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Bengoa, José - Historia de los Antiguos Mapuches

Bengoa, José - Historia de los Antiguos Mapuches

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La gran cantidad de tierras despejadas en el sur dedicadas a la agricultura nos plantea un nuevo
problema: ¿cuáles eran las herramientas con que las trabajaban? Porque es evidente que esas explotaciones no
sólo requerían de muchos brazos sino de instrumentos adecuados para limpiar, mover tierra, sembrar y
recoger las cosechas. A analizar este asunto dedicaremos las próximas páginas.
Latcham señala que desde Panamá hasta Chiloé los agricultores "empleaban casi idénticos sistemas
agrícolas y la misma clase de herramientas"127

. Agrega que los únicos instrumentos que se conocían eran de
palo, de piedra o, en algunos casos excepcionales, de cobre o bronce. Como es bien sabido, el hierro no era
conocido en América.

124

Molina, p. 109 y 110. El abate critica con pasión un artículo aparecido nada menos que en la versión de 1789 de la
famosa Enciclopedia Francesa, la producción intelectual más moderna de la época y la que quizá inaugura la modernidad,
donde se sostenía que las lenguas americanas y en particular la chilena se podrían concentrar en una sola página, por lo
pobre que era. En defensa de la lengua mapuche escribe en italiano, en la Universidad de Bolonia donde enseñaba
Ciencias Naturales, uno de los mejores estudios filológicos del mapudungu que hasta ahora existe. Señala que la
capacidad verbal del mapuche supera al inglés y al alemán que no tienen pretérito simple, futuro del indicativo y los
tiempos simples del subjuntivo. "Yo no pretendo -dice- por esto anteponer el lenguaje chileno a las susodichas lenguas, ni
menos igualarlo..." (p. 341).
"La lengua de Chile es de tal modo copiosa, que a juicio de todos aquellos que la han poseído con alguna perfección, se
necesitaría más de un grueso volumen para hacer de ella un complejo diccionario, pues que a más de las voces radicales,
que son muchísimas, el uso de las composiciones es allí tan frecuente que en cierta manera puede decirse que en esto
consista la esencia de aquella lengua. Cada verbo, o por derivación o por unión, se hace raiz de otros innumerables verbos
y nombres, así adjetivos como substantivos, los cuales reproducen otros secundarios, modificándose en cien maneras
diferentes."

125

Ciertamente se ha mostrado en la antropología moderna lo que Molina captaba hace siglos. La relación existente entre
el lenguaje y la cultura es estrecha. Véase H. Mead. Lenguaje y cultura. Paidós. Buenos Aires. 1991. Mead fue un
especialista en antropología y lingüística de la Universidad de Chicago en los años treinta y hoy día muy estudiado
-reeditado y traducido-por su tesis acerca de que el lenguaje encierra la totalidad de la cultura.

126

Los jesuitas denominaron indistintamente el idioma local como chillidungu, esto es, lengua de Chile (Havestadt), o
lengua de la tierra mapudungu, que se ha perpetuado y se usa hoy en día.

127

Ricardo Latcham. La agricultura precolombina, op. cit. p. 304.

"Hoy parecería imposible cultivar grandes extensiones de terreno y recolectar sus productos
sin mayores medios que los que disponían los indios de aquella época; y sin embargo, la agricultura,
se practicaba en forma extensiva e intensiva, de manera tal que daba abundancia de mantenimientos
a la población, que dependía casi exclusivamente de ella para su sustento"128
.

Ciertamente se piensa generalmente que sólo es posible sembrar grandes extensiones utilizando el
arado. Las herramientas indígenas, aunque ligeras, eran útiles para abrir la tierra, sembrar y cosechar. Agrega
Latcham algo que por obvio parece olvidarse:

"Entre los indígenas la falta de medios mecánicos se suplía con el número de brazos, por lo
tanto casi toda la población se dedicaba a la agricultura y esto explica su diseminación en pequeños
grupos aislados por las riberas

[190]

de los ríos y otros parajes, donde encontraban tierra cultivable y la poca concentración en pueblos de
algún tamaño."

Habría que recordar en este sentido que las dos mayores concentraciones mapuches, Maquehua y
Boroa, se encontraban y encuentran "entre dos ríos, en una suerte de "Mesopotamia". Fueron los dos lugares
de mayor densidad y concentración indígena en el sur y por ello, como hemos visto, fueron las encomiendas
más requeridas. Los suelos planos y fértiles son bañados por el río Cautín y el Quepe y por numerosos
pequeños arroyos y afluentes que los cruzan. Muchos terrenos se inundan -hasta hoy- en el invierno,
manteniéndose húmedos durante el verano. Ese sector mesopotámico que va entre los ríos Cautín y Toltén
constituye el de mayor estabilidad de población indígena agrícola, posiblemente, en el sur del país.
Las faenas se comenzaban con algún "chuzo" o "barreta", palo de madera dura y punta afilada. Con
esto se rompía el suelo. Detrás de los barreteros iban hombres armados de palas, con que daban vuelta los
terrones y removían el suelo, enseguida iban otros, a menudo mujeres, con mazas o cuchillones con que
desmenuzaban los terrones. Luego se hacían los camellones mediante azadones.
La existencia del árbol denominado "luma" que produce una madera muy pesada y dura y que
trabajada al fuego se transforma en un elemento de gran firmeza, casi como el hierro, les otorgó a los antiguos
mapuches la posibilidad de fabricar excelentes herramientas129
.
Dillman Bullock explica detalladamente las herramientas, trozos de las cuales encontró en diversos
sitios funerarios de la Araucanía, especialmente Angol. Cada herramienta posee su nombre en lengua
mapuche, lo que da fe de la antigüedad y originalidad de ellas.

"La barreta o chuzo con que se rompía el suelo era de una madera dura como la luma o el
temu, o alguna otra madera, siempre que fuera dura y pesada. Estas barretas variaban en su largo
según la estatura y fuerza de la persona que las empleaba. A veces tenía la punta simplemente
aguzada pero más a menudo la tenía en forma de cincel. Esta última forma era más apropiada y
eficiente para el trabajo al cual era destinada. Es muy posible que muchas de estas barretas tuvieran
piedras horadadas en su parte superior"130
.

128

Latcham, op. cit. p. 305.

129

En Chile se conoce como 'luma' al palo que utilizan para golpear los policías, ya que al parecer se hacía de esa madera.

Tiene fama de pesado y duro.

130

Dillman Bullock. La Agricultura Araucana.

Las piedras horadadas, de las que se conservan miles en los campos, cumplían un papel fundamental
en las herramientas de madera. Le daban el peso necesario131

. Según donde se pusiera la piedra hacía de la

herramienta un instrumento diferente.

[191]

La variedad de estas piedras nos habla de una cantidad enorme de usos en las herramientas de los
antiguos mapuches. Su confección debe haber llegado a una enorme perfección ya que las hay con variadas
formas, pulidas, figuras a su alrededor, tipos diferentes de huecos de modo de encajar en diversas clases de
mangos, chuzos, palos. Recordemos siempre que los tiempos de trabajo en las sociedades antiguas eran
absolutamente diferentes a los nuestros. Probablemente un artesano podía pasar meses o hasta años trabajando
sus piedras, mediante herramientas de pulir hechas con piedras más duras aún132

. Sin embargo, se usaba
mucho la escoria volcánica que en el sur es muy fácil de encontrar por razones bien conocidas. Esta es
relativamente fácil de manipular mediante piedras más duras como el granito133
.
Un tridente u horquilla de mucha eficiencia se encontraba en uso, y lo describe Pineda y Bascuñán,
cuando cayó prisionero. Fue invitado al trabajo del campo por el jefe de familia y allí se usaban este tipo de
herramientas.

"...los tridentes son a modo de tenedor de una madera pesada y fuerte, y en el cabo arriba le
ponen una piedra agujereada al propósito, para que tenga más peso, y con éste van levantando la
tierra para arriba, hincando fuertemente aquellas puntas en el suelo, y arando a una parte las menos y
el cuerpo, arrancan pedazos de tierra muy grandes, con raíces y yerbas y tras de éstos entran las palas
que ellos llaman hueullos"134
.

Los hombres usaban estas "herramientas pesadas" mostrando que no era solamente oficio de mujeres

la agricultura prehispánica.

[192]

Posiblemente -como hemos insinuado- la división sexual del trabajo cambió con la crisis poblacional en que
no fue necesario sembrar mayores extensiones. Latcham y Bullock creen que la faena de romper la tierra era
realizada por hombres, quizá por el tamaño y peso de las herramientas utilizadas.

"En todos los países occidentales de la América del Sur, después de haber roto la tierra con
la barreta, la daban vuelta con una especie de pala de madera o de piedra. La pala tenía una forma
general que no cambiaba mucho de un lugar a otro. El tipo usado en Chile se halla bien descrito por
Núñez de Pineda y Bascuñán..." "entre las palas que ellos llaman Hueullos... son a la semejanza de

131

El origen de las piedras horadadas es muy discutido. Lo concreto es que en todo Chile hay miles y miles de esas
piedras. En las casas de campo se las encuentra a menudo como pisapapeles o las de mayor tamaño afirmando algún palo
o soporte de puerta. Por cierto que algunas hay en los museos, pero no existe una colección que dé cuenta de la variedad.
Son una demostración de la difusión por el territorio de los métodos de labranza. Para una discusión del tema, ver al
profesor de la Escuela de Antropología de la Universidad de Chile y ya fallecido don Alberto Medina, "El misterio de las
piedras horadadas" (Separata, sin referencia) que dedicó numerosas investigaciones a este misterioso asunto. Bullock
publicó un folleto titulado "Mil piedras horadadas" Apartado del Boletín de la Sociedad de Biología de Concepción. 1963.
Las interpretaciones en este libro y otros de este autor, ya lo hemos dicho, son enteramente discutibles, no así las
colecciones que obtuvo, la clasificación y los datos de procedencia que minuciosamente anotó.

132

El profesor Alberto Medina señalaba este fenómeno como el elemento explicativo central. Lo que aparece imposible
realizar en nuestros tiempos, horas de trabajo, no lo era para quien se enfrentaba a una tarea por un periodo con otra
concepción del tiempo. Medina y Bullock sostenían que se había producido una suerte de "acumulación secular" de
piedras horadadas de tiempos inmemoriales y que los actuales mapuches no las fabricaban sino las recogían en los
campos. El misionero metodista, muy buen observador, encontró algunas piedras a las que el artesano no había concluido
de hacer el hueco al medio, por encontrarse alguna veta o por haberse trizado. Señala que primero redondeaban o le daban
forma a la piedra y luego le iban haciendo el hoyo del medio. Supone que utilizaban arena de cuarzo para pulir e incluso
algún tipo de instrumento de piedra o madera que rotaba.

133

De las mil piedras que analiza Bullock, 517 son de escoria volcánica. Estas habrían servido como mazas y pesos y no
como martillos o cinceles. Para estas otras herramientas era necesario obtener piedras de mayor dureza y filo, que también
las había.

134

Citado por Dillman Bullock, op. cit.; R. Latcham, op. cit., p. 308. Ambos autores coinciden en estas descripciones.

unas palas de horno de dos varas de largo, tan anchas de arriba como de abajo, y en remate de parte
superior, como una cosa de tercia, disminuido y redondo para poder abarcarle con una mano y con la
otra de el asa que en medio tenía para tal efecto... de aquella suerte se cava la tierra muñida y hacen
los camellones en que las mujeres van sembrando".

Podemos ver que en una primera línea iban los muchachones fuertes rompiendo la tierra con los
chuzos o arados americanos, en algunos casos tratándose de esos grandes tridentes eran usados por varios
mocetones. Después venían otros con grandes mazas rompiendo los terrones que habían quedado y finalmente
las palas aplanando la tierra y construyendo los camellones o montículos donde se sembraría.
Datos etnológicos de interés se encuentran en el estudio de los "cuchillones" y su uso en la

preparación de la tierra:

"Detrás de los hombres que daban vuelta la tierra con sus palas venían los que
desmenuzaban los terrones dejados por aquellos. Con mucha frecuencia esta tarea era desempeñada
por mujeres o aún niños. La herramienta más frecuente para esta faena era un cuchillón de madera
firme, cuyo mango generalmente formaba ángulo obtuso con la hoja o parte contundente. La madera
más usada para esto en el sur de Chile, era la luma. El tamaño del cuchillón variaba con la edad y las
fuerzas de la persona que la usaba; pero lo común media 40 a 50 centímetros de largo y era pesado
hacia la punta. El mango era redondeado para poder tomar bien en la mano con un botón o borde
levantado en la extremidad para evitar que se resbalara. La hoja era más delgada pero a la vez más
ancha, tenia la forma de un cuchillo carnicero y un filo algo cortante."
"El cuchillón de palo se usaba en Llanquihue y Chiloé hasta hace pocos años, y todavía su
uso no ha desaparecido totalmente. En aquellas regiones se llamaba hualato y muchos escritores han
hablado de él. Claudio Gay, al describirlo, dice que los hombres rompen la tierra con sus lumas y
"las mujeres o los chicos reducen (los terrones) a pequeños fragmentos con la hualaia, instrumento
terminado por una parte ancha plana en forma de media luna, que se saca también de la luma o de
otro mirto llamado meli"135
.

[193]

Maldonado en sus estudios sobre Chiloé hablando sobre los cuchillones dice "... era una especie de
azadón de madera dura, usada para destrozar terrones y para trazar surcos..."136

"En general los cuchillones hallados en las sepulturas chilenas tienen una forma tamaño
semejantes a los hallados en las de los países de más al norte", señala Bullock. Agrega que "algunos
más pequeños, que se han encontrado por todas partes donde se ha usado este instrumento, deben
haber sido empleados por los niños, porque sabemos que ellos también se ocupaban en la faena de
romper los terrones. Siendo un objeto bastante manual no cabe duda que con ocasión se usaba para
otros fines, pero es indudable que su principal papel era para la tarea que hemos indicado."

Finalmente se utilizaban en la agricultura mazas de piedra que servían tanto para romper los terrones
como para alisar el suelo. Bullock señala que con frecuencia la "piedra usada para estos instrumentos era
perforada, otras veces se empleaba una piedra redondeada que se fijaba a un asta con correas. Esta última
clase era más común que la primera". Latcham agrega que "las piedras horadadas se encuentran en todas las
regiones agrícolas del centro y sur de Chile; pero no hay constancia de los usos que pueden haber tenido si
exceptuamos el empleo de peso para sus tridentes de que nos habla Bascuñán y a que hemos referido más
atrás. Soy de la opinión de que estas piedras, tan abundantes en muchas partes, eran instrumentos agrícolas de
uso casi universal para reducir a polvo los terrones. Son artefactos de sumo interés, especialmente por los usos
que pueden haber tenido."

Habría que señalar que cada una de estas herramientas y los procedimientos y tecnologías agrícola
poseen palabras precisas en la lengua mapuche, con lo que se comprueba su carácter precolombino. Las papas

135

Latcham trae una descripción muy completa del uso del hualato. Dice que este instrumento llegaba al final del proceso
para moler los terrones, es una suerte de azadón.

136

Los testimonios del uso de "la luma, el hualato y el throncué" en la agricultura de Chiloé son muchos. Ver Latcham en
p. 310 y citas de Cavada y Barrientos.

se sembraban en camellones como hasta hoy y se aporcaban. Lo mismo ocurría con el maíz cuyas tecnologías
de producción eran muy avanzadas.

Los métodos de siembra estaban desarrollados y eran eficientes. Gay señala que "algunas colinas
fueron cultivadas según un método que se sigue todavía en el norte para los fréjoles y en Chiloé para las
papas. Este método conocido con el nombre de Pitón consiste en clavar en la tierra un bastón puntiagudo y
echar en el agujero algunos fréjoles que se cubren de tierra y dejar reposar muchos años esta tierra..."137

. Se le
denominaba al palo pillohue y al método de trabajo en las chacras, guduvn. Había palabras mapuches para
denominar el equivalente a barbecho y conocimientos tecnológicos semejantes a los de otras partes de
América.

[194]

Había todo tipo de azadones, herramienta fundamental para la horticultura. Estos eran, en general, de
tres tipos. El primero era hecho de un palo duro encorvado en su punta ancha, a manera de un ángulo recto
formado con el asta o mango. Se dejaba la punta ancha con un filo cortante para que pudiera penetrar en el
suelo. De otro tipo era el que se usaba cuando no era posible encontrar madera de la forma necesaria para
hacer el primero. Entonces se empleaba una punta postiza de madera dura. Usaban puntas hechas de chonta,
'chuzo', en las regiones donde era obtenible y por este motivo se dice el nombre de chonta a la punta138

. Otro
tipo de azadón utilizado tenía en la cabeza una piedra esquistosa. "La cabeza de piedra laminada tenía un
ancho que fluctuaba entre 20 y 25 centímetros y generalmente mucho menos". Latcham dice que había
examinado varias de diferentes partes de Chile y que todas tenían en su parte superior una lengüeta de 5 a 6
centímetros de ancho por 8 a 10 de alto.
No quisiera cansar al lector con un listado erudito de todos los tipos de herramientas que eran
utilizados en la agricultura. Lo que resulta evidente e imposible de ignorar es la existencia de un conjunto de
instrumentos de labranza, algunos de ellos bastante complejos, variados, aptos para sembrar huertas y también
grandes sementeras.

La organización del trabajo agrícola es fácil de comprender y se sostiene sobre sistemas de
cooperación entre las diversas familias. Tal como relata Pineda y Bascuñan, grupos de trabajadores, hombres
y mujeres, se unían bajo la invitación de un agricultor. Se invitaba a una minga o mingaco, nombre de origen
quechua que significa trabajo colectivo y que se usó entre los mapuches y se mantiene hasta el día de hoy139
.
Los grupos organizados comenzaban a construir los camellones donde se sembraría. Se ponían jarros de
chicha, dice, fresca en los extremos de las hileras que se iban trabajando en grupos. Al llegar al final se bebía
para calmar la sed. Muchos cantos mapuches recuerdan estos trabajos. Probablemente como en casi toda
América se llevaba el ritmo del trabajo mediante cantos salmódicos140

. Al finalizar la faena el dueño de casa,
como hasta el día de hoy en los mingacos, ofrecía comida y bebida y se bailaba y festejaba celebrando el
trabajo realizado.

La idea de "trabajo festivo", ausente en nuestra cultura, está marcada por la maldición bíblica: te
ganarás el pan "con el sudor de tu frente". Las sociedades antiguas, como la mapuche, hacían de todas las ac-
tividades sociales y productivas un momento festivo. John Murra,

[195]

afamado antropólogo, relata la manera alegre cómo los comuneros quechuas asistían a las mingas, con sus
mejores vestidos, cantando en grupos, esto es, felices de ser invitados a trabajar. Esta forma de organizar la
faena agrícola no era desconocida ni diferente en el sur de Chile y permitía con herramientas simples pero
eficaces limpiar los terrenos, prepararlos y sembrarlos. Las cosechas eran otro motivo de fiesta y la gente se
reunía masivamente a levantar los productos como lo hacen hasta hoy los campesinos de todo el mundo y lo
siguen haciendo los mapuches contemporáneos.

137

Claudio Gay, citado por Latcham, op. cit., p. 328.

138

La madera de chonta es muy dura y posee estrías como que fuese carbonizada. Es un palo especial para hacer bastones
y elementos de gran firmeza. Casi esta desaparecida en Chile.

139

La existencia de la minga entre los mapuches y el uso que se le da a esta palabra quechua puede mostrar una vez más
el origen andino de la agricultura del sur y el periodo transicional en que se encontraba la sociedad mapuche transitando
de una situación de horticultura a una de agricultura propiamente tal.

140

Ver el canto de cosecha que transcribimos en Historia del Pueblo Mapuche. Lom Ediciones. Santiago. 2000. Sexta

Edición.

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