos fuentes, octavio Paz, Antonio Candido y otros muchos.
los autores de la convulsionada generación de los años setenta del siglo pasado fueron
especialmente vigorosos en la consolidación de una corriente de impulso a un pensamiento
interdisciplinario latinoamericano. un tema de importancia básica en los estudios latinoame-
ricanos de la unAm en los cinco campos de conocimiento del programa de posgrado ha sido la
recuperación del pensamiento social interdisciplinario latinoamericano de los años 70 hasta
el presente, con énfasis en los estudios de autores que vivieron en méxico como exiliados
y cuya producción desbordó los límites disciplinarios para proyectar sus análisis en torno a
una teoría social latinoamericana de amplio espectro: Agustín Cueva, rené zavaleta, gerard
Pierre Charles, lucía salas, ruy mauro marini, octavio ianni, sergio Bagú, gregorio selser,
mario salazar, entre otros, que impulsaron con fuerza ese proceso de ampliación disciplinaria
y desborde interdisciplinario que llevó a un conocimiento creativo de reconocimiento conti-
nental e internacional.
el profesor Bagú, por ejemplo, creó una obra prima sobre historia social que vinculó la
historia con la sociología, lo mismo que lucía salas, quien trabajó haciendo historia política
y mezclando la historiografía con la ciencia política, al igual que Agustín Cueva, gerard Pie-
rre Charles y gregorio selser, quienes vincularon historia, política, sociología y economía; el
investigador rené zavaleta, creó una vertiente de peso en la sociología política latinoameri-
cana que vinculó economía, sociología, flosofía y ciencia política, lo mismo que Ruy Mauro
luCio fernAndo oliver CostillA £ 133
marini y octavio ianni. en el campo literario, autores como garcía márquez, Julio Cortázar,
Carlos fuentes u octavio Paz, Antonio Candido, han desplegado una producción abierta a la
sociología, la política y la cultura.
Es signifcativo que todos estos autores tuvieran un punto de confuencia en su análisis
interdisciplinario: la teoría de la crisis como método de conocimiento de la realidad latinoa-
mericana y espacio de desarrollo político e ideológico. la crisis en América latina, como
momento y proceso altamente signifcativo fue considerada un eje de análisis interdiscipli-
nario, justamente porque la crisis como fenómeno social está determinada por elementos
económicos, sociales, políticos, históricos, ideológicos y culturales. Así se analizaron, por
los autores mencionados, las crisis nacionales generales, las crisis del estado, las crisis de la
política, la crisis de ciclo largo del capitalismo, la crisis de la cultura, etcétera.
en los primeros años del nuevo siglo, las crisis de los estados, la parálisis de los sistemas
políticos, la falta de gobernabilidad de las instituciones, los nuevos movimientos sociales, la
agudización de la pobreza, la precarización del trabajo, la desintegración nacional, la desin-
dustrialización, que resultaron del ciclo de hegemonía neoliberal generaron una respuesta
social que ha puesto en jaque la visión empirista del pensamiento neoliberal y ha mostrado
la unidad básica de tradiciones, legados, cultura, pensamiento, problemas y tendencias de
desarrollo de América latina.
La institucionalización de los estudios latinoamericanos en la unam
y la interdisciplinariedad
La reforma del posgrado en la unam y el nuevo RGEP
uno de los cambios positivos después de la crisis del 2000 en la unAm es la universalización
de los programas de posgrado a partir de la obligatoriedad de que todos los posgrados inte-
gren dos o más entidades académicas (facultades y centros). A raíz de ello se han creado pos-
grados en toda la unAm; el Programa de Posgrado en estudios latinoamericanos, por ejemplo,
es resultado de la integración de tutores y recursos de cinco entidades académicas vinculadas
al área de las ciencias sociales y al área de las humanidades: dos facultades, dos centros y
un instituto de investigación. la facultad de filosofía y letras y la de Ciencias Políticas
y sociales; el Centro de investigaciones interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, el
Centro Coordinador y difusor de estudios latinoamericanos y un instituto de investigación,
el instituto de investigaciones económicas. es decir, se trata ya de un posgrado que supera la
fragmentación disciplinaria como tal, pues incluye entidades y tutores que trabajan distintas
disciplinas de las ciencias sociales y las humanidades. y está abierto a la participación de
nuevas entidades a futuro, tales como geografía, biología, medicina y otras.
Por otro lado se constituyeron nuevos órganos académicos colegiados dirigentes de los
posgrados, tales como los Comités Académicos del Programa, que incluyen la representación
de tutores y alumnos vinculados a distintos campos y áreas de conocimiento en el principal
órgano de dirección y en los colegiados de los campos de conocimiento.
Otra modifcación central ha sido la apropiación y el desarrollo de la investigación al-
rededor de problemas latinoamericanos. Con relación a nuestra temática, cabe señalar que
134 £ lA interdisCiPlinAriedAd en los estudios lAtinoAmeriCAnos...
las modifcaciones mencionadas han logrado incorporar las observaciones críticas de grupos
especializados en los curricula que critican: “la fragmentación del saber, la hiperespecializa-
ción, la hegemonía del método científco proveniente de las ciencias físicas y naturales y, el
dominio de una sola racionalidad”.
4
estos cambios institucionales de la unAm han infuido y ayudado, sin duda, a alentar la pro-
ducción interdisciplinaria en los estudios latinoamericanos. Pero como mencionamos antes,
la interdisciplinariedad no es una invención del programa de posgrado o una importación de
moda: hace parte de la herencia del pensamiento social latinoamericano crítico, el cual nace
interdisciplinario, tal como se puede apreciar en pensadores que analizaron la realidad de sus
países y de la región a partir del ensayismo interdisciplinario que consideraba necesario el uso
combinado de la historia, la sociología, la economía, la psicología, la literatura, la cultura y la
flosofía para abordar el problema de la situación social y política de principios del siglo xx.
los cinco campos actuales son resultado del trabajo conjunto de investigadores y de un
debate de varios años y conllevan ya una cierta delimitación interdisciplinaria, en tanto no
se trata sólo de la articulación deseable entre disciplinas cercanas, sino de la aproximación
necesaria y probada entre disciplinas en torno del estudio a profundidad de problemáticas y
temáticas determinadas que se expresan en proyectos de investigación del doctorado y maes-
tría y en plantillas de docencia.
A continuación enumeraremos los procesos de recuperación de la interdisciplina dentro
del programa en su conjunto y en cada uno de los cinco campos de conocimiento.
en los últimos años las reuniones entre investigadores del posgrado sobre la forma de
trabajar con la realidad latinoamericana e impulsar un pensamiento propio en los estudios la-
tinoamericanos ha llevado a buscar una combinación entre disciplina e interdisciplina: a com-
binar los estudios disciplinarios que se llevan a cabo con fuerza en las entidades académicas
de primera adscripción de los profesores investigadores adscritos al programa, esto es, en las
facultades y los centros e institutos de investigación defnidos más o menos disciplinariamen-
te, con el trabajo interdisciplinario en el posgrado en los campos de conocimiento temáticos y
problemáticos del posgrado, segunda adscripción de los investigadores, que exigen el trabajo
conjunto de diversas disciplinas para analizar objetos de estudio problemáticos y temáticos,
tales como la historiografía y su relación con la evolución y transformación de las sociedades,
las complejidades de la formación estructural y de la integración latinoamericana; el estado
ampliado y la relación entre instituciones, movimientos sociales y procesos políticos; las
vertientes de la cultura, arte y literatura y la relación entre flosofía, historia de las ideas e
ideologías. se trata de campos de estudio sobre América latina que han permitido iniciar la
confuencia interdisciplinaria de nuestros investigadores y han dado un paso adelante en el
conocimiento tradicional de América latina.
sin embargo, cabe recoger la experiencia de los colegiados de los campos. en los debates
de los tutores del Programa de Posgrado hay consenso en no pretender constituir una teo-
ría social omniabarcante y omnicomprensiva a partir de diluir las disciplinas, sino partir de
respetar el rigor teórico metodológico propio de las diversas disciplinas y apuntar hacia el
trabajo conjunto de varias disciplinas y la apertura a las contribuciones de otras perspectivas,
4
tal como se anota en el documento de trabajo articulado con universidades de los países andinos: inter-
disciplinariedad y currículo: construcción de proyectos escuela universidad.
luCio fernAndo oliver CostillA £ 135
en el intento de lograr mejores explicaciones y análisis de la historia, la sociedad y la cultura
latinoamericanas.
Hay, sin embargo, algo más que una tendencia; se trata de la progresiva construcción teó-
rica latinoamericanista a partir de la constatación de que la realidad es multidimensional y su
existencia concreta es una síntesis de múltiples determinaciones, de ahí que el proceso de co-
nocimiento interdisciplinario permite esclarecer esas determinaciones múltiples, sus tenden-
cias y problemáticas con mayor rigor y alcance que en los anteriores estudios exclusivamente
disciplinarios, en especial porque en el pasado, dentro de las instituciones académicas, las
comunidades disciplinarias crearon valores, movimientos, jerarquías orientadas a su propia
autolegitimación en un contexto de desarrollismo nacionalista (fordismo parcial y estado
burocrático autocentrado) que se ha modifcado radicalmente con la actual mundialización.
sin embargo, el debate en las reuniones de tutores y en el Comité Académico del Programa
de Posgrado ha cuidado en insistir en que la interdisciplina pase por una discusión epistemo-
lógica que analice los fundamentos conceptuales e impida la superfcialidad y la confuencia
arbitraria de conocimientos.
no obstante hemos llegado a una conclusión general: la interdisciplina en los estudios la-
tinoamericanos parte de una concepción que relaciona estrecha y estrictamente interdisciplina
y disciplinas: se trata de que
estrictamente hablando la interdisciplinariedad está indisolublemente ligada a la discipli-
nariedad, histórica y epistemológicamente […] es producto —y a su vez reacción— de
la consolidación e hiperfragmentación de las disciplinas científcas modernas, del disci-
plinamiento y compartimentalización de los saberes. y en este proceso las universidades
han jugado un papel fundamental (miñana, p. 2).
5
en efecto, la propia idea de interdisciplina ha sido con frecuencia mal entendida como dilu-
ción de las disciplinas o creación de una disciplina omniabarcante, fusión arbitraria y capricho-
sa de muchas disciplinas. No es así, las disciplinas constituyen una conquista científca con-
ceptual, un movimiento y una institucionalidad en las ciencias sociales y las humanidades, que
no puede menospreciarse y desecharse. Las disciplinas no son creación artifciosa e inútil:
una ciencia o campo disciplinar se ha venido caracterizando por el tipo de problemas de
la realidad que aborda; por los procedimientos conceptuales y operativos que emplea
para decodifcarlos; por las soluciones que plantea; por los modelos teóricos y concep-
tualizaciones que genera […] es una categoría organizadora en el seno del conocimiento
científco […] según un principio de diferenciación (Miñana, p. 9).
se trata de un movimiento de conocimiento en tanto tiene su propio proceso y su propia
acumulación, y de una institución en tanto desarrolla sus propias categorías, sus maestros, su
jerarquía y sus requisitos de ingreso y utilización. las exigencias actuales del conocimiento
cuestionan desde muchos ángulos los logros disciplinares, pero el paso de las disciplinas a
la interdisciplina requiere una ruptura teórico epistemológica que no se da por capricho, sino
5
tal como lo expresa en un excelente documento Carlos miñana Blasco, profesor de la universidad de
Colombia, como resultado de un trabajo colectivo sobre interdisciplinariedad y currículum.
136 £ lA interdisCiPlinAriedAd en los estudios lAtinoAmeriCAnos...
que obedece al surgimiento de nuevas preguntas en la ciencia y a nuevas perspectivas en las
humanidades. Por ello, cuando se trata de interdisciplina se tiene que fundamentar el porqué
y el para qué de la misma, sobre todo en función de evidenciar los límites de las disciplinas
en el proceso de análisis y conocimiento. de ahí que la interdisciplina surja como encuentro
teórico analítico de dos o más disciplinas para explicar mejor los fenómenos de la realidad, tal
como se ha expresado en los aportes mencionados del pensamiento latinoamericano.
Al debate sobre la interdisciplina han concurrido los aportes del contexto social y político
en los debates académicos. la discusión académica en el posgrado ha sido estimulada por
la recurrencia en América latina de crisis de las instituciones y las ideologías, la aparición
de diversos movimientos sociales de ciudadanos, indígenas, de trabajadores sin empleo, de
lucha por la reforma agraria, de crítica de la globalización neoliberal, de nuevas propuestas
de artistas populares, etcétera, que han puesto de nuevo sobre la mesa académica el debate
sobre las potencialidades de la interdisciplina en la perspectiva de cuestionar el empirismo y
la fragmentación del conocimiento, recuperar la teoría social crítica y propiciar un análisis ex-
haustivo y a fondo del porqué de la debilidad y crisis de nuestras instituciones, del porqué de
nuestros problemas, tendencias y particularidades latinoamericanas del presente, análisis por
medio de la utilización conjunta y combinada de dos o más disciplinas, para enfrentar tanto la
hegemonía ideológica conservadora proveniente de las elites dominantes nacionales y sobre
todo extranjeras. desarrollo, democracia, instituciones, luchas sociales, crisis, modernidad,
multiculturalismo, multisocietalidad, integración, sociedad plural, imaginario, creación artís-
tica y literaria, historicidad, ideologías propias, son temáticas centrales de nuestra época que
exigen un pensamiento interdisciplinario crítico que les dé una explicación desde el horizonte
del desarrollo social, de recuperación del espacio público, de la construcción de la ciudadanía,
la refundación del Estado multinacional y multiétnico, propuestas que diferen sobremanera
de las concepciones que la ideología de mercado propone sobre esos mismos temas y que en
lugar de desarrollo propone equilibrio macroeconómico. en lugar de agenda política autóno-
ma y popular propone planes tecnocráticos de asociación subordinada, en vez de modernidad
enfatiza en la modernización, en lugar de reconocer las relaciones de poder implícitas en el
multiculturalismo propone un reconocimiento de la diversidad de mercado, y en vez de demo-
cracia participativa ciudadana, propone la ingeniería electoral poliárquica.
el primer campo de conocimiento del programa, el de historia, historiografía y sociedad,
ha logrado conjuntar historiadores con economistas, politólogos y latinoamericanistas. las
líneas de investigación están orientadas a la recuperación de la historiografía latinoamericana,
de la historia política y social y la de las relaciones internacionales de América latina. en las
reuniones del campo se ha puesto énfasis en que la historia social de América latina retome
la tradición de sergio Bagú, expresada por ejemplo en sus textos sobre la historia colonial
que interrelaciona la colonialidad política con la economía, la población, las ideologías y los
nacionalismos en América latina.
en el campo que estudia los problemas relativos a la formación estructural, el desarrollo y
la integración de América latina, quedó claro que dichos asuntos se relacionan con las opcio-
nes y decisiones políticas de las elites dirigentes de los estados, de participar de determinada
manera en la división internacional del trabajo para procurar una determinada reinserción en
la globalización en curso, y no son cuestiones sólo económicas, sino, ante todo, son resultado
de una correlación y lucha de fuerzas histórico-políticas nacionales e internacionales las que
generan que prevalezcan patrones de desarrollo y determinadas políticas económicas. Por lo
luCio fernAndo oliver CostillA £ 137
mismo conllevan la necesidad de tener una apreciación sobre el estado y la política, por
lo que el uso de la disciplina económica se ve obligado a conjugarse con la sociología y la cien-
cia política, a fn de determinar el carácter de las opciones políticas que sustentan la reforma
del Estado, los ajustes estructurales, las relaciones con las elites y las instituciones fnancie-
ras, las políticas internacionales de defensa de la soberanía en foros y organismos mundiales,
la defnición frente a las políticas exteriores de los Estados Unidos, etcétera. En este campo
de conocimiento participan economistas, sociólogos, politólogos y latinoamericanistas, mis-
mos que están construyendo una visión conjunta sobre la situación de la región. las líneas
de investigación incluyen el debate sobre las teorías y concepciones del desarrollo, la crisis y
la reestructuración actual del capitalismo, las continuidades y los cambios en la sociedad
rural, la regionalización y los procesos de integración, los procesos laborales y de la nueva
situación del trabajo, el debate sobre medio ambiente, género, infancia, educación, ciencia,
tecnología y desarrollo. de hecho, ninguno de estos temas podría abordarse desde un punto
de vista exclusivamente disciplinario.
el campo que estudia el estado y la sociedad conlleva una visión articulada de la sociedad
política y de la sociedad civil, por lo que prevalece la visión conjunta de la ciencia política y
la sociología, lo cual se expresa también en el estudio de la relación mutuamente condicio-
nante y determinante de las instituciones, los procesos políticos y los movimientos sociales.
incluye incluso un acercamiento de la antropología política, la comunicación social y la geo-
grafía política. Antes de existir como campo único los investigadores se dividían entre los
politólogos y juristas que estudiaban las instituciones y los sistemas jurídicos, políticos y
los sociólogos que se dedicaban al análisis de los procesos políticos y los movimientos so-
ciales. los debates entre los investigadores concluyeron qué instituciones, procesos y movi-
mientos sociales están directamente relacionados y que es justo la crisis de las instituciones lo
que crea las condiciones y el impulso para que los movimientos sociales presenten y luchen
por una agenda política amplia legitimada en la sociedad. Hoy los politólogos, juristas, so-
ciólogos del programa trabajan juntos en una perspectiva interdisciplinar que se alimenta de
los aportes de la flosofía política, de la comunicación social que enfatiza en el estudio de las
ideologías, de la antropología política, de la sociología y de la ciencia política. este campo es
interdisciplinar en el más amplio sentido y no signifca que los investigadores adscritos a una
disciplina se conviertan en todólogos, sino que conjunten esfuerzos por entender los aspectos
que se relacionan con la crisis del estado y las instituciones, la pérdida de gobernabilidad,
los condicionamientos de las políticas económicas neoliberales, el nuevo papel de las buro-
cracias políticas y de los partidos políticos mediáticos en relación con los poderes sociales
de los grupos fnancieros y económicos transnacionales, el debilitamiento de las ideologías
tradicionales y los problemas de la construcción de una perspectiva política sólida en los
movimientos sociales y políticos en lucha y con papeles protagónicos. esta perspectiva no
puede darla sólo la ciencia política o la sociología so pena de caer en análisis parciales o for-
males que no atienden a las coyunturas y a la dinámica de las fuerzas de la realidad. Hay en
ello una crisis de las disciplinas en cuanto a su capacidad de dar cuenta de fenómenos como
los señalados y, por el contrario, la conjunción de varias disciplinas cercanas abre las vías a
explicaciones más completas.
las líneas de investigación primordiales de este campo atienden a la crisis de hegemonía
en el estado, a las luchas de la sociedad civil por recuperar los espacios públicos y la ciudada-
nía, así como a los negativos procesos de putrefacción de algunos estados latinoamericanos.
138 £ lA interdisCiPlinAriedAd en los estudios lAtinoAmeriCAnos...
sus análisis son referidos a la constitución y crisis del estado latinoamericano, sus rasgos his-
tóricos y transformaciones resultado de la globalización, los regímenes y sistemas políticos,
la cultura política, la crisis de gobernabilidad, los nuevos actores y movimientos políticos y
sociales, las nuevas formas de organización y participación social, la cuestión de la violencia
política y social y los procesos de fragmentación y vaciamiento democrático del estado, la
nueva dimensión de la seguridad pública y nacional y de los derechos humanos, entre otros.
lo mismo podríamos señalar en el campo de cultura, arte y literatura, el cual incluye el tra-
bajo de sociólogos, politólogos, antropólogos, flósofos, literatos y latinoamericanistas, para
estudiar a profundidad las diversas formas de cultura y la crisis del monoculturalismo, así
como para desarrollar una perspectiva que va más allá de los estudios culturales relacionados
con las corrientes culturalistas dominantes en europa y estados unidos, y que aborda los pro-
blemas de la cultura sobre todo como problemas políticos y sociales de una poscolonialidad
y de una nueva sociedad plural y de diversidad cultural. se está desplegando en este campo
una crítica de las perspectivas interdisciplinarias culturalistas que sobre la base de recuperar
la cultura plantean una superioridad de la disciplina antropológica sobre la sociología, la
ciencia política y la economía, menospreciando así los aportes que estas disciplinas pueden
dar en tanto se respete su rigor científco y su jerarquía simétrica con las demás en el campo
de la ciencias sociales. las líneas de investigación analizan las diversas formas de existencia
cultural en las sociedades latinoamericanas y su relación con los procesos sociales y grupales,
los problemas de género y etnicidad, la cuestión de las políticas de homogeneidad que histó-
ricamente atentaron contra nuestra diversidad cultural: la cultura de elite, la cultura popular
y la cultura de masas; el nuevo papel de los medios de comunicación, las nuevas luchas por
defnir identidades culturales, la relación entre la cultura, la ideología y la política, los nuevos
horizontes de la creación intelectual y artística; la relación entre literatura, historia y sociedad,
la teoría y la crítica literarias: su historia, los géneros literarios y las formas discursivas, las
categorías de análisis y crítica literaria y, por último, los horizontes de la formación intelec-
tual, de los imaginarios y las representaciones simbólicas.
El campo de la flosofía, historia de las ideas e ideologías, también conlleva el trabajo con-
junto de flósofos, historiadores y sociólogos. Las líneas de investigación abordan la historia
de las ideas, el pensamiento flosófco y la flosofía política de América Latina. A ello se ha
añadido recientemente el estudio complejo de las ideologías y su papel en la historia y en la
dominación y liberación latinoamericana.
Podemos concluir este largo recuento de los debates al interior de los cinco campos de
conocimiento del Programa de estudios latinoamericanos, señalando que en el posgrado la
interdisciplina está abriéndose paso como la vía del conocimiento renovado y complejo de
la realidad latinoamericana y que su buen uso está sujeto a la comprensión de que no se trata
de crear intelectuales todólogos ni simplemente de unir disciplinas (la multidisciplina) para
entender los fenómenos, sino de un trabajo serio y articulado entre disciplinas afnes que pue-
den compartir presupuestos epistemológicos, metodológicos y teóricos siempre que incluyan
un debate interno de la epistemología, la metodología y las categorías que comparten y de lo
que las diferencian. ese es el proceso que actualmente está llevándose a cabo en el innovador
campo de los estudios latinoamericanos de la universidad nacional Autónoma de méxico.
luCio fernAndo oliver CostillA £ 139
Cultura, polítiCa y antropología
143
Recepción y ritual positivista franco-brasileño
de un icono femenino mexicano
ricardo Melgar Bao*
no es novedad decir que doña Marina, más conocida como “la Malinche”, ha sido y sigue
siendo uno de los personajes más controvertidos de la historia de México, habiendo nutrido
una frondosa producción bibliohemerográfca e iconográfca. Figura mítica, legendaria e his-
tórica que ha gravitado en diversos imaginarios, confundiendo sus símbolos y sentidos.
Un nuevo ciclo vive la Malinche en el imaginario intelectual y de la población letrada.
Durante los últimos ocho años se han generado nuevas lecturas históricas, narrativas y teatra-
les dentro y fuera de México; lo refrendan las siguientes publicaciones: la novela Malinche
de laura Esquivel,
1
la pieza teatral del mismo nombre de Víctor Hugo Rascón Banda,

el
texto de Edward rosset,
3
el ensayo sobre la identidad de Juan Miralles,
4
el de corte histórico
Malinche’s Conquest de la escritora australiana Anna Lanyon, la biografía de Luis Rutiaga

y un escrito para divulgación de tere de las Casas,

entre otras. Durante estos últimos años la
Malinche se ubica en el centro de un abanico de relecturas críticas, simbólicas, literarias.
Situaremos nosotros a la Malinche fuera de México y en otro siglo. Poco sabemos acerca
del proceso de la recepción simbólica e ideológica de la Malinche entre mediados del siglo
xix y principios del xx. En tal dirección abriremos una restringida e interesante aproximación
sobre la apropiación de doña Marina y de los discursos sobre lo femenino y la mujer en el
imaginario positivista en dos ciudades lejanas entre sí, París y Río Janeiro. Augusto Comte
(1798-1857), Luciano Biart (1829-1897) y Miguel Lemos (1854-1917) desempeñaron un
papel de primer orden en la conducción de tal proceso.
Esta peculiar apropiación extranjera de tan singular fgura femenina mexicana, en cierto
sentido transgredió dos órdenes, el del poder y la identidad en tiempos del porfriato. Por un
lado, la actualizada Malinche de fnales del novecientos comenzaba a distanciarse de la moda
aztequista del nacionalismo cultural, lo expresó su presunta fliación istmeña o tabasqueña,
a veces cubana. Quizá por lo anterior, entre otras razones caras a la pedagogía cívica liberal,
* Doctor en estudios latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la unaM. Profesor de asigna-
tura “a” de la unaM, en el Colegio de Estudios Latinoamericanos. Investigador Titular “C”, tiempo completo,
en el área de Antropología Social del Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah), Centro inah-More-
los. Investigador Nacional Nivel II del Sistema Nacional de Investigadores, Conacyt.
1
laura Esquivel, Malinche. México, Suma de Letras, 2006.

Víctor Hugo Rascón Banda, La Malinche, Son de teatro, México, Plaza y Janés, 2000.
3
Edward rosset, Malinche, Narrativas históricas Edhasa, Barcelona, Edhasa, 2004.
4
Juan Miralles ostos, La Malinche, raíz de México, México, Tusquets, 2004.

luis rutiaga, Malintzin, México, Grupo Ed. Tomo, 2004.

tere de las Casas, La Malinche, Colección biografías para niños, México, Selector, 2004.
144 £ RECEPCIóN y RITUAL PoSITIVISTA FRANCo-BRASILEño...
doña Marina, nuestra familiar Malinche, apareció cumpliendo un papel disidente a contrapelo
de la exaltación literaria y escultórica de Cuauhtémoc y Cuitláhuac en la ciudad de México.
La resignifcación positivista prefrió adscribir a doña Marina a un ámbito liminar amerin-
dio ajeno a su territorio originario, es decir, situado en los lindes de la frontera lingüística y
etnocultural, para exaltar sus virtudes femeninas más universales.
El mirador francés: Augusto Comte
particularizaremos nuestra lectura a partir del seguimiento de algunas marcas culturales en el
itinerario biográfco de Auguste Comte, el fundador de la escuela positivista y para muchos
de la sociología, así como de una obra señera dedicada a doña Marina, debida a la pluma de
Luciano Biart, el viajero, escritor y naturalista francés.
En este acápite nos dedicaremos a presentar un cuadro de referencia puntual sobre augusto
Comte, entre la modelación de lo femenino y la aparición de su lectura sobre doña Marina.
Nuestro pensador fue marcado por sus dos experiencias más signifcativas frente a las muje-
res, a través de sus dos parejas y sus inesperadas crisis. Una y otra féminas en diferenciados
momentos de la vida del sociólogo francés coadyuvaron en la confguración de una densa
dicotomía que fltró sus representaciones de género y su vida. y por si fuera poco, dado el pa-
pel protagónico de Comte en el seno del movimiento positivista, sus ideas celebratorias de lo
femenino ideal impactaron en la construcción de su calendario ritual, aquel que rigió la vida ce-
remonial de los positivistas en las diversas ciudades del mundo donde lograron echar raíces.
Más oscuros y controversiales resultaron los vínculos del joven Comte con la tradición
saintsimoniana, la cual había alimentado en París y en muchos escenarios europeos la idea de
un liderazgo compartido entre el hombre y la mujer, entre el “Pére” y la “Mére”. El primero,
suponía la existencia de una fgura solar y virtuosa emergida de los escenarios del saber y la
moral popular de la Europa occidental que debía prepararse para ser ungida para una magna
tarea regeneracionista en el mundo. La segunda refería la existencia de una mujer sabia y
virtuosa que debía ser buscada y hallada por los mensajeros y viajeros saintsimonianos en los
confnes del oriente. La conjunción de lo masculino occidental y lo femenino oriental en la
pareja guía de la humanidad, daría inicio a una nueva era de hermandad, equidad, sabiduría.
Huella de ello aparece en la obra señera de Flora Tristán (1803-1844), la conocida utopista
franco-peruana.

Sin lugar a dudas, al joven Comte le había tocado vivir una atmósfera ideológica donde
estaban en revisión los papeles de la mujer y del hombre en los espacios públicos y privados;
también sus respectivas representaciones y símbolos. No fue casual que nuestro intelectual
fuese trazando paulatinamente sus propias coordenadas sobre lo femenino, sin renunciar a
ciertos anclajes saintsimonianos.
El año de 1826 Comte, tras haber iniciado un exitoso ciclo de conferencias en París, tuvo
que suspenderlas presa de un cuadro de locura que se prolongó durante un año. Su primera
esposa, Carolina Massin, ejercía la prostitución; según unos, Comte quería redimirla, según

Flora Tristán, Peregrinaciones de una paria, Viajeros en el Perú, 1. ser, 1. Lima, Editorial Cultura An-
tártica, 1946.
RICARDo MELGAR BAo £ 14
otros, ella sostenía la economía del hogar o coadyuvaba sustantivamente en ella. El año 1828,
Comte, coincidiendo con el reinicio de su curso, se divorció de su Carolina a la que llamó
a partir de entonces “indigna”, temeroso de sus cómplices excesos. Las mujeres quedaban
situadas en el pensamiento de Comte en una frontera maniquea: dignas e indignas. El pensa-
dor francés, además de vivir su dramática crisis de pareja, resintió el peso de otros eventos
situados entre la trasgresión de la ley y la ruptura ideológica. Al mismo tiempo que nuestro
personaje fue encarcelado por su tenaz oposición a ser enrolado en el ejército, rompió ideo-
lógicamente con el pensamiento liberal, deudor de la libertad de los espíritus. El Comte posi-
tivista se fue dibujando así como fgura protagónica de una nueva corriente del pensamiento
occidental posliberal.
En 184 Comte conoció a Clotilde de Vaux, enamorándose de ella hasta su trágico dece-
so, un año más tarde. La imagen de Clotilde se convirtió en obsesión veneracional por parte
de Comte e incidió en el curso de sus escritos y en su propia existencia. Los giros de vida y
pensamiento no siempre fueron tan trasparentes mirados desde las claves del género. En el
sociólogo francés, todo indica que sí.
En 1852, Comte convirtió su flosofía en un sistema religioso. Instituyó un abigarrado
santoral positivista, y una gama de “rituales científcos” propios de la denominada Religión
de la Humanidad, y cumplidos en los llamados también templos del saber.
Por esos años Comte condenó al feminismo de su época, prefriendo recrear el orden pa-
triarcal para otorgarle un lugar contradictorio a la mujer en su visión reformista de la huma-
nidad. En un plano más general y abstracto, la concepción comtiana de la religión positivista
y su armónica coalición de factores dota a las claves del género de cierta relevancia. En el
pensamiento de nuestro autor, las leyes de la inteligencia aparecieron vinculadas a su visión
de la masculinidad, las de la física al llamado “sexo activo”, las de la moral al sacerdocio
y las afectivas al reino de lo femenino. Sostenía que el hombre piensa y resuelve lo que la
mujer le inspira sentimentalmente. Razón y corazón guardan una estrecha y armónica unidad.
Consideraba que en el juego de equilibrios sociales, el sacerdote y la mujer asumían respec-
tivamente las condiciones de “elementos esenciales del verdadero poder moderador, a la vez
doméstico y cívico”.
8
Durante el proceso de construcción del santoral positivista en el cual tuvo lugar privi-
legiado nuestro pensador, apareció fanqueado, entre otros santos, por dos selectas fguras
femeninas como Juana de Arco y la Malinche, símbolos de esa oposición binaria que también
atravesó a sus amores terrenales, es decir, los conferidos en sus respectivos tiempos a su puta/
esposa y a su esposa/venerada. Los rostros de la dignidad femenina se fueron ensanchando al
ritmo de la construcción ritual.
Esta escisión en el pensamiento y la vida de Comte tiene muchos espejos y, a veces, queda
restaurada sutilmente gracias al erotismo. La correspondencia de Comte con Clotilde de Vaux,
a lo largo del “año sin igual” (184), le hará decir a alain, uno de los primeros estudiosos de
su vida y obra: “¡pero si estamos leyendo Les nuits de Musset!”,

lo cual no es poca cosa en
8
De Catecismo Positivo, citado en: Ana C. Conde, “La religión de la Humanidad ¿Culminación del sistema
positivo?”, p. 15. serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/conde36.pdf, consultado el 17/10/2007.

Jacques Muglioni, “auguste Comte”, Perspectivas: revista trimestral de educación comparada (París)
núm. 1, unesco, marzo de 1996, p. 225; Véase también: Alain, Sentiments, passions et signes, capítulo XLVIII;
Idées [Ideas], París, Paul Hermann, 1939.
14 £ RECEPCIóN y RITUAL PoSITIVISTA FRANCo-BRASILEño...
materia erótica. El deseo y la veneración no están reñidos. La frondosa correspondencia de
Comte puede decir mucho al respecto de sus objetos de deseo y en particular acerca de sus
representaciones sobre las mujeres y lo femenino.
10
Fue el mismísimo Comte quien al incorporar a doña Marina en su calendario histórico le
otorgó una inusual y sorprendente carta de legitimidad en la expandida legión de los segui-
dores de la Religión de la Humanidad. Si el santoral católico tenía siete marinas santas, entre
vírgenes y esposas mártires dispersas entre Europa y el África, el santoral positivista sólo
tendría una, nuestra Malinche.
las razones de auguste Comte para elevar a la Marina mesoamericana a la condición
de mujer venerada, nos revelan los inconfundibles trazos de una visión occidental de tintes
paternalistas hacia los indígenas mexicanos y, por extensión, del continente. El 26 de julio de
1855, el fundador del positivismo le dirigió a su amigo Edger una carta en que le decía: “La
ampliación que acabo de hacer, para la séptima edición del Calendario positivista, de la ad-
mirable india Marina, como adjunta de Juana de arco, deberá fortalecer, en tiempo oportuno,
gérmenes de adhesión en la infeliz raza mexicana, al sentir que se ocupan de ella en París”.
11
Fecundo juicio comtiano sobre la Malinche, el cual abriría muchas entradas a pocos años
de que se produjese la invasión francesa a México. La centralidad que tuvo la ciudad de París
en la construcción de los nuevos iconos y cultos positivistas se dio como un hecho. Desde
allí se recuperó comtianamente la imagen de la Malinche como doña Marina, signada por su
ostensible indianidad mexicana a la cual había que tenderle un simbólico gesto de condescen-
dencia civilizatoria. Ver a la Malinche en el santoral positivista sembraría, ni más ni menos,
los buenos “gérmenes” de adhesión en la “infeliz raza mexicana”. La lógica de la contamina-
ción ideal propuesta por Comte para la raza mexicana corría paralela al auge decimonónico
de las concepciones y programas higienistas para abatir los malos agentes patógenos que
reinaban sobre los cuerpos, objetos, lugares, aguas y aires. El llamado “despotismo sanitario”
estaba a la alza.
Marina y Juana de Arco proyectaron en sus límites, unidad y jerarquía, las tensiones de lo
femenino representado en el imaginario positivista. Fue así como Marina llenó un vacío de
género y lugar cultural en el proyecto ecuménico del positivismo mundial. En lo general, las
mujeres en el imaginario positivista oscilaron entre el reconocimiento a las que destacaron en
alguna disciplina científca y las que de manera invisible y silenciosa coadyuvaron en favor
del brillo de los grandes e ilustres varones del positivismo.
la presencia de las mujeres en el santoral positivista, reducidas en número frente a la he-
gemonía abrumadora de los santones positivistas, no haría más que reafrmar la dualidad de
su representación, entre la excepcionalidad de sus cultivadas virtudes y logros intelectuales, y
los dones innatos de sus bellos y solidarios sentimientos. En el pensamiento de Comte resul-
taba visible un anclaje biologicista que en la actualidad difícilmente podría ganar auditorio,
así afrmaba que la inteligencia de la mujer se localizaba en su útero y que de allí derivaría su
incapacidad para cuidar de la casa y pensar simultáneamente. La mujer positivista, atrapada
en el falso dilema comtiano, al optar por uno u otro camino, se dislocaba de su lugar ideal. Así
10
Correspondance générale [Correspondencia general], 8 volúmenes, archives positivistes, Mouton,
1973; París, Vrin, 1984.
11
Citado por Miguel Lemos en Luciano Biart, Marina uma pagina da historia do México, Río de Janeiro,
1900, Apostolado Positivista do Brazil núm. 201, infra, p. 50.
RICARDo MELGAR BAo £ 14
las cosas, la educación positivista que pretendía armar un nuevo orden para la mujer, en reali-
dad les ofrecía, matices más, variantes menos, más de lo mismo. Sin embargo, la apropiación
femenina del discurso positivista en américa latina trajo inéditas alternativas de equidad de
género en materia educativa.
La Marina de Luciano Biart
Luciano Biart, después de una prolongada estancia y recorrido por tierras mexicanas durante
los años de 184 a 18, rescató la imagen seductora de doña Marina a través de las páginas
de la Revue Deux Mondes. Biart publicó muchos escritos sobre México: “Les mexicaines”
(1853), “Benito Vásquez” (1869), “Les Azteques” (1885), por citar algunos;
1
pero el que
escribió dedicado a doña Marina fue el que tuvo mayor eco, quizá por su eslabonamiento con
la construcción del santoral positivista.
Años más tarde, F. Medeiros Germano, un “confrade” brasileño, se abocó a la traducción
del francés al portugués del texto de Biart. Subrayó la parquedad de los cronistas sobre doña
Marina, así como el silencio de Hernán Cortés en sus Cartas de Relación… la fuente prin-
cipal en la que abrevó Biart acerca de doña Marina fue la obra magistral del cronista Bernal
Díaz del Castillo.
Biart consideraba que Cortés, sin el apoyo de Marina como conocedora e intérprete del
maya y del nahua, hubiese caminado a tientos, como “ciego” en la empresa de la conquista.
¿Por qué Biart comparó la ausencia de una lengua con la pérdida de la visión? La imagen
metafórica no es gratuita, nos revela el fuerte eslabonamiento de sentido entre la tradición
letrada y la vista. Sin el dominio de la lectura y del arte especializado de la traducción, no es
posible ver al otro, “mirar” la otredad en sus fortalezas y debilidades, máxime cuando se trata
de narrar los inicios de un proceso colonial propio del siglo xvi. Biart destacó que Marina
experimentó varios órdenes sociopolíticos y culturales, de “princesa” pasó a esclava y luego
a compañera y consejera de Hernán Cortés.
Biart inventó un disloque civilizatorio mesoamericano, entre los mayas y los aztecas,
a favor de los primeros. El asunto tenía que ver con las prácticas sacrifciales humanas de
los aztecas, repudiadas por los mayas tabasqueños y por la propia Marina. La adhesión al
cristianismo de la istmeña, en la versión de Biart, la convirtió en una exitosa propagandista
de cierta idea milenarista acerca del advenimiento de los nuevos tiempos que darían fn a
los sacrifcios humanos. El presunto rechazo de Marina a toda forma de crueldad social, le
permitió a Biart convertirla en “joven heroína” de una deseable empresa civilizatoria y no
en una “traidora” a su raza o a su pueblo, por otro lado, escindido y confrontado. Lemos, en
una apostilla a la edición brasileña de la obra de Biart, disintió con él al comparar a Marina
con Valliére, reclamando mayor proximidad modélica con las insignes fguras de Juana de
Arco y la propia Eloísa.
El referente civilizatorio avanzado está personifcado en la Marina de Biart, situado en el
más crudo y “cruento cuadro de la Conquista de México”. Así los argumentos, Marina quedó
1
Véase “Biart, Luciano”, en Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana 8, Madrid, Espasa-
Calpe, 1988, pp. 586-587.
148 £ RECEPCIóN y RITUAL PoSITIVISTA FRANCo-BRASILEño...
ennoblecida, dignifcada y humanizada distanciándose de los excesos de toda violencia colo-
nial, asumiendo “los derechos siempre desconocidos en las horas de las luchas violentas, de
la justicia y de la humanidad”.
13
El biógrafo francés desplegó otras imágenes más caras al romanticismo que al positivis-
mo, a fn de exaltar los referentes femeninos de doña Marina. Para tal fn, apeló a tres simbó-
licas claves: for, ave, fuente.
[…] for de corola resplandeciente de la que exhala grato perfume, ave de melodioso
cantar y de brillante plumaje, “cristalina fuente, cuyas aguas murmuran y gimen”.
14
Visibilidad brasileña e invisibilidad mexicana
la recepción positivista de la Malinche, veremos que trascendió al propio Comte, y reveló
los caminos no siempre convergentes de las fguras incorporadas al santoral positivista. El
camino brasileño fue más generoso con la Malinche que el seguido en México. Este contraste
considerémoslo un hecho sorprendente al ser valorado desde nuestro mirador mexicano.
En el último cuarto del siglo xix, en el Brasil muchas “meninas” integrantes de las colec-
tividades positivistas de las ciudades de Río de Janeiro y de São Paulo, adoptaron el nombre
de Marina como propio, según el decir del positivista Miguel Lemos. Una y otra vez, las
hijas brasileñas de augusto Comte mostraron su predilección por el nombre de Marina en
las ceremonias de presentación celebradas en el principal Templo de la Humanidad de la
Iglesia Positivista del Brasil, con sede en la Rua Benjamín Constant Nº 30 en Río de Janei-
ro.
1
Era la natural resultante de la buena y atractiva imagen de esta indígena mesoamericana.
las Marinas brasileñas se sintieron réplicas simbólicas de la Marina primordial, la istmeña
mesoamericana fel amante, traductora y aliada del conquistador Hernán Cortés.
Si el saber acerca de las lenguas no fue desdeñable para el mirador positivista decimonó-
nico, Marina debió ser erigida como un valor-signo transoccidental. Pero no fueron estas las
razones comtianas ni las de los positivistas latinoamericanos, sino su condición primaria de
femenina lealtad. Miguel Lemos, el pensador positivista brasileño fliado entre los ortodoxos
comtianos y vinculado al más selecto grupo positivista parisino, escribió una “advertencia”
al ensayo biográfco de Luciano Biart sobre la Malinche, allí nos traza su propia caracteriza-
ción de doña Marina como uno “de los más sublimes ejemplos de la dedicación femenina”.
1

Lemos consideraba la vida de Marina propia de una trama novelesca, en la que la anti-heroína
en su entrega amorosa a Cortés se convirtió en objeto de la ambición de dominio del conquis-
tador. Lo que hizo crecer la fgura de Marina, al decir de Lemos, fue su capacidad de entrega
y resignación a pesar del engaño de que fue objeto tanto por Cortés como por la religión
inculcada por los sacerdotes católicos. Las palabras de Lemos se acrecientan si recordamos
que no era un personaje menor dentro del positivismo internacional. En París Lemos había

13
Biart, op. cit., p. 13.
14
Ibidem, pp. 11-12.
1
Miguel Lemos, “Advertencia”, en Luciano Biart, op. cit., p. 5.
1
Idem.
RICARDo MELGAR BAo £ 14
roto lanzas contra su maestro Laffte, acusándolo de traidor a los preceptos comtianos, y era
muy bien visto en los círculos positivistas latinoamericanos.
1
Si los centenares de Marinas brasileñas y de otros países donde caló la Religión de la
Humanidad dislocaron el peso del estigma de la Malinche, ¿qué acontecía en los marcos de
la intelectualidad positivista mexicana? la Revista Positiva, el principal vocero del positi-
vismo nacional entre los años de 1900 y 1901, es decir, durante los dos primeros años de
existencia, no hizo eco de esta lectura y recepción simbólica de doña Marina, aunque sí dio
espacio para signifcar lo femenino, asunto que reseñaremos críticamente. La propia indiani-
dad careció de simbólico soporte femenino, la estatuaria y la pedagogía cívica prefrieron con
algunas tensiones a las fguras masculinas de Cuauhtémoc, Cuitláhuac, Moctezuma.
De otro lado, José Rodríguez M. condensaba la mirada positivista sobre lo femenino al su-
marse al homenaje rendido el año de 1900 por la Academia de Ciencias de París a tres mujeres
dedicadas a la ciencia: a madame Curie con el premio gegner por sus logros y aportes a la
química, el cual ya le había sido conferido en 1898; a la condesa de Lunden con el premio Da
Gama Machado por sus estudios en zoología (alas de mariposas) y a mademoiselle Joteyko por
sus investigaciones en fsiología experimental (fatiga muscular y nerviosa), el premio Montyon.
José Rodríguez evocó que dicha academia había ya distinguido con un premio a madame Sofía
Kovalewsky por sus estudios matemáticos.
18
Así, las mujeres intelectuales más destacadas, in-
gresaron simbólicamente a las flas de la nobleza cultural de la academia patriarcal positivista.
La dedicación a la ciencia de estas destacadas mujeres del mundo académico aparecía en
el imaginario de los positivistas como loable dada su excepcionalidad, por lo cual se les cedía
un lugar simbólico. Sin embargo, el sentido fuerte de la construcción positivista de la imagen
de la mujer reveló una inconfundible marca patriarcal. Uno de los pensadores positivistas
más relevantes del continente, el chileno Juan Enrique lagarrigue (18-1), sintetizó esta
visión en un acápite de un extenso ensayo publicado en la Revista Positiva de México. La
caracterización de la mujer realizada por Lagarrigue fue próxima a la que signifcaba a doña
Marina. Leamos a Lagarrigue en sus propios términos: “La mujer es la fuente de la virtud. Su
existencia se distingue por sus nobles afectos. olvidándose a sí misma, vive para los demás,
y halla en ello su mayor felicidad”.
1
Así la lógica sobre el sentido de la mujer como entrega sacrifcial en aras del bienestar pa-
triarcal fue esencializada como una virtud de género. La mujer inventada por los positivistas
justifcó su subalternidad sentimental frente al varón pleno de razón.
la lectura de Juan pablo lagarrigue sobre la simbólica inserción de la mujer en la hu-
manidad manifestaba, por un lado, su deslinde realista sobre la existencia social frente a las
explicaciones trascendentalistas religiosas, y por el otro, proponía una peculiar axiología en
que le otorgaba a la mujer una sensibilidad de primer rango:
1
El año de 18, Miguel lemos, al lado del positivista chileno lagarrigue, juraron ante la tumba de Com-
te en París defender ardientemente su legado. Véase “Lemos, Miguel”, en Enciclopedia Universal Ilustrada
Europeo-Americana 29, Madrid, Espasa-Calpe, 1988, p. 1565.
18
José Rodríguez, “Las mujeres y la Academia de Ciencias de París”, Revista Positiva, México, núm. 4, 1
de abril de 1901, pp. 144-148.
1
Juan Enrique Lagarrigue, “La Religión de la Humanidad”, Revista Positiva, México, núm. 19, 1 de julio
de 1902, p. 295.
150 £ RECEPCIóN y RITUAL PoSITIVISTA FRANCo-BRASILEño...
El positivismo al reconocer a la Humanidad como el único Ser supremo real, lo per-
sonifca en la mujer. Siendo el amor el atributo fundamental de ese Ser Supremo, nada
más justo que esta personifcación, pues la mujer encarna, por su bella índole, las tres
facultades altruistas del alma, el apego, la veneración y la bondad, que han hecho posible
la cooperación social a través de los siglos.
20
Una refexión al cierre
la estetización y naturalización del cuerpo femenino y su segunda y tercera piel en clave
positivista, apareció en contradicción con su moderna manera de concebir la historia de la
humanidad. El cuerpo real objetivado deifcó a la mujer, ubicándola en su lugar subalterno
de reproductora natural de la cooperación social desde su sacralizado nicho familiar como
esposa/madre. De otro lado, la mirada positivista evadió parcialmente la materialidad del
cuerpo femenino salvo lo inventariado, clasifcado y construido por el discurso médico e
higienista que además pretendía normar tanto como la moda, la segunda piel femenina (indu-
mentaria exterior e íntima). Signar al útero como depositario de la inteligencia femenina y de
sus desajustes en los órdenes domésticos y públicos operó como una creencia, distanciada
de las preocupaciones médicas e higienistas sobre el mismo. Agreguemos que la presunta
virtud amorosa de la mujer, es decir, la piel del alma femenina en la añeja visión dicotómica
del ser humano, “encarna” (sic) según el mirador positivista sus tres modos de ser altruista
(apego, veneración y bondad).
En lo general, la lectura esencialista de la mujer propuesta por Comte, Biart, Lagarrigue
y aun Lemos, reprodujo a trazos generales la línea de continuidad del pensamiento comtiano
parisino y latinoamericano, matices e infexiones aparte. Sin embargo, la presentación simbó-
lica de doña Marina, debió abrir lecturas distintas, variadas, encontradas o convergentes. Las
posibilidades de sentido del símbolo sólo las pueden dar sus interlocutores. ¿Qué dirían de la
Marina primordial los padres y padrinos de las marinas bautizadas? ¿y ellas mismas, con los
años acaso dejaron huellas de su doble identidad? las preguntas son una buena frontera para
no ingresar al territorio minado de la historia conjetural, pero sí para dejar dibujadas algunas
de sus posibilidades.
la historia social del positivismo tiene muchas entradas y salidas, muy pronto volveremos
sobre ella, desde el exilio intelectual y político femenino en la América Latina novocentista,
pero eso ameritará otra entrega.
20
Ibidem, 295-296.
11
Las etnias hablan por la nación*

(Bolivia: a propósito
de los sucesos de octubre 2003)
Mario Miranda Pacheco**
terminada la guerra de independencia en lo que es hoy américa latina, la marginación y
opresión de considerables comunidades étnicas y sectores sociales ingresó a una nueva fase:
la formación de naciones modernas. En ese proceso inacabado —iniciado en tiempos de la
Colonia e intensifcado en el siglo xix— el Estado poscolonial impuso diversas normas de
exclusión y discriminación que hoy, a través de todos los medios, impugnan los pueblos origi-
narios e indígenas. Al respecto, es ilustrativa la experiencia política de los últimos años en tres
países del área andina (Bolivia, Perú, Ecuador), que tienen altas tasas de población autóctona.
Desde esta perspectiva, me referiré de manera sucinta a algunos aspectos de la formación o
creación/invención de “la nación boliviana”, para luego comentar brevemente los sucesos de
octubre del año 2003, que, a mi juicio, explican el desencuentro del Estado boliviano con las
etnias del país, las cuales, a partir de entonces, hablan de “refundar” la república y plantean
la urgencia de construir un Estado plurinacional.
I
¿Es América Latina un conjunto de naciones inventadas? Esta pregunta tiene su respuesta en
el mundo de la historiografía. Connotados historiadores de América Latina señalan que las
historias “ofciales” de la región descuidan asuntos altamente signifcativos para el conoci-
miento de nuestro pasado, que sin duda debe ser amplio y profundo para tener una visión más
objetiva de los problemas del presente. En este señalamiento está implícita una crítica a la
forma en que se escribe la historia “general” de los países de la región, usualmente subordi-
nada al relato selectivo de hechos políticos notables.
* Las primeras anotaciones de este trabajo (que es parte de un proyecto de investigación), fueron leídas
como ponencia en el Congreso internacional “la nación en américa latina: de su invención a la globalización
neoliberal”, organizado por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (Instituto de Investigacio-
nes Históricas) y Universidad Nacional Autónoma de México (Colegio de Estudios Latinoamericanos. Fac. de
Filosofía y Letras y Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos), Morelia, mayo 24 a 28, 2004. Para
esta publicación, el autor ha introducido pocos cambios de redacción y ha incorporado información pertinente
de acuerdo con los hechos políticos más signifcativos, ocurridos en Bolivia a partir de octubre del año 2003..
** Doctor en derecho constitucional por la Universidad de París, Francia. Profesor titular, nivel “C”, def-
nitivo, tiempo completo (priDE “D”), en el Colegio de Estudios latinoamericanos y la División de Estudios
de Posgrado, en la Facultad de Filosofía y Letras de la unaM. Premio Universidad Nacional 2007 en el área de
Docencia en Ciencias Sociales.
1 £ LAS ETNIAS HABLAN PoR LA NACIóN
Este modo de presentar el acontecer supuestamente exhaustivo de sociedades fncadas en
raíces étnicas profundas, como son la mayoría de las nuestras, no refeja la importancia de
otros factores sociales e históricos, sobre todo culturales, que tratados con criterios y métodos
menos elusivos, explicarían nuestro presente con mayor objetividad.
1
Este importante señala-
miento podría concretarse en otro, que concierne a la formación de las naciones a que estamos
adscritos. A mi modo de ver, es en este horizonte donde se percibe una narración histórica
parcial, incompleta, que suple o disimula sus carencias recogiendo ecos y resonancias de un
pretérito activado por actores históricos hoy día perdidos en el olvido.
Los textos de enseñanza de historia de Bolivia registran resonancias de ese tipo, de ma-
nera particular en lo que corresponde a la participación y/o exclusión de naciones y pueblos
originarios e indígenas en el proceso formativo de la nación y el Estado. Por cuidadoso que
pudiera ser el relato de ese proceso sui generis, aparecen en los textos sólo ecos y resonancias
menguadas de la sustantiva aportación étnica en el sostenimiento de la vida material de la
sociedad, la defensa del territorio común y la perdurabilidad del ente nacional-estatal en el
tiempo. Con estas fallas, los textos de la historia ofcial de Bolivia informan más de la génesis
y cambios institucionales del Estado republicano que de la nación, concepto equiparable a
lo que representan la vigencia y vicisitudes de los pueblos que están bajo su soberanía. Para
decirlo de otro modo, según el relato de esa historia, en la creación de la República de Boli-
via, el Estado fue primero y después la nación. Este trastocamiento de categorías históricas
y entidades políticas, al cabo de poco menos de dos siglos de historia republicana, induce a
refexionar detenidamente sobre los espacios específcos del Estado y la nación.

la autodenominada “nación boliviana”, como todas las de américa latina, remite sus
orígenes a la época colonial, tiempo en el cual su núcleo primigenio estuvo constituido por
el conjunto de pobladores llegados de la península ibérica y de otras regiones del imperio
español, a quienes se agregaron los nacidos dentro de dicho conjunto, sin importar que ellos
hayan sido hijos sólo de los recién llegados, o de la mezcla de éstos con indígenas. Esos nue-
vos pobladores, según el origen de sus progenitores, se declaraban “españoles americanos”,
“criollos”, “mestizos”, o simplemente “altoperuanos”.
Por su número poco signifcativo y por su ubicación en el ordenamiento social de la
época, dicho conjunto representaba una exigua minoría en la totalidad demográfca del Alto
Perú, hoy Bolivia. En tal sentido, la cepa original de la “nación boliviana” ofcialmente
reconocida —benefciaria de diversos fueros y privilegios que la distinguían de los pueblos

1
Germán Carrera Damas, historiador venezolano, anota diversas fallas en la historiografía de su país, las
cuales, mutatis mutandi, se hacen extensivas a la tradición historiográfca de América Latina. Entre esas fallas
señala como importantes: una periodización subjetivista, el descuido de las fuentes, ausencia de técnicas, falta
de métodos y criterios (Metodología y Estudio de la historia, inciBa, Caracas, 1969).

El espacio del Estado es esencialmente político, construido con la lógica de su soberanía territorial y de
su orden institucional, en tanto que el de la nación es un espacio histórico, que se expresa en la creación de
un imaginario colectivo, el uso de una lengua común, las costumbres, el derecho consuetudinario. El traslape
de un espacio con otro es causa frecuente de confictos de distinto tipo, particularmente en lo que atañe a la
autonomía cultural y regional que buscan los movimientos étnicos. Un caso de aplicación de “la justicia comu-
nitaria” (derecho consuetudinario), sancionado como violatorio por el Estado boliviano, ha sido causa de una
violenta huelga de vastos sectores aymaras en la región altiplánica del país. Estos hechos tuvieron repercusión
en los sucesos de octubre de 2003.
MARIo MIRANDA PACHECo £ 13
originarios— ocupaba el lugar de una nacionalidad oprimida en la sumatoria de colonias
españolas.
3
Terminada la guerra de independencia (1809-1825), se institucionalizó el proceso de in-
vención de la nación boliviana. El territorio ancestral del Kollasuyu —conocido como Alto
Perú, o Real Audiencia de Charcas en la época colonial— cambió de nombre. En 1825, con
la proclamación de la república, dicho territorio se denominó Bolivia. A partir de ese año, los
criollos y un sector creciente de mestizos —protagonistas de la guerra de independencia— se
apropiaron del gentilicio “bolivianos”, sin que los pueblos originarios e indígenas se sintieran
afectados por este nuevo sello de adscripción política, no obstante el apoyo que brindaron a
la movilización popular y a la mismísima guerra de independencia.
4
Esto quiere decir que
las circunstancias en que se libró dicha guerra condujeron a un pacto tácito e inevitable de
convivencia en el territorio, pero no de igualdad, entre los pueblos originarios y la nueva etnia
hispanoparlante, conformada inicialmente en la Colonia, emancipada en la guerra de todos
contra el yugo colonizador y dominante en la era republicana.
Por entonces, el territorio del Alto Perú tenía una población aproximada al millón de habi-
tantes. De esa población, sólo 10 por ciento no era india. El resto estaba repartido en numero-
sas etnias y nacionalidades, de las cuales, tanto por su milenaria presencia histórica y cultural,
cuanto por el espacio geográfco que ocupan y por la decisiva importancia que tuvieron y
tienen en la agricultura, la minería y en otras actividades de producción, las nacionalidades
aymara y quechua, en el presente, son las más extendidas, las más numerosas y representa-
tivas. Sobre ese vasto tejido étnico, a lo largo del siglo xix, en un marco contrastante de mo-
dernidad y atraso, sólo un décimo de la población dio forma y vigencia a la sedicente nación
boliviana de hoy.
II
Para la república andina de Bolivia, creada en 1825, el siglo xix representó un tiempo largo
de inestabilidad política y económica; un siglo de repetidas invasiones extranjeras, guerras
internacionales defensivas, cuantiosas pérdidas de territorio y enconadas luchas de facción
que pusieron a prueba la existencia física e histórica de Bolivia como Estado y nación. Sin
embargo, y por encima de esos hechos adversos, fue un siglo en el cual los bolivianos, con
su nueva nacionalidad que fue y es algo más que una adscripción política y con el poder del
Estado en sus manos, emprendieron el proyecto colectivo de conformar una nueva entidad
histórica, la nación, “su” nación.
no obstante, en el proyecto de conformar o inventar una nación (como ocurre actualmente
en distintas regiones del mundo, tanto con la descolonización dispuesta por la organización
de naciones unidas, cuanto con la desintegración de grandes y pequeños bloques de nacio-
nes, o con las guerras de liberación, movimientos étnicos, regionales, autonomistas, etcétera),
sus miembros —originarios y adscritos— hacen todo lo que pueden para mantener sus víncu-
3
Jorge ovando, Sobre el problema nacional y colonial de Bolivia, ed. Canelas, Cochabamba, Bolivia,
1961, p. 63.
4
alipio Valencia Vega, El Indio en la Independencia, Ministerio de Educación y Bellas Artes, La Paz,
Bolivia, 1962, pp. 227-235.
14 £ LAS ETNIAS HABLAN PoR LA NACIóN
los naturales; pugnan de una manera u otra para afrmar un dominio territorial y construyen
su imaginario que no es sólo una sublimación de posibilidades de la sociedad en que viven,
sino expresión del conjunto de representaciones colectivas que generan ejes de tradición y
solidaridad, mismos que cohesionan a la comunidad, proyectándola en la idea de duración
prolongada e indefnida en el tiempo.
En el caso de Bolivia decimonónica, ese imaginario afrmó sus asideros en la libertad
ganada con la guerra de independencia, trofeo que emblematiza el tránsito épico de la na-
cionalidad colonial oprimida al status pleno de una república independiente, dueña de un
territorio rico y extenso (cerca de dos millones y medio de kilómetros cuadrados), dotado de
abundantes recursos naturales y con numerosos pueblos proveedores de fuerza de trabajo.
En suma, la nueva nación aparecía como una ex colonia española, erigida en términos de un
Estado soberano, con un patrimonio recuperado por y para “los bolivianos” (in abstracto)
mediante una guerra de sacrifcio que había quebrado el yugo extranjero.

Con tales divisas
palmariamente épicas, racionalizadas en función de la trascendencia que se le podía dar a la
insurgencia política y social de criollos y mestizos, la nueva nación estructuró sus propios
rasgos constitutivos y sus relaciones sociales internas, sin que las elites republicanas de ese
momento fundacional se preocuparan por una veraz y efectiva integración nacional con los
pueblos originarios.
Bajo esa perspectiva, pero al margen de la retórica ilustrada a que recurrían los letrados
de las clases dominantes, con los jalones formativos de la nueva nación fueron dándose mo-
dalidades más o menos drásticas de marginación étnica y de dominación social, económica,
política y cultural sobre la totalidad de los pueblos indígenas y originarios. Los medios me-
nos violentos pero de notoria efcacia fueron la discriminación cultural en función de ideas,
valores y símbolos de la cultura occidental; el uso ofcial y coercitivo del idioma español y
la evangelización obligatoria. El conjunto de estos medios representaba la continuidad de
un modelo colonial de marginación que había prevalecido durante tres siglos de dominación
hispánica.
a su vez, entre los métodos drásticos se cuenta el trabajo rudo, las más de las veces gratui-
to, en el campo y la ciudad. El campo fue y es actualmente territorio ocupado por los pueblos
originarios, en tanto que la ciudad es el espacio preferentemente habitado por la nación his-
panoparlante. Esta oposición campo-ciudad muestra el grado de identidad de la población no
india situada en un archipiélago de ciudades, asentadas en islas separadas por un mar étnico.
a este método se agregaron otros: el despojo violento y la usurpación subrepticia o abierta
de tierras poseídas inmemorialmente por las comunidades indígenas; la concentración de la
propiedad de estas tierras en manos de latifundistas. Esto quiere decir que, agregadas al atraso
y pobreza en que estaba sumido el complejo plurinacional y multiétnico del país, se estable-
cieron drásticamente nuevas relaciones de producción y de poder para consolidar la nación
boliviana no india, inventada con viejas reglas clasistas de dominación y con otras acuñadas
recientemente por el colonialismo interno, secuela que arrastran las naciones poscoloniales.
El Estado republicano, mediante disposiciones legislativas y políticas pragmáticas del po-
der ejecutivo, reservó las opciones de progreso y desarrollo en favor de las clases pudientes

“acta de independencia de las provincias del alto perú”, en guillermo lora, Documentos políticos de
Bolivia, Ed. Los Amigos del Libro, La Paz, Bolivia, 1970.
MARIo MIRANDA PACHECo £ 1
de la nueva nación, cerrando estas vías a la inmensa mayoría étnica del país. Si se analizara
esa situación recurriendo a conceptos actuales, diríamos que con ese método de marginación
sistemática y rigurosa, el poder político de entonces confguró un modelo peculiar de apar-
theid andino, estructurado con actitudes y prácticas opresivas y racistas de los integrantes
de la nueva nación.

los aparatos ideológicos del Estado, principalmente la escuela pública
(inexistente en el campo), el ejército (represor de las masas indígenas), la iglesia reconocida
ofcialmente y otras instituciones como la judicatura y la policía, se encargaron de reprodu-
cir, ampliar y aplicar múltiples medidas de marginación étnica, no obstante las actividades
básicas de la nación, particularmente la producción agrícola, la explotación de las minas, el
transporte terrestre, el abastecimiento de las ciudades y de los centros urbanos en general, la
construcción civil, las obras públicas de caminos y otras formas de participación en el man-
tenimiento de los servicios básicos y de la infraestructura de la sociedad, se asentaban en la
fuerza de trabajo indígena.
Esto quiere decir que, para la historia ofcial, la confguración de la nación boliviana no fue
un proceso racional de integración e incorporación de sus componentes étnicos productivos y
funcionales en el despliegue del Estado republicano, sino producto bien cuidado de una prác-
tica de poder, orientada hacia la discriminación y la dominación global de la nueva nación,
ejercida sobre cualquier otra etnia o agrupamiento humano.
En la medida en que la población minoritaria no india se miró a sí misma como dueña única
e incontestable del país, procedió a identifcarse con los atributos de una formación nacional
solidaria para sus miembros y excluyente para los demás. Sobre esta base, sus elites, ancladas
en la mentalidad retardataria del racismo colonial, difundieron con rapidez una falacia sin
precedentes: los pueblos primitivos no tienen historia. En esta versión andina de una vieja tesis
europea, con acentos racistas y lingüísticos, se leía: los pueblos que son sólo de indios y que
no hablan el idioma español en Bolivia, ignoran las funciones institucionales del Estado y el
signifcado identitario de la nación; por lo tanto, necesitan de leyes relativas a sus obligaciones
de trabajo y obediencia. Con tales normas diferenciadas y segregacionistas, se reproducía la
dicotomía colonialista del virrey Toledo: pueblo de blancos y pueblo de indios. Franz Tamayo,
poeta boliviano,

le dio a esta dicotomía una expresión metafórica perdurable.
En términos generales, el proceso en que se confguró la actual nación boliviana representa
un ejemplo claro de la forma en que las funciones institucionalizadas del Estado fueron ins-
trumentadas como fuerzas y normas estructurantes de la autodenominada nación boliviana.
para decirlo de otro modo, el Estado representó las posibilidades y el poder real de las clases
dominantes, mismas que utilizaron este poder como instrumento “legal” de su dominación
social, económica, política y cultural sobre la población originaria.
Dos fueron los momentos más signifcativos en los que el poder del Estado, en manos
de terratenientes, militares, empresarios mineros y comerciantes asumió formas concretas de
imposición clasista y étnica: uno fue en la década de 1830, cuando bajo el gobierno de An-
drés de Santa Cruz se organizó el orden jurídico mediante la promulgación de diversos códi-
gos franceses, traducidos de la legislación napoleónica, o españoles de tiempo anterior, para
insertarlos en una sociedad compleja, atrasada y tradicionalmente comunitaria; otro fue en

Juan Albarracín Millán, La sociedad opresora, Emp. Editora Universo, La Paz, 1979, pp. 33-89.

Franz Tamayo, “Cuando el puñal ibero/ l’hubo transido,/ ese mundo agorero/ dio un alarido¡/ Después
pavura,/ y un estupor de siglos/ que aun dura, aun dura!”, Scherzos, Editorial Juventud, 1987, p. 279.
1 £ LAS ETNIAS HABLAN PoR LA NACIóN
1880, momento en que fulguró el voto califcado como un trofeo cívico, negando el derecho
de votar a las mujeres (que representan 50% de la población total del país), a los que no sabían
leer y escribir (en un país con 70% de analfabetos), a los que no eran propietarios y no paga-
ban impuestos, esto es a la inmensa mayoría de población india y campesina.
8

El uso del poder del Estado por las clases dominantes para inventar una nación implica
el traslape de tres hechos estudiados en el análisis de la cuestión nacional y el Estado: uno,
que la nación, desde todo punto de vista, ha sido y es un grupo humano estable, poseedor
de un imaginario propio y unido por vínculos naturales (pensados como eternos), que le
dan continuidad e identidad; dos, que la nación genera por sí misma complejos procesos de
reproducción y diferenciación de relaciones sociales de poder; tres, que en una coyuntura
de cohesión social —reconocida como un momento fundacional o constitutivo— la nación
como grupo estable confgura la base necesaria y trascendente para organizar el poder político
bajo la forma de Estado nacional.
El traslape de estos pasos en el proyecto de crear/inventar “la nación boliviana” dio por
resultado la construcción de una nación no india, excluyente y opresora, en la cual los víncu-
los que la unen no son naturales, lo que equivale a decir que no son eternos, sino creados en
tiempos modernos saturados de colonialismo y que, por lo tanto, no abarcan a la totalidad
de la población; por otra parte, la presencia de pueblos originarios se remonta a miles de
años, por lo que el imaginario colectivo de la nación creada/inventada en el siglo xix no es el
imaginario de las etnias originarias. Finalmente, las relaciones de producción y de poder se
circunscribieron al tejido interno de la etnia dominante no india sin otra relación con la po-
blación marginada que la de mantenerla en esa condición. Para decirlo de otro modo, la crea-
ción/invención de la entidad ofcialmente reconocida como “nación boliviana” deja en claro
que la entidad construida por encima de los pueblos indígenas y originarios, sin incluirlos en
su dirección y en su aparato administrativo, no llegó a ser Estado nacional.
El siglo xix, atorado en el rezago feudal, terminó regido por una oligarquía integrada de
terratenientes de viejo cuño colonial y “patriarcas de la plata”,

potentados mineros del sur bo-
liviano. En ese contexto, la explotación de un nuevo mineral, el estaño, produjo una crisis en la
minería argentífera, ya venida a menos en el mundo de negocios mineros del país y en el merca-
do internacional. Esa coyuntura estimuló el estallido de la “revolución federal”, una verdadera
y cruenta guerra civil entre conservadores del sur y liberales del norte, esto es, el enfrentamiento
de la feudalidad rezagada del siglo xix con el capitalismo en su fase imperialista del siglo xx.
Las masas aymaras del altiplano, con “el temible Willka”
10
a la cabeza —esperando que
la democracia pregonada por los liberales federalistas reconociera sus derechos y los incor-
8
Sobre los códigos promulgados por andrés de Santa Cruz, augusto guzmán escribió: “Estos códigos,
de concurrencia enciclopédica, fsonomizan el régimen jurídico boliviano al servicio de las capitales de de-
partamento y provincia, hasta donde alcanzan las instituciones jurídicas. La población rural no tuvo que hacer
nada con este régimen, excepto en el orden policiario y penal, para soportar castigos por delitos evidentes o
supuestos” (véase su Historia de Bolivia, Ed. Los Amigos del Libro, La Paz-Cochabamba, 1998, p. 126). El
sufragio califcado se mantuvo en todas las constituciones políticas de Bolivia hasta 1952, año en que promul-
gó el voto universal. Cfr. Ramón Salinas Mariaca, Las constituciones de Bolivia, Imprenta Artística, La Paz,
Bolivia, 1947.

antonio Mitre, Los patriarcas de la plata, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1981.
10
ramiro Condarco Morales, Cfr. Zárate, El temible Wilka, Historia de la rebelión indígena de 1899,
Talleres Gráfcos Bolivianos, La Paz, 1966.
MARIo MIRANDA PACHECo £ 1
porara al funcionamiento estatal de la nación creada/inventada— decidieron la victoria de
éstos sobre los conservadores. La memoria escrita registra que ésa fue la primera vez en que
las etnias bolivianas hablaron de la nación que buscaban: una nación incluyente, libre, que no
oprima ni excluya a nadie. No obstante, al cabo de esa guerra, los aymaras protagonizaron el
último acto del drama boliviano de entonces como víctimas de la represión más dura de parte
de los propios liberales.
III
La historia social de Bolivia, en particular la que se desarrolla con la explotación minera del
siglo xx, ayuda a comprender los sucesos de octubre de 2003. En esa historia y en la de la
guerra del Chaco están los antecedentes de solidaridad clasista y de identifcación étnica que
se manifestaron con mayor fuerza en los sucesos señalados. Repasemos algunos de dichos
antecedentes.
a principios del siglo xx, cuando se iniciaba una nueva fase de explotación minera (esta
vez del estaño) y con el partido liberal en el poder, el proceso de creación/invención de la
nación boliviana se puso al día, cumpliendo los requisitos de dependencia que aconsejó el
imperialismo. Sobre esta base, los consorcios extranjeros impulsaron la formación de un Es-
tado burocrático centralizado que, al asumir la representación y dirección de la nación ofcial
boliviana, creada e inventada en el siglo xix, reveló su inefcacia para proponer un desarrollo
nacional independiente, así como para superar las diferencias étnicas de la población. Esto
quiere decir que el Estado instrumentado por el poder imperial carecía de atributos para ser
un verdadero Estado nacional.
En esa fase de la historia minera de Bolivia, las empresas mineras incorporaron a la pro-
ducción a decenas de miles de trabajadores quechuas y aymaras que, saliendo de la servidum-
bre gratuita —inherente al feudalismo que prevalecía en el campo— ingresaban a un régimen
salarial y contractual. Con las innovaciones tecnológicas que introdujeron las empresas, se
expandieron las relaciones capitalistas de producción en la población étnica, aumentó la ex-
plotación de minerales en gran escala, surgió el proletariado minero y, con él, surgió también
una nueva conciencia de clase dotada de un fuerte ánimo étnico.
Ese ánimo —notorio y vigoroso en el contexto imperialista de hace más de medio si-
glo— mutatis mutandi fue un componente ideológico fundamental en los sucesos de octubre
de 2003. Para decirlo de otro modo, con ese ánimo se reprodujo la voluntad de recuperar
una riqueza de la nación. Pero ¿cuál nación?, ¿la nación ofcial, o la que aún no ha sido
creada/inventada? a través de esta pregunta se hizo más notorio el desfase del Estado que
representa a la nación ofcial, creada/inventada en el siglo xix y que en la era de globali-
zación acordó con las empresas transnacionales la explotación del gas y de otros recursos
naturales del país.
la explotación de las minas, dominada por los consorcios imperialistas en el siglo xx,
reprodujo en cierta forma el proceso de etnización
11
en la producción minera iniciado con los
mitayos en el Cerro Rico de Potosí en 1544, que en 300 años de producción de plata, los so-
11
immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico, Siglo XXI, México, 1989, pp. 66-70.
18 £ LAS ETNIAS HABLAN PoR LA NACIóN
cavones del cerro se tragaron la vida de ocho millones de hombres-mitayos, sin que se cono-
ciera de ellos un mensaje de protesta. Cuatro siglos más tarde, es en los enclaves imperialistas
donde la clase obrera de aymaras y quechuas denuncia el saqueo de los recursos naturales y
afrma su lucha antifeudal y antimperialista.
la prueba mayor de la masa étnica proletarizada fue la insurrección de abril de 1,
que abrió las puertas de un proceso revolucionario. En la perspectiva histórica, los logros
más importantes de ese proceso —nacionalización de las minas, reforma agraria, voto uni-
versal— representan el intento más radical que hubo en Bolivia para cambiar el diseño de la
nación opresiva y excluyente, formada en el siglo xix. Con la nacionalización de las minas,
los trabajadores dejaron escuchar su voz para reivindicar el derecho de la nación sobre su
riqueza minera, en ese tiempo el recurso natural más importante para la vida del país. Con la
reforma agraria se abolió el latifundio; las comunidades indígenas recuperaron el derecho de
propiedad sobre sus tierras; más de dos millones de peones agrícolas salieron de la servidum-
bre feudal y conquistaron su derecho de propiedad sobre la tierra que trabajaban.
Según la opinión de un historiador e ideólogo de la revolución nacional, esas conquistas
“debían perpetuarse en los términos de una verdadera democracia, por el voto universal,
único medio para entregar al pueblo el control pacífco sobre su propio destino”.
1
Hoy, des-
pués de más de medio siglo, esos logros revolucionarios perdieron su sentido social y étnico,
quedando sólo como memoria desdibujada de la nación.
En 18 años de dictaduras militares (14-18), con breves intervalos democráticos, el
país fue conducido a empellones hacia el neoliberalismo, mismo que fue fnalmente instau-
rado in toto mediante el decreto 21060, paradójicamente promulgado en 1985 por Víctor Paz
Estenssoro, caudillo de la revolución de 1952. El modelo de poder establecido mediante este
decreto fue la piedra de toque en la crisis de octubre de 2003, situación en la que los sucesos,
aunque distintos de lo acaecido en 1, traducen en su esencia un fondo similar: la defensa
intransigente de los recursos naturales y la participación de las etnias para rescatarlos como
patrimonio nacional.
En los sucesos del año 2003 diversas fuerzas sociales del campo y de la ciudad asumieron
la defensa de los hidrocarburos, cuya historia fue dramáticamente vivida en la tercera década
del siglo pasado. En esos años, las mayorías indígenas y otros sectores populares fueron re-
queridos para su tributo de sangre en defensa de Bolivia, embarcada en una guerra con Para-
guay (1932-1935). En esa confagración, planteada inicialmente como una disputa por límites
fronterizos, pero al fnal estimulada por poderosas empresas petroleras (la estadounidense
Standard oil Co. establecida en Bolivia y la angloholandesa Royal Dutch Shell, en Argentina
y Paraguay), los indios aymaras, quechuas, guaraníes y de otros pueblos originarios hablaron
nuevamente por la nación.
En ese sacrifcio colectivo, el indio que —según la falacia racista difundida en el siglo xix—
no podía tener idea de nación, era el soldado que ofrecía su vida para defender el territorio
frente al adversario y el petróleo frente a las compañías extranjeras. Esa guerra, más allá de los
50 mil hombres inmolados y la pérdida territorial de 120 mil kilómetros cuadrados, representa
el acercamiento de la nación inventada a la nación real. En los hechos, propició la convivencia
1
José Fellman Velarde, Historia de Bolivia. La bolivianidad semicolonial, Ed. Los Amigos del Libro, La
Paz, 1970, tomo III, pp. 371-404.
MARIo MIRANDA PACHECo £ 1
de indios, mestizos y blancos, antecedente altamente signifcativo para que despertara una con-
ciencia de unidad nacional y de desahucio del “antiguo régimen”
13
en los no indios y en quienes
llevaban el color de la piel, la sangre y la lengua aymara, quechua, o de otra etnia del país.
La mención de la presencia étnica en las minas de Bolivia, particularmente en las que fue-
ron nacionalizadas en 1952 y el sacrifcio de los pueblos originarios e indígenas en la guerra
del Chaco, son episodios que conserva la memoria colectiva y contribuyen a la comprensión
de los acontecimientos de octubre de 2003 porque, en gran medida, explican los vínculos de
solidaridad entre etnia y clase, ejemplifcados en la historia de “la guerra del gas”, librada en
la ciudad de El Alto.
IV
Los sucesos de octubre de 2003 culminaron con el derrocamiento de un gobierno neoliberal
y con el derrumbe estrepitoso de una multimillonaria venta de gas en benefcio y por cuenta
de tres empresas transnacionales. Estos acontecimientos, en el plano de una explicación histó-
rica, inducen a recordar que la nación boliviana —creada/inventada en el siglo xix y repre-
sentada por el Estado burocrático en la primera mitad del siglo xx— fue incorporada a los
acuerdos de globalización por ese mismo Estado en la última década de dicho siglo.
Este señalamiento es útil para comprender que la eclosión política de octubre tuvo su mo-
tivación más fuerte en tales antecedentes históricos, ya que de otro modo no podría explicarse
la voluntad colectiva de erradicar el neoliberalismo, cuyo modelo político y económico fue
objeto de denuncia porque prolonga la dependencia y abre las puertas de un país periférico,
como Bolivia, a la apropiación transnacional de sus recursos naturales.
Con la caída del gobierno neoliberal, surgió “la agenda de octubre”, cuyos puntos prin-
cipales obligaron a que el nuevo gobierno presidido por Carlos Mesa se comprometiera a
realizar un referéndum sobre el gas para defnir la normativa del Estado en esta materia y
a convocar a una asamblea constituyente para “refundar la república”. Las cosas no fueron
tan sencillas como se suponía porque la victoria popular y étnica de octubre iba más allá de
estos dos puntos decisivos en la historia actual de Bolivia y planteaba otros, tales como nuevas
formas de la lucha de masas urbanas y étnicas que propiciaran el ascenso de nuevas fuerzas
políticas al gobierno del país, como después se vio con la victoria electoral de Evo Morales, en
diciembre de 2005.
La realización del referéndum tropezó con algunas difcultades. Por una parte, la suspica-
cia y el rechazo de algunas preguntas en distintos sectores urbanos y rurales. Lo que el pueblo
pedía en 2003 era la nacionalización inmediata de los hidrocarburos, ése era el mensaje de
los movimientos sociales a la nación entera. Por otra parte, la oposición a la consulta popu-
lar, liderada por experimentadas elites regionales que exigían que el gas y el petróleo fueran
exportados a la brevedad posible y por cualquier vía. Sin embargo, y por encima de estas
difcultades, el referéndum tuvo lugar el 18 de julio de 2004 y el gobierno de Evo Morales,
sobre esa base, nacionalizó los hidrocarburos el 1 de mayo de 2006.
13
Herbert S. Klein, Orígenes de la revolución nacional boliviana. La crisis de la generación del Chaco,
Editorial Juventud, La Paz, 1968, pp. 212-214.
160 £ LAS ETNIAS HABLAN PoR LA NACIóN
¿Por qué llamarle “guerra del gas” a esa eclosión insurreccional del mes de octubre? A
enero de 2003 las reservas probadas y probables de gas en Bolivia ascendían a 54.9 trillones
de pies cúbicos. Con esta cifra eran las mayores reservas nacionales de gas en el Cono Sur.
14

Así, por la magnitud y el precio de este energético que aún está en el tapete de los negocios
corporativos de la globalización, la llamada “guerra del gas” representa la defensa intransi-
gente del recurso natural de mayor precio con que cuenta el país para su desarrollo, por lo
que distintos sectores sociales y étnicos, en 2003, se propusieron impedir que las empresas
transnacionales se lo arrebatasen.
las negociaciones secretas del gobierno con las transnacionales petroleras para la venta de
este producto fueron tomadas por el pueblo como “una traición a la patria”. La indignación
fue mayor en el momento en que se supo que el gas saldría por un puerto de Chile, mediando
una cuantiosa inversión de miles de millones de dólares. ¿Qué explicación “patriótica” podía
haber para entregar el gas a compañías extranjeras? ¿Por qué potenciar la economía de un
país que le arrebató a Bolivia su salida al mar en una guerra de conquista y que, como siem-
pre, había rechazado toda negociación al respecto? Tales fueron las preguntas del pueblo que
avivaron “la guerra del gas”, orientada hacia los objetivos de frustrar la política neoliberal y
de expulsar del poder a un gobierno entregado a las transnacionales petroleras.
la “guerra del gas” tuvo su centro operativo en El alto, localidad que en su corta historia
de cuarenta años ha creado nuevas tradiciones de solidaridad social y étnica. La población
aymara, mayoritaria desde los tiempos en que fue un modesto poblado, la ha convertido en
centro vital y coordinador del movimiento étnico. Sus habitantes, que son en elevado porcen-
taje ex trabajadores de las minas nacionalizadas en 1 y de otras industrias privatizadas o
desmanteladas por el neoliberalismo, aportaron su experiencia de lucha obrera y sindical.
Durante los sucesos de octubre, El Alto fue escenario de represión política y también nudo
del cerco de La Paz y del bloqueo de caminos en el área altiplánica. Del 11 al 17 de octubre
esta ciudad ha sido noticia en los medios de comunicación mundial. Allí, en ese lugar men-
cionado en las guías de turismo como “el aeropuerto más alto del mundo”, a más de 4 mil
metros de altura sobre el nivel del mar, se defnió una batalla decisiva para Bolivia entre un
gobierno instrumentado por las empresas petroleras y los movimientos sociales que le dieron
a su acción combativa el sello híbrido de clase y etnia. Con esta insurrección, las multitudes
aymaras de El Alto y los pueblos originarios de todo el país hablaron por una nueva nación
incluyente, democrática, y por un Estado soberano y multinacional, que defenda las riquezas
del país para que éstas sean patrimonio de todos, indios y no indios.
V
por último, y a manera de resumen, anotaré algunos aspectos complementarios sobre la for-
mación histórica de Bolivia y los sucesos de octubre.
1. En Bolivia se reconocen ofcialmente 36 formaciones étnicas, mencionadas en el pro-
yecto de Constitución Política como “pueblos y naciones”.
1
De estas formaciones, cinco
14
Véase Carlos Miranda pacheco, ¿Podemos exportar gas natural?. Fundación Milenio, La Paz, 2003, p. 14.
1
Véase “proyecto de cPe del Mas”, La Razón, La Paz, 17 de agosto de 2007, suplemento, artículo 3.
MARIo MIRANDA PACHECo £ 11
son las más importantes: aymara, quechua, chiriguana, chiquita y moxeña, asentadas en dis-
tintas áreas geográfcas del país y poseedoras de lengua, economía y cultura propias. En los
hechos, todos estos agrupamientos étnicos —subordinados al Estado republicano en que se
formó la nación ofcial boliviana— conllevan las consecuencias de su marginación, atraso
y explotación, inherentes al colonialismo interno, sin que el mestizaje biológico de siglos
pasados y el de la época actual, palmariamente cultural o simbólico, modifcaran el fondo de
esta situación.
2. Las naciones y pueblos originarios de Bolivia, a través del tiempo, tuvieron una pre-
sencia histórica y cultural indiscutible, oscurecida en dos sucesivas dominaciones, la colonial
y la republicana. La nación ofcial boliviana —inventada como fueron otras naciones que
tienen pueblos originarios y mayorías indígenas— exhibe su artifciosidad moderna desde el
momento en que es representada por el Estado burocrático centralizado, herencia del siglo
xx, mismo que como sujeto contractual arriesga en la globalización el destino de los recursos
naturales de todo el país. Esta artifciosidad —léase pseudoidentidad— es la que impugnaron
las etnias de Bolivia con voz propia, irradiando su discurso desde la ciudad de El Alto.
3. En el desarrollo de esos sucesos se enfrentaron dos lógicas. De un lado, la lógica glo-
balizadora, impuesta a través de la apropiación transnacional de los recursos naturales; del
otro, la lógica de los países periféricos, cuya viabilidad histórica está ligada al destino de sus
recursos naturales. En este enfrentamiento se borraron las diferencias étnicas y se hizo lúcida
la necesidad de defender intereses genuinamente nacionales. Esto quiere decir que la insu-
rrección de octubre refejó en gran forma una singular acumulación de fuerzas que probaron
su capacidad para enfrentarse a las fuerzas represivas, bloquear caminos, paralizar activida-
des urbanas y rurales, coordinar funciones cívicas, entre otros hechos que pueden ser leídos
como expresión concreta de esta nueva amalgama de clase social y etnia, manifesta en forma
de masa dotada de poder, y también pueden entenderse como ejercicio de futuras acciones
masivas, orientadas al logro de otros objetivos relacionados con la constitución de un nuevo
tipo de entidad estatal-nacional.
4. Los cambios que genera la globalización en la sociedad, la política, la economía y la
cultura —fondo imponderable de las motivaciones genuinas del movimiento étnico— inciden
fuertemente en la formación de nuevos conceptos de nación, poder y Estado. Los hechos de
El alto revelaron una nueva estrategia de masas destinada a lograr la participación de pueblos
originarios, naciones y etnias en las decisiones cruciales del país, particularmente en lo que
corresponde a la explotación y aprovechamiento de los recursos naturales.
5. En ese contexto, las etnias y naciones en Bolivia —de manera particular los ayma-
ras— hablan por una nación que ellas pueden construir, llevando a la práctica un modelo de
democracia étnica, lo que equivale a plantear un proyecto histórico tan válido como el de una
democracia burguesa o socialista, o de otra adjetivación centrada en el sujeto, o los sujetos
históricos que la estructuren, representen y dirijan. No se trata de una utopía arrancada de la
imaginación, sino de una propuesta racionalizada de solución en el laberinto de contradiccio-
nes que desquician el tejido social y político de una nación inventada.
6. A mi juicio, los sucesos de octubre representan un parteaguas frme y claro en la etapa
posmoderna de creación/invención de la nación ofcial boliviana. Quienes analicen su causa-
ción histórica, tendrán que referirse a ellos. Su desenlace ha dejado un cúmulo de problemas
difíciles y dramáticos. Hoy día el país se ve amagado por graves confictos, unos derivados
de la discusión de la nueva constitución política con la que se “refundará” la república; otros,
1 £ LAS ETNIAS HABLAN PoR LA NACIóN
creados por ciertas elites regionales —que aferradas a la tradición de la ya obsoleta nación in-
ventada o al espejismo que generan las transnacionales— no dudan en aventurarse y poner en
vilo la suerte de un país secularmente defendido por sus pueblos originarios, dueños legítimos
del territorio que habitan y de los recursos con que les ha dotado la naturaleza.
En suma, la confrontación entre una nación inventada para perpetuar la marginación y
opresión de considerables formaciones étnicas y sociales y otra nación que puede forjarse
sobre la base de vínculos naturales y estables, ya se ha dado en Bolivia. y las etnias hablaron
por esta última nación en los sucesos de El Alto. A mi juicio, esos sucesos, por su trascenden-
cia, representan un nuevo punto de partida para que los bolivianos construyan su verdadera
nación.
13
Barroco americano y crítica de la modernidad burguesa*
andrés Kozel**
aun cuando no alcance a resolver el espeso racimo de problemas que la consideración de
los vínculos entre historia, política y cultura en América Latina suscita, la refexión sobre
el barroco americano consigue instalarnos en un lugar productivo para explorar y debatir
algunas de las facetas más controversiales, espinosas y —por eso mismo— apasionantes de
la relación entre América Latina y la experiencia de la modernidad. El propósito de estas
notas es trazar un recorrido en torno al concepto de barroco y a su tematización en la tradi-
ción cultural latinoamericana, desembocando en una referencia algo más precisa a una serie
de planteamientos contemporáneos —Richard Morse, Bolívar Echeverría, Mauricio Beuchot
y Samuel Arriarán—, cuya exposición y puesta en diálogo pueden resultar de interés para
desentrañar los principales racimos de cuestiones abiertos por este cauce interpretativo, tan
atractivo como poblado de dilemas y complicaciones.
Origen, historia y alcances del concepto
Barroco es una noción de origen debatido y de historia cambiante y relativamente afortunada.
Es, también, un concepto signado por cierta inestabilidad semántica y por una perturbadora
ambivalencia axiológica, no exenta, como veremos, de vigorosas potencialidades críticas.
Consideremos, para comenzar, estos cuatro aspectos. Primero, el origen debatido. En rela-
ción con la etimología del vocablo cabe distinguir al menos tres versiones principales,
1
según
* una primera versión de este ejercicio fue presentada en el seminario Cultura contemporánea en américa
latina, impartido por el doctor Mario Miranda en el doctorado en estudios latinoamericanos de la unaM du-
rante 2003. Sirva su publicación aquí como testimonio de afecto y gratitud hacia don Mario. Una elaboración
posterior fue presentada al X Simposio Internacional sobre Pensamiento Iberoamericano que tuvo lugar en
la Universidad de Las Villas, Santa Clara, Cuba, en julio de 2006. Agradezco los comentarios de Gerardo de
la Fuente, Carmen Herrera y omar Núñez. La temática guarda relación con la investigación posdoctoral que
actualmente llevo adelante en El Colegio de México gracias a una beca ProfiP/dgaPa.
** Doctor en estudios latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la unaM. Profesor-Inves-
tigador de tiempo completo interino en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Profesor de asig-
natura del Colegio de Estudios latinoamericanos y del programa de posgrado en Estudios latinoamericanos
de la unaM.
1
Estas primeras consideraciones han sido tomadas de la Enciclopedia Universal Ilustrada, Madrid, Espa-
sa-Calpe, 1994 (artículos pertinentes) y de Severo Sarduy, “El barroco y el neobarroco”, en César Fernández
Moreno, América Latina en su literatura, México, unesco / Siglo XXI, 1990 [1972], p. 167.
14 £ BARRoCo AMERICANo y CRíTICA DE LA MoDERNIDAD BURGUESA
las cuales barroco derivaría de la voz portuguesa berrueco (perla irregular; noción aplicada,
por extensión, a una extraña forma de proposición casuística),

o bien de la palabra italiana
parruca o peluca, del nombre de un supuesto alumno de los Carracci —Le Baroche o Baroc-
ci—, de temperamento sensible y amanerado. Como puede apreciarse, y esto es en defnitiva
lo que más interesa aquí, las tres versiones llaman la atención sobre un exceso formal, visto,
en principio, como irregular y superfuo: tal la connotación con la cual pasó a la órbita de la
historia del arte y la cultura.
Segundo, la historia cambiante y relativamente afortunada. Arnold Hauser
3
ha señalado
que el vocablo fue aplicado por vez primera en el siglo xviii para caracterizar al arte del siglo
xvii, con una nota marcadamente peyorativa. En efecto, la sensibilidad clasicista dieciochesca
tendió a juzgar las manifestaciones del arte del siglo anterior como desmesuradas, confusas y
extravagantes, en contraste con la perfección y el equilibrio atribuidos a las producciones re-
nacentistas. Este enfoque desdeñoso prevaleció hasta fnales del siglo xix y aun más tarde. Se-
gún Hauser, hacia fnales del siglo xix y principios del xx, el mismo aparecía articulado a una
disposición de igual signo frente al impresionismo; fue justamente la admisión paulatina de
éste la que preparó la revalorización de aquél, a través de un movimiento iniciado, entre otros,
por el crítico alemán Heinrich Wölffin, autor de dos infuyentes obras publicadas en 1888 y
1915.
4
En principio es un cambio en la manera de mirar lo que estaría detrás de la sustitución
del enfoque desdeñoso de lo barroco por uno más comprensivo y favorable. Apoyándose en
aportaciones de Helmut Hatzfeld, René Welleck y otros, Carmen Bustillo

sostiene que si es
cierto que fue efectivamente Wölffin quien sentó las bases pioneras para el redescubrimiento
del barroco, también lo es que el movimiento revalorizador por él abierto cobró un impulso
todavía más decisivo en los años 20 y 30 del siglo xx, en particular en torno al aniversario
de Góngora (1927) y en relación con una serie de refexiones vinculadas al desarrollo del
movimiento expresionista alemán, todo ello en el marco de la conmoción ideológica y cul-
tural producida por la Gran Guerra. Bustillo recuerda asimismo una importante anotación de
Welleck según la cual, en ese momento, la admiración y la simpatía por las formas grotescas
y torturadas del barroco del siglo xvii llegaron al extremo en Alemania y en otros países como

Baroco es el nombre que designa un tipo rebuscado de silogismo: (PaM . SoM) > SoP. Ejemplo: “Si toda
obra de bien conduce a la salvación, y algunos actos de caridad no son obras de bien, entonces hay actos de
caridad que no conducen a la salvación”. Véase José Ferrater Mora, Diccionario de flosofía, Buenos Aires,
Sudamericana, 1971, pp. 182-183.
3
Arnold Hauser, Historia social de la literatura y el arte, Madrid, Guadarrama, 1972; en especial el capí-
tulo VII.
4
Se trata de Renaissance und Barock y Kunstgeschichliche Grundbergriffe, respectivamente. Dos parén-
tesis: Uno, Hauser establece frente a la obra de Wölffin una relación polémica, que por elementales razones
de espacio no podemos considerar aquí. En términos generales, la discusión versa sobre el modo de concebir
las relaciones entre el barroco y las fases que lo precedieron, el Renacimiento y el manierismo. Segundo pa-
réntesis: con bastante razón, José Antonio Maravall ha señalado que Hauser prácticamente olvidó estudiar al
barroco propiamente dicho: “…aunque parezca separarlos lo confunde constantemente con el neoclasicismo
cortesano posterior. No parece haberse colocado ante la gran obra de los pintores del xvii [rubens, Velázquez,
Poussin], a los que presta escasa atención”. En José A. Maravall, La cultura del barroco. Análisis de una es-
tructura histórica, Barcelona, Ariel, 1996, p. 521. También es llamativo el “olvido” del barroco español en el
referido capítulo de Hauser.

Carmen Bustillo, “Debate acerca del barroco”, en Barroco y América Latina. Un itinerario inconcluso,
Caracas, Monte Ávila / Equinoccio, 1996.
anDréS kozEl £ 1
España.

En análogo sentido, José antonio Maravall destaca que, justamente en torno a esos
años, las transformaciones de la sensibilidad llevaron a una renovación del interés por ciertos
productos de la cultura española y en particular por el barroco español.

Maravall no deja de
asociar este interés a una disposición general orientada a establecer un fuerte vínculo entre las
creaciones barrocas españolas y el catolicismo tridentino, el monarquismo civil, el absolutis-
mo pontifcio, la enseñanza jesuita, etcétera, disposición de la que él mismo procura, en una
medida importante, distanciarse. De manera que es preciso ligar la renovación del interés y el
impulso revalorizador referidos con la gran guerra y sus secuelas de desconcierto, desmora-
lización, pesimismo, es decir, con la crisis de la creencia en el progreso y con la consecuente
huida imaginativa de la civilización occidental que llevó a muchos de los intelectuales de ese
tiempo al encuentro con distintos “dioses ancestrales o extraños”, uno de los cuales fue, al pa-
recer, el barroco.
8
tal es, también, el telón de fondo sobre el cual hay que pensar las peripecias
de la noción dentro de la cultura latinoamericana, aspecto que examinaremos más adelante.
por último, la inestabilidad semántica y la ambivalencia axiológica que parecen signar a
la noción. Sucede que a lo largo del siglo xx los avatares del concepto no se han limitado
a la revitalización del interés por la época y sus expresiones y al relativo cambio de signo
valorativo en relación con ellas. Es posible constatar, paralelamente, la presencia de un haz de
contribuciones que han propuesto ampliar el alcance de la noción, al menos en dos sentidos
principales: de un lado, conduciéndola a abarcar no sólo la esfera de las artes pictóricas y
escultóricas sino también la arquitectura, la literatura e, incluso, el entero conjunto de ma-
nifestaciones culturales de los siglos xvii y xviii; del otro, llevándola fuera de los límites del
segmento temporal al que inicialmente califcaba, abriéndose así a la postulación de analogías
con otros periodos y, también, a la consideración de la historia de la cultura como un oscilar
entre fases clásicas y barrocas. Huelga señalar que estos cauces interpretativos no han condu-
cido a un consenso pleno ni defnitivo; lejos de ello, y tal como sucede en relación con otras
categorías fundamentales, cualquier aproximación refexiva a lo barroco será una visita a las
sucesivas capas de una discusión de complejas aristas, y que desde luego permanece abierta.
Para clarifcar los términos fundamentales del debate, vale la pena evocar un pasaje del citado
estudio de Bustillo: “[…] la aproximación al Barroco se puede sintetizar en tres posiciones
fundamentales: una que enfatiza el referente histórico y sociológico; otra que defende lo
tipológico intemporal como la verdadera esencia generadora; una tercera que busca en la
evolución de las formas claves para la comprensión del fenómeno”.

Expresión nítida y relativamente reciente de la primera posición sería la clásica y ya referi-
da obra de José Antonio Maravall, cuya tesis fuerte es preciso examinar con alguna atención.
Maravall defne el barroco como una época precisa de la historia de algunos países europeos
(1590-1600 a 1670-1680), que se extiende a todas las manifestaciones que conforman su

Carmen Bustillo dedica unos pasajes a este aspecto de la cuestión, apuntando que entre los autores que
tendieron a destacar el vínculo entre el movimiento barroco y España hay que contar a Helmut Hatzfeld, Wer-
ner Weisbach, Ludwig Pfandl y Guillermo Díaz-Plaja.

José antonio Maravall, op. cit.; en particular: “Introducción: La cultura del barroco como un concepto
de época”.
8
Véase ronald Stromberg, Historia intelectual de Europa desde 1789, Madrid, Debate, 1990, capítulo 5.
De ahí he tomado las expresiones de “huida imaginativa” y “búsqueda de dioses ancestrales o extraños”.

Carmen Bustillo, op. cit., pp. 41 y ss.
1 £ BARRoCo AMERICANo y CRíTICA DE LA MoDERNIDAD BURGUESA
cultura. Según esto, el barroco no habría sido simplemente el “estilo artístico” de la Con-
trarreforma, sino que se trató de un verdadero conjunto, dotado de pleno sentido histórico.
recostándose sobre estudios de pierre Vilar, Maravall argumenta que la cultura del barroco
se explica por el estado de crisis general imperante durante el siglo xvii, crisis que abarcó no
sólo a los países católicos, sino además a la mayor parte de los protestantes. Maravall piensa
a la cultura barroca en relación con las operaciones simbólicas encaradas por una sociedad
cuya clave de bóveda era la monarquía absoluta, y que experimentaba por entonces los ini-
cios de la transición de lo tradicional a lo industrial. Para Maravall, en la sociedad del siglo
xvii es posible descubrir los comienzos del kitsch, entendido éste como una cultura de baja
calidad, dirigida a la manipulación de las masas de campesinos recién llegados a las ciuda-
des, en el marco de un esfuerzo de restauración señorial y medievalizante que tiene lugar
en una sociedad que ya es moderna en varios sentidos, principalmente en lo que atañe a su
carácter masivo.
10
Así, la cultura del barroco habría tolerado la innovación y la irrupción de
extravagancias en aquellas esferas vistas como “poco peligrosas” —poesía, literatura, arte—,
buscando compensar con ello la ausencia de novedades en otros sectores en los cuales no se
cedió en absoluto. En opinión de Maravall, la tensión fundamental de la cultura barroca reside
justamente en esa ambivalencia constitutiva: una cultura autoritaria y conservadora reelabo-
rada en moldes nuevos con el fn de atender los desafíos planteados por un tiempo también
nuevo, transicional y crítico. Desde Maravall hay que pensar el barroco histórico como un
momento de la modernidad temprana, donde los excesos formales permitidos cumplen una
doble función: manipuladora y —oblicua e imaginariamente— liberadora. Pese a que Mara-
vall restringe el uso de la noción al barroco histórico, varias de sus indicaciones invitan a la
postulación de analogías con otras épocas, en particular con la nuestra.
Las otras dos posiciones señaladas por Bustillo están visiblemente emparentadas. Si deben
enfrentar justifcadas acusaciones de inmanentismo y formalismo —en especial la tercera— y
de ahistoricidad y hasta de esencialismo —las dos—, no es posible omitir que poseen el atrac-
tivo innegable de abrir el camino a la postulación de analogías que revisten enorme interés,
tanto para pensar periodos pasados como para realizar proyecciones hacia el momento ac-
tual. Según estas posturas, la naturaleza humana sería portadora de dos tendencias antitéticas
fundamentales que se habrían sucedido a lo largo del tiempo de modo prácticamente cíclico.
Los polos pueden recibir distintos nombres: apolíneo vs. dionisíaco; logos vs. misterio; idea
vs. naturaleza, clásico vs. barroco. Nítido ejemplo de esta postura es la obra de Eugenio
D’ors Lo barroco (luego recuperada con entusiasmo, como veremos, por alejo Carpentier),
donde el publicista catalán distinguía más de veinte especies dentro del género barroco, que
habrían sucedido a otras tantas fases clasicistas. Destaca Bustillo que D’ors, y también otros
10
En relación con este punto interesa recordar las anotaciones de Fernand Braudel sobre el barroco, enten-
dido como “un arte de vivir y de creer específcamente mediterráneo”, con dos centros de irradiación princi-
pales: Roma y España. Ha escrito Braudel: “Gracias a ellas [a las órdenes, aK] se salvó la iglesia, y ésta pudo,
desde Roma, llevar a cabo una de las más asombrosas revoluciones desde arriba que conoce la historia. La
batalla, conducida por ella, se libró de un modo refexivo, consciente, calculado. La civilización propagada
por la Iglesia —su nombre importa poco— es una civilización combativa. y su arte no es un fn en sí, sino un
medio más, junto a otros. Ese arte es también, casi siempre, un arte de propaganda. Es, si se quiere, en lo bueno
y en lo malo, un arte dirigido (…) Arte teatral, conscientemente teatral”. Tomado de “La propagación de la
civilización”, en El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, México, fce, 1 [14;
1966], segunda parte, capítulo VI, punto IV, en especial pp. 239 y ss. del tomo segundo.
anDréS kozEl £ 1
(como, por ejemplo, Curtius), tendieron a visualizar en el espíritu barroco algo así como un
refugio noble frente a una modernidad occidental vista como monótona y decrépita; con ello
volvemos a la imagen de la huida imaginativa, que quizá no llega a ser una alternativa plena
a esa versión de la modernidad, pero que introduce, sin duda, una cesura en la valoración
de la experiencia del mundo occidental. Más recientemente, algunos autores han tendido a
postular analogías entre una serie de rasgos atribuidos a lo barroco y ciertas características de
la posmodernidad.
11
De la especifcación del barroco de Indias a la barroquización de América
irlemar Chiampi distingue cuatro inserciones del barroco en el arco histórico de la moderni-
dad literaria latinoamericana.
1
En términos generales, estas inserciones habrían coincidido
con los grandes ciclos de ruptura y renovación poética: 1890, 1920, 1950, 1970, siendo las
principales para nuestros fnes las correspondientes a los dos últimos momentos, que la auto-
ra denomina “americanización del barroco” y “neobarroco americano”. Chiampi puntualiza
que la apropiación plena del barroco tuvo lugar cuando la experimentación con y la recrea-
ción de formas barrocas se conjugó con la reivindicación de la identidad cultural americana;
indica asimismo que, frente al momento anterior, el neobarroco no constituiría tanto una
ruptura como una intensifcación que adiciona, y esto es central, una “infexión fuertemente
revisionista de los valores ideológicos de la modernidad”. Lo neobarroco americano se pro-
pondría “alegorizar el carácter disonante de la modernidad latinoamericana”.
13
Centrando
la atención en el tercer momento (“americanización del barroco”), cabe señalar, siguiendo
una vez más a Bustillo, que en los años centrales del siglo xx parece haberse producido un
deslizamiento conceptual signifcativo, a saber, el paso de la revalorización de un barroco
de Indias específco, visible —entre otros lugares— en la obra del erudito dominicano Pedro
Henríquez Ureña,
14
a la idea de una América barroca, en torno a la cual desempeñaron un
papel fundamental los escritores cubanos José Lezama Lima y Alejo Carpentier. Ahora bien,
aun cuando hay bastante consenso en pensar el barroco de indias a partir de los parámetros
11
Un libro de omar Calabrese lleva por título L’età neobarocca (18); varios otros autores se han dedi-
cado a enlazar el barroco o el manierismo con nuestro tiempo. Para orientarse en estos debates pueden verse
la última parte del estudio de Bustillo —ya citado— y el ensayo de Carlos Rincón: “Retorno del Barroco y
relectura de las conceptualizaciones latinoamericanas sobre el Barroco”, en Mapas y pliegues, Santa Fe de
Bogotá, Colcultura, 1996. También los desarrollos de Mauricio Beuchot y Samuel Arriarán considerados más
abajo en este mismo artículo.
1
irlemar Chiampi, “El barroco en el ocaso de la modernidad”, en Barroco y modernidad, México, 2000.
13
Ibidem, p. 29.
14
Parece efectivamente haber sido Henríquez Ureña el primer crítico que destacó el hecho de que en las
colonias hispanoamericanas la tradición barroca adquirió una perdurabilidad mayor que en las metrópolis,
prevaleciendo en arquitectura, en literatura y en otras manifestaciones hasta muy entrado el siglo xviii. En lo
que respecta a la arquitectura, Henríquez Ureña ha notado que el estilo barroco tendió a convertirse en el estilo
característico de la América hispánica, en momentos en que las colonias mantenían o alcanzaban opulencia
mientras la península atravesaba momentos críticos. Precisa: “Hacia el 1700 el barroco hispanoamericano es
ya un ultrabarroco, equivocadamente llamado churrigueresco, puesto que Churriguera sólo tiene con él muy
escasa relación. Difere tanto en esencia como apariencia, del de España”. En Las corrientes literarias en la
América Hispánica, México, fce, 2001 [1945], pp. 95-96.
18 £ BARRoCo AMERICANo y CRíTICA DE LA MoDERNIDAD BURGUESA
establecidos por Henríquez Ureña, es decir, como una fase que posee una serie de rasgos
específcos que la diferencian de la correspondiente al barroco metropolitano, respecto de la
cual es, además, tardía y defnitivamente más perdurable, el paso de la noción de un barroco
de Indias con notas distintivas a la imagen de una América Latina de por sí barroca (de la
especifcación de un barroco americano a, si se me permite la expresión, la barroquización
de América) no era necesario; sin embargo, se produjo de hecho con amplias y llamativas
proyecciones. En una conferencia pronunciada en La Habana en 1957, Lezama Lima defnía
lo barroco —estética de la curiosidad, del conocimiento ígneo— como el auténtico comien-
zo del hecho americano.
1
En los primeros pasajes de esa disertación planteaba lezama su
tesis fundamental:
nuestra apreciación del barroco americano estará destinada a precisar: primero, hay una
tensión en el barroco; segundo un plutonismo, fuego originario que rompe los fragmen-
tos y los unifca; tercero, no es un estilo degenerescente, sino plenario, que en España y
en la américa española representa adquisiciones de lenguaje, tal vez únicas en el mundo,
muebles para la vivienda, formas de vida y de curiosidad, misticismo que se ciñe a nue-
vos módulos para la plegaria, maneras del saboreo y del tratamiento de los manjares, que
exhalan un vivir completo, refnado y misterioso, teocrático y ensimismado, errante en
la forma y arraigadísimo en sus esencias. Repitiendo la frase de Weisbach, adaptándola
a lo americano, podemos decir que entre nosotros el barroco fue arte de la contracon-
quista.
1
Articulando este planteamiento con la discusión entablada por Lezama con Hegel, Chiam-
pi resalta que con la operación lezamiana el barroco deja de ser histórico para convertirse
en “nuestra modernidad permanente, la modernidad otra, fuera de los esquemas progresivos
de la historia lineal, del desenvolvimiento del logos hegeliano. El barroco es, para Lezama,
nuestra metahistoria”.
1
Desde esta perspectiva, las ideas de lezama, a la vez que quedan
ubicadas lejos de una flosofía de la historia progresiva y lineal, resultan anticipatorias de las
discusiones más propias del momento siguiente (neobarroco). Corresponde recordar, siguien-
do todavía a Chiampi, que la posición lezamiana quedó relativamente confnada en Cuba
hasta entrados los años 70. Tanto Chiampi como Bustillo coinciden en subrayar que, más que
lezama, fue alejo Carpentier el mayor responsable de la difusión de la idea de una américa
barroca durante los años 60, especialmente por las ideas que vertiera en el prólogo a su no-
vela El reino de este mundo (14) y, sobre todo, en sus ensayos “problemática de la actual
novela latinoamericana” (1966) y “Lo barroco y lo real maravilloso” (1975). En este último
texto (que originariamente también fue conferencia), Carpentier alude de manera explícita al
planteamiento de Eugenio D’ors, al que considera “irrefutable”:
1
Las conferencias completas (la referida al barroco y otras) fueron publicadas bajo el título La expresión
americana. Empleo la edición del fce, México, 1993, preparada y prologada por Irlemar Chiampi.
1
José lezama lima, op. cit., p. 80. Es muy importante puntualizar que en Lezama la estética barroca
—emblematizada en la fgura del señor barroco— se manifestó tanto entre la elite virreinal (Sigüenza y Gón-
gora; Sor Juana) como entre artistas populares indios o mestizos (el indio Kondori; el Aleijadinho).
1
irlemar Chiampi, op. cit., p. 24.
anDréS kozEl £ 1
tenemos, en cambio, el barroco, constante del espíritu, que se caracteriza por el horror
al vacío, a la superfcie desnuda, a la armonía lineal-geométrica, estilo donde en torno al
eje central —no siempre manifesto ni aparente— (en la Santa Teresa de Bernini es muy
difícil determinar la presencia de un eje central) se multiplican lo que podríamos llamar
los “núcleos proliferantes”, es decir, elementos decorativos que llenan totalmente el es-
pacio ocupado por la construcción, las paredes, todo el espacio disponible arquitectóni-
camente, con motivos que están dotados de una expansión propia y lanzan, proyectan las
formas con una fuerza expansiva hacia fuera. Es decir, es un arte en movimiento, un arte
de pulsión, un arte que va de un centro hacia fuera y va rompiendo, en cierto modo, sus
propios márgenes […] Nos encontramos que en todos los tiempos el barroco ha foreci-
do, bien esporádicamente, bien como característica de una cultura […] ¿Y por qué es
América Latina la tierra de elección del barroco? Porque toda simbiosis, todo mestizaje,
engendra un barroquismo.
18
De manera que por varias vías se fue pasando de la idea de un barroco de Indias específco
a una barroquización de América. Entre estas vías ocupan un lugar importante, además del
acento puesto en el fenómeno del mestizaje, la insistencia en el fenómeno de suplantación de
realidades por apariencias y, muy ligado a ellos, el señalamiento, formulado entre otros por
octavio Paz, de que en el barroco americano “las letras —y los signos de las cosas— sustitu-
yeron a las cosas, convirtiendo al lenguaje en la única realidad”.
1

La cuestión del mestizaje lingüístico exige comentario aparte. Como lo indica Bustillo,
fue trabajada tanto por Carpentier como por Severo Sarduy, en cada caso desde una visión
particular, aunque arribando a conclusiones parecidas. En efecto, ambos han destacado las
tendencias a la profusión de alusiones barroquizantes (Carpentier) y a la “saturación verbal”
(Sarduy) en un mundo mestizo y heterogéneo que ha reclamado la descripción de todas las
cosas en relación con códigos no ajustados de manera estricta a los referentes, irremisible-
mente elusivos.
20
En particular Sarduy,
1
cuyo infuyente esfuerzo por codifcar la pertinencia
de la aplicación del concepto barroco al arte latinoamericano contemporáneo correspondería
ya al cuarto de los momentos indicados por Chiampi, propone una serie de rasgos de lo ba-
rroco cuya presencia procura identifcar en ciertas obras de arte actuales, neobarrocas: artif-
cialización extrema, tendencia a la parodia y superabundancia dadora de placer. Cabe referir
18
alejo Carpentier, “lo barroco y lo real maravilloso”, en Tientos, diferencias y otros ensayos, Barcelona,
Plaza y Janés, 1987, pp. 106ss. Las cursivas son mías. Buena parte de la obra de Carpentier puede leerse como
elaboración artística de estos postulados. Véase, en particular, su novela corta Concierto barroco.
1
Citado en Carmen Bustillo, op. cit., p. 81. Las ideas de Paz sobre el barroco novohispano están expuestas
en la primera parte de Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, México, fce, 14, tomo de las Obras
Completas [1982]. En otro orden de cosas, resulta evidente que el tópico de una América barroca resulta ser
tan sugerente como problemático. Sugerente porque nos permite pensar la historia de la región en otra clave,
quizá más ajustada a ciertos aspectos decisivos de esa misma historia; problemático en virtud de su tendencia
a gravitar hacia posiciones eventualmente esencializantes y, por tanto, ahistóricas. Bustillo destaca al respecto
una serie de críticas formuladas por Juan Durán Luzio, Arístides Natella y Leonardo Acosta. Este último ha
sostenido que la idea del barroquismo americano es una “fórmula fácil” que condenaría a los pueblos del con-
tinente no sólo a fatalismos geográfcos e históricos sino también estilísticos; de un modo algo extraño, exime
a Carpentier de este conjunto de acusaciones. Véanse las pp. 84-85 del estudio de Bustillo.
20
El punto también ha sido señalado con fuerza por Antonio Cornejo Polar, en una estimulante refexión
que sin embargo no hace referencia al tema del barroco. Véanse las pp. 89-90 del estudio de Bustillo.
1
Severo Sarduy, “El barroco y el neobarroco”, op. cit.
170 £ BARRoCo AMERICANo y CRíTICA DE LA MoDERNIDAD BURGUESA
aquí el importante matiz distintivo que traza Sarduy entre las sensibilidades correspondientes
al barroco histórico y al neobarroco: mientras la primera aún está en armonía con “el dios
jesuítico”, logos exterior que, aunque infnito, la precede y organiza, la segunda tiende, por
el contrario, a refejar la inarmonía, la ruptura del logos, esa carencia crucial que constituye a
la episteme de nuestro tiempo; en palabras de Sarduy, el arte neobarroco es un “arte del des-
tronamiento y la discusión”.

la distinción es de gran interés, ya que, además de revelar una
apertura a la historicidad en el desarrollo de Sarduy, parece apuntar directamente al corazón
del problema de la relación entre barroco y posmodernidad:
¿Qué signifca hoy en día una práctica del barroco? ¿Cuál es su sentido profundo? ¿Se
trata de un deseo de oscuridad, de una exquisitez? Me arriesgo a sostener lo contrario:
ser barroco hoy signifca amenazar, juzgar y parodiar la economía burguesa, basada en
la administración tacaña de los bienes, en su centro y fundamento mismo: el espacio de
los signos, el lenguaje, soporte simbólico de la sociedad, garantía de su funcionamiento,
de su comunicación.
3
Barroco americano: modernidades, posmodernidad, socialismo
En El espejo de Próspero, richard Morse propone una interpretación del devenir cultural de
las dos Américas que es señaladamente crítica tanto del conjunto de planteamientos asociados
a la leyenda negra antiespañola como de la autocomplacencia del mundo liberal-protestante.
4

Desde el inicio de su refexión, Morse advierte que su idea es colocar a Norteamérica frente
a la experiencia iberoamericana entendiendo a ésta no como un “caso de desarrollo frustrado,
sino como la vivencia de una opción cultural”,

la cual poseería, desde su perspectiva, cierto
mensaje que dar al mundo contemporáneo. La primera parte del libro de Morse aborda la
cuestión de la “prehistoria europea” de Anglo e Iberoamérica. Su tesis es que, a lo largo de un
muy complejo proceso que tuvo lugar entre los siglos xii y xvii, las sociedades progenitoras
de ambas américas adoptaron, cayeron o fueron empujadas a dos conjuntos de premisas
políticas diferentes, que han ido guiando la lógica de su pensamiento y acción a lo largo de
la historia: “No hace falta decir —apunta Morse— que Ibero y Angloamérica compartían las
culturas políticas de sus respectivas madres patrias”.

En defnitiva, tras un rico y matizado
desarrollo, Morse acaba contraponiendo dos principios organizadores del cuerpo político: una
sociedad basada en el pacto versus una sociedad orgánica, es decir, un principio nivelador o

Ibidem, p. 183.
3
Citado en Bolívar Echeverría, La modernidad de lo barroco, México, Era / unaM, 1998, p. 16. Echeverría
toma la cita de la obra de Sarduy titulada Barroco.
4
richard Morse, El espejo de Próspero. Un estudio de la dialéctica del nuevo mundo, México, Siglo XXI,
1999 [1982].

Ibidem, pp. 7-8.

richard Morse, op. cit., p. 90. De las páginas de Morse se desprende una imagen de la fase fnal de la
Edad Media más rica y matizada que la sostenida tradicionalmente. Algo similar sucede con la caracterización
de la dinámica cultural ibérica a partir del siglo xv: el viraje español hacia el tomismo durante el siglo xvi se ex-
plica justamente por la modernidad de la situación de la España de entonces, por la exigencia de conciliar una
racionalidad de Estado muy moderna para ese tiempo con las afrmaciones de un nuevo orden “ecuménico”.
anDréS kozEl £ 11
individualista frente a un principio jerárquico, arquitectónico y preocupado por la incorpora-
ción social y el bien común.
Desde el punto de vista de Morse, pasado el eclecticismo relativamente superfcial y poco
innovador del siglo borbónico; pasadas también las profundas convulsiones experimentadas
por las sociedades iberoamericanas durante las fases de la emancipación y siguientes, las pre-
misas de creencia de la cultura política iberoamericana seguirían estando, todavía hoy, empa-
rentadas con aquella racionalidad neoescolástica. La ética católica precartesiana continuaría
viva, bajo formas secularizadas, en expresiones políticas propias del siglo xx iberoamericano,
tales como el fenómeno populista. En suma, la tradición cultural ibero-católica es para Morse
una matriz de pensamiento terca, aunque capaz de autorenovarse, y relativamente impermea-
ble a la penetración de paradigmas foráneos (liberalismo, marxismo y, hasta cierto punto,
democracia). Por lo demás, sostiene Morse que en Iberoamérica la tradición democrática
tendría cierta “ventaja” sobre el marxismo en virtud de su mejor ajuste con las premisas de la
cultura política; en defnitiva —aduce—, la preocupación rousseauniana por el bien común
no estaría tan lejos del pensamiento de Francisco Suárez:
En términos ideales, cabe esperar que la mezcla de la cultura política ibérica con el rous-
seaunismo llene las aspiraciones humanistas occidentales más plenamente que el injerto
del marxismo en la tradición nacional rusa o que la mezcla angloatlántica de liberalismo
y democracia. En este mundo rapaz, sin embargo, parece bastante dudoso que el elemen-
to democrático de la dialéctica de Mariátegui llegue efectivamente a ser preponderante y
que su alma matinal alcance la redención secular.

Este pasaje es sumamente signifcativo. Por una parte, permite redondear el modo en que
Morse enfoca el problema de las relaciones entre la cultura política iberoamericana y el libe-
ralismo, la democracia y el marxismo. Por otra, nos introduce en la refexión de Morse sobre
el presente y el porvenir, objeto de la tercera y última parte de su libro. Reténgase por ahora
la contraposición entre unas aspiraciones humanistas ideales y el carácter rapaz del mundo
contemporáneo. Según Morse, la utilidad predictiva de su aporte no estaría ligada a la dilu-
cidación de opciones políticas concretas, sino más bien a la insinuación de compatibilidades
y resistencias a largo plazo entre las tendencias del mundo y los compromisos culturales
heredados. Enfáticamente señala que la cuestión principal no es ya la afrmación hegemónica
de individuos, pueblos o naciones, sino la capacidad psíquica de sobrevivir en un mundo que,
por decirlo de algún modo, se ha vuelto difícil de vivir. Se entiende, pues, que la preocupación
de Morse diste bastante de la vieja pregunta acerca de cómo volver a iberoamérica moderna
por el camino más corto y ese tipo de cosas. La mirada que Morse despliega sobre el Gran
Designio occidental está lejos de ser admirativa o autocomplaciente. Apoyándose en los de-
sarrollos críticos de la Escuela de Frankfurt, presenta un sombrío cuadro del mundo indus-
trial y de la sociedad norteamericana de su tiempo, que en alguna medida es también el nues-
tro.
8
llegado a este punto escribe uno de los pasajes más importantes de su obra:

Ibidem, pp. 146-147. Cursivas mías.
8
Morse refere el profundo deterioro de la personalidad en el occidente actual: la división irremediable del
núcleo coherente del ser individual, que ha hecho de los habitantes de nuestro mundo unos seres extrañados de
sí mismos y de los otros, unos “nazis virtuales”. El panorama que se desprende de esto es ciertamente oscuro:
1 £ BARRoCo AMERICANo y CRíTICA DE LA MoDERNIDAD BURGUESA
nuestra pregunta no es si iberoamérica puede soportar o bien de alguna manera enno-
blecer la penetración del gran Designio occidental sino si por constitución histórica es,
para bien o para mal, de alguna manera impenetrable para él (…) iberoamérica siempre
ha sido vista, aún por sus propios pensadores clásicos, no como autóctona sino simple-
mente como obsoleta (…) nuestra argumentación sostiene, en cambio, no que el mundo
ibérico es obsoleto sino que si bien comparte antecedentes griegos, romanos, cristianos
y medievales con el resto de occidente, en el siglo xvi tomó caminos que impiden un
desenlace nietzscheano, weberiano o kafkiano.

Según Morse, aun cuando es innegable que el gran Designio occidental ha penetrado en
iberoamérica, al hacerlo de manera incompleta no ha llegado a racionalizar todo su modo de
vida, ni siquiera en lo que respecta a su sector moderno o burgués. Para Morse esta singula-
ridad, que es especial mas no exclusivamente visible en el ámbito de la literatura, se explica
justamente por el antiguo rechazo del mundo ibérico a las implicaciones últimas de las revo-
luciones religiosa y científca, rechazo que volvió a este mundo relativamente impermeable a
los derroteros posteriores de aquéllas, los cuales desembocaron no en el paraíso en la Tierra,
sino en una combinación macabra entre utilitarismo exacerbado y subordinado individualis-
mo, decididamente prevalecientes en el otro occidente actual.
Parece claro que el horizonte intelectual, político y existencial del desarrollo de Morse
no reside en proponer la transformación radical de un mundo que le disgusta pero que no se
le aparece como fácilmente transformable, sino más bien en contribuir a identifcar los apo-
yos necesarios para tornar soportable ese mismo mundo. Hacia el fnal de su libro, recupera
explícitamente una faceta del planteamiento de Maravall sobre la cultura del barroco, para
sostener que las racionalidades iberoamericanas del compromiso y la ética persistente se arti-
culan con la tantas veces señalada fascinación por la época barroca, aquel mundo laberíntico
de Góngora donde el gobierno lucha por la fjeza, en medio de cambios sin dirección, donde
el prudencialismo tácito califca sin suspender los criterios morales, donde la argumentación
escolástica está embotada pero conserva subrepticiamente su prestigio. En defnitiva, para
Morse, los ideales ibéricos de la razón de Estado y de la incorporación social pueden consti-
tuir para nuestro tiempo faros más brillantes que la mentada libertad de los anglosajones, cada
vez más desprovista de signifcados auténticos.
En la refexión de Bolívar Echeverría también aparecen tematizadas las cuestiones de la
articulación entre barroco y modernidad y de la relación entre barroco y América Latina.
Echeverría propone conceptualizar el barroco como un ethos o, mejor dicho, como una de
las versiones del ethos moderno.
30
Ethos quiere decir principio de construcción del mundo
de la vida, opción para relacionarse con el terrible hecho capitalista de un cierto modo, vol-
viéndolo, en algún sentido, vivible. Según Echeverría, las otras versiones del ethos moderno
son la realista, la clásica y la romántica. Cada una de ellas proviene de distintas épocas de
la modernidad, y revela afnidades ciertas con determinados tipos de creación artística. Las
cuatro coexisten, aunque según el momento su papel en la construcción del mundo histórico
una burbuja impersonal alberga unos yoes cuya estructura se ha desvanecido; un “fascismo amistoso” exige de
todos y cada uno una adaptación resignada y complaciente.

Ibidem, pp. 168-169. Cursivas mías.
30
Bolívar Echeverría, “El ethos barroco”, en La modernidad de lo barroco, México, Era / unaM, 1998.
anDréS kozEl £ 13
es variable; en la actualidad, es el ethos realista el que desempeña el papel dominante. La
idea de llamar barroco a un ethos supone postular una analogía entre el arte barroco del siglo
xvii y un tipo particular de comportamiento y de relación con el mundo que rebasa el estricto
segmento temporal en cuestión y que no necesariamente supone adherir a concepciones sus-
tancialistas acerca de su presencia más o menos recurrente o predominante en ciertos espacios
geohistóricos. El pasaje que sigue muestra cuánto debe su argumentación a los señalamientos
de Sarduy y, más allá, a una determinada lectura de Marx:
pensamos que el arte barroco puede prestarle su nombre a un ethos porque, como él
(...), éste también resulta de una estrategia de afrmación de la corporeidad concreta del
valor de uso que termina en una reconstrucción de la misma en un segundo nivel; una
estrategia que acepta las leyes de la circulación mercantil, a las que esa corporeidad se
sacrifca, pero que lo hace al mismo tiempo que se inconforma con ellas y las somete a
un juego de transgresiones que las refuncionaliza.
31
Para Echeverría, el ethos barroco, a diferencia de las otras tres versiones, mantiene al
capitalismo como algo inaceptable y ajeno. Sin embargo, no lo hace propiciando el abandono
del mundo ni nada parecido, sino más bien desviando la energía productiva de un modo este-
ticista, poniendo el disfrute de lo bello como condición de la experiencia cotidiana, como ele-
mento catalizador de todos los otros valores positivos del mundo.
3
Desplegar ese ethos sería
entonces vivir en y con el capitalismo, pero de una manera peculiar, como a regañadientes.
Ahora bien, en opinión de Echeverría, pocas historias particulares permiten estudiar este
ethos de un modo más apropiado que la de la España americana durante los siglos xvii y xviii,
así como de lo que se ha reproducido de ella, posteriormente, en los países de América Latina.
Según Echeverría, el drama fundamental del siglo xvii americano es el del mestizaje civiliza-
torio y cultural, el cual rebasa ampliamente lo biológico, debiendo ser pensado en términos
semióticos. En este punto Echeverría postula al menos dos imágenes fuertes para pensar la
adopción del ethos barroco en las regiones clave de la América colonial. Una tiene que ver
con el hecho de que en ese tiempo se conformó, ascendió y decayó un entero mundo histórico,
conectado con el intento de la iglesia católica de construir una modernidad propia, religiosa,
articulada en torno a la revitalización de la fe y alternativa a la modernidad individualista
abstracta edifcada sobre la vitalidad del capital.
33
la otra alude al hecho de que los restos
urbanizados de la población indígena emplearon la estrategia barroca para salvar a su mundo
de la destrucción total, procurando reconstruir en la práctica “una imitación o representación
escénica de la civilización europea, un mundo inventado donde en muchos sentidos los latinoa-
mericanos nos encontramos todavía”.
34
la articulación de estas imágenes no deja de presentar
31
Ibidem, p. 46.
3
Bolívar Echeverría, “El ethos barroco y la estetización de la vida cotidiana”, en op. cit., pp. 185-198.
33
Para Echeverría, la experiencia jesuítica en América ilustra a la perfección el intento de construir una
modernidad alternativa, conscientemente planeada y orientada no a huir del mundo, sino a estar en él, aunque
para gloria de Dios, lo cual se liga estrechamente a la idea de dominar el mercado a partir de un proyecto dis-
tributivo político-religioso, enraizado en la moral católica.
34
La cita está tomada del artículo “¿Un socialismo barroco?”, en Diánoia, volumen XLIX, núm. 53, no-
viembre de 2004, p. 126. Cf. también el ensayo “El barroquismo en América Latina”, que integra el volumen
Vuelta de siglo, México, Era, 2006, en especial pp. 161 y ss.
14 £ BARRoCo AMERICANo y CRíTICA DE LA MoDERNIDAD BURGUESA
aristas problemáticas, toda vez que las cualidades del barroco eclesial-jesuítico no se revelan
como necesariamente equivalentes ni sumables a las del popular-mestizo. Sin embargo, lo im-
portante ahora es que, según Echeverría, todo este proceso tuvo una capacidad conformadora
decisiva, y explicaría tanto el estadocentrismo perdurable de la cultura política iberoamericana
como el hecho de que esta parte del mundo quedara como empantanada en un modo de la
modernidad que careció y carece de salida en términos capitalistas. El problema se hace aún
más espinoso si se considera, con el autor —y frankfurtianamente, como sucedía también
en Morse—, que la propia modernidad capitalista también se nos aparece hoy como una vía
muerta. La pregunta que se plantea entonces es si esa variante barroca de modernidad quedó
clausurada por completo en los siglos xvii y xviii o si todavía es posible recuperar algunas de
sus viejas promesas y, de ser así, cuáles serían el sentido y el alcance de dicha recuperación.
Hasta donde alcanzo a comprender, para Echeverría lo recuperable de aquella experiencia ra-
dicaría en lo señalado más arriba en relación con la defnición del ethos barroco en tanto modo
de comportamiento orientado a tornar vivible el hecho capitalista con base en una desviación
estetizante que consigue transgredir las leyes de la circulación mercantil y reafrmar en un
segundo nivel la corporeidad concreta del valor de uso. Este rasgo decisivo del ethos barroco
parece robustecer la convicción de Echeverría según la cual no resulta del todo imposible ima-
ginar una modernidad cuya estructura no estuviese armada en torno al dispositivo capitalista
de la producción, la circulación y el consumo de la riqueza social. Para Echeverría, “Débiles
son los indicios de que la modernidad que predomina actualmente no es un destino inelucta-
ble —un programa que debemos cumplir hasta el fnal, hasta el nada improbable escenario
apocalíptico de un retorno a la barbarie en medio de la destrucción del planeta— pero no es
posible pasarlos por alto”.
3
Entre esos indicios que no habría que pasar por alto estaría contar las fallidas y hoy su-
bordinadas pervivencias barrocas. El énfasis en la debilidad de dichos indicios obliga a evitar
asociaciones simples entre la posición echeverriana y cualquier tipo de optimismo cándido.
Hasta donde sé, la elaboración de Morse —que, como sabemos, tampoco era optimista en lo
que tenía que ver con las posibilidades de una transformación sistémica radical— no ocupa un
lugar importante en la conformación de la mirada echeverriana; sin embargo, a mi modo de
ver, estaría plenamente justifcado perflar un diálogo polémico entre ambas perspectivas.
En un libro publicado hace ya casi diez años, Samuel Arriarán y Mauricio Beuchot explo-
raron una serie de conexiones entre el barroco y la situación actual de la flosofía, para de-
rivar en la propuesta de un multiculturalismo analógico-barroco, contrapuesto a otras posi-
bles versiones del multiculturalismo.
3
En el ensayo que abre el volumen,
3
Beuchot plantea
de manera explícita que el estudio de la experiencia del barroco, característica de un tiempo
crítico y confuso a la vez que muy propia y peculiar de ciertas regiones de América Latina,
puede resultar aleccionador en lo que concierne a la búsqueda de salidas a la grave crisis
cultural de nuestro tiempo. La apuesta de Beuchot consiste en presentar el barroco como
un tiempo en el cual prevaleció el pensamiento analógico, es decir, un tipo de pensamiento
que, en distintos planos, estuvo orientado a la búsqueda de equilibrios, no necesariamente
negadores de las tensiones y confictos derivados de la referida crisis epocal que le sirvió de
3
“El ethos barroco”, en La modernidad…, op. cit., p. 35.
3
Samuel Arriarán y Mauricio Beuchot, Filosofía, barroco y multiculturalismo, México, Itaca, 1999.
3
Mauricio Beuchot, “Filosofía y barroco”, en ibidem.
anDréS kozEl £ 1
marco, y en tanto tales más o menos precarios, pero que tuvieron la fundamental virtud
de evitar la caída en la desesperación, el desenfreno y el nihilismo absolutos. Ese horizonte de
despeñamiento es para Beuchot el principal riesgo de la posmodernidad.
38
Beuchot admite,
con Maravall, que el arte barroco fue dirigido y manipulador; plantea, no obstante, que hay
una diferencia radical entre las elaboraciones intelectuales de ese tiempo, empleadas para
“llenar de signifcado” y las del nuestro, usadas para “vaciar de sentido” el ámbito de la cul-
tura. Con toda probabilidad, subyace a esta última precisión una muy diversa interpretación
del signifcado del catolicismo en la historia, todo lo cual, desde luego, no debe conducirnos
a ver en Beuchot un católico reaccionario ni nada parecido, sino más bien a visualizar más
adecuadamente las múltiples y profundas cuestiones que hay en juego en este debate. Sobre
el fnal de su texto, Beuchot introduce la imagen de la resurrección del barroco, gracias a
la cual dispondríamos hoy de una serie de herramientas capaces de orientarnos en la aguda
crisis contemporánea: “En esta búsqueda de sentido que es la historia, el barroco, aunque está
lejano en el tiempo, está cercano y aun presente por su semejanza con nuestro tiempo; ya se
lo considere como una modernidad alternativa, o como una posmodernidad avant la lettre,
está entre nosotros”.
3
por su parte, Samuel arriarán propone una interpretación en principio esperanzada de la
situación latinoamericana, ligada a su intento por llevar adelante una lectura selectiva del pos-
modernismo, visto en su aspecto de aparato conceptual capaz de contribuir a la defnición de
otras posibilidades históricas susceptibles de superar la modernidad capitalista.
40
La refexión
echeverriana sobre el ethos barroco ocupa un lugar importante en esta búsqueda, justamente
por el hecho de que, como sabemos, en ella se tematiza un tipo posible de racionalidad no
capitalista, centrada en lo afectivo y lo simbólico, y a partir de la cual se podría pensar, con
algún fundamento histórico, en la edifcación de un proyecto alternativo de modernidad. El
planteamiento de arriarán parte de una caracterización dialéctica del proceso de occidenta-
lización y modernización de América Latina. Tomando distancia tanto de la imagen de la de-
saparición absoluta del mundo de la vida de los dominados como de la idea de una persisten-
cia incontaminada de sus valores culturales, ubica en el centro de su refexión las categorías
de sincretismo, hibridez y mestizaje, asegurando que en nuestra región “lo que tenemos es
una estructura posmoderna desde la Conquista”.
41
Sostiene:
La América hispánica es la tierra de todos los sincretismos, el “continente de lo híbrido
y de lo improvisado”. Hay que aclarar que en esta reinterpretación histórica no hay nada
de burla o desprecio. Al contrario, se trata más bien de revalorar proyectos con los cuales
afrontar mejor los problemas del mundo actual que hoy nos están llevando a la catástrofe
38
Autor prolífco, Beuchot ha trabajado estos temas en otros textos suyos. Véanse, por ejemplo, Tratado de
hermenéutica analógica. Hacia un nuevo modelo de interpretación, México, itaca / unaM, 2000; Historia de la
flosofía en la posmodernidad, México, Torres, 2004.
3
Ibidem, p. 40.
40
Sigo la argumentación desarrollada por arriarán en su libro Filosofía de la posmodernidad. Crítica a la
modernidad desde América Latina, México, ffyl/unaM, 2000 [1997].
41
Ibidem, p. 201. En ciertos grupos indígenas de México (juchitecos, purépechas, yaquis y, tal vez cen-
tralmente, en el caso de Chiapas) arriarán visualiza esta capacidad de asimilar y de al mismo tiempo resistir
el desarrollo moderno. Estas afrmaciones lo aproximan a los desarrollos del historiador Serge Gruzinski, así
como a la obra que omar Calabrese dedicó a la era neobarroca.
1 £ BARRoCo AMERICANo y CRíTICA DE LA MoDERNIDAD BURGUESA
de todo el planeta o a una especie de barbarie generalizada. ¿El ethos barroco latinoame-
ricano puede ser una modernidad alternativa? Se puede resaltar su naturaleza ambigua.
Por una parte presenta un aspecto conservador y por otro, liberador.
4
poco más adelante, en las conclusiones, plantea que la salida para américa latina no
debiera fundamentarse en una recuperación del proyecto ilustrado (como lo propone Haber-
mas), sino en una recuperación del barroco novohispano, que más allá de su faceta conserva-
dora, permitió —y permite— la activación de un conjunto de comportamientos de resistencia
cultural contrapuestos a la racionalidad capitalista. Sin embargo, el libro se cierra con un giro
que, a mi modo de ver, resulta desconcertante: “por el momento, las posibilidades de retomar
el ethos barroco resultan desafortunadamente limitadas. No hay elementos sufcientes para
concluir que en la actualidad resulta plenamente viable. Por esta razón, mi conclusión fnal
es que la única manera para alcanzar otra modernidad no capitalista es reivindicar la utopía
socialista”.
Digo giro desconcertante entre otras cosas porque, así como no hay elementos sufcientes
para concluir que en la actualidad sean viables las posibilidades de retomar el ethos barro-
co para acceder a una modernidad no capitalista, tampoco parece haberlos para pensar en
una próxima edifcación del socialismo. Arriarán retomó y desarrolló más ampliamente estos
temas en un artículo posterior, presentado como una crítica y una alternativa a la teoría del
ethos barroco de Bolívar Echeverría.
43
En un pasaje que permite captar adecuadamente el
núcleo de su posición, escribe:
Mi hipótesis es que la teoría del ethos barroco de Bolívar Echeverría (liberadora al
principio) no constituye una alternativa por insufciente (se queda en el pasado y, por
tanto, no se conecta con las luchas sociales por la transformación del presente). Quizá
por estar adherido a los conceptos flosófcos pesimistas-nihilistas de Heidegger, Adorno
y Horkheimer (en torno a la modernidad), no desarrolla sufcientemente la necesidad del
cambio social. Por eso es que el ethos barroco no sería una alternativa frente a la moder-
nidad capitalista. Frente a este sistema económico y político, hace falta desarrollar una
estrategia de resistencia donde el ethos barroco encuentre su sentido liberador. Para ello
hace falta conectarse con la estrategia socialista.
44
A su vez, y a modo de respuesta, Echeverría elaboró un breve y logrado texto, que resulta
esclarecedor tanto de su posición como de los términos de la polémica, y que deja abierta
la posibilidad de una convergencia con el planteamiento de Arriarán.
4
Remarca Echeverría
que una posición de izquierda, revolucionaria, es decir, orientada a sustituir a la modernidad
capitalista por otra diferente no puede adoptar las estrategias desarrolladas por aquellos ethos
a los que dio lugar la propia modernidad capitalista, ni siquiera por el ethos barroco, cuya
estrategia no es transformar esa modernidad, sino vivir a regañadientes dentro de ella. Sin
4
Ibidem, pp. 203 y ss.
43
Samuel arriarán, “una alternativa socialista al ethos barroco de Bolívar Echeverría”, en Diánoia, volu-
men XLIX, núm. 53, noviembre de 2004, pp. 111-124.
44
Ibidem, p. 118.
4
Bolívar Echeverría, “¿Un socialismo barroco?”, en Diánoia, volumen XLIX, núm. 53, noviembre de
2004, pp. 125-127.
anDréS kozEl £ 1
embargo, la refexión echeverriana concluye admitiendo que, América Latina, una posible
modernidad socialista tendría probablemente las huellas de la modernidad capitalista de ten-
dencia barroca a la que vendría a sustituir, siendo ello en cierto sentido promisorio, en la me-
dida que podría permitirle a esa modernidad socialista superar la ceguera de los socialismos
precedentes ante el lado natural, concreto o de valor de uso de la vida humana y sus mundos.
Con esto, y más allá de la precisión conceptual, Echeverría parece quedar abierto al reclamo
de arriarán centrado en la insistencia de conectar al ethos barroco con el posible advenimien-
to de una modernidad socialista.
Refexión fnal
Barroco es un concepto axiológicamente ambivalente. Admitido esto, cabe reconocer que al
menos una de sus facetas alberga una crítica, no por oblicua menos vigorosa, a la experiencia
dominante de modernidad. ¿Qué consecuencias cabría esperar de su instalación en un lugar
más central de nuestros debates sobre la condición latinoamericana? Evidentemente, no hay
un solo punto de fuga posible. Dejando fuera de consideración aquellas perspectivas favo-
rables a una restauración señorial y medievalizante o recelosas de la modernidad en algún
otro sentido, resulta posible llamar la atención sobre cuatro énfasis derivables de un eventual
recentramiento del barroco. En primer lugar, la revalorización de un conjunto de elementos
de la cultura política ibera, y la consecuente apertura a ver con mejores ojos no sólo el papel
de España en la historia universal, sino también esos fenómenos “típicamente” latinoameri-
canos como el estadocentrismo, el caudillismo, el populismo, etcétera. En segundo lugar, la
recuperación de aspectos medulares de la cultura barroca en tanto posibles puntos de partida
para la reconstrucción de la flosofía y, más en general, de la vida cultural de nuestro tiempo.
En tercer lugar, cierto impulso a poner entre paréntesis la lucha por la afrmación hegemónica
y por la dilucidación de opciones políticas concretas, y la consecuente opción por el cultivo
de la capacidad psíquica de sobrevivir en un mundo difícil, a partir del establecimiento de
una relación distante y descentrada respecto de la política y del poder. Por último, el intento
de identifcar, con menor o mayor escepticismo, prácticas concretas que de alguna manera
estén expresando, hoy, la eventual conexión entre el ethos barroco y una posible modernidad
socialista defnida como su superación dialéctica. No parece necesario insistir sobre el hecho
de que la articulación de estos cuatro énfasis sigue constituyendo un fascinante desafío no
sólo historiográfco, sino también flosófco y político.
FILoSoFíA:
REFLEXIóN SIN TéRMINo
181
La flosofía en México en el siglo xix
Mauricio Beuchot*
Introducción
En estas líneas se tratará de resumir el pensamiento flosófco del siglo xix mexicano. Está
marcado por varias luchas la primera mitad y buena parte de la segunda: la guerra de indepen-
dencia, de 1810 a 1821; la guerra contra la pretensión de Iturbide de ser emperador, de 1822
a 184; la guerra contra texas (183-184) y luego contra la invasión norteamericana (184-
184); la guerra entre liberales y conservadores (18-181); la guerra contra el emperador
Maximiliano y contra la intervención francesa (1862-1867). Después hubo una época larga de
paz, pero de opresión interna, con Porfrio Díaz, iniciada en 1876 y terminada en 1910.
En ese tiempo surge la flosofía política para legitimar la revolución de independencia,
que utiliza tanto ideas escolásticas como ilustradas. Después de la independencia se da la
pugna de liberales y conservadores, que atraviesa en el fondo las guerras con las potencias
extranjeras; allí pugna la flosofía liberal con la conservadora, sobre todo escolástica. Luego
se establece el positivismo, que abarca desde 1867, con Juárez, todo el porfriato, y termina
en 1910 con la revolución, con la que se buscan nuevas ideas.
La revolución de independencia
México se independiza de España y llega a ser un país libre y soberano. ya estaba en la madu-
rez para hacerlo. Tuvo que conseguirlo mediante las armas, en la revolución independentista.
En la época de la lucha de independencia de México respecto de España —lucha que comien-
za en 1810 y termina en 1821—, hubo ideólogos o pensadores políticos que sustentaron la
legitimidad de la rebelión. Fue un ejercicio de flosofía, flosofía política más concretamente,
pues se flosofaba en relación con los acontecimientos que se iban desatando.
1
* Doctor en flosofía. Profesor del Colegio y Posgrado de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de
la unaM (PRIDE “D”), e investigador del Instituto de Investigaciones Filológicas, unaM. Pertenece al Sistema
nacional de investigadores (sni), nivel III.
1
L. Villoro, La revolución de independencia, México, unaM, 13; el mismo, “las corrientes ideológicas
en la época de la independencia”, en M. de la Cueva et al., Estudios de historia de la flosofía en México,
México, unaM, 1980 (3a. ed.), pp. 169-199.
18 £ LA FILoSoFíA EN MéXICo EN EL SIGLo XIX
ya el propio Miguel Hidalgo y Costilla, el iniciador de la lucha, juntaba ideas tradicionales
escolásticas con nuevas ideas ilustradas.

nacido en Corralejo, guanajuato, en 13, estudió
en el Colegio de San Francisco Javier, de los jesuitas, en Valladolid (hoy Morelia), estado
de Michoacán. Poco antes de la expulsión jesuítica de 1767 fue cerrado este colegio y pasó
al Colegio de San Nicolás. En 1770 se graduó de bachiller en artes por la Real y Pontifcia
Universidad de México, y en 1773 de bachiller en teología. Fue ordenado sacerdote en 1778.
En el Colegio de San Nicolás enseñó flosofía y teología, y aun fue rector. En dicho colegio
presentó una Disertación sobre el verdadero método de estudiar teología escolástica (184),
en la que pugna por introducir nuevas ideas, ilustradas.
Era discípulo de José Antonio Borda y aprovechaba el impulso renovador y el método de
Clavijero. Sus maestros jesuitas fueron expulsados en 1767, cuando Hidalgo estaba a mitad
de su carrera. Ellos seguían a Suárez, negador del derecho divino de los reyes y que colocaba
el origen de la soberanía en el pueblo. Esto lo usó Hidalgo para justifcar la guerra de inde-
pendencia, dadas las circunstancias en las que se encontraba la corona española. También hay
constancia en la Universidad de México de que obtuvo grado universitario.
Continuador de Hidalgo en la lucha, José María Morelos y Pavón nació en Valladolid, hoy
Morelia, en 1765.
3
Estudió en el Colegio de San Nicolás, cuando era rector Hidalgo, quien
le tuvo un especial aprecio. Terminó su educación en flosofía en 1795, luego pasó a teología,
y obtuvo en la Universidad de México el grado de bachiller en flosofía. Se ordenó sacerdote
en 1797, y ejerció en la parroquia de Carácuaro. Se unió a la causa insurgente de su maestro
y murió fusilado en 1815. Escribió un documento de flosofía social y política, Sentimientos
de la nación, donde expone su idea de la justicia.
otros próceres de la independencia recibieron también formación flosófca.
4
ignacio al-
dama estudió dos años de flosofía en el Colegio de San Francisco de Sales de San Miguel
el Grande, teniendo como maestro al padre flipense Carlos Antonio Martínez, que usaba los
Elementos de flosofía moderna, de Gamarra. Mientras que la universidad permanecía leal
a la corona española, en colegios como aquél —bastante alejados— había más libertad y
corrían mejor las nuevas ideas.
Mas, como se ve, no fueron sólo las ideas ilustradas las que animaron la emancipación,
sino también ideas de la escolástica, pues ya en la escuela de Vitoria se defendía el origen
popular de la soberanía, y que el gobernante, cuando incurriese en tiranía, perdiera la autori-
dad y la recobrara el pueblo. Esto lo siguieron Las Casas y Suárez. De hecho, uno de los que
embonan el independentismo con el liberalismo, como fue fray Servando teresa de Mier, usó
argumentos tomados de Las Casas para defender la licitud de la revolución independentista.
Fray Servando nació en Monterrey en 1763.

En 1780 se hizo dominico; estudió la floso-
fía y teología tomistas en el Colegio de Porta Coeli, luego enseñó flosofía en el Colegio de
Santo Domingo y también en la universidad. Murió en México, en 1827. Esgrimió la teoría
tomista del derrocamiento del tirano y la tesis de Vitoria y su escuela, de que el poder pro-
cede del pueblo y cuando el gobernante se vuelve tirano, el poder vuelve al pueblo y éste lo

J. Hernández Luna, Imágenes históricas de Hidalgo, Morelia, uMsnh, 1981, pp. 113 y ss.
3
J. M. Villalpando Nava, Historia de la flosofía en México, México, Porrúa, 2002, pp. 181-183.
4
S. Ramos, Historia de la flosofía en México, México, Conaculta, 1993, p. 126.

M. Beuchot, “Fray Servando Teresa de Mier y el derecho a la insurgencia en el caso de México”, en Jus-
ticia y Paz. Revista de derechos humanos, año II, núm. 3 (mayo 1987), pp. 82-88.
MAURICIo BEUCHoT £ 183
puede deponer. Escribió una Memoria político-instructiva (1821). Allí pide que México sea
una república, pero centralista, no federalista. Además, hizo labor de historiador, publicando
en londres su Historia de la revolución de Nueva España.
Se trataba, pues, de una situación de lucha, en este caso por la independencia de México
como país libre y soberano, como nación autónoma. La refexión flosófca se orientó a la
justifcación de la revolución emancipadora, fue sobre todo una flosofía política de la inde-
pendencia.
El México independiente
Lograda ya la independencia de México, venía el problema de organizar el país, la nueva na-
ción. Esto se plasmó en las constituciones que se fueron estableciendo para México, sobre todo
en contra de la pretensión de Iturbide de ser emperador. Las ideas de los enciclopedistas nutren
las constituciones, como la de Apatzingán, de 1814. Hubo federalistas que querían una repú-
blica con un gobierno descentralizado, como el de Estados unidos, y centralistas que buscaban
imitar a Francia. y hubo, también, una larga pugna entre liberales y conservadores.
El liberalismo
Habiendo luchado por la independencia, y con el escarmiento de la pretensión imperialista de
Agustín de Iturbide, así como otros intentos de volver atrás, por los reaccionarios, en México
se empezó a apoyar cada vez más la consigna de la libertad y el progreso; de hecho, es el
lema de la flosofía en todo el siglo xix mexicano, defendido con muchas guerras fratricidas.
ya en España este movimiento había recibido un nombre: el de liberalismo, y así se le llamó
también aquí. Liberales eran quienes habían sacudido de sí mismos la servidumbre, y en sus
flas militaban tanto reaccionarios como revolucionarios, tanto clérigos como militares y de
todos los estamentos sociales.

Un enclave entre el modernismo —que llevó a la independencia— y el liberalismo fue
Manuel María Gorriño y Arduengo, en quien se ve la transición hacia las ideas liberales.

Nació en San Luis Potosí, en 1767. Estudió flosofía en el Colegio de San Francisco de Sales,
de San Miguel el Grande (donde fue alumno de Gamarra), graduándose de bachiller en 1785.
Es ordenado sacerdote en 1793. En México estudió en el Colegio de San Ildefonso y en el de
Santa María de Todos los Santos (de este último llegó a ser rector en dos ocasiones). Pasó a
Guadalajara y, en su universidad, se graduó de licenciado y doctor en teología en 1808. Vivió
en San Luis, ejerciendo su ministerio y labores sociales hasta su muerte en 1831. Fruto de
esas labores sociales fue la fundación del Colegio Guadalupano Josefno, en 1826, primera
institución superior de estudios en el estado.

A. Villegas, “El liberalismo mexicano”, en M. de la Cueva et al., op. cit., pp. 201-225.

R. Cardiel Reyes, Del modernismo al liberalismo. La flosofía de Manuel María Gorriño, México, unaM,
1989 (3a. ed.), pp. 237-241.
184 £ LA FILoSoFíA EN MéXICo EN EL SIGLo XIX
Es autor de estas obras flosófcas: Del hombre (11), El hombre tranquilo, o refexiones
para conservar la paz del espíritu (¿1800?), Filosofía de la fe católica (1811) y Refexiones
sobre la incredulidad (1814). De su maestro Gamarra heredó el gusto por la flosofía moder-
na, por la racionalidad y la libertad. Así, luchó por el liberalismo. También trabajó en empre-
sas sociales. En él se dio un proceso de cambio de ideas políticas, como se ve en su praxis
concreta y en su paso de la monarquía a la democracia, esto es, de 1821 a 1824 pasa de ser
conservador a ser liberal, pero con una actitud ecléctica.
Pero el teórico principal del liberalismo fue el doctor José María Luis Mora, nacido en San
Francisco de Chamacuero, en el estado de Guanajuato, en 1794.
8
En México, en el Colegio de
San Ildefonso, obtuvo los grados de bachiller, licenciado y doctor en teología. Fue ordenado
sacerdote en 1820 y en 1825 se recibió de abogado. Se opuso al imperialismo de Iturbide, fue
consejero del presidente Gómez Farías entre 1833 y 1834. Por temor a Santa Anna huyó y
vivió en París y Londres. Escribió México y sus revoluciones. Murió en París en 1850.
Se le atribuye un Catecismo político de la federación mexicana (1831). y, en efecto, fue
federalista, muy liberal, con gran aversión al clero y al ejército. Tuvo el infujo de Montes-
quieu, Bentham, Benjamin Constant y Jovellanos. Mora fue quien sustentó teóricamente al
partido liberal y las luchas de reforma. También enseñó las doctrinas de los sensualistas,
ideólogos y utilitaristas.
Mariano otero, nacido en Guadalajara en 1817, estudió allí y en 1835 ya era abogado.

En 1842 fue diputado por Jalisco, y por ello pasó a México. Fue secretario de Relaciones
Exteriores. Murió en la capital mexicana, en 1850. Luchó por la causa de los liberales; quería
una república popular, representativa y federal; pedía también limitar el poder del clero y el
ejército; igualmente, creía en una educación no religiosa, laica. Así se observa en sus obras
Ensayo sobre el verdadero estado de la cuestión social y política que se agita en la Repúbli-
ca Mexicana (184) y Consideraciones sobre la situación política y social de la República
Mexicana (1847).
Así, pues, las ideas flosófcas de los liberales apuntaban a un México que fuera república,
discutiendo si debía ser centralista o federalista; se negaba la monarquía, como la de España,
y el imperio, como el de Iturbide y, sobre todo, como el de Maximiliano de Habsburgo. Hubo
guerras contra la intervención de Estados unidos (184) y contra la intervención francesa,
que apoyaba a Maximiliano (terminada en 1867). Benito Juárez había sido allí el héroe, igual
que Porfrio Díaz. ya desde la Constitución de 1857, los liberales aplicaron sus ideas de igual-
dad, y lo mismo en las leyes de reforma, en las que se restaba poder al clero y a los militares.
Se entronizaban las ideas de libertad y progreso como aquello que México necesitaba.
Los conservadores
Pero hubo, por supuesto, una reacción frente al liberalismo. Los opuestos a los liberales
fueron llamados conservadores. El principal pensador de estos últimos fue Lucas Alamán
8
G.A. Escobar Valenzuela, El liberalismo ilustrado del Dr. José María Luis Mora, México, unaM, 14,
pp. 79-92.

J.M. Villalpando Nava, op. cit., pp. 206-207.
MAURICIo BEUCHoT £ 18
(guanajuato, 1-México, 183), fundador del partido conservador (en 184) y notable
historiador, pues escribió sus Disertaciones sobre la historia de la República Mejicana y una
Historia de México; en la primera de ellas expresó sus juicios sobre flosofía de la historia de
nuestro país.
10
Al igual que el liberal otero, Luis Gonzaga Cuevas, conservador, era más flósofo que polí-
tico. Nació en Lerma, Estado de México, en 1799. Estudió en el Colegio de San Ildefonso de la
capital mexicana. Fue secretario de Relaciones Exteriores y senador. Era conservador modera-
do, y se negó a pertenecer a la junta de notables que trajo al emperador Maximiliano y también
rechazó pertenecer a su consejo. Murió en la capital mexicana, en 1867. Dejó el libro Porvenir
de México, en el que no se ve como conservador ni como enemigo del liberalismo, sino como
alguien preocupado por el destino de su país, pidiendo que se acaben las luchas partidistas y se
dé la unión para hacer prosperar a la nación. Asumió su catolicismo no con una actitud triunfa-
lista o combativa, sino como amor al prójimo, principalmente a los mexicanos.
11
los conservadores eran un sector de la iglesia católica (pues entre los liberales hubo cató-
licos y no católicos, incluso sacerdotes y militares). Ellos creían que para salir de la situación
desastrosa y anárquica de México había que volver a la monarquía o al imperio, como inten-
taron hacerlo trayendo a Maximiliano a nuestro país. Pero fueron derrotados y perseguidos,
por lo que dicho pensamiento tuvo más bien que ocultarse.
Romanticismo
Dado el monto de anarquía que llegó a haber en México hacia 1830, tuvo cabida el roman-
ticismo, que solía ir de la mano con el liberalismo; compartía con este último un cierto in-
dividualismo anárquico como ideal de libertad y de ruptura con el pasado, concretamente la
revolución. Pero fueron más bien literatos los que entraron al romanticismo. En esa década
se tiene conocimiento del romanticismo alemán, por medio de los textos de Víctor Cousin,
que es uno de los autores que estudian la historia de la flosofía y también, a través de él, se
conoce a Kant.
1
El romanticismo, que era bastante historicista, impulsó mucho el estudio y cultivo de la
historia. Por ejemplo, Lorenzo de Zavala, yucateco, escribe Ensayo histórico de las revolu-
ciones en México (1831). Fue partidario de la independencia y de ideas liberales.
13
Sensualismo, ideología, utilitarismo
Más flosófcamente hablando, en la universidad y los colegios predominaba el sensualismo
(Condillac, Cabanis), los llamados ideólogos (Destutt de Tracy) y el utilitarismo (Bentham).
Mora fue uno de los difusores del utilitarismo. También dio cátedra de ideología, siguiendo a
10
Ibidem, pp. 193-194.
11
Ibidem, pp. 195-196.
1
S. Ramos, op. cit., pp. 132-133.
13
Ibidem, pp. 135-136.
18 £ LA FILoSoFíA EN MéXICo EN EL SIGLo XIX
Destutt de Tracy. Incluso la lectura de Balmes, que critica a los sensualistas y a los ideólogos,
contribuyó a su difusión. “La ideología trató de conciliar el sensualismo con el racionalismo
y esta interpretación es la que se adoptó en las escuelas de México, como lo comprueban los
escritos del profesor Antonio María Vizcaíno ya casi a la mitad del siglo”.
14
Materialismo
Como oposición al idealismo y al romanticismo, y como continuación del sensualismo y de
la ideología, se llegó al materialismo.
1
éste aparece en México en 183, en la Exposición
sumaria del sistema frenológico del Dr. Gall, de José Ramón Pacheco. Las funciones inte-
lectuales y morales siguen leyes físicas invariables; tienen su asiento en el cerebro, según sus
diversas localizaciones, que en él se han descubierto. Pacheco argumenta que las funciones
atribuidas al alma se alteran o interrumpen por una lesión cerebral; asimismo, que las funcio-
nes psíquicas en el hombre y en los animales son superiores en proporción a la masa cerebral
y nerviosa.
La frenología fue combatida por los conservadores. En 1841, el doctor Basilio Arrillaga daba
un informe al rector condenando la frenología. Manuel Andrade traduce en 1845 el Examen
de la frenología, de Flourens. En 1851 se daba un curso de frenología que levantó polémicas.
El más célebre materialista fue Ignacio Ramírez, “el Nigromante”, nacido en San Miguel
el Grande. En 1845 se recibió de abogado. Firmó la Constitución de 1857 y las leyes de refor-
ma. Durante el gobierno de Juárez fue secretario de Justicia e Instrucción Pública. Murió en
México en 1879. Se hizo famoso por su declaración explícita de ateísmo: “No hay Dios; los
seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos”. Pero, como no era propiamente flósofo,
sino literato, sus Lecciones de literatura “denotan un materialismo y un sensualismo de una
gran superfcialidad”.
1
El positivismo
Tras la guerra de reforma, en la segunda mitad del siglo, llega el positivismo, que se veía
como un remedio a tantas luchas fratricidas.
1
Los positivistas se oponían, sobre todo, a la vio-
lencia que había imperado en el país, y proponían el orden y el progreso a través de la ciencia
y la educación. ya no se impondría nada por la fuerza sino por la persuasión educativa; y si se
enseñaba la ciencia positiva, se tendría no solamente paz sino también adelanto, progreso, ya
que México tenía que colocarse a la par de las naciones avanzadas. Se ha hablado de tres eta-
pas del positivismo mexicano: génesis, desarrollo y crisis.
18
En la primera se coloca a gabino
Barreda, Manuel Flores y Francisco Sosa; en la segunda, a Porfrio Parra, Francisco Bulnes
14
Ibidem, p. 135.
1
Ibidem, pp. 136-139.
1
Ibidem, p. 139.
1
L. Zea, El positivismo en México, México, El Colegio de México, 143; el mismo, “El positivismo”, en
M. de la Cueva et al., op. cit., pp. 227-247.
18
I. Sosa, “Prólogo” a Varios, El positivismo en México, México, unaM, 2005, p. XIII.
MAURICIo BEUCHoT £ 18
y Andrés Molina Enríquez; en la tercera, a Manuel Gamio, Justo Sierra y Antonio Caso (de
hecho, Justo Sierra comienza en el positivismo y acaba oponiéndose a él, al igual que Caso,
quien también comienza en él y muy pronto se le opone).
El positivismo fue traído a México por Gabino Barreda, nacido en Puebla en 1818 y arri-
bado a México, donde estudió en el Colegio de San Ildefonso y en el Colegio de Minería, en
el cual estudió química.
1
En 1843 estudió medicina, pero antes de que terminara se dio la
guerra con Estados Unidos, y sirvió en el cuerpo de sanidad. Acabada la guerra fue a Francia,
donde estuvo en París de 1847 a 1851. Allí fue discípulo directo de Augusto Comte, el fun-
dador del positivismo. Comte era también iniciador de la sociología y su idea principal era la
reorganización de la sociedad, cosa que Barreda veía que se necesitaba en México: había que
salir del individualismo de los ilustrados y románticos, y llegar a la cohesión social, incluso
a la manera del catolicismo, pero sustituyendo la teología por la flosofía positiva. Barreda
veía que en México, después de tantas guerras, hacía falta esa unifcación social para salir del
marasmo. y no se haría por medio de luchas, sino por medio de la educación.
Dada su base antimetafísica y antirreligiosa, el positivismo parecía la culminación del
liberalismo. Los liberales habían ganado en 1857 con la constitución, que preparaba al po-
sitivismo. Luego, en 1867, asestarían el golpe fnal al imperialismo europeo. Barreda veía
la flosofía positiva como el credo que iba a dar cohesión social al país; traería, sobre todo,
paz y progreso. Para ello hacía falta educar al pueblo, darle una educación científca, unifcar
las ideas sobre la naturaleza y la sociedad. Por eso convenía no buscar las especializaciones,
sino un tronco común de conocimientos que unifcara las mentes. Esto se buscó en la Escuela
Preparatoria, decretada por el presidente Juárez en 1867, y fundada por Barreda mismo.
El plan de estudios para esa institución era el de las ciencias positivas, dándoles un orden
lógico, desde las matemáticas hasta la sociología. Barreda interpreta, en un discurso de 1867,
la historia de México.
20
El saber no tiene como único fn conocer, sino prever, para obrar. Se
unen ciencia y política; era la utopía comtiana de ordenar un país por algunos espíritus educa-
dos en la ciencia y la flosofía positivas. Retocando el lema de Comte, Barreda dice: “libertad,
orden y progreso”, y dado que Comte había cambiado al fnal de su vida el intelectualismo por
un cierto sentimentalismo, Barreda subordinaba la ciencia al amor.
Pero el plan de Barreda duró poco. En la preparatoria se quería dar una educación enci-
clopédica para todos. Pero poco a poco se fueron cercenando asignaturas, sobre todo en vista
de las especializaciones (medicina, leyes y arquitectura), pues los que iban para una u otra
llevaban ciertas materias y descartaban otras. La flosofía positivista llegó a suplirse por una
ecléctica, y aun se intentó introducir el krausismo. Con todo, el positivismo fue la ideología
imperante entre la revolución de reforma y la revolución de 1910, incluso en institutos de
provincia se llevó más al pie de la letra. La población culta era positivista, cientifcista.
pero fue degenerando y, en su afán por inculcar a la masa, llegó a ser una doctrina popular
con principios muy simples y aceptables por cualquiera. En gnoseología, llegó a ser un em-
pirismo muy burdo; en ética, una justifcación de los instintos más primitivos. Aun cuando,
rebasando a Comte, se adoptó el utilitarismo de Stuart Mill y el evolucionismo de Spencer, su
popularización resultó en trivialización. Sobre todo, fue la ideología imperante durante el por-
1
J. Fuentes Mares, “Prólogo” a G. Barreda, Estudios, México, unaM, 1992 (3a. ed.), pp. VI-XV.
20
Ibidem, pp. 65-104.
188 £ LA FILoSoFíA EN MéXICo EN EL SIGLo XIX
friato, con la que, en aras del orden y del progreso, se mataba la libertad, pues se justifcaba la
tiranía. Además, para ser muy científcos, los positivistas sacaron de las escuelas ofciales las
disciplinas flosófcas, que se refugiaron en los seminarios y colegios privados.
El positivismo fue atacado por el clero y los pensadores católicos o conservadores, pero
más bien en el terreno político y religioso, no propiamente en el flosófco, por eso perma-
necía. Había que esperar a que se le atacara en el terreno flosófco, con armas flosófcas,
esto es, con argumentos teóricos. y esto sucedió después, ya desatada la revolución, con los
nuevos pensadores que se apartaban del positivismo por considerarlo sostenedor de la tiranía
porfriana (sobre todo en el grupo llamado de “los científcos”, que no eran sino burócratas
del régimen), y daban paso a nuevas ideas.
La escolástica
Hubo tomistas notables, como Clemente de Jesús Munguía, nacido en Los Reyes, Michoacán,
en 1810. En 1839 entró al Seminario de Morelia. En 1838 se recibió de abogado; en 1840
se ordenó sacerdote; en 1843 fue rector del seminario, y obispo en 1852. Es desterrado por
Juárez en 1861. Regresa en 1863, pero la situación lo hace salir a Roma en 1863; allí muere en
1868. De entre sus muchas obras cabe señalar las siguientes: Los principios de la Iglesia Ca-
tólica, comparados con los de las escuelas racionalistas, en sus relaciones con la enseñanza
y con la educación pública; Memoria instructiva sobre el origen, progresos y estado actual de
la enseñanza y educación pública, en el Seminario Tridentino de Morelia; Del pensamiento
y su enunciación, considerado en sí mismo, en sus relaciones y en sus leyes; Estudios funda-
mentales sobre el hombre, considerado bajo el triple aspecto de la religión, de la moral y de
las leyes; Examen flosófco sobre las relaciones del orden natural y el sobrenatural, entre sí,
y con la perfección intelectual, moral y social de la especie humana; Del derecho natural, en
sus principios comunes y en sus diversas ramifcaciones; Del culto, considerado en sí mismo,
y en sus relaciones con el individuo, la sociedad y el gobierno.
José de Jesús Díez de Sollano y Dávalos nació en San Miguel de Allende, Guanajuato, en
1820. El año 1832 entró al Colegio de San Francisco de Sales, del oratorio, en esa ciudad.
En 1834 pasó al Seminario de Morelia, y en 1835 al Seminario Conciliar de México. En 1838
fue a la universidad de México, y, después de graduarse de bachiller, obtuvo por oposición la
cátedra de flosofía. En 1844 fue ordenado sacerdote, y en 1846 logró la licenciatura y el doc-
torado en teología. En 1854 se convierte en rector de la Universidad Nacional, y en 1856, aún
como rector, presencia su clausura. En 1862 fue obispo de León, donde muere en 1881.
1
Puede decirse que algo en esta línea hizo Emeterio Valverde Téllez, sacerdote que sería
obispo de león, que tuvo educación escolástica y que fue, además, uno de los primeros his-
toriadores de la flosofía, en sus Apuntaciones históricas sobre la flosofía en México (18?)
y en su Bibliografía flosófca mexicana (1913).

las Apuntaciones son un libro más bien de
apologética, en el que su autor defende la religión católica de los ataques del positivismo.
1
o. Robles, “Prólogo” a J. de J. Díez de Sollano y Dávalos, Estudios escogidos, México, unaM, 1994 (2a.
ed.), pp. IX-XVI.

S. Ramos, op. cit., pp. 145-147.
MAURICIo BEUCHoT £ 18
Incurriendo en un vicio común de los escolásticos de aquel tiempo, condena casi toda floso-
fía que sea diferente. De igual manera, le falta más sentido de la historia y de la relación de
la flosofía mexicana con la europea. Mas, con estas defciencias, su labor de pionero como
historiador de la flosofía mexicana es muy meritoria.
El positivismo quería promover el legado del liberalismo, esto es, una democracia republi-
cana, pero fue usado por los ideólogos de Porfrio Díaz para legitimar la tiranía de éste. Se le
opusieron los pensadores escolásticos, herederos de los conservadores, que lo atacaban para
defender la religión o la política, pero hacía falta que se le criticara en la misma arena de la
flosofía, y fue lo que hicieron los pensadores de la revolución y algunos otros posteriores.
Conclusión
La flosofía del siglo xix mexicano estuvo envuelta en los acontecimientos del país, que fue-
ron numerosas luchas en la primera mitad de dicha centuria. La guerra de independencia, la
guerra contra iturbide, la guerra contra texas y luego contra la invasión norteamericana,
la guerra de reforma y contra la intervención francesa a favor de Maximiliano. ya bien en-
trada la segunda mitad del siglo, con el triunfo de los liberales sobre los conservadores, se
afanza el positivismo, que acaba defendiendo el régimen despótico de Porfrio Díaz. De ello
se aprovechará la revolución de 1910, en su contra, para destronar el positivismo y buscar
nuevas ideas.
11
Reconocimiento y conquista: una refexión a partir de Paul Ricoeur
Carlos haM Juárez*
En el último libro publicado de paul ricoeur, Caminos del reconocimiento, el autor señala
que a lo largo de la historia de la flosofía no se ha escrito una obra específca y profunda
dedicada al tema del reconocimiento en donde este concepto sea analizado de una manera
metódica y sistemática. Sin embargo, la categoría del reconocimiento está presente no sólo en
la teoría flosófca sino a lo largo de la historia del ser humano en sus prácticas más funda-
mentales. En el presente ensayo tomo algunos de los puntos sobre los que refexiona Ricoeur
en torno al reconocimiento, y, a través de este concepto, intento analizar nuestro entorno
cultural y nuestra historia; en específco, centro la atención en el momento de la conquista de
américa, en donde el encuentro con el otro ha marcado hasta la actualidad nuestra forma
de ser y de actuar. En primer lugar, enfoco el análisis hacia la relación entre conocer y reco-
nocer, siguiendo las ideas de ricoeur; posteriormente, en un segundo momento, trataré de
dilucidar el aspecto social y ético que entraña el reconocimiento; por último, para culminar
este trabajo, consideraré el tipo de relación que se vivió en el mundo de la conquista y hasta
qué grado es posible hablar de un reconocimiento mutuo entre dos culturas tan diferentes
como lo fueron la europea y la mesoamericana.
Entre el conocimiento y el reconocimiento
Comenzaré señalando que la obra mencionada de ricoeur resulta relevante, entre otras cosas,
por mostrarnos gran parte de la polisemia que genera el término del reconocimiento. Sin
embargo, entre los diferentes sentidos que abarca el término examinado, destaca el que man-
tiene con el conocimiento. Conocer y reconocer remiten a una operación similar en la que se
aprehenden las cosas identifcándolas o distinguiéndolas. De hecho, Ricoeur partirá de esta
operación para iniciar su análisis sobre el reconocimiento y así lo señala el mismo autor:
Propongo tomar como primera acepción flosófca el binomio identifcar-distinguir. Re-
conocer algo como lo mismo, como idéntico a sí mismo y no como otro distinto de sí
mismo, implica distinguirlo de cualquier otro. Esta primera acepción flosófca verifca
las dos características semánticas que vimos juntas en el uso del verbo en la voz activa,
* Doctor en flosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la unaM. Profesor de asignatura en los colegios
de Filosofía y Estudios Latinoamericanos de la unaM.
1 £ RECoNoCIMIENTo y CoNQUISTA: UNA REFLEXIóN A PARTIR DE PAUL RICoEUR
a saber, la iniciativa de la mente en el dominio del sentido y la cuasi distinción inicial
entre reconocer y conocer…
1
En efecto, el reconocimiento en una primera instancia se encuentra ligado a la idea de
conocimiento, y marca la insistencia de un volver a conocer un objeto o un hecho; por su-
puesto que esto entraña la operación mental que un sujeto realiza en la aprehensión de las
cosas: reconocer es volver a conocer, es volver a aprehender el sentido de los objetos; pero
esta aprehensión marca una acción mental por parte del sujeto en la que a través de identif-
car, relacionar y distinguir las notas de sus objetos alcanza la posibilidad de un conocimiento
más profundo. Cabe hacer notar que el binomio identifcar-distinguir que el autor señala
como punto de partida en el esclarecimiento del verbo reconocer, establece un vínculo claro
con la teoría del conocimiento, pero quiere ir más allá de ella. El reconocimiento no es una
mera repetición mecánica del conocimiento, en la que no se agregaría nada ni se efectuaría
nada más que una reconsideración del objeto o cosas que se busca aprehender. Ricoeur inten-
ta trascender esta esfera del conocimiento y hacernos ver que el reconocimiento, aun teniendo
un origen cognoscitivo, refeja un movimiento propio de aprehensión del mundo que no sólo
es teórico sino, como veremos más adelante, se desenvuelve en esferas que pertenecen a la
ética y la política hacia el otro.
Desde este punto de vista, la idea de Ricoeur es por demás sugerente. El binomio estudia-
do por Ricoeur, identifcar-distinguir, aunque parte del origen cognoscitivo de la relación, es
un intento por establecer una dialéctica que no se desarrolla como apéndice de una teoría del
conocimiento, sino que vincula a un sujeto con su otredad y vislumbra la necesidad de una
alteridad en la que la reciprocidad de los interlocutores se torna de vital importancia.
De esta manera, puede verse que la oposición identifcar-distinguir marca el movimiento
de una dialéctica en la que destaca el papel activo del sujeto, en la medida que es él quien
ejecuta la acción de reconocer algo fuera de su mismidad; dicha acción de reconocimiento,
aún envuelta en su carácter subjetivo, muestra también una diferencia notable en la medida en
que la subjetividad y la mismidad se constituyen en su relación con el otro, con el encuentro
del ente distinto y opuesto. Reconocer es, de entrada, una relación que se establece entre un
sujeto y el otro, entre una mismidad que se forma en la distinción que se hace de un objeto
externo; expuesto así, el reconocimiento no va más allá de un planteamiento cognoscitivo
en el que un sujeto considera la aprehensión de un objeto. Sin embargo, la trascendencia o
superación del reconocimiento como fenómeno meramente epistémico viene a partir de un
señalamiento que hace ricoeur: el reconocimiento no es sólo esta voz activa del verbo que
remite al sujeto activo de la acción, sino que también habrá de plantearse la expresión de su
voz pasiva, esto es, que el reconocimiento conlleva la necesidad de ser reconocido. Así lo
expresa este autor de manera clara: “Para identifcar es preciso distinguir, y se identifca dis-
tinguiendo. Este requisito no rige sólo la teoría del reconocimiento limitada al plano teórico,
regirá también, con igual insistencia, todos los usos nacidos del cambio del reconocer al ser
reconocido: la persona humillada aspira precisamente a ser distinguida e identifcada…”

1
paul ricoeur, Caminos del reconocimiento, México, Fondo de Cultura Económica, 2006, p. 35.

Ibidem, p. 41.
CARLoS HAM JUÁREZ £ 13
Como señala Ricoeur, la identifcación y la distinción son una operación que va más allá
de un plano subjetivo y que se extiende a un campo que afecta a la voz pasiva del reconocer:
el ser reconocido implica ser identifcado y ser distinguido. Ello quiere decir que la idea de
reconocimiento en el punto de partida de identifcación-distinción se lleva a un plano de alte-
ridad que la teoría del conocimiento no alcanza a concebir. Reconocer implica ser reconocido,
sobre todo en el plano de la ética y la justicia, la cual nos habla de un movimiento que toma
en cuenta el papel del otro y la ida y vuelta de la relación; no sólo es una acción unilateral del
sujeto, pues es también la pasividad del otro que es reconocido.
En efecto, la teoría del conocimiento en su sentido clásico, tal como nos ha llegado desde
la modernidad iniciada por Descartes y kant, desarrolla una idea de reconocimiento supe-
ditada a la esfera de la subjetividad humana. El reconocimiento aparece como una acción
suplementaria del sujeto que en su búsqueda de conocimiento ejerce su racionalidad y su jui-
cio sobre las cosas; el movimiento es unilateral y en la sola dirección de la acción del sujeto.
recuérdese la revolución copernicana de la que habla kant en el terreno del conocimiento,
en donde el sujeto deja de ser pasivo ante el entendimiento y comprensión de las cosas para
convertirse en la instancia que construye sus objetos y delimita el papel de la experiencia
bajo la estructura de las categorías y los juicios. Ciertamente, Descartes ya había planteado la
necesidad de identifcar y distinguir el conocimiento verdadero del falso por medio de la ra-
cionalidad del espíritu, no obstante dejaba espacio para la consideración de las cosas externas;
pero en el caso de kant, el conocimiento asume la radicalidad del mundo subjetivo, ya que
la formación misma de los objetos está dada por las formas puras de la intuición del sujeto,
quien determina la experiencia en las estructuras intuitivas que posibilitan la extensión y el
movimiento de las cosas.
3
De la misma manera, los juicios y las categorías que nos permiten pensar los objetos son
operaciones relacionales del entendimiento, del sujeto que piensa la diversidad de los objetos
en la unidad del conocimiento. El “yo pienso” cartesiano alcanza el nivel de una fundamen-
tación lógica y racional del conocimiento y de la realidad, ya que este pensamiento subjetivo
se convierte en criterio de la verdad o la falsedad de sus objetos. No es este el momento y el
espacio para un análisis en detalle de la Crítica de la razón pura; bástenos recordar estas ideas
generales para ilustrar el gesto de un pensamiento centrado en el sujeto que a su vez repercute
en la manera de entender el sentido del reconocimiento.
Dentro de la tendencia subjetiva del conocimiento, reconocer se circunscribe a un papel
suplementario. Ricoeur nos recuerda que: “Para Descartes y Kant, reconocer […] es identi-
fcar, aprehender por el pensamiento una unidad de sentido”;
4
y ciertamente, en kant sobre
todo, la identifcación se corresponde con la tarea de relacionar nuestros pensamientos en un
objeto (constituido éste por las formas a priori de la sensibilidad del sujeto). Podemos enten-
3
al respecto puede consultarse de rené Descartes Discurso del método, segunda y sexta partes, en donde
expone los principios de su método y la consideración de los objetos empíricos, respectivamente. También
del mismo autor Meditaciones metafísicas, “Meditación quinta”, donde deja ver la importancia de los objetos
para la constitución de un conocimiento cierto de las cosas. Respecto a Kant, resulta imprescindible la lectura
de la Crítica de la razón pura, “Deducción de los conceptos puros del entendimiento, sección segunda”, en
donde expone el autor la unidad sintética de la apercepción, que es el “yo pienso”, y que acompaña a todas las
representaciones del entendimiento.
4
paul ricoeur, op. cit., p. 55.
14 £ RECoNoCIMIENTo y CoNQUISTA: UNA REFLEXIóN A PARTIR DE PAUL RICoEUR
der la acción de relacionar como el trabajo mediato del entendimiento que a través del juicio
subsume las intuiciones sensibles.
la operación del entendimiento consiste, pues, en sintetizar en los conceptos, en los jui-
cios y en los razonamientos la diversidad sensible, entendiendo que esta capacidad de síntesis
asume la forma de una identifcación de los objetos en el pensamiento. Conocer es relacionar,
es identifcar al yo con sus objetos. Por eso Ricoeur puede decir:
Toda la deducción trascendental aparece resumida y proclamada aquí: no hay unión sin
síntesis, pero tampoco síntesis sin unidad, ni unidad sin conciencia. La única virtud atri-
buida al reconocimiento es la de mostrar esta unidad de la conciencia sobre el objeto […]
la recognición consiste en que la conciencia una no se aprehende más que objetivada en
una representación afectada por el sello de la necesidad y de la unidad…

En el sentido antes expuesto, conocer y reconocer se formulan como tareas en las cuales
la conciencia hace suyos los objetos. Identifcar asume el sentido prioritario del reconocer,
esto es, que bajo la teoría crítica de la subjetividad kantiana el reconocimiento se entiende
como la capacidad de la conciencia para identifcar sus objetos; en ello el papel de lo otro es
desplazado a una identidad de mero tránsito en la acción del intelecto; la operación de la iden-
tifcación, aunque necesita de la participación de la otredad, registra únicamente el recorrido
del sujeto. De ahí que la sinonimia entre reconocer y representar no sea casual. La represen-
tación, como el trabajo de la conciencia que elabora en la imaginación o en la memoria la
experiencia de los fenómenos o de las cosas, es un trabajo claramente subjetivo al igual que
el reconocimiento, al que se concibe en su sentido de identifcación.

Al respecto, conviene recordar que ha sido Hegel quien ha dado un paso más en la com-
prensión de las relaciones de alteridad, ya que intenta rebasar este concepto de identifcación
kantiana. Hegel va más allá de Kant en el sentido en que el proceso de conocimiento deja
de ser unilateral y se torna en un tránsito dialéctico entre el yo y el otro. ya no es tan sólo el
sujeto encerrado en sí mismo y en su lenguaje el centro de todo acontecimiento, puesto que
se observa la participación de una entidad ajena a la conciencia en el proceso del conocer y
del reconocer.

Aunque se diga que Hegel comprende la función del otro como una simple
intermediación en el crecimiento del espíritu universal, aun ahí se manifesta la relevancia
de una otredad que en su papel negativo hace evidente el carácter fragmentario y lábil de la
certeza del sujeto. Me refero, sobre todo, al revelamiento del otro que hace Hegel en términos
de resistencia, oscuridad y misterio, conceptos estos últimos que, me parece, sintetizan el
signifcado del otro en relación con el problema del reconocimiento en todos sus niveles.
En efecto, si tomamos al otro desde la perspectiva del sujeto ilustrado, todo conocimiento
termina en el momento que el objeto es iluminado por la luz de la inteligencia y el razona-
miento conceptual. Sin embargo, habría que señalar que el otro no está simplemente dispues-

Ibidem, p. 65.

Cfr. Ibidem, pp. 77-83.

Cfr. G.W.F. Hegel, Fenomenología del espíritu, México, Fondo de Cultura Económica, 1981. Principal-
mente en el prólogo y en la introducción de la obra se puede observar la importancia de la otredad, la cual
aparecerá a lo largo de todas las fguras en que el espíritu se reconoce a sí mismo en su búsqueda de verdad y
de conocimiento.
CARLoS HAM JUÁREZ £ 1
to a las órdenes del sujeto; captar al otro en su mismidad remite a la aceptación de su entidad
oscura, de su calidad de irreconocible. Por lo mismo no debemos pensar que el conocer sea un
proceso diáfano y claro, y de ahí que sea preciso el momento del reconocer como una vuelta
necesaria hacia un objeto de oscuridad latente. El reconocer, no el conocimiento, capta este
proceso alterno en el que un sujeto lucha por disipar las sombras de su objeto; pero iluminado
por momentos, el objeto vuelve a evadirse de la luz. El otro es evasión, pero también resisten-
cia porque en cada categoría conceptual en la que se querría atraparlo, lucha por contradecir y
transgredir sus límites. Finalmente, también es un misterio. El otro, o el objeto como entidad
constituida por el trabajo del sujeto, tiene la cualidad de lo irreconocible y, como lo observó
acertadamente kant cuando habló de las realidades nouménicas, siempre está más allá, leja-
no, en el sitio en que ninguna comprensión se hace posible.
La dialéctica de Hegel deja al descubierto los rasgos mencionados anteriormente, pero a
su vez nos remite al límite de la experiencia cognoscitiva. En este límite del conocimiento
estamos en condiciones de entrever la separación entre el conocimiento y el reconocer. Ahí
donde el conocimiento constituye el objeto y lo categoriza, el reconocimiento trabaja en la
reconsideración del otro, entendiendo su negatividad como proceso de alteridad que nunca
llega a consumarse. Lo irreconocible del otro hace necesario una hermenéutica que dé sentido
a la oscuridad y al misterio sin agotarlos (no puede, no podría hacerlo aunque quisiera). Son
pues estas categorías de resistencia, de oscuridad y misterio, imprescindibles en la investi-
gación sobre el reconocimiento y apuntan a una alteridad que desembocará en la fortuna o
la ruina de la comprensión. Es sobre estas consideraciones donde tendremos oportunidad de
refexionar en la siguiente sección cuando liguemos el reconocimiento a los mundos de la
ética y de las relaciones sociales.
La ética del reconocimiento
¿Qué importancia adquiere el reconocimiento en la constitución de las sociedades? ¿El reco-
nocer es un elemento necesario en la formación de las relaciones sociales o es sólo un ideal
inalcanzable? ¿Para qué el reconocimiento? Estas y otras preguntas que se desprenderían del
tema tratado señalan la necesidad de refexionar y pensar el concepto de reconocimiento en
términos éticos y sociales. Nuestras sociedades están lejos de ser sociedades de reconoci-
miento mutuo, pues si bien se ha aceptado de derecho la pluralidad y divergencia en la que
vivimos, la convivencia de las diferencias todavía dista de ser canalizada por los caminos de
la paz. No quiere decir esto que el reconocimiento sea la solución del conficto, pero sí un
lugar en el que se pueda discutir y abrir otros caminos de interacción humana.
En la sección anterior examinamos brevemente el sentido del reconocimiento en su rela-
ción con el ámbito cognoscitivo. Pero es en la relación ética y política donde el reconocer
adquiere una importancia vital, pues marca la forma relacional en que los seres humanos
podrían convivir entre sí. A pesar de que Aristóteles señalara que por naturaleza el hombre es
un ser social y que tiende por inclinaciones natas a constituir una familia, aldeas y Estados,
la forma histórica de las sociedades no ha sido la misma, ni tampoco ha sido fácil y pacífca la
estructuración de los grupos humanos. El conficto ha estado presente y ha sido el motor de
la generación de nuevas culturas y civilizaciones. Una historia de guerra y conquista con la
consecuente destrucción y sometimiento de un grupo sobre otro ha sido la constante de las
1 £ RECoNoCIMIENTo y CoNQUISTA: UNA REFLEXIóN A PARTIR DE PAUL RICoEUR
relaciones políticas y sociales. ¿Marcará el reconocimiento un punto de ruptura con toda esta
historia de guerras y luchas entre los hombres?
El reconocimiento a un nivel ético y político trasciende la relación del saber en el sentido
en que el sujeto ya no se enfrenta a un objeto ajeno a él; el reconocimiento moral y social
pone en relación a dos sujetos que dentro de sus diferencias también asumen su igualdad, o
bien, de otra manera, dos sujetos que en su igualdad genérica encuentran que son distintos. El
binomio de Ricoeur identifcar-distinguir sigue aplicándose aquí; reconocer al otro signifca
identifcarlo y distinguirlo, lo mismo que ser reconocido entraña la necesidad de ser identif-
cado y ser distinguido. El reconocimiento desencadena este movimiento en que el sujeto y el
otro asumen el reto de la convivencia social.
La confguración del reconocimiento en la esfera de lo social muestra la misma unilatera-
lidad del sujeto que vimos en la sección anterior, sobre todo si nos referimos al mundo mo-
derno en donde el individuo surge como una entidad susceptible de obligaciones y derechos
civiles. No es casual que Ricoeur tome en su análisis la obra de Hobbes, pues este último es
quien mejor representa las nuevas directrices del mundo político moderno, libre de interpre-
taciones teológicas y metafísicas esencialistas. Hobbes personifca una manera de entender el
reconocimiento en términos individuales y en la sola dirección del egoísmo interesado. Bien
es cierto que también Hobbes da la pauta para entender el reconocimiento bajo la forma de
un contrato social y la instauración de un derecho y un Estado, en la medida en que el otro es
reconocido como individuo sujeto a las leyes, que a la vez que lo obligan también lo prote-
gen. Sin embargo, un análisis en detalle de los postulados hobbesianos nos mostrará que este
reconocimiento del otro por parte del derecho y el Estado sigue limitado a la esfera subjetiva
del interés propio, sin poder trascender a una relación de alteridad con ese otro que se vislum-
bra. De ahí que Hobbes señale: “Las pasiones que inclinan a los hombres hacia la paz son el
temor a la muerte; el deseo de aquellas cosas que son necesarias para una vida confortable; y
la esperanza de obtenerlas por su industria…”
8
En efecto, Hobbes entiende que si los hombres conforman una sociedad de orden civil,
éstos no lo hacen sino por el interés personal y calculado de proteger su propia existencia;
el miedo o el temor a una muerte violenta es el motor que incentiva la necesidad de realizar
un contrato de paz, con el consiguiente aseguramiento de una vida confortable y de creciente
bienestar. Por supuesto, es notable observar que el acercamiento al otro sea motivado por un
interés subjetivo, y que este interés se encuentre cifrado por el miedo y el temor del poder
del otro. Tenemos así que en la concepción de Hobbes la amenaza que representa el otro de-
termina el inicio de la relación social, lo que a juicio de ricoeur no basta para constituir una
relación de alteridad. Ricoeur señala al respecto:
a mi modo de ver, el fallo reside en la ausencia de una dimensión de alteridad en la serie
de conceptos que culminan en la idea de pacto. En primer lugar, las naciones de cesión
de derecho, de desasimiento de poder, llevan la marca de un voluntarismo virtualmente
arbitrario. Es el cálculo suscitado por el miedo a la muerte violenta el que sugiere estas
medidas que tienen apariencia de reciprocidad, pero cuya fnalidad sigue siendo la pre-
servación del poder propio…

8
Thomas Hobbes, Leviatán, Madrid, Editora Nacional, 1983, p. 226.

paul ricoeur, op. cit., p. 217.
CARLoS HAM JUÁREZ £ 1
El señalamiento anterior de ricoeur resulta acertado, en la medida que efectivamente
subyace a la idea de pacto social el interés personal de salvaguardar la vida propia, por lo
que sería imposible bajo esta premisa hablar de una verdadera alteridad entre el sujeto y el
otro; si pensamos que la relación del reconocimiento conlleva la reciprocidad y un acuerdo
mutuo entre las partes, tendremos que aceptar que los postulados de Hobbes se apoyan en una
base particular subjetiva que no permite la fuidez y el tránsito entre los interlocutores. Como
vemos, Hobbes permanece en la esfera de un derecho subjetivo y una legalidad de la defensa
particular, en donde el otro queda conformado como amenaza.
La interpretación del otro como amenaza confrma el supuesto de una relación que toma
como base la necesidad natural de la sobrevivencia. Esta es una relación básica e instintiva
en la que el peligro a nuestra existencia provoca la desconfanza y el temor con los cuales
observamos a los otros. Nadie dudaría que si el otro amenaza nuestro poder de actuar y pone
en peligro nuestra vida, cada uno de nosotros haríamos todo lo posible por salvarnos y de-
fendernos. Este es un tipo de relación que bien ha identifcado Hobbes, en el que el reconoci-
miento se entiende sobre la premisa del miedo al otro y que innumerables hechos históricos
lo confrmarían. Pero suponer que esta relación es el fundamento de la sociedad y la esencia
de la práctica política, social y cultural entre los seres humanos es absolutizar sólo un com-
portamiento particular, que si bien se da en los inicios de una relación instintiva, no justifca
ni explica otros tipos de comportamiento social. Si permanecemos situados en el instinto de
supervivencia, tendremos una visión parcial de los hechos sociales, de los derechos, la parti-
cipación y los valores de una comunidad, todos ellos explicados por su derivación subjetiva
e interesada de los miembros particulares del grupo social; la integración social requiere
más que una base subjetiva e instintiva, en donde el cálculo racional de costo-benefcio sea
superado por otras instancias que den mayor fuerza al vínculo social. Necesitamos hablar de
una esfera que nos permita vislumbrar el sentido de la sociedad y la interacción humana, y en
donde el reconocimiento sea algo más que un derecho subjetivo y una política de lo personal
y de lo particular.
Ahora bien, Hobbes recupera un sentido del otro que en la sección anterior habíamos
mencionado: el otro se entiende como resistencia, oscuridad y misterio, de ahí que surja la
desconfanza de él y sea visto como amenaza. Precisamente, porque el otro nunca se nos da
por completo, y porque necesitamos hacer un rodeo para conocerlo y reconocerlo, es que
tiene mucho de razón Hobbes en lo que señala. El carácter de resistencia del otro, que no se
refere a su calidad de ser irreconocible sino a la marca de su diferencia con un sujeto que
intenta aprehenderlo, indica también un momento de lucha de opuestos, en donde la acción
efectuada por el sujeto tendrá un tipo de reacción opuesta por parte del otro.
En el terreno ético, la oscuridad y el misterio adoptan el sentido de amenaza, de peligro, de
riesgo, de aventura infnita hacia el mal; el otro, en una primera instancia y visualizado en el
misterio, es en sí mismo el enemigo, porque se opone y resiste y, fnalmente, porque su valor
ético es desconocido, es misterio a descubrir. La desconfanza del sujeto frente al otro nace,
por un lado, de la resistencia y la falta de medios para superar la oposición, y por otro lado, del
desconocimiento moral en el que se coloca al otro, como más allá de los instintos que rigen al
sujeto egoísta e interesado. Dentro del terreno instintivo de la sobrevivencia, la relación con
el otro se desarrollará en peligro, lucha, conquista y dominio.
resulta notable que ricoeur señale que en contraposición y superación de las tesis de
Hobbes se encuentre Hegel, quien en sus Escritos de Jena ofrece una interpretación por de-
18 £ RECoNoCIMIENTo y CoNQUISTA: UNA REFLEXIóN A PARTIR DE PAUL RICoEUR
más sugerente del reconocimiento social cimentado en una base ética.
10
En efecto, hay que
considerar a Hegel como el pensador que trata de superar el individualismo posesivo del
que nos habla Hobbes. Mientras Hobbes parte del sujeto individual y egoísta en la constitu-
ción del Estado político, Hegel, en contraparte, nos ofrece la perspectiva social y moral en
la formación de instituciones públicas. En tanto Hobbes explica el acto de reconocer a partir
del miedo hacia el otro, en Hegel el reconocimiento tendrá su lugar dentro de la formación
social del espíritu. De esta manera tenemos dos formas de entender el mundo social y moral
de los seres humanos: uno que se crea con base en el individuo y otro que, actualizando
las ideas de Aristóteles, concibe al hombre como ser colectivo de manera necesaria. En la
perspectiva de Hegel los individuos son formados a través de su vida social, en relación con
otros semejantes, por lo que el reconocimiento resulta una derivación lógica y racional de la
vida comunitaria; por lo mismo, el otro no es visto solamente en su calidad de enemigo sino
también en su posibilidad de amigo y aliado; desde el individualismo, el otro es la amenaza a
la vida propia; desde la perspectiva hegeliana, el otro es momento necesario e imprescindible
para construir la socialidad humana.
Esto no quiere decir que Hegel desconozca el papel de la lucha y la guerra en la interac-
ción social, sino que al reconocer el papel del otro en el movimiento social se generan las
posibilidades de la paz; la guerra es un momento hacia un estadio superior, es una transición,
como lo es también la paz; pero al fnal de cuentas guerra y paz son resultados propios de la
relación necesaria entre unos y otros.
Como puede verse, la posición de Hegel parte de una visión social que busca trascender
el momento unilateral en el que Hobbes nos había situado, y de esta manera superar también
la base instintiva del temor al otro como fundamento del ser social. No es el instinto de so-
brevivencia individual lo que marca el inicio de la sociedad sino, antes bien, la complejidad y
la relación mutua que los hombres contraen entre sí desde el mismo nacimiento de su ser. Es
más, el mismo instinto de sobrevivencia necesita de los otros para en verdad ser efectivo, es
decir, que nuestra existencia se halla determinada por otros que nos ayudan a pervivir en este
mundo, desde los padres y la familia, hasta otras instancias sociales más complejas.
Esto lo podemos observar en el recorrido que hace Hegel por las potencias naturales de
los seres humanos, en donde capta, efectivamente, el mundo de los impulsos y pasiones
naturales de los que nos habla Hobbes, pero trascendiendo esta esfera elemental al relacio-
nar estos impulsos con una forma ética de comportamiento, la cual queda establecida en el
trabajo. Para Hegel el trabajo no es ni un asunto individual ni tan sólo una labor que cumpla
con satisfacer necesidades vitales; en el trabajo se va más allá de sí mismo y es una forma
ética en la que los seres humanos aprenden a relacionarse. De este mundo natural del trabajo
ricoeur señala:
nos hallamos enfrentados a una multiplicidad de individuos portadores de un trieb, de
una pulsión, fomentada por el trabajo de retorno a lo absoluto. Los grados de satisfacción
de tal o cual relación pulsional suscitan una jerarquía de “potencias” que nos hace en-
contrar, sucesivamente, la necesidad natural, el trabajo, la diferencia entre deseo y goce,

10
Las obras de Hegel traducidas al español a las que se refere Ricoeur son: Sistema de la eticidad, Madrid,
Editora nacional, 183; y Filosofía Real, México, Fondo de Cultura Económica, 1984.
CARLoS HAM JUÁREZ £ 1
la articulación del trabajo con la toma de posesión, la aniquilación del estado de goce en
la posesión efectiva…
11
Ciertamente, como afrma Ricoeur, la pulsión natural de vida nos lleva a una interacción
mutua con otros semejantes, en grados diversos y en niveles distintos de comportamiento, y
aunque no hablamos de una sociedad constituida políticamente, el mundo de la naturaleza
humana en sus momentos iniciales refeja el carácter gregario y la prefguración de una vida
ética. De acuerdo con Hegel, el trabajo es el gran momento en el que se articula la vida indi-
vidual y la vida colectiva. En el trabajo deja de existir el individuo que vive para sí y para su
goce y encuentra un vínculo con otros seres humanos, con una manera de existencia que le
obliga, en cierta manera, a renunciar a un placer personal y a reconocer el valor de los otros.
Antes que Marx, el Hegel de los textos de Jena ya considera el trabajo en su posibilidad trans-
formadora no sólo del objeto sino también de los sujetos mismos que intervienen en dicha
transformación; de la misma manera, como lo dirá posteriormente Marx, Hegel ya vislum-
bra en el trabajo la transformación no sólo de los objetos materiales en bienes de consumo
humano, sino además, la transformación de las relaciones de trabajo en donde los hombres,
constituyen relaciones de poder y propiedad.
Encontramos, en una primera instancia, que Hegel entiende el conficto social a partir de la
formación de las relaciones de trabajo; la lucha, el dominio, la conquista, en fn, las relaciones
de poder que defnen a los dominantes y los dominados nacen en este mundo de la naturaleza,
y al respecto podríamos decir que Hegel en este punto comparte la posición de Hobbes; no
obstante, hay una diferencia esencial entre ambos autores. En el caso de Hobbes, el conficto
nace de la oposición entre individuo y sociedad, es decir, se parte de la visión individualista
que se contrapone a los fnes y los intereses de otros; la postura de Hegel difere en el sentido
de que el conficto social forma parte de las estructuras propias, generadas a partir del trabajo
y las relaciones mutuas que mantienen entre sí los hombres. En este sentido, Hegel entiende
que el conficto social forma parte de la socialidad humana, en donde se refejan relaciones
de dominio y sometimiento, pero también es en este espacio social donde el reconocimiento
resulta básico para la búsqueda de la justicia, la igualdad y la solidaridad humana. Ello quiere
decir que así como los hombres generan estructuras de guerra, de igual manera pueden crear
formas de paz en las que convivan las diferencias dentro de cierto espacio social; de ahí la
importancia del aspecto moral, pues es en el crecimiento de la libertad, la racionalidad del
derecho y la dignidad y respeto humanos donde se trasciende las esferas de un dominio me-
ramente instintivo.
1
observamos, por tanto, que lo señalado por Hegel nos permite entender que el reco-
nocimiento cumple con ser un canal que abre los espacios de identidad y diferencia en el
ámbito social. Reconocer al otro no implica que la paz esté ya dada, que la armonía sea la
directriz de nuestros encuentros; reconocer al otro es más bien la forma en que se desarrolla
el encuentro de la mismidad y la diferencia. En el reconocimiento, con un verdadero sen-
tido de alteridad y justicia, no se busca reducir al otro, ni someterlo a la semejanza de un
yo imperialista; el reconocimiento transcurre en la aceptación de la diferencia del otro; es
11
paul ricoeur, op. cit., p. 224.
1
Al respecto véase G.W.F. Hegel, Filosofía Real, México, Fondo de Cultura Económica, 1984, pp.
166-234.
200 £ RECoNoCIMIENTo y CoNQUISTA: UNA REFLEXIóN A PARTIR DE PAUL RICoEUR
la oposición que no se niega, y con base en ella se elaboran los acuerdos, las normas, los
pactos públicos. Más que ser el lenguaje de un interés privado, el reconocimiento maneja el
lenguaje del diálogo, de la comunicación entre las partes, como único vehículo en que el yo
sea otro y el otro, a su vez, sea un yo. Es reconocimiento mutuo, como lo utilizan de manera
profunda Hegel y Ricoeur.
De ahí que Ricoeur nos hable de que el reconocimiento, con su sentido de igualdad y
justicia, adquiera un cariz fundamental en las relaciones sociales, puesto que se va más allá
de los intereses privados y se dirige a la creación de espacios que, sin anular la diferencia y
la pluralidad de grupos, culturas y etnias, sean cada vez más solidarios. El tema del reconoci-
miento y su relación con la justicia, el amor, y formas más específcas de reconocimiento mu-
tuo, requeriría el espacio de otro ensayo de mayor extensión, pero por el momento bástenos
precisar que el sentido de justicia va de la mano con la creación de posibilidades en las que el
otro —la diferencia— tome la palabra, ya que sólo así se garantizará la paz y la solidaridad
en el trabajo y el aprendizaje del reconocimiento del otro.
Reconocimiento y conquista
Quisiera fnalizar este trabajo dirigiendo el tema del reconocimiento hacia el ámbito latino-
americano, ya que, de una u otra manera, la problemática aquí abordada afecta la relación que
nuestros pueblos han mantenido con el mundo europeo o la cultura occidental.
De hecho, por mencionar un episodio paradigmático de nuestra historia, el “Descubrimien-
to de América” signifcó el encuentro (o desencuentro, según se vea) entre dos formas de con-
cebir el universo y dos maneras de entender el sentido del ser humano y su sociedad. Aunque
un análisis histórico nos dejaría ver que la relación entre estas dos culturas no fue del todo
afortunada, sino más bien desgraciada para los pueblos amerindios, queda la impronta, sin
embargo, de un vínculo que marcó y sigue marcando el rumbo de nuestras naciones. En este
encuentro de culturas y formas de ser, el reconocimiento no ha sido el tema constante de la re-
lación. Recordemos que la historia ha marcado con diferentes términos lo ocurrido en aquellos
tiempos: conquista, sometimiento, explotación, violencia; todos estos conceptos que designan
el tipo de relación que mantuvieron el español europeo y el nativo de las tierras americanas.
Cierto que ya los pueblos mesoamericanos antes de la llegada de los españoles conocían la
guerra y la lucha de conquista; sin embargo, con el encuentro del mundo europeo se entroniza
una falta de reconocimiento hacia el otro latinoamericano nunca antes vista.
El caso de américa y Europa no fue de inicio una relación de reconocimiento, sólo asumió
la diversidad de formas de dominio que el tiempo y la sociedad de aquella época constitu-
yeron en torno a los pueblos recién encontrados. Los mismos títulos de “Descubrimiento de
américa” o “Conquista de américa”, con los que se marcan los episodios de nuestra historia,
sólo refejan la unilateralidad de la relación que hubo entre culturas con distintos intereses y
valores de vida. y en donde hay unilateralidad no hay alteridad y por ende tampoco recono-
cimiento. “Descubrir” o “conquistar” remiten a acciones del sujeto europeo, no a la participa-
ción con otros de un encuentro.
De esta manera, el descubrimiento o conquista de américa forma el paradigma de las
relaciones subsecuentes que aparecerán en formas muy disímbolas en la historia de un con-
tinente al que, de inicio, se descalifcó en su propio ser. y, sin embargo, la lucha por el reco-
CARLoS HAM JUÁREZ £ 201
nocimiento de los pueblos latinoamericanos ha sido constante. Podríamos decir que, a pesar
de que el mundo europeo redujo a fragmentos y vestigios nuestra cultura mesoamericana, y
a pesar de que a la historiografía aún le falta registrar por mucho las luchas de resistencia, de
oposición y sublevaciones ante el poder del conquistador, aun así perdura en nuestros pueblos
la necesidad de ser reconocidos. Pero hay que aclarar que la búsqueda de reconocimiento no
quiere decir aquí que necesitemos del aval o la autorización del europeo para ser aceptados
o para demostrar nuestra valía ante el resto del mundo; más bien, el reconocimiento del que
hablamos, va en el sentido de una resistencia frente al poder y una defensa de nuestros valores
ante el dominio del conquistador que reduce a su visión particular la otredad latinoamericana;
ser reconocido, en una primera instancia, signifca resistencia ante la opresión sufrida y una
defensa de la otredad que somos, la cual nos habla de que no se espera que el reconocimiento
llegue de una manera pasiva, sino a través de una lucha que los mismos pueblos habrán de
emprender en defensa de sus diferencias. Reconocer, hemos visto en este trabajo, signifca
un camino de ida y vuelta, que va del sujeto al otro y del otro al sujeto, pero no para que el
resultado de esta alteridad sea una identifcación plena de los opuestos, sino para convivir en
la diferencia, en la que se respeta la identidad de cada uno, aun siendo diferentes. Esto supone
un reconocimiento mutuo que no se logra mientras uno de los oponentes niegue la existencia
y valor del otro, lo cual ha sido el tenor de nuestra historia.
Ha señalado con acierto Tzvetan Todorov que:
Cortés entiende relativamente bien el mundo azteca que se descubre ante sus ojos, cier-
tamente mejor de lo que Moctezuma entiende las realidades españolas. y sin embargo
esta comprensión superior no impide que los conquistadores destruyan la civilización y
sociedad mexicana; muy al contrario, uno tiene la impresión de que justamente gracias a
ello se hace posible la destrucción…
13
En efecto, el encuentro entre los españoles y el imperio azteca no estuvo exento de cono-
cimiento y comprensión, pero en ambos no hubo reconocimiento. Cada uno a su manera con-
cibió al otro desde su particular perspectiva y desde su propio mundo imaginario. Moctezuma
vio en la llegada de los españoles la afrmación de funestos presagios, la caída de su imperio
por dioses vengativos y la vuelta de Quetzalcóatl que venía a reclamar lo que era suyo; antes
de enfrentar al conquistador español la batalla estaba perdida, Moctezuma había interpretado
los signos a favor de los hombres barbados, y sólo esperaba con angustia y pesar la consoli-
dación de un destino preconcebido.
Cortés, por su parte, es el refejo de un mundo que empieza a surgir, de un mundo que pese
a la tradición católica y cristiana incorpora la aventura y la acción del sujeto; en los nuevos
territorios observan los españoles el espacio para consolidar la fe y el papel de la iglesia
cristiana, pero también el nuevo mundo virgen y lleno de riquezas al alcance de la mano; los
indios sólo son un obstáculo para la empresa del oro, sólo aparecen en un horizonte que
los españoles asumen como suyo, en donde reyes, clases nobles y órdenes religiosas asen-
tarán su poder y su dominio; sólo en la renuncia a la “idolatría” tendrán cabida los antiguos
pobladores, o en la capacidad de éstos para asimilar las tradiciones y creencias europeas, lo
cual son formas de renunciar a la propia identidad.
13
tzvetan todorov, La conquista de América. El problema del otro, México, Siglo XXI, 1987, p. 137.
202 £ RECoNoCIMIENTo y CoNQUISTA: UNA REFLEXIóN A PARTIR DE PAUL RICoEUR
En ambos casos hay un desencuentro que no les permite relacionarse de una manera pacíf-
ca. La guerra y la violencia nacen como producto de paradigmas inconmensurables; en ambas
posiciones no hay la construcción de identidades analógicas ni apreciación de sus diferen-
cias sin que éstas se valoren en menoscabo de las propias; no hay, en fn, un parámetro que les
sirva para unirse en lo común, aun teniendo presente su respectiva diversidad de formas de
ser. Recuérdese que Ricoeur habla de la necesidad de ubicar en el reconocimiento el binomio
identifcación/distinción, que en el caso del encuentro latinoamericano y europeo no sucede, o
al menos, no en la dimensión de un encuentro de alteridades. El conocimiento, como observa
Todorov, no fue obstáculo para destruir a un pueblo y a una cultura con todos sus valores.
Cortés, en verdad, deja constancia del asombro y la admiración que le produjo la civilización
azteca; llegó a conocer el idioma, las instituciones y las formas de vida social de los pueblos
a los que se enfrentaba; sólo que este conocimiento se dirigía a los otros a la manera en que
únicamente puede ser un acto cognoscitivo, como si éstos fuesen meros objetos de estudio.
priva en el acto de conocimiento la acción del sujeto que reduce a su entendimiento la cultura
de los otros, reducción que comprende la tarea de asimilar al otro como objeto de análisis,
pero nunca en la comprensión de su dimensión ética.
Así pues, la racionalidad de Cortés estuvo enfocada a la consecución del poder, para la
cual era imprescindible conocer al enemigo. Ello explica no sólo la acción de Cortés sino
la de todos los conquistadores. Es una estrategia de guerra, consolidada en la efcacia del
dominio de uno sobre otro. Conocer no es reconocer, como ya lo afrmaba Ricoeur. Conocer
manifesta la unidad sintética de una conciencia, refeja la capacidad de un sujeto para domi-
nar su mundo, para reducirlo a las categorías de su comprensión, para darle forma a su tiempo
y espacio, para conformarlo a la imagen y semejanza del hombre moderno que piensa y actúa.
Mucho antes que Descartes y que el desarrollo de la flosofía moderna, Cortés anticipaba
con su acción el nuevo sentido del conocimiento y de la razón: estrategia, dominio, acción.
La conquista española refeja en mucho la lucha por el poder y la conquista de los intereses
subjetivos de la que nos hablara Hobbes en su Leviatán.
y sin embargo, pese a la devastación de la conquista española, se alzaron voces que de-
nunciaron el abuso europeo y defendieron el derecho de existencia de los pueblos indígenas.
En el mundo de las ideas se libró un debate que cuestionaba el derecho de conquista, que, no
obstante sus límites, daba cierto reconocimiento al mundo conquistado del indígena. Mauri-
cio Beuchot, en su libro La querella de la conquista, sintetiza con suma claridad las disputas
en torno a la legitimidad o ilegitimidad de la conquista española, y acertadamente comenta
que la guerra de conquista no fue realizada abruptamente, sino que hubo una acalorada discu-
sión sobre el derecho de hacerles la guerra o no a los pueblos americanos;
14
pensadores como
Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Juan Ginés de Sepúlveda o Bartolomé de las Casas,
argumentaron los pro y los contra de una evangelización impuesta o pacífca; razonaron sobre
las ventajas o desventajas de la guerra como medio de difusión o imposición de los valores
cristianos; asimismo, ponderaron los derechos y la justicia o injusticia que se derivaba de la
implantación de la religión católica. Si bien es cierto que en el debate mencionado estaba au-
sente la voz del mundo indígena y que la polémica quedó circunscrita a los argumentos de los
pensadores europeos, aun así se vislumbra la necesidad de ver en el otro latinoamericano algo
14
Mauricio Beuchot, La querella de la conquista, México, Siglo XXI, 1992, pp. 9-11.
CARLoS HAM JUÁREZ £ 203
más que un objeto o un medio de satisfacción de intereses particulares. Como lo menciona el
mismo Beuchot: “El pensamiento analógico o analogicidad es algo que permitió la comuni-
cación intercultural a la hora del encuentro entre españoles e indígenas. y lejos de servir a la
colonización fue lo que facilitó el mutuo entendimiento y la búsqueda de respeto y hasta
la libertad entre las dos partes…”
1
la discusión en torno a la conquista, pese a las limitaciones propias de su tiempo, fue un
ejercicio honesto que trastocaba los intereses del poder y la economía. Más allá de Hobbes
quien descubrió la lucha política en función de los intereses individuales, se asoma la variable
ética del otro mediante su analogía. Europeo e indígena no son tan diametralmente opuestos,
existe un puente entre ellos que las ideas y la discusión habrán de construir. Con su sola pre-
sencia el indígena, en tanto que otro, obliga al conquistador europeo a refexionar sobre sus
acciones y lo obliga también a considerar el sentido ético de su poder. Aunque efectivamente
no hay un reconocimiento mutuo, ni aceptación de la diferencia de los indígenas, el debate
de la conquista allana el camino hacia una relación en la que los criterios éticos, jurídicos
y sociales serán dignos de tomarse en cuenta. Estamos en ese camino que Hegel y Ricoeur
observaban como el principio del reconocimiento: la superación del individualismo posesivo
a través de la diferencia del otro. Tanto Hegel como Ricoeur conciben que el reconocimiento
mutuo nace en el momento en que el sujeto y el otro comienzan una vida comunitaria, no
sólo cifrada en la necesidad de sobrevivir sino además en la constitución de valores éticos y
sociales; espacio comunitario en que habrá de buscarse la paz, la justicia, la igualdad.
Cierto, la conquista española, aun con la discusión sobre la justeza de su dominio, no
alcanza los niveles del reconocimiento místico, ni acepta la diferencia del otro, ya que éste
fnalmente será sometido por las armas y por la evangelización cristiana. Sin embargo, la his-
toria subsiguiente no estará escrita únicamente por el lado español; con la aparición del otro
latinoamericano, el europeo aun en su dominio indiscutible se enfrentará a la sombra de la
resistencia de los pueblos dominados; nunca más el poder de la cultura occidental estará solo:
frente a sí se encontrará con la diferencia del otro al que no logrará subsumir en sus valores
y en sus conceptos, y es a través de esta diferencia como se habrá de construir una socialidad
de mutuo acuerdo.
le resta al tiempo presente tomar el trabajo de aquellos pensadores que tuvieron la expe-
riencia del otro y que, pese a las limitaciones propias de su tiempo, pudieron reconocer en
parte el valor ético de quienes son diferentes. Se precisa retornar a este trabajo de indagación
ética y humanística. Aún queda mucho por discutir en lo referente a la identidad y diferencia
de nuestros pueblos; aún queda seguir allanando los espacios de la interpretación y de la
comunicación de signos tan diversos, de culturas tan diferentes; todavía falta encontrar la
comprensión que por momentos permita unir y canalizar lo heteróclito del conficto. El otro
es el rostro de la resistencia, de la oscuridad, de la justicia no concluida; sólo al lenguaje,
en el diálogo, en la hermenéutica, en la palabra que comunica y no somete, le será posible
manifestar ese rostro.
1
Mauricio Beuchot, Lineamientos de hermenéutica analógica, México, Consejo para la Cultura y las artes
de Nuevo León, 2006, p. 45.
205
Tulipanes en suelo de nopales. El “modernismo” literario
y el primer “japonismo” de José Juan Tablada*
Bolívar echeverría**
Sobre la edición y el prólogo
respecto del trabajo de edición de esta obra de José Juan tablada realizado por Jorge ruedas
de la Serna puede decirse, sin exageración, que es excelente. Al reconocimiento de que se
trata de una muestra ejemplar de lo que debe ser una edición crítica hay que añadir que está
realizada en la mejor tradición de la flología alemana, la que prefere pecar por exceso de
anotaciones y no por falta de las mismas. Todas las que acompañan al texto de José Juan Ta-
blada son, en efecto, necesarias, precisas y medidas; lo mismo cuando comparan esta edición
con la que existía originalmente en las entregas de la Revista Moderna, que cuando aclaran
la grafía cambiante (galicista o anglicista) empleada por Tablada o cuando explican cierto
vocabulario, a veces impenetrable (tratándose de palabras japonesas), manejado por el autor.
Especialmente útiles son las anotaciones que dilucidan menciones eruditas o alusiones enig-
máticas, tan abundantes en esta obra.
El estudio introductorio que ruedas de la Serna antepone a su edición incluye central-
mente la dilucidación de una circunstancia sólo hasta cierto punto externa al trabajo poético
que hay en la prosa de En el país del sol, prosa a la que con toda razón considera de lo me-
jor que la literatura modernista de la América Latina supo producir. Ruedas de la Serna exa-
mina allí el grado de conocimiento, más o menos adecuado y exhaustivo, que el autor de esta
obra podía tener del objeto en torno al cual poetizaba. ¿Tuvo Tablada un conocimiento directo
de la realidad japonesa? ¿Estuvo en el Japón entre mayo y octubre del año de 1900, tal como
él y su mecenas lo afrmaron repetidamente?
Ruedas de la Serna amplía y fundamenta la puesta en duda de la realidad de ese viaje,
expresada ya por Atsuko Tanabe en El japonismo de José Juan Tablada (181), respecto de
la visita del poeta al oeste del Japón y a sus lagos. Sin embargo, aunque da al lector razones
de sobra para encontrar inaceptable la pretensión del poeta, se abstiene de descalifcarla ca-
tegóricamente.
El viaje de Tablada al Japón debía aportar autenticidad y profundidad al japonismo de su
literatura y hacer de él una autoridad indiscutible en asuntos de cultura japonesa. Pero no sólo
* Comentario a la edición del libro: José Juan tablada, En el país del sol, edición crítica, prólogo y notas
de Jorge ruedas de la Serna, unaM, 2006.
** Magister artium en flosofía en la Freie Universität Berlin. Doctor en flosofía por la Facultad de Filo-
sofía y Letras de la unaM. Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la unaM (PRIDE “D”). Investigador
Nacional Nivel III, Sistema Nacional de Investigadores, Conacyt. Premio Universidad Nacional a la Docencia
(México, 1997).
206 £ tulipanES En SuElo DE nopalES
eso. Era un viaje que venía a benefciar a la Revista Moderna y a su mecenas, Jesús E. Luján.
no debe pasarse por alto, en efecto, que para luján, que es quien anima y mantiene la revista,
ésta debía ser una comprobación lujosa y decorativa de la viabilidad del ambicioso proyecto
del que formaba parte su publicación, el de la modernización económica emprendida por la
dictadura de Porfrio Díaz. La necesidad de aparentar un alcance cosmopolita del poder de la
burguesía porfriana bien podía justifcar la travesura de inventarle visos de verdad al viaje
de Tablada al Japón.
¿Pero qué hace del viaje al Japón que habría emprendido el joven José Juan Tablada un
hecho por un lado prescindible o sustituible por la erudición libresca, y por otro impostable
para efectos extraliterarios (la fama del autor, el benefcio de su mecenas)? Solamente la
idea romántica de que el creador poético es capaz de hacer de toda cosa un material de su
creación; de que él está por encima de lo que las cosas del mundo puedan ser “en realidad”,
puesto que la realidad de orden poético que él les otorga es una realidad arbitraria, irrespon-
sable, desentendida de las exigencias de la primera. En el año 1900, un José Juan Tablada
imprecisamente “modernista” se comporta con los motivos japoneses de su poetización si-
guiendo esta idea de lo que es la arbitrariedad poética. Para él, la diferencia entre el Japón
inventado y el Japón real es en verdad un asunto négligéable. Da igual haber ido que fngir
haber ido (lo que no le impide hacer mofa de quienes en México “no conocen más que la
‘Candelaria de los patos’”). Presiente que el Japón que encontraría en las islas japonesas, en
sus campos y sus ciudades, no sería el Japón de los japoneses “reales” —tan extraño (y tan
denegable) para él y su forzada modernidad europea como lo es el México pre-moderno del
campo, el subsuelo o los suburbios mexicanos—, sino el Japón de los europeos japonistas,
un Japón que más que en el extremo oriente está en el mismo París —y habla en francés, una
lengua que sí le es accesible—. Cierta erudición japonista parece no faltarle a Tablada: libros
franceses desde Chateaubriand y Catulle Mendès, leconte de lisle, hasta Judith y théophile
gautier, Jules y Edmond de goncourt, pierre loti (y su infaltable Madame Chrysanthème);
e ingleses, de William George Aston, Lafcadio Hearn o Basil Hall Chamberlain, pueden
haber dejado su huella directa o indirectamente en el conocimiento que demuestra tener de
la cultura japonesa.
Sobre el exotismo modernista
El primer japonismo de tablada pertenece al periodo “modernista” de su obra literaria, uno
de tantos periodos por los que pasó la vida y la obra de este hombre de personalidad mutante
e itinerante, inasible no sólo para los otros sino para sí mismo: zarandeado entre los extremos
del “malinchismo” y el nacionalismo, de la egolatría y el altruismo.
Como bien lo advierte Atsuko Tanabe, este primer japonismo del poeta, vigente en él
de 1890 a 1904 —que difere claramente de su segundo japonismo, a partir de 1924, éste
sí empeñado en una empatía de profundidad con “lo japonés”— implica una aproximación
superfcial a la realidad japonesa; es una muestra más —proveniente de un “europeo reencon-
trado”— del irrespeto ante los otros que caracteriza a los europeos autocomplacientes, de una
insensibilidad ante lo otro que hay en los otros (y en sí mismos) que no les permite apreciarlo
como un indicio de la posibilidad de humanidades alternativas, sino que es para ellos simple-
mente un material que creen posible integrar en sí mismos modelándolo a su antojo.
BoLíVAR ECHEVERRíA £ 207
El “modernismo” literario ha sido esencial en la conformación del gusto estético espontá-
neo en las ciudades latinoamericanas de la primera mitad del siglo xx; no sólo se enseñoreó
de la identidad afectiva y estética de las elites sino que ha sido el nervio de las letras o tex-
tos de tantos tangos, boleros, pasillos, trovas, etcétera, que han guiado y acompañado la rup-
tura estética de la vida cotidiana en la América Latina y que han infuenciado incluso la de
otras en el resto del mundo.
las obras de los poetas del modernismo latinoamericano, tal vez más que las de otras re-
giones y otras épocas, sólo pueden juzgarse adecuadamente si se las aprecia como obras que
destacan dentro de una peculiar “obra de arte” que las rebasa. Sería una obra colectiva que no es
propiamente de orden literario; una obra que se confunde con la estetización de la vida misma,
llevada a cabo por una pequeña fracción dentro de un grupo humano muy especial que es el de
los “criollos que se quedaron sin la mitad española de su identidad”, una delgada capa de esa
clase social que, para sobreponerse a esa orfandad, se inventa para sí una identidad metropoli-
tana fcticia (elaborada a partir de alguna otra identidad europea, preferentemente la francesa),
amenazada siempre por los defectos de su artifcialidad. Se trata de un número restringido de
miembros de la “aristocracia republicana” que hace de su vida una constante improvisación
de identidad y, en esa medida, una perpetua creación, una “producción artística”. Forman parte de
esa “clase ociosa” (Veblen) que usufructúa la intermediación entre la economía metropolitana
europea y la economía colonizada, y que se resisten sin embargo a aceptarse en el doble papel
que le corresponde a su clase, el de colonizadores, por un lado, y el de colonizados, por otro.
los miembros de esta fracción o capa de la “aristocracia” republicana oligárquica renie-
gan de toda conexión que no sea “de emergencia” y clandestina con aquello que en su país de
origen resulta disfuncional o no integrable en la buena marcha de la vida moderna burguesa,
sobre todo con aquellos usos y costumbres de la población mayoritaria que se conformaron y
desarrollaron en el pasado barroco anterior al embate del “despotismo ilustrado”.
Tulipanes cultivados en tierra de nopales, extranjeros fcticios en su tierra natal, educados
como si cada uno de ellos hubiera sido un obsequio personal de la metrópoli a México, salen
a buscar su identidad afuera, en la “fuente espiritual”, en Europa, en Francia, en París. Una
vez llegados, estos huérfanos putativos se esfuerzan en creer melodramáticamente que han
reencontrado ahí aquella madre que no conocieron de niños pero “que en realidad no había
estado muerta sino sólo de viaje”.
La identidad que estos criollos peculiares se adjudican a sí mismos es una identidad esen-
cialmente moderna, pero una identidad cuya forma de vigencia concreta les resulta especial-
mente problemática: por un lado, la peculiaridad cualitativa de la misma no puede provenir
de una transformación de las formas hispánicas coloniales, que se encuentran aún vivas y le
otorgan sin duda una identidad, porque se trata de formas repudiables dado que han caído
defnitivamente en la pre-modernidad; pero, por otro lado, tampoco pueden sacarla de las
formas propuestas por la ilustración en la que se inspira el republicanismo liberal, dado que
se trata de formas que son ellas mismas abstractas o carentes de concreción.
los poetas modernistas de la américa latina parten de la estetización espontánea propia
de esa fracción cultivada de los criollos “desamparados”, empeñados en dotarse de un núcleo
identitario metropolitano que los califque concretamente. Son los que completan esa esteti-
zación, la perfeccionan, la llevan a su culminación en sus personas.
Si la creación literaria latinoamericana de fnales del xix y comienzos del xx se conecta
con el “modernismo” europeo, empatiza con él, lo adopta y lo desarrolla en una versión
208 £ tulipanES En SuElo DE nopalES
propia, ello se debe a que también este último, especialmente con el simbolismo que arranca
de Baudelaire, parte de una experiencia del mundo y de la vida que es homóloga de la suya
propia.
Una vez corregida la revolución y restauradas y puestas al día —o modernizadas— las
formas de vida tradicionales, Francia es para mediados del siglo xix el país moderno por
antonomasia; y París la ciudad que concentra en torno a sí la entrega total de la vida a la
vorágine del progreso.
paradójicamente, por contraste, la vida del “buen burgués” resulta o aparenta ser un re-
manso en medio de las tentaciones y las promesas del siglo del Progreso. Sobre ella rige
la sensatez insoportable de la hormiga; la previsión, el utilitarismo, la mediocridad exigida
como condición necesaria del acrecentamiento y el cuidado de la riqueza capitalista, sin la
cual no sedaría el canto irresponsable de la cigarra parisina.
Por lo tanto, puesto que el arte, como lo han afrmado con insistencia los románticos, sólo
forece en el dispendio, en la desmesura, ser artista se convierte en sinónimo de ser anti-bur-
gués. Más aún, ya que el arte sólo puede ser tal si invade la persona misma del artista y lo saca
del aburguesamiento, el artista debe ser, él mismo, una obra de arte efímera, que se renueva
siempre una y otra vez. En verdad, las obras de arte sólo serían los pétalos caídos; la for sería
la persona del artista. Para hacer una obra de arte es sufciente el talento, para alcanzar la vida
artística es necesario el genio (oscar Wilde).
Sólo unos cuantos de los miembros de esta minoría de “aristócratas” latinoamericanos
autoexiliados en París —sea su exilio efectivo, de hecho, o sólo un exilio en el deseo y la
imaginación—, precisamente los que se reconocerán como “modernistas”, sin dejar de ser
críticos implacables (muchas veces obnubilados) de lo propio, de lo que han renegado, tien-
den a extender su criticismo también a la identidad europea adoptada y a la falsedad de las
realizaciones de la emancipación moderna; se suman así a la elite vanguardista de la aristocra-
cia francesa cultivada que parte de la iluminación de Baudelaire. Se alejan del grueso de esta
minoría a la que pertenecen, que, temerosa de quedarse en la orfandad total, defende de
manera obsesiva la identidad europea aburguesada, desarrollando un mimetismo que, dada
la “alcurnia” y sobre todo la fortuna de sus miembros, no imita simplemente lo francés y lo
parisino, sino las formas aristocráticas de lo francés y lo parisino; un mimetismo del habla y
el comportamiento metropolitanos que llega a admirar a los propios europeos.
La difcultad de pasar por “blanco” que tiene Julio Ruelas en Karlsruhe, cuando va en
busca de Böcklin.
“Montmartrois”, “habitué del Café procope”, José Juan tablada “realiza el imposible de
ser parisiense sin haber salido de México”.
“En la Candelaria de los patos no saben nada del lago Biwa y del yoshiwara”.
Un peculiar conficto aparece entonces en el comportamiento de esta elite autonegadora y
crítica de los latinoamericanos modernistas afrancesados. Huyendo de su propio ser natural,
que los alejaría de toda identifcación moderna, y tratando de hacerse de “la mejor identidad
posible”, los miembros de esta fracción de la aristocracia latinoamericana se encuentran con
el hecho de que la identidad de la burguesía francesa más cultivada se caracteriza en gran
parte por una renegación de lo francés y lo parisino y por la integración de elementos contra-
puestos a ello, provenientes de los “otros”, de regiones e identidades exóticas del “oriente” o
BoLíVAR ECHEVERRíA £ 209
de ultramar, que son precisamente como las realidades americanas de las que ellos provienen.
Ser parisino de manera cultivada, “culturalmente aristocrática”, implica comportarse de ma-
nera contra-parisina, exotizante.
El exotismo es una puesta en práctica ilusoria de la atracción por lo otro, lo no-occidental,
que acompaña como una pulsión reprimida a la sociedad europea en su proceso de moderni-
zación capitalista. Es, en el siglo xix, una de las actitudes que adoptan los espíritus críticos
cuando perciben en la experiencia de la vida social y política que ésta se ha “aburguesado”,
que ha preferido restaurar lo viejo y no aventurarse en lo nuevo, que ha abandonado aquella
búsqueda de una vida alternativa que era propia de la modernidad. El exotismo es un remedio
a la nostalgia por aquello radicalmente diferente respecto de la tradición cristiana del occi-
dente medieval que parecía venir con el mundo moderno y que nunca llegó.
Ese amor por lo otro o lo exótico comienza tempranamente con los misioneros francis-
canos en américa y los adelantados jesuitas en la india, China y el Japón; se prolonga en un
conjunto de personajes representados por autores como Montaigne, Swift, Montesquieu y
estalla en el exotismo romántico que acompaña a la Revolución francesa.
El exotismo, por su parte, consiste en la construcción mimética que hace el europeo de
una identidad artifcial para sí mismo, que procede para ello manipulando los datos de una
alteridad extra-europea efectiva: minimizándolos o magnifcándolos, exagerándolos o anu-
lándolos, e incluso sustituyéndolos por otros inventados ad hoc.
Contradictoriamente, aunque sea para ponerla al servicio de la impugnación o crítica de lo
propio, el exotismo del modelo que debe inspirar la identidad efímera de la persona moderna
antiburguesa implica una acción típicamente burguesa: la de apropiarse de lo ajeno e integrar-
lo en lo propio, la de manipular en el otro incluso su otredad o alteridad.
primero se recurre a la otredad de la Europa tenida por no europea, la Europa mediterránea
o del temperament, después a la otredad llamada “oriental”, del norte de África y del Levante,
sensual y alucinada, y a la rusa o eslava, del “alma inescrutable”, y fnalmente a la otredad
asiática de la India, la China y el Asia sudoriental, perversamente refnada, que culmina en
la otredad japonesa, más “sutil y profunda” que las anteriores, demasiado “escandalosas y
superfciales”. La otredad africana, que para el europeo linda con la otredad animal o extra-
humana, sólo la descubrirá el “arte moderno” en el siglo xx, con la revolución artística de sus
“vanguardias”.
El modernista latinoamericano se encontraba así en una situación paradójica, extraña e
incómoda: en el camino de sustituir las formas exóticas íntimas, que traía de América a es-
condidas, por las de un metropolitanismo europeo, se vio obligado a dar la vuelta y ponerse a
buscar otras formas exóticas, las preferidas en Europa en tiempos de la belle époque, que eran
las del exotismo dirigido hacia un oriente imaginado, hacia un Japón artifcial.
la intención de esta nota ha sido proponer que el exotismo de José Juan tablada puede
explicarse a partir de la curiosa situación que acabo de describir; en especial el japonismo
de su primera época, con esa irresponsabilidad frente a lo japonés que hacía que le diera lo
mismo el Japón leído que el Japón vivido, y que explicaría la muy probable mentira acerca de
su viaje, una mentira tan acuciosa y maliciosamente estudiada por Jorge ruedas de la Serna
en el prólogo a su admirable edición de El país del sol.
EFEMéRIDES
13
Cosas: inferno, alpargata: trabajo y alienación en Vidas secas
Hermenegildo Bastos*
En 2008, este pequeño libro, experimental y clásico, completará 70 años de vida. ¿Qué se
puede decir de esa longevidad? ¿De dónde proviene la actualidad de esta obra? En primer
lugar podemos decir que ella viene de cómo propicia en el lector acompañar su producción,
el trabajo de la obra como un pasajero que tiene la oportunidad de viajar al lado del capitán
de un barco o del piloto en un avión. Al ser llevado por ese ritmo, el lector también observa
el trabajo de los personajes y, junto a eso, el tema de la libertad directamente conectada al
trabajo como su contrapartida. Trabajo y libertad: del autor en su producción de la obra y de
los personajes en los eventos narrados.
Decir que no es posible otro mundo que no sea el de la reifcación, presupone tener el
mundo real como espacio de una derrota previa. Esa derrota aparece en la literatura como
tema pero también, lo que es más importante, inscrita en la propia obra.
otto Carpeaux (1978) decía acerca de Graciliano Ramos que el autor quería eliminar todo:
las comas, las palabras, las frases, los capítulos, los libros enteros, quería también eliminar
el mundo para quedarse solamente con la poesía, el absoluto. Faltó entender que la poesía,
entretanto, también es reifcada.
He aquí la cruel experiencia vivida por el niño mayor en el deslumbramiento que expe-
rimenta todo poeta al descubrir una nueva palabra: ¿qué quiere decir inferno? El joven no
podía aceptar que una palabra tan hermosa (palabra-objeto defnida por Sartre) pudiese tener
un signifcado tan maligno. Infelizmente no pude resistir: Sinha Vitória no le da atención,
después le dará un porrazo.
Como no sabía hablar bien, el niño balbuceaba expresiones complicadas, repetía las
sílabas, imitaba los berridos de los animales, el ruido del viento, el sonido de las ramas
que crujían en la vegetación agreste, rozándose. Ahora había tenido la idea de aprender
una nueva palabra, con seguridad importante ya que fguraba en la conversación de doña
Terta. Iba a memorizarla y transmitirla al hermanito y a la perra. Baleia permanecería
indiferente pero el hermanito se admiraría con envidia.
—“Inferno, inferno” (Ramos, 1986, pp. 59-60).
El lenguaje es, como se ha observado, un problema en Vidas secas, pero no el lenguaje
como origen del ser humano y sí, como dice Marx en La ideología alemana, la conciencia
inmediata del hombre. Los personajes en Vidas secas, en su existencia casi natural, ganan
* Véase p. 68, nota.
14 £ CoSAS: INFIERNo, ALPARGATA: TRABAJo y ALINEACIóN EN VIDAS SECAS
su supervivencia en la lucha con los elementos naturales y se podría decir que en una etapa
primitiva de las fuerzas productivas. A pesar de eso ellos reciben su sueldo, hacen parte de la
economía capitalista en la cual la hacienda, su propietario, los otros trabajadores, los habitan-
tes de la villa —entre ellos el soldado amarillo, el dueño del almacén, el fscal, etcétera— se
integran al proceso de explotación capitalista en su forma colonial.
Cerca de la naturaleza, pero al mismo tiempo alejados de ella por una relación de trabajo
enajenado, los personajes de Vidas secas parecen símbolos del ser social en su proceso de
evolución histórica. En este sentido es que se puede decir que naturaleza es ahí la cuestión:
naturaleza y naturaleza del hombre, historia natural del hombre e historia humana de la na-
turaleza.
De ahí cierto carácter mágico que preside las acciones de los personajes. La magia, prácti-
ca social de otros tiempos, ahora pasa a ser una forma de enajenación. El lenguaje es mágico
y, como herramienta ya elaborada del metabolismo hombre/naturaleza, es al mismo tiempo el
límite que se coloca a los personajes y la fantasía de superarlo.
El diálogo del niño mayor con Sinha Vitória es seguido por otra escena —ahora un diálogo
y una acción de Fabiano. Al volver de la decepción que sufriera con la madre, el joven se
encuentra con Fabiano, quien le ordena que ponga los pies sobre la tierra; en otras palabras,
que bajase de las nubes. Los pies del joven están puestos sobre el cuero y el vaquero dibuja
con un cuchillo una alpargata. En vez de las palabras de la poesía, una alpargata para golpear
el piso del mundo y ser golpeado y molido en el piso del mundo.
En el dibujo hecho por el vaquero, la alpargata que fue diseñada a la medida del pie del jo-
ven es al mismo tiempo el imaginario: el carácter teleológico del trabajo. Del diseño del
vaquero en el cuero aparece la alpargata, por lo tanto algo ya existente de forma teleológica
como lo es todo trabajo humano en la idea del vaquero. Pero este trabajo trae en sí sus limi-
taciones: siendo producción de un artefacto para la lucha por la supervivencia es al mismo
tiempo una forma de sumisión a las condiciones impuestas.
El niño menor también tiene una parcela de castigo o sufre la burla de los otros. También
Baleia muere soñando con un mundo de abundancia, un sueño imposible de ser soñado, un
delirio.
la imaginación es impedida de ser realizada plenamente y, de esta forma, penetra los
límites impuestos a ella, pasando a incluirlos pero, al mismo tiempo, combatiéndolos. La
condición común al niño mayor, al menor y a Baleia es el de la reifcación. Vidas secas narra
el mundo reifcado y la lucha de los hombres por la libertad.
La condición del autor es la misma que la de los personajes. él también vive el mundo
reifcado y su actividad como escritor también se da en ese mundo. La cuestión tratada como
situación de los personajes es también la cuestión de la obra que está siendo producida y
seguida de cerca por el lector. El lector ve la imaginación y sus límites en la historia y en el
discurso. La obra narra dos historias simultáneamente: la historia de Fabiano y su familia, y la
historia del acto de escribir la obra. El escritor se convierte en personaje de la obra, de modo
diferente de aquél cuando es narrador-personaje.
Lo que se llamaría “libertad de crear” es un problema en Vidas secas, como de hecho
lo es en toda obra literaria. Pero aquí lo es asumidamente, como una provocación. En vez
de “crear”, producir: éste es el principio del problema, pero como tal, puede ser también el
camino para su ecuación. Libertad de producir, libertad de disponer de las técnicas de pro-
ducción. Pero ¿quién puede disponer sin constreñimientos (económicos ante todo, seguido de
HERMENEGILDo BASToS £ 1
políticos) de las técnicas de producción? “La libertad completa nadie la disfruta: comenzamos
oprimidos por la sintaxis y acabamos teniendo que encarar la Delegación del orden Político
y Social, pero en los estrechos límites en el que la gramática y la ley nos coaccionan todavía
nos podemos mover” (Ramos, 1982, p. 34).
El lector es llevado a acompañar el transcurrir de la obra, a compartir las elecciones del
escritor y convertirse en participante de ella, involucrarse en la cuestión del acto de escribir a
cada línea. ¿Qué signifca ejercer la actividad de escritor en este mundo? Fingir que se está en
otro mundo de plena libertad es una ilusión totalmente extraña para Graciliano Ramos —sien-
do ésta, en mi opinión, la lección de reprobación del gran escritor. La obra descifra el espanto
del niño mayor, la sensación de impotencia y ridículo del niño menor, la agonía y el delirio
de Baleia. La construcción de Vidas secas es de extrema libertad en relación con los modelos
tradicionales de la novela, en relación con la verosimilitud. Invade el terreno de la poesía,
lo que fue tan bien observado por João Cabral de Melo Neto. Como un panel, desprecia los
modelos tradicionales de la narrativa romanesca. Compone el conjunto a partir de partes en
sí ya autónomas. Teje un diálogo entre el narrador (instruido, racionalista, politizado) con el
personaje (inculto, místico y mágico, no politizado) haciendo que los universos de los dos se
contaminen mutuamente. El narrador, aparentemente neutro, está mezclado en las acciones
narradas e, igual al personaje, tampoco puede apuntar las salidas para la condición de opre-
sión en la que todos viven.
Cada palabra proyecta un solo signifcado y éste es Fabiano, el mundo de Fabiano colo-
cado aquí junto al del escritor, de tal forma que los dos mundos se confunden: Fabiano habla
por encima del habla del escritor.
Cabe ver el tema de la prisión en graciliano ramos, dominante en Memórias do cár-
cere, colocado como posibilidad real en Angústia, pero presente en todos sus libros como
un tema que incluye el propio arte y que se potencia a partir de él —siendo el arte el lugar
en el que la prisión se confronta con la posibilidad de su superación. Aquí radica, en mi
opinión, la actualidad del escritor. Actualidad que lo coloca en diálogo con los grandes
escritores del realismo con quien él estaba relacionado pero también con los escritores que
lo siguieron.
la libertad de crear del escritor moderno, en especial la de él, radica en que dispone de
varias técnicas de producción literaria que, alternadamente, corresponden a varios modos
de producción. La diacronía se ofrece a él sincrónicamente. En su libertad de disponer de téc-
nicas variadas de otros momentos de la historia, todas reunidas como si fuesen actuales, nos
transmite al mismo tiempo dos cosas complementarias a pesar de tener signifcado distinto
y opuesto:
1) El ejercicio de la libertad (que el escritor de otros momentos históricos no podía contar)
como crítica al fortalecimiento de la técnica en una sociedad en la que la producción humana
apenas mira los intereses inmediatos y alineados de la dominación. Todos somos sus lectores,
y los demás esclavos de las técnicas impuestas para la reproducción de las condiciones de
producción; ) la ilusión de que su libertad es común a todos los miembros de la sociedad
de la que hace parte.
La obra nos transmite esa contradicción que le es constitutiva. Es en el terreno de la técni-
ca que la mimesis es irrefutable: por las técnicas que la obra pone en acción, la misma apunta
para el mundo de la producción y, de esta manera, para la sociedad de la división del trabajo
y de la explotación.
1 £ CoSAS: INFIERNo, ALPARGATA: TRABAJo y ALINEACIóN EN VIDAS SECAS
El arte es libertad y como tal se opone al mundo de la opresión en el que vivimos. Lo
específco del trabajo artístico es que en él los fnes prácticos que están en la mira del trabajo
humano son puestos en suspensión.
1
En su trabajo el artista moderno hace uso de los medios o técnicas de producción con
relativa libertad de opción: no lo hace para atender a cualquier fnalidad práctica. Sin embar-
go, todos nosotros, incluyendo al artista como miembro de la sociedad, estamos obligados a
producir según las técnicas que interesen a la mercantilización ya en vías de ser absoluta. Lo
primero que nos dice una obra de arte es que el mundo de la libertad es posible, y eso nos da
fuerza para luchar contra el mundo de la opresión.
Cada artista desarrollará su trabajo según sus propias peculiaridades. Eso le asignará su
marca que es la manera como él se sitúa en medio de las contradicciones. El trabajo literario
es así: maldito porque le recuerda al hombre contradictoriamente su falta de libertad, pero
también es un espacio de resistencia porque reafrma el horizonte de la libertad.
Vidas secas es, de esta manera, representación del mundo y representación del trabajo
artístico. El camino para considerar la representación desde el punto de vista dialéctico es
tomar el arte por aquello que es: una forma específca de trabajo. “Toda producción —dice
Marx— es apropiación de la naturaleza por el individuo, en el interior y por medio de una
determinada forma de sociedad” (1970, p. 252).
Por apropiación se debe entender tanto las formas jurídicas de propiedad como la efec-
tuación práctica de los derechos (V. Godelier, 1986, p. 19). El discurso también es un objeto
de apropiación. Su estudio como objeto debe ser completado por su estudio como sujeto de
apropiación, es decir, como agencias históricas de conocimiento, placer, energía y poder. En
otras palabras: el discurso debe ser estudiado no apenas en relación con el valor de intercam-
bio de la obra de un autor, esto es, su status de propiedad, pero también y al mismo tiempo
en términos de su valor de uso, o sea con referencia a las funciones y efectos variables de su
producción literaria como una agencia de apropiación.
En términos de representación, apropiación se defne en la intersección de las activida-
des de texto-apropiación y mundo —apropiación, en el sentido de que el concepto encierra
también actividades no económicas y no jurídicas. De esta manera, tanto el mundo en el
libro como el libro en el mundo son apropiados a través de actos de adquisición intelectual y
asimilación imaginativa en los niveles de la escritura y la lectura.
Al defnir Aneinung (apropiación) como una función de trabajo, Marx relaciona los varios
modos de apropiación no apenas con las condiciones variables de producción y propiedad
sino también con los patrones variables de relación entre el individuo y su comunidad. Apro-
piación envuelve eventos y estructuras de homogeneidad y heterogeneidad en el sentido de
que la relación entre el apropiador y su propiedad no es fja o invariable, pero debe admitir
históricamente varios grados de identifcación como de distanciamiento, enajenación y rei-
fcación. El proceso de convertir algunas cosas como propias es inseparable de hacer otras
cosas (y personas) ajenas, de tal forma que el acto de apropiación envuelve siempre auto-pro-
yección y asimilación pero también enajenación a través de la expropiación.
1
Véase sobre esto particularmente el volumen de la Estética de Lukács, su discusión sobre Kant (Lukács,
1972). Véase también Miguel Vedda (2006).
HERMENEGILDo BASToS £ 1
para el materialismo la cultura no es un reino aparte sino que integra el conjunto de la vida
social. En este sentido el concepto básico aquí es el de modo de producción. La verdad es que
se trata de una problemática (mientras sea tratada como un conjunto de problemas teóricos)
que Frederic Jameson considera “la más nueva área vital de la teoría marxista en todas las
disciplinas; de manera no paradoxal, también es una de las más tradicionales…” (1992, p.
81). Alrededor del concepto de modo de producción se han entablado las grandes discusiones
teóricas y políticas dentro y fuera del marxismo.
“Modo de producción” designa la forma como está organizado y se desarrolla el proceso
de producción de las condiciones materiales de existencia de los hombres. Por lo tanto se tra-
ta, en primer lugar, de la producción material, pero el concepto abarca también la forma social
o superestructura. Como bien observa Godelier en los innumerables momentos en que trabaja
el concepto de modo de producción, “Marx parece distinguir las condiciones materiales que
constituyen la base de éste y las relaciones de producción que constituyen su forma social”
(godelier, idem., p. 69). Pero comprenderlos como distintos es captar la dialéctica que hay
entre ellos. Según Godelier la forma social es la forma histórica particular que las relaciones
sociales tienen, su característica específca.
la expresión infraestructura/superestructura puede llevar, debido a su cualidad de me-
táfora espacial, a un dualismo con la idea subyacente de que la infraestructura determina la
superestructura de modo mecánico, lo que es raro en el pensamiento de Marx. El origen de
la determinación está en la praxis humana, como leemos en La ideología alemana.
En vez del dualismo subyacente a la metáfora espacial infraestructura/superestructura, lo
que tenemos son las prácticas humanas transformadoras de la naturaleza y del propio hombre.
En el concepto gramsciano de bloque histórico, reencontramos el pensamiento de Marx y
Engels con mayor explicación de la cuestión de poder: la producción humana, sea material o
espiritual, es producción para el poder. En lugar de la abstracción infraestructura/superestruc-
tura, tenemos la historia concreta donde los dos niveles convergen con la excepción de que
si hay convergencia ésta no deja de ser dialéctica. La infraestructura separada del momento
histórico concreto, por lo tanto abstraída, no existe. No es una realidad exterior a la historia.
En Marxismo y literatura, raymond Williams, en su análisis apurado del binomio infraes-
tructura/superestructura, y, después de pasar por nociones como “mediación” y “homología”,
llega a la noción gramsciana de hegemonía que se une a la de bloque histórico (Williams,
1979). “Hegemonía” va más allá de “cultura” porque relaciona el proceso social como tota-
lidad. También va más allá de “ideología” porque en ella lo decisivo no es apenas el sistema
consciente de ideas y creencias pero todo el proceso social vivido. Es todo un conjunto de
prácticas y expectativas sobre la totalidad de la vida: nuestros sentidos y distribución de ener-
gía, nuestra percepción de nosotros mismos y de nuestro mundo.
La realidad de cualquier hegemonía es la de que, a pesar de ser por defnición dominante,
jamás será total o exclusiva. Ella necesita ser reproducida a cada día y en su interior se enta-
blan diariamente luchas y esfuerzos en el sentido de la construcción contra las hegemonías.
Es aquí donde se constituye la literatura como territorio de litigio.
En las formaciones sociales burguesas, donde surgió la literatura autónoma, la dialéctica
base/superestructura se da de manera muy específca. La forma capitalista de producción es
una forma antagónica porque reposa sobre la separación de los productores de las condicio-
nes de producción. Los trabajadores están excluidos de los medios de producción y de las
mercancías producidas por su propio trabajo. Siendo así la forma capitalista de producción,
18 £ CoSAS: INFIERNo, ALPARGATA: TRABAJo y ALINEACIóN EN VIDAS SECAS
supone, contiene y reproduce una oposición y una contradicción objetivas entre las dos clases
que de ella participan.
Del análisis comparativo que Marx realiza de las formas anteriores a la producción ca-
pitalista y a la forma de producción burguesa (1973, vol. I, pp. 241ss) se deduce que en las
sociedades pre-capitalistas la producción del poeta, como ejemplo la del campesino, nunca
se alcanza el status de propiedad individual (Cf. Weimann, 1992). Para aquel que se apropia,
para los medios y condiciones de apropiación y para la propia literatura, considerándola como
conjunto de códigos, de temas, etcétera, son propiedades colectivas dadas, y los signifcados
y modos de producción son comunales, son incuestionablemente dados, como una propiedad
repartida. Después de todo hay muy poco para que él pueda hacer su propio. Lo suyo era
también el de la comunidad. En las palabras de Marx sobre la producción material: “Las con-
diciones objetivas de trabajo no aparecen como producto de trabajo pues ya están dadas”.
En la ausencia de divisiones profundas entre aquel que se apropia y sus propiedades, la
función de representación permanece limitada. En la narrativa premoderna (aquí llamada
de literatura por comodidad) había poca necesidad del modo de representación en el que un
acto deliberado de auto-proyección interaccionaría con la asimilación intelectual del mundo
y en el que la universalidad de este último ayudaba a intensifcar la expresión particular de
individualidad del primero. Los usos de auto-proyección de la representación permanecen
limitados hasta cuando la apropiación se caracteriza no por las contradicciones dinámicas
entre actividades individuales y determinados objetos y relaciones, pero más bien por la “re-
producción de relaciones presupuestas”. Mientras aquel que se apropia se relaciona con su
objeto como, en las palabras de Marx, alguna “parte inorgánica de su propia subjetividad”, el
uso de la representación es restricto.
Sin embargo, en el inicio de la modernidad el proceso de apropiación discursiva en forma
de representación asume una cualidad mucho más dinámica e imprevisible. Siendo menos
predeterminado por la propiedad comunal, por los materiales culturales pre-supuestos, por las
convenciones y tradiciones literarias, el acto de representación surge bajo situaciones en las que
el escritor es confrontado con la creciente necesidad de apropiarse de los signifcados y for-
mas de la producción literaria. él tiene que hacer todo eso porque confronta las condiciones
y signifcados de la producción y recepción literaria como cosas ajenas, como producidas por
otros, como alguna cosa que él, incuestionablemente, no puede considerar como parte de la
existencia de su ser intelectual. De esta manera, la cualidad representativa de su escritura y
la propia función de representación se convierten en un problema.
Desde el renacimiento, la dimensión de representación discursiva deja de estar garanti-
zada, entra en un estado de vulnerabilidad e imprevisibilidad que, paradójicamente, hace la
representación al mismo tiempo problemática y necesaria (en política y en literatura). Lo que
el arte representativo presupone (y donde prospera) es la pérdida o ruina de la plenitud de
aquella propiedad en la que el yo y la sociedad eran mutuamente comprometidos y en el que
ese comprometimiento era incuestionablemente dado y garantizado.
Los términos que aquí se relacionan son apropiación, representativo y representación. En
las sociedades pre-modernas, cuando el acto de apropiación es mínimo, como ya vimos, lo
representativo del escritor no está en juicio, ya que su trabajo es también el trabajo comunal.
Aquí tampoco se problematiza la representación. En el proceso creciente en que el trabajo del
escritor se desprende del trabajo comunal, perdiendo la legitimidad previa, se problematiza lo
representativo. Es en ese proceso (que es el mismo proceso por el cual el arte se hizo autóno-
HERMENEGILDo BASToS £ 1
mo) que la representación, ahora también problemática, se hace necesaria. Del mismo modo,
según robert Weimann, la representación se hace necesaria a partir del renacimiento desde
el mismo momento en que se hizo problema.
En Vidas secas el lector acompaña el transcurrir de la escritura de ese problema pero no el
escribir como cosa en sí misma, sino como aquélla en que Fabiano se mueve. He aquí algún
elemento de su actualidad, su contemporaneidad.
Bibliografía
Carpeaux, Otto Maria, “Visão de Graciliano Ramos”, en Brayner, Sônia (selección de textos).
Graciliano Ramos, Rio de Janeiro, Civilização Brasileira, 1978.
Godelier, Maurice, Verbete “Trabalho”. Enciclopédia Einaudi, vol. 7, Modo de produção/
Desenvolvimento/subdesenvolvimento, Lisboa, Imprensa Nacional Casa da Moeda, 1986.
Jameson, Frederic, O inconsciente político. A narrativa como ato socialmente simbólico, tra-
ducción de Valter Lellis Siqueira, São Paulo, Ática, 1992.
Lukács, Georg, Estética. 1. La peculiaridad de lo estético. 2. Problemas de la mímesis, Bar-
celona-México, Grijalbo, 1972.
Marx, Karl, Prólogo a Contribuición a la crítica de la economía política, traducción de J.
Merino, Madrid, Alberto Corazón Editor, 1970.
Marx, Karl, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Borrador)
1857-1858, traducción de Pedro Scaron, Buenos Aires, Siglo XXI Argentina, 1973, 3ª ed.
Ramos, Graciliano, Vidas secas, São Paulo, Record, 1986, 58ª ed.
Ramos, Graciliano, Memórias do cárcere, São Paulo, Record, 1982, vol. 1, 15ª ed.
Vedda, Miguel, La sugestión de lo concreto. Estudios sobre teoría literaria marxista, Buenos
Aires, Gorla, 2006.
Weimann, Robert, “Text, Author-Function and Society: Towards Sociology of Representation
and Appropriation in Modern Narrative”, en Collier, Peter y Geyer-Ryan, Helga, Literary
Theory Today, Cambridge, Polity Press, 1992.
Williams, Raymond, Marxismo e literatura, traducción de Waltensir Dutra, Rio de Janeiro,
Zahar Editores, 1979.
RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
3
araceli tinaJero, El lector de tabaquería: historia de una tradición cubana, Madrid, Edito-
rial Verbum, 2007. 259 pp.
Hemos de dar la enhorabuena a Araceli Tinajero (profesora de literatura hispanoamericana
en The City College of New york), y la bienvenida a este su preciado libro arcón de historias
de lecturas colectivas entre hebras de tabaco y otras esencias literarias de la vieja Cuba. Sí,
es un texto empeñado en desentrañar los recónditos recovecos de una noble tradición que
cabalga en el tiempo desde conventos y monasterios medievales hasta las fábricas tabaqueras
antillanas. La lectura en voz alta es el objeto del bello estudio con el que Araceli trajina por las
páginas que lo componen, pero localizada en un espacio tan sui generis como las tabaquerías
de Cuba, sobre todo, España, Estados unidos, puerto rico, México y la república Domini-
cana. Los que hacemos de la historia del libro y la lectura, causa y efecto de nuestros desvelos
profesionales, bien sabemos que leer en alta voz es una práctica cultural en desuso, propia
de sociedades en las que la gran masa de la población se distinguía por su analfabetismo o
semianalfabetismo, es decir, de gente total o parcialmente incapaz de escribir y leer, o sólo
manejar una de estas dos habilidades. Mas había también quienes torpemente leían, o mejor,
reproducían oralmente las palabras; otros muchos se limitaban a imitar por escrito letras y
rúbricas, para frmar por ejemplo.
En los tiempos medievales y modernos, en general, más de 80% de la población carecía
de los rudimentos educativos necesarios, y de la capacidad intelectual, acordes a la expresión
escrita y la comprensión lectora, fundamentalmente porque no les hacía falta para su devenir
cotidiano y, menos, para subsistir. Como seguiría sucediendo hasta bien entrada la contem-
poraneidad, vivían en una realidad cultural cuyos principales medios de comunicación eran
orales e icónico-visuales. Estas carencias venía a compensarlas la lectura en voz alta, una
modalidad, normalmente colectiva, habitual en hogares, mesones, plazas, iglesias, conventos
y monasterios, barcos, durante el descanso de los campesinos y en otras diversas situaciones.
Si bien esta práctica también podía ser individual, fundamentalmente en aquellas personas
con un precario entrenamiento lector, que para facilitar su comprensión de lo que leían la
llevaban a cabo de forma oral. Es normal que los autores de estas épocas, en los prólogos de
sus obras, jugosas en indicios de oralidad, lo mismo se dirijan a lectores que a oyentes; o que
encontremos en sus textos alusiones del tenor como, entre muchas, la de arce de otalora en
sus Coloquios de Palatino y Pinciano (1550), cuando escribe que En Sevilla dicen que hay
ofciales que en las festas y las tardes llevan un libro de éstos [de caballerías] y le leen en
las Gradas [las escalinatas que rodean la Catedral]. otra no menos ilustrativa es la que se
4 £ RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
encuentra en el acta inquisitorial de la visita a una nao (la “Santa María de Arratia”) llegada a
Veracruz en 18, en la que el pasajero alonso de almaraz declara que estaba un día leyendo
la vida de San Luis y desde entonces hacían que les leyera. Pero no creamos que esta moda-
lidad lectora afectaba sólo a los iletrados, pues también fue muy corriente en medios cultos,
incluso en las academias literarias renacentistas y barrocas.
La lectura silenciosa, en cambio, muy tímidamente comienza a hacer acto de presencia
desde fnales de la Edad Media, ante todo vinculada a la nueva espiritualidad, una forma
interior de la religiosidad que no admitía más intermediario que un texto (el que aporta el
motivo de la oración) entre Dios y el creyente; al igual, esta fórmula dotaba de mayor fuerza
de persuasión a los relatos de fcción. En ambos casos el lector, a través de tramas narradas en
primera persona, se sumergía en el mundo del texto y lograba una considerable independencia
personal y libertad imaginativa, teniendo la oportunidad de conformar un universo mental al-
ternativo a la ortodoxia del establecido. Por ello la jerarquía eclesiástica, desconfada, prefería
un ejercicio lector oral y dirigido; porque así podría controlarlo y orientarlo hacia los fnes de-
seados e ideales culturales autorizados. El tipo de lectura en silencio común en nuestros días,
por tanto, no empieza a generalizarse hasta fnales del siglo xviii y principios del xix, pero
seguiría conviviendo mucho tiempo con la oral. Aun hoy en España e Iberoamérica pervive
y genera sociabilidad en plazas, tertulias, veladas familiares, convivencias religiosas o en los
talleres tabaqueros cubanos. Este último escenario es el que sedujo a la profesora Tinajero, ya
consciente de la íntima y atávica relación entre tabaco y literatura, representada en los mis-
mos textos y de mil formas expresada por una legión de escritores de ayer y de hoy.
Son muchas las bondades de este libro, fruto del diestro y certero quehacer de una autora
que derrocha elegancia, exquisitez y sabiduría en cada uno de los capítulos que lo componen;
todo un alarde, en defnitiva, de las nuevas corrientes de la historia cultural, que superando la
crítica textual más tradicional centra la atención, de manera implícita, en ejes tan sugerentes
y charterianos como el lector y su apropiación de los textos, la práctica de la lectura y la
bibliografía material. Mas tampoco esquiva la estética de la recepción, los presupuestos de
iser y Jauss que sitúan al lector en un primer plano y conciben el libro como texto o producto
pensado para el consumo o uso de sus posibles receptores. Se rinde, pues, al contexto tempo-
ral en el que se desarrolla la obra, a la historicidad que la envuelve y a su estética, plano este
último en el que el lector adquiere un indiscutible protagonismo; de ahí la distinción entre las
variopintas formas de la lectura y las experiencias previas de los lectores u oyentes.
El libro de Araceli transita por fábricas de tabaco en las que alguien tiene el ofcio de leer
periódicos, revistas y libros a los trabajadores mientras realizan la labor que les corresponde.
De esta manera, y con un matiz didáctico-moralizante, se instruían y recibían noticias y no-
ciones del mundo que les rodeaba. Como venía ocurriendo en todos los episodios de lectura
popular o masiva, la interdicción siempre hizo acto de presencia. Desde arriba se seleccionan
y vigilan los discursos en escena, porque había que impedir la difusión de ideas que pudieran
poner en duda el orden establecido, el milagroso e interesado “equilibrio” logrado a lo largo
de los siglos; de ahí las prohibiciones de las que fue objeto. Era necesario y vital, pues, erra-
dicar cualquier argumento que predispusiera los ánimos hacia las malas pasiones, el inconfor-
mismo y la sedición; no en vano la autora esgrime que la lectura sería la voz evangelizadora,
como si se estuviera leyendo un texto religioso y escuchando la palabra de Dios. El objetivo
no era otro que enseñar y adoctrinar deleitando, inculcar patrones de conducta y pensamiento
acordes a las directrices de un modelo socio-económico determinado. Pero creo que a la vez
RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS £
subyacen intenciones crematísticas, porque el ritmo de la lectura quizá fuera un método capaz
de generar un mayor rendimiento laboral, es decir, una mejor concentración del obrero en su
trabajo, segregar la pérdida de tiempo. La historia nos ha enseñado que toda iniciativa similar
suele saldarse con la manipulación de conciencias y voluntades, sean del signo ideológico
que fueren.
El lector de tabaquería, en principio uno de aquellos artesanos, devino ofcio remunerado
por los mismos trabajadores o con el auspicio patronal o gubernamental. Se institucionaliza,
claro está, una función de la que no querían verse privados, porque de alguna manera los en-
riquecía unos empleados necesitados de evadir frustraciones espirituales y materiales propias
de la dura realidad que los envolvía, que al mismo tiempo podía ponerlos en contacto con
otro entorno, aunque virtual, dispensador de esperanzas cuanta solución vital alternativa. De
todos estos trasuntos da oportuna y efcaz refexión este precioso libro; de sus personajes,
foros, circunstancias, textos y humaredas casuales. Nadie mejor que Araceli para hacerlo;
ella misma, cual narra, en la Cuba de hoy pudo acariciar la esencia de tan emblemática expe-
riencia lectora, que le hizo disfrutar de los gestos y actitudes (frunces de ceño, bailes de cejas
y párpados) de una gente agradecida que asintiendo o negando con el cuerpo, y sin retirar
sus ojos de las hojas de tabaco en momento alguno, atentamente y con devoción escuchaba
cada palabra emitida. Fue entonces cuando, entre lágrimas, tomó conciencia de que se había
convertido en el objeto de su estudio.
Hora es ya de dar la voz a los muchos, y casi seguro, discretos y juiciosos lectores de
este libro; para que sean ellos quienes mejoren una opinión, la mía, que podría tildarse
de estar infcionada por la amistad. Mas les aseguro que es hija de académica admiración, de
la voz obligada con la excelencia de un trabajo excepcional. Termino sugiriendo a la autora,
ya crecida en letras, que tras esta encomiable y denodada empresa no ceje en el empeño y,
oyendo a Borges, siga deleitándose con la abrumadora fantasía de una biblioteca universal
que registrara todas las variaciones de los veintitantos símbolos ortográfcos, o sea cuanto
es dable expresar en todas las lenguas.
Carlos alberto gonzález sánchez*
Jezreel salazar, La ciudad como texto. La crónica urbana de Carlos Monsiváis, Monterrey,
Universidad Autónoma de Nuevo León, 2006.
El texto como pretexto, o Monsiváis revisitado
Compuesto por una “advertencia” con un simpático aire de diván, una “presentación” en la
que el autor documenta su relación con la ciudad de México como tema, y con la literatura
como soporte del mismo, más 20 pequeños ensayos en los que analiza varios textos de Car-
los Monsiváis en los que éste aborda varios hechos sociales relevantes que han tenido como
escenario a la gran urbe a lo largo de varios años y libros, La ciudad como texto. La crónica
* Profesor de la Universidad de Sevilla.
£ RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
urbana de Carlos Monsiváis, es un volumen de Jezreel Salazar, egresado de la licenciatura
en estudios latinoamericanos de la unaM (cualquier cosa que eso signifque, como diría el
cronista), libro que tiene además los méritos, primero, de ser una detallada explicación de las
ocupaciones y preocupaciones monsivaístas, lo que no es poca cosa si se toma en cuenta que
en cuestiones de lenguaje el más ilustre vecino de la colonia portales a veces suele manejar
algo parecido al “español neobarroco”, como varias veces ya lo demostró el maestro luis
González de Alba, y además sin posibilidad de réplica.
otro de los logros de este volumen es haber sido reconocido con el premio nacional de
Ensayo Alfonso Reyes 2004, otorgado por el cnca, el Consejo para la Cultura de nuevo
león, la uanl e incluso el municipio de Monterrey. o sea que ganó con un tratado sobre los
chilangos, pasando por encima del conocido chovinismo regiomontano, al menos por lo que
se refere a la mayoría de las instituciones convocantes.
Una ventaja más de leer esta criatura de Salazar es que vistos así, en conjunto, los textos
de Monsiváis, provenientes lo mismo de Días de guardar, cuya primera edición es de 1970,
como de Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza, que data de 18, pero
principalmente de Los rituales del caos, que apareció por primera vez en 1, al lector le
queda claro que más que crónicas, todos esos textos son ensayos en el más literal sentido del
término, porque en ellos hay propuestas de conclusiones, o defniciones provisionales, y hasta
sentencias temporales respecto de las acciones, intenciones y actitudes de los citadinos, los
habitantes de este desorden urbano, de esta catástrofe convertida al mismo tiempo en trage-
dia, festa y ritual cotidianos.
Vistos al detalle, a través de la mediación de Salazar, los escritos urbanos monsivaístas
dejan ver más claramente que a lo largo de los años este supuesto “cronista”, desde que
elaboró su muy temprana Autobiografía, la cual fue publicada cuando él tenía 28 años, lo
que se propuso fue dar a conocer sus impresiones de los más diversos actos sociales, bajo el
planteamiento implícito de “aquí cada quien tiene su punto de vista, y para que vean lo que es
fomentar la democracia, les voy a dar a conocer el mío, junto con el del vecino, el del cono-
cido y varios más recogidos o inventados al paso”.
la gracia de este método, como la intermediación de Salazar lo deja ver más claramente,
con más detalles, es que Monsiváis utiliza su memoria prodigiosa, su sarcasmo y su erudi-
ción, lo mismo para sorprender que para deslumbrar y hasta informar a los lectores de sus
textos, quienes al mismo tiempo que se reconocen en las escenas y situaciones que él retoma,
le festejan que las vea con más atención o cuidado, o que recupere las paradojas que las hacen
memorables.
la noción de que los textos de Monsiváis son ensayos se deja ver mejor a través del trabajo
de Jezreel Salazar, por medio de las comparaciones que este investigador universitario hace
entre varios textos que se referen a un mismo tema. De este modo, por una parte se ve cómo
el análisis monsivaísta se ha ido refnando con el tiempo, pero también así se explica la apa-
rente ubicuidad de este testigo privilegiado: recurriendo al propio archivo, y con unos cuantos
retoques, observaciones e intuiciones, se puede elaborar la siguiente colaboración.
pero si algo se le puede reclamar al analista del analizador, en este caso, es que por un lado
no dé la referencia precisa de sus fuentes: Salazar cita autores, pero no menciona los textos
de donde sacó los comentarios, y cuando pone citas de pie de página, por un lado topográ-
fcamente las coloca fuera de lugar, y por otra parte, en ellas alude o menciona los textos de
Monsiváis, en comentarios que bien podrían ir colocados dentro y no fuera de la página.
RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS £
Más allá de estas pequeñas defciencias, tal vez producto tanto del entusiasmo, como de
la voluntad de no desviar la atención —los refectores— del trabajo monsivaísta, lo que el
trabajo de Salazar también deja ver es la inclinación del ensayista por darle un toque entre
místico y litúrgico, pero irreverente, tanto a sus textos como a los títulos de los mismos: “Días
de guardar”, “De la santa doctrina al espíritu público…”, “Duración de la eternidad”, “Los
mil y un velorios”, “nuevo catecismo para indios remisos” son algunas muestras de cómo
desacralizar las acciones al grito de ¡aleluya, aleluya: que cada quién agarre la suya!
El dicho dice que “todo se parece a su dueño”, y si en este caso se quiere comprobar su
certeza, se puede recurrir al argumento de que así como en la portada de La ciudad como texto
aparece Monsiváis en una foto de medio cuerpo, mirando de frente y despeinado con todo cui-
dado como suele andar, así Jezreel Salazar nos vuelve a mostrar cómo es que los escritos del
joven de la foto —obvio es que se refere uno a su espíritu—, a lo largo del tiempo se ha ido a
meter lo mismo a las peregrinaciones a la Basílica de Guadalupe, que a los festejos de los muy
provisionales triunfos de la selección nacional de fútbol en el Ángel de la Independencia, o ha
analizado las características y los resultados de las principales movilizaciones sociales habidas
en la metrópoli, como el movimiento estudiantil del 8, la solidaridad durante los terremotos
del 8, o la muy cotidiana que se da a todas horas en el metro, y de todas esas acciones el por-
tador de la chamarra con todo y manchas ha obtenido datos inéditos, escenas conmovedoras y
juicios no exentos de ironía, para llegar a conclusiones no por contundentes menos tentativas.
Enrique aguilar R.
Jorge ruedas de la serna, Arcadia. Tradición y mudanza, México, Coordinación de Hu-
manidades, programa Editorial, unaM, 2006 (Estudios de Cultura Iberoamericana Colonial),
242 pp.
El libro Arcadia. Tradición y mudanza ofrece varias y densas perspectivas de lectura y de
comentario. Hay en él ideas sugerentes que invitan a refexionar y a considerar parte de la
literatura escrita en portugués desde una posición escasamente asumida, hecho que pronto
anticipa la originalidad del ensayo de Jorge Ruedas de la Serna. Esas ideas y planteamientos
novedosos son abundantes, así que yo he decidido ocuparme sólo de algunos tópicos y de una
de las sugerencias que tengo para mí como de las más valiosas.
Este ensayo, ubicado en la colección Estudios de Cultura iberoamericana Colonial (unaM,
2006), se caracteriza no sólo por su plenitud “de datos e ideas”, como con justeza lo dice el
insigne autor del prefacio, sino particularmente por su empeño en recuperar los antecedentes
clásicos de autores de habla portuguesa, hecho que de paso deja ver la trascendencia que tu-
vieron esos ancestros en el arte, en general, considerado en su más amplia perspectiva.
El texto de Arcadia. Tradición y mudanza, ha querido ocuparse de arcadismo luso-brasile-
ño y de su repercusión en generaciones posteriores, para entenderlo a cabalidad, vinculando
sus dos modos de expresión: el peninsular metropolitano y su heredero en américa, pero
asumiendo una intención crítica que ha puesto a un lado el carácter puramente descriptivo,
que no por ello quedó excluido.
una idea del autor que se dispersa a lo largo del libro es la de enfatizar la presencia de
manifestaciones de la antigüedad clásica en la literatura arcádica y el modo de recepción con
8 £ RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
que se dio en los escritores de que se ocupa ruedas de la Serna, quien se empeña en “rescatar
el sentido clásico del arcadismo”, buscando los parentescos o fliaciones entre esos árcades
y, sobre todo, tratando de demostrar cómo fue que el ancestro clásico fue recreado en amé-
rica, no sólo en Brasil sino también en otras naciones, entre ellas México. Luego retomaré
brevemente esta idea, que considero importante, por contener, tal vez, el mayor grado de
originalidad de nuestras literaturas americanas en su época virreinal.
El libro se desarrolla a partir del análisis directo de los textos ejemplares elegidos y de su
comparación con las fuentes de la tradición clásica latina, en particular con la poesía bucólica
de Virgilio. Pero esto no ha bastado a Ruedas de la Serna, quien se echó a cuestas el com-
promiso no ligero de consultar la bibliohemerografía pertinente. Todo ello ha redundado en
la original y sugerente idiosincrasia de su obra, que no ha descuidado el estudio del contexto
social y particular de cada autor que es objeto de examen.
Hace un momento me refería yo a la re-creación que se dio en América, en general, a partir
de la cultura grecorromana antigua. Pienso que la idea propuesta por Ruedas de la Serna es de
importancia especial, porque plantea la necesidad de conocer las raíces más hondas de nues-
tras literaturas virreinales en particular, para entenderlas y valorarlas a cabalidad, con justeza
y exactitud, aceptando su grado de re-creación, que es lo que hace su originalidad. Pero la
riqueza de la idea propuesta se incrementa, si consideramos que puede interesar a otros ám-
bitos de la cultura y del conocimiento. Pienso, por ejemplo, en la flosofía, en la medicina,
en el derecho o en la gramática, cultivados en occidente. Si se quiere conocer el origen y el
desarrollo de estas ciencias, comprender y explicar su estado actual, hay que remontarse a sus
fundamentos, e imaginar y poner en ejecución un arcadismo sui generis.
No se trata de hacer del griego clásico o del latín objeto central de estudio, sino atender a
la ciencia expresada en esos idiomas.
la idea de don Jorge abre un amplio, original y sugerente horizonte de estudio, que me-
rece ser atendido. En esta dirección es dable encontrar uno de los mayores méritos del libro
Arcadia. Tradición y mudanza.
germán viveros Maldonado*
rené patricio cardoso ruiz y María del Carmen gives fernández, Cubanía y cubanidad.
Debate en torno a la identidad cubana. El caso de los cubanos en el sur de La Florida, Méxi-
co, Universidad Autónoma del Estado de México, 2007, 196 pp.
La política del exilio. Cubanía y cubanidad
En una época de globalización, de intercambio y acercamiento entre naciones y culturas, en
la que la emigración ocurre todos los días en diferentes partes del mundo, surge la necesidad
de estudiar este último fenómeno y las características que cada grupo de emigrantes adquiere
en el país adoptivo, a partir del contacto y las relaciones que se establecen con una sociedad
nueva a la que intentan adaptarse.
* Doctor en letras clásicas. Investigador emérito del Instituto de Investigaciones Filológicas de la unaM.
RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS £
El territorio de Estados unidos constituye un campo fecundo para la realización de tales
estudios, puesto que ha sido, en muchas etapas de su historia, el punto de llegada de nume-
rosos grupos de emigrantes de diversas nacionalidades. Por su parte, la sociedad norteameri-
cana ha reaccionado con aceptación hacia unos y rechazo por otros. y los nuevos habitantes,
en su intento por adaptarse a una realidad distinta, han adoptado diversas actitudes que se
vinculan con su identidad.
Los cubanos radicados en el sur de la Florida son un caso muy llamativo a este respecto,
en primer lugar porque a partir de la revolución y la instauración del socialismo en Cuba, en
1, fueron aceptados abierta y masivamente dentro del territorio norteamericano, lo cual
crea ciertas sospechas acerca de las implicaciones políticas de las relaciones entre el gobierno
de Estados Unidos y la comunidad cubana.
Así, Cubanía y cubanidad. Debate en torno a la identidad cubana, un estudio cuidadoso,
emotivo e inteligente, es producto de un esfuerzo por explicar estas relaciones, así como la
manera en que se manifesta y evoluciona la identidad de los cubanos radicados en el sur de
la Florida.
Después de revisar diversas defniciones de identidad, los autores concluyen que la mejor
forma de acercarse al problema es a partir del estudio de la identidad política de los que se
hacen llamar “exiliados”, ya que en ella se encuentra el fundamento de sus diferencias con
los que radican en la isla.
la primera oleada que llegó a Estados unidos en 1 estaba constituida sobre todo por
funcionarios de gobierno y empresarios, cuyos intereses se vieron afectados por la revolución
y el triunfo de Fidel Castro. Abandonaron su patria y eligieron vivir en Estados Unidos, un
país anticomunista que los recibió con los brazos abiertos y prácticamente sin condiciones,
les otorgó la residencia —esta actitud del gobierno norteamericano se ha mantenido desde
entonces con las diferentes oleadas de emigrados, incluso de manera forzada y arbitraria,
como en el caso de Elián González.
Los datos y comentarios perspicaces que aportan Patricio Cardoso y Luz del Carmen Fer-
nández indican que la adopción de cubanos, desde el principio, fue una estrategia para justif-
car la política intervencionista de Estados Unidos en relación con Cuba, que se mantiene aún
hoy en día, a pesar de los múltiples reveses que ha sufrido. La misma elite cubana participó
activamente —y se enriqueció— en la organización de invasiones, como la de Playa Girón,
y boicots, secundados por la iglesia, que consistieron en la difusión de aterradoras falacias
sobre el comunismo o en la difamación del gobierno de la isla para impulsar a los habitantes
a salir de ella —la operación Peter Pan es un claro ejemplo—; en facilitar la emigración ilegal
o manipular la obra de las grandes fguras cubanas, como José Martí, para ponerla al servicio
de ideologías intervencionistas. Incluso el empleo del término “exiliados” para referirse a los
cubanos radicados en Estados Unidos es una estrategia política, pues la mayoría de ellos no
emigraron por presiones del gobierno de Cuba, o porque sus vidas se encontraran amenazadas
en la isla a causa de sus ideas anticastristas; el apelativo de “exiliados” les permite mantener
un estatus de víctimas, que a su vez enfatiza y justifca la función “protectora” del gobierno
norteamericano “contra las terribles amenazas del comunismo”.
la elite cubana de la primera oleada privilegió sus intereses particulares por encima de
cualquier sentimiento nacional, se alineó a la política estadounidense, de tal manera que se
fusionó por completo con la sociedad norteamericana que la acogió gustosa; acaparó los es-
pacios de la política y de discusión pública destinados a los cubanos, incluyendo los medios
230 £ RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
masivos de comunicación, de tal manera que hicieron de la política anticastrista el discurso
dominante y la condición ideológica de aceptación para todo nuevo emigrante cubano.
En ellos radica la cubanidad, la ausencia de un verdadero compromiso histórico con su
tierra, el ser cubano de nombre, más no de espíritu, porque negaron la evolución histórica de
su pueblo y esperaron pacientes un retorno al pasado a todas luces imposible, congelando su
temporalidad con una nostalgia y un deseo de retorno cada vez más desesperanzados, pero sin
perder la oportunidad de aprovecharse de las ventajas que les ofrecía su posición privilegiada
dentro de la sociedad norteamericana.
Pero René Patricio Cardoso y María del Carmen Gives apuntan que no todos eran ni son
así. La masa sin nombre, la que no aparece en televisión ni en discursos políticos, tiene un
verdadero lazo con la isla; la unen a ella las relaciones familiares y el amor a la tierra, la
nostalgia que recrea una Cuba añorada en la “pequeña Habana”, pero sobre todo, que narra
historias de generación a generación y aguarda el cese de hostilidades para poder reunirse con
su familia, o los grupos de jóvenes que, ajenos a los odios de sus padres, deciden revisar con
ojo crítico e imparcial la historia de Cuba. Esa cubanía aún está muy ligada con la de la isla y
los lazos se renuevan cada vez que llega a la Florida otro cubano emigrado.
Sin embargo, la ideología política predomina y es la que determina las relaciones entre los
cubanos de Cuba y los de Miami, por lo que un acercamiento en las actuales circunstancias no
es viable. Además, aún persiste la amenaza de una invasión a Cuba. Por otro lado, la juventud
ha tomado diversos caminos; en algunos la cubanía se va difuminando hasta casi desaparecer
y se adaptan por completo a las formas de vida norteamericana, otros no se sienten ni cubanos
ni estadounidenses y se hacen llamar cubano-americanos. La moneda está en el aire y, según
los autores de Cubanía y cubanidad, todavía no se defne el rumbo que tomará la identidad
de los cubanos en el sur de la Florida.
Verónica hernández landa valencia*
antonio candido, Literatura y sociedad. Estudios de teoría e historia literaria. Traducción,
presentación y notas de Jorge ruedas de la Serna, México, unaM / Centro Coordinador y
Difusor de Estudios Latinoamericanos, 2007 (Literatura y Ensayo en América Latina y el
Caribe), 253 pp.
El libro de antonio Candido, Literatura y sociedad. Estudios de teoría e historia literaria,
reúne una serie de ensayos que presentan una visión poco habitual y renovadora del trabajo
crítico. En el análisis literario es fundamental destacar el vínculo entre la obra y el ambiente,
dado que los condicionamientos del exterior intervienen en la construcción del texto. Señala
Candido que si antes se determinaba el valor de la obra en relación con su apego a cierto
aspecto concreto de la realidad, luego la importancia del exterior en la caracterización del
texto literario se redujo, al punto que se le consideró un factor añadido, incluso secundario.
Candido rescata una percepción del trabajo crítico más profunda, cuyo punto de partida es la
reunión del texto y del contexto, porque el signifcado último de la obra sólo puede alcanzarse
mediante la consideración e interpretación de los muchos elementos que la forman: el análisis
* Alumna de la maestría en literatura mexicana de la Facultad de Filosofía y Letras de la unaM.
RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS £ 31
debe ser capaz de incorporar todos los aspectos que intervengan en la confguración del texto
como tal.
Sin embargo, el interés nunca debe volcarse en la materia de la obra por encima de la obra
misma. El riesgo es caer en el error de destacar los elementos sociales del texto más allá de lo
que se requiere para la interpretación y comprensión de su contenido. Candido señala que el
autor no se apega estrictamente a la realidad que representa y que, en su acto de construcción,
transforma porque es libre. En ese sentido, debe entenderse que en la raíz de todo texto de
fcción está la transfguración de la realidad que se ejecuta por medio del ejercicio de cierta
forma de la fantasía, que es, de hecho, el elemento que le confere al texto mucha de su ca-
pacidad de expresión. Dice Candido que los factores sociales importan en la medida en que
contribuyen a la formación de la estructura. El análisis que percibe su papel en este sentido es
fundamental para la comprensión de toda obra literaria.
En último caso lo que importa es el modo en que el texto literario transfgura la realidad
para volverla materia de fcción. Dice Candido que las obras manifestan una determinada
visión de la sociedad, que se percibe tanto en la estructura como en el orden de las ideas ex-
puestas. Presenta una concepción orgánica de la obra por medio de la cual el contexto ya no es
un elemento externo sino interno, que el trabajo crítico debe entender en su adecuada función:
todo aspecto estudiado en la obra literaria debe contribuir a la comprensión de su contenido.
El doctor Jorge ruedas de la Serna, encargado de la traducción, presentación y notas del
libro, señala la importancia de antonio Candido y de su obra en la formación de una escuela
crítica que es la más importante de Brasil. Los estudios literarios posteriores no pueden negar
su fliación con una corriente de trabajo que recuperó la relativa independencia del texto lite-
rario y que pudo verlo en su contexto sin que éste robara la atención que debería concentrarse
en el contenido. Candido señala la complicada paradoja que debe resolverse para que en el
trabajo de la crítica literaria el panorama social al que la obra remite se incorpore sólo como
un elemento más de juicio. Es preciso evitar la inclinación a reducir el contenido del texto a
cualquiera de sus referencias, que deben entenderse siempre como accesorias, pero, por otro
lado, es importante también reconocer que el texto no existe al margen de la realidad en la
que ha sido concebido.
Por otro lado, Candido se ocupa de la obra literaria como instrumento de comunicación. Se
refere a la literatura como un sistema vivo, en el que los libros y sus lectores interactúan en un
ejercicio que los transforma a ambos por igual. Señala al autor en el principio de este diálogo,
e indica que sólo puede caracterizarse como tal en contacto con el público que legitima su
actividad y que se constituye como el punto de referencia mediante el cual puede conocerse.
Es decir que la comunicación se establece entre el autor y el lector mediante la obra, pero que
también el autor se acerca a su propio discurso a través de la lectura que otro hace de lo que él
ha escrito. Como fenómeno de comunicación, el texto es complejo y sus implicaciones son
insospechadas. Dice Candido que el autor necesita del lector para formar la conciencia de sí
mismo, ya que la reacción de este ser que no conoce le es indispensable para completarse,
para revelarse.
Hasta aquí Candido ha planteado una perspectiva de análisis que de algún modo revivifca
el libro al reivindicar su carácter puramente estético sin desvincularlo de aquellas referencias
que constituyen sus puntos de apoyo. En el prefacio de este libro, Candido habla de lo que
él llama una “crítica de vertientes”, cuya característica es que se ajusta a la obra literaria
concreta para encontrar su especifcidad, al margen de todo prejuicio. Dice Candido que no
3 £ RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
debe entenderse que la investigación literaria está forzada a observar la relación entre la obra
y la sociedad, ya que su valor precisamente radica en la capacidad que tiene de distinguir
aquella materia fundamental que determina al texto y estudiarla variando los procedimientos
de aproximación: en último caso lo que importa es la obra, que, ella sola, señala los vínculos
y las referencias que es preciso considerar para entenderla cabalmente. Candido se refere a
este procedimiento como una forma de crítica integrativa.
por último, Candido expone el concepto de literatura, dice ruedas de la Serna, como un
arte de asociación. Se erige como una forma de la expresión colectiva cuyo carácter implica
la proximidad. No en vano la literatura reúne a los seres más disímiles bajo la rúbrica de la
experiencia compartida, común incluso cuando es íntima. La comunicación es posible porque
en el fondo somos todos semejantes y el libro nos lo recuerda.
Candido dice que toda obra es personal pero que es precisamente por eso por lo que co-
mulga tan fácilmente con sus lectores. La obra literaria manifesta los impulsos más íntimos
de su autor, que se revela y de paso también revela al que lo lee. En este contexto, Candido
habla de la confdencia, que implica el compromiso que une al autor y su obra, y que hace de
la literatura un fenómeno colectivo, que encuentra las más inesperadas similitudes entre seres
que podrían vislumbrarse permanentemente separados.
En la nota sobre la traducción, el doctor ruedas de la Serna destaca la fuerza expresiva de
antonio Candido y las peculiaridades de su vocabulario, mediante las cuales busca nombrar
lo innominado para enriquecer el portugués. Dice Ruedas de la Serna que lo conduce “una in-
gente necesidad de precisión científca”, que sirve para hablar de lo que no se había hablado,
en términos absolutamente novedosos. Sin duda este libro abre un horizonte de discusión y
de trabajo, y despierta el ejercicio de refexión sobre los instrumentos de los que nos servimos
en la crítica literaria.
laura Quintana crelis*
Miguel Ángel urrego ardila y Javier torres Parés (eds.), La nación en América Latina. De
su invención a la globalización neoliberal, México, universidad Michoacana de San nicolás
de Hidalgo, Instituto de Investigaciones Históricas, 2006, 381 pp.
El texto que comentamos es el resultado de los trabajos presentados en el congreso inter-
nacional del mismo nombre, organizado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la
uMsnh y el Colegio de Estudios latinoamericanos de la unaM, realizado en el año de 2004 en
Morelia, Michoacán.
El libro se divide en cinco partes o ejes temáticos y en conjunto nos presenta veintitrés
textos. En la primera parte, “Nación y globalización en América Latina”, se presentan dos
trabajos que refexionan sobre el vínculo del imperialismo y la nación en América Latina.
El primero, “imperial Economic Changes and the new Class Structure in latin america”,
a cargo de James petras, nos comparte un análisis puntual de los procesos que generaron la
* Doctora en letras por la Facultad de Filosofía y Letras. Investigadora en el Centro de Investigaciones
sobre américa latina y el Caribe, y profesora del posgrado en Estudios latinoamericanos de la unaM.
RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS £ 33
formación de un nuevo imperialismo estadounidense en el contexto de los cambios globales,
a partir del fn de la segunda guerra mundial, y como éste tiene un impacto en la realidad so-
cial latinoamericana que produjo diferentes repercusiones en las naciones latinoamericanas y
en la nueva estructura de clase en la región. Su análisis se centra en los impactos y respuestas
de la fuerza laboral, de su política de clase y de las objeciones de los movimientos anti-impe-
rialistas latinoamericanos.
El segundo trabajo, “La nación vs la globalización en América Latina. El caso de Colom-
bia”, de Marcelo Torres, es un riguroso análisis de cómo la globalización y la hegemonía
estadounidense han cambiado el rostro de Colombia a partir de la reestructuración neoliberal.
El autor explica cómo la neoliberalización de Colombia agravó los problemas económicos y
sociales en el contexto del conficto armado. Proceso que tuvo su culminación con la frma
del alca que signifcó la pérdida del mercado interno y de las esenciales funciones del Estado
nacional.
la segunda parte, “globalización y nación: aproximaciones teóricas a una relación con-
fictiva” presenta cuatro trabajos. En el primero, “¿Volver a la nación? Desafíos y respuestas
ante el caos global”, Franco Savarino plantea que las temáticas de la nación, el nacionalis-
mo, la etnicidad y la identidad cultural se colocaron en el centro del debate internacional a
partir del proceso globalizador. Por otra parte emerge como contrapunto la localización, ésta
representa una recarga del signifcado y centralidad de la dimensión local como alternativa
a lo global. Los discursos nacionalistas y sobre la nación aún vigentes no han permitido
que el Estado nacional desaparezca y se han convertido en un recurso de alto valor para las
poblaciones embestidas por los fenómenos globalizadores en abierto desafío a los poderes
trasnacionales e imperiales.
En el segundo texto, “¿Hacia un futuro posnacional?: El caso latinoamericano”, Tomás
Pérez Vejo nos propone una refexión a través de un estudio teórico sobre el futuro de la
nación en un contexto en el que conviven corrientes globalizadoras y disgregadoras de tipo
local, donde el Estado-nación ha dejado de ser el marco referencial. Pérez Vejo formula que
las naciones realmente existentes se ajustan perfectamente a los imaginarios colectivos sobre
lo que estas naciones deben ser, pues la nación latinoamericana goza de una extraordinaria
mala salud de hierro.
En el tercer trabajo, “la persistencia del problema nacional en américa latina”, Miguel
Ángel Urrego afrma que la categoría teórica de lo nacional sigue siendo necesaria para el
análisis de la sociedad latinoamericana y propone como válida la persistencia del problema
nacional para américa latina a la luz de las dinámicas de la resistencia social al neolibera-
lismo.
Johanna parra cierra la segunda parte de este libro con “Debates contemporáneos sobre la
nación y el nacionalismo”. Su trabajo es una aproximación a los estudios subalternos y posco-
loniales como marco conceptual para pensar la nación en América Latina. La autora concluye
que el debate sobre la nación y el nacionalismo es inacabado, construye sujetos y relatos que
aparecen como homogéneos pero son heterogéneos. Advierte que hay una complejidad pre-
sente en las relaciones entre pensamiento, cultura y poder, y que las propuestas revisadas
permiten cuestionar los valores y designaciones occidentales impuestos.
la tercera parte del libro, “nación en américa latina: las contradicciones de un proceso”,
se compone de 11 trabajos. En “La sombra del oriente en la independencia”, Hernán G.H.
taboada nos esboza el primer orientalismo auténticamente americano, surgido de la informa-
34 £ RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
ción europea pero modifcado con vistas a sus propios fnes. Taboada expresa que el orien-
talismo latinoamericano fue adquiriendo mayor complejidad e información, constituyéndose
en componente de cierta importancia de las ideologías criollas de la identidad, pero siguió
siendo una construcción que fue ajena a los hombres, las mujeres, las sociedades y los usos
de las extensas regiones del llamado “oriente”.
rené aguilar piña nos ofrece “libertad individual, nación y globalización en américa la-
tina”, donde plasma la formación de la idea y la consolidación del Estado nacional en Europa
y América Latina a partir de una concepción inscrita en la larga duración. Su eje de estudio se
centra en las continuidades que ofrecen las ideas de libertad individual y mercado, así como
el discurso de nación para la construcción de una sociedad globalizada que tiene su origen
en el colonialismo del siglo xvi y que continúa hoy con el proceso globalizador.
En el tercer estudio, “Monarquía, constitución histórica e identidades colectivas en la in-
dependencia americana” de Marco antonio landavazo, se expresa la necesidad de estudiar
los procesos monárquicos en américa latina como formas alternativas de gobierno inter-
medias a la encrucijada de la independencia. Encuentra en ello dos rasgos del problema: el
“regreso” y “la constitución histórica” que representan una vuelta a la relación desigual con
España y la ambigüedad identitaria de los americanos españoles.
Un cuarto trabajo escrito por María del Rosario Rodríguez, “Cuba: Una nación interveni-
da. El primer año de la intervención estadounidense, 1899”, nos muestra cómo en un lapso
de doce meses la administración estadounidense desmanteló y remplazó el régimen colonial
español. Las autoridades estadounidenses establecieron un gobierno centralizado y autori-
tario que hizo que los cubanos, en el ejercicio del auto-gobierno y la auto-determinación,
comenzaran sobre bases mediatizadas.
“Puerto Rico: Frontera, eclecticismo cultural y resistencia. Formación de la nacionalidad
puertorriqueña”, de Marcial ocasio, es el quinto trabajo de esta parte. El autor nos ofrece un
análisis de los elementos simbólicos y culturales que constituyeron la nacionalidad puertorri-
queña en tres tiempos formativos: frontera, eclecticismo y resistencia como la frontera orien-
tal de defensa de los territorios americanos de España. Esto derivó en un proto-nacionalismo
puertorriqueño a partir de un sentimiento común de carácter ecléctico ante el aparato político
del momento y la resistencia de ser asimilado al otro, al español o al estadounidense.
El sexto trabajo, “Balance historiográfco y perspectivas históricas de la nación dominica-
na” de José María Padilla, presenta algunas consideraciones en torno al contexto histórico de
la nación dominicana, tanto en su apropiación letrada, como en el transcurso de una visión y
el cuadro trazado por la historiografía política en los siglos xix y xx.
“nacionalismos antiimperialistas mexicanos y panamericanismo en los años treinta” de
Juan Manuel Salceda olivares se centra en los discursos de Vicente lombardo toledano y
de lázaro Cárdenas, a quienes considera representativos del nacionalismo antiimperialista
en México frente a la política imperialista, aunque velada, de Franklin D. Roosevelt hacia
América Latina en el marco de la situación política mundial de la primera mitad del siglo xx.
ambos discursos son marcadamente antiimperialistas pero se distancian considerablemente
pues lombardo toledano tiene en mente un proyecto de sociedad distinto al capitalista lo cual
se pone de manifesto en su actuación al frente de la ctM y cuyo liderazgo a nivel latinoameri-
cano se concretó en la creación de la cetal. El autor retoma también el nacionalismo antiim-
perialista del peruano Haya de la Torre, en quien destaca su énfasis en la cuestión étnica, algo
ausente en Lombardo Toledano.
RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS £ 3
El octavo trabajo corresponde a Tiziana Bertaccini, “La identidad de las clases medias
en la ‘nación priísta’ (1940-1960)”. En éste nos expone cómo la ideología del Partido Re-
volucionario Institucional a partir de la presidencia de Miguel Ávila Camacho y hasta 1960,
representó una forma de Estado que tenía cualidades de un Estado liberal sin llegar a serlo,
donde las clases medias fueron vinculadas ideológicamente al partido y al régimen a partir de
una identidad dirigente del proceso de construcción de la nación.
Luis Alberto Herrán estudia en “El populismo en América Latina: nación política e inte-
gración”, la construcción del discurso del nacionalismo y del populismo en latinoamérica a
partir de una revisión de los autores teóricos más importantes que han escrito del tema. Esto
le sirve para responder la pregunta fundamental de su texto: ¿Cómo conciliar las experiencias
populistas con el proceso de construcción de la nación política?
El décimo trabajo, “El derecho de guerra, el Estado y la resistencia en Colombia: el Ejér-
cito de liberación nacional (eln) y su proyecto de nación” de Mónica zuleta, nos presenta
una historia político militar del eln a partir de tres ejes: su argumentación sobre su derecho de
guerra, su visión del Estado y el poder, así como su resistencia; elementos que lo ha llevado a
plantear la construcción de una nación distinta a partir de una política de democratización que
se constituyó en algunas experiencias de poder local a partir de su control militar en ciertas
regiones.
El último trabajo de esta tercera parte a cargo de Virginia Ávila, “Rebeldes en armas y
represión en México durante los años setenta”, revisa la experiencia guerrillera en los años
setenta; grupos, nombres y acciones son narrados y plasmados en este texto. Ávila afrma
que estos grupos fueron movilizados por la construcción de una sociedad y nación socialista
donde sus referentes más próximos fueron las revoluciones cubana, vietnamita y china.
La cuarta parte, “Cultura, identidad y nación”, se constituye por tres textos. El primero
de ellos, “Sobre las huellas de Stephens: la incorporación de yucatán a los relatos históricos
nacionales” de Inés yujnovsky, analiza el Viaje a Yucatán de José Fernando Ramírez que
realizó en 18 en relación con las estrategias de escritura de los Incidents of Travel de Ste-
phens. La autora se propone observar cómo la incorporación de la experiencia del viaje en el
discurso historiográfco mexicano fue uno de los dispositivos culturales que contribuyeron a
la confguración y constitución de imaginarios nacionales.
El segundo texto de amanda pérez, “imágenes sobre la cotidianidad de los campesinos del
Altiplano Central. Colombia, 1910-1940”, refexiona sobre las posibilidades y limitaciones
que ofrece la pintura neocostumbrista para el estudio de la vida cotidiana de los campesinos
del Altiplano Central colombiano entre 1910 y 1940; para ello toma en cuenta el papel que
cumplieron las obras en el proceso de confguración de un imaginario social sobre los secto-
res populares de la nación.
El trabajo fnal de la sección “La reformulación del problema de la identidad nacional
en el cine histórico mexicano de la década de 1990”, de Aleksandra Jablonska, nos muestra
cómo el cine histórico mexicano de la última década del siglo xx constituye una expresión
del pensamiento utópico que busca imaginar un pasado distinto al que nos fue heredado por
la historiografía, a fn de contribuir a la creación de una memoria colectiva en que pueda
reconocerse cómodamente el espectador contemporáneo y, de esta manera, convertirse en un
producto de consumo masivo, acorde con las exigencias de la política neoliberal.
La quinta y última parte, “Educación, globalización y nación” la constituyen tres trabajos.
El primero de ellos, de Renán Vega, “¿Pueden seguirse enseñando las ciencias sociales de
3 £ RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
tipo nacional en la era de la mundialización capitalista?”, plantea tres puntos de análisis para
responder a esta interrogante: el impacto de las transformaciones mundiales en las ciencias
sociales escolares, la función de esos saberes escolares de tipo nacional en un proyecto que
enfrente los problemas creados por el imperialismo-globalización y que se inscriba en un ám-
bito espacial más amplio que lo puramente nacional; y la importancia de las ciencias sociales
escolares en este contexto.
Miguel Ángel Pardo Romero nos ofrece “La conspiración de la globalización neoliberal
contra la comunidad académica, la niñez y la juventud”, donde analiza cómo fue el proceso
del debilitamiento de la comunidad educativa y académica en Colombia por la aplicación de
políticas neoliberales; proceso que, junto a otras transformaciones, debilitó al Estado y a la
economía estructurada desde el interés nacional. Uno de los costos sociales que estudia Pardo
es que la aplicación de la nueva normatividad educativa imposibilita el pleno desarrollo de
la niñez, la juventud y el profesorado en la educación básica. Sin embargo, en medio de este
panorama hay una movilización estudiantil por la defensa de la educación pública y por un
Estado que sea capaz de garantizarla.
El libro cierra con el trabajo de nelson antequera, “Multiculturalismo e interculturalidad:
la educación intercultural bilingüe en la construcción de un nuevo proyecto de nación”. An-
tequera analiza el proyecto de la educación intercultural bilingüe en México como política
nacional en el contexto del multiculturalismo global que se encuentra muy alejado de las
demandas y necesidades de los pueblos indígenas. Demuestra su tesis con el estudio de
las zona indígena de la Sierra Norte de Puebla, y presenta cómo los problemas centrales de la
educación y la propuesta indígena son ignorados por la propuesta estatal mediante una nueva
retórica acerca de la interculturalidad; misma que se inserta dentro del proyecto nacional
neoliberal del cual el multiculturalismo global es parte y desatiende necesidades educativas
urgentes de los pueblos indígenas.
Javier gáMez chávez*
Carlos M. tur donatti, La utopía del regreso: la cultura del nacionalismo hispanista en
América Latina, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2006, 124 pp.
El de los nacionalismos en América Latina se ha revelado campo de investigación fructífero
desde la renovación que iniciaron las conocidas propuestas de Hobsbawm, Gellner y Ander-
son de comienzos de los años ochenta. Junto a un replanteamiento general de ciertas posicio-
nes que durante décadas habían sido aceptadas sin más, para algunos países se puede hablar
de un verdadero nacimiento de los estudios sobre nacionalismo. El panorama es menos rico,
en cambio, si buscamos tratamientos más amplios: la mayoría de las investigaciones se han
enfocado a las áreas nacionales y mucho menos son las que abarcan más de un país —aunque
regiones como Centroamérica o el área andina han sido consideradas en conjunto— o los
* Licenciado en estudios latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la unaM. Pasante de
maestría del Posgrado en Estudios Latinoamericanos y profesor de asignatura en el Colegio de Estudios Lati-
noamericanos.
RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS £ 3
comparativos. Por otro lado, la mayor atención ha estado dedicada al periodo de la indepen-
dencia y el de la fundación y consolidación de los Estados nacionales, con mayor descuido
para el siglo xx.
He señalado estas acotaciones territoriales y temporales para ubicar el contexto de estudios
en que aparece el libro de Carlos tur acá comentado y subrayar mejor la originalidad de su
enfoque, a la vez particular, general y comparativo, sobre los nacionalismos de México, perú
y Argentina entre fnales del siglo xix y las primeras décadas del xx, con proyecciones hasta
la segunda mitad del siglo. Temáticamente, explora las dimensiones ideológicas, políticas,
literarias, iconográfcas y musicales. Tan amplia mirada se centra en la serie de propuestas de
nación que contrastan con las del Estado liberal oligárquico consolidado en el último cuarto
del xix y que constituyeron el fundamento de los nacionalismos que actualmente están siendo
a su vez cuestionados por una nueva oleada de propuestas identitarias.
la exposición se estructura en un prólogo que revela las circunstancias personales de la
búsqueda, al que suceden tres secciones dedicadas a cada caso nacional. Formadas a partir
de artículos publicados previamente, no ofrecen un desarrollo continuado sino más bien una
serie de iluminaciones desde distintos ángulos geográfcos, temporales y temáticos. Unos
capítulos fnales sintetizan los resultados anteriores junto a otro dedicado a las relaciones que
los nacionalismos hispanistas mantuvieron con el fascismo italiano. El estilo es aireado, el
tono amable y a veces jocoso, los ejemplos aleccionadores y no falta el toque de penetración
psicológica. Lamentablemente, la obra carece de ilustraciones, fuera de la de portada. La
fuerza simbólica de ésta y las alusiones en el texto a otro material pictórico y arquitectónico
hacen lamentar la carencia, atribuible a las eternas cuestiones de presupuesto.
la originalidad del planteamiento, que se aventura más allá de un único caso nacional y de
una única gama de problemas, sólo podía nacer de un conocimiento amplio de los vericuetos
del pasado, pero también de los del presente latinoamericano, profundidad temporal y mirada
abarcadora que a su vez exigen la capacidad para conjuntar territorios de investigación que
han llevado una existencia bastante aislada. Retomando lo anteriormente dicho, hay temáti-
cas que han sido bastante recorridas en los respectivos países y para las cuales es asequible
una bibliografía primaria y secundaria abundante, pero ésta ha sido poco usada para ofrecer
panoramas de conjunto como el que aquí se presenta. Siguiendo una regla bastante extendida,
el especialista en un país sólo señala vagas analogías con los otros.
Ajeno a esta limitación, el autor incursiona sin perderse desde una posición fortifcada
por múltiples lecturas, en tiempos y lugares, como queda demostrado no sólo por las citas de
libros o maestros en que se apoya, o las experiencias, viajes y entrevistas a que alude, sino
sobre todo por numerosas referencias, a veces marginales, que dejan ver su inmersión en
distintas polémicas desarrolladas en las últimas décadas en torno a la historia y política de
nuestra región. Con esto alcanzo a decir que el texto es mucho más que la reconstrucción
de un pasado para pasar a ser un recordatorio de actitudes que conservan actualidad o ame-
nazan regresar.
Esta mirada puesta simultáneamente en el pasado y en el presente permite entender la
importancia de una tarea inicial en el estudio de los nacionalismos, no siempre encarada
con el énfasis que necesita, que es la exhumación de ideas que han sido sepultadas por otras
posteriores o, peor aún, recicladas en nuevas interpretaciones. Una arqueología, para que nos
entendamos en posmoderno, imprescindible para valorar las ideas en los términos en que fue-
ron planteadas en su momento, y no como posteriormente fueron reformuladas en ocasiones
38 £ RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
hasta resultar deformadas. La operación exigió la consulta de escritos de la época, tanto los
mejor conocidos (novelas, memorias) como revistas o diarios de circulación más restringida.
Del éxito obtenido hablan algunas sorpresas que el texto nos revela sobre el signifcado real
de ciertos movimientos ideológicos del pasado, que a menudo hemos conocido a partir de su
falseamiento en la interpretación posterior.
Lejos de situar tales movimientos ideológicos en un vacío social, el libro comienza con
un panorama a grandes rasgos de los regímenes liberal-oligárquicos (porfriato, república
civilista, roquismo), que se caracterizaron típicamente por economías exportadoras y el for-
talecimiento del Estado. A pesar de sus éxitos, dichos regímenes alcanzaron el fn de siglo
en medio de contradicciones internas y de la amenaza que representaban el ascenso plebeyo
(masas rurales, inmigrantes ultramarinos, clases medias) y las transformaciones urbanas,
así como más tarde la revolución bolchevique. Todo ello acompañado de innovaciones en
el campo cultural, caracterizado por movimientos artísticos de vanguardia y propuestas in-
digenistas.
En su rastreo de las huellas de estos procesos sociales y culturales y los temores con-
siguientes en la producción literaria y artística (pintura, arquitectura), Carlos Tur descubre
cómo diversos autores fniseculares difundieron el gusto por los paisajes solitarios y por la
recreación de medios rurales y alejados de los medios urbanos, todo lo cual manifestaba
la insatisfacción con los tiempos presentes y la búsqueda de alguna seguridad en el pasado,
en lo que él llama la “arcadia colonial”, o en las supervivencias reales o supuestas en la Es-
paña coetánea o en la provincia. El correlato de tales búsquedas y hallazgos fue el desprecio
hacia el tiempo presente y hacia los grupos ajenos al mundo hispano-criollo: indios, negros,
mestizos, que en muchos casos simplemente desaparecen de descripciones de viaje, relatos
históricos o cuadros.
Dicha búsqueda cristalizó en las diversas formas del “nacionalismo hispanista”, término
que aparece en el título del libro y nos conduce a una de las principales originalidades del
enfoque, el señalamiento de las estructuras, sociales y mentales del mundo criollo. Aunque
las circunstancias peculiares de cada país, bastante diversas, estén señaladas debidamente, el
autor nos descubre cómo por debajo de ellas constituye dicha cultura criolla una categoría
de valor explicativo mayor, y que debe recalcarse cómo resulta a veces infravalorada y hasta
olvidada. Es lo que ocurre con sus manifestaciones y persistencia dentro de los regímenes
liberal-oligárquicos, que el libro enfatiza a contracorriente de quienes la borronean mostrando
exclusiva atención hacia las expresiones de la modernidad afrancesada del xix. Por el con-
trario, se explica para el caso mexicano que dicha modernidad fue más bien un fenómeno de
ciertos sectores urbanos, y no de los grupos de provincia, como muestra el hecho que la ma-
yoría de las iglesias construidas entonces en el territorio mexicano fueran de estilo neogótico
o neobarroco. Es decir que expresaban los valores criollos que estaban vivos por debajo de
las manifestaciones más exteriores del Estado exportador.
la reformulación de estos valores criollos fue uno de los fenómenos relevantes de las
primeras décadas del siglo xx, y tiene su gráfca manifestación en el cuadro de la portada:
un personaje con golilla y actitud enérgica, y rodeado de objetos arcaicos —dosel, armadu-
ra— pero que es obra del mexicano Germán Gedovius, quien vivió entre 1867 y 1937. La
intención del cuadro es la de ilustrar la estrategia de las clases dominantes tradicionales, y de
los intelectuales a su servicio, por volver a un pasado idealizado y despojado de las amenazas
plebeyas del presente. Al mismo tiempo se revelaron fuertemente críticos del liberalismo
RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS £ 3
formal de la generación anterior, así como de sus correlatos intelectuales: el cosmopolitismo,
el positivismo y la admiración hacia Estados Unidos. Su aparición se dio en un clima de
propuestas encontradas, entre las cuales el autor enumera el ideario de la revolución mexi-
cana y los indigenismos peruanos que tuvieron expresión en José Carlos Mariátegui, junto a
novedosas técnicas estéticas y literarias.
En las batallas simbólicas, ideológicas y políticas entabladas entre estas propuestas, los
nacionalismos hispanistas se anotaron numerosas victorias. Carlos Tur revela cómo la litera-
tura colonialista, que evocaba el buen tiempo viejo del virreinato, fue la primera expresión
posrevolucionaria en México, anterior a la “novela de la revolución” que en los repertorios
fgura como su expresión por excelencia. También los acercamientos, préstamos y metamor-
fosis por obra de otras corrientes nos hablan de cierta ventaja de los hispanistas, que a ve-
ces encontraban frente a ellos un campo intelectual muy dividido. En el caso argentino, un
movimiento político como el peronismo, de amplia base popular y declarativamente revo-
lucionario, se encontró culturalmente “entre Malena y ginebra”, para retomar el ingenioso
subtítulo de un capítulo, es decir, entre la propuesta de buscar los símbolos del movimiento
en la cultura popular tanguera o de hacerlo mediante el rescate de una simbología europea que
algunas publicaciones trataban de imponer y que se remontaban a la Edad Media añorada por
sectores hispanistas y católicos.
Este ejemplo, que no es aislado, nos habla de la capacidad de metamorfosis de dicho
hispanismo, como también es señal de corrientes profundas de la mentalidad y la política
latinoamericanas. Tanto que el hispanismo ha impregnado el lenguaje político e identitario
mismo de nuestros países, varias interpretaciones de su historia y amplios sectores de la
“flosofía latinoamericana”. Apartándose de estas reivindicaciones, el tratamiento de Carlos
Tur lo considera un rasgo esencial del nacionalismo conservador originado a fnales del siglo
xix y muy activo durante las primeras décadas del xx. Dominado por referentes criollos, éste
reviste un carácter católico, jerárquico y autoritario, que marcó las propuestas hispanistas.
Como prueba ulterior de ello, varias páginas están dedicadas a “las lecturas de Benito Musso-
lini en el imaginario político latinoamericano”, donde se revela la amplia gama de simpatías
que suscitó el Duce, muy reveladoras del fondo real de dicha corriente nacionalista, a veces
metamorfoseada por declaraciones populistas.
Para concluir, este libro es una guía útil en la gran maraña de interpretaciones sobre los
nacionalismos del siglo xx en nuestros países: siguiendo el camino inverso al de muchos otros
autores, las conocidas teorías de Hobsbawm, Gellner y Anderson arriba citadas no constitu-
yen para él un punto de arribo, tesis que deben ser confrmadas por el estudio de caso y que
sirven de cita decorativa. Estos autores son para él un punto de partida, y sus tesis son utiliza-
das creativamente en una refexión madurada en muchos años.
Hernán taBoada*
* Véase p. 89, nota.
240 £ RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
norma de los ríos Méndez e irene sánchez raMos (coordinadoras), América Latina: His-
toria, realidades y desafíos, México, unaM, Posgrado en Estudios Latinoamericanos, 2006,
595 pp.
América Latina: historia, realidades y desafíos
El interés por contribuir al conocimiento de la realidad latinoamericana y abordar sus te-
mas más signifcativos, así como las principales problemáticas que están presentes en este
ámbito, dieron como resultado el primer Coloquio internacional américa latina: historia,
realidades y desafíos, organizado por el Programa de Posgrado de Estudios Latinoamerica-
nos de la unaM en febrero de 2005. Registro de la refexión, análisis y debate que se generó
en el coloquio es el libro América Latina: historia realidades y desafíos, publicado por la
unaM en 2006.
El libro consta de diez secciones: Humanidades y ciencias sociales, miradas convergen-
tes; producción de conocimiento en américa latina; problemática actual de los estudios de
la cultura en América Latina; Historia e historiografía latinoamericanas. Debates actuales;
Retos para la historia y la crítica literarias; América Latina en el nuevo sistema mundial; Neo-
liberalismo latinoamericano: balance de tres décadas; El Estado y la sociedad como objetos
de estudio. Propuestas desde América Latina; Resistencia, movilización social y procesos de
cambio y, por último, Identidades, imaginarios sociales y memoria colectiva.
En cada sección se plantean refexiones sobre América Latina desde disciplinas y estra-
tegias teóricas y metodológicas particulares, a partir de las cuales se pretende contribuir a la
comprensión y el conocimiento de la realidad latinoamericana actual.
la primera sección contiene las conferencias magistrales que enmarcaron el inicio y el
fnal del coloquio, a cargo del doctor Pablo González Casanova y la doctora Nelly Richard.
En ambas, que señalan las líneas de discusión presentes en las mesas de trabajo del evento, se
refexionó acerca de la necesidad de replantear los conceptos que forman parte de la discusión
sobre América Latina. Los investigadores reconocen la fragmentación y el alejamiento del
centro a la periferia como elementos básicos en la actual concepción de la realidad cultural y
social latinoamericana. Esto se manifesta en diferentes fenómenos, como el distanciamiento,
en diversas disciplinas de los discursos articuladores de conceptos; el cambio de jerarquías de
diversas categorías y elementos estructurales del pensamiento de América Latina, así como
la necesidad de considerar las relaciones internas de sus actores como redes de redes que
permitan un fujo diferente de la información. Finalmente, ambos investigadores replantean
la concepción de américa latina, su cultura e identidad, como algo complejo que no puede
abordarse desde una sola disciplina ni enfoque teórico.
Desde esta perspectiva se articuló la discusión de latinoamérica desde diferentes áreas de
estudio. Respecto a la producción de conocimiento en América Latina, se hace una revisión
del “pensamiento latinoamericano” desde fnales de la segunda guerra mundial hasta nuestros
días, para fundamentar su propuesta de considerar a la flosofía de la liberación como un ins-
trumento teórico adecuado para la refexión sobre la realidad de América Latina. También se
explora el uso selectivo de estrategias conceptuales para señalar que el lugar socio-histórico
desde el que se realiza el trabajo de investigación condiciona el horizonte intelectual y polí-
tico del análisis que se aplica. De igual manera propone introducir en las refexiones teóricas
RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS £ 41
sobre américa latina la dimensión colonial para tener presente el impacto de la dominación
histórica de la que ha sido objeto nuestro continente.
En el debate en torno a la cultura latinoamericana se abordó su concepto, así como la
globalización y colonización, fenómenos que la modifcan directamente. En las conferencias
que tocaron este tema, se habla de la necesidad de incrementar su importancia, lo cual podría
lograrse por medio de los estudios latinoamericanos. Asimismo, se abordaron los conceptos
de Latinoamérica, Latinoamerindia y Utopía. Los dos primeros, vistos como expresiones
con cargas políticas e ideológicas, y proponiendo la conveniencia de sustituir Latinoamérica
por Latinoamerindia para comenzar a incorporar, en el nombre mismo del continente, a los
sectores sociales y grupos étnicos que histórica y sistemáticamente han sido excluidos del
concepto de cultura latinoamericana. Por su parte, la revisión del origen y etimología de la
palabra Utopía, sirvió al autor para proponer la relación entre este concepto con américa y
plantear la exigencia histórica de “devorar” al dominador y comenzar a elaborar, como ame-
ricanos, nuestra propia forma de expresión y discurso.
Desde la perspectiva de la historia, se habla de los efectos nocivos en la historiografía del
fenómeno de fragmentación, individualismo y pérdida de credibilidad, así como del discurso
frívolo y desintegrador que se dio en los últimos años; a partir de lo cual se hace un llamado a
la comunidad de historiadores, principalmente, para superar esta crisis. Desde otra perspecti-
va, se refexiona acerca del retorno de la historia política al escenario del debate actual, como
una refundación de esta disciplina ya sin la hegemonía de un modelo rector, sino más bien con
la convergencia e intersecciones de diversas inspiraciones teóricas; junto con ésta, hay una
reactivación de la historia intelectual en la que hay carencias, pues no hay un registro formal
de las diversas elites intelectuales en América Latina.
En la sección de Crítica literaria se examina, entre otros, el concepto de “Ciudad letrada”
y la postura de considerar a la literatura, bajo este concepto, como un discurso de dominación
que proviene de modelos europeos; el autor advierte el riesgo de perder, por consideraciones
sociopolíticas de este tipo, el aporte cultural que ha signifcado la tradición literaria de Amé-
rica Latina. A partir de la lectura de las conferencias de esta sección, es evidente la profunda
refexión que los autores hacen de la crítica literaria en América Latina y el contexto en el que
se desarrolla: coinciden en la necesidad de hacer un mayor uso de propuestas y refexiones
teóricas de críticos latinoamericanos y dan a conocer a algunos de los teóricos más lúcidos
en este campo, como los brasileños antonio Candido y roberto Schwartz, cuya obra no ha
tenido la difusión que amerita. En los procesos de crítica literaria, los autores señalan algu-
nos fenómenos interesantes: mayor incorporación de material hemerográfco, actualización
de actores culturales, la propuesta de la construcción de una historia de literatura múltiple o
colectiva que establezca lazos y vasos comunicantes con otro tipo de discursos, la oposición
del discurso dominante frente a la práctica de la conversación, alteración de la relación del
discurso con la verdad, alteración en la relación ensayo-fcción, apertura de frontera de textos,
apertura de estructura y rompimiento de cánones establecidos, así como de considerar que la
historia o contexto se integra a la obra como parte de su estructura interna.
En las secciones que se enfocan a la revisión de aspectos políticos y sociales de América
Latina, se consideran dos escenarios: el interno y el de su relación con el mundo. Entre los
temas de discusión que se abordan están la subordinación política y económica de Latinoamé-
rica a potencias mundiales, y la repercusión que ha tenido ésta en el desarrollo de políticas
internas, pocas veces favorables para sus habitantes. También se analizan los movimientos
4 £ RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
internos que han surgido como una respuesta contra esta relación impuesta. Se revisó la def-
nición y pertinencia del uso de conceptos como globalización, imperialismo y capitalismo en
la refexión de los fenómenos económicos, políticos y sociales que preocupan a la región.
Se discutió el problema de la desigualdad en la relación pobreza/riqueza, así como la ne-
cesidad de que cada país escoja con qué prioridades económicas y sociales se ha de insertar
en la economía social.
no dejaron de analizarse los movimientos sociales como fenómenos particulares de esta
época, que han resultado un efcaz mecanismo de protesta y generador de cambios signifca-
tivos en diversos países latinoamericanos. De igual manera, hubo espacio para la refexión
acerca del poder de los medios de comunicación masiva y su impacto en el desarrollo de
políticas nacionales.
los autores de las conferencias presentes, a lo largo de las diez secciones que conforman
el libro, muestran coherencia respecto al tema del coloquio que sirvió de punto de encuentro:
refexionar de manera crítica y abierta sobre los diversos aspectos y problemas que forman la
realidad latinoamericana actual. Una realidad múltiple, con una enorme riqueza cultural en
la que se construyen, desde diversos frentes y con la participación de diferentes actores socia-
les, nuevas estrategias de convivencia y de resistencia.
Claudia Marcela zuleta vargas*
Marcos cueva Perus, Los archipiélagos: espacios, tiempos y mentalidades en América Lati-
na, unaM-iis, México, 2006, 326 pp.
De lo difícil de nombrar por su abundancia
Metáfora por excelencia, el autor alude al archipiélago
1
como forma de caracterizar la confor-
mación dispersa y caótica que defne a las sociedades latinoamericanas, y que las acompaña
desde su formación tras la conquista y durante los tres siglos de colonización, hasta la época
actual, de americanización.
A contracorriente de las refexiones contemporáneas, que centran el estudio de la dife-
rencia y la diversidad desde lo cultural, el autor de Los archipiélagos… prefere hablar de
mentalidades para enhebrar, a lo largo de su obra, las diferentes formas en que el hombre
de América Latina se ha representado en el tiempo y el espacio.
ya desde la presentación, y con mayor profundidad en la introducción, Cueva perus pone
a debate términos como mentalidad, historia de las mentalidades, identidad, ideología, idio-
sincrasia, para argumentar las razones por las que prefere hablar de mentalidades, entendien-
do por éstas a las representaciones del espacio y del tiempo de una sociedad determinada.
* alumna del posgrado en literatura Mexicana, unaM.
1
La defnición que da el Diccionario de la Real Academia Española de archipiélago es la siguiente: “Con-
junto, generalmente numeroso, de islas agrupadas en una superfcie más o menos extensa de mar”. y de piéla-
go: “Lo difícil de numerar por su abundancia”. Considero que ambas defniciones caracterizan el conjunto de
la obra de Cueva Perus.
RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS £ 43
“El debate sobre la identidad —afrma— corre el riesgo de convertirse en idiosincrasia, y
con ello comenzar a negar la posibilidad y las ventajas de la comprensión y, junto con ésta, de
la comunicación…” de nuestra compleja realidad,

mientras que el término de mentalidades
abre el espacio de la refexión y permite la exposición de coordenadas espacio-temporales que
abarcan periodos de larga duración.
a través del concepto de mentalidades el autor juega con el tiempo, abarcando en su es-
tudio desde la conquista hasta la época contemporánea, sugiriendo líneas de investigación al
tiempo que rastrea cómo dichas mentalidades se han transformado.
El punto de arranque de la construcción de las mentalidades para el caso de américa latina
se encuentra en la conquista y posterior colonización, tres siglos durante los cuales se van for-
jando, sedimentando y trasformando las mentalidades que, fraguadas en este periodo según el
autor, continúan vigentes aunque están siendo regeneradas en el proceso de americanización.
Cueva Perus propone como característico de la actualidad el proceso de americanización,
por encima de la llamada globalización, ya que la infuencia de Estados Unidos tiene mayo-
res repercusiones culturales y a nivel de transformación de las mentalidades, que la llamada
globalización, proceso que no sería más que la extensión del modelo de cultura homogénea
que propone dicho país.
El autor problematiza tres aspectos fundamentales para explicar el desarrollo de las men-
talidades en américa latina: los espacios urbanos y sus transformaciones; la familia y sus
funciones frente al Estado y la sociedad y el consumo en la era global, como eje articulador
de lo social.
Sobre los espacios urbanos, el autor comienza su argumentación hablando de la densidad
demográfca y su transformación radical, producto de la conquista y la hecatombe poblacio-
nal provocada por ésta, dando lugar a lo que llama “el espacio semivacío”, es decir, grandes
extensiones de tierra inhabitadas en contraste con los actuales centros urbanos densamente
poblados, que se caracterizan por el crecimiento desproporcionado y caótico de las mega
ciudades como el Distrito Federal. Nunca cristalizó la ciudad latinoamericana como espacio
homogéneo. Asimismo, la conciencia ecológica sólo se conforma hasta muy entrado el siglo
xx, ya que para el autor, predomina la mentalidad de percibir al entorno como inagotable,
como la tierra del Edén. Se percibe al espacio, la naturaleza, como inagotable.
respecto a la familia y su importancia en las mentalidades latinoamericanas, el autor
expone de qué manera y contradictoriamente a la percepción común, las familias numerosas
estaban más ligadas a las clases altas privilegiadas, que a las familias de indígenas, que por
el trauma de la conquista preferían tener pocos hijos. La familia es el espacio de adquisición
de autoridad, de privilegio y de asidero y protección frente a un entorno inseguro.
3
Cobra
relevancia esta percepción en la era de la americanización.
la familia es un asidero, un centro de formación y de transmisión de valores, los núcleos
de población fueron formándose por archipiélagos de familias. Contradictoriamente, tam-
bién en el seno familiar se construye el sentimiento de abandono, generalmente de la fgura
paterna, como resultado de las migraciones, el machismo, y demás patrones culturales que
confrontan la mirada idealizada de la familia.

Marcos Cueva perus, Los archipiélagos: espacios, tiempos y mentalidades en América Latina, unaM-iis,
México, 2006, p. 28.
3
Op. cit., p. 175.
44 £ RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
Sobre el consumo, el autor afrma que en América Latina la globalización ha sido en mu-
chos aspectos sinónimo de americanización. El hombre latinoamericano en el contexto de la
era de la información transforma sus patrones de consumo, tornando central la capacidad de
acceder a los privilegios de la nueva era; dicha capacidad se convierte en forma de estatus
y pertenencia. La clase media y la modifcación de sus patrones de consumo son el mejor
ejemplo, así como los centros comerciales que asumen el sentido espacial que antes tuvieran
las plazas y centros de las ciudades como espacios de convivencia social.
Sin embargo, el autor plantea la contradicción de que la era del consumo reconfgura las
mentalidades generadas durante la conquista y colonización y recrea nuevas mentalidades
que, paradójicamente, conservarían elementos de las formas anteriores.
las mentalidades en américa latina se rigen por lo que el autor llama “el culto a la im-
provisación”, al azar y la contingencia, lo cual se percibe con claridad en los tres ejes de su
trabajo: la urbanización, la familia, el consumo. Sin embargo, estas mentalidades forjadas tras
la violencia de la conquista y la sedimentación durante la colonia, están experimentado un
desfase frente al proceso de americanización que se intensifca en la actual era del consumo.
Dichas transformaciones llevan a que “Las mentalidades latinoamericanas seguirían así
marcadas por la hibridez y por el hecho de ser extremadamente abigarradas”.
4

Por ello cabe la pregunta: ¿cómo cambian las mentalidades y se adaptan a las nuevas
condiciones en américa latina?
El dilema, pues, sigue siendo la imposición de un proyecto de fusión por encima del reco-
nocimiento de la heterogeneidad. Islas culturales que conforman el archipiélago latinoameri-
cano, sin comunicación ni proyecto unitario, y sin embargo, ¿no es acaso la heterogeneidad y
el abigarramiento, la característica histórica de nuestra América Latina?
las mentalidades predominantes, heredadas de la conquista y sus secuelas y que de una u
otra manera persisten hasta la actualidad, ya sea regeneradas o intactas; mentalidades basadas
de diversas maneras en el privilegio y el sentimiento de precariedad y contingencia. “La me-
moria latinoamericana suele ser discontinua, cuando no está de algún modo anestesiada para
evacuar cualquier riesgo de conficto.”

Los archipiélagos… alude en resumidas cuentas a la multiplicidad de islas, de espacios
y de tiempos que constituyen, conforman y explican a nuestra región, Su complejidad está
determinada por la contradicción de ser una región asumida como unidad, y al mismo tiempo
estar fragmentada y diferenciada desde el origen. No sólo en el espacio y el tiempo, sino y
sobre todo en las formas de representación que se confguran y reconfguran a lo largo de su
historia. La fragmentación, lo difícil de nombrar por su abundancia.
renata lóPez náJera*
4
Op. cit., p. 257.

Op. cit., p. 190.
* Colaboradora de la Coordinación del Posgrado en Estudios Latinoamericanos.
RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS £ 4
teresa aguirre y Sergio de la Peña, De la Revolución a la industrialización, México, océa-
no/unaM, 2006, 543 pp. (Colección Historia Económica de México), tomo IV, Enrique Semo
(coordinador).
Este libro forma parte de la colección Historia económica de México en 13 volúmenes, seis
de éstos dan una visión general de un periodo específco de la historia económica de México,
a diferencia de los restantes siete que tienen como eje narrativo algunas de las ramas de la
economía en la larga duración.
igual que otras obras colectivas coordinadas por Enrique Semo, la presente colección es,
al mismo tiempo, resultado de años de discusión, planeación e investigación sobre temas cru-
ciales de la historia mexicana abordados con rigor historiográfco y sentido crítico. Asimismo,
es un esfuerzo de difusión para elevar el conocimiento de un público amplio (universitario
fundamentalmente) sobre las materias tratadas y una invitación a continuar construyendo en
colectivo y de manera crítica las interminables historias mexicanas.
Ese es el matiz general que se percibe en las obras. El libro que reseñaremos trata de hacer
inteligible la etapa que va del periodo bautizado como porfriato hasta los años 50 del siglo
xx. Son pues algo más de 70 años de la historia mexicana donde ocurrieron momentos funda-
dores de lo que constituyó al México moderno.
aunque se trata de una obra de historia económica, los autores del libro muestran una pe-
culiar desenvoltura para navegar y trenzar asuntos de historia política y social a su entramado
económico. Ese matiz totalizante y crítico que empapa toda la obra, resalta en las intensiones
y afanes de los autores de este libro. Se nota, además, una curiosa combinación de experiencia
y juventud que tiende puentes generacionales entre los autores. Me refero al hecho de que
el libro deja entrever la hechura a cuatro manos entre un maestro, Sergio de la peña, que mu-
rió en 18 y una maestra, teresa aguirre, que continúa el trabajo combinando el uso de
conceptos provenientes de las tradiciones críticas del pensamiento latinoamericano, de los
cuáles era digno representante el maestro De la peña, y actualizándolos con los aportes de las
investigaciones historiográfcas más recientes.
Me parece importante destacar este hecho porque permite descifrar varias claves éticas y
teóricas del libro. El homenaje al maestro ausente nos entera de que tenemos ante nosotros un
trabajo de historia económica proveniente de una cultura de izquierda, de una cultura crítica
que se hereda a través de un acervo de experiencias, de luchas y de métodos de refexionar la
realidad social mexicana y latinoamericana para inspirar transformaciones que la hagan más
justa. La estafeta pasó de manos, del maestro De la Peña a las de Teresa Aguirre (heredera de
una generación más joven), quien invita a los lectores a usar este instrumento de trabajo, esta
herramienta para el estudio de la historia y exprimir el producto de años de investigación y
experiencia sistematizados en el libro De la Revolución a la industrialización.
El resultado es una síntesis propositiva que muestra, por un lado, la vitalidad del pensa-
miento crítico mexicano y latinoamericano y, por otro, la apertura a los cambios y la integra-
ción de las nuevas circunstancias sin renunciar a los principios humanistas y comprometidos
que marcaron no sólo la producción intelectual sino la propia acción a favor de un mundo más
justo de los años setenta del siglo pasado.
Importante por su carácter divulgador, este libro nos lleva al terreno historiográfco que
sólo es conocido con cierto detalle por los especialistas. En ese sentido integra al lector uni-
versitario medio a los debates historiográfcos especializados con información bien susten-
4 £ RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
tada y nos invita a romper monopolios y favorecer refexiones sobre la historia reciente de
México.
En la primera parte, los autores obligan al lector a una cabalgata frenética por los escarpa-
dos montes y montañas que dibujan las tendencias de la economía nacional en el periodo que
va de 1910 a 1952. Hay que poner atención para captar los hilos conductores de este primer
panorama que trata de sustentar una de las tesis principales —que será analizada desde varios
ángulos a lo largo del libro—: la reorientación del modelo de crecimiento y los factores más
importantes que impulsan ese proceso. Los picos de cada risco se van delineando a partir de
indicadores como las exportaciones, importaciones, las altas y bajas de la producción indus-
trial (manufacturas, bienes intermedios, etcétera) el comportamiento de la agricultura, etcéte-
ra. y aunque es grande la exigencia hacia el lector en esta primera parte, lo que se dibuja es
algo sencillo: las dos tendencias básicas del periodo que van de 1910-1914 (crisis y reorienta-
ción del modelo porfriano) y 1940-1952 (etapa donde la industria se convierte en motor del
crecimiento y se evidencia la falta de estrategias de desarrollo por parte del Estado).
Quedan así marcadas las líneas maestras, los pilares de la estructura que soporta el relato
sobre el periodo. Una vez que el lector logra superar los riscos, llega a un terreno más plácido:
el análisis de la economía porfriana (sus alcances y límites) que combina las tendencias ge-
nerales de la fría economía con el relato histórico tradicional. Es decir, la historia económica
lima la dureza abstracta de los números y nombra a los personajes que dan vida a las tendencias
macroestructurales de la economía. Esta será una característica del resto de los capítulos.
Sin embargo, nunca se abandonan los conceptos rectores y la narración da cuenta del
modo en que se constituye el modelo primario exportador en una etapa larga de transición
al capitalismo. El relato nos acerca a los detalles que tienen que ver con la conexión entre
el tendido de la red ferroviaria y las necesidades de materias primas del mercado mundial.
pero aparecen también el Estado y su papel en el establecimiento de medidas normativas que
permitieron el funcionamiento del modelo y, al mismo tiempo, generaron las contradicciones
y confictos sociales.
En tal sentido se deshebra el análisis del mercado de tierras que confgura una lógica de
crecimiento excluyente que afecta, sobre todo, a las mayorías campesinas y pobres urbanas.
En el análisis particular del mercado de capitales se enfatiza su debilidad y la tendencia a la
monetización de la economía que simboliza, de algún modo, la frágil modernización del país.
Con todo, los autores logran defnir en grandes pinceladas cómo la economía de la época
logró cierta diversifcación y se profundizó la división del trabajo a nivel nacional.
El siguiente periodo, la economía durante la revolución armada, es precedido por un deba-
te teórico acerca del concepto mismo de revolución y su puesta al día con los trabajos sobre
el tema publicados en la década de los noventa del siglo pasado. Sobre las bases expuestas en
la economía del porfriato se nos explica de qué modo la revolución cuestiona ese modelo ex-
cluyente, la ruptura del pacto social y promueve una transformación profunda de la economía
y de la sociedad en la coyuntura que va de 1910 a 1938.
ordenando la exposición con una periodización cuidadosa, que tiene como telón de fondo
la relación entre guerra y economía, nos lleva de la mano por los vaivenes que marcaron la
década revolucionaria y nos señala que no todo fue destrucción y que ésta, en todo caso, tuvo
ritmos e impactos diferentes.
La reconstrucción, a partir de 1917 y hasta 1932, esboza ya el giro del modelo económico.
Del caos económico no se sale con planes de gobierno claros y sin confictos, no se tienen
RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS £ 4
proyectos claros ni acuerdos sociales frmes. Ello justifca que los autores califquen de es-
pontánea la reconstrucción económica.
Hacia la década de los veinte y treinta se va consolidando algo así como un programa
económico de la revolución y el tránsito de una vía de crecimiento a otra. En el nuevo rumbo,
la vía primario exportadora no se cuestiona pero se tratan de limar sus efectos concentradores
y el sobrepeso del capital extranjero.
De nueva cuenta, este esbozo viene detallado con elementos de la historia política y social
de tal suerte que por momentos el lector olvida que se trata de una historia económica. Pese a
eso, nunca pierden centralidad temas de orden económico como los debates sobre la reforma
agraria y los modelos políticos y sociales subyacentes, la cuestión de la formación de la clase
obrera mexicana, la fnanzas, la banca y el papel del Estado posrevolucionario en todos estos
menesteres.
De hecho, el quinquenio 133-138 es explicado desde el clásico debate que implica la
relación entre Estado y economía. Se logra captar que esta época consolida una relación tal
que ubica al Estado de nueva cuenta como sujeto activo que infuye en la macroeconomía y
cómo esto fue resultado de un proceso largo y tortuoso. Nada que ver con la imagen poderosa
del Estado Leviatán al que nos acostumbró la historia ofcial.
Así pues, el libro nos presenta el periodo que algunos autores de la historiografía de la
Revolución mexicana llaman la etapa culminante y que no carece de paradojas. Al tiempo que
el cardenismo expresa la coronación de muchas demandas de campesinos y obreros, también
sienta las bases de un aparato estatal que, a la postre, será utilizada para sostener relaciones
caciquiles y corporativas de poder. Asimismo, se encarama una lógica de desarrollo económi-
co basado en la industria y se impulsan fenómenos de urbanización que seguirán, a partir de
1940, su propia ruta y no precisamente ligadas al proyecto de la revolución.
En el último periodo (13-1) se concentra el análisis en el carácter industrial de la
economía y algunos de los rasgos que sugieren el modelo inefciente de sustitución de impor-
taciones que se desarrolló en el país.
Destaca el carácter dependiente de la base tecnológica de la sustitución de importaciones
y la falta de una política de Estado integral para conducir este proceso, más aún cuando en
este periodo se transita a una segunda fase de industrialización más compleja que la anterior.
El análisis de las condiciones internacionales forma parte también de los factores explica-
tivos de las tendencias económicas al interior del país. En ese sentido se relatan los avatares
de las negociaciones con Estados unidos que dan lugar a debates importantes sobre liberalis-
mo y proteccionismo y que inciden en la adopción de estrategias estatales que favorecen, en
el mediano plazo, lo que los autores llaman industrialización fácil, trunca e inefciente.
Con ese panorama se puede poner en perspectiva las nociones de heterogeneidad que atra-
viesan las estructuras económicas y sociales del país y que se convirtieron en lastres que aún en
la actualidad podemos identifcar.
Es poco el espacio para hacer un comentario más justo sobre este libro. He tratado de su-
gerir lo que considero las claves más importantes de libro, así como sus grandes hitos crono-
lógicos. Sin duda alguna, se trata de una obra propositiva, útil y herramienta de trabajo básica
para quienes trabajamos en la comprensión e impulso del estudio de la historia de México.
técnicamente hablando, este libro constituye un relato del periodo, una fuente de sugeren-
cias de líneas de investigación, una síntesis de debates historiográfcos y, en lo que respecta a
sus anexos estadísticos, un acervo de material básico que reclama más análisis de los números
48 £ RESEñAS BIBLIoGRÁFICAS
para captar las tendencias y procesos sociales que entrañan y que pueden dar lugar a nuevas
interpretaciones.
En sintonía con los tiempos que vivimos, el libro propone y discute. Exige una lectura
activa y atenta, es un libro de trabajo y no La lección de historia. Hay muchas ideas que com-
partir y debatir con los autores, pero se agradece la objetivación en libro de los afanes, los
hallazgos y las propuestas que generosamente nos presentan los autores de De la Revolución
a la industrialización.
Me consta que en este libro lograron llevar su voz y su trabajo de años más allá de las
aulas, cubículos y seminarios. Queda de nuestro lado, generaciones un poco más jóvenes,
mantener viva la inquietud por el cultivo de una historia crítica, sustentada y comprometida.
Bienvenida esta síntesis de historia en tiempos en los que la academia nos ofrece mayo-
ritariamente fragmentos, discursos esotéricos sólo para iniciados, cuentos de corto aliento.
Bienvenido el ejemplo de trabajo colectivo y la rememoración de nuestros muertos que, por
supuesto, siguen presentes y caben dentro de nuestros compromisos académicos y de vida.
Marcos R. lóPez Miguel*
* Profesor del Colegio de Estudios Latinoamericanos.
TESIS E INFoRMES ACADéMICoS PRESENTADoS
PARA oBTENER EL GRADo DE LICENCIATURA
En El ColEgio DE EStuDioS latinoaMEriCanoS
1
TEsis E infoRMEs aCadéMiCos PREsEnTados PaRa oBTEnER
EL gRado dE LiCEnCiaTuRa En EL CoLEgio dE EsTudios
LaTinoaMERiCanos (2006-2007)
noMBre
fecha de exaMen
Profesional
título
aceves Chávez Julián David 2006-03-17
un largo camino hacia la noche:
autobiografía y homoerotismo en la
narrativa de Reinaldo Arenas.
Bavines Lozoya José Federico 2006-08-31
la democratización del Estado y el
desarrollo de los movimientos sociales.
una perspectiva latinoamericanista sobre
los procesos de democratización y el
movimiento gay en la ciudad de México
1968-2000.
Cruz Severiano Esteban 2006-06-28 un mundo real maravilloso: entre el cielo
y el inferno, el caso de Villa de los Niños.
Escalante Lara Zulema Beatriz 2006-11-07
La economía doméstica cubana frente al
periodo especial. Estrategias económicas
y diversifcación ocupacional frente a la
crisis. Tres estudios de caso en la ciudad
de La Habana, Cuba.
Escalante Rodríguez Juan de
Dios
2006-12-06 Identidad (es) vía (s) para la movilización
en América Latina. Ensayando una
identidad latinoamericana plural.
García Rey María del Rocío
2006-07-03
la presencia de latinoamérica en las
revistas El libro y el pueblo y El maestro
(1921-1922).
González Gómez Luis Erick
2006-07-03 Dominación y resistencia político-
cultural en Haití, 1957-1986
González Hernández Berenice
2006-12-06
operación Cóndor: un acercamiento
a su conocimiento a través de los
documentos desclasifcados por agencias
estadounidenses de inteligencia y de
seguridad.
Granillo Rodríguez Juan Martín
2006-10-23
Colaboración latinoamericana: las
experiencias de los conosureños en
México (1973-1986).
Jiménez tovar anabel
alejandra Soledad
2006-03-29 una visión del continente: américa
latina a través de la perspectiva
soviética.
luna gonzález adriana 2006-05-25
la ilustración napolitana y la nueva
España.
£ TESIS E INFoRMES ACADéMICoS...
noMBre
fecha de exaMen
Profesional
título
Morales pérez norma Elizabeth 2006-10-24
Fenómenos y desastres sociales en
Honduras: los efectos del huracán
Mitch.
Navarro Martínez Silvia 2006-06-12
El desarrollo sustentable del Corredor
Biológico Mesoamericano-México.
pérez islas Clara Susana 2006-03-13
Experiencia docente en el cecyteM: la
importancia de las humanidades en la
educación tecnológica.
pérez Manjarréz Everardo 2006-10-05
Mercado Común Centroamericano.
integración y desarrollo en américa
Central.
rey loaiza rosa Jimena 2006-02-20
¿Iguales o diferentes? El Conafe y su
propuesta educativa para la población
marginada e indígena.
reyes Sahagún teresa
guadalupe
2006-04-28
El movimiento urbano popular en la
ciudad de México (1980-1995). Caso: la
unión popular revolucionaria “Emiliano
Zapata”.
robredo leal leticia 2006-10-10
Democracia y golpe de Estado en
Venezuela: segundo gobierno de Carlos
Andrés Pérez.
Silva lópez yara iricea 2006-04-18
la identidad y el imaginario nuestro:
americanos en la edad de oro de José
Martí.
Tovar García Brenda Isabel 2006-07-03
Dominación y resistencia político-
cultural en Haití, 1957-1986.
Valdivia ayala ana lilia 2006-10-23
la docencia, un espacio para transformar
conciencias. Una experiencia profesional
en el Conalep Chimalhuacán.
Vázquez Santa ana georgina
María Teresa
2006-05-30 latinoamericanos en el mercado laboral
canadiense a fnes del siglo xx.
Vilchis Néstor Nelly Rosalía 2006-02-01
Las características del comercio interno
en Hispanoamérica de 1830 a 1880.
Villagómez rosas norma 2006-06-14
Rubén Darío: el ensayo modernista y la
crítica de la cultura.
Aguirre Álvarez Carlos Andrés 2007-11-14
Forma y discurso: un análisis sobre los
papeles del peronismo en la historia
argentina.
Araiza Díaz Verónica 2007-09-21
representaciones de la violencia: voces
de jóvenes colombianos desde México y
España.
TESIS E INFoRMES ACADéMICoS... £ 3
noMBre
fecha de exaMen
Profesional
título
Avelar Macías Gabriela 2007-04-18
acceso a la información y archivos
gubernamentales: el caso de la auditoría
superior de la Federación.
Ávila Becerril Cecilia
2007-05-04
Un latinoamericano en París. “La vida
exagerada de Martín Romaña” de Alfredo
Bryce Echenique.
Benítez Silva Alejandra
2007-08-24
la importancia de ser madre desde una
perspectiva de género. El papel de las
madres en la reproducción de la razón
patriarcal en américa latina (el caso de
la ciudad de México).
Casas Castillo nabor
2007-01-26 El desarrollo de la política cultural en la
Dirección general de Culturas populares
e Indígenas dgcPi.
Damián guillén Claudia ivette 2007-04-20
la imagen de Sandino y los combatientes
sandinistas a través del discurso
somocista en “El verdadero Sandino o el
calvario de las Segovias”.
Fulgencio Juárez Claudia 2007-04-11
la dialéctica de los sentimientos y la
conformación de la utopía en “Sobre
héroes y tumbas” de Ernesto Sábato. Un
tratamiento hermenéutico.
González León Brenda Erika 2007-06-27
arte y devoción en torno a la patrona
del nuevo Mundo, Santa rosa de Santa
María.
Hamra Sassón Marlene 2007-03-23
Literatura del exilio argentino. Identidad
y memoria en “una sola muerte
numerosa” de Nora Strejilevich.
Hernández Rejón Mónica 2007-04-10
la construcción de la identidad nacional
mexicana a través de las artes plásticas.
Juárez Hernández Carlos
2007-04-30 las consecuencias económicas del
neoliberalismo en México, 1982-1994.
Lerma Rodríguez Félix
alejandro
2007-04-20
la materialidad prehispánica
centroamericana a través de las obras de
John lloyd Stephens y Ephraim george
Squier.
Martínez Parra María Lorena 2007-08-20
De la memoria al exilio: memoria viva
del desplazamiento guatemalteco hacia
México de 1980-1983.
Mendoza alaniz luis ramón 2007-11-27
la emigración guatemalteca en los
inicios del siglo xxi
4 £ TESIS E INFoRMES ACADéMICoS...
noMBre
fecha de exaMen
Profesional
título
Morales Muñoz Brenda 2007-10-05
la relectura de la historia a través de
la literatura: el caso de Santa Evita de
Tomás Eloy Martínez.
ochoa Ávila Cristian David 2007-12-10
El estilo salvaje de un artista
latinoamericano (poética y política
de Roberto Bolaño en la novela “Los
detectives salvajes”).
Palacios Martínez Javier 2007-04-26
Del México imaginario a la
Latinoamérica profunda: la asesoría
y promoción comunitaria para el
latinoamericanista.
topete pozas olivia 2007-06-13 La idea de raza en Brasil 1889-1920.
Valdéz Chávez César Enrique 2007-12-03
Fuerzas armadas y democracia en Chile
(1925-1970).
Vicente ovalle Camilo 2007-03-28
Madres y familiares de uruguayos
detenidos como actores sociopolíticos.
Anuario del Colegio de Estudios
Latinoamericanos, 2007, editado por la Secretaría
de Extensión Académica de la Facultad de Filosofía
y Letras se terminó de imprimir en octubre de 2008
en los talleres de Ocelote Servicios Editoriales,
S.A. de C.V. Agua 155, Pedregal de San Ángel,
C.P. 01900, México, D.F. Se tiraron 250 ejemplares
en papel Cultural de 90 g. Se utilizaron
en la composición tipos Times New Roman de 9,
10, 11 y 14 pts. El cuidado de la edición estuvo
a cargo de Jorge Ruedas de la Serna
y Ocelote/David Arrevillaga.

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->