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Universidad-Innovación

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El artículo analiza las relaciones entre la universidad y la empresa desde el contexto de los sistemas de innovación y las relaciones de interdependencia que deben darse para incrementar la capacidad innovadora de una nación. El análisis se hace desde un nivel de sistemas y no de organización, tomando como marco referencial los trabajos de la Escuela de Aalborg
El artículo analiza las relaciones entre la universidad y la empresa desde el contexto de los sistemas de innovación y las relaciones de interdependencia que deben darse para incrementar la capacidad innovadora de una nación. El análisis se hace desde un nivel de sistemas y no de organización, tomando como marco referencial los trabajos de la Escuela de Aalborg

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UNIVERSIDAD E INNOVACIÓN1

Silvia C. García Urrea

RESUMEN El artículo analiza las relaciones entre la universidad y la empresa desde el contexto de los sistemas de innovación y las relaciones de interdependencia que deben darse para incrementar la capacidad innovadora de una nación. El análisis se hace desde un nivel de sistemas y no de organización, tomando como marco referencial los trabajos de la Escuela de Aalborg. A través de este análisis aportamos algunos elementos para entender las relaciones entre la universidad y la empresa y las contradicciones que generan las presiones de la globalización y las necesidades de desarrollo que tiene cada nación. Corresponde a las universidades buscar un equilibrio en sus vinculaciones con el entorno que les permita lograr el desarrollo de las localidades donde actúan, sin afectar su capacidad innovadora y competitiva y la de las organizaciones locales con las cuales se vincula. Para ello las universidades deben reinventarse, convirtiéndose a sí mismas en organizaciones innovadoras, capaces de responder eficientemente a las necesidades del entorno. Palabras claves: Innovación. Vinculación Universidad-Empresa. Sistema Nacional de Innovación. ABSTRACT This paper looks at the dynamic of the interaction between universities and firms in the context of innovation as a systemic phenomenon, and the alliances that must occur between them to increase the innovation capacity of nations. The analysis is made at a systemic level, taking as a framework, the studies made by the Aalborg School. Some ideas are given to understand the relationships of interdependence between universities and firms and the contradictions that appear because of the need nations have to be part of a global culture and, at the same time, the need they have to foster local development. In interacting with external organizations, Universities have a major responsibility to achieve the right balance that allows for local development and promotes the nations potential to become highly competitive and innovative. That means universities will have to reinvent themselves, becoming innovative organizations, capable of efficiently respond to the needs of society. Key words: Innovation. University-firms alliances. Nacional innovation system.
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Artículo publicado en la Revista Educación y Ciencias Humanas. Decanato de Postgrado. UNESR. Caracas, 2008

El estudio de la Innovación desde la perspectiva de la organización Desde Schumpeter – quien ya en 1912 consideró la innovación como una base importante del desarrollo económico (Freeman y Soete, 2000) – hasta nuestros días, los estudios sobre la innovación han avanzado hasta convertirse en un campo interdisciplinario que relaciona lo económico, social, tecnológico y organizacional. Hoy, por lo tanto, se estudia la innovación desde distintos enfoques; siendo uno de ellos, el organizacional. Dentro de este enfoque, se analizan las organizaciones como entes innovadores, bien sea en sus sistemas de producción, en su estructura y organización, en el producto que éstas generan y en el impacto que esos productos generan en el mercado externo. Del mismo modo, se estudia la manera como las innovaciones que se suceden en el entorno afectan la organización misma. De este enfoque organizacional, surgen los estudios sobre la importancia de las empresas innovadoras en la creación del conocimiento especializado y la relevancia que tiene la interacción intra e interorganizacional, como vía para generar colectivamente nuevos conocimientos y capacidades para interpretar la información y transformarla en tecnología2. Del mismo modo, se reconoce que cuando innovan, las empresas desarrollan nuevos conocimientos y nuevas capacidades que le permiten mantener altos niveles de productividad, competitividad y capacidad innovadora. El conocimiento acumulado en el proceso, se convierte en la base para desarrollar nuevas capacidades e innovar (Nonaka y Takeuchi, 1995). Por otra parte, la estructura de relaciones de la empresa y su organización interna también influyen en su capacidad innovadora. Básicamente se parte de la idea de que las estructuras rígidas dificultan la innovación, mientras que las estructuras más flexibles facilitan la capacidad de adaptación de las empresas a la velocidad con que suceden los cambios en el entorno. (Castellacci, Grodal, Mendonca y Wibe (2004). La investigación efectuada por The Concours Group en el 2003 sobre las características de las empresas con capacidad de innovación expone los ocho principios de las organizaciones innovadoras: 1. Conocen las características y necesidades de todos los usuarios implicados en la cadena de valor (consumidores, suplidores, distribuidores, aliados y otros) y los factores que impactan sus necesidades y capacidades. Este conocimiento determina la habilidad de la organización para crear ventajas competitivas, reconocer áreas potenciales de innovación y diferenciarse en la mente de los usuarios.
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Asumimos aquí el concepto de “tecnología” planteado por Morles (2002) como “producto de la técnica”. Los productos tecnológicos pueden ser: objetos materiales, objetos intangibles, procesos organizacionales complejos y procesos metodológicos. Dentro de este concepto de tecnología entran las ideas, como objetos intangibles, pero susceptibles de codificación, transmisión y almacenamiento fuera del cerebro humano. (Briceño, 2003)

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2. Sus valores y misión están alineados con la innovación. 3. Han desarrollado un estilo de liderazgo y gerencia orientado a la innovación 4. Motivan a su personal a innovar 5. Mantienen una cultura y clima de trabajo que fomenta la innovación 6. Poseen capacidad para asumir los cambios. 7. La forma de organización ayuda a innovar: 1) estructura flexible y no jerárquica, 2) trabajo en equipos multifuncionales y matriciales, 3) descripciones de cargos abiertas y flexibles, 4) operaciones descentralizadas con cierto grado de autonomía, 5) uso de herramientas para facilitar la comunicación y colaboración y 6) otorgan espacios para la experimentación y el mejoramiento continuo. 8. Contratan individuos con capacidad para innovar; con las competencias, atributos y conductas que facilitan el pensamiento innovador en acción. Castellacci et al. (2004), por su parte, han expresado que la conducta innovadora de las empresas se fundamenta en características comunes: Coordinación e integración del conocimiento especializado Aprendizaje en condiciones de incertidumbre Estrategias innovadoras Buena combinación entre la estructura organizativa de la empresa y los factores del contexto Actividades colaborativas ínter-organizacionales (conformación de redes de innovación) Estas actividades en colaboración con entes del entorno se materializan generalmente a través de alianzas, entendidas como la búsqueda de socios o aliados externos para complementar y reforzar las competencias internas de la organización y compartir riesgos a fin de alcanzar un objetivo. (Lewis, 1989) En el campo de las innovaciones, las alianzas constituyen la clave del éxito, pues ofrecen (Dyer y Singh, 2000): • • • • • Oportunidades para aprender y adquirir tecnologías Acceso a recursos tecnológicos y capacidades complementarias que residen en otras organizaciones Acceso a nuevos usuarios Acceso a nuevos recursos (financieros, humanos, etc.) Oportunidades tecnológicos para influir e incluso controlar los estándares

Sin embargo, las alianzas entre las organizaciones que buscan innovación tecnológica están sujetas a muchos factores, como: diferencias culturales entre

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las organizaciones aliadas, conflictos de intereses, falta de mecanismos de coordinación efectiva, carencia de recursos o tecnología para permanecer en la alianza o cambio de objetivos estratégicos por parte de una o varias de las organizaciones participantes de la alianza. También pueden estar afectadas por cambios en las condiciones del contexto (sistemas de incentivos, políticas estatales, cambios en los paradigmas tecnológicos, etc.). Por ende, la posibilidad de éxito de las alianzas depende mucho de factores que, en ocasiones, no son controlables a lo interno de cada organización y que sólo son explicables desde una perspectiva aún más amplia. Esto nos lleva a estudiar los procesos innovadores, no solamente desde la organización misma, sino también desde la manera en la que surgen y se ven afectadas las interrelaciones entre la organización y el entorno; es decir, desde un enfoque sistémico. La Innovación como fenómeno sistémico: Los Sistemas de Innovación Las empresas operan dentro de un contexto socio-histórico, cultural y político y se interrelacionan con diversos tipos de organizaciones culturales, educativas, de servicio, productivas, etc., que en cierta forma, condicionan su operatividad y afectan su capacidad innovadora. Este contexto abarca lo cultural, sociohistórico y político, además del entramado organizacional y estructural, la infraestructura y los procesos mediante los cuales se crea y difunde el conocimiento. En consecuencia la innovación se puede estudiar no como un hecho aislado que surge y se reproduce a lo interno de cada organización, sino como parte de un sistema que toca lo local, lo nacional y lo transnacional. Esa visión de la innovación desde la perspectiva de sistema abierto permite estudiar cómo las instituciones y sistemas de producción determinan la capacidad innovadora de una nación y de sus organizaciones y de una región del mundo. Los estudios de Freeman (1987) y Nelson (1993) sobre sistemas nacionales de innovación, estuvieron orientados a determinar las diferencias en las capacidades innovadoras de diferentes naciones en distintos hemisferios, desde la particularidad de cómo operaban las instituciones en esos países para producir innovaciones. Específicamente Freeman (1987) trabajó sobre las características de la industria japonesa de la postguerra y su capacidad innovadora. El autor fundamentó su estudio en las políticas nacionales y los factores sociales e institucionales que moldearon la conducta empresarial. Freeman estudió los elementos del comportamiento de las organizaciones en relación con el rol y los métodos de innovación y el papel que jugó la educación. El trabajo de Nelson (1993), por su parte, fue un estudio comparativo entre 15 países de diferentes niveles de desarrollo que se orientó a “iluminar sobre las instituciones y mecanismos que soportan las innovaciones técnicas…, las similitudes y diferencias entre países y cómo estas se constituyeron, y permitir al menos una primera discusión sobre la importancia que tienen estas

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diferencias” (p. 3). Los trabajos de Nelson fortalecieron la idea de que las universidades tenían un rol fundamental como las principales fuentes de nuevos conocimientos, proveyendo tanto investigación básica como mano de obra altamente capacitada. Ambos, Freeman (1987) y Nelson (1993), realizaron sus investigaciones desde un enfoque histórico-empírico, centrando su ámbito de análisis en las propias organizaciones, su evolución histórica y sus patrones de comportamiento y de cómo éstos influían en los procesos innovadores a lo interno de cada nación. Esta perspectiva, aún cuando resulta de gran utilidad para efectos de “benchmarking” (comparación), no toma en cuenta la interdependencia y las interacciones que se dan entre distintos tipos de organizaciones para la creación de tecnologías. (Castellacci et al. 2004). Hacia mediados de los noventa, los estudios de Lundvall y sus colaboradores en la Escuela de Aalborg, presentaron un nuevo paradigma para analizar los sistemas de innovación fundamentado en el aprendizaje interactivo. Este paradigma intenta comprender los procesos innovadores desde una perspectiva más amplia, que considera la red de vínculos de cooperación entre los usuarios y los productores de nuevas tecnologías, que pasa por la búsqueda conjunta del aprendizaje mutuo y que culmina en avances tecnológicos determinados y en la creciente capacidad de todo el conjunto para identificar posibilidades de innovación y realizarlas (Pérez, 2002). Esas interacciones son parte de un sistema de innovación, donde los grupos de usuarios y productores, comprometidos en un aprendizaje interactivo, crean conglomerados3 con diferentes capacidades tecnológicas, los cuales, cuando son tomados como un todo, definen los diversos componentes de un sistema nacional. Los elementos del sistema interactúan en la producción, difusión y uso de un conocimiento económicamente útil, lo cual impacta la velocidad y dirección de los procesos innovadores y puede trascender los límites nacionales. (Lundvall 1999, citado en Lundvall, 2002) Las interacciones (alianzas estratégicas, acuerdos de cooperación técnica, de coopetencia4, colaboración técnica con el usuario, acuerdos de transferencia tecnológica, etc.) se dan de diferentes formas, frecuencia y calidad,
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Los conglomerados de innovación son concentraciones urbanas de firmas manufactureras y de servicios en uno o más sectores industriales. Esas firmas están apoyadas en una infraestructura de universidades e institutos de investigación, entes financiadores, incubadoras, servicios y sistemas avanzados de comunicación y transporte (Voyer, 1997). Estos conglomerados crean nuevos productos a través de un esfuerzo colectivo de producción de firmas ubicadas en un área geográfica definida y se caracterizan por altos niveles de intercambio de conocimientos, altos niveles de aprendizaje y valores sociales compartidos. La coopetencia (ccopetition) se puede definir como una forma de alianza estratégica en la que dos o mas empresas en el mismo ramo industrial y que normalmente compiten por el mismo mercado cooperan para alcanzar una meta común. Garraffo (2002) nombra tres razones que motivan a la coopetencia: acceder o intercambiar nuevas tecnologías y conocimiento complementario; acceder o estimular nuevos mercados; y influenciar y controlar estándares tecnológicos

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determinando cómo y hasta que punto puede concentrarse cada empresa o institución en su área de especialización estratégica en el conglomerado. Tal como lo expresa Pérez (2002):
La posibilidad real de interactuar y complementarse con las otras empresas o instituciones del entorno es lo que permitirá a cada una desplegar al máximo su propio potencial tecnológico especializado e incrementar su competitividad en el mercado. A su vez, la capacidad de respuesta de instituciones como las educativas y las de investigación está en parte determinada por la calidad y variedad de la interacción con el aparato productivo y de la especificidad y rigor de sus exigencias.

Se asume por lo tanto que la creación y difusión de innovaciones en una sociedad, es un fenómeno interactivo que se fundamenta en el aprendizaje colectivo y que está determinado por las reglas y normas sociales, culturales y políticas y por la forma en que organizaciones e instituciones, como las empresas, universidades, los centros de investigación, la administración pública, etc. trabajan en conjunto. Estas interacciones llevan a enlaces o eslabonamientos que inducen a la innovación y que Arocena y Sutz (2002) denominan “circuitos innovativos”. Los autores definen estos círculos como procesos en los cuales se resuelven problemas productivos relevantes por el encuentro, por un lado, de actores que tienen un problema, y por otro, actores que tienen los conocimientos vinculados, dando así lugar al trabajo en conjunto en cuestiones relacionadas, en una suerte de espiral virtuosa y creciente. Estos circuitos innovativos se apoyan en el establecimiento de redes estables (espacios interactivos de aprendizaje) y de una institucionalidad (reglas y regulaciones que impone el Estado) que condiciona el desempeño de los agentes económicos y reducen la incertidumbre para la innovación. Del mismo modo, los circulos innovativos contribuyen a la creación de espacios de aprendizaje y pavimentan la ruta hacia la creación de nuevos espacios. El estudio de los sistemas nacionales de innovación, debe por tanto darse desde la manera cómo se producen esos eslabonamientos, los puntos nodales donde se producen los aprendizajes cruciales para la innovación y las interacciones faltantes para producir la necesaria sinergia. (Lundvall, 2000; citado por Arocena y Sutz, 2002) Sistemas Nacionales de Innovación y Globalización En un mundo globalizado, los sistemas de innovación tienen la particularidad de que se constituyen a partir de conglomerados de innovación que abarcan regiones enteras o tienen un alcance interregional. Sin embargo, tal como lo expresa Lundvall (2002), aún cuando estos sistemas están abiertos a la economía global, tienen cierto grado de autonomía nacional en cuanto a su desarrollo, operación y especialización, de la cual deben aprovecharse para obtener ventaja.

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En consecuencia, la globalización de las economías no debería implicar la desaparición o desdibujamiento de los sistemas nacionales de innovación, aunque sí implicaría su transformación en sistemas más abiertos e integrados a los sistemas internacionales de producción, fortaleciendo simultáneamente las capacidades locales. En los casos de los países en desarrollo, el Estado ha asumido la responsabilidad de fortalecer las capacidades internas de innovación. Esas capacidades se refieren al establecimiento de un sistema productivo local capaz de crear sinergias para estimular la creación y difusión de conocimientos y nuevas tecnologías, instituciones que respondan a las necesidades y demandas de los actores internos de la innovación, y el desarrollo de un marco regulatorio e incentivos adecuados para crear una atmósfera favorable para innovar. Esto debe traducirse en la reestructuración de los sistemas productivos para adaptarse a las condiciones de los mercados externos, el fortalecimiento de los sistemas de formación y de investigación y desarrollo (I&D), la constitución de redes internas de producción y el desarrollo de intercambios comerciales que permitan aprovechar las ventajas de la economía de escala global y proteger los intereses internos. Dentro de todos estos cambios, las empresas, los centros de investigación y las universidades y la relación que éstos mantengan entre sí son la médula central de los sistemas de innovación nacional, pues a partir de esa relación se construye la capacidad de investigación y desarrollo de cada nación (De Ferranti, Perry, Gill, Guash, Maloney, Sánchez-Páramo y Schady (2003). Dentro del sector empresarial, las empresas medianas y pequeñas cuyo marco de operación se da en los mercados locales, pueden jugar un papel importante en el fortalecimiento del sistema nacional de innovación, pues su ámbito de acción tiende a ser nacional y su actividad ayuda a crear y consolidar redes interinstitucionales internas orientadas a fortalecer la cadena productiva local (Vásquez-Barquero, 2002); no así las empresas que operan en un marco de dependencia con las grandes multinacionales, que generalmente son las grandes empresas. Los estudios reportados por Archibugi, Howels y Michie (1999) demuestran que las empresas multinacionales, especialmente aquellas que generan tecnologías de punta, tienen resistencia a localizar sus actividades tecnológicas (investigación y desarrollo) en países diferentes a su país de origen y que, cuando lo hacen seleccionan campos en los cuales encuentran ventajas estratégicas (ej. mano de obra barata, o materia prima de alta calidad). En otras palabras “las compañías se expanden para explotar las capacidades nacionales de otros países, no para transferir sus propias competencias”… aumentando así sus ventajas tecnológicas a través de recursos externos. (Op. cit., p.17). Este modo de operar a nivel internacional deja a las empresas locales con los segmentos más simples o básicos de la producción global que generalmente

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requiere el uso de procesos productivos de muy baja tecnología (como el ensamblaje de productos) dejando a las casas matrices en otros países el diseño y producción de tecnologías de punta (Cimoli, 2002). Esto implica, entre otras cosas, una marginalización del sector empresarial local en el mercado global, la restricción de los esfuerzos locales hacia patrones de especialización que impliquen un alto contenido tecnológico y por ende la afectación de las capacidades y potencialidades nacionales de investigación y desarrollo, con su consecuente impacto en los procesos formativos internos y en el empleo de recursos humanos altamente capacitados. Se debe por ende buscar el desarrollo de capacidades innovadoras a nivel local, pero que ese desarrollo trascienda a lo regional y global, logrando la inserción en los mercados globales desde lo local hacia lo global y no al revés; y que los procesos locales y globales se complementen entre sí. Es la promoción de un sistema nacional de innovación orientado al mejoramiento de las capacidades innovadoras locales mediante la inserción de nuevas instituciones en las redes de innovación local y en la constitución de una mayor capacidad de respuesta institucional a las necesidades y demandas de desarrollo global, impidiendo a la vez, que esa globalización de los mercados locales lleve a la marginalización de las cadenas internas de producción (generando sectores productivos excluidos de los circuitos de innovación) o a la disminución de las capacidades internas de producción de conocimientos. La contribución de las universidades en este aspecto es necesaria y posible como lo veremos más adelante. La vinculación universidad-empresa como aspecto medular de los Sistemas Nacionales de Innovación Para insertarse en los niveles tecnológicos más altos de la producción global, las empresas locales deben cumplir con ciertas condiciones, siendo una de las más importantes, la de contar con un recurso humano capacitado a un alto nivel. (Arocena y Sutz, 2002). La capacitación del recurso humano es evidentemente importante para poder desarrollar actividades de investigación tecnológica dentro de la empresa, pero también resulta de vital importancia para que la empresa pueda desarrollar vinculaciones provechosas con los sectores externos de investigación y desarrollo. Esto es especialmente aplicable a las empresas medianas y pequeñas. En un estudio reportado por Lundvall (2002) para Dinamarca, se concluyó que en las empresas pequeñas que tenían al menos dos empleados con educación superior se duplicaban las posibilidades de cooperación con las universidades y otras instituciones del conocimiento. La presencia de personal graduado “…contribuye a un cambio en los modos de innovación en las empresas pequeñas y medianas dándoles un acceso más directo al tipo de conocimiento disponible en las instituciones científicas.” (p.14).

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Del mismo modo, la comparación que hacen Arocena y Sutz (2002) de encuestas nacionales en países de América Latina llevan a una conclusión similar de que sólo las empresas que cuentan con un personal calificado y vinculado con sus colegas de la academia son las que establecen relaciones con las universidades. Por otra parte, las carencias de personal calificado en las empresas medianas y pequeñas no se ven compensadas con apoyos externos. La Universidad, por otra parte, es una institución con una responsabilidad social que la obliga a responder a las necesidades de formación integral del individuo y a generar conocimientos críticos que eventualmente ayuden en la solución de los problemas de la sociedad. En el marco de las interacciones de la Universidad con las organizaciones del entorno, la Universidad juega un doble rol como productor y usuario de tecnología y como suplidor de recursos para fortalecer los procesos de generación de nuevas tecnologías, creando un vínculo interactivo entre la producción de conocimiento científico y la innovación tecnológica. La Universidad, forma los profesionales e investigadores que requiere el sistema productivo local para acceder a tecnologías avanzadas. A su vez, la Universidad está llamada a producir el conocimiento científico que alimenta el proceso innovador nutriéndose, al mismo tiempo, de los conocimientos generados en el entorno para producir nuevos conocimientos. Así, dentro del circuito de relaciones que se dan entre productores y usuarios de la tecnología y el conocimiento, a nivel nacional e internacional, las universidades locales son consumidoras y generadoras del conocimiento tecnológico. Teóricamente a través de los procesos de vinculación universidad-empresa se espera la obtención de beneficios mutuos, como: reducir la duplicación de esfuerzos en investigación y desarrollo; acceder a financiamiento (público o privado) para el desarrollo de investigaciones; acelerar la transferencia de nuevas tecnologías a la industria y eventualmente su comercialización; y, desarrollar puntos de vista coincidentes en cuanto a algunas prioridades de investigación en los sectores público y privado, sin perder de vista la exploración de nuevas áreas que asegure la diversidad requerida para afrontar las incertidumbres acerca de las necesidades de desarrollo futuro. (Mowery, 1998) Que se den o no estas vinculaciones depende de las políticas de inversión en investigación de cada país, así como la manera en que históricamente se conforman en cada país las relaciones entre las instituciones del conocimiento y las empresas. Estas vinculaciones, a su vez, influyen en el nivel de éxito que tienen, tanto empresas como instituciones del conocimiento, para insertarse en las redes internacionales de desarrollo tecnológico y productivo. (Lundvall, 2002). En los países de América Latina y el Caribe, las universidades cumplen un papel dominante en la ejecución del presupuesto para investigación y desarrollo (De Ferranti et al., 2003), por lo que tienen un rol dominante en la

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conformación y consolidación de los sistemas nacionales de información. Por eso, para estudiar los sistemas de innovación en estos países, es importante verlos desde el comportamiento de la universidad como componente fundamental del sistema. Consideramos no obstante que, antes de seguir adelante con nuestros planteamientos, debemos definir primero cuáles son las áreas posibles de vinculación entre la universidad y la empresa y las dificultades que se han presentado en nuestros países en cuanto a la manera como se han dado esas vinculaciones. Áreas de vinculación entre la universidad y la empresa A primera vista se pueden identificar al menos cuatro áreas se vinculación: 1. Formación de recursos humanos: a la universidad le compete la formación y actualización del recurso humano, a través del desarrollo de programas de profesionalización, actualización y desarrollo de profesionales y la formación permanente de personal en servicio. En la sociedad del conocimiento se requiere personal con habilidades gerenciales y técnicas apropiadas y competencias claves relacionadas con la comunicación, el trabajo cooperativo, la capacidad de adquirir nuevas habilidades de una manera rápida y de operar en situaciones de incertidumbre. (Lundvall, 2002). Profesionales (gerentes, investigadores, técnicos, etc.) que se puedan mover en un “universo epistemológicamente compartido” (Vessuri, 2003) y que puedan desenvolverse de manera satisfactoria en diferentes escenarios nacionales e internacionales, pues poseen las “habilidades transferibles” (sin contenido) que se requieren. (Robins y Webster, 2002). 2. Consultorías, cooperación y asistencia técnica: son formas de intercambiar conocimiento desde y hacia la universidad. Su principal rol es dar a conocer la utilidad de los conocimientos científicos generados en los sectores académicos y facilitar la adopción de conocimientos tecnológicos por parte del sector empresarial. 3. Identificación de conocimientos externos que pueden servir de ayuda para las empresas locales: Las universidades también pueden servir de enlace con otros centros de investigación en los países industrializados y ayudar en el proceso a interpretar y adaptar tecnologías extranjeras. 4. Investigación: en este campo la universidad puede participar como socio o bajo contrato en labores de investigación. Este es quizás el área que debe adquirir mayor fortaleza, especialmente en las redes internacionales. De ello depende que universidades y empresas nacionales entren en las redes internacionales en condiciones ventajosas para operar con equidad a escala global.

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5. Desarrollo de productos y servicios: se espera que a través de una interrelación dinámica con la empresa, la universidad contribuya directamente a la dinamización de los sectores productivos mediante la creación y comercialización de nuevos productos y servicios. Una estrategia ha sido la conformación de empresas dedicadas a la investigación y desarrollo con participación de capital de la empresa y recursos académicos de las universidades Estas áreas se aplican para cualquier tipo de empresa, independientemente de su tamaño y sector de especialización, y pueden ser activadas por la empresa o por la misma universidad, dependiendo de los intereses de cada organización. El establecimiento de estas vinculaciones sería lo que Arocena y Sutz (2002) denominan las “células del tejido innovativo” que se multiplicarían, creando desde abajo los sistemas de innovación. Esas vinculaciones son parte de los “espacios germinales” que deben fomentarse y protegerse a través de las políticas de innovación nacional (financiamiento, desregulación, investigación, educación, información). Sin embargo, los estudios más recientes reportados para América Latina nos dice que esos espacios de vinculación no se están produciendo como deberían. Tensiones que surgen en torno a la vinculación universidad-empresa en los países de América Latina y el Caribe Algunos de los estudios reportados en los últimos años para países de América Latina y el Caribe (Banco Interamericano de Desarrollo, 2001; Arocena y Sutz, 2002; Cimoli, 2002; De Ferranti et al., 2003; Genatios y La Fuente, 2004) abordan los factores que han afectado la conformación de sistemas de innovación en los países de América Latina. Básicamente destacan: (1) la baja inversión en investigación y desarrollo (I&D), por debajo del umbral del 1% considerado por la UNESCO como mínimo; (2) la baja utilización de los conocimientos locales, (3) una alta dependencia de ciencia y tecnología extranjera; (4) el bajo desarrollo de las redes productivas y sociales y (5) innovación industrial altamente informal no articulada con la estrategia de desarrollo empresarial Con respecto al establecimiento de redes de innovación en las cuales se inserten las universidades, los informes destacan que: 1. Para las empresas, las universidades y los centros de investigación nacionales son las organizaciones poco importantes cuando de innovar se trata; su vinculación es generalmente con empresas extranjeras. En general, la opinión del sector privado sobre la calidad de las instituciones científicas no es muy elevada 2. Las redes de producción internas tienden a ser débiles. Un gran sector de la comunidad empresarial no tiene en cuenta a las comunidades locales como posibles socios tecnológicos.

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3. Una parte mayoritaria de los recursos dedicados a educación y a investigación y desarrollo provienen del Estado, no de las empresas privadas. 4. Las universidades de la región producen relativamente más investigadores que los demandados por el sistema productivo, por cuanto las empresas asignan poca prioridad a la inversión en conocimientos y a la innovación tecnológica, dando preferencia a la importación de tecnología. 5. Las universidades poseen un conocimiento muy escaso y demuestran en general poco interés sobre las necesidades del sector industrial, aún cuando monopolizan un gran porcentaje del presupuesto estatal para I&D. 6. Como consecuencia, las universidades tampoco asignan la debida prioridad a las relaciones con la comunidad empresarial local, dando mayor prioridad a la conexión con los circuitos internacionales de producción del conocimiento, mayormente académicos. Con frecuencia, los programas de investigación se determinan según las prioridades e intereses personales y no responden a una política institucional de vincularse con las necesidades de la industria. Las investigaciones por lo tanto, tienden a ser irrelevantes para los intereses locales. 7. Las universidades no han logrado el necesario equilibrio entre el imperativo a largo plazo de mantener una investigación profunda y reflexiva que genere conocimientos de punta y la obligación institucional de satisfacer las necesidades concretas y a corto plazo del sector empresarial. Esto influye grandemente en el establecimiento de vinculaciones eficientes que lleven a la generación de innovaciones. 8. El Estado, por su parte, ofrece pocos incentivos para que las universidades establezcan vínculos y aborden las necesidades de conocimiento del sector privado. A esta problemática se suman otras más específicas, relacionadas con la institucionalidad; es decir, los hábitos, rutinas, valores y reglamentos de cada país y organización en particular, como serían las regulaciones laborales que impiden el flujo de académicos hacia la industria, la pesada burocracia universitaria y las tensiones que surgen entre dos tipos de organizaciones cuyos objetivos e intereses tan distintos impiden muchas veces que puedan interactuar de manera productiva. A propósito a este último punto, intereses y objetivos diferentes, las relaciones en el campo de la investigación y desarrollo entre las universidades y las empresas tienden a ser más complicadas de lo que se espera, básicamente por los intereses económicos que están en juego.

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En el artículo publicado por Mowery (1998), se hace una evaluación de los riesgos y beneficios de la colaboración universidad-industria en investigación y desarrollo y se analizan algunas de las tensiones que surgen en esta vinculación. Parte de estas tensiones surgen a partir de los derechos de propiedad intelectual. Por un lado, las empresas desean proteger su inversión con fines de comercialización y, por el otro, las universidades están obligadas a asegurar la tasa de retorno social de la inversión hecha en investigación, especialmente si es una investigación financiada por el Estado. Por otra parte, los esfuerzos que hagan las universidades por proteger la propiedad intelectual o restringir los términos de las licencias de uso de sus productos, puede reducir la transferencia tecnológica a las empresas (Mowery, 1998), afectando su posición competitiva global. Cuando el investigador o la Universidad ceden los derechos de propiedad de su invención tecnológica podrían estar restando oportunidad para que los beneficios de la innovación se transfieran a la sociedad en general y consecuentemente, para que los beneficios de las invenciones académicas lleguen sólo a las empresas. De acuerdo con Miyoshi (2002) las grandes corporaciones ahorran una gran cantidad de dinero dejando la investigación en manos de las universidades y apropiándose de las licencias a costos mínimos. Los fondos para el financiamiento de este tipo de investigaciones parten principalmente del sector estatal, sin embargo ni una parte del beneficio logrado con la comercialización del producto final se retorna al público. En la búsqueda de incentivos para innovar e introducir productos nuevos al mercado, cada país desarrolla su propio sistema de propiedad intelectual en concordancia con sus modelos políticos. Algunos de ellos ofrecen incentivos a la universidad y al investigador, promoviendo la adjudicación de derechos por los beneficios de la innovación, mientras otros países limitan la exclusividad de los derechos de propiedad al autor, sólo temporalmente antes de ser llevado a un dominio público, con lo que la sociedad en general se ve beneficiada. En cualquier caso, si bien las empresas mantienen los derechos de propiedad intelectual sobre algún tipo de tecnología generada, le es difícil conservar el monopolio de la misma, a lo sumo, podrá generar ganancias marginales superiores a sus competidores, pues no pasa tiempo sin que ese conocimiento sea socializado (Yusuf, S. Anjum, M., Eichengreen, B., Gooptu, S., Nabeshima, K., Kenny, Ch., Perkins, D., Shotten, M., 2003). Otro punto importante a discutir es el señalado en el informe ya citado del Banco Interamericano de Desarrollo (2001) y por Lundvall (2002) en lo que se refiere la preferencia del sector privado por financiar el tipo de investigaciones que den resultados inmediatos, en lugar de la investigación básica y estratégica que ofrece resultados a largo plazo. La velocidad de los cambios exige resultados rápidos, lo cual resta espacio para la investigación profunda y reflexiva. Esto pone a las universidades ante la necesidad de fortalecer sus relaciones con el entorno y asegurar a la vez los

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espacios para una investigación a largo plazo y plantea la discusión entre los estudiosos del problema acerca de la necesidad de que la Universidad se centre en el desarrollo de la investigación básica o que, por el contrario, ceda importantes espacios para la investigación aplicada, acelerando de esa manera la transferencia de conocimientos a la empresa. Esta es materia no resuelta en el campo de la investigación de las relaciones universidad-empresa. El estudio que hicieron Hall, Link y Scott (2000) a una muestra reducida de industrias en Estados Unidos revela que la participación de la universidad en proyectos industriales no parece tener un impacto importante en la generación de ideas sobre nuevas aplicaciones para la tecnología. De acuerdo con los resultados del estudio, la incorporación de la universidad en proyectos de investigación industrial, ya sea como socio o como ente contratado, puede inclusive retrasar los tiempos de terminación del proyecto y generar en un momento dado dentro de las empresas, la sensación de que se está haciendo un trabajo improductivo. Sin embargo, los autores explican que la mayoría de los proyectos que vinculan las universidades y las industrias, son complejos e implican el uso de conocimientos científicos avanzados y que por lo tanto experimentan mayor dificultad y demora, pero que presentan mayor garantía de no ser abortados prematuramente. Los autores interpretan de los resultados, que se debe reconocer que las universidades contribuyen a crear conciencia sobre la investigación básica y que ayudan a anticipar problemas futuros de investigación y aplicación tecnológica. En realidad, tal como lo plantean De Ferranti et al. (2003) la investigación básica es importante en la capacitación del recurso humano y en la facilitación y absorción de tecnologías extranjeras. En las empresas, la investigación básica ayuda a adaptar eficientemente las tecnologías para efectos de generar productos eficientemente comercializables. Esto hace de este tipo de investigación un elemento fundamental del proceso innovador y con un peso específico importante en la relación entre la universidad y la empresa, que debe verse como un valor agregado. Para abordar esta situación aparentemente divergente, Lundvall (2002) propone la estrategia de la diversificación y diferenciación de la producción del conocimiento, tanto internamente en la universidad como entre los diferentes tipos de organizaciones insertas en la dinámica de producción tecnológica. Esto garantiza interacción simultánea y una adaptación rápida a las necesidades del entorno. En su propuesta Lundvall advierte que no se trata de crear una división interna y externa entre aquellos que hacen investigación aplicada y se conectan con el usuario y quienes hacen investigación básica. Se trata más bien de flexibilizar los tiempos del investigador, con períodos de investigación crítica y reflexiva y períodos de contacto directo con el usuario de sus investigaciones.

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A nuestro entender, sin embargo, la división interna que se puede generar parecería inviteble por cuanto la población de investigadores universitarios no es homogénea. Así como no todo el sector empresarial interviene en los procesos innovadores, tampoco lo hace todo el sector universitario; ni tampoco lo hacen de igual manera y en todas las ramas del saber. Hay áreas como la farmacéutica, biotecnológica o ingeniería informática que despiertan un mayor interés de la empresa productiva en las universidades, lo cual de por sí crea diferenciaciones naturales dentro de las universidades y entre éstas. Estas desigualdades se hacen evidentes en los accesos a financiamientos y las posibilidades reales de inserción de estas instituciones en los circuitos del conocimiento. Desigualdades que además tocan al investigador, excluyendo aquellos que no investigan en áreas de elevada pertinencia productiva. Este hecho crea un problema de tipo ético y político para las universidades; tanto para las universidades que se mueven dentro de esquemas de remuneración y compensación igualitarios (pues crea un ambiente contrario a la posibilidad de incentivar la vinculación con el sector productivo) como las que se mueven dentro de esquemas de remuneración e incentivos fundamentados en la capacidad de establecer vínculos productivos (pues se puede dificultar la interacción y cooperación académica, disminuyendo las posibilidades de resolver los problemas sociales para los cuales está llamada la universidad). El reto para las Universidades En función de expresado hasta ahora, el reto para las universidades en América Latina se presenta en dos aspectos muy vinculados; primero contribuir a fortalecer la vinculación de los sistemas locales de producción tecnológica entre sí consolidando la red de producción local, y a la vez facilitar su inserción ventajosa en las redes internacionales de innovación. Y segundo, recrear sus estrategias de vinculación con las empresas locales. Estos dos aspectos los trataremos en esta última sección del documento. Para que las universidades puedan ejercer un rol significativo en la consolidación de un sistema nacional de innovación deben integrarse a las redes nacionales de producción del conocimiento, pero sin perder de vista que también deben fortalecerse en el ámbito internacional. Así lo plantea Vessuri (2003):
… se puede observar, derivado de la función que cumplen las universidades en el desarrollo científico y tecnológico en relación con la cooperación internacional, cómo se suele minimizar o descartar el patrimonio de conocimiento y capacidades que los países más débiles conservan en sus comunidades científico-técnicas y en las instituciones que las albergan, usualmente las universidades, y cómo esto se refleja en los tipos de redes de intercambio muy desiguales que se proponen. Dependiendo de las fuerzas y de las posibilidades y capacidades de negociación de grupos y países, resultarán mejores o pseudo-programas de cooperación. La gama de arreglos reales es enorme. (p. 12)

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Es decir, se requiere, un punto de equilibrio que garantice el fortalecimiento del modelo de desarrollo que se asume como nación y el fortalecimiento institucional en el contexto internacional. Al respecto Lundvall (2002) expresa:
Para grupos de investigadores, así como para las empresas, es vital ser parte de redes nacionales e internacionales. Sin embargo, es importante notar que “trabajar en redes implica trabajo” –es decir, la capacidad de cumplir con las obligaciones de cooperación es limitada… los investigadores no puede entrar en una gran cantidad de relaciones locales, sin hacer que se afecten sus relaciones internacionales –y viceversa. Los vínculos estrechos son escasos y para cada agente constituye una difícil tarea, estructurar y reestructurar esos vínculos para que puedan soportar la producción del conocimiento … (p.3)

Ese punto de equilibrio, en los casos de los países de América Latina, buscan establecerlo las políticas y normativas del Estado, las cuales responden al modelo de desarrollo de cada país y cuyo efecto se orienta en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe en la presente década, a cubrir las necesidades de los sectores más débiles y a regular los planes de producción de tecnologías en las universidades. Se debe considerar también, que independientemente de las políticas del Estado, el modelo universitario se ha visto afectado por los cambios en los dominios del conocimiento que conducen inevitablemente a ampliar los contextos que pueden alcanzar las universidades (ayudados por las TICs) y al establecimiento de convenios y alianzas estratégicas, para asegurar una posición competitiva en el mercado educativo local y global, más allá de las fronteras de sus espacios físicos. Esta “apertura comercial de la educación superior” como la denomina Vessuri (2003) obliga a las universidades locales a ser más agresivas para no convertirse en “entes filiales, ramas o cajas vacías de nuevos emprendimientos comerciales de las instituciones…” (p.12) ubicadas en los países donde se genera el conocimiento, sean estos del “Norte” o del “Sur”, del “Centro” de la “Periferia” 5 Para insertarse eficientemente en los procesos innovadores, las universidades deben reinventarse. Esta reinvención no implica necesariamente cambios en la esencia de los servicios que actualmente brinda a la sociedad sino más bien, cambios en el concepto del servicio, en la forma de entrega del servicio y en la forma de interactuar con el entorno. (Escuariza, Tintoré y Torres, 2001). Por un lado, la era de la “universidad de la cultura” está dando lugar a lo que Readings (1996, citado por Robins y Webster, 2002) denomina la “universidad
La no diferenciación entre Norte y Sur o centro y periferia para tratar las desigualdades económicas, se apoya en las ideas sobre la economía asimétrica de Castells. VásquezBarquero (2002) lo explica así: “ …como sostiene Castells (1996), la economía global es fuertemente asimétrica. A diferencia de lo que propugna el viejo paradigma Centro-Periferia, es policéntrica y además las categorías Norte y Sur han perdido capacidad analítica… Existen ciudades y regiones en el Sur articuladas en la economía global y existen ciudades y regiones del Norte que no lo están” (p.3)
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de la excelencia”, “universidad tecnológica” o “universidad corporativa” con un sentido más universalizador y globalizador de su gestión. Esta visión gerencial-corporativa de la universidad la obliga a ser una institución socialmente auditable, organizacionalmente flexible, con capacidad de competir en mercados globales y nacionales y de dar respuestas eficientes ante situaciones cambiantes. Esto significa un nuevo tipo de gerencia universitaria, distinta al tradicional y ya conocido esquema de dirección universitaria. Esto requiere que se transforme el perfil del gerente universitario, generalmente habituado a la estabilidad y cuya labor ha estado soportada por las habilidades aprendidas y largamente aplicadas a través de los años. Los mismos conceptos que aplicamos a la formación de recursos humanos para el mercado externo, los debemos aplicar a los profesores y gerentes universitarios: capacidad analítica, de comunicación, de trabajar en cooperación y habilidades de aprendizaje para reaccionar eficientemente ante los cambios del entorno. En el caso del gerente universitario, se requiere además que sea emprendedor con capacidad de riesgo, con una visión periférica y sobre todo con capacidad de construir estrategias efectivas en entornos de cambio rápido. Por otro lado, la universidad debe modificar su concepto de servicio, lo cual comienza por cambiar la concepción que ella tiene de la sociedad y sus organizaciones y empezar a creer en la potencialidad de los elementos locales para generar innovaciones. Empezar a actuar desde abajo, en el ámbito de las localidades, trabajando por transformar la estructura productiva local a través de la creación de redes de conocimiento y producción, que fortalezcan la capacidad innovadora de la industria artesanal y manufacturera nacional y que favorezcan la integración de la cadena productiva interna y externa. Primeramente, le corresponde a la Universidad conectarse con los sectores excluidos de la sociedad, para lograr un sistema nacional de innovación equilibrado que valore e integre la producción de pequeña escala y artesanal en las redes de producción local. Eso impedirá la marginalización de los sectores productivos internos de las redes de innovación. Segundo, le corresponde asignar la importancia que debe tener la búsqueda de un valor agregado social en los procesos de innovación. Al no centrar las interacciones y vinculaciones inter-organizacionales sólo en el producto esperado (nuevos conocimientos, nueva tecnología) sino hacer ver los valores agregados que se adhieren al proceso innovador y que constituyen la base necesaria para que se generen las innovaciones, se abren las puertas para incentivar la vinculación. En cuanto al primer punto, existen experiencias en América Latina de vinculación de microempresas con las universidades a través del servicio social. En la Universidad de Baja California en México, se logró constituir un sistema universitario de innovación basado en un modelo de asistencia técnica a 43 microempresas pobres dedicadas a la producción y venta de alimentos

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caseros. Se constituyó una red de aprendizaje interactivo en torno a conocimientos sobre manejo empresarial y estrategias de comercialización que lograron mejorar los márgenes de utilidad de esas empresas. Además las redes establecidas abrieron las posibilidades para vincular estas empresas con otras instituciones. (Alcalá, 2004). Se espera que experiencias de esa naturaleza propicien en los sectores productivos rezagados espacios innovadores que les permiten el transito hacia esferas más competitivas. Con respecto al segundo punto relacionado con el énfasis en los procesos, es algo más complicado, por cuanto nuestra cultura nos lleva a medir el éxito de las innovaciones por los productos generados (nuevos conocimientos como base para la creación de nuevas tecnologías); esto es así especialmente en el ámbito industrial. Esta visión de la innovación obvia una parte importante que se refiere a los aprendizajes surgidos en el proceso innovador y que ayudan a construir las capacidades para generar usos nuevos y diferentes de la tecnología. Se trata de entender la innovación, ya no sólo como la generación de un nuevo conocimiento o tecnología, sino como la capacidad de establecer un uso distinto al inicialmente previsto por quien la inventa, permitiéndose de esa manera la debida adaptación de la tecnología a las necesidades propias. Esa separación que existe entre la información contenida en la tecnología y la que agrega el usuario es lo que permite que cada usuario en particular se apropie de la tecnología, rediseñándola de acuerdo con sus necesidades Mackenzie y Wajcman, 1999); proceso en el cual, si el usuario (léase individuo, empresa, etc.) está suficientemente formado, puede generar a partir de allí nuevos conocimientos y tecnologías. En ese proceso que hemos identificado muy someramente, la universidad puede convertirse en un intérprete válido para generar a lo interior de las empresas y de la sociedad en general las capacidades científicas que se requieren para lograr la apropiación tecnológica como paso indispensable para la generación de innovaciones. Conclusiones En este artículo hemos revisado la dinámica de la interacción entre la universidad y la empresa desde la perspectiva de lo que debe ser el rol de las universidades dentro de los sistemas nacionales de innovación. En el caso específico de los países de América Latina, las universidades han tenido un rol no tan eficiente como organizaciones generadoras de innovación, por cuanto su vinculación con los sectores de tecnología de punta han sido pobres, en la mayoría de los casos. A la Universidad de los países que son bajos productores de conocimientos se les plantea el gran reto de insertarse en condiciones de relativa equidad en el marco de la economía mundial a la vez de constituirse en verdaderos promotores del desarrollo local. Esto implica un cambio desde adentro de las

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universidades con vistas a una transformación de la forma como ésta mira a la sociedad de su entorno. Se propone un tipo de vinculación que se fundamente en diferentes formas de ofrecer el servicio institucional, bajo una nueva perspectiva de interacción fundamentada en el intercambio equilibrado de conocimientos y beneficios. Esto implica el desarrollo de nuevos conceptos de servicio, ofrecidos a través de diversos canales que en otras latitudes han probado ser eficientes. Se requiere que la universidad logre hacer un uso competitivo del conocimiento especializado con el cual cuenta para aprender a conectarse con las necesidades de la sociedad y organizarse internamente para ofrecer servicios diferenciados y a la vez especializados en función de sus fortalezas, atendiendo a una demanda interna y externa diversa.

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