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Los retos de la globalización - Entrevista para R. Número

Los retos de la globalización - Entrevista para R. Número

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« ¿Cómo es posible que lo único que veamos por
televisión sean telenovelas? ¿por qué no estamos viendo
historia de Chile, o de Argentina, o de Perú? ¿por qué no
estamos viendo debates brasileños? ¿por qué ni siquiera
los vemos en la televisión pública? ¿cómo queremos que
haya una América Latina unida en lo económico o en lo
político si ni siquiera nos preocupamos por conocernos
entre países? Tal vez si nos conociéramos podríamos, por
lo menos, olvidarnos de esos estereotipos tontos que
tenemos unos países sobre otros. Lo que resulta
incomprensible es que sepamos más de la historia de los
Estados Unidos que de la historia de cualquiera de los
países latinoamericanos. Ese es el reto que nos plantea
América Latina, y el reto que le plantea el mundo a las
propias culturas de nuestros países: romper una relación
mimética y asumir una relación mucho más conflictiva,
aquella que es capaz de asumir el pasado, su memoria,
en lo que tiene de desesestabilizadora del presente y de
configuradora de horizontes de futuro. »
« ¿Cómo es posible que lo único que veamos por
televisión sean telenovelas? ¿por qué no estamos viendo
historia de Chile, o de Argentina, o de Perú? ¿por qué no
estamos viendo debates brasileños? ¿por qué ni siquiera
los vemos en la televisión pública? ¿cómo queremos que
haya una América Latina unida en lo económico o en lo
político si ni siquiera nos preocupamos por conocernos
entre países? Tal vez si nos conociéramos podríamos, por
lo menos, olvidarnos de esos estereotipos tontos que
tenemos unos países sobre otros. Lo que resulta
incomprensible es que sepamos más de la historia de los
Estados Unidos que de la historia de cualquiera de los
países latinoamericanos. Ese es el reto que nos plantea
América Latina, y el reto que le plantea el mundo a las
propias culturas de nuestros países: romper una relación
mimética y asumir una relación mucho más conflictiva,
aquella que es capaz de asumir el pasado, su memoria,
en lo que tiene de desesestabilizadora del presente y de
configuradora de horizontes de futuro. »

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Los retos de la globalización
Jesús Martín-Barbero
Entrevista (realizada por Sophia Rodríguez Pouget, para el encuentro Los nuevos centros de la esfera y los nuevos modos de estar en el mundo, Revista Número, 2003)
« ¿Cómo es posible que lo único que veamos por televisión sean telenovelas? ¿por qué no estamos viendo historia de Chile, o de Argentina, o de Perú? ¿por qué no estamos viendo debates brasileños? ¿por qué ni siquiera los vemos en la televisión pública? ¿cómo queremos que haya una América Latina unida en lo económico o en lo político si ni siquiera nos preocupamos por conocernos entre países? Talvez si nos conociéramos podríamos, por lo menos, olvidarnos de esos estereotipos tontos que tenemos unos países sobre otros. Lo que resulta incomprensible es que sepamos más de la historia de los Estados Unidos que de la historia de cualquiera de los países latinoamericanos. Ese es el reto que nos plantea América Latina, y el reto que le plantea el mundo a las propias culturas de nuestros países: romper una relación mimética y asumir una relación mucho más conflictiva, aquella que es capaz de asumir el pasado, su memoria, en lo que tiene de desesestabilizadora del presente y de configuradora de horizontes de futuro. »

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La 16a Feria Internacional del Libro de Bogotá sirvió de escenario para que dos importantes figuras de la investigación y el pensamiento en América Latina plantearan sus ideas y propuestas en torno al tema de la globalización. Jesús Martín-Barbero –uno de los más destacados teóricos de la comunicación y la cultura– y William Ospina –reconocido escritor, poeta y ensayista–, cofundadores y cercanos colaboradores de la revista Número, dieron así inicio a las actividades de celebración del décimo cumpleaños de la publicación más comprometida con el pensamiento crítico y la creación en Colombia. Para Guillermo González Uribe, director de la revista, “este encuentro –titulado “los nuevos centros de la esfera y los nuevos modos de estar en el mundo”– fue muy significativo para Número, no sólo porque dio inicio a la celebración de nuestros diez años de labor, sino porque reunimos a dos de los investigadores que piensan más a fondo al país, con análisis crítico, afecto por Colombia, y proponiendo alternativas”. ***
Jesús Martín-Barbero:

La globalización no puede ser vista como la invasión de una cultura global, porque ésta como tal no existe; ni tampoco como mera estratagema de un imperialismo norteamericano, aunque éste por supuesto existe en aspectos cruciales,
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como hemos podido constatar últimamente. Lo que la globalización nos plantea es un cambio profundo en las condiciones de existencia y vida de nuestras culturas, que no pueden vivir ya aisladas y se encuentran expuestas permanentemente unas a otras en el ámbito nacional y a las de ese exterior reconfigurado ahora por el mundo. Por eso resulta clave avizorar nuestros nuevos modos de estar en el mundo: las formas de defender nuestra propia identidad sin que ello implique amurallarnos ni refugiarnos nostálgicamente en un idealizado pasado, porque además nunca fuimos ni felices ni auténticos. Necesitamos romper con la concepción de unas culturas autóctonas e intocables, que supuestamente la globalización vendría a contaminar y acabar, y con ese “exotismo” que todavía le queda en la mirada a Europa y Norteamérica y que reduce América latina a lo folklórico y premoderno.
¿La globalización ha implicado “exclusión” para América latina?

Sobre todo en lo económico, y por lo tanto en lo social. La recesión generalizada que atraviesan nuestros países nos está devolviendo a la etapa anterior a los años sesenta. Estamos retrocediendo en desigualdad social: las distancias se están agrandando, incluso en Brasil, que tiene la economía más grande de América latina. Me parece que uno de los aspectos más difíciles de enfrentar es el hecho de que los estados nacionales están divorciándose de sus sociedades –cada vez están más empobrecidas– porque su tarea es hacer de mediadores entre ellas y las reglas de juego del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y de la Organización Mundial de Comercio. Es decir, hoy no tienen el mínimo de independencia que les permita pensar el desarrollo propio de sus países. A esto se le suma que nuestras clases políticas están menos que nunca a la altura y la
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4 envergadura de los desafíos del momento; hablan contra la globalización en forma demagógica y populista, pero ni entienden las nuevas lógicas de la economía ni tienen herramientas con que pensar cómo enfrentarlas o negociar con ellas. Y así los políticos resultan peligrosísimos –como lo fueron Fujimori en el Perú, Menem en Argentina y lo es hoy Chávez estancando y polarizando a Venezuela–. Y cuando estos países se “liberalizaron” –en términos de neoliberalismo y de la “apertura económica”– no contaron con la mínima reciprocidad en los acuerdos que se hicieron con los países ricos y terminamos víctimas de una trampa. Vivimos una ley del embudo en donde el lado estrecho es para nosotros. Es absurdo, por ejemplo, que mientras los EU y Europa quieren que nuestras agriculturas se abran al comercio global por su parte la Unión Europea le dedique más del 40% de su presupuesto anual a subsidiar a los agricultores europeos. ¿Cómo quieren entonces que nuestros productos compitan con precios comerciales si lo que ellos tienen son los precios más políticos del mundo? Sin esos subsidios, Argentina, por ejemplo, podría exportar muchísimo más y ubicar en Europa productos como la carne o el trigo, a los precios que realmente produce. Pero tampoco hay que olvidar que nuestros dirigentes tienen su buena cuota de culpa en ese desbalance, porque con el desmantelamiento de nuestras agriculturas las dejaron expuestas a unos precios totalmente tramposos. Tal vez lo hicieron creyendo que esa era una manera de desarrollar el país, pero acabaron haciéndole el juego a los que se lo inventaron, porque resulta que ahora estamos importando lo que deberíamos estar produciendo. Para completar, los mercados internacionales siempre nos han encasillado en una especie de determinismo que nos condena a salir al mercado únicamente con nuestros productos naturales –como el café o el cobre–, cuando hoy en

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día el valor agregado, el conocimiento, vale miles de veces más que las materias primas.
A nivel interno, nuestros países tampoco se han preocupado por apoyar la investigación, la búsqueda de conocimiento, ni la ciencia para competir en ese sentido.

Efectivamente. Siguen pensando que la investigación es un lujo exclusivo de los países ricos, pero no piensan que si se han hecho ricos es precisamente investigando y no solamente explotando a los otros. Uno se pregunta, por ejemplo, ¿cómo es posible que un país como Colombia –que habita dos océanos– no tenga una industria pesquera importante? Así es que no podemos culpar únicamente a la globalización.
¿Tratados como el ALCA, sirven de algo en ese proceso?

Pienso que con la manera como los EU nos van a poner a competir en el ALCA, es decir, país a país, no tenemos salida; al contrario, vamos a quedar mucho peor que antes, porque no se puede hablar de libre comercio cuando la asimetría de las economías es tan brutal. Si América latina pudiera negociar al menos en bloques, o en grupos de países, sería diferente. Pero es que hasta al Mercosur lo han desvencijado. El único caso diferente, por su macroeconomía, es Brasil; que además es el primer país en llevar a un obrero a la presidencia, y es el único que bien podría llegar a integrar el Grupo de los ocho por su capacidad económica. Lula es uno de los primeros presidentes suramericanos en los últimos años con un fuerte proyecto latinoamericano y un plan para proponer cambios incluso en la ONU. Además, tiene claro que para lograrlo necesita al resto de América Latina. Por eso, si Brasil logra que sus relaciones con los
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6 macro-organismos no desequilibren su economía y que sus tasas de interés se mantengan en unos niveles normales, se puede convertir realmente en el líder de América latina frente a EU.
¿Es realmente posible una unión de los países latinoamericanos?

No veo posible una unión de los países latinoamericanos frente del ALCA, pero sí podrían llegar a ciertos acuerdos para plantear políticas comunes de negociación al menos en algunos aspectos. Existen instituciones político-económicas –como el Grupo de Río, por ejemplo– que aglutinan a toda América Latina, con las que podría pensarse en unos mínimos y negociar con unidad ciertos sectores de la economía de cada uno de los países. Es decir, fortalecerse para que cada país pueda abrir nuevos reglones y determinar de qué manera se puede manejar en beneficio propio la regulación de subsidios a la producción de nuestros países. Lo ideal sería que los países hicieran un mapa en donde determinaran en qué pueden competir y en qué no, y lo llevaran a la mesa de negociación, en vez de enfrentar cada uno solo a los EU, porque así no tienen la menor posibilidad de negociar verdaderamente.
¿Por qué no han hecho eso todavía?

Porque “Divide y reinarás”. Hoy en día los políticos viven de políticas inmediatistas y de las próximas elecciones. Y al no haber proyectos de nación a mediano y largo plazo, mucho menos los va a tener el continente. Además, en América Latina, como acaba de demostrarlo Chile –incluso con un presidente socialista– armando su arreglo comercial con EU, al que le va bien abandona al resto.
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Latinoamérica todavía no tiene una visión de unidad, ni un sentido de unión más solidario –o por lo menos más estratégico– como lo tuvieron los países de la Unión Europea…

Si recordamos el proceso por el que se llegó a la Unión Europea observaremos muchos aspectos positivos. Para empezar, aunque nació al día siguiente de la Segunda Guerra Mundial y con un nombre muy poco político –La unión del carbón y el acero–, sin embargo sus fundadores mantuvieron siempre una la idea de que estaban intentando crear una Europa política. Hoy en día la Unión ya tiene un Parlamento y una moneda en común que une sin disolver lo particular: los símbolos de los billetes, del dinero, unos son comunes y otros de cada país. Y tiene una cierta comunidad social, pues los fondos de compensación han permitido que los países más pobres recibieran de los más ricos fuertes subsidios que les han permitido transformar no sólo sus economías, sino la calidad de vida de las mayorías en España y Grecia o Portugal. Eso no sólo implica política y economía sino cultura. Cosa que no puede compararse con lo que está pasando en un país como Ecuador que ahora está conviviendo con dólares, lo que significa que los símbolos que están circulando es su vida cotidiana ya no son las caras de sus héroes, sino las de Washington o Jefferson. Los Estados latinoamericanos deben dejar de mirar estos temas como asuntos que se juegan solamente en las Constituciones y empezar a tomárselos en serio, pues hasta los saberes indígenas están siendo robados otra vez, ahora por las transnacionalaes de las medicinas.

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¿La responsabilidad sigue en manos de los grandes imperios y poderes?

Yo lo vería más por el lado de las instituciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y sobre todo la Organización Mundial del Comercio, que se crearon para ser unos reguladores en términos de reciprocidad y que, aunque no estaban directamente ligadas a la ONU, deberían haber caminado en la misma línea. Eran instituciones supranacionales hechas para alentar un mínimo de desarrollo de todos los países; sin embargo, muy pronto empezaron a trabajar para las grandes multinacionales y las megafusiones empresariales del mundo. Las reglas del juego en estos momentos son las que dictan estos organismos no al servicio de los países sino de los intereses multinacionales. Por otro lado tenemos unos gobiernos que no han sido capaces de encontrar un mínimo de equilibrio entre lo que se podía abrir a la competencia y lo que no. Por eso nos dieron una “bienvenida al futuro” tan ingenua como tramposa al exponernos a unas reglas de juego que los otros países no cumplieron.
¿Cuando menciona “los nuevos modos de estar en el mundo” se refiere a las nuevas culturas que se derivan de la globalización?

En realidad, la globalización no crea nuevas culturas, sino que cambia las condiciones de existencia de las que hay, porque las desarraiga y las fuerza a encontrarse con otras en una interacción que de algún modo las obliga a competir. Además, cuando hablo de la “cultura” me refiero no sólo a las artes, las letras o las tradiciones, etc., sino también a las “industrias culturales”. Por ejemplo –y más allá de todos los cuestionamientos que se deben hacer– la telenovela ha sido una nueva manera en que los latinoamericanos han logrado
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“estar en el mundo” ¡y que hoy estamos desperdiciando al creer que cuanto más fáciles, frívolas y baratas sean, mejor! Porque eso es mentira: las mejores telenovelas colombianas son las que han tenido un éxito más duradero en el exterior –y eso no quiere decir que se hicieron pensando en los rusos o en los italianos– sino que se hicieron para nosotros y hablando de nosotros mismos. Son las que tuvieron mayor inversión de dinero, inteligencia, y creatividad –como Café o Bety la fea, por mencionar alguna–. Pero como los criterios del mercado son los que mandan, la gente termina viendo los peores productos porque no se le dan alternativas.
¿Los “nuevos modos”, entonces, equivaldrían a la “presencia cultural” que se puede tener en el mundo?

Sí, aunque no únicamente a eso. Si Colombia quiere estar en el mundo debe empezar por estar en América Latina, porque no está. Para empezar, la mayoría de los intelectuales colombianos están leyendo a los novelistas y poetas latinoamericanos, pero no están leyendo a los científicos latinoamericanos –politólogos, sociólogos, antropólogos, etc– y por ello no están mínimamente al tanto de las investigaciones y debates que sobre las relaciones Estado-cultura, cultura-política, cultura-economía se hacen desde hace más veinte años. Es imposible encontrar citas de esos estudios y debates en sus textos ¡mientras saltan de Platón a Heidegger, y de un francés a un norteamericano! Colombia sigue sin estar en América Latina, pues la relación de no pocos de nuestros intelectuales con los textos de los europeos está profundamente viciada por una reverencia que imposibilita la distancia crítica: citan desde la admiración y no desde una posición frente a alguien con quien se discute y se confronta.

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¿Cuáles son los retos que impone la globalización?

La globalización nos replantea los modos de estar en el mundo planteando desafíos a nuestros modos de pensar y vivir las propias culturas, y también las culturas latinoamericanas. ¿Cómo es posible que lo único que veamos por televisión sean telenovelas? ¿por qué no estamos viendo historia de Chile, o de Argentina, o de Perú? ¿por qué no estamos viendo debates brasileños? ¿por qué ni siquiera los vemos en la televisión pública? ¿cómo queremos que haya una América Latina unida en lo económico o en lo político si ni siquiera nos preocupamos por conocernos entre países? Talvez si nos conociéramos podríamos, por lo menos, olvidarnos de esos estereotipos tontos que tenemos unos países sobre otros. Lo que resulta incomprensible es que sepamos más de la historia de los Estados Unidos que de la historia de cualquiera de los países latinoamericanos. Ese es el reto que nos plantea América Latina, y el reto que le plantea el mundo a las propias culturas de nuestros países: romper una relación mimética y asumir una relación mucho más conflictiva, aquella que es capaz de asumir el pasado, su memoria, en lo que tiene de desesestabilizadora del presente y de configuradora de horizontes de futuro.

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