EL ASESINO DEL TAROT

Capítulo 15 – El Diablo
Soraya estaba a punto de besar por primera vez a Emilio. Se desarrollaba la escena que los seguidores de la novela mexicana ansiaban cuando sonó su timbre. Andrea largó un insulto por lo bajo y se dignó a atender. Al abrir la puerta se sorprendió, no esperaba la visita de nadie, mucho menos del hombre que sabía que no la apreciaba. Éste pidió por favor hablar con ella, su rostro mostraba rasgos de preocupación. “Miss Andrea. La bruja y vidente que todo lo une” según la publicación del periódico, lo invitó a pasar a la habitación de su casa en la que había montado hace años una especie de santuario para realizar sus oscuros trabajos. El hombre agachó su cabeza como agradeciendo el gesto y puso la mochila sobre la mesa, debía mostrarle algo muy importante que según sus mismas palabras sólo ella entendería. Andrea le dijo que vaya directo al grano porque no tenía tiempo, la verdad era que deseaba ver el final de la novela. Él se mojó sus labios secos y pidió un vaso con agua, ella fue a la cocina. Mientras servía el agua el hombre se acercó por detrás y apoyo un arma sobre su cabeza. La bruja pensó que el tiempo se había detenido, no sabía qué hacer. Gritar no sería buena idea pero el hombre que en la ciudad conocían como el Tatuador de Sangre colocó en su boca una cinta adhesiva ancha de color gris que impedía que hable. Nunca dejándola de apuntar tomó el control remoto y subió el volumen del televisor por si algún vecino escuchaba ruidos raros. Desnudó a la mujer de rulos y baja estatura que iniciaba la vejez y la ató en la silla de su consultorio. Con los ojos llorosos Andrea parecía suplicar perdón, entendía que venía en busca de venganza, lo conocía bien y no podía creer en lo que se había convertido. El asesino sonriendo guardó su arma y sacó una caja de la mochila. No tenía pensado matarla de un simple disparo, se merecía una muerte peor por las maldades que había realizado. Por si la memoria también había sufrido el paso de los años, le relató una de las tantas “anécdotas” que ahora le iba a costar su vida. Una tarde lluviosa, mientras él cumplía con

El Asesino del Tarot © es obra de Nicolás Martín Valmaceda para el blog Signo por Signo ( www.tarotsignoporsigno.blogspot.com ) Todos los derechos reservados. Queda rigurosamente prohibida, sin la expresa autorización de su autor y bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento.

EL ASESINO DEL TAROT

las tareas de matemática en su casa pudo ver por la ventana como la mujer que tenía capturada arrojaba un objeto a su casa por entre las rejas. Cuando el Tatuador salió ella se había marchado y comprobó que se trataba de un sapo, un inocente sapo al que le había cosido la boca para hacer uno de sus “trabajos”. Corrió al interior de su casa y con la tijera que usaba para recortar figuritas cortó una parte del hilo para luego liberar por completo la boca del sapo. Percibió que el animal le daba las gracias y divisó en su boca un papel que tenía inscripto el nombre de un miembro de su familia. Prefirió ocultar lo sucedido en su casa. Le haría pagar esencialmente ese acto malicioso y, como la Ley del Talión, sería ojo por ojo. Se rió al decirlo, hablando de la boca del sapo y de la de Andrea le resultó una ironía terminar la expresión con “diente por diente”. La mujer movía sus manos y piernas desesperada para intentar zafarse de las cadenas que la tenían prisionera. Lloraba e intentaba decir alguno de sus conjuros inservibles pero la cinta en su boca se lo impedía. El Tatuador abrió la caja y con su mano derecha, agarrándolo de los costados, sacó un sapo. Se lo acercó a los ojos para que lo viera atentamente y comenzó a rozárselo por el cuello y los brazos. A la bruja se le puso la piel de gallina, sentir el cuerpo húmedo del sapo en su piel le provocaba escalofríos y sacudía agitadamente los brazos a la vez que arqueaba la columna. Las lágrimas en sus ojos reconfortaban al hombre ya que evidenciaban que no la estaba pasando bien. Se regocijaba al verla sufrir cuando apoyaba el sapo en sus pechos y muslos. En cuestión de minutos consideró que debía pasar al siguiente paso: subió aún más el volumen del televisor y sacó la cinta que tapaba la boca de la mujer, quien soltó un gran grito. El asesino lo había previsto, así que fue la oportunidad perfecta para ponerle el sapo en su boca y cerrarla nuevamente con la cinta. Andrea abrió los ojos como platos, sintió que sus papilas gustativas tocaban el pecho frío del animal y que no podía respirar. Una violenta contracción del estómago le produjo un vómito que no pudo despedir por la boca y murió. El asesino estaba satisfecho y con una amplia sonrisa en su cara, le faltaba poco para terminar con las muertes. Se apresuró a usar la sangre que guardaba en la mochila y, al tomar el control remoto pudo verse en el televisor: la noticia del flash informativo pedía información sobre su paradero y no iban a tardar en encontrarlo.

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