La Balserita Víctor Carvajal Ilustraciones de Carolina Schütte González

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Dedicado a Constanza Corbinaud Castañeda.

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Alucinaciones

Tiara soñaba con Diego esa madrugada. Ella y su compañero esperaban por una lancha que los 3

ambos miraban en silencio aquel paisaje de ensueño. La niña se estremeció de la cabeza a los pies. la niña vio ciertos destellos que se desplazaban en medio de la bruma. amenazando con regresar de un salto a su mundo submarino. pedaleando de un lado a otro. porque creyó haber visto a su hermano. como si la pasarela de madera no existiera. 4 . cuando la neblina comenzaba a dejarle un espacio de cielo al océano. como si una brisa gélida la dominara. como pequeños peces fuera del agua. En medio de la bruma.trasladara hasta el embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. De pronto. apareció una imponente figura. Desde el muelle. mecida por las olas. Diego montaba su espléndida bicicleta.

5 .

—¿Nos vienen a buscar? —preguntó Diego.Tiara se volvió para mirar a Diego a los ojos. Tiara buscó refugio junto a Diego. el hermano mayor de Tiara. El rostro del muchacho hizo una mueca de asombro y saltó como un resorte. Ataviados con finas plumas multicolores. nada —titubeó ella. —¿Qué pasa? —balbuceó. perturbado por la repentina reacción de su compañera. Miembro de nuestra estirpe real. temblaba de miedo. Tiara permaneció expectante unos segundos ante la sorprendente aparición que emergió de la nada: mecida por las olas. —¡Eres una Miru! —saludaron—. Entre ellos se encontraba el abuelo de la niña y Kiko. —No. 6 . La nave se acercó. los tripulantes de aquella embarcación maravillosa detuvieron el acompasado movimiento de los remos a escasos metros de la costa. porque en ellos se reflejaba mejor el color gris del mar y del cielo. Ocho hombres la tripulaban. flotaba la imponente piragua.

—¡Qué bueno! —replicó Tiara. —¿Tengo que subirme a la balsa? —exclamó la niña. volviéndose a ellos. Para que nos lleven a la escuela. aborda tu pora y rema hasta nuestra embarcación. —Son los príncipes Ariki Paka y vienen por ti —respondió el anciano. Es largo el viaje hasta las costas del Poike. —El competirá en una prueba muy dura —respondió el abuelo. —Eres navegante. mudo de asombro. —Navegamos contra el tiempo —respondieron apremiados los príncipes—. igual que nosotros —respondieron los príncipes. impulsada por la misteriosa voluntad que la 7 . al tiempo que miraba a su abuelo y a Diego.—¿Quiénes son ustedes? —preguntó la niña. —¿Y mi papito? —insistió la niña. sin mayor alegría—. Mientras la niña intentaba separarse de su amigo para obedecer las instrucciones que recibía. —¡Quiero ir a verlo! —Tiara —se apresuró Kiko—.

comenzó a desplazarse lentamente por el embarcadero. víctima de una fuerza misteriosa y con sorprendente habilidad.dominaba. La niña no hacía más que celebrar la habilidad de su compañero. una extraña figura de goma que rebotaba sobre el entablado resbaladizo. Diego? —insistió. —¿Vienes. Al escuchar que Tiara mencionaba la bicicleta. avanzando hasta el agua. a punto de perder el equilibrio. Monta de una vez en tu bici y ven conmigo. logrados al apretar y soltar los frenos. El abuelo y Kiko exigieron a la niña que se apurara. se preguntó si Diego estaría dispuesto a ir con ella. Ella corrió a los botes. —Que aborde la nave —ordenaron los príncipes. con una rueda primero y luego con la otra. —No iré sin él —respondió Tiara. Eran saltos pequeños. Parecía un caballo desahogando su dicha. zigzagueando de un lado a otro. El muchacho dudó. que no había tiempo que perder. junto a los cuales 8 . Diego —dijo Tiara—. Tiara contemplaba maravillada la destreza de Diego. Diego. —Vamos.

desató la amarra y de un salto abordó decididamente la débil embarcación. En el embarcadero le pareció distinguir a Diego. la niña recordó el sueño que había tenido y regresó entusiasmada a la cocina. sosteniendo su bicicleta con ambas manos.flotaba su Amiga Yara. Aquí no hay hombre flojo. Vertió leche caliente en un jarro enlozado y la endulzó con azúcar. hija. Acomodó su mochila. —Se embarcó temprano. Entonces. Mientras bebía el resto de leche humeante. la bruma se mantenía suspendida sobre el mar tal como la viera en su sueño. mientras se abrigaba con su chaleco de lana. la balsa de espuma plástica. —¿Y el Kiko? —Salió de pesca con su padre. chica. Arrodillada en la —¿Y mi papito? —preguntó. Tiara fue a mirar por la ventana. Para su sorpresa. fue asaltada por una idea que la hizo temblar de pies a cabeza: tal vez su madre 9 . como si estuviera dispuesto a lanzarse al agua con ella. inmóvil frente al mar. Se sentó a cubrir de margarina una media rebanada de pan amasado recién sacado del horno y apuró el desayuno.

pues era muy arriesgado navegar con tanta niebla. Tiara se levantó de un salto de la mesa y volvió al cuarto de baño. Y frente al profesor. Por fortuna.deseaba que esa mañana se quedara en la casa. tengo que ir a la escuela —rogó. la que al parecer a nadie importaba. al menos.. —¡Chao. no faltará quien la balsee. ¿Se sentiría reconfortada? —Mamá. la niña prefería no faltar a clases. su madre estaba demasiado ocupada en sus quehaceres como para preocuparse de la hija del medio. En la escuela. siempre existía la posibilidad de alzar la mano y ser tomada en cuenta.. bordado con delicadas flores rojas y amarillas. afanada como estaba en el cuidado de sus hijos pequeños—. De todos modos. se enjuagó la boca con un potente sorbo de agua y terminó de limpiarse los labios con un paño de algodón. podía deambular por los pasillos. —Hija —respondió después de un rato la madre. mamá! —gritó desde la 10 . Pero si al menos regresara su padre o su hermano de la pesca. aun cuando nadie la acompañara. Cepilló con descuido sus dientes.

—¿Qué cosa. kia—kia. tari rau kumara. mientras esperaba el bote que los balsearía hasta la caleta de la escuela. Con su uniforme azul. —Anoche soñé contigo —dijo. i te ehu—ehu.puerta. sonriendo. hija —respondió la madre. Hasta que descendió por la escalinata de madera que conducía al muelle. salió a la bruma de la mañana. Saltando como una gaviota. muy serio. Tiara se aproximó a su compañero de escuela y le ofreció la mejilla para aceptar un beso desganado y tibio. siguió el camino que señalaba la estrecha pasarela. De uno de sus bolsillos sacó la delgada cuerda para el juego del kai-kai\ su entretención predilecta. Tensó el cordel entre sus dedos entumecidos y con los pulgares y los índices formó diversas figuras a medida que cantaba: Kia—kia. 11 . Huevito? —preguntó Diego. —Váyase como pueda. Pero Tiara no respondió.

en tono de burla. —¿Por qué no le dicen Huevito también? —replicó la niña. —¡Pascuala! —remedó Tiara. —Como tu bicicleta —replicó Tiara. golondrina. —¿A quién le importa? Golondrina de mar. —¿Qué tiene mi bici? 12 . muy molesta. —¡Qué bonito! —se burló Diego. —¡Picado! —¿Por qué? —replicó Diego. él viene de Isla de Pascua como toda tu familia. en la penumbra y en la suave neblina. —Porque no entiendes mi canto.i te Papua—púa. traes ramitas de camote. En cambio. —¡Ya está la Pascuala con sus cosas extrañas! —comentó Diego. —Porque él no come huevos como tú lo hacías cuando eras chica —prosiguió Diego—. —¿No le dicen Pascual a tu padre? —insistió Diego.

—¿Y tú? -¿Qué? —¡Que quieres ser maestra cuando grande! —Si tu sueño es andar en bici —respondió Tiara—. pero no me gusta que se rían de mí. Diego reconocía en Tiara cierta delicadeza y sensibilidad. En ese preciso momento se acercó a ellos la mamá de Diego.-—Es como el horno eléctrico que le trajeron a tu mamá de Puerto Cisnes. En el fondo de sus corazones abrigaban sentimientos de mutua aprobación. pero ya lo usará cuando pongan el nuevo generador de electricidad. por estas pasarelas donde apenas cabe una persona. Por un instante guardaron silencio. —¡Picada! —¿De qué sirve? —Bueno. a regañadientes hicieron una tregua. yo sueño con ser directora. igual que la tía Emilia. —¡Directora! ¿Puedo reírme un rato? —Puedes. que la predisponía a descubrir la magia de las cosas. Y ella admiraba la 13 .

haciendo que su hijo se bajara de ella. Más rocas que tierra. no hay calles para vehículos ni veredas para los peatones. el hermano de Tiara había tenido la ocurrencia de utilizar las mismas embarcaciones como plaza de juegos. Más terreno no había en aquellas rocas. por la falta de espacio. a punta de pasarelas. en la Isla Toto. Los moradores debían circular por estrechas veredas de madera que permitían el acceso a cada vivienda. que soñaba con ir a la escuela en bicicleta.tenacidad del más cercano de sus compañeros. con instalaciones para hacer ejercicios. Las precarias construcciones se hicieron quitando espacio a la piedra. inventando el modo de trepar a los botes y transformar en columpio las cuerdas tensadas que sujetaban las naves. 14 . en el archipiélago de Los Chonos. —Me la llevo —sugirió la mujer. mientras se apoderaba de la bicicleta. plataformas y palafitos. A falta de un sitio amplio. Los únicos medios de transporte motorizado que se conocen son las lanchas y las pangas. Pero. Las casas del poblado se apretaban unas con otras. ¿cómo lo haría? En Puerto Gala.

sus padres jamás les perdonarían maniobrar un bote sin su consentimiento. Esas cajas de plumavit eran llenadas de pescado fresco. sin esos implementos era imposible bogar. observando atentamente el muro de humedad suspendida sobre el agua y que impedía ver el horizonte más cercano. sin remos ni chumaceras. mamá! —rogó Diego—. conservado con hielo en la bodega del barco. con el cuchillo conseguido por su hermano Kiko en la cocina de la casa. —¡Pero se hace tarde! —protestó la madre. Era el envase que usaban los tripulantes del barco que solía llegar de Puerto Montt a recoger la merluza que pescaban los hombres de la caleta. Varias embarcaciones menores flotaban junto a las rocas. También estaban las balsas de espuma plástica que ellos utilizaban para jugar.—¡No. Tiara recordaba cuánto había costado cortar el enorme trozo de espuma plástica. Todavía no ha venido nadie a buscarnos. Los dos habían estado una tarde entera junto a las rocas dándole forma de balsa al pedazo de 15 . Y si esos niños hubiesen contado con ellos.

Habían instalado en ella el volantín manu—hakerere del abuelo. Cierta vez. en primavera. Después consiguieron una vara de madera de un metro y medio de largo y le clavaron dos palmetas en los extremos. manteniéndose alejado 16 . Luego. Pero no sólo la usaron como entretención. Había sido el trabajo de varios días seguidos. Kiko hizo una demostración para que Tiara aprendiera a utilizar el remo y luego se dedicó a instruirla con gran paciencia. Siguiendo la costumbre. En este caso se trataba de una balsa para divertirse junto a la costa. la echaron al agua y la alejaron de la costa con el remo. con el mismo cuchillo lo ahuecaron. cuando Kiko era todavía muy pequeño para acompañar a su padre en la pesca. con un buen anzuelo y una carnada que la propia Tiara había conseguido para la ocasión. Kiko ató el volantín a la popa de la falsa embarcación y de la cola colgó una lienza con un anzuelo en su extremo. para lograr el mismo espacio interior de un bote. cuando el tiempo se presenta mucho más propicio para navegar.espuma plástica. ataron la balsa con una cuerda bastante larga. que por su peso se hundió en el mar.

los niños Miru consiguieron una pesca maravillosa: tres merluzas españolas. Pero desde que se hizo persona se va todos los días con mi papito. Pero. la verdad sea dicha. Ese día. lo que falta es que alguien se haga responsable. —Mi papá puede llegar en cualquier momento —respondió la niña. nunca he visto a su padre cruzar a la escuela. —Mi hermano también nos balsearía. Por aquellos días. 17 . la balsa de Tiara no tenía nombre y la niña decidió bautizarla con el nombre de alguien que le encantaría que regresara a la caleta: Amiga Yara. A partir de entonces siempre mantuvo viva la esperanza de un reencuentro.del bote y a merced de los vaivenes del viento. como el padre de Tiara no había regresado y en casa no había qué hacer de comida. —Aquí hay botes de sobra —comentó la madre de Diego y miró intensamente a Tiara. —¿Lo cree. como si de la niña dependiera el traslado de su hijo—. robustas y sabrosas. niña? —replicó la mujer—.

18 . jugando a enfrentar riesgos y pasar la prueba. nunca tuvieron nada que lamentar.—Claro —insistió la madre de Diego—. al parecer. —¿Nunca le han dicho que no debe aventurarse por esas rocas? Tiara enmudeció y Diego tragó saliva. ya lo habían hecho. Su hermano tampoco se muere por llevarla a la escuela. La niña observó atentamente el accidentado montículo de rocas que se extendía a lo largo de la costa y que la niebla se lo tragaba como si nada más existiera en el mundo. Felizmente para ambos. Por lo tanto. Ambos cruzaron miradas temiendo ser sorprendidos en un secreto que no debía ser develado por ningún motivo. En varias ocasiones se habían aventurado por esas rocas. Los catorce alumnos que venían de otras caletas y que diariamente cruzaban con algún apoderado a la escuela. no había ninguna posibilidad de que una embarcación pasara a recoger a los rezagados de Caleta Chica. sin consecuencias. —¡Por ahí podríamos ir a la escuela! —exclamó. Ninguna lancha surcaba las aguas a esa hora de la mañana.

—Lo que hace falta es una buena pasarela —comentó la mujer—. como si no tuviera ninguna urgencia. El suave oleaje golpeaba porfiadamente en los pies de Tiara. —¡Oh. Un grupo de toninas cruzó saltando frente a los ojos de Tiara. alegrando la travesía de marineros y pescadores. Pero en verdad no es tan peligroso. porque cuando Kiko era pequeñito caminaba por ahí y a veces me dejaba ir a la siga. cuando Tiara era muy niña. —¿Qué hacer? —se preguntó—. Estos hombres. había seguido los pasos aventureros de su hermano. Buscaban afanosas una embarcación para nadar delante de la proa. precisamente en esas rocas tan peligrosas. formando una trenza de espuma. —Mi mamá siempre lo hace —reconoció la niña. También en la escuela nos dicen.Incluso. tan poco prácticos para todo. Se preocuparon de hacer 19 . Pero las olas tal vez son sordas y sólo nos hablan con esa monotonía tan propia porque abandonaron la escuela antes de aprender lo que debían. De algún modo hemos de llegar a la escuela. suspirando y roja como un tomate—. dulces olas! —suspiró.

entre el espeso bosque y el mar. Los hombres las habían construido de alambre. muy cerca del agua. pero no hubo forma de que te bajaras de tu bici —habló 20 . Tiara observó los techos de las casas. levantadas sobre las rocas. —¿Y qué sueño fue ése? —Mi abuelo y mi hermano vinieron a buscarnos. evitando que la ventisca las arrastrara cual cometas de los confines. Las antenas eran variadas y curiosas. La niña se sentó a esperar en la única roca sin humedad. con fondos de latón recortado de aquellos tambores que alguna vez fueron recipientes de aceite o de petróleo. Diego fue a sentarse junto a ella. había antenas con tapas de olla. Huevito? —La pura verdad —respondió ella.instalaciones de radio y olvidaron lo más necesario. Los cables eléctricos que las conectaban parecían mantenerlas atadas a las techumbres. estirando de los ganchos para colgar chaquetas y pantalones. —¿De verdad soñaste conmigo. para irnos en la nave de los príncipes.

para que la madre de Diego no los escuchara. Es el de mi marido. —¿Estás loca? —Hasta le puso nombre: vaka—ama. Se acercó a la orilla del pequeño embarcadero para escuchar mejor la monotonía del motor fuera de borda. —¡Qué suerte. —Eso —musitó ella. —Podías flotar como una canoa —respondió ella. 21 . triste y pensativa. acercándose a la niña y tironeando una de las mangas de su gruesa parka de invierno. —¿Eso fue lo que soñaste.bien bajito. Huevito? —insistió Diego. —¡Debe ser la vaka-poe—poe de mi papito! —exclamó Tiara y se levantó llena de entusiasmo. hijo! —interrumpió la madre de Diego—. muy sorprendido—. niña —comentó satisfecha la madre de Diego—. —¿Tu abuelo? —preguntó Diego. Una lancha se acerca. Ya está otra vez la Pascuala diciendo tonteras. —Pero no es el lanchón de su padre.

El dilema —¿Cómo estuvo la pesca. —Terminamos de descargar y nos vamos —respondió el hombre. papá? —preguntó el niño. viejo! —comentó ella. Tiara y Diego abordaron la embarcación. al tiempo que su compañero de faenas comenzaba a desembarcar unas cuantas cajas de espuma plástica repletas de merluzas. Anselmo? —Escasa —respondió el padre de Diego. Tiara se aferró al borde de la lancha y vio como sus zapatones se hundían en el agua en el piso de madera. Tiara buscó con la mirada el tarro para achicar el agua del bote. —¡Qué bueno que llegas a tiempo. 22 . El lanchero aceleró el motor fuera de borda y el bote se sacudió como en una tormenta. —¿Podemos subir.

después de mantener alzado el brazo en señal de despedida. 23 .La madre de Diego.

que apretadamente cubrían laderas y cerros. Los 23 24 . observando cada detalle. lanzando fríos destellos con sus incontables rayos. se dirigió a la campana y tiró de la cuerda. La directora consultó su reloj y asintió con la cabeza. que la observaba de muy cerca. Tiara y Diego fueron los últimos en llegar a clases. Tres sones retumbaron en las paredes del edificio y en la corteza de los árboles cercanos.regresó al caserío. compartiendo el caminar pausado y sin prisa. Tiara se quedó un largo rato observando la bicicleta que la mujer se esforzaba en mantener aferrada a su cintura. El agua salpicaba el borde de la embarcación y la niña debió abrigar sus manos entumecidas. Contempló entusiasmada la estela de espuma que dejaba la trayectoria del bote y recordó la bicicleta que en sueños había inventado su abuelo. Sus compañeros ya estaban formados en el patio. El profesor. Las ruedas giraban como medusas de plata. esperando el toque de la campana para ingresar a la sala. el pequeño grupo de docentes y auxiliares se parapetaba bajo el alero del corredor techado de la construcción de madera. Frente a ellos.

—Nos corresponde matemáticas —señaló el profesor. Voz griega que viene de dis. ¿Por qué. En términos generales. es decir dos. seguidos por su profesor. mirando a Tiara y luego a Diego. ¿qué tenemos? Un argumento que presenta dos posiciones que provocan confusión en quien las enfrenta. —¿Qué le pasa? —protestó Diego. Diego? ¿Cuál es el tuyo? 25 . que repentinamente se quedó más tieso que una estaca. —¿Podríamos estudiar el dilema de Diego? —¿Dilema? —replicó el profesor. mientras la directora se dirigía a su oficina y las tías Lidia y Elvira iniciaban sus labores en el comedor y en la cocina. que quiere decir tomar. Entonces.alumnos ingresaron a la sala de clases. es alguien encerrado en un dilema. Y preguntó sin entusiasmo. ¿Qué dilema? ¿Sabes lo que es eso? —Sería bueno que lo resolviera —insistió Tiara. y lambanein. porque no deseaba que la niña le aportillara una vez más la clase programada—. apenas los alumnos estuvieron sentados. —¡Dilema! —meditó el profesor—.

adelantándose a que su compañero 26 .—No sabe qué hacer con ella —prosiguió Tiara.

27 .

—¿Qué falta de respeto es ésa? —sentenció el profesor. No sé de qué habla.respondiera—. risas veladas y pullas carentes de ingenio.. El profesor escuchó atentamente. —Su abuelo está muerto —interrumpió Diego abruptamente. Entonces optó por lo más temido de la clase. —¿De qué se trata? —insistió el profesor. en medio de un fastidioso rumor. suma de murmullos. con gran desplante y sin un asomo de duda. Ya está de nuevo la Pascuala diciendo leseras. Quiere usarla. 28 . a medida que lo expresaba. ¿Qué idea es ésa? La niña. pero en la caleta no se puede andar en bici. —Mi abuelo tuvo la genial idea. —¡Tío Tato! —reaccionó por fin el muchacho—. Siempre los dejaba temblando con eso. le parecía más claro. —A ver. Tiara —tragó saliva el profesor—. —Yo sólo quiero ayudarlo —se disculpó Tiara. —La Huevito ha estado toda la mañana en eso —protestó Diego. aquello que acoquinaba hasta al más audaz.. expuso lo que imaginaba y.

¡Esa no es mi bici! —Claro que no lo es —intervino el profesor. Temblorosa. sosteniendo a duras penas el trozo de tiza entre sus dedos. dibujó un biciclo desproporcionado. con una tercera a medio camino. Haciendo caso omiso del rubor que con seguridad se había apoderado de sus mejillas. indignado—. enfrentó el desafío que ella misma se había impuesto. ¿Serías tan amable de hacernos un bosquejo? Tiara se levantó con cierta resistencia.— Nadie con dos dedos de frente diría que eso es una bicicleta. con una rueda más grande que la otra. Veamos lo que Tiara se propone. Es cosa de abrir bien los ojos. —¡Un catre! —respondieron. como un velocípedo.—¡Al pizarrón! —señaló—. alentada por el entusiasmo que cada trazo provocaba en ella. comprobando así la satisfacción de ver realizado el 29 . tendré que bajarte la nota en artes plásticas. —¿Es la chancha del Diego? —comentó alguien. En todo caso. —¡Pascuala! —reaccionó Diego. La niña prosiguió como si nada. pues no contaba con una demostración frente a las burlas del curso.

Aunque a Diego no le corresponde como materia. ¡Más respeto! ¿Qué es lo que más recalcamos en esta escuela? ¡Respeto.primer acercamiento a la materialización de una idea. —¿Una qué. respeto y más respeto! —Es una vaka—ama —explicó la niña. Se produjo un silencio tan profundo. —¿Y ese óvalo? —preguntó el profesor. —Bueno —comentó el profesor—. rasguñando la pizarra.. daremos el problema a los alumnos de los cursos superiores. —¡Es el huevo que desayuna todos los días! —¡Silencio! —advirtió el maestro—. destemplando los oídos por unos instantes. que la tiza. —¡Silencio! —volvió a sentenciar el profesor.. 30 . fue la única voz que habló en el aula. pero sí con física y mecánica. Las risas y comentarios de los más grandes terminaron como por encanto.? —Pero si lo dijo clarito la chica —comentó un gracioso. este problema no tiene mucho que ver con aritmética.

tonto. La rueda.—Es una vaca enamorada hasta las patas —insistió el chistoso. Por eso. la vaka de la que hablo se escribe con k y significa algo muy distinto. tal como las aspas que movían los motores a vapor en el siglo XIX. —Tarea para los de séptimo y octavo —señaló el profesor—. El tema también 31 . Investigar el principio físico del molino y su aplicación para utilizar el viento o el agua como energía impulsora. —¡Ya. Un comentario más y se irán amonestados a la dirección. Analizar el principio mecánico que le permite girar. al pedalear. tío Tato —continuó la niña con exagerada calma—. basta! —advirtió el profesor—. la cadena haría girar un remolino que salpica el agua. Esa consonante no existe en la escritura rapa—nui. se escribe con c. —Es una balsa con un balancín. —Esa vaca que dice —replicó la niña con enorme desplante—. Entonces. Mi abuelo dice que el balancín evita que se vuelque. si la bici fuese montada sobre la balsa.

Dibujarán el proyecto como corresponde. Un golpe tremendo. en medio de las miradas de los varones más grandes. No tuvo más palabras. el tamaño de las aspas. ¿cómo le pone oídos a la tonta de la Huevito? —comentó alguien. El profesor miró atentamente a cada uno 32 . En la misma escuela están las respuestas. el material de que están hechas para que la fuerza empleada provoque el movimiento deseado. se abocarán al estudio de la idea del abuelo de Tiara. seguido de un silencio inquietante. Y no importa que esté muerto. con las dimensiones a escala. Y luego calcularán el volumen de la rueda. dejó paralizados a todos los alumnos del curso. Invitó a Tiara a sentarse. Tendrán nota por eso.será parte de la materia de historia para los de quinto y sexto. —Aquí. No quiero excusas. —Pero. Una vez concluida la primera parte de la tarea. —A ver. joven. a ver —advirtió el profesor. que la habrían pulverizado con los ojos si hubieran tenido el poder de hacerlo. —Digo —explicó el alumno sorprendido— que cómo resolvemos este casito.

muy serio. La campana. Se oyeron risas de niños. luego más atrevidas. A nadie le causó gracia el comentario y coincidió con el griterío en el piso de arriba.de esos niños y ellos lo miraron pidiendo auxilio a gritos. Pero. El profesor enmudecía. si es que en verdad lo eran. ¿quiénes podían hacer tanto alboroto? Más de alguien había comentado que en el dormitorio abandonado del segundo piso habitaban fantasmas. hizo trizas el miedo que se había apoderado de las almas de aquellos muchachos y. Un nuevo estruendo se sumó al anterior. —¿Ratones? —musitó el maestro. al instante. Pies descalzos corrían por el segundo piso. salieron como cuetes que alimenta el viento hacia la tranquilidad 33 . celebrando su propia ocurrencia. porque fue más de uno el que se sintió. —¡Elefantes! —comentó uno de los muchachos. provocando la hilaridad desenfrenada de aquellos espectros. con el efecto del eco. El profesor y los alumnos se observaron mutuamente en silencio. más sonora que nunca. tímidas al comienzo.

Desde un comienzo la evitaron. donde el bullicio de los muchachos llenaba el recinto. Diego se hizo el desentendido. Tiara. Tiara sacó la pitilla que siempre llevaba en su bolsillo y se puso a jugar al kai—kai. Les esperaba la leche caliente y el pan amasado de la tía Elvira.momentánea del comedor. sin embargo. La niña se levantó dificultosamente y se dirigió al comedor junto a la cocina. —¿No sales a recreo? —preguntó el profesor con la voz temblorosa y sin levantar la cabeza de su libro de clases. tal como lo hacía con su amiga Yara en los recreos. La niña sintió como nunca la profunda nostalgia que le provocaba la ausencia de la única compañía que siempre tuvo en la escuela. permaneció inmóvil en su asiento. Durante años se sintió privilegiada de contar con su gran 34 . disimulando la inquietud que le había causado el reciente suceso. La recordó con nostalgia y lamentó haberla dejado partir antes de tiempo. manifestando su rechazo. deseaba demostrar a sus compañeros que nada lo unía a la trastornada que tenía tales ocurrencias y que lo único que le gustaba era llamar la atención.

coincidiendo con el arribo de aquel barco gigantesco. Lo cierto fue que luego de aquella aparición repentina. Ella había sido una luz en medio de las tinieblas. ¡Qué distinto sería si Yara no se hubiera marchado para siempre de la noche a la mañana! Había partido abruptamente. pensó que convivir con aquellos fantasmas del segundo piso era mejor que hacerlo con sus compañeros de escuela. como una vela encendida que irremediablemente se consume al paso de las horas. porque allí lo que más había era trabajo bien remunerado. sin despedida. que la abandonaban. desechándola como un resto de basura. Había sido como una aparición fantasmagórica. de madrugada. ¡Cómo la extrañaba! Por primera vez sentía tan hondo la orfandad que le producía la falta de una amistad que se extinguió de pronto. atiborrado de turistas. al levantar anclas el barco con sus incontables pasajeros y tripulantes. ignorándola por completo. también partió su gran amiga y dijeron más tarde en el poblado que Yara y sus padres abordaron sin remordimientos la nave. como un madero a la deriva. Ahora. semejante a una ballena invernal. Si 35 .amiga.

El piso de arriba IVlientras tanto. con sorpresa. haciendo ceder los tornillos oxidados que sostenían una aldaba corroída por el tiempo y la humedad.pudiera. si en ella estuviera el poder de remediarlo. Y fue lo que hizo. quería ir al piso de arriba y mirar cara a cara a los espectros. Diego. —¡Esta Pascuala! —comentó. Había sido cerrada hace algún tiempo y desde entonces nadie subía al segundo piso. Diego no dejaba de observarla. Asombrado comprobó que Tiara era más tozuda de lo que pensaba. Ella se dirigió a la puerta de mañío y la empujó. 36 . convencido de que Tiara jamás intentaría cruzar esa puerta clausurada.

sin dejar de pensar que su audacia iba tal vez demasiado lejos. ¿Cómo pudo abrir ese candado? ¿Es que había conseguido la llave en alguna parte? Con extremada lentitud. El 37 .Diego quedó perplejo de asombro. Tiara se aferró al rústico pasamano de la escala y subió peldaño tras peldaño.

38 .

Cientos de pulgas comenzaron a saltar del polvo a las piernas de Tiara. Picaban desaforadas. mal pintados de blanco.corazón brincaba en el pecho de la niña. en disposición de recibirla como amiga! Tiara se sentó en una cama. atravesadas a lo ancho del catre. Los ojos de la niña se habituaron a la oscuridad reinante y paulatinamente aparecieron los objetos que albergaba el antiguo dormitorio: una hilera de catres de hierro. veladores de madera con el esmalte descolorido. un enorme ropero. Las tablas desnudas. aguardaban un colchón que las cubriera. conteniendo la respiración. Entonces. como si hubiesen esperado por años la visita de alguien a quien darle la bienvenida. como si el aire allí fuese un bien escaso. Al llegar al piso superior se halló en un lugar estrecho y asfixiante. ¡Qué lindo sería si en cada catre aguardase un niño con los ojos atentos. imaginó qué 39 . Un velo de polvo suspendido o de bruma colada a través de alguna ventana sin vidrios daba la impresión exacta de lo que había imaginado: un refugio de fantasmas. arrimado a un muro de sombras. también descascarado.

escapar de allí y regresar de inmediato a la seguridad de su aula. Cerró los ojos por fin y escuchó claramente las risitas que se ocultaban en los rincones del recinto. Varios niños se acercaron. La quietud del lugar invitaba a dejarse llevar por el envolvente rumor que provenía del exterior. No tuvo voluntad para abrir los ojos. tal vez sintió que lo hacía con exagerada lentitud. Se sintió dominada por la sensación de estar atrapada y tuvo la convicción de que no saldría tan fácilmente de ahí. 40 . la brisa incansable. observándola con una curiosidad inquietante. La niña se tumbó de lado sobre aquellas tablas desnudas y mantuvo la mirada perdida. Tiara se levantó. el constante ir y venir de las olas cercanas la fueron acunando en un cálido recogimiento. como si no tuvieran pies para desplazarse o bien no tocaran el suelo mientras caminaban. sin hacer el menor ruido. En un dos por tres la rodearon.sería de ella si tuviera que compartir ese lugar con otras internas y evitarse el fatigoso traslado diario de la casa a la escuela.

que reía de buena gana ante el asombro de sus compañeros. Dime Ese.—¡Hola! —dijo por fin la única niña que integraba aquel grupo extraño—. —¿Huevito? —Cuando chica me lo pasaba comiendo huevos —respondió. no más. quienes permanecían más apartados. Pascuala? —Tiara. como si la niña que los visitaba fuese un fantasma aparecido a plena luz del día. ¿Y tú? Parecía una luminaria. —¿Y en qué caleta vives? 41 . evitando moverse. Tiara. —¡Qué bonito! Pero aquí serás la Te. Me dicen la Huevito. y vivo en Caleta Chica. —Hola —respondió—. Me dicen la Ese y soy de la caleta. —¿Y cómo te gusta que te llamen. Así me gusta. la Pascuala. perdón. —¿Y a ti? -¿Qué? —¿Cómo te gusta que te llamen? —¡Ese\ —repitió—. Observaban a Tiara desde el borde de sus camas. con su blanca dentadura contenida en una boca expresiva.

—¿Balsearte? —Cruzar en bote. —Es que yo no vivo lejos —respondió Tiara—. Sólo tengo que balsearme.. Habríamos sido yuntas. 42 .. —¡Qué pena! —se lamentó de veras la niña—. en lancha. —¿Y tu papá? —Juan Alberto Miru.—Bueno. —¿Y te quieren? —Sí. —Es que no es nunca lo mismo. ahora —dudó un instante—. No tengo que dormir en la escuela. —¿Cómo se llama tu mamá? —Verónica Hito. —¿Vivís con tus papás? —Sí. Como aquí están los hombres.. —Igual podemos ser amigas —respondió Tiara. Vivo en la escuela. —Pero no me dijiste el nombre de tu caleta. mucho. Tanto como yo los quiero. ¿Viniste a quedarte? Sería regüeno. por el momento duermo en la pieza de la señorita Emilia. porque así el padre nos manda a hacer al tiro otra pieza. en mi casa. Dicen que cuando lleguen más niñas habrá un dormitorio para nosotras y voy a dejar tranquila a la directora. en ninguna.

Los muchachos. no más. polvo. familia. Mira. ah! Caleta. trataba de mantener fresca la sonrisa que ocultaba el bochorno que lo mantenía pegado al piso. sin nombre. muy delgado y de baja estatura. y la risotada fue general. 43 . El desplome del muchacho provocó la risa de sus compañeros. acérquense pa' que la Te los conozca. caleta. Había cariño en ese gesto—. Cacharon. mientras les pasaba revista con la mirada. envuelto en una nube de. Ellos no reaccionaron. limitándose a bajar la cabeza en señal de asentimiento. A ver. arrastrando el resto del entablado. ahí vivíamos todos nosotros. El niño. con un chiquillo y todo. Tenemos visita. te los voy a presentar. caleta de cabros. ¿verdad? ¿Están presentables? Es lo correcto —comentó la Ese. al tratar de incorporarse hicieron que se deslizara una de las tablas y ellas se corrieron. —El caído del catre es Luis —dijo la muchacha.—Caleta. un tanto perezosos. Estaba junto al río. sin poder levantarse. Era nuestro hogar. ¿entendís? ¡Soi medio dura de mollera. chiquillos. debajo de un puente.

La muchacha. Un sacerdote se presentó repentinamente en el lugar. 44 . en medio de una risotada—. cubierta a medias por un abrigo acolchado. levantando una polvareda que amenazaba con oscurecer el recinto. alegre y entusiasta. —Esos son el Douglas y el Leuquipán —agregó la muchacha. atraídos por el alboroto. Dos muchachos yacían tendidos sobre las pesadas tablas que se habían desplomado sobre el piso. No somos muchos. En medio del desorden se sintieron las pisadas apresuradas de quienes subían al segundo piso. pero aquí nos tratamos como hermanos. y entre carreras. El regocijo provocado por el desplome sucesivo de catres los mostró como chicos de carne y hueso. Vestía una larga sotana. como que igual nos tenemos terrible de respeto.Pero no fue la única caída. —Y el otro caído del catre —siguió presentando la muchacha— es el Simón. porque de inmediato el entablado de otra cama también se fue al suelo. dejando un reguero de tablas a su alrededor. abrazó a sus compañeros. manotazos y pisotones perdieron toda compostura y la algarabía fue total.

chicos! ¿Qué desastre es éste? Todos. ¡A ver. colmaron de paz el recinto. Recuperaron las tablas desprendidas de las camas y sólo de vez en 45 . colaboraron en poner las cosas en su lugar. —¡Orden! —advirtió en voz alta la joven—. que más parecía un niño por su semblante de sorpresa y algo de picara complicidad en la mirada. en camisón de franela y con una mañanita sobre los hombros. atónitos. sin que ninguno se restara. sin ver la luz del día. medio dormido. per la Madonnail —exclamó el religioso. Le seguía un hombre joven. Sus rostros de alegría se tornaron de sorpresa. el gesto amable del hombre bonachón. —¡Qué cagnara es ésta.A pesar de su aparente enojo. con ojos desmesurados. como los que a veces exhiben quienes han estado recluidos por un largo tiempo. con sus dientes separados y una ancha sonrisa iluminando su rostro mal rasurado. Una señorita. apareció de la nada. Ante la repentina presencia de quienes irrumpían en el recinto. los chiquillos se volvieron a ellos con la actitud de quien espera una reprimenda.

En el retrato aparecía diez años más joven y era exactamente la edad que exhibía esta señorita que acompañaba al sacerdote. La expresión de su rostro era el retrato de la felicidad. recordó la fotografía que había visto en el muro de la oficina de la directora. cerrándose todavía más la mañanita a la altura del pecho—. —Eco. le parecieron a Tiara los atributos de una persona conocida. ¿Emilia?. autoritario y calmado. Estaba vestida con excesiva formalidad y en sus manos sostenía un enorme diploma. ¡Así es como debe ser! Aquel rostro. Algo hay que hacer para cambiar esas tablas. Acto seguido se dirigió a la joven—: Emilia. 46 . —¡Eso es! —dijo la joven. repitió Tiara en su mente. al evocar la situación que tanto regocijo les había causado. ragazzo —comentó alegremente el religioso. ¿podemos ocuparnos de esos maderos? —Sí. ¿Sería la misma tía Emilia en la que pensaba? De pronto.cuando dejaron escapar una risa. aquella figura menuda pero saludable. alentando la buena disposición de esos muchachos—. padre —respondió ella. ese timbre de voz.

una mano pesada la remecía del hombro. ni menos para despedidas embarazosas. abandonó el dormitorio por una puerta contigua. ya más tranquila. —¡Qué bien! —replicó la joven—. Haga meño. por la buena disposición de los muchachos. ¿Renato?. Sin embargo. me encargaré de esas tablas. La tía Emilia. 47 . sin darse tiempo para explicaciones. Su reacción impulsiva fue salir corriendo. también sonó conocido el nombre en la cabeza de la niña. El joven se dio media vuelta para marcharse por la misma escalera que lo había llevado al segundo piso. su profesor de todos los días? —Todos nos ocuparemos del problema —repitió el sacerdote y salió tras los pasos del hombre joven.—Bueno —exclamó a su vez el profesor—. La campana puso fin al recreo. la directora de la escuela en persona. Renato. Tiara sintió que su corazón daba más de un brinco. ¿Sería el mismo tío Tato.

evitando toda posibilidad de comunicación con Tiara. abrió los ojos y despertó frente a la preocupada mirada de Diego. por encima del pantalón largo—. despierta! —le dijo su compañero. con el bochorno que provocaba la crueldad de sus compañeros.Tendida sobre un costado.. Hace rato que sonó la campana y como no llegabas nunca a la sala. arrepentido tal vez de haber entrado en ese recinto prohibido. tal como se había dormido.. Llegó a pensar que la inconfortable situación a la que estaba sometido 48 . para no provocar preguntas indeseadas y las burlas inevitables. al tiempo que no dejaba de rascarse las piernas. Bajo la pasarela JJiego se mantuvo en silencio durante la jornada de clases. La comezón de las picadas de pulga no lo dejaba en paz y cada vez que se rascaba debía simular frente a sus compañeros. —¡Tiara.

pero no albergaba rencor alguno. —Hazle un huequito a la Pascuala —advirtió el lanchero. Las clases llegaron a su fin y los alumnos se dispersaron en varias direcciones. Diego se acomodó en el de su padre. Estaba dolida. olvidándose de Tiara.era el merecido castigo por transgredir una norma impuesta por la dirección de la escuela. transportando niños. Tiara soportaba el silencio de su compañero como un golpe despiadado. Una parte de ellos permaneció junto al embarcadero en espera de los botes que debían pasar a recogerlos. Sabía que aquella ofuscación de Diego era pasajera y una voz interior le aseguraba que sólo era cuestión de tiempo y que la amistad entre ambos volvería a la normalidad. Tiara estaba a punto de protestar de 49 . Los muchachos abordaron ordenadamente los botes. directo al corazón. La lancha del papá de Diego arribó casi al mismo tiempo con otra embarcación que luego enfilaría un rumbo distinto. Por un instante el muchacho se negó a reaccionar.

su propio padre. Y como la travesía era demasiado corta. el muchacho tuvo que contener sus ansias 50 . deseando hundirse en el asiento de madera. le habría llamado severamente la atención por su imprudencia. Durante el trayecto estuvieron atentos a las reacciones mutuas. a evitarse. ni la palabra. —¡Lo que siempre te digo! —sentenció el papá de Diego—. hijo? El muchacho. —¡Diego! —insistió el hombre—. dispuestos. porque la lancha no se arrimaba del todo a los maderos del pequeño muelle y el patrón de la embarcación. él se preparó para bajar cuanto antes. No lograba entender tanta indiferencia. al acercarse el bote al embarcadero. Ambos sentían la respiración agitada. soportando las miradas de los niños. ¿Está sordo. Pero no pudo levantarse de su asiento. se apretujó cuanto pudo dentro del bote y Tiara ocupó el lugar estrecho que su compañero le dejaba. Y como habló en general. observando de lado el perfil de cada rostro. quién sabe. Diego hizo esfuerzos tremendos para no dirigirle la mirada. Las niñas primero.impotencia.

¿puedo acompañarte? —Usted sabe. Ella también manifestó apuro por descender del bote. cogiéndose de uno de los 51 . Diego. obligándolo a sentarse de nuevo. —Me habría gustado ir contigo —rezongó el muchacho. Pero él no la aceptó. Diego apretó su mochila contra el pecho y esquivó a su compañera. —Dame la mano —insistió la niña. —Papá —preguntó Diego—. Allí esperó a Diego para tenderle una mano. hijo. La niña dio un pequeño salto y alcanzó el muelle. cómo se preocupa su madre cuando no llega a tiempo de la escuela —respondió el hombre. Tiara se afirmó en Diego.de salir huyendo. por lo que ambos se levantaron casi al mismo tiempo. pasándola a llevar con torpeza y casi la derriba sobre los maderos del piso. Tiara se apoyó abiertamente en el hombro de su compañero. —Ahora las mujeres son las galantes —bromeó el pescador. —Dejo a estos chicos y regreso. Ayude a la Pascuala.

—¿Qué? —replicó Diego. Diego. Cuide bien a la Huevito. como si repentinamente se acordara de las picadas de pulga. muy molesto. celebrando a carcajadas la ocurrencia—. —¿Te acuerdas de los ruidos que escuchamos? —¿Qué ruidos? —Esos que venían del piso de arriba.tirantes de la mochila. como si también celebrara el ingenio de su dueño. El motor fuera de borda ahogó las risas de los chiquillos que seguían viaje y la embarcación se alejó dando pequeños tumbos sobre el agua. —Es bueno para las picaduras. —Estos dos se las traen —comentó el lanchero. —¿Qué pasa? —Los tengo atravesados en la garganta —comentó Tiara. —Todo por tu culpa —protestó Diego. y en ese tira y afloja estuvieron un par de segundos. 52 . ruborizados hasta los cabellos. -¿Qué? —El Mentolathum —porfió ella. Entonces. Diego volvió a rascarse las piernas. —Mentolathum —dijo la niña.

—¿Y por qué mejor no traigo el horno eléctrico de mi mamá? —replicó con ironía. los huevos no tienen espinas —se burló él con alevosía.—Que yo sepa. —¡Por qué no te habré dejado allí para que te comieran viva las pulgas! —¿Te gustaría saberlo? —No pienso subir allí nunca más en mi vida. ¿De acuerdo? —Será después del té —afirmó Diego. —Y trae tu bicicleta —agregó Tiara. —Pobre de ti que sea otra de tus tonteras —amenazó con dureza. Diego! Si es en serio —protestó ella—. —¡Y a mí qué me importa! —¿Te digo lo que hay en el piso de arriba? —No me interesa. —Es que no sabes lo que descubrí. Es que no puedo guardar el secreto. que se deslizó hasta el suelo. 53 . quedando completamente desarmado. —Después que hagamos las tareas nos encontramos aquí mismo. —¡Ya. —¡Estas loca! ¿No sabías que está prohibido? —Tú también subiste. Diego perdió el control de su mochila.

pero no había señales de su amigo. Nuevamente. y lo arrastró fuera de la casa. observó pacientemente la pasarela 54 . bifurcándose hacia el bosque impenetrable y que sólo convergían frente al embarcadero. Mientras esperaba trepó a uno de los botes más altos y. Allí se separaron. Recogió un viejo balde de plástico en desuso. evitando ser sorprendida. Se dirigió con todos aquellos cachivaches al sitio donde se encontraría con Diego. Encontró un viejo tarro de lata. antes de salir del patio de su casa. haciendo equilibrio en el borde de la embarcación. porque el camino a sus casas se hacía por pasarelas que se apartaban. Aguardó unos minutos. una cuchara de madera.—Lo que dije en la mañana fue sin querer —respondió ella. uno de aquellos trastos que alguna vez fue tiesto de pintura. tomó las precauciones para no ser descubierta. Tiara no pudo esperar hasta la hora del té para ir al encuentro con Diego. Ocultó el balde entre los botes y regresó a la casa por más objetos inútiles. Llegó antes a la cita. una tabla de alerce y un azadón comido por el óxido.

—¡Tengo que hacerlo en la casa. cuando su amigo estuvo junto a ella.que conducía a la casa de Diego. como si fuera una mascota. como era su sueño. —Ponte ahora mismo esta pomada —dijo Tiara. —¿Qué? —exclamó Diego—. Tiene que ser una caleta donde nadie nos encuentre. Yo hablo de algo más oculto. —¡Tengo las piernas llenas de pintas rojas! —Ponte la pomada y listo. entonces! —¡Ven! Busquemos una caleta. se contentaba con llevarla de paseo. Es muy buena para las picaduras. rogando que nadie se presentara en su lugar. ¿Estás loca? —¿Por qué? —replicó ella con absoluta inocencia—. —¿De nuevo con lo mismo. Pascuala? —replicó Diego. —¡Mentolathum! —y le ofreció una cajita de lata. —Este lugar no sirve —explicó ella—. Ai no poder montar en ella y pedalear a gusto. Al cabo de un rato apareció Diego caminando junto su bicicleta. 55 . —Estamos en la caleta.

—Pero. ¿cómo lo supo? 56 . al tiempo que miraba en todas las direcciones. —¿Para que no la uses? —Para construir esa canoa que se le ocurrió a tu abuelo. —No pienso moverme de aquí —protestó él. —¿Cómo lo sabes si todavía no te lo cuento? -¿Qué? —Que mi papá quiere desarmar mi bici. —¿Brincando? —De eso también tengo que hablarte. con bici y todo. —¿De qué estás hablando. Pascuala? —De ahora en adelante tienes que usarla como sea. —¿Ni siquiera brincando con tu bici. —Nunca faltan los curiosos —replicó ella. aprovechando tus picadas de pulgas? —sugirió ella con un dejo de picardía. —¿De qué? —Fue lo que hiciste cuando saltaste al agua.—Igual no hay nadie —protestó Diego.

—Es que nunca pensé que me escucharía. Tiara recogió los cachivaches y se alejó saltando de bote en bote. sería más segura. a tu manera. como él la llama. en tu estilo. arrastrando la bicicleta.vit son peligrosas y que una bicicleta para el agua. 57 . —¡Ven. Diego caminó por la pasarela. La niña se dirigió hacia una cavidad que se producía entre la roca y la parte inferior del pasadizo de madera. —¿Y para qué le dijiste? —Para reírme de ti. haciendo equilibrio con la carga que llevaba. Ahora no hace más que transmitir con el asunto. insiste que las balsas de pluma. como se dice. Desde ahí llamó a su compañero. —Ahora con mayor razón tienes que demostrarle que puedes usar tu bici. en la misma dirección de Tiara.—Yo le conté. tonto? Te castigó la boca. asomando apenas la cabeza. sigúeme! —¡No voy a bajar! —protestó Diego desde la baranda. —¿Lo ves.

hasta acercarse a la entrada del escondite que había descubierto su compañera. dando brinco tras brinco. se vio haciendo equilibrio. Ella sujetó con las dos manos la 58 . como una lagartija que salva su pellejo bajo la luz del sol. apretando los frenos. Sin darse cuenta siquiera. Diego esperó que la niña cambiara de idea y regresara donde él aguardaba. aferrado a la bicicleta. sujetándola con ambas manos. Entonces fue Tiara en su ayuda. Tiara se echó a reír de felicidad. El tiempo se estiró como la melcocha y Diego perdió la paciencia. como un chispazo de luminosidad. con los pies bien puestos en los pedales. pero en ese instante resbaló una de las ruedas y Diego se echó sobre la roca. por un instante. como nunca lo había hecho.—¡Aquí es increíble! —No puedo dejar mi bici —porfió. —¡Salta con ella! —respondió Tiara con el ánimo encendido. Las extravagantes ocurrencias de Tiara se apoderaron de su mente y pensó montar en la bicicleta. había descendido un par de pasos en dirección al refugio. Comenzó a descender por la superficie rocosa.

ponte cómodo.chado. casi lamentamos una tragedia. Tiara se dedicó a cubrir con pomada cada picada de pulga.'" Aceptó sentarse. Mientras Diego se subía las piernas de su pantalón. estirando la comisura de los labios hacia las mejillas. Pero lo primero es lo primero. Pero el muchacho aceptó a regañadientes la invitación a entrar en aquella caverna. como diciendo casi. —Ahora. incómodo e inseguro. casi —comentó ella. como si nada. si la partida fuera menos complicada que la llegada. -¿Qué? —Vamos a calmar esa picazón. Estaba asoro. por fin. a punto de 59 . —¿Qué caleta? —protestó él. suspendida sobre el mar. Diego no disimulaba su molestia y se habría marchado de allí enseguida. —Casi.bicicleta y ambos la arrastraron hasta el escondite. —¿Qué cosa? —Arremángate los pantalones. —Esta será nuestra caleta —prosiguió ella.

—¿Para qué quieres estas porquerías? —Este balde es para lavar nuestras cosas —explicó Tiara. Una caleta es como un hogar verdadero. —¡Yo no pienso estar un minuto más aquí! —Escucha —rogó la niña—. —Tendremos que traer más cosas de la casa. ¡Ah. -¿Qué? —Diego —se apresuró ella—. compartiremos la comida. podemos traer una radio y escuchar la música que nos gusta.. la ropa de abrigo. en cambio. Aquí seremos como una familia. Nos cuidaremos el uno al otro. sin que nadie. las revistas. —¿Qué dices? —¡Aquí la vida puede ser muy emocionante! Podemos cerrar los ojos y escuchar el ir y venir de las suaves olas. porque ahí sí que nos pillan. Entiende que aquí vamos a convivir.morirse de vergüenza. Pero aquí estaríamos como rico Pancho Gómez. Ella. que sería como 60 .. como si nada. momento! Eso no.

61 .

Allí los chicos se refugian en caletas como ésta y el río es como un padre para ellos. si me llamo Diego? —Es que no sé cómo se dice Diego en inglés. Los alimentos sí que no podemos obtenerlos del río. colchones viejos y hasta podría darnos una mesa para las horas de comida. ¿Entiendes? Yo seré la Te y tú serás el Deivid. podemos ver la ciudad maravillosa que está sobre nosotros. Todo el mundo 62 . incluso dinero. —¿Y por qué el Deivid. El les lleva todo lo que necesitan. arrastra sillas.el torrente de un río. Entonces. buscando lo que sea necesario. Lo que queramos comer tendremos que salir a buscarlo. Deivid es muy importante porque es el nombre del navegante inglés que vio de lejos la isla donde nacieron mis padres y mis abuelos. Si quieres te puedo llamar Jonathan o Braian. porque a él sólo llegan desperdicios. Podemos dividir en dos la ciudad. —¡Quiero irme! —Aquí seremos alguien. Tú irás hacia un lado y yo hacia el otro. Pero no estés pensando en tu casa o en la mía.

sí me acuerdo. —Oye. Entonces. me encuentro con ellos. —¡Pero si no me has contado nada! 63 . —Lo escuché ayer en el piso de arriba. ¿te acuerdas del estruendo de ayer? —Sí. ¿Me sigues? —¡No pienso escucharte! Estás diciendo puras leseras. lo siento —respondió ella con una seguridad que daba miedo. Así son los chicos que viven en las grandes ciudades. —¿Por qué no? —Porque aún no te cuento el secreto. como ya sabes. —No me interesa. esos chicos que nadie infla y deciden vivir en una caleta como ésta.conocía a la Isla de Pascua como La Tierra del Deivid. de repente. yo subí al piso de arriba. Esos que no son tomados en cuenta. -¿Qué? —Todo de lo que te hablé. —Bueno. —¡Tengo que irme! —No puedes irte. —¿Con quiénes? —Con los que me contaron todo lo que te acabo de decir.

Porque en la ciudad la gente no camina por pasadizos estrechos como estas pasarelas.—¿Cómo que nada? —¡Nada! —¡Pero si no hago más que hablarte de eso! —¿De qué? —Del río que atraviesa la ciudad. Las calles son anchas y tan largas que se pierden de vista a la distancia. Bueno. y que en sus aguas arrastra todo lo que se necesita para vivir en una caleta. Junto al río que atraviesa la ciudad de punta a cabo y llega al mar. porque sería pérdida de tiempo. Te decía que tendremos que dividirnos. que escuchan música 64 . evitando nuevas interrupciones—. Tienes que andar mucho para ir de un punto a otro. Un bosque en medio de las enormes avenidas. Y ese parque es el paraíso de los biciclistas. se extiende un parque maravilloso. no todo. para que no nos topemos. ¡Ah! ¡Esto sí que es bueno! ¡Puedes ir en tu bici! —¿Cómo lo sabes? —En la ciudad es distinto. Deivid —se apresuró a explicar ella. No. desde la cordillera al mar. Deivid. tú irás en un sentido y yo en el otro.

¡Es fantástico! Los biciclistas compiten en estadios repletos de gente y en los parques. hay enormes plataformas elevadas para dar saltos y volteretas en el aire. Es fabuloso. los que vivimos aquí no dejamos espacio para tu bici. porque ellos pueden desplazarse de un punto a otro por caminos muy planos donde la bicicleta es dueña y señora. mientras pasan aviones sobre sus cabezas.mientras pedalean. —Sí. En la ciudad es distinto. sin atreverse a contradecirla. puestos en desorden con diferencias de nivel. donde los pasadizos son estrechos. Deivid. Además. Por esos caminos sólo pasan bicicletas. Los biciclistas pueden subir y bajar escaleras con sus bicis. —¿Paraíso de los biciclistas? —se mostró Diego un poco más interesado. La llevan en el bolsillo y con unos botoncitos ensartados en sus orejas escuchan directamente lo que más les gusta. Estaba fascinado con el relato de Tiara. 65 . Diego la escuchaba con la boca abierta. algunos trepan por los troncos de los árboles. Ellos no son arrollados por personas que ocupan todo y no dejan pasar a nadie como ocurre aquí.

es para decirte que no podrás cruzar al otro lado de la calle. feliz de la vida. En ese orden hacia abajo. cuando dos caminos parece que terminan y se encuentran. otro con ropa de mujer. un microbús o un vehículo de los carabineros. tienes que detenerte. buses y camiones. otro para los hombres y otro para los jóvenes. En cada esquina. uno con ropa de niños. por donde pasan miles de autos. Porque ahí sí que estás frito: te llevan detenido enseguida. porque la próxima luz que viene es la roja. formando un cruce.—Para los vehículos —siguió ella— hay grandes avenidas. —¿Y la luz amarilla? —Esa es un aviso. hay luces de tres colores: roja. La ciudad es enorme y tiene de todo lo que puedas imaginar. porque así evitas que puedas arrollar un automóvil. Almacenes con ventanas para observar la mercadería que hay en su interior. puedes seguir pedaleando como si nada. un almacén distinto encima del otro. En un almacén se 66 . Pero cuando la luz roja cambia a verde. Y tienes que hacerlo. Algunos tienen varios pisos. Cuando llegas al cruce y está encendida la roja. interminables. amarilla y verde. largas.

tonto? ¿Es que no te das cuenta? Desde esta caleta podemos sentir lo cerca que está la ciudad. como le pasó a la Ese. y podemos ir por sus calles para mirar a la gente que pasa y machetear. —¿Pedir plata? ¿Como los mendigos? —Pero debemos cuidarnos de los carabineros. pero nadie se saluda porque no se conocen. Y a lo mejor vamos a tener que saltar desde la calle al río para librarnos de los pacos y vamos a quedar adoloridos del cuerpo. muebles y alfombras. se abrazan a coro y empiezan a saludarse entre ellos. Allí van todos cuando Chile juega fútbol con otro país. enorme. 67 . en otro se compran cosas para la casa. En el corazón de la ciudad hay una pantalla gigante. como el horno de tu mamá. Deivid. Se encuentran las personas. —¿Machetear? —Pedirles una moneda. entonces van a seguirnos y tendremos que salir corriendo. Porque ellos saben en lo que andamos. Pero cuando Chile gana todos gritan al mismo tiempo. fabulosa. para comprar lo que queramos.pueden comprar aparatos eléctricos. ¿Lo ves.

-¿Qué? —El uno es del otro y el otro es de uno. cuando entré al dormitorio estaba lleno de camas. —¿Quién es ella? —Déjame seguir —lo interrumpió Tiara—. tú y yo nunca nos vamos a separar. En cada cama había un niño. Y 68 . sabe cuándo está contento. Se fue a vivir con otros niños en una caleta. Entonces. conoce todos los cantos del río. Imagínate al Leuquipán. En todo caso. debajo de un puente. como de hospital. ellos al verme se levantaron para saludarme. Tenía seis años cuando falleció su abuelita y quedó en la calle. una chiquilla que duerme en el piso de arriba.—¿A quién? —A la Ese. porque junto con la cama se cayó el chiquillo que estaba en ella. pase lo que pase. porque no tenía a nadie más en la vida. Se lo ha recorrido todo. Nos reímos. —¡Estás delirando! —Mira. cuándo desdichado. porque seremos como hermanos. para darme la bienvenida. ¿entiendes? Una de las camas se cayó y se produjo el descalabro.

como todos se mataban de la risa. Eso fue lo que escuchamos en la sala: eran los cabros de arriba que se caían del catre como sacos de papas. mira! —advirtió ella—. 69 . —¡Termina de una vez! Diego. —\Deivid. resbalando a ratos. A duras penas logró sacar la bicicleta fuera del escondite y a regañadientes aceptó que Tiara le ayudara. como si quisiera evitar que Tiara pusiera sus manos sobre el asiento o la rueda trasera. se fueron al suelo y se desató la batahola. Diego mostraba su molestia dando fuertes tirones del manubrio. —¡Estás inventando! —¡Es la pura y santa verdad! —¡Me voy! —Primero tengo que terminar con esas picadas de pulga. todavía con el pantalón arremangado. Justo encima de nosotros se alza una pantalla gigante. se incorporó tan de repente que se golpeó la cabeza con las tablas de la pasarela. porque la humedad proveniente del mar comenzaba a cubrir las rocas. Entre los dos la arrastraron y luego la levantaron hacia la pasarela. como una llovizna.

para que la distingan hasta los helicópteros que giran sobre nuestras cabezas. te darás cuenta de que una mujer muy bella nos dice: sonrían. ¿Está tu papá? —No —respondió la niña—. sonrían. como si quisiera montar en ella. salió temprano y todavía no ha vuelto. Si en ese momento hubiese expresado lo que pensaba.perfectamente iluminada. Si te fijas bien en la preciosa imagen que nos mira. Pero Diego no respondió y se volvió a mirar una vez más a su compañera. luego. Diego aprovechó la distracción de Tiara y se alejó. subía los 70 . Solitaria en casa —Hola —saludó—. habría dicho: ¡estás más loca que una cabra! No hicieron más que terminar de trepar hasta la pasarela cuando descubrieron que eran observados. a ratos corría. arrastrando su bicicleta. El alcalde de mar se acercó con la inquietud pintada en su cara curtida por el agua salada.

La hora en que la naturaleza habla con su quietud. De ser así. Las lágrimas de su pena no corrieron por sus mejillas. —Bueno. La noche la cubría con su manto de soledad. No era posible que se alejara del modo que lo había hecho. ella sí que está —respondió la niña. al menos podré hablar con tu mamá —dijo el hombre. El alcalde de mar caminaba cabizbajo y en silencio. Se molestó con su amigo por salir huyendo de esa manera. Tiara se preguntaba si el alcalde de mar había descubierto el escondite debajo de la pasarela. se vería obligada a no regresar nunca más a su propia caleta. como si fuesen cómplices de algo malo. que con tanta ilusión deseaba compartir con Diego. Era la hora de la conciencia. los pájaros desaparecieron de pronto y hasta se detuvo la suave brisa que se deja sentir durante el día. hasta que se perdió de vista.escalones con la bici al hombro. —Sí. La noche se anunciaba con todas sus señales. Mientras se dirigían a la casa. 71 . El recogimiento se apoderó de la niña.

72 . mientras vertía el agua caliente de una tetera ennegrecida por el fuego—.Caminaba cabizbaja por un túnel de hielo y quien la acompañaba no era más que otro de los tantos fantasmas que encontraba cada día. —¡Mamá! —llamó desde la puerta—. ¿Le sirvo un té? —No lo voy a rechazar —respondió el hombre y se quitó el gorro de lana que cubría su cabeza. —El salió bien temprano —explicó la mujer. Buscan a mi papito. que entró en la cocina de la modesta casa y aceptó tomar asiento—. Con el hijo mayor se fue. —Adelante —respondió la madre y salió a recibir al alcalde de mar.

73 .

Ni caso que hicieron. En caso contrario vienen los marinos y se los llevan por rebeldía. —Ay. oiga. Si se lo he dicho tantas veces. pero no me asuste. Ahora tienen que presentarse. 74 .—Ese es el problema —comentó el hombre. pues —reiteró—. —A lo mejor anda en eso. —¿Y usted no pudo ayudarlo? —Pero si lo hice —se excusó el visitante—. Pero no entiende. —Es que ahora tiene que ir a Puerto Cisnes. —Sí. Se lo advertí hasta el cansancio. qué duros de cabeza estos hombres! —Así no más. —La Capitanía de Puerto le puso una multa. —¡Ah! —exclamó ella. —¿De qué se trata esta vez? —Que no puede ir de pesca con el hijo mayor. —¿Qué problema? —Que no escucha razones. —Pero cómo ha de ir tan lejos —protestó ella. ¿No ve que su hijo no puede salir a pescar sin el permiso respectivo? —¡Por Dios.

La niña se acercó a su madre y le alcanzó el pañuelo blanco bien doblado que siempre llevaba consigo.—La pura verdad no más digo. para hacerme presente que tiene infracciones acumuladas contra el Pascual. le había dicho. siempre lo llevaba consigo. Era un detalle que también le había dejado su amiga Yara. Me llamó especialmente el almirante de la Segunda Zona. la mujer se concentró en las mamaderas de sus hijos y el pañuelo de la niña permaneció intacto sobre el mantel de plástico anaranjado que cubría la mesa. «Así siempre estarás preparada para un imprevisto». Desde entonces. Cabizbaja. Tiara observó la preocupación de su madre. parecía a punto de llorar. 75 . —Usted sabe —dijo la mujer— que andan preocupados de los pescadores. pero siempre lo consideró un recurso indispensable en medio del mar. Nunca entendió a qué tipo de sorpresa se refería. Sin embargo. para secar la humedad salobre. capaz de cegar la vista y provocar comezón en los ojos.

sin que nada ni nadie se interpusiera entre ambos. —Tanto le dije que no aceptara ser presidente de la caleta.—Todos lo saben —respondió el visitante—. —Es un modo de decir. Tiara se limitó a observar como su hermanito satisfacía su hambre y deseó con toda la fuerza de su corazón que el pequeño fuera su hijo para tener el derecho de alimentarlo. —. interrogándola con la mirada. Pero la madre.Maña? —exclamó ella. —rompió su silencio el alcalde de mar. En eso no hay maña. pero las reglas deben cumplirse. 76 .. —Este muchacho. fue a la cuna con la leche que el pequeño reclamaba. no lo tome usted tan mal. El alcalde de mar se volvió a mirar a la niña. El menor de los hermanos soltó el llanto y la niña corrió a consolarlo. —Pero eso no lo libera de cumplimientos que a todos corresponden —comentó finalmente el hombre. doña. más eficiente..

—No.—¿Diego? —respondió Tiara. qué bien! Eso me tranquiliza. en las rocas? —Lo que pasa. Y enrojeció de inquietud. La balsa no la usamos cuando hay neblina. ¿Ahí. 77 . suspirando como si le hubieran quitado un peso de encima—. —¿Pensaban poner esa bicicleta sobre tu balsa de plumavit? —exclamó el hombre. —¡Ah. —pero la explicación que rondaba su mente no se convirtió en palabras. Tiara descubrió el gesto de complicidad que le hacía el alcalde de mar y guardó silencio. —¿Cómo? —replicó el hombre. señor alcalde —respondió la niña. —Sí —asintió el hombre—. se levantó de la mesa y salió a la puerta de la vivienda. bastante asombrado—.. ¿No estará pensando hacer algo indebido? —¿Indebido? —preguntó la niña con un hilo de voz. Allí se sentó a contemplar la noche. don. Luego.. —¿Qué intentaba hacer con esa bicicleta? —Andar en ella —respondió la niña con absoluta inocencia.

—¿Me acompañas al muelle. que se dirigió al embarcadero. —Cariños a la tía Lidia —dijo ella. dándole la apariencia de un espectro frente a la oscuridad. Abordó la pequeña embarcación. —Se me hizo de noche —comentó—. para nada. Apenas lleguen les daré su recado. dejando libre el paso al alcalde de mar.—No se preocupe. 78 . El alcalde de mar dejó de regañar a la niña ante la presencia de su asistente. —Es urgente. No. En el umbral apareció recortada la figura sombría del hombre. doña. Huevito? Tiara caminó en silencio junto al hombre. —¿Cómo que nada? Tengan cuidado con ese juguete. Tiara se levantó y se hizo a un lado. Puede ser muy peligroso. señor alcalde —escuchó decir a su madre—. que lo esperaba en el bote. Un reflejo de luz amarillenta lo rodeaba. ¿Me pasé de la raya? —¿Cómo? —¿Hablé más de la cuenta? —¡Ah! —replicó ella—. se sentó en la popa y se subió el cuello de la chaqueta de paño. La puerta crujió al abrirse.

El alcalde de mar no respondió. ¿Qué era lo que en verdad sabía el hombre? 79 . alejándose rápidamente del embarcadero. Hubiese querido volverse. Tiara quedó tan intrigada como al principio de la visita del alcalde. pero el asistente ya había girado el bote y remaba con energía.

subía los últimos peldaños. fue a la puerta y salió a la mañana con un sobresalto en el pecho. una voz interior le decía que lo vivido esa noche era lo más impresionante de todo lo conocido hasta entonces. El sueño la había engañado. La madre de Diego. corrió a la cama de su hermano. Al ver que Diego no estaba. pero que no podía recordarlo. con la sensación de haber dormido más de la cuenta. Sin despedirse de su madre. Tal como lo temiera. Se lavó y vistió a la carrera. Se apresuró para ir a la escuela. Fue a la ventana para mirar hacia la costa. cargando con dificultad la bicicleta. Kiko y su padre no habían regresado de la pesca durante la noche.Los príncipes A la mañana siguiente despertó asustada. al final de la pasarela que se internaba en medio de un racimo 80 . Ni siquiera probó la leche del desayuno.

atiborrado de casas. 81 . Tiara se quedó observándola hasta verla desaparecer.

habían navegado su padre y su hermano? La vaka poe—poe era una nave de gran tamaño. un silbido. ¿Qué tan lejos. Observó un instante el océano. su compañero ya había cruzado a la escuela en el bote de don Anselmo. Y no pensó en ella.Al parecer. Tampoco lo haría su padre. En todo el archipiélago no había otra embarcación que la igualara. que pescaba muy lejos de allí. un grito. Una señal habría bastado. mar adentro. Imposible ver en la inmensidad que cubría la neblina. La había construido el abuelo y 82 . Tiara perdió la esperanza de que alguien pasara y la llevara a la escuela. La quietud sobrecogía y nada se podía esperar de aquella neblina envolvente y misteriosa. Abandonada a su suerte observó el panorama brumoso. y ella habría corrido a ocupar su lugar en la lancha. ¿Cómo no se tomó la molestia de comprobar si había salido de la casa? Tampoco se preocupó de avisarle. ¿Es que todavía estaba enojado? Con alegría recordó las peripecias del día anterior: recordaba cómo se había esmerado para entusiasmar a Diego y hacer que cumpliera un sueño. con la proa y la popa muy elevadas.

su hermano Kiko la había hecho participar en la restauración del bote.Tiara recordó claramente cuando la repararon. haciéndolos pasar una y otra vez por la borda de la flamante embarcación. estuvieron pescando para alimentar al nuevo lanchón. después de muchos años de uso. Tiara suspiró con satisfacción al evocar aquellos días. algas y jaibas. De alguna manera. Siempre dispuesta a imitarlo. Los hombres ensamblaron hábilmente la madera para rehacer aquellas partes que se habían deteriorado con el tiempo. Esperó que la densa bruma se alejara para ver el volantín. Kiko la llevó a la costa y la hizo recolectar caracoles. Como única respuesta escuchó en su mente el cantar lejano que le recordaba su origen: 83 . manu—hakerere. pulpos pequeños. Como una forma de nuevo bautizo. Tres días antes de botarla al mar. no le perdía pisada y soñaba con ser tan atrevida como él. cuando su condición de niña no era un obstáculo para seguir en todo a su hermano. que su padre echaba a volar cuando pescaba. cuya carne servía de carnada. le ofrecieron pescados como alimento.

un grito de advertencia. ka neku—neku mai. e Uka—ui—é. ka kau te umu ena. Ella cerró los ojos y aguardó temerosa. su mujer. pero sus dedos estaban demasiado entumecidos como para intentarlo. Nada de eso aconteció. Y mientras Here—veri lo encumbra. la vieja Uka—ui.«E hakerere te manu é. un silbido haciendo que se levantara y se pusiera a salvo. rodeando a la niña como si quisiera devorarla. e Uka—ui é. el viejo Here—veri. Sin embargo. La bruma avanzó repentinamente hacia la costa. E Tu—Here—veri é ka haro—haro mau.» » Y Tiara traducía mentalmente cada frase. nae Tu—Here—veri é. Sentada en el 84 . Uka—ui lo molesta tironeándolo a él. quiso distraer su mente con la cuerda para el juego Kai-kai. un ruido de motor debía salvarla. revuelve el curanto.» «Mientras eleva su volantín.

querida nieta —respondió el anciano. que parecía un digno jefe de su pueblo. 85 . —Se prepara para una dura competencia —repitió Kiko. disfrazado de sueño. En la piragua navegaban Kiko y el abuelo. En su rostro moreno de sol mostraba dos líneas de color que cruzaban la piel desde las orejas al nacimiento de la nariz. azotando el viento. abriendo un camino en medio de la espesura blanquecina.muelle. espantando la bruma. sintió que el frío. la dominaba. Una hermosa pluma crecía en su cabeza. —Y no vendrá. —Abuelo. por debajo de los ojos. donde un moño mantenía recogido sus cabellos grises. El volantín manu—hakerere fue al encuentro de la niña. mi papito no viene para llevarme a la escuela. ¿por qué aquí sólo importan los hombres y los niños pequeños? —También las niñas. Después apareció la imponente embarcación de los príncipes. —Abuelo —se lamentó la niña al verlo en pleno sueño—.

uno de estos días tendré que ir a la casa de mi nuera y decirle un par de cosas que le pongan los pelos de punta. acaso? —Se alegraron cuando nació mi hermano. No es así. —Pero usted. según la tradición. abuelo! —imploró la niña. abuelo. No servimos para la pesca. lo recuerdo perfectamente —comentó el abuelo—. ¡He tamaroa te pokil. Ha de ver como allí las jovencitas lindas tienen otro destino. —¡Hágalo. —¿No? —Somos las locas de piernas desmembradas1. en Rapa Nui. ¿no alegra el hogar. gritamos. no servimos para la batalla de cada día. —Sí. —¿Quién lo dice? —Mi papá. —¿Y eso qué significa? —¡Es hombre el niño! —¿Lo ve. mi nieta —replicó el anciano—. era un modo despectivo de tratar a las mujeres.—No. 86 . abuelo? —¡Qué injusto! Por muy muerto que yo esté. —Pero antes iremos a casa —propuso el anciano—. ¿Le gustaría conocer a otras niñas? 1 Locas de piernas desmembradas.

Kiko —protestó la niña—. tanto que siempre los adultos se quejaban de lo monótono y aburrido que solía ser a ratos el diario vivir de cada día. 87 . Huevito —gritó Diego desde el mar—. Y le pareció un sueño soñado. pensó Tiara y recordó a Yara. —No hay tiempo que perder —dijeron los príncipes. —Pero. —Podemos ir. Siempre es así en los sueños. Pero tenemos que regresar antes de la colación. Tengo que ir a la escuela. porque hasta en la vida misma ocurrían situaciones así de repetidas. Aborda tu pora y rema hasta la piragua. pero no le prestó mayor atención a tanta reiteración. su amiga inolvidable.«Me encantaría». —Debemos llegar antes de la ceremonia —advirtieron los príncipes. La señorita Emilia nos ha dado permiso. —La navegación es larga —agregó el abuelo. Entonces ocurrió lo inesperado. porque desde el otro extremo de la caleta apareció Diego pedaleando en su bicicleta. —¡Tiara! —gritó Kiko—.

Se perdió con su bicicleta en medio de la niebla y Tiara se quedó muy tranquila. sólo se escuchaba el golpe acompasado de los remos. De un salto se embarcó en la balsa de espuma plástica y remó hasta la piragua de los príncipes. En un santiamén Tiara estuvo junto a la embarcación y su hermano la levantó en vilo. De Diego nunca más se supo. porque sabía que así cumplía su sueño. 88 . mientras el abuelo amarraba la balsa a la nave de los príncipes. Unos segundos más tarde.Corrió a su Amiga Yara y desató las amarras.

89 .

en el interior de la nave. —Falta mucho para eso —respondió su hermano—. desapareciendo casi por completo en aquel manto de mar encrespado y turbulento.Navegaron hasta que salieron del canal estrecho y se alejaron de Puerto Gala y de la isla Toto. evitando ser alcanzada de costado por el fuerte oleaje. abuelo —respondió Tiara. Ese es Puerto Ballena. El anciano ató una cuerda de un metro de largo a la cintura de la niña y aseguró el otro cabo a un madero. La piragua echó al viento su velamen y los audaces príncipes pusieron rumbo hacia el canal Moraleda y a Tiara le pareció que ya estaban en el océano. vamos hacia Islotes Locos y pasaremos frente a Melinka. —Pronto tendremos que asegurarnos para cruzar el golfo Corcovado —advirtió el abuelo—. La embarcación enfiló hacia la corriente. Ahora dirigimos la nave hacia el norte. arrastrando todo lo que hallaban a su 90 . El océano se interna hacia el archipiélago y la corriente que se forma es como una tormenta. La proa se hundía en las aguas. ¿Tienes miedo? —No. la popa se elevaba hacia el cielo y las olas entraban a raudales.

91 . la niña se sentía segura con la compañía de su abuelo y de su hermano. pero a ellos parecía no importarles la dura prueba que enfrentaban. al tiempo que indicaba un grupo de islas que estaban a la vista. Y así fue. en medio de los príncipes. Navegaron frente a Chaitén. El velamen de la piragua se hinchaba con la fuerza del viento y los remeros no decaían en su empeño. Pronto la navegación será más tranquila. El agua los empapaba de pies a cabeza. El abuelo y la niña colaboraron con dos cuencos de madera.paso. Pese a lo difícil de la situación. —Nos acercamos a Quellón —gritó el abuelo. —Esas son las islas Desertores —comentó el hermano de Tiara. por el oriente. sacudido por los vaivenes—. La piragua dejó atrás el golfo Corcovado y entró en aguas más serenas. y frente a Queilén. por el poniente. achicando el agua acumulada en el piso de la nave. Pero los príncipes habían tomado las precauciones necesarias y el oleaje no causaba mayor daño. en efecto. poniendo en riesgo incluso sus vidas. A Tiara le daba gusto ver como su hermano remaba con el mismo brío de los príncipes.

como el que un día. La navegación continuó entre las islas Butachau.ques y la península de Huelqui. entró en la estrecha bahía de la 92 . Los esperaba el golfo de Ancud. —Ese de allá es el Michinmahuida —dijo el hermano de la niña. —Y ese es el Huelqui —agregó el abuelo.—Pronto avistaremos las islas Chau. por curiosidad o error. En la placida travesía avistaron uno o dos barcos de pasajeros.ques —agregó el abuelo. El abuelo desató la cuerda de la cintura de su nieta y la niña pudo moverse libremente en la magnífica piragua que la llevaba a la isla de su antepasados. Al acercarse a la punta Palos Negros. la nave recuperó su travesía sin mayores inconvenientes. No entraron a Puerto Montt y prosiguieron rumbo al océano Pacífico por el canal de Chacao. La mañana se despejó de pronto y a los ojos de Tiara se hicieron visibles las empinadas cumbres de los volcanes. pero los avezados príncipes no desmayaron en mantener siempre la embarcación bajo control. Acercándose a Calbuco la navegación se tornó incontrolable.

mapu y los príncipes se alistaron para enfrentar exitosamente la barra que formaba el oleaje que separaba el océano de la salida del canal. alejándose cada vez más de la costa. finalmente. Entraron. Navegaron por fin frente a Carel. ¿Abuelo? —Te la contaba cuando eras muy pequeña —respondió el anciano. —¿Y por qué? 93 . donde la navegación sería más calma. El abuelo amarró de nuevo la cuerda a la cintura de su nieta. —¿Qué historia? —replicó la niña—. mientras Kiko y los príncipes remaron con toda la energía de sus músculos. dejando atrás el archipiélago de Chiloé y poniendo rumbo al norte.isla Toto y se detuvo frente a Caleta Chica para llevarse a Yara. —¿Alguna vez te hemos contado nuestra historia? —dijeron los príncipes. en aguas oceánicas. en las constantes sacudidas sobre las olas tempestuosas. El recuerdo volvió a ocupar un lugar candente en el corazón de Tiara. Los navegantes evitaron que la nave sufriera más de un deterioro. —Huimos del continente Hiva—prosiguieron los príncipes.

para alejarlo de los peligros. que nos representaban. lo estaba hundiendo. entonces? —Nuestro sabio Hau Maka tuvo un sueño. La tortuga se defendió y con una de sus aletas golpeó a nuestro compañero. La tierra se inundaba y nuestra gente habría muerto. En él vio una tierra nueva y nos envió a explorar la isla soñada. Lo llevamos a una caverna.—El gigante Uoke. —¿Qué hicieron. Eramos siete exploradores y al regresar en busca de nuestra gente dejamos la tierra nueva al cuidado del séptimo príncipe. —¿Una tortuga puede herir a un hombre? —Quisimos comerla —explicaron—. con su fuerza descomunal. —¿Lo abandonaron? —preguntó la niña. —¿Por qué hacía tanto daño? —¿Quién puede entender los actos de un gigante? —respondieron. porque lo dejamos en compañía de seis montoncitos de piedra. —Fue atacado por una tortuga. —¿Estaría más seguro? —Sí. —¿Las piedras pueden ser buena compañía? 94 . si no la poníamos a salvo.

La nombró: Te Pito o Te Henúa. —Allí nacieron el abuelo y el padre. —¡Rapa Nui. pues había navegado en círculos para llegar a ella y no había otra tierra en las cercanías. llegó a la tierra nueva y desembarcó en Anakena.» Así tuvo sosiego. que significa Ombligo del Mundo. —Nuestro rey hizo preparar dos piraguas. 95 . —. ¿dónde están?» Los seis montones de piedra respondían: «Aquí estamos.—Tenían la facultad de hablar. —¿Por qué nunca me lo dijeron? ¿Kiko? —Ahora lo hacemos. —¿Eso quiere decir que soy como ustedes? —Lo es —replicaron. sí! —Lleva nuestra sangre en las venas —respondieron. Hablaban? —Cuando él preguntaba desde el interior de la caverna: «Príncipes. —¿Quieren decir que les importo? —Más de lo que imagina.

pero Amiga Yara se mantuvo a flote. abordaron la balsa de espuma plástica. Tiara pensó que la frágil embarcación se hundiría con el peso de tantas personas. esperaban junto al mar. ataviadas finamente de blanco. Lentamente remaron hasta la pared rocosa y fueron recibidos por aquel grupo de mujeres. —Oh. pero Kiko había desaparecido. El abuelo lo había seguido y los príncipes se alejaban en dirección a una colina 96 . Un grupo numeroso de mujeres. Neru de miembros bellos —dijeron los príncipes con gran ceremonia. Se volvió angustiada a su hermano. ante los ojos maravillados de la niña apareció un acantilado imponente. Los príncipes acercaron la piragua a la pared rocosa y cuando el vaivén de las olas se aquietó por completo. —Es la última de las elegidas —comentó la mujer que la recibía. Pero la niña se resistió a seguirlas. y tomando a Tiara de la mano inició el camino hacia la cima.Después de interminables horas de navegación y cuando Tiara pensaba que jamás llegaría de regreso a la escuela para la colación.

al borde del abismo. confundida en medio del grupo de jóvenes. al parecer. Tiara caminó ágilmente sobre las rocas. con el deseo vehemente de abrazar a su amiga.. colgantes. En la larga fila que ascendía hacia la cumbre. Las mujeres la arrastraban. 97 . Entonces. escuchó el entonado canto de las novatas: ¡Oh! Neru de miembros bellos y delgados.. comenzarían los festejos. apareció en medio de las mujeres y miró de lejos a la niña. curiosamente vestida de azul. Sin medir los riesgos a que se exponía.muy cercana donde. mientras ella se negaba a dar ni siquiera un solo paso en la dirección que señalaban. con aquellas mozas silenciosas. que seguían cuidadosamente el trazado del sendero. Sorpresivamente se vio vestida de blanco y temió lo peor si llegaba con ese vestido a la escuela. Tiara temblaba de miedo. Hasta que su amiga Yara. Pero Yara se volvió para comenzar a subir la escarpada pendiente del acantilado. como si fuera una más de ellas. Tiara sintió que le volvía el alma al cuerpo y corrió al encuentro de su gran amiga.

. pudo ver un túnel muy largo.. En ellos se 98 ... Escondidas allá atrás. De las paredes fluía el agua cristalina en pequeñas filtraciones.. Adentro había pequeñas lagunas con agua fresca. formando espejos. Es la hora en que se levanta la caña de azúcar..Lleváis el manto antiguo de Rapa Nui. Allí se aclaraba el piso de roca. Cuelgan hacia abajo. que se extendía varios metros hacia el interior de la roca. Tiara fue llevada al interior de la gruta... —Frente a la Caverna de las Vírgenes —respondió una de ellas. como si aquellos ojos de agua fuesen tenues luminarias.. Cuando la niña se habituó a la oscuridad. Penden en las cuevas las calabazas del color. —¿Caverna de las Vírgenes? —Entremos —ordenó la mujer que encabezaba la comitiva. Escondidas están las Neru. —¿Dónde estamos? —preguntó a media voz la niña. ¡oh! hermosa Miru. Eres tú. de aquella tierra de Hiva.. Era una bóveda perfecta.

—Aquí son recluidas las jovencitas hasta el día de sus bodas. —Aquel que no tenga ojos para ver la belleza de su hija no merece ser el padre que la guía. —Esto no le gustará a mi padre. Así será más hermosa y aumentará la pureza que se le exige a una novia. linda niña. —¿Por qué? —El dice que soy fea. 99 . pero ninguno de esos rostros encontró el de Yara. Y Tiara debía venir porque será una de ellas. Y a nosotras se nos ha encomendado cuidar a las iniciadas. —¡Todavía soy una niña! —protestó ella. Sin embargo. a medida que se alejaban de la caverna. hasta que su piel se vuelva blanca como la espuma. Y ahora tiene que marcharse. alimentarlas y ver que nada les falte durante su aislamiento. —Dejará de serlo antes de lo que imagina. quedó deslumbrada por la belleza de quienes la acompañaban.contemplaron un instante las niñas. iniciando el regreso hacia la salida. La comitiva entonó un nuevo canto. Cuando eso ocurra será recluida en esta caverna.

oh reclusa! ¡Contra la roca está suspendida la calabaza con tu comida. cruzaron frente a la caleta donde vivía la niña y se 100 . cansada por la extenuante travesía. Puso rumbo al archipiélago de Los Chonos. a velocidad de crucero. Abordaron la nave y ésta se alejó del acantilado. Finalmente. bordeando el abismo. Estaban en las proximidades de Puerto Gala. La navegación de regreso tendría las mismas emociones.«¡Estás encerrada en una caverna. oh reclusa!» Con el mismo cuidado empleado en el ascenso bajaron por el estrecho sendero. penetrando en la densa bruma que cubría por completo el océano. Junto al acantilado aguardaban el abuelo. Tiara despertó cuando la piragua aminoraba la marcha. oh reclusa! ¡Te amo. Kiko y los príncipes. el abuelo amarró la cintura de su nieta mientras ésta dormía. En la balsa de plumavit remaron hasta la piragua. porque has estado prisionera! ¡Cuán blanca te has tornado en tu retiro. que en sueños es mucho más rápida. Pero al acercarse al canal de Chacao.' ¡Cuánto tiempo has estado encerrada.

con la intención de rechazar una realidad tan inesperada como repentina. después de haber tenido un sueño que insistía en mantenerla adormecida. de su hermano y de su abuelo. una vez que estuvo a un metro de la imprudente—. el profesor y hasta la mismísima directora. chica.detuvieron a metros de la Escuela Madre de la Divina Providencia. un juego? —reiteró la señorita 101 . —¿Y esto qué contiene? —exclamó ella. como si nunca hubiese cruzado aquellos mares. cuando no estaba preparada para enfrentar el resto del día. El abuelo desató la amarra de la balsa y la niña se despidió de los príncipes. y el despertar se presentaba tan abrupto como un inmenso peñasco arrojado a las aguas. Entonces vio que a su encuentro venían las tías. Con la bruma también se había marchado gran parte de la magia de aquel sueño. La embarcación de los príncipes había desaparecido. Los momentos recién vividos resultaron maravillosos. Tiara se encontró sorpresivamente frente a la escuela. Y a ella. Tiara. ¿Y esto qué es. su hermano y su abuelo también la abandonaban. Se restregó con fuerza los ojos.

chica —dijo Lidia. de la Junta de Vecinos y que. Supiera lo que me ha contado mi marido.Emilia. —Apúrese. Tiara se tomó todo el tiempo necesario para dejar bien amarrada la balsa al embarcadero y asegurar el remo. atendía el comedor de la escuela. seguida por la comitiva que la había recibido sin ninguna manifestación de bienvenida. —¿Qué? —exclamó Lidia. Es igualita a su padre. del Centro de Padres.— tiara —intervino el profesor —. Irán a detenerlo uno de estos días. haciendo sentir todo el peso de su autoridad. —¿Cómo capeará el temporal? —comentó Elvira. Debes venir acompañada por un adulto. Jamás se perdonaría que algo le ocurriera a su Amiga Yara. 102 . —¡A mi oficina! —ordenó la directora—. ¡Esto no puede quedar así! —¡Pobre inocente! —suspiró Elvira. —Tiene la cabeza llena de pajaritos —agregó Lidia—. ¿Cuántas veces se te ha dicho lo mismo? —Eso fue lo que hice. además. Luego se dirigió a la escuela. tío Tato —respondió la niña.

—Yo recibí el encargo de ir a su casa a decirle a su mamá que viniera. pero el Pascual no le quiso dar permiso. para que nunca más se embarque en ella. —¡Desconsolada quedó la pobre niña! 103 . —La mamá viene de vez en cuando. ¿En su casa no ven riesgos. que son incapaces de traerla. ¿cómo permiten que la niña se arriesgue de este modo? —Deberíamos esconderle esa balsa. A ninguno se les ocurre venir en una balsa de mentira. No sé. No puede venir a la escuela con eso. —¡Es su juguete! —Por lo mismo.—Yo estaría mucho más molesta con los hombres de su casa —agregó Lidia—. ¿vino alguna vez a la escuela? Ni cuando los niños hacen invitaciones para las festividades. —Ai papá de Tiara nunca lo hemos visto. no miden consecuencias? —Pero al menos a los otros niños los traen sus padres. —No estuvo para la premiación de la hija. —Sí —dijo Elvira—.

la señorita Emilia se había sentado detrás de su escritorio y esperaba con una paciencia fingida. ¿va a venir mi mamá?» Cuando la niña entró en la oficina de la directora. La directora guardó silencio al tiempo que observaba severamente a la niña. un chico se siente dichoso de recibir un estímulo. —Se le llenaron los ojos de lágrimas a la pobrecita. Ya ni sé quién es tu apoderado. ¿Por qué nadie viene a dejarte? Tu familia es dueña de una o dos lanchas y no te traen a la escuela. mientras se disponía a escribir sobre una hoja de papel en blanco—. quiero que esta misma tarde entregues esta notificación en tu casa. —Tiara Miru —sentenció finalmente.—Ese día me dio mucha pena. —Como ella supo que yo había ido especialmente a su casa. —¿Por qué? —Salen muy temprano. 104 . porque sea como sea. en presencia de sus padres. —Nunca pueden. me dijo: «Tía Lidia. un reconocimiento de la escuela.

—Puedes volver a la sala —ordenó la directora y le extendió la comunicación que acababa de firmar. —¿Y se puede saber con quién venías? —Es que no me creería si le dijera. —Sí. Nunca había ocurrido algo semejante. considerando que no es ninguna gracia lo que has hecho. —Comprenderás que ninguna de mis niñas debe arriesgar la vida como lo has hecho.—Entiendo que sus labores de pesca comienzan de madrugada —aceptó la directora—. Pero alguien tiene que acompañarte. ¿Te imaginas que pase una desgracia? ¡Ni Dios lo permita! Nuestra responsabilidad es muy grande. Espero que lo entiendas. ¿Qué dirían de nosotros? Y tus parientes serían los primeros en condenarnos. 105 . Tu hazaña es un pésimo ejemplo. tía —respondió la niña. tía Emilia! —replicó la niña. Además. tu imprudencia puede contagiar a los alumnos que llegan por agua y no me extrañaría que mañana vengan a la escuela a bordo de balsas como la tuya. Es demasiado. —¡Yo no crucé sola.

106 .

—Hasta luego. Pero la lección debía surtir el efecto deseado y la autoridad no podía dar señales de debilidad. enfrentando riesgos que podrían haber terminado en tragedia. bueno o malo. No volaba una mosca en el interior 107 . Entonces. A ninguna de ellas se les habría pasado por la mente hacerlo solas. La directora se reclinó en la butaca de su escritorio y recordó aquellos tiempos de niñez. ellas tenían que cruzar con sus baúles cargados de ropa limpia. Su corazón de maestra se colmó de ternura. que usarían en sus largas semanas de internado. las balseaba un bote a remos. tía Emilia —dijo.Tiara recibió el papel doblado en cuatro y lo guardó en el interior de la mochila. Los alumnos dejaron de escribir cuando Tiara entró en la sala. cuando ella y sus hermanas debían abordar un bote para cruzar el canal. Estuviera el tiempo como estuviera. en invierno o en primavera —la lluvia en Chiloé no hace la diferencia—. Hubiera querido detener a la niña y levantarse de su escritorio para abrazarla con dulzura. como si se disculpara.

otros la observaban como si la vieran por primera vez en la vida. Ella los apiló uno por uno sobre su falda y los alisó cuidadosamente. 108 . Algunos sonreían. La niña ocupó su puesto y abrió la mochila para sacar sus cuadernos. Lectura en silencio y comprensión del texto. Todas las miradas se dirigían a Tiara. varios mensajes escritos llegaron silenciosamente a las manos de la niña. A continuación los leyó con gran entusiasmo. pues era la primera vez que provocaba tanto interés entre sus compañeros.del recinto. —Lenguaje y Comunicación —anunció el profesor—. Busquen la unidad que apunté en el pizarrón. Cuando el profesor se volvió al pizarrón para anotar las actividades de la unidad.

interrumpió bruscamente la lectura de Tiara. La niña comenzó a reír sin ocultar la gracia que aquello le producía. hizo que el curso completo se paralizara de espanto al escuchar claramente las risas que venían del segundo piso. Un tercer estruendo. el profesor suspendió las anotaciones en la pizarra y enfrentó a sus alumnos. Hasta entonces pensaba que Tiara estaba más loca de lo que se creía. Diego recordó lo que su compañera le había contado la tarde del día anterior cuando ambos se reunieron debajo de la pasarela. proveniente del piso superior.Un fuerte golpe. pero estos golpes eran reales y las risas tampoco eran producto de la fantasía de nadie. Los compañeros de Tiara dejaron de espiarla a hurtadillas y dirigieron las miradas al techo. Un segundo golpe se produjo en el piso de arriba. Ella apartó la vista de los papeles que ocultaba debajo del pupitre y observó las manchas de humedad en el cielo de la sala. 109 . Diego miró a Tiara y descubrió que sonreía. seguido de carreras a pie descalzo.

preparado para iniciar un interrogatorio sobre el comportamiento de sus alumnos. Lo único que deseaban era salir corriendo. tuvo que hacer uso de su autoridad para poner un poco de orden en el alboroto que amenazaba con desbordarse. Pero no consiguió que lo escucharan.Diego comenzó a sonreír con ella y el profesor sacudió sus manos y sopló el resto de tiza de sus dedos. Con la palma de la mano golpeó dos o tres veces sobre el escritorio. —¿Qué ocurre? —dijo al fin el profesor. Mientras Tiara evocaba lo vivido en el piso de arriba. con la intención de aquietar los ánimos alterados—. Y como sus alumnos seguían comentando en voz baja y las risas iban en aumento. Diego comenzó a contar a sus compañeros lo que sabía sobre el hecho y la situación fue de conocimiento público en cosa de segundos. al tiempo que preguntaban a media voz por qué reían de esa manera. chicos? —¿Será verdad lo que dice la Huevito? —¿Qué dice la Huevito? 110 . ¡Silencio! ¿Qué les pasa. porque todo el curso comenzó a tironear a Diego de la manga de su chaleco.

—Que los internos son caídos del catre. desatando aún más las risas que tanto les costaba controlar a esos niños. porque en ese preciso instante se produjo un nuevo golpe. Y se quedó mordiendo sus palabras. Tiara. —¿Qué cosa? —insistió el profesor. al levantarse. —Eso mismo fue lo que me contó la Huevito —se disculpó Diego. salgan a recreo. Los mismos niños. —Está bien —dijo al fin—. cada vez más inquieto—. Las risas de todo el curso se reavivaron y por un momento parecieron incontrolables. aguardando las instrucciones del profesor. ¿es verdad lo que dicen tus compañeros? —Así es. —¡Ya basta! —alzó la voz el maestro. sin dejar de reír. tío Tato —replicó ella—. —La Huevito tiene nombre —censuró el profesor. con el Credo en la boca. Sonó la campana y los alumnos se aquietaron por un instante. corren las tablas de las camas y se caen. Pero ni se imaginen que hemos terminado con el 111 .

Esta vez Diego permaneció unos instantes junto a su compañera. Algunos se acercaron a Tiara y le dieron suaves palmadas en la espalda. Sin embargo. tendrás que explicar el hecho. Alguien le acarició la cabeza. —¿Quieres venir? —¿Adonde? —Al dormitorio de los internos. Primero tienes la audacia de venir a la escuela en tu balsa y ahora eres responsable de este desorden. El profesor esperó pacientemente que la niña saliera para sonreír de buena gana. Los chiquillos corrieron al patio más atolondrados que nunca. no se explicaba cómo había llegado al conocimiento de Tiara y cómo era posible que ocurriese de nuevo. porque conocía de sobra la situación comentada por sus alumnos. Especialmente tú. Te has convertido en una alborotadora de tomo y lomo.asunto. Tiara. echando a rodar una pelota de fútbol. —Parece que fue verdad lo que dijiste —comentó. Pero finalmente se alejaron de ella. 112 . cuando el segundo piso estaba deshabitado.

una vez más se atrevió a empujar la puerta. El tío Tato seguía ocupado en la sala. se alegró de no ser tomada en cuenta. La niña esperó que nadie la observara. al parecer no tenía ninguna intención de correr con la novedad a la oficina de la directora. como era ya costumbre. 113 . que cedió fácilmente. Convencida de que nadie se preocupaba de ella. sin mirar atrás. sin saber si tomar en serio las palabras de Tiara.—¿Estás loca? ¿Para que las pulgas me piquen de nuevo? —Tengo que contarte lo que me pasó en la mañana. Las pulgas. Sus compañeros lo llamaron y se alejó corriendo. porque la aldaba ya no estaba en su lugar. Diego la miró profundamente unos segundos. sin medir consecuencias. Subió muy animada. como esto? —Más bello. —¿Así. antes de venir a la escuela. la recibieron con entusiasmo.

Al cabo de un rato de entusiasmo. Ella se mostró sorprendida. Su deseo se cumplió. Los internos de aquel dormitorio corrieron al encuentro de Tiara. de ajetreos de unos y pasividad de otros. porque antes de lo esperado regresaron las apariciones de la primera visita.Cálida bienvenida ti segundo piso estaba tan desierto y abandonado como el día anterior. se sonrojó emocionada y no supo de qué modo debía corresponder a tales manifestaciones de afecto. La niña se sentó en uno de los catres y mientras se rascaba intensamente las piernas. cerró los ojos y se mantuvo muy quieta. Le tendieron los brazos y la rodearon hasta formar un apretado enjambre de niños que deseaban manifestar un sentimiento de amistad incontenible. llegaron al dormitorio la 114 . deseando que el sueño la dominara.

acomodándose en una de las camas. muerto de risa. Ven a compartir con nosotros. el joven Renato y el padre Ronchi. hasta formar un círculo de conversación muy animada. Te —preguntó la Ese—. —¿Qué importa si nos caemos? Se sentaron con sumo cuidado. —De una vez por todas —comentó la señorita Emilia— hay que resolver este asunto. Te\ —dijo la Ese—. Tiara quedó instalada en medio de todos. ¿cómo llegaste aquí? 115 . —Ya hablé con un pescador. que le hicieron un lugar. —Oye. Tiara fue a sentarse con aquellos niños. que en invierno hace trabajos de carpintería —confirmó Renato. —¡Oye. —¡Tengan cuidado! Que estos catres son como huevos. como la invitada principal. —lo creo que los chicos echarán de menos el alboroto matutino —comentó el sacerdote.señorita Emilia. la Ese.

—Mi abuelo vino con mi papá —respondió Tiara. —Sí. el Pascual ya estaba aquí cuando visité la caleta. 116 . sí —afirmó el sacerdote—.

117 .

¡El nombrecito! —Le llamaron así —respondió el sacerdote— porque la Isla de Pascua es su lugar de origen. —Cuando llegó el padre Ronchi —continuó ella—. —Bueno —agregó el sacerdote italiano—. El padre los convenció de traer a sus familias para restablecer las leyes del hogar. —Usted vino a poner orden en este lugar —agregó la señorita Emilia—. 118 . desde que lo conocimos. ¿Recuerda? —Como si fuera ayer. Lo que importa es que no se falte el respeto. ¿le decían «el italiano»? —Eso sería muy injusto —intervino la señorita Emilia—. no me habría molestado en assoluto que me hubiesen llamado como quisieran. después de todo lo que ha hecho por estas caletas. los hombres dejaron de vivir solos bajo la ley de los puños y con el poco sentido común que les quedaba. —Y a usted. —Le respetamos —aclaró el joven Renato—. padre Ronchi —preguntó la Ese—.—¿Pascual? —repitió uno de los niños—.

Atrás dejaron hogar y fami. de la noche a la mañana se vieron surcadas por grandes cardúmenes. alejada y solitaria. de la cuale tutti querían apoderarse.—lo vino a conoscere la relitat de la isla —comentó el sacerdote— e incontrai una térra di nessuno. Esos pescadores aprovecharon el abrigo natural de la bahía para establecer su pobre y su transitorio 119 . donde sólo moraba el esplendor y la bondad de la naturaleza en su estado más primitivo. Mientras los peces buscaron refugio en esas aguas. una isla en la cuale cada individuo delimitava le frontiere de su autoritá. trozada y compartida con cientos de islas pequeñas.glia. a su entera assoluta volunta. fue habitada por intrépidos pescadores que siguieron la huella de la merluza española. los pescadores lo hicieron en esa parte del océano. En un inizio los pescadores llegaron con sus aparejos. Se fueron quedando los hombres. Las protegidas aguas que rodean el archipiélago. siempre a la espera de que la merluza cambiara de sitio. al sur de Chaitén y Quellón. La isla Toto. pensando che la aventura tomaría tan solo unas cuantas settimana.

abasteros y carniceros. Llegaron a establecerse a la ciudad de plástico. No sólo pescadores. porque un exportador recogía la merluza para transportarla a Puerto Montt. más de cinco mil personas. llegaron ferreteros. sastres. 120 . mueblistas.vado para proteger sus escasas pertenencias de la humedad del océano. Pero sólo una mísera parte de la lincakiikihlf xttjui. como se la conoció de ahí en adelante. Las chozas que levantaron estaban construidas con las ramas arrancadas de los formidables árboles de la isla y los techos y paredes fueron cubiertos con el plástico que ellos mismos habían lie. carpinteros y enfermeros primerizos especializados en labores mínimas de salubridad. panaderos. Esta aparente prosperidad convocó a otros hombres y el caserío comenzó a tomar las dimensiones de un pueblo. comerciantes con patentes de alcoholes y otros con bebidas de fantasía.mar quedaba en las manos de aquellos esforzados pescadores. zapateros.caserío. también comerciantes de todos los negocios imaginables: almaceneros.'LTí v|uip ^sacaban .

Antes de que naciera la niña llegaron tablas bien aserradas. como un bote volcado. Sus casas de plástico. clavos y planchas de zinc. de modo invertido. en medio de la lluvia. con ramas y madera del lugar. Así fue. no conoció el primer refugio que levantó su abuelo. en efecto. forrado en plástico. 121 . poco a poco se convirtieron en hogares con muros de madera y techo de zinc auténtico. que al principio hizo diferencia. Había sido una vivienda muy precaria. Pero esos hombres y sus familias se acostumbraron de tal modo a la belleza de la isla Toto que ninguno quiso abandonarla. Tenía forma ovalada. Tiara. —Como la de Pascual —comentó el padre Ronchi—. el abuelo y su hijo la habían construido imitando las antiguas viviendas de Rapa-Nui. El techo era como la quilla de una embarcación y a ella se entraba o salía por una puerta lateral. sin embargo. semejante a una tajada de melón. casa—bote. necesarias para la casa definitiva. ¿Per che ser distinta? Era la única hare—paenga. por la que había que agacharse para no golpearse la cabeza.Con el tiempo la pesca dejó de ser abundante.

Al incontrarla de nuovo en la chiesa. Fue divertido. y como se me quedara mirando con cara de duda. Construí una scuola para bambinos. ella incontré dos veces el mesmo día.—No fue capricho. —Menos io. io dije: te ricordo perfectamente. —Buono. —Así me convenció —agregó la señorita Emilia. que hiche lo che debía —replicó enseguida el sacerdote italiano—. padre. agregué: estudié para maestra en la Escuela Normal de Ancud. Así son en la isla donde nacieron mis antepasados. tampoco. La primera vez la observé a la entrada del pueblo. ¿cómo se llama? —respondió Tiara—. —Y a mí —se sumó Renato. sí —recordó el sacerdote—. —¿Aunque todos los vecinos reclamaran porque ocupaba más espacio que las demás? —Cada uno hizo lo que quiso. le respondí —continuó la señorita Emilia—. io dije. No puede ser casualidad. 122 . ¿Qué estudios tienes? —Soy profesora normalista. En sitios lejanos convencí a profesores para venir cual maestros.

lluvia o tormenta. que también era profesora.ta lejana. 123 . hablaré hoy mismo con tuo padre para que enseñes a niños que necesitan maestra. —¿Qué más podía hacer? ¿Quedarme a enseñar en una isla y embarcarme todos los días. ¿Qué oportunidad podría tener en mi pueblo? Sabía que no había ninguna posibilidad de encontrar un puesto de maestra. —Beni. me solicitara en matrimonio? —Y fue divertido como io fui recibido en su pueblo.—Guardé silencio por un instante —prosiguió el sacerdote— y luogo pregunté: ¿enseñarías en lugar remoto? —Es lo que espero. el único boxeador del pueblo. para hacerme cargo de mis alumnos? ¿O quedarme a esperar que el hijo de la señora Rita. Con viento. las pocas vacantes estaban ocupadas. con esfuerzo y sacrificio. io dije —agregó el sacerdote—. comenzó muy joven su vida de magisterio y montaba a caballo diariamente diez o doce kilómetros para enseñar en una escueli. Mi madre. Ellos esperaban visita de autoridad de la chiesa.

Alguien gritaba: «¡Que ya viene. para realzar el paso del visitante. Las gentes del campo.—Una vez al año —contó Emilia— nos visitaba el obispo. Luego. reservados para estas ocasiones. tambores y guitarras. pues oye. ya viene!». En ese tiempo. El camino estaba en construcción y no llegaba al embarcadero. entraban descalzas al pueblo. que por esos años residía en Ancud. Los músicos iniciaban los sones de las melodías. En la primera casa de la calle principal se ponían sus zapatos y cambiaban el atuendo de todos los días por trajes mejores. El visitante. 124 . que lo había recogido a dos kilómetros del canal de Dalcahue. El padre Ronchi descendió con su larga sotana y abrigado con un amplio chaquetón impermeable. adornaban las imágenes de las Vírgenes que habían traído especialmente para la visita del obispo. la calle principal era engalanada con arcos de flores. en efecto. al ver la polvareda que levantaba el único vehículo motorizado de la isla. con sus acordeones. acompañadas de hijos y maridos. había llegado en el camión municipal. El religioso italiano tuvo que caminar bastante para seguir el viaje.

¿Qué haces?. io dije. Es la persona que preciso. permite que io pueda llevarla conmigo. tanto candor e ingenuidad. Fue impresión molto grata la que ella causó entonces. Signor.Sostenía en su mano izquierda un pequeño bolso de viaje y sonreía en todo momento. Subí a felichi. en señal de respeto. No soy más que un cura en misión de pastor. —Ambos nos sorprendimos. —Le ofrecí el ramo de jazmines que había preparado y de todos modos. me incliné a besarle el anillo de su mano derecha —reconoció Emilia. Había tanta innocenza en su mirada. un hombre sencillo que llega donde se lo 125 . —Así es el padre Ronchi —continuó la señorita Emilia—. que me dije: oh. —Yo había recibido el honor de poner flores en uno de los altares y acompañar a la señora Rita. saludando afectuosamente con la mano a quienes se acercaban a darle la bienvenida.tarla y reconocí a la del beso en la mano como si io fuese un obispo. mientras ella tocaba el armonio durante la misa. —Y lo hizo molto bene. porque io no llevaba anillo alguno y no estaba habituado a ceremonias.

que no 126 . Yo era uno de esos estudiantes buena onda que nos acercábamos a los niños que vivían bajo los puentes. para darles algo de cariño y comprensión. Vine misionero a Chile y recogí bambinos bajo puentes del río Mapocho. tratando de entender su situación. bautizar niños perdidos en los rincones más apartados o entregar víveres a los necesitados. Suele viajar con un bolso de mano y aborda el primer vehículo que pase. especialmente para cumplir sus oficios. No era nuestra intención sacarlos del río. Io nací en un pueblo cercano a Milán. de hacer más soportable la vida que llevaban. —Es que así fue mi niñez —prosiguió el sacerdote—. por muy distantes que se hallen y por muy escasos que sean los medios para llegar hasta ellos. Queríamos estar junto a ellos y establecer un vínculo. a los venti decidí por sacerdocio para dedicar mi tiempo a los pobres. Tratábamos de ayudarlos. como decir misa donde no hay iglesia. Por eso. Fui el mayor de onche hermanos y tuve una infancia difficile. —Así lo conocí en Santiago —intervino el joven Renato—.propone. Les llevábamos algo de comer.

sem. De la noche a la mañana. El padre Ronchi me pidió que lo acompañara cuando decidió traer a todos estos niños sin hogar. así de repente. apareció este hombre mayor.se sintieran tan solos. —Nosotros no sabíamos que era sacerdote —comentó la Ese—. viajé con ellos más de mil quinientos kilómetros. Entonces pensamos que era el dueño de la caleta. —Después ritorné per lui. Decidí trasladarlos a Puerto Cisnes. sin permiso ni nada. No tuvo la intención de echarnos.pre ritornarían a vida de vagabondo. Una noche llegaron los policías buscando a cuatro jóvenes que sus familiares habían dado por perdidos. —Dios nos pone cosas en el camino —prosiguió la señorita Emilia—. pero no le gustaba que estuviéramos ahí. Esa misma noche desapareció y creímos que se lo habían llevado o que se había muerto. El padre Ronchi hizo 127 . —¿Sin el permiso de sus padres? —¿Y de qué padre podía solicitar permiso? Allora hice hogar donde los bambinos estudiaran y crecieran. Io sabía que mientras se quedaran en la ciudad.

para que dejaran de dirimir diferencias con la forza de los puños.construir esta escuela de madera. consiguió víveres. en su aislamiento. —¡Niños.sa y dar en ella muestras de gratitud y. sin 128 . como si nada más importara. no respetaban. El tañido de la campana interrumpió la tertulia. cuando recién llegados. de empresas. Tiara se incorporó de un brinco y todos se quedaron con el alma en un hilo. como no bastaba. autoridades e instituciones. La radio es el puente que une a cientos de almas que pasan aisladas la mayor parte del tiempo. que fue lo que hicieron al principio. materiales de construcción y los implementos necesarios para instalar una modesta estación de radio. conseguí al menos cada quince días que una patrulla de carabinieri viajara a la isla para la ley que estos uomo. a clases! —sentenció la señorita Emilia y desapareció. Buscó la colaboración de personas caritativas. inmóviles. Io hice para que ellos entendieran por leyes de razón y orden. —Pedí ayuda para levantar una chie. que es el medio de comunicación más efectivo de la zona.

evitando que la cama se desparramara por el suelo. Entonces comenzó a rascarse. Con la irresistible comezón en sus piernas cerró la puerta a sus espaldas y se quedó inmóvil allí por unos segundos.respiración. de cuando en cuando se detenía para aliviar la comezón que parecía quemar la piel de sus piernas. como si de pronto hubiesen retornado a la condición que siempre tuvieron: fantasmas. sintiendo como las pulgas nuevamente la convertían en blanco de sus picadas. aceptando que a veces la indiferencia de los demás es más conveniente de lo que uno pudiera desear. lanzándole miradas de complicidad. Era el único que sabía dónde había estado. 129 . La niña bajó los peldaños de dos en dos. Al resto de los alumnos no parecía preocuparle lo que ella había hecho durante el recreo. pero la puerta de la sala permanecía abierta. Aquel pensamiento calmó sus inquietudes. El patio estaba desierto. Mientras se dirigía a la sala. En su pupitre tuvo que disimular para contener las ganas de calmar la picazón. aunque Diego la interrumpía a cada rato. comprobando que no había sido descubierta.

Terminadas las clases, Tiara amarró su balsa a la panga de don Anselmo, que fue en busca de su hijo. Diego se limitó a observarla durante el trayecto. Era demasiado abrumador para él sentirse cómplice de una falta que había provocado tanto rechazo en la escuela. Por fortuna, en la lancha nadie comentó el incidente de la mañana. ¿Todo ese alboroto por haber navegado en balsa unos cuantos metros? ¿No sería demasiado? Ella no había puesto en peligro su vida. Si así hubiera sido, jamás se habría alejado tanto de la orilla. Por lo demás, había demostrado que Amiga Yara era muy segura. Como todos los días, la madre de Diego lo esperaba en el muelle con la bicicleta. En el momento de descender y antes de que corriera a reunirse con su adorada bici, Tiara le habló a media voz: —Más tarde nos vemos, en la caleta bajo la pasarela. Tengo mucho que contarte. —Después de la once será —respondió Diego, mostrándose desinteresado—. Y después de las tareas, porque si no mi mamá no me deja salir. A lo

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mejor a ti tampoco te van a dar permiso después de lo que hiciste. —Voy de todos modos —respondió la niña. El padre y el hermano de Tiara no estaban cuando ella regresó de la escuela. —La tía Emilia mandó esta comunicación —dijo a su madre. —Déjela ahí —respondió ella. —¡La directora quiere hablar con ustedes! —Bueno —replicó la madre un tanto molesta por el reclamo de su hija—, ella entenderá que sus padres tienen asuntos que resolver. —A lo mejor quiere hablarles de mí. —¿Hizo algo malo, hija? —y como Tiara no respondió, la madre continuó—: La otra vez también quería que fuéramos a la escuela y era para recibir un premio. —Tienen que leer la comunicación. —Que la lea su padre cuando llegue. La niña enmudeció intentando entender los asuntos de sus padres, pero su mente sólo tenía espacio para la segunda visita que había hecho al 131

piso de arriba. Ni siquiera la preocupaba el malestar de la directora, ni el regaño que había recibido de su maestro. Tampoco le importaba el contenido de la comunicación que la tía Emilia le había enviado a sus padres y que ella no había tenido la imprudencia de leer. Tiara salió de la habitación. Contrariada, triste, confusa y sin saber qué hacer, perdió por un momento el sentido de la existencia. Cuando, más tarde, Diego asomó su nariz en la ventana de la cocina, atisbando hacia el interior, Tiara no se veía por ningún lado. La Te y el Deivid

Diego fue a reunirse con Tiara y ella lo vio venir con su bicicleta. Se detuvo junto a la baranda de la pasarela y aguardó allí un instante. —Sabía que estabas aquí —le dijo al verla—. ¿Entregaste la comunicación? —Sí. —¿Qué dijo tu mamá? 132

Al ver que Diego no mostraba el menor interés por descender al refugio. Si te montas en tu bici y pedaleas bien corti. Deivid —insistió ella—. por muy tirado de las mechas que fuera. Me vine sin permiso. —Deivid —le dijo—. -¿Qué? —Escucha. —Pero podrías andar sin andar..—Nada. Escuchó con atención alguna señal que pudiera venir desde la pasarela. —¿Y qué vas a hacer cuando la lean? —No sé. —¿Estás loca? Tiara desapareció en el interior del refugio.. No la leyó. Huevito. Hasta que no pudo más 133 . Se hizo la lesa y cambió de tema. —Te van a castigar. Por un momento pensó que Diego se había cansado de estar allí. ¿nunca has intentado montar tu bici en la pasarela? —¿Cómo? —Subirte a tu bici.to. tal vez. —¡Adonde puedo ir con ella! —protestó Diego. deseando que su compañero aceptara. Allí esperó pacientemente con los dedos cruzados. lo animó para que lo hiciera. para que las ruedas no giren.

¿No es divertido? 134 . Hasta que pudo más la curiosidad que la soledad y el silencio que reinaba en el escondite y Tiara salió a la luz de la tarde. obligándolo a mantener el equilibrio. ¿qué tiene de divertido? —¿No? —insistía ella—. quiso bajarse rápidamente. —¡No.con la curiosidad y se asomó a ver qué había ocurrido en verdad. afirmado en la baranda de la pasarela. moviendo los pedales hacia delante y hacia atrás. mientras seguía las indicaciones de Tiara. al verla junto a él. tuerce el manubrio hacia el otro lado. Mantente ahí. pero ella lo detuvo. animándolo. Diego. Sin pensarlo más de una vez. trepó por la roca y sorprendió a su compañero. —¡Esta no es forma de andar en bici! —protestó Diego. allí estaba Diego. intentando pedalear. Diego vencía finalmente aquel sentido del ridículo que tanto lo avergonzaba cada vez que montaba su bicicleta. no! —le dijo ella—. Para su sorpresa. Cuando pierdas el equilibrio. —Pero. Deivid\ —gritó ella. —¡Eso es. Ahora pisa bien firme los pedales y tuerce un poco el manubrio.

Era dueño de la única bicicleta que había en la caleta y siempre se lamentaba de no poder disfrutarla. como era su deseo. 135 . entonces! —¡No! —¡Bájate! —No. —¡Déjame probar. Pero. el muchacho se resistió a ceder porque tal posición le otorgaba poder frente a su compañera. de juego torpe al comienzo. ¡Con qué gusto hubiese querido pedalear y pedalear en línea recta y atravesar grandes extensiones de bosques. no hubo forma de que Diego renunciara al intento. y la perseverancia. Porfiadamente. se convirtió en sorprendente descubrimiento. te dije. tal vez. por un sendero sinuoso y. ¿qué cosa más extraña que «andar en bici» sin pedalear ni un centímetro? Sin embargo y por curioso que resultara.—No le veo la gracia. sentir el placer de dejarse llevar por la velocidad al descender por un camino que sólo estaba en su imaginación. a través de la auténtica peripecia.

Era cosa de verlos.tos. inmóvil como una estatua. —¿Ir más lejos? —ella se llevó las manos a los labios para ahogar un grito que amenazaba con escapar de su garganta. cada golpe de manubrio para mantener el equilibrio. 136 . como un balón que bota sobre el cemento inexistente y fue avanzando hacia la superficie accidentada de la roca. Ella era la que más se divertía con los logros del compañero y celebraba entusiasta cada giro. comenzó a desplazarse a salti. su figura recortada contra el verde del cerro y el azul negruzco del cielo. Allí se detuvo. —Puedo ir más lejos si quiero —comentó. Repentinamente.

137 .

de valiente. siempre dispuesto a no titubear ante el peligro. con gran cuidado. dándoselas de arriesgado. sobre el asiento. —¿Y por qué no? —replicó. aterrando a su compañera. deseaba ver a su propio hermano en el pellejo de Diego. A ratos se paraba en los pedales. entusiasmado con su idea.—¿No quieres que baje hasta el refugio? —Pero. permitiendo que bajara unos centímetros la rueda 138 . sin soltar el freno y torciendo el manubrio de lado a lado. El ciclista de las pasarelas se bajó de la bicicleta para levantarla sobre la baranda de madera y posarla en la roca. Deivid —protestó la niña. Al mismo tiempo. ¿No querías verme en peligro? ¿No te agrada el riesgo? —¡Nunca dije que andes por las rocas! ¿Y si perdía el equilibrio? ¿Y si rodaba hasta las aguas con bici y todo? Tal vez ella había sido muy imprudente al animarlo de esa manera. retando toda lógica. rechazando consecuencias—. De tal modo la bicicleta era controlada con mayor eficacia. por donde comenzó a descender.

—¿Por qué? —Porque si viviéramos con ellos te mandarían a machetear con tu bici. —¿Qué cosa? —Esos giros con tu bici. —¿Sólo medio pan amasado? —Mi mamá lo hace bien rico. Huevito? —Por mi culpa podrías caer y quebrarte una costilla. Mira. —¿Ellos? —Estarían maravillados. —¿Para que todos vean? —Para que te vean los del piso de arriba. —Prefiero que hagas una exhibición en el patio. Huevito.trasera y otros centímetros la delantera. —¿Podré ir a la escuela? —¡Esas rocas sí que son peligrosas! —Pero puedo intentarlo. —Es increíble lo que haces —dijo ella. También traje una papa cocida. La voy a partir en dos. traje algo para la once. —Yo jamás haría eso. No lo olvides. 139 . —¿No es lo que querías. Hasta que se detuvo frente a la entrada del escondite. Después de una exhibición como ésa lloverían las monedas. —Aquí soy la Te.

—Huevito —murmuró—. Entonces llegaron en su piragua y navegamos hasta la isla de nuestros antepasados. Deivid. Ella no va a venir. ¿de nuevo fuiste al piso de arriba? —Sí. —No quisiera estar en tu pellejo cuando el Pascual lea la comunicación y vea que no estás en la casa. —Tranquilo. Fue maravilloso.—Si aparece tu mamá por aquí nos saca de un ala. las tías apenas le sacaban una palabra. no era muy habladora. También vinieron los príncipes. El se quedó en silencio. -¿Qué? —Vino el Kiko a buscarme. será mejor. Ni siquiera se asoma a la puerta de la casa cuando salgo. -¿Y? 140 . Deivid. ¿Por qué haces tantas leseras? —Es lo que tengo que contarte. Pero desde que comenzaron sus fantasías se había vuelto parlanchína y de sus labios salían expresiones que jamás le habían escuchado. Ya. mirando con ojos de asombro a su compañera. Bajé muy temprano a la caleta. pero no pude esperarte. Por lo general. En la escuela. pero tú no estabas. come.

Cuando el cura llegó a la faena no encontró ni un alma. entonces mi padrino y sus compañeros vieron aparecer la silueta del religioso sobre la nieve.. —Mi padrino trabajó en la carretera Austral y una vez vieron un sacerdote que se aproximaba. gritaron y salieron corriendo.. que a cierta hora del día se aparecía un misionero jesuita. —Entonces... «¡El cura fantasma!». —¿Con la directora? —. ¿era cierto que se aparecía como un fantasma? —¿Qué historia es ésa? —preguntó ella. —¿Hasta de la fecha te acuerdas? —Bueno —continuó él su relato—. Abrió los brazos y gritó a los cuatro vientos. como de bien lejos. —Se parece a esa historia que nos contó una vez el tío Tato. También con la tía Emilia. porque el jesuita anduvo en los años de 1760.. así.—No sólo estuve con los internos.. —Pero ése no era. —¿El tío Tato? —Y también con el padre Ronchi. Los 141 . con el profesor Renato. Lo pasamos en historia.

ella conoce muy bien todo eso —replicó la niña— porque es de allá. esas que producen electricidad para que la gente de sectores apartados como el nuestro tenga radio para comunicarse. muerto de frío. un ingeniero de Aysén experto en turbinas. Deivid. les dijo. Había caminado un día y medio y pasado toda una noche sin techo ni abrigo. Eso nos contó la tía Emilia. —¿Cuál? —En una oportunidad se embarcó en un bote tan pequeño como mi balsa. Lo recibieron contentos. «Voy a calentarme un poquito y después hacemos la misa». obedeciendo al cura que los llamaba. —Sí. —¿Turbinas? —Sí.hombres entendieron que había llegado un sacerdote verdadero. 142 . El padre Ronchi contó una que yo nunca había escuchado. —Es bonita esa historia. con fuertes palmadas en la espalda. —En algunas islas de Chiloé también usan baterías de auto. Iba con Jaime Caro. Regresaron a la obra. Estaba muerto de cansancio.

El ingeniero fue testigo de matrimonio y padrino de los niños. Esa misma noche. el padre Ronchi celebró dos confesiones. ¿No nos andarán buscando? 143 . ya se nos hizo tarde. Aceptaron. El hombre reconoció que con su mujer tampoco se habían casado. —Huevito —interrumpió Diego—. No lo estaban. cinco bautizos y una boda. en cosa de minutos. como todos los de la región. el botero que los transportaba vivía por allí cerca y la casa más próxima era precisamente la suya. se vistieron para la ocasión. El jefe de familia era padre de cinco hijos. El sacerdote y el ingeniero habían navegado ya varias horas. entre un caserío llamado La Junta y otro conocido como Raúl Marín Balmaceda. El padre Ronchi quiso saber si los niños estaban bautizados. El fuego ardía en la cocina y la mujer del botero los invitó a comer a la suerte de la olla. El hombre les ofreció pasar allí la noche y continuar viaje al día siguiente. El hogar era humilde. que sonreían con disimulo. Con sencillez. cuando los sorprendió la noche.Pero lo que Tiara contó era para sorprenderse. porque jamás habían pisado una iglesia y aquella era la primera vez que veían un cura.

—¿Tienes miedo de llegar a tu casa? —No. Deivid. ya se me pasó. ¿verdad. Deivid?. Tiara le ayudó a Diego a cargar la bicicleta hasta la pasarela. Cuando abandonaron el refugio no se veía a nadie por los alrededores. Fue lindo. Si hubiese traído unas frezadas me quedaría a dormir. El accidente Ai día siguiente y a primera hora de la mañana. Tiara se asomó a la ventana como de costumbre y 144 . uno detrás del otro.—No me quisiera ir. Desde allí caminaron lentamente. por los angostos pasadizos de madera húmeda y ennegrecida. Diego se quedó esperando unos minutos después de que la niña desapareció por la puerta estrecha. Antes de que anocheciera se despidieron a la entrada de la casa de Tiara. donde por fin se sintieron más seguros. Después de lo que hablamos. el llanto de un niño rompió la paz de la noche que se anunciaba.

con semblante de preocupación. más bien. Inquieta. y un tanto más apartados. a unos cuantos metros de su casa.lo único que vio fue un grupo de pescadores reunidos en la caleta. ¡Qué bueno que no estén en la casa! Hubiera deseado que Diego estuviera allí. Tiara esperó en los escalones que 145 . pues nadie se movía de su sitio. Se diría. pero ninguno de ellos descubrió la presencia de la niña. Una lancha de la Armada se mecía suavemente con el ir y venir de las olas. Se acercó a esa gente allí reunida. se preguntaba por qué razón los marinos no buscaban en la casa a su padre y a su hermano. Se despidió de su madre y con la ilusión de siempre descendió por la pasarela en dirección al embarcadero. Terminó su desayuno y volvió a mirar resignadamente el mar que comenzaba a sacudirse la bruma. el alcalde de mar y tres marinos conversaban en voz baja. —Vienen por mi padre y mi hermano —pensó la niña—. Era muy extraño lo que ocurría. que aguardaban por algo que se presentaría de un momento a otro. pero su compañero no se veía por ningún lado.

Como si una puerta de tenue humedad se abriera para darle paso. sin pensarlo dos veces. emergiendo desde la densa bruma que engullía al resto del mundo circundante. Tiara se alegró con la llegada de los navegantes. cogió el remo y. Tiara la vio acercarse. A decir verdad. navegando pausadamente en medio de la bruma y la tranquilizó aún más la presencia de su abuelo y de su hermano Kiko. la espléndida embarcación de los príncipes se dirigió resuelta al sitio donde flotaba la niña. abordó la pequeña plancha de espuma plástica y remó con decisión hasta el muro de neblina. no pensaba más que en ellos. Estirpe real. Sintió con cuánta dulzura la miraba. después del primer viaje que hicieron a la isla de sus antepasados. se dirigió al lugar donde mantenía amarrada su balsa.bajaban al muelle y. evocó la deslumbrante piragua de los Ariki Paka. Aunque no lo 146 . recibe nuestro respeto. Vio la satisfacción en los ojos de su hermano. Soñando despierta. Soltó las amarras. —¡Niña Miru! —saludaron los príncipes—. Decidida. en el fondo de su corazón. aguardó por el prodigio de aquel día.

hasta que al cabo de un tiempo se disipó la bruma y ante los ojos de Tiara apareció el imponente volcán Rano Raraku. Tiara sabía que navegando hacia el norte se llegaba a una isla donde brillaba el sol esplendoroso. Ajenos a la audacia de la niña y la presencia de los Ariki Paka. Se preparó entonces para una travesía extenuante. así también ocultó rápidamente la piragua de los príncipes. 147 . En todo momento fue protegida por su abuelo y su hermano. Kiko estaba muy contento. pero curiosamente la navegación fue más breve que la primera. porque en el viaje anterior el comportamiento de Tiara había sido admirable. Así como la bruma ocultaba las aguas del archipiélago. La navegación enfrentó las mismas dificultades del viaje anterior y. el alcalde de mar. aunque la esperaba. precisamente por estar ella en conocimiento de las peripecias. donde el mundo desconocido y fascinante de sus abuelos se abría ante sus ojos.manifestara. dudaba que tuviera la resistencia de enfrentar nuevamente la prueba. los marinos y los pescadores continuaron su charla como si nada.

En el ascenso la niña fue descubriendo los monumentales moáis. que llegan al peñón a depositar sus huevos —dijeron los príncipes. Desembarcaron en las cercanías del volcán y caminaron hacia la cima del cráter. —Es cuando retornan las manutara. enseñaban pequeñas diferencias. Los rostros de tales monumentos. en el pasto silvestre o saliendo de la montaña. ha pasado el invierno y se aproxima el verano. La niña descubría gigantes pétreos a cada paso. demostrando que cada uno representaba un personaje rodeado de misterio.—Es tiempo de primavera —comentó Kiko—. las aves sagradas. —¿Mi padre? —exclamó Tiara. —Tu padre competirá por uno de esos trofeos —agregó el abuelo. —Aquí en Mataveri se reúnen los competidores. 148 . descansando en sus pedestales. en apariencia idénticos. como si la roca misma les diera forma con el cincel y el martillo de ventiscas y tormentas. —Compite para que su jefe gobierne por un año los destinos de sus hombres —concluyeron los príncipes.

—Estamos en Orongo —explicaron los príncipes—. Tiara no terminaba de sorprenderse al contemplar tanta maravilla y su corazón brincaba 149 . celebrando con danzas y cantos de envolventes melodías. una imponente escultura se arrodillaba en medio de la llanura. A poca distancia del sitio de las celebraciones se alzaba un moái de varios metros de altura. en la cumbre. un enorme rostro de piedra volcánica yacía tendido observando el cielo.Tiara pudo admirar la hermosa aldea que allí se levantaba. una parte de los faldeos del volcán estaba poblada de estatuas en distintas posiciones. Hombres y mujeres se congregaban en aquel lugar. dispuestos a pasar allí todo un día. Y se celebra la ceremonia del Tangata Manu. Las viviendas allí construidas eran de piedra laja. Más allá. En verdad. con puertas muy pequeñas siempre abiertas hacia el mar. sobre una extensa planicie. porque allí estaba la cantera donde fueron esculpidas la gran mayoría de las esculturas de Isla de Pascua.

Desde el observatorio solar. Entre esas grietas. Los 150 . cómodamente instalados. el sacerdote dio la señal de inicio. —Las piedras hablan por sí solas —comentó uno de los príncipes. Y llevó a la niña hasta una roca tallada con signos y figuras indescifrables—.de alegría de sólo pensar que ella y su familia pertenecían a ese mundo fascinante. igual que mi padre. Rodeados por grietas y quebradas. cubiertos de vegetación. Al sur de la isla se podía observar el islote Motu—kaokao. las olas los golpeaban con furia. que emergía del mar como una espada puntiaguda. Hasta allí han de nadar. también yo competiré. ocultas por la hierba que las circundaba. —Esa es la meta —dijo Kiko—. Los jefes observaban a cierta distancia. penetrando en la roca como lanzas espumosas. Más lejos. solían hacer sus nidos las aves. Los tres islotes dejaban ver cuán enormes eran las dificultades para llegar hasta ellos. Este es el santuario. se veían los peñones Motu-nui y Motu-iti. Y algún día. blanqueada por los excrementos de las aves.

saltó sobre la roca. —¡Es mi hijo! —exclamó jubiloso el abuelo. Los que pasaban con éxito la prueba llegaban al islote. portando sus canastos kete. pereciendo en medio de las aguas. dos estatuas observaban la competencia. Algunos sucumbían en la empresa. se sumergieron en el mar y montados sobre pequeñas canoas de totora nadaron con pies y manos para alcanzar el primer islote. en un monumento funerario. Desde el acantilado. empezaba la vigilia. bajaron hábilmente. donde cumplían la primera parte de la travesía. Debían esperar largas horas hasta que llegaran las aves a poner sus huevos. El primer valiente que logró apoderarse de uno de ellos. apiñados en la cima del escarpado risco. arrastrados por la corriente. Los competidores. Debían sortear numerosos peligros en la travesía hasta el peñón. tratando de alcanzar cuanto antes las aguas del mar. alzándolo con su mano derecha. gritando con todo el aire de sus pulmones. para que su jefe lo escuchara desde el lugar de los festejos. 151 .aguerridos nadadores. Una vez en el peñón más cercano.

152 .

porque debía dirigir los destinos de sus hombres a partir de esa primavera y hasta el fin del próximo invierno. en el peñón el ganador atesoró su trofeo en el canastillo que portaba y se dispuso a regresar junto a su jefe. que observaba rodeado de su gente. Con afilados cuchillos de obsidiana procedieron a cortarle el cabello y también le rasuraron los brazos y las piernas. El superior. le tiñeron de rojo la cabeza. tiempo que duraba su jerarquía. ¿qué dice? —¡Ka—varu te puokol —explicó el anciano. que debía lucir el huevo a la entrada de su casa por espacio de un año. —¿No reconocería yo su voz? —Pero. Luego. en verdad. colmado de orgullo—. 153 . Así ocurrió. se levantó de inmediato para ser ungido como hombre pájaro. ¡Rasúrate la cabeza! Es lo que le grita a su jefe. Mientras tanto. ante los ojos asombrados de la niña. otros competidores se agruparon en la cima del peñón alzando huevos de pájaro. A continuación.—¿Mi padre? —replicó la niña.

honrando a los jefes que representaban, pero reconociendo su derrota. Uno tras otro, los contrincantes iniciaron el descenso con sus trofeos y arrojándose al mar se disponían a regresar sobre sus balsas de totora. Nadie se preocupó más de los competidores. Algunos se perdieron en medio de las aguas, otros cayeron desde las rocas y nadaron con grandes dificultades. Las dos estatuas de aquel monumento funerario sabían que pronto celebrarían ritos mortuorios. Sacerdotes silenciosos ensartaron en el piso los soportes de las angarillas funerarias: cuatro estacas clavadas en la tierra soportarían una modesta camilla con el cuerpo de un desdichado, envuelto en telas y en esteras que lo mantendrían por varios días, al tiempo que los cantos fúnebres, los llantos y los lamentos se escucharían en toda la isla. Luego, serían llevados a los santuarios que, a modo de mausoleo, se levantaban a lo largo de la costa. Mas, por ahora, el pueblo se dedicaba a festejar las alegrías, pues tiempo habría para tanta tristeza. —Quisiera ver a mi padre —imploró la niña. 154

—Las celebraciones podrían resultar interminables —advirtieron los príncipes—. Lo hemos perdido y no sabemos cuántas peripecias ha de sortear antes de llevar el trofeo a las manos de su jerarca. —Además, ahora comienzan las rencillas —advirtió el abuelo. —¿Rencillas? —exclamó ella. —Las disputas —aclaró Kiko. —Los competidores lamentan su derrota —agregaron los príncipes—. Mientras uno de ellos celebra la victoria, el resto es víctima de la envidia y las diferencias suelen concluir en destrucción y muerte. —¿Y nadie puede detenerlos? —La única autoridad en la celebración del Hombre pájaro es el propio jefe de esos competidores. —¡Ustedes deben hacerlo! —¿Nosotros? —¡Sí, por algo son príncipes! —Nos debemos a nuestro monarca y él espera al otro lado de la isla, sumido en la tristeza. Está muy lejos para intervenir y los jerarcas de estos 155

hombres no aceptan mediación alguna, aunque provenga del mismo rey que los gobierna. —¿Y mi padre también estará en esas rencillas? —Ningún competidor puede escapar a ellas. —¿Podría morir, entonces? —Así es, querida niña —respondieron los príncipes, y cantaron a media voz:

«Ka tangi é... ere ika iti é. Mo nua é, ere mo te matua é. He ono matua, hoki tae tangi ai; ko te bebe au; o ko te matua akore...» «Está llorando... la pequeña víctima. Por su madre y por su padre. Ya no tiene padre, por eso llora; ahora está pobre; ya no tiene más padres.»

—¿Y ese canto tan triste? —preguntó. —Es un lamento —respondió el anciano, presagiando un desenlace trágico. Tiara enmudeció al ver tan preocupado a su abuelo. También el hermano de la niña mostró la 156

congoja en su semblante. Por un momento detestó la participación de su padre en esos festejos. —Estas celebraciones y desenfrenos, Hopu contra Hopu, provocan no sólo dolor y muerte —comentaron lastimosamente los príncipes—, sino también la ruina de este lugar sagrado, muchas veces con la destrucción definitiva de estatuas y monumentos. Las palabras de los Ariki-paka sonaron como un presagio ineludible en el corazón de la niña. —Vamos, Tiara —dijo Kiko con profunda tristeza—. Debemos regresar. Con los cantos y bailes en sus oídos se dirigieron a la embarcación y entraron en la densa bruma que ocultaba todo el entorno de la isla. Cuando finalmente la nave salió de la espesa niebla, Tiara se hallaba frente a la caleta de su casa. Cerró los ojos, con el ferviente deseo de no salir de aquel sueño, pero no pudo permanecer así demasiado tiempo; voces que salían a su encuentro, la sacaron abruptamente de su ensueño. Ai abrir los ojos nuevamente descubrió que la piragua de los príncipes había desaparecido por completo, también su hermano y su abuelo. 157

El encanto de la niña se quebró como un espejo. Uno de aquellos hombres agrupados en la costa, y que de vez en cuando dirigían la mirada hacia el mar, alcanzó a ver la balsa de Tiara asomando por la bruma que se diluía bajo la luz del sol. Al dar la voz de alarma, todos se volvieron para verla remando hacia la escuela. —¡Ya estábamos advertidos! —exclamó el alcalde de mar—. Anoche la Lidia me habló de lo que hizo esta chica. —Pero, ¿cómo no la vimos subir a esa balsa? —Ni siquiera la vimos salir de su casa. El alcalde de mar, apremiado por su falta de cuidado, sintiéndose más responsable que nadie, abordó rápidamente su bote y dio las instrucciones al hombre que lo acompañaba para ir cuanto antes detrás de Tiara y evitar que siguiera remando en condiciones tan precarias. Daba miedo de sólo pensar en una desgracia. Si llegase a volcar esa balsa de juguete, la niña se hundiría en cosa de segundos, con el peso de su mochila y con tanta ropa en el cuerpo. Además, ¿quién podría asegurar que sabía nadar y ponerse a salvo por sí misma? 158

Considerando la gravedad de la situación, los marinos abordaron de inmediato el bote inflable que los llevaba a la lancha y el motor fuera de borda rugió como una bestia antes de ponerse en movimiento. Lo hizo pesadamente al principio y luego debió hacer un giro muy amplio, antes de dirigirse al sitio exacto donde flotaba la balsa de Tiara. Mientras el alcalde de mar bogaba directamente hacia la niña, los marinos tomaron las precauciones necesarias, porque el oleaje que producía el poderoso desplazamiento del bote inflable amenazaba con hacer zozobrar la balsa. El único que podía alcanzarla sin mayor contratiempo era el alcalde. La niña remó cada vez más rápido, para acercarse cuanto antes al embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. Los golpes acelerados de su remo terminaron por agotarla y no dieron el resultado que ella esperaba; la balsa pareció detenerse a escasos metros de la costa, como si el agua transparente y liviana se tornara pesada. Mientras el bote del alcalde de mar se acercaba más y más, la balsa dio un giro mar adentro, porfiando con los deseos de quien trataba de 159

sintió que la arrastraban violentamente hacia la superficie. haciendo equilibrio en medio del constante vaivén de la modesta embarcación. como si quisiera expulsar del cuerpo la muerte que estuvo a punto de arrebatarle la vida. el otro reanimaba a la pequeña. Con el extremo de un remo rescataron la mochila antes de que se hundiera definitivamente.controlarla. dando manotazos desesperados. Mientras un hombre remaba con premura hacia la costa. Los dos hombres del bote. irritadas por el esfuerzo. un esfuerzo inútil. que no dejaba de toser. dando la sensación desastrosa de que todo estaba perdido. la alzaron de un solo envión y la pusieron a salvo. que finalmente había llegado junto a la niña. Tiara notó que sus brazos eran mordidos por mandíbulas feroces. hasta que la mochila de Tiara cayó al agua y a los pocos segundos su dueña. al parecer. pudiera salvarla. 160 . perdiendo un zapato y sintiendo el escozor del agua salada en las fosas nasales. Tragando agua a borbotones. De pronto. Tratar de mantenerse a flote resultaba extremadamente difícil a ratos. no pudo mantenerse a flote y se ahogaba sin que nadie.

Allí la tía Elvira preparaba una leche bien caliente. mientras la tía Lidia le quitaba rápidamente las ropas mojadas. mientras el tío Tato corría a la habitación contigua. con los ojos empapados de llanto. La directora se tomaba la cabeza a dos manos. para conseguir una manta y abrigar a la desdichada. Más bien. junto a la cocina a leña que prodigaba calor a todo el recinto. Pero esta vez no hubo posibilidad alguna de recriminación por parte de los adultos. el alcalde de mar sacó en brazos a la pequeña del bote y corrió con ella hacia el comedor de la escuela. que a veces servía de enfermería.Revelaciones sorprendentes Recién desembarcados y ante el horror de quienes se enteraron sorpresivamente del accidente. el 161 . preparándola para abrigarla cuanto antes. ni de curiosidad maliciosa en los niños.

afanada en reanimar a Tiara—. me llamará de inmediato. Espero que esto no llegue a oídos del almirante. —¿Todo en orden. ¿Qué diría el Sename. ¿Y qué puedo decirle? —Y no sólo eso —agregó la señorita Emilia—. La directora y el alcalde de mar salieron muy preocupados del recinto. por favor. Preocúpate de ella. Justo ahora que me acaban de avisar que se adelanta la visita fiscalizadora del seremi de Educación. Lidia. señorita Emilia? 162 . —Esta niñita nos ha metido en un tremendo lío —comentó el alcalde de mar. una vez instalados en la oficina de la directora—. De lo contrario. Ve tranquilo. pero ahora lo hará precisamente cuando se anuncian días más fríos. —Sí.repentino recibimiento se dirigió a su mujer. imagínese usted que se enteren las autoridades. marido —replicó ella—. cuando comienza el buen tiempo. por ejemplo? Poco menos que permitimos los riesgos que asumen nuestros alumnos en su afán por venir a clases. descuida. Siempre viene en septiembre.

reconfortada. 163 . Pero para eso se necesita dinero. Porque nacen menos niños en la zona.—Los pagos están al día. Nos cae el agua del cerro. Tenemos goteras. porque las familias emigran y porque los apoderados no quieren cooperar con los cinco mil pesos mensuales que exigimos para seguir funcionando. Lo que ha hecho esta chiquita deja en evidencia que los dormitorios del segundo piso nunca debieron cerrarse. las fundaciones del edificio están húmedas y las bases se están pudriendo. —Aquí está la niña —dijo la tía Lidia. tía Emilia —respondió la niña. nos ha bajado la matrícula en un cincuenta por ciento. —¡Adelante! —exclamó la señorita Emilia. Los extintores vencidos. —Sí. El viento ha soltado el zinc del techo. pero la situación en la escuela ha empeorado este último tiempo. Además. acompañando a Tiara. más animada y con el color saludable pintando en su rostro. —¿Te tomaste tu leche? —preguntó la directora. Tres golpecitos en la puerta de la oficina de la directora interrumpieron la conversación.

Ella. Tiara pensó en la peor de las consecuencias. Diego asomó su nariz por uno de los ventanales de la oficina. Tanta demostración de amabilidad no era algo de todos los días. del anticipo de una sanción drástica y definitiva: la expulsión de la escuela. 164 . había que accidentarse para que la tomaran a una en cuenta. Tal vez se trataba de un anuncio. tuvo que contenerse para reprimir el impulso de salir corriendo e ir al encuentro de su compañero. Con dificultad y por mucho tiempo había soportado las burlas de sus compañeros.Tiara tuvo que morderse la lengua para no manifestar su extrañeza por la notoria bondad que recibía. Sólo así se podría entender la presencia del alcalde de mar. Estaba convencida de que no volvería a ocupar su pupitre en aquella sala que le había brindado momentos amargos. al verlo. pero que sin embargo en los últimos días se había convertido en un lugar de encanto y sorpresa. pero también era cierto que finalmente había conseguido establecer una profunda amistad con Diego. Al parecer.

—Tía Emilia —interrumpió la niña. Situaciones como éstas pueden superarse. Pero usted misma dijo que soy un mal ejemplo para mis compañeros. Es muy duro. —Bueno.La directora arrastró una silla para sentarse junto a la niña. ¿Entregaste la comunicación que les envié? —Sí. querida. pero eso tiene remedio. debo hablar con tus padres. tía Emilia —respondió la niña—. —Escucha —le dijo. Fuiste muy impetuosa. que sólo van en tu propio beneficio. Le tomó cariñosamente las manos y le habló en un tono de voz que jamás había empleado con ella. 165 . — ¿Qué cosa? —preguntó Tiara. la entregué. ¡No voy a tomar una medida tan extrema! En todo caso. al borde las lágrimas—. No le diste ninguna importancia a mis quejas. Pero también hago un esfuerzo por entender tu comportamiento. es cierto. Tal vez te sientes sola y no puedo desconocer el momento difícil que estás viviendo. pero quiero que sepas que toda la escuela está contigo y con tu familia. chica? —replicó la directora—. ¿me va a echar de la escuela? —¿Qué dices.

—Claro que sí. Y como no lo ha — 166 . De todos modos pensaba ir a su casa y decírselo a su madre. Pero al mismo tiempo pensamos que en una situación como ésta harías mejor quedándote junto a tu madre —explicó la directora. —¿No? —No —continuó el hombre—. Los marinos no vinieron para detenerlo. lo sabemos. alcalde? —rogó la directora con ojos llorosos. porque la señorita directora ya estaba en antecedentes. porque la embarcación no aparece por ningún lado. antes de que Tiara huyera en su balsa. El asunto es que hoy día ni siquiera debías venir a la escuela. Tiara.¿Se lo dice usted. La lancha de la Armada espera rastrear el bote de tu padre. Lo que pasa es que tu hermano y tu papá no han regresado de la faena y creemos que han tenido un percance. muy temprano esta mañana. —Está bien —respondió el hombre—. Yo mismo avisé por radio. Les interesaba saber si tu padre había regresado sin novedad a la caleta. —Así es —afirmó el alcalde—. —Pero si a mí me gusta venir a clases.

sorprendidos por las expresiones de la niña. Entonces. No vamos a pensar en lo peor y así se lo haremos saber a tu mamá.hecho. sin saber qué responder a tanta inocencia. —Con mi abuelo y mi hermano lo vimos compitiendo por el huevo Manutara. 167 . —¡Pero mi papá fue a Isla de Pascua! —exclamó la niña. El hombre guardó silencio y miró atentamente a la directora. Pero. Por un momento se sintieron superados por la incapacidad de echar abajo sus fantasías y hacerla poner los pies sobre la tierra. tenemos que ponernos en todos los casos. aunque no nos guste. se disponen a iniciar la búsqueda una vez que se levante la bruma y esperamos que los encuentren sanos y salvos. por desgracia. Pensaron que la niña recurría a tales argumentos para evadir la gravedad de los hechos que amenazaban con hacerla víctima de acontecimientos que. del pájaro sagrado. La directora y el alcalde de mar mantuvieron un silencio expectante. eran habituales entre los hombres de mar.

pero. el alcalde de mar y la tía Lidia. que no tuvo valor para marcharse. que había sido incapaz de esperar en la cocina y porque la curiosidad la mataba. La directora. hasta fascinarlos por completo. como una alimaña. Los alumnos miraban al techo. a la espera de noticias de Tiara. desearon alentarla para que no callara. como nunca lo habían hecho. junto a la puerta. El profesor en su sala no pudo iniciar la clase de la mañana. Tiara les habló de sus dos travesías en la nave de los príncipes. en lugar del drama que posiblemente le aguardaba en casa. cosa curiosa. agazapado. escuchaba la tía Elvira. parecía que los fantasmas se habían 168 . el relato emocionado se apoderó de la atención de quienes la escuchaban con profundo respeto. con la emoción pintada en cada rostro. por primera vez en varios días no se escuchó ninguno de aquellos ruidos que provenían del piso de arriba. para que la febril fantasía fuera la única realidad que debía imponerse. Paulatinamente.decidieron no contradecirla y se dispusieron a tomarla más en cuenta. En el corredor.

dirigidas al oriente. Entretanto. la niña continuó su relato. permitiendo la 169 .enterado del drama que vivía Tiara y la acompañaban con su silencio. que de isla en isla había llegado a poblar gran parte del globo terrestre. expectante entre sollozos. la pequeña confesó lo orgullosa que estaba de pertenecer a una raza de audaces navegantes que. Que habían seguido las rutas del océano. en frágiles embarcaciones. es decir. siempre cruzaron los mares conquistando atolones y peñones volcánicos dispersos por el océano. Que el mar había sido el camino de sus constantes migraciones. Contó la historia de los orígenes lejanos del pueblo rapa-nui. al borde de las lágrimas. y el alcalde de mar. aquellas corrientes marinas que fluyen por cursos determinados. En medio del silencio reinante. Habló de cómo la vida para ellos se había desarrollado entre piraguas y tormentas. tanto en el mar como en la cima del peñón de los pájaros. la directora. Narró con lujo de detalles cada paso de la competencia por conseguir el huevo de la gaviota sagrada. habló de la valentía y destreza de su padre.

para ir muy lejos y regresar siempre al punto de partida. Les contó.navegación en grandes círculos o en forma triangular. la recordaba desde que la llevaron a la escuela. que los cursos seguidos por el viento cambiaban según las estaciones del año. Así fue como los primeros habitantes vieron aparecer la isla en medio del mar y que por no haber otra tierra en las cercanías la llamaron el Ombligo del Mundo. Les habló de por qué abandonaron su continente de origen. incluso de las rencillas en la aldea sagrada. como una niña sorprendente. y regresará muy pronto. Los ojos de la niña brillaban con el resplandor de aquella felicidad que tan a menudo le resultaba esquiva. apenas entregue el huevo que consiguió para el Hombre 170 . La directora la escuchó con los ojos rojos de tanta lágrima contenida. Emocionada. tratando de comprender finalmente el verdadero sentido de las palabras de su alumna. y cómo desde hacía un tiempo se empeñaba en convencerse a sí misma del futuro esplendoroso que algún día cambiaría su vida. —Por eso les digo —concluyó por fin— que mi padre saldrá vencedor. además.

de haber sabido que abordabas esa balsa de juguete para venir a clases. —Tiara —interrumpió el alcalde mar—. pero mi mamá está muy bien acompañada con mis hermanos pequeños. Pero de ahora en adelante mi asistente irá por ti cada mañana y no necesitas poner en riesgo tu vida. tía Emilia —respondió ella—. —Gracias —respondió ella.pájaro. es muy hermosa la historia que acabas de contarnos. que ha de estar muy afligida. Lo siento en mi pecho. habría enviado el bote de la Alcaldía. —Gracias. pero ahora. Prefiero quedarme en la escuela. te aconsejaría regresar a tu casa y acompañar a tu madre. Tienes autorización para ausentarte todo el tiempo que sea necesario. Lo sé. porque así es la gente de mi raza. —Querida —dijo al fin la directora—. que es su jerarca. volviendo a nuestras preocupaciones. —¿No quieres que te llevemos a tu casa? 171 .

—Prefiero quedarme. Quiero estar con mis compañeros. Quiero ir al segundo piso, donde me esperan los internos. —Pero, ¿qué le pasa a esta chica? —exclamó la directora, aún más sorprendida—. ¿Has subido al segundo piso? —Sí, tía. —¿No sabes que está estrictamente prohibido? —¿Me va a expulsar por eso? —Es que no lo entiendo, niña —protestó la directora, controlando su enojo—. ¿Con qué facilidad pasas a llevar disposiciones tan antiguas? Por favor, dime que no lo has hecho. No hagas que me prive contigo, chica. —No, tía Emilia —balbuceó la niña—. Es que fui a ver por qué había tanto ruido. Y me encontré con ellos. —¿Fuiste a ver? ¿Ruidos? ¿Qué ruidos? —Los golpes que oíamos en la sala y que venían del dormitorio. —¡Eso es imposible! Se cerró definitivamente cuando la escuela dejó de recibir niños de lugares apartados. Desde entonces nadie ha vuelto a poner un pie en ese lugar. Pensé que lo sabías. 172

—¿Y las tablas que se caen de los catres? —¿Fue el profesor quien habló de las camas que se desarmaban? —El tío Tato nunca nos habló de eso, tía Emilia. Entonces, subí a ver lo que ocurría —respondió la niña como si nada—. Y me encontré con todos esos niños que el padre Ronchi trajo desde el río Mapocho. ¿No es bien corpulento así, con una sotana larga como un vestido y con una parka oscura? También estaba el tío Tato, mucho más joven, y usted tía, que nos contó cómo había conocido al padre. Además, descubrí que el segundo piso es como un hogar y esos niños son una verdadera familia. Se puede conversar con ellos, todos se interesan por uno. La directora y el alcalde de mar se desplomaron en su silla con esta nueva revelación de Tiara. Lidia tuvo que afirmarse en el borde del escritorio, y afuera, Elvira mantuvo el equilibrio apoyando su cuerpo contra el marco de la puerta. En la sala de clases, en el dormitorio del segundo piso, en la oficina, en los pasillos vacíos, se instaló un silencio tan profundo, que a la escuela llegó, 173

como una tormenta, el constante movimiento del oleaje, el canto de los pájaros del interior y el vuelo rasante de las aves de la costa. Una corriente de aire, poderosa y tibia, que de pronto azotó la caleta y los alrededores de la escuela, se apoderó de aquellas almas atrapadas en el asombro. Con un nudo en la garganta, conteniendo las lágrimas a punto de reventar en llanto, con profunda ternura, observaron cada gesto de la niña, que a pesar de su entusiasmo, de su abandono, estaba más bella que nunca, más segura de su existencia, como si una fuerza poderosa y desconocida la iluminara. —Tía Emilia —preguntó de pronto—, ¿usted le hizo clases a esos niños? —Sí —respondió la directora con los ojos bañados en lágrimas—. Ellos fueron mis alumnos. Tiara, por última vez te lo pregunto: ¿te gustaría irte a la casa? —No, tía, gracias —respondió ella. —Como quieras —aceptó la directora—. Está bien, puedes volver a clases. —¡Chachita, Dios! —exclamó Elvira y se apartó bruscamente de la puerta. Luego, corrió hacia el comedor arrastrando los pies, evitando que las 174

—Todos nos tendremos que ir algún día a Puerto Cisnes. Tiara salió al patio y se acercó a Diego. —Bueno. porque también había escuchado las palabras sorprendentes de la niña. si te vas quisiera irme contigo. del archipiélago de Los Chonos. cuando terminemos la escuela. Habrían permanecido así hasta el nuevo tañido de la campana. totalmente vacío a esa hora de la mañana. Allí se abrazaron amistosamente. Juntos caminaron hacia la sala. pero se detuvieron en medio del patio. 175 . pero falta mucho para eso. de la isla Toto. sí. —¿Qué dices? —Pasa que si un día viene de nuevo ese barco enorme. te juro que yo también me iría. —Ya ves como también se fueron los internos del piso de arriba. y tú quisieras embarcarte en él y alejarte de tu caleta. de Puerto Gala.tablas del piso crujieran a su paso atolondrado. que la esperaba inquieto y emocionado. el que se parece a una ballena iluminada. —Huevito —le dijo al oído—.

claro.—¿También se fueron? —Muchos de ellos estudian lejos de aquí. por favor. Nunca se sabe cuando el gigante Uoke hundirá la tierra donde vivimos. Huevito —replicó. Diego. podemos atarle un canasto para la carga. ¿Quieres que te lo dibuje? —No. ¿Me acompañarías al monte a buscar leña? —Sí. —¿Cómo? —Muy fácil. porque lo echaban de menos. pensándolo bien. —¡Ah! 176 . Ahora que mi papito tiene que vencer las rencillas en la ciudad sagrada. Aunque. Tal vez regresaron al norte. ¿Cómo eres para el hacha? —¡Seca! Siempre le ayudaba a mi hermano. por encargo de sus reyes. Podemos usar mi bici para cargarla. —No quisiera que la estropearas. muerto de risa—. descubrirá nuevas islas. Tendré que ayudar bastante en mi casa. Ahora mi hermano es un tripulante más en la nave de los príncipes. tengo que ayudarle mucho a mi mamá. Huevito —respondió Diego—.

porque en ese preciso instante la embarcación de la Armada regresaba con ellos. —¿Por qué? —Porque serás muy importante y yo apenas tu compañero. anticipaba una situación fortuita que involucraba a su padre y a su hermano Kiko. eso sí.Tiara. —¡Oh. junto a la vaka—paenga que había zozobrado en las aguas del archipiélago. ahora que mi hermano es un príncipe y mi papito conquistó el huevo Manutara? —Tú sabes que no podemos salir de pesca. después de haberlos encontrado flotando. 177 . —¿Saldrías a pescar conmigo. aún con vida. Amarramos el volantín de mi abuelo a la balsa y la dejamos que flote bien lejos. sin querer. Nosotros la manejamos desde la orilla. Huevito! —¿Me dirás Tiara cuando yo sea princesa rapa-nui? —Entonces no querrás que te acompañe. —No tenemos que hacerlo. Diego.

Como 178 . mi abuelo y los príncipes estarán felices de que vengas conmigo.—Kiko.

179 .

le voy hacer un encargo. También vas a necesitar un casco para proteger tu cabeza. ¡Cómo habría deseado ella que toda la escuela fuera testigo del maravilloso gesto de su amigo! Tiara no se sentía rechazada. después de mucho tiempo tuvo la convicción de que no estaba sola. la estrechó una vez más en sus brazos.mi papá tiene que ir a Puerto Cisnes. de que ahora sí tenía al mejor de los compañeros: ese que ha conquistado el corazón por completo. Diego. 180 . —¿Qué clase de encargo? —Unas rodilleras y unas coderas para ti. —¿Crees que voy a subir y bajar peldaños con mi bicicleta? —Eso creo. muy conmovido.

Ariki Paka: exploradores que se adelantaron al rey Hotu Matu'a para reconocer la isla Rapa Nui. Acoquinar: amilanar. causar miedo. una bomba. verter. formada por la erosión que produce el viento y la constante humedad del mar. reducir a menos una cosa. desanimar. entonces. 181 . sirviéndose de algún medio mecánico. por ejemplo. Anakena: playa de arenas blancas en Isla de Pascua. Allora: voz italiana. Achicar: aminorar.Glosario Acantilado: pared de roca casi vertical. donde llegaría finalmente el rey del continente Hiva. Archipiélago: parte de mar poblada de islas. Extraer el agua de una mina. o bien manual. un dique. una embarcación. que se hundía en el mar.

ingenua o de pocas luces. observar recatadamente. sorprendido. Atolón: arrecife. Cagnara: voz italiana que significa jarana. Caleta: cala. farfullar. navegar con remos. Caído del catre: término de uso popular que señala a una persona distraída. musitar. Puerto pequeño. una idea que se proyecta por primera vez. por lo general de corales. Bogar: remar. ensenada. además y tal vez.Arrecife: piedras. Atónito: pasmado. mascullar. como así se les llama al conjunto de los hombres que descargan un barco. rocas a flor de agua que forman un banco en el mar. Pero. balbucieron). Babero: el que conduce una balsa. boquiabierto. En la 182 . en forma de anillo. cruzar en balsa. Balsear: pasar. Balbucear: balbucir (balbucía. Bosquejo: apunte inicial. Atisbar: mirar.

mantener el barco sin permitir que se hunda. Dios: Taitita. Catre: cama antigua. Chancha: cerda. La bicicleta y el catre crujen cuando están viejos y desvencijados. Por lo habitual. es decir. En Perú. Algunos fuegos artificiales menores son llamados «cuetes». En algunos países de América significa algo malo. es bajo un puente junto al río. Expresión chilota muy arcaica. como «hacer la chancha. Cuete: en Chile es algo que se dispara. no asistir a clases pudiendo hacerlo. eludir un compromiso o situación apremiante. Dios. Chachita. que revienta. Guatemala y México significa pistola. 183 . con estructura de hierro. Pero el habla popular de Chile utiliza este término para referirse a una bicicleta muy vieja.expresión cotidiana de las ciudades. se usa el término como sinónimo de cantidad y como el lugar donde «paran» las personas sin hogar y que suelen reunirse para dormir en algún lugar. Capear: sortear algún peligro. También. la cimarra». explota.

Güeno: pronunciación incorrecta (pero muy común) del vocablo bueno. Hacer meño: voz chilota. débil. habitantes de Isla de Pascua. Hiva Maru e Rengo. Hare-paenga: piedras que formaban el cimiento de las casas-bote. Gélido: helado. seguramente por el intenso contacto laboral del chileno con el sur de Argentina. del que se dice fue el lugar de origen de los primeros rapa-nui. frío. Marae Renga y Mangareva. en especial con las damas.Chicos (as): niños (as) en la lengua popular de la gente al sur de Chiloé. Esta expresión se ha hecho común. hacer mérito. Chiesa: voz italiana que significa iglesia. Endeble: de poca resistencia. frágil. También se le conoce con los nombres de Hiva-Marac-Renga. Hombre flojo: expresión popular proveniente de una canción chilota que dice: 184 . Galante: atento. Hiva: continente mítico.

sale a pescar. Jarana: diversión bulliciosa. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado.» Hopu: nadadores diestros. pánavegar. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». hombre flojo.«Levántate. sale a pescar. 185 . Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui. Kete: canastillo. Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa. El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. muy difundido. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. Io: voz italiana que significa yo. que la mar está linda pánavegar.

Manu-hakerere: volantín. cometa. Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. utilizado para pescar. que se remonta a los orígenes de un pueblo. animales y plantas. mar. civilización o lugar. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. aun cuando no pueda ser específico. Manutara: golondrina de mar. pájaro-fragata (Sterna lunata). 186 . cielo. Mítico: perteneciente al mito. El creador de lo existente: tierra.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. considerado estirpe real. Miru: clan pascuense. la labor del maestro. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. Magisterio: relacionado con enseñanza. Meño: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien.

pa'navegar. 187 . sale a pescar. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui. hombre flojo. lo: voz italiana que significa yo. Jarana: diversión bulliciosa. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». sale a pescar.» Hopu: nadadores diestros. que la mar está linda pa'navegar. muy difundido.«Levántate. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa. El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar. Kete: canastillo.

aun cuando no pueda ser específico. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. civilización o lugar. Manu-hakerere: volantín. cielo. Manutara: golondrina de mar. El creador de lo existente: tierra. Magisterio: relacionado con enseñanza.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. la labor del maestro. animales y plantas. Meno: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. 188 . pájaro-fragata (Sterna lunata). utilizado para pescar. Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. Miru: clan pascuense. Mítico: perteneciente al mito. considerado estirpe real. cometa. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. mar. que se remonta a los orígenes de un pueblo.

por ejemplo. Orongo: poblado de piedra en la falda del volcán Rano Raraku. En los botes con motor la función del 189 . Plumavit: espuma plástica. Panga: lancha a motor. Cualquier figura plana con forma ovalada y curvilínea. más grande que una canoa y navega a remo y vela. Nessuno: voz italiana que quiere decir ninguno. Neru: doncellas elegidas por su belleza. Popa: parte posterior de una embarcación donde va el timón. Monte peñascoso. Poike: región de la isla Rapa Nui. antes de sus bodas. lugar de celebraciones y ceremonias. El óvalo de la cara. Piragua: embarcación larga y estrecha. descubierta y del tamaño de un bote.Moái: escultura monumental de piedra volcánica cuyo origen es un misterio. Peñón: peña grande y escarpada. Per che: por qué. Óvalo: con forma de huevo.

Porrazo: golpe que se recibe al caer con todo el cuerpo. Qué contiene (expresión común en Chiloé): qué es. lanzada oportunamente. en cuyas canteras se esculpieron la mayoría de los moáis . aguda.timón la cumple la columna que sujeta la hélice impulsora. Rano Raraku: volcán ubicado en la costa sureste de Isla de Pascua. qué significa. Pulla: Expresión grosera. un palo labrado de modo rústico. Quetro: pato silvestre que habita junto a la costa marina y en lagos interiores. Ragazzo: voz italiana que significa muchacho. 190 . Pora: balsa pequeña construida con totora. es decir. En otros países es el golpe que se da con una porra. Se encuentra desde Ñuble hasta Tierra del Fuego. Privarse: en Chiloé significa enojarse.

Reclusa: persona recluida o encerrada en algún recinto cerrado. Toto: isla del archipiélago de Los Chonos. Te Pito o Te Henúa: Ombligo del Mundo. Con su fuerza descomunal hundió el continente Hiva. donde vivieron 191 . Uoke: gigante legendario. Settimana: voz italiana. Remero: el que usa los remos.Rapa Nui: «La Isla Grande». Sename: Servicio Nacional de Menores. Seremi: secretario regional ministerial. Recalar: llevar una embarcación a la vista de una costa conocida. representante en la región de un determinado Ministerio de la República.760 kms de la costa. semanas. Rico Pancho Gómez: expresión chilota que alude a una persona que lo tiene todo y lo disfruta. pertenece a la Quinta Región y se ubica a 3. Tangata manu: hombre pájaro. en la latitud del puerto de Caldera. Isla de Pascua.

provocando enormes inundaciones. como una yunta de bueyes. hombre.los antepasados rapa—nui. Uomo: voz italiana. En la ciudad. significa amistad inseparable. en ciertos estratos sociales. 192 . Vaka-ama: embarcación pequeña con un balancín en uno de sus costados. Vaka poe-poe: embarcación de gran tamaño similar a un lanchón. Yunta: par.

193 . Es uno de los autores chilenos de mayor trayectoria en el área de la literatura infantil. Es autor en Alfaguara Infantil de Un monstruo ASI de grande. el último niño. Mamire. cazador de Tierra del Fuego. niña de mis ojos. y Sakanusoyín. con diversas publicaciones en narrativa y drama. Además.Víctor Carvajal Nació en Santiago de Chile. en la colección Mar de Libros ha publicado Lugares de asombro y creencia popular y Mamiña. Caco y la Turu. En sus obras muestra la vida de los niños y jóvenes de hoy en América.

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