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Tipologías textuales

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Tipologías textuales

En la lingüística del texto la preocupación por clasificar los textos –construir una tipologíadesempeñó un papel central desde su constitución. El tratamiento de los tipos de textos (tambiénclases de textos o géneros) ha tenido diferentes modos de abordaje; sintéticamente, uno exclusivamente teórico y otro empírico-deductivo. En primer término, la definición del tipo textual se vincula necesariamente con la respuesta a las cuestiones medulares de la teoría textual que se intenta construir: “qué es un texto”, “en qué consiste la coherencia textual, “cómo describir la estructura textual”. En la segunda perspectiva, dominante a partir de los años ochenta, el punto de partida es la descripción de ocurrencias textuales concretas y la pregunta central en qué campos o en qué niveles de la descripción lingüística hay que identificar los criterios diferenciadores. Las diferentes tipologías propuestas, basadas en la discusión de la naturaleza de los rasgos opositivos de los textos, reflejan los distintos paradigmas dominantes en la lingüística textual. Actualmente, predominan las propuestas de multiniveles, que analizan y tipifican textos a partir de una jerarquía de criterios funcionales, situacionales y estructurales (Klaus Brinker, 1988, ver aquí abajo); o que subrayan el carácter cognitivo de los tipos textuales: se trata de modelos que sostienen que son los hablantes los que poseen un conocimiento sobre los tipos de textos, adquirido a partir de sus experiencias comunicativas y sociales, que emplean en sus actividades de producción y comprensión; esos conocimientos se modelizan en tipologías que reflejan asignaciones de representaciones prototípicas en los distintos niveles o dimensiones de los textos (Heinemann & Viehweger, 1991; Heinemann y Heinemann, 2002). En el modelo de Brinker, el texto se concibe como una entidad compleja, que reúne distintos niveles de análisis; se trata de una sucesión limitada de signos lingüísticos, que es coherente en sí y que en tanto una totalidad señala una función comunicativa reconocible. En esta definición se presentan como relevantes los aspectos lingüístico-gramaticales y los funcionales; los primeros, se estudian a partir de las nociones de coherencia gramatical (los procedimientos de cohesión) y coherencia temática (tema textual y despliegue secuencial); los segundos, a partir de una reformulación de la teoría de los actos de habla, extendida al nivel del texto y de la inclusión de un complejo concepto de “situación”. Consecuentemente, la definición de clase textual (= género) incorpora esa complejidad: los géneros son desde la perspectiva lingüístico-analítica esquemas accionales complejos que reúnen aspectos situacionales, accionales (funcional-comunicativos) y estructurales. Por otra parte, los géneros son dependientes de la cultura y la historia particular, en tanto responden a necesidades sociales y comunicativas específicas; tienen realidad cognitiva, en la medida en que son conocidos y empleados por los hablantes para sus tareas comunicativas. Así, los conocimientos de los hablantes sobre los géneros actúan a manera de orientaciones generales, flexibles, para el actuar comunicativo. El punto de partida de esta propuesta –con fuerte ímpetu empírico y concentración en el texto en tanto “producto”- es la distinción básica de función y estructura lingüística. Desde el punto de vista estructural se consideran los niveles gramatical y temático, en los que son esenciales la coherencia gramatical, definida como conexiones sintácticosemánticas entre oraciones, y la coherencia temática (tema textual y complejos proposicionales, formas de despliegue temático). En cuanto al aspecto funcional-comunicativo, el enfoque se concentra en el carácter accional del texto, es decir, su significado en la relación comunicativa entre emisor y receptor: la categoría de análisis central es la de función textual, que se comprende como la intención comunicativa dominante del emisor, expresada con recursos convencionales en el texto. Además se contempla el aspecto situacional, que remite a los factores de la situación que influyen en la estructura del texto y que se categorizan en términos de forma comunicativa y ámbito de la acción; de ellas se desprende una serie de consecuencias para la modalidad de las interacciones –oralidad/escritura; monólogo/diálogo/comunicación grupos; simetría/asimetría de roles, etc.-. Los distintos niveles de los textos –funcional, situacional y estructural– se condicionan mutuamente, dando lugar a aquellas “combinaciones típicas de rasgos contextuales (situacionales), funcional-comunicativos y estructurales (gramaticales y temáticos)” (cfr. supra). La suma de rasgos y valores en los distintos niveles permite caracterizar tipológicamente un texto. Dentro de las distintas direcciones contemporáneas de la lingüística textual se destaca con nitidez el enfoque “cognitivo-comunicativo”, fuertemente influido por los trabajos de la psicología soviética centrados en el concepto de “actividad comunicativa” y su papel en las actividades prácticas e intelectuales (por ejemplo, Leontiev, 1984), y por los desarrollos vinculados con el procesamiento de textos, resultado del “giro cognitivo” en LT. Los textos son comprendidos como actividades comunicativas destinadas al logro de determinados objetivos; a diferencia de los enfoques pragmático-accionales, que parten de actos de habla individuales, los modelos fundados en el concepto de actividad toman como punto de partida la totalidad textual y su inclusión en marcos de actividades superiores. Por otra parte, tratan de dar cuenta del hecho de que los textos siempre son empleados en determinados contextos sociales y por tanto desempeñan funciones comunicativas pero también sociales. Desde el ángulo cognitivo, los textos en la comunicación no

son objetos estáticos sino que tienen como propiedad característica el carácter procesual. Un individuo que produce o comprende un texto pone en juego, a partir de un conjunto de esquemas de operaciones cognitivas, variados sistemas de conocimientos interrelacionados: conocimiento enciclopédico (conocimiento sobre el mundo), conocimiento lingüístico (léxico y gramática), conocimiento interaccional-situacional y conocimiento sobre clases de textos (Heinemann & Viehweger, 1991). En esta perspectiva, las clases de textos cristalizan un sistema de conocimientos que se adquiere a lo largo de la socialización y las experiencias comunicativas (Heinemann, 2000). En esta línea, se destaca la preocupación esencial por la realidad cognitiva de los géneros, por su adquisición, y por la vinculación esencial entre competencia genérica y experiencia cultural y social. El saber sobre géneros de los hablantes es multidimensional, en el sentido de que comprende cualidades prototípicas referidas a las distintas dimensiones de los textos, que pueden adquirir, además, distinta relevancia según el género; consecuentemente, las tipologías propuestas en este enfoque para la caracterización de géneros dan cuenta de esa multidimensionalidad. Por ejemplo, la tipología de Heinemann & Heinemann (2002) comprende los niveles de lafuncionalidad, la situacionalidad, tematicidad y estructura, y adecuación de la formulación. A continuación un esquema de los niveles con sus principales categorías distintivas:

Nivel 1. Funcionalidad o Funciones principales Expresarse Contactar Informar Dirigir Producir efectos estéticos Nivel 2. Situacionalidad o Situación de actividad o Organización social de las actividades en ámbitos comunicativos o Medio/canal o Número de interlocutores o Papeles sociales de los interactuantes o Situación contextual

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Nivel 3. Tematicidad y estructura o Impronta temática o Despliegues del tema textual (incluidos los esquemas de textualización) o Estructura del texto Nivel 4. Adecuación de la formulación o Máximas comunicativas o Esquemas de formulación específicos del género (rasgos léxicos y gramaticales) o Particularidades estilísticas

Así, la especificidad puntual de la clase textual es asequible en las distinciones categoriales de los niveles textuales y sus “valores” particulares en la forma de rasgos específicos. Las descripciones genéricas no deberían realizarse a partir de sucesiones aditivas de rasgos aislados, sino que sería deseable poder abarcar de manera sistemática los rasgos resultantes de los distintos niveles y su unión en haces como conjuntos complejos de rasgos característicos. Heinemann (2000) brinda el siguiente esquema sintetizador:

Actualmente se prefiere distinguir entre géneros (en tanto realizaciones textuales –textos concretos- con cualidades prototípicas en las distintas dimensiones) y esquemas textuales, concebidos como los conocimientos sobre géneros que poseen los hablantes; esta distinción permite alcanzar adecuación descriptiva y explicativa respectivamente. Por último, es preciso mencionar que toda actividad de tipologización depende del punto de vista adoptado. El analista puede seleccionar como punto de vista una dimensión particular de observación (la funcional, la lingüística, etc.) u optar por la visión global de las dimensiones, en desmedro de la profundidad del análisis. También los hablantes, en sus actividades comunicativas cotidianas, emplean, observan o juzgan los textos –como representantes de determinadas clases– de acuerdo con puntos de vista diversos. En relación con este punto, cabe mencionar la importancia que se da actualmente a la noción de parentesco genérico (también en lingüística funcional sistémica): un mismo texto puede asignarse eventualmente a dos o a varias clases de textos mayores. En el siguiente esquema, la clase “carta de lectores” es representante de la clase mayor “cartas” (que incluye otras subclases, como cartas de amor, cartas comerciales, etc.) pero también puede verse como un texto de la clase texto periodístico, en dependencia del punto de vista. Además, podría suponerse otra agrupación en una clase textual mayor, motivada en razones temáticas: por ejemplo “textos que tratan temas amorosos”:

Presentaciones de la problemática sobre las tipologías textuales en castellano pueden encontrarse en Guiomar Ciapuscio (1994;2005) y Óscar Loureda (2003).

La lingüística funcional sistémica
La lingüística funcional sistémica tiene sus orígenes en la tradición estructural-funcional europea; su referente fundamental es John R. Firth (ver Recorrido histórico). Ha sido desarrollada por Michael Halliday y luego expandida y reformulada por numerosos discípulos, que se distribuyen en distintos continentes: Australia, diferentes países europeos y más recientemente americanos. La LSF es una teoría lingüística cuyos componentes son una propuesta gramatical, lagramática funcional sistémica y una teoría del género y del contexto. La LSF es una teoría funcional porque está diseñada para dar cuenta de cómo seusa el lenguaje; este, a su vez, es funcional en tres sentidos distintos aunque estrechamente relacionados: en su interpretación de los textos, del sistema, y de los elementos de las estructuras lingüísticas. La lengua es un recurso para crear significados a través de sucesivas elecciones; En una dimensión más amplia, la idea de elección reaparece en la elaboración del concepto de registro, variedad lingüística condicionada por la situación o la actividad. La relación entre lenguaje y contexto es de interacción probabilística: los textos “realizan” una cantidad finita y determinada de dimensiones contextuales y, a su vez, los textos permiten identificar y reconstruir las condiciones contextuales. El énfasis en la idea de opciónopone la teoría –caracterizada por Halliday como paradigmática- a los modelos formales o sintagmáticos, que interpretan las lenguas como listas de estructuras. La lengua se concibe como un sistema de estratos, que se ilustran como un sistema de capas sucesivas inclusivas, a saber: la fonología/grafología, la léxico-gramática, la semántica, el contexto de situación, el contexto de cultura y por último, como capa mayor, la ideología. Cada estrato es una red de sistemas en el que operan las funciones semánticas fundamentales: la experiencial, la interpersonal y la textual. El corazón de la gramática es el sistema de transitividad, que es el recurso para la interpretación y representación de la experiencia en forma de configuraciones de procesos, participantes y circunstancias. Como en todo enfoque funcionalista, los aspectos sociales y culturales son estratos explicativos de la teoría: el contexto de situación, conformado por las variables de campo (contenido experiencial), tenor (relación

entre los participantes) y modo (el papel de la lengua en la comunicación), y el contexto cultural con su potencial semiótico. La versión clásica de la gramática funcional sistémica se encuentra en el libro de Michael Halliday (1994), en el que se incluyen además capítulos dedicados a la cohesión y a la metáfora gramatical; también conviene consultarSuzanne Eggins (1994), Christian Matthiessen (1995), James Martin,Christian Matthiessen y Clare Painter (1997). El libro Cohesión en inglés(1976), de Michael Halliday y Ruqaiya Hasan, tuvo un alto impacto en la orientación textualista de la LSF; el texto es, de acuerdo con esta posición, un objeto semántico, cuyas ligazones son los mecanismos cohesivos, que le otorgan textura. En los años recientes se han producido importantes desarrollos en la teoría del registro, los géneros, la teoría de la valoración (appraisal), con aplicaciones relevantes en marcos de enseñanza del inglés como lengua materna y como lengua extranjera. Sobre esos temas trabajan en la actualidad investigadores de la Escuela de Sydney (Australia) y de Gran Bretaña (por ejemplo: Martin y Rose, 2003; Martin y White, 2005; una presentación en castellano de la teoría del género y del registro ofrecen Eggins y Martin, 2000); otra línea de trabajo relevante es la que se dedica a las particularidades de la lengua científica (Halliday y Martin, 1993, Martin y Veel, 1998). Existen todavía pocos estudios para la lengua española, aunque se percibe una influencia creciente de esta teoría en España, Brasil, Chile y Argentina. Se pueden consultar distintos trabajos en español en larevista Signos de la Universidad Católica de Valparaíso, la RAL – Revista Argentina de Lingüística–, número 11-15, 1995-1999, y la RASAL, número 2, 2004 y 1, 2005).

La gramática generativa (Chomsky)
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Estructuras sintácticas
Uno de los lingüistas más famosos, renovadores e influyentes del siglo XX es, indudablemente, Noam Chomsky (n. en 1928), conocido también por sus escritos sobre política, historia y economía. Estudiante brillante en la Universidad de Pennsylvania, se doctoró en 1955 (el mismo año en que se incorporó al Massachussetts Institute of Technology, MIT), con la dirección del lingüista estructuralista Zellig Harris. Su tesis doctoral (La estructura lógica de la teoría lingüística [The Logical Structure of Linguistic Theory]) no se publicó hasta los años 70, pero, dos años después, publicó un extracto que literalmente revolucionó la teoría lingüística: Estructuras sintácticas [Syntactic Structures] (1957). Dentro de las ideas más influyentes de Estructuras sintácticas cabe mencionar lo que se llamó luego problema lógico de la adquisición del lenguaje o problema de Platón. El planteo es que hay un conocimiento específico acerca de la propia lengua, que no es manejada por una “inteligencia general” y que no “se aprende”, en la medida que la producción e interpretación de oraciones requieren un número de operaciones formales complejísimas que es implausible que los niños adquieran por “instrucción explícita” de sus mayores. Nadie le enseña a un niño cómo mover el verbo a la posición adecuada en el caso de una pregunta, razona Chomsky: así, la pregunta ¿Dónde está Juan? parece derivarse de la oración afirmativa Juan está en X reemplazando el circunstancial por un pronombre interrogativo y moviendo el verbo a la segunda posición. Las oraciones agramaticales *¿Dónde Juan está? o *¿Dónde está Juan en casa? sugieren que un niño de un año y medio (que ya puede producir preguntas) tiene que tener un conocimiento intuitivo de nociones tales como circunstancial o verbo, sobre las que, evidentemente, nadie lo ha instruido. Crucialmente, los casos con sujetos o verbos complejos indican que, además, tiene que manejar las nociones de sintagma, de subordinación y de perífrasis, para producir sin errores preguntas como ¿Dónde está el chico?, ¿Dónde está el chico que invitaste ayer?, ¿Dónde ha ido Juan? A partir de ejemplos como estos, Chomsky infiere que debe existir un conocimiento formal, previo a la experiencia, que permita que el niño maneje todas esas nociones con suma rapidez y sin instrucción explícita. De este modo, se opone a las visiones de la mente como una tabula rasa, que son típicas de las visiones conductistas del lenguaje (véase Bloomfield, por ejemplo) y de las visiones extremas de que el lenguaje determina el pensamiento, que no tendría previamente ninguna categoría (véase Whorf, por ejemplo).

Otra propiedad del lenguaje que Chomsky señala se expresa en el llamadoproblema de Descartes, que destaca el hecho de que, a partir de un conjunto finito de unidades y de reglas, un hablante puede generar infinitas oraciones gramaticales y, por lo tanto, interpretables para los oyentes (independientemente de que las hayan escuchado antes o no). De esta idea se deriva uno de los nombres habituales de la perspectiva teórica desarrollada por Chomsky, gramática generativa o generativismo. En cuanto al modelo en sí, Chomsky propone que existen transformaciones, esto es, operaciones de movimiento, borrado, agregado o permutación de material que permiten captar las conexiones entre oraciones emparentadas (como la que señalamos anteriormente para una pregunta y su correspondiente oración asertiva). De esta noción de transformación de una estructura en otra se deriva otro de los nombres que ha recibido la corriente teórica encabezada por Chomsky (lingüística transformacional). Otros pares de oraciones relacionadas entre sí que, para Chomsky, pueden ser explicados por medio de transformaciones son las oraciones marcadas por la polaridad afirmativa/negativa (por ejemplo, la serie Juan fue al cine / Juan no fue al cine / Juan sí fue al cine) o el contraste entre la voz activa y la pasiva (Juan destruyó los diques / Los diques fueron destruidos por Juan). Por su parte, también la morfología verbal (por ejemplo, la concordancia entre verbo y sujeto) es introducida por medio de transformaciones. Nótese que, mientras algunas transformaciones son obligatorias (la concordancia de verbo y sujeto, por ejemplo), otras son optativas (la pasiva o la negación). n Estructuras sintácticas, las transformaciones están ordenadas entre sí rígidamente, con el fin de explicar ciertos fenómenos empíricos de la morfosintaxis del inglés. Por dar un ejemplo del español, la transformación de pasiva (la regla número 12) debería preceder necesariamente al agregado de morfología que surge de la concordancia del verbo con el sujeto (regla número 15), como puede observarse en el par de oraciones precedentes (i.e., Juan destruyó los diques / Los diques fueron destruidos por Juan). Otro término introducido en Estructuras sintácticas es el de gramaticalidad, que se refiere a las intuiciones de los hablantes frente a construcciones de su lengua materna. Chomsky diferencia los problemas de gramaticalidad de los problemas de significado que pueden surgir por factores extragramaticales, que no afectan la estructura (ni, por lo tanto, la interpretabilidad) de una oración. Para Chomsky, la noción de gramatical no equivale a ‘significativa’ o ‘con significado’: una oración como Las ideas verdes incoloras duermen furiosamente [en inglés, Colorless green ideas sleep furiously], aunque presente diversas clases de incongruencia semántica, está bien formada desde el punto de vista sintáctico y, por lo tanto, puede recibir alguna interpretación.

Aspectos de la teoría de la sintaxis
El segundo libro de Chomsky, que retoma y refina Estructuras sintácticas, esAspectos de la teoría de la sintaxis [Aspects of the theory of syntax] (1965). Dentro de los conceptos allí desarrollados, aparecen varios que se consideran representativos de toda la gramática generativa. Así sucede con la dicotomía actuación [performance] vs. competencia[competence], que para Chomsky permite distinguir la conducta lingüística real y observable (actuación) en contraste con el sistema interno de conocimiento que subyace a ella (competencia). Chomsky asume explícitamente que la competencia es una facultad idealizada, que resulta de abstraer los juicios de un hablante/ oyente ideal de una comunidad lingüística completamente homogénea, al que no lo afectan condiciones irrelevantes para la gramática como limitaciones de memoria, distracciones, errores, etc. (Chomsky, 1965, p. 3). En ese sentido, Chomsky separa la competencia, que es una capacidad idealizada (mental o psicológica), de la producción real de enunciados, que es la actuación. La dicotomía recuerda a la distinción entre lengua y habla de Saussure, como el mismo Chomsky nota (1965, p. 4). Ambos pares de conceptos pretenden extraer de la masa de hechos del lenguaje una entidad sistemática, que pueda servir como objeto de estudio legítimo de la lingüística (la lengua, para Saussure; la competencia para Chomsky), a la que diferencian de otros fenómenos ligados con el lenguaje que

son heterogéneos y difíciles de sistematizar (el habla y la actuación, respectivamente). Sin embargo, mientras que para Chomsky la competencia es el conjunto de reglas subyacentes a las infinitas oraciones de una lengua, para Saussure la lengua coincide prácticamente con el léxico, en tanto inventario “sistemático” de ítems. Por otra parte, recuérdese que Chomsky rechaza las ideas de que la comunicación sea una función inherente del lenguaje y de que la lengua deba ser estudiada en el contexto de las interacciones humanas, dos premisas asumidas por la lingüística estructural. A partir de la dicotomía competencia/actuación, Chomsky plantea en Aspectos... la oposición entre la gramaticalidad y la aceptabilidad de las oraciones. Mientras que la gramaticalidad de una oración se refiere a propiedades que atañen a la competencia, esto es, si la oración está o no formada de acuerdo con las reglas que forman parte del conocimiento internalizado de los hablantes, la aceptabilidad, en cambio, tiene que ver con factores ligados a la actuación, que incluyen desde la normalidad semántica y pragmática hasta la complejidad oracional. También sobre la base de la oposición entre competencia y actuación, Chomsky plantea en Aspectos... la diferencia entre una gramática explicativamente adecuada (que da cuenta de la competencia, esto es, del conocimiento interno del hablante acerca de su lengua) en oposición a una gramática descriptivamente adecuada (que se limita a observar los hechos o la conducta sin dar cuenta del sistema de reglas subyacente). La otra modificación importante que agrega Aspectos de la teoría de la sintaxis al modelo de Estructuras sintácticas es el papel que juega el léxico. En Aspectos... el léxico está distinguido claramente del componente transformacional (cosa que no sucedía en Estructuras sintácticas, lo cual permitía la generación indeseable de oraciones agramaticales). Así, el léxico reúne toda la información idiosincrásica (fonológica, sintáctica y semántica) que los hablantes conocen sobre los ítems léxicos. Especialmente relevante es la incorporación de la noción de subcategorización, que especifica qué tipo de selección tienen los verbos: por ejemplo, destruir se inserta en un contexto [__ SN]; creer, en [__O]. La existencia de la subcategorización en las entradas léxicas explica la agramaticalidad de oraciones comoJuan ríe María, que Estructuras sintácticas permitía. A partir de esa propuesta de Chomsky, se empezó a discutir desde mediados de los años 60 cuál es la naturaleza de la subcategorización, esto es, si debe plantearse en términos sintácticos (como los anteriores, en los que se especifican las características sintácticas del complemento) o en términos semánticos (por ejemplo, por medio de roles temáticos: destruir selecciona un agente que lleva a cabo la acción y un tema, que es la entidad pasivamente involucrada) o si la selección es doble (sintáctica y semántica). Con la determinación del lugar del léxico en el modelo, en Aspectos... se termina de diseñar la oposición entre estructura profunda y estructura superficial de una oración, que ya estaba implícita en la noción de transformación de Estructuras sintácticas. La estructura profunda se deriva más o menos directamente de las propiedades de los ítems léxicos, mientras que la estructura superficial se crea una vez que se aplican las operaciones sintácticas correspondientes al componente transformacional.

Década del 70
Dentro de la gramática generativa, los años que siguieron a Aspectos de la teoría de la sintaxis estuvieron marcados por la discusión acerca de qué oraciones pueden correlacionarse formalmente entre sí por medio de una transformación (i.e., qué oraciones pueden derivarse una de la otra) y qué fenómenos deben ser considerados independientes desde el punto de vista sintáctico, aunque haya entre ellas una sensación de “parentesco” semántico o formal. Un texto fundamental en ese camino es “Observaciones sobre la nominalización” [Remarks on nominalization] (1970), a partir del cual la gramática generativa retoma la oposición de Bloomfield entre la morfología y la sintaxis como componentes diferentes de la gramática que dan cuenta de la formación de distinto tipo de unidades complejas. Chomsky distingue, dentro de las diversas clases de palabras con categoría nominal que aparecen ligadas a un verbo (gerundios y

“verdaderas” nominalizaciones), aquellas relaciones que son sistemáticas, regulares y predecibles (y deben, pues, ser captadas por transformaciones sintácticas) de aquellas relaciones impredecibles que deben expresarse por medio de reglas léxicas o morfológicas. Paralelamente, “Observaciones sobre la nominalización” puede leerse también como un largo argumento en contra de los autores enrolados en la semántica generativa (como George Lakoff, Paul Postal, John Ross), que constituyeron el primer desprendimiento de la gramática generativa en los últimos años de la década del 60 y los primeros del 70. Los semánticos generativos trataban de explicar por medio de transformaciones ciertas relaciones semánticas que no están expresadas formalmente en la gramática (por ejemplo, las que vinculan en español los verbos morir y matar – entendido como ‘causar que otro muera’); por el contrario, Chomsky intentó demostrar que esas relaciones no pueden ser resultado de operaciones sintácticas sino que deben ser expresadas por medio de reglas de otra naturaleza (léxicas o semánticas). En síntesis, en los primeros textos de Chomsky aparecen ya los puntos centrales de la gramática generativa, que se mantienen hoy en día. Entre ellos, cabe mencionar la postulación de la existencia de un conocimiento innato/ universal del lenguaje, que ha llevado a rediseñar la teoría de la adquisición (y ha influido directamente en el enorme desarrollo de la psicolingüística y de la neurolingüística de los últimos años); la preeminencia otorgada al componente sintáctico como locus de las propiedades universales del lenguaje; el interés en el aspecto creativo o generativo del lenguaje humano, asociado con la recursividad como propiedad fundamental, y, por último, los supuestos de que existen unidades intermedias entre las palabras y las oraciones (frases o sintagmas) y de que la estructura fonológica de una oración no coincide necesariamente con su estructura semántica (i.e., hay operaciones de desplazamiento y elipsis que llevan a una falta de correspondencia entre sonido y significado). Como premisa epistemológica, Chomsky ha planteado la idea de que la lingüística no debe ser una ciencia simplemente clasificatoria o descriptiva, sino explicativa y, por lo tanto, debe buscar las leyes o reglas que rigen subyacentemente la conducta lingüística. Estructuras sintácticas y Aspectos..., que dieron lugar a la llamada Teoría Estándar Extendida que se desarrolla a lo largo de la década del 70, pretendían servir como primer paso en la explicación de la capacidad humana del lenguaje; sin embargo, el modelo sintáctico planteado carecía de universalidad. Así, por ejemplo, ciertas transformaciones, como la regla de inserción del verbo auxiliar do [hacer], hacían referencia a fenómenos particulares del inglés, sin ningún alcance universal. Recién en los 80, con la teoría de Principios & Parámetros, reformulada luego como el Programa Minimalista, se planteará un modelo capaz de reflejar de un modo adecuado y sistemático no sólo las características universales del lenguaje sino también las propiedades particulares de las lenguas.

Lecturas básicas
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Chomsky, Noam (1955), The Logical Structure of Linguistic Theory, tesis doctoral, University of Pennsylvania (publicada en Chicago: Chicago University Press, 1975). Chomsky, Noam (1957), Syntactic Structures, The Hague, Mouton. Editado en español como: Estructuras sintácticas, Madrid, Aguilar, 1971. Chomsky, Noam (1965), Aspects of the theory of syntax, Cambridge, MIT Press. Editado en español como: Aspectos de la teoría de la sintaxis, Madrid, Aguilar, 1970. Chomsky, Noam (1970), “Remarks on nominalization”, en Jacobs, R. A. & P. S. Rosenbaum (eds.) Readings in English Transformational Grammar, Cambridge, Waltham. Editado en español como: “Observaciones sobre la nominalización”, en: Sánchez de Zavala, V. (comp.), Semántica y sintaxis en lingüística transformatoria I. Madrid: Alianza, 1974, 133–187.

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