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Razones para Creer

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07/20/2013

Cuando pasaba por la infancia deseaba consumir el
tiempo para entrar en la juventud y tener novia. Cuando
tuve novia deseaba que pasaran los meses para casarme y
disfrutar del matrimonio. Después de casarme deseaba que
se fuerangastando los meses paracelebrar el alumbramiento
de mi esposa yconocer el primer hijo. Enamorado del bebé
deseaba que pasaran los años para verlo correr por los
parques. Al verle caminar deseaba que fuera mayor para
dialogar con él.

Después deseaba que pasaran los años para ver su
carrera terminada. Posteriormente deseaba que llegara el
momento de verlo actuando en su profesión con esposa e
hijos. Ahora soy abuelo y deseo que pasen los inviernos
para disfrutar de las vacaciones estivales. También deseo
que pasen los cinco días primeros de la semana para
descansar el sábado y el domingo. Y cuando llegan las
vacaciones deseo que pasen los días que preceden a la fecha
que nos permite dar una vuelta por España.

Y después de recorrer algunas provincias, deseo llegar
a nuestra casa para normalizar la vida cotidiana. También
deseo que pasen las horas para salir del trabajo.Yal remitir
este escrito al director de LAVOZ DEASTURIAS, deseo
que pasen los días para que algún alma buena lo lea.
Igualmente deseoque pasen las horas aciagas que anteceden
a la posible solución de las dificultades y problemas.

Ahora, al meditar sobre lo que dejamos expuesto,
estoy pensando que la suma de todos los deseos puede ser
la prisa que tengo en recorrer el camino enrevesado y

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tortuoso que me distancia de la muerte.También pienso que
este deseo continuo de consumir el tiempo, puede ser
promovido por esa substancia espiritual que Dios nos ha
infundido en el cuerpo con carácter de inmortalidad. Pues
el alma es la que realmente nos informa de la dureza que
conlleva la realidad terrena y el destino que corresponde al
cuerpo, sin dejar de reconocer que el espíritu y la carne
constituyen la esencia del hombre.

Esta observación me hace comprender mejor a la
doctora de la Iglesia y Santa de Ávila: «¡Ay, qué larga es
esta vida! / ¡Qué duros estos destierros!/ ¡Esta cárcel, estos
hierros / en que el alma está metida! / Sólo esperar la salida
/ me causa dolor tan fiero, / que muero porque no muero. /
Quíteme Dios esta carga / más pesada que el acero».

Parece claro que la carga que ha llevado siempre
Santa Teresa era la de soportar un cuerpo que vive siempre
con el deseo de vulnerar las leyes divinas que salvanel alma,
cuando ésta consigue someterlo a la voluntad de Dios. Pero
como la santa fortalecía su espíritu diariamente con los
sacramentos, las buenas obras, la oración y la penitencia,
hizo que su cuerpo fuera esclavo del alma ysiervo de Dios.
Y ese antagonismo entre el elemento espiritual y material,
formaba el vehemente deseo de la separación que conlleva
la muerte del cuerpo y la gloria del alma.

Publicado en “LA VOZ DE ASTURIAS” 26-Junio-1966

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