La Balserita Víctor Carvajal Ilustraciones de Carolina Schütte González

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Dedicado a Constanza Corbinaud Castañeda.

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Alucinaciones

Tiara soñaba con Diego esa madrugada. Ella y su compañero esperaban por una lancha que los 3

cuando la neblina comenzaba a dejarle un espacio de cielo al océano. Diego montaba su espléndida bicicleta. amenazando con regresar de un salto a su mundo submarino. porque creyó haber visto a su hermano. Desde el muelle. pedaleando de un lado a otro. como si la pasarela de madera no existiera. 4 . la niña vio ciertos destellos que se desplazaban en medio de la bruma. De pronto. La niña se estremeció de la cabeza a los pies. mecida por las olas. como pequeños peces fuera del agua. como si una brisa gélida la dominara. En medio de la bruma. apareció una imponente figura. ambos miraban en silencio aquel paisaje de ensueño.trasladara hasta el embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia.

5 .

Ataviados con finas plumas multicolores. —¿Nos vienen a buscar? —preguntó Diego. La nave se acercó. Tiara buscó refugio junto a Diego. 6 . —¡Eres una Miru! —saludaron—. —No.Tiara se volvió para mirar a Diego a los ojos. Tiara permaneció expectante unos segundos ante la sorprendente aparición que emergió de la nada: mecida por las olas. temblaba de miedo. Miembro de nuestra estirpe real. El rostro del muchacho hizo una mueca de asombro y saltó como un resorte. Ocho hombres la tripulaban. flotaba la imponente piragua. Entre ellos se encontraba el abuelo de la niña y Kiko. —¿Qué pasa? —balbuceó. nada —titubeó ella. los tripulantes de aquella embarcación maravillosa detuvieron el acompasado movimiento de los remos a escasos metros de la costa. el hermano mayor de Tiara. porque en ellos se reflejaba mejor el color gris del mar y del cielo. perturbado por la repentina reacción de su compañera.

Es largo el viaje hasta las costas del Poike. —Eres navegante. —¿Tengo que subirme a la balsa? —exclamó la niña. —El competirá en una prueba muy dura —respondió el abuelo. Para que nos lleven a la escuela. al tiempo que miraba a su abuelo y a Diego. igual que nosotros —respondieron los príncipes. Mientras la niña intentaba separarse de su amigo para obedecer las instrucciones que recibía. —¿Y mi papito? —insistió la niña. mudo de asombro. volviéndose a ellos. —¡Quiero ir a verlo! —Tiara —se apresuró Kiko—. impulsada por la misteriosa voluntad que la 7 . —¡Qué bueno! —replicó Tiara. sin mayor alegría—. —Navegamos contra el tiempo —respondieron apremiados los príncipes—. aborda tu pora y rema hasta nuestra embarcación. —Son los príncipes Ariki Paka y vienen por ti —respondió el anciano.—¿Quiénes son ustedes? —preguntó la niña.

logrados al apretar y soltar los frenos. La niña no hacía más que celebrar la habilidad de su compañero. comenzó a desplazarse lentamente por el embarcadero. —¿Vienes. —Que aborde la nave —ordenaron los príncipes. zigzagueando de un lado a otro. El abuelo y Kiko exigieron a la niña que se apurara. con una rueda primero y luego con la otra. —No iré sin él —respondió Tiara. Tiara contemplaba maravillada la destreza de Diego. Diego —dijo Tiara—. víctima de una fuerza misteriosa y con sorprendente habilidad. a punto de perder el equilibrio. junto a los cuales 8 . Al escuchar que Tiara mencionaba la bicicleta. se preguntó si Diego estaría dispuesto a ir con ella. Parecía un caballo desahogando su dicha.dominaba. Ella corrió a los botes. Diego? —insistió. El muchacho dudó. que no había tiempo que perder. —Vamos. una extraña figura de goma que rebotaba sobre el entablado resbaladizo. avanzando hasta el agua. Monta de una vez en tu bici y ven conmigo. Eran saltos pequeños. Diego.

Vertió leche caliente en un jarro enlozado y la endulzó con azúcar. mientras se abrigaba con su chaleco de lana. En el embarcadero le pareció distinguir a Diego. la bruma se mantenía suspendida sobre el mar tal como la viera en su sueño. Para su sorpresa. —Se embarcó temprano. la balsa de espuma plástica. chica. Mientras bebía el resto de leche humeante. sosteniendo su bicicleta con ambas manos. la niña recordó el sueño que había tenido y regresó entusiasmada a la cocina. fue asaltada por una idea que la hizo temblar de pies a cabeza: tal vez su madre 9 . Arrodillada en la —¿Y mi papito? —preguntó. Aquí no hay hombre flojo. Entonces. desató la amarra y de un salto abordó decididamente la débil embarcación. Tiara fue a mirar por la ventana. Acomodó su mochila.flotaba su Amiga Yara. Se sentó a cubrir de margarina una media rebanada de pan amasado recién sacado del horno y apuró el desayuno. hija. —¿Y el Kiko? —Salió de pesca con su padre. inmóvil frente al mar. como si estuviera dispuesto a lanzarse al agua con ella.

al menos. tengo que ir a la escuela —rogó. afanada como estaba en el cuidado de sus hijos pequeños—. Tiara se levantó de un salto de la mesa y volvió al cuarto de baño. bordado con delicadas flores rojas y amarillas. no faltará quien la balsee. aun cuando nadie la acompañara. su madre estaba demasiado ocupada en sus quehaceres como para preocuparse de la hija del medio. De todos modos. Pero si al menos regresara su padre o su hermano de la pesca. En la escuela. la que al parecer a nadie importaba.deseaba que esa mañana se quedara en la casa. ¿Se sentiría reconfortada? —Mamá.. —Hija —respondió después de un rato la madre.. mamá! —gritó desde la 10 . Por fortuna. Y frente al profesor. siempre existía la posibilidad de alzar la mano y ser tomada en cuenta. se enjuagó la boca con un potente sorbo de agua y terminó de limpiarse los labios con un paño de algodón. Cepilló con descuido sus dientes. la niña prefería no faltar a clases. podía deambular por los pasillos. pues era muy arriesgado navegar con tanta niebla. —¡Chao.

—Anoche soñé contigo —dijo.puerta. kia—kia. i te ehu—ehu. hija —respondió la madre. mientras esperaba el bote que los balsearía hasta la caleta de la escuela. Pero Tiara no respondió. 11 . siguió el camino que señalaba la estrecha pasarela. Tiara se aproximó a su compañero de escuela y le ofreció la mejilla para aceptar un beso desganado y tibio. Hasta que descendió por la escalinata de madera que conducía al muelle. salió a la bruma de la mañana. Tensó el cordel entre sus dedos entumecidos y con los pulgares y los índices formó diversas figuras a medida que cantaba: Kia—kia. tari rau kumara. muy serio. De uno de sus bolsillos sacó la delgada cuerda para el juego del kai-kai\ su entretención predilecta. sonriendo. Con su uniforme azul. —Váyase como pueda. —¿Qué cosa. Huevito? —preguntó Diego. Saltando como una gaviota.

En cambio. él viene de Isla de Pascua como toda tu familia. —¡Qué bonito! —se burló Diego. traes ramitas de camote. en tono de burla. —¡Picado! —¿Por qué? —replicó Diego. en la penumbra y en la suave neblina. —Porque él no come huevos como tú lo hacías cuando eras chica —prosiguió Diego—. —Porque no entiendes mi canto. —¿Por qué no le dicen Huevito también? —replicó la niña. —¿A quién le importa? Golondrina de mar. golondrina.i te Papua—púa. —¡Ya está la Pascuala con sus cosas extrañas! —comentó Diego. —¡Pascuala! —remedó Tiara. —¿No le dicen Pascual a tu padre? —insistió Diego. —¿Qué tiene mi bici? 12 . muy molesta. —Como tu bicicleta —replicó Tiara.

En el fondo de sus corazones abrigaban sentimientos de mutua aprobación. pero ya lo usará cuando pongan el nuevo generador de electricidad. En ese preciso momento se acercó a ellos la mamá de Diego. yo sueño con ser directora. a regañadientes hicieron una tregua.-—Es como el horno eléctrico que le trajeron a tu mamá de Puerto Cisnes. Por un instante guardaron silencio. —¡Directora! ¿Puedo reírme un rato? —Puedes. Y ella admiraba la 13 . que la predisponía a descubrir la magia de las cosas. pero no me gusta que se rían de mí. por estas pasarelas donde apenas cabe una persona. Diego reconocía en Tiara cierta delicadeza y sensibilidad. —¡Picada! —¿De qué sirve? —Bueno. —¿Y tú? -¿Qué? —¡Que quieres ser maestra cuando grande! —Si tu sueño es andar en bici —respondió Tiara—. igual que la tía Emilia.

A falta de un sitio amplio. en el archipiélago de Los Chonos. mientras se apoderaba de la bicicleta. no hay calles para vehículos ni veredas para los peatones. en la Isla Toto. a punta de pasarelas. Las casas del poblado se apretaban unas con otras. Pero. Más rocas que tierra. 14 . plataformas y palafitos. Los moradores debían circular por estrechas veredas de madera que permitían el acceso a cada vivienda. que soñaba con ir a la escuela en bicicleta. Los únicos medios de transporte motorizado que se conocen son las lanchas y las pangas. ¿cómo lo haría? En Puerto Gala. por la falta de espacio. —Me la llevo —sugirió la mujer. inventando el modo de trepar a los botes y transformar en columpio las cuerdas tensadas que sujetaban las naves. el hermano de Tiara había tenido la ocurrencia de utilizar las mismas embarcaciones como plaza de juegos. Las precarias construcciones se hicieron quitando espacio a la piedra. haciendo que su hijo se bajara de ella. con instalaciones para hacer ejercicios. Más terreno no había en aquellas rocas.tenacidad del más cercano de sus compañeros.

Esas cajas de plumavit eran llenadas de pescado fresco. Era el envase que usaban los tripulantes del barco que solía llegar de Puerto Montt a recoger la merluza que pescaban los hombres de la caleta. También estaban las balsas de espuma plástica que ellos utilizaban para jugar. sus padres jamás les perdonarían maniobrar un bote sin su consentimiento. sin esos implementos era imposible bogar. —¡Pero se hace tarde! —protestó la madre. conservado con hielo en la bodega del barco. Tiara recordaba cuánto había costado cortar el enorme trozo de espuma plástica. mamá! —rogó Diego—. con el cuchillo conseguido por su hermano Kiko en la cocina de la casa. Los dos habían estado una tarde entera junto a las rocas dándole forma de balsa al pedazo de 15 . Y si esos niños hubiesen contado con ellos.—¡No. Todavía no ha venido nadie a buscarnos. sin remos ni chumaceras. Varias embarcaciones menores flotaban junto a las rocas. observando atentamente el muro de humedad suspendida sobre el agua y que impedía ver el horizonte más cercano.

Cierta vez. Habían instalado en ella el volantín manu—hakerere del abuelo. Kiko hizo una demostración para que Tiara aprendiera a utilizar el remo y luego se dedicó a instruirla con gran paciencia. en primavera. ataron la balsa con una cuerda bastante larga. con el mismo cuchillo lo ahuecaron. Siguiendo la costumbre. Después consiguieron una vara de madera de un metro y medio de largo y le clavaron dos palmetas en los extremos. la echaron al agua y la alejaron de la costa con el remo. Había sido el trabajo de varios días seguidos. para lograr el mismo espacio interior de un bote. que por su peso se hundió en el mar. En este caso se trataba de una balsa para divertirse junto a la costa. Pero no sólo la usaron como entretención. Kiko ató el volantín a la popa de la falsa embarcación y de la cola colgó una lienza con un anzuelo en su extremo. con un buen anzuelo y una carnada que la propia Tiara había conseguido para la ocasión. manteniéndose alejado 16 .espuma plástica. cuando el tiempo se presenta mucho más propicio para navegar. Luego. cuando Kiko era todavía muy pequeño para acompañar a su padre en la pesca.

los niños Miru consiguieron una pesca maravillosa: tres merluzas españolas. la balsa de Tiara no tenía nombre y la niña decidió bautizarla con el nombre de alguien que le encantaría que regresara a la caleta: Amiga Yara. nunca he visto a su padre cruzar a la escuela. 17 . Por aquellos días. Pero. robustas y sabrosas. A partir de entonces siempre mantuvo viva la esperanza de un reencuentro. Ese día. como el padre de Tiara no había regresado y en casa no había qué hacer de comida. —¿Lo cree. Pero desde que se hizo persona se va todos los días con mi papito. la verdad sea dicha. lo que falta es que alguien se haga responsable. como si de la niña dependiera el traslado de su hijo—.del bote y a merced de los vaivenes del viento. —Aquí hay botes de sobra —comentó la madre de Diego y miró intensamente a Tiara. —Mi papá puede llegar en cualquier momento —respondió la niña. niña? —replicó la mujer—. —Mi hermano también nos balsearía.

En varias ocasiones se habían aventurado por esas rocas. Ambos cruzaron miradas temiendo ser sorprendidos en un secreto que no debía ser develado por ningún motivo. Por lo tanto. Su hermano tampoco se muere por llevarla a la escuela. Ninguna lancha surcaba las aguas a esa hora de la mañana. Los catorce alumnos que venían de otras caletas y que diariamente cruzaban con algún apoderado a la escuela. —¡Por ahí podríamos ir a la escuela! —exclamó. al parecer. jugando a enfrentar riesgos y pasar la prueba. no había ninguna posibilidad de que una embarcación pasara a recoger a los rezagados de Caleta Chica. 18 . Felizmente para ambos. —¿Nunca le han dicho que no debe aventurarse por esas rocas? Tiara enmudeció y Diego tragó saliva. nunca tuvieron nada que lamentar. La niña observó atentamente el accidentado montículo de rocas que se extendía a lo largo de la costa y que la niebla se lo tragaba como si nada más existiera en el mundo. sin consecuencias.—Claro —insistió la madre de Diego—. ya lo habían hecho.

alegrando la travesía de marineros y pescadores. suspirando y roja como un tomate—. También en la escuela nos dicen. tan poco prácticos para todo. Buscaban afanosas una embarcación para nadar delante de la proa. había seguido los pasos aventureros de su hermano. Se preocuparon de hacer 19 . Pero en verdad no es tan peligroso. precisamente en esas rocas tan peligrosas. —Mi mamá siempre lo hace —reconoció la niña. cuando Tiara era muy niña. —¿Qué hacer? —se preguntó—. El suave oleaje golpeaba porfiadamente en los pies de Tiara. De algún modo hemos de llegar a la escuela. porque cuando Kiko era pequeñito caminaba por ahí y a veces me dejaba ir a la siga.Incluso. —Lo que hace falta es una buena pasarela —comentó la mujer—. Un grupo de toninas cruzó saltando frente a los ojos de Tiara. —¡Oh. formando una trenza de espuma. como si no tuviera ninguna urgencia. Pero las olas tal vez son sordas y sólo nos hablan con esa monotonía tan propia porque abandonaron la escuela antes de aprender lo que debían. dulces olas! —suspiró. Estos hombres.

estirando de los ganchos para colgar chaquetas y pantalones. Los cables eléctricos que las conectaban parecían mantenerlas atadas a las techumbres. —¿De verdad soñaste conmigo. Tiara observó los techos de las casas. evitando que la ventisca las arrastrara cual cometas de los confines. con fondos de latón recortado de aquellos tambores que alguna vez fueron recipientes de aceite o de petróleo. pero no hubo forma de que te bajaras de tu bici —habló 20 . había antenas con tapas de olla. Diego fue a sentarse junto a ella. entre el espeso bosque y el mar. Las antenas eran variadas y curiosas. La niña se sentó a esperar en la única roca sin humedad. levantadas sobre las rocas. —¿Y qué sueño fue ése? —Mi abuelo y mi hermano vinieron a buscarnos. para irnos en la nave de los príncipes. Huevito? —La pura verdad —respondió ella. muy cerca del agua.instalaciones de radio y olvidaron lo más necesario. Los hombres las habían construido de alambre.

triste y pensativa. muy sorprendido—. —Eso —musitó ella. 21 . —¿Tu abuelo? —preguntó Diego. —¡Debe ser la vaka-poe—poe de mi papito! —exclamó Tiara y se levantó llena de entusiasmo. —¿Eso fue lo que soñaste. —Podías flotar como una canoa —respondió ella. —¡Qué suerte. Una lancha se acerca. Se acercó a la orilla del pequeño embarcadero para escuchar mejor la monotonía del motor fuera de borda.bien bajito. hijo! —interrumpió la madre de Diego—. niña —comentó satisfecha la madre de Diego—. —Pero no es el lanchón de su padre. Huevito? —insistió Diego. Es el de mi marido. —¿Estás loca? —Hasta le puso nombre: vaka—ama. Ya está otra vez la Pascuala diciendo tonteras. para que la madre de Diego no los escuchara. acercándose a la niña y tironeando una de las mangas de su gruesa parka de invierno.

22 . —Terminamos de descargar y nos vamos —respondió el hombre. al tiempo que su compañero de faenas comenzaba a desembarcar unas cuantas cajas de espuma plástica repletas de merluzas. El lanchero aceleró el motor fuera de borda y el bote se sacudió como en una tormenta. Tiara se aferró al borde de la lancha y vio como sus zapatones se hundían en el agua en el piso de madera. papá? —preguntó el niño.El dilema —¿Cómo estuvo la pesca. viejo! —comentó ella. Anselmo? —Escasa —respondió el padre de Diego. Tiara y Diego abordaron la embarcación. —¡Qué bueno que llegas a tiempo. Tiara buscó con la mirada el tarro para achicar el agua del bote. —¿Podemos subir.

después de mantener alzado el brazo en señal de despedida. 23 .La madre de Diego.

compartiendo el caminar pausado y sin prisa. el pequeño grupo de docentes y auxiliares se parapetaba bajo el alero del corredor techado de la construcción de madera. Frente a ellos.regresó al caserío. Los 23 24 . Tiara se quedó un largo rato observando la bicicleta que la mujer se esforzaba en mantener aferrada a su cintura. se dirigió a la campana y tiró de la cuerda. La directora consultó su reloj y asintió con la cabeza. Tres sones retumbaron en las paredes del edificio y en la corteza de los árboles cercanos. Las ruedas giraban como medusas de plata. esperando el toque de la campana para ingresar a la sala. Contempló entusiasmada la estela de espuma que dejaba la trayectoria del bote y recordó la bicicleta que en sueños había inventado su abuelo. El agua salpicaba el borde de la embarcación y la niña debió abrigar sus manos entumecidas. observando cada detalle. que la observaba de muy cerca. que apretadamente cubrían laderas y cerros. lanzando fríos destellos con sus incontables rayos. Tiara y Diego fueron los últimos en llegar a clases. Sus compañeros ya estaban formados en el patio. El profesor.

—Nos corresponde matemáticas —señaló el profesor. ¿Por qué. ¿Qué dilema? ¿Sabes lo que es eso? —Sería bueno que lo resolviera —insistió Tiara. mientras la directora se dirigía a su oficina y las tías Lidia y Elvira iniciaban sus labores en el comedor y en la cocina. —¡Dilema! —meditó el profesor—. mirando a Tiara y luego a Diego. En términos generales. —¿Podríamos estudiar el dilema de Diego? —¿Dilema? —replicó el profesor.alumnos ingresaron a la sala de clases. ¿qué tenemos? Un argumento que presenta dos posiciones que provocan confusión en quien las enfrenta. Diego? ¿Cuál es el tuyo? 25 . Y preguntó sin entusiasmo. Entonces. apenas los alumnos estuvieron sentados. que repentinamente se quedó más tieso que una estaca. es alguien encerrado en un dilema. —¿Qué le pasa? —protestó Diego. seguidos por su profesor. y lambanein. porque no deseaba que la niña le aportillara una vez más la clase programada—. es decir dos. que quiere decir tomar. Voz griega que viene de dis.

—No sabe qué hacer con ella —prosiguió Tiara. adelantándose a que su compañero 26 .

27 .

le parecía más claro. —Yo sólo quiero ayudarlo —se disculpó Tiara. suma de murmullos. —Su abuelo está muerto —interrumpió Diego abruptamente. —A ver. Entonces optó por lo más temido de la clase. ¿Qué idea es ésa? La niña. Tiara —tragó saliva el profesor—. No sé de qué habla. —¿De qué se trata? —insistió el profesor. —¡Tío Tato! —reaccionó por fin el muchacho—. —Mi abuelo tuvo la genial idea.. Quiere usarla. —¿Qué falta de respeto es ésa? —sentenció el profesor. risas veladas y pullas carentes de ingenio. 28 . en medio de un fastidioso rumor. expuso lo que imaginaba y. El profesor escuchó atentamente. pero en la caleta no se puede andar en bici. con gran desplante y sin un asomo de duda.. aquello que acoquinaba hasta al más audaz.respondiera—. a medida que lo expresaba. Ya está de nuevo la Pascuala diciendo leseras. Siempre los dejaba temblando con eso. —La Huevito ha estado toda la mañana en eso —protestó Diego.

con una tercera a medio camino. comprobando así la satisfacción de ver realizado el 29 . indignado—. ¿Serías tan amable de hacernos un bosquejo? Tiara se levantó con cierta resistencia. —¡Un catre! —respondieron. pues no contaba con una demostración frente a las burlas del curso. tendré que bajarte la nota en artes plásticas. ¡Esa no es mi bici! —Claro que no lo es —intervino el profesor. —¿Es la chancha del Diego? —comentó alguien. —¡Pascuala! —reaccionó Diego. como un velocípedo.— Nadie con dos dedos de frente diría que eso es una bicicleta. dibujó un biciclo desproporcionado. Veamos lo que Tiara se propone. Temblorosa. sosteniendo a duras penas el trozo de tiza entre sus dedos. alentada por el entusiasmo que cada trazo provocaba en ella.—¡Al pizarrón! —señaló—. En todo caso. Haciendo caso omiso del rubor que con seguridad se había apoderado de sus mejillas. La niña prosiguió como si nada. enfrentó el desafío que ella misma se había impuesto. con una rueda más grande que la otra. Es cosa de abrir bien los ojos.

—¿Y ese óvalo? —preguntó el profesor. Las risas y comentarios de los más grandes terminaron como por encanto. —Bueno —comentó el profesor—.. —¡Silencio! —volvió a sentenciar el profesor. que la tiza. respeto y más respeto! —Es una vaka—ama —explicó la niña. rasguñando la pizarra. ¡Más respeto! ¿Qué es lo que más recalcamos en esta escuela? ¡Respeto. Se produjo un silencio tan profundo. —¿Una qué.primer acercamiento a la materialización de una idea. pero sí con física y mecánica. Aunque a Diego no le corresponde como materia. —¡Es el huevo que desayuna todos los días! —¡Silencio! —advirtió el maestro—. 30 .. este problema no tiene mucho que ver con aritmética. daremos el problema a los alumnos de los cursos superiores. destemplando los oídos por unos instantes.? —Pero si lo dijo clarito la chica —comentó un gracioso. fue la única voz que habló en el aula.

si la bici fuese montada sobre la balsa. tal como las aspas que movían los motores a vapor en el siglo XIX. al pedalear. Analizar el principio mecánico que le permite girar. Mi abuelo dice que el balancín evita que se vuelque. —Esa vaca que dice —replicó la niña con enorme desplante—. El tema también 31 . tonto.—Es una vaca enamorada hasta las patas —insistió el chistoso. la cadena haría girar un remolino que salpica el agua. basta! —advirtió el profesor—. —¡Ya. Un comentario más y se irán amonestados a la dirección. tío Tato —continuó la niña con exagerada calma—. —Tarea para los de séptimo y octavo —señaló el profesor—. Entonces. La rueda. se escribe con c. —Es una balsa con un balancín. Investigar el principio físico del molino y su aplicación para utilizar el viento o el agua como energía impulsora. Esa consonante no existe en la escritura rapa—nui. Por eso. la vaka de la que hablo se escribe con k y significa algo muy distinto.

Invitó a Tiara a sentarse. con las dimensiones a escala. Un golpe tremendo. ¿cómo le pone oídos a la tonta de la Huevito? —comentó alguien.será parte de la materia de historia para los de quinto y sexto. joven. No quiero excusas. —Aquí. —Pero. Y luego calcularán el volumen de la rueda. en medio de las miradas de los varones más grandes. El profesor miró atentamente a cada uno 32 . el tamaño de las aspas. Dibujarán el proyecto como corresponde. No tuvo más palabras. —Digo —explicó el alumno sorprendido— que cómo resolvemos este casito. —A ver. En la misma escuela están las respuestas. el material de que están hechas para que la fuerza empleada provoque el movimiento deseado. a ver —advirtió el profesor. dejó paralizados a todos los alumnos del curso. seguido de un silencio inquietante. Y no importa que esté muerto. que la habrían pulverizado con los ojos si hubieran tenido el poder de hacerlo. Tendrán nota por eso. Una vez concluida la primera parte de la tarea. se abocarán al estudio de la idea del abuelo de Tiara.

Se oyeron risas de niños. —¿Ratones? —musitó el maestro. La campana. El profesor enmudecía. si es que en verdad lo eran. salieron como cuetes que alimenta el viento hacia la tranquilidad 33 .de esos niños y ellos lo miraron pidiendo auxilio a gritos. al instante. tímidas al comienzo. —¡Elefantes! —comentó uno de los muchachos. hizo trizas el miedo que se había apoderado de las almas de aquellos muchachos y. Pero. porque fue más de uno el que se sintió. más sonora que nunca. Un nuevo estruendo se sumó al anterior. con el efecto del eco. El profesor y los alumnos se observaron mutuamente en silencio. A nadie le causó gracia el comentario y coincidió con el griterío en el piso de arriba. ¿quiénes podían hacer tanto alboroto? Más de alguien había comentado que en el dormitorio abandonado del segundo piso habitaban fantasmas. provocando la hilaridad desenfrenada de aquellos espectros. muy serio. luego más atrevidas. Pies descalzos corrían por el segundo piso. celebrando su propia ocurrencia.

Les esperaba la leche caliente y el pan amasado de la tía Elvira. disimulando la inquietud que le había causado el reciente suceso. La recordó con nostalgia y lamentó haberla dejado partir antes de tiempo. Desde un comienzo la evitaron. Tiara sacó la pitilla que siempre llevaba en su bolsillo y se puso a jugar al kai—kai. deseaba demostrar a sus compañeros que nada lo unía a la trastornada que tenía tales ocurrencias y que lo único que le gustaba era llamar la atención. La niña sintió como nunca la profunda nostalgia que le provocaba la ausencia de la única compañía que siempre tuvo en la escuela. —¿No sales a recreo? —preguntó el profesor con la voz temblorosa y sin levantar la cabeza de su libro de clases.momentánea del comedor. Diego se hizo el desentendido. Tiara. La niña se levantó dificultosamente y se dirigió al comedor junto a la cocina. Durante años se sintió privilegiada de contar con su gran 34 . sin embargo. permaneció inmóvil en su asiento. donde el bullicio de los muchachos llenaba el recinto. manifestando su rechazo. tal como lo hacía con su amiga Yara en los recreos.

pensó que convivir con aquellos fantasmas del segundo piso era mejor que hacerlo con sus compañeros de escuela. ¡Qué distinto sería si Yara no se hubiera marchado para siempre de la noche a la mañana! Había partido abruptamente. desechándola como un resto de basura. ignorándola por completo. Ahora. Había sido como una aparición fantasmagórica. coincidiendo con el arribo de aquel barco gigantesco. porque allí lo que más había era trabajo bien remunerado. sin despedida. al levantar anclas el barco con sus incontables pasajeros y tripulantes. que la abandonaban. Lo cierto fue que luego de aquella aparición repentina. Ella había sido una luz en medio de las tinieblas. Si 35 . semejante a una ballena invernal. ¡Cómo la extrañaba! Por primera vez sentía tan hondo la orfandad que le producía la falta de una amistad que se extinguió de pronto.amiga. de madrugada. como una vela encendida que irremediablemente se consume al paso de las horas. también partió su gran amiga y dijeron más tarde en el poblado que Yara y sus padres abordaron sin remordimientos la nave. atiborrado de turistas. como un madero a la deriva.

quería ir al piso de arriba y mirar cara a cara a los espectros. Y fue lo que hizo. Diego.pudiera. con sorpresa. Asombrado comprobó que Tiara era más tozuda de lo que pensaba. si en ella estuviera el poder de remediarlo. —¡Esta Pascuala! —comentó. convencido de que Tiara jamás intentaría cruzar esa puerta clausurada. haciendo ceder los tornillos oxidados que sostenían una aldaba corroída por el tiempo y la humedad. Ella se dirigió a la puerta de mañío y la empujó. Diego no dejaba de observarla. El piso de arriba IVlientras tanto. Había sido cerrada hace algún tiempo y desde entonces nadie subía al segundo piso. 36 .

Tiara se aferró al rústico pasamano de la escala y subió peldaño tras peldaño. ¿Cómo pudo abrir ese candado? ¿Es que había conseguido la llave en alguna parte? Con extremada lentitud. sin dejar de pensar que su audacia iba tal vez demasiado lejos. El 37 .Diego quedó perplejo de asombro.

38 .

como si el aire allí fuese un bien escaso. Picaban desaforadas. imaginó qué 39 . atravesadas a lo ancho del catre. veladores de madera con el esmalte descolorido. Cientos de pulgas comenzaron a saltar del polvo a las piernas de Tiara. Los ojos de la niña se habituaron a la oscuridad reinante y paulatinamente aparecieron los objetos que albergaba el antiguo dormitorio: una hilera de catres de hierro. aguardaban un colchón que las cubriera. Entonces. como si hubiesen esperado por años la visita de alguien a quien darle la bienvenida. mal pintados de blanco. arrimado a un muro de sombras. en disposición de recibirla como amiga! Tiara se sentó en una cama. ¡Qué lindo sería si en cada catre aguardase un niño con los ojos atentos. Las tablas desnudas. un enorme ropero. Un velo de polvo suspendido o de bruma colada a través de alguna ventana sin vidrios daba la impresión exacta de lo que había imaginado: un refugio de fantasmas. también descascarado.corazón brincaba en el pecho de la niña. conteniendo la respiración. Al llegar al piso superior se halló en un lugar estrecho y asfixiante.

tal vez sintió que lo hacía con exagerada lentitud. Cerró los ojos por fin y escuchó claramente las risitas que se ocultaban en los rincones del recinto. sin hacer el menor ruido. Tiara se levantó. 40 . No tuvo voluntad para abrir los ojos. escapar de allí y regresar de inmediato a la seguridad de su aula. como si no tuvieran pies para desplazarse o bien no tocaran el suelo mientras caminaban. Varios niños se acercaron. Se sintió dominada por la sensación de estar atrapada y tuvo la convicción de que no saldría tan fácilmente de ahí.sería de ella si tuviera que compartir ese lugar con otras internas y evitarse el fatigoso traslado diario de la casa a la escuela. la brisa incansable. el constante ir y venir de las olas cercanas la fueron acunando en un cálido recogimiento. La niña se tumbó de lado sobre aquellas tablas desnudas y mantuvo la mirada perdida. En un dos por tres la rodearon. observándola con una curiosidad inquietante. La quietud del lugar invitaba a dejarse llevar por el envolvente rumor que provenía del exterior.

—¡Hola! —dijo por fin la única niña que integraba aquel grupo extraño—. como si la niña que los visitaba fuese un fantasma aparecido a plena luz del día. quienes permanecían más apartados. Dime Ese. Así me gusta. Tiara. con su blanca dentadura contenida en una boca expresiva. Pascuala? —Tiara. —¿Y en qué caleta vives? 41 . Observaban a Tiara desde el borde de sus camas. —¿Huevito? —Cuando chica me lo pasaba comiendo huevos —respondió. —Hola —respondió—. Me dicen la Ese y soy de la caleta. evitando moverse. ¿Y tú? Parecía una luminaria. —¿Y a ti? -¿Qué? —¿Cómo te gusta que te llamen? —¡Ese\ —repitió—. la Pascuala. no más. Me dicen la Huevito. perdón. que reía de buena gana ante el asombro de sus compañeros. —¿Y cómo te gusta que te llamen. —¡Qué bonito! Pero aquí serás la Te. y vivo en Caleta Chica.

—¿Balsearte? —Cruzar en bote. —¿Y tu papá? —Juan Alberto Miru. —Es que no es nunca lo mismo. por el momento duermo en la pieza de la señorita Emilia.. en lancha. Vivo en la escuela. —Igual podemos ser amigas —respondió Tiara. —¿Cómo se llama tu mamá? —Verónica Hito. 42 .—Bueno. —¿Y te quieren? —Sí. ahora —dudó un instante—. Sólo tengo que balsearme. —¿Vivís con tus papás? —Sí. —Es que yo no vivo lejos —respondió Tiara—. Habríamos sido yuntas. en ninguna. Tanto como yo los quiero.. —Pero no me dijiste el nombre de tu caleta.. —¡Qué pena! —se lamentó de veras la niña—. ¿Viniste a quedarte? Sería regüeno. Dicen que cuando lleguen más niñas habrá un dormitorio para nosotras y voy a dejar tranquila a la directora. en mi casa. mucho. porque así el padre nos manda a hacer al tiro otra pieza. No tengo que dormir en la escuela. Como aquí están los hombres.

arrastrando el resto del entablado. envuelto en una nube de. y la risotada fue general. A ver. al tratar de incorporarse hicieron que se deslizara una de las tablas y ellas se corrieron.—Caleta. muy delgado y de baja estatura. Ellos no reaccionaron. —El caído del catre es Luis —dijo la muchacha. Mira. acérquense pa' que la Te los conozca. polvo. familia. ah! Caleta. Era nuestro hogar. limitándose a bajar la cabeza en señal de asentimiento. ¿entendís? ¡Soi medio dura de mollera. caleta. Había cariño en ese gesto—. te los voy a presentar. debajo de un puente. Los muchachos. chiquillos. ahí vivíamos todos nosotros. Estaba junto al río. trataba de mantener fresca la sonrisa que ocultaba el bochorno que lo mantenía pegado al piso. caleta de cabros. con un chiquillo y todo. 43 . mientras les pasaba revista con la mirada. El niño. un tanto perezosos. ¿verdad? ¿Están presentables? Es lo correcto —comentó la Ese. Tenemos visita. Cacharon. El desplome del muchacho provocó la risa de sus compañeros. sin poder levantarse. sin nombre. no más.

levantando una polvareda que amenazaba con oscurecer el recinto. atraídos por el alboroto. alegre y entusiasta. pero aquí nos tratamos como hermanos. Vestía una larga sotana. porque de inmediato el entablado de otra cama también se fue al suelo. Un sacerdote se presentó repentinamente en el lugar. No somos muchos. dejando un reguero de tablas a su alrededor. como que igual nos tenemos terrible de respeto. La muchacha. cubierta a medias por un abrigo acolchado. El regocijo provocado por el desplome sucesivo de catres los mostró como chicos de carne y hueso. En medio del desorden se sintieron las pisadas apresuradas de quienes subían al segundo piso. y entre carreras. manotazos y pisotones perdieron toda compostura y la algarabía fue total. 44 . abrazó a sus compañeros. —Y el otro caído del catre —siguió presentando la muchacha— es el Simón. en medio de una risotada—. Dos muchachos yacían tendidos sobre las pesadas tablas que se habían desplomado sobre el piso. —Esos son el Douglas y el Leuquipán —agregó la muchacha.Pero no fue la única caída.

Una señorita. con sus dientes separados y una ancha sonrisa iluminando su rostro mal rasurado.A pesar de su aparente enojo. como los que a veces exhiben quienes han estado recluidos por un largo tiempo. sin ver la luz del día. colmaron de paz el recinto. Ante la repentina presencia de quienes irrumpían en el recinto. Sus rostros de alegría se tornaron de sorpresa. —¡Orden! —advirtió en voz alta la joven—. Le seguía un hombre joven. atónitos. que más parecía un niño por su semblante de sorpresa y algo de picara complicidad en la mirada. chicos! ¿Qué desastre es éste? Todos. el gesto amable del hombre bonachón. per la Madonnail —exclamó el religioso. colaboraron en poner las cosas en su lugar. en camisón de franela y con una mañanita sobre los hombros. Recuperaron las tablas desprendidas de las camas y sólo de vez en 45 . apareció de la nada. los chiquillos se volvieron a ellos con la actitud de quien espera una reprimenda. ¡A ver. sin que ninguno se restara. medio dormido. con ojos desmesurados. —¡Qué cagnara es ésta.

padre —respondió ella. ¡Así es como debe ser! Aquel rostro. ¿podemos ocuparnos de esos maderos? —Sí. aquella figura menuda pero saludable. autoritario y calmado. ¿Emilia?. ¿Sería la misma tía Emilia en la que pensaba? De pronto. —Eco. recordó la fotografía que había visto en el muro de la oficina de la directora. Estaba vestida con excesiva formalidad y en sus manos sostenía un enorme diploma. cerrándose todavía más la mañanita a la altura del pecho—. repitió Tiara en su mente. Acto seguido se dirigió a la joven—: Emilia. 46 . ese timbre de voz. —¡Eso es! —dijo la joven. alentando la buena disposición de esos muchachos—. En el retrato aparecía diez años más joven y era exactamente la edad que exhibía esta señorita que acompañaba al sacerdote.cuando dejaron escapar una risa. Algo hay que hacer para cambiar esas tablas. le parecieron a Tiara los atributos de una persona conocida. al evocar la situación que tanto regocijo les había causado. ragazzo —comentó alegremente el religioso. La expresión de su rostro era el retrato de la felicidad.

Haga meño. Su reacción impulsiva fue salir corriendo. la directora de la escuela en persona. su profesor de todos los días? —Todos nos ocuparemos del problema —repitió el sacerdote y salió tras los pasos del hombre joven. —¡Qué bien! —replicó la joven—. también sonó conocido el nombre en la cabeza de la niña. por la buena disposición de los muchachos. ni menos para despedidas embarazosas. abandonó el dormitorio por una puerta contigua. Sin embargo. ¿Renato?. El joven se dio media vuelta para marcharse por la misma escalera que lo había llevado al segundo piso. La campana puso fin al recreo. 47 . ¿Sería el mismo tío Tato. una mano pesada la remecía del hombro.—Bueno —exclamó a su vez el profesor—. ya más tranquila. me encargaré de esas tablas. Tiara sintió que su corazón daba más de un brinco. sin darse tiempo para explicaciones. La tía Emilia. Renato.

al tiempo que no dejaba de rascarse las piernas. tal como se había dormido. Bajo la pasarela JJiego se mantuvo en silencio durante la jornada de clases. arrepentido tal vez de haber entrado en ese recinto prohibido. —¡Tiara. evitando toda posibilidad de comunicación con Tiara..Tendida sobre un costado. La comezón de las picadas de pulga no lo dejaba en paz y cada vez que se rascaba debía simular frente a sus compañeros. por encima del pantalón largo—.. para no provocar preguntas indeseadas y las burlas inevitables. Llegó a pensar que la inconfortable situación a la que estaba sometido 48 . despierta! —le dijo su compañero. Hace rato que sonó la campana y como no llegabas nunca a la sala. con el bochorno que provocaba la crueldad de sus compañeros. abrió los ojos y despertó frente a la preocupada mirada de Diego.

olvidándose de Tiara. Tiara estaba a punto de protestar de 49 . —Hazle un huequito a la Pascuala —advirtió el lanchero. La lancha del papá de Diego arribó casi al mismo tiempo con otra embarcación que luego enfilaría un rumbo distinto. directo al corazón. Estaba dolida.era el merecido castigo por transgredir una norma impuesta por la dirección de la escuela. Una parte de ellos permaneció junto al embarcadero en espera de los botes que debían pasar a recogerlos. Diego se acomodó en el de su padre. pero no albergaba rencor alguno. Tiara soportaba el silencio de su compañero como un golpe despiadado. Los muchachos abordaron ordenadamente los botes. transportando niños. Sabía que aquella ofuscación de Diego era pasajera y una voz interior le aseguraba que sólo era cuestión de tiempo y que la amistad entre ambos volvería a la normalidad. Por un instante el muchacho se negó a reaccionar. Las clases llegaron a su fin y los alumnos se dispersaron en varias direcciones.

—¡Diego! —insistió el hombre—. deseando hundirse en el asiento de madera. ¿Está sordo. al acercarse el bote al embarcadero. Durante el trayecto estuvieron atentos a las reacciones mutuas. quién sabe. Y como la travesía era demasiado corta. —¡Lo que siempre te digo! —sentenció el papá de Diego—. observando de lado el perfil de cada rostro. porque la lancha no se arrimaba del todo a los maderos del pequeño muelle y el patrón de la embarcación.impotencia. Ambos sentían la respiración agitada. Diego hizo esfuerzos tremendos para no dirigirle la mirada. dispuestos. su propio padre. soportando las miradas de los niños. Y como habló en general. a evitarse. No lograba entender tanta indiferencia. se apretujó cuanto pudo dentro del bote y Tiara ocupó el lugar estrecho que su compañero le dejaba. Pero no pudo levantarse de su asiento. le habría llamado severamente la atención por su imprudencia. Las niñas primero. él se preparó para bajar cuanto antes. hijo? El muchacho. el muchacho tuvo que contener sus ansias 50 . ni la palabra.

La niña dio un pequeño salto y alcanzó el muelle. Ella también manifestó apuro por descender del bote. Pero él no la aceptó. Ayude a la Pascuala. —Me habría gustado ir contigo —rezongó el muchacho. cómo se preocupa su madre cuando no llega a tiempo de la escuela —respondió el hombre. pasándola a llevar con torpeza y casi la derriba sobre los maderos del piso. Diego. Tiara se apoyó abiertamente en el hombro de su compañero. —Papá —preguntó Diego—. hijo. Allí esperó a Diego para tenderle una mano. —Ahora las mujeres son las galantes —bromeó el pescador. —Dejo a estos chicos y regreso. Diego apretó su mochila contra el pecho y esquivó a su compañera. cogiéndose de uno de los 51 . —Dame la mano —insistió la niña. por lo que ambos se levantaron casi al mismo tiempo.de salir huyendo. obligándolo a sentarse de nuevo. Tiara se afirmó en Diego. ¿puedo acompañarte? —Usted sabe.

muy molesto. como si también celebrara el ingenio de su dueño. y en ese tira y afloja estuvieron un par de segundos. —¿Qué pasa? —Los tengo atravesados en la garganta —comentó Tiara. —Estos dos se las traen —comentó el lanchero. —¿Te acuerdas de los ruidos que escuchamos? —¿Qué ruidos? —Esos que venían del piso de arriba.tirantes de la mochila. ruborizados hasta los cabellos. Entonces. —Todo por tu culpa —protestó Diego. como si repentinamente se acordara de las picadas de pulga. —Es bueno para las picaduras. El motor fuera de borda ahogó las risas de los chiquillos que seguían viaje y la embarcación se alejó dando pequeños tumbos sobre el agua. -¿Qué? —El Mentolathum —porfió ella. Diego volvió a rascarse las piernas. —Mentolathum —dijo la niña. Cuide bien a la Huevito. celebrando a carcajadas la ocurrencia—. 52 . —¿Qué? —replicó Diego. Diego.

Diego! Si es en serio —protestó ella—. —Y trae tu bicicleta —agregó Tiara. los huevos no tienen espinas —se burló él con alevosía. —Es que no sabes lo que descubrí. —Pobre de ti que sea otra de tus tonteras —amenazó con dureza. Es que no puedo guardar el secreto. —¡Estas loca! ¿No sabías que está prohibido? —Tú también subiste. ¿De acuerdo? —Será después del té —afirmó Diego. —¿Y por qué mejor no traigo el horno eléctrico de mi mamá? —replicó con ironía. quedando completamente desarmado. Diego perdió el control de su mochila. —Después que hagamos las tareas nos encontramos aquí mismo. —¡Ya. 53 . —¡Y a mí qué me importa! —¿Te digo lo que hay en el piso de arriba? —No me interesa. —¡Por qué no te habré dejado allí para que te comieran viva las pulgas! —¿Te gustaría saberlo? —No pienso subir allí nunca más en mi vida.—Que yo sepa. que se deslizó hasta el suelo.

observó pacientemente la pasarela 54 . Recogió un viejo balde de plástico en desuso. Allí se separaron. tomó las precauciones para no ser descubierta. Ocultó el balde entre los botes y regresó a la casa por más objetos inútiles. una cuchara de madera. Tiara no pudo esperar hasta la hora del té para ir al encuentro con Diego. pero no había señales de su amigo. bifurcándose hacia el bosque impenetrable y que sólo convergían frente al embarcadero. Se dirigió con todos aquellos cachivaches al sitio donde se encontraría con Diego. y lo arrastró fuera de la casa. uno de aquellos trastos que alguna vez fue tiesto de pintura. Nuevamente. haciendo equilibrio en el borde de la embarcación.—Lo que dije en la mañana fue sin querer —respondió ella. Mientras esperaba trepó a uno de los botes más altos y. Llegó antes a la cita. evitando ser sorprendida. Aguardó unos minutos. porque el camino a sus casas se hacía por pasarelas que se apartaban. una tabla de alerce y un azadón comido por el óxido. Encontró un viejo tarro de lata. antes de salir del patio de su casa.

—¡Mentolathum! —y le ofreció una cajita de lata. entonces! —¡Ven! Busquemos una caleta. —Este lugar no sirve —explicó ella—. —Estamos en la caleta. se contentaba con llevarla de paseo. —¡Tengo que hacerlo en la casa.que conducía a la casa de Diego. —¿Qué? —exclamó Diego—. —Ponte ahora mismo esta pomada —dijo Tiara. —¿De nuevo con lo mismo. Pascuala? —replicó Diego. Tiene que ser una caleta donde nadie nos encuentre. rogando que nadie se presentara en su lugar. Al cabo de un rato apareció Diego caminando junto su bicicleta. como si fuera una mascota. 55 . cuando su amigo estuvo junto a ella. —¡Tengo las piernas llenas de pintas rojas! —Ponte la pomada y listo. Es muy buena para las picaduras. ¿Estás loca? —¿Por qué? —replicó ella con absoluta inocencia—. como era su sueño. Ai no poder montar en ella y pedalear a gusto. Yo hablo de algo más oculto.

—¿De qué? —Fue lo que hiciste cuando saltaste al agua. ¿cómo lo supo? 56 . —Nunca faltan los curiosos —replicó ella. —¿Ni siquiera brincando con tu bici. —¿Brincando? —De eso también tengo que hablarte. con bici y todo.—Igual no hay nadie —protestó Diego. —¿De qué estás hablando. —¿Cómo lo sabes si todavía no te lo cuento? -¿Qué? —Que mi papá quiere desarmar mi bici. —Pero. —No pienso moverme de aquí —protestó él. aprovechando tus picadas de pulgas? —sugirió ella con un dejo de picardía. al tiempo que miraba en todas las direcciones. —¿Para que no la uses? —Para construir esa canoa que se le ocurrió a tu abuelo. Pascuala? —De ahora en adelante tienes que usarla como sea.

a tu manera. Tiara recogió los cachivaches y se alejó saltando de bote en bote. —¿Y para qué le dijiste? —Para reírme de ti. —¡Ven. La niña se dirigió hacia una cavidad que se producía entre la roca y la parte inferior del pasadizo de madera. sería más segura. como él la llama. —¿Lo ves. insiste que las balsas de pluma. Ahora no hace más que transmitir con el asunto. sigúeme! —¡No voy a bajar! —protestó Diego desde la baranda. arrastrando la bicicleta. Diego caminó por la pasarela. en la misma dirección de Tiara. Desde ahí llamó a su compañero. tonto? Te castigó la boca. asomando apenas la cabeza.vit son peligrosas y que una bicicleta para el agua.—Yo le conté. haciendo equilibrio con la carga que llevaba. —Es que nunca pensé que me escucharía. como se dice. 57 . en tu estilo. —Ahora con mayor razón tienes que demostrarle que puedes usar tu bici.

Tiara se echó a reír de felicidad. dando brinco tras brinco. apretando los frenos. había descendido un par de pasos en dirección al refugio. Las extravagantes ocurrencias de Tiara se apoderaron de su mente y pensó montar en la bicicleta. como una lagartija que salva su pellejo bajo la luz del sol. Entonces fue Tiara en su ayuda. —¡Salta con ella! —respondió Tiara con el ánimo encendido. hasta acercarse a la entrada del escondite que había descubierto su compañera. Sin darse cuenta siquiera. Ella sujetó con las dos manos la 58 . sujetándola con ambas manos. con los pies bien puestos en los pedales. Comenzó a descender por la superficie rocosa. aferrado a la bicicleta. como nunca lo había hecho.—¡Aquí es increíble! —No puedo dejar mi bici —porfió. El tiempo se estiró como la melcocha y Diego perdió la paciencia. Diego esperó que la niña cambiara de idea y regresara donde él aguardaba. como un chispazo de luminosidad. pero en ese instante resbaló una de las ruedas y Diego se echó sobre la roca. se vio haciendo equilibrio. por un instante.

suspendida sobre el mar. —¿Qué cosa? —Arremángate los pantalones. como si nada. —¿Qué caleta? —protestó él. —Casi. a punto de 59 . Estaba asoro. Pero el muchacho aceptó a regañadientes la invitación a entrar en aquella caverna. casi lamentamos una tragedia.bicicleta y ambos la arrastraron hasta el escondite. incómodo e inseguro. -¿Qué? —Vamos a calmar esa picazón. Pero lo primero es lo primero. estirando la comisura de los labios hacia las mejillas. Tiara se dedicó a cubrir con pomada cada picada de pulga. por fin. Diego no disimulaba su molestia y se habría marchado de allí enseguida. —Ahora.'" Aceptó sentarse. —Esta será nuestra caleta —prosiguió ella. como diciendo casi. si la partida fuera menos complicada que la llegada. Mientras Diego se subía las piernas de su pantalón. casi —comentó ella.chado. ponte cómodo.

las revistas. Pero aquí estaríamos como rico Pancho Gómez. Nos cuidaremos el uno al otro.. podemos traer una radio y escuchar la música que nos gusta. —¿Qué dices? —¡Aquí la vida puede ser muy emocionante! Podemos cerrar los ojos y escuchar el ir y venir de las suaves olas. Ella. momento! Eso no. que sería como 60 . compartiremos la comida. Aquí seremos como una familia.. -¿Qué? —Diego —se apresuró ella—. en cambio. —¡Yo no pienso estar un minuto más aquí! —Escucha —rogó la niña—. sin que nadie.morirse de vergüenza. —¿Para qué quieres estas porquerías? —Este balde es para lavar nuestras cosas —explicó Tiara. la ropa de abrigo. ¡Ah. Una caleta es como un hogar verdadero. Entiende que aquí vamos a convivir. —Tendremos que traer más cosas de la casa. porque ahí sí que nos pillan. como si nada.

61 .

porque a él sólo llegan desperdicios. Deivid es muy importante porque es el nombre del navegante inglés que vio de lejos la isla donde nacieron mis padres y mis abuelos. buscando lo que sea necesario. si me llamo Diego? —Es que no sé cómo se dice Diego en inglés. —¿Y por qué el Deivid. incluso dinero. podemos ver la ciudad maravillosa que está sobre nosotros. Si quieres te puedo llamar Jonathan o Braian. Lo que queramos comer tendremos que salir a buscarlo. Los alimentos sí que no podemos obtenerlos del río. colchones viejos y hasta podría darnos una mesa para las horas de comida. Entonces. El les lleva todo lo que necesitan. Podemos dividir en dos la ciudad. Tú irás hacia un lado y yo hacia el otro.el torrente de un río. ¿Entiendes? Yo seré la Te y tú serás el Deivid. Pero no estés pensando en tu casa o en la mía. Todo el mundo 62 . Allí los chicos se refugian en caletas como ésta y el río es como un padre para ellos. —¡Quiero irme! —Aquí seremos alguien. arrastra sillas.

—Lo escuché ayer en el piso de arriba. —¡Pero si no me has contado nada! 63 .conocía a la Isla de Pascua como La Tierra del Deivid. ¿Me sigues? —¡No pienso escucharte! Estás diciendo puras leseras. Así son los chicos que viven en las grandes ciudades. —No me interesa. —¿Por qué no? —Porque aún no te cuento el secreto. —¡Tengo que irme! —No puedes irte. sí me acuerdo. me encuentro con ellos. —Oye. como ya sabes. Entonces. esos chicos que nadie infla y deciden vivir en una caleta como ésta. yo subí al piso de arriba. —Bueno. ¿te acuerdas del estruendo de ayer? —Sí. lo siento —respondió ella con una seguridad que daba miedo. Esos que no son tomados en cuenta. —¿Con quiénes? —Con los que me contaron todo lo que te acabo de decir. -¿Qué? —Todo de lo que te hablé. de repente.

Tienes que andar mucho para ir de un punto a otro. Te decía que tendremos que dividirnos.—¿Cómo que nada? —¡Nada! —¡Pero si no hago más que hablarte de eso! —¿De qué? —Del río que atraviesa la ciudad. tú irás en un sentido y yo en el otro. no todo. se extiende un parque maravilloso. y que en sus aguas arrastra todo lo que se necesita para vivir en una caleta. porque sería pérdida de tiempo. Las calles son anchas y tan largas que se pierden de vista a la distancia. No. Porque en la ciudad la gente no camina por pasadizos estrechos como estas pasarelas. Bueno. Deivid. que escuchan música 64 . Y ese parque es el paraíso de los biciclistas. evitando nuevas interrupciones—. ¡Ah! ¡Esto sí que es bueno! ¡Puedes ir en tu bici! —¿Cómo lo sabes? —En la ciudad es distinto. Un bosque en medio de las enormes avenidas. Junto al río que atraviesa la ciudad de punta a cabo y llega al mar. para que no nos topemos. desde la cordillera al mar. Deivid —se apresuró a explicar ella.

porque ellos pueden desplazarse de un punto a otro por caminos muy planos donde la bicicleta es dueña y señora. Es fabuloso. algunos trepan por los troncos de los árboles. —¿Paraíso de los biciclistas? —se mostró Diego un poco más interesado. los que vivimos aquí no dejamos espacio para tu bici. donde los pasadizos son estrechos. Estaba fascinado con el relato de Tiara. —Sí. hay enormes plataformas elevadas para dar saltos y volteretas en el aire. 65 . Ellos no son arrollados por personas que ocupan todo y no dejan pasar a nadie como ocurre aquí. La llevan en el bolsillo y con unos botoncitos ensartados en sus orejas escuchan directamente lo que más les gusta. Por esos caminos sólo pasan bicicletas. Además. ¡Es fantástico! Los biciclistas compiten en estadios repletos de gente y en los parques. sin atreverse a contradecirla.mientras pedalean. mientras pasan aviones sobre sus cabezas. Diego la escuchaba con la boca abierta. Los biciclistas pueden subir y bajar escaleras con sus bicis. En la ciudad es distinto. puestos en desorden con diferencias de nivel. Deivid.

—¿Y la luz amarilla? —Esa es un aviso. tienes que detenerte. En ese orden hacia abajo. puedes seguir pedaleando como si nada. En un almacén se 66 . largas. Pero cuando la luz roja cambia a verde. porque la próxima luz que viene es la roja. Porque ahí sí que estás frito: te llevan detenido enseguida. Cuando llegas al cruce y está encendida la roja. hay luces de tres colores: roja. por donde pasan miles de autos.—Para los vehículos —siguió ella— hay grandes avenidas. un almacén distinto encima del otro. formando un cruce. otro para los hombres y otro para los jóvenes. amarilla y verde. buses y camiones. Algunos tienen varios pisos. Almacenes con ventanas para observar la mercadería que hay en su interior. interminables. La ciudad es enorme y tiene de todo lo que puedas imaginar. un microbús o un vehículo de los carabineros. cuando dos caminos parece que terminan y se encuentran. feliz de la vida. En cada esquina. es para decirte que no podrás cruzar al otro lado de la calle. otro con ropa de mujer. Y tienes que hacerlo. uno con ropa de niños. porque así evitas que puedas arrollar un automóvil.

Allí van todos cuando Chile juega fútbol con otro país. Porque ellos saben en lo que andamos. —¿Pedir plata? ¿Como los mendigos? —Pero debemos cuidarnos de los carabineros. tonto? ¿Es que no te das cuenta? Desde esta caleta podemos sentir lo cerca que está la ciudad. entonces van a seguirnos y tendremos que salir corriendo.pueden comprar aparatos eléctricos. se abrazan a coro y empiezan a saludarse entre ellos. como el horno de tu mamá. enorme. para comprar lo que queramos. 67 . —¿Machetear? —Pedirles una moneda. como le pasó a la Ese. fabulosa. Y a lo mejor vamos a tener que saltar desde la calle al río para librarnos de los pacos y vamos a quedar adoloridos del cuerpo. muebles y alfombras. Pero cuando Chile gana todos gritan al mismo tiempo. Se encuentran las personas. pero nadie se saluda porque no se conocen. en otro se compran cosas para la casa. y podemos ir por sus calles para mirar a la gente que pasa y machetear. ¿Lo ves. Deivid. En el corazón de la ciudad hay una pantalla gigante.

-¿Qué? —El uno es del otro y el otro es de uno. porque junto con la cama se cayó el chiquillo que estaba en ella. —¿Quién es ella? —Déjame seguir —lo interrumpió Tiara—. cuando entré al dormitorio estaba lleno de camas. sabe cuándo está contento. debajo de un puente. En cada cama había un niño. pase lo que pase. Y 68 . Se lo ha recorrido todo. En todo caso. Nos reímos. porque seremos como hermanos. Entonces. Imagínate al Leuquipán. —¡Estás delirando! —Mira. como de hospital. conoce todos los cantos del río. para darme la bienvenida.—¿A quién? —A la Ese. Tenía seis años cuando falleció su abuelita y quedó en la calle. porque no tenía a nadie más en la vida. Se fue a vivir con otros niños en una caleta. tú y yo nunca nos vamos a separar. una chiquilla que duerme en el piso de arriba. ¿entiendes? Una de las camas se cayó y se produjo el descalabro. cuándo desdichado. ellos al verme se levantaron para saludarme.

como todos se mataban de la risa. mira! —advirtió ella—. se fueron al suelo y se desató la batahola. porque la humedad proveniente del mar comenzaba a cubrir las rocas. Justo encima de nosotros se alza una pantalla gigante. —\Deivid. Diego mostraba su molestia dando fuertes tirones del manubrio. como si quisiera evitar que Tiara pusiera sus manos sobre el asiento o la rueda trasera. como una llovizna. Entre los dos la arrastraron y luego la levantaron hacia la pasarela. Eso fue lo que escuchamos en la sala: eran los cabros de arriba que se caían del catre como sacos de papas. se incorporó tan de repente que se golpeó la cabeza con las tablas de la pasarela. resbalando a ratos. todavía con el pantalón arremangado. —¡Estás inventando! —¡Es la pura y santa verdad! —¡Me voy! —Primero tengo que terminar con esas picadas de pulga. —¡Termina de una vez! Diego. A duras penas logró sacar la bicicleta fuera del escondite y a regañadientes aceptó que Tiara le ayudara. 69 .

te darás cuenta de que una mujer muy bella nos dice: sonrían. a ratos corría. Si en ese momento hubiese expresado lo que pensaba. El alcalde de mar se acercó con la inquietud pintada en su cara curtida por el agua salada. ¿Está tu papá? —No —respondió la niña—. habría dicho: ¡estás más loca que una cabra! No hicieron más que terminar de trepar hasta la pasarela cuando descubrieron que eran observados. sonrían. Diego aprovechó la distracción de Tiara y se alejó. luego. para que la distingan hasta los helicópteros que giran sobre nuestras cabezas. Solitaria en casa —Hola —saludó—. como si quisiera montar en ella. subía los 70 . salió temprano y todavía no ha vuelto. arrastrando su bicicleta. Pero Diego no respondió y se volvió a mirar una vez más a su compañera. Si te fijas bien en la preciosa imagen que nos mira.perfectamente iluminada.

La hora en que la naturaleza habla con su quietud. La noche se anunciaba con todas sus señales.escalones con la bici al hombro. ella sí que está —respondió la niña. Las lágrimas de su pena no corrieron por sus mejillas. al menos podré hablar con tu mamá —dijo el hombre. que con tanta ilusión deseaba compartir con Diego. Tiara se preguntaba si el alcalde de mar había descubierto el escondite debajo de la pasarela. 71 . Se molestó con su amigo por salir huyendo de esa manera. como si fuesen cómplices de algo malo. De ser así. No era posible que se alejara del modo que lo había hecho. Mientras se dirigían a la casa. hasta que se perdió de vista. Era la hora de la conciencia. se vería obligada a no regresar nunca más a su propia caleta. los pájaros desaparecieron de pronto y hasta se detuvo la suave brisa que se deja sentir durante el día. La noche la cubría con su manto de soledad. —Bueno. El alcalde de mar caminaba cabizbajo y en silencio. —Sí. El recogimiento se apoderó de la niña.

—El salió bien temprano —explicó la mujer. —¡Mamá! —llamó desde la puerta—. que entró en la cocina de la modesta casa y aceptó tomar asiento—. mientras vertía el agua caliente de una tetera ennegrecida por el fuego—. —Adelante —respondió la madre y salió a recibir al alcalde de mar. ¿Le sirvo un té? —No lo voy a rechazar —respondió el hombre y se quitó el gorro de lana que cubría su cabeza. Buscan a mi papito. Con el hijo mayor se fue. 72 .Caminaba cabizbaja por un túnel de hielo y quien la acompañaba no era más que otro de los tantos fantasmas que encontraba cada día.

73 .

pero no me asuste. Si se lo he dicho tantas veces. En caso contrario vienen los marinos y se los llevan por rebeldía. —¡Ah! —exclamó ella. Ahora tienen que presentarse. —A lo mejor anda en eso. qué duros de cabeza estos hombres! —Así no más. 74 . —¿Y usted no pudo ayudarlo? —Pero si lo hice —se excusó el visitante—. —¿Qué problema? —Que no escucha razones. Ni caso que hicieron. —Pero cómo ha de ir tan lejos —protestó ella. Se lo advertí hasta el cansancio. —Ay. —¿De qué se trata esta vez? —Que no puede ir de pesca con el hijo mayor. —Sí. ¿No ve que su hijo no puede salir a pescar sin el permiso respectivo? —¡Por Dios. Pero no entiende. pues —reiteró—.—Ese es el problema —comentó el hombre. —La Capitanía de Puerto le puso una multa. —Es que ahora tiene que ir a Puerto Cisnes. oiga.

para hacerme presente que tiene infracciones acumuladas contra el Pascual. parecía a punto de llorar. para secar la humedad salobre. 75 . Tiara observó la preocupación de su madre. Cabizbaja. le había dicho. —Usted sabe —dijo la mujer— que andan preocupados de los pescadores. La niña se acercó a su madre y le alcanzó el pañuelo blanco bien doblado que siempre llevaba consigo. la mujer se concentró en las mamaderas de sus hijos y el pañuelo de la niña permaneció intacto sobre el mantel de plástico anaranjado que cubría la mesa.—La pura verdad no más digo. siempre lo llevaba consigo. pero siempre lo consideró un recurso indispensable en medio del mar. Era un detalle que también le había dejado su amiga Yara. Sin embargo. Me llamó especialmente el almirante de la Segunda Zona. capaz de cegar la vista y provocar comezón en los ojos. Nunca entendió a qué tipo de sorpresa se refería. «Así siempre estarás preparada para un imprevisto». Desde entonces.

no lo tome usted tan mal. El alcalde de mar se volvió a mirar a la niña. doña. Pero la madre. —Es un modo de decir. —Este muchacho. sin que nada ni nadie se interpusiera entre ambos. —rompió su silencio el alcalde de mar. —Tanto le dije que no aceptara ser presidente de la caleta.—Todos lo saben —respondió el visitante—. El menor de los hermanos soltó el llanto y la niña corrió a consolarlo. En eso no hay maña. fue a la cuna con la leche que el pequeño reclamaba. interrogándola con la mirada. —Pero eso no lo libera de cumplimientos que a todos corresponden —comentó finalmente el hombre. —.. 76 . Tiara se limitó a observar como su hermanito satisfacía su hambre y deseó con toda la fuerza de su corazón que el pequeño fuera su hijo para tener el derecho de alimentarlo.Maña? —exclamó ella.. pero las reglas deben cumplirse. más eficiente.

qué bien! Eso me tranquiliza.. Luego. señor alcalde —respondió la niña. Tiara descubrió el gesto de complicidad que le hacía el alcalde de mar y guardó silencio. Allí se sentó a contemplar la noche. ¿Ahí. se levantó de la mesa y salió a la puerta de la vivienda. La balsa no la usamos cuando hay neblina. ¿No estará pensando hacer algo indebido? —¿Indebido? —preguntó la niña con un hilo de voz. —Sí —asintió el hombre—. suspirando como si le hubieran quitado un peso de encima—. 77 . —¿Qué intentaba hacer con esa bicicleta? —Andar en ella —respondió la niña con absoluta inocencia. —¿Cómo? —replicó el hombre.. —¿Pensaban poner esa bicicleta sobre tu balsa de plumavit? —exclamó el hombre. don. —¡Ah. en las rocas? —Lo que pasa. —No. —pero la explicación que rondaba su mente no se convirtió en palabras.—¿Diego? —respondió Tiara. bastante asombrado—. Y enrojeció de inquietud.

—No se preocupe. —Cariños a la tía Lidia —dijo ella. —¿Me acompañas al muelle. que lo esperaba en el bote. ¿Me pasé de la raya? —¿Cómo? —¿Hablé más de la cuenta? —¡Ah! —replicó ella—. —Es urgente. Huevito? Tiara caminó en silencio junto al hombre. Tiara se levantó y se hizo a un lado. doña. Puede ser muy peligroso. La puerta crujió al abrirse. se sentó en la popa y se subió el cuello de la chaqueta de paño. para nada. dándole la apariencia de un espectro frente a la oscuridad. 78 . No. —Se me hizo de noche —comentó—. En el umbral apareció recortada la figura sombría del hombre. señor alcalde —escuchó decir a su madre—. Apenas lleguen les daré su recado. El alcalde de mar dejó de regañar a la niña ante la presencia de su asistente. —¿Cómo que nada? Tengan cuidado con ese juguete. Un reflejo de luz amarillenta lo rodeaba. que se dirigió al embarcadero. dejando libre el paso al alcalde de mar. Abordó la pequeña embarcación.

Hubiese querido volverse.El alcalde de mar no respondió. pero el asistente ya había girado el bote y remaba con energía. ¿Qué era lo que en verdad sabía el hombre? 79 . Tiara quedó tan intrigada como al principio de la visita del alcalde. alejándose rápidamente del embarcadero.

subía los últimos peldaños. Se apresuró para ir a la escuela. Sin despedirse de su madre. La madre de Diego.Los príncipes A la mañana siguiente despertó asustada. pero que no podía recordarlo. una voz interior le decía que lo vivido esa noche era lo más impresionante de todo lo conocido hasta entonces. corrió a la cama de su hermano. Se lavó y vistió a la carrera. Kiko y su padre no habían regresado de la pesca durante la noche. fue a la puerta y salió a la mañana con un sobresalto en el pecho. Fue a la ventana para mirar hacia la costa. Al ver que Diego no estaba. Tal como lo temiera. con la sensación de haber dormido más de la cuenta. cargando con dificultad la bicicleta. El sueño la había engañado. al final de la pasarela que se internaba en medio de un racimo 80 . Ni siquiera probó la leche del desayuno.

Tiara se quedó observándola hasta verla desaparecer. 81 .atiborrado de casas.

Tampoco lo haría su padre. La había construido el abuelo y 82 . ¿Qué tan lejos. La quietud sobrecogía y nada se podía esperar de aquella neblina envolvente y misteriosa. Una señal habría bastado. un grito. Imposible ver en la inmensidad que cubría la neblina.Al parecer. habían navegado su padre y su hermano? La vaka poe—poe era una nave de gran tamaño. un silbido. ¿Es que todavía estaba enojado? Con alegría recordó las peripecias del día anterior: recordaba cómo se había esmerado para entusiasmar a Diego y hacer que cumpliera un sueño. Y no pensó en ella. Observó un instante el océano. su compañero ya había cruzado a la escuela en el bote de don Anselmo. En todo el archipiélago no había otra embarcación que la igualara. con la proa y la popa muy elevadas. que pescaba muy lejos de allí. mar adentro. Tiara perdió la esperanza de que alguien pasara y la llevara a la escuela. ¿Cómo no se tomó la molestia de comprobar si había salido de la casa? Tampoco se preocupó de avisarle. Abandonada a su suerte observó el panorama brumoso. y ella habría corrido a ocupar su lugar en la lancha.

algas y jaibas. Como una forma de nuevo bautizo. Como única respuesta escuchó en su mente el cantar lejano que le recordaba su origen: 83 . haciéndolos pasar una y otra vez por la borda de la flamante embarcación. Esperó que la densa bruma se alejara para ver el volantín. no le perdía pisada y soñaba con ser tan atrevida como él. su hermano Kiko la había hecho participar en la restauración del bote. le ofrecieron pescados como alimento. De alguna manera.Tiara recordó claramente cuando la repararon. después de muchos años de uso. cuando su condición de niña no era un obstáculo para seguir en todo a su hermano. Kiko la llevó a la costa y la hizo recolectar caracoles. que su padre echaba a volar cuando pescaba. manu—hakerere. pulpos pequeños. Siempre dispuesta a imitarlo. Tres días antes de botarla al mar. Los hombres ensamblaron hábilmente la madera para rehacer aquellas partes que se habían deteriorado con el tiempo. estuvieron pescando para alimentar al nuevo lanchón. Tiara suspiró con satisfacción al evocar aquellos días. cuya carne servía de carnada.

» » Y Tiara traducía mentalmente cada frase. la vieja Uka—ui. Y mientras Here—veri lo encumbra. ka kau te umu ena. Nada de eso aconteció. su mujer. un ruido de motor debía salvarla.«E hakerere te manu é. quiso distraer su mente con la cuerda para el juego Kai-kai. e Uka—ui—é. nae Tu—Here—veri é. un grito de advertencia. revuelve el curanto. Uka—ui lo molesta tironeándolo a él. Sin embargo. e Uka—ui é. Ella cerró los ojos y aguardó temerosa. pero sus dedos estaban demasiado entumecidos como para intentarlo. La bruma avanzó repentinamente hacia la costa. el viejo Here—veri. E Tu—Here—veri é ka haro—haro mau. rodeando a la niña como si quisiera devorarla.» «Mientras eleva su volantín. ka neku—neku mai. Sentada en el 84 . un silbido haciendo que se levantara y se pusiera a salvo.

Una hermosa pluma crecía en su cabeza. la dominaba. —Y no vendrá. donde un moño mantenía recogido sus cabellos grises. que parecía un digno jefe de su pueblo. En su rostro moreno de sol mostraba dos líneas de color que cruzaban la piel desde las orejas al nacimiento de la nariz. —Abuelo —se lamentó la niña al verlo en pleno sueño—. 85 . Después apareció la imponente embarcación de los príncipes. sintió que el frío. abriendo un camino en medio de la espesura blanquecina. —Abuelo.muelle. mi papito no viene para llevarme a la escuela. querida nieta —respondió el anciano. azotando el viento. por debajo de los ojos. disfrazado de sueño. espantando la bruma. ¿por qué aquí sólo importan los hombres y los niños pequeños? —También las niñas. El volantín manu—hakerere fue al encuentro de la niña. En la piragua navegaban Kiko y el abuelo. —Se prepara para una dura competencia —repitió Kiko.

—¿Y eso qué significa? —¡Es hombre el niño! —¿Lo ve. era un modo despectivo de tratar a las mujeres. acaso? —Se alegraron cuando nació mi hermano. —Pero usted. —¿No? —Somos las locas de piernas desmembradas1. ¡He tamaroa te pokil.—No. 86 . —Sí. en Rapa Nui. ¿no alegra el hogar. abuelo. ¿Le gustaría conocer a otras niñas? 1 Locas de piernas desmembradas. según la tradición. lo recuerdo perfectamente —comentó el abuelo—. Ha de ver como allí las jovencitas lindas tienen otro destino. abuelo! —imploró la niña. uno de estos días tendré que ir a la casa de mi nuera y decirle un par de cosas que le pongan los pelos de punta. abuelo? —¡Qué injusto! Por muy muerto que yo esté. No servimos para la pesca. mi nieta —replicó el anciano—. no servimos para la batalla de cada día. No es así. —¿Quién lo dice? —Mi papá. —Pero antes iremos a casa —propuso el anciano—. —¡Hágalo. gritamos.

su amiga inolvidable. —No hay tiempo que perder —dijeron los príncipes. 87 . Kiko —protestó la niña—. Huevito —gritó Diego desde el mar—. porque hasta en la vida misma ocurrían situaciones así de repetidas. pensó Tiara y recordó a Yara. pero no le prestó mayor atención a tanta reiteración. tanto que siempre los adultos se quejaban de lo monótono y aburrido que solía ser a ratos el diario vivir de cada día. Aborda tu pora y rema hasta la piragua. Entonces ocurrió lo inesperado. La señorita Emilia nos ha dado permiso. —Podemos ir. Tengo que ir a la escuela. —La navegación es larga —agregó el abuelo. Pero tenemos que regresar antes de la colación.«Me encantaría». Y le pareció un sueño soñado. —¡Tiara! —gritó Kiko—. Siempre es así en los sueños. porque desde el otro extremo de la caleta apareció Diego pedaleando en su bicicleta. —Debemos llegar antes de la ceremonia —advirtieron los príncipes. —Pero.

Unos segundos más tarde. sólo se escuchaba el golpe acompasado de los remos. Se perdió con su bicicleta en medio de la niebla y Tiara se quedó muy tranquila. 88 . porque sabía que así cumplía su sueño.Corrió a su Amiga Yara y desató las amarras. mientras el abuelo amarraba la balsa a la nave de los príncipes. De un salto se embarcó en la balsa de espuma plástica y remó hasta la piragua de los príncipes. En un santiamén Tiara estuvo junto a la embarcación y su hermano la levantó en vilo. De Diego nunca más se supo.

89 .

Ahora dirigimos la nave hacia el norte. Ese es Puerto Ballena. evitando ser alcanzada de costado por el fuerte oleaje. abuelo —respondió Tiara. La piragua echó al viento su velamen y los audaces príncipes pusieron rumbo hacia el canal Moraleda y a Tiara le pareció que ya estaban en el océano. vamos hacia Islotes Locos y pasaremos frente a Melinka. —Pronto tendremos que asegurarnos para cruzar el golfo Corcovado —advirtió el abuelo—. La embarcación enfiló hacia la corriente. —Falta mucho para eso —respondió su hermano—. ¿Tienes miedo? —No. la popa se elevaba hacia el cielo y las olas entraban a raudales. arrastrando todo lo que hallaban a su 90 .Navegaron hasta que salieron del canal estrecho y se alejaron de Puerto Gala y de la isla Toto. desapareciendo casi por completo en aquel manto de mar encrespado y turbulento. La proa se hundía en las aguas. El anciano ató una cuerda de un metro de largo a la cintura de la niña y aseguró el otro cabo a un madero. en el interior de la nave. El océano se interna hacia el archipiélago y la corriente que se forma es como una tormenta.

en efecto. 91 . La piragua dejó atrás el golfo Corcovado y entró en aguas más serenas. al tiempo que indicaba un grupo de islas que estaban a la vista. —Nos acercamos a Quellón —gritó el abuelo. Pero los príncipes habían tomado las precauciones necesarias y el oleaje no causaba mayor daño. Y así fue. poniendo en riesgo incluso sus vidas. la niña se sentía segura con la compañía de su abuelo y de su hermano. achicando el agua acumulada en el piso de la nave.paso. por el poniente. El agua los empapaba de pies a cabeza. Pese a lo difícil de la situación. y frente a Queilén. Pronto la navegación será más tranquila. Navegaron frente a Chaitén. El velamen de la piragua se hinchaba con la fuerza del viento y los remeros no decaían en su empeño. por el oriente. en medio de los príncipes. pero a ellos parecía no importarles la dura prueba que enfrentaban. A Tiara le daba gusto ver como su hermano remaba con el mismo brío de los príncipes. El abuelo y la niña colaboraron con dos cuencos de madera. —Esas son las islas Desertores —comentó el hermano de Tiara. sacudido por los vaivenes—.

pero los avezados príncipes no desmayaron en mantener siempre la embarcación bajo control. La navegación continuó entre las islas Butachau. Los esperaba el golfo de Ancud. Acercándose a Calbuco la navegación se tornó incontrolable. entró en la estrecha bahía de la 92 . Al acercarse a la punta Palos Negros. —Y ese es el Huelqui —agregó el abuelo. La mañana se despejó de pronto y a los ojos de Tiara se hicieron visibles las empinadas cumbres de los volcanes.—Pronto avistaremos las islas Chau. No entraron a Puerto Montt y prosiguieron rumbo al océano Pacífico por el canal de Chacao.ques —agregó el abuelo. como el que un día. —Ese de allá es el Michinmahuida —dijo el hermano de la niña. En la placida travesía avistaron uno o dos barcos de pasajeros.ques y la península de Huelqui. por curiosidad o error. la nave recuperó su travesía sin mayores inconvenientes. El abuelo desató la cuerda de la cintura de su nieta y la niña pudo moverse libremente en la magnífica piragua que la llevaba a la isla de su antepasados.

isla Toto y se detuvo frente a Caleta Chica para llevarse a Yara. Entraron.mapu y los príncipes se alistaron para enfrentar exitosamente la barra que formaba el oleaje que separaba el océano de la salida del canal. donde la navegación sería más calma. Los navegantes evitaron que la nave sufriera más de un deterioro. mientras Kiko y los príncipes remaron con toda la energía de sus músculos. en las constantes sacudidas sobre las olas tempestuosas. El abuelo amarró de nuevo la cuerda a la cintura de su nieta. Navegaron por fin frente a Carel. —¿Y por qué? 93 . dejando atrás el archipiélago de Chiloé y poniendo rumbo al norte. El recuerdo volvió a ocupar un lugar candente en el corazón de Tiara. finalmente. —¿Alguna vez te hemos contado nuestra historia? —dijeron los príncipes. —Huimos del continente Hiva—prosiguieron los príncipes. alejándose cada vez más de la costa. ¿Abuelo? —Te la contaba cuando eras muy pequeña —respondió el anciano. en aguas oceánicas. —¿Qué historia? —replicó la niña—.

—¿Las piedras pueden ser buena compañía? 94 . —¿Qué hicieron. lo estaba hundiendo. si no la poníamos a salvo. La tierra se inundaba y nuestra gente habría muerto. con su fuerza descomunal. que nos representaban. entonces? —Nuestro sabio Hau Maka tuvo un sueño. —¿Una tortuga puede herir a un hombre? —Quisimos comerla —explicaron—. —¿Estaría más seguro? —Sí.—El gigante Uoke. porque lo dejamos en compañía de seis montoncitos de piedra. Lo llevamos a una caverna. —¿Lo abandonaron? —preguntó la niña. Eramos siete exploradores y al regresar en busca de nuestra gente dejamos la tierra nueva al cuidado del séptimo príncipe. —¿Por qué hacía tanto daño? —¿Quién puede entender los actos de un gigante? —respondieron. La tortuga se defendió y con una de sus aletas golpeó a nuestro compañero. En él vio una tierra nueva y nos envió a explorar la isla soñada. para alejarlo de los peligros. —Fue atacado por una tortuga.

¿dónde están?» Los seis montones de piedra respondían: «Aquí estamos. sí! —Lleva nuestra sangre en las venas —respondieron. que significa Ombligo del Mundo. —. —¿Eso quiere decir que soy como ustedes? —Lo es —replicaron. —Allí nacieron el abuelo y el padre. pues había navegado en círculos para llegar a ella y no había otra tierra en las cercanías. La nombró: Te Pito o Te Henúa. —¡Rapa Nui. —Nuestro rey hizo preparar dos piraguas.» Así tuvo sosiego. —¿Quieren decir que les importo? —Más de lo que imagina. —¿Por qué nunca me lo dijeron? ¿Kiko? —Ahora lo hacemos.—Tenían la facultad de hablar. llegó a la tierra nueva y desembarcó en Anakena. Hablaban? —Cuando él preguntaba desde el interior de la caverna: «Príncipes. 95 .

y tomando a Tiara de la mano inició el camino hacia la cima. pero Kiko había desaparecido. Un grupo numeroso de mujeres. Tiara pensó que la frágil embarcación se hundiría con el peso de tantas personas. —Es la última de las elegidas —comentó la mujer que la recibía. abordaron la balsa de espuma plástica. ante los ojos maravillados de la niña apareció un acantilado imponente. ataviadas finamente de blanco. Se volvió angustiada a su hermano. Neru de miembros bellos —dijeron los príncipes con gran ceremonia.Después de interminables horas de navegación y cuando Tiara pensaba que jamás llegaría de regreso a la escuela para la colación. El abuelo lo había seguido y los príncipes se alejaban en dirección a una colina 96 . —Oh. Pero la niña se resistió a seguirlas. Los príncipes acercaron la piragua a la pared rocosa y cuando el vaivén de las olas se aquietó por completo. Lentamente remaron hasta la pared rocosa y fueron recibidos por aquel grupo de mujeres. esperaban junto al mar. pero Amiga Yara se mantuvo a flote.

con el deseo vehemente de abrazar a su amiga.muy cercana donde. colgantes. Tiara caminó ágilmente sobre las rocas. Las mujeres la arrastraban. al parecer. Tiara temblaba de miedo. al borde del abismo. Sin medir los riesgos a que se exponía. curiosamente vestida de azul. escuchó el entonado canto de las novatas: ¡Oh! Neru de miembros bellos y delgados. Hasta que su amiga Yara.. En la larga fila que ascendía hacia la cumbre. Entonces.. comenzarían los festejos. Tiara sintió que le volvía el alma al cuerpo y corrió al encuentro de su gran amiga. Pero Yara se volvió para comenzar a subir la escarpada pendiente del acantilado. mientras ella se negaba a dar ni siquiera un solo paso en la dirección que señalaban. 97 . con aquellas mozas silenciosas. como si fuera una más de ellas. Sorpresivamente se vio vestida de blanco y temió lo peor si llegaba con ese vestido a la escuela. que seguían cuidadosamente el trazado del sendero. apareció en medio de las mujeres y miró de lejos a la niña. confundida en medio del grupo de jóvenes.

Escondidas allá atrás.. que se extendía varios metros hacia el interior de la roca. —Frente a la Caverna de las Vírgenes —respondió una de ellas. —¿Dónde estamos? —preguntó a media voz la niña. —¿Caverna de las Vírgenes? —Entremos —ordenó la mujer que encabezaba la comitiva.. Cuando la niña se habituó a la oscuridad. ¡oh! hermosa Miru. Allí se aclaraba el piso de roca. como si aquellos ojos de agua fuesen tenues luminarias. Penden en las cuevas las calabazas del color.. Cuelgan hacia abajo... de aquella tierra de Hiva. Era una bóveda perfecta. pudo ver un túnel muy largo.. Eres tú.. formando espejos.. Adentro había pequeñas lagunas con agua fresca.. Tiara fue llevada al interior de la gruta. De las paredes fluía el agua cristalina en pequeñas filtraciones. En ellos se 98 .Lleváis el manto antiguo de Rapa Nui. Es la hora en que se levanta la caña de azúcar.. Escondidas están las Neru.

Así será más hermosa y aumentará la pureza que se le exige a una novia.contemplaron un instante las niñas. —Dejará de serlo antes de lo que imagina. Y a nosotras se nos ha encomendado cuidar a las iniciadas. —Esto no le gustará a mi padre. —¡Todavía soy una niña! —protestó ella. Y ahora tiene que marcharse. linda niña. a medida que se alejaban de la caverna. —¿Por qué? —El dice que soy fea. iniciando el regreso hacia la salida. Y Tiara debía venir porque será una de ellas. —Aquel que no tenga ojos para ver la belleza de su hija no merece ser el padre que la guía. hasta que su piel se vuelva blanca como la espuma. quedó deslumbrada por la belleza de quienes la acompañaban. 99 . pero ninguno de esos rostros encontró el de Yara. Sin embargo. alimentarlas y ver que nada les falte durante su aislamiento. Cuando eso ocurra será recluida en esta caverna. La comitiva entonó un nuevo canto. —Aquí son recluidas las jovencitas hasta el día de sus bodas.

Tiara despertó cuando la piragua aminoraba la marcha.«¡Estás encerrada en una caverna. porque has estado prisionera! ¡Cuán blanca te has tornado en tu retiro. bordeando el abismo. cruzaron frente a la caleta donde vivía la niña y se 100 . Junto al acantilado aguardaban el abuelo. que en sueños es mucho más rápida. Kiko y los príncipes. Pero al acercarse al canal de Chacao. penetrando en la densa bruma que cubría por completo el océano. a velocidad de crucero.' ¡Cuánto tiempo has estado encerrada. el abuelo amarró la cintura de su nieta mientras ésta dormía. cansada por la extenuante travesía. La navegación de regreso tendría las mismas emociones. Finalmente. oh reclusa! ¡Contra la roca está suspendida la calabaza con tu comida. Abordaron la nave y ésta se alejó del acantilado. En la balsa de plumavit remaron hasta la piragua. Estaban en las proximidades de Puerto Gala. oh reclusa! ¡Te amo. Puso rumbo al archipiélago de Los Chonos. oh reclusa!» Con el mismo cuidado empleado en el ascenso bajaron por el estrecho sendero.

Tiara se encontró sorpresivamente frente a la escuela. Se restregó con fuerza los ojos. El abuelo desató la amarra de la balsa y la niña se despidió de los príncipes. un juego? —reiteró la señorita 101 . Los momentos recién vividos resultaron maravillosos. cuando no estaba preparada para enfrentar el resto del día. de su hermano y de su abuelo. La embarcación de los príncipes había desaparecido. una vez que estuvo a un metro de la imprudente—. después de haber tenido un sueño que insistía en mantenerla adormecida. Tiara. ¿Y esto qué es. y el despertar se presentaba tan abrupto como un inmenso peñasco arrojado a las aguas. como si nunca hubiese cruzado aquellos mares. Entonces vio que a su encuentro venían las tías. —¿Y esto qué contiene? —exclamó ella. el profesor y hasta la mismísima directora.detuvieron a metros de la Escuela Madre de la Divina Providencia. Con la bruma también se había marchado gran parte de la magia de aquel sueño. Y a ella. chica. con la intención de rechazar una realidad tan inesperada como repentina. su hermano y su abuelo también la abandonaban.

102 .— tiara —intervino el profesor —. —¿Qué? —exclamó Lidia. —Apúrese. haciendo sentir todo el peso de su autoridad. además. Luego se dirigió a la escuela. Debes venir acompañada por un adulto. del Centro de Padres. atendía el comedor de la escuela. ¡Esto no puede quedar así! —¡Pobre inocente! —suspiró Elvira. seguida por la comitiva que la había recibido sin ninguna manifestación de bienvenida.Emilia. Supiera lo que me ha contado mi marido. —¿Cómo capeará el temporal? —comentó Elvira. tío Tato —respondió la niña. —¡A mi oficina! —ordenó la directora—. Irán a detenerlo uno de estos días. chica —dijo Lidia. Es igualita a su padre. —Tiene la cabeza llena de pajaritos —agregó Lidia—. ¿Cuántas veces se te ha dicho lo mismo? —Eso fue lo que hice. de la Junta de Vecinos y que. Jamás se perdonaría que algo le ocurriera a su Amiga Yara. Tiara se tomó todo el tiempo necesario para dejar bien amarrada la balsa al embarcadero y asegurar el remo.

—No estuvo para la premiación de la hija. pero el Pascual no le quiso dar permiso. para que nunca más se embarque en ella. que son incapaces de traerla. —¡Desconsolada quedó la pobre niña! 103 . ¿En su casa no ven riesgos. ¿vino alguna vez a la escuela? Ni cuando los niños hacen invitaciones para las festividades. ¿cómo permiten que la niña se arriesgue de este modo? —Deberíamos esconderle esa balsa. —Yo recibí el encargo de ir a su casa a decirle a su mamá que viniera. A ninguno se les ocurre venir en una balsa de mentira. No sé. No puede venir a la escuela con eso. no miden consecuencias? —Pero al menos a los otros niños los traen sus padres. —¡Es su juguete! —Por lo mismo. —La mamá viene de vez en cuando. —Ai papá de Tiara nunca lo hemos visto. —Sí —dijo Elvira—.—Yo estaría mucho más molesta con los hombres de su casa —agregó Lidia—.

104 . un reconocimiento de la escuela. La directora guardó silencio al tiempo que observaba severamente a la niña. un chico se siente dichoso de recibir un estímulo. —¿Por qué? —Salen muy temprano. —Nunca pueden. me dijo: «Tía Lidia. porque sea como sea. la señorita Emilia se había sentado detrás de su escritorio y esperaba con una paciencia fingida. quiero que esta misma tarde entregues esta notificación en tu casa. —Como ella supo que yo había ido especialmente a su casa. en presencia de sus padres. —Tiara Miru —sentenció finalmente. —Se le llenaron los ojos de lágrimas a la pobrecita.—Ese día me dio mucha pena. ¿Por qué nadie viene a dejarte? Tu familia es dueña de una o dos lanchas y no te traen a la escuela. mientras se disponía a escribir sobre una hoja de papel en blanco—. ¿va a venir mi mamá?» Cuando la niña entró en la oficina de la directora. Ya ni sé quién es tu apoderado.

—Comprenderás que ninguna de mis niñas debe arriesgar la vida como lo has hecho. Tu hazaña es un pésimo ejemplo. 105 . Además. tía —respondió la niña. ¿Qué dirían de nosotros? Y tus parientes serían los primeros en condenarnos. —¿Y se puede saber con quién venías? —Es que no me creería si le dijera. tía Emilia! —replicó la niña.—Entiendo que sus labores de pesca comienzan de madrugada —aceptó la directora—. Pero alguien tiene que acompañarte. —¡Yo no crucé sola. ¿Te imaginas que pase una desgracia? ¡Ni Dios lo permita! Nuestra responsabilidad es muy grande. Espero que lo entiendas. —Puedes volver a la sala —ordenó la directora y le extendió la comunicación que acababa de firmar. Es demasiado. tu imprudencia puede contagiar a los alumnos que llegan por agua y no me extrañaría que mañana vengan a la escuela a bordo de balsas como la tuya. Nunca había ocurrido algo semejante. considerando que no es ninguna gracia lo que has hecho. —Sí.

106 .

Estuviera el tiempo como estuviera. en invierno o en primavera —la lluvia en Chiloé no hace la diferencia—. las balseaba un bote a remos. No volaba una mosca en el interior 107 . enfrentando riesgos que podrían haber terminado en tragedia. A ninguna de ellas se les habría pasado por la mente hacerlo solas. Los alumnos dejaron de escribir cuando Tiara entró en la sala. Entonces. Hubiera querido detener a la niña y levantarse de su escritorio para abrazarla con dulzura. ellas tenían que cruzar con sus baúles cargados de ropa limpia. Su corazón de maestra se colmó de ternura. La directora se reclinó en la butaca de su escritorio y recordó aquellos tiempos de niñez. cuando ella y sus hermanas debían abordar un bote para cruzar el canal. Pero la lección debía surtir el efecto deseado y la autoridad no podía dar señales de debilidad. que usarían en sus largas semanas de internado.Tiara recibió el papel doblado en cuatro y lo guardó en el interior de la mochila. —Hasta luego. bueno o malo. tía Emilia —dijo. como si se disculpara.

Busquen la unidad que apunté en el pizarrón. —Lenguaje y Comunicación —anunció el profesor—.del recinto. La niña ocupó su puesto y abrió la mochila para sacar sus cuadernos. varios mensajes escritos llegaron silenciosamente a las manos de la niña. Algunos sonreían. Lectura en silencio y comprensión del texto. otros la observaban como si la vieran por primera vez en la vida. pues era la primera vez que provocaba tanto interés entre sus compañeros. A continuación los leyó con gran entusiasmo. Todas las miradas se dirigían a Tiara. 108 . Ella los apiló uno por uno sobre su falda y los alisó cuidadosamente. Cuando el profesor se volvió al pizarrón para anotar las actividades de la unidad.

Un tercer estruendo. hizo que el curso completo se paralizara de espanto al escuchar claramente las risas que venían del segundo piso. interrumpió bruscamente la lectura de Tiara. pero estos golpes eran reales y las risas tampoco eran producto de la fantasía de nadie. Ella apartó la vista de los papeles que ocultaba debajo del pupitre y observó las manchas de humedad en el cielo de la sala. 109 . el profesor suspendió las anotaciones en la pizarra y enfrentó a sus alumnos. Los compañeros de Tiara dejaron de espiarla a hurtadillas y dirigieron las miradas al techo. La niña comenzó a reír sin ocultar la gracia que aquello le producía. Diego recordó lo que su compañera le había contado la tarde del día anterior cuando ambos se reunieron debajo de la pasarela. seguido de carreras a pie descalzo. Un segundo golpe se produjo en el piso de arriba.Un fuerte golpe. Diego miró a Tiara y descubrió que sonreía. proveniente del piso superior. Hasta entonces pensaba que Tiara estaba más loca de lo que se creía.

Diego comenzó a contar a sus compañeros lo que sabía sobre el hecho y la situación fue de conocimiento público en cosa de segundos. —¿Qué ocurre? —dijo al fin el profesor. porque todo el curso comenzó a tironear a Diego de la manga de su chaleco. Con la palma de la mano golpeó dos o tres veces sobre el escritorio. Y como sus alumnos seguían comentando en voz baja y las risas iban en aumento. tuvo que hacer uso de su autoridad para poner un poco de orden en el alboroto que amenazaba con desbordarse. Pero no consiguió que lo escucharan. con la intención de aquietar los ánimos alterados—. preparado para iniciar un interrogatorio sobre el comportamiento de sus alumnos. chicos? —¿Será verdad lo que dice la Huevito? —¿Qué dice la Huevito? 110 . al tiempo que preguntaban a media voz por qué reían de esa manera. Mientras Tiara evocaba lo vivido en el piso de arriba.Diego comenzó a sonreír con ella y el profesor sacudió sus manos y sopló el resto de tiza de sus dedos. ¡Silencio! ¿Qué les pasa. Lo único que deseaban era salir corriendo.

—¡Ya basta! —alzó la voz el maestro.—Que los internos son caídos del catre. corren las tablas de las camas y se caen. aguardando las instrucciones del profesor. Y se quedó mordiendo sus palabras. Pero ni se imaginen que hemos terminado con el 111 . porque en ese preciso instante se produjo un nuevo golpe. Tiara. cada vez más inquieto—. —Eso mismo fue lo que me contó la Huevito —se disculpó Diego. Sonó la campana y los alumnos se aquietaron por un instante. —La Huevito tiene nombre —censuró el profesor. salgan a recreo. —¿Qué cosa? —insistió el profesor. al levantarse. ¿es verdad lo que dicen tus compañeros? —Así es. Las risas de todo el curso se reavivaron y por un momento parecieron incontrolables. sin dejar de reír. —Está bien —dijo al fin—. con el Credo en la boca. tío Tato —replicó ella—. desatando aún más las risas que tanto les costaba controlar a esos niños. Los mismos niños.

echando a rodar una pelota de fútbol. tendrás que explicar el hecho. Alguien le acarició la cabeza. no se explicaba cómo había llegado al conocimiento de Tiara y cómo era posible que ocurriese de nuevo. —Parece que fue verdad lo que dijiste —comentó. Algunos se acercaron a Tiara y le dieron suaves palmadas en la espalda. Pero finalmente se alejaron de ella. Los chiquillos corrieron al patio más atolondrados que nunca. cuando el segundo piso estaba deshabitado. —¿Quieres venir? —¿Adonde? —Al dormitorio de los internos. porque conocía de sobra la situación comentada por sus alumnos. El profesor esperó pacientemente que la niña saliera para sonreír de buena gana. Sin embargo.asunto. Especialmente tú. 112 . Esta vez Diego permaneció unos instantes junto a su compañera. Primero tienes la audacia de venir a la escuela en tu balsa y ahora eres responsable de este desorden. Te has convertido en una alborotadora de tomo y lomo. Tiara.

—¿Estás loca? ¿Para que las pulgas me piquen de nuevo? —Tengo que contarte lo que me pasó en la mañana. Las pulgas. El tío Tato seguía ocupado en la sala. —¿Así. Subió muy animada. una vez más se atrevió a empujar la puerta. La niña esperó que nadie la observara. porque la aldaba ya no estaba en su lugar. Sus compañeros lo llamaron y se alejó corriendo. sin saber si tomar en serio las palabras de Tiara. sin medir consecuencias. antes de venir a la escuela. se alegró de no ser tomada en cuenta. Diego la miró profundamente unos segundos. que cedió fácilmente. como era ya costumbre. sin mirar atrás. al parecer no tenía ninguna intención de correr con la novedad a la oficina de la directora. Convencida de que nadie se preocupaba de ella. la recibieron con entusiasmo. como esto? —Más bello. 113 .

Su deseo se cumplió.Cálida bienvenida ti segundo piso estaba tan desierto y abandonado como el día anterior. cerró los ojos y se mantuvo muy quieta. porque antes de lo esperado regresaron las apariciones de la primera visita. Los internos de aquel dormitorio corrieron al encuentro de Tiara. llegaron al dormitorio la 114 . Le tendieron los brazos y la rodearon hasta formar un apretado enjambre de niños que deseaban manifestar un sentimiento de amistad incontenible. Ella se mostró sorprendida. deseando que el sueño la dominara. se sonrojó emocionada y no supo de qué modo debía corresponder a tales manifestaciones de afecto. de ajetreos de unos y pasividad de otros. Al cabo de un rato de entusiasmo. La niña se sentó en uno de los catres y mientras se rascaba intensamente las piernas.

Te —preguntó la Ese—. —¡Oye. muerto de risa. acomodándose en una de las camas. Te\ —dijo la Ese—. Tiara fue a sentarse con aquellos niños. —De una vez por todas —comentó la señorita Emilia— hay que resolver este asunto. el joven Renato y el padre Ronchi. que le hicieron un lugar. ¿cómo llegaste aquí? 115 . —¡Tengan cuidado! Que estos catres son como huevos. que en invierno hace trabajos de carpintería —confirmó Renato.señorita Emilia. Ven a compartir con nosotros. como la invitada principal. —Oye. —Ya hablé con un pescador. —lo creo que los chicos echarán de menos el alboroto matutino —comentó el sacerdote. Tiara quedó instalada en medio de todos. la Ese. —¿Qué importa si nos caemos? Se sentaron con sumo cuidado. hasta formar un círculo de conversación muy animada.

—Mi abuelo vino con mi papá —respondió Tiara. el Pascual ya estaba aquí cuando visité la caleta. sí —afirmó el sacerdote—. —Sí. 116 .

117 .

118 . los hombres dejaron de vivir solos bajo la ley de los puños y con el poco sentido común que les quedaba. desde que lo conocimos. El padre los convenció de traer a sus familias para restablecer las leyes del hogar. —Cuando llegó el padre Ronchi —continuó ella—. ¿le decían «el italiano»? —Eso sería muy injusto —intervino la señorita Emilia—. padre Ronchi —preguntó la Ese—. ¡El nombrecito! —Le llamaron así —respondió el sacerdote— porque la Isla de Pascua es su lugar de origen. después de todo lo que ha hecho por estas caletas. Lo que importa es que no se falte el respeto. ¿Recuerda? —Como si fuera ayer. no me habría molestado en assoluto que me hubiesen llamado como quisieran.—¿Pascual? —repitió uno de los niños—. —Usted vino a poner orden en este lugar —agregó la señorita Emilia—. —Bueno —agregó el sacerdote italiano—. —Le respetamos —aclaró el joven Renato—. —Y a usted.

alejada y solitaria. trozada y compartida con cientos de islas pequeñas. fue habitada por intrépidos pescadores que siguieron la huella de la merluza española. Esos pescadores aprovecharon el abrigo natural de la bahía para establecer su pobre y su transitorio 119 . una isla en la cuale cada individuo delimitava le frontiere de su autoritá. a su entera assoluta volunta. Las protegidas aguas que rodean el archipiélago. pensando che la aventura tomaría tan solo unas cuantas settimana.glia. Mientras los peces buscaron refugio en esas aguas. En un inizio los pescadores llegaron con sus aparejos. Atrás dejaron hogar y fami. de la cuale tutti querían apoderarse. Se fueron quedando los hombres. donde sólo moraba el esplendor y la bondad de la naturaleza en su estado más primitivo. al sur de Chaitén y Quellón. La isla Toto. siempre a la espera de que la merluza cambiara de sitio. de la noche a la mañana se vieron surcadas por grandes cardúmenes.—lo vino a conoscere la relitat de la isla —comentó el sacerdote— e incontrai una térra di nessuno. los pescadores lo hicieron en esa parte del océano.

mar quedaba en las manos de aquellos esforzados pescadores. sastres. carpinteros y enfermeros primerizos especializados en labores mínimas de salubridad. No sólo pescadores.caserío.vado para proteger sus escasas pertenencias de la humedad del océano. mueblistas. zapateros. más de cinco mil personas. porque un exportador recogía la merluza para transportarla a Puerto Montt. Esta aparente prosperidad convocó a otros hombres y el caserío comenzó a tomar las dimensiones de un pueblo. Las chozas que levantaron estaban construidas con las ramas arrancadas de los formidables árboles de la isla y los techos y paredes fueron cubiertos con el plástico que ellos mismos habían lie. como se la conoció de ahí en adelante. panaderos. abasteros y carniceros. llegaron ferreteros. Llegaron a establecerse a la ciudad de plástico. también comerciantes de todos los negocios imaginables: almaceneros.'LTí v|uip ^sacaban . Pero sólo una mísera parte de la lincakiikihlf xttjui. 120 . comerciantes con patentes de alcoholes y otros con bebidas de fantasía.

forrado en plástico. El techo era como la quilla de una embarcación y a ella se entraba o salía por una puerta lateral. poco a poco se convirtieron en hogares con muros de madera y techo de zinc auténtico. no conoció el primer refugio que levantó su abuelo. en medio de la lluvia.Con el tiempo la pesca dejó de ser abundante. como un bote volcado. Así fue. ¿Per che ser distinta? Era la única hare—paenga. necesarias para la casa definitiva. Pero esos hombres y sus familias se acostumbraron de tal modo a la belleza de la isla Toto que ninguno quiso abandonarla. por la que había que agacharse para no golpearse la cabeza. clavos y planchas de zinc. en efecto. que al principio hizo diferencia. 121 . —Como la de Pascual —comentó el padre Ronchi—. semejante a una tajada de melón. sin embargo. el abuelo y su hijo la habían construido imitando las antiguas viviendas de Rapa-Nui. casa—bote. Tenía forma ovalada. Tiara. de modo invertido. con ramas y madera del lugar. Sus casas de plástico. Había sido una vivienda muy precaria. Antes de que naciera la niña llegaron tablas bien aserradas.

¿cómo se llama? —respondió Tiara—. Al incontrarla de nuovo en la chiesa. ella incontré dos veces el mesmo día. le respondí —continuó la señorita Emilia—. Así son en la isla donde nacieron mis antepasados. —Así me convenció —agregó la señorita Emilia. Fue divertido. io dije. sí —recordó el sacerdote—. —Y a mí —se sumó Renato. padre. ¿Qué estudios tienes? —Soy profesora normalista. No puede ser casualidad. y como se me quedara mirando con cara de duda. —Buono. 122 . —Menos io. En sitios lejanos convencí a profesores para venir cual maestros. io dije: te ricordo perfectamente. Construí una scuola para bambinos. —¿Aunque todos los vecinos reclamaran porque ocupaba más espacio que las demás? —Cada uno hizo lo que quiso. que hiche lo che debía —replicó enseguida el sacerdote italiano—. agregué: estudié para maestra en la Escuela Normal de Ancud. tampoco.—No fue capricho. La primera vez la observé a la entrada del pueblo.

¿Qué oportunidad podría tener en mi pueblo? Sabía que no había ninguna posibilidad de encontrar un puesto de maestra. lluvia o tormenta. comenzó muy joven su vida de magisterio y montaba a caballo diariamente diez o doce kilómetros para enseñar en una escueli. para hacerme cargo de mis alumnos? ¿O quedarme a esperar que el hijo de la señora Rita. con esfuerzo y sacrificio. 123 . hablaré hoy mismo con tuo padre para que enseñes a niños que necesitan maestra. Con viento. las pocas vacantes estaban ocupadas. —Beni.—Guardé silencio por un instante —prosiguió el sacerdote— y luogo pregunté: ¿enseñarías en lugar remoto? —Es lo que espero. que también era profesora. Mi madre. me solicitara en matrimonio? —Y fue divertido como io fui recibido en su pueblo. io dije —agregó el sacerdote—. Ellos esperaban visita de autoridad de la chiesa. el único boxeador del pueblo. —¿Qué más podía hacer? ¿Quedarme a enseñar en una isla y embarcarme todos los días.ta lejana.

ya viene!». reservados para estas ocasiones. 124 . pues oye. había llegado en el camión municipal. con sus acordeones. El padre Ronchi descendió con su larga sotana y abrigado con un amplio chaquetón impermeable. en efecto. que por esos años residía en Ancud. la calle principal era engalanada con arcos de flores. Luego. En ese tiempo. El camino estaba en construcción y no llegaba al embarcadero. que lo había recogido a dos kilómetros del canal de Dalcahue. El religioso italiano tuvo que caminar bastante para seguir el viaje. al ver la polvareda que levantaba el único vehículo motorizado de la isla. tambores y guitarras. adornaban las imágenes de las Vírgenes que habían traído especialmente para la visita del obispo. Las gentes del campo. entraban descalzas al pueblo. acompañadas de hijos y maridos. En la primera casa de la calle principal se ponían sus zapatos y cambiaban el atuendo de todos los días por trajes mejores. para realzar el paso del visitante. Alguien gritaba: «¡Que ya viene. Los músicos iniciaban los sones de las melodías. El visitante.—Una vez al año —contó Emilia— nos visitaba el obispo.

Signor. —Le ofrecí el ramo de jazmines que había preparado y de todos modos. permite que io pueda llevarla conmigo. No soy más que un cura en misión de pastor. —Ambos nos sorprendimos. Subí a felichi.Sostenía en su mano izquierda un pequeño bolso de viaje y sonreía en todo momento. io dije.tarla y reconocí a la del beso en la mano como si io fuese un obispo. en señal de respeto. —Yo había recibido el honor de poner flores en uno de los altares y acompañar a la señora Rita. Había tanta innocenza en su mirada. Es la persona que preciso. —Y lo hizo molto bene. ¿Qué haces?. Fue impresión molto grata la que ella causó entonces. porque io no llevaba anillo alguno y no estaba habituado a ceremonias. mientras ella tocaba el armonio durante la misa. —Así es el padre Ronchi —continuó la señorita Emilia—. que me dije: oh. me incliné a besarle el anillo de su mano derecha —reconoció Emilia. saludando afectuosamente con la mano a quienes se acercaban a darle la bienvenida. tanto candor e ingenuidad. un hombre sencillo que llega donde se lo 125 .

Vine misionero a Chile y recogí bambinos bajo puentes del río Mapocho. —Así lo conocí en Santiago —intervino el joven Renato—. como decir misa donde no hay iglesia.propone. Les llevábamos algo de comer. que no 126 . Fui el mayor de onche hermanos y tuve una infancia difficile. No era nuestra intención sacarlos del río. especialmente para cumplir sus oficios. Io nací en un pueblo cercano a Milán. para darles algo de cariño y comprensión. Tratábamos de ayudarlos. a los venti decidí por sacerdocio para dedicar mi tiempo a los pobres. Yo era uno de esos estudiantes buena onda que nos acercábamos a los niños que vivían bajo los puentes. por muy distantes que se hallen y por muy escasos que sean los medios para llegar hasta ellos. bautizar niños perdidos en los rincones más apartados o entregar víveres a los necesitados. de hacer más soportable la vida que llevaban. Suele viajar con un bolso de mano y aborda el primer vehículo que pase. tratando de entender su situación. Queríamos estar junto a ellos y establecer un vínculo. Por eso. —Es que así fue mi niñez —prosiguió el sacerdote—.

El padre Ronchi me pidió que lo acompañara cuando decidió traer a todos estos niños sin hogar. No tuvo la intención de echarnos.se sintieran tan solos. apareció este hombre mayor. Decidí trasladarlos a Puerto Cisnes. —¿Sin el permiso de sus padres? —¿Y de qué padre podía solicitar permiso? Allora hice hogar donde los bambinos estudiaran y crecieran. viajé con ellos más de mil quinientos kilómetros. sin permiso ni nada. —Dios nos pone cosas en el camino —prosiguió la señorita Emilia—.pre ritornarían a vida de vagabondo. Una noche llegaron los policías buscando a cuatro jóvenes que sus familiares habían dado por perdidos. sem. El padre Ronchi hizo 127 . Io sabía que mientras se quedaran en la ciudad. —Después ritorné per lui. así de repente. Entonces pensamos que era el dueño de la caleta. pero no le gustaba que estuviéramos ahí. —Nosotros no sabíamos que era sacerdote —comentó la Ese—. Esa misma noche desapareció y creímos que se lo habían llevado o que se había muerto. De la noche a la mañana.

que fue lo que hicieron al principio. autoridades e instituciones. que es el medio de comunicación más efectivo de la zona. conseguí al menos cada quince días que una patrulla de carabinieri viajara a la isla para la ley que estos uomo. como no bastaba. a clases! —sentenció la señorita Emilia y desapareció. Tiara se incorporó de un brinco y todos se quedaron con el alma en un hilo. El tañido de la campana interrumpió la tertulia. inmóviles. no respetaban. —Pedí ayuda para levantar una chie. La radio es el puente que une a cientos de almas que pasan aisladas la mayor parte del tiempo. como si nada más importara.construir esta escuela de madera. —¡Niños. para que dejaran de dirimir diferencias con la forza de los puños. en su aislamiento. de empresas. Io hice para que ellos entendieran por leyes de razón y orden. sin 128 . consiguió víveres. materiales de construcción y los implementos necesarios para instalar una modesta estación de radio. Buscó la colaboración de personas caritativas. cuando recién llegados.sa y dar en ella muestras de gratitud y.

pero la puerta de la sala permanecía abierta. El patio estaba desierto. Aquel pensamiento calmó sus inquietudes. La niña bajó los peldaños de dos en dos. Mientras se dirigía a la sala. de cuando en cuando se detenía para aliviar la comezón que parecía quemar la piel de sus piernas. Era el único que sabía dónde había estado. evitando que la cama se desparramara por el suelo. Al resto de los alumnos no parecía preocuparle lo que ella había hecho durante el recreo. sintiendo como las pulgas nuevamente la convertían en blanco de sus picadas. Con la irresistible comezón en sus piernas cerró la puerta a sus espaldas y se quedó inmóvil allí por unos segundos. comprobando que no había sido descubierta. Entonces comenzó a rascarse. 129 . como si de pronto hubiesen retornado a la condición que siempre tuvieron: fantasmas.respiración. lanzándole miradas de complicidad. En su pupitre tuvo que disimular para contener las ganas de calmar la picazón. aunque Diego la interrumpía a cada rato. aceptando que a veces la indiferencia de los demás es más conveniente de lo que uno pudiera desear.

Terminadas las clases, Tiara amarró su balsa a la panga de don Anselmo, que fue en busca de su hijo. Diego se limitó a observarla durante el trayecto. Era demasiado abrumador para él sentirse cómplice de una falta que había provocado tanto rechazo en la escuela. Por fortuna, en la lancha nadie comentó el incidente de la mañana. ¿Todo ese alboroto por haber navegado en balsa unos cuantos metros? ¿No sería demasiado? Ella no había puesto en peligro su vida. Si así hubiera sido, jamás se habría alejado tanto de la orilla. Por lo demás, había demostrado que Amiga Yara era muy segura. Como todos los días, la madre de Diego lo esperaba en el muelle con la bicicleta. En el momento de descender y antes de que corriera a reunirse con su adorada bici, Tiara le habló a media voz: —Más tarde nos vemos, en la caleta bajo la pasarela. Tengo mucho que contarte. —Después de la once será —respondió Diego, mostrándose desinteresado—. Y después de las tareas, porque si no mi mamá no me deja salir. A lo

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mejor a ti tampoco te van a dar permiso después de lo que hiciste. —Voy de todos modos —respondió la niña. El padre y el hermano de Tiara no estaban cuando ella regresó de la escuela. —La tía Emilia mandó esta comunicación —dijo a su madre. —Déjela ahí —respondió ella. —¡La directora quiere hablar con ustedes! —Bueno —replicó la madre un tanto molesta por el reclamo de su hija—, ella entenderá que sus padres tienen asuntos que resolver. —A lo mejor quiere hablarles de mí. —¿Hizo algo malo, hija? —y como Tiara no respondió, la madre continuó—: La otra vez también quería que fuéramos a la escuela y era para recibir un premio. —Tienen que leer la comunicación. —Que la lea su padre cuando llegue. La niña enmudeció intentando entender los asuntos de sus padres, pero su mente sólo tenía espacio para la segunda visita que había hecho al 131

piso de arriba. Ni siquiera la preocupaba el malestar de la directora, ni el regaño que había recibido de su maestro. Tampoco le importaba el contenido de la comunicación que la tía Emilia le había enviado a sus padres y que ella no había tenido la imprudencia de leer. Tiara salió de la habitación. Contrariada, triste, confusa y sin saber qué hacer, perdió por un momento el sentido de la existencia. Cuando, más tarde, Diego asomó su nariz en la ventana de la cocina, atisbando hacia el interior, Tiara no se veía por ningún lado. La Te y el Deivid

Diego fue a reunirse con Tiara y ella lo vio venir con su bicicleta. Se detuvo junto a la baranda de la pasarela y aguardó allí un instante. —Sabía que estabas aquí —le dijo al verla—. ¿Entregaste la comunicación? —Sí. —¿Qué dijo tu mamá? 132

Se hizo la lesa y cambió de tema.. ¿nunca has intentado montar tu bici en la pasarela? —¿Cómo? —Subirte a tu bici. —¡Adonde puedo ir con ella! —protestó Diego. Allí esperó pacientemente con los dedos cruzados. para que las ruedas no giren. deseando que su compañero aceptara. Por un momento pensó que Diego se había cansado de estar allí. tal vez. —¿Y qué vas a hacer cuando la lean? —No sé. por muy tirado de las mechas que fuera. —¿Estás loca? Tiara desapareció en el interior del refugio. -¿Qué? —Escucha. lo animó para que lo hiciera. Si te montas en tu bici y pedaleas bien corti. Al ver que Diego no mostraba el menor interés por descender al refugio. Escuchó con atención alguna señal que pudiera venir desde la pasarela. —Te van a castigar.. —Deivid —le dijo—. Me vine sin permiso. No la leyó.to. —Pero podrías andar sin andar. Hasta que no pudo más 133 . Huevito. Deivid —insistió ella—.—Nada.

Deivid\ —gritó ella. al verla junto a él. Diego. quiso bajarse rápidamente. Diego vencía finalmente aquel sentido del ridículo que tanto lo avergonzaba cada vez que montaba su bicicleta. —¡Esta no es forma de andar en bici! —protestó Diego. Mantente ahí. Ahora pisa bien firme los pedales y tuerce un poco el manubrio. afirmado en la baranda de la pasarela. tuerce el manubrio hacia el otro lado. ¿No es divertido? 134 . Para su sorpresa.con la curiosidad y se asomó a ver qué había ocurrido en verdad. trepó por la roca y sorprendió a su compañero. —Pero. intentando pedalear. animándolo. Cuando pierdas el equilibrio. no! —le dijo ella—. obligándolo a mantener el equilibrio. —¡Eso es. allí estaba Diego. mientras seguía las indicaciones de Tiara. —¡No. Sin pensarlo más de una vez. moviendo los pedales hacia delante y hacia atrás. pero ella lo detuvo. Hasta que pudo más la curiosidad que la soledad y el silencio que reinaba en el escondite y Tiara salió a la luz de la tarde. ¿qué tiene de divertido? —¿No? —insistía ella—.

a través de la auténtica peripecia. como era su deseo. y la perseverancia. ¿qué cosa más extraña que «andar en bici» sin pedalear ni un centímetro? Sin embargo y por curioso que resultara. entonces! —¡No! —¡Bájate! —No. te dije. se convirtió en sorprendente descubrimiento. de juego torpe al comienzo. Pero. no hubo forma de que Diego renunciara al intento. el muchacho se resistió a ceder porque tal posición le otorgaba poder frente a su compañera. —¡Déjame probar. tal vez. 135 . sentir el placer de dejarse llevar por la velocidad al descender por un camino que sólo estaba en su imaginación. por un sendero sinuoso y. Porfiadamente. Era dueño de la única bicicleta que había en la caleta y siempre se lamentaba de no poder disfrutarla. ¡Con qué gusto hubiese querido pedalear y pedalear en línea recta y atravesar grandes extensiones de bosques.—No le veo la gracia.

como un balón que bota sobre el cemento inexistente y fue avanzando hacia la superficie accidentada de la roca.Era cosa de verlos. —¿Ir más lejos? —ella se llevó las manos a los labios para ahogar un grito que amenazaba con escapar de su garganta. su figura recortada contra el verde del cerro y el azul negruzco del cielo. Allí se detuvo. —Puedo ir más lejos si quiero —comentó. comenzó a desplazarse a salti. cada golpe de manubrio para mantener el equilibrio. inmóvil como una estatua. 136 . Repentinamente.tos. Ella era la que más se divertía con los logros del compañero y celebraba entusiasta cada giro.

137 .

por donde comenzó a descender. dándoselas de arriesgado. permitiendo que bajara unos centímetros la rueda 138 . rechazando consecuencias—. sobre el asiento. entusiasmado con su idea. aterrando a su compañera. de valiente. con gran cuidado. retando toda lógica. Deivid —protestó la niña.—¿No quieres que baje hasta el refugio? —Pero. deseaba ver a su propio hermano en el pellejo de Diego. A ratos se paraba en los pedales. De tal modo la bicicleta era controlada con mayor eficacia. El ciclista de las pasarelas se bajó de la bicicleta para levantarla sobre la baranda de madera y posarla en la roca. sin soltar el freno y torciendo el manubrio de lado a lado. Al mismo tiempo. —¿Y por qué no? —replicó. siempre dispuesto a no titubear ante el peligro. ¿No querías verme en peligro? ¿No te agrada el riesgo? —¡Nunca dije que andes por las rocas! ¿Y si perdía el equilibrio? ¿Y si rodaba hasta las aguas con bici y todo? Tal vez ella había sido muy imprudente al animarlo de esa manera.

Después de una exhibición como ésa lloverían las monedas. traje algo para la once.trasera y otros centímetros la delantera. —¿Para que todos vean? —Para que te vean los del piso de arriba. La voy a partir en dos. 139 . Huevito. —Prefiero que hagas una exhibición en el patio. No lo olvides. —¿Sólo medio pan amasado? —Mi mamá lo hace bien rico. —¿No es lo que querías. Huevito? —Por mi culpa podrías caer y quebrarte una costilla. —Es increíble lo que haces —dijo ella. —Aquí soy la Te. —Yo jamás haría eso. Hasta que se detuvo frente a la entrada del escondite. —¿Qué cosa? —Esos giros con tu bici. —¿Ellos? —Estarían maravillados. Mira. —¿Por qué? —Porque si viviéramos con ellos te mandarían a machetear con tu bici. —¿Podré ir a la escuela? —¡Esas rocas sí que son peligrosas! —Pero puedo intentarlo. También traje una papa cocida.

—No quisiera estar en tu pellejo cuando el Pascual lea la comunicación y vea que no estás en la casa. no era muy habladora. Fue maravilloso. Ni siquiera se asoma a la puerta de la casa cuando salgo. Bajé muy temprano a la caleta. Por lo general. Deivid. El se quedó en silencio. —Tranquilo. las tías apenas le sacaban una palabra. mirando con ojos de asombro a su compañera. Deivid.—Si aparece tu mamá por aquí nos saca de un ala. pero tú no estabas. ¿Por qué haces tantas leseras? —Es lo que tengo que contarte. Ella no va a venir. será mejor. —Huevito —murmuró—. Ya. -¿Y? 140 . -¿Qué? —Vino el Kiko a buscarme. pero no pude esperarte. Pero desde que comenzaron sus fantasías se había vuelto parlanchína y de sus labios salían expresiones que jamás le habían escuchado. ¿de nuevo fuiste al piso de arriba? —Sí. También vinieron los príncipes. Entonces llegaron en su piragua y navegamos hasta la isla de nuestros antepasados. En la escuela. come.

—Mi padrino trabajó en la carretera Austral y una vez vieron un sacerdote que se aproximaba. que a cierta hora del día se aparecía un misionero jesuita.. Lo pasamos en historia. Cuando el cura llegó a la faena no encontró ni un alma..—No sólo estuve con los internos. «¡El cura fantasma!». así. con el profesor Renato. gritaron y salieron corriendo. ¿era cierto que se aparecía como un fantasma? —¿Qué historia es ésa? —preguntó ella.. —Se parece a esa historia que nos contó una vez el tío Tato... —¿Con la directora? —. porque el jesuita anduvo en los años de 1760. —¿Hasta de la fecha te acuerdas? —Bueno —continuó él su relato—. como de bien lejos. Los 141 . También con la tía Emilia.. Abrió los brazos y gritó a los cuatro vientos. entonces mi padrino y sus compañeros vieron aparecer la silueta del religioso sobre la nieve. —Entonces. —¿El tío Tato? —Y también con el padre Ronchi. —Pero ése no era.

Había caminado un día y medio y pasado toda una noche sin techo ni abrigo. les dijo. Eso nos contó la tía Emilia. —¿Turbinas? —Sí. El padre Ronchi contó una que yo nunca había escuchado. un ingeniero de Aysén experto en turbinas. —Es bonita esa historia. Lo recibieron contentos. ella conoce muy bien todo eso —replicó la niña— porque es de allá. —¿Cuál? —En una oportunidad se embarcó en un bote tan pequeño como mi balsa. «Voy a calentarme un poquito y después hacemos la misa».hombres entendieron que había llegado un sacerdote verdadero. Deivid. muerto de frío. Regresaron a la obra. esas que producen electricidad para que la gente de sectores apartados como el nuestro tenga radio para comunicarse. Estaba muerto de cansancio. Iba con Jaime Caro. —Sí. —En algunas islas de Chiloé también usan baterías de auto. 142 . con fuertes palmadas en la espalda. obedeciendo al cura que los llamaba.

El ingeniero fue testigo de matrimonio y padrino de los niños. como todos los de la región. Aceptaron. porque jamás habían pisado una iglesia y aquella era la primera vez que veían un cura. El hogar era humilde. en cosa de minutos. —Huevito —interrumpió Diego—. El fuego ardía en la cocina y la mujer del botero los invitó a comer a la suerte de la olla. El padre Ronchi quiso saber si los niños estaban bautizados. El sacerdote y el ingeniero habían navegado ya varias horas. el botero que los transportaba vivía por allí cerca y la casa más próxima era precisamente la suya. El hombre les ofreció pasar allí la noche y continuar viaje al día siguiente. cinco bautizos y una boda. entre un caserío llamado La Junta y otro conocido como Raúl Marín Balmaceda. que sonreían con disimulo. ¿No nos andarán buscando? 143 .Pero lo que Tiara contó era para sorprenderse. El hombre reconoció que con su mujer tampoco se habían casado. ya se nos hizo tarde. El jefe de familia era padre de cinco hijos. Esa misma noche. No lo estaban. Con sencillez. cuando los sorprendió la noche. se vistieron para la ocasión. el padre Ronchi celebró dos confesiones.

Desde allí caminaron lentamente. Deivid?. el llanto de un niño rompió la paz de la noche que se anunciaba. Diego se quedó esperando unos minutos después de que la niña desapareció por la puerta estrecha. Después de lo que hablamos. ya se me pasó. Fue lindo. Cuando abandonaron el refugio no se veía a nadie por los alrededores. Tiara le ayudó a Diego a cargar la bicicleta hasta la pasarela. por los angostos pasadizos de madera húmeda y ennegrecida. El accidente Ai día siguiente y a primera hora de la mañana.—No me quisiera ir. donde por fin se sintieron más seguros. ¿verdad. —¿Tienes miedo de llegar a tu casa? —No. Antes de que anocheciera se despidieron a la entrada de la casa de Tiara. uno detrás del otro. Tiara se asomó a la ventana como de costumbre y 144 . Deivid. Si hubiese traído unas frezadas me quedaría a dormir.

pues nadie se movía de su sitio.lo único que vio fue un grupo de pescadores reunidos en la caleta. Inquieta. Se acercó a esa gente allí reunida. pero ninguno de ellos descubrió la presencia de la niña. pero su compañero no se veía por ningún lado. y un tanto más apartados. Se diría. más bien. que aguardaban por algo que se presentaría de un momento a otro. ¡Qué bueno que no estén en la casa! Hubiera deseado que Diego estuviera allí. Tiara esperó en los escalones que 145 . el alcalde de mar y tres marinos conversaban en voz baja. Se despidió de su madre y con la ilusión de siempre descendió por la pasarela en dirección al embarcadero. Una lancha de la Armada se mecía suavemente con el ir y venir de las olas. Terminó su desayuno y volvió a mirar resignadamente el mar que comenzaba a sacudirse la bruma. con semblante de preocupación. a unos cuantos metros de su casa. se preguntaba por qué razón los marinos no buscaban en la casa a su padre y a su hermano. Era muy extraño lo que ocurría. —Vienen por mi padre y mi hermano —pensó la niña—.

en el fondo de su corazón. abordó la pequeña plancha de espuma plástica y remó con decisión hasta el muro de neblina. Aunque no lo 146 . Tiara la vio acercarse. sin pensarlo dos veces. emergiendo desde la densa bruma que engullía al resto del mundo circundante.bajaban al muelle y. evocó la deslumbrante piragua de los Ariki Paka. Decidida. la espléndida embarcación de los príncipes se dirigió resuelta al sitio donde flotaba la niña. Soñando despierta. navegando pausadamente en medio de la bruma y la tranquilizó aún más la presencia de su abuelo y de su hermano Kiko. recibe nuestro respeto. Vio la satisfacción en los ojos de su hermano. se dirigió al lugar donde mantenía amarrada su balsa. cogió el remo y. Como si una puerta de tenue humedad se abriera para darle paso. A decir verdad. Estirpe real. no pensaba más que en ellos. Sintió con cuánta dulzura la miraba. después del primer viaje que hicieron a la isla de sus antepasados. —¡Niña Miru! —saludaron los príncipes—. aguardó por el prodigio de aquel día. Tiara se alegró con la llegada de los navegantes. Soltó las amarras.

manifestara. los marinos y los pescadores continuaron su charla como si nada. pero curiosamente la navegación fue más breve que la primera. dudaba que tuviera la resistencia de enfrentar nuevamente la prueba. el alcalde de mar. aunque la esperaba. Ajenos a la audacia de la niña y la presencia de los Ariki Paka. La navegación enfrentó las mismas dificultades del viaje anterior y. 147 . Así como la bruma ocultaba las aguas del archipiélago. Tiara sabía que navegando hacia el norte se llegaba a una isla donde brillaba el sol esplendoroso. Se preparó entonces para una travesía extenuante. porque en el viaje anterior el comportamiento de Tiara había sido admirable. donde el mundo desconocido y fascinante de sus abuelos se abría ante sus ojos. En todo momento fue protegida por su abuelo y su hermano. así también ocultó rápidamente la piragua de los príncipes. precisamente por estar ella en conocimiento de las peripecias. Kiko estaba muy contento. hasta que al cabo de un tiempo se disipó la bruma y ante los ojos de Tiara apareció el imponente volcán Rano Raraku.

en apariencia idénticos. como si la roca misma les diera forma con el cincel y el martillo de ventiscas y tormentas. enseñaban pequeñas diferencias. —Aquí en Mataveri se reúnen los competidores. en el pasto silvestre o saliendo de la montaña. ha pasado el invierno y se aproxima el verano. —Es cuando retornan las manutara. —¿Mi padre? —exclamó Tiara. —Tu padre competirá por uno de esos trofeos —agregó el abuelo. descansando en sus pedestales. Desembarcaron en las cercanías del volcán y caminaron hacia la cima del cráter. demostrando que cada uno representaba un personaje rodeado de misterio. 148 . —Compite para que su jefe gobierne por un año los destinos de sus hombres —concluyeron los príncipes. En el ascenso la niña fue descubriendo los monumentales moáis. las aves sagradas.—Es tiempo de primavera —comentó Kiko—. Los rostros de tales monumentos. La niña descubría gigantes pétreos a cada paso. que llegan al peñón a depositar sus huevos —dijeron los príncipes.

Tiara pudo admirar la hermosa aldea que allí se levantaba. Tiara no terminaba de sorprenderse al contemplar tanta maravilla y su corazón brincaba 149 . una imponente escultura se arrodillaba en medio de la llanura. En verdad. una parte de los faldeos del volcán estaba poblada de estatuas en distintas posiciones. sobre una extensa planicie. Más allá. un enorme rostro de piedra volcánica yacía tendido observando el cielo. —Estamos en Orongo —explicaron los príncipes—. Y se celebra la ceremonia del Tangata Manu. dispuestos a pasar allí todo un día. Hombres y mujeres se congregaban en aquel lugar. porque allí estaba la cantera donde fueron esculpidas la gran mayoría de las esculturas de Isla de Pascua. en la cumbre. con puertas muy pequeñas siempre abiertas hacia el mar. celebrando con danzas y cantos de envolventes melodías. A poca distancia del sitio de las celebraciones se alzaba un moái de varios metros de altura. Las viviendas allí construidas eran de piedra laja.

blanqueada por los excrementos de las aves. que emergía del mar como una espada puntiaguda. Y algún día. también yo competiré. —Esa es la meta —dijo Kiko—. el sacerdote dio la señal de inicio. igual que mi padre. Entre esas grietas. Y llevó a la niña hasta una roca tallada con signos y figuras indescifrables—. —Las piedras hablan por sí solas —comentó uno de los príncipes. las olas los golpeaban con furia. Desde el observatorio solar. Rodeados por grietas y quebradas. penetrando en la roca como lanzas espumosas. Este es el santuario. cubiertos de vegetación. Al sur de la isla se podía observar el islote Motu—kaokao. cómodamente instalados. ocultas por la hierba que las circundaba. Más lejos. Los jefes observaban a cierta distancia. Hasta allí han de nadar. Los 150 . solían hacer sus nidos las aves. se veían los peñones Motu-nui y Motu-iti.de alegría de sólo pensar que ella y su familia pertenecían a ese mundo fascinante. Los tres islotes dejaban ver cuán enormes eran las dificultades para llegar hasta ellos.

Desde el acantilado. arrastrados por la corriente. Debían esperar largas horas hasta que llegaran las aves a poner sus huevos. Una vez en el peñón más cercano. Debían sortear numerosos peligros en la travesía hasta el peñón. en un monumento funerario. apiñados en la cima del escarpado risco. Los competidores. empezaba la vigilia. dos estatuas observaban la competencia. Los que pasaban con éxito la prueba llegaban al islote. portando sus canastos kete. El primer valiente que logró apoderarse de uno de ellos. saltó sobre la roca. bajaron hábilmente. 151 . donde cumplían la primera parte de la travesía. Algunos sucumbían en la empresa. pereciendo en medio de las aguas. —¡Es mi hijo! —exclamó jubiloso el abuelo.aguerridos nadadores. alzándolo con su mano derecha. tratando de alcanzar cuanto antes las aguas del mar. gritando con todo el aire de sus pulmones. se sumergieron en el mar y montados sobre pequeñas canoas de totora nadaron con pies y manos para alcanzar el primer islote. para que su jefe lo escuchara desde el lugar de los festejos.

152 .

en verdad. Así ocurrió. Mientras tanto. Luego. otros competidores se agruparon en la cima del peñón alzando huevos de pájaro. colmado de orgullo—. ¿qué dice? —¡Ka—varu te puokol —explicó el anciano. ante los ojos asombrados de la niña. en el peñón el ganador atesoró su trofeo en el canastillo que portaba y se dispuso a regresar junto a su jefe. 153 . se levantó de inmediato para ser ungido como hombre pájaro. ¡Rasúrate la cabeza! Es lo que le grita a su jefe. —¿No reconocería yo su voz? —Pero. El superior. Con afilados cuchillos de obsidiana procedieron a cortarle el cabello y también le rasuraron los brazos y las piernas. que debía lucir el huevo a la entrada de su casa por espacio de un año. A continuación. tiempo que duraba su jerarquía. porque debía dirigir los destinos de sus hombres a partir de esa primavera y hasta el fin del próximo invierno.—¿Mi padre? —replicó la niña. que observaba rodeado de su gente. le tiñeron de rojo la cabeza.

honrando a los jefes que representaban, pero reconociendo su derrota. Uno tras otro, los contrincantes iniciaron el descenso con sus trofeos y arrojándose al mar se disponían a regresar sobre sus balsas de totora. Nadie se preocupó más de los competidores. Algunos se perdieron en medio de las aguas, otros cayeron desde las rocas y nadaron con grandes dificultades. Las dos estatuas de aquel monumento funerario sabían que pronto celebrarían ritos mortuorios. Sacerdotes silenciosos ensartaron en el piso los soportes de las angarillas funerarias: cuatro estacas clavadas en la tierra soportarían una modesta camilla con el cuerpo de un desdichado, envuelto en telas y en esteras que lo mantendrían por varios días, al tiempo que los cantos fúnebres, los llantos y los lamentos se escucharían en toda la isla. Luego, serían llevados a los santuarios que, a modo de mausoleo, se levantaban a lo largo de la costa. Mas, por ahora, el pueblo se dedicaba a festejar las alegrías, pues tiempo habría para tanta tristeza. —Quisiera ver a mi padre —imploró la niña. 154

—Las celebraciones podrían resultar interminables —advirtieron los príncipes—. Lo hemos perdido y no sabemos cuántas peripecias ha de sortear antes de llevar el trofeo a las manos de su jerarca. —Además, ahora comienzan las rencillas —advirtió el abuelo. —¿Rencillas? —exclamó ella. —Las disputas —aclaró Kiko. —Los competidores lamentan su derrota —agregaron los príncipes—. Mientras uno de ellos celebra la victoria, el resto es víctima de la envidia y las diferencias suelen concluir en destrucción y muerte. —¿Y nadie puede detenerlos? —La única autoridad en la celebración del Hombre pájaro es el propio jefe de esos competidores. —¡Ustedes deben hacerlo! —¿Nosotros? —¡Sí, por algo son príncipes! —Nos debemos a nuestro monarca y él espera al otro lado de la isla, sumido en la tristeza. Está muy lejos para intervenir y los jerarcas de estos 155

hombres no aceptan mediación alguna, aunque provenga del mismo rey que los gobierna. —¿Y mi padre también estará en esas rencillas? —Ningún competidor puede escapar a ellas. —¿Podría morir, entonces? —Así es, querida niña —respondieron los príncipes, y cantaron a media voz:

«Ka tangi é... ere ika iti é. Mo nua é, ere mo te matua é. He ono matua, hoki tae tangi ai; ko te bebe au; o ko te matua akore...» «Está llorando... la pequeña víctima. Por su madre y por su padre. Ya no tiene padre, por eso llora; ahora está pobre; ya no tiene más padres.»

—¿Y ese canto tan triste? —preguntó. —Es un lamento —respondió el anciano, presagiando un desenlace trágico. Tiara enmudeció al ver tan preocupado a su abuelo. También el hermano de la niña mostró la 156

congoja en su semblante. Por un momento detestó la participación de su padre en esos festejos. —Estas celebraciones y desenfrenos, Hopu contra Hopu, provocan no sólo dolor y muerte —comentaron lastimosamente los príncipes—, sino también la ruina de este lugar sagrado, muchas veces con la destrucción definitiva de estatuas y monumentos. Las palabras de los Ariki-paka sonaron como un presagio ineludible en el corazón de la niña. —Vamos, Tiara —dijo Kiko con profunda tristeza—. Debemos regresar. Con los cantos y bailes en sus oídos se dirigieron a la embarcación y entraron en la densa bruma que ocultaba todo el entorno de la isla. Cuando finalmente la nave salió de la espesa niebla, Tiara se hallaba frente a la caleta de su casa. Cerró los ojos, con el ferviente deseo de no salir de aquel sueño, pero no pudo permanecer así demasiado tiempo; voces que salían a su encuentro, la sacaron abruptamente de su ensueño. Ai abrir los ojos nuevamente descubrió que la piragua de los príncipes había desaparecido por completo, también su hermano y su abuelo. 157

El encanto de la niña se quebró como un espejo. Uno de aquellos hombres agrupados en la costa, y que de vez en cuando dirigían la mirada hacia el mar, alcanzó a ver la balsa de Tiara asomando por la bruma que se diluía bajo la luz del sol. Al dar la voz de alarma, todos se volvieron para verla remando hacia la escuela. —¡Ya estábamos advertidos! —exclamó el alcalde de mar—. Anoche la Lidia me habló de lo que hizo esta chica. —Pero, ¿cómo no la vimos subir a esa balsa? —Ni siquiera la vimos salir de su casa. El alcalde de mar, apremiado por su falta de cuidado, sintiéndose más responsable que nadie, abordó rápidamente su bote y dio las instrucciones al hombre que lo acompañaba para ir cuanto antes detrás de Tiara y evitar que siguiera remando en condiciones tan precarias. Daba miedo de sólo pensar en una desgracia. Si llegase a volcar esa balsa de juguete, la niña se hundiría en cosa de segundos, con el peso de su mochila y con tanta ropa en el cuerpo. Además, ¿quién podría asegurar que sabía nadar y ponerse a salvo por sí misma? 158

Considerando la gravedad de la situación, los marinos abordaron de inmediato el bote inflable que los llevaba a la lancha y el motor fuera de borda rugió como una bestia antes de ponerse en movimiento. Lo hizo pesadamente al principio y luego debió hacer un giro muy amplio, antes de dirigirse al sitio exacto donde flotaba la balsa de Tiara. Mientras el alcalde de mar bogaba directamente hacia la niña, los marinos tomaron las precauciones necesarias, porque el oleaje que producía el poderoso desplazamiento del bote inflable amenazaba con hacer zozobrar la balsa. El único que podía alcanzarla sin mayor contratiempo era el alcalde. La niña remó cada vez más rápido, para acercarse cuanto antes al embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. Los golpes acelerados de su remo terminaron por agotarla y no dieron el resultado que ella esperaba; la balsa pareció detenerse a escasos metros de la costa, como si el agua transparente y liviana se tornara pesada. Mientras el bote del alcalde de mar se acercaba más y más, la balsa dio un giro mar adentro, porfiando con los deseos de quien trataba de 159

controlarla. Con el extremo de un remo rescataron la mochila antes de que se hundiera definitivamente. el otro reanimaba a la pequeña. Tiara notó que sus brazos eran mordidos por mandíbulas feroces. al parecer. un esfuerzo inútil. pudiera salvarla. dando la sensación desastrosa de que todo estaba perdido. dando manotazos desesperados. Los dos hombres del bote. haciendo equilibrio en medio del constante vaivén de la modesta embarcación. irritadas por el esfuerzo. perdiendo un zapato y sintiendo el escozor del agua salada en las fosas nasales. no pudo mantenerse a flote y se ahogaba sin que nadie. que finalmente había llegado junto a la niña. De pronto. hasta que la mochila de Tiara cayó al agua y a los pocos segundos su dueña. que no dejaba de toser. como si quisiera expulsar del cuerpo la muerte que estuvo a punto de arrebatarle la vida. 160 . Tragando agua a borbotones. la alzaron de un solo envión y la pusieron a salvo. sintió que la arrastraban violentamente hacia la superficie. Tratar de mantenerse a flote resultaba extremadamente difícil a ratos. Mientras un hombre remaba con premura hacia la costa.

junto a la cocina a leña que prodigaba calor a todo el recinto. mientras la tía Lidia le quitaba rápidamente las ropas mojadas. ni de curiosidad maliciosa en los niños.Revelaciones sorprendentes Recién desembarcados y ante el horror de quienes se enteraron sorpresivamente del accidente. Allí la tía Elvira preparaba una leche bien caliente. con los ojos empapados de llanto. Pero esta vez no hubo posibilidad alguna de recriminación por parte de los adultos. Más bien. mientras el tío Tato corría a la habitación contigua. La directora se tomaba la cabeza a dos manos. preparándola para abrigarla cuanto antes. para conseguir una manta y abrigar a la desdichada. que a veces servía de enfermería. el alcalde de mar sacó en brazos a la pequeña del bote y corrió con ella hacia el comedor de la escuela. el 161 .

me llamará de inmediato. Preocúpate de ella. una vez instalados en la oficina de la directora—. —¿Todo en orden. afanada en reanimar a Tiara—. Lidia. De lo contrario. Ve tranquilo. La directora y el alcalde de mar salieron muy preocupados del recinto. por favor. ¿Y qué puedo decirle? —Y no sólo eso —agregó la señorita Emilia—. señorita Emilia? 162 . Siempre viene en septiembre. Espero que esto no llegue a oídos del almirante. marido —replicó ella—. por ejemplo? Poco menos que permitimos los riesgos que asumen nuestros alumnos en su afán por venir a clases. pero ahora lo hará precisamente cuando se anuncian días más fríos. ¿Qué diría el Sename. imagínese usted que se enteren las autoridades. Justo ahora que me acaban de avisar que se adelanta la visita fiscalizadora del seremi de Educación. —Sí. cuando comienza el buen tiempo.repentino recibimiento se dirigió a su mujer. —Esta niñita nos ha metido en un tremendo lío —comentó el alcalde de mar. descuida.

pero la situación en la escuela ha empeorado este último tiempo. Pero para eso se necesita dinero. Lo que ha hecho esta chiquita deja en evidencia que los dormitorios del segundo piso nunca debieron cerrarse. 163 . tía Emilia —respondió la niña.—Los pagos están al día. más animada y con el color saludable pintando en su rostro. —¿Te tomaste tu leche? —preguntó la directora. El viento ha soltado el zinc del techo. porque las familias emigran y porque los apoderados no quieren cooperar con los cinco mil pesos mensuales que exigimos para seguir funcionando. Tres golpecitos en la puerta de la oficina de la directora interrumpieron la conversación. —Aquí está la niña —dijo la tía Lidia. acompañando a Tiara. Tenemos goteras. —Sí. las fundaciones del edificio están húmedas y las bases se están pudriendo. Nos cae el agua del cerro. —¡Adelante! —exclamó la señorita Emilia. Porque nacen menos niños en la zona. nos ha bajado la matrícula en un cincuenta por ciento. Los extintores vencidos. Además. reconfortada.

Con dificultad y por mucho tiempo había soportado las burlas de sus compañeros. Al parecer.Tiara tuvo que morderse la lengua para no manifestar su extrañeza por la notoria bondad que recibía. Ella. del anticipo de una sanción drástica y definitiva: la expulsión de la escuela. al verlo. pero que sin embargo en los últimos días se había convertido en un lugar de encanto y sorpresa. Sólo así se podría entender la presencia del alcalde de mar. Tal vez se trataba de un anuncio. había que accidentarse para que la tomaran a una en cuenta. 164 . tuvo que contenerse para reprimir el impulso de salir corriendo e ir al encuentro de su compañero. Tanta demostración de amabilidad no era algo de todos los días. Diego asomó su nariz por uno de los ventanales de la oficina. Tiara pensó en la peor de las consecuencias. pero también era cierto que finalmente había conseguido establecer una profunda amistad con Diego. Estaba convencida de que no volvería a ocupar su pupitre en aquella sala que le había brindado momentos amargos.

—Tía Emilia —interrumpió la niña. Fuiste muy impetuosa. al borde las lágrimas—. ¿me va a echar de la escuela? —¿Qué dices. querida. Le tomó cariñosamente las manos y le habló en un tono de voz que jamás había empleado con ella. Es muy duro. No le diste ninguna importancia a mis quejas. — ¿Qué cosa? —preguntó Tiara. ¡No voy a tomar una medida tan extrema! En todo caso. la entregué. ¿Entregaste la comunicación que les envié? —Sí. tía Emilia —respondió la niña—. Pero usted misma dijo que soy un mal ejemplo para mis compañeros. pero eso tiene remedio. es cierto. que sólo van en tu propio beneficio. —Escucha —le dijo. Tal vez te sientes sola y no puedo desconocer el momento difícil que estás viviendo. —Bueno. Pero también hago un esfuerzo por entender tu comportamiento. Situaciones como éstas pueden superarse. chica? —replicó la directora—. pero quiero que sepas que toda la escuela está contigo y con tu familia. debo hablar con tus padres. 165 .La directora arrastró una silla para sentarse junto a la niña.

Los marinos no vinieron para detenerlo. La lancha de la Armada espera rastrear el bote de tu padre. porque la señorita directora ya estaba en antecedentes. porque la embarcación no aparece por ningún lado. —¿No? —No —continuó el hombre—. muy temprano esta mañana.¿Se lo dice usted. Yo mismo avisé por radio. Lo que pasa es que tu hermano y tu papá no han regresado de la faena y creemos que han tenido un percance. —Claro que sí. Les interesaba saber si tu padre había regresado sin novedad a la caleta. —Pero si a mí me gusta venir a clases. Pero al mismo tiempo pensamos que en una situación como ésta harías mejor quedándote junto a tu madre —explicó la directora. —Así es —afirmó el alcalde—. El asunto es que hoy día ni siquiera debías venir a la escuela. antes de que Tiara huyera en su balsa. De todos modos pensaba ir a su casa y decírselo a su madre. Tiara. alcalde? —rogó la directora con ojos llorosos. —Está bien —respondió el hombre—. Y como no lo ha — 166 . lo sabemos.

se disponen a iniciar la búsqueda una vez que se levante la bruma y esperamos que los encuentren sanos y salvos. por desgracia. —Con mi abuelo y mi hermano lo vimos compitiendo por el huevo Manutara. tenemos que ponernos en todos los casos. sin saber qué responder a tanta inocencia.hecho. No vamos a pensar en lo peor y así se lo haremos saber a tu mamá. El hombre guardó silencio y miró atentamente a la directora. Por un momento se sintieron superados por la incapacidad de echar abajo sus fantasías y hacerla poner los pies sobre la tierra. 167 . Entonces. La directora y el alcalde de mar mantuvieron un silencio expectante. del pájaro sagrado. Pensaron que la niña recurría a tales argumentos para evadir la gravedad de los hechos que amenazaban con hacerla víctima de acontecimientos que. eran habituales entre los hombres de mar. Pero. aunque no nos guste. —¡Pero mi papá fue a Isla de Pascua! —exclamó la niña. sorprendidos por las expresiones de la niña.

en lugar del drama que posiblemente le aguardaba en casa. con la emoción pintada en cada rostro. por primera vez en varios días no se escuchó ninguno de aquellos ruidos que provenían del piso de arriba. cosa curiosa. hasta fascinarlos por completo. parecía que los fantasmas se habían 168 . el alcalde de mar y la tía Lidia. En el corredor. escuchaba la tía Elvira. como nunca lo habían hecho. agazapado. Tiara les habló de sus dos travesías en la nave de los príncipes. como una alimaña. el relato emocionado se apoderó de la atención de quienes la escuchaban con profundo respeto. que había sido incapaz de esperar en la cocina y porque la curiosidad la mataba. desearon alentarla para que no callara. que no tuvo valor para marcharse. a la espera de noticias de Tiara. Paulatinamente. para que la febril fantasía fuera la única realidad que debía imponerse. La directora.decidieron no contradecirla y se dispusieron a tomarla más en cuenta. El profesor en su sala no pudo iniciar la clase de la mañana. Los alumnos miraban al techo. junto a la puerta. pero.

Entretanto. expectante entre sollozos. la niña continuó su relato. permitiendo la 169 . que de isla en isla había llegado a poblar gran parte del globo terrestre. Que habían seguido las rutas del océano. En medio del silencio reinante. dirigidas al oriente. en frágiles embarcaciones.enterado del drama que vivía Tiara y la acompañaban con su silencio. tanto en el mar como en la cima del peñón de los pájaros. es decir. aquellas corrientes marinas que fluyen por cursos determinados. al borde de las lágrimas. habló de la valentía y destreza de su padre. siempre cruzaron los mares conquistando atolones y peñones volcánicos dispersos por el océano. y el alcalde de mar. la pequeña confesó lo orgullosa que estaba de pertenecer a una raza de audaces navegantes que. Que el mar había sido el camino de sus constantes migraciones. Narró con lujo de detalles cada paso de la competencia por conseguir el huevo de la gaviota sagrada. Contó la historia de los orígenes lejanos del pueblo rapa-nui. la directora. Habló de cómo la vida para ellos se había desarrollado entre piraguas y tormentas.

apenas entregue el huevo que consiguió para el Hombre 170 . Les habló de por qué abandonaron su continente de origen. para ir muy lejos y regresar siempre al punto de partida. como una niña sorprendente. además. tratando de comprender finalmente el verdadero sentido de las palabras de su alumna.navegación en grandes círculos o en forma triangular. La directora la escuchó con los ojos rojos de tanta lágrima contenida. Emocionada. Los ojos de la niña brillaban con el resplandor de aquella felicidad que tan a menudo le resultaba esquiva. Así fue como los primeros habitantes vieron aparecer la isla en medio del mar y que por no haber otra tierra en las cercanías la llamaron el Ombligo del Mundo. Les contó. que los cursos seguidos por el viento cambiaban según las estaciones del año. y cómo desde hacía un tiempo se empeñaba en convencerse a sí misma del futuro esplendoroso que algún día cambiaría su vida. —Por eso les digo —concluyó por fin— que mi padre saldrá vencedor. la recordaba desde que la llevaron a la escuela. y regresará muy pronto. incluso de las rencillas en la aldea sagrada.

—Tiara —interrumpió el alcalde mar—. es muy hermosa la historia que acabas de contarnos. pero mi mamá está muy bien acompañada con mis hermanos pequeños. te aconsejaría regresar a tu casa y acompañar a tu madre.pájaro. que es su jerarca. Lo sé. de haber sabido que abordabas esa balsa de juguete para venir a clases. —¿No quieres que te llevemos a tu casa? 171 . —Querida —dijo al fin la directora—. —Gracias. tía Emilia —respondió ella—. porque así es la gente de mi raza. Prefiero quedarme en la escuela. —Gracias —respondió ella. Pero de ahora en adelante mi asistente irá por ti cada mañana y no necesitas poner en riesgo tu vida. pero ahora. Tienes autorización para ausentarte todo el tiempo que sea necesario. volviendo a nuestras preocupaciones. que ha de estar muy afligida. Lo siento en mi pecho. habría enviado el bote de la Alcaldía.

—Prefiero quedarme. Quiero estar con mis compañeros. Quiero ir al segundo piso, donde me esperan los internos. —Pero, ¿qué le pasa a esta chica? —exclamó la directora, aún más sorprendida—. ¿Has subido al segundo piso? —Sí, tía. —¿No sabes que está estrictamente prohibido? —¿Me va a expulsar por eso? —Es que no lo entiendo, niña —protestó la directora, controlando su enojo—. ¿Con qué facilidad pasas a llevar disposiciones tan antiguas? Por favor, dime que no lo has hecho. No hagas que me prive contigo, chica. —No, tía Emilia —balbuceó la niña—. Es que fui a ver por qué había tanto ruido. Y me encontré con ellos. —¿Fuiste a ver? ¿Ruidos? ¿Qué ruidos? —Los golpes que oíamos en la sala y que venían del dormitorio. —¡Eso es imposible! Se cerró definitivamente cuando la escuela dejó de recibir niños de lugares apartados. Desde entonces nadie ha vuelto a poner un pie en ese lugar. Pensé que lo sabías. 172

—¿Y las tablas que se caen de los catres? —¿Fue el profesor quien habló de las camas que se desarmaban? —El tío Tato nunca nos habló de eso, tía Emilia. Entonces, subí a ver lo que ocurría —respondió la niña como si nada—. Y me encontré con todos esos niños que el padre Ronchi trajo desde el río Mapocho. ¿No es bien corpulento así, con una sotana larga como un vestido y con una parka oscura? También estaba el tío Tato, mucho más joven, y usted tía, que nos contó cómo había conocido al padre. Además, descubrí que el segundo piso es como un hogar y esos niños son una verdadera familia. Se puede conversar con ellos, todos se interesan por uno. La directora y el alcalde de mar se desplomaron en su silla con esta nueva revelación de Tiara. Lidia tuvo que afirmarse en el borde del escritorio, y afuera, Elvira mantuvo el equilibrio apoyando su cuerpo contra el marco de la puerta. En la sala de clases, en el dormitorio del segundo piso, en la oficina, en los pasillos vacíos, se instaló un silencio tan profundo, que a la escuela llegó, 173

como una tormenta, el constante movimiento del oleaje, el canto de los pájaros del interior y el vuelo rasante de las aves de la costa. Una corriente de aire, poderosa y tibia, que de pronto azotó la caleta y los alrededores de la escuela, se apoderó de aquellas almas atrapadas en el asombro. Con un nudo en la garganta, conteniendo las lágrimas a punto de reventar en llanto, con profunda ternura, observaron cada gesto de la niña, que a pesar de su entusiasmo, de su abandono, estaba más bella que nunca, más segura de su existencia, como si una fuerza poderosa y desconocida la iluminara. —Tía Emilia —preguntó de pronto—, ¿usted le hizo clases a esos niños? —Sí —respondió la directora con los ojos bañados en lágrimas—. Ellos fueron mis alumnos. Tiara, por última vez te lo pregunto: ¿te gustaría irte a la casa? —No, tía, gracias —respondió ella. —Como quieras —aceptó la directora—. Está bien, puedes volver a clases. —¡Chachita, Dios! —exclamó Elvira y se apartó bruscamente de la puerta. Luego, corrió hacia el comedor arrastrando los pies, evitando que las 174

totalmente vacío a esa hora de la mañana. —Ya ves como también se fueron los internos del piso de arriba. —Todos nos tendremos que ir algún día a Puerto Cisnes. Allí se abrazaron amistosamente. Habrían permanecido así hasta el nuevo tañido de la campana.tablas del piso crujieran a su paso atolondrado. si te vas quisiera irme contigo. de Puerto Gala. Tiara salió al patio y se acercó a Diego. cuando terminemos la escuela. y tú quisieras embarcarte en él y alejarte de tu caleta. 175 . del archipiélago de Los Chonos. —Bueno. —¿Qué dices? —Pasa que si un día viene de nuevo ese barco enorme. porque también había escuchado las palabras sorprendentes de la niña. te juro que yo también me iría. que la esperaba inquieto y emocionado. —Huevito —le dijo al oído—. Juntos caminaron hacia la sala. de la isla Toto. el que se parece a una ballena iluminada. sí. pero se detuvieron en medio del patio. pero falta mucho para eso.

Tal vez regresaron al norte. por encargo de sus reyes. —¡Ah! 176 .—¿También se fueron? —Muchos de ellos estudian lejos de aquí. tengo que ayudarle mucho a mi mamá. Nunca se sabe cuando el gigante Uoke hundirá la tierra donde vivimos. pensándolo bien. por favor. Huevito —respondió Diego—. Ahora mi hermano es un tripulante más en la nave de los príncipes. —¿Cómo? —Muy fácil. muerto de risa—. descubrirá nuevas islas. Ahora que mi papito tiene que vencer las rencillas en la ciudad sagrada. ¿Me acompañarías al monte a buscar leña? —Sí. Tendré que ayudar bastante en mi casa. ¿Quieres que te lo dibuje? —No. claro. Huevito —replicó. ¿Cómo eres para el hacha? —¡Seca! Siempre le ayudaba a mi hermano. —No quisiera que la estropearas. Diego. porque lo echaban de menos. Aunque. Podemos usar mi bici para cargarla. podemos atarle un canasto para la carga.

porque en ese preciso instante la embarcación de la Armada regresaba con ellos. Nosotros la manejamos desde la orilla.Tiara. —¿Saldrías a pescar conmigo. Amarramos el volantín de mi abuelo a la balsa y la dejamos que flote bien lejos. —No tenemos que hacerlo. eso sí. aún con vida. 177 . —¡Oh. anticipaba una situación fortuita que involucraba a su padre y a su hermano Kiko. ahora que mi hermano es un príncipe y mi papito conquistó el huevo Manutara? —Tú sabes que no podemos salir de pesca. Huevito! —¿Me dirás Tiara cuando yo sea princesa rapa-nui? —Entonces no querrás que te acompañe. sin querer. junto a la vaka—paenga que había zozobrado en las aguas del archipiélago. —¿Por qué? —Porque serás muy importante y yo apenas tu compañero. después de haberlos encontrado flotando. Diego.

—Kiko. mi abuelo y los príncipes estarán felices de que vengas conmigo. Como 178 .

179 .

—¿Qué clase de encargo? —Unas rodilleras y unas coderas para ti. le voy hacer un encargo. 180 . También vas a necesitar un casco para proteger tu cabeza. muy conmovido. la estrechó una vez más en sus brazos. después de mucho tiempo tuvo la convicción de que no estaba sola. Diego. —¿Crees que voy a subir y bajar peldaños con mi bicicleta? —Eso creo. ¡Cómo habría deseado ella que toda la escuela fuera testigo del maravilloso gesto de su amigo! Tiara no se sentía rechazada.mi papá tiene que ir a Puerto Cisnes. de que ahora sí tenía al mejor de los compañeros: ese que ha conquistado el corazón por completo.

una bomba. Archipiélago: parte de mar poblada de islas. o bien manual. Extraer el agua de una mina. un dique. Allora: voz italiana. entonces. sirviéndose de algún medio mecánico. Acoquinar: amilanar. formada por la erosión que produce el viento y la constante humedad del mar. donde llegaría finalmente el rey del continente Hiva. 181 . Anakena: playa de arenas blancas en Isla de Pascua. desanimar. una embarcación. por ejemplo. Ariki Paka: exploradores que se adelantaron al rey Hotu Matu'a para reconocer la isla Rapa Nui. verter. reducir a menos una cosa.Glosario Acantilado: pared de roca casi vertical. causar miedo. que se hundía en el mar. Achicar: aminorar.

una idea que se proyecta por primera vez. Balbucear: balbucir (balbucía. Pero. observar recatadamente. farfullar. musitar. En la 182 . cruzar en balsa. sorprendido. ingenua o de pocas luces. Bosquejo: apunte inicial.Arrecife: piedras. Bogar: remar. Atolón: arrecife. ensenada. además y tal vez. en forma de anillo. por lo general de corales. Puerto pequeño. Caído del catre: término de uso popular que señala a una persona distraída. boquiabierto. Babero: el que conduce una balsa. rocas a flor de agua que forman un banco en el mar. balbucieron). Atónito: pasmado. Atisbar: mirar. mascullar. navegar con remos. Balsear: pasar. Cagnara: voz italiana que significa jarana. como así se les llama al conjunto de los hombres que descargan un barco. Caleta: cala.

Pero el habla popular de Chile utiliza este término para referirse a una bicicleta muy vieja. se usa el término como sinónimo de cantidad y como el lugar donde «paran» las personas sin hogar y que suelen reunirse para dormir en algún lugar. como «hacer la chancha. mantener el barco sin permitir que se hunda.expresión cotidiana de las ciudades. no asistir a clases pudiendo hacerlo. En Perú. También. Expresión chilota muy arcaica. con estructura de hierro. Dios: Taitita. Capear: sortear algún peligro. explota. es bajo un puente junto al río. la cimarra». La bicicleta y el catre crujen cuando están viejos y desvencijados. Guatemala y México significa pistola. Catre: cama antigua. 183 . que revienta. Por lo habitual. es decir. eludir un compromiso o situación apremiante. Chancha: cerda. Chachita. Dios. Cuete: en Chile es algo que se dispara. En algunos países de América significa algo malo. Algunos fuegos artificiales menores son llamados «cuetes».

Marae Renga y Mangareva. Hiva Maru e Rengo. Hiva: continente mítico. Chiesa: voz italiana que significa iglesia. También se le conoce con los nombres de Hiva-Marac-Renga. débil. frío. Güeno: pronunciación incorrecta (pero muy común) del vocablo bueno. habitantes de Isla de Pascua. frágil. Endeble: de poca resistencia. del que se dice fue el lugar de origen de los primeros rapa-nui. Esta expresión se ha hecho común. seguramente por el intenso contacto laboral del chileno con el sur de Argentina. en especial con las damas. hacer mérito. Hare-paenga: piedras que formaban el cimiento de las casas-bote. Gélido: helado. Galante: atento. Hombre flojo: expresión popular proveniente de una canción chilota que dice: 184 .Chicos (as): niños (as) en la lengua popular de la gente al sur de Chiloé. Hacer meño: voz chilota.

Kete: canastillo.«Levántate. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. Io: voz italiana que significa yo. sale a pescar. 185 . Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas».» Hopu: nadadores diestros. pánavegar. Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui. hombre flojo. muy difundido. que la mar está linda pánavegar. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa. sale a pescar. Jarana: diversión bulliciosa. El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos.

que se remonta a los orígenes de un pueblo. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. Mítico: perteneciente al mito. utilizado para pescar. la labor del maestro. 186 . Miru: clan pascuense. Manutara: golondrina de mar. considerado estirpe real. mar. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. aun cuando no pueda ser específico. cometa. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. Manu-hakerere: volantín. Meño: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. cielo. pájaro-fragata (Sterna lunata). Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. animales y plantas. El creador de lo existente: tierra. Magisterio: relacionado con enseñanza. civilización o lugar.

» Hopu: nadadores diestros. sale a pescar. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa. Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar. hombre flojo. 187 . competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. pa'navegar. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». lo: voz italiana que significa yo. que la mar está linda pa'navegar. Jarana: diversión bulliciosa.«Levántate. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. sale a pescar. Kete: canastillo. muy difundido. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui.

que se remonta a los orígenes de un pueblo. animales y plantas. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. pájaro-fragata (Sterna lunata). mar. la labor del maestro. civilización o lugar. Meno: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. utilizado para pescar. Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. cielo. Manu-hakerere: volantín. 188 . elaborado con una corteza vegetal muy liviana. Magisterio: relacionado con enseñanza.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. Manutara: golondrina de mar. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. cometa. El creador de lo existente: tierra. Miru: clan pascuense. considerado estirpe real. aun cuando no pueda ser específico. Mítico: perteneciente al mito.

descubierta y del tamaño de un bote. El óvalo de la cara. Óvalo: con forma de huevo. Plumavit: espuma plástica. Orongo: poblado de piedra en la falda del volcán Rano Raraku. Peñón: peña grande y escarpada. antes de sus bodas. Poike: región de la isla Rapa Nui. lugar de celebraciones y ceremonias. Monte peñascoso. Popa: parte posterior de una embarcación donde va el timón. más grande que una canoa y navega a remo y vela. En los botes con motor la función del 189 . Nessuno: voz italiana que quiere decir ninguno. Neru: doncellas elegidas por su belleza. por ejemplo. Panga: lancha a motor. Per che: por qué.Moái: escultura monumental de piedra volcánica cuyo origen es un misterio. Cualquier figura plana con forma ovalada y curvilínea. Piragua: embarcación larga y estrecha.

Se encuentra desde Ñuble hasta Tierra del Fuego. un palo labrado de modo rústico. 190 . en cuyas canteras se esculpieron la mayoría de los moáis . Qué contiene (expresión común en Chiloé): qué es. Pora: balsa pequeña construida con totora. Quetro: pato silvestre que habita junto a la costa marina y en lagos interiores. Ragazzo: voz italiana que significa muchacho. En otros países es el golpe que se da con una porra. aguda. Pulla: Expresión grosera. Porrazo: golpe que se recibe al caer con todo el cuerpo. Privarse: en Chiloé significa enojarse. es decir. qué significa.timón la cumple la columna que sujeta la hélice impulsora. lanzada oportunamente. Rano Raraku: volcán ubicado en la costa sureste de Isla de Pascua.

donde vivieron 191 . Rico Pancho Gómez: expresión chilota que alude a una persona que lo tiene todo y lo disfruta. Settimana: voz italiana. Recalar: llevar una embarcación a la vista de una costa conocida. Con su fuerza descomunal hundió el continente Hiva. en la latitud del puerto de Caldera. Uoke: gigante legendario. semanas. Toto: isla del archipiélago de Los Chonos. representante en la región de un determinado Ministerio de la República. Reclusa: persona recluida o encerrada en algún recinto cerrado.760 kms de la costa. Te Pito o Te Henúa: Ombligo del Mundo. Tangata manu: hombre pájaro. pertenece a la Quinta Región y se ubica a 3. Remero: el que usa los remos. Isla de Pascua. Seremi: secretario regional ministerial.Rapa Nui: «La Isla Grande». Sename: Servicio Nacional de Menores.

provocando enormes inundaciones. como una yunta de bueyes. significa amistad inseparable. en ciertos estratos sociales. Vaka poe-poe: embarcación de gran tamaño similar a un lanchón.los antepasados rapa—nui. En la ciudad. Yunta: par. Uomo: voz italiana. 192 . Vaka-ama: embarcación pequeña con un balancín en uno de sus costados. hombre.

en la colección Mar de Libros ha publicado Lugares de asombro y creencia popular y Mamiña. 193 . y Sakanusoyín. niña de mis ojos. Es autor en Alfaguara Infantil de Un monstruo ASI de grande. Además. con diversas publicaciones en narrativa y drama. Caco y la Turu. cazador de Tierra del Fuego. el último niño. Es uno de los autores chilenos de mayor trayectoria en el área de la literatura infantil. En sus obras muestra la vida de los niños y jóvenes de hoy en América. Mamire.Víctor Carvajal Nació en Santiago de Chile.

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