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Estaba yo caminando hacia el ro, cuando de la nada un hombre toca mi espalda. Ha d e imaginarse usted V.M.

mi sorpresa cuando este me pregunta si era yo Lzaro de To rmes. Lo que este hombre deseaba, era saber si yo fui el Lzaro acerca del cul un ciego le cont. Al relatarle yo esta parte de mi vida, sorprendido qued l, y pas a explicarme lo siguiente. Mi memoria juega ya unos juegos, que yo no puedo seguir, y debo afirmarle al homb re que recuerdo cosas, que ya no s, para dejar todo en paz. Puedo decir que buenos hombres han vivido con el ciego, aunque yo no sea uno, y q ue hablar de todo esto con aquel de piel oscura, puso una sonrisa en mi cara.