La Balserita Víctor Carvajal Ilustraciones de Carolina Schütte González

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Dedicado a Constanza Corbinaud Castañeda.

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Alucinaciones

Tiara soñaba con Diego esa madrugada. Ella y su compañero esperaban por una lancha que los 3

como si la pasarela de madera no existiera. ambos miraban en silencio aquel paisaje de ensueño. porque creyó haber visto a su hermano. 4 . En medio de la bruma. cuando la neblina comenzaba a dejarle un espacio de cielo al océano. La niña se estremeció de la cabeza a los pies. amenazando con regresar de un salto a su mundo submarino. como pequeños peces fuera del agua. pedaleando de un lado a otro. mecida por las olas. apareció una imponente figura. como si una brisa gélida la dominara. De pronto. Diego montaba su espléndida bicicleta. Desde el muelle.trasladara hasta el embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. la niña vio ciertos destellos que se desplazaban en medio de la bruma.

5 .

La nave se acercó. —No. Entre ellos se encontraba el abuelo de la niña y Kiko. nada —titubeó ella. Tiara buscó refugio junto a Diego. perturbado por la repentina reacción de su compañera. 6 .Tiara se volvió para mirar a Diego a los ojos. temblaba de miedo. —¿Nos vienen a buscar? —preguntó Diego. —¡Eres una Miru! —saludaron—. Miembro de nuestra estirpe real. el hermano mayor de Tiara. El rostro del muchacho hizo una mueca de asombro y saltó como un resorte. flotaba la imponente piragua. los tripulantes de aquella embarcación maravillosa detuvieron el acompasado movimiento de los remos a escasos metros de la costa. Ocho hombres la tripulaban. —¿Qué pasa? —balbuceó. porque en ellos se reflejaba mejor el color gris del mar y del cielo. Ataviados con finas plumas multicolores. Tiara permaneció expectante unos segundos ante la sorprendente aparición que emergió de la nada: mecida por las olas.

—Navegamos contra el tiempo —respondieron apremiados los príncipes—. aborda tu pora y rema hasta nuestra embarcación. —Son los príncipes Ariki Paka y vienen por ti —respondió el anciano. —¡Qué bueno! —replicó Tiara.—¿Quiénes son ustedes? —preguntó la niña. Mientras la niña intentaba separarse de su amigo para obedecer las instrucciones que recibía. igual que nosotros —respondieron los príncipes. —El competirá en una prueba muy dura —respondió el abuelo. impulsada por la misteriosa voluntad que la 7 . —¡Quiero ir a verlo! —Tiara —se apresuró Kiko—. al tiempo que miraba a su abuelo y a Diego. Para que nos lleven a la escuela. volviéndose a ellos. —Eres navegante. sin mayor alegría—. mudo de asombro. —¿Tengo que subirme a la balsa? —exclamó la niña. —¿Y mi papito? —insistió la niña. Es largo el viaje hasta las costas del Poike.

Diego —dijo Tiara—. Ella corrió a los botes. El muchacho dudó. —No iré sin él —respondió Tiara. Diego? —insistió. Parecía un caballo desahogando su dicha. Tiara contemplaba maravillada la destreza de Diego. junto a los cuales 8 . —Vamos. —¿Vienes. avanzando hasta el agua.dominaba. Diego. —Que aborde la nave —ordenaron los príncipes. a punto de perder el equilibrio. víctima de una fuerza misteriosa y con sorprendente habilidad. Eran saltos pequeños. Monta de una vez en tu bici y ven conmigo. La niña no hacía más que celebrar la habilidad de su compañero. logrados al apretar y soltar los frenos. El abuelo y Kiko exigieron a la niña que se apurara. una extraña figura de goma que rebotaba sobre el entablado resbaladizo. con una rueda primero y luego con la otra. se preguntó si Diego estaría dispuesto a ir con ella. que no había tiempo que perder. Al escuchar que Tiara mencionaba la bicicleta. zigzagueando de un lado a otro. comenzó a desplazarse lentamente por el embarcadero.

la bruma se mantenía suspendida sobre el mar tal como la viera en su sueño. Entonces. la balsa de espuma plástica. mientras se abrigaba con su chaleco de lana. Para su sorpresa. Se sentó a cubrir de margarina una media rebanada de pan amasado recién sacado del horno y apuró el desayuno. chica. la niña recordó el sueño que había tenido y regresó entusiasmada a la cocina. hija. como si estuviera dispuesto a lanzarse al agua con ella.flotaba su Amiga Yara. Mientras bebía el resto de leche humeante. Arrodillada en la —¿Y mi papito? —preguntó. desató la amarra y de un salto abordó decididamente la débil embarcación. Vertió leche caliente en un jarro enlozado y la endulzó con azúcar. fue asaltada por una idea que la hizo temblar de pies a cabeza: tal vez su madre 9 . inmóvil frente al mar. En el embarcadero le pareció distinguir a Diego. —¿Y el Kiko? —Salió de pesca con su padre. Tiara fue a mirar por la ventana. sosteniendo su bicicleta con ambas manos. Acomodó su mochila. —Se embarcó temprano. Aquí no hay hombre flojo.

Pero si al menos regresara su padre o su hermano de la pesca. bordado con delicadas flores rojas y amarillas. Por fortuna. pues era muy arriesgado navegar con tanta niebla. su madre estaba demasiado ocupada en sus quehaceres como para preocuparse de la hija del medio. Cepilló con descuido sus dientes. —¡Chao. mamá! —gritó desde la 10 . al menos. tengo que ir a la escuela —rogó. En la escuela. ¿Se sentiría reconfortada? —Mamá. no faltará quien la balsee. siempre existía la posibilidad de alzar la mano y ser tomada en cuenta. se enjuagó la boca con un potente sorbo de agua y terminó de limpiarse los labios con un paño de algodón.deseaba que esa mañana se quedara en la casa. afanada como estaba en el cuidado de sus hijos pequeños—. la que al parecer a nadie importaba. podía deambular por los pasillos.. Tiara se levantó de un salto de la mesa y volvió al cuarto de baño. Y frente al profesor. aun cuando nadie la acompañara. la niña prefería no faltar a clases. De todos modos.. —Hija —respondió después de un rato la madre.

—Anoche soñé contigo —dijo. Saltando como una gaviota. 11 . —Váyase como pueda. Tiara se aproximó a su compañero de escuela y le ofreció la mejilla para aceptar un beso desganado y tibio. —¿Qué cosa. siguió el camino que señalaba la estrecha pasarela. Con su uniforme azul. De uno de sus bolsillos sacó la delgada cuerda para el juego del kai-kai\ su entretención predilecta. sonriendo. hija —respondió la madre. mientras esperaba el bote que los balsearía hasta la caleta de la escuela. kia—kia. Hasta que descendió por la escalinata de madera que conducía al muelle. muy serio. Pero Tiara no respondió.puerta. salió a la bruma de la mañana. Tensó el cordel entre sus dedos entumecidos y con los pulgares y los índices formó diversas figuras a medida que cantaba: Kia—kia. Huevito? —preguntó Diego. tari rau kumara. i te ehu—ehu.

i te Papua—púa. —¿No le dicen Pascual a tu padre? —insistió Diego. En cambio. —¡Pascuala! —remedó Tiara. —Como tu bicicleta —replicó Tiara. —Porque él no come huevos como tú lo hacías cuando eras chica —prosiguió Diego—. en la penumbra y en la suave neblina. —¿A quién le importa? Golondrina de mar. —¿Qué tiene mi bici? 12 . —¿Por qué no le dicen Huevito también? —replicó la niña. él viene de Isla de Pascua como toda tu familia. —¡Picado! —¿Por qué? —replicó Diego. traes ramitas de camote. —¡Qué bonito! —se burló Diego. muy molesta. en tono de burla. —¡Ya está la Pascuala con sus cosas extrañas! —comentó Diego. golondrina. —Porque no entiendes mi canto.

que la predisponía a descubrir la magia de las cosas. —¡Directora! ¿Puedo reírme un rato? —Puedes. por estas pasarelas donde apenas cabe una persona. pero no me gusta que se rían de mí.-—Es como el horno eléctrico que le trajeron a tu mamá de Puerto Cisnes. pero ya lo usará cuando pongan el nuevo generador de electricidad. —¡Picada! —¿De qué sirve? —Bueno. En el fondo de sus corazones abrigaban sentimientos de mutua aprobación. Diego reconocía en Tiara cierta delicadeza y sensibilidad. igual que la tía Emilia. Por un instante guardaron silencio. yo sueño con ser directora. Y ella admiraba la 13 . —¿Y tú? -¿Qué? —¡Que quieres ser maestra cuando grande! —Si tu sueño es andar en bici —respondió Tiara—. En ese preciso momento se acercó a ellos la mamá de Diego. a regañadientes hicieron una tregua.

Más terreno no había en aquellas rocas. Los únicos medios de transporte motorizado que se conocen son las lanchas y las pangas. Las precarias construcciones se hicieron quitando espacio a la piedra. por la falta de espacio. que soñaba con ir a la escuela en bicicleta. A falta de un sitio amplio. Los moradores debían circular por estrechas veredas de madera que permitían el acceso a cada vivienda. plataformas y palafitos. el hermano de Tiara había tenido la ocurrencia de utilizar las mismas embarcaciones como plaza de juegos. ¿cómo lo haría? En Puerto Gala. a punta de pasarelas. Pero. haciendo que su hijo se bajara de ella. inventando el modo de trepar a los botes y transformar en columpio las cuerdas tensadas que sujetaban las naves. en el archipiélago de Los Chonos. en la Isla Toto. Más rocas que tierra. —Me la llevo —sugirió la mujer.tenacidad del más cercano de sus compañeros. mientras se apoderaba de la bicicleta. 14 . con instalaciones para hacer ejercicios. no hay calles para vehículos ni veredas para los peatones. Las casas del poblado se apretaban unas con otras.

Todavía no ha venido nadie a buscarnos. Varias embarcaciones menores flotaban junto a las rocas. mamá! —rogó Diego—. Los dos habían estado una tarde entera junto a las rocas dándole forma de balsa al pedazo de 15 . Tiara recordaba cuánto había costado cortar el enorme trozo de espuma plástica. observando atentamente el muro de humedad suspendida sobre el agua y que impedía ver el horizonte más cercano. conservado con hielo en la bodega del barco. Esas cajas de plumavit eran llenadas de pescado fresco. —¡Pero se hace tarde! —protestó la madre. Y si esos niños hubiesen contado con ellos. sin esos implementos era imposible bogar.—¡No. con el cuchillo conseguido por su hermano Kiko en la cocina de la casa. sin remos ni chumaceras. También estaban las balsas de espuma plástica que ellos utilizaban para jugar. sus padres jamás les perdonarían maniobrar un bote sin su consentimiento. Era el envase que usaban los tripulantes del barco que solía llegar de Puerto Montt a recoger la merluza que pescaban los hombres de la caleta.

que por su peso se hundió en el mar. En este caso se trataba de una balsa para divertirse junto a la costa. para lograr el mismo espacio interior de un bote. Kiko hizo una demostración para que Tiara aprendiera a utilizar el remo y luego se dedicó a instruirla con gran paciencia. con un buen anzuelo y una carnada que la propia Tiara había conseguido para la ocasión. Cierta vez. con el mismo cuchillo lo ahuecaron. Siguiendo la costumbre. Habían instalado en ella el volantín manu—hakerere del abuelo. manteniéndose alejado 16 . cuando Kiko era todavía muy pequeño para acompañar a su padre en la pesca. cuando el tiempo se presenta mucho más propicio para navegar. en primavera. Había sido el trabajo de varios días seguidos. ataron la balsa con una cuerda bastante larga. Pero no sólo la usaron como entretención. Después consiguieron una vara de madera de un metro y medio de largo y le clavaron dos palmetas en los extremos.espuma plástica. Luego. Kiko ató el volantín a la popa de la falsa embarcación y de la cola colgó una lienza con un anzuelo en su extremo. la echaron al agua y la alejaron de la costa con el remo.

del bote y a merced de los vaivenes del viento. —Mi papá puede llegar en cualquier momento —respondió la niña. la balsa de Tiara no tenía nombre y la niña decidió bautizarla con el nombre de alguien que le encantaría que regresara a la caleta: Amiga Yara. —Mi hermano también nos balsearía. —Aquí hay botes de sobra —comentó la madre de Diego y miró intensamente a Tiara. la verdad sea dicha. A partir de entonces siempre mantuvo viva la esperanza de un reencuentro. lo que falta es que alguien se haga responsable. 17 . nunca he visto a su padre cruzar a la escuela. —¿Lo cree. Por aquellos días. como si de la niña dependiera el traslado de su hijo—. Ese día. robustas y sabrosas. Pero desde que se hizo persona se va todos los días con mi papito. niña? —replicó la mujer—. Pero. como el padre de Tiara no había regresado y en casa no había qué hacer de comida. los niños Miru consiguieron una pesca maravillosa: tres merluzas españolas.

jugando a enfrentar riesgos y pasar la prueba. ya lo habían hecho. Por lo tanto. al parecer. En varias ocasiones se habían aventurado por esas rocas. Ninguna lancha surcaba las aguas a esa hora de la mañana. no había ninguna posibilidad de que una embarcación pasara a recoger a los rezagados de Caleta Chica. Ambos cruzaron miradas temiendo ser sorprendidos en un secreto que no debía ser develado por ningún motivo.—Claro —insistió la madre de Diego—. —¡Por ahí podríamos ir a la escuela! —exclamó. La niña observó atentamente el accidentado montículo de rocas que se extendía a lo largo de la costa y que la niebla se lo tragaba como si nada más existiera en el mundo. —¿Nunca le han dicho que no debe aventurarse por esas rocas? Tiara enmudeció y Diego tragó saliva. nunca tuvieron nada que lamentar. sin consecuencias. Felizmente para ambos. Los catorce alumnos que venían de otras caletas y que diariamente cruzaban con algún apoderado a la escuela. 18 . Su hermano tampoco se muere por llevarla a la escuela.

También en la escuela nos dicen. —¡Oh. suspirando y roja como un tomate—. —Mi mamá siempre lo hace —reconoció la niña. como si no tuviera ninguna urgencia.Incluso. Buscaban afanosas una embarcación para nadar delante de la proa. dulces olas! —suspiró. porque cuando Kiko era pequeñito caminaba por ahí y a veces me dejaba ir a la siga. De algún modo hemos de llegar a la escuela. había seguido los pasos aventureros de su hermano. formando una trenza de espuma. Un grupo de toninas cruzó saltando frente a los ojos de Tiara. tan poco prácticos para todo. —Lo que hace falta es una buena pasarela —comentó la mujer—. precisamente en esas rocas tan peligrosas. Pero las olas tal vez son sordas y sólo nos hablan con esa monotonía tan propia porque abandonaron la escuela antes de aprender lo que debían. Se preocuparon de hacer 19 . cuando Tiara era muy niña. Estos hombres. Pero en verdad no es tan peligroso. alegrando la travesía de marineros y pescadores. El suave oleaje golpeaba porfiadamente en los pies de Tiara. —¿Qué hacer? —se preguntó—.

Huevito? —La pura verdad —respondió ella. evitando que la ventisca las arrastrara cual cometas de los confines. estirando de los ganchos para colgar chaquetas y pantalones. Diego fue a sentarse junto a ella. La niña se sentó a esperar en la única roca sin humedad.instalaciones de radio y olvidaron lo más necesario. con fondos de latón recortado de aquellos tambores que alguna vez fueron recipientes de aceite o de petróleo. entre el espeso bosque y el mar. Tiara observó los techos de las casas. pero no hubo forma de que te bajaras de tu bici —habló 20 . Las antenas eran variadas y curiosas. Los cables eléctricos que las conectaban parecían mantenerlas atadas a las techumbres. —¿Y qué sueño fue ése? —Mi abuelo y mi hermano vinieron a buscarnos. Los hombres las habían construido de alambre. para irnos en la nave de los príncipes. había antenas con tapas de olla. levantadas sobre las rocas. muy cerca del agua. —¿De verdad soñaste conmigo.

—Podías flotar como una canoa —respondió ella. —Pero no es el lanchón de su padre. —¿Eso fue lo que soñaste. Huevito? —insistió Diego. Se acercó a la orilla del pequeño embarcadero para escuchar mejor la monotonía del motor fuera de borda. acercándose a la niña y tironeando una de las mangas de su gruesa parka de invierno. —¡Debe ser la vaka-poe—poe de mi papito! —exclamó Tiara y se levantó llena de entusiasmo. hijo! —interrumpió la madre de Diego—.bien bajito. niña —comentó satisfecha la madre de Diego—. para que la madre de Diego no los escuchara. 21 . Es el de mi marido. triste y pensativa. —¡Qué suerte. muy sorprendido—. —Eso —musitó ella. Ya está otra vez la Pascuala diciendo tonteras. Una lancha se acerca. —¿Tu abuelo? —preguntó Diego. —¿Estás loca? —Hasta le puso nombre: vaka—ama.

Tiara buscó con la mirada el tarro para achicar el agua del bote. Tiara y Diego abordaron la embarcación. —Terminamos de descargar y nos vamos —respondió el hombre. viejo! —comentó ella.El dilema —¿Cómo estuvo la pesca. 22 . al tiempo que su compañero de faenas comenzaba a desembarcar unas cuantas cajas de espuma plástica repletas de merluzas. Anselmo? —Escasa —respondió el padre de Diego. papá? —preguntó el niño. —¿Podemos subir. —¡Qué bueno que llegas a tiempo. El lanchero aceleró el motor fuera de borda y el bote se sacudió como en una tormenta. Tiara se aferró al borde de la lancha y vio como sus zapatones se hundían en el agua en el piso de madera.

La madre de Diego. después de mantener alzado el brazo en señal de despedida. 23 .

observando cada detalle.regresó al caserío. Tiara y Diego fueron los últimos en llegar a clases. que la observaba de muy cerca. Sus compañeros ya estaban formados en el patio. esperando el toque de la campana para ingresar a la sala. que apretadamente cubrían laderas y cerros. El agua salpicaba el borde de la embarcación y la niña debió abrigar sus manos entumecidas. Frente a ellos. Tiara se quedó un largo rato observando la bicicleta que la mujer se esforzaba en mantener aferrada a su cintura. Contempló entusiasmada la estela de espuma que dejaba la trayectoria del bote y recordó la bicicleta que en sueños había inventado su abuelo. lanzando fríos destellos con sus incontables rayos. Las ruedas giraban como medusas de plata. se dirigió a la campana y tiró de la cuerda. Los 23 24 . Tres sones retumbaron en las paredes del edificio y en la corteza de los árboles cercanos. el pequeño grupo de docentes y auxiliares se parapetaba bajo el alero del corredor techado de la construcción de madera. La directora consultó su reloj y asintió con la cabeza. compartiendo el caminar pausado y sin prisa. El profesor.

Y preguntó sin entusiasmo. Entonces. ¿Qué dilema? ¿Sabes lo que es eso? —Sería bueno que lo resolviera —insistió Tiara. ¿qué tenemos? Un argumento que presenta dos posiciones que provocan confusión en quien las enfrenta. —Nos corresponde matemáticas —señaló el profesor. mientras la directora se dirigía a su oficina y las tías Lidia y Elvira iniciaban sus labores en el comedor y en la cocina. Voz griega que viene de dis. —¿Podríamos estudiar el dilema de Diego? —¿Dilema? —replicó el profesor. porque no deseaba que la niña le aportillara una vez más la clase programada—. ¿Por qué. En términos generales. es alguien encerrado en un dilema. mirando a Tiara y luego a Diego. que repentinamente se quedó más tieso que una estaca. Diego? ¿Cuál es el tuyo? 25 . es decir dos.alumnos ingresaron a la sala de clases. y lambanein. —¿Qué le pasa? —protestó Diego. —¡Dilema! —meditó el profesor—. que quiere decir tomar. apenas los alumnos estuvieron sentados. seguidos por su profesor.

—No sabe qué hacer con ella —prosiguió Tiara. adelantándose a que su compañero 26 .

27 .

—¡Tío Tato! —reaccionó por fin el muchacho—.. pero en la caleta no se puede andar en bici. No sé de qué habla. con gran desplante y sin un asomo de duda. —Mi abuelo tuvo la genial idea. risas veladas y pullas carentes de ingenio. El profesor escuchó atentamente. 28 . —Yo sólo quiero ayudarlo —se disculpó Tiara. —A ver.respondiera—.. Tiara —tragó saliva el profesor—. Ya está de nuevo la Pascuala diciendo leseras. aquello que acoquinaba hasta al más audaz. —Su abuelo está muerto —interrumpió Diego abruptamente. Entonces optó por lo más temido de la clase. —La Huevito ha estado toda la mañana en eso —protestó Diego. ¿Qué idea es ésa? La niña. en medio de un fastidioso rumor. a medida que lo expresaba. suma de murmullos. Quiere usarla. le parecía más claro. Siempre los dejaba temblando con eso. expuso lo que imaginaba y. —¿De qué se trata? —insistió el profesor. —¿Qué falta de respeto es ésa? —sentenció el profesor.

—¿Es la chancha del Diego? —comentó alguien. En todo caso. ¿Serías tan amable de hacernos un bosquejo? Tiara se levantó con cierta resistencia. Veamos lo que Tiara se propone. —¡Pascuala! —reaccionó Diego. Es cosa de abrir bien los ojos. pues no contaba con una demostración frente a las burlas del curso. Haciendo caso omiso del rubor que con seguridad se había apoderado de sus mejillas.— Nadie con dos dedos de frente diría que eso es una bicicleta. —¡Un catre! —respondieron. con una rueda más grande que la otra. indignado—. tendré que bajarte la nota en artes plásticas. Temblorosa. alentada por el entusiasmo que cada trazo provocaba en ella. La niña prosiguió como si nada. ¡Esa no es mi bici! —Claro que no lo es —intervino el profesor. sosteniendo a duras penas el trozo de tiza entre sus dedos. comprobando así la satisfacción de ver realizado el 29 . dibujó un biciclo desproporcionado. con una tercera a medio camino.—¡Al pizarrón! —señaló—. enfrentó el desafío que ella misma se había impuesto. como un velocípedo.

—¡Es el huevo que desayuna todos los días! —¡Silencio! —advirtió el maestro—. —¡Silencio! —volvió a sentenciar el profesor. —¿Una qué.? —Pero si lo dijo clarito la chica —comentó un gracioso.. rasguñando la pizarra. fue la única voz que habló en el aula. ¡Más respeto! ¿Qué es lo que más recalcamos en esta escuela? ¡Respeto. este problema no tiene mucho que ver con aritmética. respeto y más respeto! —Es una vaka—ama —explicó la niña. daremos el problema a los alumnos de los cursos superiores. Aunque a Diego no le corresponde como materia. Las risas y comentarios de los más grandes terminaron como por encanto.primer acercamiento a la materialización de una idea. Se produjo un silencio tan profundo.. 30 . —¿Y ese óvalo? —preguntó el profesor. pero sí con física y mecánica. destemplando los oídos por unos instantes. —Bueno —comentó el profesor—. que la tiza.

si la bici fuese montada sobre la balsa.—Es una vaca enamorada hasta las patas —insistió el chistoso. El tema también 31 . Analizar el principio mecánico que le permite girar. —Es una balsa con un balancín. Mi abuelo dice que el balancín evita que se vuelque. —¡Ya. Un comentario más y se irán amonestados a la dirección. al pedalear. Por eso. —Tarea para los de séptimo y octavo —señaló el profesor—. La rueda. basta! —advirtió el profesor—. Entonces. tonto. la vaka de la que hablo se escribe con k y significa algo muy distinto. la cadena haría girar un remolino que salpica el agua. Investigar el principio físico del molino y su aplicación para utilizar el viento o el agua como energía impulsora. se escribe con c. tal como las aspas que movían los motores a vapor en el siglo XIX. —Esa vaca que dice —replicó la niña con enorme desplante—. Esa consonante no existe en la escritura rapa—nui. tío Tato —continuó la niña con exagerada calma—.

Y no importa que esté muerto. —Aquí.será parte de la materia de historia para los de quinto y sexto. dejó paralizados a todos los alumnos del curso. con las dimensiones a escala. en medio de las miradas de los varones más grandes. seguido de un silencio inquietante. el material de que están hechas para que la fuerza empleada provoque el movimiento deseado. Una vez concluida la primera parte de la tarea. el tamaño de las aspas. a ver —advirtió el profesor. No quiero excusas. —A ver. —Digo —explicó el alumno sorprendido— que cómo resolvemos este casito. Tendrán nota por eso. que la habrían pulverizado con los ojos si hubieran tenido el poder de hacerlo. Dibujarán el proyecto como corresponde. No tuvo más palabras. joven. se abocarán al estudio de la idea del abuelo de Tiara. ¿cómo le pone oídos a la tonta de la Huevito? —comentó alguien. —Pero. Invitó a Tiara a sentarse. Y luego calcularán el volumen de la rueda. Un golpe tremendo. El profesor miró atentamente a cada uno 32 . En la misma escuela están las respuestas.

¿quiénes podían hacer tanto alboroto? Más de alguien había comentado que en el dormitorio abandonado del segundo piso habitaban fantasmas. salieron como cuetes que alimenta el viento hacia la tranquilidad 33 . tímidas al comienzo. A nadie le causó gracia el comentario y coincidió con el griterío en el piso de arriba. muy serio. si es que en verdad lo eran. Un nuevo estruendo se sumó al anterior. La campana.de esos niños y ellos lo miraron pidiendo auxilio a gritos. Pero. El profesor enmudecía. Se oyeron risas de niños. Pies descalzos corrían por el segundo piso. al instante. celebrando su propia ocurrencia. porque fue más de uno el que se sintió. más sonora que nunca. El profesor y los alumnos se observaron mutuamente en silencio. con el efecto del eco. —¿Ratones? —musitó el maestro. luego más atrevidas. provocando la hilaridad desenfrenada de aquellos espectros. hizo trizas el miedo que se había apoderado de las almas de aquellos muchachos y. —¡Elefantes! —comentó uno de los muchachos.

La niña se levantó dificultosamente y se dirigió al comedor junto a la cocina. Tiara sacó la pitilla que siempre llevaba en su bolsillo y se puso a jugar al kai—kai. La niña sintió como nunca la profunda nostalgia que le provocaba la ausencia de la única compañía que siempre tuvo en la escuela. sin embargo. disimulando la inquietud que le había causado el reciente suceso. Les esperaba la leche caliente y el pan amasado de la tía Elvira. tal como lo hacía con su amiga Yara en los recreos. Diego se hizo el desentendido. donde el bullicio de los muchachos llenaba el recinto.momentánea del comedor. Tiara. —¿No sales a recreo? —preguntó el profesor con la voz temblorosa y sin levantar la cabeza de su libro de clases. permaneció inmóvil en su asiento. manifestando su rechazo. Desde un comienzo la evitaron. La recordó con nostalgia y lamentó haberla dejado partir antes de tiempo. Durante años se sintió privilegiada de contar con su gran 34 . deseaba demostrar a sus compañeros que nada lo unía a la trastornada que tenía tales ocurrencias y que lo único que le gustaba era llamar la atención.

Lo cierto fue que luego de aquella aparición repentina. coincidiendo con el arribo de aquel barco gigantesco. también partió su gran amiga y dijeron más tarde en el poblado que Yara y sus padres abordaron sin remordimientos la nave. como un madero a la deriva. Ella había sido una luz en medio de las tinieblas. como una vela encendida que irremediablemente se consume al paso de las horas. atiborrado de turistas. desechándola como un resto de basura. ¡Cómo la extrañaba! Por primera vez sentía tan hondo la orfandad que le producía la falta de una amistad que se extinguió de pronto. sin despedida. porque allí lo que más había era trabajo bien remunerado.amiga. ignorándola por completo. pensó que convivir con aquellos fantasmas del segundo piso era mejor que hacerlo con sus compañeros de escuela. Había sido como una aparición fantasmagórica. ¡Qué distinto sería si Yara no se hubiera marchado para siempre de la noche a la mañana! Había partido abruptamente. Si 35 . que la abandonaban. de madrugada. al levantar anclas el barco con sus incontables pasajeros y tripulantes. semejante a una ballena invernal. Ahora.

si en ella estuviera el poder de remediarlo. Diego no dejaba de observarla. El piso de arriba IVlientras tanto. —¡Esta Pascuala! —comentó. convencido de que Tiara jamás intentaría cruzar esa puerta clausurada. con sorpresa. Diego. Había sido cerrada hace algún tiempo y desde entonces nadie subía al segundo piso. Ella se dirigió a la puerta de mañío y la empujó. Y fue lo que hizo.pudiera. 36 . Asombrado comprobó que Tiara era más tozuda de lo que pensaba. quería ir al piso de arriba y mirar cara a cara a los espectros. haciendo ceder los tornillos oxidados que sostenían una aldaba corroída por el tiempo y la humedad.

sin dejar de pensar que su audacia iba tal vez demasiado lejos. Tiara se aferró al rústico pasamano de la escala y subió peldaño tras peldaño. El 37 .Diego quedó perplejo de asombro. ¿Cómo pudo abrir ese candado? ¿Es que había conseguido la llave en alguna parte? Con extremada lentitud.

38 .

Los ojos de la niña se habituaron a la oscuridad reinante y paulatinamente aparecieron los objetos que albergaba el antiguo dormitorio: una hilera de catres de hierro. también descascarado. como si hubiesen esperado por años la visita de alguien a quien darle la bienvenida. mal pintados de blanco. como si el aire allí fuese un bien escaso. arrimado a un muro de sombras. imaginó qué 39 . Cientos de pulgas comenzaron a saltar del polvo a las piernas de Tiara. un enorme ropero. ¡Qué lindo sería si en cada catre aguardase un niño con los ojos atentos. Entonces. atravesadas a lo ancho del catre.corazón brincaba en el pecho de la niña. veladores de madera con el esmalte descolorido. Las tablas desnudas. Al llegar al piso superior se halló en un lugar estrecho y asfixiante. aguardaban un colchón que las cubriera. conteniendo la respiración. Un velo de polvo suspendido o de bruma colada a través de alguna ventana sin vidrios daba la impresión exacta de lo que había imaginado: un refugio de fantasmas. Picaban desaforadas. en disposición de recibirla como amiga! Tiara se sentó en una cama.

la brisa incansable.sería de ella si tuviera que compartir ese lugar con otras internas y evitarse el fatigoso traslado diario de la casa a la escuela. el constante ir y venir de las olas cercanas la fueron acunando en un cálido recogimiento. como si no tuvieran pies para desplazarse o bien no tocaran el suelo mientras caminaban. La niña se tumbó de lado sobre aquellas tablas desnudas y mantuvo la mirada perdida. No tuvo voluntad para abrir los ojos. Varios niños se acercaron. escapar de allí y regresar de inmediato a la seguridad de su aula. sin hacer el menor ruido. tal vez sintió que lo hacía con exagerada lentitud. Cerró los ojos por fin y escuchó claramente las risitas que se ocultaban en los rincones del recinto. En un dos por tres la rodearon. observándola con una curiosidad inquietante. Tiara se levantó. La quietud del lugar invitaba a dejarse llevar por el envolvente rumor que provenía del exterior. Se sintió dominada por la sensación de estar atrapada y tuvo la convicción de que no saldría tan fácilmente de ahí. 40 .

—¿Y cómo te gusta que te llamen. Así me gusta. perdón. que reía de buena gana ante el asombro de sus compañeros. —¿Y a ti? -¿Qué? —¿Cómo te gusta que te llamen? —¡Ese\ —repitió—. Pascuala? —Tiara. Dime Ese. con su blanca dentadura contenida en una boca expresiva. Observaban a Tiara desde el borde de sus camas. y vivo en Caleta Chica. —¿Y en qué caleta vives? 41 . —¡Qué bonito! Pero aquí serás la Te. no más. Me dicen la Huevito. —Hola —respondió—. ¿Y tú? Parecía una luminaria. Me dicen la Ese y soy de la caleta. Tiara.—¡Hola! —dijo por fin la única niña que integraba aquel grupo extraño—. evitando moverse. quienes permanecían más apartados. como si la niña que los visitaba fuese un fantasma aparecido a plena luz del día. la Pascuala. —¿Huevito? —Cuando chica me lo pasaba comiendo huevos —respondió.

mucho. 42 . ¿Viniste a quedarte? Sería regüeno. en mi casa. ahora —dudó un instante—. —¿Y te quieren? —Sí. —¿Y tu papá? —Juan Alberto Miru. Como aquí están los hombres. —Igual podemos ser amigas —respondió Tiara. —¿Balsearte? —Cruzar en bote. —Es que yo no vivo lejos —respondió Tiara—. —¿Cómo se llama tu mamá? —Verónica Hito. Sólo tengo que balsearme.. en lancha. Tanto como yo los quiero. —Pero no me dijiste el nombre de tu caleta. No tengo que dormir en la escuela. por el momento duermo en la pieza de la señorita Emilia. Vivo en la escuela. en ninguna. Habríamos sido yuntas. —Es que no es nunca lo mismo. porque así el padre nos manda a hacer al tiro otra pieza. —¡Qué pena! —se lamentó de veras la niña—.—Bueno.. —¿Vivís con tus papás? —Sí. Dicen que cuando lleguen más niñas habrá un dormitorio para nosotras y voy a dejar tranquila a la directora..

chiquillos. A ver. al tratar de incorporarse hicieron que se deslizara una de las tablas y ellas se corrieron. arrastrando el resto del entablado. limitándose a bajar la cabeza en señal de asentimiento. El niño. Cacharon. mientras les pasaba revista con la mirada. trataba de mantener fresca la sonrisa que ocultaba el bochorno que lo mantenía pegado al piso. debajo de un puente. Había cariño en ese gesto—. ¿verdad? ¿Están presentables? Es lo correcto —comentó la Ese. sin nombre. muy delgado y de baja estatura.—Caleta. Estaba junto al río. sin poder levantarse. Tenemos visita. un tanto perezosos. Los muchachos. —El caído del catre es Luis —dijo la muchacha. Ellos no reaccionaron. caleta. 43 . envuelto en una nube de. no más. Era nuestro hogar. ¿entendís? ¡Soi medio dura de mollera. Mira. ah! Caleta. acérquense pa' que la Te los conozca. familia. y la risotada fue general. El desplome del muchacho provocó la risa de sus compañeros. ahí vivíamos todos nosotros. te los voy a presentar. caleta de cabros. con un chiquillo y todo. polvo.

No somos muchos. La muchacha. Vestía una larga sotana. Un sacerdote se presentó repentinamente en el lugar. En medio del desorden se sintieron las pisadas apresuradas de quienes subían al segundo piso. atraídos por el alboroto. y entre carreras. porque de inmediato el entablado de otra cama también se fue al suelo. dejando un reguero de tablas a su alrededor. —Y el otro caído del catre —siguió presentando la muchacha— es el Simón.Pero no fue la única caída. Dos muchachos yacían tendidos sobre las pesadas tablas que se habían desplomado sobre el piso. El regocijo provocado por el desplome sucesivo de catres los mostró como chicos de carne y hueso. 44 . —Esos son el Douglas y el Leuquipán —agregó la muchacha. alegre y entusiasta. como que igual nos tenemos terrible de respeto. en medio de una risotada—. levantando una polvareda que amenazaba con oscurecer el recinto. pero aquí nos tratamos como hermanos. manotazos y pisotones perdieron toda compostura y la algarabía fue total. cubierta a medias por un abrigo acolchado. abrazó a sus compañeros.

que más parecía un niño por su semblante de sorpresa y algo de picara complicidad en la mirada. con sus dientes separados y una ancha sonrisa iluminando su rostro mal rasurado. per la Madonnail —exclamó el religioso.A pesar de su aparente enojo. los chiquillos se volvieron a ellos con la actitud de quien espera una reprimenda. colaboraron en poner las cosas en su lugar. con ojos desmesurados. como los que a veces exhiben quienes han estado recluidos por un largo tiempo. Le seguía un hombre joven. Recuperaron las tablas desprendidas de las camas y sólo de vez en 45 . en camisón de franela y con una mañanita sobre los hombros. sin que ninguno se restara. colmaron de paz el recinto. —¡Orden! —advirtió en voz alta la joven—. sin ver la luz del día. Sus rostros de alegría se tornaron de sorpresa. Ante la repentina presencia de quienes irrumpían en el recinto. Una señorita. chicos! ¿Qué desastre es éste? Todos. apareció de la nada. ¡A ver. el gesto amable del hombre bonachón. atónitos. medio dormido. —¡Qué cagnara es ésta.

Algo hay que hacer para cambiar esas tablas. repitió Tiara en su mente. Acto seguido se dirigió a la joven—: Emilia. aquella figura menuda pero saludable. ¿Emilia?. ese timbre de voz.cuando dejaron escapar una risa. cerrándose todavía más la mañanita a la altura del pecho—. ragazzo —comentó alegremente el religioso. padre —respondió ella. alentando la buena disposición de esos muchachos—. le parecieron a Tiara los atributos de una persona conocida. —Eco. ¿Sería la misma tía Emilia en la que pensaba? De pronto. —¡Eso es! —dijo la joven. recordó la fotografía que había visto en el muro de la oficina de la directora. 46 . ¿podemos ocuparnos de esos maderos? —Sí. Estaba vestida con excesiva formalidad y en sus manos sostenía un enorme diploma. al evocar la situación que tanto regocijo les había causado. En el retrato aparecía diez años más joven y era exactamente la edad que exhibía esta señorita que acompañaba al sacerdote. La expresión de su rostro era el retrato de la felicidad. autoritario y calmado. ¡Así es como debe ser! Aquel rostro.

sin darse tiempo para explicaciones. —¡Qué bien! —replicó la joven—. La tía Emilia. Su reacción impulsiva fue salir corriendo. ¿Renato?. también sonó conocido el nombre en la cabeza de la niña. 47 . por la buena disposición de los muchachos. una mano pesada la remecía del hombro. abandonó el dormitorio por una puerta contigua. su profesor de todos los días? —Todos nos ocuparemos del problema —repitió el sacerdote y salió tras los pasos del hombre joven. la directora de la escuela en persona. me encargaré de esas tablas. ¿Sería el mismo tío Tato. ni menos para despedidas embarazosas. Tiara sintió que su corazón daba más de un brinco. Renato. El joven se dio media vuelta para marcharse por la misma escalera que lo había llevado al segundo piso.—Bueno —exclamó a su vez el profesor—. Haga meño. Sin embargo. ya más tranquila. La campana puso fin al recreo.

abrió los ojos y despertó frente a la preocupada mirada de Diego. al tiempo que no dejaba de rascarse las piernas. despierta! —le dijo su compañero. por encima del pantalón largo—.Tendida sobre un costado. Llegó a pensar que la inconfortable situación a la que estaba sometido 48 .. Bajo la pasarela JJiego se mantuvo en silencio durante la jornada de clases. evitando toda posibilidad de comunicación con Tiara. para no provocar preguntas indeseadas y las burlas inevitables. La comezón de las picadas de pulga no lo dejaba en paz y cada vez que se rascaba debía simular frente a sus compañeros.. —¡Tiara. con el bochorno que provocaba la crueldad de sus compañeros. arrepentido tal vez de haber entrado en ese recinto prohibido. tal como se había dormido. Hace rato que sonó la campana y como no llegabas nunca a la sala.

era el merecido castigo por transgredir una norma impuesta por la dirección de la escuela. Estaba dolida. Tiara soportaba el silencio de su compañero como un golpe despiadado. olvidándose de Tiara. transportando niños. Sabía que aquella ofuscación de Diego era pasajera y una voz interior le aseguraba que sólo era cuestión de tiempo y que la amistad entre ambos volvería a la normalidad. directo al corazón. Una parte de ellos permaneció junto al embarcadero en espera de los botes que debían pasar a recogerlos. —Hazle un huequito a la Pascuala —advirtió el lanchero. Por un instante el muchacho se negó a reaccionar. pero no albergaba rencor alguno. Tiara estaba a punto de protestar de 49 . Los muchachos abordaron ordenadamente los botes. La lancha del papá de Diego arribó casi al mismo tiempo con otra embarcación que luego enfilaría un rumbo distinto. Las clases llegaron a su fin y los alumnos se dispersaron en varias direcciones. Diego se acomodó en el de su padre.

observando de lado el perfil de cada rostro. porque la lancha no se arrimaba del todo a los maderos del pequeño muelle y el patrón de la embarcación. al acercarse el bote al embarcadero. Ambos sentían la respiración agitada. dispuestos. No lograba entender tanta indiferencia. ¿Está sordo. Las niñas primero. él se preparó para bajar cuanto antes.impotencia. le habría llamado severamente la atención por su imprudencia. —¡Lo que siempre te digo! —sentenció el papá de Diego—. el muchacho tuvo que contener sus ansias 50 . Y como habló en general. soportando las miradas de los niños. Durante el trayecto estuvieron atentos a las reacciones mutuas. Pero no pudo levantarse de su asiento. su propio padre. deseando hundirse en el asiento de madera. hijo? El muchacho. Y como la travesía era demasiado corta. ni la palabra. Diego hizo esfuerzos tremendos para no dirigirle la mirada. se apretujó cuanto pudo dentro del bote y Tiara ocupó el lugar estrecho que su compañero le dejaba. —¡Diego! —insistió el hombre—. quién sabe. a evitarse.

cogiéndose de uno de los 51 . La niña dio un pequeño salto y alcanzó el muelle. por lo que ambos se levantaron casi al mismo tiempo. Ella también manifestó apuro por descender del bote. Allí esperó a Diego para tenderle una mano. Ayude a la Pascuala. —Ahora las mujeres son las galantes —bromeó el pescador. —Papá —preguntó Diego—. Tiara se apoyó abiertamente en el hombro de su compañero. Pero él no la aceptó. cómo se preocupa su madre cuando no llega a tiempo de la escuela —respondió el hombre. —Dejo a estos chicos y regreso.de salir huyendo. pasándola a llevar con torpeza y casi la derriba sobre los maderos del piso. obligándolo a sentarse de nuevo. Tiara se afirmó en Diego. Diego. —Me habría gustado ir contigo —rezongó el muchacho. hijo. Diego apretó su mochila contra el pecho y esquivó a su compañera. ¿puedo acompañarte? —Usted sabe. —Dame la mano —insistió la niña.

y en ese tira y afloja estuvieron un par de segundos. —¿Qué? —replicó Diego. como si también celebrara el ingenio de su dueño. —Es bueno para las picaduras. —Mentolathum —dijo la niña. 52 . Cuide bien a la Huevito.tirantes de la mochila. —Estos dos se las traen —comentó el lanchero. El motor fuera de borda ahogó las risas de los chiquillos que seguían viaje y la embarcación se alejó dando pequeños tumbos sobre el agua. como si repentinamente se acordara de las picadas de pulga. —¿Te acuerdas de los ruidos que escuchamos? —¿Qué ruidos? —Esos que venían del piso de arriba. —¿Qué pasa? —Los tengo atravesados en la garganta —comentó Tiara. Diego volvió a rascarse las piernas. ruborizados hasta los cabellos. celebrando a carcajadas la ocurrencia—. Entonces. muy molesto. -¿Qué? —El Mentolathum —porfió ella. —Todo por tu culpa —protestó Diego. Diego.

¿De acuerdo? —Será después del té —afirmó Diego. —Después que hagamos las tareas nos encontramos aquí mismo. —¿Y por qué mejor no traigo el horno eléctrico de mi mamá? —replicó con ironía. Es que no puedo guardar el secreto. —¡Estas loca! ¿No sabías que está prohibido? —Tú también subiste. —¡Ya. quedando completamente desarmado. Diego! Si es en serio —protestó ella—. que se deslizó hasta el suelo. 53 .—Que yo sepa. —Es que no sabes lo que descubrí. Diego perdió el control de su mochila. —¡Por qué no te habré dejado allí para que te comieran viva las pulgas! —¿Te gustaría saberlo? —No pienso subir allí nunca más en mi vida. —Y trae tu bicicleta —agregó Tiara. —¡Y a mí qué me importa! —¿Te digo lo que hay en el piso de arriba? —No me interesa. —Pobre de ti que sea otra de tus tonteras —amenazó con dureza. los huevos no tienen espinas —se burló él con alevosía.

Tiara no pudo esperar hasta la hora del té para ir al encuentro con Diego. Ocultó el balde entre los botes y regresó a la casa por más objetos inútiles. Allí se separaron. Nuevamente. Aguardó unos minutos. Mientras esperaba trepó a uno de los botes más altos y. observó pacientemente la pasarela 54 . haciendo equilibrio en el borde de la embarcación. una cuchara de madera. antes de salir del patio de su casa. tomó las precauciones para no ser descubierta. Recogió un viejo balde de plástico en desuso. pero no había señales de su amigo. bifurcándose hacia el bosque impenetrable y que sólo convergían frente al embarcadero. una tabla de alerce y un azadón comido por el óxido. uno de aquellos trastos que alguna vez fue tiesto de pintura. porque el camino a sus casas se hacía por pasarelas que se apartaban. Encontró un viejo tarro de lata. Llegó antes a la cita. evitando ser sorprendida. y lo arrastró fuera de la casa.—Lo que dije en la mañana fue sin querer —respondió ella. Se dirigió con todos aquellos cachivaches al sitio donde se encontraría con Diego.

—¿Qué? —exclamó Diego—. como era su sueño. 55 . —¿De nuevo con lo mismo. Tiene que ser una caleta donde nadie nos encuentre. —Ponte ahora mismo esta pomada —dijo Tiara. —Estamos en la caleta. —¡Tengo que hacerlo en la casa. —Este lugar no sirve —explicó ella—. Pascuala? —replicó Diego. Al cabo de un rato apareció Diego caminando junto su bicicleta.que conducía a la casa de Diego. ¿Estás loca? —¿Por qué? —replicó ella con absoluta inocencia—. entonces! —¡Ven! Busquemos una caleta. —¡Mentolathum! —y le ofreció una cajita de lata. Yo hablo de algo más oculto. —¡Tengo las piernas llenas de pintas rojas! —Ponte la pomada y listo. rogando que nadie se presentara en su lugar. se contentaba con llevarla de paseo. Ai no poder montar en ella y pedalear a gusto. Es muy buena para las picaduras. como si fuera una mascota. cuando su amigo estuvo junto a ella.

—¿Cómo lo sabes si todavía no te lo cuento? -¿Qué? —Que mi papá quiere desarmar mi bici. al tiempo que miraba en todas las direcciones. —¿De qué estás hablando. con bici y todo.—Igual no hay nadie —protestó Diego. —¿De qué? —Fue lo que hiciste cuando saltaste al agua. —¿Brincando? —De eso también tengo que hablarte. —¿Para que no la uses? —Para construir esa canoa que se le ocurrió a tu abuelo. aprovechando tus picadas de pulgas? —sugirió ella con un dejo de picardía. —Pero. ¿cómo lo supo? 56 . —¿Ni siquiera brincando con tu bici. —No pienso moverme de aquí —protestó él. —Nunca faltan los curiosos —replicó ella. Pascuala? —De ahora en adelante tienes que usarla como sea.

como se dice. insiste que las balsas de pluma. a tu manera. arrastrando la bicicleta. —¿Y para qué le dijiste? —Para reírme de ti. Ahora no hace más que transmitir con el asunto. Tiara recogió los cachivaches y se alejó saltando de bote en bote. —¡Ven. Diego caminó por la pasarela. asomando apenas la cabeza. La niña se dirigió hacia una cavidad que se producía entre la roca y la parte inferior del pasadizo de madera. Desde ahí llamó a su compañero. haciendo equilibrio con la carga que llevaba. sigúeme! —¡No voy a bajar! —protestó Diego desde la baranda. en tu estilo. como él la llama.vit son peligrosas y que una bicicleta para el agua.—Yo le conté. en la misma dirección de Tiara. —Ahora con mayor razón tienes que demostrarle que puedes usar tu bici. tonto? Te castigó la boca. sería más segura. —Es que nunca pensé que me escucharía. 57 . —¿Lo ves.

como nunca lo había hecho. con los pies bien puestos en los pedales. como un chispazo de luminosidad. Sin darse cuenta siquiera. por un instante. Ella sujetó con las dos manos la 58 . Entonces fue Tiara en su ayuda. Diego esperó que la niña cambiara de idea y regresara donde él aguardaba. pero en ese instante resbaló una de las ruedas y Diego se echó sobre la roca. Comenzó a descender por la superficie rocosa. como una lagartija que salva su pellejo bajo la luz del sol. apretando los frenos. dando brinco tras brinco. Tiara se echó a reír de felicidad. hasta acercarse a la entrada del escondite que había descubierto su compañera.—¡Aquí es increíble! —No puedo dejar mi bici —porfió. sujetándola con ambas manos. Las extravagantes ocurrencias de Tiara se apoderaron de su mente y pensó montar en la bicicleta. aferrado a la bicicleta. había descendido un par de pasos en dirección al refugio. se vio haciendo equilibrio. El tiempo se estiró como la melcocha y Diego perdió la paciencia. —¡Salta con ella! —respondió Tiara con el ánimo encendido.

—¿Qué caleta? —protestó él. Pero el muchacho aceptó a regañadientes la invitación a entrar en aquella caverna. estirando la comisura de los labios hacia las mejillas.'" Aceptó sentarse. como diciendo casi. Pero lo primero es lo primero. —Ahora. Tiara se dedicó a cubrir con pomada cada picada de pulga. Mientras Diego se subía las piernas de su pantalón.chado. —Esta será nuestra caleta —prosiguió ella. casi —comentó ella. Diego no disimulaba su molestia y se habría marchado de allí enseguida. suspendida sobre el mar. por fin. —¿Qué cosa? —Arremángate los pantalones. incómodo e inseguro. a punto de 59 . —Casi. si la partida fuera menos complicada que la llegada.bicicleta y ambos la arrastraron hasta el escondite. Estaba asoro. como si nada. ponte cómodo. -¿Qué? —Vamos a calmar esa picazón. casi lamentamos una tragedia.

Nos cuidaremos el uno al otro. podemos traer una radio y escuchar la música que nos gusta.. momento! Eso no.morirse de vergüenza. sin que nadie.. Una caleta es como un hogar verdadero. en cambio. compartiremos la comida. ¡Ah. porque ahí sí que nos pillan. Aquí seremos como una familia. —Tendremos que traer más cosas de la casa. —¿Qué dices? —¡Aquí la vida puede ser muy emocionante! Podemos cerrar los ojos y escuchar el ir y venir de las suaves olas. la ropa de abrigo. Pero aquí estaríamos como rico Pancho Gómez. como si nada. las revistas. Entiende que aquí vamos a convivir. -¿Qué? —Diego —se apresuró ella—. —¡Yo no pienso estar un minuto más aquí! —Escucha —rogó la niña—. Ella. —¿Para qué quieres estas porquerías? —Este balde es para lavar nuestras cosas —explicó Tiara. que sería como 60 .

61 .

Allí los chicos se refugian en caletas como ésta y el río es como un padre para ellos. Pero no estés pensando en tu casa o en la mía. colchones viejos y hasta podría darnos una mesa para las horas de comida. —¡Quiero irme! —Aquí seremos alguien.el torrente de un río. incluso dinero. si me llamo Diego? —Es que no sé cómo se dice Diego en inglés. buscando lo que sea necesario. Si quieres te puedo llamar Jonathan o Braian. Podemos dividir en dos la ciudad. Lo que queramos comer tendremos que salir a buscarlo. Deivid es muy importante porque es el nombre del navegante inglés que vio de lejos la isla donde nacieron mis padres y mis abuelos. El les lleva todo lo que necesitan. porque a él sólo llegan desperdicios. arrastra sillas. —¿Y por qué el Deivid. ¿Entiendes? Yo seré la Te y tú serás el Deivid. Entonces. Todo el mundo 62 . podemos ver la ciudad maravillosa que está sobre nosotros. Tú irás hacia un lado y yo hacia el otro. Los alimentos sí que no podemos obtenerlos del río.

—¡Pero si no me has contado nada! 63 . esos chicos que nadie infla y deciden vivir en una caleta como ésta. ¿Me sigues? —¡No pienso escucharte! Estás diciendo puras leseras. Entonces. Así son los chicos que viven en las grandes ciudades.conocía a la Isla de Pascua como La Tierra del Deivid. sí me acuerdo. —Lo escuché ayer en el piso de arriba. —¡Tengo que irme! —No puedes irte. —Bueno. —¿Con quiénes? —Con los que me contaron todo lo que te acabo de decir. yo subí al piso de arriba. como ya sabes. —¿Por qué no? —Porque aún no te cuento el secreto. ¿te acuerdas del estruendo de ayer? —Sí. -¿Qué? —Todo de lo que te hablé. —No me interesa. Esos que no son tomados en cuenta. de repente. lo siento —respondió ella con una seguridad que daba miedo. —Oye. me encuentro con ellos.

Las calles son anchas y tan largas que se pierden de vista a la distancia. tú irás en un sentido y yo en el otro.—¿Cómo que nada? —¡Nada! —¡Pero si no hago más que hablarte de eso! —¿De qué? —Del río que atraviesa la ciudad. que escuchan música 64 . Deivid —se apresuró a explicar ella. porque sería pérdida de tiempo. No. Bueno. desde la cordillera al mar. evitando nuevas interrupciones—. Junto al río que atraviesa la ciudad de punta a cabo y llega al mar. ¡Ah! ¡Esto sí que es bueno! ¡Puedes ir en tu bici! —¿Cómo lo sabes? —En la ciudad es distinto. Y ese parque es el paraíso de los biciclistas. Un bosque en medio de las enormes avenidas. para que no nos topemos. Tienes que andar mucho para ir de un punto a otro. y que en sus aguas arrastra todo lo que se necesita para vivir en una caleta. Deivid. no todo. Te decía que tendremos que dividirnos. se extiende un parque maravilloso. Porque en la ciudad la gente no camina por pasadizos estrechos como estas pasarelas.

En la ciudad es distinto. Estaba fascinado con el relato de Tiara. mientras pasan aviones sobre sus cabezas. Por esos caminos sólo pasan bicicletas. porque ellos pueden desplazarse de un punto a otro por caminos muy planos donde la bicicleta es dueña y señora. Deivid. puestos en desorden con diferencias de nivel. Es fabuloso. —¿Paraíso de los biciclistas? —se mostró Diego un poco más interesado. los que vivimos aquí no dejamos espacio para tu bici. 65 . Diego la escuchaba con la boca abierta. algunos trepan por los troncos de los árboles. Ellos no son arrollados por personas que ocupan todo y no dejan pasar a nadie como ocurre aquí. Los biciclistas pueden subir y bajar escaleras con sus bicis. —Sí. La llevan en el bolsillo y con unos botoncitos ensartados en sus orejas escuchan directamente lo que más les gusta.mientras pedalean. hay enormes plataformas elevadas para dar saltos y volteretas en el aire. donde los pasadizos son estrechos. sin atreverse a contradecirla. ¡Es fantástico! Los biciclistas compiten en estadios repletos de gente y en los parques. Además.

otro con ropa de mujer. porque así evitas que puedas arrollar un automóvil. Algunos tienen varios pisos.—Para los vehículos —siguió ella— hay grandes avenidas. es para decirte que no podrás cruzar al otro lado de la calle. un almacén distinto encima del otro. Cuando llegas al cruce y está encendida la roja. En cada esquina. porque la próxima luz que viene es la roja. Y tienes que hacerlo. Porque ahí sí que estás frito: te llevan detenido enseguida. hay luces de tres colores: roja. puedes seguir pedaleando como si nada. —¿Y la luz amarilla? —Esa es un aviso. tienes que detenerte. Almacenes con ventanas para observar la mercadería que hay en su interior. largas. uno con ropa de niños. Pero cuando la luz roja cambia a verde. por donde pasan miles de autos. En un almacén se 66 . En ese orden hacia abajo. cuando dos caminos parece que terminan y se encuentran. formando un cruce. otro para los hombres y otro para los jóvenes. un microbús o un vehículo de los carabineros. feliz de la vida. buses y camiones. interminables. La ciudad es enorme y tiene de todo lo que puedas imaginar. amarilla y verde.

entonces van a seguirnos y tendremos que salir corriendo. Porque ellos saben en lo que andamos. 67 .pueden comprar aparatos eléctricos. Allí van todos cuando Chile juega fútbol con otro país. Deivid. y podemos ir por sus calles para mirar a la gente que pasa y machetear. ¿Lo ves. tonto? ¿Es que no te das cuenta? Desde esta caleta podemos sentir lo cerca que está la ciudad. —¿Pedir plata? ¿Como los mendigos? —Pero debemos cuidarnos de los carabineros. Y a lo mejor vamos a tener que saltar desde la calle al río para librarnos de los pacos y vamos a quedar adoloridos del cuerpo. para comprar lo que queramos. Pero cuando Chile gana todos gritan al mismo tiempo. enorme. pero nadie se saluda porque no se conocen. como le pasó a la Ese. —¿Machetear? —Pedirles una moneda. En el corazón de la ciudad hay una pantalla gigante. se abrazan a coro y empiezan a saludarse entre ellos. en otro se compran cosas para la casa. muebles y alfombras. como el horno de tu mamá. Se encuentran las personas. fabulosa.

En cada cama había un niño. En todo caso. una chiquilla que duerme en el piso de arriba. Imagínate al Leuquipán. Se fue a vivir con otros niños en una caleta. cuándo desdichado. ellos al verme se levantaron para saludarme. —¿Quién es ella? —Déjame seguir —lo interrumpió Tiara—. cuando entré al dormitorio estaba lleno de camas. pase lo que pase. Entonces. Y 68 . porque seremos como hermanos. ¿entiendes? Una de las camas se cayó y se produjo el descalabro. Tenía seis años cuando falleció su abuelita y quedó en la calle. —¡Estás delirando! —Mira. conoce todos los cantos del río. para darme la bienvenida. -¿Qué? —El uno es del otro y el otro es de uno. porque junto con la cama se cayó el chiquillo que estaba en ella. porque no tenía a nadie más en la vida. debajo de un puente. tú y yo nunca nos vamos a separar. Se lo ha recorrido todo. sabe cuándo está contento.—¿A quién? —A la Ese. Nos reímos. como de hospital.

como una llovizna. se incorporó tan de repente que se golpeó la cabeza con las tablas de la pasarela. mira! —advirtió ella—. 69 . Entre los dos la arrastraron y luego la levantaron hacia la pasarela. se fueron al suelo y se desató la batahola. —\Deivid. A duras penas logró sacar la bicicleta fuera del escondite y a regañadientes aceptó que Tiara le ayudara. Diego mostraba su molestia dando fuertes tirones del manubrio. todavía con el pantalón arremangado. porque la humedad proveniente del mar comenzaba a cubrir las rocas. Eso fue lo que escuchamos en la sala: eran los cabros de arriba que se caían del catre como sacos de papas. resbalando a ratos.como todos se mataban de la risa. Justo encima de nosotros se alza una pantalla gigante. —¡Estás inventando! —¡Es la pura y santa verdad! —¡Me voy! —Primero tengo que terminar con esas picadas de pulga. como si quisiera evitar que Tiara pusiera sus manos sobre el asiento o la rueda trasera. —¡Termina de una vez! Diego.

luego. habría dicho: ¡estás más loca que una cabra! No hicieron más que terminar de trepar hasta la pasarela cuando descubrieron que eran observados. para que la distingan hasta los helicópteros que giran sobre nuestras cabezas. Si te fijas bien en la preciosa imagen que nos mira. Diego aprovechó la distracción de Tiara y se alejó. subía los 70 . Si en ese momento hubiese expresado lo que pensaba. salió temprano y todavía no ha vuelto. te darás cuenta de que una mujer muy bella nos dice: sonrían. arrastrando su bicicleta. ¿Está tu papá? —No —respondió la niña—. sonrían. Pero Diego no respondió y se volvió a mirar una vez más a su compañera. como si quisiera montar en ella. a ratos corría.perfectamente iluminada. El alcalde de mar se acercó con la inquietud pintada en su cara curtida por el agua salada. Solitaria en casa —Hola —saludó—.

La noche la cubría con su manto de soledad. De ser así. 71 . como si fuesen cómplices de algo malo. Se molestó con su amigo por salir huyendo de esa manera. El alcalde de mar caminaba cabizbajo y en silencio. Mientras se dirigían a la casa. El recogimiento se apoderó de la niña. los pájaros desaparecieron de pronto y hasta se detuvo la suave brisa que se deja sentir durante el día. hasta que se perdió de vista. Tiara se preguntaba si el alcalde de mar había descubierto el escondite debajo de la pasarela. La hora en que la naturaleza habla con su quietud. —Sí. No era posible que se alejara del modo que lo había hecho. La noche se anunciaba con todas sus señales.escalones con la bici al hombro. ella sí que está —respondió la niña. Las lágrimas de su pena no corrieron por sus mejillas. se vería obligada a no regresar nunca más a su propia caleta. que con tanta ilusión deseaba compartir con Diego. Era la hora de la conciencia. —Bueno. al menos podré hablar con tu mamá —dijo el hombre.

mientras vertía el agua caliente de una tetera ennegrecida por el fuego—. Buscan a mi papito. que entró en la cocina de la modesta casa y aceptó tomar asiento—. —¡Mamá! —llamó desde la puerta—. ¿Le sirvo un té? —No lo voy a rechazar —respondió el hombre y se quitó el gorro de lana que cubría su cabeza. Con el hijo mayor se fue.Caminaba cabizbaja por un túnel de hielo y quien la acompañaba no era más que otro de los tantos fantasmas que encontraba cada día. —Adelante —respondió la madre y salió a recibir al alcalde de mar. —El salió bien temprano —explicó la mujer. 72 .

73 .

—¿De qué se trata esta vez? —Que no puede ir de pesca con el hijo mayor. —Pero cómo ha de ir tan lejos —protestó ella. Si se lo he dicho tantas veces. —A lo mejor anda en eso. pero no me asuste.—Ese es el problema —comentó el hombre. Se lo advertí hasta el cansancio. —¡Ah! —exclamó ella. —¿Y usted no pudo ayudarlo? —Pero si lo hice —se excusó el visitante—. —Sí. ¿No ve que su hijo no puede salir a pescar sin el permiso respectivo? —¡Por Dios. Ahora tienen que presentarse. 74 . —¿Qué problema? —Que no escucha razones. —La Capitanía de Puerto le puso una multa. En caso contrario vienen los marinos y se los llevan por rebeldía. Ni caso que hicieron. qué duros de cabeza estos hombres! —Así no más. —Ay. oiga. pues —reiteró—. Pero no entiende. —Es que ahora tiene que ir a Puerto Cisnes.

siempre lo llevaba consigo. Nunca entendió a qué tipo de sorpresa se refería. Era un detalle que también le había dejado su amiga Yara.—La pura verdad no más digo. «Así siempre estarás preparada para un imprevisto». —Usted sabe —dijo la mujer— que andan preocupados de los pescadores. parecía a punto de llorar. Cabizbaja. para hacerme presente que tiene infracciones acumuladas contra el Pascual. Desde entonces. Sin embargo. La niña se acercó a su madre y le alcanzó el pañuelo blanco bien doblado que siempre llevaba consigo. Me llamó especialmente el almirante de la Segunda Zona. la mujer se concentró en las mamaderas de sus hijos y el pañuelo de la niña permaneció intacto sobre el mantel de plástico anaranjado que cubría la mesa. Tiara observó la preocupación de su madre. 75 . pero siempre lo consideró un recurso indispensable en medio del mar. capaz de cegar la vista y provocar comezón en los ojos. para secar la humedad salobre. le había dicho.

. El menor de los hermanos soltó el llanto y la niña corrió a consolarlo. —. interrogándola con la mirada. —Tanto le dije que no aceptara ser presidente de la caleta. fue a la cuna con la leche que el pequeño reclamaba.. 76 . sin que nada ni nadie se interpusiera entre ambos. más eficiente. —rompió su silencio el alcalde de mar. —Este muchacho.—Todos lo saben —respondió el visitante—. —Pero eso no lo libera de cumplimientos que a todos corresponden —comentó finalmente el hombre. Tiara se limitó a observar como su hermanito satisfacía su hambre y deseó con toda la fuerza de su corazón que el pequeño fuera su hijo para tener el derecho de alimentarlo. no lo tome usted tan mal.Maña? —exclamó ella. doña. —Es un modo de decir. En eso no hay maña. pero las reglas deben cumplirse. Pero la madre. El alcalde de mar se volvió a mirar a la niña.

—¡Ah. don. La balsa no la usamos cuando hay neblina. bastante asombrado—. Luego. Allí se sentó a contemplar la noche.—¿Diego? —respondió Tiara. ¿No estará pensando hacer algo indebido? —¿Indebido? —preguntó la niña con un hilo de voz. 77 . —¿Cómo? —replicó el hombre. Tiara descubrió el gesto de complicidad que le hacía el alcalde de mar y guardó silencio. ¿Ahí. —Sí —asintió el hombre—. Y enrojeció de inquietud. qué bien! Eso me tranquiliza.. —pero la explicación que rondaba su mente no se convirtió en palabras. —¿Qué intentaba hacer con esa bicicleta? —Andar en ella —respondió la niña con absoluta inocencia. se levantó de la mesa y salió a la puerta de la vivienda. suspirando como si le hubieran quitado un peso de encima—.. en las rocas? —Lo que pasa. —¿Pensaban poner esa bicicleta sobre tu balsa de plumavit? —exclamó el hombre. —No. señor alcalde —respondió la niña.

para nada. 78 . dejando libre el paso al alcalde de mar. —Se me hizo de noche —comentó—. —Es urgente. que se dirigió al embarcadero. dándole la apariencia de un espectro frente a la oscuridad. Un reflejo de luz amarillenta lo rodeaba.—No se preocupe. señor alcalde —escuchó decir a su madre—. —Cariños a la tía Lidia —dijo ella. Abordó la pequeña embarcación. Apenas lleguen les daré su recado. El alcalde de mar dejó de regañar a la niña ante la presencia de su asistente. Huevito? Tiara caminó en silencio junto al hombre. La puerta crujió al abrirse. doña. —¿Cómo que nada? Tengan cuidado con ese juguete. que lo esperaba en el bote. Tiara se levantó y se hizo a un lado. se sentó en la popa y se subió el cuello de la chaqueta de paño. No. Puede ser muy peligroso. ¿Me pasé de la raya? —¿Cómo? —¿Hablé más de la cuenta? —¡Ah! —replicó ella—. En el umbral apareció recortada la figura sombría del hombre. —¿Me acompañas al muelle.

¿Qué era lo que en verdad sabía el hombre? 79 .El alcalde de mar no respondió. alejándose rápidamente del embarcadero. pero el asistente ya había girado el bote y remaba con energía. Hubiese querido volverse. Tiara quedó tan intrigada como al principio de la visita del alcalde.

con la sensación de haber dormido más de la cuenta. Ni siquiera probó la leche del desayuno. La madre de Diego. Tal como lo temiera. El sueño la había engañado.Los príncipes A la mañana siguiente despertó asustada. pero que no podía recordarlo. fue a la puerta y salió a la mañana con un sobresalto en el pecho. Sin despedirse de su madre. una voz interior le decía que lo vivido esa noche era lo más impresionante de todo lo conocido hasta entonces. subía los últimos peldaños. Se lavó y vistió a la carrera. Al ver que Diego no estaba. cargando con dificultad la bicicleta. al final de la pasarela que se internaba en medio de un racimo 80 . corrió a la cama de su hermano. Kiko y su padre no habían regresado de la pesca durante la noche. Fue a la ventana para mirar hacia la costa. Se apresuró para ir a la escuela.

atiborrado de casas. Tiara se quedó observándola hasta verla desaparecer. 81 .

¿Cómo no se tomó la molestia de comprobar si había salido de la casa? Tampoco se preocupó de avisarle. un grito. su compañero ya había cruzado a la escuela en el bote de don Anselmo. Tampoco lo haría su padre. La había construido el abuelo y 82 . Imposible ver en la inmensidad que cubría la neblina. ¿Es que todavía estaba enojado? Con alegría recordó las peripecias del día anterior: recordaba cómo se había esmerado para entusiasmar a Diego y hacer que cumpliera un sueño. Y no pensó en ella. En todo el archipiélago no había otra embarcación que la igualara. y ella habría corrido a ocupar su lugar en la lancha. Una señal habría bastado. un silbido. ¿Qué tan lejos.Al parecer. mar adentro. Observó un instante el océano. con la proa y la popa muy elevadas. La quietud sobrecogía y nada se podía esperar de aquella neblina envolvente y misteriosa. habían navegado su padre y su hermano? La vaka poe—poe era una nave de gran tamaño. Tiara perdió la esperanza de que alguien pasara y la llevara a la escuela. Abandonada a su suerte observó el panorama brumoso. que pescaba muy lejos de allí.

De alguna manera. que su padre echaba a volar cuando pescaba. su hermano Kiko la había hecho participar en la restauración del bote. Los hombres ensamblaron hábilmente la madera para rehacer aquellas partes que se habían deteriorado con el tiempo. le ofrecieron pescados como alimento. cuya carne servía de carnada. Tiara suspiró con satisfacción al evocar aquellos días. después de muchos años de uso. pulpos pequeños. Como única respuesta escuchó en su mente el cantar lejano que le recordaba su origen: 83 . manu—hakerere. cuando su condición de niña no era un obstáculo para seguir en todo a su hermano. estuvieron pescando para alimentar al nuevo lanchón. Como una forma de nuevo bautizo.Tiara recordó claramente cuando la repararon. no le perdía pisada y soñaba con ser tan atrevida como él. Esperó que la densa bruma se alejara para ver el volantín. Tres días antes de botarla al mar. algas y jaibas. Siempre dispuesta a imitarlo. haciéndolos pasar una y otra vez por la borda de la flamante embarcación. Kiko la llevó a la costa y la hizo recolectar caracoles.

el viejo Here—veri. un ruido de motor debía salvarla.«E hakerere te manu é. un silbido haciendo que se levantara y se pusiera a salvo. Nada de eso aconteció. quiso distraer su mente con la cuerda para el juego Kai-kai. ka kau te umu ena. la vieja Uka—ui. Ella cerró los ojos y aguardó temerosa. Sentada en el 84 . ka neku—neku mai. La bruma avanzó repentinamente hacia la costa. un grito de advertencia. revuelve el curanto. e Uka—ui é.» » Y Tiara traducía mentalmente cada frase. Uka—ui lo molesta tironeándolo a él. E Tu—Here—veri é ka haro—haro mau. rodeando a la niña como si quisiera devorarla. Sin embargo.» «Mientras eleva su volantín. e Uka—ui—é. nae Tu—Here—veri é. Y mientras Here—veri lo encumbra. pero sus dedos estaban demasiado entumecidos como para intentarlo. su mujer.

85 . espantando la bruma. donde un moño mantenía recogido sus cabellos grises. disfrazado de sueño. ¿por qué aquí sólo importan los hombres y los niños pequeños? —También las niñas. que parecía un digno jefe de su pueblo.muelle. abriendo un camino en medio de la espesura blanquecina. —Abuelo —se lamentó la niña al verlo en pleno sueño—. En su rostro moreno de sol mostraba dos líneas de color que cruzaban la piel desde las orejas al nacimiento de la nariz. Después apareció la imponente embarcación de los príncipes. la dominaba. por debajo de los ojos. El volantín manu—hakerere fue al encuentro de la niña. azotando el viento. —Y no vendrá. sintió que el frío. En la piragua navegaban Kiko y el abuelo. Una hermosa pluma crecía en su cabeza. —Abuelo. querida nieta —respondió el anciano. mi papito no viene para llevarme a la escuela. —Se prepara para una dura competencia —repitió Kiko.

Ha de ver como allí las jovencitas lindas tienen otro destino. —Pero antes iremos a casa —propuso el anciano—. —¿Y eso qué significa? —¡Es hombre el niño! —¿Lo ve. abuelo? —¡Qué injusto! Por muy muerto que yo esté. mi nieta —replicó el anciano—. gritamos. uno de estos días tendré que ir a la casa de mi nuera y decirle un par de cosas que le pongan los pelos de punta. abuelo. según la tradición. ¿Le gustaría conocer a otras niñas? 1 Locas de piernas desmembradas. —Sí. ¡He tamaroa te pokil. era un modo despectivo de tratar a las mujeres. —¿No? —Somos las locas de piernas desmembradas1. no servimos para la batalla de cada día. lo recuerdo perfectamente —comentó el abuelo—. —¿Quién lo dice? —Mi papá. —¡Hágalo. ¿no alegra el hogar. No servimos para la pesca. No es así. —Pero usted. acaso? —Se alegraron cuando nació mi hermano. abuelo! —imploró la niña.—No. en Rapa Nui. 86 .

pero no le prestó mayor atención a tanta reiteración. —No hay tiempo que perder —dijeron los príncipes. porque desde el otro extremo de la caleta apareció Diego pedaleando en su bicicleta. —La navegación es larga —agregó el abuelo. Tengo que ir a la escuela. su amiga inolvidable. —Pero. —Debemos llegar antes de la ceremonia —advirtieron los príncipes. Y le pareció un sueño soñado.«Me encantaría». tanto que siempre los adultos se quejaban de lo monótono y aburrido que solía ser a ratos el diario vivir de cada día. pensó Tiara y recordó a Yara. porque hasta en la vida misma ocurrían situaciones así de repetidas. Huevito —gritó Diego desde el mar—. Siempre es así en los sueños. Aborda tu pora y rema hasta la piragua. —Podemos ir. Kiko —protestó la niña—. Entonces ocurrió lo inesperado. Pero tenemos que regresar antes de la colación. —¡Tiara! —gritó Kiko—. 87 . La señorita Emilia nos ha dado permiso.

88 . Se perdió con su bicicleta en medio de la niebla y Tiara se quedó muy tranquila. porque sabía que así cumplía su sueño.Corrió a su Amiga Yara y desató las amarras. Unos segundos más tarde. mientras el abuelo amarraba la balsa a la nave de los príncipes. sólo se escuchaba el golpe acompasado de los remos. De un salto se embarcó en la balsa de espuma plástica y remó hasta la piragua de los príncipes. En un santiamén Tiara estuvo junto a la embarcación y su hermano la levantó en vilo. De Diego nunca más se supo.

89 .

Navegaron hasta que salieron del canal estrecho y se alejaron de Puerto Gala y de la isla Toto. El océano se interna hacia el archipiélago y la corriente que se forma es como una tormenta. ¿Tienes miedo? —No. El anciano ató una cuerda de un metro de largo a la cintura de la niña y aseguró el otro cabo a un madero. vamos hacia Islotes Locos y pasaremos frente a Melinka. abuelo —respondió Tiara. en el interior de la nave. evitando ser alcanzada de costado por el fuerte oleaje. La proa se hundía en las aguas. —Falta mucho para eso —respondió su hermano—. —Pronto tendremos que asegurarnos para cruzar el golfo Corcovado —advirtió el abuelo—. arrastrando todo lo que hallaban a su 90 . la popa se elevaba hacia el cielo y las olas entraban a raudales. Ese es Puerto Ballena. Ahora dirigimos la nave hacia el norte. La piragua echó al viento su velamen y los audaces príncipes pusieron rumbo hacia el canal Moraleda y a Tiara le pareció que ya estaban en el océano. La embarcación enfiló hacia la corriente. desapareciendo casi por completo en aquel manto de mar encrespado y turbulento.

Navegaron frente a Chaitén. por el poniente. Y así fue. por el oriente. y frente a Queilén. Pero los príncipes habían tomado las precauciones necesarias y el oleaje no causaba mayor daño. achicando el agua acumulada en el piso de la nave. La piragua dejó atrás el golfo Corcovado y entró en aguas más serenas. —Nos acercamos a Quellón —gritó el abuelo. Pronto la navegación será más tranquila. A Tiara le daba gusto ver como su hermano remaba con el mismo brío de los príncipes. pero a ellos parecía no importarles la dura prueba que enfrentaban.paso. poniendo en riesgo incluso sus vidas. El abuelo y la niña colaboraron con dos cuencos de madera. en efecto. —Esas son las islas Desertores —comentó el hermano de Tiara. El agua los empapaba de pies a cabeza. sacudido por los vaivenes—. al tiempo que indicaba un grupo de islas que estaban a la vista. la niña se sentía segura con la compañía de su abuelo y de su hermano. 91 . El velamen de la piragua se hinchaba con la fuerza del viento y los remeros no decaían en su empeño. Pese a lo difícil de la situación. en medio de los príncipes.

por curiosidad o error.ques y la península de Huelqui. entró en la estrecha bahía de la 92 . No entraron a Puerto Montt y prosiguieron rumbo al océano Pacífico por el canal de Chacao. —Ese de allá es el Michinmahuida —dijo el hermano de la niña. la nave recuperó su travesía sin mayores inconvenientes. Al acercarse a la punta Palos Negros. En la placida travesía avistaron uno o dos barcos de pasajeros. —Y ese es el Huelqui —agregó el abuelo. La mañana se despejó de pronto y a los ojos de Tiara se hicieron visibles las empinadas cumbres de los volcanes. pero los avezados príncipes no desmayaron en mantener siempre la embarcación bajo control.ques —agregó el abuelo. El abuelo desató la cuerda de la cintura de su nieta y la niña pudo moverse libremente en la magnífica piragua que la llevaba a la isla de su antepasados. La navegación continuó entre las islas Butachau. Acercándose a Calbuco la navegación se tornó incontrolable. Los esperaba el golfo de Ancud.—Pronto avistaremos las islas Chau. como el que un día.

en las constantes sacudidas sobre las olas tempestuosas. Los navegantes evitaron que la nave sufriera más de un deterioro. El recuerdo volvió a ocupar un lugar candente en el corazón de Tiara. donde la navegación sería más calma. —¿Alguna vez te hemos contado nuestra historia? —dijeron los príncipes. —¿Y por qué? 93 .mapu y los príncipes se alistaron para enfrentar exitosamente la barra que formaba el oleaje que separaba el océano de la salida del canal. mientras Kiko y los príncipes remaron con toda la energía de sus músculos.isla Toto y se detuvo frente a Caleta Chica para llevarse a Yara. El abuelo amarró de nuevo la cuerda a la cintura de su nieta. en aguas oceánicas. ¿Abuelo? —Te la contaba cuando eras muy pequeña —respondió el anciano. dejando atrás el archipiélago de Chiloé y poniendo rumbo al norte. Navegaron por fin frente a Carel. alejándose cada vez más de la costa. —¿Qué historia? —replicó la niña—. —Huimos del continente Hiva—prosiguieron los príncipes. Entraron. finalmente.

con su fuerza descomunal. —Fue atacado por una tortuga. entonces? —Nuestro sabio Hau Maka tuvo un sueño. —¿Qué hicieron. si no la poníamos a salvo. Lo llevamos a una caverna. para alejarlo de los peligros. —¿Una tortuga puede herir a un hombre? —Quisimos comerla —explicaron—. La tierra se inundaba y nuestra gente habría muerto. —¿Estaría más seguro? —Sí. —¿Lo abandonaron? —preguntó la niña. que nos representaban. —¿Las piedras pueden ser buena compañía? 94 . —¿Por qué hacía tanto daño? —¿Quién puede entender los actos de un gigante? —respondieron. En él vio una tierra nueva y nos envió a explorar la isla soñada. lo estaba hundiendo. porque lo dejamos en compañía de seis montoncitos de piedra.—El gigante Uoke. Eramos siete exploradores y al regresar en busca de nuestra gente dejamos la tierra nueva al cuidado del séptimo príncipe. La tortuga se defendió y con una de sus aletas golpeó a nuestro compañero.

95 . ¿dónde están?» Los seis montones de piedra respondían: «Aquí estamos. La nombró: Te Pito o Te Henúa. pues había navegado en círculos para llegar a ella y no había otra tierra en las cercanías. —¿Eso quiere decir que soy como ustedes? —Lo es —replicaron. Hablaban? —Cuando él preguntaba desde el interior de la caverna: «Príncipes. que significa Ombligo del Mundo.—Tenían la facultad de hablar. —Nuestro rey hizo preparar dos piraguas. —¡Rapa Nui. llegó a la tierra nueva y desembarcó en Anakena. —¿Quieren decir que les importo? —Más de lo que imagina. sí! —Lleva nuestra sangre en las venas —respondieron.» Así tuvo sosiego. —Allí nacieron el abuelo y el padre. —. —¿Por qué nunca me lo dijeron? ¿Kiko? —Ahora lo hacemos.

El abuelo lo había seguido y los príncipes se alejaban en dirección a una colina 96 . Lentamente remaron hasta la pared rocosa y fueron recibidos por aquel grupo de mujeres. Los príncipes acercaron la piragua a la pared rocosa y cuando el vaivén de las olas se aquietó por completo. —Oh. Un grupo numeroso de mujeres. Neru de miembros bellos —dijeron los príncipes con gran ceremonia. ataviadas finamente de blanco. esperaban junto al mar. pero Amiga Yara se mantuvo a flote. y tomando a Tiara de la mano inició el camino hacia la cima. —Es la última de las elegidas —comentó la mujer que la recibía. Se volvió angustiada a su hermano. Pero la niña se resistió a seguirlas. abordaron la balsa de espuma plástica. Tiara pensó que la frágil embarcación se hundiría con el peso de tantas personas. ante los ojos maravillados de la niña apareció un acantilado imponente.Después de interminables horas de navegación y cuando Tiara pensaba que jamás llegaría de regreso a la escuela para la colación. pero Kiko había desaparecido.

. que seguían cuidadosamente el trazado del sendero.. Tiara temblaba de miedo. comenzarían los festejos. con el deseo vehemente de abrazar a su amiga. Tiara caminó ágilmente sobre las rocas. Sorpresivamente se vio vestida de blanco y temió lo peor si llegaba con ese vestido a la escuela. al parecer. al borde del abismo. colgantes. Pero Yara se volvió para comenzar a subir la escarpada pendiente del acantilado. En la larga fila que ascendía hacia la cumbre. con aquellas mozas silenciosas. 97 . como si fuera una más de ellas. curiosamente vestida de azul. apareció en medio de las mujeres y miró de lejos a la niña. Las mujeres la arrastraban. escuchó el entonado canto de las novatas: ¡Oh! Neru de miembros bellos y delgados. Hasta que su amiga Yara.muy cercana donde. confundida en medio del grupo de jóvenes. mientras ella se negaba a dar ni siquiera un solo paso en la dirección que señalaban. Entonces. Tiara sintió que le volvía el alma al cuerpo y corrió al encuentro de su gran amiga. Sin medir los riesgos a que se exponía.

. Eres tú.. Es la hora en que se levanta la caña de azúcar.. Escondidas están las Neru. —¿Dónde estamos? —preguntó a media voz la niña... que se extendía varios metros hacia el interior de la roca.. En ellos se 98 .. Allí se aclaraba el piso de roca... Escondidas allá atrás.Lleváis el manto antiguo de Rapa Nui. Era una bóveda perfecta. de aquella tierra de Hiva. formando espejos. Cuando la niña se habituó a la oscuridad. ¡oh! hermosa Miru. —¿Caverna de las Vírgenes? —Entremos —ordenó la mujer que encabezaba la comitiva. como si aquellos ojos de agua fuesen tenues luminarias. De las paredes fluía el agua cristalina en pequeñas filtraciones. Penden en las cuevas las calabazas del color.. Adentro había pequeñas lagunas con agua fresca. Tiara fue llevada al interior de la gruta. —Frente a la Caverna de las Vírgenes —respondió una de ellas. pudo ver un túnel muy largo. Cuelgan hacia abajo.

quedó deslumbrada por la belleza de quienes la acompañaban. 99 . hasta que su piel se vuelva blanca como la espuma. linda niña. Así será más hermosa y aumentará la pureza que se le exige a una novia. —Aquí son recluidas las jovencitas hasta el día de sus bodas. pero ninguno de esos rostros encontró el de Yara. Y Tiara debía venir porque será una de ellas. Sin embargo. Y a nosotras se nos ha encomendado cuidar a las iniciadas. alimentarlas y ver que nada les falte durante su aislamiento. a medida que se alejaban de la caverna. —¿Por qué? —El dice que soy fea. Cuando eso ocurra será recluida en esta caverna. —Aquel que no tenga ojos para ver la belleza de su hija no merece ser el padre que la guía. iniciando el regreso hacia la salida. La comitiva entonó un nuevo canto. —¡Todavía soy una niña! —protestó ella. —Esto no le gustará a mi padre. —Dejará de serlo antes de lo que imagina. Y ahora tiene que marcharse.contemplaron un instante las niñas.

Junto al acantilado aguardaban el abuelo. cruzaron frente a la caleta donde vivía la niña y se 100 . a velocidad de crucero. En la balsa de plumavit remaron hasta la piragua. Pero al acercarse al canal de Chacao.' ¡Cuánto tiempo has estado encerrada. Finalmente. Puso rumbo al archipiélago de Los Chonos.«¡Estás encerrada en una caverna. Estaban en las proximidades de Puerto Gala. cansada por la extenuante travesía. Tiara despertó cuando la piragua aminoraba la marcha. el abuelo amarró la cintura de su nieta mientras ésta dormía. penetrando en la densa bruma que cubría por completo el océano. oh reclusa! ¡Te amo. oh reclusa!» Con el mismo cuidado empleado en el ascenso bajaron por el estrecho sendero. que en sueños es mucho más rápida. La navegación de regreso tendría las mismas emociones. Abordaron la nave y ésta se alejó del acantilado. oh reclusa! ¡Contra la roca está suspendida la calabaza con tu comida. Kiko y los príncipes. bordeando el abismo. porque has estado prisionera! ¡Cuán blanca te has tornado en tu retiro.

con la intención de rechazar una realidad tan inesperada como repentina. Tiara se encontró sorpresivamente frente a la escuela. Tiara. La embarcación de los príncipes había desaparecido. de su hermano y de su abuelo. y el despertar se presentaba tan abrupto como un inmenso peñasco arrojado a las aguas. después de haber tenido un sueño que insistía en mantenerla adormecida. —¿Y esto qué contiene? —exclamó ella. cuando no estaba preparada para enfrentar el resto del día. ¿Y esto qué es. como si nunca hubiese cruzado aquellos mares. una vez que estuvo a un metro de la imprudente—. Se restregó con fuerza los ojos. Entonces vio que a su encuentro venían las tías. el profesor y hasta la mismísima directora. Y a ella. chica. un juego? —reiteró la señorita 101 .detuvieron a metros de la Escuela Madre de la Divina Providencia. Con la bruma también se había marchado gran parte de la magia de aquel sueño. Los momentos recién vividos resultaron maravillosos. El abuelo desató la amarra de la balsa y la niña se despidió de los príncipes. su hermano y su abuelo también la abandonaban.

—¡A mi oficina! —ordenó la directora—. —Apúrese. tío Tato —respondió la niña. —¿Cómo capeará el temporal? —comentó Elvira. atendía el comedor de la escuela.Emilia. Irán a detenerlo uno de estos días. del Centro de Padres.— tiara —intervino el profesor —. Es igualita a su padre. seguida por la comitiva que la había recibido sin ninguna manifestación de bienvenida. 102 . ¡Esto no puede quedar así! —¡Pobre inocente! —suspiró Elvira. Supiera lo que me ha contado mi marido. Jamás se perdonaría que algo le ocurriera a su Amiga Yara. Tiara se tomó todo el tiempo necesario para dejar bien amarrada la balsa al embarcadero y asegurar el remo. de la Junta de Vecinos y que. Debes venir acompañada por un adulto. Luego se dirigió a la escuela. —Tiene la cabeza llena de pajaritos —agregó Lidia—. haciendo sentir todo el peso de su autoridad. ¿Cuántas veces se te ha dicho lo mismo? —Eso fue lo que hice. chica —dijo Lidia. además. —¿Qué? —exclamó Lidia.

No sé. que son incapaces de traerla. —Ai papá de Tiara nunca lo hemos visto. no miden consecuencias? —Pero al menos a los otros niños los traen sus padres. —Yo recibí el encargo de ir a su casa a decirle a su mamá que viniera. —¡Desconsolada quedó la pobre niña! 103 . para que nunca más se embarque en ella. ¿cómo permiten que la niña se arriesgue de este modo? —Deberíamos esconderle esa balsa. —Sí —dijo Elvira—. pero el Pascual no le quiso dar permiso. —La mamá viene de vez en cuando. A ninguno se les ocurre venir en una balsa de mentira. No puede venir a la escuela con eso. —No estuvo para la premiación de la hija. ¿En su casa no ven riesgos. ¿vino alguna vez a la escuela? Ni cuando los niños hacen invitaciones para las festividades. —¡Es su juguete! —Por lo mismo.—Yo estaría mucho más molesta con los hombres de su casa —agregó Lidia—.

—Ese día me dio mucha pena. —Nunca pueden. 104 . —Se le llenaron los ojos de lágrimas a la pobrecita. —¿Por qué? —Salen muy temprano. porque sea como sea. me dijo: «Tía Lidia. ¿va a venir mi mamá?» Cuando la niña entró en la oficina de la directora. mientras se disponía a escribir sobre una hoja de papel en blanco—. La directora guardó silencio al tiempo que observaba severamente a la niña. un reconocimiento de la escuela. Ya ni sé quién es tu apoderado. —Tiara Miru —sentenció finalmente. la señorita Emilia se había sentado detrás de su escritorio y esperaba con una paciencia fingida. un chico se siente dichoso de recibir un estímulo. quiero que esta misma tarde entregues esta notificación en tu casa. —Como ella supo que yo había ido especialmente a su casa. ¿Por qué nadie viene a dejarte? Tu familia es dueña de una o dos lanchas y no te traen a la escuela. en presencia de sus padres.

Además. Espero que lo entiendas. —Comprenderás que ninguna de mis niñas debe arriesgar la vida como lo has hecho.—Entiendo que sus labores de pesca comienzan de madrugada —aceptó la directora—. Pero alguien tiene que acompañarte. ¿Te imaginas que pase una desgracia? ¡Ni Dios lo permita! Nuestra responsabilidad es muy grande. tía Emilia! —replicó la niña. Es demasiado. —¡Yo no crucé sola. tu imprudencia puede contagiar a los alumnos que llegan por agua y no me extrañaría que mañana vengan a la escuela a bordo de balsas como la tuya. 105 . ¿Qué dirían de nosotros? Y tus parientes serían los primeros en condenarnos. —Sí. —¿Y se puede saber con quién venías? —Es que no me creería si le dijera. considerando que no es ninguna gracia lo que has hecho. Nunca había ocurrido algo semejante. —Puedes volver a la sala —ordenó la directora y le extendió la comunicación que acababa de firmar. tía —respondió la niña. Tu hazaña es un pésimo ejemplo.

106 .

Estuviera el tiempo como estuviera. bueno o malo. ellas tenían que cruzar con sus baúles cargados de ropa limpia. como si se disculpara. tía Emilia —dijo. Pero la lección debía surtir el efecto deseado y la autoridad no podía dar señales de debilidad. las balseaba un bote a remos. cuando ella y sus hermanas debían abordar un bote para cruzar el canal. No volaba una mosca en el interior 107 . Los alumnos dejaron de escribir cuando Tiara entró en la sala. A ninguna de ellas se les habría pasado por la mente hacerlo solas. que usarían en sus largas semanas de internado.Tiara recibió el papel doblado en cuatro y lo guardó en el interior de la mochila. Entonces. enfrentando riesgos que podrían haber terminado en tragedia. en invierno o en primavera —la lluvia en Chiloé no hace la diferencia—. La directora se reclinó en la butaca de su escritorio y recordó aquellos tiempos de niñez. Su corazón de maestra se colmó de ternura. Hubiera querido detener a la niña y levantarse de su escritorio para abrazarla con dulzura. —Hasta luego.

Lectura en silencio y comprensión del texto.del recinto. Ella los apiló uno por uno sobre su falda y los alisó cuidadosamente. otros la observaban como si la vieran por primera vez en la vida. varios mensajes escritos llegaron silenciosamente a las manos de la niña. Busquen la unidad que apunté en el pizarrón. 108 . pues era la primera vez que provocaba tanto interés entre sus compañeros. —Lenguaje y Comunicación —anunció el profesor—. Todas las miradas se dirigían a Tiara. Cuando el profesor se volvió al pizarrón para anotar las actividades de la unidad. La niña ocupó su puesto y abrió la mochila para sacar sus cuadernos. Algunos sonreían. A continuación los leyó con gran entusiasmo.

Diego recordó lo que su compañera le había contado la tarde del día anterior cuando ambos se reunieron debajo de la pasarela. el profesor suspendió las anotaciones en la pizarra y enfrentó a sus alumnos.Un fuerte golpe. seguido de carreras a pie descalzo. La niña comenzó a reír sin ocultar la gracia que aquello le producía. interrumpió bruscamente la lectura de Tiara. Diego miró a Tiara y descubrió que sonreía. pero estos golpes eran reales y las risas tampoco eran producto de la fantasía de nadie. Ella apartó la vista de los papeles que ocultaba debajo del pupitre y observó las manchas de humedad en el cielo de la sala. proveniente del piso superior. Hasta entonces pensaba que Tiara estaba más loca de lo que se creía. Los compañeros de Tiara dejaron de espiarla a hurtadillas y dirigieron las miradas al techo. hizo que el curso completo se paralizara de espanto al escuchar claramente las risas que venían del segundo piso. Un tercer estruendo. Un segundo golpe se produjo en el piso de arriba. 109 .

Mientras Tiara evocaba lo vivido en el piso de arriba. preparado para iniciar un interrogatorio sobre el comportamiento de sus alumnos. con la intención de aquietar los ánimos alterados—. Lo único que deseaban era salir corriendo. Con la palma de la mano golpeó dos o tres veces sobre el escritorio. chicos? —¿Será verdad lo que dice la Huevito? —¿Qué dice la Huevito? 110 . al tiempo que preguntaban a media voz por qué reían de esa manera. tuvo que hacer uso de su autoridad para poner un poco de orden en el alboroto que amenazaba con desbordarse. —¿Qué ocurre? —dijo al fin el profesor. ¡Silencio! ¿Qué les pasa. Y como sus alumnos seguían comentando en voz baja y las risas iban en aumento. Pero no consiguió que lo escucharan.Diego comenzó a sonreír con ella y el profesor sacudió sus manos y sopló el resto de tiza de sus dedos. Diego comenzó a contar a sus compañeros lo que sabía sobre el hecho y la situación fue de conocimiento público en cosa de segundos. porque todo el curso comenzó a tironear a Diego de la manga de su chaleco.

—¿Qué cosa? —insistió el profesor. Sonó la campana y los alumnos se aquietaron por un instante. corren las tablas de las camas y se caen. aguardando las instrucciones del profesor. Y se quedó mordiendo sus palabras. con el Credo en la boca. porque en ese preciso instante se produjo un nuevo golpe. salgan a recreo. cada vez más inquieto—. —¡Ya basta! —alzó la voz el maestro. ¿es verdad lo que dicen tus compañeros? —Así es. —La Huevito tiene nombre —censuró el profesor. Pero ni se imaginen que hemos terminado con el 111 . tío Tato —replicó ella—. —Eso mismo fue lo que me contó la Huevito —se disculpó Diego.—Que los internos son caídos del catre. Tiara. sin dejar de reír. al levantarse. desatando aún más las risas que tanto les costaba controlar a esos niños. Las risas de todo el curso se reavivaron y por un momento parecieron incontrolables. Los mismos niños. —Está bien —dijo al fin—.

Te has convertido en una alborotadora de tomo y lomo. cuando el segundo piso estaba deshabitado. Algunos se acercaron a Tiara y le dieron suaves palmadas en la espalda. —¿Quieres venir? —¿Adonde? —Al dormitorio de los internos. Especialmente tú. Alguien le acarició la cabeza. Sin embargo. no se explicaba cómo había llegado al conocimiento de Tiara y cómo era posible que ocurriese de nuevo. El profesor esperó pacientemente que la niña saliera para sonreír de buena gana. Los chiquillos corrieron al patio más atolondrados que nunca. porque conocía de sobra la situación comentada por sus alumnos. tendrás que explicar el hecho. Esta vez Diego permaneció unos instantes junto a su compañera.asunto. Pero finalmente se alejaron de ella. echando a rodar una pelota de fútbol. —Parece que fue verdad lo que dijiste —comentó. 112 . Tiara. Primero tienes la audacia de venir a la escuela en tu balsa y ahora eres responsable de este desorden.

113 . sin mirar atrás. como era ya costumbre. sin medir consecuencias. sin saber si tomar en serio las palabras de Tiara. se alegró de no ser tomada en cuenta. que cedió fácilmente. al parecer no tenía ninguna intención de correr con la novedad a la oficina de la directora. como esto? —Más bello. El tío Tato seguía ocupado en la sala. Las pulgas. Convencida de que nadie se preocupaba de ella. la recibieron con entusiasmo. La niña esperó que nadie la observara. Subió muy animada. Sus compañeros lo llamaron y se alejó corriendo. una vez más se atrevió a empujar la puerta. porque la aldaba ya no estaba en su lugar. —¿Así. Diego la miró profundamente unos segundos. antes de venir a la escuela.—¿Estás loca? ¿Para que las pulgas me piquen de nuevo? —Tengo que contarte lo que me pasó en la mañana.

cerró los ojos y se mantuvo muy quieta. Su deseo se cumplió. llegaron al dormitorio la 114 . Al cabo de un rato de entusiasmo. Los internos de aquel dormitorio corrieron al encuentro de Tiara. se sonrojó emocionada y no supo de qué modo debía corresponder a tales manifestaciones de afecto. deseando que el sueño la dominara. porque antes de lo esperado regresaron las apariciones de la primera visita. La niña se sentó en uno de los catres y mientras se rascaba intensamente las piernas.Cálida bienvenida ti segundo piso estaba tan desierto y abandonado como el día anterior. de ajetreos de unos y pasividad de otros. Ella se mostró sorprendida. Le tendieron los brazos y la rodearon hasta formar un apretado enjambre de niños que deseaban manifestar un sentimiento de amistad incontenible.

—Oye. Te —preguntó la Ese—. muerto de risa. —¿Qué importa si nos caemos? Se sentaron con sumo cuidado. Te\ —dijo la Ese—. Tiara quedó instalada en medio de todos. acomodándose en una de las camas. como la invitada principal.señorita Emilia. Ven a compartir con nosotros. —lo creo que los chicos echarán de menos el alboroto matutino —comentó el sacerdote. que le hicieron un lugar. que en invierno hace trabajos de carpintería —confirmó Renato. —De una vez por todas —comentó la señorita Emilia— hay que resolver este asunto. —Ya hablé con un pescador. la Ese. hasta formar un círculo de conversación muy animada. —¡Tengan cuidado! Que estos catres son como huevos. el joven Renato y el padre Ronchi. —¡Oye. ¿cómo llegaste aquí? 115 . Tiara fue a sentarse con aquellos niños.

el Pascual ya estaba aquí cuando visité la caleta. sí —afirmó el sacerdote—. 116 .—Mi abuelo vino con mi papá —respondió Tiara. —Sí.

117 .

padre Ronchi —preguntó la Ese—.—¿Pascual? —repitió uno de los niños—. —Cuando llegó el padre Ronchi —continuó ella—. 118 . —Bueno —agregó el sacerdote italiano—. —Y a usted. El padre los convenció de traer a sus familias para restablecer las leyes del hogar. desde que lo conocimos. no me habría molestado en assoluto que me hubiesen llamado como quisieran. ¡El nombrecito! —Le llamaron así —respondió el sacerdote— porque la Isla de Pascua es su lugar de origen. —Usted vino a poner orden en este lugar —agregó la señorita Emilia—. después de todo lo que ha hecho por estas caletas. ¿Recuerda? —Como si fuera ayer. los hombres dejaron de vivir solos bajo la ley de los puños y con el poco sentido común que les quedaba. —Le respetamos —aclaró el joven Renato—. ¿le decían «el italiano»? —Eso sería muy injusto —intervino la señorita Emilia—. Lo que importa es que no se falte el respeto.

los pescadores lo hicieron en esa parte del océano. Esos pescadores aprovecharon el abrigo natural de la bahía para establecer su pobre y su transitorio 119 .glia. de la cuale tutti querían apoderarse. fue habitada por intrépidos pescadores que siguieron la huella de la merluza española. Se fueron quedando los hombres. de la noche a la mañana se vieron surcadas por grandes cardúmenes. Atrás dejaron hogar y fami. siempre a la espera de que la merluza cambiara de sitio. trozada y compartida con cientos de islas pequeñas. La isla Toto. En un inizio los pescadores llegaron con sus aparejos. alejada y solitaria. pensando che la aventura tomaría tan solo unas cuantas settimana. a su entera assoluta volunta. Las protegidas aguas que rodean el archipiélago. donde sólo moraba el esplendor y la bondad de la naturaleza en su estado más primitivo. una isla en la cuale cada individuo delimitava le frontiere de su autoritá.—lo vino a conoscere la relitat de la isla —comentó el sacerdote— e incontrai una térra di nessuno. al sur de Chaitén y Quellón. Mientras los peces buscaron refugio en esas aguas.

panaderos. Llegaron a establecerse a la ciudad de plástico. porque un exportador recogía la merluza para transportarla a Puerto Montt. abasteros y carniceros. No sólo pescadores.'LTí v|uip ^sacaban .vado para proteger sus escasas pertenencias de la humedad del océano. zapateros. como se la conoció de ahí en adelante.mar quedaba en las manos de aquellos esforzados pescadores. Pero sólo una mísera parte de la lincakiikihlf xttjui. más de cinco mil personas. llegaron ferreteros. sastres. carpinteros y enfermeros primerizos especializados en labores mínimas de salubridad. comerciantes con patentes de alcoholes y otros con bebidas de fantasía.caserío. 120 . también comerciantes de todos los negocios imaginables: almaceneros. Esta aparente prosperidad convocó a otros hombres y el caserío comenzó a tomar las dimensiones de un pueblo. mueblistas. Las chozas que levantaron estaban construidas con las ramas arrancadas de los formidables árboles de la isla y los techos y paredes fueron cubiertos con el plástico que ellos mismos habían lie.

el abuelo y su hijo la habían construido imitando las antiguas viviendas de Rapa-Nui.Con el tiempo la pesca dejó de ser abundante. Tiara. ¿Per che ser distinta? Era la única hare—paenga. que al principio hizo diferencia. El techo era como la quilla de una embarcación y a ella se entraba o salía por una puerta lateral. Sus casas de plástico. en efecto. semejante a una tajada de melón. —Como la de Pascual —comentó el padre Ronchi—. Había sido una vivienda muy precaria. clavos y planchas de zinc. por la que había que agacharse para no golpearse la cabeza. 121 . con ramas y madera del lugar. Así fue. Antes de que naciera la niña llegaron tablas bien aserradas. necesarias para la casa definitiva. no conoció el primer refugio que levantó su abuelo. poco a poco se convirtieron en hogares con muros de madera y techo de zinc auténtico. Tenía forma ovalada. casa—bote. de modo invertido. Pero esos hombres y sus familias se acostumbraron de tal modo a la belleza de la isla Toto que ninguno quiso abandonarla. en medio de la lluvia. como un bote volcado. sin embargo. forrado en plástico.

tampoco. ¿cómo se llama? —respondió Tiara—. io dije. No puede ser casualidad. sí —recordó el sacerdote—. Al incontrarla de nuovo en la chiesa. io dije: te ricordo perfectamente. —¿Aunque todos los vecinos reclamaran porque ocupaba más espacio que las demás? —Cada uno hizo lo que quiso. La primera vez la observé a la entrada del pueblo. —Menos io. padre. agregué: estudié para maestra en la Escuela Normal de Ancud. que hiche lo che debía —replicó enseguida el sacerdote italiano—. —Y a mí —se sumó Renato. y como se me quedara mirando con cara de duda. En sitios lejanos convencí a profesores para venir cual maestros. 122 .—No fue capricho. —Así me convenció —agregó la señorita Emilia. ella incontré dos veces el mesmo día. Así son en la isla donde nacieron mis antepasados. —Buono. Construí una scuola para bambinos. Fue divertido. le respondí —continuó la señorita Emilia—. ¿Qué estudios tienes? —Soy profesora normalista.

—Guardé silencio por un instante —prosiguió el sacerdote— y luogo pregunté: ¿enseñarías en lugar remoto? —Es lo que espero. Mi madre. —¿Qué más podía hacer? ¿Quedarme a enseñar en una isla y embarcarme todos los días. con esfuerzo y sacrificio. Con viento. 123 . —Beni. que también era profesora. io dije —agregó el sacerdote—.ta lejana. para hacerme cargo de mis alumnos? ¿O quedarme a esperar que el hijo de la señora Rita. el único boxeador del pueblo. lluvia o tormenta. me solicitara en matrimonio? —Y fue divertido como io fui recibido en su pueblo. comenzó muy joven su vida de magisterio y montaba a caballo diariamente diez o doce kilómetros para enseñar en una escueli. las pocas vacantes estaban ocupadas. hablaré hoy mismo con tuo padre para que enseñes a niños que necesitan maestra. Ellos esperaban visita de autoridad de la chiesa. ¿Qué oportunidad podría tener en mi pueblo? Sabía que no había ninguna posibilidad de encontrar un puesto de maestra.

El religioso italiano tuvo que caminar bastante para seguir el viaje. que por esos años residía en Ancud. acompañadas de hijos y maridos. tambores y guitarras. había llegado en el camión municipal. que lo había recogido a dos kilómetros del canal de Dalcahue. en efecto.—Una vez al año —contó Emilia— nos visitaba el obispo. adornaban las imágenes de las Vírgenes que habían traído especialmente para la visita del obispo. al ver la polvareda que levantaba el único vehículo motorizado de la isla. 124 . El padre Ronchi descendió con su larga sotana y abrigado con un amplio chaquetón impermeable. para realzar el paso del visitante. El camino estaba en construcción y no llegaba al embarcadero. entraban descalzas al pueblo. reservados para estas ocasiones. pues oye. la calle principal era engalanada con arcos de flores. En la primera casa de la calle principal se ponían sus zapatos y cambiaban el atuendo de todos los días por trajes mejores. con sus acordeones. Luego. El visitante. En ese tiempo. Los músicos iniciaban los sones de las melodías. Alguien gritaba: «¡Que ya viene. Las gentes del campo. ya viene!».

Fue impresión molto grata la que ella causó entonces. —Ambos nos sorprendimos.Sostenía en su mano izquierda un pequeño bolso de viaje y sonreía en todo momento. —Yo había recibido el honor de poner flores en uno de los altares y acompañar a la señora Rita. Es la persona que preciso. saludando afectuosamente con la mano a quienes se acercaban a darle la bienvenida. un hombre sencillo que llega donde se lo 125 . en señal de respeto. que me dije: oh. mientras ella tocaba el armonio durante la misa. me incliné a besarle el anillo de su mano derecha —reconoció Emilia. porque io no llevaba anillo alguno y no estaba habituado a ceremonias. —Así es el padre Ronchi —continuó la señorita Emilia—. permite que io pueda llevarla conmigo. Había tanta innocenza en su mirada. Subí a felichi. tanto candor e ingenuidad. —Le ofrecí el ramo de jazmines que había preparado y de todos modos.tarla y reconocí a la del beso en la mano como si io fuese un obispo. io dije. No soy más que un cura en misión de pastor. —Y lo hizo molto bene. ¿Qué haces?. Signor.

Io nací en un pueblo cercano a Milán. Tratábamos de ayudarlos. tratando de entender su situación. bautizar niños perdidos en los rincones más apartados o entregar víveres a los necesitados. de hacer más soportable la vida que llevaban. como decir misa donde no hay iglesia. Queríamos estar junto a ellos y establecer un vínculo. Yo era uno de esos estudiantes buena onda que nos acercábamos a los niños que vivían bajo los puentes. por muy distantes que se hallen y por muy escasos que sean los medios para llegar hasta ellos. a los venti decidí por sacerdocio para dedicar mi tiempo a los pobres. Fui el mayor de onche hermanos y tuve una infancia difficile. Por eso. No era nuestra intención sacarlos del río. Suele viajar con un bolso de mano y aborda el primer vehículo que pase. Les llevábamos algo de comer. especialmente para cumplir sus oficios.propone. —Así lo conocí en Santiago —intervino el joven Renato—. —Es que así fue mi niñez —prosiguió el sacerdote—. para darles algo de cariño y comprensión. que no 126 . Vine misionero a Chile y recogí bambinos bajo puentes del río Mapocho.

—Nosotros no sabíamos que era sacerdote —comentó la Ese—. viajé con ellos más de mil quinientos kilómetros. No tuvo la intención de echarnos. así de repente. El padre Ronchi hizo 127 . pero no le gustaba que estuviéramos ahí. sem. Esa misma noche desapareció y creímos que se lo habían llevado o que se había muerto. Una noche llegaron los policías buscando a cuatro jóvenes que sus familiares habían dado por perdidos. —Después ritorné per lui. Entonces pensamos que era el dueño de la caleta.se sintieran tan solos.pre ritornarían a vida de vagabondo. De la noche a la mañana. sin permiso ni nada. —Dios nos pone cosas en el camino —prosiguió la señorita Emilia—. —¿Sin el permiso de sus padres? —¿Y de qué padre podía solicitar permiso? Allora hice hogar donde los bambinos estudiaran y crecieran. El padre Ronchi me pidió que lo acompañara cuando decidió traer a todos estos niños sin hogar. apareció este hombre mayor. Decidí trasladarlos a Puerto Cisnes. Io sabía que mientras se quedaran en la ciudad.

—Pedí ayuda para levantar una chie. consiguió víveres. conseguí al menos cada quince días que una patrulla de carabinieri viajara a la isla para la ley que estos uomo. Io hice para que ellos entendieran por leyes de razón y orden. que es el medio de comunicación más efectivo de la zona. inmóviles. materiales de construcción y los implementos necesarios para instalar una modesta estación de radio. de empresas. como si nada más importara. cuando recién llegados. a clases! —sentenció la señorita Emilia y desapareció. como no bastaba. —¡Niños. que fue lo que hicieron al principio. Buscó la colaboración de personas caritativas. autoridades e instituciones. para que dejaran de dirimir diferencias con la forza de los puños. La radio es el puente que une a cientos de almas que pasan aisladas la mayor parte del tiempo.construir esta escuela de madera. El tañido de la campana interrumpió la tertulia. sin 128 . en su aislamiento. no respetaban. Tiara se incorporó de un brinco y todos se quedaron con el alma en un hilo.sa y dar en ella muestras de gratitud y.

aceptando que a veces la indiferencia de los demás es más conveniente de lo que uno pudiera desear. La niña bajó los peldaños de dos en dos. sintiendo como las pulgas nuevamente la convertían en blanco de sus picadas. 129 . Con la irresistible comezón en sus piernas cerró la puerta a sus espaldas y se quedó inmóvil allí por unos segundos. comprobando que no había sido descubierta. Al resto de los alumnos no parecía preocuparle lo que ella había hecho durante el recreo. El patio estaba desierto. evitando que la cama se desparramara por el suelo. Aquel pensamiento calmó sus inquietudes.respiración. como si de pronto hubiesen retornado a la condición que siempre tuvieron: fantasmas. Mientras se dirigía a la sala. Era el único que sabía dónde había estado. pero la puerta de la sala permanecía abierta. En su pupitre tuvo que disimular para contener las ganas de calmar la picazón. Entonces comenzó a rascarse. aunque Diego la interrumpía a cada rato. de cuando en cuando se detenía para aliviar la comezón que parecía quemar la piel de sus piernas. lanzándole miradas de complicidad.

Terminadas las clases, Tiara amarró su balsa a la panga de don Anselmo, que fue en busca de su hijo. Diego se limitó a observarla durante el trayecto. Era demasiado abrumador para él sentirse cómplice de una falta que había provocado tanto rechazo en la escuela. Por fortuna, en la lancha nadie comentó el incidente de la mañana. ¿Todo ese alboroto por haber navegado en balsa unos cuantos metros? ¿No sería demasiado? Ella no había puesto en peligro su vida. Si así hubiera sido, jamás se habría alejado tanto de la orilla. Por lo demás, había demostrado que Amiga Yara era muy segura. Como todos los días, la madre de Diego lo esperaba en el muelle con la bicicleta. En el momento de descender y antes de que corriera a reunirse con su adorada bici, Tiara le habló a media voz: —Más tarde nos vemos, en la caleta bajo la pasarela. Tengo mucho que contarte. —Después de la once será —respondió Diego, mostrándose desinteresado—. Y después de las tareas, porque si no mi mamá no me deja salir. A lo

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mejor a ti tampoco te van a dar permiso después de lo que hiciste. —Voy de todos modos —respondió la niña. El padre y el hermano de Tiara no estaban cuando ella regresó de la escuela. —La tía Emilia mandó esta comunicación —dijo a su madre. —Déjela ahí —respondió ella. —¡La directora quiere hablar con ustedes! —Bueno —replicó la madre un tanto molesta por el reclamo de su hija—, ella entenderá que sus padres tienen asuntos que resolver. —A lo mejor quiere hablarles de mí. —¿Hizo algo malo, hija? —y como Tiara no respondió, la madre continuó—: La otra vez también quería que fuéramos a la escuela y era para recibir un premio. —Tienen que leer la comunicación. —Que la lea su padre cuando llegue. La niña enmudeció intentando entender los asuntos de sus padres, pero su mente sólo tenía espacio para la segunda visita que había hecho al 131

piso de arriba. Ni siquiera la preocupaba el malestar de la directora, ni el regaño que había recibido de su maestro. Tampoco le importaba el contenido de la comunicación que la tía Emilia le había enviado a sus padres y que ella no había tenido la imprudencia de leer. Tiara salió de la habitación. Contrariada, triste, confusa y sin saber qué hacer, perdió por un momento el sentido de la existencia. Cuando, más tarde, Diego asomó su nariz en la ventana de la cocina, atisbando hacia el interior, Tiara no se veía por ningún lado. La Te y el Deivid

Diego fue a reunirse con Tiara y ella lo vio venir con su bicicleta. Se detuvo junto a la baranda de la pasarela y aguardó allí un instante. —Sabía que estabas aquí —le dijo al verla—. ¿Entregaste la comunicación? —Sí. —¿Qué dijo tu mamá? 132

Hasta que no pudo más 133 .. Deivid —insistió ella—. Se hizo la lesa y cambió de tema. Si te montas en tu bici y pedaleas bien corti. lo animó para que lo hiciera. —Te van a castigar. —¿Y qué vas a hacer cuando la lean? —No sé. para que las ruedas no giren. —¡Adonde puedo ir con ella! —protestó Diego. —Pero podrías andar sin andar. No la leyó. ¿nunca has intentado montar tu bici en la pasarela? —¿Cómo? —Subirte a tu bici. —Deivid —le dijo—.—Nada. Allí esperó pacientemente con los dedos cruzados. tal vez. Escuchó con atención alguna señal que pudiera venir desde la pasarela. por muy tirado de las mechas que fuera. Por un momento pensó que Diego se había cansado de estar allí. —¿Estás loca? Tiara desapareció en el interior del refugio. Huevito.to. Me vine sin permiso. -¿Qué? —Escucha. deseando que su compañero aceptara. Al ver que Diego no mostraba el menor interés por descender al refugio..

Cuando pierdas el equilibrio. trepó por la roca y sorprendió a su compañero. Sin pensarlo más de una vez. moviendo los pedales hacia delante y hacia atrás. —¡Eso es. ¿qué tiene de divertido? —¿No? —insistía ella—. Hasta que pudo más la curiosidad que la soledad y el silencio que reinaba en el escondite y Tiara salió a la luz de la tarde. Para su sorpresa. al verla junto a él.con la curiosidad y se asomó a ver qué había ocurrido en verdad. tuerce el manubrio hacia el otro lado. animándolo. —¡Esta no es forma de andar en bici! —protestó Diego. afirmado en la baranda de la pasarela. —¡No. pero ella lo detuvo. Deivid\ —gritó ella. quiso bajarse rápidamente. mientras seguía las indicaciones de Tiara. no! —le dijo ella—. —Pero. allí estaba Diego. Diego. intentando pedalear. Diego vencía finalmente aquel sentido del ridículo que tanto lo avergonzaba cada vez que montaba su bicicleta. Mantente ahí. obligándolo a mantener el equilibrio. ¿No es divertido? 134 . Ahora pisa bien firme los pedales y tuerce un poco el manubrio.

¿qué cosa más extraña que «andar en bici» sin pedalear ni un centímetro? Sin embargo y por curioso que resultara.—No le veo la gracia. por un sendero sinuoso y. no hubo forma de que Diego renunciara al intento. Era dueño de la única bicicleta que había en la caleta y siempre se lamentaba de no poder disfrutarla. se convirtió en sorprendente descubrimiento. el muchacho se resistió a ceder porque tal posición le otorgaba poder frente a su compañera. 135 . entonces! —¡No! —¡Bájate! —No. tal vez. te dije. Pero. Porfiadamente. sentir el placer de dejarse llevar por la velocidad al descender por un camino que sólo estaba en su imaginación. como era su deseo. a través de la auténtica peripecia. de juego torpe al comienzo. —¡Déjame probar. ¡Con qué gusto hubiese querido pedalear y pedalear en línea recta y atravesar grandes extensiones de bosques. y la perseverancia.

como un balón que bota sobre el cemento inexistente y fue avanzando hacia la superficie accidentada de la roca.tos. cada golpe de manubrio para mantener el equilibrio. 136 . —Puedo ir más lejos si quiero —comentó. inmóvil como una estatua. Repentinamente. comenzó a desplazarse a salti. Allí se detuvo. —¿Ir más lejos? —ella se llevó las manos a los labios para ahogar un grito que amenazaba con escapar de su garganta. Ella era la que más se divertía con los logros del compañero y celebraba entusiasta cada giro.Era cosa de verlos. su figura recortada contra el verde del cerro y el azul negruzco del cielo.

137 .

aterrando a su compañera. con gran cuidado. El ciclista de las pasarelas se bajó de la bicicleta para levantarla sobre la baranda de madera y posarla en la roca. sobre el asiento. deseaba ver a su propio hermano en el pellejo de Diego. Al mismo tiempo. siempre dispuesto a no titubear ante el peligro. dándoselas de arriesgado. De tal modo la bicicleta era controlada con mayor eficacia. —¿Y por qué no? —replicó. rechazando consecuencias—. retando toda lógica. ¿No querías verme en peligro? ¿No te agrada el riesgo? —¡Nunca dije que andes por las rocas! ¿Y si perdía el equilibrio? ¿Y si rodaba hasta las aguas con bici y todo? Tal vez ella había sido muy imprudente al animarlo de esa manera. por donde comenzó a descender. permitiendo que bajara unos centímetros la rueda 138 . entusiasmado con su idea.—¿No quieres que baje hasta el refugio? —Pero. de valiente. A ratos se paraba en los pedales. sin soltar el freno y torciendo el manubrio de lado a lado. Deivid —protestó la niña.

También traje una papa cocida. Después de una exhibición como ésa lloverían las monedas. —¿Qué cosa? —Esos giros con tu bici. traje algo para la once. Huevito. —Aquí soy la Te. —Yo jamás haría eso.trasera y otros centímetros la delantera. —Prefiero que hagas una exhibición en el patio. La voy a partir en dos. Huevito? —Por mi culpa podrías caer y quebrarte una costilla. Hasta que se detuvo frente a la entrada del escondite. —¿Sólo medio pan amasado? —Mi mamá lo hace bien rico. —Es increíble lo que haces —dijo ella. —¿No es lo que querías. —¿Por qué? —Porque si viviéramos con ellos te mandarían a machetear con tu bici. 139 . —¿Ellos? —Estarían maravillados. —¿Para que todos vean? —Para que te vean los del piso de arriba. —¿Podré ir a la escuela? —¡Esas rocas sí que son peligrosas! —Pero puedo intentarlo. Mira. No lo olvides.

En la escuela. las tías apenas le sacaban una palabra. Ya. ¿Por qué haces tantas leseras? —Es lo que tengo que contarte. será mejor. Ella no va a venir. no era muy habladora. Bajé muy temprano a la caleta. Deivid. Ni siquiera se asoma a la puerta de la casa cuando salgo. Por lo general. Fue maravilloso. pero no pude esperarte. Entonces llegaron en su piragua y navegamos hasta la isla de nuestros antepasados. Pero desde que comenzaron sus fantasías se había vuelto parlanchína y de sus labios salían expresiones que jamás le habían escuchado. —Huevito —murmuró—. —Tranquilo. ¿de nuevo fuiste al piso de arriba? —Sí. pero tú no estabas. También vinieron los príncipes. —No quisiera estar en tu pellejo cuando el Pascual lea la comunicación y vea que no estás en la casa. come. Deivid. -¿Qué? —Vino el Kiko a buscarme. mirando con ojos de asombro a su compañera. El se quedó en silencio.—Si aparece tu mamá por aquí nos saca de un ala. -¿Y? 140 .

. así. que a cierta hora del día se aparecía un misionero jesuita. Los 141 . Abrió los brazos y gritó a los cuatro vientos. —Entonces. —Mi padrino trabajó en la carretera Austral y una vez vieron un sacerdote que se aproximaba. —¿Hasta de la fecha te acuerdas? —Bueno —continuó él su relato—. Lo pasamos en historia.. gritaron y salieron corriendo. porque el jesuita anduvo en los años de 1760.. —¿El tío Tato? —Y también con el padre Ronchi.. «¡El cura fantasma!». con el profesor Renato. Cuando el cura llegó a la faena no encontró ni un alma. También con la tía Emilia. entonces mi padrino y sus compañeros vieron aparecer la silueta del religioso sobre la nieve..—No sólo estuve con los internos. —Se parece a esa historia que nos contó una vez el tío Tato.. —Pero ése no era. como de bien lejos. ¿era cierto que se aparecía como un fantasma? —¿Qué historia es ésa? —preguntó ella. —¿Con la directora? —.

—Es bonita esa historia. con fuertes palmadas en la espalda. Lo recibieron contentos. Regresaron a la obra. obedeciendo al cura que los llamaba. —¿Cuál? —En una oportunidad se embarcó en un bote tan pequeño como mi balsa. un ingeniero de Aysén experto en turbinas. les dijo. Iba con Jaime Caro. Eso nos contó la tía Emilia. muerto de frío. 142 . Había caminado un día y medio y pasado toda una noche sin techo ni abrigo. Deivid. —En algunas islas de Chiloé también usan baterías de auto. «Voy a calentarme un poquito y después hacemos la misa». ella conoce muy bien todo eso —replicó la niña— porque es de allá. —Sí. esas que producen electricidad para que la gente de sectores apartados como el nuestro tenga radio para comunicarse.hombres entendieron que había llegado un sacerdote verdadero. Estaba muerto de cansancio. El padre Ronchi contó una que yo nunca había escuchado. —¿Turbinas? —Sí.

Con sencillez. Aceptaron. Esa misma noche. ¿No nos andarán buscando? 143 . El jefe de familia era padre de cinco hijos. el botero que los transportaba vivía por allí cerca y la casa más próxima era precisamente la suya. El ingeniero fue testigo de matrimonio y padrino de los niños. cuando los sorprendió la noche. ya se nos hizo tarde. entre un caserío llamado La Junta y otro conocido como Raúl Marín Balmaceda. No lo estaban. El hombre reconoció que con su mujer tampoco se habían casado. porque jamás habían pisado una iglesia y aquella era la primera vez que veían un cura. que sonreían con disimulo. el padre Ronchi celebró dos confesiones. como todos los de la región. El hombre les ofreció pasar allí la noche y continuar viaje al día siguiente.Pero lo que Tiara contó era para sorprenderse. El padre Ronchi quiso saber si los niños estaban bautizados. El sacerdote y el ingeniero habían navegado ya varias horas. en cosa de minutos. cinco bautizos y una boda. El fuego ardía en la cocina y la mujer del botero los invitó a comer a la suerte de la olla. El hogar era humilde. —Huevito —interrumpió Diego—. se vistieron para la ocasión.

ya se me pasó. ¿verdad. Si hubiese traído unas frezadas me quedaría a dormir. por los angostos pasadizos de madera húmeda y ennegrecida. donde por fin se sintieron más seguros. Antes de que anocheciera se despidieron a la entrada de la casa de Tiara. el llanto de un niño rompió la paz de la noche que se anunciaba. Diego se quedó esperando unos minutos después de que la niña desapareció por la puerta estrecha. —¿Tienes miedo de llegar a tu casa? —No. Desde allí caminaron lentamente. Deivid. Deivid?. Después de lo que hablamos. Cuando abandonaron el refugio no se veía a nadie por los alrededores. uno detrás del otro. Tiara se asomó a la ventana como de costumbre y 144 .—No me quisiera ir. Fue lindo. El accidente Ai día siguiente y a primera hora de la mañana. Tiara le ayudó a Diego a cargar la bicicleta hasta la pasarela.

y un tanto más apartados. Era muy extraño lo que ocurría. pero su compañero no se veía por ningún lado.lo único que vio fue un grupo de pescadores reunidos en la caleta. Inquieta. Tiara esperó en los escalones que 145 . a unos cuantos metros de su casa. ¡Qué bueno que no estén en la casa! Hubiera deseado que Diego estuviera allí. Se despidió de su madre y con la ilusión de siempre descendió por la pasarela en dirección al embarcadero. Se acercó a esa gente allí reunida. Se diría. el alcalde de mar y tres marinos conversaban en voz baja. que aguardaban por algo que se presentaría de un momento a otro. más bien. Terminó su desayuno y volvió a mirar resignadamente el mar que comenzaba a sacudirse la bruma. pues nadie se movía de su sitio. se preguntaba por qué razón los marinos no buscaban en la casa a su padre y a su hermano. pero ninguno de ellos descubrió la presencia de la niña. Una lancha de la Armada se mecía suavemente con el ir y venir de las olas. con semblante de preocupación. —Vienen por mi padre y mi hermano —pensó la niña—.

en el fondo de su corazón. Como si una puerta de tenue humedad se abriera para darle paso. aguardó por el prodigio de aquel día. evocó la deslumbrante piragua de los Ariki Paka. después del primer viaje que hicieron a la isla de sus antepasados. Vio la satisfacción en los ojos de su hermano. abordó la pequeña plancha de espuma plástica y remó con decisión hasta el muro de neblina. cogió el remo y. Soñando despierta. emergiendo desde la densa bruma que engullía al resto del mundo circundante. recibe nuestro respeto. sin pensarlo dos veces. Tiara la vio acercarse. A decir verdad. se dirigió al lugar donde mantenía amarrada su balsa. Soltó las amarras. Aunque no lo 146 . Sintió con cuánta dulzura la miraba. —¡Niña Miru! —saludaron los príncipes—. no pensaba más que en ellos. la espléndida embarcación de los príncipes se dirigió resuelta al sitio donde flotaba la niña. Decidida.bajaban al muelle y. Tiara se alegró con la llegada de los navegantes. Estirpe real. navegando pausadamente en medio de la bruma y la tranquilizó aún más la presencia de su abuelo y de su hermano Kiko.

así también ocultó rápidamente la piragua de los príncipes. 147 . Se preparó entonces para una travesía extenuante. Kiko estaba muy contento. hasta que al cabo de un tiempo se disipó la bruma y ante los ojos de Tiara apareció el imponente volcán Rano Raraku. Ajenos a la audacia de la niña y la presencia de los Ariki Paka. porque en el viaje anterior el comportamiento de Tiara había sido admirable. La navegación enfrentó las mismas dificultades del viaje anterior y. Tiara sabía que navegando hacia el norte se llegaba a una isla donde brillaba el sol esplendoroso. el alcalde de mar. precisamente por estar ella en conocimiento de las peripecias. Así como la bruma ocultaba las aguas del archipiélago. aunque la esperaba. donde el mundo desconocido y fascinante de sus abuelos se abría ante sus ojos. En todo momento fue protegida por su abuelo y su hermano. pero curiosamente la navegación fue más breve que la primera. dudaba que tuviera la resistencia de enfrentar nuevamente la prueba. los marinos y los pescadores continuaron su charla como si nada.manifestara.

demostrando que cada uno representaba un personaje rodeado de misterio. 148 . —Es cuando retornan las manutara. —Aquí en Mataveri se reúnen los competidores. —¿Mi padre? —exclamó Tiara. en apariencia idénticos. en el pasto silvestre o saliendo de la montaña. Los rostros de tales monumentos. las aves sagradas. descansando en sus pedestales. En el ascenso la niña fue descubriendo los monumentales moáis. La niña descubría gigantes pétreos a cada paso. Desembarcaron en las cercanías del volcán y caminaron hacia la cima del cráter. como si la roca misma les diera forma con el cincel y el martillo de ventiscas y tormentas. —Compite para que su jefe gobierne por un año los destinos de sus hombres —concluyeron los príncipes. ha pasado el invierno y se aproxima el verano. enseñaban pequeñas diferencias. —Tu padre competirá por uno de esos trofeos —agregó el abuelo. que llegan al peñón a depositar sus huevos —dijeron los príncipes.—Es tiempo de primavera —comentó Kiko—.

con puertas muy pequeñas siempre abiertas hacia el mar. sobre una extensa planicie. dispuestos a pasar allí todo un día. un enorme rostro de piedra volcánica yacía tendido observando el cielo. Tiara no terminaba de sorprenderse al contemplar tanta maravilla y su corazón brincaba 149 . Y se celebra la ceremonia del Tangata Manu.Tiara pudo admirar la hermosa aldea que allí se levantaba. una imponente escultura se arrodillaba en medio de la llanura. A poca distancia del sitio de las celebraciones se alzaba un moái de varios metros de altura. porque allí estaba la cantera donde fueron esculpidas la gran mayoría de las esculturas de Isla de Pascua. una parte de los faldeos del volcán estaba poblada de estatuas en distintas posiciones. Hombres y mujeres se congregaban en aquel lugar. celebrando con danzas y cantos de envolventes melodías. —Estamos en Orongo —explicaron los príncipes—. Más allá. Las viviendas allí construidas eran de piedra laja. En verdad. en la cumbre.

también yo competiré. blanqueada por los excrementos de las aves.de alegría de sólo pensar que ella y su familia pertenecían a ese mundo fascinante. las olas los golpeaban con furia. Hasta allí han de nadar. —Las piedras hablan por sí solas —comentó uno de los príncipes. Y algún día. que emergía del mar como una espada puntiaguda. penetrando en la roca como lanzas espumosas. se veían los peñones Motu-nui y Motu-iti. Rodeados por grietas y quebradas. ocultas por la hierba que las circundaba. cómodamente instalados. Desde el observatorio solar. Los jefes observaban a cierta distancia. Al sur de la isla se podía observar el islote Motu—kaokao. Más lejos. Y llevó a la niña hasta una roca tallada con signos y figuras indescifrables—. Este es el santuario. —Esa es la meta —dijo Kiko—. cubiertos de vegetación. Entre esas grietas. el sacerdote dio la señal de inicio. Los 150 . igual que mi padre. solían hacer sus nidos las aves. Los tres islotes dejaban ver cuán enormes eran las dificultades para llegar hasta ellos.

alzándolo con su mano derecha. bajaron hábilmente. Debían esperar largas horas hasta que llegaran las aves a poner sus huevos. pereciendo en medio de las aguas. Debían sortear numerosos peligros en la travesía hasta el peñón. Los que pasaban con éxito la prueba llegaban al islote. Algunos sucumbían en la empresa. donde cumplían la primera parte de la travesía.aguerridos nadadores. empezaba la vigilia. dos estatuas observaban la competencia. saltó sobre la roca. tratando de alcanzar cuanto antes las aguas del mar. Los competidores. portando sus canastos kete. El primer valiente que logró apoderarse de uno de ellos. para que su jefe lo escuchara desde el lugar de los festejos. —¡Es mi hijo! —exclamó jubiloso el abuelo. Desde el acantilado. gritando con todo el aire de sus pulmones. Una vez en el peñón más cercano. se sumergieron en el mar y montados sobre pequeñas canoas de totora nadaron con pies y manos para alcanzar el primer islote. en un monumento funerario. apiñados en la cima del escarpado risco. 151 . arrastrados por la corriente.

152 .

que debía lucir el huevo a la entrada de su casa por espacio de un año. El superior. ante los ojos asombrados de la niña.—¿Mi padre? —replicó la niña. tiempo que duraba su jerarquía. A continuación. 153 . en verdad. Con afilados cuchillos de obsidiana procedieron a cortarle el cabello y también le rasuraron los brazos y las piernas. porque debía dirigir los destinos de sus hombres a partir de esa primavera y hasta el fin del próximo invierno. colmado de orgullo—. Mientras tanto. le tiñeron de rojo la cabeza. Así ocurrió. Luego. se levantó de inmediato para ser ungido como hombre pájaro. otros competidores se agruparon en la cima del peñón alzando huevos de pájaro. ¡Rasúrate la cabeza! Es lo que le grita a su jefe. —¿No reconocería yo su voz? —Pero. ¿qué dice? —¡Ka—varu te puokol —explicó el anciano. que observaba rodeado de su gente. en el peñón el ganador atesoró su trofeo en el canastillo que portaba y se dispuso a regresar junto a su jefe.

honrando a los jefes que representaban, pero reconociendo su derrota. Uno tras otro, los contrincantes iniciaron el descenso con sus trofeos y arrojándose al mar se disponían a regresar sobre sus balsas de totora. Nadie se preocupó más de los competidores. Algunos se perdieron en medio de las aguas, otros cayeron desde las rocas y nadaron con grandes dificultades. Las dos estatuas de aquel monumento funerario sabían que pronto celebrarían ritos mortuorios. Sacerdotes silenciosos ensartaron en el piso los soportes de las angarillas funerarias: cuatro estacas clavadas en la tierra soportarían una modesta camilla con el cuerpo de un desdichado, envuelto en telas y en esteras que lo mantendrían por varios días, al tiempo que los cantos fúnebres, los llantos y los lamentos se escucharían en toda la isla. Luego, serían llevados a los santuarios que, a modo de mausoleo, se levantaban a lo largo de la costa. Mas, por ahora, el pueblo se dedicaba a festejar las alegrías, pues tiempo habría para tanta tristeza. —Quisiera ver a mi padre —imploró la niña. 154

—Las celebraciones podrían resultar interminables —advirtieron los príncipes—. Lo hemos perdido y no sabemos cuántas peripecias ha de sortear antes de llevar el trofeo a las manos de su jerarca. —Además, ahora comienzan las rencillas —advirtió el abuelo. —¿Rencillas? —exclamó ella. —Las disputas —aclaró Kiko. —Los competidores lamentan su derrota —agregaron los príncipes—. Mientras uno de ellos celebra la victoria, el resto es víctima de la envidia y las diferencias suelen concluir en destrucción y muerte. —¿Y nadie puede detenerlos? —La única autoridad en la celebración del Hombre pájaro es el propio jefe de esos competidores. —¡Ustedes deben hacerlo! —¿Nosotros? —¡Sí, por algo son príncipes! —Nos debemos a nuestro monarca y él espera al otro lado de la isla, sumido en la tristeza. Está muy lejos para intervenir y los jerarcas de estos 155

hombres no aceptan mediación alguna, aunque provenga del mismo rey que los gobierna. —¿Y mi padre también estará en esas rencillas? —Ningún competidor puede escapar a ellas. —¿Podría morir, entonces? —Así es, querida niña —respondieron los príncipes, y cantaron a media voz:

«Ka tangi é... ere ika iti é. Mo nua é, ere mo te matua é. He ono matua, hoki tae tangi ai; ko te bebe au; o ko te matua akore...» «Está llorando... la pequeña víctima. Por su madre y por su padre. Ya no tiene padre, por eso llora; ahora está pobre; ya no tiene más padres.»

—¿Y ese canto tan triste? —preguntó. —Es un lamento —respondió el anciano, presagiando un desenlace trágico. Tiara enmudeció al ver tan preocupado a su abuelo. También el hermano de la niña mostró la 156

congoja en su semblante. Por un momento detestó la participación de su padre en esos festejos. —Estas celebraciones y desenfrenos, Hopu contra Hopu, provocan no sólo dolor y muerte —comentaron lastimosamente los príncipes—, sino también la ruina de este lugar sagrado, muchas veces con la destrucción definitiva de estatuas y monumentos. Las palabras de los Ariki-paka sonaron como un presagio ineludible en el corazón de la niña. —Vamos, Tiara —dijo Kiko con profunda tristeza—. Debemos regresar. Con los cantos y bailes en sus oídos se dirigieron a la embarcación y entraron en la densa bruma que ocultaba todo el entorno de la isla. Cuando finalmente la nave salió de la espesa niebla, Tiara se hallaba frente a la caleta de su casa. Cerró los ojos, con el ferviente deseo de no salir de aquel sueño, pero no pudo permanecer así demasiado tiempo; voces que salían a su encuentro, la sacaron abruptamente de su ensueño. Ai abrir los ojos nuevamente descubrió que la piragua de los príncipes había desaparecido por completo, también su hermano y su abuelo. 157

El encanto de la niña se quebró como un espejo. Uno de aquellos hombres agrupados en la costa, y que de vez en cuando dirigían la mirada hacia el mar, alcanzó a ver la balsa de Tiara asomando por la bruma que se diluía bajo la luz del sol. Al dar la voz de alarma, todos se volvieron para verla remando hacia la escuela. —¡Ya estábamos advertidos! —exclamó el alcalde de mar—. Anoche la Lidia me habló de lo que hizo esta chica. —Pero, ¿cómo no la vimos subir a esa balsa? —Ni siquiera la vimos salir de su casa. El alcalde de mar, apremiado por su falta de cuidado, sintiéndose más responsable que nadie, abordó rápidamente su bote y dio las instrucciones al hombre que lo acompañaba para ir cuanto antes detrás de Tiara y evitar que siguiera remando en condiciones tan precarias. Daba miedo de sólo pensar en una desgracia. Si llegase a volcar esa balsa de juguete, la niña se hundiría en cosa de segundos, con el peso de su mochila y con tanta ropa en el cuerpo. Además, ¿quién podría asegurar que sabía nadar y ponerse a salvo por sí misma? 158

Considerando la gravedad de la situación, los marinos abordaron de inmediato el bote inflable que los llevaba a la lancha y el motor fuera de borda rugió como una bestia antes de ponerse en movimiento. Lo hizo pesadamente al principio y luego debió hacer un giro muy amplio, antes de dirigirse al sitio exacto donde flotaba la balsa de Tiara. Mientras el alcalde de mar bogaba directamente hacia la niña, los marinos tomaron las precauciones necesarias, porque el oleaje que producía el poderoso desplazamiento del bote inflable amenazaba con hacer zozobrar la balsa. El único que podía alcanzarla sin mayor contratiempo era el alcalde. La niña remó cada vez más rápido, para acercarse cuanto antes al embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. Los golpes acelerados de su remo terminaron por agotarla y no dieron el resultado que ella esperaba; la balsa pareció detenerse a escasos metros de la costa, como si el agua transparente y liviana se tornara pesada. Mientras el bote del alcalde de mar se acercaba más y más, la balsa dio un giro mar adentro, porfiando con los deseos de quien trataba de 159

De pronto. sintió que la arrastraban violentamente hacia la superficie. que finalmente había llegado junto a la niña. Con el extremo de un remo rescataron la mochila antes de que se hundiera definitivamente. no pudo mantenerse a flote y se ahogaba sin que nadie. la alzaron de un solo envión y la pusieron a salvo. Los dos hombres del bote. dando manotazos desesperados. Tiara notó que sus brazos eran mordidos por mandíbulas feroces. hasta que la mochila de Tiara cayó al agua y a los pocos segundos su dueña.controlarla. 160 . que no dejaba de toser. perdiendo un zapato y sintiendo el escozor del agua salada en las fosas nasales. Tragando agua a borbotones. el otro reanimaba a la pequeña. irritadas por el esfuerzo. como si quisiera expulsar del cuerpo la muerte que estuvo a punto de arrebatarle la vida. Tratar de mantenerse a flote resultaba extremadamente difícil a ratos. un esfuerzo inútil. dando la sensación desastrosa de que todo estaba perdido. al parecer. Mientras un hombre remaba con premura hacia la costa. haciendo equilibrio en medio del constante vaivén de la modesta embarcación. pudiera salvarla.

Revelaciones sorprendentes Recién desembarcados y ante el horror de quienes se enteraron sorpresivamente del accidente. que a veces servía de enfermería. Allí la tía Elvira preparaba una leche bien caliente. junto a la cocina a leña que prodigaba calor a todo el recinto. el alcalde de mar sacó en brazos a la pequeña del bote y corrió con ella hacia el comedor de la escuela. Pero esta vez no hubo posibilidad alguna de recriminación por parte de los adultos. mientras la tía Lidia le quitaba rápidamente las ropas mojadas. mientras el tío Tato corría a la habitación contigua. el 161 . La directora se tomaba la cabeza a dos manos. preparándola para abrigarla cuanto antes. con los ojos empapados de llanto. Más bien. ni de curiosidad maliciosa en los niños. para conseguir una manta y abrigar a la desdichada.

pero ahora lo hará precisamente cuando se anuncian días más fríos. una vez instalados en la oficina de la directora—. —¿Todo en orden. cuando comienza el buen tiempo. descuida. marido —replicó ella—. Justo ahora que me acaban de avisar que se adelanta la visita fiscalizadora del seremi de Educación. por favor. Lidia. Preocúpate de ella. —Sí. me llamará de inmediato. La directora y el alcalde de mar salieron muy preocupados del recinto. —Esta niñita nos ha metido en un tremendo lío —comentó el alcalde de mar. imagínese usted que se enteren las autoridades. ¿Y qué puedo decirle? —Y no sólo eso —agregó la señorita Emilia—. De lo contrario.repentino recibimiento se dirigió a su mujer. Siempre viene en septiembre. Ve tranquilo. Espero que esto no llegue a oídos del almirante. señorita Emilia? 162 . ¿Qué diría el Sename. afanada en reanimar a Tiara—. por ejemplo? Poco menos que permitimos los riesgos que asumen nuestros alumnos en su afán por venir a clases.

las fundaciones del edificio están húmedas y las bases se están pudriendo. reconfortada. —Sí. Porque nacen menos niños en la zona. pero la situación en la escuela ha empeorado este último tiempo. nos ha bajado la matrícula en un cincuenta por ciento. acompañando a Tiara. Los extintores vencidos. —¿Te tomaste tu leche? —preguntó la directora. Tres golpecitos en la puerta de la oficina de la directora interrumpieron la conversación.—Los pagos están al día. 163 . tía Emilia —respondió la niña. Lo que ha hecho esta chiquita deja en evidencia que los dormitorios del segundo piso nunca debieron cerrarse. Además. Tenemos goteras. —Aquí está la niña —dijo la tía Lidia. El viento ha soltado el zinc del techo. Pero para eso se necesita dinero. Nos cae el agua del cerro. porque las familias emigran y porque los apoderados no quieren cooperar con los cinco mil pesos mensuales que exigimos para seguir funcionando. más animada y con el color saludable pintando en su rostro. —¡Adelante! —exclamó la señorita Emilia.

Tanta demostración de amabilidad no era algo de todos los días. Tiara pensó en la peor de las consecuencias.Tiara tuvo que morderse la lengua para no manifestar su extrañeza por la notoria bondad que recibía. Con dificultad y por mucho tiempo había soportado las burlas de sus compañeros. al verlo. había que accidentarse para que la tomaran a una en cuenta. Tal vez se trataba de un anuncio. Al parecer. pero también era cierto que finalmente había conseguido establecer una profunda amistad con Diego. Ella. del anticipo de una sanción drástica y definitiva: la expulsión de la escuela. 164 . Sólo así se podría entender la presencia del alcalde de mar. Diego asomó su nariz por uno de los ventanales de la oficina. pero que sin embargo en los últimos días se había convertido en un lugar de encanto y sorpresa. tuvo que contenerse para reprimir el impulso de salir corriendo e ir al encuentro de su compañero. Estaba convencida de que no volvería a ocupar su pupitre en aquella sala que le había brindado momentos amargos.

—Escucha —le dijo. la entregué.La directora arrastró una silla para sentarse junto a la niña. al borde las lágrimas—. pero eso tiene remedio. ¿Entregaste la comunicación que les envié? —Sí. debo hablar con tus padres. Es muy duro. —Tía Emilia —interrumpió la niña. ¿me va a echar de la escuela? —¿Qué dices. No le diste ninguna importancia a mis quejas. Pero también hago un esfuerzo por entender tu comportamiento. que sólo van en tu propio beneficio. es cierto. Pero usted misma dijo que soy un mal ejemplo para mis compañeros. ¡No voy a tomar una medida tan extrema! En todo caso. 165 . —Bueno. querida. pero quiero que sepas que toda la escuela está contigo y con tu familia. tía Emilia —respondió la niña—. Situaciones como éstas pueden superarse. Le tomó cariñosamente las manos y le habló en un tono de voz que jamás había empleado con ella. Fuiste muy impetuosa. Tal vez te sientes sola y no puedo desconocer el momento difícil que estás viviendo. chica? —replicó la directora—. — ¿Qué cosa? —preguntó Tiara.

Les interesaba saber si tu padre había regresado sin novedad a la caleta. porque la señorita directora ya estaba en antecedentes. Lo que pasa es que tu hermano y tu papá no han regresado de la faena y creemos que han tenido un percance. —¿No? —No —continuó el hombre—. De todos modos pensaba ir a su casa y decírselo a su madre. El asunto es que hoy día ni siquiera debías venir a la escuela. Y como no lo ha — 166 . —Pero si a mí me gusta venir a clases. —Así es —afirmó el alcalde—. antes de que Tiara huyera en su balsa. Pero al mismo tiempo pensamos que en una situación como ésta harías mejor quedándote junto a tu madre —explicó la directora.¿Se lo dice usted. —Claro que sí. muy temprano esta mañana. lo sabemos. Los marinos no vinieron para detenerlo. alcalde? —rogó la directora con ojos llorosos. porque la embarcación no aparece por ningún lado. La lancha de la Armada espera rastrear el bote de tu padre. —Está bien —respondió el hombre—. Tiara. Yo mismo avisé por radio.

se disponen a iniciar la búsqueda una vez que se levante la bruma y esperamos que los encuentren sanos y salvos. Pensaron que la niña recurría a tales argumentos para evadir la gravedad de los hechos que amenazaban con hacerla víctima de acontecimientos que.hecho. eran habituales entre los hombres de mar. sin saber qué responder a tanta inocencia. No vamos a pensar en lo peor y así se lo haremos saber a tu mamá. Pero. —Con mi abuelo y mi hermano lo vimos compitiendo por el huevo Manutara. tenemos que ponernos en todos los casos. La directora y el alcalde de mar mantuvieron un silencio expectante. Por un momento se sintieron superados por la incapacidad de echar abajo sus fantasías y hacerla poner los pies sobre la tierra. aunque no nos guste. —¡Pero mi papá fue a Isla de Pascua! —exclamó la niña. sorprendidos por las expresiones de la niña. 167 . del pájaro sagrado. El hombre guardó silencio y miró atentamente a la directora. por desgracia. Entonces.

En el corredor. agazapado. como una alimaña. que no tuvo valor para marcharse. El profesor en su sala no pudo iniciar la clase de la mañana. con la emoción pintada en cada rostro. cosa curiosa. que había sido incapaz de esperar en la cocina y porque la curiosidad la mataba. escuchaba la tía Elvira. por primera vez en varios días no se escuchó ninguno de aquellos ruidos que provenían del piso de arriba. Tiara les habló de sus dos travesías en la nave de los príncipes. para que la febril fantasía fuera la única realidad que debía imponerse. La directora. hasta fascinarlos por completo. el relato emocionado se apoderó de la atención de quienes la escuchaban con profundo respeto. desearon alentarla para que no callara. el alcalde de mar y la tía Lidia. pero. junto a la puerta. como nunca lo habían hecho. parecía que los fantasmas se habían 168 . en lugar del drama que posiblemente le aguardaba en casa.decidieron no contradecirla y se dispusieron a tomarla más en cuenta. Los alumnos miraban al techo. Paulatinamente. a la espera de noticias de Tiara.

Narró con lujo de detalles cada paso de la competencia por conseguir el huevo de la gaviota sagrada. Habló de cómo la vida para ellos se había desarrollado entre piraguas y tormentas. tanto en el mar como en la cima del peñón de los pájaros. la directora. dirigidas al oriente. permitiendo la 169 . habló de la valentía y destreza de su padre. la niña continuó su relato. es decir. y el alcalde de mar. la pequeña confesó lo orgullosa que estaba de pertenecer a una raza de audaces navegantes que. Entretanto. En medio del silencio reinante. en frágiles embarcaciones. aquellas corrientes marinas que fluyen por cursos determinados. Que el mar había sido el camino de sus constantes migraciones. Contó la historia de los orígenes lejanos del pueblo rapa-nui.enterado del drama que vivía Tiara y la acompañaban con su silencio. al borde de las lágrimas. expectante entre sollozos. siempre cruzaron los mares conquistando atolones y peñones volcánicos dispersos por el océano. Que habían seguido las rutas del océano. que de isla en isla había llegado a poblar gran parte del globo terrestre.

tratando de comprender finalmente el verdadero sentido de las palabras de su alumna. Los ojos de la niña brillaban con el resplandor de aquella felicidad que tan a menudo le resultaba esquiva. además. para ir muy lejos y regresar siempre al punto de partida. Les contó. Emocionada. incluso de las rencillas en la aldea sagrada. La directora la escuchó con los ojos rojos de tanta lágrima contenida.navegación en grandes círculos o en forma triangular. apenas entregue el huevo que consiguió para el Hombre 170 . —Por eso les digo —concluyó por fin— que mi padre saldrá vencedor. Así fue como los primeros habitantes vieron aparecer la isla en medio del mar y que por no haber otra tierra en las cercanías la llamaron el Ombligo del Mundo. la recordaba desde que la llevaron a la escuela. como una niña sorprendente. Les habló de por qué abandonaron su continente de origen. que los cursos seguidos por el viento cambiaban según las estaciones del año. y regresará muy pronto. y cómo desde hacía un tiempo se empeñaba en convencerse a sí misma del futuro esplendoroso que algún día cambiaría su vida.

pero ahora. es muy hermosa la historia que acabas de contarnos. —Querida —dijo al fin la directora—. Pero de ahora en adelante mi asistente irá por ti cada mañana y no necesitas poner en riesgo tu vida. —¿No quieres que te llevemos a tu casa? 171 . Tienes autorización para ausentarte todo el tiempo que sea necesario. habría enviado el bote de la Alcaldía. —Gracias. Lo sé. —Tiara —interrumpió el alcalde mar—. Lo siento en mi pecho. volviendo a nuestras preocupaciones. tía Emilia —respondió ella—.pájaro. te aconsejaría regresar a tu casa y acompañar a tu madre. de haber sabido que abordabas esa balsa de juguete para venir a clases. que es su jerarca. pero mi mamá está muy bien acompañada con mis hermanos pequeños. porque así es la gente de mi raza. —Gracias —respondió ella. Prefiero quedarme en la escuela. que ha de estar muy afligida.

—Prefiero quedarme. Quiero estar con mis compañeros. Quiero ir al segundo piso, donde me esperan los internos. —Pero, ¿qué le pasa a esta chica? —exclamó la directora, aún más sorprendida—. ¿Has subido al segundo piso? —Sí, tía. —¿No sabes que está estrictamente prohibido? —¿Me va a expulsar por eso? —Es que no lo entiendo, niña —protestó la directora, controlando su enojo—. ¿Con qué facilidad pasas a llevar disposiciones tan antiguas? Por favor, dime que no lo has hecho. No hagas que me prive contigo, chica. —No, tía Emilia —balbuceó la niña—. Es que fui a ver por qué había tanto ruido. Y me encontré con ellos. —¿Fuiste a ver? ¿Ruidos? ¿Qué ruidos? —Los golpes que oíamos en la sala y que venían del dormitorio. —¡Eso es imposible! Se cerró definitivamente cuando la escuela dejó de recibir niños de lugares apartados. Desde entonces nadie ha vuelto a poner un pie en ese lugar. Pensé que lo sabías. 172

—¿Y las tablas que se caen de los catres? —¿Fue el profesor quien habló de las camas que se desarmaban? —El tío Tato nunca nos habló de eso, tía Emilia. Entonces, subí a ver lo que ocurría —respondió la niña como si nada—. Y me encontré con todos esos niños que el padre Ronchi trajo desde el río Mapocho. ¿No es bien corpulento así, con una sotana larga como un vestido y con una parka oscura? También estaba el tío Tato, mucho más joven, y usted tía, que nos contó cómo había conocido al padre. Además, descubrí que el segundo piso es como un hogar y esos niños son una verdadera familia. Se puede conversar con ellos, todos se interesan por uno. La directora y el alcalde de mar se desplomaron en su silla con esta nueva revelación de Tiara. Lidia tuvo que afirmarse en el borde del escritorio, y afuera, Elvira mantuvo el equilibrio apoyando su cuerpo contra el marco de la puerta. En la sala de clases, en el dormitorio del segundo piso, en la oficina, en los pasillos vacíos, se instaló un silencio tan profundo, que a la escuela llegó, 173

como una tormenta, el constante movimiento del oleaje, el canto de los pájaros del interior y el vuelo rasante de las aves de la costa. Una corriente de aire, poderosa y tibia, que de pronto azotó la caleta y los alrededores de la escuela, se apoderó de aquellas almas atrapadas en el asombro. Con un nudo en la garganta, conteniendo las lágrimas a punto de reventar en llanto, con profunda ternura, observaron cada gesto de la niña, que a pesar de su entusiasmo, de su abandono, estaba más bella que nunca, más segura de su existencia, como si una fuerza poderosa y desconocida la iluminara. —Tía Emilia —preguntó de pronto—, ¿usted le hizo clases a esos niños? —Sí —respondió la directora con los ojos bañados en lágrimas—. Ellos fueron mis alumnos. Tiara, por última vez te lo pregunto: ¿te gustaría irte a la casa? —No, tía, gracias —respondió ella. —Como quieras —aceptó la directora—. Está bien, puedes volver a clases. —¡Chachita, Dios! —exclamó Elvira y se apartó bruscamente de la puerta. Luego, corrió hacia el comedor arrastrando los pies, evitando que las 174

Tiara salió al patio y se acercó a Diego. Juntos caminaron hacia la sala. de Puerto Gala. —Bueno. 175 . pero falta mucho para eso. Habrían permanecido así hasta el nuevo tañido de la campana. pero se detuvieron en medio del patio. de la isla Toto. sí.tablas del piso crujieran a su paso atolondrado. si te vas quisiera irme contigo. —Todos nos tendremos que ir algún día a Puerto Cisnes. te juro que yo también me iría. —Huevito —le dijo al oído—. el que se parece a una ballena iluminada. cuando terminemos la escuela. Allí se abrazaron amistosamente. —Ya ves como también se fueron los internos del piso de arriba. —¿Qué dices? —Pasa que si un día viene de nuevo ese barco enorme. del archipiélago de Los Chonos. y tú quisieras embarcarte en él y alejarte de tu caleta. que la esperaba inquieto y emocionado. totalmente vacío a esa hora de la mañana. porque también había escuchado las palabras sorprendentes de la niña.

tengo que ayudarle mucho a mi mamá. pensándolo bien. podemos atarle un canasto para la carga. Nunca se sabe cuando el gigante Uoke hundirá la tierra donde vivimos. por favor. descubrirá nuevas islas. Tendré que ayudar bastante en mi casa. Ahora mi hermano es un tripulante más en la nave de los príncipes. porque lo echaban de menos. Tal vez regresaron al norte. Diego. ¿Me acompañarías al monte a buscar leña? —Sí. Aunque. claro. ¿Cómo eres para el hacha? —¡Seca! Siempre le ayudaba a mi hermano. por encargo de sus reyes. —¡Ah! 176 . Huevito —replicó. —¿Cómo? —Muy fácil. Podemos usar mi bici para cargarla. ¿Quieres que te lo dibuje? —No. Ahora que mi papito tiene que vencer las rencillas en la ciudad sagrada. Huevito —respondió Diego—.—¿También se fueron? —Muchos de ellos estudian lejos de aquí. —No quisiera que la estropearas. muerto de risa—.

anticipaba una situación fortuita que involucraba a su padre y a su hermano Kiko. Huevito! —¿Me dirás Tiara cuando yo sea princesa rapa-nui? —Entonces no querrás que te acompañe. —¿Saldrías a pescar conmigo. después de haberlos encontrado flotando. —¿Por qué? —Porque serás muy importante y yo apenas tu compañero. sin querer. —No tenemos que hacerlo. aún con vida. porque en ese preciso instante la embarcación de la Armada regresaba con ellos. ahora que mi hermano es un príncipe y mi papito conquistó el huevo Manutara? —Tú sabes que no podemos salir de pesca. 177 . junto a la vaka—paenga que había zozobrado en las aguas del archipiélago.Tiara. Amarramos el volantín de mi abuelo a la balsa y la dejamos que flote bien lejos. Diego. —¡Oh. Nosotros la manejamos desde la orilla. eso sí.

Como 178 .—Kiko. mi abuelo y los príncipes estarán felices de que vengas conmigo.

179 .

de que ahora sí tenía al mejor de los compañeros: ese que ha conquistado el corazón por completo. le voy hacer un encargo. —¿Crees que voy a subir y bajar peldaños con mi bicicleta? —Eso creo. ¡Cómo habría deseado ella que toda la escuela fuera testigo del maravilloso gesto de su amigo! Tiara no se sentía rechazada. después de mucho tiempo tuvo la convicción de que no estaba sola.mi papá tiene que ir a Puerto Cisnes. 180 . la estrechó una vez más en sus brazos. También vas a necesitar un casco para proteger tu cabeza. muy conmovido. Diego. —¿Qué clase de encargo? —Unas rodilleras y unas coderas para ti.

Allora: voz italiana. Ariki Paka: exploradores que se adelantaron al rey Hotu Matu'a para reconocer la isla Rapa Nui.Glosario Acantilado: pared de roca casi vertical. causar miedo. un dique. entonces. o bien manual. que se hundía en el mar. una embarcación. Anakena: playa de arenas blancas en Isla de Pascua. Archipiélago: parte de mar poblada de islas. una bomba. 181 . Acoquinar: amilanar. Achicar: aminorar. reducir a menos una cosa. por ejemplo. Extraer el agua de una mina. donde llegaría finalmente el rey del continente Hiva. desanimar. sirviéndose de algún medio mecánico. formada por la erosión que produce el viento y la constante humedad del mar. verter.

musitar. balbucieron). ensenada. En la 182 . sorprendido. Atolón: arrecife. observar recatadamente. por lo general de corales. una idea que se proyecta por primera vez. Bogar: remar. Balsear: pasar. mascullar. cruzar en balsa. Balbucear: balbucir (balbucía. en forma de anillo. Babero: el que conduce una balsa. Caído del catre: término de uso popular que señala a una persona distraída. Atónito: pasmado. Caleta: cala. Pero. rocas a flor de agua que forman un banco en el mar. boquiabierto. como así se les llama al conjunto de los hombres que descargan un barco. Bosquejo: apunte inicial. navegar con remos. Atisbar: mirar. ingenua o de pocas luces. Puerto pequeño. Cagnara: voz italiana que significa jarana. farfullar.Arrecife: piedras. además y tal vez.

Chachita. Algunos fuegos artificiales menores son llamados «cuetes». Pero el habla popular de Chile utiliza este término para referirse a una bicicleta muy vieja. la cimarra». es decir. mantener el barco sin permitir que se hunda. explota. Capear: sortear algún peligro. es bajo un puente junto al río. con estructura de hierro. Dios. Guatemala y México significa pistola. eludir un compromiso o situación apremiante. En Perú. Expresión chilota muy arcaica. Cuete: en Chile es algo que se dispara. Por lo habitual. La bicicleta y el catre crujen cuando están viejos y desvencijados. no asistir a clases pudiendo hacerlo. como «hacer la chancha. Dios: Taitita. Chancha: cerda. se usa el término como sinónimo de cantidad y como el lugar donde «paran» las personas sin hogar y que suelen reunirse para dormir en algún lugar. que revienta. En algunos países de América significa algo malo. 183 . También. Catre: cama antigua.expresión cotidiana de las ciudades.

Marae Renga y Mangareva. débil. Hare-paenga: piedras que formaban el cimiento de las casas-bote. habitantes de Isla de Pascua. También se le conoce con los nombres de Hiva-Marac-Renga. Gélido: helado. Galante: atento. frío. seguramente por el intenso contacto laboral del chileno con el sur de Argentina. Hacer meño: voz chilota. Hiva: continente mítico. Esta expresión se ha hecho común. frágil. Hombre flojo: expresión popular proveniente de una canción chilota que dice: 184 . hacer mérito. en especial con las damas. Endeble: de poca resistencia.Chicos (as): niños (as) en la lengua popular de la gente al sur de Chiloé. Chiesa: voz italiana que significa iglesia. del que se dice fue el lugar de origen de los primeros rapa-nui. Güeno: pronunciación incorrecta (pero muy común) del vocablo bueno. Hiva Maru e Rengo.

Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui.«Levántate. Kete: canastillo. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. que la mar está linda pánavegar. competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. muy difundido. Jarana: diversión bulliciosa. Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa. sale a pescar. pánavegar. hombre flojo. Io: voz italiana que significa yo.» Hopu: nadadores diestros. El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. sale a pescar. 185 .

Miru: clan pascuense. cielo. utilizado para pescar.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. civilización o lugar. Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. Manutara: golondrina de mar. Magisterio: relacionado con enseñanza. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. El creador de lo existente: tierra. pájaro-fragata (Sterna lunata). animales y plantas. Mítico: perteneciente al mito. mar. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. Meño: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. considerado estirpe real. cometa. aun cuando no pueda ser específico. 186 . la labor del maestro. que se remonta a los orígenes de un pueblo. Manu-hakerere: volantín.

que la mar está linda pa'navegar. Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui. hombre flojo. 187 . Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar. El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. pa'navegar. lo: voz italiana que significa yo.«Levántate. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». muy difundido.» Hopu: nadadores diestros. sale a pescar. Kete: canastillo. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. Jarana: diversión bulliciosa. sale a pescar. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa.

cielo. considerado estirpe real. la labor del maestro. Manutara: golondrina de mar. El creador de lo existente: tierra. 188 . civilización o lugar. Meno: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. Manu-hakerere: volantín. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. Magisterio: relacionado con enseñanza. animales y plantas. mar. utilizado para pescar. aun cuando no pueda ser específico. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. que se remonta a los orígenes de un pueblo. Miru: clan pascuense. cometa. Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. pájaro-fragata (Sterna lunata).Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. Mítico: perteneciente al mito.

antes de sus bodas. Monte peñascoso. El óvalo de la cara. lugar de celebraciones y ceremonias. Panga: lancha a motor. Plumavit: espuma plástica. más grande que una canoa y navega a remo y vela. Popa: parte posterior de una embarcación donde va el timón. En los botes con motor la función del 189 . Óvalo: con forma de huevo. Orongo: poblado de piedra en la falda del volcán Rano Raraku. descubierta y del tamaño de un bote. Piragua: embarcación larga y estrecha. Poike: región de la isla Rapa Nui. Cualquier figura plana con forma ovalada y curvilínea. Peñón: peña grande y escarpada.Moái: escultura monumental de piedra volcánica cuyo origen es un misterio. Per che: por qué. Neru: doncellas elegidas por su belleza. por ejemplo. Nessuno: voz italiana que quiere decir ninguno.

En otros países es el golpe que se da con una porra. lanzada oportunamente. Ragazzo: voz italiana que significa muchacho. Privarse: en Chiloé significa enojarse. es decir. Rano Raraku: volcán ubicado en la costa sureste de Isla de Pascua. Pulla: Expresión grosera. 190 . Porrazo: golpe que se recibe al caer con todo el cuerpo. Pora: balsa pequeña construida con totora. aguda. Qué contiene (expresión común en Chiloé): qué es. en cuyas canteras se esculpieron la mayoría de los moáis . qué significa.timón la cumple la columna que sujeta la hélice impulsora. Quetro: pato silvestre que habita junto a la costa marina y en lagos interiores. Se encuentra desde Ñuble hasta Tierra del Fuego. un palo labrado de modo rústico.

Te Pito o Te Henúa: Ombligo del Mundo. Reclusa: persona recluida o encerrada en algún recinto cerrado. Rico Pancho Gómez: expresión chilota que alude a una persona que lo tiene todo y lo disfruta. pertenece a la Quinta Región y se ubica a 3. Tangata manu: hombre pájaro. Sename: Servicio Nacional de Menores. Seremi: secretario regional ministerial. semanas. Settimana: voz italiana. representante en la región de un determinado Ministerio de la República. Toto: isla del archipiélago de Los Chonos. Recalar: llevar una embarcación a la vista de una costa conocida.760 kms de la costa. Con su fuerza descomunal hundió el continente Hiva. Uoke: gigante legendario. Isla de Pascua. donde vivieron 191 .Rapa Nui: «La Isla Grande». Remero: el que usa los remos. en la latitud del puerto de Caldera.

En la ciudad. en ciertos estratos sociales. hombre. Uomo: voz italiana. significa amistad inseparable. Vaka poe-poe: embarcación de gran tamaño similar a un lanchón. Vaka-ama: embarcación pequeña con un balancín en uno de sus costados.los antepasados rapa—nui. Yunta: par. 192 . como una yunta de bueyes. provocando enormes inundaciones.

Además. Mamire. Es uno de los autores chilenos de mayor trayectoria en el área de la literatura infantil. niña de mis ojos. el último niño. y Sakanusoyín. con diversas publicaciones en narrativa y drama.Víctor Carvajal Nació en Santiago de Chile. Caco y la Turu. en la colección Mar de Libros ha publicado Lugares de asombro y creencia popular y Mamiña. cazador de Tierra del Fuego. En sus obras muestra la vida de los niños y jóvenes de hoy en América. 193 . Es autor en Alfaguara Infantil de Un monstruo ASI de grande.

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