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Tzvetan Todorov - Diccionario Enciclopedico de Las Ciencias Del Lenguaje

Tzvetan Todorov - Diccionario Enciclopedico de Las Ciencias Del Lenguaje

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DICCIONARIO ENCICLOPEDKX>

DE LAS CIENCIAS DEL LENGUAJE
Oswald Duerot Tzvetan Todomv
D I C C I O N A R I O E N C I C L O P E D I C O
D E L A S C I E N C I A S D E L L E N G U A J E
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Diccionario enciclopédico
de las ciencias del lenguaje
por
Oswald Ducrot
T zvetan Todorov
)JKl stglo vezntluno argentzna edltores, sa
D i cci onari o enci clopédi co
de las ci enci as del lenguaje
por
O swald D ucrot
Tzvetan Todorov
xl szglo vemtzuno argentma edztores, sa
INDICE
Introducción
LAS ESCUELAS
Gramáticas generales (O. D.)
Lingüística histórica en el siglo XIX (O. D.)
Saussurianismo (O. D.)
Gloaemática (O. D.)
¡"uncionalismo (O. D.)
Distribucionalismo (O. D.)
Lingüística generativa (O. D.)
Apéndice: Lingüística antigua y medieval (O. D. y T. T.)
LOS DOMINIOS
Componentes de la descripción lingiiística (O. D.)
Geolingüística (O. D.)
Sociolingüística (T. T.)
Psicolingüística (M. S. de S.)
Retórica y estilística (T. T.)
Poética (T. T.)
Semiótica (T. T.)
Filosofía del lenguaje (O. D.)
LOS CONCEPTOS METODOLóGICOS
Signo (T. T.)
Sintagma y paradigma (O. D.)
Categorías lingiiísticas (O. D.)
Lengua y habla (O. D.)
Norma (O. D.)
Arbitrariedad (O. D.)
Sincronía y diacronía (O. D.)
Historia de la literatura (T. T.)
Géneros literarios (T. T.)
Adquisición del lenguaje (M. S. de S.)
Patología del lenguaje (M. S. de S.)
9
17
21
29
35
40
47
54
60
67
74
79
86
92
98
104
113
121
129
136
1 4 : ~
ISO
157
165
]73
]78
]86
191
' I N D I C E
I ntroducci on
L A S E S C U E L A S
G ramåtìcas generales (O . D . )
L i ngüísti ca hi stóri ca en el si glo xxx(O . D . )
S aussuri anìsmo (O . D . )
G losemåtìca (O . D . )
Funcìonalìsmo (O . D . )
D i stri buci onali smo (O . D . )
L i ngüísti ca generati va (O . D . )
A péndi ce: L i ngüísti ca anti gua y medi eval (0. D . y T. T. )
L O S D O MI N I O S
C omponentes de la descri pci ón li ngüísti ca (O . D . )
U eoli ngi ìístìca (O . D . )
S oci olìngi ìísti ca (T. T. )
P si colìngüísti ca (M. S . de S . )
R etóri ca y esti lísti ca (T. T. )
P oéti ca (T. T. )
S emi óti ca (T. T. )
Fi losof ía del lenguaje (O . D . )
L O S C O N C E P TO S ME TO D O L ÓG I C O S
S i gno (T. T. )
S ìntagma y paradi gma (O . D . )
C ategorías li ngüísti cas (O . D . )
L engua y habla (O . D . )
N orma (O . D . )
A rbi trari edad (O . D . )
S ìncronía y díacronía (O . D . )
H i stori a de la li teratura (T. T. )
G éneros li terari os (T. T. )
A dqui si ci ón del lenguaje (M. S . de S . )
P atología del lenguaje (M. S . de S . )
9
S ä ë ä ä
47
54
60
67
74
79
86
92
98
1 04
l 1 3
1 21
1 29
1 3 6
1 43
1 50
1 57
1 65
1 73
1 78
1 86
1 91
LOS COi"\CEPTOS DESCRl PTIVOS
Unidades no significativas (O. D.)
Prosodia lingüística (1\1.·C. H.·M.)
Versificación (T. T.)
Escritura (T. T.)
Unidades significativas (O. D.)
Partes del discurso (O. D.)
Funciones sintácticas (O. D.)
Motivo (T. T.)
Pcrsonaje (T. T.)
Reglas generativas (O. D.)
.Estructuras superficiales y estructuras prnfundas
Referencia (O. D.)
Tipología de los hechos de s"ntido (T. T.)
~ l discurso de la ficción rl'. T.)
Comhinatoria scmántica (O. D.)
Figura (T. T.)
l{elaciones semánticas entre frases l. O. D.)
Transformacionl's discursivas (T. '1'.)_
Texto (T. T.)
Estilo (T. T.)
Tiempo y modalidad en la lengua 10. D.)
Tiempo del discurso (O. D. Y T. T.)
Enunciación (T. T.)
Visión en la narratÍ\'a (T. T.)
Situación de discurso (O. D.)
Lenguaje y acción (O. D.)
APÉNDICE
Escritura (.1-'. W.)
Signo (F. W.)
Texto (F. W.)
Semiótica (F. W.)
lndice de los términos de/ilJidos
lndice de uutorl'S
201
209
220
228
235
210
246
254
2;W
265
10. D.) 274
287
2/)4
;:01
3(1(.
31;;
32;;
:nl
337
3-11
34
1
'
357
36'1
3(.')
37r.
3r.o
419
L O S C O N C E P TO S I )E S C R lP Tl\' O 2š
U ni dades no si gni f i cati vas (O . D . )
P ros- odi e. li ngüísti ca (M. ~ C . H . - M. )
Veroi f i caci óu (T. T. )
E scri tura (T. T. )
U ni dades si gni f i cati vas (O . D . )
P artes del di scurso (O . D . )
Funci ones si utácti cas (O . D . )
Moti vo (T. T. )
P ersonaje (T. T. )
R eglas generati vas (O . D . )
E structuras superf i ci ales y estructuras proi uudas (_ O . D . )
R ef erenci a (O . D . )
Ti pología de los hechos de senti do (T. T. )
E l di scurso de la f i cci ón (T. T. J
C ombi uatori a semánti ca (O . D . )
Fi gura (T. T. )
R elaci ones semánti cas entre f rases (O . 1 ). )
Transf ormaci ones di scursi vas (T. ' I `. ). , .
Texto (T. T. )
E sti lo (T. T. )
Ti empo y modali dad cu la lengua 60. D . )
Ti empo del di scurso (O . D . y T. T. )
E uuuei aci ón (T. T. )
Vi si ón en la narrati va (T. T. )
S i tuaci ón de di scurso (O . D . )
L enguaje y acci ón (0. D . )
A P ÉN D I C E
E scri tura (F. W. )
S i gno (F. W. )
Texto (F. W. )
S emi óti ca (F. W. )
I ndi ce de los térmi nos def i ni dos
Índi ce de autores
20l
209
220
228
23 5
21 0
24- Ó
254
259
2Í› §
274
23 7
29. 4
Íi o I
Íi (| Í›
3 1 5
3 2. i
: i i i Í
3 3 7
3 1 1
3 - 1 9
3 57
3 0- 1 -
3 6' )
3 75
3 2' - 0
3 89
3 92
. $ 97
441 . 1
400
41 0
El título de esta obra implica dos particularidades relacionadas con
dos opciones fundamentales que debemos explicar aquí: el plural de
ciencias, el singular de lenguaje.
Hemos resuelto dar a la palabra lenguaje el sentido preciso -y
trivial- de "lengua natural": no el de "sistema de signos", tan
difundido en nuestros días. No nos ocuparemos aquí de las lenguas
documentales, ni de las diferentes artes consideradas como lenguajes,
ni de la ciencia tomada como una lengua bien o mal hecha, ni del
lenguaje animal, gestual, etc. Las razones de esta restricción son
múltiples. En primer término, al abandonar el ámbito de lo verbal
nos habríamos visto obligados a encarar un objeto cuyos limites son
difíciles de precisar y que por el hecho mismo de su indeterminación
corre el riesgo de coincidir con el de todas las ciencias humanas
y sociales, si no de todas las ciencias en general. Si todo es signo
en el comportamiento humano, la presencia de un "lenguaje", en este
sentido amplio, ya no permite delimitar un objeto de conocimiento
entre otros. Por lo demás, sólo en época reciente las instituciones
sociales, las estructuras psíquicas, las formas artísticas, el fraccio-
namiento de las ciencias en campos diversos han sido enfocados
como sistemas de signos: para hablar de ellos, con frecuencia habría-
mos debido crear una ciencia, en vez de dar cuenta de ella, cosa
que no correspondía a nuestros fines ni a nuestras posibilidades.
Por último, tal extensión de la palabra "lenguaje" habría supuesto
la afirmación de una identidad de principio entre los diferentes sis-
temas de signos; nos hemos negado a elevar lisa y llanamente esta
hipótesis al rango de postulado. El estudio de tales sistemas podrá
ser el objeto de otras obras futuras.
Si hemos tomado, pues, la palabra "lenguaje" en un sentido res-
tringido, el plural de ciencias señala, al contrario, nuestro deseo
de apertura. En ningún momento hemos querido separar el estudio de
la lengua del de sus producciones, entendiendo por ello a la vez su
puesta en funcionamiento (de alli el lugar acordado a la enunciación,
a los actos lingüísticos, al lenguaje en situación) y las secuencias
resultantes, cuya organización ya no está directamente
regida sólo por el mecanismo de la lengua (de allí los muchos
9
l n lroducci ón
E l título de esta obra i mpli ca dos parti culari dades relaci onadas con
dos opci ones f undamentales que debemos expli car aquí: el plural de
ci enci as, el si ngular de lenguaje.
H emos resuelto dar a la palabra lenguaje el senti do preci so - - y
tri vi al- de “lengua natural”: no el de “si stema de si gnos”, tan
di f undi do en nuestros di as. N o nos ocuparemos aquíde las lenguas
documentales, ni de las di f erentes artes consi deradas como lenguajes,
ni de la ci enci a tomada como una lengua bi en o mal hecha, ni del
lenguaje ani mal, gestual, etc. L as razones de esta restri cci ón son
múlti ples. E n pri mer térmi no, al abandonar el ámbi to de lo verbal
nos habríamos vi sto obli gados a encarar un objeto cuyos lími tes son
di f íci les de preci sar y que por el hecho mi smo de su i ndetermi naci ón
corre el ri esgo de coi nci di r con el de todas las ci enci as humanas
y soci ales, si no de todas las ci enci as en general. S i todo es si gno
en el comportami ento humano, la presenci a de un “lenguaje”, en este
senti do ampli o, ya no permi te deli mi tar un objeto de conoci mi ento
entre otros. P or lo demás, sólo en época reci ente las i nsti tuci ones
soci ales, las estructuras psíqui cas, las f ormas artísti cas, el f racci o-
nami ento de las ci enci as en campos di versos han si do enf ocados
como si stemas de si gnos: para hablar de ellos, con f recuenci a habría-
mos debi do crear una ci enci a, en vez de dar cuenta de ella, cosa
que no correspondía a nuestros f i nes ni a nuestras posi bi li dades.
P or últi mo, tal extensi ón de la palabra “lenguaje” habría supuesto
la af i rmaci ón de una i denti dad de pri nci pi o entre los di f erentes si s-
temas de si gnos; nos hemos negado a elevar li sa y llanamente esta
hi pótesi s al rango de postulado. E l estudi o de tales si stemas podrá
ser el objeto de otras obras f uturas.
S i hemos tomado, pues, la palabra “lenguaje” en un senti do res-
tri ngi do, el plural de ci enci as señala, al contrari o, nuestro deseo
de apertura. E n ni ngún momento hemos queri do separar el estudi o de
la lengua del de sus producci ortes, entendi endo por ello a la vez su
puesta en ƒu- raci onami ento (de alli el lugar acordado a la enunci aci ón,
a los actos li ngüísti cos, al lenguaje en si tuaci ón) y las secuenci as
di scursi va; resultantes, cuya organi zaci ón ya no está di rectamente
regi da sólo por el mecani smo de la lengua (de alli los muchos
9
INTRODUCCI6N
artículos consagrados a aspectos de la literatura, dado que el dis-
curso literario es, entre todos, el mejor estudiado). Todo intento
de aislar el estudio de la lengua del estudio del discurso tarde o
temprano se revela nefasto para ambos. Por lo demás, al relacio-
narlos no hemos hecho otra cosa que reanudar vínculos con una
larga tradición, la de la filología, que no concebía la descripción
de una lengua sin una descripción de las obras. Por consiguiente, se
encontrarán aquí representadas, además de la lingüística en sentido
la poética, la retórica, la estilística, la psico-, la socio- y la
geolingüística, e inclusive ciertas investigaciones sobre semiótica y
sobre filosofía del lenguaje. De tal modo, nos adherimos al credo
que hace poco enunció uno de los maestros de la lingüística moderna:
Linguista sum: linguistici nihil a me alienum puto.
Aunque no intervengamos en esta obra como partícipes de ninguna
con más frecuencia de lo que suele ocurrir en esta clalw
de obras nos hemos visto forzados a tomar posiciones personaleg v
hasta hemos expuesto, aquí y allá, investigaciones originales, aun
sabiéndolas incompletas y provisionales. Más que un halance de
las opiniones -cuyo ilusorio ideal sería la imparcialidad-o hemos
procurado dar una visión de conjunto coherente de los
cosa que exige siempre la elección de un punto de vista. Indiqué-
moslo hrevemente.
Para estudiar los problemas ({pI If'nlJ'uaif'. rpSllPlto pnío-
carlos desde una ·nersnectiva esencial"'1entp .Vf''T!nnti"",. T
de la sirmificación. de sus niveles. el .. sus morlos dI' mRnifpstariñfl.
constituyen el centro de toda la ohra. Tal importancia otorgada
a la significación acarrea varia!! consecuenf'iall:
1. Hemos presentado en detalle la teorín generativa v transfor·
macional de Chomsky, la cual ha contribuido más qu!' ninguna otra
a disipar el recelo con que los lingüista!! "científicos" consideraron
durante lar¡ro tiempo los problemas semánticos. (Por otro lado, esto
nos ha llevado a señalar ciertas dificultades con que tropieza esta teo-
ria y que explican su evolución actual.)
2. Asimismo, hemos dado un lugar importante a la historia de las
ciencias del lenguaje (cuyos comienzos hemos situado mucho antes
del siglo XIX): en efecto, las discusiones que la ocupan también
giran, en última instancia, en torno de las relaciones entre la lengua
y la significación; inclusive la discusión entre Sausl'ure y la lingüís-
tica histórica del siglo XIX pone en juego, en resumidas cuentas, dos
concepciones diferentes del acto de significar.
3. A propósito de diversos problemas (la referencia, la modalidad,
por ejemplo), exponemos el punto de vista de ciertos lógicos. Hoy
10
I N TR O D U C C I ÓN
arti culos consagrados a aspectos de la li teratura. , dado que el di s-
curso li terari o es, entre todos, el m ejor estudi ado). Todo i ntento
de ai slar el estudi o de la lengua del estudi o del di scurso tarde o
tem prano se revela nef asto para am bos. P or lo dem ás, al relaci o-
narlos no hem os hecho otra cosa que reanudar vi nculos con una
larga tradi ci ón, la de la f i lología, que no concebi a la descri pci ón
de una lengua si n una descri pci ón de las obras. P or consi gui ente, se
encontrarán aqui representadas, adem ás de la li ngüísti ca en senti do
estri cto, la poéti ca, la retóri ca, la esti li sti ca, la psi co- , la soci o- y la
geoli ngüi sti ca, e i nclusi ve ci ertas i nvesti gaci ones sobre sem i óti ca y
sobre f i losof i a del lenguaje. D e tal m odo, nos adheri m os al credo
que hace poco enunci ó uno de los m aestros de la li ngüísti ca m oderna:
L i ngui sta sum : li nguísti ci ni k- i l a m e ali enum puto.
A unque no ìntervengam os en esta obra com o parti ci pes de ni nguna
escuela, con m ás f recuenci a de lo que suele ocurri r en esta clase
de obras nos hem os vi sto f orzados a tom ar posi ci ones personales _ v
hasta hem os expuesto, aqui y allá, i nvesti gaci ones ori gi nales, aun
sabi éndolas i ncom pletas y- provi si onales. Más que un balance de
las opi ni ones - cuyo i lusori o i deal seri a la i m parci ali dad- - . hem os
procurado dar una vi si ón de conjunto coherente de los problem as,
cosa que exi ge si em pre la elecci ón de un punto de vi sta. I ndi qué-
m oslo brevem ente.
P ara estudi ar los problem as del lenøm ai e. hem oe resuelto enf o-
carlos desde una - nersnecti va esenci alm ente wm rínti m . l on nrohlem as
de la si gni f i caci ón. de sus ni veles. de sus m odos de m ani f estavìñn.
consti tuyen el centro de toda la obra. Tal i m portanci a otorgada
a la si gni f i caci ón acarrea vari as consecuenci as: o
l. _ H em os presentado en detalle la teori a generati va v transf or-
m aci onal de C hom sky, la cual ha contri bui do m ás que ni nguna otra
a di si par el recelo con que los li ngi i i stas “ci enti f i cos” consi deraron
durante largo ti em po los problem as sem ánti cos. (P or otro lado, esto
nos ha llevado a señalar ci ertas di f i cultades con que tropi eza esta teo-
ría y que expli can su evoluci ón actual. )
2. A si m i sm o, hem os dado un lugar i m portante a la hi stori a de las
ci enci as del lenguaje f cuyos com i enzos hem os si tuado m ucho antes
del si glo XI X): en ef ecto, las di scusi ones que la ocupan tam bi én
gi ran, en últi m a i nstanci a, en torno de las relaci ones entre la lengua
y la si gni f i caci ón; i nclusi ve la di scusi ón entre S aussure y la li ngüís-
ti ca hi stóri ca del si glo XI X pone en juego, en resum i das cuentas, dos
concepci ones di f erentes del acto de si gni f i car. i
3 . A propósi to de di versos problem as ( la ref erenci a, la m odali dad,
por ejem plo), exponem os el punto de vi sta de ci ertos lógi cos. H oy
1 0
INTRODUCCIÓN
es bastante frecuente declarar ese punto de vista "lingüísticamente
no pertinente" (expresión que nos satisface muy poco), con el pre-
texto de que los lógicos no se ocupan de describir la lengua, sino
de enunciar las reglas que conciernen a su utilización. Sin embargo,
ereemos que las investigaciones lógicas pueden ser muy reveladoras
para el lingüista, porque las dificultades que el lógico encuentra para
enunciar las leyes del razonamiento destacan, por contraste, la espe-
cificidad de las lenguas naturales.
4. Cuestiones puramente "literarias" bordean a veces el examen
de las categorías lingüísticas: así la discusión del "personaje" sigue
a la de las "partes del discurso" y las "funciones sintácticas". De
ello resulta ocasionalmente cierta desigualdad en el nivel de rigor
alcanzado aquí y allá: desigualdad que, esperamos, ha de ser provi-
sional y que refleja el ritmo irregular con que se desarrollan las
ciencias. Hemos adoptado esta actitud porque creemos en la relación
auténtica que une categorías lingüísticas y categorías discursivas,
y porque creemos en el provecho que pueden obtener ambas ciencias
de su estudio conjunto.
5. Ha sido inevilable que, a la inversa, un lup:ar
más a los problemas de la expresión fónica y del oaren-
tesco histórico de las lenguas: sin embargo, hemos procurado pre-
sentar las nociones relativas a esos temas que han lle{!ado a ser bil"n
común y referencia constante de los lingüistas, y que son indispen.
sables para comprender los trabajos actuales sobre ellenguaje.*
Se requiere cierta temeridad para presentar, en cuatrocientas páJri.
nas, una visión de conjunto sobre las ciencias del lelllmaje. si se
considera su extraordinario flcsarrollo a partir de los últimos cin-
cuenta años V si se toma en cuenta su asoecto a la vez sistemátiro
noci6n debe comprenderse con relación a una multitud de
otras-- y caótico -no se encuentran principios ni terminoloJ!Jas
fijos. Para resolver tales dificultades hemos procedido dl" la siguien.
te manera:
El libro no está organizado según una lista de palabrm,. sino
mediante una división conceptual del campo estudiado. La solución
inversa (todavía posible en la época del Léxico de la terminol.()gía
lingüística de J. Marouzeau) habría ocasionado hoy innumerables
repeticiones, con el consiguiente gasto de espacio, o retahílas de
remisiones que habrían exigido una injustificada paciencia del lec-
• Para un estudio profundi?.ado de estos problemas. remitimos a l¡¡ Cuide
alphabédque de la linguistique, compuesta bajo la dirección de A. Martinet
(Paris. 1969), obra casi simétrica a la nuestra, en el sentido de que considerll
centrales los problemas que nosotro& encaramos marginalmente, y vicevena.
11
I N TR O D U C C I ÓN
es bastante f recuente declarar ese punto de vi sta “li ngi i ísti carnentc
no perti nente” (expresi ón que nos sati sf ace muy poco), con el pre-
texto de que los lógi cos no se ocupan de descri bi r la lengua, si no
de enunci ar las reglas que conci ernen a su uti li zaci ón. S i n embargo,
creemos que las i nvesti gaci ones lógi cas pueden ser muy reveladores
para el li ngi i i sta, porque las di f i cultades que el lógi co encuentra para
enunci ar las leyes del razonami ento destacan, por contraste, la espe-
ci f i ci dad de las lenguas naturales.
4. C uesti ones puramente “li terari as” bordean a veces el examen
de las categori as li ngüísti cas: asi la di scusi ón del “personaje” si gue
a la de las “partes del di scurso” y las “f unci ones si ntácti cas”. D e
ello resulta ocasi onalmente ci erta desi gualdad en el ni vel de ri gor
alcanzado aqui y allá: desi gualdad que, esperamos, ha de ser provi -
si onal y que ref leja el ri tmo i rregular con que se desarrollan las
ci enci as. H emos adoptado esta acti tud porque creemos en la relaci ón
auténti ca que une categori as li ngi i i sti cas y categori as di scursi vas,
y porque creemos en el provecho que pueden obtener ambas ci enci as
de su estudi o conjunto.
5. H a si do i nevi table que, a la i nversa, asi gnárarnos un lugar
más restri ngi do a los problemas de la expresi ón f óni ca y del paren-
tesco hi stóri co de las lenguas: si n embargo, hemos procurado pre-
sentar las noci ones relati vas a esos temas que han llegado a ser bi en
común y ref erenci a constante de los li ngi i i stas, y que son i ndi spen-
sables para comprender los trabajos actuales sobre el lenguaje*
S e requi ere ci erta temeri dad para presentar, en cuatroci entos pági -
nas, una vi si ón de conjunto sobre las ci enci as del lenguaje. si se
consi dera su extraordi nari o desarrollo a parti r de los últi mos ci n-
cuenta ai i os y si se toma en cuenta su aspecto a la vez si stemáti co
- - - cada noci ón debe comprenderse con relaci ón a una multi tud de
otras- - » y caóti co mno se encuentran pri nci pi os ni terrni nologi as
f i jos. P ara resolver tales di f i cultades hemos procedi do de la si gui en-
te manera:
E l li bro no está organi zado según una li sta de palabras. si no
medi ante una di vi si ón conceptual del campo estudi ado. L a soluci ón
i nversa (todavi a posi ble en la época del L éxi co de la termi nología
li ngüísti ca de I . Marouzeau) habri a ocasi onado hoy i nnumerables
repeti ci ones, con el consi gui ente gasto de espaci o, o retahi las de
remi si ones que habri an exi gi do una i njusti f i cada paci enci a del lec-
' P ara un estudi o prof undi zado de estos problemas, remi ti mos a la G ui de
alphabéti que de la línguístíquc, compuesta bai o la di recci ón de A . Marti nez
(P ari s, 1 969), obra casi si métri ca a la nuestra, en el senti do de que consi dera
centrales los problemas que nosotros encaramos margi nalmente, y vi ceversa,
1 1
INTRODUCCIÓN
tor. Hemos escrito, pues, alrededor de cincuenta artículos, cada uno
de los cuales, dedicado a un tema claramente delimitado, constituye
un todo y puede ser objeto de una lectura autónoma. En el interior
de dichos artículos se define cierto número de términos (alrededor de
ochocientos): al final de la obra, un índice de la lista alfabética
de esos términos, con una referencia, y sólo una, al pasaje de la
obra donde se encuentra la definición. Por otro lado, el lector que
busque información sobre una doctrina particular encontrará un
índice de autores que remite a los pasajes donde se encuentran
desarrollos que les conciernen (en esas remisiones hemos dej ado de
lado las observaciones puramente alusivas o bibliográficas que en
diversas partes de la obra se refieren a esos mismos autores).
Por último, en el transcurso de los artículos, toda vez que ha
sido preciso emplear términos o aludir a temas presentados en otras
partes, hemos indicado mediante números entre corchetes la página
donde se explican esos términos o temas.
Los artículos se suceden según un orden analítico y no alfabético,
cuyo principio exponemos a continuación.
La primera sección, Las escuelas, sigue las principales tendencias
cuyo encadenamiento constituye la historia de la lingüística moderna
(gramáticas generales, lingüística histórica, glosemática, etcétera).
La segunda, Los campos, describe el conjunto de las disciplinas
cuyo objeto es el lenguaje: las diferentes partes de la lingüística, la
poética, la estilística, la psicolingüística, la filosofía del lenguaje ...
Las otras dos secciones están consagradas a la descripción de los
principales conceptos utilízados. En primer término, Los conceptos
metodológicos, entendiendo por tales los conceptos más generales.
como los de signo, sintagma y paradigma, lengua y habla, etc.; en
el interior de esta sección el orden seguido procura ir de lo funda-
mental a lo derivado, en la medida de lo posible y sin pretender
erigir una jerarquía estricta. Después, en la última sección, se tratan
conceptos más particulares, llamados descriptivos: por ejemplo, los
de fonema, parte del discurso, sentido y referencia, estilo; se suce-
den de lo 3imple a lo complejo, partiendo del rasgo distintivo fónico
para llegar a los actos lingüísticos globales.
Así construida, la obra nos parece susceptible de una doble lec·
tura: puede utilizarse como diccionario o como enciclopedia. Por
consiguiente, está destinada tanto a los especialistas como a los prin.
cipiantes en cada uno de esos campos que van desde la lingüística
hasta los estudios literarios.
Por su parte, la lengua en que están escritos los artículos procura
ser lo menos técníca posible. No existe una terminología unificada
para la lingüística, y menos aún para las demás disciplinas aquí
12
I N TR O D U C C I ÓN
tor. H em os escri to, pues, alrededor de ci ncuenta artículos, cada uno
de los cuales, dedi cado a un tem a claram ente deli m i tado, consti tuye
un todo y puede ser objeto de una lectura autónom a. E n el i nteri or
de di chos arti culos se def i ne ci erto núm ero de térm i nos (alrededor de
ochoci entos): al f i nal de la obra, un índi ce de la li sta alf abéti ca
de esos térm i nos, con una ref erenci a, y sólo una, al pasaje de la
obra donde se encuentra la def i ni ci ón. P or otro lado, el lector que
busque i nf orm aci ón sobre una doctri na parti cular encontrará un
índi ce de autores que rem i te a los pasajes donde se encuentran
desarrollos que les conci ernen (en esas rem i si ones hem os dejado de
lado las observaci ones puram ente alusi vas o bi bli ográf i cas que en
di versas partes de la obra se ref i eren a esos m i sm os autores).
P or últi m o, en el transcurso de los arti culos, toda vez que ha
si do preci so em plear térm i nos o aludi r a tem as presentados en otras
partes, hem os i ndi cado m edi ante núm eros entre corchetes la pági na
donde se expli can esos térm i nos o tem as.
L os arti culos se suceden según un orden analíti co y no alf abéti co,
cuyo pri nci pi o exponem os a conti nuaci ón.
L a pri m era secci ón, L as escuelas, si gue las pri nci pales tendenci as
cuyo encadenam i ento consti tuye la hi stori a de la li ngüísti ca m oderna
(gram átìcas generales, li ngüísti ca hi stóri ca, glosem áti ca, etcétera).
L a segunda, L os cam pos, descri be el conjunto de las di sci pli nas
cuyo objeto es el lenguaje: las di f erentes partes de la li ngüísti ca, la
poéti ca, la esti lísti ca, la psi coli ngüi sti ca, la f i losof ía del lenguaje. . .
L as otras dos secci ones están consagradas a la descri pci ón de los
pri nci pales conceptos uti li zados. E n pri m er térm i no, L os conceptos
m etodológi cos, entendi endo por tales los conceptos m ás generales,
com o los de si gno, si ntagm a y paradi gm a, lengua y habla, etc. ; en
el i nteri or de esta secci ón el orden segui do procura i r de lo f unda-
m ental a lo deri vado, en la m edi da de lo posi ble y si n pretender
eri gi r una jerarquía estri cta. D espués, en la últi m a secci ón, se tratan
conceptos m ás parti culares, llam ados descri pti vos: por ejem plo, los
de f onem a, parte del di scurso, senti do y ref erenci a, esti lo; se suce-
den de lo . si m ple a lo com plejo, parti endo del rasgo di sti nti vo f óni co
para llegar a los actos li ngüísti cos globales.
A si construi da, la obra nos parece suscepti ble de una doble lec-
tura: puede uti li zarse com o di cci onari o o com o enci clopedi a. P or
consi gui ente, está desti nada tanto a los especi ali stas com o a los pri n-
ci pi antes en cada uno de esos cam pos que van desde la li ngüísti ca
hasta los estudi os li terari os.
P or su parte, la lengua en que están escri tos los arti culos procura
ser lo m enos técni ca posi ble. N o exi ste una term i nología uni f i cada
para la li ngüísti ca, y m enos aún para las dem ás di sci pli nas aqui
1 2
JN1'RODUCCJÓN
representadas. De haber empleado un lenguaje técnico, habríamos
debido mezclar terminologías diversas o elegir una determinada entre
ellas. Yeso habría significado privilegiar a priori la doctrina que
la construyó. Hemos preferido emplear el lenguaje menos especiali.
zado y, con ayuda de ese lenguaje común, dar la definición de los
términos técnicos. Por ejemplo, aunque proponemos definiciones
precisas y restrictivas para los términos significación, lengua, len·
guaje, a lo largo de la obra utilizamos esos términos en la acepción
más amplia que poseen en el lenguaje corriente. Pero cuando debe·
mos emplear una expresión técnica, o cuando es imprescindible uti·
Iizar una expresión en sentido técnico, remitimos, mediante una cifra
impresa junto a ella, a la página donde figura su definición.
Las bibliografías -incluidas en el interior de los artículos, al
final de cada desarrollo-- no procuran ser exhaustivas, sino tan sólo
indicar algunos textos históricamente importantes o algunos trabajos
cuyo interés garantizamos. *
Para determinados artículos hemos acudido a la ayuda de colabo.
radores tales como Maria·Scania de Schonen, Marie·Christine Hazael·
Massieux y Fran<;ois Wahl. Les expresamos aquí nuestro agradeci.
miento. En el sumario se encontrará la indicación de los autores de
esos artículos.
OSWALD DUCROT
TZVETAN TODonov
• Además de las convenciones generales, hemos adoptado las siguientes abre-
viaturas: cuando se trata de un artículo publicado en un volumen colectivo,
el título del volumen va precedido por un en y, ocasionalmente, por el nombre
del responsable o del introductor del volumen, seguido de la mención (ed.).
Si el artículo está publicado en un volumen del mismo autor, el título del volu-
men precede al del artículo. Cuando la eifra que remite a otra página está
seguida por r S., la página señalada es la primera de una serie a la cual es
preciso referirse.
13
I N TR O D U C C I ÓN
representadas. D e haber em pleado un lenguaje técni co, habríam os
debi do m ezclar term i nologi as di versas o elegi r una determ i nada entre
ellas. Y eso habría si gni f i cado pri vi legi ar a pri ori la doctri na que
la construyó. H em os pref eri do em plear el lenguaje m enos especi ali -
zado y, con ayuda de ese lenguaje com ún, dar la def i ni ci ón de los
térm i nos técni cos. P or ejem plo, aunque proponem os def i ni ci ones
preci sas y restri cti vas para los térm i nos si gni f i caci ón, lengua, len-
guaje, a lo largo de la obra uti li zam os esos térm i nos en la acepci ón
m ás am pli a que poseen en el lenguaje corri ente. P ero cuando debe-
m os em plear una expresi ón técni ca, o cuando es i m presci ndi ble uti -
li zar una expresi ón en. senti do técni co, rem i ti m os, m edi ante una ci f ra
i m presa junto a ella, a la pági na donde f i gura su def i ni ci ón.
L as bíbli ograƒi as - - - i nclui das en el i nteri or de los arti culos, al
f i nal de cada desarrollo- - no procuran ser exhausti vas, si no tan sólo
i ndi car algunos textos hi stóri cam ente i m portantes o algunos trabajos
cuyo i nterés garanti zam os*
P ara determ i nados arti culos hem os acudi do a la ayuda de colabo-
radores tales com o Mari a- S cani a de S chonen, Mari e- C hri sti ne H azaë l-
Massi euxy Françoi s Wahl. L es expresam os aqui nuestro agradeci -
m i ento. E n el sum ari o se encontrará la i ndi caci ón de los autores de
esos arti culos.
O swsw D ucnor
Tzvsr. - tu Tononov
* A dem ás de las convenci ones generales, hem os adoptado las si gui entes abre-
vi aturas: cuando se trata de un arti culo publi cado en un volum en colecti vo,
el ti tulo del volum en va precedi do por un en y, ocasi onalm ente, por el nom bre
del responsable o del i ntroductor del volum en, segui do de la m enci ón (ed. }.
S i el arti culo está publi cado en un volum en del m i sm o autor, el título del volu-
m en precede al del arti culo. C uando la ci f ra que rem i to a otra pági na está
segui da por y s. , la pági na señalada es la pri m era de una seri e a la cual cs
preci so ref eri rse.
1 3
Las escuelas L as escuelas
Gramáticas generales
Después de redactar diversas gramáticas (griega, latina, española),
un profesor de las "Petites Écoles" de Port.Royal des Champs, Claude
l.ancelot, escribió en 1660, en colaboración con Antoine Arnauld,
una Gramática general y razonada, después llamada con frecuencia
Gramática de Port.Royal. La gramática general se propone enun·
dar ciertos principios a que obedecen todas las lenguas y que ofrecen
la explicación profunoa de sus usos; se trata, pues, de definir el
lenguaje del cual las lenguas particulares son casos particulares. El
ejemplo de Port.Royal fue seguido por gran número de gramáticos,
todo franceses. del siglo XVIII, para quienes el aprendizaje dI'
las lenguas particulares. si no está fundaoo en una gramática general,
se re{luce a un ejercicio puramente mecánico en el cual sólo inter·
vienen la memoria y el hábito.
Si todas las lenguas tienen un fundamento común, es porque todas
'ienen por objeto permitir a los hombres "significar", bacer conocer
unos a otros sus pensamientos. Ahora bien, Lanct'lot y Arnau1<1
admiten implícitamente -y ciertos gramáticos posteriores, como
Beauzée, afirman explícitamente- que la comunicación del pensa·
miento por el habla exige que esta última sea una especie de "cua·
clro", de "imitación" oel pensamit'nto. Cuando dicen que la lenl!ua
tiene por función la representación del pensamiento. esta palabra
c1ebe tomarse en su sentido más fuerte. No se trata únicamente de
flecir que la palabra f'S signo, sino también 01' que es espejo y como
porta una analogía interna con el contenido que transmite. Pero
;. cómo es posible (lue esas palabras que no tienen "nada de semI"
.jante con lo que ocurre en nuestro espíritu" puedan imitar "los
divf'rsos movimientos de nuestra alma"?
Para los autores de las gramáticas no se trata de buscar
f'n la materialioad 01' la palabra una imitación de la cosa o de la
idea (aunque la c'ref'nria en el valor imitativo de los sonidos rld
¡,>n;.wajf' se f'nCUf'ntre en todas las épocas (le la reflexión lingiiística
y, aun en el siglo XVII. en ciertos textos de Leibniz). Para ellos,
únicamente la organización de la!' palabras en el enunciado tiene
J'l0der representativo. Pero ¿cómo es posible que precisamente un
I'onjunto de palabras separadas pueda representar un pensamiento
"uya caraelt'rística primordial es la "indivisibilidad" (término em·
17
G ram áti cas generales
D espués de redactar di versas gram áti cas (gri ega, lati na, españolal,
un prof esor de las “P eti tes Écoles” de P ort- R oyal des C ham ps, C laude
L ancelot, escri bi ó en 1 660, en colaboraci ón con A ntoi ne A rnauld,
una G ram áti ca general ¿ v razonada, después llam ada con f recuenci a
G ram áti ca de P ort- R oyal. L a gram áti ca general se propone enun-
ci ar ci ertos pri nci pi os a que obedecen todas las lenguas y que of recen
la expli caci ón prof unda de sus usos; se trata, pues. , de def i ni r el
lenguaje del cual las lenguas parti culares son casos parti culares. E l
ejem plo de P ort- R oyal f ue segui do por gran núm ero de gram áti cos,
sobre todo f ranceses. . del si glo XVI I I , para qui enes el aprendi zaje de
las lenef uas parti culares. si no está f undado en una gram áti ca general,
se reduce a un ei erci ci o puram ente m ecáni co en el cual sólo i nter-
vi enen la m em ori a y el båbi to.
S i todas las lenguas ti enen un f undam ento com ún. , es porque todas
ti enen por objeto perm i ti r a los hom bres “si gni f i car”, hacer conocer
unos a otros sus pensam i entos. A hora bi en, L ancelot y A rnaultl
adm i ten i m plíci tam ente - - »y ci ertos gram : - i ti cos posteri ores, com o
Beauzêe, af i rm an explíci tam ente- - - › nue la com uni caci ón del pensa»
m i ento por el habla exi ge que esta últi m a sea una especi e de “cua-
dro”, de “i m i taci ón” del pensam i ento. C uando di cen que la lenszua
ti ene por f unci ón la representaci ón del pensam i ento. esta palabra
debe tom arse en su senti do m ás f uerte. N o se trata úni cam ente de
deci r que la palabra e i gno, si no tam bi én de que es espejo y com -
porta una analogía i nterna con el conteni do que transm i te. P ero
¿ cóm o es posi ble que esas palabras que no ti enen “nada de sem e-
jante con lo que ocurre en nuestro espi ri tu” puedan i m i tar “los
di versos m ovi m i entos de nuestra alm a”?
P ara los autores de las gram âti cas generales, no se trata de buscar
en la m ateri ali dad de la palabra una i m i taci ón de la cosa o de la
i dea Í aunque la ereenr- i a en el valor i m i tati vo de los soni dos del
lfififiüaje se encuentre en todas las épocas de la ref lexi ón li ngüísti ca
y, nun en el si glo XVI I . en ci ertos textos de L ei bni z). P ara ellos.
úni cam ente la organi zaci ón de las palabras en el enunci ado ti ene
poder representati vo. P ero ¿ cóm o es posi ble que preci sam ente un
conjunto de palabras separadas pueda representar un pensam i ento
cuya caracteri sti ca pri m ordi al es la “i ndi vi si bi li dad” (térm i no em -
f a ' 1 3
1 7
LAS ESCUELAS
pleado por Beauzée)? La fragmentación impuesta por la naturaleza
material de la lengua ¿no contradice la unidad esencial del espíritu?
Para responder a esta pregunta (la misma que en el siglo XIX guia
la reflexión de Humboldt sobre la expresión lingüística de la rela-
ción), debe observarse que existe un análisis del pensamiento que,
aun descomponiéndolo, respeta su unidad: es el análisis operado por
los lógicos. Al distinguir en una proposición un sujeto de un predi-
cado (aquello de lo cual se afirma algo, aquello que se afirma), no
se rompe su unidad, puesto que cada uno de esos términos sólo
puede definirse con relación al otro y puesto que el sujeto no es
tal sino con relación a una predicación posible, mientras que el
predicado no se basta a sí mismo y comporta una "idea confusa"
del sujeto del cual es afirmado. Por consiguiente, el habla permitirá
que se transparente la indivisibilidad del acto intelectual siempre que
el fraccionamiento en palabras reproduzca el análisis lógico del pen-
samiento. Por eso, "el arte de analizar el pensamiento es el primer
fundamento del arte de la gramática" (Beauzée). Así, de la idea
de que el lenguaje es representación se pasa a la idea de que es,
representación del pensamiento lógico. Al propio tiempo, se com-
prende que pueda existir una gramática "general" del lenguaje : pues-
to que en esa época casi no existen dudas de que la lógica sea
universal, parece natural que haya principios, ígualmente univer-
sales, que todas las lenguas deben acatar cuando se esfuerzan por
hacer visibles, a través de las exigencias de la comunicación escrita
u oral, la estructura del pensamiento lógico. También se comprende
que el conocimiento de esos principios pueda obtenerse de manera
"razonada" (y no inductiva), a partir de una reflexión sobre las
operaciones lógicas del espíritu y sobre las necesidades de la co-
municación. Por último, se explica que esta gramática general y
razonada pueda dar razón de los usos observados en las diferentes
lenguas: se trata, pues, de "aplicar a los principios inmutables y
generales de la palabra pronunciada o escrita las instituciones arbi-
trarias y usuales" de las lenguas particulares.
ALGUNOS EJEMPLOS
Las principales categorías de palabras corresponden a los mo-·
mentos fundamentales del pensamiento lógico. Puesto que el juicio
consiste en atribuir una propiedad (predicado) a una cosa, las len-
guas tienen palabras para designar las cosas (sustantivos), para
designar las propiedades (adjetivos) y para designar el acto mismo
de atribución (el verbo ser; los demás verbos representan, según
18
L A S E S C U E L A S
pleado por Beauzée) ?L a f ragm entaci ón i m puesta por la naturaleza
m ateri al de la lengua ¿ no contradi ce la uni dad esenci al del espíri tu?
P ara responder a esta pregunta (la m i sm a que en el si glo XI X gui a
la ref lexi ón de H um boldt sobre la expresi ón li ngüísti ca de la rela-
ci ón), debe observarse que exi ste un análi si s del pensam i ento que,
aun descom poni éndolo, respeta su uni dad: es el análi si s operado por
los lógi cos. A l di sti ngui r en una proposi ci ón un sujeto de un predi -
cado (aquello de lo cual se af i rm a algo, aquello que se af i rm a), no
se rom pe su uni dad, puesto que cada uno de esos térm i nos sólo
puede def i ni rse con relaci ón al otro y puesto que el sujeto no es
tal si no con relaci ón a una predi caci ón posi ble, m i entras que el
predi cado no se basta a sím i sm o y com porta una “i dea conf usa"
del sujeto del cual es af i rm ado. P or consi gui ente, el habla perm i ti rá
que se transparente la i ndi vi si bi li dad del acto i ntelectual si em pre que
el f racci onam i ento en palabras reproduzca el análi si s lógi co del pen-
sam i ento. P or eso, “el arte de anali zar el pensam i ento es el pri m er
f undam ento del arte de la gram áti ca” (Beauzée). A sí, de la i dea
de que el lenguaje es representaci ón se pasa _ a la i dea de que es-
representaci ón del pensam i ento lógi co. A l propi o ti em po, se com -
prende que pueda exi sti r una gram áti ca “general' , ' del lenguaje: pues-
to que en esa época casi no exi sten dudas de que la lógi ca sea
uni versal, parece natural que haya pri nci pi os, i gualm ente uni ver-
sales, que todas las lenguas deben acatar cuando se esf uerzan por
hacer vi si bles, a través de las exi genci as de la com uni caci ón escri ta
u oral, la estructura del pensam i ento lógi co. Tam bi én se com prende
que el conoci m i ento de esos pri nci pi os pueda obtenerse de m anera
“razonada” (y no i nducti va), a parti r de una ref lexi ón sobre las
operaci ones lógi cas del espi ri tu y sobre las necesi dades de la co-
m uni caci ón. P or últi m o, se expli ca que esta gram áti ca general y
razonada pueda dar razón de los usos observados en las di f erentes
lenguas: se trata, pues, de “apli car a los pri nci pi os i nm utables y
generales de la palabra pronunci ada o escri ta las i nsti tuci ones arbi -
trari as yo usuales” de laslenguas parti culares.
A L G U N O S E J E MP L O S
L as pri nci pales categori as de palabras corresponden a los m o-
m entos f undam entales del pensam i ento lógi co. P uesto que el jui ci o
consi ste en atri bui r una propi edad (predi cado) a una cosa, las len-
guas ti enen palabras para desi gnar las cosas (sustanti vos), para
desi gnar las propi edades (adjeti vos) y para desi gnar el acto m i sm o
de atri buci ón (el verbo ser; los dem ás verbos representan, según
1 8
GRAMÁTICAS GENERALES
Port-Royal, una amalgama del verbo ser y de un adjetivo: "El sol
resplandece" = "El sol es resplandeciente"). Otras categorías, aun·
que también vinculadas al ejercicio del pensamiento lógico, están
determinadas, además, por las condiciones de la comunicación. Así,
la imposibilidad de disponer de un nombre para cada cosa obliga al
recurso de los nombres comunes, cuya extensión está a su vez limi-
tada por artículos o demostrativos. De manera semejante, combinan-
do principios lógicos y exigencias de comunicación se enunciarán
ciertas reglas presentadas como universales. Por ejemplo, el acuerdo
entre el nombre y el adjetivo que lo determina, acuerdo necesario
pllra la claridad de la comunicación (permite saber de qué nombre
depende el adjetivo), debe ser una concordancia (identidad del
número, el género y el caso) porque, según su naturaleza lógica,
el adjetivo y el nombre se refieren a una sola y misma cosa. (Port.
Royal llega a explicar el acuerdo del participio en francés.) Otro
ejemplo: existe un orden de palabras (el que sitúa el nombre antes
que el adjetivo calificativo y el sujeto antes que el verbo) que cs
natural y universal, porque para comprender la atribución <le una
propiedad a un objeto, primero hay que representarse el objeto:
sólo después es posible afirmar algo de él.
Esta última regla --en la medida en que surgen de inmediato
los ejemplos opuestos (el latín y el alemán respetan muy poco el
"orden natural")- permite comprender que es indispensable una
teoría de las figuras para todas las gramáticas generales. Una figura
de retórica [315] se concibe en la época como un modo de hablar
artificial e impropio, que reemplaza voluntariamente, por razones
de elegancia o de expresividad, un modo de hablar natural que debe
restablecerse para que la significación de la frase sea entendida.
Según las gramáticas generales, tales figuras se encuentran no sólo
en la literatura, sino también en la lengua misma: provienen del
hecho de que la lengua, primitivamente destinada a representar el
pensamiento lógico, está puesta al servicio de las pasiones. Éstas im-
ponen, por ejemplo, abreviaciones (se subentienden los elementos
lógicamente necesarios, pero afectivamente neutros) y, con mucha
frecuencia, una inversión del orden natural (se pone en primer tér-
mino la palabra importante en vez del sujeto lógico). En todos esos
casos, las palabras subentendidas y el orden natural estaban pre-
sentes, originariamente, en el espíritu del hablante y deben resta-
blecerse por el oyente (el romano que oía Venit Petrus estaba obli-
gado a reconstruir en sí mismo Petrus venit para comprender). Por
eso el latín o el alemán se llaman lenguas transpositivas: invierten
un orden originariamente reconocido. La existencia de figuras, lejos
19
G R A MÄTI C A S G E N E R A L E S
P ort- R oyal, una am algam a del verbo ser y de un adjeti vo: “E l sol
resplandece” = “E l sol es resplandeci ente”). O tras categorías, aun-
que tarnbi én vi nculadas al ejerci ci o del pensam i ento lógi co, están
determ i nadas, adem ás, por las condi ci ones de la com uni caci ón. A si ,
la i m posi bi li dad de di sponer de un nom bre para cada cosa obli ga al
recurso de los nom bres com unes, cuya extensi ón está a su vez li m i -
tada por arti culos 0 dem ostrati vos. D e m anera sem ejante, com bi nan-
do pri nci pi os lógi cos y exi genci as de com uni caci ón se enunci arán
ci ertas reglas presentadas com o uni versales. P or ejem plo, el acuerdo
entre el nom bre y el adjeti vo que lo determ i na, acuerdo necesari o
para la clari dad de la com uni caci ón (perm i te saber de qué nom bre
depende el adjeti vo), debe ser una concordanci a (i denti dad del
núm ero, el género y el caso) porque, según su naturaleza lógi ca,
el adjeti vo y el nom bre se ref i eren a una sola y m i sm a cosa. (P ort-
R oyal llega a expli car el acuerdo del parti ci pi o en f rancés. ) O tro
ejem plo: exi ste un orden de palabras (el que si túa el nom bre antes
que el adjeti vo cali f i cati vo y el sujeto antes que el verbo) que es
natural y uni versal, porque para com prender la atri buci ón de una
propi edad a un objeto, pri m ero hay que representarse el objeto:
sólo después es posi ble af i rm ar algo de él.
E sta últi m a regla - en la m edi da en que surgen de i nm edi ato
los ejem plos opuestos (el latín y el alem án respetan m uy poco el
“orden natural”)- - perm i te com prender que es i ndi spensable una
teoría de las f i guras para todas las gram áti cas generales. U na f i gura
de retóri ca [3 1 5] se conci be en la época com o un m odo de hablar
arti f i ci al e i m propìo, que reem plaza voluntari am ente, por razones
de eleganci a o de expresi vi dad, un m odo de hablar natural que debe
restablecerse para que la si gni f i caci ón de la f rase sea entendi da.
S egún las gram áti cas generales, tales f i guras se encuentran no sólo
en la li teratura, si no tam bi én en la lengua m i sm a: provi enen del
hecho de que la lengua, pri m i ti vam ente desti nada a representar el
pensam i ento lógi co, está puesta al servi ci o de las pasi ones. Éstas i m -
ponen, por' ejem plo, abrevi aci ones (se subenti enden los elem entos
lógi cam ente necesari os, pero af ecti vam ente neutros) y, con m ucha
f recuenci a, una i nversi ón del orden natural (se pone en pri m er ltér-
m i no la palabra i m portante en vez del sujeto lógi co). E n todos esos
casos, las palabras subentendi das y el orden natural estaban pre-
sentes, ori gi nari am ente, en el espi ri tu del hablante y deben resta-
blecerse por el oyente (el rom ano que oía Veni t P etras estaba obli -
gado a reconstrui r en si m i sm o P etras veni t para com prender). P or
eso el latín o el alem án se llam an lenguas transposi ti vas: i nvi erten
un orden ori gi nari am ente reconoci do. L a exi stenci a de f i guras, lejos
1 9
LAS ESCUELAS
de contradecir los principios generales, más bien los confirman; no
reemplazan las reglas: se superponen a ellas.
~ Algunos textos esenciales: A. Arnauld, C. Lancelot, Grammaire générale
",t raisormée, Paris, 1660, reeditado en Paris, 1969, acompañado de un Prefacio
(le Michel Foucault; N. Beauzée, Grammaire générale, Paris, 1767; C. Ches-
neau du Marsais, Logique et principes de grammaire, Paris, 1769; numerosas
"¡cnciones en G. Harnois, Les Théories da lallgage en France de 1660 ti 1821,
Paris, 1929; G. Sahlin, Cesar Chesneaa da Marsais et son róle dans revolulion
de, la grammaire générale, Paris, 1928; Noam Chomsky. Carlesian. Linguislics,
Ncw York, 1966 (trad. esp., Lingüística Cartesiana, Madrid, Gredos, 1969);
R. Donzé, La Grammaire générale et raisonnée de Port-Royal, Berne, 1967
(trad. esp., La gramática general y razonada de Port-Royal, Buenos Aires,
EUDEEA, 1971); J.-C. Chevalier, Hisloire de la synlaxe, Geneve, 1968.
¿Cuál es la importancia histórica de la gramática general? Ante
todo, señala -al menos ésa es su intención- el fin del privilegio
otorgado en los siglos precedentes a la gramática latina y de la
tendencia a hacer de ella el modelo de toda gramática; la gramática
~ e ; o l e r a l ya no es latina, así como no es francesa o alemana: tras-
ciende todas las lenguas. Se explica así que en el siglo XVIII llegara
a ser un lugar común (repetido en muchos artículos de la Enciclo-
pedia) condenar a los gramáticos que sólo pueden ver una lengua
a través de otra (o, como dirá O. Jespersen en el siglo xx, que hablan
de una lengua "mirando de reojo" otra lengua). Por una parte, la
gramática general soslaya el dilema, que hasta entonces parecía insu·
perable, de la gramática puramente filosófica y de la gramática pura-
mente empírica. Los frecuentes tratados medievales De rnodis sil{-
rlijicandi se consagraban a una reflexión general sobre el acto de
significar. Por otra parte, la gramática, tal como la entendía Vau-
gelas, sólo era un registro de usos, o más bien de "buenos usos",
y la calidad del uso con frecuencia se juzgaba de acuerdo con la
del usuario. La gramática general, en cambio, procura explicar los
usos particulares a partir de reglas generales deducidas. Si tales
reglas pueden aspirar a semejante poder explicativo es porque, basa·
das en la lógica, no se contentan con repetirla: expresan su trans-
parencia posible a través de las condiciones materiales de la comu-
nicación humana.
20
L A S E S C U E L A S
de contradeci r los pri nci pi os generales, m ás bi en los conf i rm an; no
reem plazan las reglas: se superponen a ellas.
- › A lgunos textos esenci ales: A . A rnauld, C . L ancelot, G ram m ai re générale
et rai sonnée, P ari s, 1 660, reedi tado en P ari s, 1 969, acom pañado de un P ref aci o
de Mi chel Foucault; N . Beauzée, G ram m ai re gênérale, P ari s, 1 767; C . C hes-
neau du Marsai s, L ogi qae et prínci pes de gram m ai re, P ari s, 1 769; num erosas
m enci ones en G . H arnoìs, L es Théori es da langage en France de 1 660 à 1 821 ,
P ari s, 1 929; G . S ahli n, C esar C hesneau, du Marsai s et son rôle dans l' evoluti on
de, la gram m ai re générale, P ari s, 1 928; N oam C hom sky. C artesi an L i ngui stícs,
N ew York, 1 966 (trad. esp. , L i ngüísti ca C artesi ana, Madri d, G redos, 1 969);
R . D onzé, L a G ram m ai re générale et rai sonnée de P ort- R oyal, Berne, 1 967
(trad. esp. , L a grarm i tíca general y razonada de P ort- R oyal, Buenos A i res,
1 - : U nr: 1 : A , 1 971 ); J . - C . C hevali er, H i stoi re de I a syntaxe, G enève, 1 968.
¿ C uál es la i m portanci a hi stóri ca de la gram áti ca general?A nte
todo, señala - - al m enos ésa es su i ntenci ón- - el f i n del pri vi legi o
otorgado en los si glos precedentes a la gram áti ca lati na y de la
tendenci a a hacer de ella el m odelo de toda gram áti ca; la gram áti ca
ge: - leral ya no es lati na, asícom o no es f rancesa o alem ana: tras-
ci ende todas las lenguas. S e expli ca asi que en el si glo XVI I I llegara
a ser un lugar com ún (repeti do en m uchos artículos de la E nci clo-
pedi a) condenar a los gram áti cos que sólo pueden ver una lengua
a través de otra (0, com o di rá O . J espersen en el si glo xx, que hablan
de una lengua “m i rando de reojo” otra lengua). P or una parte, la
gram áti ca general soslaya el di lem a, que hasta entonces parecía i nsu-
perable, de la gram áti ca puram ente f i losóf i ca y de la gram áti ca pura-
m ente em píri ca. L os f recuentes tratados m edi evales D e m odi s si g-
ni ƒícarulíse consagraban a una ref lexi ón general sobre el acto de
si gni f i car. P or otra parte, la gram áti ca, tal com o la entendía Vau-
gelas, sólo era un regi stro de usos, o m ás bi en de “buenos usos”,
y la cali dad del uso con f recuenci a se juzgaba de acuerdo con la
del usuari o. L a gram áti ca general, en cam bi o, procura expli car los
usos parti culares a parti r de reglas generales deducìdas. S i tales
reglas pueden aspi rar a sem ejante poder expli cati vo es porque, basa-
das en la lógi ca, no se contentan con repeti rla: expresan su trans-
parenci a posi ble a través de las condi ci ones m ateri ales de la com u-
ni caci ón hum ana.
20
Lingüística histórica
en el siglo XIX
NACIMIENTO DE LA LINGüíSTICA HISTÓmCA
Aunque sea fácil comprobar (siquiera mediante la comparación
de textos) que las lenguas se transforman con el tiempo, sólo a
fines del siglo XVIII esa transformación llegó a ser el objeto de una
ciencia particular. Dos ideas parecen relacionadas con esta actitud
nueva.
a) El cambio de las lenguas se debe no sólo a la voluntad cons-
ciente de los hombres (esfuerzo de un grupo para hacerse compren-
der por extranjeros, decisión de los gramáticos que "depuran" el
lenguaje, creación de palabras nuevas para nombrar ideas nuevas),
sino también a una necesidad interna. La lengua no sólo es trans-
formada: se transforma (en el artículo "Etimología" de la Enciclo-
pedia, Turgot haLla de un "principio interno" de cambio). Esta
tesis se hizo explícita cuando los lingüistas empezaron a distinguir
dos relaciones posibles entre una palabra a de una época A y una
palabra b, análoga, de una época B ulterior. Hay préstamo si b
ha sido conscientemente formada sobre el modelo de a, exhumado
de un estado de lengua pasado: así, el francés hopital se fabricó, en
determinada época, por imitación del latín hospitale (con más exac-
titud, muy antiguamente se fabricó hospital, convertido después en
hOpital). Hay herencia, en cambio, cuando el paso de a a b es
inconsciente, si la diferencia entre ambas formas, cuando la hay,
proviene de una transformación progresiva de a (hotel es el pro-
ducto de una serie de modificaciones sucesivas de hospitale [otro
ejemplo en español, colgar y colocar, herencia y préstamo, respec-
tivamente, de collocare]). Decir que una palabra puede provenir,
por herencia, de una palabra diferente es admitir que exísten causas
naturales para el cambio lingüístico. De esto deriva una consecuen-
cia importante: la filiación de las dos lenguas A y B no implica su
parecido. B puede ser radicalmente diferente de A y, sin embargo,
provenir de A. Antes, al contrario, la investigación de las filiaciones
lingüísticas se identificaba con la investigación de las semejanzas y,
a la inversa, las diferencias se utilizaban para combatir la hipótesis
21
L i ngüísti ca lti stóri ca
en el si glo XI X
N A C I MI E N TO D E L A L I N G D ÍS TI C A H I S TÓR I C A
A unque sea f áci l comprobar (si qui era medi ante la comparaci ón
de textos) que las lenguas se transf orman con el ti empo, sólo a
f i nes del si glo XVI I I esa transf ormaci ón llegó a ser el objeto de una
ci enci a parti cular. D os i deas parecen relaci onadas con esta acti tud
nueva.
a) E l cambi o de las lenguas se debe no sólo a la voluntad cons-
ci ente de los hombres (esf uerzo de un grupo para hacerse compren-
der por extranjeros, deci si ón de los gramáti cos que “deparan” el
lenguaje, creaci ón de palabras nuevas para nombrar i deas nuevas),
si no tambi én a una necesi dad i nterna. L a lengua no sólo es trans-
f ormada: se transf orma (en el arti culo “E ti mología” de la E nci clo-
pedi a, Turgot habla de un “pri nci pi o i nterno” de cambi o). E sta
tesi s se hi zo expli ci ta cuando los li ngi i i stas empezaron a di sti ngui r
dos relaci ones posi bles entre una palabra a de una época A y una
palabra b, análoga, de una época B ulteri or. H ay préstamo si b
ha si do consci entemente f ormada sobre el modelo de a, exhumado
de un estado de lengua pasado: asi , el f rancés hôpi tal se f abri có, en
determi nada época, por i mi taci ón del latín lzospi lale (con más exac-
ti tud, muy anti guamente se f abri có hospi tal, converti do después en
hôpi tal). H ay herenci a, en cambi o, cuando el paso de a a b es
i nconsci ente, si la di f erenci a entre ambas f ormas, cuando la hay,
provi ene de una transf ormaci ón progresi va de a (hôtel es el pro-
ducto de una seri e de modi f i caci ones sucesi vas de hospi tale [otro
ejemplo en español, colgar y colocar, herenci a y préstamo, respec-
ti vamente, de collocare]). D eci r que una palabra puede proveni r,
por herenci a, de una palabra di f erente es admi ti r que exi sten causas
naturales para el cambi o li ngüísti co. D e esto deri va una consecuen-
ci a i mportante: la f i li aci ón de las dos lenguas A y B no i mpli ca su
pareci do. B puede ser radi calmente di f erente de A y, si n embargo,
proveni r de A . A ntes, al contrari o, la i nvesti gaci ón de las f i li aci ones
li ngüísti cas se i denti f i caba con la i nvesti gaci ón de las semejanzas y,
a la i nversa, las di f erenci as se uti li zaban para combati r la hi pótesi s
21
LAS ESCUELAS
de una filiación. La creencia en el cambio natural hará que se busque
en el interior mismo de esas diferencias la prueba del parentesco.
b) El cambio lingüístico es regular r respeta la organización inter·
na de las lengU4S. ¿Cómo probar la filiación de dos lenguas si se
renuncia a tomar como criterio el parecido? En otros términos,
¿sobre qué basarse para decidir que las diferencias entre dos len·
guas son el producto de cambios y no de sustituciones? (N. B.: Éste
es el aspecto lingüístico de un problema muy general, que debe ser
encarado por todo estudio del cambio; en la misma época, la física
y la química lo resuelven partiendo del criterio de que a través del
cambio algo "se conserva".) La solución hacia la cual se encaminan
los lingüistas a fines del siglo XVIII, y cuya aceptación explícita
constituirá la lingüística histórica como ciencia, consiste en consi·
derar una diferencia como cambio sólo cuando manifiesta cierta
regularidad en el interior de la lengua. Así como la creencia en la
conservación de la materia hace pasar de la alquimia a la química,
el principio de la regularidad del cambio lingüístico señala el naci·
miento de la lingüística a partir de lo que entonces se llamaba
etimología. Ésta, aunque se presentaba como histórica (cosa que
no siempre era así [157]) Yexplicaba una palabra huscando, en un
estado anterior, la palabra de la cual provenía, estudiaba cada pala.
bra aisladamente, haciendo de ella un problema especial. Con este
procedimiento era muy difícil encontrar criterios, ya que es freo
cuente que diferentes etimologías parezcan posibles para una misma
palabra. En este caso, ¿cómo elegir? La lingüística histórica, en
cambio, explica una palabra b por una palabra a precedente sólo
cuando el paso de a a b es el caso particular de una regla general
válida para muchas otras palabras y permite comprender también
que a' se haya convertido en b', que a" haya dado b", etc. Esta regu·
laridad implica que la diferencia entre a y b proviene de alguno
de sus constituyentes y que en todas las demás palabras donde
aparece el mismo constituyente está afectado por el mismo cambio.
De lo cual pueden sacarse dos conclusiones:
b
1
) Es posible exigir que la explicación de una palabra se apoye
sobre el análisis gramatical de esa palabra y explique separadamente
las diferentes unidades significantes (morfemas [236]) de que está
compuesta. Por eso Turgot rechaza, por ejemplo, la explicación del
latín britannica (francés "britannique") por el hebreo baratanac
("país del estaño") con el argumento de que la palabra latina está
compuesta por dos unidades. (britan, con la terminación ica) : por
lo tanto, es preciso explicarlas separadamente, mientras que la su·
puesta terminología explicaba la palabra en su totalidad (cí. otro
ejemplo, tomado de Adelung, p. 235). Para que el cambio posea
22
L A S E S C U E L A S
de una f i li aci ón. L a creenci a en el cam bi o natural hará que se busque
en el i nteri or m i sm o de esas di f erenci as la prueba del parentesco.
b) E l cam bi o li ngüísti co es regular y respeta la organi zaci ón i nter-
no de las lenguas. ¿ C óm o probar la f i li aci ón de dos lenguas si se
renunci a a tom ar com o cri teri o el pareci do?E n otros térm i nos,
¿ sobre qué basarse para deci di r que las di f erenci as entre dos len-
guas son el producto de cam bi os y no de susti tuci ones?(N . B. : Éste
es el aspecto li ngi i ísti co de un problem a m uy general, que debe ser
encarado por todo estudi o del cam bi o; en la m i sm a época, la f ísi ca
y la qui m i ca lo resuelven parti endo del cri teri o de que a través del
cam bi o algo “se conserva”. ) L a soluci ón haci a la cual se encam i nan
los li ngi i i stas a f i nes del si glo XVI I I , y cuya aceptaci ón expli ci ta
consti tui rá la li ngüísti ca hi stóri ca com o ci enci a, consi ste en consi -
derar una di f erenci a com o cam bi o ' sólo cuando m ani f i esta ci erta
regulari dad en el i nteri or de la lengua. A si com o la creenci a en la
conservaci ón de la m ateri a hace pasar de la alqui m i a a la quím i ca,
el pri nci pi o de la regulari dad del cam bi o li ngüísti co señala el naci -
m i ento de la li ngüísti ca a parti r de lo que entonces se llam aba
eti m ología. Ésta, aunque se presentaba com o hi stóri ca (cosa que
no si em pre era asi [1 57]) y expli caba una palabra buscando, en un
estado anteri or, la palabra de la cual provenía, estudi aba cada pala-
bra ai sladam ente, haci endo de ella un problem a especi al. C on este
procedi m i ento era m uy di f íci l encontrar cri teri os, ya que es f re-
cuente que di f erentes eti m ologías parezcan posi bles para una m i sm a
palabra. E n este caso, ¿ cóm o elegi r?L a li ngüísti ca hi stóri ca, en
cam bi o, expli ca una palabra b por una palabra a precedente sólo
cuando el paso de a a b es el caso parti cular de una regla general
váli da para m uchas otras palabras y perm i te com prender tam bi én
que a' se haya converti do en b' , que a" haya dado b" , etc. E sta regu-
lari dad i m pli ca que la di f erenci a entre a y b provi ene de alguno
de sus consti tuyentes y que en todas las dem ás palabras donde
aparece el m i sm o consti tuyente está af ectado por el m i sm o cam bi o.
D e lo cual pueden sacarse dos conclusi ones:
b, ) E s posi ble exi gi r que la expli caci ón de una palabra se apoye
sobre el análi si s gram ati cal de ' esa palabra y expli que separadam ente
las di f erentes uni dades si gni f i cantes (m orf em as [23 6]) de que está
com puesta. P or eso Turgot rechaza, por ejem plo, la expli caci ón del
latín bri tanni ca (f rancés “bri tanni que”) por el hebreo baratanac
(“pai s del estaño”) con el argum ento de que la palabra lati na está
com puesta por dos uni dades (bri tan, con la term i naci ón i ca): por
lo tanto, es preci so expli carlas separadam ente, m i entras que la su-
puesta term i nología expli caba la palabra en su totali dad (cf . otro
ejem plo, tom ado de A delung, p. 23 5). P ara que el cam bi o posea
22
LlNGOlSTlCA HISTÓRICA EN EL SIGLO XIX
p.sa regularidad que es su única garantía posible, parece necesario,
pues, que respete la organización gramatical de la lengua y sólo
altere la palabra a través de su organización interna (de allí que el
artículo de Turgot, consagrado a la búsqueda de criterios para la eti·
mología, llegue a superar la etimología).
b
t
) Puede irse aún más lejos en el análisis de la palabra y bus-
car la regularidad no sólo en el nivel de los componentes gramati.
eale. sino tilmbién en el de los componentes fonéticos. Éste es el
ámbito donde la lingüística histórica obtuvo, en el si!do XIX. sus
mejores éxitos, que le permitieron establecer leyes fonéticas. Enun-
ciar una lev fonética para dos lenguas (o estados de una misma len-
p:ua) A YB es mostrar que a toi/a palabra de A que, en determinada
posición. comporta cierto sonido elemental x corresponde una pa·
labra de R ffonde .'\" está reemplazada por x'. Así, al pasar del latín
al francés. las palabras latinas que contienen una e seguida de una a
cambiaron la e en eh:
p.lc. N. B.: a) Es posible que x' = cero v que el cambio sea una 5'1-
presión. b) Sería difícil precisar el término "corresponde" empleado
más arriba: por lo general, la palabra de B ya no tiene el mismo sen-
tido que la de A - porque también la significación evoluciona - y
difiere de ella materialmente por algo que no es el reemplazo de " por
x' -porque otras leyes fonéticas vinculan A con B. c) Las leyes
fonéticas sólo se refieren a los cambios vinculados con una herencia,
y no a los préstamos: el préstamo calvitie es calco directo, en francés,
del latín calvities [como el español benévolo del latín benevolus].
Para una muestra amena de historia prelingüística de las lenlnlas, véase
"Discours historique sur 1'origine de la langue franc;aise", Le Mercare de
Frunce, junio·julio, 1757.
LA GRAMÁTICA COMPARADA (COMPARATISMO)
A pesar de ciertas intuiciones de Turgot o de suele indi·
carse como fecha de nacimiento de la lingüística histórica la apa·
rición de una obra del alemán F. Bopp, Sistema de con ¡ugación
de la lengua sánscrita, comparado con el de las lenguas la-
tina, persa r germánica (Francfort del Mein, 1816). Para designar
las investigaciones análogas llevadas a cabo, sobre todo en Alema-
nia, durante la primera mitad del siglo XIX, se emplea con frecuencia
la expresión gramática comparada o comparatismo: forman
parte de ella en particular los trabajos de Bopp, los hermanos A. W.
y F. von Schlegel, J. L. C. Grimm, A. Schleicher y, por fin, los del
23
L I N G U ÍS TI C A H I S TÓR I C A E N E L S I G L O XI X
esa regulari dad que es su úni ca garantía posi ble, parece necesari o,
pues, que respete la organi zaci ón gramati cal de la lengua y sólo
altere la palabra a través de su organi zaci ón i nterna (de alli que el
arti culo de Turgot, consagrado a la búsqueda de cri teri os para la eti -
mología, llegue a superar la eti mología).
bg) P uede i rse aún más lejos en el análi si s de la palabra y bus-
car la regulari dad no sólo en el ni vel de los componentes gramati -
cale. si no tambi én en el de los componentes f onéti cos. Éste es el
ámbi to donde la li ngüísti ca hi stóri ca obtuvo, en el si glo XI X, sus
mejores éxi tos, que le permi ti eron establecer leyes f onéti cas. E nun-
ci ar una lev f onéti ca para dos lenguas (o estados de una mi sma len-
gua) A y B es mostrar que a toda palabra de A que, en determi nada
posi ci ón. comporta ci erto soni do elemental xcorresponde una pa-
labra de B donde rr está reemplazada por : r' . A sí, al pasar del lati n
al f rancés. las palabras lati nas que conti enen una c segui da de una a
cambi aron la c en ch: campus- >chom. p, calvus- >chauve, casa- >chez,
etc. N . B. : a) E s posi ble que x' : cero v que el cambi o sea una sn-
presi ón. b) S eri a di f íci l preci sar el térmi no “corresponde” empleado
más arri ba: por lo general, la palabra de B ya no ti ene el mi smo sen-
ti do que la de A - - porque tambi én la si gni f i caci ón evoluci ona _ y
di f i ere de ella materi almente por algo que no es el reemplazo de xpor
x' - - porque otras leyes f onéti cas vi nculan A con B. c) L as leyes
f onéti cas sólo se ref i eren a los cambi os vi nculados con una herenci a,
y no a los préstamos: el préstamo calvi ti e es calco di recto, en f rancés,
del latín calvi ti es [como el español benévolo del lati n benevolus].
- › P ara una muestra amena de hi stori a prelìngi ìísti ca de las lenguas, véase
" D i scours hi storìque sur l' ori gi ne de la langue f rançai se" , L e Mercure de
France, juni o- juli o, 1 757.
L A G R A MÁ TI C A coMP A nA D A (coMP A nA ' r1 sMo)
A pesar de ci ertas i ntui ci ones de Turgot o de A delung, suele i ndi -
carse como f echa de naci mi ento de la li ngüísti ca hi stóri ca la apa-
ri ci ón de una obra del alemán F. Bopp, S i stema de coni ugaci ón
de la lengua sánscri ta, comparado con el de las lenguas gri egas, la-
ti na, persa y germti ni ca (Francf ort del Mei n, 1 81 6). P ara desi gnar
las i nvesti gaci ones análogas llevadas a cabo, sobre todo en A lema-
ni a, durante la pri mera mi tad del si glo XI X, se emplea con f recuenci a
la expresi ón gramáti ca comparada o comparati smo: f orman
parte de ella en parti cular los trabajos de Bopp, los hermanos A . W.
y F. von S chlegel, I . L . C . G ri mm, A . S chlei cher y, por f i n, los del
23
LAS ESCUELAS
danés R. Rask, precursores en muchos aspectos, pero con muy esca-
sos adeptos. Todos tienen en común los rasgos siguientes:
1. Suscitados por el descubrimiento, a fines del siglo XVIII, de la
analogía existente entre el sánscrito, lengua sagrada de la India anti-
gua, y la mayoría de las lenguas europeas antiguas y modernas, están
esencialmente consagrados a ese conjunto de lenguas, llamadas ya
indoeuropeas, ya indogermánicas.
2. Parten de la ídea de que hay entre esas lenguas no sólo pare-
cidos, sino un parentesco: las presentan, pues, como transforma-
ciones naturales, por herencia, de una misma lengua madre, el indo-
europeo, que no se conoce directamente pero del cual se ha hecho
una reconstrucción (Schleicher llegó a creer que podía escribir
fábulas en indoeuropeo). N. B.: Los primeros comparatista!; no siem-
pre.rechazaban la idea de que el sánscrito es la lengua madre.
3. Su método es comparativo, en el sentido de que ante todo pro-
curan establecer correspondencias entre las lenguas: para ello las
comparan (sea cual fuere su distancia en el tiempo), y buscan qué
elemento x de una lengua ocupa el lugar del elemento x de la otra.
Pero apenas les interesa restablecer, etapa por etapa, el detalle de la
evolución que llevó de la lengua madre a las lenguas modernas. A lo
sumo, cediendo a las necesidades de la comparación, trazaron las
grandes líneas de esa evolución: si ha de compararse el francés con
el alemán, se llega a resultados mucho más claros procediendo de
manera indirecta, comparando primero el francés con el latín y el
alemán con el germánico, después el latín con el germánico: de allí
la idea de que la lengua madre se subdividió en algunas grande..
lenguas (ítálico, germánico, eslavo, etc.), cada una de las cuales
se subdividió a su vez y originó una familia (con nuevas subdivi-
siones en la mayoría de los elementos de esas familias).
4. La comparación de dos lenguas es ante todo comparación de
sus elementos gramaticales. Turgot ya había observado que para el
etimologista es una garantía imprescindible no tratar de explicar l a ~
palabras tomadas globalmente, sino en sus elementos constitutivos
(cf. p. 22). Entre esos elementos, ¿cuáles son los más interesantes?
¿Los que designan nociones (aim en aimeront, troupe en attroupe-
ment, pobl en poblado, poblar, etc.) y suelen llamarse radicales o
elementos Iexicales, o bien los elementos gramaticales que ro-
dean a los primeros y, se supone, indican las relaciones o puntos de
vista según los cuales se considera la noción? La discusión acerca
de este punto empezó a fines del siglo XVIII, presidida por la idea
de que es preciso eliminar de la comparación todo cuanto corre el
riesgo de ser préstamo de una lengua a otra (y por lo tanto no pue-
de probar una evolución natural). Ahora bien, los elementos grama-
24
L A S E S C U E L A S
danés R . R ask, precursores en m uchos aspectos, pero con m uy esca-
sos adeptos. Todos ti enen en com ún los rasgos si gui entes:
1 . S usci tados por el descubri m i ento, a f i nes del si glo XVI I I , de la
analogía exi stente entre el sánscri to, lengua sagrada de la I ndi a anti -
gua, y la m ayori a de las lenguas europeas anti guas y m odernas, están
esenci alm ente consagrados a ese conjunto de lenguas, llam adas ya
i ndoeuropeas, ya i ndogerm áni cas.
2. P arten de la i dea de que hay entre esas lenguas no sólo pare-
ci dos, si no un parentesco: las presentan, pues, com o transf orm a-
ci ones naturales, por herenci a, de una m i sm a lengua m adre, el i ndo-
europeo, que no se conoce di rectam ente pero del cual se ha hecho
una reconstrucci ón (S chlei cher llegó a creer que podía escri bi r
f ábulas en i ndoeuropeo). N . B. : L os pri m eros com parati stas no si em -
pre. rechazaban la i dea de que el sánscri to es la lengua m adre.
3 . S u m étodo es com parati vo, en el senti do de que ante todo pro-
curan establecer correspondenci as entre las lenguas: para ello las
com paran (sea cual f uere su di stanci a en el ti em po), y buscan qué
elem ento xde una lengua ocupa el lugar del elem ento xde la otra.
P ero apenas les i nteresa restablecer, etapa por etapa, el detalle de la
evoluci ón que llevó de la lengua m adre a las lenguas m odernas. A lo
sum o, cedi endo a las necesi dades de la com paraci ón, trazaron las
grandes líneas de esa evoluci ón: si ha de com pararse el f rancés con
el alem án, se llega a resultados m ucho m ás claros procedi endo de
m anera i ndi recta, com parando pri m ero el f rancés con el lati n y el
alem án con el germ áni co, después el lati n con el germ áni co: de alli
la i dea de que la lengua m adre se subdi vi di ó en algunas grandes
lenguas (i táli co, germ áni co, eslavo, etc. ), cada una de las cuales
se subdi vi di ó a su vez y ori gi nó una f am i li a (con nuevas subdi vi -
si ones en la m ayoría de los elem entos de esas f am i li as).
4. L a com paraci ón de dos lenguas es ante todo com paraci ón de
sus elem entos gram ati cales. Turgot ya habi a observado que para el
eti m ologi sta es una garanti a i m presci ndi ble no tratar de expli car las
palabras tom adas globalm ente, si no en sus elem entos consti tuti vos
(cf . p. 22). E ntre esos elem entos, ¿ cuáles son los m ás i nteresantes?
¿ L os que desi gnan noci ones (ai m en ai m eront, troupe en attroupe-
m ent, pobl en poblado, poblar, etc. ) y suelen llam arse radi cales o
elem entos lexi cales, o bi en los elem entos gram ati cales que ro-
dean a los pri m eros y, se supone, i ndi can las relaci ones o puntos de
vi sta según los cuales se consi dera la noci ón?L a di scusi ón acerca
de este punto em pezó a f i nes del si glo XVI I I , presi di da por la i dea
de que es preci so eli m i nar de la com paraci ón todo cuanto corre el
ri esgo de ser préstam o de una lengua a otra (y por lo tanto no pue-
de probar una evoluci ón natural). A hora bi en, los elem entos gram a-
24
LINGO/STICA HISTóRICA EN EL SIGLO XIX
ticales casi no ofrecen ese riesgo, puesto que constituyen, en cada
lengua, sistemas coherentes (sistema de los tiempos, de los casos, de
las personas, etc.). Dada su solidaridad recíproca, no es posible el
préstamo de un elemento gramatical aislado, sino únicamente el de
todo un sistema, y el trastorno que esto casionaría hace poco vero-
símil que ocurra. Por eso la comparación de las lenguas se consideró
a principios del siglo XIX esencialmente como la comparación de sus
elementos gramaticales.
LA TESIS DE LA DECLINACIÓN DE LAS LENGUAS
El proyecto de la lingüística histórica estaba unido a la idea de una
Joble conservación en el momento del cambio (d. p. 21 Yss.). Con-
servación de la organización gramatical: es necesarío que las pala-
bras del estado A y del estado ulterior Rpuedan someterse a la mis-
ma descomposición en radical y elementos gramaticales (de lo con-
trario la comparación debe tomar las palabras globalmente, método
cuya inseguridad era conocida). Conservación, asimismo, de la orga-
nización fonética, para que las leyes fonéticas puedan mostrar la
correspondencia entre los sonidos elementales de A y de R y probar
cómo varía la forma fónica de los componentes de las palabras. Pero
los hechos revelaron que era difícil mantener esta doble permanen-
cia. Porque los comparatistas creyeron descubrir que las leyes foné-
ticas destruyen progresivamente -mediante una especie de ero-
sión- la organización gramatical de la lengua sometida a ellas. Así,
esas leyes pueden ocasionar la confusión, en el estado R, de elemen·
tos gramaticales distintos en A, y hasta acarrear la desaparición de
determinados elementos (la desaparición de los casos latinos en fran-
cés provendría de la evolución fonética que produjo la caída de la
parte final de las palabras latinas, parte donde aparecían las señales
de los casos) ; por lo demás, la separación, en la palabra, entre'radi-
cal y elementos gramatícales (separación cuya nitidez en sánscrito
sorprendía a los primeros comparatistas) se atenúa con frecuencia
por el hecho de los cambios fonéticos.
De allí el pesimismo de la mayoría de los comparatistas (con ex-
cepción de Humboldt) : el historiador de las lenguas sólo puede evo-
car su declinación -iniciada ya en las lenguas de la Antigüedad-
y Bopp suele quejarse de que trabaja en una extensión de ruinas.
Pero ese pesimismo tiene sus ventajas: permite comparar una pala.
bra moderna con una palabra antigua cuya estructura es, en aparien.
cia, muy diferente, afirmando que la comparación debe respetar las
organizaciones gramaticales. Basta suponer --cosa que Bopp no
25
L I N C U ÍS TI C A H I S TÓR I C A E N E L S I G L O XI X
ti cales casi no of recen ese ri esgo, puesto que consti tuyen, en cada
lengua, si stem as coherentes (si stem a de los ti em pos, de los casos, de
las personas, etc. ). D ada su soli dari dad recíproca, no es posi ble el
préstam o de un elem ento gram ati cal ai slado, si no úni cam ente el de
todo un si stem a, y el trastorno que esto casi onaría hace poco vero-
sím i l que ocurra. P or eso la com paraci ón de las lenguas se consi deró
a pri nci pi os del si glo xlxesenci alm ente com o la com paraci ón de sus
elem entos gram ati cales.
L A TE S I S D E L A D E C L I N A C I ÓN D E L A S L E N G U A S
E l proyecto de la li ngüísti ca hi stóri ca estaba uni do a la i dea de una
doble conservaci ón en el m om ento del cam bi o (cf . p. 21 y ss. ) . C on-
servaci ón de la organi zaci ón gram ati cal: es necesari o que las pala-
bras del estado A y del estado ulteri or B puedan som eterse a la m i s-
m a descom posi ci ón en radi cal y elem entos gram ati cales (de lo con-
trari o la com paraci ón debe tom ar las palabras globalm ente, m étodo
cuya i nseguri dad era conoci da) . C onservaci ón, asi m i sm o, de la orga-
ni zaci ón f onéti ca, para que las leyes f onéti cas puedan m ostrar la
correspondenci a entre los soni dos elem entales de A y de B y probar
cóm o varía la f orm a f óni ca de los com ponentes de las palabras. P ero
los hechos revelaron que era di f i ci l m antener esta doble perm anen-
ci a. P orque los com parati stas creyeron descubri r que las leyes f oné-
ti cas destruyen progresi vam ente - m edi ante una especi e de ero-
si ón- la organi zaci ón gram ati cal de la lengua som eti da a ellas. A si ,
esas leyes pueden ocasi onar la conf usi ón, en el estado B, de elem en-
tos gram ati cales di sti ntos en A , y hasta acarrear la desapari ci ón de
determ i nados elem entos (la desapari ci ón de los casos lati nos en f ran-
cés provendría de la evoluci ón f onéti ca que produjo la caída de la
parte f i nal de las palabras lati nas, parte donde aparecían lassei i ales
de los casos) ; por lo dem ás, la separaci ón, en la palabra, entre' radi -
cal y elem entos gram ati cales (separaci ón cuya ni ti dez en sánscri to
sorprendi a a los pri m eros com parati stas) se atenúa con f recuenci a
por el hecho de los cam bi os f onéti cos.
* D e alli el pesi m i sm o de la m ayori a de los com parati stas (con ex-
cepci ón de H um boldt) : el hi stori ador de las lenguas sólo puede evo-
car su decli naci ón - i ni ci ada ya en las lenguas de la A nti gi i edad- -
y Bopp suele quejarse de que trabaja en una extensi ón de rui nas.
P ero ese pesi m i sm o ti ene sus ventajas: perm i te com parar una pala-
bra m oderna con una palabra anti gua cuya estructura es, en apari en-
ci a, m uy di f erente, af i rm ando que la com paraci ón debe respetar las
organi zaci ones gram ati cales. Basta suponer - cosa que Bopp no
25
LAS ESCUELAS
deja de hacer- que las dos palabras tienen una estructura análoga
en profundidad y, más generalmente, considerar el estado antiguo
como la verdad gramatical del estado nuevo: para el que
dibuja el plano de una extensión de ruinas, ¿no es razonable que
procure encontrar en él el trazado de la ciudad antigua? En cambio,
el comparatismo no podía creer, sin abandonar sus principios meto-
dológicos fundamentales, que las lenguas crean organizaciones gra-
maticales nuevas al transformarse.
¡, Cómo explicar la declinación de las lenguas en el curso de la
historia? La mayoría de los comparatistas -f'specialmente Bopp y
Schleicher- la atribuyen a la actitud del homhre histórico con res-
pecto a la lengua, que es una actitud de usuario: la es tratada
como un simple medio, como un instrumento de comunicación
cuyo empleo ha de ser por sobre todo cómodo y e<'onómi('o. El ori-
gen de las leyes fonéticas sería precisamente f'.Ilta tendenria al menor
esfuerzo, que sacrifica la organización gramatical al deseo de una
comunicación ahajo ('osto.
Si existió vez un período positivo en la historia de las
lpn'!ull!'!. hahrá que buscarlo, pUe!'!. en 1... nrphi!'!torl:t J .. 1" hnmani-
Ilad. Entonces la lengua no era un medio. sino un fin: el espíritu
humano la modelaba corno una obra de arte en la cual nrocuraba
11 sí mismo. -rn esa épof"ll. f"oncll'lilJt P;>..... "ipmnre. la
historia de las len!!:uas fue la de unll crelldón. Pero sólo flor rleduc-
rión podemos imaginar sus etapas. Para Schleicher. flor eiemnlo. las
lenguas humanas debieron adquirir sucpsivamente las tre!'! forma!'!
nrincipllles que revela una dasifkación de lns len'!1l1ls actualps fun-
llada sobre su estructura interna (= tioolo!!ía). Primero. todas las
lpmmas fueron (= las oalahra" son unidlldes no analiza·
bles, en las cuales ni siquiera es posible distinF:uir un radical y ele-
mentos gramaticales: así es cómo se concibe el chino en el "i!!lo XIX).
Después, de ellas se volvieron aglutinantes (¡ncluyeron
palabras con radical y señales gramaticales, pero sin reglas precisas
para la formación de la palabra; supervivencia actual de ese estado:
las lenguas amerindias). Por fin, entre las lenl!uas a¡¡:lutinantes se
desarrollaron lenguas Oexionales, en las cuales la organización
interna de la palabra está gobernada por leyes precisas: las de la
morfología [67]. Son principalmente las indoeuropeas. Sólo
en este último caso está genuinamente representado el espíritu: la
unidad del radical y de las señales gramaticales en la palabra, cimen·
tada por las reglas morfológicas, representa la unidad del dato em·
pírico y de las formas a priori en el acto de pensamiento. Por des-
gracia, este logro perfecto, atribuido generalmente a la lengua madre
indoeuropea, se vio amenazado desde la Antigüedad clásica, cuando
26
L A S E S C U E L A S
deja de hacer- - que las dos palabras ti enen una estructura análoga
en prof undi dad y, m ás generalm ente, consi derar el estado anti guo
com o la verdad gram ati cal del estado nuevo: para el arqueólogo que
di buja el plano de una extensi ón de rui nas, ¿ no es razonable que
procure encontrar en él el trazado de la ci udad anti gua?E n cam bi o,
el cornparati sm o no podi a creer, si n abandonar sus pri nci pi os m eto-
dológi cos f undam entales, que las lenguas crean organi zaci ones gra-
m ati cales nucvas al transf orm arse.
¿ C óm o expli car la decli naci ón de las lenguas en el curso de la
hi stori a?L a m ayori a de los com parati stas - - - especi alm ente Bopp y
S chlei cher- » la atri buyen a la acti tud del hom bre hi stóri co con res-
pecto a la lengua, que es una acti tud de usuari o: la lengua es tratada
com o un si m ple m edi o, com o un i nstrum ento de com uni caci ón
cuyo em pleo ha de ser por sobre todo cóm odo y económ i co. E l ori -
gen de las leyes f onéti cas sería preci sam ente esta tendenci a al m enor
esf uerzo, que sacri f i ca la organi zaci ón gram ati cal al deseo de una
com uni caci ón a bajo costo.
S i exi sti ó alguna vez un peri odo posi ti vo en la hi stori a de las
lenguas. habrá one buscarlo, pues. en lo nrehi storìa de la hum ani -
dad. E ntonces la lengua no era un m edi o. si no un f i n: el espi ri tu
hum ano la rnodelaba com o una obra de arte en la cual orocuraba
representante a si m i sm o. E n esa época. . conclui da para si em pre. la
hi stori a de las lenguas f ue la de una creaci ón. P ero sólo nor deduc-
ci ón podem os i m agi nar sus etapas. P ara S chlei cher. nor ei cm nlo. las
lcntm as hum anas debi eron adouìri r sucesi vam ente las tres f orm as
pri nci pales que revela una clasi f i caci ón de las lenf ruas actuales f un-
dada sobre su estructura i nterna t' - . : : : : ti pología). P ri m ero. toda!!los
lenguas f ueron ai slantes tm las palabras son uni dades no anali za-
bles, en las cuales ni si qui era es posi ble di sti ngui r un radi cal y ele-
m entos gram ati cales: asi es cóm o se conci be el chi no en el si glo xtx) .
D espués, algunas de ellas se volvi eron agluti nantes (i ncluyeron
palabras con radi cal y señales gram ati cales, pero si n reglas preci sas
para la f orm aci ón de la palabra; supervi venci a actual de ese estado:
las lenguas am eri ndi as). P or f i n, entre las lenguas agluti nantes se
desarrollaron lenguas f lexi onales, en las cuales la organi zaci ón
i nterna de la palabra está gobernada por leyes preci sas: las de la
m orf ología [67]. S on pri nci palm ente las lenguas i ndoeuropeas. S ólo
en este últi m o caso está genui nam ente representado el espi ri tu: la
uni dad del radi cal y de las señales gram ati cales en la palabra, ci m en-
tada por las reglas m orf ológi cas, representa la uni dad del dato em -
píri co y de las f orm as a pri ori en el acto de pensam i ento. P or des-
graci a, este logro perf ecto, atri bui do generalm ente a la lengua m adre
i ndoeuropea, se vi o am enazado desde la A nti güedad clási ca, cuando
26
L1NGO/STICA HISTóRICA EN EL SIGLO XIX
el hombre, preocupado por hacer la historia, ya no consideró la len-
gua más que como un instrumento de la vida social. Puesta al ser-
vicio de la comunicación, la lengua ya nunca dejó de destruir su
propia organización.
_ Algunos grandes tratados de gramática comparada: F. Bopp, Gramm4ÍTe
comparée des Langues indo.européennes, trad. franc., Paris, 1885; J. 1.. C.
Grimm, Deutsche Grammatik, Gottingen, 1822-1837; A. Schleicher, Compen-
dium der vergLeichenden Gramm4tik der indogermanischen Sprachen. Weimar,
1866. Sobre la declinación de las lenguas véase, por ejemplo: F. Bopp, Vocalis·
mus, Berlin. 1836; A. Schleicher, Zur vergleichenden Sprachgeschiehte, Bonn.
1848. Esta declinación es cuestionada por W. von Humboldt en De forigine
des formes grammaticales et de Leur infLuence sur développement des idées,
trad. franc., Paris, 1859, reeditado por Bordeaux, 1969 (trad. esp., Sobre el
origen de Las formas gramaticaLes, Barcelona, Anagrama, 1971). Para un co-
mentario de Humboldt, O. Ducrot et al., Qu'est-ee que le structuralisme?, Paris,
1968 (trad. esp., O. Ducrot y otros, ¿Qué es el estructuraLismo?, Losada, Bue-
nos Aires, 1971). Un ejemplo de investigación moderna en gramática compa-
rada: É. Benveniste, Hittite et lndo·européen, Paris, 1962.
LOS NEOGRAMÁTICOS
En la segunda mitad del siglo XIX, un grupo de lingüistas, casi todos
alemanes, procuró introducir en la lingüística histórica los princi-
pios positivistas que triunfaban en la ciencia y la filosofía contem-
poráneas. Esperando así renovar la gramática comparada, se llama-
ron a sí mismos neogramáticos. Sus tesis principales son las si-
guientes:
1. La lingüística histórica debe ser explicativa. No se trata sólo
de comprobar y describir cambios, sino también de encontrar sus
causas (preocupación casi inexistente en Bopp).
2. Esta explicación debe ser de tipo positivo. Hay que desconfiar
de esas vastas explicaciones filosóficas en que se complacía Schleicher
(gran lector de Hegel). Las únicas causas verificahles pueden bus-
carse en la actividad de los sujetos hablantes, que transforman la
lengua al utilizarla.
3. Para encaminar esta investigación de las causas, deben estu-
diarse con preferencia los cambios que se extienden durante un pe-
ríodo limitado. En vez de comparar estados de lengua muy distan-
tes, se tomará por objeto el paso de un estado al que lo sigue.
4. Un primer tipo de causa es de orden articulatorio. Las "leyes
fonéticas" son pasibles, en efecto, de una explicación fisiológica.
Por otro lado, su acción es absolutamente mecánica ("ciega"):
cuando un cambio se opera en el interior de un estado, ninguna
palabra puede evitarlo, sea cual fuere su situación semántica o gra-
27
L I N G U I S TI C A H I S TÓR I C A E N E L S I G L O XI X
el hom bre, preocupado por hacer la hi stori a, ya no consi deró la len-
gua m ás que com o un i nstrum ento de la vi da soci al. P uesta al ser-
vi ci o de la com uni caci ón, la lengua ya nunca dejó de destrui r su
propi a organi zaci ón.
- - › A lgunos grandes tratados de gram áti ca com parada: F. Bopp, G ram m ai re
com parée des I angues i ndo- européennes, trad. f ranc. , P ari s, 1 885; J . L . C .
G ri m m , D eutsche G ram m ati k, G ötti ngen, 1 822- 1 83 7; A . S chlei cher, C om pen-
di um der vergleíchenden G ram m ati k der i ndogerm ani schen S prachen, Wei m ar,
1 866. S obre la decli naci ón de las lenguas véase, por ejem plo: F. Bopp, Vocali s-
m us, Berli n, 1 83 6; A . S chlei cher, Zur vergleíchenden S prachgeschi chte, Bonn,
1 848. E sta decli naci ón es cuesti onada por W. von H um boldt en D e Fori gíne
des f orm es gram m ati cales et de leur i nf luence sur développem ent des i dées,
trad. f ranc. , P ari s, 1 859, reedi tado por Bordeaux, 1 969 (trad. esp. , S obre el
orígen de las f orm as gram ati cales, Barcelona, A nagram a, 1 971 ). P ara un co-
m entari o de H um boldt, O . D ucrot et al. , Quf est- ce que le structurali sm e?, P ari s,
1 968 (trad. esp. , O . D ucrot y otros, ¿ Qué es el estructurali sm o?, L osada, Bue-
nos A i res, 1 971 ). U n ejem plo de i nvesti gaci ón m oderna en gram áti ca com pa-
rada: É. Benveni ste, H ítti te et I ndo- européen, P ari s, 1 962.
L os N E ocR A MÃ' r1 cos
E n la segunda m i tad del si glo XI X, un grupo de li ngüi stas, casi todos
alem anes, procuró i ntroduci r en la li ngüísti ca hi stóri ca los pri nci -
pi os posi ti vi stas que tri unf aban en la ci enci a y la f i losof ía contem -
poráneas. E sperando asírenovar la gram áti ca com parada, se llam a-
ron`a sím i sm os neogram áficos. S us tesi s pri nci pales son las si -
gui entes:
1 . L a li ngüísti ca hi stóri ca debe ser expli cati va. N o se trata sólo
de com probar y descri bi r cam bi os, si no tam bi én de encontrar sus
causas (preocupaci ón casi i nexi stente en Bopp) .
2. E sta expli caci ón debe ser de ti po posi ti vo. H ay que desconf i ar
de esas vastas expli caci ones f i losóf i cas en que se com placi a S chlei cher
(gran lector de H egel). L as úni cas causas veri f i cables pueden bus-
carse cn la acti vi dad de los sujetos hablantes, que transf orm an la
lengua al uti li zarla.
3 . P ara encam i nar esta i nvesti gaci ón de las causas, deben estu-
di arse con pref erenci a los cam bi os que se exti enden durante un pe-
ríodo li m i tado. E n vez de com parar estados de lengua m uy di stan-
tes, se tom ará por objeto el paso de un estado al que lo si gue.
4. U n pri m er ti po de causa es de orden arti culatori o. L as “leyes
f onéti cas” son pasi bles, en ef ecto, de una expli caci ón f i si ológi ca.
P or otro lado, su acci ón es absolutam ente m ecáni ca (“ci ega”):
cuando un cam bi o se opera en el i nteri or de un estado, ni nguna
palabra puede evi tarlo, sea cual f uere su si tuaci ón sem ánti ca o gra-
27
LAS ESCUELAS
matical propia, y las excepciones (que Schleicher se contentaba con
registrar) son para un neogramático el índice de una ley todavía
desconocida.
5. Un segundo tipo de causa es psicológica. Es la tendencia a la
analogía, fundada sobre las leyes de la asociación de ídeas. Los
hablantes tienden a: a) agrupar las palabras y las frases en clases,
cuyos elementos se asemejan a la vez por el sonido y por el sen·
tido; b) a crear palabras o frases nuevas susceptibles de enriquecer
esas clases. De allí, por ejemplo, la creación de "solucionar" y "ac·
cionar" sobre el modelo de "funcionar" o, en francés, de "Je me
rappelle de" sobre el modelo de "Je me souviens de".
6. No sólo se afirma que la historia de las lenguas debe ser expli.
catíva, sino también que la única explicación lingüística admisible
es la histórica. Así, hablar del sentido fundamental subyacente a las
diferentes acepciones de una palabra no es un hecho explicativo sino
cuando tal sentido es cronológicamente el primero. Asimismo, no es
posible hablar de una derivación (decir que una palabra ha sido
tomada de otra, que "bolsillo" proviene de "bolso") sino cuando
puede demostrarse que la palabra fuente ("bolso") preexiste a la
derivada ("bolsillo").
~ El maestro aceptado por la mayoría de los negramáticos es G. Curtius
(Grundzüge der griechischen Etymologie, Leipzig, 1858-1868). El principal
teórico es H. Paul (Principien der Sprachgeschichte, Halle, 1880). La inves·
tigación sistemática de las leyes fonéticas aparece particularmente en K. Brug-
mann, Grundriss da vergleichenden Grammatik der indogermanischen Spra.
chen, Strasbourg, 1886-1900. Para una compilación de textos, traducidos al
inglés, de comparatistas y de neogramáticos, véase W. P. Lehmann, A reaBer
m nineteenth·century historical indo·european linguistic, Londres, Indiana Unjo
versity Press, 1967.
28
L A S E S C U E L A S
m ati cal propi a, y las excepci ones (que S chlei cher se conlentaba con
regi strar) son para un neogram áti co el i ndi ce de una ley todavi a
desconoci da.
5. U n segundo ti po de causa es psi cológi ca. E s la tendenci a a la
analogía, f undada sobre las leyes de la asoci aci ón de i deas. L os
hablantes ti enden a: a) agrupar las palabras y las f rases en clases,
cuyos elem entos se asem ejan a la vez por el soni do y por el sen-
ti do; b) a crear palabras o f rases nuevas suscepti bles de enri quecer
esas clases. D e allí, por ejem plo, la creaci ón de “soluci onar” y “ac-
ci onar” sobre el m odelo de “f unci onar” o, en f rancés, de “J e m e
rappelle de” sobre el m odelo de “J e m e souvi ens de”.
6. N o sólo se af i rm a que la hi stori a de las lenguas debe ser ex- pli -
cati va, si no tam bi én que la úni ca expli caci ón li ngüísti ca adm i si ble
es la hi stóri ca. A sí, hablar del senti do f undam ental subyacente a las
di f erentes acepci ones de una palabra no es un hecho expli cati vo si no
cuando tal senti do es cronológi cam ente el pri m ero. A si m i sm o, notes
posi ble hablar de una deri vaci ón (deci r que una palabra ha si do
tom ada de otra, que “bolsi llo” provi ene de “bolso”) si no cuando
puede dem ostrarse que la palabra f uente (“bolso”) preexi ste a la
deri vada (“bolsi llo”).
- › E l m aestro aceptado por la m ayori a de los negram áti cos es G . C urti us
(G rundzãge der gri echi schen E tym oi ogi e, L ei pzi g, 1 858- 1 868). E l pri nci pal
teóri co es H . P aul (P ri nci pi en der S prachgeschi chte, H alle, 1 880). L a i nves-
ti gaci ón si stem áti ca de las leyes f onéti cas aparece parti cularm ente en K. Brug-
m ann, G rundri ss der verglei chenden G ram m ati k der i ndogerm ani schen S pra-
chen, S trasbourg, 1 886- 1 900. P ara una com pi laci ón de textos, traduci dos al
i nglés, de com parati stas y de neogram átìcos, véase W. P . L ehm ann, A reader
tn ni neteenth- century hi stori cal i ndo- european li ngui sti c, L ondres, I ndi ana U ni -
versi ty P ress, 1 967.
23
Saussurianismo
Después de escribir, a los veintiún años, una Memoria sobre el ~ i s ­
tema primitivo de las vocales indoeuropeas (París, 1878), obra que
se destaca entre los aciertos de la escuela neogramática [27], el
lingüista suizo Ferdinand de Saussure abandona casi por completo
las investigaciones lingüísticas porque sus fundamentos le parecen
inciertos y piensa que tales estudios deben postergarse hasta que ~ e
revisen por completo las premisas de la lingüística. Él mismo intenta
esa revisión y presenta los resultados de sus trabajos en tres c u r s ~
dados en Ginebra entre 1906 y 1911, Ypublicados tres años después
de su muerte por algunos de sus discípulos, con el título de Curso
de lingüística general (París, 1916).
-+ Para una comparación entre las notas manuscritas de Saussure, tomadas
por los estudiantes, y el Curso publicado, véase R. GodeJ. Les SOlaces manus-
crites du "Cours de linguistique générale" de F. de Saussure, Geneve-Paris,
1957. Una edición crítica del Curso, por R. Engler, está en vías de publicación.
La práctica comparatista tenía por fundamento teórico la creen-
cia en la desorganización progresiva de las lenguas bajo el influjo
de las leyes fonéticas, sujetas a su vez a la actividad de la comuni·
l:ación [25]. Esta tesis, que autoriza a leer la gramática del estado
anterior transparentada en el estado presente, permite en efecto
identificar, para compararlos, elementos gramaticales antiguos con
elementos del estado ulterior, aunque éstos tengan un estatuto gra-
matical en apariencia muy distinto. Ésta es precisamente la tesis que
Saussure discute.
En primer término, por un motivo general que sólo se da implí-
citamente en el Curso: la lengua, según Saussure, es fundamental-
mente (y no por accidente o degeneración) un instrumento de comu-
nicación. Nunca se encuentra en Saussure la idea de que la lengua
debe representar una estructura del pensamiento que existiría inde-
pendientemente de toda configuración lingüística (sea cual fuere el
modo de concebir esa representación: como función fundamental, a
la manera de los comparatistas, o como medio necesario de la comu-
nicación, a la manera de Port-Royal). Esto es lo que surge princi-
palmente de la tesis saussuriana, según la cual existe una arbitrarie-
dad lingüística fundamental [161] -que debe distinguirse de la
29
S aussuri ani sm o
D espués de escri bi r, a los vei nti ún años, una Mem ori a sobre el si s-
tem a pri m i ti vo de las vocales i ndoeuropeas (P ari s, 1 878), obra que
se destaca entre los aci ertos de la escuela neogram áti ca [27], el
li ngüi sta sui zo Ferdi nand de S aussure abandona casi por com pleto
las i nvesti gaci ones li ngüísti cas porque sus f undam entos le parecen
i nci ertos y pi ensa que tales estudi os deben postergarse hasta que se
revi sen por com pleto las prem i sas de la li ngüísti ca. Él m i sm o i ntenta
esa revi si ón y presenta los resultados de sus trabajos en tres cursos
dados en G i nebra entre 1 906 y 1 91 1 , y publi cados tres años después
de su m uerte por algunos de sus di scípulos, con el título de C urso
de li ngüísti ca general (P ari s, 1 91 6).
- › P ara una com paraci ón entre las notas m anuscri tes de S aussure, tom adas
por los estudi antes, y el C urso publi cado, véase R . G otlel, L es S ources m anus-
cri tes du “C ours de li ngui sti que générale” de F. de S aussure, G enève- P ari s,
1 957. U na edi ci ón críti ca del C urso, por R . E ngler, está en vías de publi caci ón.
L a prácti ca com parati sta tenía por f undam ento teóri co la creen-
ci a en la desorgani zaci ón progresi va de las lenguas bajo el i nf lujo
de las leyes f onéti cas, sujetas a su vez a la acti vi dad de la com uni -
caci ón [25]. E sta tesi s, que autori za a leer la gram áti ca del estado
anteri or transparentada en el estado presente, perm i te en ef ecto
i denti f i car, para com pararlos, elem entos gram ati cales anti guos con
elem entos del estado ulteri or, aunque éstos tengan un estatuto gra-
m ati cal en apari enci a m uy di sti nto. Ésta es preci sam ente la tesi s que
S aussure di scute.
E n pri m er térm i no, por un m oti vo general que sólo se da i m pli -
ci tam ente en el C urso: la lengua, según S aussure, es f undam ental-
m ente (y no por acci dente 0 degeneraci ón) un i nstrum ento de com u-
nìcaci ón. N unca se encuentra en S aussure la i dea de que la lengua
debe representar una estructura del pensam i ento que exi sti ría i nde-
pendi entem ente de toda conf i guraci ón li ngüísti ca (sea cual f uere el
m odo de concebi r esa representaci ón: com o f unci ón f undam ental, a
la m anera de los com parati stas, o com o m edi o necesari o de la com u-
ni caci ón, a la m anera de P ort- R oyal). E sto es lo que surge pri nci -
palm ente de la tesi s saussuri ana, según la cual exi ste una arbi trari e-
dad li ngüísti ca f undam ental [1 61 ] - - que debe di sti ngui rse de la
29
LAS ESCUELAS
arbitrariedad de cada signo aislado [158]: proviene del hecho de
que el pensamiento, considerado antes de la lengua, es como una
"masa amorfa", como una "nebulosa" (Curso, cap. IV, § 1), que
se presta a todos los análisis posibles, sin privilegiar ninguno con
respecto a los demás, sin imponer la necesidad de considerar tal o
cual matiz de sentido como dos aspectos de una misma noción y sin
obligar a separarlos como provenientes de dos nociones distintas
(para los gramáticos generales, al contrario, existe un análisis ló-
gico del pensamiento que se impone con pleno derecho y que el len-
guaje debe imitar a su modo; asimismo, para los comparatistas, la
unidad del radical y de los elementos gramaticales en la palabra re-
presenta la unidad del acto intelectual que somete la experiencia a
las formas a priori del espíritu [235]). Por consiguiente, si cada
lengua, en cada momento de su existencia, presenta para Saussure
una determinada forma de organización, no es por efecto de una
función preexistente a su función de comunicación: pues la lengua
no puede tener otra función que la de comunicar.
Este argumento muy general, fundado sobre la idea de la función
de la lengua, encuentra apoyo si se estudia con detalle el papel efec-
tivo de la actividad lingüística en la evolución de las lenguas. Por-
que no es cierto, según Saussure, que el funcionamiento del l ~ n .
guaje -su empleo por los sujetos hablantes para las necesidades
de la comunicación- sea una causa de desorganización y que
desemboque en esa nivelación gramatical deplorada por Bopp. Aun-
que Saussure acepta, como los neogramáticos [27], que el empleo
del código lingüístico por los sujetos hablantes -es decir, "el ha·
bla", según la terminologia del Curso [143 y ss.]- es una de las
causas esenciales de los cambios lingüísticos, por otro lado niega que
los cambios asi introducidos puedan alterar la organización misma
de la lengua. La creación analógica [28], por ejemplo, que es uno de
los efectos más evidentes del habla, nunca hace otra cosa que exten-
der, enriquecer, una categoría cuya existencia presupone. La crea-
ción de "solucionar" a partir de "solución" sólo agrega una pareja
suplementaria a la serie donde ya se encuentran "adición"·"adicio·
nar", "función"."funcionar", etc. Así, de acuerdo con Saussure, la
analogía, lejos de destruir, refuerza las clasificaciones lingüísticas.
Tampoco las leyes fonéticas tienen el efecto anárquico que los como
paratistas les atribuían. Un ejemplo célebre dado por Saussure es
el de la expresión del plural en alemán. En un estado antiguo, el
agregado de una i señalaba el plural: Cast ("huésped") . Casti
("huéspedes"), Hand ("mano") . Handi ("manos"). Después, di·
ferentes cambios fonéticos transformaron Casti en Caste y asimismo
Handi en Hiinde. Aunque estos cambios modificaron materialmente
30
L A S E S C U E L A S
arbi trari edad de cada si gno ai slado [l58]: provi ene del hecho de
que el pensam i ento, consi derado antes de la lengua, es com o una
“m asa am orf a”, com o una “nebulosa” (C urso, cap. I V, § 1 ), que
se presta a todos los análi si s posi bles, si n pri vi legi ar ni nguno con
respecto a los dem ás, si n i m poner la necesi dad de consi derar tal o
cual m ati z de senti do com o dos aspectos de una m i sm a noci ón y si n
obli gar a separarlos com o proveni entes de dos noci ones di sti ntas
(para los gram áti cos generales, al contrari o, exi ste un análi si s ló-
gi co del pensam i ento que se i m pone con pleno derecho y que el len-
guaje debe i m i tar a su m odo; asi m i sm o, para los com parati stas, la
uni dad del radi cal y de los elem entos gram ati cales en la palabra re-
presenta la uni dad del acto i ntelectual que som ete la experi enci a sa
las f orm as a pri ori del espi ri tu [23 5]). P or consi gui ente, si cada
lengua, en cada m om ento de su exi stenci a, presenta para S aussure
una determ i nada f orm a de organi zaci ón, no es por ef ecto de una
f unci ón preexi stente a su f unci ón de com uni caci ón: pues la lengua
no puede tener otra f unci ón que la de com uni car.
E ste argum ento m uy general, f undado sobre la i dea de la ƒurwi ón
de la lengua, encuentra apoyo si se estudi a con detalle el papel ef ec-
ti vo de la acti vi dad li ngüísti ca en la evoluci ón de las lenguas. P or-
que no es ci erto, según S aussure, que el f unci onam i ento del len-
guaje - - su em pleo por los sujetos hablantes para las necesi dades
de la com uni caci ón- - sea una causa de desorgani zaci ón y que
desem boque en esa ni velaci ón gram ati cal deplorada por Bopp. A un-
que- S aussure acepta, com o los neogram áti cos [27], que el em pleo
del códi go li ngüísti co por los sujetos hablantes - - es deci r, “el ha-
bla”, según la term i nología del C urso [1 43 y ss. ]- - es una de las
causas esenci ales de los cam bi os li ngüísti cos, por otro lado ni ega que
los cam bi os asíi ntroduci dos puedan alterar la organi zaci ón m i sm a
de la lengua. L a creaci ón analógi ca [28], por ejem plo, que es uno de
los ef ectos m ás evi dentes del habla, nunca hace otra cosa que exten-
der, enri quecer, una categori a cuya exi stenci a presupone. L a crea-
ci ón de “soluci onar” a parti r de “soluci ón” sólo agrega una pareja
suplem entari a a la seri e donde ya se encuentran “adi ci ón”- “adi ci o-
nar”, “f unci ón”- “f unci onar”°, etc. A si , de acuerdo con S aussure, la
analogía, lejos de destrui r, ref uerza las clasi f i caci ones li ngüísti cas.
Tam poco las leyes f onéti cas ti enen el ef ecto anárqui co que los com -
parati stas les atri buían. U n ejem plo célebre dado por S aussure es
el de - la expresi ón del plural en alem án. E n un estado anti guo, el
agregado de una i señalaba el plural: G ast (“huésped”) - G a- sti
(“huéspedes”), H and (“m ano”) - H andi (“m anos”). D espués, di -
f erentes cam bi os f onéti cos transf orm aron G asti en G ä ste y asi m i sm o
H andi en H ä nde. A unque estos cam bi os m odi f i caron m ateri alm ente
3 0
SAUSSURIANISMO
la señal del plural, no afectaron el hecho gramatical, la dualidad,
en alemán, del singular y del plural, que sólo fue transpuesta y que
se realiza tanto bajo el nuevo aspecto como bajo el antiguo. Una
determinada organización gramatical, desplazada por la evolución
fonética, siempre puede establecerse en otra (para más detalles,
d. Sincronía y diacronía, p. 167 Yss.).
Por consiguiente, ni la función del lenguaje ni su utilización afec-
tiva en esta función representan, para Saussure, factores anárquicos
que pueden amenazar su carácter organizado. Saussure demuestra,
ahora de manera positiva, que el lenguaje, en cualquier momento
de su existencia, debe presentarse como una organización. Saussure
da el nombre de sistema a esta organización (sus sucesores habla-
rán con frecuencia de estructura). El matiz peculiar que los saussu-
rianos introducen en estos términos (y que se suma a la idea general
de orden y de regulación) proviene del método mismo mediante el
cual prueban esta característica. Parten de la idea (d. Curso, 2f!.
parle, cap. 11, § 4) de que el conocimiento de los elementos lingüís-
ticos no es un dato, y de que sería imposible leer directamente en la
experiencia cuáles son los elementos que la lengua organiza. El mo·
tivo de esto, para- Saussure, consiste en que las operaciones necesa-
rias para la determinación de una unidad presuponen que esa unidad
sea puesta en relación con las otras y reemplazada en el interior de
una organización de conjunto. Esto es lo que los saussarianos entien-
den al hablar de 'sistema o de estructura de la lengua: los elementos
lingüísticos no tienen ninguna realidad independientemente de su
relación con el todo.
Es la misma idea que Saussure expresa al decir que la unidad lino
güística es un valor. Cuando decimos que un objeto, una moneda,
por ejemplo, es un valor, damos por sentado, en efecto: (a) que
puede cambiarse por un objeto de naturaleza diferente (una mero
cancía) y, sobre todo, (b) que su poder de cambio está condicio·
nado por las relaciones fijas que existen entre ese objeto y los obje.
tos de la misma naturaleza (la tasa de cambio entre la moneda y
las demás monedas del mismo país y de los países extranjeros). Lo
mismo ocurre con el elemento lingüístico. Este elemento, para Saos-
sure, es el signo, es decir, la asociación de una imagen acústica
(significante) y de un concepto (significado), cosa que permite
que responda a la condición (a): su poder de cambio consiste en
que sirve para designar una realidad lingüística que le es extraña
(realidad a la cual llega por intermedio de su significado, pero que
no es su significado, cL p. 287 y ss.). Pero el signo responde tam-
bién a la condición (b), puesto que ese poder significativo que lo
constituye está estriclamente condicionado por las relaciones que
31
S A U S S U R I A N I S MO
la señal del plural, no af ectaron el hecho gramati cal, la duali dad,
en alemán, del si ngular y del plural, que sólo f ue transpuesta y que
se reali za tanto bajo el nuevo aspecto como bajo el anti guo. U na
determi nada organi zaci ón gramati cal, desplazada por la evoluci ón
f onéti ca, si empre puede establecerse en otra (para más detalles,
cf . S i ucroni a y di acroni a, p. 1 67 y ss. ) .
P or consi gui ente, ni la f unci ón del lenguaje ni su uti li zaci ón af ec-
ti va en esta f unci ón representan, para S aussure, f actores anárqui cos
que pueden amenazar su carácter organi zado. S aussure demuestra,
ahora de manera posi ti va, que el lenguaje, en cualqui er momento
de su exi stenci a, debe presentarse como una organi zaci ón. S aussure
da el nombre de si stema a esta organi zaci ón (sus sucesores habla-
rán con f recuenci a de estructura). E l mati z peculi ar que los saussu-
ri anos i ntroducen en estos térmi nos (y que se suma a la i dea general
de orden y de regulaci ón) provi ene del método mi smo medi ante el
cual prueban esta caracteri sti ca. P arten de la i dea (cf . C urso, 2@
parte, cap. ll, § 4) de que el conoci mi ento de los elementos li ngüís-
ti cos no es un dato, y de que sería i mposi ble leer di rectamente en la
experi enci a cuáles son los elementos que la lengua organi za. E l mo-
ti vo de esto, para- S aussure, consi ste en que las operaci ones necesa-
ri as para la determi naci ón de una uni dad presuponen que esa uni dad
sea puesta en relaci ón con las otras y reemplazada en el i nteri or de
una organi zaci ón de conjunto. E sto es lo que los saussari anos enti en-
den al hablar de - si stema o de estructura de la lengua: los elementos
li ngüísti cos no ti enen ni nguna reali dad i ndependi entemente de su
relaci ón con el todo.
E s la mi sma i dea que S aussure expresa al deci r que la uni dad li n-
güísti ca es un valor. C uando deci mos que un objeto, una moneda,
por ejemplo, es un valor, damos por sentado, en ef ecto: (a) que
puede cambi arse por un objeto de naturaleza di f erente (una mer-
canci a) y, sobre todo, (b) que su poder de cambi o está condi ci o-
nado por las relaci ones f i jas que exi sten entre ese objeto y los obje-
tos de la mi sma naturaleza (la tasa de cambi o entre la moneda y
las demás monedas del mi smo país y de los países extranjeros). L o
mi smo ocurre con el elemento li ngi i i sti co. E ste elemento, para S aus-
sure, es el si gno, es deci r, la asoci aci ón de una i magen acústi ca
(si gni f i cante) y de un concepto (si gni f i cado), cosa que permi te
que responda a la condi ci ón (a): su poder de ' cambi o consi ste en
que si rve para desi gnar una reali dad li ngüísti ca que le es extraña
(reali dad a la cual llega por i ntermedi o de su si gni f i cado, pero que
no es su si gni f i cado, cf . p. 287 y ss. ). P ero el si gno responde tam-
bi én a la condi ci ón (b), puesto que ese poder si gni f i cati vo que lo
consti tuye está estri ctamente condi ci onado por las relaci ones que
51
LAS ESCUELAS
lo unen a otros signos de la lengua, de manera que no es posible
aprehenderlo sin reubicarlo en una red de relaciones intralingüís.
ticas. N. B.: Esta noción de valor prohíbe incluir, a la manera de
los comparatistas, los elementos del estado B en la organización del
estado A anterior: puesto que, o bien B ya no tiene organización
propia, y entonces ya no tiene elementos, o bien tiene elemento!!,
pero hay que situarlos en la organización propia de B, la única que
puede darles realidad.
De manera más concreta, Saussure muestra que la actividad efec·
tiva que permite al lingüista determinar los elementos de la lengua
(Jos signos) exige que se destaque al mismo tiempo el sistema qUl"
les confiere su valor. Porque a pesar de las apariencias, la deter·
minación de los signos es una operación complicada e indirecta.
para la cual se requiere mucho más que la intuición V el sentimien·
to lingüístico inmediato (Curso, narte, rapo 1I, § 3). Ya la mera
marcación de los signos implica dificultades. en la medida en (fue
no siempre tienen manifestación material nítidamente delimitada.
E.C!. por ejemplo, el caso de un sí!!no cuyo !'\ignificante e!! sólo una
alternancia (es decir, una modificación del radical), sin que se
agregue al radical un elemento suplementario (cf. el plural, en el
francés cheValtX [caballos]; cl. asimismo los "verbos irregulare!l"
ingleses, donde la señal de pasado está constituida por una flimole
modificación de la vocal radical: 1 bina [atol. 1 bound [ataba.
atél). Al'fuí el significante "nada tiene de positivo". sólo cuenta la
simple diferencia entre bina V bOlma. entre cheval v rhet'nu.,",. En
estos casos, que para no hacen sino ilustrar una situación
general, el "presente" sólo tiene realidad con relarión al !'\igno
"pasado", el signo "singular" con relación al signo "plural". tle
manera que es imposible reconocer un signo sin clasificarlo al mis·
mo tiempo entre sus opuestos.
Otro tanto ocurre con una segunda operación, la delimitación
de las unidades, es decir. la segmentación de la cadena. operación
que consiste en descubrir los signos mínimos v, por eiemolo. en
precisar si los verbos défaire [deshacerl, décider [decidirJ. déla·
yer [desleírJ. deben ser descompuestos o considerados como !'\ignOfl
elementales. En este caso. bastante simpl!". se "sientl"" qUI' la huena
solución consiste en analizar sólo dé·faire. Pero esta solución no
puede justificarse de manera intuitiva. porque los tres verbos tie·
nen el mismo elemento fónico dé, siempre acompañado de cierta
idea de destrucción, de supresión. lo cual puede sugerir la presen·
cia de un signo "de·" en ellos. Por lo tanto, es preciso tomar en
euenJa hechos mucho más complejos. Se observará. por ejemplo,
el dé de décidir no puede suprimirse (no hay verbo cider. mien.
32
L A S ) E S C U E L A S
lo unen a otros si gnos de la lengua, de m anera que no es posi ble
aprehenderlo si n reubi carlo en una red de relaci ones i ntrali ngi i i s-
ti cas. N . B. : E sta noci ón de valor prohi be i nclui r, a la m anera de
los com parati stas, los elem entos del m tado B en la organi zaci ón del
estado A anteri or: puesto que, o bi en B ya no ti ene organi zaci ón
propi a, y entonces ya no ti ene elem entos, o bi en ti ene elem entos,
pero hay que si tuarlos en la organi zaci ón propi a de B, la úni ca que
puede darles reali dad.
D e m anera m ás concreta, S aussure m uestra que la acti vi dad ef ec-
ti va que perm i te al li ngi i i sta determ i nar los elem entos de la lengua
( los si gnos) exi ge que se destaque al m i sm o ti em po el si stem a que
les conf i ere su valor. P orque a pesar de las apari enci as, la deter-
m i naci ón de los si gnos es una operaci ón com pli cada e i ndi recta.
para la cual se requi ere m ucho m ás que la i ntui ci ón v el senti m i en-
to li ngüísti co i nm edi ato ( C urso, 2?' narte, cap. ll, § 3 ). Ya la m era
m arcaci ón de los si gnos i m pli ca di f i cultades. . en la m edi da en one
no si em pre ti enen m ani f estaci ón m ateri al ni ti dam ente deli m i tada.
E s. . por ejem plo, el caso de un si gno cuvo si gni f i cante es sólo una
alternanci a (es deci r, una m odi f i caci ón del radi cal), si n que se
agregue al radi cal un elem ento suplem entari o (cf . el plural, en el
f rancés cheoaux[caballoslgcf . asi m i sm o los “verbos i rregulares"
i ngleses, donde la sei i al de pasado está consti tui da por una si m ple
m odi f i caci ón de la vocal radi cal: I bi nd [atol, I bound [ataba. .
atóll. A nui el si gni f i cante “nada ti ene de posi ti vo”. sólo cuenta la
si m ple di f erenci a entre bi nd y bound, entre cheval v ehevoux. Én
estos casos, que para S aussure no hacen si no i lustrar una si tuaci ón
general, el si gno “presente” sólo ti ene reali dad con relaci ón al si gno
“pasado”, el si gno “si ngular” con relaci ón al si gno “plural”, de
m anera que es i m posi ble reconocer un si gno si n clasi f i carlo al m i s-
m o ti em po entre sus opuestos.
O tro tanto ocurre con una segunda operaci ón, la deli m i taci ón
de las uni dades, es deci r. la segm entaci ón de la cadena. operaci ón
que consi ste en descubri r los si gnos m i ni m os v, por ei em olo. en
preci sar si los verbos déf ei re [deshacer], déci der [deci di r], déla-
yer Ídeslei rj, deben ser descornpucstos o consi derados com o si gnos
elem entales. E n este caso. bastante si m ple. se “si ente” que la buena
soluci ón consi ste en anali zar sólo dé- f ai re. P ero esta soluci ón no
puede justi f i carse de m anera i ntui ti va, porque los tres verbos ti e-
nen el m i sm o elem ento f óni co dé, si em pre acom pañado de ci erta
i dea de destrucci ón, de supresi ón. lo cual puede sugeri r la presen-
ci a de un si gno “de- ” en ellos. P or lo tanto, es preci so tom ar en
cuenta hechos m ucho m ás com plejos. S e observará. por ejem plo,
que el dé de déci di r no puede eupri m i rse f no hay verbo ci der, m i en-
3 2
SAUSSURIANISMU
tras que existe faire [hacer]) ni reemplazarse por un prefijo diferen-
te (no existe recider, mientras que existe refaire [rehacer]) : décüJer
no pertenece, pues, a una serie del tipo {/aire, défaire, re/aire} [ha-
cer, deshacer, rehacer]. Para justificar la no descomposición de
deIayer, aun cuando existe una pareja {déIayer, reIaye,} [desleir.
relevar], habría que acudir por lo demás a una clasificación más
compleja y advertir que la pareja {dé/aire, re/aire} forma parte de
un conjunto de parejas ~ {délier, reUe,}, {déplacer, replacer}. .. ~ ,
que comportan la misma diferencia de sentido entre los dos términos,
pero que no ocurre lo mismo con {délayer, reIaye,}. De este ejemplo
se concluirá que la simple segmentación de dé./aire exige que se reco-
nozca en ese verbo un esquema combinatorio general o, cosa equiva-
lente, que se lo reubique en una clasificación de conjunto de los
verbos franceses: reconocer los signos que lo componen no es otra
cosa que situarlo en esa clasificación.
Una última tarea para la determinación de las unidades es la
identificación, es decir, el reconocimiento de un elemento único
y constante a través de sus múltiples empleos (en contextos y en
situaciones diferentes). ¿Por qué admitir que aparece la misma
unidad "adoptar" en "adoptar una moda" y "y adoptar a un niño"?
y cuando un orador repite "Señores, señores" con matices diferen-
tes, tanto en la pronunciación como en el sentido, ¿por qué se dice
(fue emplea dos veces la misma palabra? (Curso. 2:;L parte, cap. 111).
El problema se agudiza si observamos que los diferentes matices de
!'entido que adquiere "Señores" (o "adoptar") están más alejados
entre sí que algunos significados de "amigos míos" (o de "aceptar").
Entonces ¿,por qué se resuelve reunir determinados matices de sen-
tido atribuyéndoles un mismo signo? Una vez más, la respuesta
!'aussuriana es que la identificación remite al conjunto de la lengua.
Si una determinada acepción semántica debe atribuirse al signo
"adoptar", aun cuando esté muy alejada del sentido habitual de
esta palabra, es sólo en la medida en que ninguno de los signos
coexistentes ("aceptar", "tomar" ... ) es compatible con ese matiz:
si aparece en "adoptar" es sólo porque no aparece en otro signo.
Asi, Saussure declara que "la característica más exacta de los signos
radica en ser lo que no son los "demás". Una forma débil -más
fácil de defender- de este procedimiento consiste en precisar que
la unidad es, no todo lo que no son las demás, sino únicamente lo
que no son las demás. En otros términos, la unidad se define exclu-
sivamente por sus "diferencias" (de allí su carácter "diferencial")
y sólo está basada en "su no coincidencia con el resto" (Curso, 2:;L
parte, cap. IV, ~ 3). Se llega de ese modo al principio de oposi-
ción, según el cual sólo deben atribuirse a un signo los elementos
33
S A U S S U R I A N I S MO
tras que exi ste f ai re [hacer]) ni reemplazarse por un pref i jo di f eren-
le (no exi ste reci der, mi entras que exi ste ref ai re [rehacer]) : déci der
no pertenece, pues, a una seri e del ti po {ƒai re, déƒai re, reƒai re} [ba-
cer, deshacer, rehacer]. P ara justi f i car la no descomposi ci ón ' de
f lelayer, aun cuando exi ste una pareja {délayer, relayerl [deslei r,
relevar], habri a que acudi r por lo demás a una clasi f i caci ón más
compleja y adverti r que la pareja {déƒai re, reƒai re} f orma parte de
un conjunto de parejas i {déli er, reli er}, {déplacer, replacer}. . . i ,
que comportan la mi sma di f erenci a de senti do entre los dos térmi nos,
pero que no ocurre lo mi smo con {délayer, relayer}. D e este ejemplo
se conclui rá que la si mple segmentaci ón de dé- f ai re exi ge que se reco-
nozca en ese verbo un esquema combi natori o general o, cosa equi va-
lente, que se lo reubi que en una clasi f i caci ón de conjunto de los
verbos f ranceses: reconocer los si gnos que lo componen no es otra
cosa que si tuarlo en esa clasi f i caci ón.
U na últi ma tarea para la determi naci ón de las uni dades es la
i denti f i caci ón, es deci r, el reconoci mi ento de un elemento úni co
y constante a través de sus múlti ples empleos (en contextos y en
si tuaci ones di f erentes). ¿ P or qué admi ti r que aparece la mi sma
uni dad “adoptar” en “adoptar una moda” y “y adoptar a un ni ño”?
Y cuando un orador repi te “S eñores, señores” con mati ces di f eren-
tes, tanto en la pronunci aci ón como en el senti do, ¿ por qué se di ce
nue emplea dos veces la mi sma palabra?(C urso. 2@ parte, cap. I I I ì .
E l problema se agudi za si observamos que los di f erentes mati ces de
senti do que adqui ere “S eñores” (0 “adoptar”) están más alejados
entre si que algunos si gni f i cados de “ami gos míos” (o de “aceptar”) .
E ntonces ¿ por qué se resuelve reuni r determi nados mati ces de sen-
ti do atrìbuyéndoles un mi smo si gno?U na vez más, la respuesta
saussuri ana es que la i denti f i caci ón remi te al conjunto de la lengua.
S i una determi nada acepci ón semánti ca debe atri bui rse al si gno
“adoptar”, aun cuando esté muy alejada del senti do habi tual de
esta palabra, es sólo en la medi da en que ni nguno de los si gnos
coexi stentes (“aceptar”, “tomar”. . es compati ble con ese mati z:
aparece en “adoptar” es sólo porque no aparece en otro si gno.
A sí, S aussure declara que “la caracteri sti ca más exacta de los si gnos
radi ca en ser lo que no son los “demás”. U na f orma débi l - más
f áci l de def ender- - de este procedi mi ento consi ste en preci sar que
la uni dad es, no todo lo que no son las demás, si no úni camente lo
que no son las demás. E n otros térmi nos, la uni dad se def i ne exclu-
si vamente por sus “di f erenci as” (de alli su carácter “di f erenci al”)
y sólo está basada en “su no coi nci denci a con el resto” (C urso, 24
parte, cap. I V, § 3 ). S e llega de ese modo al pri nci pi o de oposi -
ci ón, según el cual sólo deben atri bui rse a un si gno los elementos
3 3
LAS ESCUELAS
(fónicos o semánticos) por los cuales se distingue por lo menos de
otro signo.
Esta conclusión no es exactamente la que surgía cuando se exa-
minaban las operaciones determinadoras y delimitadoras. Entonces,
la unidad se mostraba como puramente "negativa" y "relacional",
constituida sólo por su lugar en la red de relaciones que forman
la lengua. Ahora se muestra como poseedora de una realidad posi.
tiva, que si bien se reduce a lo que en ella se diferencia de las de-
más, no por ello deja de tener consistencia propia. Esta ambigüe-
dad preside la disidencia que, entre los sucesores de Saussure,
separa a los funcionalistas [40 Yss.] de los glosemáticos [35 Yss.].
Pero hay algo que todavía es común a todos los saussurianos: la
idea de que la unidad lingüística, por su aspecto fónico y por su
aspecto semántico, remite siempre a todas las demás y de que no es
posible oír ni comprender un signo sin entrar en el mecanismo glo-
bal de la lengua.
~ Sobre la actitud de Saussure respecto de la lingüística histórica, véase
p. 165 de este volumen. En cuanto al contraste entre la concepción puramente
relacional y la concepción oposicional del signo: Rulon S. WeIls, "El sistema
lingüístico de Ferdinand de Saussure", en Ferdinand de Saussure, Buenos Aires,
selección de textos: G. Mounin, Saussure: presentación y textos, Barcelona,
Anagrama, 1971. Véase también un estudio de Émile Benveniste, "Saussure,
medio siglo después", en Ferdinand de Saussure, op. cit., y la introducción
y el comentario de la traducción italiana del Curso (Corso di linguistica gene-
rale), realizada por T. De Mauro, Bari, 1968.
34
L A S E S C U E L A S
(i óni cos o sem ãnti cos) por los cuales se di sti ngue por lo m enos de
otro si gno.
E sta conclusi ón no es exactam ente la que surgía cuando se exa-
m i nahan las operaci ones determ i nadoras y deli m i tadoras. E ntonces,
la uni dad se m ostraba com o puram ente “negati va” y “relaci onal”,
consti tui da sólo por su lugar en la red de relaci ones que f orm an
la lengua. A hora se m uestra com o poseedora de una reali dad posi -
ti va, que si bi en se reduce a lo que en ella se di f erenci a de las de-
m ás, no por ello deja de tener consi stenci a propi a. E sta am bi güe-
dad presi de la di si denci a que, entre los sucesores de S aussure,
separa a los f unci onali stas [40 y ss. ] de los glosem áti cos [3 5 y ss. ].
P ero hay algo que todavi a es com ún a todos los saussuri anos: la
i dea de que la uni dad li ngüísti ca, por su aspecto f óni co y por su
aspecto sem ánti co, rem i te si em pre a todas las dem ás y de que no es
posi ble oír ni com prender un si gno si n entrar en el m ecani sm o glo-
bal de la lengua.
- > S obre la acti tud de S aussure respecto de la li ngüísti ca hi stóri ca, véase
p. 1 65 de este volum en. E n cuanto al contraste entre la concepci ón puram ente
relaci onal y la concepci ón oposi cìonal del si gno: R ulon S . Wells, “E l si stem a
li ngüísti co de Ferdi nand de S aussure" , en Ferdi nand de S aussure, Buenos A i res,
selecci ón de textos: G . Mouni n, S aussure: presentaci ón y textos, Barcelona,
A nagram a, 1 971 . Véase tam bi én un estudi o de Ém i le Benveni ste, " S aussure,
m edi o si glo después”, en Ferdi nand de S aussure, op. ci t. , y la i ntroducci ón
y el com entari o de la traducci ón i tali ana del C urso (C orso di li ngui sti ca gene-
rule), reali zada por T. D e Mauro, Bari , 1 968.
3 4
Glosemáfica
Elaborada por el lingüista danés L. Hjelmslev, la teoría glosemá-
tica se presenta como la explicitación de las intuiciones profundas
de Saussure. Pero esta fidelidad fundamental le hace abandonar,
por una parte, ciertas tesis de Saussure, juzgadas superficiales, y,
por la otra, la interpretación funcionalista, sobre todo fonológica,
de la doctrina saussuriana --que sería una interpretación torcida.
Hjelmslev conserva ante todo dos afirmaciones del Curso: 1) La
lengua no es sustancia, sino forma. 2) Toda lengua es a la vez ex-
presión y contenido.
Ambas tesis se unen, para Saussure, en la teoría del signo. Si
cada lengua debe caracterizarse no sólo en el plano de la expresión
(por los sonidos que elige para transmitir la significación), sino
también en el plano del contenido (por la manera en que presenta
la significación), es porque los signos de una lengua rara vez tie-
nen equivalentes semánticos exactos (sinónimos) en otra: el ale-
mán schiitzen, que suele traducirse por estimar, tiene, en efecto, ma-
tices ajenos a la palabra española. Por lo tanto, sería imposible
reducir una lengua a un juego de rótulos que sirvieran para desig-
nar cosas o conceptos preexistentes, considerándola así como una
nomenclatura -lo cual equivale a decir que es preciso descri-
birla también en el plano del contenido.
Es también una reflexión sobre el signo la que lleva a Saussure
a declarar que la lengua es ante todo forma, y no sustancia. En
efecto, ¿en qué consiste la diferencia entre dos lenguas, desde el
punto de vista semántico? Desde luego, no en las significaciones
que ambas permiten expresar, puesto que es posible traducirlas:
nada impide designar en español el matiz que se encuentra en
schiitzen y no en estimar. La diferencia consiste en que determina-
dos matices que, en una de las lenguas, se expresan mediante el
mismo signo, deben expresarse en la otra mediante signos diferen-
tes. De este modo se introduce en la realidad semántica objetiva
(= sustancial) una subdivisión original, directamente surgida del
sistema de signos, configuración que Saussure llama a veces la for-
ma de la lengua (Curso, 211- parte, cap. VI). Se comprende así que la
primacía otorgada a esta forma deriva directamente del principio
de oposición [33]. En efecto, decir que un signo se caracteriza
35
G losemáti ca
E laborada por el li ngi i i sta danés L . H jelrnslev, la teori a glosem å-
ti ca se presenta com o la expli ci taci ón de las i ntui ci ones prof undas
de S aussure. P ero esta f i deli dad f undam ental le hace abandonar,
por una parte, ci ertas tesi s de S aussure, juzgadas superf i ci ales, y,
por la otra, la i nterpretaci ón f unci onali sta, sobre todo f onológi ca,
de la doctri na saussuri ana - que seri a una i nterpretaci ón torcìda.
H jelm slev conserva ante todo dos af i rm aci ones del C urso: 1 ) L a
lengua no es sustanci a, si no f orm a. 2) Toda lengua es a la vez ex-
presi ón y conteni do.
A m bas tesi s se unen, para S aussure, en la teoría del si gno. S i
cada lengua debe caracterìzarse no sólo en el plano de la expresi ón
(por los soni dos que eli ge para transm i ti r la si gni f i caci ón), si no
tam bi én en el plano del conteni do (por la m anera en que presenta
la si gni f i caci ón), es porque los si gnos de una lengua rara vez ti e-
nen equi valentes sem ánti cos exactos (si nóni m os) en otra: el ale-
m án schötzen, que suele traduci rse por esti m ar, ti ene, en ef ecto, m a-
ti ces ajenos a la palabra española. P or lo tanto, seri a i m posi ble
reduci r una lengua a un juego de rótulos que si rvi eran para desi g-
nar cosas o conceptos preexi stentes, consi derándola asi com o una
nom enclatura - lo cual equi vale a deci r que es preci so descri -
bi rla tam bi én en el plano del conteni do.
E s tam bi én una ref lexi ón sobre el si gno la que lleva a S aussure
a declarar que la lengua es ante todo f orm a, y no S ustanci a. E n
ef ecto, ¿ en qué consi ste la di f erenci a entre dos lenguas, desde el
punto de vi sta sem ánti co?D esde luego, no en las si gni f ìcaci ones
que am bas perm i ten expresar, puesto que es posi ble traduci rlas:
nada i m pi de desi gnar en español el m ati z que se encuentra en
scf uïtzen, y no en esti m ar. L a di f erenci a consi ste en que determ i na-
dos m ati ces que, en una de las lenguas, se expresan m edi ante el
m i sm o si gno, deben expresarse en la otra m edi ante si gnos di f eren-
tes. D e este m odo se i ntroduce en la reali dad sem ánti ca objeti va
(= sustanci al) una subdi vi si ón ori gi nal, di rectam ente surgi da del
si stem a de si gnos, conf i guraci ón que S aussure llam a a veces la ƒor-
m a de la lengua (C arso, 23 ' parte, cap. VI ). S e com prende asi que la
pri m acía otorgada a esta f orm a deri va di rectam ente del pri nci pi o
de oposi ci ón [3 3 ]. E n ef ecto, deci r que un si gno se caracteri za
3 5
LAS ESCUELAS
sólo por aquello que lo distingue de los demás, por aquello que lo
hace diferente, equivale a decir sobre todo que las fronteras de su
sil!;nificación constituyen un hecho primero, imprevisible, no dedu-
cible de un conocimiento de la naturaleza o del pensamiento. Por
consiguiente, es considerar la "forma" de la lengua como el objeto
de una ciencia autónoma e irreductible. (N. B.: Lo que se ha dicho
aquí a propósito del aspecto semántico del signo es igualmente apli-
cable, según Saussure, a su aspecto fónico: lo que constituye el va-
lor fónico de un signo es aquello que lo distingue de los demás, o
sea que los signos de una lengua proyectan también en el ámbito
del sonido una configuración original que proviene de la forma de
esta lengua.)
Si Hjelmslev aprueba la intención que guía la oposición saussu-
riana entre la forma y la sustancia. quiere ir más lejos que Saussure
en esta distinción. Es indudable que las unidades intro-
ducen una subdivisión en el mundo del sonido y de la sig-
nificación. Pero para poder hacerlo, las unidades deben ser algo
distinto de esa subdivisión, algo distinto de esas regiones del senti-
do y de la sonoridad que recubren. Para que puedan proyectarse
en la realidad, deben existir independientemente de esa realidad.
Pero ¿cómo puede definirlas el lingüista. puesto que exige que se
haga abstracción de su realización. tanto intelectual como sensible?
Evidentemente, no podrá acudir al principio de oposición (recurso
que llamaremos concepción 1 de Saussure), ya que este principio
lleva siempre a caracterizar la unidad de manera positiva y sólo
exige que se la limite a aquello por lo czwl difiere de las demás.
La solución de Hjelmslev consiste en desarrollar al máximo otra
concepción saussuriana (concepción 2), según la cual la unidad,
puramente negativa y racional, no puede definirse en sí misma
-lo único importante es el simple hecho de su diferencia con respecto
a las demás-, sino únicamente por las relaciones que la unen a las
demás unidades de la lengua: asimismo, lo único que se exige a
los símbolos de un sistema es que sean distintos unos de otros y
que a la vez estén relacionados entre sí por leyes de funcionamiento
explícitas (haciendo abstracción simultánea de su significación y
de su manifestación perceptible). Si la lengua es forma y no sus-
tancia, no lo es porque introduce una subdivisión original, sino por-
que sus unidades deben definirse por las reglas según las cuales
pueden combinarse, por el juego que autorizan. De allí la idea
de que una lengua puede permanecer fundamentalmente idéntica
a sí misma cuando se modifican a la vez las significaciones que
expresa y los medios materiales de que se sirve (por ejemplo, cuan-
36
L A S E S C U E L A S
sólo por aquello que lo di sti ngue de los dem ás, por aquello que lo
hace di f erente, equi vale a deci r sobre todo que las f ronteras de su
si gni f i caci ón consti tuyen un hecho pri m ero, i m previ si ble, no dedu-
ci ble de un conoci m i ento de la naturaleza o del pensam i ento. P or
consi gui ente, es consi derar la “f orm a” de la lengua com o el objeto
de una ci enci a autónom a e i rreducti ble. (N . B. : L o que se ha di cho
aquía propósi to del aspecto sem ánti co del si gno es i gualm ente apli -
cable, según S aussure, a su aspecto f óni co: lo que consti tuye el va-
lor f óni co de un si gno es aquello que lo di sti ngue de los dem ás, o
sea que los si gnos de una lengua proyectan tam bi én en el ám bi to
del soni do una conf i guraci ón ori gi nal que provi ene de la f orm a de
esta lengua. )
S i H jelm slev aprueba la i ntenci ón que guía la oposi ci ón S aussu-
ri ana entre la f orm a y la sustanci a, qui ere i r m ás lejos que S aussure
en esta di sti nci ón. E s i ndudable que las uni dades li ngüísti cas i ntro-
ducen una subdi vi si ón ori gi nal en el m undo del soni do y de la si g-
ni f i caci ón. P ero para poder hacerlo, las uni dades deben ser algo
di sti nto de esa subdi vi si ón, algo di sti nto de esas regi ones del senti -
do y de la sonori dad que recubren. P ara que puedan proyectarse
en la reali dad, deben exi sti r i ndependi entem ente de esa reali dad.
P ero ¿ cóm o puede def i ni rlas el li ngi ìi sta, puesto que exi ge que se
haga abstracci ón de su reali zaci ón, tanto i ntelectual com o sensi ble?
E vi dentem ente, no podrá acudi r al pri nci pi o de oposi ci ón (recurso
que llam arem os concepci ón 1 de S aussure), ya que este pri nci pi o
lleva si em pre a caracteri zar la uni dad de m anera posi ti va y sólo
exi ge que se la li m i te a aquello por lo cual di f i ere de las dem ás.
L a soluci ón de H jelm slev consi ste en desarrollar al m áxi m o otra
concepci ón saussuri ana (concepci ón 2), según la cual la uni dad,
puram ente negati va y raci onal, no puede def i ni rse en si m i sm a
- lo úni co i m portante es el si m ple hecho de sa di f erenci a con respecto
a las dem ás- , si no úni cam ente por las relaci ones que la unen a las
dem ás uni dades de la lengua: asi m i sm o, lo úni co que se exi ge a
los sím bolos de un si stem a es que sean di sti ntos unos de otros y
que a la vez estén relaci onados entre si por leyes de f unci onam i ento
explíci tas (haci endo abstracci ón si m ultánea de su si gni f i caci ón y
de su m ani f estaci ón percepti ble). S i la lengua es f orm a y no sus-
tanci a, no lo es porque i ntroduce una subdi vi si ón ori gi nal, si no por-
que sus uni dades deben def i ni rse por las reglas según las cuales
pueden com bi narse, por el juego que autori zan. D e alli la i dea
de que una lengua puede perm anecer f undam entalm ente i dénti ca
a si m i sm a cuando se m odi f i can a la vez las si gni f ìcaci ones que
expresa y los m edi os m ateri ales de que se si rve (por ejem plo, cuan-
3 6
GLOSEMÁTICA
do se transforma una lengua hablada en lengua escrita, gestual,
dibujada en un sistema de señales mediante banderas, etcétera).
Aunque esta tesis se apoya en algunos pasajes de Saussure
(Curso, 2'.1 parte, cap. IV, ~ 4), Hjelmslev cree ser el primero en
haberla explicitado y, sobre todo, elaborado (d. la definición de
las relaciones constitutivas de toda lengua según Hjelmslev, p. l:-tl
y ss. Tal elaboración lleva a distinguir tres niveles allí donde Saus-
sure veía sólo dos. La sustancia saussuriana, es decir, la realidad
semántica o fónica, considerada independientemente de toda utili-
zación lingüística, se llama materia para Hjelmslev (inglés: pur-
port; la traducción francesa de los Prolegómenos habla, no sin auda-
cia, de "sentido"). La forma, en la concepción 1 de Saussure -en-
tendida, pues, como subdivisión, configuración-, se llama para
Hjelmslev sustancia. El término de fonna se reserva para la red
relacional que define las unidades (= la forma en la concepción 2
de Saussure). Para relacionar los tres niveles, la glosemática utiliza
la noción de manifestación: la sustancia es la manifestación de la
forma en la materia.
Esta reinterpretación del principio saussuriano "La lengua es
forma y no sustancia" lleva al mismo tiempo a Hjelmslev a reinter-
pretar la afirmación de que las lenguas se caracterizan a la vez en
el plano de la expresión y en el del contenido. Tal afirmación' sip:o
nifica, para Saussure, que el modo según el cual los signos de una
lengua se reparten la significación entre sí introduce en esta última
una subdivisión original. tan original como la instaurada en el ám-
bito fónico. Pero supongamos ahora que se abstraigan esas subdi·
visiones (consideradas como hechos de sustancia) para considerar
solamente las relaciones combinatorias entre unidades, es decir, la
forma auténtica, según Hjelmslev. En ese caso, será preciso renun-
ciar a la distinción entre expresión y contenido, puesto que su foro
ma es idéntica: las relaciones combinatorias que relacionan los sigo
nos vinculan tanto sus significaciones como sus realizaciones fónicas.
Para salvar la distinción entre expresión y contenido, Hjelmslev
debe abandonar, pues, la idea de que la unidad lingüística funda-
mental es el signo. Tarea por lo demás facilitada por el hecho de
que los fonólogos evidenciaron -gracias a la conmutación r41]-
unidades lingüísticas menores que el signo, los fonemas [203] (el
signo ébano comprende cinco fonemas). El mismo método, pero
aplicado al contenido, permite distinguir, en ese signo, al menos los
dos elementos semánticos (a veces llamados semas [306]) /madera/,
/negro/. Ahora bien, es indudable que las unidades semánticas y
fónicas así determinadas pueden distinguirse desde el punto de vis-
ta formal: entre las leyes combinatorias que conciernen a los fone·
37
G L O S E MÁ , ' I ' 1 (. `/4
do se transf orm a una lengua hablada en lengua escri ta, gestual,
di bujada en un si stem a de señales m edi ante banderas, etcétera).
A unque esta tesi s se apoya en algunos pasajes de S aussure
(C urso, 2@ parte, cap. I V, § 4), H jelm slev cree ser el pri m ero en
haberla expli ci tado y, sobre todo, elaborado (cf . la def i ni ci ón de
las relaci ones consti tuti vas de toda lengua según H jelm slev, p. 1 3 2
y ss. Tal elaboraci ón lleva a di sti ngui r tres ni veles alli donde S aus-
sure vei a sólo dos. L a sustanci a saussuri ana, es deci r, la reali dad
sem ánti ca o f óni ca, consi derada i ndependi entem ente de toda uti li -
zaci ón li ngüísti ca, se llam a m ateri a para H jelm slev (i nglés: pur-
port; la traducci ón f rancesa de los P rolegóm enos habla, no si n auda-
ci a, de “senti do”). L a f orm a, en la concepci ón 1 de S aussure - en-
tendi da, pues, com o subdi vi si ón, conf i guraci ón- - , se llam a para
H jelm slev sustanci a. E l térm i no de f orm a se reserva para la red
relaci onal que def i ne las uni dades (: la f orm a en la concepci ón 2.
de S aussure) . P ara relaci onar los tres ni veles, la glosem áti ca uti li za
la noci ón de m ani f estaci ón: la sustanci a es la m ani f estaci ón de la
f orm a en la m ateri a.
E sta rei nterpretaci ón del pri nci pi o saussuri ano “L a lengua es
f orm a y no sustanci a” lleva al m i sm o ti em po a H jelm slev a rei nter-
pretar la af i rm aci ón de que las lenguas se caracteri zan a la vez en
el plano de la expresi ón y en el del conteni do. Tal af i rm acìón' si g-
ni f i ca, para S aussure, que el m odo según el cual los si gnos de una
lengua se reparten la si gni f i caci ón entre si i ntroduce en esta últi m a
una subdi vi si ón ori gi nal, tan ori gi nal com o la i nstaurada en el ám -
bi to f óni co. P ero supongam os ahora que se abstrai gan esas subdi -
vi si ones (consi deradas com o hechos de sustanci a) para consi derar
solam ente las relaci ones com bi natori as entre uni dades, es deci r, la
f orm a' auténti ca, según H jelm slev. E n ese caso, será preci so renun-
ci ar a la di sti nci ón entre expresi ón y conteni do, puesto que su f or-
m a es i dénti ca: las relaci ones com bi natori as que relaci onan los si g-
nos vi nculan tanto sus si gni f ìcaci ones com o sus reali zaci ones f óni cas.
P ara salvar la di sti nci ón entre expresi ón y conteni do, H jelm slev
debe abandonar, pues, la i dea de que la uni dad li ngüísti ca f unda-
m ental es el si gno. Tarea por lo dem ás f aci li tada por el hecho de
que los f onólogos evi denci aron - graci as a la conm utaci ón [41 ]- -
uni dades li ngüísti cas m enores que el si gno, los f onem as [203 ] (el
si gno ébano com prende ci nco f onem as). E l m i sm o m étodo, pero
apli cado al conteni do, perm i te di sti ngui r, en ese si gno, al m enos los
dos elem entos sem ánti cos (a veces llam ados sem as [3 06] ) /m adera/,
/negro/. A hora bi en, es i ndudable que las uni dades sem ánti cas y
f óni cas asi determ i nadas pueden di sti ngui rse desde el punto de vi s-
ta f orm al: entre las leyes com bi natori as que conci ernen a los f one-
3 7
LAS ESCUELAS
mas de una lengua y las que conciernen a los sernas no podría esta-
blecerse correspondencia. Eso es lo que Hjelmslev expresa al decir
que los dos planos no son acordes. (N. B.: Esta ausencia de confor·
midad no ímpide que haya isomorfismo entre ellos, es decir, que
se encuentre a ambos lados el mismo tipo de relaciones combina-
torias.) Materia, sustancia y forma se desdoblan, pues, tanto en el
plano de la expresión como en el del contenido, lo cual arroja la
cifra de seis niveles lingüísticos fundamentales. Se advertirá parti.
cularmente que Hjelmslev habla de una forma del contenido. Su
formalismo, contrariamente al de los distribucionalistas [47 Y ss.],
no implica por lo tanto una negativa a considerar el contenido, sino
la voluntad de dar una descripción formal a los hechos de signifi.
cación. (Es lo que A. Culioli llama "semántica formal".)
N. B.: Aunque Hielmslev utiliza el JT1Ptooo fonolóQ:ico de ('onml1-
lación para combatir la primacía del si!!no, somete ese método a la
crítica que c:1iriR"e al principio de oposición. del cual f1eriva. Por.
que nara él la conmulación sólo permite señalar los elementos lin.
güísticos inferiores al signo. pero no autoriza a decir qué son: mien.
tras el fonólogo define cada fonema por aquello en que se diferen.
cia de los demás. Hjelmslev crea una terminología particular: el
elemento lingüístico revelado por la conmutación, pero definído foro
malmente, se llama ~ l o s e m a , los glosemas de la expresión (corres.
pondientes a los fonemas) se llaman cenemas, los del contenido
(comparables a los sernas) son nleremas. (La noción de taxema,
utilizada sólo de manera esporádica, ofrece un correspondiente for:
mal !"lel rasgo distintivo [205].)
En la medida en que la ¡z1osemática atribuye un papel central a la
forma. depurada de toda realidad semántica o fónica, relega neceo
sariamente a un segundo plano la función, sobre todo el papel que
la lengua representa en la comunicación (ya que ese papel está
ligado a la sustancia). Pero esta abstracción permite al mismo tiem-
po relacionar las lenguas naturales con una multitud de otros len·
guaies funcionalmente y materialmente muv diferentes. Llevado a
cabo de manera suficientemente abstracta. el estudio de las lenguas
naturales desemboca, pues, como lo quería Saussure, en un estudio
f!eneral de los lenguajes (semiología). Hjelmslev propone así una
tipolocría de conjunto de los lenguajes, basada exclusivamente en sus
propiedades formales. Si un lenguaje se define por la existencia de
dos planos, se hablará de lengua conforme cualido ambos planos
tienen exactamente la misma organización formal y sólo difieren
por la sustancia (como sería el caso de las lenguas naturales si sus
uniflafles fundamentales fueran los signos; es el caso de los sistemas
formales de los matemáticos, en la imagen que de ellos se hace
38
L A S E S C U E L A S
m as de una lengua y las que conci ernen a los sem as no podría esta-
blecerse correspondenci a. E so es lo que H jelm slev expresa al deci r
que los dos planos no son acordes. (N . B. : E sta ausenci a de conf or-
m i dad no i m pi de que haya i som orf i sm o entre ellos, es deci r, que
se encuentre a am bos lados el m i sm o ti po de relaci ones com bi na-
tori as. ) Materi a, sustanci a y f orm a se desdoblan, pues, tanto en el
plano de la expresi ón com o en el del conteni do, lo cual arroja la
ci f ra de sei s ni veles li ngüísti cos f undam entales. S e adverti rá parti -
cularm ente que H jelm slev habla de una f orm a del conteni do. S u
f orm ali sm o, contrari am ente al de los di stri bucìonali stas [4- 7 y ss. ],
no i m pli ca por lo tanto una negati va a consi derar el conteni do, si no
la voluntad de dar una descri pci ón f orm al a los hechos de si gni f i -
caci ón. (E s lo que A . C uli oli llam a “sem ánti ca f orm al”. )
N . B. : A unque H jelm slev uti li za el m étodo f onológi co de conm u-
taci ón para com bati r la pri m acía del si gno, som ete ese m étodo a la
críti ca que di ri ge al pri nci pi o de oposi ci ón. del cual deri va. P or-
que nara él la conm utaci ón sólo perm i te señalar los elem entos li n-
güísti cos i nf eri ores al si gno. pero no autori za a deci r qué son: m i en-
tras el f onólogo def i ne cada f onem a por aquello en que se di f eren-
ci a de los dem ás. H jelm slev crea una term i nología parti cular: el
elem ento li ngüísti co revelado por la conm utaci ón, pero def i ni do f or-
m alm ente, se llam a glosem a, los glosem as de la expresi ón (corres-
pondi entes a los f onem as) se llam an cenernas, los del conteni do
(com parables a los sem as) son U lerem as. (L a noci ón de taxem a,
uti li zada sólo de m anera esporádi ca, of rece un correspondi ente f or;
m al del rasgo di sti nti vo [205]. )
E n la m edi da en que la glosem áti ca atri buye un papel central a la
f orm a. depurada de toda reali dad sem ánti ca o f óni ca, relega nece-
sari am ente a un segundo plano la f unci ón, sobre todo el papel que
la lengua representa en la com uni caci ón (ya que ese papel está
li gado a la sustanci a). P ero esta abstracci ón perm i te al m i sm o ti em -
po relaci onar las lenguas naturales con una m ulti tud de otros len-
guajes f unci onalm ente y m ateri alm ente m uv di f erentes. L levado a
cabo de m anera suf i ci entem ente abstracta. el estudi o de las lenguas
naturales desem boca, pues, com o lo queri a S aussure, en un estudi o
general de los lenguajes (sem i ologi a). H jelm slev propone asi una
ti pología de conjunto de los lenguajes, basada exclusi vam ente en sus
propi edades f orm ales. S i un lenguaje se def i ne por la exi stenci a de
dos planos, se hablará de lengua conf orm e cuando am bos planos
ti enen exactam ente la m i sm a organi zaci ón f orm al y sólo di f i eren
por la sustanci a (com o seri a el caso de las lenguas naturales si sus
uni dades f undam entales f ueran los si gnos; es el caso de los si stem as
f orm ales de los m atem áti cos, en la i m agen que de ellos se hace
3 8
GLOSEMÁTICA
Hjelmslev, para quien sus elementos y sus relaciones están siempre
en correspondencia bi·unívoca con los de sus interpretaciones se-
mánticas). Entre las lenguas no conformes, se hablará de lengua
denotativa cuando ninguno de los dos planos es en sí un lenguaje
(ejemplo: las lenguas naturales, en su empleo habitual). Cuando el
plano del contenido es en sí un lenguaje, nos encontramos en pre.
sencia de una metalengua (ejemplo: la lengua técnica utilizada
para la descripción de las lenguas naturales). Por fin, si el plano
de la expresión es ya un lenguaje, se trata de una lengua conno-
tativa. En efecto, para Hjelmslev hay connotación cuando el ele·
mento sig-nificante es el hecho mismo de emplear tal o cual lengua.
Cuando Stendhal emplea una palabra italiana, el significante no es
tlólo el término utilizado, sino el hecho de que. para expresar una
determinada idea, el autor haya decidido recurrir al italiano. Y ese
recurso tiene por significado cierta idea de pasión y libertad, rela·
cionada, en el mundo stendhaliano, con Italia. Las lenguas natu·
rales, en su empleo literario, suministran un ejemplo constante de
lenguaje connotativo: en ese empleo, el significante es menos la
palabra escogida que el hecho de haberla escogido. El esfuerzo de
abstracción que se impone Hjelmslev se equilibra así con una consi·
derable ampliación del campo lingüístico que toda la semiología
moderna ha aprovechado.
"""+ Principales obras de Hjelmslev: Prolegómeno!! de UTUZ teoría dellenglJ4je,
Madrid, Gredos, 1971; El lenguaje, Madrid, Gredos, 1971; Emayo!! lingüís-
ticos, Madrid, Gredos, 1972. Un ensayo de aplicación de la g10semática (algo
mezclado de distribucionalismo) [47 y ss.]: 1(. Top;eby. Structure immanenu de
la /angue Irant;aÍle, Copenhague, 1951; Paris, 1967. Comentarios importantes:
A. Martinet, "Au sujet des fondements de la théorie linguistique de L. Hje1ms-
lev", Bulletin de la Soaeté de LinguÍltique, 1946, pp. 19-42; B. Sierstema,
A Itudy 01 Glolsematics, La Haya, 1953; P. L. Garvin, recensión de la traduc-
ción inglesa de los Prolegómenos, Language, 1954, pp. 69·96. La oposición
de forma y sustancia ha sido, hasta 1960, centro de numerosas discusiones
Iingiiísticas; entre los textos más interesantes: C. E. Bazell, LinguÍltic Form,
1953.
39
G L O S E MA TI C A
H jelm slev, para qui en sus elem entos y sus relaci ones están si em pre
en correspondenci a bi - uni voca con los de sus i nterpretaci ones
m ánti cas). E ntre las lenguas no conf orm es, se hablará de lengua
denotati va cuando ni nguno de los dos planos es en si un lenguaje
(ejem plo: las lenguas naturales, en su em pleo habi tual). C uando el
plano del conteni do es en si un lenguaje, nos encontram os en pre-
senci a de una m etalengua (ejem plo: la lengua técni ca uti li zada
para la descri pci ón de las lenguas naturales). P or f i n, si el plano
de la expresi ón es ya un lenguaje, se trata de una lengua conno-
tati va. E n ef ecto, para H jelm slev hay connotaci ón cuando el ele-
m ento si gni f i cante es el hecho m i sm o de em plear tal o cual lengua.
C uando S tendhal em plea una palabra i tali ana, el si gni f i cante no es
sólo el térm i no uti li zado, si no el hecho de que. para expresar una
determ i nada i dea, el autor haya deci di do recurri r al i tali ano. Y ese
recurso ti ene por si gni f i cado ci erta i dea de pasi ón y li bertad, rela-
ci onada, en el m undo stendhali ano, con I tali a. L as lenguas natu-
rales, en su em pleo li terari o, sum i ni stran un ei em plo constante de
lenguaje connotati vo: en ese em pleo, el si gni f i cante es m enos la
palabra escogi da que el hecho de haberla escogi do. E l esf uerzo de
abstracci ón que se i m pone H jelm slev se equi li bra asi con una consi -
derable am pli aci ón del cam po li ngüísti co que toda la sem ìología
m oderna ha aprovechado.
+› P ri nci pales obras de H jelm slev: P rolegóm enos de una teoría del lenguaje,
Madri d, G redos, 1 971 ; E l lenguaje, Madri d, G redos, 1 971 ; E nsayos li ngüís-
ti cos, Madri d, G redos, 1 972. U n ensayo de apli caci ón de la glosem áti ca (algo
m ezclado de di stri buci onali sm o) [47 y ss. ]: K. Togeby, S tructure i m m anente de
la langue f rançai se, C openhague, 1 951 ; P ari s, 1 967. C om entari os i m portantes:
A . Marti net, “A u sujct des f ondem ents de la théori e lìngui sti que de L . H jelm s-
lev”, Bulleti n de la S oci eté de L i ngui sti qae, 1 946, pp. 1 9- 42; B. S i erstem a,
A study of G lossem atícs, L a H aya, 1 953 ; P . L . G arvi n, recensi ón de la traduc-
ci ón i nglesa de los P rolegóm enos, L anguage, 1 954, pp. 69- 96. L a oposi ci ón
de f orm a y sustanci a ha si do, hasta 1 960, centro de num erosas di scusi ones
li ngüísti cas; entre los textos m ás i nteresantes: C . E . Bazell, L i ngui sti c Form ,
E stam bul, 1 953 .
3 9
FundoualisIlw
Una de las innovaciones de la lingüistica de Saussure consiste en de-
clarar esencial el papel de la lengua como instrumento de comunica-
ción, papel que los comparatistas, al contrario, consideraban una
causa de degeneramiento. Partiendo de esta tesis, algunos continua-
dores de Saussure, llamados con frecuencia funcionalistas, consi-
deran el estudio de una lengua como la investigación de las funcio-
nes desempeñadas por los elementos, las clases y Jos mecanismos
que intervienen en ella. (N. B.: Considerar la función lleva a la idea
de que el estudio de un estado de lengua, independientemente de
toda reflexión histórica, puede tener valor explicativo, y 110 sólo des-
criptivo.)
Esta tendencia se revela particularmente en el método de inves-
tigación de los fenómenos fónicos que N. S. Trubetzkoy definió con
el nombre de fonología y que fue desarrollado sobre todo por A.
Martinet, R. Jakobson y la escuela llamada de Praga. (Acerca de
las divergencias entre Martinet y Jakobson, d. p. 205 Yss.) ¿Cuál
es la función esencial, en la comunicación, de los sonidos elementa.
les Guya combinación constituye la cadena hablada? No son portado
re,s de significación (el sonido [a] del francés bas, "bajo", o del es-
pañol macho, no tiene ninguna significadón, tomado aisladamente) ,
aunque en ocasiones puedan llegar a serlo (d. el sonido [a] de la
preposición a). Su función, por lo tanto, consiste ante todo en ha-
ceF que se distingan otras unidades que tienen sentido: el sonido
[a] de bas y de macho permite distinguir esas palabras de bu [be-
bido], beau [bello], boue [fango], y de fflUc!W, respectivamente.
Esta observación elemental tiene muchas consecuencias. Pues sumi-
nistra al lingüista un principio de abstracción: no todos los carac-
teres físicos que aparecen en una pronunciación de [a] tienen en
efecto ese valor distintivo (= su elección no siempre está motivada
por una intención comunicativa). El hecho de que el sonido [a]
se pronuncie largo o breve, hacia adelante o hacia atrás en la cavi-
dad bucal (anterior o posterior, palatal o "eiar) no altera la iden-
tidad de la palabra donde aparece. (No ocurría lo mismo en otro
estado del francés, cuando la pronunciación corriente de [a] dis-
tinguía bas de bat [albarda].) Por otro lado, la vecinoad de b
impone a [a] ciertos rasgos (que aparecen en el sonido [u] del
40
Í' unci ona li sm o
U na de las i nnovaci ones de la li ngüísti ca de S aussure consi ste en de-
clarar esenci al el papel de la lengua com o i nstrum ento de com uni ca-
ci ón, papel que los com parati stas, al contrari o, consi deraban una
causa de degeneram ìento. P arti endo de esta tesi s, algunos conti nua-
dores de S aussure, llam ados con f recuenci a f unci onali stas, consi -
deran el estudi o de una lengua com o la i nvesti gaci ón de las f unci o-
nes desem peñadas por los elem entos, las clases y los m ecani sm os
que i ntervi enen en ella. (N . B. : C onsi derar la f unci ón lleva a la i dea
de que el estudi o de un estado de lengua, i ndependi entem ente de
toda ref lexi ón hi stóri ca, puede tener valor expli cati vo, y no sólo des-
cri pti vo. )
E sta tendenci a se revela parti cularm ente en el m étodo de i nves-
ti gaci ón de los f enóm enos f ónìcos que N . " S , Trubetzkoy def i ni ó con
el nom bre de f onología y que f ue desarrollado sobre todo por A .
Marti net, R . J akobson y la escuela llam ada de P raga. (A cerca de
las di vergenci as entre Marti net y J akobson, cf . p. 205 y ss. ) ¿ C uál
es la f unci ón esenci al, en la com uni caci ón, de los soni dos elem enta-
les cuya com bi naci ón consti tuye la cadena hablada?N o son portado
res de si gni f i caci ón (el soni do [a] del f rancés bas, “bajo”, o del es-
pañol m acho, no ti ene ni nguna si gni f i caci ón, tom ado ai sladam ente) ,
aunque en ocasi ones puedan llegar a serlo (cf . el soni do [a] de la
preposi ci ón a). S u f unci ón, por lo tanto, consi ste ante todo en ha-
cer que se di sti ngan otras uni dades que ti enen senti do: el soni do
[a] de bas y de m acho perm i te di sti ngui r esas palabras de ba [be-
bi do], beau [bello], bone [f ango], y de m ucho, respecti vam ente.
E sta observaci ón elem ental ti ene m uchas consecuenci as. P ues sum i -
ni stra al li ngüi sta un pri nci pi o de abstracci ón: no todos los carac-
teres f ísi cos que aparecen en una pronunci aci ón de [a] ti enen en
ef ecto ese valor di sti nti vo (_ : su elecci ón no si em pre está m oti vada
por una i ntenci ón com uni cati va). E l hecho de que el soni do [a]
se pronunci e largo o breve, haci a adelante o haci a atrás en la cavi -
dad bucal (anteri or o posteri or, palatal o velar) no altera la i den-
ti dad de la palabra donde aparece. (N o ocurría lo m i sm o en otro
estado del f rancés, cuando la pronunci aci ón corri ente de [a] di s-
ti ngui a bas de bât [albarda]. ) P or otro lado, la veci ndad de b
i m pone a [a] ci ertos rasgos (que aparecen en el soni do [u] del
40
FUNClOlVALlSMO
francés bu) y que, siendo obligatorios, en francés al menos, no res-
ponden a una intención comunicativa. [Asimismo, en español, la
[a] de majo es, por su contacto con [j] que la sigue, velar, como [o]
en cojo.] Por consiguiente, el funcionalismo lleva a aislar, entre
los rasgos fonéticos físicamente presentes en una pronunciación
dada, los que tienen un valor distintivo, es decir, los elegidos para
que sea posible comunicar una información. Sólo éstos son c o n s i d ~
rados fonológicamente pertinentes.
Para determinar estos rasgos, los fonólogos elaboraron el método
llamado de conmutación. Tomemos el estudio de [a] en francés
o español. Se parte de una pronunciación de una de las palabras
donde interviene [a] (una pronunciación de bas o de macho, por
ejemplo). Después se hace variar en todas las direcciones fonéticas
posibles el sonido que ha sido pronunciado en esa palabra. Algunos
cambios no acarrean confusión con otra palabra: 8e dice entonces
que los sonidos que reemplazan la pronunciación inicial no cón-
mutan con ella (ni entre ellos, por consiguiente) ; conmutan, al con-
trario, con aquellos cuya introducción acarrea la percepción de los
signos beau, bu, etc., en francés y mucho, mocho en español. Des-
pués se repite la operación en los demás signos que contienen [a]
\ francés table [mesa], car [pues], español barba, etc.) y se com-
prueba --cosa que no era previsible y constituye una justificación
empírica del método- que hay todo un conjunto de pronuncia-
ciones que no conmutan en ningún signo. Se da a este conjunto
el nombre de fonema /a/, sus elementos se llaman variantes de /a/
y los rasgos que los diferencian se consideran no pertinentes; entre
ellos, se llaman redundantes los que están impuestos por el con-
texto (por ejemplo, los impuestos en francés por la vecindad de
[b] o en español por la de [j]) y los demás se llaman variantes
libres (por ejemplo, las pronunciaciones de /a/ que difieren sólo
por la longitud). Se retienen como pertinentes los caracteres fónicos
que existen en todas las variantes de /a/ y que por lo tanto dig-
tiguen una pronunciación cualquiera de /a/ de una pronuncia-
ción de /0/, fui, /p/, etc. (para más detalles sobre estas nociones,
d. p. 203 y ss.)
Partiendo del principio saussuriano de que los elementos del len-
guaje deben estudiarse según su función en la comunicación, los
fonólogos aplicaron un segundo principio saussuriano, el de oposi.
ción [33 y ss.], según el cual una entidad lingüística cualquiera sólo
está constituida por aquello que la distingue de otra. A propósito
de esta actitud conceptual se advertirá:
a) Que no aparece en los trabajos del polaco J. N. Baudoin de
Courtenay, a menudo considerado como precursor de la fonología.
41
FU N c1 0f vA L 1 sMo
f rancés bu) y que, si endo obli gatori os, en f rancés al menos, no res-
ponden a una i ntenci ón comuni cati va. [A si mi smo, en español, la
[a] de majo es, por su contacto con [j] que la si gue, velar, como [ol
en cojo. ] P or consi gui ente, el f unci onali smo lleva a ai slar, entre
los rasgos f onéti cos f i si camente presentes en una pronunci aci ón
dada, los que ti enen un valor di sti nti vo, es deci r, los elegi dos para
que sea posi ble comuni car una i nf ormaci ón. S ólo éstos son consi de;
rados ƒonológi camente perti nentes.
P ara determi nar estos rasgos, los f onólogos elaboraron el método
llamado de conmutaci ón. Tomemos el estudi o de [a] en f rancés
o español. S e parte de una pronunci aci ón de una de las palabras
donde i ntervi ene [a] (una pronunci aci ón de bas o de macho, por
ejemplo). D espués se hace vari ar en todas las di recci ones f onéti cas
posi bles el soni do que ha si do pronunci ado en esa palabra. A lgunos
cambi os no acarrean conf usi ón con otra palabra: se di ce entonces
que los soni dos que reemplazan la pronunci aci ón i ni ci al no con-
mutan con ella (ni entre ellos, por consi gui ente) ; conmutan, al con-
trari o, con aquellos cuya i ntroducci ón acarrea la percepci ón de los
si gnos beau. , ba, etc. , en f rancés y mucho, mocho en español. D es-
pués se repi te la operaci ón en los demás si gnos que conti enen [a]
[f rancés table [mes`a], car [pues], español barba, etc. ) y se com-
prueba - cosa que no era previ si ble y consti tuye una justi f i caci ón
empíri ca del método- que hay todo un conjunto de pronunci a-
ci ones que no conmutan en ni ngún si gno. S e da a este conjunto
el nombre de f onema /a/, t sus elementos se llaman vari antes de /a/
y los rasgos que los di f erenci an se consi deran no perti nentes: entre
ellos, se llaman redundantes los que están i mpuestos por el con-
texto (por ejemplo, los i mpuestos en f rancés por la veci ndad de
[b] o en español por la de [j]) y los demás se llaman vari antes
li bres (por ejemplo, las pronunci aci ones de /a/ que di f i eren sólo
por la longi tud). S e reti enen como perti nentes los caracteres f ónìcos
que exi sten en todas las vari antes de /a/ y que por lo tanto di s-
tìguen una pronunci aci ón cualqui era de /a/ de una pronunci a-
ci ón de /o/, /u/, /p/, etc. (para más detalles sobre estas noci ones,
cf . p. 203 y ss. )
P arti endo del pri nci pi o saussuri ano de que los elementos del len-
guaje deben estudi arse según su f unci ón en la comuni caci ón, los
f onólogos apli caron un segundo pri nci pi o saussuri ano, el de oposi -
ci ón [3 3 y ss. ], según el cual una enti dad li ngüísti ca cualqui era sólo
está consti tui da por aquello que la di sti ngue de otra. A propósi to
de esta acti tud conceptual se adverti rá:
a) Que no aparece en los trabajos del polaco J . N . Baudoi n de
C ourtenay, a menudo consi derado como precursor de la f onolog- i a.
41
LAS ESCUELAS
estudiando los sonidos elementales del lenguaje desde el pun-
to de vista de su función para la comunicación, concluyó que debe
repararse ante todo en la manera en que son percibidos (más que
en su realidad física). Ahora bien, tal abstracción no es equiva-
lente a la abstracción inclusive se ha podido demostrar
que las características percibidas se distinguen tanto por exceso
como por carencia de sus características diferenciales.
b) Que las unidades estudiadas por los fonólogos son precisa·
mente unidades distintivas (= que sirven para distinl!uir entre sí
unidades portadoras de signifkación. por ejemplo palahras): es
natural, pues, que el aspecto funcional. en esas unidades. sea aque-
llo por lo cual difieren entre sí. El paso del principio funcional al
principio de oposición corre el riesgo de ser menos natural si se
estudian unidades que ya son portadoras de sentido (= signos)
y, con mayor rB7.ón aún, unidades estrictamente sp.mánticas.
e) Inclusive los elementos puramente fónicos del lenl!1laje PUf"
den tener otras funciones que la distintiva. Es el caso de rasgos
redundantes, que pueden permitir la identificación fiel meno
saje cuando la transmisión es mala (en la terminología de la teoría
de la información. permiten luchar f'ontra el ruido). Es también\ el
caso de muchos fenómenos de prosodia [209 y ss.], y por lo tanto es
inevitable que ciertos rase:os fonéticos no pertinentes tengan una
función indispensable en la comunicación.
Sobre el método fonológico. véase la bihlioltrllfía dI' o. 204. Sobrt' fun·
damentos teóricos: K. Bühler, "Phonf'tik und Phomololrie", Trm'ullx tlu Cercle
linguistique tle Progue, 4, 1931, pp. 22-53: L Prieto, "Le découverte du pho-
neme", La Pensée, n
9
148, diciembre de 1969, pp. 35-53.
G. Gougenheim inteJ\tó aplicar a la dp'lcrinción lrrarnl\tical los
prineipios df'l funcionalismo fonológi,.o. Su idea esencial consiste
l"n que para definir la función dI' un elf'mento ..ramatical (PPTSona.
tiemno, modo. conjunción. prepo'lición et,..) debe comnariirselo con
lO'! demás elementos l!'ramatim.lp.l'l de la ll'n!!'lHt. puesto (me ,.1 ha-
blante lo elip:e con relación a ellos v sólo esta elección representa un
paoel en la comunicación. Goue:enheim llama oposición a toda pa·
reja de elementos gramaticales y distingue, según la tricotomía fono-
lógica (cf. p. 41), tres tipos de oposiciones. En ciertos ('asos. la
elección de uno de los dos elementos es impuesta (el indicativo se
impone después de "Sé Que". el subjuntivo después de "Ooiero
que": hay entonces servidumbre gramatical (cí. la redundancia
fonológica [41]). En otros casos, los dos elementos son posibles.
pero su elección no introduce diferencia de sentido (en el francés
hablado actual se dice tanto "Si tu vieras ee que je sois la" como
42
L A S E S C U E L A S
Éste, estudi ando los soni dos elem entales del lenguaje desde el pun-
to de vi sta de su f unci ón para la com uni caci ón, concluyó que debe
repararse ante todo en la m anera en que son perci bi dos (m ás que
eu su reali dad f ísi ca). A hora bi en, tal abstracci ón no es equi va-
lente a la abstracci ón f ouológi ca: i nclusi ve se ha podi do dem ostrar
que las caracteri sti cas perci bi das se di sti nguen tanto por exceso
com o por carenci a de sus caracteri sti cas di f erenci ales.
b) Que las uni dades estudi adas por los f onólogos son preci sa-
m ente uni dadcs di sti nti vas (zxque si rven para di sti ngui r entre si
uni dades portadoras de si gni f i caci ón. por ejem plo palabras): es
natural, pues, que el aspecto f unci onal. en esas uni dades, sea aque-
llo por lo cual di f i eren entre si . E l paso del pri nci pi o f unci onal al
pri nci pi o de oposi ci ón corre el ri esgo de ser m enos natural si se
estudi an uni dades que ya son portadoras de senti do (2 si gnos)
y, con m ayor razón aún, uni dades estri ctam ente sem ánti cas.
c) I nclusi ve los elem entos puram ente f ónìcos del lenguaje puc-
den tener otras f unci ones que la di sti nti va. E s el caso de los rasgos
redundantes, que pueden perm i ti r la i denti f i caci ón correcta del m eu-
saje cuando la transm i si ón es m ala ( en la term i nología de la teof ía
de la i nf orm aci ón. perm i ten luchar contra el rui do) . E s tam bi éxf el
caso de m uchos f enóm enos de prosodi a [209 y ss. ], y por lo tanto es
i nevi table que ci ertos rasgos f onéti cos no perti nentes tengan una
f unci ón i ndi spensable en la com uni caci ón.
- - › S obre el m étodo f ouológi co, véase la bi bli ograf i a dc n. 204. S obre los f un-
dam entos teórìcos: K. Bïìhler, ”P houeti l: und P hom oloaìe”, Tra: - auxdu C ercle
li ngui sti oue de P rague, 4. 1 93 1 , pp. 22- 53 : L . P ri eto, “L e découverte du pho-
në m e”, L a P ensêe, uf ' 1 48, di ci em bre de 1 969, pp. 3 5- 53 . -
G . G ougenhei m i ntentó apli car a la descri pci ón gram ati cal los
pri nci pi os del f unci onali sm o f ouológi co. S u i dea esenci al consi ste
en que para def i ni r la f unci ón de uu elem ento f f ram ati cal (persona,
ti em po, m odo. conjunci ón, preposi ci ón etc. ) debe com parársclo con
los dem ás elem entos gram ati cales de la lengua. puesto nue el ha-
blante lo eli ge con relaci ón a ellos v sólo esta elecci ón representa un
papel en la com uni caci ón. G ougeuhei m llam a oposi ci ón a toda pa-
reja de elem entos gram ati cales y di sti ngue, según la tri cotom i a f ono-
lógi ca (cf . p. 4- 1 ), tres ti pos de oposi ci ones. E n ci ertos casos. la
elecci ón de uuo de los dos elem entos es i m puesta (el i ndi cati vo se
i m pone después de “S é cue”. el subjunti vo después de “Qui ero
que" : hay entonces servi dum bre gram ati cal (cf . la redundanci a
f onológi ca [4l]). E n otros casos, los dos elem entos son posi bles,
pero su elecci ón no i ntroduce di f erenci a de senti do (en el f rancés
hablado actual se di ce tanto “S i tu vi ene et que je soi s lå” com o
42
FUNCIONALlSMO
"Si tu vien.s et que je suis la" [cf. en español "Imagina que le harán
justicia" o "Imagina que le hagan justicia"]: es la variación esti.
lística, comparable a la variación libre de los fonólogos [41]. Por
fin, la elección puede introducir una diferencia de sentido ("Busco
un libro que fue escrito en el siglo XVI", "Busco un libro que haya
sido escrito en el siglo XVI"): hay entonces oposición de sentido
(cf. las diferencias pertinentes [41]). Según Goup:enheim. sólo es·
tas últimas oposiciones permiten definir el sentido de los mor·
femas estudiados (así como sólo los rasgos pertinentes definen los
fonemas).
Por estos ejemplos se ve la dificultad que surge de extender a
las unidades si,mificativas los conceptos Que los fonólogos
acerca de las unidades distintivas. Se admite sin reservas la
tinción radical entre los rasgos de ra1 en ba;o que resultan de la
vecindad de [;1. v los que son fonoló¡rlcamente pertinentes. ;,Pero
es posihle hacer la misma senarllrión entre la servidumbre Que im.
pone l"l subjuntivo rlespués de "Quiero (lue" y ,,, elección libre el,.
eRe subiuntivo en "RlI!'co un libro llUe hava 'sido escrito en el si·
sido XVl"? Porq1le lI'luí la servidumbre v la eleccíón librl" parecen
ten"r 1"1 mismo fundaml'nto (la noción de incertidnmbrp. liJ!Rrlll 111
Fubjuntívo) y no se puede explicar la función del subjuntivo "libre"
sin explicar al mismo tiempo los empleos donde es impuesto.A",í.
mismo, se advertirá Que E. Benveniste. al estudillr 11\ vo"- "media"
en griego antiguo, extrae necesariamente su conclusión de los ver·
bos donde esa voz es necesaria (= donde no hav activo ni pasivo).
De modo que en este caso la actitud funcionalista va no conduce
tan directamente como en la fonología al principio de oposición y
de valor diferencial.
Asimismo, éste es el motivo por el cual un fonólosro como A.
Martinet. cuando emprende la tarea de construir una sintaxis fun·
cional, introduce en ella principios de análisis que no tienen equiva-
lente en la fonología. Por ejemplo, admite que la función de todo
enunciado es comunicar una experiencia (analizándola y esquema·
tizándola) y que por consiguiente está constituido por un predicado
(que designa el proceso central en esa experiencia, según el hablan·
te), acompañado eventualmente por una serie de complementos
(entre ellos el sujeto); la función de cada tipo de complemento es
aportar un tipo particular de información sobre el proceso [2471.
Ahora bien, esas funciones generalmente no pueden establecerse por
conmutación. Por ejemplo, la mayoría de las expresiones que pul"
den ser complementos de tiempo no pueden ser complementos
de lugar: por consiguiente, no tiene sentido preguntarse si ambas
funciones conmutan o no (como ocurre con la función.sujeto y la
43
FU N C I O N A L I S MO
“S i tu vi ene et que je sui s là” [cf . en español “I magi na que le harán
justi ci a” o “I magi na que le hagan justi ci a”]: es la vari aci ón esti -
li sti ca, comparable a la vari aci ón li bre de los f onólogos [41 ]. P or
f i n, la elecci ón puede i ntroduci r una di f erenci a de senti do (“Busco
un li bro que f ue escri to en el si glo XVI ”, “Busco un li bro que baya
si do escri to en el si glo Xvl”): hay entonces O posi ci ón de senti do
(cf . las di f erenci as perti nentes [41 ]l. S egún G ougenbei m. sólo es-
tas últi mas oposi ci ones permi ten def i ni r el senti do de los mor-
f emas estudi ados (asi como sólo los rasgos perti nentes def i nen los
f onemas).
P or estos ejemplos se ve la di f i cultad que surge de extender a
las uni dades si gni f i cati vas los conceptos que los f onóloaos preci san
acerca de las uni dades di sti nti vas. S e admi te si n reservas la di s-
ti nci ön radi cal entre los rasgos de [al en bcƒo que resultan de la
veci ndad de Íjl. v los que son f onolòai camente perti nentes. ¡_ P ero
es posi ble bacer la mi sma separar- i ón entre la servi dumbre que i m-
pone el subi unti vo después de “Qui ero nue” y la elecci ón li bre de
ese subi unti vo en “Busco un li bro true bava si do escri to en el si -
szlo xvt”?P orque aoui la servi dumbre v la elecci ón li bre parecen
tener el mi smo f undamento Í la noci ón de i ncerti dumbre li gada al
subjuntìvol y no se puede expli car la f unci ón del subi unti vo “li bre”
si n expli car al mi smo ti empo los empleos donde es i mpuesto. . Á ni -
mi smo, se adverti rá que E . Benveni ste. al estudi ar la vor. “medi a”
en gri ego anti guo, extrae necesari amente su conclusi on de los ver-
bos donde esa voz es necesari a (m donde no hav acti vo ni pasi vo).
D e modo que en este caso la acti tud f unci onali sta va no conduce
tan di rectamente como en la f onologi a al pri nci pi o de oposi ci ón y
de valor di f erenci al.
A si mi smo. , éste es el moti vo por el cual un f onóloeo como A .
Marti net. cuando emprende la tarea de construi r una si ntaxi s f un»
ci onal, i ntroduce en ella pri nci pi os de análi si s que no ti enen esqui va»
lente en la f onologi a. P or ejemplo, admi te que la f unci ón de todo
enunci ado es comuni car una experi enci a (anali zåndola y esquema-
ti zándola) y que por consi gui ente está consti tui do por un predi cado
(que desi gna el proceso central en esa experi enci a, segun el hablan-
te), acompañado eventualmente por una seri e de complementos
(entre ellos el sujeto); la f unci ón de cada ti po de complemento es
aportar un ti po parti cular de i nf ormaci ón sobre el proceso [247}.
A hora bi en, esas f unci ones generalmente no pueden establecerse por
conmutaci ón. P or ejemplo, la mayori a de las expresi ones que pue~
den ser complementos de ti empo no pueden ser complementos
de lugar: por consi gui ente, no ti ene senti do preguntarse si ambas
f unci ones conmutan o no (como ocurre con la f unci ón- sujeto y la
43
LAS ESCUELAS
función· predicado). Así el funcionalismo en la gramática difícil·
mente confirma el axioma saussuriano: "En una lengua sólo hay
diferencias".
~ Sobre la gramática funcionalista de '\lartinet, véase p. 250 y 55. de este
volumen. La obra principal de G. Gougenheim es su Systeme gramatical de la
langue /ranl;aise, Paris, 1938, comentada en G. Barnicaud y otros, "Le probleme
de la negation dans diverses grammaires franc;aises", Langages, 7 sept. de 1%7.
El estudio de É. Benveniste sobre el medio se encuentra en los Problemas d"
Lingüística general, México, Siglo XXI, 1971, cap. XIV. Sobre las investiga·
ciones no propiamente fonológicas de la Escuela de Praga, véase la compila-
ción de J. Vachek, A Prague School reader in linguistics, Bloomington, 1964,
y, del mismo autor, el interesante Dictionnaire de linguistique de [,école de
Prague, Anvers, Utrecht, 1966.
Lo mismo puede decirse de la semántica. Algunos lingüistas inten·
taron introducir en ella los métodos de la fonología casi sin modio
ficarlos. Así, Prieto piensa que la conmutación puede aplicarse tanto
al sentido como al aspecto fónico del lenguaje (esta idea p se en·
cuentra en Hjelmslev). Llamamos mensaje a la información total
comunicada cuando un enunciado se emplea en circunstancias deter-
minadas. Así, en ciertas circunstancias el enunciado "Devuélvemelo"
sirve para comunicar el mensaje "orden de devolver el lápiz al ha·
blante". Ellingüi3ta debe preguntarse, pues, qué función cumple, en
la comunicación de ese mensaje, el enunciado mismo (considerado
independientemente de las circunstancias). Aquí es donde Prieto
acude a la conmutación. Pero en lugar de variar --como hace la
fonología- la manifestación fónica, varía el mensaje y anota cuáles
son las modificaciones que exigirían un cambio material del enun·
ciado. Así, el reemplazo de la idea de lápiz por la de cuaderno o
libro no exige tal cambio. Por consiguiente, "lápiz" se considera
un elemento del mensaje lingüisticamente no pertinente. En cambio.
es pertinente la idea de que se pide un solo objeto, ya que su reem·
plazo por la idea de pluralidad exigiria que lo fuera reemplazado
por los. Según Prieto, únicamente los rasgos pertinentes están vino
culados con el enunciado mismo, lo cual conduce a la idea de que
la función semántica del enunciado no se revela directamente, me·
diante los enunciados de que es susceptible, sino por la diferencia
entre esos mensajes y los de los otros enunciados. Se advertirá que
la aplicación de la conmutación lleva a Prieto a representarse cada
enunciado como un "paquete" de rasgos pertinentes independientes
entre sí (y semejantes, en esto, a los rasgos pertinentes en los fo-
nemas). Ahora bien, es evidente que la función de un enunciado
depende de la manera en que están ligados entre sí sus elementos
semánticos. Pero cuando procura definir esta organización semán·
44
L A S E S C U E L A S
f unci ón- predi cado). A síel f unci onali smo en la gramáti ca di f íci l-
mente conf ìrma el axi oma saussuri ano: “E n una lengua sólo hay
di f erenci as”.
- > S obre la gramáti ca f uncìonalìsta de Marti net, véase p. 250 y ss. de este
volumen. L a obra pri nci pal de G . G ougenhei m es su S ystème gramati cal de la
I angue f rançai se, P ari s, 1 93 8, comentada en G . Barni caud y otros, “L e problème
de la negati on dans di verses grammai res f rançai ses”, L angages, 7 sept. de 1 967.
E l estudi o de É. Benvcnìste sobre el medi o se encuentra en los P roblemas de
L i ngüísti ca general, Méxi co, S i glo XXI , 1 971 , cap. XI V. S obre las i nvesti ga-
ci ones no propi amente f onológi cas de la E scuela de P raga, véase la compi la-
ci ón de J . Vachek, A P rague S chool reader i n i i ngui sti cs, Bloomi ngton, 1 964,
y, del mi smo autor, el i nteresante D i cti onnai re de li ngui sti que de l' écoI c de
P rague, A nvers, U trecht, 1 966.
L o mi smo puede deci rse de la semánti ca. A lgunos lìngüi stas i nten-
taron i ntroduci r en ella los métodos de la f onología casi si n modi -
f i carlos. A sí, P ri eto pi ensa que la conmutaci ón puede apli carse tanto
al senti do como al aspecto f óni co del lenguaje (esta i dea ya se en-
cuentra en H jelmslev). L lamamos mensaje a la i nf ormaci ón total
comuni cada cuando un enunci ado se emplea en ci rcunstanci as deter-
mi nadas. A sí, en ci ertas ci rcunstanci as el enunci ado “D evuélvemelo”
si rve para comuni car el mensaje “orden de devolver el lápi z al ha-
blante”. E l li ngüìsta debe preguntarse, pues, qué f unci ón cumple, en
la comuni caci ón de ese mensaje, el enunci ado mi smo (consi derado
i ndependi entemente de las ci rcunstanci as). A quíes donde P ri eto
acude a la conmutaci ón. P ero en lugar de vari ar - - como hace la
f onología- - la mani f estaci ón f óni ca, varía el mensaje y anota cuáles
son las modi f i caci ones que exìgi ri an un cambi o materi al del enun-
ci ado. A sí, el reemplazo de la i dea de lápi z por la de cuaderno o
li bro no exi getal cambi o. P or consi gui ente, “lápi z” se consi dera
un elemento del mensaje li ngüístìcamente no perti nente. E n cambi o.
es perti nente la i dea de que se pi de un solo objeto, ya que su reem-
plazo por la i dea de plurali dad exìgìría que lo f uera reemplazado
por los. S egún P ri eto, úni camente los rasgos perti nentes están vi n-
culados con el enunci ado mi smo, lo cual conduce a la i dea de que
laf unci ón semánti ca del enunci ado no se revela di rectamente, me-
di ante los enunci ados de que es suscepti ble, si no por la di f erenci a
entre esos mensajes y los de los otros enunci ados. S e advertìrá que
la apli caci ón de la conmutaci ón lleva a P ri eto a representarse cada
enunci ado como un “paquete” de rasgos perti nentes i ndependi entes
entre sí(y semejantes, en esto, a los rasgos perti nentes en los f o-
nemas). A hora bi en, es evi dente que la f unci ón de un enunci ado
depende de la manera en que están li gados entre si sus elementos
semántícos. P ero cuando procura def i ni r esta organi zaci ón semán-
44
FUNCIONALISMO
tiea, Prieto debe acudir a nociones que ya no se basan en la con-
mutación. Así, junto a los rasgos pertinentes habla de rasgos
contrastivos que expresan "el punto de vista" según el cual se
considera el rasgo pertinente: en el contenido de "Devuélvamelo"
establecerá una unidad "(objeto) singular" en la cual la expre·
sión entre paréntesis es un rasgo contrastivo, indicando que el carác·
ter "singular" corresponde al objeto del verbo. Pero es difícil con·
cebir qué conmutación revelaría la presencia de ese elemento. Una
vez más, el funcionalismo y el principio de oposición se reúnen
sólo durante un instante.
~ Luis Prieto, Principes de noologie, La Haya, 1964, cuyas ideas son reite-
radas en forma simplificada en Mensajes r señales, Barcelona, Seix Barral,l9ótl.
El distanciamiento entre ambos se muestra aún con más claridad
en la "lingüística funcional" definida por un discípulo de Saussure,
H. Freí. Frei procura definir no tanto la lengua cuanto el funcio-
namiento de la lengua, es decir, el modo concreto en que una len-
gua se utiliza en una época determinada. Por este motivo, estudia
no sólo el lenguaje llamado "correcto", sino también "todo lo que
desentona con relación a la lengua tradicional: faltas, innovacio-
nes, lenguaje popular, jerga, casos insólitos o dudosos, perplejidades
gramaticales, etc." Esos desvíos son el centro mismo de su interés.
en la medida en que revelan lo que el hablante espera de la lengua
y no encuentra en ella: así, se convierten en el índice de las necesi·
dades que presiden el ejercicio del habla. Las principales necesida-
des lingüísticas tenderían a:
a) La asimilación: que conduce a uniformar a la vez el sistema
de los signos (con el resultado de la creación analógica [28])
Ylos elementos que se suceden en el discurso (de allí, por ejemplo,
el fenómeno de la concordancia gramatical).
b) La diferenciación: para asegurar la claridad. se tiende a dis-
tinguir fónicamente los signos que tienen sentidos diferentes. a
distinguir semánticamente los signos que tienen una realidad fónica
diferente, y a introducir separaciones en la cadena hablada.
e) La brevedad: causa a la vez de elipsis, de sohrentendidos, de
la creación de palabras compuestas (que evitan enlaces sintác-
ticos) .
d) La invariabilidad: que, en lo posible, lleva a dar a un mismo
signo una misma forma, sea cual fuere su función gramatical.
e) La expresividad: el hablante procura imprimir en su discurso
la huella de su personalidad, a pesar de la objetividad del código.
Esto explica la perpetua invención de figuras [315], la distorsión
45
FU N C I O N /I L I S MO
ti ca, P ri eto debe acudi r a noci ones que ya no se basan en la con-
m utaci ón. A si , junto a los rasgos perti nentes habla de rasgos
contrasti vos que expresan “el punto de vi sta” según el cual se
consi dera el rasgo perti nente: en el conteni do de “D evuélvam elo”
establecerá una uni dad “(objeto) si ngular” en la cual la expre-
si ón entre paréntesi s es un rasgo contrasti vo, i ndi cando que el carác-
ter “si ngular” corresponde al objeto del verbo. P ero es di f íci l con-
cebi r qué conm utaci ón revelaría la presenci a de ese elem ento. U na
vez m ás, el f unci onali sm o y el pri nci pi o de oposi ci ón se reúnen
sólo durante un i nstante.
- - › L ui s P ri eto, P rínci pes de noologi e, L a H aya, 1 964, cuyas i deas son rei te-
radas en f orm a si m pli f i cada en Mensajes y señales, Barcelona, S ei xBarral, 1 966.
E l di stanci am i ento entre am bos se m uestra aún con m ás clari dad
en la “li ngüísti ca f unci onal” def i ni da por un di scípulo de S aussure.
H . Frei . Frei procura def i ni r no tanto la lengua cuanto el f unci o-
nam i ento de la lengua, es deci r, el m odo concreto en que una len-
gua se uti li za en una época determ i nada. P or este m oti vo, estudi a
no sólo el lenguaje llam ado “correcto”, si no tam bi én “todo lo que
desentona con relaci ón a la lengua tradi ci onal: f altas, i nnovaci o-
nes, lenguaje popular, jerga, casos i nsóli tos o dudosos, perpleji dades
gram ati cales, etc. ” E sos desvíos son el centro m i sm o de su i nterés.
en la m edi da en que revelan lo que el hablante espera de la lengua
v no encuentra en ella: asi , se convi erten en el índi ce de las necesi -
dades que presi den el ejerci ci o del habla. L as pri nci pales necesi da-
des li ngüísti cas tenderían a:
a) L a asi m i laci ón: que conduce a unìf orm ar a la vez el si stem a
dc los si gnos (con el resultado de la creaci ón analógi ca [28]l
y los elem entos que se suceden en el di scurso (de allí, por ejem plo,
el f enóm eno de la concordanci a gram ati cal).
b) L a di f erenci aci ón: para asegurar la clari dad. se ti ende a di s-
ti ngui r f óni cam ente los si gnos que ti enen senti dos di f erentes. a
di sti ngui r sem ánti cam ente los S i gnos que ti enen una reali dad f óni ca
di f erente, y a i ntroduci r separaci ones en la cadena hablada.
c) L a brevedad: causa a la vez de eli psi s, de sobrentendi dos, de
la creaci ón de palabras com puestas (que evi tan enlaces si ntác-
ti cos).
d) L a i nvari abi li dad: que, en lo posi ble, lleva a dar a un m i sm o
si gno una m i sm a f orm a, sea cual f uere su f unci ón gram ati cal.
e) L a expresi vi dad: el hablante procura i m pri m i r en su di scurso
la huella de su personali dad, a pesar de la objeti vi dad del códi go.
E sto expli ca la perpetua i nvenci ón de f i guras [3 1 5], la di storsi ón
45
LAS ESCUELAS
constante de los signos y las locuciones, recursos mediante los cua·
les e] hablante imagina que retoma ]a posesión de ]a lengua común.
Todas estas funciones, con frecuencia antagónicas, que según Frei
explican no solamente las faltas, sino también muchos aspectos del
"buen uso" (constituido por las faltas de ayer), llevan ]a lingüís.
tica bastante lejos del marco propuesto por Saussure, mucho más
lejos que ]a gramática de Martinet o ]a semántica de Prieto. Las
funciones de Frei llegan a relegar el carácter sistemático de ]a len·
gua, que Saussure juzgaba esencial. Es evidente que cuando se em·
pieza a determinar las funciones del lenguaje, es difícil discernir
entre las que se manifiestan en el momento del acto de comunica·
ción y las que están necesariamente ligadas a él (cí. Lenguaje y
acción, p. 380 Y ss.).
~ La principal obra de H. Frei es La Grammaire des fautes, Bellengarde,
1929, y está inspirada en las ideas formuladas con anterioridad por otro discí·
pulo directo de Saussure: Ch. Bally, El lenguaje r la vida, Buenos Aires, Losa-
da, 1941.
46
L A S E S C U E L A S
constante de los si gnos y las locuci ones, recursos m edi ante los cua-
les el hablante i m agi na que retom a la posesi ón de la lengua com ún.
Todas estas f unci ones, con f recuenci a antagóni cas, que según Frei
expli can no solam ente las f altas, si no tam bi én m uchos aspectos del
“buen uso” (consti tui do por las f altas de ayer), llevan la li ngüís-
ti ca bastante lejos del m arco - propuesto por S aussure, m ucho m ás
lejos que la gram áti ca de Marti net o la sem ánti ca de P ri eto. L as
f unci ones de Frei llegan a relegar el carácter si stem áti co de la len-
gua, que S aussure juzgaba esenci al. E s evi dente que cuando se em -
pi eza a determ i nar las f unci ones del lenguaje, es di f íci l di scerni r
entre las que se m ani f i estan en el m om ento del acto de com uni ca-
ci ón y las que están necesari am ente li gadas a él (cf . L enguaje y
acci ón, p. 3 80 y ss. ).
- > L a pri nci pal obra de H . Frei es L a G ram m aíre des ƒautes, Bellengarde,
1 929, y está i nspi rada en las i deas f orm uladas con anteri ori dad por otro di scí-
pulo di recto de S aussure: C h. Bally, E l lenguaje y la vi da, Buenos A i res, L osa-
da, 1 941 .
46
Distribucionalismo
En el momento en que la obra de Saussure empieza a conocerse en
Europa, el norteamericano L. Bloomfield (que se inició como espe·
cialista en lenguas indoeuropeas) propone, de manera indepen.
diente, una teoría generai del lenguaje que, desarrollada y sistema·
tizada por sus alumnos con el nombre de distribucionalismo, do·
minó la lingüística norteamericana hasta 1950. Lo cierto es que
esta teoría presenta no pocas analogías -junto a diferencias fIa·
grantes- con el saussurianismo y sobre todo con la interpretación
formalista, glosemática [35 y ss.], de este último.
EL ANTIMENTALISMO
La lingüística de Bloomfield tiene su punto de partida en la psico.
logía behaviorista, que triunfaba en los Estados Unidos desde 1920.
Un acto de habla no es sino un comportamiento de un tipo parti.
cular (según el apólogo de Bloomfield, el lenguaje significa para
JilI, que ve una manzana, la posibilidad de pedir a Jack que la
recoj a, en vez de hacerlo él mismo). Ahora bien, el behaviorismo
sostiene que el comportamiento humano es totalmente explicable
(= previsible) a partir de las situaciones en que aparece, inde·
pendientemente de todo factor "interno". Bloomfield concluye que
también el habla debe explicarse por sus condiciones externas de
aparición: da a esta tesis el nombre de mecanismo y la opone al
mentalismo, para él inadmisible, según el cual el habla debe
explicarse como un efecto de los pensamientos (intenciones, creen·
cias, sentimientos) del sujeto hablante. Como acto previo a esta
explicación mecanicista del habla -que no es inmediatamente reali·
zable-, Bloomfield propone que la lingüística se limite, por el mo·
mento, a describirla (de allí un descriptivismo que se opone tanto
al historicismo de los neogramáticos [27] como al funcionalismo
[42]). Y para que no pesen sobre esta descripción prejuicios que
imposibilitarían la explicación ulterior, Bloomfield exige que se la
haga al margen de toda consideración mentalista y, sobre todo, con
abstención del sentido de las palabras.
47
D i stríbuci onali sm o
E n el m om ento en que la obra de S aussure em pi eza a conocerse en
E uropa, el norteam eri cano L . Bloom f i eld (que se i ni ci ó com o espe-
ci ali sta en lenguas i ndoeuropeas) propone, de m anera i ndepen-
di ente, una teori a general del lenguaje que, desarrollada y si stem a-
ti zada por sus alum nos con el nom bre de di stri buci onali sm o, do-
m i nó la li ngüísti ca norteam eri cana hasta 1 950. L o ci erto es que
esta teori a presenta no pocas analogías - junto a di f erenci as f la-
grantes- con el saussuri ani sm o y sobre todo con la i nterpretaci ón
f orm ali sta, glosem áti ca [3 5 y ss. ], de este últi m o.
E L A N TI ME N TA L I S MO
L a li ngüísti ca de Bloom f i eld ti ene su punto de parti da en la psi co-
logía behavi ori sta, que tri unf aba en los E stados U ni dos desde 1 920.
U n acto de habla no es si no un com portam i ento de un ti po parti -
cular (según el apólogo de Bloom f i eld, el lenguaje si gni f i ca para
J i ll, que ve una m anzana, la posi bi li dad de pedi r a J ack que la
recoja, en vez de hacerlo él m i sm o). A hora bi en, el behavi ori sm o
sosti ene que el com portam i ento hum ano es totalm ente expli cable
(: previ si ble) a parti r de las si tuaci ones en que aparece, i nde-
pendi entem ente de todo f actor “i nterno”. Bloom f i eld concluye que
tam bi én el habla debe expli carse por sus condi ci ones externas de
apari ci ón: da a esta tesi s el nom bre de m ecani sm o y la opone al
m entali sm o, para él i nadm i si ble, según el cual el habla debe
expli carse com o un ef ecto de los pensam i entos (i ntenci ones, creen-
ci as, senti m i entos) del sujeto hablante. C om o acto previ o a esta
expli caci ón m ecani ci sta del habla - que no es i nm edi atam ente reali -
zable- , Bloom f i eld propone que la li ngüísti ca se li m i te, por el m o-
m ento, a descri bi rla (de alli un descri pti vi sm o que se opone tanto
al hi stori ci sm o de los neogram áti cos [27] com o al f unci onali sm o
[4- 2]). Y para que no pesen sobre esta descri pci ón prejui ci os que
i m posi bi li tari an la expli caci ón ulteri or, Bloom f i eld exi ge que se la
haga al m argen de toda consi deraci ón m entali sta y, sobre todo, con
abstenci ón del senti do de las palabras.
47
LAS ESCUELAS
~ Además de los numerosos estudios específicos, Bloomfield escribió tres
obras teóricas esenciales: Introduclion lo Ihe study 01 language, London, 1914,
influida todavía por la psicología clásica; Lenguaje, Universidad de San
Marcos, 1964, en la que presenta sus tesis más originales; Linguistic aspects
01 science, Chicago, 1939, en la que hace una contribución lingüística al neo·
JlOtiitivismo.
EL ANÁLISIS DISTRIBUCIONAL
Por consiguiente, estudiar una lengua es, ante todo, reunir un con·
junto con la mayor variedad posible de enunciados efectivamente
emitidos por los usuarios de esa lengua en una época determinada
(este conj unto = el corpus). Después, sin interrogarse sobre el
significado de los enunciados, se procurará hacer que aparezcan
regularidades en el corpus, para dar a la descripción un carácter
ordenado y sistemático, y para evitar que se reduzca a un simple
inventario. Excluidas la función y la significación, la única noción
que sirve de base para esta busca de regularidades es la de contexto
lineal o environment [entorno]. Indicar el entorno de una unidad
a¡ en un enunciado E consiste en indicar la serie de unidades a"
a "', a ,que la precede en E, y la serie a. ,q, .. o, a que la
2 1-1 '+1 '+2 n
sigue. A partir de aquí se define la noción de' expansión. Supon.
gamos que b es un segmento (unidad o serie de unidades) del
enunciado E. Se dirá que b es una expansión de e, si: 1) e es
un segmento de otro enunciado E' del corpus, 2) e no es más
complejo que b (= compuesto de otras tantas o de menos unida-
des), 3) el reemplazo de b por e en E produce otro enunciado E"
del corpus (b y e, por lo tanto, tienen un entorno común). El en-
torno sirve también para definir la distribución de una unidad:
es el conj unto de los entornos donde aparecen en el corpus (el
papel fundamental de esta noción hizo que los lingüistas que
se apoyan en Bloomfield, sobre todo Wells y Harris en sus pri-
meras investigaciones, se llamen distribucionalistas).
De las nociones precedentes, el distribucionalismo extrae ante
todo un método para descomponer los enunciados del corpu.. o,
según la terminología usual, para hacer su análisis en constituyen-
tes inmediatos (abreviatura: C.!.). Este análisis, que lleva a
atribuir a la frase una construcción jerárquica, consiste en descom-
poner primero el enunciado en algunos segmentos bastante vastos,
llamados sus C. l., y después en subdividir cada uno de éstos en
segmentos, los C. 1. de ese C. l., y así sucesivamente, hasta llegar
a las unidades mínimas. Tomemos por ejemplo el análisis del enun-
48
L A S E S C U E L A S
- >~ A dem ás de los num erosos estudi os específ i cos, Bloom f i eld escri bi ó tres
obras teóri cas esenci ales: I ntroducti on to the study of language, L ondon, 1 91 4,
i nf lui da todavía por la psi cologi a clási ca; L enguaje, U ni versi dad de S an
Marcos, 1 964, en la que presenta sus tesi s m ás ori gi nales; L i ngui sti c aspects
of sci ence, C hi cago, 1 93 9, en la que hace una contri buci ón li ngüísti ca al neo-
posi ti vi sm o.
E L A N Á L I S I S D 1 s' rn1 BU c1 oN A L
P or consi gui ente, estudi ar una lengua es, ante todo, reuni r un con-
junto con la m ayor vari edad posi ble de enunci ados ef ecti vam ente
em i ti dos por los usuari os de esa lengua en una época determ i nada
(este conjunto 1 : el corpus). D espués, si n i nterrogarse sobre el
si gni f i cado de los enunci ados, se procurará hacer que aparezcan
regulari dades en el corpus, para dar a la descri pci ón un carácter
ordenado y si stem áti co, y para evi tar que se reduzca a un si m ple
i nventari o. E xclui das la f unci ón y la si gni f i caci ón, la úni ca noci ón
que si rve de base para esta busca de regulari dades es la de contexto
li neal o envi r0nm ent [entorno]. I ndi car el entorno de una uni dad
a¡en un enunci ado E consi ste en i ndi car la seri e de uni dades a, ,
a a uela recede a rì, a a a uela
2 ' 1 - 1 °q P enE ' yl S e P ' i - | - 1 ' ï+2 ” aq
si gue. A parti r de aquíse def i ne la noci ón de expanãìón. S upon-
gam os que b es un segm ento (uni dad o seri e de uni dades) del
enunci ado E . S e di rá que b es una expansi ón de c, si : 1 ) c es
un segm ento de otro enunci ado E ' del corpus, 2) c no es m ás
com plejo que b (: com puesto de otras tantas o de m enos uni da-
des), 3 ) el reem plazo de b por c en E - produce otro enunci ado E "
del corpus (b y c, por lo tanto, ti enen un entorno com ún). E l en-
torno si rve tam bi én para def i ni r la di stri buci ón de una uni dad:
es el conjunto de los entornos donde aparecen en el corpus (el
papel f undam ental de esta noci ón hi zo que los li ngi i i stas que
se apoyan en Bloom f i eld, sobre todo Wells y H arri s en sus pri -
m eras i nvesti gaci ones, se llam en di stri buci onali stas).
D e las noci ones precedentes, el di stri buci onali sm o extrae ante
todo un m étodo para descom poner los enunci ados del corpus o,
según la term i nología usual, para hacer su análi si s en consti tuyen-
tes i nm edi atos (abrevi atura: C . 1 . ). E ste análi si s, que lleva a
atri bui r a la f rase una construcci ón jerárqui ca, consi ste en descom -
poner pri m ero el enunci ado en algunos segm entos bastante vastos,
llam ados sus C . I después en subdi vìdi r cada uno de éstos en
segm entos, los C . de ese C . I . , y asi sucesi vam ente, hasta llegar
a las uni dades m i ni m as. Tom em os por ejem plo el análi si s del enun-
. r- 1 5
* f i
48
DISTRIBUCIONALlSMO
ciado E "El presidente de la República ha inaugurado la expo-
.. , "
SIClOn •
a) Se advierte que también existe en el corpus un enunciado
"Jorge charla", cuyo análisis es evidente (puesto que sólo tiene
dos unidades). Se buscan entonces los segmentos de E que son expan-
siones de "Jorge" y de "charla". Son, respectivamente, "el presidente
de la República" y "ha inaugurado la exposición", puesto que tam-
bién existe en el corpus "Jorge ha inaugurado la exposición" y
"El presidente de la República charla". De allí la primera segmen-
tación en dos C. l.: "El presidente de la República / ha inaugurado
la exposición".
b) A continuación se descompone el primer C. l. comparándolo,
por ejemplo, con el sel!:mento "mi vecino", cuyo análisis es evidente.
Se ve entonces que "el" es expansión de "mi", y "vecino" expansión
ele "presidente de la República". De lo cual se obtiene una nueva
descomposición: "El/presidente de la República".
e) La comparación de "presidente de la República" con "jefe
regional" conduce a una nueva segmentación: "presidente .1 de la
República" ... , etcétera.
El análisis final puede representarse mediante el esquema siguien-
te, en el cual cada "caja" corresponde a un C. 1. que a su vez puede
contener otras cajas:
.....
El
B

BEJ
'-
DB GE]
Una segunda tarea para el distribucionalista que procura ordenar
el corpus consiste en llegar a una clasificación de los C. 1. Para ello
intenta reagrupar todos los C. I. que tengan idéntica distribución
a fin de obtener clases distribucionales. Pero esta operación es
porque es muy raro encontrar en un corpus dos seg·
mentos que tengan exactamente la misma distribución, y es preciso
elecidir qué diferencias distribucionales pueden descartarse y cuáles
deben tomarse en cuenta. Ahora bien, en la lingüística tradicional
son criterios funcionales o semánticos (por lo tanto, inutilizables
para el distribucionalista) los que fundamentan esta decisión, los
(Iue permiten considerar importante que después de "ha inaugurado"
se encuentre "la exposición", "la temporada" o "la ruta", y no "fá-
49
D I S TR I BU C I O N A L I S MO
ci ado E “E l presi dente de la R epúbli ca ha i naugurado la expo-
si ci ón”.
a) S e advi erte que tambi én exi ste en el corpus un enunci ado
“J orge charla”, cuyo análi si s es evi dente (puesto que sólo ti ene
dos uni dades). S e buscan entonces los segmentos de E ' que son expan-
si ones de “J orge” y de “charla”, S on, respecti vamente, “el presi dente
de la R epúbli ca” y “ha i naugurado la exposi ci ón”, puesto que tam-
bi én exi ste en el corpus “J orge ha i naugurado la exposi ci ón” y
“E l presi dente de la R epúbli ca charla”. D e alli la pri mera segmen-
taci ón en dos C . I . : “E l presi dente de la R epúbli ca /ha i naugurado
la exposi ci ón”.
b) A conti nuaci ón se descompone el pri mer C . I . comparándolo,
por ejemplo, con el segmento “mi veci no”, cuyo análi si s es evi dente.
S e ve entonces que “el” es expansi ón de “mi ”, y “veci no” expansi ón
de “presi dente de la R epúbli ca”. D e lo cual se obti ene una nueva
descomposi ci ón: “E l / presi dente de la R epúbli ca”.
c) L a comparaci ón de “presi dente de la R epúbli ca” con “jef e
regi onal” conduce a una nueva segmentaci ón: “presi dente , / de la
R epúbli ca”. . . , etcétera.
E l análi si s f i nal puede representarse medi ante el esquema si gui en-
te, en el cual cada “caja” corresponde a un C . I . que a su vez puede
contener otras cajas:
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U na segunda tarea para el di stri buci onali sta que procura ordenar
el corpus consi ste en llegar a una clasi f i caci ón de los C . I . P ara ello
i ntenta reagrupar todos los C . I . que tengan i dénti ca di stri buci ón
a f i n de obtener clases di stri buci onales. P ero esta operaci ón es
compli cada, porque es muy raro encontrar en un corpus dos seg-
mentos que tengan exactamente la mi sma di stri buci ón, y es preci so
deci di r qué di f erenci as di stri buci onales pueden descartarse y cuáles
deben tomarse en cuenta. A hora bi en, en la li ngüísti ca tradi ci onal
son cri teri os f unci onales o semánti cos (por lo tanto, i nuti li zables
para el di stri buci onali sta) los que f undamentan esta deci si ón, los
que permi ten consi derar i mportante que después de “ha i naugurado”
se encuentre “la exposi ci ón”, “la temporada” o “la ruta”, y no “f á-
49
LAS ESCUELAS
ciI" o "hermoso", y menos importante que, así como se encuentra
"la temporada", es dHícil encontrar "la silla", "la canción", "el
libro". Por lo tanto, habrá que proceder por elapas para establecer
clases dístribucionales. Una primera serie de clases, muy amplias,
sólo exigirá que puedan relacionarse por reglas del tipo: para todo
elemento de la clase A se encuentra al menos un elemento de la
clase B de tal modo que su yuxtaposición constituye un C. 1. en el
corpus -y reciprocamente (con la exigencia de que los C. 1. obtl'-
nidos sean distribucionalmente de la misma naturaleza). En otros
términos: se constituyen clases con regularidades en su combinación
mutua, y no en la combinación de sus elementos. En una segunda
etapa, se subdividirán según el mismo principio las clases princi-
pales ya obtenidas. Retomemos las clases A y B precedentes. Se
las subdividirá, respectivamente, en Al y A ~ Yen B
1
y B ~ , de manera
que todo elemento de Al pueda asociarse al menos a un elemento
de B
1
recíprocamente, y que lo mismo ocurra con respecto a A
2
y B
2

Después se reanudará la operación con Al, A
2
, B
l
YB ~ ... , y así
sucesivamente. (N. B.: El procedimiento real es mucho más como
plicado, sobre todo cuando se toman en cuenta las propiedades dis-
tribucionales de los C. 1. obtenidos por la junción de los elementos
de A y B.)
Algunos distribucionalistas piensan que explicitando rigurosamen-
te esta operación, se llegaría a hacerla automatizable y a definir
así un procedimiento de descubrimiento que produciría mecá-
nicamente una descripción gramatical a partir de un corpus. El
postulado de este método consiste en que cuando se sigue, etapa
por etapa, el proceso de subdivisión, se llega a clases cada vez más
homogéneas desde el punto de vista distribucional: en otros térmi·
nos, los elementos de las clases obtenidas en una etapa cualquiera
se parecen más entre sí, en cuanto a su distribución, que los ele·
mentos de las clases obtenidas en la etapa precedente, de manera
tal que el proceso entero conduce, con una aproximación incesan-
temente mejorada, hacia la determinación de clases dislribucionales
rigurosas. Para Harris, admitir este postulado equivale a atribuir
a la lengua una estructura distribucional. La existencia de dicha
estructura quedaría descartada si se comprobara que, a partir de
una determinada etapa, ya no habría ninguna nueva subdivisión que
pudiera mejorar la aproximación y por consiguiente el mejora-
miento exigiría la anulación de las subdivisiones hechas en una
etapa precedente, imponiendo en cambio la reagrupación de los
elementos anteriormente separados.
~ Acerca de los principios del distribucionalismo: Z. ::s. Harris, "Distribu·
tional Structure", Irord, 1954, pp. 146·162. Acerca del método: Z. S. Harris,
50
L A S E S C U E L A S
ci l” o “herm oso”, y m enos i m portante que, asícom o se encuentra
“la tem porada”, es di f íci l encontrar “la si lla”, “la canci ón”, “el
li bro”. P or lo tanto, habrá que proceder por etapas para establecer
clases di stri buci onales. U na pri m era seri e de clases, m uy am pli as,
sólo exi gi rá que puedan relaci onarse - por reglas del ti po: para todo
elem ento de la clase A se encuentra al m enos un elem ento de la
clase B de tal m odo que su yuxtaposi ci ón consti tuye un C . I . en el
corpus - y recíprocam ente (con la exi genci a de que los C . I . obte-
ni dos sean di stri buci onalm ente de la m i sm a naturaleza). E n otros
térm i nos: se consti tuyen clases con regulari dades en su com bi naci ón
m utua, y no en la com bi naci ón de sus elem entos. E n una segunda
etapa, se subdi vi dìrán según el m i sm o pri nci pi o las clases pri nci -
pales ya obteni das. R etom em os las clases A y B precedentes. S e
las subdi vi di rá, respecti vam ente, en A 1 y A 2 y en B1 y B2, de m anera
que todo elem ento de A 1 pueda asoci arse al m enos a un elem ento
de B1 recíprocam ente, y que lo m i sm o ocurra con respecto a A 2 y B2.
D espués se reanudará la operaci ón con A 1 , A 2, B1 y B2. . . , y así
sucesi vam ente. (N . B. : E l procedi m i ento real es m ucho m ás com -
pli cado, sobre todo cuando se tom an en cuenta las propi edades di s-
tri buci onales de los C . I . obteni dos por la junci ón de los elem entos
de A y B. )
A lgunos di stri buci onali stas pi ensan que expli ci tando ri gurosam en-
te esta operaci ón, se llegaría a hacerla autom ati zable y a def i ni r
asíun procedi m i ento de descubri m i ento que produci ría m ecá-
ni cam ente una descri pci ón gram ati cal a parti r de un corpus. E l
postulado de este m étodo consi ste en que cuando se si gue, etapa
por etapa, el proceso de subdi vi si ón, se llega a clases cada vez m ás
hom ogéneas desde el punto de vi sta di stri buci onal: en otros térm i -
nos, los elem entos de las clases obteni das en una etapa cualqui era
se parecen m ás entre sí, en cuanto a su di stri buci ón, que los ele-
m entos de las clases obteni das en la etapa precedente, de m anera
tal que el proceso entero conduce, con una aproxi m aci ón i ncesan-
tem ente m ejorada, haci a la determ i naci ón de clases di stri buci onales
ri gurosas. P ara H arri s, adm i ti r este postulado equi vale a atri bui r
a la lengua una estructura di stri buci onal. L a exi stenci a de di cha
estructura quedaría descartada si se com probara que, a parti r de
una determ i nada etapa, ya no habría ni nguna nueva subdi vi si ón que
pudi era m ejorar la aproxi m aci ón y por consi gui ente el m ejora-
m i ento exi gi ría la anulaci ón de las subdi vi si ones hechas en una
etapa precedente, i m poni endo en cam bi o la reagrupaci ón de los
elem entos anteri orm ente separados.
- › A cerca de los pri nci pi os del di stri buci onali sm o: Z. S . H arri s, “D i stri bu-
ti onal S tructure”, Word, 1 954, pp. 1 46- 1 62. A cerca del m étodo: Z. S . H arri s,
50
D/srR/BUCIONALISMO
Methode in Structural Linguistics, Chicago, 1951 (reeditado con el título
Structural Linguistics). Sobre el análisis en C. l.: R. S. Wells, "Irnmediate
Constituents", Language, 1947; véase también el capítulo X de la Introducción
a la lingüística descriptiva de H. A. Gleason, Madrid, Gredos, 1971. Los textos
más importantes de esta escuela se encuentran en la recopilación de M. Joos,
Readings in Linguistics, 1 (The Development of descriptive Iinguistics in
America, 1952·1956), Chicago, 1957, reeditado en 1966.
DlSTRIBUCIONALISMO y SAUSSURIANISMO
Desde el punto de vista de la lingüistica saussuriana, el distribucio·
nalismo presenta algunas dificultades. La que se ha señalado con
más frecuencia se refiere a la determinación de las unidades. Para
Saussure, los elementos nunca están dados y su descubrimiento coin-
cide con el del sistema [31 y ss.]. Ahora bien, un estudio distribu·
cional parece suponer, por definición, el conocimiento previo de los
elementos: para establecer la distribución de una unidad, es preciso
haber determinado antes esa unidad (es decir, haberla delimitado
[32] en la cadena hablada, identificándola [33] a través de sus
manifestaciones) y también las unidades que constituyen sus entor·
nos. Parte de esta objeción se supera si la búsqueda de las clases
distribucionales va precedida por un análisis en C. l.: en efecto,
este análisis, que se basa en criterios distribucionales elementales
(estudios de determinados enlornos particulares), permite delimitar
los segmentos que a su vez serán objeto de un estudio distribucional
más avanzado. Sin embargo, subsisten algunos problemas:
a) El análisis en C. 1. encuenlra muchas dificultades para deli·
mitar unidades menores que la palabra. Y si se procura, mediante
retoques, adaptarlo al problema de la segmenlación de la palabra,
dicho análi!'is corre el riesgo de imponer segmentaciones que un
saussuriano rechazaría por su carácter semánticamente discutible.
Así, una vez admitida la segmentación habitual dé-faire, un análisi!'
en C. 1. parece imponer la segmentación re.layer (es fácil encontrar
un enunciado donde relayer [relevar, sustituir] pueda reemplazarse
por défaire, y entonces puede decirse que re es una expansión [48]
de dé-, puesto que existe déloyer [desleír], y que layer [abrir un
sendero] es una expansión de faire, puesto que existe refaire). y
asimismo se llegaría a dé-noncer [denunciar], dé·fendre [prohibir],
dé·caler [descalzar].
b) El análisis en C. 1. no ofrece recursos para resolver el problema
de la identificación de las ocurrencias de una misma unidad. Para
llenar esta laguna, se han elaborado métodos de tipo distribucional
que permiten identificar: 1
9
, las variantes de un mismo fonema (la
51
D I S TR I BU C I O N A L I S MO
Methode i n S tructural L i ngui stícs, C hi cago, 1 951 (reedi tado con el título
S tructural L i ngui sti cs). S obre el análi si s en C . I . : R . S . Wells, “I m m edi ate
C onstìtuents”, L anguage, 1 947; véase tam bi én el capítulo X de la I ntroducci ón
a la li ngüísti ca descri pti va de H . A . G leason, Madri d, G redos, 1 971 . L os textos
m ás i m portantes de esta escuela se encuentran en la recopi laci ón de M. I oos,
R eadi ngs i n L i ngui sti cs, 1 (The D evelopm ent of descri pti ve li ngui sti cs i n
A m eri ca, 1 952- 1 956), C hi cago, 1 957, reedi tado en 1 966.
D I S TR I BU C I O N A L I S MO Y S A U S S U R I A N I S MO
D esde el punto de vi sta de la li ngüísti ca saussuri ana, el di stri buci o-
nali smo presenta algunas di f i cultades. L a que se ha señalado con
más f recuenci a se ref i ere a la determi naci ón de las uni dades. P ara
S aussure, los elementos nunca están dados y su descubri mi ento coi n-
ci de con el del si stema [3 1 y ss. ]. A hora bi en, un estudi o di stri bu-
ci onal parece suponer, por def i ni ci ón, el conoci mi ento previ o de los
elementos: para establecer la di stri buci ón de una uni dad, es preci so
haber determi nado antes esa uni dad (es deci r, haberla deli mi tado
[3 2] en la cadena hablada, i denti f i cándola [3 3 ] a través de sus
mani f estaci ones) y tambi én las uni dades que consti tuyen sus entor-
nos. P arte de esta objeci ón se supera si la búsqueda de las clases
di stri buci onales va precedi da por un análi si s en C . I . : en ef ecto,
este análi si s, que se basa en cri teri os di stri buci onales elementales
(estudi os de determi nados entornos parti culares), permi te deli mi tar
los segmentos que a su vez serán objeto de un estudi o di strìbuci onal
más avanzado. S i n embargo, subsi sten algunos problemas:
a) E l análi si s en C . 1 . encuentra muchas di f i cultades para deli -
mi tar uni dades menores que la palabra. Y si se procura, medi ante
retoques, adaptarlo al problema de la segmentaci ón de la palabra,
di cho análi si s corre el ri esgo de i mponer segmentaci ones que un
saussuri ano rechazari a por su carácter semánti camente di scuti ble.
A sí, una vez admi ti da la segmentaci ón habi tual dé- f ai re, un análi si s
en C . I . parece i mponer la segmentaci ón re- layer (es f áci l encontrar
un enunci ado donde relayer [relevar, susti tui r] pueda reemplazarse
por déƒai re, y entonces puede deci rse que re es una expansi ón [4- 8]
de dé- , puesto que exi ste déloyer [desleír], y que layer [abri r un
sendero] es una expansi ón de f ai re, puesto que exi ste reƒai re). Y
asi mi smo se llegaría a dé- noncer [denunci ar], dé- ƒendre [prohi bi r],
dé- caler [descalzar].
b) E l análi si s en C . I . no of rece recursos - para resolver el problema
de la i denti f i caci ón de las ocurrenci as de una mi sma uni dad. P ara
llenar esta laguna, se han elaborado métodos de ti po di strìbuci onal
que permi ten i denti f i car: 1 9, las vari antes de un mi smo f onema (la
51
LAS ESCUELAS
a de caro y la de bajo) ; 2
9
, las diversas manifestaciones de un mismo
elemento significativo (el in de indistinto y el i de imposible (véa-
se alófonos, p. 205, Yalomodos, p. 237]). Pero estos métodos, poco
manuables, sólo pueden justificar decisiones tomadas según otros
criterios. Por otro lado, no se aplican al caso en que una misma reali-
zación fonética parece, por razones semánticas, pertenecer a unida-
des diferentes (¿podrán esos métodos resolver si existe o no el mismo
re en reafirmar y en rechazar?).
Por lo demás, estas dificultades relativas a la determinación de
las unidades no suprimen -al contrario, destacan- la analogía
entre el distribucionalismo y ciertos aspectos de la lingüística saus-
suriana, sobre todo la glosemática. Para Hjelmslev, como para los
distribucionalistas, lo que caracteriza una lengua es un conjunto de
regularidades combinatorias, es el hecho de permitir ciertas asocia-
ciones y prohibir otras: inclusive pueden encontrarse parecidos muy
precisos entre las relaciones combinatorias ftlosemáticas [132] y las
que dirigen el análisis en C. I. o la constitución de clases distri-
bucionales. Con todo, subsisten diferencias importantes:
a) El formalismo hjelmsleviano abarca a la vez el plano de la
expresión y el del contenido [35]; el formalismo distribucionalista.
al contrario. sólo abarca el primero (por lo tanto, es formal no
sólo en el sentido de los matemáticos, sino también en el sentido
trivial de que se relaciona tan sólo con la forma perceptible de la
lengua) .
b) A la inversa de la combinatoria distribucional, la de Hjelmslev
-puesto que debe aplicarse también a un ámbito semántico-- no
es de tipo lineal; no considera el modo según el cual las unidades se
yuxtaponen en el espacio o el tiempo. sino la pura posibilidad que
tienen las unidades de coexistir en el interior de unidades de nivel
superior.
Es significativo el hecho de que la oposición que separa, entre
los discípulos de Saussure. a glosemáticos y funciona listas tenga su
equivalente en la escuela norteamericana. donde la teoría tagmé-
mica se opone al distribucionalismo estricto. Según Pike, hay dos
actitudes posibles cuando se trata de describir un suceso humano.
Hay una actitud ética, que consiste en prohibirse toda hipótesis
sobre la función de los sucesos encarados y en caracterizarlos sólo
con ayuda de criterios espacio-temporales. La perspectiva émica. en
( ~ a m b i o , consiste en interpretar los sucesos según su función parti-
cular en el mundo cultural particular del que forman parte. (N. B.:
Los adjetivos ético y émico se crearon de acuerdo con los sufijo8
de los adjetivos fonético y fonémico: fonémico = inglés phonemic.
('S decir, fonológico. Según Pike, el distribudonalismo es el ejemplo
52
L A S E S C U E L A S
a de caroy la de bajo) ; 29, las di versas m ani f estaci ones de un m i sm o
elem ento si gni f i cati vo (el i n de i ndi sti nto y el i de i m posi ble (véa-
se alóf onos, p. 205, y alom orf os, p. 23 7]). P ero estos m étodos, poco
m anuables, sólo pueden justi f i car deci si ones tom adas según otros
cri teri os. P or otro lado, no se apli can al caso en que una m i sm a reali -
zaci ón f onéti ca parece, por razones sem ánti cas, pertenecer a uni da-
des di f erentes (¿ podrán esos m étodos resolver si exi ste o no el m i sm o
re en reaf i rm ar y en rechazar?).
P or lo dem ás, estas di f i cultades relati vas a la determ i naci ón de
las uni dades no supri m en - al contrari o, destacan- la analogía
entre el di stri buci onali sm o y ci ertos aspectos de la li ngüísti ca saus-
suri ana, sobre todo la glosem áti ca. P ara H jelm slev, com o para los
di stri buci onali stas, lo que caracteri za una lengua es un conjunto de
regulari dades com bi natori as, es el hecho de perm i ti r ci ertas asoci a-
ci ones y prohi bi r otras: i nclusi ve pueden encontrarse pareci dos m uy
preci sos entre las relaci ones com bi natori as glosem áti cas [1 3 2] y las
que di ri gen el análi si s en C . I . o la consti tuci ón de clases di stri -
buci onales. C on todo, subsi sten di f erenci as i m portantes:
a) E l f orm ali sm o hjelm slevi ano abarca a la vez el plano de la
expresi ón y el del conteni do [3 5]; el f orm ali sm o di stri buci onali sta,
al contrari o, sólo abarca el pri m ero (por lo tanto, es f orm al no
sólo en el senti do de los m atem áti cos, si no tam bi én en el senti do
tri vi al de que se relaci ona tan sólo con la f orm a percepti ble de la
lengua).
b) A la i nversa de la com bi natori a di strìbuci onal, la de H jelm slev
- - puesto que debe apli carse tam bi én a un ám bi to sem ánti co- no
es de ti po li neal; no consi dera el m odo según el cual las uni dades se
yuxtaponen en el espaci o o el ti em po, si no la pura posi bi li dad que
ti enen las uni dades de coexi sti r en el i nteri or de uni dades de ni vel
superi or.
E s si gni f i cati vo el hecho de que la oposi ci ón que separa, entre
los di scípulos de S aussure, a glosem áti cos y f unci onali stas tenga su
equi valente en la escuela norteam eri cana, donde la teoría tagm é-
m i ca se opone al di stri buci onali sm o estri cto. S egún P i ke, hay dos
acti tudes posi bles cuando se trata de descri bi r un suceso hum ano.
H ay una acti tud éti ca, que consi ste en prohi bi rse toda hi pótesi s
sobre la f unci ón de los sucesos encarados y en caracteri zarlos sólo
con ayuda de cri teri os espaci o- tem porales. L a perspecti va ém i ca, en
cam bi o, consi ste en i nterpretar los sucesos según su f unci ón parti -
cular en el m undo cultural parti cular del que f orm an parte. (N . B. :
L os adjeti vos éti co y ém i co se crearon de acuerdo con los suf i jos
de los adjeti vos f onéti co y ƒortém i co: f oném i co = i nglés phonem i c,
es deci r, ƒonológi co. S egún P i ke, el di stri buci onali sm o es el ejem plo
52
DlSTRIBUCIONAUSAIO
de un punto de vista ético, exterior, aplicado al lenguaje. Por ese
motivo, sólo puede dar a la descripción un punto de partida; para
escoger entre las múltiples reglas y clasificaciones que son igual.
mente desde el punto de vista distribucionalista, es preciso
superponerle un estudio émico, que caracterice además las unidades
por la función que les asigna el sujeto hablante. Un estudio deta·
lIado volvería a encontrar en la oposición entre Pike y Harris casi
todos los argumentos utilizados en la controversia fonología.glo-
semática.
-loo La única introducción francesa a la lingüística de Pike es la de E. Roulet.
Syntaxe de la proposition nucléaire en franr;ais parlé, Bruselas, 1%9; K. 1"
Pike preparó una bibliografía comentada de la tagmémica en Current Trertd.s
in Linguistics, 3, editada por T. A. Sebeok, La Haya, 1966, pp. 365·394. Acerca
del prohlema dI' la se¡¡mentación el punto de vista distribucional. véase
Z. S. Harris, "From Phoneme to Morpheme", Language, 1955, pp. 190·220:
H. Freí hace una crítira saussuriana de Harris en "Criteres de délimitation",
Words, 1954. pp. 136·145.
53
D I S TR I BU C I O N /1 L I S MO
de un punto de vi sta éti co, exteri or, apli cado al lenguaje. . P or ese
moti vo, sólo puede dar a la descri pci ón un punto de parti da; para
escoger entre las múlti ples reglas y clasi f i caci ones que son i gual-
mente admi si bles desde el punto de vi sta di stri buci onali sta, es preci so
superponerlc un estudi o émi co, que caracteri ce además las uni dades
por la f unci ón que les asi gna el sujeto hablante. U n estudi o deta-
llado volveri a a encontrar en la oposi ci ón entre P i ke y H arri s casi
todos los argumentos uti li zados en la controversi a f onología- glo-
semáti ca.
- - a- L a úni ca i ntroducci ón f rancesa a la li ngüísti ca de P i ke es la de E . R oulet,
S yntaxe de Zu proposi ti on nucléai re en f rançai s parlé, Bruselas, 1 969; K. l. .
P i ke preparó una bi bli ograf i a comentada de la tagmémi ca en C urrent Tren' ds-
i n L i ngušsti cs, 3 , edi tada por T. A . S ebeok, L a H aya, 1 966, pp. 3 65- 3 94. A cerca
del problema de la segmentaci ón desde el punto de vi sta di strìbuci onal. véase
Z. S . H arri s, “From P honeme to Morpheme" , L anguage, 1 955, pp. 1 90- 220:
H . Frei hace una cri ti ca saussuri ana de H arri s en “C ri têres de dé- li mi tati on“,
Words, 1 954, pp. 1 3 6- 1 45.
53
Lingüística generativa
LINGüíSTICA GENERATIVA Y DISTRIBUCIONALISMO
Alumno al principio de Z. S. Harris, que llevó el distribucionalismo
[ 47 Y ss.] hasta sus consecuencias más extremas, el norteamericano
N. Chomsky, después de interesarse en la formalización (en el sen·
tido lógico.matemático del término) de las nociones distribuciona-
listas básicas, propuso una nueva concepción, llamada lingüística
generativa, concepción que contradice los dogmas distribuciona-
listas, y los reemplazó rápidamente como fundamento de la inves·
tigación linl?;üística norteamericana.
Del -listribucionalismo, Chomsky desea retener el carácter explí.
cito. . t distribucionalismo es explícito en el sentido de que las
desc! pciones de las len?:uas a que llega no utilizan, como conceptos
elem ntale3 (= no definidos) ninguna noción cuya comprensión
suponp';a ya el conocimento, sea de la lengua descrita, sea del len-
guaje en general: su concepto básico, la noción de entorno (tal
unidad, en tal enunciado, está rodeada por tales y cuales unidades),
es comprensible para quien, por una hipótesis absurda, no tuviera
ninguna experiencia personal del habla. En esto reside, para Choms-
ky, la superioridad del distribucionalismo sobre las gramáticas tra-
dicionales, y también sobre la lingüística llamada funcionalista
[40], que recurren a nociones tales como las de dependencia ("tal
palabra se relaciona con tal otra"), la función-sujeto (tal palabra
representa aquello de que se habla), etc., cuya comprensión es parte
integrante de la facultad del lenguaje y que, por consiguiente, no
podrían emplearse para describir esa facultad sin caer en un círculo
vicioso.
Pero Chomsky reprocha al distribucionalismo que su carácter
explícito se alcance a costa de abandonos imposibles de admitir.
Ante todo, a costa de una limitación excesiva del dominio empírico
que toma por objeto. Pues ena lengua es algo muy diferente de
un corpus [48].
a) Mientras que un corpus es por definición un conjunto finito
de enunciados, toda lengua hace posible una infinitwI de enuncia·
dos; puesto que no existe límite para el número de proposiciones
que pueden introducirse en una frase española, es posible, a partir
de un enunciado español, fabricar otro construido con la misma
54
L i ngüísti ca generali va
L 1 N cìi ís' r1 cA G E N E R A TI VA Y n1 s' rn1 BU cI oN A L 1 sMo
A lumno al pri nci pi o de Z. S . H arri s, que llevó el di stri buci onali smo
[4- 7 y ss. ] hasta sus consecuenci as más extremas, el norteameri cano
N . C homsky, después de i nteresarse en la f ormali zaci ón (en el sen-
ti do lógi co- matemáti co del térmi no) de las noci ones di stri buci ona-
li stas bási cas, propuso una nueva concepci ón, llamada li ngüísti ca
generati va, concepci ón que contradi ce los dogmas di stri buci ona-
li stas, y los reemplazó rápi damente como f undamento de la i nves-
ti gaci ón li ngüísti ca norteameri cana.
D el di stri buci onali smo, C homsky desea retener el carácter ex: - pli ~
ci to. ' 1 di stri buci onali smo es expli ci to en el senti do de que las
desci pci ones de las lenguas a que llega no uti li zan, como conceptos
elem ntales (= no def i ni dos) ni nguna noci ón cuya comprensi ón
suponga ya el conoci mento, sea de la lengua descri ta, sea del len-
guaje en general: su concepto bási co, la noci ón de entorno (tal
uni dad, en tal enunci ado, está rodeada por tales y cuales uni dades),
es comprensi ble para qui en, por una hi pótesi s absurda, no tuvi era
ni nguna experi enci a personal del habla. E n esto resi de, para C homs-
ky, la superi ori dad del di stri buci onali smo sobre las gramáti cas tra-
di ci onales, y tambi én sobre la li ngüísti ca llamada f unci onali sta
[40], que recurren a noci ones tales como las de dependenci a ( “tal
palabra se relaci ona con tal otra”), la f unci ón- sujeto (tal palabra
representa aquello de que se habla), etc. , cuya comprensi ón es parte
i ntegrante de la f acultad del lenguaje y que, por consi gui ente, no
podrían emplearse para descri bi r esa f acultad si n caer en un ci rculo
vi ci oso.
P ero C homsky reprocha al di stri buci onali smo que su carácter
explíci to se alcance a costa de abandonos i mposi bles de admi ti r.
A nte todo, a costa de una li mi taci ón excesi va del domi ni o empíri co
que toma por objeto. P ues una lengua es algo muy di f erente de
un corpus [48].
a) Mi entras que un corpus es por def i ni ci ón un conjunto f i ni to
de enunci ados, toda lengua hace posi ble una i nƒi ni tud de enunci a-
dos; puesto que no exi ste li mi te para el número de proposi ci ones
que pueden i ntroduci rse en una f rase española, es posi ble, a parti r
de un enunci ado español, f abri car otro construi do con la mi sma
54
LINGtJlSTICA GENERATIVA
regularidad (agregando, por ejemplo, una proposición relativa) : el
distribucionalismo está condenado por su método a ignorar ese poder
de infinito incluido en toda lengua.
b) Más aún, una lengua no es sólo un conjunto de enunciados
(finito o infinito), sino todo un saber acerca de tales enunciados.
Porque no podrá decirse que alguien conoce una lengua si es
incapaz de los enunciados ambiguos de los enunciados con
una sola interpretación, si no siente que determinados enunciados
tienen construcciones sintácticas semejantes, mientras que otros enun·
ciados aparecen con construcciones diferentes, etc. Ahora bien, los
distribucionalistas excluyen deliberadamente de su campo descriptivo
este saber y se contentan con describir la manera la cual se
combinan las unidades en los enunciados (d. la noción de compe-
tencia según Chomsky, p. 145 Y ss.).
Aun cuando admitamos esta reducción del dominio descrito (es
imposible (JescrihirIo todo) . hay un sel!Undo abandono que Chomsky
reprocha al distribucionalismo y es precisamente el hecho de que
se contente con describir, renunciando a explicar. En esto, los suce·
sores de Bloomfield permanecerían fieles a una concepción empi.
rista según la cual la ciencia sólo se r>ropone clescribir los fenó·
menos, procurando introducir cierto orden en su desorden aparente:
la tarea esencial del investigador consistiría entonces en la clasifi·
cación. la taxinomia. Éste es, en efecto. el único ohjeto de los
distribucionalistas, para quienes una gramática es simplemente una
clasificación de los seg:mentos (fonemas, morfemas. palabras. J?;rupos
(le palabras) que aparecen en los enunciaclos del corpus. Y en la
medida en que el principio de esta clasificación consiste en reagrupar
los elementos de distribución [48] idéntica (o vecina). puede con·
siderársela, según la expresión de Harris, como una "descripción
compacta" del corpus: una vez en posesión de esta clasificación. debe
!'cr fácil reconstituir todos los enunciados del corpus. Según Choms.
ky, al contrario, toda ciencia, durante su desarrollo, está llamada a
fijarse una meta más ambiciosa que la descripción y la clasificación.
Otro tanto ha de ocurrir con la lingüística, que puede aspirar a
presentar hipótesis de valor explicativo relacionadas con la facultad
que origina la actividad lingüística. No basta con decir, siquiera
de manera compacta, cuáles son los enunciados posibles e imposibles,
cuáles son los enunciados ambiguos, sintácticamente emparentados,
etcétera; es preciso que todas esas observaciones de detalle puedan
relacionarse con una concepción del conjunto del lenguaje. Si Choms·
ky se sintió obligado a proponer una nueva definición de lo que es
una gramática y lo que es una teoría lingüística, es para reconciliar
el designio de ser explícito con el de ser explicativo.
55
L I N G U ÍS TI C A G E N E R A TI VA
regulari dad (agregando, por ejemplo, una proposi ci ón relati va): el
di stri buci onali smo está condenado por su método a i gnorar ese poder
de i nf i ni to i nclui do en toda lengua.
b) Más aún, una lengua no es sólo un conjunto de enunci ados
Í f i ni to o i nf i ni to), si no todo un saber acerca de tales enunci ados.
P orque no podrá deci rse que algui en conoce una lengua si es
i ncapaz de di sti ngui r los enunci ados ambi guos de los enunci ados con
una sola i nterpretaci ón, si no si ente que determi nados enunci ados
ti enen construcci ones si ntácti cas semejantes, mi entras que otros enun-
ci ados aparecen con construcci ones di f erentes, etc. A hora bi en, los
di stri buci onali stas excluyen deli beradamente de su campo descri pti vo
este saber y se contentan con descri bi r la manera según la cual se
combi nan las uni dades en los enunci ados (cf . la noci ón de compe-
tenci a según C homsky, p. 1 45 y ss. ).
A un cuando admi tamos esta reducci ón del domi ni o descri to (es
i mposi ble descri bi r- lo todo) . hay un se_ aundo abandono que C homsky
reprocha al di stri buci onali smo y es preci samente el hecho de que
se contente con descri bi r, renunci ando a expli car. E n esto, los suce-
sores de Bloomf i eld permaneceri an f i eles a una concepci ón empi -
ri sta según la cual la ci enci a sólo se propone descri bi r los f enó-
menos, procurando i ntroduci r ci erto orden en su desorden aparente:
la tarea esenci al del i nvesti gador consi sti ría entonces en la clasi f i -
caci ón, la taxi nomi a. Éste es, en ef ecto. el úni co objeto de los
di stri buci onali stas, para qui enes una gramáti ca es si mplemente una
clasi f i caci ón de los segmentos (f onemas, morf emas, palabras. grupos
de palabras) que aparecen en los enunci ados del corpus. Y en la
medi da en que el pri nci pi o de esta clasi f i caci ón consi ste en reagrupar
los elementos de di stri buci ón [48] i dénti ca (o veci na). puede con-
si derársela, según la expresi ón de H arri s, como una “descri pci ón
compacta” del corpus: una vez en posesi ón de esta clasi f i caci ón. debe
ser f áci l reconsti tui r todos los enunci ados del corpus. S egún C homs-
ky, al contrari o, toda ci enci a, durante su desarrollo, está llamada a
f i jarse una meta más ambi ci osa que la descri pci ón y la clasi f i caci ón.
O tro tanto ha de ocurri r con la li ngüísti ca, que puede aspi rar a
presentar hi pótesi s de valor expli cati vo relaci onadas con la f acultad
que ori gi na la acti vi dad li ngüísti ca. N o basta con deci r, si qui era
de manera compacta, cuáles son los enunci ados posi bles e i mposi bles, -
cuáles son los enunci ados ambi guos, si ntácti camente emparentados,
etcétera; es preci so que todas esas observaci ones de detalle puedan
relaci onarse con una concepci ón del conjunto del lenguaje. S i C homs-
ky se si nti ó obli gado a proponer una nueva def i ni ci ón de lo que es
una gramáti ca y lo que es una teori a li ngüísti ca, es para reconci li ar
el desi gni o de ser expli ci to con el de ser expli cati vo.
55
LAS ESCUELAS
LA IDEA DE LA GRAMÁTICA GENERATIVA
¿En qué consiste, según Chomsky, la descripción sintáctica to gra-
mática generativa) de una lengua particular? Es un conjunto
de reglas, de instrucciones, cuya aplicación mecánica produce enun-
ciados admisibles (= gramaticales) de esa lengua, y sólo esos enun-
ciados. (Sobre la noción de enunciado admisible, cL p. 153 Y ss ,
sobre el detalle de las reglas, d. p. 265 Yss.) El carácter mecaniza-
ble, automatizable, de la gramática asegura que será explícita: para
comprender una gramática, que es una especie de sistema formal
(en el sentido de los lógicos), sólo es preciso saber operar las mani-,
pulaciones, absolutamente elementales, prescritas por las reglas (esen-
cialmente: reemplazar un simbolo por otro, suprimir, agregar).
Precisamente porque no presupone en su usuario ningún conoci-
miento lingüístico, la gramática podrá considerarse como una des'
cripción total de la lengua.
Para que una gramática, entendida en ese sentido, sea adecuada
deben satisfacerse dos exigencias:
..a) Que la gramática engendre efectivamente todos los
de la lengua y sólo ellos, sin excepción. Cuando esta exigencia se
cumple, se tiene un primer grado de adecuación, llamada descrip1
tiva. Segúr, Chomsky, esta adecuación es débil ya que una multitud
de gramáticas pueden llegar hasta ella en una misma lengua. Y será
tanto más débil cuando aparezcan muchos enunciados que no sean
absolutamente admisibles ni absolutamente inadmisibles y cuando
haya que aceptar, por consiguiente, en ese mismo nivel, tanto
gramáticas que los engendren como las que los rechacen.
b) Que pueda representarse en esta gramática el saber intuitivo
de los sujetos hablantes sobre los enunciados de :;u lengua. En otros,
términos, ese saber debe traducirse en términos de mecanismos gene·
rativos. Así, la ambigüedad de un enunciado deberá tener una
marca particular en el proceso según el cual es engendrado (Choms-
ky exige, por ejemplo, que cada enunciado ambiguo pueda ser
engendrado de tantas maneras diferentes cuantos sentidos diferentes
posea). O bien, si dos enunciados se sienten como sintácticamente
próximos, su lectura servirá simplemente para comparar la manera
en que son engendrados (Chomsky exige, por ejemplo, que los pro-
cesos que los engendren sean idénticos durante cierto tiempo). Una
gramática que responda a esta exigencia se considerará observa-
cionalmente adecuada (también se hablará de adecuación fuerte).
N. B.: a) Exigir esta adecuación fuerte era, para Chomsky, aban-
donar la ambición distribucionalista de establecer procedimientos
56
L A S E S C U E L A S
L A I D E A D E L A G R A MÃTI C A G E N E R A TI VA
¿ E n qué consi ste, según C hom sky, la descri pci ón si ntácti ca (0 gra-
m áti ca generati va) de una lengua parti cular?E s un conjunto
de reglas, de i nstrucci ones, cuya apli caci ón m ecáni ca produce enun-
ci ados adm i si bles (: gram ati cales) de esa lengua, y sólo esos enun-
ci ados. (S obre la noci ón de enunci ado adm i si ble, cf . p. 1 53 y ss ,
sobre el detalle de las reglas, cf . p. 265 y ss. ) E l carácter m ecani za-
ble, autom ati zable, de la gram áti ca asegura que será explíci ta: para
com prender una gram áti ca, que es una especi e de si stem a f orm al
(en el senti do de los lógi cos), sólo es preci so saber operar las m ani - .
pulaci ones, absolutam ente elem entales, prescri tas por las reglas (esen-
ci alm ente: reem plazar un si m bolo por otro, supri m i r, agregar).
P reci sam ente porque no presupone en su usuari o ni ngún conoci -
m i ento li ngüi sti co, la gram áti ca podrá consi derarse com o una des-
cri pci ón total de la lengua.
P ara que una gram áti ca, entendi da en ese senti do, sea adecuada
deben sati sf acerse dos exi genci as:
- _ a) Que la gram áti ca engendre ef ecti vam ente todos los enunci ados
de la lengua y sólo ellos, si n excepci ón. C uando esta exi genci a se
cum ple, se ti ene un pri m er grado de adecuaci ón, llam ada descri p- 1
ti va. S egún C hom sky, esta adecuaci ón es débi l ya que una m ulti tud
de gram áti cas pueden llegar hasta ella en una m i sm a lengua. Y será
tanto m ás débi l cuando aparezcan m uchos enunci ados que no sean
absolutam ente adm i si bles ni absolutam ente i nadm i si bles y cuando
haya que aceptar, por consi gui ente, en ese m i sm o ni vel, tanto las
gram áti cas que los engendren com o las que los rechacen. = .
b) Que pueda representarse en esta gram áti ca el saber i ntui ti vo
de los sujetos hablantes sobre los enunci ados de su lengua. E n otros
térm i nos, ese saber debe traduci rse en térm i nos de m ecani sm os gene-
rati vos. A sí, la am bi güedad de un enunci ado deberá tener una
m arca parti cular en el proceso según el cual es engendrado (C hom s-
ky exi ge, por ejem plo, que cada enunci ado am bi guo pueda ser,
engendrado de tantas m aneras di f erentes cuantos senti dos di f erentes.
posea). O bi en, si dos enunci ados se si enten com o si ntácti cam ente
próxi m os, su lectura servi rá si m plem ente para com parar la m anera
en que son engendrados (C hom sky exi ge, por ejem plo, que los pro-
cesos que los engendren sean i dénti cos durante ci erto ti em po). U na
gram áti ca que responda a esta exi genci a se consi derará observa-
ci onalm ente adecuada (tam bi én se hablará de adecuaci ón f uerte).
N . B. : a) E xi gi r esta adecuaci ón f uerte era, para C hom sky, aban-
donar la am bi ci ón di stri buci onali sta de establecer procedi m i entos
56
LlNGO/ST/CA GENERATIYA
mecanizables para el descubrimiento de las gramáticas [49], pro-
cedimientos que fabricarían gramáticas a partir de corpus. En efecto.
es evidente que el tipo de datos que preside la adecuación fuerte
-y que concierne a la intuición de los sujetos hablantes- no puede
discernirse directamente mediante una máquina: la gramática sólo
puede redescubrirse mediante el trabajo efectivo del gramático
--cosa que no impide que, una vez descubierta, la gramática con-
sista en un procedimiento automático de producción de frases.
b) Aunque una gramática generativa sea una máquina (abstracta)
productora de frases, Chomsky no supone que el sujeto hablante,
al producir una frase, hie et nunc, lo haga según el proceso que
engendra la frase en la gramática generativa: la gramática genera-
tiva no es un modelo de producción de las frases en el discur,so
cotidiano que hace intervenir, sin duda, muchos otros
Sólo se trata -y Chomsky insiste sobre este punto- de suministrar
\Ina caracterización matemática de una competencia poseída por los
usuarios de una lengua determinada (y no un modelo psieológic.o
de su actividad). Sin embargo, al exigir que las mismas reglas pro-
duzcan las frases y representen fenómenos tales como la
dad, y más aún, al exigir que esta representación sea bastante "natu-
ral" (como la que da a una frase ambigua tantas generaciones como
sentidos posee), Chomsky invitaba a la interpretación psicológica
que asimila los procesos generativos definidos en la gramática a los
mecanismos cerebrales ligados a la emisión de las frases. Si, en
efecto, se abandona esta interpretación, ¿por qué no escoger los
modos de representación más arbitrarios?
LA IDEA DE TEORÍA LINGÜÍSTICA
La adecuación fuerte que acabamos de describir deja abierta para
una misma lengua la posibilidad de varias gramáticas y, por consi·
guiente, no resuelve el problema de la elección. La teoría lingüística
debe ayudar a resolver este problema. En efecto, las gramáticas
pueden clasificarse según el tipo de mecanismos que utilizan para
engendrar las frases o, más exactamente, según la forma de las
reglas que comportan (acerca de esta clasificación, véase el artículo
Reglas generativas, p. 265 Yss.). Chomsky da el nombre de teoría
lingüística a cada uno de los principales tipos de gramáticas posi.
bIes. Va de suyo que, de existir motivos para elegir una teoría deter·
minada entre las demás, ya podría hacerse una selección severa
entre las gramáticas posibles para una lengua determinada, puesto
que éstas son con frecuencia formas muy diferentes. Por consiguien.
57
L I N G U ÍS TI C A G E N E R A TI VA
m ecani zables para el descubri m i ento de las gram áti cas [- L 9), pro-
cedi m i entos que f abri cari an gram áti cas a parti r de corpus. E n ef ecto.
es evi dente que el ti po de datos que presi de la adecuaci ón f uerte
- y que conci erne a la i ntui ci ón de los sujetos hablantes- no puede
di scerni rse di rectam ente m edi ante una m áqui na: la gram áti ca sólo
puede redescubri rse m edi ante el trabajo ef ecti vo del gram áti co
- - - cosa que no i m pi de que, una vez descubi erta, la gram áti ca con-
si sta en un procedi m i ento autom áti co de producci ón de f rases.
b) A unque una gram áti ca generati va sea una m áqui na (abstracta)
productora de f rases, C hom sky no supone que el sujeto hablante,
al produci r una f rase, hi c et nano, lo haga según el proceso que
engendra la f rase en la gram áti ca generati va: la gram áti ca genera-
ti va no es un m odelo de producci ón de las f rases en el di scurso
C oti di ano que hace i nterveni r, si n duda, m uchos otros f actores).
S ólo se trata _ y C hom sky i nsi ste sobre este punto- - de sum i ni strar
una caracteri zaci ón m atem áti ca de una com petenci a poseída por los
usuari os de una lengua determ i nada (y no un m odelo psi cológi co
de su acti vi dad). S i n em bargo, al exi gi r que las m i sm as reglas pro-
duzcan las f rases y representen f enóm enos tales com o la am bi güe-
dad, y m ás aún, al exi gi r que esta representaci ón sea bastante “natu-
ral” (com o la que da a una f rase am bi gua tantas generaci ones com o
senti dos posee), C hom sky i nvi taba a la i nterpretaci ón psi cológi ca
que asi m i la los procesos generati vos def i ni dos en la gram áti ca a los
m ecani sm os cerebrales li gados a la em i si ón de las f rases. S i , en
ef ecto, se abandona esta i nterpretaci ón, ¿ por qué no escoger los
m odos de representaci ón m ás arbi trari os?
L A I D E A D E TE O R ÍA L I N oüi s' r1 cA
L a adecuaci ón f uerte que acabam os de descri bi r deja abi erta para
una m i sm a lengua la posi bi li dad de vari as gram áti cas y, por consi -
gui ente, no resuelve el problem a de la elecci ón. L a teori a li ngüísti ca
debe ayudar a resolver este problem a. E n ef ecto, las gram áti cas
pueden clasi f i carse según el ti po de m ecani sm os que uti li zan para
engendrar las f rases o, m ás exactam ente, según la f orm a de las
reglas que com portan (acerca de esta clasi f i caci ón, véase el arti culo
R eglas generati vas, p. 265 y ss. ). C hom sky da el nom bre de teoría
li ngüísti ca a cada uno de los pri nci pales ti pos de gram áti cas posi -
bles. Va de suyo que, de exi sti r m oti vos para elegi r una teori a deter-
m i nada entre las dem ás, ya podri a hacerse una selecci ón severa
entre las gram áti cas posi bles para una lengua determ i nada, puesto
que éstas son con f recuenci a f orm as m uy di f erentes. P or consi gui en-
57
LAS ESCUELAS
te, ¿qué exigencias principales qebe satisfacer una teoría adecuada?
l. Para cada lengua debe ser posible construir, según el modelo
de esta teoría, una gramática a la vez descriptiva y observacional·
mente adecuada. La teoría debe ser. pues, universal. Pero esta con·
dición aún no es suficiente: queda la posibilidad de que una teoria
universal pueda autorizar varias gramáticas diferentes para una
lentma determinada. Se añadirá, por lo tanto, esta exigencia:
2. Debe poderse asociar a la teoría un procedimiento mecanizable
que permita evaluar para cada lengua las diferentes
conformes a la teoría y así ayudar a entre ellas. Pero es
preciso que tal evaluación no sea arbitraria. De allí el criterio:
3. Dadas C
l
y C
2
, dos de una leD!!Ua T.. conformes
a la teoría T y cada una con adecuación ilp"criotiva. es pref'iso qu
P
fll procedimiento de evaluación asociado a T privile!rie. mediante el
simole examen de C. y d" v. nor lo tanto. imlenendientemente de
toda consideración de adecuación observacional. la que resulta mác;
observacionalmente adecuada. Y esto para todas las dp
tipo T v para toilas lenlruas. La teoría debe ser caDa?. por
decirlo: de "adivinar" la gramática que mejor represpnta las intui·
ciones del ",uieto hablante. Suoongamos oue una teoría T satisfae:a
este tercer ('riterio (son demasiado pocas las lenlZuas que hAsta hov
han recibido una descripción e:enerativa para que la verificación
sea posible actualmente: el criterio sirve simolemente ile oerspec·
fiva a lar!!o plazo para !ruiar la elaborAdón de h teoría lingüística).
Se atribuiría entonces a T la adecuación llamada exnlicativa.
En efecto, la teoría (Tue satisficiera el criterio precedente podría
aspirar a un valor explicativo en un sentido doble. Mientras que
una p:ramática sólo tiene una función de reorel'ientación (representa
fll conjunto de las frases admisibles, representa la intuición del sujeto
hablante), por el contrario. la teoría que relaciona ese coniunto
c1p. frases con ese saber instintivo es fuente de deducciones: al pri.
vilegiar, por razones independientes, la gramática que representa
('omo ambip:uas o como sintácticamente próximas las frases que,
de hecho, son sentidas como tales. permite deducir esos sentimientos
que el lingüista encuentra al principio corno datos. Pero la teoría
p-s tamhién explicativa en un segundo sentido: puede aspirar a reve·
lar la facultad humana del lenguaje. Admitamos que el niño. cuando
aprende su lengua materna, construye, a partir de los enunciados
que oye pronunciar a su alrededor. una gramática generativa de su
lengua, gramática que tendrá la doble propiedad de engendrar todas
las frases aceptables y de sUlpinistrar un saber gramatical sobre esas
frases. Puedc admitirse entonces que la teoría lingüística es la imagen
de la facultad innata con ayuda de la cual el niño opera esa cons·
58
L A S E S C U E L A S
te, ¿ qué exi genci as pri nci pales debe sati sf acer una teori a adecuada?
1 . P ara cada lengua debe ser posi ble construi r, según el m odelo
de esta teori a, una gram áti ca a la vez descri pti va y observaci onal-
m ente adecuada. L a teori a debe ser, pues, uni versal. P ero esta con-
di ci ón aún no es suf i ci ente: queda la posi bi li dad de que una teori a
uni versal pueda autori zar vari as gram áti cas di f erentes para una
lengua determ i nada. S e añadi rá, por lo tanto, esta exi genci a:
2. D ebe poderse asoci ar a la teori a un procedi m i ento m ecani zable
que perm i ta evaluar para cada lengua las di f erentes gram áti cas
conf orm es a la teori a y asi ayudar a elegi r entre ellas. P ero es
preci so que tal evaluaci ón no sea arbi trari a. D e alli el cri teri o:
3 . D adas G 1 y G 2, dos gram áti cas de una lenaua L . , conf orm es
a la teori a T y cada una con adecuaci ón descri pti va. es preci so (WP
el procedi m i ento de evaluaci ón asoci ado a T pri vi legi a. , m edi ante el
si m ple exam en de G , y de G » v. por lo tanto. i ndependi entem ente de
todo consi deraci ón de adecuaci ón observaci onal. , la que resulta m ás
observaci onalm ente adecuada. Y esto para todas las gram áti cas de
ti po T y para todas las lenguas. L a teoría debe ser capaz. por asi
deci rlo. . de “adi vi nar” la gram áti ca que m ejor representa las i ntui -
ci ones del sujeto hablante. S upongam os cue una teori a T sati sf ace
este tercer cri teri o (son dem asi ado pocas las lenguas que hasta hov
han reci bi do una descri pci ón generati va para que la veri f i caci ón
sea posi ble actualm ente: el cri teri o si rve si m plem ente de perspec-
ti va a larao plazo para gui ar la elaboraci ón de la teori a li nei i i sti ea) .
S e atri bui ri a entonces a T la adecuaci ón llam ada expli cati va.
E n ef ecto, la teori a one sati sf i ci era el cri teri o precedente podri a
aspi rar a un valor expli cati vo en un senti do doble. Mi entras que
una gram áti ca sólo ti ene una f unci ón de representaci ón (representa
el conjunto de las f rases adm i si bles, representa la i ntui ci ón del sujeto
hablante), por el contrari o, la teori a que relaci ona ese conjunto
de f rases con ese saber i nsti nti vo es f uente de deducci ones: al pri -
vi legi ar, por razones i ndependi entes, la gram áti ca que representa
com o am bi guas o com o si ntácti cam ente próxi m as las f rases que,
de hecho, son senti das com o tales, perm i te deduci r esos senti m i entos
que el li ngi i i sta encuentra al pri nci pi o com o datos. P ero la teori a
es tam bi én expli cati va en un segundo senti do: puede aspi rar a reve-
lar la f acultad hum ana del lenguaje. A dm i tam os que el ni ño, cuando
aprende su lengua m aterna, construye, a parti r de los enunci ados
que oye pronunci ar a su alrededor, una gram áti ca generati va de su
lengua, gram áti ca que tendrá la doble propi edad de engendrar todas
las f rases aceptables y de sum i ni strar un saber gram ati cal sobre esas
f rases. P uede adm i ti rse entonces que la teori a li ngi i i sti ca es la i m agen
de la f acultad i nnata con ayuda de la cual el ni i i o opera esa cons-
58
LINGtJJSTICA GENERATIVA
lrucción (el niño debe saber a priori qué forma general debe dar
a la gramática y cómo valorar las diferentes gramáticas posibles).
En efecto, tanto esa facultad como la teoría son universales y ambas
son capaces de enriquecer los enunciados con un conocimiento de sus
propiedades sintácticas.
N. B.: a) Algunos adversarios de Chomsky le reprochan que, para
discernir entre las diversas gramáticas posibles, acuda al viejo cri-
terio de simplicidad, criterio poco satisfactorio puesto que hay mu-
chos tipos diferentes de simplicidad (escaso número de símholos
en la gramática, escaso número de reglas, simplicidad interna de
cada regla, etc.). Este reproche está hasado en un contrasentido.
El criterio de evaluación, según Chomsky, es un elemento de la
teoría lingüística y debe construirse de tal modo que la teoría
resulte adecuada: por consiguíente, nada tiene que ver con una
exigencia a priori de simplicidad.
b) Subsiste el hecho de que la construcción de ese criterio (toda·
vía programática en el estado actual de los estudios) es de impor.
tancia vital para toda la lingüística chomskiana. Sólo ese criterio
puede justificar el proyecto, muy ambicioso y sin el apoyo de nin-
guna evidencia, de describir fenómenos tales corno la amhigüedad,
la proximidad sintáctica, etc., en términos de procesos generativos.
c) El presente artículo no ha utilizado el término "transforma·
ción". Pues el transformacionalismo no es sino una de las tantas
teorías generativas posibles (la que Chomsky cree justa).
d) Para una definición formal de la noción de transformación,
d. Reglas generativas, p. 269 Yss. Sobre el empleo de esta
noción y sobre la organización de conjunto de una gramática transo
formacional, véase Estructura superficial y Estructura profunda,
p. 281 Yss. (d. sobre todo el cuadro de las páginas 284 y 285).
--+ La literatura sobre la lingüística generativa es considerable. Hay que
hacer notar particularmente tres obras importantes de N. Chomsky: Estructuras
sintácticas, Siglo XXI, de próxima aparición; Aspectos de la teoría de la sin-
taxis, Madrid, AguiJar, 1970; Problemas comunes de la teoría lingúlstica,
Siglo XXI, de próxima aparición. Una introducción muy elemental: J. Lyons,
Chomsky, London, 1970. Para un estudio más profundo: N. Ruwet, Introduc-
tion ti la grammaire générative, Paris, 1967, y Langages, 14, junio de 1969,
"Tendences nouvelles en syntaxe générative". Como ensayos de aplicación al
francés: J. Dubois, Grammaire structurale du /rant;ais, te. Il y IIl, Paris, 1967
y 1969; M. Gross, Grammaire trans/ormationnelle du /rant;ais, syntaxe du verbe,
Paris, 1968. Se encontrará un punto de vista más crítico en: O. Ducrot, "Logi-
que et langage", Langages, 2, junio de 1966, pp. 21-28; B. Brunig, "Les théories
transformationnelles", La Linguistique, 2, 1965, Y 1, 1966; 'l. Pottier, "La
grammaire généralive el la linguislique", Travaux de linguistique et de litté·
rature, 1968, VI, 1.
59
L I N G U ÍS TI C A G E N E R A TI VA
trucci ón (el ni ño debe saber a pri ori qué f orm a general debe dar
a la gram áti ca y cóm o valorar las di f erentes gram áti cas posi bles).
E n ef ecto, tanto esa f acultad com o la teori a son uni versales y am bas
son capaces de enri quecer los enunci ados con un conoci m i ento de sus
propi edades si ntácti cas.
N . B. : a) A lgunos adversari os de C hom sky le reprochan que, para
di scerni r entre las di versas gram áti cas posi bles, acuda al vi ejo cri -
teri o de si m pli ci dad, cri teri o poco sati sf actori o puesto que hay m u-
chos ti pos di f erentes de si m pli ci dad (escaso núm ero de sím bolos
en la gram áti ca, escaso núm ero de reglas, si m pli ci dad i nterna de
cada regla, etc. ). E ste reproche está basado en un contrasenti do.
E l cri teri o de evaluaci ón, según C hom sky, es un elem ento de la
teori a li ngüísti ca y debe construi rse de tal m odo que la teoría
resulte adecuada: por consi gui ente, nada ti ene que ver con una
exi genci a a pri ori de si m pli ci dad.
b) S ubsi ste el hecho de que la construcci ón de ese cri teri o (toda-
vía program áti ca en el estado actual de los estudi os) es de i m por-
tanci a vi tal para toda la li ngüísti ca chom sl- ti ana. S ólo ese cri teri o
puede justi f i car el proyecto, m uy am bi ci oso y si n el apoyo de ni n-
guna evi denci a, de descri bi r f enóm enos tales com o la am bi güedad,
la proxi m i dad si ntácti ca, etc. , en térm i nos de procesos generati vos.
c) E l presente artículo no ha uti li zado el térm i no " transf orm a-
ci ón”. P ues el transf orm aci onali sm o no es si no una de las tantas
teorías generati vas posi bles (la que C hom sky cree justa).
d) P ara una def i ni ci ón f orm al de la noci ón de transf orm aci ón,
cf . R eglas generati vas, p. 269 y ss. S obre el em pleo li ngüísti co de esta
noci ón y sobre la organi zaci ón de conjunto de una gram áti ca trans-
f orm aci onal, véase E structura superf i ci al y E structura prof unda,
p. 281 y ss. (cf . sobre todo el cuadro de las pági nas 284- y 285).
- > L a li teratura sobre la li ngüísti ca generati va es consi derable. H ay que
hacer notar parti cularm ente tres obras i m portantes de N . C hom sky: E structuras
si ntácti cas, S i glo XXI , de próxi m a apari ci ón; A spectos de la teori a de la si r. -
taxi s, Madri d, A gui lar, 1 970; P robi em as com unes de la teori a li ngüísti ca,
S i glo XXI , de próxi m a apari ci ón. U na i ntroducci ón m uy elem ental: J . L yons,
C hom sky, L ondon, 1 970. P ara un estudi o m ás prof undo: N . R uwet, I ntroduc-
ti on à la gram m ai re générati ve, P ari s, 1 967, y L angages, 1 4, juni o de 1 969,
“Tendences nouvelles en syntaxe génératìve”. C om o ensayos de apli caci ón al
f rancés: J . D uboi s, G ram m ai re structurale du f rançai s, ts. I I y I I I , P ari s, 1 967
y 1 969; M. G ross, G ram m ai re transƒorm ati onnelle du f rançai s, syntaxe du verbe,
P ari s, 1 968. S e encontrará un punto de vi sta m ás cri ti co en: O . D ucrot, “L ogi -
que et langage”, L angages, 2, juni o de 1 966, pp. 21 - 28; B. Bruni g, “L es théori es
transf orm ati onnelles”, L a L i ngui sti que, 2, 1 965, y 1 , 1 966; R . P otti er, “L a
gram m ai re générati ve et la li ngui sti que”, Travauxde li ngui sti que et de lítté-
rature, 1 968, VI , 1 .
59
Apéndice
LingiHsUcu anligua y mcdicf'ul
En la sección precedente sólo se han descrito escuelas recien-
tes. Ello no significa que, para nosotros, la lingüí.stica "seria"
empiece con Port-Royal. Al contrario, consideramos que el
trabajo de los lingüista.s cOT/siste, en cada época, en integrar
descubrimientos antiguos en un sistema conceptual nuevo.
Pero nos ha parecido imposible presentar en pocas páginas
una síntesis teórica de las investigaciones lingüísticas
griegas, latinas y medievales, y hemos preferido referirnos a
ellas a propósito de los problemas particulares expuestos en
las secciones que siguen. Por lo tanto, aquí nos limitaremo,;
a señalar orientaciones generales y a dar algunas informaciones
bibliográficas.
La reflexión sohre el lenguaje es contemporánea de la historia de la
humanidad: sus huellas aparecen en los primeros documentos de
que disponemos. No podría ser de otro modo: la escritura, que ha
conservado esos textos, se hasa necesariamente en un análisis preli-
minar del lenguaje. Sin emhargo, en muchos casos tal reflexión
anuncia la lingüística sólo indirectamente: casi siempre se mani-
fiesta como una serie de divagaciones sobre el origen, la forma
y el poder de las palabras. Las investigaciones sohre el origen del
lenguaje se afirman en el momento en que aparecen las primeras
gramáticas y se prolongan durante el transcurso de la historia occi·
dental, hasta la primera mitad del siglo XIX.
-40 A. Borst, Der Turmbau von Babel, Stuttgart, 1957·1963, 4 vols. en 6 tomos.
relata toda la historia de las teorías sobre el origen y la diversidad de las
lenguas. El mejor trabajo de conjunto sobre la historia de la lingüística es el
de R. H. Robins, A short history 01 linguistics, London, 1969. En francés SI'
puede leer a J. Joyaux, Le Langage cet inconnu, Paris, 1969.
El primer texto de lingüística de que disponemos es la gramática
sánscrita de Panini (cerca del siglo IV a. C.). La ironía quiere
que este lihro, quizá la primera ohra científica de nuestra historia,
no haya sido igualado en su ámbito hasta nuestros días. El tratado
60
A péndi ce
ou?
L i ngnzsti co anti gua y m edi eval
E n la secci ón precedente sólo se han descri to escuelas reci en-
tes. E llo no si gni f i ca que, para nosotros, la li ngi i i sti ca “seri a”
em pi ece con P ort- R oyal. A l contrari o, consi deram os que el
trabajo de los li ngi i i stas consi ste, en cada época, en i ntegrar
descubri m i entos anti guos en an si stem a conceptual nu- evo.
P ero nos ha pareci do i m posi ble presentar en pocas pági nas
una si ntesi s teóri ca de las i nvesti gaci ones I i ngi i i sti cas hi ndúes,
gri egas, lati nas y m edi evales, y hem os pref eri do ref eri rnos a
eli as a propósi to de los problem as parti culares expuestos en
las secci ones que si guen. P or lo tanto, aqui nos li m i tarernos
a señalar ori entaci ones generales y a dar algunas i nf orm aci ones
bi bli ográf i cas.
L a ref lexi ón sobre el lenguaje es contem poránea de la hi stori a de la
hum ani dad: sus huellas aparecen en los pri m eros docum entos de
que di sponem os. N o podría ser de otro m odo: la escri tura, que ha
conservado esos textos, se basa necesari am ente en un análi si s preli -
m i nar del lenguaje. S i n em bargo, en m uchos casos tal ref lexi ón
anunci a la li ngüísti ca sólo i ndi rectam ente: casi si em pre se m ani -
f i esta com o una seri e de di vagaci ones sobre el ori gen, la f orm a
y el poder de las palabras. L as i nvesti gaci ones sobre el ori gen del
lenguaje se af i rm an en el m om ento en que aparecen las pri m eras
gram áti cas y se prolongan durante el transcurso de la hi stori a occi -
dental, hasta la pri m era m i tad del si glo XI X.
- - › A . Box- st, D er Turrnbaa con Babel, S tuttgart, 1 957- 1 963 , 4- vols. en 6 tom os.
relata toda I a hi stori a de las teorías sobre el ori gen y la di versi dad de las
lenguas. E l m ejor trabajo de conjunto sobre la hi stori a de la li ngüísti ca es el
de R . H . R obi ns, A short hi story of li ngai sti cs, L ondon, 1 969. E n f rancés se
puede leer a J . J oyaux, L e L angage cet i nconna, P ari s, 1 969.
E l ri m er texto de li n i ìi sti ca de ue di s onem os es la sram áti ca
f P . U U g Í q I Q Ó
sanseri ta de P ani ni cerca del si alo I V a. C . ). L a i roni a m ere
za q
que este li bro, qui zá la pri m era obra ci enti f i ca de nuestra hi stori a.
no haya si do i gualado en su ám bi to hasta nuestros di as. E l tratado
60
APÉNDICE
de Panini tiene por objeto esencial los procedimientos de derivación
y de composición morfológica, que describe con ayuda de reglas
ordenadas. La brevedad de formulación es uno de los rasgos domi·
nantes de Panini; de allí la necesidad y la abundancia de comen·
tarios, entre los cuales el más antiguo y el más importante es el
de Patañjali.
La lingüística sánscrita no se limita a la morfología. En el nivel
de la teoría lingüística general, retenemos sobre todo la noción de
sphota, entidad lingüística abstracta, por oposición a dhvani, la
realización indívídual de esta entidad. El sphota puede situarse
en el nivel de la frase, la palabra o el sonido. Uno de los grandes
filósofos, Bhartrhari, distingue tres y no dos niveles de
abstracción en el lenguaje. En el ámbito fonético, logran una des·
l'ripción exhaustiva de la lengua sánscrita, a partir de un análisis
articulatorio. En el ámbito semántico, plantean el problema ele las
relaciones entre varios sentielos de una palahra, el de la interac·
ción de las palabras individuales en la formación del sentido de la
frase, etcétera.
L. Renou (lr.), La Grammaire de Panini, Paris, 1948, 1954: P. C. Cha-
kravarli. The Linguistic Speculations 01 the Hindus. CalCUla, 1933: J. Brough.
"Theories of General Linguislics in lhe Sanscril Grammarians", Transactions
o! the Philological Societr, 1951, pp. 27-46: D. S. Ruegg, Contrwutions ti
l'histoire de la philosophie linguistique indienne. Paris, 1959: W. S. Allen.
Phonetics in Andent India, London, 1953: K. K. Raja, Indian Theories 01
!t{eoning, Madras, 1963.
En Grecia, el estudio del lenguaje es inseparable de la filosofía
del lenguaje (en los presocráticos, Platón, Aristótelt"s, los estoicos)
o del comentario ele los textos literarios (escuela de Alejandría).
Las tres grandes direcciones en que avanzan las investigaciones son:
etimología, fonética y morfología. En el ámbito de la etimología
ocurre la controversia sobre el origen natural o convencional
de las palabras; las de las palabras indivíduales se reve·
laron, como consecuencia de esos estudios, sin valor histórico. El
uso sistemático del alfabeto fonético implica los rudimentos del
análisis fonológico. Pero la parte más desarrollada de los estudios
lingüísticos es la teoría de las partes del discurso. Inaugurada por
Platón y Aristóteles, continuada por los estoicos, será sistemática-
mente presentada por el autor del primer tratado de gramática
griego, Dionisio ele Tracia. que distingue ya ocho partes del discurso.
así como categorías secundarias (por ejemplo, género, número, ('aso.
etcétera). Los problemas sintácticos se plantearán trescientos años
clt"spués. en el siglo 11. en la obra de Apolonio Díscolo.
Los gramáticos romanos retoman y continúan los trabajos griegos.
61
A P ÉN D I C E
de P ani ni ti ene por objeto esenci al los procedi mi entos de deri vaci ón
y de composi ci ón morf ológi ca, que descri be con ayuda de reglas
ordenadas. L a brevedad de f ormulaci ón es uno de los rasgos domi -
nantes de P ani ni ; de alli la necesi dad y la abundanci a de comen-
tari os, entre los cuales el más anti guo y el más i mportante es el
de P atañjali .
L a I i ngi i i sti ca sánscri ta no se li mi ta a la morf ología. E n el ni vel
de la teori a li ngi i i sti ca general, retenernos sobre todo la noci ón de
sphota, enti dad li ngi i i sti ca abstracta, por oposi ci ón a dhvani , la
reali zaci ón i ndi vi dual de esta enti dad. E l sphota puede si tuarse
en el ni vel de la f rase, la palabra o el soni do. U no de los grandes
gramáti cos f i lósof os, Bhartrbari , di sti ngue tres y no dos ni veles de
abstracci ón en el lenguaje. E n el ámbi to f onéti co, logran una des-
cri pci ón exhausti va de la lengua sánscri ta, a parti r de un análi si s
arti culatori o. E n el ámbi to semánti co, plantean el problema de las
relaci ones entre vari os senti dos de una palabra, el de la i nterac-
ci ón de las palabras i ndi vi duales en la f ormaci ón del senti do de la
f rase, etcétera.
- - › L . R enou (tr. ), L a G rammai re de P ani ni , P ari s, 1 948, 1 954; P . C . C ha-
kravarti , The L i ngui sti c S peculati ons of the H i ndus, C alcuta, 1 93 3 : J . Brougll.
”Theori es of G eneral L i ngui sti cs i n the S anscri t G rammari ans”, Transacti ons
of the P hi lologi cal S oci ety, 1 951 , pp. 27- 4- 6; D . S . R ucgtši C ontri buti ons à
I i hi stoi re de la phi losophi e li ngui sti que i ndi enne, P ari s, 1 959; W. S . A llen.
P honeti cs i n A nci ent I ndi a, L ondon, 1 953 ; K. K. R aja, I ndi an Theori es of
Mmni ng, Madras, 1 963 .
E n G reci a, el estudi o del lenguaje es i nseparable de la f i losof i a
del lenguaje (en los presocráti cos, P latón, A ri stóteles, los estoi cos)
o del comentari o de los textos li terari os (escuela de A lejandría).
L as tres grandes di recci ones en que avanzan las i nvesti gaci ones son:
eti mología, f onéti ca y morf ología. E n el ámbi to de la eti mología
ocurre la célebre controversi a sobre el ori gen natural o convenci onal
de las palabras; las eti mologías de las palabras i ndi vi duales se reve-
laron, como consecuenci a de esos estudi os, si n valor hi stóri co. E l
uso si stemáti co del alf abeto f onéti co i mpli ca los rudi mentos del
análi si s f onológi co. P ero la parte más desarrollada de los estudi os
li ngüísti cos es la teori a de las partes del di scurso. I naugurada por
P latón y A ri stóteles, conti nuada por los estoi cos, será si stemáti ca-
mente presentada por el autor del pri mer tratado de gramáti ca
gri ego, D i oni si o de Traci a, que di sti ngue ya ocho partes del di scurso.
asi como categori as secundari as (por ejemplo, género, número, caso.
etcétera). L os problemas si ntácti cas se plantearán tresci entos años
rlesnnês, en el si glo I I , en la obra de A poloni o D i scolo.
L os gramáti cos romanos retoman y conti núan los trabajos gri egos.
61
LAS ESCUELAS
Varrón (siglo II d.C.), autor de una voluminosa descripción de la
lengua latina, testimonia la fértil influencia de todas las escuelas
gramaticales griegas. Donato y Prisciano (siglo v) codificarán la
gramática latina para la posteridad, determinando ya en gran parte
la forma de nuestros manuales escolares. Paralelamente se desarrolla
(desde la más alta antigüedad) una teoría retórica cuya influencia
se perpetuará igualmente hasta el siglo XIX.
~ 1.. Lersch, Die Sprachphüosophie der Alten, Bonn, 1838-1841; H. Stein·
thal, Geschichte der Sprachwissenschaft bei den Griechen und Romem, Berlín,
2" ed., 1890; R. H. Robins, Ancient and Medieval Grammatical Theory in Euro·
pe, London, 1951; M. Pohlenz, "Die Begründung der abendliindischen Sprach·
lehre durch die Stoa", Nachrichten von der Gesellschaft der Wissenschaften
zu Gottingen, phü.·hist. Kl., Fachgr. 1: Altertumwisssenschaft, N.F. 3-6, 1939;
E. Egger, Apollonius Dyscole: essai sur fhistoire des théories grammaticales
dans f Antiquité, Paris, 1854; J. Callart, Varron grammairien latin, Paris, 1954.
La especificidad de la investigación lingüística medieval está oscu-
recida por el hecho de que casi siempre se presenta como un comen-
tario de los gramáticos latinos, sobre todo Prisciano. Pero esta
constante referencia a la autoridad (que, en la Edad Media, es
casi parte integrante de la retórica científica) no impide que los
gramáticos medievales ---eomo los lógicos y los filósofos- desarro-
llen una reflexión muy original.
Es a partir del siglo X cuando esta originalidad empieza a mani·
festarse con más nitidez. Dos temas son particularmente significa.
tivos de la nueva gramática. Ante todo, la voluntad de constituir
una teoría general del lenguaje, independiente de tal o cual lengua
particular, y sobre todo del latín -mientras que Prisciano se fijaba
explícitamente como meta una descripción de la lengua latina. Por
otro lado, se verifica en la nueva gramática el acercamiento entre
la gramática y la lógica, disciplina redescubierta en la misma época
y que tiende cada vez más a manifestarse como el instrumento
universal de todo pensamiento. Entre los gramáticos más célebres,
en el período que va del siglo X al XII, podemos citar a Gerbert
d'Aurillac, san Anselmo, Abélard, Pierre Hélie.
El segundo -y el más notable- período de la lingüística medie·
val se inicia en el siglo XIII y está dominado por la' escuela llamada
modista. Los modistas también se proponen constituir una teoría
general del lenguaje, pero creen en la autonomía absoluta de la
gramática con relación a la lógica (cuando los gramáticos de Port·
Royal, cuatro siglos después, subordinen la gramática a la lógica,
retomarán un punto de vista que los modistas creían superado). La
independencia del enfoque lingüístico se manifiesta esencialmente
en el concepto, introducido en esa época, de modo de significar
62
L A S E S C U E L A S
Varrón (si glo I I d. C . ), autor de una volum ìnosa descri pci ón de la
lengua lati na, testi m oni a la f érti l i nf luenci a de todas las escuelas
gram ati cales gri egas. D onato y P rìsci ano (si glo V) codìf i carán la
gram áti ca lati na para la posteri dad, determ i nando ya en gran parte
la f orm a de nuestros m anuales escolares. P aralelam ente se desarrolla
(desde la m ás alta anti güedad) una teoría retóri ca cuya i nf luenci a
se perpetuará i gualm ente hasta el si glo XI X.
- › L . L ersch, D i e S prachphi losophi e der A lten. , Bonn, 1 83 8- 1 841 ; H . S tei n-
thal, G eschi chte der S prachwi ssem chaƒt bei den G ri echen und R öm ern, Berli n,
2@ ed. , 1 890; R . H . R obi ns, A nci ent and Medi eval G ram m ati cal Theory i n E uro-
pe, L ondon, 1 951 ; M. P ohlenz, “D i e Begründungder abendlä ndi schen S prach-
1 el1 re durch di e S toa”, N achri chten von der G esellschaƒt der Wi ssenschaƒten
zu G otti ngen, phi l. - hi st. KL , Fachgr. I : A ltertum wísssenschaƒt, N . F. 3 - 6, 1 93 9;
E E gger, A polloni us D yscole: essai sur Fhi stoi re des théori es gram m atícales
dans l°A nti quíté, P ari s, 1 854- ; J . C ollart, Varroa gram m ai ríen lati n, P arís, 1 954.
L a especi f i ci dad de la i nvesti gaci ón li ngüísti ca m edi eval está oscu-
reci da por el hecho de que casi si em pre se presenta com o un com en-
tari o de los gram áti cos lati nos, sobre todo P rìsci ano. P ero esta
constante ref erenci a a la autori dad (que, en la E dad Medi a, es
casi parte i ntegrante de la retóri ca ci entíf i ca) no i m pi de que los
gram átícos m edi evales - com o los lógi cos y los f i lósof os- desarro-
llen una ref lexi ón m uy ori gi nal.
E s a parti r del si glo X cuando esta ori gi nali dad em pi eza a m ani -
f estarse con m ás ni ti dez. D os tem as son parti cularm ente si gni f i ca-
ti vos de la nueva gram áti ca. A nte todo, la voluntad de consti tui r
una teoría general del lenguaje, i ndependi ente de tal o cual lengua
parti cular, y sobre todo del lati n - m i entras que P rìsci ano se f i jaba
explíci tam ente com o m eta una descri pci ón de la lengua lati na. P or
otro lado, se veri f i ca en la nueva gram áti ca el acercam i ento entre
la gram áti ca y la lógi ca, di sci pli na redescubìerta en la m i sm a época
y que ti ende cada vez m ás a m ani f estarse com o el i nstrum ento
uni versal de todo pensam i ento. E ntre los gram áti cas m ás célebres,
en el período que va del si glo X al XI I , podem os ci tar a G erbert
d' A uri 1 lac, san A nselm o, A bélard, P i erre H éli e.
E l segundo - - y el m ás notable- período de la li ngüísti ca m edi e-
val se íni ci a en el si glo XI I I y está dom i nado por lacscuela llam ada
m odi sta. L os m odi stas tam bi én se proponen consti tui r una teoría
general del lenguaje, pero creen en la autonom ía absoluta de la
gram áti ca con relaci ón a la lógi ca (cuando los gram áti cos de P ort-
R oyal, cuatro si glos después, subordi nen la gram áti ca a la lógi ca,
retom arán un punto de vi sta que los m odi stas creían superado). L a
i ndependenci a del enf oque li ngüísti co se m ani f i esta esenci alm ente
en el concepto, i ntroduci do en esa época, de m odo de si gni f i car
62
APÉNDICE
("modus significandi"). Un elemento gramatical (por ejemplo, una
parte del discurso [240]) no debe definirse por su significado, sino
por la manera en que es encarado ese significado, por el tipo de
relación instituido entre palabras y cosas. Una teoría gramatical es,
pues, ante todo, un inventario detallado, y una clasificación de esos
modos posibles de acceso a las cosas (así la diferencia entre el adje.
tivo y el sustantivo reside menos en su objeto que en el punlo de
vista según el cual presentan ese objeto). Entre los principales
modistas, deben señalarse Siger de Courtrai, lean Aurifaber, Tho·
mas d'Erfurt.
~ Entre los pocos textos gramaticales de la Edad Media publicados se
encuentran los tratados de Siger de Courtrai (editado por Wallerand, Lovaina,
1913), de Thomas d'Erfurt (en las obras de Duns Scoto, Paris, 1890), de
Jean le Dace (editado por A. Otto, Copenhague, 1955). Los estudios más impor·
tantes sobre la gramática dc la Edad Media son sin duda los de: Ch. Thurot,
Notices et Extraits pour servir ti fhistoire des doctrines grammaticales du
Moren Age, Paris, 1868; M. Heidegger, Die Kategorien und Bedeutungslehre
des Duns Scotus, Tübingen, 1916, trad. franco en 1970 (se trata de hecho
de Thomas d'Erfurt) ; H. Ross, Die Modi significandi des Martinus de Dacia,
MÜDster·Copenhague, 1952; J. Pinborg, Die Entwicklung der Sprachtheorie
im Mittelalter, MÜDster·Copenhague, 1967. Se encuentran datos interesantes
en J. C. Chevalier, Histoire de la syntaxe, Ginebra, 1968, cap. 1, primera parte.
63
A P E N D I C E
(“modus si gni f i candi ”). U n elemento gramati cal (por ejemplo, una
parte del di scurso [24- 0]) no debe def i ni rse por su si gni f i cado, si no
por la manera en que es encarado ese si gni f i cado, por el ti po de
relaci ón i nsti tui do entre palabras y cosas. U na teori a gramati cal es,
pues, ante todo, un i nventari o detallado, y una clasi f i caci ón de esos
modos posi bles de acceso a las cosas (asi la di f erenci a entre el adje-
ti vo y el sustanti vo resi de menos en su objeto que en el punto de
vi sta según el cual presentan ese objeto). E ntre los pri nci pales
modi stas, deben señalarse S i ger de C ourtrai , J ean A uri f aber, Tho-
mas d”E rf urt.
- 3 E ntre los pocos textos gramati cales de la E dad Medi a publi cados se
encuentran los tratados de S ìger de C ourtrai (edi tado por Wallerand, L ovai na,
1 91 3 ), de Thomas d' E rf urt (en las obras de D uns S coto, P ari s, 1 890), de
J ean le D ace (edi tado por A . O tto, C openhague, 1 955). L os estudi os más i mpor-
tantes sobre la gramáti ca dc la E dad Medi a son si n duda los de: C h. Thurot,
N oti ces et E xtrai ts pour servi r à Fhi stoi re des doctri nas grammati cales du
Mayen A ge, P ari s, 1 868; M. H ei degger, D i e Kategori en und Bedeutungslehre
des D ans S cotus, Ti i bi ngen, 1 91 6, trad. f ranc. en 1 970 (se trata de hecho
de Thomas d' E rf urt) ; H . R oss, D i e Medi si gni ƒi candi des Marti nus de D aci a,
Mi i nster- C openhague, 1 952; J . P i nborg, D i e E ntwi cklungder S prachtheori e
i m Mi ttef alter, Münster- C openhague, 1 967. S e encuentran datos i nteresantes
en J . C . C hevali er, H i stoi re de la syntaxe, G i nebra, 1 968, cap. 1 , pri mera parte.
63
Los dominios L os domi ni os
Componentes
de la descripción lingiiística
¿Cuáles son las principales tareas que exige la descripción de una
lengua en un momento determinado de su historia? La tradición
occidental divide el trabajo en tres grandes ámbitos y distingue,
yendo desde lo más exterior a lo que toca más de cerca la signi-
ficación:
1. Los medios materiales de expresión (pronunciación. escritura) .
2. La gramática, que se descompone en dos capítulos:
2
a
• La morfología trata de las palabras, tomadas independien-
temente de sus relaciones en la frase. Por un lado, se las distribuye
en diferentes clases, llamadas "partes del discurso" (nombre, verbo,
etc.). Por la otra, se indican todas las variaciones que puede sufrir
una misma palabra, dando las reglas para la formación de los géne-
ros y los números, para la declinación,.para la conjugación.
2
b
• La sintaxis trata de la combinación de las palabras en la
frase. Los problemas de que se ocupa la sintaxis se refieren al orden
de las palabras, a los fenómenos de rección (concordancia o régi.
men) --es decir, la manera en que ciertas palabras imponen a otras
variaciones de caso, número, género- y por fin, sobre todo a partir
del siglo XVIII, a las principales funciones que las palabras pueden
cumplir en la frase [246 y ss.].
3. El diccionario, o léxico, indica el o los sentidos que poseen
las palabras. Por lo tanto, se muestra como la parte semántica
por excelencia de la descripción (el diccionario también informa
-pero sólo por razones de comodidad- sobre las variaciones mor·
fológicas particulares de cada palabra).
El desarrollo de la lingüística en el siglo xx ha sugerido varias
críticas (a veces incompatibles entre sí) contra esta repartición:
a) Se basa en la noción de palabra. Pero la palabra ya no se
considera la unidad significativa fundamental [235 v ss.] .
. b) Sitúa en el mismo plano las obligaciones que la lengua impone
al hablante y las opciones que le propone. Así, las reacciones ----que
son puras servidumbres (en español es obligatoria la concordancia
entre el sujeto y el verbo)- coexisten en la sintaxis con el inventario
67
C omponentes
de la descri pci ón li ngüísti ca
¿ C uáles son las pri nci pales tareas que exi ge la descri pci ón de una
lengua en un m om ento determ i nado de su hi stori a?L a tradi ci ón
occi dental di vi de el trabajo en tres grandes ám bi tos y di sti ngue,
yendo desde lo m ás exteri or a lo que toca m ás de cerca la si gni -
f i caci ón:
1 . L os m edi os m ateri ales de expresi ón (pronunci aci ón. escri tura).
2. L a gram áti ca, que se descom pone en dos capítulos:
2, . L a m orf ología trata de las palabras, tom adas i ndependi en-
tem ente de sus relaci ones en la f rase. P or un lado, se las di stri buye
en di f erentes clases, llam adas “partes del di scurso” (nom bre, verbo,
etc. ). P or la otra, se i ndi can todas las vari aci ones que puede suf ri r
una m i sm a palabra, dando las reglas para la f orm aci ón de los géne-
ros y los núm eros, para la decli naci ón, - para la conjugaci ón.
2h. L a si ntaxi s trata de la com bi naci ón de las palabras en la
f rase. L os problem as de que se ocupa la si ntaxi s se ref i eren al orden
de las palabras, a los f enóm enos de recci ón (concordanci a o régi -
m en) - es deci r, la m anera en que ci ertas palabras i m ponen a otras
vari aci ones de caso, núm ero, género- y por f i n, sobre todo a parti r
del si glo XVI I I , a las pri nci pales f unci ones que las palabras pueden
cum pli r en la f rase [246 y ss. ].
3 . E l di cci onari o, o léxi co, i ndi ca el o los senti dos que poseen
las palabras. P or lotanto, se m uestra com o la parte sem ánti ca
por excelenci a de la descri pci ón (el di cci onari o tam bi én i nf orm a
- - pero sólo por razones de com odi dad- sobre las vari aci ones m or-
f ológi cas parti culares de cada palabra).
E l desarrollo de la li ngüísti ca en el si glo XX ha sugeri do vari as
críti cas (a veces i ncom pati bles entre sí) contra esta reparti ci ón:
a) S e basa en la noci ón de palabra. P ero la palabra ya no se
consi dera la uni dad si gni f i cati va f undam ental [23 5 _ v ss. ].
_ b) S i túa en el m i sm o plano las obli gaci ones que la lengua i m pone
al hablante y las opci ones que le propone. A si , las reacci ones - que
son puras servi dum bres (en español es obli gatori a la concordanci a
entre el sujeto y el verbo)- coexi sten en la si ntaxi s con el i nventari o
!.OS DOMINIOS
de las funciones -que representa, en cambio, un abanico de posi.
bilidades. Esta coexistencia no era alarmante en épocas en que el
objeto primordial de la lengua parecía el de "representar" el pensa·
miento [17]. Port· Royal, por ejemplo, y después W. von Humboldt,
conceden un lugar muy importante a los fenómenos de rección, por·
que en la acción de una palabra sobre la otra ven la imagen sensible
de la relación entre los pensamientos en el espíritu. Pero si la
función primordial del lenguaje es "la comunicación", es difícil
conceder el mismo lugar a un mecanismo como la rección (que.
siendo obligatorio, no puede utilizarse para suministrar una infor-
mación al oyente) y a un sistema de opciones que, por el contrario,
permite al hablante dar a conocer sus intenciones.
e) El confinamiento de la semántica en el diccionario permite
pensar que la descripción semántica se reduce esencialmente a carac-
terizar una tras otra las unidades significativas utilizadas por la
lengua. Ahora bien, una de las enseñanzas de Saussure menos discu·
tidas consiste en que el estudio más fructífero es el de las relaciones
entre elementos. Relaciones paradigmáticas: la semántica actual toma
por objeto no tanto las palabras o morfemas, cuanto las categorías
de palabras o de morfemas relativas a un mismo dominio (campos
semánticos). Relaciones sintagmáticas, también: un problema que
hoy parece esencial es el de determinar cómo se combinan las s i ~ n i .
ficaciones de los elementos de la frase para constituir su sentido
total, cosa que no se produce, desde luego, por simple adición.
El privilegio otorgado a las palabras en el esquema tradicional
es particularmente inadmisible desde el punto de vista de l ~ glose.
mática [35 v ss.]. Por dos motivos. Ante todo. porque las unidades
intrínsecas de la lengua son tanto unidades de contenido (plere-
mas) como unidades de expresión (cenemas); cada plerema se
define por sus relaciones con los demás pleremas y cada cenema
por sus relaciones con los demás cenemas. Las palabras, en cambio,
sólo se definen por la unión de elementos que pertenecen a planos
distintos. Esta asociación de un significante con un significado no
produce, por lo tanto, más que unidades extrínsecas que no pro-
vienen de la lengua misma, sino de sus condiciones de utilización.
Nada asegura, por ejemplo, que los significados de las palabras
constituyan unidades elementales del contenido o siquiera unidades
complejas: es posible que una descripción auténtica del contenido
lingüístico no encontrara en ningún momento los significados léxi·
coso Un segundo motivo radica en el hecho de que la palabra sólo
puede definirse de manera "sustancial": está constituida por un
concepto y una serie fonética. Pero la descripción lingüística es
ante todo "formal" y caracteriza las unidades únicamente por sus
68
L O S D O MI N I O S
de las f unci ones - - que representa, en cam bi o, un abani co de posi -
bi li dades. E sta coexi stenci a no era alarm ante en épocas en que el
objeto pri m ordi al de la lengua pareci a el de “representar” el pensa-
m i ento [1 7] . P ort - R oyal, por ejem plo, y después W. von H um boldt,
conceden un lugar m uy i m portante a los f enóm enos de recci ón, por-
que en la acci ón de una palabra sobre la otra ven la i m agen sensi ble
de la relaci ón entre los pensam i entos en el espíri tu. P ero si la
f unci ón pri m ordi al del lenguaje es “la com uni caci ón”, es di f íci l
conceder el mi smo lugar a un mecani smo como la recci ón (que.
si endo obli gatori o, no puede uti li zarse para sum i ni strar una i nf or-
m aci ón al oyente) y a un si stem a de opci ones que, por el contrari o,
perm i te al hablante dar a conocer sus i ntenci ones.
c) E l conf i nam i ento de la sem ánti ca en el di cci onari o perm i te
pensar que la descri pci ón sem ánti ca se reduce esenci alm ente a carac-
teri zar una tras otra las uni dades si gni f i cati vas uti li zadas por la
lengua. A hora bi en, una de las enseñanzas de S aussure m enos di scu-
ti das consi ste en que el estudi o m ás f ructíf ero es el de las relaci ones
entre elem entos. R elaci ones paradi gm áti cas: la sem ánti ca actual tom a
por objeto no tanto las palabras o m orf em as, cuanto las categorías
de palabras o de m orf em as relati vas a un m i sm o dom i ni o (cam pos
semánti cos). R elaci ones sìntagmáti cas, tambi én: un problema que
hoy parece esenci al es el de determ i nar cóm o se com bi nan las si gni -
f ìcaci ones de los elem entos de la f rase para consti tui r su senti do
total, cosa que no se produce, desde luego, por si m ple adi ci ón.
E l pri vi legi o otorgado a las palabras en el esquem a tradi ci onal
es parti cularm ente i nadm i si ble desde el punto de vi sta de la glose-
m áti ca [3 5 v ss. ]. P or dos m oti vos. A nte todo. porque las uni dades
i ntrínsecas de la lengua son tanto uni dades de conteni do (plere-
m as) com o uni dades de expresi ón (cenem as); cada plerem a se
def i ne por sus relaci ones con los dem ás plerem as y cada cenem a
por sus relaci ones con los dem ás cenem as. L as palabras, en cam bi o,
sólo se def i nen por la uni ón de elem entos que pertenecen a planos
di sti ntos. E sta asoci aci ón de un si gni f i cante con un si gni f i cado no
produce, por lo tanto, m ás que uni dades extri nsecas que no pro-
vi enen de la lengua m i sm a, si no de sus condi ci ones de uti li zaci ón.
N ada asegura, por ejemplo, que los si gni f i cados de las palabras
consti tuyan uni dades elem entales del conteni do o si qui era uni dades
com plejas: es posi ble que una descri pci ón auténti ca del conteni do
li ngüísti co no encontrara en ni ngún m om ento los si gni f i cados léxi -
cos. U n segundo m oti vo radi ca en el hecho de que la palabra sólo
puede def i ni rse de m anera “sustanci al”: está consti tui da por un
concepto y una seri e f onéti ca. P ero la descri pci ón li ngüísti ca es
ante todo “f orm al” y caracteri za las uni dades úni cam ente por sus
68
COMPONENTES DE LA DESCRIPCIóN LlNGO/STICA
combinaciones posibles en la lengua. Teniendo en cuenta estos prin-
cipios, la descripción deberá fraccionarse siguiendo dos líneas divi·
sorias. Se empezará por distinguir dos componentes principales, inde-
pendientes el uno del otro y consagrados respectivamente al conte-
nido y a la expresión, Después, cada uno se subdividirá en dos
partes: un estudio de las relaciones formales que existen entre las
unidades, y un estudio, subordinado al anterior, de las realizaciones
sustanciales de esas unidades. Sólo como faz accesoria podrá aña·
dirse la descripción, puramente utilitaria, de las relaciones entre
los dos planos, es decir, de lo que tradicionalmente constituye el
objeto del diccionario y de la morfología.
~ Véase especialmente L. Hjelmslev, "La estratification du langage", Word.
]955, pp. 163-168.
Si A, 1Ilartinet rechaza también la repartición clásica, lo hace en
la medida en que atribuye una importancia fundamental a la noción
de elección, que preside sobre todo la teoria de la doble articula-
ción. Describir una lengua es describir el conjunto de las elecciones
que puede hacer quien la habla y que puede reconocer quien la
comprende. Tales elecciones son de dos tipos:
a) Las de la primera articulación tienen un valor significativo,
es decir, se refieren a unidades provistas de sentido: cí., en el enun-
ciado "Juan ha empezado después de ti", la elección de "ti" en vez
de "mí", "él", "la guerra", etc. Decir que estas elecciones consti-
tuyen una articulación es proponer una doble hipótesis: por una
parte, que existen elecciones mínimas (elección de unidades signi-
ficativas elementales, los monemas [237], por ejemplo, "ti"), Ypor
la otra, que las elecciones más vastas (como la de "después de ti")
se comprenden a partir de la elección de los monemas (por consi-
guiente, se formula la hipótesis, muy fuerte, de que la diferencia
entre "ha empezado después de ti" y "ha empezado después de la
guerra" se explica por la que existe entre "ti" y "la guerra").
b) Las elecciones de la segunda articulación son las de unidades
solamente distintivas, los fonemas [203], cuya única función es
permitir la distinción de los monemas: así, la elección de "t" en
"ti" no proviene directamente de una voluntad de significación,
sino tan sólo de manera indirecta, en la medida en que ese sonido
se hace necesario por la elección del monema "ti", al cual dis-
tingue, por ejemplo, de "mí". Una vez más, Martinet formula la
hipótesis de que hay articulación, es decir, de que existen elecciones
mínimas (elección de fonemas como "t") y de que éstas constituyen
la base de la eleeción de los segmentos superiores,
Por consiguiente, la descripción lingüística tendrá dos compo-
69
C O MP O N E N TE S D E L A D E S C R I P C I ÓN L I N G U ÍS TI C /I
com bi naci ones posi bles en la lengua. Teni endo en cuenta estos pri n-
ci pi os, la descri pci ón deberá f racci onarse si gui endo dos líneas di vi -
seri as. S e em pezará por di sti ngui r dos com ponentes pri nci pales, i nde-
pendi entes el uno del otro y consagrados respecti vam ente al conte-
ni do y a la expresi ón. D espués, cada uno se subdìvìdi rá en dos
partes: un estudi o de las relaci ones f orm ales que exi sten entre las
uni dades, y un estudi o, subordi nado al anteri or, de las reali zaci ones
sustanci ales de esas uni dades. S ólo com o f az accesori a podrá aña-
di rse la descri pci ón, puram ente uti li tari a, de las relaci ones entre
los dos planos, es deci r, de lo que tradi ci onalm ente consti tuye el
objeto del di cci onari o y de la m orf ología.
- › Véase especi alm ente L . H jelm slev, “L a estrati f i cati on du langage" , Word,
1 955, pp. 1 63 - 1 68.
S i A . Marti net rechaza tam bi én la reparti ci ón clási ca, lo hace en
la m edi da en que atri buye una i m portanci a f undam ental a la noci ón
de elecci ón, que presi de sobre todo la teoría de la doble arti cula-
ci ón. D escri bi r una lengua es descri bi r el conjunto de las elecci ones
que puede hacer qui en la habla y que puede reconocer qui en la
com prende. Tales elecci ones son de dos ti pos:
a) L as de la pri m era arti culaci ón ti enen un valor si gni f i cati vo,
es deci r, se ref i eren a uni dades provi stas de senti do: cf . , en el enun-
ci ado “luan ha em pezado después de ti ”, la elecci ón de “ti ” en vez
de “m í”, “él”, “la guerra”, etc. D eci r que estas elecci ones consti -
tuyen una arti culaci ón es proponer una doble hi pótesi s: por una
parte, que exi sten elecci ones m íni m as (elecci ón de uni dades si gni -
f i cati vas elem entales, los m onem as [23 7], por ejem plo, “ti ”), y por
la otra, que las elecci ones m ás vastas (com o la de “después de ti ”)
se com prenden a parti r de la elecci ón de los m onem as (por consi -
gui ente, se f orm ula la hi pótesi s, m uy f uerte, de que la di f erenci a
entre “ha em pezado después de ti ” y “ha em pezado después de la
guerra” se expli ca por la que exi ste entre “ti ” y “la guerra”).
b) L as elecci ones de la segunda arti culaci ón son las de uni dades
solam ente di sti nti vas, los f onem as [203 ], cuya úni ca f unci ón es
perm i ti r la di sti nci ón de los m onem as: asi , la elecci ón de “t” en
“ti ” no provi ene di rectam ente de una voluntad de si gni f i caci ón,
si no tan sólo de m anera i ndi recta, en la m edi da en que ese soni do
se hace necesari o por la elecci ón del m onem a “ti ”, al cual di s-
ti ngue, por ejem plo, de “m í”. U na vez m ás, Marti net f orm ula la
hi pótesi s de que hay arti culaci ón, es deci r, de que exi sten elecci ones
m íni m as (elecci ón de f onem as com o “t”) y de que éstas consti tuyen
la base de la elecci ón de los segm entos superi ores.
P or consi gui ente la descri - ci ón li nf f i i i sti ca tendrá dos com 0-
c› › o P
WS DOMINIOS
nentes esenciales. La fonología, que estudia la segunda articulación,
da la lista de los monemas, determina sus rasgos pertinentes [205],
los clasifica según esos rasgos e indica las reglas que ordenan su
combinaqión. Y por otro lado la sintaxis, consap-ada a la primera
articulación, que da la lista de los monemas, indica qué funciones
puede cumplir cada uno de ellos en el enunciado y los clasifica en
categorías ,de monemas con funciones idénticas. Con estos dos com·
ponentes, que describen las elecciones ofrecidas por la len¡ma, se
relacionan dos estudios prácticamente indispensables, pero teórica·
mente marginales, que indican las condiciones impuestas por la
lengua para la manifestación de esas elecciones. Un estudio fonético
determina los rasgos no pertinentes que acompañan a los rasgos
pertinf'ntes (le fonemas. v un estudio morfoló!!ico indica cómo
se realizan fonológicamente los monemas, según los contextos donde
aparecen. Encontrarnos aquí a la vez una parte de la morfología
tradicional (dar la conjugación del verbo dormir es decir que el
mismo monema "dormir" se realiza corno duerm cuando está acom·
pañado del monema "preJ1ente", corno dorm cuando está 8l"omnañarlo
del monema "imperfecto".' etc.), y también la parte dI" la sintaxis
tradicional consaq:rada a los fenómenos de rección: <1ecir que en
esoañol el crtíClilo en mímero con el nomhre y que 10
mismo ocurre entre el verbo y su sujeto es decir que el único monema
"plural" presente en los caballos beben se 'realiaa mediante una suce·
sión de tres señales discontinuas (los, la s de caballos, el en de
beben) .
A. Martinet, La lingüístiCtJ sincrónica, Madrid, Gredos, 1968.
La misma voluntad de separar latitudes y servidumbres lingüís.
ticas. que lleva a Martinet a oponerse a la tradición p-amatical,
también da origen a una evolución interna de la escuela ¡renerativa.
Para Chomsky, la gramática de una lengua es la totalidad de su
descripción. Incluye tres componentes principales. La sintaxis (que
es la parte generativa de la gramática, la "gramática generativa"
en sentido estricto), encargada de engendrar según mecanismos
puramente formales [265 y ss.] todas las series de morfemas consi.
derados gramaticales y solamente éstos (a su vez, la sintaxis tiene
dos subcomponentes, la base, que da las estructuras profundas de
las frases, y las transformaciones, que dan las estructuras superfi.
ciales r281 y ss.1). En las series engendradas por la sintaxis, los mor-
femas se alinean unos junto a otros (la contracción al se represen-
taría como a el) . Además, los fenómenos de rección apenas se toman
en consideración (los caballos bt:ben se representaría como el cabaUo
70
L O S D O MI N I O S
nentes esenci ales. L a ƒonologi a, que estudi a la segunda arti culaci ón,
da la li sta de los m onem as, determ i na sus rasgos perti nentes [205],
los clasi f i ca según esos rasgos e i ndi ca las reglas que ordenan su
com bi naci ón. Y por otro lado la si ntaxi s, consagrada a la pri m era
arti culaci ón, que da la li sta de los m onem as, i ndi ca qué f unci ones
puede cum pli r. , cada uno de ellos en el enunci ado y los clasi f i ca en
categori as, de m onem as con f unci ones i dénti cas. C on estos dos com -
ponentes, que descri ben las elecci ones of reci das por la lengua, se
relaci onan dos estudi os prácti cam ente i ndi spensables, pero teóri ca-
m ente m argi nales, que i ndi can las condi ci ones i m puestas por la
lengua para la m ani f estaci ón de esas elecci ones. U n estudi o f onéti co
determ i na los rasgos no perti nentes que acom pañan a los rasgos
perti nentes de los f onem as. v un estudi o m orf ológi co i ndi ca cóm o
se reali zan f onológi cam ente los m onem as, según los contextos donde
aparecen. E ncontram os aquía la vez una parte de la m orf ología
tradi ci onal (dar la conjugaci ón del verbo dorm i r es deci r que el
m i sm o m onem a “dorm i r” se reali za com o duerm cuando está acom -
pañado del m onem a “presente”, com o dorm cuando está acom pañado
del m onem a “i m nerf ecto”. “etc. ), v tam bi én la parte de la si ntaxi s
tradi ci onal consagrada a los f enóm enos de recci ón: deci r que en
español el artículo concuerda en núm ero con el nom bre y que lo
m i sm o ocurre entre el verbo y su sujeto es deci r que el úni co m onem a
“plural” presente en los caballos beben se ' reali za m edi ante una suce-
si ón de tres señales di sconti nuas (i os, la s de caballos, el en de
beben).
- › A . Marti net, L a li ngüísti ca si ncróni ca, Madri d, G redos, 1 968.
L a m i sm a voluntad de separar lati tudes v servi dum bres li ngüís-
ti cas. que lleva a Marti net a oponerse a la tradi ci ón gram ati cal,
tam bi én da ori gen a una evoluci ón i nterna de la escuela generati va.
P ara C hom sky, la gram áti ca de una lengua es la totali dad de su
descri pci ón. I ncluye tres com ponentes pri nci pales. L a si ntaxi s (que
es la parte generati va de la gram áti ca, la “gram áti ca generati va”
en senti do estri cto), encargada de engendrar según m ecani sm os
puram ente f orm ales [265 y ss. ] todas las seri es de m orf em as consi -
derados gram ati cales v solam ente éstos (a su vez, la si ntaxi s ti ene
dos subcom ponentes, la base, que da las estructuras prof undas de
las f rases, y las transf orm aci ones, que dan las estructuras superf i -
ci ales Í281 v ss. l ) . E n las seri es engendradas por la si ntaxi s, los m or-
f em as se ali nean unos junto a otros (la contracci ón al se represen-
taría com o a el) . A dem ás, los f enóm enos de recci ón apenas se tom an
en consi deraci ón (los caballos beben se representaría com o el caballo
70
COMPONENTES DE LA DESCRIPCióN LlNGO/STICA
"plural" "presente" beber). Por último, la representación de los
monemas es puramente convencional y no constituye una repre8en·
lación fonética. Una vez engendradas por la sintaxis, esas series
deben tratarse mediante otros dos componentes que ya no tienen
poder ¡renerativo, sino únicamente interpretativo; el componente
semántico traduce las series a un metalenguaje semántico con el
fin de dar una representación del sentido de las frasltS, y el com-
ponente fonológico las traduce 11 un metalenguaje fonético, dando
cuenta así de su pronunciación. El componente fonológico de Choml'!'
ky toma a su cargo, pues, todo el trabajo que Martinet confía a la
fonética, a la fonología y a la morfología, sin que esas disciplinal'!
Re distingan como subdivisiones del componente fonológico. F.sta es
la razón por la cual suele darse a este componente el nombre de
morfo-fonológico.
N. B.: Trubetzkoy llamaba morfo.fonolo¡ría o morfonoJoO'ía aUlla
parte de la descripción cuyo objeto era estudiar cómo
!le utilizan los sonidos (o más exactamente los fonemas) r203J Dara
la expresión de las nociones o cate¡rorías gramaticales. La monono·
logía estudiaría, por ejemplo, el fenómeno de la alternancia, es decir,
las modificaciones que puede esta e"{oresión todo
en. las len¡!uas indoeuropeas-- en el interior el,.l radical r241: para
hacer del sustantivo alemán Tal{ ("día") el adjetivo tO,f!lich ("coti·
diano") se transforma en á (pronunciado como el español e) la a
del r:ldkal de Tfl.".
Esta que lIf'va a ne¡rar la idea de una estructura
fonoló¡rica del lenguaje (en el sentido tradicional de
fonoloflía). se hasa esencialmente en razones de economía: Dara
construir la representación fonética de una frase a nartir de su
representación como serie de morfemas, sería una complicación
tuita pasar por el intermediario de una representación
que retuviera los ras¡ros pertinentes y sólo elJos. Sobre la base de
los fenómenos de juntura (modificaf'iones fónicas que se producen
dentro de una palabra en la junción de dos morfemas) sería posible
formular h·yes más !limpIes y más generales cuando se deduce
directamente la serie 01' sonidos que constituyen físicamente la pala.
bra a partir de su organización en morfemas, en vez de construir
primero la serie de fonemas que la manifiestan y sólo después, a
partir de los fonemas, los sonidos físicos.
El acercamiento entre la fonología y la morfología ha sido propuesto,
por ejemplo, por F. Sapir en El lenguaje; introducción al estudio del habla,
México, Fondo de Cultura Económica, 1964, Sobre la concepción chomskiana
de la fonolop:ía, véase N. Chomsky, Problemas comunu de la teoría lingüís·
tica, Siglo XXI, de próxima aparición, y M. Halle, "Phonology in Generative
71
C O MP O N E N TE S D E L A D E S C R I P C I ÓN L I N G U ÍS TI C A
“plural” “presente” beber). P or últi m o, la representaci ón de los
m orf em as es puram ente convenci onal y no consti tuye una represen-
taci ón f onéti ca. U na vez engendradas por la si ntaxi s, esas seri es
deben tratarse m edi ante otros dos com ponentes que ya no ti enen
poder generatìvo, si no úni cam ente i nterpretati vo; el com ponente
sem ánti co traduce las seri es a un m etalenguaje sem ánti co con el
f i n de dar una representaci ón del senti do de las f rases, y el com -
ponente f onológi co las traduce a un m etalenguaje f onéti co, dando
cuenta asi de su pronunci aci ón. E l com ponente f onológi co de C hom s-
ky tom a a su cargo, pues, todo el trabajo que Marti net conf ía a la
f onéti ca, a la f onologi avy a la m orf ología, si n que esas di sci pli nas
se di sti ngan com o subdi vi si ones del com ponente f onológi co. Ésta es
la razón por la cual suele darse a este com ponente el nom bre de
m orf o- f onológi co.
N . B. : Trubetzkoy llam aba m orf o- f onología o m orf onolnvi a a una
parte de la descri pci ón li ngüísti ca cuyo objeto era estudi ar cóm o
se uti li zan los soni dos (o m ás exactam ente los f onem as) [203 ] para
la expresi ón de las noci ones o categorías gram ati cales. " L a m orf ono-
logi a estudìari a, por ejem plo, el f enóm eno de la alternanci a, es deci r,
las m odi f i caci ones que puede acarrear esta expresi ón - - sobre todo
en, las lenguas i ndoeuropeas- en el i nteri or del radi cal f 24l: para
hacer del sustanti vo alem án Tag(“día”) el adjeti vo ti i gli clz (“coti -
di ano”) se transf orm a en à' (pronunci ado com o el español e) la a
dellradi cal de Tfl f f .
E sta i ndi sti nci ón. que lleva a negar la i dea de una estructura
puram ente f onológi ca del lenguaje ( en el senti do tradi ci onal de
ƒonología). se basa esenci alm ente en razones de econom i a: para
construi r la representaci ón f onéti ca de una f rase a parti r de su
representaci ón com o seri e de m orf em as, sería una com pli caci ón gra-
tui ta pasar por el i nterm edi ari o de una representaci ón f onológi ca
que retuvi era los rasgos perti nentes y sólo ellos. S obre la base de
los f enóm enos de , i untura (m odi f i caci ones f óni cas que se producen
dentro de una palabra en la junci ón de dos m orf em as) sería posi ble
f orm ular leyes m ás si m ples y m ás generales cuando se deduce
di rectam ente la seri e de soni dos que consti tuyen f ísi cam ente la pala-
bra a parti r de su organi zaci ón en m orf em as, en vez de construi r
pri m ero la seri e de f onem as que la m ani f i estan y sólo después, a
parti r de los f onem as, los soni dos f ísi cos.
- > E l acercam i ento entre la f onología y la m orf ología ha si do propuesto,
por ejem plo, por F. S apìr en E l lenguaƒe; i ntroducci ón al estudi o del habla,
Méxi co, Fondo de C ultura E conóm i ca, 1 964. S obre la concepci ón chom skìana
de la f onología, véase N . C hom sky, P roblem as com unes de la teori a li ngüís-
ti ca, S i glo XXI , de próxi m a apari ci ón, y M. H alle, “P honology i n G enerati ve
71
LOS DOMINIOS
Grammar", Word, 1%2, traducción Erancesa en Langages, 8, diciembre d"
1%7. A. Martinet critica la idea de morfonología en "La morphonologie",
La Linguistique, 1, pp. 15·30.
Si la gramática de una lengua se considerara como una hipótesis
sobre la manera en que los sujetos hablantes producen las frases
(interpretación rechazada por Chomsky, pero que reaparece sin cesar
en los trabajos de sus alumnos), el reagrupamiento de la morfolo·
gía, la fonología y la fonética, opuestas en bloque a la sintaxis,
podría tener una segunda justificación; la generación de la frase
en la sintaxis representaría la serie de elecciones hechas po.r el
hablante. En cuanto al componente morfo·fonológico, representaría
el proceso automático mediante el cual esas elecciones se convierten
en una serie de sonidos. (Desde luego, podemos hablar, con Martinel,
de una elección de los fonemas; pero entonces nos situamos en el
punto de vista del oyente, que sólo descifra las intenciones del
hablante a través de la sucesiva aparición de los fonemas y por lo
tanto carece de medios para preverlos. El hablante, por su lado,
no elige los fonemas: le son impuestos por la elección previa de los
monemas.) Sin embargo, una vez aceptada esta interpretación de
la gramática generativa, es inevitable una reorganización bastante
profunda del sistema chomskiano. En efecto, hacia 1965 los gene·
ratistas empiezan a trabajar con la hipótesis de que la parte t r a n ~ ­
formacional de la sintaxis no tiene efecto sobre la interpretación
propiamente semántica de las frases, lo cual motiva la supresión
de casi todas las transformaciones antes consideradas "opcionales"
(por ejemplo, la negación, la interrogación). A lo sumo se admite
que las transformaciones pueden determinar matices de tipo estilís·
tico ("realce" de determinados aspectos de la idea expresada) [sobre
esta evolución, cf. p. 283 Yss.J Ahora bien, supongamos que se les
retira esta última función, harto difícil de distinguir de un efecto
"propiamente semántico"; entonces podría considerarse el conjunto
de las transformaciones como una especie de maquinaria que convir·
tiera automáticamente las estructuras profundas en estructuras super-
ficiales. Así parecería razonable relacionarlas con mecanismos mor-
fonológicos Weinreich sugiere esta posibilidad; cí. op. cit., p. 44S).
Por otro lado, si se toma en cuenta que todas las construcciones
sintácticas que existen en estructura profunda tienen una interpre-
tación semántica posible ----{:ada una correspondiente, por ejemplo,
a un tipo de combinación semántica [311]-, y que son elegidas
en virtud de esta interpretación, puede parecer legítimo reagrupar la
base de la sintaxis y el componente semántico. Así se llega a la idea,
sostenida, por ejemplo, por J. R. Ross o G. Lakofí, de una semán-
tica generativa. Un componente generativo engendraría, según un
72
L O S D O MI N I O S
G ram m ar”, Word, 1 962, traducci ón f rancesa en L angages, 8, di ci em bre de
1 967. A . Marti net cri ti ca la i dea de m orf onologi a en “L a m orphonologi e" ,
L a L i ngui sti qae, 1 , pp. 1 5- 3 0.
S i la gram áti ca de una lengua se consi derara com o una hi pótesi s
sobre la m anera en que los sujetos hablantes producen las f rases
(i nterpretaci ón rechazada por C hom sky, pero que reaparece si n cesar
en los trabajos de sus alum nos), el reagrupam i ento de la m orf olo-
gía, la f onología y la f onéti ca, opuestas en bloque a la si ntaxi s,
podría tener una segunda justi f i caci ón; la generaci ón de la f rase
en la si ntaxi s representaría la seri e de elecci ones hechas por el
hablante. E n cuanto al com ponente m orf o- f onológi co, representaría
el proceso autom áti co m edi ante el cual esas elecci ones se convi erten
en una seri e de soni dos. (D esde luego, podem os hablar, con Marti net,
de una elecci ón de los f onem as; pero entonces nos si tuam os en el
punto de vi sta del oyente, que sólo desci f ra las i ntenci ones del
hablante a través de la sucesi va apari ci ón de los f onem as y por lo
tanto carece de m edi os para preverlos. E l hablante, por su lado,
no eli ge los f onem as: le son i m puestos por la elecci ón previ a de los
m onem as. ) S i n em bargo, una vez aceptada esta i nterpretaci ón de
la gram áti ca generati va, es i nevi table una reorgani zaci ón bastante
prof unda del si stem a chom ski ano. E n ef ecto, haci a 1 965 los gene-
rati stas em pi ezan a trabajar con la hi pótesi s de que la parte trans-
f orm aci onal de la si ntaxi s no ti ene ef ecto sobre la i nterpretaci ón
propi am ente sem ánti ca de las f rases, lo cual m oti va la supresi ón
de casi todas las transf orm aci ones antes consi deradas “opci onales”
(por ejem plo, la negaci ón, la i nterrogaci ón). A lo sum o se adm i te
que las transf orm aci ones pueden determ i nar m ati ces de ti po esti li s-
ti co (“realce” de determ i nados aspectos de la i dea expresada) [sobre
esta evoluci ón, cf . p. 283 y ss. ] A hora bi en, supongam os que se les
reti ra esta últi m a f unci ón, harto di f íci l de di sti ngui r de un ef ecto
“propi am ente sem ánti co”; entonces podri a consi derarse el conjunto
de las transf orm aci ones com o una especi e de m aqui nari a que convi r-
ti era autom áti cam ente las estructuras prof undas en estructuras super-
f i ci ales. A síparecería razonable relaci onarlas con m ecani sm os m or-
f onológi cos Wei nrei ch sugi ere esta posi bi li dad; cf . op. ci t. , p. 4- 4- 5) .
P or otro lado, si se tom a en cuenta que todas las construcci ones
si ntácti cas que exi sten en estructura prof unda ti enen una i nterpre-
taci ón sem ánti ca posi ble - - cada una correspondi ente, por ejem plo,
a un ti po de com bi naci ón sem ánti ca [3 1 1 ]- , y que son elegi das
en vi rtud de esta i nterpretaci ón, puede parecer legíti m o reagrupar la
base de la si ntaxi s y el com ponente sem ánti co. A síse llega a la i dea,
sosteni da, por ejem plo, por I . R . R oss o G . L akof f , de una sem án-
ti ca generati va. U n com ponente generati vo engendrari a, según un
72
COMPONENTES DE LA DESCRIPCI6N LINGO/ST/CA
proceso análogo al de la sintaxis profunda en el chomskismo ortodo-
xo, todas la5\ estructuras semánticas posibles; después, transforma-
ciones y leyes morfonológicas les darían un revestimiento fónico.
Desde esta perspectiva es fácil concebir que el primer componente
sea universal y que las lenguas se distingan únicamente por el se·
gundo.
~ U. Weinreich es considerado como un precursor de la semántica gene-
rativa; véase, por ejemplo, "Explorations in Semantic Theory", en Current
Trends in Linguistics, 3, ed. por T. A. Sebeok, La Haya, 1966. Sobre las for-
mas actuales de esta tendencia, véase E. Bach y R. Harms, Universals in. Lin-
guistics Theory, Holt, Rinehart y Winston, 1969, y particularmente el artículo
de J. D. McCawley, "The Role of Semantics in a Grarnmar". Una crítica de la
idea de la semántica generativa la encontramos en N. Chomsky, Deep Struc-
ture, Surface Structure and Semantic lnterpretation, M.I.T., 1968, y J. J.
Katz, "Interpretative semantics, vs Generative Semllntics", Foundations Di
Language, mayo de 1970, pp. 220-259.
73
C O MP O N E N TE S D E L A D E S C R I P C I ÓN L I N G U I S TI C A
proceso análogo al de la si ntaxi s prof unda en el chomski smo ortodo-
xo, todas las estructuras semánti cas posi bles; después, transf orma-
ci ones y leyes morf onológi cas les darían un revesti mi ento f óni co.
D esde esta perspecti va es f áci l concebi r que el pri mer componente
sea uni versal y que las lenguas se di sti ngan úni camente por el se-
gundo.
- › U . Wei nrei ch es consi derado como un precursor de la semánti ca gene-
rati va; véase, por ejemplo, “E xploratìons i n S emanti c Theory”, en C urrent
Trends i n L i ngui sti cs, 3 , ed. por T. A . S ebeok, L a H aya, 1 966. S obre las f or-
mas actuales de esta tendenci a, véase E . Bach y R . H arms, U ni versols i n L i n-
gui sti cs Theory, H olt, R i nehart y Wi nston, 1 969, y parti cularmente el artículo
de J . D . McC awley, “The R ole of S emanti cs i n a G rammar" . U na críti ca de la
i dea de la semánti ca generati va la encontramos en N . C homsky, D eep S truc-
ture, S urf ace S tructure and S emanti c I nterpretati on, M. I . ' l`. , 1 968, y I . . l.
Katz, “I nterpretati ve sernanti cs, vs G enerati ve S emanti cs" , Foundati ons 0]
L anguage, mayo de 1 970, pp. 220- 259.
73
Geolingüíslica
Hablar de la lengua francesa, de la lengua alemana, etc., es postular
una generalización y una abstracción considerables (y a menudo
inconscientes). Porque en realidad existen tantos tipos de babIa
diferentes cuantas colectividades diferentes que usan una lengua y,
si extremamos el rigor, cuantos individuos la usan (sin excluir la
posibilidad de que, lingüísticamente, haya varios individuos en cada
hombre). Podemos llamar geolingüística el estudio de todas las
variaciones relacionadas con la implantación, a la vez social y espe·
cial, de los usuarios de una lengua.
Los principales conceptos empleados en tal estudio son los si·
guientes:
Idiolecto. Este término nombra la manera de hahlar flfonia (le
un individuo, considerada en 10 oue tiene de a la
influencia de los grupos a Ol1e pertenece I>,!;e individuo. AI!nJn0!4
linlrüistas niegan que el estudio de los i<1iolertos se base pn los méto.
dos habituales de la lingüística: inrlusivp.. nie!!an que lln idiolecto
sea un lenguaje. En efecto. si !le considera un lenguaje como un
instrumento de comunicación. como un códi!!o. es absurdo hablar
de lent!uaje individual. En términos fonológicos. se dirá que las
de cada idiolecto son variantes libres [2041 -des·
por definición, de toda pertinencia: a 10 !!lumo. tienen la
función, muy marginal para estos lingüistas, de permitir a cada
individuo los medios de señalar su orh!'inalidad con resnerto a los
demás. A la inversa, cuando se ve en la lengua un intento de imitar
el pensamiento [17]. no puede ignorarse que la creación idiolectnl
proviene de la misma actitud humana que está en el origen de
toda lengua (cf. las incorrecciones "deliberadas" que algunos escri·
tores creen impuestas por la fidelidad al objeto).
-+ Los lingüistas han estudiado poco la noción de idiolecto (de todos modos
,;e puede consultar C. F. Hockett. Curso de linGÜÍStica moderna. Buenos
Aires, EUDEB.'. 1971). Más datos, en los romanceros (Proust) y los críticos
literaríos.
Dialecto. Con este término se denomina un habla regional (el
alsaciano, el asturiano..• ) en el interior de una nación donde
74
G eoli ngi i ístìca
H ablar de la lengua f rancesa, de I a. lengua alemana, etc. , es postular
una generali zaci ón y una abstracci ón consi derables (y a menudo
i nconsci entes). P orque en reali dad exi sten tantos ti pos de habla
di f erentes cuantas colecti vi dades di f erentes que usan una lengua y,
si extremamos el ri gor, cuantos i ndi vi duos la usan (si n exclui r la
posi bi li dad de que, li ngi ìi sti camente, baya vari os i ndi vi duos en cada
hombre). P odemos llamar geoli ngüi sti ca el estadi o de todos las
vari aci ones relaci onadas con la i mplantaci ón, a la vez soci al y espe-
ci al, de los usuari os de una lengua.
L os pri nci pales conceptos empleados en tal estudi o son los si -
gni entes:
I di olecto. E ste térmi no nombra la manera de hablar nroni a de
nn i ndi vi duo, consi derada en lo que ti ene de i rrerlncti ble a la
i nf luenci a de los grupos a one pertenece ese i ndi vi duo. A lf rnnos
li ntri i i stas ni egan que el estudi o de los i di olertos se base en los méto-
dos habi tnales de la li nai i i sti ca: i nclusi ve. ni eean que nn i di olecto
sea nn lenguaje. E n ef ecto. si se consi dera nn lenguaje como tm
i nstrumento de comuni caci ón. como nn códi ao. . es absurdo hablar
de lenguaje i ndi vi dual. E n térmi nos f onológi cos, se di rá que las
parti culari dades de cada i di olecto son vari antes li bres [2(l4l - des-
prqvi stas, por def i ni ci ón, de toda perti nenci a: a lo sumo. ti enen la
f unci ón, muy margi nal para estos li ngi i i stas, de permi ti r a cada
i ndi vi duo los medi os de señalar sn ori gi nali dad con resneeto a los
demós. A la i nversa, cuando se ve en la lengua nn i ntento de i mi tar
el pensami ento [1 7], no puede i gnorarse que la creaci ón i di olectal
provi ene de la mi sma acti tud humana que está en el ori gen de
toda lengua (cf . las i ncorrecci ones “deli beradas” que algunos escri -
tores crwn i mpuestas por la f i deli dad al objeto).
- - › - L os lìngi i i etas han estudi ado poco la noci ón de i di olecto (de todos : nodos
se puede consultar C . F. H ockett, C urso de li ngüísti ca moderna, Buenos
A i res, susana, 1 971 ). Más datos, en los roznaneeros (P roust) y los críti cos
li terari os.
D i alecto. C on este térmi no se denomi na un habla regi onal (el
alsacrano. el asturi ano. . . ) en el i nteri or de una naci ón donde
74
GEOLlNGVISTICA
domina oficialmente (es decir, con relación a la administración, la
enseñanza, etc. ) otra habla.
N. B.: a) Cada dialecto, a su vez, está constituido por una multitud
de formas locales, a menudo lo bastante diferentes como para que
los usuarios de una tengan dificultades para a lo" de otra.
b) Sólo se da el nombre de dialecto a las formas emparentada!'!
históricaml(nte (y de manera muy directa) con una lengua "oficial".
Si el alsaciano, emparentado con el alemán. o el provenzal, empa·
rentado con el francés, son dialectos, el bretón y, más aún. el vasco.
se consideran lenguas. Sin embarF:0' en muchos casos las fronteras
son indecisas.
e) El parentesco entre los dialectos y la lenlrull "oficial" no sil!:'
n¡fica en modo nl!!uno que los primeros deriven de la segunda. qul'
exista entre ellos una filiación. Con frecup.ncia. In len'ma oficial
es simplemente un habla rl'l!ional exfpndioa autoritariamente al con·
junto oe una nación (el alemán moderno. por ejemplo. es un habla
particular impuf"!lta " toda Alemania: tal ertensión fUf!
auxiliada sobre tooo nor el hecho de que Lutero la utilizó para tlU
traducción 01' la Biblia).
d) Se exnlica así el interios de los dialectos para el conor.imiento
del origen de las lenl!uas "oficiales". va que ese ori!!en ser
común a ambos. Los neo!!ramáticos (27] insistieron f"l'Pecialmente
en la utilidad de lo!' estudíos dialectales. necesarios para reronstruir
en detalle la evolución lingüística (a diferencia de comparatistas
[23], que relacionaban estados de lengua a menudo muy aleladO!'!
en el tiempo). Este estudio,' denominado dialectología, redundó
r.n el estahlecimiento de los atlas linlñiísticos, cuyo iniciador, en
Francia, fue J. GiJliéron. Para establecer el atlas de una rerión
se define primero un cuestionario tipo que por lo común incluye
tres tipos de pre¡;untas: "l.CÓmo se tal noció,,?", "¡Cómo
se pronuncia tal palabra?", "¿Cómo se traduce tal frase?" Des·
pués se envía a un grupo de a un determinado núme·
ro de localidades de la región (la elección de las localidades plantea
problemas difíciles) y éstos, mediante interrogatorios y observacio·
nes, procuran responder a todas las preguntas formuladas para cada
una de las localidades escoltidas. (Se advertirá que este
dialectal recomendado por los neogramáticos hizo que GiIliéron
discutiera algunas de sus tesis, en especial la creencia en la ceguera
de las leyes fonéticas (27].
-+ Sobre dialectología, consultar especialmente: J. Guilliéron y M. Roques,
Etudes de géograpme linguistique, Parla, 1912; W....on Wartburg, Bibliograpme
des dictionnaires patois, Paris, 1934; S. Popp, La Dialectologie, Lovaina, 1950;
U. Weinreich, "Is a Structural Dialectology POllllible?", "'ord, 10, 1054,
75
G E O L I N G U ÍS TI C A
dom i na of i ci alm ente (es deci r, con relaci ón a la adm i ni straci ón, la
enseñanza, etc. ) ' otra habla.
N . B. : a) C ada di alecto, a su vez, está consti tui do por una m ulti tud
de f orm as locales, a m enudo lo bastante di f erentes com o para que
los usuari os de una tengan di f i cultades para entender a los de otra.
bl S ólo se da el nom bre de di alecto a las f orm as em parentadas
hi stóri cam ente (y de m anera m uy di recta) con una lengua " of i ci al" .
S i el alsaci ano, em parentado con el alem án. . o el provenzal, em pa-
rentado con el f rancés, son di alectos, el bretón y, m ás són. el vasco.
se consi deran lenguas. S i n em bargo, en m uchos casos las f ronteras
son i ndeci sos.
el E l parentesco entre los di alectos y la lenaua “of i ci al” no si g-
ni f i ca en m odo alguno que los pri m eros deri ven de la segunda. que
exi sta entre ellos una f i li aci ón. C on eran f recuenci a. la lernrua of i ci al
es si m plem ente un habla reai onal extendi da autori tari am ente al con-
junto de una naci ón (el alem an m oderno. por ejem plo, es un habla
grerm áni ca parti cular i m puesta a toda A lem ani a: tal extensi ón f ue
auxi li ada sobre todo nor el hecho de que L utero la uti li zó para su
traducci ón de la Bi hli al.
d) S e exnli ca asi el i nterés de los di alectos para el conoci m i ento
del ori gen de las lenguas “of i ci ales”. va que ese ori aen suele ser
eorm i n a am bos. L os neosram átìcos [27] i nsi sti eron especi alm ente
en la uti li dad de los estudi os di alectales. necesari os para reconstrui r
en. detalle la evoluci ón li ngüísti ca (a di f erenci a de los com parati stas
[23 ]. , que relaci onaban estados de lengua a m enudo m uy alejados
en el ti em po). E ste estudi o, " denom i nado di alectología, redundó
en el estableci m i ento de los atlas li ngüísti cos, cuyo i ni ci ador, en
Franci a, f ue J . G i lli óron. P ara establecer el atlas de una reai ón
se def i ne pri m ero un cuesti onari o ti po que por lo com un i ncluye
tres ti pos de preguntas: “¿ C óm o se expresa tal noci ón?”, “; C óm o
se pronunci a tal paI abro?”, “¿ C óm o se traduce tal ƒrose?” D es»
pués se envi a a un grupo de i nvesti gadores a un determ i nado nóm a-
ro de locali dades de la regi ón (la elecci ón de las locali dades plantea
problem as di f i ci les) y éstos, m edi ante i nterrogatori os _ v observaci o-
nes, procuran responder a todas las preguntas f orm uladas para cada
una de las locali dad@ escoaìf laâ. (S e adverti rá que este estudi o
díalectal recom endado por los neogram áti cos hi zo que G i lli éron
di scuti era algunas de sus tesi s, en especi al la creenci a en I a ceguera
de las leyes f onéti cas [27].
- - - › S obre di alectologi a, consultar especi alm ente: J . G ui lli éron y M. R oques,
E tudes de gécgraphi e li ngai sti que, P ari s, 1 91 2; W. con Wartbarg, Bi blíogrophíe
des díctíonnai rcs patoi s, P ari s, 1 93 4; S . P opp, L a D i electologi e, L ovai na, 1 959;
U . Wei nrei cb, “I s a S tructural D i alectology P ossi ble ?”, Word, 1 0, 1 054,
75
Ws DOMINIOS
pp. 388·400; E. Sapir, La Natían de díalecte, artículo de 1931, retomado y
traducido en La Línguistíque, Paris, 1968, pp. 65·72.
Lengua nacional. Es la lengua oficial en el interior de un estado
(con la posibilidad de que haya varias, como en Bélgica o en Suiza) .
Establecida por lo común de manera bastante tardía y debida a la
supremacía de un habla local, la lengua oficial es impuesta por
la organización administrativa (se la emplea en las relaciones con el
estado) y por la vida cultural (es el idioma que ~ e enseña y, con
frecuencia, el único que ha dado lugar a una literatura: algunos
dialectos son difíciles de escribir por falta de convenciones ortográ.
ficas). No es raro que la lengua sea utilizada por el poder como
instrumento político (la lucha contra los dialectos forma parle de
una política centralizadora y el nacionalismo suele manifestarse en
intentos por "depurar" la lengua de las contaminaciones extranjeras:
d. los esfuerzos de los nazis por extraer del alemán los présta.
mos [21]).
Jerga. Se entiende por esta denominación las modificaciones que
un grupo socioprofesional aporta a la lengua nacional (sobre todo al
léxico y a la pronunciación), sin que siempre sea posible distingui r
lo que en esas modificaciones está relacionado con: 1) la naturaleza
particular de las cosas dichas; 2) la voluntad de no ser compren·
dido; 3) el deseo del grupo de señalar su originalidad (a diferencia
del dialecto, la jerga se presenta como un desvío con relación a la
lengua nacional). Hay una jerga de los lingüistas, de los alpinistas,
de los abogados, etc. El argot puede considerarse como un caso par·
ticular de jerga: es una jerga que se presenta como signo de una
situación social -no sólo particular- marginal (en términos de
Hjelmslev, el recurso del argot implica una connotación 1.391 "aso-
cial"). N. n.: El sentido dado aquí a la palabra "argot" difiere del
empleo que se hace del término para denominar el habla de una
clase social juzgada inferior.
~ Sobre el argot: P. Guiraud, L'Argat, Paris, 1966.
Mezcla de lenguas. La existencia de relaciones regulares entre
dos comunidades que hablan lenguas diferentes suele redundar en
la creación de una lengua mixta que permite una comunicación
directa, sin el expediente de la traducción. La lengua resultante se
llama sabir (no sin matiz peyorativo) cuando: 1) sólo se la emple3
para relaciones episódicas, con objetivos limitados (sobre todo para
el comercio); 2) no tiene estructura gramatical bien definida y
permite yuxtaposiciones de palabras. En cambio, se habla de lengua
pidgin cuando ha habido creación de una lengua gramaticalmente
76
L os 1 : › 0M1 N 1 os
pp. 3 88- 4- 00; E . S apìr, L a N ati on de di alecto, artículo de 1 93 1 , retom ado y
traduci do en L a L i ngui sti que, P ari s, 1 968, pp. 65- 72.
L engua naci onal. E s la lengua of i ci al en el i nteri or de un estado
(con la posi bi li dad de que haya vari as, com o en Bélgi ca 0 en S ui za) .
E stableci da por lo com ún de m anera bastante tardía y debi da a la
suprem acía de un habla local, la lengua of i ci al es i m puesta por
la organi zaci ón adm i ni strati va (se la em plea en las relaci ones con el
estado) y por la vi da cultural (es el i di om a que se enseña y, con
f recuenci a, el úni co que ha dado lugar a una li teratura: algunos
di alectos son di f íci les de escri bi r por f alta de convenci ones ortográ-
f i cas). N o es raro que la lengua sea uti li zada por el poder com o
i nstrum ento políti co (la lucha contra los di alectos f orm a parte de
una políti ca centralìzadora y el naci onali sm o suele m ani f estarse en
i ntentos por “depurar” la lengua de las contam i naci ones extranjeras:
cf . los esf uerzos de los nazi s por extraer del alem án los présta~
m os [21 ]).
J erga. S e enti ende por esta denom i naci ón las m odi f i caci ones que
un grupo soci oprof esi onal aporta a la lengua naci onal (sobre todo al
léxi co y a la pronunci aci ón), si n que si em pre sea posi ble di sti ngui r
lo que en esas m odi f i caci ones está relaci onado con: 1 ) la naturaleza
parti cular de las cosas di chas; 2) la voluntad de no ser com pren-
di do; 3 ) el deseo del grupo de señalar su ori gi nali dad (a di f erenci a
del di alecto, la jerga se presenta com o un desvío con relaci ón a la
lengua naci onal). H ay una jerga de los li ngi íi stas, de los alpi nìstas,
de los abogados, etc. E l argot puede consi derarse com o un caso par-
ti cular de jerga: es una jerga que se presenta com o si gno de una
si tuaci ón soci al - no sólo parti cular_ m argi nal (en térm i nos de
H jelm slev, el recurso del argot i m pli ca una connotaci ón [3 9] “aso-
cìal”). N . B. : E l senti do dado aquía la palabra “argot” di f i ere del
em pleo que se hace del térm i no para denom i nar el habla de una
clase soci al juzgada i nf eri or.
- › S obre el argot: P . C uìraud, L ' /lrgot, P ari s, 1 966.
Mezcla de lenguas. L a exi stenci a de relaci ones regulares entre
dos com uni dades que hablan lenguas di f erentes suele redundar en
la creaci ón de una lengua m i xta que perm i te una com uni caci ón
di recta, si n el expedi ente de la traducci ón. L a lengua resultantese
llam a S abi r (no si n m ati z pcyorati vo) cuando: 1 ) sólo se la em plea
para relaci ones epìsódi cas, con objeti vos li m i tados (sobre todo para
el com erci o); 2) no ti ene estructura gram ati cal bi en def i ni da y
perm i te yuxtaposi cìones de palabras. E n cam bi o, se habla de lengua
pìdgi n cuando ha habi do creaci ón de una lengua gram atìcalm ente
76
GEOLINGtJISTICA.
coherente que, por otro lado, responde al conjunto de las necesidades
de comunicación de sus usuarios en igualdad de condiciones con las
lenguas nacionales y los dialectos (y con la posibilidad de llegar a
t;er el sostén de una literatura). Cuando esta lengua se convierte en
la lengua principal (o única) de una comunidad, se habla de lengua
criolla término que es traducción del francés créole): es el caso
del criollo de las Antillas, que dio su nombre a la categoría entera..
N. B.: Aun cuando no existe constitución de una lengua mixta, puede
observarse que la proximidad geográfica de varias comunidades lino
güísticas produce en sus lenguas respectivas algunos rasgos comunes
llamados afinidades que permiten agruparlas en asociaciones lino
é-riiísticas. Tales rasgos pueden tener carácter estructural, es decir,
pueden consistir en una modificación de conjunto de las lenguas
consideradas (por ejemplo, pueden ser modificaciones del sistema
fonológico y no sólo de la materialidad fonética de la lengua [203]).
Por otro lado, son observables aun en los casos en que las lenguas
habladas por las colectividades no están históricamente emparen·
tadas.
~ Un estudio teórico del problema de las mezclas de lenguas lo encontramos
en L. Hjelmslev, "Les relations de parenté des langues créoles", Revue des
études indo·européennes, 1938, pp. 271·286. Para descripciones concretas: va-
rios artículos del Colloque sur le multüinguisme (Brazzaville, 1962), Londres,
]964. Las asociaciones lingüísticas figuran en los apéndices 111 y IV de N. S.
Trubetzkoy y J. Jakobson de la traducción francesa de los Pri,{éipes de
phonologie de N. S. Trubetzkoy, Paris, 1957.
Multilingüismo. Un individuo es multilingüe (bi., trilingüe ... )
cuando posee varias lenguas, todas ellas aprendidas como lenguas
maternas (hay grados en el multilingüismo, en la medida en que
no siempre es nítida la diferencia entre el aprendizaje "natural" y
el aprendizaje "escolar" de una lengua por un niño). El problema
teórico más interesante para el lingüista es saber si, y en qué medida,
la situación de purilingüismo influye sobre el conocimiento de
cada una de las lenguas coincidentes. Tal situación interesa sobre
todo porque cuando ese influjo existe, no siempre es aparente (el
bilingüe puede "hablar perfectamente" las dos lenguas), pero puede
darse en un nivel relativamente abstr,acto: en el nivel del sistema
fonológico (por oposición a las realizaciones fonéticas [203]), en
el de las reglas gramaticales aplicadas (sin influencia visible sobre
las frases producidas), en el nivel de las categorías de pensamiento
(si es cierto que cada lengua implica una categorización particular
de la significación).
~ La literatura que se refiere al bilingüismo es especialmente abundante en
Estados Unidos. Datos sobre ella se encuentran en la obra ya clásica de
77
G E O L I N G U ÍS TI C A
coherente que, por otro lado, responde al conjunto de las necesi dades
de comuni caci ón de sus usuari os en i gualdad de condi ci ones con las
lenguas naci onales y los di alectos (y con la posi bi li dad de llegar a
ser el sostén de una li teratura). C uando esta lengua se convi erte en
la lengua pri nci pal (o úni ca) de una comuni dad, se habla de lengua
cri olla térmi no que es traducci ón del f rancés créo[e): es el caso
del cri ollo de las A nti llas, que di o su nombre a la categoría entera. _
N . B. : A un cuando no exi ste consti tuci ón de una lengua mi xta, puede
observarse que la proxi mi dad geográf i ca de vari as comuni dades li n-
güísti cas produce en sus lenguas respecti vas algunos rasgos comunes
llamados af i ni dades que permi ten agruparlas en asoci aci ones li n-
güísti cas. Tales rasgos pueden tener carácter estructural, es deci r,
pueden consi sti r en una modi f i caci ón de conjunto de las lenguas
consi deradas (por ejemplo, pueden ser modi f i caci ones del si stema
f onológi co y no sólo de la materi ali dad f onéti ca de la lengua [203 ] ) .
P or otro lado, son observables aun en los casos en que las lenguas
habladas por las colecti vi dades no están hi stóri camente emparen-
ladas.
- › U n estudi o teóri co del problema de las mezclas de lenguas lo encontramos
en L . H jelmslev, “L es relati ons de parenté des langues créoles”, R evue des
études ¿ nda- européennes, 1 93 8, pp. 271 - 286. P ara descri pci ones concretas: va-
ri os arti culos del C olloque sur le multi língui sme (Brazzavi lle, 1 962), L ondres,
1 964- . L as asoci aci ones li ngüísti cas f i guran en los apéndi ces I I I y I V' de N . S .
Trubetzkoy y J . . lakobson de la traducci ón f rancesa de los P rínéi pes de
phonologi e de N . S . Trubetzkoy, P ari s, 1 957.
Multi li ngüìsmo. U n i ndi vi duo es multi li ngüe (bi - , tri li ngi i e. . . )
cuando posee vari as lenguas, todas ellas aprendi das como lenguas
maternas (hay grados en el multi li ngi i i smo, en la medi da en que
no si empre es níti da la di f erenci a entre el aprendi zaje “natural” y
el aprendi zaje “escolar” de una lengua por un ni ño). E l problema
teóri co más i nteresante para el li ngüi sta es saber si , y en qué medi da,
la si tuaci ón de puri li ngi i i smo i nf luye sobre el conoci mi ento de
cada una de las lenguas coi nci dentes. Tal si tuaci ón i nteresa sobre
todo porque cuando ese i nf lujo exi ste, no si empre es aparente (el
bi li ngüe puede “hablar perf ectamente” las dos lenguas), pero puede
darse en un ni vel relati vamente abstracto: en el ni vel del si stema
f onológi co (por oposi ci ón a las reali zaci ones f onéti cas [203 ]), en
el de las reglas gramati cales apli cadas (si n i nf luenci a vi si ble sobre
las f rases produci das), en el ni vel de las categorías de pensami ento
(si es ci erto que cada lengua i mpli ca una categori zaci ón parti cular
de la si gni f i caci ón).
- >, L a li teratura que se ref i ere al bi li ngüi smo es especi almente abundante en
E stados U ni dos. D atos sobre ella se encuentran en la obra ya clási ca de
77
WS DOMINIOS
U. Weinreich, Languages in contaCI, New York, 1953; también en Colloque
sur le multUinguÍ5me, citado en el parágrafo precedenie. Como estudios parti-
culares tenemos: R. W. Metraux, "A Situation of Bilingualism among Children
of U. S. French Parents", The French Review, 1965, pp. 650-666; P. F. Kinzel,
"A Description of Lexical and Grammatical Interference in the Speech of a
Bilingual Child", Washington, 1964; H. W. Contreras, The Phonological Srs-
tem o/ a BUingual Child, Indiana Univ. Diss., 1961.
78
L os D O MI N I O S
U , Wei nrei ch, L anguages i n contact, N ew York, 1 953 ; tam bi én en C olloque
sur le m ui ti li ngui sm e, ci tado en el parágraf o precedeui e. C om o estudi os parti -
culares tenem os: R . W. Metraux, “A S i tuati on of Bi li nguali sm am ongC hi ldren
of U . S . French P arents”, The French R evi ew, 1 965, pp. 650- 666; P . F. Ki nzel,
“A D escri pti on of L exi cal and G ram m atìcal I nterf erence i n the S peech of a
Bi li ngual C hi ld”, Washi ngton, 1 964; H . W. C ontreras, The P honologi cal S ys-
tem of a Bi li ngual C hi ld, I ndi ana U ni v. D i ss. , 1 961 .
78
Sociolingüísfica
Nunca se ha puesto en duda la relación que existe entre el lenguaje,
por un lado, y la sociedad, o la cultura, o el comportamiento, por
el otro. Sin embargo, hasta el presente los investigadores no han lIe-
p:ado a ningún acuerdo en cuanto a la naturaleza de esa relación.
Por ese motivo hoy no encontramos una disciplina única, sino un
conjunto de proposiciones y de investigaciones cuya incoherencia
!le refleja hasta en la multitud de sus denominaciones: sociología
del lenguaje, sociolingüística, etnolingüística, antropología Iingüis-
tica, lingüística antropológica, etcétera.
En casi todos los caso!'. la perspectiva elegida es la siguiente: se
postula la existencia de dos entidades separadas, lenguaje y soci/'-
dad (o cultura, etc.), y se estudia la una a través de la otra. Se con-
sidera uno de los términos como causa y el otro como efecto, y se
estudia el efecto en términos de un conocimiento de la causa o a
la inversa, según sea el término que mejor se preste a un análisis
riguroso. Casi siempre el objeto del conocimiento es la sociedad
(o uno de sus sustitutos) y el lenguaje es el intermediario de fácil
manejo que lleva hasta él.
Ahora bien, según el punto de vista más tradicional, es la socie-
dad la que determina el lenguaje; por lo tanto, el estudio de las
variantes permitirá circunscribir con precisión las va-
riantes sociológicas (o culturales, etc.) que las produjeron. Así,
en español es posible dirigirse a alguien empleando "tú" o "usted",
llamándolo "Pedro", "Pérez", "Señor Pedro", "Señor Pérez", "Se-
ñor", etc. Un análisis de esas diferentes posibilidades (inaugurado
por los trabajos de Roger Brown) permitirá delimitar ciertas cate-
gorías, pertinentes para la descripción del acto de comunicación en
una sociedad determinada. Otro trabajo situado en la misma pers-
pectiva ha permitido identificar cierto número de variantes fono-
lógicas en el habla de los habitantes de Nueva York; esas variantes
están relacionadas con diferencias sociales (profesión, educación,
ingresos). El lenguaje es en este caso, como escribe William Labov,
autor de esta investigación, "un índice sensible de muchos procesos
sociales", es una materia relativamente fácil de estudiar y permite
sacar conclusiones sobre la estructura de la sociedad. Tal perspec-
79
¡ol
S oci of i ngurstìca
N unca se ha puesto en duda la relaci ón que exi ste entre el lenguaje,
por un lado, y la soci edad, o la cultura, o el com portam i ento, por
el otro. S i n em bargo, hasta el presente los i nvesti gadores no han lle-
gado a ni ngún acuerdo en cuanto a la naturaleza de esa relaci ón.
P or ese m oti vo hoy no encontram os una di sci pli na úni ca, si no un
conjunto de proposi ci ones y de i nvesti gaci ones cuya i ncoherenci a
se ref leja hasta en la m ulti tud de sus denom i naci ones: soci ología
del lenguaje, soci oli ngi i i sti ca, etnoli ngi i i sti ca, antropologi a li ngüís-
ti ca, li ngüísti ca antropológi ca, etcétera.
E n casi todos los casos, la perspecti va elegi da es la si gui ente: se
postula la exi stenci a de dos enti dades separadas, lenguaje _ v soci e-
dad (o cultura, etc. ) , y se estudi a la una a través de la otra. S e con-
si dera uno de los térm i nos com o causa y el otro com o ef ecto, y se
estudi a el ef ecto en térm i nos de un conoci m i ento de la causa o a
la i nversa, según sea el térm i no que m ejor se preste a un análi si s
ri guroso. C asi si em pre el objeto del conoci m i ento es la soci edad
(o uno de sus susti tutos) y el lenguaje es el i nterm edi ari o de f áci l
m anejo que lleva hasta él.
A hora bi en, según el punto de vi sta m ás tradi ci onal, es la soci e-
dad la que determ i na el lenguaje; por lo tanto, el estudi o de las
vari antes li ngüísti cas perm i ti rá ci rcunscri bi r con preci si ón las va-
ri antes soci ológi cas (0 culturales, etc. ) que las produjeron. A si ,
en español es posi ble di ri gi rse a algui en em pleando “tú” o “usted”,
llam ándolo “P edro”, “P érez”, “S eñor P edro”, “S eñor P érez”, “S e-
ñor”, etc. U n análi si s de esas di f erentes posi bi li dades (i naugurado
por los trabajos de R oger Brown) perm i ti rá deli m i tar ci ertas cate-
gorías, perti nentes para la descri pci ón del acto de com uni caci ón en
una soci edad determ i nada. O tro trabajo si tuado en la m i sm a pers-
pecti va ha perm i ti do i denti f i car ci erto núm ero de vari antes f ono-
lógi cas en el habla de los habi tantes de N ueva York; esas vari antes
están relaci onadas con di f erenci as soci ales (prof esi ón, educaci ón,
i ngresos). E l lenguaje es en este caso, com o escri be Wi lli am L abov,
autor de esta i nvesti gaci ón, “un i ndi ce sensi ble de m uchos procesos
soci ales”, es una m ateri a relati vam ente f áci l de estudi ar y perm i te
sacar conclusi ones sobre la estructura de la soci edad. Tal perspec-
79
/.05 DOM1NlOS
tiva es resueltamente sociológica y podría reservársele el nombre de
sodolingliística.
A partir de los trabajos de W. von Humboldt, en el siglo XIX,
surgió una perspectiva opuesta: el lenguaje ya no es el reflejo de
las estructuras sociales, culturales o psíquicas y se convierte en cau·
sa de ellas. Humboldt concede al lenguaje una importancia mucho
mayor que sus predecesores: el lenguaje ya no designa una "reali·
dad" preexistente; más bien es el lenguaje el que or!!;aniza para
nosotros el mundo circundante. Tales ideas, que en Humboldt sigo
nifican una postura filosófica, motivarán en el siglo xx varios tipos
de estudios empíricos.
En primer término, deben citarse los trabajos del grupo "neo-
humboldtiano" en Alemania (Weis¡!;erber, Trier. Porzig. etc.), para
el cual el len¡!uaje está unido a una "visión del mundo" ",Iobal. Y
puesto que existe una lengua por nación, el estudio de cada lengua
permitirá conocpr el espíritu de la na('ión: el alemán por oposición
al francés, efr,. Este pstudio se basa en el análisis de los "campos
semánticos" que se organizan de manera diferente en cada lenrrna
f162]. Tales campos se ohservan tanto pn el ámbito de la naturaleza
como en el de la cultura material o el de la cultura espiritual (por
ejemplo. el trabajo clásico de Trier sobre el concepto de "razón" y
sus vecinos en alemán).
En las décadas del treinta y el cuarenta ocurre un oesarrollo pa-
ralelo pn los Estados U n i d o ~ : es la hipótesis lIamaol¡ "de Sapir-
Whorf'. Basándose en algunas afirmaciones de Sanir. Benjamin Lee
Whorf se propuso demostrar que las cate¡!orías más fundamentales
(lel pensamiento (las del tiempo. del espacio. del sujeto y el objeto.
etc.) no son las mismas pn inglés, por ejemplo. y en una lengua no
indoeuroppa como la de los indios hopi. A diferencia de los alema-
nes, Whorf se interesa en las categorías ¡!;ramaticales, más que en
las estructuras léxicas.
Una tercpra tendencia, no muy alejada de las antpriore!'l pero
cuya filiación humboldtiana es de menor importancia, puede obser·
varse en los trabajos de los etnólogos norteamericanos que descri-
hen las "taxinomias populares" en las lenguas indígenas. En este
sentido. su investigación es semejante a la de Trier. Pero sus tra-
hajos. que l'e refieren al parentesco o los colores, las plantas y los
animales, las enfermedades y los oficios (en suma, a todo 10 que
!,p. ha llamado recientemente etnocienf'ia), no apuntan al conoci·
miento de un "espíritu" nacional hipotético.
Lo cierto es que pueden observarse dos vertientes en los trabajo!
descritos. Por un lado, existe un trabajo semántico, en sentido es-
tricto: los estudios sobre los campos semánticos, el análisis compo-
80
L O S D O MI N I O S
ti va es resueltam ente soci ológi ca y podría reservársele el nom bre de
soci oli ngi i i sti ca.
A parti r de los trabajos de W. von H um boldt, en el si glo XI X,
surgi ó una perspecti va opuesta: el lenguaje ya no es el refl ejo de
las estructuras soci ales, culturales o psíqui cas y se convi erte en cau-
sa de ellas. H um boldt concede al lenguaje una i m portanci a m ucho
m ayor que sus predecesores: el lenguaje ya no desi gna una “reali -
dad” preexi stente; m ás bi en es el lenguaje el que organi za para
nosotros el m undo ci rcundante. Tales i deas, que en H um boldt si g-
ni f i can una postura f i losóf i ca, m oti varán en el si glo XX vari os ti pos
de estudi os em píri cos.
E n pri m er térm i no, deben ci tarse los trabajos del grupo “neo-
hum boldti ano” en A lem ani a (Wei sgerber, Tri er, P orzi a. etc. ) . , para
el cual el lenguaje está uni do a una “vi si ón del m undo” global. Y
puesto que exi ste una lengua por naci ón, el estudi o de cada lengua
perm i ti rá conocer el espi ri tu de la nar- i ón: el alem án por oposi ci ón
al f rancés, etc. E ste estudi o se basa en el análi si s de los “cam pos
sem ánti cos” que se organi zan de m anera di f erente en cada lenf rua
[l62]. Tales cam pos se observan tanto en el ám bi to de la naturaleza
com o en el de la cultura m ateri al o el de la cultura espi ri tual (nor
ejem plo. el trabai o clási co de Tri er sobre el concepto de “razón” y
sus veci nos en alem án).
E n las décadas del trei nta y el cuarenta ocurre un desarrollo pa-
ralelo en los E stados U ni dos: es la hi pótesi s llam ada “de S apìr-
Whorf ”. Basándose en algunas af i rm aci ones de S apìr, Beni am i n L ee
Whorf se propuso dem ostrar que las categori as m ás f undam entales
del pensam i ento (las del ti em po. del espaci o. del sujeto _ v el objeto.
etc. ) no son las m i sm as en i nglés, nor ejem plo. y en una lengua no
i ndoeuropea com o la de los i ndi os hopi . A di f erenci a de los alem a-
nes, Vlïhorf se i nteresa en las categori as gram ati cales, m ás que en
las estructuras léxi cas.
U na tercera tendenci a, no m uy alejada de las anteri ores pero
cuya f i li aci ón hum boldti ana es de m enor i m portanci a, puede obser-
varse en los trabajos de los etnólogos norteam eri canos que descri -
ben las “taxi nom i as populares” en las lenguas i ndi genas. E n este
senti do, su i nvesti gaci ón es sem ejante a la de Tri er. P ero sus tra-
bajos. que se ref i eren al parentesco o los colores, las plantas y los
ani m ales, las enf erm edades y los of i ci os (_ en sum a, a todo lo que
se ha llam ado reci entem ente etnoci enci a), no apuntan al conoci -
m i ento de un “espi ri tu” naci onal hi potéti co.
L o ci erto es que pueden observarse dos verti entes en los trabajos
descri tos. P or un lado, exi ste un trabajo sem ánti co, en senti do es-
tri cto: los estudi os sobre los cam pos sem ánti cos, el análi si s com po-
80
SOCIOLINGtJlSTICA
nencial de los etnólo¡ros norteamericanos, constituyen la base de
la semántica moderna [3061. Por otro lado. la extrapolación de una
lingüística del espíritu nacional corre el riesgo de
revelarse tautológica: nuestros conocimientos sobre este "espíritu"
son demasiado ¡renerales (lo cual hace infructuosa la correlación),
o bien sólo pueden abordarse por medio del Sea como
fuere, el ohjeto explícito de estas investigaciones (salvo en lo!! casoil
,le los ptnólogos norteamericanos) es una vez más el conocimiento
de un elemento distinto (el espíritu, la cultura) por intermedio del
lenguaje; la diferencia consiste en que este último tiene la función
ele causa, y no de efecto. Puede resprvarse el hombre ele etnolin-
,;iística para este tipo de investÍ!raciones.
Mucho menos frecuente es la actitud inversa, que ronsiste en acla-
rar propiedades del lenguaje por medio del conocimiento que \'le
tiene de la sociedad. La dificultad con que tropieza este tino ele
trabajos consiste en que sólo encuentran un determinismo hac;tante
vago o surge de que las sociológicas son demasiado im-
precisas para que puedan servir como criterios limriiístico". P"e,l"n
citarse aquí distinciones tales como "estilo administrativo" o "cien-
lífico". rrup evidentemente provienen de las catel!"orías soriales.
Por último, conviene recordar que, en el plano metodológico, el
napel de ciencia-oiloto recientemente asignado a la IinJriií8tica no
ha dejado de influir sobre las ciencias sociales. La etnolo!!ía o la
lin!!:üística tomaron ciertos aspectos y procedimiento!l de la liTI!!"üís-
tica para utilizarlos en su propio campo. El trabajo de C. Lévi-
Strauss testimonia la fecundidad de tal operación, aunque su objeto
"ea distinto del de la sociolingüíslica.
Recientemente han sido publicadas varias recopilaciones de artículos repre-
""ntativns: Dell Hymes (ed.). Languages in Culture and Societ'Y. New York.
1964; W. BrildJt (ed.). Sociolinguistics, La Haya, 1968; J. Fishman (edJ.
Readings in the Sociol01O' 01 Language, La Haya. 1968 (una selecl'ión muy
interesante); A. Kimball Romney, R. Goodwin d'Andrade (ed.), Transcul-
tural studies in cognition, American Anthropolof(ist, 1964, 3, par!. 2. Para
recientes trabajos franceses, véase Langages, 11 ("Sociolinguistique") y 18
('EthnolinlnJistique") .
Modelos de estudios sociolingüísticos (en sentido estricto) son: R. Brown,
M. Ford, "Adress in American English", en D. Hymes, op. cit.• pp. 234-244;
R. Brown, A. Gilman. "TIle Pronouns of Power and Snlidarity", en Fi.hman.
op. cit., pp. 252·276: W. Labnv. "TIle reflection of Social Processes in
tic Strul'tures", ibídem, pp. 240·251.
Modelos de estudios de etnolinciiística (en sentido estricto) son: a) L. Weis·
j!erber, Von den Krii/ten der deutschen Sprache schatz im Sinnbezirk der
Verstandes, Heidelberp:, 1931; W. Porzig, Las maravülas del lenguaje, Madrid,
Gredos, 1964. b) B. L. Whorf, Linguistique et Anthropolof(ie. Paris, 1968;
H. Hoijer (ed.), Language in Culture, Chicago, 1954. e) H. C. Conklin, "Lexi-
cflgraphical Treatment of Folk Taxononies", en Fishman, op. cit., pp. 414·433;
81
S O C I O L I N G U ÍS TI C A
nenci al de los etnólogos norteameri canos, consti tuyen la base de
la semánti ca moderna [3 06l. P or otro lado. la extrapolaci ón de una
conf i guraci ón li ngüísti ca del espi ri tu naci onal corre el ri esgo de
revelarse tautológi ca: nuestros conoci mi entos sobre este “espíri tu”
son demasi ado generales ( lo cual hace i nf ructuosa la correlaci ón),
o bi en sólo pueden abordarse por medi o del lenguaje. S ea como
f uere, el obi eto expli ci to de estas i nvesti gaci ones (salvo en los casos
de los etnólogos norteameri canos) es una vez más el conoci mi ento
de un elemento di sti nto (el espi ri tu, la cultura) por i ntermedi o del
lenguaje; la di f erenci a consi ste en que este últi mo ti ene la f unci ón
de causa, y no de ef ecto. P uede reservarse el hombre de etnoli n-
gi i i sti ca para este ti po de i nvesti gaci ones.
Mucho menos f recuente es la acti tud i nversa, que consi ste en acla-
rar propi edades del lenguaje por medi o del conoci mi ento que se
ti ene de la soci edad. L a di f i cultad con que tropi eza este ti no de
trabajos consi ste en que sólo encuentran un determi ni smo bastante
vago o surge de que las categori as soci ológi cas son demasi ado i m-
preci sas para que puedan servi r como cri teri os li ngi i i sti cos. P H P - den
ci tarse aqui di sti nci ones tales como “esti lo admi ni strati vo” o “ci en-
tíf i co”, one evi dentemente provi enen de las categori as soci ales.
P or últi mo, convi ene recordar que, en el plano metodológi co, el
papel de ci enci a- pi loto reci entemente asi gnado a la li ngüísti ca no
ha dejado de i nf lui r sobre las ci enci as soci ales. L a etnologi a o la
li ngüísti ca tomaron ci ertos aspectos y procedi mi entos de la li ngüís-
ti ca para uti li zarlos en su propi o campo. E l trabajo de C . L évi -
S trauss testi moni a la f ecundi dad de tal operaci ón, aunque su objeto
sea di sti nto del de la soci oli ngi i i sti ca.
- - > R eci entemente han si do publi cadas vari as recopi laci ones de arti culos repre-
sentati vos: D ell H ymes (ed. ), L anguages i n C ulture and' S oci etv. N ew York,
1 964; W. Bri ght (ed. ), S oci olínguísti cs, L a H aya, 1 968; J . Fi shman (ed. ),
R eadi ngs i n the S oci ology of L anguage, L a H aya, 1 968 (una selecci ón muy
i nteresante); A . Ki mball R omney, R . G oodwi n d' A ndrade (ed. ), Transcul-
tural studi es i n cogni ti on, A meri can A nthropologi st, 1 964, 3 , part. 2. P ara los
reci entes trabajos f ranceses, véase L angages, 1 1 (“S oci oli ngui sti que”) Y 1 8
( ' E thnoli ngui stìque”) .
Modelos de estudi os soci olìngi i ísti cos (en senti do estri cto) son: R . Brown,
M. Ford, “A dress i n A meri can E ngli sh”, en D . H ymes, op. ci t. , pp. 23 4- 24- 4;
R . Brown, A . G i lman. “The P ronouns of P ower and S oli dari ty”, en Fi shman,
op. ci t. , pp. 252- 276: W. L abov. “The refl ecti on of S oci al P rocesscs i n L i ngui s-
ti e S tructures”, íbídem, pp. 240- 251 .
Modelos de estudi os de etnoli ngi i i sti ca (en senti do estri cto) son: a) L . Wei s-
gerber, Von den Krä ƒten rler rleutschen S prache schatz i m S ínnbezi rlc der
Verstandes, H ei delberg, 1 93 1 ; W. P orzi g, L as maravi llas del lenguaje, Madri d,
G redos, 1 964. b) B. L . Whorf , L i ngni sti qne et A nthropologi e. P ari s, 1 968;
H . lloi jer (ed. ), L anguage i n C ulture, C hi cago, 1 954. c) H . C . C onklìn, “L exi -
rrographi cal Treatment of Folk Taxononi es" , en Fi shman, op. ci t. , pp. 41 4- 43 3 ;
81
WS DOMINIOS
C. O. Frake, "The Ethnographic Study oí Cognitive Systems", ibídem, pp. 434-
446; W. C. Sturtevant, "Studies in ethnoscience", en Kimball Romney, op. cit.
Lingüística y etnología: e Levi·StrauSB, Antropología estructural, Buenos
Aires, EUDEBA, 1968.
Queda otra posibilidad de estudiar la relación lenguaje.sociedad;
más exactamente, es posible suprimir la oposición entre ambos y
estudiar el lenguaje como un hecho social, como un tipo de compor-
tamiento. Ya no se trata, pues, de relacionar dos conjuntos separa-
dos, sino de constituir un objeto teórico nuevo. Podría darse el
nombre de antropología lingüística (antropología del lenguaje) a
los estudios que se sitúan en esta nueva perspectiva.
Desde luego, la idea de que el lenguaje pueda considerarse como
un modo de acción no es nueva; sin embargo, sólo con la obra del
etnólogo inglés Bronislav Malinowski adquiere el carácter de hi-
pótesis científica. Por lo demás, es bastante fácil admitir todas las
proposiciones que, en Malinowski, acompañan el nacimiento de esta
idea. Malinowski distingue varios tipos de enunciados lingüísticos
según su función: los enunciados corrientes en nuestras lenguas
"occidentales" sirven para expresar el pensamiento; los enunciados
corrientes en las lenguas "primitivas" sÍJ¡ven para realizar una ac-
ción. Sólo cuando el sentido del enunciado carece de importancia
Malinowski lo considera como muestra del "modo accional" del
lenguaje !por ejemplo, las frases sobre el tiempo o la temperatura,
cuya única función es establecer un contacto). Podríamos objetar
que "expresar" o "informar" son acciones como las demás y que
en este sentido todos los enunciados poseen ese "modo" específico;
los ejemplos citados por Malinowski (frases de cortesía, observacio-
nes sobre el tiempo, preguntas sobre el estado de salud) sólo son
los más evidentes. Pero el mérito de Malinowski no disminuye por
esto.
El lingüista inglés J. R. Firth y sus discípulos retomarán las ideas
de Malinowski. Firth atribuye esa dimensión accional a todos los
enunciados, pero tiende a confundirla con el sentido (meaning) de
una frase; ahora bien, si es indudable que el sentido puede ser per-
tinente para la descripción de la dimensión accional, también es
cierto que ésta puede escapársele. ("Vengo mañana" puede ser tan-
to UDa promesa como una advertencia, sin que cambie el sentido.)
El reconocimiento de esta dimensión lo lleva a postular la importan-
cia del "contexto de situación" (siguiendo una vez más a Malinows-
ki) y a sugerir la posibilidad de su estudio en dos niveles: el de
una tipología de las situaciones (tales como las apelaciones, los sa-
ludos, las formas de relación; por ejemplo, en la iglesia, ante el
juez, etc.) y el de una tipología de las funciones (por ejemplo, es-
82
L O S D O MI N I O S
C . O . Frake, “The E thnographi c S tudy of C ognìti ve S ystem s”, i bídem , pp. 43 4-
446; W. C . S turtevant, “S tudi es i n ethnosci ence”, en Ki m ball R om ney, op. ci t.
L i ngüísti ca y etnología: C L evi - S trauss, A ntropología estructural, Buenos
A i res, E U D E BA , 1 968.
Queda otra posi bi li dad de estudi ar la relaci ón lenguaje- soci edad;
m ás exactam ente, es posi ble supri m i r la oposi ci ón entre am bos y
estudi ar el lenguaje com o un hecho soci al, com o un ti po de com por-
tam i ento. Ya no se trata, pues, de relaci onar dos conjuntos separa-
dos, si no de consti tui r un objeto teóri co nuevo. P odría darse el
nom bre de antropologi a li ngüísti ca (antropología del lenguaje) a
los estudi os que se si túan en esta nueva perspecti va.
D esde luego, la i dea de que el lenguaje pueda consi derarse com o
un m odo de acci ón no es nueva; si n em bargo, sólo con la obra del
etnôlogo i nglés Broni slav Mali nowski adqui ere el carácter de hi -
pótesi s ci entíf i ca. P or lo dem ás, es bastante f áci l adm i ti r todas las
proposi ci ones que, en Mali nowski , acom pañan el naci m i ento de esta
i dea. Mali nowski di sti ngue vari os ti pos de enunci ados li ngüísti cos
según su f unci ón: losenunci ados corri entes en nuestras lenguas
“occi dentales” si rven para expresar el pensam i ento; los enunci ados
corri entes en las lenguas “pri m i ti vas” si rven para reali zar una ac-
ci ón. S ólo cuando el senti do del enunci ado carece de i m portanci a
Mali nowski lo consi dera com o m uestra del “m odo acci onal” del
lenguaje [por ejem plo, las f rases sobre el ti em po o la tem peratura,
cuya úni ca f unci ón es establecer un contacto). P odríam os objetar
que “expresar” o “i nf orm ar” son acci ones com o las dem ás y que
en este senti do todos los enunci ados poseen ese “m odo” específ i co;
los ejem plos ci tados por Mali nowski (f rases de cortesía, observaci o-
nes sobre el ti em po, preguntas sobre el estado de salud) sólo son
los m ás evi dentes. P ero el m éri to de Malìnowslci no di sm i nuye por
esto.
E l li ngi i i sta i nglés J . R . Fi rth y sus di scípulos retom arán las i deas
de Mali nowski . Fi rth atri buye esa di m ensi ón acci onal a todos los
enunci ados, però ti ende a conf undi rla con el senti do (m eani ng) de
una f rase; ahora bi en, si es i ndudable que el senti do puede ser per-
ti nente para la descri pci ón de la di m ensi ón acci onal, tam bi én es
ci erto que ésta puede escapársele. (“Vengo m añana” puede ser tan-
to una prom esa com o una advertenci a, si n que cam bi e el senti do. )
E l reconoci m i ento de esta di m ensi ón lo lleva a postular la i m portan-
ci a del “contexto de si tuaci ón” (si gui endo una vez m ás a Malìnows-
ki ) y a sugeri r la posi bi li dad de su estudi o en dos ni veles: el de
una ti pología de las si tuaci ones (tales com o las apelaci ones, los sa-
ludos, las f orm as de relaci ón; por ejem plo, en la i glesi a, ante el
juez, etc. ) y el de una ti pología de las f unci ones (por ejem plo, es-
82
SOCIOLINGV/STICA
tar o no estar de acuerdo, alentar, condenar, tomar la responsabili.
dad; y aun: desear, maldecir, bendecir, jactarse, desafiar, invocar,
aburrir, declarar hostilidad, alabar, censurar, etc.). Pero Firth no
va más allá de esta lista, evidentemente más próxima a la enumera·
ción que a la hipótesis operatoria.
Casi por la misma época y de manera totalmente independiente
se hicieron trabajos semejantes en el seno d e ~ Círculo lingüístico
de Praga. El enfoque del Círculo de Praga [40] es resueltamente
funcional, cosa que le hace atender no sólo a las principales fun·
ciones del lenguaje, en el espíritu de Bühler [382], sino también
a las que puede asumir un enunciado particular, mucho más nume·
rosas. Bohuslav Havránek postula que es la respuesta del alocuta·
rio la que determina la función del enunciado y propone la siguiente
clasificación: 1) comunicación factual, información; 2) exhorta-
ción, persuasión; 3) explicación general; 4) explicación técnica;
5) formulación codificada. Havránek no siempre distingue esta
descripción funcional de una descripción estilística basada en la pre·
sencia o la ausencia de ciertos rasgos lingüísticos, aunque formule
muy claramente la diferencia: "consiste en el hecho de que el estüo
funcional está determinado por el objeto de la respuesta verbal, es
una función de la respuesta verbal (del acto de palabra), mientras
que la lengua funcional . .. es una función del esquema de la len-
gua". Más recientemente, M. Joos ha procurado describir la arti·
culación de todas las lenguas según cinco estilos funcionales que
llama íntimo, informal, consultativo, formal, "congelado", y que
corresponden a cinco grados de elaboración y pueden observarse
pn todos los niveles lin¡;üísticos: fonológico, sintáctico, léxico. Por
ejemplo, la pronunciación cuidada de todos los sonidos que como
ponen una secuencia verbal o la elisión de algunos de ellos permi-
tirá identificar el estilo "formal" o "informal", etc. Con ello vuelve
a la correlación de dos unidades independientes, lengua y sociedad,
una de las cuales refleja a la otra.
En Francia los etnólogos (Durkheim, Mauss, Granet) siempre se
mostraron atentos frente a los hechos de lengua; y los lingüistas
(Saussure, Meillet, Vendryes) procuraron arraigar su concepción
del lenguaje en una teoría de los hechos sociales. Pero será necesa-
rio esperar el trabajo de un alumno de Meillet, Marcel Cohen (Pa-
ra una sociología del lenguaje, 1956), para encontrar una presenta·
ción sistemática del ámbito. En lugar de la función de Malinowski,
Firth y Havránek, Cohen habla de fuerzas del lenguaje, que propo-
ne agrupar de la siguiente manera:
1. La palabra y las fuerzas extra-humanas (ceremonias totémicas,
83
S O C I O L I N G U I S TI C A
tar o no estar de acuerdo, alentar, condenar, tomar la responsabi li -
dad; y aun: desear, maldeci r, bendeci r, jactarse, desaf i ar, i nvocar,
aburri r, declarar hosti li dad, alabar, censurar, etc. ). P ero Fi rth no
va más allá de esta li sta, evi dentemente más próxi ma a la enumera-
ci on que a la hi pótesi s operatori a.
C asi por la mi sma época y de manera totalmente i ndependi ente
se hi ci eron trabajos semejantes en el seno deb C írculo li ngüísti co
de P raga. E l enf oque del C írculo de P raga [40] es resueltamente
f unci onal, cosa que le hace atender no sólo a las pri nci pales f un-
ci ones del lenguaje, en el espi ri tu de Bi i hler [3 82], si no tambi én
a las que puede asumi r un enunci ado parti cular, mucho más nume-
rosas. Bohuslav H avránek postula que es la respuesta del alocuta-
ri o la que determi na la f unci ón del enunci ado y propone la si gui ente
clasi f i caci ón: 1 ) comuni caci ón f actual, i nf ormaci ón; 2) exhorta-
ci ón, persuasi ón; 3 ) expli caci ón general; 4- ) expli caci ón técni ca;
5) f ormulaci ón codi f i cada. H avránek no si empre di sti ngue esta
descri pci ón f unci onal de una descri pci ón esti li sti ca basada en la pre-
senci a o la ausenci a de ci ertos rasgos li ngüísti cos, aunque f ormule
muy claramente la di f erenci a: “consi ste en el hecho de que el esti lo
f unci onal está determi nado por el objeto de la respuesta verbal, es
una f unci ón de la respuesta verbal (del acto de palabra), mi entras
que la lengua f unci onal. . . es una f unci ón del esquema de la len-
gua”. Más reci entemente, M. J ocs ha procurado descri bi r la arti -
culaci ón de todas las lenguas según ci nco esti los f unci onales que
llama i nti mo, i nf ormal, consultati vo, f ormal, “congelado”, y que
corresponden a ci nco grados de elaboraci ón y pueden observarse
en todos los ni veles li ngüísti cos: f onológi co, sìntácti co, léxi co. P or
ejemplo, la pronunci aci ón cui dada de todos los soni dos que com-
ponen una secuenci a verbal o la eli si ón de algunos de ellos permi -
ti rá i denti f i car el esti lo “f ormal” o “i nf ormal”, etc. C on ello vuelve
a la correlaci ón de dos uni dades i ndependi entes, lengua y soci edad,
una de las cuales ref leja a la otra.
E n Franci a los etnólogos (D urkhei m, Mauss, G ranet) si empre se
mostraron atentos f rente a los hechos de lengua; y los li ngi i i stas
(S aussure, Mei llet, Vendryes) procuraron arrai gar su concepci ón
del lenguaje en una teoría de los hechos soci ales. P ero será necesa-
ri o esperar el trabajo de un alumno de Mei llet, Marcel C ohen (P a-
ra una soci ología del lenguaje, 1 956), para encontrar una presenta-
ci ón si stemáti ca del ámbi to. E n lugar de la f unci ón de Mali nowski ,
Fi rth y H avránek, C ohen habla de f uerzas del lenguaje, que propo-
ne agrupar de la si gui ente manera:
1 . L a palabra y las f uerzas extra- humanas (ceremoni as totémi cas,
8 3
WS DOMINIOS
conciliación de los espíritus; magia, hechicería, adivinación; re·
ligión; nombres de seres; nombres de lugares).
2. Las fórmulas eficaces en las relaciones entre los hombres
(reencuentro y separación; pedido y agradecimiento; entroniza·
ción y exclusión; felicitación, deseo, censura, condolencia, dedi·
catoria; compromisos, juramentos; hostilidad y pacificación; preso
cripciones codificadas).
3. La persuasión y la instrucción (justas oratorias; pleitos; dis·
cursos en las asambleas deliberantes; edificación y exaltación; pro·
paganda religiosa y política; anuncios publicitarios; enseñanza;
investigación y sugestión; formas de razonamiento y análisis de
los términos).
4. Diversión (literatura; teatro; radiodifusión y televisión; jue·
gos de palabras).
Una vez más nos encontramos frente a una lista caótica, pero
que al menos testimonia la riqueza del campo de estudios.
Los filósofos ingleses, especialistas en el "lenguaje ordinario",
contribuyeron inesperadamente a la antropología lingüística. Witt·
genstein y sobre todo Austin procuraron describir los diferentes
empleos del lenguaje, cosa que llevó a Austin a elaborar la noción
(le fuerza ilocutoria (en la cual se reconoce la función de Malinows·
ki y la fuerza de Cohen) [385]. Esta fuerza ilocutoria es una di·
mensión de todo enunciado, relacionada con su sentido pero no
idéntica a él. Para censar las fuerzas ilocutorias, Austin somete a un
test la lista completa de los verbos que, en inglés, significan una
acción verbal (tales como afirmar, declarar, .sugerir, estimar, ca·
racterizar, definir; ordenar, aconsejar, rogar; nombrar, recomen·
dar, proponer; prometer, garantizar, comprometerse; agradecer, pero
donar, excusar, etc.), proponiendo así una "taxinomia popular"
cuya pertinencia científica no está asegurada (;. todas las "fuer.
zas ilocutorias" disponen de un nombre distinto?). Sin embargo,
este punto de partida firme le permite una descripción mucho más
precisa de los hechos y una explicitación de la variedad de las "fuer.
zas". El trabajo de Austin no se define como antropológico y sus
clasificaciones son puramente formales; a pesar de ello, es una de
las contriburioncs más interesantes a este ámbito discutido.
A partir de la década del sesenta empieza a formarse como dis·
ciplina autónoma en los Estados Unidos, bajo el impulso no con·
junto de lingüistas, etnólogos y psicólogos (tales como Dell Hymes,
Susan Ervin·Tripp, etc.). una antropología lingüística. La ventaja
<le estas últimas investigaciones consiste en que tienen en cuenta
todas las tradiciones precedentes, sin limitarse a un puro descrip.
tivismo. Hymes, que también da a esta actividad el nombre de "etno·
84
L O S D O MI N I O S
conci li aci ón de los espi ri tus; m agi a, hechi ceri a, adi vi naci ón; re-
li gi ón; nom bres de seres; nom bres de lugares).
2. L as f órm ulas ef i caces en las relaci ones entre los hom bres
(reencuentro y separaci ón; pedi do y agradeci m i ento; entroni za-
ci ón y exclusi ón; f eli ci taci ón, deseo, censura, condolenci a, dedi -
catori a; com prom i sos, juram entos; hosti li dad y pafl ìf ìcfl cìôfl z pres-
cri pci ones codi f i cadas) .
3 . L a persuasi ón y la i nstrucci ón (justas oratori as; plei tos; di s-
cursos en las asam bleas deli berantes; edi f i caci ón y exaltaci ón; pro-
paganda reli gi osa y políti ca; anunci os publi ci tari os; enseñanza;
i nvesti gaci ón y sugesti ón; f orm as de razonam i ento y análi si s de
los térm i nos).
4- . D i versi ón (li teratura; teatro; radi odi f usi ón y televi si ón; jue-
gos de palabras).
U na vez m ás nos encontram os f rente a una li sta caóti ca, pero
que al m enos testi m oni a la ri queza del cam po de estudi os.
L os f i lósof os i ngleses, especi ali stas en el “lenguaje ordi nari o”,
contri buyeron i nesperadam ente a la antropologi a li ngüísti ca. Wi tt-
genstei n y sobre todo A usti n procuraron descri bi r los di f erentes
em pleos del lenguaje, cosa que llevó a A usti n a elaborar la noci ón
de juerza i locutori a (en la cual se reconoce la junci ón de Malìnows-
ki y la f uerza de C ohen) [3 85]. E sta f uerza i locutori a es una di -
m ensi ón de todo enunci ado, relaci onada con su senti do pero no
i dénti ca a él. P ara censar las f uerzas i locutori as, A usti n som ete a un
test la li sta com pleta de los verbos que, en i nglés, si gni f i can una
acci ón verbal (tales com o af i rm ar, declarar, sugeri r, esti m ar, ca-
racteri zar, deƒi ni r; ordenar, aconsejar, rogar; nom brar, recom en-
dar, proponer; prom eter, garanti zar, com prom eterse; agradecer, per-
donar, excusar, etc. ), proponi endo asi una “taxi nom i a popular”
cuya perti nenci a ci entíf i ca no está asegurada (;_ todas las “f uer-
zas i locutori as” di sponen de un nom bre di sti nto?). S i n em bargo,
este punto de parti da f i rm e le perm i te una descri pci ón m ucho m ás
preci sa de los hechos y una expli ci taci ón de la vari edad de las “f uer-
zas”. E l trabajo de A usti n no se def i ne com o antropológi co y sus
clasi f i caci ones son puram ente f orm ales; a pesar de ello, es una de
las contri buci ones m ás i nteresantes a este ám bi to di scuti do.
A parti r de la década del sesenta em pi eza a f orm arse com o di s-
ci pli na autónom a en los E stados U ni dos, bajo el i m pulso no con-
junto de li ngüi stas, etnólogos y psi cólogos (tales com o D ell H ym es.
S usan E rvi n- Tri pp, etc. ). una antropologi a li ngüísti ca. L a ventaja
de estas últi m as i nvesti gaci ones consi ste en que ti enen en cuenta
todas las tradi ci ones precedentes, si n li m i tarse a un puro descri p-
ti vi sm o. H ym es, que tam bi én da a esta acti vi dad el nom bre de “etno-
84
SOCIOLlNCtJISTlCA
grafía del habla", se basa en el análisis del acto de comunicación,
hecho por Jakobson, en seis factores y seis funciones [383]. S. Er-
vin-Tripp d i s t i n g u ~ igualmente: el cuadro, los interlocutores, el tema,
las funciones y la forma del enunciado. Las funciones se clasifican,
por ejemplo, en los siguientes grupos: 1) Pedidos de bienes, de ser·
vicios y de información. 2) Pedidos de respuesta social. 3) Ofertas
de información o de interpretación. 4) Monólogos expresivos. 5)
Habla rutinaria (saludos, agradecimientos, excusas, etc.). 6) Con
versaciones de reemplazo (cuyo objeto es hablar para no participar
en otra actividad menos agradable). El criterio de la clasificación
es, como en Havránek, la respuesta del alocutario.
El porvenir de la antropología lingüística es promisorio, pero
evidentemente depende de los progresos cumplidos en el estudio de
la enunciación [364 y ss.] y en la semántica [71].
~ B. Malinowski, "El problema del significado en las lenguas primitivas",
en C. K. Ogden, l. A. Richards, El significado del significado, Buenos Aires,
Paidós, 1%4; ídem, The Language of M,agic and Gardening, London, 1935;
J. R. Firth, Papers in Linguistics 1934-1951, London, 1957; B. Havránck,
"The Funetional Differentiation oí the Standard Language", en B. Garvin
(cd.), A. Plague Sehool Reader on Esthetics, Literarr Structure and Strle,
Washington, 1%4; M. 100s, The Five Clocks, Bloomington, 1%2; M. Cohen,
Pour une sociologie du langage, Paris, 1956; 1. Wittgenstein, Cuadernos
azul r marrón, Madrid, Tecnos, 1968; J. 1. Austin, Palabras r acciones,
But:nos Aires, Paidós, 1971; D. Hymes, "The Ethnography of Speaking" en
Fishman, op. cit., pp. 99·138; S. Ervin-Tripp, "An Analysis oí the Interaction
of Languáge, Topic and Kistener", ibídem, pp. 192·211; 1. Marshall, "Sharing,
Talking and Giving: Relief of Social Tensions among 'Kung Bushmen, ibi-
dem, pp. 179-184; G. Calame-Griaule, Ethnologie et Langage. La Parole chez
les Dogons, Paris, 1965; J. 1. Gumperez, D. Hymes (ed.), The Ethnography
of communication, American Anthropologist, 1964, 6, parto 2.
85
S O C I O L I N G ÚÍS TI C Ä
graf ía del habla”, se basa en el análi si s del acto de com uni caci ón,
hecho por J akobson, en sei s f actores y sei s f unci ones [3 81 - 5]. S . E r-
vi n- Tri pp di sti ngue i gualm ente: el cuadro, los i nterlocutores, el tem a,
las f unci ones y la f orm a del enunci ado. L as f unci ones se clasi f i can,
por ejem plo, en los si gui entes grupos: 1 ) P edi dos de bi enes, de ser-
vi ci os y de i nf orm aci ón. 2) P edi dos de respuesta soci al. 3 ) O f ertas
de i nf orm aci ón o de i nterpretaci ón. 4- ) Monólogos expresi vos. 5)
H abla ruti nari a (saludos, agradeci m i entos, excusas, etc. ). 6) C on
versaci ones de reem plazo (cuyo objeto es hablar para no parti ci par
en otra acti vi dad m enos agradable). E l cri teri o de la clasi f i caci ón
es, com o en H avránek, la respuesta del alocutari o.
E l porveni r de la antropologi a li ngüísti ca es prom i sori o, pero
evi dentem ente depende de los progresos cum pli dos en el estudi o de
la enunci aci ón [3 64 y ss. ] y en la sem ánti ca [7l. ].
- › B. Mali nowskì, “E l problem a del si gni f i cado en las lenguas pri m i ti vas" ,
en C . K. O gden, I . A . R i chards, E l si gni f i cado del si gni f i cado, Buenos A i res,
P ai dós, 1 964; i dem , The L anguage of M_ agi c and G ardeni ng, L ondon, 1 93 5;
. l. R . Fi rth, P apers i n L i ngui sti cs 1 93 4- 1 951 , L ondon, 1 957; B. H avránelc,
“The Functi onal D i f f erenti ati on of the S tandard L anguage" , en B. C arvi n
(ed. ), A . P rague S chool R eader on E stheti cs, L i terary S tructure and S tyle,
Washi ngton, 1 964; M. J oos, The Fi ve C locks, Bloom i ngton, 1 962; M. C ohen,
P our une soci ologi e du langage, P ari s, 1 956; L . Wi ttgenstei n, C uadernos
azul y m arrón, Madri d, Tecnos, 1 963 ; J . L . A usti n, P alabras y acci ones,
Buenos A i res, P ai dós, 1 971 ; D . H ym es, “The E thnography of S peaki ng" en
Fi shm an, op. ci t. , pp. 99- 1 3 8; S . E rvìn- Tri pp, “A n A nalysi s of the I nteracti on
of L anguage, Topi c and Kìstener”, i bi dem , pp. 1 92- 21 1 ; L . Marshall, " S hari ng,
Talki ngand G i vi ng: R eli ef of S oci al Tensìons am ong' KungBushm en, i bi -
dem , pp. 1 79- 1 84; G . C alam e- G rìaule, E thnologi e et L angage. L a P arole chez
les D ogons, P ari s, 1 965; . l. J . G um perez, D . H ym es (ed. ), The E thnography
of com m uni cati on, A m eri can A nth- ropologi st, 1 964, 6, part. 2.
85
Psicolingüísfica
La importancia concedida a los procesos psicológicos de producción
y comprensión dcllenguaje no es nueva; por eso resulta asombroso
que sólo en época reciente haya aparecido la psicolingüística. Es
que, paradójicamente, fue necesario esperar a que la lingüística se
despojara de consideraciones de orden psicológico y se constituyera
como el estudio autónomo de los sistemas lingüísticos. Pero tamo
bién fue necesario esperar a que la psicología desarrollara concep-
tos descriptivos y explicativos del comportamiento compatibles con
una actividad tan compleja como el lenguaje; durante mucho tiem-
po lo que el psicólogo llamaba "lenguaje" poco tenía que ver con
las consideraciones lingüísticas.
LENGUAJE Y BEHAVIORISMO:
EL ESQUEMA ESTÍMULO-RESPUESTA (E-R)
En 1924 B. Watson, fundador del behaviorismo (teoría que esta-
blecía la psicología experimental como estudio del comportamiento
observable, en el cual la observabilidad se define por oposición a
las nociones mentalistas, por un lado, y a los métodos introspeccio-
nist:>'!. nor el otro), subtitulaba un capítulo sobre " L e n ~ a i e y peno
samiento" con esta advertencia: "capítulo que destruye definitiva-
mente la noción según la cual existe algo como la vida mental".
"Lo que la psicología llama pensamiento -agregaba- no es otra
cosa que un hablarse a sí mismo." Y hablar, aunque no consista
exactamente en los movimientos laríngeos -puesto que puede susu-
rrarse sin laringe-, es sin embarl1;o una actividad únicamente mo-
triz. En este ámbito no puede haber otros estudios psicológicos que
los de las respuestas (reacciones) observables. Tal posición no se
mantuvo invariable durante mucho tiempo, pero es el origen de una
corriente teórica dominante que imposibilitará toda problemática
sobre el lenlnJaje. La psicología intentará dar cuenta de todo como
portamiento humano mediante la formación de hábitos (verbales,
entre otros) cuyo esquema básico es el reflejo condicionado; en
una situación·estímulo se produce una respuesta (reacción); si ésta
86
I lf
P si coli ngursti ca
L a i m portanci a concedi da a los procesos psi cológi cos de producci ón
y com prensi ón del lenguaje no es nueva; por eso resulta asom broso
que sólo en época reci ente haya apareci do la psi coli ngi ìísti ca. E s
que, paradóji cam ente, f ue necesari o esperar a que la li ngüísti ca se
despojara de consi deraci ones de orden psi cológi co y se consti tuyera
com o el estudi o autónom o de los si stem as li ngüísti cos. P ero tam -
bi én f ue necesari o esperar a que la psi cología desarrollara concep-
tos descri pti vos y expli cati vos del com portam i ento com pati bles con
una acti vi dad tan com pleja com o el lenguaje; durante m ucho ti em -
po lo que el psi cólogo llam aba “lenguaje” poco tenía que ver con
las consi deraci ones li ngüísti cas.
L E N G U A J E Y BE H A v1 on1 sMo:
E L E S QU E MA E sri MU L o- R E S P U E S TA (E - R )
E n 1 924- B. Watson, f undador del behavi ori sm o (teoría que esta-
blecía la psi cología experi m ental com o estudi o del com portam i ento
observable, en el cual la observabi li dad se def i ne por oposi ci ón a
las noci ones m entali stas, por un lado, y a los m étodos i ntrospeccìo-
ni støs. nor el otro), subti tulaba un capi tulo sobre “L enguaje y pen-
sam i ento” con esta advertenci a: “capi tulo que destruye def i ni ti va-
m ente la noci ón según la cual exi ste algo com o la vi da m ental”.
“L o que la psi cologi a llam a pensam i ento - agregaba- no es otra
cosa que un hablarse a si m i sm o. ” Y hablar, aunque no consi sta
exactam ente en los m ovi m i entos lari ngeos _ puesto que - puede susu-
rrarse si n lari nge- - , es si n em bargo una acti vi dad úni cam ente m o-
tri z. E n este ám bi to no puede haber otros estudi os psi cológi cos que
los de las respuestas (reacci ones) observables. Tal posi ci ón no se
m antuvo i nvari able durante m ucho ti em po, pero es el ori gen de una
corri ente teóri ca dom i nante que i m posi bi li tará toda problem áti ca
sobre el lenguaje. L a psi cología i ntentará dar cuenta de todo com -
portam i ento hum ano m edi ante la f orm aci ón de hábi tos (verbales,
entre otros) cuyo esquem a bási co es el ref lejo condi ci onado; en
una si tuaci ón- estím ulo se produce una respuesta (reacci ón) ; si ésta
86
PSICOLlNGVISTICA
es reforzada (con una recompensa, por ejemplo), la asociación
entre el estímulo y la respuesta también será reforzada. Esto signi-
fica que es muy posible que la respuesta vuelva a manifestarse ante
cualquier reaparición del estímulo. l. Pavlov, consciente del pro-
blema que planteaba el sistema de señales particular que es el len-
J.,'1Jaie, inventará la noción vaga de segundo sistema de señali-
zación para denominar la posibilidad de reemplazar por este tipo
de señalización un sistema más elemental. C. HuIl (1930) procura
describir la diversidad de los en una misma situa-
ción proponiendo un esquema más complejo: introduce la noción
de jerarquía de hábitos, es decir, de procesos de aue tie-
nen una probabilidad de manifestarse más o menos En otros
términos, el permanece reducido a sus aspectos secunda·
rios: un conjunto de respuestas verbales a situaciones. Aún hoy
se encuentra esta confusión entre respuestas verbales y len!!uaie
(B. F. Skinner, 1957): persiste implícitamente en dertos métodos
pedagógicos de aprendizaie de una lemma segunda. Además. en
1969 y 1970 ciertas experiencias de ensp,ñanza de un lenguaje al
('himpancé mediante técnicas de condicionamiento dieron nuevo
aliento a esta óptica teórica. Puesto que el chimpanC'P, no tiene posi·
hilidad de modular sonidos, se utilizan los si!!DOS dellfm<>:uaje de los
sordomudos (R. A. Gardner v otros), o hien fichas oe formas dife-
rentes aue el animal alinea (D. Premack). El chimnancé apreO/le a
manipular propiedades del tipo predicaJo [311] donde las señales
sintácticas parecen reducidas al orden dp, los términos. Este len!!uaje
es del mismo tipo que el de los niños de unos dieciocho meses (en
términos lo que se sabía de la inteligencia del chimpancé
corresponde al estado del desarrollo de la inteligencia sensorio-
motriz del niño de dieciocho meses). Sin embargo, esta posibilidad
de enseñar un lenguaie mediante técnicas de condicionamiento no
que el aprendizaje así realizado se haya producido por aso-
ciaciones entre estímulo y respuesta. En verdad, el interés de los re-
sultados obtenidos reside en la posibilidad de comparar los límites
del medio de comunicación enseñado al chimpancé con el
humano y en relacionar esos límites con la naturaleza problemática
de la función semiótica que tales límites suponen en el animal.
Pero esla posibilidad de aprendizaje en nada justifica la teoría es-
tímulo.respuesta del lenguaje.
-+ Textos representativos: J. B. Watson, Behaviorism, New York, 1924;
B. F. Skinner, Verbal Behavior, New York, 1957; y la crítica de N. Chomsky,
"Un compte rendu du 'Comportement verb&l' de B. F. Skinner", en Langage,
16, 1969. Sobre el chimpancé, véase R. A. Gardner y B. T. Gardner, "Teaching
Sign Language to Chimpanzee", Science, 165, 1969, pp. 664-672.
87
P S I C O L I N G U I S TI C A
I I
es ref orzada (con una recom pensa, por ejem plo), la asoci aci on
entre el esti m ulo y la respuesta tam bi én será ref orzada. E sto si gni -
f i ca que es m uy posi ble que la respuesta vuelva a m ani f estarse ante
cualqui er reapari ci ón del estím ulo. I . P avlov, consci ente del pro-
blem a que planteaba el si stem a de señales parti cular que es el len-
guaje, i nventará la noci ón vaga de segundo si stem a de señali -
zaci ón para denom i nar la posi bi li dad de reem plazar por este ti po
de señali zaci ón un si stem a m ás elem ental. C . H ull (1 93 0) procura
descri bi r la di versi dad de los com portam i entos en una m i sm a si tua-
ci ón proponi endo un esquem a m ás com plejo: i ntroduce la noci ón
de jerarquía de hábi tos, es deci r, de procesos de respuesta nue ti e-
nen una probabi li dad de m ani f estarse m ás o m enos grande. E n otros
térm i nos, el lenguaje perm anece reduci do a sus aspectos secunda-
ri os: un conjunto de resnuestas verbales a si tuaci ones. A ún hoy
se encuentra esta conf usi ón entre respuestas verbales y lenguaje
(B. F. S ki nner, 1 957): persi ste i m plíci tam ente en ci ertos m étodos
pedagógi cos de aprendi zaje de una len- ana segunda. A dem ás. en
1 969 y 1 970 ci ertas experi enci as de enseñanza de un lenauai e al
chi m pancé m edi ante técni cas de condi ci onam i ento di eron nuevo
ali ento a esta ópti ca teóri ca. P uesto que el chi m pancé no ti ene posi -
bi li dad de m odular soni dos, se uti li zan los si gnos del lenguaje de los
sordom udos (R . A . G ardner v otros), o bi en f i chas de f orm as di f e-
rentes uue el ani m al ali nea Í D . P rem ack) . E l cbi m nancé aprende a
m ani pular propi edades del ti no predi cado [3 1 1 ] donde las señales
si ntácti cas parecen reduci das al orden de los térm i nos. E ste lenguaje
es del m i sm o ti po que el de los ni ños de unos di eci ocho m eses (en
térm i nos generales, lo que se sabi a de la i nteli genci a del chi m pancé
corresponde al estado del desarrollo de la i nteli genci a sensori o-
m otri z del ni ño de di eci ocho m eses). S i n em bargo, esta posi bi li dad
de enseñar un lenguaje m edi ante técni cas de condi ci onam i ento no
si gni f i ca que el aprendi zaje asíreali zado se haya produci do por aso-
ci aci ones entre estím ulo y respuesta. E n verdad, el i nterés de los re-
sultados obteni dos resi de en la posi bi li dad de com parar los lím i tes
del m edi o de com uni caci ón enseñado al chi m pancé con el lenguaje
hum ano y en relaci onar esos lím i tes con la naturaleza problem áti ca
de la f unci ón sem i óti ca que tales li m i tes suponen en el ani m al.
P ero esta posi bi li dad de aprendi zaje en nada justi f i ca la teori a es-
ti m ulo- respuesta del lenguaje.
- › Textos representati vos: J . B. Watson, Behavi ori sm , N ew York, 1 924;
B. F. S ki nner, Verbal Behavi or, N ew York, 1 957; y la críti ca de N . C hom sky,
“U n com pte rendu du ' C om portem ent verbal' de B. F. S ki nner”, en L angage,
1 6, 1 969. S obre el chi m pancé, véase R . A . G ardner y B. T. G ardner, “Teachi ng
S i gn L anguage to C hi m panzee" , S ci ence, 1 65, 1 969, pp. 664- 672.
87
WS DOMINIOS
LENGUAJE, ESQUEMA E-R MEDlACIONISTA
y ESQUEMA DE COMUNICACIÓN
De este periodo de lucha de la psicologia para adquirir un nivel de
ciencia natural surge un elemento positivo: el hecho de que el es·
quema de condicionamiento no basta para rendir cuenta de todos los
tipos de aprendizaje que había hecho necesaria la noción de procesos
intermediarios no directamente observables y susceptibles de ser de·
ducidos a partir de las controladas por los estímulos
y las respuestas. En el momento en que esos procesos intermedia-
rios se convierten claramente en el objeto principal del estudio,
empiezan las investigaciones sobre el lenguaje. Es el principio de
las teorías de la mediación. El concepto de mediación aparece para
mostrar la posibilidad de establecer relaciones entre estímulos que
no están efectivamente ligados por un parecido objetivo (una pala.
bra y el objeto que designa, por ejemplo) y para mostrar la posi.
bilidad de elegir entre respuestas para un mismo estímulo. Por
ejemplo: 1) una palabra (pattern SOrwTO) se aprende en asociación
con un objeto que designa; 2) por lo demás, se comprueba una
reacción global ante la vista de ese objeto; 3) la presentación de
la pareja objeto-palabra tendrá como consecuencia que una parte
(no directamente observable) de la reacción ante el objeto se trans-
fiera a la palabra. En este ejemplo se ve un intento de utilizar la
noción de mediación para explicar cómo se adquiere la significa-
ción de una palabra. Pero si la noción de mediación es importante,
su aplicación directa en un esquema estímulo-respuesta se relaciona
con una concepción del lenguaje como conjunto de respuestas ver·
bales donde la significación se reduce a la rotulación de objetos.
Anteriormente se había desarrollado otra corriente, la teoría ges.
taltista, contra la noción de asociación como fundamento de la
constitución de los componentes. Esta corriente insistía en la necesi-
dad de considerar el pensamiento, la percepción y el lenguaje como
actividades estructuradas y estructurantes. En particular K. Golds-
tein (1933), en su análisis de las perturbaciones afásicas [191 y ss.],
considera el lenguaje como una actividad global, pero en la cual
debe distinguirse, sin admitir la independencia completa de ambos,
entre la organización de los medios de representación verbales del
pemamiento (orden de las palabras, flexión, etc.) y los problemas
de conceptualización categorial. Sin embargo, los gestaltistas se pre·
ocupan relativamente poco de la génesis de la organización que des·
criben, cuando no la niegan del todo. Hacia la misma época, y tam-
bién fuera de la corriente behaviorista, J. Piaget elaboraba una teo·
88
L O S D O MI N I O S
L E N G U A J E , E S QU E MA E - E Msnracromsf m
Y E S QU E MA D E coMU N 1 cA c1 óN
D e este peri odo de lucha de la psi cologi a para adqui ri r un ni vel de
ci enci a natural surge un elem ento posi ti vo: el hecho de que el es-
quem a de condi ci onam i ento no basta para rendi r cuenta de todos los
ti pos de aprendi zaje que habi a hecho necesari a la noci ón de procesos
i nterm edi ari os no di rectam ente observables y suscepti bles de ser de-
duci dos a parti r de las m odi f i caci ones controladas por los estím ulos
y las respuestas. E n el m om ento en que esos procesos i nterm edi a-
ri os se convi erten claram ente en el objeto pri nci pal del estudi o,
em pi ezan las i nvesti gaci ones sobre el lenguaje. E s el pri nci pi o de
las teorías de la m edi aci ón. E l concepto de m edi aci ón aparece para
m ostrar la posi bi li dad de establecer relaci ones entre estím ulos que
no están ef ecti vam ente li gados por un pareci do objeti vo (una pala-
bra y el objeto que desi gna, por ejem plo) y para m ostrar la posi -
bi li dad de elegi r entre respuestas para un m i sm o esti m ulo. P or
ejem plo: 1 ) una palabra (pattern sonoro) se aprende en asoci aci ón
con un objeto que desi gna; 2) por lo dem ás, se com prueba una
reacci ón global ante la vi sta de ese objeto; 3 ) la presentaci ón de
la pareja objeto- palabra tendrá com o consecuenci a que una parte
(no di rectam ente observable) de la reacci ón ante el objeto se trans-
f i era a la palabra. E n este ejem plo se ve un i ntento de uti li zar ' la
noci ón de m edi aci ón para expli car cóm o se adqui ere la si gni f i ca-
ci ón de una palabra. P ero si la noci ón de m edi aci ón es i m portante,
su apli caci ón di recta en un esquem a estím ulo- respuesta se relaci ona
con una concepci ón del lenguaje com o conjunto de respuestas ver-
bales donde la si gni f i caci ón se reduce a la rotulaci ón de objetos.
A nteri orm ente se había desarrollado otra corri ente, la teoría ges-
talti sta, contra la noci ón de asoci aci ón com o f undam ento de la
consti tuci ón de los com ponentes. E sta corri ente i nsi stía en la necesi -
dad de consi derar el pensam i ento, la percepci ón y el lenguaje com o
acti vi dades estructuradas y estructurantes. E n parti cular K. G olds-
tei n (1 93 3 ), en su análi si s de las perturbaci ones af ási cas [1 91 y ss. ] ,
consi dera el lenguaje com o una acti vi dad global, pero en la cual
debe di sti ngui rse, si n adm i ti r la i ndependenci a com pleta de am bos,
entre la organi zaci ón de los m edi os de representaci ón verbales del
pensam i ento (orden de las palabras, f lexi ón, etc. ) y los problem as
de conceptuali zaci ón categori al. S i n em bargo, los gestalti stas se pre-
ocupan relati vam ente poco de la génesi s de la organi zaci ón que des-
crìben, cuando no la ni egan del todo. H aci a la m i sm a época, y tam -
bi én f uera de la corri ente behavi ori sta, J . P i aget elaboraba una teo-
88
PSICOLINGViSTICA
ría de esta génesis. Los resultados de sus investigaciones iban evi·
dentemente al encuentro de una concepción del desarrollo basada en
una acumulación de hábitos que aumentan con la edad; también
contradecían la concepción según la cual la estructura de la actividad
organizadora sería innata. Al mismo tiempo demostraban la indepen-
dencia relativa del desarrollo intelectual del niño, en sus comienzos,
con relación al del lenguaje: la función simbólica (o semiótica),
de la cual el lenguaje es un elemento, aparecía antes del desarrollo
del lenguaje mismo. La noción, esencial para esta teoría, de activi-
dad estructurante, de concepto de comportamiento productivo, muy
próxima a las que después desarrollaría N. Chomsky a propósito
del lenguaje, encontrará pocos ecos inmediatos. La noción de acti-
vidad estructurante del sujeto sería acusada de mentalismo, sin como
prender que la teoría contenía los medios de describir cómo el sis-
tema, formado por la pareja sujeto.medio, puede autotransformarse
progresivamente. Esta noción encontraba más adeptos en el ámbito
de la biología que en el de la psicología.
Este enfoque del desarrollo intelectual que más tarde permitirá
replantear el problema de la adquisición del lenguaje no reaparecerá
en los Estados Unidos sino después de 1960, aproximadamente,
cuando N. Chomsky, desde un punto de vista lingüístico, se opon-
ga seriamente a la óptica behaviorista de la adquisición del lenguaje.
En la época en que empezaba a desarrollarse el behaviorismo me-
diacionista aparece la Teoría matemática de la comunicación(l948),
de C. E. Shannon. El primer resultado de esta teoría será que el
lenguaje se considerará como comportamiento de comunicación (J.
Janet ya había insistido sobre esto en 1920) y que los procesos de
codificación y decodificación de los mensajes verbales se estudiarán
en diferentes situaciones: es el programa que C. E. Osgood y T. A.
Sebeok definen en 1954 y denominan psicolingüística. Con más
precisión, el modelo matemático probabilista utilizado en la teoría
de la comunicación se convierte en un modelo que describe la jerar.
quía de las respuestas: el sistema de probabilidades transicionales
entre unidades sucesivas (cadenas de Markov) se pone en relación
directa con el sistema de las fuerzas de hábitos. Las relaciones sintag.
máticas [129] fueron objeto de estudio particular en este marco.
Por ejemplo, se mostró que los factores que dan cuenta de la faci·
litación del aprendizaje y que se describían como "sentido" o "es·
tructura" podían encararse de manera satisfactoria mediante la
estructura markoviana (función de la redundancia) de dependencia
entre letras o entre palabras. Pero en realidad este modelo sólo puede
revelar las regularidades del lenguaje en sus manifestaciones esta·
89
P S I C O L I N G U ÍS TI C A
ría de esta génesi s. L os resultados de sus i nvesti gaci ones i ban evi -
dentem ente al encuentro de una concepci ón del desarrollo basada en
una acum ulaci ón de hábi tos que aum entan con la edad; tam bi én
contradecían la concepci ón según la cual la estructura de la acti vi dad
organi zadora sería i nnata. A l m i sm o ti em po dem ostraban la i ndepen-
denci a relati va del desarrollo i ntelectual del ni ño, en sus com i enzos,
con relaci ón al del lenguaje: la f unci ón si m bóli ca (o sem i óti ca),
de la cual el lenguaje es un elem ento, aparecía antes del desarrollo
del lenguaje m i sm o. L a noci ón, esenci al para esta teoría, de acti vi -
dad estructurante, de concepto de com portam i ento producti vo, m uy
próxi m a a las que después desarrollari a N . C hom sky a propósi to
del lenguaje, encontrará pocos ecos i nm edi atos. L a noci ón de acti -
vi dad estructurante del sujeto seri a acusada de m entali sm o, si n com -
prender que la teoría contenía los m edi os de descri bi r cóm o el si s-
tem a, f orm ado por la pareja sujeto- m edi o, puede autotransf orm arse
progresi vam ente. E sta noci ón encontraba m ás adeptos en el ám bi to
de la bi ologi a que en el de la psi cología.
E ste enf oque del desarrollo i ntelectual que m ás tarde perm i ti rá
replantear el problem a de la adqui si ci ón del lenguaje no reaparecerá
en los E stados U ni dos si no después de 1 960, aproxi m adam ente,
cuando N . C hom sky, desde un punto de vi sta li ngüísti co, se opon-
ga seri am ente a la ópti ca behavi ori sta de la adqui si ci ón del lenguaje.
E n la época en que em pezaba a desarrollarse el behavi ori sm o m e-
di aci oni sta aparece la Teori a m atem áti ca de la com uni caci ón(1 9- 4- 8) ,
de C . E . S hannon. E l pri m er resultado de esta teori a será que el
lenguaje se consi derará com o com portam i ento de com uni caci ón (I .
J anet ya había i nsi sti do sobre esto en 1 920) y que los procesos de
codi f i caci ón y decodi ƒi ca- ci ón de los m ensajes verbales se estudi arán
en di f erentes si tuaci ones: es el program a que C . E . O sgood y T. A .
S ebeok def i nen en 1 954- y denom i nan psi coli ngüísti ca. C on m ás
preci si ón, el m odelo m atem áti co probabi li sta uti li zado en la teoría
de la com uni caci ón se convi erte en un m odelo que descri be la jerar-
quía de las respuestas: el si stem a de probabi li dades transi ci onales
entre uni dades sucesi vas (cadenas de Markov) se pone en relaci ón
di recta con el si stem a de las f uerzas de hábi tos. L as relaci ones si ntag-
m áti cas [1 29] f ueron objeto de estudi o parti cular en este m arco.
P or ejem plo, se m ostró que los f actores que dan cuenta de la f aci -
li taci ón del aprendi zaje y que se descri bían com o “senti do” o “es-
tructura” podían encararse de m anera sati sf actori a m edi ante la
estructura m arkovi ana (f unci ón de la redundanci a) de dependenci a
entre letras o entre palabras. P ero en reali dad este m odelo sólo puede
revelar las regulari dades del lenguaje en sus m ani f estaci ones esta-
89
WS DOMINIOS
dísticas y no puede ofrecer una descripción del funcionamiento de
esas regularnIades. La correlación entre sistemas de fuerzas de há·
bitos y estructura markoviana del lenguaje resultaba, pues, ilusoria.
Es muy posible que el dominio del lenguaje dependa, entre otras
causas, de las probabilidades transicionales entre fonE'mas, monemas,
etc., y que este conocimiento implícito represente un papel del tipo
precorrector de errores en los procesos de codificación y decodifica-
ción del mensaje. Pero la crítica de fondo dirigida contra la no-
ción de fuerza de asociación más o menos intensa entre elementos
sucesivos consiste en los 'Puntos siguientes: 1) los procesos de codi.
ficación y de decodificación. deben funcionar en mensajes que siem·
pre 80n nuevos (se trata de producir y comprender frases y con·
juntos de frases que siempre son nuevos). 2) La producción, como
la comprensión. de un enunciado no se hace secuencialmente, uni·
dad tras unidad (sea cual fuere el nivel de las unidades conside·
rado). El neurofisióloJ!o K. Lashley ya hahía permitido observar,
pn 1951. que el orden de emisión de los sonidos de 11na nalabra, !le
las palabras de una frase, etc.. no puede corresponder al orden de
preparación en la emisión y hablaba de sintáctica para
denominar la organización subyacente en la mayoría de los com-
portamientos aparentemente secuenciales. 3) En estas condi·
ciones es difícil entender cómo las fuerzas de asociación entre es-
tímulo v respuesta pueden ser la base de procesos de codificación y
decodificación, o por qué el niño aprende a hablar v a comprender
constituyéndose conjuntos de hábitos de este tipo [186 y ss.].
-+ Textos representativos: S. Saporla «('d.), Psycholinguistics, a Book 01
Readings. New York, 1961; J. de Ajuríaguerra y olros, Problemas de psy.
cholinguistique, París, 1963.
Para el estado de la cuestión hasta 1964. véase F. BresBon, "Lanjl;age el com-
munication", en P. Fraisse y J. Piagel (ed.), Traité de psychologie expéri-
mentale, Paris, 1965, t. VID, cap. XXVI.
PSrCOLINGüÍSTJCA Y GRAMÁTICAS GENERATIVAS
N. Chomsky (1956) insistió sobre el hecho de que los modelos
probabilistas markovianos de aprendizaje, modelos de autómatas
finitis [268], no son compatibles con un lenl?:uaje "context free"
[266]. De manera general, los trabaj'os de N. Chomsky permitieron
destacar nuevamente los aspectos productivos de las conductas de
lenguaje. En Europa, esas consideraciones encontrarían terreno bien
preparado en el cuadro de la teoría de la génesis del desarrollo
intelectual (J. Piaget). En los Estados Unidos, en cambio, son los
90
L O S D O MI N I O S
di sti cas y no puede of recer una descri pci ón del f unci onam i ento de
esas regulari ïi ades. L a correlaci ón entre si stem as de f uerzas de há-
bi tos y estructura m arkovi ana del lenguaje resultaba, pues, i lusori a.
E s m uy posi ble que el dom i ni o del lenguaje dependa, entre otras
causas, de las probabi li dades transi ci onales entre f onem as, m onem as,
etc. , y que este conoci m i ento i m plíci to represente un papel del ti po
precorrector de errores en los procesos de codi f i caci ón y decodi f i ca-
ci ón del m ensaje. P ero la cri ti ca de f ondo di ri gi da contra la no-
ci ón de f uerza de asoci aci ón m ás o m enos i ntensa entre elem entos
sucesi vos consi ste en los puntos si gui entes: 1 ) los procesos de codi -
ƒi caci ón y de decodi f i caci ón. deben f unci onar en m ensajes que si em -
pre son nuevos (se trata de produci r y com prender f rases y con-
i untos de f rases one si em pre son nuevos). 2) L a producci ón, com o
la com prensi ón. de un enunci ado no se hace secuenci alm ente, uni -
dad tras uni dad (sea cual f uere el ni vel de las uni dades consi de-
radoì. E l neurof i si ólogo K. L ashley ya habi a perm i ti do observar.
en 1 951 . que el orden de em i si ón de los soni dos de una palabra, de
las palabras de una f rase, etc. . no puede corresponder al orden de
preparaci ón en la em i si ón y hablaba de organi zaci ón si ntácti ca para
denom i nar la organi zaci ón subyacente en la m avoría de los com -
portam i entos aparentem ente secuenci ales. 3 ) E n estas condi -
ci ones es di f i ci l entender cóm o las f uerzas de asoci aci ón entre es-
ti m ulo V respuesta pueden ser la base de procesos de codi f i caci ón y
decodi f i caci ón, 0 por qué el ni ño aprende a hablar v a com prender
consti tuyéndose conjuntos de hábi tos de este ti po [1 86 y ss. ].
- › Textos representati vos: S . S aporta (ed. ), P sycholi ngui sti cs, a Book oƒ
R eadi ngs, N ew York, 1 961 ; J . de A juri aguerra y otros, P roblem as de psy-
choli ngui stíque, P ari s, 1 963 .
P ara el estado de la cuesti ón hasta 1 964, véase F. Bresson, “L angage et com -
m uni cati on”, en P . Frai sse Y J . P i aget (ed. ), Trai té de psychologi e expéri -
m entale, P ari s, 1 965, t. VI H , cap. XXVI .
I O I I
P S ÍC O L I N G U I S TI C A Y G R A MA TI C A S G E N E R A TI VA S
N , C hom sky (1 956) i nsi sti ó sobre el hecho de que los m odelos
probabi li stas m arkovi anos de aprendi zaje, m odelos de autóm atas
ƒi ri i ti s [268], no son com pati bles con un lenguaje “context f ree”
[266]. D e m anera general, los trabaj`os de N . C hom sky perm i ti eron
destacar nuevam ente los aspectos producti vos de las conductas de
lenguaje. E n E uropa, esas consi deraci ones encontrari an terreno bi en
preparado en el cuadro de la teoría de la génesi s del desarrollo
i ntelectual (J . P i aget). E n los E stados U ni dos, en cam bi o, son los
90
PSICOLINGtJJSTICA
trabajos de Chomsky los primeros que cuestionarán el esquema
hehaviorista.
Toda una corriente de la psicolingüística se consagrará entonces a
estudiar el modo en que se produce el paso de la estructura profun-
da a la estructura superficial [283 y s.] y a evidenciar la realidad
psicológica de las transformaciones (mediante técnicas basadas, por
ejemplo. en los tiempos de producción o de comprensión de frases,
diferenciales en función de las transformaciones impuestas). Pero
las técnicas de enfoque planteaban el problema de la justificación
de las transformaciones: en la medida en que se abandonaba la idea
de transformaciones puramente facultativas, surgÍa la necesidad de
reconsiderar los problemas de la semántica y también los de la enun-
ciación [364 y ss.] (por ejemplo, el problema de la comprensión de
las frases ambigua!;'. en las cuales. para una misma estructura super·
iicial, interviene la derodificación de estructuras nrofundas dife·
rentes; el problema de las transformaciones aplicadas a diferentes
clases de verbos, etc.). La consecuencia de este retorno a la s ~ m á n ­
tica fue que el estudio de la producción y de la comprensión del
lenguaje se extendió hasta los procesos cognitivos. El proble-
ma de la adquisición del lenguaje reveló la necesidad de introducir
los procesos cognitivos como parte integrante de la problemática
[186 y ss.]. Por otro lado, este tipo de perspectivas señaló los lími·
tes de las técnicas experimentales que se basan únicamente en frases
aisladas.
~ Textos representativos: J. A. Fodor y otros, "Psycholinguistics and Como
munication Theory", en F. E. Dance (ed.), Human Communication Theory,
Nucva York, 1%7; 1. Mehler (ed.), Langages, 16, 1%9 (trad. franco de ar-
tículos escritos desde 1959 hasta 1%7) ; G. A. Miller y N. Chomsky, El análisis
formal de las lenguas naturales, Barcelona, Alberto Corazón editor: G. A.
Miller, "Linguistic Aspects of Cognition: Predication and Meaning", en J.
Mehler (ed.), Cognitive psychology Handbook, Englewood Oiffs, 1, 1970.
Revista de cuestiones y bibliografía (de 1958 a 1965): S. M. Ervin Tripp
~ D. 1. Slobin, "Psycholinguisties", Annual Review of Psychology, 1966, pági-
r'las 435·474; consultar también las referencias ubicadas al fin de los artículos
Adquisición del lenguaje y Patología del lenguaje, de este Diccionario.
91
P S I C O L I N G U ÍS TI C A
trabajos de C homsky los pri meros que cuestìonarán el esquema
behavi ori sta.
Toda una corri ente de la psi coli ngi i i sti ca se consagrará entonces a
estudi ar el modo en que se produce el paso de la estructura proƒun-
rla a la estructura superf i ci al [283 y s. ] y a evi denci ar la reali dad
psi cológi ca de las transf ormaci ones (medi ante técni cas basadas, por
ejemplo, en los ti empos de producci ón o de comprensi ón de f rases,
di f erenci ales en f unci ón de las transf ormaci ones i mpuestas). P ero
las técni cas de enf oque planteaban el problema de la justi f i caci ón
de las transf ormaci ones: en la medi da en que se abandonaba la i dea
de transf ormaci ones puramente f acultati vas, surgi a la necesi dad de
reconsi derar los problemas de la semánti ca y tambi én los de la enun-
ci aci ón [3 64 y ss. ] (por ejemplo, el problema de la comprensi ón de
las f rases ambi guas. en las cuales. para una mi sma estructura super-
f i ci al, i ntervi ene la decodi f i caci ón de estructuras prof undas di f e-
rentes; el problema de las transf ormaci ones apli cadas a di f erentes
clases de verbos, etc. l. L a consecuenci a de este retorno a la semán-
ti ca f ue que el estudi o de la producci ón y de la comprensi ón del
lenguaje se extendi ó hasta los procesos cogni ti vos. E l proble-
ma de la adqui si ci ón del lenguaje reveló la necesi dad de i ntroduci r
los procesos cogni ti vos como parte i ntegrante de la problemáti ca
[1 86 y ss. ]. P or otro lado, este ti po de perspecti vas señaló los lími -
tes de las técni cas experi mentales que se basan úni camente en f rases
ai sladas.
- >« Textos representati vos: J . A . Fodor y otros, “P sycholi ngui sti cs and C om-
muni cati on Theory”, en F. E . D ance (ed. ), H uman C ommuni cati on Theory,
N ueva York, 1 967; J . Mehler (ed. ), L angages, 1 6, 1 969 (trad. f ranc. de ar-
tículos escri tos desde 1 959 hasta 1 967) ; G . A . Mi ller y N . C homsky, E l análi si s
f ormal de las lenguas naturales, Barcelona, A lberto C orazón edi tor: G . A .
Mi ller, “L ìnguìstìc A spects of C ogni tìon: P redi cati on and Meanìng" , en J .
Mehler (ed. ), C ogni ti ve psychology H andbook, E nglewood C li f f s, 1 , 1 970.
R evi sta de cuesti ones y bi bli ograf i a (de 1 958 a 1 965): S . M. E rvi n Tri pp
L I ). I . S lobi n, “P sycholi ngui sti cs”, A nnual R evi ew of P sychology, 1 966, pági -
nas 4- 3 5- 474; consultar tambi én las ref erenci as ubi cadas al f i n de los artículos
A dqui si ci ón del lenguaje y P atología del lenguaje, de este D i cci onari o.
91
Retórica y estilística
El nacimiento de la retórica como disciplina específica es el pri-
mer testimonio, en la tradición occidental, de una reflexión sobre
el lenguaje. La primera mención surge en el siglo v antes de nues-
tra era, en Sicilia; una leyenda cuenta que por la misma época
Hierón, tirano de Siracusa, habia extremado su crueldad hasta el
refinamiento de prohibir a sus súbditos el uso de la palabra. Cons-
cientes, a causa de ello, de la importancia del habla, los sicilianos
(Corax, Tisias) habrían creado la retórica. Se empieza a estudiar
el lenguaje no como "lengua" (como se aprende una lengua extran-
jera), sino como "discurso".
En las democracias de la época la elocuencia llega a ser un arma
necesaria; de allí, quizá, la idea de "enseñar el habla". En sus co·
mienzos la retórica es sobre todo una técnica que debe permitir a
quienes la dominan conseguir el fin deseado dentro de una situación
discursiva; por lo tanto, tiene una intención pragmática: convencer
al interlocutor de que una causa es justa. Pero aumentar la eficacia
del discurso supone conocer las propiedades del discurso. En la
época de Aristóteles y de su retórica ya hay un conjunto de cono-
cimientos, de categorías y de reglas (entre las cuales sólo una parte,
a decir verdad, pertenece al ámbito que hoy consideramos "lin-
gÜístico"). Una retórica de ese período, ligeramente posterior a
Aristóteles, comprende las cinco partes siguientes: 1) inventio: te-
mas, argumentos, lugares, técnicas de persuasión y de amplifica-
ción; 2) di$positio: distribución de las grandes partes del discurso
(exordio, narración, discusión, peroración) ; 3) elocutio: elección y
disposición de las palabras en la frase, organización en el detalle;
4) pronuntiatio: enunciación del discurso; 5) memoria: memoriza-
ción. Para nosotros, las partes 1), 4) Y5) preceden o siguen el dis-
curso mismo. Por otra parte, la retórica antigua sólo se propone
estudiar tres tipos de discurso, definidos por las circunstancias en
que se pronuncia: el discurso deliberativo, que corresponde aproxi-
madamente a nuestro discurso político, por lo común dirigido a una
asamblea y mediante el cual se aconseja o se disuade; el judicial.
mediante el cual se acusa o defiende; el epidíctico, discurso de elo-
gio o de acusación que analiza los actos de los contemporáneos. Lo,..
autores griegos y romanos (Cicerón, Quintiliano, Dionisio de Hali-
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R etóri ca y esti lísti ca
E l naci m i ento de la retóri ca com o di sci pli na especi f i ca es el pri -
m er testi m oni o, en la tradi ci ón occi dental, de una ref lexi ón sobre
el lenguaje. L a pri m era m enci ón surge en el si glo V antes de nues-
tra era, en S i ci li a; una leyenda cuenta que por la m i sm a época
H i erón, ti rano de S i racusa, habi a extrem ado su crueldad hasta el
ref i nam i ento de prohi bi r a sus súbdi tos el uso de la palabra. C ons-
ci entes, a causa de ello, de la i m portanci a del habla, los si ci li anos
(C orax, Ti si as) habri an creado la retóri ca. S e em pi eza a estudi ar
el lenguaje no com o “lengua” (com o se aprende una lengua extran-
jera), si no com o “di scurso”.
E n las dem ocraci as de la época la elocuenci a llega a ser un arm a
necesari a; de alli , qui zá, la i dea de “enseñar el habla”. E n sus co-
m i enzos la retóri ca es sobre todo una técni ca que debe perm i ti r a
qui enes la dom i nan consegui r el f i n deseado dentro de una si tuaci ón
di scursi va; por lo tanto, ti ene una i ntenci ón pragm áti ca: convencer
al i nterlocutor de que una causa es justa. P ero aum entar la ef i caci a
del di scurso supone conocer las propi edades del di scurso. E n la
época de A ri stóteles y de su retóri ca ya hay un conjunto de cono-
ci m i entos, de categorías y de reglas (entre las cuales sólo una parte,
a deci r verdad, pertenece al ám bi to que hoy consi deram os “li n-
gi i i sti co”). U na retóri ca de ese peri odo, li geram ente posteri or a
A ri stóteles, com prende las ci nco partes si gui entes: 1 ) i nventi o: te-
m as, argum entos, lugares, técni cas de persuasi ón y de am pli f i ca-
ci ón; 2) di sposi ti o: di stri buci ón de las grandes partes del di scurso
(exordi o, narraci ón, di scusi ón, peroraci ón) ; 3 ) elocuti o: elecci ón y
di sposi ci ón de las palabras en la f rase, organi zaci ón en el detalle;
4- ) pronunti ati o: enunci aci ón del di scurso; 5) m em ori a: m em ori za-
ci ón. P ara nosotros, las partes 1 ) , 4) y 5) preceden 0 si guen el di s-
curso m i sm o. P or otra parte, la retóri ca anti gua sólo se propone
estudi ar tres ti pos de di scurso, def i ni dos por las ci rcunstanci as en
que se pronunci a: el di scurso deli berati vo, que corresponde aproxi -
m adam ente a nuestro di scurso poli ti co, por lo com ún di ri gi do a una
asam blea y m edi ante el cual se aconseja o se di suade; el judi ci al,
m edi ante el cual se acusa o def i ende; el epi di cti co, di scurso de elo-
gi o o de acusaci ón que anali za los actos de los contem poráneos.
autores gri egos y rom anos (C i cerón, Qui nti li ano, D i oni si o de H ali -
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RETÓRICA Y E5TIL/5TICA
camaso) destacan una u otra parte de la retórica, pero conservan
las grandes líneas del plan de conjunto.
Durante los veinte siglos posteriores la retórica sufre varias modi-
ficaciones esenciales. Ante todo, aban-lona el enfoque pragmático
inmediato y ya no enseña cómo persuadir, sino cómo hacer un dis-
('urso "hermoso". A la vez se desinteresa cada vez más de los géne.
ros deliberativo, judicial, etc., para hacer de la literatura su objeto
predilecto. Por fin, restringe cada vez más su ámbito: al principio
desaparecen pronuntiatio y memoria; despué!? inventio y al cabo
t!ispositio; en otros términos, la retórica se reduce a la elocutio o
arte del estilo. Los últimos Retóricos (en los siglos XVIII y XIX) pre·
!;entan con frecuencia (aunque no siempre) sólo una simple enume·
ración de las figuras [315 y ss.].
El comienzo del siglo XIX ve las últimas de las grandes Retóricas
(la de Fontanier es uno de los mejores ejemplos). Pueden darse
varias causas para esta desaparición: el advenimiento del espíritu
romántico, con su concepción de la poesía como actividad irracio·
nal e incognoscible de un genio solitario que' 'proclamaba la inuti-
lidad de toda regla; el predominio del espíritu historicista en los
estudios contemporáneos del lenguaje (descubrimiento del indo-
europeo), poco afín a la Índole esencialmente sincrónica de la retó·
rica; tendencia clasificatoria de los retóricos, más preocupado!!
por rotular que por analizar y deScubrir las categorías lingiiísticas
subyacentes. .. Sea como fuere, la retórica ha desaparecido de la en·
feoIeñanza como disciplina obligatoria y sus categorías y subdivisiones
empiezan a olvidarse.
En nuestra época puede observarse un renovado interés por la re·
tórica, centrado en la definición de las figuras. Pero este resurgi-
miento nace en la contemporánea, más que en la antif.nl8
retórica: hoy los problemas que constituyen el objeto de la retórica
son replanteados en una perspectiva diferente por la estilística, el
análisis del discurso y la lingüística.
Historia de la retórica: O. Navarre, Essai sur la rhétorique grecque avant
Aristote, Paris. 1900; A.-Ed. Chaignetz. La RhétOMUP. et son Histoire, Paris,
1888; C. S. Baldwin, Ancient Rhetorie and Poetie, Gloucester, 1959 n, 1924) ;
ídem, Medieval Rhetorie and Poetie, Gloucester, 1959 n, 1928) ; ídem, Renais-
sanee Literary Theory and Practiee. New York, 1939; E. R. Curtius, La Litera-
tura europea y la Edad Media latina, México, Fondo de Cultura Económica,
1955: A. Kibedi Var/1:a, Rhétorique et Líttérature, Paris, 1970.
Tratados de retórica representativa. reeditados recientemente: D. Bailay
(..d.), Essays nn Rhetnríc. New York, 1965 (trozos de Aristótelf's, Hugh
Blair, Campbell, Cicerón, Joos, Platón, Quintiliem, H. Spencer); C. C. Du·
marsais. Les Tropes, junto con Commentaire raisonn¿ de P. Fontanier, Gine-
hra, 1967; P. Fontanier, Les Figures da discours, Paris, 1968; H. Lausberl!'.
93
R E TÓR I C A Y E S TI L ÍS TI C A
carnaso) destacan una u otra parte de la retóri ca, pero conservan
las grandes li neas del plan de conjunto.
D urante los vei nte si glos posteri ores la retóri ca suf re vari as m odi -
f i caci ones esenci ales. A nte todo, abandona el enf oque pragm áti ca
i nm edi ato y ya no enseña cóm o persuadi r, si no cóm o hacer un di s-
curso “herm oso”. A la vez se desi nteresa cada vez m ás de los géne-
ros deli berati vo, judi ci al, etc. , para hacer de la li teratura su objeto
predi lecto. P or f i n, restri nge cada vez m ás su ám bi to: al pri nci pi o
desaparecen pronunti ati o y m em ori a; después i nventi o y al cabo
di sposi ti o; en otros térm i nos, la retóri ca se reduce a la ei ocuti o o
arte del esti lo. L os últi m os R etóri cos (en los si glos XVI I I y Xxx) pre-
sentan con f recuenci a (aunque no si em pre) sólo una si m ple enum e-
raci ón de las f i guras [3 1 5 y ss. ].
E l com i enzo del si glo XI X ve las últi m as de las grandes R etóri cas
(la de Fontani er es uno de los m ejores ejem plos). P ueden darse
vari as causas para esta desapari ci ón: el adveni m i ento del espi ri tu
rom ánti co, con su concepci ón de la poesi a com o acti vi dad i rraci o-
nal e i ncognosci ble de un geni o soli tari o que' ' proclam aba la i nuti -
li dad de toda regla; el predom i ni o del espi ri tu hi stori ci sta en los
estudi os contem poráneos del lenguaje (descubri m i ento del i ndo-
europeo), poco af ín a la índole esenci alm ente si ncróni ca de la retó-
ri ca; la_ _ tendenci a clasi f i catori a de los retóri cos, m ás preocupados
por rotular que por anali zar y descubri r las categori as li ngüísti cas
subyacentes. . . S ea com o f uere, la retóri ca ha desapareci do de la en-
señanza com o di sci pli na obli gatori a y sus categori as y subdi vi si ones
em pi ezan a olvi darse.
E n nuestra época puede observarse un renovado i nterés por la re-
tóri ca, centrado en la def i ni ci ón de las f i guras. P ero este resurgi -
m i ento nace en la li ngüísti ca contem poránea, m ás que en la anti gua
retóri ca: hoy los problem as que consti tuyen el objeto de la retóri ca
son replanteados en una perspecti va di f erente por la esti li sti ca, el
análi si s del di scurso y la li ngüísti ca.
- >' H i stori a de la retóri ca: 0. N avarre, E ssai sur i a rhétori que grecque (want
A ri stote, P ari s, 1 900; A . - E d. C hai gnet, _ L a R hétori nue et son H i stoi re, P ari s,
1 883 ; C . S . Baldwi n, A nci ent R hetori c and P oeti c, C loucester, 1 959 (1 , 1 924);
ídem , Medi eval R hetori c and P oeti c, G loucester, 1 959 (1 , 1 928) ; ídem , R enai s-
sance L i terary Theory and P racti ce, N ew York, 1 93 9: E . R . C urti us, L a L i tera-
tura europea y I a E dad Medi a i ati na, Méxi co, Fondo de C ultura E conóm i ca,
1 955: A . Ki bedi Varga, R hétori que et L i ttérature, P ari s, 1 970.
Tratados de retóri ca representati va, reedi tados reci entem ente: D . Bai ley
(ed. ), E ssays on R hetori c. N ew York, 1 965 (trozos de A ri stóteles, H ugh
Blai r, C am pbell, C i cerón, J ocs, P latón, Qui nti li em , H . S pencer): C . C . D u-
m arsai s, L es Tropes, junto con C arnm entai re rai sonné de P . Fontani er, G i ne-
bra, 1 967; P . Fontani er, L es Fi gures du di scours, P ari s, 1 968; H . L ausbera.
93
LOS DOMINIOS
MtUlua/. de retórica literaria, Madrid, Gredas, 1966 (balance de retórica3 an-
tiguas).
Investigaciones recientes: J. Cahcn, Estructura del lenguaje poético, Madrid,
Gredas, 1970; J. Duboia y otr08, Retórica general, Barcelona, Planeta; Commu-
nications, 16, 1970 (número dedicado a la retórica).
La estilística es la heredera más directa de la retórica: no es
casual el hecho de que se constituyera a fines del siglo XIX y a prin-
cipios del xx. Pero si la idea de una estilística es nueva, no lo es la
noción de estilo, y el origen inmediatO' de la estilística debe buscarse
en la reflexión sobre esta última noción [344 y !ls.]. En primer tér-
mino, y a partir del siglo XVIII, en la crítica del estilo o el arte de
escribir: son conjuntos de indicaciones prácticas sobre los medio,s
para escribir bien, con frecuencia sustentados por ejemplos tomados
de las obras clásicas. Tales tratados, normativos y didácticos, siguen
existiendo en nuestros días. Por otro lado, en la misma época em-
pieza a afirmarse cierta concepción que aparece resumida en la céle-
bre fórmula de Buffon, "el estilo es el hombre mismo" (que, por
lo demás, tiene otro sentido en su contexto) : la del autor que se
expresa en la obra, dejando en ella. su sello inimitable, su especifi-
cidad individual.
La primera Estilística, la de Charles BaBy (1905), se pre,.;enta
precisamente como rechazo de esas concepciones. Ante todo, es des-
criptiva, y no normativa; por lo demás, no se ocupa de los escri-
tores o siquiera de la literatura en general. Bally quiere hacer la esti-
lística de la lengua, no de las obras literarias_ Partiendo de la idea
de que el lenguaje expresa el pensamiento y los sentimientos, con-
sidera que la expresión de los sentimientos constituye el objeto pro-
pio de la estilística. Lo cual equivale a decir que el interés de la,
estilística no es el enunciado, sino la introducción de la enunciación
en el enunciado. BaBy distingue dos tipos de relaciones, que llama los
efectos naturales y los efectos por evocación: los primeros informan
sobre los sentimientos experimentados por el hablante; los segun-
dos, sobre su medio lingüístico. Según Bally, esos efectos se obtienen
mediante una elección consciente en el ámbito léxico y, en grado
menor, en el sintáctico. Ambos poseen formas idénticas en cuanto a
la expresión del pensamiento, pero son de una afectividad expre-
siva diferente.
Algo después, otros estilistas (Marouzeau, Cressot) describirán
con la misma actitud y sistemáticamente todos los sonidos. las par-
tes del discurso, las construcciones sintácticas, el léxico, atenién-
dose cada vez a lo que es exterior al contenido nocional. Al mismo
tiempo, se produce el paso del sistema deductivo de Bally a una
extracción del denominador común "afectivo" de cada categoría,
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L O S D O MI N I O S
Manual de retóri ca li terari a, Madri d, G redos, 1 966 (balance de retóri cas an-
ti guas).
I nvesti gaci ones reci entes: J . C ohen, E structura del lenguaje poéti co, Madri d,
G redos, 1 970; J . D uboi s y otros, R etóri ca general, Barcelona, P laneta; C om m a-
ni cati ons, 1 6, 1 970 (núm ero dedi cado a la retóri ca).
L a esti li sti ca es la heredera m ás di recta de la retóri ca: no es
casual el hecho de que se consti tuyera a f i nes del si glo XI X y a pri n-
ci pi os del XX. P ero si la i dea de una esti li sti ca es nueva, no lo es la
noci ón de esti lo, y el ori gen i nm edi ato de la esti li sti ca debe buscarse
en la ref lexi ón sobre esta últi m a noci ón [3 4- 4- y ss. ]. E n pri m er tér-
m i no, y a parti r del si glo XVI I I , en la cri ti ca del esti lo o el arte de
escri bi r: son conjuntos de i ndi caci ones prácti cas sobre los m edi os
para escri bi r bi en, con f recuenci a sustentados por ejem plos tom ados
de las obras clási cas. Tales tratados, norm ati vos y di dácti cos, si guen
exi sti endo en nuestros di as. P or otro lado, en la m i sm a época em -
pi eza a af i rm arse ci erta concepci ón que aparece resum i da en la céle-
bre f órm ula de Buf f on, “el esti lo es el hom bre m i sm o” (que, por
lo dem ás, ti ene otro senti do en su contexto): la del autor que se
expresa en la obra, dejando en ella. su sello i ni m i table, su especi f i -
ci dad i ndi vi dual.
L a pri m era E sti lísti ca, la de C harles Bally (1 905), se presenta
preci sam ente com o rechazo de esas concepci ones. A nte todo, es des-
cri pti va, y no norm ati va; por lo dem ás, no se ocupa de los escri -
tores o si qui era de la li teratura en general. Bally qui ere hacer la esti -
li sti ca de la lengua, no de las obras li terari as. P arti endo de la i dea
de que el lenguaje expresa el pensam i ento y los senti m i entos, con-
si dera que la expresi ón de los senti m i entos consti tuye el objeto pro-
pi o de la esti li sti ca. L o cual equi vale a deci r que el, i nterés de la
esti li sti ca no es el enunci ado, si no la i ntroducci ón de la enunci aci ón
en el. enunci ado. Bally di sti ngue dos ti pos de relaci ones, que llam a los
ef ectos naturales y los ef ectos por evocaci ón: los pri m eros i nf orm an
sobre los senti m i entos experi m entados por el hablante; los segun-
dos, sobre su m edi o li ngüísti co. S egún Bally, esos ef ectos . se obti enen
m edi ante una elecci ón consci ente en el ám bi to léxi co y, en grado
m enor, en el si ntácti co. A m bos poseen f orm as i dénti cas en cuanto a
la expresi ón del pensam i ento, pero son de una af ecti vi dad expre-
si va di f erente.
A lgo después, otros esti li stas (Marouzeau, C ressot) descrìbi rán
con la m i sm a acti tud y si stem áti cam ente todos los soni dos. las par-
tes del di scurso, las construcci ones si ntácti cas, el léxi co, ateni én-
dose cada vez a lo que es exteri or al conteni do noci onal. A l m i sm o
ti em po, se produce el paso del si stem a deducti vo de Bally a una
extracci ón del denom i nador com ún “af ecti vo” de cada categori a,
94
RETóRICA y E5TIL/5TICA
a partir de algunos ejemplos siempre tomados de las obras clási-
cas: intento que algunos autores han declarado inútil.
Unos diez años después de Bally aparece la obra del otro p;ran
iniciador de la estilística moderna, Leo Spitzer. Durante un primer
período, Spitzer procura establecer una correlación entre las pro-
piedades estilísticas de un texto y la psiquis del autor; "el estilo
es el hombre" reaparece una vez más, aunque Spitzer se interesa
más en la visión del mundo del escritor que en los detalles de su
biografía. En un segundo período, Spitzer abandona la idea de
un autor exterior al texto y describe únicamente el sistema de pro-
cedimientos estilísticos presentes. La noción de hecllo estilístico es
más amplia en Spitzer que en Bally: puede referirse tanto al pen-
samiento como a los sentimientos. Lo que distingue el hecho esti-
lístico es más bien su modo de existencia en el texto: impresiona al
lector (al crítico) de maneras diversas, ya porque es demasiado
frecuente, ya porque es injustificado en su contexto, ya porque está
desmesuradamente acentuado, etc. En el curso de los dos períodos,
Spitzer se atiene al análisis de las obras y nunca procura construir
el sistema estilístico de una ltmgua. Esta actitud (llamada a veces
New 5tylistics) encontró después frecuentes adeptos.
cnÍTICi\
Ambas actitudes, la de Spitzer y la de BaHy, prefiguran la amhi-
~ ü e d a d de la actual inve!'tigación estilística. Bajo rótulos distintos,
las dos orientaciones siguen disputándose cl primer lugar: estilís-
tica lingüística/estilística literaria, estilística del código/estilística
del mensaje, estilística de la expresión/estilística genética, etc. Sin
embargo, la oposición quizá sólo sea aparente; o quizá pueda redu-
círsela a la de una teoría y su aplicación. Cuando se demuestra la
interacción de ciertas categorías para crear la especificidad ·estilís-
tica de un texto, esas tategorías se toman de una teoría: lingüís-
tica o retórica o estilística, etc. A la inversa, cuando se estudian laló'
propiedades estilísticas de la lengua, es preciso apoyarse en textos
concretos que las ejemplifican. Relación homóloga a la que exis-
te entre la poética y la lectura [99J. Es cierto que el análisis esti-
lístico de un texto (como la lectura) elabora ciertas técnicas que le
son propias: así, Jakobson ha indicado medios para estudiar las
relaciones paradigmáticas entre elementos constitutivos de un texto;
Riffaterre, para estudiar las relaciones sintagmáticas. Pero éstas son
técnicas que por sí solas no constituyen un tipo de conocimiento
95
R E TÓR I C A Y E S TI L ÍS TI C A
a parti r de algunos ejem plos si em pre tom ados de las obras clási -
cas: i ntento que algunos autores han declarado i núti l.
U nos di ez años después de Bally aparece la obra del otro gran
i ni ci ador de la esti li sti ca m oderna, L eo S pi tzer. D urante un pri m er
peri odo, S pi tzer procura establecer una correlaci ón entre las pro-
pi edades esti li sti cas de un texto y la psi qui s del autor; “el esti lo
es el hom bre” reaparece una vez m ás, aunque S pi tzer se i nteresa
m ás en la vi si ón del m undo del escri tor que en los detalles de su
bi ograf i a. E n un segundo peri odo, S pi tzer abandona la i dea de
un autor exteri or al texto y descri be úni cam ente el si stem a de pro-
cedi m i entos esti li sti cos presentes. L a noci ón de hecho esti li sti ca es
m ás am pli a en S pi tzer que en Bally: puede ref eri rse tanto al pen-
sam i ento corno a los senti m i entos. L o que di sti ngue el hecho esti -
li sti co es m ás bi en su m odo de exi stenci a en el texto: i m presi ona al
lector (al cri ti co) de m aneras di versas, ya porque es dem asi ado
f recuente, ya porque es i njusti f i cado en su contexto, ya porque está
desm esuradarnente acentuado, etc. E n el curso de los dos peri odos,
S pi tzer se ati ene al análi si s de las obras y nunca procura construi r
el si stem a esti lísti co de una lengua. E sta acti tud (llam ada a veces
N ew S tyli sti cs) encontró después f recuentes adeptos.
< : uí1 ' 1 < ;. «
A m bas acti tudes, la de S pi tzer y la de Bally, pref i guran la am bi -
güedad de la actual i nvesti gaci ón esti li sti ca. Bajo rótulos di sti ntos,
las dos ori entaci ones si guen di sputándose cl pri m er lugar: esti li s-
ti ca li ngüísti ca, /esti li sti ca li terari a, esti li sti ca del códi go/esti li sti ca
del m ensaje, esti li sti ca de la expresi ón/esti li sti ca genéti ca, etc. S i n
em bargo, la oposi ci ón qui zá sólo sea aparente; o qui zá pueda redu~
círsela a la de una teori a y su apli caci ón. C uando se dem uestra la
i nteracci ón de ci ertas categori as para crear la especi f i ci dad - esti li s-
ti ca de un texto, esas categori as se tom an de una teori a: li ngi i ís-
ti ca o retóri ca o esti li sti ca, etc. A la i nversa, cuando se estudi an las
propi edades csti li sti cas de la lengua, es preci so apoyarse en textos
concretos que las ejernpli f i can. R elaci ón hom óloga a la que exi s»
te entre la poéti ca y la lectura [99]. E s ci erto que el análi si s esti -
li stìco de un texto (corno la lectura) elabora ci ertas técni cas que le
son propi as: asi , J akobson ha i ndi cado m edi os para estudi ar las
relaci ones paradi grnáti cas entre elem entos consti tuti vos de un texto;
R i f f aterrc, para estudi ar las relaci ones si ntagm áti cas. P ero éstas son
técni cas que por si solas no consti tuyen un ti po de conoci m i ento
95
WS DOJflNIOS
que únicamente la teoría puede elaborar. Se concibe así una estilís-
tica cuya parte teórica es más vasta que la de Bally (no se limita
a la "expresión de la afectividad" en el lenguaje) y que suministra
los medios de análisis para los textos particulares; o bien --cosa
que equivale a lo mismo-- un análisis de los hechos estilísticos al
modo de Spitzer, pero que procura sistematizar sus implicaciones
teóricas en una doctrina coherente sobre las propiedades del len-
guaje.
Por último, es necesario precisar el objeto propio de la estilís.
tica. Durante mucho tiempo el papel del estilista ha sido el de un
explorador que anexiona territorios nuevos, pero sin explotarlos
seriamente antes de la llegada del mecánico bien equipado, el lino
güista: el trabajo de comparación y de distinción de los sinónimos
llevado a cabo por BaBy hoy pertenece con pleno derecho a la
mántica. Pues postular que la diferencia entre dos sinónimos sólo
es estilística es no dejar ningún lugar para el sentido entre 10 esti-
lístico y 10 referencial, cosa imposible de concebir. Una estilística
se atuviera al papel que BaBy le asil!;naba tendría así una fun·
ción apenas preliminar y provisional. Pero es posible imadnar un
dominio diferente, que sería exelusivo de la estilística. si po<;tuh-
mos que en todo enunciado linl!;Üístico se observa un determinado
número de relaciones, de leves, de obligaciones que no pueden expli·
carse por el mecanismo de la lengua sino únicamente por el del dis-
I'lJfSO. En ese momento se encontraría lugar para un análisis del
discurso que reemplazaría la anti!!ua retórica como cif'ncia general
<le los discursos. Esta ciencia tendría "vprtirales" - oc·
mo la poética, que se ocupa de un BOlo tipo de discur"o. el lite-
rllrio-- y "horizontales" --como la estilística. cuvo
objeto ya no serían todos los prohlemas relativos a un tipo de di
s
'
curso, sino un tipo de problemas relativos a todos los discursos.
Este nuevo ámhito no estaría muv alejado de la anti¡!:ul'l elocutio:
f'xcluyendo los problemas planteados 'Por el aspecto temático de 10'\
discursos o de su organización sintáctica, su objeto sería ,"<elusiva-
mente todo lo que se relaciona con lo que hemos definido [337]
como el aspecto verbal del texto. cosa que sin duda alguna consti-
tuye el estudio de los estilos [344 y ss.]. Ésta es la dirección que
sigue gran número de trabajos actuales.
H. Hatzfeld, Bibliografía critica de la nueva estüistica aplicada a las lite·
raturas románicas, Madrid. Gredos, 1972; L. T. Milic, Style and Stylistics, An
Analrtical Bibliowaphr. New York, 1967: R. Bailey, D. Burton, English
Stylistics: A Bibliography, Cambridge, 1968. Trabajos de conjunto: A. Jui.
lIand, "Cornnte rendu de Ch. Bruneau, Histoire de la langue fram;aise", Lan·
guage, 30, 1954; G. Antoine, "La stylistique franc;aise, S8 définition, ses buts,
96
L O S D O MI N I O S
que úni cam ente la teori a puede elaborar. S e conci be asi una esti lís-
ti ca cuya parte teóri ca es m ás vasta que la de Bally (no se li m i ta
a la “expresi ón de la af ecti vi dad” en el lenguaje) y que sum i ni stra
los m edi os de análi si s para los textos parti culares; o bi en - cosa
que equi vale a lo m i sm o- un análi si s de los hechos esti lísti cos al
m odo de S pi tzer, pero que procura si stem ati zar sus i m pli caci ones
teóri cas en una doctri na coherente sobre las propi edades del len-
guaje.
P or últi m o, es necesari o preci sar el objeto propi o de la esti li s-
ti ca. D urante m ucho ti em po el papel del esti li sta ha si do el de un
explorador que anexi ona terri tori os nuevos, pero si n explotarlos
seri am ente antes de la llegada del m ecáni co bi en equi pado, el li n-
güi sta: el trabajo de com paraci ón y de di sti nci ón de los si nóni m os
llevado a cabo por Bally hoy pertenece con pleno derecho a la se-
m ánti ca. P ues postular que la di f erenci a entre dos si nóni m os sólo
es esti li sti ca es no dejar ni ngún lugar para el senti do entre lo esti -
li sti co y lo ref erenci al, cosa i m posi ble de concebi r. U na esti li sti ca
q}¶6 S 6 alllvìera al papel que Bally le asi gnaba tendría asi una f un-
ci ón apenas preli m i nar y provi si onal. P ero es posi ble i m agi nar un
dom i ni o di f erente, que seri a exclusi vo de la esti li sti ca. si postula-
m os que en todo enunci ado li ngüísti co se observa un determ i nado
núm ero de relaci ones, de leves, de obli gaci ones que no pueden expli -
carse por el m ecani sm o de la lengua si no úni cam ente por el del di s-
curso. E n ese m om ento se encontraría lugar para un análi si s del
di scurso que recm plazari a la anti gua retóri ca com o ci enci a aencral
de los di scursos. E sta ci enci a tendri a subdi vi si ones “verti cales” _ oc-
m o la poéti ca. que se ocupa de un solo ti po de di scurso. el li te-
rari o- - - y subf li vi si ones “hori zontales” - - com o la esti li sti ca. cuvo
objeto ya no seri an todos los problem as relati vos a un ti po de di s-
curso, si no un ti po de problem as relati vos a todos los di scursos.
E ste nuevo ám bi to no estari a m uv alejado de la anti gua elocuti oz
excluyendo los problem as planteados por el aspecto tem áti co de los
di scursos o de su organi zaci ón si ntácti ca, su objeto seri a evclusi va-
m ente todo lo que se relaci ona con lo que hem os def i ni do [3 3 7]
com o el aspecto verbal del texto. cosa que si n duda alguna consti -
tuye el estudi o de los esti los [3 4- 4 y ss. ]. Ésta es la di recci ón que
si gue gran núm ero de trabajos actuales.
- › H . H atzf eld, Bi bli ograf ía críti ca de la nueva esti li sti ca apli cada a las li te-
raturas rom éni cas, Madri d. G redos, 1 972; L . T. Mìli c, S tyle and S tyli sti cs, A n
A nalytícal Bi blíoaraphy. N ew York, 1 967: R . Bai ley, D . Burton, E ngli sh
S tyli sti cs: A Bi bli ography. C am bri dge, 1 968. Trabajos de conjunto: A . . lui -
lland, “C om m e rendu de C h. Bruneau, H i stoi re de la langue f rançai se”, L an-
guage, 3 0, 1 954; G . A ntoi ne, “L a styli sti que f rançai se, sa déf i ni ti on, ses buts,
96
RETÓRICA Y ESTIL(STICA
mélhodes", Re!'ue de l'en,seignement supérieur, enero de 1959; H. Mine-
rand, "La SlylislilJue", Le dans le monde, julio-agosto de 1966;
1'. Guir:nul. L/I eMilistica. BUl'lloS Aires. Nova, 1956; T. Todorov, "Les éludes
.Iu slyle"'. Poétü¡uf', 1, 1970, pp. 224·232.
Tl'X10S C. Bally. Traité de strlistique Paris·Gine·
hra, 1952 (1, 1909); 1.. Spilzer. Études :le strle, Paris, 1970; J. Marouzeau,
J'récis de strlistique Iranr;aise, Paris, 1946; M. Cressot, Le Strle et ses Tech·
niques, Paris, 1947; S. Chalman, S. Levia (ed.), Essars in the Language 01
Literature, Roston. 1967; P. Guiraud, P. KUl'nlz (ed.), La Strlistique,lectures,
Paris, 1970; P. Guiraud, Essars de strlistique, París, 1970; M. Riffaterre,
Essais át! stvlistique structurale, Paris, 1971.
97
R E TÓR I C A Y E S TI L ÍS TI C A
sus m élhodes”, R evue de Fcnsei gnem ent supéri eur, enero de 1 959; H . Mi tte-
rzm d, “L a S tylìstìque”, L e Françai s dans le m ande, juli o- agosto de 1 966;
P . C uìrnm l. L a cstr`1 ísti ca. Bm - nos A i res. , N ova, 1 956; T. Todom v, “L es êtudes
«lu style" , P oéf åque, 1 , 1 970, pp. 224- 23 2.
Textos representati vos: C . Bally. Trm ìé rte styhlsti qf ue f rançai se, P ari s- G i za»
bra, 1 952 (1 , 1 93 9); L . S pìtzer, Études J e styf e, P ari s, 1 970; J . Marouzeau,
P rêci s de styi ãsti que f rançai se, P ari s, 1 946; M. C ressot, L e S tyle et . ses Tech-
ni ques, P ari s, 1 94- 7; S . C hatm an, S . L evi n (ed. ), E ssays i n the L anguage of
L i terature, Boston, 1 967; P . G ui raud, P . Kuentz (ed. ), L a S tyli stíque, lectures,
P ari s, 1 970; P . G ni ram l, E ssays de sryi i sfiqae, P ari s, 1 970; M. R ìf f aterre,
E ssaãs de stvlísti que szructurale, P ari s, 1 971 .
97
Poética
El término "poética", tal como nos ha sido transmitido por la tra-
dición, designa: 1) toda teoría interna de la literatura; 2) la elec-
ción hecha por un autor entre todas las posibilidades (en el orden
de la temática, de la composición, del estilo. etc.) literarias: "la
poética de Rugo"; 3) los códigos normativos construidos por una
escuela literaria, conjunto de reglas prácticas cuyo empleo se hace
obligatorio. Aquí no nos ocuparemos sino oe la primera acepción
del término.
La poética así entendida 8e propone elaborar categorías que
permiten comprender a la vez la unidad y la variedad de todas las
obras literarias. La obra índividual será la iluslración de esas c a t ~ ­
gorías, su condición será la de ejemplo y no de término último.
Por ejemplo: la poética procurará elaborar una teoría de la des-
cripción que pondrá en evidencia lo que tienen en común todas las
descripciones y lo que les permite ser diferentes, pero no se preocu-
para por dar cuenta de la descrípción de un texto particular. Por con-
siguiente, la poética podrá definir un encuentro de categorías aunque
por el momento no se conozca ninguna manifestación de tal en-
cuentro. En este sentido, el objeto de la poética está constituido
tanto por las olu:as..-Yir.tyIDeS como por las ohrast:eale¡;.
Esta primera opción define las aspiraciones científicas de la poé-
tica: el objeto de una ciencia no es el hecho particular, sino las
leyes que permiten dar cuenta de él. A la inversa de todos los inten-
tos conocidos de fundar lo que impropiamente se llama una "cien-
cia de la literatura", la poétíca no se propone la interpretación "co-
rrecta" de las obras del pasado, sino la elaboración de instrumentos
que permitan analizar esas obras. Su objeto no es el conjunto de las
obras literarias existentes, sino el discurso literario como principio
generativo de una infinidad de textos. La poética es, pues, una dis-
ciplina teórica alimentada y fecundada por las investigaciones em-
píricas, pero no constituida por ellas.
Ante todo, la poética debe responder a esta pregunta: ¿qué es la
literatura? En otros términos, la poética procurará hacer de ese
fenómeno sociológico que ha sido llamado "literatura" una entidad
interna y teórica (o demostrará la ausencia de tal entidad). O bien
intentará definir el discurso literario con relación a los otros tipo!ol
98
P oéti ca
E l térm i no “poéti ca”, tal com o nos ha si do transm i ti do por la tra-
di ci ón, desi gna: 1 ) toda teoría i nterna de I a li teratura; 2) la elec-
ci ón hecha por un autor entre todas las posi bi li dades (en el orden
de la tem áti ca, de la com posi ci ón, del esti lo, etc. ) li terari as: “la
poéti ca de H ugo”; 3 ) los códi gos norm ati vos construi dos por una
escuela li terari a, conjunto de reglas prácti cas cuyo em pleo se hace
obli gatori o. A qui no nos ocuparem os si no de la pri m era acepci ón
del térm i no.
L a poéti ca asi entendi da se propone elaborar categorías que
perm i ten com prender a la vez la uni dad y la vari edad de todas las
obras li terari as. L a obra i ndi vi dual será la i lustraci ón de esas cate-
gori as, su condi ci ón será la de ejem plo y no de térm i no últi m o.
P or ejem plo: la poéti ca procurará elaborar una teoría de la des-
cri pci ón que pondrá en evi denci a lo que ti enen en com ún todas las
descri pci ones y lo que les perm i te ser di f erentes, pero no se preocu-
para por dar cuenta de la descri pci ón de un texto parti cular. P or con-
si gui ente, la poéti ca podrá def i ni r un encuentro de categorías aunque
por el m om ento no se conozca ni nguna m ani f estaci ón de tal en-
cuentro. E n este senti do, el objeto de la poéti ca está consti tui do
tanto por las < 1 hL as. _ vi 1 ;tL 1 a_ les com o por las obras , r_ ea1 e, s.
E sta pri m era opci ón def i ne las aspi raci ones ci entíf i cas dc la poé-
ti ca: el objeto de una ci enci a no es el hecho parti cular, si no las
leyes que perm i ten dar cuenta de él. A la i nversa de todos los i nten-
tos conoci dos de f undar lo que i m propi am ente se llam a una “ci en-
ci a de la li teratura”, la poéti ca no se propone la i nterpretaci ón “co-
rrecta” de las obras del pasado, si no la elaboraci ón de i nstrum entos
que perm i tan anali zar esas obras. S u objeto no es el conjunto de las
obras li terari as exi stentes, si no el di scurso li terari o com o pri nci pi o
generati va de una i nf i ni dad de textos. L a poéti ca es, pues, una di s-
ci pli na teóri ca ali m entada y f ecundada por las i nvesti gaci ones em -
píri cas, pero no consti tui da por ellas.
A nte todo, la poéti ca debe responder a esta pregunta: ¿ qué es la
li teratura?E n otros térm i nos, la poéti ca procurará hacer de ese
f enóm eno soci ológi co que ha si do llam ado “li teratura” una enti dad
i nterna y teóri ca (o dem ostrará la ausenci a de tal enti dad). O bi en
i ntentará def i ni r el di scurso li terari o con relaci ón a los otros ti pos
98
POÉTICA
de discurso, proponiéndose así un objeto de conocimielÚo resul-
tante de un trabajo teórico y apartado, pues, de los hechos de obser-
vación. La respuesta a esta primera pregunta será a la vez punto de
partida y de llegada: en la actividad de quien se consagre a la
poética todo debe contribuir a su elucidación mediante definicio-
nes nunca concluidas.
En segundo término, la poética debe suministrar instrumentos
para describir un texto literario: para distinguir los niveles de
sentido, para identificar las unidades que lo constituyen, para des-
cribir las relaciones de que participan esas unidades. Con ayuda de
estas categorías primeras, se emprenderá el estudio de ciertas con·
figuraciones más o menos estables, es decir, se enfocará el estudio
de los tipos o los géneros [178 y ss.]; también se emprenderá el
estudio de las leyes de sucesión, es decir, la historia de la litera-
tura [173 y ss.].
Relaciones con las prácticas veqinas:
La lectura se propone descrihir el sistema de un texto particular.
Se sirve de los instrumentos elaborados por la poética, pero sin
limitarse a aplicados; su finalidad es diferente y consiste en poner
en evidencia el sentido de un determinado texto, sohre todo en
cuanto no se deja agotar por las categorias de la poética.
El objeto de la lingüística es la lengua misma; el objeto de la poé-
tica un discurso. Sin embargo, ambas suelen apoyarse en los mismos
conceptos. Una y otra se inscriben en el marco de la semiótica
[104 Yss.], cuyo objeto es: todos los sistemas significantes.
Las adquisiciones de la poética pueden suministrar un aporte a
la investigación antropológica o psicológica. Es sobre todo en el
ámbito antropológico donde aparecen planteados los problemas del
valor estético, intimamente ligados a toda la evolución cultural.
-+ R. Barthes, Critica r ,'erdad, Buenos Aires, Siglo XXI, 1973; T. Todorov.
Poética, en O. Ducrot y otros, ¿Qué es el estructuralismo?, Buenos Airl's.
Losada, 1971; T. Todorov, Poétíque de la prose, París, 1971, "Comment ] i r e ' ~ "
HISTORIA
Aunque la poética se ha constituido como disciplina teórica sólo
en época reciente, su prehistoria es muy larga. La reflexión teórica
sobre la literatura parece inseparable de la literatura misma, cosa
que podría explicarse por el hecho de que el texto literario tiende
a tomarse como objeto. En Occidente suelen situarse los comienzos
de la poética en la Antigüedad griega; pero tal reflexión había sur·
gido simultáneamente, o aun antes, en China y la India.
99
P O ÉTI C A
de di scurso, proponi éndose asíun objeto de conoci m i ento resul-
tante de un trabajo teóri co y apartado, pues, de los hechos de obser-
vaci ón. L a respuesta a esta pri m era pregunta será a la vez punto de
parti da y de llegada: en la acti vi dad de qui en se consagra a la
poéti ca todo debe contri bui r a su eluci daci ón m edi ante def i ni ci o-
nes nunca conclui das.
E n segundo térm i no, la poéti ca debe sum i ni strar i nstrum entos
para descri bi r un texto li terari o: para di sti ngui r los ni veles de
senti do, para i denti f i car las uni dades que lo consti tuyen, para des-
cri bi r las relaci ones de que - parti ci pan esas uni dades. C on ayuda de
estas categori as pri m eras, se em prenderá el estudi o de ci ertas con-
f i guraci ones m ás o m enos estables, es deci r, se enf ocarå el estudi o
de los ti pos o los géneros [1 78 y ss. ]; tam bi én se em prenderå el
estudi o de las leyes de sucesi ón, es deci r, la hi stori a de la li tera-
tura [1 73 y ss. ].
R elaci ones con las prácti cas veci nas:
L a lectura se propone descri bi r el si stem a de un texto parti cular.
S e si rve de los i nstrum entos elaborados por la poéti ca, pero si n
li m i tarse a apli carlos; su f i nali dad es di f erente y consi ste en poner
en evi denci a el senti do de un determ i nado texto, sobre todo en
cuanto no se deja agotar por las categori as de la poéti ca.
E l objeto de la f i ngüi sti ca es la lengua m i sm a; el objeto de la poé-
ti ca un di scurso. S i n em bargo, am bas suelen apoyarse en los m i sm os
conceptos. U na y otra se i nscri ben en el m arco de la sem i óti ca
[1 04 y ss. ], cuyo objeto es: todos los si stem as si gni f i cantes.
L as adqui si ci ones de la poéti ca pueden sum i ni strar un aporte a
la i nvesti gaci ón antropológi ca o psi cológi ca. E s sobre todo en el
ám bi to antropológi co donde aparecen planteados los problem as del
valor estéti co, ínti m am ente li gados a toda la evoluci ón cultural.
- - › R . Barthes, C ri ti ca y verdad, Buenos A i res, S i glo XXI , 1 973 ; T. Todorov,
P oéti ca, en O . D ucrot Y otros, ¿ Qué es ei estrnctnrali sm o?, Buenos A i res,
L osada, 1 971 ; T. Todorov, P oéti que de la prose, P ari s, 1 971 , “C om m ent li re?”
H I S TO R I A
A unque la poéti ca se ha consti tui do com o di sci pli na teóri ca sólo
en época reci ente, su prehi stori a es m uy larga. L a ref lexi ón teóri ca
sobre la li teratura parece i nseparable de la li teratura m i sm a, cosa
que podría expli carse por el hecho de que el texto li terari o ti ende
a tom arse com o objeto. E n O cci dente suelen si tuarse los com i enzos
de la poéti ca en la A nti güedad gri ega; pero tal ref lexi ón había sur-
gi do si m ultáneam ente, o aun antes, en C hi na y la I ndi a.
99
LOS DOMINIOS
Aristóteles dejó el primer tratado sistemático y ningún otro texto
podrá compararse, por su importancia histórica, con su Poética:
en cip.rto modo, toda la historia de la poética no es sino la reinter-
pretación del texto aristótelico. Más que un libro, es una serie de
notas concebidas para un curso. Esas notas contienen lagunas y
pasajes ininteligibles, pero Aristóteles aspira explícitamente a la
constitución de una teoría general de la literatura, que desarrolla
sólo a propósito de dos géneros: la tragedia y la epopeya.
La influencia de Aristóteles no es inmediata. Su tratado no se
menciona en las obras principales de los siguientes: el tratado
anónimo De lo sublime, el Arte poética de Horacio, etc. La Edad
Media si¡rue más a Horacio que a Aristóteles; innumerables trata-
dos codifican entonces las re¡rlas del arte poética.
A partir del Renacimiento Aristóteles se convierte en referencia
ohli¡!atoria. El centro de este es Italia: Escalí¡!ero.
Castelvetro. En el transcurso de las épocas si!!uientp.s, este centro se
op.splaza hacia Alemania (con Lessing y Herder). sobre a
partir del Romanticismo (los hf'rmanos Novalis, HoMer·
lin), y hacia Inglaterra (Coleridge). Con lo que a veces se llama
el Simbolismo -cuyos principios formula por primera vez Edgar
AIlan Poe- se pasa a Francia: Mallarmé. Valéry.
La reflexión teórica sobre la literatura nunca volverá a encontrar
la autonomía que poseía en Aristóteles. A partir de la Antigüedad
latina, la descripción del hecho poético es absorbida por la retó-
rica [93]. y ya nadie se preocupa por la especificidad del discurso
literario. Los poetas mismos tienden más a erigir como norma su
práctica que a buscar una descripción coherente de los hf'ehos. A
partir del siglo XVIII la poética sP. convierte en una suboivisión de
la estética filosófica (sobre todo en Alemania) y desaparece fodo
interés por el funcionamiento concreto del texto.
M. H. Abrame; ha propuesto recientemente una tipología de las
tcorías poéticas que al mismo tiempo informa acercp. de su inscrip-
ción en el tip.mpo. Abrams se basa en lo que llama los cuatro ele-
mentos constitutivos del proceso literario -autor, lector, obra. uni-
verso- y en el mayor o menor énfasis puesto por cada teoría en
cada uno de esos elementos. Las primeras teorías estudian esencial·
mente las relaciones entre la obra y el universo: son teorías mimé-
ticas. En los siglos XVII y XVIII se constituyen doctrinas interesadas
sobre todo en la relación entre la obra y el lector: son teorías
pragmáticas. El Romanticismo pone énfasis en el autor, en su
genio personal: puede decirse que sus teorías son expresivas. Por
fin, con el Simbolismo se inaugura la era de las teorías objetivas,
que describen la obra como tal. Esta división es esquemática, desde
100
L O S D O MI N I O S
A ri stóteles dejó el pri m er tratado si stem áti co y ni ngún otro texto
podrá com pararse, por su i m portanci a hi stóri ca, con su P oéti ca:
en ci erto m odo, toda la hi stori a de la poéti ca no es si no la rei nter-
pretaci ón del texto ari stóteli co. Más que un li bro, es una seri e de
notas concebi das para un curso. E sas notas conti enen lagunas y
pasajes i ni nteli gìbles, pero A ri stóteles aspi ra explíci tam ente a la
consti tuci ón de una teori a general de la li teratura, que desarrolla
sólo a propósi to de dos géneros: la tragedi a y la epopeya.
L a i nf luenci a de A ri stóteles no es i nm edi ata. S u tratado no se
m enci ona en las obras pri nci pales de los si glos si gui entes: el tratado
anóni m o D e lo subli m e, el A rte poéti ca de H oraci o, etc. L a E dad
Medi a si gue m ás a H oraci o que a A ri stóteles; i nnum erables trata-
dos codi f i can entonces las reglas del arte poéti ca.
A parti r del R enaci m i ento A ri stóteles se convi erte en ref erenci a
obli gatori a. Él centro de este resurgi m i ento es I tali a: E scalígero,
C astelvetro. E n el transcurso de las épocas si gui entes, este centro se
desplaza haci a A lem ani a ( con L essi ngy H erderì. sobre todo a
parti r del R om anti ci sm o (los herm anos S chlegel, N ovali s, H ölder-
li nl, y haci a I nglaterra (C oleri dgel. C on lo que a veces se llam a
el S i m boli sm o - - cuyos pri nci pi os f orm ula por pri m era vez E dgar
A llan P oe- se pasa a Franci a: Mallarm é, Valéry.
L a ref lexi ón teóri ca sobre la li teratura nunca volverá a encontrar
la autonom ía que poseía en A ri stóteles. A parti r de la A nti güedad
lati na, la descri pci ón del hecho poéti co es absorbi da por la retó-
ri ca [91 - 3 ]. y ya nadi e se preocupa por la especi f i ci dad del di scurso
li terari o. L os poetas m i sm os ti enden m ás a eri gi r com o norm a su
prácti ca que a buscar una descri pci ón coherente de los hechos. A
parti r del si glo XVI I I la poéti ca se convi erte en una subdi vi si ón de
la estéti ca f i losóf i ca (sobre todo en A lem ani a) y desaparece todo
i nterés por el f unci onam i ento concreto del texto.
M. H . A bram s ha propuesto reci entem ente una ti pología de las
teorías poéti cas que al m i sm o ti em po i nf orm a acerca de su i nscri p-
ci ón en el ti em po. A bram s se basa en lo que llam a los cuatro ele-
m entos consti tuti vos del proceso li terari o - autor, lector, obra. uni -
verso- - - y en el m ayor o m enor énf asi s puesto por cada teori a en
cada uno de esos elem entos. L as pri m eras teorías estudi an esenci al-
m ente las relaci ones entre la obra y el uni verso: son teori as m ìm é-
ti cas. E n los si glos XVI I y XVI I I se consti tuyen doctri nas i nteresadas
sobre todo en la relaci ón entre la obra y el lector: son teorías
pragm áti cas. E l R om anti ci sm o pone énf asi s en el autor, en su
geni o personal: puede deci rse que sus teorías son expresi vas. P or
f i n, con el S i m boli sm o se i naugura la era de las teori as objeti vas,
que descri ben la obra com o tal. E sta di vi si ón es esquem áti ca, desde
1 00
POÉTICA
luego, y sólo de manera bastante imperfecta corresponde a la evo·
lución real de la poética; así, la teoría de Aristóteles sería a la vez
mimétíca y objetiva.
-+ Historias de la poética:
a) Generales: G. SaintsllUry, History 01 Criticism and Literary. Taste in
Europe, 3 vols., London, 1900·1904; W. K. Wimsatt, CI. Brooks, Literary Gri·
tirism. A Short History, New York, 1957.
b) Por períodos. La Edad Media: E. Faral, Les Arts poétiques des XIJ et
XlIle siecles, Paris, 1923; E. de Bruyne, L'Esthétique du Moyen Age, 3 vols.,
Lovaina, 1947; E. R. Curtius, Literatura europea y Edad Media latina, Mé·
xico, Fondo de Cultura Económica, 1955. El Renacimiento: J. E. Spingarn,
A History 01 Literary Criticism in the Renaissance, New York, 1899. El Roman·
ticismo: M. H. Abrams, El espejo y ta lámpara, Buenos Aires, Nova, 1964.
Tiempos modernos:' R. Wellek, Historia de la critica moderna. 1750.195U,
IV vol., Madrid, Gredos.
e) Por países. India: S. K. De, History 01 Sanscrit Poetics, 2 vols., Calcuta,
1960. Grecia y Roma: J. W. H. Atkins, Literary Criticism in Antiquity, 2 vols.,
Cambridge, 1934: G. M. A. Grube, The Greek and Roman Critics, London,
1965. Italia: B. Weinberg, A History 01 Literary Criticism in the Italian. Re·
naissance, 2 vols., Chicago, 1961. Alemania: S. vvn Lempicki, Geschichte da
deutschen Literaturwissenschalt, Goltingen, 1920; B. Markward, Geschichte
der deutschen Poetik, 3 vols., Berlin, 1936·1958. Inglaterra: 1. W. H. Atkins,
English Literary Criticism, 2 vols., London, 1947·1951. España: M. Menénde7. y
Pelayo, Historia de las ideas estéticas en España, Mendinaceli, 1964. Fran·
cia: F. Brunetiere, L'Evolution de la critique depuis la Renaissance jusqu'a
nos jours, Paris, 1890; R. Fayllore, La Critique littéraire, Paris, 1964.
A principios del siglo xx la evolución de la crítica en varios paí.
ses anuncia el advenimiento de la poética como disciplina teórica
autónoma. Puede observarse esta evolución a través del ejemplo del
formalismo (en Rusia), de la escuela morfológica (en Alemania),
del New Criticism (en los Estados Unidos y en Inglaterra) y del
"análisis estructural" (en Francia).
El formalismo ruso reunió a una decena de investigadores de
Leningrado y Moscú entre 1915 y 1930. Se constituye a partir del
rechazo a considerar la literatura como la transposición de cualquier
otra serie (sea cual fuere la naturaleza de la serie: biografía del
autor, sociedad contemporánea, teorías filosóficas o religiosas). Los
formalistas se atienen a lo que la obra tiene de específicamente
literario (la "literaridad"). Es Jakobson quien formula en 1919 el
punto de partida de toda poética: "Si los estudios literarios quieren
llegar a ser una ciencia, deben reconocer en el procedimiento su
personaje único". Sus investigaciones, por consiguiente, no se con·
centrarán en la obra individual, sino en las estructuras narrativas
(Shklovski, Tomashevski, Propp), estilísticas (Eichembaum, Tinia·
nov, Vinogradov, Bashtin, Voloshinov), rítmicas (Brik, Tomashevs·
ki), sonoras (Brik, Jakobson), sin excluir la evolución literaria
101
P O !- ÉTI C A
luego, y sólo de m anera bastante i m perf ecta corresponde a la evo-
luci ón real de la poéti ca; asi , la teoría de A ri stóteles sería a la vea
m i tnéti ca y objeti va.
- › H i stori as de la poéti ca:
a) G enerales: G . S ai ntsbury, H i story of C ri ti ci sm and L i terary. Taste i n
E urope, 3 vols. , L ondon, 1 900- 1 904; W. K. Wi rnsatt, C l. Brooks, L i tcrary C ri -
ti ci sm . A S hort H i story, N ew York, 1 957.
b) P or peri odos. L a E dad Medi a: E : Fatal, L es A rts poéti ques' des XI I et
XI I I * si êci es, P ari s, 1 923 ; E . de Bruyne, L ' E sthéti que du Mayen A ge, 3 vols. ,
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ti ci sm o: M. H . A bram s, E l espejo y i a lám para, Buenos A i res, N ova, 1 964.
Ti em pos rnodernosr R . Wellek, H i stori a: de la cri ti ca m oderna. 1 750- 1 950,
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c) P or países. I ndi a: S . K. D e, H i story of S onscri t P aeti cs, 2 vols. , C alcuta,
1 960. G reci a y R om a: . l. W. H . A tki ns, L i terary C ri ti ci sm i n A nti qui ty, 2 vols. ,
C am bri dge, I 93 4: G . M. A . G rube, The G reek and R om an C ri ti ca, L ondon,
1 965. I tali a: B. Wei nberg, A H i story of L i terary C ri ti ci sm i n the I tali an R e-
nai ssance, 2 vols. , C hi cago, 1 961 . A lem ani a: S . von L em pi cki , G esclzi chte der
deutschen L i teraturwi ssenschoƒt, G öttìngen, 1 920; B. Markward, G eschi chte
der deutschen P oeti k, 3 vols. , Berli n, 1 93 6- 1 958. I nglaterra: . l. W. H . A tki ns,
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ci a: F. Bruneti ère, L ' E voi uti on de i a cri ti que depui s la R enai ssance jusqzi a
nos jours, P ari s, 1 890; R . Fayllore, L a C ri ti que i i ttérai re, P ari s, 1 964.
A pri nci pi os del si glo XX la evoluci ón de la críti ca en vari os paí-
ses anunci a el adveni m i ento de la poéti ca com o di sci pli na teóri ca
autónom a. P uede observarse esta evoluci ón a través del ejem plo del
f orm ali sm o (en R usi a), de la escuela m orf ológi ca (en A lem ani a),
del N ew C ri ti ci sm (en los E stados U ni dos y en I nglaterra) y del
“análi si s estructural” (en Franci a).
E l f orm ali sm o ruso reuni ó a una decena de i nvesti gadores de
L eni ngrado y Moscú entre 1 91 5 y 1 93 0. S e consti tuye a parti r del
rechazo a consi derar la li teratura com o la transposi ci ón de cualqui er
otra seri e (sea cual f uere la naturaleza de la seri e: bi ograf ía del
autor, soci edad contem poránea, teori as f i losóf i cas o reli gi osas). L os
f orm ali stas se ati enen a lo que la obra ti ene de específ i cam ente
lìterari o (la “li terari dad”). E s J akohson qui en f orm ula en 1 91 9 el
punto de parti da de toda poéti ca: “S i los estudi os li terari os qui eren
llegar a ser una ci enci a, deben reconocer en el procedi m i ento su
personaje úni co”. S us i nvesti gaci ones, por consi gui ente, no se con-
centrarán en la obra i ndi vi dual, si no en las estructuras narrati vas
(S hklovski , Tornashevskì, P ropp), esti li sti cas (E i chexnhaum , Ti ni a-
nov, Vi nogradov, Bashti n, Voloshi nov), ri trni cas (Bri k, Tornashevs-
ki ), sonoras (Bri k, J akobson), si n exclui r la evoluci ón li terari a
1 01
I,OS DOMINIOS
(Shklovski, Tinianov), la relación entre literatura y sociedad (Ti.
nianov, Voloshinov), etcétera.
1.a escuela morfológica puede situarse en Alemania entre 1925
y 1955. Por un lado, esta escuela se inscribe en la herencia dI!
Goethe (no sólo en el ámbito de sus textos sobre la literatura, sino
también de sus obras sobre las ciencias naturales): por la otra,
manifiesta cierto rechazo del historicismo, bajo el influjo de Crore
v de Vossler. Históricamente distinta de los estudios estilisticos de
Leo Spitzer [95 y ss.] o, después, de Staiger y de Auerbach, la
escuela morfológica procura describir los géneros y las "formas" del
discurso literario, más que el "estilo" de un escritor. Deben mencio-
narse los trabajos de André Jolles sobre los género! elementales
(caso!\ dI' conciencia, enigma, proverbio, leyenda. etc. na-1- yss.1) ;
de O. Walzel sobre los ref!i&tros del habla (narración objetiva; estilo
indirecto lihre [3471; de G. Müller sobre la temporalidad [359 v ss.,.
de E. Üimmert sobre la composición del relato [338 v ss.]. Los
trabajos cle Kayser sintetizan estas investie:aciones, pero
desplazan su centro de interés (hacia una lectura "inmanente" de
raiJa obra de arte). La materia verbal del texto literario es objeto
oe atención especial.
'El sentido nropio de la expresión New Criticism es mucho más
f'stricto de lo que permite suponer su actual popularidad. Sin entrnr
l'n detalle!! terminolól!icos, no debe olvidarse que j!rnn parte (11! la
(:rítica anglosajona (incluyendo el New Criticism) es franrmmmtt"
hostil a toda teoría -y por a la poética- v ron!"idera
que su tarea exclusiva es la interpretación de los textos. Op.he tenerse
en cuenta que a partir de la década del vf'inte se propusieron hinó·
!'Iobrl! el funcionamiento del sf'nticlo en la literatura n. A.. Rj·
('hards, W. Empson) [318], v tamhién sohre el problp.ma del na-
rrador en la ficción literaria (P. Lubbock) [36
Q
y ss.1. ocu·
den al centro los problemas de la imaj!en poética, reladonarlos con
rate!!'orías tales como la ambigüedad. la ironía. la paradoia (Rrooks,
Wimsatt). La teoría literaria de Wel1ek V Warren es el
de un adohle influencia: indirecta, del formalismo ruso; «irecta.
01'1 New Criticismo
En Francia, el predominio del espírit.u historicista, por un lado, y
del impresionismo periodístico, por el otro, impidieron durante larl':o
tiempo el desarrollo de la poética (a pesar «el proyecto anunciado
por Valéry). Sólo a partir de 1960, con la doble influencia del
f>structuralismo en la etnología y la lingüística (Lévi-Strauss, Jakoh·
102
L O S D O MI N I O S
(S hklovski , Ti ni anov), la relaci ón entre li teratura y soci edad ( Ti -
ni anov, Volosbi nov) , etcétera.
L a escltela m orf ológi ca puede si tuarse en A lem ani a entre 1 925
y 1 955. P or un lado, esta escuela se i nscri be en la herenci a de
G oethe (no sólo en el ám bi to de sus textos sobre la li teratura, si no
tam bi én de sus obras sobre las ci enci as naturales): por la otra,
m ani f i esta ci erto rechazo del hi stori ci sm o, bajo el i nf lujo de C roce
¬ _ v de Vossler. H i stóri cam ente di sti nta de los estudi os esti lísti cos de
L eo S pi tzer [95 y ss. ] o, después, de S tai ger y de A uerbach, la
escuela m orf ológi ca procura descri bi r los géneros y las “f orm as” del
di scurso li terari o, m ás que el “esti lo” de un escri tor. D eben m enci o-
narse los trabajos de A ndré J ollce sobre los géneros elem entales
(casos de conci enci a, eni gm a, proverbi o, leyenda. etc. [1 81 y ssf li ;
de O . Walzel sobre los regi stros del hablo (narraci ón objeti va; esti lo
i ndi recto li bre [3 4' 7l ; de G . Müller sobre la tem porali dad [3 59 v ss. l.
de É. L ä m m ert sobre la com posi ci ón del relato [3 3 8 v ss. ]. L os
trabajos de Wolf gangKayser si nteti zan estas i nvesti gaci ones, pero
desplazan su centro de i nterés (haci a una lectura “i nrnanente” de
cada obra de arte). L a m ateri a verbal del . texto li terari o es objeto
de atenci ón especi al.
E l senti do ni - opi o de la expresi ón N ew C ri ti ci sm es m ucho m ás
estri cto de lo que perm i te suponer su actual populari dad. S i n entrar
en detalles term i nolóui cos, no debe olvi darse que gran parte de la
cri ti ca anglosajona (i ncluyendo el N ew C ri ti ci sm ) es f rancam ente
hosti l a toda teoría - - «y por consi gui ente a la poéti ca- - v consi dera
que su tarea exclusi va es la i nterpretaci ón de los textos. D ebe tenerse
en cuenta que a parti r de la década del vei nte se propusi eron hi pó-
tesi s sobre el f unci onam i ento del senti do en la li teratura (I . A . R i -
chards, W. E m oson) [3 l8], v tam bi én sobre el problem a del na-
rrador cn la . f i cci ón li terari a (P . L ubbock) [3 69 y ss. l, D espués ocu-
dcn al centro los problem as de la i m agen poéti ca, relaci onados con
categorías tales com o la am bi güedad. la i roni a. la paradoi n (Brooks.
Wi m satt). L a teori a li terari o de Wellek v Warren es el resultado
de un adoble i nf luenci a: i ndi recta, del f orm ali sm o ruso; di recta.
del N ew C ri ti ci srn.
E n Franci a, el predom i ni o del espíri tu hi stori ci sta, por un lado, y
del i rnpresi onìsrno peri odísti co, por el otro, i m pi di eron durante largo
ti em po el desarrollo de la poéti ca (a pesar del proyecto anunci ado
por Valéry). S ólo a parti r de 1 960, con la doble i nf luenci a del
estructurali sm o en la etnologi a y la li ngüísti ca (L évi - S trauss, J akob-
1 02
POÉTICA
son, Benveniste) y de cierta actitud filosófico·literaria (encarnada,
por ejemplo, en Maurice Blanchot), surgirán los primeros intentos
de análisis estructurales. Adquieren la forma de un renovado
interés por las figuras retóricas, la versificación y la exploración
de las estructuras narrativas o textuales. Este trabajo está constan·
lig:ado al nomhre de Roland
Textos de los fonnalistas rusos Jakobsen, Tinianov v otros: Teoría de la
literatura de los IOTTTUllistas rusos, Buenos Aires, Sign'os, 1970; L J..emos.
M. Reis, Russian Formalist Criticism, Lincoln, 1965; Texte der russischp.n
Formalisten, t. I. Munich. 1969 (edición bilingüe); M. Bakhtine. La Poétique
df! Dostoievski, Paris, 1970: V. Propp, Morlología del cuento, Buenoe Aires,
Juan Goyanarte. 1972; J. Tinianov. El problenuz de la lenl(ua poética, Buenos
Aires, SÍ/do XXI, 1972; V. Shklovski, Sobre la prosa literaria, Barcelona,
Planeta, 1971.
La escUl,la morfolój!:ka: O. Walzel. Da., J1'ortkunstrvuk, Mitrel sei"pr P.r-
lorschung, Lt'ipzie:. 1926: A. Jolles, Formes .,imples. Paris. 1972: G. Mii1ler.
Morphologi.,che Poetik, Darmstadt, 1965; H. Oppel, Morp1wlogische Li.tera-
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El nuevo criticismo y similares: I. A. Richards. Phüosophy 01 Rhetoric,
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ídf!m, Somp. Versions 01 Pastoral, LondoD. 1935; ídem, The Structllre 01 Com-
plex J1'ord. London, 1951; P. Lubbock, The Cralt 01 Fiction, London, 1921;
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Juction ala litterature jantastiqlle, Paris, 1970; ídem, Poétique de la prOSf!,
Paris, 1971.
103
P O ÉTI C A
son, Benveni ste) y de ci erta acti tud f i losóf i co- li terari a (encarnada,
por ejem plo, en Mauri ce Blanchot), surgi rán los pri m eros i ntentos
de análi si s estructurales. A dqui eren la f orm a de un renovado
i nterés por las f i guras retóri cos, la versìf i caci ón y la exploraci ón
de las estructuras narrati vas o textuales. E ste trabajo está constan-
tem ente li gado al nom bre de R oland Barthes.
- › Textos de los f orm alìstas rusos J akobsen, Ti nìanov y otros: Teoría de la
li teratura de los ƒorm ali stcts rusos, Buenos A i res, S i gnos, 1 970; L . L em os,
M. R ei s, R ussi an. Form rtli st C rf ti ci sm , L i ncoln, 1 965; Texte der russi schen
Form ali sten, t. l. Muni ch. 1 969 (edi ci ón bi li ngüe) ; M. Bakhtìne. L a P oêtíque
de D ostoïevski , P ari s, 1 970; V. P ropp, Morf ología del cuento, Buenos A i res,
J uan G oyanarte, 1 972; J . Ti nìanov, E l problem a de la lengua poéti ca, Buenos
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I orschung, L ei pzi g, 1 926: A . J olles, Form es si m ples, P ari s, 1 972: G . Müller.
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gart, 1 955; W. Kayser, D as S pracbli che Kunstwerk, Berna, 1 948.
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L es C onstantes du poém e, L a H aya, 1 963 ; J . C ohen, E structura del lenguaje
poéti co, Madri d, G redos, 1 970; G . G enette, Fi guras, C órdoba, N agellcop, 1 970;
T. Todorov, L i teratura y si gni f i caci ón, Barcelona, P laneta, 1 972; ídem , I ntro-
ducti on à la li tterature ƒantasti que, P ari s, 1 970; ídem , P oéti que de la prou,
P ari s, 1 971 .
1 03
In semiótica
VIUO.LSIH
La semiótica (o semiología) es la ciencia de los signos [121 y ss.)
Como los signos verbales siempre representaron un papel muy im
portante, la reflexión sobre los signos se confundió durante mucho
tiempo con la reflexión sobre el lenguaje. Hay una teoría semiótica
implicita en las especulaciones lingüisticas que la Antigüedad nos
ha legado: tanto en China como en la India, en Grecia como en
Roma. Los modistas de la Edad Media también formulan ideas sobre
el lenguaje que tienen un alcance semiótico. Pero sólo con Locke
surgirá el nombre mismo de "semiótica". Durante todo esle primer
período, la semiótica no se distingue de la teoría general -o de la
liiosofía- del lenguaje.
La semiótica llega a ser una disciplina independiente con la obra
del filósofo norteamericano Charles Sanders Peirce (1H3()·1914).
Para él, es un marco de referencia que incluye todo otro estudio:
"Nunca me ha sido posible emprender un estudio -sea cual fUere
su ámbito: las matemáticas, la moral, la metafísica, la gravitación, la
termodinámica, la óptica, la química, la anatomía comparada, la as·
tronomía, los hombres ylas mujeres, el whist, la psicología, la foné-
tica, la economia, la historia de las ciencias, el vino, la
sin concebirlo como un estudio semiótico".. De allí que los textos
semióticos de Peirce sean tan variados como los objeLos enumerados.
Nunca dejó una obra coherente que resumiera las grandes líneas
de su doctrina. Esto ha provocado durante mucho tiempo y aun hoy
cierto desconocimiento de sus doctrinas, tanto más difíciles de cap-
tar puesto que cambiaron de año en año.
La primera originalidad del sistema de Peirce consiste en su defi-
nición del signo. He aquí una de sus formulaciones: "Un Signo,
o Representamen, es un Primero que mantiene con un Segundo,
llamado su Objeto, tan verdadera relación triádica que es capaz de
determinar un Tercero, llamado su Interpretante, para que éste asu-
ma la misma relación triádica con respecto al llamado Objeto que
la existente entre el Signo y el Objeto." Para comprender esta defi·
nición debe recordarse que toda la experiencia humana se organiza,
para Peirce, en tres niveles que él llama la Primeridad, la Secun·
104
P
L a sem i oti ca
VI H O L S I H
L a S em i óti ca (o sem i ología) es la ci enci a de los si gnos [1 21 y ss. ]
C om o los si gnos verbales si em pre representaron un papel m uy i m
portante, la ref lexi ón sobre los si gnos se conf undi ó durante m ucho
ti em po con la ref lexi ón sobre el lenguaje. H ay una teoría sem i óti ca
i m plíci ta en las especulaci ones li ngüísti cas que la A nti güedad nos
ha legado: tanto en C hi na com o en la I ndi a, en G reci a com o en
R om a. L os m odi stas de la E dad Medi a tam bi én f orm ulan i deas sobre
el lenguaje que ti enen un alcance sem ìóti co. P ero sólo con L ocke
surgi rá el nom bre m i sm o de “sem i óti ca”, D urante todo este pri m er
período, la sem i óti ca no se di sti ngue de la teoría general - o de la
1 i losof ía- - del lenguaje.
L a sem i óti ca llega a ser una di sci pli na i ndependi ente con la obra
del f i lósof o norteam eri cano C harles S anders P ei rce (1 83 9- 1 91 4).
P ara él, es un m arco de ref erenci a que i ncluye todo otro estudi o:
“N unca m e ha si do posi ble em prender un estudi o - - sea cual f uere
su ám bi to: las m atem áti cas, la m oral, la m etaf ísi ca, la gravi taci ón, la
term odi nám i ca, la ópti ca, la qui m i ca, la anatom i a com parada, la as-
tronom ía, los hom bres y_ las m ujeres, el wlulst, la psi cología, la f oné-
ti ca, la econom ía, la hi stori a de las ci enci as, el vi no, la m etrología-
si n concebi rlo com o un estudi o sem i óti co7' . . D e alli que los textos
sem i óti cos de P ei rce sean tan vari ados com o los objetos enum erados.
N unca dejó una obra coherente que resum i era las grandes líneas
de su doctri na. E sto ha provocado durante m ucho ti em po y aun hoy
ci erto desconoci m i ento de sus doctri nas, tanto m ás di f i ci les de cap-
tar puesto que cam bi aron de año en año.
L a pri m era ori gi nali dad del si stem a de P ei rce consi ste en su def i -
ni ci ón del si gno. H e aquíuna de sus f orm ulaci ones: “U n S i gno,
o R epresentam en, es un P ri m ero que m anti ene con un S egundo,
llam ado su O bjeto, tan verdadera relaci ón tri ádi ca que es capaz de
determ i nar un Tercero, llam ado su I nterpretante, para que éste asu-
m a la m i sm a relaci ón tri ádi ca con respecto al llam ado O bjeto que
la exi stente entre el S i gno y el O bjeto. ” P ara com prender esta def i -
ni ci ón debe recordarse que toda la experi enci a hum ana se organi za,
para P ei rce, en tres ni veles que él llam a la P ri m eri dad, la S ecun-
1 04
SEMIÓTICA
daridad y la Terceridad y que corresponden, en líneas muy gene-
I ales, a las cualidades sentidas, a la experiencia del esfuerzo y a
los signos. A su vez, el signo es una de esas relaciones de tres tér·
minos: lo que pro,·oca el proceso de eslahonamiento, su objeto y el
efecto que el signo produce, es decir, el interpretante. En una acep-
ción vasta, el interpretante es, pues, el sentido del signo; en una
acepción más estrecha, es la relación paradigmática entre un signo
y otro: así, el interpretante es siempre un signo que tendrá su inter-
pretante, etc.: hasta el infinito, lin el caso de los signos "perfectos".
Podríamos ilustrar este proceso de conversión entre el signo y el
interpretante mediante las relaciones que mantiene una palabra COA
los términos que, en el diccionario, la definen: sinónimos o paráfra-
sis, términos cuya definición podrá reformularse pero que siempre
estará compuesta de palahras. "El signo no es un signo si no puede
traducirse en otro signo en el cual se desarrolla con mayor ple-
nitud." Es preciso subrayar que esta concepción es ajena a todo
psicologismo: la conversión del signo en interpretante(s) se produce
en el sistema de signos, no en el espíritu de los usuarios (por consi-
guiente, no deben tomarse en cuenta algunas fórmulas de Peirce,
como él mismo lo sugiere, por lo demás: "He agregado 'sobre una
persona' como para echarle un hueso al perro, porque desespero
de hacer entender mi propia concepción, que es más vasta").
El segundo aspecto notable de la actividad semiótica de Peirce
es su clasificación de las variedades de signos. Ya hemos advertido
que la cifra tres representa aquí un papel fundamental (como el
dos en Saussure) ; el número total de variedades que Peirce distin-
gue es de sesenta y seis. Algunas de sus distinciones son hoy muy
corrientes, como, por ejemplo, la de signo.tipo y signo-ocurrencia
(type y token, o legisign y sinsign) [127].
Otra distinción conocida, pero con frecuencia mal interpretada,
es la de icono, índice y símbolo. Esos tres niveles del signo todavía
corresponden a la gradación Primeridad, Secundaridad, Terceridad,
r se definen de la siguiente manera: "Defino un Icono como un
signo determinado por su objeto dinámico en virtud de su naturaleza
interna. Defino un índice como un signo determinado por su objeto
dinámico en virtud de la relación real que mantiene con él. Defino
un Símbolo como un signo determinado por su objeto dinámico
solamente en el sentido en que será interpretado." El símbolo se
refiere a algo por la fuerza de una ley; es, por ejemplo, el caso
de las palabras de la lengua. El índice es un signo que se encuentra
en contigüidad con el objeto denotado, por ejemplo, la aparición
de un síntoma de enfermedad, el descenso del barómetro, la veletll
que indica la dirección del viento, el ademán de señalar. En la
105
S E MI ÓTI C A
dari dad y la Terceri dad y que corresponden, en li neas m uy gene-
rales, a las cuali dades senti das, a la experi enci a del esf uerzo y a
los si gnos. A su vez, el si gno es una de esas relaci ones de tres tér-
m i nos: lo que provoca el proceso de eslabonam i ento, su objeto y el
ef ecto que el si gno produce, es deci r, el i nterpretante. E n una acep-
ci ón vasta, el i nterpretante es, pues, el senti do del si gno; en una
acepci ón m ás estrecha, es la relaci ón paradi gm áti co entre un si gno
y otro: asi , el i nterpretante es si em pre un si gno que tendrá su i nter-
pretante, etc. : hasta el i nf i ni to, en el caso de los si gnos “perf ectos”,
P odríam os i lustrar este proceso de conversi ón entre el si gno y el
i nterpretante m edi ante las relaci ones que m anti ene una palabra con
los térm i nos que, en el di cci onari o, la def i nen: si nóni m os o paráf ra-
si s, térm i nos cuya def i ni ci ón podrá ref orm ularse pero que si em pre
estará com puesta de palabras. “E l si gno no es un si gno si no puede
traduci rse en otro si gno en el cual se desarrolla con m ayor ple-
ni tud. ” E s preci so subrayar que esta concepci ón es ajena a todo
psi cologi sm o: la conversi ón del si gno en i nterpretante(s) se produce
en el si stem a de si gnos, no en el espi ri tu de los usuari os (por consi -
gui ente, no deben tom arse en cuenta algunas f órm ulas de P ei rce,
com o él m i sm o lo sugi ere, por lo dem ás: “H e agregado “sobre una
persona' com o para echarle un hueso al perro, porque desespero
de hacer entender m i propi a concepci ón, que es m ás vasta”).
E l segundo aspecto notable de la acti vi dad sem i óti ca de P ei rce
es su clasi f i caci ón de las vari edades de si gnos. Ya hem os adverti do
que la ci f ra tres representa aquì un papel f undam ental (com o el
dos en S aussure); el núm ero total de vari edades que P ei rce di sti n-
gue es de sesenta y sei s. A lgunas de sus di sti nci ones son hoy m uy
corri entes, com o, por ejem plo, la de si gno- ti po y si gno- ocurrenci a
(type y taken, o lcgi si gn y si nsi gn) [1 2' 7].
O tra di sti nci ón conoci da, pero con f recuenci a m al i nterpretada,
es la de i cono, i ndi ce y si m bolo. E sos tres ni veles del si gno todavi a
corresponden a la gradaci ön P ri m eri dad, S ecundari dad, Terceri dad,
y se def i nen de la si gui ente m anera: “D ef i no un lcono com o un
si gno determ i nado por su objeto di nám i co en vi rtud de su naturaleza
i nterna. D ef i no un Índi ce com o un si gno determ i nado por su objeto
di nám i co en vi rtud de la relaci ón real que m anti ene con él. D ef i no
un S ím bolo com o un si gno determ i nado por su objeto di nám i co
solam ente en el senti do en que será i nterpretado. ” E l sím bolo se
ref i ere a algo por la f uerza de una ley; es, por ejem plo, el caso
de las palabras de la lengua. E l índi ce es un si gno que se encuentra
en conti güìdad con el objeto derrotado, por ejem plo, la apari ci ón
de un síntom a de enf erm edad, el descenso del baróm etro, la veleta
que i ndi ca la di recci ón del vi ento, el adem án de señalar. E n la
1 05
LOS DOMINIOS
lengua, todo 10 que proviene de la deixis [292] es un índice: pala.
bras tales como yo, tú, aquí, ahora, etc. (son, pues, "símbolos indio
ciales"). Por fin, el icono es 10 que exhibe la misma cualidad, o la
mísma configuración de cualidades, que el objeto denotado. por ejem.
plo, una mancha negra por el color negro; las onomatopeyas; los
diagramas que reproducen relaciones entre propieda(les. Peirce esbo·
za una subdivisión de los iconos en imágenes. dia¡{rcunas y mef(j·
loras. Pero es fácil ver que en caso puede asimilarse (como
suele hacerse, erróneamente) la relación de icono a la de parecido
f'ntre dos significados (en términos retóricos, el icono es una sinéc·
doque, más que una metáfora: ¿puede decirse que la mancha negra
parece al color nee;ro?). Es menos posible aún identificar la rela·
dón de índice con la de contigüidad entre dos silmificados (en el
índice, la existe entre el si!'no y el referente. no entre
flos entidades de la misma naturaleza). Por lo demás. Peirce llama
la atención contra tales identificaciones.
Calli al mismo tiempo. oero de manera totalmente independíente.
lit $p.miolottía es anundada por Ferdínand de Saussure. cuya actitud
f'S de lingüh,tn. no de filólIofo. v que necesita la semioloda para
inscribir pn ella la linl1;üística. "La lengua es nn sistema de
fine expresan ideas v, nor lo tanto. comnarable a la escritura. el
alfabeto de los sordomudos, los ritos simbólicos. las fOl'mall de coro
tesía, las señales militares, etc. Es posible concebir así una ciencitz
que estudie la !Jida de los signos en el seno de la vida social; tal
ciencia formaría parte de la psicologia social y. oor consiguiente,
de la psicología general. La llamaremos semiología (del !f#!.
meion, "signo"). Esta ciencia nos enseñarla en qué consi"t"'D los
llip;nos, qué leyes los rip;en. Puesto (Jue todavía no existe. no podemos
decir cómo será; pero tiene derecho de existencia y su lue;ar está
determinado de antemano." El aporte directo de a la semio.
lop;ía no Jinp;üística se limita c3!'i a fra!'CS, que sin l"mbarJ!o
han representado un papel muy importante. Al mismo tiempo. sus
definiciones del signo, del significante, del significado, aunque foro
muladas respecto del lenguaje verbal, han llamado Ja atención de
todos los semiólogos.
{Tna tercera fuente de la semiótica moderna es la ohra del filósofo
alemán Ern!'t Cassirf'r. En su monumental Filosofía de las forma.,
simbólicas formula claramente estos principios: 1) La función má[ol
flue instrumental del lenguaje, que no sirve para denominar una
realidad preexistente, sino para artir.ularla, para conceptualizarla.
F.sta función de 10 simbólico -entendido aquí en el sentido amplio
166
L O S D O MI N I O S
lengua, todo lo que provi ene de la dei xi s [292] es un i ndi ce: pala-
bras tales com o yo, tú, aqui , ahora, etc. (son, pues, “si m bolos i ndi -
ci alcs”). P or f i n, el i cono es lo que exhi be la m i sm a cuali dad, o la
m i sm a conf i guraci ón de cuali dades, que el objeto derrotado, por ejem -
plo, una m ancha negra por el color negro; las onom atopcyas; los
di agram as que reproducen relaci ones entre propi edades. P ei rce esbo-
za una subdi vi si ón de los i conos en i m ágenes, di agram as y m etá-
f oras. P ero es f áci l ver que en ni ngún caso puede asi m i larse (corno
suele hacerse, erróneam ente) la relaci ón de i cono a lo de pareci do
entre dos si gni f i cados (en térm i nos retóri cos, el i cono es una sìnéc-
doque, m ás que una m etáf ora: ¿ puede deci rse que la m ancha negra
se parece al color negro?). E s m enos posi ble aún i denti f i car la rela-
ci ón de i ndi ce con la de conti gi i i dad entre dos si gni f i cados (cn el
índi ce, la conti gi i i dad exi ste entre el si cno y el ref erente. no entre
dos enti dades de la m i sm a naturaleza). P or lo dem ás, P ei rce llam a
la atenci ón contra tales i denti f i caci ones.
C asi al m i sm o ti em po. pero de m anera totalm ente i ndependi ente.
la . sem i oloci a es anunci ada por Ferdi nand de S aussure. cuya acti tud
es de li ngi ìi sta. no de f i lósof o, v que necesi ta lo sem i ologi a para
i nscri bi r en ella la li ngüísti ca. “L a lengua es un si stem a de si gnos
que expresan i deas v, nor lo tanto. com parable a la escri tura, el
alf abeto de los sordom udos, los ri tos si m bóli cos. las f orm as de cor-
tesi a, las señales m i li tares, etc. E s posi ble concebi r asíuna ci enci a
que estudi e la vi da de los si gnos en el seno de lo vi da soci al; tal
ci enci a f orm aría parte de la psi cologi a soci al y. nor consi gui ente,
de la psi cología general. L a llam arem os . S em i ología (del gri ego se»
m ei on, “si gno" ). E sta ci enci a nos ensei i ari a en qué consi sten los
si gnos, qué leyes los ri gen. P uesto cue todavi a no exi ste. no podem os
deci r cóm o será; pero ti ene derecho de exi stenci a y su lugar está
determ i nado de antem ano. ” E l aporte di recto de S aussure a la sem i n-
logi a no li ngüísti ca se li m i ta casi a estas f rases, que si n em bargo
han representado un papel m uy i m portante. Á l m i sm o ti em po, sus
def i ni ci ones del si gno, del si gni f i cante, del si gni f i cado, aunque f or-
m uladas respecto del lenguaje verbal, han llam ado , la atenci ón de
todos los sem i ólogos.
U na tercera f uente de la sem i óti ca m oderna es la obra del f i lósof o
alem án E rnst C assi rer. E n su m onum ental Fi losof ía de las f orm as
si m bóli cas f orm ula claram ente estos pri nci pi os: 1 ) L a f unci ón m ás
que i nstrum ental del lenguaje, que no si rve para denom i nar una
reali dad nreexi stente, si no para arti culada, para conceptuoli zarla.
E sta f unci ón de lo si m bóli co - - - entendi do aqui cn el senti do am pli o
1 06
SEMIÓTICA
de todo lo que tiene sentido (cfr. por oposición [124])-
al hombre de los animales, que sólo poseen sistemas de recepción
y de acción (de primeridad y de secundaridad, habría dicho Peirce),
y le vale el nombre de animal symbolicum. 2) El lenguaje verbal
no es el único que de este privilegio; lo comparte con una
!lerie de otros sistemas que constituyen la esfera de lo "humano"
y que son: el mito, la religión, el arte, la ciencia, la historia. Cada
una de esas "formas simbólicas" informa al mundo, sin reducirse a
imitarlo. El mérito de Cassirer consiste en haberse interrogado sobre
las leyes específicas que rigen los sistemas simbólicos y sobre su
diferencia con las reglas de la lógica: los sentidos múltiples reem·
plazan aquí los conceptos generales; las figuras representativas, las
cIases; la insistencia en las ideas (por repetición, variación, etc.),
la prueba ... Obsérvese que la propuesta de Cassirer es un proyecto
filosófico, más que una contribución científica.
Collarta fuente de la semiótica moderna: la lól!ica. Peirce había sido
ló!!ico, pero sns ideas en ese ámbito no habían !!ozado de mucha
influencia en la época. Es preciso seguir otra filiación que parte
de Frege (cuva distinción entre .ciinn v Bedeutuni! f2891 es rapital
para la sf'miótica) v fll\!'a por v Carnao: e!'lte último cons·
truye un lenguaje ideal que pronto tendrá fnnción de JTlod..lo nara
la semiótica. Es el ló!!ico V filósofo norteamericano Charl"s Mo.
rris quien 10 aprovecha en la década del treinta de esle siglo. Moros
formula claramente una serie de distinciones. por ejemplo, entre
desi{!natum y denotatum: "El designatum no es una cosa, sino una
e!!pecie de objetos o una clase de objetos: ahora bien. una clase
puede tener muchos elementos, o un solo elemento. o ninlrÚn ele.
mento. Los denotata son los elementos de una clase." MorTis distin·
gue igualmente entre las dimensiones semántica. sintáctica y
mática de un es semántica la relación entre los signos y los
designata o denotata; sintáctica, la relación de los signos entre sí:
pragmática, la relación entre los signos y sus usuarios. (Las demáll
sUl!'erencias de Moros no gozaron de la misma popularidad.)
Debe señalarse otro esfuerzo por construir la semiótica en el libro
de Eric Buyssens Los y el discurso (1943), que se inspira
en las cat,egorías saussurianas. El autor se apoya por un lado en el
lenguaje verbal y por el otro en diversos sistemas semiológicos no
verbales (señales camineras, etc.) para establecer cierto número
de nociones y distinciones (serna y acto sémico, semÚls intrínsecas y
semÚls directas y sustitutivas) que no exponemos aquí
porque ningún otro autor las ha retomado. La inspiración de Buyso
sens es resueltamente funcionalista: un sistema está organizado por
107
S E MI ÓTI C A
de todo lo que ti ene senti do (cf r. por oposi ci ón [1 24])- - di sti ngue
al hom bre de los ani m ales, que sólo poseen si stem as de recepci ón
y de acci ón (de pri m eri dad y de secundari dad, habría di cho P ei rce),
y le vale el nom bre de ani m al sym boli cum . 2) E l lenguaje verbal
no es el úni co que di sf ruta de este pri vi legi o; lo com parte con una
seri e de otros si stem as que consti tuyen la esf era de lo “hum ano”
y que son: el m i to, la reli gi ón, el arte, la ci enci a, la hi stori a. C ada
una de esas “f orm as si m bóli cas” i nf orm a al m undo, si n reduci rse a
ìm i tarlo. E l m éri to de C assi rer consi ste en haberse i nterrogado sobre
las leyes especi f i cas que ri gen los si stem as si m bóli cos y sobre su
di f erenci a con las reglas de la lógi ca: los senti dos m últi ples reem -
plazan aqui los conceptos generales; las f i guras representati vas, las
clases; la i nsi stenci a en las i deas (por repeti ci ón, vari aci ón, etc. ),
la prueba . . . O bsérvese que la propuesta de C assi rer es un proyecto
f i losóf i co, m ás que una contri buci ón ci entíf i ca.
C uarta f uente de la sem i óti ca m oderna: la lógi ca. P ei rce había si do
lógi co, pero sus i deas en ese ám bi to no habi an gozado de m ucha
i nf luenci a en la época. E s preci so segui r otra f i li aci ón que parte
de Frege (cuva di sti nci ón entre S i nn v Beri eutungl289l es capi tal
para la sem i óti ca) v pasa por lìussel v C arnan: este últi m o cons-
truye un lenguaje i deal que pronto tendrá f unci ón de m odelo nara
la sem i óti ca. És el lógi co V f i lósof o norteam eri cano C harles Mo-
rri s qui en lo aprovecha en la década del trei nta de este si glo. Morri s
f orm ula claram ente una seri e de di sti nci ones. por ejem plo, entre
ri esi gnatum y denotatum : “E l desi gnatum no es una cosa, si no una
especi e de objetos o una clase de objetos; ahora bi en, una clase
puede tener m uchos elem entos, o un solo elem ento. n ni ngún ele-
m ento. L os denotata son los elem entos de una clase. ” Morri s di sti n-
gue i gualm ente entre las di m ensi ones sem ánti ca. si ntácti ca y prag-
m áti ca de un si gno: es sem ánti ca la relaci ón entre los si gnos y los
desi gnata o denotata; si ntácti ca, la relaci ón de los si gnos entre sí;
pragm áti ca, la relaci ón entre los si gnos y sus usuari os. (L as dem ás
sugerenci as de Morri s no gozaron de la m i sm a populari dad. )
D ebe señalarse otro esf uerzo por construi r la sem i óti ca en el li bro
de E ri c Buyssens L os lenguajes y el di scurso (1 94- 3 ) , que se i nspi ra
en las categori as saussuri anas. E l autor se apoya por un lado en el
lenguaje verbal y por el otro en di versos si stem as sem i ológi cos no
verbales (señales cam i neras, etc. l para establecer ci erto núm ero
de noci ones y di sti nci ones (sem a y acto sém i co, sem i as i ntrínsecas y
extri nsecas, sem i as di rectas y susti tuti vas) que no exponem os aquí
porque ni ngún otro autor las ha retom ado. L a i nspi raci ón de Buys-
sens es resueltam ente f unci onali sta: un si stem a está organi zado por
1 07
WS DOMINIOS
su propia sintaxis. Por la misma época, las obras de todos los re-
presentantes principales de lo que se llama la "lingüística estructu-
ral" (Sapir, Trubetzkoy, Jakobson, Hjelmslev, Benveniste) toman en
cuenta la perspectiva semiológica y procuran precisar cuál es el l u ~ a r
del lenguaje en el seno de los demás sistemas de signos.
Las artes y la literatura atraen particularmente la atención de
los primeros semiólogos. En un ensayo titulado "El arte como hecho
semiológico", Jan Mukarovsky, uno de los miembros del Círculo
lingüístico de Praga [40], declara que el estudio de las artes debe
convertirse en una de las partes de la semiótica e intenta definir la
especificidad del signo estético: es un signo autónomo, que adquiere
importancia en sí mismo y no como mediador de significación. Pero
junto a esta función estética, común a todas las artes, existe otra,
que poseen las artes "con tema" (literatura, pintura, escultura) Y"
que es la del lenguaje verbal: es la función comlmicativa. "Toda
obra de arte es un signo autónomo. Las obras de arte 'con tema'
(literatura, pintura, escultura) tienen una segunda función semioló-
gica, que es la comunicativa." Ch. Morris define el signo artístico
a partir de una oposición basada en el icono: existen "dos clases
principales de signos: los que son como aquello que denotan (es
decir, los que poseen propiedades comunes con lo denotado) y los
que no son como aquello que denotan. Puede llamárselos signos
icónicos y signos no icónicos". Los signos estéticos son, habitual·
mente, signos icónicos. Una filósofa norteamericana, Suzanne Langer,
sigue un camino paralelo, inspirándose en Cassirer. Al insistir sobre
la diferencia entre sistema lingüístico y sistema de las artes (aun"'
que ambos sean "formas simbólicas"), S. Langer la ve simultánea.
mente en sus propiedades formales ("La música no es un lenguaje'
porque no tiene vocabulario") y en la naturaleza del significado:
"La música es una forma de significación... que, gracias a su
estructura dramática, puede expresar formas de la experiencia vital
para las cuales la lengua es particularmente inapropiada. Su índole
(import) está constituida por los sentimientos, la vida, el movi-
miento y la emoción ... "
Después de la segunda guerra mundial se hicieron esfuerzos para
reunir y coordinar esas tradiciones diferentes, sobre todo en 105
Estados Unidos, la Unión Soviética y Francia. En Norteamérica, la
descripción de los sistemas simbólicos no lingüísticos (los gestos,
la "zoo-semiótica") sigue habitualmente los procedimientos de la
lingüística descriptiva [47 Y ss.]. En la U.R.S.S., a partir de la
década del sesenta, se desarrolla una intensa actividad semiótica bajo.
el influjo de la cibernética y de la teoría de la información; los tra-
108
L O S D O MI N I O S
su propi a si ntaxi s. P or la m i sm a época, las obras de todos los re-
presentantes pri nci pales de lo que se llam a la “li ngüísti ca estructu-
ral” (S apìr, Trubetzkoy, J akobson, H jelm slev, Benveni ste) tom an en
cuenta la perspecti va sem i ológi ca y procuran preci sar cuál es el lugar
del lenguaje en el seno de los dem ás si stem as de si gnos.
L as artes y la li teratura atraen parti cularm ente la atenci ón de
lospri m eros sem i ólogos. E n un ensayo ti tulado “E l arte com o hecho
sem i ológi co”, J an Mukarovsky, uno de los m i em bros del C írculo
li ngüísti co de P raga [4~ O ], declara que el estudi o de las artes debe
converti rse en una de las partes de la sem i óti ca e i ntenta def i ni r la
especi f i ci dad del si gno estéti co: es un si gno autónom o, que adqui ere
i m portanci a en si m i sm o y no com o m edi ador de si gni f i caci ón. P ero
juri to a esta f unci ón estéti ca, com ún a todas las artes, exi ste otra,
¡É 9, °
que poseen las artes con tem a (li teratura, plntura, escultura) y'
que es la del lenguaje verbal: es la f unci ón com uni cati va. “Toda
obra de arte es un si gno autónom o. L as obras de arte “con tem a”
(li teratura, pi ntura, escultura) ti enen una segunda f unci ón sem i oló-
gi ca, que es la com uni cati va. ” C h. Morri s def i ne el si gno artísti co
a parti r de una oposi ci ón basada en el i cono: exi sten “dos clases
pri nci pales de si gnos: los que son com o aquello que denotan (es
deci r, los que poseen propi edades com unes con lo denotado) y los
que no son com o aquello que denotan. P uede llam árselos si gnos
i cóni cos y si gnos no i cónícos”. L os si gnos estéti cos son, habi tual-
m ente, si gnos i cóni cos. U na f i lósof a norteam eri cana, S uzanne L anger,
si gue un cam i no paralelo, i nspi rándose en C assi rer. A l i nsi sti r sobre
la di f erenci a entre si stem a li ngüísti co y si stem a de las artes (anne
que am bos sean “f orm as si m bóli cas”), S . L anger la ve si m ultánea- ¬
m ente en sus propi edades f orm ales (“L a m úsi ca no es un lenguaje
porque no ti ene vocabulari o”) y en la naturaleza del si gni f i cado:
“L a m úsi ca es una f orm a de si gni f i caci ón. . . que, graci as a su
estructura dram áti ca, puede expresar f orm as de la experi enci a vi tal
para las cuales la lengua es parti cularm ente i napropi ada. S u índole
(i m port) está consti tui da por los senti m i entos, la vi da, el m ovi -
m i ento y la em oci ón. . . ”
D espués de la segunda guerra m undi al se hi ci eron esf uerzos para
reuni r y coordi nar esas tradi ci ones di f erentes, sobre todo en los
E stados U ni dos, la U ni ón S ovi éti ca y Franci a. E n N orteam éri ca, la
descri pci ón de los si stem as si m bóli cos no li ngüísti cos (los gestos,
la “zoo- sem i óti ca”) si gue habi tualm ente los procedi m i entos de la
li ngüísti ca descri pti va [47 y ss. ]. E n la U . R . S . S . , a parti r de la
década del sesenta, se desarrolla una i ntensa acti vi dad sem i óti ca bajo
el i nf lujo de la ci bernéti ca y de la teoría de la i nf orm aci ón; los tra-
1 08
SEMIÓTICA
bajos sobre los "sistemas secundarws" (basados en el lenguaje, pero
no idénticos a él) son especialmente originales.
En Francia, por impulso de Claude Lévi·Strauss, R. Barthes y
A. J. Greimas, la semiología se orientó sobre todo hacia el estudio
de las formas sociales que funcionan "a la manera de un l e n ~ u a j e "
(sistema de parentesco, mitos, moda, etc.) y hacia el estudio del
lenguaje literario. Por otra parte se desarrolló cierta crítica de las
nociones más fundamentales de la semiótica, crítica del signo y de
los presupuestos implicados por esta noción, como ha de verse más
adelante [403 Y ss.].
A partir de 1969 se publica la revista Semiótica, órgano de la
Asociación Internacional de Semiótica.
~ Orígenes de la semiótica moderna: Ch. S. Peirce, Collected Papers, Cam·
bridge, 1932 y ss.; ídem, "Deux lettres a Lady Welby sur la phanéroscopi"
et la semiologie", Revue de métaphysique et de morale, 1961,4 pp. 398·423;
P. Weiss, A. Burks, "Peiree's Sixty·Six Signs", The ¡oumal of Philosoph)'.
1945, pp. 383·388; A. W. Burks, "Ieon, Index, Symbol", Philosophy and
Phenomenological Research, 1949, pp. 673-689; J. Dewey, "Peirce's Theory of
Linguistic Signs, Thought and Meaning", The ¡oumal of Philosophy, 1946, 4,
pp. 85-95; F. de Saussure, Curso de lingüística general, Buenos Aires, Losada,
1945; R. Godel, Les Sources manuscrites du Cours de linguistique général,
Ginebra, 1957; E. Cassirer, La filosofía de las formas simbólicas, México,
Fondo de Cultura Económica, 1971; ídem, An Essay on Man, New Haven, 1944:
ídem, "Le langage et la construction de monde des objets", en Essais sur le
langage, Paris, 1969; Ch. Ogden y l. A. Richards, El significado del signi·
ficado, Buenos Aires, Paidós, 1964; R. Carnap, The Logical Syntax of Lan·
guage, London-New York, 1937; Ch. W. Morris, Foundations of the Theory
of Signs, Chicago, 1939; ídem, Signos, lenguaje y conducta, Buenos Aires,
Losada, 1963; E. Buyssens, Les Langages et les discours, Bruselas, 1943.
Semiótica y arte: J. Mukarovsky, "Sémiologie et Iittérature", Poétique,
1970,3; Ch. W. Morris, Esthetics and Theory of Signs", The ¡oumal of Uni·
fied Science, 1939, 1·3: S. Langer, Feeling and Form, London, 1953.
La semiótica en la U.R.S.S.: Simpozium po struktumomu izucheniju znako-
vykh sistem, Moscú, 1962; Trudy po znakovvym sistemam (Semeiotike), Tartu:
2 0%5),3 (967),4 (1969).
La semiótica en los Estados Unidos: T. A. Sebeok y otros (ed.), Approaches
10 semiotics, La Haya, 1964; T. A. Sebeok, "Animal Conununication", Science,
147, 1965, 1006·1014; R. L. Birdwhistle, ¡ntroduction to Kinesics, Washing.
ton, 1962.
La semiótica en Francia: R. Barthes, Mythologies, Paris, 1957; ídem,
El grado cero de la escritura / nuevos ensayos criticos, Buenos Aires, Siglo
XXI, 1973; ídem, Systeme de la mode, Paris, 1967; A. J. Greimas (ed.),
Pratiques et l(Jngages gestuels (Langages, 10), Paris, 1968; A. J. Greimas,
Du Sens, Paris, 1970; L. Prieto, Mensajes y Señales, Barcelona, Seix Barral,
1967; J. Kristewa, Semeiotike, Paris, 1969; una crítica filosófica de este tra-
bajo la encontramos en F. Wahl, "La filosofía antes y después del estructu·
ralismo", en O. Ducrot y otros, ¿Qué es el estructuralismo?, Buenos Aires, Lo·
sada, 1971.
109
S E MI ÓTI C A
bajos sobre los “si stem as secundari os” (basados en el lenguaje, pero
no i dénti cos a él) son especi alm ente ori gi nales.
E n Franci a, por i m pulso de C laude L évi - S trauss, R . Barthes y
A . J . C rei m as, la sem i ologi a se ori entó sobre todo haci a el estudi o
de las f orm as soci ales que f unci onan “a la m anera de un lenguaje”
(si stem a de parentesco, m i tos, m oda, etc. ) y haci a el estudi o del
lenguaje li terari o. P or otra parte se desarrolló ci erta críti ca de las
noci ones m ás f undam entales de la sem i óti ca, cri ti ca del si gno y de
los presupuestos i m pli cados por esta noci ón, com o ha de verse m ás
adelante [403 y ss. ].
A parti r de 1 969 se publi ca la revi sta S em i óti ca, órgano de la
A soci aci ón I nternaci onal de S em i óti ca.
- › O rígenes de la sem i óti ca m oderna: C h. S . P ei rce, C ollected P apers, C am -
bri dge, 1 93 2 y ss. ; i dem , “D euxlettres à L ady Welby sur la phanéroscopi e
et la sem i ologi e”, R evue de rnétaphysi que et de m orale, 1 961 , 4- pp. 3 98- 4- 23 ;
P . Wei ss, A . Burks, “P ei rce' s S i xty- S i xS i gns”, The J ournal oƒ P hi losophy,
1 945, pp. 3 83 - 3 88; A . W. Burks, “I con, I ndex, S ym bol”, P hi losophy and
P henom enologi cal R esearch, 1 94- 9, pp. 673 - 689; J . D ewey, “P ei rce' s Theory of
L i ngui sti c S i gns, Thought and Meanìng”, The . loum al of P hi losophy, 1 94- 6, 4,
pp. " 85- 95; F. de S aussure, C urso de li ngüísti ca general, Buenos A i res, L osada,
1 945; R . C odel, L es S ources m anuscri tes du C ours de li ngui sti que général,
G i nebra, 1 957; E . C assi rer, L a f i losof i a de las f orm as si m bóli cas, Méxi co,
Fondo de C ultura E conóm i ca, 1 971 ; ídem , A n E ssay on Man, N ew H aven, 1 944;
ídem , “L e langage et la constructi on de m onde des objets”, en E ssai s sur le
langage, P ari s, 1 969; C h. O gden Y I . A . R i chards, E l si gni f i cado del si gni -
f i cado, Buenos A i res, P ai dós, 1 964- ; R . C arnap, The L ogícal S yntaxof L an-
guage, L ondon- N ew York, 1 93 7; C h. W. Morri s, Foundati ons oƒ the Theory
of S i gns, C hi cago, 1 93 9; i dem , S i gnos, lenguaje y conducta, Buenos A i res,
L osada, 1 963 ; E . Buyssens, L es L angages et les di scours, Bruselas, 1 943 .
S em i óti ca y arte: J . Mukarovsky, “S ém i ologi e et li ttérature”, P oéti que,
1 970, 3 ; C h. W. Morri s, E sthetìcs and Theory of S i gns”, The J ournal oƒ U ni -
ƒi ed S ci ence, 1 93 9, 1 - 3 : S . L anger, Feeli ngand Form , L ondon, 1 953 .
L a sem i óti ca en la U . R . S . S . : S i m pozi um po strukturnom u i zucheni ju znako-
vykh si stem , Moscú, 1 962; Trudy po znakovvym si stem am (S em ei oti ke), Tartu:
2 (l965), 3 (1 967), 4- (1 969).
L a sem i óti ca en los E stados U ni dos: T. A . S ebeok y otros (ed. ) , A pproachcs
to sem i oti cs, L a H aya, 1 964- ; T. A . S ebeok, “A ni m al C om m uni cati on”, S ci ence,
1 47, 1 965, 1 006- 1 01 4; R . L . Bi rdwhìstle, I ntroducti on to Ki nesi cs, Washi ng-
ton, 1 962.
L a sem i óti ca en Franci a: R . Barthes, Mythologi es, P ari s, 1 957; i dem ,
E l grado cero de la escri tura / nuevos ensayos críti cos, Buenos A i res, S i glo
XXI , 1 973 ; ídem , S ystèm e de la m ode, P ari s, 1 967; A . J . G reìm as (ed. ),
P ratíques et langages gestuels (L angages, 1 0), P ari s, 1 968; A . J . G rei m as,
D u S ens, P ari s, 1 970; L . P ri eto, Mensajes y S eri ales, Barcelona, S ei xBarral,
1 967; J . Kri stewa, S em ei oti lf ê, P ari s, 1 969; una cri ti ca f i losóf i ca de este tra-
bajo la encontram os en F. Wahl, “L a f i losof ía antes y después del estructu-
rali sm o”, en O . D ucrot y otros, ¿ Qué es el estructurali sm o?, Buenos A i res, L o-
sada, 1 971 .
1 09
LOS DOMINIOS
CRÍTICA
A pesar de la existencia de estos trabajos y de casi un siglo de
historia (y veinte siglos de prehistoria), la semiótica todavía es más
un proyecto que una ciencia constituida, y las frases proféticas de
Ferdinand de Saussure conservan su valor como expresión de deseo.
El motivo no es sólo el ritmo necesariamente lento de una ciencia
en sus principios, sino también cierta inseguridad en cuanto a los
principios y conceptos fundamentales, sobre todo la noción misma
de signo lingüístico y no lingüístico [121 y ss.]. En cierto modo. la
semiótica está aplastada por la lingüística. O bien se parte desde
tos signos no lingüísticos para encontrar entre ellos el lugar del
lenguaje (es el camino que toma Peirce). pero esos signos no se
prestan a una determinación precisa o, cuando consienten en ser
determinados, se revelan de importancia menor y son incapaces de
esclarecer en manera alguna el modo de ser del lenguaje (es lo que
ocurre con el código de las señales camineras); o bien se parlPo
desde el lenguaje para estudiar los demás sistemas de signos (es el
camino que toma Saussure), pero con el riesgo de imponer a fenó-
menos diferentes el modelo lingüístico, reduciendo así la actividad
semiótica a un acto de denominación (o de redenominaciÓn). Dar
el nombre de "significante" o "significado" o "sintagma" a hechos
sociales bien conocidos no significa ningún progreso para el cono-
cimiento.
Podemos preguntarnos cuáles son los motivos de esta dificultad.
Parecen esencialmente ligados al lugar particular que ocupa la len-
gua en el seno de la semiótica y a la índole misma del signo [121
y ss.]. 1) Puede hablarse, con Benveniste, de un "principio de no-
redundancia" entre sistemas semióticos: "Dos sistemas semióticos de
tipo diferente no pueden ser mutuamente convertibles ... El hombre
no dispone de varios sistemas distintos para la misma relación de
significación." El significado no puede existir fuera de la relación
con su significante y el significado de un sistema no es el de otro.
2) Por otra parte, sólo el lenguaje verbal posee la característica
de secundaridad [126]. Como ya lo había observado Cassirer, el
lenguaje es el único sistema semiótico con ayuda del cual puede
hablarse de otros sistemas y de él mismo. Benveniste: "Por lo
menos existe algo de lo que no puede dudarse: ninguna semiología
del sonido, del color, de la imagen podrá formularse nunca mediante
sonidos, colores, imágenes. Toda semiología de un sistema no lin-
güístico debe acudir al trujamán de la lengua y por lo tanto sólo I
puede existir en y por la semiología de la lengua." Aceptados estos
110
L O S D O MI N I O S
C R ÍTI C A
A pesar de la exi stenci a de estos trabajos y de casi un si glo de
hi stori a (y vei nte si glos de prehi stori a), la sem i óti ca todavía es m ás
un proyecto que una ci enci a consti tui da, y las f rases prof éti cas de
Ferdi nand de S aussure conservan su valor com o expresi ón de deseo.
E l m oti vo no es sólo el ri tm o necesari am ente lento de una ci enci a
en sus pri nci pi os, si no tam bi én ci erta i nseguri dad en cuanto a los
pri nci pi os y conceptos f undam entales, sobre todo la noci ón m i sm a
de si gno li ngüísti co y no li ngüísti co [1 21 y ss. ]. E n ci erto m odo, la
sem i óti ca está aplastada por la li ngüísti ca. O bi en se parte desde
los si gnos no li ngüísti cos para encontrar entre ellos el lugar del
lenguaje (es el cam i no que tom a P ei rce). pero esos si gnos no se
prestan a una determ i naci ón preci sa o, cuando consi enten en ser
determ i nados, se revelan de i m portanci a m enor y son i ncapaces de
esclarecer en m anera alguna el m odo de ser del lenguaje (es lo que
ocurre con el códi go de las señales cam i neras); o bi en se parte
desde el lenguaje para estudi ar los dem ás si stem as de si gnos (es el
cam i no que tom a S aussure), pero con el ri esgo de i m poner a f enó-
m enos di f erentes el m odelo li ngüísti co, reduci endo asíla acti vi dad
sem i óti ca a un acto de denom i naci ón (o de redenom i naci ón). D ar
el nom bre de “si gni f i cante” o “si gni f i cado” o “si ntagm a” a hechos
soci ales bi en conoci dos no si gni f i ca ni ngún progreso para el cono-
ci m i ento.
P odem os preguntarnos cuáles son los m oti vos de esta di f i cultad.
P arecen esenci alm ente li gados al lugar parti cular que ocupa la len-
gua en el seno de la sem i óti ca y a la índole m i sm a del si gno [1 21
y ss. ]. 1 ) P uede hablarse, con Benveni ste, de un “pri nci pi o de no-
redundanci a” entre si stem as sem i óti cos: “D os si stem as sem i óti cos de
ti po di f erente no pueden ser m utuam ente converti bles. . . E l hom bre
no di spone de vari os si stem as di sti ntos para la m i sm a relaci ón de
si gni f i caci ón. ” E l si gni f i cado no puede exi sti r f uera de la relaci ón
con su si gni f i cante y el si gni f i cado de un si stem a no es el de otro.
2) P or otra parte, sólo el lenguaje verbal posee la caracteri sti ca
de secundari dad [1 26]. C om o ya lo había observado C assi rer, el
lenguaje es el úni co si stem a sem i óti co con ayuda del cual puede
hablarse de otros si stem as y de él m i sm o. Benveni ste: “P or lo
m enos exi ste algo de lo que no puede dudarse: ni nguna sem i ologi a
del soni do, del color, de la i m agen podrá f orm ularse nunca m edi ante
soni dos, colores, i m ágenes. Toda sem i ologi a de un si stem a no li n-
güísti co debe acudi r al trujam án de la lengua y por lo tanto sólo
puede exi sti r en y por la sem i ologi a de la lengua. ” A ceptados estos
1 1 0
SEMIóTICA
dos princIpIOS, resulta imposible la existencia de la semiótica tal
como se la ha concebido hasta hoy.
El problema no surge de la ausencia de un sentido no lingüístico
--que sin duda existe-, sino del hecho de que sólo sea posible
hablar de él en términos lingüisticos, incapaces de aprehender lo
que existe de especifico en el sentido no lingüístico. Toda semiologia
construida a partir del lenguaje (y por el momento es la única que
conocemos) debe renunciar al estudio del problema central de todo
sistema semiótico, que es el de la significación: se ocupará tan sólo
de la significación lingüística, por la cual reemplazará subrepticia.
mente su verdadero objeto. Las trabas con que tropieza la semiótica
no existen en el nivel de su objeto (que existe sin lugar a dudas),
sino en el nivel de su discurso, que vicia con lo verbal los resultados
de sus indagaciones.
Por eso se ha producido un imperceptible desplazamiento en los
estudios semióticos recientes: éstos ya no postulan (ilusoriamente)
la relación de significación, sino la relación de simbolización [124].
es decir, esa relación segunda que une entidades homogéneas de
manera no ya necesaria (e indecible fuera de sí misma), como lo
hace el signo. sino motivada -y por lo mismo. reveladora de los
mecanismos que trabajan en una sociedad. El dominio de lo sim·"
bólico, habitualmente reservado para la etnología, la historia de las
religiones, la psicología o el psicoanálisis, sería de este modo el
objeto de la semiótica. En cuanto a la utilidad de la lingüística
en este ámbito (por lo menos en su estado actual), parece proble-
mática: las dos disciplinas tienen objetos diferentes y aunque coin-
cidan al trabajar sobre una misma materia (por ejemplo, la len.
gua), su enfoque es diferente. La lengua es rica en procedimientos
simbólicos, pero éstos no provienen del mecanismo propiamente
lingüístico.
Menos legítimo aún parece el intento de asimilar códigos no sim·
bólicos [126], por ejemplo, la música, al objeto de la semiótica: la
relación de simbolización (y, por un tercer lado, la relación de sig-
nificación) es harto específica y permite exigir un campo de estudio
propio.
Si dejamos de lado los problemas de la escritura [228 y ss.],
vemos que por el momento la semiótica es un conjunto de propo·
siciones, más que un cuerpo de conocimientos constituido.
~ R. Barlhes, El {{rada cero de la escritura / nuevos ensayos críticos, Bue-
nos Aires, Siglo XXI, 1973. "Elementos de semiología"; G. Klaus, Semiotik
und Erkenntnistheorie, Berlin, 1963; M. Bense, Semiotik, Baden·Baden, 1967;
A. A. Verlov, Semiotika i ejo osnovnye problemy, Moscú, 1967; É. Benvenisle,
111
S E MI ÓTI C A
dos pri nci pi os, resulta i m posi ble la exi stenci a de la sem i óti ca tal
com o se la ha concebi do hasta hoy.
E l problem a no surge de la ausenci a de un senti do no li ngüísti co
- que si n duda exi ste- , si no del hecho de que sólo seaposi ble
hablar de él en térm i nos li ngüísti cos, i ncapaces de aprehender lo
que exi ste de específ i co en el senti do no li ngüísti co. Toda sem i ologi a
construi da a parti r del lenguaje (y por el m om ento es la úni ca que
conocem os) debe renunci ar al estudi o del problem a central de todo
si stem a sem i ótìco, que es el de la si gni f i caci ón: se ocupará tan sólo
de la si gni f i caci ón li ngüísti ca, por la cual reem plazará subrepti ci a-
m ente su verdadero objeto. L as trabas con que tropi eza la sem i óti ca
no exi sten en el ni vel de su objeto (que exi ste si n lugar a dudas)
Q 9
si no en el ni vel de su di scurso, que vi ci a con lo verbal los resultados
de sus i ndagaci ones.
P or eso se ha produci do un i m percepti ble desplazam i ento en los
estudi os sem i óti cos reci entes: éstos ya no postulan (i lusori am ente)
la relaci ón de si gni f i caci ón, si no la relaci ón de si m boli zaci ón [1 24- ],
es deci r, esa relaci ón segunda que une enti dades hom ogéneas de
m anera no ya necesari a (e i ndeci ble f uera de si m i sm a), com o lo
hace el si gno, si no m oti vada - - y por lo m i sm o, reveladora de los
m ecani sm os que trabajan en una soci edad. E l dom i ni o de lo si m -
bóli co, habi tualm ente reservado para la etnología, la hi stori a de las
reli gi ones, la psi cología o el psi coanáli si s, sería de este m odo el
objeto de la sem i óti ca. E n cuanto a la uti li dad de la li ngüísti ca
en este ám bi to (por lo m enos en su estado actual), parece proble-
m áti ca: las dos di sci pli nas ti enen objetos di f erentes y aunque coi n-
ci dan al trabajar sobre una m i sm a m ateri a (por ejem plo, la len-
gua), su enf oque es di f erente. L a lengua es ri ca en procedi m i entos
si m bóli cos, pero éstos no provi enen del m ecani sm o propi am ente
li ngüísti co.
Menos legíti m o aún parece el i ntento de asi m i lar códi gos no si m -
bóli cos [1 26], por ejem plo, la m úsi ca, al objeto de la sem i óti ca: la
relaci ón de si m boli zaci ón (y, por un tercer lado, la relaci ón de si g-
ni f i caci ón) es harto específ i ca y perm i te exi gi r un cam po de estudi o
propi o.
S i dejam os de lado los problem as de la escri tura [228 y ss. ],
vem os que por el m om ento la sem i óti ca es un conjunto de propo-
si ci ones, m ás que un cuerpo de conoci m i entos consti tui do.
- › R . Barthes, E l grado cero de la escri tura / nuevos ensayos críti cos, Buc-
nos A i res, S i glo XXI , 1 973 . “E lem entos de sem i ologi a" : G . Klaus, S em i oti k
and E rkenntni stheori e, Berli n, 1 963 ; M. Bense, S erni oti k, Baden- Baden, 1 967;
A . A . Vertov, S em i oti lra i ejo osnovnye problem y, Moscú, 1 . 967; É. Benveni ste,
1 1 1
LOS DOMINIOS
"La sérnio1ogie de la langue", Semiotica, 1%9, 1·2, pp. 1·12, pp. 127·135; T.
Todorov, "De la sémiologie ii. la rhétorique", Annales, 1967, 6, pp. 1322·27; J.
Kristeva, "La sérniologie cornrne science des idéologies", Semiotica, 1969, 2,
pp. 196·204; R. Jakobson, "Language in relation to other cornrnunication sys·
tems", Linguaggi nella societá e nella tecnica, Milan, 1970, pp. 3·16.
112
L O S D O MI N I O S
“L a sém i ologìe de la langue”, S em i óti ca, 1 969, 1 - 2, pp. 1 - 1 2, pp. 1 27- 1 3 5; ' l`
Todorov, “D e la sém i ologi e à la rhétori que”, A nnales, 1 967, 6, pp. 1 3 22- 27; J
Krìsteva, “L a sém ìologi e com m e sci ence des ìdéologi es”, S em i oti ca, 1 969, 2
pp. 1 96- 204; R . J akobson, “L anguage i n relati on to other com m uni cati on sys
tem s" , L i nguaggi nella soci etá e nella tecni ca, Mi lan, 1 970, pp. 3 - 1 6.
1 1 2
Filosofía Jellenguaje
Por lo menos dos sentidos son posibles para la expresión filosofía
del lenguaje. Puede denominar ante todo una filosofía a propó-
sito del lenguaje, es decir, un estudio externo, que considera el
lenguaje como un objeto ya conocido y busca sus relaciones con
otros objetos que. al menos al principio de la investigación, se supo-
nen distintos de él. Se indap:arán, por ejemplo, las relaciones entre
el pensamiento y la leng:ua: pI uno tiene prioridad sohre la otra.
i. Cuáles son \'lUS interarriones? AsÍ. toda una corriente idealista de
la filosofia francesa. a l'omipnzos del si¡do xx, procura mostrar que la
rristalización del sentido en palabras congeladas es una de las cau·
sas ,le la ilusión sustancialista, de la creencia en cosas dada!! y en
estados estables.
~ La liberación, para este pensamiento fijado por las palabras, proviene, se-
"in L. Brunschwicg (Las edades de la intelil{encia, Buenos Aires, Hachette,
1(47), de la ciencia matemática, y, según H. Bergson, de la intuición psicoló.
Idca o hiolójZica (Los datos inmediatos de la conciencia; La evolución crea·
tiom, en "Obras (>l'<'ojZidas". México, Aguilar, 1963).
Otro problema, a menudo discutido en la filosofía alemana del
siglo XIX, es el de la {unción de la l e n ~ a en la historia de la huma-
nidad: los lingüistas comparatistas [23] creyeron comprobar una
degradación de la len¡rua a lo largo de la historia, y filósofos como
Hegel o lingüistas hegelianos como A. Schleicher procuran explicar
f'sa presunción declarando que el hombre histórico tiende a adoptar
lIna actitud de usuario con respecto allen¡maje: el lenguaje le sumi-
nistra la doble posibilidad de actuar sobre los demás y de perpetuar
el recuerdo de esa acción. posibilidad que está en las bases mismas
de la historia. Sólo en la prehistoria de la humanidad el hombre
pudo interesarse en el lenguaje por el lenguaje mismo, llevándolo
así a su perfección intrínseca.
~ Schleicher presenta su filosofía del l e n ~ u a j e , y la relaciona con el pensa·
miento de Hegel en Zur t.ergleichenden Sprachgeschíchte, Bonn, 1848.
Pero existe otra actitud para el filósofo que se interesa en PI lengua.
jp y consiste en someter este último a un e8tunio "intprno". considp.
rándolo como un ohjeto de investigación. Desde sus oríf!enes la
113
Fi losof i a del lenguaje
P or lo menos dos senti dos son posi bles para la expresi ón f i losof i a
del lenguaje. P uede denomi nar ante todo una f i losof ía a propó-
si to , del lenguaje, es deci r, un estudi o externo, que consi dera el
lenguaje como un objeto ya conoci do y busca sus relaci ones con
otros objetos que, al menos al pri nci pi o de la i nvesti gaci ón, se supo-
nen di sti ntos de él. S e i ndagarán, por ejemplo, las relaci ones entre
el pensami ento y la lengua: el uno ti ene pri ori dad sobre la otra.
¿ C uáles son sus i nteracci ones?A si . toda una corri ente i deali sta de
la f i losof i a f rancesa. a comi enzos del si glo XX, procura mostrar que la
cri stali zaci ón del senti do en palabras congeladas cs una de las cau-
sas de la i lusi ón sustanci ali sta, de la creenci a en cosas dadas y en
estados estables.
- - › L a li beraci ón, para este pensami ento f i jado por las palabras, provi ene, se-
gún L . Brunschwi cg( L as edades de la i nteli genci a, Buenos A i res, H achette,
1 947), de la ci enci a matemáti ca, y, según H . Bergson, de la i ntui ci ón psi coló-
gi ca o bi ológi ca (L os datos i nmedi atos de la conci enci a; L a evoluci ón crea-
dora, en “O bras escogi das”, Méxi co, ågui lar, 1 963 ).
O tro problema. , a menudo di scuti do en la f i losof ía alemana del
si glo XI X, es el de la f unci ón de la lengua en la hi stori a de la huma-
ni dad: los li ngi i i stas comparati stas [23 ] creyeron comprobar una
degradaci ón de la lengua a lo largo de la hi stori a, y f i lósof os como
H egel o li ngi i i stas hegeli anos como A . S chlei cher procuran expli car
esa presunci ón declarando que el hombre hi stóri co ti ende a adoptar
una acti tud de usuari o con respecto al lenguaje: el lenguaje le sumi -
ni stra la doble posi bi li dad de actuar sobre los demás y de perpetuar
el recuerdo de esa acci ón, posi bi li dad que está en las bases mi smas
de la hi stori a. S ólo en la prehi stori a de la humani dad el hombre
pudo i nteresarse en el lenguaje por el lenguaje mi smo, llevándolo
asía su perf ecci ón i ntrínseca.
- - - › S chlei cher presenta su f i losof ía del lenguaje, y la relaci ona con el pensa-
mi ento de H egel en Zur verglci chenden S prachgcschi chte, Bonn, 1 848. *
P ero exi ste otra acti tud para el f i lósof o que se i nteresa en el lengua-
je y consi ste en someter este últi mo a un estudi o “i nterno”, consi de-
rándolo como un objeto de i nvesti gaci ón. D esde sus ori genes la
1 1 3
LOS DOMl NlOS
filosofía derivó hacia este tipo de investigaciones, en la medida en
que se presentaba como una reflexión. En efecto, si el e n f o q l l ~ filn-
sófico de un problema consiste ante todo en la elucidación de la14
nociones implicadas en la formulación del prohlema (nociones que
por lo general se representan mediante palabras riel lenguaje coti·
diano), el filósofo se ve impulsado a un análisis --que podemos
llamar lingüístico- del sentido de las palabras. El comienzo del
diálogo Laques de Platón es significativo. Dos interlocutores discu-
ten acerca de si la esgrima hace más valientes o no a los hombres.
La intervención de Sócrates, al tiempo que da al problema su dimen-
sión filosófica, lo transforma en problema <le lengua: "¿Cuál es el
sentido de la palabra valentía?", pregunta Sócrates. y busca una
significación general de la cual puedan deducirse todos los empleos
particulares de la palabra. Sólo que en los diálogos de Platón la
búsqueda termina siempre en un fracaso, en una aporía, y sólo sirve
para preparar el terreno para una aprehensión directa, intuitiva, de
la noción (aprehensión que por lo demás apenas se produce en
algunos diálogos, los diálogos "acabados").
~ Sobre la función de la encuesta lingüística en Platón: V. Goldschmidt. Les
Dialo81U!s de Platon. Paris, 1947.
Presente, en cierta medida, en toda la filosofía que se quiere refle-
xiva, el análisis lingüístico aparece realizado de manera sistemática
-y considerado a menudo como la única indagación filosófica legí-
tima- en la obra de casi todos los filósofos ingleses de la primera
mitad del siglo xx, que se llaman a sí mismos "filósofos del len-
guaje" y dan a su investigación el nombre de filosofía analítica.
Desarrollando ciertas ideas de los lógicos neopositivistas, como
R. Carnal', e inspirándose sobre todo en los trabajos de G. E. Moore,
B. Russell y L. Wittgenstein, sostienen que casi todo cuanto se ha
escrito en materia de filosofía es, si no falso, carente de sentido
y que su apariencia de profundidad está dada por una mala utiliza-
ción del lenguaje cotidiano. Los presuntos "problemas filosóficos"
desaparecerán, pues, no bien se sometan al análisis los términos en
que se plantean. Así, los debates de la filosofía moral se revelarán
sin objeto cuando se ilumine el sentido que poseen, en el lenguaje
ordinario, palabras tales como "bueno", "malo", "deber", "valer",
etcétera.
A partir de esta actitud común surgen divergencias, en el interior
de la escuela, en cuanto al valor del lenguaje. Para algunos, el
error de los filósofos se debe a una inconsistencia propia del len-
guaje, trasladada sin crítica a la investigación filosófica. El problema
radica en que el lenguaje ordinario está mal hecho y los filósofos
114
L O S D O MI N I O S
f i losof i a deri vó haci a este ti po de i nvesti gaci ones, en la m edi da en
que se presentaba com o una ref lexi ón. E n ef ecto, si el enf oque f i lo-
sóf i co de un problem a consi ste ante todo en la eluci daci ón de las
noci ones i m pli cadas en la f orm ulaci ón del problem a (noci ones que
por lo general se representan m edi ante palabras del lenguaje coti -
di ano), el f i lósof o se ve i m pulsado a un análi si s - que podem os
llam ar li ngi i i sti co- - del senti do de las palabras. E l com i enzo del
di álogo L aques de P latón es si gni f i cati vo. D os i nterlocutores di scu-
ten acerca de si la esgri m a hace m ás vali entes o no a los hom bres.
L a i ntervenci ón de S ócrates, al ti em po que da al problem a su di m en-
si ón f i losóf i ca, lo transf orm a en problem a de lengua: “¿ C uál es el
senti do de la palabra valentía?”, pregunta S ócrates. Y busca una
si gni f i caci ón general de la cual puedan deduci rse todos los em pleos
parti culares de la palabra. S ólo que en los di álogos de P latón la
búsqueda term i na si em pre en un f racaso, en una apori a, y sólo si rve
para preparar el terreno para una aprehensi ón di recta, i ntui ti va, de
la noci ón (aprehensi ón que por lo dem ás apenas se produce en
algunos di álogos, los di álogos “acabados”).
- › S obre la f unci ón de la encuesta li ngi i i sti ca en P latón: V. G oldschm i dt, L es
D i alogues de P laton, P ari s, 1 947.
P resente, en ci erta m edi da, en toda la f i losof i a que se qui ere refl e-
xi va, el análi si s li ngüísti co aparece reali zado de m anera si stem áti ca
- - y consi derado a m enudo com o la úni ca i ndagaci ón f i losóf i ca legí-
ti m a- en la obra de casi todos los f i lósof os i ngleses de la pri m era
m i tad del si glo XX, que se llam an a si m i sm os “f i lósof os del len-
guaje” y dan a su i nvesti gaci ón el nom bre de f i losof i a analíti ca.
D esarrollando ci ertas i deas de los lógi cos neoposi ti vi stas, com o
R . C arnap, e i nspi rándose sobre todo en los trabajos de G . É. Moore,
B. R ussell y L . Wi ttgenstei n, sosti enen que casi todo cuanto se ha
escri to en m ateri a de f i losof i a es, si no f also, carente de senti do
y que su apari enci a de prof undi dad está dada por una m ala uti li za-
ci ón del lenguaje coti di ano. L os presuntos “problem as f i losóf i cos”
desaparecerán, pues, no bi en se som etan al análi si s los térm i nos en
que se plantean. A sí, los debates de la f i losof i a m oral se revelarán
si n objeto cuando se i lum i ne el senti do que poseen, en el lenguaje
ordi nari o, palabras tales com o “bueno”, “m alo”, “deber”, “valer”,
etcétera.
A parti r de esta acti tud com ún surgen di vergenci as, en el i nteri or
de la escuela, en cuanto al valor del lenguaje. P ara algunos, el
error de los f i lósof os se debe a una i nconsi stenci a propi a del len-
guaje, trasladada si n cri ti ca a la i nvesti gaci ón f i losóf i ca. E l problem a
radi ca en que el lenguaje ordi nari o está m al hecho y los f i lósof os
1 1 4
FILOSOFlA DEL LENGUAJE
no lo han advertido. Así como el rey de Lewis Caroll cree que
nobody ("nadie", "ninguno") es el nombre de un ser particular por
la simple razón de que nobody, en la gramática inglesa, es una pala.
bra con la misma naturaleza y la nñsma función que somebody
("alguien"), los filósofos habrian deducido incesantemente un pare-
cido semántico del parecido sintáctico entre dos expresiones. Así
llegaron a creer que la belleza es una cualidad de los objetos o las
acciones, so pretexto de que se dice "Este libro es bueno", como se
dice "Este libro es rojo". O bien, para citar un ejemplo de Russell,
no advirtieron que el enunciado "El rey de Francia es calvo" expresa
un juicio existencial ("hay alguien que es rey de Francia y que es
calvo"), confundidos por la forma gramatical de este enunciado,
que lo vincula con proposiciones sujeto-predicado del tipo "Esto es
azul (N. B.: Análogamente, el estoico Crísipo había hecho observa-
ciones ingeniosas en su tratado Sobre la anomalía, señalando que
cualidades fundamentalmente positivas suelen designarse mediante
expresiones negativas ("inmortalidad") y que lo opuesto es también
frecuente ("pobreza"). Así, acusando a la lengua de haber corrompi.
do la filosofía, estos autores conciben el análisis del lenguaje como
una crítica y a veces deducen de ella la necesidad de una reconstruc·
ción lógica del lenguaje.
-+ Estas tendencias aparecen en la primera gran IJbra de L Wittgenstein,
Tractatus logico-phüosophicus, Madrid, Revista de Occidente, 1964. Ellas son
compartidas por los filósofos que se adhieren directamente al neopositivismo
de R. Camap: cf. Y. Bar HilIel, "Analysis of 'correct' language", Mind, 1946,
pp. 328-34.0.
Sin embargo, la tendencia dominante en la escuela analítica es la
inversa. Está representada por la escuela de Oxford, cuyos partíci·
pes se titulan filósofos del lenguaje ordinario. Ya no se discute el
lenguaje, sino la manera en que lo emplean los filósofos, Los pro·
blemas filosóficos surgirían del hecho de que las palabras se usan
sin discriminación (hay en esto una especie de kantismo lingüístico:
para Kant, las antinomias filosóficas provienen de que las categorías
del pensamiento se aplican fuera de las únicas condiciones que les
dan sentido obj etivo), La tesis central de los filósofos de Oxford
está condensada en el lema Meaning is Use ("el sentido es el em·
pleo"): describir el sentido de una palabra es dar su modo de
empleo, indicar cuáles son los actos de lenguaje que pernñte cumplir
(así, el adjetivo "bueno" tendría el valor fundamental de hacer posi.
ble un acto de lenguaje particular, el de recomendar. Decir "esto es
bueno" equivale a decir "te reconñendo esto"). El error de la filo-
sofía tradicional consiste precisamente en haber dado a las palabras
funciones para las cuales no las destina el lenguaje ordinario (por
115
FI L O S O FÍA D E L L E N G U A J E
no lo han adverti do. A si com o el rey de L ewi s C aroll cree que
nobody (“nadi e”, “ni nguno”) es el nom bre de un ser parti cular por
la si m ple razón de que nobody, en la gram áti ca i nglesa, es una pala-
bra con la m i sm a naturaleza y la m i sm a f unci ón que som ebody
(“algui en”) , los f i lósof os habri an deduci do i ncesantem ente un pare-
ci do sem ánti co del pareci do si ntácti co entre dos expresi ones. A si
llegaron a creer que la belleza es una cuali dad de los objetos o las
acci ones, so pretexto de que se di ce “E ste li bro es bueno”, com o se
di ce “E ste li bro es rojo”. 0 bi en, para ci tar un ejem plo de R ussell,
no advi rti eron que el enunci ado “E l rey de Franci a es calvo” expresa
un jui ci o exi stenci al (“hay algui en que es rey de Franci a y que es
calvo”), conf undi dos por la f orm a gram ati cal de este enunci ado,
que lo vi ncula con proposi ci ones sujeto- predi cado del ti po “E sto es
azul (N . B. : A nálogam ente, el estoi co C ri si po habi a hecho observa-
ci ones i ngeni osas en su tratado S obre la anom alía, señalando que
cuali dades f undam entalm ente posi ti vas suelen desi gnarse m edi ante
expresi ones negati vas (“ìnm ortali dad”) y que lo opuesto es tam bi én
f recuente ( “pobreza”) . A si , acusando a la lengua de haber corrom pi -
do la f i losof ía, estos autores conci ben el análi si s del lenguaje com o
una cri ti ca y a veces deducen de ella la necesi dad de una reconstruc-
ci ón lógi ca del lenguaje.
- › E stas tendenci as aparecen en la pri m era gran obra de L . Wi ttgenstei n,
Tractatus logi co- phi losophi cus, Madri d, R evi sta de O cci dente, 1 964. E llas son
com parti das por los f i lósof os que se adhi eren di rectam ente al neoposi ti vi sm o
de R . C arnap: cf . Y. Bar H i llel, “A nalysi s of ' correct' language”, Mi nd, 1 946,
pp. 3 28- 3 4- 0.
S i n em bargo, la tendenci a dom i nante en la escuela analíti ca es la
i nversa. E stá representada por la escuela de O xf ord, cuyos parti ci -
pes se ti tulan f i lósof os del lenguaje ordi nari o. Ya no se di scute el
lenguaje, si no la m anera en que lo em plean los f i lósof os. L os pro-
blem as f i losóf i cos surgi ri an del hecho de que las palabras se usan
si n di scri m i naci ón (hay en esto una especi e de kanti sm o li ngüísti co:
para Kant, las anti nom i as f i losóf i cas provi enen de que las categorías
del pensam i ento se apli can f uera de las úni cas condi ci ones que les
dan senti do objeti vo). L a tesi s central de los f i lósof os de O xf ord
está condensada en el lem a Meani ngi s U se (“el senti do es el em -
pleo”): descri bi r el senti do de una palabra es dar su m odo de
em pleo, i ndi car cuáles son los actos de lenguaje que perm i te cum pli r
(así, el adjeti vo “bueno” tendri a el valor f undam ental de hacer posi -
ble un acto de lenguaje parti cular, el de recom endar. D eci r “esto es
bueno” equi vale a deci r “te recom i endo esto”). E l error de la f i lo-
sof ía tradi ci onal consi ste preci sam ente en haber dado a las palabras
f unci ones para las cuales no las desti na el lenguaje ordi nari o (por
1 1 5
WS DOMINIOS
ejemplo, emplear "esto es bueno" como una descripción del objeto).
Por lo tanto, no debe decirse que la lengua es ilógica; posee una
lógica particular que se acerca más a la lógica de la acción que a la
de las matemáticas, y que los filósofos no distinguieron. En los
trabajos de la escuela de Oxford se encontrará, pues, por un lado
una clasificación minuciosa de los diferentes empleos posibles del
lenguaje y, por el otro, la indicación de los tipos de empleo que
son propios de las expresiones particulares de lenguas determinadas.
~ Esta segunda tendencia de la filosofía analítica se relaciona con las Inves·
tigations phüosophiques de L. Wittgenstein (la traducción está anexada a la del
Tractatus). Su represente más célebre es: J. L. Austin (véase, por ejemplo,
Philosophical Papers, Oxford, 1%1). Domina en la revista Analysis, Oxford,
y en tres importantes colecciones: Essays on Logic and Language, ed. por A.
Flew, Oxford (dos series: 1951 y 1953), La phüosophie analytique, Paris,
1%2, Phüosophy and Ordinary Language, ed. por C. E. eaton, Urbana, 1%3.
Casi todos los filósofos de la escuela analítica insisten en dife-
renciar su enfoque de un estudio propiamente lingüístico. A la inver·
sa, la mayoría de los lingüistas, hasta estos últimos tiempos, no se
han sentido atraídos por investigaciones que tenían el vicio irreme-
diable de declararse filosóficas. Esta separación se debe esencial-
mente a dos motivos (que cada vez pierden más importancia, dada
la evolución actual de la lingüística) :
a) Los filósofos analíticos que se vinculan más directamente al
neopositivismo piensan que su investigación desemboca en una crí-
tica del lenguaje, crítica sin duda incompatible con la actitud des-
criptiva de los lingüistas. Pero tal concepción proviene del hecho
de que asimilan la realidad gramatical de una frase a la disposición
aparente de las palabras y así hablan de ilogismo cuando una misma
disposición recubre organizaciones semánticas diferentes (somebody
y nobody tendrían la misma naturaleza gramatical porque ambas
palabras podrían ser sujeto u objeto: la gramática incitaría, pues,
al sofisma que consiste en tomar ambos términos por designaciones
de cosas existentes). Ahora bien, el desarrollo de la noción de trans-
formación lingüística [281 y ss.] autoriza una concepción mucho
más abstracta de la realidad gramatical. Para muchos generatistas,
por ejemplo, las estructuras "profundas" de las frases que contienen
nobody y somebody son sin duda muy diferentes, a pesar de la
semejanza de su organización aparente. La lengua, por consiguiente,
vista en profundidad es quizá menos ilógica de lo que parece. Más
aún, la investigación de los ilogismos aparentes puede integrarse,
en esta perspectiva, a la investigación lingüística: suministraría índi-
ces, o al menos hipótesis, acerca de las estructuras profundas.
b) Los filósofos analíticos que se dedican al estudio de los actos
116
L O S D O MI N I O S
ejem plo, em plear “esto es bueno” com o una descri pci ón del objeto) .
P or lo tanto, no debe deci rse que la lengua es i lógi ca; posee una
lógi ca parti cular que se acerca m ás a la lógi ca de la acci ón que a la
de las m atem áti cas, y que los f i lósof os no di sti ngui eron. E n los
trabajos de la escuela de O xf ord se encontrará, pues, por un lado
una clasi f i caci ón m i nuci osa de los di f erentes em pleos posi bles del
lenguaje y, por el otro, la i ndi caci ón de los ti pos de em pleo que
son propi os de las expresi ones parti culares de lenguas determ i nadas.
- > E sta segunda tendenci a de la. f i losof i a analíti ca se relaci ona con las I nves-
ti gati ons phüosophíques de L . Wi ttgenstei n (la traducci ón está anexada a la del
Tractatas). S u represente m ás célebre es: J . L . A usti n (véase, por ejem plo,
P hi losophi cai P apers, O xf ord, 1 961 ). D om i na en la revi sta A nalysi s, O xf ord,
y en tres i m portantes colecci ones: E ssays on L ogi c and L anguage, ed. por A .
Flew, O xf ord (dos seri es: 1 951 y 1 953 ), L a phílosophi e analyti que, P ari s,
1 962, P hi losophy and O rdi nary L anguage, ed. por C . E . C aton, U rbana, 1 963 .
C asi todos los f i lósof os de la escuela analíti ca i nsi sten en di f e-
renci ar su enf oque de un estudi o propi am ente li ngüísti co. A la i nver-
sa, la m ayoría de los li ngi i i stas, hasta estos últi m os ti em pos, no se
han senti do atraídos por i nvesti gaci ones que teni an el vi ci o i rrem e-
di able de declararse f i losóf i cas. E sta separaci ón se debe esenci al-
m ente a dos m oti vos (que cada vez pi erden m ás i m portanci a, dada
la evoluci ón actual de la li ngüísti ca):
a) L os f i lósof os analíti cos que se vi nculan m ás di rectam ente al
neoposi ti vi sm o pi ensan que su i nvesti gaci ón desem boca en una crí-
ti ca del lenguaje, críti ca si n duda i ncom pati ble con la acti tud des-
cri pti va de los li ngüi stas. P ero tal concepci ón provi ene del hecho
de que asi m i lan la reali dad gram ati cal de una f rase a la di sposi ci ón
aparente de las palabras y asi hablan de i logi sm o cuando una m i sm a
di sposi ci ón recubre organi zaci ones sem ánti cas di f erentes (som ebody
y nobody tendrían la m i sm a naturaleza gram ati cal porque am bas
palabras podri an ser sujeto u objeto: la gram áti ca i nci taría, pues,
al sof i sm a que consi ste en tom ar am bos térm i nos por desi gnaci ones
de cosas exi stentes). A hora bi en, el desarrollo de la noci ón de trans-
f orm aci ón li ngi i i sti ca [281 y ss. ] autori za una concepci ón m ucho
m ás abstracta de la reali dad gram ati cal. P ara m uchos generati stas,
por ejem plo, las estructuras “prof undas” de las f rases que conti enen
nobody y som ebody son si n duda m uy di f erentes, a pesar de la
sem ejanza de su organi zaci ón aparente. L a lengua, por consi gui ente,
vi sta en prof undi dad es qui zá m enos i lógi ca de lo que parece. Más
aún, la i nvesti gaci ón de los i logi sm os aparentes puede i ntegrarse,
en esta perspecti va, a la i nvesti gaci ón li ngüísti ca: sum i ni straría i ndi -
ces, o al m enos hi pótesi s, acerca de las estructuras prof undas.
b) L os f i lósof os analíti cos que se dedi can al estudi o de los actos
1 1 6
FILOSOFfA DEL LENGUAJE
de lenguaje consideran con frecuencia que esta investigación es ajena
a la lingüística, so pretexto de que esta última estudia la lengua
(= el código) y no su empleo en el habla. En efecto, ciertos lin-
güistas, basándose en los trabajos de E. Benveniste, procuran reinte-
grar en la lengua las relaciones intersubjetivas que se realizan en
el momento del habla. La lengua, para ellos, no podría describirse
sin tomar en cuenta por lo menos algunos efectos de su empleo.
En ese caso el lingüista tendría mucho que aprender de la actual
"filosofía del lenguaje".
~ É. Benveniste ha sido uno de los primeros lingüistas interesados en l a ~
investigaciones de la filosofía analítica (cf. Problemas de lingüística general.
México, Siglo XXI, 1971, 5'10 parte). Para una filosofía del lenguaje muy cerca
a su utilización lingüística, véase J. R. Searle, Speech Acts, Camhridge, 1%8.
Sobre las relaciones entre la palabra en el sentido de Saussure y el empleo en
el sentido de la filosofía analítica, véase O. Ducrot, "Les actes de langage",
Sciences, mayo·junio 1%9.
117
FI L O S O FÍA D E L L E N G U A J E
de lenguaje consi deran con f recuenci a que esta i nvesti gaci ón es ajena
a la li ngüísti ca, so pretexto de que esta últi m a estudi a la lengua
(= el códi go) y no su em pleo en el habla. E n ef ecto, ci ertos li n-
gi i i stas, basándose en los trabajos de E . Benveni ste, procuran rei nte-
grar en la lengua las relaci ones i ntersubjeti vas que se reali zan en
el m om ento del habla. L a lengua, para ellos, no podri a descrìbìrse
si n tom ar en cuenta por lo m enos algunos ef ectos de su em pleo.
E n ese caso el li ngüìsta tendri a m ucho que aprender de la actual
“f i losof i a del lenguaje”.
- - > É. Benveni ste ha si do uno de los pri m eros li ngi i i stas i nteresados en las
i nvesti gaci ones de la f i losof ía analíti ca (cf . P roblem as de li ngüísti ca general,
Méxi co, S i glo XXI , 1 971 , 54 parte). P ara una f i losof ía del lenguaje m uy cerca
a su uti li zaci ón li ngüísti ca, véase J . R . S earle, S peech A cts, C am bri dge, 1 968.
S obre las relaci ones entre la palabra en el senti do de S aussure y el em pleo en
el senti do de la f i losof ía analíti ca, véase O . D ucrot, “L es actes de langage" ,
S ci ences, m ayo- juni o 1 969.
1 1 7
Los conceptos
metodológicos
L os conceptos
metodológi cos
Signo
EL SIGNO
El signo es la nOClOn básica de toda ciencia del lenguaje; pero,
precisamente a causa de esta importancia, es una de las más difíciles
de definir. Esta dificultad se duplica porque las modernas teorías
del signo procuran abarcar no sólo entidades lingüísticas, sino tamo
bién signos no verbales.
Un análisis atento revela que las definiciones clásicas del signo
son con frecuencia tautológicas o incapaces de aprehender el con·
cepto en su genuina especificidad. Se admite que todos los signos
remiten necesariamente a una relación entre dos relata; pero el solo
hecho de identificar la significación con la relación hace imposible
distinguir entre dos planos que, sin embargo, son muy diferentes:
por un lado, el signo "madre" está por fuerza ügado al signo "hijo";
por la otra, lo que "madre" designa es madre y no hijo; San Agustín
propone en una de las primeras teorías sobre el signo: "Un signo
es algo que, además de la especie abarcada por los sentidos, hace
que otra cosa acuda por sí sola al pensamiento." Pero hacer acudir
(o "evocar") es una categoría demasiado estrecha y a la vez dema-
siado amplia: presupone, por un lado, que el sentido existe fuera
del signo (para que sea posible hacerlo acudir hasta él) y, por el
otro, que la evocación de una cosa por medio de otra siempre se
sitúa en el mismo plano. Ahora bien, la sirena puede significar el
principio de un bombardeo y evocar la guerra, la angustia de los
habitantes, etc. ¿El signo será acaso algo que está en lugar de otra
cosa y la reemplaza? En todo caso, éste sería un reemplazo harto
singular, ya que no es posible en un sentido ni en el otro: ní el
"sentido" ni el "referente", como tales, podrían insertarse en el inte-
rior de una frase en lugar de la "palabra". Swift lo entendió bien:
después de suponer que cada uno lleva consigo las cosas de que
desearía hablar (ya que las palabras sólo son sucedáneos de esas
cosas), llegó a esta conclusión: "Si las ocupaciones de un hombre
son importantes y de diversa índole, estará proporcionalmente obli-
gado a cargar un fardo mayor de cosas sobre sus hombros". .. a
riesgo de sucumbir bajo su peso.
Por lo tanto, definiremos prudentemente el signo como una enti·
121
S i gno
E L S I G N O
E l si gno es la noci ón bási ca de toda ci enci a del lenguaje; pero,
preci sam ente a causa de esta i m portanci a, es una de las m ás di f íci les
de def i ni r. E sta di f i cultad se dupli ca porque las m odernas teori as
del si gno procuran abarcar no sólo enti dades li ngüísti cas, si no tam -
bi én si gnos no verbales.
U n análi si s atento revela que las def i ni ci ones clási cas del si gno
son con f recuenci a tautológi cas o i ncapaces de aprehender el con-
cepto en su genui na especi f i ci dad. S e adm i te que todos los si gnos
rem i ten necesari am ente a una relaci ón entre dos relata; pero el solo
hecho de i denti f i car la si gni f i caci ón con la relaci ón hace i m posi ble
di sti ngui r entre dos planos que, si n em bargo, son m uy di f erentes:
por un lado, el si gno “m adre” está por f uerza li gado al si gno “hi jo”;
por la otra, lo que “m adre” desi gna es m adre y no hi jo" . S an A gustín
propone en una de las pri m eras teori as sobre el si gno: “U n si gno
es algo que, adem ás de la especi e abarcada por los senti dos, hace
que otra cosa acuda por si sola al pensam i ento. ” P ero hacer acudi r
(o “evocar”) es una categori a dem asi ado estrecha y a la vez dem a-
si ado am pli a: presupone, por un lado, que el senti do exi ste f uera
del si gno (para que sea posi ble hacerlo acudi r hasta él) y, por el
otro, que la evocaci ón de una cosa por m edi o de otra si em pre se
si túa en el m i sm o plano. A hora bi en, la si rena puede si gni f i car el
pri nci pi o de un bom bardeo y evocar la guerra, la angusti a de los
habi tantes, etc. ¿ E l si gno será acaso algo que está en lugar de otra
cosa y la reem plaza?E n todo caso, éste seri a un reem plazo harto
si ngular, ya que no es posi ble en un senti do ni en el otro: ni el
“senti do” ni el “ref erente”, com o tales, podri an i nsertarse en eli nte-
ri or de una f rase en lugar de la " palabra" . S wi f t lo entendi ó bi en:
después de suponer que cada uno lleva consi go las cosas de que
desearía hablar (ya que las palabras sólo son sucedáneos de esas
cosas), llegó a esta conclusi ón: “S i las ocupaci ones de un hom bre
son i m portantes y de di versa índole, estará proporci onalm ente obli -
gado a cargar un f ardo m ayor de cosas sobre sus hom bros”. . . a
ri esgo de sucum bi r bajo su peso.
P or lo tanto, def i ni rem os prudentem ente el si gno com o una enti -
1 21
I,OS CONCEPTOS METODOlóGICOS
dad que: 1) puede hacerse sensible, y 2) para un grupo definido de
usuarios señala una ausencia en sí misma. La parte del signo que
puede hacerse sensible se llama, para Saussure, signüicante; la
parte ausente, signüicado, y la relación que mantienen ambas,
signüicación. Expliquemos uno a uno los elementos de esta defi-
nición.
Un signo existe, sin duda, aunque no sea percibido; pensemos
en todas las palabras de la lengua española en un momento dado
del tiempo: no tienen ninguna existencia perceptible. Sin embargo.
esa percepción es siempre posible. Así, K. Burke propone invertir
el orden de la significación y considerar las cosas como signos de
las palabras (de las ideas); pero esta concepción para-platónica
supone siempre que el significante puede hacerse perceptible. Tal
propiedad, por otro lado, no es desmentida por la existencia del
fonema "detrás de" los sonidos o del grafema "más allá de" las
letras.
El signo es siempre institucional: en este sentido, sólo existe para
un determinado número de usuarios. 'Este I!rupo puede reducirse
a una sola persona (por f'iemplo, el nudo que hago en mi pañuelo).
Pero fuera de una sociedad, por reducida que sea, los no
existen. No es justo decir que el humo es el 'Ii!!'no "natural" del
fuego; es su consecuenda, o una de sus partes. Sólo una comunidad
de usuarios puede instituirlo como signo.
El punto más discutido de la teoría se refiere a la naturaleza
del si!mificado. Se lo ha definido aquí ·como una carench. una
ausencia en el objeto perceptible que así se vuelve si!mific¡mte.
Esta ausencia equivale, pues, a la parte no sensible; quien dice si!!no
debe aceptar la existencia de nna diferencia radical entre
y sÍ!rnificado. entre lo sensorial y lo no sensorial, entre presenda v
ausencia. El si¡mificado. diremos tautológicamente, no existe fuera
de su relación con el significante -ni antes, ni después. ni en otra
parte-; un mismo I!esto crea el significante y el si!mificado. con·
ceptos que son inconcebibles el uno sin el otro. Un si!rnificante
sin :'li!mificado es simplemente un objeto, es pero no si{{nifica; un
si¡rnificado sin si¡mificantp es indecible, impensable, es lo inexis-
tente. La relación de significación es, en cierto modo, contraria a la
identidad consi!!o mismo; el signo es a la vez señal y ausencia: origi-
nariamente doble.
Deben considerarse dos aspectos complementarios de todo si¡mi.
ficado. El primero, de alguna manera vertical, nos es revelado en la
relación necesaria que el significado tiene con el significante; esta
relación indica el lugar del significado, pero no nos permite identi-
ficarlo positivamente: es lo que falta al significante. El segundo,
122
L O S C O N C E P TO S ME TO D O L ÓG I C O S
dad que: 1 ) puede hacerse sensi ble, y 2) para un grupo def i ni do de
usuari os señala una ausenci a en si m i sm a. L a parte del si gno que
puede hacerse sensi ble se llam a, para S aussure, si gni f i cante; la
parte ausente, si gni f i cado, y la relaci ón que m anti enen am bas,
si gni f i caci ón. E xpli quem os uno a uno los elem entos de esta def i -
ni ci ón.
U n si gno exi ste, si n duda, aunque no sea perci bi do; pensem os
en todas las palabras de la lengua española en un m om ento dado
del ti em po: no ti enen ni nguna exi stenci a percepti ble. S i n em bargo.
esa percepci ón es si em pre posi ble. A si , K. Burke propone i nverti r
el orden de la si gni f i caci ón y consi derar las cosas com o si gnos de
las palabras (de las i deas): pero esta concepci ón para- platóni ca
supone si em pre que el si gni f i cante puede hacerse percepti ble. Tal
propi edad, por otro lado, no es desm enti da por la exi stenci a del
f onem a “detrás de” los soni dos o del graf em a “m ás allá de” las
letras.
E l si gno es si em pre i nsti tuci onal: en este senti do, sólo exi ste para
un determ i nado núm ero de usuari os. Éste grupo puede reduci rse
a una sola persona (por ei em plo, el nudo que hago en m i pañuelo).
P ero f uera de una soci edad, por reduci da que sea, los si gnos no
exi sten. N o es justo deci r que el hum o es el si gno “natural” del
f uego; es su consecuenci a. o una de sus partes. S ólo una com uni dad
de usuari os puede i nsti tui rlo com o si gno.
E l D unto m ás di scuti do de la teoría se ref i ere a la naturaleza
del si gni f i cado. S e lo ha def i ni do aqui ' com o una carenci a. una
ausenci a en el objeto percepti ble que asi se vuelve si gni f i cante.
E sta ausenci a equi vale, pues, a la D arte no sensi ble; qui en di ce si gno
debe aceptar la exi stenci a de una di f erenci a radi cal entre si gni f i cante
y si gni f i cado. entre lo sensori al y lo no sensori al, entre presenci a v
ausenci a. E l si gni f i cado, di rem os tautológi cam ente, no exi ste f uera
de su relaci ón con el si gni f i cante - ni antes, ni después. ni en otra
parte- - - : un m i sm o gesto crea el si gni f i cante y el si gni f i cado. con-
ceptos que son i nconcebi bles el uno si n el otro. U n si gni f i cante
si n si gni f i cado es si m plem ente un obi eto, es pero no si gni f i ca; un
si gni f i cado si n si gni f i cante es i ndeci ble, i m pensable, es lo i nexi s-
tente. L a relaci ón de si gni f i caci ón es, en ci erto m odo, contrari a a la
i denti dad consi go m i sm o; el si gno es a la vez señal y ausenci a: ori gi -
nari am ente doble.
D eben consi derarse dos aspectos com plem entari os de todo si gni -
f i cado. E l pri m ero, de alguna m anera verti cal, nos es revelado en la
relaci ón necesari a que el si gni f i cado ti ene con el si gni f i cante; esta
relaci ón i ndi ca el lugar del si gni f i cado, pero no nos perm i te i denti -
f i carlo posi ti vam ente: es lo que f alta al si gni f i cante. E l segundo,
1 22
SIGNO
que podríamos representar como horizontal, consiste en la relación
de ese significado con todos los demás, en el interior de un sis-
tema de signos [31]. Esta determinación es igualmente "negativa"
(como dice Saussure, lleva a "ser lo que los demás no son"; sería
más exacto llamarla "relacional"), pero se produce en el interior
de un continuum, constituido por el conjunto de los significados
que forman sistema (no se explica la índole de este continuum
designándolo con nombres tales como "pensamiento", "conceptos",
"esencia", etc.: cosa que, sin embargo, no dejaron de hacer muchos
filósofos y psicólogos). Tanto en un caso como en el otro, se llega
al significado por el signo: en ello reside la dificultad principal de
todo discurso sobre el signo. El sentido no es una sustancia cual-
quiera que podríamos examinar independientemente de los signos
donde la aprehendemos; no existe sino por las relaciones de que
participa.
EN TORNO AL SIGNO
Esta definición del signo obliga a introducir otros con-
ceptos para describir relaciones semejantes y sin emhargo dife-
rentes, que habitualmente se confunden bajo el nombre de "signi-
ficación" o de "signo". Así, se pondrá especial cuidado en distin/!:uir
(como lo hacen, por lo demás, casi todos los teóricos del la
8ignificación de la función referencial (a veces llamada denotación)
[287]. La denotación no se produce entre un significante v un
significado, sino entre el signo y el referente, es decir, un objeto
real, en el caso más fácil de imaginar: ya no es la secuencia sonora
o gráfica "manzana" ligada al sentido manzana, sino la palabra
(: el signo mismo) "manzana" unida a las manzanas Debe
agregarse que la relación de denotación se refiere, por una parte.
a los signos-ocurrencias y no a los si¡rnos.tipos (cí. infra); y que,
por otra parte, es mucho menos frecuente de lo que se cree: se
habla de las cosas en su ausencia, más que en su presencia. Al mismo
tiempo es difícil concebir cuál sería el "referente" de la mayor
parte de los signos. Como Saussure, Peirce insistió en el papel mar-
ginal que desempeña la denotación para definir el signo.
También debe distinguirse la significación de la representación,
que es la aparición de una imagen mental en el usuario de los signos.
depende del grado de abstracción que poseen las diferentes
napas del vocabulario. En la perspectiva de las partes del discurso,
esta gradación se produce desde los nombres propios hasta las partí-
culas, conjunciones y pronombres. En una perspectiva semántica,
123
S I G N O
que podri amos representar como hori zontal, consi ste en la relaci ón
de ese si gni f i cado con todos los demás, en el i nteri or de un si s-
tema de si gnos [3 1 ]. E sta determi naci ón es i gualmente “negati va”
(como di ce S aussure, lleva a “ser lo que los demás no son”; sería
más exacto llamarla “relaci onal”), pero se produce en el i nteri or
de un conti nuum, consti tui do por el conjunto de los si gni f i cados
que f orman si stema (no se expli ca la índole de este conti nuum
desi gnándolo con nombres tales como “pensami ento”, “conceptos”,
“esenci a”, etc. : cosa que, si n embargo, no dejaron de hacer muchos
f i lósof os y psi cólogos). Tanto en un caso como en el otro, se llega
al si gni f i cado por el si gno: en ello resi de la di f i cultad pri nci pal de
todo di scurso sobre el si gno. E l senti do no es una sustanci a cual-
qui era que podri amos exami nar i ndependi entemente de los si gnos
donde la aprehendemos; no exi ste si no por las relaci ones de que
parti ci pa.
E N TO R N O A L S I G N O
E sta def i ni ci ón “estrecha” del si gno obli ga a i ntroduci r otros con-
ceptos para descri bi r relaci ones semejantes y si n embargo di f e-
rentes, que habi tualmente se conf unden bajo el nombre de “si gni -
f i caci ón” o de " si gno" . A sí, se pondrá especi al cui dado en di sti ngui r
(como lo hacen, por lo demás, casi todos los teóri cos del si gno) la
si gni f i caci ón de la f unci ón ref erenci al (a veces llamada denotaci ón)
[287]. L a denotaci ón no se produce entre un si gni f i cante v un
si gni f i cado, si no entre el si gno y el ref erente, es deci r, un objeto
real, en el caso más f áci l de i magi nar: ya no es la secuenci a sonora
o gráf i ca “manzana” li gada al senti do manzana, si no la palabra
( : el si gno mi smo) “manzana” uni da a las manzanas reales. D ebe
agregarse que la relaci ón de denotaci ón se ref i ere, por una parte.
a los si gnos- ocurrenci as y no a los si gnos- ti pos (cf . i nf ra); y que,
por otra parte, es mucho menos f recuente de lo que se cree: se
habla de las cosas en su ausenci a, más que en su presenci a. A l mi smo
ti empo es di f íci l concebi r cuál sería el “ref erente” de la mayor
parte de los si gnos. C omo S aussure, P ei rce i nsi sti ó en el papel mar-
gi nal que desempeña la denotaci ón para def i ni r el si gno.
Tambi én debe di sti ngui rse la si gni f i caci ón de la representaci ón,
que es la apari ci ón de una i magen mental en el usuari o de los si gnos.
Ésta depende del grado de abstracci ón que poseen las di f erentes
napas del vocabulari o. E n la perspecti va de las partes del di scurso,
esta gradaci ón se produce desde los nombres propi os hasta las parti -
culas, conjunci ones y pronombres. E n una perspecti va semánti ca,
1 23
LOS CONCEPTOS METODOLóGICOS
también pueden observarse grados variados de abstracción. La fic·
ción [301] se vale en gran medida de las propiedades representatívas
de las palabras y uno de sus ideales fue durante mucho tiempo el
grado superior de "evocación"; de allí la costumbre de hablar
de la literatura en términos de "atmósfera", "acción", "aconteci-
mientos", etcétera.
Los estoicos ya habían registrado esas oposiciones al distinguir
tres relaciones de la parte perceptible del signo: con la "cosa real"
(denotación), con la "imagen psíquica" (representación) y con lo
"decible" (significación). En verdad, denotacióJl y representación
Son casos particulares de un uso más general del signo, que lla-
maremos la simbolización, oponiendó así el signo al símbolo
(Hjelmslev estudia fenómenos semejantes con el nombre de conno-
tación, pero este término suele tomarse en sentido más estricto).
La palabra "llama" significa llama pero simboliza, en ciertas obras
literarias, pasión o deseo vehemente; la expresión "eres mi compin.
che" significa eres mi compinche, pero simboliza la familiaridad,
etcétera. Las relaciones que se establecen en estos últimos casos son
bastante específicas para demostrar que es preferible darles nomo
bres distintos [296, 316 y ss.].
La prueba práctica que permitirá distinguir entre un signo y un
símbolo es el examen de dos elementos en relación. En el signo,
esos elementos son necesariamente· de naturaleza diferente; en el
símbolo, como acabamos de verlo, deben ser homogéneos. Esta
oposición permite aclarar el problema de la arbitrariedad del signo,
difundida en el ámbito de la lingüística por Saussure. La relación
entre un significante y un significado es necesariamente inmotivada:
ambos son de naturaleza diferente y es impensable que una serie
gráfica o sonora se parezca a un sentido. Al mismo tiempo esta
relación es necesaria, en el sentido de que el significado no puede
existir sin el significante, y a la inversa. En cambio, en el símbolo
la relación entre "simbolizante" y "simbolizado" es no necesaria
(o "arbitraria") porque el "simbolizante" y a veces el "simbolizado"
(los significados llama y deseo) existen independientemente el uno
del otro; precisamente por esta razón, la relación no puede ser sino
motivada: en otros términos, nada obligaría a establecerla. Por lo
general, esas motivaciones se clasifican en dos grandes grupos.
tomados de la clasificación psicológica de las asociaciones: parecido
y contigüidad. (A veces se dice asimismo icono e índice, pero con
un sentido diferente del que Ch. S. Peirce había dado a esos tér.
minos [l05].) Agreguemos que, como la relación de simbolización,
la que se establece entre signo y referente, entre signo y represen·
tación, puede ser motivada. Hay una semejanza entre los sonidos
124
L O S C O N C E P TO S ME TO D O L ÓG I C O S
tam bi én pueden observarse grados vari ados de abstracci ón. L a f i c-
ci ón [3 0l] se vale en gran m edi da de las propi edades representati vas
de las palabras y uno de sus i deales f ue durante m ucho ti em po el
grado superi or de “evocaci ón”; de allíla costum bre de hablar
de la li teratura en térm i nos de “atm ósf era”, “acci ón”, “aconteci -
m i entos”, etcétera.
L os estoi cos ya habían regi strado esas oposi ci ones al di sti ngui r
tres relaci ones de la parte percepti ble del si gno: con la “cosa real”
(denotaci ón), con la “i m agen psíqui ca” (representaci ón) y con lo
“deci ble” (si gni f i caci ón). E n verdad, denotaci ón y representaci ón
son casos parti culares de un uso m ás general del si gno, que lla-
m arem os la si m boli zaci ón, oponi endo asíel si gno al si m bolo
(H jelm slev estudi a f enóm enos sem ejantes con el nom bre de conno-
taci ón, pero este térm i no suele tom arse en senti do m ás estri cto).
L a palabra “llam a” si gni f i ca ¿ f am a pero si m boli za, en ci ertas obras
li terari as, pasi ón o deseo vehernente; la expresi ón “eres m i com pi n-
che” si gni f i ca eres m i com pi nche, pero si m boli za la f am i li ari dad,
etcétera. L as relaci ones que se establecen en estos últi m os casos son
bastante específ i cas para dem ostrar que es pref eri ble darles nom -
bres di sti ntos [296, 3 1 6 y ss. ].
L a prueba prácti ca que perm i ti rá di sti ngui r entre un si gno y un
si m bolo es el exam en de dos elem entos en relaci ón. E n el si gno,
esos elem entos son necesari am ente' de naturaleza di f erente; en el
si m bolo, com o acabam os de verlo, deben ser hom ogéneos. E sta
oposi ci ón perm i te aclarar el problem a de la arbi trari edad del si gno,
di f undi da en el ám bi to de la li ngüísti ca por S aussure. L a relaci ón
entre un si gni f i cante y un si gni f i cado es necesari am ente i nm oti vada:
am bos son de naturaleza di f erente y es i m pensable que una seri e
gráf i ca o sonora se parezca a un senti do. A l m i sm o ti em po esta
relaci ón es necesari a, en el senti do de que el si gni f i cado no puede
exi sti r si n el si gni f i cante, y a la i nversa. E n cam bi o, en el si m l› olo
la relaci ón entre “si m boli zante” y “si m boli zado” es no necesari a
(o “arbi trari a”) porque el “si m boli zante” y a veces el “si m boli zado”
(los si gni f i cados llam a y deseo) exi sten i ndependi entem ente el uno
del otro; preci sam ente por esta razón, la relaci ón no puede ser si no
m oti vada: en otros térm i nos, nada obli garía a establecerla. P or lo
general, esas m oti vaci ones se clasi f i can en dos grandes grupos.
tom ados de la clasi f i caci ón psi cológi ca de las asoci aci ones: pareci do
y conti gi i i dad. (A veces se di ce asi m i sm o i cono e i ndi ce, pero- con
un senti do di f erente del que C h. S . P ei rce había dado a esosttér-
m i nos [1 05]. ) A greguem os que, com o la relaci ón de si m boli zaci ón,
la que se establece entre si gno y ref erente, entre si gno y represen-
taci ón, puede ser m oti vada. H ay una sem ejanza entre los soni dos
1 24
SIGNO
"cucú" y el canto del pájaro (el referente o la representación audi-
tiva), así como hay semej anza entre los sentidos llama y deseo.
Pero no puede haber motivacíón entre los sonidos "cucú" y el sen-
tido cucú, entre la palabra "llama" y el sentido llama. El aprendí-
zaje de 'la significación no se basa, pues, en asociaC'iones de seme-
janza,. participación, etc.: no podrían existir relaciones de esta natu-
raleza' entre significantes y significados. Debe tenerse en cuenta
que la comunicación consiste tanto en el uso de símbolos como en
el de signos, y quizá más en el uso de los primeros que de los
segundos.
Por fin, debe cistinguirse el signo de algunas entidarles vecinas
menos semejantes. Los lin!1;üistas norteamericanos de la escuela de
Bloomfield tendieron a reducir el signo a una señal. La señal pro-
voca una determinada reacción, pero no implica ninguna relación
de significación. La comunicación de .los animales se reduce habi·
tualmente a señales: en el len!!uaje humano, la forma imonativa
puede funcionar a la manera de una señal: pero es PQsibJe com-
prender la frase "j Cierre la puerta!" sin que sea preciso realizar
la acción implicada: ha obrado el signo, nero no la señal.
Una distinción cuya utilidad parece problemática es la establecida
entre signo y síntoma, o si::?;no natural. El síntoma es, en verdan.
un signo que es parte constituyente del referente; por ejemplo, la
fiebre es un síntoma de la enfermedad. La relación así definida no
es del tipo signifícante-significado (la enfermedad, como hecho
real, no es un sentido, hablando con propiedad), sino del tipo signo-
referente (o represen'tación). Más aún, parece que inclusive estos
signos "naturales" (y por lo tanto universales) lo son mucho menos
de lo que se cree: no se tose de la misma manera pn Francia y en
Nueva Zelandia. El signo es siempre convencional.
~ Ch. S. Peirce, Collected Papers, vol. JI, Cambridge. 1932: F. de Saussure,
runo de lin{fiiística ~ e n e r a l , Buenos Aires. Losada. 1945: ÉmUe Benveniste.
Problemas de lingüística general, México, Siglo XXI, 1971; W. Borgeaud. W.
Brocker, 1. Lohman, "De la nature du signe", Acta lingüística, 1942-1943, 1,
pp. 24-30; J. Piaget, La forrmlcúín del símbolo en el niño, México, Fondo de
'Cultura Eoonómica. 1964; H. Sprang-Hanssen, Recent Theories on the Nature
of the Language Sign, Copenhague, 1954; R. Engler, Théoríe et Critique d'un
principe saussurien. farbitraire du signe, Geneve, 1962; E. Ortigues, Le Dis-
cours et le Symbole, Paris, 1962; K. Burke, ''What are the signs of what?",
Anthropologicallinguistics, 1962, 6, pp. 1-23; F. Edeline, "Le symbole et I'ima·
ge selon la théorie des codes", Cahiers internationaux du srmbolisme, 1963,
2. pp. 19·33; G. Durand, La imaginación simbólica, Buenos Aires, Amarrortu,
1971; R. Barthes, El {trado erro de la escritura / nuevos ensayos críticos,
Buenos Aires, Siglo XXI, 1973; J. Derrida, "Sémiologie et grammatologie",
Information sur les sciences sociales, 1968, 3, pp. 135-148.
125
S I G N O
“cucú” y el canto del pájaro ( el ref erente o la representaci ón audi -
ti va), asi com o hay sem ejanza entre los senti dos llam a y deseo.
P ero no puede haber m oti vaci ón entre los soni dos “cucú” y el sen-
ti do cnczi , entre la palabra “llam a” y el senti do llam a. E l aprendi -
zaje dela si gni f i caci ón no se basa, pues, en asoci aci ones de sem e-
janza, parti ci paci ón, etc. : no podrían exi sti r relaci ones de esta natu-
raleza- entre si gni f i cantes y si gni f i cados. D ebe tenerse en cuenta
que la com uni caci ón consi ste tanto en el uso de si m bolos com o en
el de si gnos, y qui zá m ás en el uso de los pri m eros que de los
segundos.
P or f i n, debe di sti ngui rse el si gno de algunas enti dades veci nas
m enos sem ejantes. L os li ngi i i stas norteam eri canos de la escuela de
Bloom f i eld tendi eron a reduci r el si gno a una señal. L a señal pro-
voca una determ i nada reacci ón, pero no i m pli ca ni nguna relaci ón
de si gni f i caci ón. L a com uni caci ón de. los ani m ales se reduce habi -
tualm ente a señales: en el lenguaje hum ano, la f orm a i m nerati va
puede f unci onar a la m anera de una señal: pero es posi ble com -
prender la f rase “¡C i erre la puertal” si n que sea preci so reali zar
la acci ón i m pli cada: ha obrado el si gno, nero no la señal.
U na di sti nci ón cuya uti li dad parece problem áti ca es la estableci da
entre si gno y síntom a, o si gno natural. E l síntom a es, en verdad.
un si gno que es parte consti tuyente del ref erente; por ejem plo, la
f i ebre es un síntom a de la enf erm edad. L a relaci ón asídef i ni da no
es del ti po si gni f i cante- si gni f i cado (la enf erm edad, com o hecho
real, no es un senti do, hablando con propi edad), si no del ti po si gno-
ref erente (o representaci ón). Más aún, parece que i nclusi ve estos
si gnos “naturales” (y por lo tanto uni versales) lo son m ucho m enos
de lo que se cree: no se tose de la m i sm a m anera en Franci a y en
N ueva Zelandi a. E l si gno es si em pre convenci onal.
- › C h. S . P ei rce, C ollected P apers, vol. ll, C am bri dge, 1 93 2: F. de S aussure,
C urso de li ngüísti ca general, Buenos A i res, L osada, 1 945; Ém i le Benveni ste,
P roblem as de li ngüísti ca general, Méxi co, S i glo XXI , 1 971 ; W. Borgeaud. W.
Bröcker, J . L ehm an, “D e la nature du si gue”, A cta li ngüísti ca, 1 94- 2- 1 94- 3 , 1 ,
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' C ultura E conóm i ca, 1 964; H . S prang- H anssen, R ecent Theori es on the N ature
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pri nci pe saussuri en, Farbi trai re da si gne, G enêve, 1 962; E . O rti gues, L e D i s-
cours et le S ym bole, P ari s, 1 962; K. Burke, " What are the si gns of what?”,
A nthropologi cal li ngui sti cs, 1 962, 6, pp. 1 - 23 ; F. E deli ne, “L e sym bole et l' i m a-
ge selon la théori e des codes" , C ahi ers i nternati onauxda syrnboli sm e, 1 963 ,
2, pp. 1 9- 3 3 ; G . D urand, L a i m agi naci ón si m bóli ca, Buenos A i res, A m arrortu,
1 971 ; R . Barthes, E l grado cero de la escri tura / nuevos ensayos críti cos,
Buenos A i res, S i glo XXI , 1 973 ; J . D erri da, “S ém i ologi e et gram m atologi e”,
I nf orm ati on sur les sci ences soci ales, 1 968, 3 , pp. 1 3 5- 1 48.
1 25
LOS CONCEPTOS METODOLóGICOS
SIGNO VERBAL Y SIGNO NO VERBAL
Así definido, el signo no es forzosamente lingüístico: la bandera,
la cruz svástica, un gesto, las señales camineras son también signos.
La especificidad del lenguaje verbal debe buscarse en otra parte.
En primer término, este lenguaje --el lenguaje- se caracteriza
por su aspecto sistemático. No puede hablarse de lenguaje si no se
dispone más que de un signo aislado. Es verdad que la existencia de
un signo aislado es más que problemática: ante todo, el signo s ~
opone necesariamente a su ausencia; por otro lado, siempre 10 rela-
cionamos (siquiera de una manera constitutiva) con otros signos
análogos: la cruz svástica con la estrella, una bandera con otra,
etcétera. Sin embargo, por lenguaje se entiende habitualmente un
~ i s t e m a complejo.
En segundo término, el lenguaje verbal presupone la existencia
de la significación, en el sentido estricto definido más arriba. Por
lo tanto, sólo una analogía muy vaga nos permite hablar de "len-
guaje" en el caso de otro sistema simbólico.
En tercer término, el lenguaje verbal es el único que comporta
ciertas propiedades específicas: a) puede empleárselo para hablar
de las palabras mismas que 10 constituyen y, con más razón aún, de
otros sistemas de signos; b) puede producir frases que '.,.echazan
tanto la denotación como la representación: por ejemplo, mentiras,
perífrasis, repetición de frases anteriores; e) las palabras pueden
utilizarse en un sentido del cual la comunidad lingüística no tiene
conocimiento previo, haciéndolo conocer gracias al contexto (por
ejemplo, el empleo de metáforas originales). Si damos el nombre
de secundaridad a aquello que permite al lenguaje verbal asumir
todas estas funciones, se dirá que la secundaridad es un rasgo cons-
titutivo.
La secundaridad parece propia del lenguaje verbal humano como
una diferencia cualitativa que lo separa de todos los demás sistemas
análogos. Cuando sólo las dos primeras condiciones están presentes,
puede hablarse de sistema de signos, no de lenguaje. Cuando sólo
la primera está presente, se hablará de código (por más que el sis-
tema en cuestión sea análogo al del lenguaje) ; la palabra "código"
significa aquí "sistema de obligaciones". Así, la música es un códi-
go: todos los elementos de una composición (alturas, intensidades,
timbres, etc.) están en relación entre sí; pero no significan; y
tampoco poseen la calidad de secundaridad. La mayoría de los siste-
mas significativos que nos rodean son mixtos: son a la vez códigos,
sistemas de signos, sistemas simbólicos; pero ninguno de ellos poset'
126
L O S C O N C E P TO S ME TO D O L ÓG I C O S
S I G N O VE R BA L Y S I G N O N O VE R BA L
A sídef i ni do, el si gno no es f orzosam ente li ngüísti co: la bandera,
la cruz svásti ca, un gesto, las señales cam i neras son tam bi én si gnos.
L a especi f i ci dad del lenguaje verbal debe buscarse en otra parte.
E n pri m er térm i no, este lenguaje - el lenguaje- - se caracteri za
por su aspecto si stem áti co. N o puede hablarse de lenguaje si no se
di spone m ás que de un si gno ai slado. E s verdad que la exi stenci a de
un si gno ai slado es m ás que problem áti ca: ante todo, el si gno se
opone necesari am ente a su ausenci a; por otro lado, si em pre lo rela-
ci onam os (si qui era de una m anera consti tuti va) con otros si gnos
análogos: la cruz svásti ca con la estrella, una bandera con otra,
etcétera. S i n em bargo, por lenguaje se enti ende habi tualm ente un
si stem a com plejo.
E n segundo térm i no, el lenguaje verbal presupone la exi stenci a
de la si gni f i caci ón, en el senti do estri cto def i ni do m ás arri ba. P or
lo tanto, sólo una analogía m uy vaga nos perm i te hablar de “len-
guaje” en el caso de otro si stem a si m bóli co.
E n tercer térm i no, el lenguaje verbal es el úni co que com porta
ci ertas propi edades específ i cas: a) puede em pleárselo para hablar
de las palabras m i sm as que lo consti tuyen y, con m ás razón aún, de
otros si stem as de si gnos; b) puede produci r f rases que`- * rechazan
tanto la denotaci ón com o la representaci ón: por ejem plo, m enti ras,
períf rasi s, repeti ci ón de f rases anteri ores; c) las palabras pueden
uti li zarse en un senti do del cual la com uni dad li ngüísti ca no ti ene
conoci m i ento previ o, haci éndolo conocer graci as al contexto (por
ejem plo, el em pleo de m etáf oras ori gi nales). S i dam os el nom bre
de secundari dad a aquello que perm i te al lenguaje verbal asum i r
todas estas f unci ones, se di rá que la secundari dad es un rasgo cons-
tìtuti vo.
L a secundari dad parece propi a del lenguaje verbal hum ano com o
una di f erenci a cuali tati va que lo separa de todos los dem ás si stem as
análogos. C uando sólo las dos pri m eras condi ci ones están presentes,
puede hablarse de si stem a ' de si gnos, no de lenguaje. C uando sólo
la pri m era está presente, se hablará de códi go (por m ás que el si s-
tem a en cuesti ón sea análogo al del lenguaje) ; la palabra “códi go”
si gni f i ca aquí“si stem a de obli gaci ones”. A sí, la m úsi ca es un códi -
go: todos los elem entos de una com posi ci ón (alturas, i ntensi dades,
ti m bres, etc. ) están en relaci ón entre sí; pero no si gni f i can; y
tam poco poseen la cali dad de secundari dad. L a m ayoría de los si ste-
m as si gni f i cati vos que nos rodean son m i xtos: son a la vez códi gos,
si stem as de si gnos, si stem as si m bóli cos; pero ni nguno de ellos posee
1 26
SIGNO
la tres propiedades del lenguaje. La literatura, por su parte, ejem-
plifica la imposición de un segundo código sobre el lenguaje (por
ejemplo, las imposiciones formales de la poesía o el relato); al
mismo tiempo, utiliza las palabras tsobre todo en los tropos) como
simbolos, más que como signos.
Por el hecho de pertenecer a un sistema, el signo adquiere dimen-
siones que no pueden observarse cuando se lo considera aislada-
mente. Por un lado, el signo entra en relaciones paradigmáticas
(132 y ss.] con otros signos; puede comprobarse que dos signos son
idénticos o diferentes, que el uno incluye o excluye el otro, que el
uno implica o presupone el otro, etc. Lo cual equivale a decir que
el vocabulario de una lengua está organizado y que los signos de
una lengua se definen unos con relación a otros. Peirce se refiere
a esta propiedad de los signos verbales con el término de intP,rpre-
tante o de "conocimiento colateral"; estas relaciones paradigmáticas
que permiten la interpretación forman parte de lo que Saussure llama
1Jalor, y Hjelmslev, forma del contenido; aqui llamaremos, con
Benveniste, interpretancia a este aspecto del signo.
Pero desde hace mucho tiempo también se ha observado que
hay una diferencia notable entre el signo mismo y el uso individual
que se hace de él; Peirce opone el signo-tipo y el signo-ocurren-
cia (type y token, o legisign y sin.sign). El número lotal de las
palabras de"un texto nos da el número de los signos,of'lIrrencias:
el de las palabras diferentes, el número de los signos·tipos.
Por fin, al entrar en una frase el signo-ocurrencia sufre modifi-
caciones internas: puede combinarse con ciertos signos y no con
otros; además, esas combinaciones son de naturaleza diferente. Po-
demos llamar significancia a este aspecto del signo que 1<' permite
entrar en el discurso y combinarse con otros signos.
Benveniste ha observado que el lenguaje verbal es el único que
posee los dos aspectos simultáneamente. Los elementos
de los demás códigos, por ejemplo, están dotados (de un simulacro)
de significación: así los tonos musicales se combinan según ciertas
reglas precisas, pero no forman paradigmas. Al contrario, los ele-
mentos constitutivos de los sistemas de signos diferentes del len·
guaje verbal entran en una relación de interpretancia, pero no de
significancia: el roj o y el verde de un semáforo se alternan sin
combinarse realmente. En esto vemos otro de los rasgos específicos
del lenguaje verbal humano.
Ch. S. Peirce, Collected Papers, vol. 11, Cambridge, 1932; t. Benvenisle,
Problemas de lingüística general, México, Siglo XXI, 1971; ídem, "La sé·
dE; la langue", Semiotica, 1%9, 1·2, pp. 1·12 pp. 127.135; V. V.
127
S I G N O
la tres propi edades del lenguaje. L a li teratura, por su parte, ejem -
pli f i ca la i m posi ci ón de un segundo códi go sobre el lenguaje (por
ejem plo, las i m posi ci ones f orm ales de la poesi a o el relato); al
m i sm o ti em po, uti li za las palabras (sobre todo en los tropos) com o
sím bolos, m ás que com o si gnos.
P or el hecho de pertenecer a un si stem a, el si gno adqui ere di m en-
si ones que no pueden observarse cuando se lo consi dera ai slada-
m ente. P or un lado, el si gno entra en relaci ones paradi gm áti cas
[1 3 2 y ss. ] con otros si gnos; puede com probarse que dos si gnos son
i dénti cos o di f erentes, que el uno i ncluye o excluye el otro, que el
uno i m pli ca o presupone el otro, etc. L o cual equi vale a deci r que
el vocabulari o de una lengua está organi zado y que los si gnos de
una lengua se def i nen unos con relaci ón a otros. P ei rce se ref i ere
a esta propi edad de los si gnos verbales con el térm i no de i nterpre-
tante o de “conoci m i ento co| ateral”; estas relaci ones paradi gm áti cas
que perm i ten la i nterpretaci ón f orm an parte de lo que S aussure llam a
valor, y H jelm slev, f orm a del conteni do; aquíllam arem os, con
Benveni ste, i nterpretanci a a este aspecto del si gno.
P ero desde hace m ucho ti em po tam bi én se ha observado que
hay una di f erenci a notable entre el si gno m i sm o y el uso i ndi vi dual
que se hace de él; P ei rce opone el si gno- ti po y el si gno- ocurren-
ci a (type y taken, o legi si gn y si nsígn). E l núm ero total de las
palabras dei un texto nos da el núm ero de los si gnos- or. - urrenci a. s:
el de las palabras di f erentes, el núm ero de los si gnos- ti pos.
P or f i n, al entrar en una ƒrase el si gno- ocurrenci a suf re m odi f i -
caci ones i nternas: puede com bi narse con ci ertos si gnos y no con
otros; adem ás, esas com bi naci ones son de naturaleza di f erente. P o-
dem os llam ar si gni f i canci a a este aspecto del si gno que le perm i te
entrar en el di scurso y com bi narse con otros si gnos.
Benveni ste ha observado que el lenguaje verbal es el úni co que
posee los dos aspectos si m ultáneam ente. L os elem entos consti tuti vos
de los dem ás códi gos, por ejem plo, están dotados (de un si m ulacro)
de si gni f i caci ón: asi los tonos m usi cales se com bi nan según ci ertas
reglas preci sas, pero no f orm an paradi gm as. A l contrari o, los ele-
m entos consti tuti vos de los si stem as de si gnos di f erentes del len-
guaje verbal entran en una relaci ón de i nterpretanci a, pero no de
si gni f i canci a: el rojo y el verde de un sem áf oro se alternan si n
com bi narse realm ente. E n esto vem os otro de los rasgos específ i cos
del lenguaje verbal hum ano.
- - › C h. S . P ei rce, C ollected P apers, vol. I I , C am bri dge, 1 . 93 2; É. Benveni ste,
P roblem as de li ngüísti ca general, Méxi co, S i glo XXI , 1 971 ; i dem , “L a sé-
m i ologi e de la langue" , S em i oti ca, 1 969, 1 - 2, pp. 1 - 1 2 pp. 1 27- 1 3 5; V. V.
1 27
LOS CONCEPTOS METODOLóGICOS
Ivano,-, "Jazyk v sopostavlenii s drugimi sredstvami peredachi i khranenija
informacii", Prikladnaja lingvistika i mashinnyj perevod, Kiev, 1962; J. Green·
berg (ed.>, Universals 01 language, Cambridge, 1963; U. Weinreich, "Seman·
tics and Semiotics", en International Encyclopedea 01 Social Sciences, New
York, 1967.
128
L O S C O N C E P TO S ME TO D O L ÓG I C O S
I vanov, “J azyk v sopostavleni i s drugìm i sredstvam i peredachi i khraneni ja
i nf orm aci i ”, P ri kladnaja li ngvi sti ka i m ashi nnyj perevod, Ki ev, 1 962; J . G reen-
berg(ed. ), U ni versals of language, C am bri dge, 1 963 ; U . Wei nrei ch, “S em an-
ti cs and S em i otìcs" , en I nternati onal E ncyclopedea of S oci al S ci ences, N ew
York, 1 967.
1 28
Sintagma y paradigma
Sintagma. Casi no hay enunciado, en una lengua, que no se pre-
sente como la asociación de varias unidades (sucesivas o simul-
táneas), susceptibles de aparecer también en otros enunciados. En
el sentido amplio de la palabra sintagma, el enunciado E contiene
el sintagma uv, y sólo si u y v son dos unidades, no necesariamente,
mínimas, que aparecen una y otra en E. Además se dirá que hay una
relación sintagmática entre u y v (o entre las clases de unidades
X e y) se puede formular una regla general que determine las
condiciones de aparición, en los enunciados de la lengua. de sintag-
mas uv (o de sintagmas constituidos por un elemento de X y un
elemento de Y). De allí un segundo sentido, más estrecho, de la
palabra sintagma (es el sentido más utilizado y d que se empleará
aquí): u y v forman un sintagma en E no sólo si ambos están pre-
sentes en E. sino también cuando se conoce -o se cree poder des-
cubrir- una relación sintagrnática condicionante de esta copresen-
oia. Saussure, sobre todo, insistió en la dependencia del sintagma
con respecto a la relación sintagmática. Para él puede
el verbo "deshacer" corno un sintagma que comprende los dos ele-
mentos "des" y "hacer" porque en español existe un "tipo sintagmá-
tico" latente. manifestado también por los verbos "des-cubrir", "des-
colgar", "destapar". etc. De no ser así, no habría ningún motivo
para analizar "des· hacer" en dos unidades (Curso, 2;.1 parte, cap. VI,
2). Esta distinción acarrea otra. Dado que las relaciones sintagmá-
lieas por ]0 ¡!f'neral abarcan unidades del mismo tipo, u y v sólo
formarán un sintagma cuando son del mismo tipo. Así. en el enlJn-
dado "El jarrón f'stá rajado", el articulo "el" y el nombre "jarrón"
forman un sintagma, corno también los sonidos a V o de "jarrón"
y asimismo los rasgos semánticos "recipiente" y "objeto mobilia-
rio", inherentes a la palabra "vaso", pero no el artículo "el" y el
sonido "j", corno tampoco el artículo "el" y el rasgo semántico
"recipiente". (N. B.: Para simplificar la f'xposición, sólo se ha hablado
de asociación de dos unidades, pero casi todos los lingüistas admiten
sintagmas de más de dos elementos.)
Sinta{{ma y relación De las definiciones preceden-
tes resulta que teorías lingüísticas diferentes pueden llevar a reco-
129
si ntagm a y paradi gm a
S ìlltagm a. C asi no hay enunci ado, en una lengua, que no se pre-
sente com o la asoci aci ón de vari as uni dades (sucesi vas o si m ul-
táneas), suscepti bles de aparecer tam bi én en otros enunci ados. E n
el senti do am pli o de la palabra si ntagm a, el enunci ado E conti ene
el si ntagm a uv, y sólo si u y v son dos uni dades, no necesari am ente,
m íni m as, que aparecen una y otra en E . A dem ás se di rá que hay una
relaci ón si ntagm áti ca entre u y v (o entre las clases de uni dades
X e Y) si se puede f orm ular una regla general que determ i ne las
condi ci ones de apari ci ón, en los enunci ados de la lengua, de si ntag-
m as uv (o de si ntagm as consti tui dos por un elem ento de X y un
elem ento de Y). D e alli un segundo senti do, m ás estrecho, de la
palabra si ntagm a (es el senti do m ás uti li zado y el que se em pleará
aqui ) : a y v f orm an un si ntagm a en E no sólo si am bos están pre-
sentes en E , si no tam bi én cuando se conoce - - o se cree poder des-
cubri r- - - una relaci ón si ntagm áti ca condi ci onante de esta copresen-
ci a. S aussure, sobre todo, i nsi sti ó en la dependenci a del si ntagm a
con respecto a la relaci ón si ntagm áti ca. P ara él puede descri bi rse
el verbo “deshacer” com o un si ntagm a que com prende los dos ele-
m entos “des” y “hacer” porque en español exi ste un “ti po si ntagm á-
ti co” latente, m ani f estado tam bi én por los verbos “des- cubri r”, “des-
colgar”, “destapar- ”. etc. D e no ser así, no habri a ni ngún m oti vo
para anali zar “des- hacer” en dos uni dades (C urso, 2?' parte, cap. VI ,
§ 2). Ésta di sti nci ón acarrea otra. D ado que las relaci ones si ntagm á-
ti cas por lo general abarcan uni dades del m i sm o ti po, u y v sólo
f orm arán un si ntagm a cuando son del m i sm o ti po. A sí. en el enun-
ci ado “E l jarrón está rajado”, el artículo “el” y el nom bre “jarrón”
f orm an un si ntagm a, com o tam bi én los soni dos a y o de “jarrón”
y asi m i sm o los rasgos sem ánti cos “reci pi ente” y “objeto m obi li a-
ri o”, i nherentes a la palabra “vaso”, pero no el artículo “el” y el
soni do “j”, com o tam poco el arti culo “el” y el rasgo sem ánti co
“reci pi ente”. (N . B. : P ara si m pli f i car la exposi ci ón, sólo se ha hablado
de asoci aci ón de dos uni dades, pero casi todos los li ngi i i stas adm i ten
si ntagm as de m ás de dos elem entos. )
S i ntagm a y relaci ón si ntagm áti ca. D e las def i ni ci ones preceden-
tes resulta que teorías li ngüísti cas di f erentes pueden llevar a reco-
1 29
LOS CONCEPTOS METODOLÓGICOS
nocer o a negar a un mismo segmento el carácter de 8intagma, según
el tipo de relaciones sintagmáticas que estas teorías destacan. Así
Saussure no ve en varías secuencias distintas la realización de UII
mismo "tipo sintagmático" sino cuando en cada una de ellas existe
la misma relación entre el sentido de la secuencia total y el de sus
componentes ("des-hacer" es a "hacer", en cuanto al sentido, lo
que "des-colgar" es a "colgar", "des-tapar" a "tapar", etc.). Por
lo tanto, Saussure no habría reconocido el tipo sintagmático prece-
dente en "despojar", ni en "deslizar" y, ante la imposibilidad de
definir otro tipo, sin duda no habría considerado esos verbos como
sintagmas que reunieran el prefijo des- y un verbo simple (cosa
que, sin embargo, sería posible con una concepción men08 semántica
de Ja relación sintagmática). Con mayor motivo aún, un saussuriano
estricto no puede hablar de sintagma cuando los elementos relacio-
nados no son signos, unidades provistas a la vez de un significante
y un Ilignificado, sino simplemente sonidos (con todo, Saussure
admite una excepción a esta regla en un texto, por otro lado discu-
tido (cf. 2\1 parte, cap. VI, § 2, in fine). Al contrario, los fonólogo!'
[203] no vacilan en presentar un grupo de fonemas como un sin-
tagma, ya que es importante, para ellos, descubrir regularidades
en la manera según la cual se combinan los fonemas en una lengua.
Otra divergencia importante sobre la naturaleza de las relaciones
sintagmáticas y, correlativamente, de los sintagmas, tiene que ver
con el problema de la linealidad. El habla se desarrolla en el
tiempo. Ahora bien, el tiempo puede representarse como un espacio
unidimensional, como una linea: a cada instante se hace corres-
ponder un punto y al orden de aparición de los instantes, el orden
de yuxtaposición de los puntos. De allí la idea de que el orden de
aparición de los elementos del discurso (que es el objeto del estudio
sintagmático) puede también representarse mediante una linea (o,
dado el carácter discontinuo del discurso, por una linea de puntos).
Saussure formula el principio (l\1 parte, cap. 1, § 3) de que esta
representación no sólo es posible (al menos en lo que concierne
a los significantes), sino que también debe ser la base de la des-
cripción lingüística. Dos consecuencias resultan de esto:
a) El lingüista no reconoce otro orden que el de sucesión; los
elementos que serían simultáneos (los diversos constituyentes foné-
ticos de un mismo fonema, o los rasgos semánticos de una pala-
bra) se funden en un solo punto de la representación lineal. Por
consiguiente, carece de interés la búsqueda de regularidades en su
aparición (o de las condiciones en que un rasgo determinado se com-
bina con otro) y no se considerará la coexistencia de dos rasgos
simultáneos como la constitución de un sintagma. (Así, Martinet
130
L O S C O N C E P TO S ME TO D O L ÓG I C O S
nocer o a negar a un m i sm o segm ento el carácter de si ntagm a, según
el ti po de relaci ones si ntagm áti cas que estas teorías destacan. , A si
S aussure no ve en vari as secuenci as di sti ntas la reali zaci ón de un
m i sm o “ti po si ntagm átìco” si no cuando en cada una de ellas exi ste
la m i sm a relaci ón entre el senti do de la secuenci a total y el de sus
com ponentes (“des- hacer” es a “hacer”, en cuanto al senti do, lo
que “des- colgar” es a “colgar”, “des- tapar” a “tapar”, etc. ). P or
lo tanto, S aussure no habría reconoci do el ti po si ntagm áti co prece-
dente en “despojar”. ni en “desli zar” y, ante la i m posi bi li dad de
def i ni r otro ti po, si n duda no habri a consi derado esos verbos com o
si ntagm as que reuni eran el pref i jo des- y un verbo si m ple (cosa
que, si n em bargo, seri a posi ble con una concepci ón m enos sem ánti ca
de la relaci ón si ntagm áti ca) . C on m ayor m oti vo aún, un saussuri ano
estri cto no puede hablar de si ntagm a cuando los elem entos relaci o-
nados no son si gnos, uni dades provi stas a la vez de un si gni f i cante
y un si gni f i cado, si no si m plem ente soni dos (con todo, S aussure
adm i te una excepci ón a esta regla en un texto, por otro lado di scu-
ti do (cf . 2@ parte, cap. VI , § 2, i n f i ne). A l contrari o, los f onólogos
[203 ] no vaci lan en presentar un grupo de f onem as com o un si n-
tagm a, ya que es i m portante, para ellos, descubri r regulari dades
en la m anera según la cual se com bi nan los f onem as en una lengua.
O tra di vergenci a i m portante sobre la naturaleza de las relaci ones
si ntagm áti cas y, correlati vam ente, de los si ntagm as, ti ene que ver
con el problem a de la lìneali dad. E l habla se desarrolla en el
ti em po. A hora bi en, el ti em po puede representarse com o un espaci o
unìdi m ensi onal, com o una li nea: a cada i nstante se hace corres-
ponder un punto y al orden de apari ci ón de los i nstantes, el orden
de yuxtaposi ci ón de los puntos. D e alli la i dea de que el orden de
apari ci ón de los elem entos del di scurso (que es el objeto del estudi o
si ntagm áti co) puede tam bi én representarse m edi ante una línea (o.
dado el carácter di sconti nuo del di scurso, por una li nea de puntos).
S aussure f orm ula el pri nci pi o (1 3 parte, cap. I , § 3 ) de que esta
representaci ón no sólo es posi ble (al m enos en lo que conci erne
a los si gni f i cantes), si no que tam bi én debe ser la base de la des-
cri pci ón li ngüísti ca. D os consecuenci as resultan de esto:
a) E l li ngüìsta no reconoce otro orden que el de sucesi ón; los
elem entos que seri an si m ultáneos (los di versos consti tuyentes f oné-
ti cos de un m i sm o f onem a, o los rasgos sem ánti cos de una pala-
bra) se f unden en un solo punto de la representaci ón li neal. P or
consi gui ente, carece de i nterés la búsqueda de regulari dades en su
apari ci ón (o de las condi ci ones en que un rasgo determ i nado se com -
bi na con otro) y no se consi derará la coexi stenci a de dos rasgos
si m ultáneos com o la consti tuci ón de un si ntagm a. (A sí, Marti net
1 3 0
SINTAGMA Y PARADIGMA
rechaza el estudio sintagmático de los rasgos distintivos [205] de
los fonemas, estudio que, por el contrario, preconiza Jakobson.)
b) Describir la manera en que diferentes elementos se combinan,
es decir únicamente qué lugares respectivos pueden ocupar en el
encadenamiento lineal del discurso. Así, para un distribucionalista
[47 y ss.] el estudio sintagmático de un elemento es la indicación de
los diferentes entornos de que es susceptible, es decir, de los ele-
mentos que pueden seguirlo y precederlo. Por ]0 tanto, describir un
sintagma es decir no sólo qué unidades lo constituyen, sino también
en qué orden de sucesión y -si no son contiguas- a qué distancia se
encuentran unas de otras. Para la glosemática. en cambio [35 y ss.],
que no ve en el orden lineal más que una manifestación sustancial
y contingente, independiente de la forma lin!!üística misma [37]. la
sintagmática será mucho más abstracta: sólo se interesará en las
condiciones de co·ocurrencia de las unidades -independientemente
de su disposición lineal. Lo cual impone una nueva formulación de
la relación sintagmática. Como casi toda unidad puede coexistir con
toda unidad en el interior de un enunciado, habrá que especificar
de modo más preciso el marco de la coexistencia y enunciar reglas
como u puede (o no puede) coexistir con v en una unidad más vasta
del tipo X. De donde resulta que para describir un sintagma parti-
cular deberá decirse no sólo qué unidades lo constituyen, sino tam-
hién en el interior de qué unidad se encuentra.
Paradigma. En sentido amplio, se llama paradigma toda clase
de elementos lingüísticos, sea cual fuere el principio que lleva a
reunir esas unidades. En este sentido se considerarán como para-
digmas los grupos asociativos de que habla Saussure ( 2 ~ parte,
cap. V, § 3), cuyos elementos no están ligados sino por asociaciones
de ideas. Asimismo, Jakobson parece hasar a veces la relación para-
digmática en la simple similaridad (pp. 49-56), en esa "asociación
por semej anza" de que hahlaba la psicología asociacionista (que,
como Jakobson, incluía en ella la asociación por contraste). Frente
a la multitud de criterios divergentes sobre los cuales podría basarse
la noción de tales paradigmas, muchos lingüistas modernos procu-
raron definir un principio de clasificación que esté ligado única·
mente a la función de las unidades en el interior de la lengua. Puesto
que las relaciones sintagmáticas parecen, en gran medida, especí-
ficas de cada lengua particular, se propuso fundamentar sobre ellas
los paradigmas lingüísticos: en este sentido, estrecho, dos unidades
u y u: pertenecen a un mismo paradigma si -y únicamente si--
son susceptibles de reemplazarse mutuamente en un mismo sintagma.
En otros términos, si existen dos sintagmas vuw y vU:w. De allí la
imagen de dos líneas secantes: la horizontal representa el orden
131
S I N TA G MA Y P A R A D I G MA
rechaza el estudi o si ntagm átìco de los rasgos di sti nti vos [205] de
los f onem as, estudi o que, por el contrari o, preconi za J alcobson. )
b) D escri bi r la m anera en que di f erentes elem entos se com bi nan,
es deci r úni cam ente qué lugares respecti vos pueden ocupar en el
encadenam i ento li neal del di scurso. A sí, para un di stri buci onali sta
[4- 7 y ss. ] el estudi o si ntagm áti co de un elem ento es la i ndi caci ón de
los di f erentes entornos de que es suscepti ble, es deci r, de los ele-
m entos que pueden segui rlo y precederlo. P or lo tanto, descri bi r un
si ntagm a es deci r no sólo qué uni dades lo consti tuyen, si no tam bi én
en qué orden de sucesi ón y - si no son conti guas- ~ a qué di stanci a se
encuentran unas de otras. P ara la glosem áti ca. . en cam bi o [3 5 y ss. ],
que no ve en el orden li neal m ás que una m ani f estaci ón sustanci al
y conti ngente, i ndependi ente de la f orm a li ngüísti ca m i sm a Í_ 3 7]. la
si ntagm áti ca será m ucho m ás abstracta: sólo se ìnteresará en las
condi ci ones de co- ocurrenci a de las uni dades - - i ndependi entem ente
de su di sposi ci ón li neal. L o cual i m pone una nueva f orm ulaci ón de
la relaci ón si ntagm áti ca. C om o casi toda uni dad puede coexi sti r con
toda uni dad en el i nteri or de un enunci ado, habrá que especi f i car
de m odo m ás preci so el m arco de la coexi stenci a y enunci ar reglas
com o u, puede (o no puede) coexi sti r con v en una uni dad m ás vasta
del ti po X. D e donde resulta que para descri bi r un si ntagm a parti -
cular deberá deci rse no sólo qué uni dades lo consti tuyen, si no tam -
bi én en el i nteri or de qué uni dad se encuentra. _
P aradi gm a. E n senti do am pli o, se llam a paradi gm a toda clase
de elem entos li ngüísti cos, sea cual f uere el pri nci pi o que lleva a
reuni r esas uni dades. E n este senti do se consi derarán com o para-
di gm as los grupos asoci ati vos de que habla S aussure (23 parte,
cap. V, § 3 ), cuyos elem entos no están li gados si no por asoci aci ones
de i deas. A si m i sm o, J akobson parece basar a veces la relaci ón para-
di gm áti ca en la si m ple si m i lari dad (pp. 49- 56), en esa “asoci aci ón
por sem ejanza” de que hablaba la psi cologi a asoci aci oni sta (que,
com o J akobson, i ncluía en ella la asoci aci ón por contraste). Frente
a la m ulti tud de cri teri os di vergentes sobre los cuales podri a basarse
la noci ón de tales paradi gm as, m uchos li ngi i i stas m odernos procu-
raron def i ni r un pri nci pi o de clasi f i caci ón que est. é li gado úni ca-
m ente a la f unci ón de las uni dades en el i nteri or de la lengua. P uesto
que las relaci ones si ntagm áti cas parecen, en gran m edi da, especí-
f i cas de cada lengua parti cular, se propuso f undam entar sobre ellas
los paradi gm as li ngüísti cos: en este senti do, estrecho, dos uni dades
u y u' pertenecen a un m i sm o paradi gm a si - y úni cam ente si -
son suscepti bles de reem plazarse m utuam ente en un m i sm o si ntagm a.
E n otros térm i nos, si exi sten dos si ntagm as vuw y vuf w. D e allíla
i m agen de dos li neas secantes: la hori zontal representa el orden
1 3 1
/.OS CONCEPTOS METODOLóCICOS
Rintagmático de las unidades; la vertical, el paradigma de u, es decir,
el conjunto de las unidades que habrían podido aparecer en su lugar.
~ Los textos esenciales están en el Curso de lingüística general, de F. de
Saussure, BuenosAires, Losada, 1945, especialmente en los capítulos V y VI.
N. B.: Saussure no emplea el término "paradigma"; habla de relaciones y
<le grupos "asociativos".
Relaciones sintagmátieas y relaciones paradigmáticas. Si existe
un vasto consenso para subordinar, en la práctica, el estudio para-
digmático al estudio sintagmático, también existen divergencias en
cuanto al sentido que debe darse a tal subordinación. Según los
distribucionalistas [47 Y ss.] el descubrimiento de las relaciones
!'intagmáticas constituye el objeto fundamental de la investigación
lingüistica: la len.gua es, ante todo, una combinatoria. Por consi·
guiente, el establecimiento de paradigmas sólo ha de entenderse como
una comodidad para la formulación "compacta" de las relaciones sin-
tagmáticas. En vez de enunciar, para caila unidad, sus posibilidades
de combinación con todas las i1emás, es más económico constituir
clases de unidades que tengan. con cierta aproximación. las mismas
posibilidades combinatorias, sin perjuicio de establecer después sub·
clases cuyas unidades tendrían entre sí analogías combinatorias más
fuertes, y así sucesivamente, de manera tal que cada nueva subdi-
visión correspondiera a un perfeccionamiento de la aproximación.
Casi todos los lingüistas europeos. al contrario, procuraron dar
a la organización paradigmática de la lengua una razón de ser intrín-
seca. Es curioso (y paradojal) que esta tendencia aparezca inclusive
en la escuela glosemática, para la cual, sin embargo, como para los
distribucionalistas, la realidad fundamental de la lengua, su fonna,
es de orden puramente combinatorio [56]. Hjelmslev, por ejemplo,
construye dos combinatorias distintas, una sintagmática y otra para-
digmática. Las tres relaciones primitivas que fundamentan la sinta¡r.
mática unen ante todo clases. La clase A presupone (o selecciona)
la clase B con relación a la clase C si en todo elemento de C no puede
encontrarse un elemento de A sin un elemento de B y sin que pueda
darse la situación inversa (el adjetivo presupone el nombre en el
grupo.sujeto español). A y R son solidarias con relación a C si no
se puede encontrar en un elemento de e un elemento de A sin un
elemento de R, y viceversa. Se trata, pues, de una especie de presu-
posición recíproca (hay solidaridad, con relación a la clase de los
verbos, de la clase de los tiempos y de la clase de los modos: no
puede encontrarse en un verbo un tiempo sin un modo. y viceversa) .
Por fin, A y R están en combinación con relación a C si se encuen-
tra en los elementos de e, o bien un elemento de A acompañado
132
L O S C O N C E P TO S ME TO D O L ÓG I C O S
si ntagm áti co de las uni dades; la verti cal, el paradi gm a de u, es deci r,
el conjunto de las uni dades que habrían podi do aparecer en su lugar.
- > L os textos esenci ales están en el C urso de li ngüísti ca general, de F. de
S aussure, BuenosA i res, L osada, 1 94- 5, especi alm ente en los capítulos V y VI .
N . n. : S aussure no em plea el térm i no “paradìgm a" ; habla de relaci ones y
de grupos “asoci ati vos”.
R elaci ones si ntagm áti cas y relaci ones paradi gm âti cas. S i exi ste
un * vasto consenso para subordi nar, en la prácti ca, el estudi o para-
di gm áti co al estudi o si ntagm áti co, tam bi én exi sten di vergenci as en
cuanto al senti do que debe darse a tal subordi naci ón. S egún los
di stri buci onali stas [47 y ss. ] el descubri m i ento de las relaci ones
si ntagm áti cas consti tuye el objeto f undam ental de la i nvesti gaci ón
li ngüísti ca: la lengua es, ante todo, una com bi natori a. P or consi -
gui ente, el estableci m i ento de paradi gm as sólo ha de entenderse com o
una com odi dad para la f orm ulaci ón “com pacta” de las relaci ones si n-
tagm áti cas. E n vez de enunci ar, para cada uni dad, sus posi bi li dades
de com bi naci ón con todas las dem ás, es m ás económ i co consti tui r
clases de uni dades que tengan, con ci erta aproxi m aci ón. las m i sm as
posi bi li dades com bi natori as, si n perjui ci o de establecer después sub-
clases cuyas uni dades tendrían entre síanalogías com bi natori as m ás
f uertes, y asísucesi vam ente, de m anera tal que cada nueva subdi -
vi si ón correspondi era a un perf ecci onam i ento de la aproxi m aci ón.
C asi todos los li ngi i i stas europeos. al contrari o, procuraron dar
a la organi zaci ón paradi gm áti ca de la lengua una razón de ser i ntrín-
seca. E s curi oso (y paradoj al) que esta tendenci a aparezca i nclusi ve
en la escuela glosem áti ca, para la cual, si n em bargo, com o para los
di stri buci onali stas, la reali dad f undam ental de la lengua, su f orm a,
es de orden puram ente com bi natori o [56]. H jelm slev, por ejem plo,
construye dos com bi natori as di sti ntas, una si ntagm áti ca y otra para-
di gm áti ca. L as tres relaci ones pri m i ti vas que f undam entan la si ntag-
m áti ca unen ante todo clases. L a clase A presupone (0 selecci ona)
la clase B con relaci ón a la clase C si en todo elem ento de C no puede
encontrarse un elem ento de A si n un elem ento de B y si n que pueda
darse la si tuaci ón i nversa ( el adjeti vo presupone el nom bre en el
grupo- sujeto español) . A y B son soli dari as con relaci ón a C si no
se puede encontrar en un elem ento de C un elem ento de A si n un
elem ento de B, y vi ceversa. S e trata, pues, de una especi e de presu-
posi ci ón recíproca (hay soli dari dad, con relaci ón a la clase de los
verbos, de la clase de los ti em pos y de la clase de los m odos: no
puede encontrarse en un verbo un ti em po si n un m odo. Y vi ceversa).
P or f i n, A y B están en com bi naci ón con relaci ón a C si se encuen-
tra en los elem entos de C , o bi en un elem ento de A acom pañado
1 3 2
SINTAGMA Y PARADIGMA
de un elemento de B, o bien un elemento de A sin representante de R,
o bien lo inverso (hay combinación entre el nombre y el adjetivo
en el grupo.atributo español). A estas relaciones sintagmáticas, basa-
das en la coexistencia en el texto y que permiten caracterizar las
clases por sus relaciones recíprocas, Hjelmslev agrega relaciones
paradigmáticas que llama correlaciones y que parecen destinadas
a caracterizar los elementos individuales. Su fundamento es la coexis-
tencia de los términos en el interior de las clases precedentemente
definidas. Hay tres correlaciones principales, paralelas a las rela·
ciones sintagmáticas: a especifica a b si toda clase que contiene
a a contiene también a b, sin que lo opuesto sea posible; a y b son
complementarios si toda clase que contiene a la una contiene
a la otra (se trata, pues, de una especie de especificación recíproca) ;
a y b son autónomos si cada uno de ellos pertenece a ciertas clases
en las cuales el otro está ausente y si también pertenecen a la misma
clase. Así, aunque el descubrimiento de las relaciones sintagmáticas
precede necesariamente al de las relaciones paradigmáticas, la para·
digmática no se contenta con reescribir la sintagmática: le agrega
informaciones nuevas. Se trata de dos combinatorias diferentes.
~ Sobre la glosemática combinatoria: L Hjelmslev, Prolegómenos de una
teoría del lenguaje, Madrid, Gredos, 1971, caps. IX y XI. Para una tentativa
de formalización, L Hjemslev y H. J. VIdaIl, Outline 01 Glossematics, Co·
penhague, 1957.
La importancia propia de las relaciones paradigmáticas quedará
demostrada con tanto mayor motivo por una lingüística funcional
[40]. Así, ~ e g ú n Martinet, la única realidad lingüística es lo que,
en el discurso, está al servicio de la comunicación del pensamiento:
es decir, las elecciones que la lengua hace posible al sujeto hablante.
Ya se trate de describir una unidad distintiva (fonema [203]) ()
una unidad significativa (monema [237]), el lingüista sólo dehe
retener en ellas lo que puede ser objeto de una elección. Ahora bien,
para saber qué es lo elegido cuando una unidad A es empleada en
un momento dado del discurso, es indispensable saber qué otras
unidades habrían sido posibles en su lugar. Lo que es elegido en
A es sólo aquello mediante lo cual A se distingue de esas unidades.
Así, para comprender el valor del adjetivo "buena" utilizado, en
el lenguaje diplomático, para calificar la "atmósfera" de una nego-
ciación, es necesario: 1) que la sintagmática haya establecido la lista
de los demás adjetivos posibles en ese lugar; 2) que la paradigmá-
tica muestre que "buena" es, en esta categoría, el adjetivo menos
eufórico. El estudio sintagmático, por consiguiente, sólo tiene para
Martinet el interés de determinar, en cada momento del discurso,
133
S I N TA G MA Y P A R A D I G MA
de un elemento de B, 0 bi en un elemento de A si n representante de B,
o bi en lo i nverso (hay combi naci ón entre el nombre y el adjeti vo
en el grupo- atri buto español). A estas relaci ones si ntagmáti cas, basa-
das en la coexi stenci a en el texto y que permi ten caracteri zar las
clases por sus relaci ones recíprocas, H jelmslev agrega relaci ones
paradi gmáti cas que llama correlaci ones y que parecen desti nadas
a caracteri zar los elementos i ndi vi duales. S u f undamento es la coexi s-
tenci a de los térmi nos en el i nteri or de las clases precedentemente
deƒi ni das. H ay tres correlaci ones pri nci pales, paralelas a las rela-
ci ones si ntagmáti cas: at especi f i ca a b si toda clase que conti ene
a a conti ene tambi én a b, si n que lo opuesto sea posi ble; a y b son
complementari os si toda clase que conti ene a la una conti ene
a la otra (se trata, pues, de una especi e de especi f i caci ón recíproca) ;
a y b son autónomos si cada uno de ellos pertenece a ci ertas clases
en las cuales el otro está ausente y si tambi én pertenecen a la mi sma
clase. A sí, aunque el descubri mi ento de las relaci ones si ntagmáti cas
precede necesari amente al de las relaci ones paradi gmáti cas, la para-
di gmáti ca no se contenta con reescri bi r la si ntagmáti ca: le agrega
i nf ormaci ones nuevas. S e trata de dos combi natori as di f erentes.
- › S obre la glosemáti ca combi natori a: L . H jelmslev, P rolegómenos de una
teoría del lenguaje, Madri d, G redos, 1 971 , caps. I X y XI . P ara una tentati va
de f ormali zaci ón, L . H jemslev y H . J . U ldall, O utli ne of G lossemati cs, C o-
penhague, 1 957.
L a i mportanci a propi a de las relaci ones paradi gmáti cas quedará
demostrada con tanto mayor moti vo por una li ngüísti ca f unci onal
[40]. A sí, según Marti net, la úni ca reali dad li ngüísti ca es lo que,
en el di scurso, está al servi ci o de la comuni caci ón del pensami ento:
es deci r, las elecci ones que la lengua hace posi ble al sujeto hablante.
Ya se trate de descri bi r una uni dad di sti nti va (f onema [203 ]) o
una uni dad si gni f i cati va (monema [23 7]), el li ngüìsta sólo debe
retener en ellas lo que puede ser objeto de una elecci ón. A hora bi en,
para saber qué es lo elegi do cuando una uni dad A es empleada en
un momento dado del di scurso, es i ndi spensable saber qué otras
uni dades habrían si do posi bles en su lugar. L o que es elegi do en
A es sólo aquello medi ante lo cual A se di sti ngue de esas uni dades.
A sí, para comprender el valor del adjeti vo “buena” uti li zado, en
el lenguaje di plomáti co, para cali f i car la “atmósf era” de una nego-
ci aci ón, es necesari o: 1 ) que la si ntagmáti ca haya estableci do la li sta
de los demás adjeti vos posi bles en ese lugar; 2) que la paradi gmá-
ti ca muestre que “buena” es, en esta categori a, el adjeti vo menos
euf óri co. E l estudi o si ntagmáti co, por consi gui ente, sólo ti ene para
Marti net el i nterés de determi nar, en cada momento del di scurso,
1 3 3
LOS CONCEPTOS METODOLóGICOS
cuál es el inventario de los posibles. Después la paradigmática, com-
parando entre sí los posibles, descubre qué es lo elegido cuando uno
cualquiera de ellos es elegido. Esta concepción ha encontrado una
confirmación espectacular en el estudio de la evolución fonética de
las lenguas: a menudo un cambio no se relaciona ni con un fonema
tomado aisladamente, ni con la organización general de los fone-
mas, sino con un paradigma de fonemas (Martinet habla entonces
.oe sistema), es decir, con el conjunto de los fonemas que apare·
cen en un contexto sintagmático particular y siempre que el cam-
bio haya ocurrido únicamente en ese contexto. Hechos de esta ín·
dole prueban que los paradigmas poseen una especie de autonomía.
~ Para una paradigmática fundada sobre la noción de elección, véase A.
Martinet, pássim, y, especialmente, Economic des changements phométiques,
Reme, 1955, particularmente en la 1" parte, cap. III.
Así como el funcionalismo de Martinet hace de la sintagmática
un medio, un simple paso previo a la paradigmática, el funcio·
nalismo de Jakobson da a esos dos tipos de relaciones un valor
independiente (asimismo, pero en sentido inverso, la combinatoria
¡zlosemática restablece entre ellas un equilibrio negado por la combi·
natoria distribucionalista). Para Jakobson, la interpretación de toda
unidad lingüística pone en marcha en cada instante dos mecanismos
intelectuales independientes: comparación con las unidades seme·
jantes (= que podrían por consiguiente reemplazarla, que perte-
necen al mismo paradigma), relación con las unidades coexistentes
(= que pertenecen al mismo sintagma). De este modo, el sentido
de una palabra está determinado a la vez por la influencia de las
que la rodean en el discurso, y por el recuerdo de las que podrían
haber ocurrido en su lu¡rar. Jakobson ve la prueba de que los dos
mecanismos son independientes en las perturbaciones del lenguaje,
que podrían repartirse en dos categorías: imposibilidad de relacio·
nar los elementos entre sí, de constituir sintagmas (el enunciado es
una serie discontinua), imposibilidad de relacionar los elementos
utilizados con otros elementos de su paradigma (los enunciados ya
no se refieren a un código). Esta dualidad es para Jakobson de
una gran generalidad. Constituiría la base de las figuras retóricas
más empleadas por el "lenguaje literario"; la metáfora (un objeto
es designado por el nombre de un objeto semejante) y la metoni-
mia (un objeto es designado por el nombre de un ,objeto que está
asociado en él en la experiencia) provendrían respectivamente de
la interpretación paradigmática y de la sintagmática, a tal punto
que a veces Jakobson considera sinónimos sintagmática y metoní-
mica, paradigmática y metafórica.
134
L O S C O N C E P TO S ME TO D O L ÓG I C O S
cuál es el i nventari o de los posi bles. D espués la paradi gm áti ca, com -
parando entre sílos posi bles, descubre qué es lo elegi do cuando uno
cualqui era de ellos es elegi do. E sta concepci ón ha encontrado una
conf i rm aci ón espectacular en el estudi o de la evoluci ón f onéti ca de
las lenguas: a m enudo un cam bi o no se relaci ona ni con un f onem a
tom ado ai sladam ente, ni con la organi zaci ón general de los f one-
m as, si no con un paradi gm a de f onem as (Marti net habla entonces
de si stem a), es deci r, con el conjunto de los f onem as que apare-
cen en un contexto si ntagm áti co parti cular y si em pre que el cam -
bi o haya ocurri do úni cam ente en ese contexto. H echos de esta ín-
dole prueban que los paradi gm as poseen una especi e de autonom ía.
- › P ara una paradi gm áti ca f undada sobre la noci ón de elecci ón, véase A .
Marti net, pássi m , y, especi alm ente, E conom i c des changem ents phom étíques,
Berne, 1 955, parti cularm ente en la la parte, cap. I I I .
A sícom o el f unci onali sm o de Marti net hace de la si ntagm áti ca
un m edi o, un si m ple paso previ o a la paradi gm áti ca, el f unci o-
nali sm o de J akobson da a esos dos ti pos de relaci ones un valor
i ndependi ente (asi m i sm o, pero en senti do i nverso, la com bi natori a
glosem áti ca restablece entre ellas un equi li bri o negado por la com bi -
natori a di stri buci onali sta) . P ara J akobson, la i nterpretaci ón de toda
uni dad li ngüísti ca pone en m archa en cada i nstante dos m ecani sm os
i ntelectuales i ndependi entes: com paraci ón con las uni dades sem e-
jantes (: _ - que podrían por consi gui ente reem plazarla, que perte-
necen al m i sm o paradi gm a), relaci ón con las uni dades coexìstentes
(= que pertenecen al m i sm o si ntagm a). D e este m odo, el senti do
de una palabra está determ i nado a la vez por la i nf luenci a de las
que la rodean en el di scurso, y por el recuerdo de las que podrían
haber ocurri do en su lugar. J akobson ve la prueba de que los dos
m ecani sm os son i ndependi entes en las perturbaci ones del lenguaje,
que podri an reparti rse en dos categori as: i m posi bi li dad de relaci o-
nar los elem entos entre sí, de consti tui r si ntagm as (el enunci ado es
una seri e di sconti nua), i m posi bi li dad de relaci onar los elem entos
uti li zados con otros elem entos de su paradi gm a (los enunci ados ya
no se ref i eren a un códi go). E sta duali dad es para J akobson de
una gran generali dad. C onsti tui ría la base de las f i guras retóri cas
m ás em pleadas por el “lenguaje li terari o”; la m etáf ora (un objeto
es desi gnado por el nom bre de un objeto sem ejante) y la m etoni -
m i a (un objeto es desi gnado por el nom bre de un , objeto que está
asoci ado en él en la experi enci a) provendrían respecti vam ente de
la i nterpretaci ón paradi gm áti ca y de la si ntagm áti ca, a tal punto
que a veces J akobson consi dera si nóni m os si ntagm áti ca y m etoni -
m i ca, paradi gm áti ca y m etaf óri ca.
1 3 4
SINTAGMA Y PARADIGMA
~ Ver sobre todo Essai.s de lingui.stique générale, Parls, 1963, cap. 11. La
dificultad de este texto radica en que la relación constitutiva de paradigma
aparece en él ya como la relación de selección (y entonces se tiene el "para-
digma" en el sentido bien limitado de los lingüistas), ya como la relación de
similaridad (y "paradigma" puede significar entonces "categoría", en un sen·
tido absolutamente amplio).
135
S I N TA G MA Y P A R A D I G MA
- › Ver sobre todo E ssai s de I i ngui sti que générale, P ari s, 1 963 , cap. I I . L a
di f i cultad de este texto radi ca en que la relaci ón consti tuti va de paradi gm a
aparece en él ya com o la relaci ón de selecci ón (Y entonces se ti ene el “para-
di gm a” en el senti do bi en li m i tado de los li ngi i i stas), ya com o la relaci ón de
si m i lari dad (y “paradi gm a” puede si gni f i car entonces “categori a”, en un sen-
ti do absolutam ente am pli o).
1 3 5
Categorías lingüísticas
Una categoría lingüística (= un paradigma [131J) es general-
mente mucho más que una colección de elementos (o conjunto, en
el sentido matemático). Por lo común, comporta una organización
interna e instituye entre sus elementos relaciones particulares. Com-
parando estas diversas organizaciones, algunos lingüistas han creído
descubrir que existen ciertas propiedades comunes a ellas o que, al
menos, se encuentran frecuentemente.
Neutralización. Los fonólogos han advertido a menudo que mu-
chas oposiciones de fonemas [203], posibles en determinados con-
textos, ya no lo son en otros. Se dice entonces que la oposición está
neutralizada. Compárese, en francés, la vocal de fée [hadaJ (trans-
crita fonéticamente e) con la de faie [hechoJ (transcrita E). Am-
bas se oponen en final de palabra, puesto que reemplazando una por
otra se pasa de la pronunciación fe (con el sentido de "fée") a la
pronunciación fE (con el sentido de "fait"). Pero hay contextos don-
de la oposición está neutralizada. A veces, porque la sustitución no
introduce diferencia de sentido. Es el caso cuando e y E se encuen-
tran en sílabas abiertas (= no terminadas en consonantes) en el
interior de una palabra: se obtiene la misma significación "pays"
[paísJ cuando se pronuncia pE-i o pe.i. Los dos sonidos están enton-
ces en variación libre [204].1 A veces la neutralización se debe a la
imposibilidad de encontrar ninguno de los dos sonidos en un de-
terminado contexto (así, en francés no se encuentra, salvo los nom-
bres propios, ni e ni E después del sonido a). Por fin, la neutraliza-
ción puede provenir de que sólo uno de los dos elementos sea
posible: en una sílaba terminada por el sonido r, puede encontrarse
E, pero no e (existe fEr "fer" [hierro], pero no fer).
Marca. Este último tipo de neutralización es el que ha originado
la noción de marca. Se llama no marcado el elemento que aparece
allí donde sólo uno de los dos puede aparecer. Por este motivo
1 "Por ejemplo, en español mlñ forman una oposición neutralizable; es dis-
tintiva en posición intervocálica: pena-peña; pero hay ocasiones en que n y ñ
pueden ser realizaciones del fonema Ir. Así, en la palabra ancho. se puede
pronunciar la n como tal n, o por asimilación a la palabra eh, como ñ (añcho).
filñ se convierten así en una oposkión neutralizada." Fernando Lázaro Carre-
ter, Diccionario de términos filológicos, Madrid, Grcdos, 1968, p. 292. (N. del r.)
136
I C P
C ategorías li ngursli cas
U na categori a li ngüísti ca (= un paradi gm a [1 3 1 ]) es general-
m ente m ucho m ás que una colecci ón de elem entos (o conjunto, en
el senti do m atem áti co). P or lo com ún, com porta una organi zaci ón
i nterna e ìnsti tuye entre sus elem entos relaci ones parti culares. C om -
parando estas di versas organi zaci ones, algunos li ngi i i stas han crei do
descubri r que exi sten ci ertas propi edades com unes a ellas o que, al
m enos, se encuentran f recuentem ente.
N eutrali zaci ón. L os f onólogos han adverti do a m enudo que m u-
chas oposi ci ones de f onem as [201 - 3 ], posi bles en determ i nados con-
textos, ya no lo son en otros. S e di ce entonces que la oposi ci ón está
neutrali zada. C om párese, en f rancés, la vocal de ƒée [hada] (trans-
cri ta f onéti cam ente e) con la de f ai t [hecho] (transcri ta 8). A m -
bas se oponen en f i nal de palabra, puesto que reem plazando una por
otra se pasa de la pronunci aci ón ƒe (con el senti do de “f ée”) a la
pronunci aci ón f s (con el senti do de “f ai t”) . P ero hay contextos don-
de la oposi ci ón está neutrali zada. A veces, porque la susti tuci ón no
i ntroduce di f erenci a de senti do. E s el caso cuando e y e se encuen-
tran en sílabas abi ertas (: no term i nadas en consonantes) en el
i nteri or de una palabra: se obti ene la m i sm a si gni f i caci ón “pays”
[país] cuando se pronunci a pe- i o pe- í. L os dos soni dos están enton-
ces en vari aci ón li bre [204- ]. 1 A veces la neutrali zaci ón se debe a la
i m posi bi li dad de encontrar ni nguno de los dos soni dos en un de-
term i nado contexto (asi , en f rancés no se encuentra, salvo los nom -
bres propi os, ni e ni 8 después del soni do a). P or f i n, la neutrali za-
ci ón puede proveni r de que sólo uno de los dos elem entos sea
posi ble: en una sílaba term i nada por el soni do r, puede encontrarse
s, pero no e (exi ste f er “f er” [hi crro], pero no ƒer) .
Marca. E ste últi m o ti po de neutrali zaci ón es el que ha ori gi nado
la noci ón de m arca. S e llam a no m arcado el elem ento que aparece
allídonde sólo uno de los dos puede aparecer. P or este m oti vo
1 “P or ejem plo, en español m /i i f orm an una oposi ci ón neutrali zable; es di s-
ti nti va en posi ci ón i ntervocáli ca: pena- peña; pero hay ocasi ones en que n y ñ
pueden ser reali zaci ones del f onem a nf . A sí, en la palabra ancho, se puede
pronunci ar la n com o tal n, o por asi m i laci ón a la palabra ch, com o ñ (arïcf w).
Ñ/f i se convi erten asíen una oposi ci ón neutrali zada. ” Fernando L ázaro C arre-
ter, D i cci onari o de térm i nos ƒi lológi cos, Madri d, G redos, 1 968, p. 292. (N . del T. )
1 3 6
CATEGORJAS LlNGtJJSTICAS
también se dice a veces que es extensivo (el otro, de uso más li-
mitado, es intensivo o marcado). En los contextos donde sólo
el elemento no marcado es posible, se dice que éste representa la
oposición entera, o bien que representa el archifonema, es decir, lo
que es común a los dos fonemas de la oposición. Por su lado, Tru-
betzkoy no quiere hablar de marca sino cuando se trata de una opo-
sición privativa, donde sólo uno de los términos, el marcado, posee
rasgos distintivos [205] que no tiene el otro.
Descubierta la fonología; la noción de marca también ha sido
aplicada a las unidades significativas [235]. En este dominio, sin
embargo, el criterio de la neutralización es menos utilizable. En
efecto, son raros los contextos donde sólo uno de los dos morfemas
opuestos es posible. Se citarán giros como el alemán Wie alt ist er?
l." ¿Qué edad tiene él ?", literalmente: "¿Cuánto viejo es él ?"), don-
de el empleo de jung ("joven") en el lugar de ale es difícil; el pa-
ralelo con la fonología puede llevarse bastante lejos en este caso, ya
que puede decirse que alt, en este empleo, tiene el mismo valor
que la oposición alt·jung tomada en su totalidad y que es un arehi.
morfema que representa la categoría de la edad. Sin embargo, hay
pocos casos tan claros como éste. Podría pensarse en contextos tales
como "Este libro es poco ... ", donde se encuentra por ejemplo ·!lin-
teresante", pero no "aburrido". Sin embargo, el fenómeno es más
complicado, ya que la situación se invierte con "un poco" (se encuen-
tra "Este libro es un poco aburrido", pero no "Este libro es un
poco interesante"). K. ogeby ha propuesto (pp. 102-103) utilizar
el fenómeno de la defectividad para distinguir morfemas extensivos
e intensivos. Supongamos que ningún elemento de una clase A
pueda aparecer sin combinarse con un elemento de una clase B (en
un verbo francés, por ejemplo, no puede haber un modo sin estar
acompañado de un tiempo). Hay defectividad si algunos elemen·
tos de A no pueden combinarse con ciertos elementos de B: el
subjuntivo no puede combinarse, en francés, con el futuro. Del he·
cho de que sólo el indicativo es posible con el futuro, Togeby con·
c1uye que el indicativo es el término extensivo de la oposición in·
dicativo-subjuntivo. Pero se advertirá que el paralelo con la fono-
logía aquí está un poco forzado: obligaría a decir que en la forma
"vendré", el modo es un archimorfema que representa lo que es
común al indicativo y al subjuntivo.
Si en vez de considerar las unidades significativas el interés se
desplaza hacia las unidades semánticas, es decir, hacia los elementos
constitutivos de la significación, la noción de marca encuentra un
campo de aplicación indiscutible, ya que permite describir una asi·
metría muy frecuente en las categorías semántícas. Tómense, por
137
C A TE G O R ÍA S L I N G U ÍS TI C A S
tam bi én se di ce a veces que es extensi vo (el otro, de uso m ás li -
m i tado, es i ntensi vo o m arcado). E n los contextos donde sólo
el elem ento no m arcado es posi ble, se di ce que éste representa- la
oposi ci ón entera, o bi en que representa el archi f onem a, es deci r, lo
que es com ún a los dos f onem as de la oposi ci ón. P or su lado, Tru-
betzkoy no qui ere hablar de m arca si no cuando se trata de una opo-
si ci ón pri vati va, donde sólo uno de los térm i nos, el m arcado, posee
rasgos di sti nti vos [205] que no ti ene el otro.
D escubi erta la f onología, la noci ón de m arca tam bi én ha si do
apli cada a las uni dades si gni f i cati vas [23 5]. E n este dom i ni o, si n
em bargo, el cri teri o de la neutrali zaci ón es m enos uti li zable. E n
ef ecto, son raros los contextos donde sólo uno de los dos m orf em as
opuestos es posi ble. S e ci tarán gi ros com o el alem án Wi e alt i st er?
t_ “¿ Qué edad ti ene él?”, li teralm ente: “¿ C uánto vi ejo es é1 ?”) , don-
de el em pleo de jung(“joven”) en el lugar de alt es di f íci l; el pa-
ralelo con la f onología puede llevarse bastante lejos en este caso, ya
que puede deci rse que alt, en este em pleo, ti ene el m i sm o valor
que la oposi ci ón alt- jungtom ada en su totali dad y que es un archi -
m orf em a que representa la categoría de la edad. S i n em bargo, hay
pocos casos tan claros com o éste. P odri a pensarse en contextos tales
com o “E ste li bro es poco. . . ”, donde se encuentra por ejem plo' * * ìn-
teresante”, pero no “aburri do”. S i n em bargo, el f enóm eno es m ás
com pli cado, ya que la si tuaci ón se i nvi erte con “un poco” (se encuen-
tra “E ste li bro es un poco aburri do”, pero no “E ste li bro es un
poco i nteresante”). K. ogeby ha propuesto (pp. 1 02- 1 03 ) uti li zar
el f enóm eno de la def ecti vi dad para di sti ngui r m orf em as extensi vos
e i ntensi vos. S upongam os que ni ngún elem ento de una clase A
pueda aparecer si n com bi narse con un elem ento de una clase B (en
un verbo f rancés, por ejem plo, no puede haber un m odo si n estar
acom pañado de un ti em po). H ay def ecti vi dad si algunos elem en-
tos de A no pueden com bi narse con ci ertos elem entos de B: el
subjunti vo no puede com bi narse, en f rancés, con el f uturo. D el he-
cho de que sólo el i ndi cati vo es posi ble con el f uturo, Togeby con-
cluye que el i ndi cati vo es el térm i no extensi vo de la oposi ci ón i n-
di cati vo- subjunti vo. P ero se adverti rá que el paralelo con la f ono-
logía aqui está un poco f orzado: obli garía a deci r que en la f orm a
“vendré”, el m odo es un archi m orf em a que representa lo que es
com ún al i ndi cati vo y al subjunti vo.
S i en vez de consi derar las uni dades si gni f i cati vas el i nterés se
desplaza haci a las uni dades sem ánti cas, es deci r, haci a los elem entos
consti tuti vos de la si gni f i caci ón, la noci ón de m arca encuentra un
cam po de apli caci ón i ndi scuti ble, ya que perm i te descri bi r una asi -
m etría m uy f recuente en las categorías sem ánti cas. Tóm ense, por
1 3 7
I.OS CONCEPTOS METODOL6GICOS
ejemplo, las dos unidades semánticas "hombre" (entendiendo por
ésta "hombre varón"; d. el latín vir) y "mujer", constituyentes de
la categoría semántica "humano". El elemento "hombre" se con-
siderará no marcado porque existe un significante. la palabra 110m-
bre, que designa tanto la noción "hombre" como la cate!!oría "hu-
mano". O bien, en la categoría semántica "interesante"-"aburrido",
el polo "interesante" se considerará marcado porque el mismo ad-
jetivo interesante, que es susceptible de representarlo ("este libro es
interesante"), puede representar también la categoría entera. Es
lo que ocurre, por ejemplo, en la comparación: al flecir "A es más
interesante que R", no se subentiende que A y B merecen ser lla-
mados interesantes, en el sentido fuerte de este término (en cambio,
la expresión "A es más aburrido que R" permite pensar que ambos
son aburridos). La distinción de los elementos semánticos marcados
y no marcados también es útil para comprender el mecanismo de
la negación. Algunas expresiones (como el francés ne . •• pas) tie-
nen un efecto particular cuando se aplican a la palabra que repre-
senta el término no marcado de una categoría: la expresión obte-
nida tiende entonces a representar el polo opuesto (marcado). En
cambio, la misma negación, aplicada a la palabra que designa el
polo marcado, nunca reconduce al polo no marcado, sino a una
región intermedia de la categoría. Ejemplo (las flechas represen-
tan el efecto de la negación):
Uaburrido" Ugroscro'J "malo"
--+' Sobre las nociones de neutralización y de marca: N. Trubetzkoy, Princi-
pes de phonologie, trad. franc., Paris, 1949, cap. "Diacritique", §§ 3 Y 5;
R. Jakobson, "Zur Struktur des russischen Verbums", en Charisteria Mathe-
. ~ i o , Prague, 1932, pp. 74-84; C. E. Bazell, hOn the Neutralisation of Syntactie
Oppositions", Travaux du Cercle linguistique de Copenhague, 1949; K. To-
geby, Structure immanente de la langne franf;aise, Copenhague, 1951. citado
aquí después de la 2 ~ edición. Paris, 1965.
Participación. Hjelmslev y Brondal interpretan la asimetria de
las categorías lingüísticas revelada por el fenómeno de la marca
como un caso particular del "principio de participación" que, se-
gún L. Levy-Bruhl, caracterizaria la mentalidad primitiva. Este prin-
138
L O S C O N C E P TO S ME TO D O L ÓC I C O S
ejem plo, las dos uni dades sem ánti cas “hom bre” (entendi endo por
ésta “hom bre varón" : cf . el lati n oi r) y “m ujer”, consti tuventes de
la categori a sem ánti ca “hum ano”, E l elem ento “hom bre” se con-
si derará no m arcado porque exi ste un si gni f i cante. la palabra hom -
bre, que desi gna tanto la noci ón “hom bre” com o la categori a “hu-
m ano”. O bi en, en la categori a sem ánti ca “i nteresante”- “aburri do”,
el polo “i nteresante” se consi derará m arcado porque el m i sm o ad-
jeti vo i nteresante, que es suscepti ble de representarlo (“este li bro es
i nteresante”), puede representar tam bi én la categori a entera. E s
lo que ocurre, por ejem plo, en la com paraci ón: al deci r “A es m ás
i nteresante que B”, no se subenti ende que A y B m erecen ser lla-
m ados i nteresantes, en el senti do f uerte de este térm i no (en cam bi o.
la expresi ón “A es m ás aburri do que B” perm i te pensar que am bos
son aburri dos). L a di sti nci ón de los elem entos sem ánti cos m arcados
y no m arcados tam bi én es úti l para com prender el m ecani sm o de
la negaci ón. A lgunas expresi ones (com o el f rancés ne. . . pas) ti e-
nen un ef ecto parti cular cuando se apli can a la palabra que repre-
senta el térm i no no m arcado de una categori a: la expresi ón obte-
ni da ti ende entonces a representar el polo opuesto (m arcado). E n
cam bi o, la m i sm a negaci ón, apli cada a la palabra que desi gna el
polo m arcado, nunca reconduce al polo no m arcado, si no a una
regi ón i nterm edi a de la categori a. E jem plo (las f lechas represen-
tan el ef ecto de la negaci ón):
“i nteresante” “am able” “bueno”
“aburri do” “grosero” " m alo"
- )' S obre las noci ones de neutrali zaci ón y de m arca: N . Trubetzkoy, P ri nci -
pes de phonologi e, trad. f ranc. , P ari s, 1 949, cap. “D i acri tìque”, §§ 3 y 5;
R . J akobson, “Zur S truktur des russi schen Verbum s”, en C hari steri a Mathe-
si o, P rague, 1 93 2, pp. 74- 84; C . E . Bazell, “O n the N eutrali sati on of S yntacti e
O pposi ti ons”, Travauxdu C ercle li ngui sti que de C openhague, 1 949; K. To-
geby, S tructure i m m anente de la langne f rançai se, C openhague, 1 951 , ci tado
aquídespués de la 2@ edi ci ón, P ari s, 1 965.
P arti ci paci ón. H jelm slev y Brondal i nterpretan la asi m etría de
las catevorías li ngüísti cas revelada or el f enóm eno de la m arca
D `1 ' pa 0 0 op
com o un caso arti cular del " ' r1 nc1 no de artlcr acron” ue se-
P _ P 1 P q ,
gun L . L evy- Bruhl, caracterlzarra la m entali dad pri m i ti va. E ste pri n-
1 3 8
CATEGORIAS LlNGtJISTICAS
ClplO permitiría distinguir la lógica del lenguaje (que Hjelmslev
llama sublógica) de la lógica de los lógicos. En efecto, si en lu-
gar de decir que la palabra hombre designa tanto una unidad se-
mántica "hombre varón" como la categoría de humanidad, se admi-
te una sola unidad semántica correspondiente al conjunto de las
significaciones de hombre, deberá decirse que incluye la unidad se-
mántica "mujer". Habrá entonces entre las dos unidades un recu-
brimiento parcial (participación) que parece incompatible con la
lógica de la no contradicción, donde A y no-A están en disyunción
exacta.
Hjelmslev y Brondal creen que hasta es posible definir, mediante
un cálculo a priori, los diferentes tipos posibles de categorías lin-
güísticas, según el modo de participación de sus unidades. Brondal,
por ejemplo, empieza por determinar lo que sería la categoría máxi-
ma. Comprendería: a) dos términos, B
1
(positivo) y B
2

que están en disyunción y por lo tanto presentan dos cualidades
como incompatibles: cí. "imperativo" (idea de orden) y "subjun-
tivo" (idea de deseo) ; b) un término neutro. A. que indica la ausen-
eia de las dos cualidades, la no aplicación de la categoría: d. "in-
dicativo"; c) un término complejo, C, que recubre a la vez B, y
B
2
Yque indica solamente la aplicación de la categoría: cí. esa mez-
cla de orden y deseo que sería, en ciertas lenguas, el "optativo";
d) dos términos a la vez complejos y polares. D, y D
2
, que son equi-
valentes a C, pero con insistencia ya en la parte B" ya en la parte
de C. Se llaman complejo positivo y complejo negativo. Es difí·
cil encontrar, en francés o español, unidades semánticas que ejem-
plifiquen D, y D
2
Yque se expresen mediante morfemas simples. Sin
embargo, podría pensarse en las significaciones de las expresiones
compuestas "medio lleno" y "medio vacío", "a moitié plein", "ti
moitié vide". Según Brondal. retirando talo cual término de esta cate·
goría máxima es posible encarar la posibilidad de otras 14 catego-
rías, ya que gran número de combinaciones, matemáticamente posi-
bles, de los 6 elementos básicos es lingüísticamente inadmisible (pues.
to que sería inaceptable que hubiera un positivo sin un negativo o
un complejo positivo sin un complejo negativo, y a la inversa).
L Hjelmslev, "La catégorie des cas", Acta Jutlandica, 1935 y 1937; V.
Brondal, Essais de linguistique générale, Copenhagul'. 1943, cap. III. Docu-
mentación sobre otros sistemas análogos, en K. Togeby, op. cit., pp. 104-105.
Hexágono lógico. Hjelmslev y Brondal conciben la noción de
participación como pre-lógica. R. Blanché, por otro lado, llega a
defínir, para las categorías del pensamiento "natural", un tipo de
organización muy semejante, pero basándose en las relaciones ló-
139
C A TE G O R I A S L I N G U I S TI C A S
ci pi o perm i ti ría di sti ngui r la lógi ca del lenguaje (que H jelm slev
llam a sublógi ca) de la lógi ca de los lógi cos. E n ef ecto, si en lu-
gar de deci r que la palabra hom bre desi gna tanto una uni dad se-
m ánti ca “hom bre varón” com o la categori a de hum ani dad, se adm i -
te una sola uni dad sem ánti ca correspondi ente al conjunto de las
si gni f ìcaci ones de hom bre, deberá deci rse que i ncluye la uni dad se-
m ánti ca “m ujer”. H abrá entonces entre las dos uni dades un recu-
bri m i ento parci al (parti ci paci ón) que parece i ncom pati ble con la
lógi ca de la no contradi cci ón, donde A y no- A están en di syunci ón
exacta.
H jelm slev y Brondal creen que hasta es posi ble def i ni r, m edi ante
un cálculo a pri ori , los di f erentes ti pos posi bles de categorías li n-
güísti cas, según el m odo de parti ci paci ón de sus uni dades. Brondal,
por ejem plo, em pi eza por determ i nar lo que seri a la categoría m áxi -
m a. C om prenderi a: al dos térm i nos, B1 (posi ti vo) y B2 (negati vo),
que están en di syunci ón y por lo tanto presentan dos cuali dades
com o i ncom pati bles: cf . “i m perati vo” (i dea de orden) y “subjun-
ti vo” (i dea de deseo) ; bl un térm i no neutro. A . que i ndi ca la ausen-
ci a de las dos cuali dades, la no apli caci ón de la categoría: cf . “i n-
di cati vo”; c) un térm i no com plejo, C , que recubre a la vez B, y
B2 y que i ndi ca solam ente la apli caci ón de la categori a: cf . esa m ez-
cla de orden y deseo que sería, en ci ertas lenguas, el “optati vo”;
d) dos térm i nos a la vez com plejos y polares. D - y D 2, que son equi -
valentes a C , pero con i nsi stenci a ya en la parte B1 , ya en la parte B2,
de C . S e llam an com plejo posi ti vo y com plejo negati vo. E s di f í-
ci l encontrar, en f rancés o español, uni dades sem ánti cas que ejem -
pli f i quen D , y D 2 y que se expresen m edi ante m orf em as si m ples. S i n
em bargo, podría pensarse en las si gni f ìcaci ones de las expresi ones
com puestas “m edi o lleno” y “m edi o vacío”, “a m oi ti é plei n”, “a
m oi ti é vi de”. S egún Brondal. reti rando tal o cual térm i no de esta cate-
goría m áxi m a es posi ble encarar la posi bi li dad de otras 1 4- catego-
rías, ya que gran núm ero de com bi naci ones, m atem áti cam ente posi -
bles, de los 6 elem entos bási cos es li ngi i i sti earnente i nadm i si ble (pues-
to que sería i naceptable que hubi era un posi ti vo si n un negati vo o
un com plejo posi ti vo si n un com plejo negati vo, y a la i nversa).
- › L . H jelm slev, “L a catégori e des cas" , A cta I atlandi ca, 1 93 5 y 1 93 7; V.
Brondal, E ssai s de i i ngui sti que générale, C openhague, 1 . 94- 3 , cap. I I I . D ocu-
m entaci ón sobre otros si stem as análogos, en K. Togeby, op. ci t. , pp. 1 04- 1 05.
H exågono lógi co. H jelm slev y Brondal conci ben la noci ón de
parti ci paci ón com o pre- lógi ca. R . Blanché, por otro lado, llega a
def i ni r, para las categori as del pensam i ento “natural”, un ti po de
organi zaci ón m uy sem ejante, pero basándose en las relaci ones ló-
1 3 9
LOS CONCEPTOS METODOlóGICOS
gicas más tradicionales (la vinculación entre BIanché y BronJal se
debe a A. J. Greimas, que explica esta convergencia por la existencia
de "estructuras elementales de la significación"). Para BIanché:
a) Las relaciones lógicas que constituyen el cuadrado de Aristóte-
les no unen solamente las cuatro formas tradicionales de proposicio-
nes, A, E, I y O, o sea que no se basan únicamente en la cantidad y
el carácter positivo o negativo del juicio. También es posible encon-
trarlas en los cuartetos de oposiciones del tipo P(a), Q(a), R(a),
S(a), donde a es el nombre de un objeto y donde P, Q, R y S son
predicados pertenecientes a la misma categoría de pensamiento.
Tómense, por ejemplo, para P, Q, R y S, los predicados "avaro",
"pródigo", "ahorrativo" y "desprendido" y se tendrá el cuadrado:
I!i' Juan es
\Y avaro
Juan es 0:
pródigo
fj\Juan es
\!:.J ahorrativo
Juan es t()\
desprendido ~
Asimismo, en la categoría del calor, podría situarse en A "calien-
te". en E "frío, en I "tibio" y en O "fresco".
b) Una segunda extensión posible de la teoría de Aristóteles se-
ría la transformación del cuadrado en hexágono, por adjunción de
dos partes suplementarias, Y (definida como "o A o E") y U (defi.
nida como "a la vez I y O"). Se tendría así el esquema completo
(para simplificar sólo indicamos el predicado en cada puesto):
140
L O S C O N C E P TO S ME TO D O L ÓG I C O S
gi cas m ás tradi ci onales (la vi nculaci ón entre Blanché y Brondal se
debe a A . J . G rei m as, que expli ca esta convergenci a por la exi stenci a
de “estructuras elem entales de la si gni f i caci ón”). P ara Blanché:
a) L as relaci ones lógi cas que consti tuyen el cuadrado de A ri stóte-
les no unen solam ente las cuatro f orm as tradi ci onales de proposi ci o-
nes, A , E , I y O , o sea que no se basan úni cam ente en la canti dad y
el carácter posi ti vo o negati vo del jui ci o. Tam bi én es posi ble encon-
trarlas en los cuartetos de oposi ci ones del ti po P (a), Q(a), R (a),
S (a), donde a es el nom bre de un objeto y donde P , Q, R y S son
predi cados perteneci entes a la m i sm a categori a de pensam i ento.
Tóm ense, por ejem plo, para P , Q, R y S , los predi cados “avaro”,
“pródi go”, “ahorrati vo” y “desprendi do” y se tendrá el cuadrado:
®_ ]uan es . llum es ®
: warm protllgo
contrari o
1 4.
»$ 00
- 0
zf lw.
\. °i `° 0 Q _ .
bh
lll!
99
27. 7
subcontrarío
®]L 1 nn cs J tltltì C S ©
ahorrati vo desprendldo
A si m i sm o, en la categori a del calor, podri a si tuarse en A “cali en-
te”, en E “f río, en I “ti bi o” y en O “f resco”.
b) U na segunda extensi ón posi ble de la teoría de A ri stóteles se-
ri a la transf orm aci ón del cuadrado en hexágono, por adjunci ón de
dos partes suplem entari as, Y (def i ni da com o “o A o E ”) y U (def i -
ni da com o “a la vez I y O ”). S e tendría asi el esquem a com pleto
(para si m pli f i car sólo i ndi cam os el predi cado en cada puesto):
1 40
CATEGOR/AS LlNGO/STlCAS
ciclotímico
calmo @

o excitado ®
equilibrado
@
Se advertirá el parentesco entre el término neutro de Brondal y
el término U de Blanché, y asimismo entre el término complejo y el
Y. Sin embargo, existe una diferencia esencial: Y no comporta, a
la inversa del complej o, ninguna contradicción ni participación:
significa que uno de los dos términos contrarios debe aplicarse, sin
precisar cuál, mientras que el complejo une en sí los dos contrarios.
R. BJanché, Les structures intellectuelles, París, 1966.
Gradación. Gran número de categorías están orientadas (o gra-
duadas) . Por ello se entiende que existe entre sus términos un orden
lineal de una estructura lógica mucho más simple que las relacio-
nes estudiadas por Blanché. Este orden puede definirse mediante
diferentes criterios convergentes. Para orientar una categoría de
adjetivos, por ejemplo, los criterios más cómodos consisten en apli.
car a sus términos modificadores cuantitativos como menos que,
casi, .solamente, más que. Cada uno de estos modificadores, en efec-
to, sólo tiene sentido con relación a la orientación de la categoría del
término modificado. Significan, respectivamente, "por debajo de",
"muy poco por debajo de", "no por encima de ", "por encima de".
Así, sabiendo por observación directa que solamente tibio significa
"no más caliente que tibio", y sabiendo por otra parte que solamente
="no por encima", puede concluirse que hay una categoría donde
está "por encima de" tibio. Asimismo, solamente fresco sig-
nifica "no más frío que fresco", de manera que frío debe encontrarse
"por encima de" fresco. Estas conclusiones -que pueden confirmar.
se con ayuda de los otros modificadores- implican que existen dos
categorías orientadas:
141
C A TE G O R ÍA S L I N C U ÍS TI C A S
ci clotím i co
®exci tado depri m i do@
®i m petuoso calm o ©
equi li brado
©
S e adverti rá el parentesco entre el térm i no neutro de Brondal y
el térm i no U de Blanché, y asi m i sm o entre el térm i no com plejo y el
Y. S i n em bargo, exi ste una di f erenci a esenci al: Y no com porta, a
la i nversa del com plejo, ni nguna contradi cci ón ni parti ci paci ón:
si gni f i ca que uno de los dos térm i nos contrari os debe apli carse, si n
preci sar cuál, m i entras que el com plejo une en si los dos contrari os.
- › R . Blanché, L es structures i ntellectaelles, P ari s, 1 966.
G radaci ón. G ran núm ero de categorías están ori entadas (o gra-
duadas) . P or ello se enti ende que exi ste entre sus térm i nos un orden
li neal de una estructura lógi ca m ucho m ás si m ple que las relaci o-
nes estudi adas por Blanché. E ste orden puede def i ni rse m edi ante
di f erentes cri teri os convergentes. P ara ori entar una categoría de
adjeti vos, por ejem plo, los cri teri os m ás cóm odos consi sten en apli -
car a sus térm i nos m odi f i cadores cuanti tati vos com o m enos que,
casi , solam ente, m ás que. C ada uno de estos m odi f i cadores, en ef ec-
to, sólo ti ene senti do con relaci ón a la ori entaci ón de la categori a del
térm i no m odi f i cado. S i gni f i can, respecti vam ente, “por debajo de”,
“m uy poco por debajo de”, “no por enci m a de ”, “por enci m a de”.
A sí, sabi endo por observaci ón di recta que solam ente ti bi o si gni f i ca
“no m ás cali ente que ti bi o”, y sabi endo por otra parte que solam ente
: : “no por enci m a”, puede conclui rse que hay una categori a donde
cali ente está “por enci m a de” ti bi o. A si m i sm o, solam ente f resco si g-
ni f i ca “no m ás f ri o que f resco”, de m anera que f ri o debe encontrarse
“por enci m a de” f resco. E stas conclusi ones - que pueden conf i rm ar-
se con ayuda de los otros m odi f i cadores- - i m pli can que exi sten dos
categorías ori entadas:
1 4 I
LOS CONCEPTOS METODOlóGICOS
r
..........
¡
t
. .........
} ~
.......... . .........
glacial ardiente
~ i
frÍo caliente
más que fresco más que tibio
l
I
I
casi fresco
fresco tibio
~ casi tibio
Otro criterio, que converge con los precedentes, puede extraerse
de la aplicación a los términos de estas categorías de la figura retó-
rica llamada litote [319]. Empleada como lítote, una palabra tiene
un sentido más fuerte que el normal. Pero la idea de sentidos más o
menos fuertes supone la existencia de una graduación: "más fuerte"
= "por encima de, en la orientación de la categoría". Por otro lado.
sabiendo que la expresión hace fresco cuando se la emplea como lí-
tote significa "hace frío" y que "está tibio" significa "hace calor"
[en francés il fait chauá] , se confirma el hecho de que frío está "por
encima de" fresco y que calor [en francés chauá = "calor" y "ca-
liente"] está por encima de tibio.
~ Sobre este problema poco aclarado, véase sobre todo un artículo de Sapir.
"Grading, a Study in Semantics". cuya traducción forma la 3 ~ sección de E.
Sapir, Linguistique, Paris, 1968. Sobre las relaciones entre lítote y orienta-
ción, véase O. Ducrot, "Presupposés et sous-entendus". Langue franl;aise, di-
ciembre de 1969, pp. 41-42.
142
L O S C O N C E P TO S ME TO D O L ÓG I C O S
l
f ' “°" ' _ " ' }" " ' * - " " _ _ \ . . . . I - un
glaci al ardi ente
ri o cali ente
m ás que f resco < - - m ás que ti bi o
¦ !
f resco ti bi o
casi f resco - > . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . < - casi ti bi o
O tro cri teri o, que converge con los precedentes, puede extraerse
de la apli caci ón a los térm i nos de estas categorías de la f i gura retó-
ri ca llam ada li tote [3 1 9]. E m pleada com o li tote, una palabra ti ene
un senti do m ás f uerte que el norm al. P ero la i dea de senti dos m ás o
m enos f uertes supone la exi stenci a de una graduaci ón: “m ás f uerte"
: “por enci m a de, en la ori entaci ón de la categori a”. P or otro lado,
sabi endo que la expresi ón hace f resco cuando se la em plea com o li -
tote si gni f i ca “hace f río” y que “está ti bi o” si gni f i ca “hace calor"
[en f rancés i l f ai t chaud] , se conf i rm a el hecho de que f ri o está “por
enci m a de” f resco y que calor [en f rancés chaud : “calor” y “ca-
li ente”] está por enci m a de ti bi o.
- > S obre este problem a poco aclarado, véase sobre todo un artículo de S apìr,
“G radi ng, a S tudy i n S em anti cs”, cuya traducci ón f orm a la 3 9 secci ón de E .
S apìr, L i ngui sti que, P ari s, 1 968. S obre las relaci ones entre li tote y ori enta-
ci ón, véase O . D ucrot, “P resupposés et sous- entendus”, L angue f rançai se, di -
ci em bre de 1 969, pp. 4- 1 - 42.
1 42
Lengua y hal>l.a
Para algunos filósofos, una investigación empmca sólo se con-
vierte en ciencia cuando se decide a "construir" su objeto; en vez
de estudiar indiscriminadamente todos los fenómenos observables
en un determinado campo de investigación, ella misma elabora los
conceptos con ayuda de los cuales interroga la experiencia. Saussure
es, sin duda, uno de los primeros que explicita, para la lingüística,
la necesidad de cumplir lo que Kant llama un "giro copernicano".
En efecto, distingue la materia de la lingüística (es decir, el cam·
po de investigación del lingüista, que comprende el conjunto de los
fenómenos relacionados, de cerca o de lejos, con la utilización del
lenguaje) de su objeto (es decir, el sector o el aspecto de esos
fenómenos en que debe interesarse el lingüista). ¿Por qué hacer
tal separación? Por un lado, el objeto debe constituir un "todo en
sí mismo", o sea que debe constituir un sistema cerrado que com-
porte una inteligibilidad intrínseca. Y por el otro lado, el objeto
debe ser un "principio de clasificación": debe servir de base para
una mejor comprensión de la materia (porque Saussure ve la com-
prensión como clasificación), debe hacer inteligible el dato empí-
rico. El papel quc desempeña la lingüística general, propedéutica
con respccto a los estudios lingüísticos particulares, es el de definir
ciertos conceptos que permiten discernir el objcto en la materia
durantc la investigación empírica de un lenguaje dado, sea cual
fuere. Saussure da al objeto el nombre de lengua; la materia con-
sistc en los fenómcnos del habla. Si casi todos los lingüistas mo-
dernos están de acuerdo en cuanto a la necesidad metodológica de
tal distinción, difieren en cuanto a los criterios que pcrmiten reco-
nocer lengua y habla.
Por lo demás, el propio Saussure indica una serie de criterios
bastante diferentes:
1. La lengua sc dcfine como un código, entendiendo por ello lfl
correspondencia que se establece entre "imágenes auditivas" y "con-
ceptos". El habla es la utilización, la actualización de este código
por los sujetos hablantes.
2. La lengua es una pura pasividad. Su posesión pone en juego
únicamente las facultades "receptivas" del espíritu, en primer tér·
143
L engua y llabla
P ara algunos f i lósof os, una i nvesti gaci ón empíri ca sólo se con-
vi erte en ci enci a cuando se deci de a “construi r” su objeto; en vez
de estudi ar i ndi scrìmi nadamente todos los f enómenos observables
en un determi nado campo de i nvesti gaci ón, ella mi sma elabora los
conceptos con ayuda de los cuales i nterroga la experi enci a. S aussure
es, si n duda, uno de los pri meros que expli ci ta, para la li ngüísti ca,
la necesi dad de cumpli r lo que Kant llama un “gi ro coperni cano" .
E n ef ecto, di sti ngue la materi a de la li ngüísti ca (es deci r, el cam-
po de i nvesti gaci ón del li ngüìsta, que comprende el conjunto de los
f enómenos relaci onados, de cerca o de lejos, con la uti li zaci ón del
lenguaje) de su objeto (es deci r, el sector o el aspecto de esos
f enómenos en que debe i nteresarse el li ngüìsta). ¿ P or qué hacer
tal separaci ón?P or un lado, el objeto debe consti tui r un “todo en
sími smo”, o sea que debe consti tui r un si stema cerrado que com-
porte una i nteli gi bi li dad i ntrínseca. Y por el otro lado, el objeto
debe ser un “pri nci pi o de clasi f i caci ón" : debe servi r de base para
una mejor comprensi ón de la materi a (porque S aussure ve la com-
prensi ón como clasi f i caci ón), debe hacer i nteli gi ble el dato empí-
ri co. E l papel que desempeña la li ngüísti ca general, propedéutìca
con respecto a los estudi os li ngüísti cos parti culares, es el de def i ni r
ci ertos conceptos que permi ten di scerni r el objeto en la materi a
durante la i nvesti gaci ón empíri ca de un lenguaje dado, sea cual
f uere. S aussure da al objeto el nombre de lengua; la materi a con-
si ste en los f enómenos del habla. S i casi todos los li ngüi stas mo-
dernos están de acuerdo en cuanto a la necesi dad metodológi ca de
tal di sti nci ón, di f i eren en cuanto a los cri teri os que permi ten reco-
nocer lengua y habla.
P or lo demás, el propi o S aussure i ndi ca una seri e de cri teri os
bastante di f erentes:
1 . L a lengua se def i ne como un códi go, entendi endo por ello la
correspondenci a que se establece entre “i mágenes audi ti vas” y “con-
ceptos”. E l habla es la uti li zaci ón, la actuali zaci ón de este códi go
por los sujetos hablantes.
2. L a lengua es una pura pasi vi dad. S u posesi ón pone en juego
úni camente las f acultades “recepti vas” del espíri tu, en pri mer tér-
1 43
!,OS CONCEPTOS METODOLóGICOS
mino la memoria. Correlativamente, toda actividad ligada al len-
¡maje pertenece al habla. Sumada a la anterior, esta caracteriza-
ción tiene dos consecuencias:
a) El código lingüístico consiste solamente en una multitud de
signos aislados (palabras, morfemas), cada uno de los cuales aso-
cia un sonido a un sentido particular: Saussure habla así de la len-
gua como de un "tesoro" donde se almacenarían los signos (por
otro lado, admite que se necesita una facultad de "coordinación"
para clasificar esos signos). En cuanto a la organización de los sig-
nos en frases y la combinación de sus sentidos para constituir el
sentido global de la frase, en la medida en que ambas implican una
a c t ~ v i d a d intelectual, habría que atribuirlas al habla, al empleo de
la lengua. Así, Saussure deja entender que la frase proviene del
habla (2:). parte, cap. V, ~ 2).
b) Significantes y significados, en el código lingüístico, son pu-
ramente estáticos. El aelo mismo (1" enunC'iación [3641, 1"1 hf'cho dI'
utilizar una determinada expresión en una determinada circuns-
tancia, no se considerará, pues, como un significante de la lengua
y, por otro lado, el efecto práctico producido por el empleo de esas
expresiones, la manera en que transforman la situación respectiva
de los interlocutores, nunca podrán ser introducidos en el código a
título de significados. N. B.: La consecuencia a) es incompatible con
la gramática ¡renerativa [56]; la consecuencia b), con la filosofía
analítica [114].
3. La lengua es un fenómeno social, mientras que el habla es
individual. Para que este criterio sea compatible con el primero. es
preciso admitir que la sociedad constituye totalmente el código lin-
güístico de los individuos. Lo cual obliga a creer, por ejemplo, que
los mecanismos de interpretación de las frases o bien son idénticos
para todos los miembros de una colectividad lingüística, o bien no
provienen de la lengua. Y puesto que de hecho se observa una gran
variabilidad en la interpretación que individuos diferentes hacen de
una frase -si ésta es algo compleja-, el criterio 3 amenaza con
poner en tela de juicio la pertenencia de la semántica a la lingüís-
tica. Por otra parte, si relacionamos la caracterización del habla
como individual y su definición como actividad (criterio 2), nos
vemos llevados a negar que la actividad lingüística tenga normas
sociales, que las condiciones de empleo del lenguaje y su efecto
sobre la situación de los interlocutores puedan estar repdas no sólo
por hábitos sino también por convenciones. Nos encontramos, pues,
ante una tesis empíricamente discutible y discutida sobre todo por
la socio y la etnolingüística [79 y ss.].
Si las grandes doctrinas lingüísticas comportan casi todas crite·
144
LENGUA Y HABLA
rios para separar la materia y el objeto de la investigación, la
mayoría de ellos son incompatibles con los de Saussure, aun cuan-
do se formulen como explicitaciones de la oposición lengua-habla.
Trubetzkoy, por ejemplo, opone la fonética a la fonología: una
estUl"lia "los sonido!' del habla" y otra "los sonidos de la len¡?:ua".
El fonetista descrihe todos los fenómenos acústicos relacionados
('on la utilización de una l e n ~ u a , sin permitirse privilegiar al¡!;unos
con respecto a otros: estudia, pues, los sonidos del habla. El fonó-
logo. al contrario. extrae de ese dato los únicos elementos que re-
presentan una función en la comunicación, que sirven, de un modo
11 otro, para transmitir la información: los únicos que provienen de
la l e n ~ u a o, según la terminología habitual, los que son "lingüís-
ticamente pertinente!''' r20.3]. Sea por ejemplo la manera en que
un determinado hablante francés pronucia una l. El fonólogo sólo
retendrá los rasgo!' informativos. que permiten distinguir esa 1 de
otro fonema francés. Por consiguiente. hará abstracción del hecho
de que el sonido l sea o no "sonoro" (= acompañado de vibra-
ciones de las cuerdas vocales); ya que este rasgo. en cuanto con-
cierne al sonido l francés. está automáticamente determinado por el
('ontexto (la l es sorda en francés cuando está rodeada de consonan-
tes sordas: en caso contrario, es sonora). [Un ejemplo equivalente en
español: la b, fricativa. cuando no está en posición inicial absoluta
ni se halla precedida de m o n ("rebelde", "abdicar"), suele con-
vertirse en b oclusiva en pronunciación enfática o en p ante conso-
nante sorda ("ábside", "obtener"): hechos determinados por el
contexto o la actitud del hablante, que no interesan al fonólogo
y sí a la fonética. (Ej. del Trad.)] N. B.: Esta concepción de la opo-
sición lengua-habla. aunque acorde con el criterio 1 de Saussure,
es po<lo compatible con el criterio 3: la influencia del contexto so-
bre la pronunciación de la l en francés o la b en español es un fe-
nómeno eminentemente social. propio de ciertas colectividades lin-
güísticas, de manera que el criterio 3 llevaría a reintroducirla en la
lengua. Esta dificultad lleva a Coseriu a situar las variantes contex-
tuales [204] en un lugar intermedio entre lo que llama "esquema"
y el "hahla": la "norma" [152 y ss.].
~ La relación entre la fonología y la noción de lengua está presentada por
N. Truhetzkoy en sus Príncipes de phonologie, trad. franc., París, 1949,
Introducción.
Tanto Chomsky como sus exegetas asimilaron con frecuencia a
la distinción entre lengua y habla su oposición entre la competen-
cia y la ejecución (performance) lingüísticas. La competencia de
un sujeto hablante español -competencia que debe representarse
145
J.OS CONCEPTOS METODOLóGICOS
en la gramática generativa de su lengua 1'.')6]- es el conjunto de
las posibilidades que le son dadas por el hecho y sólo por el hecho
de poseer el español: posibilidad de construir y de reCOnocer la infi·
nidad de las frases gramaticalmente correctas, de interpretar cuá·
les de ellas (también en número infinito) tienen sentido, de descu-
brir las frases ambiguas, de sentir que ciertas frases, eventualmente
muy diferentes por el sonido, tienen sin embargo una fuerte simili-
tud gramatical y que otras, fonéticamente cercanas, son gramati-
calmente muy desemejantes, etc. Estas posibilidades -que según
Chomsky constituyen la competencia comÍIn a todos los sujetos que
hablan por ejemplo el español y que en este sentido representan
"la lengua española"- se distinguen a) por exceso y !JI por falta
de las ejecuciones de que son susceptibles de heeho los sujetos
hablantes:
a} Las frases españolas gramaticales son infinitas en número, ya
que no puede fijarse un límite superior a su (si una
X es correcta, basta agregarle una proposición relativa para obte-
ner una frase Y más larga que X e igualmente correcta). Ahora
bien, la finitud de la memoria hace imposible constituir o interpre:
tar una frase que supere cierta longitud (de manera tal el nú·
mero de frases efectivamente realizables es finito). Pero la finitUfI
de las ejecuciones prácticas no impide hablar de una competencia
teóricamente infinita (en el sentido en que los matemáticos dicen
que una función es teóricamente calculable, aunque la máquina
permitiría calcularla debería tener más electrones que el sistema
solar y, por lo tanto, es prácticamente imposible).
b) Muchas ejecuciones de los sujetos hablantes (prever el efee-
to de una frase en un contexto dado, abreviarla confiando en la
situación de discurso para hacer inteligible el resultado, etc.) no
provienen de la competencia lingüística, ya que suponen un conoci·
miento del mundo y de los demás sujetos. asi como una práctica
de las relaciones humanas, que puede parecer independiente de la
actividad lingüística.
Se advertirá que la oposición chomskiana tiene exactamente el
mismo carácter que la de Saussure: así como la lengua deberá ser
estudiada independientemente del habla, pero no a la inversa, la
competencia deberá ser estudiada antes de la ejecución y a la ve;>:
será el fundamento necesario de esta última (lo cual se expresa di-
ciendo que la constitución de una gramática generativa es previa a
toda psicología del lenguaje) . Por otro lado, la oposición de Choms·
ky coincide poco más o menos con el primer criterio de Saussure,
puesto que las competencias, tomadas en conjunto, no hacen otra
cosa que manifestar la posibilidad de dar una interpretación semán·
146
LENGUA Y HABLA
tica a series fónicas. Pero la OpOSIClOn de Chomsky es incompati.
ble con el segundo criterio de Saussure -puesto que una frase no
es concebible sin una actividad combinatoria- y con el terce-
ro -puesto que la competencia lingüística comporta, además de
los conocimientos particulares de cada lengua, una facultad uni-
versal del lenguaje [17] que no puede considerarse social.
Algunos lingüistas, por fin, establecen oposiciones que, aun cuan-
do poseen la misma función epistemológica que la de Saussure y
están explícitamente asimiladas a ella, no se relacionan claramente
con ninguno de los tres criterios precedentes. Así la glosemática
[35 y ss.] distingue, en todo lenguaje, el esquema y el uso. El esque-
ma tiene una naturaleza puramente formal, "algebraica": es el con-
junto de las relaciones (paradigmáticas y sintagmáticas [132 y ss.])
que existen entre los elementos de la lengua, independientemente
de su sentido y de su realización fónica. El funcionamiento del len-
guaje como código, que supone que las unidades lingüísticas han
sido semánticamente y fonéticamente definidas, no está inscrito,
por consiguiente, en el esquema lingüístico. sino tan sólo en 10 que
Hjelmslev ]Jama el uso. En efeoto, el uso fija el modo de manifes-
tación de las unidades. En su descripción se indicarán, pues, los
rasgos de manifestación que son pertinentes en el sentido fonoló-
gico [203] (constituyen lo que Hjelmslev llama norma [152]) y
los que no lo son, y tanto los rasgos impuestos por convenciones
sociales como los improvisados por el individuo. Se advierte así
que la oposición saussuríana lengua-palabra, si nos atenemos a los
criterios explícitos de Saussure, pasa al interior de lo que Hjelms-
lev llama "uso". Lo que la acerca a la distinción glosemática del
esquema y el uso es sobre todo su función metodológica común.
~ Hjelmslev presenta su oposición esquema·uso. diciendo que en lo esen-
cial es análoga a la distinción lengua.habla, en "Langue et parolc", Cahiers
Ferdinand de Saussure, 1942, NQ 2: artículo reproducido en Essais linguis-
tiques, Copenhague, 1959.
Otro tanto puede decirse de la utilización que hace Guillaume de
las nociones de lengua y habla. Le sirven en esencia para distinguir
lo que él llama sentido y efectos de sentido. A cada palabra, con
más precisión, a cada unidad significativa mínima, corresponde en
la lengua un solo y único sentido, a pesar de la infinitud de signi-
ficaciones (o efectos de sentidos) que pueden darse en el discurso,
cada una de las cuales representa un punto de vista parcial, un
enfoque particular del sentido. El sentido de una palabra, en efecto,
no puede ubicarse directamente en el discurso, pues debe describirse
como un movimiento de pensamiento, como el desarrollo progresivo
147
LOS CONCEPTOS METODOLóGICOS
de una noción (por eso la lengua se denomina psicomecánica).
Así, el sentido del artículo un es e! movimiento intelectual de parti-
cularización que va de lo general a lo particular y el sentido de el
es e! movimiento inverso de generalización. Cuando los artículos
se emplean en el discurso, el efecto de! contexto consiste en detener
esos movimientos o, si se quiere, en tomar imágenes instantáneas
que sólo retienen un momento de ellos. Se explica entonces que,
a pesar de la diversidad de sus sentidos, ambos artículos puedan
ocasionar efectos de sentido muy semejantes. Ése será el caso, por
ejemplo, de los puntos de vista tomados en e! origen del movi·
miento de generalización y al final de la particularización -se
obtiene entonces (a) El hombre que conociste y (b) Un amigo ha
/legado-, y también de los puntos de vista tomados al final de la
generalización y al comienzo de la particularización -cl. (c) El
llOmbre es falible y (d) Un hombre es falible.
particularización
= un
(dI
I
I
I
I
I
( b)
I
I
I
I
I (a)
I
I
I
I
(e)
generalización
=el
La flecha de la izquierda representa el sentido de un; la de la de·
recha e! sentido de el; las líneas punteadas, los puntos de vista co·
rrespondientes a los efectos de sentido (a), (b), (c) y (d).
Una vez más, 10 que vincula a Guillaume con Saussure no es el
contenido de la oposición utilizada, sino su existencia. concebida
como fundamento de toda investigación lingüística (sólo el cono-
cimiento previo del sentido permite comprender los efectos de
l'entido) .
~ Véase G. GuilJaume, Langage et Science du langage. Paris, Quebec, 1%4;
d. sobre todo los artículos "Observation et explication" y "Particularisation
el généralisalion".
Si los sucesores de Saussure retuvieron menos el contenido que
la función metodológica de la oposición lengua.habla, para justifi.
('ar algunas formas que ha adquirido tal oposición será preciso como
148
LENGUA Y HABLA
probar si en verdad cumplen esa función. Por consiguiente, la cons-
trucción de un objeto lingüístico abstracto sólo puede legitimarl'e
al término de la investigación, mediante la inteligibilidad propia
que se manifiesta en el objeto abstracto y mediante la que es con-
ferida al dato observable. Justificable únicamente por sus resulta-
dos, una presentación particular de la oposición nunca podría con-
siderarse dotada de una evidencia intrínseca y como un fundamento
posible para la polémica: un lingüista que reprochara a otro tomar
por lengua lo que "en realidad" es habla, presupondría terminada
la lingüística.
~ Para un examen general de la distinción lengua-habla: K. H e ~ e r , . "La
sémanlique el la dichotomie de langue et de parole", Travau" de linguisli-
que el de litérature, 1969, 1, pp. 47-111, en especial § 1.
149
Norma
Entre las motivaciones que pudieron inducir a describir las len-
guas se detaca con frecuencia la preocupación de fijar con claridad
un buen uso, una corrección, en otros términos, una nonna lin-
güística que retendría sólo determinadas maneras de hablar efec·
tivamente utilizadas y rechazaría las demás por descuidadas, in·
correctas, impuras o vulgares (esta norma puede referirse a la
pronunciación -y recibe entonces el nombre de "ortoepeya"-, la
elección del vocabulario, la morfología o la sintaxis). Es signifi.
cativo. en este sentido, que la primera descripción cono-
cida, la del sánscrito clásico hecha por el gramático hindú Panini
(siglo IV antes de Cristo), haya aparecido en el momento en que
la len¡ma sánscrita cultivada (bhasha), amenazada por la invasión
de las lenguas populares (prakrits), tuviera necesidao de estabiH-
7arse, aunque sólo fuera para la conservación literal de
los textos sagrados y la pronunciación exacta de las fórmulas de
rezo. En las sociedades occidentales la distinción entre el buen y
Pi mal uso no es menos importante, puesto que la posesión del buen
lenguaje es una de las señales de las clases sociales dominantes
(en sus Remarques sur la langue francaise [Observaciones sobre
la. lengua francesa], publicadas en 1647, Vaugelm; definió el buen
11S0 como "compuesto por la ¡,lite de las voces. Es la manera de ha-
blar de la parte más sana de la corte"). No es asombroso, pues, que
la tradición lingüística occidental haya atribuido un doble papel al
gramático: por un lado, pretende decir qué es la lengua; pero al
mismo tiempo privilegia ciertos usos y dice 10 que la lengua debe
ser. Esta tradición sobrevive en la práctica pedagógica francesa, por
f'jemplo, que estudia la gramática unida al aprendizaje de la correc-
ción gramatical (mientras que la pedagogía anglosajona actual cree
ventajoso prescindir de la enseñanza de la gramática). Se justifica
la conjunción de lo descriptivo y de lo normativo por diversos argu-
mentos. Entre diferentes giros posibles, el más correcto sería el que:
a) concuerda más con los hábitos generales de la lengua (regida
por la analogía), o b) es susceptible de una justificación "lógica".
o e) tiene raíces más hondas en la historia de la lengua ("hay que
saber latín para hablar francés"). Estas tres razones confluyen en la
150
NORMA
conclusión de que el buen uso es el que permite la descripción más
interesante, puesto que es el que manifiesta más orden y racionalidad.
Se pucden encontrar las tres clases de consideraciones en la Grammaire
des grammaires de Girault·Duvivier (París, 1812), obra básica para la ense·
ñanza del francés en el siglo XIX; d. un comentario detallado de este trabajo
por J. Levitt, The Grammaire des Grammaires of Girault.Duvivier, La Haya,
1968 (véase sobre todo el cap. VII).
El desarrollo de las investigaciones lingüísticas en el siglo XIX,
en cambio, produjo una separación cada vez mayor entre el conoci-
miento científico de una lengua y la determinación de su norma.
Por un lado, cuando la lingüística histórica empezó a estudiar en
detalle las transformaciones del lenguaje demostró que la evolución
de la lengua suele tener origen en las formas de hablar populares,
argóticas o dialectales, de manera tal que la corrección de una época
no hace sino consagrar las incorrecciones de la época precedente.
ejemplos y referencias biblio/!:ráficas, en W. V. Warburg, Pro-
bUmes et Méthodes de la linguistique, cap. n, París, 1946.
Por otra parte, se evidenció que los procesos lingüísticos funda·
mentales se manifiestan tanto -y aún más- en las formas de ha·
hlar llamadas "incorrectas" (infantiles o populares) como en las
que se ajustan a la norma oficial. El niño qne en francés conjuga
"prendre.que je prende" sobre el modelo de "rendrf'.que ;e rende"
ro el que en español produce formas como "andé, andaste" por
influjo del paradigma "amé", amaste" (E;. del Trad.)] está guiado
por la tendencia a la analogía, por esa busca de las proporciones
(en el sentido matemático) en la cual H. Paul y F. de Saussure vie-
ron uno de los lingüísticos fundamentales. Así, Saussure
critica 2) a los lingüistas de principios de siglo, que veían en la
analogía una "irregularidad, una infracción a una norma ineal",
cuando en verdad la analogía constituye el procedimiento mediante
el cual las lenguas "pasan de un estado de organización a otro".
De manera aún más sistemática, H. Frei procuró demostrar que las
presuntas "faltas" idiomáticas son producidas por los mismos meca·
nismos psicológicos que permiten al lenguaje considerado "correc-
to" llenar sus funciones [45 Y ss.].
Sobre la analogía: H. Paul, Principien der Sprachgeschichte, ed.,
Halle, 1886, cap. S, y F. de Saussure, Curso de lingüística general parte,
cap. 4. Para un análisis "funcional" de los errores, véase H. Frei, La Gram·
maire des fautes, Bellegarde, 1929.
151
LOS CONCEPTOS METODOLóGICOS
El rechazo del punto de vista normativo en lingüistica pudo, pa·
recer a tal punto definitivo en la primera parte del siglo xx que ,al-
gunos lingüistas creyeron posible recuperar la palabra "norma" y
utilizarla en un sentido nuevo, mediante el cual ya no sirve para
distinguir un uso particular de la lengua. Para Hjelmslev, el sis-
tema de una lengua ( o su esquema) es una realidad puramente
formal; es el conjunto de relaciones abstractas que existe entre sus
elementos, independientemente de toda caracterización fonética o
semántica de éstos (la r se define, en el sistema, por la manera en
que se combina, en la sílaba, con los demás fonemas). La norma,
por otro lado, es el conjunto de rasgos distintivos [205] que, en
la manifestación concreta de ese sistema, permiten reconocer los
elementos entre sí. (Desde el punto de vista de la norma, la r se
define como una consonante vibrante, porque esto basta para dis-
tinguirla de cualquier otro fonema francés o español.) El uso con-
siste en los fenómenos semántico-fonéticos mediante los cuales el sis-
tema se manifiesta realmente (la r se caracteriza entonces por la tota-
lidad de los rasgos, inclusive los no distintivos, que constituyen su
pronunciación [en español, es una alveolar vibrante simple, a veces
fricativa en la pronunciación familiar, que es donde más se mani-
fiesta la constante tendencia a la relajación de la r (Ej. del Trad.)].
La norma representa, pues, una especie de abstracción operada con
respecto al uso. E. Coseriu presenta la misma jerarquía nocional,
pero con un grado de desplazamiento, en la medida en que el siso
tema, según Coseriu, no tiene el carácter formal que tiene para
Hjelmslev. El sistema de Coseriu está cerca de la norma de Hjelms.
lev: es la parte funcional del lenguaje. Así, la definición sistemá-
tica de un fonema indicará esencialmente sus rasgos distintivos. El
aspecto normativo del fonema es, entonces, el conjunto de las
obligaciones impuestas, en una sociedad determinada, por su reali·
zación efectiva incluyendo en el conjunto los rasgos no distintivos
y, por ejemplo, las variantes contextuales [204]. Es en un tercer
nivel, el del habla, donde deben situarse todas las variaciones que
el sujeto hablante puede bordar sobre el cañamazo social. La noción
de norma, para Hjelmslev y Coseriu, define pues cierto nivel de
abstracción en el análisis del dato, en el estudio de los medios efec·
tivos, y no cierto tipo de empleo, como era el caso para la lingüís.
tica del siglo XIX.
-+ L. Hjelmslev presenta la idea de norma en "Langue et parole", Cahiers
Ferdinand de Saussure, 2, pp. 2944, artículo incluido en Essais linguistiques,
Copenhague, 1959. E. Coseriu utiliza esta noción fundamentalmente en Siso
tema, norma y habla, Montevideo, 1952; N. C. W. Spence resume las princi·
pales tesis de Coseriu en "Towards a new synthesis in linguistics", Archivum
linguisticum, 1960, pp. 1·34.
152
NORMA
Sin embargo, la evolución reciente de la lingüística ha rehabili·
tado en cierta medida la idea de que no todo debe tomarse del
dato lingüístico empírico y de que el lingüista no puede poner en el
mismo plano todos los usos que observa en una colectividad deter·
minada. ia lin¡¡;üistica generativa [54 y ss.] admite, por ejemplo,
que entre los enunciados efectivamente utilizados por los sujetos
hablantes, algunos son gramaticales y otros agramaticales. La
distinción es tan importante que una condición necesaria de ade-
cuación para una gramática generativa consiste en engendrar los
primeros, y no los segundos. Dado que las gramáticas tradiciona-
les también se proponen hacer capaces a sus lectores de construir
las frases correctas y evitar las frases incorrectas, muchas veces se
ha reprochado a Chomsky el haber resucitado lisa y llanamente la
vieja noción de normatividad. Algunas precisiones demostrarán la
injusticia de ese reproche.
1. Gramaticalidad y agramaticalidad son categorías relativas al jui.
cio y no al empleo
Lo que asegura al lingüista acerca del carácter gramatical de un
t"nunciado no es, para Chomsky, la categoría social de las person,as
que tienden a emplear dicho enunciado ni las circunstancias en que
es habitualmente empleado. Es un juicio intuitivo que todos los
miembros de una misma colectividad lingüística comparten acerca
de ese enunciado (todo hablante español reconoce "tengo frío" como
gramatical y "yo tener frío" como agramatical). La facultad de
emitir este juicio forma parte, según Chomsky, de la competen-
cia lingüística [145 y ss.] de los sujetos hablantes.
2. Por consiguiente, al hablar de gramaticalidad el lingüista no for-
mula una apreciación, sino una observación
De acuerdo con lo que precede, en efecto, el gramático no se basa
en el uso de una clase social particular (el hablante "culto"), sino
en un sentimiento común a toda una colectividad. Si en ciertos ca·
sos existe un desacuerdo entre los sujetos hablantes, si por ejemplo
algunos hablantes españoles encuentran gramatical "El hombre que
te dije que vino", giro rechazado por otros, no es preciso considerar
ninguno de ambos juicios como bueno, sino admitir que se está en
presencia de dos variedades diferentes de español, cada una de las
cuales debe describirse mediante una gramática generativa parti.
cular o por una variante particular de la gramática generativa que
describe el español en general.
153
LOS CONCEPTOS METODOlóGICOS
3. Enunciados imposibles pueden ser gramaticales
En la medida en que la gramaticalidad no usa como criterio un
empleo sino un juicio, es posible preguntarse acerca de la grama·
ticalidad de enunciados que de hecho nunca se emplean. Así, nadie
vacilará en considerar gramatical el enunciado "Esta locomotora
pesa un gramo", aun cuando razones de verosimilitud hacen poco
probable su empleo. O bien imaginemos una frase que conten¡!a
varias proposiciones relativas imbricadas, por ejemplo: "el ratón
que el gato que el vecino que ha venido ha comprado ha comido
estaba envenenado". Nadie la utilizará. Sin duda, hasta sería im-
posible entenderla. Sin embargo. si una persona admite como gra-
matical "El gato que mi vecino ha comprado ha comido un ratón",
es posible hacerle comprender que las mismas construcciones están
en .juego en ambos casos y que la rrramaticalidad del segundo enun-
ciado supone la del primero (se advertirá que Descartes se valía de
un argumento semejante para probar que cada hombre lleva con-
sigo todas las matemáticas: quien sabe reconocer que 2 +2 = 4
puede llegar a comprender los teoremas más complicados ya que
¡;stos no hacen intervenir relaciones matemáticas de orden diferente).
Esta posibilidad de juzgar gramaticales enunciados imposibles de
utilizar en la práctica prohíbe ver en la compleiidad de un enun-
ciado una causa de alZ;ramaticalidad: es indisnensable para compren-
der la afirmación chomskiana según la cual el conjunto de las frases
gramaticales es infinito.
4. El juicio del!ramaticalidad eSf,á en
flue el suieto hahlantp Tlllp(lp emitir I1n iuirio de qr"mati(''l-
)jílad (o ser condudno n tn] iuicio) !"ohrp un ('oniunto infinito de
frases aunque nunca las havn oído antes. esta apreciación no se
hasa en la memoria o la experiencia, sino en un sistema de reglas
;:enerales interiorizadas durante el aprendizaje de la lengua. Por lo
tanto al construir una gramática generativa que engendra exclusiva-
mente las frases gramaticales, el lingüista formula una hipótpsi!" sobre
los mecanismos utilizados inconscientemente por el sujeto hablante.
A cada tipo de agramaticalidad corresponderá un componente de la
gramática [70 y ss.]. Son las re¡!las del componente sintáctico j¡¡"
que de este modo prohibirán el enunciado sintácticamente agramati-
eal "yo tener frío"; las del componente fonológico eliminarán las
anomalías fonológicas, debidas a pronunciaciones imposibles en la
lengua descrita (por ejemplo, de un enunciado que comprendería en
una misma sílaba la serie de consonantes pll, imposible en español).
El componente semántico, por fin, prohibirá las anomalías semán·
ticas como "El acero pesa tres kilogramos".
154
NORMA
~ Sobre este último tema, véase Katz y Fodor, "The structure of a semantie
theory", Lallguage, 1963, pp. 170·210, trad. franco en los Cahiers de lexicologie,
8, 1966.
5. La investigación y la explicación de las anomalías se convierte
en un método lingüístico esencial
Si todo juicio de agramaticalidad se basa en una regla de gramá.
tica, casi siempre inconsciente, el lingüista deberá hacer un inven·
tario sistemático de las agramaticalidades. Así, muchas investiga·
ciones generativas tendrán por punto de partida preguntas tales
como"¿Por qué molesta este enunciado?"
~ Un estudio de las anomalías semánticas extraídas de un corpus de
poetas surrealistas, anomalías que habían sido premeditadas como' tales por sus
autores, permite a T. Todorov establecer, por contraposición, algunas leyes de
la combinatoria semántica del francés ("Les anomalies sémantiques", Langa-
ges, marzo dI' 1969, pp. 100-123).
La concepción generatista de la agramaticalidad ha provocado,
~ i n embargo, ciertas críticas:
a) ¿No implica un retorno, vergonzante y oculto, a la concep·
ción normativa de la gramática? Pues quizá los juicios de a¡n-ama·
ticalidad emitidos por los sujetos hablantes no sean más que el efec·
to de las reglas aprendidas en las escuelas, basadas en una gramática
claramente normativa.
b) ¿Son en verdad los sujetos hablantes quienes determinan por
si mismos los tres tipos de agramaticalidades, o bien esta distinción
es el simple reflejo de la división de la gramática generativa en
tres componentes?
c) ¿No existe entre las frases gramaticales y agramaticales un
vasto no man's land a propósito del cual nadie puede pronunciarse
('on seguridad? ¿Cómo explicar entonces ese fenómeno en el ámbito
de una gramática generativa que sólo da dos posibilidades para
un ('nunciado (ser o no ser engendrado por la gramática)? Los
chomskianos responden que es preciso distinguir grados de agra·
maticalidad y proceder de manera tal que las frases menos gramati·
cales sean prohibidas por las reglas más marginales de la gramática.
Pero estas nociones de grado de agramaticalidad y de marginalidad
son todavía muy vagas.
d) El sentimiento de extrañeza, de extravagancia experimentado
frente a un enunciado ¿siempre tiene origen en el hecho de que
este enunciado infringe reglas? ¿La explicación no radicará tal vez
en el hecho de que el enunciado lleva sistemáticamente la utiliza·
ción de las reglas más allá de los límites habituales? En este caso,
lo que los chomskianos llaman "agramaticalidad" no testimonia·
155
LOS CONCEPTOS METODOLóGICOS
ría más desvíos, con relación a las reglas, que las "faltas" en que
H. Frei ve la manifestación más evidente de la verdadera gramática.
La anomalía semántica "Ee la hache mamlit les hommes" ["Y el
hacha maldice a los hombres"] (V. Hugo, Les Contemplations, "Ce
qui dit la bouche d'omhre", 642) puede describirse, en efecto, de
dos maneras opuestas. O bien hay una falta a la regla según la cual
maldecir requiere un sujeto "humano", o bien hay una explotación
de esta regla que lleva a la humanización del sujeto hacha (cosa
que, desde luego, revela la intención de Hugo).
~ Esta segunda posibilidad está desarrollada por U. Weinreich ("Explora·
tions in semantic theory", en la colección Current Trends in Linguistics, 3, ed.
T. A. Sebeok, La Haya, 1966, pp. 429-432). Criticando a Katz y Fodor, Wein·
reich habla de transfer features: en nuestro ejemplo el rasgo "humano"
deberá ser transferido de maldecir a hacha. Para las digresiones sobre el pIa-
no estilístico, véase el artículo Figura de este Diccionario.
156
Arbitrariedad
Desde sus comienzos, la reflexión sobre el lenguaje procuró deter-
minar si una lengua es una realidad original, imprevisible, irre-
ductible a toda otra realidad extralingüística, o si por el contra-
rio puede explicarse, es decir, justificarse parcialmente o totalmen-
te, por el orden natural de las cosas o del pensamiento. La primera
tesis es la de la arbitrariedad lingüística; la segunda, la de la
motivación. La alternativa se presenta al menos en cuatro niveles,
harto independientes los unos de los otros.
RELACIÓN SONIDO-SENTIDO
Los sofistas planteaban el problema a propósito de la atribución de
los nombres a las cosas. Según el Cratilo de Platón, dos escuelas
d i ~ e n t í a n acerca de esto. Una, representada por Cratilo, y vinculada
más o menos explícitamente a Heráclito, sostiene que existe una
relación natural (qJ'U<rH) entre los nombres y las cosas que desig-
nan, o al menos que sin esa relación no existe nombre auténtico.
El nombre, imitación de la cosa, tiene por virtud propia instruir.
"Quien conoce los nombres conoce también las cosas" (435 d).
Para mostrar la sabiduría oculta en el vocabulario, se recurre en
primer término a las etimologías: agregando, suprimiendo o modi-
ficando ciertas letras de un nombre aparentemente arbitrario, se hace
aparecer en su lugar otro nombre o una serie de nombres que des.
rriben correctamente la cosa designada por el nombre inicial (no
se trata, pues, de una investigación histórica, sino de un esfuerzo
por descubrir la verdad [ ETUlAOV] de las palabras). En lo que res-
pecta a los nombres primitivos, es decir, a los que no pueden ser
encarados por la etimología, se busca una relación directa entre su
sentido y su sonoridad, suponiendo en los sonidos elementales de la
lengua un valor representativo natural (i expresa la ligereza, d y t
la detención, etc.). La idea de que la palabra es una oscura reve-
lación de lo verdadero se opone, a partir del Cratilo, a la tesis, ins-
pirada por Demócrito y vinculada a una corriente de pensamiento
relativista ("El hombre es la medida de todas las cosas"), según la
cual la atribución' de los nombres proviene de lo arbitrario: es mate-
157
'JOS CONCEPTOS METODOLóGICOS
ria de ley (vof.tm), de institución ({}ll<JEL), de convenClOn (XUTU
<JvV'lhlxr¡v). En cuanto a Platón, si bien reconoce la arbitrariedad
que reina en las lenguas existentes (las etimologías qoe da sor.
intencionadamente caprichosas), se niega a encontrar en ella una
lección de relativismo y una justificación de la retórica. Al con-
trario, concluye que la verdad debe buscarse fuera del lenguaje,
en la intuición de las esencias [114]. Únicamente la aprehensión
de las esencias permitiría crear un "lenguaje ideal". Por lo demás,
aun en ese lenguaje los nombres no serían las imágenes, sino tan
sólo los "signos diacríticos" de las esencias (388 b) .
~ Cf. el Essai sur le Cratyle de V. Goldschmidt, Paris, 1940.
En nuestros días, la tesis de la arbitrariedad de las denominaciones
lingüísticas aparece reafirmada por Saussure como punto inicial del
Curso de lingüística general (l:;l parte , cap. 1). Por lo demás
está implícita en todos los trabajos que señalan para el aspecto fó-
nico de la lengua una causalidad independiente de la que rige su
aspecto semántico: er. las leyes fonéticas de la lingüística diacrónica
[23], la oposición, en Martinet, de las dos "articulaciones" del len-
guaje [69] y la separación establecida por las gramáticas genera-
tivas entre el componente fonológico, que trabaja sobre la "estruc-
tura superficial" de los enunciados, y el componente semántico, que
explota su "estructura profunda" [283]. Esta tesis está relacionada.
por otra parte, en la historia de la lingüística, con la idea de que la
lengua forma un sistema, de que posee una organización interna.
Si cada signo, en efecto, fuera una imitación de su objeto, sería ex-
plicable por sí mismo, independientemente de los otros, y no tendría
relación necesaria con el resto de la lengua. Por eso, desde, la Anti-
güedad, los gramáticos que buscaban una regularidad -llamada
analogía- en el interior del lenguaje, tomaban partido por la arbi·
trariedad (a la inversa, casi todos los etimologistas sólo reconocían
en la lengua la irregularidad y el desorden o, según la palabra con-
sagrada, la anomalía, lo cual eliminaba todo obstáculo para la es-
peculación etimológica). Hay en Saussure una actitud bastante pa·
recida (2:;l parte, cap. VI). Como cada signo, tomado aisladamente,
es absolutamente arbitrario, la necesidad bumana de motivación
lleva a crear clases de signos donde sólo reina una arbitrarieda'CI
relativa (poirier [peral] recibe una especie de motivación secun-
daria por el hecho de que existe una clase ~ ceris·sier [cerezo], múr·
ier [morera], banan·ier [banano] ... ~ donde el mismo tipo de deri·
vación va acompañado de un contenido semántico análogo. Así la
organización de la lengua en categorías de signos está vinculada con
la arbitrariedad del signo aislado, que permite superar).
158
ARBITRARIEDAD
La investigación etimológica y la idea de una especie de verdad
natural del sonido están presentes, sin embargo, en todas las épocas
de la reflexión filosófica y lingüística. Los estoicos fueron grandes
investigadores de etimologías (y anomalistas militantes). El propio
Leibniz cree que la etimología es capaz de acercarnos a la lengua
primitiva, la lengua que habría explotado mejor que las nuestras
el valor expresivo de los sonidos. Aún hoy, ciertos lingüistas pro-
curan encontrar motivaciones en la forma fónica de las palabras,
dando a esta indagación las garantías científicas que habitualmente
le han faltado: para ello intentan basar la etimología en deriva-
ciones históricamente verificables y al mismo tiempo basan en obser-
vaciones psicológicas y acústicas minuciosas su estudio del valor
expresivo de los sonidos.
-+ Sobre la investigación etimológica en la Antigüedad: Varron, De lingua
latina (libros 5, 6 y 7), Y J. Collart, Varron. grammairien latin, Paris, 1954.
Sobre los estoicos, particularmente: K. Barwick, Probleme der stoichen Sprach.
lehre und Rhetorik, Berlin, 1957. Como ejemplo de investigación etimoI6gica
moderna: P. Guiraud, Structures étymologíques du lerique frant;ais, Paris,
1967. Sobre el valor expresivo de los sonidos en la lengua y el discurso: R.
.Jockobson. "A la recherche de I'essence du langagc", en Problemes du langage,
Paris, 1966.
RELACIÓN SIGNIFICANTE-SIGNIFICADO
Saussure enseno a distinguir rigurosamente entre el referente del
signo (es decir, el conjunto de cosas a que remite el signo) y su
significado (es decir, el concepto evocado en el espíritu por su signi.
ficante): la lingüística post-saussuriana se encontró así frente al
problema de las relaciones entre el significado y el significante,
problema muy diferente del primero, puesto que ahora se trata de
una relación interior al SiplO [122]. Acerca de este punto, casi
todos los lingüistas, salvo algunos discípulos de Saussure, sostienen
que ya no puede hablarse de arbitrariedad y que el significado de
un signo, en una lengua determinada, no puede pensarse indepen-
dientemente de su significante. Su principal argumento es que los
significados de la lengua no tienen ningún fundamento lógico ni
psicológico: no corresponden ni a esencias obj etivas ni a intenciones
subjetivas que tendrían motivaciones fuera de la lengua. Constitui-
dos al mismo tiempo que la lengua, contemporáneos de la atribu·
ción que les ha sido dada de un significante fónico, no tienen otra
unidad que ese significante común y se disuelven en cuanto se intenta
separarlos de él (no existe una idea general rotulada por la palabra
española "coraje": es el empleo de esa palabra lo que reúne y
159
LOS CONCEPTOS METODOLóGICOS
unifica una multitud de actitudes morales diferentes, que sin duda
no tienen la menor voluntad de subsurnirse en un solo vocablo; de
manera tal que es un artefacto de la reflexión lingüística el que
hace imaginar una unidad intelectual correspondiente a la palabra
"coraje"). Se advertirá que un argumento de esta índole, aunque
prueba la necesidad del vínculo significante-significado interior a la
lengua, no testimonia una motivación. Por otro lado, está basado,
de becho, sobre el sentimiento de una arbitrariedad lingüística fun·
damental: se apoya en la creencia de una originalidad irreductible
del orden creado por el lenguaje con relación al del mundo o el
pensamiento.
Ot. BaIly, alumno directo de Saussure, ha ensayado defender la arbitra·
riedad de la relación significante·significado (Le Frant;ais modeme, 1940, pá·
ginas 193-206). El punto de vista opuesto lo presenta P. Naert (Studia Lin-
f(uistica, 1947, pp. 5·10) Y E. Benveniste ("Nature du signe Acta
lingüistica, 1939, pp. 23-29). Para un estudio de conjunto: R. Engler, Théorie
P.t Critique d'un principe saussurien, l'arbitraire du signe, Génova, 1962.
LA ORGANIZACIÓN SINTÁCTICA
El problema de la arbitrariedad lingüística desborda ampliamente el
marco del signo aislado; y es lícito preguntarse si las cate¡rorías y
las reglas sintácticas que hace funcionar una lengua tienden a expre-
sar la estructura misma del pensamiento, o si constituyen una crea·
ción original. Casi todas las "Gramáticas generales" del siglo XVII
[17 y ss.] sostienen que hay dos partes en la gramática de una len-
gua. Ante todo, un conjunto de categorías y reglas que son comunes
a todas las nue!'to que están impuestas por las exigend:ls
necesarias y universales de la exnresión del pensamiento lógico. Esto
explicaría la distinción entre las principales partes del discurso
(adjetivo. sustantivo, verbo), y la regla que ordena la presen-
cia de un verbo en toda proposición, y la que exige que la pala-
bra determinada preceda en la frase a la palabra que la deter-
mina, etc. Pero. por otra parte. el aspecto. especííico en cada lengua,
se debería a una serie de hábitos que le son propios. ya porque
acuden para completar las reglas universales (fijando la forma léxica
de las palabras, los detalles de la declinación. ciertos mecanismos de
concordancia), ya porque se oponen en cierta medida a esas regla'l
(por ejemplo, cuando autorizan o prescriben "inversiones" en el
orden natural de las palabras. cuando permiten "'mbentendl'r" el
verbo, cuando dan lugar a idiotismos que son otros tantos
mos). En la medida en que la parte lógica de la gramática se con·
160
ARBITRARIEDAD
sidera su nivel más profundo, en el cual las particularidades idiomá-
ticas se insertan secundariamente, la lengua, en la óptica de las
"Gramáticas generales", puede considerarse esencialmente motivada,
y arbitraria sólo por accidente. Una fórmula de la Gramática de
Pore Royal extrae la lección de esta tesis: "El conocimiento de lo
que ocurre en nuestro espíritu es necesario para comprender los
fundamentos de la gramática" ( 2 ~ parte, cap. J).
-+ Una crítica metódica del aogicismo de Port-Royal ha sido presentada por
Ch. Serrus, Le Parallélisme logico-grammatical, Paris, 1933.
La tesis de la motivación de la sintaxis reaparece en nuestros
días, pero con diferencias notables, en la lingüística generativa
l54 y ss.].
-+ La aproximación entre las gramáticas generales y la gramática Il;enerntiva
ha sido presentada por N. Chomsky en Lingüística cartesiana, Barcelona, Seix
Barral, 1970.
Los transformacionalistas piensan, en efecto, que el constituyente
básico de la sintaxis debe ser idéntico para todas las reglas (esas
reglas constituyen universales formales), y que las diferencias
sintácticas surgen sólo bajo el efecto de las transformaciones. Pero
mientras los gramáticos de Port-Royal deducen la universalidad de
la gramática del postulado previo según el cual la lengua es una
representación del pensamiento lógico, el universalismo de los choms-
kianos surge como una conclusión empírica del estudio de las len-
guas y por lo tanto no se basa en una identificación postulada
de la sintaxis profunda y de la realidad lógica. Si se probara la
exactitud dI' la tesis transformacionalista, quedaría demostrado que
la multitud de las lenguas particulares tiene como fundamento
común la universalidad de la naturaleza humana (lo cual contra·
(!ice, en cierto sentido, la tesis de la arbitrariedad): pero este fun-
damento natural de las lenguas podría representarse como una
facultad del lenguaje dotada de caracteres específicos con relación
a las demás facultades, y sobre todo con relación a las que gobiernan
el pensamiento lógico. De este modo se vislumbra una conciliación
posible entre la afirmación del carácter natural del lenguaje y la
de una originalidad irreductible del orden lingüístico.
LAS UNIDADES LINGüíSTICAS
La manera más radical de afirmar la arbitrariedad lingüística con-
siste en sostener que las unidades mínimas utilizadas por una lengua
161
LOS CONCEPTOS METODOlóGICOS
particular no son susceptibles de ser definidas independientemente
de esa lengua. Esta tesis comporta por lo menos tres momentos dis-
tintos:
a) El primero consiste en afirmar que las unidades de que se
l'lirven las lenguas (fonemas, rasgos distintivos, sernas, nociones gra-
maticales) no tienen otro fundamento que su empleo lingüístico:
ninguna exigencia física o psicológica predispone la multitud de
sonidos que pueden pronunciarse en francés para realizar la vocal a
de manera que constituya un solo fonema. Asimismo, el conjunto de
matices de colores designados por la palabra verde no tiene, desde
el punto de vista de la realidad física o psicológica, ninguna unidad
objetiva (cí. lo dicho más arriba sobre la palabra coraje). Así, el
fraccionamiento de la realidad extralingüística en unidades lingüís-
ticas no estaría impreso en las cosas, sino que manifestaría el libre
arbitrio de la lengua.
..... Esta tesis de la originalidad del fraccionamiento lingüístico se pre-
senta en el capítulo IV de la segunda parte del Curso de lingüística general de
Saussure; ella ha sido retomada por la mayor parte de los fonólogos y, en gene-
ral, por toda la escuela estructuralista: véase por ejemplo L. Hjelmslev, Prole-
gómenos a una teoria del lenguaje, Madrid, Gredos, 1971. Ha sido censurada
hasta aquí por la reacción transformacionalista contra el estructuralismo.
b) Un segundo momento de la creencia en la arbitrariedad con·
sistiría en decir que el fraccionamiento efectuado por el lenguaje
en la realidad extralingüística varía de lengua en lengua: por consi·
guiente, no se debe a una facultad general del lenguaje, sino a una
libre decisión de las lenguas particulares. Para intentar probarlo,
se muestra, por ejemplo, cuántos fonemas varían ele una lengua a
otra (cí. A. Martinet, Elementos de lingüística genera/) o que la
misma realidad semántica está organizada de manera diferente en
formas de habla diferentes.
..... El método de análisis de los campos semánticos elaborado por el ale"
mán J. Trier permite demostrar que la articulación de una misma región no-
cional puede variar según las lenguas o los estados sucesivos de una misma
lengua (cí. Der deutsche Irort5chatz im Sinnbezirk des JIerstandes, Heidel-
berg, 1931). Con énfasis aún mayor el norteamericano B. 1.. Whorf sostiene
que cada lengua ~ grupo de lenguas-- está indisociablemente unido a cierta
l"epresentación del mundo que es inconcebible fuera de esa lengua. Whorf
estudió sobre todo el concepto del tiempo y del cambio incorporado en las
lenguas amerindias, que sería muy distinto de la concepción indoeuropea. Los
principales trabajos de Whorf fueron reunidos por J. B. Caroll con el título
de Lenguaje, pensamiento r realidad, Barcelona, Seix Barral, 1973.
Los adversarios de esta tesis responderán que las variaciones reve-
ladas provienen de un análisis lingüístico superficial, y que un aná·
162
ARBITRARlEDAD
lisis profundo descubriría la existencía de universales lingüísticos
que testimoniarían una facultad natural de lenguaje. Esta tesis es
sostenida en la actualidad por la mayor parte de los transformacio·
nalistas. Según ellos, cada uno de los dos componentes, el fonológico
y el semántico, debe describir los enunciados en un metalenguaje
universal cuyos símbolos designarían, pues, universales sustancia-
les susceptibles de revelarse en los lenguajes más diferentes.
En el dominio fonético, los transformacionalistas retomaron las ideas de
R. J akobson: si es cierto que los fonemas difieren de lengua en lengua, cada
fonema no es otra cosa que un grupo de rasgos distintivos. Ahora bien, estos
rasgos distintivos, cuyo número es muy limitado, son los mismos en todas las
lenguas (cí. R. Jakob90n, C. Fant, M. Halle, Preliminaries to Speech Analr-
sis, M.I.T. Press, Technical Report 13, 1952, o bien N. Chomsky y M. Hal"'-
Sound Patterns 01 English, New York, 1968). En el dominio semántico -me-
nos estudiado hasta hoy- los transformacionalistas piensan también que si las
significaciones de las palabras no son idénticas en lenguas diferentes, sin em-
hargo están construidas a partir de elementos semánticos mínimos que, a su
vez, son universales. ConsúItense sobre este punto las compilaciones
01 Language, J. H. Greenberg (ed.), M.I.T. Press. 1966, y Universals in Lin-
guistic Theorr, Bach y Harms (ed.). New York, 1968.
e) En su forma más aguda, la creencia en la arbitrariedad
tica no se hasa en el fraccionamiento de la realidad fónica o semán.
tica en las diferentes lenguas, sino en la idea de que la naturaleza
profunda de los elementos lingüísticos es puramente formal. Tal
como fue elaborada por Hjelmslev -a partir de ciertas indicaciones
de Saussure [36J-. esta tesis consiste en afirmar que la unidad
lingüística está constituida ante todo por las relaciones (sintagmá-
ticas y paradigmáticas) que mantiene con las demás unidades de la
misma lengua. En esta perspectiva, cada unidad no puede definirse
sino por el sistema de que forma parte. De este modo resulta contra-
dictorio encontrar en lenguajes diferentes unidades idénticas y repre-
sentarse las diversas lenguas simplemente como comhinatorias dife-
rentes, constituidas a partir de un conjunto elemental de elementos
dados en la facultad humana del lenguaje. Puesto que todo elemento
implica, en su centro mismo, una referencia al sistema lingüístico-
de que forma parte, la originalidad de cada leng!Ja ya no es un
fenómeno contingente sino necesario, vinculado por la definición
misma de la realidad lingüística. Una lengua, por consiguiente, no·
puede ser otra cosa que arbitraria.
A. Martinet ("Substance phonique d traits distinctifs", Bulletin de la
societé de linguistique de Paris, 1957, pp. 72-85) discnte la idea jakobsoniana
de los rasgos distintivos universales, utilizando argumentos bastante cercanos a
la perspectiva glosemática. Para él, los rasgos distintivos utilizados por una
lengua no podrían describirse mediante una simple caracterización fonética,
163
1.0S CONCEPTOS METODOLóGICOS
ya que sólo se definen por su relación con los demás rasgos distintivos de la
misma lengua. Por consiguiente, la cuestión de su universalidad ni siquiera
5e plantea. Sobre la aplicación posible de la concepción hjelmsleviana a los
problemas semánticos, véase O. Ducrot, "La commutation en glossématique et
.,n phonologie", Ward, 1967, pp. 116·120, y sobre todo j. Kristeva, "Pour une
,;érniologie des paragrarnme5", Tel Quel, 29, 1967, pp. 53·75.
164
Sincronía y Jiacronín
Aunque los términos "sincronía" y "diacronía" sólo entraron en la
terminología lingüística después de F. de Saussure, pueden definirse
independientemente de las tesis saussurianas. Un fenómeno de len-
guaje se considera sincrónico cuando todos los elementos y factores
que pone en juego pertenecen a un solo momento de una misma
lengua (= a un mismo estado). Es diacrónico cuando hac\"l inter-
venir elementos y factores que pertenecen a estados de desarrollo
diferentes de una misma lengua. La aplicación de esta definición
es triplemente relativa. Depende de lo que se entiende por "una
misma lengua". ¿Se habla la misma lengua en París, en Marsella
y en Quebec? Por otro lado, la definición depende de lo que se
entiende por "el mismo estado". El francés hablado en 1970 y el
que se hablaba en 1960 ¿pertenecen al mismo estado de desarrollo
del francés? ¿Y el de 1850? Con este criterio, ¿por qué no decir que
el francés y el latín pertenecen al mismo estado de desarrollo de la
lengua madre indoeuropea? Por fin, como todo fenómeno de lengua
siempre está ligado a factores históricos, los adjetivos "sincrónico"
y "diacrónico" califican menos los fenómenos mismos que el punto
de vista adoptado por el lingüista. En rigor, no existe un hecho
puramente sincrónico; pero es posible hacer abstracción, cuando
se describe o explica un hecho, de todo lo que no pertenece a un
estado de lengua determinado. N. B.: Aunque la terminolo¡!Ía nort!'-
americana llama descriptive linguistics a lo que aquí se denomina
"lingüística sincrónica", no es evidente que el punto de vista sincró-
nico no pueda ser explicativo (véase el artículo sobre el funciona-
lismo [40]). A la inversa, ciertas investigaciones diacrónicas (como
las de los comparatistas [23]) son ante todo descriptivas, porque se
contentan con comprobar -y con formular de la manera más sim-
ple, recurriendo a "leyes fonéticas"- los parecidos y las diferencias
de los estados de lengua comparados.
La reflexión lingüística tardó mucho en distinguir claramente los
puntos de vista sincrónico y diacrónico. Así, la investigación etimo-
logista vacila constantemente entre dos objetivos: a) relacionar una
palabra con otra palabra que revele su significación profunda y
oculta (d. la etimología en el Cratilo [157]), b) relacionar una
165
/.OS CONCEPTOS METODOLóGICOS
palabra con una palabra anterior de la cual "proviene" (d. la
etimología histórica [22]). No siempre es posible ver con claridad
si los dos tipos de estudios se consideran independientes o si en su
convergencia se busca su común justificación. Asimismo, si a partir
de la Antigüedad se observó la relación particular que existe entre
ciertos sonidos (b Y p, g y k, etc.), como prueba de esta relación
suelen darse indiscriminadamente argumentos sincrónicos y diacró-
nicos. Así Quintiliano (citado por la Enciclopedia, artículo C) ejem.
plifica la relación g.k (escrito e) simultáneamente con un hecho
sincrónico (el verbo latín agere tiene por participio actum) y con
un hecho diacrónico (el griego cubernetes dio en latín gubernator).
En cuanto a la lingüística histórica del siglo XIX, si bien reconoció
la especificidad de los hechos diacrónicos, se vio llevada progresiva.
mente a reabsorber la sincronía en la diacronía. Es el caso de los
comparatistas, que deducen de la declinación de las lenguas el dere-
rho, y aun la obligación, de comprobar en el estado posterior la
organización del estado anterior [24]. También es el caso de los
neo!!ramáticos [27), para quienes un concepto de la
!'incrónica sólo posee sentido en la medida en que puede ser inter·
pretado en términos diacrónicos. Así, para H. Paul decir que una
palabra deriva de otra (por ejemplo, "trabajador" de "trabajar")
no tiene sentido preciso (= no es más que una manera de señalar el
parecido entre esas palabras y la complejidad mayor de la segunda),
() bien sil?:nifica que en cierta época la conocía tan sólo la
palabra "fuente" y la palabra "derivada" fue construida en época
ulterior.
La falta de uml distinción neta, en los enfoques romparatistas.
entre sincronía v diacronía se muestra también en la manera en
que tratan el problema de la clasificación dI' las lenguas. tsta puede
ser histórica. !!enética (= reagrupando las lengua'! del mismo ori·
gen) o tipológica (= reagrupando las lenguas que tienen carac·
terísticas semeiantes desde el punto de vista fónico. gramatical o
semántico). Ahora bien, los comparatistas admiten implícitamente
que una clasificación genética, que comporte, por ejemplo. una
categoría "lenguas indoeuropeas", sería al mismo tiempo una tipo·
logía, al menos en el sentido de que las lengua., genéticamente
emparentadas deberían por fuerza ser tipológicamcnte semejante.,
(véase, en p. 26, la tipología establecida por Schleicher y ad-
mitida. con variantes, por la mayor parte de los lingüistas del
siglo XIX). Esta creencia se explica, por lo demás, por el hecho de
que tal tipología se basaba en un criterio único (la organización
interna de la palabra) y porque el método comparatista implica que
las lenguas entre las cuales se establecen relaciones genéticas cons-
166
SINCRONfA y DIACRONfA.
truyen las palabras del mismo modo (esta implicación está desarro-
llada aquí mismo, p. 22 Yss.). Desde comienzos del xx, muchos
lingüistas procuraron, en cambio, independizar la tipología de la!!
preocupaciones históricas: tal intento correspondió a una ampliación
de los criterios Así, Sapir sólo reconoce un papel secun·
dario en el criterio de la construcción de la palabra. Su criterio
esencial está basado en la naturaleza de lo!! conceptos expresado!!
en la Si todas las lenguas expresan los "conceptos concre·
tos" que designan objetos, cualidades o acciones (se expresan me·
,liante los radicales (23) de los nombres y los verbos en las lengua!!
indoeuropeas), así como los "conceptos abstractos" qllf'!
establecen las principales relaciones sintácticas, algunas l'mguas no
tienen "conceptos derivarionales" que modifiquen el sentido de lm\
conceptos concretos (expresados, por ejemplo, en español por dimi-
nutivo!!, ef. ito, prefijos como des·. re·, tlesinencias como oso en
"mentiroso", "precioso"), ni "conceptos relacionales concretos" (d.
mímero. e:énero). Según no expresan ninguna, o expresan una u
otra, o bien una y otra de esas últimas categorías nocionales, la!!
len!!uas podrán agruparse en clases que, dada la índole de lo!! cri·
terios utilizados, ya no tendrán necesariamente carácter genético.
--" E. Sapir. Ellenguaie: introducción al estudio del habla, México, F. C. E..
1964, cap. VI. Una reflexión de conjunto !Obre el problema de la tipología:
Benvcniste, Problemas de lingüística general, México, Siglo XXI, 1971,
cap. IX.
Saussure es, sin duda. el primero que reivindicó explícitamente
la autonomía de la investigación sincrónica. Para ello utiliza dife.
rentes argumentos:
1. Contrariamente a lo que dice H. Paul, es posible definir la!!
relaciones sincrónicas sin recurrir en modo alguno a la historia.
Un saussuriano, por ejemplo, sólo admite una relación de deriva.
ción entre dos términos cuando el paso del uno al otro se produce
!'Iegún un procedimiento general en la lengua estudiada (procedi.
miento que, con ayuda de la misma diferencia fónica, ocasiona la
misma diferencia semántica). Lo que garantiza la derivación "tra·
bajar > trabajador" es el hecho de que se inserta en la serie
{luchar > luchador, andar > andador, etc. serie particulari.
zada por el hecho de que el verbo, en cada pareja, es un verbo de
acción. En otros términos, lo que establece la relación sincrónica
es su integración en la organización de conjunto, en el sistema, de la
lengua. Ahora bien, para un saussuriano la lengua debe necesaria·
mente presentarse, en cada momento de su existencia, como un siso
tema [31 y ss.].
167
LOS CONCEPTOS METODOLóGICOS
2. Las relaciones sincrónicas no sólo pueden establecerse fuera
de toda consideración diacrónica, sino que, además, pueden entrar
en' conflicto con llls relaciones diacrónicas. Ante todo, algunas rela·
ciones sincrónicas son diacrónicamente injustificadas. En sincronía
existe la relación "léguer > legs" [legar > legado] (cuya g, por
este motivo, suele pronunciar el hablante francés), relación análoga
a "donner > don" [dar> don], "jeta > je.t" [arrojar> arrojo],
etcétera. Ahora bien, no hay ninguna relación histórica entre "lé.
guer" y "legs" (que está unido a "laisser" [dejar]): su vinculación
es una etimología popular inventada por los sujetos hablantés
porque se integraba bien en el sistema del francés. Recíprocamente,
muchas relaciones históricamente fundamentales no tienen ninguna
realidad sincrónica -y ello porque ya no pueden integrarse en el
sistema de la lengua actual (consecuencia: los sujetos hablantes
las han olvidado). Así, hoy no existe relación entre "bureau" r
"bure" ["escritorio" y "paño", respectivamente] (aunque "b,¡reau"
se construyó a partir de "bure" [paño]: era una mesa cubierta de
bure). [La palabra latina verruculurn dio en español antiguo berro-
jo, que hoy ha sido reemplazada por cerrojo, creada por etimología
popular mediante la asociación con cerrar. (Ej. del Trad.)]
3. Aunque es cierto que los cambios fonéticos suelen modificar
la expresión de las relaciones gramaticales, sólo lo hacen de manera
indirecta y accidental, sin proponerse como objeto esa modificación.
En determinada época de la evolución de latín, "honor" se decía
honos, que formaba regularmente el genitivo mediante la adición
de is: honosis. Después, una ley fonética transformó en r la s inter·
vocálica en todas las palabras latinas, lo cual produjo honoris. Si
de ese modo se estableció la relación nominativo·genitivo fue por
accidente, ya que la ley se refería a cualquier s en posición inter·
vocálica. Y puesto que la relación surgió accidentalmente, nada
impidió que se restableciera; y aquí es donde interviene la analogía
[28]: tomando como modelo la serie de los genitivos regulares
~ labor > laboris, timor > timoris ~ , los latinos crearon un nuevo
nominativo honor, que poco a poco reemplazó el antiguo y permitió
la formación regular honor·honoris. Así, el sistema tenía una fuerza
suficiente para producir una palabra nueva y restablecer el esquema
general. Por consiguiente, puede afirmarse no sólo que la innova·
ción analógica es incapaz de modificar una organización preexis.
tente -que, al contrario, presupone-, sino también que es un
elemento conservador, que compensa los estragos producidos acci·
dentalmente por las leyes fonéticas.
El estudio de la evolución histórica confirma, pues, los argumen·
tos extraídos de una reflexión acerca de las relaciones sincrónicas.
168
SINCRON/A y DIACRONfA
La conclusión es que el estado de una lengua en un momento dado,
y en la medida en que se considera su organización sistemática, no
puede aclararse -ya se trate de describirlo o explicarlo- mediante
una referencia a su pasado, La investigación sincrónica debe hacerse
fuera de toda consideración diacrónica.
Esta tesis de la independencia de la investigación sincrónica hoy
es admitida por casi todos los lingüistas, tanto por los saussurianos
como por los transformacionalistas. Pero en Saussure no siempre
se distingue con claridad de la tesis recíproca, es decir, de la idea
de que la diacronía puede estudiarse fuera de toda consideración
sincrónica: algunos argumentos utilizados en el Curso inclusive
sugieren esa reciprocidad, puesto que asimilan el cambio histórico
a la acción de las leyes fonéticas sobre los sonidos elementales del
lenguaje y afirman que esas leyes --consideradas "ciegas" en la tra·
dición del siglo XIX- ignoran la organización sincrónica de la len·
gua, su "sistema". Precisamente ésta es la tesis que muchos l i n g ü i s l a ~
ponen en duda (por razones que, por lo demás, no siempre son como
patibles entre sí). Su conclusión común es que la evolución Iingüís.
tiva puede tener como punto de partida y como punto de llegada
un sistema, y por lo tanto debe describirse como la transformación
de una estructura sincrónica en otra estructura sincrónica. Admi·
tiendo, pues, que la organización sincrónica de un estado de lengua
debe establecerse independientemente de toda investigación sincró·
nica, piensan que el estudio diacrónico debe apoyarse en un conoci·
miento previo de las organizaciones sincrónicas.
Esta tendencia es muy evidente en la fonología diacrónica, que
cree necesario distinguir dos tipos de cambios para comprender la
evolución fónica de una lengua. Los cambios fonéticos son los que
no afectan el sistema fonológico de la lengua -ya que sólo modio
fican las variantes mediante las cuales se manifiestan los fonemas
[204] (ejemplo: transformación de la pronunciación de la r fran·
cesa a partir del siglo XVII). Los cambios fonológicos, por el con·
trario, modifican el sistema fonológico.
Ejemplo 1. Supresión de una oposición de fonemas: en el francé"
contemporáneo, aunque se mantenga cierta diferencia de pronun·
ciación entre "['Ain" y "['un", es obvio que esta diferencia se uti·
liza cada vez menos con fines distintivos, ya que ambas pronun·
ciaciones ya no se oyen como diferentes.
Ejemplo 2. Fonologización de una distinción que previamente era
una variante combinatoria [204] impuesta por el contexto. Hacia
fines del siglo XVI, en Francia, la diferencia entre los sonidos [¡¡ 1
(= la pronunciación actual de la palabra an) y [a] representaba
una variante combinatoria, ya que el sonido a se pronunciaba obli·
169
,_os CONCEPTOS METODOLóGICOS
gatoriamente [á] frente a [m] o [n] (an y "Anne" se pronunciaban
entonces [an] y [ane 1) y su distribución estaba asep;urada por la e
pronunciada al final de "Anne"; después, en la época en que la
e final dejó de pronunciarse "Anne" se pronunció [an], como hoy
(con desanalización de la [i] y caída de [e], mientras que an
adquiria la pronunciación actual [i] (con caída de la [n]), de
manera que [i] se convirtió en un fonema, dotado de poder dis·
tintivo (la diferencia entre las pronunciaciones [a] y [i] permiten
distinguir ti y an).
E;emplo 3. Desplazamiento de toda una serie de fonemas: cuando
el sonido [kw] latino (cí. el relativo qui) dio el sonido italiano [k]
(d. el relativo italiano chi), la [k] latina (d. inicial de civitas) dio
d italiano [c1 (cí. inicial de cittá), cosa que permitió preservar
todas las distinciones de las palabras.
En los casos de cambio fonoló!!Íco. no es sólo 111 realidad material
de los fonemas lo que está eniuego, i';ino también sus relaciones
mutuas. es decir, en términos saussurianos, su valor. su carácter
sistemático [3l]. Ahora bien, la evolución lingüística sería in·
comprensible sin distinguir cambio fonético y cnmhío fonolólrico.
Los nrimeros tienell causas extralingüísticas, sea fisiológicas (mini·
malización del esfuerzo) o sociales (imitación de un nor
otro). El cambio fonoló¡ñco, al contrario, obedece a una causalirlad
intralim!'Üística. Lo que lo produce es o bien una especie df" des·
equilibrio en el sistema anterior, en el cual ciertos elementos (fone-
mas o rasgos distintivos (2051), oue se han vuelto marginales. va
no son sostenidos por la presión de los demás, o bien. como die"
\fartinet (de quien provienen los ejemplos precedentes), lIn fenó'
meno l!;lobal de economía (ocurre que cierta oposición de fonemns
deja de ser rentable en un dr len{!UQ dado: la proporción
e.ntre su costo de energía articulatoria v su rf'ndimif'nto de llodf'r
distintivo se hace demasiado superior a la que presentan las demás
oposiciones del mismo sistema o, simplemente, a la de otra oposi·
ción, hasta ese momento apenas posible, que la reemplazará). De
todos modos, 10 que está en juego en la transformación es la orga·
nización de conjunto del estado lingüístico. Así, los cambios foné-
ticos que, para Saussure, sólo afectan los sonidos elementales y por
10 tanto no pueden interesar el sistema sincrónico de la lengua,
demuestran que por sí solos pueden suministrar ejemplos de cambio
estructural.
-+ Sobre la fonología diacrónica: R. JakobllOn, "Principios de fonología his-
tórica", en Teoria de la literatura de los formalistas rusos, Buenos Aires, Sil/:-
nos, 1970; A Marlinel, Economie des changements phonétiques, Beme, 1955.
170
SINCRON/A y DIACRON/A
Para una aplicación al francés: G. Gougenheim, "Réflexioll sur la phollologie
historique du frant¡ais", Travaux du Cerele linguistique de Prague, 1939,
pp. 262·269; A. G. Haudricourt, A. G. luillalld, Essai por une histoire du
¡ram;ais, Paris, 1949.
Los partidarios de la gramática generativa también procuran.
aunque desde un punto de vista muy diferente, reintroducir la con·
sideración de los sistemas sincrónicos en el estudio del cambio lino
güístico. Sus investigaciones, todavía muy poco desarrolladas y rela·
cionadas sobre todo con el aspecto fónico del lenguaje, llaman la
atención sobre 10B siguientes temas:
l. Los cambios fonéticos, lejos de ser suelen tomar en
cuenta la estructura p:ramatical de las palabras que afectan: un
fonema puede ser modificado de manera diferente cuando es utili·
zado en funciones gramaticales diferentes. Esta tesis. ya sostenida
tanto por los adversarios de los neop:ramáticos como por los de
Saussure, adquiere especial importancia en la teoría p'enerativa.
En efecto. el "componente fonolóp:ico" [711 ne la e:ramática -com-
ponente de valor puramente sincrónico- debe tener en cuenta, para
traducir la estructura sintáctica superficial ele las frases en una renre-
sentación fonética. la función p:ramatical de los las leyes
que lo constituven con frecuencia encuentran su aplicación condi-
cionada por la función sintáctica de las unidades sometidas a ellas.
De donde surlre un primer parecido entre las leyes que determinan
la evolución del fonetismo y las que lo constituyen como sincronía.
2. Las leyes que constituyen el componente fonético se dan ordena-
damente [271 y ss.]. Supóngase A una estructura sintáctica superfi.
cial. Su conversión en representación fonética B no se obtiene me-
fliante la modificación sucesiva de los diferentes elementos terminale!l
ah fl.2, etc. de A, sino por el hecho de que el barrido de A por
una primera ley (aplicada a todos sus elementos) produce una repre·
sentación A', después una segunda que aplicada a A' produce una
representación A" . .. hasta la obtención final de B. De ese modo.
el componente produce una serie de representaciones diferentes de
la frase, cada vez más alejadas de la estructura abstracta de A y
cada vez más cercanas a la forma concreta B. Ahora bien, según
Jos tranBformacionalistas, cuando un cambio fonético sobreviene
en un estado determinado, modifica directamente no ya los elemen-
tos concretos, sino las leyes mediante las cuales éstos son introdu-
cidos en la representación final. El cambio se produce, por consi-
guiente, en el sistema mismo de la lengua, el sistema descrito en las
leyes de la gramática sincrónica.
3. Algunos transformacionalistas elaboraron la hipótesis de que:
(a) el cambio fonético se produce sobre todo por introducción de
171
LOS CONCEPTOS METODOLóGICOS
leyes nuevas en el componente fonológico y (b) cuando una ley
es introducida se sitúa, en el orden de aplicación de las leyes,
de las leyes preexistentes (gracias a lo cual no se en la
pronunciación un cambio que imposibilitaría la comprensión). De
(a) y (b) resulta que el orden sincrónico de las leyes en el com-
ponente reproduce, al menos parcialmente, la historia diacrónica del
fonetismo. N. B.: Esta convergencia no se presenta como un principio
teórico, sino como una hipótesis que debe verificarse empíricamente
(la verificación exige que se elijan criterios puramente sincrónicos
que ordenen las leyes en el componente fonológico, a fin de que la
convergencia sea significativa).
Sobre la aplicación de la fonología generativa en la historia de las len-
guas, véase Langages, dic. 1967, sobre todo los artículos de M. Halle ("Pla-
ce de la phonologie dans la grammaire générative") y de P. Kiparsky ("A
propos de l'histoire de l'accentuation grecque"), así como su bibliografía.
Véase también S. Saporta, "Ordered Rules. Dialectal Differences and Historical
Processes", Language, 1965, y P. Kiparsky, "Linguistic Universals and Lin-
guistic Change", en E. Bach y R. Harms (ed.), Universals in Linguistic l'heory.
New York, 1969.
Por desgracia, los intentos por constituir ulla "historia de los
sistemas" no han progresado tanto fuera de la fonología, de manera
que la dicotomía absoluta establecida por Saussure entre sincronía
y diacronía sigue triunfante en muchos ámbitos lingüísticos. Sin
embargo, debe advertirse que el análisis de los campos semánticoí!
llevado a cabo por J. Trier [162] constituye desde sus comienzos
una tentativa de historia estructural, puesto que muestra cómo se
produjo en una época determinada una reorganización semántica
de conjunto en todo un sector del léxico alemán.
Las indicaciones teóricas se pueden encontrar en E. Coseriu, "Pour une
!lémantique structurale", Travaux de linguistique et de littérature, 1964, páll:i-
nas 139-186, y ejemplos de análisis a lo largo de É. Benveniste, Vocabulaire
institutions indo-européennes, Paris, 1969. Véase también P. Guiraud, Struc-
tures étymologiques du lexique frant;ais, Paris, 1967.
172
Historia de la literafura
DEFINICIÓN
Para disipar algunas confusiones frecuentes, definiremos ante todo
de manera negativa el ámbito de la historia de la literatura:
1. El objeto de la historia literaria no es la génesis de las obras.
Tinianov escribe en 1927: "El punto de vista adoptado determina
el tipo de estudio. Se distinguen dos tipos principales: el estudio
de la [!,énesis de los fenómenos literarios, y el estudio de la varia-
bilUlad literaria, es decir, la evolución de la serie." En este primer
enfoque consideraremos que el objeto específico de la historia lite-
raria es esta variabilidad de la literatura, y no la génesis de las
obras, que algunos siguen considerando el objeto de la historia
literaria y que, para nosotros, pertenece al ámbito de la psicología
o la sociologia de la creación.
2. Es preciso distinguir netamente la historia de la literatura de
la historia social. Reemplazar la una por la otra es afirmar que
puede explicarse la variabilidad literaria por los cambios de la socie.
dad: la respuesta está darla ya antes de que pueda formularse la
pregunta. Lo cual no significa que ambas series sean independientes:
distinguir no significa aislar; se trata más bien de establecer un
orden jerárquico en el objeto de estudio, orden que se refleja neceo
llariamente en la forma misma del estudio.
3. La historia literaria tampoco coincide con el estudio inmanente
-llámese lectura o descripción- que procura reconstituir el sistema
(Iel texto. Este último tipo de estudio --que puede abarcar el sistema
de todo un período literario- aborda su objeto "sincrónicamente",
por asi decirlo. La historia debe considerar el paso de un sistema
a otro, es decir, debe emplear un enfoque diacrónico [165 y ss.].
Por consiguiente, no se trata de estudiar obras particulares que
sean instancias únicas. Éstas sólo son afectadas por el tiempo en
la medida en que son objeto de interpretaciones diferentes. Este
último problema se relaciona más bien con la historia de las ideolo·
gías. Se dirá, por el contrario, que la historia literaria debe estudiar
el discurso literario y no las obras, por lo cual se define como parte
de la poética.
173
LOS CONCEPTOS METODOlóGICOS
OBJETO
El primer interrogante que se plantea al historiador puede formu-
larse, pues, en estos términos: ¿qué es lo que cambia en el interior
del discurso literario?
En el siglo XIX (Brunetiere) la respuesta era: cambian los géneros,
la novela, la poesía, la tragedia. Esta concepción revela un imper-
ceptible y peligroso deslizamiento del concepto a la palabra. Pues
declarar que la novela cambió entre 1800 y 1900 es decir que el
sentido de la palabra "novela" cambió entre las mismas fechas: el
cambio en la extensión del concepto acarreó un cambio en su com-
prensión. Pero nada nos autoriza a postular que ciertos rasgos comu·
nes relacionan dos libros separados por un siglo. Esta identidad es
puramente nominal: reside en el discurso crítico o periodístico, y
en ninguna otra parte. Por consiguiente, un estudio sobre la "vida
de los géneros" no es otra cosa que un estudio sobre la vida de los
nombres de los géneros, tarea quizá interesante, pero que se inscribe
en el ámbito de la semántica histórica. Las obras no se transforman,
no son más que los signos de las transformaciones. Tampoco los
géneros se transforman: son los productos de las transformaciones,
de las trans-formas. Lo que cambia tiene una naturaleza aún más
abstracta, y se sitúa de algún modo "detrás" o "más allá" de los
géneros.
Los formalistas rusos propusieron esta respuesta: lo que cambia
son los procedimientos literarios. Tomashevski escribe: "Los proce·
dimientos concretos y particulares, sus combinaciones, su utiliza·
ción y, en parte, sus funciones cambian enormemente en el curso
de la historia de la literatura. Cada época literaria, cada escuela
está caracterizada por un sistema de procedimientos que le es propio
y que representa el estilo (en el sentido amplio) del género o de la
corriente literaria." Pero también aquí tropezamos con la ambigüe-
dad del término "procedimiento". Los ejemplos que da Tomashevski
son los siguientes: la regla de las unidades, el final triste o feliz
de las comedias y las tragedias. Vemos que el "procedimiento" no
cambia, en verdad: el final es triste o feliz, la regla de las unidades
está presente o ausente.
La primera respuesta satisfactoria (aunque no perfecta) la sumi-
nistra otro formalista, Tinianov. Éste da el nombre de formas a los
"procedimientos" de Tomashevski, y distingue estas formas de las
funciones, entendidas como relaciones entre las formas. Las funcio-
nes son de dos tipos: pueden definirse con relación a otras funciones
174
HISTORIA DE LA LITERATURA
semejantes, susceptibles de reemplazarlas (es una relación de susti-
tución: el léxico de un texto, por ejemplo, con relación al léxico de
otro texto), o bien con relación a funciones vecinas, con las cuales
se combinan (es una relación de integración: el léxico de un texto
con relación a la composición de ese mismo texto). Para Tinianov,
la variabilidad literaria consiste en la redistribución de las formas
y las funciones. La forma cambia de función, la función cambia
de forma. La tarea más urgente de la historia literaria es estudiar
"la variabilidad de la función de un determinado elemento formal, la
aparición de una determinada función en un elemento formal, su
asociación con esta función". Por ejemplo, un metro (forma) sirve
para introducir tanto la poesía épica "elevada" como la epopeya
vulgar (funciones). Pero el esquema de Tinianov no responde al
prohlema de saber si existen dos tipos diferentes de cambios
l
uno
de los cuales consistiría en la introducción de nuevos elementos y
el otro en su redistrihución.
Uno de los formalistas marginales, Vinogradov, propone otra exi-
gencia: "El dinamismo dehe presentarse o hien como el reemplazo
de un sistema por otro, o bien como una transformación parcial de
un sistema único cuyas funciones centrales permanecen relativamente
estables." Tinianov observa, asimismo: "La noción fundamental de
la historia literaria es la del reemplazo de sistemas." Los camhios
en el discurso literario no están aislados; cada uno de ellos afecta el
sistema entero, provocando así la sustitución de un sistema por otro.
Por lo tanto podemos definir un período literario [181] como el
tiempo durante el cual un determinado sistema se mantiene sin
camhio.
~ F. Brunetiere, L'Évolution des gpnres dans fhistoire de la liuérature,
Paris, 1890; G. Lanson, Méthodes de l'histoire liuéraire, Paris, 1925; A. Ve-
selovski, Istoricheskaja poetika, Leningrado, 1940; Théorie de la liuérature,
Paris, 1965; H. Cysarz, Literaturgeschichte als Geisteswissenschaft, Halle,
1926; M. Wehrli, "Zum Problem der Historie in der Literaturwissenschaft",
Trivium, 1949; R. Wellek, Conceptos de critica literaria, Venezuela, U.C.V.,
1968; G. Genette, "Littérature et histoire", en L'Enseignement de la liuéra-
ture, Paris, 1971, pp. 243-251.
MODELOS
Cada uno de los diferentes tipos de leyes de transformación que
algunos estudiosos creyeron identificar puede designarse mediante
una metáfora, por razones de comodidad:
El primer modelo, y el más difundido, es el de la planta: es un
175
LOS CONCEPTOS METODOLóGICOS
modelo organicista. Las leyes de la variabilidad son las del
nismo vivo: como él, el organismo literario nace, se desarro]]a,
envejece y por fin muere. Aristóteles babIa de la "madurez" de la
Friedrich Schlegel describe cómo la poesía griega creció,
proliferó, floreció, maduró, se secó y se convirtió en polvo; Brune-
riere habla de la adolescencia, de la madurez y de la vejez de la
francesa. Esta versión clásica del fue reempla-
zada recientemente por otra, que aparece en primer término en los
formalistas. desnués en los teóricos de la información: el procedi-
miento, original al principio, se automatiza, cae en desuso y esto
lo hace de nuevo improbable v por consiguiente rico pn información.
El segundo modelo. habitual en los estudios literarios del sie:lo xx,
es el del caleidoscopio. Postula que los elementos constitutivos de
los textos literarios están dados de una vez por v (fue f'l
cambio reside simplemente en una nueva combinación de los mismo!'
elementos. Esta concención se basa en la idea de que el esníritll
humano es uno y fundamentalmente invariablp. Para Shklovski. 1"1
"trabajo de las escuelas literarias consi'lte mucho wás en la dispo-
sición de las imárrenes aue en su crearión". Se!!ún T. S. Eliot. "la
originalidad poética es en gran parte una manera orhdnal de reunir
los materiales más dispares y desemeiantes para hacer con e]]os una
totalidad nueva". Y Northroo Frve: "Todo lo que es nuevo en lite-
ratura es reelaboración de 10 viejo."
Podemo!l al tercer Tnodelo ile la hi!ltorill liternria el nombre
de el áía r la noche. Aquí. los camhio!l se perciben como
tos de oposición entre la literatura rle ayer y la de hoy. F.l prototino
de todas las version!'!!I rI!'! esta metáfora se encuentm en Hee-eJ. en h
fórmula te!lis-antítpsiIHlíntesis. Y,a ,'pntaia indi!lcutible de este mo,1
n1
o
("on relación al primero con'liste en (Jue nermite dar rllenta no só1n
de la "evolución", sino también de las "revolurionps". e" ,1I'ri r. dI'
las aceleraciones y las demoras en el ritmo de la
Los fonnaJi!ltas SI'" apoyan a mpnudo en 111 h ..·la..
p
n bp,!f'lianl1.
Tinianov escribe en este sentido: "Cuando se habla de la tradición
o de la 81Jresión literaria. suple ima2inarse una línea recta aue une a
los autores más jóvenes de una determinada corriente literaria ron
lIUS antecesores. Sin embargo, las cosas son mucho más complejas.
En vez de una línea recta que se prolon1!a, asistimos más bien a
una separación establecida pOr un punto de vista rechazado. Toda
!lucesión literaria es ante todo un combate." Sbklovski desarrolla su
teoria de la historia literaria acuñando otra metáfora: "La herencia
no pasa del padre al hijo, sino del tío al sobrino." El "tío" reore-
lienta una tendencia que no goza de preeminencia: es 10 que hoy
suele llamarse literatura de masas. La generación siguiente reto-
176
HISTORIA DE LA LITERATURA
mará y "canonizará" esta tendencia secundaria, em