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Huélum o Cómo pasar matemáticas sin problema

Huélum o Cómo pasar matemáticas sin problema

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11/23/2013

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Alejandro Licona

PERSONAJES:

PRESENTADOR

AGARRO A HACHAZOS A LA CASQUIVANA SEÑORA TRABAJADORA SOCIAL

LA TAMALERA DIABÓLICA BONIFAZ LIGORIA RAMIRO CLIENTE AMELIA INVESTIGADOR SECRETARIO

CON SAÑA INAUDITA CARMEN ANCIANA

CRIMEN INTERMEDIO VIEJITA I VIEJITA 2

EL ESTRANGULADOR DE LA NATIVITAS JORGE CUQUITA

HORRENDO CRIMEN PASIONAL ROSENDO RODRIGO

La acción se desarrolla en la Ciudad de México en la época actual.

(Foro vacío. Entra el Presentador muy arreglado, de traje y corbata con un periódico amarillista en la mano. Se planta en el Centro y abre el periódico brevemente.)

PRESENTADOR: (Denegando.) ¿Han visto que porquería? No es posible que dejen circular cosas así. (Leyendo.) "Matanza de Maricones". "Violó a su hija de dos años" y fotos. Cadáveres ensangrentados, putrefactos. Niñas señalando a sus atacantes. (Suspirando.) Y lo que es peor. El éxito que tienen. Ya varias veces han desaparecido a este tipo de publicaciones, después de una intensa campaña. Pero vuelven, nomas cambian de nombre. Antes era El Alarma, ahora es El Arma. El mismo formato, el mismo color, todo. Hasta la vulgaridad. Escándalo. Alerta. Valle de Lagrimas. Toda una mercadotecnia del horror- del morbo. Pero antes de continuar quiero dejar claro que no estoy en contra de las secciones policiacas. No. Sino del amarillismo. La nota roja es tan digna como un editorial, es más. Es la verdadera sección de sociales de nuestro país. Barómetro de nuestra sociedad. ¿Que han aumentado los asaltos? Por supuesto, la crisis. Lo uno es consecuencia del otro. Lo lamentable para todos aquellos que conocemos desde hace tiempo la nota roja, es que al leer las crónicas actuales nos queda la sensación que los crímenes ya no son como los de antes. Lo cual es mentira –claro-. La diferencia estriba en la redacción de la noticia. Las cabezas. En el arte perdido de horrorizar y divertir sin caer en la vulgaridad. La fascinación por el crimen -la muerte- que ha trascendido a otros medios como es la música...

(Entra música. De preferencia en vivo. Guitarra o piano.)

PRESENTADOR: (Cantando.)

Se notició Que ha sucedido un crimen en el expreso que direito va a Torreón.

Se victimó a una estrella de cine que era villano en las películas de aición.

Muerto quedo de ochenta puñaladas que algún fulano sin permiso se las dio.

El infeliz se defendió a patadas tan delicado nomas de eso se murió... (Sigue el corrido hasta el final.)

PRESENTADOR: Hoy les presentaremos algunos casos que en su época causaron conmoción, como aquel asesinato cometido por celos. Probablemente recuerdan la cabeza de la nota: "Agarró a Hachazos a la Casquivana". El escenario es un departamento modesto, muy clase media en la ciudad de México. Son las diez de la mañana...

(El presentador se va.)

AGARRO A HACHAZOS A LA CASQUIVANA

(Sala en casa. Se escuchan toquidos. Acude a abrir una señora. En la puerta aparece una mujer de traje sastre con una carpeta Y una bolsa que parece contener algo muy pesado.)

SEÑORA: ¿Si? ¿Dígame usted?

TRABAJADORA: Buenos días. ¿La señora de Rodríguez?

SEÑORA: Para servirle. Buenos días.

(La trabajadora mira con atención a la señora y la coteja con una foto.)

TRABAJADORA: ¿Su esposo es Ausencio Rodríguez?

SEÑORA: Si.

TRABAJADORA: Vengo de parte de Peñoles, la empresa donde trabaja su marido, para hacerle un estudio social.

SEÑORA: Ay. Si. Pásele por favor. Disculpe el tiradero. De haber sabido.

TRABAJADORA: No se preocupe. (Viendo en derredor.) Tiene una Casa muy bonita. Señora. La felicito.

SEÑORA: Gracias. Muy a la orden.

TRABAJADORA: (Con sonrisa forzada.) Muy amable. (Por una T.V.) Es de colores ¿Verdad?

SEÑORA: Si

TRABAJADORA: Suerte que tiene usted. Habemos mujeres que ni a eso llegamos. Que envidia.

SEÑORA: ¿Gusta tomar un café?

TRABAJADORA: No se moleste. Va a ser rápido. (Sentándose.) Linda la sala. Nueva ¿verdad?

SEÑORA: (Haciendo un mohín de modestia.) Y. ¿de qué es el estudio?

TRABAJADORA: Verá. La empresa está interesada en el bienestar de todos sus empleados. Muchas veces se otorgan aumentos que no van de acuerdo con sus necesidades. Como podría ser el caso de su señor. Yo hago un estudio y recomiendo un aumento mus cercano a la realidad.

SEÑORA: Caray, que bien. Pues usted dirá.

TRABAJADORA: (Tomando nota.) Su nombre es Helena ¿verdad?

SEÑORA: No. Ana Laura. Ana Laura Guerra de Rodríguez

TRABAJADORA: (Asintiendo.) De Rodríguez, por supuesto. ¿Hace mucho... que están casados?

SEÑORA: No. hasta eso. Cuatro anos.

TRABAJADORA: (Repitiendo fulminada.) ¡Cuatro años!

SEÑORA: Bueno, los cumplimos hasta mayo.

TRABAJADORA: (Alteradísima.) Cuatro anos... (Sonriendo forzada.) Casada por la iglesia y por el civil, supongo.

SEÑORA: (Titubeando.) ¿Eso afectaría el estudio?

TRABAJADORA: ¿El qué? ¿El no estar casada? No. No se apure. Viera que pasa seguido.

SEÑORA: Fue por mutuo acuerdo. Ninguno de los dos quisimos.

TRABAJADORA: Muy moderno. Sin compromisos.

SEÑORA: Algo así.

TRABAJADORA: Lo que nos interesa saber es cómo viven. (Viendo en derredor.) Y se ve que muy Bien. Todo es nuevo. ¿Que' usted también trabaja?

SEÑORA: Uy no. Ya tiene rato. No quiso que yo siguiera.

TRABAJADORA: ¡Claro! Cómo va a trabajar la mujer. Otras que se frieguen porque no les alcanza. Usted no tiene de todo. Se lo merece.

SEÑORA: (Sonriendo.) Gracias. Pero trabajo aquí en mi hogar.

TRABAJADORA: Si. Su hogar. ¿Y cómo es él?

SEÑORA: Pues... cariñoso. Hogareño. Seguido me ayuda con la casa. Le encanta lavar trastes.

TRABAJADORA: ¿Le encanta lavar trastes? ¿A él? ¡Pero no es posible! Quien lo viera.

SEÑORA: Digo, habrá hombres que no les guste, pero a él sí.

TRABAJADORA: (Cada vez más alterada.) ¿Y qué más?

SEÑORA: ¿Que más puedo decirle?

TRABAJADORA: (Apretando los dientes.) En la cama...

SEÑORA: ¿Eso es parte del estudio?

TRABAJADORA: Es confidencial. Para saber de la armonía conyugal.

SEÑORA: (Ruborizada.) Ay, señora. Pues mis respetos. Cuando viene, porque ha de saber que seguido Io envía la compañía a las unidades, me deja hecha un trapo. Que bárbaro. Yo creo que ni un jovencito de 15 anos.

TRABAJADORA: 0 sea que no se queja de que viene cansadísimo del viaje, que le dude la cabeza. Porque hay maridos que son así.

SEÑORA: No. Mi Chencho no.

TRABAJADORA: ¿Chencho? ¿Le dice Chencho? Si a él le revienta que le digan así.

SEÑORA: No. para nada.

TRABAJADORA: Como no. A cada rato me lo dice. Mi nombre es Ausencio.

SEÑORA: Bueno, a usted. Hay diferencia.

TRABAJADORA: Claro que la hay, señora. Por supuesto.

SEÑORA: ¿Y si ira a tener otro aumento aunque le acaben de dar uno?

TRABAJADORA: (Entre furiosa y alarmada.) ¿Le acaban de aumentar?

SEÑORA: Bueno, no hace poco. Sera un mes.

TRABAJADORA: (Controlándose.) ¿No sabe de cuanto fue el aumento?

SEÑORA: (Tratando de recordar.) Me dijo. ¿Cuanto? 40 por ciento, creo.

TRABAJADORA: (A punto de estallar.) ¡Pero que tipo! ¡El 40! ¿Pero es que no hay justicia en este mundo?

SEÑORA: (Preocupada.) ¿No se lo van a dar entonces? Ay, no estoy segura, señora. A la mejor fue menos. No me haga caso.

TRABAJADORA: Lo que haya sido. (Siniestra.) No importa. Yo me encargo de darle su aumento. Eso júrelo.

SEÑORA: (Con el rostro iluminado.)¿De veras? No sabe como se lo voy a agradecer.

TRABAJADORA: No me agradezca nada y dígame, ¿qué piensa de los maridos que engañan a sus esposas?

(La señora no contesta de inmediato. Su rostro se entristece por unos momentos, sonríe de nuevo pero sin convicción.)

SEÑORA: ¿Por qué me pregunta eso?

TRABAJADORA: Es parte... del estudio. Dígame. Quiero saber que piensa.

SEÑORA: Pues... ¿Qué puedo decirle? Hay gente así.

TRABAJADORA: Si. ¿Pero qué opina? ¿Está bien? ¿Está mal? ¿Qué?

SEÑORA: Mal, ¿no? Eso no se hace.

TRABAJADORA: (Mirándola fijamente.) ¿Usted piensa que su marido le es fiel? ¿Que no la engaña?

SEÑORA: (Tras pausa. Sin convicción.) No... El no.

TRABAJADORA: ¿Está segura? ¿No recibe llamadas y cuando usted contesta le cuelgan? Y cuando él responde, solo dice no, si, aja. (Con insidia.) ¿No le ha encontrado cabellos en su saco?

SEÑORA: Pero son de perro. Eso me dice.

TRABAJADORA: ¿Qué clase de perro los tiene tan largos... y pelirrojos?

SEÑORA: ¿Como sabe que son pelirrojos?

TRABAJADORA: Antes de venir aquí pasé al escritorio de Ausencio y tome una foto. Pensé que era de usted.

SEÑORA: ¿Qué foto?

TRABAJADORA: Esta, hasta dedicada está. Mírela "Para Ausencio. que colma todas mis...

SEÑORA: (Acabando de leer. Alterada.) ...Ilusiones. Ardientemente tuya. "Helena". No significa nada. Con suerte y es solo una aventura.

TRABAJADORA: ¿De veras lo cree? Ausencio hace un año solicitó un préstamo a la compañía para comprar un departamento. ¿Sera este? digo la dirección es casi la misma. Mire, edificio K departamento 302.

SEÑORA: Este es A departamento 105 y lo compró hace cuatro años.

TRABAJADORA: (Sonriente.) No puede ser aventura si hasta casa le puso ya. Mala serial cuando el dinero empieza a escasear. “Es que debo, no me pagan” Las ausencias son cada vez más largas. La indiferencia cuando llega, el mal humor que oculta la culpa. ¿Qué más evidencias quiere?

SEÑORA: No puedo creerlo. El... viviendo con Helena.

TRABAJADORA: Imagíneselos juntos, gozando. ¡Tú si eres mujer!, Contigo es lo máximo. Besándose, riéndose, haciendo planes para el futuro y gastando a manos llenas lo que a usted le corresponde por sobarse el lomo lavando su ropa. Por darle de comer, por tener limpia su Casa.

SEÑORA: (Furiosa.) Desgraciado.

TRABAJADORA: ¡Eso es traición! ¡Engaño! Los dos se están riendo en su propia Cara, se burlan. Ahí está la idiota. ¡Mírenla!

SEÑORA: ¡Y todavía tiene el descaro de llegar oliendo a su per fume! ¡Eso no lo soporto! ¡Huele horrible! ¡Todavía fuera fino!

TRABAJADORA: Deje eso. El olor del jabón. El pelo húmedo todavía.

SEÑORA: ¡Y en la misma unidad! ¡Cínicos, desgraciados! ¡Hijos de la chingada!

TRABAJADORA: ¡Eso! ¡No deje que se burlen de usted! (Saca un hacha que llevaba en la bolsa. Con un pañuelo le limpia las huellas del mango.) Enséñelos a engañar. Deles un susto, una lección. Yo se que Ausencio esta aquí en la Ciudad. De seguro le dijo que lo iban a mandar fuera. Ahorita es la hora. Los puede hasta agarrar juntos. A ver con qué cara lo niegan. (Le entrega el hacha.)

SEÑORA: iCabrones! ¡Infelices!

TRABAJADORA: ¡Y pensar que llevan años de conocerse! ¡Y una ahí de mensa, como perro fiel, como sirvienta, mientras la otra se lleva la mejor parte! ¡Vive mejor!

(La señora lanza un grito y sale empuñando el hacha.)

TRABAJADORA: (Gritándole.) ¡Recuerde! ¡Edificio K. departamento 302! (Recuperándose.) Ay. Edelmira. Te ibas a comprometer. Es increíble lo que hacen los celos. Como pude haber pensado en el crimen. (Se santigua.) Ay eso no. Una tiene educación, criterio. Total, yo así acepte a mi marido. (La trabajadora se queda pensativa.)

TRABAJADORA: Lo que no recuerdo es si le saque filo o no. (Se encoge de hombros.) Ahí después lo leo en los periódicos.

(La trabajadora sale. A lo lejos se escuchan gritos.)

(Entra el presentador. Música. Canta.) PRESENTADOR: Oíd la historia que contóme un día el viejo enterrador de la comarca. Era un amante al que por suerte impía su dulce bien le arrebató la parca.

Todas las noches iba al cementerio a visitar la tumba de su hermosa, la gente murmuraba con misterio ¡Es un muerto escapado de la fosa!

En una horrenda noche hizo pedazos el mármol de la tumba abandonada, cavó la tierra y se llevo en los brazos el rígido esqueleto de su amada.

Y allá en la triste habitación sombría de un cirio fúnebre a la llama incierta sentó a su lado la osamenta fría ¡Y celebró sus bodas con la muerta!

Ató con cintas los desnudos huesos el yerto cráneo coronó de flores la horrible boca le cubrió de besos y le contó sonriendo sus amores.

Llevó a la novia al tálamo mullido se acostó junto a ella enamorado y para siempre se quedó dormido al esqueleto rígido abrazado...

PRESENTADOR: Amor y odio. Odio y amor. La línea que separa a estas pasiones es tan tenue que fácilmente se confunden la una con la otra. ¿Cuántos crímenes no se han cometido por estos sentimientos? ¿Fue odio o amor lo que impulsó a Ligoria Pastrana a cometer su horrendo crimen? ¿Fue justo que la bautizaran como la Tamalera Diabólica? La acción se desarrolla en una modesta accesoria de la Colonia Obrera. En estos momentos am amanece.

(El presentador se va.)

LA TAMALERA DIABÓLICA

(Trastienda de alguna accesoria. Amanece. Hay un catre en el cual está una persona completamente tapada con una cobija. Poco después entra Bonifaz.)

BONIFAZ: (viendo el cuerpo. Deniega.) Ay. Ligoria. Está bien que quieras prosperar pero se me hace que luego exageras. Digo, matarse tanto por el negocio. Si, va muy bien. Pero una cosa es trabajar para vivir y otra vivir para trabajar y tú la verdad luego ni duermes. De noche guisando y amasando y de día vendiendo. Cierto, yo ayudo. No como yo quisiera pero ya mero me jubilo y entonces sí, todo el día contigo. (Con remordimiento.) Te he tenido tan abandonado. Ay. Si hubiera estudiado algo no habría terminado de velador. ¿Pero quién sabe lo que, le va a pasar en la vida? Yo creo que nadie. (Sonriente.) Y tú tan buena conmigo. Ni un reproche. Bueno, un poco al principio. Quizás si me hubiera dedicado al negocio hace años cuando me dijiste, estaríamos ahora mejor... Es que hay que tener alga seguro mi amor. Y en la chamba pues está el aguinaldo. El seguro social. Cosas. Ya mero hijita. Tres meses más y todo se acaba. Pobrecita. Has de estar rendida.

(Bonifaz se acerca pares darle un beso a su esposa. Se horroriza al descubrir que no es ella sino el cadáver de un hombre, el que yace en el catre. En ese momento entra Ligoria con un costal de herramienta: segueta, serrucho martillo. etc.)

LIGORIA: (Besándolo.) Ay, cariño. Que bueno que ya llegaste, ¿Cómo te fue?

BONIFAZ: (Alterado.) ¿Qué es esto?, ¿Qué hace este hombre aquí?

LIGORIA: (Suspirando con tristeza.) Ah. Ramiro. Pues Ramiro.

BONIFAZ: ¿Ramiro?

LIGORIA: Si. Ramiro el carnicero. No me digas que no lo conocías. Tú luego ibas a recoger la carne a su puesto.

BONIFAZ: ¿Pero que hace aquí? Muerto.

LIGORIA: Se puso pesado. Mira me pegó. Dijo de cosas. Tuve que matarlo.

BONIFAZ: ¿Por qué? ¿Qué hacia aquí?

LIGORIA: (Soltando un suspiro de impaciencia.) Ay. Bonifaz. No me salgas ahora con que no sabias. Andábamos. Hasta su esposa lo sabía. Todo mundo. Si nunca te lo dije directamente fue... por no mortificarte. Tu tan bueno. Pensé que me dabas chance. ¿De veras no sabias?

BONIFAZ: (Deshecho.) Ay. Ligoria. Que cosas dices.

LIGORIA: Ya lo pasado, pasado. Que ganas con ponerte así. Tú también andabas con alguien. ¿no?

BONIFAZ: Yo jamás. Ligoria. Como crees.

LIGORIA: (Sonriente. Juguetona.) Ay. Como no. Dejarías de ser hombre. Yo comprendo que no quieras decirme. Siempre has sido muy penoso. Además. ¿cuándo te he hecho una escena de celos?

BONIFAZ: No. nunca.

LIGORIA: ¿Ves? Porque te quiero. Una cosa es el matrimonio y otra... darle gusto al cuerpo. ¿SI? ¿Estás de acuerdo?

BONIFAZ: Ligoria.

LIGORIA: Si. mi amor. Anda. Ven. ayúdame.

BONIFAZ: ¿A qué?

LiGORIA: A deshacerme del cuerpo. No pretenderás que se que quede aquí toda la vida. Ahí dentro hay seguetas y cuchillos. Sácalos.

BONIFAZ: (Desconcertado.) ¿Para qué?

LIGORIA: (Impaciente.) Bonifaz, cariño. ¿Es que no piensas? ¿Cómo puedes deshacerte de un cuerpo? ¿Enterrarlo? ¿Dónde? Aquí no se puede y mas con los vecinos que tenemos de chismosos. Imagínate además el terregal, volver a poner el mosaico. Nos saldría carísimo. ¿Irlo a tirar a un lote baldío o al canal? No tenemos en que. Ni modo de tomar un taxi. Lo mejor es hacerlo cachos para irlos tirando luego en las alcantarillas. Eso sí. bien envueltos. ¿No es lo mejor?

BONIFAZ: Pero cortar un cuerpo...

LIGORIA: ¿Sabes que me molesta de ti? Y te lo he dicho muchas veces. Que no tienes huevos para hacer las cosas. Preferiste una pinche chamba a ayudarme en mi negocio. No quisiste comprar el terreno aquel que porque lo mejor era ahorrar. ¿Y que tenemos? Nada. Lo de Ramiro ya lo sabías. Si te hubiera importado, lo habrías ido a madrear luego luego, no esperar a que se peleara conmigo y yo lo matara. Y ahora que te pido que me ayudes, te pones de delicado, oye, ¿quién quiere vivir con un tipo así, que es un cero a la izquierda? Sólo a mí se me ocurre. Porque te quiero y ni lo aprecias, que es peor.

(Bonifaz baja la mirada, avergonzado.)

BONIFAZ: (Tras pausa.) Y... ¿Lo vamos a cortar aquí o en el baño?

LIGORIA: En el baño, que buena idea. Es más fácil de lavar. Voy por unas escobetas y detergente. ¿Puedes o te ayudo ahorita?

(Bonifaz carga el cadáver con dificultad.)

BONIFAZ: Ayúdame con las piernas.

(Entre Ligoria y Bonifaz sacan el cadáver. después regresan. Bonifaz toma una segueta.)

LIGORIA: Empiézale mientras consigo con que lavar el baño. Chin. No he hecho nada, no he comprado nada. Tendremos suerte si mañana vendemos algo.

BONIFAZ: ¿Y ahora dónde vas a comprar la carne para los tamales?

LIGORIA. Tch. Cierto. Ramiro me la daba más barata. ¿Sabes a cómo está el kilo? Carísima. (Denegando.) De que se viene la de malas, se viene. A ver qué hacemos.

BONIFAZ: A ver. Lástima que él no sea res.

LIGORIA: Pues sí. Nos vemos corazón. No me tardo. No vayas a mancharte esos pantalones que son los únicos buenos que tienes, ¿eh?

BONIFAZ: No, mi vida.

LIGORIA: (Saliendo.) Chao.

(Queda solo Bonifaz quien mira la segueta entre sus manos.)

BONIFAZ: ¿De veras ya lo sabía? Veía cosas. Si, el siempre es taba en la casa, que arreglando esto o aquello. Ayudándole con los costales. (Pensativo.) ¿Me le hubiera enfrentado? No se pelear. Fuerte no soy. Como dice mi esposa ¿es que nunca voy a hacer nada en la vida? (Se encoge de hombros.) Pero ya está muerto. Ya que puedo hacerle...

(Humillado y triste sale con su segueta. Entra un cliente con un tamal en la mano)

CLIENTE: (Saboreándose.) ¡Mmmh! Que ricos tamales hacen siempre aquí. Yo vivo lejos, en Clavería y no me importa venir hasta acá. Vale la pena. Nomas hay que llegar temprano porque este lugar luego luego se atasca de gente. Que barbaros. Se ve que les deja el negocio. (A Ligoria que entra.) ¿Me da otro por favor? Verde ahora.

(Entra también Bonifaz con delantal.)

LIGORIA: (Molesta. A Bonifaz.) ¿Le cobraste solo once tamales al tipo este de azul? Si se trago quince. ¿Que no llevas la cuenta, Bonifaz?

BONIFAZ: Eso me dijo él, mi vida.

LIGORIA: ¡Pues ve y alcánzalo! Que se está pensando, que lo vamos a mantener. Anda, ve por él.

BONIFAZ: Son solo cuatro tamales, cariño.

LIGORIA: ¿Te da pena cobrarle? ¿Es que nunca vas a ser nada en la vida por esa maldita falta de... ganas que siempre has tenido?

BONIFAZ: Permíteme. Ahorita voy.

LIGORIA: Y no me vayas a salir con que no Io encontraste o vayas a poner de tu bolsa. Es más. Dame lo que traigas. Pero ya estas allá alcanzándolo. Anda.

(Sin nada de ganas. Bonifaz sale.)

CLIENTE: (En éxtasis.) Pero qué sabrosos son. Suaves. Ni muy secos ni muy húmedos. Con un corazón de carne tan delicioso que es un placer para el paladar. La salsa en su exacta proporción, picosa pero no mucha. Llenones. Exquisitos. Mmmh. ¿Cuánto le debo seño?

LIGORIA: A ver. (Hace cuentas.) Fueron cinco de los normales y un oaxaqueño... Setenta y cinco pesos

CLIENTE: (Pagando.) Oiga, señora. ¿cómo le hace para que queden tan ricos? ¿Es la masa, la salsa o la carne?

LIGORIA: Es un secreto. Joven. Si se lo dijera la competencia se pondría dura y no me conviene. Tenga su cambio.

CLIENTE: Gracias. Hasta luego.

LIGORIA: A usted. Que le vaya bien.

(Se va el cliente y entra Bonifaz.)

LIGORIA: ¿Qué pasó?

BONIFAZ: No lo encontré. Se ha de haber ido aprisa.

LIGORIA: Te has de haber quedado aquí a la vuelta haciendo tiempo. Dejaría de conocerte. (Denegando.) Ay. Bonifaz. Así nunca vas a ser nadie en la vida.

(Entra Amelia.)

LIGORIA: Ahí viene esa. Cuidadito y con regarla.

BONIFAZ: (Impaciente.) No me creas tan tonto.

LIGORIA: Nomas digo. (Se acerca Amelia.)

AMELIA: Buenos días.

BONIFAZ: Buenos días. señora. Que milagro. Siéntese por favor.

LIGORIA: Voy a lavar los trastes.

(Se mete Ligoria.)

BONIFAZ: ¿De qué va a querer sus tamales?

AMELIA: No. De nada. Solo quería platicar un poco con usted. Si sabe que soy la esposa de Ramiro. ¿verdad?

BONIFAZ: Si. señora.

AMELIA: Quería preguntarle si no sabía nada de él

BONIFAZ: ¿Y yo por qué habría de saberlo señora?

AMELIA: Me da pena decirlo, pero era sabido que el andaba con ya sabe quién.

BONIFAZ: Aja.

AMELIA: Al principio me dieron celos. ¿Pero que hace una? Como sea siempre me pasó el gasto y de vez en cuando me hacía caso. Es más fácil para ustedes los hombres. Se van y ya. Pueden sobrevivir. Una sin oficio ni beneficio que. Solo sé dedicarme a mi hogar.

BONIFAZ: Si.

AMELIA: Pero el ahora no está. Y algo le pasó.

BONIFAZ: ¿Usted cree? Con suerte y se fue con otra.

AMELIA: No. La única era Ligoria y se amaban locamente. Yo los vela. No existía el uno sin el otro. Además se hubiera llevado su ropa... No quiero preguntarle a su esposa por no... hacer una escena, usted comprende. Ya lo busque en los hospitales, en la Cruz Roja, en las delegaciones y nada. Ellos acostumbraban verse aquí los miércoles o sea la noche en que desapareció. (Alterándose.) No le pido nada don Bonifaz. Solo saber si está bien. Que haga lo que quiera. No es por el dinero. Saber si vive porque lo amo, señor. Sin él no soy nada. ¿De qué otra manera cree que hubiera soportado estos ocho anos de engaño?

BONIFAZ: (Alterándose.) ¡Ocho anos dice usted!

AMELIA: Mata mas la duda que el desengaño. Sólo quiero saber, don Bonifaz.

BONIFAZ: No. No sé nada, Amelia. (Aparte. Furioso.) Ocho años. Hija de su... La veo muy desmejorada. ¿De veras no quiere comer algo? Le disparo unos tamalitos. Hay unos oaxaqueños especiales que le van a encantar.

AMELIA: En serio, don Bonifaz. No tengo hambre.

BONIFAZ: Necesita alimentarse. Ponerse fuerte. Ándele. No me los desprecie.

AMELIA: Gracias. don Bonifaz. Sera uno nada más.

(Bonifaz se mete y sale con un tamal puesto sobre un plato. Le va acomodando la hoja.)

BONIFAZ: Tenga. Ponga mucho cuidado en el sabor. Están cocinados de manera muy especial.

AMELIA: (Sonriendo.) De veras que están ricos. Y yo que nunca quise pararme por aquí, por lo que usted ya sabe.

BONIFAZ: Ya no se preocupe, Amelia. Que gana.

AMELIA: Es tan bueno usted. Perdone que se lo diga, Pero no se merece a la esposa que tiene. Ella como es... y usted tan puro, tan de buen corazón. (Masticando algo.) ¿Qué es esto? No es hueso... (Amelia saca un anillo del tamal. Lo reconoce. De la sorpresa pasa at terror.)

AMELIA: (Gritando.) ¡Su anillo! ¡No puede ser! ¡Lo mataron! ¡Malditos! ¡Asesinos! ¡Desgraciados!

(Sale corriendo. Por otra parte del escenario entra Ligoria acompañada por un investigador. Bonifaz se quita su delantal y tranquilo se acerca a ellos. Un secretario escribe a máquina.)

LIGORIA: No, señor. Como cree que vamos a hacer eso. Que porquería. Analicen la carne. El cuerpo como le digo lo hicimos pedacitos y lo fuimos tirando en las alcantarillas.

INVESTIGADOR: Encontramos la cabeza del occiso en un bote con alcohol.

LIGORIA: Porque era lo último que nos faltaba por tirar. Como es lo más voluminoso, pensábamos donde aventarla. Pero... ¿a poco le falta carne a la cabeza? ¿Verdad que no?

INVESTIGADOR: ¿Cómo explica entonces la argolla matrimonial dentro de un tamal?

LIGORIA: Es imposible. Yo misma guiso. No pudo... (Comprende. Mira con odio a Bonifaz.) Desgraciado, infeliz. Tú lo pusiste ahí.

BONIFAZ: ¿Yo? ¿Pues no dices que soy incapaz de hacer nada en la vida?

LIGORIA: ¡Hijo de la chingada! ¡De mi no te vas a burlar! ¡Te vas a arrepentir! ¡Te lo juro!

BONIFAZ: Nos vemos saliendo de prisión, mi amor. Chao. (Se la llevan. Ella no deja de lanzar insultos a Bonifaz.)

BONIFAZ: Perdone, señor, ¿como cuantos años nos van a echar?

SECRETARIO: Mh. A ojo de buen cubero. A ella unos 15 ó 17 y a usted por cómplice unos ocho.

BONIFAZ: Ocho. Lo que duró el engaño. Pero si soy capaz de hacer cosas. ¿Verdad? ¿Usted qué opina?

(Entra música. El presentador hace su aparición.)

PRESENTADOR: (Cantando.)

La Lola paciente mendigaba sufría su jefe la obligaba con ella sacaba buena lana la pobre era jorobada.

Su madre le metía al talón era perversa y de mal corazón su hermano vivía en el reventón el era lilo amante de un panzón.

Alarma, alarmala de tos uno, dos, tres patada y coz...

Ese día pasaba normalmente cuando su padre atacola de repente violóla con un deseo demente y ella quiso morirse en ese instante.

Mató a su padre cuando este la seguía mientras su hermano con su madre le ponía pensó que ayuda jamás encontraría hasta que al fin hallo a un policía.

Alarma, alarmala de tos...

La Lola su historia lloró y auxilio al fin le imploro el azul sonriendo la miro ¿Qué creen que fue lo que pasó? Siguiola, atacola. golpeola, violola y matóla… con una pistola.

Alarma, alarmala de tos...

Otro signo inequívoco de la decadencia en la nota roja se puede observar en el lenguaje que antes se empleaba. En esas palabras o frases que solo en la sección policiaca podían leerse. Como por ejemplo, "Cayo abatido por los certeros balazos". "Huyó con rumbo desconocido", "Con premeditación, ventaja y alevosía", "Con lujo de violencia" y palabras como zafarrancho para decir bronca, rijoso para alguien violento que ha peleado, aunque en el diccionario rijoso quiera decir cachondo. Amasia, objeto punzocortante, sediciente, energúmeno, etc. El código es extenso. Para ilustrar una de estas frases, presentaremos a continuación un caso suscitado no hace mucho en la Colonia del Valle, en una de esas casas de clase media alta. ¿La frase? "Con Saña Inaudita". Son las cuatro de la tarde y nos encontramos en la recamara de doña Chole Iturralde y Cárcamo...

(Se va el presentador.)

CON SAÑA INAUDITA

(Habitación. Sobre un mueble se advierte un montón de medicinas. Atrás, en un rincón, un tanque de oxigeno. En medio de la estancia una anciana en silla de ruedas. Poco después entra Carmen con una taza en la mano y un misal en la otra.)

CARMEN: (Besándola.) Ay. Cholita, ¿cómo esta? Que gusto verla. ¿Cómo sigue?

ANCIANA: (Quejumbrosa.) Ya sabrás. Igual o peor. Yo no sé cuando vaya a terminar este martirio, pero ya le pido al cielo que sea pronto. No es posible seguir sufriendo tanto. Si no fuera por personas como tú, no sé qué sería de mí. Ya me hubiera muerto de la pena y el abandono.

CARMEN: No diga eso, Cholita. La queremos muchas personas. Ahí está su hijo.

ANCIANA: ¡Mh, mi hijo! Es el primero que quisiera verme muerta. Ya te lo ha de haber dicho. Vieja latosa, ya me tiene hasta el gorro. Ojala se muera.

CARMEN: No. Cholita. Lo que pasa es que está desesperada y no ve las cosas Bien. Y la comprendo.

ANCIANA: Cual desesperada. Es la verdad. Cuando viene a asomarse aquí, es con la esperanza de encontrarme tiesa. Yo se que esas medicinas son caras, el oxigeno no se diga. No me las compres, mi amor. No tienes ninguna necesidad de cargar conmigo, déjame morir. Vete. Gástate mi dinero en otras cosas.

CARMEN: Per favor, Cholita. No se altere.

ANCIANA: Arturo. Ese si me quería. Era buen hijo, no como este. No se per que Dios se lo tuvo que llevar. Digo. si era el caso. se hubiera llevado al otro. (Deniega.) Es que me tiene mala voluntad. No conforme con mandarme tanta enfermedad, me tiene aquí. ¡Ya llévame! ¡Ya viví! ¿Qué ganas con tenerme sufriendo? Y no me hace cas Carmen.

CARMEN: Tus caminos no son mis caminos. Por algo será.

ANCIANA: Ya no quiero vivir. Carmen. Ya basta. ¿Sabes lo que es tener artritis con Mal de San Vito? ¿Eh lo sabes?, ¿Flebitis? ¿exceso de acido úrico? ¿Un disco desviado? ¿Insomnio, inapetencia neuralgias todo el día, diarrea? No. No lo sabes. Eres joven y saludable. Sé que soy una carga. una lata. Que no se hablar de otra cosa más que de mis enfermedades. Ya le dije a mi hijo. Mátame. Si quieres te escribo una carta de suicidio para que no tengas problemas.

CARMEN: Cholita. Miguel no se atrevería. La quiere. Y no le gusta verla sufrir. A quien.

ANCIANA: Pues la carta está hecha y él sabe dónde está. Que es un cobarde y no se atreve, es otra cosa. Pero de que me haría un favor...

CARMEN: (Dolida.) Cholita...

ANCIANA: Es la verdad. No tiene caso vivir. Que venga la muerte. Diario la pido, la llamo...

CARMEN: ¿De qué se ríe, Cholita?

ANCIANA: (Confidencial.) El chasco que se va a llevar ahora que lea el testamento. ¿Adivina quien se va a quedar con todo?

CARMEN: No. No sé, Cholita.

ANCIANA: Tu. mi amor. Tu

CARMEN: No. Cholita. No puedo aceptarlo. Si vengo aquí es por acompañarla, rezar, platicar. No busco ninguna recompensa.

ANCIANA: Tch. Ni te creas que es tanto. Tampoco es nada. Algo. Lo hice por joderlo. Ya me lo imagine en el suelo escupiendo verde del coraje. Para que se le quite lo desgraciado, lo mal hijo.

CARMEN: ¿Que gana con pensar esas cosas? Nada más se hace daño. Tenga mejor. Tómeselo. Le caerá bien.

(Le da una taza con té)

ANCIANA: Ay. Esta amarguísimo. ¿De qué es?

CARMEN: ¿Rezamos?

ANCIANA: No me nace. ¿Para qué? Todavía me hicieran caso. Ya estoy cansada de pedir siempre lo mismo.

CARMEN: Usted no puede saber si le hacen caso ahora. Acuérdese que nadie sabe el día ni la hora. Hay que estar preparados. Vamos a rezar. Arrepiéntase.

ANCIANA: Carmen. Si algún pecado cometí. ya lo estoy pagando y con intereses.

CARMEN: Cholita. Vamos a rezar. Deveras que le hace falta.

ANCIANA: Ya lo dije que no. No insistas. Mejor léeme el periódico o un libro.

CARMEN: Se lo suplico, Cholita. Rece. Para que me quede tranquila. No queda mucho tiempo.

ANCIANA: Eso quisiera. Que volara.

CARMEN: Ay. Cholita. Esta volando. ¿Dónde dice que tiene la carta?

ANCIANA: En el tocador. ¿Por qué?

CARMEN: Curiosidad. Nunca he vista una carta de esas.

(Se dirige al mueble y busca.)

ANCIANA: (Amoscada.) Pues... Lo de siempre supongo. No se culpe a nadie de mi muerte.

CARMEN: (acabando de leer.) ¿Ya se acabó su te, Cholita? ¿No quiere más?

ANCIANA: Sabe espantoso. Primera vez que pruebo un té como este.

CARMEN: (Sonriente.) ¿Entonces qué? ¿rezamos?, ándele. Suponga que hoy se va a morir. Que mejor que estar tranquilos y preparados.

ANCIANA: Carmen, nunca me hablas hablado así.

CARMEN: Hay cosas inevitables, dona Cholita. ¿No quiere que abra la ventana para que vea el atardecer? Una nunca sabe si será el último. (Pausa. La anciana mira con intensidad a Carmen. luego lee la carta que esta sostiene entre las manos y por último la taza de té.)

ANCIANA: ¿Que me diste de beber? ¿Qué té es este?

CARMEN: De manzanilla... con insecticida. (Antes que le diga nada.) ¿No que quería morirse usted? Pues ande, muérase. A mí la verdad me da mucha pena verla sufrir. Cada vez que la visito. salgo con el corazón hecho nudo. Además, ¿no es lo que pile diariamente?

ANCIANA: ¡asesina! ¡desgraciada! ¿Y tú quien eres para quitarme la vida? (Gritando.) ¡Miguel! ¡Miguel!

CARMEN: No está. Acuérdese que salió a un compromiso.

ANCIANA: ¡Ifigenia, ven aquí inmediatamente! ¡Ifigenia!

CARMEN: Tampoco esta. Hoy es su día libre.

ANCIANA: ¡No quiero morir! ¡No quiero! ¡Auxilio! ¡Socorro! ¡Me matan! ¡Que alguien haga algo!

CARMEN: Nadie puede escucharla. Cholita. No se desgañite. Nomas se va a lastimar la garganta.

ANCIANA: ¡No te saldrás con la tuya, criminal! ¡Ahorita mismo le hablo a la patrulla para que te encierren! ¡Para que tu nefasto crimen no quede impune!

CARMEN: ¿Y cómo piensa hacerle, si el teléfono esto abajo? Capaz y se mata en las escaleras. Mejor vamos a rezar. ¿Si?

ANCIANA: ¡No te me acerques, Borgia de tercera! ¡Hiena! ¡Chacal! Por primera vez veo tus intenciones. Siempre sospeche algo. Tú y mi hijo se entienden. ¿verdad? Claro. Yo les estorbo. Quieren quedarse con la casa, con el dinero, con todo. Pero les va a salir el palito por el chirrión, porque antes de morir pienso escribir todo esto para que los encierren y los refundan en la cárcel. ¡Septuagenaria muerta por su propio hijo! ¡Él y su amasia lo planearon todo! ¡La sociedad pide cadena perpetua!

CARMEN: ¿Tiene caso que lo haga, Cholita? Esas líneas que piensa escribir, las puedo romper después sin ningún problema. Lo que vale es esta carta de suicidio.

ANCIANA: (Tratando de arrebatársela.) ¡Dámela, infeliz! ¡Diamela!

CARMEN: Cholita, no me hagas sentir mal. Usted sufre mucho. ANCIANA: ¡A ti que te importa si sufro o no!

CARMEN: Es por su bien. Así ya descansa.

ANCIANA.: ¡Cínica! ¡Hipócrita! ¡Sierpe! ¡Asesina! Ya siento que el veneno me llega al corazón. La mirada se me nubla. Me quedan pocos minutos de vida. Sádica. Te regodeas viéndome sufrir, agonizar. Abandonar este mundo en medio de los más atroces dolores. ¡Maldigo el día en que te conocí! ¡Maldita seas tú y tu descendencia!

CARMEN: Ay, Cholita. Usted siempre tan exagerada. Tenga su carta, ya me voy.

ANCIANA: ¡Huyes para no verme expiar! ¡Cobarde! ¡Cuando menos ten el suficiente valor Para ver terminada tu obra!

CARMEN: No puedo. Deveras. Tengo cita con el dentista.

ANCIANA: ¡Ay de mi! ¡Morir como perro! ¡Sola y abandonada! (Llorando.) No quiero morir. No así.

CARMEN: (Consolándola.) Cholita, por favor. No se ponga así. Mire. ¿Le digo una cosa y se calma? No hay tal veneno. Le di té de boldo, que es amarguísimo.

ANCIANA: No es cierto. Lo dices para contentarme. Me voy a morir, lo sé.

CARMEN: En serio. que no. Es más, mire. Yo también voy a beber. (Viendo Ia taza.) Ay, no dejó nada. Que lastima. ¿Y ahora cómo se lo compruebo?

ANCIANA: ¿No era cierto entonces? Lo hiciste para divertirte, para hacerme sufrir. Que mala eres Carmen. Hacerle eso a una pobre anciana indefensa y enferma.

CARMEN: No diga eso, Cholita. Yo solo quería hacerla rezar y saber... cosas. Ya las supe. (Viendo su reloj.) Y ya me voy. Con permisito. Que descanse. Deme la carta para que no la arrugue.

(Carmen pone la carta sobre el mueble y se dispone a salir.)

ANCIANA: Carmen...

CARMEN: ¿Si, doña Cholita?

ANCIANA: Vas a venir mañana. ¿Verdad?

CARMEN: (Sonriendo.) Claro que sí. ¿Por qué no?

(Se va Carmen.)

ANCIANA: Tan buena muchacha. Y yo que llegue a sospechar de ella. Es que luego los vela platicar mucho. Y él le agarraba la mano. Esas miraditas. (Se queda pensativa. Deniega.) Ay, Chole. Ya ves cosas. Para que te encuentres otra como ella...

(Súbitamente siente un estertor y se lleva la mano a in garganta.) ANCIANA: (Muriendo.) Ca... Cabrones...

(Muere.)

(Música. Entra el presentador.)

PRESENTADOR:

Allá en Santa Amalia vivía una joven

linda y hermosa como un jazmín ella solita se mantenía cosiendo ropa para vivir.

El mal hermano le dice un día ay, hermanita del corazón ya tu hermosura me tiene loco y tu marido quiero ser yo.

La pobre joven quedó asombrada y en el instante le contestó mejor prefiero morir mil veces antes que logres manchar mi honor. El mal hermano sacó el revolver y en el instante le disparó dándole un tiro en los sentidos que todo el cráneo le destrozo.

Por ahí preguntan quién había sido luego pregunta la autoridad vinieron gentes de todas partes a ver el crimen de aquel lugar.

Al juez declara que el había sido yo soy el hombre que la mató vete hermanita vete tú al cielo

que yo en la cárcel lo pagare...

PRESENTADOR: Contra lo que pudiera pensarse, los criminales son gente común y corriente. Personas como usted o como yo. Y es que en todos nosotros está latente un asesino. que solo espera el momento, la situación especial para salir. ¿Quién no ha sentido ganas de matar? Usted señor, ¿no ha querido asesinar alguna vez a su esposa? Con confianza, díganos... Usted, joven, ¿no ha pensado en estrangular a su maestro de matemáticas? A todos nos habrá cruzado por la mente. En un pleito de transito, un vecino abusivo. Un problema en la oficina. Siempre hay un motivo. Una situación limite que detona el...

CRIMEN INTERMEDIO (Entran dos viejitas.)

VIEJITA 1: (Interrumpiendo.) Kikis. Adivina quien vino a visitarnos. Tu tía Queta.

PRESENTADOR: Mama. Me llamo Enrique. no Kikis y estoy ocupado.

VIEJITA 2: (Empalagosa.) Ay. ven acá preciosidad. A ver, ¿quen quere a este niño? ¿Quen lo quere?

PRESENTADOR: Tía, por favor. VIEJITA 2: Pero que grandote esta, tú.

PRESENTADOR: Tengo 42 años. tía. Ahora si me permiten...

VIEJITA 1: Kikis, cariño. Tu tía quiere oírte declamar. Ya le platique que te aprendiste una nueva.

PRESENTADOR: Mamá. ¿No entiendes que estoy ocupado?

VIEJITA 2: Ande. mi amor. Si he venido hasta acá es nomas para verlo a usted. Corazón de polio. Ojitos de engaña veinte. PRESENTADOR: Mama por favor.

VIEJITA 1: Nomas una y nos vamos. ¿Si?

PRESENTADOR: (Tras pausa. Suspirando.) Está Bien... Con tu escolta de rancheros / diez fornidos guerrilleros y en su... /

VIEJITA 1: (Interrumpiendo.) ¡Ay! ¿y el rebozo que? Deja. Ahorita te lo traigo.

PRESENTADOR: (Fulminándola con In mirada.) No me voy a poner nada, mama. Y ya, hasta. Por favor.

VIEJITA 1: Pero así te sale mejor, mi vida.

VIEJITA 2: No te hagas del rogar, dulzura. Panquecito de Morelia.

PRESENTADOR: No me voy a poner nada, mama. ¡Te lo advierto! ¡Y ya déjame en paz! Uta madre.

(La viejita I va y viene con un rebozo y unas enaguas.)

VIEJITA 2: ¡Ay, que preciosas enaguas!

VIEJITA 1: Deja eso, el color. Le va muy Bien al tono de su piel. A ver. mi amor. alza una patita. Ahora la otra. (Visten al presentador que está colérico.)

VIEJITA 2: Ay, que lindo se ve. Fina. Pero si esta criatura es un querubín.

VIEJITA 1: ¿Verdad que si? Anda. cariño. Te escuchamos.

PRESENTADOR:

Con tu escolta de rancheros diez fornidos guerrilleros y en cuaco retozón que la rienda mal aplaca Guadalupe la Chinaca va a buscar a Pantaleón.

(Mientras declama. las viejitas empezarán in crescendo a desternillarse de risa.)

Pantaleón es su marido el gañan más atrevido con las bestias y en la lid faz trigueña, ojos de moro y unos músculos de toro y unos ímpetus de Cid.

Guadalupe está orgullosa de su prieto; ser su esposa le parece una ilusión y al mirar que en la pelea Pantaleón no se pandea, grita ¡Viva Pantaleón!

Ella cura a los heridos con remedios aprendidos en el rancho en que nació y los venda en los combates con los rojos paliacates

que la pólvora impregnó...

(Las viejitas ruedan de la risa.)

(El presentador no pudiendo soportar más. saca un revolver y dispara sobre ellas. Caen muertas.)

PRESENTADOR: Pinches viejas, cabronas. Para que se les quite... (Recuperándose.) Como les decía. siempre hay un motivo

A continuación les presentaremos la terrible historia del Estrangulador de la Nativitas, pero antes una canción del maestro Rafael Elizondo precisamente sobre Landru, un legendario criminal. El moderno Barba Azul. Con su permiso.

(Entra Jorge. El presentador en tanto sacara los cadáveres de las viejitas. Música. Canta Jorge.)

JORGE:

Dignidad en el tesoro estrangulado y más que mitológico el deseo y con cuan dulce honor contempla helado estas nupcias de Tetis y Peleo.

Ven himeneo, ven ¡Ven himeneo veeen!

Un cadáver tibión y no manido

mientras la villa escapa de puntillas es regocijo, es fiesta de sentido donde dura el adiós de las cosquillas.

Los ojos implorantes la boca en do de pecho y los miembros que flácidos confiesan esto es sexo.

Ven himeneo, ven ven himeneo.

El estertor así me las den todas me las arreglo como el rey, paloma y en el azoramiento de mis bodas yo solo me las guise y me las cómo.

Ah, cocinera no sonaste nunca que tus ansias podrían merecerte

a cambio de tu espesa vida trunca los asiáticos lujos de la muerte.

La posesión es la consumición medita bien, posteridad mi case como satisfacer una pasión

si la dejas persistir acaso.

Solo es perfecto el aniquilamiento apetito secreto de las cosas que rige nuestro oscuro movimiento por entre lechos que resultan fosas.

Los ojos implorantes...

Oh. artífice del canto en vane ladras para tanto placer estorban las palabras vuelvo al seno del mundo con pávidos gruñidos tus helados senos te tapan los oídos.

Brrr. brrr jui jua, jui jua glo, glo cabalgo en el salado el lecho es una fosa de himeneos machacados.

Brrr. hrrr jui jua glo. glo responde a mi apetito con una hermosa mueca

que vale más que un grito.

Los ojos implorantes...

(Antes de que termine lao canción entrara dona Cuquita con discreción y preparará una mesa para un desayuno. Finaliza la canción.)

EL ESTRANGULADOR DE LA NATIVITAS

(Comedor clase mediero. Dona Cuquita termina de poner la mesa. Son las siete de in mañana. Entra Jorge.)

JORGE: Buenos días. mamá.

CUQUITA: (Seria.) Siéntate. ¿Cómo quieres tus huevos?

JORGE: (Tras pausa.) Como siempre. mama. Revueltos.

(La señora suelta un bufido de enojo v le sirve un plato.)

JORGE: (Tras pausa.) ¿Qué tienes mama? ¿no dormiste bien anoche?

CUQUITA: No. Esa maldita manía que tienes de escarbar en las madrugadas en el jardín.

JORGE: No lo hago siempre.

CUQUITA: No... (Tras pausa. Más suavizada.) Hasta eso tienes buena mano. Lo tienes precioso... Hijo.

(Jorge deja de comer para mirar a su madre.)

CUQUITA: Tu me estas ocultando algo. ¿Verdad?

JORGE: (Cauto.) No. mama.

CUQUITA: No se qué rayos vinimos a hacer aquí. Tan bien que estábamos en el pueblo. Allá si hay gente buena. no como aquí. Todo es maldad. chisme. ¿Seguro que no has hecho nada indebido Jorge?

JORGE: Seguro mamá.

CUQUITA: Todos somos humanos y como tales podemos cometer errores. Eso no significa que te vaya a querer menos, Jorge. Eres mi hijo. Lo único que tengo en la vida. Entiéndelo. Entre nosotros nunca ha habido secretos.

JORGE: ¿Que te contaron?

CUQUITA: No. Nada. Si tú dices que no has hecho nada, nada entonces. No me hagas caso.

JORGE: Lo que es no tener nada que hacer. Viejas chismosas. Pregúntales que tienen que andar espiando en la madrugada.

CUQUITA: ¿Como Babes que es en la madrugada?

JORGE: Porque... Es la hora en que me paseo. Sabes que sufro de insomnio. Y porque las he visto espiarme.

CUQUITA: ¿Más café?

JORGE: Así está bien. Gracias.

CUQUITA: (Tras pausa.) ¿tú qué opinas de los homosexuales? ¿De los trasvestis?

JORGE: (Sacado de onda.) ¿Que opino de qué?

CUQUITA: Si. Te caen Bien, te caen mal. Que.

JORGE: No se. Mientras no se metan con uno.

CUQUITA: Hay gente que se escandaliza de ellos. Yo no. Los respeto. Son personas. Tienen corazón. Son como uno. Mamá han de tener.

JORGE: ¿Por qué me preguntas eso?

CUQUITA: Nomas. Se me ocurrió... Ay. hijo. ¿Te he tratado mal?

JORGE: Por supuesto que no. ¿Qué te traes?

CUQUITA: No me importa lo que seas. Jorge. Te querré igual.

JORGE: ¿Que te dijeron? A ver. Dime.

CUQUITA: Nada, hijo. Mejor dime tú

JORGE: Decirte que. No lo entiendo.

CUQUITA: ¿Qué haces en las madrugadas?

JORGE: (Tras corto titubeo.) Pasear ya te dije. A veces leo, fumo.

CUQUITA: ¿Nada mas?

(Jorge mira fijamente a su mamá.)

CUQUITA: Ya me ha llegado el mismo rumor por varias partes.

JORGE: ¿De?

CUQUITA: (Con esfuerzo.) De... De que metes mujeres a esta casa.

JORGE: ¿vas a creerles más a ellos que a mí?

CUQUITA: Sabes bien que no. Por eso te pregunto.

JORGE: No he hecho nada... Que pudiera avergonzarte.

CUQUITA: Mírame bien a los ojos, Jorge. Tú no sabes mentir. No a mí. Piensa antes de contestar que esta casa no tiene secretos para mí. Que la conozco hasta el último rincón y que pude haber visto algo...

JORGE: ¿Entraste a mi cuarto?

CUQUITA: ¿Has metido mujeres a esta casa, si o no?

(Pausa, Jorge no soporta la mirada de su madre.)

JORGE: S-si.

CUQUITA: (Como herida por un rayo.) Entonces era cierto.

JORGE: Pero no para lo que estas pensando.

CUQUITA: Ay, Jorge. ¿Para qué más puedes meter a una mujer a esas horas?

JORGE: Mama, por favor, escúchame. ¿Crees que te voy a cambiar por... una cualquiera?

CUQUITA: No tendría nada de malo. Mucha gente lo hace.

JORGE: Yo no soy toda la gente.

CUQUITA: He visto su ropa. Prendas intimas, sus zapatos. Se han desnudado. hijo. ¡Has estado con mujeres desnudas! ¡No mientas más! ¡Has tenido que ver con ellas, no lo niegues!

JORGE: Te juro que no, mama.

CUQUITA: Por un momento tuve la esperanza de que fueras trasvesti, pero no es cierto. Es ropa usada. Huele a mujer, Jorge.

JORGE: Estas malinterpretando, mama. Si he metido mujeres, si se han desnudado, pero no ha pasado nada de lo que piensas.

CUQUITA: ¿Entonces qué? No eres pintor, no necesitas modelos.

JORGE: Las... las he matado, mama.

CUQUITA: ¿Qué?

JORGE: Si. Estrangulado. Con estas manos.

(Cuquita mira fijamente a su hijo)

CUQUITA: (Tras pausa) No… No es cierto, Lo dices para contentarme.

JORGE: es la verdad. ¿Qué crees que entierro en las madrugadas? ¿por qué crees que está tan hermoso el jardín?

CUQUITA: (con lágrimas de felicidad.) Ay, hijo. No sabes el peso que me quitas de encima. Por un momento pensé lo peor.

JORGE: No permitiré que nadie empañe la felicidad de este hogar, mamá, y menos una mujer.

CUQUITA: (secándose las lágrimas) Sí, mi hijito. ¿Qué más te sirvo de desayunar?

JORGE: ¿Todavía quedan torrejas con canela?

CUQUITA: Sí mi rey, Ahorita te las traigo. Permíteme.

(Doña Cuquita se va a la cocina. Jorge deja escapar un suspiro de alivio.)

JORGE: Voy a tener que cambiar de lugar. Qué lata. Tan bien que estaba aquí con todo a la mano. Ya sabiendo, es capaz de espiarme y si se llega a enterar que me las tiro antes de matarlas, me va a dejar de hablar. La conozco. No podría soportarlo. ¿por qué me pasan estas cosas a mí, caramba? ¿por qué?

CUQUITA: (entrando) Están bien frías. Como a ti te gustan…

(Se congelan. Música. Entra el presentador)

PRESENTADOR (Cantando) José mató a Simón Lo leí por la mañana Trece balazos le dio Sin darle tiempo de nada.

Lo maté por unas faldas que me quiso arrebatar

dijo sin sombra de culpa aquél torvo criminal.

¿Cómo se llamaba la mujer? Inquirió pronta la prensa. No. Las faldas eran mías Yo solito las compré.

Y siguieron las noticias De mil crímenes nefastos De civiles y milicia Y de sangre salpicados

Saqué a conclusión Que al costo yo les paso Todos tuvieron razón Para quitarlos del paso.

(se animan cuquita y Jorge. Sale el resto de la compañía. Todos cantan)

COMPAÑÍA El pobre mata por hambre por temor el opulento el gobierno ya lo saben lo mismo del regimiento.

Por eso cuando los maten instálense a meditar quo motivos tuvo aquel que los puso a descansar.

La obra ha terminado ya con esta me retiro quiera Dios que no los maten sin tener algún motivo.

HORRENDO CRIMEA PASIONAL

(Sala en Casa. Se escucha el timbre de la puerta. Acude a abrir Rosendo en pijama y bata. En la entrada aparece Rodrigo. Es de madrugada.)

ROSENDO: Que bueno que llegaste, Rodrigo. Pásale por favor.

RODRIGO: Vine Lo más rápido posible. ¿Qué es lo que sucede? Me espantó tu llamada.

ROSENDO: Siéntate. Ponte cómodo. ¿te ofrezco algo?

RODRIGO: Antes dime qué pasa. Te oí muy alterado.

ROSENDO: Mh sí. Tengo un problemita. Mira, este brandy está muy rico. ¿Te doy una copa? Tú también te ves muy tenso. La necesitas.

RODRIGO: Oye, no es para menos. Me alarmaste. Son las dos de la mañana, Rosendo.

ROSENDO: (ofreciéndole una copa.) Si, lo sé y disculpa. Pero te considero mi mejor amigo. Casi un hermano. Sé que harías por mi lo que yo te pidiera. Por eso te llamé.

RODRIGO: No, hombre ni lo menciones. Tú dirás para que soy bueno.

ROSENDO: Pero bebe por favor. Estoy temblando. No sé si de frio o de otra cosa. ¿Desde cuándo nos conocemos, Rodrigo?

RODRIGO: Uh. Como veinte años. Puede que más.

ROSENDO: Siempre he confiado en ti. Sé que no serias capaz de traicionarme. No como otros que se dijeron mis amigos y en la primera oportunidad me clavaron un puñal en la espalda. Desgraciados. ¿Tú no harías eso, verdad?

RODRIGO: (Sonriendo comprometido.) Ay. Rosendo. Cómo crees. Yo jamás. Me conoces.

ROSENDO: (Asintiendo.) Bastante bien, creo. ¿Qué opinas de mi mujer?

RODRIGO: (Tras vacilación.) ¿De qué?

ROSENDO: De todo. Me interesa saber qué piensas de ella.

RODRIGO: Pues... Es guapa. Cocina bien. (Acorralado.) Casi no la trato. Rosendo. ¿Para eso me mandaste llamar a estas horas?

ROSENDO: ¿La crees capaz... de engañarme?

RODRIGO: (Impaciente.) No sé. Te están metiendo ideas. Eso es muy delicado. debes tener pruebas.

ROSENDO: ¿Y si te dijera que las tengo?

(Rodrigo no contesta. Mira fijamente a Rosendo.)

ROSENDO: Fue terrible, no te creas. Nunca sospeché nada. Mejor dicho. Jamás la creé capaz. (Alterándose.) Ella engañándome...

RODRIGO: Rosendo por favor., cálmate.

ROSENDO: Te juro que estoy bien. Ya paso lo peor. Maldita traidora. Yo que le di lo mejor de lo mejor. ¡Eso no se hace Rodrigo!

RODRIGO: Y... ¿Sabes con quien?

ROSENDO: Las fotos son muy borrosas. No se distingue bien. Podría ser cualquiera.

RODRIGO: ¿La mandaste vigilar?

ROSENDO: Te digo que tengo pruebas. De otra manera no hubiera hecho lo que hice. Necesito tu ayuda. Rodrigo. No me la niegues por favor.

RODRIGO: ¿Qué hiciste Rosendo?

ROSENDO: (Tras pausa. Encogiéndose de hombros.) La mate.

RODRIGO: ¿La mataste?

ROSENDO: Si. Se lo merecía. Vieja cabrona. coscolina. ¿Qué crees que me dijo cuando le ensene las fotos? ¿Y? ¿Cómo que y, desgraciada? ¿Te parece poco? Y que la estrangulo. Te juro que no me arrepiento, pero tampoco quiero ir a la cárcel. Por qué, si ella tuvo la culpa.

RODRIGO: ¿Yo cómo puedo ayudarte?

ROSENDO: Pensé que lo mejor era fingir un asalto. Ya revolví toda la recamara y lo de valor lo puse en este costal. Pensé en tirarlo por ahí o regalarlo, Pero es muy arriesgado, mejor llévatelo tú. Es algo.

RODRIGO: Caray. pues muchas gracias. Pero hace falta revolver aquí.

ROSENDO: Ahorita me ayudas. Lo que si necesito fingir y muy bien. es que yo opuse resistencia al asalto o sea estar golpeado. herido. Intente pegarme. pero siempre es difícil hacerse daño a uno mismo. Para eso te llamé.

RODRIGO: Pero golpearte yo a ti. Si eres mi mejor amigo.

ROSENDO: ¿A quién más puedo recurrir? Dime.

RODRIGO: Bueno. Si no hay más remedio...

ROSENDO: Al mal Paso darle prisa. Empiézale.

(Rosendo pone la cara para recibir un puñetazo. Rodrigo calcula y se lo suelta.)

ROSENDO: (Levantándose.) Más, más. Acuérdate que debe ser muy real.

RODRIGO: Ahí te va.

(Más puñetazos.)

ROSENDO: A ver. (Se acerca a un espejo.) No. Hace falta más.

RODRIGO: Mejor con esto. (A Barra un bastón.)

ROSENDO: (Asustado.) ¿Con eso?

RODRIGO: Es que va me duelen los puños. Agarra la onda. No estoy acostumbrado.

ROSENDO. No se te vaya a pasar la mano. Mejor no.

RODRIGO. Como crees. ¿Listo?

ROSENDO: (No muy animado.) Bueno.

(Lo agarra a bastonazos.)

ROSENDO: Ya. ya.

RODRIGO: No, todavía te falta. Debe ser una putiza.

ROSENDO: Ya me duele todo.

RODRIGO: Ni modo. es el chiste. No quieres ir a prisión. ¿Verdad?

ROSENDO: No...

RODRIGO: ¿Entonces? Es por tu bien. mano.

ROSENDO: (Resignado.) Ándale. pues.

(Le suelta otra andanada de bastonazos. Rosendo apenas v puede sostener en pie.)

ROSENDO: ¿Ya?

RODRIGO: (Examinándolo.) Mh. Creo que Si. aunque no has sangrado lo suficiente.

ROSENDO: No puedo más. De veras. Otro madrazo y caigo muerto.

RODRIGO: Ahora hay que amarrarte. (Busca con que.) Con este cordón de persiana puede ser. (Lo ata.)

ROSENDO: Ay. espérate. Me estas lastimando.

RODRIGO: iOh! ¿Quieres que sospeche la policía? ¿Verdad que no?

ROSENDO: Apretaste muy fuerte. Casi no siento las manos. Se me vayan a gangrenar.

RODRIGO: No. hombre. Para nada... Deja echarme otro trago. (Bebe. Mira la copa.) iUy! Estoy dejando huellas por todas partes. habrá que limpiarlas... ¿Qué piensas decir?

ROSENDO: Que alguien entró por la cocina. Que oí ruidos y al bajar me golpearon.

RODRIGO: Tendré que romper un cristal para hacerlo mas creíble. (Hacienda un ademan de lastima.) No debiste matarla. Rosendo. Estaba muy bien tu señora.

(Rosendo no contesta y mira a Rodrigo con cierto malestar.)

RODRIGO: ¿Y hace mucho que la asesinaste?

ROSENDO: Tendrá una hora. ¿Por qué?

RODRIGO: O sea que todavía está calientito el cuerpo.

ROSENDO: (Tras pausa.) Supongo.

RODRIGO: Oye, hijo. ¿Y si...? Para hacerlo más real. Que a ella la mataron por oponer resistencia.

ROSENDO: ¿Resistencia a qué?

RODRIGO: Digo. Luego hay rateros que hacen otras cosas. ¿Me entiendes, no?

ROSENDO: Perfectamente. pero como crees. Muerta, pero es mi vieja.

RODRIGO: Lo hago por tu bien.

ROSENDO: No te sacrifiques tanto.

RODRIGO: (Tras pausa. Viéndolo .fijamente.) ¿Sabes qué? Te falta sangrar más.

ROSENDO: (Asustado.) No. Rodrigo. Ya no. Te juro que así estoy bien.

(Rodrigo toma otro trago.)

RODRIGO: (Ebrio.) No. no. Debe ser más real. Es per tu bien, carnal.

ROSENDO: ¡Te digo que no! ¡Ya basta! ¡Rodrigo por favor suelta ese bastón! ¡Suéltalo!

(Rodrigo se acerca Y le suelta otros bastonazos. Rosendo cae inconsciente.)

RODRIGO: Te debería de matar, cabrón. Nomas porque eres mi mejor amigo. Y a los cuates no se les mata. No es onda.

(Comienza a meter objetos de valor en el costal.)

RODRIGO: Haberla estrangulado. A ella, tan dulce. Me cae que ganas no me faltan de denunciarte. pero la amistad es la amistad. Ahora que... (Pensativo.) Esas fotos. ¡Hijo! ¿Serán mías o...? No me las mostro. Pinche vieja caliente. ¡Donde me hayas engañado, veras!

FIN DE LA OBRA

Huélum o Cómo pasar matemáticas sin problema Farsa en un acto de Alejandro Licona Román, 19 años Gonzalo, 19 años Gilberto, 19 años Crisóstomo Papá de Gilberto El CondeCamarógrafoel Loroel Perro NixonVoz de PolicíaTía de RománGordaEstudiante 1Mamá de GonzaloRarotongaEstudiante 2 Entrevistadora Maestra 1 Llorón - Kim Maestra 2 Místico Estudiante Molón Tramoyistas utileríaLuces-

Vestuario/maquillajeOtras necesidades/responsibilidadesEscena 1 (Entrada de escuela. Está allí el Estudiante Llorón. Entra Entrevistadora con micrófono y camarógrafo, dedicándose a interrogar a los personajes.) Entrevistadora: (Se dirige al público). Muy buenos días tengan, damas y caballeros. Por cortesía de Colchones San Andrés, donde se acuestan dos y amanecen tres, llevamos de forma exclusiva este programa de televisión educativa, donde trataremos de ilustrarles y de divertirles a la vez. Empezaremos por mostrarles aspectos de la vida de los estudiantes, aspectos que usted, joven, está viviendo en estos momentos, o que usted, caballero, desconoce por completo. Todo es cierto, todo ha ocurrido y puede volver a suceder. (Se dirige a un estudiante que llora) A ver, amigo. ¿Qué es lo que le sucede? Llorón: (Llorando) Me reprobaron. - 2 Entrevistadora: ¿Cuántas materias debes? Llorón: (Llora) ¿De qué año? Entrevistadora: De todas en total, claro. Llorón: Dos de segundo año y cinco de tercero. Entrevistadora: ¿Qué piensas hacer? Llorón: (Llora) ¿Y qué quiere que haga? (La entrevistadora se dirige ahora a un estudiante de aspecto humilde que viene de rodillas cargando una vela. Como en una manda. Entona un himno guadalupano) Entrevistadora: Muy buenos días. Místico: Buenas las tenga usted. Entre: ¿Puede decirnos por qué hace esta manda? Místico: Es que pasé mecánica que es bien difícil y vengo a rezarle a la virgencita de Guadalupe para que me ayude a pasar matemáticas. Entre: ¿Cuántas materias debes? Místico: Tres: Química, física y matemáticas. Entre: ¿Vienen muy duros los exámenes?

Místico: Bastante. Entre: Suerte entonces. (El místico sale cantando el himno guadalupano. La entrevistadora se dirige ahora a dos estudiantes.) Entre: Desde que el mundo es mundo y hay escuelas, los estudiantes se dividen en dos categorías: aprobados y reprobados. Pero, ¿qué hacen aquellos cuyos méritos no alcanzan la calificación de aprobado? Esta pregunta nos la contestarán estos estudiantes de la escuela X. (Al grupo) Buenos días. ¿Podrían decirnos cómo le hacen para pasar matemáticas sin problema? Estudiante 1: Bueno, te pones a hacer unos buenos acordeones, con las fórmulas más usuales. Estudiante 2 : O apuntas lo que traes en el libro en las paredes o techo del salón. El maestro nunca se fija en eso. - 3 Estudiante 1: Lo mejor que puedes hacer es conseguirte un buen coach. Entre: ¿Qué es un coach? Estudiante 1: Un coach es un cuate que presenta la materia en tu lugar. Estudiante 2: Yo prefiero llevar minifalda y hacerle ojitos al maestro para que me pase. Entre: Bueno, pero no todos podemos hacer esas cosas. ¿Qué es lo que se hace cuando todo esto falla? (Los alumnos rodean a la Entrevistadora y le susurran algo en el oído. La Entrevistadora se dirige al público) Entre: ¿Ustedes también quieren saberlo? Pues, entonces los invitamos a que nos acompañen durante los siguientes minutos, en que les daremos la fórmula infalible para pasar matemáticas sin problema. (Salen) Escena 2 (Entran Román , Gonzalo y Gilberto.) Román: Ahora sí estamos chingados. Gonzalo: Es que eres bien baboso. Sólo a ti se te ocurre traer un acordeón de química a un examen de matemáticas. Román: Oh, pues, ¿qué querías? Me puse nervioso y... Además, nadie pasó. Gonzalo: ¿Y ahora, qué hacemos? Este era el último chance para pasarla. (Entra el Conde, que se acerca para escuchar todo lo que dicen los amigos.)

Gilberto: Pinche materia. Ni la deberían de enseñar. Román: ¿Cómo no la van a enseñar? Gilberto: Dime para qué te sirve. A ver. ¿Para qué rayos utilizas las matemáticas? - 4 Conde: ¿Qué pasó, muchachos? ¿Por qué tan tristes y agitados? Gonzalo: Ah, hola, Conde. Lo que pasa es que nos acaban de amolar en matemáticas. Conde: Ya. ¿Y por eso están tan tristes? Román: ¿Y se te hace poco, pendejo? Vamos a tener que repetir año. Conde: Bueno, sí. La cosa se presenta fea para el que no sabe, pero hay otros medios para pasar la materia, cuando todo lo demás falta. Gilberto: A ver, explícate. Conde: Es muy sencillo, muchachos. Yo sé cómo pueden pasar matemáticas sin problema. Gonzalo: ¿De veras? Conde: Sí, claro. Gilberto: Pues, dinos qué hay que hacer. Conde: Yo tengo un cuate, que por quinientos pesos cambia las calificaciones en las boletas. De modo que si quieren llegarle, ahora es cuando. (Guarden silencio los tres amigos, mirándose entre sí.) Conde: ¿Qué pasó? ¿No les interesa? Román: Pues sí... pero quinientos pesos. Conde: Pues, a mí se me hace que por quinientos pesos está muy bien la onda. No hay que presentar examen, ni nada. Sólo pagar. Román: Está bien. Yo con tal de pasar la materia sí los pago. Gonzalo: Serás millonario. Román: No, no soy millonario, pero francamente prefiero conseguir quinientos pesos a repetir año. Conde: Bueno, hay otro detalle. Si quieren arreglar las calificaciones, tienen que darme el - 5 dinero antes del viernes, porque después de ese día ya no se puede hacer transa.

Gonzalo: Es muy poco tiempo para conseguir el dinero. Conde: Lo siento, pero la cosa está así. Yo no puedo hacer nada. Román: Está bien, Conde. Conde: Si se deciden, ya saben dónde encontrarme. Nos vemos. Gilberto: Adiós. (El Conde sale.) Gonzalo: Pendejo, Román. ¿Para qué le dices que sí? Román: Es que no hay otro camino. Pagar o reprobar, he ahí el dilema. Yo por mi parte prefiero pagar. Gilberto: ¿Qué son quinientos pesos a doce meses de clases? Gonzalo: Nada. Hay que conseguir el dinero en cuatro días. Nos vemos. Escena 3 (Papá de Gilberto y Gilberto bajo una área de luz.) Papá: ¿Qué cosa?! ¿Quieres que te adelante cinco años de domingos? ¡Estás loco! ¿Para qué quieres quinientos pesos? Gilberto: Son para una onda, papá. De veras los necesito. Papá: Pues, ponte a trabajar. Gilberto: Pero, comprende, papá. Papá: ¿Qué quieres que comprenda? Gilberto: Pues... pues, que necesito ese dinero. Así como tú alguna vez le pediste a mi abuelo. Papá: Bueno. Tu abuelo era un poco estricto, pero... nos ayudaba cuando teníamos algún problema. Como debe ser entre padre e hijo. Gilberto: Entonces, ¿qué, papá? - 6 Papá: ¿Cuánto dices que necesitas? Gilberto: Quinientos pesos. Papá: Está bien. Gilberto: (contentísimo) ¡Gracias! Eres el mejor papá que he tenido en toda mi vida.

Papá: No seas exagerado y déjame en paz. Cuando me traigas la boleta con tus notas te doy el dinero. Gilberto: (desilusionado) ¿Las notas? Papá: Claro. ¿O crees que te voy a premiar por reprobar año? (oscuro) Escena 4 (Area de luz sobre Gonzalo y su mamá) Gonzalo: ¿Entonces qué, mamá? Mamá: ¿Qué de qué, mi hijo? Gonzalo: De la lana, mamá, de la lana. Mamá: A ver. ¿Para qué quieres la lana? Gonzalo: Es para unas cosas de la escuela, mamá. Mamá: Ah, caray. ¿Y ya le sacaste al cochino? Gonzalo: Tch. ¿Cuál? Si ya lo rompí y nomás tenía tres pesos. Mamá: No me refiero a ese cochino, sino al cochino de tu padre. (se ríe) O ponte a trabajar. En menos de un mes juntas esa cantidad. Gonzalo: ¿Trabajar?! ¡Pero si me urge, mamá! Mamá: Pues sí, m'hijo, pero qué quieres que haga. El dinero no se da en los árboles. Gonzalo: ¿Entonces? Mamá: Pídeselo a tu padre. Ahí después me cuentas. (Salen los dos) Escena 5 (Casa de la Tía de Román. En un rincón se encuentra un enorme perro de nombre Nixon. La tía - 7 solterona se encuentra dándole a comer a su loro Aníbal en tanto Román le hace la barba.) Román: Orale, tía. ¿Qué le cuesta? Si nomás se los estoy pidiendo prestado. En cuantito los junte se los regreso íntegros. Tía: Si no te conociera, Román, te los prestaría sin chistar, pero ya sé cómo eres de sinvergüenza.

Rom: Ah, ya ve cómo es de mala conmigo. Encima de que no me quiere prestar me llama sinvergüenza. Tía: Pues porque eres un sinvergüenza. Rom: ¿Yo, tía? Tía: Sí, tú. Y no pongas esa cara de inocente, que ni te queda. Sólo te acuerdas de mí cuando me necesitas. Rom: (teatral) Tía. Sus palabras me han herido profundamente aquí, en el corazón. Yo no sé por qué me dice eso, si nunca le he dado motivo. Tía: Creí haberte dicho que no. Rom: (medramático) Está bien. No es la primera vez que pido ayuda y recibo desprecio e incomprensión. Lo sé. Adiós, tía. Espero que Dios le perdone. Tía: No seas payaso. Román: ¡Oh, Dios! Ni en mis últimos momentos me toman en serio, pero no la culpo, tía. Mi vida, mi triste vida, está sembrada de rechazos y desengaños que han culminado en el día de hoy. Adiós, tía. Permita que me vaya recordándola tal y como siempre le creí. Amable y bondadosa. Tía: (angustiada) ¿A dónde vas, Román? Rom: A caminar por los sitios de mi niñez. A contemplar por última vez la puesta del sol, que coincidirá con el ocaso de mi vida, mi triste vida. Tía, no le digo adiós, sino hasta luego. Nos veremos allá. (Señala arriba)- 8 (Román se retira penosamente dirigiéndose a la puerta. La tía se angustia creyendo que su sobrino hará una tontería.) Tía: Román... (Más fuerte) Román... Rom: ¿Me llamó? Tía: (sollozante) Sí, Román. Cambié de parecer. Rom: ¿Entonces me va a prestar el dinero? (La tía asiente) ¡Yuju! Gracias, tía. Usted se va a ir al cielo. Tía: Te los presto, pero con una condición: que me traigas a tus padres para que sepan lo del préstamo. Rom: No la amuele, tía. Tía. Ya lo sabes. Si quieres el dinero, tráeme a tus padres.

Escena 6 (En frente de la escuela. Se encuentran los tres amigos) Gilberto: No conseguí ni madres. Gonzalo: A mí, mi jefa puras porras me echó, pero de dinero nada. Gilberto: Es difícil conseguir tantísimo dinero. (Se quedan pensativos. Pausa) Román: Miren. La cosa es ésta. si no conseguimos el dinero, nos reprueban, ¿verdad? Gon. y Gil.: Sí. Rom: Si no conseguimos el dinero por las buenas, lo conseguiremos por las malas, ¿no? Es sencillo. Gon: ¿Sencillo, qué? Rom: Conseguir el dinero. Miren, yo por ejemplo tengo una tía que tiene harto dinero. Si nos ponemos abusados, le sacamos lo que nos hace falta. Gonzalo: ¿Y cómo? (Guardan silencio, intercambiando miradas entre sí.) Gilberto: Ya. ¿A poco están pensando lo mismo que yo? - 9 Gon: Pues, sí. Nomás le quitamos el dinero y nos vamos. ¿Verdad, tú? Rom: Eso. Nadie supo nada y todos contentos. ¿Eh, qué te parece? Gil: No sé... Gon: ¿Te estás rajando? Gil: Pues sí, mano. Reprobado y por encima de eso, ladrón. Y si nos agarran, nos echan a la cárcel. Gon: Pero es que no hay otro remedio. Si quieres repetir año, allá tú. Yo sí me arriesgo. Anímate, hombre. Gil: (después de pensarlo) Bueno. ¿En dónde nos vemos? Escena 7 (Las luces disminuyen su intensidad hasta dar la sensación de noche. Exterior de la casa de la tía. Al pie de un farol se encuentran los tres amigos. Román les da las últimas instrucciones, dándoles máscaras) Gil: Oye, ¿no podías conseguir otra cosa más que esto?

Rom: Uh. Pues, ¿qué esperabas? ¿Máscaras del Pato Donald, del Ratón Miguelito o qué? Gil: No, pero tampoco estas porquerías. Rom: Vamos a un robo, no a un carnaval. (Se ponen las máscaras) Gon: ¿El dinero dónde está? Rom: En un jarrón en la cocina. Mientras ustedes van a la sala, yo saco el dinero. ¿Alguna pregunta? Gil: Oye: ¿Tu tía no tiene perro? Rom: Sí, pero no hace nada. ¿Alguna otra pregunta? Gil: ¿Seguro que no hace nada? Rom: Seguro, hombre. Además, duerme arriba con la tía y el dinero está aquí abajo en la cocina. 10 Gil: Es que ya lo estuve pensando y creo que es mejor que uno se quede aquí afuera a vigilar. Por ejemplo yo. Gon: (A Román) ¿Qué te dije? De cientos de estudiantes que hay en la escuela, nos tenía que tocar el más cobarde. Gil: ¡No es miedo, baboso! Gon: ¿Entonces, qué es, idiota? Rom: (separándolos) A ver si ya se callan y guardan sus energías para el robo. Vámonos. (Gilberto tropieza con unos botes de basura, que hacen un escándalo endemoniado. Los amigos regresan para auxiliarlo. Gilberto grita por el dolor.) Rom: (A Gilberto) ¡Cállate, estúpido! Gil: (gritando) ¡Ay, mi patita! ¡Ayyyy! Gon: Idiota, ¿quieres que nos descubran? (Una luz se enciende en lo alto de la casa. Los amigos se paralizan del susto al oír la voz de la tía.) Voz tía: ¿Quién anda ahí? Román: Rápido. Hagan como gatos para que no sospeche. Miauu....

(Los tres amigos comienzan a maullar en forma escandalosa. Desde arriba, de donde sale la luz, le arrojan un zapato a Gilberto, que le da en plena cara derribándolo. Terminan de maullar y la luz se apaga.) Román: (respirando aliviado) Uf. Estuvo cerquita, ¿verdad? Gon: (A Gilberto) ¿Quihubo? ¿Qué te pasó? Gil: (limpiándose la sangre de la nariz) ¿Qué no viste, idiota? La tía de este güey me acaba de partir la madre. Rom: Ya, hombre. Por lo menos no sacó la escopeta. - 11 Gil: ¿Escopeta? ¿Qué escopeta? Mira, pinche Román. Tú dijiste que no había peligro. Y lo primero que pasa, es que me dan un madrazo. Rom: ¿Sí? ¿Y quién tuvo la culpa? Gil: Eh... Pues... Yo. (pausa) Pues, si ustedes quieren seguirle, órale. Yo aquí me rajo. Gon: Ni modo, pues. Si quieres irte, vete. Rom: Adiós, Gilberto. (Gilberto se dirige a la barda, en donde se detiene pensativo. Titubea.) Rom: (en voz alta, para que lo oiga Gilberto) Qué lástima, ¿verdad? Ya cuando faltaba lo más fácil. Gon: Sí, hombre. Ha de querer repetir año. (mirando a Gilberto) ¿Qué pasó? ¿No que ya te ibas? Gil: Pues, sí, pero... (se acerca a ellos) Mira, Román. Pasa otra cosa y ahora sí me largo, ¿eh? (Los tres enmascarados entran. Se quitan los zapatos para no hacer ruido. Román se dirige al fondo, mientras Gilberto y Gonzalo se quedan en primer término. Gilberto se dirige a una mesa en donde hay un gran bulto envuelto con un trapo. Quita el trapo, dejando al descubierto la jaula del loro Aníbal, que se despierta dando de gritos.) Loro: ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Llegan los insurgentes! ¡Sálvese quien pueda! ¡Niños y mujeres primero! (etc.) Gon: (A Gilberto) ¡Calla a ese loro, idiota! Gil: ¡No me grites que no estoy sordo! Rom: (entrando en la sala) ¡Callen a ese loro, par de idiotas! Voz tía: ¿Quién anda ahí? (Al oír la voz de la tía se congelan del susto. Por la escalera baja la tía. Ladra el perro Nixon.)

Rom: Chin. Ya nos descubrieron. - 12 Gon: ¿Y ahora qué hacemos? Gil: Pues yo me largo de aquí. (se echa a correr) Rom: Espérate. Por ahí no. (Gilberto se tropieza con un banco y va a caer a los pies de la tía, que grita escandalizada. El perro ladra en tanto la tía toma un paraguas y le suelta unos golpes. El loro continúa con su escándalo.) Tía: ¡Se necesita ser un sinvergüenza para venir a abusar a una pobre e indefensa mujer como yo! (golpeando a Gilberto) ¡Tenga, desventurado, malviviente! ¡Duro, Nixon! No lo dejes ir! Gil: (gritando) ¡Auxilio! ¡Socorro, muchachos! Escena 8 (Oscuro. La parte del escenario correspondiente a la calle se iluminia. Al pie del farol se encuentran los tres amigos. Román cuenta el dinero sentado en el suelo a un lado de Gonzalo, en tanto Gilberto se pasea inquieto sobándose las nalgas.) Gil: Me carga la chingada. ¿Por qué no me fueron a ayudar? ¿Por qué me han dejando solo con esa pinche vieja y su perro? Gon: Es que eres bien baboso. Sólo a ti se te ocurre ir a despertar a ese perico. Gil: ¿Y yo cómo iba a saber que era perico? Rom: Bah. Tú nunca sabes nada. Gil: Tú, pinche Román, ni hables. Por hacerte caso por poquito y nos cae la policía. Rom: ¿Sí? ¿Y quién tuvo la culpa? Gil: Pues... Yo. Pero... Gon: Pero nada. Está visto que aparte de grandote eres menso. (A Román) ¿Alcanza? Rom: Hasta sobra. Son mil seiscientos pesos. Gon: Suave. Ya reparte el dinero para irnos a dormir. Rom: Está bien. Entonces nos vemos mañana con el Conde para arreglarlo de la materia. - 13 (Los tres amigos asienten. Se reparten el botín.) Escena 9

(Exterior de la escuela. Se hallan los tres amigos entregándole el dinero al Conde. Se les ve tristes y abatidos, con visibles huellas de desvelo en sus caras.) Conde: (apuntando en una libreta) Listo. Ya den por pasada esa clase. Rom: ¿Para cuándo estarán las calificaciones? Conde: En tres o cuatro días más o menos. Nos vemos luego. Rom: Hasta luego, Conde. Conde: Y ya no se preocupen por eso, que ya pasaron. (se va.) Gon: Bueno. Al fin pasamos matemáticas. Rom: Ya era hora, ¿no? Gil: Digan lo que digan, a mí ese güey no me da nada de confianza. Gon: Ah, ya vas a empezar. Gil: ¿Sí? A ver si dices lo mismo ahora que nos reprueben. Rom: Bueno, a mí me van a perdonar, pero tengo que hacer una visita. Gon: Es muy temprano para andar de lujurioso. Vas a acabar ciego y sin dientes. Rom: Ojalá fuera eso, pero no. Voy a ver a mi tía para ver si no descubrió algo. Gon: Ahí nos avisas, pues. Gil: Se lo dije, pero no... Gon: Ah, ya cállate. Ni le hubieras dicho nada, ya va empezar con su yo se lo dije, yo se lo dije. (Comienzan a discutir. Los tres amigos salen, Román por un lado y los otros dos por otro.) Escena 10 (Casa de la tía.) Ella está sentada en medio del caos ocasionado durante el asalto. Toma té y tiene 14 un pañuelo mojado sobre la frente. Tocan a la puerta. Nixon comienza a gruñir.) Tía: ¿Quién podrá ser a estas horas? Quieto Nixon, quieto. (Entra Román y el perro le ladra.) Román: ¿Qué rayos tiene ese animal?

Tía: Ay, Román, si supieras lo que pasó anoche, no me preguntarías. (Nixon ladra a Román) ¡Nixon! ¡Quieto! Está un poco nervioso por lo de anoche, pero pásale, no muerde. Rom: (viendo el desorden) ¡Qué barbaridad! ¿Qué pasó? Parece que tuvo fiesta. Tía: No hagas bromas de lo que pudo haber sido una tragedia. Anoche me asaltaron y por poco me voy para el más allá. Rom: ¡No puedo creerlo! ¡Sinvergüenzas! Parece mentira que le hayan asaltado, tía. Yo que usted hubiera llamado a la policía. Tía. Ay, ni lo mande María Purísima. Con tres ladrones en la casa ya era suficiente. Rom: ¿Y usted qué hizo cuando se enteró de que la robaban? Tía: Agarré un paraguas y me empecé a defender. Hubieras oído qué gritos. Rom: ¿De usted? Tía: No, del ladrón. Ay, Virgen Santísima, pero con todo fue inútil. (sollozos) Rom: ¿Por qué? No la habrán tocado, ¿verdad? Tía: (digna) ¡Eso nunca! Primero muerta que mancillada. Rom: Entonces, ¿por qué está afligida, tía? Tía: Es que... Es que el dinero que se robaron era el que te iba a regalar el día de tu cumpleaños. 15 Rom: ¿Qué? Tía: Por eso no quería prestarte el dinero. Para darte la sorpresa. Rom: (abatido. Para sí) Pero ¿cómo se nos fue a ocurrir? Tía: ¿Qué dices? Rom: Nada, tía. Que ah qué ladrones estos. Bueno, pero lo importante es que usted está bien y que no le haya pasado nada. Tía: De veras lo siento mucho, Román. Rom: Le aseguro que no tanto como yo. Pero... ¿está segura que se robaron mi dinero? ¿No habría sido otro?

Tía: Tan segura como que ayer me robaron. Pero tú mismo acabas de decir que lo más importante es que yo esté bien. Rom: Claro, tía. Usted es lo único que me importa. (empieza a sollozar) Tía: Pero no llores, ya todo pasó y yo estoy bien. Escena 11 (Oficina de Crisóstomo. El maestro cierra la puerta del cubículo y se pone a acomodar la oficina. Pausa. Se oyen toquidos y Crisóstomo se sobresalta. Se acomoda la corbata, se peina con las manos y por último saca un desodorante en spray, para rociarse en forma escandalosa. Rocía también el ambiente. Terminado este rito, se dirige a la puerta y abre. Entra el Conde.) Conde: Quihúbo, Crisóstomo. ¿Qué cuentas? Cris: (con desilusión) Ah, eres tú. Conde: ¿Pues a quién esperabas? ¿A Cindy Crawford? Cris: No, pero tampoco te esperaba a ti. ¿Qué pasó? ¿A qué se debe el milagro de tu visita? - 16 Conde: Pues aquí dando lata. (oliendo el ambiente) ¡Guaca! Oye, pues ¿qué estabas tragando? Cris: Tequila. ¿Quieres un trago? Conde: Orale, mientras hablamos de negocios. Cris: (interesado) ¿Negocios? ¿Cayeron más? Conde: Son tres y andan desesperados por pasar matemáticas. Cris: ¿Y quién es su maestro? Conde: Tú, güey. Cris: Uh, entonces va a estar fácil cambiar las notas. (le da un vaso con tequila) No sabes el alivio que me das, Conde. Ya andaba chingado con eso de los impuestos, los malditos impuestos que sólo sirven para mantener políticos huevones. No sé cómo le hagan los demás maestros para vivir con la miseria de sueldo que nos dan... Conde: Salud. Cris: Salud. (bebe) Conde: ¿A quién estabas esperando? Cris: A dos chamaconas que quieren pasar la clase a como dé lugar. Tú dices si te apañas a una.

Conde: Cómo no. ¿Quiénes son? Cris: La Leti y la Rarotonga. Conde: ¿Quién? Ah, la que está bien... (Hace la mímica de tener unos senos enormes) Cris: Esa mera, que es para mí. Nomás que vengan, desapareces adonde tú ya sabes. Conde: (frotándose las manos) Juega. ¿Salud? Cris: Salud. (Ambos brindan. Unos toquidos los sobresaltan. Crisóstomo esconde la botella y los vasos, volviendo a repetir el ritual del desodorante. Se arregla por enésima vez el pelo, la corbata, y el traje. El Conde va a la puerta y la abre. Entra la Rarotonga.) La Rarotonga: Hola, maestro. - 17 Cris: Rarotonguita, te quiero presentar a un amigo. La Raro: (riendo) Oye, entre dos no, ¿eh? Cris: (demagógico) Cómo crees, muchacha. Ante todo somos unos caballeros. Conscientes de lo que significa un trato entre... La Raro: (interrumpiéndolo) Frena tu carreta, primo, y vamos al grano. ¿Con cuál de los dos hay que atorarle? Cris: Conmigo, morenota. Conde: ¿Y yo? Cris: Al rato llega la otra. (Le hace señas para que se vaya) En cuantito llegue te la mando. Conde: ¿Y si no viene? Cris: Si viene, hombre. Ahora haz como que te largas. (El Conde se retira desganado y se mete a un armario. Crisóstomo seduce grotescamente a la Rarotonga mientras dice sus diálogos.) Cris: Entonces qué mi reina. ¿Cuánto quiere que le ponga? La Raro: ¿En dónde? Cris: De calificación, mi reina. La Raro: Mh... Un siete.

(El la acuesta detrás del escritorio.) Cris: Seis es para los burros. Si quieres siete, siete te pongo. (intenso) Pero si te portas bien, te pongo ocho... (Se abre de pronto la puerta, entrando una muchacha gorda, de anteojos y trenzas retorcidas. Crisóstomo da un brinco y con su traje trata en vano de cubrir a la Rarotonga.) Gorda: ¿Es usted el maestro Crisóstomo? Cris: ¿Quién, yo? Ah, sí. ¿En qué puedo servirte? Gorda: (comenzando a desvestirse mientras habla) Vengo de parte de Leti para decirle que está enferma y que no puede venir a verlo. Pero yo - 18 como soy su mejor amiga, vengo en su lugar para lo que usted ya sabe. Cris: Bueno, yo en realidad. Gorda: (interrumpiéndolo) Ah, y que quiere un siete. (Crisóstomo la empuja hacia el armario) Cris: Bueno, yo ahorita estoy calificando, pero te puede atender mi secretario, ¿eh? Te prometo tu siete. Anda sé buena chica y ve con él. (La mete de golpe en el armario, para luego regresar adonde se encuentra la Rarotonga. Nuestra atención se fija ahora en el armario, que se ilumina débilmente, dejando oscuro el cubículo en donde se halla el maestro.) Conde: (melódico) ¿Eres túuu? Gorda (melódica, siguiéndole la corriente) ¡Síiiii! Conde: Ven para acá, muñecota. (Prende un cerillo y le ve la cara. Pega un grito y trata de escapar, pero la Gorda lo sujeta firmemente.) ¡Sáquese! ¡Suélteme! ¡Quítese! ¡Socorro! Gorda: No te vayas corazón, que necesito un siete. Conde: ¡Te pongo diez, pero suéltame! ¡Socorro! ¡Auxilio! (Las luces se apagan.) Escena 12 (Los tres amigos, el Llorón y el Místico están en la cola) Llorón: (A Gonzalo) Oye, mano, préstame diez pesos y mañana te los pago.

Gonzalo: Uh, cuate, no puedo. Llorón: Mañana se los doy. Son para el examen de física. Gon: (conmovido) Está bien. Sólo porque sé lo que es estar reprobado. Llorón: Gracias, mano. Nos vemos luego. (Se va)- 19 Gilberto: Este es el negocio del siglo. cuando sea grande voy a poner una escuela. Román: Poner. Serás gallina. Gonzalo: (A una dependiente imaginaria) Vengo por mi boleta, señorita. Mi nombre es Gonzalo Martínez. (pausa) Gracias, señorita. (se quita de la hilera) Gilberto: Gilberto Terrova, señorita. (pausa) Gracias. (sale de la fila) Román: Román Urachástegui. (pausa) ¿Qué Urachástegui, señorita? U-ra-chas-te-gui... Sí, gracias. Gil: Ahora sí, muchachos, ya se nos hizo pasar año. Gonzalo: Pero silencio, quiero ver el siete en este papel. El siete que significa el fin de todas mis preocupaciones y desvelos. (Rompen los sobres y sacan las boletas para ver las calificaciones. Sorpresa. Gilberto hace pedazos la boleta.) Gilberto: (furioso) ¿Dónde está ese hijo de toda su pinche madre? Gonzalo: ¡Tres! ¡Nos han puesto tres de calificación! Gilberto: ¡Se lo dije, pero no! ¡Sólo a un trío de idiotas como nosotros se les ocurre confiar en ese cabrón, hijo de la chingada! ¡Haberle pagado quinientos pesos para que nos pusiera tres de calificación! Román: Gilberto, por favor cállate. Gilberto: ¡No me callo! Voy a romperle la madre al Conde. (gritando) ¡Condeeeee! ¿En dónde estará escondido ese cabrón? ¡Condeeeee! (Entra el Conde.) - 20 Conde: (saludándolos) Hola, muchachos. ¿Qué cuentan? Gonzalo: Oye, cabrón. Nos acaban de entregar la boleta y tenemos tres de calificación. Conde: ¡¿Cómo?! Gonzalo: (amenazante) No te hagas pendejo.

Conde: ¡No, no! Cálmense. La culpa la tiene el cuate ése. Les juro que ni sabía que los habían reprobado. Gonzalo: ¿Quién es tu cuate? Conde: Espérense un poco y hablo con él. Román: Hablar. ¡Madres! O nos dices quién es o aquí te rompemos la cabeza! Conde: Si quieren romperle la madre a alguien, váyansela a romper a Crisóstomo. El es quien arregla las calificaciones. Román: ¿Crisóstomo el maestro? Conde: Sí. Ahorita está en su oficina en una junta de maestros. Gilberto: Pues, vamos. (salen corriendo, dejando atrás al Conde.) Escena 13 (Los tres maestros se encuentran en la oficina charlando. No se oye lo que dicen) Voz Gilberto: (gritando) ¿Dónde está ese hijo de toda su pinche madre? (ruido de golpes. Voces) Maestra 2 : Deben ser los porros. Maestra 1: (alarmada) ¿Qué querrán? Maestra 2: No perdamos la calma. (La puerta se abre de repente, Entran los tres amigos. Román agarra a Crisóstomo y está para golpearlo. Las maestras salen para buscar ayuda.) Cris: ¿Qué es lo que quieren? Gonzalo: Lo sabes perfectamente. Cris: No, no lo sé. - 21 Román: Queremos que nos devuelvas nuestro dinero o que nos pases la materia. Cris: Están locos si creen que voy a hacer eso. Gilberto: O lo haces o te madreamos. Cris: Pueden golpearme si quieren. Pero recuerden que las maestras ya fueron por ayuda, y señores, esto puede acabar en la cárcel. Gonzalo: Les diremos que nos engañaste con lo de las calificaciones.

Cris: ¿Y a quién van a creer? ¿A un maestro o a un alumno reprobado que llega causando daños en una propiedad federal? Román: Cállate! Cris: Lo mejor que pueden hacer es largarse antes de que venga la policía. Rom: Ah no. Si me van a meter a una cárcel, que sea por algo. (saca una navaja) Cris: Vamos, no es para tanto. No se acerque. No. Rom: Sujétenlo mientras corto. Gonzalo: ¿Cortar, qué? Rom: Qué va a ser, idiota. Agárrenlo. (Gilberto y Gonzalo sujetan al maestro, que empieza a patalear. Román trata de quitarle los pantalones) Cris: ¡Ay, no muchachos! ¡Espérense por favor! ¡Tengo esposa e hijos! No! Rom: Agárrenle bien las patas, que no me deja cortar. Cris: ¡Me rindo! ¡Me rindo! Haré todo lo que me digan, pero por favor no corten nada. Román: Vas a firmar un papel en donde te comprometas a pasarnos la materia y a devolvernos nuestro dinero. Andale. Cris: Sí, sí haré todo eso. - 22 (Va a un escritorio y comienza a escribir. Se oyen voces afuera.) Román: Apúrate, Crisóstomo. Gonzalo: Ya viene la policía. Voz policía: Abran la puerta o la derribamos. Román (a Crisóstomo) Apúrate! ¡Apúrate! (La puerta es derribada violentamente. Hay un súbito oscuro) Escena 14 (Vuelve la luz y entra la Entrevistadora con su micrófono y el camarógrafo, quien pretende tomar película)

Entrevistadora: Damas y caballeros, esto que acaban de observar fue un pequeño escándalo que sucedió hace años en un conocido instituto. Para la tranquilidad de algunos padres de familia que nos están viendo, repito que esto sucedió hace mucho tiempo y, gracias al ejemplo de maestros y autoridades, tanto del instituto como del gobierno, no ha vuelto a ocurrir, se lo aseguro. En México no hay corrupción y eso se lo pueden preguntar a cualquier político o a quien quieran. Bueno, como ésta es una historia moralista, quiero mostrarles unas pequeñas entrevistas que servirán como broche final a lo que acaban de ver. (Entra Román vestido como campesino y cantando una ranchera.) Entrevistadora: Buenas tardes, señor Román Urachástegui. ¿Qué nos puede decir acerca de lo que pasó ese día tan lejano de su juventud? Román: Pues. Nada. Que nos cayeron y que por más que enseñamos ese papel que nos había firmado Crisóstomo, nos echaron de la escuela. Entre: ¿A qué se dedica usted actualmente? Rom: A nada, en realidad. Mi tía se murió y me dejó una considerable fortuna que he invertido en el - 23 campo, sembrando maíz, frijol, papa, mariguana, trigo, etc. Me ha ido muy bien. Entre: Le felicito, entonces. Gracias y hasta luego. (Sale Román y entra Gonzalo) Entre: Le haremos la misma pregunta a otro de los protagonistas de aquel terrible escándalo, que en estos momentos llega a nuestras cámaras. Buenas tardes, señor Martínez. ¿Qué nos puede decir acerca de lo que ha visto en esta obra? Gonzalo: Que todo es rigurosamente cierto y que yo celebro el hecho que no se hayan repetido tan tristes eventos. No sé por qué el autor de esta pieza se empeñó en recordar esto. Entre: La intención del autor es mostrar la corrupción que existía en el pasado. Gracias a una política que apunta hacia arriba y adelante, ya no existe. ¿A qué se dedica actualmente, señor Martínez? Gon: Soy escritor. No sé se ha escuchado que mi último libro es un best-seller. Entre: No sabía. ¿Cómo se llama el libro? Gonzalo: Bajo el sol de Zacatenco. Yo fui estudiante honrado. Entre: Gracias por sus palabras. Hasta luego.

(Sale Gonzalo. Escuchamos tambores militares y mucho ruido de gente. Entra toda la compañía tirando confeti, mientras rodean a Gilberto que viene vestido como Presidente de la República, con una banda tricolor que le cruza el pecho. Música. Flashes y letreros que dicen "bienvenido, señor presidente," etc.) Entre: En este momento llega la comitiva presidencial, que ha salido del Palacio Nacional para hacer un recorrido triunfal por toda la ciudad. El señor presidente, cuya limpia trayectoria ha servido para ejemplo de toda la juventud, saluda entusiasta - 24 al pueblo de México, que ha venido para aclamarlo. (se acerca) Unas palabras, señor presidente. Gilberto: (con acento demagógico) Yo siempre he dicho que no hay nada como la honradez y la integridad en un individuo. Por eso, espero que toda la juventud mexicana siga mi ejemplo, para que México sea cada vez más grande y mejor. Señores: La Honradez Somos Todos. (Aplausos ) TELON

Abuelita de Batman

“ABUELITA DE BATMAN "

Comedia en cinco cuadros original de Alejandro Licona.

" SIDAHARTA "

Frente a un espejo imaginario, el GALÁN termina de arreglarse. Ensaya miraditas, sonrisas seductoras y risitas de Don Juan

GALÁN: (Suspirando) Bueno. A lo que te truje...

Se coloca un saco disponiéndose a salir. Mira en torno

GALÁN: Creo que todo está listo. Flores, cogñac.Ya puse a enfriar el champán. Ojalá no tome mucho porque nomás compré una botella. Está carísimo (recordando) Ay, la música. No la he escogido (recapacitando) No. Mejor la busco en el momento. Es cachondo ponerse a buscar discos (Con voz seductora) ¿Qué prefieres? ¿ Brahms o José José? Tengo grabaciones exclusivas. Bueno. Pues vámonos. Ojalá no haya mucho tráfico aunque siempre es elegante llegar tarde.

Se oye que tocan a la puerta. El GALÁN se extraña y acude a abrir. En la entrada aparece una mujer

GALÁN: Ah, hola Estela ¿qué cuentas? ESTELA: Nada. Aquí nomás ¿tú? Ay, que elegante. No estás ocupado ¿Verdad? GALÁN: No, pero... ESTELA: (Entrando) Invítame un café entonces. Necesito hablar contigo.

El GALÁN duda por unos momentos. La mujer se mete sin esperar invitación

GALÁN: Pásale. Nada más que tengo un poco de prisa. ESTELA: No pienso tardarme (viendo en torno) ¿sabes qué me fascina de tu casa? que siempre la tienes arreglada y con flores. Me encanta. GALÁN: ¿No podríamos vernos mejor otro día? ESTELA: Rodolfo. Hace meses que no nos vemos. Que no sabemos el uno del otro. GALÁN: Me hubieras hablado. Es que ahorita tengo una cita...de negocios. ESTELA: ¿Y no puedes hablar diciendo que vas a llegar tarde? GALÁN: Cómo crees. Eso no se hace. Es importante además. ESTELA: Me imagino... ¿no me vas a ofrecer nada? GALÁN: Estela, en serio. Tengo que irme. No es que te corra, cariño. ESTELA: (Enternecida) Ay, hacía tanto que no me decías así. Me encanta. GALÁN: Mira. Mañana no tengo nada qué hacer ¿por qué no vienes y recordamos viejos tiempos, mh? ESTELA: ¿Por qué nunca me llamaste? Te hablaba a diario ¿qué nunca te pasaron mis recados? GALÁN: ¿Por qué no hablamos de eso después, Estela? Se me está haciendo tarde. ESTELA: Cuando andábamos, yo era lo más importante para ti, Rodolfo. GALÁN: Pero ya no andamos, mi vida...

La mujer mira con tristeza y reproche al GALÁN.

GALÁN: Mañana puede ser. Si quieres de una vez quedamos en la hora.

ESTELA: ¿Cómo puedes decirme eso, después de todo lo que vivimos? Cuando menos trátame como amiga. GALÁN: Mi amor. No creo ser grosero ni descortés. Simplemente hoy no podemos platicar. Entiéndelo ¿sí? Ahora si me permites... ESTELA: Cuando menos dime por qué tronamos. GALÁN: (Impaciente) Estela. Mañana hablamos todo lo que quieras. Ahorita no puedo. ESTELA: Sólo quiero saber. No creo haberte hecho nada. Andábamos, sí pero ¿cuándo terminamos? De buenas a primeras me cortas sin decirme por qué. GALÁN: ¿Te vas o te quedas? Te puedo dar un aventón. Voy por tu rumbo. ESTELA: Rodolfo. Dime por favor. GALÁN: Desde el principio quedamos que era sin compromiso. Que si lo hacíamos era por...sentirse bien. Acompañados. Nunca te pedí nada ni tú a mí.Ya pasó. Cada quien por su lado. ESTELA: Rodolfo. No te puedes pasar la vida de acostón en acostón. Necesitas echar raíces. GALÁN: Así soy feliz. Nunca te lo oculté. Lo sabías (mirando su reloj) Uta madre. Ya es tardísimo. Deja avisar que voy a llegar tarde.

Va a un teléfono pero se arrepiente.

GALÁN: Mejor hablo del estudio. Ahorita regreso. ESTELA: Sí, mi amor. GALÁN: (Aparte. Al público) Pinches viejas. No les puede dar uno amor porque de inmediato se sienten con derecho a todo. Y todavía pregunta la pendeja por qué la corté...

Se marcha el GALÁN. ESTELA se -sienta. Se abre el escote y se levanta la falda. Poco después regresa el GALÁN.

ESTELA: ¿No pones música? GALÁN: ¿Quieres? ¿No que vamos a hablar? ESTELA: Es que te ves tan varonil buscando discos ¿qué prefieres? ¿Brahms o José José? GALÁN: (Viendo el escote abierto) ¿Qué no andas con nadie, Estela? ESTELA: El último fuiste tú y sigo esperándote. GALÁN: Quedamos en que éramos libres. Sin compromiso. Además lo nuestro ya tiene rato. Si no has buscado es porque no has querido. ESTELA: ¿Le llamas rato a tres meses? GALÁN: Pues sí ¿no? ESTELA: Has sido el mejor de todos, Rodolfo. GALÁN: (Con falsa modestia) Tú también tienes lo tuyo. ESTELA: ¿Por qué no seguir? GALÁN: Porque me gusta mi libertad. No quiero estar atado a nadie, por eso. ESTELA: Ya no eres joven, Rodolfo. El tiempo pasa ¿quieres estar solo el día de mañana? GALÁN: Si tú te sientes vieja, no es asunto mío. Yo todavía la hago y prueba de ello es que no falta quien quiera acompañarme ¿Cómo voy a creer que en tres meses no hayas agarrado nada? Y fea no estás, Estela. ESTELA: Gracias. Siempre has sido muy amable. Caballeroso GALÁN: Mira, si lo que pretendes es formalizar una relación, viniste al lugar equivocado. No soy de ésos. Si quieres sexo, órale.Que valga de algo la visita

El GALÁN trata de fajarla.

ESTELA: (Ofendida) ¡Suéltame! GALÁN: ¿Qué quieres, entonces? Vienes. Te abres y enseñas. Si no vienes a eso ¿a qué carambas entonces? ¿A que andemos de manita sudada? Estás como operada del cerebro. ESTELA: Cuando me acuesto, me gusta amar. GALÁN: (Aparte. Al público) ¿Ves por qué las corto? Porque todas son iguales. Luego luego quieren casa (A ESTELA) De haber sabido que eras una mojigata apretada, me cae que ni caso te hago. Chin. Pensé eras inteligente, liberada. Mira nomás con qué mamadas me vienes a salir a estas alturas ¿Sabes qué? Vete. Con suerte y todavía alcanzo a la chava con la que quedé de verme.

Se hace un silencio ominoso.

ESTELA: Ofréceme algo de beber. De seguro compraste champán. GALÁN: ¿No quieres mejor Bacardí? El champán es caro (cizañoso) Lo uso sólo en grandes ocasiones ESTELA: ¿Sabes qué? No te sale ser malo. En el fondo eres bueno.Tierno. Buscas protección. GALÁN: Oh sí y también tengo complejo de Edipo. Dicen además que todos los donjuanes somos homosexuales en potencia. Es lo que dicen todas cuando las mando al carajo. Para desquitarse. No me importa. Me gusta ser así. Disfrutar de la vida. ESTELA: Estoy segura que vas a cambiar. GALÁN: ¿Además de sicóloga eres adivina? Mira tú. Y yo que nunca me di cuenta. ESTELA: Es inútil que trates de convencerme que eres muy malo. Te conozco. No eres así. No necesitas hacerla de villano para alejarme. No hace falta, de veras ¿brindamos?

El GALÁN va a un mueble y sirve en dos copas

GALÁN: ¿Por qué? ¿Por nuestro futuro y feliz matrimonio? ESTELA: Claro. Porque seamos felices el resto de nuestros días. GALÁN: Me encanta tu sentido del humor ¿sabes? Si alguna vez llegara a casarme, lo haría con una persona como tú. Eres buena compañera y sumamente cotorra.

ESTELA: A esta casa le hace falta el toque femenino. Ahora que me venga pienso cambiar esas cortinas. Nunca me han gustado. Y poner plantas. Dan tanta vida. GALÁN: ¿Los muebles están bien o los cambiamos? ESTELA: Están bien así, aunque la cocina la tienes muy descuidada. Parece cocina de soltero. GALÁN: Faltaba más. Desde mañana vamos a buscar muebles ESTELA: No crees que me venga a vivir contigo ¿verdad? GALÁN: Ay, Estela. Eres fabulosa. Salud. ESTELA: Salud.

Ambos beben. Pausa

ESTELA: A propósito de salud ¿hace cuánto que no te haces análisis de sangre? GALÁN: (Mirándola fijamente) ¿Por qué? ESTELA: Nomás. Con eso del Sida nunca se sabe. GALÁN: (Tras breve pausa) Sé con quién me meto. ESTELA: Eso mismo decía una amiga y... (No sabe que más agregar) Lo malo no es tanto morirse sino que lo traten a uno como apestado. Ay, no te me acerques. No me toques. Te dejan de visitar. Un perro se queda con más amigos. Te lo deberías hacer. No sale tan caro. Si quieres te recomiendo un laboratorio. Es muy discreto. GALÁN: Me encanta tu sentido del humor. ESTELA: ¿Sí, verdad? ¿Qué más le queda a uno? GALÁN: (Asustado) No estarías tan tranquila platicando. ESTELA: No. Lo duro es al principio. Después ya te acostumbras. Lo ves normal. GALÁN: Ay, Estela tan vaciada. Me fascinas. ESTELA: Me alegro que lo tomes así. Pensé te ibas a poner como loco. GALÁN: Pero no estás enferma ¿verdad? ESTELA: ¿Tú qué crees?

GALÁN: (Acorralado) Que no. Es obvio. ESTELA: Ay, Rodolfo. Sí estoy...

Sumamente asustado Rodolfo se pone de pie y estalla.

GALÁN: ¡¿Y lo dices así, como si nada?! ESTELA: ¿Y cómo quieres que te lo diga? GALÁN: ¡Hija de la chingada, donde me hayas contagiado verás, cabrona! ¡Te puedes ir preparando! ESTELA: ¿Y cómo sé que no fuiste tú el que me contagió? No hay modo de saberlo. GALÁN: (Jerimiqueando) ¡Sí, ahora yo, desgraciada! Y todavía tienes el descaro de venírmelo a decir. Que huevos de cabrona. Que poca madre tienes, Estela. ESTELA: Pensé que te gustaría saberlo. GALÁN: Que considerada eres, hija de toda tu...

El GALÁN se calma súbitamente. Se empieza a reír.

GALÁN: Pinche Estela, que mala eres, Por un momento me la creí. Uta...

ESTELA no responde y se limita a mostrarle un documento

GALÁN: ¿Esto, qué? ESTELA: Lee por favor... GALÁN: (Leyendo) " Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida "... ESTELA: Sida para los cuates.

El GALÁN se desploma en una silla como fulminada por un rayo.

GALÁN: Hijo, Estela. Si es una broma te juro que...

ESTELA: Ahí está el teléfono de los laboratorios. Puedes hablar cuando gustes. GALÁN: No puedo tenerlo. No yo. ESTELA: ¿Y por qué no? ¿Qué te hace inmune? ¿Con cuántas no has andado? GALÁN: Uta. Pero todas decentes. ESTELA: ¿Yo no soy decente?

El GALÁN parece no escuchar esto último. Sumamente nervioso se pone de pie.

GALÁN: ¿Quién sería? ¿Estarán todas contagiadas? ESTELA: No te recomiendo que se los digas. Se van a poner furiosas. Te echarán la culpa. GALÁN: Ay, sí. Como si yo fuera el único. ESTELA: Que manera de fregarse la existencia ¿verdad? GALÁN: ¿Y como cuánto tiempo nos quedará de vida? ESTELA: Pues...Unos cuatro o cinco años, no más (Tras breve pausa) Y vivir solo. Segregado, señalado.A ése ni hablarle porque es sidoso. A menos qué... GALÁN: ¿Que qué? ESTELA: Que vivas con una sidosa. Ni modo que te rechace o temas infectarla. Se podrían acompañar. Pasarla bien. El uno comprendería al otro, después de todo comparten el mal y están irremediablemente condenados a morir, más o menos, al mismo tiempo (suspirando) Ay pero qué tonta soy. Se me olvidaba que a ti te gusta la libertad. Bueno, me retiro. GALÁN: ¿Ya te vas? ESTELA: Por supuesto. No quiero que llegues tarde a tu cita.

GALÁN: Espera, no te vayas. ESTELA: ¿Y a qué me quedo, Rodolfo? GALÁN: Vente a vivir conmigo. Si quieres, nos casamos. ESTELA: Rodolfo por favor ¿tú pidiéndome eso? GALÁN: Hace rato dije que si me casaba con alguien, sería contigo. Lo recuerdas ¿verdad? También dije que eras guapa, inteligente. ESTELA: Vieras que no me acuerdo. GALÁN: ¿Entonces? ESTELA: ¿De? GALÁN: Vente a vivir conmigo (se hinca) Te lo pido. Te lo suplico, Estela. ESTELA: Déjame pensarlo. Háblame o déjame recados en la oficina. Yo luego te resuelvo. Nos vemos, que estés bien.

Estela se retira dejando hecho polvo a Rodolfo.

GALÁN: Pinche Estela,cabrona. Se salió con la suya...Abuelita de Batman que sí...

OSCURO.

Enero 27 de 1988.

“ME QUIERES A PESAR DE LO QUE DICES "

Entra una mujer cargando una maleta y una caja de cartón amarrada con mecates. Las deja a un lado y furiosa se dirige al público.

ESPOSA: ¿Y qué me dicen de los políticos, eh? ¿A poco no dan ganas de matarlos cuando los escucha uno hablar? Que no va a subir de precio tal cosa, púmbale, sube. Que el peso ya está estable y es cuando viene una devaluación. Que ya no va a haber corruptos ¿Y cómo viven los infelices? ¿Han visto sus casas? (breve pausa. Escudriñando con la mirada) ¿No hay nadie aquí que viva en Bosques de las Lomas? Son enormes. Con seis carros del año, de ésos que se venden por metro. Chofer y toda la cosa ¿Y quién hace algo? Nadie. Si quieren soportarlos, allá ustedes. Yo me voy. Ya estoy harta.

Va a su maleta y comienza a llenarla con ropa que va sacando de la caja de cartón. Poco después entra el POLÍTICO con huellas de bilé en la cara y tambaleante de borracho

POLÍTICO: (Ebrio) Es motivo de honda satisfacción ver que mi linda esposa es el prototipo de la mujer mexicana. Abnegada y trabajadora y que retando al destino, adverso en estos momentos para nuestra nación, se encuentra ya levantada. Lista para el trabajo hogareño. ESPOSA: Por si no te has dado cuenta, Falacio, ya son más de las diez de la mañana. POLÍTICO: ¿Ya? (consulta su reloj) Cuando uno trabaja al lado del candidato, el tiempo surca veloz el espacio hipérbole de nuestras existencias y es que, junto a ese insigne mexicano, político distinguido profesionista preclaro de estatura moral elevada y... ESPOSA: Tu chingada madre. POLÍTICO: Esposa mía. Compañera de mi vida. Eso que acabas de pronunciar es contestatario. Resentimiento social. Fuerza oscura. ESPOSA: ¿Qué horas son éstas de llegar, Falacio? POLÍTICO: Como anoté al principio de mi ponencia, me encontraba laborando arduamente en compañía del que habrá de llevarnos por los derroteros del triunfo social y democrático. ESPOSA: ¡Te fuiste de borracho y de putañero! ¡No lo niegues! Mira nada más cómo vienes ¡Vete en el espejo! Todo pintarrajeado.

POLÍTICO: En el progresista y modernizado partido de la revolución no discriminamos a la mujer. No. Es más. La hacemos partícipe de nuestros triunfos. Es por lo que celebramos el triunfo de nuestro candidato. Esto que tus prístinas pupilas contemplan, son solo restos de arrebatos revolucionarios de las compañeras del partido, que en un éxtasis democrático y patriótico, estamparon en mi faz. ESPOSA: Digo ¿me crees tan pendeja? ¿Crees que no me doy cuenta, Falacio? A mí no me vengas con tus discursitos que ya no se los cree nadie, vamos, ni un niño de primaria. POLÍTICO: Esposa de mi corazón. Yugo familiar. Estoy abierto al diálogo. Al debate esclarecedor y a demostrate con argumentos conyunturales que vives en el error. Que lo que tu mente encierra son sólo rumores. Emisarios del pasado.

La ESPOSA saca de la caja un enorme brassier. Negro o rojo con encajes muy coquetos

ESPOSA: Ayer encontré esto en tu saco ¿Puedes decirme qué significa? POLÍTICO: (Brevemente desconcertado) Eso...Ah. Es el nuevo emblema de la campaña. ESPOSA: ¿Un brassier? POLÍTICO: Afirmativo. Es signo de que habrá abundancia en el próximo sexenio. Significa además el sostén del partido del pueblo, de las masas que podrán bambolearse pero no caer. ESPOSA: ¿Y qué me dices de esta foto que hasta dedicada está? ¿Quieres que te la lea? "Para Falacio con amor, que hace vibrar mi cuerpo entero" POLÍTICO: Esa foto que sostiene enfática tu mano, es sólo una metáfora. ESPOSA: ¿Cómo metáfora? POLÍTICO: Sí. La mujer que ahí aparece es la sociedad, que conocedora de los altos fines patrióticos que perseguimos en el partido, se entrega gustosa en nuestras manos. Nuestras reformas y nuestro pujante derecho constitucional. De ahí su frase "haces vibrar mi cuerpo entero" He dicho.

La ESPOSA queda desconcertada. Duda por unos momentos

ESPOSA: ¿Sí? ¿Y qué hay de esta nota de hotel que halle en tu camisa?

¿Vas a decir que te la dio la sociedad? POLÍTICO: No...Es...para comprobación de gastos. ESPOSA: Admites entonces que te metiste a un hotel... POLÍTICO: Para levantar una encuesta. Sí. Conocer las inquietudes del pueblo. Saber de sus necesidades. El partido único de la revolución mexicana no se limita a sondeos en la calle, donde por lo general la ciudadanía tiene prisa. Se distrae. En cambio en un centro de reposo y recreación como es un hotel puede manifestar, sin presión, sin coacción, sin distracción, sus valiosas opiniones que habrán de conformar el plan de gobierno de nuestro insigne candidato.

La mujer guarda silencio por unos momentos, mirando dubitativa a su esposo.

ESPOSA: Es que luego llegas oliendo a perfume... POLÍTICO: Son los aromas progresistas que se ventilan en el partido del pueblo. El olor a santidad que despide nuestro máximo líder... ESPOSA: (Tras pausa) ¿Me perdonas, mi vida? POLÍTICO: Cariño. El partido es benevolente, misericordioso como todos los que tenemos la dicha y el honor de conformarlo. Este penoso incidente ha sido sepultado en la oscuridad del pasado ¿me das de desayunar? ESPOSA: Sí, mi amor. POLÍTICO: Mientras voy a asearme. A quitarme el sudor, fruto de un trabajo continuo, agotador pero placentero. En un momento estoy contigo, revolucionaria compañera. Esposa modelo. Mexicana ejemplar.

El POLÍTICO se va. La ESPOSA recoge el brassier, los papeles y los echa a la caja. Comienza a regresar su ropa de la maleta a la caja.

ESPOSA: Hijo... ¿Por qué me sentiré tan mal? Me queda la misma sensación que cuando escucho el informe presidencial o un discurso en la Cámara de Diputados... (Se encoge de hombros) Este va a llegar lejos. Abuelita de Batman que sí.

Se va la ESPOSA

OSCURO Febrero 3 de 1988.

“ENTONCES SEREMOS FELICES "

Habitación a oscuras. Se escuchan sirenas que después de un momento bajan de intensidad hasta desaparecer. Entra un PRÓFUGO jadeando. Trata de caminar en la oscuridad pero derriba un objeto que hace ruido

MUJER: (Desde adentro) ¿Quién anda ahí?

El PRÓFUGO sonríe ufano y no contesta. Se pone en pose. De una puerta sale una MUJER abrochándose una bata. Mira con asombro al convicto.

MUJER: ¡Librado! ¿Qué haces aquí? PRÓFUGO: Ya ves. Visitándote. Dame algo de beber, lo necesito. MUJER: ¿Te escapaste, Librado? PRÓFUGO: No. Le dije al de la puerta que me diera chance de darme un volteón ¿Qué? ¿No me vas a recibir como merezco? MUJER: Sí, claro.

Se acerca a él y se deja besar, desganada

PRÓFUGO: Huy, cualquiera diría que te da un resto de gusto el verme. MUJER: No es eso. Es...la sorpresa. Ay, Librado, quién te viera ¿Y cómo le hiciste? PRÓFUGO: Pues...nos costó trabajo, no te creas. Pero nos la rifamos y aquí estoy. Para recordar viejos tiempos. Prepárate que nos vamos. MUJER: ¿Irnos? Ay, Librado ¿y a dónde? PRÓFUGO: Pues a ver. Lejos, donde no puedan alcanzarnos.

La MUJER no contesta y va a un mueble.

MUJER: Sólo hay café ¿Quieres que te lo caliente? PRÓFUGO: (Lascivo) ¿Nomás eso me vas a calentar? MUJER: (Tras breve pausa) Oye, Librado ¿y es muy necesario que vaya contigo? Digo, yo podría alcanzarte después. Uno corre más rápido que dos. PRÓFUGO: No, ni madres. Tú eres mi vieja y te necesito a mi lado. MUJER: Claro, somos pareja. No sabes el gusto que me da verte de nuevo. Ay, te he extrañado tanto. PRÓFUGO: ¿De veras? ¿Y por qué entonces dejaste de irme a visitar? MUJER: Ay, mi amor. No pude soportar el seguirte viendo tras las rejas. Se me partía el corazón. Vieras que hasta me enfermé. PRÓFUGO: Pero me hubieras escrito. MUJER: Sí lo pensé pero...yo sé que en prisión luego abren las cartas y... ¿Cómo iba a decirte todo lo que siento por ti, si otros se iban a enterar? Esas cosas son íntimas, privadas. Nadie tiene por qué enterarse. Por eso mejor no te escribí. PRÓFUGO: Y yo pensé que ya habías dejado de quererme. Que otro ocupaba mi lugar. MUJER: Ay, no mi amor. Cómo crees. PRÓFUGO: Lo pensé, no te creas. Y juré vengarme. Hacer picadillo al que te pusiera una mano encima. Es más, antes de entrar aquí, tuve un cruel presentimiento.

MUJER: (Ofendida) ¿Pues por quién me tomas? ¿Crees que yo sería capaz de hacer una cosa así? PRÓFUGO: No tendría nada de raro. Ha pasado mucho tiempo. MUJER: ¿Para eso te escapaste? ¿Para venirme a faltar el respeto? Mejor te hubieras quedado, Librado. De veras. PRÓFUGO: Oh, fue sólo un presentimiento, mujer. No te enojes. Como sea nunca te faltaron pretendientes. Más de dos andaban tras de tí. Niégalo ahora. MUJER: Siempre te fui fiel. Resistí estoica todas las tentaciones del mundo. PRÓFUGO: Esa es mi vieja (dándole una nalgada) ¿Entonces qué, mi amor? ¿Recordamos viejos tiempos? MUJER: (Viendo preocupada hacia la recámara) Este...Ay, Librado ¿por qué te tenías que escapar en estos días? PRÓFUGO: No es cosa que dependa de uno ¿por qué? MUJER: Dices que me quieres y no es cierto. PRÓFUGO: Cómo no. Quién dice. MUJER: Digo. Si te preocuparas por mí, recordarías ciertas fechas. PRÓFUGO: No te entiendo ¿de qué fechas estás hablando? MUJER: No podemos hoy, cariño. Ando en mis días. PRÓFUGO: Mira. Después de años de no tocar a una mujer, como que eso viene sobrando. Soy capaz de hacérselo a una anciana. Entiende. Ya me anda. Vamos. MUJER: Librado, amor. Hice una manda. No has de querer que la rompa ¿Verdad? Imagínate. Ofender así a la virgencita. PRÓFUGO: ¿Hiciste una manda de qué? MUJER: De que en mis días, nada de nada. PRÓFUGO: ¿Y en los otros qué? MUJER: También. Pero esos se los juré a ti, cariño ¿Crees que no tengo ganas? ¿Que no me muero por estar contigo? pero una manda es una manda. Hay que respetarla. PRÓFUGO: No, pues eso sí. MUJER: Digo. Ya bastante tiene una con lo suyo, como para cargar con un castigo divino.

PRÓFUGO: Pero podemos dormir juntos. Sentir tu cuerpo, tu calor. Acariciarte. MUJER: Ay ¿quién piensa en dormir ahorita? vamos a platicar. A ver cuéntame ¿cómo has estado? PRÓFUGO: Bien ¿y tú? MUJER: También... ¿y a quién has visto? PRÓFUGO: A nadie... (Impaciente) Estoy muy cansado. Vámonos mejor a dormir. MUJER: ¿Pero cómo dormir, Librado? Hay que huir ¿no dijiste? De seguro ya vienen tras tu pista. Te pueden agarrar. No hay tiempo que perder. Deja vestirme para acompañarte. En un segundo vuelvo. PRÓFUGO: Deja echarme aunque sea un coyotito. Me caigo de sueño.

La MUJER lo retiene, evitando que entre a la recámara. MUJER: En el camión te puedes dormir todo lo que gustes ¿quieres mientras echarte un traguito? PRÓFUGO: No saben dónde estoy. Acuérdate que cambiaste de domicilio. MUJER: Es que...luego lo volví a dar. PRÓFUGO: ¿Lo volviste a dar? ¿Pero a quién se le ocurre? MUJER: Bah. Lo hice para que me escribieras (sollozando) pero nunca lo hiciste. Y yo que pensé que me querías. Cuán equivocada estaba. PRÓFUGO: Yo tenía tu dirección. No tenías por qué darla. MUJER: Claro. Regáñame ahora. Hazte el ofendido, el enojado. A ver ¿por qué nunca me escribiste? PRÓFUGO: (Tras pausa) Porque no sé escribir. Por eso. MUJER: Pero bien que querías que yo lo hiciera. Eres un egoísta desconsiderado. PRÓFUGO: Había quién podía leérmelas. Bueno, que importa eso. Vámonos. No te traigas nada. En el camino compramos lo que nos haga falta. Tráete la maleta con el dinero. MUJER: La maleta... PRÓFUGO: Sí, la maleta café. Te dije que la escondieras. MUJER: Librado ¿me quieres?

PRÓFUGO: Sí, mucho. Ahora apúrate. MUJER: ¿Mucho o quién sabe? PRÓFUGO: Muchote. MUJER: Tú dijiste que podía agarrar dinero de la maleta... PRÓFUGO: Sí, para tus gastos...No te lo habrás gastado todo ¿verdad? eran millones. MUJER: Ay, Librado ¿qué no hay televisión en la cárcel? ¿No sabes que todo está carísimo? PRÓFUGO: Pero era una lanota. MUJER: Cuando asaltaste el banco, sí. Ahora con eso de la inflación... PRÓFUGO: ¿Cuánto queda? MUJER: ¿Qué te importa más? ¿El dinero o yo? La lana va y viene. Lo importante es que estamos juntos de nuevo. PRÓFUGO: ¿Te gastaste todo? MUJER: Lo invertí lo mejor que pude. Por ejemplo esta casa. Ya casi es nuestra ¿ves por qué te dije que luego te alcanzaba? Para traspasarla. Algo le podemos sacar.

El PRÓFUGO guarda silencio, como herido por un rayo.

PRÓFUGO: Tardamos meses en planearlo. Con muchos sacrificios conseguimos las armas. Edilberto murió en el asalto pero yo logré escapar. Esconder el dinero. El sueño de tener algo, de comer bien, de ser alguien. Luego la cárcel, las vejaciones. No le hace, porque saliendo de aquí voy a hacerla. A vivir como rey y me sales conque no hay nada (fuera de sí) ¡¿Qué carajos le hiciste?!

La MUJER lo mira con aire de culpabilidad.

MUJER: (Encogiéndose de hombros. Sentida) Mejor te hubieras quedado. En un ratito me has dicho puta y ratera. Y yo todavía de imbécil que me endrogo con esta casa. Con nuestro nidito de amor. Para esperarte. Se necesita ser tarada.

PRÓFUGO: Y yo que quería vivir en la playa. Tener hijos. Una casita frente al mar...ser respetable. Poner un negocio de comida (con desesperación) ¡No puedo creerlo! ¡Era una maletota así, llena de billetes! MUJER: ¿A dónde vas?

El PRÓFUGO se mete a la recámara. La MUJER por unos momentos pierde la calma pero se vuelve a serenar. Sale el PRÓFUGO.

PRÓFUGO: (Conteniéndose. Fúrico ) ¿ Qui-én-es-é-se ? MUJER: Baja la voz, lo vas a despertar. El pobre llegó cansadísimo. PRÓFUGO: Por última vez ¿Quién es y qué hace en mi cama? MUJER: Por Dios, Librado. Es Fidencio ¿tan pronto te olvidaste de él? PRÓFUGO: No conozco a ningún Fidencio. No me enredes. MUJER: Claro, si ya creció. Así como lo vas a reconocer Es mi sobrinito.Acuérdate, el Fide. Seguido venía a visitarnos. PRÓFUGO: Ese era un escuincle. Este es un hombre hecho y derecho. MUJER: Mi amor ¿hace cuánto que estás en prisión? ¿Que no lo ves? PRÓFUGO: Si se ve de mi edad. MUJER: Es que la vida lo ha maltratado mucho. Así cualquiera envejece. Tú fácil te ves de setenta. Claro, la prisión. PRÓFUGO: ¿Setenta? MUJER: Por eso dudé cuando entraste. No estaba segura que fueras tú.

El PRÓFUGO se toca la cara, desconcertado

PRÓFUGO: Nunca me di cuenta...pero ¿por qué está en mi cama y desnudo?

MUJER: Somos pobres ¿no te das cuenta? Ni yo tengo para comprarle una cama ni él para una pijama. Ay, Librado. Me haces sentir mal, como si hubiera hecho algo indebido. En lugar de recibirme a besos, me dices de cosas, me bronqueas. Ya no eres el de antes. La vida en prisión te ha acanallado. PRÓFUGO: ¿Y por qué no está durmiendo en su casa? MUJER: Porque la perdió durante el temblor ¿sí recuerdas que hubo uno muy fuerte, no? Se quedó sin familia. Imagínate. Huérfano a los doce años ¿A quién más iba a recurrir? Si quieres lo echo, para que estés contento. Que mendigue por esas calles de Dios, expuesto al hambre, al frío y a la lluvia. Sin más techo que el sol y las estrellas. PRÓFUGO: No, déjalo. Pobre. No sabía. Discúlpame. Es que estoy confundido, acorralado. MUJER: ¿Qué piensas hacer ahora? PRÓFUGO: No sé. Me siento mal y me lo advirtieron. No te vayas. Allá fuera está cabrón (se encoge de hombros) Marcos Galindo, un tipo condenado a 40 años de prisión. Cuando la fuga le dijimos y no quiso acompañarnos. Yo ya me escapé una vez. No vale la pena. Vas a sufrir. Te encuentras todo tan cambiado...Y se quedó. Pensamos que por miedo. Que razón tenía. Tanto espacio, tanta libertad a uno lo marea. ...Bueno. Me dio gusto verte. MUJER: ¿Ya te vas? PRÓFUGO: Cuando menos en prisión tengo con quién platicar. Amigos. Mi lugar, pues. MUJER: ¿Quieres que te prepare algo para el viaje? PRÓFUGO: No. Con suerte y alcanzo el desayuno. Nos vemos. Suerte. MUJER: Gracias. Que te vaya bien.

Se besan. El PRÓFUGO se va. La MUJER suelta un gran suspiro de alivio

MUJER: Menos mal que no ha cambiado mucho. Ay, es que luego se escuchan historias horribles de la cárcel. Que ahí los hacen más malos. Así cualquiera se asusta. Lo voy a ir a visitar, pobre. Se lo merece. Abuelita de Batman que sí...

Febrero 5 de 1988.

“SERENIDAD Y PACIENCIA "

Entra un DOCTOR. Se dirige al público

DOCTOR: Entre las profesiones más atacadas, se encuentra la medicina. Que cobramos mucho. Que hacemos operaciones innecesarias, que nos aprovechamos de las pacientes o que en contubernio con laboratorios venales, recetamos medicinas que no sirven para nada. Que a veces se nos olvidan pinzas o gasas en los cuerpos cuando operamos, en fin. La lista es larga. Pero no todos los médicos somos así, no. Los habemos muy serios, respetables y humanitarios. Con un gran sentido del deber, del servicio. Y sé que en este espectáculo están...señalando a ciertas personas. Profesiones. Yo por eso me he permitido venir hasta acá para hacer, no precisamente una defensa del honorable cuerpo médico, sino para decirles que no todos somos corruptos, sinvergüenzas ni transas. Cuando gusten pueden visitarme en mi consultorio o preguntarle a mi clientela...Por más que le busquen, no hallarán queja alguna de un servidor (se oye que tocan a la puerta) Con su permiso.

En la puerta aparece un PACIENTE

DOCTOR: ¡ Don Salustio Robles ! Pásele por favor. Lo estaba esperando. PACIENTE: Buenas tardes, doctor ¿cómo está? DOCTOR: No tan bien como usted. Que...saludable se ve. Qué envidia. Me debería pasar la receta. PACIENTE: Ay, doctor. No se burle. Si viera cómo me siento. No me cesan los dolores. DOCTOR: Pero siéntese por favor. Esos dolores que menciona son naturales. No debe preocuparse.

PACIENTE: Es que no me dejan ni dormir, doctor. Las pastillas ya no me hacen. Ay, me la paso en un grito. DOCTOR: Le aseguro que en tres meses ya está del otro lado. Eso júrelo. Cosa de esperar, de tener paciencia. Serenidad. No se me desespere. PACIENTE: Sí, doctor... ¿y cómo salí de los análisis? DOCTOR: Perfecto. Es más, por aquí los tengo, permítame...Causó sensación en el laboratorio. Está en boca de todos. PACIENTE: ¿De veras? DOCTOR: Por supuesto. Luego luego me llamaron ¿ya sabe del caso del señor Robles? Sí, señorita ¿es usted su médico? Sí, caray ¿no es para sentirse orgulloso? PACIENTE: Ay, si usted lo dice. DOCTOR: En todo salió positivo. A eso le llamo un caso completo. Mire. PACIENTE: Ajá... ¿y qué es lo que tengo? DOCTOR: (Minimizando) Nada. Una...pequeña proliferación de células. Nada del otro mundo pero sí lo voy a molestar cuando pueda venir, con una pequeña incisión que hay que practicarle. Cuando guste. No hay prisa. PACIENTE: ¿Incisión? DOCTOR: Sí, una aberturita. Rápida...Nada más para estar seguro. Ya sabe que no me gusta dejar las cosas a medias. Ante todo, responsabilidad. PACIENTE: ¿Y cuándo tendría que ser eso? DOCTOR: Cuando pueda o quiera. No tiene que ser ahorita. Un mes, dos. Una semana. Ahora que si puede venir mañana, mejor. PACIENTE: (Tras pausa. Amoscado) Entonces es urgente. DOCTOR: No, no. Yo decía mañana porque...no tengo nada qué hacer. Hay que aprovechar el tiempo, no desperdiciarlo (se ríe) A propósito de aprovechar el tiempo ¿usted se divierte, señor Robles? ¿Se da buena vida? PACIENTE: ¿Por qué me pregunta eso, doctor? DOCTOR: Simple curiosidad. Un poco de esparcimiento siempre es recomendable y más si está uno...un poco indispuesto. PACIENTE: La verdad, no...

DOCTOR: ¿Por qué no se va de viaje? ¿Se da la gran vida? Salga con mujeres, reviéntese. Baile, cante, sea feliz. Ahora que puede. PACIENTE: ¿Ahora que puedo, doctor? DOCTOR: S-sí. Digo, de anciano no va a poder. A eso me refiero. PACIENTE: (Sonriendo anémicamente) Ah DOCTOR: Váyase a la playa, tome el sol pero ya, apúrese ¿tiene sus papeles en orden? PACIENTE: ¿Papeles, doctor? DOCTOR: Sí, licencia, impuesto predial, luz, teléfono. Testamento.

El PACIENTE mira con horror al galeno

DOCTOR: Yo lo tengo al día. PACIENTE: ¿Qué es lo que tengo, doctor?

DOCTOR: Ya le dije. Un simple carcinoma hipofísico parietal con ramificaciones troncales y numerosas por todo su cuerpo. No vale la pena extirparlo. Si fuera importante, sí. Pero ¿para qué hacerlo gastar en una operación innecesaria? Si yo fuera otro médico, lo haría para ganarme una lana extra. Lo siento pero usted se topó con un médico honrado. Ese dinero mejor gásteselo en una pachanga, en un viaje. Pero ya, señor Robles. No se me espere mucho. PACIENTE: ¿Y cuál es la prisa, doctor? DOCTOR: No, ninguna. Yo digo por la inflación. El dinero vale menos cada día que pasa. Esa es mi apuración. No me malinterprete por favor. PACIENTE: Ah. DOCTOR: ¿Usted cree en Dios, señor Robles? PACIENTE: Sí ¿por qué? DOCTOR: Por nada. Llevo una estadística. Parece mentira pero los pacientes que llevan una buena relación con Dios, sufren menos. Quiero decir, no se angustian tanto. PACIENTE: Sí, voy a misa los domingos.

DOCTOR: ¿Y se confiesa y comulga? PACIENTE: Sí, sí. DOCTOR: Eso me tranquiliza. Qué bueno ¿y qué opina del país, señor Robles? ¿De la crisis? ¿De la devaluación? PACIENTE: ¿Eso qué tiene que ver con mi enfermedad? DOCTOR: No, nada. Es para hacer plática. PACIENTE: Pues...está mal ¿no? DOCTOR: Y la contaminación. El día menos pensado, todos amanecemos muertos ¿y para dónde se hace uno? No hay dinero para cambiarse a otra ciudad y si lo hubiera, no nos quieren en provincia. Todo tan caro. La violencia...El dinero que no alcanza para nada. Los secuestros. Con todo eso ¿no le dan ganas a usted de morirse? Sinceramente ¿a poco no? PACIENTE: Bueno, tanto como morirse... DOCTOR: Cómo no. Luego los impuestos, la inflación, la Bolsa. Andan diciendo que van a congelar las cuentas bancarias. Este país se va a ir al carajo, señor Robles ¿y qué hace uno? ¿Nada? ¿Qué puede hacerse? Solamente colgar el tenis. PACIENTE: (Tras pausa) ¿Carcinoma no es cáncer, doctor? DOCTOR: Mmmmh. Sí.

El PACIENTE lanza un aullido de horror.

DOCTOR: Pero hay enfermedades más feas. Ahí tiene el Sida, la rabia, el mal de Parkinson ¿sabe cómo se muere la gente de tétanos?

El PACIENTE se incorpora y le suelta un bofetón al DOCTOR para marcharse.

DOCTOR: Digo. Habemos médicos serios, responsables pero desgraciadamente no siempre los pacientes están a la altura de esos doctores. Abuelita de Batman que no. Con su permiso.

El DOCTOR se marcha muy digno.

Febrero 11 de 1988.

TIEMPOS MODERNOS.

Sala en departamento de clase media alta. Frente a un espejo, AMANDA Se da los últimos toques. Se escucha el timbre de la entrada. Se dirige a abrir. En la entrada aparece AMADO muy elegante y con un ramo de flores en la mano.

AMANDA: Amado, cariño. Que bueno que ya llegaste (Lo besa. Por las flores) ¿Y esto? AMADO: Ya ves. AMANDA: Ay, eres un amor. Por eso te quiero tanto. Anda, pásate ¿te sirvo algo? AMADO: Si tú me acompañas. AMANDA: ¿Whisky o cogñac? AMADO: Cogñac (contemplándola), que guapa te ves. AMANDA: (Luciendo su vestido) ¿Te gusta? Ayer me lo compré. AMADO: Te queda precioso. Así te ves...ay, mamasita. Que ganas de estar contigo. De comerte a besos. Agarrarte. AMANDA: Amado, por favor.Compórtate. Ya habrá tiempo. AMADO: ¿No habría modo de que ya estuviéramos? De veras te deseo. No me has dejado ni dormir, Amanda. Sólo pienso en tí. Esta semana se me ha hecho eterna. Pensé ya nunca me llamarías. AMANDA: (Sonriendo) Tonto ¿crees que yo no te he extrañado?

AMADO: Que dicha haberte conocido. Salud. AMANDA: Salud.

B.eben

AMADO: ¿Y a dónde se fue ahora? AMANDA: ¿Quién? ¿Mi marido? No, a ninguna parte. AMADO: (Súbitamente serio) ¿No anda de viaje? AMANDA: No. Está aquí en la ciudad. AMADO: ¿Y no hay peligro de que llegue aquí de repente? AMANDA: Sí, pero no importa. Es más, ya no debe de tardar AMADO: ¿Estás hablando en serio, Amanda? AMANDA: Claro ¿por qué pones esa cara?

AMADO se levanta preocupado.

AMADO: Cómo que por qué, Amanda ¿y si me encuentra aquí? Debiste avisarme. Cómo se te ocurre. Puedes ocasionar una tragedia. AMANDA: Amado, cariño. El ya sabe. AMADO: ¿Ya sabe? ¿Qué es lo que sabe? No te entiendo, explícate. AMANDA: Que tú y yo andamos. AMADO: (Asustado) Mira, mejor nos vemos otro día en otro lugar ¿sí? háblame por favor. AMANDA: (Soltando un suspiro. Divertida) Si te pudieras ver. Estás muerto del susto. Qué bárbaro. Pareces gelatina. AMADO: (Sonriendo anémico) ¿Sí, verdad? Nos vemos luego.

AMANDA: ¿En serio te vas a ir y me vas a dejar con toda la cena preparada, Amado? Eso no se hace. Me voy a sentir mucho. Me pasé toda la tarde haciéndola. Es más, compré del vino que te gusta. AMADO: ¿No entiendes, Amanda? Soy tu amante. No quiero amanecer flotando en el Gran Canal. AMANDA: Amado, por favor. Se ve a leguas que no conoces a Ladislao. El sería incapaz. Es un pan el tipo. AMADO: Mira, no quiero averiguarlo ¿cuándo me hablas? AMANDA: Amado, amor. Siéntate y cálmate. Los dos somos una pareja abierta y los dos podemos andar con quien queramos sin problema alguno. Todo nos lo decimos. AMADO: ¿Todo? AMANDA: Todo ¿crees que si no fuera así, estaría tan tranquila aquí sentada, esperando a que llegue? AMADO: Una cosa es sospecharlo, decirlo.Pero verlo de carne y hueso. No, Amanda. Deveras discúlpame pero no puedo quedarme. Va a ser horrible, entiéndelo. AMANDA: Amado, no puedes irte ¿qué va a decir? te quiere conocer. Va a pensar que eres un patán, que no le importa botar un compromiso así de importante. Me va a hacer burla. Va a decir que...eres un coyón. Que cómo puedo andar con una persona así. AMADO: ¿Estás hablando en serio, Amanda? AMANDA: Sí. Todas las muchachas que ha traído a cenar son encantadoras, inteligentes y guapas. AMADO: Y a ti... ¿no te importa que te las traiga? AMANDA: Me importaría si anduviera con una chancluda horrible, sin educación ni cultura. Ahí sí me sentiría mal. Imagínate. Que te cambien por una persona así. AMADO: (Sacado de onda) Debiste avisarme. No estoy preparado...tengo miedo, Amanda. AMANDA: ¿Miedo de qué? Si fuera un loco celoso a la antigüita, ni te traía aquí. Créemelo. AMADO: Inventa cualquier cosa. Dile que hablé, que me disculpe. AMANDA: ¿En serio piensas irte? Ay, Amado. No me hagas eso. Jamás te lo voy a perdonar. AMADO: Amanda. Te quiero más que a nadie pero entiende. Es mi pellejo.

Entra LADISLADO con una bolsa del super

LADISLAO: Perdón. Me olvidé de tocar. Es la costumbre. No interrumpo nada ¿verdad? AMADO: (Para sí) Dios mío, ayúdame. AMANDA: No, para nada. Pásale, amor ¿cómo te fue? ¿Te tocó mucha gente? LADISLAO: Imagínate. En quincena. Pero traje todo lo que me encargaste. AMANDA: Mira, te presento a Amado. Ladislao mi marido. LADISLAO: Mucho gusto. Pero siéntese. Póngase cómodo ¿le ofrezco algo? AMANDA: Estábamos tomando cogñac ¿tú qué quieres? LADISLAO: También, si me haces favor...De modo que usted es el amante de mi mujer. AMADO: (Nervioso) Sí. Para servirle. LADISLAO: Lo felicito. Tiene usted muy buen gusto. Mujeres como ella no es fácil encontrar. Se lo digo por experiencia. AMADO: Gracias. Favor que me hace. LADISLAO: (Toma la copa que le ofrece su esposa) Gracias, amor ¿sabe qué? ¿Amado, me dijo? AMANDA: Sí, Amado Basaldúa. LADISLAO: No pensé que usted se presentara. AMADO: ¿No? LADISLAO: Digo, dispénseme si se lo digo pero nuestra sociedad es todavía tan...retrógrada, ñoña.Como del siglo 19.La gente es muy espantada...y cobarde. AMANDA: Pues ya ves que vino. Y tú que no me creías. LADISLAO: No y me da gusto. Eso significa que usted es preparado. Con criterio y...valentía. Cualquier otro se hubiera ido corriendo. Me alegro que usted no. Salud, señor Basaldúa. AMADO: Salud. LADISLAO: ¿Y que tal? ¿Cómo se siente con mi mujer? AMANDA: Ladislao. No es correcto preguntar eso. LADISLAO: ¿Y cómo tú sí lo haces? AMANDA: Tu última pareja estaba muy nerviosa. Lo hice para hacer plática.

LADISLAO: La asustaste más y te lo dije (sonriente a AMADO) Usted se ve culto, refinado ¿o le molesta hablar del tema?

AMADO pide auxilio con la mirada.

AMANDA: ¿Te sirvo otra? AMADO: Por favor. LADISLAO: ¿Y usted a qué se dedica, Amado? AMADO: (Intentando sonreír) A...lavar ropa. LADISLAO: (Misericordioso) Sí. Está tan dura la cosa que a veces me pregunto si no terminaremos todos así. Lavando coches. AMANDA: Pero dile que tienes una cadena de lavanderías. AMADO: Pocas. Como siete. LADISLAO: Entonces ha de ganar bien. AMANDA: Tus cuatro o cinco millones al mes ¿verdad? Deberías de lavar ropa tú también. Así saldríamos de pobres. LADISLAO: (Apretando los dientes) Pobres no estamos, mi amor. AMANDA: (También apretando los dientes) Es para hacer plática, mí vida. LADISLAO: Dinero cualquiera puede hacerlo. Cuantos patanes sin educación ni cultura lo tienen a pasto. Y ahí los ves, paséandose en sus carros último modelo, pero pregúntales quién es Kant o quién es Schiller y te dicen que son unas calles. Bestias. No hay peor gente que un naco con dinero (Obsequioso) Usted sí ha de tener estudios ¿verdad? AMANDA: Tiene dos carreras. Licenciado en Letras Hispánicas y en Derecho. LADISLAO: ¿Por qué no dejas que él me conteste, mi amor? Es propio de la gente civilizada, dejar que los otros hablen. AMANDA: Ladislao, cariño. Lo mismo haces con tus amigas. Me dices que son esto y lo otro y las pobres apenas abren la boca y se balconean toditas. LADISLAO: En esta ocasión, en esta hora, justo en este momento estamos hablando de tu amigo, no de mis amigas, a quienes bombardeas con preguntas dizque para ponerlas en evidencia.

AMANDA: ¿No estás haciendo lo mismo en este momento, cariño? LADISLAO: No, cariño. Si el señor dice ser licenciado en letras hispánicas, me puede decir un verso de La Vida es Sueño, muerto de la risa. AMANDA: ¿Ves cómo estás dudando? LADISLAO: No dudo nada, es para hacer plática como tú dices. AMANDA: (A AMADO) Díselo por favor.

AMADO, incómodo, no sabe qué hacer.

LADISLAO: (Con sorna) Lo escuchamos, señor licenciado en letras hispánicas. Tome su tiempo (mira su reloj) Al fin que la noche es larga. AMANDA: Te lo sabes ¿verdad? AMADO: ¿Es necesario todo esto? AMANDA: Te lo suplico. LADISLAO: Sabremos apreciar su cultura. Acuérdese que está entre gente civilizada.

AMADO se prepara.

AMADO: Por si alguna vez soñamos Y sí haremos pues estamos En mundo tan singular Que el vivir sólo es soñar Y la experiencia me enseña Que el hombre que vive sueña Lo que es, hasta despertar...

LADISLAO queda callado.

AMANDA: (Triunfal) ¿Te sirvo otra, mi amor? LADISLAO: ¿Y cómo es entonces que se dedica a...lavar ropa, teniendo una carrera? AMANDA: Dos, mi vida. Una más que tú. Acuérdate. AMADO: Bueno, es que no hay muchas alternativas. Ganar bien o...terminar dando clases. Y no vale la pena Eso es para frustrados. AMANDA: Mi esposo es maestro. LADISLAO: Catedrático, mi vida. AMADO: Hay diferencia, claro.Yo me refería a maestrillos. Yo siempre quise ser catedrático pero eso es para gente muy preparada, con vocación. AMANDA: Ladislao quería ser escritor pero nunca le pegó LADISLAO: ¿Por qué no vas a ver la cena, mi amor? Con suerte y se está quemando. AMANDA: Todavía no el pongo a calentar ¿te tomas otra, Amado? AMADO: Por favor. AMANDA: ¿Y qué pasó siempre con Edelmira? LADISLAO: ¿Por qué preguntas eso? AMANDA: Nomás. Pensé la traerías. LADISLAO: Hace una semana te dije que terminamos ¿ése es el caso que me haces? AMANDA: Perdón, lo olvidé (A AMADO) Una chica lindísima, joven ¿y por qué, Ladislao? LADISLAO: (Incómodo) La corté. Por baba y superficial ¿Importa eso? AMANDA: Lástima, estaba como ustedes dicen, cuero. Güera (haciendo ademanes de exhuberancia) bien formada. Mi esposo estaba loco por ella. Parecía quinceañero. LADISLAO: Mira, tanto como loco... AMANDA: Cómo no. Hasta dejaste de venir a la casa (A AMADO) Media cuenta de ahorros voló con ella. LADISLAO: No seas habladora, Amanda...

AMANDA: Ladislao por favor. Voy al banco ¿Crees que no me doy cuenta? No soy tarada como tus amigas. LADISLAO: Te da coraje porque son más jóvenes que tú. No soportas que me hagan caso. AMANDA: Yo no pago para que se acuesten conmigo ¿sabes? AMADO: (Haciendo ademán de levantarse) A mí si me disculpan... LADISLAO: ¡Usted siéntese! AMANDA: ¡No le grites! LADISLAO: ¡Esta es mi casa y yo le grito a quien quiera! ¡Faltaba más! ¡Que me vengas a dar órdenes, imbécil! AMANDA: Sí, anda. Lúcete (A AMADO) Este es mi culto y refinado maridito. Cuando pierde, que es muy seguido, empieza a dar de gritos. No soporta que alguien sea más que él. LADISLAO: ¡Cállate, pendeja! AMANDA: ¡Pendeja tu chingada madre, idiota! LADISLAO: (A AMADO) ¿Por qué no se la lleva? Me haría un gran favor. AMANDA: Oyeme, estúpido.No soy maleta para que me lleven ¿por qué no te largas tú mejor? LADISLAO: ¡Vete tú, anda! Huye con tu príncipe lavandero ¡a ver si te soporta dos días seguidos! AMANDA: Conste que tú lo pediste. No vayas después a chillarme para que regrese (A AMADO) Vámonos, cariño... AMADO: (Estupefacto) ¿A dónde, Amanda? AMANDA: Pues a tu casa ¿a dónde había de ser? AMADO: Pero, Amanda ¿cómo te vas a ir así? AMANDA: ¿No oyes que me acaba de correr? AMADO: Sí, pero...no estoy preparado. Comprende. Esto no estaba previsto ¿cómo te voy a llevar así nomás porque sí ? LADISLAO: Ahí está tu gran amor. Te da la espalda cuando más lo necesitas. AMADO: Amanda por favor, entiende. Necesito prepararme. AMADA: ¿No tienes casa? un rincón, Amado ¿no dices que me quieres?

AMADO: Sí, mucho pero...es diferente. Quizás deberíamos tratarnos más...no está en mis planes el vivir con alguien todavía. AMADA: (Asintiendo derrotada) Tratarnos más. Te entiendo perfectamente, Amado.Anda, siéntate. ahorita sirvo la cena.

AMADO se tira de rodillas.

AMADO: ¡Te quiero mucho! ¡Eres la mujer más adorable que haya conocido! ¡Eres todo para mí, Amanda! AMANDA: (A LADISLAO) ¿Le sirves otra mientras caliento la cena? Ahorita regreso. AMADO: (Acorralado) ¡Vente conmígo! ¡Seremos felices! (sin convicción) como lo hemos sido estos meses... AMANDA: (Gélida) ¿pones música por favor?

Se va AMANDA. Terriblemente avergonzado, AMADO hace el intento de Seguirla pero se detiene. Mira al esposo.

AMADO: Con permiso. Buenas noches. LADISLAO: ¿No piensa cenar con nosotros? AMADO: No...Tengo un compromiso. Despídame por favor de su señora. LADISLAO: (Asintiendo) Que descanse. Y ya sabe. Aquí tiene su casa. AMADO: Gracias. Hasta luego.

Se va AMADO. LADISLAO se sirve otra copa. Entra AMANDA.

AMANDA: (Viendo en torno. Con desilusión) ¿Ya se fue? LADISLAO: Sí. Me encargó que te despidiera de su parte.

AMANDA: En cinco minutos está la cena...

Pausa. La mujer bebe.

AMANDA: Te saliste con la tuya... LADISLAO: Cinco a cinco. Vamos empatados. No te convenía además. AMANDA: No...Es tan difícil conocer a las personas. Ojalá en la cama se pudiera pero todo es tan falso. Pura pantalla. LADISLAO: ¿Te pudo que se haya ido? AMANDA: (Encogiéndose de hombros) No. Todos los hombres son iguales. LADISLAO: ¿Todos? AMANDA: (Sonriendo) Todos menos tú, qué bueno que te encontré y que eres mi marido. LADISLAO: Jamás te cambiaré por otra. Abuelita de Batman que no...

TELÓN

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