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Silimarina La Cura de La Diabetes 1

Silimarina La Cura de La Diabetes 1

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As Salam Aleikum.

Éste libro es el primero que consigna desde el inicio la historia del descubrimiento definitivo de la cura de la diabetes uno, la diabetes insulinodependiente, gracias a las investigaciones de una universidad del estado mexicano.

La cura afortunadamente se encuentra en una medicina imposible de patentar que existe actualmente en todo el mundo y que se puede conseguir sin receta: la SILIMARINA, extraída de las semillas del Cardo Mariano (Sylibum Marianum), planta con 2000 años reconocidos de beneficiarnos con sus medicinas producidas por un Dios generoso y lleno de misericordia. Alabado sea Alláh, Señor De Los Mundos, Médico Único de todas las enfermedades y de todos los enfermos.

Yahya Ata Alláh, Iván Ardila Anzúres.
As Salam Aleikum.

Éste libro es el primero que consigna desde el inicio la historia del descubrimiento definitivo de la cura de la diabetes uno, la diabetes insulinodependiente, gracias a las investigaciones de una universidad del estado mexicano.

La cura afortunadamente se encuentra en una medicina imposible de patentar que existe actualmente en todo el mundo y que se puede conseguir sin receta: la SILIMARINA, extraída de las semillas del Cardo Mariano (Sylibum Marianum), planta con 2000 años reconocidos de beneficiarnos con sus medicinas producidas por un Dios generoso y lleno de misericordia. Alabado sea Alláh, Señor De Los Mundos, Médico Único de todas las enfermedades y de todos los enfermos.

Yahya Ata Alláh, Iván Ardila Anzúres.

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SILIMARINA, CURA DE LA DIABETES

LA SILIMARINA,
CURA DE LA DIABETES 1,
LA DIABETES INSULINODEPENDIENTE

MATERNAJE: CUALIDADES QUE SANAN

DISMATERNAJE: DISFUNCIONES QUE ENFERMAN

SÍNDROME DIABETOGÉNICO: EL FRACASO DE GALENO

ORTOBULIMAREXIGÉNICOS: EL TRANSTORNO ALIMENTARIO AL INICIO

ÁBJUROS DE HIPÓCRATES: MÉDICOS PELIGROSOS

LA SILIMARINA: REMEDIO UNIVERSAL, PANACEA DE SALUD

APOCALIPSIS 6, 6: ”...ET VINUM, ET OLEUM NE LÆSERIS.“

ÁCIDOS GRASOS TRANS (AGT'S) Y SILIMARINA

ETAGERÍN Y GLUCOBALACE VS. PROTEHEPAR

HISTORIA CON EL CARDO MARIANO (SILIMARINA)

EL NACIMIENTO DE UNA MEDICINA MILAGROSA: EL CARDO
VOX POPULI, VOX DEI

LA PROFECÍA DE LAS PÓLVORAS Y DE LOS ÓLEOS DE ORIENTE

APÉNDICE: CARTAS DE IVÁN ARDILA Y LA RESPUESTA DE LA DOCTORA CLAUDIA ANGÉLICA
SOTO PEREDO, UAM XOCHIMILCO. INCLUYE DOCUMENTOS QUE PRUEBAN QUE LA UAM
INTENTA OCULTAR ESTE DESCUBRIMIENTO PARA LUCRAR CON ÉL EN EXCLUSIVA AL COSTO
QUE SEA.

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SILIMARINA, CURA DE LA DIABETES

MATERNAJE: AMOR NUTRICIO
PARA MENTE, CUERPO Y ESPÍRITU

1. ¿QUÉ ES EL MATERNAJE? Es el conjunto de dotes nutricias mentales,
físicas y espirituales

a) de una madre con su progenie *anteriores al embarazo, *durante el
embarazo, *en la lactancia y *posteriores a ella,
b) de un ser humano para consigo mismo a lo largo de su vida y

c) de nosotros con el prójimo cuando éste tiene una necesidad que es
incapaz de satisfacer en alguno de estos ámbitos y podemos cubrir sin
menoscabo de la propia.
d) de la humanidad con todas las jerarquías de seres sobre las cuales tiene
poder, desde un virión hasta un planeta (a algunos científicos no se les hace
posible que un prión o un virión tengan existencia propia aunque puedan
reproducirse, como los cristales de cuarzo, y existen muchas gentes que no
creen que la tierra pueda estar viva y que depende de nosotros conservarla
sana y alegre), pasando por todos aquellos cuya existencia como tales es
visible a simple vista o resulta lógica, real o de “sentido común”.

2. ¿DE QUÉ SE TRATA EL MATERNAJE MENTAL? Consiste en vigilar lo que
entra a través de los seis sentidos para que sea únicamente benéfico. La mente
es el sexto sentido. Si un sentido necesita un órgano que perciba un objeto
sensorial, el cerebro y las redes nerviosas y neuronales del cuerpo son en este
caso ese órgano. La percepción y el pensamiento son los objetos con los que
contacta la mente, como los sonidos con el oído.

3. ¿Y EL MATERNAJE FÍSICO? Es vigilar la respiración para que oxigene, la
ingesta para que nutra, los límites de las capacidades corporales para no
excederlos, el electromagnetismo y la sonoridad para que permanezcan en
fronteras que provean la gama de rayos, luces y sonidos que necesitamos para
cargarnos de energía. Es adquirir lo que crea, mantiene y transforma a las
potencias somáticas para su armónico existir y procurarle medicina a su
enfermedad y antídoto a su veneno.

4. POR ÚLTIMO, ¿EN QUÉ CONSISTE EL MATERNAJE ESPIRITUAL? En el
fomento y retroalimentación de las virtudes que garantizan el funcionamiento
armónico del alma: Esperanza, para no menguar en el infortunio. Confianza en
el sentido de la existencia y del sacrificio. Caridad que permite darle al otro sin
egoísmo. Compasión capaz de sintonizar con el estado del prójimo y hacernos
vibrar con él. Entrega y fe en Dios (o en el caso de los ateos a metas superiores
a sus egos para trascenderlos y sublimarlos).

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SILIMARINA, CURA DE LA DIABETES

DISMATERNAJE

"Sé cómo se cura la diabetes" dijo el niño, y las miradas de los adultos que lo
acompañaban se tornaron condescendientes y dispuestas a la paciencia que se
tiene con aquel que uno quiere pero que ha cometido una impertinencia.

Todo hubiera quedado allí porque esas mujeres no estaban dispuestas a
seguirle el juego a su temeraria afirmación, pero una voz interna me dijo "no
subestimes a los pequeños", y le dije

-¿Cuál es la cura que conoces?-

A los adultos no les suele agradar lo que los niños quieren decir porque las
palabras de un corazón limpio representan un riesgo para quuienes se han
acostumbrado a malversar la comunicación con la mentira, el invento, la
ocultación o el pretexto, y su respuesta por seguro incomodará a muchos por lo
que implica. El niño habló

-La leche materna.-

No mentiré: lo dicho por el niño me agarró en curva al tocar fibras en
verdad profundas sin que fuera plenamente consciente de que lo hacía; intenté
sanjar la cuestión con algo de gracia y atiné a comentar con tono de punto final

-¡Ha de ser una cura muy agradable!-

Y pasé presto a otra cosa, adulto al fin.

Sin embargo esas palabras siguieron dándole vuelta a mi cabeza durante
días y al sumergirme al fin para entender por qué me intranquilizaron descubrí
un mundo lleno de sabiduría, amor, belleza y dolor, sí, también un mundo de
dolor.

La leche materna no es cualquier cosa. Pocos son capaces de justipreciarla
percibiendo la magnificencia de ese lácteo don, de esa líquida gracia, de ese
blanco amor. No es únicamente el alimento completo por antonomasia de un
ser que descubre por primera vez al mundo, lo cual ya sería demasiado decir.
Es esto, y también mucho más que esto.

Es el río que contiene al ejercito matriarcal que defenderá de los enemigos
vivos e inanimados al pequeño vástago indefenso, es decir, en ese líquido vital,
vitalizante, vivo, viajan anticuerpos dispuestos a luchar hasta la muerte en

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contra de virus, bacterias, hongos, parásitos y toxinas que de otra forma
pondrían en riesgo de enfermedad, envenenamiento o muerte al lactante.

Es el vehículo de una comunicación química precisa entre la madre y la
diminuta vida a su cargo; el bebé realiza automática e inconscientemente el
diagnóstico de sus deficiencias y necesidades comunicándolo al seno de mamá
y ella corresponde dando exactamente aquello que la sabiduría innata de su
hijo le ha demandado.

Es cauce de dos vías para el amor más profundo que existe, el níveo
cordel que ata a dos seres en el acto amoroso más evidente e incondicional.

Es lluvia nutricia para el infante, que al igual que el maná que Dios
ofrendó desde su Reino a sus hijos elegidos para salvarles, lo dá todo. Es el pan
exacto, el vino preciso para calmar sed y hambre de cuerpo y alma, además,
dado en tiempo y forma.

Dios dá a la madre oportunidad de emularlo: llena de tibia miel sus senos
disponiéndolos al banquete y en temprana hora anuncia con un evangelio de
amor su inminente Eucaristía con tal de que el nacido tenga el refrendo y la
memoria de la comida celestial que le aguarda y la añore de por vida. Sólo Dios
le calmará la sed y el hambre para siempre.

Viendo con estos ojos panópticos al fenómeno sin par de la lactancia no
queda más que darle razón al niño que al principio nos anunciaba conocer la
cura de la Diabetes; ésta es una de cientos de condiciones patológicas que
afloran en el organismo como consecuencia de los transtornos alimentarios, y
estos a su vez son una contradicción clara del fenómeno nutricio que exaltamos
líneas arriba en un afán de clarificarlo, pues en la lactancia integral se
cumplimentan en tiempo y forma todos los requerimentos que la nutrición
humana necesita, mientras que en la patología alimentaria el plato donde se
sirve la ingesta está hecho de caos.

A los prodiabéticos, prediabéticos y diabéticos no hay amor que les
mueva: en sus vidas sedentarias, faltas de motricidad, de motivos, intentan
recibir por la boca a la par de la dulzura y energía de los carbohidratos aquello
que en la leche de sus madres encontraron y que bien recuerdan en la
intimidad de sus corazones y estómagos, aquello que añoran de la querencia
materna, el amor sin condiciones que no hallan en ningún lado de sus vidas. Lo
buscan infructuosamente en lo que es dulce o está cargado de calorías, de
calor, pues rememoran que allí, en ese alimento primigenio, al mismo tiempo
que la miel y la calidez, yacía el cariño a manos llenas. Repiten el gesto sin

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parar, compulsivamente, y mientras pierden en ese rito de búsqueda fracasado
la salud y sus cuerpos, no encuentran a mamá.

Todo transtorno alimenticio puede obedecer a una disfunción del arquetipo
materno interiorizado, es decir, a un deterioro o falta de crecimiento de las
capacidades individuales de autocuidado; dicho sencillo: quienes padecen una
enfermedad nutrimental son incapaces de reinstaurar de manera autónoma el
ritual de preservación que una lactancia sana implica.

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¿POR QUÉ FALLA LA TERAPIA DE LA DIABETES?
EL FRACASO DE LA MEDICINA ANTE EL SÍNDROME DIABETOGÉNICO*

"Es muy terco: se va sin desayunar y cuando ya se está cayendo come

cualquier cosa por allí."

"Tengo 30 años con mi enfermedad controlada, de vez en cuando puedo
darme mis escapaditas sin problema."
"No toma la medicina; si le insistimos se enoja mucho con todos, ya ni le
decimos nada por miedo a sus reacciones."
"Mire: de algo tenemos que morirnos; me doy mis gustos pa'que por lo
menos la muerte me sepa bien."
"Es bien mañosa: compra sus panes a escondidas y anda comiéndolos
cuando nadie la ve; ¡ni modo que ande persiguiéndola!"
"Los mexicanos tenemos el gen de la diabetes. No podemos hacer nada."

Quejas y justificaciones, discursos que se complementan entre sí
perfectamente, dos pesos equivalentes en la balanza de la enfermedad ponen
al fiel a señalar un cielo que no espera al impío diabetogénico. Los terapeutas
del diabético, el enfermo mismo y las víctimas secundarias de la enfermedad se
preguntan por qué en un número creciente de casos el diabético llega a su
muerte como consecuencia de su padecimiento y no a un deceso por causas
tan naturales como la vejez. Incluso en algunas cabezas, la diabetes es
automáticamente una sentencia al pabellón del moribundo lento, a una
condena a muerte que llega paso a paso, como el SIDA. ¿Por qué falla la
medicina en curar si su fin es ese?, ¿en serio somos impotentes a la hora de la
sanación? La respuesta es simple. La diabetes no es la causa de la enfermedad
del diabético, sino la consecuencia de una enfermedad mayor: un transtorno
obsesivo-compulsivo de la personalidad que notoriamente lleva a cabo su

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acción en los hábitos alimentarios. Así como el alcoholismo se origina
principalmente en una personalidad propensa a la adicción, podemos hablar de
una *predisposición a la diabetes como consecuencia de un transtorno
psicosomático que libra su batalla en las formas de la ingesta
convirtiéndolas en patológicas*
. Propongo nombrarlo como Diabetogenia,
Personalidad Diabetogénica o Síndrome Diabetogénico* y caracterizarlo
detalladamente para volverlo visible y crear parámetros de detección precoz y
oportuna (medicina preventiva).

De la misma forma en que un ortoréxico no puede ingerir aquello que
considera insano, hipercalórico, hipovitamínico, lleno de contaminantes, o en
corto, todo lo que piensa que se aleja de su idea morbosa de lo que debe ser
una comida perfecta, y por ello perjudica su salud, su vida y a los que se
encuentran en su círculo de influencia directa, como amigos, familiares y
compañeros, así el diabético se lacera a sí y a los suyos si no obtiene una
atención que le sane en aquellos ámbitos deteriorados de su ser. Ambos casos
merecen un abordaje similar, una sanación que aluda también a la mente y al
espíritu sin dar prioridad sólo a la parte materialista mediante dietas
especializadas o fármacos iatrogénicos. Un terapeuta capacitado verá que el
tratamiento de los trastornos alimenticios pasa por atender al enfermo
integralmente y no atrevería una terapia unidimensional ante males que tienen
tantos niveles y por lo mismo requieren de múltiples ayudas.

No se puede atacar un enemigo que no se ve. Mientras se remita el origen
de la diabetes a manifestaciones secundarias -de un mal más profundo-
creyendo que son el lugar donde nace el padecimiento, jamás se logrará la
recuperación de ningún enfermo por completo. Dar por hecho que un abuso de
grasas, carbohidratos, grasas trans y azúcares es sólo una peculiaridad
alimenticia que vuelve a alguien propenso a contraer diabetes -y no admitir que
en realidad estamos hablando de conductas compulsivas que encajan en un
cuadro más amplio-, ha sido equivalente a creer (como en un principio se hizo
tan equivocadamente) que el cigarro sólo produce un hábito pernicioso y
molesto, no una adicción grave, mayoritariamente mortal, y que es fruto de la
casualidad que una persona sacrifique su voluntad en las garras de una droga.

Al usuario de un producto que imaginamos que sólo por obra de una
infortunada casualidad puede enfermar o esclavizar le daríamos sólo un consejo
amable y laxo, en el mejor de los casos.

A un adicto cuya conducta le afecta gravemente a él y a todos los que le
rodean le instaríamos a buscar tratamiento especializado con urgencia.

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Trasladando estos ejemplos al cuadro diabético descubrimos la diferencia
sustancial entre aconsejarle a alguien comer menos grasa, azúcar o harina y
encomiarle encarecidamente a incorporarse a un grupo 24 horas de comedores
compulsivos anónimos para superar su trastorno.

Por cierto, las restricciones que la ley está imponiendo a la difusión
publicitaria del tabaco obedecen a razones que bien pueden aplicarse para
hacer lo mismo con los alimentos chatarrra y además con aquellos que
contienen azúcar refinado, aceites refinados, harinas refinadas y grasas trans
(aceites hidrogenados). Sin embargo en este caso, no es tan visible que estos
falsos alimentos causan más muertos que el negocio de sicarios que expenden
nicotina. ¿Hay alguien en los medios supuestamente críticos que analice con
afán salutífero los venenosos sucedáneos alimenticios producidos con estos
ingredientes vacíos de nutrimentos?

El trastorno alimenticio del diabético tiene que vérselas con las mismas
fuerzas oscuras que la adicción del fumador:

Una sociedad permisiva que no llama las cosas por su nombre.

Medios de difusión vendidos al mejor postor promoviendo productos que
causan compulsión y muerte.

Estimulación constante impeliendo a recaer una y otra vez en compulsiones

malsanas.

Terapeutas menguados para entender y tratar con éxito enfermos complejos,
crónicos y achacados de males que pueden serles mortales, discapacitantes.

Una industria farmacéutica que hará TODO para que el enfermo no sane y en
cambio se convierta en usuario de medicinas que lo vuelven dependiente de
ella.

Con este panorama, la cura de un diabético se convierte en un milagro.

Y los milagros -permítanme recordarles- sí existen.

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ORTOBULIMAREXIGÉNICOS

He acuñado este término para definir por su medio todas las causas conocidas
y por conocer que conducen a padecer los trastornos alimentarios englobados
con los términos ortorexia, bulimia y anorexia; la génesis de estos
desequilibrios homeostáticos es múltiple, y un abordaje unidisciplinario no ha
aportado conocimientos suficientes que lleven a su prevención cabal y mucho
menos a su curación absoluta. Por ello emprendo este análisis que no intenta
ser exhaustivo y sólo intenta dar unas cuantas pistas más sobre el posible
origen y subsecuente curación de estas tres obsesiones compulsivas.
Hay quienes remiten la causa primordial a un desfase entre la propia
percepción corporal y el canon impuesto por los mass media de la mujer
perfecta (o el físico masculino idóneo, si es el caso), en el caso de la anorexia y
la bulimia, olvidándose de remontar el origen más lejos todavía, cuando la
enfermedad estaba larvada en la sique del individuo presta a eclosionar cuando
las circunstancias fueran óptimas. Es hasta ese profundo enrraizamiento donde
quiero acudir, porque sólo desde ese punto se comprende en su amplitud la
circunstancia que da pie a caer en las redes de estas conductas rituales y
autoperpetuantes.

Su origen se remonta al momento mismo de la concepción, al instante
preciso en el que el óvulo fecundado se implanta en el endometrio de la mujer
que va a ser madre; si la recipiendaria de la nueva preñez no dispone en su
cuerpo de todos los nutrientes adecuados para el correcto desarrollo del feto,
ya podemos añadir un factor determinante para fertilizar el terreno de estas
enfermedades, pues el ser que crece va a recibir en su ingesta umbilical sólo
porciones de ciertos nutrimentos o en caso de otros, un nulo aporte, lo cual va a
improntar cada célula en desarrollo de un gradiente nutrimental desequilibrado,
medida desde la cual va a pugnar el feto en desarrollarse a pesar del
desequilibrio del sistema que lo sostiene. Pero la marca va a quedar de por
vida. Prueba de ello son los estudios realizados en madres que ingirieron
carbohidratos y grasas en demasía estando embarazadas, los cuales
propiciaron la proliferación de celulas lipídicas que impelieron el desarrollo de
niños y niñas gord@s que se convirtieron en adult@s obes@s a pesar de tener
dietas controladas. ¿Infancia es destino? Más que eso, el destino comienza a
escribirse desde antes.

Si la madre no dispone de recursos emocionales suficientes, o estos están
permeados de venenos emocionales (odio, ofuscación, tristeza, egoísmo, etc.),
la nutrición emocional queda también comprometida, y si tomamos en cuenta
la relación que la medicina china ejerce entre los órganos y las emociones, ya
podemos pensar que una madre que odia en algún sentido, visiblemente o no,

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va a afectar, no sólo sus propios órganos, sino los del bebé que florece en sus
entrañas. La irradiación emocional, aunque no se encuentra medida todavía por
los instrumentos científicos ortodoxos, es un hecho para cualquiera que intente
reparar en la forma en la que alguien afectado de una emoción descollante
mueve a su entorno social. Y cuánto más sucede dentro de una placenta,
cuando ese bebé no puede oponer la intelectualización adulta, la voluntad
propia, o el correspondiente antídoto ante la emoción que llega a él como parte
del aporte energético que la madre realiza sin parar.

Hasta aquí la primera parte del análisis de las dádivas maternas, tanto
síquicas como físicas, en período gestante. Aunque el tema, por supuesto, da
para más.

Cuando el niño nace, a la par de las múltiples y apabullantes avalanchas
sensoriales, debe reconectarse de inmediato con el medio del cual provino, y el
cuerpo de mamá y sus senos se convierten de inmediato en el eje a partir del
cual se despliega su mundo creciente. Si en el vientre no debía clamar por
nada, porque todo le era dado sin que lo pidiera, ahora dice su primera palabra,
y ésta es un reclamo: el llanto. Llanto que la madre debe aprender a descifrar,
llanto que debe acallar satisfaciendo las apremiantes necesidades que a través
de él se enuncian. Una madre que fracasa en satisfacerlo puede alcanzar la
masa crítica que siente la base de una anomalía energética, pues en el niño se
genera un déficit que lo perseguirá hasta ser satisfecho, no importa cuánto
tiempo pase. No importa que deje de llorar...

Llanto satisfecho y lactancia exitosa, dos piedras angulares para la
fundación de una salud de hierro, tanto síquica como física.

Si ante su llorar y gemir no se sacian sus demandas, el estímulo que
genera su clamor aminora su paso, hasta que sobreviene el silencio, y la
pérdida de la relación entre un requerimiento sicosomático y su manifestación
visible. Si el niño tiene hambre, y no le dan alimento, ya tenemos el caldo de
cultivo para que cuando adulto ignore paulatinamente la señal corporal de la
necesidad de comer hasta que de plano la haga desaparecer del plano de la
consciencia. Si desea un aporte energético que eleve su temperatura corporal
hasta un estado placentero y no acuden esos brazos a pacificarlo, ya tenemos
el germen de un adulto que se ha convertido en alexitímico porque nunca
desarrollo por completo la expresión de sus necesidades, ya que ante sus
pedimentos no hubo respuesta que estimulara el que siguiera expresando sus
hambres de amor.

Cuando llega la segunda crisis de independencia del niñ@ sobre la madre

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(la primera es cuando nace), es decir, cuando los vislumbres de una adultez se
ciernen hormonalmente sobre el cuerpo, suele ser el momento en el que surgen
los T.A (trastornos alimentarios), y esto, debido a que la interiorización que ya
se ha llevado a cabo del papel materno debe comenzar a funcionar a todo
vapor. Aquel, o aquella que haya interiorizado a una madre tóxica, poco o nada
nutricia, no va a tener recursos para empezar a velar por sí mism@
integralmente, y el primer bastión donde se llevará a cabo esa lucha perdida
será la comida, pues la comida es el símbolo arquetípico de la madre. La
introyección y apropiación de las funciones maternas se ejerce entonces con
todas sus virtudes y defectos cada vez con mayor intensidad, y si la
disfuncionalidad materna es mayor que su armonía, sobrevendrá la crisis. Crisis
de resolución, por supuesto, pues esa gama de síntomas son la segunda
generación de llantos que ese/esa adult@ vierte para que su madre (externa o
interna) satisfaga por fin lo que se dejó trunco alguna vez.

Por eso en el sistema de apoyo de un/a enferm@ es vital la presencia y
participación de la madre. Y por eso, en los hospitales donde se confinan los
casos más críticos y extremos, se habla, sin siquiera imaginar cuánta razón
acude al término, de la función de "maternaje" de los terapeutas que los
atienden. La maternidad incompleta que un día se creyó despedir para siempre
ahora vuelve como único medio para rescatar a sus huérfan@s involuntari@s.

No importa si la madre no está, está muerta, no quiere colaborar, o sí es
parte activa de la recuperación, pues ésta pasa por sanear el arquetipo y el
vínculo filial (aunque sea in absentia), y por introyectar de nuevo las funciones
maternas nutricias para que se disponga de recursos autónomos que generen
homeostasis e impidan nuevas recaídas.

Sólo teniendo un centro claro, una función propia de maternaje adecuada
y sana, se es capaz de la independencia y de la salud. No importa si la madre
externa es el icono ejemplar del defecto y el exceso, siempre y cuando la
interiorización y apropiación de las virtudes maternas modelo quede
completada y funcione a cada instante.La conclusión, es sencilla:
adoptémonos... Y antes de hacerlo, pensemos bien en qué clase de padres
queremos ser con nosotros mismos. Y dediquémonos en cuerpo y alma a
crearlos en nuestro interior.

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ÁBJUROS DE HIPÓCRATES

La silimarina en la cirrosis,
el envenenamiento hepático
y la diabetes.

Había escrito un texto que consideré atinado y ocurrente sobre el Cardo
Mariano y los médicos. Lo sometí a las críticas de mi madre (Socióloga y
Periodista de la Sorbona de París) y de mi amada mujer (Profesora de Español
en una secundaria pública de Iztapalapa, es mi heroína preferida). Pensé que
me darían el palomazo sobre mis cuartillas y ambas coincidieron para mi
frustración en tacharlo de agresivo para la clase médica en su conjunto. Total
que decidí sepultarlo en la resma tradicional del olvido que todos los escribanos
tenemos en los resquicios de nuestros hogares. Hasta ahora; verán por qué.

Son decenas los batiblancas a los que les he hablado del Cardo como una
medicina prodigiosa y he subrayado los experimentos de la Doctora
Claudia Angélica Soto Peredo (Universidad Autónoma Metropolitana,
plantel Xochimilco) en los que
en un modelo extrapolable a humanos
demostró la remisión total de la diabetes que produjo en los sujetos de sus
experimentos gracias a la acción de las diferentes moléculas de la
Silimarina
que contienen los frutos de esa maravillosa planta. De hecho es
probable que sean en realidad cientos de Jurados Hipocráticos los que me han
escuchado loar tanto a la medicina, como a las dos mujeres que
intervinieron para que llegara a nuestras manos tan fenomenal cura

para la diabetes y para MILES de enfermedades más (sí, lo dije y lo sostengo:
miles; y lo demostraremos, aunque le pese a las trasnacionales farmacéuticas).

La Doctora Claudia Angélica Soto Peredo,
de la Universidad Autónoma Metropolitana,
plantel Xochimilco:

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SILIMARINA, CURA DE LA DIABETES

A pesar de mi verdaderamente imparable verborrea han sido pocos los
Doctorcitos y Doctorcitas (y en mayor medida Enfermeros y Enfermeras) que
han tendido sus oídos en una escucha real y consecuente con las implicaciones
de esas palabras espetadas sin pudor. De hecho, para mi asombro, he hallado
incluso hostilidad: la de aquel cuyo modelo del mundo corre riesgo de
caer en pedazos.

Debo confesar que me he divertido mucho a costillas de sus hígados
sulfurosos y a pesar de mis invariables corajes ante tanta cerrazón. Es toda una
anécdota cada indoctrinamiento que realizo sobre la medicina que ocupa mi
corazón, pues a pesar de las puertas que me cierran en la nariz, tengo ingenio
casi siempre suficiente para abrir una esclusa en la que ni esperaban que
alguien pudiera entrar con sus argumentaciones sólidas como arietes
invencibles. ¡Ja, no pueden contra la razón!

Esas orejas que tanto se han negado a entender me han enseñado que es
más difícil cambiar un paradigma dogmático de la realidad
¡que curar la
diabetes! Mire usté, caballero...

Por todo lo anterior, y porque hace unas horas me enteré de que la
diabetes se posicionó recientemente como la causa número uno en la
mortalidad
de mis compatriotas, decidí transcribir el texto de marras. Esa
enfermedad que me espanta, no merece persistir; es un infierno optativo y
debe saberse ya. Dicen los que saben que el Sector Salud gasta más de su
presupuesto en la diabetes y los padecimientos y secuelas
relacionados con ella que en cualquier otra enfermedad; de hecho es
su principal merma económica.
¿Es posible que pudiendo remediarla
persistamos en voltear la cara hacia otro lado? Soy terco, demasiado. En mi
consciencia no ha de quedar el pecado de omisión de guardar silencio cuando
tengo algo tan importante que seguir diciendo.

En honor de esos hombres y mujeres que no quieren salud sino dinero, va
el escrito que pensé no transcribir nunca. Viene de ai, maistro:

La inyección del doctorcito.

Algunos médicos son muy inteligentes en Europa: como su profesión
consiste en ser responsables de saludes y vidas de sus pacientes -carga pesada
en exceso para cualquiera- liberan su presión y se relajan del trabajo tomando;
no se crea que destaco la inteligencia de los facultativos por usar este método
que sólo requiere de sentarse y empinar el codo en lugar de alguna disciplina

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oriental psicosomática, nooo. Sería un sarcasmo cruel. Lo dije en serio, pero por
la parte que antecede a ese ritual báquico del rélax galénico, la que sólo los
chismosos conocemos pues es privadísima y además vergonzante. ¡A salir del
clóset muchachos!

Antes de ingerir cantidades pantagruélicas de bebidas embriagantes se
inoculan una sustancia muy especial, una que ha demostrado durante
milenios ser capaz de proteger al hígado de miles de venenos
(aseguro
usar los 4 dígitos de manera legítima en sendos casos: en años y en tóxicos
respectivamente).

Entre esos venenos se incluye (cómo no) al temible alcohol y, escúcheme
bien, a la micotoxina criminal del hongo Amanita Phalloides, bien conocida por
encabezar la lista de agresores del hígado de origen natural. Es tan potente
esta molécula, como la que contrarresta sus efectos.

LA SILIMARINA:

Sí. Esa que ocupa 5 mililitros de la jeringa hepatoprotectora de los
doctores alcohólicos en una concentración de 120 miligramos benditos y
estandarizados
, utilizada como medida urgente de la bien practicada
medicina preventiva. Los guerreros necesitan su escudo y su descanso, hélos
allí: francachela y remedito.

Si mi padre lo hubiera sabido a tiempo, no hubiera tenido que pasar por el
trago amargo de vivir una operación tan fea como el desvío de la circulación
portal por su cirrótico hígado atemperado a golpe de cuba y vino. La ignorancia,
hombre...

Ah, se me olvidaba un detalle. Si algunos tomadores compulsivos no se

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SILIMARINA, CURA DE LA DIABETES

ven borrachos, no se debe a que tomen con medida o moderación (o como se
quiera subterfugiar el aquelarre aquel). Que nadie llame a error en este sentido.
Si esos adictos aparentan sobriedad es porque los hígados trabajan a marchas
forzadas metabolizando TODO el alcohol que se zamparon a través de una
herramienta química que produce a mares el hígado de un tomador con el fin
de neutralizar esa porquería que sin empacho le meten. Su nombre es
Deshidrogenasa Alcohólica; ilustrador el mote de esa enzima orgánica, ¿eh?

En una esquina, ¡la Silimarina!
En la otra esquina, ¡la Micotoxina!

Abundemos sobre el asunto. Cuando un ser hechizado por el sombrerito
rojo con manchoncitos blancos del honguito mencionado decide comerlo,
sobreviene en su organismo una serie de reacciones químicas que atentan
contra su integridad; la más destacada es la hepatitis fulminante, ya que el
blanco preferido de la flecha envenenada de la Amanita es el hepatocito, la
célula hepática.

Muere el hígado entonces, y por su trascendencia como órgano rector de
la química corporal, también orilla al deceso al desdichado que pensó que ese
vegetal llamativo sólo lo llevaría de tour VTI al paraíso, no que lo dejaría de por
vida en él.

El vegetal hermano que efectivamente lleva a las visiones espirituales es
parecido al que mata, pero sólo la bruja del cuento sabe distinguir entre el
Phalloides y el Amanita Muscaria,
y vaya usted a saber en qué pira de leña
verde mataron a esa abuelita chamánica los antecesores de Franco.
Gracias a los patólogos sabemos bien cómo se dá el trágico fin de los que
se atragantan con sombreritos de duendes malévolos, pues son ellos en las
labores forenses quienes se ocupan de los cadáveres para estudiar los males
que los llevaron a la plancha metálica donde laboran. En sus cortes
histológicos se pueden observar los hepatocitos destrozados
después
de la artillería fúngica que los derrotó.

Y a otro tipo de científicos les debemos saber con precisión que si le
inyectamos en tiempo y forma a un envenenado por su bocadín de
champiñones la misma ampolleta que el doctor usa para evitar la cirrosis
¡sobreviene lo inesperado!:

Por arte de una magia singular en las células que recibieron el
antídoto no se vé el más mínimo daño
, como no sea el que les causó al
separarlas con una jeringa especial el doctor encargado de tomar las muestras

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de tejido para la biopsia. Porque verá, esas células que se ven rozagantes en la
mirilla del microscopio, pertenecieron a un órgano que seguirá vivo y saludable,
aunque al paciente que se las quitaron le duelan los dos piquetes (el del
antídoto y el de la biopsia) y le retumbe todavía el susto que se llevó por culpa
de sus peculiaridades culinarias.

Los irredentos iatrogénicos.

Volviendo a los insignes personajes del principio, esos que se automedican
y esgrimen con orgullo la divisa tan sonada de "prevenir, antes que lamentar",
mencionaba su inteligencia y lo recalco. Todavía tendría progenitor si hubieran
estado a su disposición esas ámpulas inoculables y el conocimiento que bien
usan los galenos sedientos y estresados.

Es una lástima que mi padre y su hígado transplantado terminaran
convertidos en cenizas por la ignorancia que ya no tiene quien leyó este
texto.

Ahora bien, si usted quiere ser más que inteligente, le recomiendo
meterse al organismo, no una jeringuilla que sólo se debería usar como
antídoto en emergencias reales, sino unas buenas tabletas de Silimarina
diariamente, pues es uno de los antioxidantes más importantes de la lista
de los Top Thirty.

Le invito a leer más sobre esta medicina que sólo un Doctor lleno de amor
incondicional pudo haber creado, bueno, no un Doctor, una Doctora. Venga, lea
la narración apócrifa o real, mítica o histórica que le he preparado, y
sorpréndase.

En la Francia del 68 en la que mi padre estudió, se podía leer un grafiti
bellísimo. Con él quiero cerrar...

"seamos realistas: pidamos lo imposible" Amén.

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