Sabemos que la fecha designada para la celebración del nacimiento de Jesús fue escogida para sustituir una fiesta

pagana que se celebraba en el imperio romano. En los evangelios no se indica la fecha exacta del nacimiento. Sí sabemos las circunstancias en que ocurrió. Jesús vino al mundo en un lugar que no era adecuado para el nacimiento de un niño. Sin embargo, aquel lugar que seguramente era mal oliente y estaba lleno de inmundicias, fue transformado por la presencia del niño Jesús. La escena del establo y el niño en el pesebre son hoy parte de la hermosa tradición navideña y con orgullo decoramos nuestros hogares con ésta hermosa estampa. Esto no debe extrañarnos, ya que una característica importante de Jesús es su poder transformador. No olvidemos cómo transformo la cruz, de un símbolo de muerte, a un símbolo de esperanza de vida eterna. Ese mismo poder transformador obra en nuestras vidas cuando permitimos que Cristo entre a nuestros corazones. Por eso es que aun mas que la fecha del nacimiento del niñito Jesús, la fecha más importante para nuestras vidas es aquella en que Cristo entró a nuestras vidas. Por causa del pecado ciertamente éramos como aquel establo; estabamos llenos de inmundicias, de cosas negativas para nuestras vidas. Pero si permitimos que Cristo entre a nuestro pesebre, nuestro corazón, su poder transformador cambiará totalmente nuestras vidas. Seremos llenos de amor, de gozo y de paz. Aun en medio de los problemas, podemos sentirnos seguros cuando Cristo está en nuestro corazón. Edmundo Ramirez-Semprit Pastor Iglesia Del Evangelio Cuadrangular De Ponce, Puerto Rico

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