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La Balserita - Victor Carvajal

La Balserita - Victor Carvajal

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La Balserita Víctor Carvajal Ilustraciones de Carolina Schütte González

1

Dedicado a Constanza Corbinaud Castañeda.

2

Alucinaciones

Tiara soñaba con Diego esa madrugada. Ella y su compañero esperaban por una lancha que los 3

ambos miraban en silencio aquel paisaje de ensueño.trasladara hasta el embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. La niña se estremeció de la cabeza a los pies. De pronto. Diego montaba su espléndida bicicleta. como pequeños peces fuera del agua. pedaleando de un lado a otro. mecida por las olas. cuando la neblina comenzaba a dejarle un espacio de cielo al océano. la niña vio ciertos destellos que se desplazaban en medio de la bruma. 4 . como si una brisa gélida la dominara. apareció una imponente figura. como si la pasarela de madera no existiera. porque creyó haber visto a su hermano. amenazando con regresar de un salto a su mundo submarino. Desde el muelle. En medio de la bruma.

5 .

—¿Qué pasa? —balbuceó. porque en ellos se reflejaba mejor el color gris del mar y del cielo. Miembro de nuestra estirpe real. —No. el hermano mayor de Tiara. —¿Nos vienen a buscar? —preguntó Diego. Tiara buscó refugio junto a Diego. Entre ellos se encontraba el abuelo de la niña y Kiko. los tripulantes de aquella embarcación maravillosa detuvieron el acompasado movimiento de los remos a escasos metros de la costa. Ataviados con finas plumas multicolores. nada —titubeó ella. flotaba la imponente piragua. perturbado por la repentina reacción de su compañera. temblaba de miedo. 6 . —¡Eres una Miru! —saludaron—.Tiara se volvió para mirar a Diego a los ojos. La nave se acercó. Ocho hombres la tripulaban. Tiara permaneció expectante unos segundos ante la sorprendente aparición que emergió de la nada: mecida por las olas. El rostro del muchacho hizo una mueca de asombro y saltó como un resorte.

Mientras la niña intentaba separarse de su amigo para obedecer las instrucciones que recibía. —¡Qué bueno! —replicó Tiara. —¿Tengo que subirme a la balsa? —exclamó la niña. —Navegamos contra el tiempo —respondieron apremiados los príncipes—. —¡Quiero ir a verlo! —Tiara —se apresuró Kiko—. —El competirá en una prueba muy dura —respondió el abuelo. impulsada por la misteriosa voluntad que la 7 . aborda tu pora y rema hasta nuestra embarcación. —¿Y mi papito? —insistió la niña. mudo de asombro.—¿Quiénes son ustedes? —preguntó la niña. volviéndose a ellos. —Eres navegante. Es largo el viaje hasta las costas del Poike. Para que nos lleven a la escuela. —Son los príncipes Ariki Paka y vienen por ti —respondió el anciano. sin mayor alegría—. al tiempo que miraba a su abuelo y a Diego. igual que nosotros —respondieron los príncipes.

Monta de una vez en tu bici y ven conmigo. Eran saltos pequeños. se preguntó si Diego estaría dispuesto a ir con ella.dominaba. zigzagueando de un lado a otro. El abuelo y Kiko exigieron a la niña que se apurara. —Que aborde la nave —ordenaron los príncipes. Diego. una extraña figura de goma que rebotaba sobre el entablado resbaladizo. víctima de una fuerza misteriosa y con sorprendente habilidad. Ella corrió a los botes. Diego? —insistió. El muchacho dudó. logrados al apretar y soltar los frenos. junto a los cuales 8 . Diego —dijo Tiara—. Parecía un caballo desahogando su dicha. —Vamos. La niña no hacía más que celebrar la habilidad de su compañero. Al escuchar que Tiara mencionaba la bicicleta. comenzó a desplazarse lentamente por el embarcadero. avanzando hasta el agua. con una rueda primero y luego con la otra. Tiara contemplaba maravillada la destreza de Diego. —¿Vienes. —No iré sin él —respondió Tiara. que no había tiempo que perder. a punto de perder el equilibrio.

Acomodó su mochila. Vertió leche caliente en un jarro enlozado y la endulzó con azúcar. Tiara fue a mirar por la ventana. Arrodillada en la —¿Y mi papito? —preguntó. desató la amarra y de un salto abordó decididamente la débil embarcación. sosteniendo su bicicleta con ambas manos. Entonces. Aquí no hay hombre flojo. —¿Y el Kiko? —Salió de pesca con su padre. fue asaltada por una idea que la hizo temblar de pies a cabeza: tal vez su madre 9 . la bruma se mantenía suspendida sobre el mar tal como la viera en su sueño. mientras se abrigaba con su chaleco de lana. inmóvil frente al mar. chica. —Se embarcó temprano. En el embarcadero le pareció distinguir a Diego. hija. como si estuviera dispuesto a lanzarse al agua con ella. la niña recordó el sueño que había tenido y regresó entusiasmada a la cocina. Se sentó a cubrir de margarina una media rebanada de pan amasado recién sacado del horno y apuró el desayuno. la balsa de espuma plástica.flotaba su Amiga Yara. Para su sorpresa. Mientras bebía el resto de leche humeante.

se enjuagó la boca con un potente sorbo de agua y terminó de limpiarse los labios con un paño de algodón.. aun cuando nadie la acompañara. —Hija —respondió después de un rato la madre. la niña prefería no faltar a clases. Tiara se levantó de un salto de la mesa y volvió al cuarto de baño. siempre existía la posibilidad de alzar la mano y ser tomada en cuenta. pues era muy arriesgado navegar con tanta niebla. tengo que ir a la escuela —rogó.. no faltará quien la balsee. bordado con delicadas flores rojas y amarillas.deseaba que esa mañana se quedara en la casa. mamá! —gritó desde la 10 . podía deambular por los pasillos. Cepilló con descuido sus dientes. ¿Se sentiría reconfortada? —Mamá. su madre estaba demasiado ocupada en sus quehaceres como para preocuparse de la hija del medio. Pero si al menos regresara su padre o su hermano de la pesca. al menos. Por fortuna. En la escuela. De todos modos. Y frente al profesor. —¡Chao. la que al parecer a nadie importaba. afanada como estaba en el cuidado de sus hijos pequeños—.

De uno de sus bolsillos sacó la delgada cuerda para el juego del kai-kai\ su entretención predilecta. Con su uniforme azul. i te ehu—ehu. salió a la bruma de la mañana. Tensó el cordel entre sus dedos entumecidos y con los pulgares y los índices formó diversas figuras a medida que cantaba: Kia—kia. —Anoche soñé contigo —dijo. sonriendo. siguió el camino que señalaba la estrecha pasarela. muy serio. kia—kia. Saltando como una gaviota. —Váyase como pueda. Hasta que descendió por la escalinata de madera que conducía al muelle. 11 . Huevito? —preguntó Diego. Pero Tiara no respondió. hija —respondió la madre. mientras esperaba el bote que los balsearía hasta la caleta de la escuela. tari rau kumara. Tiara se aproximó a su compañero de escuela y le ofreció la mejilla para aceptar un beso desganado y tibio.puerta. —¿Qué cosa.

—¡Ya está la Pascuala con sus cosas extrañas! —comentó Diego. —¿A quién le importa? Golondrina de mar. —Porque no entiendes mi canto. muy molesta.i te Papua—púa. —Como tu bicicleta —replicó Tiara. —¡Pascuala! —remedó Tiara. traes ramitas de camote. —¿No le dicen Pascual a tu padre? —insistió Diego. en la penumbra y en la suave neblina. —¡Qué bonito! —se burló Diego. —¡Picado! —¿Por qué? —replicó Diego. él viene de Isla de Pascua como toda tu familia. —¿Qué tiene mi bici? 12 . En cambio. golondrina. —Porque él no come huevos como tú lo hacías cuando eras chica —prosiguió Diego—. —¿Por qué no le dicen Huevito también? —replicó la niña. en tono de burla.

En ese preciso momento se acercó a ellos la mamá de Diego. Y ella admiraba la 13 . En el fondo de sus corazones abrigaban sentimientos de mutua aprobación. —¿Y tú? -¿Qué? —¡Que quieres ser maestra cuando grande! —Si tu sueño es andar en bici —respondió Tiara—. Diego reconocía en Tiara cierta delicadeza y sensibilidad. —¡Picada! —¿De qué sirve? —Bueno.-—Es como el horno eléctrico que le trajeron a tu mamá de Puerto Cisnes. —¡Directora! ¿Puedo reírme un rato? —Puedes. Por un instante guardaron silencio. que la predisponía a descubrir la magia de las cosas. igual que la tía Emilia. pero no me gusta que se rían de mí. yo sueño con ser directora. por estas pasarelas donde apenas cabe una persona. a regañadientes hicieron una tregua. pero ya lo usará cuando pongan el nuevo generador de electricidad.

que soñaba con ir a la escuela en bicicleta. 14 . no hay calles para vehículos ni veredas para los peatones. inventando el modo de trepar a los botes y transformar en columpio las cuerdas tensadas que sujetaban las naves. el hermano de Tiara había tenido la ocurrencia de utilizar las mismas embarcaciones como plaza de juegos. con instalaciones para hacer ejercicios. en la Isla Toto. Pero. Los únicos medios de transporte motorizado que se conocen son las lanchas y las pangas. ¿cómo lo haría? En Puerto Gala. —Me la llevo —sugirió la mujer. plataformas y palafitos. Más terreno no había en aquellas rocas.tenacidad del más cercano de sus compañeros. Más rocas que tierra. Las precarias construcciones se hicieron quitando espacio a la piedra. Las casas del poblado se apretaban unas con otras. en el archipiélago de Los Chonos. A falta de un sitio amplio. Los moradores debían circular por estrechas veredas de madera que permitían el acceso a cada vivienda. a punta de pasarelas. mientras se apoderaba de la bicicleta. haciendo que su hijo se bajara de ella. por la falta de espacio.

con el cuchillo conseguido por su hermano Kiko en la cocina de la casa. conservado con hielo en la bodega del barco. Era el envase que usaban los tripulantes del barco que solía llegar de Puerto Montt a recoger la merluza que pescaban los hombres de la caleta. mamá! —rogó Diego—. Varias embarcaciones menores flotaban junto a las rocas. sus padres jamás les perdonarían maniobrar un bote sin su consentimiento. Tiara recordaba cuánto había costado cortar el enorme trozo de espuma plástica.—¡No. sin esos implementos era imposible bogar. Esas cajas de plumavit eran llenadas de pescado fresco. Todavía no ha venido nadie a buscarnos. —¡Pero se hace tarde! —protestó la madre. También estaban las balsas de espuma plástica que ellos utilizaban para jugar. sin remos ni chumaceras. Los dos habían estado una tarde entera junto a las rocas dándole forma de balsa al pedazo de 15 . observando atentamente el muro de humedad suspendida sobre el agua y que impedía ver el horizonte más cercano. Y si esos niños hubiesen contado con ellos.

cuando el tiempo se presenta mucho más propicio para navegar. Kiko hizo una demostración para que Tiara aprendiera a utilizar el remo y luego se dedicó a instruirla con gran paciencia. con un buen anzuelo y una carnada que la propia Tiara había conseguido para la ocasión. para lograr el mismo espacio interior de un bote. Kiko ató el volantín a la popa de la falsa embarcación y de la cola colgó una lienza con un anzuelo en su extremo. que por su peso se hundió en el mar. Habían instalado en ella el volantín manu—hakerere del abuelo. ataron la balsa con una cuerda bastante larga. en primavera. Después consiguieron una vara de madera de un metro y medio de largo y le clavaron dos palmetas en los extremos. Había sido el trabajo de varios días seguidos. manteniéndose alejado 16 . con el mismo cuchillo lo ahuecaron. la echaron al agua y la alejaron de la costa con el remo.espuma plástica. Cierta vez. Siguiendo la costumbre. En este caso se trataba de una balsa para divertirse junto a la costa. cuando Kiko era todavía muy pequeño para acompañar a su padre en la pesca. Luego. Pero no sólo la usaron como entretención.

Pero. Por aquellos días. —Mi papá puede llegar en cualquier momento —respondió la niña. la verdad sea dicha. A partir de entonces siempre mantuvo viva la esperanza de un reencuentro. lo que falta es que alguien se haga responsable. robustas y sabrosas. como el padre de Tiara no había regresado y en casa no había qué hacer de comida. Ese día. —¿Lo cree. —Mi hermano también nos balsearía. Pero desde que se hizo persona se va todos los días con mi papito. como si de la niña dependiera el traslado de su hijo—. la balsa de Tiara no tenía nombre y la niña decidió bautizarla con el nombre de alguien que le encantaría que regresara a la caleta: Amiga Yara. niña? —replicó la mujer—. —Aquí hay botes de sobra —comentó la madre de Diego y miró intensamente a Tiara.del bote y a merced de los vaivenes del viento. nunca he visto a su padre cruzar a la escuela. 17 . los niños Miru consiguieron una pesca maravillosa: tres merluzas españolas.

jugando a enfrentar riesgos y pasar la prueba. no había ninguna posibilidad de que una embarcación pasara a recoger a los rezagados de Caleta Chica. Ninguna lancha surcaba las aguas a esa hora de la mañana. —¡Por ahí podríamos ir a la escuela! —exclamó. 18 . ya lo habían hecho. sin consecuencias. —¿Nunca le han dicho que no debe aventurarse por esas rocas? Tiara enmudeció y Diego tragó saliva.—Claro —insistió la madre de Diego—. Felizmente para ambos. Los catorce alumnos que venían de otras caletas y que diariamente cruzaban con algún apoderado a la escuela. Por lo tanto. La niña observó atentamente el accidentado montículo de rocas que se extendía a lo largo de la costa y que la niebla se lo tragaba como si nada más existiera en el mundo. Ambos cruzaron miradas temiendo ser sorprendidos en un secreto que no debía ser develado por ningún motivo. nunca tuvieron nada que lamentar. Su hermano tampoco se muere por llevarla a la escuela. En varias ocasiones se habían aventurado por esas rocas. al parecer.

Estos hombres. cuando Tiara era muy niña. dulces olas! —suspiró. alegrando la travesía de marineros y pescadores.Incluso. suspirando y roja como un tomate—. De algún modo hemos de llegar a la escuela. como si no tuviera ninguna urgencia. Un grupo de toninas cruzó saltando frente a los ojos de Tiara. Se preocuparon de hacer 19 . porque cuando Kiko era pequeñito caminaba por ahí y a veces me dejaba ir a la siga. Pero las olas tal vez son sordas y sólo nos hablan con esa monotonía tan propia porque abandonaron la escuela antes de aprender lo que debían. —Lo que hace falta es una buena pasarela —comentó la mujer—. formando una trenza de espuma. tan poco prácticos para todo. —¿Qué hacer? —se preguntó—. También en la escuela nos dicen. El suave oleaje golpeaba porfiadamente en los pies de Tiara. precisamente en esas rocas tan peligrosas. Pero en verdad no es tan peligroso. —Mi mamá siempre lo hace —reconoció la niña. había seguido los pasos aventureros de su hermano. —¡Oh. Buscaban afanosas una embarcación para nadar delante de la proa.

Huevito? —La pura verdad —respondió ella. evitando que la ventisca las arrastrara cual cometas de los confines. con fondos de latón recortado de aquellos tambores que alguna vez fueron recipientes de aceite o de petróleo. —¿De verdad soñaste conmigo. levantadas sobre las rocas.instalaciones de radio y olvidaron lo más necesario. Los cables eléctricos que las conectaban parecían mantenerlas atadas a las techumbres. Tiara observó los techos de las casas. La niña se sentó a esperar en la única roca sin humedad. estirando de los ganchos para colgar chaquetas y pantalones. Diego fue a sentarse junto a ella. había antenas con tapas de olla. para irnos en la nave de los príncipes. —¿Y qué sueño fue ése? —Mi abuelo y mi hermano vinieron a buscarnos. Los hombres las habían construido de alambre. Las antenas eran variadas y curiosas. muy cerca del agua. entre el espeso bosque y el mar. pero no hubo forma de que te bajaras de tu bici —habló 20 .

Ya está otra vez la Pascuala diciendo tonteras. Es el de mi marido. —Podías flotar como una canoa —respondió ella. hijo! —interrumpió la madre de Diego—. —¡Debe ser la vaka-poe—poe de mi papito! —exclamó Tiara y se levantó llena de entusiasmo. acercándose a la niña y tironeando una de las mangas de su gruesa parka de invierno.bien bajito. —¿Eso fue lo que soñaste. triste y pensativa. Una lancha se acerca. para que la madre de Diego no los escuchara. Huevito? —insistió Diego. muy sorprendido—. —¿Estás loca? —Hasta le puso nombre: vaka—ama. 21 . niña —comentó satisfecha la madre de Diego—. —¿Tu abuelo? —preguntó Diego. Se acercó a la orilla del pequeño embarcadero para escuchar mejor la monotonía del motor fuera de borda. —Eso —musitó ella. —Pero no es el lanchón de su padre. —¡Qué suerte.

papá? —preguntó el niño. —Terminamos de descargar y nos vamos —respondió el hombre. —¿Podemos subir.El dilema —¿Cómo estuvo la pesca. El lanchero aceleró el motor fuera de borda y el bote se sacudió como en una tormenta. Anselmo? —Escasa —respondió el padre de Diego. viejo! —comentó ella. al tiempo que su compañero de faenas comenzaba a desembarcar unas cuantas cajas de espuma plástica repletas de merluzas. Tiara buscó con la mirada el tarro para achicar el agua del bote. 22 . Tiara se aferró al borde de la lancha y vio como sus zapatones se hundían en el agua en el piso de madera. —¡Qué bueno que llegas a tiempo. Tiara y Diego abordaron la embarcación.

23 . después de mantener alzado el brazo en señal de despedida.La madre de Diego.

Contempló entusiasmada la estela de espuma que dejaba la trayectoria del bote y recordó la bicicleta que en sueños había inventado su abuelo. Sus compañeros ya estaban formados en el patio. El profesor. esperando el toque de la campana para ingresar a la sala. compartiendo el caminar pausado y sin prisa. El agua salpicaba el borde de la embarcación y la niña debió abrigar sus manos entumecidas. observando cada detalle. Tiara y Diego fueron los últimos en llegar a clases. Las ruedas giraban como medusas de plata. lanzando fríos destellos con sus incontables rayos. se dirigió a la campana y tiró de la cuerda. que la observaba de muy cerca. Tiara se quedó un largo rato observando la bicicleta que la mujer se esforzaba en mantener aferrada a su cintura. La directora consultó su reloj y asintió con la cabeza.regresó al caserío. Frente a ellos. Los 23 24 . Tres sones retumbaron en las paredes del edificio y en la corteza de los árboles cercanos. que apretadamente cubrían laderas y cerros. el pequeño grupo de docentes y auxiliares se parapetaba bajo el alero del corredor techado de la construcción de madera.

alumnos ingresaron a la sala de clases. es alguien encerrado en un dilema. seguidos por su profesor. porque no deseaba que la niña le aportillara una vez más la clase programada—. Entonces. ¿Qué dilema? ¿Sabes lo que es eso? —Sería bueno que lo resolviera —insistió Tiara. es decir dos. que repentinamente se quedó más tieso que una estaca. —¡Dilema! —meditó el profesor—. —¿Podríamos estudiar el dilema de Diego? —¿Dilema? —replicó el profesor. Voz griega que viene de dis. que quiere decir tomar. ¿qué tenemos? Un argumento que presenta dos posiciones que provocan confusión en quien las enfrenta. Diego? ¿Cuál es el tuyo? 25 . ¿Por qué. —Nos corresponde matemáticas —señaló el profesor. apenas los alumnos estuvieron sentados. —¿Qué le pasa? —protestó Diego. mirando a Tiara y luego a Diego. En términos generales. mientras la directora se dirigía a su oficina y las tías Lidia y Elvira iniciaban sus labores en el comedor y en la cocina. y lambanein. Y preguntó sin entusiasmo.

adelantándose a que su compañero 26 .—No sabe qué hacer con ella —prosiguió Tiara.

27 .

respondiera—. ¿Qué idea es ésa? La niña. pero en la caleta no se puede andar en bici. El profesor escuchó atentamente. Quiere usarla. Ya está de nuevo la Pascuala diciendo leseras. con gran desplante y sin un asomo de duda... —¡Tío Tato! —reaccionó por fin el muchacho—. —Su abuelo está muerto —interrumpió Diego abruptamente. —¿De qué se trata? —insistió el profesor. le parecía más claro. en medio de un fastidioso rumor. 28 . Siempre los dejaba temblando con eso. risas veladas y pullas carentes de ingenio. —Mi abuelo tuvo la genial idea. —Yo sólo quiero ayudarlo —se disculpó Tiara. —¿Qué falta de respeto es ésa? —sentenció el profesor. aquello que acoquinaba hasta al más audaz. —A ver. —La Huevito ha estado toda la mañana en eso —protestó Diego. a medida que lo expresaba. Tiara —tragó saliva el profesor—. No sé de qué habla. suma de murmullos. expuso lo que imaginaba y. Entonces optó por lo más temido de la clase.

pues no contaba con una demostración frente a las burlas del curso. indignado—. alentada por el entusiasmo que cada trazo provocaba en ella. comprobando así la satisfacción de ver realizado el 29 . Veamos lo que Tiara se propone. Haciendo caso omiso del rubor que con seguridad se había apoderado de sus mejillas.— Nadie con dos dedos de frente diría que eso es una bicicleta. En todo caso. La niña prosiguió como si nada. ¿Serías tan amable de hacernos un bosquejo? Tiara se levantó con cierta resistencia.—¡Al pizarrón! —señaló—. tendré que bajarte la nota en artes plásticas. con una tercera a medio camino. como un velocípedo. enfrentó el desafío que ella misma se había impuesto. sosteniendo a duras penas el trozo de tiza entre sus dedos. —¡Un catre! —respondieron. —¡Pascuala! —reaccionó Diego. dibujó un biciclo desproporcionado. Es cosa de abrir bien los ojos. —¿Es la chancha del Diego? —comentó alguien. con una rueda más grande que la otra. ¡Esa no es mi bici! —Claro que no lo es —intervino el profesor. Temblorosa.

respeto y más respeto! —Es una vaka—ama —explicó la niña. fue la única voz que habló en el aula. Las risas y comentarios de los más grandes terminaron como por encanto. daremos el problema a los alumnos de los cursos superiores. ¡Más respeto! ¿Qué es lo que más recalcamos en esta escuela? ¡Respeto. este problema no tiene mucho que ver con aritmética. destemplando los oídos por unos instantes. —¿Una qué.. —¡Silencio! —volvió a sentenciar el profesor. Se produjo un silencio tan profundo. 30 .? —Pero si lo dijo clarito la chica —comentó un gracioso. —¡Es el huevo que desayuna todos los días! —¡Silencio! —advirtió el maestro—. Aunque a Diego no le corresponde como materia.primer acercamiento a la materialización de una idea.. —¿Y ese óvalo? —preguntó el profesor. rasguñando la pizarra. —Bueno —comentó el profesor—. pero sí con física y mecánica. que la tiza.

Un comentario más y se irán amonestados a la dirección. la cadena haría girar un remolino que salpica el agua. la vaka de la que hablo se escribe con k y significa algo muy distinto. si la bici fuese montada sobre la balsa. tío Tato —continuó la niña con exagerada calma—. tal como las aspas que movían los motores a vapor en el siglo XIX. al pedalear. —Esa vaca que dice —replicó la niña con enorme desplante—.—Es una vaca enamorada hasta las patas —insistió el chistoso. La rueda. Esa consonante no existe en la escritura rapa—nui. tonto. basta! —advirtió el profesor—. Entonces. —¡Ya. —Es una balsa con un balancín. El tema también 31 . Mi abuelo dice que el balancín evita que se vuelque. Investigar el principio físico del molino y su aplicación para utilizar el viento o el agua como energía impulsora. Analizar el principio mecánico que le permite girar. se escribe con c. Por eso. —Tarea para los de séptimo y octavo —señaló el profesor—.

—A ver. Dibujarán el proyecto como corresponde. que la habrían pulverizado con los ojos si hubieran tenido el poder de hacerlo.será parte de la materia de historia para los de quinto y sexto. con las dimensiones a escala. ¿cómo le pone oídos a la tonta de la Huevito? —comentó alguien. No tuvo más palabras. el tamaño de las aspas. Un golpe tremendo. el material de que están hechas para que la fuerza empleada provoque el movimiento deseado. El profesor miró atentamente a cada uno 32 . Tendrán nota por eso. Y no importa que esté muerto. —Digo —explicó el alumno sorprendido— que cómo resolvemos este casito. Una vez concluida la primera parte de la tarea. En la misma escuela están las respuestas. joven. No quiero excusas. —Pero. dejó paralizados a todos los alumnos del curso. —Aquí. a ver —advirtió el profesor. se abocarán al estudio de la idea del abuelo de Tiara. seguido de un silencio inquietante. Invitó a Tiara a sentarse. en medio de las miradas de los varones más grandes. Y luego calcularán el volumen de la rueda.

de esos niños y ellos lo miraron pidiendo auxilio a gritos. provocando la hilaridad desenfrenada de aquellos espectros. celebrando su propia ocurrencia. luego más atrevidas. Un nuevo estruendo se sumó al anterior. hizo trizas el miedo que se había apoderado de las almas de aquellos muchachos y. —¿Ratones? —musitó el maestro. El profesor y los alumnos se observaron mutuamente en silencio. —¡Elefantes! —comentó uno de los muchachos. porque fue más de uno el que se sintió. La campana. más sonora que nunca. Pies descalzos corrían por el segundo piso. A nadie le causó gracia el comentario y coincidió con el griterío en el piso de arriba. salieron como cuetes que alimenta el viento hacia la tranquilidad 33 . ¿quiénes podían hacer tanto alboroto? Más de alguien había comentado que en el dormitorio abandonado del segundo piso habitaban fantasmas. si es que en verdad lo eran. con el efecto del eco. al instante. Se oyeron risas de niños. tímidas al comienzo. muy serio. Pero. El profesor enmudecía.

La recordó con nostalgia y lamentó haberla dejado partir antes de tiempo. La niña se levantó dificultosamente y se dirigió al comedor junto a la cocina. sin embargo. manifestando su rechazo. deseaba demostrar a sus compañeros que nada lo unía a la trastornada que tenía tales ocurrencias y que lo único que le gustaba era llamar la atención. donde el bullicio de los muchachos llenaba el recinto. Tiara. permaneció inmóvil en su asiento. —¿No sales a recreo? —preguntó el profesor con la voz temblorosa y sin levantar la cabeza de su libro de clases. disimulando la inquietud que le había causado el reciente suceso. Tiara sacó la pitilla que siempre llevaba en su bolsillo y se puso a jugar al kai—kai. Desde un comienzo la evitaron.momentánea del comedor. La niña sintió como nunca la profunda nostalgia que le provocaba la ausencia de la única compañía que siempre tuvo en la escuela. Les esperaba la leche caliente y el pan amasado de la tía Elvira. Diego se hizo el desentendido. tal como lo hacía con su amiga Yara en los recreos. Durante años se sintió privilegiada de contar con su gran 34 .

como un madero a la deriva.amiga. desechándola como un resto de basura. ¡Qué distinto sería si Yara no se hubiera marchado para siempre de la noche a la mañana! Había partido abruptamente. Si 35 . que la abandonaban. de madrugada. ¡Cómo la extrañaba! Por primera vez sentía tan hondo la orfandad que le producía la falta de una amistad que se extinguió de pronto. Lo cierto fue que luego de aquella aparición repentina. como una vela encendida que irremediablemente se consume al paso de las horas. también partió su gran amiga y dijeron más tarde en el poblado que Yara y sus padres abordaron sin remordimientos la nave. Ahora. Ella había sido una luz en medio de las tinieblas. ignorándola por completo. semejante a una ballena invernal. sin despedida. coincidiendo con el arribo de aquel barco gigantesco. pensó que convivir con aquellos fantasmas del segundo piso era mejor que hacerlo con sus compañeros de escuela. Había sido como una aparición fantasmagórica. al levantar anclas el barco con sus incontables pasajeros y tripulantes. porque allí lo que más había era trabajo bien remunerado. atiborrado de turistas.

Diego no dejaba de observarla. Había sido cerrada hace algún tiempo y desde entonces nadie subía al segundo piso. Asombrado comprobó que Tiara era más tozuda de lo que pensaba. Ella se dirigió a la puerta de mañío y la empujó. haciendo ceder los tornillos oxidados que sostenían una aldaba corroída por el tiempo y la humedad. Diego. convencido de que Tiara jamás intentaría cruzar esa puerta clausurada.pudiera. 36 . con sorpresa. —¡Esta Pascuala! —comentó. El piso de arriba IVlientras tanto. quería ir al piso de arriba y mirar cara a cara a los espectros. si en ella estuviera el poder de remediarlo. Y fue lo que hizo.

Diego quedó perplejo de asombro. sin dejar de pensar que su audacia iba tal vez demasiado lejos. El 37 . ¿Cómo pudo abrir ese candado? ¿Es que había conseguido la llave en alguna parte? Con extremada lentitud. Tiara se aferró al rústico pasamano de la escala y subió peldaño tras peldaño.

38 .

Al llegar al piso superior se halló en un lugar estrecho y asfixiante. Entonces. Un velo de polvo suspendido o de bruma colada a través de alguna ventana sin vidrios daba la impresión exacta de lo que había imaginado: un refugio de fantasmas. veladores de madera con el esmalte descolorido. como si hubiesen esperado por años la visita de alguien a quien darle la bienvenida. ¡Qué lindo sería si en cada catre aguardase un niño con los ojos atentos. arrimado a un muro de sombras. como si el aire allí fuese un bien escaso. también descascarado. conteniendo la respiración. imaginó qué 39 . en disposición de recibirla como amiga! Tiara se sentó en una cama. Las tablas desnudas. aguardaban un colchón que las cubriera. mal pintados de blanco. Picaban desaforadas. Cientos de pulgas comenzaron a saltar del polvo a las piernas de Tiara.corazón brincaba en el pecho de la niña. Los ojos de la niña se habituaron a la oscuridad reinante y paulatinamente aparecieron los objetos que albergaba el antiguo dormitorio: una hilera de catres de hierro. un enorme ropero. atravesadas a lo ancho del catre.

Se sintió dominada por la sensación de estar atrapada y tuvo la convicción de que no saldría tan fácilmente de ahí.sería de ella si tuviera que compartir ese lugar con otras internas y evitarse el fatigoso traslado diario de la casa a la escuela. la brisa incansable. escapar de allí y regresar de inmediato a la seguridad de su aula. Cerró los ojos por fin y escuchó claramente las risitas que se ocultaban en los rincones del recinto. En un dos por tres la rodearon. 40 . Tiara se levantó. La quietud del lugar invitaba a dejarse llevar por el envolvente rumor que provenía del exterior. La niña se tumbó de lado sobre aquellas tablas desnudas y mantuvo la mirada perdida. observándola con una curiosidad inquietante. No tuvo voluntad para abrir los ojos. como si no tuvieran pies para desplazarse o bien no tocaran el suelo mientras caminaban. el constante ir y venir de las olas cercanas la fueron acunando en un cálido recogimiento. sin hacer el menor ruido. tal vez sintió que lo hacía con exagerada lentitud. Varios niños se acercaron.

la Pascuala. y vivo en Caleta Chica. Me dicen la Huevito. Observaban a Tiara desde el borde de sus camas. —¿Y en qué caleta vives? 41 . quienes permanecían más apartados. que reía de buena gana ante el asombro de sus compañeros. no más. Tiara. —¿Huevito? —Cuando chica me lo pasaba comiendo huevos —respondió. —Hola —respondió—. evitando moverse. Pascuala? —Tiara. —¡Qué bonito! Pero aquí serás la Te. —¿Y cómo te gusta que te llamen. Así me gusta. como si la niña que los visitaba fuese un fantasma aparecido a plena luz del día. Me dicen la Ese y soy de la caleta. con su blanca dentadura contenida en una boca expresiva. Dime Ese. —¿Y a ti? -¿Qué? —¿Cómo te gusta que te llamen? —¡Ese\ —repitió—.—¡Hola! —dijo por fin la única niña que integraba aquel grupo extraño—. perdón. ¿Y tú? Parecía una luminaria.

en mi casa. Tanto como yo los quiero. en ninguna. Sólo tengo que balsearme. Habríamos sido yuntas. —Pero no me dijiste el nombre de tu caleta... Dicen que cuando lleguen más niñas habrá un dormitorio para nosotras y voy a dejar tranquila a la directora. ahora —dudó un instante—.—Bueno. —¿Balsearte? —Cruzar en bote. 42 . —¿Cómo se llama tu mamá? —Verónica Hito. No tengo que dormir en la escuela. mucho. ¿Viniste a quedarte? Sería regüeno. —Igual podemos ser amigas —respondió Tiara. —Es que yo no vivo lejos —respondió Tiara—. —Es que no es nunca lo mismo.. —¡Qué pena! —se lamentó de veras la niña—. porque así el padre nos manda a hacer al tiro otra pieza. —¿Vivís con tus papás? —Sí. —¿Y te quieren? —Sí. Vivo en la escuela. en lancha. por el momento duermo en la pieza de la señorita Emilia. —¿Y tu papá? —Juan Alberto Miru. Como aquí están los hombres.

—Caleta. ah! Caleta. chiquillos. te los voy a presentar. no más. Tenemos visita. 43 . —El caído del catre es Luis —dijo la muchacha. sin poder levantarse. y la risotada fue general. El desplome del muchacho provocó la risa de sus compañeros. El niño. Estaba junto al río. A ver. Ellos no reaccionaron. ¿verdad? ¿Están presentables? Es lo correcto —comentó la Ese. muy delgado y de baja estatura. Era nuestro hogar. polvo. un tanto perezosos. al tratar de incorporarse hicieron que se deslizara una de las tablas y ellas se corrieron. Cacharon. arrastrando el resto del entablado. Había cariño en ese gesto—. trataba de mantener fresca la sonrisa que ocultaba el bochorno que lo mantenía pegado al piso. ahí vivíamos todos nosotros. familia. ¿entendís? ¡Soi medio dura de mollera. Mira. debajo de un puente. caleta. envuelto en una nube de. limitándose a bajar la cabeza en señal de asentimiento. caleta de cabros. con un chiquillo y todo. Los muchachos. sin nombre. mientras les pasaba revista con la mirada. acérquense pa' que la Te los conozca.

abrazó a sus compañeros. manotazos y pisotones perdieron toda compostura y la algarabía fue total. —Esos son el Douglas y el Leuquipán —agregó la muchacha. como que igual nos tenemos terrible de respeto. alegre y entusiasta. No somos muchos. El regocijo provocado por el desplome sucesivo de catres los mostró como chicos de carne y hueso.Pero no fue la única caída. 44 . levantando una polvareda que amenazaba con oscurecer el recinto. Un sacerdote se presentó repentinamente en el lugar. dejando un reguero de tablas a su alrededor. porque de inmediato el entablado de otra cama también se fue al suelo. La muchacha. cubierta a medias por un abrigo acolchado. pero aquí nos tratamos como hermanos. atraídos por el alboroto. En medio del desorden se sintieron las pisadas apresuradas de quienes subían al segundo piso. Vestía una larga sotana. en medio de una risotada—. y entre carreras. —Y el otro caído del catre —siguió presentando la muchacha— es el Simón. Dos muchachos yacían tendidos sobre las pesadas tablas que se habían desplomado sobre el piso.

sin ver la luz del día.A pesar de su aparente enojo. colaboraron en poner las cosas en su lugar. chicos! ¿Qué desastre es éste? Todos. apareció de la nada. Ante la repentina presencia de quienes irrumpían en el recinto. atónitos. Sus rostros de alegría se tornaron de sorpresa. sin que ninguno se restara. medio dormido. en camisón de franela y con una mañanita sobre los hombros. colmaron de paz el recinto. con ojos desmesurados. ¡A ver. per la Madonnail —exclamó el religioso. —¡Qué cagnara es ésta. los chiquillos se volvieron a ellos con la actitud de quien espera una reprimenda. que más parecía un niño por su semblante de sorpresa y algo de picara complicidad en la mirada. —¡Orden! —advirtió en voz alta la joven—. Recuperaron las tablas desprendidas de las camas y sólo de vez en 45 . como los que a veces exhiben quienes han estado recluidos por un largo tiempo. Una señorita. con sus dientes separados y una ancha sonrisa iluminando su rostro mal rasurado. el gesto amable del hombre bonachón. Le seguía un hombre joven.

recordó la fotografía que había visto en el muro de la oficina de la directora. —Eco. alentando la buena disposición de esos muchachos—. le parecieron a Tiara los atributos de una persona conocida. Estaba vestida con excesiva formalidad y en sus manos sostenía un enorme diploma. ragazzo —comentó alegremente el religioso. aquella figura menuda pero saludable. ¿Sería la misma tía Emilia en la que pensaba? De pronto. Acto seguido se dirigió a la joven—: Emilia. En el retrato aparecía diez años más joven y era exactamente la edad que exhibía esta señorita que acompañaba al sacerdote. —¡Eso es! —dijo la joven. 46 . autoritario y calmado. cerrándose todavía más la mañanita a la altura del pecho—. padre —respondió ella. ¿Emilia?. Algo hay que hacer para cambiar esas tablas.cuando dejaron escapar una risa. ¿podemos ocuparnos de esos maderos? —Sí. ese timbre de voz. al evocar la situación que tanto regocijo les había causado. repitió Tiara en su mente. ¡Así es como debe ser! Aquel rostro. La expresión de su rostro era el retrato de la felicidad.

su profesor de todos los días? —Todos nos ocuparemos del problema —repitió el sacerdote y salió tras los pasos del hombre joven. Su reacción impulsiva fue salir corriendo. abandonó el dormitorio por una puerta contigua. ¿Renato?. la directora de la escuela en persona. por la buena disposición de los muchachos.—Bueno —exclamó a su vez el profesor—. —¡Qué bien! —replicó la joven—. Haga meño. La tía Emilia. sin darse tiempo para explicaciones. me encargaré de esas tablas. ¿Sería el mismo tío Tato. La campana puso fin al recreo. ni menos para despedidas embarazosas. también sonó conocido el nombre en la cabeza de la niña. Renato. una mano pesada la remecía del hombro. 47 . Sin embargo. ya más tranquila. El joven se dio media vuelta para marcharse por la misma escalera que lo había llevado al segundo piso. Tiara sintió que su corazón daba más de un brinco.

Bajo la pasarela JJiego se mantuvo en silencio durante la jornada de clases.. abrió los ojos y despertó frente a la preocupada mirada de Diego. Hace rato que sonó la campana y como no llegabas nunca a la sala. por encima del pantalón largo—. —¡Tiara. evitando toda posibilidad de comunicación con Tiara. Llegó a pensar que la inconfortable situación a la que estaba sometido 48 .Tendida sobre un costado. La comezón de las picadas de pulga no lo dejaba en paz y cada vez que se rascaba debía simular frente a sus compañeros. al tiempo que no dejaba de rascarse las piernas. para no provocar preguntas indeseadas y las burlas inevitables. tal como se había dormido. con el bochorno que provocaba la crueldad de sus compañeros. arrepentido tal vez de haber entrado en ese recinto prohibido.. despierta! —le dijo su compañero.

Por un instante el muchacho se negó a reaccionar. olvidándose de Tiara. Estaba dolida. pero no albergaba rencor alguno. La lancha del papá de Diego arribó casi al mismo tiempo con otra embarcación que luego enfilaría un rumbo distinto. Diego se acomodó en el de su padre. —Hazle un huequito a la Pascuala —advirtió el lanchero. Tiara soportaba el silencio de su compañero como un golpe despiadado.era el merecido castigo por transgredir una norma impuesta por la dirección de la escuela. Tiara estaba a punto de protestar de 49 . Los muchachos abordaron ordenadamente los botes. Sabía que aquella ofuscación de Diego era pasajera y una voz interior le aseguraba que sólo era cuestión de tiempo y que la amistad entre ambos volvería a la normalidad. Una parte de ellos permaneció junto al embarcadero en espera de los botes que debían pasar a recogerlos. transportando niños. Las clases llegaron a su fin y los alumnos se dispersaron en varias direcciones. directo al corazón.

al acercarse el bote al embarcadero. él se preparó para bajar cuanto antes. le habría llamado severamente la atención por su imprudencia. Ambos sentían la respiración agitada. ni la palabra. hijo? El muchacho. el muchacho tuvo que contener sus ansias 50 . observando de lado el perfil de cada rostro. su propio padre. a evitarse. Pero no pudo levantarse de su asiento. deseando hundirse en el asiento de madera. soportando las miradas de los niños. —¡Diego! —insistió el hombre—. —¡Lo que siempre te digo! —sentenció el papá de Diego—. quién sabe. Las niñas primero. Y como habló en general.impotencia. No lograba entender tanta indiferencia. se apretujó cuanto pudo dentro del bote y Tiara ocupó el lugar estrecho que su compañero le dejaba. porque la lancha no se arrimaba del todo a los maderos del pequeño muelle y el patrón de la embarcación. Durante el trayecto estuvieron atentos a las reacciones mutuas. Y como la travesía era demasiado corta. dispuestos. Diego hizo esfuerzos tremendos para no dirigirle la mirada. ¿Está sordo.

Tiara se afirmó en Diego. pasándola a llevar con torpeza y casi la derriba sobre los maderos del piso. —Dame la mano —insistió la niña. ¿puedo acompañarte? —Usted sabe. por lo que ambos se levantaron casi al mismo tiempo. cómo se preocupa su madre cuando no llega a tiempo de la escuela —respondió el hombre. Ayude a la Pascuala. Diego. obligándolo a sentarse de nuevo. hijo. Tiara se apoyó abiertamente en el hombro de su compañero. —Papá —preguntó Diego—. Allí esperó a Diego para tenderle una mano. cogiéndose de uno de los 51 . Diego apretó su mochila contra el pecho y esquivó a su compañera. Pero él no la aceptó.de salir huyendo. —Ahora las mujeres son las galantes —bromeó el pescador. Ella también manifestó apuro por descender del bote. La niña dio un pequeño salto y alcanzó el muelle. —Me habría gustado ir contigo —rezongó el muchacho. —Dejo a estos chicos y regreso.

—Todo por tu culpa —protestó Diego. —Es bueno para las picaduras. -¿Qué? —El Mentolathum —porfió ella. ruborizados hasta los cabellos. celebrando a carcajadas la ocurrencia—. como si repentinamente se acordara de las picadas de pulga. como si también celebrara el ingenio de su dueño. —¿Qué pasa? —Los tengo atravesados en la garganta —comentó Tiara. Entonces. Cuide bien a la Huevito. —¿Te acuerdas de los ruidos que escuchamos? —¿Qué ruidos? —Esos que venían del piso de arriba. Diego volvió a rascarse las piernas. 52 . —Estos dos se las traen —comentó el lanchero. muy molesto. —Mentolathum —dijo la niña. y en ese tira y afloja estuvieron un par de segundos. El motor fuera de borda ahogó las risas de los chiquillos que seguían viaje y la embarcación se alejó dando pequeños tumbos sobre el agua. Diego. —¿Qué? —replicó Diego.tirantes de la mochila.

—¡Estas loca! ¿No sabías que está prohibido? —Tú también subiste. quedando completamente desarmado.—Que yo sepa. —¡Ya. —Y trae tu bicicleta —agregó Tiara. los huevos no tienen espinas —se burló él con alevosía. que se deslizó hasta el suelo. —¿Y por qué mejor no traigo el horno eléctrico de mi mamá? —replicó con ironía. Diego perdió el control de su mochila. —Es que no sabes lo que descubrí. ¿De acuerdo? —Será después del té —afirmó Diego. —¡Por qué no te habré dejado allí para que te comieran viva las pulgas! —¿Te gustaría saberlo? —No pienso subir allí nunca más en mi vida. Diego! Si es en serio —protestó ella—. Es que no puedo guardar el secreto. —¡Y a mí qué me importa! —¿Te digo lo que hay en el piso de arriba? —No me interesa. —Pobre de ti que sea otra de tus tonteras —amenazó con dureza. —Después que hagamos las tareas nos encontramos aquí mismo. 53 .

Allí se separaron. porque el camino a sus casas se hacía por pasarelas que se apartaban. tomó las precauciones para no ser descubierta. antes de salir del patio de su casa. Ocultó el balde entre los botes y regresó a la casa por más objetos inútiles. Encontró un viejo tarro de lata.—Lo que dije en la mañana fue sin querer —respondió ella. Nuevamente. una cuchara de madera. Tiara no pudo esperar hasta la hora del té para ir al encuentro con Diego. Se dirigió con todos aquellos cachivaches al sitio donde se encontraría con Diego. uno de aquellos trastos que alguna vez fue tiesto de pintura. y lo arrastró fuera de la casa. Recogió un viejo balde de plástico en desuso. Llegó antes a la cita. observó pacientemente la pasarela 54 . Aguardó unos minutos. una tabla de alerce y un azadón comido por el óxido. Mientras esperaba trepó a uno de los botes más altos y. evitando ser sorprendida. pero no había señales de su amigo. bifurcándose hacia el bosque impenetrable y que sólo convergían frente al embarcadero. haciendo equilibrio en el borde de la embarcación.

—Estamos en la caleta. —¡Tengo que hacerlo en la casa. Al cabo de un rato apareció Diego caminando junto su bicicleta. entonces! —¡Ven! Busquemos una caleta. se contentaba con llevarla de paseo. como era su sueño.que conducía a la casa de Diego. —¡Mentolathum! —y le ofreció una cajita de lata. rogando que nadie se presentara en su lugar. —¡Tengo las piernas llenas de pintas rojas! —Ponte la pomada y listo. Es muy buena para las picaduras. Pascuala? —replicó Diego. —¿De nuevo con lo mismo. 55 . Tiene que ser una caleta donde nadie nos encuentre. cuando su amigo estuvo junto a ella. Ai no poder montar en ella y pedalear a gusto. —Ponte ahora mismo esta pomada —dijo Tiara. Yo hablo de algo más oculto. —Este lugar no sirve —explicó ella—. ¿Estás loca? —¿Por qué? —replicó ella con absoluta inocencia—. —¿Qué? —exclamó Diego—. como si fuera una mascota.

—Nunca faltan los curiosos —replicó ella. al tiempo que miraba en todas las direcciones. —¿De qué? —Fue lo que hiciste cuando saltaste al agua. —¿Ni siquiera brincando con tu bici. —¿Cómo lo sabes si todavía no te lo cuento? -¿Qué? —Que mi papá quiere desarmar mi bici. con bici y todo. —No pienso moverme de aquí —protestó él. —Pero. —¿De qué estás hablando. ¿cómo lo supo? 56 . —¿Para que no la uses? —Para construir esa canoa que se le ocurrió a tu abuelo. —¿Brincando? —De eso también tengo que hablarte. aprovechando tus picadas de pulgas? —sugirió ella con un dejo de picardía.—Igual no hay nadie —protestó Diego. Pascuala? —De ahora en adelante tienes que usarla como sea.

—Ahora con mayor razón tienes que demostrarle que puedes usar tu bici. —¡Ven. como él la llama. Ahora no hace más que transmitir con el asunto. como se dice. —¿Y para qué le dijiste? —Para reírme de ti. a tu manera. haciendo equilibrio con la carga que llevaba. 57 .—Yo le conté. —Es que nunca pensé que me escucharía. en tu estilo. sería más segura. La niña se dirigió hacia una cavidad que se producía entre la roca y la parte inferior del pasadizo de madera. tonto? Te castigó la boca. sigúeme! —¡No voy a bajar! —protestó Diego desde la baranda. en la misma dirección de Tiara. Diego caminó por la pasarela. Tiara recogió los cachivaches y se alejó saltando de bote en bote. asomando apenas la cabeza. arrastrando la bicicleta. insiste que las balsas de pluma. —¿Lo ves.vit son peligrosas y que una bicicleta para el agua. Desde ahí llamó a su compañero.

Las extravagantes ocurrencias de Tiara se apoderaron de su mente y pensó montar en la bicicleta.—¡Aquí es increíble! —No puedo dejar mi bici —porfió. aferrado a la bicicleta. había descendido un par de pasos en dirección al refugio. Ella sujetó con las dos manos la 58 . Comenzó a descender por la superficie rocosa. se vio haciendo equilibrio. como nunca lo había hecho. El tiempo se estiró como la melcocha y Diego perdió la paciencia. como una lagartija que salva su pellejo bajo la luz del sol. como un chispazo de luminosidad. Sin darse cuenta siquiera. hasta acercarse a la entrada del escondite que había descubierto su compañera. —¡Salta con ella! —respondió Tiara con el ánimo encendido. apretando los frenos. por un instante. con los pies bien puestos en los pedales. dando brinco tras brinco. sujetándola con ambas manos. pero en ese instante resbaló una de las ruedas y Diego se echó sobre la roca. Tiara se echó a reír de felicidad. Diego esperó que la niña cambiara de idea y regresara donde él aguardaba. Entonces fue Tiara en su ayuda.

bicicleta y ambos la arrastraron hasta el escondite. -¿Qué? —Vamos a calmar esa picazón. a punto de 59 .chado. como diciendo casi. ponte cómodo. por fin. Estaba asoro. estirando la comisura de los labios hacia las mejillas. Mientras Diego se subía las piernas de su pantalón. incómodo e inseguro. Pero lo primero es lo primero. —Ahora. casi lamentamos una tragedia. si la partida fuera menos complicada que la llegada. —Esta será nuestra caleta —prosiguió ella. —¿Qué caleta? —protestó él. —¿Qué cosa? —Arremángate los pantalones. suspendida sobre el mar. Diego no disimulaba su molestia y se habría marchado de allí enseguida. —Casi. como si nada. Tiara se dedicó a cubrir con pomada cada picada de pulga. casi —comentó ella. Pero el muchacho aceptó a regañadientes la invitación a entrar en aquella caverna.'" Aceptó sentarse.

Pero aquí estaríamos como rico Pancho Gómez. Ella. momento! Eso no. Entiende que aquí vamos a convivir.morirse de vergüenza. —¡Yo no pienso estar un minuto más aquí! —Escucha —rogó la niña—. Nos cuidaremos el uno al otro. en cambio. —¿Qué dices? —¡Aquí la vida puede ser muy emocionante! Podemos cerrar los ojos y escuchar el ir y venir de las suaves olas. la ropa de abrigo. porque ahí sí que nos pillan. Una caleta es como un hogar verdadero. las revistas. ¡Ah. —Tendremos que traer más cosas de la casa. sin que nadie. podemos traer una radio y escuchar la música que nos gusta... Aquí seremos como una familia. —¿Para qué quieres estas porquerías? —Este balde es para lavar nuestras cosas —explicó Tiara. compartiremos la comida. -¿Qué? —Diego —se apresuró ella—. como si nada. que sería como 60 .

61 .

Deivid es muy importante porque es el nombre del navegante inglés que vio de lejos la isla donde nacieron mis padres y mis abuelos. Tú irás hacia un lado y yo hacia el otro. Pero no estés pensando en tu casa o en la mía. Todo el mundo 62 . arrastra sillas. El les lleva todo lo que necesitan. buscando lo que sea necesario. si me llamo Diego? —Es que no sé cómo se dice Diego en inglés. Los alimentos sí que no podemos obtenerlos del río. podemos ver la ciudad maravillosa que está sobre nosotros. incluso dinero.el torrente de un río. —¿Y por qué el Deivid. Si quieres te puedo llamar Jonathan o Braian. colchones viejos y hasta podría darnos una mesa para las horas de comida. —¡Quiero irme! —Aquí seremos alguien. Entonces. Podemos dividir en dos la ciudad. Allí los chicos se refugian en caletas como ésta y el río es como un padre para ellos. ¿Entiendes? Yo seré la Te y tú serás el Deivid. Lo que queramos comer tendremos que salir a buscarlo. porque a él sólo llegan desperdicios.

como ya sabes. me encuentro con ellos. -¿Qué? —Todo de lo que te hablé. lo siento —respondió ella con una seguridad que daba miedo. yo subí al piso de arriba.conocía a la Isla de Pascua como La Tierra del Deivid. —¿Con quiénes? —Con los que me contaron todo lo que te acabo de decir. sí me acuerdo. —¡Pero si no me has contado nada! 63 . —Lo escuché ayer en el piso de arriba. —No me interesa. ¿te acuerdas del estruendo de ayer? —Sí. —Oye. —¡Tengo que irme! —No puedes irte. Esos que no son tomados en cuenta. esos chicos que nadie infla y deciden vivir en una caleta como ésta. Así son los chicos que viven en las grandes ciudades. de repente. ¿Me sigues? —¡No pienso escucharte! Estás diciendo puras leseras. Entonces. —¿Por qué no? —Porque aún no te cuento el secreto. —Bueno.

no todo. Bueno.—¿Cómo que nada? —¡Nada! —¡Pero si no hago más que hablarte de eso! —¿De qué? —Del río que atraviesa la ciudad. Y ese parque es el paraíso de los biciclistas. se extiende un parque maravilloso. No. que escuchan música 64 . y que en sus aguas arrastra todo lo que se necesita para vivir en una caleta. Las calles son anchas y tan largas que se pierden de vista a la distancia. tú irás en un sentido y yo en el otro. Deivid —se apresuró a explicar ella. Porque en la ciudad la gente no camina por pasadizos estrechos como estas pasarelas. Un bosque en medio de las enormes avenidas. ¡Ah! ¡Esto sí que es bueno! ¡Puedes ir en tu bici! —¿Cómo lo sabes? —En la ciudad es distinto. Junto al río que atraviesa la ciudad de punta a cabo y llega al mar. Tienes que andar mucho para ir de un punto a otro. para que no nos topemos. Deivid. evitando nuevas interrupciones—. Te decía que tendremos que dividirnos. porque sería pérdida de tiempo. desde la cordillera al mar.

donde los pasadizos son estrechos. —¿Paraíso de los biciclistas? —se mostró Diego un poco más interesado. sin atreverse a contradecirla. En la ciudad es distinto. Además. Estaba fascinado con el relato de Tiara. porque ellos pueden desplazarse de un punto a otro por caminos muy planos donde la bicicleta es dueña y señora. mientras pasan aviones sobre sus cabezas. —Sí. La llevan en el bolsillo y con unos botoncitos ensartados en sus orejas escuchan directamente lo que más les gusta. hay enormes plataformas elevadas para dar saltos y volteretas en el aire. los que vivimos aquí no dejamos espacio para tu bici. Diego la escuchaba con la boca abierta.mientras pedalean. puestos en desorden con diferencias de nivel. Es fabuloso. Por esos caminos sólo pasan bicicletas. algunos trepan por los troncos de los árboles. Deivid. ¡Es fantástico! Los biciclistas compiten en estadios repletos de gente y en los parques. 65 . Los biciclistas pueden subir y bajar escaleras con sus bicis. Ellos no son arrollados por personas que ocupan todo y no dejan pasar a nadie como ocurre aquí.

puedes seguir pedaleando como si nada. es para decirte que no podrás cruzar al otro lado de la calle. Almacenes con ventanas para observar la mercadería que hay en su interior. un microbús o un vehículo de los carabineros. En cada esquina. uno con ropa de niños. cuando dos caminos parece que terminan y se encuentran. —¿Y la luz amarilla? —Esa es un aviso. La ciudad es enorme y tiene de todo lo que puedas imaginar. porque así evitas que puedas arrollar un automóvil. En un almacén se 66 . un almacén distinto encima del otro. otro para los hombres y otro para los jóvenes. otro con ropa de mujer. Porque ahí sí que estás frito: te llevan detenido enseguida. por donde pasan miles de autos. Y tienes que hacerlo. hay luces de tres colores: roja. porque la próxima luz que viene es la roja. buses y camiones. largas. Cuando llegas al cruce y está encendida la roja. formando un cruce.—Para los vehículos —siguió ella— hay grandes avenidas. Pero cuando la luz roja cambia a verde. Algunos tienen varios pisos. amarilla y verde. tienes que detenerte. En ese orden hacia abajo. interminables. feliz de la vida.

en otro se compran cosas para la casa. —¿Pedir plata? ¿Como los mendigos? —Pero debemos cuidarnos de los carabineros. Allí van todos cuando Chile juega fútbol con otro país. enorme. En el corazón de la ciudad hay una pantalla gigante. como el horno de tu mamá. y podemos ir por sus calles para mirar a la gente que pasa y machetear. muebles y alfombras. —¿Machetear? —Pedirles una moneda. se abrazan a coro y empiezan a saludarse entre ellos. ¿Lo ves. como le pasó a la Ese. Pero cuando Chile gana todos gritan al mismo tiempo.pueden comprar aparatos eléctricos. 67 . pero nadie se saluda porque no se conocen. para comprar lo que queramos. fabulosa. Deivid. Y a lo mejor vamos a tener que saltar desde la calle al río para librarnos de los pacos y vamos a quedar adoloridos del cuerpo. Se encuentran las personas. Porque ellos saben en lo que andamos. tonto? ¿Es que no te das cuenta? Desde esta caleta podemos sentir lo cerca que está la ciudad. entonces van a seguirnos y tendremos que salir corriendo.

Tenía seis años cuando falleció su abuelita y quedó en la calle. como de hospital. ellos al verme se levantaron para saludarme. Y 68 . cuándo desdichado. ¿entiendes? Una de las camas se cayó y se produjo el descalabro. porque seremos como hermanos. En todo caso. debajo de un puente. pase lo que pase. —¡Estás delirando! —Mira. sabe cuándo está contento. una chiquilla que duerme en el piso de arriba. cuando entré al dormitorio estaba lleno de camas. —¿Quién es ella? —Déjame seguir —lo interrumpió Tiara—. porque junto con la cama se cayó el chiquillo que estaba en ella. para darme la bienvenida. Entonces. tú y yo nunca nos vamos a separar. porque no tenía a nadie más en la vida.—¿A quién? —A la Ese. Imagínate al Leuquipán. Nos reímos. -¿Qué? —El uno es del otro y el otro es de uno. conoce todos los cantos del río. Se fue a vivir con otros niños en una caleta. En cada cama había un niño. Se lo ha recorrido todo.

todavía con el pantalón arremangado. resbalando a ratos. —\Deivid. porque la humedad proveniente del mar comenzaba a cubrir las rocas. mira! —advirtió ella—. 69 . como si quisiera evitar que Tiara pusiera sus manos sobre el asiento o la rueda trasera. Justo encima de nosotros se alza una pantalla gigante. como una llovizna. —¡Estás inventando! —¡Es la pura y santa verdad! —¡Me voy! —Primero tengo que terminar con esas picadas de pulga. Entre los dos la arrastraron y luego la levantaron hacia la pasarela. Eso fue lo que escuchamos en la sala: eran los cabros de arriba que se caían del catre como sacos de papas. —¡Termina de una vez! Diego. Diego mostraba su molestia dando fuertes tirones del manubrio. se fueron al suelo y se desató la batahola. A duras penas logró sacar la bicicleta fuera del escondite y a regañadientes aceptó que Tiara le ayudara. se incorporó tan de repente que se golpeó la cabeza con las tablas de la pasarela.como todos se mataban de la risa.

perfectamente iluminada. como si quisiera montar en ella. luego. Solitaria en casa —Hola —saludó—. ¿Está tu papá? —No —respondió la niña—. Si te fijas bien en la preciosa imagen que nos mira. a ratos corría. sonrían. arrastrando su bicicleta. subía los 70 . para que la distingan hasta los helicópteros que giran sobre nuestras cabezas. te darás cuenta de que una mujer muy bella nos dice: sonrían. El alcalde de mar se acercó con la inquietud pintada en su cara curtida por el agua salada. Si en ese momento hubiese expresado lo que pensaba. Pero Diego no respondió y se volvió a mirar una vez más a su compañera. salió temprano y todavía no ha vuelto. habría dicho: ¡estás más loca que una cabra! No hicieron más que terminar de trepar hasta la pasarela cuando descubrieron que eran observados. Diego aprovechó la distracción de Tiara y se alejó.

No era posible que se alejara del modo que lo había hecho. al menos podré hablar con tu mamá —dijo el hombre. Era la hora de la conciencia.escalones con la bici al hombro. ella sí que está —respondió la niña. Tiara se preguntaba si el alcalde de mar había descubierto el escondite debajo de la pasarela. hasta que se perdió de vista. La hora en que la naturaleza habla con su quietud. De ser así. se vería obligada a no regresar nunca más a su propia caleta. como si fuesen cómplices de algo malo. Mientras se dirigían a la casa. El alcalde de mar caminaba cabizbajo y en silencio. 71 . Se molestó con su amigo por salir huyendo de esa manera. La noche se anunciaba con todas sus señales. los pájaros desaparecieron de pronto y hasta se detuvo la suave brisa que se deja sentir durante el día. que con tanta ilusión deseaba compartir con Diego. —Bueno. Las lágrimas de su pena no corrieron por sus mejillas. —Sí. El recogimiento se apoderó de la niña. La noche la cubría con su manto de soledad.

Caminaba cabizbaja por un túnel de hielo y quien la acompañaba no era más que otro de los tantos fantasmas que encontraba cada día. Con el hijo mayor se fue. 72 . Buscan a mi papito. —¡Mamá! —llamó desde la puerta—. —Adelante —respondió la madre y salió a recibir al alcalde de mar. que entró en la cocina de la modesta casa y aceptó tomar asiento—. —El salió bien temprano —explicó la mujer. mientras vertía el agua caliente de una tetera ennegrecida por el fuego—. ¿Le sirvo un té? —No lo voy a rechazar —respondió el hombre y se quitó el gorro de lana que cubría su cabeza.

73 .

¿No ve que su hijo no puede salir a pescar sin el permiso respectivo? —¡Por Dios. —Sí. oiga. —Pero cómo ha de ir tan lejos —protestó ella. En caso contrario vienen los marinos y se los llevan por rebeldía. Pero no entiende. Ni caso que hicieron. pues —reiteró—. —¡Ah! —exclamó ella. —¿De qué se trata esta vez? —Que no puede ir de pesca con el hijo mayor. pero no me asuste. Ahora tienen que presentarse. —¿Y usted no pudo ayudarlo? —Pero si lo hice —se excusó el visitante—. Se lo advertí hasta el cansancio. Si se lo he dicho tantas veces. —A lo mejor anda en eso. —Ay. —¿Qué problema? —Que no escucha razones. —Es que ahora tiene que ir a Puerto Cisnes.—Ese es el problema —comentó el hombre. 74 . —La Capitanía de Puerto le puso una multa. qué duros de cabeza estos hombres! —Así no más.

Me llamó especialmente el almirante de la Segunda Zona. Nunca entendió a qué tipo de sorpresa se refería. 75 . para secar la humedad salobre. capaz de cegar la vista y provocar comezón en los ojos. Tiara observó la preocupación de su madre. para hacerme presente que tiene infracciones acumuladas contra el Pascual. pero siempre lo consideró un recurso indispensable en medio del mar. le había dicho. La niña se acercó a su madre y le alcanzó el pañuelo blanco bien doblado que siempre llevaba consigo. —Usted sabe —dijo la mujer— que andan preocupados de los pescadores. la mujer se concentró en las mamaderas de sus hijos y el pañuelo de la niña permaneció intacto sobre el mantel de plástico anaranjado que cubría la mesa. Cabizbaja. «Así siempre estarás preparada para un imprevisto». Era un detalle que también le había dejado su amiga Yara. siempre lo llevaba consigo. Sin embargo. parecía a punto de llorar. Desde entonces.—La pura verdad no más digo.

interrogándola con la mirada. pero las reglas deben cumplirse. 76 .. —Pero eso no lo libera de cumplimientos que a todos corresponden —comentó finalmente el hombre. no lo tome usted tan mal. —Este muchacho. más eficiente.. doña. Pero la madre. El alcalde de mar se volvió a mirar a la niña. En eso no hay maña. —Es un modo de decir. fue a la cuna con la leche que el pequeño reclamaba.—Todos lo saben —respondió el visitante—. Tiara se limitó a observar como su hermanito satisfacía su hambre y deseó con toda la fuerza de su corazón que el pequeño fuera su hijo para tener el derecho de alimentarlo. —rompió su silencio el alcalde de mar. El menor de los hermanos soltó el llanto y la niña corrió a consolarlo. sin que nada ni nadie se interpusiera entre ambos. —Tanto le dije que no aceptara ser presidente de la caleta.Maña? —exclamó ella. —.

—¿Pensaban poner esa bicicleta sobre tu balsa de plumavit? —exclamó el hombre. Allí se sentó a contemplar la noche. qué bien! Eso me tranquiliza. —Sí —asintió el hombre—. —¿Cómo? —replicó el hombre. ¿Ahí. Tiara descubrió el gesto de complicidad que le hacía el alcalde de mar y guardó silencio. —¿Qué intentaba hacer con esa bicicleta? —Andar en ella —respondió la niña con absoluta inocencia. ¿No estará pensando hacer algo indebido? —¿Indebido? —preguntó la niña con un hilo de voz..—¿Diego? —respondió Tiara. suspirando como si le hubieran quitado un peso de encima—.. se levantó de la mesa y salió a la puerta de la vivienda. en las rocas? —Lo que pasa. Luego. Y enrojeció de inquietud. señor alcalde —respondió la niña. —pero la explicación que rondaba su mente no se convirtió en palabras. —¡Ah. —No. bastante asombrado—. 77 . don. La balsa no la usamos cuando hay neblina.

78 . —¿Me acompañas al muelle. ¿Me pasé de la raya? —¿Cómo? —¿Hablé más de la cuenta? —¡Ah! —replicó ella—.—No se preocupe. para nada. dejando libre el paso al alcalde de mar. Tiara se levantó y se hizo a un lado. —¿Cómo que nada? Tengan cuidado con ese juguete. No. doña. Abordó la pequeña embarcación. —Es urgente. Huevito? Tiara caminó en silencio junto al hombre. Un reflejo de luz amarillenta lo rodeaba. La puerta crujió al abrirse. que lo esperaba en el bote. El alcalde de mar dejó de regañar a la niña ante la presencia de su asistente. —Cariños a la tía Lidia —dijo ella. Puede ser muy peligroso. que se dirigió al embarcadero. se sentó en la popa y se subió el cuello de la chaqueta de paño. dándole la apariencia de un espectro frente a la oscuridad. —Se me hizo de noche —comentó—. señor alcalde —escuchó decir a su madre—. Apenas lleguen les daré su recado. En el umbral apareció recortada la figura sombría del hombre.

Hubiese querido volverse. alejándose rápidamente del embarcadero. ¿Qué era lo que en verdad sabía el hombre? 79 .El alcalde de mar no respondió. pero el asistente ya había girado el bote y remaba con energía. Tiara quedó tan intrigada como al principio de la visita del alcalde.

Al ver que Diego no estaba. con la sensación de haber dormido más de la cuenta. cargando con dificultad la bicicleta. subía los últimos peldaños. Tal como lo temiera. al final de la pasarela que se internaba en medio de un racimo 80 . Se lavó y vistió a la carrera. Sin despedirse de su madre. fue a la puerta y salió a la mañana con un sobresalto en el pecho. corrió a la cama de su hermano. Se apresuró para ir a la escuela. El sueño la había engañado.Los príncipes A la mañana siguiente despertó asustada. La madre de Diego. una voz interior le decía que lo vivido esa noche era lo más impresionante de todo lo conocido hasta entonces. Ni siquiera probó la leche del desayuno. Fue a la ventana para mirar hacia la costa. pero que no podía recordarlo. Kiko y su padre no habían regresado de la pesca durante la noche.

atiborrado de casas. Tiara se quedó observándola hasta verla desaparecer. 81 .

un grito. que pescaba muy lejos de allí. Observó un instante el océano. La quietud sobrecogía y nada se podía esperar de aquella neblina envolvente y misteriosa. Imposible ver en la inmensidad que cubría la neblina. habían navegado su padre y su hermano? La vaka poe—poe era una nave de gran tamaño. con la proa y la popa muy elevadas. Una señal habría bastado. La había construido el abuelo y 82 . mar adentro. En todo el archipiélago no había otra embarcación que la igualara.Al parecer. un silbido. Tiara perdió la esperanza de que alguien pasara y la llevara a la escuela. Y no pensó en ella. su compañero ya había cruzado a la escuela en el bote de don Anselmo. ¿Qué tan lejos. ¿Es que todavía estaba enojado? Con alegría recordó las peripecias del día anterior: recordaba cómo se había esmerado para entusiasmar a Diego y hacer que cumpliera un sueño. y ella habría corrido a ocupar su lugar en la lancha. ¿Cómo no se tomó la molestia de comprobar si había salido de la casa? Tampoco se preocupó de avisarle. Tampoco lo haría su padre. Abandonada a su suerte observó el panorama brumoso.

Tiara suspiró con satisfacción al evocar aquellos días.Tiara recordó claramente cuando la repararon. no le perdía pisada y soñaba con ser tan atrevida como él. Esperó que la densa bruma se alejara para ver el volantín. cuando su condición de niña no era un obstáculo para seguir en todo a su hermano. manu—hakerere. algas y jaibas. le ofrecieron pescados como alimento. cuya carne servía de carnada. Los hombres ensamblaron hábilmente la madera para rehacer aquellas partes que se habían deteriorado con el tiempo. Tres días antes de botarla al mar. Kiko la llevó a la costa y la hizo recolectar caracoles. Como una forma de nuevo bautizo. pulpos pequeños. después de muchos años de uso. Como única respuesta escuchó en su mente el cantar lejano que le recordaba su origen: 83 . su hermano Kiko la había hecho participar en la restauración del bote. estuvieron pescando para alimentar al nuevo lanchón. haciéndolos pasar una y otra vez por la borda de la flamante embarcación. De alguna manera. Siempre dispuesta a imitarlo. que su padre echaba a volar cuando pescaba.

Sentada en el 84 . revuelve el curanto. un silbido haciendo que se levantara y se pusiera a salvo.«E hakerere te manu é. E Tu—Here—veri é ka haro—haro mau. Uka—ui lo molesta tironeándolo a él. quiso distraer su mente con la cuerda para el juego Kai-kai. e Uka—ui—é. Ella cerró los ojos y aguardó temerosa. pero sus dedos estaban demasiado entumecidos como para intentarlo. la vieja Uka—ui. e Uka—ui é.» «Mientras eleva su volantín. ka kau te umu ena. rodeando a la niña como si quisiera devorarla. el viejo Here—veri. Nada de eso aconteció. ka neku—neku mai.» » Y Tiara traducía mentalmente cada frase. un ruido de motor debía salvarla. Y mientras Here—veri lo encumbra. La bruma avanzó repentinamente hacia la costa. Sin embargo. un grito de advertencia. nae Tu—Here—veri é. su mujer.

—Abuelo. ¿por qué aquí sólo importan los hombres y los niños pequeños? —También las niñas. mi papito no viene para llevarme a la escuela. —Abuelo —se lamentó la niña al verlo en pleno sueño—. por debajo de los ojos. En su rostro moreno de sol mostraba dos líneas de color que cruzaban la piel desde las orejas al nacimiento de la nariz. espantando la bruma. 85 . En la piragua navegaban Kiko y el abuelo. la dominaba. disfrazado de sueño. que parecía un digno jefe de su pueblo. Después apareció la imponente embarcación de los príncipes. Una hermosa pluma crecía en su cabeza. abriendo un camino en medio de la espesura blanquecina. querida nieta —respondió el anciano. El volantín manu—hakerere fue al encuentro de la niña. —Y no vendrá.muelle. —Se prepara para una dura competencia —repitió Kiko. azotando el viento. sintió que el frío. donde un moño mantenía recogido sus cabellos grises.

en Rapa Nui. Ha de ver como allí las jovencitas lindas tienen otro destino. abuelo. —¿No? —Somos las locas de piernas desmembradas1. abuelo! —imploró la niña. era un modo despectivo de tratar a las mujeres. No servimos para la pesca. uno de estos días tendré que ir a la casa de mi nuera y decirle un par de cosas que le pongan los pelos de punta. —¿Quién lo dice? —Mi papá. ¡He tamaroa te pokil. según la tradición. —Sí. —Pero antes iremos a casa —propuso el anciano—. lo recuerdo perfectamente —comentó el abuelo—. no servimos para la batalla de cada día. abuelo? —¡Qué injusto! Por muy muerto que yo esté.—No. —Pero usted. —¿Y eso qué significa? —¡Es hombre el niño! —¿Lo ve. acaso? —Se alegraron cuando nació mi hermano. 86 . No es así. —¡Hágalo. ¿no alegra el hogar. gritamos. mi nieta —replicó el anciano—. ¿Le gustaría conocer a otras niñas? 1 Locas de piernas desmembradas.

—La navegación es larga —agregó el abuelo. Entonces ocurrió lo inesperado. porque desde el otro extremo de la caleta apareció Diego pedaleando en su bicicleta. La señorita Emilia nos ha dado permiso. —Podemos ir. 87 . Huevito —gritó Diego desde el mar—. Aborda tu pora y rema hasta la piragua. —No hay tiempo que perder —dijeron los príncipes. —Debemos llegar antes de la ceremonia —advirtieron los príncipes. su amiga inolvidable. Y le pareció un sueño soñado. pensó Tiara y recordó a Yara. —Pero. tanto que siempre los adultos se quejaban de lo monótono y aburrido que solía ser a ratos el diario vivir de cada día. —¡Tiara! —gritó Kiko—. Pero tenemos que regresar antes de la colación.«Me encantaría». Siempre es así en los sueños. Tengo que ir a la escuela. porque hasta en la vida misma ocurrían situaciones así de repetidas. Kiko —protestó la niña—. pero no le prestó mayor atención a tanta reiteración.

De Diego nunca más se supo.Corrió a su Amiga Yara y desató las amarras. porque sabía que así cumplía su sueño. Unos segundos más tarde. sólo se escuchaba el golpe acompasado de los remos. De un salto se embarcó en la balsa de espuma plástica y remó hasta la piragua de los príncipes. Se perdió con su bicicleta en medio de la niebla y Tiara se quedó muy tranquila. En un santiamén Tiara estuvo junto a la embarcación y su hermano la levantó en vilo. mientras el abuelo amarraba la balsa a la nave de los príncipes. 88 .

89 .

La embarcación enfiló hacia la corriente. ¿Tienes miedo? —No. Ese es Puerto Ballena. El océano se interna hacia el archipiélago y la corriente que se forma es como una tormenta. La proa se hundía en las aguas.Navegaron hasta que salieron del canal estrecho y se alejaron de Puerto Gala y de la isla Toto. Ahora dirigimos la nave hacia el norte. El anciano ató una cuerda de un metro de largo a la cintura de la niña y aseguró el otro cabo a un madero. en el interior de la nave. —Falta mucho para eso —respondió su hermano—. abuelo —respondió Tiara. la popa se elevaba hacia el cielo y las olas entraban a raudales. evitando ser alcanzada de costado por el fuerte oleaje. La piragua echó al viento su velamen y los audaces príncipes pusieron rumbo hacia el canal Moraleda y a Tiara le pareció que ya estaban en el océano. vamos hacia Islotes Locos y pasaremos frente a Melinka. desapareciendo casi por completo en aquel manto de mar encrespado y turbulento. arrastrando todo lo que hallaban a su 90 . —Pronto tendremos que asegurarnos para cruzar el golfo Corcovado —advirtió el abuelo—.

El agua los empapaba de pies a cabeza. poniendo en riesgo incluso sus vidas. —Esas son las islas Desertores —comentó el hermano de Tiara. Pronto la navegación será más tranquila. 91 . al tiempo que indicaba un grupo de islas que estaban a la vista. El velamen de la piragua se hinchaba con la fuerza del viento y los remeros no decaían en su empeño. por el poniente. Pese a lo difícil de la situación. en efecto. sacudido por los vaivenes—. A Tiara le daba gusto ver como su hermano remaba con el mismo brío de los príncipes.paso. Navegaron frente a Chaitén. Pero los príncipes habían tomado las precauciones necesarias y el oleaje no causaba mayor daño. pero a ellos parecía no importarles la dura prueba que enfrentaban. —Nos acercamos a Quellón —gritó el abuelo. en medio de los príncipes. achicando el agua acumulada en el piso de la nave. y frente a Queilén. por el oriente. la niña se sentía segura con la compañía de su abuelo y de su hermano. La piragua dejó atrás el golfo Corcovado y entró en aguas más serenas. El abuelo y la niña colaboraron con dos cuencos de madera. Y así fue.

—Y ese es el Huelqui —agregó el abuelo. En la placida travesía avistaron uno o dos barcos de pasajeros. pero los avezados príncipes no desmayaron en mantener siempre la embarcación bajo control. como el que un día. por curiosidad o error.—Pronto avistaremos las islas Chau. Al acercarse a la punta Palos Negros. La mañana se despejó de pronto y a los ojos de Tiara se hicieron visibles las empinadas cumbres de los volcanes. Acercándose a Calbuco la navegación se tornó incontrolable. entró en la estrecha bahía de la 92 . Los esperaba el golfo de Ancud. —Ese de allá es el Michinmahuida —dijo el hermano de la niña. la nave recuperó su travesía sin mayores inconvenientes. El abuelo desató la cuerda de la cintura de su nieta y la niña pudo moverse libremente en la magnífica piragua que la llevaba a la isla de su antepasados. La navegación continuó entre las islas Butachau.ques —agregó el abuelo. No entraron a Puerto Montt y prosiguieron rumbo al océano Pacífico por el canal de Chacao.ques y la península de Huelqui.

—¿Qué historia? —replicó la niña—.mapu y los príncipes se alistaron para enfrentar exitosamente la barra que formaba el oleaje que separaba el océano de la salida del canal. Los navegantes evitaron que la nave sufriera más de un deterioro. Navegaron por fin frente a Carel. —¿Alguna vez te hemos contado nuestra historia? —dijeron los príncipes. ¿Abuelo? —Te la contaba cuando eras muy pequeña —respondió el anciano. El abuelo amarró de nuevo la cuerda a la cintura de su nieta.isla Toto y se detuvo frente a Caleta Chica para llevarse a Yara. —¿Y por qué? 93 . Entraron. —Huimos del continente Hiva—prosiguieron los príncipes. finalmente. mientras Kiko y los príncipes remaron con toda la energía de sus músculos. donde la navegación sería más calma. alejándose cada vez más de la costa. El recuerdo volvió a ocupar un lugar candente en el corazón de Tiara. en las constantes sacudidas sobre las olas tempestuosas. en aguas oceánicas. dejando atrás el archipiélago de Chiloé y poniendo rumbo al norte.

—¿Por qué hacía tanto daño? —¿Quién puede entender los actos de un gigante? —respondieron. entonces? —Nuestro sabio Hau Maka tuvo un sueño.—El gigante Uoke. —¿Estaría más seguro? —Sí. La tierra se inundaba y nuestra gente habría muerto. Lo llevamos a una caverna. En él vio una tierra nueva y nos envió a explorar la isla soñada. porque lo dejamos en compañía de seis montoncitos de piedra. —¿Lo abandonaron? —preguntó la niña. que nos representaban. La tortuga se defendió y con una de sus aletas golpeó a nuestro compañero. para alejarlo de los peligros. Eramos siete exploradores y al regresar en busca de nuestra gente dejamos la tierra nueva al cuidado del séptimo príncipe. —¿Las piedras pueden ser buena compañía? 94 . —Fue atacado por una tortuga. con su fuerza descomunal. si no la poníamos a salvo. —¿Qué hicieron. lo estaba hundiendo. —¿Una tortuga puede herir a un hombre? —Quisimos comerla —explicaron—.

que significa Ombligo del Mundo. —¿Quieren decir que les importo? —Más de lo que imagina. sí! —Lleva nuestra sangre en las venas —respondieron. —Allí nacieron el abuelo y el padre. —. ¿dónde están?» Los seis montones de piedra respondían: «Aquí estamos. —¿Por qué nunca me lo dijeron? ¿Kiko? —Ahora lo hacemos. —Nuestro rey hizo preparar dos piraguas.» Así tuvo sosiego. —¡Rapa Nui. 95 .—Tenían la facultad de hablar. pues había navegado en círculos para llegar a ella y no había otra tierra en las cercanías. Hablaban? —Cuando él preguntaba desde el interior de la caverna: «Príncipes. La nombró: Te Pito o Te Henúa. —¿Eso quiere decir que soy como ustedes? —Lo es —replicaron. llegó a la tierra nueva y desembarcó en Anakena.

esperaban junto al mar. y tomando a Tiara de la mano inició el camino hacia la cima. Los príncipes acercaron la piragua a la pared rocosa y cuando el vaivén de las olas se aquietó por completo. Se volvió angustiada a su hermano. Un grupo numeroso de mujeres. Tiara pensó que la frágil embarcación se hundiría con el peso de tantas personas. pero Amiga Yara se mantuvo a flote.Después de interminables horas de navegación y cuando Tiara pensaba que jamás llegaría de regreso a la escuela para la colación. Neru de miembros bellos —dijeron los príncipes con gran ceremonia. —Oh. Lentamente remaron hasta la pared rocosa y fueron recibidos por aquel grupo de mujeres. —Es la última de las elegidas —comentó la mujer que la recibía. pero Kiko había desaparecido. ataviadas finamente de blanco. abordaron la balsa de espuma plástica. Pero la niña se resistió a seguirlas. ante los ojos maravillados de la niña apareció un acantilado imponente. El abuelo lo había seguido y los príncipes se alejaban en dirección a una colina 96 .

mientras ella se negaba a dar ni siquiera un solo paso en la dirección que señalaban. escuchó el entonado canto de las novatas: ¡Oh! Neru de miembros bellos y delgados. Pero Yara se volvió para comenzar a subir la escarpada pendiente del acantilado. Entonces. Tiara caminó ágilmente sobre las rocas. confundida en medio del grupo de jóvenes.. comenzarían los festejos. al parecer. curiosamente vestida de azul. En la larga fila que ascendía hacia la cumbre. Hasta que su amiga Yara. apareció en medio de las mujeres y miró de lejos a la niña. al borde del abismo.. con aquellas mozas silenciosas. Sorpresivamente se vio vestida de blanco y temió lo peor si llegaba con ese vestido a la escuela. Sin medir los riesgos a que se exponía.muy cercana donde. Tiara temblaba de miedo. Las mujeres la arrastraban. Tiara sintió que le volvía el alma al cuerpo y corrió al encuentro de su gran amiga. 97 . como si fuera una más de ellas. con el deseo vehemente de abrazar a su amiga. colgantes. que seguían cuidadosamente el trazado del sendero.

.. —¿Caverna de las Vírgenes? —Entremos —ordenó la mujer que encabezaba la comitiva.Lleváis el manto antiguo de Rapa Nui. —Frente a la Caverna de las Vírgenes —respondió una de ellas. En ellos se 98 ... de aquella tierra de Hiva. pudo ver un túnel muy largo.. como si aquellos ojos de agua fuesen tenues luminarias. De las paredes fluía el agua cristalina en pequeñas filtraciones. Escondidas están las Neru. Eres tú. Tiara fue llevada al interior de la gruta.. ¡oh! hermosa Miru. Cuelgan hacia abajo.. que se extendía varios metros hacia el interior de la roca. —¿Dónde estamos? —preguntó a media voz la niña.. formando espejos... Era una bóveda perfecta. Es la hora en que se levanta la caña de azúcar. Cuando la niña se habituó a la oscuridad. Escondidas allá atrás. Allí se aclaraba el piso de roca. Adentro había pequeñas lagunas con agua fresca. Penden en las cuevas las calabazas del color.

a medida que se alejaban de la caverna. Cuando eso ocurra será recluida en esta caverna. La comitiva entonó un nuevo canto. alimentarlas y ver que nada les falte durante su aislamiento. —Aquí son recluidas las jovencitas hasta el día de sus bodas. —¡Todavía soy una niña! —protestó ella.contemplaron un instante las niñas. Y a nosotras se nos ha encomendado cuidar a las iniciadas. —Esto no le gustará a mi padre. Sin embargo. pero ninguno de esos rostros encontró el de Yara. —¿Por qué? —El dice que soy fea. Y ahora tiene que marcharse. Así será más hermosa y aumentará la pureza que se le exige a una novia. quedó deslumbrada por la belleza de quienes la acompañaban. hasta que su piel se vuelva blanca como la espuma. iniciando el regreso hacia la salida. —Aquel que no tenga ojos para ver la belleza de su hija no merece ser el padre que la guía. —Dejará de serlo antes de lo que imagina. 99 . linda niña. Y Tiara debía venir porque será una de ellas.

porque has estado prisionera! ¡Cuán blanca te has tornado en tu retiro. Estaban en las proximidades de Puerto Gala. Finalmente. cansada por la extenuante travesía. Kiko y los príncipes. el abuelo amarró la cintura de su nieta mientras ésta dormía. Tiara despertó cuando la piragua aminoraba la marcha. oh reclusa!» Con el mismo cuidado empleado en el ascenso bajaron por el estrecho sendero.' ¡Cuánto tiempo has estado encerrada. La navegación de regreso tendría las mismas emociones. bordeando el abismo. oh reclusa! ¡Contra la roca está suspendida la calabaza con tu comida. a velocidad de crucero. Abordaron la nave y ésta se alejó del acantilado. cruzaron frente a la caleta donde vivía la niña y se 100 .«¡Estás encerrada en una caverna. oh reclusa! ¡Te amo. En la balsa de plumavit remaron hasta la piragua. Puso rumbo al archipiélago de Los Chonos. Junto al acantilado aguardaban el abuelo. que en sueños es mucho más rápida. penetrando en la densa bruma que cubría por completo el océano. Pero al acercarse al canal de Chacao.

Tiara. como si nunca hubiese cruzado aquellos mares. después de haber tenido un sueño que insistía en mantenerla adormecida. ¿Y esto qué es. Entonces vio que a su encuentro venían las tías. su hermano y su abuelo también la abandonaban. Se restregó con fuerza los ojos. Y a ella. La embarcación de los príncipes había desaparecido. Con la bruma también se había marchado gran parte de la magia de aquel sueño.detuvieron a metros de la Escuela Madre de la Divina Providencia. con la intención de rechazar una realidad tan inesperada como repentina. —¿Y esto qué contiene? —exclamó ella. de su hermano y de su abuelo. cuando no estaba preparada para enfrentar el resto del día. y el despertar se presentaba tan abrupto como un inmenso peñasco arrojado a las aguas. una vez que estuvo a un metro de la imprudente—. Los momentos recién vividos resultaron maravillosos. Tiara se encontró sorpresivamente frente a la escuela. el profesor y hasta la mismísima directora. un juego? —reiteró la señorita 101 . chica. El abuelo desató la amarra de la balsa y la niña se despidió de los príncipes.

Debes venir acompañada por un adulto. Luego se dirigió a la escuela. Supiera lo que me ha contado mi marido. —Apúrese. —¡A mi oficina! —ordenó la directora—. de la Junta de Vecinos y que. ¿Cuántas veces se te ha dicho lo mismo? —Eso fue lo que hice. haciendo sentir todo el peso de su autoridad. tío Tato —respondió la niña. además. ¡Esto no puede quedar así! —¡Pobre inocente! —suspiró Elvira. —¿Cómo capeará el temporal? —comentó Elvira. seguida por la comitiva que la había recibido sin ninguna manifestación de bienvenida. —¿Qué? —exclamó Lidia. chica —dijo Lidia.— tiara —intervino el profesor —. Irán a detenerlo uno de estos días. Es igualita a su padre. del Centro de Padres. Tiara se tomó todo el tiempo necesario para dejar bien amarrada la balsa al embarcadero y asegurar el remo. atendía el comedor de la escuela. —Tiene la cabeza llena de pajaritos —agregó Lidia—.Emilia. Jamás se perdonaría que algo le ocurriera a su Amiga Yara. 102 .

—Ai papá de Tiara nunca lo hemos visto. A ninguno se les ocurre venir en una balsa de mentira. —Yo recibí el encargo de ir a su casa a decirle a su mamá que viniera. No puede venir a la escuela con eso. no miden consecuencias? —Pero al menos a los otros niños los traen sus padres.—Yo estaría mucho más molesta con los hombres de su casa —agregó Lidia—. para que nunca más se embarque en ella. pero el Pascual no le quiso dar permiso. ¿En su casa no ven riesgos. ¿vino alguna vez a la escuela? Ni cuando los niños hacen invitaciones para las festividades. —La mamá viene de vez en cuando. No sé. que son incapaces de traerla. —¡Desconsolada quedó la pobre niña! 103 . —Sí —dijo Elvira—. —¡Es su juguete! —Por lo mismo. ¿cómo permiten que la niña se arriesgue de este modo? —Deberíamos esconderle esa balsa. —No estuvo para la premiación de la hija.

104 . un chico se siente dichoso de recibir un estímulo. —Nunca pueden. Ya ni sé quién es tu apoderado. La directora guardó silencio al tiempo que observaba severamente a la niña. quiero que esta misma tarde entregues esta notificación en tu casa. un reconocimiento de la escuela. —¿Por qué? —Salen muy temprano. —Se le llenaron los ojos de lágrimas a la pobrecita. ¿va a venir mi mamá?» Cuando la niña entró en la oficina de la directora. porque sea como sea. —Como ella supo que yo había ido especialmente a su casa. me dijo: «Tía Lidia.—Ese día me dio mucha pena. en presencia de sus padres. mientras se disponía a escribir sobre una hoja de papel en blanco—. ¿Por qué nadie viene a dejarte? Tu familia es dueña de una o dos lanchas y no te traen a la escuela. la señorita Emilia se había sentado detrás de su escritorio y esperaba con una paciencia fingida. —Tiara Miru —sentenció finalmente.

¿Qué dirían de nosotros? Y tus parientes serían los primeros en condenarnos.—Entiendo que sus labores de pesca comienzan de madrugada —aceptó la directora—. —¿Y se puede saber con quién venías? —Es que no me creería si le dijera. Tu hazaña es un pésimo ejemplo. Además. 105 . tu imprudencia puede contagiar a los alumnos que llegan por agua y no me extrañaría que mañana vengan a la escuela a bordo de balsas como la tuya. Es demasiado. tía Emilia! —replicó la niña. Pero alguien tiene que acompañarte. tía —respondió la niña. —Comprenderás que ninguna de mis niñas debe arriesgar la vida como lo has hecho. Nunca había ocurrido algo semejante. Espero que lo entiendas. considerando que no es ninguna gracia lo que has hecho. ¿Te imaginas que pase una desgracia? ¡Ni Dios lo permita! Nuestra responsabilidad es muy grande. —¡Yo no crucé sola. —Sí. —Puedes volver a la sala —ordenó la directora y le extendió la comunicación que acababa de firmar.

106 .

A ninguna de ellas se les habría pasado por la mente hacerlo solas. bueno o malo. tía Emilia —dijo.Tiara recibió el papel doblado en cuatro y lo guardó en el interior de la mochila. ellas tenían que cruzar con sus baúles cargados de ropa limpia. Pero la lección debía surtir el efecto deseado y la autoridad no podía dar señales de debilidad. La directora se reclinó en la butaca de su escritorio y recordó aquellos tiempos de niñez. —Hasta luego. Su corazón de maestra se colmó de ternura. en invierno o en primavera —la lluvia en Chiloé no hace la diferencia—. Los alumnos dejaron de escribir cuando Tiara entró en la sala. Entonces. que usarían en sus largas semanas de internado. Hubiera querido detener a la niña y levantarse de su escritorio para abrazarla con dulzura. enfrentando riesgos que podrían haber terminado en tragedia. Estuviera el tiempo como estuviera. como si se disculpara. No volaba una mosca en el interior 107 . las balseaba un bote a remos. cuando ella y sus hermanas debían abordar un bote para cruzar el canal.

del recinto. —Lenguaje y Comunicación —anunció el profesor—. Algunos sonreían. Lectura en silencio y comprensión del texto. varios mensajes escritos llegaron silenciosamente a las manos de la niña. pues era la primera vez que provocaba tanto interés entre sus compañeros. Ella los apiló uno por uno sobre su falda y los alisó cuidadosamente. A continuación los leyó con gran entusiasmo. Busquen la unidad que apunté en el pizarrón. otros la observaban como si la vieran por primera vez en la vida. La niña ocupó su puesto y abrió la mochila para sacar sus cuadernos. 108 . Cuando el profesor se volvió al pizarrón para anotar las actividades de la unidad. Todas las miradas se dirigían a Tiara.

109 . el profesor suspendió las anotaciones en la pizarra y enfrentó a sus alumnos. Diego miró a Tiara y descubrió que sonreía. pero estos golpes eran reales y las risas tampoco eran producto de la fantasía de nadie. Hasta entonces pensaba que Tiara estaba más loca de lo que se creía. Un tercer estruendo. interrumpió bruscamente la lectura de Tiara. seguido de carreras a pie descalzo. La niña comenzó a reír sin ocultar la gracia que aquello le producía. proveniente del piso superior. Un segundo golpe se produjo en el piso de arriba. Diego recordó lo que su compañera le había contado la tarde del día anterior cuando ambos se reunieron debajo de la pasarela. hizo que el curso completo se paralizara de espanto al escuchar claramente las risas que venían del segundo piso.Un fuerte golpe. Los compañeros de Tiara dejaron de espiarla a hurtadillas y dirigieron las miradas al techo. Ella apartó la vista de los papeles que ocultaba debajo del pupitre y observó las manchas de humedad en el cielo de la sala.

tuvo que hacer uso de su autoridad para poner un poco de orden en el alboroto que amenazaba con desbordarse. —¿Qué ocurre? —dijo al fin el profesor. porque todo el curso comenzó a tironear a Diego de la manga de su chaleco.Diego comenzó a sonreír con ella y el profesor sacudió sus manos y sopló el resto de tiza de sus dedos. Lo único que deseaban era salir corriendo. ¡Silencio! ¿Qué les pasa. Con la palma de la mano golpeó dos o tres veces sobre el escritorio. chicos? —¿Será verdad lo que dice la Huevito? —¿Qué dice la Huevito? 110 . Mientras Tiara evocaba lo vivido en el piso de arriba. Pero no consiguió que lo escucharan. al tiempo que preguntaban a media voz por qué reían de esa manera. con la intención de aquietar los ánimos alterados—. Diego comenzó a contar a sus compañeros lo que sabía sobre el hecho y la situación fue de conocimiento público en cosa de segundos. Y como sus alumnos seguían comentando en voz baja y las risas iban en aumento. preparado para iniciar un interrogatorio sobre el comportamiento de sus alumnos.

salgan a recreo. tío Tato —replicó ella—. —¿Qué cosa? —insistió el profesor. Pero ni se imaginen que hemos terminado con el 111 . —¡Ya basta! —alzó la voz el maestro. sin dejar de reír. cada vez más inquieto—. —Eso mismo fue lo que me contó la Huevito —se disculpó Diego. Tiara. Sonó la campana y los alumnos se aquietaron por un instante. ¿es verdad lo que dicen tus compañeros? —Así es.—Que los internos son caídos del catre. corren las tablas de las camas y se caen. aguardando las instrucciones del profesor. al levantarse. con el Credo en la boca. desatando aún más las risas que tanto les costaba controlar a esos niños. Los mismos niños. —Está bien —dijo al fin—. porque en ese preciso instante se produjo un nuevo golpe. Las risas de todo el curso se reavivaron y por un momento parecieron incontrolables. —La Huevito tiene nombre —censuró el profesor. Y se quedó mordiendo sus palabras.

—Parece que fue verdad lo que dijiste —comentó. echando a rodar una pelota de fútbol. Tiara. Alguien le acarició la cabeza. no se explicaba cómo había llegado al conocimiento de Tiara y cómo era posible que ocurriese de nuevo. Los chiquillos corrieron al patio más atolondrados que nunca. Especialmente tú. Pero finalmente se alejaron de ella. Te has convertido en una alborotadora de tomo y lomo. El profesor esperó pacientemente que la niña saliera para sonreír de buena gana. Esta vez Diego permaneció unos instantes junto a su compañera. cuando el segundo piso estaba deshabitado. —¿Quieres venir? —¿Adonde? —Al dormitorio de los internos. Sin embargo. tendrás que explicar el hecho. 112 .asunto. Primero tienes la audacia de venir a la escuela en tu balsa y ahora eres responsable de este desorden. porque conocía de sobra la situación comentada por sus alumnos. Algunos se acercaron a Tiara y le dieron suaves palmadas en la espalda.

La niña esperó que nadie la observara. la recibieron con entusiasmo. sin medir consecuencias. Las pulgas. Convencida de que nadie se preocupaba de ella. al parecer no tenía ninguna intención de correr con la novedad a la oficina de la directora. antes de venir a la escuela. —¿Así. como esto? —Más bello. El tío Tato seguía ocupado en la sala. 113 . se alegró de no ser tomada en cuenta. Sus compañeros lo llamaron y se alejó corriendo. sin mirar atrás. una vez más se atrevió a empujar la puerta. que cedió fácilmente.—¿Estás loca? ¿Para que las pulgas me piquen de nuevo? —Tengo que contarte lo que me pasó en la mañana. como era ya costumbre. sin saber si tomar en serio las palabras de Tiara. Diego la miró profundamente unos segundos. porque la aldaba ya no estaba en su lugar. Subió muy animada.

Ella se mostró sorprendida. cerró los ojos y se mantuvo muy quieta. se sonrojó emocionada y no supo de qué modo debía corresponder a tales manifestaciones de afecto. llegaron al dormitorio la 114 . La niña se sentó en uno de los catres y mientras se rascaba intensamente las piernas. Su deseo se cumplió. porque antes de lo esperado regresaron las apariciones de la primera visita. Le tendieron los brazos y la rodearon hasta formar un apretado enjambre de niños que deseaban manifestar un sentimiento de amistad incontenible. deseando que el sueño la dominara.Cálida bienvenida ti segundo piso estaba tan desierto y abandonado como el día anterior. Al cabo de un rato de entusiasmo. de ajetreos de unos y pasividad de otros. Los internos de aquel dormitorio corrieron al encuentro de Tiara.

Tiara fue a sentarse con aquellos niños. —¡Oye. como la invitada principal. Te —preguntó la Ese—. —¿Qué importa si nos caemos? Se sentaron con sumo cuidado. —Oye. —Ya hablé con un pescador. que en invierno hace trabajos de carpintería —confirmó Renato. acomodándose en una de las camas.señorita Emilia. hasta formar un círculo de conversación muy animada. el joven Renato y el padre Ronchi. Tiara quedó instalada en medio de todos. que le hicieron un lugar. —lo creo que los chicos echarán de menos el alboroto matutino —comentó el sacerdote. Ven a compartir con nosotros. —De una vez por todas —comentó la señorita Emilia— hay que resolver este asunto. la Ese. —¡Tengan cuidado! Que estos catres son como huevos. ¿cómo llegaste aquí? 115 . muerto de risa. Te\ —dijo la Ese—.

sí —afirmó el sacerdote—.—Mi abuelo vino con mi papá —respondió Tiara. —Sí. 116 . el Pascual ya estaba aquí cuando visité la caleta.

117 .

¿Recuerda? —Como si fuera ayer. —Usted vino a poner orden en este lugar —agregó la señorita Emilia—. no me habría molestado en assoluto que me hubiesen llamado como quisieran. —Bueno —agregó el sacerdote italiano—. 118 . Lo que importa es que no se falte el respeto. padre Ronchi —preguntó la Ese—. después de todo lo que ha hecho por estas caletas. desde que lo conocimos. ¿le decían «el italiano»? —Eso sería muy injusto —intervino la señorita Emilia—. los hombres dejaron de vivir solos bajo la ley de los puños y con el poco sentido común que les quedaba. ¡El nombrecito! —Le llamaron así —respondió el sacerdote— porque la Isla de Pascua es su lugar de origen. El padre los convenció de traer a sus familias para restablecer las leyes del hogar. —Cuando llegó el padre Ronchi —continuó ella—. —Y a usted.—¿Pascual? —repitió uno de los niños—. —Le respetamos —aclaró el joven Renato—.

Esos pescadores aprovecharon el abrigo natural de la bahía para establecer su pobre y su transitorio 119 . fue habitada por intrépidos pescadores que siguieron la huella de la merluza española. al sur de Chaitén y Quellón. a su entera assoluta volunta. de la noche a la mañana se vieron surcadas por grandes cardúmenes. La isla Toto. donde sólo moraba el esplendor y la bondad de la naturaleza en su estado más primitivo. Mientras los peces buscaron refugio en esas aguas. alejada y solitaria. Atrás dejaron hogar y fami. de la cuale tutti querían apoderarse. una isla en la cuale cada individuo delimitava le frontiere de su autoritá. Las protegidas aguas que rodean el archipiélago.—lo vino a conoscere la relitat de la isla —comentó el sacerdote— e incontrai una térra di nessuno.glia. los pescadores lo hicieron en esa parte del océano. En un inizio los pescadores llegaron con sus aparejos. siempre a la espera de que la merluza cambiara de sitio. trozada y compartida con cientos de islas pequeñas. Se fueron quedando los hombres. pensando che la aventura tomaría tan solo unas cuantas settimana.

como se la conoció de ahí en adelante. Llegaron a establecerse a la ciudad de plástico. No sólo pescadores. comerciantes con patentes de alcoholes y otros con bebidas de fantasía. carpinteros y enfermeros primerizos especializados en labores mínimas de salubridad. panaderos. Esta aparente prosperidad convocó a otros hombres y el caserío comenzó a tomar las dimensiones de un pueblo.caserío. Las chozas que levantaron estaban construidas con las ramas arrancadas de los formidables árboles de la isla y los techos y paredes fueron cubiertos con el plástico que ellos mismos habían lie.vado para proteger sus escasas pertenencias de la humedad del océano. abasteros y carniceros.mar quedaba en las manos de aquellos esforzados pescadores. llegaron ferreteros. porque un exportador recogía la merluza para transportarla a Puerto Montt. más de cinco mil personas. Pero sólo una mísera parte de la lincakiikihlf xttjui. 120 . zapateros.'LTí v|uip ^sacaban . sastres. mueblistas. también comerciantes de todos los negocios imaginables: almaceneros.

El techo era como la quilla de una embarcación y a ella se entraba o salía por una puerta lateral. poco a poco se convirtieron en hogares con muros de madera y techo de zinc auténtico. casa—bote. el abuelo y su hijo la habían construido imitando las antiguas viviendas de Rapa-Nui. por la que había que agacharse para no golpearse la cabeza. Había sido una vivienda muy precaria. con ramas y madera del lugar. no conoció el primer refugio que levantó su abuelo. sin embargo. como un bote volcado. semejante a una tajada de melón. ¿Per che ser distinta? Era la única hare—paenga. que al principio hizo diferencia. en medio de la lluvia.Con el tiempo la pesca dejó de ser abundante. —Como la de Pascual —comentó el padre Ronchi—. Tiara. clavos y planchas de zinc. Antes de que naciera la niña llegaron tablas bien aserradas. forrado en plástico. Sus casas de plástico. Así fue. de modo invertido. necesarias para la casa definitiva. en efecto. 121 . Pero esos hombres y sus familias se acostumbraron de tal modo a la belleza de la isla Toto que ninguno quiso abandonarla. Tenía forma ovalada.

Así son en la isla donde nacieron mis antepasados. ella incontré dos veces el mesmo día. —Buono. y como se me quedara mirando con cara de duda. que hiche lo che debía —replicó enseguida el sacerdote italiano—. —Así me convenció —agregó la señorita Emilia. ¿Qué estudios tienes? —Soy profesora normalista. padre. Al incontrarla de nuovo en la chiesa. —Y a mí —se sumó Renato. En sitios lejanos convencí a profesores para venir cual maestros. —¿Aunque todos los vecinos reclamaran porque ocupaba más espacio que las demás? —Cada uno hizo lo que quiso. —Menos io. 122 . io dije. La primera vez la observé a la entrada del pueblo. le respondí —continuó la señorita Emilia—. tampoco.—No fue capricho. No puede ser casualidad. ¿cómo se llama? —respondió Tiara—. Construí una scuola para bambinos. sí —recordó el sacerdote—. io dije: te ricordo perfectamente. agregué: estudié para maestra en la Escuela Normal de Ancud. Fue divertido.

—¿Qué más podía hacer? ¿Quedarme a enseñar en una isla y embarcarme todos los días. con esfuerzo y sacrificio.—Guardé silencio por un instante —prosiguió el sacerdote— y luogo pregunté: ¿enseñarías en lugar remoto? —Es lo que espero.ta lejana. Ellos esperaban visita de autoridad de la chiesa. el único boxeador del pueblo. io dije —agregó el sacerdote—. comenzó muy joven su vida de magisterio y montaba a caballo diariamente diez o doce kilómetros para enseñar en una escueli. —Beni. ¿Qué oportunidad podría tener en mi pueblo? Sabía que no había ninguna posibilidad de encontrar un puesto de maestra. que también era profesora. me solicitara en matrimonio? —Y fue divertido como io fui recibido en su pueblo. Mi madre. para hacerme cargo de mis alumnos? ¿O quedarme a esperar que el hijo de la señora Rita. lluvia o tormenta. Con viento. 123 . las pocas vacantes estaban ocupadas. hablaré hoy mismo con tuo padre para que enseñes a niños que necesitan maestra.

pues oye. que lo había recogido a dos kilómetros del canal de Dalcahue. Las gentes del campo. adornaban las imágenes de las Vírgenes que habían traído especialmente para la visita del obispo. El camino estaba en construcción y no llegaba al embarcadero. tambores y guitarras. que por esos años residía en Ancud. ya viene!». 124 . la calle principal era engalanada con arcos de flores. con sus acordeones. Luego. En ese tiempo. al ver la polvareda que levantaba el único vehículo motorizado de la isla. entraban descalzas al pueblo. había llegado en el camión municipal. Los músicos iniciaban los sones de las melodías. en efecto. reservados para estas ocasiones. En la primera casa de la calle principal se ponían sus zapatos y cambiaban el atuendo de todos los días por trajes mejores. El padre Ronchi descendió con su larga sotana y abrigado con un amplio chaquetón impermeable. acompañadas de hijos y maridos.—Una vez al año —contó Emilia— nos visitaba el obispo. El religioso italiano tuvo que caminar bastante para seguir el viaje. Alguien gritaba: «¡Que ya viene. para realzar el paso del visitante. El visitante.

Había tanta innocenza en su mirada. en señal de respeto. Signor.Sostenía en su mano izquierda un pequeño bolso de viaje y sonreía en todo momento. —Le ofrecí el ramo de jazmines que había preparado y de todos modos. —Y lo hizo molto bene. me incliné a besarle el anillo de su mano derecha —reconoció Emilia. que me dije: oh. ¿Qué haces?. permite que io pueda llevarla conmigo. io dije. porque io no llevaba anillo alguno y no estaba habituado a ceremonias. —Así es el padre Ronchi —continuó la señorita Emilia—. —Ambos nos sorprendimos. mientras ella tocaba el armonio durante la misa. No soy más que un cura en misión de pastor.tarla y reconocí a la del beso en la mano como si io fuese un obispo. tanto candor e ingenuidad. —Yo había recibido el honor de poner flores en uno de los altares y acompañar a la señora Rita. un hombre sencillo que llega donde se lo 125 . Fue impresión molto grata la que ella causó entonces. Subí a felichi. Es la persona que preciso. saludando afectuosamente con la mano a quienes se acercaban a darle la bienvenida.

que no 126 . como decir misa donde no hay iglesia. Les llevábamos algo de comer. —Así lo conocí en Santiago —intervino el joven Renato—. Vine misionero a Chile y recogí bambinos bajo puentes del río Mapocho. Queríamos estar junto a ellos y establecer un vínculo. No era nuestra intención sacarlos del río. Io nací en un pueblo cercano a Milán. para darles algo de cariño y comprensión. Por eso.propone. Suele viajar con un bolso de mano y aborda el primer vehículo que pase. —Es que así fue mi niñez —prosiguió el sacerdote—. por muy distantes que se hallen y por muy escasos que sean los medios para llegar hasta ellos. Fui el mayor de onche hermanos y tuve una infancia difficile. de hacer más soportable la vida que llevaban. Tratábamos de ayudarlos. tratando de entender su situación. a los venti decidí por sacerdocio para dedicar mi tiempo a los pobres. Yo era uno de esos estudiantes buena onda que nos acercábamos a los niños que vivían bajo los puentes. bautizar niños perdidos en los rincones más apartados o entregar víveres a los necesitados. especialmente para cumplir sus oficios.

—Nosotros no sabíamos que era sacerdote —comentó la Ese—. —Después ritorné per lui. —Dios nos pone cosas en el camino —prosiguió la señorita Emilia—. Io sabía que mientras se quedaran en la ciudad. sin permiso ni nada. No tuvo la intención de echarnos.pre ritornarían a vida de vagabondo. sem. El padre Ronchi me pidió que lo acompañara cuando decidió traer a todos estos niños sin hogar. Entonces pensamos que era el dueño de la caleta. El padre Ronchi hizo 127 . Una noche llegaron los policías buscando a cuatro jóvenes que sus familiares habían dado por perdidos. De la noche a la mañana. Esa misma noche desapareció y creímos que se lo habían llevado o que se había muerto. pero no le gustaba que estuviéramos ahí. así de repente. —¿Sin el permiso de sus padres? —¿Y de qué padre podía solicitar permiso? Allora hice hogar donde los bambinos estudiaran y crecieran.se sintieran tan solos. Decidí trasladarlos a Puerto Cisnes. apareció este hombre mayor. viajé con ellos más de mil quinientos kilómetros.

autoridades e instituciones. no respetaban. Buscó la colaboración de personas caritativas. para que dejaran de dirimir diferencias con la forza de los puños. como no bastaba. inmóviles. consiguió víveres. La radio es el puente que une a cientos de almas que pasan aisladas la mayor parte del tiempo. El tañido de la campana interrumpió la tertulia. a clases! —sentenció la señorita Emilia y desapareció.sa y dar en ella muestras de gratitud y. materiales de construcción y los implementos necesarios para instalar una modesta estación de radio. cuando recién llegados. —Pedí ayuda para levantar una chie. que es el medio de comunicación más efectivo de la zona. de empresas.construir esta escuela de madera. Io hice para que ellos entendieran por leyes de razón y orden. conseguí al menos cada quince días que una patrulla de carabinieri viajara a la isla para la ley que estos uomo. en su aislamiento. que fue lo que hicieron al principio. —¡Niños. sin 128 . como si nada más importara. Tiara se incorporó de un brinco y todos se quedaron con el alma en un hilo.

respiración. 129 . comprobando que no había sido descubierta. de cuando en cuando se detenía para aliviar la comezón que parecía quemar la piel de sus piernas. aunque Diego la interrumpía a cada rato. Entonces comenzó a rascarse. pero la puerta de la sala permanecía abierta. Con la irresistible comezón en sus piernas cerró la puerta a sus espaldas y se quedó inmóvil allí por unos segundos. lanzándole miradas de complicidad. Aquel pensamiento calmó sus inquietudes. sintiendo como las pulgas nuevamente la convertían en blanco de sus picadas. El patio estaba desierto. En su pupitre tuvo que disimular para contener las ganas de calmar la picazón. La niña bajó los peldaños de dos en dos. Era el único que sabía dónde había estado. Mientras se dirigía a la sala. como si de pronto hubiesen retornado a la condición que siempre tuvieron: fantasmas. aceptando que a veces la indiferencia de los demás es más conveniente de lo que uno pudiera desear. Al resto de los alumnos no parecía preocuparle lo que ella había hecho durante el recreo. evitando que la cama se desparramara por el suelo.

Terminadas las clases, Tiara amarró su balsa a la panga de don Anselmo, que fue en busca de su hijo. Diego se limitó a observarla durante el trayecto. Era demasiado abrumador para él sentirse cómplice de una falta que había provocado tanto rechazo en la escuela. Por fortuna, en la lancha nadie comentó el incidente de la mañana. ¿Todo ese alboroto por haber navegado en balsa unos cuantos metros? ¿No sería demasiado? Ella no había puesto en peligro su vida. Si así hubiera sido, jamás se habría alejado tanto de la orilla. Por lo demás, había demostrado que Amiga Yara era muy segura. Como todos los días, la madre de Diego lo esperaba en el muelle con la bicicleta. En el momento de descender y antes de que corriera a reunirse con su adorada bici, Tiara le habló a media voz: —Más tarde nos vemos, en la caleta bajo la pasarela. Tengo mucho que contarte. —Después de la once será —respondió Diego, mostrándose desinteresado—. Y después de las tareas, porque si no mi mamá no me deja salir. A lo

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mejor a ti tampoco te van a dar permiso después de lo que hiciste. —Voy de todos modos —respondió la niña. El padre y el hermano de Tiara no estaban cuando ella regresó de la escuela. —La tía Emilia mandó esta comunicación —dijo a su madre. —Déjela ahí —respondió ella. —¡La directora quiere hablar con ustedes! —Bueno —replicó la madre un tanto molesta por el reclamo de su hija—, ella entenderá que sus padres tienen asuntos que resolver. —A lo mejor quiere hablarles de mí. —¿Hizo algo malo, hija? —y como Tiara no respondió, la madre continuó—: La otra vez también quería que fuéramos a la escuela y era para recibir un premio. —Tienen que leer la comunicación. —Que la lea su padre cuando llegue. La niña enmudeció intentando entender los asuntos de sus padres, pero su mente sólo tenía espacio para la segunda visita que había hecho al 131

piso de arriba. Ni siquiera la preocupaba el malestar de la directora, ni el regaño que había recibido de su maestro. Tampoco le importaba el contenido de la comunicación que la tía Emilia le había enviado a sus padres y que ella no había tenido la imprudencia de leer. Tiara salió de la habitación. Contrariada, triste, confusa y sin saber qué hacer, perdió por un momento el sentido de la existencia. Cuando, más tarde, Diego asomó su nariz en la ventana de la cocina, atisbando hacia el interior, Tiara no se veía por ningún lado. La Te y el Deivid

Diego fue a reunirse con Tiara y ella lo vio venir con su bicicleta. Se detuvo junto a la baranda de la pasarela y aguardó allí un instante. —Sabía que estabas aquí —le dijo al verla—. ¿Entregaste la comunicación? —Sí. —¿Qué dijo tu mamá? 132

por muy tirado de las mechas que fuera. Huevito. deseando que su compañero aceptara.to. Deivid —insistió ella—. Si te montas en tu bici y pedaleas bien corti. —Pero podrías andar sin andar. Se hizo la lesa y cambió de tema. ¿nunca has intentado montar tu bici en la pasarela? —¿Cómo? —Subirte a tu bici. Al ver que Diego no mostraba el menor interés por descender al refugio. —Deivid —le dijo—.. —Te van a castigar. —¿Y qué vas a hacer cuando la lean? —No sé. para que las ruedas no giren. Escuchó con atención alguna señal que pudiera venir desde la pasarela. Allí esperó pacientemente con los dedos cruzados. lo animó para que lo hiciera. -¿Qué? —Escucha. —¿Estás loca? Tiara desapareció en el interior del refugio.. tal vez. Me vine sin permiso. Hasta que no pudo más 133 . No la leyó. —¡Adonde puedo ir con ella! —protestó Diego.—Nada. Por un momento pensó que Diego se había cansado de estar allí.

con la curiosidad y se asomó a ver qué había ocurrido en verdad. ¿No es divertido? 134 . moviendo los pedales hacia delante y hacia atrás. obligándolo a mantener el equilibrio. afirmado en la baranda de la pasarela. al verla junto a él. Ahora pisa bien firme los pedales y tuerce un poco el manubrio. tuerce el manubrio hacia el otro lado. Diego. —¡Esta no es forma de andar en bici! —protestó Diego. —Pero. Deivid\ —gritó ella. Hasta que pudo más la curiosidad que la soledad y el silencio que reinaba en el escondite y Tiara salió a la luz de la tarde. mientras seguía las indicaciones de Tiara. Sin pensarlo más de una vez. Mantente ahí. ¿qué tiene de divertido? —¿No? —insistía ella—. Cuando pierdas el equilibrio. intentando pedalear. quiso bajarse rápidamente. Diego vencía finalmente aquel sentido del ridículo que tanto lo avergonzaba cada vez que montaba su bicicleta. no! —le dijo ella—. animándolo. allí estaba Diego. —¡No. pero ella lo detuvo. Para su sorpresa. —¡Eso es. trepó por la roca y sorprendió a su compañero.

como era su deseo. no hubo forma de que Diego renunciara al intento. ¡Con qué gusto hubiese querido pedalear y pedalear en línea recta y atravesar grandes extensiones de bosques. —¡Déjame probar. 135 . tal vez. se convirtió en sorprendente descubrimiento. Era dueño de la única bicicleta que había en la caleta y siempre se lamentaba de no poder disfrutarla. y la perseverancia. por un sendero sinuoso y. Porfiadamente. ¿qué cosa más extraña que «andar en bici» sin pedalear ni un centímetro? Sin embargo y por curioso que resultara. entonces! —¡No! —¡Bájate! —No. a través de la auténtica peripecia. el muchacho se resistió a ceder porque tal posición le otorgaba poder frente a su compañera. te dije. de juego torpe al comienzo. sentir el placer de dejarse llevar por la velocidad al descender por un camino que sólo estaba en su imaginación.—No le veo la gracia. Pero.

tos.Era cosa de verlos. 136 . Ella era la que más se divertía con los logros del compañero y celebraba entusiasta cada giro. Allí se detuvo. cada golpe de manubrio para mantener el equilibrio. inmóvil como una estatua. Repentinamente. comenzó a desplazarse a salti. su figura recortada contra el verde del cerro y el azul negruzco del cielo. —Puedo ir más lejos si quiero —comentó. —¿Ir más lejos? —ella se llevó las manos a los labios para ahogar un grito que amenazaba con escapar de su garganta. como un balón que bota sobre el cemento inexistente y fue avanzando hacia la superficie accidentada de la roca.

137 .

dándoselas de arriesgado.—¿No quieres que baje hasta el refugio? —Pero. retando toda lógica. De tal modo la bicicleta era controlada con mayor eficacia. sobre el asiento. siempre dispuesto a no titubear ante el peligro. —¿Y por qué no? —replicó. por donde comenzó a descender. entusiasmado con su idea. ¿No querías verme en peligro? ¿No te agrada el riesgo? —¡Nunca dije que andes por las rocas! ¿Y si perdía el equilibrio? ¿Y si rodaba hasta las aguas con bici y todo? Tal vez ella había sido muy imprudente al animarlo de esa manera. Deivid —protestó la niña. deseaba ver a su propio hermano en el pellejo de Diego. El ciclista de las pasarelas se bajó de la bicicleta para levantarla sobre la baranda de madera y posarla en la roca. aterrando a su compañera. de valiente. Al mismo tiempo. con gran cuidado. sin soltar el freno y torciendo el manubrio de lado a lado. rechazando consecuencias—. A ratos se paraba en los pedales. permitiendo que bajara unos centímetros la rueda 138 .

Huevito? —Por mi culpa podrías caer y quebrarte una costilla. —Yo jamás haría eso. Mira. Hasta que se detuvo frente a la entrada del escondite. —¿Por qué? —Porque si viviéramos con ellos te mandarían a machetear con tu bici. —Prefiero que hagas una exhibición en el patio. Después de una exhibición como ésa lloverían las monedas. —¿Podré ir a la escuela? —¡Esas rocas sí que son peligrosas! —Pero puedo intentarlo. —¿Qué cosa? —Esos giros con tu bici. —¿No es lo que querías. La voy a partir en dos. —¿Sólo medio pan amasado? —Mi mamá lo hace bien rico. No lo olvides. —Es increíble lo que haces —dijo ella. 139 . También traje una papa cocida.trasera y otros centímetros la delantera. traje algo para la once. —¿Para que todos vean? —Para que te vean los del piso de arriba. Huevito. —Aquí soy la Te. —¿Ellos? —Estarían maravillados.

mirando con ojos de asombro a su compañera. pero tú no estabas. será mejor. las tías apenas le sacaban una palabra. Ella no va a venir. Fue maravilloso. come. También vinieron los príncipes. -¿Y? 140 . -¿Qué? —Vino el Kiko a buscarme. no era muy habladora. El se quedó en silencio. Ni siquiera se asoma a la puerta de la casa cuando salgo. —Tranquilo. Bajé muy temprano a la caleta. ¿de nuevo fuiste al piso de arriba? —Sí. Ya. Deivid. ¿Por qué haces tantas leseras? —Es lo que tengo que contarte. Pero desde que comenzaron sus fantasías se había vuelto parlanchína y de sus labios salían expresiones que jamás le habían escuchado. pero no pude esperarte. Entonces llegaron en su piragua y navegamos hasta la isla de nuestros antepasados. Por lo general. —No quisiera estar en tu pellejo cuando el Pascual lea la comunicación y vea que no estás en la casa. En la escuela. Deivid.—Si aparece tu mamá por aquí nos saca de un ala. —Huevito —murmuró—.

—Pero ése no era. así. entonces mi padrino y sus compañeros vieron aparecer la silueta del religioso sobre la nieve. —¿Con la directora? —. porque el jesuita anduvo en los años de 1760.. —¿El tío Tato? —Y también con el padre Ronchi. —Entonces. Cuando el cura llegó a la faena no encontró ni un alma. —Mi padrino trabajó en la carretera Austral y una vez vieron un sacerdote que se aproximaba. —¿Hasta de la fecha te acuerdas? —Bueno —continuó él su relato—. que a cierta hora del día se aparecía un misionero jesuita. También con la tía Emilia. «¡El cura fantasma!». Abrió los brazos y gritó a los cuatro vientos. ¿era cierto que se aparecía como un fantasma? —¿Qué historia es ésa? —preguntó ella. gritaron y salieron corriendo.. con el profesor Renato. —Se parece a esa historia que nos contó una vez el tío Tato.—No sólo estuve con los internos. Los 141 . Lo pasamos en historia..... como de bien lejos.

—¿Cuál? —En una oportunidad se embarcó en un bote tan pequeño como mi balsa. les dijo. esas que producen electricidad para que la gente de sectores apartados como el nuestro tenga radio para comunicarse. —¿Turbinas? —Sí. obedeciendo al cura que los llamaba. —En algunas islas de Chiloé también usan baterías de auto. Iba con Jaime Caro. Eso nos contó la tía Emilia. Regresaron a la obra. «Voy a calentarme un poquito y después hacemos la misa». Había caminado un día y medio y pasado toda una noche sin techo ni abrigo. Lo recibieron contentos. ella conoce muy bien todo eso —replicó la niña— porque es de allá.hombres entendieron que había llegado un sacerdote verdadero. —Es bonita esa historia. El padre Ronchi contó una que yo nunca había escuchado. Estaba muerto de cansancio. muerto de frío. —Sí. 142 . con fuertes palmadas en la espalda. un ingeniero de Aysén experto en turbinas. Deivid.

Con sencillez.Pero lo que Tiara contó era para sorprenderse. cinco bautizos y una boda. No lo estaban. El fuego ardía en la cocina y la mujer del botero los invitó a comer a la suerte de la olla. El hombre reconoció que con su mujer tampoco se habían casado. como todos los de la región. ya se nos hizo tarde. Aceptaron. El hombre les ofreció pasar allí la noche y continuar viaje al día siguiente. Esa misma noche. porque jamás habían pisado una iglesia y aquella era la primera vez que veían un cura. se vistieron para la ocasión. cuando los sorprendió la noche. El ingeniero fue testigo de matrimonio y padrino de los niños. ¿No nos andarán buscando? 143 . el padre Ronchi celebró dos confesiones. El padre Ronchi quiso saber si los niños estaban bautizados. El jefe de familia era padre de cinco hijos. en cosa de minutos. que sonreían con disimulo. —Huevito —interrumpió Diego—. el botero que los transportaba vivía por allí cerca y la casa más próxima era precisamente la suya. entre un caserío llamado La Junta y otro conocido como Raúl Marín Balmaceda. El hogar era humilde. El sacerdote y el ingeniero habían navegado ya varias horas.

donde por fin se sintieron más seguros. Fue lindo. ya se me pasó. Deivid?. Diego se quedó esperando unos minutos después de que la niña desapareció por la puerta estrecha. El accidente Ai día siguiente y a primera hora de la mañana. Cuando abandonaron el refugio no se veía a nadie por los alrededores. ¿verdad. Si hubiese traído unas frezadas me quedaría a dormir. Antes de que anocheciera se despidieron a la entrada de la casa de Tiara. —¿Tienes miedo de llegar a tu casa? —No. Desde allí caminaron lentamente. el llanto de un niño rompió la paz de la noche que se anunciaba. Deivid. por los angostos pasadizos de madera húmeda y ennegrecida. Después de lo que hablamos. Tiara se asomó a la ventana como de costumbre y 144 . Tiara le ayudó a Diego a cargar la bicicleta hasta la pasarela.—No me quisiera ir. uno detrás del otro.

Una lancha de la Armada se mecía suavemente con el ir y venir de las olas. con semblante de preocupación. —Vienen por mi padre y mi hermano —pensó la niña—. Terminó su desayuno y volvió a mirar resignadamente el mar que comenzaba a sacudirse la bruma. pero ninguno de ellos descubrió la presencia de la niña. Se despidió de su madre y con la ilusión de siempre descendió por la pasarela en dirección al embarcadero. pues nadie se movía de su sitio. Inquieta. que aguardaban por algo que se presentaría de un momento a otro. el alcalde de mar y tres marinos conversaban en voz baja. ¡Qué bueno que no estén en la casa! Hubiera deseado que Diego estuviera allí. a unos cuantos metros de su casa. Era muy extraño lo que ocurría. y un tanto más apartados. más bien. Se diría. Se acercó a esa gente allí reunida. pero su compañero no se veía por ningún lado. se preguntaba por qué razón los marinos no buscaban en la casa a su padre y a su hermano. Tiara esperó en los escalones que 145 .lo único que vio fue un grupo de pescadores reunidos en la caleta.

después del primer viaje que hicieron a la isla de sus antepasados. emergiendo desde la densa bruma que engullía al resto del mundo circundante. Tiara la vio acercarse. navegando pausadamente en medio de la bruma y la tranquilizó aún más la presencia de su abuelo y de su hermano Kiko. no pensaba más que en ellos. recibe nuestro respeto. evocó la deslumbrante piragua de los Ariki Paka. —¡Niña Miru! —saludaron los príncipes—. Soltó las amarras. Soñando despierta.bajaban al muelle y. Sintió con cuánta dulzura la miraba. Aunque no lo 146 . la espléndida embarcación de los príncipes se dirigió resuelta al sitio donde flotaba la niña. aguardó por el prodigio de aquel día. Como si una puerta de tenue humedad se abriera para darle paso. A decir verdad. Estirpe real. Decidida. sin pensarlo dos veces. en el fondo de su corazón. Tiara se alegró con la llegada de los navegantes. Vio la satisfacción en los ojos de su hermano. cogió el remo y. se dirigió al lugar donde mantenía amarrada su balsa. abordó la pequeña plancha de espuma plástica y remó con decisión hasta el muro de neblina.

Ajenos a la audacia de la niña y la presencia de los Ariki Paka. Tiara sabía que navegando hacia el norte se llegaba a una isla donde brillaba el sol esplendoroso. porque en el viaje anterior el comportamiento de Tiara había sido admirable. Se preparó entonces para una travesía extenuante. aunque la esperaba. La navegación enfrentó las mismas dificultades del viaje anterior y. hasta que al cabo de un tiempo se disipó la bruma y ante los ojos de Tiara apareció el imponente volcán Rano Raraku. el alcalde de mar. precisamente por estar ella en conocimiento de las peripecias. 147 . Así como la bruma ocultaba las aguas del archipiélago. dudaba que tuviera la resistencia de enfrentar nuevamente la prueba. pero curiosamente la navegación fue más breve que la primera. En todo momento fue protegida por su abuelo y su hermano. Kiko estaba muy contento. donde el mundo desconocido y fascinante de sus abuelos se abría ante sus ojos.manifestara. los marinos y los pescadores continuaron su charla como si nada. así también ocultó rápidamente la piragua de los príncipes.

La niña descubría gigantes pétreos a cada paso. Desembarcaron en las cercanías del volcán y caminaron hacia la cima del cráter. enseñaban pequeñas diferencias. —Es cuando retornan las manutara. en apariencia idénticos. como si la roca misma les diera forma con el cincel y el martillo de ventiscas y tormentas. descansando en sus pedestales. —Compite para que su jefe gobierne por un año los destinos de sus hombres —concluyeron los príncipes. En el ascenso la niña fue descubriendo los monumentales moáis.—Es tiempo de primavera —comentó Kiko—. 148 . —Tu padre competirá por uno de esos trofeos —agregó el abuelo. ha pasado el invierno y se aproxima el verano. que llegan al peñón a depositar sus huevos —dijeron los príncipes. Los rostros de tales monumentos. —¿Mi padre? —exclamó Tiara. en el pasto silvestre o saliendo de la montaña. las aves sagradas. demostrando que cada uno representaba un personaje rodeado de misterio. —Aquí en Mataveri se reúnen los competidores.

Las viviendas allí construidas eran de piedra laja. sobre una extensa planicie. celebrando con danzas y cantos de envolventes melodías. Tiara no terminaba de sorprenderse al contemplar tanta maravilla y su corazón brincaba 149 . A poca distancia del sitio de las celebraciones se alzaba un moái de varios metros de altura. En verdad. porque allí estaba la cantera donde fueron esculpidas la gran mayoría de las esculturas de Isla de Pascua. Hombres y mujeres se congregaban en aquel lugar. —Estamos en Orongo —explicaron los príncipes—.Tiara pudo admirar la hermosa aldea que allí se levantaba. un enorme rostro de piedra volcánica yacía tendido observando el cielo. Más allá. con puertas muy pequeñas siempre abiertas hacia el mar. una parte de los faldeos del volcán estaba poblada de estatuas en distintas posiciones. una imponente escultura se arrodillaba en medio de la llanura. dispuestos a pasar allí todo un día. en la cumbre. Y se celebra la ceremonia del Tangata Manu.

Los jefes observaban a cierta distancia. Este es el santuario. Entre esas grietas. solían hacer sus nidos las aves. Más lejos. las olas los golpeaban con furia. Hasta allí han de nadar. el sacerdote dio la señal de inicio. —Esa es la meta —dijo Kiko—. Y algún día. también yo competiré. igual que mi padre. —Las piedras hablan por sí solas —comentó uno de los príncipes. Al sur de la isla se podía observar el islote Motu—kaokao. cómodamente instalados. Rodeados por grietas y quebradas. Desde el observatorio solar. Y llevó a la niña hasta una roca tallada con signos y figuras indescifrables—. penetrando en la roca como lanzas espumosas.de alegría de sólo pensar que ella y su familia pertenecían a ese mundo fascinante. Los 150 . cubiertos de vegetación. ocultas por la hierba que las circundaba. se veían los peñones Motu-nui y Motu-iti. que emergía del mar como una espada puntiaguda. blanqueada por los excrementos de las aves. Los tres islotes dejaban ver cuán enormes eran las dificultades para llegar hasta ellos.

151 . bajaron hábilmente. alzándolo con su mano derecha. dos estatuas observaban la competencia. pereciendo en medio de las aguas. para que su jefe lo escuchara desde el lugar de los festejos. Algunos sucumbían en la empresa.aguerridos nadadores. Los competidores. donde cumplían la primera parte de la travesía. se sumergieron en el mar y montados sobre pequeñas canoas de totora nadaron con pies y manos para alcanzar el primer islote. empezaba la vigilia. arrastrados por la corriente. El primer valiente que logró apoderarse de uno de ellos. Los que pasaban con éxito la prueba llegaban al islote. Debían sortear numerosos peligros en la travesía hasta el peñón. Una vez en el peñón más cercano. saltó sobre la roca. tratando de alcanzar cuanto antes las aguas del mar. Debían esperar largas horas hasta que llegaran las aves a poner sus huevos. en un monumento funerario. —¡Es mi hijo! —exclamó jubiloso el abuelo. portando sus canastos kete. Desde el acantilado. apiñados en la cima del escarpado risco. gritando con todo el aire de sus pulmones.

152 .

—¿No reconocería yo su voz? —Pero. en el peñón el ganador atesoró su trofeo en el canastillo que portaba y se dispuso a regresar junto a su jefe. Mientras tanto. que observaba rodeado de su gente. porque debía dirigir los destinos de sus hombres a partir de esa primavera y hasta el fin del próximo invierno.—¿Mi padre? —replicó la niña. tiempo que duraba su jerarquía. El superior. que debía lucir el huevo a la entrada de su casa por espacio de un año. le tiñeron de rojo la cabeza. otros competidores se agruparon en la cima del peñón alzando huevos de pájaro. 153 . A continuación. Luego. ante los ojos asombrados de la niña. ¡Rasúrate la cabeza! Es lo que le grita a su jefe. Así ocurrió. en verdad. se levantó de inmediato para ser ungido como hombre pájaro. Con afilados cuchillos de obsidiana procedieron a cortarle el cabello y también le rasuraron los brazos y las piernas. ¿qué dice? —¡Ka—varu te puokol —explicó el anciano. colmado de orgullo—.

honrando a los jefes que representaban, pero reconociendo su derrota. Uno tras otro, los contrincantes iniciaron el descenso con sus trofeos y arrojándose al mar se disponían a regresar sobre sus balsas de totora. Nadie se preocupó más de los competidores. Algunos se perdieron en medio de las aguas, otros cayeron desde las rocas y nadaron con grandes dificultades. Las dos estatuas de aquel monumento funerario sabían que pronto celebrarían ritos mortuorios. Sacerdotes silenciosos ensartaron en el piso los soportes de las angarillas funerarias: cuatro estacas clavadas en la tierra soportarían una modesta camilla con el cuerpo de un desdichado, envuelto en telas y en esteras que lo mantendrían por varios días, al tiempo que los cantos fúnebres, los llantos y los lamentos se escucharían en toda la isla. Luego, serían llevados a los santuarios que, a modo de mausoleo, se levantaban a lo largo de la costa. Mas, por ahora, el pueblo se dedicaba a festejar las alegrías, pues tiempo habría para tanta tristeza. —Quisiera ver a mi padre —imploró la niña. 154

—Las celebraciones podrían resultar interminables —advirtieron los príncipes—. Lo hemos perdido y no sabemos cuántas peripecias ha de sortear antes de llevar el trofeo a las manos de su jerarca. —Además, ahora comienzan las rencillas —advirtió el abuelo. —¿Rencillas? —exclamó ella. —Las disputas —aclaró Kiko. —Los competidores lamentan su derrota —agregaron los príncipes—. Mientras uno de ellos celebra la victoria, el resto es víctima de la envidia y las diferencias suelen concluir en destrucción y muerte. —¿Y nadie puede detenerlos? —La única autoridad en la celebración del Hombre pájaro es el propio jefe de esos competidores. —¡Ustedes deben hacerlo! —¿Nosotros? —¡Sí, por algo son príncipes! —Nos debemos a nuestro monarca y él espera al otro lado de la isla, sumido en la tristeza. Está muy lejos para intervenir y los jerarcas de estos 155

hombres no aceptan mediación alguna, aunque provenga del mismo rey que los gobierna. —¿Y mi padre también estará en esas rencillas? —Ningún competidor puede escapar a ellas. —¿Podría morir, entonces? —Así es, querida niña —respondieron los príncipes, y cantaron a media voz:

«Ka tangi é... ere ika iti é. Mo nua é, ere mo te matua é. He ono matua, hoki tae tangi ai; ko te bebe au; o ko te matua akore...» «Está llorando... la pequeña víctima. Por su madre y por su padre. Ya no tiene padre, por eso llora; ahora está pobre; ya no tiene más padres.»

—¿Y ese canto tan triste? —preguntó. —Es un lamento —respondió el anciano, presagiando un desenlace trágico. Tiara enmudeció al ver tan preocupado a su abuelo. También el hermano de la niña mostró la 156

congoja en su semblante. Por un momento detestó la participación de su padre en esos festejos. —Estas celebraciones y desenfrenos, Hopu contra Hopu, provocan no sólo dolor y muerte —comentaron lastimosamente los príncipes—, sino también la ruina de este lugar sagrado, muchas veces con la destrucción definitiva de estatuas y monumentos. Las palabras de los Ariki-paka sonaron como un presagio ineludible en el corazón de la niña. —Vamos, Tiara —dijo Kiko con profunda tristeza—. Debemos regresar. Con los cantos y bailes en sus oídos se dirigieron a la embarcación y entraron en la densa bruma que ocultaba todo el entorno de la isla. Cuando finalmente la nave salió de la espesa niebla, Tiara se hallaba frente a la caleta de su casa. Cerró los ojos, con el ferviente deseo de no salir de aquel sueño, pero no pudo permanecer así demasiado tiempo; voces que salían a su encuentro, la sacaron abruptamente de su ensueño. Ai abrir los ojos nuevamente descubrió que la piragua de los príncipes había desaparecido por completo, también su hermano y su abuelo. 157

El encanto de la niña se quebró como un espejo. Uno de aquellos hombres agrupados en la costa, y que de vez en cuando dirigían la mirada hacia el mar, alcanzó a ver la balsa de Tiara asomando por la bruma que se diluía bajo la luz del sol. Al dar la voz de alarma, todos se volvieron para verla remando hacia la escuela. —¡Ya estábamos advertidos! —exclamó el alcalde de mar—. Anoche la Lidia me habló de lo que hizo esta chica. —Pero, ¿cómo no la vimos subir a esa balsa? —Ni siquiera la vimos salir de su casa. El alcalde de mar, apremiado por su falta de cuidado, sintiéndose más responsable que nadie, abordó rápidamente su bote y dio las instrucciones al hombre que lo acompañaba para ir cuanto antes detrás de Tiara y evitar que siguiera remando en condiciones tan precarias. Daba miedo de sólo pensar en una desgracia. Si llegase a volcar esa balsa de juguete, la niña se hundiría en cosa de segundos, con el peso de su mochila y con tanta ropa en el cuerpo. Además, ¿quién podría asegurar que sabía nadar y ponerse a salvo por sí misma? 158

Considerando la gravedad de la situación, los marinos abordaron de inmediato el bote inflable que los llevaba a la lancha y el motor fuera de borda rugió como una bestia antes de ponerse en movimiento. Lo hizo pesadamente al principio y luego debió hacer un giro muy amplio, antes de dirigirse al sitio exacto donde flotaba la balsa de Tiara. Mientras el alcalde de mar bogaba directamente hacia la niña, los marinos tomaron las precauciones necesarias, porque el oleaje que producía el poderoso desplazamiento del bote inflable amenazaba con hacer zozobrar la balsa. El único que podía alcanzarla sin mayor contratiempo era el alcalde. La niña remó cada vez más rápido, para acercarse cuanto antes al embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. Los golpes acelerados de su remo terminaron por agotarla y no dieron el resultado que ella esperaba; la balsa pareció detenerse a escasos metros de la costa, como si el agua transparente y liviana se tornara pesada. Mientras el bote del alcalde de mar se acercaba más y más, la balsa dio un giro mar adentro, porfiando con los deseos de quien trataba de 159

dando la sensación desastrosa de que todo estaba perdido. pudiera salvarla. Mientras un hombre remaba con premura hacia la costa. hasta que la mochila de Tiara cayó al agua y a los pocos segundos su dueña. Tragando agua a borbotones. haciendo equilibrio en medio del constante vaivén de la modesta embarcación. irritadas por el esfuerzo. Los dos hombres del bote. De pronto. como si quisiera expulsar del cuerpo la muerte que estuvo a punto de arrebatarle la vida. dando manotazos desesperados. un esfuerzo inútil. Tratar de mantenerse a flote resultaba extremadamente difícil a ratos. no pudo mantenerse a flote y se ahogaba sin que nadie. sintió que la arrastraban violentamente hacia la superficie. al parecer. el otro reanimaba a la pequeña. que finalmente había llegado junto a la niña. que no dejaba de toser. la alzaron de un solo envión y la pusieron a salvo. perdiendo un zapato y sintiendo el escozor del agua salada en las fosas nasales. 160 .controlarla. Con el extremo de un remo rescataron la mochila antes de que se hundiera definitivamente. Tiara notó que sus brazos eran mordidos por mandíbulas feroces.

que a veces servía de enfermería. preparándola para abrigarla cuanto antes. mientras la tía Lidia le quitaba rápidamente las ropas mojadas. para conseguir una manta y abrigar a la desdichada. mientras el tío Tato corría a la habitación contigua. Pero esta vez no hubo posibilidad alguna de recriminación por parte de los adultos. el alcalde de mar sacó en brazos a la pequeña del bote y corrió con ella hacia el comedor de la escuela. La directora se tomaba la cabeza a dos manos. junto a la cocina a leña que prodigaba calor a todo el recinto. Más bien. el 161 . con los ojos empapados de llanto. ni de curiosidad maliciosa en los niños.Revelaciones sorprendentes Recién desembarcados y ante el horror de quienes se enteraron sorpresivamente del accidente. Allí la tía Elvira preparaba una leche bien caliente.

imagínese usted que se enteren las autoridades. —Esta niñita nos ha metido en un tremendo lío —comentó el alcalde de mar. una vez instalados en la oficina de la directora—. Espero que esto no llegue a oídos del almirante. Ve tranquilo. De lo contrario. marido —replicó ella—. señorita Emilia? 162 .repentino recibimiento se dirigió a su mujer. afanada en reanimar a Tiara—. ¿Qué diría el Sename. La directora y el alcalde de mar salieron muy preocupados del recinto. —¿Todo en orden. por favor. descuida. Siempre viene en septiembre. —Sí. Preocúpate de ella. Lidia. pero ahora lo hará precisamente cuando se anuncian días más fríos. me llamará de inmediato. cuando comienza el buen tiempo. por ejemplo? Poco menos que permitimos los riesgos que asumen nuestros alumnos en su afán por venir a clases. Justo ahora que me acaban de avisar que se adelanta la visita fiscalizadora del seremi de Educación. ¿Y qué puedo decirle? —Y no sólo eso —agregó la señorita Emilia—.

reconfortada. nos ha bajado la matrícula en un cincuenta por ciento. las fundaciones del edificio están húmedas y las bases se están pudriendo. pero la situación en la escuela ha empeorado este último tiempo. Además. —¿Te tomaste tu leche? —preguntó la directora. Porque nacen menos niños en la zona. —Aquí está la niña —dijo la tía Lidia. 163 . Lo que ha hecho esta chiquita deja en evidencia que los dormitorios del segundo piso nunca debieron cerrarse. —Sí.—Los pagos están al día. Tenemos goteras. más animada y con el color saludable pintando en su rostro. —¡Adelante! —exclamó la señorita Emilia. Los extintores vencidos. porque las familias emigran y porque los apoderados no quieren cooperar con los cinco mil pesos mensuales que exigimos para seguir funcionando. acompañando a Tiara. Nos cae el agua del cerro. Pero para eso se necesita dinero. Tres golpecitos en la puerta de la oficina de la directora interrumpieron la conversación. El viento ha soltado el zinc del techo. tía Emilia —respondió la niña.

pero que sin embargo en los últimos días se había convertido en un lugar de encanto y sorpresa. Con dificultad y por mucho tiempo había soportado las burlas de sus compañeros. Tal vez se trataba de un anuncio. Tiara pensó en la peor de las consecuencias. al verlo. del anticipo de una sanción drástica y definitiva: la expulsión de la escuela. Estaba convencida de que no volvería a ocupar su pupitre en aquella sala que le había brindado momentos amargos. Tanta demostración de amabilidad no era algo de todos los días.Tiara tuvo que morderse la lengua para no manifestar su extrañeza por la notoria bondad que recibía. había que accidentarse para que la tomaran a una en cuenta. Al parecer. Diego asomó su nariz por uno de los ventanales de la oficina. pero también era cierto que finalmente había conseguido establecer una profunda amistad con Diego. Ella. 164 . tuvo que contenerse para reprimir el impulso de salir corriendo e ir al encuentro de su compañero. Sólo así se podría entender la presencia del alcalde de mar.

¿Entregaste la comunicación que les envié? —Sí. —Escucha —le dijo. querida. Es muy duro. Fuiste muy impetuosa. tía Emilia —respondió la niña—. ¿me va a echar de la escuela? —¿Qué dices. — ¿Qué cosa? —preguntó Tiara.La directora arrastró una silla para sentarse junto a la niña. que sólo van en tu propio beneficio. Situaciones como éstas pueden superarse. pero quiero que sepas que toda la escuela está contigo y con tu familia. 165 . Pero usted misma dijo que soy un mal ejemplo para mis compañeros. —Tía Emilia —interrumpió la niña. Pero también hago un esfuerzo por entender tu comportamiento. es cierto. debo hablar con tus padres. —Bueno. Le tomó cariñosamente las manos y le habló en un tono de voz que jamás había empleado con ella. chica? —replicó la directora—. ¡No voy a tomar una medida tan extrema! En todo caso. Tal vez te sientes sola y no puedo desconocer el momento difícil que estás viviendo. la entregué. pero eso tiene remedio. al borde las lágrimas—. No le diste ninguna importancia a mis quejas.

Y como no lo ha — 166 . De todos modos pensaba ir a su casa y decírselo a su madre. —Pero si a mí me gusta venir a clases. muy temprano esta mañana.¿Se lo dice usted. —Claro que sí. Pero al mismo tiempo pensamos que en una situación como ésta harías mejor quedándote junto a tu madre —explicó la directora. lo sabemos. Lo que pasa es que tu hermano y tu papá no han regresado de la faena y creemos que han tenido un percance. Tiara. porque la señorita directora ya estaba en antecedentes. Les interesaba saber si tu padre había regresado sin novedad a la caleta. El asunto es que hoy día ni siquiera debías venir a la escuela. —Está bien —respondió el hombre—. alcalde? —rogó la directora con ojos llorosos. La lancha de la Armada espera rastrear el bote de tu padre. —¿No? —No —continuó el hombre—. porque la embarcación no aparece por ningún lado. antes de que Tiara huyera en su balsa. Yo mismo avisé por radio. —Así es —afirmó el alcalde—. Los marinos no vinieron para detenerlo.

se disponen a iniciar la búsqueda una vez que se levante la bruma y esperamos que los encuentren sanos y salvos. aunque no nos guste.hecho. tenemos que ponernos en todos los casos. —Con mi abuelo y mi hermano lo vimos compitiendo por el huevo Manutara. eran habituales entre los hombres de mar. La directora y el alcalde de mar mantuvieron un silencio expectante. Entonces. sorprendidos por las expresiones de la niña. 167 . Pensaron que la niña recurría a tales argumentos para evadir la gravedad de los hechos que amenazaban con hacerla víctima de acontecimientos que. Por un momento se sintieron superados por la incapacidad de echar abajo sus fantasías y hacerla poner los pies sobre la tierra. Pero. —¡Pero mi papá fue a Isla de Pascua! —exclamó la niña. No vamos a pensar en lo peor y así se lo haremos saber a tu mamá. El hombre guardó silencio y miró atentamente a la directora. sin saber qué responder a tanta inocencia. del pájaro sagrado. por desgracia.

como nunca lo habían hecho. que había sido incapaz de esperar en la cocina y porque la curiosidad la mataba. junto a la puerta. La directora. el alcalde de mar y la tía Lidia. para que la febril fantasía fuera la única realidad que debía imponerse. En el corredor. pero.decidieron no contradecirla y se dispusieron a tomarla más en cuenta. El profesor en su sala no pudo iniciar la clase de la mañana. el relato emocionado se apoderó de la atención de quienes la escuchaban con profundo respeto. con la emoción pintada en cada rostro. Paulatinamente. por primera vez en varios días no se escuchó ninguno de aquellos ruidos que provenían del piso de arriba. escuchaba la tía Elvira. como una alimaña. desearon alentarla para que no callara. a la espera de noticias de Tiara. Los alumnos miraban al techo. agazapado. parecía que los fantasmas se habían 168 . hasta fascinarlos por completo. cosa curiosa. Tiara les habló de sus dos travesías en la nave de los príncipes. en lugar del drama que posiblemente le aguardaba en casa. que no tuvo valor para marcharse.

Contó la historia de los orígenes lejanos del pueblo rapa-nui. Que el mar había sido el camino de sus constantes migraciones. la pequeña confesó lo orgullosa que estaba de pertenecer a una raza de audaces navegantes que. y el alcalde de mar. permitiendo la 169 . tanto en el mar como en la cima del peñón de los pájaros. siempre cruzaron los mares conquistando atolones y peñones volcánicos dispersos por el océano. es decir. la niña continuó su relato. dirigidas al oriente. en frágiles embarcaciones.enterado del drama que vivía Tiara y la acompañaban con su silencio. Narró con lujo de detalles cada paso de la competencia por conseguir el huevo de la gaviota sagrada. expectante entre sollozos. que de isla en isla había llegado a poblar gran parte del globo terrestre. En medio del silencio reinante. al borde de las lágrimas. la directora. aquellas corrientes marinas que fluyen por cursos determinados. Entretanto. Que habían seguido las rutas del océano. Habló de cómo la vida para ellos se había desarrollado entre piraguas y tormentas. habló de la valentía y destreza de su padre.

además. y cómo desde hacía un tiempo se empeñaba en convencerse a sí misma del futuro esplendoroso que algún día cambiaría su vida. Los ojos de la niña brillaban con el resplandor de aquella felicidad que tan a menudo le resultaba esquiva.navegación en grandes círculos o en forma triangular. incluso de las rencillas en la aldea sagrada. Les habló de por qué abandonaron su continente de origen. Les contó. Emocionada. apenas entregue el huevo que consiguió para el Hombre 170 . como una niña sorprendente. para ir muy lejos y regresar siempre al punto de partida. que los cursos seguidos por el viento cambiaban según las estaciones del año. Así fue como los primeros habitantes vieron aparecer la isla en medio del mar y que por no haber otra tierra en las cercanías la llamaron el Ombligo del Mundo. la recordaba desde que la llevaron a la escuela. y regresará muy pronto. La directora la escuchó con los ojos rojos de tanta lágrima contenida. tratando de comprender finalmente el verdadero sentido de las palabras de su alumna. —Por eso les digo —concluyó por fin— que mi padre saldrá vencedor.

—Tiara —interrumpió el alcalde mar—. —¿No quieres que te llevemos a tu casa? 171 . Prefiero quedarme en la escuela. Lo siento en mi pecho. que es su jerarca. habría enviado el bote de la Alcaldía. Tienes autorización para ausentarte todo el tiempo que sea necesario. —Gracias. porque así es la gente de mi raza. es muy hermosa la historia que acabas de contarnos. —Querida —dijo al fin la directora—. pero mi mamá está muy bien acompañada con mis hermanos pequeños.pájaro. —Gracias —respondió ella. Lo sé. que ha de estar muy afligida. pero ahora. volviendo a nuestras preocupaciones. Pero de ahora en adelante mi asistente irá por ti cada mañana y no necesitas poner en riesgo tu vida. tía Emilia —respondió ella—. de haber sabido que abordabas esa balsa de juguete para venir a clases. te aconsejaría regresar a tu casa y acompañar a tu madre.

—Prefiero quedarme. Quiero estar con mis compañeros. Quiero ir al segundo piso, donde me esperan los internos. —Pero, ¿qué le pasa a esta chica? —exclamó la directora, aún más sorprendida—. ¿Has subido al segundo piso? —Sí, tía. —¿No sabes que está estrictamente prohibido? —¿Me va a expulsar por eso? —Es que no lo entiendo, niña —protestó la directora, controlando su enojo—. ¿Con qué facilidad pasas a llevar disposiciones tan antiguas? Por favor, dime que no lo has hecho. No hagas que me prive contigo, chica. —No, tía Emilia —balbuceó la niña—. Es que fui a ver por qué había tanto ruido. Y me encontré con ellos. —¿Fuiste a ver? ¿Ruidos? ¿Qué ruidos? —Los golpes que oíamos en la sala y que venían del dormitorio. —¡Eso es imposible! Se cerró definitivamente cuando la escuela dejó de recibir niños de lugares apartados. Desde entonces nadie ha vuelto a poner un pie en ese lugar. Pensé que lo sabías. 172

—¿Y las tablas que se caen de los catres? —¿Fue el profesor quien habló de las camas que se desarmaban? —El tío Tato nunca nos habló de eso, tía Emilia. Entonces, subí a ver lo que ocurría —respondió la niña como si nada—. Y me encontré con todos esos niños que el padre Ronchi trajo desde el río Mapocho. ¿No es bien corpulento así, con una sotana larga como un vestido y con una parka oscura? También estaba el tío Tato, mucho más joven, y usted tía, que nos contó cómo había conocido al padre. Además, descubrí que el segundo piso es como un hogar y esos niños son una verdadera familia. Se puede conversar con ellos, todos se interesan por uno. La directora y el alcalde de mar se desplomaron en su silla con esta nueva revelación de Tiara. Lidia tuvo que afirmarse en el borde del escritorio, y afuera, Elvira mantuvo el equilibrio apoyando su cuerpo contra el marco de la puerta. En la sala de clases, en el dormitorio del segundo piso, en la oficina, en los pasillos vacíos, se instaló un silencio tan profundo, que a la escuela llegó, 173

como una tormenta, el constante movimiento del oleaje, el canto de los pájaros del interior y el vuelo rasante de las aves de la costa. Una corriente de aire, poderosa y tibia, que de pronto azotó la caleta y los alrededores de la escuela, se apoderó de aquellas almas atrapadas en el asombro. Con un nudo en la garganta, conteniendo las lágrimas a punto de reventar en llanto, con profunda ternura, observaron cada gesto de la niña, que a pesar de su entusiasmo, de su abandono, estaba más bella que nunca, más segura de su existencia, como si una fuerza poderosa y desconocida la iluminara. —Tía Emilia —preguntó de pronto—, ¿usted le hizo clases a esos niños? —Sí —respondió la directora con los ojos bañados en lágrimas—. Ellos fueron mis alumnos. Tiara, por última vez te lo pregunto: ¿te gustaría irte a la casa? —No, tía, gracias —respondió ella. —Como quieras —aceptó la directora—. Está bien, puedes volver a clases. —¡Chachita, Dios! —exclamó Elvira y se apartó bruscamente de la puerta. Luego, corrió hacia el comedor arrastrando los pies, evitando que las 174

pero se detuvieron en medio del patio. y tú quisieras embarcarte en él y alejarte de tu caleta. Tiara salió al patio y se acercó a Diego.tablas del piso crujieran a su paso atolondrado. de la isla Toto. Allí se abrazaron amistosamente. cuando terminemos la escuela. —Bueno. —Todos nos tendremos que ir algún día a Puerto Cisnes. Juntos caminaron hacia la sala. —Ya ves como también se fueron los internos del piso de arriba. porque también había escuchado las palabras sorprendentes de la niña. de Puerto Gala. sí. que la esperaba inquieto y emocionado. —¿Qué dices? —Pasa que si un día viene de nuevo ese barco enorme. 175 . pero falta mucho para eso. totalmente vacío a esa hora de la mañana. —Huevito —le dijo al oído—. el que se parece a una ballena iluminada. te juro que yo también me iría. del archipiélago de Los Chonos. Habrían permanecido así hasta el nuevo tañido de la campana. si te vas quisiera irme contigo.

muerto de risa—. —¡Ah! 176 . podemos atarle un canasto para la carga. Huevito —replicó. Ahora que mi papito tiene que vencer las rencillas en la ciudad sagrada. Ahora mi hermano es un tripulante más en la nave de los príncipes. —No quisiera que la estropearas.—¿También se fueron? —Muchos de ellos estudian lejos de aquí. por encargo de sus reyes. ¿Me acompañarías al monte a buscar leña? —Sí. Nunca se sabe cuando el gigante Uoke hundirá la tierra donde vivimos. Tal vez regresaron al norte. Diego. Aunque. —¿Cómo? —Muy fácil. tengo que ayudarle mucho a mi mamá. descubrirá nuevas islas. ¿Quieres que te lo dibuje? —No. Huevito —respondió Diego—. claro. porque lo echaban de menos. ¿Cómo eres para el hacha? —¡Seca! Siempre le ayudaba a mi hermano. pensándolo bien. Tendré que ayudar bastante en mi casa. Podemos usar mi bici para cargarla. por favor.

Diego. anticipaba una situación fortuita que involucraba a su padre y a su hermano Kiko. después de haberlos encontrado flotando.Tiara. ahora que mi hermano es un príncipe y mi papito conquistó el huevo Manutara? —Tú sabes que no podemos salir de pesca. 177 . aún con vida. Amarramos el volantín de mi abuelo a la balsa y la dejamos que flote bien lejos. eso sí. —No tenemos que hacerlo. sin querer. —¿Saldrías a pescar conmigo. —¡Oh. Huevito! —¿Me dirás Tiara cuando yo sea princesa rapa-nui? —Entonces no querrás que te acompañe. Nosotros la manejamos desde la orilla. junto a la vaka—paenga que había zozobrado en las aguas del archipiélago. —¿Por qué? —Porque serás muy importante y yo apenas tu compañero. porque en ese preciso instante la embarcación de la Armada regresaba con ellos.

mi abuelo y los príncipes estarán felices de que vengas conmigo. Como 178 .—Kiko.

179 .

180 . —¿Crees que voy a subir y bajar peldaños con mi bicicleta? —Eso creo. le voy hacer un encargo. de que ahora sí tenía al mejor de los compañeros: ese que ha conquistado el corazón por completo. Diego. También vas a necesitar un casco para proteger tu cabeza. después de mucho tiempo tuvo la convicción de que no estaba sola. —¿Qué clase de encargo? —Unas rodilleras y unas coderas para ti. la estrechó una vez más en sus brazos. ¡Cómo habría deseado ella que toda la escuela fuera testigo del maravilloso gesto de su amigo! Tiara no se sentía rechazada.mi papá tiene que ir a Puerto Cisnes. muy conmovido.

que se hundía en el mar. Extraer el agua de una mina. por ejemplo. Archipiélago: parte de mar poblada de islas. Achicar: aminorar. una bomba. o bien manual. causar miedo. Acoquinar: amilanar. formada por la erosión que produce el viento y la constante humedad del mar. sirviéndose de algún medio mecánico. un dique. entonces. Ariki Paka: exploradores que se adelantaron al rey Hotu Matu'a para reconocer la isla Rapa Nui. desanimar. verter. Allora: voz italiana. una embarcación. donde llegaría finalmente el rey del continente Hiva. reducir a menos una cosa. Anakena: playa de arenas blancas en Isla de Pascua.Glosario Acantilado: pared de roca casi vertical. 181 .

ensenada. musitar. Balbucear: balbucir (balbucía. en forma de anillo. Bogar: remar. ingenua o de pocas luces. Bosquejo: apunte inicial. rocas a flor de agua que forman un banco en el mar. una idea que se proyecta por primera vez. Pero. Atisbar: mirar. Atónito: pasmado. Cagnara: voz italiana que significa jarana. Balsear: pasar. boquiabierto. Puerto pequeño. mascullar. Caído del catre: término de uso popular que señala a una persona distraída.Arrecife: piedras. cruzar en balsa. sorprendido. Atolón: arrecife. por lo general de corales. navegar con remos. En la 182 . balbucieron). observar recatadamente. Babero: el que conduce una balsa. además y tal vez. farfullar. como así se les llama al conjunto de los hombres que descargan un barco. Caleta: cala.

Guatemala y México significa pistola. con estructura de hierro. que revienta. Capear: sortear algún peligro. En Perú. explota. mantener el barco sin permitir que se hunda. Dios. La bicicleta y el catre crujen cuando están viejos y desvencijados. Chancha: cerda. Cuete: en Chile es algo que se dispara. es bajo un puente junto al río. se usa el término como sinónimo de cantidad y como el lugar donde «paran» las personas sin hogar y que suelen reunirse para dormir en algún lugar. como «hacer la chancha. Por lo habitual.expresión cotidiana de las ciudades. Expresión chilota muy arcaica. Dios: Taitita. En algunos países de América significa algo malo. Pero el habla popular de Chile utiliza este término para referirse a una bicicleta muy vieja. Algunos fuegos artificiales menores son llamados «cuetes». es decir. la cimarra». no asistir a clases pudiendo hacerlo. eludir un compromiso o situación apremiante. Catre: cama antigua. Chachita. También. 183 .

Galante: atento. débil.Chicos (as): niños (as) en la lengua popular de la gente al sur de Chiloé. frágil. Hacer meño: voz chilota. Chiesa: voz italiana que significa iglesia. seguramente por el intenso contacto laboral del chileno con el sur de Argentina. Güeno: pronunciación incorrecta (pero muy común) del vocablo bueno. Hare-paenga: piedras que formaban el cimiento de las casas-bote. Hombre flojo: expresión popular proveniente de una canción chilota que dice: 184 . Hiva Maru e Rengo. Gélido: helado. Hiva: continente mítico. frío. hacer mérito. Esta expresión se ha hecho común. habitantes de Isla de Pascua. También se le conoce con los nombres de Hiva-Marac-Renga. en especial con las damas. Marae Renga y Mangareva. Endeble: de poca resistencia. del que se dice fue el lugar de origen de los primeros rapa-nui.

sale a pescar. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». muy difundido.» Hopu: nadadores diestros. competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui. hombre flojo. Kete: canastillo. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa. El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar. sale a pescar. 185 . pánavegar. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. Jarana: diversión bulliciosa. que la mar está linda pánavegar.«Levántate. Io: voz italiana que significa yo.

ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. utilizado para pescar. Manu-hakerere: volantín. cometa. pájaro-fragata (Sterna lunata). Meño: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. Miru: clan pascuense. civilización o lugar. El creador de lo existente: tierra. 186 . considerado estirpe real. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. animales y plantas. mar. que se remonta a los orígenes de un pueblo. Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. Magisterio: relacionado con enseñanza. Mítico: perteneciente al mito. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. Manutara: golondrina de mar.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. cielo. la labor del maestro. aun cuando no pueda ser específico.

El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos.» Hopu: nadadores diestros. competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. sale a pescar. lo: voz italiana que significa yo. hombre flojo. Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui. 187 . Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. muy difundido. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa.«Levántate. Jarana: diversión bulliciosa. Kete: canastillo. que la mar está linda pa'navegar. sale a pescar. pa'navegar.

civilización o lugar. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. la labor del maestro. Meno: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. El creador de lo existente: tierra.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. 188 . Magisterio: relacionado con enseñanza. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. aun cuando no pueda ser específico. animales y plantas. considerado estirpe real. mar. Manu-hakerere: volantín. Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. que se remonta a los orígenes de un pueblo. cielo. Manutara: golondrina de mar. cometa. Miru: clan pascuense. utilizado para pescar. pájaro-fragata (Sterna lunata). Mítico: perteneciente al mito.

El óvalo de la cara. Piragua: embarcación larga y estrecha. Peñón: peña grande y escarpada. más grande que una canoa y navega a remo y vela. Poike: región de la isla Rapa Nui. Plumavit: espuma plástica. descubierta y del tamaño de un bote. antes de sus bodas. Panga: lancha a motor. Neru: doncellas elegidas por su belleza. lugar de celebraciones y ceremonias. Monte peñascoso. Per che: por qué. Popa: parte posterior de una embarcación donde va el timón. Orongo: poblado de piedra en la falda del volcán Rano Raraku. Cualquier figura plana con forma ovalada y curvilínea.Moái: escultura monumental de piedra volcánica cuyo origen es un misterio. por ejemplo. Óvalo: con forma de huevo. Nessuno: voz italiana que quiere decir ninguno. En los botes con motor la función del 189 .

Ragazzo: voz italiana que significa muchacho. un palo labrado de modo rústico. es decir. en cuyas canteras se esculpieron la mayoría de los moáis . Rano Raraku: volcán ubicado en la costa sureste de Isla de Pascua. lanzada oportunamente. Pora: balsa pequeña construida con totora. En otros países es el golpe que se da con una porra. Privarse: en Chiloé significa enojarse. Pulla: Expresión grosera. Porrazo: golpe que se recibe al caer con todo el cuerpo. Quetro: pato silvestre que habita junto a la costa marina y en lagos interiores.timón la cumple la columna que sujeta la hélice impulsora. Qué contiene (expresión común en Chiloé): qué es. aguda. 190 . qué significa. Se encuentra desde Ñuble hasta Tierra del Fuego.

Remero: el que usa los remos. Isla de Pascua. semanas. Tangata manu: hombre pájaro. Sename: Servicio Nacional de Menores. Te Pito o Te Henúa: Ombligo del Mundo.760 kms de la costa. Seremi: secretario regional ministerial. Settimana: voz italiana. Reclusa: persona recluida o encerrada en algún recinto cerrado. Recalar: llevar una embarcación a la vista de una costa conocida. donde vivieron 191 . pertenece a la Quinta Región y se ubica a 3. Toto: isla del archipiélago de Los Chonos. Rico Pancho Gómez: expresión chilota que alude a una persona que lo tiene todo y lo disfruta. en la latitud del puerto de Caldera. representante en la región de un determinado Ministerio de la República. Uoke: gigante legendario. Con su fuerza descomunal hundió el continente Hiva.Rapa Nui: «La Isla Grande».

en ciertos estratos sociales. como una yunta de bueyes. En la ciudad.los antepasados rapa—nui. hombre. Vaka poe-poe: embarcación de gran tamaño similar a un lanchón. provocando enormes inundaciones. 192 . significa amistad inseparable. Yunta: par. Uomo: voz italiana. Vaka-ama: embarcación pequeña con un balancín en uno de sus costados.

Es autor en Alfaguara Infantil de Un monstruo ASI de grande. Mamire. Caco y la Turu. cazador de Tierra del Fuego. niña de mis ojos. en la colección Mar de Libros ha publicado Lugares de asombro y creencia popular y Mamiña. 193 . Es uno de los autores chilenos de mayor trayectoria en el área de la literatura infantil. En sus obras muestra la vida de los niños y jóvenes de hoy en América. Además. y Sakanusoyín. el último niño.Víctor Carvajal Nació en Santiago de Chile. con diversas publicaciones en narrativa y drama.

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