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Catequesis Sobre El Bautismo

Catequesis Sobre El Bautismo

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El manual que se necesita para una rápida preparación al bautismo de infantes. Está diseñado para realizarlo en 10 sesiones de 1 1/2 hora cada semana sin considerar la charla de bienvenida.
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03/02/2015

CATEQUESIS SOBRE EL BAUTISMO

¿Qué recibimos, por qué y qué implica en cada bautizado?
Asesoría Integral

CATEQUESIS SOBRE EL BAUTISMO

11 de septiembre de 2009

Índice

1. CATEQUESIS SOBRE EL BAUTISMO 2. EL BAUTISMO Y LOS SACRAMENTOS DE INICIACIÓN CRISTIANA 3. EL BAUTISMO, PRIMER SACRAMENTO DE FE 4. EL BAUTISMO, PARTICIPACIÓN PERSONAL EN LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DE CRISTO 5. EL BAUTISMO, INCORPORACIÓN VITAL A LA IGLESIA 6. EL BAUTISMO, NACIMIENTO A UNA VIDA NUEVA POR EL ESPÍRITU 7. EL BAUTISMO. LIBERACIÓN DEL PECADO Y DE TODAS LAS ESCLAVITUDES HUMANAS 8. EL BAUTISMO, COMPROMISOS Y EXIGENCIAS 9. LA CELEBRACIÓN LITÚRGICA DEL BAUTISMO, LOS SIGNOS 10. LA CELEBRACIÓN FAMILIAR SIGLAS UTILIZADAS

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CATEQUESIS SOBRE EL BAUTISMO

11 de septiembre de 2009

1. CATEQUESIS SOBRE EL BAUTISMO
1. ¿POR QUÉ LA IGLESIA BAUTIZA A LOS NIÑOS? Objetivo: Conocer y valorar el bautismo de los niños para que, profundizando en su significado nos comprometamos a cuidar, desarrollar y educar la fe que van a recibir. “Nos arrancó del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino de su Hijo amado. En él nos encontramos liberados y perdonados” (colosenses 1, 13-14)

VEAMOS
En nuestro ambiente es frecuente que los “hermanos separados” al visitar los hogares católicos les hagan cuestionamientos sobre la administración del Sacramento del Bautismo a los niños en la Iglesia Católica, a lo cual la gran mayoría de los católicos no saben qué responder, creándose en ellos una cierta inquietud. Preguntemos: ¿Por qué quieren bautizar a sus hijos o ahijados desde pequeños? Los hermanos separados dicen que el bautismo lo debemos recibir siendo ya grandes, como lo hizo Jesús al inicio de su Predicación. ¿Qué piensan ustedes? ¿Por qué la Iglesia Bautiza a los niños? En el tema de este día hablaremos sobre el bautismo de los niños.

Pensemos
En los comienzos de la Iglesia, con el anuncio del Evangelio de parte de los apóstoles, la práctica más común era el bautismo de los adultos (ver CIC 1247) Esta costumbre se mantiene en nuestros días en tierras de misión. Sin embargo, el Nuevo Testamento habla varias veces del bautismo de toda una “casa”, es decir, de toda la familia junto con su servidumbre (ver Hechos 16, 15.33-34; 18, 8; 1 Corintios 1, 16). En este bautismo se incluía seguramente a los niños de la familia. Los primeros testimonios expresos y claros del bautismo de los niños se remontan al siglo II. El bautismo de los niños es, pues, una práctica antiquísima de la Iglesia (ver CIC 1252). “Los hermanos separados” cuestionan esta práctica haciendo alusión al bautismo de Jesús siendo grande. Jesús se bautizó ya grande porque antes de Él no existía el bautismo que Él inauguraba. Además, Jesús no necesitaba bautizarse porque las gracias que nos da a nosotros el sacramento del Bautismo, Él ya las tenía. El bautismo de Jesús es diferente al bautismo de nuestros niños. Nuestro ser de cristiano, constituido por el bautismo, es una gracia inmerecida, con la que Dios se adelanta a nuestros actos y envuelve nuestra vida desde el principio (ver 1 Juan 4, 10-19; Timoteo 3, 3-6); una gracia que nosotros a causa del pecado original, necesitamos desde el primer momento de nuestra vida. “Por tanto, la Iglesia y los padres privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijos de Dios si no le administraran el Bautismo poco después de su nacimiento” (CIC 1250) “Los padres cristianos deben reconocer que esta práctica corresponde también a su misión de alimentar la vida que Dios les ha confiado” (CIC 1251) En el Sacramento del Bautismo, al recibir la fe que es un don de Dios, iniciamos un camino, un proceso de crecimiento, que ha de desarrollarse desde la niñez, en la adolescencia, juventud y vida 3

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adulta hasta llegar a ser un cristiano maduro en la fe con la ayuda de nuestros padres, padrinos, familiares y de toda la comunidad cristiana. (ver CIC 1255)

ACTUEMOS
¿Por qué traemos a bautizar a nuestros hijos o ahijados? ¿Cuánta importancia le damos al prepararnos más en la fe?

CELEBREMOS
Escuchamos la lectura de la Palabra de Dios tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles 16, 25-34, que habla de un bautismo a toda una familia. Demos gracias a Dios respondiendo: GRACIAS, PADRE BUENO. Catequista: Demos gracias a Dios que nos ha llamado a ser sus hijos. Todos: GRACIAS, PADRE BUENO. Catequista: Demos gracias a Dios por nuestros padres y padrinos que se preocuparon por bautizarnos y nos han ayudado a crecer en la fe. Todos: GRACIAS, PADRE BUENO.

UN SOLO SEÑOR
Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre. Llamados a guardar la unidad del Espíritu por el vínculo de la paz, cantamos y proclamamos: Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre. Llamados a formar un solo cuerpo en un mismo Espíritu, cantamos y proclamamos: Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre.

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2. EL BAUTISMO Y LOS SACRAMENTOS DE INICIACIÓN CRISTIANA
Objetivo: Tomar conciencia de que el sacramento del Bautismo está íntimamente relacionado con el sacramento de la Confirmación y el de la Eucaristía formando juntos el camino de la iniciación cristiana para saber comprometernos al proceso de maduración en la fe. “Este es nuestro mensaje. Advertimos con insistencia a cada uno y enseñamos a cada persona con mucha sabiduría, para hacer a todo hombre perfecto en Cristo” (Colosenses 1, 28)

VEAMOS
La vida es un continuo movimiento. Un día, seguido de otro, lleva poco a poco a un crecimiento, a un desarrollo, a un tratar de ser mejores. Podemos constatarlo en las etapas del desarrollo de la persona. ¿Cuáles son las etapas principales de la vida? ¿Qué características tiene cada etapa?

PENSEMOS
La persona pasa por distintas etapas a lo largo de su vida: Infancia: No tiene conciencia de sí mismo ni de lo que le rodea. Pero poco a poco, con el paso de los meses y años, va tomando conciencia de su propia identidad y del lugar que ocupa en su familia. Adolescencia: No tiene todavía los conocimientos ni la fuerza necesaria para situarse ante la vida con determinación. Es por esto que cambia continuamente de estado de ánimo: alegre, dinámico, generoso, cumplido y otras veces callado, indeciso e irresponsable. Juventud: Se llega a esta etapa cargado de energía, salud e ideales. Se está en la mejor disposición de iniciar cualquier empresa. Adultez: Se alcanza esta etapa cuando la persona va más allá de sí misma y de sus propios intereses. Cuando descubre las necesidades de los demás y comparte generosamente lo que tiene: afecto, comprensión, tiempo, bienes, etc. Este proceso de la vida natural se va dando paso a paso y nos exige: tiempo, paciencia, reflexión y ayuda a de muchas personas. No se puede improvisar, ni lo podemos realizar de un día para otro. Asimismo, desde los inicios de la vida de la Iglesia, para llegar a ser cristiano también se sigue un proceso, un camino y una iniciación que consta de varias etapas: el anuncio gozoso del Evangelio; la acogida del Evangelio que nos lleva a la conversión; la profesión de fe; el Bautismo, puerta de entrada a los demás sacramentos; la efusión del Espíritu Santo en la Confirmación; y la participación en el sacramento de la Eucaristía (ver CIC 1229). Los sacramentos corresponden a todas las etapas y a todos los momentos importantes de la vida del cristiano: dan nacimiento y crecimiento, curación y misión a la vida de fe de los cristianos. En ellos encontramos una cierta semejanza entre las etapas de la vida natural y las etapas de la vida espiritual (ver CIC 1210). “Mediante los sacramentos de la iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, se ponen los fundamentos de toda vida cristiana” (CIC 1212). 5

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El sacramento del Bautismo marca el inicio de toda vida sacramental (ver CIC 1213). En el Bautismo nacemos a una vida nueva (ver Juan 3, 5), somos purificados del pecado (ver Hechos 2, 38), adquirimos en Cristo la condición de hijos de Dios (ver Romanos 8, 15-16; Gálatas 4, 5-7), templos del Espíritu Santo (ver Hechos 2, 38), y miembros vivos de la Iglesia (ver 1 Corintios 12, 13). Por el sacramento de la Confirmación los bautizados van avanzando por el camino de la iniciación cristiana, quedan enriquecidos con el don del Espíritu Santo y los une más estrechamente a la Iglesia, los fortalece e impulsa con mayor fuerza a que, de palabra y obra, sean testigos de Cristo y propaguen y defiendan la fe (ver CIC 1316; CDC 879). La Eucaristía es el tercer sacramento de la iniciación cristiana, y su culminación (ver CIC 1322). El sacramento de la Eucaristía es el memorial del sacrificio de Cristo en la cruz y el banquete sagrado de la comunión en el cuerpo y en la sangre del Señor. La celebración del banquete Eucarístico está totalmente orientada hacia la unión íntima de los fieles con Cristo. Es el pan que nutre nuestra fe y nos abre a los demás preocupándonos por su bien, estimulándonos a la fraternidad. “La participación en la naturaleza divina, que los hombres reciben como don mediante la gracia de Cristo, tiene cierta analogía con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida natural. En efecto, los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el sacramento de la Confirmación y finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna, y, así por medio de estos sacramentos de la iniciación cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad” (CIC 1212). Los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación (junto con el del Orden Sacerdotal) confieren, además de la gracia, un carácter sacramental o “sello” espiritual indeleble y que permanece para siempre en el cristiano como disposición positiva para la gracia, como promesa y garantía de la protección divina y como vocación al culto divino y al servicio de la Iglesia. Por eso estos sacramentos se reciben una sola vez en la vida (ver (CIC 1121; 1272-1274; Efesios 4, 30). De esta manera podemos comprender la íntima relación que existe entre el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, y el por qué se les llama sacramentos de iniciación cristiana.

ACTUEMOS
Hagamos la siguiente reflexión: ¿Cuál ha sido nuestra experiencia en la vivencia de los sacramentos de iniciación cristiana? ¿Consideramos que hemos llegado a la madurez cristiana, es decir, a la vivencia sólida, plena, incondicional del seguimiento de Cristo? Ahora formulemos nuestro compromiso: ¿Qué podemos hacer para que nuestros hijos o ahijados lleguen a vivir plenamente su iniciación cristiana? El compromiso de cada pequeño grupo lo escribimos en un pequeño papel.

CELEBREMOS
Escuchamos la lectura de la Palabra de Dios tomada de la carta a los Efesios 4, 1-6. Reflexionemos un momento en silencio sobre lo antes expuesto. Leemos en voz alta nuestro compromiso y después lo colocamos a los pies de Cristo. 6

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3. EL BAUTISMO, PRIMER SACRAMENTO DE FE
Objetivo: Descubrir el Bautismo como sacramento de la fe para provocar un deseo de renovar nuestra vida de bautizados y seguidores de Jesús. “El que crea y se bautice se salvará” Marcos, 16, 16.

Veamos
¿Qué sentimientos han vivido más fuertemente al tener en sus brazos a su hijo recién nacido? ¿Qué trámites han realizado con motivo del nacimiento de esta criatura? ¿Por qué han acudido a solicitar que su hijo sea bautizado? ¿Qué es la fe?

Pensemos
Después de la venida del Espíritu Santo, el día de Pentecostés, Pedro predicaba a Jesucristo resucitado como Señor y Mesías; los presentes “al oír esto, se afligieron profundamente. Dijeron, pues, a Pedro y a los demás apóstoles: Hermanos, ¿qué debemos hacer? Pedro les contestó: Conviértanse y háganse bautizar cada uno de ustedes en el Nombre de Jesucristo, para que sus pecados les sean perdonados. Y Dios les dará el Espíritu Santo” (Hechos 2, 37-38. En la Iglesia, el sacramento del Bautismo ha sido siempre la puerta de entrada y el fundamento de la vida cristiana. (CDC Código de Derecho Canónico 849). “El Bautismo es el sacramento de la fe (ver Marcos 16, 16). Pero la fe tiene necesidad de la comunidad de creyentes. Sólo en la fe de la Iglesia puede creer cada uno de los fieles. La fe que se requiere para el Bautismo no es una fe perfecta y madura, sino un comienzo que está llamado a realizarse” CIC 1253). En todos los bautizados, niños o adultos, la fe debe crecer después del Bautismo” (CIC 1254). “Para que la gracia bautismal pueda desarrollarse es importante la ayuda de los padres. Ese es también el papel del padrino o de la madrina, que deben creyentes sólidos, capaces y prestos a ayudar al nuevo bautizado, niño o adulto, en su camino de la vida cristiana” CIC 1255). “La fe es un don gratuito que Dios hace al hombre” (CIC 161; ver 153). Podemos describirla en tres momentos: 1. Es conocer a Cristo y seguirle. En el Evangelio vemos a los apóstoles y los creyentes como personas cautivadas por Jesús, que lo dejan todo para seguirle (ver Mateo 4, 18-22). Al encontrarse con Él y aceptarlo, aceptan su mensaje porque se dan cuenta de que Él dice la verdad y no los engaña. 2. Adoptar su estilo de vida para siempre. 7

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Cuando de verdad una persona nos convence, empieza a influir en nuestra manera de actuar, lo tenemos como modelo. Aceptar a Cristo es aceptar su manera de ser: ver como el vio, actuar como él actuó, preferir lo que él prefirió, tener como él a Dios por Padre... (ver Efesios 5, 1-2). San Pablo nos muestra en su vida cómo entendió que creer es adoptar la vida de quien se cree. Optar por Cristo se hace por toda la vida, para siempre, no sólo por un período de la vida: la niñez, la juventud o unos meses mientras nos preparamos para un sacramento. 3. Vivir en el grupo de los que creen en él. Los creyentes desde los primeros tiempos formaron comunidad. La fe se vive en la nueva relación de hermanos, como hijos de Dios (ver Hechos 2, 41-47). El grupo de creyentes se hace luz para otros por su fe. Bautizar a un hijo es ponerle el contacto, mediante la fe y el bautismo, con Dios nuestro Padre. Es el camino para el encuentro con Dios, comunicarnos con Él y vivir en su compañía.

Actuemos
Al recibir el sacramento del Bautismo estos niños se iniciarán en el camino de la fe. Es desconocido para ellos y esperan que nosotros les enseñemos el camino y los acompañemos. Recordemos que van a aprender más de lo que ven, que de lo que se les dice. De los tres momentos que describen nuestra fe, ¿Cuál tenemos más olvidado la mayoría de nosotros? ¿Por qué? ¿Qué vamos a hacer para tratar de vivir más plenamente esos tres momentos nosotros y nuestros familiares?

Celebremos
Salmo 22 El Señor es mi pastor, nada me falta, En verdes prados él me hace reposar Y a donde brota agua fresca me conduce. Fortalece mi alma, Por el camino del bueno me dirige Por amor de su Nombre. Aunque pase por quebradas muy oscuras No temo ningún mal, Porque Tú estás conmigo, Tu bastón y tu vara me protegen. Me sirves a la mesa Frente a mis adversarios, Con aceites tú perfumas mi cabeza Y rellenas mi copa. Me acompaña tu bondad y tu favor Mientras dura mi vida, Mi mansión será la casa del Señor Por largo, largo tiempo.

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4. EL BAUTISMO, PARTICIPACIÓN PERSONAL EN LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DE CRISTO
Objetivo: Descubrir y profundizar que por el sacramento del Bautismo participamos de la muerte y resurrección de Cristo para que sepamos vivir este misterio en la vida diaria. “Por el bautismo, fuimos sepultados junto con Cristo para compartir su muerte,... pero también participemos de su resurrección” Romanos 6, 4-5).

Veamos
Partamos de un elemento tan común y tan necesario entre nosotros como lo es el agua. ¿Qué pasa donde no hay agua o es muy escasa? ¿Han experimentado la falta de agua por algún tiempo en el pueblo, colonia o lugar donde viven? ¿Qué pasaría si se acabara el agua por completo?

Pensemos
En el antiguo Testamento encontramos varios pasajes que nos hacen pensar en el sacramento del Bautismo al relacionarlo con el agua: el origen del mundo, el diluvio, el paso del Mar Rojo y el paso del río Jordán (ver CIC 1217-12222); son vistos como acontecimientos en los que el agua transformadora significa el paso de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad. “Todas las prefiguraciones de la Antigua Alianza culminan en Cristo Jesús” (CIC 1223). El sacramento del Bautismo para nosotros se convierte en el paso de la muerte a la vida. En el Nuevo Testamento encontramos que el mismo Juan el Bautista tiene conciencia de este significado de cambio y conversión, de pasar de lo que es pecado y muerte, mediante el arrepentimiento y el perdón, hacia lo que es la vida nueva (ver Marcos 1, 4). Pero Juan el Bautista aclara que su bautismo es solamente preparatorio, que después vendrá otro que bautizará en el Espíritu y en el fuego (ver Mateo 3, 11). Asimismo anuncia que Jesús es el Cordero de Dios que asumirá el pecado del mundo (ver Juan 1, 29-36). Al bautizarse, Jesús aún siendo justo, se coloca humildemente entre los pecadores (ver CIC 1224); y desde ese bautismo hasta su muerte estará cumpliendo públicamente la misión encomendada por Dios Padre (ver Lucas 12, 50). La muerte de Cristo es así la cúspide de su servicio. En el bautismo del Jordán, Jesús es consagrado, ungido como “siervo” en el camino de la humillación y servicio a sus hermanos los hombres y será fiel hasta la muerte en cruz. “En su Pascua, Cristo abrió a todos los hombres las fuentes del Bautismo... desde entonces, es posible „nacer del agua y del Espíritu‟ para entrar en el Reino de Dios” (CIC 1225). El “paso” de Cristo al Padre, su “Pascua”, lo relacionamos con el paso de los hebreos a través del Mar Rojo; escapan, entonces, por gracia de Dios, de la esclavitud de Egipto (ver 1 Corintios 10, 1-2). Sumergido en el agua del bautismo, el fiel de Cristo escapa de la esclavitud del pecado y nace a la libertad de los hijos de Dios. Por eso mismo, la noche por excelencia para celebrar el bautismo es la noche de Pascua, la noche del paso de la muerte a la vida. En griego, bautismo significa “inmersión”. San Pablo nos dice que mediante el bautismo, el cristiano es sumergido en el misterio de Cristo muerto y resucitado: “Los que fuimos sumergidos por el bautismo 9

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en Cristo Jesús, fuimos sepultados con él para participar de su muerte. Pues, por el bautismo fuimos sepultados junto con Cristo para compartir su muerte, y, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la Gloria del Padre, también nosotros hemos de caminar en una vida nueva. Hemos sido injertados en él y participamos de su muerte en forma simbólica; pero también participaremos de su resurrección” (Romanos 6, 3-5). La inmersión en el agua significa expresamente el morir al pecado, así como el surgir de esa inmersión expresa resurrección, regeneración. “El bautismo, cuyo signo original y pleno es la inmersión, significa eficazmente la bajada del cristiano al sepulcro muriendo al pecado con Cristo para una vida nueva” CIC 628).

Actuemos
Catequista: Vamos haciendo un silencio en nuestro interior. Será el momento en que nos comprometamos a “ir muriendo” a todo lo que va en contra de Jesucristo y del Reino que Él inaugura. Catequista: Tratemos de lo que cada día vivamos, aún el sufrimiento, sea anuncio de resurrección. Pues Dios ha hecho de los gemidos de la humanidad, dolores de parto para una nueva vida. Pensemos con qué actitudes se va a manifestar en nosotros esa vida nueva. Catequista: Decidamos prepararnos cuidadosamente para vivir profundamente cada Bautismo en el que hayamos participado como papás o como padrinos. Una persona escribirá en una cartulina con letras grandes las situaciones a las que vamos a “ir muriendo”; otra persona escribirá las actitudes que manifiestan una nueva vida en nosotros.

Celebremos
Haciendo un círculo en torno a la mesa, se lee: Romanos 6, 4-5. Catequista: Ante Cristo, presentemos la vida a la que “moriremos”, las actitudes y pecados que nos impiden seguirle. Alguien del grupo leerá la cartulina correspondiente. Catequista: Con Cristo resucitaremos también a una vida nueva. Otra persona lee la cartulina correspondiente.

Una nueva vida (El bautismo)
Una nueva vida, tu misma vida, Una nueva familia, tu misma familia. Hijos tuyos para siempre. Por medio del Bautismo renacemos, En agua que nos salva nos bañamos, Pasamos de la carne y de lo humano, Al mundo de la gracia y de lo eterno. Una nueva vida, tu misma vida, Una nueva familia, tu misma familia. Hijos tuyos para siempre. Surgimos del sepulcro que es el agua, Teñidos en tu sangre redentora, Contigo incorporados a la Pascua Vivimos en Cristo hora a hora. Una nueva vida, tu misma vida, Una nueva familia, tu misma familia. Hijos tuyos para siempre. Guiados por la luz que recibimos, Ungidos como reyes en la frente Tu marca salvadora en nuestras almas Grabada en nuestra entraña para siempre. 10

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5. EL BAUTISMO, INCORPORACIÓN VITAL A LA IGLESIA
Objetivo: Descubrir que por el sacramento del Bautismo nos incorporamos a la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, para que encontremos y desarrollemos la forma personal de participación activa en la vida de la Iglesia. Es muy importante que reconozcamos la pobre conciencia que tenemos de pertenencia y participación en la Iglesia. Por una parte es cierto que las personas estamos llamados a vivir y desarrollarnos en comunidad. Se dice que somos seres sociables, pero también es cierto que en nuestro tiempo hay una tendencia a pensar y actuar marcada por un fuerte individualismo. Tendencia que se presenta al interior de la misma Iglesia, sobre todo en las grandes ciudades donde mucha gente no tiene conciencia de pertenencia a la comunidad cristiana. El sacramento del Bautismo no es sólo de purificación, es también incorporación y vinculación a una comunidad cristiana.

Veamos
Dialoguemos un poco sobre el acontecimiento que nos ha reunido: El bautismo de adultos, la confirmación y la primera comunión. Es decir, la entrada a nuevos miembros de la familia divina y el fortalecimiento y maduración de nuestra fe cristiana. Cuando llega un nuevo miembro a la familia hay actitudes y comportamientos diversos ante el acontecimiento. ¿De quién depende la vida futura del niño? ¿Qué pasa con los niños que carecen de una vida familiar? ¿Qué diferencia hay cuando se tiene una familia que lo quiere y cuando se carece de ella? Se puede dar tiempo para hacer comentarios.

Pensemos
Así como las personas al nacer, para crecer y desarrollarse necesitan vivir en una familia, en una sociedad, así también el cristiano, que en el sacramento del Bautismo recibe una vida nueva, necesita acogerse, incorporarse vitalmente al Pueblo de Dios, la Iglesia, para vivir plenamente la vida que ha recibido. “El bautismo hace de nosotros miembros del Cuerpo de Cristo. „Por tanto... somos miembros los unos de los otros‟ (Efesios 4, 25). El Bautismo incorpora a la Iglesia” (CIC 1267) de todos los tiempos y lugares de la tierra. Dicha incorporación al Cuerpo de Cristo encuentra su expresión concreta en la pertenencia y participación en una comunidad cristiana, nuestra parroquia. Por esta razón, el Bautismo debe tener lugar en la parroquia donde vivimos y dentro del marco de la celebración del Domingo (ver CDC 856; 857.2; II SD 14). 11

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Con la incorporación a la Iglesia, toda la comunidad cristiana es responsable de la fe del nuevo bautizado. Sin dejar de ser especial la responsabilidad de los papás y padrinos (ver CIC 1255). Por el sacramento del Bautismo todos somos hermanos y hermanas. Esta unión es fundamental de todos los bautizados, por encima de los “límites naturales o humanos de las naciones, las culturas, las razas y los sexos „porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo‟ (1 Corintios 12, 13)” (CIC 1267), debe manifestarse concretamente en la ayuda mutua y en el intercambio de dones materiales y espirituales. (ver Hechos 2, 44-45).

Actuemos
Preguntémonos unos a otros: ¿Me siento identificado con mi comunidad parroquial? ¿Participo activamente en la celebración dominical de la Eucaristía en mi parroquia? ¿Conozco al sacerdote y a los agentes que trabajan en la evangelización en mi parroquia? ¿Participan en algún grupo pastoral de mi parroquia? Ahora tratemos de llegar a un compromiso concreto a partir de esta pregunta y lo anotamos en una hoja de papel: ¿Qué vamos a hacer como papás e hijos para ir integrando a nuestros hijos, hermanos y padres en la comunidad eclesial? ¿Cómo lo vamos ha hacer?

Celebremos
Leemos el capítulo 2 del libro de los hechos de los apóstoles, de los versículos 42 a 47. Expresamos el compromiso en voz alta y escribimos el nombre del hijo, hermano o padre que vamos a incorporar a la Iglesia en el cuerpo de Cristo, dibujado en el pizarrón.

IGLESIA PEREGRINA
Todos unidos formando un solo cuerpo Un pueblo que en la Pascua nació, Miembros de Cristo en sangre redimidos, Iglesia peregrina de Dios. Vive en nosotros la fuerza del Espíritu, Que el Hijo desde el Padre envió. El nos empuja, nos guía y alimenta, Iglesia peregrina de Dios. Somos en la tierra semilla de otro reino, Somos testimonio de amor, Paz para las guerras y luz entre las sombras, Iglesia peregrina de Dios. Paz para las guerras y luz entre las sombras, Iglesia peregrina de Dios. Rugen tormentas y, a veces, nuestra barca 12 Parece que ha perdido el timón, Miras con miedo, nos tienes confianza, Iglesia peregrina de Dios. Una esperanza nos llena de alegría, Presencia que el Señor prometió. Vamos cantando, él viene con nosotros, Iglesia peregrina de Dios. Todos unidos en un solo Bautismo, Unidos en la misma Comunión. Todos viviendo en una misma casa, Iglesia peregrina de Dios. Todos prendidos en una misma suerte, Ligados a la misma salvación. Somos un cuerpo y Cristo es la Cabeza, Iglesia peregrina de Dios.

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6. EL BAUTISMO, NACIMIENTO A UNA VIDA NUEVA POR EL ESPÍRITU
Objetivo: Tomar conciencia del nacimiento a una vida nueva que recibimos en el sacramento del Bautismo para provocar en los cristianos un deseo de renovar su vida de bautizados y discípulos de Jesús. “El que está en Cristo es una criatura nueva. Para él lo antiguo ha pasado; un mundo nuevo ha llegado” (2 Corintios 5, 17) Iniciamos con la canción “Si no tengo amor” Todas las personas tenemos la experiencia de un cambio definitivo en nuestras propias vidas a partir de un acontecimiento fuerte que nos hace modificar actitudes a veces profundamente arraigadas en nosotros. En el Bautismo, Dios entra y cambia nuestra propia vida, al ser injertados en Cristo y nos transforma en personas diferentes, nuevas. A partir del Bautismo, la identidad del bautizado se define como hijos de Dios. Se bautiza al hijo, y se tiene la esperanza de que los adultos retomen esta conciencia a partir de la experiencia que reviven al bautizar a sus hijos.

Veamos
A los padres: ¿Qué sentimientos han experimentado el día que supieron que esperaban un hijo? ¿Qué sienten al poder comunicar la vida a su hijo? A los adultos jóvenes: ¿Qué sentimientos han experimentado al cambiar de residencia, de escuela, de ambiente? ¿Qué sienten al ser bien recibidos por los vecinos, compañeros, amigos? A todos: A lo largo de su vida, ¿Alguna vez ha estado en peligro su vida (enfermedad, accidentes, riesgo de caídas, etc.)? ¿Cómo se sintieron al recuperarse de la enfermedad o salir bien librados del accidente y tener la oportunidad de vivir? ¿En qué se parecen las experiencias de las dos primeras preguntas y las de las dos últimas?

Pensemos
El agua, uno de los símbolos del Bautismo, es también símbolo de vida. “El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra” (CIC 1213) “Los distintos efectos del bautismo son significados por los elementos sensibles del rito sacramental. La inmersión en el agua evoca los simbolismos de la muerte y de la purificación, pero también los de la regeneración y de la renovación. Los dos efectos principales, por tanto, son la purificación de los pecados y el nuevo nacimiento en el Espíritu Santo” (CIC 1262) En sentido positivo, el sacramento del Bautismo es nacimiento a una nueva vida (ver San Juan 3, 3-5; 2 Corintios 5, 17; Timoteo 3, 5; 1 San Pedro 1-3). Nos purifica (ver 1 Corintios 6, 11), nos infunde el don 13

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del Espíritu Santo (ver Hechos 2,38; 1 Corintios 12, 13) y el don de la gracia santificante, nos hace templos del Espíritu Santo (ver 1 Corintios 6, 19). Nos hace hijos de Dios y, por tanto, también herederos de Dios (ver Gálatas 4, 4-7; CDC 849) y coherederos de Cristo (ver Romanos 8, 17). La nueva vida se ejercita en la fe, la esperanza y la caridad, que recibimos igualmente en el sacramento del Bautismo (ver CIC 1265 – 1266). “Los bautizados „por su nuevo nacimiento como hijos de Dios están obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia‟ (LG 11) y de participar en la actividad apostólica y misionera del Pueblo de Dios” (CIC 1271) Esto exactamente es lo que nos sucede en el sacramento del Bautismo. Por el agua regeneradora del Bautismo, participamos de la vida misma de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por el Espíritu Santo recibimos la fuerza para vivir como nuevas criaturas al adoptar las actitudes de Cristo e iniciar una vida conforme a la de Él, en sintonía con la voluntad del Padre y en total entrega al servicio de los hombres y mujeres, nuestros hermanos en Cristo. El Espíritu Santo es como el sol que proporciona la energía a la semilla de la fe sembrada en el día del bautismo y regada con el agua que da la nueva vida, fortalecida así con la acción del Espíritu Santo. Esta nueva vida es la que nos da precisamente la identidad cristiana. Ahora sabemos quiénes somos. Volvemos a nacer, tenemos una vida nueva llena del Espíritu de Dios, puesto que hemos renacido del agua y del Espíritu (ver Efesios 2, 4-5; Juan 3, 5).

Actuemos
De mis acciones de adulto, ¿cuáles atentan contra la vida de hijo de Dios de mis hijos, familiares, vecinos y amigos? ¿Qué hecho para reafirmar mi identidad como cristiano? ¿Qué voy a hacer para cultivar en mi hijo, familiar, vecino y amigo esa vida nueva que recibirá en el sacramento del Bautismo? Elaboremos pues un compromiso personal y concreto para con los demás.

Celebremos
Leemos 2 Corintios 5, 14-17 14 Porque el amor de Cristo nos apremia, pensando que si uno murió por todos, todos murieron con él; 15 y murió por todos, para que los que viven no vivan para sí, sino para quien murió y resucitó por ellos. 16 Así que en adelante a nadie conoceremos a lo humano; y si un tiempo conocimos a Cristo a lo humano, ahora ya no lo conocemos así. 17 De modo que, el que está en Cristo, es una criatura nueva; lo viejo ya pasó, y ha aparecido lo nuevo. Dejemos un momento de silencio para reflexionar cada uno lo que nos dice la Palabra. Es momento de expresar en voz alta nuestro compromiso. El agua que vamos a beber en este momento, es el agua viva de Cristo. Saboreemos esta agua, agua de la fe, lentamente, despacio, con gusto. Escuchemos a Dios que busca nuestro bien, y llenarnos de su Amor. (Escuchar la canción “Nadie te ama”) Rezamos cantando el Padre Nuestro. 14

CATEQUESIS SOBRE EL BAUTISMO

11 de septiembre de 2009

7. EL BAUTISMO. LIBERACIÓN DEL PECADO Y DE TODAS LAS ESCLAVITUDES HUMANAS
Objetivo: Tomar conciencia que por el sacramento del Bautismo quedamos liberados de toda atadura del pecado y capacitados para que trabajemos responsablemente en la transformación de la realidad en que vivimos. “Considérense como muertos para el pecado y vivan para Dios en Cristo Jesús” (Romanos 6, 11)

Veamos
Platiquemos sobre los hechos donde sentimos injusticia, la corrupción, y demás realidades de pecado que nos tienen esclavizados. De igual manera platiquemos ahora sobre hechos de vida donde hayamos experimentado la Salvación, el encuentro con el Señor. Anotaremos las dos listas de los hechos de vida, tanto negativos como positivos. Reflexionemos cómo Dios se encuentra con el hombre en los diferentes acontecimientos de la vida y cómo revela a cada uno su plan de Salvación.

Pensemos
El agua, uno de los símbolos del Bautismo que nos recuerda la vida nueva que recibimos, es también símbolo de purificación. El Bautismo nos lava, purifica y libera del pecado (ver CIC 1262; CDC 849; Hechos 2, 28; 1 Corintios 6, 11; 1 Pedro 3, 18-21). “El bautismo es el primero y principal sacramento del perdón de los pecados: nos une a Cristo muerto y resucitado y nos da el Espíritu Santo” (CIC 984) para “caminar en una vida nueva” (Romanos 6, 4). El sacramento del Bautismo nos separa del destino colectivo de una humanidad fatalmente sometida al poder del pecado y borra el pecado original y todos los pecados actuales que haya podido cometer el que se bautizará y lo libra de las consecuencias del pecado (ver CIC 1263). “No obstante, en el bautizado permanecen ciertas consecuencias temporales del pecado, como los sufrimientos, la enfermedad, la muerte o las fragilidades inherentes a la vida como las debilidades de carácter, etc., así como una inclinación al pecado que la Tradición llama concupiscencia, ...dejada para el combate, no puede dañar a los que no la consienten y la resisten con coraje por la gracia del Jesucristo.” (CIC 1264). El sacramento del Bautismo, por el Espíritu, nos pone en un contacto personal e individual con Cristo, para ser solidario con su modo de pensar, obrar y vivir. Porque el hombre pecador, por las aguas del Bautismo ha muerto; ahora el bautizado ha sido reengendrado como hijo de Dios, vive una realidad nueva y en su vida ha de ser coherente con dicha realidad. Si se ha murto al pecado, ¿cómo seguir viviendo en él? (ver Romanos 6, 1-12). Ese viejo hombre, el hombre cautivo del egoísmo, de la soberbia, de las tinieblas, del pecado, está destinado a morir. El viejo hombre muere con la muerte de Cristo y participa de su Misterio Pascual. Porque el simbolismo del agua que lava toda mancha nos deja libre de toda culpa, por el Espíritu que nos es comunicado; con ello queda destruido el pecado y dejamos de ser sus esclavos, somos llamados a la libertad de los hijos de Dios, fruto del Espíritu de Cristo. Estos efectos de muerte y vida, se aplican a cada uno de nosotros en el aquí y en el ahora de la existencia humana. 15

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El sí que pronunciamos al acercarnos al sacramento del Bautismo es una nueva palabra dada en la historia que nos impulsa a liberarnos de todas las servidumbres del pecado personal y social, de todo lo que desgarra al hombre y a la sociedad y que tiene su fuente en el egoísmo, liberación que culmina en la comunión con Dios y con los hombres. (ver DP 482); esta liberación abarca las diferentes dimensiones de la existencia: lo social, lo político y lo económico (ver P. 483). Con el Bautismo adquirimos un compromiso irrevocable de ser testigos de la liberación; por ser liberados de todo pecado, implica el comienzo de una nueva vida, el reorientar nuestra vida según el Espíritu recibido: el Espíritu de la Resurrección.

Actuemos
Vamos a buscar nuestro compromiso del día de hoy. Con la siguiente pregunta orientamos la reflexión: ¿Qué tenemos qué hacer para vivir el compromiso de bautizado, según la enseñanza de este tema? A nivel personal A nivel familiar A nivel barrio o comunidad

Celebremos
Nos ponemos de rodillas ante Cristo. Escuchamos la lectura de la Palabra de Dios tomada del capítulo 6 de la Carta a los Romanos del versículo 1 al 11: 6. - 1 ¿Qué diremos, pues? ¿Que debemos permanecer en el pecado para que la gracia se multiplique? ¡De ningún modo! 2 Los que hemos muerto al pecado ¿cómo seguir viviendo en él? 3 ¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? 4 Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de ue, al igual que Cristo resucitó de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. 5 Porque si nos hemos injertado en él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos por una resurrección semejante; 6 sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido el cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado. 7 Pues el que está muerto, queda libre del pecado. 8 Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, 9 sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. 10 Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. 11 Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. Dejamos un momento de reflexión en silencio. Hagamos algunas oraciones de petición espontáneas al Señor para que infunda su fuerza para vivir con autenticidad la liberación del pecado. Como respuesta a cada una de las oraciones podemos cantar: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo”. Finalizamos cantando o escuchando la canción: Transforma mi mente”.

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8. EL BAUTISMO, COMPROMISOS Y EXIGENCIAS
Objetivo: Concientizar a los papás, padrinos y comunidad en general de los compromisos y exigencias que con el Bautismo adquieren para responder cristianamente a ellos. “Ayúdense entre sí a soportar las cargas y de esa manera cumplir la ley de Cristo” (Gálatas 6,2). En nuestro ambiente hay una costumbre muy arraigada de “hacer compadres”, de que a través del “compadrazgo” se crean lazos muy fuertes de solidaridad y de relaciones humanas. Lamentablemente hemos ido perdiendo el sentido de relación entre el padrino y el ahijado. Podemos aprovechar esta manera de vivir de nuestro pueblo para que los papás y los padrinos del niño que se va a bautizar tomen conciencia de su compromiso con el hijo y ahijado y que el compromiso no se convierta en mera conveniencia social y económica, sino en una relación de compromiso cristiano. Tener también en cuenta de que las catequesis sobre el Bautismo se desarrollan al mismo tiempo para papás y padrinos. ¿Cómo hablar claramente de las cualidades que deben tener los padrinos si ya están acogidos? Será necesario un lenguaje claro, pero al mismo tiempo respetuoso. ¿Cuándo se puede decir que un papá es responsable de la fe que el niño recibe en el Bautismo? ¿Qué diferencias hay del trato entre padrinos y ahijados de antes y de ahora? ¿Qué compromisos contrae el padrino con el ahijado y con el compadre? ¿Qué le corresponde a las demás gente de la comunidad? Anotamos las respuestas. PENSEMOS Ser bautizado es injertarnos en el espíritu de criaturas nuevas en Cristo y dentro de un mundo y comunidad concretos. No nacemos del agua y del Espíritu para nosotros mismos nada más sino que tenemos una dimensión y trascendencia comunitaria. “El Bautismo es el sacramento de la fe. Pero la fe tiene necesidad de una comunidad de creyentes. Sólo en la fe de la Iglesia puede crecer cada uno de los fieles. La fe se que requiere para el Bautismo no es una fe perfecta y madura, sino un comienzo que está llamado a desarrollarse” (CIC 1253). “En todos los bautizados la fe debe crecer después del Bautismo” (CIC 1254) “Para que la gracia bautismal pueda desarrollarse es importante la ayuda de los padres” (CIC 1255). Ellos son los primeros y principales responsables de “formar a sus hijos en la fe y en la práctica de la vida cristiana, mediante la palabra y el ejemplo” (Código de Derecho Canónico 774.2), y es tarea de ambos “alimentar la vida que Dios les ha confiado” (Catecismo Iglesia Católica 1251); en este sentido se podría decir que la celebración del Bautismo tiene una dimensión marcadamente familiar, y es que la familia es la comunidad privilegiada para la transmisión y la educación de la fe (ver Catechesi Tradendae 62). Los papás deben facilitar el “despertar religioso” de sus hijos, iniciarlos en la oración personal y comunitaria, educarlos en la conciencia moral, acompañarlos en el desarrollo del sentido del amor humano, del trabajo, de la convivencia y del compromiso en el mundo, dentro de una perspectiva cristiana. Los papás más que transmitir contenidos, introducen a sus hijos, y en especial a los más pequeños, en un ambiente de vida propio de una familia cristiana. 17

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Lamentablemente, en nuestro ambiente, muchos padres de familia piden el Bautismo para sus hijos sólo por tradición, porque se acostumbra, pero no por una decisión de seguir a Jesucristo en sus vidas. “En la medida de lo posible, a quien va a recibir el Bautismo se le ha de dar un padrino, cuya función es… juntamente con los padres, presentar al niño que va a recibir el bautismo y procurar que después lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al mismo” (CDC 872). El padrino o madrina comparten responsablemente con los papás todos los compromisos y exigencias que del Bautismo surgen (ver CDC 774.2), especialmente son invitados a preocuparse, junto con los papás, por la educación cristiana de su ahijado. Pueden verse obligados, en ciertos casos, a reemplazar a los papás en esta tarea. Ocupan un lugar importante en el espíritu y ambiente familiar. Su presencia testimonia el lugar que ha de ocupar en la celebración del sacramento del Bautismo, por encima de los papás, la comunidad cristiana de la que el nuevo bautizado entra oficialmente a formar parte y que va más allá de la propia familia. “Deben ser creyentes sólidos, capaces y prestos a ayudar al nuevo bautizado en su camino de la vida cristiana. Su tarea es una verdadera función eclesial.” (CIC 1255). Tristemente los padrinos o madrinas han perdido mucho el sentido de ser representantes de la comunidad cristiana que garantizan, junto con los papás, la educación e iniciación progresiva del nuevo bautizado en la vivencia de la fe dentro de la comunidad eclesial. Con frecuencia notamos que se da más importancia al “compadre” o la “comadre” por las relaciones, apoyo económico o influencia que al mismo ahijado en la tarea de educarlo cristianamente. De ahí que la Iglesia pide ciertas cualidades o características para que alguien pueda ser invitado de padrino o madrina. Cualidades que se pueden sintetizar así: Ser elegido por los papás del niño o quienes faltando éstos ocupan su lugar (ver CDC 874.1) Debe tener la suficiente madurez para cumplir esta responsabilidad (ver CDC 874.2). Ser católico y haber recibido los tres sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía (ver CDC 874.3). No estar impedido por el derecho canónico para cumplir con esta obligación (ver CDC 8745.4). No ser el papá o la mamá de quien se bautizara (ver CDC 874.5). Es probable que entre algunas personas se tenga la duda siguiente: Alguien que pertenece a una iglesia separada, ¿puede ser padrino? Aunque seguramente en nuestro ambiente no se presente esta situación con regularidad, conviene saberlo. La iglesia dice que: “El bautizado que pertenece a una comunidad no católica sólo puede ser admitido junto con un padrino católico, y exclusivamente en calidad de testigo del bautismo” (CDC 874.5, 2) La comunidad tiene mucha importancia en la celebración del Bautismo y en los compromisos que de él se derivan. La fe que recibimos en el Bautismo “tiene necesidad de la comunidad de los creyentes. Sólo en la fe de la Iglesia puede crecer cada uno de los fieles” (CIC 1253). Esto nos está diciendo que la fe no es algo individual, sino que se bautiza en la fe de la comunidad. Asimismo, “toda la comunidad eclesial participa de la responsabilidad de desarrollar y guardar la gracia recibida en el Bautismo” (CIC 1255). Los sacramentos de iniciación cristiana, entre ellos el Bautismo, “normalmente se celebrarán en la propia parroquia y con la participación de la propia comunidad” (II SD disposición sinodal n. 14). 18

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Los que han recibido el Bautismo se sienten unidos por la nueva fe y buscan primeramente la vida de comunidad. Los primeros cristianos realizaban el designo de Dios sobre la manera de vivir la fe dentro de la experiencia de vida en comunidad de la siguiente manera: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles” (Hechos 2, 42). “Acudían asiduamente… a la convivencia. (Hechos 2, 42), por la que los creyentes como hermanos viven cercanos y se ayudan mutuamente en sus necesidades (ver Hechos 2, 44-45), con atención especial a los pobres (ver Hechos 4, 34 – 35). “Acudían asiduamente… a la fracción del pan” (Hechos 2, 42) dando gracias a Dios que los ha salvado, prolongando así la Eucaristía, gozando la simpatía de un pueblo que los tomaba en serio (ver Hechos, 2, 47). A muchas de nuestras comunidades cristianas les falta vida por haber olvidado estos puntos que son la base de todo nuestro ser cristiano. La vivencia fiel de nuestro Bautismo nos exige vivir la fe en una comunidad concreta, nuestra parroquia, y es tarea de todos renovarla para que llegue a ser realmente el lugar donde se vive y se ve la comunión entre los creyentes: en la escucha y conocimiento del mensaje cristiano, en la oración, en la celebración de la Eucaristía, en la convivencia y apoyo mutuo. CELEBREMOS A lo largo de estas catequesis sobre el sacramento del Bautismo nos hemos dado cuenta de la importancia que tiene para nuestra vida cristiana y la de nuestro hijo o ahijado. Hoy hemos reflexionado sobre el compromiso y exigencias que trae para los papás, padrinos y toda la comunidad. Así pues, si están dispuestos a tomar esa responsabilidad, hagan un compromiso ante Dios y ante la comunidad representada en los que nos rodean. Creyendo que el Espíritu Santo nos dará la fortaleza, respondan de pie y en voz alta a cada pregunta: NOS COMPROMETEMOS ¿Se comprometen a crear un ambiente en la familia que pueda ayudar a que su hijo o ahijado se eduque en la fe, iniciándolo en la oración y en la celebración de la Eucaristía y los sacramentos, acompañándolo a las catequesis y dándole ejemplo de convivencia cristiana? ¿Se comprometen a dar testimonio de la fe en Jesucristo con valentía, ante la Iglesia y el mundo? ¿Se comprometen a celebrar el sacramento del Bautismo con dignidad, evitando lo que pueda ser un obstáculo a la fe que su hijo o ahijado recibe, o que desvirtúe la celebración del mismo? ¿Se comprometen a respetarse entre ustedes, papás y padrinos, como es nuestra tradición y como nos dice Jesucristo “ámense como Yo los he amado”? Y para todos los aquí presentes, en nombre de nuestra comunidad parroquial: ¿Nos comprometemos a crear un ambiente cristiano en nuestros barrios o colonias que favorezca el crecimiento en la fe de estos próximos bautizados? Ahora todos juntos escuchemos la Palabra de Dios. Hechos de los Apóstoles 2, 41 – 47.

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9. LA CELEBRACIÓN LITÚRGICA DEL BAUTISMO, LOS SIGNOS
Objetivo: Conocer los signos utilizados en la celebración del Bautismo para captar la profundidad del misterio que realizan y distinguir lo esencial de lo complementario. “Todos ustedes, al ser bautizados en Cristo, se revistieron de Cristo” (Gálatas 3, 27) En nuestra vida diaria utilizamos diversos signos, los cuales conocemos y entendemos: saludo, abrazo, beso, semáforos, letreros de parada del camión, etc. y cada uno de ellos nos indica algo en particular. Asimismo, en la celebración de los sacramentos, en nuestro caso el Bautismo, utilizamos diversos signos que vienen a ser expresión de la presencia de Jesús entre nosotros. Lamentablemente en éste, así como en los otros sacramentos, muchas veces se cae en la utilización de signos que no pertenecen a la celebración del sacramento y responden más a una costumbre social que queremos imitar.

Veamos
¿Qué significado tienen para ustedes los siguientes signos? Saludo entre amigos Abrazo entre compadres Bendición a un hijo antes de un viaje Una flor entre novios Besar un crucifijo ¿Qué otros signos conocen? Debemos distinguir en estos signos dos cosas: El signo mismo en sí. Lo que se expresa a través de él. El signo en sí mismo tiene poco valor o carece de él. Es la experiencia de vida que se comunica a través de ellos lo que les da significado. Ahora preguntémonos respecto a los signos mencionados con anterioridad: ¿Cuándo, a pesar de que los utilizo, no transmiten nada o carecen de valor? ¿Cuándo transmiten una experiencia de vida?

PENSEMOS
A través de la historia de la Iglesia, la celebración del sacramento del Bautismo ha llegado a estructurarse en una forma definida, aunque la manera de administrarse ha variado con el tiempo; por ejemplo: en las primeras comunidades cristianas se bautizaba a los adultos, sumergiéndoles completamente en el agua durante la Vigilia Pascual y después de tres años de preparación o catecumenado. Actualmente, de ordinario se bautiza a los niños derramando agua sobre su cabeza, de preferencia en domingo y después de unas catequesis sobre el sacramento para los papás y padrinos. “El sentido y la gracia del sacramento del Bautismo aparentemente en los ritos de la celebración. Cuando se participa atentamente en los gestos y palabras de esta celebración los fieles se inician en las riquezas que este sacramento significa y realiza en cada nuevo bautizado” (CIC 1234). Recepción de los niños y saludo del sacerdote. Es el inicio de la celebración, expresión de la alegría de la Iglesia, a través del saludo del sacerdote, por el nacimiento de estos niños en sus familias y que hoy vienen a dar gracias a Dios y a celebrar 20

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su nuevo y definitivo nacimiento como hijos de Dios por el sacramento del Bautismo, acrecentando el número de los bautizados en Cristo. Interrogatorio. Manifiesta la voluntad y petición del Bautismo por parte de los papás y padrinos (acompañados por la comunidad) para los hijos y ahijados que hoy presentan, y la intención de la Iglesia de celebrar el sacramento del Bautismo. Se trata de ir construyendo la comunidad y prepararse a escuchar la Palabra de Dios y celebrar el sacramento. El signo propio de esta parte es la señal de la Cruz hecha en la frente de los pequeños por el sacerdote, los papás y los padrinos. Con ella culmina la acogida que la comunidad cristiana hace a los que van a ser bautizados. Es como una marca de posesión y de fe en Cristo y significa la gracia de la redención que Cristo por su pasión y muerte en la cruz nos ha dado (ver CIC 1235; 617). Siempre que hacemos la señal de la Cruz recordamos nuestro Bautismo y manifestamos desear que se desarrolle y crezca la vida cristiana que empezó un día con este sacramento (ver CIC 2157). Se debe evitar que se convierta en un gesto mecánico, que no nos dice nada. Hemos de descubrir su verdadero sentido: La Cruz, es el mejor signo del estilo de vida que Cristo nos ha enseñado, nos indica el camino pascual que hemos de recorrer con Él. El anuncio de la Palabra de Dios. El sacerdote invita a todos los presentes a participar en la escucha de la Palabra de Dios y posteriormente con su homilía los ayuda a comprender el sentido de la Palabra oída, para iluminar el rito de la celebración, y el compromiso bautismal. “El sacramento es preparado por la Palabra de Dios” (CIC 1122), que “ilumina con la verdad revelada a los candidatos y a la asamblea y suscita la respuesta de fe, inseparable del Bautismo” (CIC 1236). Luego se dice la oración de los fieles y se invoca a los santos, siendo conveniente añadir sobre todo el nombre del santo patrono del niño y del templo o lugar. Unción prebautismal. La unción con aceite de oliva bendecido y consagrado por el obispo es un signo que expresa muy bien los diversos dones de Dios y sus efectos espirituales: bendición, bienestar, purificación, fortalecimiento, donación de plenos poderes, realeza y esplendor (ver Proverbios 27, 9). Se encuentra desde la antigüedad en la consagración de reyes y sacerdotes (ver 2 Samuel 2, 4 – 7; 5, 3 – 17). Los que van a bautizarse son ungidos en el pecho con el óleo de los catecúmenos para recibir la fuerza de Dios (ver Isaías 1, 6; Lucas 10,34) al empezar la vida cristiana siendo fortalecidos en la lucha contra el mal. Esta unción es precedida por una oración de exorcismo, inspirada en gestos y palabras de Jesús a favor de algunos de sus contemporáneos a los que tenían encadenados los espíritus del mal (ver Marcos 5, 1 – 20), en la que se pide la liberación del pecado y de su instigador, el diablo (ver CIC 1237), para que los candidatos al Bautismo puedan convertirse en templos del Espíritu Santo. “Así, preparado, puede confesar la fe de la Iglesia, a la cual será „confiado‟ por el Bautismo” (CIC 1237). 21

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Bendición del agua. El agua es signo de limpieza, regeneración, fecundidad, fertilidad y de vida (ver Ezequiel 36,25; Juan 4, 11 y ss; Juan 3, 5; Génesis 1, 2; 1 Pedro 3, 20). El agua aparece también como signo de la vida y de la muerte, aunque acentuando el aspecto positivo de fuente de vida ya que el Bautismo es un sacramento que nos hace nacer a una vida nueva y nos incorpora al misterio de Cristo para morir y resucitar con Él a la vida nueva de hijos de Dios. El agua bautismal mediante una oración es consagrada en ese mismo momento (o en la noche de Pascua). “La Iglesia pide a Dios que, por medio de su Hijo, el poder del Espíritu Santo descienda sobre esta agua, a fin de que los que sean bautizados con ella „nazcan del agua y del Espíritu‟. (Juan 3, 5)” (CIC 1238). Renuncia y profesión de fe. Las renuncias al pecado y al autor del pecado significan una declaración de guerra contra todo lo que se opone al vivir del Evangelio. La profesión de fe en Dios significa un compromiso de vivir de acuerdo al estilo de vida de Jesús, al espíritu de las Bienaventuranzas. Las renuncias y la profesión de fe de los papás y padrinos, así como de la comunidad con el “Amén” son una actualización del propio Bautismo. Además expresan la fe de la Iglesia, fe en la que serán bautizados los pequeños. Las preguntas de renuncia y de profesión de fe se dirigen a los papás y padrinos ya que son ellos (con el apoyo de la comunidad) los que se comprometen a poner los medios necesarios para que los niños crezcan en la fe. Bautismo. “Sigue entonces el rito esencial del sacramento: el Bautismo propiamente dicho, que significa y realiza la muerte al pecado y la entrada en la vida de la Santísima Trinidad a través de la configuración con el misterio pascual de Cristo” (CIC 1239). “Consiste en sumergir en el agua al candidato o derramar agua sobre su cabeza, pronunciando la invocación de la Santísima Trinidad, es decir, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (CIC 1278). Unción con el Santo Crisma. Esta segunda unción que se realiza después del rito del Bautismo se realiza sobre la coronilla del pequeño y se hace con el Santo Crisma óleo perfumado y consagrado por el obispo. Somos consagrados con el santo crisma (ver CIC 1294) para entrar a formar parte del Pueblo de Dios y ser miembros de Cristo sacerdote, profeta y rey (ver CIC 1241). La unción con el santo crisma es un signo del don del Espíritu (ver CIC 1241), que, como el aceite, impregna, penetra, suaviza, cura, fortalece y perfuma. Y los ungidos participan de la nueva vida en Cristo. Es recomendable que una vez realizadas la unción prebautismal como la del santo crisma, no se limpie el pecho o la coronilla del pequeño nada más porque ya se realizó el signo, pues parecería que nos avergonzamos de lo realizado queremos borrar enseguida lo que hemos hecho. 22

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La vestidura blanca. El origen de este signo está basado en las palabras de San Pablo en su carta a los Gálatas: “Todos ustedes, al ser bautizados en Cristo, se revistieron de Cristo” (Gálatas 3, 27). La vestidura que se impone a los recién bautizados es blanca porque es signo de haber resucitado con Cristo (ver CIC 1243). El cirio. El simbolismo de la luz está en sí mismo, no en los adornos de la vela. Para el bautizado será luz (ver Isaías 60), lámpara para sus pasos, luz en su corazón (ver Salmo 118), luz que ilumina a toda persona como presencia del Señor (ver Juan 1). La luz también es signo de vida (dar luz), de la verdad (caminar a oscuras es sinónimo de ignorancia y confusión), del amor (la llama del amor). “El cirio que se enciende en el cirio pascual, significa que Cristo ha iluminado al neófito. En Cristo, los bautizados son „la luz del mundo‟ (Mateo 5, 14)” (CIC 1243). El cirio que ha recibido el bautizado se debe conservar no sólo como recuerdo, sino que puede ser utilizado el día de su Confirmación y Primera Comunión para poner de manifiesto la relación entre estos sacramentos como iniciación cristiana. Effeta El celebrante toca con el dedo pulgar los oídos y la boca del niño y pide al Señor le conceda, a su tiempo, escuchar la palabra y profesar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre. Padre Nuestro El nuevo bautizado es ahora hijo de Dios en Cristo (ver CIC 1243). Sus papás, padrino y la comunidad cristiana, en su nombre, dirigirán al Padre la oración que Jesús nos enseñó: el Padre Nuestro. Para el bautizado “la entrega de la Oración del Señor significa el nuevo nacimiento a la vida divina” (CIC 2769), y aprenderá a “invocar a su Padre con la única Palabra que Él escucha siempre” (CIC 2769). La bendición solemne. “La bendición solemne encierra la celebración del Bautismo. En el Bautismo de recién nacidos, la bendición de la madre ocupa un lugar especial” (CIC 1245). El celebrante felicita y bendice a las mamás (que sostienen a su hijo en brazos), a los papás y a la comunidad presente.

ACTUEMOS
Se forman pequeños grupos y partiendo de las siguientes preguntas tratan de llegar a un compromiso concreto: ¿Qué conoce comúnmente la gente sobre la celebración y los signos del Bautismo? ¿Qué hemos aprendido nosotros el día de hoy en esta catequesis? 23

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¿Qué vamos a hacer nosotros (papás y padrinos) para que los signos de la celebración del Bautismo se conozcan, entiendan y utilicen adecuadamente? Se puede hacer un breve compartir en el grupo general sobre el compromiso de la tercera pregunta.

CELEBREMOS
En una mesa se colocan los signos utilizados en la celebración del Bautismo. Las personas se colocan en semicírculo alrededor de la mesa. Observan un momento los elementos que se encuentran en la mesa. Se les pide que algunos pasen y escojan uno de los signos, lo tomen en sus manos y vuelvan a colocar en su lugar. Se proclama la lectura del capítulo 3 del evangelio de San Juan del versículo 1 al 6. Se deja un momento de reflexión personal en silencio. El catequista invita a los que tienen algún signo en sus manos a hacer una breve oración partiendo de ese elemento y su significado. Decimos juntos la oración de los hijos de Dios, agradeciendo el don del Bautismo. Terminamos cantando: PUEBLO DE REYES
Pueblo de Reyes, asamblea santa, Pueblo sacerdotal, pueblo de Dios, ¡Bendice a tu Señor! Te cantamos ¡oh Hijo amado del Padre! Te alabamos, eterna Palabra salida de Dios. Te cantamos, oh Hijo de la Virgen María, Te alabamos, Oh Cristo, nuestro hermano, Nuestro Salvador. Te cantamos a ti, Esplendor de la gloria, Te alabamos, Estrella radiante que anuncias el díaTe cantamos, oh Luz que ilumina nuestras sombras, Te alabamos Antorcha de la nueva Jerusalén. Te alabamos, Mesías que anunciaron los profetas, Te alabamos, oh, Hijo de Abrahám e Hijo de David. Te cantamos, Mesías esperado por los pobres, Te alabamos, oh Cristo, nuestro Rey de humilde corazón. Te cantamos, Mediador entre Dios y los hombres, Te alabamos, oh Ruta viviente, camino del cielo. Te cantamos, Sacerdote de la nueva alianza, Te alabamos, Tu eres nuestra paz por la sangre de la cruz.

Te cantamos, cordero de la Pascua eterna, Te alabamos, oh Víctima que borra nuestros pecados. Te cantamos, oh Templo de la nueva alianza, Te alabamos, oh Piedra Angular y Roca de Israel. Te cantamos, Pastor que nos conduces al reino, Te alabamos, reúne a tus ovejas en un redil. Te cantamos, oh Cristo, manantial de la gracia, Te alabamos, oh Fuente de agua viva que apaga nuestra sed. Te cantamos, oh Viña plantada por el Padre, Te alabamos, oh Viña fecunda, nosotros tus sarmientos. Te cantamos, oh Cristo, maná verdadero, Te alabamos, oh pan de la vida que el Padre nos da. Te cantamos, Imagen del Dios invisible, Te alabamos, oh Rey de justicia y Rey de la paz. Te cantamos, Primicias de aquellos que duermen, Te alabamos a ti, el Viviente, principio y fin.

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10. LA CELEBRACIÓN FAMILIAR
Objetivo: Reflexionar sobre el sentido cristiano del festejar para que la reunión o fiesta que se hace con motivo del bautismo de nuestro hijo tenga una orientación positiva. “Alégrense con los que están alegres” (Rom 12, 15) NOTAS PEDAGÓGICAS Este tema ya no forma parte del contenido propio de la catequesis que ordinariamente se presenta sobre el sacramento del Bautismo, pero dado el arraigo que tiene el festejo (grande o pequeño) entre nuestra gente, se ve necesario tomar conciencia y orientar, en caso necesario, para que la fiesta no se convierta en algo pagano o en una anti-fiesta. El catequista deberá tener una actitud madura para no volverse ni “satanizador” de las fiestas, ni “permisivo” al grado de no decir nada de lo que sucede en algunas reuniones festivas. VEAMOS El catequista invita al grupo a responder las siguientes preguntas: ¿Qué hay de bueno y de malo en una fiesta? ¿Cuándo una fiesta puede convertirse en una anti-fiesta? ¿Qué diferencias vemos entre las fiestas que se celebran con motivo del bautismo de un pequeño y otras fiestas? Se pueden responder estas preguntas con el grupo en general, para facilitar un mayor enriquecimiento. PENSEMOS Todas las personas tenemos necesidad de manifestar nuestra alegría para tener una mejor experiencia de la vida. Por ejemplo, una buena fiesta nos ayuda a desarrollarnos mejor como personas, nos une más, nos sentimos alegres, etc. Cuando hacemos una fiesta experimentamos como se “detiene” el tiempo en la carrera de la vida y nos da un respiro para poder seguir el camino. Asimismo, es un momento en que abundan detalles que de ordinario no tenemos. Las fiestas son ocasión de una transformación en nuestras apariencias: nuestro arreglo personal es más dedicado, usamos nuestras mejores ropas y actuamos de forma distinta. En ellas, se nota la ilusión de las personas porque la vida no sea siempre igual, por una ambiente sin problemas, donde haya abundancia y todos estemos felices. Lamentablemente es muy fácil que una fiesta se convierta en una “anti-fiesta”. Esto sucede cuando gastamos más de lo que tenemos, cuando derrochamos y ofendemos al que padece carencias, cuando no prevemos el mañana, cuando se cae en el alcoholismo y en la violencia, cuando por tantas causas la fiesta se convierte en tristeza, muerte y luto. Es en esas ocasiones en que la fiesta pierde sentido, la reunión va degradando poco a poco a los asistentes mientas el niño recién bautizado llora a solas en un lugar aparte. 25

CATEQUESIS SOBRE EL BAUTISMO

11 de septiembre de 2009

Jesús nos enseña a vivir mejor como personas, incluso nos muestra la alegría que debe haber en una fiesta, acude a las fiestas y comparte con los demás. Pero nunca deja de estar atento a las necesidades y angustias de la gente (ver Juan 2, 1, 12). Y refiriéndonos especialmente a las fiestas que se organizan con motivo del bautismo de un pequeño es conveniente hacer algunos comentarios: Es muy positivo que los familiares y amigos se reúnan con el pequeño y sus papás para festejar el inicio de una nueva vida en la fe. Festejar es positivo. El centro de dicho festejo es el recién bautizado, lo ideal es tener un lugar adecuado para él en el sitio central o más visible del lugar de la reunión, por lo tanto, debe evitarse el caer en actitudes muy comunes entre nuestra gente como el llevar al pequeño a una habitación de nuestra casa para que no “moleste” con su llanto a los invitados o caer en excesivo servilismo hacia los compadres para quedar “bien” con ellos haciéndoles sentir que son el centro de la fiesta. Respecto a los alimentos y bebidas que se consumirán debemos agradecer a Dios el que los podamos tener y consumir, bien sea con una oración de acción de gracias o con la bendición sobre los alimentos. Asimismo, recordemos nuevamente que si estamos allí reunidos es para festejar al pequeño bautizado y no para excedernos en el consumo de alimentos y bebidas. ACTUEMOS El grupo reflexiona a partir de las siguientes preguntas para tratar de llegar a un compromiso. ¿Cuál es el sentido que Dios quiere para nuestras fiestas? ¿Qué se necesita para que en nuestras fiestas se de una alegría verdaderamente cristiana? Nosotros, ¿cómo vamos a festejar el Bautismo de nuestro hijo o ahijado? CELEBREMOS Podemos recitar el salmo 138 (137) u otro parecido; a cada estrofa decimos: “Te doy gracias Señor, con toda mi alma”.

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SIGLAS UTILIZADAS
CDC Código de Derecho Canónico CIC CT P LG Catecismo de la Iglesia Católica Catechesi Tradendae (Catequesis en el mundo contemporáneo) Documento de Puebla. III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Lumen Gentium (Constitución dogmática sobre la Iglesia)

TMA Tertio Millennio adveniente (Hacia el Tercer Milenio). Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II II SD II Sínodo Diocesano Para la Nueva Evangelización. Arquidiócesis de Guadalajara.

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