La Balserita Víctor Carvajal Ilustraciones de Carolina Schütte González

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Dedicado a Constanza Corbinaud Castañeda.

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Alucinaciones

Tiara soñaba con Diego esa madrugada. Ella y su compañero esperaban por una lancha que los 3

4 . porque creyó haber visto a su hermano. como si una brisa gélida la dominara. mecida por las olas. Diego montaba su espléndida bicicleta. En medio de la bruma. la niña vio ciertos destellos que se desplazaban en medio de la bruma. como pequeños peces fuera del agua. pedaleando de un lado a otro. Desde el muelle. La niña se estremeció de la cabeza a los pies. ambos miraban en silencio aquel paisaje de ensueño. apareció una imponente figura. cuando la neblina comenzaba a dejarle un espacio de cielo al océano. amenazando con regresar de un salto a su mundo submarino.trasladara hasta el embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. como si la pasarela de madera no existiera. De pronto.

5 .

—¿Qué pasa? —balbuceó. —¿Nos vienen a buscar? —preguntó Diego. El rostro del muchacho hizo una mueca de asombro y saltó como un resorte. porque en ellos se reflejaba mejor el color gris del mar y del cielo. temblaba de miedo. perturbado por la repentina reacción de su compañera. los tripulantes de aquella embarcación maravillosa detuvieron el acompasado movimiento de los remos a escasos metros de la costa. Tiara buscó refugio junto a Diego. 6 .Tiara se volvió para mirar a Diego a los ojos. Entre ellos se encontraba el abuelo de la niña y Kiko. La nave se acercó. flotaba la imponente piragua. Tiara permaneció expectante unos segundos ante la sorprendente aparición que emergió de la nada: mecida por las olas. el hermano mayor de Tiara. —¡Eres una Miru! —saludaron—. Ataviados con finas plumas multicolores. Ocho hombres la tripulaban. Miembro de nuestra estirpe real. —No. nada —titubeó ella.

—Son los príncipes Ariki Paka y vienen por ti —respondió el anciano. mudo de asombro. —Navegamos contra el tiempo —respondieron apremiados los príncipes—. —¿Y mi papito? —insistió la niña. —El competirá en una prueba muy dura —respondió el abuelo. —¿Tengo que subirme a la balsa? —exclamó la niña. —¡Qué bueno! —replicó Tiara. aborda tu pora y rema hasta nuestra embarcación. igual que nosotros —respondieron los príncipes. impulsada por la misteriosa voluntad que la 7 . Para que nos lleven a la escuela. —Eres navegante. sin mayor alegría—. al tiempo que miraba a su abuelo y a Diego. Es largo el viaje hasta las costas del Poike. volviéndose a ellos. Mientras la niña intentaba separarse de su amigo para obedecer las instrucciones que recibía. —¡Quiero ir a verlo! —Tiara —se apresuró Kiko—.—¿Quiénes son ustedes? —preguntó la niña.

avanzando hasta el agua. Diego? —insistió. Diego.dominaba. Monta de una vez en tu bici y ven conmigo. junto a los cuales 8 . —No iré sin él —respondió Tiara. La niña no hacía más que celebrar la habilidad de su compañero. logrados al apretar y soltar los frenos. a punto de perder el equilibrio. víctima de una fuerza misteriosa y con sorprendente habilidad. Tiara contemplaba maravillada la destreza de Diego. —Vamos. zigzagueando de un lado a otro. —¿Vienes. Parecía un caballo desahogando su dicha. Ella corrió a los botes. —Que aborde la nave —ordenaron los príncipes. Diego —dijo Tiara—. El abuelo y Kiko exigieron a la niña que se apurara. que no había tiempo que perder. Eran saltos pequeños. comenzó a desplazarse lentamente por el embarcadero. Al escuchar que Tiara mencionaba la bicicleta. El muchacho dudó. con una rueda primero y luego con la otra. se preguntó si Diego estaría dispuesto a ir con ella. una extraña figura de goma que rebotaba sobre el entablado resbaladizo.

Se sentó a cubrir de margarina una media rebanada de pan amasado recién sacado del horno y apuró el desayuno. desató la amarra y de un salto abordó decididamente la débil embarcación. Aquí no hay hombre flojo. En el embarcadero le pareció distinguir a Diego. chica. la niña recordó el sueño que había tenido y regresó entusiasmada a la cocina. hija. sosteniendo su bicicleta con ambas manos. la balsa de espuma plástica. Acomodó su mochila.flotaba su Amiga Yara. fue asaltada por una idea que la hizo temblar de pies a cabeza: tal vez su madre 9 . —Se embarcó temprano. Tiara fue a mirar por la ventana. Mientras bebía el resto de leche humeante. Arrodillada en la —¿Y mi papito? —preguntó. mientras se abrigaba con su chaleco de lana. —¿Y el Kiko? —Salió de pesca con su padre. como si estuviera dispuesto a lanzarse al agua con ella. Para su sorpresa. la bruma se mantenía suspendida sobre el mar tal como la viera en su sueño. inmóvil frente al mar. Entonces. Vertió leche caliente en un jarro enlozado y la endulzó con azúcar.

¿Se sentiría reconfortada? —Mamá. Tiara se levantó de un salto de la mesa y volvió al cuarto de baño. la niña prefería no faltar a clases. Por fortuna. En la escuela. —¡Chao. De todos modos. Cepilló con descuido sus dientes. mamá! —gritó desde la 10 . bordado con delicadas flores rojas y amarillas. Pero si al menos regresara su padre o su hermano de la pesca. Y frente al profesor. tengo que ir a la escuela —rogó. aun cuando nadie la acompañara. siempre existía la posibilidad de alzar la mano y ser tomada en cuenta. afanada como estaba en el cuidado de sus hijos pequeños—. —Hija —respondió después de un rato la madre.. no faltará quien la balsee. su madre estaba demasiado ocupada en sus quehaceres como para preocuparse de la hija del medio. al menos. la que al parecer a nadie importaba. podía deambular por los pasillos. se enjuagó la boca con un potente sorbo de agua y terminó de limpiarse los labios con un paño de algodón. pues era muy arriesgado navegar con tanta niebla.deseaba que esa mañana se quedara en la casa..

Huevito? —preguntó Diego. sonriendo. Pero Tiara no respondió. Tensó el cordel entre sus dedos entumecidos y con los pulgares y los índices formó diversas figuras a medida que cantaba: Kia—kia. —Anoche soñé contigo —dijo. —¿Qué cosa. hija —respondió la madre. i te ehu—ehu. Tiara se aproximó a su compañero de escuela y le ofreció la mejilla para aceptar un beso desganado y tibio.puerta. salió a la bruma de la mañana. De uno de sus bolsillos sacó la delgada cuerda para el juego del kai-kai\ su entretención predilecta. Con su uniforme azul. kia—kia. tari rau kumara. —Váyase como pueda. muy serio. Saltando como una gaviota. 11 . siguió el camino que señalaba la estrecha pasarela. mientras esperaba el bote que los balsearía hasta la caleta de la escuela. Hasta que descendió por la escalinata de madera que conducía al muelle.

i te Papua—púa. —¿Por qué no le dicen Huevito también? —replicó la niña. —¿Qué tiene mi bici? 12 . golondrina. —¡Ya está la Pascuala con sus cosas extrañas! —comentó Diego. —¿No le dicen Pascual a tu padre? —insistió Diego. muy molesta. —¿A quién le importa? Golondrina de mar. él viene de Isla de Pascua como toda tu familia. —¡Qué bonito! —se burló Diego. en tono de burla. —Como tu bicicleta —replicó Tiara. traes ramitas de camote. —Porque él no come huevos como tú lo hacías cuando eras chica —prosiguió Diego—. —¡Pascuala! —remedó Tiara. —Porque no entiendes mi canto. —¡Picado! —¿Por qué? —replicó Diego. en la penumbra y en la suave neblina. En cambio.

En ese preciso momento se acercó a ellos la mamá de Diego. por estas pasarelas donde apenas cabe una persona. —¡Picada! —¿De qué sirve? —Bueno. yo sueño con ser directora. —¡Directora! ¿Puedo reírme un rato? —Puedes. pero ya lo usará cuando pongan el nuevo generador de electricidad. —¿Y tú? -¿Qué? —¡Que quieres ser maestra cuando grande! —Si tu sueño es andar en bici —respondió Tiara—. En el fondo de sus corazones abrigaban sentimientos de mutua aprobación. pero no me gusta que se rían de mí. igual que la tía Emilia. Por un instante guardaron silencio. Y ella admiraba la 13 . que la predisponía a descubrir la magia de las cosas. Diego reconocía en Tiara cierta delicadeza y sensibilidad. a regañadientes hicieron una tregua.-—Es como el horno eléctrico que le trajeron a tu mamá de Puerto Cisnes.

en el archipiélago de Los Chonos. Más terreno no había en aquellas rocas. mientras se apoderaba de la bicicleta. Más rocas que tierra. plataformas y palafitos. que soñaba con ir a la escuela en bicicleta. Las casas del poblado se apretaban unas con otras. Los únicos medios de transporte motorizado que se conocen son las lanchas y las pangas. en la Isla Toto. por la falta de espacio. a punta de pasarelas. —Me la llevo —sugirió la mujer.tenacidad del más cercano de sus compañeros. haciendo que su hijo se bajara de ella. con instalaciones para hacer ejercicios. no hay calles para vehículos ni veredas para los peatones. ¿cómo lo haría? En Puerto Gala. Pero. 14 . el hermano de Tiara había tenido la ocurrencia de utilizar las mismas embarcaciones como plaza de juegos. A falta de un sitio amplio. inventando el modo de trepar a los botes y transformar en columpio las cuerdas tensadas que sujetaban las naves. Los moradores debían circular por estrechas veredas de madera que permitían el acceso a cada vivienda. Las precarias construcciones se hicieron quitando espacio a la piedra.

con el cuchillo conseguido por su hermano Kiko en la cocina de la casa. Los dos habían estado una tarde entera junto a las rocas dándole forma de balsa al pedazo de 15 . sin remos ni chumaceras. sin esos implementos era imposible bogar. Tiara recordaba cuánto había costado cortar el enorme trozo de espuma plástica. Y si esos niños hubiesen contado con ellos. Era el envase que usaban los tripulantes del barco que solía llegar de Puerto Montt a recoger la merluza que pescaban los hombres de la caleta. Esas cajas de plumavit eran llenadas de pescado fresco. También estaban las balsas de espuma plástica que ellos utilizaban para jugar. mamá! —rogó Diego—. conservado con hielo en la bodega del barco. Varias embarcaciones menores flotaban junto a las rocas. Todavía no ha venido nadie a buscarnos.—¡No. observando atentamente el muro de humedad suspendida sobre el agua y que impedía ver el horizonte más cercano. —¡Pero se hace tarde! —protestó la madre. sus padres jamás les perdonarían maniobrar un bote sin su consentimiento.

que por su peso se hundió en el mar. En este caso se trataba de una balsa para divertirse junto a la costa. Habían instalado en ella el volantín manu—hakerere del abuelo. ataron la balsa con una cuerda bastante larga. con el mismo cuchillo lo ahuecaron. cuando el tiempo se presenta mucho más propicio para navegar. Cierta vez. la echaron al agua y la alejaron de la costa con el remo. Siguiendo la costumbre. Kiko hizo una demostración para que Tiara aprendiera a utilizar el remo y luego se dedicó a instruirla con gran paciencia. Luego. Kiko ató el volantín a la popa de la falsa embarcación y de la cola colgó una lienza con un anzuelo en su extremo. Había sido el trabajo de varios días seguidos. cuando Kiko era todavía muy pequeño para acompañar a su padre en la pesca. Pero no sólo la usaron como entretención.espuma plástica. manteniéndose alejado 16 . con un buen anzuelo y una carnada que la propia Tiara había conseguido para la ocasión. para lograr el mismo espacio interior de un bote. Después consiguieron una vara de madera de un metro y medio de largo y le clavaron dos palmetas en los extremos. en primavera.

la verdad sea dicha. 17 . como si de la niña dependiera el traslado de su hijo—. Pero desde que se hizo persona se va todos los días con mi papito. —Mi papá puede llegar en cualquier momento —respondió la niña. niña? —replicó la mujer—. lo que falta es que alguien se haga responsable.del bote y a merced de los vaivenes del viento. —Mi hermano también nos balsearía. como el padre de Tiara no había regresado y en casa no había qué hacer de comida. los niños Miru consiguieron una pesca maravillosa: tres merluzas españolas. —¿Lo cree. —Aquí hay botes de sobra —comentó la madre de Diego y miró intensamente a Tiara. A partir de entonces siempre mantuvo viva la esperanza de un reencuentro. la balsa de Tiara no tenía nombre y la niña decidió bautizarla con el nombre de alguien que le encantaría que regresara a la caleta: Amiga Yara. robustas y sabrosas. Por aquellos días. Pero. nunca he visto a su padre cruzar a la escuela. Ese día.

—Claro —insistió la madre de Diego—. Su hermano tampoco se muere por llevarla a la escuela. Ambos cruzaron miradas temiendo ser sorprendidos en un secreto que no debía ser develado por ningún motivo. ya lo habían hecho. La niña observó atentamente el accidentado montículo de rocas que se extendía a lo largo de la costa y que la niebla se lo tragaba como si nada más existiera en el mundo. —¡Por ahí podríamos ir a la escuela! —exclamó. sin consecuencias. En varias ocasiones se habían aventurado por esas rocas. Los catorce alumnos que venían de otras caletas y que diariamente cruzaban con algún apoderado a la escuela. no había ninguna posibilidad de que una embarcación pasara a recoger a los rezagados de Caleta Chica. Por lo tanto. Ninguna lancha surcaba las aguas a esa hora de la mañana. —¿Nunca le han dicho que no debe aventurarse por esas rocas? Tiara enmudeció y Diego tragó saliva. nunca tuvieron nada que lamentar. 18 . jugando a enfrentar riesgos y pasar la prueba. al parecer. Felizmente para ambos.

Pero las olas tal vez son sordas y sólo nos hablan con esa monotonía tan propia porque abandonaron la escuela antes de aprender lo que debían. alegrando la travesía de marineros y pescadores. —Lo que hace falta es una buena pasarela —comentó la mujer—. También en la escuela nos dicen. —¡Oh. cuando Tiara era muy niña. De algún modo hemos de llegar a la escuela. suspirando y roja como un tomate—. Se preocuparon de hacer 19 . Estos hombres. —Mi mamá siempre lo hace —reconoció la niña. había seguido los pasos aventureros de su hermano. Buscaban afanosas una embarcación para nadar delante de la proa. como si no tuviera ninguna urgencia. precisamente en esas rocas tan peligrosas. —¿Qué hacer? —se preguntó—. formando una trenza de espuma. El suave oleaje golpeaba porfiadamente en los pies de Tiara. Un grupo de toninas cruzó saltando frente a los ojos de Tiara.Incluso. porque cuando Kiko era pequeñito caminaba por ahí y a veces me dejaba ir a la siga. tan poco prácticos para todo. dulces olas! —suspiró. Pero en verdad no es tan peligroso.

Tiara observó los techos de las casas. evitando que la ventisca las arrastrara cual cometas de los confines. Las antenas eran variadas y curiosas. Diego fue a sentarse junto a ella. —¿Y qué sueño fue ése? —Mi abuelo y mi hermano vinieron a buscarnos. Los hombres las habían construido de alambre. —¿De verdad soñaste conmigo.instalaciones de radio y olvidaron lo más necesario. La niña se sentó a esperar en la única roca sin humedad. había antenas con tapas de olla. Huevito? —La pura verdad —respondió ella. Los cables eléctricos que las conectaban parecían mantenerlas atadas a las techumbres. con fondos de latón recortado de aquellos tambores que alguna vez fueron recipientes de aceite o de petróleo. entre el espeso bosque y el mar. pero no hubo forma de que te bajaras de tu bici —habló 20 . muy cerca del agua. para irnos en la nave de los príncipes. estirando de los ganchos para colgar chaquetas y pantalones. levantadas sobre las rocas.

Una lancha se acerca.bien bajito. —Podías flotar como una canoa —respondió ella. —Pero no es el lanchón de su padre. —¿Tu abuelo? —preguntó Diego. Es el de mi marido. —¿Estás loca? —Hasta le puso nombre: vaka—ama. hijo! —interrumpió la madre de Diego—. Se acercó a la orilla del pequeño embarcadero para escuchar mejor la monotonía del motor fuera de borda. —¿Eso fue lo que soñaste. —¡Debe ser la vaka-poe—poe de mi papito! —exclamó Tiara y se levantó llena de entusiasmo. niña —comentó satisfecha la madre de Diego—. acercándose a la niña y tironeando una de las mangas de su gruesa parka de invierno. Ya está otra vez la Pascuala diciendo tonteras. Huevito? —insistió Diego. 21 . para que la madre de Diego no los escuchara. —¡Qué suerte. muy sorprendido—. —Eso —musitó ella. triste y pensativa.

22 . Tiara se aferró al borde de la lancha y vio como sus zapatones se hundían en el agua en el piso de madera. Tiara buscó con la mirada el tarro para achicar el agua del bote. El lanchero aceleró el motor fuera de borda y el bote se sacudió como en una tormenta. —¿Podemos subir. —Terminamos de descargar y nos vamos —respondió el hombre. al tiempo que su compañero de faenas comenzaba a desembarcar unas cuantas cajas de espuma plástica repletas de merluzas. viejo! —comentó ella. Anselmo? —Escasa —respondió el padre de Diego. Tiara y Diego abordaron la embarcación. —¡Qué bueno que llegas a tiempo.El dilema —¿Cómo estuvo la pesca. papá? —preguntó el niño.

La madre de Diego. 23 . después de mantener alzado el brazo en señal de despedida.

Frente a ellos. Sus compañeros ya estaban formados en el patio. Las ruedas giraban como medusas de plata. se dirigió a la campana y tiró de la cuerda. Contempló entusiasmada la estela de espuma que dejaba la trayectoria del bote y recordó la bicicleta que en sueños había inventado su abuelo. La directora consultó su reloj y asintió con la cabeza. El agua salpicaba el borde de la embarcación y la niña debió abrigar sus manos entumecidas. El profesor. compartiendo el caminar pausado y sin prisa. Tiara y Diego fueron los últimos en llegar a clases. Tiara se quedó un largo rato observando la bicicleta que la mujer se esforzaba en mantener aferrada a su cintura. que la observaba de muy cerca. que apretadamente cubrían laderas y cerros. lanzando fríos destellos con sus incontables rayos. Tres sones retumbaron en las paredes del edificio y en la corteza de los árboles cercanos. el pequeño grupo de docentes y auxiliares se parapetaba bajo el alero del corredor techado de la construcción de madera. observando cada detalle. Los 23 24 .regresó al caserío. esperando el toque de la campana para ingresar a la sala.

—¿Qué le pasa? —protestó Diego. En términos generales. ¿Qué dilema? ¿Sabes lo que es eso? —Sería bueno que lo resolviera —insistió Tiara. Entonces. Voz griega que viene de dis. Diego? ¿Cuál es el tuyo? 25 . ¿Por qué. es alguien encerrado en un dilema. es decir dos. —¿Podríamos estudiar el dilema de Diego? —¿Dilema? —replicó el profesor. mientras la directora se dirigía a su oficina y las tías Lidia y Elvira iniciaban sus labores en el comedor y en la cocina. que quiere decir tomar. Y preguntó sin entusiasmo. y lambanein. que repentinamente se quedó más tieso que una estaca.alumnos ingresaron a la sala de clases. mirando a Tiara y luego a Diego. porque no deseaba que la niña le aportillara una vez más la clase programada—. —Nos corresponde matemáticas —señaló el profesor. seguidos por su profesor. —¡Dilema! —meditó el profesor—. ¿qué tenemos? Un argumento que presenta dos posiciones que provocan confusión en quien las enfrenta. apenas los alumnos estuvieron sentados.

adelantándose a que su compañero 26 .—No sabe qué hacer con ella —prosiguió Tiara.

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le parecía más claro. suma de murmullos. —Mi abuelo tuvo la genial idea. —¡Tío Tato! —reaccionó por fin el muchacho—. —¿De qué se trata? —insistió el profesor.respondiera—. —¿Qué falta de respeto es ésa? —sentenció el profesor. a medida que lo expresaba. —Yo sólo quiero ayudarlo —se disculpó Tiara. —A ver. Quiere usarla. aquello que acoquinaba hasta al más audaz.. Siempre los dejaba temblando con eso. con gran desplante y sin un asomo de duda. expuso lo que imaginaba y. Ya está de nuevo la Pascuala diciendo leseras.. en medio de un fastidioso rumor. El profesor escuchó atentamente. Tiara —tragó saliva el profesor—. risas veladas y pullas carentes de ingenio. —Su abuelo está muerto —interrumpió Diego abruptamente. pero en la caleta no se puede andar en bici. 28 . —La Huevito ha estado toda la mañana en eso —protestó Diego. No sé de qué habla. ¿Qué idea es ésa? La niña. Entonces optó por lo más temido de la clase.

—¿Es la chancha del Diego? —comentó alguien. ¿Serías tan amable de hacernos un bosquejo? Tiara se levantó con cierta resistencia.— Nadie con dos dedos de frente diría que eso es una bicicleta. En todo caso. con una rueda más grande que la otra. como un velocípedo. Temblorosa. —¡Un catre! —respondieron. ¡Esa no es mi bici! —Claro que no lo es —intervino el profesor. con una tercera a medio camino. indignado—. comprobando así la satisfacción de ver realizado el 29 . La niña prosiguió como si nada. alentada por el entusiasmo que cada trazo provocaba en ella. Es cosa de abrir bien los ojos. enfrentó el desafío que ella misma se había impuesto.—¡Al pizarrón! —señaló—. Haciendo caso omiso del rubor que con seguridad se había apoderado de sus mejillas. pues no contaba con una demostración frente a las burlas del curso. Veamos lo que Tiara se propone. sosteniendo a duras penas el trozo de tiza entre sus dedos. dibujó un biciclo desproporcionado. tendré que bajarte la nota en artes plásticas. —¡Pascuala! —reaccionó Diego.

daremos el problema a los alumnos de los cursos superiores. pero sí con física y mecánica.. que la tiza. rasguñando la pizarra.primer acercamiento a la materialización de una idea.? —Pero si lo dijo clarito la chica —comentó un gracioso. destemplando los oídos por unos instantes. Las risas y comentarios de los más grandes terminaron como por encanto. Se produjo un silencio tan profundo. ¡Más respeto! ¿Qué es lo que más recalcamos en esta escuela? ¡Respeto.. —¡Es el huevo que desayuna todos los días! —¡Silencio! —advirtió el maestro—. fue la única voz que habló en el aula. respeto y más respeto! —Es una vaka—ama —explicó la niña. este problema no tiene mucho que ver con aritmética. 30 . —¡Silencio! —volvió a sentenciar el profesor. Aunque a Diego no le corresponde como materia. —¿Una qué. —Bueno —comentó el profesor—. —¿Y ese óvalo? —preguntó el profesor.

la cadena haría girar un remolino que salpica el agua. —¡Ya. tío Tato —continuó la niña con exagerada calma—. Entonces. El tema también 31 . —Esa vaca que dice —replicó la niña con enorme desplante—. —Tarea para los de séptimo y octavo —señaló el profesor—.—Es una vaca enamorada hasta las patas —insistió el chistoso. al pedalear. Por eso. Un comentario más y se irán amonestados a la dirección. tonto. se escribe con c. Investigar el principio físico del molino y su aplicación para utilizar el viento o el agua como energía impulsora. Esa consonante no existe en la escritura rapa—nui. La rueda. —Es una balsa con un balancín. Analizar el principio mecánico que le permite girar. tal como las aspas que movían los motores a vapor en el siglo XIX. Mi abuelo dice que el balancín evita que se vuelque. si la bici fuese montada sobre la balsa. la vaka de la que hablo se escribe con k y significa algo muy distinto. basta! —advirtió el profesor—.

Invitó a Tiara a sentarse. No quiero excusas. Tendrán nota por eso. que la habrían pulverizado con los ojos si hubieran tenido el poder de hacerlo. —Digo —explicó el alumno sorprendido— que cómo resolvemos este casito. a ver —advirtió el profesor. joven. se abocarán al estudio de la idea del abuelo de Tiara. dejó paralizados a todos los alumnos del curso. Y no importa que esté muerto. Un golpe tremendo. No tuvo más palabras. seguido de un silencio inquietante. El profesor miró atentamente a cada uno 32 . ¿cómo le pone oídos a la tonta de la Huevito? —comentó alguien. el tamaño de las aspas. —Aquí. —Pero. el material de que están hechas para que la fuerza empleada provoque el movimiento deseado. Y luego calcularán el volumen de la rueda.será parte de la materia de historia para los de quinto y sexto. Dibujarán el proyecto como corresponde. En la misma escuela están las respuestas. con las dimensiones a escala. Una vez concluida la primera parte de la tarea. en medio de las miradas de los varones más grandes. —A ver.

tímidas al comienzo. A nadie le causó gracia el comentario y coincidió con el griterío en el piso de arriba. —¿Ratones? —musitó el maestro. ¿quiénes podían hacer tanto alboroto? Más de alguien había comentado que en el dormitorio abandonado del segundo piso habitaban fantasmas. —¡Elefantes! —comentó uno de los muchachos. hizo trizas el miedo que se había apoderado de las almas de aquellos muchachos y. luego más atrevidas. si es que en verdad lo eran. porque fue más de uno el que se sintió. provocando la hilaridad desenfrenada de aquellos espectros. Se oyeron risas de niños. Pies descalzos corrían por el segundo piso. muy serio. más sonora que nunca. con el efecto del eco. Pero. al instante. celebrando su propia ocurrencia. El profesor enmudecía. Un nuevo estruendo se sumó al anterior.de esos niños y ellos lo miraron pidiendo auxilio a gritos. salieron como cuetes que alimenta el viento hacia la tranquilidad 33 . La campana. El profesor y los alumnos se observaron mutuamente en silencio.

—¿No sales a recreo? —preguntó el profesor con la voz temblorosa y sin levantar la cabeza de su libro de clases. Diego se hizo el desentendido. La recordó con nostalgia y lamentó haberla dejado partir antes de tiempo. manifestando su rechazo. Les esperaba la leche caliente y el pan amasado de la tía Elvira. La niña se levantó dificultosamente y se dirigió al comedor junto a la cocina. tal como lo hacía con su amiga Yara en los recreos. Desde un comienzo la evitaron. La niña sintió como nunca la profunda nostalgia que le provocaba la ausencia de la única compañía que siempre tuvo en la escuela. Tiara. permaneció inmóvil en su asiento. deseaba demostrar a sus compañeros que nada lo unía a la trastornada que tenía tales ocurrencias y que lo único que le gustaba era llamar la atención. sin embargo.momentánea del comedor. disimulando la inquietud que le había causado el reciente suceso. donde el bullicio de los muchachos llenaba el recinto. Durante años se sintió privilegiada de contar con su gran 34 . Tiara sacó la pitilla que siempre llevaba en su bolsillo y se puso a jugar al kai—kai.

sin despedida.amiga. semejante a una ballena invernal. como un madero a la deriva. Si 35 . ignorándola por completo. atiborrado de turistas. porque allí lo que más había era trabajo bien remunerado. Ahora. que la abandonaban. al levantar anclas el barco con sus incontables pasajeros y tripulantes. como una vela encendida que irremediablemente se consume al paso de las horas. ¡Qué distinto sería si Yara no se hubiera marchado para siempre de la noche a la mañana! Había partido abruptamente. también partió su gran amiga y dijeron más tarde en el poblado que Yara y sus padres abordaron sin remordimientos la nave. desechándola como un resto de basura. Lo cierto fue que luego de aquella aparición repentina. ¡Cómo la extrañaba! Por primera vez sentía tan hondo la orfandad que le producía la falta de una amistad que se extinguió de pronto. coincidiendo con el arribo de aquel barco gigantesco. pensó que convivir con aquellos fantasmas del segundo piso era mejor que hacerlo con sus compañeros de escuela. Había sido como una aparición fantasmagórica. Ella había sido una luz en medio de las tinieblas. de madrugada.

Diego no dejaba de observarla. Asombrado comprobó que Tiara era más tozuda de lo que pensaba. convencido de que Tiara jamás intentaría cruzar esa puerta clausurada. Había sido cerrada hace algún tiempo y desde entonces nadie subía al segundo piso. Ella se dirigió a la puerta de mañío y la empujó.pudiera. Diego. quería ir al piso de arriba y mirar cara a cara a los espectros. —¡Esta Pascuala! —comentó. Y fue lo que hizo. El piso de arriba IVlientras tanto. si en ella estuviera el poder de remediarlo. haciendo ceder los tornillos oxidados que sostenían una aldaba corroída por el tiempo y la humedad. con sorpresa. 36 .

Diego quedó perplejo de asombro. sin dejar de pensar que su audacia iba tal vez demasiado lejos. El 37 . ¿Cómo pudo abrir ese candado? ¿Es que había conseguido la llave en alguna parte? Con extremada lentitud. Tiara se aferró al rústico pasamano de la escala y subió peldaño tras peldaño.

38 .

Entonces. Los ojos de la niña se habituaron a la oscuridad reinante y paulatinamente aparecieron los objetos que albergaba el antiguo dormitorio: una hilera de catres de hierro. Un velo de polvo suspendido o de bruma colada a través de alguna ventana sin vidrios daba la impresión exacta de lo que había imaginado: un refugio de fantasmas. ¡Qué lindo sería si en cada catre aguardase un niño con los ojos atentos. como si hubiesen esperado por años la visita de alguien a quien darle la bienvenida. también descascarado. aguardaban un colchón que las cubriera.corazón brincaba en el pecho de la niña. Al llegar al piso superior se halló en un lugar estrecho y asfixiante. imaginó qué 39 . Cientos de pulgas comenzaron a saltar del polvo a las piernas de Tiara. mal pintados de blanco. en disposición de recibirla como amiga! Tiara se sentó en una cama. un enorme ropero. veladores de madera con el esmalte descolorido. atravesadas a lo ancho del catre. conteniendo la respiración. como si el aire allí fuese un bien escaso. arrimado a un muro de sombras. Picaban desaforadas. Las tablas desnudas.

No tuvo voluntad para abrir los ojos. Cerró los ojos por fin y escuchó claramente las risitas que se ocultaban en los rincones del recinto. Se sintió dominada por la sensación de estar atrapada y tuvo la convicción de que no saldría tan fácilmente de ahí. La quietud del lugar invitaba a dejarse llevar por el envolvente rumor que provenía del exterior. la brisa incansable. Tiara se levantó. como si no tuvieran pies para desplazarse o bien no tocaran el suelo mientras caminaban. observándola con una curiosidad inquietante.sería de ella si tuviera que compartir ese lugar con otras internas y evitarse el fatigoso traslado diario de la casa a la escuela. tal vez sintió que lo hacía con exagerada lentitud. La niña se tumbó de lado sobre aquellas tablas desnudas y mantuvo la mirada perdida. escapar de allí y regresar de inmediato a la seguridad de su aula. En un dos por tres la rodearon. el constante ir y venir de las olas cercanas la fueron acunando en un cálido recogimiento. sin hacer el menor ruido. 40 . Varios niños se acercaron.

y vivo en Caleta Chica.—¡Hola! —dijo por fin la única niña que integraba aquel grupo extraño—. ¿Y tú? Parecía una luminaria. —¿Y a ti? -¿Qué? —¿Cómo te gusta que te llamen? —¡Ese\ —repitió—. Así me gusta. Dime Ese. —¿Y cómo te gusta que te llamen. —¡Qué bonito! Pero aquí serás la Te. Pascuala? —Tiara. perdón. Tiara. la Pascuala. Me dicen la Huevito. con su blanca dentadura contenida en una boca expresiva. que reía de buena gana ante el asombro de sus compañeros. Me dicen la Ese y soy de la caleta. evitando moverse. no más. —¿Y en qué caleta vives? 41 . —¿Huevito? —Cuando chica me lo pasaba comiendo huevos —respondió. —Hola —respondió—. quienes permanecían más apartados. como si la niña que los visitaba fuese un fantasma aparecido a plena luz del día. Observaban a Tiara desde el borde de sus camas.

—Igual podemos ser amigas —respondió Tiara.—Bueno.. —Es que no es nunca lo mismo. por el momento duermo en la pieza de la señorita Emilia. porque así el padre nos manda a hacer al tiro otra pieza. No tengo que dormir en la escuela. Sólo tengo que balsearme. ¿Viniste a quedarte? Sería regüeno. —¿Cómo se llama tu mamá? —Verónica Hito. mucho.. en lancha. —Es que yo no vivo lejos —respondió Tiara—. ahora —dudó un instante—. en mi casa. —¡Qué pena! —se lamentó de veras la niña—. Como aquí están los hombres. Vivo en la escuela. —¿Balsearte? —Cruzar en bote. Habríamos sido yuntas. en ninguna. —¿Vivís con tus papás? —Sí. —Pero no me dijiste el nombre de tu caleta. —¿Y te quieren? —Sí.. Tanto como yo los quiero. Dicen que cuando lleguen más niñas habrá un dormitorio para nosotras y voy a dejar tranquila a la directora. —¿Y tu papá? —Juan Alberto Miru. 42 .

te los voy a presentar. envuelto en una nube de. Era nuestro hogar. muy delgado y de baja estatura.—Caleta. debajo de un puente. no más. ahí vivíamos todos nosotros. Tenemos visita. —El caído del catre es Luis —dijo la muchacha. chiquillos. caleta. un tanto perezosos. El niño. Los muchachos. Estaba junto al río. con un chiquillo y todo. caleta de cabros. El desplome del muchacho provocó la risa de sus compañeros. al tratar de incorporarse hicieron que se deslizara una de las tablas y ellas se corrieron. familia. Había cariño en ese gesto—. sin nombre. polvo. limitándose a bajar la cabeza en señal de asentimiento. ¿entendís? ¡Soi medio dura de mollera. A ver. mientras les pasaba revista con la mirada. arrastrando el resto del entablado. acérquense pa' que la Te los conozca. trataba de mantener fresca la sonrisa que ocultaba el bochorno que lo mantenía pegado al piso. ah! Caleta. 43 . y la risotada fue general. Mira. sin poder levantarse. Cacharon. ¿verdad? ¿Están presentables? Es lo correcto —comentó la Ese. Ellos no reaccionaron.

pero aquí nos tratamos como hermanos. —Y el otro caído del catre —siguió presentando la muchacha— es el Simón. Un sacerdote se presentó repentinamente en el lugar. Vestía una larga sotana. alegre y entusiasta. levantando una polvareda que amenazaba con oscurecer el recinto. porque de inmediato el entablado de otra cama también se fue al suelo. abrazó a sus compañeros. La muchacha.Pero no fue la única caída. No somos muchos. como que igual nos tenemos terrible de respeto. en medio de una risotada—. El regocijo provocado por el desplome sucesivo de catres los mostró como chicos de carne y hueso. y entre carreras. En medio del desorden se sintieron las pisadas apresuradas de quienes subían al segundo piso. 44 . manotazos y pisotones perdieron toda compostura y la algarabía fue total. atraídos por el alboroto. dejando un reguero de tablas a su alrededor. Dos muchachos yacían tendidos sobre las pesadas tablas que se habían desplomado sobre el piso. cubierta a medias por un abrigo acolchado. —Esos son el Douglas y el Leuquipán —agregó la muchacha.

sin ver la luz del día. —¡Orden! —advirtió en voz alta la joven—. atónitos. chicos! ¿Qué desastre es éste? Todos. que más parecía un niño por su semblante de sorpresa y algo de picara complicidad en la mirada. colaboraron en poner las cosas en su lugar. con sus dientes separados y una ancha sonrisa iluminando su rostro mal rasurado.A pesar de su aparente enojo. Sus rostros de alegría se tornaron de sorpresa. apareció de la nada. sin que ninguno se restara. con ojos desmesurados. per la Madonnail —exclamó el religioso. como los que a veces exhiben quienes han estado recluidos por un largo tiempo. Ante la repentina presencia de quienes irrumpían en el recinto. el gesto amable del hombre bonachón. los chiquillos se volvieron a ellos con la actitud de quien espera una reprimenda. en camisón de franela y con una mañanita sobre los hombros. Una señorita. Le seguía un hombre joven. —¡Qué cagnara es ésta. colmaron de paz el recinto. ¡A ver. Recuperaron las tablas desprendidas de las camas y sólo de vez en 45 . medio dormido.

ragazzo —comentó alegremente el religioso. recordó la fotografía que había visto en el muro de la oficina de la directora. le parecieron a Tiara los atributos de una persona conocida. ¡Así es como debe ser! Aquel rostro. ¿Emilia?. cerrándose todavía más la mañanita a la altura del pecho—. En el retrato aparecía diez años más joven y era exactamente la edad que exhibía esta señorita que acompañaba al sacerdote. autoritario y calmado. —¡Eso es! —dijo la joven. al evocar la situación que tanto regocijo les había causado. ese timbre de voz. La expresión de su rostro era el retrato de la felicidad. 46 . Acto seguido se dirigió a la joven—: Emilia. alentando la buena disposición de esos muchachos—. padre —respondió ella. aquella figura menuda pero saludable.cuando dejaron escapar una risa. Estaba vestida con excesiva formalidad y en sus manos sostenía un enorme diploma. ¿podemos ocuparnos de esos maderos? —Sí. Algo hay que hacer para cambiar esas tablas. ¿Sería la misma tía Emilia en la que pensaba? De pronto. repitió Tiara en su mente. —Eco.

Tiara sintió que su corazón daba más de un brinco. Haga meño. ¿Sería el mismo tío Tato. me encargaré de esas tablas. La tía Emilia. Sin embargo. ya más tranquila. sin darse tiempo para explicaciones. ni menos para despedidas embarazosas. una mano pesada la remecía del hombro. ¿Renato?. Su reacción impulsiva fue salir corriendo. 47 . la directora de la escuela en persona. también sonó conocido el nombre en la cabeza de la niña. Renato.—Bueno —exclamó a su vez el profesor—. su profesor de todos los días? —Todos nos ocuparemos del problema —repitió el sacerdote y salió tras los pasos del hombre joven. por la buena disposición de los muchachos. —¡Qué bien! —replicó la joven—. abandonó el dormitorio por una puerta contigua. El joven se dio media vuelta para marcharse por la misma escalera que lo había llevado al segundo piso. La campana puso fin al recreo.

con el bochorno que provocaba la crueldad de sus compañeros. arrepentido tal vez de haber entrado en ese recinto prohibido. La comezón de las picadas de pulga no lo dejaba en paz y cada vez que se rascaba debía simular frente a sus compañeros. evitando toda posibilidad de comunicación con Tiara. por encima del pantalón largo—. despierta! —le dijo su compañero. Llegó a pensar que la inconfortable situación a la que estaba sometido 48 ..Tendida sobre un costado. —¡Tiara. abrió los ojos y despertó frente a la preocupada mirada de Diego. Hace rato que sonó la campana y como no llegabas nunca a la sala.. Bajo la pasarela JJiego se mantuvo en silencio durante la jornada de clases. al tiempo que no dejaba de rascarse las piernas. tal como se había dormido. para no provocar preguntas indeseadas y las burlas inevitables.

Las clases llegaron a su fin y los alumnos se dispersaron en varias direcciones. Por un instante el muchacho se negó a reaccionar. Tiara soportaba el silencio de su compañero como un golpe despiadado. Los muchachos abordaron ordenadamente los botes. Diego se acomodó en el de su padre.era el merecido castigo por transgredir una norma impuesta por la dirección de la escuela. Estaba dolida. —Hazle un huequito a la Pascuala —advirtió el lanchero. olvidándose de Tiara. transportando niños. Sabía que aquella ofuscación de Diego era pasajera y una voz interior le aseguraba que sólo era cuestión de tiempo y que la amistad entre ambos volvería a la normalidad. Tiara estaba a punto de protestar de 49 . directo al corazón. pero no albergaba rencor alguno. Una parte de ellos permaneció junto al embarcadero en espera de los botes que debían pasar a recogerlos. La lancha del papá de Diego arribó casi al mismo tiempo con otra embarcación que luego enfilaría un rumbo distinto.

—¡Diego! —insistió el hombre—. Diego hizo esfuerzos tremendos para no dirigirle la mirada. porque la lancha no se arrimaba del todo a los maderos del pequeño muelle y el patrón de la embarcación. al acercarse el bote al embarcadero. deseando hundirse en el asiento de madera. ¿Está sordo. se apretujó cuanto pudo dentro del bote y Tiara ocupó el lugar estrecho que su compañero le dejaba. el muchacho tuvo que contener sus ansias 50 . a evitarse. No lograba entender tanta indiferencia. ni la palabra. Y como habló en general. —¡Lo que siempre te digo! —sentenció el papá de Diego—. le habría llamado severamente la atención por su imprudencia. Ambos sentían la respiración agitada. su propio padre. Durante el trayecto estuvieron atentos a las reacciones mutuas. Las niñas primero. dispuestos. Pero no pudo levantarse de su asiento. observando de lado el perfil de cada rostro. Y como la travesía era demasiado corta.impotencia. quién sabe. hijo? El muchacho. él se preparó para bajar cuanto antes. soportando las miradas de los niños.

Allí esperó a Diego para tenderle una mano. ¿puedo acompañarte? —Usted sabe. Ayude a la Pascuala. —Dame la mano —insistió la niña. —Dejo a estos chicos y regreso.de salir huyendo. pasándola a llevar con torpeza y casi la derriba sobre los maderos del piso. Tiara se afirmó en Diego. cogiéndose de uno de los 51 . Pero él no la aceptó. cómo se preocupa su madre cuando no llega a tiempo de la escuela —respondió el hombre. Diego apretó su mochila contra el pecho y esquivó a su compañera. Diego. Tiara se apoyó abiertamente en el hombro de su compañero. —Ahora las mujeres son las galantes —bromeó el pescador. La niña dio un pequeño salto y alcanzó el muelle. por lo que ambos se levantaron casi al mismo tiempo. Ella también manifestó apuro por descender del bote. —Me habría gustado ir contigo —rezongó el muchacho. obligándolo a sentarse de nuevo. —Papá —preguntó Diego—. hijo.

—Es bueno para las picaduras. -¿Qué? —El Mentolathum —porfió ella. Diego volvió a rascarse las piernas. —¿Qué? —replicó Diego. —Estos dos se las traen —comentó el lanchero.tirantes de la mochila. como si repentinamente se acordara de las picadas de pulga. como si también celebrara el ingenio de su dueño. —¿Te acuerdas de los ruidos que escuchamos? —¿Qué ruidos? —Esos que venían del piso de arriba. y en ese tira y afloja estuvieron un par de segundos. —¿Qué pasa? —Los tengo atravesados en la garganta —comentó Tiara. celebrando a carcajadas la ocurrencia—. Diego. 52 . Entonces. El motor fuera de borda ahogó las risas de los chiquillos que seguían viaje y la embarcación se alejó dando pequeños tumbos sobre el agua. ruborizados hasta los cabellos. —Mentolathum —dijo la niña. Cuide bien a la Huevito. —Todo por tu culpa —protestó Diego. muy molesto.

quedando completamente desarmado.—Que yo sepa. 53 . —¡Y a mí qué me importa! —¿Te digo lo que hay en el piso de arriba? —No me interesa. Diego perdió el control de su mochila. Es que no puedo guardar el secreto. —Después que hagamos las tareas nos encontramos aquí mismo. —Es que no sabes lo que descubrí. —¡Ya. Diego! Si es en serio —protestó ella—. ¿De acuerdo? —Será después del té —afirmó Diego. —¿Y por qué mejor no traigo el horno eléctrico de mi mamá? —replicó con ironía. —¡Por qué no te habré dejado allí para que te comieran viva las pulgas! —¿Te gustaría saberlo? —No pienso subir allí nunca más en mi vida. —Y trae tu bicicleta —agregó Tiara. los huevos no tienen espinas —se burló él con alevosía. —Pobre de ti que sea otra de tus tonteras —amenazó con dureza. que se deslizó hasta el suelo. —¡Estas loca! ¿No sabías que está prohibido? —Tú también subiste.

una cuchara de madera. Nuevamente. Recogió un viejo balde de plástico en desuso. Mientras esperaba trepó a uno de los botes más altos y.—Lo que dije en la mañana fue sin querer —respondió ella. uno de aquellos trastos que alguna vez fue tiesto de pintura. tomó las precauciones para no ser descubierta. Tiara no pudo esperar hasta la hora del té para ir al encuentro con Diego. haciendo equilibrio en el borde de la embarcación. Se dirigió con todos aquellos cachivaches al sitio donde se encontraría con Diego. pero no había señales de su amigo. antes de salir del patio de su casa. bifurcándose hacia el bosque impenetrable y que sólo convergían frente al embarcadero. Encontró un viejo tarro de lata. evitando ser sorprendida. observó pacientemente la pasarela 54 . Llegó antes a la cita. y lo arrastró fuera de la casa. una tabla de alerce y un azadón comido por el óxido. Ocultó el balde entre los botes y regresó a la casa por más objetos inútiles. porque el camino a sus casas se hacía por pasarelas que se apartaban. Allí se separaron. Aguardó unos minutos.

cuando su amigo estuvo junto a ella. Al cabo de un rato apareció Diego caminando junto su bicicleta. —Ponte ahora mismo esta pomada —dijo Tiara. —¡Mentolathum! —y le ofreció una cajita de lata. Yo hablo de algo más oculto. Pascuala? —replicó Diego. como si fuera una mascota. —¡Tengo que hacerlo en la casa. —¿Qué? —exclamó Diego—. —¡Tengo las piernas llenas de pintas rojas! —Ponte la pomada y listo. —¿De nuevo con lo mismo. como era su sueño. Ai no poder montar en ella y pedalear a gusto.que conducía a la casa de Diego. entonces! —¡Ven! Busquemos una caleta. —Este lugar no sirve —explicó ella—. —Estamos en la caleta. 55 . rogando que nadie se presentara en su lugar. ¿Estás loca? —¿Por qué? —replicó ella con absoluta inocencia—. se contentaba con llevarla de paseo. Tiene que ser una caleta donde nadie nos encuentre. Es muy buena para las picaduras.

—¿Para que no la uses? —Para construir esa canoa que se le ocurrió a tu abuelo. —¿De qué estás hablando. al tiempo que miraba en todas las direcciones. —Nunca faltan los curiosos —replicó ella.—Igual no hay nadie —protestó Diego. ¿cómo lo supo? 56 . —¿De qué? —Fue lo que hiciste cuando saltaste al agua. —No pienso moverme de aquí —protestó él. Pascuala? —De ahora en adelante tienes que usarla como sea. aprovechando tus picadas de pulgas? —sugirió ella con un dejo de picardía. —¿Brincando? —De eso también tengo que hablarte. —¿Cómo lo sabes si todavía no te lo cuento? -¿Qué? —Que mi papá quiere desarmar mi bici. con bici y todo. —Pero. —¿Ni siquiera brincando con tu bici.

57 . sigúeme! —¡No voy a bajar! —protestó Diego desde la baranda.vit son peligrosas y que una bicicleta para el agua.—Yo le conté. —¿Y para qué le dijiste? —Para reírme de ti. Tiara recogió los cachivaches y se alejó saltando de bote en bote. —Ahora con mayor razón tienes que demostrarle que puedes usar tu bici. tonto? Te castigó la boca. en tu estilo. como él la llama. insiste que las balsas de pluma. Desde ahí llamó a su compañero. sería más segura. haciendo equilibrio con la carga que llevaba. Diego caminó por la pasarela. como se dice. arrastrando la bicicleta. a tu manera. —¡Ven. asomando apenas la cabeza. —¿Lo ves. Ahora no hace más que transmitir con el asunto. —Es que nunca pensé que me escucharía. en la misma dirección de Tiara. La niña se dirigió hacia una cavidad que se producía entre la roca y la parte inferior del pasadizo de madera.

hasta acercarse a la entrada del escondite que había descubierto su compañera. sujetándola con ambas manos. como nunca lo había hecho. por un instante. aferrado a la bicicleta. apretando los frenos. como un chispazo de luminosidad. Diego esperó que la niña cambiara de idea y regresara donde él aguardaba. se vio haciendo equilibrio. dando brinco tras brinco. Comenzó a descender por la superficie rocosa. El tiempo se estiró como la melcocha y Diego perdió la paciencia. como una lagartija que salva su pellejo bajo la luz del sol. con los pies bien puestos en los pedales. —¡Salta con ella! —respondió Tiara con el ánimo encendido. Tiara se echó a reír de felicidad. Entonces fue Tiara en su ayuda. Las extravagantes ocurrencias de Tiara se apoderaron de su mente y pensó montar en la bicicleta.—¡Aquí es increíble! —No puedo dejar mi bici —porfió. pero en ese instante resbaló una de las ruedas y Diego se echó sobre la roca. Sin darse cuenta siquiera. había descendido un par de pasos en dirección al refugio. Ella sujetó con las dos manos la 58 .

Tiara se dedicó a cubrir con pomada cada picada de pulga. como si nada.bicicleta y ambos la arrastraron hasta el escondite. casi lamentamos una tragedia. -¿Qué? —Vamos a calmar esa picazón. como diciendo casi. casi —comentó ella. incómodo e inseguro. —¿Qué caleta? —protestó él. —¿Qué cosa? —Arremángate los pantalones. —Esta será nuestra caleta —prosiguió ella. —Ahora.'" Aceptó sentarse. por fin. estirando la comisura de los labios hacia las mejillas. Estaba asoro. ponte cómodo. Mientras Diego se subía las piernas de su pantalón. Pero lo primero es lo primero.chado. si la partida fuera menos complicada que la llegada. Diego no disimulaba su molestia y se habría marchado de allí enseguida. suspendida sobre el mar. a punto de 59 . Pero el muchacho aceptó a regañadientes la invitación a entrar en aquella caverna. —Casi.

sin que nadie. la ropa de abrigo. Una caleta es como un hogar verdadero.morirse de vergüenza. Aquí seremos como una familia.. —¿Para qué quieres estas porquerías? —Este balde es para lavar nuestras cosas —explicó Tiara. que sería como 60 . Entiende que aquí vamos a convivir. momento! Eso no. podemos traer una radio y escuchar la música que nos gusta. Pero aquí estaríamos como rico Pancho Gómez. Ella. porque ahí sí que nos pillan. —Tendremos que traer más cosas de la casa. Nos cuidaremos el uno al otro. en cambio.. ¡Ah. -¿Qué? —Diego —se apresuró ella—. compartiremos la comida. las revistas. como si nada. —¿Qué dices? —¡Aquí la vida puede ser muy emocionante! Podemos cerrar los ojos y escuchar el ir y venir de las suaves olas. —¡Yo no pienso estar un minuto más aquí! —Escucha —rogó la niña—.

61 .

colchones viejos y hasta podría darnos una mesa para las horas de comida. El les lleva todo lo que necesitan. Podemos dividir en dos la ciudad. incluso dinero. —¡Quiero irme! —Aquí seremos alguien. si me llamo Diego? —Es que no sé cómo se dice Diego en inglés. Los alimentos sí que no podemos obtenerlos del río. Deivid es muy importante porque es el nombre del navegante inglés que vio de lejos la isla donde nacieron mis padres y mis abuelos. Pero no estés pensando en tu casa o en la mía. buscando lo que sea necesario. porque a él sólo llegan desperdicios.el torrente de un río. Allí los chicos se refugian en caletas como ésta y el río es como un padre para ellos. arrastra sillas. —¿Y por qué el Deivid. Lo que queramos comer tendremos que salir a buscarlo. Tú irás hacia un lado y yo hacia el otro. Entonces. Todo el mundo 62 . podemos ver la ciudad maravillosa que está sobre nosotros. ¿Entiendes? Yo seré la Te y tú serás el Deivid. Si quieres te puedo llamar Jonathan o Braian.

me encuentro con ellos.conocía a la Isla de Pascua como La Tierra del Deivid. de repente. —No me interesa. -¿Qué? —Todo de lo que te hablé. yo subí al piso de arriba. —¡Pero si no me has contado nada! 63 . Así son los chicos que viven en las grandes ciudades. —Bueno. sí me acuerdo. lo siento —respondió ella con una seguridad que daba miedo. Esos que no son tomados en cuenta. —¡Tengo que irme! —No puedes irte. ¿te acuerdas del estruendo de ayer? —Sí. —¿Con quiénes? —Con los que me contaron todo lo que te acabo de decir. ¿Me sigues? —¡No pienso escucharte! Estás diciendo puras leseras. —¿Por qué no? —Porque aún no te cuento el secreto. Entonces. —Lo escuché ayer en el piso de arriba. como ya sabes. esos chicos que nadie infla y deciden vivir en una caleta como ésta. —Oye.

¡Ah! ¡Esto sí que es bueno! ¡Puedes ir en tu bici! —¿Cómo lo sabes? —En la ciudad es distinto. Junto al río que atraviesa la ciudad de punta a cabo y llega al mar. Un bosque en medio de las enormes avenidas. no todo. Deivid. porque sería pérdida de tiempo. Te decía que tendremos que dividirnos. evitando nuevas interrupciones—. tú irás en un sentido y yo en el otro. No. Bueno. Porque en la ciudad la gente no camina por pasadizos estrechos como estas pasarelas. Las calles son anchas y tan largas que se pierden de vista a la distancia.—¿Cómo que nada? —¡Nada! —¡Pero si no hago más que hablarte de eso! —¿De qué? —Del río que atraviesa la ciudad. desde la cordillera al mar. se extiende un parque maravilloso. que escuchan música 64 . Tienes que andar mucho para ir de un punto a otro. para que no nos topemos. y que en sus aguas arrastra todo lo que se necesita para vivir en una caleta. Deivid —se apresuró a explicar ella. Y ese parque es el paraíso de los biciclistas.

En la ciudad es distinto. Es fabuloso. Además. —¿Paraíso de los biciclistas? —se mostró Diego un poco más interesado. puestos en desorden con diferencias de nivel. Diego la escuchaba con la boca abierta. Deivid. La llevan en el bolsillo y con unos botoncitos ensartados en sus orejas escuchan directamente lo que más les gusta. Los biciclistas pueden subir y bajar escaleras con sus bicis. 65 . Ellos no son arrollados por personas que ocupan todo y no dejan pasar a nadie como ocurre aquí. hay enormes plataformas elevadas para dar saltos y volteretas en el aire. algunos trepan por los troncos de los árboles. sin atreverse a contradecirla. los que vivimos aquí no dejamos espacio para tu bici. mientras pasan aviones sobre sus cabezas.mientras pedalean. Estaba fascinado con el relato de Tiara. —Sí. Por esos caminos sólo pasan bicicletas. donde los pasadizos son estrechos. porque ellos pueden desplazarse de un punto a otro por caminos muy planos donde la bicicleta es dueña y señora. ¡Es fantástico! Los biciclistas compiten en estadios repletos de gente y en los parques.

formando un cruce. —¿Y la luz amarilla? —Esa es un aviso. En ese orden hacia abajo. Y tienes que hacerlo. otro con ropa de mujer. hay luces de tres colores: roja. Almacenes con ventanas para observar la mercadería que hay en su interior. En un almacén se 66 . largas. Algunos tienen varios pisos. interminables. uno con ropa de niños. Porque ahí sí que estás frito: te llevan detenido enseguida. feliz de la vida. es para decirte que no podrás cruzar al otro lado de la calle. porque la próxima luz que viene es la roja. tienes que detenerte. un almacén distinto encima del otro. La ciudad es enorme y tiene de todo lo que puedas imaginar. Pero cuando la luz roja cambia a verde. cuando dos caminos parece que terminan y se encuentran. un microbús o un vehículo de los carabineros.—Para los vehículos —siguió ella— hay grandes avenidas. amarilla y verde. por donde pasan miles de autos. En cada esquina. buses y camiones. porque así evitas que puedas arrollar un automóvil. Cuando llegas al cruce y está encendida la roja. otro para los hombres y otro para los jóvenes. puedes seguir pedaleando como si nada.

—¿Machetear? —Pedirles una moneda. Y a lo mejor vamos a tener que saltar desde la calle al río para librarnos de los pacos y vamos a quedar adoloridos del cuerpo. 67 . —¿Pedir plata? ¿Como los mendigos? —Pero debemos cuidarnos de los carabineros. se abrazan a coro y empiezan a saludarse entre ellos. Allí van todos cuando Chile juega fútbol con otro país. muebles y alfombras. Pero cuando Chile gana todos gritan al mismo tiempo.pueden comprar aparatos eléctricos. Se encuentran las personas. y podemos ir por sus calles para mirar a la gente que pasa y machetear. en otro se compran cosas para la casa. entonces van a seguirnos y tendremos que salir corriendo. fabulosa. En el corazón de la ciudad hay una pantalla gigante. Porque ellos saben en lo que andamos. tonto? ¿Es que no te das cuenta? Desde esta caleta podemos sentir lo cerca que está la ciudad. para comprar lo que queramos. ¿Lo ves. enorme. como el horno de tu mamá. pero nadie se saluda porque no se conocen. Deivid. como le pasó a la Ese.

—¿A quién? —A la Ese. Tenía seis años cuando falleció su abuelita y quedó en la calle. cuando entré al dormitorio estaba lleno de camas. una chiquilla que duerme en el piso de arriba. Nos reímos. En todo caso. como de hospital. porque seremos como hermanos. pase lo que pase. cuándo desdichado. para darme la bienvenida. debajo de un puente. porque junto con la cama se cayó el chiquillo que estaba en ella. Se lo ha recorrido todo. sabe cuándo está contento. ellos al verme se levantaron para saludarme. tú y yo nunca nos vamos a separar. Entonces. Y 68 . —¡Estás delirando! —Mira. Se fue a vivir con otros niños en una caleta. Imagínate al Leuquipán. -¿Qué? —El uno es del otro y el otro es de uno. ¿entiendes? Una de las camas se cayó y se produjo el descalabro. porque no tenía a nadie más en la vida. En cada cama había un niño. conoce todos los cantos del río. —¿Quién es ella? —Déjame seguir —lo interrumpió Tiara—.

—\Deivid. Entre los dos la arrastraron y luego la levantaron hacia la pasarela. Eso fue lo que escuchamos en la sala: eran los cabros de arriba que se caían del catre como sacos de papas. como si quisiera evitar que Tiara pusiera sus manos sobre el asiento o la rueda trasera. —¡Termina de una vez! Diego. se fueron al suelo y se desató la batahola. Diego mostraba su molestia dando fuertes tirones del manubrio. —¡Estás inventando! —¡Es la pura y santa verdad! —¡Me voy! —Primero tengo que terminar con esas picadas de pulga. todavía con el pantalón arremangado. resbalando a ratos. porque la humedad proveniente del mar comenzaba a cubrir las rocas. Justo encima de nosotros se alza una pantalla gigante. 69 . como una llovizna.como todos se mataban de la risa. se incorporó tan de repente que se golpeó la cabeza con las tablas de la pasarela. A duras penas logró sacar la bicicleta fuera del escondite y a regañadientes aceptó que Tiara le ayudara. mira! —advirtió ella—.

Si te fijas bien en la preciosa imagen que nos mira. Solitaria en casa —Hola —saludó—. sonrían. arrastrando su bicicleta. Si en ese momento hubiese expresado lo que pensaba. como si quisiera montar en ella. El alcalde de mar se acercó con la inquietud pintada en su cara curtida por el agua salada. luego. salió temprano y todavía no ha vuelto. Pero Diego no respondió y se volvió a mirar una vez más a su compañera. a ratos corría. habría dicho: ¡estás más loca que una cabra! No hicieron más que terminar de trepar hasta la pasarela cuando descubrieron que eran observados. te darás cuenta de que una mujer muy bella nos dice: sonrían. Diego aprovechó la distracción de Tiara y se alejó. subía los 70 .perfectamente iluminada. para que la distingan hasta los helicópteros que giran sobre nuestras cabezas. ¿Está tu papá? —No —respondió la niña—.

De ser así. al menos podré hablar con tu mamá —dijo el hombre. —Bueno. hasta que se perdió de vista. La noche se anunciaba con todas sus señales. Se molestó con su amigo por salir huyendo de esa manera. ella sí que está —respondió la niña. No era posible que se alejara del modo que lo había hecho. La hora en que la naturaleza habla con su quietud. El alcalde de mar caminaba cabizbajo y en silencio. que con tanta ilusión deseaba compartir con Diego. Mientras se dirigían a la casa. 71 . Tiara se preguntaba si el alcalde de mar había descubierto el escondite debajo de la pasarela. Las lágrimas de su pena no corrieron por sus mejillas. Era la hora de la conciencia. La noche la cubría con su manto de soledad.escalones con la bici al hombro. —Sí. como si fuesen cómplices de algo malo. se vería obligada a no regresar nunca más a su propia caleta. los pájaros desaparecieron de pronto y hasta se detuvo la suave brisa que se deja sentir durante el día. El recogimiento se apoderó de la niña.

—El salió bien temprano —explicó la mujer. Con el hijo mayor se fue. 72 . que entró en la cocina de la modesta casa y aceptó tomar asiento—. Buscan a mi papito. —Adelante —respondió la madre y salió a recibir al alcalde de mar. —¡Mamá! —llamó desde la puerta—. ¿Le sirvo un té? —No lo voy a rechazar —respondió el hombre y se quitó el gorro de lana que cubría su cabeza.Caminaba cabizbaja por un túnel de hielo y quien la acompañaba no era más que otro de los tantos fantasmas que encontraba cada día. mientras vertía el agua caliente de una tetera ennegrecida por el fuego—.

73 .

Ahora tienen que presentarse. ¿No ve que su hijo no puede salir a pescar sin el permiso respectivo? —¡Por Dios. pero no me asuste. Se lo advertí hasta el cansancio. En caso contrario vienen los marinos y se los llevan por rebeldía. pues —reiteró—. —¿De qué se trata esta vez? —Que no puede ir de pesca con el hijo mayor. Ni caso que hicieron. Si se lo he dicho tantas veces. —Ay.—Ese es el problema —comentó el hombre. —¡Ah! —exclamó ella. qué duros de cabeza estos hombres! —Así no más. —¿Y usted no pudo ayudarlo? —Pero si lo hice —se excusó el visitante—. —La Capitanía de Puerto le puso una multa. —¿Qué problema? —Que no escucha razones. —Pero cómo ha de ir tan lejos —protestó ella. Pero no entiende. 74 . —A lo mejor anda en eso. —Sí. oiga. —Es que ahora tiene que ir a Puerto Cisnes.

para hacerme presente que tiene infracciones acumuladas contra el Pascual. —Usted sabe —dijo la mujer— que andan preocupados de los pescadores. Tiara observó la preocupación de su madre.—La pura verdad no más digo. Era un detalle que también le había dejado su amiga Yara. le había dicho. Me llamó especialmente el almirante de la Segunda Zona. pero siempre lo consideró un recurso indispensable en medio del mar. 75 . Sin embargo. capaz de cegar la vista y provocar comezón en los ojos. «Así siempre estarás preparada para un imprevisto». Desde entonces. parecía a punto de llorar. para secar la humedad salobre. Cabizbaja. La niña se acercó a su madre y le alcanzó el pañuelo blanco bien doblado que siempre llevaba consigo. siempre lo llevaba consigo. Nunca entendió a qué tipo de sorpresa se refería. la mujer se concentró en las mamaderas de sus hijos y el pañuelo de la niña permaneció intacto sobre el mantel de plástico anaranjado que cubría la mesa.

pero las reglas deben cumplirse. no lo tome usted tan mal. 76 .Maña? —exclamó ella.—Todos lo saben —respondió el visitante—. más eficiente. —Tanto le dije que no aceptara ser presidente de la caleta. Pero la madre. El alcalde de mar se volvió a mirar a la niña. —rompió su silencio el alcalde de mar. fue a la cuna con la leche que el pequeño reclamaba.. interrogándola con la mirada. sin que nada ni nadie se interpusiera entre ambos.. —Este muchacho. En eso no hay maña. —Pero eso no lo libera de cumplimientos que a todos corresponden —comentó finalmente el hombre. —Es un modo de decir. doña. Tiara se limitó a observar como su hermanito satisfacía su hambre y deseó con toda la fuerza de su corazón que el pequeño fuera su hijo para tener el derecho de alimentarlo. El menor de los hermanos soltó el llanto y la niña corrió a consolarlo. —.

.. Luego. —Sí —asintió el hombre—. —No. —¿Cómo? —replicó el hombre. Allí se sentó a contemplar la noche. se levantó de la mesa y salió a la puerta de la vivienda. qué bien! Eso me tranquiliza. —pero la explicación que rondaba su mente no se convirtió en palabras. don. —¿Qué intentaba hacer con esa bicicleta? —Andar en ella —respondió la niña con absoluta inocencia. —¿Pensaban poner esa bicicleta sobre tu balsa de plumavit? —exclamó el hombre. en las rocas? —Lo que pasa. señor alcalde —respondió la niña. Tiara descubrió el gesto de complicidad que le hacía el alcalde de mar y guardó silencio. Y enrojeció de inquietud. —¡Ah. 77 . La balsa no la usamos cuando hay neblina. suspirando como si le hubieran quitado un peso de encima—. ¿Ahí. ¿No estará pensando hacer algo indebido? —¿Indebido? —preguntó la niña con un hilo de voz.—¿Diego? —respondió Tiara. bastante asombrado—.

No. Apenas lleguen les daré su recado. para nada. Abordó la pequeña embarcación. —¿Cómo que nada? Tengan cuidado con ese juguete. que se dirigió al embarcadero. dejando libre el paso al alcalde de mar. El alcalde de mar dejó de regañar a la niña ante la presencia de su asistente. ¿Me pasé de la raya? —¿Cómo? —¿Hablé más de la cuenta? —¡Ah! —replicó ella—.—No se preocupe. doña. dándole la apariencia de un espectro frente a la oscuridad. 78 . —¿Me acompañas al muelle. señor alcalde —escuchó decir a su madre—. Un reflejo de luz amarillenta lo rodeaba. —Se me hizo de noche —comentó—. se sentó en la popa y se subió el cuello de la chaqueta de paño. Tiara se levantó y se hizo a un lado. Puede ser muy peligroso. La puerta crujió al abrirse. que lo esperaba en el bote. —Cariños a la tía Lidia —dijo ella. En el umbral apareció recortada la figura sombría del hombre. —Es urgente. Huevito? Tiara caminó en silencio junto al hombre.

alejándose rápidamente del embarcadero. pero el asistente ya había girado el bote y remaba con energía. ¿Qué era lo que en verdad sabía el hombre? 79 .El alcalde de mar no respondió. Tiara quedó tan intrigada como al principio de la visita del alcalde. Hubiese querido volverse.

Al ver que Diego no estaba. al final de la pasarela que se internaba en medio de un racimo 80 . Sin despedirse de su madre. subía los últimos peldaños. fue a la puerta y salió a la mañana con un sobresalto en el pecho. una voz interior le decía que lo vivido esa noche era lo más impresionante de todo lo conocido hasta entonces. El sueño la había engañado.Los príncipes A la mañana siguiente despertó asustada. Ni siquiera probó la leche del desayuno. cargando con dificultad la bicicleta. Se apresuró para ir a la escuela. Kiko y su padre no habían regresado de la pesca durante la noche. La madre de Diego. corrió a la cama de su hermano. con la sensación de haber dormido más de la cuenta. Tal como lo temiera. Se lavó y vistió a la carrera. Fue a la ventana para mirar hacia la costa. pero que no podía recordarlo.

Tiara se quedó observándola hasta verla desaparecer.atiborrado de casas. 81 .

Y no pensó en ella. ¿Cómo no se tomó la molestia de comprobar si había salido de la casa? Tampoco se preocupó de avisarle. y ella habría corrido a ocupar su lugar en la lancha. habían navegado su padre y su hermano? La vaka poe—poe era una nave de gran tamaño. La quietud sobrecogía y nada se podía esperar de aquella neblina envolvente y misteriosa. ¿Qué tan lejos. su compañero ya había cruzado a la escuela en el bote de don Anselmo. Observó un instante el océano. un grito. Tiara perdió la esperanza de que alguien pasara y la llevara a la escuela. mar adentro. Imposible ver en la inmensidad que cubría la neblina. Una señal habría bastado. con la proa y la popa muy elevadas. que pescaba muy lejos de allí.Al parecer. ¿Es que todavía estaba enojado? Con alegría recordó las peripecias del día anterior: recordaba cómo se había esmerado para entusiasmar a Diego y hacer que cumpliera un sueño. La había construido el abuelo y 82 . Tampoco lo haría su padre. Abandonada a su suerte observó el panorama brumoso. En todo el archipiélago no había otra embarcación que la igualara. un silbido.

Los hombres ensamblaron hábilmente la madera para rehacer aquellas partes que se habían deteriorado con el tiempo. manu—hakerere. Como única respuesta escuchó en su mente el cantar lejano que le recordaba su origen: 83 . su hermano Kiko la había hecho participar en la restauración del bote. Como una forma de nuevo bautizo. Siempre dispuesta a imitarlo. haciéndolos pasar una y otra vez por la borda de la flamante embarcación.Tiara recordó claramente cuando la repararon. Tiara suspiró con satisfacción al evocar aquellos días. cuya carne servía de carnada. algas y jaibas. Esperó que la densa bruma se alejara para ver el volantín. le ofrecieron pescados como alimento. pulpos pequeños. que su padre echaba a volar cuando pescaba. Tres días antes de botarla al mar. no le perdía pisada y soñaba con ser tan atrevida como él. después de muchos años de uso. estuvieron pescando para alimentar al nuevo lanchón. De alguna manera. Kiko la llevó a la costa y la hizo recolectar caracoles. cuando su condición de niña no era un obstáculo para seguir en todo a su hermano.

la vieja Uka—ui. ka neku—neku mai. rodeando a la niña como si quisiera devorarla. ka kau te umu ena. el viejo Here—veri.» » Y Tiara traducía mentalmente cada frase. e Uka—ui é. quiso distraer su mente con la cuerda para el juego Kai-kai. Y mientras Here—veri lo encumbra. su mujer. Ella cerró los ojos y aguardó temerosa. La bruma avanzó repentinamente hacia la costa. e Uka—ui—é. un grito de advertencia. E Tu—Here—veri é ka haro—haro mau. Sin embargo. nae Tu—Here—veri é. Sentada en el 84 . un silbido haciendo que se levantara y se pusiera a salvo. un ruido de motor debía salvarla.» «Mientras eleva su volantín. Nada de eso aconteció. revuelve el curanto. Uka—ui lo molesta tironeándolo a él.«E hakerere te manu é. pero sus dedos estaban demasiado entumecidos como para intentarlo.

abriendo un camino en medio de la espesura blanquecina. que parecía un digno jefe de su pueblo. —Abuelo. En su rostro moreno de sol mostraba dos líneas de color que cruzaban la piel desde las orejas al nacimiento de la nariz. donde un moño mantenía recogido sus cabellos grises. Una hermosa pluma crecía en su cabeza. azotando el viento. ¿por qué aquí sólo importan los hombres y los niños pequeños? —También las niñas. por debajo de los ojos. la dominaba. querida nieta —respondió el anciano. —Abuelo —se lamentó la niña al verlo en pleno sueño—. sintió que el frío. mi papito no viene para llevarme a la escuela. 85 . En la piragua navegaban Kiko y el abuelo. El volantín manu—hakerere fue al encuentro de la niña. —Y no vendrá. Después apareció la imponente embarcación de los príncipes. —Se prepara para una dura competencia —repitió Kiko. disfrazado de sueño. espantando la bruma.muelle.

Ha de ver como allí las jovencitas lindas tienen otro destino. ¿Le gustaría conocer a otras niñas? 1 Locas de piernas desmembradas. —Sí. mi nieta —replicó el anciano—. ¡He tamaroa te pokil. abuelo! —imploró la niña. en Rapa Nui. —Pero usted. era un modo despectivo de tratar a las mujeres. —Pero antes iremos a casa —propuso el anciano—.—No. no servimos para la batalla de cada día. —¿Y eso qué significa? —¡Es hombre el niño! —¿Lo ve. No servimos para la pesca. abuelo? —¡Qué injusto! Por muy muerto que yo esté. uno de estos días tendré que ir a la casa de mi nuera y decirle un par de cosas que le pongan los pelos de punta. —¿Quién lo dice? —Mi papá. abuelo. gritamos. lo recuerdo perfectamente —comentó el abuelo—. ¿no alegra el hogar. según la tradición. 86 . acaso? —Se alegraron cuando nació mi hermano. —¡Hágalo. No es así. —¿No? —Somos las locas de piernas desmembradas1.

Siempre es así en los sueños. Huevito —gritó Diego desde el mar—. 87 . porque hasta en la vida misma ocurrían situaciones así de repetidas. su amiga inolvidable. pensó Tiara y recordó a Yara. pero no le prestó mayor atención a tanta reiteración. Entonces ocurrió lo inesperado. —¡Tiara! —gritó Kiko—. Pero tenemos que regresar antes de la colación. Y le pareció un sueño soñado. La señorita Emilia nos ha dado permiso. —Pero. —Podemos ir. —No hay tiempo que perder —dijeron los príncipes. Aborda tu pora y rema hasta la piragua. Kiko —protestó la niña—. —La navegación es larga —agregó el abuelo.«Me encantaría». porque desde el otro extremo de la caleta apareció Diego pedaleando en su bicicleta. Tengo que ir a la escuela. tanto que siempre los adultos se quejaban de lo monótono y aburrido que solía ser a ratos el diario vivir de cada día. —Debemos llegar antes de la ceremonia —advirtieron los príncipes.

De un salto se embarcó en la balsa de espuma plástica y remó hasta la piragua de los príncipes. sólo se escuchaba el golpe acompasado de los remos. De Diego nunca más se supo. mientras el abuelo amarraba la balsa a la nave de los príncipes.Corrió a su Amiga Yara y desató las amarras. Se perdió con su bicicleta en medio de la niebla y Tiara se quedó muy tranquila. 88 . Unos segundos más tarde. En un santiamén Tiara estuvo junto a la embarcación y su hermano la levantó en vilo. porque sabía que así cumplía su sueño.

89 .

arrastrando todo lo que hallaban a su 90 . desapareciendo casi por completo en aquel manto de mar encrespado y turbulento. evitando ser alcanzada de costado por el fuerte oleaje. La embarcación enfiló hacia la corriente. abuelo —respondió Tiara. La proa se hundía en las aguas. en el interior de la nave. El anciano ató una cuerda de un metro de largo a la cintura de la niña y aseguró el otro cabo a un madero. vamos hacia Islotes Locos y pasaremos frente a Melinka. La piragua echó al viento su velamen y los audaces príncipes pusieron rumbo hacia el canal Moraleda y a Tiara le pareció que ya estaban en el océano. Ahora dirigimos la nave hacia el norte. la popa se elevaba hacia el cielo y las olas entraban a raudales. —Pronto tendremos que asegurarnos para cruzar el golfo Corcovado —advirtió el abuelo—. ¿Tienes miedo? —No. El océano se interna hacia el archipiélago y la corriente que se forma es como una tormenta. Ese es Puerto Ballena. —Falta mucho para eso —respondió su hermano—.Navegaron hasta que salieron del canal estrecho y se alejaron de Puerto Gala y de la isla Toto.

la niña se sentía segura con la compañía de su abuelo y de su hermano. en medio de los príncipes. El velamen de la piragua se hinchaba con la fuerza del viento y los remeros no decaían en su empeño. La piragua dejó atrás el golfo Corcovado y entró en aguas más serenas. 91 . poniendo en riesgo incluso sus vidas. —Nos acercamos a Quellón —gritó el abuelo. pero a ellos parecía no importarles la dura prueba que enfrentaban. achicando el agua acumulada en el piso de la nave. A Tiara le daba gusto ver como su hermano remaba con el mismo brío de los príncipes. Pese a lo difícil de la situación. en efecto. El agua los empapaba de pies a cabeza. sacudido por los vaivenes—. El abuelo y la niña colaboraron con dos cuencos de madera. por el poniente. por el oriente. Y así fue. —Esas son las islas Desertores —comentó el hermano de Tiara.paso. Pronto la navegación será más tranquila. al tiempo que indicaba un grupo de islas que estaban a la vista. y frente a Queilén. Navegaron frente a Chaitén. Pero los príncipes habían tomado las precauciones necesarias y el oleaje no causaba mayor daño.

como el que un día. por curiosidad o error.—Pronto avistaremos las islas Chau. entró en la estrecha bahía de la 92 . Los esperaba el golfo de Ancud.ques y la península de Huelqui. Al acercarse a la punta Palos Negros. —Ese de allá es el Michinmahuida —dijo el hermano de la niña.ques —agregó el abuelo. En la placida travesía avistaron uno o dos barcos de pasajeros. La mañana se despejó de pronto y a los ojos de Tiara se hicieron visibles las empinadas cumbres de los volcanes. No entraron a Puerto Montt y prosiguieron rumbo al océano Pacífico por el canal de Chacao. pero los avezados príncipes no desmayaron en mantener siempre la embarcación bajo control. Acercándose a Calbuco la navegación se tornó incontrolable. la nave recuperó su travesía sin mayores inconvenientes. La navegación continuó entre las islas Butachau. El abuelo desató la cuerda de la cintura de su nieta y la niña pudo moverse libremente en la magnífica piragua que la llevaba a la isla de su antepasados. —Y ese es el Huelqui —agregó el abuelo.

donde la navegación sería más calma. dejando atrás el archipiélago de Chiloé y poniendo rumbo al norte. alejándose cada vez más de la costa. mientras Kiko y los príncipes remaron con toda la energía de sus músculos. —Huimos del continente Hiva—prosiguieron los príncipes. —¿Y por qué? 93 . finalmente. Los navegantes evitaron que la nave sufriera más de un deterioro. en aguas oceánicas.isla Toto y se detuvo frente a Caleta Chica para llevarse a Yara.mapu y los príncipes se alistaron para enfrentar exitosamente la barra que formaba el oleaje que separaba el océano de la salida del canal. Entraron. El abuelo amarró de nuevo la cuerda a la cintura de su nieta. —¿Qué historia? —replicó la niña—. en las constantes sacudidas sobre las olas tempestuosas. Navegaron por fin frente a Carel. ¿Abuelo? —Te la contaba cuando eras muy pequeña —respondió el anciano. El recuerdo volvió a ocupar un lugar candente en el corazón de Tiara. —¿Alguna vez te hemos contado nuestra historia? —dijeron los príncipes.

si no la poníamos a salvo. La tortuga se defendió y con una de sus aletas golpeó a nuestro compañero. —¿Qué hicieron.—El gigante Uoke. para alejarlo de los peligros. —¿Por qué hacía tanto daño? —¿Quién puede entender los actos de un gigante? —respondieron. Lo llevamos a una caverna. —¿Estaría más seguro? —Sí. —Fue atacado por una tortuga. con su fuerza descomunal. Eramos siete exploradores y al regresar en busca de nuestra gente dejamos la tierra nueva al cuidado del séptimo príncipe. lo estaba hundiendo. —¿Lo abandonaron? —preguntó la niña. entonces? —Nuestro sabio Hau Maka tuvo un sueño. En él vio una tierra nueva y nos envió a explorar la isla soñada. —¿Las piedras pueden ser buena compañía? 94 . —¿Una tortuga puede herir a un hombre? —Quisimos comerla —explicaron—. porque lo dejamos en compañía de seis montoncitos de piedra. La tierra se inundaba y nuestra gente habría muerto. que nos representaban.

—Tenían la facultad de hablar. pues había navegado en círculos para llegar a ella y no había otra tierra en las cercanías. —. Hablaban? —Cuando él preguntaba desde el interior de la caverna: «Príncipes. sí! —Lleva nuestra sangre en las venas —respondieron. llegó a la tierra nueva y desembarcó en Anakena. —Nuestro rey hizo preparar dos piraguas. que significa Ombligo del Mundo.» Así tuvo sosiego. —¿Eso quiere decir que soy como ustedes? —Lo es —replicaron. —¡Rapa Nui. —¿Por qué nunca me lo dijeron? ¿Kiko? —Ahora lo hacemos. —Allí nacieron el abuelo y el padre. ¿dónde están?» Los seis montones de piedra respondían: «Aquí estamos. —¿Quieren decir que les importo? —Más de lo que imagina. 95 . La nombró: Te Pito o Te Henúa.

esperaban junto al mar. Los príncipes acercaron la piragua a la pared rocosa y cuando el vaivén de las olas se aquietó por completo.Después de interminables horas de navegación y cuando Tiara pensaba que jamás llegaría de regreso a la escuela para la colación. y tomando a Tiara de la mano inició el camino hacia la cima. Tiara pensó que la frágil embarcación se hundiría con el peso de tantas personas. Neru de miembros bellos —dijeron los príncipes con gran ceremonia. Se volvió angustiada a su hermano. Pero la niña se resistió a seguirlas. pero Amiga Yara se mantuvo a flote. abordaron la balsa de espuma plástica. El abuelo lo había seguido y los príncipes se alejaban en dirección a una colina 96 . ante los ojos maravillados de la niña apareció un acantilado imponente. —Es la última de las elegidas —comentó la mujer que la recibía. —Oh. ataviadas finamente de blanco. pero Kiko había desaparecido. Lentamente remaron hasta la pared rocosa y fueron recibidos por aquel grupo de mujeres. Un grupo numeroso de mujeres.

apareció en medio de las mujeres y miró de lejos a la niña. Pero Yara se volvió para comenzar a subir la escarpada pendiente del acantilado.. escuchó el entonado canto de las novatas: ¡Oh! Neru de miembros bellos y delgados. Hasta que su amiga Yara.. que seguían cuidadosamente el trazado del sendero. comenzarían los festejos. confundida en medio del grupo de jóvenes. al borde del abismo. mientras ella se negaba a dar ni siquiera un solo paso en la dirección que señalaban.muy cercana donde. al parecer. con el deseo vehemente de abrazar a su amiga. Tiara sintió que le volvía el alma al cuerpo y corrió al encuentro de su gran amiga. Entonces. Sorpresivamente se vio vestida de blanco y temió lo peor si llegaba con ese vestido a la escuela. Las mujeres la arrastraban. como si fuera una más de ellas. colgantes. Tiara caminó ágilmente sobre las rocas. En la larga fila que ascendía hacia la cumbre. con aquellas mozas silenciosas. Sin medir los riesgos a que se exponía. Tiara temblaba de miedo. 97 . curiosamente vestida de azul.

Adentro había pequeñas lagunas con agua fresca. En ellos se 98 . —¿Dónde estamos? —preguntó a media voz la niña. Escondidas allá atrás. Cuelgan hacia abajo. de aquella tierra de Hiva. —¿Caverna de las Vírgenes? —Entremos —ordenó la mujer que encabezaba la comitiva.... formando espejos. que se extendía varios metros hacia el interior de la roca. Tiara fue llevada al interior de la gruta. —Frente a la Caverna de las Vírgenes —respondió una de ellas... De las paredes fluía el agua cristalina en pequeñas filtraciones. Eres tú. como si aquellos ojos de agua fuesen tenues luminarias. Allí se aclaraba el piso de roca. Es la hora en que se levanta la caña de azúcar. Penden en las cuevas las calabazas del color... Era una bóveda perfecta. Escondidas están las Neru.. Cuando la niña se habituó a la oscuridad.. ¡oh! hermosa Miru. pudo ver un túnel muy largo..Lleváis el manto antiguo de Rapa Nui.

—¡Todavía soy una niña! —protestó ella.contemplaron un instante las niñas. La comitiva entonó un nuevo canto. a medida que se alejaban de la caverna. pero ninguno de esos rostros encontró el de Yara. iniciando el regreso hacia la salida. Y ahora tiene que marcharse. Cuando eso ocurra será recluida en esta caverna. —¿Por qué? —El dice que soy fea. quedó deslumbrada por la belleza de quienes la acompañaban. —Aquí son recluidas las jovencitas hasta el día de sus bodas. Así será más hermosa y aumentará la pureza que se le exige a una novia. —Aquel que no tenga ojos para ver la belleza de su hija no merece ser el padre que la guía. 99 . —Dejará de serlo antes de lo que imagina. —Esto no le gustará a mi padre. alimentarlas y ver que nada les falte durante su aislamiento. Y Tiara debía venir porque será una de ellas. linda niña. hasta que su piel se vuelva blanca como la espuma. Y a nosotras se nos ha encomendado cuidar a las iniciadas. Sin embargo.

bordeando el abismo. Tiara despertó cuando la piragua aminoraba la marcha. oh reclusa! ¡Te amo. cruzaron frente a la caleta donde vivía la niña y se 100 . el abuelo amarró la cintura de su nieta mientras ésta dormía. oh reclusa! ¡Contra la roca está suspendida la calabaza con tu comida. Estaban en las proximidades de Puerto Gala. que en sueños es mucho más rápida.' ¡Cuánto tiempo has estado encerrada. En la balsa de plumavit remaron hasta la piragua. a velocidad de crucero. Kiko y los príncipes. Finalmente. cansada por la extenuante travesía.«¡Estás encerrada en una caverna. La navegación de regreso tendría las mismas emociones. Puso rumbo al archipiélago de Los Chonos. penetrando en la densa bruma que cubría por completo el océano. Pero al acercarse al canal de Chacao. Abordaron la nave y ésta se alejó del acantilado. Junto al acantilado aguardaban el abuelo. porque has estado prisionera! ¡Cuán blanca te has tornado en tu retiro. oh reclusa!» Con el mismo cuidado empleado en el ascenso bajaron por el estrecho sendero.

una vez que estuvo a un metro de la imprudente—. Tiara. un juego? —reiteró la señorita 101 . El abuelo desató la amarra de la balsa y la niña se despidió de los príncipes. y el despertar se presentaba tan abrupto como un inmenso peñasco arrojado a las aguas. La embarcación de los príncipes había desaparecido. como si nunca hubiese cruzado aquellos mares. Entonces vio que a su encuentro venían las tías. su hermano y su abuelo también la abandonaban. Tiara se encontró sorpresivamente frente a la escuela. cuando no estaba preparada para enfrentar el resto del día. el profesor y hasta la mismísima directora. de su hermano y de su abuelo. Con la bruma también se había marchado gran parte de la magia de aquel sueño. Se restregó con fuerza los ojos. Los momentos recién vividos resultaron maravillosos. con la intención de rechazar una realidad tan inesperada como repentina. —¿Y esto qué contiene? —exclamó ella. después de haber tenido un sueño que insistía en mantenerla adormecida.detuvieron a metros de la Escuela Madre de la Divina Providencia. ¿Y esto qué es. chica. Y a ella.

Es igualita a su padre. Irán a detenerlo uno de estos días. además. de la Junta de Vecinos y que. —¿Cómo capeará el temporal? —comentó Elvira. —Tiene la cabeza llena de pajaritos —agregó Lidia—. haciendo sentir todo el peso de su autoridad. ¿Cuántas veces se te ha dicho lo mismo? —Eso fue lo que hice. 102 . Tiara se tomó todo el tiempo necesario para dejar bien amarrada la balsa al embarcadero y asegurar el remo. tío Tato —respondió la niña. —¡A mi oficina! —ordenó la directora—. chica —dijo Lidia. Jamás se perdonaría que algo le ocurriera a su Amiga Yara. atendía el comedor de la escuela. Supiera lo que me ha contado mi marido. seguida por la comitiva que la había recibido sin ninguna manifestación de bienvenida.Emilia.— tiara —intervino el profesor —. ¡Esto no puede quedar así! —¡Pobre inocente! —suspiró Elvira. del Centro de Padres. —Apúrese. —¿Qué? —exclamó Lidia. Debes venir acompañada por un adulto. Luego se dirigió a la escuela.

A ninguno se les ocurre venir en una balsa de mentira. —Ai papá de Tiara nunca lo hemos visto. ¿En su casa no ven riesgos. —Sí —dijo Elvira—. para que nunca más se embarque en ella. no miden consecuencias? —Pero al menos a los otros niños los traen sus padres. pero el Pascual no le quiso dar permiso. No puede venir a la escuela con eso. —¡Desconsolada quedó la pobre niña! 103 . —La mamá viene de vez en cuando. que son incapaces de traerla. ¿vino alguna vez a la escuela? Ni cuando los niños hacen invitaciones para las festividades. —¡Es su juguete! —Por lo mismo. ¿cómo permiten que la niña se arriesgue de este modo? —Deberíamos esconderle esa balsa. —No estuvo para la premiación de la hija. No sé. —Yo recibí el encargo de ir a su casa a decirle a su mamá que viniera.—Yo estaría mucho más molesta con los hombres de su casa —agregó Lidia—.

¿va a venir mi mamá?» Cuando la niña entró en la oficina de la directora. —Como ella supo que yo había ido especialmente a su casa. un reconocimiento de la escuela. 104 . —Tiara Miru —sentenció finalmente. —Se le llenaron los ojos de lágrimas a la pobrecita. un chico se siente dichoso de recibir un estímulo. quiero que esta misma tarde entregues esta notificación en tu casa. me dijo: «Tía Lidia. Ya ni sé quién es tu apoderado.—Ese día me dio mucha pena. —¿Por qué? —Salen muy temprano. mientras se disponía a escribir sobre una hoja de papel en blanco—. la señorita Emilia se había sentado detrás de su escritorio y esperaba con una paciencia fingida. en presencia de sus padres. —Nunca pueden. porque sea como sea. La directora guardó silencio al tiempo que observaba severamente a la niña. ¿Por qué nadie viene a dejarte? Tu familia es dueña de una o dos lanchas y no te traen a la escuela.

—Entiendo que sus labores de pesca comienzan de madrugada —aceptó la directora—. Tu hazaña es un pésimo ejemplo. —Puedes volver a la sala —ordenó la directora y le extendió la comunicación que acababa de firmar. —Comprenderás que ninguna de mis niñas debe arriesgar la vida como lo has hecho. considerando que no es ninguna gracia lo que has hecho. Además. —¿Y se puede saber con quién venías? —Es que no me creería si le dijera. Nunca había ocurrido algo semejante. tía Emilia! —replicó la niña. tía —respondió la niña. tu imprudencia puede contagiar a los alumnos que llegan por agua y no me extrañaría que mañana vengan a la escuela a bordo de balsas como la tuya. 105 . Espero que lo entiendas. ¿Qué dirían de nosotros? Y tus parientes serían los primeros en condenarnos. —Sí. Pero alguien tiene que acompañarte. ¿Te imaginas que pase una desgracia? ¡Ni Dios lo permita! Nuestra responsabilidad es muy grande. —¡Yo no crucé sola. Es demasiado.

106 .

que usarían en sus largas semanas de internado. Estuviera el tiempo como estuviera. Entonces. tía Emilia —dijo. bueno o malo. No volaba una mosca en el interior 107 .Tiara recibió el papel doblado en cuatro y lo guardó en el interior de la mochila. cuando ella y sus hermanas debían abordar un bote para cruzar el canal. Los alumnos dejaron de escribir cuando Tiara entró en la sala. como si se disculpara. Hubiera querido detener a la niña y levantarse de su escritorio para abrazarla con dulzura. —Hasta luego. Pero la lección debía surtir el efecto deseado y la autoridad no podía dar señales de debilidad. Su corazón de maestra se colmó de ternura. enfrentando riesgos que podrían haber terminado en tragedia. A ninguna de ellas se les habría pasado por la mente hacerlo solas. en invierno o en primavera —la lluvia en Chiloé no hace la diferencia—. las balseaba un bote a remos. La directora se reclinó en la butaca de su escritorio y recordó aquellos tiempos de niñez. ellas tenían que cruzar con sus baúles cargados de ropa limpia.

—Lenguaje y Comunicación —anunció el profesor—. Busquen la unidad que apunté en el pizarrón. 108 . Algunos sonreían. A continuación los leyó con gran entusiasmo. Todas las miradas se dirigían a Tiara. Cuando el profesor se volvió al pizarrón para anotar las actividades de la unidad. varios mensajes escritos llegaron silenciosamente a las manos de la niña. Lectura en silencio y comprensión del texto. otros la observaban como si la vieran por primera vez en la vida. pues era la primera vez que provocaba tanto interés entre sus compañeros. Ella los apiló uno por uno sobre su falda y los alisó cuidadosamente. La niña ocupó su puesto y abrió la mochila para sacar sus cuadernos.del recinto.

hizo que el curso completo se paralizara de espanto al escuchar claramente las risas que venían del segundo piso. Un segundo golpe se produjo en el piso de arriba. interrumpió bruscamente la lectura de Tiara. seguido de carreras a pie descalzo. 109 . Diego recordó lo que su compañera le había contado la tarde del día anterior cuando ambos se reunieron debajo de la pasarela. pero estos golpes eran reales y las risas tampoco eran producto de la fantasía de nadie. proveniente del piso superior. el profesor suspendió las anotaciones en la pizarra y enfrentó a sus alumnos.Un fuerte golpe. La niña comenzó a reír sin ocultar la gracia que aquello le producía. Hasta entonces pensaba que Tiara estaba más loca de lo que se creía. Diego miró a Tiara y descubrió que sonreía. Los compañeros de Tiara dejaron de espiarla a hurtadillas y dirigieron las miradas al techo. Un tercer estruendo. Ella apartó la vista de los papeles que ocultaba debajo del pupitre y observó las manchas de humedad en el cielo de la sala.

preparado para iniciar un interrogatorio sobre el comportamiento de sus alumnos. Con la palma de la mano golpeó dos o tres veces sobre el escritorio. Mientras Tiara evocaba lo vivido en el piso de arriba. tuvo que hacer uso de su autoridad para poner un poco de orden en el alboroto que amenazaba con desbordarse. Y como sus alumnos seguían comentando en voz baja y las risas iban en aumento. chicos? —¿Será verdad lo que dice la Huevito? —¿Qué dice la Huevito? 110 . porque todo el curso comenzó a tironear a Diego de la manga de su chaleco. ¡Silencio! ¿Qué les pasa. Diego comenzó a contar a sus compañeros lo que sabía sobre el hecho y la situación fue de conocimiento público en cosa de segundos. Pero no consiguió que lo escucharan. al tiempo que preguntaban a media voz por qué reían de esa manera. con la intención de aquietar los ánimos alterados—. —¿Qué ocurre? —dijo al fin el profesor.Diego comenzó a sonreír con ella y el profesor sacudió sus manos y sopló el resto de tiza de sus dedos. Lo único que deseaban era salir corriendo.

—Está bien —dijo al fin—. cada vez más inquieto—. al levantarse. corren las tablas de las camas y se caen. con el Credo en la boca. desatando aún más las risas que tanto les costaba controlar a esos niños. Los mismos niños. porque en ese preciso instante se produjo un nuevo golpe. Tiara. —¿Qué cosa? —insistió el profesor. Pero ni se imaginen que hemos terminado con el 111 . tío Tato —replicó ella—. —¡Ya basta! —alzó la voz el maestro. aguardando las instrucciones del profesor. —Eso mismo fue lo que me contó la Huevito —se disculpó Diego. Sonó la campana y los alumnos se aquietaron por un instante. —La Huevito tiene nombre —censuró el profesor. sin dejar de reír. Las risas de todo el curso se reavivaron y por un momento parecieron incontrolables. ¿es verdad lo que dicen tus compañeros? —Así es. Y se quedó mordiendo sus palabras.—Que los internos son caídos del catre. salgan a recreo.

Te has convertido en una alborotadora de tomo y lomo. Esta vez Diego permaneció unos instantes junto a su compañera. —Parece que fue verdad lo que dijiste —comentó. cuando el segundo piso estaba deshabitado. porque conocía de sobra la situación comentada por sus alumnos. echando a rodar una pelota de fútbol. El profesor esperó pacientemente que la niña saliera para sonreír de buena gana. Tiara. tendrás que explicar el hecho. Alguien le acarició la cabeza. Primero tienes la audacia de venir a la escuela en tu balsa y ahora eres responsable de este desorden. Especialmente tú. 112 . Algunos se acercaron a Tiara y le dieron suaves palmadas en la espalda.asunto. Los chiquillos corrieron al patio más atolondrados que nunca. no se explicaba cómo había llegado al conocimiento de Tiara y cómo era posible que ocurriese de nuevo. Sin embargo. Pero finalmente se alejaron de ella. —¿Quieres venir? —¿Adonde? —Al dormitorio de los internos.

sin medir consecuencias. la recibieron con entusiasmo. Subió muy animada. porque la aldaba ya no estaba en su lugar. se alegró de no ser tomada en cuenta. Sus compañeros lo llamaron y se alejó corriendo. sin saber si tomar en serio las palabras de Tiara. al parecer no tenía ninguna intención de correr con la novedad a la oficina de la directora. antes de venir a la escuela. sin mirar atrás.—¿Estás loca? ¿Para que las pulgas me piquen de nuevo? —Tengo que contarte lo que me pasó en la mañana. 113 . Diego la miró profundamente unos segundos. —¿Así. Convencida de que nadie se preocupaba de ella. como esto? —Más bello. La niña esperó que nadie la observara. El tío Tato seguía ocupado en la sala. como era ya costumbre. que cedió fácilmente. una vez más se atrevió a empujar la puerta. Las pulgas.

deseando que el sueño la dominara. llegaron al dormitorio la 114 . porque antes de lo esperado regresaron las apariciones de la primera visita. de ajetreos de unos y pasividad de otros. se sonrojó emocionada y no supo de qué modo debía corresponder a tales manifestaciones de afecto.Cálida bienvenida ti segundo piso estaba tan desierto y abandonado como el día anterior. Al cabo de un rato de entusiasmo. cerró los ojos y se mantuvo muy quieta. La niña se sentó en uno de los catres y mientras se rascaba intensamente las piernas. Ella se mostró sorprendida. Su deseo se cumplió. Le tendieron los brazos y la rodearon hasta formar un apretado enjambre de niños que deseaban manifestar un sentimiento de amistad incontenible. Los internos de aquel dormitorio corrieron al encuentro de Tiara.

Tiara fue a sentarse con aquellos niños. —Ya hablé con un pescador. el joven Renato y el padre Ronchi. que le hicieron un lugar. —¡Tengan cuidado! Que estos catres son como huevos. —Oye. acomodándose en una de las camas. Te\ —dijo la Ese—. —De una vez por todas —comentó la señorita Emilia— hay que resolver este asunto. —¿Qué importa si nos caemos? Se sentaron con sumo cuidado. ¿cómo llegaste aquí? 115 .señorita Emilia. Te —preguntó la Ese—. —¡Oye. muerto de risa. que en invierno hace trabajos de carpintería —confirmó Renato. —lo creo que los chicos echarán de menos el alboroto matutino —comentó el sacerdote. Ven a compartir con nosotros. como la invitada principal. Tiara quedó instalada en medio de todos. la Ese. hasta formar un círculo de conversación muy animada.

sí —afirmó el sacerdote—. 116 . —Sí. el Pascual ya estaba aquí cuando visité la caleta.—Mi abuelo vino con mi papá —respondió Tiara.

117 .

—Y a usted. —Usted vino a poner orden en este lugar —agregó la señorita Emilia—. El padre los convenció de traer a sus familias para restablecer las leyes del hogar. no me habría molestado en assoluto que me hubiesen llamado como quisieran. —Cuando llegó el padre Ronchi —continuó ella—. desde que lo conocimos. ¡El nombrecito! —Le llamaron así —respondió el sacerdote— porque la Isla de Pascua es su lugar de origen. después de todo lo que ha hecho por estas caletas. padre Ronchi —preguntó la Ese—. 118 . —Bueno —agregó el sacerdote italiano—. los hombres dejaron de vivir solos bajo la ley de los puños y con el poco sentido común que les quedaba. —Le respetamos —aclaró el joven Renato—. ¿Recuerda? —Como si fuera ayer.—¿Pascual? —repitió uno de los niños—. Lo que importa es que no se falte el respeto. ¿le decían «el italiano»? —Eso sería muy injusto —intervino la señorita Emilia—.

La isla Toto. Esos pescadores aprovecharon el abrigo natural de la bahía para establecer su pobre y su transitorio 119 . al sur de Chaitén y Quellón.—lo vino a conoscere la relitat de la isla —comentó el sacerdote— e incontrai una térra di nessuno. donde sólo moraba el esplendor y la bondad de la naturaleza en su estado más primitivo. trozada y compartida con cientos de islas pequeñas. pensando che la aventura tomaría tan solo unas cuantas settimana. siempre a la espera de que la merluza cambiara de sitio. los pescadores lo hicieron en esa parte del océano. a su entera assoluta volunta. Las protegidas aguas que rodean el archipiélago. alejada y solitaria. En un inizio los pescadores llegaron con sus aparejos. Mientras los peces buscaron refugio en esas aguas. fue habitada por intrépidos pescadores que siguieron la huella de la merluza española. una isla en la cuale cada individuo delimitava le frontiere de su autoritá. Se fueron quedando los hombres. de la noche a la mañana se vieron surcadas por grandes cardúmenes.glia. Atrás dejaron hogar y fami. de la cuale tutti querían apoderarse.

sastres.vado para proteger sus escasas pertenencias de la humedad del océano.'LTí v|uip ^sacaban . mueblistas. No sólo pescadores. más de cinco mil personas. también comerciantes de todos los negocios imaginables: almaceneros. porque un exportador recogía la merluza para transportarla a Puerto Montt. llegaron ferreteros. panaderos.mar quedaba en las manos de aquellos esforzados pescadores. Pero sólo una mísera parte de la lincakiikihlf xttjui.caserío. comerciantes con patentes de alcoholes y otros con bebidas de fantasía. 120 . abasteros y carniceros. carpinteros y enfermeros primerizos especializados en labores mínimas de salubridad. Llegaron a establecerse a la ciudad de plástico. zapateros. Las chozas que levantaron estaban construidas con las ramas arrancadas de los formidables árboles de la isla y los techos y paredes fueron cubiertos con el plástico que ellos mismos habían lie. Esta aparente prosperidad convocó a otros hombres y el caserío comenzó a tomar las dimensiones de un pueblo. como se la conoció de ahí en adelante.

casa—bote. forrado en plástico. Tenía forma ovalada. El techo era como la quilla de una embarcación y a ella se entraba o salía por una puerta lateral. Pero esos hombres y sus familias se acostumbraron de tal modo a la belleza de la isla Toto que ninguno quiso abandonarla. poco a poco se convirtieron en hogares con muros de madera y techo de zinc auténtico. como un bote volcado. semejante a una tajada de melón. en efecto. Había sido una vivienda muy precaria. Antes de que naciera la niña llegaron tablas bien aserradas. Así fue. de modo invertido. que al principio hizo diferencia. en medio de la lluvia. el abuelo y su hijo la habían construido imitando las antiguas viviendas de Rapa-Nui. con ramas y madera del lugar. ¿Per che ser distinta? Era la única hare—paenga. sin embargo. —Como la de Pascual —comentó el padre Ronchi—. no conoció el primer refugio que levantó su abuelo.Con el tiempo la pesca dejó de ser abundante. por la que había que agacharse para no golpearse la cabeza. Tiara. clavos y planchas de zinc. Sus casas de plástico. necesarias para la casa definitiva. 121 .

y como se me quedara mirando con cara de duda. —Menos io. Fue divertido. ella incontré dos veces el mesmo día. —Así me convenció —agregó la señorita Emilia. io dije: te ricordo perfectamente. —Y a mí —se sumó Renato. La primera vez la observé a la entrada del pueblo. Al incontrarla de nuovo en la chiesa. Así son en la isla donde nacieron mis antepasados. sí —recordó el sacerdote—. ¿cómo se llama? —respondió Tiara—. Construí una scuola para bambinos. que hiche lo che debía —replicó enseguida el sacerdote italiano—. —¿Aunque todos los vecinos reclamaran porque ocupaba más espacio que las demás? —Cada uno hizo lo que quiso. En sitios lejanos convencí a profesores para venir cual maestros. —Buono. io dije. padre. le respondí —continuó la señorita Emilia—. 122 . No puede ser casualidad. agregué: estudié para maestra en la Escuela Normal de Ancud. tampoco. ¿Qué estudios tienes? —Soy profesora normalista.—No fue capricho.

ta lejana. Ellos esperaban visita de autoridad de la chiesa. Con viento. 123 .—Guardé silencio por un instante —prosiguió el sacerdote— y luogo pregunté: ¿enseñarías en lugar remoto? —Es lo que espero. io dije —agregó el sacerdote—. lluvia o tormenta. las pocas vacantes estaban ocupadas. me solicitara en matrimonio? —Y fue divertido como io fui recibido en su pueblo. Mi madre. que también era profesora. con esfuerzo y sacrificio. comenzó muy joven su vida de magisterio y montaba a caballo diariamente diez o doce kilómetros para enseñar en una escueli. ¿Qué oportunidad podría tener en mi pueblo? Sabía que no había ninguna posibilidad de encontrar un puesto de maestra. —¿Qué más podía hacer? ¿Quedarme a enseñar en una isla y embarcarme todos los días. —Beni. hablaré hoy mismo con tuo padre para que enseñes a niños que necesitan maestra. para hacerme cargo de mis alumnos? ¿O quedarme a esperar que el hijo de la señora Rita. el único boxeador del pueblo.

acompañadas de hijos y maridos. para realzar el paso del visitante.—Una vez al año —contó Emilia— nos visitaba el obispo. en efecto. ya viene!». al ver la polvareda que levantaba el único vehículo motorizado de la isla. En la primera casa de la calle principal se ponían sus zapatos y cambiaban el atuendo de todos los días por trajes mejores. El religioso italiano tuvo que caminar bastante para seguir el viaje. El visitante. 124 . que lo había recogido a dos kilómetros del canal de Dalcahue. que por esos años residía en Ancud. pues oye. Las gentes del campo. El camino estaba en construcción y no llegaba al embarcadero. El padre Ronchi descendió con su larga sotana y abrigado con un amplio chaquetón impermeable. Los músicos iniciaban los sones de las melodías. adornaban las imágenes de las Vírgenes que habían traído especialmente para la visita del obispo. había llegado en el camión municipal. reservados para estas ocasiones. En ese tiempo. con sus acordeones. Alguien gritaba: «¡Que ya viene. la calle principal era engalanada con arcos de flores. entraban descalzas al pueblo. Luego. tambores y guitarras.

—Así es el padre Ronchi —continuó la señorita Emilia—. io dije. permite que io pueda llevarla conmigo. saludando afectuosamente con la mano a quienes se acercaban a darle la bienvenida. que me dije: oh.Sostenía en su mano izquierda un pequeño bolso de viaje y sonreía en todo momento. ¿Qué haces?. mientras ella tocaba el armonio durante la misa. No soy más que un cura en misión de pastor. Es la persona que preciso. me incliné a besarle el anillo de su mano derecha —reconoció Emilia. —Y lo hizo molto bene.tarla y reconocí a la del beso en la mano como si io fuese un obispo. tanto candor e ingenuidad. Había tanta innocenza en su mirada. Fue impresión molto grata la que ella causó entonces. Subí a felichi. —Le ofrecí el ramo de jazmines que había preparado y de todos modos. Signor. en señal de respeto. —Ambos nos sorprendimos. un hombre sencillo que llega donde se lo 125 . —Yo había recibido el honor de poner flores en uno de los altares y acompañar a la señora Rita. porque io no llevaba anillo alguno y no estaba habituado a ceremonias.

para darles algo de cariño y comprensión. Les llevábamos algo de comer. a los venti decidí por sacerdocio para dedicar mi tiempo a los pobres. por muy distantes que se hallen y por muy escasos que sean los medios para llegar hasta ellos. Vine misionero a Chile y recogí bambinos bajo puentes del río Mapocho. de hacer más soportable la vida que llevaban. Tratábamos de ayudarlos. —Así lo conocí en Santiago —intervino el joven Renato—. Queríamos estar junto a ellos y establecer un vínculo. bautizar niños perdidos en los rincones más apartados o entregar víveres a los necesitados. Io nací en un pueblo cercano a Milán. Por eso. como decir misa donde no hay iglesia. Fui el mayor de onche hermanos y tuve una infancia difficile. especialmente para cumplir sus oficios. No era nuestra intención sacarlos del río. que no 126 . —Es que así fue mi niñez —prosiguió el sacerdote—.propone. Suele viajar con un bolso de mano y aborda el primer vehículo que pase. Yo era uno de esos estudiantes buena onda que nos acercábamos a los niños que vivían bajo los puentes. tratando de entender su situación.

pre ritornarían a vida de vagabondo. —Nosotros no sabíamos que era sacerdote —comentó la Ese—. sin permiso ni nada. así de repente.se sintieran tan solos. El padre Ronchi hizo 127 . Io sabía que mientras se quedaran en la ciudad. El padre Ronchi me pidió que lo acompañara cuando decidió traer a todos estos niños sin hogar. apareció este hombre mayor. De la noche a la mañana. Esa misma noche desapareció y creímos que se lo habían llevado o que se había muerto. No tuvo la intención de echarnos. Decidí trasladarlos a Puerto Cisnes. pero no le gustaba que estuviéramos ahí. Entonces pensamos que era el dueño de la caleta. Una noche llegaron los policías buscando a cuatro jóvenes que sus familiares habían dado por perdidos. viajé con ellos más de mil quinientos kilómetros. —Después ritorné per lui. —Dios nos pone cosas en el camino —prosiguió la señorita Emilia—. sem. —¿Sin el permiso de sus padres? —¿Y de qué padre podía solicitar permiso? Allora hice hogar donde los bambinos estudiaran y crecieran.

La radio es el puente que une a cientos de almas que pasan aisladas la mayor parte del tiempo. materiales de construcción y los implementos necesarios para instalar una modesta estación de radio. que fue lo que hicieron al principio. como no bastaba. Io hice para que ellos entendieran por leyes de razón y orden. cuando recién llegados. Buscó la colaboración de personas caritativas. a clases! —sentenció la señorita Emilia y desapareció. como si nada más importara. —¡Niños.sa y dar en ella muestras de gratitud y. de empresas. no respetaban. sin 128 .construir esta escuela de madera. inmóviles. conseguí al menos cada quince días que una patrulla de carabinieri viajara a la isla para la ley que estos uomo. consiguió víveres. en su aislamiento. que es el medio de comunicación más efectivo de la zona. autoridades e instituciones. El tañido de la campana interrumpió la tertulia. para que dejaran de dirimir diferencias con la forza de los puños. Tiara se incorporó de un brinco y todos se quedaron con el alma en un hilo. —Pedí ayuda para levantar una chie.

como si de pronto hubiesen retornado a la condición que siempre tuvieron: fantasmas. Con la irresistible comezón en sus piernas cerró la puerta a sus espaldas y se quedó inmóvil allí por unos segundos. sintiendo como las pulgas nuevamente la convertían en blanco de sus picadas. Entonces comenzó a rascarse. En su pupitre tuvo que disimular para contener las ganas de calmar la picazón. de cuando en cuando se detenía para aliviar la comezón que parecía quemar la piel de sus piernas. La niña bajó los peldaños de dos en dos. El patio estaba desierto. pero la puerta de la sala permanecía abierta. Al resto de los alumnos no parecía preocuparle lo que ella había hecho durante el recreo. Mientras se dirigía a la sala.respiración. lanzándole miradas de complicidad. aunque Diego la interrumpía a cada rato. Era el único que sabía dónde había estado. evitando que la cama se desparramara por el suelo. Aquel pensamiento calmó sus inquietudes. 129 . comprobando que no había sido descubierta. aceptando que a veces la indiferencia de los demás es más conveniente de lo que uno pudiera desear.

Terminadas las clases, Tiara amarró su balsa a la panga de don Anselmo, que fue en busca de su hijo. Diego se limitó a observarla durante el trayecto. Era demasiado abrumador para él sentirse cómplice de una falta que había provocado tanto rechazo en la escuela. Por fortuna, en la lancha nadie comentó el incidente de la mañana. ¿Todo ese alboroto por haber navegado en balsa unos cuantos metros? ¿No sería demasiado? Ella no había puesto en peligro su vida. Si así hubiera sido, jamás se habría alejado tanto de la orilla. Por lo demás, había demostrado que Amiga Yara era muy segura. Como todos los días, la madre de Diego lo esperaba en el muelle con la bicicleta. En el momento de descender y antes de que corriera a reunirse con su adorada bici, Tiara le habló a media voz: —Más tarde nos vemos, en la caleta bajo la pasarela. Tengo mucho que contarte. —Después de la once será —respondió Diego, mostrándose desinteresado—. Y después de las tareas, porque si no mi mamá no me deja salir. A lo

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mejor a ti tampoco te van a dar permiso después de lo que hiciste. —Voy de todos modos —respondió la niña. El padre y el hermano de Tiara no estaban cuando ella regresó de la escuela. —La tía Emilia mandó esta comunicación —dijo a su madre. —Déjela ahí —respondió ella. —¡La directora quiere hablar con ustedes! —Bueno —replicó la madre un tanto molesta por el reclamo de su hija—, ella entenderá que sus padres tienen asuntos que resolver. —A lo mejor quiere hablarles de mí. —¿Hizo algo malo, hija? —y como Tiara no respondió, la madre continuó—: La otra vez también quería que fuéramos a la escuela y era para recibir un premio. —Tienen que leer la comunicación. —Que la lea su padre cuando llegue. La niña enmudeció intentando entender los asuntos de sus padres, pero su mente sólo tenía espacio para la segunda visita que había hecho al 131

piso de arriba. Ni siquiera la preocupaba el malestar de la directora, ni el regaño que había recibido de su maestro. Tampoco le importaba el contenido de la comunicación que la tía Emilia le había enviado a sus padres y que ella no había tenido la imprudencia de leer. Tiara salió de la habitación. Contrariada, triste, confusa y sin saber qué hacer, perdió por un momento el sentido de la existencia. Cuando, más tarde, Diego asomó su nariz en la ventana de la cocina, atisbando hacia el interior, Tiara no se veía por ningún lado. La Te y el Deivid

Diego fue a reunirse con Tiara y ella lo vio venir con su bicicleta. Se detuvo junto a la baranda de la pasarela y aguardó allí un instante. —Sabía que estabas aquí —le dijo al verla—. ¿Entregaste la comunicación? —Sí. —¿Qué dijo tu mamá? 132

¿nunca has intentado montar tu bici en la pasarela? —¿Cómo? —Subirte a tu bici. para que las ruedas no giren. -¿Qué? —Escucha. Huevito. Deivid —insistió ella—. Se hizo la lesa y cambió de tema. Hasta que no pudo más 133 . —¡Adonde puedo ir con ella! —protestó Diego. —Deivid —le dijo—. No la leyó. Me vine sin permiso. por muy tirado de las mechas que fuera. —¿Estás loca? Tiara desapareció en el interior del refugio. Allí esperó pacientemente con los dedos cruzados. Escuchó con atención alguna señal que pudiera venir desde la pasarela. —¿Y qué vas a hacer cuando la lean? —No sé. —Pero podrías andar sin andar. Por un momento pensó que Diego se había cansado de estar allí.. lo animó para que lo hiciera.. Si te montas en tu bici y pedaleas bien corti. Al ver que Diego no mostraba el menor interés por descender al refugio.—Nada. —Te van a castigar. deseando que su compañero aceptara.to. tal vez.

obligándolo a mantener el equilibrio. afirmado en la baranda de la pasarela. quiso bajarse rápidamente. Sin pensarlo más de una vez. —Pero. Diego. Para su sorpresa. Hasta que pudo más la curiosidad que la soledad y el silencio que reinaba en el escondite y Tiara salió a la luz de la tarde. allí estaba Diego. Diego vencía finalmente aquel sentido del ridículo que tanto lo avergonzaba cada vez que montaba su bicicleta. no! —le dijo ella—. trepó por la roca y sorprendió a su compañero. Cuando pierdas el equilibrio. al verla junto a él. —¡Esta no es forma de andar en bici! —protestó Diego. animándolo. —¡Eso es. moviendo los pedales hacia delante y hacia atrás. —¡No. Deivid\ —gritó ella. ¿No es divertido? 134 . Ahora pisa bien firme los pedales y tuerce un poco el manubrio. mientras seguía las indicaciones de Tiara. intentando pedalear. pero ella lo detuvo.con la curiosidad y se asomó a ver qué había ocurrido en verdad. tuerce el manubrio hacia el otro lado. Mantente ahí. ¿qué tiene de divertido? —¿No? —insistía ella—.

Era dueño de la única bicicleta que había en la caleta y siempre se lamentaba de no poder disfrutarla. de juego torpe al comienzo. tal vez. por un sendero sinuoso y.—No le veo la gracia. te dije. —¡Déjame probar. como era su deseo. se convirtió en sorprendente descubrimiento. entonces! —¡No! —¡Bájate! —No. ¿qué cosa más extraña que «andar en bici» sin pedalear ni un centímetro? Sin embargo y por curioso que resultara. Pero. y la perseverancia. a través de la auténtica peripecia. 135 . sentir el placer de dejarse llevar por la velocidad al descender por un camino que sólo estaba en su imaginación. ¡Con qué gusto hubiese querido pedalear y pedalear en línea recta y atravesar grandes extensiones de bosques. el muchacho se resistió a ceder porque tal posición le otorgaba poder frente a su compañera. Porfiadamente. no hubo forma de que Diego renunciara al intento.

Repentinamente. su figura recortada contra el verde del cerro y el azul negruzco del cielo. —Puedo ir más lejos si quiero —comentó. Allí se detuvo.tos. cada golpe de manubrio para mantener el equilibrio. inmóvil como una estatua. Ella era la que más se divertía con los logros del compañero y celebraba entusiasta cada giro. comenzó a desplazarse a salti. como un balón que bota sobre el cemento inexistente y fue avanzando hacia la superficie accidentada de la roca. —¿Ir más lejos? —ella se llevó las manos a los labios para ahogar un grito que amenazaba con escapar de su garganta.Era cosa de verlos. 136 .

137 .

retando toda lógica. De tal modo la bicicleta era controlada con mayor eficacia. Deivid —protestó la niña. aterrando a su compañera. rechazando consecuencias—. dándoselas de arriesgado. A ratos se paraba en los pedales. de valiente. —¿Y por qué no? —replicó. ¿No querías verme en peligro? ¿No te agrada el riesgo? —¡Nunca dije que andes por las rocas! ¿Y si perdía el equilibrio? ¿Y si rodaba hasta las aguas con bici y todo? Tal vez ella había sido muy imprudente al animarlo de esa manera. deseaba ver a su propio hermano en el pellejo de Diego. Al mismo tiempo.—¿No quieres que baje hasta el refugio? —Pero. permitiendo que bajara unos centímetros la rueda 138 . con gran cuidado. por donde comenzó a descender. sin soltar el freno y torciendo el manubrio de lado a lado. El ciclista de las pasarelas se bajó de la bicicleta para levantarla sobre la baranda de madera y posarla en la roca. siempre dispuesto a no titubear ante el peligro. sobre el asiento. entusiasmado con su idea.

Mira. —Yo jamás haría eso. Huevito. —¿Sólo medio pan amasado? —Mi mamá lo hace bien rico. No lo olvides. —¿Para que todos vean? —Para que te vean los del piso de arriba. —Es increíble lo que haces —dijo ella.trasera y otros centímetros la delantera. La voy a partir en dos. Hasta que se detuvo frente a la entrada del escondite. —¿Ellos? —Estarían maravillados. —¿No es lo que querías. —Prefiero que hagas una exhibición en el patio. Huevito? —Por mi culpa podrías caer y quebrarte una costilla. —Aquí soy la Te. —¿Por qué? —Porque si viviéramos con ellos te mandarían a machetear con tu bici. —¿Qué cosa? —Esos giros con tu bici. traje algo para la once. —¿Podré ir a la escuela? —¡Esas rocas sí que son peligrosas! —Pero puedo intentarlo. Después de una exhibición como ésa lloverían las monedas. También traje una papa cocida. 139 .

Deivid. pero tú no estabas. ¿Por qué haces tantas leseras? —Es lo que tengo que contarte. —Tranquilo. Pero desde que comenzaron sus fantasías se había vuelto parlanchína y de sus labios salían expresiones que jamás le habían escuchado. será mejor. -¿Y? 140 . También vinieron los príncipes. Ella no va a venir. -¿Qué? —Vino el Kiko a buscarme. mirando con ojos de asombro a su compañera. Ni siquiera se asoma a la puerta de la casa cuando salgo. Entonces llegaron en su piragua y navegamos hasta la isla de nuestros antepasados. Deivid. —No quisiera estar en tu pellejo cuando el Pascual lea la comunicación y vea que no estás en la casa. Ya. El se quedó en silencio. ¿de nuevo fuiste al piso de arriba? —Sí. Por lo general.—Si aparece tu mamá por aquí nos saca de un ala. come. Bajé muy temprano a la caleta. pero no pude esperarte. las tías apenas le sacaban una palabra. no era muy habladora. En la escuela. —Huevito —murmuró—. Fue maravilloso.

. —¿El tío Tato? —Y también con el padre Ronchi. Los 141 .. gritaron y salieron corriendo.. —Entonces. «¡El cura fantasma!». —Pero ése no era.—No sólo estuve con los internos. —Mi padrino trabajó en la carretera Austral y una vez vieron un sacerdote que se aproximaba. porque el jesuita anduvo en los años de 1760. como de bien lejos. —Se parece a esa historia que nos contó una vez el tío Tato. con el profesor Renato.. entonces mi padrino y sus compañeros vieron aparecer la silueta del religioso sobre la nieve.. ¿era cierto que se aparecía como un fantasma? —¿Qué historia es ésa? —preguntó ella. Abrió los brazos y gritó a los cuatro vientos. También con la tía Emilia. Lo pasamos en historia. Cuando el cura llegó a la faena no encontró ni un alma. —¿Con la directora? —. así. que a cierta hora del día se aparecía un misionero jesuita.. —¿Hasta de la fecha te acuerdas? —Bueno —continuó él su relato—.

Lo recibieron contentos. El padre Ronchi contó una que yo nunca había escuchado. Estaba muerto de cansancio. les dijo. un ingeniero de Aysén experto en turbinas. —En algunas islas de Chiloé también usan baterías de auto. 142 . con fuertes palmadas en la espalda. «Voy a calentarme un poquito y después hacemos la misa». Deivid. obedeciendo al cura que los llamaba.hombres entendieron que había llegado un sacerdote verdadero. esas que producen electricidad para que la gente de sectores apartados como el nuestro tenga radio para comunicarse. Iba con Jaime Caro. —¿Turbinas? —Sí. muerto de frío. —Sí. Regresaron a la obra. Había caminado un día y medio y pasado toda una noche sin techo ni abrigo. —¿Cuál? —En una oportunidad se embarcó en un bote tan pequeño como mi balsa. ella conoce muy bien todo eso —replicó la niña— porque es de allá. —Es bonita esa historia. Eso nos contó la tía Emilia.

Con sencillez. El sacerdote y el ingeniero habían navegado ya varias horas. porque jamás habían pisado una iglesia y aquella era la primera vez que veían un cura. El hogar era humilde. en cosa de minutos. se vistieron para la ocasión. El fuego ardía en la cocina y la mujer del botero los invitó a comer a la suerte de la olla. El jefe de familia era padre de cinco hijos. ya se nos hizo tarde. cinco bautizos y una boda. Esa misma noche. como todos los de la región. —Huevito —interrumpió Diego—. El hombre reconoció que con su mujer tampoco se habían casado. entre un caserío llamado La Junta y otro conocido como Raúl Marín Balmaceda. El hombre les ofreció pasar allí la noche y continuar viaje al día siguiente. Aceptaron.Pero lo que Tiara contó era para sorprenderse. El padre Ronchi quiso saber si los niños estaban bautizados. el padre Ronchi celebró dos confesiones. cuando los sorprendió la noche. El ingeniero fue testigo de matrimonio y padrino de los niños. ¿No nos andarán buscando? 143 . el botero que los transportaba vivía por allí cerca y la casa más próxima era precisamente la suya. que sonreían con disimulo. No lo estaban.

donde por fin se sintieron más seguros. Desde allí caminaron lentamente. Si hubiese traído unas frezadas me quedaría a dormir. Tiara le ayudó a Diego a cargar la bicicleta hasta la pasarela. ya se me pasó. Tiara se asomó a la ventana como de costumbre y 144 . el llanto de un niño rompió la paz de la noche que se anunciaba. Fue lindo. Diego se quedó esperando unos minutos después de que la niña desapareció por la puerta estrecha. ¿verdad. por los angostos pasadizos de madera húmeda y ennegrecida. El accidente Ai día siguiente y a primera hora de la mañana. —¿Tienes miedo de llegar a tu casa? —No. uno detrás del otro. Deivid. Después de lo que hablamos.—No me quisiera ir. Antes de que anocheciera se despidieron a la entrada de la casa de Tiara. Deivid?. Cuando abandonaron el refugio no se veía a nadie por los alrededores.

a unos cuantos metros de su casa. —Vienen por mi padre y mi hermano —pensó la niña—. Tiara esperó en los escalones que 145 . Se acercó a esa gente allí reunida. Se diría. Era muy extraño lo que ocurría. Se despidió de su madre y con la ilusión de siempre descendió por la pasarela en dirección al embarcadero. ¡Qué bueno que no estén en la casa! Hubiera deseado que Diego estuviera allí.lo único que vio fue un grupo de pescadores reunidos en la caleta. pues nadie se movía de su sitio. con semblante de preocupación. Terminó su desayuno y volvió a mirar resignadamente el mar que comenzaba a sacudirse la bruma. más bien. que aguardaban por algo que se presentaría de un momento a otro. el alcalde de mar y tres marinos conversaban en voz baja. Inquieta. se preguntaba por qué razón los marinos no buscaban en la casa a su padre y a su hermano. y un tanto más apartados. pero ninguno de ellos descubrió la presencia de la niña. Una lancha de la Armada se mecía suavemente con el ir y venir de las olas. pero su compañero no se veía por ningún lado.

navegando pausadamente en medio de la bruma y la tranquilizó aún más la presencia de su abuelo y de su hermano Kiko. cogió el remo y. evocó la deslumbrante piragua de los Ariki Paka. en el fondo de su corazón. Soltó las amarras. emergiendo desde la densa bruma que engullía al resto del mundo circundante. A decir verdad. Tiara se alegró con la llegada de los navegantes. Tiara la vio acercarse. Aunque no lo 146 . Vio la satisfacción en los ojos de su hermano. después del primer viaje que hicieron a la isla de sus antepasados. Como si una puerta de tenue humedad se abriera para darle paso. sin pensarlo dos veces. Decidida. la espléndida embarcación de los príncipes se dirigió resuelta al sitio donde flotaba la niña. Estirpe real. recibe nuestro respeto. Soñando despierta.bajaban al muelle y. se dirigió al lugar donde mantenía amarrada su balsa. aguardó por el prodigio de aquel día. —¡Niña Miru! —saludaron los príncipes—. Sintió con cuánta dulzura la miraba. abordó la pequeña plancha de espuma plástica y remó con decisión hasta el muro de neblina. no pensaba más que en ellos.

hasta que al cabo de un tiempo se disipó la bruma y ante los ojos de Tiara apareció el imponente volcán Rano Raraku. Kiko estaba muy contento. Así como la bruma ocultaba las aguas del archipiélago. precisamente por estar ella en conocimiento de las peripecias. así también ocultó rápidamente la piragua de los príncipes. Ajenos a la audacia de la niña y la presencia de los Ariki Paka. dudaba que tuviera la resistencia de enfrentar nuevamente la prueba. Tiara sabía que navegando hacia el norte se llegaba a una isla donde brillaba el sol esplendoroso. donde el mundo desconocido y fascinante de sus abuelos se abría ante sus ojos. aunque la esperaba. 147 . el alcalde de mar. Se preparó entonces para una travesía extenuante. los marinos y los pescadores continuaron su charla como si nada. porque en el viaje anterior el comportamiento de Tiara había sido admirable. La navegación enfrentó las mismas dificultades del viaje anterior y. En todo momento fue protegida por su abuelo y su hermano. pero curiosamente la navegación fue más breve que la primera.manifestara.

—Tu padre competirá por uno de esos trofeos —agregó el abuelo. Los rostros de tales monumentos. como si la roca misma les diera forma con el cincel y el martillo de ventiscas y tormentas. ha pasado el invierno y se aproxima el verano. —¿Mi padre? —exclamó Tiara. —Es cuando retornan las manutara. que llegan al peñón a depositar sus huevos —dijeron los príncipes. demostrando que cada uno representaba un personaje rodeado de misterio. Desembarcaron en las cercanías del volcán y caminaron hacia la cima del cráter. En el ascenso la niña fue descubriendo los monumentales moáis. 148 . —Aquí en Mataveri se reúnen los competidores.—Es tiempo de primavera —comentó Kiko—. La niña descubría gigantes pétreos a cada paso. en el pasto silvestre o saliendo de la montaña. enseñaban pequeñas diferencias. —Compite para que su jefe gobierne por un año los destinos de sus hombres —concluyeron los príncipes. descansando en sus pedestales. en apariencia idénticos. las aves sagradas.

Tiara no terminaba de sorprenderse al contemplar tanta maravilla y su corazón brincaba 149 . sobre una extensa planicie. A poca distancia del sitio de las celebraciones se alzaba un moái de varios metros de altura.Tiara pudo admirar la hermosa aldea que allí se levantaba. Las viviendas allí construidas eran de piedra laja. en la cumbre. con puertas muy pequeñas siempre abiertas hacia el mar. celebrando con danzas y cantos de envolventes melodías. una imponente escultura se arrodillaba en medio de la llanura. —Estamos en Orongo —explicaron los príncipes—. una parte de los faldeos del volcán estaba poblada de estatuas en distintas posiciones. Más allá. un enorme rostro de piedra volcánica yacía tendido observando el cielo. En verdad. dispuestos a pasar allí todo un día. Hombres y mujeres se congregaban en aquel lugar. Y se celebra la ceremonia del Tangata Manu. porque allí estaba la cantera donde fueron esculpidas la gran mayoría de las esculturas de Isla de Pascua.

—Las piedras hablan por sí solas —comentó uno de los príncipes. Este es el santuario. igual que mi padre. blanqueada por los excrementos de las aves. solían hacer sus nidos las aves. Entre esas grietas. cubiertos de vegetación. el sacerdote dio la señal de inicio. Y algún día. Al sur de la isla se podía observar el islote Motu—kaokao. Los jefes observaban a cierta distancia. penetrando en la roca como lanzas espumosas. Desde el observatorio solar. Más lejos. Los 150 . las olas los golpeaban con furia. Y llevó a la niña hasta una roca tallada con signos y figuras indescifrables—. que emergía del mar como una espada puntiaguda.de alegría de sólo pensar que ella y su familia pertenecían a ese mundo fascinante. —Esa es la meta —dijo Kiko—. se veían los peñones Motu-nui y Motu-iti. ocultas por la hierba que las circundaba. cómodamente instalados. Los tres islotes dejaban ver cuán enormes eran las dificultades para llegar hasta ellos. también yo competiré. Hasta allí han de nadar. Rodeados por grietas y quebradas.

—¡Es mi hijo! —exclamó jubiloso el abuelo. bajaron hábilmente. tratando de alcanzar cuanto antes las aguas del mar. portando sus canastos kete. pereciendo en medio de las aguas. donde cumplían la primera parte de la travesía. Desde el acantilado. Los competidores. Debían esperar largas horas hasta que llegaran las aves a poner sus huevos. Una vez en el peñón más cercano. Debían sortear numerosos peligros en la travesía hasta el peñón. empezaba la vigilia. 151 . se sumergieron en el mar y montados sobre pequeñas canoas de totora nadaron con pies y manos para alcanzar el primer islote. alzándolo con su mano derecha. para que su jefe lo escuchara desde el lugar de los festejos. El primer valiente que logró apoderarse de uno de ellos. Los que pasaban con éxito la prueba llegaban al islote. dos estatuas observaban la competencia. gritando con todo el aire de sus pulmones. en un monumento funerario.aguerridos nadadores. saltó sobre la roca. apiñados en la cima del escarpado risco. arrastrados por la corriente. Algunos sucumbían en la empresa.

152 .

153 . que debía lucir el huevo a la entrada de su casa por espacio de un año. tiempo que duraba su jerarquía. Luego. ante los ojos asombrados de la niña. Mientras tanto. que observaba rodeado de su gente. porque debía dirigir los destinos de sus hombres a partir de esa primavera y hasta el fin del próximo invierno. en el peñón el ganador atesoró su trofeo en el canastillo que portaba y se dispuso a regresar junto a su jefe. colmado de orgullo—. en verdad. se levantó de inmediato para ser ungido como hombre pájaro. ¡Rasúrate la cabeza! Es lo que le grita a su jefe. A continuación. El superior. Así ocurrió. otros competidores se agruparon en la cima del peñón alzando huevos de pájaro. le tiñeron de rojo la cabeza. ¿qué dice? —¡Ka—varu te puokol —explicó el anciano. Con afilados cuchillos de obsidiana procedieron a cortarle el cabello y también le rasuraron los brazos y las piernas. —¿No reconocería yo su voz? —Pero.—¿Mi padre? —replicó la niña.

honrando a los jefes que representaban, pero reconociendo su derrota. Uno tras otro, los contrincantes iniciaron el descenso con sus trofeos y arrojándose al mar se disponían a regresar sobre sus balsas de totora. Nadie se preocupó más de los competidores. Algunos se perdieron en medio de las aguas, otros cayeron desde las rocas y nadaron con grandes dificultades. Las dos estatuas de aquel monumento funerario sabían que pronto celebrarían ritos mortuorios. Sacerdotes silenciosos ensartaron en el piso los soportes de las angarillas funerarias: cuatro estacas clavadas en la tierra soportarían una modesta camilla con el cuerpo de un desdichado, envuelto en telas y en esteras que lo mantendrían por varios días, al tiempo que los cantos fúnebres, los llantos y los lamentos se escucharían en toda la isla. Luego, serían llevados a los santuarios que, a modo de mausoleo, se levantaban a lo largo de la costa. Mas, por ahora, el pueblo se dedicaba a festejar las alegrías, pues tiempo habría para tanta tristeza. —Quisiera ver a mi padre —imploró la niña. 154

—Las celebraciones podrían resultar interminables —advirtieron los príncipes—. Lo hemos perdido y no sabemos cuántas peripecias ha de sortear antes de llevar el trofeo a las manos de su jerarca. —Además, ahora comienzan las rencillas —advirtió el abuelo. —¿Rencillas? —exclamó ella. —Las disputas —aclaró Kiko. —Los competidores lamentan su derrota —agregaron los príncipes—. Mientras uno de ellos celebra la victoria, el resto es víctima de la envidia y las diferencias suelen concluir en destrucción y muerte. —¿Y nadie puede detenerlos? —La única autoridad en la celebración del Hombre pájaro es el propio jefe de esos competidores. —¡Ustedes deben hacerlo! —¿Nosotros? —¡Sí, por algo son príncipes! —Nos debemos a nuestro monarca y él espera al otro lado de la isla, sumido en la tristeza. Está muy lejos para intervenir y los jerarcas de estos 155

hombres no aceptan mediación alguna, aunque provenga del mismo rey que los gobierna. —¿Y mi padre también estará en esas rencillas? —Ningún competidor puede escapar a ellas. —¿Podría morir, entonces? —Así es, querida niña —respondieron los príncipes, y cantaron a media voz:

«Ka tangi é... ere ika iti é. Mo nua é, ere mo te matua é. He ono matua, hoki tae tangi ai; ko te bebe au; o ko te matua akore...» «Está llorando... la pequeña víctima. Por su madre y por su padre. Ya no tiene padre, por eso llora; ahora está pobre; ya no tiene más padres.»

—¿Y ese canto tan triste? —preguntó. —Es un lamento —respondió el anciano, presagiando un desenlace trágico. Tiara enmudeció al ver tan preocupado a su abuelo. También el hermano de la niña mostró la 156

congoja en su semblante. Por un momento detestó la participación de su padre en esos festejos. —Estas celebraciones y desenfrenos, Hopu contra Hopu, provocan no sólo dolor y muerte —comentaron lastimosamente los príncipes—, sino también la ruina de este lugar sagrado, muchas veces con la destrucción definitiva de estatuas y monumentos. Las palabras de los Ariki-paka sonaron como un presagio ineludible en el corazón de la niña. —Vamos, Tiara —dijo Kiko con profunda tristeza—. Debemos regresar. Con los cantos y bailes en sus oídos se dirigieron a la embarcación y entraron en la densa bruma que ocultaba todo el entorno de la isla. Cuando finalmente la nave salió de la espesa niebla, Tiara se hallaba frente a la caleta de su casa. Cerró los ojos, con el ferviente deseo de no salir de aquel sueño, pero no pudo permanecer así demasiado tiempo; voces que salían a su encuentro, la sacaron abruptamente de su ensueño. Ai abrir los ojos nuevamente descubrió que la piragua de los príncipes había desaparecido por completo, también su hermano y su abuelo. 157

El encanto de la niña se quebró como un espejo. Uno de aquellos hombres agrupados en la costa, y que de vez en cuando dirigían la mirada hacia el mar, alcanzó a ver la balsa de Tiara asomando por la bruma que se diluía bajo la luz del sol. Al dar la voz de alarma, todos se volvieron para verla remando hacia la escuela. —¡Ya estábamos advertidos! —exclamó el alcalde de mar—. Anoche la Lidia me habló de lo que hizo esta chica. —Pero, ¿cómo no la vimos subir a esa balsa? —Ni siquiera la vimos salir de su casa. El alcalde de mar, apremiado por su falta de cuidado, sintiéndose más responsable que nadie, abordó rápidamente su bote y dio las instrucciones al hombre que lo acompañaba para ir cuanto antes detrás de Tiara y evitar que siguiera remando en condiciones tan precarias. Daba miedo de sólo pensar en una desgracia. Si llegase a volcar esa balsa de juguete, la niña se hundiría en cosa de segundos, con el peso de su mochila y con tanta ropa en el cuerpo. Además, ¿quién podría asegurar que sabía nadar y ponerse a salvo por sí misma? 158

Considerando la gravedad de la situación, los marinos abordaron de inmediato el bote inflable que los llevaba a la lancha y el motor fuera de borda rugió como una bestia antes de ponerse en movimiento. Lo hizo pesadamente al principio y luego debió hacer un giro muy amplio, antes de dirigirse al sitio exacto donde flotaba la balsa de Tiara. Mientras el alcalde de mar bogaba directamente hacia la niña, los marinos tomaron las precauciones necesarias, porque el oleaje que producía el poderoso desplazamiento del bote inflable amenazaba con hacer zozobrar la balsa. El único que podía alcanzarla sin mayor contratiempo era el alcalde. La niña remó cada vez más rápido, para acercarse cuanto antes al embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. Los golpes acelerados de su remo terminaron por agotarla y no dieron el resultado que ella esperaba; la balsa pareció detenerse a escasos metros de la costa, como si el agua transparente y liviana se tornara pesada. Mientras el bote del alcalde de mar se acercaba más y más, la balsa dio un giro mar adentro, porfiando con los deseos de quien trataba de 159

De pronto. perdiendo un zapato y sintiendo el escozor del agua salada en las fosas nasales. dando la sensación desastrosa de que todo estaba perdido. Tratar de mantenerse a flote resultaba extremadamente difícil a ratos. que finalmente había llegado junto a la niña. irritadas por el esfuerzo. Con el extremo de un remo rescataron la mochila antes de que se hundiera definitivamente. hasta que la mochila de Tiara cayó al agua y a los pocos segundos su dueña. no pudo mantenerse a flote y se ahogaba sin que nadie. 160 . al parecer. dando manotazos desesperados. Los dos hombres del bote. Tragando agua a borbotones. haciendo equilibrio en medio del constante vaivén de la modesta embarcación. un esfuerzo inútil. Tiara notó que sus brazos eran mordidos por mandíbulas feroces. sintió que la arrastraban violentamente hacia la superficie. como si quisiera expulsar del cuerpo la muerte que estuvo a punto de arrebatarle la vida.controlarla. el otro reanimaba a la pequeña. Mientras un hombre remaba con premura hacia la costa. la alzaron de un solo envión y la pusieron a salvo. que no dejaba de toser. pudiera salvarla.

junto a la cocina a leña que prodigaba calor a todo el recinto. el alcalde de mar sacó en brazos a la pequeña del bote y corrió con ella hacia el comedor de la escuela. el 161 . con los ojos empapados de llanto. mientras la tía Lidia le quitaba rápidamente las ropas mojadas. mientras el tío Tato corría a la habitación contigua. ni de curiosidad maliciosa en los niños. La directora se tomaba la cabeza a dos manos.Revelaciones sorprendentes Recién desembarcados y ante el horror de quienes se enteraron sorpresivamente del accidente. Allí la tía Elvira preparaba una leche bien caliente. que a veces servía de enfermería. Más bien. preparándola para abrigarla cuanto antes. Pero esta vez no hubo posibilidad alguna de recriminación por parte de los adultos. para conseguir una manta y abrigar a la desdichada.

Espero que esto no llegue a oídos del almirante. por ejemplo? Poco menos que permitimos los riesgos que asumen nuestros alumnos en su afán por venir a clases. imagínese usted que se enteren las autoridades. —Esta niñita nos ha metido en un tremendo lío —comentó el alcalde de mar. Preocúpate de ella.repentino recibimiento se dirigió a su mujer. cuando comienza el buen tiempo. por favor. marido —replicó ella—. De lo contrario. Ve tranquilo. me llamará de inmediato. —Sí. —¿Todo en orden. Lidia. una vez instalados en la oficina de la directora—. La directora y el alcalde de mar salieron muy preocupados del recinto. ¿Qué diría el Sename. afanada en reanimar a Tiara—. Siempre viene en septiembre. descuida. ¿Y qué puedo decirle? —Y no sólo eso —agregó la señorita Emilia—. señorita Emilia? 162 . Justo ahora que me acaban de avisar que se adelanta la visita fiscalizadora del seremi de Educación. pero ahora lo hará precisamente cuando se anuncian días más fríos.

Los extintores vencidos. Además. 163 . Tenemos goteras. más animada y con el color saludable pintando en su rostro. nos ha bajado la matrícula en un cincuenta por ciento. Lo que ha hecho esta chiquita deja en evidencia que los dormitorios del segundo piso nunca debieron cerrarse.—Los pagos están al día. Tres golpecitos en la puerta de la oficina de la directora interrumpieron la conversación. porque las familias emigran y porque los apoderados no quieren cooperar con los cinco mil pesos mensuales que exigimos para seguir funcionando. —Aquí está la niña —dijo la tía Lidia. las fundaciones del edificio están húmedas y las bases se están pudriendo. Nos cae el agua del cerro. —¡Adelante! —exclamó la señorita Emilia. —¿Te tomaste tu leche? —preguntó la directora. tía Emilia —respondió la niña. acompañando a Tiara. El viento ha soltado el zinc del techo. reconfortada. Pero para eso se necesita dinero. pero la situación en la escuela ha empeorado este último tiempo. —Sí. Porque nacen menos niños en la zona.

Con dificultad y por mucho tiempo había soportado las burlas de sus compañeros. pero que sin embargo en los últimos días se había convertido en un lugar de encanto y sorpresa. del anticipo de una sanción drástica y definitiva: la expulsión de la escuela. Tanta demostración de amabilidad no era algo de todos los días. Diego asomó su nariz por uno de los ventanales de la oficina. había que accidentarse para que la tomaran a una en cuenta. al verlo. Al parecer. Tiara pensó en la peor de las consecuencias. Tal vez se trataba de un anuncio. pero también era cierto que finalmente había conseguido establecer una profunda amistad con Diego.Tiara tuvo que morderse la lengua para no manifestar su extrañeza por la notoria bondad que recibía. Sólo así se podría entender la presencia del alcalde de mar. Ella. 164 . tuvo que contenerse para reprimir el impulso de salir corriendo e ir al encuentro de su compañero. Estaba convencida de que no volvería a ocupar su pupitre en aquella sala que le había brindado momentos amargos.

Situaciones como éstas pueden superarse. ¿Entregaste la comunicación que les envié? —Sí. chica? —replicó la directora—. que sólo van en tu propio beneficio. al borde las lágrimas—. debo hablar con tus padres. 165 . —Bueno. Tal vez te sientes sola y no puedo desconocer el momento difícil que estás viviendo. No le diste ninguna importancia a mis quejas. ¿me va a echar de la escuela? —¿Qué dices. —Tía Emilia —interrumpió la niña. ¡No voy a tomar una medida tan extrema! En todo caso. — ¿Qué cosa? —preguntó Tiara. —Escucha —le dijo.La directora arrastró una silla para sentarse junto a la niña. tía Emilia —respondió la niña—. la entregué. Fuiste muy impetuosa. pero quiero que sepas que toda la escuela está contigo y con tu familia. Le tomó cariñosamente las manos y le habló en un tono de voz que jamás había empleado con ella. Es muy duro. Pero también hago un esfuerzo por entender tu comportamiento. querida. pero eso tiene remedio. Pero usted misma dijo que soy un mal ejemplo para mis compañeros. es cierto.

Y como no lo ha — 166 . muy temprano esta mañana. La lancha de la Armada espera rastrear el bote de tu padre. alcalde? —rogó la directora con ojos llorosos. El asunto es que hoy día ni siquiera debías venir a la escuela. antes de que Tiara huyera en su balsa. —Claro que sí. lo sabemos. Pero al mismo tiempo pensamos que en una situación como ésta harías mejor quedándote junto a tu madre —explicó la directora. porque la señorita directora ya estaba en antecedentes. —Pero si a mí me gusta venir a clases. De todos modos pensaba ir a su casa y decírselo a su madre. Yo mismo avisé por radio. —Así es —afirmó el alcalde—.¿Se lo dice usted. Lo que pasa es que tu hermano y tu papá no han regresado de la faena y creemos que han tenido un percance. porque la embarcación no aparece por ningún lado. —¿No? —No —continuó el hombre—. Los marinos no vinieron para detenerlo. Tiara. —Está bien —respondió el hombre—. Les interesaba saber si tu padre había regresado sin novedad a la caleta.

La directora y el alcalde de mar mantuvieron un silencio expectante. No vamos a pensar en lo peor y así se lo haremos saber a tu mamá. El hombre guardó silencio y miró atentamente a la directora. se disponen a iniciar la búsqueda una vez que se levante la bruma y esperamos que los encuentren sanos y salvos. del pájaro sagrado. —Con mi abuelo y mi hermano lo vimos compitiendo por el huevo Manutara. —¡Pero mi papá fue a Isla de Pascua! —exclamó la niña. tenemos que ponernos en todos los casos. por desgracia. Entonces. 167 .hecho. Por un momento se sintieron superados por la incapacidad de echar abajo sus fantasías y hacerla poner los pies sobre la tierra. Pensaron que la niña recurría a tales argumentos para evadir la gravedad de los hechos que amenazaban con hacerla víctima de acontecimientos que. aunque no nos guste. eran habituales entre los hombres de mar. sorprendidos por las expresiones de la niña. Pero. sin saber qué responder a tanta inocencia.

parecía que los fantasmas se habían 168 . el relato emocionado se apoderó de la atención de quienes la escuchaban con profundo respeto. Tiara les habló de sus dos travesías en la nave de los príncipes. con la emoción pintada en cada rostro. por primera vez en varios días no se escuchó ninguno de aquellos ruidos que provenían del piso de arriba. desearon alentarla para que no callara. escuchaba la tía Elvira. La directora. junto a la puerta. que había sido incapaz de esperar en la cocina y porque la curiosidad la mataba. Los alumnos miraban al techo. El profesor en su sala no pudo iniciar la clase de la mañana. Paulatinamente. que no tuvo valor para marcharse. agazapado. a la espera de noticias de Tiara. cosa curiosa. en lugar del drama que posiblemente le aguardaba en casa. como nunca lo habían hecho. hasta fascinarlos por completo.decidieron no contradecirla y se dispusieron a tomarla más en cuenta. pero. como una alimaña. para que la febril fantasía fuera la única realidad que debía imponerse. En el corredor. el alcalde de mar y la tía Lidia.

aquellas corrientes marinas que fluyen por cursos determinados.enterado del drama que vivía Tiara y la acompañaban con su silencio. es decir. y el alcalde de mar. dirigidas al oriente. que de isla en isla había llegado a poblar gran parte del globo terrestre. Contó la historia de los orígenes lejanos del pueblo rapa-nui. Habló de cómo la vida para ellos se había desarrollado entre piraguas y tormentas. tanto en el mar como en la cima del peñón de los pájaros. permitiendo la 169 . en frágiles embarcaciones. la directora. la pequeña confesó lo orgullosa que estaba de pertenecer a una raza de audaces navegantes que. expectante entre sollozos. siempre cruzaron los mares conquistando atolones y peñones volcánicos dispersos por el océano. habló de la valentía y destreza de su padre. la niña continuó su relato. Que habían seguido las rutas del océano. En medio del silencio reinante. Narró con lujo de detalles cada paso de la competencia por conseguir el huevo de la gaviota sagrada. Entretanto. al borde de las lágrimas. Que el mar había sido el camino de sus constantes migraciones.

y cómo desde hacía un tiempo se empeñaba en convencerse a sí misma del futuro esplendoroso que algún día cambiaría su vida. Emocionada. incluso de las rencillas en la aldea sagrada. la recordaba desde que la llevaron a la escuela. Les contó. —Por eso les digo —concluyó por fin— que mi padre saldrá vencedor. La directora la escuchó con los ojos rojos de tanta lágrima contenida. además. tratando de comprender finalmente el verdadero sentido de las palabras de su alumna. Les habló de por qué abandonaron su continente de origen. apenas entregue el huevo que consiguió para el Hombre 170 . que los cursos seguidos por el viento cambiaban según las estaciones del año. para ir muy lejos y regresar siempre al punto de partida. como una niña sorprendente.navegación en grandes círculos o en forma triangular. Así fue como los primeros habitantes vieron aparecer la isla en medio del mar y que por no haber otra tierra en las cercanías la llamaron el Ombligo del Mundo. Los ojos de la niña brillaban con el resplandor de aquella felicidad que tan a menudo le resultaba esquiva. y regresará muy pronto.

—¿No quieres que te llevemos a tu casa? 171 . Lo siento en mi pecho. porque así es la gente de mi raza. —Querida —dijo al fin la directora—. es muy hermosa la historia que acabas de contarnos. —Gracias —respondió ella. —Gracias. Tienes autorización para ausentarte todo el tiempo que sea necesario. Lo sé. que es su jerarca.pájaro. —Tiara —interrumpió el alcalde mar—. pero ahora. pero mi mamá está muy bien acompañada con mis hermanos pequeños. Prefiero quedarme en la escuela. Pero de ahora en adelante mi asistente irá por ti cada mañana y no necesitas poner en riesgo tu vida. te aconsejaría regresar a tu casa y acompañar a tu madre. de haber sabido que abordabas esa balsa de juguete para venir a clases. que ha de estar muy afligida. volviendo a nuestras preocupaciones. tía Emilia —respondió ella—. habría enviado el bote de la Alcaldía.

—Prefiero quedarme. Quiero estar con mis compañeros. Quiero ir al segundo piso, donde me esperan los internos. —Pero, ¿qué le pasa a esta chica? —exclamó la directora, aún más sorprendida—. ¿Has subido al segundo piso? —Sí, tía. —¿No sabes que está estrictamente prohibido? —¿Me va a expulsar por eso? —Es que no lo entiendo, niña —protestó la directora, controlando su enojo—. ¿Con qué facilidad pasas a llevar disposiciones tan antiguas? Por favor, dime que no lo has hecho. No hagas que me prive contigo, chica. —No, tía Emilia —balbuceó la niña—. Es que fui a ver por qué había tanto ruido. Y me encontré con ellos. —¿Fuiste a ver? ¿Ruidos? ¿Qué ruidos? —Los golpes que oíamos en la sala y que venían del dormitorio. —¡Eso es imposible! Se cerró definitivamente cuando la escuela dejó de recibir niños de lugares apartados. Desde entonces nadie ha vuelto a poner un pie en ese lugar. Pensé que lo sabías. 172

—¿Y las tablas que se caen de los catres? —¿Fue el profesor quien habló de las camas que se desarmaban? —El tío Tato nunca nos habló de eso, tía Emilia. Entonces, subí a ver lo que ocurría —respondió la niña como si nada—. Y me encontré con todos esos niños que el padre Ronchi trajo desde el río Mapocho. ¿No es bien corpulento así, con una sotana larga como un vestido y con una parka oscura? También estaba el tío Tato, mucho más joven, y usted tía, que nos contó cómo había conocido al padre. Además, descubrí que el segundo piso es como un hogar y esos niños son una verdadera familia. Se puede conversar con ellos, todos se interesan por uno. La directora y el alcalde de mar se desplomaron en su silla con esta nueva revelación de Tiara. Lidia tuvo que afirmarse en el borde del escritorio, y afuera, Elvira mantuvo el equilibrio apoyando su cuerpo contra el marco de la puerta. En la sala de clases, en el dormitorio del segundo piso, en la oficina, en los pasillos vacíos, se instaló un silencio tan profundo, que a la escuela llegó, 173

como una tormenta, el constante movimiento del oleaje, el canto de los pájaros del interior y el vuelo rasante de las aves de la costa. Una corriente de aire, poderosa y tibia, que de pronto azotó la caleta y los alrededores de la escuela, se apoderó de aquellas almas atrapadas en el asombro. Con un nudo en la garganta, conteniendo las lágrimas a punto de reventar en llanto, con profunda ternura, observaron cada gesto de la niña, que a pesar de su entusiasmo, de su abandono, estaba más bella que nunca, más segura de su existencia, como si una fuerza poderosa y desconocida la iluminara. —Tía Emilia —preguntó de pronto—, ¿usted le hizo clases a esos niños? —Sí —respondió la directora con los ojos bañados en lágrimas—. Ellos fueron mis alumnos. Tiara, por última vez te lo pregunto: ¿te gustaría irte a la casa? —No, tía, gracias —respondió ella. —Como quieras —aceptó la directora—. Está bien, puedes volver a clases. —¡Chachita, Dios! —exclamó Elvira y se apartó bruscamente de la puerta. Luego, corrió hacia el comedor arrastrando los pies, evitando que las 174

—Bueno. del archipiélago de Los Chonos.tablas del piso crujieran a su paso atolondrado. Habrían permanecido así hasta el nuevo tañido de la campana. el que se parece a una ballena iluminada. pero falta mucho para eso. Juntos caminaron hacia la sala. sí. totalmente vacío a esa hora de la mañana. si te vas quisiera irme contigo. 175 . Tiara salió al patio y se acercó a Diego. Allí se abrazaron amistosamente. pero se detuvieron en medio del patio. y tú quisieras embarcarte en él y alejarte de tu caleta. cuando terminemos la escuela. de Puerto Gala. —¿Qué dices? —Pasa que si un día viene de nuevo ese barco enorme. que la esperaba inquieto y emocionado. te juro que yo también me iría. —Todos nos tendremos que ir algún día a Puerto Cisnes. —Ya ves como también se fueron los internos del piso de arriba. porque también había escuchado las palabras sorprendentes de la niña. de la isla Toto. —Huevito —le dijo al oído—.

por favor. ¿Quieres que te lo dibuje? —No. Huevito —respondió Diego—.—¿También se fueron? —Muchos de ellos estudian lejos de aquí. porque lo echaban de menos. podemos atarle un canasto para la carga. —¡Ah! 176 . Podemos usar mi bici para cargarla. —¿Cómo? —Muy fácil. Huevito —replicó. Tendré que ayudar bastante en mi casa. muerto de risa—. —No quisiera que la estropearas. Aunque. Nunca se sabe cuando el gigante Uoke hundirá la tierra donde vivimos. ¿Cómo eres para el hacha? —¡Seca! Siempre le ayudaba a mi hermano. ¿Me acompañarías al monte a buscar leña? —Sí. Diego. tengo que ayudarle mucho a mi mamá. Ahora mi hermano es un tripulante más en la nave de los príncipes. pensándolo bien. descubrirá nuevas islas. Tal vez regresaron al norte. claro. por encargo de sus reyes. Ahora que mi papito tiene que vencer las rencillas en la ciudad sagrada.

Nosotros la manejamos desde la orilla. Huevito! —¿Me dirás Tiara cuando yo sea princesa rapa-nui? —Entonces no querrás que te acompañe. anticipaba una situación fortuita que involucraba a su padre y a su hermano Kiko. junto a la vaka—paenga que había zozobrado en las aguas del archipiélago. 177 . Amarramos el volantín de mi abuelo a la balsa y la dejamos que flote bien lejos. Diego. eso sí. porque en ese preciso instante la embarcación de la Armada regresaba con ellos. después de haberlos encontrado flotando. sin querer. —¡Oh.Tiara. aún con vida. —¿Por qué? —Porque serás muy importante y yo apenas tu compañero. —¿Saldrías a pescar conmigo. —No tenemos que hacerlo. ahora que mi hermano es un príncipe y mi papito conquistó el huevo Manutara? —Tú sabes que no podemos salir de pesca.

—Kiko. Como 178 . mi abuelo y los príncipes estarán felices de que vengas conmigo.

179 .

después de mucho tiempo tuvo la convicción de que no estaba sola. Diego. También vas a necesitar un casco para proteger tu cabeza. le voy hacer un encargo. la estrechó una vez más en sus brazos. —¿Qué clase de encargo? —Unas rodilleras y unas coderas para ti. muy conmovido. 180 . —¿Crees que voy a subir y bajar peldaños con mi bicicleta? —Eso creo. de que ahora sí tenía al mejor de los compañeros: ese que ha conquistado el corazón por completo.mi papá tiene que ir a Puerto Cisnes. ¡Cómo habría deseado ella que toda la escuela fuera testigo del maravilloso gesto de su amigo! Tiara no se sentía rechazada.

entonces. Extraer el agua de una mina. verter. o bien manual. por ejemplo. formada por la erosión que produce el viento y la constante humedad del mar. una bomba. reducir a menos una cosa. una embarcación. Archipiélago: parte de mar poblada de islas. Acoquinar: amilanar. Anakena: playa de arenas blancas en Isla de Pascua. Ariki Paka: exploradores que se adelantaron al rey Hotu Matu'a para reconocer la isla Rapa Nui. Achicar: aminorar. 181 . que se hundía en el mar. sirviéndose de algún medio mecánico. desanimar. causar miedo. donde llegaría finalmente el rey del continente Hiva. un dique. Allora: voz italiana.Glosario Acantilado: pared de roca casi vertical.

musitar. Atisbar: mirar. Babero: el que conduce una balsa. ensenada. Pero. ingenua o de pocas luces. por lo general de corales. Balsear: pasar. Caleta: cala. Bosquejo: apunte inicial. además y tal vez. Atónito: pasmado. observar recatadamente. Caído del catre: término de uso popular que señala a una persona distraída. Atolón: arrecife. Balbucear: balbucir (balbucía. una idea que se proyecta por primera vez. En la 182 . Bogar: remar. cruzar en balsa. boquiabierto. en forma de anillo. Cagnara: voz italiana que significa jarana. rocas a flor de agua que forman un banco en el mar. sorprendido. como así se les llama al conjunto de los hombres que descargan un barco.Arrecife: piedras. farfullar. Puerto pequeño. balbucieron). mascullar. navegar con remos.

es decir. Chancha: cerda. Dios: Taitita. la cimarra». Por lo habitual. En Perú. eludir un compromiso o situación apremiante. explota. También. no asistir a clases pudiendo hacerlo. es bajo un puente junto al río. con estructura de hierro. que revienta. 183 . Pero el habla popular de Chile utiliza este término para referirse a una bicicleta muy vieja.expresión cotidiana de las ciudades. En algunos países de América significa algo malo. Algunos fuegos artificiales menores son llamados «cuetes». Guatemala y México significa pistola. Cuete: en Chile es algo que se dispara. como «hacer la chancha. Expresión chilota muy arcaica. La bicicleta y el catre crujen cuando están viejos y desvencijados. Capear: sortear algún peligro. Catre: cama antigua. mantener el barco sin permitir que se hunda. Chachita. Dios. se usa el término como sinónimo de cantidad y como el lugar donde «paran» las personas sin hogar y que suelen reunirse para dormir en algún lugar.

Hiva: continente mítico. Hombre flojo: expresión popular proveniente de una canción chilota que dice: 184 . hacer mérito. débil.Chicos (as): niños (as) en la lengua popular de la gente al sur de Chiloé. frágil. Hacer meño: voz chilota. Endeble: de poca resistencia. Esta expresión se ha hecho común. Güeno: pronunciación incorrecta (pero muy común) del vocablo bueno. del que se dice fue el lugar de origen de los primeros rapa-nui. Marae Renga y Mangareva. Gélido: helado. También se le conoce con los nombres de Hiva-Marac-Renga. Chiesa: voz italiana que significa iglesia. habitantes de Isla de Pascua. Hare-paenga: piedras que formaban el cimiento de las casas-bote. Galante: atento. en especial con las damas. frío. seguramente por el intenso contacto laboral del chileno con el sur de Argentina. Hiva Maru e Rengo.

competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región.«Levántate. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. sale a pescar. hombre flojo. Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar.» Hopu: nadadores diestros. El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. muy difundido. Jarana: diversión bulliciosa. Kete: canastillo. Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui. Io: voz italiana que significa yo. 185 . También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa. sale a pescar. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». pánavegar. que la mar está linda pánavegar.

Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. Magisterio: relacionado con enseñanza. mar. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. Manu-hakerere: volantín. civilización o lugar.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. El creador de lo existente: tierra. Mítico: perteneciente al mito. la labor del maestro. cometa. 186 . elaborado con una corteza vegetal muy liviana. pájaro-fragata (Sterna lunata). Meño: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. animales y plantas. aun cuando no pueda ser específico. Miru: clan pascuense. cielo. considerado estirpe real. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. Manutara: golondrina de mar. que se remonta a los orígenes de un pueblo. utilizado para pescar.

» Hopu: nadadores diestros. competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. hombre flojo. 187 . Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». que la mar está linda pa'navegar. sale a pescar. Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar. sale a pescar. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. Jarana: diversión bulliciosa. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa. Kete: canastillo. lo: voz italiana que significa yo. El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui.«Levántate. pa'navegar. muy difundido.

Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. El creador de lo existente: tierra. Mítico: perteneciente al mito. cielo. 188 . considerado estirpe real. Magisterio: relacionado con enseñanza. civilización o lugar. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. que se remonta a los orígenes de un pueblo. cometa. pájaro-fragata (Sterna lunata). Manutara: golondrina de mar. Meno: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. animales y plantas. mar. la labor del maestro. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. Manu-hakerere: volantín. utilizado para pescar. aun cuando no pueda ser específico. Miru: clan pascuense.

Popa: parte posterior de una embarcación donde va el timón. antes de sus bodas. Per che: por qué. El óvalo de la cara. Peñón: peña grande y escarpada. Orongo: poblado de piedra en la falda del volcán Rano Raraku. En los botes con motor la función del 189 . Monte peñascoso. Plumavit: espuma plástica. por ejemplo. Nessuno: voz italiana que quiere decir ninguno. Piragua: embarcación larga y estrecha. Poike: región de la isla Rapa Nui. Panga: lancha a motor. lugar de celebraciones y ceremonias. descubierta y del tamaño de un bote. Óvalo: con forma de huevo. Neru: doncellas elegidas por su belleza.Moái: escultura monumental de piedra volcánica cuyo origen es un misterio. más grande que una canoa y navega a remo y vela. Cualquier figura plana con forma ovalada y curvilínea.

Qué contiene (expresión común en Chiloé): qué es. en cuyas canteras se esculpieron la mayoría de los moáis . Porrazo: golpe que se recibe al caer con todo el cuerpo. 190 . Quetro: pato silvestre que habita junto a la costa marina y en lagos interiores. Privarse: en Chiloé significa enojarse. Pulla: Expresión grosera. Se encuentra desde Ñuble hasta Tierra del Fuego. En otros países es el golpe que se da con una porra. qué significa. lanzada oportunamente.timón la cumple la columna que sujeta la hélice impulsora. Pora: balsa pequeña construida con totora. es decir. un palo labrado de modo rústico. aguda. Rano Raraku: volcán ubicado en la costa sureste de Isla de Pascua. Ragazzo: voz italiana que significa muchacho.

en la latitud del puerto de Caldera. Recalar: llevar una embarcación a la vista de una costa conocida. Remero: el que usa los remos. semanas. Tangata manu: hombre pájaro. Rico Pancho Gómez: expresión chilota que alude a una persona que lo tiene todo y lo disfruta. Isla de Pascua. Settimana: voz italiana. donde vivieron 191 . Te Pito o Te Henúa: Ombligo del Mundo. representante en la región de un determinado Ministerio de la República.760 kms de la costa. Sename: Servicio Nacional de Menores. Uoke: gigante legendario. Reclusa: persona recluida o encerrada en algún recinto cerrado. pertenece a la Quinta Región y se ubica a 3. Toto: isla del archipiélago de Los Chonos. Seremi: secretario regional ministerial.Rapa Nui: «La Isla Grande». Con su fuerza descomunal hundió el continente Hiva.

en ciertos estratos sociales. Yunta: par. significa amistad inseparable. 192 . Vaka-ama: embarcación pequeña con un balancín en uno de sus costados. En la ciudad. hombre.los antepasados rapa—nui. provocando enormes inundaciones. como una yunta de bueyes. Vaka poe-poe: embarcación de gran tamaño similar a un lanchón. Uomo: voz italiana.

Es autor en Alfaguara Infantil de Un monstruo ASI de grande. niña de mis ojos. En sus obras muestra la vida de los niños y jóvenes de hoy en América.Víctor Carvajal Nació en Santiago de Chile. y Sakanusoyín. Además. Mamire. el último niño. Caco y la Turu. Es uno de los autores chilenos de mayor trayectoria en el área de la literatura infantil. en la colección Mar de Libros ha publicado Lugares de asombro y creencia popular y Mamiña. cazador de Tierra del Fuego. con diversas publicaciones en narrativa y drama. 193 .