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Tenorio 1

María Tenorio

Profesora Maureen Ahern

Español 855

9 de octubre del 2001

“ Y así en ventura mía será si en el gusto tuyo estos mis borrones ...”

De borraduras y afirmaciones en La grandeza mexicana de Bernardo de Balbuena.

“negation acts as a kind of provisional erasure,

clearing a space for the expansion of the colonial imagination

and for the pursuit of desire.”

David Spurr 93

Después de leer La grandeza mexicana me quedé pensando en lo que tenía de

“mexicana” esa ciudad presentada como bullente de actividad que hoy es la ciudad de

México y que antes fuera conocida con el nombre de Tenochtitlán. El retrato que esboza

Bernardo de Balbuena, a grandes rasgos, es el de una ciudad rica y grande de principios

del siglo XVII –el poema es publicado en México en 1604-, ciudad cosmopolita, con gran

movimiento comercial, redes de transporte, vida intelectual... Esa ciudad cosmopolita, “la

ciudad más rica, / que el mundo goza en cuanto el sol rodea” (Balbuena 61), no me

parecía ser la México que conozco –claro, hay que salvar la distancia temporal de nada

menos que cuatro siglos-, no me parecía ser la México que yo quería encontrar en las

páginas del poema. Sí, claro, admito que mi lectura del poema de don Bernardo está

plagada de mis expectativas, de mis prejuicios. Es así que me encontré, para decirlo de

una, con la casi absoluta ausencia del indio, del amerindio, en un poema que elabora y

diseña un discurso sobre una ciudad que fuera edificada y que estuviera habitada por él.
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¿Cómo es que el indio, de quién procede el adjetivo “mexicana”, queda prácticamente

fuera de este relato poético? Este trabajo quiere aventurar una hipótesis para responder a

esta interrogante: al negar la presencia activa del indio en una representación de una

ciudad donde la mayoría de habitantes son indios, Balbuena realiza gestos discursivos

típicos del colonizador que quiere afirmarse y ganar, no únicamente en el mundo material

sino en el imaginario, el lugar que antes ocupaba el indio ahora colonizado. Lo que

subyace en mi hipótesis son las categorías retóricas binarias de negación, negation, y

afirmación, afirmation, propuestas por David Spurr como rasgos del discurso colonial

británico, francés y estadounidense de los siglos XIX y XX, así como el concepto de

negación de coetaneidad, dennial of coevalness, elaborado por el antropólogo holandés

Johaness Fabian para dar cuenta de la colonización discursiva que ejerce el antropólogo

sobre las comunidades humanas que convierte en su objeto de estudio. A su tiempo

entraré en detalle sobre estas categorías meta-discursivas. Antes, un breve examen de

algunas lecturas críticas de La grandeza mexicana.

Observaciones de algunos críticos.

El borramiento del indio –sus mínimas apariciones- en el poema ha sido notado y

hasta cierto punto elaborado por algunos críticos en cuyos ensayos reconozco los

gérmenes del presente trabajo.

En su artículo “Poetic and Prosaic Descriptions of Colonial Mexico City”,

Christian Chester preocupado por la fidelidad histórica de la descripción de Balbuena

aporta interesantes datos al contraste entre la ciudad “real” (tal como aparece en otros

documentos considerados “históricos”) y la ciudad de La grandeza mexicana. Indica que


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tras la conquista de Tenochtitlán, ocurrida ochenta años antes de ser escrito el poema, los

españoles establecieron clara separación entre las áreas de residencia para la población

española y las que debería ocupar la población indígena: “the Spaniards occupied the

center of the city and the Indians the outliying areas, where they were seemingly invisible

to Balbuena, even though Icazbalceta estimates that there where fifty thousand

inhabitants in 1572, of which no more than five or six thousand were Spaniards.” (18)

Invisible también para Balbuena, hace notar Chester, es la mano de obra indígena que

construyó la ciudad de México. “A part of the story which Balbuena does not tell is of the

Indian labor which went into the building of the new city.” (Chester 8, énfasis mío)

Georgina Sabat-Rivers, en una lectura bastante encomiosa del poema, señala

como “el novomundista nos da, quizás a pesar suyo, pero reconociéndola, la imagen del

hombre doblado, sometido, que un día, en mezcla fecunda con el español se alzará fiero”

(“Balbuena” 65) y no termino de citar la frase completa porque me parece que la autora

proyecta su propia percepción sobre la resistencia mestiza, cosa que el poeta

novomundista no atisba en su penúltimo terceto, al que alude la estudiosa, y que dice así:

“entre el menudo aljófar de su arena / y a tu gusto entresaca el indio feo, / y por tributo

dél tus flotas llena” (124). En un ensayo posterior Sabat-Rivers desmenuza los versos

anteriores y concluye que “El indio de Balbuena tiene calidad de persona por encima de

lo genérico y no es el hombre primitivo e inocente de la Edad de Oro.” (“El barroco”73)

Osvaldo F. Pardo anota en su análisis la carencia de explicaciones históricas en el

poema. “At first glance, there does not seem to be room for history or narration of things

past in the Grandeza mexicana. The antiquity of the city, its original dwellers, and its

history previous to the Spanish presence has either been ignored or transformed into an
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emblematic visual artefact.” (105) El pasado indígena, el pasado de conquista, cede ante

un presente y un porvenir movidos por el comercio y la productividad, apunta Pardo

(113). José Pascual Buxó encuentra una explicación a esta ausencia de la historia en los

principios que animan el quehacer artístico de Balbuena:

Y fue por apegarse a estos ideales estéticos de abundancia en la brevedad

tanto como por ceñirse al propuesto elogio de la ciudad contemporánea, y

no por desconocimiento o menosprecio del pasado indígena, la causa por

la cual Balbuena no se ocupó allí de lo relativo al período prehispánico ni

de la conquista española de la antigua ciudad (199).

“Se trata de que deliberadamente falta algo –señala Daniel Torres-. Hay ‘una

supresión u ocultación teatral de un término en beneficio de otro.’” (87) La elipsis,

recurso barroco por excelencia, consiste aquí en la supresión o borramiento de la ciudad

“real”, del México virreinal, a favor de la aparición discursiva de una ciudad ideal, un

México utópico, de acuerdo con Torres. Sin embargo, el “México silenciado”, como este

crítico llama al elemento suprimido, queda atisbado en el poema en diferentes alusiones a

esa “otra cara de la moneda”. (91)

El tema de la ciudad utópica en La grandeza mexicana, no libre de carga

imperialista a mi parecer, ha sido recurrente en la crítica. Juan Durán Luzio, en su libro

Creación y utopía en las letras de Hispanoamérica, establece un paralelo entre el México

de Balbuena y la Amaurota (capital de Utopía) de Tomás Moro. Cuando Durán Luzio

explica cómo el poeta construye su ciudad utópica dice:

el autor ha puesto en ejercicio un riguroso proceso selectivo de rasgos

óptimos, luego recreación y exaltación de lo escogido. ¿Por qué, entonces,


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su olvido premeditado de la basura amontonada, de los ‘barrios atestados’,

‘perenne amenaza para la salud pública’? Ciertamente no era de esa cara

del Nuevo Mundo de la que se deseaba consagrar testimonio; queríase

mostrar la mejor (Durán Luzio 56).

“otro descubre el mundo, otro conquista”

El correlato obligado de la negación del indígena, del colonizado, es la afirmación

del español, del colonizador, que el poema de Balbuena rabiosamente emprende. Aquí es

donde las categorías hermanadas de negación y afirmación de Spurr esclarecen el

movimiento retórico de La grandeza mexicana.

Matías Barchino, en su estudio introductorio sobre la poesía lírica de Balbuena,

aventura esta frase que puede servirnos ahora para ir entrando en la cuestión de la retórica

colonial bipolar: “La grandeza mexicana, poema con que se funda literariamente la

ciudad de México” (32). Ese gesto fundador de la ciudad en el discurso literario

occidental manifiesta ambiciones colonialistas de ocupación de un espacio que se percibe

como “vacío” de sentido antes de ser invadido y colmado por el imaginario occidental: no

hubo antes “letra” en este espacio, todo era vacuidad, desierto, pura naturaleza. Se puede

realizar el ejercicio de sustituir, en las siguientes palabras de Spurr, la palabra “Africa”

por México: “Western colonial power means more than simply the expansion of Western

interests into the empty space of Africa; it also represents Africa’s own coming into

being, its emergence from an original nulity into the openness of the world.” (Spurr 97)

Lo que antes era la nada, ahora cobra total sentido.


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Nótese en la siguiente extensa cita de la Introducción que escribe Balbuena para

su poema la abundancia de vocablos que hacen referencia al vacío en medio del que surge

“esta ciudad famosa, / centro de perfección, del mundo el quicio” (62):

Ahí, en los más remotos confines destas Indias occidentales, a la

parte de su Poniente, casi en aquellos mismos linderos que siendo límite y

raya al trato y comercio humano parece que la naturaleza, cansada de

dilatarse en tierras tan fragosas y destempladas, no quiso hacer más

mundo, sino que alzándose con aquel pedazo de suelo lo dejó ocioso y

vacío de gente, dispuesto a todas las inclemencias del cielo y a la

jurisdicción de unas yermas y espantosas soledades, en cuyas desiertas

costas y abrasados arenales a sus solas resurta y quiebre con melancólicas

intercadencias la resaca y los tumbos de mar, que sin oírse otro aliento y

voz humana por aquellas sordas playas y carcomidas rocas suena: o

cuando mucho se ve coronar el peinado risco de un monte con la temerosa

imagen y espantosa figura de algún indio salvaje, que en suelta y negra

cabellera con presto arco y ligeras flechas, a quien él en velocidad excede,

sale a la caza de alguna fiera menos intratable y feroz que el ánimo que la

sigue: al fin en estos acabos de mundo, remates de lo descubierto y últimas

extremidades deste gran cuerpo de la tierra, lo que la naturaleza no pudo,

que fue hacerlos dispuestos y apetecibles al trato y comodidades de la vida

humana, el hambre del oro y golosina del interés tuvo maña y presunción

de hacer, plantando en aquellos baldíos y ociosos campos una famosa

población de españoles, (55)


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Difícil me resulta ponér énfasis con cursivas, en el párrafo anterior, a las

expresiones que denotan vacío, ausencia de sentido, supresión de vida humana y de

lenguaje, pues las palabras introductorias de Balbuena repiten la idea varias veces en una

progresión hasta llegar al contraste entre la figura del indio y la de la población de

españoles. Nótese como el indio aparece descrito apenas como en una silueta, remoto,

salvaje, intratable, feroz y mudo. Dice Spurr: “colonized peoples are systematically

represented in terms of negation and absence –absence of order, of limits, of light, of

spirit. Their zero-degree of existence provides both a justification for the colonizing

enterprise and an imaginary empty space for the projection of a modernist angst.” (Spurr

96) El párrafo introductorio de Balbuena va preparando el ánimo del lector –y aquí he de

anticipar un lector contemporáneo europeo- para que aparezca “algo” en ese espacio

sordo al cual la naturaleza no pudo dar sentido: la ambición de los españoles lo pobló de

significado, lo hizo surgir a la vida. La Introducción prepara el terreno para el despliegue

que tendrá lugar en el poema: muestra el vacío que ni la misma naturaleza ha logrado

dominar, donde apenas se asoma casi borrada la figura del “salvaje”, uno y solo, en

contraste con el colectivo que ha dado forma y figura a la realidad que pondrá antes los

ojos del lector, la población de españoles que ahora ostenta el nombre de ciudad de

México.

La letra del poema, eso que Balbuena llama “mis borrones”, irá repitiendo el

tópico del contraste entre el vacío del espacio salvaje y la plenitud de vida que se observa

en el presente hispano de México.

La mención de la empresa de conquista y colonización en el Capítulo II, “heroica

historia”que Balbuena se dispone tratar otro momento, le da pie al autor para marcar el
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momento de ruptura entre el pasado de “tinieblas en que estaban tantos” (68) y el

presente luminoso: “De cuyo noble parto sin segundo / nació esta gran ciudad como de

nuevo / en ascendiente próspero y fecundo.” (69 énfasis mío) El momento fundacional

del nacimiento reconoce y afirma el artificio de los españoles, que con su ambición e

interés, hicieron surgir la vida en donde apenas la había en forma muy disminuida. El

borramiento del colonizado y la plenitud del colonizador se hace obvia en este momento

clave. Dio vida a la ciudad el español, no el indio forzado a trabajar en la construcción de

“las portadas cubiertas de escultura”, “los anchos frisos de relieves de oro”, “las

columnas pérsicas”, “los bellos mexicanos edificios” (72). Construyó la ciudad quién la

pensó, quién la planeó como un perfecto tablero de ajedrez: “De sus soberbias calles la

realeza, / a las del ajedrez bien comparadas, / cuadra a cuadra, y aun cuadra pieza a

pieza;” (70). Es así como la contraparte lógica de la negación del indígena, del

colonizado, es la afirmación de la superioridad moral del español, del colonizador. David

Spurr explica sobre la “afirmación”:

colonial discourse (…) continually returns to an idealization of the

colonialist enterprise against the setting of emptiness and disorder by

which it has defined the other. Colonialism must always reaffirm its value

in the face of an engulfing nothingness. This perpetual need for self-

affirmation (…) is essential to all language as a symbolic activity which

validates the presence, that is, the symbolizing power, of a speaking or

writing subject. (109)

El poema en su totalidad puede leerse como afirmación repetitiva y narcisista del

poder español, de la inteligencia española, de la ambición española, de la capacidad


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española para dar generar vida en toda su plenitud, para satisfacer todos los deseos.

Escritura “hipérbólica”, como la llama Ángel Rama (16), es la que se lee en los versos

siguientes:

Ríndase el mundo, ofrézcale la palma,

confiese que es la flor de las ciudades,

golfo de bienes y de males calma.

Pida el deseo, forme variedades

de antojo al gusto, el apetito humano

sueñe goloso y pinte novedades,

que aunque pida el invierno en el verano,

y el verano y sus flores en invierno,

hallará aquí quien se las dé a la mano. (85)

Negación y afirmación, México silenciado y México afirmado, vencidos y

vencedores, colonizado y colonizador. La bipolaridad negación / afirmación propia del

discurso colonial según Spurr puede leerse también desde el concepto de negación de

coetaneidad que el antropólogo Johaness Fabian define como “a persistent and

systematic tendency to place the referent(s) of anthropology in a Time other than the

present of the producer of anthropological discourse.” (31, énfasis en el original). Siendo

esta una noción meta-antropológica, intentaré explicar como veo su aplicación al caso del

discurso de Balbuena. La negación de coetaneidad es un instrumento teórico que desvela

las implicaciones políticas –de poder- que tiene el discurso antropológico: el que tiene la
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palabra, la emplea para alejar temporalmente al Otro con categorías como salvaje,

primitivo y, por ende, susceptible de ser dominado, necesitado de ser civilizado o, al fin

de cuentas, sustituible por el más apto.

El alejamiento del indígena en el tiempo –es un ser de un pasado, perteneciente a

“las quimeras / del principio del águila y la tuna” (69)- y en el espacio –ya se vio como

en la Introducción el indio aparece en el risco de un monte- justifica la labor colonizadora

del español, que se construye discursivamente a sí mismo afirmándose como más apto,

como ser moral, tecnológica, política y, en una palabra, humanamente superior. El ámbito

del discurso, por etéreo que pueda parecer, es un campo donde se dirimen batallas por

alcanzar el poder, el acceso a las cosas y a los espacios; luchas de poder por ocupar un

tiempo y un espacio que no quieren ser compartidos. Eso es lo que puedo responder, en

defensa de mi lectura poscolonial, a Georgina Sabat-Rivers quien asegura que: “No le

pedimos a Balbuena lo que no nos podía entregar; él es anterior a la crítica del

colonialismo.” (61) Será anterior a la crítica, pero uno de los muchos que habla la retórica

imperial.Y me atrevo además a contrastar la siguiente afirmación de Daniel Torres: “A la

alabanza laudatoria, el sobrepujamiento, el apóstrofe o panegírico que es Grandeza

mexicana sería absurdo acusarlo como texto poético por lo que no es: carta de relación de

la ciudad e Indias, sino una epístola poema, una utopía poética ideal de la belleza colonial

citadina ante los ojos del europeo admirado” (91). De acuerdo estoy con Torres en no

pedir veracidad y apego a “la realidad” a un poema, sin embargo creo valioso señalar la

dimensión política del juego discursivo del poeta que, al afirmar hasta el cansancio ese

prodigio citadino, niega la coetaneidad a la mayoría de sus habitantes, los indios,

relegándolos a ocupar las áreas menos favorecidas. Johannes Fabian lo dice así: “After
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all, it is not difficult to transpose from physics to politics one of the most ancient rules

which states that it is impossible for two bodies to occupy the same space at the same

time.” (29)
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Bibliografía

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