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CM - Resumen Ciencia, tecnología y sociedad en la Inglaterra del siglo XVII - Merton

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RESUMEN “CIENCIA, TECNOLOGÍA Y SOCIEDAD EN LA INGLATERRA DEL SIGLO XVII”, ROBERT MERTON Capítulo IV: PURITANISMO Y VALORES CULTURALES  Tesis

: En el puritanismo se encuentran las bases culturales del asentamiento y consolidación de las ciencias.  Tanto la Religión como la Ciencia influyen y modifican directamente los valores culturales de la sociedad, mediante la promoción de ciertas actitudes y el rechazo a otras, así como por la defensa de un sistema de ideas particular u otro, con consecuencias explícitas sobre las formas de conducta de las personas.  El puritanismo puede entender como actitud común del espíritu y el modo de vida a pesar de la homogeneidad del fenómeno abarcada por el concepto. El contenido de esta actitud está definido por el ethos puritano, elemento central del análisis de Merton, que será mencionado a lo largo de todo el texto.  El modo de vida que lleva la impronta del puritanismo no fue tanto la adhesión a las implicaciones lógicas de un sistema teológico, como el carácter dominante de un grupo de sentimientos determinantes de ciertos valores culturales (influyentes recíprocamente en la Ciencia y la Cultura).  La teología puritana estaba dirigida principalmente a la conducta real. De ahí que se afirma la influencia de los sentimientos puritanos en la vida social. Y el horizonte por de esos sentimientos está dado por la glorificación de Dios, elemento central del puritanismo. La significación real de las enseñanzas puritanas opera con arreglo a este principio y define sus efectos sociales.  La glorificación de Dios adquiere aquí una dirección eminentemente práctica: “aunque Dios no necesita ninguna de nuestras obras, lo que es materialmente bueno le place, pues exalta su gloria, y redunda en el beneficio nuestro y de otros, lo que a Él le agrada”. Como vemos, la utilidad social queda puesta como objetivo de la glorificación de Dios o como su expresión formal: glorificar a Dios es generar utilidad social. Queda entonces definido por el ethos puritano que la meta y el principio de conducta aceptable esta determinado por (1) el utilitarismo social, constituyéndose este como un primer elemento de doctrina. Fue esta definición del precepto en términos básicamente utilitarios lo que unió al protestantismo con el resto de la cultura.  Otra doctrina fundamental es la de la (2) predestinación. Ella recalca el sentido trágico de la vida en términos de la incertidumbre entorno a la salvación. ¿Me voy a salvar? Siendo psicológicamente imperativa una respuesta y sin estar la Iglesia en condiciones de satisfacer esa demanda la respuesta que entrega el puritanismo es clave: las buenas obras son un signo de estado interior de gracia. Para todo efecto, se entiende por buenas obras a aquellas “realizaciones que son útiles y provechosas en un sentido terrenal”. Desde esta definición puede comprender con claridad porqué el trabajo se encuentra en el núcleo de la comprensión puritana de la vida.  Sobre ésta base teológica se configura un tercer punto: la (3) diligencia. Ésta actitud virtuosa ante la vida pone al trabajo como el medio más

excelente de glorificar a Dios, en la medida en que es Él quien ha proveído. Se establece así la obligación de contribuir al bienestar público respondiendo al servicio del deber. De aquí se desprende tanto la idea de que “no debe desperdiciarse ni una hora” así como de la administración racional de los recursos. (1), (2) y (3) definen en su conjunto la actitud puritana: un ascetismo intramundano. De esta manera la vida terrenal desplaza a la vida contemplativa en el ethos puritano, en la medida en que lo que se ha establecido como criterio es la utilidad. Vienen a completar el panorama cosmogónico del puritanismo ciertos conceptos claves, a saber: a) Un extremado celo por la vocación, por cuanto resulta de primera necesidad jerarquizar las ocupaciones de modo de elegir aquél empleo que pueda ser más útil a Dios, para así contribuir al bien público (la preeminencia de la vocación docta explica en buena medida la alta estima de los puritanos hacia la Educación). b) Un culto a la “bendita” razón, digna del mayor elogio porque sólo el hombre, elegido por Dios, la posee y le sirve tanto como instrumento para refinar y restringir el apetito que provoca el pecado principal (el placer y la sensualidad) como porque “quienes creen y no saben por qué, o no ven razón suficiente que garantice su fe, toman una fantasía, una opinión o sueno por la fe”. (Cabe desatacar aquí cómo la propia primacía de la razón y con ella el surgimiento del racionalismo empírico promovido en el ethos puritano, introdujeron la cuña inicial para posteriores procesos de secularización que terminaron contradiciendo a la religiosidad). c) La educación provechosa, en tanto herramienta poderosa del racionalismo, y el consecuente menosprecio por la literatura y las artes por su completa falta de seriedad. “Tampoco es digno de aprobación el estudio de la filosofía escolástica, pues está llena de falsas enseñanzas”. De manera que debe estudiarse solamente la matemática, la física y la lingüística formal. Del apartado anterior, vemos cómo se va configurando un aparato conceptual que tendrá profundas consecuencias en la ciencia y la cultura; en principio la idea de que el rechazo o aceptación de teorías deber ser empírico y que el racionalismo lógico no es más que una triste herencia de la escolástica. Es finalmente una “fe irracional” en la eficacia y la utilidad de la ciencia lo que caracteriza tanto al puritanismo como a la ciencia moderna, y la relación causal entre ambos elementos se nos aparece recíproca y compleja. Ethos puritano en la Ciencia: 1) La exaltación de los estudios científicos y empíricos tiene su explicación en la idea de que el científico de la naturaleza debe necesariamente estar mejor equipado que el observador casual para poder glorificar la obra del Creador. Así la ciencia comienza a concebirse como forma de glorificar a Dios. 2) A su vez, la ciencia misma debe ser santificada, pues ella se constituye como el medio más eficaz para conseguir el bien común. “El estudio científico de la naturaleza tiende a aumentar el dominio del hombre sobre ella. La ciencia es concebida como una poderosa herramienta tecnológica” funcional al utilitarismo social. Justamente la sanción positiva a la ciencia se comprende desde tu utilidad social. Esa utilidad resultó ser de los argumentos más eficaces para la estimación positiva de la actividad

científica. Merton escribe en este sentido que “los puritanos tendían cada vez más a exaltar el valor de remodelar el mundo”. El contraste del puritanismo con el mundo medieval: El ascetismo monástico y el sentimiento de la no permanencia y la relativa carencia de valor de la materia característicos de la Edad Media no podía, como es obvio, inspirar interés por disciplinas que se ocupaban principalmente de este mundo sensorial. Es ante todo la actitud inmanente de los líderes posreformistas la que conduce favorablemente al puritanismo al desarrollo de la ciencia. El hecho de que la ciencia se hiciera socialmente aceptable, no puedo menos de dirigir los talentos a indagaciones científicas. La interacción recíproca entre Ciencia y Religión: los valores, ideales y metas de la religión tenían mucha importancia, y la ciencia era considerada como un medio eficiente para alcanzar esos objetivos. La religión aparece aquí en su constitución como valor social preeminente. La ciencia, a pesar de las dificultades iniciales que tuvo que enfrentar en su progreso, pone en medio de la sociedad del siglo XVII los factores necesarios para el progreso. El interés y la actitud hacia el progreso explican contextualmente la paulatina evolución de la ciencia en cuanto afín a la visión utilitarista del puritanismo, por el peso cultural de este último como valor social preeminente. En síntesis: los valores sociales inherentes al ethos puritano eran tales que llevaban a la aprobación de la ciencia a causa de una orientación básicamente utilitaria, envuelta en términos religiosos, y promovida por la autoridad religiosa. Evidentemente no se percibió que a la larga la ciencia terminaría por delimitar el control teológico.

Capítulo V: FUERZAS MOTIVACIONALES DE LA NUEVA CIENCIA  Los imperativos ascéticos de la ética protestante establecieron una amplia base para la indagación científica al dignificar, exaltar y consagrar tal indagación (en general entre las variables culturales que siempre influyen en el desarrollo de las ciencia se cuentan los valores y sentimientos dominantes).  El ethos puritano se constituye como una teología trascendente con efectos prácticos, por cuanto tiende un nuevo puente entre la acción trascendental y la humana.  Aparte de la indudable acomodación del avance científico a los principios puritanos, la cambiante estructura social de la época reforzó los sentimientos puritanos favorables a la ciencia, pues una elevada proporción de los puritanos provenían de la clase burguesa ascendente, de los comerciantes.  (Antecedente social) Estas clases manifestaron su poder de tres maneras: 1) Primero, en su consideración positiva de la ciencia y la tecnología, que reflejaban y prometían reforzar su poder. 2) Igualmente notable fue su creencia cada vez más ferviente en el progreso, profesión de fe que provenía de su creciente importancia social y económica. 3) Una tercera manifestación fue su hostilidad hacia la estructura de clases

existente, que limitaba y trababa su participación en el control político (rechazo al status quo).  Doble dirección de la relación puritanismo – ciencia: No podemos suponer sin más que la burguesía era puritana sólo porque la ética puritana apelaba a sentimientos burgueses. Lo inverso era quizá más importante aún, como demostró Weber. Los sentimientos y creencias puritanos, que estimulaban la laboriosidad racional e infatigable, contribuían justamente al éxito económico.  Efectividad de la ética puritana en la ciencia como valor social: la ciencia pasa a formar parte del equipo intelectual de los hombres cultos, introduciéndose así en la escala de los valores culturales. El puritanismo en sin duda una fuerza impulsora de la nueva ciencia (empírico-racional, sistemática, experimental) en ese sentido de valoración social. En términos culturales la ciencia se convirtió en una disciplina especialmente valorada al constituirse dentro de pautas socialmente aprobadas de asociación (sociedad de científicos). Inversamente, desde la ciencia se reflexiona que “un nuevo orden social presupone un nuevo esquema de valores”.  ¿Cómo es posible la recíproca influencia entre ciencia y religión? “La yuxtaposición de lo espiritual y lo material es característica y significativa.” Esta cultura (puritana) se basaba firmemente en un sustrato de normas utilitarias que identifican lo útil y lo verdadero. Es el puritanismo quien atribuye una triple funcionalidad a la ciencia: 1) para establecer pruebas prácticas del estado de gracia del científico, 2) para aumentar el control sobre la naturaleza y 3) para glorificar a Dios (“el estudio experimental de la naturaleza es el medio más efectivo de suscitar en los hombres la veneración hacia Dios, John Wilkins”). Así, la ciencia es elevada (por el puritanismo) al primer rango de los valores sociales (a expensas de otras actividades como el arte o la literatura)  Distinción puritanismo – catolicismo: “El puritanismo difería del catolicismo, el cual había llegado gradualmente a tolerar la ciencia, en que no sólo perdonaba su cultivo sino que lo exigía”.  La confortación de la humanidad: Como se recordará, el segundo principio del ethos puritanos es el bienestar social. La ciencia queda configurada en esos términos como herramienta eficiente al servicio del bien común, y este, en último término, refiere a la salvación. Desde ésta perspectiva debe entenderse la ciencia como glorificación (la ciencia experimental como tarea religiosa).  Una institución que encarna los principios puritanos en valores científicos fue la Royal Society (sociedad de científicos) inspirada en el empirismo de Bacon. Esta visión estimaba el conocimiento sólo por su valor ético (puramente funcional). El contenido valórico del puritanismo en términos de su exigencia de un trabajo sistemático y metódico, y la diligencia constante en la propia vocación, lo pone como sustrato cultural

de la nueva ciencia. En resumen, la ciencia encarna pautas de conducta que son afines a los gustos puritanos.  El serio intento de justificar la ciencia ante Dios puede entender operacionalmente desde la Reforma en cuanto individualizó la salvación, poniendo gran peso sobre cada individuo y demandando así una intensa realización de la vocación personal, que toma como modelo de excelencia al hombre científico. La exaltación puritana del empirismo, del enfoque experimental, estaba íntimamente conectada con la identificación de la contemplación con la ociosidad, el gasto de energía física y la manipulación de objetos materiales en la industria.  Era práctica común de los puritanos asociar el intenso desprecio por una estéril filosofía con una extravagante admiración por el conocimiento mecánico, que sustituía la fantasía por los hechos. Es un elemento propiamente puritano el reemplazar la contemplación pasiva por la manipulación activa.  Síntesis: el puritano modificó las orientaciones sociales. Llevó al establecimiento de una nueva jerarquía vocacional, basada en criterios que daban prestigio al filósofo de la naturaleza. Y una de las consecuencias del puritanismo fue la remodelación de la estructura social de tal modo que dio estima a la ciencia. La ciencia les brindaba la oportunidad de dedicar sus energías a una tarea sumamente honrosa; desapareció de la nueva escala de valores un deber imperativo como el de vivir las comodidades de una ociosidad monótona. La importancia social asignada a la ciencia tuvo un efecto peculiarmente fructífero probablemente a causa del estado general del desarrollo científico. Finalmente, es fundamental observar como el propio ethos puritano desató procesos posteriores de secularización, contribuyendo a la escisión fe – razón característica de la Modernidad (el experimento delimita a la fe). En una dirección pues, el puritanismo llevó inevitablemente a la eliminación de las restricciones religiosas sobre la labor científica. Paradójica pero inevitablemente, pues, esta ética religiosa, basado en rígidos cimientos teológicos, promovió el desarrollo de las mismas disciplinas científicas que más tarde parece refutar la teología ortodoxa (autodestrucción del ethos puritano). Esta incapacidad de los reformadores para prever algunas de las consecuencias sociales fundamentales de sus enseñanzas, no fue solamente resultado de su ignorancia. Fue más bien un producto de ese tipo de pensamiento no lógico que considera primordialmente los motivos de la conducta, más que sus resultados probables. La rectitud del motivo es la preocupación básica; se excluyen otras consideraciones, incluso la probabilidad de alcanzar el fin.

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