Está en la página 1de 8

~ LA PROFECIA ~

Capítulo 3: "La Sala de Osiris"

La puerta del templo había sido abierta. Estábamos delante de ella a punto de
entrar en el interior.

-Clara, por favor, trae los materiales de seguridad para poder entrar en el te
mplo-le dijo Daniel.
-Voy enseguida-dijo ella corriendo hacia la tienda de suministros.

Clara llevaba en sus brazos todos los materiales necesarios para tres person
as, los cuales eran unos guantes, un casco con linterna y un arnés para la c
uerda de seguridad que nos unía unos a otros y que la engancharon a uno de l
os todoterrenos.
Después de colocarnos los materiales que nos había traído Clara, Daniel Lau
ra y yo, entramos en el interior del templo. Nada más entrar encendimos las
linternas que llevaban los cascos para poder vernos.

-Uau, esto es increible-dijo Laura totalmente fascinada mientras miraba por t


odas partes.

El templo estaba en un estado perfecto teniendo en cuenta los miles de años


que tenía y la zona en donde se encontraba. Pero había algo extraño en la
estructura del templo, no seguía las pautas de los templos egipcios. La sal
a principal en donde nos encontrábamos nosotros, se encontraba llena de pil
ares con jeroglíficos egipcios y podíamos ver claramente que habían dos pue
rtas, y justo en el suelo, en medio de la sala principal, había un pequeño
agujero con la forma del Ankh, la cruz egipcia y que simbolizaba la inmorta
lidad.

-Qué extraño, parece que algo no encaje en este templo-dije tras ver la estruc
tura de aquel edificio.
-Te entiendo, es completamente diferente al resto de templos egipcios que he
visto nuca-me decía Daniel mientras observaba los jeroglíficos de los pilar
es.

Seguimos avanzando por la sala principal observando la perspectiva general


del templo. Laura se quedó observando los jeroglíficos de las paredes de la
derecha de la sala, mientras Daniel y yo seguimos avanzando hacia la puert
a situada al fondo de la sala principal. Quise entrar de inmediato pero Dan
iel me detuvo cogiéndome del brazo.
-Debemos tener cuidado. Lo más probable es que hayan trampas-me dijo m
irándome muy seriamente.
-Tienes razón, lo siento. Lo hice sin pensar-le respondí.

Daniel se dirigió hacia la parte izquierda de la sala para ver si en alguno


de los jeroglíficos se mencionaba la existencia de trampas o de cualquier ot
ra advertencia. Mientras yo me quedé enfrente de la puerta de aquella sala,
donde vi que encima de la misma había una inscripción que decía que se trata
ba de la sala de Osiris. De pronto un escalofrío me recorrió por el cuerpo,
era el mismo escalofrío que sentí por la noche delante de la puerta del temp
lo. Como si algo me controlase entré sin pensar dentro de aquella sala. La s
ala era enorme y espaciosa, tan sólo había una gran estatua de Osiris al fin
al de ésta y jeroglíficos escritos en las paredes. Me acerqué a una de las p
aredes y cuando estaba observando los jeroglíficos vi un símbolo que parecía
ser griego, cuando lo limpié para verlo mejor se introdujo hacia dentro. De
repente la puerta de la sala se cerró cortando la cuerda que me unía a los
demás. Corrí inmediatamente hacia la entrada para intentar abrirla pero era
inútil la sala había sido sellada.

-¡¡¡¡Eh!!!! ¡¡¡¡Daniel!!!! ¡¡¡¡Laura!!!! ¡¡¡¡¡Abrid!!!!!-gritaba al tiempo que


aporreaba la puerta para que me escuchasen.

Pero no conseguí que me oyesen a causa de los muros gruesos de que estaba
formada aquella sala. A los pocos minutos oí un extraño sonido dentro de l
a sala y vi que se estaban abriendo unos compartimentos de donde empezaba
a caer agua en cantidad. La sala se estaba inundando. El miedo me estaba c
onsumiendo y yo no hacía más que golpear la puerta con la esperanza de que
me oyesen, pero era inútil. El agua fría, casi congelante, seguía subiend
o cada vez más. Al ver que no me oían pensé en buscar algún mecanismo que
abriese la puerta, pensé que al igual que había uno para cerrarla habría o
tro para abrirla. Miré y miré por las paredes todos los jeroglíficos pero
no conseguía nada y el agua ya me llegaba al pecho. Decidí subirme a la es
tatua de Osiris viendo que era inútil seguir mirando los jeroglíficos, y m
ientras me subía resbalé y rompí uno de los brazos de la estatua. En otra
circunstancia seguramente me hubiese dado algo por aquel accidente, pero m
orirse ahogada era mucho peor. Cuando ya conseguí subir a la estatua y esp
erar o bien a que el agua me cubriese, cosa mucho más que probable, o bien
esperar a que los demás me rescatasen, algo más bien improbable, me fije
que en el agua flotaba como un trozo de madera con una forma peculiar. Tal
vez se encontraba dentro del brazo de la estatua que había roto, entonces
pensé que se trataba del mecanismo que abriría la puerta de la sala. Así
que me lancé y nadé para coger aquel extraño objeto, cuando lo cogí pude v
er que era la mitad de un Ankh hecho de madera tallada y pensé que tal vez
su otra mitad abriría la puerta, pero no me dio tiempo para averiguarlo e
l agua ya llegaba hasta el techo de la sala y a mí sólo me quedaban unos p
ocos centímetros de espacio para respirar por lo que me guardé el Ankh en
uno de los bolsillos del pantalón. De pronto me vi sumergida del todo agua
ntando la respiración todo lo que pude y poco después me desmayé por falta de oxígen
Creí que aquel había sido mi fin, pero cuando recobré el conocimiento vi qu
e me encontraba en la cama de mi tienda con ropa seca y bastante desorienta
da. Al cabo de poco entró Daniel, se acercó a mí con una amplia sonrisa en
la cara y me dijo:

—Ya veo que te has despertado, me alegro.


—¿Qué ha pasado? Creí que había...
—¿Muerto? Pues la verdad es que te faltó poco, muy poco. Cuando conseguim
os abrir la puerta estabas en parada cardiorrespiratoria, menos mal que J
ose consiguió reanimarte a tiempo—dijo más serio.
—Me gustaría darle las gracias a Jose. Por cierto, ¿cómo abristeis la puert
a? Era imposible hacerlo—le pregunté a Daniel.
—Cuando la puerta se cerró notamos que la cuerda se había cortado, intenta
mos hablar contigo pero era inútil, luego vimos que por debajo de la puert
a salía un poco de agua. Al ver que no podíamos abrirla con la fuerza tuvi
mos que utilizar la dinamita que tenemos para emergencias. Así es como lo
hicimos—me explicó Daniel.
—Gracias, si no hubiese sido por vosotros, yo...
—Sabes, eres una inconsciente. Te dije claramente que no entrases hasta
que estuviésemos seguros de que no había riesgos—me dijo muy enfadado.
—Lo siento, es que no sé que me impulsó a entrar. Lo hice sin pensar—le dij
e medio llorosa.
—Te entiendo, sé que a veces uno no se puede controlar por la emoción, per
o prefiero perder un descubrimiento a perder a alguien de mi equipo-me dij
o con cara de preocupación-Descansa, lo necesitas-me dijo Daniel al tiempo
que se disponía a salir de mi tienda.

Cuando salió de la tienda me puse colorada, era la segunda vez que Daniel s
e preocupaba de aquella manera por mí, ¿quizás estaba sintiendo algo por él
? De repente me acordé de aquel trozo de Ankh que encontré en la estatua de
la sala, me levanté de la cama y miré en la ropa, aún mojada, que llevaba
cuando entré al templo dejada encima del baúl, pero no encontré nada, pensé
entonces que tal vez lo habían cogido alguno de los chicos para estudiarlo
.
Cuando salí de la tienda me acerqué a la lona en donde estaban los objetos
antiguos y donde se encontraban Juan, Jose y Clara. Clara al verme me pregu
ntó:

-¿Ya te encuentras bien Elizabeth?


-Sí, gracias-le respondí-Gracias a todos por haberme salvado.
-Deberías volver a tu tienda y que descansases-me dijo Juan.
-Sí ahora iré, pero antes me gustaría saber si habéis visto la mitad de un An
kh que estaba en uno de los bolsillos de mi pantalón-les dije al tiempo que g
esticulaba con als manos.
-Sí, lo he visto, está por aquí-dijo Clara mientras buscaba entre los objetos
antiguos que habían en la mesa.
-Será mejor que vuelvas a tu tienda a descansar sino Daniel se enfadará si te
ve por aquí-me advirtió Jose.
-Voy ahora mismo. Gracias por todo chicos-les dije antes regresar a mi tiend
a.

Estando en mi tienda, no podía dormir pensando en lo que me impulsó a ent


rar en aquella sala y el escalofrío que sentía cada vez que me acercaba a
l templo. Por fin y después de pensar mucho el agotamiento pudo conmigo y
me dormí.
Después de un par de horas me desperté bruscamente tras una pesadilla que m
e parecía muy real. En aquella pesadilla volvía a salir yo de antigua egipc
ia huyendo de algo y entre las manos llevaba un papiro, era muy extraño par
ecía que cada vez que tenía aquel sueño era como si saliese en él algo nuev
o. Miré mi reloj y eran las doce y media de la mañana,me lavé la cara para
despejarme totalmente y tras arreglarme el pelo salí de la tienda para ver
si habían conseguido algo. Cuando salí estaban todos reunidos bajo la lona
de los objetos antiguos. Me acerqué hasta ellos y pregunté:

-¿Por qué estáis todos aquí? ¿Pasa algo?


-¿Te encuentras mejor?-me preguntó Daniel.
-Sí, pero ¿qué pasa?-volví apreguntar al tiempo que me sentaba en una silla a
l lado de Javier.
-Hemos visto estos jeroglíficos en la pared izquierda de la sala principal -
me dijo Laura al tiempo que me daba un papel-son los autores de las trampas
del templo.

En el papel estaban dibujados esos jeroglíficos que parecían preocuparles a


todos. Cuando los vi me quedé sorprendida, figuraba un nombre griego, Fait
ós, y el otro era el mejor arquitecto de trampas egipcio ya que nadie había
sobrevivido a ellas, el famoso Imhjeck.
—Bueno que el autor de las trampas sea Imhjeck quiere decir que lo que ha
y dentro del templo es de mucho valor—dije para animarlos a todos.
—Y que hay del nombre griego, es Faitós, uno de los mejores arquitectos gr
iegos de la historia, eso quiere decir aún más—dije también para animarlos
.
—No te das cuenta. Que Imhjeck y Faitós sean los creadores del templo y d
e sus trampas es casi impensable—dijo Juan.
—Sí, los egipcios y griegos puede que comerciasen incluso en aquella época
, pero mezclar sus dos civilizaciones de esta manera, es totalmente imposi
ble, los egipcios eran muy cerrados—dijo Clara.

No entendía la preocupación de todos, era un auténtico descubrimiento el enc


ontrar indicios de que las culturas griega y egipcia estaban más unidas de l
o que se creía. Daniel se levantó de su silla y mirándome me dijo:

-Lo que nos preocupa es que nadie sobrevivió a sus trampas.


-Yo he sobrevivido-le dije al tiempo que me levantaba de la silla.
-Sólo has tenido suerte-me respondió él mirándome con seriedad.
-Puede, pero en este trabajo tener suerte es imprescindible-le dije volviéndo
me a sentar.

Miré al resto, callados por completo, pasivos ante lo que Daniel y yo estáb
amos diciendo. era como si hubiesen abandonado incluso antes de empezar. Me
levanté de la silla algo decepcionada y mirándolos a todos les:

—Entonces pretendéis abandonar.


—¿Es que quieres continuar sabiendo que tu vida estará en peligro sin nec
esidad?—preguntó Laura.
—Muchos de los descubrimientos han sido hallados porque la gente ha tenid
o que arriesgarse para lograrlo, se han esforzado al máximo porque siempr
e entregaban todo su potencial. Cada vez que estoy en una expedición me e
ntrego al máximo porque yo soy así, y me arriesgaré si es necesario porqu
e yo soy así. Sale de dentro, no se puede explicar—dije muy segura de mis
ma.
— Ella tiene razón. No puedo obligaros a quedaros, los que queráis marchar
os lo entenderé. Yo continuaré, porque también es esa mi manera de ser. ¿Q
ué decís?—le dijo Daniel a todos.
—Creo que sólo con más cuidado puede que no nos pase nada. Yo me quedo
—dijo Javier.
—Si estamos juntos no pasará nada. También me quedo—dijo Clara.
—Y yo—dijo también Laura.
—Y vosotros chicos, ¿qué?—pregunté a Juan y Jose.
—Bueno, estáis locos, pero un loco más mejor. Me quedo—dijo Juan.
—Si tomamos todas las precauciones pertinentes yo también—dijo Jose.

La cara de todos cambió y parecían mucho más animados. Nuestra idea ahora e
ntrar en la otra sala colindante que había, que según me habían dicho se tr
ataba de la sala dedicada a Isis según la inscripción que había encima de l
a puerta.Todos se levantaron de las sillas dispuestos a continuar con la ex
pedición.

-Javier, por favor, lleva el robo-escáner delante de la sala de Isis para hace
rle un reconocimiento-le pidió Daniel.
-En seguida-dijo Javier mientras iba corriendo hacia la tienda de suministros
.

Clara también fue hacia la tienda de suministros a por material de seguridad


nuevo, mientras Jose, al saber primeros auxilios fue a su tienda a por el bot
iquín por si era necesario. Los demás nos dirigimos hacia la entrada del temp
lo. Desde allí fuera se veía la oscuridad que invadía todo el templo.

-Si el templo estuviese mejor iluminado podríamos ver más detalladamente el


lugar-dije aún mirando hacía la oscuridad del interior.
-Podríamos usar los focos de batería solar que utilizamos para la zona de in
vestigación para iluminar el templo-dijo Laura al oír mi comentario.
-Pero sólo hay cinco para iluminar todo el templo-le replicó Juan.
-Podemos ponerlos en la sala principal, así la luz llegaría también a las salas
colindantes-les dije para resolver el problema.
-Bien pensado. Juan, Laura, id a por los focos e instaladlos en al sala princi
pal del templo. Gracias chicos-dijo Daniel al tiempo que se ponía a mi lado a
ver la oscuridad del interior del templo.

Estaba totalmente callado, quizás estaba enfadado conmigo por todo lo ocurr
ido. Entonces se giró hacia mí y me miró fijamente sin decir nada. No sabía
qué decirle. Entonces me rodeó con su brazo y me dio una leve caricia.

-No te preocupes-fue lo único que Daniel dijo.

No le dije nada. Me sentía protegida a su lado y cada vez que lo veía el c


orazón me latía más rápido. Quizás estaba empezando a sentir algo por Dani
el, aunque había pasado poco timepo desde que nos habíamos conocido, me se
ntía bien a su lado.
Estando así de pronto llegó Clara con el nuevo material, así como Jose, Javi
er y el resto. Daniel me soltó y se dirigió hacia los chicos para organizarl
os en sus tareas. Me quedé un momento pensativa al sentir de nuevo aquel esc
alofrío, miré hacia la puerta del templo y dije:

-Vamos allá.

Me acerqué hacia Clara para que me diese los materiales de seguridad, aunqu
e en esta ocasión había traído algo más. Se trataba de walkie talkies con m
ucha cobertura, cuerdas de seguridad más fuertes que las anteriores, con me
jores arneses, guantes más resistentes, y chalecos reflectores.
Juan y Laura habían entrado a preparar los focos de batería solar para ilum
inar la sala principal, entraban y salían varias veces del templo conectand
o los cables y preparandólo todo para que pudiésemos entrar. Cuando termina
ron de conectarlos todos daniel y yo comenzamos a ponernos el material de s
eguridad. En esta ocasión sólo entraríamos a la sala de Isis nosotros dos p
ara una mayor seguridad. Mientras nos colocábamos los arneses, Jose se fue
corriendo hacia las tiendas tras decir:

-Ahora vengo.
-¿A dónde irá?-preguntó Clara extrañada mirando como se iba corriendo.
-Quizás ha ido al servicio-dije intentando colocarme el arnés.

No conseguía colocarme del todo el arnés, tenía un mecanismo extraño. Entonc


es Daniel, tras terminar de colocarse el suyo y de ponerse el resto del mate
rial, me estiró por el arnés y me acercó hacia él.

-Déjame que te ayude-dijo al tiempo que me colocaba bien aquel trasto.


-Gracias-dije un poco sonrojada por aquella situación.

Después de tener por fin colocado el arnés me pusé los guantes y el chaleco.
El walkie talkie me lo puse en el bolsillo específico que había en el chale
co apar ello. Ya estábamos preparados, en eso llegó corriendo Jose con unos
soportes enormes que se utilizaban para que los todoterrenos no cayesen en l
as pendientes.

-¿Y eso?-preguntó Clara.


-En la sala de Osiris la puerta se bloqueó tras activarse una trampa. Si blo
quemos la puerta de la sala de Isis para que quede abierta no habrá peligro.
Estos soportes aguantan mucho peso, así que podrán sostener la puerta-expli
có Jose.
-Buena idea. Venga entremos-dijo Daniel.

El templo parecía diferente. La sala principal estaba totalmente iluminada.


Allí se encontraba Javier con el robo-escáner preparado para analizar la sal
a de Isis. Esta nerviosa, el corazón me latía rápidamente pero sentía nuevam
ente el impulso de entrar en aquella sala. Quería descubrir qué me estaba pa
sando, quería descubrir qué significaba todo aquello.