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El Libro de La Imaginacion - Edmundo Valadez

El Libro de La Imaginacion - Edmundo Valadez

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Publicado porTsara Zimmermann
El libro de la imaginación es una obra relativamente pequeña pero llena de cuentos que son verdaderas joyas, hace años, en méxico se publicaba una revista llamada "El Cuento" en la cual, prestigiados escritores comentaban los textos enviados por aficionados, pocas críticas recibían una buena mención, Valadez llegó a publicar en dicha revista.

En este libro se recopilan cuentos cortos, la mayoría de final inesperado ambientados en diferentes lugares y con personajes totalmente urbanos.

La lectura se recomienda de uno en uno para poder disfrutar a fondo cada texto.

D. Zimmermann
El libro de la imaginación es una obra relativamente pequeña pero llena de cuentos que son verdaderas joyas, hace años, en méxico se publicaba una revista llamada "El Cuento" en la cual, prestigiados escritores comentaban los textos enviados por aficionados, pocas críticas recibían una buena mención, Valadez llegó a publicar en dicha revista.

En este libro se recopilan cuentos cortos, la mayoría de final inesperado ambientados en diferentes lugares y con personajes totalmente urbanos.

La lectura se recomienda de uno en uno para poder disfrutar a fondo cada texto.

D. Zimmermann

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Aviso
i.m. Julio Torrí

La isla prodigiosa surgió en el horizonte como una crátera
colmada de lirios y de rosas. Hacia el mediodía comencé a
escuchar las notas inquietantes de aquel canto mágico.
Había desoído los prudentes consejos de la diosa y deseaba
con toda mi alma descender allí. No sellé con panal los laberintos
de mis orejas ni dejé que mis esforzados compañeros me amarraran
al mástil.

Hice virar hacia la isla y pronto pude distinguir sus voces
con toda claridad. No decían nada; solamente cantaban. Sus
cuerpos relucientes se nos mostraban como una presa magnífica.
Entonces decidí saltar sobre la borda y nadar hasta la playa.
Y yo, oh dioses, que he bajado a las cavernas de Hades y
que he cruzado el campo de asfódelos dos veces, me vi deparado a
este destino de un viaje lleno de peligros.
Cuando desperté en brazos de aquellos seres que el deseo
había hecho aparecer tantas veces de este lado de mis párpados
durante las largas vigías del asedio, era presa del más agudo
espanto. Lancé un grito afilado como una jabalina.
Oh dioses, yo que iba dispuesto a naufragar en un jardín de
delicias, cambié libertad y patria por el prestigio de la isla infame y
legendaria.

Sabedlo, navegantes: el canto de las sirenas es estúpido y
monótono, su conversación aburrida e incesante; sus cuerpos están
cubiertos de escamas, erizados de algas y sargaso. Su carne huele a
pescado.

Salvador Elizondo

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PENÉLOPE

Descendió la escalera sin alumbrar los escalones ni menos
contarlos. Durante largos años los había bajado subrepticiamente
todas las noches.

En el gineceo, el sueño de Ulises no fue perturbado por su
ausencia. El aún no recuperaba sus hábitos cotidianos: Circe y las
sirenas poblaban sus sueños.
Penélope se acercó por última vez a la tela. El rostro
barbudo del tapiz ya no se parecía al de Ulises, si alguna vez se
había parecido. La sensación de pérdida fue lacerante.
Empezó a destejer la trama, pero de pronto interrumpió su
tarea. El ladrido de un perro, la grava del patío crujiendo bajo unas
pisadas, eran indicio de que alguien se acercaba. Penélope se
incorporó con un sobresalto de esperanzada alegría:
—¿Será, acaso, que vuelven los pretendientes?

Olga Harmony

BLASFEMIA I

Y como Saray la maltratara, Agar huyó. Anduvo errante por
el desierto sin agua y sin pan. Dejó a Ismael bajo un matorral y fue
a sentarse lejos para no ver morir de sed a su hijo. Entonces el
ángel del Señor se presentó ante ella y le entregó dos fichas: ahí, a
dos pasos estaba el refrigerador de coca cola. . .

(GÉNESIS 21,14-19). Daniel Barbosa Madrigal

CIRCE

"No hay sueños en mí, Ulises. No proyecto sombra sobre
cosa alguna. El mundo es como una rueda radiante que comienza a
girar cada mañana cuando abro los ojos. ¡Es todo tan sencillo! Un
pájaro atraviesa el cielo: vuela, nada más. Una herramienta es
brillante y dura: ha sido hecha por el ingenio. El mar está siempre
despierto; las piedras duermen siempre. Yo no sueño, Ulises:
cuento: una brizna, las estrellas, el aroma del heno, la lluvia, los

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árboles. Y como no quiero repetir nada, a nada le pido
permanencia. La vida es como el agua: tócala con la mano abierta
y la sentirás vivir, siempre igual en su fuga. Pero si aprietas la
mano para cogerla, la pierdes. Mucha gente ha pasado, de muchas
leyes y distintos países-, por esta casa a orillas del mar. Y en cada
uno la felicidad tenía un nombre diferente; pero se trataba siempre
de alguna vieja y arrugada historia que llevaban a cuestas.
¡Quédate, Ulises!"

Agustí Bartra

ASÍ EMPEZÓ

El pueblo hebreo conducido por Moisés se detuvo a las
orillas del Mar Rojo. Los perseguidores estaban muy cerca. Un
hombre se acercó al gran líder y preguntó: "¿Qué harás ahora?"
Moisés le contestó: "Haré que se abran las aguas, pasaremos
nosotros y cuando pasen aquéllos haré que las aguas se cierren,
sepultándolos." El hombre dio un alarido de admiración y dijo: "Si
logras hacer eso, te juro que te consigo ocho planas en la Biblia."
Había nacido la profesión de relaciones públicas.

Pedro Álvarez del Villar

LOT
¡Qué tedio puede llegar a padecerse al lado de un justo!
Todos se divierten en Sodoma, menos en esta familia en
la que tanto se teme al pecado.
Y exasperada, la mujer de Lot prosiguió su soliloquio: —¿Es
que nada vendrá a darle sabor a mi vida?

Olga Harmony

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CLEOPATRA

Sabéis que me bañaba en leche de burra, con jabón de
tortuga y un ala de pelícano por esponja. Cosas nuestras, un poco
raras; pero indispensables para los retratos en los magazines.
Desde la prohibición empezaron a chocarme los States. Cuando
antes filmaba, solía disolver perlas en vino ácido. Ahora, tendría
que beber Welch's. ¡Triste papel para una reina escénica! Además,
Marco Antonio empezó a preferir a sus mansas compatriotas y, con
la competencia de vampiresas, mis contratos ya eran indignos.
Waily y yo empezamos juntos. Sólo que él prefería la nieve. Se nos
pasó la mano un día; pero no comprendo cómo esos reporteros, o
historiadores, o lo que sean, confunden los áspides con las jeringas
hipodérmicas.

Salvador Novo: Ensayos y poemas

LA ESPADA DE DAMOCLE.S

La orgía iba en aumento.
Damocies, introducido por los ujieres, avanzó con modestia,
saludó al rey y se sentó en el lugar que le indicaron.
Antes de tomar asiento depositó en el suelo, a un lado, un
paquete envuelto con viejos periódicos, sobre los que los policías
disfrazados de mujeres bonitas miraron furtivamente.
Empezó el banquete.
Sirvieron a Damocies sesos de mosca y ríñones de ardilla,
alas de fenicóptero, pasteles de hormiga, tarta de causario.
Le dieron de beber champagne centenario, cécubo en odres
de piel de camello nonato, vinagre con perlas disueltas y polvo de
diamante.

Los senos desnudos de las cortesanas se extendían sobre la

mesa llena de flores.

En el momento en que Damocies llenaba sus ojos del vértigo
de aquel espectáculo, el tirano Dionisio golpeó su hombro con
delicadeza y le señaló el techo con el dedo índice.
Una espada desnuda colgaba sujeta por tan sólo un cabello.
Damocies miró la espada, alzó los hombros, y se inclinó
hacia el paquete depositado a su lado en el suelo.

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Abrió el periódico, retiró un casco de bombero, con
cubrenuca de malla, y se lo encajó en la cabeza.
Después,

volvió

a

pedir

asado.

Gabriel de Lautrec

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