La Balserita Víctor Carvajal Ilustraciones de Carolina Schütte González

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Dedicado a Constanza Corbinaud Castañeda.

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Alucinaciones

Tiara soñaba con Diego esa madrugada. Ella y su compañero esperaban por una lancha que los 3

De pronto. como pequeños peces fuera del agua. apareció una imponente figura.trasladara hasta el embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. En medio de la bruma. mecida por las olas. La niña se estremeció de la cabeza a los pies. pedaleando de un lado a otro. 4 . como si la pasarela de madera no existiera. porque creyó haber visto a su hermano. la niña vio ciertos destellos que se desplazaban en medio de la bruma. ambos miraban en silencio aquel paisaje de ensueño. como si una brisa gélida la dominara. cuando la neblina comenzaba a dejarle un espacio de cielo al océano. amenazando con regresar de un salto a su mundo submarino. Desde el muelle. Diego montaba su espléndida bicicleta.

5 .

Ataviados con finas plumas multicolores. —¡Eres una Miru! —saludaron—. los tripulantes de aquella embarcación maravillosa detuvieron el acompasado movimiento de los remos a escasos metros de la costa. Entre ellos se encontraba el abuelo de la niña y Kiko. El rostro del muchacho hizo una mueca de asombro y saltó como un resorte. —¿Qué pasa? —balbuceó. nada —titubeó ella. flotaba la imponente piragua. —No. temblaba de miedo. Tiara permaneció expectante unos segundos ante la sorprendente aparición que emergió de la nada: mecida por las olas. Miembro de nuestra estirpe real. Tiara buscó refugio junto a Diego. —¿Nos vienen a buscar? —preguntó Diego. 6 .Tiara se volvió para mirar a Diego a los ojos. el hermano mayor de Tiara. perturbado por la repentina reacción de su compañera. porque en ellos se reflejaba mejor el color gris del mar y del cielo. Ocho hombres la tripulaban. La nave se acercó.

volviéndose a ellos. —Navegamos contra el tiempo —respondieron apremiados los príncipes—. —¿Tengo que subirme a la balsa? —exclamó la niña. sin mayor alegría—. Para que nos lleven a la escuela. al tiempo que miraba a su abuelo y a Diego. impulsada por la misteriosa voluntad que la 7 . aborda tu pora y rema hasta nuestra embarcación. —¡Qué bueno! —replicó Tiara. Es largo el viaje hasta las costas del Poike. —¿Y mi papito? —insistió la niña.—¿Quiénes son ustedes? —preguntó la niña. —El competirá en una prueba muy dura —respondió el abuelo. —Son los príncipes Ariki Paka y vienen por ti —respondió el anciano. Mientras la niña intentaba separarse de su amigo para obedecer las instrucciones que recibía. —Eres navegante. mudo de asombro. —¡Quiero ir a verlo! —Tiara —se apresuró Kiko—. igual que nosotros —respondieron los príncipes.

comenzó a desplazarse lentamente por el embarcadero. Parecía un caballo desahogando su dicha. —Vamos. a punto de perder el equilibrio. Ella corrió a los botes. Eran saltos pequeños. una extraña figura de goma que rebotaba sobre el entablado resbaladizo. —¿Vienes. que no había tiempo que perder. logrados al apretar y soltar los frenos. El abuelo y Kiko exigieron a la niña que se apurara. Diego? —insistió. El muchacho dudó. —No iré sin él —respondió Tiara. con una rueda primero y luego con la otra. Al escuchar que Tiara mencionaba la bicicleta. se preguntó si Diego estaría dispuesto a ir con ella. avanzando hasta el agua. Diego —dijo Tiara—. víctima de una fuerza misteriosa y con sorprendente habilidad. —Que aborde la nave —ordenaron los príncipes. zigzagueando de un lado a otro. Tiara contemplaba maravillada la destreza de Diego. junto a los cuales 8 . Monta de una vez en tu bici y ven conmigo. Diego.dominaba. La niña no hacía más que celebrar la habilidad de su compañero.

Entonces. mientras se abrigaba con su chaleco de lana. hija. Aquí no hay hombre flojo. fue asaltada por una idea que la hizo temblar de pies a cabeza: tal vez su madre 9 . chica. la balsa de espuma plástica. Acomodó su mochila. Arrodillada en la —¿Y mi papito? —preguntó. Mientras bebía el resto de leche humeante. sosteniendo su bicicleta con ambas manos. Tiara fue a mirar por la ventana. la bruma se mantenía suspendida sobre el mar tal como la viera en su sueño. Para su sorpresa.flotaba su Amiga Yara. como si estuviera dispuesto a lanzarse al agua con ella. Se sentó a cubrir de margarina una media rebanada de pan amasado recién sacado del horno y apuró el desayuno. En el embarcadero le pareció distinguir a Diego. —¿Y el Kiko? —Salió de pesca con su padre. inmóvil frente al mar. la niña recordó el sueño que había tenido y regresó entusiasmada a la cocina. Vertió leche caliente en un jarro enlozado y la endulzó con azúcar. —Se embarcó temprano. desató la amarra y de un salto abordó decididamente la débil embarcación.

—Hija —respondió después de un rato la madre. Tiara se levantó de un salto de la mesa y volvió al cuarto de baño. no faltará quien la balsee.. podía deambular por los pasillos. pues era muy arriesgado navegar con tanta niebla. Cepilló con descuido sus dientes. siempre existía la posibilidad de alzar la mano y ser tomada en cuenta. bordado con delicadas flores rojas y amarillas. ¿Se sentiría reconfortada? —Mamá.. la que al parecer a nadie importaba. la niña prefería no faltar a clases. aun cuando nadie la acompañara. mamá! —gritó desde la 10 . Pero si al menos regresara su padre o su hermano de la pesca. se enjuagó la boca con un potente sorbo de agua y terminó de limpiarse los labios con un paño de algodón. De todos modos. Y frente al profesor. su madre estaba demasiado ocupada en sus quehaceres como para preocuparse de la hija del medio. —¡Chao. Por fortuna. afanada como estaba en el cuidado de sus hijos pequeños—. al menos. tengo que ir a la escuela —rogó.deseaba que esa mañana se quedara en la casa. En la escuela.

salió a la bruma de la mañana. Hasta que descendió por la escalinata de madera que conducía al muelle. Tensó el cordel entre sus dedos entumecidos y con los pulgares y los índices formó diversas figuras a medida que cantaba: Kia—kia. Pero Tiara no respondió. Saltando como una gaviota. hija —respondió la madre. tari rau kumara. Tiara se aproximó a su compañero de escuela y le ofreció la mejilla para aceptar un beso desganado y tibio. siguió el camino que señalaba la estrecha pasarela. —Anoche soñé contigo —dijo. 11 . Con su uniforme azul.puerta. i te ehu—ehu. Huevito? —preguntó Diego. —Váyase como pueda. —¿Qué cosa. kia—kia. sonriendo. muy serio. De uno de sus bolsillos sacó la delgada cuerda para el juego del kai-kai\ su entretención predilecta. mientras esperaba el bote que los balsearía hasta la caleta de la escuela.

muy molesta.i te Papua—púa. —¿No le dicen Pascual a tu padre? —insistió Diego. —¿Qué tiene mi bici? 12 . —¡Ya está la Pascuala con sus cosas extrañas! —comentó Diego. —¿Por qué no le dicen Huevito también? —replicó la niña. —¡Pascuala! —remedó Tiara. —Porque él no come huevos como tú lo hacías cuando eras chica —prosiguió Diego—. —Porque no entiendes mi canto. en tono de burla. traes ramitas de camote. golondrina. En cambio. él viene de Isla de Pascua como toda tu familia. —¡Qué bonito! —se burló Diego. en la penumbra y en la suave neblina. —¡Picado! —¿Por qué? —replicó Diego. —Como tu bicicleta —replicó Tiara. —¿A quién le importa? Golondrina de mar.

-—Es como el horno eléctrico que le trajeron a tu mamá de Puerto Cisnes. que la predisponía a descubrir la magia de las cosas. Por un instante guardaron silencio. —¡Picada! —¿De qué sirve? —Bueno. En el fondo de sus corazones abrigaban sentimientos de mutua aprobación. igual que la tía Emilia. Y ella admiraba la 13 . a regañadientes hicieron una tregua. yo sueño con ser directora. —¡Directora! ¿Puedo reírme un rato? —Puedes. —¿Y tú? -¿Qué? —¡Que quieres ser maestra cuando grande! —Si tu sueño es andar en bici —respondió Tiara—. En ese preciso momento se acercó a ellos la mamá de Diego. por estas pasarelas donde apenas cabe una persona. Diego reconocía en Tiara cierta delicadeza y sensibilidad. pero ya lo usará cuando pongan el nuevo generador de electricidad. pero no me gusta que se rían de mí.

no hay calles para vehículos ni veredas para los peatones. Más terreno no había en aquellas rocas. a punta de pasarelas. Las casas del poblado se apretaban unas con otras. Los moradores debían circular por estrechas veredas de madera que permitían el acceso a cada vivienda. por la falta de espacio. el hermano de Tiara había tenido la ocurrencia de utilizar las mismas embarcaciones como plaza de juegos. mientras se apoderaba de la bicicleta. Los únicos medios de transporte motorizado que se conocen son las lanchas y las pangas. inventando el modo de trepar a los botes y transformar en columpio las cuerdas tensadas que sujetaban las naves. Pero. ¿cómo lo haría? En Puerto Gala. en la Isla Toto. Más rocas que tierra. Las precarias construcciones se hicieron quitando espacio a la piedra. plataformas y palafitos. que soñaba con ir a la escuela en bicicleta.tenacidad del más cercano de sus compañeros. con instalaciones para hacer ejercicios. 14 . A falta de un sitio amplio. haciendo que su hijo se bajara de ella. —Me la llevo —sugirió la mujer. en el archipiélago de Los Chonos.

sus padres jamás les perdonarían maniobrar un bote sin su consentimiento. sin esos implementos era imposible bogar. conservado con hielo en la bodega del barco. Tiara recordaba cuánto había costado cortar el enorme trozo de espuma plástica. observando atentamente el muro de humedad suspendida sobre el agua y que impedía ver el horizonte más cercano. Y si esos niños hubiesen contado con ellos. Esas cajas de plumavit eran llenadas de pescado fresco. con el cuchillo conseguido por su hermano Kiko en la cocina de la casa. Todavía no ha venido nadie a buscarnos.—¡No. sin remos ni chumaceras. También estaban las balsas de espuma plástica que ellos utilizaban para jugar. Varias embarcaciones menores flotaban junto a las rocas. mamá! —rogó Diego—. Era el envase que usaban los tripulantes del barco que solía llegar de Puerto Montt a recoger la merluza que pescaban los hombres de la caleta. Los dos habían estado una tarde entera junto a las rocas dándole forma de balsa al pedazo de 15 . —¡Pero se hace tarde! —protestó la madre.

Kiko ató el volantín a la popa de la falsa embarcación y de la cola colgó una lienza con un anzuelo en su extremo. para lograr el mismo espacio interior de un bote. Después consiguieron una vara de madera de un metro y medio de largo y le clavaron dos palmetas en los extremos. la echaron al agua y la alejaron de la costa con el remo. manteniéndose alejado 16 . Kiko hizo una demostración para que Tiara aprendiera a utilizar el remo y luego se dedicó a instruirla con gran paciencia. Pero no sólo la usaron como entretención. cuando Kiko era todavía muy pequeño para acompañar a su padre en la pesca. con el mismo cuchillo lo ahuecaron. cuando el tiempo se presenta mucho más propicio para navegar. Luego. que por su peso se hundió en el mar.espuma plástica. En este caso se trataba de una balsa para divertirse junto a la costa. con un buen anzuelo y una carnada que la propia Tiara había conseguido para la ocasión. Habían instalado en ella el volantín manu—hakerere del abuelo. Cierta vez. Siguiendo la costumbre. ataron la balsa con una cuerda bastante larga. Había sido el trabajo de varios días seguidos. en primavera.

—¿Lo cree. los niños Miru consiguieron una pesca maravillosa: tres merluzas españolas. A partir de entonces siempre mantuvo viva la esperanza de un reencuentro. —Mi hermano también nos balsearía. robustas y sabrosas. —Mi papá puede llegar en cualquier momento —respondió la niña. como si de la niña dependiera el traslado de su hijo—. como el padre de Tiara no había regresado y en casa no había qué hacer de comida. la balsa de Tiara no tenía nombre y la niña decidió bautizarla con el nombre de alguien que le encantaría que regresara a la caleta: Amiga Yara. —Aquí hay botes de sobra —comentó la madre de Diego y miró intensamente a Tiara. Ese día.del bote y a merced de los vaivenes del viento. niña? —replicó la mujer—. 17 . lo que falta es que alguien se haga responsable. nunca he visto a su padre cruzar a la escuela. la verdad sea dicha. Pero desde que se hizo persona se va todos los días con mi papito. Pero. Por aquellos días.

jugando a enfrentar riesgos y pasar la prueba. nunca tuvieron nada que lamentar. —¿Nunca le han dicho que no debe aventurarse por esas rocas? Tiara enmudeció y Diego tragó saliva. 18 . no había ninguna posibilidad de que una embarcación pasara a recoger a los rezagados de Caleta Chica. Su hermano tampoco se muere por llevarla a la escuela.—Claro —insistió la madre de Diego—. Por lo tanto. Ambos cruzaron miradas temiendo ser sorprendidos en un secreto que no debía ser develado por ningún motivo. En varias ocasiones se habían aventurado por esas rocas. —¡Por ahí podríamos ir a la escuela! —exclamó. ya lo habían hecho. al parecer. Ninguna lancha surcaba las aguas a esa hora de la mañana. Felizmente para ambos. La niña observó atentamente el accidentado montículo de rocas que se extendía a lo largo de la costa y que la niebla se lo tragaba como si nada más existiera en el mundo. sin consecuencias. Los catorce alumnos que venían de otras caletas y que diariamente cruzaban con algún apoderado a la escuela.

Buscaban afanosas una embarcación para nadar delante de la proa. como si no tuviera ninguna urgencia. —¡Oh. alegrando la travesía de marineros y pescadores. tan poco prácticos para todo. Se preocuparon de hacer 19 . precisamente en esas rocas tan peligrosas. porque cuando Kiko era pequeñito caminaba por ahí y a veces me dejaba ir a la siga. formando una trenza de espuma. —Lo que hace falta es una buena pasarela —comentó la mujer—.Incluso. También en la escuela nos dicen. Estos hombres. Un grupo de toninas cruzó saltando frente a los ojos de Tiara. El suave oleaje golpeaba porfiadamente en los pies de Tiara. dulces olas! —suspiró. había seguido los pasos aventureros de su hermano. suspirando y roja como un tomate—. De algún modo hemos de llegar a la escuela. Pero en verdad no es tan peligroso. Pero las olas tal vez son sordas y sólo nos hablan con esa monotonía tan propia porque abandonaron la escuela antes de aprender lo que debían. —Mi mamá siempre lo hace —reconoció la niña. —¿Qué hacer? —se preguntó—. cuando Tiara era muy niña.

Las antenas eran variadas y curiosas. Tiara observó los techos de las casas. Huevito? —La pura verdad —respondió ella. Los cables eléctricos que las conectaban parecían mantenerlas atadas a las techumbres. evitando que la ventisca las arrastrara cual cometas de los confines. pero no hubo forma de que te bajaras de tu bici —habló 20 . Diego fue a sentarse junto a ella. Los hombres las habían construido de alambre.instalaciones de radio y olvidaron lo más necesario. para irnos en la nave de los príncipes. estirando de los ganchos para colgar chaquetas y pantalones. entre el espeso bosque y el mar. había antenas con tapas de olla. —¿De verdad soñaste conmigo. con fondos de latón recortado de aquellos tambores que alguna vez fueron recipientes de aceite o de petróleo. La niña se sentó a esperar en la única roca sin humedad. —¿Y qué sueño fue ése? —Mi abuelo y mi hermano vinieron a buscarnos. muy cerca del agua. levantadas sobre las rocas.

—Pero no es el lanchón de su padre. —¿Estás loca? —Hasta le puso nombre: vaka—ama.bien bajito. acercándose a la niña y tironeando una de las mangas de su gruesa parka de invierno. 21 . —Eso —musitó ella. niña —comentó satisfecha la madre de Diego—. triste y pensativa. —¿Tu abuelo? —preguntó Diego. Es el de mi marido. Una lancha se acerca. muy sorprendido—. para que la madre de Diego no los escuchara. —Podías flotar como una canoa —respondió ella. —¡Debe ser la vaka-poe—poe de mi papito! —exclamó Tiara y se levantó llena de entusiasmo. hijo! —interrumpió la madre de Diego—. Huevito? —insistió Diego. —¡Qué suerte. Se acercó a la orilla del pequeño embarcadero para escuchar mejor la monotonía del motor fuera de borda. —¿Eso fue lo que soñaste. Ya está otra vez la Pascuala diciendo tonteras.

papá? —preguntó el niño. Anselmo? —Escasa —respondió el padre de Diego. Tiara y Diego abordaron la embarcación. Tiara se aferró al borde de la lancha y vio como sus zapatones se hundían en el agua en el piso de madera. —¿Podemos subir. 22 . viejo! —comentó ella. Tiara buscó con la mirada el tarro para achicar el agua del bote.El dilema —¿Cómo estuvo la pesca. al tiempo que su compañero de faenas comenzaba a desembarcar unas cuantas cajas de espuma plástica repletas de merluzas. —Terminamos de descargar y nos vamos —respondió el hombre. El lanchero aceleró el motor fuera de borda y el bote se sacudió como en una tormenta. —¡Qué bueno que llegas a tiempo.

La madre de Diego. después de mantener alzado el brazo en señal de despedida. 23 .

regresó al caserío. que la observaba de muy cerca. Frente a ellos. Sus compañeros ya estaban formados en el patio. esperando el toque de la campana para ingresar a la sala. Tiara se quedó un largo rato observando la bicicleta que la mujer se esforzaba en mantener aferrada a su cintura. que apretadamente cubrían laderas y cerros. Los 23 24 . compartiendo el caminar pausado y sin prisa. Tiara y Diego fueron los últimos en llegar a clases. El agua salpicaba el borde de la embarcación y la niña debió abrigar sus manos entumecidas. La directora consultó su reloj y asintió con la cabeza. El profesor. se dirigió a la campana y tiró de la cuerda. observando cada detalle. lanzando fríos destellos con sus incontables rayos. Las ruedas giraban como medusas de plata. Tres sones retumbaron en las paredes del edificio y en la corteza de los árboles cercanos. Contempló entusiasmada la estela de espuma que dejaba la trayectoria del bote y recordó la bicicleta que en sueños había inventado su abuelo. el pequeño grupo de docentes y auxiliares se parapetaba bajo el alero del corredor techado de la construcción de madera.

¿Qué dilema? ¿Sabes lo que es eso? —Sería bueno que lo resolviera —insistió Tiara. mirando a Tiara y luego a Diego. es alguien encerrado en un dilema. —Nos corresponde matemáticas —señaló el profesor. es decir dos. Diego? ¿Cuál es el tuyo? 25 . Voz griega que viene de dis. que quiere decir tomar. —¡Dilema! —meditó el profesor—. —¿Podríamos estudiar el dilema de Diego? —¿Dilema? —replicó el profesor. seguidos por su profesor. —¿Qué le pasa? —protestó Diego. y lambanein. porque no deseaba que la niña le aportillara una vez más la clase programada—. ¿qué tenemos? Un argumento que presenta dos posiciones que provocan confusión en quien las enfrenta. Entonces.alumnos ingresaron a la sala de clases. ¿Por qué. que repentinamente se quedó más tieso que una estaca. mientras la directora se dirigía a su oficina y las tías Lidia y Elvira iniciaban sus labores en el comedor y en la cocina. En términos generales. Y preguntó sin entusiasmo. apenas los alumnos estuvieron sentados.

—No sabe qué hacer con ella —prosiguió Tiara. adelantándose a que su compañero 26 .

27 .

—La Huevito ha estado toda la mañana en eso —protestó Diego. pero en la caleta no se puede andar en bici. —¡Tío Tato! —reaccionó por fin el muchacho—. Entonces optó por lo más temido de la clase..respondiera—. —A ver. en medio de un fastidioso rumor.. El profesor escuchó atentamente. Quiere usarla. Ya está de nuevo la Pascuala diciendo leseras. suma de murmullos. risas veladas y pullas carentes de ingenio. a medida que lo expresaba. Siempre los dejaba temblando con eso. 28 . —Su abuelo está muerto —interrumpió Diego abruptamente. —¿Qué falta de respeto es ésa? —sentenció el profesor. aquello que acoquinaba hasta al más audaz. con gran desplante y sin un asomo de duda. —Mi abuelo tuvo la genial idea. Tiara —tragó saliva el profesor—. expuso lo que imaginaba y. le parecía más claro. No sé de qué habla. —¿De qué se trata? —insistió el profesor. —Yo sólo quiero ayudarlo —se disculpó Tiara. ¿Qué idea es ésa? La niña.

¡Esa no es mi bici! —Claro que no lo es —intervino el profesor. pues no contaba con una demostración frente a las burlas del curso. con una tercera a medio camino. Temblorosa. —¡Un catre! —respondieron. enfrentó el desafío que ella misma se había impuesto.—¡Al pizarrón! —señaló—. como un velocípedo. En todo caso. La niña prosiguió como si nada. alentada por el entusiasmo que cada trazo provocaba en ella. tendré que bajarte la nota en artes plásticas.— Nadie con dos dedos de frente diría que eso es una bicicleta. Haciendo caso omiso del rubor que con seguridad se había apoderado de sus mejillas. dibujó un biciclo desproporcionado. Es cosa de abrir bien los ojos. Veamos lo que Tiara se propone. indignado—. con una rueda más grande que la otra. ¿Serías tan amable de hacernos un bosquejo? Tiara se levantó con cierta resistencia. comprobando así la satisfacción de ver realizado el 29 . sosteniendo a duras penas el trozo de tiza entre sus dedos. —¡Pascuala! —reaccionó Diego. —¿Es la chancha del Diego? —comentó alguien.

rasguñando la pizarra.primer acercamiento a la materialización de una idea. 30 . que la tiza. —¿Y ese óvalo? —preguntó el profesor. fue la única voz que habló en el aula. respeto y más respeto! —Es una vaka—ama —explicó la niña.. —Bueno —comentó el profesor—. —¿Una qué. pero sí con física y mecánica. destemplando los oídos por unos instantes.. Se produjo un silencio tan profundo. —¡Es el huevo que desayuna todos los días! —¡Silencio! —advirtió el maestro—. —¡Silencio! —volvió a sentenciar el profesor. daremos el problema a los alumnos de los cursos superiores.? —Pero si lo dijo clarito la chica —comentó un gracioso. este problema no tiene mucho que ver con aritmética. ¡Más respeto! ¿Qué es lo que más recalcamos en esta escuela? ¡Respeto. Las risas y comentarios de los más grandes terminaron como por encanto. Aunque a Diego no le corresponde como materia.

la cadena haría girar un remolino que salpica el agua. Analizar el principio mecánico que le permite girar. al pedalear. Por eso. La rueda. Un comentario más y se irán amonestados a la dirección. Investigar el principio físico del molino y su aplicación para utilizar el viento o el agua como energía impulsora. tal como las aspas que movían los motores a vapor en el siglo XIX. —¡Ya. El tema también 31 . —Es una balsa con un balancín. Mi abuelo dice que el balancín evita que se vuelque. tío Tato —continuó la niña con exagerada calma—. la vaka de la que hablo se escribe con k y significa algo muy distinto. —Esa vaca que dice —replicó la niña con enorme desplante—. Esa consonante no existe en la escritura rapa—nui. —Tarea para los de séptimo y octavo —señaló el profesor—. si la bici fuese montada sobre la balsa.—Es una vaca enamorada hasta las patas —insistió el chistoso. se escribe con c. basta! —advirtió el profesor—. Entonces. tonto.

el tamaño de las aspas. dejó paralizados a todos los alumnos del curso. en medio de las miradas de los varones más grandes. Un golpe tremendo. —Pero. —A ver. Y no importa que esté muerto. con las dimensiones a escala. a ver —advirtió el profesor. Una vez concluida la primera parte de la tarea. Tendrán nota por eso. —Digo —explicó el alumno sorprendido— que cómo resolvemos este casito. —Aquí. Dibujarán el proyecto como corresponde. No quiero excusas. que la habrían pulverizado con los ojos si hubieran tenido el poder de hacerlo. seguido de un silencio inquietante. No tuvo más palabras. Invitó a Tiara a sentarse. se abocarán al estudio de la idea del abuelo de Tiara. El profesor miró atentamente a cada uno 32 . joven. Y luego calcularán el volumen de la rueda. el material de que están hechas para que la fuerza empleada provoque el movimiento deseado. En la misma escuela están las respuestas.será parte de la materia de historia para los de quinto y sexto. ¿cómo le pone oídos a la tonta de la Huevito? —comentó alguien.

con el efecto del eco. La campana. tímidas al comienzo. luego más atrevidas. muy serio. provocando la hilaridad desenfrenada de aquellos espectros. salieron como cuetes que alimenta el viento hacia la tranquilidad 33 . El profesor enmudecía. Un nuevo estruendo se sumó al anterior. porque fue más de uno el que se sintió. celebrando su propia ocurrencia. ¿quiénes podían hacer tanto alboroto? Más de alguien había comentado que en el dormitorio abandonado del segundo piso habitaban fantasmas. Pero. más sonora que nunca. hizo trizas el miedo que se había apoderado de las almas de aquellos muchachos y. al instante. si es que en verdad lo eran.de esos niños y ellos lo miraron pidiendo auxilio a gritos. A nadie le causó gracia el comentario y coincidió con el griterío en el piso de arriba. El profesor y los alumnos se observaron mutuamente en silencio. Se oyeron risas de niños. —¡Elefantes! —comentó uno de los muchachos. —¿Ratones? —musitó el maestro. Pies descalzos corrían por el segundo piso.

La recordó con nostalgia y lamentó haberla dejado partir antes de tiempo. deseaba demostrar a sus compañeros que nada lo unía a la trastornada que tenía tales ocurrencias y que lo único que le gustaba era llamar la atención. Desde un comienzo la evitaron. Tiara. Les esperaba la leche caliente y el pan amasado de la tía Elvira. La niña se levantó dificultosamente y se dirigió al comedor junto a la cocina. Diego se hizo el desentendido. —¿No sales a recreo? —preguntó el profesor con la voz temblorosa y sin levantar la cabeza de su libro de clases. permaneció inmóvil en su asiento. manifestando su rechazo. Durante años se sintió privilegiada de contar con su gran 34 . sin embargo. Tiara sacó la pitilla que siempre llevaba en su bolsillo y se puso a jugar al kai—kai. donde el bullicio de los muchachos llenaba el recinto. tal como lo hacía con su amiga Yara en los recreos. La niña sintió como nunca la profunda nostalgia que le provocaba la ausencia de la única compañía que siempre tuvo en la escuela.momentánea del comedor. disimulando la inquietud que le había causado el reciente suceso.

porque allí lo que más había era trabajo bien remunerado. sin despedida. atiborrado de turistas. como un madero a la deriva. Lo cierto fue que luego de aquella aparición repentina. Si 35 . coincidiendo con el arribo de aquel barco gigantesco. que la abandonaban. de madrugada. ignorándola por completo. Ahora. como una vela encendida que irremediablemente se consume al paso de las horas. también partió su gran amiga y dijeron más tarde en el poblado que Yara y sus padres abordaron sin remordimientos la nave. ¡Cómo la extrañaba! Por primera vez sentía tan hondo la orfandad que le producía la falta de una amistad que se extinguió de pronto. Había sido como una aparición fantasmagórica. desechándola como un resto de basura. semejante a una ballena invernal. ¡Qué distinto sería si Yara no se hubiera marchado para siempre de la noche a la mañana! Había partido abruptamente. Ella había sido una luz en medio de las tinieblas.amiga. pensó que convivir con aquellos fantasmas del segundo piso era mejor que hacerlo con sus compañeros de escuela. al levantar anclas el barco con sus incontables pasajeros y tripulantes.

Y fue lo que hizo. con sorpresa. quería ir al piso de arriba y mirar cara a cara a los espectros.pudiera. Asombrado comprobó que Tiara era más tozuda de lo que pensaba. El piso de arriba IVlientras tanto. Diego. convencido de que Tiara jamás intentaría cruzar esa puerta clausurada. 36 . haciendo ceder los tornillos oxidados que sostenían una aldaba corroída por el tiempo y la humedad. Diego no dejaba de observarla. Había sido cerrada hace algún tiempo y desde entonces nadie subía al segundo piso. si en ella estuviera el poder de remediarlo. —¡Esta Pascuala! —comentó. Ella se dirigió a la puerta de mañío y la empujó.

Diego quedó perplejo de asombro. Tiara se aferró al rústico pasamano de la escala y subió peldaño tras peldaño. El 37 . sin dejar de pensar que su audacia iba tal vez demasiado lejos. ¿Cómo pudo abrir ese candado? ¿Es que había conseguido la llave en alguna parte? Con extremada lentitud.

38 .

aguardaban un colchón que las cubriera. Las tablas desnudas. en disposición de recibirla como amiga! Tiara se sentó en una cama. también descascarado. como si hubiesen esperado por años la visita de alguien a quien darle la bienvenida. Picaban desaforadas. Cientos de pulgas comenzaron a saltar del polvo a las piernas de Tiara. conteniendo la respiración. arrimado a un muro de sombras. Entonces. ¡Qué lindo sería si en cada catre aguardase un niño con los ojos atentos. imaginó qué 39 .corazón brincaba en el pecho de la niña. veladores de madera con el esmalte descolorido. un enorme ropero. atravesadas a lo ancho del catre. Al llegar al piso superior se halló en un lugar estrecho y asfixiante. mal pintados de blanco. Un velo de polvo suspendido o de bruma colada a través de alguna ventana sin vidrios daba la impresión exacta de lo que había imaginado: un refugio de fantasmas. como si el aire allí fuese un bien escaso. Los ojos de la niña se habituaron a la oscuridad reinante y paulatinamente aparecieron los objetos que albergaba el antiguo dormitorio: una hilera de catres de hierro.

Cerró los ojos por fin y escuchó claramente las risitas que se ocultaban en los rincones del recinto. 40 . Varios niños se acercaron. como si no tuvieran pies para desplazarse o bien no tocaran el suelo mientras caminaban. tal vez sintió que lo hacía con exagerada lentitud.sería de ella si tuviera que compartir ese lugar con otras internas y evitarse el fatigoso traslado diario de la casa a la escuela. Se sintió dominada por la sensación de estar atrapada y tuvo la convicción de que no saldría tan fácilmente de ahí. No tuvo voluntad para abrir los ojos. La niña se tumbó de lado sobre aquellas tablas desnudas y mantuvo la mirada perdida. observándola con una curiosidad inquietante. la brisa incansable. escapar de allí y regresar de inmediato a la seguridad de su aula. el constante ir y venir de las olas cercanas la fueron acunando en un cálido recogimiento. sin hacer el menor ruido. Tiara se levantó. En un dos por tres la rodearon. La quietud del lugar invitaba a dejarse llevar por el envolvente rumor que provenía del exterior.

la Pascuala. —¿Huevito? —Cuando chica me lo pasaba comiendo huevos —respondió. —Hola —respondió—. con su blanca dentadura contenida en una boca expresiva. Pascuala? —Tiara. —¿Y a ti? -¿Qué? —¿Cómo te gusta que te llamen? —¡Ese\ —repitió—. Dime Ese. que reía de buena gana ante el asombro de sus compañeros. perdón. Me dicen la Ese y soy de la caleta. no más.—¡Hola! —dijo por fin la única niña que integraba aquel grupo extraño—. como si la niña que los visitaba fuese un fantasma aparecido a plena luz del día. —¿Y cómo te gusta que te llamen. evitando moverse. quienes permanecían más apartados. Tiara. ¿Y tú? Parecía una luminaria. Me dicen la Huevito. Observaban a Tiara desde el borde de sus camas. y vivo en Caleta Chica. —¡Qué bonito! Pero aquí serás la Te. Así me gusta. —¿Y en qué caleta vives? 41 .

Como aquí están los hombres. por el momento duermo en la pieza de la señorita Emilia. —Pero no me dijiste el nombre de tu caleta. —Es que no es nunca lo mismo. Tanto como yo los quiero. en mi casa.. Habríamos sido yuntas. —Es que yo no vivo lejos —respondió Tiara—. —¿Vivís con tus papás? —Sí. mucho. —¿Y tu papá? —Juan Alberto Miru. —¿Cómo se llama tu mamá? —Verónica Hito. Sólo tengo que balsearme. No tengo que dormir en la escuela. Vivo en la escuela. —¿Y te quieren? —Sí.—Bueno. en lancha. porque así el padre nos manda a hacer al tiro otra pieza. —¿Balsearte? —Cruzar en bote.. —¡Qué pena! —se lamentó de veras la niña—. —Igual podemos ser amigas —respondió Tiara. ahora —dudó un instante—. Dicen que cuando lleguen más niñas habrá un dormitorio para nosotras y voy a dejar tranquila a la directora.. 42 . ¿Viniste a quedarte? Sería regüeno. en ninguna.

Estaba junto al río. muy delgado y de baja estatura. Era nuestro hogar. El desplome del muchacho provocó la risa de sus compañeros. polvo. arrastrando el resto del entablado. El niño. acérquense pa' que la Te los conozca. mientras les pasaba revista con la mirada. 43 . Cacharon. al tratar de incorporarse hicieron que se deslizara una de las tablas y ellas se corrieron.—Caleta. familia. Ellos no reaccionaron. ¿verdad? ¿Están presentables? Es lo correcto —comentó la Ese. un tanto perezosos. ¿entendís? ¡Soi medio dura de mollera. sin poder levantarse. ah! Caleta. Los muchachos. Tenemos visita. ahí vivíamos todos nosotros. caleta. —El caído del catre es Luis —dijo la muchacha. chiquillos. limitándose a bajar la cabeza en señal de asentimiento. envuelto en una nube de. no más. Mira. debajo de un puente. con un chiquillo y todo. caleta de cabros. A ver. Había cariño en ese gesto—. te los voy a presentar. trataba de mantener fresca la sonrisa que ocultaba el bochorno que lo mantenía pegado al piso. sin nombre. y la risotada fue general.

Vestía una larga sotana. El regocijo provocado por el desplome sucesivo de catres los mostró como chicos de carne y hueso. —Y el otro caído del catre —siguió presentando la muchacha— es el Simón.Pero no fue la única caída. levantando una polvareda que amenazaba con oscurecer el recinto. dejando un reguero de tablas a su alrededor. Un sacerdote se presentó repentinamente en el lugar. Dos muchachos yacían tendidos sobre las pesadas tablas que se habían desplomado sobre el piso. y entre carreras. La muchacha. En medio del desorden se sintieron las pisadas apresuradas de quienes subían al segundo piso. como que igual nos tenemos terrible de respeto. abrazó a sus compañeros. manotazos y pisotones perdieron toda compostura y la algarabía fue total. en medio de una risotada—. No somos muchos. 44 . alegre y entusiasta. porque de inmediato el entablado de otra cama también se fue al suelo. cubierta a medias por un abrigo acolchado. pero aquí nos tratamos como hermanos. atraídos por el alboroto. —Esos son el Douglas y el Leuquipán —agregó la muchacha.

atónitos. —¡Orden! —advirtió en voz alta la joven—. —¡Qué cagnara es ésta. Sus rostros de alegría se tornaron de sorpresa. los chiquillos se volvieron a ellos con la actitud de quien espera una reprimenda. Recuperaron las tablas desprendidas de las camas y sólo de vez en 45 . colmaron de paz el recinto. medio dormido. Ante la repentina presencia de quienes irrumpían en el recinto. sin que ninguno se restara. colaboraron en poner las cosas en su lugar. ¡A ver. sin ver la luz del día. con ojos desmesurados. que más parecía un niño por su semblante de sorpresa y algo de picara complicidad en la mirada. con sus dientes separados y una ancha sonrisa iluminando su rostro mal rasurado. en camisón de franela y con una mañanita sobre los hombros. per la Madonnail —exclamó el religioso. como los que a veces exhiben quienes han estado recluidos por un largo tiempo. Una señorita. Le seguía un hombre joven. chicos! ¿Qué desastre es éste? Todos. apareció de la nada. el gesto amable del hombre bonachón.A pesar de su aparente enojo.

repitió Tiara en su mente. le parecieron a Tiara los atributos de una persona conocida. cerrándose todavía más la mañanita a la altura del pecho—. autoritario y calmado. Acto seguido se dirigió a la joven—: Emilia. ¿Emilia?.cuando dejaron escapar una risa. La expresión de su rostro era el retrato de la felicidad. padre —respondió ella. ragazzo —comentó alegremente el religioso. alentando la buena disposición de esos muchachos—. al evocar la situación que tanto regocijo les había causado. —Eco. ¿podemos ocuparnos de esos maderos? —Sí. ese timbre de voz. Estaba vestida con excesiva formalidad y en sus manos sostenía un enorme diploma. aquella figura menuda pero saludable. ¿Sería la misma tía Emilia en la que pensaba? De pronto. En el retrato aparecía diez años más joven y era exactamente la edad que exhibía esta señorita que acompañaba al sacerdote. —¡Eso es! —dijo la joven. 46 . recordó la fotografía que había visto en el muro de la oficina de la directora. Algo hay que hacer para cambiar esas tablas. ¡Así es como debe ser! Aquel rostro.

¿Sería el mismo tío Tato. por la buena disposición de los muchachos. Su reacción impulsiva fue salir corriendo. —¡Qué bien! —replicó la joven—. Haga meño. abandonó el dormitorio por una puerta contigua. la directora de la escuela en persona. me encargaré de esas tablas. El joven se dio media vuelta para marcharse por la misma escalera que lo había llevado al segundo piso. Sin embargo. sin darse tiempo para explicaciones. La tía Emilia. ni menos para despedidas embarazosas. 47 . La campana puso fin al recreo. Renato. Tiara sintió que su corazón daba más de un brinco. ¿Renato?. ya más tranquila.—Bueno —exclamó a su vez el profesor—. su profesor de todos los días? —Todos nos ocuparemos del problema —repitió el sacerdote y salió tras los pasos del hombre joven. también sonó conocido el nombre en la cabeza de la niña. una mano pesada la remecía del hombro.

. arrepentido tal vez de haber entrado en ese recinto prohibido. por encima del pantalón largo—.. evitando toda posibilidad de comunicación con Tiara. para no provocar preguntas indeseadas y las burlas inevitables. abrió los ojos y despertó frente a la preocupada mirada de Diego. Llegó a pensar que la inconfortable situación a la que estaba sometido 48 . La comezón de las picadas de pulga no lo dejaba en paz y cada vez que se rascaba debía simular frente a sus compañeros. Bajo la pasarela JJiego se mantuvo en silencio durante la jornada de clases.Tendida sobre un costado. Hace rato que sonó la campana y como no llegabas nunca a la sala. al tiempo que no dejaba de rascarse las piernas. despierta! —le dijo su compañero. con el bochorno que provocaba la crueldad de sus compañeros. tal como se había dormido. —¡Tiara.

Tiara estaba a punto de protestar de 49 . La lancha del papá de Diego arribó casi al mismo tiempo con otra embarcación que luego enfilaría un rumbo distinto. transportando niños. Por un instante el muchacho se negó a reaccionar. Las clases llegaron a su fin y los alumnos se dispersaron en varias direcciones. Sabía que aquella ofuscación de Diego era pasajera y una voz interior le aseguraba que sólo era cuestión de tiempo y que la amistad entre ambos volvería a la normalidad. Estaba dolida. pero no albergaba rencor alguno. Los muchachos abordaron ordenadamente los botes. —Hazle un huequito a la Pascuala —advirtió el lanchero.era el merecido castigo por transgredir una norma impuesta por la dirección de la escuela. olvidándose de Tiara. Diego se acomodó en el de su padre. Tiara soportaba el silencio de su compañero como un golpe despiadado. directo al corazón. Una parte de ellos permaneció junto al embarcadero en espera de los botes que debían pasar a recogerlos.

a evitarse. ni la palabra. le habría llamado severamente la atención por su imprudencia. quién sabe. Las niñas primero. No lograba entender tanta indiferencia. el muchacho tuvo que contener sus ansias 50 . —¡Lo que siempre te digo! —sentenció el papá de Diego—. su propio padre. Durante el trayecto estuvieron atentos a las reacciones mutuas. Y como habló en general. soportando las miradas de los niños.impotencia. Y como la travesía era demasiado corta. Pero no pudo levantarse de su asiento. deseando hundirse en el asiento de madera. —¡Diego! —insistió el hombre—. porque la lancha no se arrimaba del todo a los maderos del pequeño muelle y el patrón de la embarcación. Ambos sentían la respiración agitada. Diego hizo esfuerzos tremendos para no dirigirle la mirada. hijo? El muchacho. ¿Está sordo. al acercarse el bote al embarcadero. se apretujó cuanto pudo dentro del bote y Tiara ocupó el lugar estrecho que su compañero le dejaba. dispuestos. él se preparó para bajar cuanto antes. observando de lado el perfil de cada rostro.

Ella también manifestó apuro por descender del bote. Tiara se apoyó abiertamente en el hombro de su compañero. Pero él no la aceptó. —Ahora las mujeres son las galantes —bromeó el pescador. cómo se preocupa su madre cuando no llega a tiempo de la escuela —respondió el hombre. pasándola a llevar con torpeza y casi la derriba sobre los maderos del piso. Diego apretó su mochila contra el pecho y esquivó a su compañera. Allí esperó a Diego para tenderle una mano. Tiara se afirmó en Diego. obligándolo a sentarse de nuevo. —Dame la mano —insistió la niña. La niña dio un pequeño salto y alcanzó el muelle. Ayude a la Pascuala.de salir huyendo. —Dejo a estos chicos y regreso. cogiéndose de uno de los 51 . por lo que ambos se levantaron casi al mismo tiempo. ¿puedo acompañarte? —Usted sabe. hijo. —Me habría gustado ir contigo —rezongó el muchacho. Diego. —Papá —preguntó Diego—.

-¿Qué? —El Mentolathum —porfió ella. y en ese tira y afloja estuvieron un par de segundos. Entonces. Cuide bien a la Huevito. —¿Te acuerdas de los ruidos que escuchamos? —¿Qué ruidos? —Esos que venían del piso de arriba.tirantes de la mochila. 52 . —Es bueno para las picaduras. muy molesto. —Mentolathum —dijo la niña. ruborizados hasta los cabellos. —¿Qué? —replicó Diego. —Estos dos se las traen —comentó el lanchero. celebrando a carcajadas la ocurrencia—. como si también celebrara el ingenio de su dueño. El motor fuera de borda ahogó las risas de los chiquillos que seguían viaje y la embarcación se alejó dando pequeños tumbos sobre el agua. Diego. —Todo por tu culpa —protestó Diego. —¿Qué pasa? —Los tengo atravesados en la garganta —comentó Tiara. como si repentinamente se acordara de las picadas de pulga. Diego volvió a rascarse las piernas.

—Y trae tu bicicleta —agregó Tiara. Diego perdió el control de su mochila. —Pobre de ti que sea otra de tus tonteras —amenazó con dureza.—Que yo sepa. Es que no puedo guardar el secreto. los huevos no tienen espinas —se burló él con alevosía. —¿Y por qué mejor no traigo el horno eléctrico de mi mamá? —replicó con ironía. —Es que no sabes lo que descubrí. que se deslizó hasta el suelo. —Después que hagamos las tareas nos encontramos aquí mismo. —¡Estas loca! ¿No sabías que está prohibido? —Tú también subiste. ¿De acuerdo? —Será después del té —afirmó Diego. Diego! Si es en serio —protestó ella—. quedando completamente desarmado. 53 . —¡Ya. —¡Y a mí qué me importa! —¿Te digo lo que hay en el piso de arriba? —No me interesa. —¡Por qué no te habré dejado allí para que te comieran viva las pulgas! —¿Te gustaría saberlo? —No pienso subir allí nunca más en mi vida.

Se dirigió con todos aquellos cachivaches al sitio donde se encontraría con Diego. Recogió un viejo balde de plástico en desuso. Encontró un viejo tarro de lata. observó pacientemente la pasarela 54 . Tiara no pudo esperar hasta la hora del té para ir al encuentro con Diego. antes de salir del patio de su casa. Nuevamente. Ocultó el balde entre los botes y regresó a la casa por más objetos inútiles. Allí se separaron.—Lo que dije en la mañana fue sin querer —respondió ella. porque el camino a sus casas se hacía por pasarelas que se apartaban. haciendo equilibrio en el borde de la embarcación. bifurcándose hacia el bosque impenetrable y que sólo convergían frente al embarcadero. una tabla de alerce y un azadón comido por el óxido. tomó las precauciones para no ser descubierta. evitando ser sorprendida. Mientras esperaba trepó a uno de los botes más altos y. una cuchara de madera. Llegó antes a la cita. pero no había señales de su amigo. y lo arrastró fuera de la casa. Aguardó unos minutos. uno de aquellos trastos que alguna vez fue tiesto de pintura.

—¡Mentolathum! —y le ofreció una cajita de lata. rogando que nadie se presentara en su lugar. Yo hablo de algo más oculto. —Ponte ahora mismo esta pomada —dijo Tiara. —Estamos en la caleta. —Este lugar no sirve —explicó ella—. Pascuala? —replicó Diego. —¿Qué? —exclamó Diego—. Ai no poder montar en ella y pedalear a gusto. —¿De nuevo con lo mismo. cuando su amigo estuvo junto a ella. se contentaba con llevarla de paseo. Tiene que ser una caleta donde nadie nos encuentre. —¡Tengo las piernas llenas de pintas rojas! —Ponte la pomada y listo. ¿Estás loca? —¿Por qué? —replicó ella con absoluta inocencia—. entonces! —¡Ven! Busquemos una caleta. como si fuera una mascota.que conducía a la casa de Diego. como era su sueño. —¡Tengo que hacerlo en la casa. Al cabo de un rato apareció Diego caminando junto su bicicleta. Es muy buena para las picaduras. 55 .

—No pienso moverme de aquí —protestó él. —¿De qué? —Fue lo que hiciste cuando saltaste al agua. con bici y todo. ¿cómo lo supo? 56 . Pascuala? —De ahora en adelante tienes que usarla como sea. —¿Cómo lo sabes si todavía no te lo cuento? -¿Qué? —Que mi papá quiere desarmar mi bici.—Igual no hay nadie —protestó Diego. —Nunca faltan los curiosos —replicó ella. —Pero. al tiempo que miraba en todas las direcciones. —¿Brincando? —De eso también tengo que hablarte. —¿Para que no la uses? —Para construir esa canoa que se le ocurrió a tu abuelo. —¿Ni siquiera brincando con tu bici. aprovechando tus picadas de pulgas? —sugirió ella con un dejo de picardía. —¿De qué estás hablando.

haciendo equilibrio con la carga que llevaba. asomando apenas la cabeza. Tiara recogió los cachivaches y se alejó saltando de bote en bote.vit son peligrosas y que una bicicleta para el agua. en la misma dirección de Tiara. —Ahora con mayor razón tienes que demostrarle que puedes usar tu bici.—Yo le conté. en tu estilo. —¡Ven. como se dice. como él la llama. sigúeme! —¡No voy a bajar! —protestó Diego desde la baranda. insiste que las balsas de pluma. Desde ahí llamó a su compañero. Diego caminó por la pasarela. La niña se dirigió hacia una cavidad que se producía entre la roca y la parte inferior del pasadizo de madera. Ahora no hace más que transmitir con el asunto. —¿Y para qué le dijiste? —Para reírme de ti. a tu manera. tonto? Te castigó la boca. 57 . —¿Lo ves. arrastrando la bicicleta. —Es que nunca pensé que me escucharía. sería más segura.

Diego esperó que la niña cambiara de idea y regresara donde él aguardaba. Tiara se echó a reír de felicidad. como nunca lo había hecho. apretando los frenos. Sin darse cuenta siquiera. pero en ese instante resbaló una de las ruedas y Diego se echó sobre la roca. dando brinco tras brinco. —¡Salta con ella! —respondió Tiara con el ánimo encendido. como un chispazo de luminosidad. se vio haciendo equilibrio. El tiempo se estiró como la melcocha y Diego perdió la paciencia. como una lagartija que salva su pellejo bajo la luz del sol. había descendido un par de pasos en dirección al refugio. Comenzó a descender por la superficie rocosa. sujetándola con ambas manos.—¡Aquí es increíble! —No puedo dejar mi bici —porfió. Ella sujetó con las dos manos la 58 . aferrado a la bicicleta. Las extravagantes ocurrencias de Tiara se apoderaron de su mente y pensó montar en la bicicleta. por un instante. hasta acercarse a la entrada del escondite que había descubierto su compañera. con los pies bien puestos en los pedales. Entonces fue Tiara en su ayuda.

chado. Pero el muchacho aceptó a regañadientes la invitación a entrar en aquella caverna. si la partida fuera menos complicada que la llegada. ponte cómodo. —Casi. —Esta será nuestra caleta —prosiguió ella. casi —comentó ella.bicicleta y ambos la arrastraron hasta el escondite.'" Aceptó sentarse. Estaba asoro. —Ahora. -¿Qué? —Vamos a calmar esa picazón. incómodo e inseguro. casi lamentamos una tragedia. suspendida sobre el mar. como si nada. como diciendo casi. estirando la comisura de los labios hacia las mejillas. —¿Qué cosa? —Arremángate los pantalones. —¿Qué caleta? —protestó él. Tiara se dedicó a cubrir con pomada cada picada de pulga. Pero lo primero es lo primero. Diego no disimulaba su molestia y se habría marchado de allí enseguida. Mientras Diego se subía las piernas de su pantalón. por fin. a punto de 59 .

momento! Eso no. como si nada. compartiremos la comida. ¡Ah. Ella. Nos cuidaremos el uno al otro. —¡Yo no pienso estar un minuto más aquí! —Escucha —rogó la niña—. la ropa de abrigo. —Tendremos que traer más cosas de la casa.. Pero aquí estaríamos como rico Pancho Gómez. porque ahí sí que nos pillan. -¿Qué? —Diego —se apresuró ella—. que sería como 60 . en cambio. Una caleta es como un hogar verdadero. podemos traer una radio y escuchar la música que nos gusta.. —¿Qué dices? —¡Aquí la vida puede ser muy emocionante! Podemos cerrar los ojos y escuchar el ir y venir de las suaves olas. —¿Para qué quieres estas porquerías? —Este balde es para lavar nuestras cosas —explicó Tiara. las revistas. Aquí seremos como una familia. sin que nadie.morirse de vergüenza. Entiende que aquí vamos a convivir.

61 .

si me llamo Diego? —Es que no sé cómo se dice Diego en inglés. Entonces. porque a él sólo llegan desperdicios. colchones viejos y hasta podría darnos una mesa para las horas de comida. arrastra sillas. El les lleva todo lo que necesitan. buscando lo que sea necesario. ¿Entiendes? Yo seré la Te y tú serás el Deivid. Lo que queramos comer tendremos que salir a buscarlo. incluso dinero. Podemos dividir en dos la ciudad. Deivid es muy importante porque es el nombre del navegante inglés que vio de lejos la isla donde nacieron mis padres y mis abuelos. podemos ver la ciudad maravillosa que está sobre nosotros. —¡Quiero irme! —Aquí seremos alguien. Allí los chicos se refugian en caletas como ésta y el río es como un padre para ellos. Tú irás hacia un lado y yo hacia el otro. Todo el mundo 62 . Si quieres te puedo llamar Jonathan o Braian. —¿Y por qué el Deivid. Los alimentos sí que no podemos obtenerlos del río. Pero no estés pensando en tu casa o en la mía.el torrente de un río.

como ya sabes. -¿Qué? —Todo de lo que te hablé. Esos que no son tomados en cuenta. sí me acuerdo. yo subí al piso de arriba. ¿Me sigues? —¡No pienso escucharte! Estás diciendo puras leseras. —Bueno. —¿Por qué no? —Porque aún no te cuento el secreto. lo siento —respondió ella con una seguridad que daba miedo. Entonces. me encuentro con ellos. —Oye. —¡Pero si no me has contado nada! 63 . —¿Con quiénes? —Con los que me contaron todo lo que te acabo de decir. —No me interesa. Así son los chicos que viven en las grandes ciudades. —Lo escuché ayer en el piso de arriba. de repente. —¡Tengo que irme! —No puedes irte.conocía a la Isla de Pascua como La Tierra del Deivid. esos chicos que nadie infla y deciden vivir en una caleta como ésta. ¿te acuerdas del estruendo de ayer? —Sí.

que escuchan música 64 . desde la cordillera al mar. Bueno. tú irás en un sentido y yo en el otro. Y ese parque es el paraíso de los biciclistas. porque sería pérdida de tiempo. Las calles son anchas y tan largas que se pierden de vista a la distancia. ¡Ah! ¡Esto sí que es bueno! ¡Puedes ir en tu bici! —¿Cómo lo sabes? —En la ciudad es distinto. se extiende un parque maravilloso. Deivid. evitando nuevas interrupciones—. Tienes que andar mucho para ir de un punto a otro. Porque en la ciudad la gente no camina por pasadizos estrechos como estas pasarelas. y que en sus aguas arrastra todo lo que se necesita para vivir en una caleta.—¿Cómo que nada? —¡Nada! —¡Pero si no hago más que hablarte de eso! —¿De qué? —Del río que atraviesa la ciudad. Te decía que tendremos que dividirnos. Un bosque en medio de las enormes avenidas. Junto al río que atraviesa la ciudad de punta a cabo y llega al mar. Deivid —se apresuró a explicar ella. No. no todo. para que no nos topemos.

¡Es fantástico! Los biciclistas compiten en estadios repletos de gente y en los parques. Los biciclistas pueden subir y bajar escaleras con sus bicis. Estaba fascinado con el relato de Tiara. En la ciudad es distinto. Además. Ellos no son arrollados por personas que ocupan todo y no dejan pasar a nadie como ocurre aquí. —¿Paraíso de los biciclistas? —se mostró Diego un poco más interesado. La llevan en el bolsillo y con unos botoncitos ensartados en sus orejas escuchan directamente lo que más les gusta. puestos en desorden con diferencias de nivel. algunos trepan por los troncos de los árboles. 65 . mientras pasan aviones sobre sus cabezas. Es fabuloso. Por esos caminos sólo pasan bicicletas. Diego la escuchaba con la boca abierta. donde los pasadizos son estrechos. Deivid. porque ellos pueden desplazarse de un punto a otro por caminos muy planos donde la bicicleta es dueña y señora. —Sí. sin atreverse a contradecirla. los que vivimos aquí no dejamos espacio para tu bici.mientras pedalean. hay enormes plataformas elevadas para dar saltos y volteretas en el aire.

cuando dos caminos parece que terminan y se encuentran. es para decirte que no podrás cruzar al otro lado de la calle. Almacenes con ventanas para observar la mercadería que hay en su interior. feliz de la vida. otro con ropa de mujer. un microbús o un vehículo de los carabineros. largas. porque la próxima luz que viene es la roja. Y tienes que hacerlo. un almacén distinto encima del otro. porque así evitas que puedas arrollar un automóvil. Porque ahí sí que estás frito: te llevan detenido enseguida. Cuando llegas al cruce y está encendida la roja. por donde pasan miles de autos. hay luces de tres colores: roja. amarilla y verde. uno con ropa de niños. puedes seguir pedaleando como si nada. otro para los hombres y otro para los jóvenes. —¿Y la luz amarilla? —Esa es un aviso. Algunos tienen varios pisos. formando un cruce. Pero cuando la luz roja cambia a verde. buses y camiones. La ciudad es enorme y tiene de todo lo que puedas imaginar. interminables. En ese orden hacia abajo. En un almacén se 66 .—Para los vehículos —siguió ella— hay grandes avenidas. En cada esquina. tienes que detenerte.

entonces van a seguirnos y tendremos que salir corriendo. —¿Machetear? —Pedirles una moneda. Pero cuando Chile gana todos gritan al mismo tiempo. Se encuentran las personas. y podemos ir por sus calles para mirar a la gente que pasa y machetear. Y a lo mejor vamos a tener que saltar desde la calle al río para librarnos de los pacos y vamos a quedar adoloridos del cuerpo. Deivid. enorme. Porque ellos saben en lo que andamos. tonto? ¿Es que no te das cuenta? Desde esta caleta podemos sentir lo cerca que está la ciudad. Allí van todos cuando Chile juega fútbol con otro país. —¿Pedir plata? ¿Como los mendigos? —Pero debemos cuidarnos de los carabineros.pueden comprar aparatos eléctricos. En el corazón de la ciudad hay una pantalla gigante. 67 . como le pasó a la Ese. como el horno de tu mamá. se abrazan a coro y empiezan a saludarse entre ellos. pero nadie se saluda porque no se conocen. en otro se compran cosas para la casa. para comprar lo que queramos. fabulosa. ¿Lo ves. muebles y alfombras.

porque junto con la cama se cayó el chiquillo que estaba en ella. cuándo desdichado. conoce todos los cantos del río. Tenía seis años cuando falleció su abuelita y quedó en la calle.—¿A quién? —A la Ese. pase lo que pase. porque no tenía a nadie más en la vida. Entonces. debajo de un puente. una chiquilla que duerme en el piso de arriba. —¡Estás delirando! —Mira. Imagínate al Leuquipán. ellos al verme se levantaron para saludarme. tú y yo nunca nos vamos a separar. En todo caso. para darme la bienvenida. como de hospital. En cada cama había un niño. porque seremos como hermanos. Nos reímos. sabe cuándo está contento. cuando entré al dormitorio estaba lleno de camas. -¿Qué? —El uno es del otro y el otro es de uno. Y 68 . —¿Quién es ella? —Déjame seguir —lo interrumpió Tiara—. Se lo ha recorrido todo. ¿entiendes? Una de las camas se cayó y se produjo el descalabro. Se fue a vivir con otros niños en una caleta.

Eso fue lo que escuchamos en la sala: eran los cabros de arriba que se caían del catre como sacos de papas. se incorporó tan de repente que se golpeó la cabeza con las tablas de la pasarela. se fueron al suelo y se desató la batahola. todavía con el pantalón arremangado. —\Deivid.como todos se mataban de la risa. A duras penas logró sacar la bicicleta fuera del escondite y a regañadientes aceptó que Tiara le ayudara. mira! —advirtió ella—. Diego mostraba su molestia dando fuertes tirones del manubrio. resbalando a ratos. como si quisiera evitar que Tiara pusiera sus manos sobre el asiento o la rueda trasera. —¡Termina de una vez! Diego. 69 . porque la humedad proveniente del mar comenzaba a cubrir las rocas. como una llovizna. Justo encima de nosotros se alza una pantalla gigante. Entre los dos la arrastraron y luego la levantaron hacia la pasarela. —¡Estás inventando! —¡Es la pura y santa verdad! —¡Me voy! —Primero tengo que terminar con esas picadas de pulga.

te darás cuenta de que una mujer muy bella nos dice: sonrían. luego. El alcalde de mar se acercó con la inquietud pintada en su cara curtida por el agua salada. ¿Está tu papá? —No —respondió la niña—. como si quisiera montar en ella. habría dicho: ¡estás más loca que una cabra! No hicieron más que terminar de trepar hasta la pasarela cuando descubrieron que eran observados. para que la distingan hasta los helicópteros que giran sobre nuestras cabezas.perfectamente iluminada. Si te fijas bien en la preciosa imagen que nos mira. sonrían. a ratos corría. Si en ese momento hubiese expresado lo que pensaba. Diego aprovechó la distracción de Tiara y se alejó. subía los 70 . arrastrando su bicicleta. salió temprano y todavía no ha vuelto. Solitaria en casa —Hola —saludó—. Pero Diego no respondió y se volvió a mirar una vez más a su compañera.

escalones con la bici al hombro. —Sí. que con tanta ilusión deseaba compartir con Diego. La hora en que la naturaleza habla con su quietud. 71 . Era la hora de la conciencia. Mientras se dirigían a la casa. Las lágrimas de su pena no corrieron por sus mejillas. como si fuesen cómplices de algo malo. los pájaros desaparecieron de pronto y hasta se detuvo la suave brisa que se deja sentir durante el día. al menos podré hablar con tu mamá —dijo el hombre. ella sí que está —respondió la niña. —Bueno. se vería obligada a no regresar nunca más a su propia caleta. La noche se anunciaba con todas sus señales. De ser así. El alcalde de mar caminaba cabizbajo y en silencio. El recogimiento se apoderó de la niña. Se molestó con su amigo por salir huyendo de esa manera. No era posible que se alejara del modo que lo había hecho. Tiara se preguntaba si el alcalde de mar había descubierto el escondite debajo de la pasarela. hasta que se perdió de vista. La noche la cubría con su manto de soledad.

¿Le sirvo un té? —No lo voy a rechazar —respondió el hombre y se quitó el gorro de lana que cubría su cabeza. —El salió bien temprano —explicó la mujer. Buscan a mi papito. —Adelante —respondió la madre y salió a recibir al alcalde de mar. —¡Mamá! —llamó desde la puerta—. Con el hijo mayor se fue. 72 .Caminaba cabizbaja por un túnel de hielo y quien la acompañaba no era más que otro de los tantos fantasmas que encontraba cada día. mientras vertía el agua caliente de una tetera ennegrecida por el fuego—. que entró en la cocina de la modesta casa y aceptó tomar asiento—.

73 .

Ahora tienen que presentarse. qué duros de cabeza estos hombres! —Así no más. Pero no entiende. —¿Y usted no pudo ayudarlo? —Pero si lo hice —se excusó el visitante—. Se lo advertí hasta el cansancio. En caso contrario vienen los marinos y se los llevan por rebeldía.—Ese es el problema —comentó el hombre. Si se lo he dicho tantas veces. oiga. 74 . —¿De qué se trata esta vez? —Que no puede ir de pesca con el hijo mayor. —¡Ah! —exclamó ella. pues —reiteró—. —Pero cómo ha de ir tan lejos —protestó ella. —Sí. —La Capitanía de Puerto le puso una multa. —A lo mejor anda en eso. Ni caso que hicieron. pero no me asuste. ¿No ve que su hijo no puede salir a pescar sin el permiso respectivo? —¡Por Dios. —Es que ahora tiene que ir a Puerto Cisnes. —Ay. —¿Qué problema? —Que no escucha razones.

siempre lo llevaba consigo. Me llamó especialmente el almirante de la Segunda Zona. —Usted sabe —dijo la mujer— que andan preocupados de los pescadores. capaz de cegar la vista y provocar comezón en los ojos. la mujer se concentró en las mamaderas de sus hijos y el pañuelo de la niña permaneció intacto sobre el mantel de plástico anaranjado que cubría la mesa. parecía a punto de llorar. para secar la humedad salobre. le había dicho. Nunca entendió a qué tipo de sorpresa se refería. Cabizbaja. 75 .—La pura verdad no más digo. pero siempre lo consideró un recurso indispensable en medio del mar. para hacerme presente que tiene infracciones acumuladas contra el Pascual. Desde entonces. La niña se acercó a su madre y le alcanzó el pañuelo blanco bien doblado que siempre llevaba consigo. Era un detalle que también le había dejado su amiga Yara. «Así siempre estarás preparada para un imprevisto». Tiara observó la preocupación de su madre. Sin embargo.

no lo tome usted tan mal.Maña? —exclamó ella. pero las reglas deben cumplirse. sin que nada ni nadie se interpusiera entre ambos. doña. En eso no hay maña. —Pero eso no lo libera de cumplimientos que a todos corresponden —comentó finalmente el hombre..—Todos lo saben —respondió el visitante—. Tiara se limitó a observar como su hermanito satisfacía su hambre y deseó con toda la fuerza de su corazón que el pequeño fuera su hijo para tener el derecho de alimentarlo. —Este muchacho. Pero la madre. —Tanto le dije que no aceptara ser presidente de la caleta. —rompió su silencio el alcalde de mar. —. 76 . interrogándola con la mirada. más eficiente. El alcalde de mar se volvió a mirar a la niña.. fue a la cuna con la leche que el pequeño reclamaba. El menor de los hermanos soltó el llanto y la niña corrió a consolarlo. —Es un modo de decir.

suspirando como si le hubieran quitado un peso de encima—. don. ¿No estará pensando hacer algo indebido? —¿Indebido? —preguntó la niña con un hilo de voz. —¿Cómo? —replicó el hombre.. —pero la explicación que rondaba su mente no se convirtió en palabras. —¿Qué intentaba hacer con esa bicicleta? —Andar en ella —respondió la niña con absoluta inocencia.. Allí se sentó a contemplar la noche. se levantó de la mesa y salió a la puerta de la vivienda. Y enrojeció de inquietud. —No. Tiara descubrió el gesto de complicidad que le hacía el alcalde de mar y guardó silencio. bastante asombrado—. —Sí —asintió el hombre—. señor alcalde —respondió la niña. qué bien! Eso me tranquiliza. La balsa no la usamos cuando hay neblina. 77 . —¿Pensaban poner esa bicicleta sobre tu balsa de plumavit? —exclamó el hombre. en las rocas? —Lo que pasa. Luego.—¿Diego? —respondió Tiara. ¿Ahí. —¡Ah.

78 . ¿Me pasé de la raya? —¿Cómo? —¿Hablé más de la cuenta? —¡Ah! —replicó ella—. Puede ser muy peligroso. No. Abordó la pequeña embarcación. —Cariños a la tía Lidia —dijo ella. dejando libre el paso al alcalde de mar. Tiara se levantó y se hizo a un lado. La puerta crujió al abrirse. señor alcalde —escuchó decir a su madre—. —Es urgente. doña. que se dirigió al embarcadero. —Se me hizo de noche —comentó—. que lo esperaba en el bote. Apenas lleguen les daré su recado. El alcalde de mar dejó de regañar a la niña ante la presencia de su asistente. dándole la apariencia de un espectro frente a la oscuridad. Huevito? Tiara caminó en silencio junto al hombre.—No se preocupe. para nada. Un reflejo de luz amarillenta lo rodeaba. —¿Cómo que nada? Tengan cuidado con ese juguete. se sentó en la popa y se subió el cuello de la chaqueta de paño. —¿Me acompañas al muelle. En el umbral apareció recortada la figura sombría del hombre.

Tiara quedó tan intrigada como al principio de la visita del alcalde. pero el asistente ya había girado el bote y remaba con energía.El alcalde de mar no respondió. alejándose rápidamente del embarcadero. Hubiese querido volverse. ¿Qué era lo que en verdad sabía el hombre? 79 .

Kiko y su padre no habían regresado de la pesca durante la noche.Los príncipes A la mañana siguiente despertó asustada. Ni siquiera probó la leche del desayuno. Tal como lo temiera. Se apresuró para ir a la escuela. Se lavó y vistió a la carrera. Al ver que Diego no estaba. pero que no podía recordarlo. Sin despedirse de su madre. corrió a la cama de su hermano. con la sensación de haber dormido más de la cuenta. La madre de Diego. una voz interior le decía que lo vivido esa noche era lo más impresionante de todo lo conocido hasta entonces. El sueño la había engañado. cargando con dificultad la bicicleta. Fue a la ventana para mirar hacia la costa. subía los últimos peldaños. fue a la puerta y salió a la mañana con un sobresalto en el pecho. al final de la pasarela que se internaba en medio de un racimo 80 .

atiborrado de casas. 81 . Tiara se quedó observándola hasta verla desaparecer.

mar adentro. Una señal habría bastado. Tampoco lo haría su padre. Imposible ver en la inmensidad que cubría la neblina.Al parecer. ¿Qué tan lejos. ¿Es que todavía estaba enojado? Con alegría recordó las peripecias del día anterior: recordaba cómo se había esmerado para entusiasmar a Diego y hacer que cumpliera un sueño. que pescaba muy lejos de allí. su compañero ya había cruzado a la escuela en el bote de don Anselmo. Tiara perdió la esperanza de que alguien pasara y la llevara a la escuela. Observó un instante el océano. La quietud sobrecogía y nada se podía esperar de aquella neblina envolvente y misteriosa. con la proa y la popa muy elevadas. La había construido el abuelo y 82 . habían navegado su padre y su hermano? La vaka poe—poe era una nave de gran tamaño. Abandonada a su suerte observó el panorama brumoso. En todo el archipiélago no había otra embarcación que la igualara. y ella habría corrido a ocupar su lugar en la lancha. un silbido. Y no pensó en ella. un grito. ¿Cómo no se tomó la molestia de comprobar si había salido de la casa? Tampoco se preocupó de avisarle.

Tres días antes de botarla al mar. Como una forma de nuevo bautizo. haciéndolos pasar una y otra vez por la borda de la flamante embarcación. que su padre echaba a volar cuando pescaba. Kiko la llevó a la costa y la hizo recolectar caracoles. algas y jaibas.Tiara recordó claramente cuando la repararon. después de muchos años de uso. De alguna manera. Los hombres ensamblaron hábilmente la madera para rehacer aquellas partes que se habían deteriorado con el tiempo. estuvieron pescando para alimentar al nuevo lanchón. no le perdía pisada y soñaba con ser tan atrevida como él. Tiara suspiró con satisfacción al evocar aquellos días. cuando su condición de niña no era un obstáculo para seguir en todo a su hermano. Como única respuesta escuchó en su mente el cantar lejano que le recordaba su origen: 83 . pulpos pequeños. su hermano Kiko la había hecho participar en la restauración del bote. manu—hakerere. le ofrecieron pescados como alimento. cuya carne servía de carnada. Esperó que la densa bruma se alejara para ver el volantín. Siempre dispuesta a imitarlo.

E Tu—Here—veri é ka haro—haro mau. Uka—ui lo molesta tironeándolo a él. revuelve el curanto. quiso distraer su mente con la cuerda para el juego Kai-kai. rodeando a la niña como si quisiera devorarla. Sin embargo. nae Tu—Here—veri é. Nada de eso aconteció. un silbido haciendo que se levantara y se pusiera a salvo. la vieja Uka—ui. su mujer. e Uka—ui—é. Ella cerró los ojos y aguardó temerosa.«E hakerere te manu é. ka neku—neku mai. La bruma avanzó repentinamente hacia la costa. ka kau te umu ena. el viejo Here—veri. e Uka—ui é. Y mientras Here—veri lo encumbra. pero sus dedos estaban demasiado entumecidos como para intentarlo. un grito de advertencia.» «Mientras eleva su volantín. Sentada en el 84 . un ruido de motor debía salvarla.» » Y Tiara traducía mentalmente cada frase.

disfrazado de sueño. mi papito no viene para llevarme a la escuela. sintió que el frío. la dominaba. por debajo de los ojos. —Abuelo. Después apareció la imponente embarcación de los príncipes. querida nieta —respondió el anciano. —Y no vendrá. ¿por qué aquí sólo importan los hombres y los niños pequeños? —También las niñas. azotando el viento. —Se prepara para una dura competencia —repitió Kiko. Una hermosa pluma crecía en su cabeza. espantando la bruma. En la piragua navegaban Kiko y el abuelo. El volantín manu—hakerere fue al encuentro de la niña.muelle. 85 . —Abuelo —se lamentó la niña al verlo en pleno sueño—. donde un moño mantenía recogido sus cabellos grises. que parecía un digno jefe de su pueblo. En su rostro moreno de sol mostraba dos líneas de color que cruzaban la piel desde las orejas al nacimiento de la nariz. abriendo un camino en medio de la espesura blanquecina.

abuelo.—No. no servimos para la batalla de cada día. No servimos para la pesca. —Pero antes iremos a casa —propuso el anciano—. ¿Le gustaría conocer a otras niñas? 1 Locas de piernas desmembradas. —Sí. según la tradición. —¡Hágalo. —¿No? —Somos las locas de piernas desmembradas1. Ha de ver como allí las jovencitas lindas tienen otro destino. gritamos. uno de estos días tendré que ir a la casa de mi nuera y decirle un par de cosas que le pongan los pelos de punta. ¡He tamaroa te pokil. era un modo despectivo de tratar a las mujeres. lo recuerdo perfectamente —comentó el abuelo—. —¿Y eso qué significa? —¡Es hombre el niño! —¿Lo ve. —Pero usted. ¿no alegra el hogar. No es así. abuelo? —¡Qué injusto! Por muy muerto que yo esté. 86 . acaso? —Se alegraron cuando nació mi hermano. en Rapa Nui. mi nieta —replicó el anciano—. —¿Quién lo dice? —Mi papá. abuelo! —imploró la niña.

87 . Tengo que ir a la escuela. porque desde el otro extremo de la caleta apareció Diego pedaleando en su bicicleta. —No hay tiempo que perder —dijeron los príncipes. Aborda tu pora y rema hasta la piragua. tanto que siempre los adultos se quejaban de lo monótono y aburrido que solía ser a ratos el diario vivir de cada día. porque hasta en la vida misma ocurrían situaciones así de repetidas. —Pero. —La navegación es larga —agregó el abuelo. Entonces ocurrió lo inesperado. pero no le prestó mayor atención a tanta reiteración.«Me encantaría». Huevito —gritó Diego desde el mar—. —Debemos llegar antes de la ceremonia —advirtieron los príncipes. su amiga inolvidable. —¡Tiara! —gritó Kiko—. pensó Tiara y recordó a Yara. Siempre es así en los sueños. Y le pareció un sueño soñado. Kiko —protestó la niña—. La señorita Emilia nos ha dado permiso. Pero tenemos que regresar antes de la colación. —Podemos ir.

De un salto se embarcó en la balsa de espuma plástica y remó hasta la piragua de los príncipes. En un santiamén Tiara estuvo junto a la embarcación y su hermano la levantó en vilo. porque sabía que así cumplía su sueño. sólo se escuchaba el golpe acompasado de los remos. Se perdió con su bicicleta en medio de la niebla y Tiara se quedó muy tranquila. Unos segundos más tarde. De Diego nunca más se supo. 88 . mientras el abuelo amarraba la balsa a la nave de los príncipes.Corrió a su Amiga Yara y desató las amarras.

89 .

La embarcación enfiló hacia la corriente.Navegaron hasta que salieron del canal estrecho y se alejaron de Puerto Gala y de la isla Toto. Ahora dirigimos la nave hacia el norte. en el interior de la nave. —Pronto tendremos que asegurarnos para cruzar el golfo Corcovado —advirtió el abuelo—. —Falta mucho para eso —respondió su hermano—. ¿Tienes miedo? —No. El anciano ató una cuerda de un metro de largo a la cintura de la niña y aseguró el otro cabo a un madero. evitando ser alcanzada de costado por el fuerte oleaje. vamos hacia Islotes Locos y pasaremos frente a Melinka. Ese es Puerto Ballena. desapareciendo casi por completo en aquel manto de mar encrespado y turbulento. abuelo —respondió Tiara. La piragua echó al viento su velamen y los audaces príncipes pusieron rumbo hacia el canal Moraleda y a Tiara le pareció que ya estaban en el océano. arrastrando todo lo que hallaban a su 90 . El océano se interna hacia el archipiélago y la corriente que se forma es como una tormenta. la popa se elevaba hacia el cielo y las olas entraban a raudales. La proa se hundía en las aguas.

y frente a Queilén. por el oriente. El velamen de la piragua se hinchaba con la fuerza del viento y los remeros no decaían en su empeño. al tiempo que indicaba un grupo de islas que estaban a la vista. Navegaron frente a Chaitén. la niña se sentía segura con la compañía de su abuelo y de su hermano. El abuelo y la niña colaboraron con dos cuencos de madera. —Nos acercamos a Quellón —gritó el abuelo. A Tiara le daba gusto ver como su hermano remaba con el mismo brío de los príncipes. sacudido por los vaivenes—. por el poniente. Pero los príncipes habían tomado las precauciones necesarias y el oleaje no causaba mayor daño. 91 . Pronto la navegación será más tranquila. en efecto.paso. La piragua dejó atrás el golfo Corcovado y entró en aguas más serenas. Y así fue. —Esas son las islas Desertores —comentó el hermano de Tiara. en medio de los príncipes. poniendo en riesgo incluso sus vidas. Pese a lo difícil de la situación. pero a ellos parecía no importarles la dura prueba que enfrentaban. El agua los empapaba de pies a cabeza. achicando el agua acumulada en el piso de la nave.

ques y la península de Huelqui. la nave recuperó su travesía sin mayores inconvenientes. pero los avezados príncipes no desmayaron en mantener siempre la embarcación bajo control. Al acercarse a la punta Palos Negros. Los esperaba el golfo de Ancud. No entraron a Puerto Montt y prosiguieron rumbo al océano Pacífico por el canal de Chacao. —Y ese es el Huelqui —agregó el abuelo. como el que un día. por curiosidad o error.ques —agregó el abuelo. La navegación continuó entre las islas Butachau. Acercándose a Calbuco la navegación se tornó incontrolable. El abuelo desató la cuerda de la cintura de su nieta y la niña pudo moverse libremente en la magnífica piragua que la llevaba a la isla de su antepasados. La mañana se despejó de pronto y a los ojos de Tiara se hicieron visibles las empinadas cumbres de los volcanes. —Ese de allá es el Michinmahuida —dijo el hermano de la niña.—Pronto avistaremos las islas Chau. En la placida travesía avistaron uno o dos barcos de pasajeros. entró en la estrecha bahía de la 92 .

Entraron.mapu y los príncipes se alistaron para enfrentar exitosamente la barra que formaba el oleaje que separaba el océano de la salida del canal.isla Toto y se detuvo frente a Caleta Chica para llevarse a Yara. —¿Alguna vez te hemos contado nuestra historia? —dijeron los príncipes. dejando atrás el archipiélago de Chiloé y poniendo rumbo al norte. Los navegantes evitaron que la nave sufriera más de un deterioro. —¿Qué historia? —replicó la niña—. El recuerdo volvió a ocupar un lugar candente en el corazón de Tiara. —¿Y por qué? 93 . donde la navegación sería más calma. —Huimos del continente Hiva—prosiguieron los príncipes. finalmente. en las constantes sacudidas sobre las olas tempestuosas. mientras Kiko y los príncipes remaron con toda la energía de sus músculos. Navegaron por fin frente a Carel. alejándose cada vez más de la costa. ¿Abuelo? —Te la contaba cuando eras muy pequeña —respondió el anciano. El abuelo amarró de nuevo la cuerda a la cintura de su nieta. en aguas oceánicas.

entonces? —Nuestro sabio Hau Maka tuvo un sueño. lo estaba hundiendo. La tortuga se defendió y con una de sus aletas golpeó a nuestro compañero. —¿Estaría más seguro? —Sí. Eramos siete exploradores y al regresar en busca de nuestra gente dejamos la tierra nueva al cuidado del séptimo príncipe. —Fue atacado por una tortuga. —¿Por qué hacía tanto daño? —¿Quién puede entender los actos de un gigante? —respondieron. con su fuerza descomunal.—El gigante Uoke. para alejarlo de los peligros. que nos representaban. si no la poníamos a salvo. Lo llevamos a una caverna. —¿Qué hicieron. La tierra se inundaba y nuestra gente habría muerto. —¿Las piedras pueden ser buena compañía? 94 . En él vio una tierra nueva y nos envió a explorar la isla soñada. —¿Una tortuga puede herir a un hombre? —Quisimos comerla —explicaron—. —¿Lo abandonaron? —preguntó la niña. porque lo dejamos en compañía de seis montoncitos de piedra.

llegó a la tierra nueva y desembarcó en Anakena. —Nuestro rey hizo preparar dos piraguas. —¿Eso quiere decir que soy como ustedes? —Lo es —replicaron. La nombró: Te Pito o Te Henúa.» Así tuvo sosiego. —¿Por qué nunca me lo dijeron? ¿Kiko? —Ahora lo hacemos. 95 . —Allí nacieron el abuelo y el padre. —¿Quieren decir que les importo? —Más de lo que imagina. ¿dónde están?» Los seis montones de piedra respondían: «Aquí estamos. —¡Rapa Nui.—Tenían la facultad de hablar. —. sí! —Lleva nuestra sangre en las venas —respondieron. que significa Ombligo del Mundo. pues había navegado en círculos para llegar a ella y no había otra tierra en las cercanías. Hablaban? —Cuando él preguntaba desde el interior de la caverna: «Príncipes.

Los príncipes acercaron la piragua a la pared rocosa y cuando el vaivén de las olas se aquietó por completo. pero Kiko había desaparecido. El abuelo lo había seguido y los príncipes se alejaban en dirección a una colina 96 . y tomando a Tiara de la mano inició el camino hacia la cima. —Es la última de las elegidas —comentó la mujer que la recibía. Tiara pensó que la frágil embarcación se hundiría con el peso de tantas personas. Neru de miembros bellos —dijeron los príncipes con gran ceremonia. pero Amiga Yara se mantuvo a flote. Pero la niña se resistió a seguirlas.Después de interminables horas de navegación y cuando Tiara pensaba que jamás llegaría de regreso a la escuela para la colación. abordaron la balsa de espuma plástica. ataviadas finamente de blanco. Lentamente remaron hasta la pared rocosa y fueron recibidos por aquel grupo de mujeres. Se volvió angustiada a su hermano. —Oh. ante los ojos maravillados de la niña apareció un acantilado imponente. esperaban junto al mar. Un grupo numeroso de mujeres.

que seguían cuidadosamente el trazado del sendero. Tiara caminó ágilmente sobre las rocas. Pero Yara se volvió para comenzar a subir la escarpada pendiente del acantilado. escuchó el entonado canto de las novatas: ¡Oh! Neru de miembros bellos y delgados. confundida en medio del grupo de jóvenes. al borde del abismo. colgantes. apareció en medio de las mujeres y miró de lejos a la niña. comenzarían los festejos.muy cercana donde.. Tiara sintió que le volvía el alma al cuerpo y corrió al encuentro de su gran amiga. al parecer. Sorpresivamente se vio vestida de blanco y temió lo peor si llegaba con ese vestido a la escuela. Sin medir los riesgos a que se exponía.. mientras ella se negaba a dar ni siquiera un solo paso en la dirección que señalaban. En la larga fila que ascendía hacia la cumbre. con el deseo vehemente de abrazar a su amiga. con aquellas mozas silenciosas. Las mujeres la arrastraban. Tiara temblaba de miedo. Hasta que su amiga Yara. Entonces. 97 . curiosamente vestida de azul. como si fuera una más de ellas.

. En ellos se 98 . Cuando la niña se habituó a la oscuridad.. de aquella tierra de Hiva. como si aquellos ojos de agua fuesen tenues luminarias. Era una bóveda perfecta. Allí se aclaraba el piso de roca. Cuelgan hacia abajo. Eres tú. —Frente a la Caverna de las Vírgenes —respondió una de ellas. que se extendía varios metros hacia el interior de la roca. pudo ver un túnel muy largo.Lleváis el manto antiguo de Rapa Nui... Es la hora en que se levanta la caña de azúcar... —¿Dónde estamos? —preguntó a media voz la niña. Escondidas están las Neru. Adentro había pequeñas lagunas con agua fresca.. De las paredes fluía el agua cristalina en pequeñas filtraciones. —¿Caverna de las Vírgenes? —Entremos —ordenó la mujer que encabezaba la comitiva. Tiara fue llevada al interior de la gruta. formando espejos... ¡oh! hermosa Miru. Escondidas allá atrás. Penden en las cuevas las calabazas del color..

pero ninguno de esos rostros encontró el de Yara. —Dejará de serlo antes de lo que imagina. alimentarlas y ver que nada les falte durante su aislamiento. —Aquel que no tenga ojos para ver la belleza de su hija no merece ser el padre que la guía. Y Tiara debía venir porque será una de ellas. Así será más hermosa y aumentará la pureza que se le exige a una novia. Y ahora tiene que marcharse. a medida que se alejaban de la caverna. iniciando el regreso hacia la salida. hasta que su piel se vuelva blanca como la espuma. 99 . —Esto no le gustará a mi padre. —¿Por qué? —El dice que soy fea. La comitiva entonó un nuevo canto. —Aquí son recluidas las jovencitas hasta el día de sus bodas.contemplaron un instante las niñas. linda niña. —¡Todavía soy una niña! —protestó ella. quedó deslumbrada por la belleza de quienes la acompañaban. Cuando eso ocurra será recluida en esta caverna. Y a nosotras se nos ha encomendado cuidar a las iniciadas. Sin embargo.

La navegación de regreso tendría las mismas emociones. Finalmente. cruzaron frente a la caleta donde vivía la niña y se 100 .«¡Estás encerrada en una caverna. Abordaron la nave y ésta se alejó del acantilado. oh reclusa! ¡Te amo. Pero al acercarse al canal de Chacao. Kiko y los príncipes. Estaban en las proximidades de Puerto Gala.' ¡Cuánto tiempo has estado encerrada. Tiara despertó cuando la piragua aminoraba la marcha. a velocidad de crucero. oh reclusa!» Con el mismo cuidado empleado en el ascenso bajaron por el estrecho sendero. En la balsa de plumavit remaron hasta la piragua. Puso rumbo al archipiélago de Los Chonos. porque has estado prisionera! ¡Cuán blanca te has tornado en tu retiro. bordeando el abismo. el abuelo amarró la cintura de su nieta mientras ésta dormía. Junto al acantilado aguardaban el abuelo. penetrando en la densa bruma que cubría por completo el océano. oh reclusa! ¡Contra la roca está suspendida la calabaza con tu comida. que en sueños es mucho más rápida. cansada por la extenuante travesía.

y el despertar se presentaba tan abrupto como un inmenso peñasco arrojado a las aguas. el profesor y hasta la mismísima directora. cuando no estaba preparada para enfrentar el resto del día. Con la bruma también se había marchado gran parte de la magia de aquel sueño. El abuelo desató la amarra de la balsa y la niña se despidió de los príncipes. como si nunca hubiese cruzado aquellos mares. su hermano y su abuelo también la abandonaban. Entonces vio que a su encuentro venían las tías. Y a ella. Se restregó con fuerza los ojos. con la intención de rechazar una realidad tan inesperada como repentina.detuvieron a metros de la Escuela Madre de la Divina Providencia. Tiara. —¿Y esto qué contiene? —exclamó ella. Tiara se encontró sorpresivamente frente a la escuela. La embarcación de los príncipes había desaparecido. de su hermano y de su abuelo. Los momentos recién vividos resultaron maravillosos. chica. ¿Y esto qué es. una vez que estuvo a un metro de la imprudente—. un juego? —reiteró la señorita 101 . después de haber tenido un sueño que insistía en mantenerla adormecida.

—¿Cómo capeará el temporal? —comentó Elvira. —Tiene la cabeza llena de pajaritos —agregó Lidia—. —Apúrese. atendía el comedor de la escuela. Jamás se perdonaría que algo le ocurriera a su Amiga Yara. Luego se dirigió a la escuela. chica —dijo Lidia. Irán a detenerlo uno de estos días. haciendo sentir todo el peso de su autoridad. —¿Qué? —exclamó Lidia. —¡A mi oficina! —ordenó la directora—. del Centro de Padres. ¿Cuántas veces se te ha dicho lo mismo? —Eso fue lo que hice. seguida por la comitiva que la había recibido sin ninguna manifestación de bienvenida. Supiera lo que me ha contado mi marido. de la Junta de Vecinos y que. además. 102 .— tiara —intervino el profesor —. ¡Esto no puede quedar así! —¡Pobre inocente! —suspiró Elvira. tío Tato —respondió la niña. Debes venir acompañada por un adulto. Tiara se tomó todo el tiempo necesario para dejar bien amarrada la balsa al embarcadero y asegurar el remo. Es igualita a su padre.Emilia.

¿cómo permiten que la niña se arriesgue de este modo? —Deberíamos esconderle esa balsa. —La mamá viene de vez en cuando. —Ai papá de Tiara nunca lo hemos visto. —¡Desconsolada quedó la pobre niña! 103 . no miden consecuencias? —Pero al menos a los otros niños los traen sus padres. A ninguno se les ocurre venir en una balsa de mentira. pero el Pascual no le quiso dar permiso. —Sí —dijo Elvira—. ¿En su casa no ven riesgos. —No estuvo para la premiación de la hija. ¿vino alguna vez a la escuela? Ni cuando los niños hacen invitaciones para las festividades. —¡Es su juguete! —Por lo mismo. que son incapaces de traerla. No sé. —Yo recibí el encargo de ir a su casa a decirle a su mamá que viniera. para que nunca más se embarque en ella. No puede venir a la escuela con eso.—Yo estaría mucho más molesta con los hombres de su casa —agregó Lidia—.

La directora guardó silencio al tiempo que observaba severamente a la niña. ¿Por qué nadie viene a dejarte? Tu familia es dueña de una o dos lanchas y no te traen a la escuela. un reconocimiento de la escuela. —Nunca pueden. mientras se disponía a escribir sobre una hoja de papel en blanco—. me dijo: «Tía Lidia.—Ese día me dio mucha pena. —Como ella supo que yo había ido especialmente a su casa. 104 . ¿va a venir mi mamá?» Cuando la niña entró en la oficina de la directora. —¿Por qué? —Salen muy temprano. en presencia de sus padres. la señorita Emilia se había sentado detrás de su escritorio y esperaba con una paciencia fingida. Ya ni sé quién es tu apoderado. quiero que esta misma tarde entregues esta notificación en tu casa. un chico se siente dichoso de recibir un estímulo. —Tiara Miru —sentenció finalmente. —Se le llenaron los ojos de lágrimas a la pobrecita. porque sea como sea.

tu imprudencia puede contagiar a los alumnos que llegan por agua y no me extrañaría que mañana vengan a la escuela a bordo de balsas como la tuya. Espero que lo entiendas. ¿Te imaginas que pase una desgracia? ¡Ni Dios lo permita! Nuestra responsabilidad es muy grande. —Puedes volver a la sala —ordenó la directora y le extendió la comunicación que acababa de firmar. Es demasiado. Además. —¡Yo no crucé sola. considerando que no es ninguna gracia lo que has hecho. —Comprenderás que ninguna de mis niñas debe arriesgar la vida como lo has hecho. 105 . —Sí.—Entiendo que sus labores de pesca comienzan de madrugada —aceptó la directora—. ¿Qué dirían de nosotros? Y tus parientes serían los primeros en condenarnos. tía Emilia! —replicó la niña. Nunca había ocurrido algo semejante. tía —respondió la niña. Tu hazaña es un pésimo ejemplo. Pero alguien tiene que acompañarte. —¿Y se puede saber con quién venías? —Es que no me creería si le dijera.

106 .

Los alumnos dejaron de escribir cuando Tiara entró en la sala. bueno o malo. Entonces. que usarían en sus largas semanas de internado. —Hasta luego.Tiara recibió el papel doblado en cuatro y lo guardó en el interior de la mochila. cuando ella y sus hermanas debían abordar un bote para cruzar el canal. No volaba una mosca en el interior 107 . como si se disculpara. La directora se reclinó en la butaca de su escritorio y recordó aquellos tiempos de niñez. ellas tenían que cruzar con sus baúles cargados de ropa limpia. tía Emilia —dijo. A ninguna de ellas se les habría pasado por la mente hacerlo solas. Estuviera el tiempo como estuviera. Hubiera querido detener a la niña y levantarse de su escritorio para abrazarla con dulzura. las balseaba un bote a remos. en invierno o en primavera —la lluvia en Chiloé no hace la diferencia—. Pero la lección debía surtir el efecto deseado y la autoridad no podía dar señales de debilidad. Su corazón de maestra se colmó de ternura. enfrentando riesgos que podrían haber terminado en tragedia.

Todas las miradas se dirigían a Tiara.del recinto. Ella los apiló uno por uno sobre su falda y los alisó cuidadosamente. otros la observaban como si la vieran por primera vez en la vida. Lectura en silencio y comprensión del texto. Cuando el profesor se volvió al pizarrón para anotar las actividades de la unidad. —Lenguaje y Comunicación —anunció el profesor—. La niña ocupó su puesto y abrió la mochila para sacar sus cuadernos. pues era la primera vez que provocaba tanto interés entre sus compañeros. A continuación los leyó con gran entusiasmo. Algunos sonreían. 108 . Busquen la unidad que apunté en el pizarrón. varios mensajes escritos llegaron silenciosamente a las manos de la niña.

Un fuerte golpe. Diego miró a Tiara y descubrió que sonreía. hizo que el curso completo se paralizara de espanto al escuchar claramente las risas que venían del segundo piso. pero estos golpes eran reales y las risas tampoco eran producto de la fantasía de nadie. 109 . Hasta entonces pensaba que Tiara estaba más loca de lo que se creía. La niña comenzó a reír sin ocultar la gracia que aquello le producía. Un tercer estruendo. Los compañeros de Tiara dejaron de espiarla a hurtadillas y dirigieron las miradas al techo. Diego recordó lo que su compañera le había contado la tarde del día anterior cuando ambos se reunieron debajo de la pasarela. interrumpió bruscamente la lectura de Tiara. seguido de carreras a pie descalzo. el profesor suspendió las anotaciones en la pizarra y enfrentó a sus alumnos. Un segundo golpe se produjo en el piso de arriba. Ella apartó la vista de los papeles que ocultaba debajo del pupitre y observó las manchas de humedad en el cielo de la sala. proveniente del piso superior.

¡Silencio! ¿Qué les pasa. Lo único que deseaban era salir corriendo. Y como sus alumnos seguían comentando en voz baja y las risas iban en aumento. con la intención de aquietar los ánimos alterados—. chicos? —¿Será verdad lo que dice la Huevito? —¿Qué dice la Huevito? 110 . Con la palma de la mano golpeó dos o tres veces sobre el escritorio. porque todo el curso comenzó a tironear a Diego de la manga de su chaleco. —¿Qué ocurre? —dijo al fin el profesor. preparado para iniciar un interrogatorio sobre el comportamiento de sus alumnos. Pero no consiguió que lo escucharan. al tiempo que preguntaban a media voz por qué reían de esa manera. Diego comenzó a contar a sus compañeros lo que sabía sobre el hecho y la situación fue de conocimiento público en cosa de segundos. tuvo que hacer uso de su autoridad para poner un poco de orden en el alboroto que amenazaba con desbordarse. Mientras Tiara evocaba lo vivido en el piso de arriba.Diego comenzó a sonreír con ella y el profesor sacudió sus manos y sopló el resto de tiza de sus dedos.

Los mismos niños. al levantarse. porque en ese preciso instante se produjo un nuevo golpe. con el Credo en la boca. salgan a recreo. cada vez más inquieto—. tío Tato —replicó ella—. Y se quedó mordiendo sus palabras. Pero ni se imaginen que hemos terminado con el 111 .—Que los internos son caídos del catre. Tiara. Las risas de todo el curso se reavivaron y por un momento parecieron incontrolables. desatando aún más las risas que tanto les costaba controlar a esos niños. Sonó la campana y los alumnos se aquietaron por un instante. sin dejar de reír. —¡Ya basta! —alzó la voz el maestro. —Está bien —dijo al fin—. —La Huevito tiene nombre —censuró el profesor. —Eso mismo fue lo que me contó la Huevito —se disculpó Diego. corren las tablas de las camas y se caen. —¿Qué cosa? —insistió el profesor. ¿es verdad lo que dicen tus compañeros? —Así es. aguardando las instrucciones del profesor.

Pero finalmente se alejaron de ella. Tiara. 112 . Esta vez Diego permaneció unos instantes junto a su compañera. no se explicaba cómo había llegado al conocimiento de Tiara y cómo era posible que ocurriese de nuevo. porque conocía de sobra la situación comentada por sus alumnos. Sin embargo. Los chiquillos corrieron al patio más atolondrados que nunca. El profesor esperó pacientemente que la niña saliera para sonreír de buena gana. echando a rodar una pelota de fútbol. Primero tienes la audacia de venir a la escuela en tu balsa y ahora eres responsable de este desorden. tendrás que explicar el hecho. Te has convertido en una alborotadora de tomo y lomo. Alguien le acarició la cabeza.asunto. Algunos se acercaron a Tiara y le dieron suaves palmadas en la espalda. —¿Quieres venir? —¿Adonde? —Al dormitorio de los internos. Especialmente tú. —Parece que fue verdad lo que dijiste —comentó. cuando el segundo piso estaba deshabitado.

como esto? —Más bello. Sus compañeros lo llamaron y se alejó corriendo. que cedió fácilmente. al parecer no tenía ninguna intención de correr con la novedad a la oficina de la directora. Diego la miró profundamente unos segundos. 113 . la recibieron con entusiasmo. La niña esperó que nadie la observara. Convencida de que nadie se preocupaba de ella. Subió muy animada. sin saber si tomar en serio las palabras de Tiara. antes de venir a la escuela. Las pulgas. sin mirar atrás. sin medir consecuencias.—¿Estás loca? ¿Para que las pulgas me piquen de nuevo? —Tengo que contarte lo que me pasó en la mañana. se alegró de no ser tomada en cuenta. como era ya costumbre. porque la aldaba ya no estaba en su lugar. —¿Así. El tío Tato seguía ocupado en la sala. una vez más se atrevió a empujar la puerta.

deseando que el sueño la dominara. Ella se mostró sorprendida. Al cabo de un rato de entusiasmo. Los internos de aquel dormitorio corrieron al encuentro de Tiara. de ajetreos de unos y pasividad de otros. La niña se sentó en uno de los catres y mientras se rascaba intensamente las piernas.Cálida bienvenida ti segundo piso estaba tan desierto y abandonado como el día anterior. Le tendieron los brazos y la rodearon hasta formar un apretado enjambre de niños que deseaban manifestar un sentimiento de amistad incontenible. cerró los ojos y se mantuvo muy quieta. llegaron al dormitorio la 114 . porque antes de lo esperado regresaron las apariciones de la primera visita. Su deseo se cumplió. se sonrojó emocionada y no supo de qué modo debía corresponder a tales manifestaciones de afecto.

el joven Renato y el padre Ronchi. Ven a compartir con nosotros. —lo creo que los chicos echarán de menos el alboroto matutino —comentó el sacerdote. Te —preguntó la Ese—. hasta formar un círculo de conversación muy animada. Tiara quedó instalada en medio de todos. Tiara fue a sentarse con aquellos niños. que le hicieron un lugar. ¿cómo llegaste aquí? 115 .señorita Emilia. —De una vez por todas —comentó la señorita Emilia— hay que resolver este asunto. Te\ —dijo la Ese—. que en invierno hace trabajos de carpintería —confirmó Renato. —¿Qué importa si nos caemos? Se sentaron con sumo cuidado. acomodándose en una de las camas. —Oye. —¡Oye. muerto de risa. —¡Tengan cuidado! Que estos catres son como huevos. —Ya hablé con un pescador. la Ese. como la invitada principal.

sí —afirmó el sacerdote—. el Pascual ya estaba aquí cuando visité la caleta. 116 . —Sí.—Mi abuelo vino con mi papá —respondió Tiara.

117 .

los hombres dejaron de vivir solos bajo la ley de los puños y con el poco sentido común que les quedaba. —Le respetamos —aclaró el joven Renato—. El padre los convenció de traer a sus familias para restablecer las leyes del hogar. después de todo lo que ha hecho por estas caletas.—¿Pascual? —repitió uno de los niños—. padre Ronchi —preguntó la Ese—. desde que lo conocimos. ¡El nombrecito! —Le llamaron así —respondió el sacerdote— porque la Isla de Pascua es su lugar de origen. no me habría molestado en assoluto que me hubiesen llamado como quisieran. 118 . —Usted vino a poner orden en este lugar —agregó la señorita Emilia—. Lo que importa es que no se falte el respeto. ¿Recuerda? —Como si fuera ayer. —Cuando llegó el padre Ronchi —continuó ella—. —Y a usted. ¿le decían «el italiano»? —Eso sería muy injusto —intervino la señorita Emilia—. —Bueno —agregó el sacerdote italiano—.

de la cuale tutti querían apoderarse. pensando che la aventura tomaría tan solo unas cuantas settimana. los pescadores lo hicieron en esa parte del océano. Las protegidas aguas que rodean el archipiélago.glia. En un inizio los pescadores llegaron con sus aparejos. una isla en la cuale cada individuo delimitava le frontiere de su autoritá. Mientras los peces buscaron refugio en esas aguas. Esos pescadores aprovecharon el abrigo natural de la bahía para establecer su pobre y su transitorio 119 .—lo vino a conoscere la relitat de la isla —comentó el sacerdote— e incontrai una térra di nessuno. Se fueron quedando los hombres. a su entera assoluta volunta. fue habitada por intrépidos pescadores que siguieron la huella de la merluza española. siempre a la espera de que la merluza cambiara de sitio. La isla Toto. alejada y solitaria. de la noche a la mañana se vieron surcadas por grandes cardúmenes. donde sólo moraba el esplendor y la bondad de la naturaleza en su estado más primitivo. Atrás dejaron hogar y fami. al sur de Chaitén y Quellón. trozada y compartida con cientos de islas pequeñas.

llegaron ferreteros. más de cinco mil personas.caserío. carpinteros y enfermeros primerizos especializados en labores mínimas de salubridad. No sólo pescadores. porque un exportador recogía la merluza para transportarla a Puerto Montt. abasteros y carniceros.mar quedaba en las manos de aquellos esforzados pescadores. comerciantes con patentes de alcoholes y otros con bebidas de fantasía. panaderos. 120 . también comerciantes de todos los negocios imaginables: almaceneros. Llegaron a establecerse a la ciudad de plástico. Pero sólo una mísera parte de la lincakiikihlf xttjui. mueblistas. Esta aparente prosperidad convocó a otros hombres y el caserío comenzó a tomar las dimensiones de un pueblo. zapateros. Las chozas que levantaron estaban construidas con las ramas arrancadas de los formidables árboles de la isla y los techos y paredes fueron cubiertos con el plástico que ellos mismos habían lie. sastres. como se la conoció de ahí en adelante.'LTí v|uip ^sacaban .vado para proteger sus escasas pertenencias de la humedad del océano.

Había sido una vivienda muy precaria. 121 . por la que había que agacharse para no golpearse la cabeza. ¿Per che ser distinta? Era la única hare—paenga. Tenía forma ovalada. Tiara. el abuelo y su hijo la habían construido imitando las antiguas viviendas de Rapa-Nui. en efecto. con ramas y madera del lugar. necesarias para la casa definitiva. sin embargo. Pero esos hombres y sus familias se acostumbraron de tal modo a la belleza de la isla Toto que ninguno quiso abandonarla. de modo invertido.Con el tiempo la pesca dejó de ser abundante. clavos y planchas de zinc. poco a poco se convirtieron en hogares con muros de madera y techo de zinc auténtico. en medio de la lluvia. Sus casas de plástico. Antes de que naciera la niña llegaron tablas bien aserradas. que al principio hizo diferencia. como un bote volcado. casa—bote. —Como la de Pascual —comentó el padre Ronchi—. no conoció el primer refugio que levantó su abuelo. semejante a una tajada de melón. Así fue. El techo era como la quilla de una embarcación y a ella se entraba o salía por una puerta lateral. forrado en plástico.

—Y a mí —se sumó Renato. io dije. 122 .—No fue capricho. ¿Qué estudios tienes? —Soy profesora normalista. le respondí —continuó la señorita Emilia—. —Buono. —Así me convenció —agregó la señorita Emilia. Así son en la isla donde nacieron mis antepasados. Al incontrarla de nuovo en la chiesa. Construí una scuola para bambinos. En sitios lejanos convencí a profesores para venir cual maestros. tampoco. No puede ser casualidad. ¿cómo se llama? —respondió Tiara—. io dije: te ricordo perfectamente. que hiche lo che debía —replicó enseguida el sacerdote italiano—. y como se me quedara mirando con cara de duda. —Menos io. padre. La primera vez la observé a la entrada del pueblo. Fue divertido. ella incontré dos veces el mesmo día. —¿Aunque todos los vecinos reclamaran porque ocupaba más espacio que las demás? —Cada uno hizo lo que quiso. sí —recordó el sacerdote—. agregué: estudié para maestra en la Escuela Normal de Ancud.

—Beni. hablaré hoy mismo con tuo padre para que enseñes a niños que necesitan maestra. Con viento. —¿Qué más podía hacer? ¿Quedarme a enseñar en una isla y embarcarme todos los días. lluvia o tormenta. ¿Qué oportunidad podría tener en mi pueblo? Sabía que no había ninguna posibilidad de encontrar un puesto de maestra. me solicitara en matrimonio? —Y fue divertido como io fui recibido en su pueblo. las pocas vacantes estaban ocupadas.ta lejana. Ellos esperaban visita de autoridad de la chiesa. 123 . comenzó muy joven su vida de magisterio y montaba a caballo diariamente diez o doce kilómetros para enseñar en una escueli. que también era profesora. Mi madre.—Guardé silencio por un instante —prosiguió el sacerdote— y luogo pregunté: ¿enseñarías en lugar remoto? —Es lo que espero. con esfuerzo y sacrificio. para hacerme cargo de mis alumnos? ¿O quedarme a esperar que el hijo de la señora Rita. io dije —agregó el sacerdote—. el único boxeador del pueblo.

Luego. El padre Ronchi descendió con su larga sotana y abrigado con un amplio chaquetón impermeable. ya viene!». había llegado en el camión municipal.—Una vez al año —contó Emilia— nos visitaba el obispo. la calle principal era engalanada con arcos de flores. al ver la polvareda que levantaba el único vehículo motorizado de la isla. para realzar el paso del visitante. Los músicos iniciaban los sones de las melodías. en efecto. tambores y guitarras. acompañadas de hijos y maridos. que por esos años residía en Ancud. reservados para estas ocasiones. El camino estaba en construcción y no llegaba al embarcadero. El visitante. que lo había recogido a dos kilómetros del canal de Dalcahue. Alguien gritaba: «¡Que ya viene. adornaban las imágenes de las Vírgenes que habían traído especialmente para la visita del obispo. entraban descalzas al pueblo. Las gentes del campo. En ese tiempo. pues oye. 124 . con sus acordeones. El religioso italiano tuvo que caminar bastante para seguir el viaje. En la primera casa de la calle principal se ponían sus zapatos y cambiaban el atuendo de todos los días por trajes mejores.

Sostenía en su mano izquierda un pequeño bolso de viaje y sonreía en todo momento. saludando afectuosamente con la mano a quienes se acercaban a darle la bienvenida. —Ambos nos sorprendimos. —Así es el padre Ronchi —continuó la señorita Emilia—. tanto candor e ingenuidad. Es la persona que preciso. No soy más que un cura en misión de pastor. Había tanta innocenza en su mirada. ¿Qué haces?. que me dije: oh. un hombre sencillo que llega donde se lo 125 . me incliné a besarle el anillo de su mano derecha —reconoció Emilia. mientras ella tocaba el armonio durante la misa. permite que io pueda llevarla conmigo. Signor. —Le ofrecí el ramo de jazmines que había preparado y de todos modos. Subí a felichi. —Y lo hizo molto bene. Fue impresión molto grata la que ella causó entonces. porque io no llevaba anillo alguno y no estaba habituado a ceremonias. en señal de respeto. io dije.tarla y reconocí a la del beso en la mano como si io fuese un obispo. —Yo había recibido el honor de poner flores en uno de los altares y acompañar a la señora Rita.

propone. Suele viajar con un bolso de mano y aborda el primer vehículo que pase. tratando de entender su situación. Io nací en un pueblo cercano a Milán. a los venti decidí por sacerdocio para dedicar mi tiempo a los pobres. de hacer más soportable la vida que llevaban. bautizar niños perdidos en los rincones más apartados o entregar víveres a los necesitados. especialmente para cumplir sus oficios. —Así lo conocí en Santiago —intervino el joven Renato—. No era nuestra intención sacarlos del río. Por eso. —Es que así fue mi niñez —prosiguió el sacerdote—. Fui el mayor de onche hermanos y tuve una infancia difficile. por muy distantes que se hallen y por muy escasos que sean los medios para llegar hasta ellos. Yo era uno de esos estudiantes buena onda que nos acercábamos a los niños que vivían bajo los puentes. para darles algo de cariño y comprensión. Tratábamos de ayudarlos. Les llevábamos algo de comer. que no 126 . Vine misionero a Chile y recogí bambinos bajo puentes del río Mapocho. como decir misa donde no hay iglesia. Queríamos estar junto a ellos y establecer un vínculo.

pre ritornarían a vida de vagabondo. —Dios nos pone cosas en el camino —prosiguió la señorita Emilia—. Entonces pensamos que era el dueño de la caleta. así de repente. pero no le gustaba que estuviéramos ahí. viajé con ellos más de mil quinientos kilómetros. Una noche llegaron los policías buscando a cuatro jóvenes que sus familiares habían dado por perdidos. —Después ritorné per lui. El padre Ronchi me pidió que lo acompañara cuando decidió traer a todos estos niños sin hogar. De la noche a la mañana. Esa misma noche desapareció y creímos que se lo habían llevado o que se había muerto. Decidí trasladarlos a Puerto Cisnes.se sintieran tan solos. El padre Ronchi hizo 127 . —¿Sin el permiso de sus padres? —¿Y de qué padre podía solicitar permiso? Allora hice hogar donde los bambinos estudiaran y crecieran. —Nosotros no sabíamos que era sacerdote —comentó la Ese—. Io sabía que mientras se quedaran en la ciudad. sem. sin permiso ni nada. No tuvo la intención de echarnos. apareció este hombre mayor.

cuando recién llegados. conseguí al menos cada quince días que una patrulla de carabinieri viajara a la isla para la ley que estos uomo. La radio es el puente que une a cientos de almas que pasan aisladas la mayor parte del tiempo. como si nada más importara. en su aislamiento.sa y dar en ella muestras de gratitud y. que es el medio de comunicación más efectivo de la zona. autoridades e instituciones. materiales de construcción y los implementos necesarios para instalar una modesta estación de radio. Io hice para que ellos entendieran por leyes de razón y orden. Tiara se incorporó de un brinco y todos se quedaron con el alma en un hilo. sin 128 . a clases! —sentenció la señorita Emilia y desapareció. para que dejaran de dirimir diferencias con la forza de los puños. no respetaban. como no bastaba. inmóviles.construir esta escuela de madera. —¡Niños. —Pedí ayuda para levantar una chie. El tañido de la campana interrumpió la tertulia. Buscó la colaboración de personas caritativas. consiguió víveres. que fue lo que hicieron al principio. de empresas.

Era el único que sabía dónde había estado. aunque Diego la interrumpía a cada rato. Entonces comenzó a rascarse. evitando que la cama se desparramara por el suelo. como si de pronto hubiesen retornado a la condición que siempre tuvieron: fantasmas. aceptando que a veces la indiferencia de los demás es más conveniente de lo que uno pudiera desear. lanzándole miradas de complicidad. La niña bajó los peldaños de dos en dos. El patio estaba desierto. de cuando en cuando se detenía para aliviar la comezón que parecía quemar la piel de sus piernas. Aquel pensamiento calmó sus inquietudes. sintiendo como las pulgas nuevamente la convertían en blanco de sus picadas. pero la puerta de la sala permanecía abierta. En su pupitre tuvo que disimular para contener las ganas de calmar la picazón. Con la irresistible comezón en sus piernas cerró la puerta a sus espaldas y se quedó inmóvil allí por unos segundos. 129 . Al resto de los alumnos no parecía preocuparle lo que ella había hecho durante el recreo. comprobando que no había sido descubierta.respiración. Mientras se dirigía a la sala.

Terminadas las clases, Tiara amarró su balsa a la panga de don Anselmo, que fue en busca de su hijo. Diego se limitó a observarla durante el trayecto. Era demasiado abrumador para él sentirse cómplice de una falta que había provocado tanto rechazo en la escuela. Por fortuna, en la lancha nadie comentó el incidente de la mañana. ¿Todo ese alboroto por haber navegado en balsa unos cuantos metros? ¿No sería demasiado? Ella no había puesto en peligro su vida. Si así hubiera sido, jamás se habría alejado tanto de la orilla. Por lo demás, había demostrado que Amiga Yara era muy segura. Como todos los días, la madre de Diego lo esperaba en el muelle con la bicicleta. En el momento de descender y antes de que corriera a reunirse con su adorada bici, Tiara le habló a media voz: —Más tarde nos vemos, en la caleta bajo la pasarela. Tengo mucho que contarte. —Después de la once será —respondió Diego, mostrándose desinteresado—. Y después de las tareas, porque si no mi mamá no me deja salir. A lo

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mejor a ti tampoco te van a dar permiso después de lo que hiciste. —Voy de todos modos —respondió la niña. El padre y el hermano de Tiara no estaban cuando ella regresó de la escuela. —La tía Emilia mandó esta comunicación —dijo a su madre. —Déjela ahí —respondió ella. —¡La directora quiere hablar con ustedes! —Bueno —replicó la madre un tanto molesta por el reclamo de su hija—, ella entenderá que sus padres tienen asuntos que resolver. —A lo mejor quiere hablarles de mí. —¿Hizo algo malo, hija? —y como Tiara no respondió, la madre continuó—: La otra vez también quería que fuéramos a la escuela y era para recibir un premio. —Tienen que leer la comunicación. —Que la lea su padre cuando llegue. La niña enmudeció intentando entender los asuntos de sus padres, pero su mente sólo tenía espacio para la segunda visita que había hecho al 131

piso de arriba. Ni siquiera la preocupaba el malestar de la directora, ni el regaño que había recibido de su maestro. Tampoco le importaba el contenido de la comunicación que la tía Emilia le había enviado a sus padres y que ella no había tenido la imprudencia de leer. Tiara salió de la habitación. Contrariada, triste, confusa y sin saber qué hacer, perdió por un momento el sentido de la existencia. Cuando, más tarde, Diego asomó su nariz en la ventana de la cocina, atisbando hacia el interior, Tiara no se veía por ningún lado. La Te y el Deivid

Diego fue a reunirse con Tiara y ella lo vio venir con su bicicleta. Se detuvo junto a la baranda de la pasarela y aguardó allí un instante. —Sabía que estabas aquí —le dijo al verla—. ¿Entregaste la comunicación? —Sí. —¿Qué dijo tu mamá? 132

—¿Y qué vas a hacer cuando la lean? —No sé. Por un momento pensó que Diego se había cansado de estar allí. Escuchó con atención alguna señal que pudiera venir desde la pasarela. —¡Adonde puedo ir con ella! —protestó Diego. ¿nunca has intentado montar tu bici en la pasarela? —¿Cómo? —Subirte a tu bici.. No la leyó. Se hizo la lesa y cambió de tema.—Nada. Huevito. para que las ruedas no giren. Si te montas en tu bici y pedaleas bien corti. —Pero podrías andar sin andar. —Te van a castigar. por muy tirado de las mechas que fuera. lo animó para que lo hiciera. Me vine sin permiso. tal vez. Hasta que no pudo más 133 . —Deivid —le dijo—.to. Al ver que Diego no mostraba el menor interés por descender al refugio. -¿Qué? —Escucha. —¿Estás loca? Tiara desapareció en el interior del refugio. Deivid —insistió ella—. deseando que su compañero aceptara. Allí esperó pacientemente con los dedos cruzados..

tuerce el manubrio hacia el otro lado. ¿No es divertido? 134 . Mantente ahí. no! —le dijo ella—. trepó por la roca y sorprendió a su compañero. Hasta que pudo más la curiosidad que la soledad y el silencio que reinaba en el escondite y Tiara salió a la luz de la tarde. al verla junto a él. quiso bajarse rápidamente. —¡Eso es. —Pero. Cuando pierdas el equilibrio. allí estaba Diego. Deivid\ —gritó ella. Ahora pisa bien firme los pedales y tuerce un poco el manubrio. mientras seguía las indicaciones de Tiara. animándolo. Para su sorpresa. Diego vencía finalmente aquel sentido del ridículo que tanto lo avergonzaba cada vez que montaba su bicicleta. afirmado en la baranda de la pasarela. pero ella lo detuvo. obligándolo a mantener el equilibrio.con la curiosidad y se asomó a ver qué había ocurrido en verdad. Diego. intentando pedalear. ¿qué tiene de divertido? —¿No? —insistía ella—. —¡No. moviendo los pedales hacia delante y hacia atrás. —¡Esta no es forma de andar en bici! —protestó Diego. Sin pensarlo más de una vez.

entonces! —¡No! —¡Bájate! —No. y la perseverancia. Pero. se convirtió en sorprendente descubrimiento. por un sendero sinuoso y. de juego torpe al comienzo. a través de la auténtica peripecia. Porfiadamente. no hubo forma de que Diego renunciara al intento.—No le veo la gracia. —¡Déjame probar. te dije. tal vez. como era su deseo. 135 . Era dueño de la única bicicleta que había en la caleta y siempre se lamentaba de no poder disfrutarla. el muchacho se resistió a ceder porque tal posición le otorgaba poder frente a su compañera. ¿qué cosa más extraña que «andar en bici» sin pedalear ni un centímetro? Sin embargo y por curioso que resultara. ¡Con qué gusto hubiese querido pedalear y pedalear en línea recta y atravesar grandes extensiones de bosques. sentir el placer de dejarse llevar por la velocidad al descender por un camino que sólo estaba en su imaginación.

Allí se detuvo.Era cosa de verlos. 136 . inmóvil como una estatua. Repentinamente. cada golpe de manubrio para mantener el equilibrio. Ella era la que más se divertía con los logros del compañero y celebraba entusiasta cada giro. comenzó a desplazarse a salti. —Puedo ir más lejos si quiero —comentó.tos. —¿Ir más lejos? —ella se llevó las manos a los labios para ahogar un grito que amenazaba con escapar de su garganta. su figura recortada contra el verde del cerro y el azul negruzco del cielo. como un balón que bota sobre el cemento inexistente y fue avanzando hacia la superficie accidentada de la roca.

137 .

sin soltar el freno y torciendo el manubrio de lado a lado.—¿No quieres que baje hasta el refugio? —Pero. Deivid —protestó la niña. retando toda lógica. siempre dispuesto a no titubear ante el peligro. de valiente. aterrando a su compañera. —¿Y por qué no? —replicó. permitiendo que bajara unos centímetros la rueda 138 . De tal modo la bicicleta era controlada con mayor eficacia. sobre el asiento. El ciclista de las pasarelas se bajó de la bicicleta para levantarla sobre la baranda de madera y posarla en la roca. rechazando consecuencias—. entusiasmado con su idea. deseaba ver a su propio hermano en el pellejo de Diego. con gran cuidado. por donde comenzó a descender. A ratos se paraba en los pedales. ¿No querías verme en peligro? ¿No te agrada el riesgo? —¡Nunca dije que andes por las rocas! ¿Y si perdía el equilibrio? ¿Y si rodaba hasta las aguas con bici y todo? Tal vez ella había sido muy imprudente al animarlo de esa manera. dándoselas de arriesgado. Al mismo tiempo.

—Prefiero que hagas una exhibición en el patio. —Aquí soy la Te. Huevito. —¿Para que todos vean? —Para que te vean los del piso de arriba. También traje una papa cocida. —¿No es lo que querías. —Es increíble lo que haces —dijo ella. traje algo para la once. —¿Ellos? —Estarían maravillados. Huevito? —Por mi culpa podrías caer y quebrarte una costilla. —¿Podré ir a la escuela? —¡Esas rocas sí que son peligrosas! —Pero puedo intentarlo. —¿Sólo medio pan amasado? —Mi mamá lo hace bien rico. Después de una exhibición como ésa lloverían las monedas. La voy a partir en dos. 139 .trasera y otros centímetros la delantera. Hasta que se detuvo frente a la entrada del escondite. —¿Por qué? —Porque si viviéramos con ellos te mandarían a machetear con tu bici. No lo olvides. —¿Qué cosa? —Esos giros con tu bici. —Yo jamás haría eso. Mira.

Pero desde que comenzaron sus fantasías se había vuelto parlanchína y de sus labios salían expresiones que jamás le habían escuchado. pero tú no estabas. ¿Por qué haces tantas leseras? —Es lo que tengo que contarte. mirando con ojos de asombro a su compañera.—Si aparece tu mamá por aquí nos saca de un ala. come. Deivid. Bajé muy temprano a la caleta. no era muy habladora. Por lo general. -¿Y? 140 . Ya. Ella no va a venir. En la escuela. Fue maravilloso. será mejor. -¿Qué? —Vino el Kiko a buscarme. ¿de nuevo fuiste al piso de arriba? —Sí. —No quisiera estar en tu pellejo cuando el Pascual lea la comunicación y vea que no estás en la casa. pero no pude esperarte. —Huevito —murmuró—. Ni siquiera se asoma a la puerta de la casa cuando salgo. las tías apenas le sacaban una palabra. Deivid. También vinieron los príncipes. Entonces llegaron en su piragua y navegamos hasta la isla de nuestros antepasados. El se quedó en silencio. —Tranquilo.

. gritaron y salieron corriendo. porque el jesuita anduvo en los años de 1760. Cuando el cura llegó a la faena no encontró ni un alma.. Abrió los brazos y gritó a los cuatro vientos. Lo pasamos en historia. ¿era cierto que se aparecía como un fantasma? —¿Qué historia es ésa? —preguntó ella. Los 141 . —Entonces. que a cierta hora del día se aparecía un misionero jesuita. También con la tía Emilia. —Se parece a esa historia que nos contó una vez el tío Tato.. —¿Con la directora? —. «¡El cura fantasma!». como de bien lejos.. —¿Hasta de la fecha te acuerdas? —Bueno —continuó él su relato—.. así. —Pero ése no era. entonces mi padrino y sus compañeros vieron aparecer la silueta del religioso sobre la nieve. con el profesor Renato.. —¿El tío Tato? —Y también con el padre Ronchi. —Mi padrino trabajó en la carretera Austral y una vez vieron un sacerdote que se aproximaba.—No sólo estuve con los internos.

un ingeniero de Aysén experto en turbinas. Regresaron a la obra. Había caminado un día y medio y pasado toda una noche sin techo ni abrigo. El padre Ronchi contó una que yo nunca había escuchado. —¿Turbinas? —Sí. esas que producen electricidad para que la gente de sectores apartados como el nuestro tenga radio para comunicarse. —¿Cuál? —En una oportunidad se embarcó en un bote tan pequeño como mi balsa. Lo recibieron contentos. ella conoce muy bien todo eso —replicó la niña— porque es de allá. —En algunas islas de Chiloé también usan baterías de auto. obedeciendo al cura que los llamaba. muerto de frío. Iba con Jaime Caro. 142 . —Sí. «Voy a calentarme un poquito y después hacemos la misa». Deivid.hombres entendieron que había llegado un sacerdote verdadero. con fuertes palmadas en la espalda. Eso nos contó la tía Emilia. Estaba muerto de cansancio. les dijo. —Es bonita esa historia.

el botero que los transportaba vivía por allí cerca y la casa más próxima era precisamente la suya. ya se nos hizo tarde. El hombre reconoció que con su mujer tampoco se habían casado. ¿No nos andarán buscando? 143 . como todos los de la región. El padre Ronchi quiso saber si los niños estaban bautizados. que sonreían con disimulo. cuando los sorprendió la noche. —Huevito —interrumpió Diego—. El hogar era humilde.Pero lo que Tiara contó era para sorprenderse. El jefe de familia era padre de cinco hijos. Aceptaron. entre un caserío llamado La Junta y otro conocido como Raúl Marín Balmaceda. El ingeniero fue testigo de matrimonio y padrino de los niños. cinco bautizos y una boda. No lo estaban. Con sencillez. se vistieron para la ocasión. en cosa de minutos. el padre Ronchi celebró dos confesiones. El hombre les ofreció pasar allí la noche y continuar viaje al día siguiente. porque jamás habían pisado una iglesia y aquella era la primera vez que veían un cura. El sacerdote y el ingeniero habían navegado ya varias horas. Esa misma noche. El fuego ardía en la cocina y la mujer del botero los invitó a comer a la suerte de la olla.

—¿Tienes miedo de llegar a tu casa? —No. Deivid?. Desde allí caminaron lentamente. Antes de que anocheciera se despidieron a la entrada de la casa de Tiara.—No me quisiera ir. Después de lo que hablamos. ya se me pasó. Si hubiese traído unas frezadas me quedaría a dormir. donde por fin se sintieron más seguros. Deivid. Fue lindo. uno detrás del otro. el llanto de un niño rompió la paz de la noche que se anunciaba. por los angostos pasadizos de madera húmeda y ennegrecida. ¿verdad. Tiara se asomó a la ventana como de costumbre y 144 . Tiara le ayudó a Diego a cargar la bicicleta hasta la pasarela. El accidente Ai día siguiente y a primera hora de la mañana. Diego se quedó esperando unos minutos después de que la niña desapareció por la puerta estrecha. Cuando abandonaron el refugio no se veía a nadie por los alrededores.

Era muy extraño lo que ocurría. pero su compañero no se veía por ningún lado. se preguntaba por qué razón los marinos no buscaban en la casa a su padre y a su hermano. Inquieta. Tiara esperó en los escalones que 145 . Se acercó a esa gente allí reunida. pues nadie se movía de su sitio. Se despidió de su madre y con la ilusión de siempre descendió por la pasarela en dirección al embarcadero. más bien. con semblante de preocupación. y un tanto más apartados. ¡Qué bueno que no estén en la casa! Hubiera deseado que Diego estuviera allí. a unos cuantos metros de su casa. Una lancha de la Armada se mecía suavemente con el ir y venir de las olas. que aguardaban por algo que se presentaría de un momento a otro. pero ninguno de ellos descubrió la presencia de la niña. —Vienen por mi padre y mi hermano —pensó la niña—. Terminó su desayuno y volvió a mirar resignadamente el mar que comenzaba a sacudirse la bruma.lo único que vio fue un grupo de pescadores reunidos en la caleta. el alcalde de mar y tres marinos conversaban en voz baja. Se diría.

Estirpe real. la espléndida embarcación de los príncipes se dirigió resuelta al sitio donde flotaba la niña. evocó la deslumbrante piragua de los Ariki Paka. después del primer viaje que hicieron a la isla de sus antepasados. aguardó por el prodigio de aquel día. Vio la satisfacción en los ojos de su hermano. navegando pausadamente en medio de la bruma y la tranquilizó aún más la presencia de su abuelo y de su hermano Kiko. no pensaba más que en ellos. abordó la pequeña plancha de espuma plástica y remó con decisión hasta el muro de neblina. cogió el remo y. Tiara la vio acercarse. recibe nuestro respeto. Aunque no lo 146 . Soñando despierta. Decidida. Sintió con cuánta dulzura la miraba. Soltó las amarras. sin pensarlo dos veces. se dirigió al lugar donde mantenía amarrada su balsa. emergiendo desde la densa bruma que engullía al resto del mundo circundante. Como si una puerta de tenue humedad se abriera para darle paso. —¡Niña Miru! —saludaron los príncipes—. Tiara se alegró con la llegada de los navegantes.bajaban al muelle y. A decir verdad. en el fondo de su corazón.

Tiara sabía que navegando hacia el norte se llegaba a una isla donde brillaba el sol esplendoroso. donde el mundo desconocido y fascinante de sus abuelos se abría ante sus ojos. Ajenos a la audacia de la niña y la presencia de los Ariki Paka. Así como la bruma ocultaba las aguas del archipiélago. el alcalde de mar. aunque la esperaba. En todo momento fue protegida por su abuelo y su hermano. porque en el viaje anterior el comportamiento de Tiara había sido admirable. 147 .manifestara. La navegación enfrentó las mismas dificultades del viaje anterior y. así también ocultó rápidamente la piragua de los príncipes. dudaba que tuviera la resistencia de enfrentar nuevamente la prueba. pero curiosamente la navegación fue más breve que la primera. Kiko estaba muy contento. los marinos y los pescadores continuaron su charla como si nada. Se preparó entonces para una travesía extenuante. hasta que al cabo de un tiempo se disipó la bruma y ante los ojos de Tiara apareció el imponente volcán Rano Raraku. precisamente por estar ella en conocimiento de las peripecias.

las aves sagradas. ha pasado el invierno y se aproxima el verano. demostrando que cada uno representaba un personaje rodeado de misterio. Los rostros de tales monumentos. enseñaban pequeñas diferencias.—Es tiempo de primavera —comentó Kiko—. en apariencia idénticos. 148 . —Es cuando retornan las manutara. Desembarcaron en las cercanías del volcán y caminaron hacia la cima del cráter. —Compite para que su jefe gobierne por un año los destinos de sus hombres —concluyeron los príncipes. en el pasto silvestre o saliendo de la montaña. —Tu padre competirá por uno de esos trofeos —agregó el abuelo. —Aquí en Mataveri se reúnen los competidores. descansando en sus pedestales. La niña descubría gigantes pétreos a cada paso. como si la roca misma les diera forma con el cincel y el martillo de ventiscas y tormentas. que llegan al peñón a depositar sus huevos —dijeron los príncipes. —¿Mi padre? —exclamó Tiara. En el ascenso la niña fue descubriendo los monumentales moáis.

Las viviendas allí construidas eran de piedra laja. sobre una extensa planicie. porque allí estaba la cantera donde fueron esculpidas la gran mayoría de las esculturas de Isla de Pascua. En verdad. en la cumbre. un enorme rostro de piedra volcánica yacía tendido observando el cielo. Y se celebra la ceremonia del Tangata Manu. A poca distancia del sitio de las celebraciones se alzaba un moái de varios metros de altura. con puertas muy pequeñas siempre abiertas hacia el mar. celebrando con danzas y cantos de envolventes melodías. Tiara no terminaba de sorprenderse al contemplar tanta maravilla y su corazón brincaba 149 . una parte de los faldeos del volcán estaba poblada de estatuas en distintas posiciones. Hombres y mujeres se congregaban en aquel lugar. —Estamos en Orongo —explicaron los príncipes—. Más allá. una imponente escultura se arrodillaba en medio de la llanura. dispuestos a pasar allí todo un día.Tiara pudo admirar la hermosa aldea que allí se levantaba.

también yo competiré. las olas los golpeaban con furia. igual que mi padre. ocultas por la hierba que las circundaba. Y algún día.de alegría de sólo pensar que ella y su familia pertenecían a ese mundo fascinante. Los tres islotes dejaban ver cuán enormes eran las dificultades para llegar hasta ellos. —Esa es la meta —dijo Kiko—. el sacerdote dio la señal de inicio. Desde el observatorio solar. Los 150 . cómodamente instalados. Más lejos. Y llevó a la niña hasta una roca tallada con signos y figuras indescifrables—. cubiertos de vegetación. penetrando en la roca como lanzas espumosas. Rodeados por grietas y quebradas. Este es el santuario. Al sur de la isla se podía observar el islote Motu—kaokao. Entre esas grietas. Los jefes observaban a cierta distancia. —Las piedras hablan por sí solas —comentó uno de los príncipes. blanqueada por los excrementos de las aves. Hasta allí han de nadar. se veían los peñones Motu-nui y Motu-iti. que emergía del mar como una espada puntiaguda. solían hacer sus nidos las aves.

151 . Debían esperar largas horas hasta que llegaran las aves a poner sus huevos. Algunos sucumbían en la empresa. Debían sortear numerosos peligros en la travesía hasta el peñón. gritando con todo el aire de sus pulmones. Desde el acantilado. El primer valiente que logró apoderarse de uno de ellos. tratando de alcanzar cuanto antes las aguas del mar. Los competidores. alzándolo con su mano derecha. arrastrados por la corriente. bajaron hábilmente. donde cumplían la primera parte de la travesía. empezaba la vigilia.aguerridos nadadores. —¡Es mi hijo! —exclamó jubiloso el abuelo. se sumergieron en el mar y montados sobre pequeñas canoas de totora nadaron con pies y manos para alcanzar el primer islote. para que su jefe lo escuchara desde el lugar de los festejos. dos estatuas observaban la competencia. apiñados en la cima del escarpado risco. saltó sobre la roca. en un monumento funerario. Una vez en el peñón más cercano. Los que pasaban con éxito la prueba llegaban al islote. portando sus canastos kete. pereciendo en medio de las aguas.

152 .

otros competidores se agruparon en la cima del peñón alzando huevos de pájaro. ¡Rasúrate la cabeza! Es lo que le grita a su jefe. Así ocurrió. —¿No reconocería yo su voz? —Pero.—¿Mi padre? —replicó la niña. Con afilados cuchillos de obsidiana procedieron a cortarle el cabello y también le rasuraron los brazos y las piernas. se levantó de inmediato para ser ungido como hombre pájaro. que debía lucir el huevo a la entrada de su casa por espacio de un año. colmado de orgullo—. ante los ojos asombrados de la niña. que observaba rodeado de su gente. en verdad. A continuación. Mientras tanto. ¿qué dice? —¡Ka—varu te puokol —explicó el anciano. en el peñón el ganador atesoró su trofeo en el canastillo que portaba y se dispuso a regresar junto a su jefe. El superior. porque debía dirigir los destinos de sus hombres a partir de esa primavera y hasta el fin del próximo invierno. le tiñeron de rojo la cabeza. tiempo que duraba su jerarquía. 153 . Luego.

honrando a los jefes que representaban, pero reconociendo su derrota. Uno tras otro, los contrincantes iniciaron el descenso con sus trofeos y arrojándose al mar se disponían a regresar sobre sus balsas de totora. Nadie se preocupó más de los competidores. Algunos se perdieron en medio de las aguas, otros cayeron desde las rocas y nadaron con grandes dificultades. Las dos estatuas de aquel monumento funerario sabían que pronto celebrarían ritos mortuorios. Sacerdotes silenciosos ensartaron en el piso los soportes de las angarillas funerarias: cuatro estacas clavadas en la tierra soportarían una modesta camilla con el cuerpo de un desdichado, envuelto en telas y en esteras que lo mantendrían por varios días, al tiempo que los cantos fúnebres, los llantos y los lamentos se escucharían en toda la isla. Luego, serían llevados a los santuarios que, a modo de mausoleo, se levantaban a lo largo de la costa. Mas, por ahora, el pueblo se dedicaba a festejar las alegrías, pues tiempo habría para tanta tristeza. —Quisiera ver a mi padre —imploró la niña. 154

—Las celebraciones podrían resultar interminables —advirtieron los príncipes—. Lo hemos perdido y no sabemos cuántas peripecias ha de sortear antes de llevar el trofeo a las manos de su jerarca. —Además, ahora comienzan las rencillas —advirtió el abuelo. —¿Rencillas? —exclamó ella. —Las disputas —aclaró Kiko. —Los competidores lamentan su derrota —agregaron los príncipes—. Mientras uno de ellos celebra la victoria, el resto es víctima de la envidia y las diferencias suelen concluir en destrucción y muerte. —¿Y nadie puede detenerlos? —La única autoridad en la celebración del Hombre pájaro es el propio jefe de esos competidores. —¡Ustedes deben hacerlo! —¿Nosotros? —¡Sí, por algo son príncipes! —Nos debemos a nuestro monarca y él espera al otro lado de la isla, sumido en la tristeza. Está muy lejos para intervenir y los jerarcas de estos 155

hombres no aceptan mediación alguna, aunque provenga del mismo rey que los gobierna. —¿Y mi padre también estará en esas rencillas? —Ningún competidor puede escapar a ellas. —¿Podría morir, entonces? —Así es, querida niña —respondieron los príncipes, y cantaron a media voz:

«Ka tangi é... ere ika iti é. Mo nua é, ere mo te matua é. He ono matua, hoki tae tangi ai; ko te bebe au; o ko te matua akore...» «Está llorando... la pequeña víctima. Por su madre y por su padre. Ya no tiene padre, por eso llora; ahora está pobre; ya no tiene más padres.»

—¿Y ese canto tan triste? —preguntó. —Es un lamento —respondió el anciano, presagiando un desenlace trágico. Tiara enmudeció al ver tan preocupado a su abuelo. También el hermano de la niña mostró la 156

congoja en su semblante. Por un momento detestó la participación de su padre en esos festejos. —Estas celebraciones y desenfrenos, Hopu contra Hopu, provocan no sólo dolor y muerte —comentaron lastimosamente los príncipes—, sino también la ruina de este lugar sagrado, muchas veces con la destrucción definitiva de estatuas y monumentos. Las palabras de los Ariki-paka sonaron como un presagio ineludible en el corazón de la niña. —Vamos, Tiara —dijo Kiko con profunda tristeza—. Debemos regresar. Con los cantos y bailes en sus oídos se dirigieron a la embarcación y entraron en la densa bruma que ocultaba todo el entorno de la isla. Cuando finalmente la nave salió de la espesa niebla, Tiara se hallaba frente a la caleta de su casa. Cerró los ojos, con el ferviente deseo de no salir de aquel sueño, pero no pudo permanecer así demasiado tiempo; voces que salían a su encuentro, la sacaron abruptamente de su ensueño. Ai abrir los ojos nuevamente descubrió que la piragua de los príncipes había desaparecido por completo, también su hermano y su abuelo. 157

El encanto de la niña se quebró como un espejo. Uno de aquellos hombres agrupados en la costa, y que de vez en cuando dirigían la mirada hacia el mar, alcanzó a ver la balsa de Tiara asomando por la bruma que se diluía bajo la luz del sol. Al dar la voz de alarma, todos se volvieron para verla remando hacia la escuela. —¡Ya estábamos advertidos! —exclamó el alcalde de mar—. Anoche la Lidia me habló de lo que hizo esta chica. —Pero, ¿cómo no la vimos subir a esa balsa? —Ni siquiera la vimos salir de su casa. El alcalde de mar, apremiado por su falta de cuidado, sintiéndose más responsable que nadie, abordó rápidamente su bote y dio las instrucciones al hombre que lo acompañaba para ir cuanto antes detrás de Tiara y evitar que siguiera remando en condiciones tan precarias. Daba miedo de sólo pensar en una desgracia. Si llegase a volcar esa balsa de juguete, la niña se hundiría en cosa de segundos, con el peso de su mochila y con tanta ropa en el cuerpo. Además, ¿quién podría asegurar que sabía nadar y ponerse a salvo por sí misma? 158

Considerando la gravedad de la situación, los marinos abordaron de inmediato el bote inflable que los llevaba a la lancha y el motor fuera de borda rugió como una bestia antes de ponerse en movimiento. Lo hizo pesadamente al principio y luego debió hacer un giro muy amplio, antes de dirigirse al sitio exacto donde flotaba la balsa de Tiara. Mientras el alcalde de mar bogaba directamente hacia la niña, los marinos tomaron las precauciones necesarias, porque el oleaje que producía el poderoso desplazamiento del bote inflable amenazaba con hacer zozobrar la balsa. El único que podía alcanzarla sin mayor contratiempo era el alcalde. La niña remó cada vez más rápido, para acercarse cuanto antes al embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. Los golpes acelerados de su remo terminaron por agotarla y no dieron el resultado que ella esperaba; la balsa pareció detenerse a escasos metros de la costa, como si el agua transparente y liviana se tornara pesada. Mientras el bote del alcalde de mar se acercaba más y más, la balsa dio un giro mar adentro, porfiando con los deseos de quien trataba de 159

el otro reanimaba a la pequeña. haciendo equilibrio en medio del constante vaivén de la modesta embarcación. dando la sensación desastrosa de que todo estaba perdido. Tragando agua a borbotones. De pronto. al parecer.controlarla. pudiera salvarla. Los dos hombres del bote. perdiendo un zapato y sintiendo el escozor del agua salada en las fosas nasales. dando manotazos desesperados. sintió que la arrastraban violentamente hacia la superficie. la alzaron de un solo envión y la pusieron a salvo. que no dejaba de toser. hasta que la mochila de Tiara cayó al agua y a los pocos segundos su dueña. que finalmente había llegado junto a la niña. Mientras un hombre remaba con premura hacia la costa. no pudo mantenerse a flote y se ahogaba sin que nadie. Tratar de mantenerse a flote resultaba extremadamente difícil a ratos. Con el extremo de un remo rescataron la mochila antes de que se hundiera definitivamente. Tiara notó que sus brazos eran mordidos por mandíbulas feroces. irritadas por el esfuerzo. como si quisiera expulsar del cuerpo la muerte que estuvo a punto de arrebatarle la vida. un esfuerzo inútil. 160 .

junto a la cocina a leña que prodigaba calor a todo el recinto. Más bien.Revelaciones sorprendentes Recién desembarcados y ante el horror de quienes se enteraron sorpresivamente del accidente. para conseguir una manta y abrigar a la desdichada. mientras la tía Lidia le quitaba rápidamente las ropas mojadas. el alcalde de mar sacó en brazos a la pequeña del bote y corrió con ella hacia el comedor de la escuela. Allí la tía Elvira preparaba una leche bien caliente. con los ojos empapados de llanto. preparándola para abrigarla cuanto antes. Pero esta vez no hubo posibilidad alguna de recriminación por parte de los adultos. mientras el tío Tato corría a la habitación contigua. que a veces servía de enfermería. ni de curiosidad maliciosa en los niños. La directora se tomaba la cabeza a dos manos. el 161 .

descuida. La directora y el alcalde de mar salieron muy preocupados del recinto. Justo ahora que me acaban de avisar que se adelanta la visita fiscalizadora del seremi de Educación. Lidia. por ejemplo? Poco menos que permitimos los riesgos que asumen nuestros alumnos en su afán por venir a clases. De lo contrario. Ve tranquilo.repentino recibimiento se dirigió a su mujer. imagínese usted que se enteren las autoridades. me llamará de inmediato. una vez instalados en la oficina de la directora—. —¿Todo en orden. cuando comienza el buen tiempo. por favor. Preocúpate de ella. Siempre viene en septiembre. marido —replicó ella—. Espero que esto no llegue a oídos del almirante. —Esta niñita nos ha metido en un tremendo lío —comentó el alcalde de mar. señorita Emilia? 162 . afanada en reanimar a Tiara—. —Sí. pero ahora lo hará precisamente cuando se anuncian días más fríos. ¿Qué diría el Sename. ¿Y qué puedo decirle? —Y no sólo eso —agregó la señorita Emilia—.

Lo que ha hecho esta chiquita deja en evidencia que los dormitorios del segundo piso nunca debieron cerrarse. nos ha bajado la matrícula en un cincuenta por ciento. Pero para eso se necesita dinero. Además. El viento ha soltado el zinc del techo. más animada y con el color saludable pintando en su rostro. Nos cae el agua del cerro. —¡Adelante! —exclamó la señorita Emilia. Los extintores vencidos. reconfortada. tía Emilia —respondió la niña. —¿Te tomaste tu leche? —preguntó la directora. —Sí. pero la situación en la escuela ha empeorado este último tiempo. —Aquí está la niña —dijo la tía Lidia. porque las familias emigran y porque los apoderados no quieren cooperar con los cinco mil pesos mensuales que exigimos para seguir funcionando. las fundaciones del edificio están húmedas y las bases se están pudriendo. Porque nacen menos niños en la zona. Tenemos goteras. Tres golpecitos en la puerta de la oficina de la directora interrumpieron la conversación. 163 . acompañando a Tiara.—Los pagos están al día.

Tanta demostración de amabilidad no era algo de todos los días. Tal vez se trataba de un anuncio. Tiara pensó en la peor de las consecuencias. pero también era cierto que finalmente había conseguido establecer una profunda amistad con Diego. Diego asomó su nariz por uno de los ventanales de la oficina. Con dificultad y por mucho tiempo había soportado las burlas de sus compañeros. del anticipo de una sanción drástica y definitiva: la expulsión de la escuela.Tiara tuvo que morderse la lengua para no manifestar su extrañeza por la notoria bondad que recibía. Sólo así se podría entender la presencia del alcalde de mar. tuvo que contenerse para reprimir el impulso de salir corriendo e ir al encuentro de su compañero. pero que sin embargo en los últimos días se había convertido en un lugar de encanto y sorpresa. Ella. había que accidentarse para que la tomaran a una en cuenta. Al parecer. 164 . Estaba convencida de que no volvería a ocupar su pupitre en aquella sala que le había brindado momentos amargos. al verlo.

tía Emilia —respondió la niña—. Pero también hago un esfuerzo por entender tu comportamiento.La directora arrastró una silla para sentarse junto a la niña. Pero usted misma dijo que soy un mal ejemplo para mis compañeros. Es muy duro. Le tomó cariñosamente las manos y le habló en un tono de voz que jamás había empleado con ella. Situaciones como éstas pueden superarse. pero eso tiene remedio. ¿me va a echar de la escuela? —¿Qué dices. pero quiero que sepas que toda la escuela está contigo y con tu familia. al borde las lágrimas—. ¿Entregaste la comunicación que les envié? —Sí. —Escucha —le dijo. —Tía Emilia —interrumpió la niña. la entregué. que sólo van en tu propio beneficio. es cierto. chica? —replicó la directora—. ¡No voy a tomar una medida tan extrema! En todo caso. 165 . Fuiste muy impetuosa. debo hablar con tus padres. querida. — ¿Qué cosa? —preguntó Tiara. —Bueno. No le diste ninguna importancia a mis quejas. Tal vez te sientes sola y no puedo desconocer el momento difícil que estás viviendo.

—Está bien —respondió el hombre—.¿Se lo dice usted. lo sabemos. —Pero si a mí me gusta venir a clases. Yo mismo avisé por radio. El asunto es que hoy día ni siquiera debías venir a la escuela. Y como no lo ha — 166 . Lo que pasa es que tu hermano y tu papá no han regresado de la faena y creemos que han tenido un percance. Tiara. —¿No? —No —continuó el hombre—. De todos modos pensaba ir a su casa y decírselo a su madre. Pero al mismo tiempo pensamos que en una situación como ésta harías mejor quedándote junto a tu madre —explicó la directora. muy temprano esta mañana. La lancha de la Armada espera rastrear el bote de tu padre. Los marinos no vinieron para detenerlo. Les interesaba saber si tu padre había regresado sin novedad a la caleta. porque la embarcación no aparece por ningún lado. alcalde? —rogó la directora con ojos llorosos. porque la señorita directora ya estaba en antecedentes. —Claro que sí. —Así es —afirmó el alcalde—. antes de que Tiara huyera en su balsa.

del pájaro sagrado.hecho. La directora y el alcalde de mar mantuvieron un silencio expectante. No vamos a pensar en lo peor y así se lo haremos saber a tu mamá. —¡Pero mi papá fue a Isla de Pascua! —exclamó la niña. —Con mi abuelo y mi hermano lo vimos compitiendo por el huevo Manutara. aunque no nos guste. Pero. Entonces. 167 . sin saber qué responder a tanta inocencia. tenemos que ponernos en todos los casos. por desgracia. eran habituales entre los hombres de mar. Por un momento se sintieron superados por la incapacidad de echar abajo sus fantasías y hacerla poner los pies sobre la tierra. sorprendidos por las expresiones de la niña. Pensaron que la niña recurría a tales argumentos para evadir la gravedad de los hechos que amenazaban con hacerla víctima de acontecimientos que. El hombre guardó silencio y miró atentamente a la directora. se disponen a iniciar la búsqueda una vez que se levante la bruma y esperamos que los encuentren sanos y salvos.

En el corredor. para que la febril fantasía fuera la única realidad que debía imponerse. cosa curiosa. Tiara les habló de sus dos travesías en la nave de los príncipes. con la emoción pintada en cada rostro. parecía que los fantasmas se habían 168 .decidieron no contradecirla y se dispusieron a tomarla más en cuenta. el relato emocionado se apoderó de la atención de quienes la escuchaban con profundo respeto. el alcalde de mar y la tía Lidia. Paulatinamente. junto a la puerta. que no tuvo valor para marcharse. a la espera de noticias de Tiara. escuchaba la tía Elvira. en lugar del drama que posiblemente le aguardaba en casa. como nunca lo habían hecho. Los alumnos miraban al techo. agazapado. desearon alentarla para que no callara. La directora. que había sido incapaz de esperar en la cocina y porque la curiosidad la mataba. El profesor en su sala no pudo iniciar la clase de la mañana. como una alimaña. pero. por primera vez en varios días no se escuchó ninguno de aquellos ruidos que provenían del piso de arriba. hasta fascinarlos por completo.

habló de la valentía y destreza de su padre. expectante entre sollozos. Contó la historia de los orígenes lejanos del pueblo rapa-nui. en frágiles embarcaciones. y el alcalde de mar. dirigidas al oriente. Narró con lujo de detalles cada paso de la competencia por conseguir el huevo de la gaviota sagrada.enterado del drama que vivía Tiara y la acompañaban con su silencio. En medio del silencio reinante. Que habían seguido las rutas del océano. permitiendo la 169 . tanto en el mar como en la cima del peñón de los pájaros. Habló de cómo la vida para ellos se había desarrollado entre piraguas y tormentas. la pequeña confesó lo orgullosa que estaba de pertenecer a una raza de audaces navegantes que. al borde de las lágrimas. aquellas corrientes marinas que fluyen por cursos determinados. la niña continuó su relato. la directora. siempre cruzaron los mares conquistando atolones y peñones volcánicos dispersos por el océano. Que el mar había sido el camino de sus constantes migraciones. Entretanto. que de isla en isla había llegado a poblar gran parte del globo terrestre. es decir.

que los cursos seguidos por el viento cambiaban según las estaciones del año. Los ojos de la niña brillaban con el resplandor de aquella felicidad que tan a menudo le resultaba esquiva. tratando de comprender finalmente el verdadero sentido de las palabras de su alumna. Les contó. La directora la escuchó con los ojos rojos de tanta lágrima contenida. como una niña sorprendente. y regresará muy pronto. Así fue como los primeros habitantes vieron aparecer la isla en medio del mar y que por no haber otra tierra en las cercanías la llamaron el Ombligo del Mundo. —Por eso les digo —concluyó por fin— que mi padre saldrá vencedor. incluso de las rencillas en la aldea sagrada.navegación en grandes círculos o en forma triangular. apenas entregue el huevo que consiguió para el Hombre 170 . la recordaba desde que la llevaron a la escuela. para ir muy lejos y regresar siempre al punto de partida. además. Emocionada. y cómo desde hacía un tiempo se empeñaba en convencerse a sí misma del futuro esplendoroso que algún día cambiaría su vida. Les habló de por qué abandonaron su continente de origen.

tía Emilia —respondió ella—. volviendo a nuestras preocupaciones. de haber sabido que abordabas esa balsa de juguete para venir a clases. —Tiara —interrumpió el alcalde mar—. —Gracias —respondió ella. Lo siento en mi pecho. es muy hermosa la historia que acabas de contarnos. —Gracias. —Querida —dijo al fin la directora—. pero mi mamá está muy bien acompañada con mis hermanos pequeños. Lo sé. porque así es la gente de mi raza.pájaro. Prefiero quedarme en la escuela. Tienes autorización para ausentarte todo el tiempo que sea necesario. —¿No quieres que te llevemos a tu casa? 171 . pero ahora. que es su jerarca. que ha de estar muy afligida. habría enviado el bote de la Alcaldía. te aconsejaría regresar a tu casa y acompañar a tu madre. Pero de ahora en adelante mi asistente irá por ti cada mañana y no necesitas poner en riesgo tu vida.

—Prefiero quedarme. Quiero estar con mis compañeros. Quiero ir al segundo piso, donde me esperan los internos. —Pero, ¿qué le pasa a esta chica? —exclamó la directora, aún más sorprendida—. ¿Has subido al segundo piso? —Sí, tía. —¿No sabes que está estrictamente prohibido? —¿Me va a expulsar por eso? —Es que no lo entiendo, niña —protestó la directora, controlando su enojo—. ¿Con qué facilidad pasas a llevar disposiciones tan antiguas? Por favor, dime que no lo has hecho. No hagas que me prive contigo, chica. —No, tía Emilia —balbuceó la niña—. Es que fui a ver por qué había tanto ruido. Y me encontré con ellos. —¿Fuiste a ver? ¿Ruidos? ¿Qué ruidos? —Los golpes que oíamos en la sala y que venían del dormitorio. —¡Eso es imposible! Se cerró definitivamente cuando la escuela dejó de recibir niños de lugares apartados. Desde entonces nadie ha vuelto a poner un pie en ese lugar. Pensé que lo sabías. 172

—¿Y las tablas que se caen de los catres? —¿Fue el profesor quien habló de las camas que se desarmaban? —El tío Tato nunca nos habló de eso, tía Emilia. Entonces, subí a ver lo que ocurría —respondió la niña como si nada—. Y me encontré con todos esos niños que el padre Ronchi trajo desde el río Mapocho. ¿No es bien corpulento así, con una sotana larga como un vestido y con una parka oscura? También estaba el tío Tato, mucho más joven, y usted tía, que nos contó cómo había conocido al padre. Además, descubrí que el segundo piso es como un hogar y esos niños son una verdadera familia. Se puede conversar con ellos, todos se interesan por uno. La directora y el alcalde de mar se desplomaron en su silla con esta nueva revelación de Tiara. Lidia tuvo que afirmarse en el borde del escritorio, y afuera, Elvira mantuvo el equilibrio apoyando su cuerpo contra el marco de la puerta. En la sala de clases, en el dormitorio del segundo piso, en la oficina, en los pasillos vacíos, se instaló un silencio tan profundo, que a la escuela llegó, 173

como una tormenta, el constante movimiento del oleaje, el canto de los pájaros del interior y el vuelo rasante de las aves de la costa. Una corriente de aire, poderosa y tibia, que de pronto azotó la caleta y los alrededores de la escuela, se apoderó de aquellas almas atrapadas en el asombro. Con un nudo en la garganta, conteniendo las lágrimas a punto de reventar en llanto, con profunda ternura, observaron cada gesto de la niña, que a pesar de su entusiasmo, de su abandono, estaba más bella que nunca, más segura de su existencia, como si una fuerza poderosa y desconocida la iluminara. —Tía Emilia —preguntó de pronto—, ¿usted le hizo clases a esos niños? —Sí —respondió la directora con los ojos bañados en lágrimas—. Ellos fueron mis alumnos. Tiara, por última vez te lo pregunto: ¿te gustaría irte a la casa? —No, tía, gracias —respondió ella. —Como quieras —aceptó la directora—. Está bien, puedes volver a clases. —¡Chachita, Dios! —exclamó Elvira y se apartó bruscamente de la puerta. Luego, corrió hacia el comedor arrastrando los pies, evitando que las 174

—Huevito —le dijo al oído—. cuando terminemos la escuela. pero falta mucho para eso. el que se parece a una ballena iluminada. del archipiélago de Los Chonos. te juro que yo también me iría. sí. —Bueno. totalmente vacío a esa hora de la mañana. y tú quisieras embarcarte en él y alejarte de tu caleta. Allí se abrazaron amistosamente.tablas del piso crujieran a su paso atolondrado. —Ya ves como también se fueron los internos del piso de arriba. —¿Qué dices? —Pasa que si un día viene de nuevo ese barco enorme. si te vas quisiera irme contigo. pero se detuvieron en medio del patio. —Todos nos tendremos que ir algún día a Puerto Cisnes. Juntos caminaron hacia la sala. Tiara salió al patio y se acercó a Diego. porque también había escuchado las palabras sorprendentes de la niña. 175 . de Puerto Gala. Habrían permanecido así hasta el nuevo tañido de la campana. de la isla Toto. que la esperaba inquieto y emocionado.

Ahora que mi papito tiene que vencer las rencillas en la ciudad sagrada. Tendré que ayudar bastante en mi casa. por encargo de sus reyes. pensándolo bien. Diego. —¡Ah! 176 . Ahora mi hermano es un tripulante más en la nave de los príncipes. descubrirá nuevas islas. Huevito —respondió Diego—. Tal vez regresaron al norte. —¿Cómo? —Muy fácil. podemos atarle un canasto para la carga. —No quisiera que la estropearas. tengo que ayudarle mucho a mi mamá. Huevito —replicó. porque lo echaban de menos. ¿Quieres que te lo dibuje? —No. Nunca se sabe cuando el gigante Uoke hundirá la tierra donde vivimos. ¿Cómo eres para el hacha? —¡Seca! Siempre le ayudaba a mi hermano. Podemos usar mi bici para cargarla. ¿Me acompañarías al monte a buscar leña? —Sí. claro.—¿También se fueron? —Muchos de ellos estudian lejos de aquí. Aunque. muerto de risa—. por favor.

177 . —¿Saldrías a pescar conmigo. ahora que mi hermano es un príncipe y mi papito conquistó el huevo Manutara? —Tú sabes que no podemos salir de pesca. —¡Oh. sin querer. Diego. aún con vida. después de haberlos encontrado flotando. junto a la vaka—paenga que había zozobrado en las aguas del archipiélago. Nosotros la manejamos desde la orilla. porque en ese preciso instante la embarcación de la Armada regresaba con ellos.Tiara. —¿Por qué? —Porque serás muy importante y yo apenas tu compañero. Amarramos el volantín de mi abuelo a la balsa y la dejamos que flote bien lejos. anticipaba una situación fortuita que involucraba a su padre y a su hermano Kiko. Huevito! —¿Me dirás Tiara cuando yo sea princesa rapa-nui? —Entonces no querrás que te acompañe. eso sí. —No tenemos que hacerlo.

Como 178 . mi abuelo y los príncipes estarán felices de que vengas conmigo.—Kiko.

179 .

de que ahora sí tenía al mejor de los compañeros: ese que ha conquistado el corazón por completo. muy conmovido. —¿Qué clase de encargo? —Unas rodilleras y unas coderas para ti. después de mucho tiempo tuvo la convicción de que no estaba sola. Diego. le voy hacer un encargo.mi papá tiene que ir a Puerto Cisnes. la estrechó una vez más en sus brazos. 180 . También vas a necesitar un casco para proteger tu cabeza. —¿Crees que voy a subir y bajar peldaños con mi bicicleta? —Eso creo. ¡Cómo habría deseado ella que toda la escuela fuera testigo del maravilloso gesto de su amigo! Tiara no se sentía rechazada.

Archipiélago: parte de mar poblada de islas. Acoquinar: amilanar. Allora: voz italiana. Extraer el agua de una mina. una bomba. donde llegaría finalmente el rey del continente Hiva. 181 . causar miedo. un dique. desanimar. formada por la erosión que produce el viento y la constante humedad del mar.Glosario Acantilado: pared de roca casi vertical. o bien manual. por ejemplo. Ariki Paka: exploradores que se adelantaron al rey Hotu Matu'a para reconocer la isla Rapa Nui. una embarcación. sirviéndose de algún medio mecánico. Anakena: playa de arenas blancas en Isla de Pascua. que se hundía en el mar. verter. entonces. Achicar: aminorar. reducir a menos una cosa.

una idea que se proyecta por primera vez. Balbucear: balbucir (balbucía. como así se les llama al conjunto de los hombres que descargan un barco. boquiabierto. Balsear: pasar. balbucieron). ingenua o de pocas luces. en forma de anillo. observar recatadamente. Bogar: remar. Caído del catre: término de uso popular que señala a una persona distraída. Cagnara: voz italiana que significa jarana. sorprendido. rocas a flor de agua que forman un banco en el mar. cruzar en balsa. farfullar. Atisbar: mirar. Atónito: pasmado. Caleta: cala. Babero: el que conduce una balsa. Puerto pequeño. mascullar. Bosquejo: apunte inicial. Pero. Atolón: arrecife. además y tal vez.Arrecife: piedras. En la 182 . navegar con remos. por lo general de corales. ensenada. musitar.

En Perú. explota. En algunos países de América significa algo malo. Capear: sortear algún peligro. Dios: Taitita.expresión cotidiana de las ciudades. es decir. no asistir a clases pudiendo hacerlo. 183 . La bicicleta y el catre crujen cuando están viejos y desvencijados. Algunos fuegos artificiales menores son llamados «cuetes». Pero el habla popular de Chile utiliza este término para referirse a una bicicleta muy vieja. con estructura de hierro. es bajo un puente junto al río. Expresión chilota muy arcaica. Dios. que revienta. Chachita. Por lo habitual. mantener el barco sin permitir que se hunda. Chancha: cerda. se usa el término como sinónimo de cantidad y como el lugar donde «paran» las personas sin hogar y que suelen reunirse para dormir en algún lugar. la cimarra». Catre: cama antigua. Guatemala y México significa pistola. eludir un compromiso o situación apremiante. También. como «hacer la chancha. Cuete: en Chile es algo que se dispara.

Güeno: pronunciación incorrecta (pero muy común) del vocablo bueno. frágil. del que se dice fue el lugar de origen de los primeros rapa-nui. en especial con las damas. Hiva Maru e Rengo.Chicos (as): niños (as) en la lengua popular de la gente al sur de Chiloé. débil. Marae Renga y Mangareva. Hombre flojo: expresión popular proveniente de una canción chilota que dice: 184 . habitantes de Isla de Pascua. Gélido: helado. frío. También se le conoce con los nombres de Hiva-Marac-Renga. seguramente por el intenso contacto laboral del chileno con el sur de Argentina. Chiesa: voz italiana que significa iglesia. Endeble: de poca resistencia. Galante: atento. Hare-paenga: piedras que formaban el cimiento de las casas-bote. Hiva: continente mítico. Esta expresión se ha hecho común. Hacer meño: voz chilota. hacer mérito.

muy difundido. 185 . sale a pescar. sale a pescar.» Hopu: nadadores diestros. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. Kete: canastillo. El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. que la mar está linda pánavegar. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. hombre flojo. competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. Jarana: diversión bulliciosa. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas».«Levántate. Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui. pánavegar. Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar. Io: voz italiana que significa yo.

cometa. cielo.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. aun cuando no pueda ser específico. utilizado para pescar. civilización o lugar. animales y plantas. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. la labor del maestro. 186 . El creador de lo existente: tierra. considerado estirpe real. Meño: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. Manutara: golondrina de mar. Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. que se remonta a los orígenes de un pueblo. Mítico: perteneciente al mito. mar. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. Manu-hakerere: volantín. Miru: clan pascuense. pájaro-fragata (Sterna lunata). Magisterio: relacionado con enseñanza.

Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui.» Hopu: nadadores diestros. lo: voz italiana que significa yo. que la mar está linda pa'navegar. Jarana: diversión bulliciosa. sale a pescar. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa. pa'navegar.«Levántate. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. Kete: canastillo. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. muy difundido. Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar. sale a pescar. 187 . hombre flojo.

cometa. Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. Magisterio: relacionado con enseñanza. la labor del maestro. Manu-hakerere: volantín. mar. Mítico: perteneciente al mito. utilizado para pescar.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. El creador de lo existente: tierra. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. cielo. pájaro-fragata (Sterna lunata). Manutara: golondrina de mar. Miru: clan pascuense. 188 . Meno: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. que se remonta a los orígenes de un pueblo. aun cuando no pueda ser específico. considerado estirpe real. civilización o lugar. animales y plantas.

Panga: lancha a motor. Poike: región de la isla Rapa Nui. Peñón: peña grande y escarpada. lugar de celebraciones y ceremonias. Monte peñascoso.Moái: escultura monumental de piedra volcánica cuyo origen es un misterio. Popa: parte posterior de una embarcación donde va el timón. Neru: doncellas elegidas por su belleza. Per che: por qué. Cualquier figura plana con forma ovalada y curvilínea. Óvalo: con forma de huevo. Orongo: poblado de piedra en la falda del volcán Rano Raraku. El óvalo de la cara. más grande que una canoa y navega a remo y vela. Piragua: embarcación larga y estrecha. Plumavit: espuma plástica. antes de sus bodas. En los botes con motor la función del 189 . por ejemplo. descubierta y del tamaño de un bote. Nessuno: voz italiana que quiere decir ninguno.

timón la cumple la columna que sujeta la hélice impulsora. 190 . Pulla: Expresión grosera. en cuyas canteras se esculpieron la mayoría de los moáis . En otros países es el golpe que se da con una porra. Ragazzo: voz italiana que significa muchacho. un palo labrado de modo rústico. aguda. Qué contiene (expresión común en Chiloé): qué es. es decir. Privarse: en Chiloé significa enojarse. qué significa. lanzada oportunamente. Quetro: pato silvestre que habita junto a la costa marina y en lagos interiores. Pora: balsa pequeña construida con totora. Porrazo: golpe que se recibe al caer con todo el cuerpo. Se encuentra desde Ñuble hasta Tierra del Fuego. Rano Raraku: volcán ubicado en la costa sureste de Isla de Pascua.

donde vivieron 191 . Reclusa: persona recluida o encerrada en algún recinto cerrado. Remero: el que usa los remos. Settimana: voz italiana. representante en la región de un determinado Ministerio de la República. Recalar: llevar una embarcación a la vista de una costa conocida. Seremi: secretario regional ministerial. Tangata manu: hombre pájaro. Toto: isla del archipiélago de Los Chonos.760 kms de la costa. pertenece a la Quinta Región y se ubica a 3. semanas. Isla de Pascua.Rapa Nui: «La Isla Grande». en la latitud del puerto de Caldera. Te Pito o Te Henúa: Ombligo del Mundo. Rico Pancho Gómez: expresión chilota que alude a una persona que lo tiene todo y lo disfruta. Sename: Servicio Nacional de Menores. Uoke: gigante legendario. Con su fuerza descomunal hundió el continente Hiva.

provocando enormes inundaciones. Yunta: par. 192 . como una yunta de bueyes.los antepasados rapa—nui. hombre. Vaka poe-poe: embarcación de gran tamaño similar a un lanchón. Uomo: voz italiana. significa amistad inseparable. En la ciudad. en ciertos estratos sociales. Vaka-ama: embarcación pequeña con un balancín en uno de sus costados.

con diversas publicaciones en narrativa y drama. Es uno de los autores chilenos de mayor trayectoria en el área de la literatura infantil. En sus obras muestra la vida de los niños y jóvenes de hoy en América. en la colección Mar de Libros ha publicado Lugares de asombro y creencia popular y Mamiña. cazador de Tierra del Fuego. Además. Caco y la Turu. el último niño. Mamire. y Sakanusoyín. 193 .Víctor Carvajal Nació en Santiago de Chile. niña de mis ojos. Es autor en Alfaguara Infantil de Un monstruo ASI de grande.

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