La Balserita Víctor Carvajal Ilustraciones de Carolina Schütte González

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Dedicado a Constanza Corbinaud Castañeda.

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Alucinaciones

Tiara soñaba con Diego esa madrugada. Ella y su compañero esperaban por una lancha que los 3

como si una brisa gélida la dominara. como si la pasarela de madera no existiera. De pronto. mecida por las olas. En medio de la bruma. porque creyó haber visto a su hermano. Diego montaba su espléndida bicicleta. cuando la neblina comenzaba a dejarle un espacio de cielo al océano. ambos miraban en silencio aquel paisaje de ensueño. apareció una imponente figura. La niña se estremeció de la cabeza a los pies. la niña vio ciertos destellos que se desplazaban en medio de la bruma. Desde el muelle.trasladara hasta el embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. pedaleando de un lado a otro. como pequeños peces fuera del agua. amenazando con regresar de un salto a su mundo submarino. 4 .

5 .

los tripulantes de aquella embarcación maravillosa detuvieron el acompasado movimiento de los remos a escasos metros de la costa. —No. el hermano mayor de Tiara. nada —titubeó ella. porque en ellos se reflejaba mejor el color gris del mar y del cielo. La nave se acercó. El rostro del muchacho hizo una mueca de asombro y saltó como un resorte. —¿Nos vienen a buscar? —preguntó Diego. Tiara permaneció expectante unos segundos ante la sorprendente aparición que emergió de la nada: mecida por las olas. temblaba de miedo. perturbado por la repentina reacción de su compañera. flotaba la imponente piragua. Tiara buscó refugio junto a Diego.Tiara se volvió para mirar a Diego a los ojos. Entre ellos se encontraba el abuelo de la niña y Kiko. 6 . —¿Qué pasa? —balbuceó. Ocho hombres la tripulaban. Ataviados con finas plumas multicolores. Miembro de nuestra estirpe real. —¡Eres una Miru! —saludaron—.

Mientras la niña intentaba separarse de su amigo para obedecer las instrucciones que recibía. sin mayor alegría—. volviéndose a ellos. —El competirá en una prueba muy dura —respondió el abuelo. aborda tu pora y rema hasta nuestra embarcación. impulsada por la misteriosa voluntad que la 7 . —Navegamos contra el tiempo —respondieron apremiados los príncipes—. —Eres navegante. —¡Quiero ir a verlo! —Tiara —se apresuró Kiko—. igual que nosotros —respondieron los príncipes. Para que nos lleven a la escuela. Es largo el viaje hasta las costas del Poike. —Son los príncipes Ariki Paka y vienen por ti —respondió el anciano. al tiempo que miraba a su abuelo y a Diego. —¡Qué bueno! —replicó Tiara.—¿Quiénes son ustedes? —preguntó la niña. mudo de asombro. —¿Tengo que subirme a la balsa? —exclamó la niña. —¿Y mi papito? —insistió la niña.

junto a los cuales 8 . zigzagueando de un lado a otro. —Que aborde la nave —ordenaron los príncipes. —Vamos. logrados al apretar y soltar los frenos. El muchacho dudó. víctima de una fuerza misteriosa y con sorprendente habilidad. Al escuchar que Tiara mencionaba la bicicleta. Tiara contemplaba maravillada la destreza de Diego. —No iré sin él —respondió Tiara. comenzó a desplazarse lentamente por el embarcadero. Parecía un caballo desahogando su dicha. una extraña figura de goma que rebotaba sobre el entablado resbaladizo. Diego. Monta de una vez en tu bici y ven conmigo. con una rueda primero y luego con la otra. El abuelo y Kiko exigieron a la niña que se apurara. Diego —dijo Tiara—. se preguntó si Diego estaría dispuesto a ir con ella. Eran saltos pequeños. Diego? —insistió. —¿Vienes. La niña no hacía más que celebrar la habilidad de su compañero. avanzando hasta el agua.dominaba. Ella corrió a los botes. que no había tiempo que perder. a punto de perder el equilibrio.

—Se embarcó temprano. la balsa de espuma plástica. la niña recordó el sueño que había tenido y regresó entusiasmada a la cocina. hija. Se sentó a cubrir de margarina una media rebanada de pan amasado recién sacado del horno y apuró el desayuno. desató la amarra y de un salto abordó decididamente la débil embarcación. Aquí no hay hombre flojo. Vertió leche caliente en un jarro enlozado y la endulzó con azúcar. Entonces. Para su sorpresa. Arrodillada en la —¿Y mi papito? —preguntó. Tiara fue a mirar por la ventana. inmóvil frente al mar. sosteniendo su bicicleta con ambas manos. chica. fue asaltada por una idea que la hizo temblar de pies a cabeza: tal vez su madre 9 . En el embarcadero le pareció distinguir a Diego. como si estuviera dispuesto a lanzarse al agua con ella. —¿Y el Kiko? —Salió de pesca con su padre. mientras se abrigaba con su chaleco de lana. Acomodó su mochila. la bruma se mantenía suspendida sobre el mar tal como la viera en su sueño.flotaba su Amiga Yara. Mientras bebía el resto de leche humeante.

¿Se sentiría reconfortada? —Mamá. Tiara se levantó de un salto de la mesa y volvió al cuarto de baño. la que al parecer a nadie importaba. En la escuela. no faltará quien la balsee.. pues era muy arriesgado navegar con tanta niebla. Cepilló con descuido sus dientes. Y frente al profesor. mamá! —gritó desde la 10 . se enjuagó la boca con un potente sorbo de agua y terminó de limpiarse los labios con un paño de algodón. podía deambular por los pasillos. la niña prefería no faltar a clases. —Hija —respondió después de un rato la madre. —¡Chao. siempre existía la posibilidad de alzar la mano y ser tomada en cuenta. De todos modos. tengo que ir a la escuela —rogó. aun cuando nadie la acompañara. su madre estaba demasiado ocupada en sus quehaceres como para preocuparse de la hija del medio. Por fortuna. afanada como estaba en el cuidado de sus hijos pequeños—. bordado con delicadas flores rojas y amarillas.deseaba que esa mañana se quedara en la casa. al menos.. Pero si al menos regresara su padre o su hermano de la pesca.

Hasta que descendió por la escalinata de madera que conducía al muelle. Con su uniforme azul. Tensó el cordel entre sus dedos entumecidos y con los pulgares y los índices formó diversas figuras a medida que cantaba: Kia—kia. hija —respondió la madre. —Váyase como pueda. Saltando como una gaviota. De uno de sus bolsillos sacó la delgada cuerda para el juego del kai-kai\ su entretención predilecta. mientras esperaba el bote que los balsearía hasta la caleta de la escuela. i te ehu—ehu. —¿Qué cosa. —Anoche soñé contigo —dijo. kia—kia. sonriendo. siguió el camino que señalaba la estrecha pasarela. Pero Tiara no respondió. Huevito? —preguntó Diego. muy serio. tari rau kumara.puerta. 11 . Tiara se aproximó a su compañero de escuela y le ofreció la mejilla para aceptar un beso desganado y tibio. salió a la bruma de la mañana.

en tono de burla. —Como tu bicicleta —replicó Tiara. En cambio. muy molesta. golondrina. —¿No le dicen Pascual a tu padre? —insistió Diego. —Porque no entiendes mi canto. —¡Pascuala! —remedó Tiara. —¿A quién le importa? Golondrina de mar. —¿Qué tiene mi bici? 12 . —¡Picado! —¿Por qué? —replicó Diego. traes ramitas de camote. él viene de Isla de Pascua como toda tu familia. —¡Ya está la Pascuala con sus cosas extrañas! —comentó Diego. —Porque él no come huevos como tú lo hacías cuando eras chica —prosiguió Diego—. —¿Por qué no le dicen Huevito también? —replicó la niña. —¡Qué bonito! —se burló Diego.i te Papua—púa. en la penumbra y en la suave neblina.

Y ella admiraba la 13 . pero no me gusta que se rían de mí. Diego reconocía en Tiara cierta delicadeza y sensibilidad. que la predisponía a descubrir la magia de las cosas. a regañadientes hicieron una tregua. —¿Y tú? -¿Qué? —¡Que quieres ser maestra cuando grande! —Si tu sueño es andar en bici —respondió Tiara—. por estas pasarelas donde apenas cabe una persona. En ese preciso momento se acercó a ellos la mamá de Diego. —¡Picada! —¿De qué sirve? —Bueno. —¡Directora! ¿Puedo reírme un rato? —Puedes. En el fondo de sus corazones abrigaban sentimientos de mutua aprobación.-—Es como el horno eléctrico que le trajeron a tu mamá de Puerto Cisnes. Por un instante guardaron silencio. pero ya lo usará cuando pongan el nuevo generador de electricidad. yo sueño con ser directora. igual que la tía Emilia.

inventando el modo de trepar a los botes y transformar en columpio las cuerdas tensadas que sujetaban las naves. Las casas del poblado se apretaban unas con otras. mientras se apoderaba de la bicicleta. Los moradores debían circular por estrechas veredas de madera que permitían el acceso a cada vivienda. el hermano de Tiara había tenido la ocurrencia de utilizar las mismas embarcaciones como plaza de juegos. Pero. que soñaba con ir a la escuela en bicicleta. —Me la llevo —sugirió la mujer. en el archipiélago de Los Chonos. no hay calles para vehículos ni veredas para los peatones. Más rocas que tierra. en la Isla Toto. haciendo que su hijo se bajara de ella. Más terreno no había en aquellas rocas. plataformas y palafitos. con instalaciones para hacer ejercicios.tenacidad del más cercano de sus compañeros. ¿cómo lo haría? En Puerto Gala. Los únicos medios de transporte motorizado que se conocen son las lanchas y las pangas. por la falta de espacio. A falta de un sitio amplio. a punta de pasarelas. 14 . Las precarias construcciones se hicieron quitando espacio a la piedra.

Y si esos niños hubiesen contado con ellos. con el cuchillo conseguido por su hermano Kiko en la cocina de la casa. Tiara recordaba cuánto había costado cortar el enorme trozo de espuma plástica. También estaban las balsas de espuma plástica que ellos utilizaban para jugar. conservado con hielo en la bodega del barco. sus padres jamás les perdonarían maniobrar un bote sin su consentimiento. observando atentamente el muro de humedad suspendida sobre el agua y que impedía ver el horizonte más cercano. Los dos habían estado una tarde entera junto a las rocas dándole forma de balsa al pedazo de 15 . Esas cajas de plumavit eran llenadas de pescado fresco. sin remos ni chumaceras.—¡No. Todavía no ha venido nadie a buscarnos. —¡Pero se hace tarde! —protestó la madre. Era el envase que usaban los tripulantes del barco que solía llegar de Puerto Montt a recoger la merluza que pescaban los hombres de la caleta. mamá! —rogó Diego—. sin esos implementos era imposible bogar. Varias embarcaciones menores flotaban junto a las rocas.

Había sido el trabajo de varios días seguidos. Pero no sólo la usaron como entretención. que por su peso se hundió en el mar. manteniéndose alejado 16 . Cierta vez.espuma plástica. Kiko hizo una demostración para que Tiara aprendiera a utilizar el remo y luego se dedicó a instruirla con gran paciencia. Luego. con el mismo cuchillo lo ahuecaron. Siguiendo la costumbre. con un buen anzuelo y una carnada que la propia Tiara había conseguido para la ocasión. Kiko ató el volantín a la popa de la falsa embarcación y de la cola colgó una lienza con un anzuelo en su extremo. Habían instalado en ella el volantín manu—hakerere del abuelo. cuando Kiko era todavía muy pequeño para acompañar a su padre en la pesca. la echaron al agua y la alejaron de la costa con el remo. Después consiguieron una vara de madera de un metro y medio de largo y le clavaron dos palmetas en los extremos. en primavera. ataron la balsa con una cuerda bastante larga. En este caso se trataba de una balsa para divertirse junto a la costa. para lograr el mismo espacio interior de un bote. cuando el tiempo se presenta mucho más propicio para navegar.

niña? —replicó la mujer—. como el padre de Tiara no había regresado y en casa no había qué hacer de comida. Pero desde que se hizo persona se va todos los días con mi papito. 17 . la verdad sea dicha. A partir de entonces siempre mantuvo viva la esperanza de un reencuentro. —Aquí hay botes de sobra —comentó la madre de Diego y miró intensamente a Tiara.del bote y a merced de los vaivenes del viento. los niños Miru consiguieron una pesca maravillosa: tres merluzas españolas. —Mi hermano también nos balsearía. nunca he visto a su padre cruzar a la escuela. lo que falta es que alguien se haga responsable. —Mi papá puede llegar en cualquier momento —respondió la niña. robustas y sabrosas. como si de la niña dependiera el traslado de su hijo—. —¿Lo cree. Pero. la balsa de Tiara no tenía nombre y la niña decidió bautizarla con el nombre de alguien que le encantaría que regresara a la caleta: Amiga Yara. Ese día. Por aquellos días.

Felizmente para ambos. —¡Por ahí podríamos ir a la escuela! —exclamó. ya lo habían hecho.—Claro —insistió la madre de Diego—. sin consecuencias. Por lo tanto. —¿Nunca le han dicho que no debe aventurarse por esas rocas? Tiara enmudeció y Diego tragó saliva. Su hermano tampoco se muere por llevarla a la escuela. al parecer. Ambos cruzaron miradas temiendo ser sorprendidos en un secreto que no debía ser develado por ningún motivo. jugando a enfrentar riesgos y pasar la prueba. Ninguna lancha surcaba las aguas a esa hora de la mañana. no había ninguna posibilidad de que una embarcación pasara a recoger a los rezagados de Caleta Chica. 18 . En varias ocasiones se habían aventurado por esas rocas. nunca tuvieron nada que lamentar. Los catorce alumnos que venían de otras caletas y que diariamente cruzaban con algún apoderado a la escuela. La niña observó atentamente el accidentado montículo de rocas que se extendía a lo largo de la costa y que la niebla se lo tragaba como si nada más existiera en el mundo.

Buscaban afanosas una embarcación para nadar delante de la proa. alegrando la travesía de marineros y pescadores. —¿Qué hacer? —se preguntó—. formando una trenza de espuma. tan poco prácticos para todo. como si no tuviera ninguna urgencia.Incluso. dulces olas! —suspiró. Pero las olas tal vez son sordas y sólo nos hablan con esa monotonía tan propia porque abandonaron la escuela antes de aprender lo que debían. —¡Oh. suspirando y roja como un tomate—. precisamente en esas rocas tan peligrosas. Un grupo de toninas cruzó saltando frente a los ojos de Tiara. —Mi mamá siempre lo hace —reconoció la niña. De algún modo hemos de llegar a la escuela. El suave oleaje golpeaba porfiadamente en los pies de Tiara. Se preocuparon de hacer 19 . había seguido los pasos aventureros de su hermano. Pero en verdad no es tan peligroso. —Lo que hace falta es una buena pasarela —comentó la mujer—. porque cuando Kiko era pequeñito caminaba por ahí y a veces me dejaba ir a la siga. También en la escuela nos dicen. Estos hombres. cuando Tiara era muy niña.

entre el espeso bosque y el mar.instalaciones de radio y olvidaron lo más necesario. con fondos de latón recortado de aquellos tambores que alguna vez fueron recipientes de aceite o de petróleo. Diego fue a sentarse junto a ella. estirando de los ganchos para colgar chaquetas y pantalones. levantadas sobre las rocas. —¿Y qué sueño fue ése? —Mi abuelo y mi hermano vinieron a buscarnos. evitando que la ventisca las arrastrara cual cometas de los confines. Huevito? —La pura verdad —respondió ella. pero no hubo forma de que te bajaras de tu bici —habló 20 . Las antenas eran variadas y curiosas. había antenas con tapas de olla. Los hombres las habían construido de alambre. Tiara observó los techos de las casas. muy cerca del agua. La niña se sentó a esperar en la única roca sin humedad. —¿De verdad soñaste conmigo. para irnos en la nave de los príncipes. Los cables eléctricos que las conectaban parecían mantenerlas atadas a las techumbres.

—Pero no es el lanchón de su padre. —¡Qué suerte. —¿Eso fue lo que soñaste.bien bajito. hijo! —interrumpió la madre de Diego—. Huevito? —insistió Diego. Es el de mi marido. —Podías flotar como una canoa —respondió ella. —¡Debe ser la vaka-poe—poe de mi papito! —exclamó Tiara y se levantó llena de entusiasmo. —¿Estás loca? —Hasta le puso nombre: vaka—ama. triste y pensativa. Ya está otra vez la Pascuala diciendo tonteras. —Eso —musitó ella. Se acercó a la orilla del pequeño embarcadero para escuchar mejor la monotonía del motor fuera de borda. 21 . acercándose a la niña y tironeando una de las mangas de su gruesa parka de invierno. muy sorprendido—. para que la madre de Diego no los escuchara. Una lancha se acerca. niña —comentó satisfecha la madre de Diego—. —¿Tu abuelo? —preguntó Diego.

Anselmo? —Escasa —respondió el padre de Diego. —¿Podemos subir. papá? —preguntó el niño. Tiara buscó con la mirada el tarro para achicar el agua del bote. —¡Qué bueno que llegas a tiempo. El lanchero aceleró el motor fuera de borda y el bote se sacudió como en una tormenta. Tiara y Diego abordaron la embarcación. al tiempo que su compañero de faenas comenzaba a desembarcar unas cuantas cajas de espuma plástica repletas de merluzas. —Terminamos de descargar y nos vamos —respondió el hombre.El dilema —¿Cómo estuvo la pesca. 22 . viejo! —comentó ella. Tiara se aferró al borde de la lancha y vio como sus zapatones se hundían en el agua en el piso de madera.

23 . después de mantener alzado el brazo en señal de despedida.La madre de Diego.

Los 23 24 . lanzando fríos destellos con sus incontables rayos. esperando el toque de la campana para ingresar a la sala. Tiara y Diego fueron los últimos en llegar a clases. El agua salpicaba el borde de la embarcación y la niña debió abrigar sus manos entumecidas.regresó al caserío. observando cada detalle. El profesor. compartiendo el caminar pausado y sin prisa. el pequeño grupo de docentes y auxiliares se parapetaba bajo el alero del corredor techado de la construcción de madera. Tiara se quedó un largo rato observando la bicicleta que la mujer se esforzaba en mantener aferrada a su cintura. se dirigió a la campana y tiró de la cuerda. Tres sones retumbaron en las paredes del edificio y en la corteza de los árboles cercanos. Contempló entusiasmada la estela de espuma que dejaba la trayectoria del bote y recordó la bicicleta que en sueños había inventado su abuelo. La directora consultó su reloj y asintió con la cabeza. Sus compañeros ya estaban formados en el patio. Frente a ellos. Las ruedas giraban como medusas de plata. que la observaba de muy cerca. que apretadamente cubrían laderas y cerros.

y lambanein. —¡Dilema! —meditó el profesor—. En términos generales. ¿qué tenemos? Un argumento que presenta dos posiciones que provocan confusión en quien las enfrenta. ¿Por qué. porque no deseaba que la niña le aportillara una vez más la clase programada—. apenas los alumnos estuvieron sentados. que repentinamente se quedó más tieso que una estaca.alumnos ingresaron a la sala de clases. es decir dos. seguidos por su profesor. Diego? ¿Cuál es el tuyo? 25 . —¿Podríamos estudiar el dilema de Diego? —¿Dilema? —replicó el profesor. Y preguntó sin entusiasmo. que quiere decir tomar. ¿Qué dilema? ¿Sabes lo que es eso? —Sería bueno que lo resolviera —insistió Tiara. es alguien encerrado en un dilema. Entonces. Voz griega que viene de dis. mientras la directora se dirigía a su oficina y las tías Lidia y Elvira iniciaban sus labores en el comedor y en la cocina. —Nos corresponde matemáticas —señaló el profesor. mirando a Tiara y luego a Diego. —¿Qué le pasa? —protestó Diego.

adelantándose a que su compañero 26 .—No sabe qué hacer con ella —prosiguió Tiara.

27 .

Siempre los dejaba temblando con eso.. El profesor escuchó atentamente. —¿Qué falta de respeto es ésa? —sentenció el profesor. No sé de qué habla. —A ver. —Mi abuelo tuvo la genial idea.respondiera—. aquello que acoquinaba hasta al más audaz. pero en la caleta no se puede andar en bici. Tiara —tragó saliva el profesor—. Ya está de nuevo la Pascuala diciendo leseras. a medida que lo expresaba. expuso lo que imaginaba y. —¡Tío Tato! —reaccionó por fin el muchacho—. ¿Qué idea es ésa? La niña. —La Huevito ha estado toda la mañana en eso —protestó Diego. 28 . —Su abuelo está muerto —interrumpió Diego abruptamente. Quiere usarla. —Yo sólo quiero ayudarlo —se disculpó Tiara. en medio de un fastidioso rumor. suma de murmullos. con gran desplante y sin un asomo de duda. Entonces optó por lo más temido de la clase.. —¿De qué se trata? —insistió el profesor. le parecía más claro. risas veladas y pullas carentes de ingenio.

sosteniendo a duras penas el trozo de tiza entre sus dedos.— Nadie con dos dedos de frente diría que eso es una bicicleta. —¡Pascuala! —reaccionó Diego. ¿Serías tan amable de hacernos un bosquejo? Tiara se levantó con cierta resistencia. con una rueda más grande que la otra. Temblorosa. alentada por el entusiasmo que cada trazo provocaba en ella. como un velocípedo. Haciendo caso omiso del rubor que con seguridad se había apoderado de sus mejillas. enfrentó el desafío que ella misma se había impuesto. Veamos lo que Tiara se propone.—¡Al pizarrón! —señaló—. indignado—. pues no contaba con una demostración frente a las burlas del curso. tendré que bajarte la nota en artes plásticas. dibujó un biciclo desproporcionado. La niña prosiguió como si nada. comprobando así la satisfacción de ver realizado el 29 . ¡Esa no es mi bici! —Claro que no lo es —intervino el profesor. con una tercera a medio camino. —¡Un catre! —respondieron. —¿Es la chancha del Diego? —comentó alguien. Es cosa de abrir bien los ojos. En todo caso.

? —Pero si lo dijo clarito la chica —comentó un gracioso. daremos el problema a los alumnos de los cursos superiores. —¿Y ese óvalo? —preguntó el profesor. —¡Silencio! —volvió a sentenciar el profesor. destemplando los oídos por unos instantes. ¡Más respeto! ¿Qué es lo que más recalcamos en esta escuela? ¡Respeto. —¡Es el huevo que desayuna todos los días! —¡Silencio! —advirtió el maestro—. Aunque a Diego no le corresponde como materia. rasguñando la pizarra. —¿Una qué. fue la única voz que habló en el aula. este problema no tiene mucho que ver con aritmética. pero sí con física y mecánica. respeto y más respeto! —Es una vaka—ama —explicó la niña.primer acercamiento a la materialización de una idea. Las risas y comentarios de los más grandes terminaron como por encanto.. —Bueno —comentó el profesor—.. Se produjo un silencio tan profundo. 30 . que la tiza.

tonto. Mi abuelo dice que el balancín evita que se vuelque. basta! —advirtió el profesor—. Analizar el principio mecánico que le permite girar. —¡Ya. El tema también 31 . —Esa vaca que dice —replicó la niña con enorme desplante—. Investigar el principio físico del molino y su aplicación para utilizar el viento o el agua como energía impulsora. La rueda. Un comentario más y se irán amonestados a la dirección.—Es una vaca enamorada hasta las patas —insistió el chistoso. —Es una balsa con un balancín. Entonces. se escribe con c. la cadena haría girar un remolino que salpica el agua. la vaka de la que hablo se escribe con k y significa algo muy distinto. al pedalear. si la bici fuese montada sobre la balsa. tío Tato —continuó la niña con exagerada calma—. —Tarea para los de séptimo y octavo —señaló el profesor—. tal como las aspas que movían los motores a vapor en el siglo XIX. Por eso. Esa consonante no existe en la escritura rapa—nui.

No tuvo más palabras. seguido de un silencio inquietante. a ver —advirtió el profesor. Una vez concluida la primera parte de la tarea. —A ver. dejó paralizados a todos los alumnos del curso. se abocarán al estudio de la idea del abuelo de Tiara. Dibujarán el proyecto como corresponde. —Digo —explicó el alumno sorprendido— que cómo resolvemos este casito. En la misma escuela están las respuestas. Un golpe tremendo. el material de que están hechas para que la fuerza empleada provoque el movimiento deseado. El profesor miró atentamente a cada uno 32 . —Aquí. Y no importa que esté muerto. Tendrán nota por eso. el tamaño de las aspas. No quiero excusas. Y luego calcularán el volumen de la rueda. Invitó a Tiara a sentarse. que la habrían pulverizado con los ojos si hubieran tenido el poder de hacerlo. joven. en medio de las miradas de los varones más grandes. —Pero. ¿cómo le pone oídos a la tonta de la Huevito? —comentó alguien. con las dimensiones a escala.será parte de la materia de historia para los de quinto y sexto.

muy serio. porque fue más de uno el que se sintió. El profesor enmudecía. hizo trizas el miedo que se había apoderado de las almas de aquellos muchachos y. celebrando su propia ocurrencia. ¿quiénes podían hacer tanto alboroto? Más de alguien había comentado que en el dormitorio abandonado del segundo piso habitaban fantasmas. —¿Ratones? —musitó el maestro. La campana. más sonora que nunca. si es que en verdad lo eran. A nadie le causó gracia el comentario y coincidió con el griterío en el piso de arriba. Pies descalzos corrían por el segundo piso. tímidas al comienzo.de esos niños y ellos lo miraron pidiendo auxilio a gritos. luego más atrevidas. El profesor y los alumnos se observaron mutuamente en silencio. —¡Elefantes! —comentó uno de los muchachos. Pero. Un nuevo estruendo se sumó al anterior. Se oyeron risas de niños. provocando la hilaridad desenfrenada de aquellos espectros. con el efecto del eco. salieron como cuetes que alimenta el viento hacia la tranquilidad 33 . al instante.

Tiara. disimulando la inquietud que le había causado el reciente suceso. sin embargo.momentánea del comedor. manifestando su rechazo. Durante años se sintió privilegiada de contar con su gran 34 . La recordó con nostalgia y lamentó haberla dejado partir antes de tiempo. La niña sintió como nunca la profunda nostalgia que le provocaba la ausencia de la única compañía que siempre tuvo en la escuela. deseaba demostrar a sus compañeros que nada lo unía a la trastornada que tenía tales ocurrencias y que lo único que le gustaba era llamar la atención. Diego se hizo el desentendido. Tiara sacó la pitilla que siempre llevaba en su bolsillo y se puso a jugar al kai—kai. Les esperaba la leche caliente y el pan amasado de la tía Elvira. permaneció inmóvil en su asiento. —¿No sales a recreo? —preguntó el profesor con la voz temblorosa y sin levantar la cabeza de su libro de clases. Desde un comienzo la evitaron. La niña se levantó dificultosamente y se dirigió al comedor junto a la cocina. donde el bullicio de los muchachos llenaba el recinto. tal como lo hacía con su amiga Yara en los recreos.

pensó que convivir con aquellos fantasmas del segundo piso era mejor que hacerlo con sus compañeros de escuela. Lo cierto fue que luego de aquella aparición repentina. sin despedida. desechándola como un resto de basura. semejante a una ballena invernal. atiborrado de turistas. como un madero a la deriva. también partió su gran amiga y dijeron más tarde en el poblado que Yara y sus padres abordaron sin remordimientos la nave. al levantar anclas el barco con sus incontables pasajeros y tripulantes. ignorándola por completo.amiga. de madrugada. como una vela encendida que irremediablemente se consume al paso de las horas. porque allí lo que más había era trabajo bien remunerado. coincidiendo con el arribo de aquel barco gigantesco. que la abandonaban. ¡Cómo la extrañaba! Por primera vez sentía tan hondo la orfandad que le producía la falta de una amistad que se extinguió de pronto. Si 35 . ¡Qué distinto sería si Yara no se hubiera marchado para siempre de la noche a la mañana! Había partido abruptamente. Ella había sido una luz en medio de las tinieblas. Había sido como una aparición fantasmagórica. Ahora.

pudiera. El piso de arriba IVlientras tanto. con sorpresa. haciendo ceder los tornillos oxidados que sostenían una aldaba corroída por el tiempo y la humedad. Había sido cerrada hace algún tiempo y desde entonces nadie subía al segundo piso. Diego no dejaba de observarla. Diego. Asombrado comprobó que Tiara era más tozuda de lo que pensaba. —¡Esta Pascuala! —comentó. quería ir al piso de arriba y mirar cara a cara a los espectros. si en ella estuviera el poder de remediarlo. 36 . convencido de que Tiara jamás intentaría cruzar esa puerta clausurada. Y fue lo que hizo. Ella se dirigió a la puerta de mañío y la empujó.

¿Cómo pudo abrir ese candado? ¿Es que había conseguido la llave en alguna parte? Con extremada lentitud. El 37 .Diego quedó perplejo de asombro. Tiara se aferró al rústico pasamano de la escala y subió peldaño tras peldaño. sin dejar de pensar que su audacia iba tal vez demasiado lejos.

38 .

imaginó qué 39 . mal pintados de blanco. conteniendo la respiración. también descascarado. Entonces. en disposición de recibirla como amiga! Tiara se sentó en una cama. Un velo de polvo suspendido o de bruma colada a través de alguna ventana sin vidrios daba la impresión exacta de lo que había imaginado: un refugio de fantasmas. veladores de madera con el esmalte descolorido. ¡Qué lindo sería si en cada catre aguardase un niño con los ojos atentos.corazón brincaba en el pecho de la niña. arrimado a un muro de sombras. Cientos de pulgas comenzaron a saltar del polvo a las piernas de Tiara. Picaban desaforadas. un enorme ropero. Los ojos de la niña se habituaron a la oscuridad reinante y paulatinamente aparecieron los objetos que albergaba el antiguo dormitorio: una hilera de catres de hierro. como si hubiesen esperado por años la visita de alguien a quien darle la bienvenida. como si el aire allí fuese un bien escaso. Las tablas desnudas. aguardaban un colchón que las cubriera. Al llegar al piso superior se halló en un lugar estrecho y asfixiante. atravesadas a lo ancho del catre.

40 .sería de ella si tuviera que compartir ese lugar con otras internas y evitarse el fatigoso traslado diario de la casa a la escuela. La quietud del lugar invitaba a dejarse llevar por el envolvente rumor que provenía del exterior. Se sintió dominada por la sensación de estar atrapada y tuvo la convicción de que no saldría tan fácilmente de ahí. observándola con una curiosidad inquietante. Cerró los ojos por fin y escuchó claramente las risitas que se ocultaban en los rincones del recinto. Varios niños se acercaron. el constante ir y venir de las olas cercanas la fueron acunando en un cálido recogimiento. Tiara se levantó. como si no tuvieran pies para desplazarse o bien no tocaran el suelo mientras caminaban. escapar de allí y regresar de inmediato a la seguridad de su aula. tal vez sintió que lo hacía con exagerada lentitud. la brisa incansable. No tuvo voluntad para abrir los ojos. La niña se tumbó de lado sobre aquellas tablas desnudas y mantuvo la mirada perdida. En un dos por tres la rodearon. sin hacer el menor ruido.

—¿Huevito? —Cuando chica me lo pasaba comiendo huevos —respondió. —¡Qué bonito! Pero aquí serás la Te. y vivo en Caleta Chica.—¡Hola! —dijo por fin la única niña que integraba aquel grupo extraño—. Me dicen la Ese y soy de la caleta. —¿Y a ti? -¿Qué? —¿Cómo te gusta que te llamen? —¡Ese\ —repitió—. evitando moverse. perdón. quienes permanecían más apartados. como si la niña que los visitaba fuese un fantasma aparecido a plena luz del día. que reía de buena gana ante el asombro de sus compañeros. con su blanca dentadura contenida en una boca expresiva. Me dicen la Huevito. Tiara. —¿Y cómo te gusta que te llamen. —¿Y en qué caleta vives? 41 . Pascuala? —Tiara. Así me gusta. Observaban a Tiara desde el borde de sus camas. Dime Ese. ¿Y tú? Parecía una luminaria. —Hola —respondió—. la Pascuala. no más.

—¿Y te quieren? —Sí.—Bueno.. —Igual podemos ser amigas —respondió Tiara. en lancha. —Es que no es nunca lo mismo. por el momento duermo en la pieza de la señorita Emilia. 42 .. en ninguna. Dicen que cuando lleguen más niñas habrá un dormitorio para nosotras y voy a dejar tranquila a la directora. —¡Qué pena! —se lamentó de veras la niña—. en mi casa. —¿Cómo se llama tu mamá? —Verónica Hito. mucho. ¿Viniste a quedarte? Sería regüeno. —¿Y tu papá? —Juan Alberto Miru. Tanto como yo los quiero. —¿Vivís con tus papás? —Sí. —¿Balsearte? —Cruzar en bote. No tengo que dormir en la escuela. —Es que yo no vivo lejos —respondió Tiara—. Habríamos sido yuntas. —Pero no me dijiste el nombre de tu caleta.. Sólo tengo que balsearme. ahora —dudó un instante—. Como aquí están los hombres. porque así el padre nos manda a hacer al tiro otra pieza. Vivo en la escuela.

Mira. al tratar de incorporarse hicieron que se deslizara una de las tablas y ellas se corrieron. debajo de un puente. 43 . polvo. sin nombre. trataba de mantener fresca la sonrisa que ocultaba el bochorno que lo mantenía pegado al piso. mientras les pasaba revista con la mirada. chiquillos. El niño. sin poder levantarse. ¿verdad? ¿Están presentables? Es lo correcto —comentó la Ese. te los voy a presentar. Tenemos visita.—Caleta. A ver. arrastrando el resto del entablado. Los muchachos. caleta. con un chiquillo y todo. —El caído del catre es Luis —dijo la muchacha. Era nuestro hogar. ah! Caleta. Había cariño en ese gesto—. y la risotada fue general. caleta de cabros. ¿entendís? ¡Soi medio dura de mollera. El desplome del muchacho provocó la risa de sus compañeros. un tanto perezosos. no más. Ellos no reaccionaron. envuelto en una nube de. ahí vivíamos todos nosotros. acérquense pa' que la Te los conozca. muy delgado y de baja estatura. limitándose a bajar la cabeza en señal de asentimiento. Cacharon. familia. Estaba junto al río.

atraídos por el alboroto. Dos muchachos yacían tendidos sobre las pesadas tablas que se habían desplomado sobre el piso. cubierta a medias por un abrigo acolchado. dejando un reguero de tablas a su alrededor. levantando una polvareda que amenazaba con oscurecer el recinto. 44 . abrazó a sus compañeros. No somos muchos. alegre y entusiasta. pero aquí nos tratamos como hermanos. El regocijo provocado por el desplome sucesivo de catres los mostró como chicos de carne y hueso. Un sacerdote se presentó repentinamente en el lugar. En medio del desorden se sintieron las pisadas apresuradas de quienes subían al segundo piso. en medio de una risotada—. La muchacha. manotazos y pisotones perdieron toda compostura y la algarabía fue total. porque de inmediato el entablado de otra cama también se fue al suelo. —Esos son el Douglas y el Leuquipán —agregó la muchacha. —Y el otro caído del catre —siguió presentando la muchacha— es el Simón. y entre carreras. como que igual nos tenemos terrible de respeto.Pero no fue la única caída. Vestía una larga sotana.

los chiquillos se volvieron a ellos con la actitud de quien espera una reprimenda. Le seguía un hombre joven. —¡Qué cagnara es ésta. chicos! ¿Qué desastre es éste? Todos. colmaron de paz el recinto. colaboraron en poner las cosas en su lugar. sin que ninguno se restara. Ante la repentina presencia de quienes irrumpían en el recinto. atónitos. en camisón de franela y con una mañanita sobre los hombros. Una señorita. per la Madonnail —exclamó el religioso.A pesar de su aparente enojo. con ojos desmesurados. el gesto amable del hombre bonachón. sin ver la luz del día. Sus rostros de alegría se tornaron de sorpresa. como los que a veces exhiben quienes han estado recluidos por un largo tiempo. con sus dientes separados y una ancha sonrisa iluminando su rostro mal rasurado. apareció de la nada. que más parecía un niño por su semblante de sorpresa y algo de picara complicidad en la mirada. medio dormido. —¡Orden! —advirtió en voz alta la joven—. Recuperaron las tablas desprendidas de las camas y sólo de vez en 45 . ¡A ver.

ese timbre de voz. ¡Así es como debe ser! Aquel rostro. autoritario y calmado. Algo hay que hacer para cambiar esas tablas. —¡Eso es! —dijo la joven. Estaba vestida con excesiva formalidad y en sus manos sostenía un enorme diploma. ¿Emilia?. cerrándose todavía más la mañanita a la altura del pecho—. En el retrato aparecía diez años más joven y era exactamente la edad que exhibía esta señorita que acompañaba al sacerdote. recordó la fotografía que había visto en el muro de la oficina de la directora. aquella figura menuda pero saludable. La expresión de su rostro era el retrato de la felicidad. ¿Sería la misma tía Emilia en la que pensaba? De pronto. —Eco. le parecieron a Tiara los atributos de una persona conocida. Acto seguido se dirigió a la joven—: Emilia. 46 . repitió Tiara en su mente. alentando la buena disposición de esos muchachos—. ragazzo —comentó alegremente el religioso. al evocar la situación que tanto regocijo les había causado.cuando dejaron escapar una risa. padre —respondió ella. ¿podemos ocuparnos de esos maderos? —Sí.

la directora de la escuela en persona. abandonó el dormitorio por una puerta contigua. sin darse tiempo para explicaciones. me encargaré de esas tablas. también sonó conocido el nombre en la cabeza de la niña. 47 . una mano pesada la remecía del hombro. ya más tranquila.—Bueno —exclamó a su vez el profesor—. La campana puso fin al recreo. —¡Qué bien! —replicó la joven—. El joven se dio media vuelta para marcharse por la misma escalera que lo había llevado al segundo piso. La tía Emilia. su profesor de todos los días? —Todos nos ocuparemos del problema —repitió el sacerdote y salió tras los pasos del hombre joven. Tiara sintió que su corazón daba más de un brinco. Su reacción impulsiva fue salir corriendo. ¿Renato?. ni menos para despedidas embarazosas. Renato. Sin embargo. ¿Sería el mismo tío Tato. por la buena disposición de los muchachos. Haga meño.

evitando toda posibilidad de comunicación con Tiara.Tendida sobre un costado. con el bochorno que provocaba la crueldad de sus compañeros. por encima del pantalón largo—. —¡Tiara. abrió los ojos y despertó frente a la preocupada mirada de Diego. tal como se había dormido. al tiempo que no dejaba de rascarse las piernas.. para no provocar preguntas indeseadas y las burlas inevitables. Bajo la pasarela JJiego se mantuvo en silencio durante la jornada de clases. despierta! —le dijo su compañero. Hace rato que sonó la campana y como no llegabas nunca a la sala. arrepentido tal vez de haber entrado en ese recinto prohibido. Llegó a pensar que la inconfortable situación a la que estaba sometido 48 .. La comezón de las picadas de pulga no lo dejaba en paz y cada vez que se rascaba debía simular frente a sus compañeros.

Los muchachos abordaron ordenadamente los botes. Una parte de ellos permaneció junto al embarcadero en espera de los botes que debían pasar a recogerlos. Las clases llegaron a su fin y los alumnos se dispersaron en varias direcciones. olvidándose de Tiara. Sabía que aquella ofuscación de Diego era pasajera y una voz interior le aseguraba que sólo era cuestión de tiempo y que la amistad entre ambos volvería a la normalidad. Por un instante el muchacho se negó a reaccionar. directo al corazón. La lancha del papá de Diego arribó casi al mismo tiempo con otra embarcación que luego enfilaría un rumbo distinto. Diego se acomodó en el de su padre. Estaba dolida.era el merecido castigo por transgredir una norma impuesta por la dirección de la escuela. transportando niños. Tiara estaba a punto de protestar de 49 . pero no albergaba rencor alguno. —Hazle un huequito a la Pascuala —advirtió el lanchero. Tiara soportaba el silencio de su compañero como un golpe despiadado.

deseando hundirse en el asiento de madera.impotencia. se apretujó cuanto pudo dentro del bote y Tiara ocupó el lugar estrecho que su compañero le dejaba. observando de lado el perfil de cada rostro. Diego hizo esfuerzos tremendos para no dirigirle la mirada. él se preparó para bajar cuanto antes. al acercarse el bote al embarcadero. —¡Lo que siempre te digo! —sentenció el papá de Diego—. hijo? El muchacho. —¡Diego! —insistió el hombre—. Durante el trayecto estuvieron atentos a las reacciones mutuas. a evitarse. No lograba entender tanta indiferencia. porque la lancha no se arrimaba del todo a los maderos del pequeño muelle y el patrón de la embarcación. Ambos sentían la respiración agitada. Pero no pudo levantarse de su asiento. Y como la travesía era demasiado corta. dispuestos. Y como habló en general. quién sabe. el muchacho tuvo que contener sus ansias 50 . Las niñas primero. ni la palabra. su propio padre. soportando las miradas de los niños. ¿Está sordo. le habría llamado severamente la atención por su imprudencia.

Diego apretó su mochila contra el pecho y esquivó a su compañera. cómo se preocupa su madre cuando no llega a tiempo de la escuela —respondió el hombre. Pero él no la aceptó. Tiara se apoyó abiertamente en el hombro de su compañero. cogiéndose de uno de los 51 . Allí esperó a Diego para tenderle una mano. —Ahora las mujeres son las galantes —bromeó el pescador.de salir huyendo. Diego. La niña dio un pequeño salto y alcanzó el muelle. ¿puedo acompañarte? —Usted sabe. —Me habría gustado ir contigo —rezongó el muchacho. por lo que ambos se levantaron casi al mismo tiempo. hijo. obligándolo a sentarse de nuevo. —Papá —preguntó Diego—. Ella también manifestó apuro por descender del bote. —Dame la mano —insistió la niña. Tiara se afirmó en Diego. —Dejo a estos chicos y regreso. pasándola a llevar con torpeza y casi la derriba sobre los maderos del piso. Ayude a la Pascuala.

tirantes de la mochila. 52 . -¿Qué? —El Mentolathum —porfió ella. Diego volvió a rascarse las piernas. —Estos dos se las traen —comentó el lanchero. como si repentinamente se acordara de las picadas de pulga. celebrando a carcajadas la ocurrencia—. El motor fuera de borda ahogó las risas de los chiquillos que seguían viaje y la embarcación se alejó dando pequeños tumbos sobre el agua. —Es bueno para las picaduras. Diego. —Todo por tu culpa —protestó Diego. como si también celebrara el ingenio de su dueño. —¿Qué pasa? —Los tengo atravesados en la garganta —comentó Tiara. muy molesto. y en ese tira y afloja estuvieron un par de segundos. ruborizados hasta los cabellos. Entonces. —¿Qué? —replicó Diego. —¿Te acuerdas de los ruidos que escuchamos? —¿Qué ruidos? —Esos que venían del piso de arriba. Cuide bien a la Huevito. —Mentolathum —dijo la niña.

—Que yo sepa. —¡Y a mí qué me importa! —¿Te digo lo que hay en el piso de arriba? —No me interesa. quedando completamente desarmado. —¿Y por qué mejor no traigo el horno eléctrico de mi mamá? —replicó con ironía. Diego! Si es en serio —protestó ella—. Es que no puedo guardar el secreto. los huevos no tienen espinas —se burló él con alevosía. —Pobre de ti que sea otra de tus tonteras —amenazó con dureza. —¡Estas loca! ¿No sabías que está prohibido? —Tú también subiste. —¡Ya. Diego perdió el control de su mochila. —Después que hagamos las tareas nos encontramos aquí mismo. —Y trae tu bicicleta —agregó Tiara. —¡Por qué no te habré dejado allí para que te comieran viva las pulgas! —¿Te gustaría saberlo? —No pienso subir allí nunca más en mi vida. que se deslizó hasta el suelo. ¿De acuerdo? —Será después del té —afirmó Diego. —Es que no sabes lo que descubrí. 53 .

haciendo equilibrio en el borde de la embarcación. tomó las precauciones para no ser descubierta. una tabla de alerce y un azadón comido por el óxido. Nuevamente. antes de salir del patio de su casa. evitando ser sorprendida. observó pacientemente la pasarela 54 . Mientras esperaba trepó a uno de los botes más altos y. Encontró un viejo tarro de lata. pero no había señales de su amigo. Llegó antes a la cita. Tiara no pudo esperar hasta la hora del té para ir al encuentro con Diego. Recogió un viejo balde de plástico en desuso.—Lo que dije en la mañana fue sin querer —respondió ella. Se dirigió con todos aquellos cachivaches al sitio donde se encontraría con Diego. Ocultó el balde entre los botes y regresó a la casa por más objetos inútiles. bifurcándose hacia el bosque impenetrable y que sólo convergían frente al embarcadero. uno de aquellos trastos que alguna vez fue tiesto de pintura. Allí se separaron. porque el camino a sus casas se hacía por pasarelas que se apartaban. Aguardó unos minutos. y lo arrastró fuera de la casa. una cuchara de madera.

entonces! —¡Ven! Busquemos una caleta. Pascuala? —replicó Diego. como era su sueño. —¿Qué? —exclamó Diego—. Al cabo de un rato apareció Diego caminando junto su bicicleta. Ai no poder montar en ella y pedalear a gusto. —¡Tengo las piernas llenas de pintas rojas! —Ponte la pomada y listo. —¡Tengo que hacerlo en la casa. ¿Estás loca? —¿Por qué? —replicó ella con absoluta inocencia—.que conducía a la casa de Diego. rogando que nadie se presentara en su lugar. como si fuera una mascota. Es muy buena para las picaduras. Yo hablo de algo más oculto. —¡Mentolathum! —y le ofreció una cajita de lata. —Ponte ahora mismo esta pomada —dijo Tiara. Tiene que ser una caleta donde nadie nos encuentre. 55 . —Estamos en la caleta. —¿De nuevo con lo mismo. —Este lugar no sirve —explicó ella—. cuando su amigo estuvo junto a ella. se contentaba con llevarla de paseo.

—¿De qué? —Fue lo que hiciste cuando saltaste al agua. Pascuala? —De ahora en adelante tienes que usarla como sea.—Igual no hay nadie —protestó Diego. con bici y todo. —¿Para que no la uses? —Para construir esa canoa que se le ocurrió a tu abuelo. —¿Ni siquiera brincando con tu bici. ¿cómo lo supo? 56 . —No pienso moverme de aquí —protestó él. al tiempo que miraba en todas las direcciones. —¿Cómo lo sabes si todavía no te lo cuento? -¿Qué? —Que mi papá quiere desarmar mi bici. —¿De qué estás hablando. —Nunca faltan los curiosos —replicó ella. aprovechando tus picadas de pulgas? —sugirió ella con un dejo de picardía. —Pero. —¿Brincando? —De eso también tengo que hablarte.

57 . asomando apenas la cabeza. a tu manera. Desde ahí llamó a su compañero. —Ahora con mayor razón tienes que demostrarle que puedes usar tu bici. —Es que nunca pensé que me escucharía. tonto? Te castigó la boca. en la misma dirección de Tiara. La niña se dirigió hacia una cavidad que se producía entre la roca y la parte inferior del pasadizo de madera. como él la llama. —¡Ven. en tu estilo. —¿Y para qué le dijiste? —Para reírme de ti. Tiara recogió los cachivaches y se alejó saltando de bote en bote.vit son peligrosas y que una bicicleta para el agua. Diego caminó por la pasarela. como se dice. sería más segura. haciendo equilibrio con la carga que llevaba. insiste que las balsas de pluma. Ahora no hace más que transmitir con el asunto. —¿Lo ves. sigúeme! —¡No voy a bajar! —protestó Diego desde la baranda.—Yo le conté. arrastrando la bicicleta.

—¡Salta con ella! —respondió Tiara con el ánimo encendido. Entonces fue Tiara en su ayuda. Diego esperó que la niña cambiara de idea y regresara donde él aguardaba. Las extravagantes ocurrencias de Tiara se apoderaron de su mente y pensó montar en la bicicleta. sujetándola con ambas manos. Tiara se echó a reír de felicidad. como nunca lo había hecho. hasta acercarse a la entrada del escondite que había descubierto su compañera. Sin darse cuenta siquiera. había descendido un par de pasos en dirección al refugio. como una lagartija que salva su pellejo bajo la luz del sol. El tiempo se estiró como la melcocha y Diego perdió la paciencia. como un chispazo de luminosidad. dando brinco tras brinco. por un instante.—¡Aquí es increíble! —No puedo dejar mi bici —porfió. con los pies bien puestos en los pedales. apretando los frenos. pero en ese instante resbaló una de las ruedas y Diego se echó sobre la roca. Comenzó a descender por la superficie rocosa. se vio haciendo equilibrio. Ella sujetó con las dos manos la 58 . aferrado a la bicicleta.

como si nada. casi lamentamos una tragedia. —Casi. —Esta será nuestra caleta —prosiguió ella. —¿Qué cosa? —Arremángate los pantalones. Pero lo primero es lo primero. estirando la comisura de los labios hacia las mejillas. Diego no disimulaba su molestia y se habría marchado de allí enseguida.'" Aceptó sentarse. si la partida fuera menos complicada que la llegada. -¿Qué? —Vamos a calmar esa picazón. Pero el muchacho aceptó a regañadientes la invitación a entrar en aquella caverna. Mientras Diego se subía las piernas de su pantalón. ponte cómodo. —Ahora.chado.bicicleta y ambos la arrastraron hasta el escondite. por fin. casi —comentó ella. incómodo e inseguro. suspendida sobre el mar. a punto de 59 . Tiara se dedicó a cubrir con pomada cada picada de pulga. Estaba asoro. como diciendo casi. —¿Qué caleta? —protestó él.

en cambio.morirse de vergüenza. -¿Qué? —Diego —se apresuró ella—. podemos traer una radio y escuchar la música que nos gusta. que sería como 60 . ¡Ah. compartiremos la comida. —¿Qué dices? —¡Aquí la vida puede ser muy emocionante! Podemos cerrar los ojos y escuchar el ir y venir de las suaves olas.. Ella. sin que nadie. —¡Yo no pienso estar un minuto más aquí! —Escucha —rogó la niña—. Entiende que aquí vamos a convivir. las revistas. Una caleta es como un hogar verdadero. porque ahí sí que nos pillan. Nos cuidaremos el uno al otro. Pero aquí estaríamos como rico Pancho Gómez. —¿Para qué quieres estas porquerías? —Este balde es para lavar nuestras cosas —explicó Tiara. la ropa de abrigo. momento! Eso no.. como si nada. Aquí seremos como una familia. —Tendremos que traer más cosas de la casa.

61 .

porque a él sólo llegan desperdicios. Lo que queramos comer tendremos que salir a buscarlo. arrastra sillas. Si quieres te puedo llamar Jonathan o Braian. ¿Entiendes? Yo seré la Te y tú serás el Deivid. El les lleva todo lo que necesitan. incluso dinero. —¿Y por qué el Deivid. Podemos dividir en dos la ciudad. Pero no estés pensando en tu casa o en la mía. —¡Quiero irme! —Aquí seremos alguien. si me llamo Diego? —Es que no sé cómo se dice Diego en inglés. Todo el mundo 62 .el torrente de un río. Los alimentos sí que no podemos obtenerlos del río. Deivid es muy importante porque es el nombre del navegante inglés que vio de lejos la isla donde nacieron mis padres y mis abuelos. colchones viejos y hasta podría darnos una mesa para las horas de comida. Tú irás hacia un lado y yo hacia el otro. podemos ver la ciudad maravillosa que está sobre nosotros. Entonces. buscando lo que sea necesario. Allí los chicos se refugian en caletas como ésta y el río es como un padre para ellos.

—¡Pero si no me has contado nada! 63 . —¿Con quiénes? —Con los que me contaron todo lo que te acabo de decir. —¡Tengo que irme! —No puedes irte. esos chicos que nadie infla y deciden vivir en una caleta como ésta. me encuentro con ellos. yo subí al piso de arriba. Entonces. lo siento —respondió ella con una seguridad que daba miedo. —No me interesa. —Lo escuché ayer en el piso de arriba. Así son los chicos que viven en las grandes ciudades. -¿Qué? —Todo de lo que te hablé. ¿Me sigues? —¡No pienso escucharte! Estás diciendo puras leseras.conocía a la Isla de Pascua como La Tierra del Deivid. Esos que no son tomados en cuenta. —Oye. —¿Por qué no? —Porque aún no te cuento el secreto. de repente. como ya sabes. sí me acuerdo. —Bueno. ¿te acuerdas del estruendo de ayer? —Sí.

tú irás en un sentido y yo en el otro. y que en sus aguas arrastra todo lo que se necesita para vivir en una caleta. evitando nuevas interrupciones—. Porque en la ciudad la gente no camina por pasadizos estrechos como estas pasarelas. No. Y ese parque es el paraíso de los biciclistas. Deivid —se apresuró a explicar ella. Te decía que tendremos que dividirnos. Tienes que andar mucho para ir de un punto a otro. Un bosque en medio de las enormes avenidas. para que no nos topemos. ¡Ah! ¡Esto sí que es bueno! ¡Puedes ir en tu bici! —¿Cómo lo sabes? —En la ciudad es distinto. que escuchan música 64 . Bueno. Junto al río que atraviesa la ciudad de punta a cabo y llega al mar.—¿Cómo que nada? —¡Nada! —¡Pero si no hago más que hablarte de eso! —¿De qué? —Del río que atraviesa la ciudad. Deivid. porque sería pérdida de tiempo. no todo. Las calles son anchas y tan largas que se pierden de vista a la distancia. desde la cordillera al mar. se extiende un parque maravilloso.

puestos en desorden con diferencias de nivel. Los biciclistas pueden subir y bajar escaleras con sus bicis. ¡Es fantástico! Los biciclistas compiten en estadios repletos de gente y en los parques. Es fabuloso. —¿Paraíso de los biciclistas? —se mostró Diego un poco más interesado. La llevan en el bolsillo y con unos botoncitos ensartados en sus orejas escuchan directamente lo que más les gusta. 65 . Estaba fascinado con el relato de Tiara. Diego la escuchaba con la boca abierta. algunos trepan por los troncos de los árboles.mientras pedalean. Además. mientras pasan aviones sobre sus cabezas. En la ciudad es distinto. Deivid. hay enormes plataformas elevadas para dar saltos y volteretas en el aire. porque ellos pueden desplazarse de un punto a otro por caminos muy planos donde la bicicleta es dueña y señora. donde los pasadizos son estrechos. los que vivimos aquí no dejamos espacio para tu bici. Por esos caminos sólo pasan bicicletas. —Sí. sin atreverse a contradecirla. Ellos no son arrollados por personas que ocupan todo y no dejan pasar a nadie como ocurre aquí.

Y tienes que hacerlo. puedes seguir pedaleando como si nada. largas. interminables. Porque ahí sí que estás frito: te llevan detenido enseguida. En ese orden hacia abajo. Algunos tienen varios pisos. un microbús o un vehículo de los carabineros. La ciudad es enorme y tiene de todo lo que puedas imaginar. tienes que detenerte. En un almacén se 66 . por donde pasan miles de autos. —¿Y la luz amarilla? —Esa es un aviso. amarilla y verde. Almacenes con ventanas para observar la mercadería que hay en su interior. feliz de la vida.—Para los vehículos —siguió ella— hay grandes avenidas. En cada esquina. Cuando llegas al cruce y está encendida la roja. Pero cuando la luz roja cambia a verde. otro para los hombres y otro para los jóvenes. otro con ropa de mujer. porque así evitas que puedas arrollar un automóvil. hay luces de tres colores: roja. porque la próxima luz que viene es la roja. un almacén distinto encima del otro. buses y camiones. formando un cruce. cuando dos caminos parece que terminan y se encuentran. es para decirte que no podrás cruzar al otro lado de la calle. uno con ropa de niños.

En el corazón de la ciudad hay una pantalla gigante. fabulosa. como le pasó a la Ese. —¿Machetear? —Pedirles una moneda. enorme. Deivid. Allí van todos cuando Chile juega fútbol con otro país. 67 . entonces van a seguirnos y tendremos que salir corriendo. Porque ellos saben en lo que andamos. como el horno de tu mamá.pueden comprar aparatos eléctricos. pero nadie se saluda porque no se conocen. en otro se compran cosas para la casa. muebles y alfombras. Pero cuando Chile gana todos gritan al mismo tiempo. y podemos ir por sus calles para mirar a la gente que pasa y machetear. tonto? ¿Es que no te das cuenta? Desde esta caleta podemos sentir lo cerca que está la ciudad. para comprar lo que queramos. se abrazan a coro y empiezan a saludarse entre ellos. ¿Lo ves. Y a lo mejor vamos a tener que saltar desde la calle al río para librarnos de los pacos y vamos a quedar adoloridos del cuerpo. —¿Pedir plata? ¿Como los mendigos? —Pero debemos cuidarnos de los carabineros. Se encuentran las personas.

Entonces. tú y yo nunca nos vamos a separar. sabe cuándo está contento. Se lo ha recorrido todo. cuándo desdichado. como de hospital. conoce todos los cantos del río. Se fue a vivir con otros niños en una caleta. ¿entiendes? Una de las camas se cayó y se produjo el descalabro. ellos al verme se levantaron para saludarme. porque seremos como hermanos. Nos reímos. porque no tenía a nadie más en la vida. cuando entré al dormitorio estaba lleno de camas. Tenía seis años cuando falleció su abuelita y quedó en la calle. para darme la bienvenida. una chiquilla que duerme en el piso de arriba. -¿Qué? —El uno es del otro y el otro es de uno.—¿A quién? —A la Ese. —¿Quién es ella? —Déjame seguir —lo interrumpió Tiara—. Y 68 . pase lo que pase. En cada cama había un niño. debajo de un puente. Imagínate al Leuquipán. porque junto con la cama se cayó el chiquillo que estaba en ella. En todo caso. —¡Estás delirando! —Mira.

mira! —advirtió ella—. —\Deivid. Entre los dos la arrastraron y luego la levantaron hacia la pasarela. se incorporó tan de repente que se golpeó la cabeza con las tablas de la pasarela. Justo encima de nosotros se alza una pantalla gigante. 69 . porque la humedad proveniente del mar comenzaba a cubrir las rocas. como si quisiera evitar que Tiara pusiera sus manos sobre el asiento o la rueda trasera. todavía con el pantalón arremangado. A duras penas logró sacar la bicicleta fuera del escondite y a regañadientes aceptó que Tiara le ayudara. —¡Estás inventando! —¡Es la pura y santa verdad! —¡Me voy! —Primero tengo que terminar con esas picadas de pulga. —¡Termina de una vez! Diego. como una llovizna.como todos se mataban de la risa. se fueron al suelo y se desató la batahola. Eso fue lo que escuchamos en la sala: eran los cabros de arriba que se caían del catre como sacos de papas. Diego mostraba su molestia dando fuertes tirones del manubrio. resbalando a ratos.

Pero Diego no respondió y se volvió a mirar una vez más a su compañera. luego. Si te fijas bien en la preciosa imagen que nos mira. ¿Está tu papá? —No —respondió la niña—. El alcalde de mar se acercó con la inquietud pintada en su cara curtida por el agua salada. habría dicho: ¡estás más loca que una cabra! No hicieron más que terminar de trepar hasta la pasarela cuando descubrieron que eran observados.perfectamente iluminada. Diego aprovechó la distracción de Tiara y se alejó. te darás cuenta de que una mujer muy bella nos dice: sonrían. para que la distingan hasta los helicópteros que giran sobre nuestras cabezas. sonrían. a ratos corría. arrastrando su bicicleta. como si quisiera montar en ella. Si en ese momento hubiese expresado lo que pensaba. subía los 70 . salió temprano y todavía no ha vuelto. Solitaria en casa —Hola —saludó—.

ella sí que está —respondió la niña. Las lágrimas de su pena no corrieron por sus mejillas. —Sí. La noche se anunciaba con todas sus señales. La noche la cubría con su manto de soledad. Era la hora de la conciencia. los pájaros desaparecieron de pronto y hasta se detuvo la suave brisa que se deja sentir durante el día. —Bueno. hasta que se perdió de vista. La hora en que la naturaleza habla con su quietud. Mientras se dirigían a la casa. El recogimiento se apoderó de la niña. Tiara se preguntaba si el alcalde de mar había descubierto el escondite debajo de la pasarela. No era posible que se alejara del modo que lo había hecho. que con tanta ilusión deseaba compartir con Diego. Se molestó con su amigo por salir huyendo de esa manera. El alcalde de mar caminaba cabizbajo y en silencio. De ser así.escalones con la bici al hombro. 71 . se vería obligada a no regresar nunca más a su propia caleta. al menos podré hablar con tu mamá —dijo el hombre. como si fuesen cómplices de algo malo.

—¡Mamá! —llamó desde la puerta—. 72 .Caminaba cabizbaja por un túnel de hielo y quien la acompañaba no era más que otro de los tantos fantasmas que encontraba cada día. mientras vertía el agua caliente de una tetera ennegrecida por el fuego—. ¿Le sirvo un té? —No lo voy a rechazar —respondió el hombre y se quitó el gorro de lana que cubría su cabeza. que entró en la cocina de la modesta casa y aceptó tomar asiento—. —El salió bien temprano —explicó la mujer. —Adelante —respondió la madre y salió a recibir al alcalde de mar. Buscan a mi papito. Con el hijo mayor se fue.

73 .

qué duros de cabeza estos hombres! —Así no más. —¿Qué problema? —Que no escucha razones. En caso contrario vienen los marinos y se los llevan por rebeldía.—Ese es el problema —comentó el hombre. pero no me asuste. —¿Y usted no pudo ayudarlo? —Pero si lo hice —se excusó el visitante—. Ni caso que hicieron. —Ay. 74 . —La Capitanía de Puerto le puso una multa. Se lo advertí hasta el cansancio. —Es que ahora tiene que ir a Puerto Cisnes. —¿De qué se trata esta vez? —Que no puede ir de pesca con el hijo mayor. pues —reiteró—. ¿No ve que su hijo no puede salir a pescar sin el permiso respectivo? —¡Por Dios. —A lo mejor anda en eso. oiga. Pero no entiende. —¡Ah! —exclamó ella. —Pero cómo ha de ir tan lejos —protestó ella. —Sí. Ahora tienen que presentarse. Si se lo he dicho tantas veces.

capaz de cegar la vista y provocar comezón en los ojos. le había dicho. Cabizbaja. para hacerme presente que tiene infracciones acumuladas contra el Pascual. parecía a punto de llorar. La niña se acercó a su madre y le alcanzó el pañuelo blanco bien doblado que siempre llevaba consigo. Tiara observó la preocupación de su madre. Era un detalle que también le había dejado su amiga Yara. «Así siempre estarás preparada para un imprevisto». 75 . pero siempre lo consideró un recurso indispensable en medio del mar.—La pura verdad no más digo. —Usted sabe —dijo la mujer— que andan preocupados de los pescadores. Nunca entendió a qué tipo de sorpresa se refería. Sin embargo. Desde entonces. para secar la humedad salobre. la mujer se concentró en las mamaderas de sus hijos y el pañuelo de la niña permaneció intacto sobre el mantel de plástico anaranjado que cubría la mesa. siempre lo llevaba consigo. Me llamó especialmente el almirante de la Segunda Zona.

no lo tome usted tan mal. doña. más eficiente. —Pero eso no lo libera de cumplimientos que a todos corresponden —comentó finalmente el hombre. El alcalde de mar se volvió a mirar a la niña.—Todos lo saben —respondió el visitante—. 76 . —Tanto le dije que no aceptara ser presidente de la caleta. —Es un modo de decir. —rompió su silencio el alcalde de mar. En eso no hay maña. interrogándola con la mirada. El menor de los hermanos soltó el llanto y la niña corrió a consolarlo. Tiara se limitó a observar como su hermanito satisfacía su hambre y deseó con toda la fuerza de su corazón que el pequeño fuera su hijo para tener el derecho de alimentarlo. sin que nada ni nadie se interpusiera entre ambos. pero las reglas deben cumplirse. —.Maña? —exclamó ella... fue a la cuna con la leche que el pequeño reclamaba. —Este muchacho. Pero la madre.

Allí se sentó a contemplar la noche. La balsa no la usamos cuando hay neblina. Tiara descubrió el gesto de complicidad que le hacía el alcalde de mar y guardó silencio. —¿Cómo? —replicó el hombre.. —¡Ah. ¿No estará pensando hacer algo indebido? —¿Indebido? —preguntó la niña con un hilo de voz. qué bien! Eso me tranquiliza. Y enrojeció de inquietud. bastante asombrado—. señor alcalde —respondió la niña. ¿Ahí. don. 77 . en las rocas? —Lo que pasa. —Sí —asintió el hombre—. Luego. se levantó de la mesa y salió a la puerta de la vivienda.. —¿Pensaban poner esa bicicleta sobre tu balsa de plumavit? —exclamó el hombre.—¿Diego? —respondió Tiara. —No. —pero la explicación que rondaba su mente no se convirtió en palabras. suspirando como si le hubieran quitado un peso de encima—. —¿Qué intentaba hacer con esa bicicleta? —Andar en ella —respondió la niña con absoluta inocencia.

—Se me hizo de noche —comentó—. 78 . —¿Cómo que nada? Tengan cuidado con ese juguete. Puede ser muy peligroso.—No se preocupe. dándole la apariencia de un espectro frente a la oscuridad. La puerta crujió al abrirse. Apenas lleguen les daré su recado. —Es urgente. —Cariños a la tía Lidia —dijo ella. para nada. Tiara se levantó y se hizo a un lado. —¿Me acompañas al muelle. doña. Huevito? Tiara caminó en silencio junto al hombre. El alcalde de mar dejó de regañar a la niña ante la presencia de su asistente. No. ¿Me pasé de la raya? —¿Cómo? —¿Hablé más de la cuenta? —¡Ah! —replicó ella—. que se dirigió al embarcadero. Un reflejo de luz amarillenta lo rodeaba. Abordó la pequeña embarcación. se sentó en la popa y se subió el cuello de la chaqueta de paño. En el umbral apareció recortada la figura sombría del hombre. dejando libre el paso al alcalde de mar. señor alcalde —escuchó decir a su madre—. que lo esperaba en el bote.

¿Qué era lo que en verdad sabía el hombre? 79 . alejándose rápidamente del embarcadero.El alcalde de mar no respondió. pero el asistente ya había girado el bote y remaba con energía. Tiara quedó tan intrigada como al principio de la visita del alcalde. Hubiese querido volverse.

con la sensación de haber dormido más de la cuenta. pero que no podía recordarlo. La madre de Diego. Kiko y su padre no habían regresado de la pesca durante la noche. Se apresuró para ir a la escuela. una voz interior le decía que lo vivido esa noche era lo más impresionante de todo lo conocido hasta entonces. Ni siquiera probó la leche del desayuno. Fue a la ventana para mirar hacia la costa. El sueño la había engañado. al final de la pasarela que se internaba en medio de un racimo 80 . fue a la puerta y salió a la mañana con un sobresalto en el pecho. Se lavó y vistió a la carrera.Los príncipes A la mañana siguiente despertó asustada. corrió a la cama de su hermano. subía los últimos peldaños. Al ver que Diego no estaba. cargando con dificultad la bicicleta. Sin despedirse de su madre. Tal como lo temiera.

atiborrado de casas. 81 . Tiara se quedó observándola hasta verla desaparecer.

que pescaba muy lejos de allí. un silbido. Observó un instante el océano. ¿Es que todavía estaba enojado? Con alegría recordó las peripecias del día anterior: recordaba cómo se había esmerado para entusiasmar a Diego y hacer que cumpliera un sueño. y ella habría corrido a ocupar su lugar en la lancha. ¿Cómo no se tomó la molestia de comprobar si había salido de la casa? Tampoco se preocupó de avisarle.Al parecer. La había construido el abuelo y 82 . Abandonada a su suerte observó el panorama brumoso. habían navegado su padre y su hermano? La vaka poe—poe era una nave de gran tamaño. mar adentro. Tampoco lo haría su padre. Imposible ver en la inmensidad que cubría la neblina. Una señal habría bastado. Y no pensó en ella. su compañero ya había cruzado a la escuela en el bote de don Anselmo. ¿Qué tan lejos. un grito. La quietud sobrecogía y nada se podía esperar de aquella neblina envolvente y misteriosa. Tiara perdió la esperanza de que alguien pasara y la llevara a la escuela. con la proa y la popa muy elevadas. En todo el archipiélago no había otra embarcación que la igualara.

haciéndolos pasar una y otra vez por la borda de la flamante embarcación. no le perdía pisada y soñaba con ser tan atrevida como él. después de muchos años de uso. estuvieron pescando para alimentar al nuevo lanchón. que su padre echaba a volar cuando pescaba. pulpos pequeños. su hermano Kiko la había hecho participar en la restauración del bote. Tiara suspiró con satisfacción al evocar aquellos días. De alguna manera. le ofrecieron pescados como alimento. manu—hakerere. Como única respuesta escuchó en su mente el cantar lejano que le recordaba su origen: 83 . cuya carne servía de carnada. Como una forma de nuevo bautizo.Tiara recordó claramente cuando la repararon. Kiko la llevó a la costa y la hizo recolectar caracoles. Esperó que la densa bruma se alejara para ver el volantín. Los hombres ensamblaron hábilmente la madera para rehacer aquellas partes que se habían deteriorado con el tiempo. algas y jaibas. cuando su condición de niña no era un obstáculo para seguir en todo a su hermano. Siempre dispuesta a imitarlo. Tres días antes de botarla al mar.

el viejo Here—veri. un silbido haciendo que se levantara y se pusiera a salvo. rodeando a la niña como si quisiera devorarla. La bruma avanzó repentinamente hacia la costa. un grito de advertencia. ka neku—neku mai.» » Y Tiara traducía mentalmente cada frase. e Uka—ui—é. su mujer. e Uka—ui é. Sentada en el 84 . Uka—ui lo molesta tironeándolo a él. quiso distraer su mente con la cuerda para el juego Kai-kai. un ruido de motor debía salvarla. nae Tu—Here—veri é. ka kau te umu ena. la vieja Uka—ui. Nada de eso aconteció. Sin embargo.«E hakerere te manu é. pero sus dedos estaban demasiado entumecidos como para intentarlo. Y mientras Here—veri lo encumbra. Ella cerró los ojos y aguardó temerosa. revuelve el curanto.» «Mientras eleva su volantín. E Tu—Here—veri é ka haro—haro mau.

—Y no vendrá. Después apareció la imponente embarcación de los príncipes. que parecía un digno jefe de su pueblo. 85 . por debajo de los ojos. ¿por qué aquí sólo importan los hombres y los niños pequeños? —También las niñas. mi papito no viene para llevarme a la escuela. disfrazado de sueño. —Abuelo. Una hermosa pluma crecía en su cabeza. —Abuelo —se lamentó la niña al verlo en pleno sueño—. donde un moño mantenía recogido sus cabellos grises. En su rostro moreno de sol mostraba dos líneas de color que cruzaban la piel desde las orejas al nacimiento de la nariz. —Se prepara para una dura competencia —repitió Kiko.muelle. abriendo un camino en medio de la espesura blanquecina. sintió que el frío. azotando el viento. El volantín manu—hakerere fue al encuentro de la niña. espantando la bruma. En la piragua navegaban Kiko y el abuelo. la dominaba. querida nieta —respondió el anciano.

No servimos para la pesca. No es así. —Pero usted. ¡He tamaroa te pokil. abuelo? —¡Qué injusto! Por muy muerto que yo esté. lo recuerdo perfectamente —comentó el abuelo—. en Rapa Nui. gritamos. mi nieta —replicó el anciano—. uno de estos días tendré que ir a la casa de mi nuera y decirle un par de cosas que le pongan los pelos de punta. abuelo! —imploró la niña. abuelo. —Sí. acaso? —Se alegraron cuando nació mi hermano. era un modo despectivo de tratar a las mujeres. no servimos para la batalla de cada día. —¡Hágalo. —¿Quién lo dice? —Mi papá. según la tradición. —¿Y eso qué significa? —¡Es hombre el niño! —¿Lo ve. —¿No? —Somos las locas de piernas desmembradas1. ¿Le gustaría conocer a otras niñas? 1 Locas de piernas desmembradas. 86 . ¿no alegra el hogar. Ha de ver como allí las jovencitas lindas tienen otro destino.—No. —Pero antes iremos a casa —propuso el anciano—.

—La navegación es larga —agregó el abuelo. Entonces ocurrió lo inesperado. —Pero. Y le pareció un sueño soñado. porque desde el otro extremo de la caleta apareció Diego pedaleando en su bicicleta.«Me encantaría». —Debemos llegar antes de la ceremonia —advirtieron los príncipes. su amiga inolvidable. La señorita Emilia nos ha dado permiso. Aborda tu pora y rema hasta la piragua. Siempre es así en los sueños. tanto que siempre los adultos se quejaban de lo monótono y aburrido que solía ser a ratos el diario vivir de cada día. —¡Tiara! —gritó Kiko—. Tengo que ir a la escuela. Kiko —protestó la niña—. Pero tenemos que regresar antes de la colación. pero no le prestó mayor atención a tanta reiteración. —Podemos ir. porque hasta en la vida misma ocurrían situaciones así de repetidas. 87 . pensó Tiara y recordó a Yara. Huevito —gritó Diego desde el mar—. —No hay tiempo que perder —dijeron los príncipes.

Se perdió con su bicicleta en medio de la niebla y Tiara se quedó muy tranquila. Unos segundos más tarde. En un santiamén Tiara estuvo junto a la embarcación y su hermano la levantó en vilo. De Diego nunca más se supo.Corrió a su Amiga Yara y desató las amarras. mientras el abuelo amarraba la balsa a la nave de los príncipes. porque sabía que así cumplía su sueño. 88 . sólo se escuchaba el golpe acompasado de los remos. De un salto se embarcó en la balsa de espuma plástica y remó hasta la piragua de los príncipes.

89 .

vamos hacia Islotes Locos y pasaremos frente a Melinka. La proa se hundía en las aguas. —Pronto tendremos que asegurarnos para cruzar el golfo Corcovado —advirtió el abuelo—. abuelo —respondió Tiara. La embarcación enfiló hacia la corriente. El océano se interna hacia el archipiélago y la corriente que se forma es como una tormenta.Navegaron hasta que salieron del canal estrecho y se alejaron de Puerto Gala y de la isla Toto. Ese es Puerto Ballena. en el interior de la nave. —Falta mucho para eso —respondió su hermano—. arrastrando todo lo que hallaban a su 90 . desapareciendo casi por completo en aquel manto de mar encrespado y turbulento. evitando ser alcanzada de costado por el fuerte oleaje. ¿Tienes miedo? —No. la popa se elevaba hacia el cielo y las olas entraban a raudales. Ahora dirigimos la nave hacia el norte. La piragua echó al viento su velamen y los audaces príncipes pusieron rumbo hacia el canal Moraleda y a Tiara le pareció que ya estaban en el océano. El anciano ató una cuerda de un metro de largo a la cintura de la niña y aseguró el otro cabo a un madero.

El agua los empapaba de pies a cabeza. en medio de los príncipes. achicando el agua acumulada en el piso de la nave. en efecto. Y así fue. por el poniente. Pronto la navegación será más tranquila. por el oriente. El velamen de la piragua se hinchaba con la fuerza del viento y los remeros no decaían en su empeño. la niña se sentía segura con la compañía de su abuelo y de su hermano. Pero los príncipes habían tomado las precauciones necesarias y el oleaje no causaba mayor daño. Navegaron frente a Chaitén.paso. 91 . —Nos acercamos a Quellón —gritó el abuelo. pero a ellos parecía no importarles la dura prueba que enfrentaban. A Tiara le daba gusto ver como su hermano remaba con el mismo brío de los príncipes. Pese a lo difícil de la situación. sacudido por los vaivenes—. El abuelo y la niña colaboraron con dos cuencos de madera. poniendo en riesgo incluso sus vidas. y frente a Queilén. —Esas son las islas Desertores —comentó el hermano de Tiara. La piragua dejó atrás el golfo Corcovado y entró en aguas más serenas. al tiempo que indicaba un grupo de islas que estaban a la vista.

—Pronto avistaremos las islas Chau. La navegación continuó entre las islas Butachau.ques —agregó el abuelo. La mañana se despejó de pronto y a los ojos de Tiara se hicieron visibles las empinadas cumbres de los volcanes. Acercándose a Calbuco la navegación se tornó incontrolable. como el que un día. No entraron a Puerto Montt y prosiguieron rumbo al océano Pacífico por el canal de Chacao. Al acercarse a la punta Palos Negros. pero los avezados príncipes no desmayaron en mantener siempre la embarcación bajo control. por curiosidad o error. Los esperaba el golfo de Ancud. la nave recuperó su travesía sin mayores inconvenientes. —Ese de allá es el Michinmahuida —dijo el hermano de la niña. —Y ese es el Huelqui —agregó el abuelo. entró en la estrecha bahía de la 92 .ques y la península de Huelqui. En la placida travesía avistaron uno o dos barcos de pasajeros. El abuelo desató la cuerda de la cintura de su nieta y la niña pudo moverse libremente en la magnífica piragua que la llevaba a la isla de su antepasados.

—¿Qué historia? —replicó la niña—. —¿Y por qué? 93 . —¿Alguna vez te hemos contado nuestra historia? —dijeron los príncipes. dejando atrás el archipiélago de Chiloé y poniendo rumbo al norte. donde la navegación sería más calma. en aguas oceánicas. finalmente. El recuerdo volvió a ocupar un lugar candente en el corazón de Tiara. ¿Abuelo? —Te la contaba cuando eras muy pequeña —respondió el anciano. Navegaron por fin frente a Carel. Entraron. alejándose cada vez más de la costa. Los navegantes evitaron que la nave sufriera más de un deterioro. mientras Kiko y los príncipes remaron con toda la energía de sus músculos. en las constantes sacudidas sobre las olas tempestuosas. El abuelo amarró de nuevo la cuerda a la cintura de su nieta.mapu y los príncipes se alistaron para enfrentar exitosamente la barra que formaba el oleaje que separaba el océano de la salida del canal.isla Toto y se detuvo frente a Caleta Chica para llevarse a Yara. —Huimos del continente Hiva—prosiguieron los príncipes.

lo estaba hundiendo. —¿Una tortuga puede herir a un hombre? —Quisimos comerla —explicaron—. con su fuerza descomunal. porque lo dejamos en compañía de seis montoncitos de piedra. si no la poníamos a salvo. entonces? —Nuestro sabio Hau Maka tuvo un sueño. —Fue atacado por una tortuga.—El gigante Uoke. para alejarlo de los peligros. Lo llevamos a una caverna. En él vio una tierra nueva y nos envió a explorar la isla soñada. que nos representaban. —¿Las piedras pueden ser buena compañía? 94 . La tierra se inundaba y nuestra gente habría muerto. Eramos siete exploradores y al regresar en busca de nuestra gente dejamos la tierra nueva al cuidado del séptimo príncipe. —¿Estaría más seguro? —Sí. —¿Lo abandonaron? —preguntó la niña. —¿Qué hicieron. La tortuga se defendió y con una de sus aletas golpeó a nuestro compañero. —¿Por qué hacía tanto daño? —¿Quién puede entender los actos de un gigante? —respondieron.

—. que significa Ombligo del Mundo. pues había navegado en círculos para llegar a ella y no había otra tierra en las cercanías. sí! —Lleva nuestra sangre en las venas —respondieron. —¿Quieren decir que les importo? —Más de lo que imagina. —Allí nacieron el abuelo y el padre.—Tenían la facultad de hablar. —¿Por qué nunca me lo dijeron? ¿Kiko? —Ahora lo hacemos. La nombró: Te Pito o Te Henúa. —Nuestro rey hizo preparar dos piraguas. ¿dónde están?» Los seis montones de piedra respondían: «Aquí estamos. Hablaban? —Cuando él preguntaba desde el interior de la caverna: «Príncipes. —¿Eso quiere decir que soy como ustedes? —Lo es —replicaron.» Así tuvo sosiego. llegó a la tierra nueva y desembarcó en Anakena. 95 . —¡Rapa Nui.

pero Kiko había desaparecido. Se volvió angustiada a su hermano. ataviadas finamente de blanco. ante los ojos maravillados de la niña apareció un acantilado imponente. y tomando a Tiara de la mano inició el camino hacia la cima. Pero la niña se resistió a seguirlas. Un grupo numeroso de mujeres. Lentamente remaron hasta la pared rocosa y fueron recibidos por aquel grupo de mujeres.Después de interminables horas de navegación y cuando Tiara pensaba que jamás llegaría de regreso a la escuela para la colación. —Es la última de las elegidas —comentó la mujer que la recibía. esperaban junto al mar. pero Amiga Yara se mantuvo a flote. Neru de miembros bellos —dijeron los príncipes con gran ceremonia. Los príncipes acercaron la piragua a la pared rocosa y cuando el vaivén de las olas se aquietó por completo. El abuelo lo había seguido y los príncipes se alejaban en dirección a una colina 96 . Tiara pensó que la frágil embarcación se hundiría con el peso de tantas personas. —Oh. abordaron la balsa de espuma plástica.

97 . mientras ella se negaba a dar ni siquiera un solo paso en la dirección que señalaban. Sorpresivamente se vio vestida de blanco y temió lo peor si llegaba con ese vestido a la escuela.. Tiara caminó ágilmente sobre las rocas. Tiara sintió que le volvía el alma al cuerpo y corrió al encuentro de su gran amiga. Las mujeres la arrastraban. En la larga fila que ascendía hacia la cumbre. curiosamente vestida de azul. colgantes. como si fuera una más de ellas. al borde del abismo.. confundida en medio del grupo de jóvenes. Tiara temblaba de miedo. con aquellas mozas silenciosas. escuchó el entonado canto de las novatas: ¡Oh! Neru de miembros bellos y delgados. Pero Yara se volvió para comenzar a subir la escarpada pendiente del acantilado. que seguían cuidadosamente el trazado del sendero. con el deseo vehemente de abrazar a su amiga.muy cercana donde. comenzarían los festejos. Entonces. Hasta que su amiga Yara. apareció en medio de las mujeres y miró de lejos a la niña. Sin medir los riesgos a que se exponía. al parecer.

Lleváis el manto antiguo de Rapa Nui.. En ellos se 98 . Tiara fue llevada al interior de la gruta. Es la hora en que se levanta la caña de azúcar. —Frente a la Caverna de las Vírgenes —respondió una de ellas.. pudo ver un túnel muy largo. Escondidas allá atrás... Cuando la niña se habituó a la oscuridad. —¿Dónde estamos? —preguntó a media voz la niña.. Allí se aclaraba el piso de roca.. que se extendía varios metros hacia el interior de la roca. Escondidas están las Neru.. —¿Caverna de las Vírgenes? —Entremos —ordenó la mujer que encabezaba la comitiva. como si aquellos ojos de agua fuesen tenues luminarias. Penden en las cuevas las calabazas del color... De las paredes fluía el agua cristalina en pequeñas filtraciones. de aquella tierra de Hiva.. Cuelgan hacia abajo. formando espejos. ¡oh! hermosa Miru. Adentro había pequeñas lagunas con agua fresca. Eres tú. Era una bóveda perfecta.

linda niña. —Esto no le gustará a mi padre. iniciando el regreso hacia la salida. alimentarlas y ver que nada les falte durante su aislamiento. 99 . a medida que se alejaban de la caverna.contemplaron un instante las niñas. Y ahora tiene que marcharse. —Aquel que no tenga ojos para ver la belleza de su hija no merece ser el padre que la guía. La comitiva entonó un nuevo canto. Y a nosotras se nos ha encomendado cuidar a las iniciadas. —Dejará de serlo antes de lo que imagina. Así será más hermosa y aumentará la pureza que se le exige a una novia. quedó deslumbrada por la belleza de quienes la acompañaban. Sin embargo. —¡Todavía soy una niña! —protestó ella. hasta que su piel se vuelva blanca como la espuma. —¿Por qué? —El dice que soy fea. Cuando eso ocurra será recluida en esta caverna. —Aquí son recluidas las jovencitas hasta el día de sus bodas. pero ninguno de esos rostros encontró el de Yara. Y Tiara debía venir porque será una de ellas.

«¡Estás encerrada en una caverna. que en sueños es mucho más rápida. Abordaron la nave y ésta se alejó del acantilado. Estaban en las proximidades de Puerto Gala. cansada por la extenuante travesía. cruzaron frente a la caleta donde vivía la niña y se 100 . Puso rumbo al archipiélago de Los Chonos. penetrando en la densa bruma que cubría por completo el océano. oh reclusa! ¡Te amo. En la balsa de plumavit remaron hasta la piragua. Kiko y los príncipes. a velocidad de crucero. Junto al acantilado aguardaban el abuelo. porque has estado prisionera! ¡Cuán blanca te has tornado en tu retiro. Finalmente. Tiara despertó cuando la piragua aminoraba la marcha. Pero al acercarse al canal de Chacao. el abuelo amarró la cintura de su nieta mientras ésta dormía. La navegación de regreso tendría las mismas emociones.' ¡Cuánto tiempo has estado encerrada. oh reclusa! ¡Contra la roca está suspendida la calabaza con tu comida. bordeando el abismo. oh reclusa!» Con el mismo cuidado empleado en el ascenso bajaron por el estrecho sendero.

¿Y esto qué es. El abuelo desató la amarra de la balsa y la niña se despidió de los príncipes. Tiara se encontró sorpresivamente frente a la escuela. con la intención de rechazar una realidad tan inesperada como repentina. después de haber tenido un sueño que insistía en mantenerla adormecida. y el despertar se presentaba tan abrupto como un inmenso peñasco arrojado a las aguas. Tiara.detuvieron a metros de la Escuela Madre de la Divina Providencia. de su hermano y de su abuelo. chica. un juego? —reiteró la señorita 101 . La embarcación de los príncipes había desaparecido. su hermano y su abuelo también la abandonaban. Y a ella. Entonces vio que a su encuentro venían las tías. una vez que estuvo a un metro de la imprudente—. cuando no estaba preparada para enfrentar el resto del día. Los momentos recién vividos resultaron maravillosos. el profesor y hasta la mismísima directora. como si nunca hubiese cruzado aquellos mares. Se restregó con fuerza los ojos. —¿Y esto qué contiene? —exclamó ella. Con la bruma también se había marchado gran parte de la magia de aquel sueño.

— tiara —intervino el profesor —. ¿Cuántas veces se te ha dicho lo mismo? —Eso fue lo que hice. Jamás se perdonaría que algo le ocurriera a su Amiga Yara. Irán a detenerlo uno de estos días. Supiera lo que me ha contado mi marido. Tiara se tomó todo el tiempo necesario para dejar bien amarrada la balsa al embarcadero y asegurar el remo. 102 . seguida por la comitiva que la había recibido sin ninguna manifestación de bienvenida. —¿Cómo capeará el temporal? —comentó Elvira. —¡A mi oficina! —ordenó la directora—. —¿Qué? —exclamó Lidia. —Tiene la cabeza llena de pajaritos —agregó Lidia—. ¡Esto no puede quedar así! —¡Pobre inocente! —suspiró Elvira. Luego se dirigió a la escuela. tío Tato —respondió la niña. atendía el comedor de la escuela. del Centro de Padres. Es igualita a su padre. —Apúrese.Emilia. de la Junta de Vecinos y que. Debes venir acompañada por un adulto. además. chica —dijo Lidia. haciendo sentir todo el peso de su autoridad.

—Sí —dijo Elvira—. no miden consecuencias? —Pero al menos a los otros niños los traen sus padres.—Yo estaría mucho más molesta con los hombres de su casa —agregó Lidia—. pero el Pascual no le quiso dar permiso. ¿cómo permiten que la niña se arriesgue de este modo? —Deberíamos esconderle esa balsa. ¿En su casa no ven riesgos. No puede venir a la escuela con eso. que son incapaces de traerla. —Yo recibí el encargo de ir a su casa a decirle a su mamá que viniera. —¡Es su juguete! —Por lo mismo. ¿vino alguna vez a la escuela? Ni cuando los niños hacen invitaciones para las festividades. —Ai papá de Tiara nunca lo hemos visto. para que nunca más se embarque en ella. No sé. —No estuvo para la premiación de la hija. A ninguno se les ocurre venir en una balsa de mentira. —La mamá viene de vez en cuando. —¡Desconsolada quedó la pobre niña! 103 .

mientras se disponía a escribir sobre una hoja de papel en blanco—. —¿Por qué? —Salen muy temprano. —Nunca pueden. un reconocimiento de la escuela. Ya ni sé quién es tu apoderado. —Como ella supo que yo había ido especialmente a su casa. en presencia de sus padres. porque sea como sea. 104 . ¿va a venir mi mamá?» Cuando la niña entró en la oficina de la directora. quiero que esta misma tarde entregues esta notificación en tu casa.—Ese día me dio mucha pena. —Tiara Miru —sentenció finalmente. me dijo: «Tía Lidia. —Se le llenaron los ojos de lágrimas a la pobrecita. La directora guardó silencio al tiempo que observaba severamente a la niña. ¿Por qué nadie viene a dejarte? Tu familia es dueña de una o dos lanchas y no te traen a la escuela. un chico se siente dichoso de recibir un estímulo. la señorita Emilia se había sentado detrás de su escritorio y esperaba con una paciencia fingida.

tu imprudencia puede contagiar a los alumnos que llegan por agua y no me extrañaría que mañana vengan a la escuela a bordo de balsas como la tuya. Además. —¡Yo no crucé sola. considerando que no es ninguna gracia lo que has hecho. —¿Y se puede saber con quién venías? —Es que no me creería si le dijera. —Sí. ¿Te imaginas que pase una desgracia? ¡Ni Dios lo permita! Nuestra responsabilidad es muy grande. tía —respondió la niña. ¿Qué dirían de nosotros? Y tus parientes serían los primeros en condenarnos. —Comprenderás que ninguna de mis niñas debe arriesgar la vida como lo has hecho. 105 . —Puedes volver a la sala —ordenó la directora y le extendió la comunicación que acababa de firmar. Es demasiado.—Entiendo que sus labores de pesca comienzan de madrugada —aceptó la directora—. tía Emilia! —replicó la niña. Pero alguien tiene que acompañarte. Espero que lo entiendas. Nunca había ocurrido algo semejante. Tu hazaña es un pésimo ejemplo.

106 .

en invierno o en primavera —la lluvia en Chiloé no hace la diferencia—. No volaba una mosca en el interior 107 . Estuviera el tiempo como estuviera. las balseaba un bote a remos. Hubiera querido detener a la niña y levantarse de su escritorio para abrazarla con dulzura. como si se disculpara. Los alumnos dejaron de escribir cuando Tiara entró en la sala. bueno o malo. cuando ella y sus hermanas debían abordar un bote para cruzar el canal. tía Emilia —dijo. Pero la lección debía surtir el efecto deseado y la autoridad no podía dar señales de debilidad. Su corazón de maestra se colmó de ternura.Tiara recibió el papel doblado en cuatro y lo guardó en el interior de la mochila. ellas tenían que cruzar con sus baúles cargados de ropa limpia. Entonces. enfrentando riesgos que podrían haber terminado en tragedia. —Hasta luego. que usarían en sus largas semanas de internado. La directora se reclinó en la butaca de su escritorio y recordó aquellos tiempos de niñez. A ninguna de ellas se les habría pasado por la mente hacerlo solas.

pues era la primera vez que provocaba tanto interés entre sus compañeros. Ella los apiló uno por uno sobre su falda y los alisó cuidadosamente. La niña ocupó su puesto y abrió la mochila para sacar sus cuadernos. Todas las miradas se dirigían a Tiara. 108 . Lectura en silencio y comprensión del texto. Algunos sonreían.del recinto. varios mensajes escritos llegaron silenciosamente a las manos de la niña. Cuando el profesor se volvió al pizarrón para anotar las actividades de la unidad. otros la observaban como si la vieran por primera vez en la vida. A continuación los leyó con gran entusiasmo. —Lenguaje y Comunicación —anunció el profesor—. Busquen la unidad que apunté en el pizarrón.

seguido de carreras a pie descalzo. pero estos golpes eran reales y las risas tampoco eran producto de la fantasía de nadie. Hasta entonces pensaba que Tiara estaba más loca de lo que se creía.Un fuerte golpe. proveniente del piso superior. Diego miró a Tiara y descubrió que sonreía. Diego recordó lo que su compañera le había contado la tarde del día anterior cuando ambos se reunieron debajo de la pasarela. Ella apartó la vista de los papeles que ocultaba debajo del pupitre y observó las manchas de humedad en el cielo de la sala. el profesor suspendió las anotaciones en la pizarra y enfrentó a sus alumnos. La niña comenzó a reír sin ocultar la gracia que aquello le producía. interrumpió bruscamente la lectura de Tiara. Un tercer estruendo. 109 . Los compañeros de Tiara dejaron de espiarla a hurtadillas y dirigieron las miradas al techo. hizo que el curso completo se paralizara de espanto al escuchar claramente las risas que venían del segundo piso. Un segundo golpe se produjo en el piso de arriba.

Con la palma de la mano golpeó dos o tres veces sobre el escritorio. ¡Silencio! ¿Qué les pasa. —¿Qué ocurre? —dijo al fin el profesor. con la intención de aquietar los ánimos alterados—. Diego comenzó a contar a sus compañeros lo que sabía sobre el hecho y la situación fue de conocimiento público en cosa de segundos.Diego comenzó a sonreír con ella y el profesor sacudió sus manos y sopló el resto de tiza de sus dedos. tuvo que hacer uso de su autoridad para poner un poco de orden en el alboroto que amenazaba con desbordarse. Lo único que deseaban era salir corriendo. porque todo el curso comenzó a tironear a Diego de la manga de su chaleco. chicos? —¿Será verdad lo que dice la Huevito? —¿Qué dice la Huevito? 110 . Mientras Tiara evocaba lo vivido en el piso de arriba. Y como sus alumnos seguían comentando en voz baja y las risas iban en aumento. Pero no consiguió que lo escucharan. preparado para iniciar un interrogatorio sobre el comportamiento de sus alumnos. al tiempo que preguntaban a media voz por qué reían de esa manera.

Las risas de todo el curso se reavivaron y por un momento parecieron incontrolables. corren las tablas de las camas y se caen. ¿es verdad lo que dicen tus compañeros? —Así es. desatando aún más las risas que tanto les costaba controlar a esos niños. —Eso mismo fue lo que me contó la Huevito —se disculpó Diego. con el Credo en la boca. —La Huevito tiene nombre —censuró el profesor. cada vez más inquieto—. Y se quedó mordiendo sus palabras. sin dejar de reír. —Está bien —dijo al fin—. —¿Qué cosa? —insistió el profesor. Sonó la campana y los alumnos se aquietaron por un instante. Tiara. al levantarse. tío Tato —replicó ella—. Los mismos niños.—Que los internos son caídos del catre. aguardando las instrucciones del profesor. Pero ni se imaginen que hemos terminado con el 111 . —¡Ya basta! —alzó la voz el maestro. salgan a recreo. porque en ese preciso instante se produjo un nuevo golpe.

cuando el segundo piso estaba deshabitado. —¿Quieres venir? —¿Adonde? —Al dormitorio de los internos. Algunos se acercaron a Tiara y le dieron suaves palmadas en la espalda. Te has convertido en una alborotadora de tomo y lomo. 112 . Los chiquillos corrieron al patio más atolondrados que nunca. Esta vez Diego permaneció unos instantes junto a su compañera. echando a rodar una pelota de fútbol. porque conocía de sobra la situación comentada por sus alumnos. no se explicaba cómo había llegado al conocimiento de Tiara y cómo era posible que ocurriese de nuevo. Sin embargo. —Parece que fue verdad lo que dijiste —comentó.asunto. Primero tienes la audacia de venir a la escuela en tu balsa y ahora eres responsable de este desorden. Alguien le acarició la cabeza. Tiara. tendrás que explicar el hecho. Especialmente tú. El profesor esperó pacientemente que la niña saliera para sonreír de buena gana. Pero finalmente se alejaron de ella.

Sus compañeros lo llamaron y se alejó corriendo. 113 . Diego la miró profundamente unos segundos. sin mirar atrás. —¿Así. como era ya costumbre. la recibieron con entusiasmo. que cedió fácilmente. El tío Tato seguía ocupado en la sala. porque la aldaba ya no estaba en su lugar. como esto? —Más bello. antes de venir a la escuela. sin medir consecuencias. se alegró de no ser tomada en cuenta. Convencida de que nadie se preocupaba de ella. Subió muy animada. Las pulgas.—¿Estás loca? ¿Para que las pulgas me piquen de nuevo? —Tengo que contarte lo que me pasó en la mañana. una vez más se atrevió a empujar la puerta. al parecer no tenía ninguna intención de correr con la novedad a la oficina de la directora. sin saber si tomar en serio las palabras de Tiara. La niña esperó que nadie la observara.

llegaron al dormitorio la 114 . Los internos de aquel dormitorio corrieron al encuentro de Tiara. Ella se mostró sorprendida.Cálida bienvenida ti segundo piso estaba tan desierto y abandonado como el día anterior. cerró los ojos y se mantuvo muy quieta. La niña se sentó en uno de los catres y mientras se rascaba intensamente las piernas. Su deseo se cumplió. porque antes de lo esperado regresaron las apariciones de la primera visita. Le tendieron los brazos y la rodearon hasta formar un apretado enjambre de niños que deseaban manifestar un sentimiento de amistad incontenible. Al cabo de un rato de entusiasmo. se sonrojó emocionada y no supo de qué modo debía corresponder a tales manifestaciones de afecto. de ajetreos de unos y pasividad de otros. deseando que el sueño la dominara.

—¡Oye. Tiara quedó instalada en medio de todos. acomodándose en una de las camas. —¡Tengan cuidado! Que estos catres son como huevos.señorita Emilia. Te —preguntó la Ese—. el joven Renato y el padre Ronchi. ¿cómo llegaste aquí? 115 . Te\ —dijo la Ese—. Ven a compartir con nosotros. —lo creo que los chicos echarán de menos el alboroto matutino —comentó el sacerdote. —Ya hablé con un pescador. —De una vez por todas —comentó la señorita Emilia— hay que resolver este asunto. muerto de risa. que le hicieron un lugar. la Ese. hasta formar un círculo de conversación muy animada. como la invitada principal. Tiara fue a sentarse con aquellos niños. —Oye. que en invierno hace trabajos de carpintería —confirmó Renato. —¿Qué importa si nos caemos? Se sentaron con sumo cuidado.

116 . sí —afirmó el sacerdote—.—Mi abuelo vino con mi papá —respondió Tiara. el Pascual ya estaba aquí cuando visité la caleta. —Sí.

117 .

¿le decían «el italiano»? —Eso sería muy injusto —intervino la señorita Emilia—. no me habría molestado en assoluto que me hubiesen llamado como quisieran. ¿Recuerda? —Como si fuera ayer. los hombres dejaron de vivir solos bajo la ley de los puños y con el poco sentido común que les quedaba. desde que lo conocimos. —Cuando llegó el padre Ronchi —continuó ella—. 118 . —Le respetamos —aclaró el joven Renato—. Lo que importa es que no se falte el respeto. —Usted vino a poner orden en este lugar —agregó la señorita Emilia—.—¿Pascual? —repitió uno de los niños—. —Y a usted. —Bueno —agregó el sacerdote italiano—. padre Ronchi —preguntó la Ese—. después de todo lo que ha hecho por estas caletas. El padre los convenció de traer a sus familias para restablecer las leyes del hogar. ¡El nombrecito! —Le llamaron así —respondió el sacerdote— porque la Isla de Pascua es su lugar de origen.

trozada y compartida con cientos de islas pequeñas. los pescadores lo hicieron en esa parte del océano.—lo vino a conoscere la relitat de la isla —comentó el sacerdote— e incontrai una térra di nessuno. pensando che la aventura tomaría tan solo unas cuantas settimana. Las protegidas aguas que rodean el archipiélago. alejada y solitaria. Esos pescadores aprovecharon el abrigo natural de la bahía para establecer su pobre y su transitorio 119 . Se fueron quedando los hombres. una isla en la cuale cada individuo delimitava le frontiere de su autoritá. Mientras los peces buscaron refugio en esas aguas. siempre a la espera de que la merluza cambiara de sitio. fue habitada por intrépidos pescadores que siguieron la huella de la merluza española. a su entera assoluta volunta. La isla Toto.glia. de la cuale tutti querían apoderarse. al sur de Chaitén y Quellón. Atrás dejaron hogar y fami. donde sólo moraba el esplendor y la bondad de la naturaleza en su estado más primitivo. de la noche a la mañana se vieron surcadas por grandes cardúmenes. En un inizio los pescadores llegaron con sus aparejos.

abasteros y carniceros.vado para proteger sus escasas pertenencias de la humedad del océano. mueblistas.'LTí v|uip ^sacaban . también comerciantes de todos los negocios imaginables: almaceneros. No sólo pescadores. llegaron ferreteros. carpinteros y enfermeros primerizos especializados en labores mínimas de salubridad. comerciantes con patentes de alcoholes y otros con bebidas de fantasía. Esta aparente prosperidad convocó a otros hombres y el caserío comenzó a tomar las dimensiones de un pueblo. 120 .caserío. más de cinco mil personas. Llegaron a establecerse a la ciudad de plástico.mar quedaba en las manos de aquellos esforzados pescadores. como se la conoció de ahí en adelante. Las chozas que levantaron estaban construidas con las ramas arrancadas de los formidables árboles de la isla y los techos y paredes fueron cubiertos con el plástico que ellos mismos habían lie. Pero sólo una mísera parte de la lincakiikihlf xttjui. sastres. porque un exportador recogía la merluza para transportarla a Puerto Montt. panaderos. zapateros.

no conoció el primer refugio que levantó su abuelo. Así fue. El techo era como la quilla de una embarcación y a ella se entraba o salía por una puerta lateral. de modo invertido. que al principio hizo diferencia. —Como la de Pascual —comentó el padre Ronchi—. casa—bote. sin embargo. Antes de que naciera la niña llegaron tablas bien aserradas. poco a poco se convirtieron en hogares con muros de madera y techo de zinc auténtico. semejante a una tajada de melón. clavos y planchas de zinc. Había sido una vivienda muy precaria. necesarias para la casa definitiva. el abuelo y su hijo la habían construido imitando las antiguas viviendas de Rapa-Nui. ¿Per che ser distinta? Era la única hare—paenga. en efecto. Tenía forma ovalada. forrado en plástico. Sus casas de plástico. en medio de la lluvia. 121 . con ramas y madera del lugar. Tiara. Pero esos hombres y sus familias se acostumbraron de tal modo a la belleza de la isla Toto que ninguno quiso abandonarla. como un bote volcado.Con el tiempo la pesca dejó de ser abundante. por la que había que agacharse para no golpearse la cabeza.

agregué: estudié para maestra en la Escuela Normal de Ancud. Al incontrarla de nuovo en la chiesa. ¿Qué estudios tienes? —Soy profesora normalista. io dije: te ricordo perfectamente. Construí una scuola para bambinos. le respondí —continuó la señorita Emilia—. y como se me quedara mirando con cara de duda. io dije. sí —recordó el sacerdote—. —Y a mí —se sumó Renato. —Menos io. ¿cómo se llama? —respondió Tiara—.—No fue capricho. En sitios lejanos convencí a profesores para venir cual maestros. tampoco. No puede ser casualidad. ella incontré dos veces el mesmo día. Así son en la isla donde nacieron mis antepasados. La primera vez la observé a la entrada del pueblo. —¿Aunque todos los vecinos reclamaran porque ocupaba más espacio que las demás? —Cada uno hizo lo que quiso. que hiche lo che debía —replicó enseguida el sacerdote italiano—. padre. 122 . Fue divertido. —Así me convenció —agregó la señorita Emilia. —Buono.

—Guardé silencio por un instante —prosiguió el sacerdote— y luogo pregunté: ¿enseñarías en lugar remoto? —Es lo que espero. ¿Qué oportunidad podría tener en mi pueblo? Sabía que no había ninguna posibilidad de encontrar un puesto de maestra. Ellos esperaban visita de autoridad de la chiesa. 123 .ta lejana. Mi madre. las pocas vacantes estaban ocupadas. el único boxeador del pueblo. hablaré hoy mismo con tuo padre para que enseñes a niños que necesitan maestra. para hacerme cargo de mis alumnos? ¿O quedarme a esperar que el hijo de la señora Rita. Con viento. lluvia o tormenta. con esfuerzo y sacrificio. io dije —agregó el sacerdote—. —¿Qué más podía hacer? ¿Quedarme a enseñar en una isla y embarcarme todos los días. me solicitara en matrimonio? —Y fue divertido como io fui recibido en su pueblo. —Beni. comenzó muy joven su vida de magisterio y montaba a caballo diariamente diez o doce kilómetros para enseñar en una escueli. que también era profesora.

en efecto. entraban descalzas al pueblo. El religioso italiano tuvo que caminar bastante para seguir el viaje. reservados para estas ocasiones. que por esos años residía en Ancud. El visitante. Los músicos iniciaban los sones de las melodías. que lo había recogido a dos kilómetros del canal de Dalcahue. acompañadas de hijos y maridos. al ver la polvareda que levantaba el único vehículo motorizado de la isla. El camino estaba en construcción y no llegaba al embarcadero.—Una vez al año —contó Emilia— nos visitaba el obispo. la calle principal era engalanada con arcos de flores. adornaban las imágenes de las Vírgenes que habían traído especialmente para la visita del obispo. Las gentes del campo. En la primera casa de la calle principal se ponían sus zapatos y cambiaban el atuendo de todos los días por trajes mejores. tambores y guitarras. 124 . Alguien gritaba: «¡Que ya viene. En ese tiempo. Luego. pues oye. El padre Ronchi descendió con su larga sotana y abrigado con un amplio chaquetón impermeable. había llegado en el camión municipal. para realzar el paso del visitante. ya viene!». con sus acordeones.

en señal de respeto. tanto candor e ingenuidad. —Yo había recibido el honor de poner flores en uno de los altares y acompañar a la señora Rita. un hombre sencillo que llega donde se lo 125 . No soy más que un cura en misión de pastor. Signor. —Le ofrecí el ramo de jazmines que había preparado y de todos modos. saludando afectuosamente con la mano a quienes se acercaban a darle la bienvenida. —Así es el padre Ronchi —continuó la señorita Emilia—. Subí a felichi. que me dije: oh. —Ambos nos sorprendimos. me incliné a besarle el anillo de su mano derecha —reconoció Emilia. mientras ella tocaba el armonio durante la misa.Sostenía en su mano izquierda un pequeño bolso de viaje y sonreía en todo momento. permite que io pueda llevarla conmigo. io dije.tarla y reconocí a la del beso en la mano como si io fuese un obispo. ¿Qué haces?. porque io no llevaba anillo alguno y no estaba habituado a ceremonias. Había tanta innocenza en su mirada. —Y lo hizo molto bene. Fue impresión molto grata la que ella causó entonces. Es la persona que preciso.

Queríamos estar junto a ellos y establecer un vínculo. Io nací en un pueblo cercano a Milán. Yo era uno de esos estudiantes buena onda que nos acercábamos a los niños que vivían bajo los puentes. Vine misionero a Chile y recogí bambinos bajo puentes del río Mapocho. de hacer más soportable la vida que llevaban. como decir misa donde no hay iglesia. Suele viajar con un bolso de mano y aborda el primer vehículo que pase. Fui el mayor de onche hermanos y tuve una infancia difficile. a los venti decidí por sacerdocio para dedicar mi tiempo a los pobres. Por eso. Tratábamos de ayudarlos. —Es que así fue mi niñez —prosiguió el sacerdote—. que no 126 . para darles algo de cariño y comprensión. —Así lo conocí en Santiago —intervino el joven Renato—. Les llevábamos algo de comer. especialmente para cumplir sus oficios. bautizar niños perdidos en los rincones más apartados o entregar víveres a los necesitados. por muy distantes que se hallen y por muy escasos que sean los medios para llegar hasta ellos. tratando de entender su situación.propone. No era nuestra intención sacarlos del río.

sem. De la noche a la mañana. Entonces pensamos que era el dueño de la caleta. Esa misma noche desapareció y creímos que se lo habían llevado o que se había muerto. sin permiso ni nada. El padre Ronchi hizo 127 . viajé con ellos más de mil quinientos kilómetros. —Dios nos pone cosas en el camino —prosiguió la señorita Emilia—. No tuvo la intención de echarnos. El padre Ronchi me pidió que lo acompañara cuando decidió traer a todos estos niños sin hogar. apareció este hombre mayor.se sintieran tan solos. Decidí trasladarlos a Puerto Cisnes. Io sabía que mientras se quedaran en la ciudad. —Nosotros no sabíamos que era sacerdote —comentó la Ese—. —Después ritorné per lui. Una noche llegaron los policías buscando a cuatro jóvenes que sus familiares habían dado por perdidos. —¿Sin el permiso de sus padres? —¿Y de qué padre podía solicitar permiso? Allora hice hogar donde los bambinos estudiaran y crecieran. pero no le gustaba que estuviéramos ahí.pre ritornarían a vida de vagabondo. así de repente.

—¡Niños. a clases! —sentenció la señorita Emilia y desapareció. como no bastaba. —Pedí ayuda para levantar una chie. El tañido de la campana interrumpió la tertulia. que es el medio de comunicación más efectivo de la zona. en su aislamiento. Buscó la colaboración de personas caritativas.construir esta escuela de madera. como si nada más importara. autoridades e instituciones. que fue lo que hicieron al principio.sa y dar en ella muestras de gratitud y. conseguí al menos cada quince días que una patrulla de carabinieri viajara a la isla para la ley que estos uomo. para que dejaran de dirimir diferencias con la forza de los puños. cuando recién llegados. de empresas. sin 128 . Tiara se incorporó de un brinco y todos se quedaron con el alma en un hilo. consiguió víveres. materiales de construcción y los implementos necesarios para instalar una modesta estación de radio. Io hice para que ellos entendieran por leyes de razón y orden. no respetaban. inmóviles. La radio es el puente que une a cientos de almas que pasan aisladas la mayor parte del tiempo.

El patio estaba desierto. Entonces comenzó a rascarse. Era el único que sabía dónde había estado.respiración. pero la puerta de la sala permanecía abierta. En su pupitre tuvo que disimular para contener las ganas de calmar la picazón. Con la irresistible comezón en sus piernas cerró la puerta a sus espaldas y se quedó inmóvil allí por unos segundos. evitando que la cama se desparramara por el suelo. lanzándole miradas de complicidad. 129 . sintiendo como las pulgas nuevamente la convertían en blanco de sus picadas. de cuando en cuando se detenía para aliviar la comezón que parecía quemar la piel de sus piernas. aunque Diego la interrumpía a cada rato. Mientras se dirigía a la sala. comprobando que no había sido descubierta. aceptando que a veces la indiferencia de los demás es más conveniente de lo que uno pudiera desear. Aquel pensamiento calmó sus inquietudes. Al resto de los alumnos no parecía preocuparle lo que ella había hecho durante el recreo. como si de pronto hubiesen retornado a la condición que siempre tuvieron: fantasmas. La niña bajó los peldaños de dos en dos.

Terminadas las clases, Tiara amarró su balsa a la panga de don Anselmo, que fue en busca de su hijo. Diego se limitó a observarla durante el trayecto. Era demasiado abrumador para él sentirse cómplice de una falta que había provocado tanto rechazo en la escuela. Por fortuna, en la lancha nadie comentó el incidente de la mañana. ¿Todo ese alboroto por haber navegado en balsa unos cuantos metros? ¿No sería demasiado? Ella no había puesto en peligro su vida. Si así hubiera sido, jamás se habría alejado tanto de la orilla. Por lo demás, había demostrado que Amiga Yara era muy segura. Como todos los días, la madre de Diego lo esperaba en el muelle con la bicicleta. En el momento de descender y antes de que corriera a reunirse con su adorada bici, Tiara le habló a media voz: —Más tarde nos vemos, en la caleta bajo la pasarela. Tengo mucho que contarte. —Después de la once será —respondió Diego, mostrándose desinteresado—. Y después de las tareas, porque si no mi mamá no me deja salir. A lo

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mejor a ti tampoco te van a dar permiso después de lo que hiciste. —Voy de todos modos —respondió la niña. El padre y el hermano de Tiara no estaban cuando ella regresó de la escuela. —La tía Emilia mandó esta comunicación —dijo a su madre. —Déjela ahí —respondió ella. —¡La directora quiere hablar con ustedes! —Bueno —replicó la madre un tanto molesta por el reclamo de su hija—, ella entenderá que sus padres tienen asuntos que resolver. —A lo mejor quiere hablarles de mí. —¿Hizo algo malo, hija? —y como Tiara no respondió, la madre continuó—: La otra vez también quería que fuéramos a la escuela y era para recibir un premio. —Tienen que leer la comunicación. —Que la lea su padre cuando llegue. La niña enmudeció intentando entender los asuntos de sus padres, pero su mente sólo tenía espacio para la segunda visita que había hecho al 131

piso de arriba. Ni siquiera la preocupaba el malestar de la directora, ni el regaño que había recibido de su maestro. Tampoco le importaba el contenido de la comunicación que la tía Emilia le había enviado a sus padres y que ella no había tenido la imprudencia de leer. Tiara salió de la habitación. Contrariada, triste, confusa y sin saber qué hacer, perdió por un momento el sentido de la existencia. Cuando, más tarde, Diego asomó su nariz en la ventana de la cocina, atisbando hacia el interior, Tiara no se veía por ningún lado. La Te y el Deivid

Diego fue a reunirse con Tiara y ella lo vio venir con su bicicleta. Se detuvo junto a la baranda de la pasarela y aguardó allí un instante. —Sabía que estabas aquí —le dijo al verla—. ¿Entregaste la comunicación? —Sí. —¿Qué dijo tu mamá? 132

—¡Adonde puedo ir con ella! —protestó Diego. Si te montas en tu bici y pedaleas bien corti. —¿Estás loca? Tiara desapareció en el interior del refugio. —¿Y qué vas a hacer cuando la lean? —No sé. lo animó para que lo hiciera. tal vez.. Escuchó con atención alguna señal que pudiera venir desde la pasarela. por muy tirado de las mechas que fuera. deseando que su compañero aceptara. Al ver que Diego no mostraba el menor interés por descender al refugio. Deivid —insistió ella—.to. Me vine sin permiso.—Nada. -¿Qué? —Escucha.. —Pero podrías andar sin andar. para que las ruedas no giren. —Deivid —le dijo—. Se hizo la lesa y cambió de tema. ¿nunca has intentado montar tu bici en la pasarela? —¿Cómo? —Subirte a tu bici. Por un momento pensó que Diego se había cansado de estar allí. Hasta que no pudo más 133 . Allí esperó pacientemente con los dedos cruzados. Huevito. No la leyó. —Te van a castigar.

—¡No. afirmado en la baranda de la pasarela. ¿No es divertido? 134 . moviendo los pedales hacia delante y hacia atrás. no! —le dijo ella—. Ahora pisa bien firme los pedales y tuerce un poco el manubrio. Hasta que pudo más la curiosidad que la soledad y el silencio que reinaba en el escondite y Tiara salió a la luz de la tarde. Mantente ahí. Sin pensarlo más de una vez. Para su sorpresa. allí estaba Diego. —¡Esta no es forma de andar en bici! —protestó Diego. obligándolo a mantener el equilibrio. Diego. tuerce el manubrio hacia el otro lado. al verla junto a él. mientras seguía las indicaciones de Tiara. quiso bajarse rápidamente. Diego vencía finalmente aquel sentido del ridículo que tanto lo avergonzaba cada vez que montaba su bicicleta. ¿qué tiene de divertido? —¿No? —insistía ella—. Deivid\ —gritó ella. Cuando pierdas el equilibrio. —¡Eso es. —Pero. pero ella lo detuvo. intentando pedalear. trepó por la roca y sorprendió a su compañero.con la curiosidad y se asomó a ver qué había ocurrido en verdad. animándolo.

sentir el placer de dejarse llevar por la velocidad al descender por un camino que sólo estaba en su imaginación. Era dueño de la única bicicleta que había en la caleta y siempre se lamentaba de no poder disfrutarla. —¡Déjame probar. a través de la auténtica peripecia. ¡Con qué gusto hubiese querido pedalear y pedalear en línea recta y atravesar grandes extensiones de bosques. Pero. 135 . y la perseverancia. Porfiadamente. como era su deseo. entonces! —¡No! —¡Bájate! —No. se convirtió en sorprendente descubrimiento. te dije. de juego torpe al comienzo. ¿qué cosa más extraña que «andar en bici» sin pedalear ni un centímetro? Sin embargo y por curioso que resultara. el muchacho se resistió a ceder porque tal posición le otorgaba poder frente a su compañera. por un sendero sinuoso y. tal vez.—No le veo la gracia. no hubo forma de que Diego renunciara al intento.

Era cosa de verlos. —Puedo ir más lejos si quiero —comentó. comenzó a desplazarse a salti. —¿Ir más lejos? —ella se llevó las manos a los labios para ahogar un grito que amenazaba con escapar de su garganta. su figura recortada contra el verde del cerro y el azul negruzco del cielo.tos. Repentinamente. 136 . Ella era la que más se divertía con los logros del compañero y celebraba entusiasta cada giro. cada golpe de manubrio para mantener el equilibrio. como un balón que bota sobre el cemento inexistente y fue avanzando hacia la superficie accidentada de la roca. Allí se detuvo. inmóvil como una estatua.

137 .

de valiente. —¿Y por qué no? —replicó. entusiasmado con su idea. deseaba ver a su propio hermano en el pellejo de Diego. aterrando a su compañera. rechazando consecuencias—. permitiendo que bajara unos centímetros la rueda 138 . Deivid —protestó la niña. Al mismo tiempo. retando toda lógica. por donde comenzó a descender. ¿No querías verme en peligro? ¿No te agrada el riesgo? —¡Nunca dije que andes por las rocas! ¿Y si perdía el equilibrio? ¿Y si rodaba hasta las aguas con bici y todo? Tal vez ella había sido muy imprudente al animarlo de esa manera. siempre dispuesto a no titubear ante el peligro. con gran cuidado.—¿No quieres que baje hasta el refugio? —Pero. dándoselas de arriesgado. sin soltar el freno y torciendo el manubrio de lado a lado. sobre el asiento. El ciclista de las pasarelas se bajó de la bicicleta para levantarla sobre la baranda de madera y posarla en la roca. A ratos se paraba en los pedales. De tal modo la bicicleta era controlada con mayor eficacia.

—Yo jamás haría eso. La voy a partir en dos. Huevito? —Por mi culpa podrías caer y quebrarte una costilla. 139 . Mira. Hasta que se detuvo frente a la entrada del escondite. —¿Por qué? —Porque si viviéramos con ellos te mandarían a machetear con tu bici. —¿Qué cosa? —Esos giros con tu bici. Después de una exhibición como ésa lloverían las monedas. —¿Para que todos vean? —Para que te vean los del piso de arriba. —¿Sólo medio pan amasado? —Mi mamá lo hace bien rico. —Es increíble lo que haces —dijo ella. —¿No es lo que querías. —Aquí soy la Te. —¿Ellos? —Estarían maravillados. —¿Podré ir a la escuela? —¡Esas rocas sí que son peligrosas! —Pero puedo intentarlo. También traje una papa cocida.trasera y otros centímetros la delantera. traje algo para la once. Huevito. No lo olvides. —Prefiero que hagas una exhibición en el patio.

pero no pude esperarte. Pero desde que comenzaron sus fantasías se había vuelto parlanchína y de sus labios salían expresiones que jamás le habían escuchado. Ni siquiera se asoma a la puerta de la casa cuando salgo. pero tú no estabas. Ya. —Huevito —murmuró—. Entonces llegaron en su piragua y navegamos hasta la isla de nuestros antepasados. —No quisiera estar en tu pellejo cuando el Pascual lea la comunicación y vea que no estás en la casa. También vinieron los príncipes. Fue maravilloso. Deivid. Bajé muy temprano a la caleta. En la escuela. mirando con ojos de asombro a su compañera. -¿Y? 140 . las tías apenas le sacaban una palabra. come. -¿Qué? —Vino el Kiko a buscarme.—Si aparece tu mamá por aquí nos saca de un ala. Por lo general. no era muy habladora. ¿Por qué haces tantas leseras? —Es lo que tengo que contarte. será mejor. Ella no va a venir. El se quedó en silencio. —Tranquilo. ¿de nuevo fuiste al piso de arriba? —Sí. Deivid.

como de bien lejos. entonces mi padrino y sus compañeros vieron aparecer la silueta del religioso sobre la nieve. —Se parece a esa historia que nos contó una vez el tío Tato.. porque el jesuita anduvo en los años de 1760.. así. con el profesor Renato. —Entonces. que a cierta hora del día se aparecía un misionero jesuita. Cuando el cura llegó a la faena no encontró ni un alma. —¿El tío Tato? —Y también con el padre Ronchi. —Pero ése no era. Los 141 . —¿Hasta de la fecha te acuerdas? —Bueno —continuó él su relato—. ¿era cierto que se aparecía como un fantasma? —¿Qué historia es ésa? —preguntó ella.—No sólo estuve con los internos. Lo pasamos en historia.... También con la tía Emilia. —¿Con la directora? —.. gritaron y salieron corriendo. Abrió los brazos y gritó a los cuatro vientos. —Mi padrino trabajó en la carretera Austral y una vez vieron un sacerdote que se aproximaba. «¡El cura fantasma!».

«Voy a calentarme un poquito y después hacemos la misa». Eso nos contó la tía Emilia.hombres entendieron que había llegado un sacerdote verdadero. Había caminado un día y medio y pasado toda una noche sin techo ni abrigo. Estaba muerto de cansancio. —Es bonita esa historia. Lo recibieron contentos. muerto de frío. obedeciendo al cura que los llamaba. —Sí. ella conoce muy bien todo eso —replicó la niña— porque es de allá. Deivid. Iba con Jaime Caro. Regresaron a la obra. les dijo. 142 . —¿Turbinas? —Sí. —¿Cuál? —En una oportunidad se embarcó en un bote tan pequeño como mi balsa. con fuertes palmadas en la espalda. un ingeniero de Aysén experto en turbinas. El padre Ronchi contó una que yo nunca había escuchado. esas que producen electricidad para que la gente de sectores apartados como el nuestro tenga radio para comunicarse. —En algunas islas de Chiloé también usan baterías de auto.

El hogar era humilde. El fuego ardía en la cocina y la mujer del botero los invitó a comer a la suerte de la olla. Con sencillez. en cosa de minutos. —Huevito —interrumpió Diego—. Aceptaron. el botero que los transportaba vivía por allí cerca y la casa más próxima era precisamente la suya. como todos los de la región. Esa misma noche. cinco bautizos y una boda. El sacerdote y el ingeniero habían navegado ya varias horas. El ingeniero fue testigo de matrimonio y padrino de los niños. El padre Ronchi quiso saber si los niños estaban bautizados. ¿No nos andarán buscando? 143 . El hombre reconoció que con su mujer tampoco se habían casado. entre un caserío llamado La Junta y otro conocido como Raúl Marín Balmaceda. cuando los sorprendió la noche. porque jamás habían pisado una iglesia y aquella era la primera vez que veían un cura. El hombre les ofreció pasar allí la noche y continuar viaje al día siguiente. No lo estaban.Pero lo que Tiara contó era para sorprenderse. ya se nos hizo tarde. El jefe de familia era padre de cinco hijos. se vistieron para la ocasión. que sonreían con disimulo. el padre Ronchi celebró dos confesiones.

Después de lo que hablamos. Diego se quedó esperando unos minutos después de que la niña desapareció por la puerta estrecha. Fue lindo. ya se me pasó. uno detrás del otro. Desde allí caminaron lentamente. Tiara se asomó a la ventana como de costumbre y 144 . Cuando abandonaron el refugio no se veía a nadie por los alrededores. El accidente Ai día siguiente y a primera hora de la mañana. Antes de que anocheciera se despidieron a la entrada de la casa de Tiara. Deivid?. por los angostos pasadizos de madera húmeda y ennegrecida. Tiara le ayudó a Diego a cargar la bicicleta hasta la pasarela. ¿verdad. el llanto de un niño rompió la paz de la noche que se anunciaba. —¿Tienes miedo de llegar a tu casa? —No. Deivid. Si hubiese traído unas frezadas me quedaría a dormir.—No me quisiera ir. donde por fin se sintieron más seguros.

el alcalde de mar y tres marinos conversaban en voz baja. y un tanto más apartados. Se despidió de su madre y con la ilusión de siempre descendió por la pasarela en dirección al embarcadero. —Vienen por mi padre y mi hermano —pensó la niña—. Tiara esperó en los escalones que 145 . pero su compañero no se veía por ningún lado. ¡Qué bueno que no estén en la casa! Hubiera deseado que Diego estuviera allí. a unos cuantos metros de su casa. Inquieta. Era muy extraño lo que ocurría. más bien.lo único que vio fue un grupo de pescadores reunidos en la caleta. con semblante de preocupación. pues nadie se movía de su sitio. Se diría. Una lancha de la Armada se mecía suavemente con el ir y venir de las olas. pero ninguno de ellos descubrió la presencia de la niña. Terminó su desayuno y volvió a mirar resignadamente el mar que comenzaba a sacudirse la bruma. Se acercó a esa gente allí reunida. que aguardaban por algo que se presentaría de un momento a otro. se preguntaba por qué razón los marinos no buscaban en la casa a su padre y a su hermano.

Tiara se alegró con la llegada de los navegantes. cogió el remo y. Vio la satisfacción en los ojos de su hermano. Aunque no lo 146 . —¡Niña Miru! —saludaron los príncipes—. Soltó las amarras. navegando pausadamente en medio de la bruma y la tranquilizó aún más la presencia de su abuelo y de su hermano Kiko. la espléndida embarcación de los príncipes se dirigió resuelta al sitio donde flotaba la niña.bajaban al muelle y. Como si una puerta de tenue humedad se abriera para darle paso. recibe nuestro respeto. Estirpe real. abordó la pequeña plancha de espuma plástica y remó con decisión hasta el muro de neblina. Soñando despierta. Sintió con cuánta dulzura la miraba. se dirigió al lugar donde mantenía amarrada su balsa. en el fondo de su corazón. Tiara la vio acercarse. después del primer viaje que hicieron a la isla de sus antepasados. A decir verdad. evocó la deslumbrante piragua de los Ariki Paka. no pensaba más que en ellos. aguardó por el prodigio de aquel día. sin pensarlo dos veces. Decidida. emergiendo desde la densa bruma que engullía al resto del mundo circundante.

hasta que al cabo de un tiempo se disipó la bruma y ante los ojos de Tiara apareció el imponente volcán Rano Raraku. Tiara sabía que navegando hacia el norte se llegaba a una isla donde brillaba el sol esplendoroso. porque en el viaje anterior el comportamiento de Tiara había sido admirable. Ajenos a la audacia de la niña y la presencia de los Ariki Paka. Se preparó entonces para una travesía extenuante.manifestara. dudaba que tuviera la resistencia de enfrentar nuevamente la prueba. el alcalde de mar. aunque la esperaba. donde el mundo desconocido y fascinante de sus abuelos se abría ante sus ojos. los marinos y los pescadores continuaron su charla como si nada. Así como la bruma ocultaba las aguas del archipiélago. precisamente por estar ella en conocimiento de las peripecias. 147 . Kiko estaba muy contento. pero curiosamente la navegación fue más breve que la primera. así también ocultó rápidamente la piragua de los príncipes. En todo momento fue protegida por su abuelo y su hermano. La navegación enfrentó las mismas dificultades del viaje anterior y.

en apariencia idénticos. demostrando que cada uno representaba un personaje rodeado de misterio.—Es tiempo de primavera —comentó Kiko—. —¿Mi padre? —exclamó Tiara. Desembarcaron en las cercanías del volcán y caminaron hacia la cima del cráter. —Compite para que su jefe gobierne por un año los destinos de sus hombres —concluyeron los príncipes. en el pasto silvestre o saliendo de la montaña. 148 . descansando en sus pedestales. ha pasado el invierno y se aproxima el verano. La niña descubría gigantes pétreos a cada paso. —Tu padre competirá por uno de esos trofeos —agregó el abuelo. —Es cuando retornan las manutara. —Aquí en Mataveri se reúnen los competidores. enseñaban pequeñas diferencias. que llegan al peñón a depositar sus huevos —dijeron los príncipes. En el ascenso la niña fue descubriendo los monumentales moáis. como si la roca misma les diera forma con el cincel y el martillo de ventiscas y tormentas. Los rostros de tales monumentos. las aves sagradas.

A poca distancia del sitio de las celebraciones se alzaba un moái de varios metros de altura. Y se celebra la ceremonia del Tangata Manu.Tiara pudo admirar la hermosa aldea que allí se levantaba. con puertas muy pequeñas siempre abiertas hacia el mar. —Estamos en Orongo —explicaron los príncipes—. Más allá. en la cumbre. porque allí estaba la cantera donde fueron esculpidas la gran mayoría de las esculturas de Isla de Pascua. un enorme rostro de piedra volcánica yacía tendido observando el cielo. Hombres y mujeres se congregaban en aquel lugar. una parte de los faldeos del volcán estaba poblada de estatuas en distintas posiciones. En verdad. Tiara no terminaba de sorprenderse al contemplar tanta maravilla y su corazón brincaba 149 . Las viviendas allí construidas eran de piedra laja. celebrando con danzas y cantos de envolventes melodías. sobre una extensa planicie. una imponente escultura se arrodillaba en medio de la llanura. dispuestos a pasar allí todo un día.

Más lejos. ocultas por la hierba que las circundaba. Al sur de la isla se podía observar el islote Motu—kaokao. solían hacer sus nidos las aves. cómodamente instalados. se veían los peñones Motu-nui y Motu-iti. Hasta allí han de nadar. el sacerdote dio la señal de inicio. igual que mi padre. Este es el santuario.de alegría de sólo pensar que ella y su familia pertenecían a ese mundo fascinante. —Las piedras hablan por sí solas —comentó uno de los príncipes. Los 150 . cubiertos de vegetación. —Esa es la meta —dijo Kiko—. Rodeados por grietas y quebradas. Y algún día. Entre esas grietas. penetrando en la roca como lanzas espumosas. Desde el observatorio solar. las olas los golpeaban con furia. que emergía del mar como una espada puntiaguda. también yo competiré. Los tres islotes dejaban ver cuán enormes eran las dificultades para llegar hasta ellos. Y llevó a la niña hasta una roca tallada con signos y figuras indescifrables—. Los jefes observaban a cierta distancia. blanqueada por los excrementos de las aves.

gritando con todo el aire de sus pulmones. alzándolo con su mano derecha. donde cumplían la primera parte de la travesía. Debían sortear numerosos peligros en la travesía hasta el peñón. 151 . arrastrados por la corriente. Algunos sucumbían en la empresa. bajaron hábilmente. para que su jefe lo escuchara desde el lugar de los festejos. saltó sobre la roca. Desde el acantilado. en un monumento funerario. Los competidores. dos estatuas observaban la competencia. pereciendo en medio de las aguas. Una vez en el peñón más cercano. empezaba la vigilia.aguerridos nadadores. apiñados en la cima del escarpado risco. se sumergieron en el mar y montados sobre pequeñas canoas de totora nadaron con pies y manos para alcanzar el primer islote. Los que pasaban con éxito la prueba llegaban al islote. Debían esperar largas horas hasta que llegaran las aves a poner sus huevos. portando sus canastos kete. tratando de alcanzar cuanto antes las aguas del mar. El primer valiente que logró apoderarse de uno de ellos. —¡Es mi hijo! —exclamó jubiloso el abuelo.

152 .

¿qué dice? —¡Ka—varu te puokol —explicó el anciano. que observaba rodeado de su gente. 153 . A continuación. en verdad. ante los ojos asombrados de la niña. se levantó de inmediato para ser ungido como hombre pájaro. en el peñón el ganador atesoró su trofeo en el canastillo que portaba y se dispuso a regresar junto a su jefe. porque debía dirigir los destinos de sus hombres a partir de esa primavera y hasta el fin del próximo invierno. Luego. ¡Rasúrate la cabeza! Es lo que le grita a su jefe. Con afilados cuchillos de obsidiana procedieron a cortarle el cabello y también le rasuraron los brazos y las piernas. tiempo que duraba su jerarquía. Así ocurrió. colmado de orgullo—. —¿No reconocería yo su voz? —Pero. le tiñeron de rojo la cabeza. que debía lucir el huevo a la entrada de su casa por espacio de un año.—¿Mi padre? —replicó la niña. otros competidores se agruparon en la cima del peñón alzando huevos de pájaro. El superior. Mientras tanto.

honrando a los jefes que representaban, pero reconociendo su derrota. Uno tras otro, los contrincantes iniciaron el descenso con sus trofeos y arrojándose al mar se disponían a regresar sobre sus balsas de totora. Nadie se preocupó más de los competidores. Algunos se perdieron en medio de las aguas, otros cayeron desde las rocas y nadaron con grandes dificultades. Las dos estatuas de aquel monumento funerario sabían que pronto celebrarían ritos mortuorios. Sacerdotes silenciosos ensartaron en el piso los soportes de las angarillas funerarias: cuatro estacas clavadas en la tierra soportarían una modesta camilla con el cuerpo de un desdichado, envuelto en telas y en esteras que lo mantendrían por varios días, al tiempo que los cantos fúnebres, los llantos y los lamentos se escucharían en toda la isla. Luego, serían llevados a los santuarios que, a modo de mausoleo, se levantaban a lo largo de la costa. Mas, por ahora, el pueblo se dedicaba a festejar las alegrías, pues tiempo habría para tanta tristeza. —Quisiera ver a mi padre —imploró la niña. 154

—Las celebraciones podrían resultar interminables —advirtieron los príncipes—. Lo hemos perdido y no sabemos cuántas peripecias ha de sortear antes de llevar el trofeo a las manos de su jerarca. —Además, ahora comienzan las rencillas —advirtió el abuelo. —¿Rencillas? —exclamó ella. —Las disputas —aclaró Kiko. —Los competidores lamentan su derrota —agregaron los príncipes—. Mientras uno de ellos celebra la victoria, el resto es víctima de la envidia y las diferencias suelen concluir en destrucción y muerte. —¿Y nadie puede detenerlos? —La única autoridad en la celebración del Hombre pájaro es el propio jefe de esos competidores. —¡Ustedes deben hacerlo! —¿Nosotros? —¡Sí, por algo son príncipes! —Nos debemos a nuestro monarca y él espera al otro lado de la isla, sumido en la tristeza. Está muy lejos para intervenir y los jerarcas de estos 155

hombres no aceptan mediación alguna, aunque provenga del mismo rey que los gobierna. —¿Y mi padre también estará en esas rencillas? —Ningún competidor puede escapar a ellas. —¿Podría morir, entonces? —Así es, querida niña —respondieron los príncipes, y cantaron a media voz:

«Ka tangi é... ere ika iti é. Mo nua é, ere mo te matua é. He ono matua, hoki tae tangi ai; ko te bebe au; o ko te matua akore...» «Está llorando... la pequeña víctima. Por su madre y por su padre. Ya no tiene padre, por eso llora; ahora está pobre; ya no tiene más padres.»

—¿Y ese canto tan triste? —preguntó. —Es un lamento —respondió el anciano, presagiando un desenlace trágico. Tiara enmudeció al ver tan preocupado a su abuelo. También el hermano de la niña mostró la 156

congoja en su semblante. Por un momento detestó la participación de su padre en esos festejos. —Estas celebraciones y desenfrenos, Hopu contra Hopu, provocan no sólo dolor y muerte —comentaron lastimosamente los príncipes—, sino también la ruina de este lugar sagrado, muchas veces con la destrucción definitiva de estatuas y monumentos. Las palabras de los Ariki-paka sonaron como un presagio ineludible en el corazón de la niña. —Vamos, Tiara —dijo Kiko con profunda tristeza—. Debemos regresar. Con los cantos y bailes en sus oídos se dirigieron a la embarcación y entraron en la densa bruma que ocultaba todo el entorno de la isla. Cuando finalmente la nave salió de la espesa niebla, Tiara se hallaba frente a la caleta de su casa. Cerró los ojos, con el ferviente deseo de no salir de aquel sueño, pero no pudo permanecer así demasiado tiempo; voces que salían a su encuentro, la sacaron abruptamente de su ensueño. Ai abrir los ojos nuevamente descubrió que la piragua de los príncipes había desaparecido por completo, también su hermano y su abuelo. 157

El encanto de la niña se quebró como un espejo. Uno de aquellos hombres agrupados en la costa, y que de vez en cuando dirigían la mirada hacia el mar, alcanzó a ver la balsa de Tiara asomando por la bruma que se diluía bajo la luz del sol. Al dar la voz de alarma, todos se volvieron para verla remando hacia la escuela. —¡Ya estábamos advertidos! —exclamó el alcalde de mar—. Anoche la Lidia me habló de lo que hizo esta chica. —Pero, ¿cómo no la vimos subir a esa balsa? —Ni siquiera la vimos salir de su casa. El alcalde de mar, apremiado por su falta de cuidado, sintiéndose más responsable que nadie, abordó rápidamente su bote y dio las instrucciones al hombre que lo acompañaba para ir cuanto antes detrás de Tiara y evitar que siguiera remando en condiciones tan precarias. Daba miedo de sólo pensar en una desgracia. Si llegase a volcar esa balsa de juguete, la niña se hundiría en cosa de segundos, con el peso de su mochila y con tanta ropa en el cuerpo. Además, ¿quién podría asegurar que sabía nadar y ponerse a salvo por sí misma? 158

Considerando la gravedad de la situación, los marinos abordaron de inmediato el bote inflable que los llevaba a la lancha y el motor fuera de borda rugió como una bestia antes de ponerse en movimiento. Lo hizo pesadamente al principio y luego debió hacer un giro muy amplio, antes de dirigirse al sitio exacto donde flotaba la balsa de Tiara. Mientras el alcalde de mar bogaba directamente hacia la niña, los marinos tomaron las precauciones necesarias, porque el oleaje que producía el poderoso desplazamiento del bote inflable amenazaba con hacer zozobrar la balsa. El único que podía alcanzarla sin mayor contratiempo era el alcalde. La niña remó cada vez más rápido, para acercarse cuanto antes al embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. Los golpes acelerados de su remo terminaron por agotarla y no dieron el resultado que ella esperaba; la balsa pareció detenerse a escasos metros de la costa, como si el agua transparente y liviana se tornara pesada. Mientras el bote del alcalde de mar se acercaba más y más, la balsa dio un giro mar adentro, porfiando con los deseos de quien trataba de 159

pudiera salvarla. Mientras un hombre remaba con premura hacia la costa. sintió que la arrastraban violentamente hacia la superficie. al parecer. hasta que la mochila de Tiara cayó al agua y a los pocos segundos su dueña. Tratar de mantenerse a flote resultaba extremadamente difícil a ratos. que no dejaba de toser. Con el extremo de un remo rescataron la mochila antes de que se hundiera definitivamente. perdiendo un zapato y sintiendo el escozor del agua salada en las fosas nasales. dando manotazos desesperados. dando la sensación desastrosa de que todo estaba perdido. Tiara notó que sus brazos eran mordidos por mandíbulas feroces. el otro reanimaba a la pequeña. haciendo equilibrio en medio del constante vaivén de la modesta embarcación. no pudo mantenerse a flote y se ahogaba sin que nadie. Los dos hombres del bote. que finalmente había llegado junto a la niña. irritadas por el esfuerzo.controlarla. De pronto. 160 . la alzaron de un solo envión y la pusieron a salvo. como si quisiera expulsar del cuerpo la muerte que estuvo a punto de arrebatarle la vida. Tragando agua a borbotones. un esfuerzo inútil.

Allí la tía Elvira preparaba una leche bien caliente. Pero esta vez no hubo posibilidad alguna de recriminación por parte de los adultos. que a veces servía de enfermería. ni de curiosidad maliciosa en los niños. para conseguir una manta y abrigar a la desdichada.Revelaciones sorprendentes Recién desembarcados y ante el horror de quienes se enteraron sorpresivamente del accidente. junto a la cocina a leña que prodigaba calor a todo el recinto. el alcalde de mar sacó en brazos a la pequeña del bote y corrió con ella hacia el comedor de la escuela. con los ojos empapados de llanto. mientras la tía Lidia le quitaba rápidamente las ropas mojadas. el 161 . mientras el tío Tato corría a la habitación contigua. La directora se tomaba la cabeza a dos manos. preparándola para abrigarla cuanto antes. Más bien.

repentino recibimiento se dirigió a su mujer. ¿Qué diría el Sename. por ejemplo? Poco menos que permitimos los riesgos que asumen nuestros alumnos en su afán por venir a clases. —¿Todo en orden. imagínese usted que se enteren las autoridades. señorita Emilia? 162 . me llamará de inmediato. Espero que esto no llegue a oídos del almirante. Siempre viene en septiembre. por favor. afanada en reanimar a Tiara—. —Sí. Justo ahora que me acaban de avisar que se adelanta la visita fiscalizadora del seremi de Educación. Ve tranquilo. —Esta niñita nos ha metido en un tremendo lío —comentó el alcalde de mar. De lo contrario. marido —replicó ella—. Lidia. descuida. ¿Y qué puedo decirle? —Y no sólo eso —agregó la señorita Emilia—. una vez instalados en la oficina de la directora—. Preocúpate de ella. cuando comienza el buen tiempo. La directora y el alcalde de mar salieron muy preocupados del recinto. pero ahora lo hará precisamente cuando se anuncian días más fríos.

163 . Además. Nos cae el agua del cerro. —¿Te tomaste tu leche? —preguntó la directora. —¡Adelante! —exclamó la señorita Emilia. El viento ha soltado el zinc del techo. Los extintores vencidos. más animada y con el color saludable pintando en su rostro.—Los pagos están al día. pero la situación en la escuela ha empeorado este último tiempo. Pero para eso se necesita dinero. —Sí. las fundaciones del edificio están húmedas y las bases se están pudriendo. Porque nacen menos niños en la zona. reconfortada. porque las familias emigran y porque los apoderados no quieren cooperar con los cinco mil pesos mensuales que exigimos para seguir funcionando. Tenemos goteras. Tres golpecitos en la puerta de la oficina de la directora interrumpieron la conversación. Lo que ha hecho esta chiquita deja en evidencia que los dormitorios del segundo piso nunca debieron cerrarse. acompañando a Tiara. —Aquí está la niña —dijo la tía Lidia. nos ha bajado la matrícula en un cincuenta por ciento. tía Emilia —respondió la niña.

Tiara tuvo que morderse la lengua para no manifestar su extrañeza por la notoria bondad que recibía. Diego asomó su nariz por uno de los ventanales de la oficina. Sólo así se podría entender la presencia del alcalde de mar. Tal vez se trataba de un anuncio. Con dificultad y por mucho tiempo había soportado las burlas de sus compañeros. Ella. al verlo. Estaba convencida de que no volvería a ocupar su pupitre en aquella sala que le había brindado momentos amargos. tuvo que contenerse para reprimir el impulso de salir corriendo e ir al encuentro de su compañero. Al parecer. pero que sin embargo en los últimos días se había convertido en un lugar de encanto y sorpresa. había que accidentarse para que la tomaran a una en cuenta. del anticipo de una sanción drástica y definitiva: la expulsión de la escuela. pero también era cierto que finalmente había conseguido establecer una profunda amistad con Diego. Tanta demostración de amabilidad no era algo de todos los días. 164 . Tiara pensó en la peor de las consecuencias.

¿Entregaste la comunicación que les envié? —Sí. la entregué. Le tomó cariñosamente las manos y le habló en un tono de voz que jamás había empleado con ella. pero eso tiene remedio. Situaciones como éstas pueden superarse. ¿me va a echar de la escuela? —¿Qué dices. No le diste ninguna importancia a mis quejas. es cierto. ¡No voy a tomar una medida tan extrema! En todo caso. Pero también hago un esfuerzo por entender tu comportamiento. chica? —replicó la directora—. que sólo van en tu propio beneficio. pero quiero que sepas que toda la escuela está contigo y con tu familia. —Escucha —le dijo. querida. Tal vez te sientes sola y no puedo desconocer el momento difícil que estás viviendo. tía Emilia —respondió la niña—.La directora arrastró una silla para sentarse junto a la niña. al borde las lágrimas—. —Bueno. Es muy duro. — ¿Qué cosa? —preguntó Tiara. Pero usted misma dijo que soy un mal ejemplo para mis compañeros. debo hablar con tus padres. —Tía Emilia —interrumpió la niña. 165 . Fuiste muy impetuosa.

antes de que Tiara huyera en su balsa. Los marinos no vinieron para detenerlo. —¿No? —No —continuó el hombre—. porque la embarcación no aparece por ningún lado. lo sabemos. Y como no lo ha — 166 . El asunto es que hoy día ni siquiera debías venir a la escuela. Yo mismo avisé por radio. —Pero si a mí me gusta venir a clases. —Claro que sí. alcalde? —rogó la directora con ojos llorosos. muy temprano esta mañana.¿Se lo dice usted. porque la señorita directora ya estaba en antecedentes. Pero al mismo tiempo pensamos que en una situación como ésta harías mejor quedándote junto a tu madre —explicó la directora. Tiara. Lo que pasa es que tu hermano y tu papá no han regresado de la faena y creemos que han tenido un percance. —Así es —afirmó el alcalde—. La lancha de la Armada espera rastrear el bote de tu padre. De todos modos pensaba ir a su casa y decírselo a su madre. Les interesaba saber si tu padre había regresado sin novedad a la caleta. —Está bien —respondió el hombre—.

—¡Pero mi papá fue a Isla de Pascua! —exclamó la niña. Por un momento se sintieron superados por la incapacidad de echar abajo sus fantasías y hacerla poner los pies sobre la tierra. La directora y el alcalde de mar mantuvieron un silencio expectante. por desgracia. sin saber qué responder a tanta inocencia. del pájaro sagrado. aunque no nos guste. El hombre guardó silencio y miró atentamente a la directora. se disponen a iniciar la búsqueda una vez que se levante la bruma y esperamos que los encuentren sanos y salvos. sorprendidos por las expresiones de la niña.hecho. 167 . Pensaron que la niña recurría a tales argumentos para evadir la gravedad de los hechos que amenazaban con hacerla víctima de acontecimientos que. No vamos a pensar en lo peor y así se lo haremos saber a tu mamá. —Con mi abuelo y mi hermano lo vimos compitiendo por el huevo Manutara. tenemos que ponernos en todos los casos. eran habituales entre los hombres de mar. Pero. Entonces.

pero. parecía que los fantasmas se habían 168 . Paulatinamente. para que la febril fantasía fuera la única realidad que debía imponerse. en lugar del drama que posiblemente le aguardaba en casa. cosa curiosa. agazapado. En el corredor. como una alimaña. con la emoción pintada en cada rostro. Tiara les habló de sus dos travesías en la nave de los príncipes. que no tuvo valor para marcharse. el relato emocionado se apoderó de la atención de quienes la escuchaban con profundo respeto. desearon alentarla para que no callara. como nunca lo habían hecho. Los alumnos miraban al techo. El profesor en su sala no pudo iniciar la clase de la mañana. que había sido incapaz de esperar en la cocina y porque la curiosidad la mataba. el alcalde de mar y la tía Lidia. escuchaba la tía Elvira. La directora.decidieron no contradecirla y se dispusieron a tomarla más en cuenta. hasta fascinarlos por completo. por primera vez en varios días no se escuchó ninguno de aquellos ruidos que provenían del piso de arriba. a la espera de noticias de Tiara. junto a la puerta.

enterado del drama que vivía Tiara y la acompañaban con su silencio. y el alcalde de mar. Entretanto. permitiendo la 169 . la directora. aquellas corrientes marinas que fluyen por cursos determinados. siempre cruzaron los mares conquistando atolones y peñones volcánicos dispersos por el océano. expectante entre sollozos. que de isla en isla había llegado a poblar gran parte del globo terrestre. Que el mar había sido el camino de sus constantes migraciones. es decir. En medio del silencio reinante. habló de la valentía y destreza de su padre. Narró con lujo de detalles cada paso de la competencia por conseguir el huevo de la gaviota sagrada. tanto en el mar como en la cima del peñón de los pájaros. la niña continuó su relato. la pequeña confesó lo orgullosa que estaba de pertenecer a una raza de audaces navegantes que. Habló de cómo la vida para ellos se había desarrollado entre piraguas y tormentas. al borde de las lágrimas. Que habían seguido las rutas del océano. Contó la historia de los orígenes lejanos del pueblo rapa-nui. en frágiles embarcaciones. dirigidas al oriente.

además. y cómo desde hacía un tiempo se empeñaba en convencerse a sí misma del futuro esplendoroso que algún día cambiaría su vida. Los ojos de la niña brillaban con el resplandor de aquella felicidad que tan a menudo le resultaba esquiva.navegación en grandes círculos o en forma triangular. apenas entregue el huevo que consiguió para el Hombre 170 . —Por eso les digo —concluyó por fin— que mi padre saldrá vencedor. que los cursos seguidos por el viento cambiaban según las estaciones del año. Les habló de por qué abandonaron su continente de origen. Emocionada. tratando de comprender finalmente el verdadero sentido de las palabras de su alumna. Así fue como los primeros habitantes vieron aparecer la isla en medio del mar y que por no haber otra tierra en las cercanías la llamaron el Ombligo del Mundo. como una niña sorprendente. y regresará muy pronto. la recordaba desde que la llevaron a la escuela. La directora la escuchó con los ojos rojos de tanta lágrima contenida. Les contó. incluso de las rencillas en la aldea sagrada. para ir muy lejos y regresar siempre al punto de partida.

Lo siento en mi pecho. —Gracias. pero ahora. —Gracias —respondió ella. porque así es la gente de mi raza. habría enviado el bote de la Alcaldía. Tienes autorización para ausentarte todo el tiempo que sea necesario. pero mi mamá está muy bien acompañada con mis hermanos pequeños. Prefiero quedarme en la escuela. te aconsejaría regresar a tu casa y acompañar a tu madre. Pero de ahora en adelante mi asistente irá por ti cada mañana y no necesitas poner en riesgo tu vida. tía Emilia —respondió ella—. que es su jerarca. volviendo a nuestras preocupaciones. que ha de estar muy afligida. es muy hermosa la historia que acabas de contarnos.pájaro. de haber sabido que abordabas esa balsa de juguete para venir a clases. —Tiara —interrumpió el alcalde mar—. Lo sé. —¿No quieres que te llevemos a tu casa? 171 . —Querida —dijo al fin la directora—.

—Prefiero quedarme. Quiero estar con mis compañeros. Quiero ir al segundo piso, donde me esperan los internos. —Pero, ¿qué le pasa a esta chica? —exclamó la directora, aún más sorprendida—. ¿Has subido al segundo piso? —Sí, tía. —¿No sabes que está estrictamente prohibido? —¿Me va a expulsar por eso? —Es que no lo entiendo, niña —protestó la directora, controlando su enojo—. ¿Con qué facilidad pasas a llevar disposiciones tan antiguas? Por favor, dime que no lo has hecho. No hagas que me prive contigo, chica. —No, tía Emilia —balbuceó la niña—. Es que fui a ver por qué había tanto ruido. Y me encontré con ellos. —¿Fuiste a ver? ¿Ruidos? ¿Qué ruidos? —Los golpes que oíamos en la sala y que venían del dormitorio. —¡Eso es imposible! Se cerró definitivamente cuando la escuela dejó de recibir niños de lugares apartados. Desde entonces nadie ha vuelto a poner un pie en ese lugar. Pensé que lo sabías. 172

—¿Y las tablas que se caen de los catres? —¿Fue el profesor quien habló de las camas que se desarmaban? —El tío Tato nunca nos habló de eso, tía Emilia. Entonces, subí a ver lo que ocurría —respondió la niña como si nada—. Y me encontré con todos esos niños que el padre Ronchi trajo desde el río Mapocho. ¿No es bien corpulento así, con una sotana larga como un vestido y con una parka oscura? También estaba el tío Tato, mucho más joven, y usted tía, que nos contó cómo había conocido al padre. Además, descubrí que el segundo piso es como un hogar y esos niños son una verdadera familia. Se puede conversar con ellos, todos se interesan por uno. La directora y el alcalde de mar se desplomaron en su silla con esta nueva revelación de Tiara. Lidia tuvo que afirmarse en el borde del escritorio, y afuera, Elvira mantuvo el equilibrio apoyando su cuerpo contra el marco de la puerta. En la sala de clases, en el dormitorio del segundo piso, en la oficina, en los pasillos vacíos, se instaló un silencio tan profundo, que a la escuela llegó, 173

como una tormenta, el constante movimiento del oleaje, el canto de los pájaros del interior y el vuelo rasante de las aves de la costa. Una corriente de aire, poderosa y tibia, que de pronto azotó la caleta y los alrededores de la escuela, se apoderó de aquellas almas atrapadas en el asombro. Con un nudo en la garganta, conteniendo las lágrimas a punto de reventar en llanto, con profunda ternura, observaron cada gesto de la niña, que a pesar de su entusiasmo, de su abandono, estaba más bella que nunca, más segura de su existencia, como si una fuerza poderosa y desconocida la iluminara. —Tía Emilia —preguntó de pronto—, ¿usted le hizo clases a esos niños? —Sí —respondió la directora con los ojos bañados en lágrimas—. Ellos fueron mis alumnos. Tiara, por última vez te lo pregunto: ¿te gustaría irte a la casa? —No, tía, gracias —respondió ella. —Como quieras —aceptó la directora—. Está bien, puedes volver a clases. —¡Chachita, Dios! —exclamó Elvira y se apartó bruscamente de la puerta. Luego, corrió hacia el comedor arrastrando los pies, evitando que las 174

Juntos caminaron hacia la sala. sí. si te vas quisiera irme contigo. pero se detuvieron en medio del patio. —Huevito —le dijo al oído—. cuando terminemos la escuela. de la isla Toto. de Puerto Gala. —Ya ves como también se fueron los internos del piso de arriba. y tú quisieras embarcarte en él y alejarte de tu caleta. pero falta mucho para eso. Tiara salió al patio y se acercó a Diego. que la esperaba inquieto y emocionado. 175 . Habrían permanecido así hasta el nuevo tañido de la campana. —Bueno. del archipiélago de Los Chonos.tablas del piso crujieran a su paso atolondrado. te juro que yo también me iría. —Todos nos tendremos que ir algún día a Puerto Cisnes. totalmente vacío a esa hora de la mañana. Allí se abrazaron amistosamente. —¿Qué dices? —Pasa que si un día viene de nuevo ese barco enorme. el que se parece a una ballena iluminada. porque también había escuchado las palabras sorprendentes de la niña.

¿Cómo eres para el hacha? —¡Seca! Siempre le ayudaba a mi hermano. Ahora mi hermano es un tripulante más en la nave de los príncipes. descubrirá nuevas islas. porque lo echaban de menos. pensándolo bien. Tendré que ayudar bastante en mi casa. por encargo de sus reyes. Huevito —respondió Diego—. Podemos usar mi bici para cargarla. ¿Quieres que te lo dibuje? —No.—¿También se fueron? —Muchos de ellos estudian lejos de aquí. —¡Ah! 176 . Tal vez regresaron al norte. claro. Ahora que mi papito tiene que vencer las rencillas en la ciudad sagrada. —¿Cómo? —Muy fácil. —No quisiera que la estropearas. ¿Me acompañarías al monte a buscar leña? —Sí. Huevito —replicó. por favor. podemos atarle un canasto para la carga. Nunca se sabe cuando el gigante Uoke hundirá la tierra donde vivimos. tengo que ayudarle mucho a mi mamá. Diego. muerto de risa—. Aunque.

Tiara. ahora que mi hermano es un príncipe y mi papito conquistó el huevo Manutara? —Tú sabes que no podemos salir de pesca. anticipaba una situación fortuita que involucraba a su padre y a su hermano Kiko. Amarramos el volantín de mi abuelo a la balsa y la dejamos que flote bien lejos. Diego. Nosotros la manejamos desde la orilla. eso sí. —¿Saldrías a pescar conmigo. junto a la vaka—paenga que había zozobrado en las aguas del archipiélago. —No tenemos que hacerlo. Huevito! —¿Me dirás Tiara cuando yo sea princesa rapa-nui? —Entonces no querrás que te acompañe. sin querer. aún con vida. porque en ese preciso instante la embarcación de la Armada regresaba con ellos. 177 . después de haberlos encontrado flotando. —¡Oh. —¿Por qué? —Porque serás muy importante y yo apenas tu compañero.

—Kiko. Como 178 . mi abuelo y los príncipes estarán felices de que vengas conmigo.

179 .

de que ahora sí tenía al mejor de los compañeros: ese que ha conquistado el corazón por completo. muy conmovido. Diego. después de mucho tiempo tuvo la convicción de que no estaba sola.mi papá tiene que ir a Puerto Cisnes. —¿Crees que voy a subir y bajar peldaños con mi bicicleta? —Eso creo. ¡Cómo habría deseado ella que toda la escuela fuera testigo del maravilloso gesto de su amigo! Tiara no se sentía rechazada. la estrechó una vez más en sus brazos. —¿Qué clase de encargo? —Unas rodilleras y unas coderas para ti. le voy hacer un encargo. También vas a necesitar un casco para proteger tu cabeza. 180 .

Achicar: aminorar. donde llegaría finalmente el rey del continente Hiva. 181 . una bomba. Anakena: playa de arenas blancas en Isla de Pascua. desanimar.Glosario Acantilado: pared de roca casi vertical. causar miedo. Allora: voz italiana. que se hundía en el mar. por ejemplo. reducir a menos una cosa. Acoquinar: amilanar. Ariki Paka: exploradores que se adelantaron al rey Hotu Matu'a para reconocer la isla Rapa Nui. entonces. verter. o bien manual. formada por la erosión que produce el viento y la constante humedad del mar. una embarcación. Extraer el agua de una mina. Archipiélago: parte de mar poblada de islas. un dique. sirviéndose de algún medio mecánico.

Atisbar: mirar. sorprendido. Caído del catre: término de uso popular que señala a una persona distraída. Cagnara: voz italiana que significa jarana. Bosquejo: apunte inicial. Pero. mascullar. En la 182 . Atónito: pasmado. Balsear: pasar. navegar con remos. una idea que se proyecta por primera vez. como así se les llama al conjunto de los hombres que descargan un barco. observar recatadamente. Balbucear: balbucir (balbucía. Caleta: cala. Bogar: remar. Atolón: arrecife. por lo general de corales. Babero: el que conduce una balsa. en forma de anillo. musitar. ingenua o de pocas luces.Arrecife: piedras. Puerto pequeño. ensenada. rocas a flor de agua que forman un banco en el mar. cruzar en balsa. además y tal vez. boquiabierto. farfullar. balbucieron).

Algunos fuegos artificiales menores son llamados «cuetes». no asistir a clases pudiendo hacerlo. En algunos países de América significa algo malo. Capear: sortear algún peligro. Chachita. es bajo un puente junto al río. En Perú. Guatemala y México significa pistola. la cimarra».expresión cotidiana de las ciudades. Pero el habla popular de Chile utiliza este término para referirse a una bicicleta muy vieja. es decir. 183 . explota. Expresión chilota muy arcaica. mantener el barco sin permitir que se hunda. se usa el término como sinónimo de cantidad y como el lugar donde «paran» las personas sin hogar y que suelen reunirse para dormir en algún lugar. También. Por lo habitual. eludir un compromiso o situación apremiante. con estructura de hierro. Chancha: cerda. como «hacer la chancha. Cuete: en Chile es algo que se dispara. que revienta. Dios: Taitita. La bicicleta y el catre crujen cuando están viejos y desvencijados. Catre: cama antigua. Dios.

del que se dice fue el lugar de origen de los primeros rapa-nui. Marae Renga y Mangareva. También se le conoce con los nombres de Hiva-Marac-Renga. Hiva Maru e Rengo. Esta expresión se ha hecho común. frío.Chicos (as): niños (as) en la lengua popular de la gente al sur de Chiloé. Hombre flojo: expresión popular proveniente de una canción chilota que dice: 184 . frágil. Hiva: continente mítico. Gélido: helado. Hacer meño: voz chilota. Chiesa: voz italiana que significa iglesia. débil. hacer mérito. Güeno: pronunciación incorrecta (pero muy común) del vocablo bueno. Endeble: de poca resistencia. Hare-paenga: piedras que formaban el cimiento de las casas-bote. habitantes de Isla de Pascua. en especial con las damas. Galante: atento. seguramente por el intenso contacto laboral del chileno con el sur de Argentina.

competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado.» Hopu: nadadores diestros. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa. Kete: canastillo. muy difundido. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. hombre flojo. sale a pescar. El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. 185 . pánavegar. Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar.«Levántate. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui. Io: voz italiana que significa yo. sale a pescar. que la mar está linda pánavegar. Jarana: diversión bulliciosa.

utilizado para pescar. 186 . Magisterio: relacionado con enseñanza. aun cuando no pueda ser específico. pájaro-fragata (Sterna lunata). que se remonta a los orígenes de un pueblo.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. animales y plantas. considerado estirpe real. la labor del maestro. civilización o lugar. Manu-hakerere: volantín. El creador de lo existente: tierra. mar. Meño: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. Miru: clan pascuense. cielo. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. cometa. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. Mítico: perteneciente al mito. Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. Manutara: golondrina de mar.

El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. Kete: canastillo. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar. competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui. sale a pescar. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». sale a pescar.» Hopu: nadadores diestros. lo: voz italiana que significa yo. hombre flojo. que la mar está linda pa'navegar. 187 . pa'navegar. muy difundido.«Levántate. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. Jarana: diversión bulliciosa. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa.

Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. animales y plantas. Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. pájaro-fragata (Sterna lunata). la labor del maestro. Manutara: golondrina de mar. aun cuando no pueda ser específico. Mítico: perteneciente al mito. El creador de lo existente: tierra. cometa. Miru: clan pascuense. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. considerado estirpe real. Meno: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. civilización o lugar. mar.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. 188 . Magisterio: relacionado con enseñanza. que se remonta a los orígenes de un pueblo. cielo. utilizado para pescar. Manu-hakerere: volantín.

por ejemplo. Per che: por qué. Nessuno: voz italiana que quiere decir ninguno. Monte peñascoso.Moái: escultura monumental de piedra volcánica cuyo origen es un misterio. El óvalo de la cara. Neru: doncellas elegidas por su belleza. antes de sus bodas. Poike: región de la isla Rapa Nui. Piragua: embarcación larga y estrecha. Peñón: peña grande y escarpada. Plumavit: espuma plástica. lugar de celebraciones y ceremonias. Popa: parte posterior de una embarcación donde va el timón. descubierta y del tamaño de un bote. más grande que una canoa y navega a remo y vela. Orongo: poblado de piedra en la falda del volcán Rano Raraku. En los botes con motor la función del 189 . Óvalo: con forma de huevo. Panga: lancha a motor. Cualquier figura plana con forma ovalada y curvilínea.

en cuyas canteras se esculpieron la mayoría de los moáis . un palo labrado de modo rústico.timón la cumple la columna que sujeta la hélice impulsora. Se encuentra desde Ñuble hasta Tierra del Fuego. Ragazzo: voz italiana que significa muchacho. Pulla: Expresión grosera. Rano Raraku: volcán ubicado en la costa sureste de Isla de Pascua. 190 . aguda. lanzada oportunamente. Qué contiene (expresión común en Chiloé): qué es. Quetro: pato silvestre que habita junto a la costa marina y en lagos interiores. En otros países es el golpe que se da con una porra. es decir. Pora: balsa pequeña construida con totora. Porrazo: golpe que se recibe al caer con todo el cuerpo. Privarse: en Chiloé significa enojarse. qué significa.

Rapa Nui: «La Isla Grande». Con su fuerza descomunal hundió el continente Hiva. Isla de Pascua. Te Pito o Te Henúa: Ombligo del Mundo. Tangata manu: hombre pájaro.760 kms de la costa. Seremi: secretario regional ministerial. Uoke: gigante legendario. Recalar: llevar una embarcación a la vista de una costa conocida. Reclusa: persona recluida o encerrada en algún recinto cerrado. semanas. Toto: isla del archipiélago de Los Chonos. pertenece a la Quinta Región y se ubica a 3. Remero: el que usa los remos. Settimana: voz italiana. Rico Pancho Gómez: expresión chilota que alude a una persona que lo tiene todo y lo disfruta. representante en la región de un determinado Ministerio de la República. en la latitud del puerto de Caldera. donde vivieron 191 . Sename: Servicio Nacional de Menores.

provocando enormes inundaciones. en ciertos estratos sociales. hombre. significa amistad inseparable.los antepasados rapa—nui. Uomo: voz italiana. Vaka poe-poe: embarcación de gran tamaño similar a un lanchón. Vaka-ama: embarcación pequeña con un balancín en uno de sus costados. como una yunta de bueyes. 192 . Yunta: par. En la ciudad.

con diversas publicaciones en narrativa y drama. el último niño.Víctor Carvajal Nació en Santiago de Chile. En sus obras muestra la vida de los niños y jóvenes de hoy en América. Mamire. cazador de Tierra del Fuego. Es uno de los autores chilenos de mayor trayectoria en el área de la literatura infantil. Caco y la Turu. Además. Es autor en Alfaguara Infantil de Un monstruo ASI de grande. niña de mis ojos. y Sakanusoyín. en la colección Mar de Libros ha publicado Lugares de asombro y creencia popular y Mamiña. 193 .